Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. 1948 > 1967
2. Tomaselli sobre Palestina
3. Situación militar en Palestina
4. ¿Qué quiere «Israel»?
5. Por qué fracasó la inteligencia israelí.
6. Escobar sobre Palestina y la geopolítica.
7. Paranoia imperial
8. La explicación del ataque según Hamás.
9. Kfar Aza
10. La irresistible tentación por el imperialismo
1. 1948 > 1967
Se me había quedado este en el tintero. Sobre el cambio histórico que supone el ataque palestino y la creciente creencia entre los jóvenes que lo suyo empezó en 1948, y no en 1967. https://twitter.com/ctxt_es/
Una barrera psicológica se ha roto en Israel-Palestina
El sangriento asalto de Hamás y la subsiguiente embestida israelí contra Gaza se han descrito como “un antes y un después”. No es una exageración
Amjad Iraqi 12/10/2023
Palestinos e israelíes se han acostumbrado a las guerras en el sur en los últimos años. Pero la guerra que comenzó en la madrugada del sábado 7 de octubre no se parece en nada a las demás. En un asalto sorprendente, decenas o centenares de milicianos de Hamás, bajo una lluvia de cohetes, cruzaron la barrera de separación Israel-Gaza hacia las ciudades israelíes cercanas a la franja bloqueada: unos atravesaron los puntos débiles de las vallas metálicas, otros fueron en barco por la costa mediterránea, y algunos volaron en paramotores por encima de los muros. Una unidad de Hamás también atacó el cruce de Erez, el único puesto de control civil entre Gaza e Israel, arrebatándole el control del ejército durante varias horas.
Al amanecer, guerrilleros palestinos recorrían las calles de Sderot, Nir Oz, Kfar Aza y otros kibutz, irrumpiendo en viviendas civiles, enfrentándose a las fuerzas de seguridad y disparando en todas direcciones. También fue atacada una fiesta nocturna en el desierto, inexplicablemente organizada en la zona fronteriza.
Cuando las autoridades israelíes se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo, la “Operación Tormenta de Al-Aqsa”, como la ha denominado Hamás, ya había causado un baño de sangre. Están apareciendo historias espeluznantes de tiroteos y secuestros, con niños entre las víctimas. Abu Obaida, portavoz de Hamás, amenazó con ejecutar a los rehenes si Israel realizaba ataques aéreos sin advertir a los civiles. Hasta el martes 10 de octubre por la noche, se había informado de más de 1.000 israelíes muertos, más de 2.400 heridos y unos 100 secuestrados trasladados a Gaza.
Entre otras cosas, hubo un desastroso fallo operativo y de inteligencia israelí, considerado el peor desde la guerra del Yom Kippur: seguramente no es una coincidencia que Hamás lanzara su incursión en el 50 aniversario de aquel conflicto. Las noticias siguen llegando, pero es evidente que, en términos de no combatientes [según las leyes de la guerra, civiles que no participan en las hostilidades], se trata de una de las masacres más mortíferas de la historia israelí-palestina.
Desorientado y humillado, el ejército israelí se ha apresurado a igualar el recuento de muertos, asesinando a cientos de palestinos con incesantes bombardeos: más de 950 en los tres primeros días. Y esto no ha hecho más que empezar.
“He ordenado el asedio total de la Franja de Gaza”, declaró el ministro de Defensa, Yoav Galant. “No hay electricidad, ni alimentos, ni agua, ni gas, todo está cerrado. Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia”. Otros ministros, algunos de los cuales habían abogado anteriormente por la reocupación directa de Gaza y una “segunda Nakba” para expulsar por completo a los palestinos, piden a gritos represalias. “Salid de ahí ya”, dijo Benjamin Netanyahu a los gazatíes en una declaración grabada en vídeo –una broma cruel para dos millones de personas que llevan 16 años atrapadas en un enclave superpoblado–.
Los palestinos observan todo esto con una mezcla de asombro y miedo paralizante. La visión de los gazatíes sobrevolando en parapente el muro israelí, y caminando por la tierra de la que sus antepasados fueron expulsados por las fuerzas sionistas en 1948, ha revitalizado la sensación de posibilidad política. Los vídeos de milicianos y de drones armados en acción se han compartido ampliamente en las redes sociales árabes, proporcionando asientos de primera fila para observar la operación, a semejanza de las maniobras de relaciones públicas de las Fuerzas de Defensa de Israel. Otras imágenes también se han hecho virales: un bulldozer palestino derribando una sección de la valla de alambre de espino; hombres armados bailando en el techo de un tanque israelí capturado; el cruce de Erez dañado y quemado.
Pero también hay un gran terror. Los habitantes de Gaza se han apresurado a abastecerse de alimentos en medio de la embestida israelí, despidiéndose de sus seres queridos por si no vuelven a verlos. Las familias huyen de un barrio a otro para escapar de los bombardeos. Un periodista con el que trabajo en Gaza, minutos después de enviar un artículo, mandó un mensaje de texto para decir que había tenido que sacar a toda prisa a su familia de casa porque el ejército israelí había avisado de que iban a empezar a disparar contra el barrio.
Muchos residentes, temerosos de hablar en contra de Hamás, que ha gobernado la Franja con un control autoritario desde 2007, están furiosos con el grupo islamista por exponerlos a la embestida más mortífera de Israel desde al menos 2014. Dentro de Israel, los ciudadanos palestinos temen que se repitan los sucesos de mayo de 2021, cuando turbas judías y fuerzas policiales atacaron zonas árabes y detuvieron a cientos de personas. En Cisjordania ya se está produciendo una nueva oleada de ataques de colonos, que llevan meses intensificándose, todo ello bajo la vigilancia del ejército.
Varios analistas describen el asalto de Hamás como un antes y un después. No es una exageración. El ataque probablemente hará poco por aligerar el asedio israelí a la Franja, que seguramente se reforzará aún con más crueldad. Lo que sí ha hecho, sin embargo, es romper una barrera psicológica tan importante como la física.
Desde el final de la Segunda Intifada, y especialmente bajo el gobierno de Netanyahu, la sociedad israelí ha tratado de aislarse de la ocupación militar impuesta a los palestinos durante más de medio siglo, manteniendo una burbuja que sólo era perforada ocasionalmente por los lanzamientos de cohetes o los tiroteos en las ciudades del sur y el centro. Las multitudinarias protestas en Israel, que agitan la calle desde enero contra los planes del Gobierno de reorganizar el poder judicial, han mantenido conscientemente la cuestión palestina fuera de su agenda. Aparte de un pequeño grupo de manifestantes contrarios a la ocupación, la mayoría sigue aferrada a la ilusión de que las actuales estructuras de gobierno pueden ofrecer seguridad a los israelíes y seguir siendo compatibles con su pretensión de democracia.
Esa burbuja ha estallado irremediablemente. Pero los israelíes, que llevan años virando políticamente hacia la derecha, están lejos de cuestionar o recalcular su compromiso con el gobierno de hierro. Para los demagogos de extrema derecha en el poder –entre los que destacan el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir–, se trata de una oportunidad histórica para cumplir el máximo posible de su lista de deseos: la destrucción de amplias zonas de Gaza, la eliminación del aparato político y militar de Hamás y, si es posible, la expulsión de miles de palestinos al Sinaí egipcio.
¿Qué espera Hamás de todo esto? Más allá de un discurso grandilocuente de su máximo comandante militar, Mohammed Deif, en el que exhorta a todos los palestinos a exigir un precio por la larga lista de crímenes israelíes, es difícil de decir. Desde que el movimiento islamista se hizo con el control de Gaza hace 16 años, después de que las sanciones internacionales y una guerra civil con Al Fatah lo desalojaran de un gobierno elegido democráticamente, los enfrentamientos armados con Israel han sido el método por defecto de Hamás (y de otros grupos como la Yihad Islámica) para negociar la liberación de prisioneros, frenar el culto judío y el acoso policial en la mezquita de Al Aqsa, y suavizar las restricciones de Israel sobre bienes y personas en Gaza.
Sin embargo, en los últimos meses Hamás se ha visto sometida a una presión cada vez mayor de la población de Gaza por no satisfacer sus necesidades básicas, en particular la electricidad, una tarea casi imposible en condiciones de asedio y guerras repetidas, agravadas por la corrupción y la distribución desigual de unos recursos limitados. Más allá de Gaza, la coalición israelí de extrema derecha ha galvanizado el movimiento de colonos para afirmar su “soberanía” sobre Cisjordania lanzando pogromos, construyendo más puestos avanzados y minando el llamado statu quo en los lugares santos de Jerusalén. La perspectiva de un acuerdo de normalización entre Arabia Saudí e Israel, alentada con vehemencia por la administración Biden, amenaza con eliminar una de las últimas cartas geopolíticas con las que aún cuenta la causa palestina.
Para Hamás, pues, ya no bastaba con un pequeño ajuste del bloqueo. Era necesario un espectáculo de conmoción y pavor para sacudir la arquitectura política, y lo han logrado con una efectividad aterradora. Incluso con meses o años de meticulosa planificación y secretismo, el grado de éxito fue quizá tan sorprendente para ellos mismos como para los israelíes.
Pero más allá de este cambio psicológico sísmico, no está claro cómo podrá este ataque –contra un Estado con armas nucleares, respaldado por Occidente y fuertemente militarizado– alterar un equilibrio de poder que lleva décadas inclinándose en contra de los palestinos. Estados Unidos se ha apresurado a proporcionar a Israel apoyo material y retórico, y los Estados europeos se han sumado rápidamente a la defensa de Israel, barriendo bajo la alfombra meses de descontento con las locuras de la extrema derecha.
Los autócratas árabes están más deseosos de explotar la economía y las industrias de seguridad de Israel que de proporcionar a los palestinos algo más que ayuda financiera. El destino de los dirigentes palestinos sigue pendiendo del aliento de un presidente octogenario, Mahmud Abás, mientras continúan las rivalidades fratricidas dentro de Al Fatah, así como entre Al Fatah y Hamás. Los palestinos están perdiendo influencia rápidamente y, aunque es demasiado pronto para saberlo, es posible que la febril embestida de Hamás no baste para recuperarla. En el peor de los casos, les saldrá el tiro por la culata.
Aun así, el asalto del 7 de octubre sigue siendo sintomático de una afección mayor que no ha sido tratada. En ciudades de Cisjordania y campos de refugiados como Jenin y Nablus, jóvenes palestinos –muchos de los cuales se criaron bajo las falsas promesas de los Acuerdos de Oslo, firmados hace 30 años– han tomado las armas y se han unido a milicias locales no afiliadas a los principales partidos políticos.
En las calles y en Internet, a los activistas palestinos ya no les importa pasar de puntillas por el lenguaje diplomático ni por las referencias a las leyes internacionales que les han fallado. Rechazan la narrativa amnésica que afirma que sus agravios comenzaron en 1967 y no en 1948, y que su futuro reside en un cuasi-Estado en sólo una quinta parte de su patria y no en su totalidad. Están cansados de disculparse por el uso de la violencia, por fea que sea, como si la violencia no fuera una parte inherente de todas las luchas anticoloniales, como si fuera más atroz que el sistema opresivo que intentan desmantelar, y como si sus esfuerzos no violentos de boicot y diplomacia no fueran igualmente aplastados y demonizados como “terrorismo”. Para ellos, el enemigo es y siempre ha sido un movimiento colonial empeñado en borrarlos. Invocar la descolonización, sin embargo, no debería implicar una posición de suma cero que se niegue a simpatizar con lo que les ocurrió a las familias israelíes el 7 de octubre, como tampoco deberían ser los asesinatos una excusa para consolidar el régimen de apartheid de Israel e instigar su ira.
Amjad Iraqi es redactor jefe de +972 Magazine. También es miembro del think tank Al-Shabaka. Además de en +972, sus artículos han aparecido en London Review of Books, The Nation, The Guardian y Le Monde Diplomatique. Es ciudadano palestino de Israel y reside actualmente en Londres.
Una versión de este artículo se publicó por primera vez en el blog de la London Review of Books.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en +972Magazine.
El texto en castellano ha sido traducido con DeepL y editado por la redacción de CTXT.
2. Tomaselli sobre Palestina
Como todos, Tomaselli ha dejado momentáneamente la guerra en Ucrania para analizar la operación militar palestina en territorio de «Israel».
https://giubberosse.news/2023/
Tormenta sobre Oriente Próximo
Enrico Tomaselli 12 octubre 2023 0
Un primer intento de analizar la reanudación del conflicto en Palestina, incluso en medio de la acción aún en curso, y centrándose en particular en tres aspectos: la incapacidad de los servicios de seguridad israelíes y estadounidenses para prever el atentado; la capacidad palestina para lograr el factor sorpresa en el momento del atentado; y el sentido político y militar de la operación en general.
Como un guijarro en un casillero, el atentado perpetrado por las Brigadas Ezzedin al Qassam el 7 de octubre sorprendió y conmocionó a todos, observadores y -por supuesto- partes interesadas. Dado que la operación «Inundación de Al Aqsa» aún está en curso, no es posible por el momento hacer un análisis claro y exhaustivo de la misma; sin embargo, ya se pueden hacer algunas reflexiones. Y de algunas, en efecto, se siente definitivamente la urgencia.
En particular, hay tres aspectos en los que detenerse. La incapacidad de los servicios de seguridad israelíes y estadounidenses para prever el atentado. La capacidad palestina para lograr el factor sorpresa en el momento del atentado. El sentido político y militar de la operación en general.
Antes de entrar en el fondo de la cuestión, y de examinar específicamente estos tres aspectos, es importante añadir otra premisa más general. Desgraciadamente, a veces, incluso en círculos presumiblemente identificables como ajenos a la propaganda dominante, se cuela un peligroso sesgo conspiracionista, que tiende a ver -en las diversas articulaciones estatales del poder occidental- una especie de moloch invencible, y que por tanto, incluso ante una evidente derrota de ese poder, con sus clamorosos errores, se niega a convencerse de ello, y tiende a imaginar oscuras maniobras y designios ocultos, a partir de los cuales la realidad aparente sería de hecho lo contrario de lo que realmente es. Dicho de otro modo, si este poder parece acusar una derrota, aunque sea limitada, el sesgo conspirativo lleva a creer que se trata en realidad de una acción encubierta, y que esconde un objetivo final oculto pero intencionado.
Este sesgo es un obstáculo muy peligroso para cualquier comprensión de los fenómenos sociales, políticos y militares, y debería eliminarse definitivamente. Sin embargo, en concreto, podría incluso argumentarse que es precisamente este enfoque imaginativo el que resulta ventajoso para la potencia mencionada. Porque es evidente que, independientemente de cómo pueda acabar la operación palestina -militar y políticamente-, su mayor éxito (indiscutiblemente conseguido) reside precisamente en haber hecho añicos el mito de la invencibilidad de Israel, de la infalibilidad de sus servicios de inteligencia, de su suprema capacidad para garantizar la seguridad del Estado y de sus ciudadanos. Afirmar que nos encontramos en cambio ante una maniobra sofisticada, dirigida a un diseño estratégico más amplio, anula el hecho, y no sólo rehabilita el mito, sino que incluso lo reaviva, revistiéndolo de un nivel de sutileza aún mayor.
Examinemos ahora el primero de los tres aspectos, a saber, la incapacidad de los servicios de inteligencia occidentales para prever el atentado. Antes de nada, sin embargo, hay que subrayar un aspecto importante de la cuestión, relativo a las características del propio atentado. En primer lugar, no mostró ningún salto cualitativo significativo, en cuanto al armamento desplegado; básicamente, la operación se llevó a cabo con armamento ligero y los habituales cohetes de fabricación propia (una tecnología en la que Hamás lleva años trabajando), y sólo se limitó a otro armamento individual (fusiles de asalto y MANPADS) de fabricación estadounidense, casi con toda seguridad procedente del contrabando de armas generado en Ucrania -y del que el propio gobierno israelí había hablado poco antes-. No había pruebas de armamento de otro origen, concretamente iraní -por ejemplo, los drones por los que Teherán es ahora internacionalmente famoso.
Esto significa que no hubo una transferencia significativa de armamento, que podría haberse detectado aguas arriba en la cadena que conduce a Gaza. También hay que tener en cuenta que una operación de este tipo, en las condiciones extremadamente peculiares del territorio en el que se planeó y desde el que partió, debió requerir una preparación extremadamente larga y cuidadosa, que duró al menos un año [1].
Esto implicó no sólo el almacenamiento de cohetes y municiones, sino también la formación de los departamentos operativos, la creación de un centro de mando específico para la operación, la adquisición de información tanto sobre los sistemas de control fronterizo como sobre los objetivos, y el desarrollo de un sistema de comunicación que no pudiera ser interceptado.
A la vista de todo ello, puede parecer increíble que no se haya detectado nada. Y, por supuesto, tal y como están las cosas, no tenemos ni idea de cómo ocurrió, es decir, cómo las formaciones militares de Hamás consiguieron ocultarlo durante tanto tiempo.
Sin embargo, sí sabemos lo suficiente sobre el sistema de vigilancia que debería haberlo descubierto, como para formular un razonamiento deductivo convincente. En primer lugar, hay que tener en cuenta que Gaza es uno de los territorios más intensamente vigilados del mundo, a través de la más amplia gama de herramientas: desde escuchas telefónicas hasta vigilancia por satélite y aérea, pasando por la red de informadores locales y demás. Todo esto produce diariamente una cantidad gigantesca de datos, que escapa por completo a la posibilidad de observación y análisis humanos, por lo que -desde hace algún tiempo- los servicios de inteligencia israelíes confían en la IA, a través de programas especialmente desarrollados.
Este sistema de análisis automatizado ha funcionado muy bien en el pasado, proporcionando indicaciones muy útiles durante anteriores operaciones de Tsahal contra Hamás. Esto, por supuesto, reforzó su fiabilidad. El problema de un sistema de este tipo, por supuesto, es que funciona según un esquema que en el fondo es bastante simple: a partir de los grandes datos acumulados a lo largo del tiempo, es capaz de asociar una serie de informaciones a determinados acontecimientos, y a partir de la sucesión de éstos, puede predecir razonablemente lo que va a ocurrir (o lo que el enemigo está preparando para que ocurra). Se trata, evidentemente, de un mecanismo basado en la experiencia. Si A + B producen casi siempre C, cuando el sistema identifique los factores A y B esperará que se produzca el acontecimiento C. Del mismo modo, el sistema será alertado si se produce alguna anomalía. Por ejemplo, el factor B desaparece durante un tiempo significativamente inusual, o de repente aparece el factor D [2].
De este modo, la inteligencia de Tel Aviv ha podido vigilar constantemente las actividades de Hamás en la Franja de Gaza, obviamente con un margen de imprevisibilidad ciertamente pequeño. Esto permitió en el pasado identificar talleres de construcción de cohetes y plataformas de lanzamiento, aunque no del todo. En cierto modo, pues, los sistemas de vigilancia basados en la IA es como si desarrollaran su propio sesgo (además, por supuesto, de llevar en su código genético el de quienes los desarrollan), que a su vez se tranquiliza cuando encuentra exactamente lo que espera encontrar.
Así pues, podemos deducir simplemente que la cobertura de la fase de preparación se logró manteniendo operativas todas las actividades conocidas, que el sistema de vigilancia conoce y esperaba detectar, sin introducir en ellas ninguna anomalía. Mientras que todas las actividades necesarias para la preparación del ataque se camuflaron hábilmente entre las ordinarias, o se hicieron invisibles. Si se tiene en cuenta que, durante la fase operativa del atentado, las unidades de Ezzedin al-Qassam se comunicaban entre sí y con el centro de mando mediante un sistema (todavía no sabemos cuál) que escapaba totalmente a la interceptación, esto parece totalmente plausible.
El segundo aspecto es uno sobre el que, por el momento, no se dispone de información precisa. Por lo tanto, incluso en este caso, es necesario proceder deductivamente.
El ángulo conspirativo es que se trató de una especie de Pearl Harbor [3], es decir, que conocían perfectamente la operación e incluso la habrían facilitado porque necesitaban un pretexto para desencadenar algún tipo de solución final. O, más ampliamente aún, para desencadenar un nuevo conflicto en la periferia de Rusia. Con la variante ultra conspirativa, que vería a Hamás como una criatura israelí-estadounidense…
Si, en abstracto, se pudiera suponer que la comunidad de inteligencia conocía el plan palestino y que se había tomado la decisión política de permitir que siguiera adelante -a pesar del previsible alto coste en vidas humanas-, parece muy improbable que pudiera haber ocurrido a nivel de los sistemas de vigilancia fronteriza.
En primer lugar, habría sido detectado inmediatamente por los propios militares de guardia. Tampoco es concebible que hubieran sido informados de ello y decidieran calladamente sacrificarse para seguir los planes del gobierno. Sobre todo, está claro que las unidades de Ezzedin al-Qassam que desmontaron las redes, destruyeron las torres de vigilancia y atacaron los puestos de guardia, si se hubieran dado cuenta de que los sistemas de vigilancia no funcionaban, habrían tendido inmediatamente una trampa. Sin embargo, tal y como se desarrollaron los acontecimientos, todo apunta a que el sistema de vigilancia de la frontera fue desactivado en el momento en que las unidades operativas entraron en acción (probablemente utilizando sistemas de interferencia [4]), aprovechando también las condiciones rutinarias en las que se encontraban las fuerzas de guarnición israelíes -temprano por la mañana, día festivo de shabat, sin estado de alerta temprana…
Una vez más, no se dispone de información fiable, y no es seguro que vaya a conocerse pronto. Al igual que Hamás no tiene interés en revelar cómo pudo inutilizar el sistema de vigilancia en la frontera de la franja, las IDF tampoco tienen interés en revelar cómo fue pirateado su sistema. Sin embargo, seguramente se producirán acontecimientos que actuarán como factor verificador. Si las suposiciones basadas en la idea de la conspiración están bien fundadas, independientemente de cómo se desarrollen los acontecimientos a corto y medio plazo, tanto la cúpula militar como la de los servicios de inteligencia seguirán en sus puestos, o incluso ascenderán. Si, por el contrario, serán destituidos tarde o temprano, significará que no hubo connivencia, sino que se trató de un estrepitoso fracaso por parte de unos y otros.
El tercer aspecto que merece una reflexión inicial es el sentido de la operación, tanto política como militarmente, sobre todo a la luz de las -previsibles- consecuencias.
Y aquí también son necesarias algunas observaciones preliminares.
En primer lugar sobre Hamás [5], el movimiento político del que las Brigadas Ezzedin al-Qassam son el brazo militar, y que ha gobernado en Gaza durante muchos años.
Hamás se originó como una rama palestina de un movimiento suní panárabe, el de los Hermanos Musulmanes, una formación político-religiosa esencialmente moderada, que aspira a lograr gobiernos basados en principios sociales y morales de inspiración religiosa, pero que no contempla Estados estrictamente basados en la sharia (como el ISIS). El movimiento es especialmente fuerte en Egipto, donde cuenta con la feroz oposición del actual gobierno militar.
Entre las formaciones de la resistencia palestina, Hamás es una de las más recientes, pues nació en 1987, a raíz de la primera intifada. En su fase inicial, y después durante mucho tiempo, Hamás fue vista tanto por Estados Unidos como por Israel como un factor que podía debilitar a la OLP, y en este sentido fue abiertamente favorecida. En 2006, tras ganar las elecciones legislativas palestinas, la organización llegó a un enfrentamiento -incluso militar- con la formación Al Fatah, que no aceptaba el resultado de la votación. Al final de este enfrentamiento, Hamás tomó el control de la Franja de Gaza, mientras que Al Fatah tomó el control de Cisjordania, dividiendo de hecho en dos los territorios bajo autoridad palestina.
De este modo, Hamás se ha convertido de facto en la única organización político-militar de masas que sigue luchando contra la ocupación israelí, mientras que la Autoridad Nacional Palestina, controlada por Al Fatah, se ha ido convirtiendo poco a poco en una especie de autoridad colonial, en excelentes relaciones tanto con la UE como con Estados Unidos, y relegada a una representación simbólica de Palestina.
La lucha llevada a cabo por Hamás durante los últimos veinte años -como todas las luchas llevadas a cabo por los palestinos, de diversas formas y según diferentes tácticas, tras la Nakba [6]- no ha producido, como es notorio, ningún resultado positivo. Israel, con el apoyo de Estados Unidos y todos los países occidentales, no solo sigue sin aplicar las resoluciones de la ONU, sino que su control represivo se ha intensificado. En 2018, la Knesset, el parlamento israelí, aprobó una ley que establece que Israel es un Estado judío (es decir, el Estado de y para los judíos), formalizando el apartheid de facto que existe contra la población árabe. Y, sobre todo, Gaza, la última franja de tierra palestina indómita, se ha convertido en una gigantesca prisión al aire libre, dependiente de Israel para prácticamente todo, que tiene pleno control sobre todo lo que puede o no entrar en ella. Por último, aunque sigue contando con el apoyo de las poblaciones árabes, la causa palestina ha perdido de hecho el de los gobiernos árabes.
En este contexto, es evidente cómo -por un lado- Hamás se vio casi obligado a buscar apoyos incluso en el mundo chií y radical (Irán y Hezbolá), y -por otro- tuvo que empezar a reflexionar sobre el hecho de que la estrategia de desgaste, compuesta por fases periódicas de enfrentamiento con las Fuerzas de Defensa de Israel, ya no era ni productiva ni sostenible. De ahí la necesidad, política antes que militar, de introducir un elemento de discontinuidad, capaz de desencadenar un proceso que produjera un relanzamiento de la resistencia palestina y, más ampliamente, una reorganización estratégica de las cartas, en el marco de Oriente Próximo.
Una opción, ésta, entre otras cosas posibilitada por la remodelación estratégica mundial en curso y, en particular, por la guerra de Ucrania (y su evolución desfavorable para Occidente).
Del mismo modo que el conflicto ucraniano demostró la viabilidad concreta de oponerse a los designios estadounidenses, la Operación Al-Aqsa Flood ya ha demostrado la no invencibilidad del ejército israelí.
Desde un punto de vista estrictamente militar, por otra parte, la operación tenía y tiene objetivos más limitados, pero no por ello menos importantes.
Una vez más, hay que dejar claro en primer lugar que los objetivos no incluyen en absoluto el desencadenamiento de un conflicto de gran alcance en Oriente Próximo (que, por otra parte, ninguno de los actores regionales e internacionales tiene interés en desencadenar, al menos en este momento), en el que la resistencia palestina correría un gran riesgo de ser aplastada. Del mismo modo que está claro que no se trataba de una misión suicida, en la que todo el movimiento se lo juega todo.
Aunque es evidente que gran parte de las fuerzas que participaron en la acción (entre 1.500 y 2.000 combatientes) corrían el riesgo de caer o acabar como prisioneros, hay que tener en cuenta que las Brigadas cuentan con una fuerza estimada de entre 30.000 y 40.000 hombres.
Así pues, el primer objetivo militar era infligir el mayor número de bajas a las fuerzas de ocupación. Jugando con el efecto de conmoción y pavor, toda la primera fase de la operación sirvió para golpear a las IDF, atacándolas de forma no planificada y difusa, no según una táctica de enfrentamiento frontal, mediante la concentración de fuerzas en unos pocos lugares, sino, por el contrario, mediante la extrema movilidad de pequeños grupos. Esto no sólo provocó un elevado número de muertos y heridos entre las fuerzas enemigas, sino que amplificó su desorientación, su caos. Hasta tal punto que, todavía cuatro días después, no estaba completamente superado.
En esta fase ofensiva, entre otras cosas, los combatientes de Al Qassam demostraron que habían aprendido una lección del conflicto ucraniano, utilizando cuadricópteros ordinarios tanto para tareas de reconocimiento del terreno como de ataque (un tanque Merkava fue destruido precisamente lanzando un artefacto explosivo improvisado desde el aire [7]).
Otra lección aprendida de la guerra de Ucrania es la táctica -ampliamente aplicada por los rusos- de atacar al enemigo para invitarle a contraatacar, explotando así el factor sorpresa al principio, y la ventaja de una posición defensiva en una fase posterior.
Por una serie de razones, de hecho, Tsahal se ve ahora obligado a atacar el enclave de Gaza por tierra; y, consciente de que esto conllevará grandes pérdidas (como es inevitable, en un contexto altamente urbanizado), de hecho se está estancando. Los intensos bombardeos a los que somete a Gaza sirven no sólo para golpear lo más fuerte posible las estructuras militares de Hamás, sino también para organizar mejor la fuerza de invasión. Una elección, la de los ataques aéreos, que paradójicamente corre el riesgo de añadir una ventaja suplementaria a los defensores. En efecto, encontrarse luchando en medio de ruinas, lo que limita aún más la movilidad de los vehículos pesados, aumenta la facilidad de las emboscadas, libera de la preocupación de salvaguardar las viviendas y dificulta la orientación de las fuerzas enemigas.
El segundo objetivo militar consistía en capturar al mayor número posible de enemigos, introduciéndolos en las plazas fuertes de la franja. Esto no era tanto con vistas a utilizarlos como escudos humanos, disuadiendo a Tsahal de llevar a cabo bombardeos [8], sino con vistas a un intercambio tras la fase aguda de los combates. También en este aspecto, la operación tuvo éxito, ya que no sólo se capturó a muchos soldados y civiles, sino también a oficiales de alto rango. Evidentemente, al tratarse de un número (por el momento indeterminado) muy superior al de cualquier intercambio anterior, el objetivo es obtener la liberación de todos los 7.000 prisioneros palestinos (muchos en detención administrativa desde hace años) y, con toda probabilidad, especialmente de los combatientes capturados durante los combates.
Por último, el tercer objetivo, el más angular.
Por supuesto, siempre es deseable, como de hecho establece el derecho internacional de la guerra, que en los conflictos se haga el máximo esfuerzo por salvaguardar la vida de los civiles. Y éste es un principio al que -por ejemplo- Rusia se adhiere, a diferencia de la OTAN en sus interminables guerras. Por lo tanto, es incuestionablemente lamentable que se haya atacado deliberadamente a civiles. Sin embargo, lo que se pretende aquí es un análisis del qué y del por qué, no un examen moral del comportamiento.
Por lo tanto, no se trata -con referencia al asesinato y secuestro de civiles- simplemente de contextualizar el hecho en el marco de un conflicto de décadas de duración y trágicamente asimétrico, sino de identificar las razones racionales de un hecho, que en cambio -lamentablemente- la propaganda de guerra trata de presentar como una manifestación de ferocidad animal.
Una vez más, se trata de una lección aprendida. Esta vez no del conflicto ucraniano, sino precisamente del israelo-palestino. Y fueron precisamente los israelíes quienes enseñaron esta horrible lección: «Las milicias sionistas se apoderaron de más del 78% de la Palestina histórica, destruyeron unos 530 pueblos y ciudades palestinos y mataron a unos 15.000 palestinos en más de 70 masacres. Unos 750.000 palestinos fueron objeto de una limpieza étnica entre 1947 y 1949 para crear el Estado de Israel en 1948» [9].
Huelga decir que no se quiere justificar en modo alguno el horror de hoy con el horror de ayer, aunque mucho mayor. La cuestión es que ambos tenían una razón de ser. Terrible si se quiere, inaceptable si se cree, pero una razón de ser al fin y al cabo.
Más allá de la ira y el odio que pueden madurar en casi ochenta años de opresión, así como en virtud del fanatismo ideológico y religioso más atroz, existe de hecho una motivación racional, un cálculo. Y la razón por la que los combatientes palestinos han matado a civiles, y capturado a otros llevándolos a Gaza, es precisamente aterrorizar a los colonos e inducirles a abandonar la tierra ilegalmente ocupada mediante la ocupación militar.
Por supuesto, ahora se desconoce si se conseguirá este efecto y hasta qué punto, y durante cuánto tiempo. Mucho dependerá de los acontecimientos posteriores. Lo importante es darse cuenta de que no estamos ante un acto gratuito, llevado a cabo por lo que el jefe del Estado Mayor israelí llama «animales» (y que como tales considera dignos de cualquier contraterrorismo), sino ante una determinación extrema, que entiende que no puede retroceder ni siquiera ante tanto.
Es la terrible lección del coronel Kurtz: «He visto horrores, horrores que usted también ha visto. Pero no tenéis derecho a llamarme asesino. Tienen derecho a matarme, tienen derecho a hacerlo. Pero no tienes derecho a juzgarme. Es imposible encontrar las palabras para describir lo que es necesario para aquellos que no saben lo que significa el horror. El horror tiene rostro. Y debes hacerte amigo del horror, el horror, el terror, la moral y el dolor son tus amigos. Pero si no lo son, son enemigos a los que hay que temer. Son enemigos de verdad.
Recuerdo, cuando estaba en las fuerzas especiales, parece que hace miles de años, fuimos a un campamento, a vacunar niños. Salimos del campamento después de vacunar a los niños contra la polio. Más tarde, un anciano vino corriendo a llamarnos, estaba llorando, era ciego. Volvimos al campo: el Vietcong había llegado y cortado todos los brazos vacunados. Estaban allí amontonados. Un montón de bracitos. Y recuerdo que lloré, lloré como una madre.
Quería arrancarme los dientes de la boca, no sabía lo que quería hacer. Y quiero recordarlo, no quiero olvidarlo nunca. Entonces me di cuenta, como si me hubieran golpeado… golpeado por un diamante, una bala de diamante en medio de la frente… y pensé: Dios mío qué genio hay en esto… qué genio, qué voluntad de hacer esto… perfecto, genuino, completo, cristalino, puro. Y así me di cuenta de que eran más fuertes que nosotros, porque lo soportaron» [10].
Notas
1 – Razón por la cual la hipótesis de que se coordinó con Irán y otros grupos armados de la región, a partir del pasado mes de agosto -como afirma el Wall Street Journal- es sencillamente imposible. Además, desmonta la credibilidad de esta tesis (aparte de absurdos como la participación del ministro iraní de Exteriores Amir-Abdollahian en reuniones operativas en Beirut) el hecho de que uno de los autores del artículo, el corresponsal del WSJ en Oriente Medio Summer Said, según el periodista Andrew MacGregor Marshall, «tiene un historial de deshonestidad y de fabricar historias. Le despedí de Reuters en 2008 por este motivo». Me sorprende que el @WSJ le haya contratado y esté publicando sus historias, que son claramente falsas».
2 – Con respecto al sistema de control israelí dirigido por la IA, y más en general para un examen interesante tanto de los enfoques conceptuales bajo los cuales se dirigen los servicios en Israel, como de la historia cambiante de la relación entre ellos y los EE.UU., el artículo escrito por Scott Ritter (él mismo un ex oficial de inteligencia de EE.UU.): «Israel’s Massive Intelligence Failure», consortiumnews.com, es extremadamente interesante
3 – Como es bien sabido, existe una corriente de pensamiento, incluso historiográfica, que cree que el ataque japonés a la base naval de Hawai era conocido por los dirigentes estadounidenses, pero que habrían dejado que sucediera porque Roosevelt necesitaba un casus belli fuerte para convencer a la nación de entrar en la guerra. Por supuesto, no hay pruebas irrefutables de ello, aunque obviamente es una reconstrucción plausible.
4 – La interferencia es el acto de interrumpir deliberadamente las comunicaciones de radio (inalámbricas) haciendo que disminuya su relación señal/ruido, un indicador de la claridad de la señal, normalmente transmitiendo en la misma frecuencia y con la misma modulación que la señal que se desea interferir.
5 – Ḥamās, acrónimo de Ḥarakat al-Muqāwama al-Islāmiyya (en árabe حركة المقاومة الاسلامية?, Movimiento de Resistencia Islámica, o حماس, «entusiasmo, celo, espíritu de lucha»).
6 – El éxodo palestino de 1948 (en árabe الهجرة الفلسطينية?, al-Hijra al-Filasṭīniyya), conocido principalmente en el mundo árabe, y entre los palestinos en particular, como la nakba (en árabe النكبة? , al-Nakba, literalmente ‘desastre’, ‘catástrofe’ o ‘cataclismo’), es el éxodo de la población árabe palestina durante la guerra civil de 1947-48, al final del Mandato Británico, y durante la guerra árabe-israelí de 1948, tras la creación del Estado de Israel.
7 – Acrónimo de Improvised Explosive Device (artefacto explosivo improvisado).
8 – El IDF sabe perfectamente que todos los prisioneros tienen un valor muy alto, especialmente vivos, y por lo tanto se mantendrán a salvo en instalaciones subterráneas secretas, especialmente preparadas de antemano.
9 – Ver «Los palestinos hablan el lenguaje de la violencia que Israel les enseñó», Chris Hedges, sheerpost.com
10 – «Apocalypse Now», Francis Ford Coppola
3. Situación militar en Palestina
El análisis de Rybar, o sea, desde una perspectiva rusa.
https://rybar.ru/obstanovka-v-
La situación en la zona de conflicto israelo-palestina el 12 de octubre de 2023
12 de octubre de 2023
El número de enfrentamientos directos dentro de Israel disminuyó significativamente, con una batalla que tuvo lugar cerca del kibutz Kisufim, cerca de la frontera con la Franja de Gaza, donde las Fuerzas de Defensa de Israel eliminaron a un militante de Hamás. Sin embargo, las facciones palestinas siguen disparando cohetes con regularidad contra centros de población del sur y el centro de Israel.
Mientras tanto, la aviación de las FDI sigue arrasando la Franja de Gaza. Han sido alcanzadas tanto instalaciones de Hamás como numerosos edificios con civiles. El número de víctimas entre la población del enclave ha alcanzado el millar y medio de personas, mientras Israel prosigue su bloqueo humanitario de Gaza. Al parecer, el mando israelí se prepara así para una operación terrestre en la Franja.
En el norte de Israel, cerca de la frontera con Líbano, la situación también se mantiene relativamente estable. Durante el día, un SAM Patriot se activó falsamente y un proyectil cayó en territorio libanés cerca del asentamiento de Khiam Marjayoun. Además, las IDF desplegaron un número significativo de reservistas previamente movilizados a lo largo de la frontera con Líbano, temiendo un ataque de grupos palestinos o de combatientes de Hezbolá.
En Cisjordania continuaron los enfrentamientos entre la población árabe y las fuerzas de seguridad israelíes. Por la noche, estos incidentes se habían saldado con la muerte de civiles en los alrededores de Ramala. Además, cada vez hay más noticias de enfrentamientos entre colonos israelíes y palestinos. Mañana, la región podría sufrir una fuerte escalada de violencia con motivo del tradicional culto musulmán del viernes, con Hamás agitando a los palestinos locales con antelación para que ataquen en masa a los israelíes.
Mapa de alta resolución en inglés https://rybar.ru/piwigo/
Estado de las hostilidades
Zona norte
La situación en esta zona se ha estabilizado un poco, sin que se hayan registrado combates durante el día, pero los palestinos siguen bombardeando las ciudades centrales y las zonas limítrofes con la Franja de Gaza. Grupos palestinos atacaron Tel Aviv, Sderot, Yad Mordechai, Nativ Hasara, Ashkelon y otras localidades fronterizas con la Franja de Gaza. No se observaron enfrentamientos importantes.
Zonas este y sur
En la dirección este, se produjo un combate cerca del kibutz Kisufim por la tarde: las Fuerzas de Defensa de Israel eliminaron a un militante de Hamás. Además, los canales palestinos de Telegram informaron de nuevos enfrentamientos cerca de Be’eri y Shuqda, pero esta información no fue confirmada. Además, los militantes llevaron a cabo una serie de ataques contra Be’er Sheva, Ofakim, el kibutz Nahal Oz y la base militar de Re’im, al este de la Línea de Control.
Franja de Gaza
La Fuerza Aérea israelí sigue bombardeando Gaza. Durante la noche, dos altos cargos de Hamás fueron eliminados por ataques aéreos. Las Fuerzas de Defensa de Israel disparan continuamente sobre la Franja de Gaza, destruyendo tanto infraestructuras civiles como instalaciones de militantes. Debido a la densidad de edificios residenciales, hay muchas víctimas civiles: en total murieron unas 1.500 personas y casi 7.000 más resultaron heridas. Durante el día, las autoridades israelíes informaron de que habían disparado en la región más de 6.000 proyectiles con un peso total de 4.000 toneladas. Según algunos informes, el hermano del jefe de Hamás, Yahya Sinwar, fue eliminado. Entre otras cosas, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo que el sobrino de su ayudante estaba cautivo de grupos palestinos en Gaza.
Funcionarios del Ministerio de Gaza afirman que el sistema sanitario del enclave está al borde del colapso, ya que los hospitales y los médicos son incapaces de hacer frente al enorme número de muertos y heridos.
La frontera con Líbano
Las IDF han desplegado un número significativo de reservistas previamente movilizados a lo largo de la frontera con Líbano, temiendo un ataque de grupos palestinos o militantes de Hezbolá. Por la tarde, se activó falsamente un Patriot SAM en las fronteras septentrionales de Israel, en Safed. Al parecer, un proyectil se estrelló y detonó en la localidad de Khiyam Marjayoun, en el sur de Líbano. También se informó de ataques de las Fuerzas de Defensa de Israel a lo largo de la frontera, pero no se disponía de información detallada.
Cisjordania
Anoche estallaron disturbios como en ocasiones anteriores. Se produjeron enfrentamientos entre palestinos y fuerzas de seguridad israelíes en Jerusalén Este, Yenín, Tulkarm, Huwar, Qalqilya, Turumsaya, Jaba y el barrio de Naplusa. Varios cohetes palestinos se estrellaron en el asentamiento judío de Ariel, en Cisjordania.
Los enfrentamientos continuaron por la tarde, y fuentes locales informaron de enfrentamientos en los alrededores de los asentamientos de Ram On y Janir. Por la noche, la violencia en la región se había intensificado de nuevo, con enfrentamientos en los alrededores de Ramala, la localidad de Silwan y otras localidades. Varios civiles palestinos murieron en Silwan. Aumentaron los enfrentamientos entre colonos israelíes y la población árabe.
Fuera de Cisjordania, radicales palestinos perpetraron dos atentados terroristas en el oeste de Jerusalén, en los que dos policías israelíes sufrieron heridas de diversa consideración.
Se espera que la violencia en la región se recrudezca mañana debido a los tradicionales oficios musulmanes del viernes en las mezquitas y otros actos similares, y Hamás ha hecho un llamamiento previo a los palestinos para que se rebelen y ataquen a los israelíes en Cisjordania.
Ataques de la aviación israelí dentro de Siria
Los objetivos de los ataques de hoy eran aeródromos en Damasco y Alepo, lo que fue confirmado posteriormente por altos cargos de las Fuerzas de Defensa de Israel. En estos refugios aéreos aterrizan de vez en cuando aviones de transporte iraníes con diversos cargamentos para las formaciones que operan en el país. En este caso, parece que los israelíes desean una vez más perturbar la logística de los iraníes. Sin embargo, no es tan fácil hacerlo: aunque ambas instalaciones resulten dañadas, es difícil destruirlas mediante este tipo de ataques, ya que es probable que reanuden sus operaciones en poco tiempo. Más vulnerable en este caso es la propia flota de aviones.
Contexto político y diplomático
Visita a Israel del Secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken
En Israel se celebró una larga reunión entre Benjamin Netanyahu, el Secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken y el miembro del «gobierno de emergencia» Benny Gantz. Tras la reunión, Blinken hizo una serie de declaraciones en las que afirmó que la entrada de otros Estados en el conflicto es inaceptable y que EE.UU. defenderá a Israel en caso de que se produzca. También afirmó que Israel debe evitar los daños colaterales a civiles, independientemente de su nacionalidad o religión, en su lucha contra los militantes de Hamás. Estados Unidos ha estado en estrecho contacto con Israel en relación con la liberación de los rehenes en manos de Hamás y al menos 25 ciudadanos estadounidenses han muerto como consecuencia de la escalada del conflicto palestino-israelí. Además, Blinken señaló que están en camino nuevos envíos de ayuda militar estadounidense a Israel.
Declaración del Ministerio de Asuntos Exteriores egipcio sobre la crisis humanitaria en Gaza
El Ministerio de Asuntos Exteriores egipcio hizo un llamamiento para que las organizaciones internacionales recojan y envíen ayuda humanitaria a Gaza de forma conjunta, independientemente de la postura de Israel. El aeropuerto de Al-Arish, a 75 kilómetros de Gaza, ha sido designado como punto de recogida. En este contexto, resulta curioso que el paso fronterizo de Rafah, en la frontera de Egipto con la Franja de Gaza, vuelva a estar operativo y aún no haya sido objeto de bombardeos israelíes. Lo más probable es que El Cairo haya decidido que el estatus internacional de la misión es una garantía más fiable para que el convoy entre en Gaza de forma segura, mientras Israel medita entretanto su próximo movimiento.
Con el bloqueo total, los bombardeos y las infraestructuras destruidas, esa ayuda podría facilitar mucho la vida a los palestinos locales, lo que claramente no entra en los planes del mando israelí.
Sobre posibles suministros de munición alemana a Israel
La agencia de noticias Reuters informa de que el gobierno alemán tiene la intención de transferir temporalmente a los israelíes dos aviones no tripulados de reconocimiento Heron adquiridos con anterioridad, y también hay conversaciones sobre munición para buques de guerra. No cabe esperar ningún cambio especial en la situación después de que los alemanes envíen los dos drones: las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) ya disponen de una cantidad bastante considerable de medios de inteligencia. Durante el conflicto, entre 10 y 20 aviones y vehículos aéreos no tripulados operan en el aire cada día.
La transferencia de municiones, por otra parte, parece más lógica. Las unidades de Hamás utilizan activamente grupos de desembarco en barcos para desembarcar frente a las costas de Israel, y la Armada dispone de corbetas Saar 6 de fabricación alemana. Dada la actividad de estos DRG, el consumo de munición de los cañones OTO Melara de 76 mm embarcados ha aumentado considerablemente. A los israelíes les resulta difícil reponerla por sí mismos en la fase activa de los combates.
Sobre las perspectivas de un corredor de transporte multimodal a través de Oriente Medio y la conexión con el conflicto israelo-palestino
Antes de la escalada en la zona del conflicto israelo-palestino, hablamos de las perspectivas positivas de un corredor de India a Europa a través de las monarquías del Golfo, que fue aprobado en la cumbre del G20. Ahora, sin embargo, la ruta multimodal ha sido, como mínimo, archivada y, como máximo, suprimida por completo. No sabemos cuánto durará la guerra, pero no es buena idea invertir todos los recursos en un corredor a través de una zona de tensión permanente.
Por eso el gobierno indio está buscando alternativas que permitan eludir a China. Una de ellas es el proyecto a través de Irak y Turquía, pero incluso allí no todo es tan sencillo (falta de infraestructuras, conflicto con los kurdos). En una situación así, el corredor intercontinental de transporte «Norte-Sur» a través de Irán, en el que Rusia está invirtiendo activamente, vuelve a cobrar protagonismo. Inicialmente, los dirigentes indios también apostaban por él, pero más tarde Nueva Delhi se retiró del proyecto.
Y esta opción, a pesar de las dificultades y el coste de su realización, se está convirtiendo en uno de los proyectos más prometedores. Pero ahí radica su peligro. Los principales beneficiarios serán Rusia e Irán, y esto no puede convenir a Occidente. Además, el Occidente colectivo también tiene bazas para detener los trabajos al respecto. Sólo el escenario de la toma por la fuerza de la región de Syunik y el tendido del corredor de Zangezur pueden contribuir a ello.
Acciones de las autoridades jordanas
Ha aparecido en la red información según la cual las autoridades jordanas están bloqueando la carretera a Cisjordania para impedir que la población local participe en enfrentamientos con los israelíes.
Visita de los ministros de Asuntos Exteriores del Reino Unido a Israel
El ministro británico de Asuntos Exteriores, James Cleverly, publicó en Twitter un vídeo en el que se le ve teniendo que ponerse a cubierto al oír las sirenas antiaéreas durante una visita a Israel. Durante las reuniones con altos cargos políticos israelíes, Cleverley habló de la ayuda que el Reino Unido podría prestar al país.
¿Cómo ha reaccionado Asia Oriental ante el conflicto en Israel?
Corea del Sur:
Expertos y políticos surcoreanos afirman que Corea del Norte podría adoptar las tácticas de Hamás; el ministro de Unificación, por ejemplo, afirmó que, en caso de conflicto, el ejército de la RPDC podría disparar unos 16.000 proyectiles por hora contra Seúl desde lanzacohetes múltiples, lo que es similar a un ataque de miembros de Hamás que lanzan cohetes en masa.
El ministro de Defensa de Corea del Sur dijo que impulsaría la suspensión de un acuerdo militar de 2018 entre la República de Corea y la RPDC para reanudar la vigilancia del Norte. El pacto estableció zonas de amortiguación marítimas y aéreas y eliminó algunos puestos de guardia a lo largo de la frontera terrestre entre las dos Coreas. Esto ha ayudado a reducir en cierta medida las tensiones en la península coreana, aunque la RPDC ha violado repetidamente las disposiciones del acuerdo.
El gobierno de la República de Corea pidió una revisión del tratado en enero de este año (algún tiempo después de que drones norcoreanos se infiltraran en el Sur). Su anulación permitirá reforzar la vigilancia de la frontera, desde donde, según los críticos del documento, la RPDC puede atacar. El Parlamento del país aún no ha llegado a un consenso sobre la revisión o cancelación del acuerdo. Ahora la guerra entre Hamás e Israel puede utilizarse como argumento para deshacerse del legado del ex presidente Moon Zhein. Qué oportuno.
Taiwán:
En Taiwán, por otra parte, tienen previsto crear un grupo de trabajo para estudiar lo que está ocurriendo en Israel. El motivo es la necesidad de extraer lecciones del conflicto en medio del tenso ambiente que se respira en la APAC, concretamente en el estrecho de Taiwán. El ministro de Defensa de la isla también afirmó que la inteligencia es la clave para prevenir la guerra y tomar las contramedidas necesarias. En su opinión, esto es lo primero que Taiwán debe tener en cuenta. Desde que el conflicto empezó a agravarse, la isla también ha hablado de la disponibilidad de refugios antiaéreos y de la capacidad del gobierno para movilizar a 300.000 reservistas en un solo día.
4. ¿Qué quiere «Israel»?
Otro artículo para Globalter del corresponsal durante mucho tiempo en la zona de Asia Occidental, Eugenio García Gascón. Igual que no sabemos qué quiere Hamás, tampoco sabemos qué quiere Netanyahu. https://globalter.com/israel-
Israel busca el colapso del gobierno de Hamás
EUGENIO GARCÍA GASCÓN
Muchos se preguntan qué persigue exactamente Israel en esta guerra y hasta dónde está dispuesto a llegar. Es posible que no exista una respuesta definitiva y única, y que Benjamín Netanyahu busque varias cosas al mismo tiempo, incluida la expulsión de una parte considerable de la población palestina de la Franja de Gaza, que hasta ahora era de 2,3 millones de habitantes.
El desconcierto es general y no excluye a los medios hebreos, donde estos días se ha podido leer de todo a la hora de interpretar la amenaza de Netanyahu de cambiar el Oriente Próximo de hoy por otro distinto, una amenaza que lanzó el segundo día de la guerra, es decir el 8 de octubre, sin ser más explícito, aunque otros políticos de su entorno la han reiterado en los mismos términos vagos.
El respetado analista del Yediot Ahronot Ron ben Yishai ha publicado este jueves un artículo en el que señala que el gabinete de guerra que preside Netanyahu se ha marcado finalmente un objetivo o misión para la operación militar: el colapso total del gobierno de Hamás en Gaza.
Lo más interesante de lo que dice Ben Yishai es que lo que quiere el ejecutivo israelí es acabar con el gobierno de Hamás, es decir, no con Hamás, probablemente porque los dirigentes israelíes saben perfectamente que no es posible acabar con el movimiento de resistencia islámico que se fundó en 1987 dando paso a la primera intifada.
Pero, ¿qué significa en concreto acabar con el gobierno de Hamás? Para que esto sea posible tiene que ocurrir una de las siguientes tres cosas: 1) que Israel expulse a Egipto a toda la población de la Franja. 2) Que Israel expulse a todos, o casi todos, los gazatíes de Hamás. 3) Que Israel invada completamente la Franja durante un prolongado periodo de tiempo y ponga al frente un gobierno títere alternativo a Hamás, como el de Cisjordania que preside Mahmud Abás.
En el primer caso, ciertamente expulsar a toda la población de Gaza es seguramente el sueño húmedo de más de un dirigente israelí. En el segundo día de la guerra, Egipto dijo que no acogerá a una gran masa de refugiados, pero eso no ha impedido que los bombardeos sistemáticos hayan empujado ya a casi medio millón de personas del norte al sur de la Franja. Sin embargo, estamos viendo que un gran número de palestinos se están quedando en las zonas arrasadas por la aviación israelí con bombas estadounidenses. El Ejército israelí les pide que se vayan al sur, mientras que Hamás les pide que se queden aunque sus casas estén destruidas. En la memoria colectiva está la Nakba de 1948 y no todos los palestinos están dispuestos a dejar sus casas, ni siquiera los escombros de los lugares donde han vivido, por segunda vez.
El segundo caso, es decir, que Israel expulse a todos o casi todos los gazatíes de Hamás, se trata de una idea impracticable, a menos que se cumpla el primer caso de expulsar a toda la población. En Gaza, Hamás cuenta con un apoyo muy numeroso que sin duda crecerá sustancialmente tras el ataque del 7 de octubre. No es posible identificar y discriminar fácilmente a los seguidores de Hamás, que son legión y están en todas partes y a todos los niveles, desde lo más alto del gobierno al lumpen más bajo.
El tercer caso, que Israel invada la Franja completamente y ponga al frente a un gobierno títere, es una opción demasiado compleja. Si Israel no invade la Franja, un gobierno de esta naturaleza no podrá establecerse, pero si la invade y se queda dentro habrá una resistencia enorme con un goteo constante de soldados muertos, puesto que la resistencia no se quedará con los brazos cruzados. Es más, es dudoso que un gobierno títere pudiera mantenerse durante mucho tiempo en Gaza, incluso con la presencia del Ejército israelí. En Cisjordania, donde se da esa situación con el presidente Abás, conforme transcurre el tiempo se va haciendo más y más evidente que no podrá sostenerse durante mucho más. Abás cumple en noviembre 88 años y su gobierno títere tiene los días contados.
Además, atendiendo a estos tres contextos, acabar con el gobierno de Hamás como pretende Israel no resolverá el problema, como no lo ha resuelto el brutal bloqueo de la Franja durante varios lustros. De hecho, sabemos que Israel ni tiene capacidad para acabar con Hamás, ni tiene capacidad para acabar con la idea de Hamás, y que solo tiene una dudosa capacidad de acabar con el gobierno de Hamás, con independencia de la enorme destrucción que pueda causar.
Eugenio García Gascón ha sido corresponsal en Jerusalén 29 años. Es premio de periodismo Cirilo Rodríguez.
5. Por qué fracasó la inteligencia israelí
Fascinante artículo de Scott Ritter en el que recuerda su experiencia como analista militar colaborando con la inteligencia israelí y una posible explicación de su fracaso: una excesiva dependencia de la Inteligencia Artificial.
SCOTT RITTER: El enorme fracaso de la inteligencia israelí
8 de octubre de 2023
Los orígenes del fracaso de la inteligencia israelí en los ataques de Hamás se remontan a la decisión de confiar en la IA en lugar del análisis contrario nacido del anterior fracaso de la inteligencia en la Guerra de Yom Kippur de 1973.
Por Scott Ritter
Especial para Consortium News
A medida que se aclara el alcance y la escala del ataque sorpresa de Hamás contra Israel, una pregunta emerge más que ninguna otra de entre los restos del campo de batalla: ¿Cómo una empresa tan masiva y compleja escapó a la atención del cacareado servicio de inteligencia de Israel?
Una pregunta igualmente importante es ¿por qué no fue detectado este ataque también por la comunidad de inteligencia estadounidense, teniendo en cuenta los enormes gastos realizados en la lucha contra el terrorismo desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001?
La respuesta está en el éxito histórico de Israel a la hora de identificar y responder a las operaciones de Hamás en el pasado, éxito que se manifestó en una cultura de autocomplacencia que provocó la muerte de cientos de ciudadanos israelíes, las mismas personas a las que los servicios de inteligencia se dedicaban a proteger.
El hecho de que este atentado se produjera 50 años y un día después de que Israel sufriera el que había sido -hasta ese momento- el mayor fracaso de los servicios de inteligencia israelíes, la Guerra del Yom Kippur de 1973, no hace sino reforzar la profundidad del fracaso que se produjo.
Conclusiones de la Comisión Agranat
En las semanas siguientes al final de la Guerra del Yom Kippur, el gobierno de la Primera Ministra Golda Meir formó una comisión de investigación encabezada por Shimon Agranat, presidente del Tribunal Supremo israelí. La Comisión Agranat, como se la denominó posteriormente, se centró en los análisis erróneos realizados por la Dirección de Inteligencia Militar israelí (AMAN), prestando especial atención a Eli Zeira, jefe del Departamento de Investigación y Análisis de AMAN, o RAD.
Zeira fue el principal arquitecto de lo que se conoció como «el concepto», una adhesión dogmática a un paradigma analítico que, hasta octubre de 1973, había demostrado su fiabilidad en los años que siguieron a la victoria de Israel en la guerra de los seis días de 1967.
El «concepto» sostenía que los ejércitos árabes, aunque poseían una capacidad limitada para iniciar una guerra contra Israel, no estaban preparados para una guerra total y, como tales, evitarían emprender acciones que lógicamente conducirían a una guerra total contra Israel.
Se criticó a los analistas del RAD por su excesiva confianza en el razonamiento inductivo y la intuición y por no utilizar una metodología deductiva estructurada. Una de las conclusiones a las que llegó la Comisión Agranat fue la necesidad de las denominadas técnicas analíticas estructuradas, en particular lo que se conoce como «Análisis de hipótesis contrapuestas».
Esto se manifestó en el desarrollo dentro de AMAN de una cultura de pensamiento contrario, construida en torno al pensamiento crítico diseñado para desafiar las evaluaciones unitarias y el pensamiento de grupo.
Estados Unidos también examinó las causas profundas de sus fallos de inteligencia en relación con la guerra del Yom Kippur. Una evaluación de varias agencias sobre el fallo de inteligencia de octubre de 1973, publicada por Estados Unidos en diciembre de ese año, concluyó que el problema en aquel momento no era la incapacidad de recopilar o incluso de evaluar con precisión los datos de inteligencia; de hecho, según el informe, las pruebas de un ataque sorpresa por parte de los ejércitos de Egipto y Siria habían sido «abundantes, ominosas y a menudo precisas» y que los analistas de inteligencia estadounidenses debatieron y escribieron sobre estas pruebas.
Al final, el informe de diciembre de 1979 decía, sin embargo, que los analistas estadounidenses -al igual que sus homólogos israelíes- habían llegado a la conclusión de que no habría ataque, conclusiones que, como señalaba la autopsia, «eran -simple, obvia y crudamente- erróneas».
Algunas de las cuestiones críticas que surgieron de esta evaluación incluían la excesiva confianza de los analistas estadounidenses en que Israel conociera su propia postura de seguridad; que los analistas estuvieran casados con nociones preconcebidas sobre las capacidades militares árabes; una tendencia a la interpretación plausible de las mismas pruebas; y un fracaso de los analistas a la hora de desafiar la falacia del «actor racional».
Israel y Estados Unidos enfrentados
En los años que siguieron a la Guerra del Yom Kippur, las comunidades de inteligencia de Israel y Estados Unidos establecieron su propia «atracción» gravitatoria, con Israel empleando una metodología de predicciones y evaluaciones de amenazas que sustentaba las decisiones de intervenir militarmente en Líbano, lo que a menudo la ponía en desacuerdo con los responsables políticos estadounidenses.
La política de Washington se basaba en informes de analistas de inteligencia estadounidenses que habían desarrollado una cultura de restar importancia a la inteligencia israelí en favor de la suya propia. La brecha resultante en los planteamientos y conclusiones analíticas condujo a la crisis de inteligencia de 1990-1991 en torno a la amenaza que suponían los misiles SCUD iraquíes.
Esta crisis se basó en las diferencias de prioridades otorgadas a la amenaza SCUD, tanto en los preparativos como en la ejecución (independientemente de los objetivos militares) de la Operación Tormenta del Desierto, la campaña liderada por EEUU para desalojar a las fuerzas iraquíes de Kuwait llevada a cabo en enero-febrero de 1991.
Estas diferencias no hicieron sino exacerbarse en los años que siguieron al final de aquel conflicto, cuando tanto Estados Unidos como Israel se debatieron sobre la mejor forma de responder a la amenaza de las armas iraquíes de destrucción masiva, incluidos sus misiles SCUD.
Durante esa época, yo estaba en el centro de la controversia entre los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel, ya que había sido contratado por las Naciones Unidas para crear una capacidad de inteligencia independiente que apoyara los esfuerzos de inspección para desarmar a Irak.
Desde 1991 hasta 1998, mantuve contactos delicados tanto con la CIA como con AMAN, y a menudo me vi atrapado en medio del choque de culturas que se había desarrollado entre ambas.
A veces, este choque adoptaba la forma de una comedia de vodevil, como la vez que tuve que salir por la puerta trasera de un edificio de AMAN para evitar que me viera el jefe de la C.I.A., que había llegado con el propósito de averiguar qué información de inteligencia estaban compartiendo conmigo los israelíes.
En otra ocasión, me había topado en las calles de Tel Aviv con un equipo de analistas de la CIA que me habían estado asesorando sobre una inspección concreta que se estaba planeando. Criticaban la inteligencia israelí que yo utilizaba para apoyar esta misión.
El propósito de su visita era presionar a Israel para que detuviera el flujo de información a la ONU a través de mí, argumentando que, como ciudadano estadounidense, yo debería obtener mi información de fuentes estadounidenses y, por lo tanto, Israel debería enviarme toda la inteligencia a través de ellos. Resultó que nuestro encuentro no fue «casual», sino que los israelíes lo organizaron sin que yo lo supiera para que me diera cuenta de la duplicidad de mis homólogos estadounidenses.
Esa duplicidad condujo a interacciones de carácter más ominoso, con la C.I.A. dando luz verde a una investigación del F.B.I. sobre las acusaciones de que yo estaba espiando en nombre de Israel. Las acciones de Estados Unidos no tenían nada que ver con una preocupación genuina de espionaje por mi parte, sino que formaban parte de una campaña más amplia diseñada para minimizar la influencia de la inteligencia israelí en un esfuerzo de inspección de la ONU que Estados Unidos creía que debería marchar al ritmo de un tambor dictado por la inteligencia estadounidense.
La CIA contra la inteligencia israelí
La animadversión que existía dentro de la CIA hacia la inteligencia israelí era real y se basaba en los diferentes enfoques políticos adoptados por ambas naciones en relación con el papel de los inspectores de armas y las ADM iraquíes.
Estados Unidos estaba inmerso en una política de cambio de régimen en Irak y utilizaba las inspecciones de armas como vehículo para continuar con las sanciones económicas diseñadas para contener al gobierno de Saddam Hussein, y como fuente de inteligencia única que podría permitir a Estados Unidos llevar a cabo operaciones diseñadas para sacar a Saddam Hussein del poder.
Los israelíes estaban singularmente centrados en la seguridad de Israel. Aunque los israelíes habían barajado la opción de un cambio de régimen en los dos primeros años tras el final de la Tormenta del Desierto, en 1994 habían determinado que la mejor manera de avanzar era trabajar con los inspectores de la ONU para lograr la eliminación verificable de las armas de destrucción masiva de Irak, incluidos los misiles SCUD.
Una de las manifestaciones más crudas de la diferencia de enfoques adoptados por la CIA e Israel tuvo que ver con el esfuerzo que yo había dirigido para contabilizar el arsenal de misiles SCUD de Iraq.
En noviembre de 1993, fui convocado a la Casa Blanca para informar a un equipo de la CIA, dirigido por Martin Indyk y Bruce Reidel, sobre mi investigación, que había llegado a la conclusión de que todos los misiles iraquíes habían sido contabilizados.
La CIA rechazó mis conclusiones, declarando que su evaluación de la capacidad iraquí de misiles SCUD era que Iraq mantenía una fuerza de entre 12 y 20 misiles junto con varios lanzadores, y que esta evaluación nunca cambiaría, independientemente de mi trabajo como inspector.
En cambio, cuando visité Israel por primera vez, en octubre de 1994, el director de AMAN, Uri Saguy, se puso en contacto conmigo para preguntarme cuál era mi valoración sobre la contabilidad de los misiles SCUD iraquíes. Le di al director de AMAN la misma información que a la CIA.
Saguy, acompañado por el entonces jefe del RAD, Yaakov Amidror, aceptó mis conclusiones en su totalidad y las utilizó para informar al primer ministro israelí.
Mi experiencia con la inteligencia israelí es mucho más reveladora que mi experiencia contemporánea con la C.I.A., aunque sólo fuera porque los israelíes estaban tratando de resolver un problema de inteligencia (cuál era la situación real de las armas iraquíes de destrucción masiva), mientras que Estados Unidos estaba tratando de aplicar una decisión política relativa al cambio de régimen en Irak.
Entre 1994 y 1998 realicé 14 viajes a Israel en los que trabajé estrechamente con AMAN, informando personalmente a dos directores (Saguy y, a partir de 1995, Moshe Ya’alon), a dos jefes de RAD (Yaakov Amidror y Amos Gilad), y desarrollé una estrecha relación de trabajo con analistas y operadores de inteligencia de varias organizaciones de inteligencia israelíes, incluida la legendaria Unidad 8200, la unidad de inteligencia de señales de Israel.
Un actor racional
Los israelíes me informaron extensamente sobre su metodología posterior a la Guerra de Yom Kippur, especialmente sobre su nuevo enfoque contradictorio del análisis. Uno de los aspectos más interesantes de este enfoque fue la creación de un puesto, conocido dentro de AMAN como «Tomás el dubitativo» (derivado del Nuevo Testamento de la Biblia, cuando Tomás -uno de los 12 apóstoles de Jesús- no creyó que Jesús había vuelto de entre los muertos hasta que lo vio).
Me presentaron al coronel que tenía esta ingrata tarea, explicándome cómo recibía cada briefing antes de que fuera entregado al director y procedía a cuestionar conclusiones y afirmaciones. Sus preguntas tenían que ser respondidas a su satisfacción antes de que el briefing pudiera ser enviado.
Fue este coronel el que ayudó a formular la conclusión israelí de que Saddam Hussein era un actor racional que no buscaría un conflicto mayor con Israel que pudiera desembocar en la destrucción de su nación, adoptando irónicamente las mismas conclusiones de «actor racional» a las que se había llegado erróneamente en los prolegómenos de la guerra del Yom Kippur. En esta ocasión, el análisis fue correcto.
El análisis elaborado por «Tomás el dubitativo» permitió a los israelíes considerar la posibilidad de un cambio de enfoque respecto a Sadam Husein. Sin embargo, no redujo la vigilancia de la inteligencia israelí para asegurarse de que esta evaluación era, y seguía siendo, exacta.
Trabajé estrechamente con AMAN y la Unidad 8200 para elaborar un plan de recogida de información que utilizaba imágenes, información técnica, humana y de señales para determinar las capacidades e intenciones iraquíes. Fui testigo personal de la diligencia con la que los analistas y recopiladores israelíes llevaron a cabo su misión. Literalmente, no dejaron piedra sin remover, ni tesis sin explorar.
Al final, los israelíes fueron capaces de respaldar la aceptación por parte de Uri Saguy de mi conclusión de 1994 sobre la contabilidad de los misiles SCUD iraquíes con su propio análisis detallado derivado de la inteligencia recopilada por sus propios medios, así como la recopilada a través de la colaboración conmigo mismo y con otros inspectores de la ONU.
Este éxito resultó ser fatal para Israel y contribuyó a que tanto la inteligencia estadounidense como la israelí fracasaran a la hora de predecir los ataques de Hamás de 2023, similares a los del Yom Kippur.
En 1998, Yaakov Amidror fue sustituido al frente del RAD por Amos Gilad. Mientras que Amidror adoptó plenamente el enfoque contrario adoptado por el RAD y AMAN a la hora de producir análisis de inteligencia, Gilad era de otra opinión, pues creía que el informe de la Comisión Agranat había impedido a la inteligencia israelí adaptarse a los nuevos retos.
Creía que el trauma del Yom Kippur había hecho que AMAN adoptara un enfoque analítico conservador y minimalista, centrándose en el análisis de las capacidades y descuidando las intenciones, lo que había dado lugar a conclusiones excesivamente cautelosas.
Un actor no racional
Gilad se inclinaba más por las evaluaciones de la CIA sobre la amenaza que suponía Sadam Husein y trabajó con la CIA para desmantelar la colaboración entre los inspectores de la ONU y AMAN.
Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos, Gilad había desechado la conclusión anterior de que Sadam era un actor racional y, como tal, no había supuesto ninguna amenaza para Israel (una evaluación respaldada por la conclusión alcanzada gracias a la amplia colaboración entre los inspectores de la ONU y AMAN de que Irak no poseía cantidades viables de armas de destrucción masiva, y de que no había ningún esfuerzo por parte de Irak para reconstituir de forma significativa la capacidad industrial para fabricar armas de destrucción masiva).
En lugar de ello, Gilad pintó un cuadro exento de hechos que postulaba a Sadam como una amenaza digna de intervención militar, contribuyendo así a apuntalar la inteligencia estadounidense que justificó una invasión de Irak liderada por Estados Unidos.
El hecho de que posteriormente se demostrara que la información sobre las capacidades iraquíes en materia de armas de destrucción masiva que se utilizó para justificar la invasión estadounidense de Irak era errónea no minó el nuevo ardor entre los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes.
El objetivo político del cambio de régimen se había cumplido y, como tal, no importaba que el producto analítico en el que se habían basado las evaluaciones erróneas estuviera equivocado.
En el período previo a la Guerra del Yom Kippur de 1973, AMAN había hecho caso omiso de una plétora de informes de inteligencia que predecían los ataques árabes. Como las consecuencias de este fallo habían provocado un bochorno político a Israel, se le llamó la atención y se puso remedio.
Ninguna vergüenza, a diferencia de Yom Kippur
El período previo a la invasión de Irak en 2003 fue diferente. AMAN había hecho caso omiso de su propio conjunto considerable de pruebas, acumuladas a lo largo de años de estrecha cooperación con los inspectores de armas de la ONU, que demostraban que Irak no poseía cantidades significativas de armas de destrucción masiva, ni el deseo de reconstituir las capacidades de producción necesarias para su readquisición.
Pero como las consecuencias de este fracaso no se manifestaron en un bochorno político en Israel, a diferencia de lo ocurrido con el Yom Kippur, este fracaso fue ignorado.
De hecho, el principal culpable de este fracaso, Amos Gilad, fue ascendido en 2003 a jefe de la poderosa Oficina de Asuntos Político-Militares, cargo que ocupó hasta 2017. Durante su mandato, se decía que Gilad disfrutaba de más influencia sobre la política que cualquier otra persona. Ayudó a estrechar los lazos entre las comunidades de inteligencia estadounidense e israelí y devolvió a Israel a la práctica anterior a la Guerra de Yom Kippur de confiar excesivamente en el razonamiento inductivo y la intuición, sin una metodología deductiva estructurada.
Una de las principales consecuencias del largo mandato de Gilad al frente de la Oficina de Asuntos Político-Militares fue la resubordinación de la comunidad de inteligencia estadounidense a los juicios analíticos israelíes sobre la base de que Israel conocía mejor que nadie las amenazas a las que se enfrentaba.
Esta realidad se puso de manifiesto en las palabras del Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, pronunciadas en el Festival The Atlantic una semana antes de los atentados de Hamás, cuando concluyó con optimismo que «la región de Oriente Medio está hoy más tranquila de lo que ha estado en dos décadas», añadiendo que «la cantidad de tiempo que tengo que dedicar hoy a las crisis y conflictos en Oriente Medio, en comparación con cualquiera de mis predecesores remontándome al 11-S, se ha reducido significativamente».
La base del optimismo errante de Sullivan parecía ser una política conjunta estadounidense-israelí que buscaba la normalización de las relaciones entre Israel y el mundo árabe, en primer lugar con Arabia Saudí.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que durante más de tres décadas ha sido el ejemplo a seguir de la seguridad israelí, se había creído la idea de la normalización con los saudíes como el componente clave de un reajuste estratégico del poder en Oriente Medio, lejos de Irán y hacia Israel.
Esta fe en el imperativo de la normalización fue una vívida demostración de cómo el nuevo énfasis de Israel en la intención por encima de las capacidades le cegó ante la realidad de las amenazas que emanaban de Gaza.
Asimismo, el hecho de que Estados Unidos hubiera subordinado una vez más su análisis de amenazas a las conclusiones israelíes -especialmente en circunstancias en las que Israel no veía un peligro inmediato- hizo que Estados Unidos no dedicara demasiado tiempo a buscar indicios que pudieran contradecir las conclusiones israelíes.
Superar a la IA
Pero quizá la mayor causa del fracaso de la inteligencia israelí en relación con Hamás fue la excesiva confianza que Israel depositó en la propia recogida y análisis de datos de inteligencia. Gaza y Hamás han sido una espina clavada en el costado de Israel durante años, y como tal han atraído la abrumadora atención de los servicios de inteligencia y seguridad israelíes.
Israel ha perfeccionado el arte de la inteligencia humana contra el objetivo de Hamás, con un historial probado de colocación de agentes en lo más profundo de la jerarquía de toma de decisiones de Hamás.
Asimismo, la Unidad 8200 ha gastado miles de millones de dólares en la creación de capacidades de recopilación de inteligencia que aspiran todos los datos digitales procedentes de Gaza: llamadas de teléfonos móviles, correos electrónicos y mensajes de texto SMS. Gaza es el lugar más fotografiado del planeta, y entre imágenes por satélite, drones y CCTV, se calcula que cada metro cuadrado de Gaza es fotografiado cada 10 minutos.
Esta cantidad de datos es abrumadora para las técnicas de análisis estándar basadas en la mente humana. Para compensarlo, Israel desarrolló una enorme capacidad de inteligencia artificial (IA) que luego utilizó como arma contra Hamás en el breve pero mortífero conflicto de 11 días con Hamás en 2021, denominado Guardián de los Muros.
La Unidad 8200 desarrolló varios algoritmos únicos que utilizaban inmensas bases de datos derivadas de años de datos de inteligencia en bruto recogidos de todas las fuentes de información posibles.
Basándose en conceptos de aprendizaje automático y guerra basada en algoritmos que han estado a la vanguardia de la investigación y el desarrollo militar israelí durante décadas, la inteligencia israelí fue capaz de utilizar la IA no sólo para seleccionar objetivos, sino también para anticiparse a las acciones de Hamás.
Esta capacidad de predecir el futuro, por así decirlo, ayudó a dar forma a las evaluaciones israelíes sobre las intenciones de Hamás en el período previo a los ataques del Yom Kippur de 2023.
El error fatal de Israel fue jactarse abiertamente del papel que desempeñó AI en la operación «Guardián de los Muros». Al parecer, Hamás pudo hacerse con el control del flujo de información que recogía Israel.
Se ha especulado mucho sobre la posibilidad de que Hamás «se oscureciera» en cuanto al uso de teléfonos móviles y ordenadores para negar a Israel los datos que contienen esos medios de comunicación. Pero la «oscuridad» habría sido, por sí misma, un indicador de inteligencia que la IA habría detectado sin duda.
En cambio, es muy probable que Hamás mantuviera un elaborado plan de engaño en las comunicaciones, manteniendo un nivel de comunicaciones suficiente en cantidad y calidad para evitar ser señalado por la IA -y por los analistas israelíes que se desviaran de la norma.
Del mismo modo, es probable que Hamás mantuviera su perfil físico de movimiento y actividad para que los algoritmos de IA israelíes estuvieran convencidos de que no había nada extraño en marcha.
Esto también significaba que cualquier actividad -como el entrenamiento relacionado con el parapente o las operaciones anfibias- que pudiera ser detectada y señalada por la IA israelí se realizaba para evitar ser detectada.
Los israelíes se habían convertido en prisioneros de sus propios éxitos en la recopilación de inteligencia.
Al producir más datos de los que las metodologías analíticas estándar basadas en humanos podían manejar, los israelíes recurrieron a la IA en busca de ayuda y, debido al éxito de la IA durante las operaciones de 2021 contra Gaza, desarrollaron una dependencia excesiva de los algoritmos basados en ordenadores para fines operativos y analíticos.
Vuelta de tuerca
Los orígenes del enorme fracaso de la inteligencia israelí en relación con los ataques de Hamás en el Yom Kippur de 2023 se remontan a la decisión de Amod Gilad de divorciar a Israel del legado de análisis contradictorio nacido del fracaso de la inteligencia en la Guerra del Yom Kippur de 1973, que produjo la misma dependencia excesiva del razonamiento inductivo y la intuición que condujeron al fracaso en un principio.
La IA es tan buena como los datos y algoritmos utilizados para producir los informes. Si el componente humano de la IA -los que programan los algoritmos- está corrompido por metodologías analíticas defectuosas, también lo estará el producto de la IA, que reproduce estas metodologías a mayor escala.
En el volumen 1 de The Gathering Storm, la exhaustiva historia de la Segunda Guerra Mundial escrita por Winston Churchill, el líder británico de la Segunda Guerra Mundial bromea: «En Gran Bretaña es una broma decir que la Oficina de Guerra siempre se está preparando para la última guerra».
Siendo la naturaleza humana lo que es, la misma ocurrencia puede aplicarse trágicamente a los servicios militares y de inteligencia israelíes en vísperas de los ataques de Hamás del Yom Kippur de 2023. Al parecer, los israelíes se centraron exclusivamente en los éxitos cosechados en la operación «Muros de Berlín» de 2021 y en el papel desempeñado por la IA en la consecución de dichos éxitos.
Al negársele el beneficio del enfoque contrario al análisis puesto en marcha tras la Comisión Agranat, Israel se preparó para el fracaso al no imaginar un escenario en el que Hamás capitalizaría la excesiva confianza israelí en la IA, corrompiendo los algoritmos de forma que cegaran a los ordenadores, y a sus programadores humanos, ante la verdadera intención y capacidad de Hamás.
Hamás fue capaz de generar un auténtico Fantasma en la Máquina, corrompiendo la IA israelí y preparando al pueblo y al ejército israelíes para uno de los capítulos más trágicos de la historia de la nación israelí.
6. Escobar sobre Palestina y la geopolítica
Pepe Escobar lleva el agua a su molino y ve en la reciente crisis un paso más en ese movimiento hacia la multipolaridad con una alianza entre Rusia, China e Irán centrada, entre otras cosas, en los corredores de transporte que se están creando.
La geopolítica del diluvio de Al-Aqsa
La atención mundial acaba de desplazarse de Ucrania a Palestina. Este nuevo escenario de confrontación encenderá aún más la competencia entre los bloques atlantista y euroasiático. Estas luchas son cada vez más de suma cero; como en Ucrania, sólo un polo puede salir fortalecido y victorioso.
Pepe Escobar 12 de octubre de 2023
La Operación Al-Aqsa de Hamás fue meticulosamente planificada. La fecha de lanzamiento estuvo condicionada por dos factores desencadenantes.
El primero fue el alarde del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu con su mapa del «Nuevo Oriente Próximo» en la Asamblea General de la ONU en septiembre, en el que borró por completo a Palestina y se burló de todas y cada una de las resoluciones de la ONU sobre el tema.
En segundo lugar están las provocaciones en serie en la sagrada mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, incluida la gota que colmó el vaso: dos días antes de la Inundación de Al-Aqsa, el 5 de octubre, al menos 800 colonos israelíes lanzaron un asalto alrededor de la mezquita, golpeando a los peregrinos, destruyendo tiendas palestinas, todo ello bajo la observación de las fuerzas de seguridad israelíes.
Todo el mundo con un cerebro funcional sabe que Al-Aqsa es una línea roja definitiva, no sólo para los palestinos, sino para todo el mundo árabe y musulmán.
Y lo que es peor. Los israelíes han invocado ahora la retórica de un «Pearl Harbor». Esto no puede ser más amenazador. El Pearl Harbor original fue la excusa estadounidense para entrar en una guerra mundial y bombardear Japón con armas nucleares, y este «Pearl Harbor» puede ser la justificación de Tel Aviv para lanzar un genocidio en Gaza.
Los sectores de Occidente que aplauden la próxima limpieza étnica -incluidos los sionistas que se hacen pasar por «analistas» que dicen en voz alta que los «traslados de población» que comenzaron en 1948 «deben completarse»- creen que con armamento masivo y cobertura mediática masiva pueden dar la vuelta a la situación en poco tiempo, aniquilar la resistencia palestina y dejar debilitados a aliados de Hamás como Hezbolá e Irán.
Su proyecto ucraniano ha fracasado, dejando no sólo huevos en las caras de los poderosos, sino economías europeas enteras en la ruina. Pero cuando una puerta se cierra, otra se abre: Saltar de la aliada Ucrania a la aliada Israel, y poner la mira en el adversario Irán en vez de en el adversario Rusia.
Hay otras buenas razones para ir a por todas. Una Asia Occidental en paz significa la reconstrucción de Siria -en la que China está ahora oficialmente implicada-; la reconstrucción activa de Irak y Líbano; Irán y Arabia Saudí como parte de los BRICS 11; la asociación estratégica Rusia-China plenamente respetada e interactuando con todos los actores regionales, incluidos los aliados clave de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.
Incompetencia. Estrategia deliberada. O ambas cosas.
Eso nos lleva al coste de lanzar esta nueva «guerra contra el terror». La propaganda está en pleno apogeo. Para Netanyahu en Tel Aviv, Hamás es ISIS. Para Volodymyr Zelensky en Kiev, Hamás es Rusia. Durante un fin de semana de octubre, los principales medios de comunicación occidentales olvidaron por completo la guerra en Ucrania. La Puerta de Brandemburgo, la Torre Eiffel, el Senado brasileño son ahora israelíes.
La inteligencia egipcia afirma que advirtió a Tel Aviv de un ataque inminente de Hamás. Los israelíes optaron por ignorarlo, como hicieron con los ejercicios de entrenamiento de Hamás que observaron las semanas anteriores, satisfechos de su superioridad en el conocimiento de que los palestinos nunca tendrían la osadía de lanzar una operación de liberación.
Pase lo que pase en el futuro, el diluvio de Al-Aqsa ya ha hecho añicos, irremediablemente, la pesada mitología popular en torno a la invencibilidad de Tsahal, el Mossad, el Shin Bet, el tanque Merkava, la Cúpula de Hierro y las Fuerzas de Defensa de Israel.
Incluso cuando se deshizo de las comunicaciones electrónicas, Hamás se benefició del evidente colapso de los multimillonarios sistemas electrónicos israelíes que controlan la frontera más vigilada del planeta.
Los baratos drones palestinos alcanzaron múltiples torres de sensores, facilitaron el avance de una infantería en parapente y despejaron el camino para que equipos de asalto con camisetas y fusiles AK-47 infligieran roturas en el muro y cruzaran una frontera a la que no se atrevían ni los gatos callejeros.
Israel, inevitablemente, pasó a golpear la Franja de Gaza, una jaula cercada de 365 kilómetros cuadrados repleta de 2,3 millones de personas. Comenzó el bombardeo indiscriminado de campos de refugiados, escuelas, bloques de apartamentos civiles, mezquitas y barrios marginales. Los palestinos no tienen marina, ni fuerza aérea, ni unidades de artillería, ni vehículos blindados de combate, ni ejército profesional. Tienen poco o ningún acceso de vigilancia de alta tecnología, mientras que Israel puede llamar a los datos de la OTAN si lo desea.
El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, proclamó «un asedio total a la Franja de Gaza. No habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible, todo está cerrado. Estamos luchando contra animales humanos y actuaremos en consecuencia».
Los israelíes pueden dedicarse alegremente al castigo colectivo porque, con tres vetos garantizados del CSNU en el bolsillo, saben que pueden salirse con la suya.
No importa que Haaretz, el periódico más respetado de Israel, reconozca sin rodeos que «en realidad, el gobierno israelí es el único responsable de lo ocurrido (la inundación de Al-Aqsa) por negar los derechos de los palestinos».
Los israelíes no dejan de ser coherentes. Ya en 2007, el entonces jefe de la Inteligencia de Defensa israelí, Amos Yadlin, dijo: «Israel estaría feliz si Hamás se hiciera con el control de Gaza porque entonces las FDI podrían tratar con Gaza como un Estado hostil».
Ucrania canaliza armas a los palestinos
Hace sólo un año, el cómico de la sudadera sudada de Kiev hablaba de convertir Ucrania en un «gran Israel», y fue debidamente aplaudido por un montón de bots del Consejo Atlántico.
Pues bien, las cosas resultaron muy distintas. Como me acaba de informar una fuente de la vieja escuela del Estado Profundo:
«Las armas de marca ucraniana están acabando en manos de los palestinos. La cuestión es qué país está pagando por ello. Irán acaba de llegar a un acuerdo con Estados Unidos por seis mil millones de dólares y es poco probable que Irán lo ponga en peligro. Tengo una fuente que me dio el nombre del país, pero no puedo revelarlo. El hecho es que las armas ucranianas están llegando a la Franja de Gaza y están siendo pagadas, pero no por Irán».
Tras su asombrosa incursión del pasado fin de semana, un astuto Hamás ya se ha asegurado más influencia negociadora que la que los palestinos han ejercido en décadas. Significativamente, mientras las conversaciones de paz cuentan con el apoyo de China, Rusia, Turquía, Arabia Saudí y Egipto, Tel Aviv se niega. Netanyahu está obsesionado con arrasar Gaza, pero si eso ocurre, una guerra regional más amplia es casi inevitable.
El Hezbolá libanés -un firme aliado de la resistencia palestina en el Eje de Resistencia- preferiría no verse arrastrado a una guerra que puede ser devastadora en su lado de la frontera, pero eso podría cambiar si Israel perpetra un genocidio de facto en Gaza.
Hezbolá posee al menos 100.000 misiles balísticos y cohetes, desde Katyusha (alcance: 40 km) hasta Fajr-5 (75 km), Khaibar-1 (100 km), Zelzal 2 (210 km), Fateh-110 (300 km) y Scud B-C (500 km). Tel Aviv sabe lo que eso significa y se estremece ante las frecuentes advertencias del líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, de que su próxima guerra con Israel se desarrollará dentro de ese país.
Lo que nos lleva a Irán.
Negación geopolítica plausible
La principal consecuencia inmediata del diluvio de Al-Aqsa es que el sueño húmedo de los neoconservadores de Washington de una «normalización» entre Israel y el mundo árabe simplemente se desvanecerá si esto se convierte en una Guerra Larga.
De hecho, amplios sectores del mundo árabe ya están normalizando sus lazos con Teherán, y no sólo dentro de los 11 BRICS recientemente ampliados.
En el impulso hacia un mundo multipolar, representado por los BRICS 11, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), la Unión Económica Euroasiática (UEE) y la Iniciativa china «Belt and Road» (BRI), entre otras innovadoras instituciones euroasiáticas y del Sur Global, simplemente no hay lugar para un Estado de apartheid etnocéntrico aficionado al castigo colectivo.
Este mismo año, Israel fue desinvitado de la cumbre de la Unión Africana. Una delegación israelí se presentó de todos modos y fue expulsada sin contemplaciones de la gran sala, una imagen que se hizo viral. En las sesiones plenarias de la ONU del mes pasado, un solitario diplomático israelí intentó interrumpir el discurso del presidente iraní Ibrahim Raisi. Ningún aliado occidental estuvo a su lado, y él también fue expulsado del recinto.
Como dijo diplomáticamente el presidente chino, Xi Jinping, en diciembre de 2022, Pekín «apoya firmemente el establecimiento de un Estado independiente de Palestina que goce de plena soberanía sobre la base de las fronteras de 1967 y con Jerusalén Este como capital». China apoya que Palestina se convierta en miembro de pleno derecho de las Naciones Unidas».
La estrategia de Teherán es mucho más ambiciosa: ofrecer asesoramiento estratégico a los movimientos de resistencia de Asia Occidental, desde el Levante hasta el Golfo Pérsico: Hezbolá, Ansarallah, Hashd al-Shaabi, Kataib Hezbolá, Hamás, la Yihad Islámica Palestina e innumerables otros. Es como si todos ellos formaran parte de un nuevo Gran Tablero de Ajedrez supervisado de facto por el Gran Maestro Irán.
Las piezas del tablero fueron cuidadosamente colocadas nada menos que por el difunto comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, el general Qassem Soleimani, un genio militar único en la vida. Él fue decisivo en la creación de los cimientos de los éxitos acumulados de los aliados iraníes en Líbano, Siria, Irak, Yemen y Palestina, así como en la creación de las condiciones para una operación compleja como la Inundación de Al-Aqsa.
En el resto de la región, el impulso atlantista de abrir corredores estratégicos a través de los Cinco Mares -el Caspio, el Mar Negro, el Mar Rojo, el Golfo Pérsico y el Mediterráneo Oriental- está fracasando estrepitosamente.
Rusia e Irán ya están aplastando los designios estadounidenses en el Caspio -a través del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC)- y en el Mar Negro, que va camino de convertirse en un lago ruso. Teherán está prestando mucha atención a la estrategia de Moscú en Ucrania, incluso mientras perfecciona su propia estrategia sobre cómo debilitar al Hegemón sin implicación directa: llámalo negación geopolítica plausible.
Adiós al corredor UE-Israel-Saudí-India
La alianza Rusia-China-Irán ha sido demonizada como el nuevo «eje del mal» por los neoconservadores occidentales. Esa rabia infantil traiciona la impotencia cósmica. Se trata de Soberanos Reales con los que no se puede jugar, y si se hace, el precio a pagar es impensable.
Un ejemplo clave: si Irán, atacado por un eje estadounidense-israelí, decidiera bloquear el Estrecho de Ormuz, la crisis energética mundial se dispararía y el colapso de la economía occidental bajo el peso de cuatrillones de derivados sería inevitable.
Lo que esto significa, en un futuro inmediato, es que el sueño americano de interferir a través de los Cinco Mares ni siquiera puede calificarse de espejismo. El diluvio de Al-Aqsa también acaba de enterrar el corredor de transporte UE-Israel-Arabia Saudí-India, recientemente anunciado y tan publicitado.
China es muy consciente de toda esta incandescencia que tiene lugar sólo una semana antes de su III Foro de la Franja y la Ruta en Pekín. Están en juego los corredores de conectividad del BRI que importan: a través del Heartland, a través de Rusia, además de la Ruta de la Seda Marítima y la Ruta de la Seda Ártica.
También está el INSTC, que une Rusia, Irán e India y, por extensión, las monarquías del Golfo.
Las repercusiones geopolíticas del diluvio de Al-Aqsa acelerarán las conexiones geoeconómicas y logísticas interconectadas de Rusia, China e Irán, eludiendo al Hegemón y su Imperio de Bases. El aumento del comercio y el movimiento ininterrumpido de mercancías son (buenos) negocios. En igualdad de condiciones, con respeto mutuo: no es exactamente el escenario del Partido de la Guerra para una Asia Occidental desestabilizada.
Oh, las cosas que puede acelerar una infantería en parapente sobrevolando una muralla.
7. Paranoia imperial
Los EEUU tienden a perder la cabeza cuando se sienten acosados, como vimos el 11-S. Y consideran a Israel su miniYo en Oriente Medio, por lo que se sienten igualmente atacados por los últimos acontecimientos. Las declaraciones públicas defendiendo directamente el genocidio palestino son cada vez más habituales. Literalmente. Matar a todos los palestinos. Desde políticos que da miedo que hayan sido embajadores en las Naciones Unidas, como la ahora candidata Nikki Haley y su «Finnish them» https://twitter.com/ al senador Lindsey Graham y su «»Estamos en una guerra religiosa aquí … Estoy con Israel…. arrasen el terreno» https://twitter.com/ -es viejo, pero espero que no muera en su cama, si considera que está en guerra-. Y, por supuesto miles y miles de descerebrados como los que aparecen en el vídeo que incluye Caitlin Johnstone en su artículo. Parece que el «experimento EEUU» ha fracasado. Quizá habría que volver a empezar solo con la población aborigen e intentar hacerlo mejor esta vez… 😀
https://www.caitlinjohnst.one/
La gente tiene un caso grave de cerebro de 11 de septiembre en este momento, y es aterrador
Caitlin Johnstone 12 oct 2023
He tenido que hacer una pequeña pausa en mi lectura sobre lo que está pasando en Gaza. Vi demasiadas imágenes de niños muertos en Twitter y tuve que tumbarme un rato.
Fue como quedarse sin salud en un videojuego. Seguía avanzando, y entonces vi una imagen especialmente espantosa en Twitter de un niño palestino muerto que ni siquiera voy a describir aquí y mi sistema nervioso dijo: «No, ya está, hemos terminado», y sentí que se me iba toda la energía y me desplomé.
Y eso era sólo yo sentado en la comodidad y seguridad de mi propia casa. No puedo imaginarme lo que es estar allí, sitiado, sin energía ni suministros, mientras se hace cada vez más difícil obtener información del mundo exterior a medida que los explosivos militares llueven sin cesar.
Es tan, tan malo, y va a ser mucho peor. Israel ya se ha cobrado más vidas que las 1.200 que perdió en los ataques de Hamás, y el número oficial de víctimas mortales de los bombardeos de Gaza ha superado ya las 1.200 en el momento de escribir estas líneas, además de los 1.500 militantes de Hamás que murieron durante el ataque. Pero la matanza va a continuar mucho más allá de este punto. Uno tiene la sensación de que las IDF apenas están empezando.
Por eso se está dedicando tanta energía a intentar que los ataques de Hamás parezcan lo peor posible, para que la matanza gratuita que está a punto de producirse parezca razonable. Estamos viendo afirmaciones sobre bebés israelíes decapitados que son promovidas acríticamente como un hecho por los medios de comunicación y por funcionarios estadounidenses e israelíes, y luego se retiran cuando resulta que esas afirmaciones no están verificadas y tienen fuentes dudosas. Estamos viendo cómo los medios de comunicación promueven acríticamente afirmaciones sobre violaciones masivas, para luego retractarse de ellas por no estar verificadas una vez que la narrativa ha arraigado.
La única razón por la que la clase política/medios de comunicación del núcleo imperial se lanzan a promover estas narrativas sin esperar a las pruebas es para que el asesinato de civiles por parte de Israel en Gaza parezca apropiado. Es totalmente indiscutible que Hamás mató a un gran número de personas el sábado, y es totalmente indiscutible que un gran número de los muertos eran no combatientes. Esto por sí solo podría utilizarse para justificar operaciones militares de represalia por parte de Israel, pero dado que esas represalias van a empequeñecer la ofensiva inicial, Israel y sus aliados necesitan enmarcar esa ofensiva inicial de la manera más impactante e inductora de ira posible.
Se informó de que EE.UU. e Israel estaban en conversaciones con Egipto para proporcionar corredores seguros para una evacuación de Gaza, que Moon de Alabama señaló que habría sido una limpieza étnica si se hubiera llevado a cabo. Pero ahora se informa de que Egipto ha rechazado esas propuestas, citando la necesidad de proteger «el derecho de los palestinos a aferrarse a su causa y a su tierra».
Así que están atrapados allí. Dos millones de personas, la mitad de ellas niños, hacinadas en una minúscula franja de tierra que, según un funcionario de seguridad israelí, va a quedar reducida a «una ciudad de tiendas de campaña» sin «edificios». Y de alguna manera tienen que evitar que los maten en medio de esta embestida mientras se las arreglan para conseguir lo suficiente para comer y beber en una ciudad sitiada y sin electricidad.
Podríamos estar en el precipicio de una de las entradas más oscuras en los anales de la historia.
El otro día ocurrió algo muy inquietante. Publiqué lo siguiente en Twitter:
«Si yo fuera partidario de Israel, me pensaría muy bien las cosas que estoy publicando en Internet en vísperas de lo que podría acabar considerándose una de las peores masacres genocidas de la historia. Internet no olvida. Lo que tuitees hoy podría perseguirte de por vida».
El post recibió cientos de comentarios, muchos de ellos hostiles y argumentativos. Pero lo que realmente me perturbó es que revisándolos no pude encontrar ni uno solo que rebatiera mi afirmación de que Israel puede estar a punto de cometer una de las peores masacres genocidas de la historia mundial. Se enfadaron por mi oposición a Israel, se enfadaron por mis críticas a su actividad en las redes sociales, pero aparentemente no tenían nada que objetar a lo de la masacre genocida masiva. Esa parte la dan por supuesta y la aceptan.
Lo que puede no sorprenderte si has estado prestando atención a la forma en que los apologistas de Israel hablan de esta situación. Jeremy Loffredo, de The Grayzone, publicó recientemente una recopilación de numerosos manifestantes pro-israelíes en la ciudad de Nueva York escupiendo vitriolo genocida pidiendo el exterminio de todos los palestinos y convirtiendo Gaza en un aparcamiento. Es feo de ver, pero también son sólo apologistas de Israel diciendo las mismas cosas en persona que han estado diciendo en línea toda la semana.
Pro-Israel demonstrators call for genocide in New York City
Stokely Carmichael dijo: «Si un blanco quiere lincharme, es su problema. Si tiene el poder para lincharme, es mi problema». Estas ideaciones genocidas no serían tanto problema si los palestinos no estuvieran completamente en deuda con los caprichos de una fuerza militar mortífera que está respaldada hasta la médula por el imperio más poderoso que jamás haya existido. Pueden matar a tantos palestinos como se les antoje, y hay mucho consentimiento para ello en todos los Estados miembros del imperio centralizado en Estados Unidos.
Al anunciar el asedio total de Gaza, el ministro de Defensa israelí Yoav Gallant dijo que «estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia». Este es el lenguaje deshumanizador del exterminio. Este no es el tipo de persona que uno quiere apuntando con armas de guerra modernas a civiles indefensos en un campo de concentración al aire libre.
La gente se está volviendo loca, del mismo modo que se volvieron locos tras el 11-S. Inmediatamente después de los atentados del 11-S hubo una intensidad emocional chillona que hizo que el pensamiento crítico saliera por la ventana y que las mentes de la gente se consumieran por una rabiosa sed de sangre musulmana. Esta semana, la gente tiene un caso grave de «cerebro del 11-S», y da más que un poco de miedo.
Es muy apropiado, entonces, que numerosas figuras políticas y de los medios de comunicación hayan estado trabajando para calificar los ataques del pasado sábado como «el 11-S de Israel». Después del 11-S todo el mundo perdió la cabeza y empezó a creer un montón de mentiras y a consentir agendas al servicio del poder que acabaron causando órdenes de magnitud de más daño del que causó el traumático suceso inicial, y hoy estamos viendo cómo se desarrolla de nuevo esa misma trayectoria infernal con Israel.
Las comparaciones con el 11-S deberían hacer a todo el mundo más crítico y resistente a los programas belicistas, no menos. Lo más importante del 11 de septiembre de 2001 no fue lo que ocurrió ese día, sino lo que ocurrió en los días siguientes, en los que la «guerra contra el terror» causó millones de muertos y desplazó a decenas de millones de personas, eclipsando con creces los 3.000 muertos de los atentados del 11 de septiembre.
Eso es lo que la gente debería pensar cuando surgen estas comparaciones con el 11-S. No en «Oh, bueno, entonces tenemos que consentir un montón de agendas militares y matar a un montón de gente», sino en «Tenemos que ser extremadamente escépticos sobre todo lo que se nos dice, y empezar a presionar por la paz tan agresivamente como podamos».
8. La explicación del ataque según Hamás
Durante una guerra, es una norma básica no creer nada de lo que digan los beligerantes, a no ser que seas un periodista occidental y quien habla sea un representante de Ucrania o Israel. Tomad por tanto cum grano salis estas declaraciones de un representante de Hamas a Al Jazeera resumidas y traducidas por The Cradle.
Hamás llevó a cabo un «ataque preventivo» contra Israel: alto cargo
El jefe adjunto de Hamás declaró que la resistencia lanzó su ataque sorpresa tras obtener información de inteligencia de que Israel planeaba un asalto contra el grupo
Redacción 12 OCT 2023
Saleh al-Arouri, jefe político adjunto de Hamás (Crédito de la foto: AP/Nariman El-Mofty)
Salah al-Aruri, jefe adjunto del Buró Político de Hamás, declaró en una entrevista concedida a Al Yazira el 12 de octubre que el ataque sorpresa de Hamás contra Israel estaba dirigido únicamente contra soldados e instalaciones militares como parte de un ataque preventivo contra un asalto israelí planeado contra la organización.
Aruri declaró que Hamás había recibido información de inteligencia que indicaba que Israel tenía intención de lanzar un asalto después de las vacaciones de Sucot, de ahí la decisión de un «ataque preventivo». Y añadió: «Las instalaciones militares fueron derribadas en tres horas, sorprendiéndonos incluso a nosotros. Israel busca desviar la atención de su propia mala conducta».
El portavoz militar de Hamás, Abu Ubeida, afirmó que durante el ataque sorpresa de Hamás del 7 de octubre, el grupo disparó 3.500 misiles y proyectiles de artillería que tuvieron como objetivo sólo la División de Gaza del ejército israelí, al tiempo que atacó otros 10 emplazamientos militares israelíes.
El jefe adjunto de Hamás, Aruri, argumentó que, tras la caída del mando de la División de Gaza, los combatientes de Hamás tomaron inicialmente como prisioneros sólo a soldados, pero más tarde entraron en escena civiles armados, lo que provocó el caos.
«El ejército israelí siguió la Directiva Aníbal en varios lugares, lo que provocó un elevado número de bajas», afirmó. «Las acusaciones contra Israel y Occidente de que cometemos crímenes son mentiras. Israel es quien perpetra crímenes contra la humanidad. Israel no sólo ataca la infraestructura de Hamás; ataca a civiles».
La Directiva Aníbal es una política militar israelí que permite al ejército utilizar cualquier medio necesario para impedir la captura de un soldado israelí, incluso si ello significa matarlo.
Israel ha acusado a Hamás de matar y secuestrar deliberadamente a civiles israelíes desarmados en asentamientos cercanos a Gaza, como Sderot y Kfar Aza, durante su ataque del sábado. Las autoridades israelíes afirman que Hamás ha matado a 1.200 israelíes.
Saleh al-Aruri dijo: «Luchamos para que el mundo reconozca el derecho de nuestro pueblo a vivir como las demás naciones».
Israel ha ocupado Cisjordania, confiscando poco a poco tierras palestinas para asentamientos judíos, desde 1967, mientras mantiene a los palestinos bajo gobierno militar sin derechos básicos.
Israel se retiró de Gaza en 2005, pero desde entonces mantiene un asedio medieval, con ayuda de Egipto, sobre el enclave densamente poblado.
Aruri añadió que las conversaciones sobre la cuestión de los cautivos israelíes llevados por la organización a Gaza sólo tendrán lugar «cuando concluyan las batallas».
Israel cortó la electricidad y el agua y ha estado bombardeando Gaza desde el ataque sorpresa de Hamás del sábado, destruyendo edificios de apartamentos residenciales y barrios enteros.
«He liberado todas las restricciones», dijo el martes el ministro israelí de Defensa, Yoav Gallant. «Estamos pasando a una ofensiva total».
Israel ha matado a 1354 palestinos en Gaza, incluidos cientos de mujeres y niños, mediante ataques aéreos, según el Ministerio de Sanidad palestino.
El jefe adjunto de Hamás añadió que «la ocupación ataca todo en Gaza, pero no consigue dañar nuestra estructura militar».
Aruri mencionó además que Hamás está preparada para cualquier escenario, incluida una invasión terrestre.
Se cree que Israel se prepara ahora para una invasión terrestre de Gaza que complemente la campaña de bombardeos en un esfuerzo por destruir a Hamás, en lugar de limitarse a castigar al grupo y a los civiles palestinos de Gaza antes de volver al statu quo.
El portavoz militar de Hamás, Abu Ubeida, declaró: «Las amenazas del enemigo de ampliar la agresión terrestre nos empujarán a activar nuevas opciones que infligirán grandes pérdidas al enemigo en vidas, equipos y prisioneros».
9. Kfar Aza
JL, ya me imaginé que no te iba a gustar mucho mi mensaje, así que te agradezco especialmente que hayas dedicado un tiempo para contestarme. Si me permites, te paso algunos comentarios al hilo de lo que escribes. Como apuntaba ayer, el motivo de mi mensaje era combatir la extendida idea de que los islamistas radicales son unos locos fanáticos sin ningún otro objetivo que matarnos, martirizarse, y conseguir sus 72 vírgenes. Por el contrario, entiendo que son expresión de un movimiento social, político y cultural y me parece necesario entender la lógica con la que funcionan. La revolución es un arte, no una ciencia y, a su manera, ellos también son revolucionarios que pretenden subvertir la estructura política y social existente. Entender cómo funcionan estos «artesanos», cómo analizan la realidad y desarrollan su lógica política me parece necesario, aunque no sea más que para combatirlos. Porque es verdad que su revolución está basada en nuestra eliminación -también física-.
La cuestión de la violencia
No puedo entrar en las discusiones filosóficas, éticas, teológicas, etc. sobre la violencia. Doctores tiene la iglesia, nunca mejor dicho, y solo tengo conocimientos superficiales sobre el tema. Pero creo que estaremos de acuerdo en que hay también en nuestra civilización, la occidental, una larga tradición de glorificación de la violencia. Fue solo tras la espantosa carnicería industrial de las guerras mundiales cuando creo que pasó al discurso oficial la idea de que, en principio, hay que intentar evitarla. Cuando empezamos a llamar al Ministerio de la Guerra el Ministerio de Defensa, vamos. Aunque siempre se haya utilizado como excusa las acciones de los otros -«mira lo que me has obligado a hacerte»- es en los últimos 80 años en los que todos queremos ser grandes defensores de la paz y se supone solo reaccionamos ante la violencia de los otros: las guerras «humanitarias». Pero me parece perfectamente legítimo y comprensible que otras culturas tengan sus propias ideas al respecto. Y en base a esas ideas organicen su acción política. Por desgracia, los islamistas radicales son maestros en la violencia extrema como espectáculo. Me parece horrible, pero entiendo que si lo repiten tanto es porque les da rédito político entre los suyos. ¿Crece, disminuye, o está estancado el movimiento islamista en los países musulmanes? Sinceramente, no lo sé, pero tengo la impresión de que crece. No creo que sea especialmente el uso de la violencia lo que provoque su atractivo, pero tampoco que lo frene. Otro tema es que también es inevitable que cuando se sufre una violencia estructural, en ocasiones se responda con estallidos de violencia irracional. Matar a todos los blancos que pudieses, hombres, mujeres y niños, en una rebelión de esclavos, por ejemplo.
Violencia y revolución
Imagino que a todos nos gustaría que fuese posible, al socialdemócrata modo, ir ganando parcelas de poder y mejoras del nivel de vida a través de las elecciones hasta que, alehop, hemos llegado al socialismo. Aunque eso no sea posible, siempre seré partidario de la acción en movimientos de masas y me gustaría que hubiese autoorganización para ir creando estructuras de vida alternativas y, a su vez, alternativas políticas que no sean reactivas sino proactivas en función de ese proyecto civilizatorio que vayamos creando. No tengo ningún respeto especial por el aventurerismo revolucionario terrorista, foquista, etc. Pero creo que aquí casi todos estamos de acuerdo en que en ocasiones es necesario recurrir a la violencia revolucionaria. Gandhi pudo perfeccionar sus técnicas no violentas porque actuaba en el marco de un imperialismo británico que formalmente debía reconocer ciertos derechos. Hacer huelga de hambre, y publicarlo, podía ejercer cierta presión. Funcionó hasta cierto punto -no mucho, seguramente India se habría independizado antes con un movimiento armado-. Pero cuando defendía que los judíos debían dejarse exterminar en masa para así dar una lección a los alemanes, claramente rozaba el ridículo. ¿Qué grado de violencia es necesario aplicar en cada caso? Volvemos a la revolución como arte…
El éxito como baremo
Creo que es difícil generalizar, y no se puede hablar del uso de la violencia en abstracto sino en cada caso concreto. Lo digo por tu comentario sobre el rendimiento. Ya he comentado antes que no sé hasta que punto su uso ha beneficiado a los extremistas islamistas. Es verdad que el terror rojo alienó al campesinado de los bolcheviques, pero quizá también que en el curso de una guerra civil, con miles de tropas extranjeras en su territorio, y ejemplos como el de Finlandia con el terror blanco, no tuvieron mucha alternativa. Fue al terminar esta cuando rectificaron. Tú sabes mucho más de eso que yo, así que no entro. No hay duda de que el terror rojo en Camboya -solo me dan ramalazos polpotianos hacia los conductores cuando voy en bici- o Perú fue un desastre absurdo. Quizá lo decimos, sin embargo, porque perdieron. Si hubiesen ganado, ¿estaríamos hablando de una brillante estrategia revolucionaria? ¿Perdieron porque usaron esa violencia absurda? Pero, perdonad la especulación, ¿no habrá habido casos en los que habría que haber utilizado más violencia, no menos? Yo que sé. Me viene ahora a la mente el caso de Indonesia. ¿No hubiera sido mejor que fuese cierto que los militares comunistas indonesios estaban preparando un golpe de estado? Habrían ganado o perdido, pero se pasó del tercer partido comunista del mundo por número de militantes a cero, para más de una generación.
Los palestinos en el lado equivocado de la historia
Comentaba ayer que «Israel» es el resultado de un movimiento terrorista -basado en una ideología igual o peor que la de los islamistas, el sionismo-, que empezó su andadura con brutales matanzas de palestinos. Respondes que quizá parte de la culpa fue por haber apostado por el bando perdedor en la IIª Guerra Mundial. Pero no puedo dejar de pensar en el caso indio. Allí no solo hubo declaraciones de comprensión hacia los alemanes. ¡Es que formaron un ejército que formaba parte del japonés y que luchó contra los ingleses! Creado por el dirigente más a la izquierda del Partido del Congreso, Subhas Chandra Bose, y con la participación de numerosos militantes comunistas, copartícipes en el All Indian Forward Bloc que este lideraba. Mientras tanto, el propio Congreso impulsaba el movimiento Quit India, que desde el punto de vista de los Aliados podía considerarse una «traición» al esfuerzo de guerra. Todos en India están superorgullosos tanto de Bose como de Quit India. No parece que eso afectase a la decisión de todas las potencias de permitir la independencia de India. Así que son los otros motivos que comentan los que creo que hicieron posible la creación del estado de Israel. El apoyo del muftí sería una de las hojas de parra para justificarlo.
¿Qué quiere Hamas con esta operación?
Pues no lo sé. Pero creo que pronto lo descubriremos.
10. La irresistible tentación por el imperialismo
En toda Europa occidental los políticos con opción de gobierno o gobernando van dando pasitos hacia la aceptación del genocidio de los pueblos que luchan por su liberación y por amordazar las libertades en sus propios países. Antes era más o menos tácito. Ahora explícito. La ironía es que Starmer es un abogado especializado en derechos humanos…
¿Y qué decir de los alemanes? Aquí justificando que la defensa de Israel está por encima de la legislación internacional de derechos humanos: https://twitter.com/L_O_R_E_N_ Telita.
https://www.middleeasteye.net/
Guerra entre Israel y Palestina: Los dirigentes británicos están allanando el camino para la limpieza étnica en Gaza
Peter Oborne
12 de octubre de 2023 10:46 BST | Última actualización: hace 13 horas 1 minuto
Las respuestas de Starmer, Sunak, Braverman y otros son especialmente imprudentes por el horrible lenguaje que ya utilizan altos cargos israelíes
En momentos de crisis, la labor de un estadista es resolver los problemas, no exacerbarlos. Es su trabajo mostrar sabiduría, ignorar el clamor popular, recordar a todas las partes sus obligaciones en virtud del derecho internacional, hacer hincapié en nuestra humanidad común y buscar soluciones a largo plazo que eviten volver a los horrores del pasado.
Desde que Hamás irrumpió en Gaza la semana pasada, Gran Bretaña ha carecido por completo de espíritu de Estado.
Veamos la escandalosa declaración del líder laborista Keir Starmer en la radio LBC el miércoles. Dijo que Israel tenía «derecho a defenderse» del ataque de Hamás. Luego Starmer fue un paso más allá cuando le preguntaron por el sombrío anuncio del ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, de un «asedio total» a Gaza, en el que Gallant dijo: «No habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible, todo está cerrado», y añadió que Israel estaba luchando contra «animales humanos».
A la pregunta de si cortar el suministro de agua y electricidad era una respuesta proporcionada a los ataques de Hamás, Starmer respondió: «Creo que Israel tiene ese derecho»: «Creo que Israel tiene ese derecho. Es una situación en curso, obviamente todo debe hacerse dentro del derecho internacional».
Pero Starmer más que nadie, con su distinguida formación jurídica, debe saber que privar a una población de alimentos, energía y electricidad equivale a un castigo colectivo, que es ilegal según el derecho internacional.
Existe un riesgo terrible. Estas declaraciones de un hombre considerado como el primer ministro británico en ciernes han dado luz verde a futuros crímenes de guerra.
Apoyo «inequívoco»
Para ser justos con Starmer, el primer ministro Rishi Sunak no ha sido mejor. Tras el ataque de los combatientes palestinos, salió en televisión para expresar su apoyo a Israel. Luego señaló que este apoyo era «inequívoco», lo que equivale a un cheque en blanco de Gran Bretaña a Israel para que se comporte como quiera en las aterradoras semanas que se avecinan.
Hemos visto palabras humanas y responsables de dirigentes de organizaciones internacionales. En una declaración el martes, Martin Griffiths, subsecretario general de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, dijo: «Mi mensaje a todas las partes es inequívoco: Deben respetarse las leyes de la guerra. Los cautivos deben recibir un trato humano. Los rehenes deben ser liberados sin demora».
«Durante las hostilidades, debe protegerse a la población civil y a las infraestructuras civiles. Debe permitirse a la población civil desplazarse a zonas más seguras. Y no se debe bloquear la ayuda humanitaria ni los servicios y suministros vitales a Gaza. Toda la región se encuentra en un punto de inflexión. La violencia debe cesar».
Pero Sunak no hizo mención alguna a los derechos humanos, ni mucho menos al tipo de llamamiento a la proporcionalidad que escuchamos del líder irlandés Leo Varadkar, quien advirtió de que la solidaridad actual podría «desmoronarse» si Israel va «demasiado lejos en sus acciones en Gaza».
Mientras tanto, la ministra británica del Interior, Suella Braverman, hace todo lo posible por avivar las tensiones internas al sugerir que ondear una bandera palestina podría convertirse en un delito penal.
Discursos apocalípticos
Las respuestas de Starmer, Sunak, Braverman y otros son especialmente imprudentes debido al lenguaje espeluznante que ya utilizan altos cargos israelíes.
El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dicho que la respuesta de Israel «cambiará Oriente Próximo». Gallant afirmó que Gaza «nunca volverá a ser lo que era». Un ex general israelí afirmó que Israel «debe crear un desastre humanitario sin precedentes en Gaza», añadiendo que la «herramienta definitiva» era dañar el sistema de suministro de agua.
Son palabras apocalípticas. El derecho de Israel a la autodefensa no se extiende a la aniquilación de barrios enteros, el asedio medieval, la matanza aleatoria de niños o el daño al suministro de agua. Sin embargo, los líderes occidentales están de acuerdo con todo esto.
Algunos comentaristas han comparado el asalto de Hamás con el 11-S. En mi opinión, esto no tiene mucho sentido. Pero me inquieta el recuerdo de la promesa del ex primer ministro británico Tony Blair al ex presidente estadounidense George W. Bush de «estar contigo, sea como sea» tras la destrucción de las Torres Gemelas. Al final, ese voto de lealtad condujo al derramamiento de sangre y al horror de la guerra de Irak y a sus terribles secuelas.
Mientras tanto, continúan los bombardeos en Gaza. Unas 300.000 personas están ya en la calle tras la destrucción de sus hogares, y el ejército israelí no ha hecho más que empezar. La invasión terrestre podría comenzar en cualquier momento. Quién sabe cuántos morirán.
Algunos hablan ahora de una segunda Nakba, sólo que esta vez, aún peor que la tragedia de 1948, con millones de palestinos potencialmente expulsados de sus hogares.
En un desgarrador tuit el miércoles, el dramaturgo palestino Samah Sabawi señaló: «Le dije a mi familia en #Gaza que se fuera cuando oí que Estados Unidos estaba coordinando un plan para ofrecer a los civiles un paso seguro desde Gaza a Egipto. Mi tía me dijo: ‘¿Me garantizan que nos permitirán volver? Yo no podía. Reconozco la limpieza étnica cuando la veo. Se niega a irse. Muerte o refugio eterno. ¿Qué elegirías?»
Rezo por equivocarme, pero me temo que los líderes occidentales están sentando ahora las bases políticas que nos harían cómplices de las masacres, los bombardeos indiscriminados y la limpieza étnica. Mientras tanto, la información incendiaria y temeraria de los medios de comunicación está sentando las bases emocionales. Nunca ha sido tan necesario el arte de gobernar.
¿Y qué decir de los alemanes? Aquí justificando que la defensa de Israel está por encima de la legislación internacional de derechos humanos: https://twitter.com/L_O_R_E_N_ Telita.
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Guerra entre Israel y Palestina: Los dirigentes británicos están allanando el camino para la limpieza étnica en Gaza
Peter Oborne
12 de octubre de 2023 10:46 BST | Última actualización: hace 13 horas 1 minuto
Las respuestas de Starmer, Sunak, Braverman y otros son especialmente imprudentes por el horrible lenguaje que ya utilizan altos cargos israelíes
En momentos de crisis, la labor de un estadista es resolver los problemas, no exacerbarlos. Es su trabajo mostrar sabiduría, ignorar el clamor popular, recordar a todas las partes sus obligaciones en virtud del derecho internacional, hacer hincapié en nuestra humanidad común y buscar soluciones a largo plazo que eviten volver a los horrores del pasado.
Desde que Hamás irrumpió en Gaza la semana pasada, Gran Bretaña ha carecido por completo de espíritu de Estado.
Veamos la escandalosa declaración del líder laborista Keir Starmer en la radio LBC el miércoles. Dijo que Israel tenía «derecho a defenderse» del ataque de Hamás. Luego Starmer fue un paso más allá cuando le preguntaron por el sombrío anuncio del ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, de un «asedio total» a Gaza, en el que Gallant dijo: «No habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible, todo está cerrado», y añadió que Israel estaba luchando contra «animales humanos».
A la pregunta de si cortar el suministro de agua y electricidad era una respuesta proporcionada a los ataques de Hamás, Starmer respondió: «Creo que Israel tiene ese derecho»: «Creo que Israel tiene ese derecho. Es una situación en curso, obviamente todo debe hacerse dentro del derecho internacional».
Pero Starmer más que nadie, con su distinguida formación jurídica, debe saber que privar a una población de alimentos, energía y electricidad equivale a un castigo colectivo, que es ilegal según el derecho internacional.
Existe un riesgo terrible. Estas declaraciones de un hombre considerado como el primer ministro británico en ciernes han dado luz verde a futuros crímenes de guerra.
Apoyo «inequívoco»
Para ser justos con Starmer, el primer ministro Rishi Sunak no ha sido mejor. Tras el ataque de los combatientes palestinos, salió en televisión para expresar su apoyo a Israel. Luego señaló que este apoyo era «inequívoco», lo que equivale a un cheque en blanco de Gran Bretaña a Israel para que se comporte como quiera en las aterradoras semanas que se avecinan.
Hemos visto palabras humanas y responsables de dirigentes de organizaciones internacionales. En una declaración el martes, Martin Griffiths, subsecretario general de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, dijo: «Mi mensaje a todas las partes es inequívoco: Deben respetarse las leyes de la guerra. Los cautivos deben recibir un trato humano. Los rehenes deben ser liberados sin demora».
«Durante las hostilidades, debe protegerse a la población civil y a las infraestructuras civiles. Debe permitirse a la población civil desplazarse a zonas más seguras. Y no se debe bloquear la ayuda humanitaria ni los servicios y suministros vitales a Gaza. Toda la región se encuentra en un punto de inflexión. La violencia debe cesar».
Pero Sunak no hizo mención alguna a los derechos humanos, ni mucho menos al tipo de llamamiento a la proporcionalidad que escuchamos del líder irlandés Leo Varadkar, quien advirtió de que la solidaridad actual podría «desmoronarse» si Israel va «demasiado lejos en sus acciones en Gaza».
Mientras tanto, la ministra británica del Interior, Suella Braverman, hace todo lo posible por avivar las tensiones internas al sugerir que ondear una bandera palestina podría convertirse en un delito penal.
Discursos apocalípticos
Las respuestas de Starmer, Sunak, Braverman y otros son especialmente imprudentes debido al lenguaje espeluznante que ya utilizan altos cargos israelíes.
El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dicho que la respuesta de Israel «cambiará Oriente Próximo». Gallant afirmó que Gaza «nunca volverá a ser lo que era». Un ex general israelí afirmó que Israel «debe crear un desastre humanitario sin precedentes en Gaza», añadiendo que la «herramienta definitiva» era dañar el sistema de suministro de agua.
Son palabras apocalípticas. El derecho de Israel a la autodefensa no se extiende a la aniquilación de barrios enteros, el asedio medieval, la matanza aleatoria de niños o el daño al suministro de agua. Sin embargo, los líderes occidentales están de acuerdo con todo esto.
Algunos comentaristas han comparado el asalto de Hamás con el 11-S. En mi opinión, esto no tiene mucho sentido. Pero me inquieta el recuerdo de la promesa del ex primer ministro británico Tony Blair al ex presidente estadounidense George W. Bush de «estar contigo, sea como sea» tras la destrucción de las Torres Gemelas. Al final, ese voto de lealtad condujo al derramamiento de sangre y al horror de la guerra de Irak y a sus terribles secuelas.
Mientras tanto, continúan los bombardeos en Gaza. Unas 300.000 personas están ya en la calle tras la destrucción de sus hogares, y el ejército israelí no ha hecho más que empezar. La invasión terrestre podría comenzar en cualquier momento. Quién sabe cuántos morirán.
Algunos hablan ahora de una segunda Nakba, sólo que esta vez, aún peor que la tragedia de 1948, con millones de palestinos potencialmente expulsados de sus hogares.
En un desgarrador tuit el miércoles, el dramaturgo palestino Samah Sabawi señaló: «Le dije a mi familia en #Gaza que se fuera cuando oí que Estados Unidos estaba coordinando un plan para ofrecer a los civiles un paso seguro desde Gaza a Egipto. Mi tía me dijo: ‘¿Me garantizan que nos permitirán volver? Yo no podía. Reconozco la limpieza étnica cuando la veo. Se niega a irse. Muerte o refugio eterno. ¿Qué elegirías?»
Rezo por equivocarme, pero me temo que los líderes occidentales están sentando ahora las bases políticas que nos harían cómplices de las masacres, los bombardeos indiscriminados y la limpieza étnica. Mientras tanto, la información incendiaria y temeraria de los medios de comunicación está sentando las bases emocionales. Nunca ha sido tan necesario el arte de gobernar.
¿Y qué decir de los alemanes? Aquí justificando que la defensa de Israel está por encima de la legislación internacional de derechos humanos: https://twitter.com/L_O_R_E_N_ Telita.
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Guerra entre Israel y Palestina: Los dirigentes británicos están allanando el camino para la limpieza étnica en Gaza
Peter Oborne
12 de octubre de 2023 10:46 BST | Última actualización: hace 13 horas 1 minuto
Las respuestas de Starmer, Sunak, Braverman y otros son especialmente imprudentes por el horrible lenguaje que ya utilizan altos cargos israelíes
En momentos de crisis, la labor de un estadista es resolver los problemas, no exacerbarlos. Es su trabajo mostrar sabiduría, ignorar el clamor popular, recordar a todas las partes sus obligaciones en virtud del derecho internacional, hacer hincapié en nuestra humanidad común y buscar soluciones a largo plazo que eviten volver a los horrores del pasado.
Desde que Hamás irrumpió en Gaza la semana pasada, Gran Bretaña ha carecido por completo de espíritu de Estado.
Veamos la escandalosa declaración del líder laborista Keir Starmer en la radio LBC el miércoles. Dijo que Israel tenía «derecho a defenderse» del ataque de Hamás. Luego Starmer fue un paso más allá cuando le preguntaron por el sombrío anuncio del ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, de un «asedio total» a Gaza, en el que Gallant dijo: «No habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible, todo está cerrado», y añadió que Israel estaba luchando contra «animales humanos».
A la pregunta de si cortar el suministro de agua y electricidad era una respuesta proporcionada a los ataques de Hamás, Starmer respondió: «Creo que Israel tiene ese derecho»: «Creo que Israel tiene ese derecho. Es una situación en curso, obviamente todo debe hacerse dentro del derecho internacional».
Pero Starmer más que nadie, con su distinguida formación jurídica, debe saber que privar a una población de alimentos, energía y electricidad equivale a un castigo colectivo, que es ilegal según el derecho internacional.
Existe un riesgo terrible. Estas declaraciones de un hombre considerado como el primer ministro británico en ciernes han dado luz verde a futuros crímenes de guerra.
Apoyo «inequívoco»
Para ser justos con Starmer, el primer ministro Rishi Sunak no ha sido mejor. Tras el ataque de los combatientes palestinos, salió en televisión para expresar su apoyo a Israel. Luego señaló que este apoyo era «inequívoco», lo que equivale a un cheque en blanco de Gran Bretaña a Israel para que se comporte como quiera en las aterradoras semanas que se avecinan.
Hemos visto palabras humanas y responsables de dirigentes de organizaciones internacionales. En una declaración el martes, Martin Griffiths, subsecretario general de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, dijo: «Mi mensaje a todas las partes es inequívoco: Deben respetarse las leyes de la guerra. Los cautivos deben recibir un trato humano. Los rehenes deben ser liberados sin demora».
«Durante las hostilidades, debe protegerse a la población civil y a las infraestructuras civiles. Debe permitirse a la población civil desplazarse a zonas más seguras. Y no se debe bloquear la ayuda humanitaria ni los servicios y suministros vitales a Gaza. Toda la región se encuentra en un punto de inflexión. La violencia debe cesar».
Pero Sunak no hizo mención alguna a los derechos humanos, ni mucho menos al tipo de llamamiento a la proporcionalidad que escuchamos del líder irlandés Leo Varadkar, quien advirtió de que la solidaridad actual podría «desmoronarse» si Israel va «demasiado lejos en sus acciones en Gaza».
Mientras tanto, la ministra británica del Interior, Suella Braverman, hace todo lo posible por avivar las tensiones internas al sugerir que ondear una bandera palestina podría convertirse en un delito penal.
Discursos apocalípticos
Las respuestas de Starmer, Sunak, Braverman y otros son especialmente imprudentes debido al lenguaje espeluznante que ya utilizan altos cargos israelíes.
El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dicho que la respuesta de Israel «cambiará Oriente Próximo». Gallant afirmó que Gaza «nunca volverá a ser lo que era». Un ex general israelí afirmó que Israel «debe crear un desastre humanitario sin precedentes en Gaza», añadiendo que la «herramienta definitiva» era dañar el sistema de suministro de agua.
Son palabras apocalípticas. El derecho de Israel a la autodefensa no se extiende a la aniquilación de barrios enteros, el asedio medieval, la matanza aleatoria de niños o el daño al suministro de agua. Sin embargo, los líderes occidentales están de acuerdo con todo esto.
Algunos comentaristas han comparado el asalto de Hamás con el 11-S. En mi opinión, esto no tiene mucho sentido. Pero me inquieta el recuerdo de la promesa del ex primer ministro británico Tony Blair al ex presidente estadounidense George W. Bush de «estar contigo, sea como sea» tras la destrucción de las Torres Gemelas. Al final, ese voto de lealtad condujo al derramamiento de sangre y al horror de la guerra de Irak y a sus terribles secuelas.
Mientras tanto, continúan los bombardeos en Gaza. Unas 300.000 personas están ya en la calle tras la destrucción de sus hogares, y el ejército israelí no ha hecho más que empezar. La invasión terrestre podría comenzar en cualquier momento. Quién sabe cuántos morirán.
Algunos hablan ahora de una segunda Nakba, sólo que esta vez, aún peor que la tragedia de 1948, con millones de palestinos potencialmente expulsados de sus hogares.
En un desgarrador tuit el miércoles, el dramaturgo palestino Samah Sabawi señaló: «Le dije a mi familia en #Gaza que se fuera cuando oí que Estados Unidos estaba coordinando un plan para ofrecer a los civiles un paso seguro desde Gaza a Egipto. Mi tía me dijo: ‘¿Me garantizan que nos permitirán volver? Yo no podía. Reconozco la limpieza étnica cuando la veo. Se niega a irse. Muerte o refugio eterno. ¿Qué elegirías?»
Rezo por equivocarme, pero me temo que los líderes occidentales están sentando ahora las bases políticas que nos harían cómplices de las masacres, los bombardeos indiscriminados y la limpieza étnica. Mientras tanto, la información incendiaria y temeraria de los medios de comunicación está sentando las bases emocionales. Nunca ha sido tan necesario el arte de gobernar.
¿Y qué decir de los alemanes? Aquí justificando que la defensa de Israel está por encima de la legislación internacional de derechos humanos: https://twitter.com/L_O_R_E_N_ Telita.
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Guerra entre Israel y Palestina: Los dirigentes británicos están allanando el camino para la limpieza étnica en Gaza
Peter Oborne
12 de octubre de 2023 10:46 BST | Última actualización: hace 13 horas 1 minuto
Las respuestas de Starmer, Sunak, Braverman y otros son especialmente imprudentes por el horrible lenguaje que ya utilizan altos cargos israelíes
En momentos de crisis, la labor de un estadista es resolver los problemas, no exacerbarlos. Es su trabajo mostrar sabiduría, ignorar el clamor popular, recordar a todas las partes sus obligaciones en virtud del derecho internacional, hacer hincapié en nuestra humanidad común y buscar soluciones a largo plazo que eviten volver a los horrores del pasado.
Desde que Hamás irrumpió en Gaza la semana pasada, Gran Bretaña ha carecido por completo de espíritu de Estado.
Veamos la escandalosa declaración del líder laborista Keir Starmer en la radio LBC el miércoles. Dijo que Israel tenía «derecho a defenderse» del ataque de Hamás. Luego Starmer fue un paso más allá cuando le preguntaron por el sombrío anuncio del ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, de un «asedio total» a Gaza, en el que Gallant dijo: «No habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible, todo está cerrado», y añadió que Israel estaba luchando contra «animales humanos».
A la pregunta de si cortar el suministro de agua y electricidad era una respuesta proporcionada a los ataques de Hamás, Starmer respondió: «Creo que Israel tiene ese derecho»: «Creo que Israel tiene ese derecho. Es una situación en curso, obviamente todo debe hacerse dentro del derecho internacional».
Pero Starmer más que nadie, con su distinguida formación jurídica, debe saber que privar a una población de alimentos, energía y electricidad equivale a un castigo colectivo, que es ilegal según el derecho internacional.
Existe un riesgo terrible. Estas declaraciones de un hombre considerado como el primer ministro británico en ciernes han dado luz verde a futuros crímenes de guerra.
Apoyo «inequívoco»
Para ser justos con Starmer, el primer ministro Rishi Sunak no ha sido mejor. Tras el ataque de los combatientes palestinos, salió en televisión para expresar su apoyo a Israel. Luego señaló que este apoyo era «inequívoco», lo que equivale a un cheque en blanco de Gran Bretaña a Israel para que se comporte como quiera en las aterradoras semanas que se avecinan.
Hemos visto palabras humanas y responsables de dirigentes de organizaciones internacionales. En una declaración el martes, Martin Griffiths, subsecretario general de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, dijo: «Mi mensaje a todas las partes es inequívoco: Deben respetarse las leyes de la guerra. Los cautivos deben recibir un trato humano. Los rehenes deben ser liberados sin demora».
«Durante las hostilidades, debe protegerse a la población civil y a las infraestructuras civiles. Debe permitirse a la población civil desplazarse a zonas más seguras. Y no se debe bloquear la ayuda humanitaria ni los servicios y suministros vitales a Gaza. Toda la región se encuentra en un punto de inflexión. La violencia debe cesar».
Pero Sunak no hizo mención alguna a los derechos humanos, ni mucho menos al tipo de llamamiento a la proporcionalidad que escuchamos del líder irlandés Leo Varadkar, quien advirtió de que la solidaridad actual podría «desmoronarse» si Israel va «demasiado lejos en sus acciones en Gaza».
Mientras tanto, la ministra británica del Interior, Suella Braverman, hace todo lo posible por avivar las tensiones internas al sugerir que ondear una bandera palestina podría convertirse en un delito penal.
Discursos apocalípticos
Las respuestas de Starmer, Sunak, Braverman y otros son especialmente imprudentes debido al lenguaje espeluznante que ya utilizan altos cargos israelíes.
El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dicho que la respuesta de Israel «cambiará Oriente Próximo». Gallant afirmó que Gaza «nunca volverá a ser lo que era». Un ex general israelí afirmó que Israel «debe crear un desastre humanitario sin precedentes en Gaza», añadiendo que la «herramienta definitiva» era dañar el sistema de suministro de agua.
Son palabras apocalípticas. El derecho de Israel a la autodefensa no se extiende a la aniquilación de barrios enteros, el asedio medieval, la matanza aleatoria de niños o el daño al suministro de agua. Sin embargo, los líderes occidentales están de acuerdo con todo esto.
Algunos comentaristas han comparado el asalto de Hamás con el 11-S. En mi opinión, esto no tiene mucho sentido. Pero me inquieta el recuerdo de la promesa del ex primer ministro británico Tony Blair al ex presidente estadounidense George W. Bush de «estar contigo, sea como sea» tras la destrucción de las Torres Gemelas. Al final, ese voto de lealtad condujo al derramamiento de sangre y al horror de la guerra de Irak y a sus terribles secuelas.
Mientras tanto, continúan los bombardeos en Gaza. Unas 300.000 personas están ya en la calle tras la destrucción de sus hogares, y el ejército israelí no ha hecho más que empezar. La invasión terrestre podría comenzar en cualquier momento. Quién sabe cuántos morirán.
Algunos hablan ahora de una segunda Nakba, sólo que esta vez, aún peor que la tragedia de 1948, con millones de palestinos potencialmente expulsados de sus hogares.
En un desgarrador tuit el miércoles, el dramaturgo palestino Samah Sabawi señaló: «Le dije a mi familia en #Gaza que se fuera cuando oí que Estados Unidos estaba coordinando un plan para ofrecer a los civiles un paso seguro desde Gaza a Egipto. Mi tía me dijo: ‘¿Me garantizan que nos permitirán volver? Yo no podía. Reconozco la limpieza étnica cuando la veo. Se niega a irse. Muerte o refugio eterno. ¿Qué elegirías?»
Rezo por equivocarme, pero me temo que los líderes occidentales están sentando ahora las bases políticas que nos harían cómplices de las masacres, los bombardeos indiscriminados y la limpieza étnica. Mientras tanto, la información incendiaria y temeraria de los medios de comunicación está sentando las bases emocionales. Nunca ha sido tan necesario el arte de gobernar.