MISCELÁNEA 16/05/2025

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX CARLOS VALMASEDA

ÍNDICE
1. Por una biblioteca sin Alma. (observación de José Sarrión)
2. El estilo literario de Marx.
3. Relectura de El Capital (5).
4. Geonomía.
5. Zumo de niños palestinos.
6. Ovejas que no aburren (con observaciones de José Sarrión y Joaquín Miras)
7.Marruecos en la competencia por los recursos clave.
8.Congreso de Die Linke (observación de José Luis Martín Ramos).
9. Resumen de la guerra en Palestina, 15 de mayo (observación de José Luis Martín Ramos).

1. Por una biblioteca sin Alma.

Para nuestra vergüenza, buena parte de la red bibliotecaria universitaria y la BNE utilizan Alma, un programa creado por una empresa israelí, Ex-Libris. Habrá que buscar alternativas. Siempre Boicot, Desinversión y Sanciones para las empresas sionistas.

https://www.elsaltodiario.com/israel/ex-libris-empresa-israeli-provee-tecnologia-bibliotecas-del-mundo

Ex Libris, la empresa israelí que provee tecnología a las bibliotecas del mundo

Los principales productos de gestión y servicios bibliotecarios provienen de una empresa cuya sede principal se encuentra en el Malha Tecnology Park, sito en el territorio ocupado donde antes se levantaba la aldea palestina de Al Maliha.

El pasado 13 de marzo, en ocasión del día de la Cultura Palestina y el aniversario del nacimiento del poeta Mahmoud Darwish, el embajador palestino, Husni Abdel Wahed, hablaba ante el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional de España (BNE). El espacio se encontraba repleto: entre el público, se encontraba el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, con quien minutos antes el representante palestino había firmado un memorándum de colaboración.

Tras recordar que dos días antes, el 11 de marzo, había sido el día de las bibliotecas árabes, en el imponente edificio de la Biblioteca Nacional, Abdel Wahed repasaba la devastación a la que Israel ha sometido históricamente a las bibliotecas palestinas, y en especial al terrible balance de esta última etapa del genocidio. Una destrucción de la memoria que, recordaba el diplomático, “no es casual, no es inocente, es intencionada, es política sistemática por parte del estado de Israel, que trata no sólo de apropiarse del territorio de Palestina, sino también de los valores culturales palestinos”.

El embajador enmarcaba la actual destrucción de las bibliotecas gazatíes en una larga genealogía que tiene su primer capítulo en la Nakba, en 1948, cuando Israel arrasó no solo los archivos y bibliotecas públicas, sino que saqueó las bibliotecas familiares de los palestinos forzados al exilio. Al Maliha, al Sur de Jerusalén, fue una de las 500 aldeas que sufrieron la limpieza étnica israelí. En julio de 1948, sus 2.250 habitantes fueron obligados a abandonar sus hogares y su tierra para no volver jamás.  En este territorio ocupado, se fundaría casi medio siglo después el Parque Tecnológico Malha, que alberga diversas empresas del puntero sector tecnológico israelí, entre ellas se encuentra Ex Libris, un gigante en el ámbito de los servicios para bibliotecas. Desde el año pasado, la propia Biblioteca Nacional de España se encuentra entre sus clientes, uniéndose a numerosas bibliotecas en todo el estado.

El sionismo que ordena tu biblioteca

En julio de 2024, la Biblioteca Nacional de España comunicaba que adoptaba Alma, producto estrella de Ex Libris, como sistema de gestión. Esta plataforma de servicios bibliotecarios integra múltiples funciones, según enumeraba la histórica institución española: “préstamo, catalogación, adquisiciones, gestión de publicaciones seriadas, etc”. Los productos de Ex Libris, y especialmente Alma han protagonizado una expansión en la última década que ha situado a esta empresa entre las primeras del mercado, sobre todo en el ámbito de las bibliotecas universitarias. La firma israelí fue adquirida por el grupo ProQuest en 2015, multinacional absorbida por Clarivate en 2021.

A pesar de haber sido integrada en ambas empresas, Ex Libris ha mantenido su marca y su sede principal en el Parque Tecnológico de Malha. Es más, el israelí Matti Shem Tov, quien fuera su CEO entre 2003 y 2017, lo sería después de ProQuest (2017-2022) para pasar a ejercer el mismo puesto en Clarivate, a partir de agosto de 2024. Este alto ejecutivo israelí, del que consta poca información en internet, fue además miembro del Consejo de Spirit of Israel, entre 2013 y 2023. Spirit of Israel es la filial social de la Agencia Judía, entidad que, como recuerda su web, desde 1929 ha tenido como misión fundar y construir el Estado de Israel, especialmente a través de la Aliyah, la migración incentivada de la diáspora judía a Palestina. Entre las actividades que ofrece Spirit of Israel, se encuentra un programa de entrenamiento militar especialmente pensado para que los sectores desfavorecidos de la sociedad puedan adaptarse mejor al servicio militar israelí.

La contratación por parte de la BNE es solo un paso más en el firme avance de esta compañía, que ha tenido una muy amplia expansión en las bibliotecas de investigación y universitarias, predominando actualmente entre las bibliotecas universitarias agrupadas en torno a la red REBIUN, así como en la Red Madroño, que une a las bibliotecas universitarias de la Comunidad de Madrid —a excepción de la Universidad Complutense— y que usa Alma desde el 2017. Destaca por otro lado el caso del CSIC, usuario del primer producto de Ex Libris, Aleph, desde los 80, cuando el sistema apenas emergía de las universidades israelíes. La institución de investigación transitaría a Alma ya en 2018.

Desde 2009, ha sido central para ese crecimiento la intensa actividad de la Asociación Expania, encargada de la interlocución de Ex libris con sus cada vez más numerosos clientes en el país, y que cuenta con la membresía de decenas de instituciones académicas estatales. A través de jornadas y talleres, y con el patrocio de Greendata, la empresa de distribución de Ex Libris en España, esta ha ido consolidando su presencia en las bibliotecas de los campus españoles, quedando aún algunas bibliotecas universitarias fuera de su ámbito. Es el caso de la Complutense de Madrid, que contrata los servicios de gestión bibliotecaria a OCLC, compañía histórica del sector, y la gran competidora de Ex Libris.

Mientras que en el Estado español apenas se habla de la relación con Israel de esta empresa, la organización internacional de solidaridad Bibliotecarios y archiveros con Palestina (LAP en sus siglas en inglés), la ha puesto en el foco, empezando por el territorio donde se ha extendido con más éxito, los Estados Unidos. En el documento Exposing Ex Libris, hecho público el pasado agosto, la LAP explica la génesis de Ex Libris en los años 80 con el fin de comercializar el sistema integral de gestión bibliotecaria Aleph, desarrollado en la Universidad Hebrea de Jerusalén, e implementado con apoyo del Estado sionista en las siete bibliotecas universitarias israelíes. A mediados de los 90, Ex Libris ya tenía presencia en 200 bibliotecas universitarias a nivel internacional. A partir de ahí su crecimiento, con productos como Primo o Alma, ha sido imparable.

Actualmente, siguiendo el dossier de la LAP, los productos de Ex Libris se encuentran presentes en 3.000 bibliotecas estadounidenses. La versión en francés del documento lanzado por la asociación de bibliotecarios y archiveros solidarios con Palestina destacaba hasta qué punto Ex Libris se halla presente en las bibliotecas universitarias francesas, en un panorama de progresiva concentración donde algunos actores están destinados a desaparecer. Este informe señalaba en particular los contratos con Ex Libris de la biblioteca de investigación del Campus Condorcet, conocido también como la Ciudad de las Humanidades y las Ciencias Sociales en París. En la versión en español, quedaban a la vez documentadas las instituciones que en América Latina han elegido los productos de Ex Libris para sus bibliotecas, entre ellas las bibliotecas nacionales de Argentina y de Chile, además de numerosas bibliotecas universitarias en ambos países, así como en Brasil, México o Perú. A principios de año Ex Libris se felicitaba de la adopción de Alma por parte de 14 instituciones latinoamericanas durante el 2024, llegando casi a 60.

Las propuestas para boicotear Ex Libris se han topado con instituciones que afirman que la internacionalización de la empresa, al ser comprada por grupos extranjeros, implica que ya no es israelí. Este argumento lo usaron las autoridades de la Universidad de Oslo ya en 2009, ante la llamada al boicot por parte del Comité Palestino del campus. La respuesta institucional apuntaba a que Ex Libris había sido adquirida por un fondo estadounidense, por lo que había pasado a ser una firma internacional. Lo mismo hizo la universidad canadiense Simon Fraser, cuando ya en agosto de 2024, el grupo Faculty for Palestine exigió el boicot a los productos de la compañía israelí: la dirección consideró que la empresa formaba parte del conglomerado tecnológico Clarivate, con sede en Filadelfia.

Frente a esta postura, en su documento Exposing Ex Libris, la LAP detalla por qué defiende boicotear a esta empresa, “cuando invertimos en Ex libris apoyamos materialmente el apartheid israelí, la colonización, y la ocupación ilegal en Palestina. ¿Son estos los valores que queremos defender como bibliotecarios?”. Por su parte, los protagonistas del intento de boicot canadiense explicaban: “La industria tecnológica israelí contribuye significativamente a la economía del país: Israel alberga más empresas tecnológicas emergentes y atrae más capital riesgo per cápita que cualquier otra nación del mundo. A ello se suman los estrechos lazos fomentados entre el sector tecnológico y el militar (…) A pesar de formar parte de un conglomerado multinacional, Ex Libris, como empresa fundada y con sede en Israel, entra en el ámbito de los movimientos de BDS”. Además, los miembros de Faculty for Palestine recordaban que, en el momento de su campaña de boicot, Israel “está llevando a cabo un genocidio plausible contra el pueblo de Gaza, como reconocen la Corte Internacional de Justicia e innumerables organizaciones de derechos humanos”.

La Nakba de las bibliotecas

Según reportan con dolor algunos supervivientes del actual genocidio que se cierne sobre Gaza, ante la falta de combustible y tras dos inviernos de masacre, las páginas de los libros arden en no pocas ocasiones para cocinar el escaso alimento o dar calor. Así lo relataba el pasado diciembre la escritora Shahd Alnaami, en un artículo de Al Jazeera, titulado: “Las bibliotecas de Gaza reemergerán de sus cenizas”. Se trata de una crónica personal en la que la autora rendía homenaje a la biblioteca de su infancia, la Maghazi, “un portal a un mundo sin fronteras”, aún en pie y defendida con sus últimas fuerzas por un grupo de bibliotecarios comprometidos. No es el caso de las 13 bibliotecas públicas dañadas o destruidas por fuego israelí, según las Naciones Unidas, una cifra conservadora dadas las dificultades para dimensionar el alcance de la catástrofe en las instituciones de la memoria (que comprenden también archivos y museos) de la Franja.

Ya a los pocos días de que empezara la operación de castigo contra los gazatíes, la Biblioteca Municipal de Gaza era bombardeada, pocos meses después las imágenes de soldados israelíes quemando los libros de la destruida Biblioteca de la Universidad de Al Aqsa se repetían en las redes sociales. Por su parte, la biblioteca de la Universidad Islámica estuvo entre los primeros objetivos de la ofensiva israelí. La biblioteca especializada en libros en inglés, la Edward Said, creada después de la “operación Margen Protector” de 2014 gracias a las donaciones de particulares y a los esfuerzos por importar nuevos libros a pesar del férreo bloqueo de la Franja, también ha sido arrasada.

A principios de 2024, tras solo unos meses de campaña, LAP compartía un informe en el que, junto a las bibliotecas señaladas, recogía la destrucción de los archivos centrales de Gaza, con documentos históricos de más de 150 años, o la Mezquita Omar, construida en el siglo VII, junto a su Biblioteca, que contaba con una de las colecciones de libros raros más importante de Palestina. El recuento incluye numerosas bibliotecas de centros culturales, o de instituciones privadas. Además, las bombas israelíes afectaron a la biblioteca de la Universidad Al-Azhar, y a la Biblioteca de la universidad de Al Israa, atacada junto al Museo Nacional. Otros ocho museos fueron destruidos por el ejército sionista, según este estudio realizado a partir la información recopilada en prensa.

En julio de 2024, en un reportaje aparecido en el medio The National, bajo el título “Ataque sistemático: La guerra de Israel arrasa los archivos y manuscritos de Gaza”, el doctor Hossam Abu Nasser, un historiador palestino basado en Ramallah, explicaba: “El número de bibliotecas públicas destruidas en la guerra actual se estima en más de 87, albergaban documentos y libros extremadamente importantes”. Entre los testimonios que recoge el reportaje también está el de Yahya Al Zahraneh, un profesor de Gaza que lamentaba la pérdida de su biblioteca personal, en la que había logrado reunir más de dos mil libros, algunos anteriores a la Nakba. Este fondo privado, cuyos ejemplares el docente gazatí prestaba frecuentemente, fueron convertidos en ceniza después de que el ejército israelí bombardeara su casa. Al Zahraneh solo pudo salvar 20 libros.

“¿Salvamento o saqueo? La ‘colección’ israelí de bibliotecas privadas palestinas en Jerusalén Oeste”, se llama un artículo en el que se refleja cómo en 1948 investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén se hicieron con las bibliotecas privadas de los palestinos expulsados de la parte occidental de la ciudad, ciudadanos como Al Zahraneh, que reunieron bibliotecas valiosas en árabe y en otros idiomas.

Los responsables de la Biblioteca de aquella institución académica, que pasaría de llamarse Biblioteca Hebrea Nacional y Universitaria, a Biblioteca Nacional, aún dependiente de la Universidad Hebrea de Jerusalén, catalogaron y ordenaron los 30.000 libros arrebatados de las residencias de la población expulsada. Una misión justificada, según apunta el citado artículo, sobre la idea —de acerbo colonial— de que si las más avanzadas instituciones israelíes no se hubiesen hecho con aquellos libros, ahora serían ceniza, como los libros del profesor gazatí. Varias décadas después, la misma Universidad Hebrea que aún enriquece sus fondos con los libros sustraídos durante la Nakba, creaba el sistema Aleph e iniciaba así la génesis de Ex Libris: La empresa israelí que desde el verano de 2024, en pleno genocidio, provee servicios bibliotecarios a la Biblioteca Nacional de España.

Observación de José Sarrión:
Yo tenía una idea similar a los boicots hasta que descubrí que funcionaban: concretamente Mc Donalds ha tenido que recomprar sus franquicias en Israel debido al boicot activo a Mc Donalds en los países árabes a raíz del asunto palestino. Todo comenzó cuando el propietario de McDonald’s en Israel, Alonyal Ltd, anunció al poco de empezar la guerra en Gaza que iba a alimentar de forma gratuita a los soldados israelíes. Como consecuencia de ello, McDonald’s y Starbucks, dos de las cadenas estadounidenses de restauración más populares, sufrieron bajas en sus ventas por el boicot de grupos pro palestinos en distintas partes del mundo, según reconocieron ambas empresas. Las dos cadenas han sido señaladas por distintas razones como favorables a Israel y sufren un boicot desde hace meses, el de Starbucks centrado en Estados Unidos, mientras que McDonald´s lo ha notado más en franquicias en países musulmanes. Lo sufren especialmente en países islámicos como Indonesia y Malasia, o en otros europeos como Francia, donde los musulmanes suman millones. https://www.heraldo.es/noticias/internacional/2024/02/05/mcdonalds-starbucks-sufren-bajadas-ventas-boicot-grupos-pro-palestinos-1708898.html

Por otro lado, el boicot que propone el BDS me parece inteligente, porque plantea distintos niveles: Empresas que son totalmente NO, algunas que es mejor evitar si es posible, y las que no tienen relación, al menos directa, con Israel. Consideran que usan criterios de selección de empresas objetivo del boicot del BDS calculando en el nivel de complicidad (basado en una investigación precisa y convincente que demuestre la complicidad), Interseccionalidad (relevancia transversal de la empresa objetivo), el Reconocimiento de marca y atractivo mediático (ayuda a llegar a un público más amplio), y el Potencial de éxito.https://bdsmovement.net/es/Guide-to-BDS-Boycott
Y se aprenden cosas. Por ejemplo, yo no sabía que la Pepsi es más peligrosa que la Coca-Cola políticamente (¡cuántas fiestas habremos organizado el PCE vendiendo solo Pepsi, para boicotear a Coca-Cola!). No sabía que Burguer King era tan agresivo, etc.
Y lo más triste: ahora mismo, con las fuerzas que hay, no se me ocurre nada mejor que hacer por Gaza, la verdad.

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2. El estilo literario de Marx.

No es un tema que me interese especialmente, pero me ha parecido curioso.

https://www.contretemps.eu/style-marx-extrait-vincent-berthelier/

La obra de Karl Marx nos recuerda los gruesos volúmenes de El capital, los múltiples libros, artículos y contribuciones, las miles de páginas escritas por el revolucionario del siglo XIX, que a algunos les parece aburrido. Nada más lejos de la realidad. Porque Marx también tiene un estilo propio, hecho de imágenes concretas, fórmulas y giros llamativos que dan cuerpo y sustancia tanto a su sistema conceptual como a las polémicas que lo enfrentan a sus adversarios. Este estilo constituye el armazón lingüístico y sensible de su pensamiento, cuya riqueza presenta aquí Vincent Berthelier, insistiendo en la singularidad de la escritura marxiana.

Vincent Berthelier, Le style de Marx, Éditions Sociales, 2025, 200 p., 20 euros

Introducción

No todo el mundo ha tenido la suerte de leer a Karl Marx. Pero ¿quién no tiene en mente su figura, la de un hombre de mirada serena, ennoblecido por la edad y con una monumental barba blanca? Esa barba, realzada por un bigote que se mantuvo negro, evoca fácilmente la de un patriarca bíblico o la de un Papá Noel venido a ofrecer a la humanidad un futuro prometedor (la expresión no es suya, por cierto). Una reciente portada de la revista alemana Der Spiegel lo representaba incluso como un hipster con los brazos cubiertos de tatuajes[1].

En la segunda mitad del siglo XIX, los hombres llevaban barba con gusto: pensemos en Bakunin, Víctor Hugo o nuestros olvidados presidentes de la Tercera República. Entonces, ¿qué interés tiene detenerse en la de Marx, por imponente que fuera? Una anécdota, para empezar: en febrero de 1882, el anciano Marx desembarca en Argel, donde tiene previsto quedarse por motivos de salud. En abril, escribe a su amigo Friedrich Engels: «Debido al sol, me he deshecho de mi barba de profeta y de mi peluca, pero (como mis hijas me prefieren así) me he hecho fotografiar antes de sacrificar mi cabello en el altar de un barbero argelino[2]». La imagen del «profeta» barbudo es, por tanto, la última fotografía que Marx dejó voluntariamente a la posteridad, un año antes de morir en 1883.

Al ver en esta fotografía su mirada sonriente y su aire bonachón, cuesta creer que se tomara muy en serio el papel de «Señor Profeta», como se autodenomina en otra carta[3]. Los aficionados al psicoanálisis podrán comentar la castración simbólica que representaba ese afeitado y la función reparadora de una fotografía de este tipo, que, en cualquier caso, no estaba destinada a salir del ámbito familiar. Los historiadores observarán que los retratos de Marx que mostraba la propaganda de los «socialismos reales» son mucho más austeros[4]. Pero durante mucho tiempo inspiraron la iconografía y la simbología revolucionaria: ¿acaso la CIA no montó una operación especial para atentar contra la barba de Fidel Castro[5]?

Las características capilares del ciudadano Karl Marx parecen contingentes, anecdóticas, insignificantes. Sin embargo, es la primera imagen que tenemos de él, la que también percibieron los numerosos visitantes que recibía en su domicilio de Londres. Kautsky, el futuro líder de la socialdemocracia alemana, destacaba la diferencia entre el dandy Engels, «siempre impecablemente vestido», y Marx, «un patriarca muy digno», pero poco preocupado por las convenciones[6]. No sin razón, Deleuze invitaba a imaginar «un Marx filosóficamente imberbe[7]». La barba abundante, símbolo a la vez de sabiduría, virilidad demiúrgica y rebelión, formaba parte integrante de Marx, de los papeles que desempeñaba o fingía desempeñar, de la impresión exterior que deseaba dar, de su manera de ser, en definitiva, de su estilo.

La apuesta que hago en este libro es tomar en serio, en la medida de lo posible, el estilo de Marx; no tanto el estilo exterior del hombre[8], bastante comentado por los testigos de la época y los biógrafos, como el estilo de su obra. La forma de escribir de Marx podría parecer insignificante en comparación con sus ideas, conceptos y compromisos; sin embargo, al leer a Marx, lo primero que nos viene a la mente son las palabras, las frases, las expresiones y las imágenes.

La función de este trabajo es triple. En primer lugar, esclarecer lo mejor posible las relaciones entre la letra y el pensamiento, y discernir en qué medida el estilo de Marx es el simple producto de los hábitos literarios de su entorno y su época, o por el contrario el esqueleto inseparable de su carne teórica. Algunas de las fórmulas más memorables del pensador provienen, de hecho, de otras fuentes: «la religión es el opio del pueblo» (tomada de Kant y Hegel[9]); «los grandes acontecimientos históricos se repiten dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa» (tomada de Hegel y Engels), etc. No hay nada aquí que pueda chocar con el marxismo, que es una acusación implacable contra el individualismo metodológico, y es natural que el estilo de Marx sea producto de su entorno, más que la invención singular de un individuo genial.

A continuación, se trata de rehabilitar la escritura de Marx, mucho menos aburrida de lo que algunos han pretendido. Pienso, entre otras cosas, en la broma de Pierre Desproges: «¿Has intentado leer El capital? Es aburrido. ¿El capital? Es como la guía telefónica, pasas tres páginas y lo dejas[10]». Sin embargo, es también por su fuerza verbal por lo que un libro como el Manifiesto del Partido Comunista es uno de los más leídos del mundo.

Por último, este libro quiere ofrecer al lector francés una síntesis de los estudios ya existentes sobre la cuestión. En efecto, el tema no es nuevo, pero casi todos los textos que se le han dedicado no están disponibles en francés, a excepción de un artículo muy antiguo de Franz Mehring sobre la metáfora, otro más sustancioso de Marc Angenot y Darko Suvin sobre el Manifiesto, una nota de Alain Lhomme que traza las pautas de una estilística marxista[11], y diversos prólogos a las obras de Marx que a veces evocan los rasgos lingüísticos de sus tratados económicos o de su correspondencia[12]. El público francés no tiene acceso a la monografía fundacional (aunque un poco anticuada) de Ludovico Silva, traducida a varios idiomas y recientemente al inglés[13], ni a la obra de Siegbert S. Prawer sobre Marx y la literatura mundial[14], ni a las recopilaciones colectivas[15] y a las decenas de artículos publicados en el mundo anglosajón y en Alemania (incluso en la antigua RDA), que se mencionarán en la bibliografía al final del volumen.

¿No corre el riesgo una empresa de este tipo de reducir a Marx, su compromiso revolucionario y su crítica radical de las relaciones sociales capitalistas a cuestiones literarias, a sutilezas estéticas en el peor sentido de la palabra? ¿No es neutralizar El capital proponer leerlo como una novela victoriana, una novela policíaca, una reescritura de Dante o de Tristram Shandy[16]?

«Leer El Capital como literatura es como leer la Biblia como literatura: el texto ha sido tratado como un texto sagrado durante tanto tiempo y por tanta gente que tal enfoque suscita una profunda desconfianza en ciertos círculos, sobre todo si se tiene en cuenta la desconfianza que desde hace tiempo suscita el análisis «formalista» por parte del propio marxismo[17]».

Del mismo modo que los museos occidentales exponen ahora sin temor el arte soviético, durante mucho tiempo denostado por su fealdad y su kitsch, alabar las cualidades estilísticas de Marx parecería el último homenaje del vicio a la virtud y de la burguesía a la subversión neutralizada.

Ante este peligro, evocaré la hipótesis que guió a Prawer: a las tres fuentes del marxismo mencionadas por Engels (la filosofía alemana, el socialismo francés y la economía inglesa), se podría añadir la literatura clásica[18]. De hecho, gran lector de Cervantes, Shakespeare, Heine o Balzac, Marx nunca descuidó ni la literatura (recordemos sus intentos como poeta, en los que no me detendré[19]), ni las cuestiones de estilo. Si bien desprecia a los charlatanes, a los «estilistas pretenciosos[20]» y la fraseología, no por ello dejaba de ser un censor riguroso, que corregía el estilo de sus colaboradores y el suyo propio cuando dirigía una revista, y que ridiculizaba el de sus adversarios cuando se dedicaba a la panfletería (capítulos enteros de La Santa Familia —no los más interesantes, sin duda— están constituidos por críticas de este tipo).

Dejando de lado estos hábitos puristas heredados de su educación[21], si la dimensión literaria destaca tanto en la obra de Marx, siempre que se le preste la atención suficiente, es porque su estilo acompaña constantemente al pensamiento, incluso lo precede. En su escritura, en sus formulaciones, en sus imágenes, ya hay un razonamiento implícito, que no siempre se revela por completo y que tal vez encierra algunos de los nudos y los impensados de la filosofía marxista. Sin embargo, si esta hipótesis no se verificara o no resultara convincente, este trabajo siempre habrá servido para que los literatos y los dandis lean a Marx, lo cual no les hará ningún daño.

Plan de la obra

El primer capítulo tratará del material mismo con el que se forja el estilo: la lengua, o más bien las lenguas, de Marx. Los capítulos siguientes, dedicados a los rasgos estilísticos más destacados de la obra, están organizados por figuras, siguiendo la tradición retórica: figuras de construcción (inversión y repetición), de enunciación (cita y polifonía), de pensamiento (ironía) y de sentido (metáforas). La naturaleza de los rasgos estilísticos abordados permite comprender que el estudio estilístico de un escritor en lenguas extranjeras es, en realidad, un obstáculo muy secundario. El último capítulo ampliará la perspectiva a la arquitectura general de las obras y a los tipos de lectura que estas proponen. Como el buho de Minerva solo sacude sus plumas al caer la noche, volveré, al final del recorrido, sobre lo que hay que entender por estilo —un concepto cuya eminente plasticidad exige un enfoque inductivo— y sobre lo que significa convertirlo en el de Marx.

Extracto del capítulo 5: El velo, la escena, el topo: algunos desvíos metafóricos

El pensamiento subterráneo

En El Dieciocho Brumaire, además de un análisis del golpe de Estado, Marx ofrece un complemento a su teoría de la revolución: esta no es solo la consecuencia de una evolución de las fuerzas productivas que entran en contradicción con los marcos sociales anteriores, sino que está dirigida por actores que desempeñan un papel extraído de un imaginario colectivo, a veces preexistente (los revolucionarios de 1789 interpretan a los romanos de la República), a veces aún por inventar, como es el caso de la futura revolución comunista. Como sus roles aún están por escribir, la revolución toma caminos tortuosos para llegar a su objetivo y, a veces, parece ir por mal camino o avanzar a ciegas. Marx ilustra estos elementos con una imagen muy realista, en todos los sentidos de la palabra: el topo. En este caso, la revolución de 1848 parece haber reforzado el poder del ejecutivo al llevar a Bonaparte al poder; pero el topo simboliza el trabajo invisible de socavamiento que ha realizado:

«[La revolución] perfecciona el poder ejecutivo, lo reduce a su expresión más pura, lo aísla, lo coloca frente a ella como un único objetivo para concentrar todas sus fuerzas destructivas contra él. Y cuando esta segunda mitad de su trabajo preparatorio haya sido completada, Europa saltará de su asiento y exclamará: «¡Bien cavado, viejo topo[22]!».

La imagen del topo está tomada de Shakespeare, en el primer acto de Hamlet: el fantasma del rey asesinado, pidiendo venganza, aparece sucesivamente en diversos lugares de la escena, como si se moviera bajo el suelo[23]. La réplica de su hijo Hamlet es una intrusión de lo cómico en la tragedia, al igual que en Marx es una intrusión del optimismo revolucionario en un momento de confusión política.

Encontramos otra referencia al topo[24] en un discurso pronunciado en 1856 en el banquete del People’s Paper. Volviendo sobre las revoluciones de 1848, el discurso retoma un enigma inquietante: la coexistencia, por un lado, de las formidables revoluciones de la ciencia y la técnica y, por otro, el embrutecimiento de los trabajadores modernos y la impresión de decadencia generalizada que emana de ellos.

«Algunos partidos pueden lamentarse por ello; otros pueden desear deshacerse de las técnicas modernas para deshacerse de los conflictos modernos. O pueden imaginar que un progreso significativo en la industria debe ir acompañado de un retroceso igualmente significativo en la política. Por nuestra parte, no nos equivocamos sobre la forma del espíritu astuto que sigue marcando todas estas contradicciones. […] En los signos que desconciertan a la clase media, a la aristocracia y a los pobres profetas de la regresión, reconocemos a nuestro valiente amigo Robin Goodfellow, el viejo topo que puede trabajar tan rápido en la tierra, ese valiente pionero: la Revolución[25]».

Una vez más, el topo es una metáfora de la Revolución, cuya labor subterránea va en contra de los signos aparentes. Es una metáfora hegeliana, no solo porque Marx la toma prestada de Shakespeare a través de Hegel[26], sino porque, en un sentido más amplio, el topo ilustra el curso de la historia, que avanza, pero avanza a ciegas, de forma discontinua, con (como en Hegel) aparentes retrocesos. Pero, a diferencia de Hegel, que relaciona al topo con imágenes más nobles, Marx lo reduce a lo prosaico. De ahí viene la mezcla de referencias: se parte de la tragedia de Hamlet para llegar al faceta Puck (Robin Goodfellow) de El sueño de una noche de verano.

Para Peter Stallybrass, la imagen cómica del topo es una forma de resolver simbólicamente un problema teórico: por un lado, las revoluciones se hacen a partir (de los trajes) del pasado. Por otro lado, la revolución proletaria, acontecimiento puro y ruptura radical con el orden presente, es irrepresentable. La solución encontrada por Marx es, por tanto, reproducir el gesto subversivo de Hamlet y cambiar los trajes antiguos por una forma irreverente. Así como Hamlet es el retrato de su padre (que se le aparece con su traje más digno, con armadura), pero se refiere a él llamándolo «viejo topo», la revolución proletaria toma la forma de un topo y un duende, dos figuras de la indeterminación[27].

El topo merece que nos detengamos en él, no solo porque es una forma optimista, irreverente y hegeliana de representar la revolución, sino porque proporciona un modelo mucho más amplio para pensar la historia, la economía o las ciencias:

«[…] las ciencias, cuyo curso histórico solo conduce al punto de partida efectivo tras mil rodeos y meandros. A diferencia de otros arquitectos, la ciencia no solo dibuja castillos en España, sino que construye algunos pisos habitables antes de colocar la primera piedra del edificio[28]».

Estamos muy lejos aquí de la metáfora arquitectónica rígida y binaria de la base y la superestructura; pero no tan lejos del topo que excava su laberinto bajo los cimientos posibles[29]. Un poco más adelante en la Contribución, la ciencia pasa de ser comparada a comparante, pero siempre según el mismo esquema subterráneo:

«Así como en la espalda de los alquimistas, cuando querían hacer oro, nacía la química, así también, en la espalda de los poseedores de mercancías, cuando persiguen su figura encantada [el oro], nacen las fuentes de la industria mundial y del comercio mundial[30]».

El progreso científico por el cual una falsa ciencia se convierte en ciencia tiene algo de mágico, de alquímico; lo mismo ocurre con el hecho de que la acumulación de oro da lugar al mercado mundial, incluso antes de ser una moneda mundial. Marx analiza no solo las ilusiones que tienen una eficacia social, sino también los procesos invisibles que escapan a quienes los llevan a cabo. Incluso la teoría del valor de Marx, ese valor siempre presente y activo en las relaciones económicas, sin manifestarse nunca directamente en los precios visibles, forma parte de este pensamiento subterráneo. Ampliamente comentada como alegoría de la revolución y marca del teleologismo de Marx[31], la mole es sobre todo la alegoría de un pensamiento materialista y dialéctico que se distingue del empirismo.

Notas

[1]« Hatte Marx doch recht? », Der Spiegel, n.º 1, 2023.

[2]Carta a Engels del 28 de abril de 1882, citada por Marcello Musto, Les Dernières Années de Karl Marx : une biographie intellectuelle 1881-1883, A. Burlaud (trad.), París, Presses universitaires de France, 2023, p. 218.

[3]Carta a Engels del 27 de junio de 1867, en Karl Marx y Friedrich Engels, Correspondencia, G. Badia y J. Mortier (trad.), París, Éditions sociales, 1981, t. VIII (enero de 1865-junio de 1867), p. 401.

[4]Marcello Musto, Les Dernières Années de Karl Marx, op. cit., p. 218. Véase, a modo de comparación, el busto que le hizo su bisnieto, el escultor Karl-Jean Longuet, que participa de la misma mitología del genio de frente fecunda y mirada visionaria.

[5]François Bougon, «Ces 638 fois où la CIA a voulu se débarrasser de Fidel Castro», Le Monde, 26 de noviembre de 2016.

[6]Citado por Marcello Musto, Les Dernières Années de Karl Marx, op. cit., p. 40.

[7]Gilles Deleuze, Diferencia y repetición, París, Presses universitaires de France, 1968, p. 4.

[8]Una de las concepciones extraliterarias más interesantes del estilo fue elaborada por Giorgio Agamben, «Per un’ontologia dello stile», en L’uso dei corpi, Vicenza, Neri Pozza, 2014, pp. 286-297. Se encuentra una reformulación en Marielle Macé, Styles : critique de nos formes de vie, París, Gallimard, 2016. Véase también el concepto de «postura» en Jérôme Meizoz, L’œil sociologue et la littérature, Ginebra, Slatkine Érudition, 2004.

[9]Véase Paul Clavier, «La religion, opium du peuple ? La réfutation pratique de la religion selon Karl Marx», en C. Bouriau, Y. Meessen y F. Larminach (dir.), Philosophie et religion : nouvelles approches, Nancy, Éditions de l’université de Lorraine, 2023, pp. 35-47.

[10]Pierre Desproges, Textes de scène, París, Seuil, 1988, p. 62. Véase más abajo, el capítulo 7.

[11]NB: Utilizaré, según el uso habitual, el adjetivo «marxiano» para referirme directamente a Marx, mientras que «marxista» se refiere al marxismo como corriente política e ideológica.

[12]Franz Mehring, «Karl Marx et l’allégorie», en D. Riazanov (dir.), Karl Marx, homme, penseur et révolutionnaire, París, Éditions sociales internationales, 1928, pp. 64-69; Marc Angenot y Darko Suvin, « L’implicite du manifeste : métaphores et imagerie de la démystification dans le «manifeste communiste» », Études françaises, vol. 16, n.º 3-4, 1980, pp. 43-67; Alain Lhomme, «Le style de Marx», Question Marx, en línea, 27 de enero de 2012. En cuanto a los prólogos, cabe mencionar los de los editores de Karl Marx y Friedrich Engels, Correspondance, G. Badia y J. Mortier (trad.), facsímil de los dos primeros volúmenes, París, Les éditions sociales, 2019, tomos 1 y 2 (1835-1851), de Karl Marx, Contribution à la critique de l’économie politique, G. Fondu y J. Quétier (trad.), París, Les éditions sociales, 2014, p. 17-24, de Karl Marx, El capital. Critique de l’économie politique, libro 1 (1867), J.-P. Lefebvre (trad.), París, Les éditions sociales, 2022, o las numerosas citas del Manifiesto: por Émile Bottigelli (Karl Marx y Friedrich Engels, Manifeste du parti communiste (1848), G. Raulet (ed.), É. Bottigelli (trad.), París, Flammarion, 1999), por Umberto Eco (Karl Marx y Friedrich Engels, El Manifiesto del Partido Comunista, F. Brière (trad.), París, 10/18, 2004), o, la más reciente, por Éric Vuillard (Karl Marx y Friedrich Engels, Manifeste du parti communiste (1848), G. Cornillet (trad.), París, Les éditions sociales, 2023).

[13]Ludovico Silva, El Estilo literario de Marx, México, Siglo XXI, 1971. Traducción al inglés: Ludovico Silva, Marx’s Literary Style, P. B. Núñez (trad.), Londres, Verso Books, 2023.

[14]Siegbert S. Prawer, Karl Marx and World Literature, Londres, Oxford University Press, 1976.

[15]Cabe citar, entre otros: Samir Gandesha y Johan F. Hartle (eds.), Aesthetic Marx, Londres, Bloomsbury Academic, 2017; Michael Bies y Elisabetta Mengaldo (eds.), Marx konkret: Poetik und Ästhetik des Kapitals, Gotingena, Wallstein Verlag, 2020.

[16]Véase Anna Kornbluh, «London, Nineteenth Century, Capital of Realism: On Marx’s Victorian Novel», en Realizing Capital, Nueva York, Fordham University Press, 2014, pp. 113-136, William Clare Roberts, Marx’s Inferno: The Political Theory of Capital, Princeton, Princeton University Press, 2017 y Francis Wheen, Marx’s Das Kapital: a biography, Londres, Atlantic, 2006, p. 42. En cuanto a la novela policíaca, la sugerencia (mucho más pertinente) fue hecha por Alix Bouffard en el programa de France Culture «Grande traversée: Karl Marx l’inconnu» (episodio 4: «Dans l’antre du Capital»), del 23 de julio de 2020.

[17]Duncan Large, «Karl Marx’s Shandean Humour: Scorpion und Felix and its Aftermath», en K. Viewig, J. Vigus y K. M. Wheeler (eds.), Shandean humour in English and German literature and philosophy, Londres, Routledge, 2013, p. 110-123.

[18]S. S. Prawer, Karl Marx and World Literature, op. cit., p. 82.

[19]Véase Karl Marx, Poésies, H. Fleury, É. Lohr y G. Lohr (trad.), Montreuil, l’Insomniaque, 2014 y Marcel Ollivier, Marx et Engels poètes romantiques, París, Spartacus, 2014.

[20]Sobre Chateaubriand, en su carta a Engels del 26 de octubre de 1854 (Karl Marx y Friedrich Engels, Correspondencia, G. Badia y J. Mortier (ed.), París, Éditions sociales, 1974, t. IV (julio de 1853-junio de 1857), p. 168).

[21]Sobre el Marx purista, véase lo que dice Liebknecht (Paul Lafargue y Wilhelm Liebknecht, Souvenirs sur Marx, París, Éd. du Sandre, 2008, pp. 37-39).

[22]Karl Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, op. cit., p. 187.

[23]Hamlet: «Bien dicho, viejo topo. ¿Tan rápido trabajas en la tierra? / ¡Un pionero digno!» (acto I, escena 5, en William Shakespeare, Hamlet, Harold Jenkins (ed.), Londres, Thomson Learning, 2005, p. 225).

[24]Aparte de su uso en los manuscritos preparatorios de la tesis de Marx: «el topo del verdadero saber filosófico que nunca cesa en su trabajo» (Karl Marx, Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro, J. Ponnier (trad.), Burdeos, Ducros, 1970, p. 198).

[25]Karl Marx, « Fourth Anniversary Banquet of The People’s Paper », art. citado. Traducción mía.

[26]En Hegel (en Leçons sur l’histoire de la philosophie, III, 3, cap. E: «Résultat final»), el topo es una imagen del Espíritu. Véase Martin Harries, «Homo Alludens: Marx’s Eighteenth Brumaire», New German Critique, n.º 66, 1995, pp. 35-64; David Farrell Krell, «The Mole: Philosophic Burrowings in Kant, Hegel, and Nietzsche», boundary 2, vol. 9/10, 1981, pp. 169-185; Margreta de Grazia, «Teleology, Delay, and the «Old Mole»», Shakespeare Quarterly, vol. 50, n.º 3, 1999, pp. 251-267.

[27]Peter Stallybrass, ««Well grubbed, old mole»: Marx, Hamlet , and the (un)fixing of representation», en J. E. Howard y S. C. Shershow (dir.), Marxist Shakespeares, Londres, Routledge, 2000, p. 16-30. Para Martin Harries, este dilema se resuelve gracias a la alusión: «Marx recomienda olvidar el pasado, pero el lenguaje tomado prestado de esta recomendación proporciona un incentivo indirecto para indagar en las fuentes históricas de este lenguaje. La alusión obliga a reconocer los usos que un discurso encuentra en el pasado, incluso la genealogía de una frase». (Martin Harries, «Homo Alludens», art. cit., p. 61)

[28]Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política, op. cit., p. 98.

[29]Para Kant, las galerías de topos de la metafísica impiden construir un edificio filosófico sólido (Crítica de la razón pura, «Dialéctica trascendental. Las ideas en general»).

[30]Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política, op. cit., p. 183.

[31]Daniel Bensaïd, «Revolutions: Great and Still and Silent», en Mike Haynes y Jim Wolfreys (dir.), History and Revolution. Refuting revisionism, Londres, Verso, 2007.

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3. Relectura de El Capital (5).

La quinta y última parte de la relectura de Formenti de los libros II y III de El Capital.

https://socialismodelsecoloxxi.blogspot.com/2025/05/rileggere-marx-appunti-sui-libri-ii-e_14.html

Releer a Marx

Apuntes sobre los libros II y III de El Capital

5. Crisis, centralización, caída de la tasa de ganancia

Analizaré la contribución de Marx al análisis de las crisis capitalistas partiendo de la siguiente premisa: en mi opinión, no es posible derivar de El capital un modelo monocausal del fenómeno, aunque se ha intentado hacerlo atribuyendo, en cada caso, la caída de la tasa de ganancia a la sobreproducción, el subconsumo, las turbulencias financieras, etc. Mi tesis es que, si bien los motivos de las crisis varían según el período histórico en que se producen, todas ellas están asociadas a dos características estructurales del modo de producción capitalista que se encuentran «por encima» de las causas contingentes: el carácter «anárquico» de este modo de producción, es decir, la ausencia de una programación racional del proceso global de reproducción social, y la necesidad de garantizar a toda costa la continuidad del ciclo global del capital, so pena de ruina.

Comienzo por este último tema, que Marx trata en los cuatro primeros capítulos del Libro II («El ciclo del capital dinero», «El ciclo del capital productivo», «El ciclo del capital mercancía», «Las tres figuras del proceso cíclico»). En la página 83 del capítulo I leemos (el subrayado es mío): «El proceso cíclico del capital es, por lo tanto, unidad de circulación y producción; incluye tanto lo uno como lo otro. En cuanto que las fases D-M, M’-D’ son actos circulatorios, la circulación del capital forma parte de la circulación general de las mercancías; pero, en cuanto que son secciones funcionalmente determinadas, etapas del ciclo del capital que pertenece no solo a la esfera de la circulación, sino también a la esfera de la producción, el capital [dinero] describe dentro de la circulación general de las mercancías un ciclo propio. En la primera etapa, la circulación general de las mercancías le permite revestirse de la forma en la que puede funcionar como capital productivo; en la segunda, le permite despojarse de su función de mercancía, en la que no puede renovar su ciclo, y al mismo tiempo le abre la posibilidad de separar su propio ciclo de capital de la circulación de la plusvalía que se le ha adherido. El ciclo del capital-dinero es, por lo tanto, la forma fenomenológica más unilateral, y por lo tanto la más evidente y característica del ciclo del capital industrial, cuyo fin y motivo animador —la valorización del valor, la creación de dinero, la acumulación— se representa en él de manera que salta a la vista». Por cierto, subrayo que estas líneas expresan, con otras palabras, el mismo concepto de otro pasaje en el que Marx escribe que, para el capitalista, la forma ideal de actividad es la sintetizada por la fórmula D-D, es decir, la creación de dinero mediante el dinero, mientras que la fase productiva del ciclo es solo un medio necesario, un estorbo del que no puede prescindir para alcanzar su verdadero objetivo. Tengamos presente este punto crucial y sigamos adelante.

En la página 100 (estamos en el capítulo II, dedicado al ciclo del capital productivo), Marx, razonando sobre la posibilidad de que la metamorfosis D-M, que preludia la adquisición de los recursos necesarios para iniciar el proceso productivo, tropiece con algún obstáculo, como, por ejemplo, una escasez de medios de producción en el mercado, escribe que, en este caso, «el flujo del proceso de reproducción se interrumpe, exactamente igual que cuando el capital permanece inmóvil en forma de capital mercancía [es decir, en caso de falta de salidas al mercado]. La diferencia, sin embargo, es la siguiente: puede persistir en forma de dinero durante más tiempo que en la forma transitoria de mercancía. No deja de ser dinero cuando no funciona como capital dinero, pero deja de ser mercancía y, en general, valor de uso, cuando se retiene demasiado tiempo en su función de capital mercancía».

 

Con esto llegamos al punto crucial que Marx resume al comienzo del capítulo IV («Las tres figuras del proceso cíclico»): «La continuidad es el signo característico de la producción capitalista» (p. 132), desarrollando aún más el concepto en la página siguiente: «Todas las partes del capital recorren en orden el proceso cíclico, ocupando simultáneamente diferentes etapas del mismo. Así, el capital industrial, en la continuidad de su ciclo, se encuentra simultáneamente en todas sus etapas y en las diferentes formas de función que les corresponden (…) El ciclo real del capital industrial en su continuidad (subrayado mío) es, por lo tanto, no solo la unidad del proceso de circulación y del proceso de producción, sino la unidad de sus tres ciclos». Y es precisamente en el binomio unidad-continuidad del ciclo donde se esconde la semilla de la crisis: «Cualquier interrupción en la sucesión de las partes perturba su yuxtaposición; cualquier interrupción en una etapa provoca una interrupción más o menos grave en todo el ciclo, no solo de la parte del capital que se ha detenido, sino de la totalidad del capital individual» (p. 134). Dicho esto, y por incidencia, que uno de los factores que pueden provocar una interrupción son las luchas obreras (1), hay que aclarar que lo que acabamos de leer vale tanto para el capital individual como para el capital total, ya que «la producción capitalista existe y puede seguir existiendo solo mientras el valor capital se valoriza, es decir, describe su proceso cíclico como valor que se ha vuelto autónomo; mientras, por lo tanto, las revoluciones de valor se superen y compensen de alguna manera (subrayado mío) (p. 136).

 

La necesidad de garantizar la continuidad del proceso de valorización, junto con la ausencia de regulación social de la producción, hace que pueda ocurrir, incluso cuando la producción funciona a pleno rendimiento, que «una gran parte de las mercancías solo haya entrado aparentemente en el consumo [mientras que] en realidad permanece sin vender (…) se encuentra, de hecho, todavía en el mercado. El flujo de mercancías sigue al flujo de mercancías, hasta que ocurre que el flujo pasado solo parece haber sido absorbido por el consumo. Los capitales mercancías se disputan entre sí el lugar en el mercado. Para vender, los últimos en llegar venden por debajo del precio [se ven obligados a] vender a cualquier precio para poder pagar. Esta venta no tiene absolutamente nada que ver con el estado real de la demanda: solo tiene que ver con la demanda de pago, con la necesidad absoluta de convertir la mercancía en dinero. Entonces estalla la crisis» (Libro II, pp. 102-103).

 

Hablamos, pues, de sobreproducción, cuya otra cara es el subconsumo, sobre el que Marx escribe (Libro II, p. 101): «para la clase capitalista, la existencia constante de la clase obrera es necesaria [no solo para producir plusvalía, sino porque] también es necesario el consumo (…) del trabajador»; concepto que en el Libro III (p. 610) profundiza así: «la capacidad de consumo de los obreros está limitada tanto por las leyes del salario como por el hecho de que solo se les emplea mientras es posible emplearlos con beneficio»; para concluir poco después que «La causa última de toda crisis verdadera sigue siendo siempre la miseria y la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si su límite fuera únicamente la capacidad de consumo absoluta de la sociedad». La contradicción entre la sed absoluta de ganancias del capitalista y la capacidad de consumo limitada de las masas nos hace comprender que la sobreproducción es siempre relativa, como Marx reitera en este largo pasaje: «No es que se produzcan demasiados medios de subsistencia en relación con la población existente. Al contrario. Se producen muy pocos para satisfacer de manera decente y humana a la masa de la población (…) periódicamente se producen demasiados medios de trabajo y medios de subsistencia para que funcionen como medios de explotación de los trabajadores con un determinado índice de ganancia. Se producen demasiadas mercancías para poder realizar, en las condiciones de distribución y en las relaciones de consumo dadas por la producción capitalista, el valor que contienen y la plusvalía que encierran, y reconvertirlos en nuevo capital (…) No es que se produzca demasiada riqueza. Es que se produce periódicamente demasiada riqueza en su forma contradictoria capitalista». (Libro III, pp. 329-330)

 

En resumen: el carácter anárquico del modo de producción capitalista genera la desmesura de la producción; la consecuencia de la desmesura es la posibilidad de que se produzcan interrupciones en la continuidad del ciclo de acumulación; la interrupción genera la crisis que, en los pasajes recién citados, adopta la forma de la sobreproducción, que sin embargo no es la causa, sino el efecto de las contradicciones estructurales del modo de producción.

Sin embargo, la interrupción del ciclo también puede ser provocada por otros factores. Al comienzo del capítulo XXVI del libro III («Acumulación del capital monetario y su influencia en la tasa de interés», pp. 525 y ss.), Marx cita el siguiente extracto del volumen The Currency Theory reviewed (1845): «En Inglaterra se produce una acumulación constante de riqueza adicional [gran parte de la cual era presumiblemente fruto del saqueo de la India y otras colonias, NdA], que tiende finalmente a adoptar la forma de dinero.Pero después de la aspiración de ganar dinero, el deseo más ardiente es deshacerse de él en esta o aquella forma de inversión que produzca un interés o un beneficio; ya que el dinero como tal no produce riqueza (subrayado mío)».

 

Aquí se confirma la tesis marxista según la cual la plusvalía congelada en el tesoro «constituye capital monetario latente, porque mientras persiste en forma de dinero, no puede desempeñar funciones de capital» (Libro II, pp. 104-105). Pero aún más sorprendente es la actualidad de estas líneas, que podríamos haber leído en un periódico estadounidense a principios del siglo XXI, poco antes de la explosión de la burbuja especulativa de las hipotecas subprime. Sabemos, en efecto, que a partir de los años ochenta del siglo XX, las enormes masas de dinero que afluyeron a Estados Unidos desde todas partes del mundo, también como consecuencia del desacoplamiento del dólar del oro, tenían dificultades para encontrar empleos rentables en el sector industrial, lo que provocó una aceleración monstruosa del proceso de financiarización. Estas situaciones de «plétora de capital monetario» están destinadas, según Marx, a aumentar «a medida que se desarrolla el crédito», empujando a la economía más allá de los límites inherentes al modo de producción capitalista, por lo que generan «exceso de comercio, exceso de producción, exceso de crédito» (Libro III, p. 637). Profecía que se confirmó de forma clamorosa en la segunda mitad del siglo pasado, cuando, agotado el impulso del crecimiento industrial, el exceso se concentró progresivamente en el sector financiero. Y como ni siquiera la finanza puede crecer infinitamente, se intentó desesperadamente hacerla crecer sobre sí misma, dilatando la economía del endeudamiento, las apuestas sobre el futuro, los títulos especulativos de alto riesgo, etc. Es decir, transformando la economía en una inmensa casa de apuestas, hasta que algunas apuestas demasiado arriesgadas —véase la titulización masiva de deudas incobrables— provocaron el colapso. El ciclo es siempre el mismo: el carácter anárquico del modo de producción genera la desmesura (en este caso financiera), la desmesura provoca la interrupción del ciclo, la interrupción provoca la crisis.

* * *

En la segunda parte de esta quinta y última etapa de nuestro viaje a través de los libros II y III de El capital, nos ocuparemos de la concentración y centralización del capital, así como de la llamada ley de la caída de la tasa de ganancia, fenómenos que, como veremos, Marx relaciona entre sí. Abordeemos el problema de la tasa de ganancia partiendo del concepto de composición orgánica del capital. «Un cierto número de obreros corresponde a una cierta cantidad de medios de producción; por lo tanto, una cierta cantidad de trabajo vivo a una cierta cantidad de trabajo ya objetivado en los medios de producción», escribe Marx (Libro III, p. 191), y continúa: «Esta relación es muy diferente en distintos ámbitos de la producción, a menudo en distintas ramas de una misma industria, aunque ocasionalmente pueda ser exactamente o casi la misma en ramas de la industria muy distantes entre sí. Esta relación constituye la composición técnica del capital y es la verdadera base de su composición orgánica». En conclusión, aunque se pueden dar, según el valor de los medios de producción puestos en movimiento por la fuerza de trabajo, diferencias más o menos grandes entre la composición técnica y la composición de valor, la definición completa del concepto que nos da Marx es la siguiente: «Llamamos composición orgánica del capital a su composición de valor, en la medida en que está determinada por su composición técnica y la refleja» (Libro III, p. 192).

A medida que aumenta la concentración del capital, se introducen nuevos medios de producción, el progreso tecnológico y científico alimenta el desarrollo incesante de la productividad del trabajo, se ponen en funcionamiento cantidades crecientes de máquinas por el trabajo vivo, «este aumento gradual del capital constante en relación con el capital variable tendrá necesariamente como resultado una caída gradual de la tasa de ganancia, aunque la tasa de plusvalía, es decir, el grado de explotación del trabajo por parte del capital, permanezca inalterada» (Libro III, p. 272). La ley que acabamos de enunciar, aclara Marx unas páginas más adelante, «no excluye en absoluto que la masa absoluta del trabajo puesto en movimiento y explotado por el capital social (…) crezca; tampoco excluye que los capitales sometidos al dominio de los capitalistas individuales dominen una masa creciente de trabajo y, por lo tanto, de plusvalía», ya que la disminución es relativa y no tiene nada que ver con la magnitud absoluta del trabajo y de la plusvalía puestos en movimiento, dado que: «La caída de la tasa de ganancia no se deriva de una disminución absoluta, sino de una disminución solo relativa de la parte variable del capital total, de su disminución en comparación con la parte constante» (Libro III, pp. 278-279).

La ampliación de la escala de producción y el aumento de la productividad del trabajo social hacen, por tanto, que «cada producto individual tomado por sí mismo contenga una suma de trabajo menor que en estadios inferiores de la producción» (Ibid., p. 273). Al mismo tiempo, la caída de la tasa de ganancia asociada al aumento de la productividad va acompañada de un aumento de la masa de ganancia. ¿Es esto suficiente para neutralizar los efectos de la ley? No, aunque Marx enumera una serie de contratendencias que frenan su progresión. El capitalista individual puede aumentar la tasa de plusvalía aprovechando ciertas invenciones antes de que se generalicen (pero tarde o temprano se generalizan y la tasa de plusvalía vuelve a nivelarse); el aumento de la superpoblación relativa «es inseparable del desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, que se expresa en la caída de la tasa de ganancia y es acelerado por ella» (Ibid., p. 303) y permite bajar los salarios por debajo de la media, lo que abarata tanto los elementos del capital constante como los medios de subsistencia (2), pero estos no pueden bajar más allá de un cierto límite y, por otra parte, «la compensación del número reducido de obreros gracias al aumento del grado de explotación del trabajo tropieza con límites insuperables; por lo tanto, si bien puede obstaculizar la caída de la tasa de ganancia, no puede anularla» (Ibid., p. 317).

 

Por último, Marx cita, entre los factores que actúan en contra de la ley, el comercio exterior (sobre todo colonial): «los capitales invertidos en el comercio exterior pueden proporcionar una tasa de ganancia más alta porque (…) aquí se compite con mercancías producidas en países con menores facilidades de producción, de modo que el país más avanzado vende sus mercancías por encima de su valor, aunque más barato que los países competidores»; y unas líneas más abajo, anticipa la tesis del intercambio desigual que desarrollarán después de la Segunda Guerra Mundial los teóricos del subdesarrollo (3): «La misma relación se puede establecer con respecto al país al que se exportan e importan mercancías: ocurre que este da en naturaleza más trabajo objetivado del que recibe y, sin embargo, obtiene la mercancía a un precio inferior al que podría producirla él mismo» (Ibid., p. 305); y en la misma página añade que los capitales invertidos en colonias «pueden proporcionar tasas de beneficio más elevadas, porque allí la tasa de beneficio es más alta debido al menor desarrollo industrial y, gracias al empleo de esclavos, coolies, etc., también es mayor la explotación del trabajo».

 

Volvamos al Libro II (Capítulo IV, «Las tres figuras del proceso cíclico», p. 136), donde leemos : «El proceso se desarrolla de forma totalmente normal si las relaciones de valor permanecen constantes; se desarrolla, en realidad, mientras las perturbaciones en la repetición del ciclo [las discontinuidades del propio ciclo] se compensan; cuanto mayores son las perturbaciones, mayor es el capital monetario que debe poseer el capitalista industrial para poder esperar la compensación; y como (…) la escala de todo proceso de producción se amplía, y con ella crece la magnitud mínima del capital que hay que anticipar, esa circunstancia se añade a las demás que transforman cada vez más la función del capitalista individual en un monopolio de grandes capitalistas monetarios, aislados o asociados». Mientras que en el capítulo XIV («El tiempo de circulación», p. 310) escribe, a propósito de las ventajas generadas por el desarrollo de grandes centros en los que convergen vías y medios de transporte: «Esta facilidad particular del tráfico y la rotación así acelerada del capital (…) determinan una concentración más rápida tanto del lugar de producción como del lugar de venta. Con la concentración tan acelerada de masas de hombres y capitales en determinados puntos, va de la mano la concentración de estas masas de capitales en pocas manos».

 

Así pues, los procesos de concentración y centralización se alimentan mutuamente, pero ¿cuál es su relación con la ley de la tendencia a la caída de la tasa de ganancia? Volvemos al Libro III (Capítulo XV «Desarrollo de las contradicciones intrínsecas a la ley», pp. 309 y ss.), donde encontramos la respuesta: «La acumulación acelera la caída de la tasa de ganancia, ya que implica la concentración del trabajo a gran escala, y por lo tanto una mayor composición orgánica del capital (…) La caída de la tasa de ganancia acelera a su vez la concentración del capital y su centralización mediante la expropiación de los capitalistas más pequeños y de los últimos restos de productores inmediatos…». (4).

Inmediatamente después, con un crescendo apremiante, el texto se precipita hacia la sentencia de muerte del modo de producción capitalista. He aquí la secuencia:

«La contradicción consiste en que el modo de producción capitalista encierra una tendencia al desarrollo absoluto de las fuerzas productivas (…) mientras que, por otro lado, tiene como objetivo la conservación del valor capital existente y su valorización en la medida más extrema (…) Su carácter específico es servirse del valor capital existente como medio para la valorización máxima posible de este valor. Los métodos con los que alcanza este objetivo comprenden: la disminución de la tasa de ganancia, la desvalorización del capital existente y el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo a expensas de las fuerzas productivas ya producidas».

«La desvalorización periódica del capital existente [que sirve para frenar la caída de la tasa de ganancia y acelerar la acumulación con la formación de nuevo capital] perturba (…) el proceso de circulación y reproducción del capital, y por lo tanto va acompañada de paradas repentinas y crisis del proceso productivo».

«La disminución del capital variable en relación con el capital constante (…) impulsa el aumento de la población obrera, al tiempo que crea continuamente una superpoblación artificial. La acumulación de capital (…) se ve frenada por la caída de la tasa de ganancia, para acelerar aún más la acumulación del valor de uso; a su vez, esto da a la acumulación considerada en términos de valor un ritmo acelerado».

«La producción capitalista tiende incesantemente a superar sus límites immanentes, pero solo los supera con medios que vuelven a oponerles, y a una escala más imponente, estos mismos límites».

Ergo: «El verdadero límite de la producción capitalista es el propio capital».

* * *

Llegados a este punto, debemos reconocer un hecho irrefutable: aunque las contradicciones del modo de producción capitalista descritas en El capital han encontrado innumerables confirmaciones históricas, su falta de solución no ha provocado la crisis terminal prevista del sistema. ¿A qué podemos atribuir esta predicción errónea? A continuación enumero las dos causas que considero determinantes: 1) la deformación perspectiva provocada por una concepción teleológica del proceso histórico, al que se atribuyen leyes inmanentes, automatismos «objetivos» que orientan sus supuestas tendencias fundamentales (aunque sabemos que en algunos textos tardíos Marx renegó de esta visión); 2) la descripción de la clase obrera como fuerza productiva del capital, desprovista de subjetividad autónoma, clase en sí y no para sí (una limitación que solo la teoría leninista del partido ha logrado subsanar). Por supuesto, también se podría citar la perspectiva eurocéntrica desde la que Marx observó la realidad mundial, subestimando la capacidad de resiliencia y resistencia de las clases, los pueblos y las culturas no europeas a la colonización por parte del modo de producción capitalista; así como se podría citar su descripción del proceso de socialización del capital como precursor de la transición a la sociedad de los productores asociados, un factor que ha sido explotado para justificar tanto el gradualismo reformista de los partidos socialdemócratas como los delirios obristas sobre el llamado «comunismo del capital», pero estos son límites imputables al contexto histórico en el que Marx se encontró para desarrollar su trabajo teórico. Dicho esto, voy a concluir este recorrido analizando las contribuciones de tres autores que han intentado llevar la teoría más allá de los límites que acabamos de mencionar, a saber, Rosa Luxemburg, el dúo Paul Baran y Paul Sweezy y Giovanni Arrighi.

 

* * *

En su ponderada obra La acumulación del capital (5), Rosa Luxemburg, además de reconstruir —y criticar— los esquemas de la reproducción simple y de la reproducción ampliada que Marx formula en la tercera sección («La reproducción y circulación del capital social total») del libro II de El capital, recorre las controversias teóricas sobre el tema que se han sucedido entre los economistas clásicos y otros autores contemporáneos a ella. No la seguiré en este accidentado recorrido, ni mucho menos en las complicadas argumentaciones lógico-matemáticas con las que la gran teórica y líder comunista intenta demostrar que los esquemas marxianos no funcionan. También porque, como ella misma observa acertadamente en su «Anticrítica», el apéndice en el que responde a los críticos que cuestionaban sus tesis, los esquemas matemáticos en sí mismos no pueden demostrar nada, ya que el propio Marx no los entendía como una demostración de sus teorías, sino como un modelo, un ejemplo de cómo pensaba que funcionaban los mecanismos de la reproducción social total. Mi crítica, argumenta Luxemburg, no se refiere tanto a los esquemas como al hecho de que su supuesto histórico es insostenible.

El verdadero quid de la cuestión, escribe, es el hecho de que: «En el II, al igual que en el I Libro de El capital, Marx parte del supuesto de que la producción capitalista es la única y exclusiva forma de producción» (6). Esto lo confirman las siguientes palabras de Marx (se trata de una cita del Libro I): «Para captar el objeto de la investigación en su pureza, libre de circunstancias perturbadoras accesorias, debemos considerar todo el mundo comercial como una nación y suponer que la producción capitalista se ha impuesto en todas partes y ha conquistado todas las ramas de la industria». El problema, comenta Luxemburg, es que la premisa de la que parte Marx «para captar el objeto de la investigación en su pureza» es manifiestamente falsa, porque en realidad, como todo el mundo sabe y como el propio Marx admite, añade Luxemburg unas líneas más abajo, la producción capitalista «no es en absoluto la única, ni su dominio es exclusivo y total (…) en todos los países capitalistas [incluso los más desarrollados] existen numerosas empresas artesanales y campesinas basadas en la producción simple de mercancías (…) también existen en Europa países en los que la producción campesina y artesanal sigue siendo predominante, como Rusia, los Balcanes, los países escandinavos y España. Por último (…) existen continentes gigantescos en los que la producción capitalista apenas ha comenzado a echar raíces en pequeños puntos dispersos, mientras que en el resto sus pueblos presentan todas las formas económicas posibles, desde la comunista primitiva hasta la feudal, la campesina y la artesanal» (7).

Es indiscutible que la observación que acabamos de citar era válida en la época en que la autora escribió. Pero, como hemos sostenido a nuestra vez en las páginas de este blog, analizando las tesis de Gabriele y Jabbour sobre la coexistencia de modos de producción (8), las de varios autores afromarxistas (9) y las de Giovanni Arrighi, inspiradas en la obra del gran historiador de la economía Fernand Braudel (10), su validez permanece intacta en nuestros días. Si la producción capitalista fuera compradora ilimitada de sí misma, es decir, si la producción y el mercado de salida se identificaran en un juego continuo de intercambios recíprocos entre sectores productivos de medios de producción y sectores productivos de medios de subsistencia, argumenta Luxemburg, las crisis periódicas no tendrían razón de ser, la acumulación capitalista sería un proceso ilimitado, exento de conflictos y contradicciones, y todo discurso sobre la necesidad de la transición al socialismo perdería sentido. Por el contrario, sabemos que esta armonía sistémica no existe, «que cada empresario produce a ciegas, en competencia con otros, y solo ve lo que tiene delante de sus narices (…) que la producción actual cumple su función como sonámbula, mediante un exceso o un defecto, en medio de continuas oscilaciones de precios y crisis» (11). Por otra parte, sabemos que la producción capitalista, «a pesar de sus diferencias con otras formas históricas de producción, tiene esto en común con ellas: que, aunque su fin determinante es, subjetivamente, el beneficio, objetivamente debe satisfacer las necesidades materiales de la sociedad» (12).

 

Anarquía de la producción, necesidad de satisfacer las necesidades materiales de la sociedad aumentando al mismo tiempo los beneficios: una contradicción que solo puede resolverse garantizando una continua ampliación de la producción, so pena de interrupciones catastróficas del ciclo. Para que el mecanismo se mantenga a pesar de sus contradicciones internas, es necesario que exista la posibilidad de una continua ampliación de las necesidades sociales: en nuestro almacén «deberemos encontrar también un tercer grupo de mercancías que no se destinan ni a la renovación de los medios de producción consumidos ni al mantenimiento de los obreros o de la clase capitalista, mercancías que contienen la plusvalía expropiada a los trabajadores, que representa el verdadero objetivo del capital: el beneficio destinado a la acumulación» (13).

La solución radica en el hecho de que, contrariamente al modelo imaginado por Marx, que se basa en el supuesto de que la producción capitalista es la única y exclusiva forma de producción, la acumulación capitalista se lleva a cabo en un entorno compuesto por diversas formas precapitalistas, por lo que «la producción capitalista cuenta con compradores de origen campesino y artesano de los antiguos pueblos y con consumidores de todos los demás, y a su vez no puede prescindir técnicamente de los productos de estas capas y pueblos (…) por lo que desde el principio se desarrolló entre la producción capitalista y su entorno no capitalista una relación de intercambio, en la que el capital encontró la posibilidad tanto de realizar su plusvalía con fines de una mayor capitalización en dinero, que de abastecerse de todas las mercancías necesarias para la ampliación de su producción, y que, por último, de absorber nuevas fuerzas de trabajo proletarizadas mediante la descomposición violenta de las formas de producción no capitalistas» (14).

Los argumentos teóricos de Rosa Luxemburg nunca han gustado a los economistas marxistas, ya que los consideran científicamente aproximados e «ideológicos». Sin embargo, es evidente que la teoría leninista del imperialismo (aunque Lenin criticó a su vez la obra de Luxemburg) encuentra aquí una amplificación que, por un lado, corrobora la tesis de la convergencia de intereses entre el proletariado de los países industrialmente avanzados y las masas de los países subdesarrollados, y por otro lado ofrece puntos de reflexión sobre la posibilidad de construir bloques de clase anticapitalistas dentro de los distintos países (no es casualidad que las tesis de Luxemburg hayan gozado de gran aceptación en los países de América Latina, donde la coexistencia de diferentes modos de producción es una realidad muy extendida). Tampoco es casualidad que sus ideas hayan gozado de la simpatía de autores como Paul Sweezy (que firmó la Introducción a La acumulación), quien inauguró una generación de teóricos marxistas que, en la posguerra, volvieron a reflexionar sobre el concepto de imperialismo.

 

Termino con una nota crítica: si Luxemburg tiene el mérito de haber puesto de relieve los «automatismos reproductivos» que, en ciertas secciones de El capital, corren el riesgo de oscurecer la conflictividad inherente al modo de producción capitalista, por otro lado tiene el demérito de haber elaborado una enésima variante de la teoría del «colapso». De hecho, suponiendo que llegue una fase histórica en la que se cumpla la premisa marxista de la desaparición de los modos de producción precapitalistas, escribe: «Pero a través de este proceso, el capital prepara su propio colapso de dos maneras. Por un lado, al expandirse a expensas de todas las formas de producción no capitalistas, se encamina hacia el momento en que toda la humanidad estará compuesta únicamente por capitalistas y asalariados, por lo que una expansión adicional resultará imposible; por otro lado, en la medida en que esta tendencia se imponga [logrando el dominio absoluto e indivisible de la producción capitalista en el mundo], provocará la revuelta del proletariado internacional…».(15). Y aquí es difícil evitar la tentación de citar la irónica frase de Giorgio Ruffolo: el capital tiene los días contados…

* * *

En el artículo sobre el trabajo productivo y el trabajo improductivo, anticipamos algunas ideas de Paul Baran y Paul Sweezy sobre el capital monopolístico y el imperialismo. En particular, introdujimos el concepto de excedente —definido como «la diferencia entre lo que produce la sociedad y los costes de producción»—, magnitud que incluye la plusvalía. Para Marx, esta última representa la suma del beneficio, el interés y la renta, excluyendo los ingresos del Estado, los gastos para transformar las mercancías en dinero y los salarios de los trabajadores improductivos, pero Baran y Sweezy sostienen que, si bien esta exclusión está justificada cuando se habla de economía competitiva, se vuelve anacrónica en la era del capital monopolístico, en la que la cuota de plusvalía con respecto al excedente social total tiende a contraerse, mientras que este último tiende a crecer en tal medida que compensa, si no neutraliza, la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia.

¿Esto reduce o elimina el riesgo de crisis? No, responden Baran y Sweezy: aunque la unidad típica del mundo capitalista ya no es la pequeña empresa, sino la gran sociedad anónima que produce una parte importante del producto de una o varias industrias, y aunque esta última dispone de un horizonte temporal más amplio que el del capitalista individual, por lo que realiza sus cálculos de forma más racional, lo cierto es que «el capitalismo monopolista carece tanto de un plan como su predecesor competitivo. Las grandes sociedades anónimas se relacionan entre sí, con los consumidores, con el trabajo y con las empresas más pequeñas principalmente a través del mercado. El funcionamiento del sistema sigue siendo el resultado no intencionado de las acciones egoístas de las numerosas unidades que lo componen» (16).
Por lo tanto, persiste el carácter anárquico de la producción, es decir, la primera causa potencial de crisis. ¿Qué decir del segundo factor, es decir, de la posibilidad de ralentización o interrupción del ciclo? Ahora lo provoca sobre todo el exceso de excedentes que no encuentran salida, es decir, aquellos beneficios que, si no se invierten ni se consumen, no son tales: «el problema de realizar la plusvalía es en realidad más crónico hoy que en la época de Marx». Lo que impidió a Marx y a los economistas clásicos cuestionarse más a fondo la adecuación de los modos de absorción del excedente fue probablemente su convicción de que el dilema central del capitalismo se resumía en la tendencia a la caída de la tasa de ganancia: «Desde este punto de vista, escriben Baran y Sweezy, las barreras al desarrollo capitalista parecían consistir más en una escasez del excedente necesario para mantener el ritmo de acumulación que en una insuficiencia de los modos característicos de utilización del excedente» (17). Si, por el contrario, la barrera principal pasa a ser esta última, el riesgo es que el exceso de capacidad acabe desalentando nuevas inversiones y que, con la desaparición de las inversiones, disminuyan los ingresos, el empleo y el excedente, lo que provocaría una crisis. La solución consiste, en este punto, en estimular la demanda por todos los medios, so pena de estancamiento y muerte del sistema.

 

Es a partir de aquí que el análisis de Baran y Sweezy tiende a converger con el de Luxemburg: al igual que ella, ambos están convencidos de que, si solo se dispusiera de salidas endógenas, el capitalismo monopolista se encontraría en un estado permanente de depresión. Es necesario, por tanto, abandonar el modelo reproductivo basado exclusivamente en los intercambios recíprocos entre los distintos sectores productivos, así como en el consumo de los capitalistas, los obreros y los rentistas. Para explicar el modelo alternativo que surge de su análisis con conceptos que nos son más familiares, podríamos decir que se basa en fenómenos como la terciarización, la financiarización, la economía de la deuda y el keynesianismo de guerra (entendido como el efecto combinado del imperialismo, el sistema militar-industrial y el neocolonialismo). Pero escuchemos sus propias palabras.

 

La lucha contra los fantasmas del subconsumo, la subinversión y el subempleo crónicos, argumentan Baran y Sweezy, requiere el crecimiento de nuevas capas improductivas de mano de obra, que se suman a las clases tradicionales devoradoras de excedentes: «Se ha producido un aumento de la estratificación dentro de la clase trabajadora en sentido estricto y muchas categorías de empleados y obreros especializados han alcanzado ingresos y posiciones sociales que hasta hace poco solo disfrutaban los miembros de la clase media. Al mismo tiempo, han aumentado las antiguas clases «devora-excedentes» y han surgido nuevas clases: tecnócratas de las empresas y la administración; banqueros y abogados, redactores publicitarios y expertos en relaciones públicas, agentes de bolsa y aseguradores, expertos inmobiliarios, etc.» (18).

 

El paradigma del nuevo sector terciario parasitario, escriben Baran y Sweezy, es la publicidad y todo lo que gira en torno a ella (promoción de ventas, marketing, packaging, diseño de productos, etc.): «La importancia económica de la publicidad no radica fundamentalmente en el hecho de que determina una redistribución del gasto de los consumidores entre diferentes bienes, sino en sus efectos sobre el volumen de la demanda efectiva global y, por lo tanto, sobre el nivel de empleo y de ingresos» (19). Así, por un lado, creación de ingresos y absorción de excedentes, pero por otro «los efectos indirectos son quizás no menos importantes y actúan en la misma dirección (…) son de dos tipos: los que se refieren a la disponibilidad y la naturaleza de las oportunidades de inversión, y los que se refieren a la división de la renta social total entre consumo y ahorro [léase la propensión al consumo]…Al permitir crear la demanda de un producto, la publicidad fomenta la inversión en instalaciones y equipos que de otro modo no se realizarían». Por último, la función de la publicidad es «llevar a cabo, en nombre de los productores y vendedores de bienes de consumo, una guerra incesante contra el ahorro y a favor del consumo [utilizando para ello] los cambios en la moda, la creación de nuevas necesidades y la introducción de nuevos medios de distinción social» (21).

La guerra contra el ahorro implica, a su vez, el crecimiento exponencial de ese otro sector improductivo que se engloba bajo el término de actividades financieras, aseguradoras e inmobiliarias: «toda la actividad parasitaria de compraventa y especulación inmobiliaria (…) no tendría razón de ser en un orden social racional. La mayor parte de lo que nuestra sociedad gasta en actividades financieras, aseguradoras e inmobiliarias es una simple forma de absorción del excedente, característica del capitalismo en general y (…) del capitalismo monopolista en particular» (22). Dicho esto, Baran y Sweezy solo fueron testigos de la fase inicial de un proceso que, pocos años después, en el apogeo de la revolución neoliberal, alcanzaría cotas paroxísticas, hasta la explosión de la burbuja de 2008, pero hay que reconocerles el mérito de haber intuido la estrecha relación entre la terciarización y la financiarización.

Pasemos al tema del imperialismo, respecto al cual se podría decir que el enfoque de Baran y Sweezy representa un puente entre las tesis de Lenin y Luxemburg y las de los teóricos del sistema mundial. Sabemos (véase la nota 3) que Baran y Sweezy lamentan que Marx no ampliara su modelo teórico para incluir las regiones subdesarrolladas del mundo. Esto es cierto solo en parte (23), pero es innegable que Marx descuidó parcialmente el hecho de que, según escriben Baran y Sweezy, «desde sus primísimos inicios en la Edad Media, el capitalismo siempre ha sido un sistema internacional y jerárquico constituido por una o más metrópolis en la cima y por algunas colonias completamente dependientes en la base, ordenadas según muchos grados de clasificación y subordinación. Estas características son de vital importancia para el funcionamiento del sistema en su conjunto y de sus componentes individuales (…) La jerarquía de las naciones que constituyen el sistema se caracteriza por una compleja serie de relaciones de explotación. Los países que se encuentran en la cima explotan en mayor o menor medida a todos los demás y, del mismo modo, los países que se encuentran en un nivel determinado explotan a los que se encuentran más abajo (…) tenemos, por tanto, una red de relaciones antagónicas que enfrentan a los explotadores contra los explotados y contra los demás explotadores» (24).

Antes de concluir, creo que hay que reconocer a Baran y Sweezy —aunque no pudieron asistir a la caída de la Unión Soviética, al posterior intento de Estados Unidos de erigirse en única potencia mundial y al ascenso de China, que frustró ese proyecto— el mérito de haber puesto de relieve el doble mecanismo por el que la metrópoli imperial disfruta, por un lado, de los monstruosos sobrebeneficios que las multinacionales obtienen a costa de las naciones periféricas y semiperiféricas y, por otro, de la aún más monstruosa absorción del excedente garantizada por el gigantesco aparato militar que la potencia hegemónica mantiene para conservar su papel. El sistema militar industrial no solo sirve para eventuales conflictos interimperialistas, sino que también y sobre todo sirve para mantener el control sobre su dominio imperial. Pero sirve sobre todo para absorber el exceso de capital: lo vimos con la Segunda Guerra Mundial, que logró lo que las políticas keynesianas seguidas tras la crisis de 1929 no habían conseguido, y lo estamos viendo hoy, ya que la crisis de la globalización y la consiguiente contracción del área de control imperial empujan al sistema a apostar de nuevo por el keynesianismo de guerra.

 

Como colofón a su modelo de autorreproducción sistémica, Baran y Sweezy centran su atención en las nuevas formas que este modelo impone a la lucha de clases: «Si se parte de la estabilidad del capitalismo monopolista, con su probada incapacidad para hacer un uso racional (..) de su enorme potencial productivo, es necesario decidir si se prefiere el desempleo masivo y las características de la gran depresión, o la relativa seguridad de empleo y bienestar material garantizada por los enormes presupuestos militares [y por la creación de amplias capas de trabajo improductivo y otros parásitos «devoradores de excedentes», NdA]. Dado que la mayoría de los estadounidenses, incluidos los trabajadores [pero, lamentablemente, esto también se aplica a gran parte de los ciudadanos europeos], siguen dando por sentada la estabilidad del sistema, es totalmente natural que prefieran la situación que les resulta más ventajosa a nivel personal y privado [o mejor dicho: que siguen creyendo que lo es, contra toda evidencia…]» (25). Por eso, argumentan, la iniciativa revolucionaria contra el capitalismo, que antes estaba en manos del proletariado de los países avanzados, ha pasado a las masas periféricas que luchan contra la opresión y la explotación imperialistas.

* * *

En la parte sobre socialización y socialismo, elogié un artículo de Bellamy Forster que lamenta el rechazo del concepto de imperialismo por parte de los marxistas occidentales. Sin embargo, debo precisar aquí que discrepo de algunos de sus juicios. En particular, Bellamy incluye a David Harvey y Giovanni Arrighi entre los autores que han «traicionado» el concepto en cuestión. La acusación tiene cierto fundamento en el caso de Harvey (26), mientras que me parece francamente injustificada en el caso de Arrighi, quien, aunque en sus últimos trabajos casi nunca utiliza el término imperialismo, ha dado, junto con Wallerstein y otros autores (27), una contribución decisiva a la comprensión de las dinámicas del funcionamiento del capitalismo como sistema mundial, a partir de las relaciones de dependencia entre centros y periferias. Si prefiere recurrir al concepto gramsciano de hegemonía para describir estas relaciones, es porque trata de ampliar el análisis a los factores socioculturales, y no limitarse a los económicos. Esta elección lo sitúa en la estela de autores como Karl Polanyi (28) y Fernand Braudel (29) y, en el contexto de los temas que estamos discutiendo aquí, tiene importantes implicaciones para tres conceptos marxistas discutidos anteriormente: 1) la idea de que el desarrollo del modo de producción capitalista tiende a establecer el primado del capital industrial sobre el capital financiero y comercial; 2) la idea de que este desarrollo (en ausencia de una revolución socialista) conlleva la aniquilación de todos los demás modos de producción (visión que el diamat estalinista «canonizó» en su concepción de la historia como sucesión de etapas: comunismo primitivo, esclavitud, Edad Media, capitalismo); 3) la idea de que la competencia es la causa principal de gran parte de las contradicciones sistémicas.

Que Marx describiera la industria moderna como la forma más evolucionada del modo de producción capitalista, argumenta Arrighi, se debe al hecho de que, en el siglo XIX, el capitalismo parecía «especializarse» en esa rama de la actividad, por lo que se entiende por qué, según Marx, este sector económico en particular representa el «verdadero rostro» del capital. Sin embargo, no hay que olvidar que, sobre todo en el Libro III, el propio Marx reitera en varias ocasiones que los capitalistas prefieren —y eligen siempre que pueden— la forma D-D’ frente a los riesgos de la aventura industrial, que consideran un mal necesario para valorizar su capital. Arrigi, al igual que Braudel, insiste aún más en este punto, poniendo de relieve cómo el capitalismo, a lo largo de toda su larga historia, nunca se ha dejado encasillar en la producción y el comercio de mercancías individuales, ni en sectores de actividad concretos, sino que ha mantenido constantemente una relación «instrumental» con los mundos del comercio y la producción. Sus características han sido siempre la plasticidad, el eclecticismo y la adaptabilidad camaleónica, cualidades que le han permitido aprovechar las más diversas oportunidades para ejercer esa capacidad de «procrear» (el término es de Marx), que más que ninguna otra caracteriza su esencia.

 

Pasemos a otro punto. Según Braudel, el capitalismo nunca ha sido capaz de agotar toda la vida económica, de «contener» toda la sociedad productiva. Incluso en la Europa actual (escribe a finales de los años setenta) existen amplios sectores de autoconsumo, así como pequeñas empresas artesanales y comerciales, y diversos tipos de actividades que no entran en la contabilidad nacional. Ciertamente, es sobre todo en la Edad Media cuando la casi totalidad de la producción es absorbida por el autoconsumo de la familia y la aldea y no entra en los circuitos del mercado. Y es también en la Edad Media cuando los principales agentes del mercado son los vendedores ambulantes y los tenderos; pero ya entonces, por encima de este nivel inferior, se elevaba la élite de los grandes comerciantes, que dominaban las ferias y las bolsas y controlaban el comercio a larga distancia. Gracias a la concentración de crecientes masas de dinero en sus manos, estos comenzaron a desempeñar la función de financiadores de otros mercaderes y príncipes, así como a comprar directamente a los campesinos y artesanos sus productos para ejercer la función de mayoristas (es el primer paso hacia la explotación del trabajo a domicilio que Marx describe en el Libro I de El capital como el antepasado de la manufactura).

 

Esta esfera superior de la circulación, que se eleva por encima del intercambio cotidiano de los mercados elementales y del tráfico a corta distancia, es ya, según Braudel, capitalismo (estamos a caballo entre los siglos XIV y XV, pero en algunas regiones de Europa se puede remontar más atrás). Un fenómeno que el propio Braudel define como contramercado, ya que, gracias a su dimensión internacional, se deshace de las reglas de los mercados tradicionales (locales), elude las barreras políticas y jurídicas, gestiona «intercambios desiguales en los que la competencia…tiene poco espacio y en el que el comerciante disfruta de dos ventajas: en primer lugar, la de haber interrumpido la relación directa y lineal entre el productor y el consumidor (…); en segundo lugar, dispone del dinero en efectivo, que es su principal aliado» (30). Es como decir que la llamada libre competencia siempre ha sido un mito de los economistas liberales burgueses, mientras que el capitalismo nació con una tendencia monopolista y así ha permanecido.

 

Volveremos sobre este tema en breve, pero antes hay que tomar nota de un corolario de esta forma de abordar la historia del capitalismo. La coexistencia entre el nivel inferior de la economía de mercado y el nivel superior del protocapitalismo no es una fase transitoria, contingente. Contrariamente a Marx, que prevé que, a medida que el proto-capitalismo mercantil evoluciona hacia un modo de producción capitalista maduro, el nivel inferior está destinado a desaparecer, en la concepción que acabamos de describir, el nivel superior no puede destruir el nivel inferior por la simple razón de que su naturaleza es la de un parásito que explota todo lo que hay debajo, que succiona sus recursos para aprovecharlos y valorizar al cuadrado el valor creado por otros modos de producción, del que se apropia. Al modelo del marxismo ortodoxo, basado en la sucesión de etapas (esclavitud, servidumbre, capitalismo), le sustituye la visión de una coexistencia entre modos de producción diferentes, visión compartida por Luxemburg, Baran y Sweezy, los teóricos de la dependencia, Gabriele y Jabbour, además de Braudel y Arrighi.

Retomemos el tema del monopolio como tendencia original. Para Arrighi, al igual que para Braudel, el tema está entrelazado con la cuestión de la relación entre la concentración del poder capitalista y el Estado, cuestión que Marx, recuerda Arrighi, aborda en el Libro I de El capital a partir del papel de la deuda pública en el sostenimiento de la expansión inicial del capitalismo. He aquí la cita en cuestión: «La deuda pública, es decir, la alienación del Estado —ya sea despótico, constitucional o republicano— imprime su sello en la era capitalista (…) Como con un golpe de varita mágica, [la deuda pública] confiere al dinero, que es improductivo, la facultad de procrear, y así lo transforma en capital, sin que el dinero tenga que someterse al esfuerzo y al riesgo inseparables de la inversión industrial y también de la usura. En realidad, los acreedores del Estado no dan nada, ya que la suma prestada se transforma en obligaciones fácilmente transferibles, que en sus manos siguen funcionando como si fueran dinero en efectivo» (31).

 

Reflexionando sobre esta relación histórica entre el Estado y el capital, y sobre el papel que ha desempeñado en la construcción del dominio europeo sobre el resto del mundo, Arrighi escribe a su vez: «La transición realmente importante que exige una explicación no es la del feudalismo al capitalismo, sino la de un poder capitalista difuso a uno concentrado. Y el aspecto más relevante de esta transición (…) es la singular fusión del Estado y el capital (subrayado mío) que en ningún lugar se realizó de manera tan favorable al capitalismo como en Europa» (32). Por eso, añade Arrighi citando a Braudel, el capitalismo solo puede triunfar cuando se identifica con el Estado, cuando es el Estado. No solo el capitalismo monopolista, sino también el capitalismo monopolista de Estado se revela así como una característica original del capitalismo; «la competencia entre los Estados por el capital móvil ha sido el complemento de este proceso», añade Arrighi unas líneas más abajo, y en la página siguiente escribe: «la competencia interestatal ha sido un componente decisivo en cada fase de expansión financiera y un factor fundamental en la formación de estos bloques de agentes gubernamentales y empresariales que han guiado la economía mundial capitalista a través de sus sucesivas fases de expansión» (33).

Para no extenderme demasiado, evitaré entrar en el mérito de la alternancia de ciclos hegemónicos (Genova, Holanda, Inglaterra, Estados Unidos) que Braudel y Arrighi consideran la forma en que se ha desarrollado la economía mundial en los últimos cinco siglos, ni discutiré la tesis según la cual las fases de financiarización marcan las crisis de transición de un ciclo hegemónico a otro, ni compararé el pensamiento de Braudel y Arrighi sobre la previsión de cómo se resolverá la crisis del último de estos ciclos, hegemónico de los Estados Unidos (solo recuerdo que Braudel no ofrece respuestas claras, mientras que Arrighi primero razonó sobre la emergencia de la zona asiática, para luego centrarse en China).Hemos llegado así al final de este largo recorrido en cinco etapas a través del Libro II y III de El capital, y a través del pensamiento de algunos autores que se han enfrentado a las cuestiones planteadas por esta monumental obra. Quienes esperaban una conclusión deben resignarse: el objetivo de este trabajo, como he dejado claro desde el principio, era elaborar una lista de lo que considero los principales problemas que Marx nos ha legado, e indicar algunas líneas de investigación para abordarlos y profundizar en ellos. Imaginar extraer una «síntesis» sería una locura, ya que significaría pensar en reescribir un Capital de nuestros días, empresa muy por encima de mis capacidades (y creo que de las de cualquier otra persona).

Notas

(1) Toda la teorización obrerista sobre la posibilidad de derrocar el modo de producción capitalista a partir de la fábrica, en lugar de a partir de la relación global entre todas las clases sociales (véase M. Tronti, Operai e capitale, Einaudi 1966), se basa en la capacidad de las luchas de la masa obrera para interrumpir el ciclo productivo de la gran fábrica fordista.

(2) Otra forma en que se ha logrado este resultado ha sido la llamada «economía Walmart», es decir, la importación masiva de productos chinos baratos (distribuidos por la cadena comercial Walmart), que ha permitido reducir drásticamente los costes de reproducción de la fuerza de trabajo estadounidense.

(3) Véase, entre otros, G. Myrdal, Teoría económica y países subdesarrollados, Feltrinelli, Milán 1959. Un siglo después de Marx, Baran y Sweezy lamentarán que las intuiciones marxistas sobre el tema del intercambio desigual entre centros y periferias y sobre la relación entre desarrollo y subdesarrollo hayan quedado en algo episódico, mientras que su atención se ha centrado casi exclusivamente en el mundo capitalista desarrollado.

(4) A esta cita le sigue un pasaje ya mencionado anteriormente: «Una vez más, no se trata más que de la separación, pero al cuadrado, de las condiciones de trabajo de los productores, a los que pertenecen estos pequeños capitalistas porque en ellos el trabajo personal sigue desempeñando un papel».

(5) R. Luxemburg, La acumulación del capital y Anticrítica, (Introducción de Paul Sweezy, traducción de Bruno Maffi), Einaudi, Turín 1960.

(6) Op. cit., p. 478.

(7) Ibíd., p. 479.

(8) Véase A. Gabriele, E. Jabbour, Socialist Economic Development in the 21 Century, Routledge, Londres 2022.

(9) Véase, en particular, C. Robinson, Black Marxism, Alegre 2023.

(10) Véase F. Braudel, La dinamica del capitalismo, il Mulino, Bolonia 1977.

(11) Op. cit., p. 474.

(12) Ibíd., p. 468.

(13) Ibíd., p. 475.

(14) Ibíd., p. 480.

(15) Ibíd., p. 481.

(16) P. Baran, P. Sweezy, Il capitale monopolistico, Einaudi, Turín 1968, p. 46.

(17) Ibídem, p. 97.

(18) Ibídem, pp. 107 y ss.

(19) Ibídem.

(20) Ibídem.

(21) Ibídem.

(22) Ibídem, p. 119.

(23) Véanse, entre otros textos, los ensayos suyos y de Engels recogidos en el volumen India, Cina, Russia, Il Saggiatore, Milán, 1960.

(24) Il capitale monopolistico, cit., pp. 151, 152.

(25) Ibídem, p. 177.

(26) Me refiero en particular a las críticas que Harvey ha dirigido al libro de Prabhat y Utsa Patnaik, Una teoría del imperialismo (Meltemi), negando que la relación entre Gran Bretaña y la India pueda clasificarse como un caso típico de imperialismo.

(27) Véase A. Visalli, Dipendenza, Meltemi, Milán 2020.

(28) Véase K. Polanyi, La gran transformación, Einaudi, Turín 1974.

(29) Véase F. Braudel, La dinámica del capitalismo, cit.

(30) Ibíd., p. 57.

(31) Este pasaje, con algunas pequeñas diferencias en la traducción, se encuentra en las páginas 942 y 943 (Libro I) de la edición de El capital que estoy utilizando aquí (UTET 1974, traducción de Bruno Maffi).

(32) G. Arrighi, Il lungo XX secolo, il Saggiatore, Milán 1996, p. 30.

(33) Ibídem, p. 31.

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4. Geonomía.

La nueva entrada de Michael Roberts es sobre un término que, quizá, no hiciese falta, porque política y economía nunca han estado separadas y nos apañábamos con la terminología existente.

https://thenextrecession.wordpress.com/2025/05/13/geonomics-nationalism-and-trade/

Geonomía, nacionalismo y comercio

Geonomía es un nuevo término para referirse a las teorías y políticas económicas internacionales. Según Gillian Tett en el FT, en el pasado, «se daba por sentado que lo que imperaba era el interés económico racional, y no la política sucia. La política parecía ser una derivada de la economía, y no al revés. Ya no es así. La guerra comercial desatada por el presidente estadounidense Donald Trump ha conmocionado a muchos inversores, ya que parece tan irracional según los estándares de la economía neoliberal. Pero, sea «racional» o no, refleja un cambio hacia un mundo en el que la economía ha pasado a ocupar un segundo plano frente a los juegos políticos, no solo en Estados Unidos, sino también en muchos otros lugares».

Lenin dijo una vez que «la política es la expresión más concentrada de la economía». Argumentaba que las políticas de los Estados y la guerra (la política por otros medios) estaban impulsadas, en última instancia, por intereses económicos, es decir, los intereses de clase del capital y las rivalidades entre «muchos capitales». Pero, al parecer, la visión de Lenin ha sido ahora puesta patas arriba por Donald Trump. Ahora la economía está gobernada por los juegos políticos; los intereses de clase del capital han sido sustituidos por los intereses políticos separados de las camarillas. Por lo tanto, aparentemente necesitamos teorías económicas que puedan modelar esto, es decir, la geonomía.

Ahora, al parecer, la geonomía ha surgido para hacer respetable y «realista» esta política de poder hegemónico. La democracia liberal y el «internacionalismo», junto con la economía liberal, es decir, el libre comercio y los mercados libres, ya no son relevantes para los economistas, formados anteriormente para promover un mundo económico de equilibrio, igualdad, competencia y «ventaja comparativa» para todos. Eso ya no vale: ahora la economía se basa en las luchas de poder que libran los Estados para promover sus propios intereses nacionales.

Un artículo reciente argumentaba que los economistas deben considerar ahora que la política de poder prevalecerá sobre la ventaja económica; en particular, una potencia hegemónica como Estados Unidos intentará mejorar su ventaja económica no mediante un mayor crecimiento de la productividad o la inversión interna, sino mediante la intimidación y la fuerza sobre otros países: «Sin embargo, los países hegemónicos suelen tratar de influir en entidades extranjeras sobre las que no tienen control directo. Lo hacen amenazando con consecuencias negativas si el objetivo no emprende las acciones deseadas, reduciendo así la opción externa de la restricción de participación; o prometiendo beneficios positivos si el objetivo emprende las acciones deseadas».

Según estos autores del Banco Mundial, esta «economía del poder» puede ser realmente beneficiosa tanto para la potencia hegemónica como para el objetivo de sus amenazas: «la hegemonía puede modelarse de una manera favorable a los macroeconomistas». ¿De verdad? Dígaselo a China, que se enfrenta al estrangulamiento de su economía por sanciones, prohibiciones, enormes aranceles a sus exportaciones y el bloqueo de sus inversiones y empresas en todo el mundo, todo ello iniciado por la actual potencia hegemónica, Estados Unidos, temerosa de perder su estatus y decidida a debilitar y paralizar cualquier oposición a través de la política por cualquier medio (incluida la guerra). Dígaselo a los países pobres del mundo que se enfrentan a importantes aranceles sobre sus exportaciones a Estados Unidos.

Por supuesto, la cooperación internacional entre iguales para aumentar el comercio y los mercados siempre ha sido una ilusión. Nunca ha habido comercio entre iguales; nunca ha habido una competencia «justa» entre capitales de tamaño similar dentro de las economías o entre economías nacionales en la arena internacional. Los grandes y fuertes siempre se han comido a los débiles y pequeños, especialmente en las crisis económicas. Y el núcleo imperialista del Norte Global ha extraído valor y recursos por valor de billones de las economías periféricas durante dos siglos.

No obstante, es cierto que se ha producido un cambio de opinión entre parte de la élite sobre la política económica, especialmente desde la crisis financiera mundial de 2008 y la consiguiente larga depresión del crecimiento económico, la inversión y la productividad. En el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, se crearon organismos comerciales y financieros internacionales bajo el control principalmente de Estados Unidos. La rentabilidad del capital en las principales economías era alta, lo que permitió la expansión del comercio internacional junto con el renacimiento del poder industrial europeo y japonés. Este fue también el período en el que dominó la economía keynesiana, es decir, el Estado actuaba para «gestionar» el ciclo económico y apoyar a la industria con incentivos e incluso con alguna estrategia industrial.

Esta «época dorada» llegó a su fin en la década de 1970, cuando la rentabilidad del capital cayó drásticamente (según la ley de Marx) y las principales economías sufrieron la primera recesión simultánea en 1974-75, seguida en 1980-82 por una profunda recesión manufacturera. La economía keynesiana quedó en evidencia como un fracaso y la economía volvió a la idea neoclásica de los mercados libres, la libre circulación del comercio y el capital, la desregulación de la interferencia estatal y la propiedad de la industria y las finanzas, y el aplastamiento de las organizaciones sindicales. La rentabilidad se restableció (modestamente) en las principales economías y la globalización se convirtió en el mantra; en efecto, la expansión de la explotación imperialista de la periferia bajo el disfraz del comercio internacional y los flujos de capital.
Pero, una vez más, la ley de la rentabilidad de Marx ejerció su fuerza gravitatoria y, a partir del cambio de milenio, las principales economías experimentaron una caída de la rentabilidad de sus sectores productivos. Solo un auge impulsado por el crédito en las finanzas, el sector inmobiliario y otros sectores improductivos disimuló durante un tiempo esa crisis subyacente de la rentabilidad (la línea azul muestra la rentabilidad de los sectores productivos estadounidenses y la línea roja, la rentabilidad global).

Pero finalmente esto culminó en el colapso financiero mundial, la crisis de la deuda del euro y la Larga Depresión, agravada por el impacto de la recesión pandémica de 2020. El capital europeo ha quedado destrozado. Y la hegemonía estadounidense se enfrenta ahora a un nuevo rival económico, China, tras su prodigioso auge en la industria manufacturera, el comercio y, más recientemente, la tecnología, sin verse afectada por las crisis económicas de Occidente.

Así, en la década de 2020, como dijo Gillian Tett: «El péndulo intelectual vuelve a oscilar hacia un proteccionismo más nacionalista (con una dosis de keynesianismo militar), lo que se ajusta a un patrón histórico. En Estados Unidos, el trumpismo es una forma extrema e inestable de nacionalismo, que ahora parece ser estudiada seriamente por la nueva escuela de la «geonomía». La intervención/el apoyo gubernamental al estilo keynesiano para proteger y reactivar los sectores productivos debilitados de Estados Unidos fue lanzada por Biden con una «estrategia industrial» de incentivos gubernamentales y financiación para los gigantes tecnológicos estadounidenses, junto con aranceles y sanciones a sus rivales, es decir, China. Trump ha redoblado ahora esa «estrategia».

El proteccionismo internacional se está combinando con la intervención gubernamental a nivel nacional para diezmar los servicios públicos, poner fin al gasto en la mitigación del cambio climático, desregular las finanzas y el medio ambiente e impulsar las fuerzas militares y de seguridad nacional (en particular para aumentar las deportaciones y la intimidación).

Esta política hegemónica de poder bruto está siendo ahora presentada como lógica e incluso ventajosa para todos los estadounidenses por economistas de derecha. En un nuevo libro titulado Industrial Policy for the United States (Política industrial para Estados Unidos), Marc Fasteau e Ian Fletcher, dos economistas muy queridos por los seguidores de Trump, forman parte del llamado Consejo para una América Próspera, financiado por un grupo de pequeñas empresas dedicadas principalmente a la producción y el comercio nacionales. «Somos una coalición sin rival de fabricantes, trabajadores, agricultores y ganaderos que trabajamos juntos para reconstruir Estados Unidos para nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos. Valoramos el empleo de calidad, la seguridad nacional y la autosuficiencia interna por encima del consumo barato». Se trata de un organismo basado en la unidad de clase entre el capital y el trabajo para «hacer grande de nuevo a Estados Unidos».

Fasteau y Fletcher sostienen que Estados Unidos ha perdido su posición hegemónica en la fabricación y la tecnología mundiales debido a la economía liberal neoclásica de libre mercado: «Las ideas del laissez-faire han fracasado y una política industrial sólida es la mejor manera de que Estados Unidos siga siendo próspero y seguro. Trump y Biden han promulgado algunos elementos, pero Estados Unidos necesita ahora algo sistemático y global, que incluya aranceles, un tipo de cambio competitivo y apoyo federal para la comercialización —no solo la invención— de nuevas tecnologías».

La «política industrial» de F&F tiene tres «pilares»: reconstruir las industrias nacionales clave; proteger estas industrias de la competencia extranjera mediante aranceles a las importaciones y sanciones a las economías extranjeras cuyos gobiernos ponen obstáculos a las exportaciones estadounidenses; y «gestionar» el tipo de cambio del dólar hasta que desaparezca el déficit comercial de Estados Unidos, es decir, devaluar el dólar.

F&F rechaza la teoría comercial ricardiana de la ventaja comparativa, una teoría que sigue siendo la base de la economía dominante para argumentar que el comercio internacional «libre» beneficiará a todos los países, ceteris paribus. Consideran que el «libre comercio» puede reducir la producción y los ingresos de un país como Estados Unidos, debido a que las importaciones baratas de países con salarios bajos destruyen a los productores nacionales y debilitan la capacidad de los productores nacionales para ganar cuota de mercado en la exportación a nivel mundial. En cambio, sostienen que las políticas proteccionistas de aranceles a la importación pueden impulsar la productividad y los ingresos de la economía nacional. «La política de libre comercio de Estados Unidos, forjada en una era ya desaparecida de dominio económico mundial, ha fracasado tanto en la teoría como en la práctica. Los modelos económicos innovadores han demostrado cómo unos aranceles bien diseñados, por citar solo un ejemplo de política industrial, podrían proporcionarnos mejores puestos de trabajo, mayores ingresos y crecimiento del PIB». Sí, según los autores, los aranceles proporcionarán mayores ingresos para todos.

F&F expresan los intereses del capital estadounidense con sede en el país, que ya no es capaz de competir en muchos mercados mundiales. Como argumentó Engels en el siglo XIX, el libre comercio es apoyado por el poder económico hegemónico mientras domina los mercados internacionales con sus productos, pero cuando pierde su dominio, adopta políticas proteccionistas. (véase mi libro, Engels, pp. 125-127). Esto es lo que ocurrió a finales del siglo XIX con la política británica. Ahora le toca el turno a Estados Unidos.

Ricardo (y los economistas neoclásicos de hoy) se equivocan al afirmar que todos los países se benefician del comercio internacional si se especializan en la exportación de productos en los que tienen «ventaja comparativa». El libre comercio y la especialización basada en la ventaja comparativa no producen una tendencia hacia el beneficio mutuo. Crean más desequilibrio y conflicto. Esto se debe a que la naturaleza de los procesos de producción capitalistas crea una tendencia hacia una mayor centralización y concentración de la producción, lo que conduce a un desarrollo desigual y a crisis.

Por otro lado, los proteccionistas se equivocan al afirmar que los aranceles a la importación y otras medidas restablecerán la cuota de mercado anterior de un país. Pero F&F no se basan únicamente en los aranceles para su estrategia industrial. Definen la política industrial como «el apoyo deliberado del gobierno a las industrias, que se divide en dos categorías. En primer lugar, las políticas generales que ayudan a todas las industrias, como la gestión del tipo de cambio y las desgravaciones fiscales para la I+D. En segundo lugar, las políticas dirigidas a industrias o tecnologías concretas, como los aranceles, las subvenciones, la contratación pública, los controles a la exportación y la investigación tecnológica realizada o financiada por el Gobierno».

La estrategia industrial de F&F no funcionará. En las economías, el crecimiento de la productividad y la reducción de los costes dependen del aumento de la inversión en sectores que la potencian. Pero en las economías capitalistas eso depende de la voluntad de las empresas, que se mueven por el beneficio, de invertir más. Si la rentabilidad es baja o está cayendo, no lo harán. Esa es la experiencia de las dos últimas décadas, en particular. F&F quieren volver a las políticas de tiempos de guerra y a la estrategia de la Guerra Fría para construir la industria, la ciencia y las fuerzas militares nacionales. Pero eso solo funcionaría si se produjera un cambio masivo hacia la inversión pública directa a través de empresas de propiedad pública con un plan industrial nacional. F&F no quieren eso y Trump tampoco.

F&F afirman que su política económica no es ni de izquierdas ni de derechas. Y, en cierto sentido, es cierto. La estrategia industrial es proclamada por los keynesianos de izquierda en Gran Bretaña, por Elizabeth Warren y Sanders en Estados Unidos e incluso por Mario Draghi en Europa. Y la «estrategia industrial» fue adoptada como política económica en la mayoría de las economías de Asia Oriental en la segunda mitad del siglo XX (aunque cada vez menos).

Pero, por supuesto, la estrategia industrial aparentemente «neutral» de F&F no es tal cuando se trata de China, porque, como dicen, China es «la primera amenaza militar y económica combinada a la que se ha enfrentado Estados Unidos en más de 200 años». Lo dicen sin rodeos: «Un número cada vez mayor de industrias chinas compiten ferozmente con industrias estadounidenses de alto valor, y las ganancias de China son nuestras pérdidas. Estados Unidos no puede seguir siendo una superpotencia militar sin ser una superpotencia industrial». Esto resume la motivación del cambio del laissez faire neoclásico, la economía de libre comercio que ha dominado hasta ahora las torres de marfil académicas de los departamentos de economía y las agencias económicas internacionales. El dominio económico de Estados Unidos (y Europa) se ha debilitado hasta tal punto que existe un riesgo significativo de que China domine el mundo en una generación. Así que se acabó la tregua.

Fuera el concepto de libre competencia, mercados y comercio, que nunca ha existido realmente. Que entre el realismo de ganar la batalla por el poder político y económico por todos los medios necesarios. Esta es la naturaleza de la nueva geonomía, que presumiblemente pronto estará en los departamentos de economía de las universidades del Norte Global, a pesar de la oposición de la retaguardia de los profesores neoclásicos y neoliberales actualmente dominantes.

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5. Zumo de niños palestinos.

Aprovechando una anécdota sucedida recientemente con la propaganda de un restaurante, Amar nos recuerda el frenesí alemán por no perderse ni un genocidio.

https://www.tarikcyrilamar.com/p/friends-of-genocide

Amigos del genocidio

¿No ha aprendido nada Alemania del Holocausto?

Tarik Cyril Amar

14 de mayo de 2025

El demostrativo apoyo mostrado una vez más por Berlín a Israel mientras comete genocidio es un espectáculo que sigue siendo muy repugnante y desconcertante para muchos y, sin duda, para todos aquellos que gozan de cordura intelectual y moral. A pesar de los cambios de gobierno, Alemania está mostrando una lealtad insensible, brutal y también perfectamente sorda a todo lo que pueda suceder —si es que se puede llamar así— hacia el Estado genocida y apartheid de Israel, que practica una ideología y comete crímenes que recuerdan demasiado al nazismo. Es irónico que, dentro de las coordenadas pervertidas del discurso público alemán, se consideren dignas de mención las ocasionales y muy cautelosas insinuaciones de «preocupación». ¿Por qué es Alemania como es?

Un pequeño cartel de baja calidad, hecho a mano, expuesto recientemente en el centro de Berlín, la capital de Alemania, puede ofrecer alguna pista. Ha provocado un pequeño escándalo que ha ido en contra de la línea habitual de apoyo inquebrantable del país a Israel. Pero la noticia más importante es que, al final, ese escándalo no ha servido de nada.
La esencia del incidente era simple: a finales de abril, la Deutsch-Israelische Gesellschaft (DIG) —«Sociedad Germano-Israelí»— celebró una de sus «Jornadas de Israel» en Berlín. En Alemania, la DIG es una organización prominente y poderosa. Su principal fuente de financiación, según el registro oficial de grupos de presión del país para 2023, es el Estado alemán. La Agencia Federal para la Educación Cívica, que en esencia es la oficina alemana de ortodoxia ideológica y adoctrinamiento centrista, la describe como la «organización central […] donde los amigos de Israel se reúnen en cooperación no partidista» del país.

El «Día de Israel» en Berlín fue un evento en gran parte informal, en realidad una fiesta callejera con discursos. Para que la diversión fuera aún mayor, el restaurante Feinberg’s se encargó del catering. En particular, Feinberg’s, especializado en lo que denomina cocina israelí —los palestinos reconocen muchos platos como plagiados de su tradición—, ofreció un batido de sandías muy especial.

El cartel que anunciaba la bebida mostraba un león (utilizado por los israelíes como símbolo nacional) con un delantal con la bandera israelí (por si acaso). El león sostenía dos vasos grandes, uno con trozos de sandía (un símbolo ya tradicional y muy conocido de Palestina y su resistencia) y otro con el batido terminado y una pequeña bandera israelí.

El fondo estaba formado por una pila de sandías, a menudo cortadas, muchas de ellos con caras de bebés fácilmente reconocibles. El texto del cartel decía (en parte en inglés y en parte en alemán): «La sandía se encuentra con Sión. Sandía al estilo israelí, troceada, triturada y cortada en pedazos».
Las sandías evocaban lo que se conoce como «Kindchenschema» o «ternura» (en sentido científico): un patrón de rasgos casi universalmente reconocido que identifica a los bebés y los niños y que, en individuos psicológicamente normales, despierta profundas respuestas hormonales y neurológicas de simpatía y cuidado o, al menos, de moderación.

El mensaje era obvio y nada divertido: El «león» israelí aplastaba las «sandías» palestinas hasta convertirlas en una pulpa refrescante, helada y de color rojo sangre, que se podía acompañar con un «chupito» de vodka, presumiblemente para celebrar. El hecho de que las caras de las «sandías» antropomorfizadas fueran infantiles lo hacía todo aún más repulsivo: está claro que quien pensó que esta imagen era una buena idea no es lo suficientemente normal como para que el Kindchenschema funcione en él.

Quienes estudian el genocidio coinciden desde hace tiempo en que la deshumanización deliberada de las víctimas mediante la propaganda y el adoctrinamiento es uno de sus métodos y signos elementales. Quienes pretenden no reconocer en este cartel un caso paradigmático de tal deshumanización son deliberadamente obtusos.

El cartel era, por supuesto, una alusión inequívoca a la operación combinada de genocidio y limpieza étnica que Israel está llevando a cabo, cuyo objetivo principal (aunque no único) son los palestinos de la Franja de Gaza. Ese es el lugar donde la mayoría de las víctimas de Israel, muchas de ellas bebés y niños, han sido literalmente «destrozadas» y «cortadas en pedazos» por los ataques aéreos y los bombardeos, además de sometidas a hambre sistemática y privadas de vivienda y de infraestructuras vitales, especialmente de instituciones médicas, sin olvidar a sus cuidadores: es Gaza bajo el asalto israelí, para la que los médicos han tenido que inventar una nueva abreviatura: WCNSF, niño herido, sin familiares supervivientes.

En palabras de Jonathan Whittall, jefe de la oficina humanitaria de la ONU responsable de Gaza, Israel está practicando «la privación deliberada» y el «desmantelamiento deliberado de la vida palestina».

La última cifra de muertos entre los palestinos, que es la mínima de facto, se acerca a los 63 000. Casi 112 000 víctimas han resultado heridas, a menudo de gravedad, lo que les acarreará secuelas de por vida, como la amputación de extremidades. Por horribles que sean, estas cifras, facilitadas por el Ministerio de Salud de Gaza —que, contrariamente a la propaganda israelí y occidental, es conservador en sus cálculos—, son solo la punta del iceberg. Por un lado, un estudio publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet sostiene desde hace tiempo que las cifras reales probablemente sean considerablemente superiores.

Matar, herir y mutilar son, por supuesto, solo una parte de la violencia israelí. Otros son el desplazamiento masivo y la destrucción literal de la Franja de Gaza, gran parte de la cual ha sido reducida a polvo tóxico, y el trauma psicológico profundo y generalizado. No hay espacio aquí para esbozar siquiera todos los métodos crueles del genocidio de Israel ni todas sus horribles consecuencias. Y, al igual que con los genocidios anteriores, el lenguaje también tiene sus límites: es difícil expresar con palabras comunes lo que han estado haciendo los perpetradores israelíes, junto con sus cómplices occidentales, y el cruel sadismo que no pocos, sino muchos israelíes, dentro y fuera de uniforme, están mostrando con orgullo.

Sin embargo, esto es, después de todo, lo que Amnistía Internacional —y muchos otros— han identificado acertadamente como un «genocidio retransmitido en directo». Debido a la asombrosa desvergüenza de muchos perpetradores israelíes y al desarrollo de los medios de comunicación modernos, especialmente las redes sociales, se trata de un genocidio ante los ojos del público mundial como nunca antes se había visto.

Por eso es totalmente imposible creer en los ridículos intentos de confundir y dar marcha atrás que están haciendo ahora los creadores del cartel, que son todo menos «leoninos». Evidentemente dolido por las protestas y temeroso de las posibles consecuencias legales, Yorai Feinberg, propietario de Feinberg’s, se ha retractado y afirma que las sandías representaban —redoble de tambores— «el antisemitismo» y que todo era solo una sátira.

Ambas afirmaciones son ofensivamente absurdas: todo el mundo sabe que las sandías representan a Palestina, a los palestinos y a su resistencia, no «antisemitismo». Por supuesto, puede ser que en las mentes enfermas de los creadores del cartel esas dos cosas parezcan lo mismo. Eso sería un clásico delirio sionista, además de un truco propagandístico. Y, obviamente, una mentira.

Además, es muy, muy difícil explicar por qué cosas que ahora supuestamente representan simplemente «antisemitismo» tenían que dibujarse con caras bonitas e infantiles. No, esto es, digámoslo alto y claro, una mierda, un disparate del mismo tipo malvado y descarado que las interminables y estúpidas mentiras de los genocidas israelíes sobre Hamás aquí y Hamás allá, cada vez que les apetece —que es a menudo— bombardear otro hospital, campamento de tiendas de campaña o edificio residencial.

En cuanto a la «sátira»una excusa respaldada públicamente por (sorpresa, sorpresa) el DIG—, ¿por dónde empezar? Si los creadores de esta repugnante imagen realmente pensaban que estaban produciendo algo parecido a una declaración «ingeniosa» o «atrevida», una especie de «broma», eso solo significa que consideran «normal» «bromear» sobre el genocidio y, en particular, sobre el asesinato en masa de niños. Y no puede haber nada menos normal y más moralmente corrupto que ese sentido del «humor». ¿Presumir en serio del asesinato en masa o «es solo una broma»? Saben qué: no importa, cualquiera de las dos cosas significa que son unos monstruos.

Pero este escándalo va más allá de la sangrienta intolerancia de un restaurante alemán e israelí. Tenga en cuenta que se trataba de un acto oficial de la DIG, al que asistieron tanto su presidente, Volker Beck, como el embajador israelí en Alemania, Ron Prosor. No pueden haber ignorado el cartel del «león exterminando ´sandías»: una foto de Instagram los mostraba a ambos delante del stand en el que se exhibía.

Beck es un importante político, aunque ya pasado su apogeo, del Partido Verde alemán, fanático partidario de Israel y, casualmente, también una figura con un pasado poco brillante. Ha defendido la despenalización de la «pedosexualidad», es decir, el abuso sexual impune de menores, un hecho que más tarde intentó ocultar sin éxito; también ha sido sorprendido con drogas duras. Prosor es un veterano diplomático israelí que hace lo que hacen los diplomáticos israelíes: entre sus hitos más destacados se encuentra el ataque a la UNRWA, una maniobra característica de la agresión israelí contra los palestinos, diseñada para aislarlos de cualquier apoyo que pueda perturbar las operaciones de asedio y hambruna israelíes. De hecho, los ataques israelíes contra la UNRWA son actualmente objeto de otra demanda contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

Recientemente, Prosor ha tratado de reprimir las voces críticas en Alemania, entre ellas la del filósofo israelí Omri Boehm, y, por si fuera poco, vigilar las universidades alemanas difamando la resistencia a los crímenes israelíes y la complicidad alemana como «nuevo antisemitismo». Qué original.

No es difícil imaginar que ambos caballeros no vieron nada malo en ese león destrozando sandías e incluso pueden haber disfrutado de un sorbo de batido de «broma» genocida. Y, por supuesto, no tendrán que afrontar ninguna consecuencia. Porque —y este es el contexto más amplio y triste de este vil asunto— Alemania ha decidido ponerse del lado de Israel con una obstinación «hasta el final» que recuerda a aquella otra Alemania tan decepcionante que nunca dejó de ser leal al nazismo y de luchar por él hasta que finalmente fue detenida por otros, principalmente los soviéticos.

Berlín, la capital, ha estado al frente de este nuevo nacionalismo sin restricciones y de la Nibelungentreue por el mal puro y evidente. Su alcalde, Kai Wegner, se ha ganado la reputación de negacionista del genocidio; su policía, la de brutalidad contra quienes muestran su solidaridad con las víctimas palestinas de Israel. Y es la ciudad donde un manifestante contra el genocidio acaba de ser condenado por «trivializar el Holocausto» simplemente por sostener pacíficamente un cartel que decía «¿No hemos aprendido nada del Holocausto?». Está claro que ese juez no ha aprendido nada.

En este contexto de perversión ética dominante y generalizada, no sorprendió que apareciera un cartel que deshumanizaba cruelmente a los palestinos. Lo que resultó intrigante, por un momento, fue que esta vez hubo incluso algunas protestas, aunque muy débiles, en algunos medios de comunicación mainstream. ¿Quizás Alemania aún no está del todo perdida? O, como parece mucho más probable, al igual que en otras épocas de la historia alemana, solo es una minoría la que muestra decencia, pero no puede cambiar el rumbo profundamente indecente de las élites morales e intelectuales kaput del país y de la mayoría que aún las sigue.

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6. Ovejas que no aburren.

He tenido una semana un tanto ovejuna porque ayer proyectamos en un ciclo que estamos haciendo del cine de Castilla y León un corto sobre pastores (Yo, mí, me, conmigo) y el largo Pastoris, que consigue el notable mérito de convertir en una película de aventuras entretenida la trashumancia de un puñado de ovejas en los años posteriores a la guerra del Francés. https://www.youtube.com/watch?v=oFf6_lrh0KI Y todo ello rodado en la «palra» de la región del Rebollar, al sur de Salamanca, variante lingüística del Astur-Leonés (oriental). Por suerte, teníamos subtítulos en inglés. Emoji Pero me estoy yendo por las ramas. Lo que quería en realidad era pasaros esta crítica de Climática sobre una película -también con ovejas EmojiEmojiEmoji-, en la que se reflexiona sobre el cine neorrural.
 
https://climatica.coop/lo-que-queda-de-ti-campo-y-ciudad/

‘Lo que queda de ti’: campo y ciudad no son opuestos, sino partes de un espectro

Llega a cines la ópera prima de Gala Gracia, una historia sobre dos hermanas que deben decidir qué hacen con el rebaño de ovejas de su padre fallecido, un ganadero ecológico defensor de la España vaciada.

El padre de Sara y Elena fallece en un accidente de coche y la primera vuelve desde su trabajo en Nueva York, donde estaba a punto de grabar su primer disco como pianista de jazz profesional, al pueblo del Pirineo aragonés donde vive la familia. Elena es ganadera y no puede ocuparse de su propio ganado y el rebaño de ovejas que les queda en herencia. Pero para Sara venderlo es dejar ir al padre, así que decide abandonar su carrera musical y quedarse en el pueblo a seguir los pasos del ausente. No será fácil.

Gala Gracia debuta en el largometraje con esta historia de tintes autobiográficos y bastante en común con El color de la sed (2017), su primer y multipremiado corto, una historia sobre la sequía y la solidaridad entre ganaderos en plena España vaciada. Se ambientaba en la misma zona de Huesca donde está rodada la película que nos ocupa, que llega este viernes 16 a cines con un par de premios bajo el brazo a su paso por festivales: Mejor Música en Málaga y Mejor Dirección en Bari (Italia).

Lo que queda de ti es una historia sobre el duelo, en este caso de Sara (Laia Manzanares), al que se suma la culpabilidad del migrante, con la que muchos naturales se sentirán identificadosde lo que llamamos la España vaciada. Aunque el amor por el jazz le viene del padre, la protagonista renuncia a él para intentar mantenerlo vivo a través del proyecto de su rebaño de ovejas, respetando los principios de la ganadería extensiva ecológica que este defendía.

La novedad de Lo que queda de ti es que se puede poner perfectamente en línea con muchos ejemplos recientes del llamado ‘neorrural’ español –a la cabeza Alcarràs (2022), pero también Destello bravío (2021), Secaderos (2022), Suro (2022), Antier noche (2023) o Tierra de nuestras madres (2023)– y al mismo tiempo amplía sus horizontes por la vía de no situar la oposición entre campo y ciudad –inevitablemente la mirada sobre el rural suele ser bastante urbana, aunque los protagonistas sean actores naturales del lugar–, sino convertir ambas en un espectro dentro del cual el personaje principal bascula sin encontrar contradicción.

En parte es así porque se trata de una historia para la que la autora ha prestado fragmentos de su propia biografía. El padre fallecido es un defensor de la ganadería extensiva porque también lo era el padre de Gracia, la protagonista tiene una hermana como la tiene ella y el pueblo de la película es el suyo. Eso provoca que tengamos una representación de los ecologistas más real y tangible que la habitual en el cine español, que pese a su fama de progre, solo los retrata como ‘pijos de ciudad que no tienen ni idea de nada’. También que problemas como la falta de relevo generacional en el agro se integren pero no sean el centro de un melodrama innecesario, más bien la consecuencia natural de una situación poco favorable.

Es decir, Lo que queda de ti es el proceso por el cual Sara se va desprendiendo del padre y vuelve a comunicarse con la hermana (Ángela Cervantes). Esta última, además, es ganadera pero no ecológica, se dedica a sobrevivir como puede con su pareja, teniendo una vida compleja pero con otras inquietudes o incentivos que la que espera a su hermana fuera. La adolescencia que recuerda la protagonista no es tan diferente a la de otras niñas de los 90, el abuelo que vive el duelo antinatural por el hijo muerto tampoco. Podría ocurrir

Lo celebrable, si se me permite, en estos tiempos obsesionados con la identidad, en la cual todo el mundo se pregunta si es más de una cosa o de otra para justificar tal o cual comportamiento, el choque de Sara no es sobre quién es ella. No acepta la pérdida antes de tiempo del hombre que la crió, y se niega una parte de sí misma como castigo, pero siempre es tan del jazz y Nueva York como del pueblo y las ovejas. Sabe perfectamente que sacar adelante el rebaño es un trabajo duro, su negación es por el duelo, no por ignorancia, y la conexión con la música no se pierde por estar en una casa, donde, al fin y al cabo, se encuentra el piano en el que aprendió a tocar.

Quizás ahí se encuentre el hueco para otro discurso, uno a futuro y que se abre paso en títulos como este u otros aún más pequeños (y amargos) como el también aragonés documental Los saldos (2022). Ese solarpunk soterrado que no es ciencia-ficción, documental, ni idealización, sino un viaje a los espacios de la periferia que los pone en igualdad con cualquier otro y los hace protagonista de sus propias historias sin necesidad de recordarnos constantemente que deberíamos estar exotizándolas desde el centro de la ciudad. Una historia, en fin, sin purezas ni impurezas, tan humana como ambiental.

Observación de José Sarrión:
Habrá que verlo. ¿Qué tal está el cine de CyL, Carlos, merece algo la pena? Lo último que he visto fue un documental sobre los Comuneros con pasta de la Fundación Villalar, y más bien flojito (y con algún «especialista» bastante cuestionabe).
He oído hablar de esa fracción lengua leonesa que se habló o se hablaba se habla en algunos rincón de Salamanca, pero nunca la he escuchado en directo. No tengo muy claro si es una exageración del movimiento leonesista (algo digno de estudio y con cero implantación en esta zona). Tan poco es que me deje pasar mucho por ahí, pero sí tengo amigos, ya preguntaré. No sé si nuestros delegados en la zona nos sabrán informar.
Efectivamente, como dice Carlos, hay que disociar la idea de ecologista y urbanita que la derecha ha sabido explotar. Cuando las grandes movilizaciones contra la mina de uranio en Salamanca o las canteras de Feldespatos en Ávila, o las macrogranjas en Zamora, el protagonista era una mezcla muy interesante entre población urbana «vinculada» (o sea, oriunda de la zona aunque vivan en la capital de provincia, un aspecto que al parecer en Francia es muy importante para mantener la vía económica del medio rural vivo). junto con la presión de parte de las familias ganaderas de la zona. En esas raras circunstancias, que si se alcanzaban era mediante un trabajo muy constante, el militante ecologista «tradicional» llegaba a ser percibido como una especie de «especialista» que sustituía la información oficial, que rompía el bloque hegemónico, aunque fuera unos minutos. Si consigues esa difícil alianza, ganas contra quien se te ponga enfrente, porque por estas zonas lo más parecido de la derecha a un enganche social ha sido ese, y la Iglesia ya no les rinde tanto como antes. Eso sí, hay que echarle bemoles y tiempo, mucho tiempo.
Le daré una oportunidad,
José

Carlos Valmaseda:
No puedo hablar de la situación general del cine castellano-leonés, porque no conozco lo suficiente. Da la casualidad que de la promoción de este cine se encarga una filipina, y eso ha ayudado a montar el ciclo -pero yo soy el bibliotecario, no el gestor cultural, así que solo intervengo esporádicamente, más bien en temas técnicos-. Llevamos un par de semanas. No te puedo pasar los enlaces, claro, pero de las pelis de la semana pasada una está en abierto -de hecho, la utilicé para mi tertulia semanal de los sábados para que practiquen español-. Es Gallo rojo . Bienintencionada, sobre la inevitabilidad de la despoblación, las raíces, etc. Pero no acabé de entrar. Las conversaciones de dos jovencitas y los temas que les interesan me pillan ya un poco mayor. Es esto: https://www.youtube.com/watch?v=jY3RGagsa08 . La otra fue un corto pero que pronto será largometraje: Alegre y olé -tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=0RyoOiIjzZQ -.
Los de esta semana fueron:
Yo, mi, me, conmigo, sobre la vida ‘pastoril’: https://vimeo.com/1062387509/9fd20ca809 (peli entera).
Pastoris, de la que ya he hablado.
Son de las únicas que tengo opinión. Para las del resto del ciclo, tendré que acabar de verlo. Te paso la ficha de nuestra página web para que te hagas una idea. Supongo que es de lo más interesante que se ha producido en los últimos años, si son las que promocionan:
Proyección de cine: «Las calles de Granada»
22/05/2025

En 1941 los vecinos de Manzaneda del Torío celebran las fiestas patronales de la Virgen de Manzaneda. Tras la procesión y la misa, acuden a la verbena del pueblo amenizada por La Orquestina de León. El ambiente festivo se ve truncado cuando dos chicas, Socorro y Lola, inician una pelea por Narciso. Ante el asombro de todos, las chicas reviven, durante el baile, la reyerta narrada en la canción que interpreta La Orquestina: »Calles de Granada».

Proyección de cine: «Secundarias» 22/05/2025

Monasterio de Yuste, 21 de septiembre de 1558. El emperador Carlos V, decrépito y enfermo, como un don Juan en su última noche, agoniza, mientras las mujeres más importantes de su vida aparecen como pesadillas. Esta es la obra de teatro ‘Cartas al emperador’, que un grupo de actrices está a punto de estrenar en el Teatro Calderón de Valladolid. Pero las cosas no salen como estaban previstas.

Y la última sesión, que es la que más me llama la atención, por el tema, es esta: Proyección de cine: «La controversia de Valladolid» 29/05/2025

A mediados del siglo XVI, y por primera vez en la Historia, un imperio se cuestiona a fondo dónde acaban los derechos propios, los del vencedor, y donde empiezan los derechos ajenos, los del vencido. Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda defienden dos posturas históricamente antagónicas y debaten sobre los derechos naturales de los nativos americanos. Casi 500 años después, un reducido grupo de expertos analiza lo que es considerado como el primer debate de la Historia sobre los Derechos Humanos.

Observación de Joaquín Miras
El debate de Valladolid sí podría ser interesante, siempre que estuviera bien elaborada. Los argumentos de Las Casas han sido los elaborados por Vitoria. El derecho natural moderno que inspira la Revolución Francesa. El debate está cerrado por el Emperador. Lo intenta reabrir Vitoria con el De Indiis, y le llega una carta al decano -¿rector?- de la facultad -¿universidad?- de Salamanca, de firma del emperador, según la que «incurrirá en la cólera del emperador quien vuelva a tratar este tema». Vitoria tenía ya mala salud, y años, pero esto le precipita que le sobrevenga una apoplejía, tras la cual, al tiempo, morirá. No puede asistir a la primera sesion de Trento.… pero estas cosas deberían estar en la película… Cabe una película a la española antiguo estilo Alba de América, o a la usaca moderna, «Abraham Lincoln, cazador de Vampiros»…

Carlos Valmaseda
Es un documental con RTVE, y está en su página: https://www.rtve.es/play/videos/somos-documentales/controversia-valladolid/16372632/

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7. Marruecos en la competencia por los recursos clave.

La presentación de un nuevo informe del Transnational Institute sobre los recursos minerales en Marruecos y el papel geoestratético y económico clave de este país. Los del TNI siempre muy al día en estos temas.

https://www.tni.org/en/publication/critical-raw-minerals-in-morocco

Minerales críticos en Marruecos: ¿una oportunidad para la industrialización o un campo de batalla geopolítico entre China y Occidente?

Fecha de publicación: 14 de mayo de 2025

Mientras las potencias mundiales se disputan la supremacía ecológica, Marruecos se posiciona como un actor clave en la carrera por los minerales críticos. Pero, ¿esta búsqueda del «crecimiento verde» traerá consigo una verdadera transformación o consolidará los antiguos modelos extractivistas bajo una apariencia más ecológica?

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Minerales críticos en Marruecos: ¿una oportunidad para la industrialización o un campo de batalla geopolítico entre China y Occidente? (PDF, 1,03 MB) [inglés]

Tiempo medio de lectura: 34 minutos

Ali Amouzai

Resumen

Marruecos se ha convertido en un destino privilegiado para las inversiones a gran escala en la refinación de minerales estratégicos y críticos que se utilizan en la producción de baterías para vehículos eléctricos, con las empresas chinas a la cabeza en este sentido. ¿Cómo se explica la repentina afluencia de miles de millones de dólares a la producción de baterías eléctricas en Marruecos? ¿Está impulsada por una necesidad interna de la economía marroquí? ¿Está en consonancia con la ambición declarada por el Estado de «ecologizar la economía»? ¿O podría formar parte de una estrategia más amplia y duradera del gran capital marroquí y del Estado para aprovechar los cambios en las estrategias capitalistas mundiales y asegurarse una posición estratégica? ¿Cómo encaja Marruecos en la rivalidad geoestratégica entre China y el imperialismo occidental por los minerales estratégicos y críticos? Y, por último, ¿esta competencia crea oportunidades para que Marruecos industrialice su economía y logre un desarrollo económico sostenible desde una perspectiva ecológica?

Un contexto mundial catalizador

El mundo está siendo testigo de un movimiento sin precedentes hacia una economía verde, impulsado, por un lado, por el doble movimiento en favor de la justicia climática y una transición medioambiental justa y, por otro, por la búsqueda de los capitalistas para adaptarse a una crisis medioambiental que ellos mismos han creado. En este contexto, se está produciendo una búsqueda frenética para sacar partido de las soluciones verdes, integrándolas al mismo tiempo en el modelo económico existente.

Este movimiento febril también se ve alimentado por la rivalidad entre las potencias hegemónicas tradicionales (Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y Japón) y las llamadas potencias «emergentes» (principalmente China). En este proceso, es evidente que estas últimas están utilizando los mismos mecanismos que han utilizado las primeras desde finales de los años setenta, bajo la rúbrica de la «globalización neoliberal»: libre comercio, zonas francas, zonas industriales libres, externalización, liberalización de las inversiones, adquisiciones y fusiones de empresas, etc.

Una búsqueda frenética por el dominio de la cadena de valor de los minerales estratégicos y críticos

En medio de esta carrera frenética, se está produciendo una intensa competencia por el dominio de la cadena de fabricación y suministro mundial de minerales estratégicos y críticos, que constituyen la columna vertebral del sector de las baterías para vehículos eléctricos. Ante el dominio de China sobre estos minerales, Estados Unidos y la Unión Europea están trabajando para romper su dependencia y avanzar en sus capacidades de producción nacional. Estados Unidos está reforzando actualmente sus alianzas estratégicas con sus aliados en materia de metales críticos y, como parte de su guerra comercial con China, Joe Biden promulgó la Ley de Reducción de la Inflación (2022). Tras su toma de posesión, Trump lanzó la guerra comercial prometida, imponiendo aranceles comerciales del 25 % a equipos, productos electrónicos y dispositivos avanzados fabricados en China por valor de 34 000 millones de dólares, incluidos los automóviles. China respondió con contramedidas, imponiendo aranceles del 25 % a 128 artículos importados de EE. UU. al mercado chino. El 4 de abril de 2025, el Ministerio de Comercio chino anunció restricciones a la exportación de siete elementos metálicos raros a Estados Unidos, a saber, samario, gadolinio, terbio, disprosio, lutecio, escandio e itrio. En la UE, la Comisión Europea introdujo en 2023 la Ley de Materias Primas Críticas y el Mecanismo de Ajuste en las Fronteras por Carbono (CBAM).

Estos mecanismos varían, pero comparten dos puntos principales. En primer lugar, se basan en políticas públicas y en la intervención del Estado para apoyar las inversiones de las empresas en el sector de las baterías para vehículos eléctricos. Esto ha puesto de relieve los debates sobre las políticas industriales de los países y ha estimulado también el debate sobre las políticas industriales verdes a nivel mundial. En segundo lugar, apuntan a una tendencia general en la que Estados Unidos y la UE (por un lado) y China (por otro) compiten en igualdad de condiciones por el dominio de la cadena de suministro de minerales críticos y estratégicos y de vehículos eléctricos en el mercado mundial. Esta rivalidad está alimentando un antiguo debate sobre la naturaleza del auge de China: ¿sigue siendo China un país que busca desvincularse del imperialismo, o su auge es el resultado de su carácter imperialista?

El documento sostiene que China se ha convertido en una potencia imperialista que busca asegurarse su cuota de hegemonía mundial, utilizando los mismos mecanismos que otras potencias imperialistas (libre comercio, zonas francas, zonas industriales libres, subcontratación, liberalización de las inversiones, adquisiciones y fusiones de empresas, etc.).

Marruecos: buscando aprovechar esta rivalidad

En medio de esta competencia, los países del Sur Global se apresuran a sumarse a los frenéticos esfuerzos en curso para comercializar soluciones ecológicas y competir por los recursos. Al igual que otros países similares, Marruecos busca aprovechar las oportunidades que le brindan las crisis mundiales para mejorar su posición en la división internacional del trabajo, aprovechando esta competencia y ofreciéndose como un país seguro para la inversión, además de aplicar las soluciones propuestas por el capital global para resolver sus propias crisis.

Desde principios de la década de 1980, Marruecos ha aplicado un programa de ajuste estructural que ha dado lugar a la apertura total de su economía al capital mundial. Esto ha permitido mantener el papel que el país desempeña desde hace mucho tiempo en la división internacional del trabajo, que se remonta al período colonial (de 1912 a 1956), al tiempo que Marruecos ha tratado de mejorar su posición dentro de dicha división. En el ámbito de las energías verdes, Marruecos se presenta como un lugar prometedor para el desarrollo de plantas de este tipo de energías (eólica, solar e hidrógeno verde). Del mismo modo, busca atraer inversiones extranjeras masivas para monetizar los minerales estratégicos y críticos que se encuentran en su territorio, con el fin de fabricar baterías para coches eléctricos. Todo ello se inscribe en el marco de lo que se denomina «política industrial verde» y la búsqueda del «crecimiento verde».

Las ambiciones de crecimiento verde de Marruecos se dirigen principalmente hacia la UE. Dado que la UE ha sido durante mucho tiempo el principal mercado para el capital marroquí (exportaciones e importaciones), Marruecos se ve obligado a adaptarse, tanto de forma temporal como estructural, a los cambios en el mercado de la UE. Así, tras el anuncio por parte de la UE de su Pacto Verde, con su ambición de alcanzar la neutralidad en carbono para 2050, Marruecos se apresuró a atraer inversiones en parques eólicos, solares y de hidrógeno verde en el país, con el objetivo de suministrar energía renovable a los mercados europeos. Esta estrategia se reforzó aún más tras la crisis del gas ruso provocada por la guerra en Ucrania. Cuando la UE anunció el CBAM, Marruecos anunció un Programa de Crecimiento Verde para ecologizar su industria, en virtud del cual pidió a los exportadores marroquíes que se adaptaran al CBAM para garantizar el acceso continuado al mercado europeo.

Marruecos: una puerta de entrada de China a Occidente

En este contexto, Marruecos está tratando de atraer inversiones en minerales críticos y estratégicos para la fabricación de baterías eléctricas. La guerra comercial entre Estados Unidos y China y las tensiones geopolíticas resultantes, especialmente tras el anuncio de Joe Biden de la Ley de Reducción de la Inflación, han dejado a China en la necesidad de contar con países con libre acceso al mercado estadounidense, es decir, países que tengan un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Uno de esos países es Marruecos. China está utilizando así el «friendshoring»: aprovechando los acuerdos de libre comercio entre Estados Unidos y otros países (entre ellos Marruecos) y estableciendo asociaciones a distintos niveles de la cadena de suministro con empresas de naciones aliadas con Estados Unidos. En este contexto, varias empresas chinas han puesto en marcha proyectos de baterías para coches eléctricos en Marruecos. Entre ellas se encuentran CNGR, Gotion High-Tech, Shinzoom, Youshan y Huayou Cobalt.

Esta participación en el «friendshoring» chino es lo que el Estado y el capital marroquíes denominan «aprovechar las oportunidades» para posicionarse mejor en la división internacional del trabajo, lo que, según afirman, impulsará el tan esperado despegue industrial. En lo que respecta a Marruecos, la inversión china en el sector de los minerales críticos en Marruecos es una oportunidad histórica para asegurar su tan esperado salto industrial.

Obstáculos para que Marruecos alcance sus ambiciones

El capital marroquí y el Estado marroquí se han fijado objetivos ambiciosos, pero la consecución de estos objetivos se enfrenta a obstáculos en forma de importantes problemas estructurales. Los más importantes son la economía política del país (es decir, el control antidemocrático de la monarquía sobre la toma de decisiones económicas), la cuestión de la financiación (la dependencia de las finanzas públicas y la deuda debido a la falta de iniciativa del sector privado) y, por último, la cuestión de la transferencia de tecnología, en particular la dependencia de la economía marroquí de los centros imperiales, de ahí la tediosa repetición de la palabra «soberanía» en los últimos documentos estatales: «soberanía económica», «soberanía energética», «soberanía alimentaria», etc.

El Estado (y el gran capital) depende de las inversiones extranjeras para superar el segundo y tercer obstáculo, mientras que el primero (la economía política de Marruecos) es aceptado por el gran capital marroquí y extranjero y por las instituciones financieras internacionales, ya que la monarquía es garante de la estabilidad política y la paz social en un país situado en una región tensa. No obstante, la monarquía marroquí está haciendo todo lo posible por mitigar cualquier riesgo reduciendo la dependencia de Marruecos, mediante la diversificación de los llamados «socios» del país, de ahí la apertura del país a China.

Por lo tanto, se puede concluir que la estrategia de Marruecos de posicionarse dentro de las estrategias globales de diversos grupos capitalistas y aprovechar la competencia entre las grandes potencias solo mejorará la posición del país dentro de la división internacional del trabajo existente. Esto contrasta con las audaces afirmaciones que figuran en los documentos estatales y la propaganda, según las cuales Marruecos es una potencia en ascenso y logrará la industrialización. La realidad es que el gran capital (globalizado) de Marruecos, que depende de la monarquía, ya tiene garantizada una parte de las inversiones en minerales críticos y estratégicos, por lo que no tiene ningún interés en imponerles condiciones (por ejemplo, la transferencia de tecnología) que puedan dar lugar a una mayor industrialización, especialmente en el contexto de la intensa competencia entre los países del Sur Global para atraer esas inversiones. Por lo tanto, el capital marroquí sigue siendo un «subcontratista» y lo máximo que puede esperar conseguir con las políticas actuales es convertirse en un «contratista conjunto».

El espejismo del desarrollo social

Los beneficios sociales de estas inversiones (y de esta estrategia de posicionarse en el centro de las estrategias del capital global y de explotar las rivalidades entre sus fuerzas en general) son cuestionables. El empleo permanente es una de las condiciones para una transición ecológica justa, pero la experiencia de Marruecos hasta ahora (incluso en sus zonas industriales libres, donde se ensamblan/producen automóviles, aviones y cableado eléctrico) ha demostrado que la creación de empleo reciente en el país se ha basado en gran medida en la externalización/subcontratación. Los puestos de trabajo creados son precarios, sujetos a una legislación laboral flexible que se introdujo hace veinte años (por no mencionar el contexto de feroz represión de las actividades sindicales en Marruecos). Además, la mayoría de los grandes proyectos, como las plantas de energía renovable, son intensivos en capital y, por lo tanto, ofrecen oportunidades de empleo principalmente durante las fases de construcción y desarrollo. Una vez completadas estas etapas, la mayoría de estos puestos desaparecen, dejando solo un número limitado de empleos altamente cualificados.

Lo mismo ocurre con el impacto de estas inversiones en las comunidades locales, especialmente en las zonas ricas en recursos subterráneos (sobre todo minerales). La experiencia práctica ha confirmado que estas inversiones son perjudiciales para las comunidades locales, ya que agotan sus recursos (minerales, agua, bosques) y, a cambio, solo ofrecen un número muy reducido de puestos de trabajo y unas migajas de lo que se denomina «desarrollo social». Esto explica las numerosas protestas que han tenido lugar entre los habitantes de las comunidades afectadas, como Imider y Bou-Azzer en la región de Ouarzazate, y Taghighacht y Akanouanin en la región de Midelt.

La ilusión de una transformación verde

El desarrollo económico y social y la sostenibilidad medioambiental solo figuran en la agenda de la monarquía y del gran capital marroquí con fines propagandísticos y publicitarios. A todos estos actores solo les importa asegurarse su parte del pastel. El objetivo principal del capital marroquí y del Estado marroquí al adoptar el discurso verde es obtener los fondos verdes prometidos a nivel internacional, señalar su adaptación a las transformaciones que se están produciendo en su vecino del norte (especialmente tras la adopción del CBAM por parte de la UE) y evitar cualquier obstáculo que pueda dificultar la entrada de las empresas marroquíes en el mercado europeo.

Recomendaciones

El documento concluye con una serie de recomendaciones, reconociendo un contexto mundial volátil y nada favorable, que incluye el auge de la extrema derecha en Europa y la victoria de Trump en las elecciones estadounidenses. Subraya que, si bien la energía (independientemente de su fuente) puede contribuir a construir un futuro más verde y socialmente más justo para Marruecos, la energía no es independiente de la estructura económica mundial, su marco social, sus instituciones estatales y las diversas formas de opresión que las impregnan: de clase, racial, de género, etc. Por lo tanto, no se puede soñar con un mundo verde sostenible mientras persista el capitalismo.

En sus recomendaciones, el documento hace hincapié en la necesidad de una política industrial verde basada en la demanda local y que ponga fin a la estrategia predominante basada en las exportaciones y a la dependencia del país de los centros imperialistas (antiguos y nuevos). No se trata de un llamamiento al aislacionismo nacionalista. Creemos en una cooperación cada vez mayor entre los pueblos, pero esto no significa que los pueblos de la ribera sur del Mediterráneo deban seguir soportando los costes financieros, medioambientales y sociales de mantener la ribera norte, como han hecho a lo largo de la historia. El documento hace hincapié en que la política industrial verde recomendada requiere la cooperación entre los países del Magreb para aprovechar la integración de sus recursos naturales, así como su potencial financiero e institucional. Esta cooperación regional debe servir de puente entre las políticas nacionales, con el objetivo último del socialismo ecológico, que solo puede realizarse a escala mundial. Para apoyar esta política industrial verde, las recomendaciones del documento se centran en el sector energético, el transporte, el sector financiero y bancario y la política de empleo. El documento destaca que solo una política pública sujeta al control y la supervisión de los ciudadanos (incluidos los trabajadores y las comunidades populares) puede transformar estos sectores en instrumentos eficaces para lograr una política de industrialización verde que garantice una transición económica, medioambiental y social justa.

Créditos

Autores

Ali Amouzai

 

Ali Amouzai, activista e investigador marroquí. Es miembro de Al Mounadil-a (movimiento obrero socialista revolucionario), ATTAC-Marruecos y la Red Siyada.

Revisado por Hamza Hamouchene, Jawad Moustakbal y Saber Ammar Traducido por Ahlem Selmi

Revisado por Aymen Zouaoui

Editado por Ashley Ingles, Hamza Hamouchene y Saber Ammar

Diseño gráfico de Bas Coenegracht.

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8.Congreso de Die Linke.

Un muy breve resumen, en traducción de Nico Maury, que tiene la mala costumbre de no citar la fuente, del reciente congreso de Die Linke. Sobre uno de los puntos, el genocidio palestino, os paso también el artículo que publican en la página web de la Fundación Rosa Luxemburgo. A mí me parece poco, tarde y mal, pero al menos hemos pasado de llevar camisetas de apoyo al ejército israelí a esto.

https://www.editoweb.eu/nicolas_maury/Que-retenir-de-la-conference-de-Chemnitz-de-Die-Linke_a16593.html

¿Qué hay que recordar de la conferencia de Die Linke en Chemnitz?

Lunes, 12 de mayo de 2025

El Partido de Izquierda (Die Linke) celebró su congreso nacional en Chemnitz los días 9 y 10 de mayo.

 

El objetivo del partido es mantener la dinámica de las elecciones federales, organizar a sus 112 000 miembros y responder a las expectativas, sobre todo tras la llegada al poder del Gobierno CDU-SPD.

Artículo y traducción de Nico Maury

Tras la salida del ala Wagenknecht y el fracaso del BSW, cuya línea tiende a acercarse a la AfD, los conflictos internos se han calmado, aunque siguen existiendo discusiones. Uno de los objetivos de esta conferencia es encontrar una respuesta política a las tensiones que han agitado durante mucho tiempo a Die Linke.

 

1- Mejorar las capacidades militantes del partido

La mitad de los aproximadamente 112 000 miembros del Partido de Izquierda se han afiliado en los últimos nueve meses. La codirectora del partido, Ines Schwerdtner, considera que hay mucho trabajo de formación por delante para que Die Linke recupere su posición de «partido de clase». Por lo tanto, Die Linke debe realizar una importante labor de formación, organización y difusión del marxismo.

2- Reconquistar la antigua RDA

 

El Partido de Izquierda quiere dedicarse a la lucha contra la derecha y a la defensa de los habitantes de Alemania Oriental. «No dejaremos el Este en manos de los nazis», declara el diputado Sören Pellmann.

 

Contrariamente a lo que pretende ser, la AfD no es un partido del pueblo, «sino un partido de los ricos». Hacen política con el miedo, y cualquiera que, explica Pellmann, «hace política con el miedo, profundiza ese miedo».

3- Hacer frente al «bloque marrón» y al Gobierno reaccionario CDU/SPD

Tras una profunda crisis, Die Linke sale reforzada. Pero también se enfrenta a retos considerables: hacer frente a un Gobierno federal CDU/SPD, que ha dado un fuerte giro a la derecha, y al bloque marrón de la AfD.

 

Si el auge de Die Linke en los últimos meses no debe ser solo un fuego de paja, y si el objetivo de un partido de clase no debe seguir siendo un fantasma, entonces esta izquierda necesita al menos un gran proyecto común. Podría tratarse de campañas para limitar los alquileres a nivel nacional —un tema que, en el mejor sentido de la palabra, se adapta a la vida cotidiana— y, como condición previa, la formación y la educación.

 

Queda mucho camino por recorrer, pero si se mantiene la dinámica y las posiciones son las anunciadas en el congreso, Die Linke podría volver a ser un gran partido de oposición, presente en los barrios, en las fábricas y en los parlamentos locales, regionales y nacionales.

Pero Die Linke también debe posicionarse sobre otros temas: la paz en Ucrania y Palestina.

Die Linke ha alcanzado un consenso sobre la posición de paz en Ucrania. Die Linke dice no al rearme de Alemania y a la militarización de la sociedad (enmienda presentada por la plataforma comunista). La moción reafirma que los representantes electos de Die Linke no pueden apartarse de la posición del partido en esta cuestión.

 

Die Linke ha adoptado la Declaración de Jerusalén sobre el antisemitismo. Las acusaciones de antisemitismo son instrumentalizadas por políticos e instituciones para silenciar a quienes denuncian los crímenes de guerra israelíes. Los delegados aprobaron una resolución sobre el tema (213 a favor, 181 en contra y 48 abstenciones).

 

El congreso del partido se opone así a la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), que aplica el término antisemitismo a numerosas declaraciones críticas con Israel. Esta decisión ha sido acogida con satisfacción por los comunistas israelíes de Hadash. El Hadashr afirma que «la lucha contra el antisemitismo es esencial, pero no debe utilizarse para silenciar las críticas necesarias de la izquierda hacia Israel y sus políticas violentas».

https://www.rosalux.de/en/news/id/53415/the-red-line-in-gaza-was-breached-long-ago

La línea roja en Gaza se traspasó hace mucho tiempo

Por qué es hora de que los políticos alemanes se levanten y digan «no» a Israel

Katja Hermann
Katja Hermann es asesora sénior para Asia Occidental en la Fundación Rosa Luxemburg de Berlín.

No pasa un solo día sin que lleguen nuevas y perturbadoras noticias de la guerra en Gaza. La cuestión de la «línea roja» parece una broma cruel después de más de año y medio de guerra, la destrucción de gran parte de la Franja de Gaza y decenas de miles de muertos y heridos, pero el Gobierno israelí y sus partidarios alemanes parecen creer que aún no se ha cruzado esa línea. Los responsables políticos, incluso en Alemania, siguen sin hacer nada al respecto.

Las últimas declaraciones del Gobierno israelí, que indican que va a ampliar sus operaciones militares en Gaza y establecer una presencia militar permanente en la zona, suponen una nueva escalada. Esto indica que el Gobierno israelí ha tomado una vez más una decisión que viola el derecho internacional, el derecho humanitario y las normas de derechos humanos internacionalmente reconocidas. En medio de los planes para desplazar una vez más a la población palestina hacia el sur de la franja costera, el mundo es testigo de los preparativos para una limpieza étnica.

El plan de expulsión de Trump

No hace falta decir que Washington está alineado con estos planes, que encajan perfectamente con la fantasía de Trump de convertir Gaza en una «Riviera de Oriente Medio», una vez que la población haya sido desplazada a los vecinos Egipto y Jordania. Podemos ver lo en serio que se toman Israel y Estados Unidos este escenario de desplazamiento por el hecho de que el plan de Trump, que inicialmente fue rechazado de plano por la comunidad internacional, no ha sido descartado en absoluto. Al contrario, el presidente estadounidense parece mantenerlo, como confirman sus últimas declaraciones.

El hecho de que Estados Unidos haya estado ejerciendo una intensa presión sobre Jordania y Egipto para que acojan a palestinos de la Franja de Gaza es una prueba del peligro real que entraña este escenario. Hasta ahora, Egipto y Jordania han rechazado rotundamente cualquier acogida masiva de palestinos, ya que esto significaría participar en el desplazamiento y, por lo tanto, romper un tabú, y no solo a los ojos del mundo árabe. Al mismo tiempo, no hay interés en tensar aún más el ya frágil equilibrio demográfico interno, especialmente en Jordania, donde la mayoría de la población palestina tiene sus raíces. Además, acoger a palestinos crearía tensiones incalculables en la política interna de ambos países y aumentaría considerablemente la presión sobre sus Gobiernos. Mientras tanto, Egipto y Jordania, que firmaron acuerdos de paz con Israel hace décadas, son aliados importantes de Estados Unidos y Occidente. Reciben una enorme cantidad de ayuda económica, militar y para el desarrollo, en particular de Estados Unidos, pero también de otros países occidentales, entre ellos Alemania. Queda por ver si Jordania y Egipto podrán permitirse rechazar a Estados Unidos y durante cuánto tiempo.

Hay una implacabilidad en el continuo desplazamiento de personas dentro de Gaza, que se ha producido desde el inicio de la guerra, y el actual escenario de reubicación forzosa, en parte porque la historia de los palestinos es una historia de desplazamiento y destrucción que ha quedado profundamente grabada en su memoria colectiva. A pesar de las resoluciones de la ONU, hasta la fecha no ha habido reparaciones por las pérdidas que han sufrido desde 1948, y mucho menos alguna posibilidad de regresar a los lugares de los que fueron expulsados o tuvieron que huir durante las guerras posteriores. El acuerdo sobre una solución de dos Estados, que los líderes palestinos afirmaron en la década de 1990 y por el que los palestinos renunciarían a sus reivindicaciones sobre una gran parte del territorio, es considerado por los palestinos como un compromiso histórico que se alcanzó con el fin de encontrar una solución pragmática a las décadas de conflicto territorial entre Israel y el pueblo palestino. Aunque la fórmula de «dos Estados para dos pueblos» nunca se ha aplicado, la comunidad internacional, incluida Alemania, la considera un marco de referencia para una futura solución negociada.

Lo que está ocurriendo ahora en la Franja de Gaza es de una magnitud completamente diferente y hace imposible una solución política a largo plazo. Lo que en un principio se justificó por el derecho a la autodeterminación, la necesidad de eliminar a Hamás y el rescate de los rehenes israelíes ha llevado a la destrucción total de la Franja de Gaza. A la luz de la guerra sistemática de Israel contra la población civil, la Corte Penal Internacional (CPI) está estudiando actualmente la posibilidad de presentar una acusación de genocidio.

No hay escapatoria

En este contexto, debemos recordar que, desde el principio, la población de Gaza no tuvo ninguna oportunidad de escapar de la guerra. Debido al cierre total de las fronteras del territorio, la gente ni siquiera pudo huir (con la excepción de las primeras semanas, cuando algunas personas aún pudieron escapar a Egipto). No tienen forma de protegerse de los ataques de Israel, ya que en Gaza no hay búnkeres ni refugios para la población civil. Con Hamás y sus aliados reprimiendo brutalmente las protestas, es prácticamente imposible rebelarse contra su régimen. Por lo tanto, es aún más notable que, a pesar de todo, en las últimas semanas se hayan producido múltiples protestas abiertas contra Hamás. La forma en que el discurso político y los medios de comunicación no han distinguido entre Hamás y el resto de la población de la Franja de Gaza ha dado lugar a una deshumanización que ha permitido que las acciones de Israel en Gaza sean ignoradas o presentadas en gran medida como ampliamente tolerables, y esto es especialmente cierto en Alemania.

A principios de año, el Gobierno israelí prohibió a la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) trabajar en Gaza desde dentro de Israel. Como consecuencia, la organización humanitaria más importante para apoyar a esta población necesitada ha quedado prácticamente marginada. Con esta medida, Israel está ignorando a una institución mandatada por la ONU que ha prestado servicio y apoyo al pueblo palestino durante décadas. A principios de marzo, las fronteras de Gaza, que solo se abrían esporádicamente para la ayuda humanitaria, se cerraron por completo y se interrumpió el suministro de alimentos y otros productos de primera necesidad a la franja costera. La hambruna resultante fue un acto deliberado; forma parte de la guerra sistemática que se libra contra una población que vive bajo la ocupación y el bloqueo. También en este caso, Israel está ignorando los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, que estipula el derecho de toda persona al sustento y a la seguridad alimentaria, y que sigue siendo aplicable incluso en tiempo de guerra.

El Gobierno alemán debe actuar

Si observamos la desoladora situación en Gaza, el silencio ensordecedor de los responsables políticos alemanes es aterrador. Es cierto que Alemania ha proporcionado alrededor de 300 millones de euros en ayuda humanitaria a Palestina desde el inicio de la guerra de Gaza, destinando la mayor parte de esos fondos a ayuda médica y alimentaria.

Sin embargo, el Gobierno alemán no ha tomado las medidas adecuadas. Las críticas explícitas a las acciones de Israel son escasas; en cambio, Alemania sigue suministrando armas y equipo militar y asegura regularmente a Israel su lealtad incondicional. Ni siquiera se rechazan las invitaciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a pesar de que la CPI ha dictado una orden de detención contra él por presuntos crímenes contra la humanidad. En este contexto, hemos visto al líder de la CDU, Friedrich Merz, nuevo canciller de Alemania desde el 7 de mayo, invitar a Netanyahu a visitar Alemania en vísperas de su elección, mientras que el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, se encuentra de viaje en Israel para celebrar los 60 años de relaciones entre Alemania e Israel en compañía del presidente Isaac Herzog y el primer ministro Netanyahu. Esto significa que Alemania está anteponiendo su doctrina de la Staatsräson al derecho internacional y a la justicia, al tiempo que se convierte en cómplice.

En lo que respecta a Gaza, la comunidad internacional ha fracasado. No ha sido capaz de detener la guerra genocida, evitar una hambruna catastrófica ni oponer una resistencia significativa a una posible expulsión. Sin embargo, el derecho internacional humanitario implica la obligación de los Estados terceros de tomar medidas para evitar este tipo de catástrofes.

En lo que respecta a la ayuda financiera y al desarrollo, Alemania lleva mucho tiempo activa en Palestina. Sin embargo, esto ya no es suficiente a la luz de la tragedia provocada por el hombre en la Franja de Gaza. La línea roja se cruzó hace mucho tiempo. Alemania debe decir adiós de una vez por todas a su lealtad ciega a Israel y utilizar todos los medios a su alcance para impedir la limpieza étnica de la Franja de Gaza, un objetivo que los ministros del Gobierno de Netanyahu han proclamado abiertamente.

Lunes, 12 de mayo de 2025

Observación de José Luis Martín Ramos:
El artículo sobre el genocidio ha tardado y sería mucho más creíble si incluyera alguna reflexión autocrítica de la pasividad anterior de Die Linke y de su connivencia, al menos de la connivencia de algunos miembros de Die Linke, en las acusaciones de antisemitismo a los que antes que ellos condenaron no se que se pasara una línea roja -¡que bonito y ambiguo es eso de las líneas!- sino que se estuviera cometiendo un genocidio flagrante.

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9. Resumen de la guerra en Palestina, 15 de mayo.

El seguimiento en directo de Middle East Eye.

https://www.middleeasteye.net/live/israel-gaza-palestinians-killed-genocide

En directo: Israel mata a 127 palestinos en Gaza desde la madrugada del jueves

Netanyahu intensifica los bombardeos mientras Trump visita la región, pero deja de lado a Israel
Puntos clave

Hamás: Trump tiene la visión correcta, pero debe usar su influencia sobre Israel

Jordania bloquea el acceso a Middle East Eye por la investigación sobre la ayuda a Gaza

Qatar afirma que Israel no muestra interés en el alto el fuego

Actualizaciones en directo

Resumen de la tarde

Nuestro blog en directo cerrará en breve hasta mañana por la mañana.

Estos son los acontecimientos más destacados del día:

– Las autoridades sanitarias de Gaza han informado de que 127 personas han muerto desde la madrugada del jueves, lo que lo convierte en el día más mortífero desde que Israel reanudó su guerra contra Gaza el 18 de marzo. El número de muertos ya supera los 53 000.

– Las autoridades también han informado de que el Hospital Europeo de Jan Yunis ha quedado totalmente fuera de servicio tras los intensos bombardeos israelíes de principios de semana. Este centro era el único que prestaba atención médica a pacientes con cáncer en Gaza.

– El embajador de Israel ante las Naciones Unidas, Danny Danon, ha declarado que su país no financiará la Fundación Humanitaria para Gaza creada por Estados Unidos, pero que facilitará y permitirá su funcionamiento. Esta iniciativa elude la infraestructura de las Naciones Unidas para la entrega de ayuda en Gaza.

– La última oferta del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a Hamás solo exigía que el grupo entregara a 10 rehenes israelíes de Gaza, según declaró el representante de Hamás, Taher al-Nono, en un comunicado.

– En otro comunicado, el representante de Hamás, Basem Naim, elogió la visión del presidente estadounidense, Donald Trump, para la paz en la región y le instó a utilizar su influencia para detener la nueva guerra de Israel.

– Las fuerzas armadas hutíes de Yemen declararon que el misil balístico hipersónico lanzado contra Israel —e interceptado por este— fue un éxito, dado que los israelíes tuvieron que «huir a los refugios y [detener] las operaciones del aeropuerto durante una hora».

Israel mata a 127 palestinos en Gaza desde la madrugada del jueves

El jueves ha sido el día más mortífero para los palestinos en Gaza desde que Israel reanudó su guerra en la Franja el 18 de marzo.

Las autoridades sanitarias han informado de que 127 personas han muerto desde la madrugada del jueves.

Los informes locales indican que en las primeras horas del viernes continúan los intensos bombardeos en Jabalia, Beit Lahia y Khan Younis.

«Contribuyentes contra el genocidio» presenta una denuncia contra el Gobierno de EE. UU.

Un grupo de ciudadanos estadounidenses, muchos de los cuales se vieron directamente afectados por la guerra de 19 meses de Israel contra Gaza, ha presentado una denuncia judicial en Washington D. C. con la esperanza de que, finalmente, se remita el caso de Estados Unidos a la Corte Penal Internacional.

El grupo, Taxpayers Against Genocide (Contribuyentes contra el genocidio), se ha unido al Comité Internacional del Gremio Nacional de Abogados para presentar la denuncia de 133 páginas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Acusan a las administraciones de Trump y Biden de «complicidad en el genocidio de Gaza», según un comunicado publicado por el grupo el miércoles.

«La demanda incluye declaraciones juradas ante notario de demandantes palestino-estadounidenses que han perdido a seres queridos en el genocidio financiado por Estados Unidos. Uno de los demandantes, Monadel Herzallah, ha perdido a 43 miembros de su familia», añade.

Estados Unidos «ha construido escudos legales en su territorio que niegan a las víctimas incluso la posibilidad de solicitar reparación», y «no puede seguir financiando, armando y encubriendo políticamente crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio en el extranjero mientras permanece inmune al escrutinio internacional», afirmó en el comunicado la abogada principal, Huwaida Arraf.

«Esta petición es un llamamiento a la rendición de cuentas donde aún no ha sido posible».

El hospital europeo de Gaza queda totalmente fuera de servicio: Ministerio de Salud

Las autoridades sanitarias de Gaza informaron el jueves que el hospital europeo de Jan Yunis está ahora completamente fuera de servicio tras los intensos bombardeos israelíes de principios de semana.

«El hospital cuenta con 28 camas de cuidados intensivos, 12 salas de neonatos, 260 camas para pacientes hospitalizados, 25 camas de urgencias y 60 camas de oncología, que ahora están fuera de servicio», informó el Ministerio de Salud en un comunicado.

«El Hospital Europeo de Gaza es el único que ofrece atención médica de seguimiento a los pacientes con cáncer en la Franja de Gaza, tras la destrucción del Hospital de la Amistad Turco», añadió.

Otros servicios especializados, como neurocirugía, cirugía torácica, el centro de cateterismo cardíaco, cirugía cardiovascular y oftalmología, han dejado de funcionar, ya que solo estaban disponibles en el Hospital Europeo, señalaron las autoridades.

El Festival de Cine de Cannes llora la muerte de la fotoperiodista palestina Fatima Hassouna

La comunidad cinematográfica de Cannes lloró la muerte de la periodista palestina Fatima Hassouna el jueves por la noche, abarrotando los cines para ver el documental sobre su vida en Gaza.

Solía decir que esto pasaría, recordó la directora Sepideh Farsi antes de la proyección de Put Your Soul on Your Hand and Walk en la ciudad turística de la Costa Azul francesa.

«Y pasará. Ella no está aquí, pero sigue presente, no lograron derrotarla», dijo Farsi con la voz entrecortada.

Hassouna, de 25 años, estaba decidida a acudir al Festival de Cine de Cannes para ver el documental a pesar de las dificultades que le planteaba el bloqueo israelí, según declaró Farsi a Reuters antes de las proyecciones.

Estaba «radiante de alegría» el día que se enteró de que la película había sido seleccionada, añadió Farsi.

Al día siguiente, Hassouna murió en un ataque aéreo israelí contra su casa.

Su muerte llevó al festival, normalmente apolítico, a emitir un comunicado en el que la lamentaba como una de «las demasiadas víctimas de la violencia» en la región.

Información de Reuters

Netanyahu solo pidió la liberación de 10 rehenes israelíes en su última oferta, según Hamás

La última oferta del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a Hamás solo exigía que el grupo entregara a 10 rehenes israelíes de Gaza, según declaró el representante de Hamás, Taher al-Nono, en un comunicado el jueves.

«Netanyahu dice que solo quiere 10 rehenes, lo que significa que no le importa la cuestión de los rehenes y que insiste en la guerra», afirmó Nono.

«Cualquier intercambio [de cautivos] debe ser completo y garantizar el fin de la guerra. No volveremos al periodo provisional», añadió.

Hamás también ha informado ya a los mediadores egipcios de que «entregará la administración de Gaza» a un comité acordado, dijo Nono.

«La ocupación no ha ofrecido nada nuevo y rechaza cualquier propuesta de los mediadores sobre un alto el fuego».

Los hutíes prometen seguir atacando el aeropuerto de Ben Gurión

Las fuerzas armadas hutíes de Yemen declararon el jueves que el misil balístico hipersónico lanzado contra Israel unas horas antes y que fue interceptado fue un éxito, dado que los israelíes tuvieron que «huir a los refugios y [detener] las operaciones del aeropuerto durante una hora».

El grupo, que ha sido el gobierno de facto en Yemen durante una década, también dijo que «ampliaría sus operaciones militares» contra Israel, dada la mayor escala del sufrimiento en Gaza.

Los ataques contra el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv continuarán, al igual que las interrupciones a los buques vinculados a Israel que cruzan el estrecho de Bab el Mandeb, en el mar Rojo, dijeron los hutíes en un comunicado.

Las exportaciones de armas aprobadas por el Reino Unido a Israel se dispararon bajo el Gobierno laborista, según los datos

El Gobierno del Reino Unido aprobó la venta de material militar por valor de 169 millones de dólares a Israel en los tres meses siguientes a la suspensión parcial de las exportaciones de armas por parte del Gobierno laborista, debido a la preocupación de que pudieran utilizarse ilegalmente en Gaza.

Los datos de exportación publicados el jueves muestran que entre octubre y diciembre de 2024 se aprobaron 20 licencias diferentes en categorías como aviones militares, radares, equipos de localización y dispositivos explosivos.

Más información: Los activistas contra las armas afirman que esto supera lo aprobado en total bajo el Gobierno conservador

Israel intercepta un misil procedente de Yemen

Por segundo día consecutivo, el ejército israelí afirmó que su sistema de defensa aérea interceptó el jueves un misil que, según afirma, fue lanzado por los hutíes en Yemen.

El secretario de Estado estadounidense, Rubio: EE. UU. «no es insensible» al sufrimiento de Gaza

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró el jueves a los periodistas en Antalya, Turquía, que había hablado con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y que le había expresado que Washington está preocupado por la situación humanitaria en Gaza.

Rubio afirmó que Estados Unidos «no es insensible al sufrimiento» de la población de Gaza.

Israel no financiará el grupo de ayuda a Gaza formado por Estados Unidos, y la ONU no participará

El embajador de Israel ante las Naciones Unidas, Danny Danon, afirmó el jueves que su país no financiará la Fundación Humanitaria para Gaza formada por Estados Unidos, pero que facilitará y permitirá su funcionamiento.

Esta medida elude la infraestructura de la ONU, establecida desde hace décadas para recibir y distribuir la ayuda en Gaza.

Los funcionarios de la ONU han criticado la decisión de Estados Unidos e Israel, y el jueves, el portavoz adjunto de la ONU dijo que el organismo internacional no participará en la nueva iniciativa.

Hamás elogia la visión de Trump y le insta a utilizar su influencia

Una declaración de Hamás el jueves elogió la visión del presidente estadounidense Donald Trump para la paz en la región y le instó a utilizar su influencia para detener la nueva guerra de Israel contra Gaza.

«Hamás ha transmitido a través de todas sus comunicaciones, incluidas las mantenidas con la Administración estadounidense, su voluntad de colaborar de forma constructiva con todas las partes interesadas a nivel internacional para lograr este objetivo: el cese inmediato de la guerra y el inicio de un proceso político creíble que conduzca al establecimiento de un Estado palestino plenamente independiente», declaró Basem Naim, miembro de la oficina política de Hamás.

«El presidente Trump posee la influencia y la autoridad necesarias para hacer esto realidad, si existe la voluntad política», añadió.

«Trump sigue reiterando su visión de una desescalada global y la creación de un mundo más seguro y pacífico. Sus esfuerzos están a punto de dar resultados en Ucrania e Irán, y ya han dado resultados en la India y Pakistán», dijo Naim.

«Afirmamos que, aunque en principio es loable, esa visión no puede hacerse realidad mientras persistan la guerra y el genocidio en Gaza».

La Nakba: la desaparición de Jaffa es una advertencia para Gaza, pero la historia aún está por escribir.

Mi abuelo, Ismail Abou Shhadeh, conocido por la mayoría como Abu Subhi, nunca nos habló de la Nakba. Hablaba de todo menos de lo que ocurrió en 1948.

Solo a través de las entrevistas que concedió a diversos medios de comunicación pudimos comprender lo que significó vivir la catástrofe de 1948 en la que entonces era una de las ciudades más importantes de Palestina, Jaffa (Yafa en árabe).

Y solo a través de una entrevista en particular, con Al Jazeera, supimos cómo murió su padre, Haseen Abou Shhadeh.

Haseen nació durante la época otomana, cuando la tierra se consideraba propiedad de quienes la trabajaban, un principio que había moldeado la vida agrícola de generaciones de palestinos, incluso cuando cambiaron las leyes formales sobre la propiedad de la tierra.

En 1948, las milicias sionistas explotaron ese profundo sentido de arraigo y seguridad, tomando por sorpresa a los desprevenidos aldeanos palestinos y utilizando el terror para expulsarlos de sus hogares y confiscar sus tierras y propiedades.

Más información: La Nakba: la desaparición de Jaffa es una advertencia para Gaza, pero la historia aún está por escribir, por Abed Abou Shhadeh

Abed Abou Shhadeh reflexiona sobre las historias paralelas de Jaffa y Gaza, «dos centros costeros unidos por la pérdida y la resistencia».

Una colona israelí embarazada muere en un tiroteo en Cisjordania

Una colona israelí en avanzado estado de gestación murió el miércoles en un tiroteo en la Cisjordania ocupada, lo que provocó llamamientos de los líderes procolonos para que se arrasen las aldeas palestinas cercanas.

Nadie reivindicó inmediatamente la autoría del tiroteo cerca del asentamiento de Brukhin, en el norte de Cisjordania.

El presidente israelí, Isaac Herzog, dijo que Tzeela Gez fue tiroteada mientras se encontraba en un coche con su marido, que la llevaba al hospital para dar a luz.

Los medios israelíes informaron de que Gez fue declarada muerta tras ser trasladada al hospital, donde su bebé fue dado a luz por cesárea. Según los informes, el bebé se encuentra en estado grave pero estable, mientras que el marido de Gez, Hananel, resultó levemente herido.

Políticos israelíes afirmaron que las localidades palestinas cercanas de Bruqin y az-Zawiya deberían ser destruidas como las ciudades de Gaza, en medio de una de las mayores ofensivas militares israelíes en Cisjordania en dos décadas. Al menos 38 000 personas han sido desplazadas desde que se lanzó la ofensiva en enero.

El ejército y los colonos israelíes han matado al menos a 934 palestinos en Cisjordania desde el inicio de la guerra de Israel contra Gaza, según cifras del Ministerio de Sanidad.

El ejército israelí mata a cinco palestinos en Cisjordania

Cinco palestinos murieron el jueves durante una operación del ejército israelí en Tamoun, en el norte de la Cisjordania ocupada, según informaron el alcalde de la localidad y el ejército.

«Las fuerzas de ocupación israelíes mataron a cinco jóvenes tras sitiar una casa en el centro del pueblo», afirmó el alcalde Samir Qteichat.

«El ejército de ocupación se llevó cuatro cadáveres y encontramos un quinto mártir, con el cuerpo carbonizado, después de que las fuerzas de ocupación se marcharan», añadió.

El ejército israelí confirmó que había atacado dos edificios en las aldeas de Tamoun y Tubas.

Los escombros de una casa después de que las tropas israelíes la rodeasen y, según informes, matasen a cinco personas que se encontraban en su interior, durante una redada del ejército en Tammun, en la Cisjordania ocupada, el jueves (AFP).

Manchas de sangre cubren el suelo después de que las tropas israelíes lo rodearan y, según informes, mataran a cinco personas que se encontraban en su interior, durante una redada del ejército en Tammun, en la Cisjordania ocupada, el jueves (AFP).

El Reino Unido impide a un diputado laborista preguntar sobre los bombarderos israelíes que utilizan una base aérea británica

Durante meses, los parlamentarios han cuestionado al Gobierno británico sobre el papel de una base aérea militar de la Royal Air Force en la isla de Chipre, a solo 40 minutos de vuelo de Tel Aviv.

Desde allí, aviones de la RAF han realizado vuelos de vigilancia regulares sobre Gaza durante toda la guerra de Israel contra el enclave sitiado.

En respuesta a las preguntas sobre estos vuelos, el Ministerio de Defensa ha insistido en que se trata de operaciones de «rescate de rehenes».

En los últimos meses, los diputados han formulado varias preguntas al ministro de Defensa, Luke Pollard, sobre la base aérea situada en la antigua colonia británica. Todas ellas han sido respondidas.

Hasta esta semana, cuando el diputado laborista Kim Johnson presentó una pregunta sobre el uso de la base aérea por parte de Israel.

Más información: El Reino Unido impide a un diputado laborista preguntar sobre el uso de la base aérea británica por parte de bombarderos israelíes

El diputado Kim Johnson en la Cámara de los Comunes (Parlamento del Reino Unido)

Los ataques israelíes en Gaza matan a más de 100 personas

Los ataques israelíes en Gaza mataron al menos a 103 personas, la mayoría de ellas niños y mujeres, según informaron los equipos de rescate.

Según un informe anterior de Wafa, el número de muertos en la guerra de Israel contra Gaza ha aumentado a 52 928 palestinos, con casi 119 846 heridos desde el 7 de octubre de 2023.

Israel llevó a cabo los últimos ataques el día en que los palestinos conmemoran la Nakba, o «catástrofe» en español, cuando alrededor de 750 000 palestinos fueron expulsados por la fuerza de sus hogares por milicias sionistas para dar paso a la creación de Israel en 1948.

Con la mayoría de los 2,3 millones de habitantes de Gaza desplazados internamente, algunos residentes del pequeño enclave afirman que el sufrimiento es mayor ahora que en la época de la Nakba.

«Lo que estamos viviendo ahora es incluso peor que la Nakba de 1948», afirmó Ahmed Hamad, un palestino de la ciudad de Gaza que ha sido desplazado en múltiples ocasiones.

Jordania bloquea el acceso a Middle East Eye tras una investigación sobre la ayuda a Gaza

Las autoridades jordanas han bloqueado el acceso al sitio web de Middle East Eye, días después de que este publicara una investigación en la que se alegaba que el Reino Hachemita había cobrado tasas exorbitantes mientras supervisaba la entrega de ayuda internacional en Gaza.

En el artículo, fuentes de varias organizaciones de ayuda internacional dijeron a MEE que las ONG tenían que pagar 2200 dólares por cada camión de ayuda que entraba en Gaza y que las autoridades jordanas cobraban entre 200 000 y 400 000 dólares por cada lanzamiento aéreo sobre Gaza.

Según las fuentes, se cobraban alrededor de 200 000 dólares por cada lanzamiento aleatorio y 400 000 dólares por misiones específicas, a pesar de que cada avión transportaba el equivalente a menos de la mitad de la carga de un camión de ayuda.

Un día después de la publicación del informe, la Organización Benéfica Hachemita de Jordania (JHCO), el organismo oficial que actúa como único conducto para la ayuda que pasa por el país, dijo que rechazaba enérgicamente la información de MEE.

La oficina de prensa de la JHCO afirmó que los costes de los lanzamientos aéreos eran, en realidad, ligeramente superiores a los indicados en el informe de MEE, ya que los lanzamientos no selectivos costaban 210 000 dólares cada uno y los lanzamientos guiados por GPS alcanzaban «hasta 450 000 dólares».

Más información: Jordania bloquea el acceso a Middle East Eye tras una investigación sobre los lanzamientos de ayuda a Gaza

Fundado en 2014, Middle East Eye se ha convertido en una fuente de noticias de prestigio sobre Oriente Medio y el norte de África gracias a su enfoque periodístico en profundidad (MEE/Creative).

HRW: El plan de Israel sobre la población de Gaza intensificaría sus «actos de genocidio»

El plan del Gobierno israelí de demoler lo que queda de la infraestructura civil de Gaza y concentrar a la población palestina en una zona minúscula supondría una escalada abominable de sus continuos crímenes contra la humanidad, la limpieza étnica y los actos de genocidio, según afirmó Human Rights Watch (HRW) el jueves en un informe.

«Escuchar a los funcionarios israelíes alardear de sus planes de concentrar a los dos millones de habitantes de Gaza en una zona aún más pequeña y convertir el resto del territorio en inhabitable debería ser tratado como una alarma de incendio de nivel cinco en Londres, Bruselas, París y Washington», afirmó Federico Borello, director ejecutivo interino de HRW.

«El bloqueo de Israel ha trascendido las tácticas militares para convertirse en una herramienta de exterminio», afirmó Borello, mientras la organización instaba a todas las partes de la Convención sobre el Genocidio a hacer más para evitar nuevas atrocidades en Gaza.

De la fiesta a la supervivencia: el «falso» makloubeh y fattah de una Gaza hambrienta

Junto a una estufa improvisada de leña, en un aula que les ha servido de hogar durante el último año, Um Kamal Ubeid alimenta con delicadeza a su nieto de un año, Kareem.

El plato es sencillo: pan empapado en té, pero para los palestinos de Gaza se ha convertido en un salvavidas en medio de la escasez extrema.

Conocida localmente como «té fattah», esta modesta comida se asocia desde hace tiempo a los momentos más oscuros de Gaza, como las ofensivas israelíes y los prolongados bloqueos.

Ahora, con el arroz, los cereales y los alimentos enlatados agotados bajo el actual asedio total de Israel, es todo lo que le queda a la familia Ubeid para sobrevivir.

«No recuerdo exactamente la primera vez que probé el té fattah, pero tenía unos 14 años, durante los primeros años del bloqueo y la guerra de 2008-2009», cuenta el padre de Kareem, Kamal Ubeid, de 32 años, a Middle East Eye.

Más información: De la fiesta a la supervivencia: el makloubeh y el fattah «falsos» de una Gaza hambrienta

Kareem, de un año, come pan mojado en té en medio de la prohibición israelí de entrada de mercancías en la Franja de Gaza (MEE/Mohammed al-Hajjar).

Aumenta el número de muertos por los ataques de Israel contra Gaza el jueves.

Más de 74 palestinos, en su mayoría mujeres y niños, han muerto en una ola de ataques israelíes en toda la Franja de Gaza, según Al Jazeera.

Al menos 57 personas murieron en los ataques nocturnos y el número de muertos aumentó el jueves por la mañana, cuando una serie de ataques alcanzaron zonas residenciales en la ciudad de Khan Younis, en el sur de Gaza, según informaron fuentes sanitarias locales, según el informe.

El personal médico del Complejo Médico Nasser informó de la llegada de numerosos heridos, muchos de ellos niños.

Trump dice que Estados Unidos debería «tomar» Gaza y convertirla en una «zona de libertad»

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo el jueves que quería que Estados Unidos «tomara» Gaza y la convirtiera en una «zona de libertad», mientras continúa la guerra de Israel contra el territorio palestino.

«Tengo ideas para Gaza que creo que son muy buenas: convertirla en una zona de libertad, dejar que Estados Unidos se involucre y convertirla simplemente en una zona de libertad», dijo el líder estadounidense en Qatar, y añadió: «Estaría orgulloso de que Estados Unidos la tuviera, la tomara y la convirtiera en una zona de libertad».

En fotos: Consecuencias de los ataques israelíes en Jan Yunis

Palestinos transportan los cadáveres de los dos bebés, Moath y Moataz Al-Bayouk, muertos en los ataques israelíes, en el hospital Nasser de Jan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, el 15 de mayo de 2025 (Reuters).

La palestina herida Safa Al-Bayouk llora por sus hijos, Moath y Moataz, muertos en los ataques israelíes, mientras yace en una cama del hospital Nasser de Khan Younis, en el sur de la Franja de Gaza, el 15 de mayo de 2025 (Reuters).

Un palestino herido se despide de sus familiares muertos en los ataques israelíes, en el hospital Nasser de Jan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, el 15 de mayo de 2025 (Reuters).

El niño palestino herido Yousef Al-Bayouk llora por sus hermanos Moath y Moataz, muertos en los ataques israelíes, mientras los dolientes asisten a su funeral en el hospital Nasser de Khan Younis, en el sur de la Franja de Gaza, el 15 de mayo de 2025 (Reuters).

Aumenta el número de muertos en Gaza

Los ataques israelíes del jueves mataron al menos a 50 personas en el territorio palestino devastado por la guerra, según informó la AFP, citando a la agencia de defensa civil de Gaza.

El portavoz de la agencia, Mahmud Bassal, dijo que al menos 13 personas fueron «rescatadas de los escombros» tras un ataque al amanecer en la ciudad de Khan Yunis, en el sur de Gaza, mientras que otras 35 murieron en 12 ataques separados en toda la Franja de Gaza.

Bassal añadió que en el sur de Gaza, una mujer murió en un bombardeo de artillería y un hombre por disparos.

Actualización matutina

Buenos días, lectores de Middle East Eye.

Estas son algunas de las últimas noticias sobre Gaza y toda la región:

  • Los equipos de rescate de Gaza afirmaron que al menos 34 personas murieron en los ataques israelíes y los bombardeos de artillería en el territorio palestino devastado por la guerra desde la madrugada del jueves.
  • Ben Cohen, cofundador de la heladería Ben & Jerry’s y activista progresista desde hace mucho tiempo, declaró a la AFP que hablaba en nombre de millones de estadounidenses indignados por la «masacre» en Gaza tras su expulsión de una audiencia del Senado de Estados Unidos el miércoles.
  • Una organización humanitaria respaldada por Estados Unidos comenzará a trabajar en Gaza a finales de mayo en el marco de un plan de distribución de ayuda muy criticado, pero ha pedido a Israel que permita a las Naciones Unidas y a otras organizaciones reanudar las entregas a los palestinos hasta que se ponga en marcha.
  • La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina ha advertido de que la ayuda humanitaria vital que se encuentra retenida en almacenes fuera de la Franja de Gaza «corre el riesgo de echarse a perder» debido al cierre de los pasos fronterizos por parte de Israel.
  • Un joven palestino ha resultado herido por disparos de las fuerzas de ocupación israelíes esta noche durante una redada en la localidad de Azzun, al este de Qalqilya, según la agencia de noticias Wafa.

Observación de José Luis Martín Ramos:
El casi silencio es el gran pecado de nuestro tiempo. El genocidio judío no tuvo respuesta inmediata porque los pueblos lo conocieron al final de la guerra; no puedo reaccionarse contra él. El genocidio palestino por Israel lo estamos conociendo al día, sin que haya habido ninguna reacción proporcionada al crimen que se está cometiendo. A los medios occidentales les sigue costando hablar de genocidio, aunque desde hace algunos días en alguna televisión se empieza a decir que esto ya parece un genocidio.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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