DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. Injerencias.
2. Todo es terrorismo.
3. Resiliencia económica.
4. Entrevista al biógrafo de Hobsbawm.
5. Sobre el imperialismo ayer y hoy.
6. Condenados a perder.
7. Hacia un nuevo mundo.
8. Arundhati Roy sobre la IA.
9. Resumen de la guerra en Irán, 15 de octubre.
1. Injerencias.
Sería gracioso, si no fuese tan cínico, que todos los gobiernos occidentales están muy preocupados por la injerencia rusa en las elecciones y no el la israelí, la de los multimillonarios y la de EEUU. Y en su propia injerencia en casos como el de Moldavia o Rumanía.
https://jonathancook.substack.com/p/worried-about-russian-meddling-in
¿Le preocupa la injerencia rusa en la política del Reino Unido? Espere a ver lo que está tramando Israel
El Gobierno de Andy Burnham está poniendo en marcha un nuevo «Centro para la Defensa de la Información». Sin embargo, los actores externos que socavan de forma más agresiva lo poco que queda de la democracia británica no figuran en absoluto entre sus objetivos
Jonathan Cook
Rusia «intervino» en la votación del Brexit de 2016 mediante la difusión de algunos artículos «anti-UE» en su canal RT y el fomento de unos cuantos trolls en Internet. Incluso el MI5 tiene que admitir que esta actividad no tuvo un impacto tangible en la campaña del referéndum.
No importa. El primer ministro británico, Andy Burnham, ha vuelto a sacar a relucir la incendiaria afirmación de que la desinformación rusa supone una amenaza especial para la democracia británica. Hace unas semanas, en las Naciones Unidas, anunció planes para crear un Centro Nacional de Defensa de la Información «con el fin de detectar, atribuir y neutralizar este tipo de ataques informativos hostiles por parte de Estados».
Para el nuevo primer ministro británico, al igual que para sus predecesores, todo esto gira en torno a Moscú y al hombre del saco favorito del Reino Unido: Vladímir Putin. En la ONU, Burnham prometió poner la experiencia británica al servicio de otras naciones europeas para protegerlas de la desinformación del Kremlin.
Mientras tanto, siguen acumulándose las pruebas de que otro actor extranjero está interfiriendo de forma aún más agresiva en la política británica —y ni Burnham ni el MI5 tienen nada que decir al respecto.
Cualquier indicio de difusión de desinformación rusa en el Reino Unido palidece en comparación con las operaciones de influencia israelíes —y eso solo son las que conocemos. El jefe del MI5, Ken McCallum, señaló que la desinformación rusa no era ni sofisticada ni eficaz. No se puede decir lo mismo de la labor de Israel.
Israel lleva años utilizando trolls de «hasbara» en las redes sociales para manipular los debates públicos en Gran Bretaña —el núcleo de la acusación contra Rusia—. Pero, en el caso de Israel, va mucho más allá de eso.
Este año, el Estado israelí aumentó masivamente su presupuesto de diplomacia pública hasta los 730 millones de dólares para ampliar sus operaciones de influencia. Esto incluye llevar en avión a un número aún mayor de políticos, clérigos, académicos y personas influyentes para bombardearles con propaganda proisraelí que, con toda probabilidad, difundirán a su regreso a sus países de origen. Según el ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Saar, la defensa de los intereses israelíes debería tratarse «como una inversión en aviones de combate, bombas e interceptores de misiles».
Ya existían numerosas pruebas a finales de la década de 2010, tal y como informé en su momento, de que Israel estaba ayudando a organizar, avivar y amplificar una campaña para calumniar a su principal crítico, Jeremy Corbyn, tachándolo de antisemita, con el fin de impedir que llegara al número 10 de Downing Street.
Entre otras cosas, Israel lo hizo promoviendo una nueva y falsa definición de odio hacia los judíos a través de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA). De manera muy conveniente para Israel, dicha definición ignora en gran medida el odio hacia los judíos para centrarse, en cambio, en las críticas a Israel.
Esa fue la injerencia más flagrante posible en lo que queda de los procesos democráticos británicos. Los políticos y los medios de comunicación del Reino Unido no solo no se opusieron a ello, sino que se esforzaron activamente por amplificar las calumnias.
Guerra civil
Esta semana, el grupo de presión estadounidense fanáticamente proisraelí, la Liga Antidifamación (ADL), reveló que había estado colaborando con las principales empresas de inteligencia artificial —que se están integrando cada vez más en las plataformas de redes sociales— para suprimir lo que denomina «antisemitismo», o lo que el resto de nosotros denominaríamos críticas a Israel.
https://x.com/infolibnews/status/2110091224627441737
Chris Menahan 🇺🇸@infolibnews
🚨 El director ejecutivo de la ADL, Jonathan Greenblatt, revela en Israel que ha estado colaborando con todos los principales laboratorios de vanguardia en inteligencia artificial para presionarlos a fin de que supriman el «antisemitismo». «Hemos estado trabajando con los laboratorios de vanguardia: OpenAI, Anthropic, Alphabet —la empresa que gestiona Gemini—, Google y Meta, que gestiona Muse, …
15:32 · 13 de octubre de 2026 · 447 MIL visualizaciones
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El director ejecutivo, Jonathan Greenblatt, señaló: «Hemos mantenido una excelente colaboración con Silicon Valley». Según él, las plataformas abordarían los contenidos que no son del agrado de la ADL «directamente en el código fuente», es decir, antes de que los usuarios puedan verlos.
Es probable que esto no solo elimine las críticas a las atrocidades israelíes y a los gobiernos occidentales —como el del Reino Unido— por su complicidad en el genocidio de Israel, sino que convierta las redes sociales en un terreno de juego para los bots y los defensores de Israel, dándoles vía libre para difundir su propaganda sin que nadie les cuestione.
También sabemos, gracias al trabajo de los servicios de seguridad franceses —quizá el MI5 estaba demasiado ocupado persiguiendo bots rusos como para darse cuenta—, que una agencia cibernética israelí llamada Blackcore se centró en el SNP durante las elecciones escocesas de mayo, además de entrometerse en las elecciones de Francia y Nueva York.
Las empresas tecnológicas israelíes, especialmente aquellas dedicadas al software espía, la inteligencia y las operaciones de influencia, suelen estar estrechamente alineadas con el Estado israelí y su ejército. La mayoría de los fundadores de estas start-ups tecnológicas son antiguos miembros de la unidad de inteligencia 8200 del ejército israelí.
Además del SNP, también fueron objeto de estos ataques el candidato a la alcaldía de Nueva York, Zohran Mamdani, y un partido francés de izquierdas liderado por Jean-Luc Mélenchon. ¿Por qué? Porque, a diferencia de sus rivales políticos, todos ellos se habían atrevido a pronunciarse en contra del genocidio de Israel en Gaza.
Con ecos de lo ocurrido con Corbyn, las campañas de Blackcore se diseñaron para calumniar a los candidatos. En el caso de las elecciones francesas, se crearon cuentas falsas para acusar a un candidato de violación y a otro de pedofilia.
Un nuevo documental, NAZA, muestra cómo Israel ha allanado el camino en el uso de la inteligencia artificial para desarrollar nuevas formas de matar a gran escala en Gaza. Seleccionaba listas de objetivos para su asesinato, a menudo matando a esos «sospechosos» cuando se encontraban en recintos familiares, masacrando así a un gran número de transeúntes en el proceso.
Por lo tanto, no es de extrañar que se haya descubierto que empresas tecnológicas de Israel utilizan la IA de formas igualmente innovadoras e indiscriminadas en Internet, para dirigir desinformación al público occidental.
En verano se supo que el Gobierno israelí había creado una página web para un falso centro de estudios «académico». En poco tiempo, este generó cantidades prodigiosas de contenido sobre Israel generado por IA, optimizado para términos de búsqueda habituales, que promovía los argumentos de Israel y sugería constantemente que las críticas a Israel corrían el riesgo de alimentar el antisemitismo.
Se creó no solo para influir en los chatbots de Internet a fin de que se hicieran eco de su desinformación proisraelí, sino también para integrar su contenido en lo que los expertos denominan los «datos de entrenamiento subyacentes»: es decir, los supuestos incuestionables sobre los que operan los chatbots.
Ya en mayo de 2024, Meta identificó cuentas falsas con sede en Israel que «se hacían pasar por estudiantes judíos, afroamericanos y otros ciudadanos preocupados», difundiendo contenido proisraelí en Estados Unidos y Canadá en apoyo de la matanza de palestinos en Gaza perpetrada por Israel.
Hace dos meses, Meta volvió a detectar el mismo tipo de artimañas procedentes de Israel, esta vez dirigidas contra el Reino Unido, Francia y Australia, entre otros países. Las cuentas generadas por IA se hacían pasar «por marcas locales comprometidas con la sociedad civil, fuentes de noticias, organizaciones religiosas y activistas políticos».
Cabe destacar que, en el caso del Reino Unido y Francia, las campañas de influencia se diseñaron para avivar el sentimiento «antiinmigrante y antimusulmán». Israel ha desempeñado un papel fundamental en la difusión de contenido islamófobo, alimentando los temores ante una supuesta «toma del poder por parte de los musulmanes» en Europa para movilizar el apoyo a Israel como baluarte en Oriente Medio frente al islam y, de este modo, fomentar la simpatía hacia sus ataques genocidas contra Gaza.
Como consecuencia, el panorama político en Gran Bretaña se ha visto desfigurado. El apoyo a la extrema derecha se ha inflado artificialmente, lo que ha polarizado a la sociedad británica. Se está allanando el camino hacia un autoritarismo más profundo y la posibilidad de una guerra civil.
Campana fúnebre
Ninguno de estos nefastos resultados —la campana fúnebre para lo poco que queda de la democracia británica— está despertando ni siquiera el más mínimo interés por parte del Gobierno de Burnham o del MI5. En cambio, se dedican a perseguir lo que, hasta ahora, parece haber sido una actividad rusa mucho más marginal.
Pero no es solo la influencia de Israel lo que debería preocuparnos. El problema es mucho más profundo, ya que hay una plétora de otros actores externos nocivos que intentan distorsionar y desfigurar la política británica de formas que concuerdan estrechamente con las intenciones malignas de Israel. El Centro para la Defensa de la Información de Burnham no hará absolutamente nada para abordar nada de esto.
He aquí otros dos poderosos actores externos alineados con Israel a la hora de distorsionar la política británica.
La clase multimillonaria, una élite transnacional que no siente lealtad alguna hacia Gran Bretaña, interfiere en nuestra política haciendo que nuestros partidos políticos dependan de sus donaciones. Utilizan su dinero para comprar influencia en los principales partidos —razón por la cual, durante décadas, ha importado poco si votamos a los conservadores o a los laboristas—. En cualquier caso, nos imponen la austeridad, mientras que los multimillonarios obtienen permiso para sus guerras interminables, desviando la riqueza pública de los servicios públicos hacia las industrias armamentísticas y el acaparamiento de recursos.
Jeremy Corbyn intentó romper con este modelo financiando al Partido Laborista con pequeñas donaciones de la gente corriente en lugar de con las de los multimillonarios. Como resultado, fue destruido por una campaña orquestada por los multimillonarios, en colaboración con Israel y sus trolls, para calumniarlo tachándolo de antisemita.
Sir Keir Starmer, sucesor de Corbyn, volvió inmediatamente a suplicar dinero a las grandes empresas, se ganó el respaldo de los multimillonarios y siguió adelante con el programa de austeridad.
¿Es diferente el partido «Reform» de Nigel Farage? Por supuesto que no. Incluso antes de llegar al poder, ya depende de cripto-multimillonarios que viven en Tailandia y Hong Kong.
Mientras tanto, el ocasional «trillonario» estadounidense Elon Musk se dedica a movilizar a las nuevas «camisas negras» británicas, lideradas por el estafador reincidente Tommy Robinson, para que persigan a unos pocos inmigrantes «ilegales» en lugar de identificar a los verdaderos delincuentes que están destrozando Gran Bretaña: los superricos como Musk.
Los multimillonarios ejercen y ocultan su influencia a través de su propiedad de los medios de comunicación corporativos. Utilizan los medios para promover agresivamente sus propias causas —políticas y medidas económicas que garantizan su mayor enriquecimiento— normalizando la ideología extrema del capitalismo neoliberal, con su fomento de la extracción interminable de recursos mediante guerras eternas y el fomento del consumo innecesario.
La consecuencia es la destrucción de las condiciones para la vida humana en el planeta. Los multimillonarios esperan poder capear la catástrofe en sus búnkeres, o congelar criogénicamente sus cuerpos hasta un momento en el futuro en el que puedan ser «subidos» a la nube.
Una de las funciones más importantes de los medios de comunicación es utilizar campañas de calumnias para destruir a cualquiera —como Corbyn y ahora Zack Polanski— que amenace la posición privilegiada de los multimillonarios al ofrecer un programa ligeramente socialista de redistribución de la riqueza.
Estado vasallo
Si los medios de comunicación del Reino Unido no estuvieran totalmente controlados por la clase multimillonaria —actuando como su departamento de relaciones públicas—, quizá sabríamos más sobre el papel de los Estados Unidos en la injerencia en nuestra política.
Las recientes afirmaciones sobre un supuesto «complot terrorista» en las inmediaciones de la base de la RAF en Fairford —en realidad, una base de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que finge ser británica y desde la cual Estados Unidos ha librado una guerra ilegal de agresión contra Irán— deberían habernos recordado que el Pentágono es, en gran medida, quien dirige la política exterior del Reino Unido.
Estados Unidos cuenta con unas 15 bases militares importantes en territorio británico, además de media docena de instalaciones de inteligencia más pequeñas. Como señaló recientemente el podcaster estadounidense de derechas Tucker Carlson, el hecho de que Gran Bretaña tenga tropas extranjeras por todas partes nos convierte en poco más que un «Estado vasallo» ocupado.
Estados Unidos anunció recientemente una modernización de sus bases en el Reino Unido por valor de 4.000 millones de dólares, que incluye la creación de instalaciones de almacenamiento para su arsenal nuclear. El plan apenas suscitó interés entre los políticos británicos o los medios de comunicación.
Aunque nuestra clase política y mediática finge que el Reino Unido es un socio en igualdad de condiciones dentro de una alianza de defensa occidental, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la realidad es muy diferente. La OTAN recibe órdenes de EE. UU. y cumple los designios de Washington. Por eso la OTAN ha estado reorientándose hacia el mayor rival económico de Estados Unidos, China, que, por supuesto, no se encuentra ni mucho menos cerca del Atlántico Norte.
Cuando Estados Unidos chasquea los dedos, el Reino Unido se pone firme y aumenta su gasto en las industrias bélicas. Junto con los gobiernos europeos, el Reino Unido está dispuesto a vaciar sus arcas nacionales y recortar drásticamente el gasto público con aún más medidas de austeridad para respaldar la agenda militar de Washington en pro de la «dominación global en todos los ámbitos».
Influencia oculta
Gran parte de la influencia de Estados Unidos en la política británica se oculta cuidadosamente a la vista, operando a puerta cerrada.
A principios de la década de 2010, EE. UU. buscaba desesperadamente un pretexto para extraditar a Julian Assange desde el Reino Unido y encerrarlo en una prisión de máxima seguridad, ocultándolo de la vista pública después de que su organización, Wikileaks, revelara los crímenes de guerra de EE. UU. y el Reino Unido en Afganistán e Irak. Fue durante este periodo cuando Starmer, en su calidad de fiscal general, viajó en repetidas ocasiones a Washington para mantener reuniones secretas con funcionarios estadounidenses.
Nunca sabremos de qué se habló. Las solicitudes de acceso a la información revelaron que sus propios funcionarios destruyeron todos los registros de dichas reuniones.
Una vez que se convirtió en político, Starmer fue reclutado por la oscura Comisión Trilateral, fundada originalmente en la década de 1970 por funcionarios de la administración de Jimmy Carter para hacer frente al supuesto problema de «un exceso de democracia» en EE. UU. La opinión de la comisión era que los votantes se estaban volviendo peligrosamente menos pasivos —en aquel momento, en relación con la guerra de Vietnam— y que era necesario encontrar formas de devolverles a la docilidad.
Un proyecto británico-estadounidense similar consolida los lazos entre las estrellas emergentes de la política, los negocios y el periodismo británicos y las élites de Washington. El desequilibrio de poder entre ambas partes garantiza que los líderes británicos en ascenso sean fácilmente preparados para adoptar una visión del mundo atlantista en la que el Reino Unido es, en gran medida, el socio menor.
Existe una plétora de otros «respetados» think tanks y organizaciones cuya función principal es integrar las ideas políticas de EE. UU., especialmente las relacionadas con la política exterior, en el pensamiento de las élites británicas. Entre ellos se encuentran el Grupo Bilderberg, Chatham House, el Consejo de Relaciones Exteriores, el Consejo Atlántico, el Grupo Parlamentario Británico-Estadounidense y BritishAmerican Business.
Estados Unidos utiliza su poderío financiero a través de estas organizaciones y muchas otras para fabricar consenso en torno a sus ideologías neoliberales y neoconservadoras extremas. El ejemplo más reciente son las cuantiosas subvenciones concedidas a organizaciones dispuestas a exportar la ideología MAGA de Trump al Reino Unido, disfrazadas de iniciativa de «educación pública».
Existen numerosas pruebas que demuestran que fue la presión de la Administración Trump la que condujo a la decisión sin precedentes del Gobierno de Starmer de proscribir a un grupo de desobediencia civil, Palestine Action, por primera vez en la historia de Gran Bretaña, calificándolo de organización terrorista.
Palestine Action había indignado a Israel al atacar sus fábricas de armas en territorio británico, poniendo de relieve otro aspecto de la connivencia británica en el genocidio de Gaza, y había enfurecido personalmente a Trump al pintar en uno de sus campos de golf en Escocia las palabras «Gaza no está en venta».
En realidad, son tan numerosas las formas en que EE. UU. se entromete directamente en la política británica que resulta prácticamente imposible cuantificarlas. Gran Bretaña no es más que una colonia de EE. UU., que recibe imposiciones sobre cuestiones importantes de política exterior —especialmente en lo que respecta a los intereses estadounidenses e israelíes— a las que el Reino Unido, invariablemente, tiene demasiado miedo como para oponerse.
Burnham ya está dando marcha atrás para revocar la decisión del Reino Unido de acatar un fallo de la Corte Internacional de Justicia y otros tribunales internacionales según el cual Gran Bretaña no tiene derecho a reclamar la soberanía sobre las islas Chagos y debe devolverlas a Mauricio. El Reino Unido se ha enfrentado a una rabieta de Trump al respecto, ya que EE. UU. mantiene una base militar ilegal en una de las islas.
La desobediencia por parte del Reino Unido es la excepción, no la norma. Lo cual hace que el enfoque exclusivo de Burnham en la influencia rusa resulte casi ridículamente fuera de lugar. Estas furiosas acusaciones contra el Kremlin tienen un único propósito: distraer a la opinión pública británica de dónde proviene la verdadera injerencia externa en nuestra política.
2. Todo es terrorismo.
El «todo es ETA» es una vieja táctica utilizada por todas las fuerzas de derecha por todo el mundo. Hedges entrevista a un periodista que ha investigado esta ampliación del término «terrorismo» a todo lo que no les gusta a esos gobiernos, especialmente el estadounidense.
https://chrishedges.substack.com/p/how-the-trump-admin-is-expanding
Cómo la Administración Trump está ampliando la definición de «terrorismo» — y qué implica esto (con Dan Boguslaw) | TCHR
El periodista de investigación Daniel Boguslaw saca a la luz la connivencia entre las fuerzas del orden, el mundo empresarial estadounidense y el ámbito académico para crear nuevos objetivos para el creciente estado de seguridad de EE. UU.
Chris Hedges
https://www.youtube.com/watch?v=Ww1hPklXb7A
Esta entrevista también está disponible en plataformas de podcasts y Rumble.
En comunidades de todo Estados Unidos se está construyendo rápidamente la infraestructura necesaria para vigilar y rastrear a cualquier persona, desde sistemas de lectura automática de matrículas (ALPR) hasta centros de fusión, pasando por los centros de datos a hiperescala utilizados para almacenar la ingente cantidad de información que se recaba a partir de productos de consumo y dispositivos de vigilancia. A medida que la ciudadanía toma mayor conciencia de los peligros de esta infraestructura y del grado en que el Estado se entromete en sus vidas, se ha formado un amplio movimiento popular nacional de base que ya ha logrado importantes victorias, lo que atemoriza a las élites políticas y a sus benefactores corporativos.
En este episodio de *The Chris Hedges Report*, el periodista de investigación Daniel Boguslaw se une a Hedges para analizar lo que ha descubierto al examinar minuciosamente informes inéditos de entidades como el Departamento de Seguridad Nacional, el FBI y los centros de fusión. Boguslaw revela el funcionamiento interno de un complejo de seguridad nacional en expansión tras el 11-S que requiere la creación de nuevas categorías de amenazas bajo el pretexto del «terrorismo» para alimentarse y mantenerse. Explica que, antes del 11-S, «el FBI y el aparato de seguridad nacional ya se encontraban en alerta máxima, tratando de buscar formas de acorralar a los ciudadanos estadounidenses que ejercían su derecho a la libertad de expresión y de reunión utilizando el lenguaje y la ideología de la lucha antiterrorista», y añade que nos encontramos en una nueva era de ataques desenfrenados contra la libertad de expresión y la represión estatal.
Hedges y Boguslaw comienzan analizando la categoría de amenaza más reciente, el «extremismo antitecnológico», « una respuesta directa a las protestas generalizadas contra la construcción de estos enormes centros de datos y la creciente intromisión en nuestras vidas, así como contra el poder destructivo de la inteligencia artificial». A continuación, Boguslaw aborda el prolongado auge de los centros de fusión, en los que el sector empresarial estadounidense se ha aliado con las fuerzas del orden locales y federales para utilizar el «manto del Estado con el fin de otorgarles más poderes para perseguir la disidencia».
En esta nueva era, la supervisión del sistema de vigilancia es escasa, lo que permite graves abusos de poder tanto por parte del Estado como de las empresas. Una persona o un grupo no tiene por qué cometer actos violentos para ser considerado una amenaza. La lista de actividades sospechosas es larga e incluye aquellas «que podrían llevar a cabo fácilmente manifestantes pacíficos». El Congreso, donde existe apoyo bipartidista, y el mundo académico, a través de su ámbito de «investigación sobre el extremismo», también son responsables del creciente Estado de seguridad. Como resume Hedges: «Estas instituciones se perpetúan a sí mismas y, por ello, fabrican amenazas con el fin de continuar no solo con su existencia, sino también con su expansión».
«The Chris Hedges Report» es una publicación financiada por sus lectores. Para recibir nuevas entradas y apoyar mi trabajo, considere la posibilidad de hacerse suscriptor gratuito o de pago.
¡Mi libro «Requiem for Gaza» ya está a la venta!
Presentador
Chris Hedges
Productor ejecutivo:
Max Jones
Introducción:
Margaret Flowers
Transcripción:
Margaret Flowers
Equipo:
Milena Soci
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Transcripción
Chris Hedges:
A raíz de los ataques contra directores ejecutivos, un movimiento de protesta a escala nacional dirigido contra los centros de datos y la creciente preocupación por la sustitución de puestos de trabajo por la inteligencia artificial, las agencias de inteligencia federales y las fuerzas del orden nacionales están difundiendo informes con un nuevo objetivo interno en mente: los «extremistas antitecnológicos», escribe Daniel Bogaslaw en *Wired*. Bogaslaw examinó más de 1.000 páginas de informes inéditos del Departamento de Seguridad Nacional, el FBI y los Centros de Fusión. Estos informes inéditos revelan un cambio a escala nacional para vigilar esta nueva y preocupante categoría general de personas y actividades consideradas una amenaza emergente.
La vigilancia del denominado «extremismo antitecnológico» se produce inmediatamente después del Memorándum Presidencial de Seguridad Nacional n.º 7, que ordena al Departamento de Justicia centrarse en cualquier persona que sostenga creencias antiamericanas, anticristianas y anticapitalistas. Sebastian Gorka, el responsable de la lucha antiterrorista de Trump, afirma que los extremistas de izquierda constituyen una de las tres principales prioridades antiterroristas a las que se enfrenta actualmente Estados Unidos. El enfoque de la Administración en el extremismo antitecnológico es una respuesta directa a las protestas generalizadas contra la construcción de estos enormes centros de datos y la creciente intromisión en nuestras vidas, así como al poder destructivo de la inteligencia artificial. La persecución de los denominados «extremistas de izquierda» que se oponen a la industria de la IA añade una categoría no mencionada a aquellas personas que están siendo criminalizadas por la Casa Blanca de Trump.
Me acompaña para analizar dos de sus reportajes, «Las fuerzas del orden de EE. UU. advierten sobre el extremismo antitecnológico a medida que crece el odio hacia la IA» y «Seguridad Nacional vigila a los activistas que desarrollan tecnología anti-Flock», el periodista de investigación Daniel Bogaslaw, cuyo trabajo también ha aparecido en The Intercept, The New Republic, Rolling Stone, Jacobin, The Nation, Vice y The American Prospect. Y tengo que decirle, Daniel, que creo que fue usted quien filtró esos memorandos internos de mi antigua empresa, el New York Times, sobre todas las palabras que no se les permitía decir acerca de Gaza. ¿Es eso correcto?
Daniel Bogaslaw:
Sí, es correcto. Eso fue hace ya un par de años. Nunca he publicado nada allí y probablemente nunca lo haré, así que…
Chris Hedges:
Sí, bueno, no pasa nada. Yo tampoco lo haré nunca más. Muy bien, hablemos un poco de lo que ha estado ocurriendo. Así pues, ha revisado mil páginas de estos informes inéditos. ¿Qué ha descubierto?
Daniel Boguslaw:
Bueno, si le parece bien, quizá podría empezar con una breve lección de historia para contextualizar lo que he encontrado. Antes del 11-S, algo de lo que mucha gente no se da cuenta es que el FBI y el aparato de seguridad nacional ya se encontraban en alerta máxima, tratando de buscar formas de acorralar a los ciudadanos estadounidenses que ejercían su derecho a la libertad de expresión y de reunión utilizando el lenguaje y la ideología de la lucha antiterrorista. Así pues, antes del 11 de septiembre, la mayor amenaza interna en la lista de prioridades del FBI no era el terrorismo yihadista radical, ni el terrorismo salafista radical, ni tampoco el terrorismo de extrema derecha o las bandas de supremacistas blancos; de hecho, era el extremismo ecológico y de resistencia ecológica.
Así pues, antes del 11-S, esa era la mayor prioridad antiterrorista para el FBI. Y, obviamente, sabemos cómo continúa la historia tras el 11-S, con la llegada de la Ley Patriota y la creciente criminalización, primero de los musulmanes estadounidenses, pero luego una especie de metástasis que llevaba a ver enemigos acechando por todas partes a nivel nacional. Hubo un esfuerzo por crear, en primer lugar, la figura de los «extremistas violentos nacionales» y, después, simplemente la de «extremistas nacionales», y proliferaron las categorías de amenaza para todo y para cualquiera bajo el sol, ya fuera el extremismo por los derechos de los animales, el extremismo vegano o el ecoextremismo. E incluso en los gobiernos tanto de derechas como de izquierdas, el extremismo político, ¿verdad? Existen categorías de amenaza para el extremismo violento de derechas. Existen categorías para el extremismo violento de izquierdas. Se trata de categorías muy amplias, pero que, en general, se han aplicado con un grado marginal de precisión a grupos anarquistas o milicias, cuyas acciones y palabras, en muchos casos, siguen estando protegidas por la Constitución.
Pero lo que reveló mi reportaje es una ampliación astronómica de estas denominadas «categorías de amenaza» en una época en la que la mayoría de los estadounidenses están aterrorizados por la inteligencia artificial y por la proliferación de centros de datos en sus barrios y comunidades. Y así, estos documentos describen una especie de mutación de esta red de vigilancia nacional que ahora se centra en categorías muy amplias que podrían incluir a cualquiera, desde un estudiante universitario alborotador que asiste a una manifestación hasta una persona mayor que acude a la reunión del ayuntamiento local para oponerse a un centro de datos. Estas categorías utilizan términos como «extremismo antitecnológico». Entre los nuevos términos que estoy viendo se incluye el de «extremismo antisorveglianza», es decir, cualquier persona que haya participado en la protesta contra las cámaras de seguridad de Flock. Pero esto supone un nuevo nivel, diría yo, en el siglo XXI de acorralamiento de amplios sectores de la población.
Chris Hedges:
Usted cita el informe —creo que se trata de la evaluación de la Oficina de Inteligencia—: «El ambiente caótico que pueda derivarse de la tecnología emergente de IA en los próximos cinco años podría alimentar protestas a gran escala que degeneren en disturbios civiles y en actividades extremistas violentas antitecnológicas, especialmente en grandes áreas urbanas como la ciudad de Nueva York». «El término “extremismo violento antitecnológico” —esto lo escribe usted— «no aparece en ningún informe o guía sobre extremismo interno del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) o del FBI de acceso público, y representa una nueva agrupación de una amplia gama de ideologías bajo una única categoría extremista». De lo que realmente están hablando es de cualquiera que se identifique con la izquierda.
Daniel Boguslaw:
Sí, pero creo que va más allá de eso. Me refiero a que, sin duda, el Memorándum Presidencial de Seguridad Nacional n.º 7 (NSPM-7) estaba dirigido de forma muy explícita, diría yo, a la izquierda y a cualquiera del centro o de la derecha que se oponga a las políticas de la Administración Trump. Y sabemos que el NSPM-7 —los informes lo han confirmado— era un memorándum que, en realidad, ordenaba a la totalidad de las fuerzas del orden federales y a la comunidad de inteligencia que se centraran en este tipo de amenazas de izquierdas, y que fue, en realidad, una respuesta al asesinato de Charlie Kirk. Quiero decir que eso ocurrió y, básicamente, la reacción fue que en la Casa Blanca perdieron la cabeza y empezaron a creer de verdad que no se trataba de la acción de un individuo psicótico aislado, sino que representaba la culminación de una especie de lado oscuro en auge. Y, como ha mencionado, esto ha sido impulsado por personas como el «zar» antiterrorista Sebastian Gorka. Pero, ya sabe, yo diría que, sin duda, esto abarca a gran parte de la izquierda y, desde luego, señala y se centra en grupos de izquierdas. Pero, como hemos visto tanto con Flock como con los centros de datos, quiero decir, también hay aquí un elemento populista de derechas, ¿verdad?, que ha sido avivado por personas como Steve Bannon, quienes también albergan un escepticismo antitecnológico muy arraigado, y no veo ninguna razón por la que esas personas no vayan a verse también arrastradas por esto. Se trata de uno de esos casos en los que, una vez que se da a conocer esa categoría de amenaza, ¿verdad?, y una vez que esos términos empiezan a circular, cualquiera que pueda incluirse en esa categoría acabará siéndolo.
Chris Hedges:
Hablemos de Ziz LaSota, de quien no sabía nada hasta que leí su artículo.
Daniel Boguslaw:
Por supuesto. Bueno, esto es muy extraño; para mí es una especie de punto de encuentro entre el FBI y el pánico satánico de las amas de casa de los años 90, ¿verdad? El FBI se hace eco de algo, una especie de secta o un pequeño grupo que resulta completamente escandaloso y demencial, y luego utiliza un caso de violencia o extremismo verdaderamente extremo, pero hiperlocalizado, para extrapolar: «De acuerdo, este tipo de cosas tiene que estar escondido por todas partes, ¿verdad? Están en las sombras».
Así pues, Ziz era una especie de lo que ellos denominaban una secta racionalista, un grupo de personas de la zona de la Bahía de San Francisco con un alto nivel de formación y vínculos con el movimiento racionalista, y concretamente con la vertiente de este movimiento de San Francisco que tiene un miedo desmesurado a la IA, que cree firmemente que, como usted sabe, la IA va a dominar el mundo, que va a alcanzar plena conciencia y va a, ya sabe, destruir a cualquiera y a todos aquellos que no hayan tomado medidas preventivas para, por así decirlo, apaciguar a este futuro dios de la IA. Se trata, pues, de una teoría bastante descabellada. Sin duda, creo que en Silicon Valley hay una aceptación más generalizada de algunas de sus partes. Pero estos individuos se lanzaron a una matanza, en esencia. Uno de ellos mató a su casero con una espada samurái. Otro se enzarzó en un tiroteo con un agente de la patrulla fronteriza. Pero, de nuevo, se trataba simplemente de un grupo psicótico y desquiciado de tres o cuatro individuos que forman parte de una secta.
Sin embargo, lo que observamos ahora en los informes de amenazas que he obtenido es que el Gobierno está intentando utilizar este caso aislado de personas desquiciadas para extraer una conclusión más amplia sobre otras personas que se adhieren a esta ideología y se radicalizan a causa de ella. Y están tomando un elemento de sus creencias —que es el temor a que la tecnología destruya el mundo, ¿verdad?— y extrapolándolo a una categoría mucho más amplia y vaga que luego puede aplicarse a todo tipo de personas que no han manifestado ninguna intención de cometer actos violentos, que no han cometido ningún acto violento y que quizá solo estén expresando sus ideas u organizando protestas contra estas empresas, de las que les preocupa seriamente que vayan a tener un grave impacto, si no en el medio ambiente, si no en la población activa, al menos en nuestra vida cotidiana y en la sociedad humana.
Chris Hedges:
Me gustaría que hablara de los centros de fusión y solo quiero añadir que pasé mucho tiempo en Zuccotti con el movimiento «Occupy». Éramos muy conscientes de que había un centro de fusión entre la Policía de Nueva York y los servicios de seguridad de las empresas. Trabajaban desde la misma oficina para vigilar a los activistas de «Occupy». Cuando me detuvieron frente a Goldman Sachs, era imposible distinguirlos porque todos se conocían por su nombre; no se podía saber quiénes eran los agentes de seguridad de Goldman Sachs y quiénes pertenecían a la Policía de Nueva York. Formaban una sola unidad. Pero hable de eso y del alcance de la vigilancia.
Daniel Boguslaw:
Por supuesto. Hay mucho que analizar sobre este tema. Me refiero a que, en primer lugar, convendría explicar qué son los centros de fusión. Tras el 11-S, hubo muchas acusaciones recíprocas, ¿verdad? Es decir, ya fuera el FBI, la CIA o incluso la NSA, casi todas las agencias federales de inteligencia tenían alguna pieza del rompecabezas antes del atentado. En el caso del FBI, había agentes de campo en Minneapolis que habían intentado advertir a la alta dirección de la agencia de que había unos tipos que estaban tomando clases de vuelo. Había información de la CIA que revelaba otras piezas del rompecabezas, que apuntaban a la implicación de Arabia Saudí. Así pues, básicamente, como parte de la creación del Departamento de Seguridad Nacional y también como un esfuerzo —al menos tal y como se justificó— por subsanar esas denominadas «lagunas en el intercambio de información». Se partía de la idea de que esas lagunas podían subsanarse integrando, en esencia, el Departamento de Seguridad Nacional en las comisarías estatales y locales. Y crearon estos centros, que eran como lo que se denomina «células de fusión», donde se reúnen agentes de la policía estatal con la policía local —a veces, con los sheriffs— y también hay representantes del FBI y del Departamento de Seguridad Nacional, todos allí juntos. Así, se reciben informes de los agentes locales sobre lo que han observado en la calle, que se incorporan a ese sistema. Y luego se recibe información procedente de las autoridades federales —del DHS y del FBI— que se transmite al terreno. Pero hay un tercer elemento: no se trata solo de las autoridades federales y locales, sino que, como usted ha mencionado, existe un componente empresarial, y es que la integración del mundo empresarial estadounidense en el Departamento de Seguridad Nacional y en el FBI ha sido perfecta.
Y tuvimos una muestra de ello durante el movimiento Occupy, donde hubo, literalmente, informes de que estas entidades financieras elaboraban sus propios expedientes —¿verdad?— sobre la vigilancia presencial de los manifestantes y luego los enviaban a estos centros de fusión. Y así, todo se mezcla por completo. Existen casi media docena de redes de intercambio de información con nombre propio que conectan al mundo empresarial estadounidense con el FBI y con el DHS, ya sea InfraGard, ya sea DSAC, ya sea una serie de consejos de inteligencia corporativa —en los que se incluye a directores ejecutivos en estos consejos que se reúnen con los dirigentes del FBI y del DHS—. Y, por lo tanto, en lo que respecta a las empresas de inteligencia artificial, existe una grave preocupación de que los departamentos de seguridad interna de estas empresas —a menudo denominados GSOC, Centros Globales de Operaciones de Seguridad— vayan a transmitir sus inquietudes a las fuerzas del orden federales. Así pues, básicamente, disponen de un canal directo para defender sus propios intereses corporativos ante el Gobierno federal. Por supuesto, los documentos que he obtenido no son públicos. Así pues, las empresas tienen una visión de primera mano de todo lo que hacen las autoridades federales, pero el ciudadano de a pie que intenta defender un proceso democrático para regular esta nueva tecnología queda completamente excluido de ese proceso.
Chris Hedges:
Usted escribe: «Un informe del Centro Regional de Inteligencia del Norte de Virginia advertía de que AGAAVES…». Les encantan las siglas. Vale, esto no se puede inventar. «Los extremistas violentos antigubernamentales y antiautoritarios, influidos por agravios relacionados con el Gobierno y teorías de la conspiración, se han dedicado a la planificación preoperativa, centrándose en centros de datos y otras infraestructuras críticas para perturbar las operaciones gubernamentales; sin embargo, en el desglose de los indicadores de notificación de actividades sospechosas, el informe de inteligencia enumera actividades que podrían llevar a cabo fácilmente manifestantes pacíficos, según afirman expertos jurídicos». Usted continúa: «Estos informes de inteligencia forman parte de una larga tradición». Está citando a Spencer Reynolds, asesor jurídico sénior de la NAACP. «Estos informes forman parte de una larga tradición en la que las agencias identifican las protestas —o incluso el mero hecho de tener opiniones firmes— como precursoras de la violencia. Los informes de actividades sospechosas son increíblemente poco fiables, a menudo se refieren a comportamientos vagos o inocentes y se emiten bajo criterios permisivos. Estos informes, que suelen recibirse en grandes cantidades, permiten a los agentes introducir sus propios sesgos y ver en los hechos lo que quieren ver». A lo que realmente se refiere es a que, a sus ojos, se trata de un ataque preventivo y está justificado porque, en esencia, han etiquetado a estos grupos como potencialmente violentos, incluso cuando en realidad no han llevado a cabo ninguna actividad violenta.
Daniel Boguslaw:
Sí, así es. Y puede imaginarse todos esos casos en los que alguien pasea por un centro de datos o pasa en coche por delante de uno, como algo que los activistas podrían hacer para averiguar cómo llevar a cabo una protesta de forma segura. Puede que ni siquiera estén intentando causar ningún daño o perturbación, sino simplemente averiguar: «¿Dónde vamos a colocarnos? ¿Dónde vamos a sentarnos?».
Y otro aspecto de todo esto que, en mi opinión, se comprende muy mal y que mis colegas de los medios de comunicación cubren de forma deficiente es esta campaña que se está llevando a cabo en estos momentos para que la IA y también los centros de datos reciban lo que se denomina una «designación de infraestructura crítica», ¿verdad? Se trata de una idea que se ha aplicado a todo tipo de sectores empresariales estadounidenses, desde la agricultura monocultiva hasta, en realidad, lo que se le ocurra, incluidos los gigantes de las telecomunicaciones. Y esta es, en realidad, la idea de que cada parte del sector empresarial estadounidense constituye un elemento esencial para la seguridad nacional, ¿verdad? Por ello, los centros de datos y las empresas de inteligencia artificial han estado presionando al Gobierno para que les otorgue esa misma designación. Y lo que eso supondría no solo les daría más acceso a subvenciones gubernamentales, a protecciones del Estado y a información de los servicios de inteligencia, sino que también crearía toda una nueva serie de leyes para cualquiera que fuera sorprendido cometiendo desobediencia civil cerca o en los alrededores de cualquiera de estas estructuras o instalaciones, ¿verdad? Porque si, de repente, se puede afirmar que ese centro de datos es un activo crítico para la seguridad nacional, o que ese edificio de oficinas de inteligencia artificial es una pieza fundamental de la infraestructura de seguridad nacional, de pronto ya no se actúa bajo la legislación penal o civil habitual, sino que se entra en el ámbito de la seguridad nacional y los secretos de Estado. Y eso también ha supuesto un gran impulso por parte de estas empresas para, en cierto modo, envolverse a sí mismas, consagrarse bajo un manto más del Estado que les otorgue más poderes para perseguir la disidencia.
Chris Hedges:
Hablemos de la vigilancia que, como menciona en su primer artículo, llevan a cabo estos centros de fusión. Creo que al principio del artículo se refiere a cómo supervisan todo tipo de comunicaciones, incluida Signal, pero de lo que ha descubierto se desprende claramente que están vigilando, tal y como usted escribe, las concentraciones presenciales. El Centro del Norte de Virginia elaboró un informe sobre manifestaciones en actos cívicos locales, entre ellos la reunión sobre el presupuesto del condado de Arlington y la reunión de la Junta Escolar del condado de Fairfax. «En todo el país», escribe usted, «los ayuntamientos y las reuniones de las comisiones presupuestarias han sido algunos de los principales foros en los que los residentes locales han expresado su desacuerdo con la construcción de centros de datos en sus barrios». Pero estas reuniones, bastante inocuas, ahora están sin duda infiltradas y vigiladas por estos centros de fusión».
Daniel Boguslaw:
Sí, y es una lógica muy nefasta, ¿verdad? Quiero decir, si se analizan estos informes confidenciales sobre amenazas, saben que, en ocasiones, estas cosas saldrán a la luz o se filtrarán. Por eso, siempre se incluían en ellos este tipo de declaraciones como: «Reconocemos que no se ha cometido ningún delito y que estas actividades están amparadas por la Primera Enmienda y constituyen una reunión protegida constitucionalmente». Y también incluyen declaraciones en estos documentos que, básicamente, los justifican diciendo: «Solo estamos actuando como árbitros. Solo estamos observando esta sesión del ayuntamiento para asegurarnos de que nadie cometa actos violentos en ninguno de los bandos». Y esta es la misma lógica, por cierto, que utilizan constantemente con las manifestaciones, ¿verdad? Dicen: «No estamos vigilando a los manifestantes por motivos ideológicos. Estamos protegiendo a ambas partes al vigilar a quienes asisten a esta manifestación».
Y es una lógica que no tiene fin, ¿verdad? Quiero decir, ¿por qué no deberían vigilarme cuando voy a hacer la compra para asegurarse de que nadie se cuele en la cola o se lleve el último yogur desnatado? Es decir, es una lógica que podría ampliarse y aplicarse en cualquier circunstancia. Y lo aterrador es que, en la época en la que vivimos, estos centros de fusión y, por extensión, el Gobierno federal tienen acceso ilimitado a herramientas de fuentes abiertas, ¿verdad?, para supervisar cientos de millones de publicaciones en redes sociales con el fin de buscar patrones, identificar a individuos y detectar vínculos entre personas y grupos. Y, cada vez más, cuando hablo con fuentes dentro de la comunidad de inteligencia, incluso las personas que siguen trabajando en el DHS y el FBI me han dicho que les preocupa mucho que muchas de las garantías legales que existen dentro del FBI y el DHS para impedir registros sin orden judicial de personas se estén dejando básicamente de lado, porque estas agencias pueden simplemente comprar todo lo que necesitan a los intermediarios de datos.
Así pues, vivimos en una época en la que ni estas empresas de inteligencia ni los centros de fusión cuentan con una regulación o supervisión adecuadas en esta era de consumo masivo de datos. Y, al mismo tiempo, las grandes empresas tampoco están sujetas a ningún tipo de regulación. Quiero decir, creo que cada año Wired o el New York Times publican un reportaje sobre… Bueno, estamos hablando de manifestantes, pero publican reportajes sobre funcionarios de la CIA y altos cargos del Departamento de Defensa cuyos datos son adquiridos y rastreados por servicios de inteligencia extranjeros. Así pues, si los datos de esas personas quedan expuestos, puede imaginarse a qué se enfrenta el ciudadano medio estadounidense. Así que sí, simplemente vivimos en un mundo en el que no existe ningún tipo de supervisión sobre a qué pueden acceder estos centros de fusión.
Chris Hedges:
Y, como usted deja claro, en California, Illinois, Indiana, Nueva Jersey, Oklahoma y Wisconsin, la policía estatal y local ha expulsado o detenido a oradores en asambleas públicas que criticaban los centros de datos; en un caso, incluso antes de que se les permitiera intervenir.
Daniel Boguslaw:
Sí, quiero decir que es muy extraño. En toda mi vida, nunca había visto ninguno de estos fenómenos. Nunca había visto este nivel de movilización a escala municipal en la participación ciudadana, con personas que realmente alzan la voz en sus comunidades y ejercen sus derechos constitucionales. Y, al mismo tiempo, el nivel de brutalidad y la reacción violenta de la policía, a menudo en torno a estas cámaras «Flock» y marcas similares, como las cámaras «Axion», en sus comunidades. Y es una imagen que pone al descubierto la relación existente aquí, donde hay personas que se expresan pacíficamente en asambleas ante sus representantes electos y la policía, que utiliza esta tecnología, detiene a ellos. Y creo que, sencillamente, aún no se tiene una visión clara de cómo el Gobierno federal está incitando a todo esto. Sabemos que están formulando una categoría de amenaza «antisorveglianza» que podría aplicarse a los opositores a Flock, pero creo que, debido a la forma en que estos centros de fusión intentan proteger y clasificar sus documentos, el público estadounidense, lamentablemente, se mantiene en la ignorancia sobre cómo está evolucionando esta ideología que ataca esta nueva ola de participación ciudadana.
Chris Hedges:
Me gustaría que hablara de Mario Lubrano y de la forma en que lo vinculan con todo tipo de grupos extremistas, fascistas de extrema derecha, y de Luigi Mangioni, quien asesinó al director ejecutivo de United Healthcare, Brian Thompson, con un Unabomber. Me refiero a que hable de ese tipo de nexo.
Daniel Boguslaw:
Sí, pues una cosa que he observado en el último año es que existe una estructura de incentivos y una relación muy tóxicas —diría yo— entre los investigadores académicos del extremismo y los servicios de inteligencia y las fuerzas del orden federales. Y, como ocurre lamentablemente en gran parte del mundo académico, existe una especie de mentalidad de «publicar o perecer», lo que significa que, si se trabaja en el campo de la denominada «investigación sobre el extremismo», entonces, en cierto modo, está compitiendo con otros académicos para inventar constantemente nuevas categorías de amenazas en las que encajar a los estadounidenses respetuosos con la ley.
Y en el caso de este nuevo extremismo antitecnológico, quiero decir que he hablado con este tal Lubrano. Es un tipo muy agradable. Por lo que yo sé, no está realmente tan vinculado a las agencias de inteligencia, pero, en cuanto surgió esta nueva ola de resentimiento, fue como si se hubieran puesto en marcha para buscar a toda prisa un nuevo término. Y él había escrito este libro sobre el extremismo antitecnológico hace cinco o seis décadas. Y se centraba en esos fenómenos marginales de un espectáculo secundario, ¿verdad? Se centraba en Kaczynski y en esos grupos europeos marginales que mezclaban, en cierto modo, la ecología profunda con las ruinas vikingas y el fascismo. Pero era casi como un espectáculo de curiosidades, ¿verdad? Y entonces, de repente, lo que se ve es el programa George Washington sobre extremismo, ¿verdad?, que está financiado en parte por el Departamento de Seguridad Nacional, el cual envía constantemente a sus estudiantes al FBI y al DHS, recurriendo a su libro, invitándole a dar una conferencia y publicando estos informes. Y en cuanto se ve eso, uno se da cuenta, ¿verdad?, de que el Gobierno está a punto de hacerse eco de ello. Y, en muchos sentidos, estos centros de estudios y este tipo de instituciones cuasiacadémicas que están completamente alineadas con las agencias de inteligencia tienen mucha más libertad para inventar estas nuevas categorías que los federales. Y luego se les permite, básicamente, introducir estas cosas sin más. No me canso de repetirlo, pero, de nuevo, hace apenas un par de semanas vi a uno de estos académicos utilizar el término «extremismo antisurveillance», y es como si hubiera dado en el clavo: «Vale, aquí vamos otra vez». Y me he puesto en contacto con mis fuentes para que me avisen en cuanto vean que ese término aparece en estos informes.
Así pues, creo que solo hay otra cosa que añadiría a esto, y es que creo que mucha gente se imagina a los miembros del FBI y del DHS como una especie de personajes uniformemente «mccarthistas», ¿verdad?, que parecen tener todos los ojos puestos en destruir a la izquierda y esto o aquello. Pero, de hecho, apostaría a que muchos más de ellos son mucho menos tajantes que eso. Es como si estuvieran tanteando a ciegas en busca de cualquier cosa que pudiera concebirse potencialmente como una amenaza, y en realidad no disponen de ningún criterio válido ni tienen una idea clara de la gravedad de dichas amenazas. Es casi como si estuvieran intentando tapar un millón de agujeros en un barco que se hunde y simplemente estuvieran lanzando frenéticamente de todo contra la pared para ver qué se queda pegado; y de ahí el aumento exponencial de la invención de estos nuevos términos.
Chris Hedges:
Pues más les vale inventarse una amenaza; de lo contrario, se quedarán sin trabajo. Es, en gran medida, lo que hizo el FBI con el Partido Comunista, como si este representara una amenaza existencial para el modo de vida estadounidense. Por supuesto, era ridículo y todo el mundo, desde Martin Luther King hasta el movimiento por los derechos civiles, se convirtió de repente en un agente del comunismo. Pero se trata de una profecía autocumplida. Yo cubrí el Estado de la Stasi en Alemania Oriental. No me lo estoy inventando. Se infiltraban en clubes de filatelia de jubilados para ver si alguien hacía una broma sobre Honecker. Así pues, estas instituciones se perpetúan a sí mismas y, por eso, fabrican amenazas para continuar no solo con su existencia, sino también con su expansión.
Daniel Boguslaw:
Por supuesto. Y a veces da mucho miedo, pero otras veces también resulta simplemente ridículo. Es como si, al leer estos informes de amenazas, hubiera algo que, para mí, resulta oscuramente cómico en lo desconectados que están estos individuos de la realidad y de la forma en que la gente se expresa en Internet. Quiero decir, hace un par de meses recibí uno que acabo de publicar en mi propio Substack, en el que un analista de inteligencia del Departamento de Seguridad Nacional difundía un informe de amenazas sobre adolescentes que se metían una botella de agua en los pantalones y grababan un vídeo junto a su instituto fingiendo que echaban agua y orinaban sobre su propio centro, como si esto fuera del mismo nivel que Al-Qaeda; es decir, unos chicos de instituto haciendo bromas y ellos diciendo: «Se está extendiendo. Esta broma se está extendiendo por todo el mundo». Quiero decir, es como: ¿qué clase de lunático al estilo del director Skinner hay que ser para estar sentado en su pequeña barquita observando a los alumnos de secundaria publicar vídeos en TikTok? Quiero decir, es una lógica que da mucho miedo en algunos aspectos y que, a menudo, también raya en lo absurdo, diría yo, en lo kafkiano.
Chris Hedges:
El Departamento de Seguridad Nacional está vigilando a los activistas que desarrollan tecnología contra Flock. Esta es su segunda historia. ¿Por qué no nos explica lo que ha descubierto?
Daniel Boguslaw:
Pues sí, este fue un caso realmente interesante porque, en cierto modo, fue un dos por uno. Descubrí un proyecto activista muy interesante del que no tenía constancia previa a través de unos documentos gubernamentales filtrados. Y, básicamente, se trataba, de nuevo, de una especie de «informe de amenazas de código abierto» que se recopiló en un Centro de Fusión de Massachusetts, ¿verdad? Y luego se volvió a difundir. Creo que en este caso lo redifundió un Centro de Fusión de Minnesota. Básicamente, estaban siguiendo de cerca el debate en torno a este proyecto realmente genial llamado «Sparrow Map», que, en esencia, intentaba realizar ingeniería inversa en las cámaras Flock creando un programa descargable que se puede conectar a una cámara de vigilancia pública de la ciudad o a un móvil viejo que uno haya pegado a su ventana. Básicamente, lo que hace es utilizar identificadores únicos para identificar vehículos de las fuerzas del orden federales y, a continuación, subirlos a un mapa que cualquiera puede consultar en tiempo real. Así pues, básicamente puede conducir por ahí, tener esto en el salpicadero y tomará una fotografía de un vehículo de las fuerzas del orden, lo identificará y, a continuación, borrará de su dispositivo cualquier otro dato no relacionado con las fuerzas del orden para, finalmente, subirlo al mapa.
Así pues, lo que descubrí fue que estos centros de fusión estaban vigilando a personas que hablaban sobre el uso de esta aplicación. Estaban vigilando a personas en Reddit. Estaban vigilando a personas en foros de noticias para hackers. Y, de nuevo, lo repitieron una y otra vez en este informe: «En este momento, no disponemos de información que indique ninguna amenaza creíble. No creemos que este grupo esté infringiendo la ley». Pero creo que la ironía es bastante evidente: del mismo modo que a los estadounidenses de a pie no les gusta que estas cámaras automatizadas con IA de Flock vigilen cada uno de sus movimientos, resulta que al Gobierno federal tampoco le gusta en absoluto que unas cámaras automatizadas supervisen la ubicación de todos sus vehículos para que el público y cualquiera que lo desee pueda acceder a esa información. Y por eso, este informe realmente, no sé, me pareció que dejaba al descubierto esta ironía, ¿verdad?, de por qué no puede ser todo esto público, ¿no? Se supone que la policía está ahí para protegernos, se supone que el Gobierno federal está ahí para protegernos, así que ¿por qué no deberíamos saber dónde están sus vehículos en todo momento? ¿Por qué no deberíamos saber a quién y qué están vigilando? Por eso, este informe me pareció bastante divertido y sorprendente.
Chris Hedges:
Y hablemos de cómo estos centros de fusión relacionaron inmediatamente esta actividad con —y usted lo menciona en su primer artículo— la relacionaron de inmediato con otras actividades terroristas.
Daniel Boguslaw:
Sí, quiero decir que esta es, cada vez más, la única perspectiva desde la que saben ver las cosas, ¿verdad? Es tal y como usted dijo al principio de nuestra conversación: se trata de un cambio real, desde la idea de impedir delitos concretos —es decir, identificar a los delincuentes y procesarlos— hasta esta idea de omnisciencia total. La idea del «pre-delito» y la idea de que, literalmente, cualquier grupo de cualquier tipo podría ser una amenaza potencial y, por lo tanto, debe ser vigilado. Y, de nuevo, basta con echar la vista atrás a la historia y a la evolución de todo esto para darse cuenta de que, a principios de siglo, era muy fácil decir: «Vale, estos ecologistas son unos auténticos marginales», o afirmar: «Estos defensores de la liberación animal, bueno, todo el mundo come carne y ellos son unos auténticos marginales». Pero da la sensación de que estamos llegando a una especie de punto de ruptura cuando se afirma que cualquiera que esté harto de que la tecnología degrade nuestras vidas y nuestras interacciones sociales, cualquiera que exprese esos valores, es ahora una nueva amenaza potencial. Es decir, simplemente no veo cómo estas categorías pueden seguir ampliándose cuando sabemos que la gente va a verse arrastrada por esto y que, luego, personas como yo lo haremos público. Es decir, tiene que haber algún tipo de punto de inflexión.
Y creo que la presión que la Administración Trump está ejerciendo sobre las agencias de inteligencia, ordenándoles que se centren en los grupos activistas para procesar a los manifestantes en virtud de la NSPM 7 y, ahora, tal y como acaba de anunciar, la Ley de Registro de Agentes Extranjeros, creo que esto va a exigir un ajuste de cuentas, del mismo modo que lo hubo tras las revelaciones sobre el COINTELPRO y el CHAOS en los años 70.
Lo que espero es que esta vez lo hagamos bien. Me refiero a que, como seguramente ya sabe usted, y estoy seguro de que sus oyentes también lo saben, hubo las audiencias del Comité Church, los directores del FBI y la CIA fueron citados ante el Congreso e interrogados, y se asumieron compromisos de reforma. Y, sin embargo, cuando uno observa el panorama de lo que está sucediendo hoy en día, no creo que nadie pueda afirmar que aquellas reformas crearan salvaguardias efectivas, teniendo en cuenta lo que está ocurriendo ahora en la Oficina.
Chris Hedges:
Sí, el 11-S acabó prácticamente con todas esas reformas, incluidos los asesinatos de ciudadanos extranjeros. No contamos con un Frank Church, ni con un Congreso que funcione. Y, como usted señala: «Ambos partidos políticos se han apresurado a presentar proyectos de ley para restringir o eliminar por completo los lectores automáticos de matrículas, al mismo tiempo que las asociaciones policiales celebran reuniones informativas secretas en Washington con el fin de frenar la ola contra la vigilancia. La vigilancia a gran escala cuenta con apoyo bipartidista, tal y como vimos con las revelaciones de Snowden y bajo el mandato de Obama».
Daniel Boguslaw:
Sí, hace un par de meses me hizo llegar un documento que revelaba que los responsables de todas las principales asociaciones de jefes de policía de Estados Unidos, una semana antes de las audiencias del Congreso sobre Flock —el sistema de lectores automáticos de matrículas—, iban a intentar intervenir y informar en secreto a los miembros sobre por qué necesitan Flock, por qué necesitan los ALPR, de la misma forma en que la comunidad de inteligencia suele utilizar los llamados «cuasiaccidentes», ¿verdad?, para intentar asustar a los miembros del Congreso y que les concedan cada vez más fondos. Esta parecía ser una táctica similar por parte de estos jefes de policía, pero si esos son los esfuerzos hiperlocalizados de los jefes de policía estadounidenses para mantener «Flock», hay otra iniciativa que, en mi opinión, tampoco ha recibido la atención suficiente, y es la coacción ejercida por la Administración Trump sobre las agencias de inteligencia extranjeras para que ayuden a Estados Unidos y a su represión contra la izquierda.
En julio, el secretario de Estado, Marco Rubio, celebró en Washington, D.C., una reunión ministerial sobre la violencia política de izquierdas que reunió a jefes de inteligencia de, creo, más de 40 países diferentes. Y esto formaba parte de ese esfuerzo concertado para tachar a los grupos de izquierdas de terroristas. Meses antes de que se celebrara esa reunión ministerial, el Departamento de Estado designó a cuatro nuevas organizaciones terroristas extranjeras en Europa, concretamente en Alemania, Italia y Grecia. Y lo que esto supuso —algo de lo que mucha gente no se dio cuenta— fue que abrió la vía a un análisis de redes que vinculaba a cualquier persona relacionada con estos grupos de izquierda, que ahora son organizaciones terroristas extranjeras. Esto dio lugar a todo tipo de nuevas facultades en virtud de la FISA, en virtud del artículo 702, así como a las facultades del Departamento del Tesoro para rastrear el blanqueo de capitales destinado a organizaciones terroristas extranjeras, y a posibles acciones judiciales en virtud de las cláusulas de apoyo material por proporcionar dicho apoyo.
En respuesta a estas designaciones, se cerró en Alemania un enorme fondo de fianza de izquierdas, una gran organización sin ánimo de lucro que cuenta con unos 20 000 miembros, porque, de repente, se les atribuyó un posible vínculo con una de estas denominadas organizaciones terroristas extranjeras. Pero, vinculando esto específicamente con mi reportaje, también ha habido un esfuerzo concertado en colaboración con el Gobierno alemán en torno a esta cuestión del extremismo antitecnológico. En Alemania se produjo un ataque muy grave contra la red eléctrica por parte de un grupo organizado. Existen muchas preguntas sobre quiénes forman realmente ese grupo, quiénes lo respaldaban y si el manifiesto que publicaron era veraz. Pero lo que sí sabemos con certeza es que la Administración Trump se ha centrado en este grupo que atacó la red eléctrica como ejemplo de extremismo antitecnológico. De hecho, durante la reunión convocada por Marco Rubio con todos estos responsables de inteligencia exterior, este utilizó el término «extremismo de izquierdas antitecnológico» en múltiples ocasiones. Así pues, podemos observar esta tendencia tanto a nivel local —con las fuerzas del orden nacionales tratando de acorralar a los grupos de izquierda y a cualquiera que se oponga a esta nueva tecnología— como, al mismo tiempo, el poder blando estadounidense tratando de coaccionar a nuestros denominados «aliados extranjeros» para que colaboren en los procesos judiciales nacionales, ya que, como sabemos, es mucho más fácil perseguir a los estadounidenses vinculados a grupos extranjeros gracias a esos poderes de los que hemos hablado, que se desataron tras el 11-S y a través de la Ley Patriota.
Chris Hedges:
Estupendo, gracias, Daniel. Y quiero dar las gracias a Melena, Max y Thomas, que han producido el programa. Pueden encontrarme en ChrisHedges.substack.com.
3. Resiliencia económica.
Ya no pueden decir que va estupendamente sin reírse, así que ahora el FMI usa un nuevo término para definir las perspectivas de la economía mundial: «resiliente». Michael Roberts lo pone en duda.
https://thenextrecession.wordpress.com/2026/10/15/resilient/
¿Resiliente?
Resiliente: ese es el mensaje de las últimas perspectivas sobre la economía mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), presentadas en su reunión semestral celebrada en Bangkok, Tailandia. Según se indica en su informe: «La actividad económica mundial ha demostrado una vez más su resiliencia… En menos de siete años, la economía mundial se ha visto sometida a una sucesión excepcional de acontecimientos. La pandemia y las consiguientes perturbaciones en las cadenas de suministro mundiales; las guerras en Ucrania y Oriente Medio, con los consiguientes fuertes aumentos de los precios de la energía y otras materias primas; y los cambios significativos en las barreras comerciales y las relaciones comerciales han puesto a prueba la resiliencia de los hogares, las empresas, los mercados financieros y los gobiernos. Por separado, cada uno de estos acontecimientos importantes se habría considerado improbable. Su confluencia en un período de tiempo tan breve resulta aún más extraordinaria».
«Sin embargo, a pesar de esta avalancha de perturbaciones, la economía mundial se ha mantenido firme. Los mercados laborales se han mantenido inesperadamente sólidos, los sistemas financieros han resistido en general las perturbaciones y el endurecimiento monetario más pronunciado en casi medio siglo, y la inflación ha retrocedido desde sus máximos en muchas economías, aunque persiste en varios casos». Los economistas del FMI estiman que el crecimiento económico mundial se mantendrá prácticamente sin cambios en el 3,1 % este año e incluso aumentará hasta el 3,4 % el año que viene.
El FMI se muestra optimista porque:
¿Así que todo va bien? Martin Wolf, el gurú económico liberal y procapitalista del Financial Times, no está tan seguro. Wolf esboza las razones de la actual resiliencia. «Los factores dominantes han sido la flexibilidad de la economía energética mundial y el auge de la inversión desencadenado por la IA». Sin embargo, no hay garantías de que ninguno de ellos perdure. Las reservas de crudo y productos derivados son escasas tras seis meses de reducciones. Además, «el auge de la inversión en IA también concentra el riesgo. Incluso si la propia IA da buenos resultados, es probable que el nivel de inversión deje de crecer, si no que disminuya, en algún momento. Además, es posible que la IA no dé los resultados financieros esperados a la escala prevista».
Y el FMI también modera su optimismo. «La resiliencia se ve sometida a presión. Si no se refuerza la capacidad de suministro y se reponen los colchones de política económica, la economía mundial podría poner a prueba pronto los límites de su resiliencia. La disminución de las reservas energéticas podría hacer que las perturbaciones geopolíticas se transmitieran con aún mayor intensidad a los precios de la energía. Otros mercados de materias primas también se enfrentan a riesgos. Los países y los hogares de bajos ingresos siguen siendo especialmente vulnerables al aumento de los precios de los alimentos debido a las interrupciones en el transporte, el encarecimiento de los fertilizantes, las restricciones a la exportación y los fenómenos meteorológicos extremos». Y, como muchos han señalado, «la inversión relacionada con la tecnología, aunque supone un importante impulso frente a la crisis energética, está concentrando los riesgos, lo que hace que la expansión mundial dependa en gran medida de un pequeño número de empresas, sectores y economías. En términos más generales, la resiliencia ha sido desigual, variando notablemente en función de la exposición de las economías a la guerra y al auge de la IA, lo que ha dado lugar a resultados divergentes». Así pues, si todo saliera mal, «el crecimiento mundial en 2027 sería considerablemente inferior al de las proyecciones de referencia, con una inflación significativamente más alta».
De hecho, puede que la economía mundial sea «resiliente» en este momento, pero se trata de una resiliencia en el marco del estancamiento. Mientras que el crecimiento del PIB real mundial registraba una media anual del 4,4 % antes de la Gran Recesión de 2008-2009, en la década de 2010 apenas alcanzó el 3 %; y desde la caída provocada por la pandemia de 2020, el crecimiento medio anual se ha ralentizado hasta el 2,7 % al año.
Fuente: Banco Mundial, cálculos del autor
En las economías capitalistas avanzadas del denominado «Norte Global», el crecimiento del PIB real se sitúa muy por debajo incluso de esa media. Este año, según el FMI, la economía estadounidense, a pesar de estar impulsada por niveles récord de inversión en inteligencia artificial, solo alcanzará un aumento del 2,3 % en el PIB real (es decir, tras la inflación). Y esa es la tasa más alta de las principales economías avanzadas. Las economías de la zona del euro apenas alcanzarán el 1,1 %, con Francia e Italia por debajo incluso de esa cifra. Japón crecerá solo un 0,7 % este año; Canadá y el Reino Unido, algo más del 1 %.
En cuanto a las economías del Sur Global, incluso incluyendo a China y la India, el crecimiento medio en 2026 será de apenas el 3,7 %, frente al 4,5 % de 2025. El Banco Mundial estima que las economías periféricas se enfrentan al crecimiento de la renta per cápita más débil desde la pandemia. Excluyendo a China y la India, en comparación con las economías avanzadas, no se espera que la renta per cápita vuelva al nivel anterior a la pandemia hasta después de 2028, «lo que implica casi una década de convergencia de ingresos perdida».
En todas partes, con la excepción de China, el crecimiento de la inversión en las principales economías ha seguido una tendencia a la baja desde la década de 2000; y la recuperación tras la recesión provocada por la pandemia ha sido más débil que la que siguió a la crisis financiera mundial.
Fuente: Banco Mundial
Como la noche sigue al día, la desaceleración del crecimiento de la inversión conduce a una caída del crecimiento de la productividad mundial. El crecimiento anual de la productividad ha descendido del 1,4 % (1995-2000) hasta aproximadamente el 0,4 % tras la pandemia, con una ligera recuperación en los dos últimos años, impulsada por la inversión estadounidense en centros de datos de IA, entre otros. El crecimiento económico de EE. UU. se ha ralentizado en los últimos tres años, pero sería aún más lento sin la inversión en IA.
A pesar de las expectativas, hasta la fecha sigue sin observarse un mayor crecimiento de la productividad derivado de la aplicación de la tecnología de IA, al menos según la productividad total de los factores (una medida aproximada del impacto de la innovación tecnológica).
¿Por qué se han ralentizado la inversión y el crecimiento de la productividad? La razón principal es la naturaleza de una economía capitalista. Los capitalistas solo invierten más para impulsar la productividad de su mano de obra si creen que obtendrán una mayor rentabilidad. La inversión se realiza con fines lucrativos, no por necesidad social. Sin embargo, la rentabilidad media del capital invertido ha ido disminuyendo a lo largo del siglo XXI, y solo se ha recuperado ligeramente desde el final de la pandemia. De hecho, la rentabilidad media no supera en la actualidad los mínimos registrados a principios de la década de 1980. No es de extrañar que el crecimiento de la inversión se haya ralentizado y haya disminuido como porcentaje del PIB en las últimas décadas.
Economías del G7: tasa media (ponderada) de beneficio sobre el capital (%)
Fuente: Serie Penn World Tables 11.0, AMECO, cálculos del autor
Así pues, puede que la economía mundial no haya entrado (todavía) en una recesión grave en la década de 2020, pero su resiliencia es frágil.
Y una nueva característica de la economía mundial pospandémica es que la inflación ha vuelto. El FMI calcula que la inflación anual mundial alcanzará el 4,7 % en 2026, y que seguirá aumentando. Precisamente esta semana, la tasa oficial de inflación de EE. UU. alcanzó el 3,7 % y se sitúa, de media, muy por encima del objetivo fijado por la Reserva Federal de EE. UU. del 2 % anual.
El FMI admite que la inflación podría acelerarse el próximo año si los conflictos en Irán y Oriente Medio continúan hasta finales de este año y más allá. La cadena de suministro mundial se encuentra sometida a nuevas presiones y el crecimiento del comercio internacional está retrocediendo.
Fuente: Fed de Nueva York
El precio del diesel en Europa, África y América Latina podría empezar a subir de nuevo, advirtió esta semana la Agencia Internacional de la Energía (AIE), añadiendo que habrá una escasez mundial de este combustible hasta mediados del próximo año. Las subidas de precios provocadas por interrupciones en el suministro físico tienen efectos macroeconómicos más amplios y persistentes que las provocadas por riesgos geopolíticos.
El FMI y el Banco Mundial hacen hincapié en el aumento de la deuda mundial. En este caso, se refieren únicamente a la deuda del sector público. Sin embargo, la deuda del sector público solo se encuentra en máximos históricos (en relación con el PIB) debido a anteriores colapsos de la inversión del sector privado (1982, 1990, 2001, 2008, 2020).
Los gobiernos han rescatado a los bancos y a las empresas «demasiado grandes para quebrar» en cada recesión y, a continuación, han impuesto medidas de «austeridad fiscal», como el aumento de los impuestos o el recorte de la inversión pública y los servicios, las pensiones y las prestaciones sociales, debido a la «deuda excesiva». Ese es ahora, una vez más, el mantra del FMI, el Banco Mundial, la OCDE y los gobiernos.
Los períodos en los que los ratios de deuda pública se dispararon (véase la figura siguiente, bloque azul) se produjeron tras las crisis de la deuda financiera y empresarial. En los períodos intermedios, se aplicaron políticas de austeridad (en particular, recortes en las prestaciones sociales y en la inversión en infraestructuras), junto con cierta recuperación del crecimiento económico, por lo que los ratios de deuda se mantuvieron más o menos estables (véase la figura, bloque naranja). Los recortes en los impuestos sobre la renta (especialmente para los grupos con rentas más elevadas) y en el impuesto de sociedades han supuesto que los ingresos fiscales del Estado, como porcentaje del PIB, se hayan mantenido estables en torno al 35 % del PIB, lo que ha garantizado un aumento de los déficits anuales.
Sin embargo, el FMI y otras agencias nunca mencionan el riesgo que supone la deuda empresarial para la «resiliencia» de la economía mundial. Y, sin embargo, el verdadero peligro radica precisamente en que esta sea el detonante de una crisis financiera y de la devaluación del «capital ficticio» (como lo denominó Marx). Pues el estallido de la burbuja de inversión en inteligencia artificial está a la orden del día.
El colapso de anteriores auges de inversión redujo, de media, en aproximadamente 1 punto porcentual el crecimiento del PIB real de EE. UU. Tras la burbuja de las puntocom, la inversión fija privada cayó más del 12,7 % entre 2000 y finales de 2002, a medida que la recesión se afianzaba en EE. UU. En el primer año tras el estallido de la burbuja, las inversiones en tecnología descendieron un 12 %, mientras que la inversión fija en general se redujo un 7,6 %.
Gita Gopinath, execonomista jefe del FMI, ha calculado que una caída del mercado bursátil de la IA, equivalente a la que puso fin al auge de las puntocom, borraría unos 20 billones de dólares de la riqueza de los hogares estadounidenses y otros 15 billones en el extranjero, lo suficiente para estrangular el gasto de los consumidores y provocar una recesión mundial. De hecho, el optimista informe económico del FMI se vio contrarrestado por estos mismos temores en su Informe sobre Estabilidad Financiera Mundial. Al FMI le preocupa que las empresas de IA no logren generar beneficios acordes con sus elevadas valoraciones. Incluso una corrección moderada en las valoraciones bursátiles de las empresas de IA reduciría el crecimiento mundial en un 0,4 %. «Si a ello se suman unas ganancias de productividad total de los factores inferiores a lo esperado y una corrección más significativa en los mercados de valores, las pérdidas de producción mundial podrían aumentar aún más, concentrándose en regiones con gran presencia tecnológica, como Estados Unidos y Asia».
Las «siete magníficas», las grandes empresas tecnológicas —Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla— representan más del 35 % del índice bursátil S&P 500 de EE. UU., frente al 12 % de hace una década, y su capitalización bursátil total ha aumentado en más de un 50 % en los últimos dos años. Sin embargo, el FMI advirtió de «pruebas cada vez más evidentes» de que el éxito de la implantación de la IA «podría no requerir una inversión a la escala masiva que están llevando a cabo las empresas “hiperescaladoras”» y de que «los posibles beneficios económicos podrían no ser tan grandes como se esperaba». Athanasios Vamvakidis, subdirector del Departamento Monetario y de Capital del FMI, afirmó: «La exposición del resto del mundo a los activos estadounidenses, en particular a la IA, es la más alta de la historia. Por lo tanto, esto está respaldando la economía mundial a través de los efectos de riqueza en la actualidad; pero si se produce una corrección del mercado, podría tener amplias implicaciones».
«Una inversión y una rentabilidad más débiles o menos duraderas en el ámbito de la IA podrían desencadenar una corrección en los precios de los activos relacionados con la IA, agravada por el aumento del apalancamiento, las exposiciones concentradas y los acuerdos de financiación circulares», señala el informe del FMI. Dicha reevaluación provocaría entonces «una reducción drástica de la inversión, desencadenaría correcciones en los mercados de valores y endurecería las condiciones financieras, con repercusiones a escala mundial».
Ya hay indicios de nerviosismo entre los inversores en IA. El mercado bursátil estadounidense ha mostrado signos de «estancamiento» tras un periodo de máximos históricos. Con el aumento de la inflación y, con ello, los rendimientos de los bonos alcanzando nuevos máximos, el coste del crédito está aumentando, y la inversión en IA se financia cada vez más mediante un mayor endeudamiento. Los inversores han comenzado a mostrarse reticentes a realizar nuevas compras de acciones de los fabricantes de chips, justo antes de que la empresa de investigación en IA Anthropic lance su oferta pública de venta de acciones con el fin de recaudar aún más fondos. Mientras tanto, las empresas chinas de IA siguen lanzando nuevos modelos de «peso abierto» que pueden utilizarse a una fracción del coste que supone el uso de los modelos de los laboratorios estadounidenses.
«La principal preocupación gira cada vez más en torno a cuándo alcanzará su punto álgido el extraordinario ciclo de inversión en IA», afirmó Emmanuel Makonga, estratega de renta variable de Barclays. «Los inversores se centran en hasta qué punto podrá mantenerse el gasto en IA a partir de ahora», señaló, lo que estaba provocando una «revisión a la baja de la valoración del sector de la IA». Es posible que la resiliencia esté llegando a su fin.
4. Entrevista al biógrafo de Hobsbawm.
Veíamos el otro día una reseña de una reciente biografía de Hobsbawm. Hoy, también en Jacobin, publican una entrevista con el autor.
https://jacobin.com/2026/10/hobsbawm-history-europe-university-communism
El historiador Eric Hobsbawm fue un «polímata comunista»
- Entrevista con Emile Chabal
- Entrevista realizada por Michael Schapira
Emile Chabal, autor de una nueva biografía del historiador Eric Hobsbawm —figura de enorme popularidad e influencia—, explica cómo las raíces centroeuropeas de Hobsbawm le hicieron destacar en Gran Bretaña, y por qué se mantuvo fiel al comunismo a lo largo de la devastación de su siglo.
La vida de Eric Hobsbawm comenzó justo cuando el «largo siglo XIX» llegaba a su fin. Nacido en Alejandría, Egipto, y formado en su juventud en la Viena Roja y en el Berlín de la época de Weimar, alcanzó su madurez intelectual en el Cambridge de entreguerras y en el Londres de la posguerra.
Su tetralogía *Ages* le consolidó firmemente en los programas de estudios y en las estanterías de lo que él denominó, en *La era de la revolución*, «el ciudadano inteligente y culto, que no solo siente curiosidad por el pasado, sino que desea comprender cómo y por qué el mundo ha llegado a ser lo que es hoy y hacia dónde se dirige». Y fue, paradójicamente para alguien que alcanzó tal popularidad, un orgulloso comunista que, para bien o para mal —dependiendo de a quién se le pregunte—, se comprometió con una visión concreta de un futuro mejor mientras era testigo de una época que bautizó como la «era de los extremos».
Sin embargo, a pesar de ser, como afirma su biógrafo Emile Chabal, un «erudito comunista, con un alcance extraordinario en el panorama teórico y empírico de la historia moderna», Hobsbawm, a diferencia de muchos de sus homólogos continentales, «rara vez figura en el canon del pensamiento de izquierdas o marxista». El motivo de ello es una de las cuestiones que animan la fascinante y amplia nueva historia intelectual de Chabal, The Age of Hobsbawm.
Chabal es profesor de historia contemporánea en la Universidad de Edimburgo, y la publicación del libro le trajo a St Andrews, Escocia, para un acto con el autor en nuestra librería independiente local. Es un testimonio del atractivo perdurable de Hobsbawm el hecho de que, incluso ahora, en una ciudad dominada por aficionados al golf y estudiantes de clase alta, se reuniera una multitud de marxistas irreductibles de la década de 1970, autodidactas de izquierdas y estudiantes de posgrado curiosos para participar en un animado debate sobre la teoría y la política de la izquierda del siglo XX y sus perspectivas actuales. Lo que sigue es una prolongación de nuestra conversación de aquella noche y una introducción al mundo y al legado de Hobsbawm.
Michael Schapira: Usted menciona en el prefacio que, en un principio, tenía la intención de «escribir una historia del marxismo francés de la posguerra, que captara parte de la riqueza y la complejidad de la política radical en Francia». Pero pronto se dio cuenta de que podía «alcanzar los mismos objetivos analizando de cerca a Hobsbawm». Hobsbawm tenía fuertes vínculos con la vida intelectual francesa y con el eurocomunismo en general, pero tanto él como el marxismo británico tienen un carácter muy distinto al de sus variantes francesas. ¿En qué sentido satisfizo Hobsbawm sus aspiraciones iniciales y de qué manera el hecho de centrar la atención en él abrió nuevas vías para explorar la política radical de la posguerra?
Emile Chabal: Cuando empecé a trabajar sobre Hobsbawm a finales de 2012, era un investigador postdoctoral recién titulado. Había pasado los cinco años anteriores trabajando en historia y política francesas contemporáneas, por lo que quizá era inevitable que conceptos franceses como el de «intelectual» y la idea sartriana de engagement [en inglés, «compromiso»] ocuparan un lugar tan destacado en mi mente. Sin embargo, tiene usted razón: el marxismo británico de la posguerra tiene un carácter muy diferente al de su homólogo francés (o continental). Era menos abstracto, menos ideológico y menos abiertamente filosófico. Lo interesante de Hobsbawm es que se situó a caballo entre las tradiciones intelectuales británicas y las de Europa continental mucho más que sus otros contemporáneos marxistas británicos.
Como estudiante a finales de la década de 1930, se vio profundamente marcado por el peculiar entorno de Cambridge, pero también se consideraba parte integrante de un movimiento comunista global con sede en París. Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando deseaba labrarse un nombre como historiador, siguió desplazándose entre Gran Bretaña y Europa continental en un esfuerzo por encontrar interlocutores y mentores útiles. A medida que iba conociendo mejor los incesantes viajes de ida y vuelta de Hobsbawm entre el Reino Unido y Europa, me sentí agradecido por haber sido un estudioso de Francia en mi juventud; ello me proporcionó una perspectiva única sobre su formación intelectual y su identidad. Y también me ayudó a salvar la brecha, a menudo bastante estéril, entre las historias intelectuales de la política radical en el mundo anglófono y en Europa continental.
Michael Schapira: Hacia el final de su vida, Hobsbawm volvió a sus años de formación en Viena y en el Berlín de Weimar, enmarcando su experiencia como la de una cohorte generacional cuya visión del mundo se estaba desvaneciendo. Sin embargo, también desarrolló hábitos mentales y de comportamiento que reflejaban claramente sus años en Cambridge y se volvió claramente británico en tantos aspectos de su escritura y su obra. Esto me recordó el maravilloso retrato que Owen Hatherley hizo de los emigrados centroeuropeos que llegaron a Gran Bretaña más o menos al mismo tiempo que Hobsbawm y que, en palabras de Walter Gropius, quedaron consternados por el «mundo cargado de sentimentalismo y carente de arte» que les recibió. Quizá sea una simplificación injusta, pero ¿conservó Hobsbawm de manera significativa este «efecto de alienación», como lo denomina Hatherley, o fueron aspectos de su biografía y personalidad los que le hicieron especialmente adecuado para la vida cultural y política británica?
Emile Chabal: Creo que es importante destacar que Hobsbawm no era un emigrado ni un refugiado de Europa Central. Siguió una trayectoria similar (en su caso, de Viena a Berlín y de allí a Londres a mediados de la década de 1930), y sin duda consideraba que el Londres de 1933 era desesperadamente aburrido en comparación con Berlín. Pero era ciudadano británico y hablante nativo de inglés. Cuando llegó a Londres, había regresado, sobre el papel, a «casa», aunque nunca hubiera vivido en el Reino Unido. Por lo tanto, era un forastero, no un extranjero. Sería más acertado, pues, considerar que el joven Hobsbawm se embarcó en un proceso muy rápido de aculturación y asimilación tras su llegada a Londres —y, dado que solo era un adolescente, descubrió que el sistema educativo era una forma excelente de convertirse en británico—. Inevitablemente, esto significó que algunas de sus cualidades más evidentemente británicas —su agilidad intelectual, su compromiso con la concisión, su facilidad para la retórica autocrítica y el debate— se forjaron durante sus últimos años de instituto en Londres y como estudiante en Cambridge. Estos rasgos intelectuales fueron fácilmente reconocibles durante el resto de su vida.
En otros aspectos, sin embargo, no era en absoluto muy británico. Cabe destacar, por ejemplo, lo poco que parece haber sentido incomodidad de clase. La mayoría de los intelectuales británicos de izquierdas de su generación —fueran comunistas o no— sentían resentimiento, si no ira, hacia el yugo del sistema de clases británico, pero las coordenadas de clase de Hobsbawm se situaban en otra parte, en el universo burgués de Europa Central. Fundamentalmente, se perdió el período crucial entre el final de la infancia y los primeros años de la adolescencia, cuando el sistema de clases británico se inculca de forma más agresiva a través de la educación y la sociedad en general. Para cuando llegó, pudo simplemente trascender los prejuicios de clase gracias a su excelente rendimiento académico en el colegio (y, más tarde, en la universidad). Esto le hizo mostrarse notablemente tolerante ante las manifestaciones de prejuicio de clase en el sistema educativo superior británico. Si le disgustaba la «High Table» de Cambridge, era porque encontraba aburrida a la gente, ¡no porque fuera una expresión de desigualdad de clase!
Michael Schapira: Hobsbawm destaca por su compromiso con el comunismo —especialmente con una variante leninista, dirigida por el partido—. Mientras que muchos consideraron 1956 como una salida definitiva de la causa o trazaron un nuevo camino (incluidos aquellos que fundarían revistas influyentes como New Left Review), Hobsbawm mantuvo el rumbo lo mejor que pudo. Esto queda patente sobre todo en su entrevista de 1994 en la BBC con Michael Ignatieff, en la que defiende lo que Ignatieff considera una postura indefendible: apoyar las aspiraciones del comunismo tras los acontecimientos del siglo XX.
¿Cree usted que esto ayuda a explicar por qué nunca llegó a encontrar realmente un lugar en el canon del pensamiento marxista? ¿Y cómo concuerda esto con su ascensión al estatus de intelectual famoso y autor de éxitos de ventas?
Emile Chabal: Siguiendo con la pregunta anterior, se podría argumentar que el compromiso de Hobsbawm con el comunismo fue otro rasgo de su carácter decididamente poco británico. En lugar de adoptar una postura pragmática respecto al futuro de la izquierda alejándose del Partido Comunista tras 1956, mantuvo su apego a una idea política, que es precisamente el tipo de «dogmatismo» que muchos en Gran Bretaña veían (y siguen viendo) como una patología de la política de la Europa continental. De ahí, creo, que muchas de sus entrevistas de la década de los noventa —incluida la famosa con Ignatieff— resultaran tan incómodas. Él e Ignatieff hablaban sin entenderse: Hobsbawm intentaba explicar su profundo compromiso con un ideal, una utopía futura, algo que le trascendía, mientras que Ignatieff insistía en que emitiera un juicio moralista.
Resulta interesante reflexionar sobre cómo el comunismo de Hobsbawm pudo haber influido en la acogida de su obra y en su éxito entre el gran público. En realidad, no creo que su comunismo sea la razón de su relativo olvido en el «canon» marxista. Creo que esto tiene mucho más que ver con el hecho de que siempre se presentó a sí mismo como un «historiador», no como un «teórico». En el libro, intento defender que Hobsbawm era un pensador bastante serio y que contaba con una sólida base teórica, aunque algunos podrían discrepar de mí, simplemente porque se esforzó mucho por restar importancia a sus credenciales teóricas. Lo que es indudablemente cierto es que fue un fenómeno editorial en el mercado de gran consumo, y es muy posible que esto tuviera que ver con su comunismo. Sin embargo, paradójicamente, probablemente no se deba a que la gente considerara sus escritos como dogmáticamente comunistas —¡un lector novato de La era de los extremos podría incluso no darse cuenta de que era marxista!—, sino a que su enfoque comunista de la historia proporcionaba una base sólida para su obra. Muchas personas se han sentido atraídas por los escritos de Hobsbawm porque tienen la sensación de que la historia está en movimiento en sus textos; esto se deriva, en gran parte, de su filosofía subyacente de la historia.
Michael Schapira: Dedica amplios capítulos a la labor de Hobsbawm como crítico (por ejemplo, del jazz, sobre el que escribía una columna periódica) y a sus viajes por todo el mundo. Estas inclusiones ampliaron enormemente el proyecto, incorporando entrevistas con figuras de todo el mundo, pero también abriendo un archivo completamente nuevo de escritos que muchos podrían no considerar fundamentales para su obra. ¿Cuándo se convirtieron estos en una parte importante de su proyecto?
Emile Chabal: ¡Sí, estoy orgulloso de estos capítulos del libro! Tanto en mi análisis de su faceta como crítico cultural como en la sección dedicada a sus viajes, quise ampliar el marco de la historia intelectual para abarcar diferentes tipos de escritura. Para mí fue especialmente importante mostrar que Hobsbawm era tanto periodista como académico —y que ambas identidades se reforzaban mutuamente—.
Dado que fue académico durante toda su vida y, sin lugar a dudas, un historiador profesional, podría parecer extraño situar sus escritos periodísticos y académicos al mismo nivel, pero basta con echar un vistazo a su bibliografía: publicó cientos y cientos de artículos de opinión, ensayos y reseñas periodísticas. Constituían una parte enorme de su obra publicada. En las páginas del New Statesman, Rinascita o el Times Literary Supplement, se le puede ver comentando la actualidad y desarrollando nuevas ideas (sobre el papel de la cultura en la sociedad, por ejemplo). Supongo que fue el trabajo que realicé en la bibliografía completa en línea de Eric Hobsbawm entre 2019 y 2020 lo que realmente me hizo comprender la importancia de estos escritos supuestamente efímeros.
Michael Schapira: En los capítulos dedicados a sus viajes, describe el amplio uso que Hobsbawm hacía de las entrevistas y las conversaciones, a veces de formas metodológicamente cuestionables. Al final de su libro hay una larga lista de entrevistas que usted realizó a historiadores, activistas, políticos y otras personas a lo largo de varios años y en diversos lugares. ¿Qué le inspiró a ir más allá de la investigación archivística tradicional y embarcarse en este ambicioso proyecto de entrevistas?
Emile Chabal: Siempre quise que el libro tuviera un alcance global, de modo que reflejara el carácter global de su tema. Pero, como el propio Hobsbawm sabía muy bien, las ambiciones globales de uno se ven limitadas por los recursos económicos disponibles. Y así fue en mi caso: solo cuando me concedieron una importante beca de investigación en 2017 pude llevar a cabo entrevistas en la India, Brasil, Perú, Chile, Argentina, México, Estados Unidos, Francia, Alemania y el Reino Unido. Se trataba principalmente de amigos, alumnos, colegas y personas influenciadas por Hobsbawm, y me resultaron tremendamente útiles a la hora de intentar enmarcar la vida de Hobsbawm en un contexto global. Pero también hicieron algo más: me ayudaron a comprender cómo abordaba Hobsbawm los países extranjeros. Él y yo hacíamos cosas similares. Ambos llegábamos a una nueva ciudad con una agenda de contactos y buscábamos personas interesantes con las que conversar. De este modo, el tiempo que dediqué a entrevistar a miembros de la intelectualidad de izquierdas del siglo XXI me proporcionó una perspectiva única sobre cómo Hobsbawm hizo más o menos lo mismo medio siglo antes.
Michael Schapira: En nuestra charla en la librería Topping & Company de St Andrews, un miembro del público recordó a los grandes nombres del marxismo que conformaban su plan de estudios en Warwick en la década de 1970. Y, de todos ellos, Hobsbawm es quien ha tenido la influencia más duradera. Bernie Sanders y Jeremy Corbyn, a quienes podría atribuirse la mayor inyección de energía en la política electoral de izquierdas de los últimos tiempos, eran también reliquias de una época menos de moda del pensamiento de izquierdas, más cercana a Hobsbawm. ¿A qué cree usted que se debe esto? ¿Tiene algo que ver con otro tema que aborda en el libro, a saber, la historia de cómo la izquierda ha afrontado la decepción y la derrota?
Emile Chabal: No cabe duda de que pertenecer a la izquierda —sea cual sea el significado que le demos a ello— implica aceptar y racionalizar la derrota. Enzo Traverso ha escrito de forma muy elocuente sobre la «melancolía de izquierdas» que ha formado parte de la historia de la izquierda desde la derrota de la Comuna de París en 1871. Hobsbawm encarnaba esta tradición: entendía que la historia de la izquierda era una historia de adversidades. Esta es una de las razones por las que no consideró los innumerables «fracasos» de la izquierda a lo largo de su vida —desde el [Tratado de No Agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas] de 1939 hasta las aplastantes derrotas sufridas por el Partido Laborista británico en la década de 1980— como una señal de que debía abandonar el barco.
Dicho esto, coincido con Traverso cuando afirma que el colapso de la Unión Soviética en 1991 supuso una derrota más fundamental y perturbadora que cualquier otra cosa que hubiera ocurrido anteriormente. Esto se aprecia incluso en la correspondencia privada de Hobsbawm a principios de la década de 1990, en la que se vio obligado a asumir el fracaso total de toda una vida de compromiso político. Y, sin embargo, salió a la palestra con determinación: en público, al menos, defendió el comunismo y se negó a retractarse de sus creencias. Creo que este tipo de compromiso inquebrantable con un ideal político es algo muy difícil de comprender para los activistas de izquierda nacidos en el mundo posterior a la Guerra Fría. Miran a Hobsbawm —o a Sanders o a Corbyn— y ven una certeza sobre el futuro de la que ellos carecen. Algunos admiran esta certeza y desean que sea la base de una izquierda renovada, pero también es importante reconocer que fue el resultado de un conjunto muy concreto de circunstancias históricas de mediados del siglo XX, ninguna de las cuales existe hoy en día.
Michael Schapira: Quizás podamos concluir volviendo al presente. Según él mismo admitía, Hobsbawm no era alguien a quien se pudiera encontrar codo con codo con los obreros o los mineros en primera línea de la lucha de clases. Pero un ámbito en el que sí participó activamente fue la universidad, una institución que alimentó y constituyó la base de su producción académica. En estos momentos, llevan varias semanas en huelga en la Universidad de Edimburgo, mientras las condiciones en todo el «sector de la educación superior» siguen deteriorándose en Gran Bretaña y en otros lugares. ¿Cómo ha influido el trabajo en este proyecto durante la última década en su comprensión de las continuidades y los cambios en la situación y la naturaleza de la universidad en los últimos setenta años?
Emile Chabal: Hobsbawm se incorporó al sistema universitario como estudiante en Cambridge en 1936, y permaneció en él hasta el final de su cátedra de profesor visitante tras la jubilación en la New School de Nueva York, a mediados de la década de 1990. Nunca se tomó períodos sabáticos prolongados más allá de lo habitual, y siguió impartiendo clases de una forma u otra a lo largo de toda su carrera. Estaba tan plenamente integrado en el sistema como era posible dentro de las estructuras de la educación superior de la época. El hecho de que fuera capaz de ser productivo y tener éxito al tiempo que dependía de su universidad para el apoyo financiero y la infraestructura logística debería servir de consuelo a quienes nos encontramos hoy en una situación similar. ¡Hobsbawm también se cansó de corregir trabajos, de perseguir a colaboradores y de ocuparse del papeleo universitario! Y, sin embargo, hay algo que parece diferente en el siglo XXI. Esto podría deberse a que las universidades de Europa Occidental y América del Norte se están reduciendo actualmente, mientras que en las décadas de 1950, 1960 y 1970 se encontraban en plena expansión. También podría deberse a que la deflación salarial ha hecho cada vez más difícil aspirar a una vida cómoda de clase media con un sueldo universitario. Para mí, sin embargo, la verdadera diferencia radica en el papel drásticamente reforzado de las instituciones del sector público —como las universidades— en la Europa de la posguerra, un punto que el propio Hobsbawm abordó a finales de la década de 1970 en su famosa conferencia «¿Se ha detenido la marcha adelante del movimiento obrero?». Cuando Hobsbawm se convirtió por primera vez en académico profesional a finales de la década de 1940, las universidades eran instituciones pequeñas y elitistas, pero su rápido crecimiento las convirtió —especialmente en Europa— en componentes esenciales de las economías locales y regionales. Hoy en día son tan importantes como lo fueron las fábricas a principios del siglo XX, y el cierre o la quiebra de una universidad conlleva el riesgo de provocar los mismos efectos catastróficos que sufrieron muchos países europeos durante la desindustrialización de los años setenta y ochenta. Por eso, la lucha actual por defender la educación superior se percibe como una cuestión existencial, algo que no era así para Hobsbawm y su generación.
Emile Chabal es catedrático de historia contemporánea en la Universidad de Edimburgo, donde investiga la historia política e intelectual europea del siglo XX. Su libro más reciente es The Age of Hobsbawm: The Life of a Revolutionary Historian.
Michael Schapira es librero y reside en Escocia. Es autor de University in Crisis: From the Middle Ages to the University of Excellence.
5. Sobre el imperialismo ayer y hoy.
Os comentaba ayer que en la Internacional Progresista habían creado una Academia Popular de la que de momento han publicado dos charlas. La de ayer, y esta de Bikrum Gill sobre imperialismo ayer y hoy.
Gill: El imperialismo: ayer y hoy
Documento: Imperialismo
El imperialismo, la negación de la soberanía que sustenta el capitalismo global, constituye la contradicción principal.
Este ensayo se basa en la conferencia impartida por Bikrum Gill para la segunda unidad del plan de estudios de la Academia Popular. Puede recibir el programa completo —incluida la grabación de la conferencia— inscribiéndose en la Academia Popular.
Introducción
¿Qué es el imperialismo? ¿Qué significa considerarlo como la contradicción principal? Estas preguntas revisten gran importancia para comprender nuestra coyuntura actual —el genocidio en Palestina, la expansión de la guerra imperialista contra Irán— y para situar estos conflictos en el marco de una lucha histórica más amplia.
Es importante que reflexionemos sobre el imperialismo específicamente en su forma capitalista, tal y como lo teorizó Vladimir Lenin. Pero también debemos entenderlo dentro del marco que Samir Amin denominó «lucha de clases a escala mundial». ¿Por qué es esto importante? Porque no podemos entender el imperialismo únicamente como un sistema que se autopropulsa. Este puede ser un punto en el que nos topamos con un límite en Lenin, o en el que necesitamos ampliar su enfoque.
Al leer a Lenin, podría parecer que el imperialismo surge de una propulsión interna del capital en el núcleo, se transforma en imperialismo y, a continuación, se expande hacia otros lugares. Pero, ¿qué significaría concebir el imperialismo como parte de una lucha de clases a escala mundial —como una respuesta al antiimperialismo, enredado en una contienda por la propiedad de los medios de producción a nivel global, un conflicto entre las naciones opresoras o centrales y las naciones dependientes?
Colonialismo, imperialismo y la negación de la soberanía
¿Cómo entendemos el concepto de imperialismo y cómo lo distinguimos del colonialismo? Ambos se basan en la negación de la soberanía a los pueblos subyugados. Esta es una premisa clave: las naciones centrales, las naciones imperialistas y las naciones coloniales se fundamentan todas en una negación de la soberanía. A través de esta negación, reorientan a los pueblos subyugados y sus tierras y territorios —lo que Lenin denomina «territorio económico»— para que sirvan a los intereses de la entidad usurpadora.
El colonialismo puede concebirse como una relación uno a uno entre colonizador y colonizado: el colonialismo francés en Argelia, por ejemplo, o el colonialismo británico en la India. El imperialismo, por el contrario, opera a escala del sistema mundial, o al menos a una escala regional y multiunitaria más amplia que va más allá de una relación uno a uno. El imperialismo ni siquiera necesita implicar un control territorial directo. Tal y como sostiene Kwame Nkrumah, las regiones pueden gozar de soberanía formal —no se encuentran directamente bajo dominio territorial— y, sin embargo, seguir atrapadas en un sistema imperialista mundial más amplio, a través del cual se les niega de hecho la soberanía y sus recursos se orientan hacia el núcleo.
Esta distinción es importante porque es posible descolonizarse sin dejar de formar parte de un sistema imperialista que limita la soberanía. Un país puede alcanzar la independencia y, sin embargo, poseer uranio en su territorio sin medios para procesarlo —sin medios para transformar sus recursos en productos acabados o industriales mediante los cuales pudiera desarrollar el poder duro necesario para mantener la soberanía—. La gran guerra del siglo XX no fue necesariamente la guerra entre las potencias europeas en las dos guerras mundiales, sino la lucha más prolongada por la liberación nacional en las colonias. Es posible que los pueblos colonizados hayan logrado la victoria frente a la relación uno a uno del colonialismo, pero la estructura sistémica mundial más amplia sigue vigente.
Lenin sobre el capitalismo monopolista
Para Lenin, el imperialismo es el capitalismo en su fase monopolista. Examina la forma en que el capitalismo se desarrolla de manera contradictoria: en una etapa a principios del siglo XIX es un sistema de competencia de libre mercado, en el que las empresas capitalistas compiten entre sí, desarrollan las fuerzas productivas y explotan la mano de obra. Pero, a través de esta competencia entre empresas, la competencia de libre mercado acaba convirtiéndose en su contrario: el monopolio.
El destino del capitalismo es el capitalismo monopolista. No se trata de una competencia de libre mercado que conduzca constantemente a la innovación y a un avance progresivo de la sociedad, por muy explotadora que sea. A lo largo del siglo XIX, la producción pasa a estar controlada por cárteles y trusts.
Podemos tomar como ejemplo un mercado en el que diez empresas compiten en la producción de un bien concreto: tras sucesivas rondas de competencia, solo quedan dos. Ahora, la producción se concentra en una sola empresa más que antes, y las empresas supervivientes absorben cada vez más ramas de producción: una empresa textil, por ejemplo, puede llegar a producir no solo ropa, sino también algunos de los insumos necesarios para su confección.
Lo que Lenin señala no es simplemente que el capitalismo se transforme en un sistema monopolístico de industriales que concentran la producción en empresas más grandes. Se convierte específicamente en lo que él denomina «capitalismo monopolista financiero». La propiedad monopolística no recae en manos de los capitalistas industriales, sino del capital bancario, del capital financiero —aquellos que emiten capital y conceden préstamos a los capitalistas industriales—. Los capitalistas financieros no buscan obtener beneficios a partir de la producción real; buscan obtener beneficios de los préstamos que conceden, de los pagos de intereses —lo que Lenin denomina «recortar los cupones»—.
Este proceso tiene algo de parasitario, pero al mismo tiempo algo potencialmente progresista, en el sentido de que socializa aún más la producción. Al concentrar mayores cantidades de mano de obra en empresas únicas, la producción se socializa. Existen las condiciones para una transición al socialismo: basta con tomar estas grandes empresas y transformar su propiedad concentrada de privada a socialista. Pero esto no ocurre —debido al imperialismo—.
En la etapa del capitalismo monopolista financiero, el capital sufre una crisis de rentabilidad o de sobreacumulación. Debido a la propiedad monopolística, los beneficios se concentran en un número cada vez menor de manos. El capital excedente se acumula, pero la empresa monopolística no puede encontrar nuevos ámbitos para una reinversión rentable, ya que otros sectores están controlados por monopolios con los que no puede competir. Si existe un exceso de capital excedente, en principio podría destinarse a fines sociales: construir infraestructuras, invertir en educación, sanidad y transporte, aumentar los salarios y mejorar el nivel de vida. Pero el objetivo del capital no es solo obtener beneficios, sino también mantener el poder sobre la clase trabajadora, y tales medidas mermarían ese poder.
Aquí es donde Lenin sostiene que el capital financiero monopolista conduce a la búsqueda de nuevos campos de reinversión rentable, lo que lleva a la exportación de capital a las colonias. Lo que, de otro modo, podría haber conducido al socialismo —los trabajadores de las empresas monopolísticas concentradas luchando por una mayor parte de la plusvalía acumulada— queda aplazado, porque esa plusvalía se dirige hacia el exterior, hacia lo que Lenin denomina «naciones atrasadas». Esa plusvalía construye ferrocarriles en las colonias que drenan los recursos, obtiene acceso a mano de obra más barata y, al imponer condiciones de dependencia, obliga a los países dependientes a ofrecer mano de obra y recursos baratos al centro. Esta exportación de capital y finanzas del centro a la periferia agudiza las relaciones de dependencia, obligando a los países que reciben el capital exportado a reorientar sus economías para servir al centro. Esto genera superbeneficios para el capital sobreacumulado, subdesarrolla la periferia y compra a sectores de la clase trabajadora del centro mediante modestas mejoras en el nivel de vida.
Nkrumah amplía el argumento de Lenin. Cuando Lenin escribía, la exportación de capital se producía mediante el establecimiento de un control territorial directo: la carrera por África, formalizada en la Conferencia de Berlín, donde las potencias europeas asumieron el control soberano sobre el continente africano, y la colonización de Asia en el siglo XIX, sobre todo la colonización de la India. Nkrumah sostiene que, incluso cuando los países recuperan la soberanía formal, la necesidad del capitalismo de mantener su salida imperialista se reproduce sin necesidad de un control territorial directo. Los países pueden ser formalmente soberanos, pero su acceso al crédito y al capital sigue estando bajo el control de las potencias imperialistas, y si desean desarrollarse, deben aceptar unas condiciones comerciales que sigan permitiendo la fuga de superbeneficios de la periferia hacia el centro. Es aquí donde vemos a Nkrumah hablar del neocolonialismo como una forma de dependencia económica.
El imperialismo como contradicción principal
¿Qué significa esto para nuestra comprensión del imperialismo como contradicción principal? Tanto Lenin como Nkrumah parecen sugerir que las contradicciones en la relación entre capital y trabajo en el centro —en la competencia entre empresas— generan el imperialismo. Esto parecería convertir al imperialismo en una contradicción secundaria. (El concepto de contradicciones primarias y secundarias proviene de Mao, quien en Sobre la contradicción sostiene que, en un momento dado en China, el imperialismo es la contradicción primaria —lo que significa que es la contradicción que influye en todas las demás contradicciones—). La cuestión es si el imperialismo es la contradicción que determina la contradicción entre capital y trabajo, o si ocurre lo contrario.
Si Lenin sostiene que el imperialismo surge de las contradicciones en el centro, no es necesariamente primario; lo que hay que abordar son las relaciones de propiedad en el centro. Si los trabajadores fueran la clase propietaria en la etapa del capitalismo financiero monopolista, no habría reciclaje del capital sobreacumulado hacia las colonias, ni exportación de capital. Los trabajadores tomarían esa plusvalía y la reinvertirían en sus propias sociedades. Pero, al mismo tiempo, Lenin sostiene que la revolución en el centro no se producirá mientras persista el imperialismo. Solo cuando las naciones dependientes superen el imperialismo —superen la fuga de riqueza impuesta por la exportación de capital— se agudizarán las contradicciones de clase en el centro y la revolución será posible.
Esto plantea una cuestión estratégica para los organizadores del centro. ¿Debe la lucha allí dirigirse, a través de la lucha de clases, contra las empresas monopolísticas de Estados Unidos —las empresas armamentísticas, las farmacéuticas—? ¿Crearía el debilitamiento de ese poder un espacio para que las naciones periféricas se enfrentaran al imperialismo de forma más eficaz? ¿Y la resistencia desde la periferia —la capacidad de Irán para resistir la guerra imperialista, la capacidad de otras naciones para rechazar las exigencias de EE. UU.— agudiza a su vez las contradicciones en el centro? Estas son las cuestiones que el marco de la contradicción primaria y secundaria impone a cualquier estrategia que pretenda actuar en solidaridad con la periferia.
Aquí debemos recurrir a Samir Amin, a los Patnaik y a la tradición del sistema mundial, que aportan un elemento crucial. Amin sostiene que el imperialismo siempre ha sido un componente del capitalismo: nunca ha existido un capitalismo sin imperialismo. Esto nos ayuda a plantearnos la contradicción principal en términos diferentes. Si leemos con atención a Amin y el conjunto de los estudios sobre el sistema mundial, el capitalismo nunca habría podido surgir ni estabilizarse sin una base imperialista. Desde el largo siglo XVI hasta el siglo XIX, su propio surgimiento siempre dependió del imperialismo.
¿Por qué? Los Patnaik sostienen en Capital e imperialismo que el capitalismo no puede existir en ningún momento sin el imperialismo, ya que, sin él, el sistema solo puede dedicarse a la reproducción simple —no puede dedicarse a la acumulación ampliada, a la acumulación sin fin—. La relación capital-trabajo despoja por completo a la mano de obra: la clase capitalista genera plusvalía a partir de una clase trabajadora desposeída, pero esta clase trabajadora solo puede reproducirse a sí misma a través del mercado. El capital busca reducir los salarios, pero los trabajadores también deben ser consumidores. Aquí es donde Lenin retoma un componente de lo que Marx denominó la ley del valor: la competencia reduce los salarios de los trabajadores y los costes de los bienes, pero los trabajadores deben seguir pudiendo actuar como consumidores para reproducir sus propias vidas. ¿Cómo pueden reducirse los salarios y crecer el mercado al mismo tiempo? Existe una contradicción paralizante entre los beneficios, la contención de los salarios y la necesidad de una clase consumidora. Esto es lo que genera, una y otra vez, problemas de sobreacumulación, sobreproducción y lo que los Patnaik denominan una amenaza para el valor del dinero.
Esta contradicción se resuelve históricamente a través del imperialismo —no como la etapa más elevada, sino como el fundamento mismo del capitalismo—. La relación entre capital y trabajo nunca se habría consolidado sin una base imperialista. Lo que permite a los trabajadores ser explotados y, al mismo tiempo, actuar como consumidores es la capacidad de obtener insumos baratos de las colonias y las periferias imperialistas. Además del capital y el trabajo, existen categorías de mano de obra y recursos fuera del núcleo que pueden ser apropiados sin tener en cuenta sus condiciones de reproducción. A los campesinos de las colonias se les imponen los precios porque han perdido la soberanía —lo que los Patnaik denominan una categoría de mano de obra «que acepta los precios». No se trata de trabajadores y sindicatos que negocian los salarios; se trata de la imposición de precios mediante la negación de la soberanía.
Cuando Lenin habla de «naciones atrasadas» que reciben la exportación de capital, surge una pregunta: ¿por qué son estas naciones atrasadas? ¿Cómo quedaron rezagadas respecto a las naciones capitalistas europeas? La respuesta radica en las relaciones de imperialismo colonialista ya existentes desde los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX —relaciones que hicieron que los Estados periféricos se volvieran dependientes y los sometieran a una fuga de riqueza desde los inicios del capitalismo. Así pues, el imperialismo siempre ha sido el fundamento del capitalismo. No puede existir una relación entre capital y trabajo en ningún momento sin una base imperialista. Por lo tanto, el imperialismo es la contradicción principal. La negación de la soberanía a los pueblos —a través de la cual se imponen los precios, se ejerce el poder de fijación de precios y se obliga a las periferias a aceptar los precios— permite la transferencia de insumos baratos a la industria del centro y de bienes baratos para el consumo de los trabajadores. Bajo el capitalismo, el imperialismo se define, en su nivel más básico, como el poder soberano sobre el flujo de capital económico a través del espacio.
Las dos patas del imperialismo
¿Cómo se establece el imperialismo? Amin ofrece un marco conceptual crucial. Afirma que el imperialismo se sustenta sobre dos patas: una militar y otra económica. A partir del siglo XVI, los cimientos imperialistas del capitalismo se establecen mediante la aplicación de la fuerza militar y la violencia contra las periferias. Es a través de la fuerza como se niega la soberanía, y es a través de esa negación como la riqueza económica se drena de la periferia hacia el centro, generando las condiciones para el segundo pilar. Los Estados periféricos llegan a depender del centro para acceder al capital, y la dependencia se mantiene no solo mediante la fuerza militar, sino también mediante la fuerza económica. Por ello, el orden imperialista occidental busca mantener el control monopolístico incluso sobre la violencia militar —a través de la OTAN y otros instrumentos—, limitando así la soberanía de las periferias.
Las guerras del opio del siglo XIX ilustran esto de forma concreta. China había estado durante milenios a la vanguardia de la economía mundial, y Europa solía depender de ella. Esta relación se transformó mediante la fuerza militar. Una alianza de potencias europeas entró en guerra contra China, la sometió y limitó su soberanía. Al apoderarse de Hong Kong y otros puertos, controlaron los precios impuestos al movimiento de mercancías que entraban y salían de China. Si Gran Bretaña veía cómo Alemania y Estados Unidos le superaban en competencia, podía compensar ese déficit obligando a China a comprar sus productos industriales, cada vez menos competitivos. La riqueza se agotó y, tras un siglo, China presentaba un déficit total de capital económico. Al imponer la fuerza militar, el imperialismo creó dependencia económica.
Amin plantea una cuestión crucial: si el imperialismo se sustenta en dos pilares —el poder militar y el económico—, el antiimperialismo también debe sustentarse en dos pilares. Esto es clave para comprender nuestro momento actual. Las distintas fuerzas antiimperialistas de la segunda mitad del siglo XX y hasta la actualidad se han apoyado en uno u otro pilar. Pero, ¿cómo podríamos concebir que estos pilares caminen juntos?
Cuando pensamos en el imperialismo a escala mundial en términos de lucha de clases, nos referimos a cómo los pueblos de la periferia tratan de recuperar la soberanía desafiando las bases militares y económicas del poder imperial. Cuando se desafía una de esas bases, el imperialismo recurre a la otra para contener el desafío. La Revolución Haitiana es un claro ejemplo del siglo XIX: Haití derrotó la base militar del imperialismo, pero no pudo resistir el asalto económico. Se impuso un bloqueo, se impuso una huelga de capital. Puede haber una exportación de capital, pero también puede existir la amenaza de una huelga de capital —la denegación del acceso a los mercados de capitales— que obliga al país subyugado a vivir en una situación de asedio constante o a ceder y aceptar las condiciones impuestas por la potencia imperialista.
Este patrón se repite a lo largo del siglo XX. Los pueblos de la periferia luchan por recuperar la soberanía, por reorientar sus recursos y su mano de obra hacia el desarrollo nacional, por construir la infraestructura y los programas industriales que les permitan convertirse en dueños de su propio destino. Pero cada vez que se produce un intento de recuperar la soberanía —ya sea por la fuerza o mediante un programa económico de nacionalización y desarrollo—, siempre se produce una maniobra contrarrevolucionaria por parte del imperialismo para contenerlo. Irán es un ejemplo concreto: en 1953, Irán intentó nacionalizar su petróleo para crear las condiciones que le permitieran superar la dependencia. Se impuso un golpe de Estado. La revolución de 1979 fue un intento de recuperar el control sobre los recursos nacionales del país. Cuando la opción militar —la guerra por poder que Irak libró contra Irán— no logró reimponer la fuerza militar, Estados Unidos recurrió a las sanciones, con el objetivo de controlar la periferia por medios económicos.
La cuestión es que el imperialismo no solo se autoalimenta, sino que también responde a la lucha de clases a escala mundial. Las sanciones no se imponen por sí mismas, sino para contener las luchas de liberación y el intento de recuperar una soberanía sustantiva sobre los recursos. Si Estados como Irán o Cuba aceptan un estatus neocolonial, no se verán sometidos a guerras y sanciones constantes, pero tampoco serán soberanos.
La base de clase de la soberanía
Existe un segundo componente en la cuestión del imperialismo y la lucha de clases. A medida que los Estados de la periferia intentan recuperar la soberanía, también se producen luchas de clases en el seno de dichos Estados. El territorio colonizado no está compuesto por una única clase: hay élites compradoras, burguesías incipientes, clases mercantiles, trabajadores y campesinos. ¿Cuál es la relación entre estas contradicciones de clase internas y el intento de recuperar la soberanía?
Lenin, en su tesis sobre las cuestiones nacional y colonial, argumentó que podría ser necesario aliarse con la burguesía de las periferias, ya que la superación de la relación colonial e imperial debe ser lo primero, y la revolución proletaria puede seguir después. Esto tiene sentido como forma de concebir el imperialismo como la contradicción principal, quedando las demás contradicciones en un segundo plano hasta que más adelante se conviertan en principales. Pero, tal y como argumentaron Fanon y Amin, para alcanzar realmente la soberanía se necesita una revolución antiimperialista y anticolonial centrada en el campesinado —una en la que el poder de clase resida en el campesinado y las clases trabajadoras, aunque no se elimine de inmediato a la burguesía—. Los recursos del desarrollo nacional deben reinvertirse en el país, generando una forma de desarrollo más universal —no una que desarrolle a la burguesía a través de relaciones neocoloniales, sino una que desarrolle al país en su conjunto—. Existe una relación entre la base de clase de la descolonización y el antiimperialismo y la consecución efectiva de una soberanía real: la construcción de un Estado fuerte, necesario para luchar contra el imperialismo, en sintonía con los movimientos populares y las luchas sobre el terreno.
El imperialismo estadounidense en la actualidad
Tras la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo se transformó en lo que Amin denomina «imperialismo colectivo». Estados Unidos se consolidó como la principal potencia imperialista, mientras que Europa y Japón —lo que Amin denomina la «tríada»— actuaban como potencias subordinadas. Europa y Japón aceptaron esta situación porque necesitaban el liderazgo de EE. UU. para gestionar y controlar el auge del Sur durante la era de la descolonización. El imperialismo estadounidense opera, por tanto, en dos frentes: estableciendo el neocolonialismo sobre las periferias, al tiempo que mantiene el control sobre Europa y Japón. Un mecanismo clave es el control del flujo de energía hacia y desde Europa, lo que mantiene la dependencia de Europa respecto a EE. UU. y la mantiene a raya.
El imperialismo estadounidense también surge durante la era de la descolonización y se consolida ante una serie concreta de retos. Estados Unidos no tiene acceso a colonias como lo tenían los británicos; debe reconstruir el sistema imperialista en los términos neocoloniales que describe Nkrumah. Un componente clave es la relación establecida entre el petróleo y el dólar —que vincula la compra de petróleo en el mercado internacional al dólar estadounidense—. Si reflexionamos sobre el análisis de Lenin acerca de la relación entre el capital bancario y el capital industrial, podemos ampliarlo al poder del dólar estadounidense, basado en su vinculación con el petróleo, la relación entre Estados Unidos y Arabia Saudí y el control estadounidense sobre Asia Occidental. Esto genera un poder financiero a través del cual Estados Unidos volvió a imponer relaciones de dependencia al Sur a partir de la década de 1970.
Con la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos pudo imponer una dependencia aún mayor. Sin embargo, en las décadas de 1980 y 1990 surgieron dos desafíos al imperialismo estadounidense que a menudo se pasan por alto. China supuso un desafío para el pilar económico del imperialismo estadounidense; la República Islámica de Irán, y más tarde Rusia, supusieron un desafío para su pilar militar. Hoy en día, lo que está en juego en Asia Occidental y más allá es el intento de Estados Unidos de reimponer las bases militares y económicas de su orden imperialista.
Estados Unidos tiene a China en el punto de mira porque este país ha cuestionado el poder financiero del capitalismo monopolista financiero estadounidense al ofrecer a los Estados del Sur Global acceso al capital y al excedente de manera que les permita romper con el desarrollo dependiente. En Asia Occidental, la fuerza militar mediante la cual Estados Unidos estableció la relación entre el petróleo y el dólar —a través de sus representantes sionistas y saudíes— ha sido cuestionada de manera fundamental por la Revolución Islámica en Irán, por Hezbolá y por Ansar Allah en Yemen. Para Estados Unidos está en juego algo existencial al restablecer una supremacía militar abrumadora, que es lo que intentó demostrar frente a Irán —pero no ha sido capaz de hacerlo—.
Lo que estamos presenciando en la lucha antiimperialista es una convergencia entre estos desafíos militares y económicos. La capacidad de Irán para resistir las sanciones está relacionada con la capacidad de China para ofrecer a Irán profundidad económica y una arquitectura económica a través de la cual pueda superar las sanciones. La capacidad de China para continuar con su programa económico no es ajena a la capacidad de Irán para resistir militarmente al imperialismo estadounidense en Asia Occidental desde la década de 1980 hasta hoy, ni a la capacidad de Rusia para obstaculizar la proyección del poder militar estadounidense en sus fronteras. Como afirmó recientemente el ministro de Asuntos Exteriores chino: la derrota de Rusia es algo que China no puede permitir; sería un desastre incluso para el proyecto de desarrollo chino.
La lucha palestina, incluida la «Inundación de Al-Aqsa», no es solo una cuestión de descolonización. Existe un componente antiimperialista, una dimensión geopolítica en la lucha palestina para superar la forma en que el sionismo ha mantenido el monopolio de la fuerza militar en la región. Se trata de un desafío al sistema imperialista estadounidense en un sentido más amplio. Estados Unidos está tratando de contrarrestar el proyecto chino de integrar a Irán en la región, de impulsar lo que los chinos denominan una «paz de desarrollo» en todo el Sur Global. Está tratando de construir un corredor entre la India y Oriente Medio para dejar fuera a China. Y la preocupación de Estados como China e Irán es establecer el mayor poder soberano posible —superar la dependencia sin pretender replicar el sistema de dominación—. Su principal preocupación es el desarrollo soberano, pero el reto al que se enfrentan es que dicho desarrollo ya no puede garantizarse sin intervenciones a escala internacional: construir una arquitectura económica y militar alternativa para defender esos logros. Por eso China habla de controlar los sectores clave de la economía, de la inteligencia artificial y del desarrollo tecnológico: no por un deseo de dominar al estilo de Occidente, sino para superar la dependencia. Es posible que existan críticas pertinentes y legítimas hacia China; sin embargo, su propia preocupación declarada es el desarrollo soberano, y la misma lógica se aplica a Irán y a Yemen.
6. Condenados a perder.
Fragmento de un libro publicado en Francia sobre la actual impotencia de los movimientos sociales a la vista de sus resultados de los últimos años.
https://www.contretemps.eu/les-mouvements-sociaux-sont-ils-condamnes-a-perdre/
¿Están condenados al fracaso los movimientos sociales?
Extracto del libro de Arya Meroni
Arya Meroni acaba de publicar el libro «C’est la loose finale» (ed. La Découverte), en el que analiza con lucidez los fracasos de la izquierda y de los movimientos sociales, y hace un llamamiento a transformar nuestras luchas.
En este extracto, reflexiona sobre la impotencia estratégica que caracteriza a las movilizaciones actuales. Desde los Chalecos Amarillos hasta las pensiones, pasando por los movimientos feministas y las jornadas de visibilidad, las luchas se suceden sin que siempre logren convertir la ira y la movilización en una relación de fuerzas victoriosa. Según ella, la causa radica en la pérdida de un horizonte de transformación social y en una resistencia que, en ocasiones, se ha convertido en un fin en sí misma. ¿Cómo recuperar el gusto por la victoria y retomar el pensamiento estratégico?
por Arya Meroni
Extracto del capítulo 2: Por la belleza del gesto
«Es más fácil imaginar el fin del mundo que el del capitalismo». Esta frase, que se repite sin cesar en los debates militantes, refleja el sentimiento de impotencia que a menudo acompaña al activismo cotidiano y que puede llevar a la resignación. ¿Cómo transformar la sociedad cuando ya no se sabe qué hacer? ¿Cómo creer en un final feliz cuando, en el horizonte, solo distinguimos el desastre? En el momento en que Europa se precipitaba hacia el fascismo, Walter Benjamin describía la revolución como un freno de emergencia, capaz de detener el tren antes de que se estrellara contra el muro. Parecería que hoy en día los trenes automáticos ya no tienen frenos: solo queda esperar el choque final.
Oración fúnebre por un futuro ya muerto
Todo el mundo ha acabado creyendo en el No Alternative de Margaret Thatcher: la clase obrera fue derrotada por la fuerza en la década de 1980, la URSS ha desaparecido, triunfo del capitalismo, fin de la historia. Todas las revoluciones del siglo XX han sido derrotadas, ya sea por la burocratización, por giros autoritarios o por contrarrevoluciones. Solo queda un mundo hecho trizas que ya no sería deseable cambiar, salvo para repetir las catástrofes. Para Daniel Bensaïd, es este balance el que ha construido un imaginario colectivo de la imposibilidad. Ya ni siquiera somos capaces de imaginar que un acontecimiento singular permita modificar el curso de los acontecimientos. Por lo tanto, deberíamos conformarnos con «revoluciones en miniatura1». Se alcanza así el «grado cero del pensamiento estratégico», intentando como se pueda provocar algunas fisuras en el seno de la dominación. Los medios ya no se justifican por un fin, sino que se bastan a sí mismos. Resistir se convierte en un imperativo categórico2.
La impotencia colectiva que se puso de manifiesto durante el movimiento de los Chalecos Amarillos, una de las principales crisis sociales de este comienzo de siglo, es el ejemplo perfecto de ello. El 5 de diciembre de 2018, mientras por todas partes los manifestantes desbordaban a la policía y, en París, se acercaban a las verjas del Elíseo, al caer la noche, cada uno regresó a su hogar. En las semanas siguientes, se organizaron asambleas por todo el territorio y se redactaron cuadernos de quejas, y se pusieron en marcha coordinaciones nacionales. A pesar de esta autoorganización espontánea, el movimiento nunca logró reproducir el acto del 5 de diciembre ni superar la fase de la revuelta. Esta impotencia es indicativa de una falta de estrategia: se cree que la victoria es imposible, por lo que no se plantea la toma del poder. Si bien desencadenó una crisis del régimen que aún no se ha resuelto, el acontecimiento perdió fuerza. En definitiva, no se sabe cómo pasar a la siguiente etapa. La paradoja de la situación: desde 2016, los movimientos sociales se suceden y renuevan las generaciones de activistas. En cada situación, la esperanza y la resignación se manifiestan simultáneamente.
No es de extrañar: dejar de concebir la transformación social a través de un acontecimiento político se inscribe en la propia lógica del neoliberalismo. En una época en la que todo se acelera, en la que todo se graba, se difunde y se retransmite en directo, todo se convierte en acontecimiento y, por lo tanto, nada vuelve a ser jamás un acontecimiento: «La ley de la aceleración mezcla y confunde los tiempos, antes distintos, del acontecimiento y de su difusión». La videoesfera fabrica a la vez el acontecimiento y la información; su difusión constituye ahora el acontecimiento. La imagen prevalece sobre la cosa. La representación, sobre la presencia. Con la producción en cadena de simulacros de acontecimientos, a fuerza de titulares y primicias, la inflación de noticias devalúa el propio acontecimiento. «Ya nada sorprende ni asombra3». Estas palabras de Daniel Bensaïd, escritas hace más de veinte años, resuenan con especial fuerza tras tres años de genocidio en Gaza retransmitido en directo, que han banalizado la muerte masiva al tiempo que han generado un sentimiento generalizado de impotencia.
La aparición de las redes sociales como espacio de difusión de discursos políticos influye en la forma de concebir el activismo. Moldeadas por las grandes empresas, su objetivo es generar beneficios a través de la rapidez en la difusión de la información, lo efímero, el «buzz» y la captación de la atención, gracias a la colocación de productos y a la promoción de contenidos de pago. Por lo tanto, para ser visible, el discurso que se genera debe ajustarse al algoritmo, incluso si se trata de contenido activista. Esto implica posicionarse sobre todo, en todo momento. Uno se indigna y luego pasa a otra cosa. Esta lógica trasciende el espacio digital. Cuando Gérald Darmanin fue nombrado ministro del Interior en julio de 2020, se celebraron manifestaciones feministas que reunieron a varios miles de personas en diferentes ciudades de Francia: no se trataba de aceptar el ascenso de un hombre acusado de violación. ¿Y después? Nos vamos de vacaciones y la movilización se desmorona. Evidentemente, la ira permanece. Pero solo la ira. En el flujo incesante de información y de microacontecimientos cotidianos, donde se acumulan día tras día diferentes motivos de revuelta, ya no sabemos qué hacer. Todo nos indigna, nada nos indigna. Una vez más, cambiamos de canal y pasamos a otra cosa.
Otra consecuencia de la pérdida de confianza en la posibilidad de transformar la sociedad es que la resistencia se convierte en un acto de conservación4. A medida que desaparece el horizonte de lo posible, se milita cada vez más por el deber de la memoria, como testimonio de una esperanza perdida. No queda, pues, más que un deber moral, convertido en rutina y enmarcado por una política de gestión. Esto se traduce en los nuevos movimientos sociales en la multiplicación de actos que se limitan a dar visibilidad a tal o cual causa. Así, nunca ha habido tantos días de movilizaciones como hoy, que se acumulan sin coherencia ni intersección: el día de la visibilidad homosexual, de la visibilidad lésbica, bisexual y trans, la marcha anual contra la violencia sexista y sexual, la marcha del orgullo, el orgullo de los suburbios, la jornada contra el racismo, conmemoraciones de todo tipo, el día del recuerdo trans… Las ocasiones para dar testimonio aumentan al mismo ritmo que nos resignamos a gestionar únicamente el presente, condenados a unos mañanas funestas.
Estas jornadas, a veces preparadas durante varios meses, representan para algunas organizaciones la esencia de la actividad militante. Pero, ¿qué ocurre antes y después? Las reflexiones de fondo quedan relegadas en favor de debates cíclicos sobre el próximo evento. Se vuelve a empezar sin cesar, en un eterno «Día de la Marmota» inclusivo. Así, cabría pensar que, de tanto organizar constantemente el mismo evento, los grupos activistas ya están bien rodados y no necesitan pasar meses debatiendo el recorrido, el lugar que debe ocupar la «marcha tranquila» o la composición de la vanguardia del desfile. Nada más lejos de la realidad: cada año se vuelve a empezar desde cero. Para quienes participan, estas jornadas de visibilidad también permiten dar testimonio. Dar testimonio de una presencia, de una solidaridad; decir que se estuvo allí, que se apoya, que uno se siente involucrado. Fotografiar la pancarta más bonita y publicarla en las redes sociales. De todos modos, no podría ser de otra manera: ser visible siempre implica ser visto por alguien. Las personas «no afectadas» tienen el deber moral de estar presentes, so pena de ser tachadas de malas aliadas. Convertida en un público pasivo, la masa de personas politizadas debe dar vida a estas jornadas. Esta gestión rutinaria de las luchas trasciende con creces el marco de los nuevos movimientos sociales. Cada mes de septiembre, las direcciones sindicales organizan una «vuelta social», es decir, una jornada de huelga que se supone que abre el baile, pero que, en realidad, suele parecerse más a Dernière danse de Kyo que a Preview de Bad Bunny: si bien el cantante puertorriqueño no teme intentarlo, una vez más, para ver qué sucederá después, el grupo francés, por su parte, prometía un último baile, antes de la oscuridad y la indiferencia.
Este baile póstumo se repite, lamentablemente, con cada movimiento de lucha frente a las contrarreformas de las pensiones que marcan la agenda política desde hace treinta años. El 6 de enero de 2023, la primera ministra Élisabeth Borne anunció una reforma del sistema de pensiones que prevé el aumento de la edad de jubilación. Entre el 19 de enero y el 8 de junio, Francia fue testigo del movimiento social más importante de las últimas décadas, con la participación de millones de personas en las jornadas de huelga. Sin embargo, en ningún momento la victoria pareció estar al alcance de la mano. Aunque algunos sindicatos (CGT, FSU, Solidaires) intentaron organizarse más allá de las jornadas de huelga esporádicas, no lo consiguieron. Y es que, más allá de la parálisis de la intersindical, fue el conjunto del movimiento activista el que no supo cómo actuar. Salvo en algunos sectores, la autoorganización en los lugares de trabajo no ha resultado realmente eficaz. Del mismo modo, ninguna otra organización ha tomado una iniciativa lo suficientemente preparada como para ganar. En particular, los movimientos feministas, que participaban en la movilización, no han sabido ejercer influencia, lo que se hizo especialmente patente el 8 de marzo de 2023.
Desde hace más de cien años, esta fecha es un día de lucha feminista y, a raíz de las movilizaciones feministas latinoamericanas y españolas, se ha convertido en una jornada de huelga feminista internacional. En Francia, la jornada la prepara a nivel nacional el colectivo unitario «Huelga Feminista», que agrupa a sindicatos, partidos políticos y asociaciones tradicionales, y la «Coordinación Feminista», que reúne a la mayor parte de las organizaciones feministas surgidas tras el movimiento #MeToo. En enero de 2023, esta última se fijó como objetivo convertir el 8 de marzo en un momento clave para una posible generalización de la huelga. El calendario parece favorable. El 7 de marzo, una jornada de huelga convocada por la intersindical contó con la participación de 3,5 millones de personas, según la CGT, lo que supuso un récord. El día 8, varios cientos de miles de personas se manifestaron de nuevo, conformando la mayor movilización feminista que jamás haya tenido lugar en Francia. Sin embargo, ni la Coordinación Feminista ni «Huelga Feminista» supieron aprovechar esta dinámica para intentar ir más allá del marco inicial y convocar una generalización de la huelga el 9 de marzo.
Más allá de este acontecimiento concreto, se repite una y otra vez la misma tónica de resistencia y resignación. El 10 de septiembre de 2025, el movimiento «Bloquemos todo» se levanta contra el presupuesto de austeridad y a favor de unas mejores condiciones de vida. Rápidamente, en la izquierda, todo el mundo se suma a la iniciativa y cientos de miles de personas participan en ella. Parece vislumbrarse un inicio de autoorganización. Unos días más tarde, la intersindical convoca una jornada de huelga, que vuelve a ser un éxito. ¿Y después? Nada. La coalición sindical se muestra evasiva, los sectores autónomos se quejan, pero no actúan. Hemos perdido. Pero ¿lo hemos intentado siquiera? Aquí se plantea la cuestión misma de la toma de iniciativa. Al igual que ocurre con la acumulación de jornadas de visibilidad, el movimiento social adolece de una tendencia a no salir nunca de su zona de confort: los sindicatos convocan huelgas, los movimientos feministas y LGBT+ convocan jornadas de visibilidad, los autónomos convocan bloqueos y los partidos políticos se presentan a las elecciones. Se resiste por resistir, sin creer realmente en ello. Por la belleza del gesto. La impotencia colectiva se asemeja entonces al funeral a gran escala de la emancipación, en el que cada uno espera pacientemente su turno para pronunciar su propio discurso fúnebre.
7. Hacia un nuevo mundo.
Intervención de Ignacio Ramonet en un reciente encuentro organizado por el PTM en México. En la línea de la reseña que vimos del libro de Mertens que publicamos hoy en Espai Marx.
Un nuevo sistema histórico. Veinte apuntes para una Cartografía de la Nueva Transformación
El mundo vive una transición hacia un nuevo sistema histórico, marcado por la convergencia simultánea de múltiples rupturas: la multipolaridad geopolítica, la fragmentación de la globalización, la revolución de la inteligencia artificial y la transición energética. La tecnología y los datos se han convertido en el nuevo campo de batalla del poder global, subordinando la economía a la seguridad y la soberanía. En este «momento gramsciano», la política debe intervenir urgentemente para evitar mayores desigualdades y decidir quién controla la tecnología y los beneficios del futuro.
Fotografía del collage titulado «Urban Fluidity #2» del arquitecto venezolano Jorge Rigamonti. El collage forma parte de una serie de collages que Rigamonti realizó entre 1966 y 1971 y que expresan, por un lado, el atractivo y la belleza de la industrialización y el progreso tecnológico y, por otro, la amenaza que suponen. El collage de esta foto forma parte de la colección permanente del MoMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York). Wikimedia.org
Ignacio Ramonet
Mucha gente está perpleja. Desconcertada. Descolocada ante los acontecimientos que estamos viviendo. Hay una enorme incertidumbre. Una profunda inquietud. Incluso miedo. Porque, una vez más, no entendemos, no comprendemos lo que está sucediendo en nuestras sociedades y en el planeta. El mundo se ha vuelto muy difícil de leer, de descodificar. Y la información que recibimos no nos ayuda. Incluso nos confunde más. Muchas de nuestras herramientas conceptuales ya no nos permiten interpretar, descifrar lo que está pasando.
Y es normal. Porque lo que estamos viviendo no es simplemente una nueva crisis internacional. Ni siquiera una policrisis. No es solamente una nueva fase de la rivalidad entre grandes potencias. Tampoco es únicamente una nueva revolución tecnológica.
Lo que está ocurriendo es algo más profundo.
Estamos asistiendo a la convergencia, en un mismo momento histórico, de varias grandes rupturas que normalmente se producen separadamente: una transformación del sistema geopolítico internacional ; una transformación de la economía-mundo; una revolución tecnológica; una transición energética ; una mutación demográfica ; una crisis climática y ecológica ; y una profunda modificación de las formas de producción, de comunicación y de organización social. Y lo extraordinario de este nuevo momento es que todas estas transformaciones están ocurriendo simultáneamente y se están influyendo unas a otras.
Hoy, el Orden Internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial está dando paso a un mundo más fragmentado y multipolar, al mismo tiempo que avanzan la inteligencia artificial, las transformaciones demográficas y la crisis climática. Y precisamente esa simultaneidad convierte el momento actual en un período de incertidumbre excepcional.
Por eso creo que debemos evitar dos errores.
El primero consiste en pensar que estamos simplemente ante una sucesión de crisis : la guerra, la inflación, las tensiones comerciales, la crisis energética, la rivalidad Estados Unidos-China, la inteligencia artificial…
No.
El segundo error consiste en pensar que todo esto constituye una especie de accidente pasajero del sistema.
Tampoco.
Lo que estamos viviendo es la transición de un sistema histórico hacia un nuevo sistema histórico cuyo perfil todavía no está completamente definido.
Y, precisamente por eso, este es un momento gramsciano en el que la política vuelve a adquirir una importancia extraordinaria, fundamental.
Porque cuando las reglas de una época empiezan a dejar de funcionar y los nuevos paradigmas todavía no están establecidos, se abre un período de disputa.
De disputa por definir e imponer las nuevas reglas y los nuevos paradigmas de la nueva época histórica que comienza.
Para tratar de entender mejor este cambio copernicano que estamos viviendo, propongo los siguientes veinte apuntes con el objeto de visualizar mejor la actual cartografía conceptual de esta Nueva Transformación.
1. Geopolítica. De un mundo unipolar a un mundo con múltiples centros de poder
Durante más de tres décadas, desde la desaparición de la Unión Soviética en 1991, vivimos lo que podríamos llamar un momento unipolar.
Estados Unidos quedó como única superpotencia global. Eso no significa que controlase absolutamente todo. Existían otras grandes potencias, economías regionales, instituciones internacionales y múltiples formas de resistencia. Pero la arquitectura general del sistema internacional estaba organizada alrededor de una sola superpotencia cuyo peso económico, financiero, militar, tecnológico y cultural era incomparable.
Ese período está terminando.
No porque Estados Unidos haya dejado de ser una gran potencia. Sigue siendo una potencia extraordinariamente poderosa.
Pero porque han aparecido otros centros de acumulación de poder.
China constituye hoy una potencia económica, industrial y tecnológica de primera magnitud.
La India aumenta su peso económico, demográfico y estratégico. Rusia conserva una enorme capacidad militar y energética. Brasil y México desempeñan un papel central en América Latina y poseen recursos estratégicos de dimensión continental. Países como Indonesia, Turquía, Irán, Arabia Saudita, Etiopía, Nigeria o Sudáfrica disponen de capacidades regionales y de márgenes de autonomía cada vez mayores. Y numerosas economías del llamado Sur Global intentan diversificar sus relaciones internacionales.
Los BRICS son una de las expresiones de esta nueva transformación. No constituyen un bloque homogéneo, y sería un error presentarlos como tal, pero expresan una realidad geopolítica : una parte creciente del mundo quiere disponer de mayor capacidad de negociación dentro de las instituciones internacionales, y reducir su dependencia de un único centro de poder.
Estamos, por tanto, ante una multipolarización del sistema internacional.
Pero debemos entender bien qué significa esto. Multipolaridad no quiere decir automáticamente cooperación. Tampoco significa que las rivalidades desaparezcan. Puede significar precisamente lo contrario: que habrá más actores con capacidad para competir, negociar, bloquear, guerrear, presionar y establecer alianzas variables. El nuevo mundo que está naciendo puede ser más plural, pero también más conflictivo. Y esta es una de las grandes paradojas de este nuevo tiempo : nunca hemos necesitado tanto la cooperación internacional y, sin embargo, nunca ha sido tan difícil construirla.
2. El regreso de la geopolítica a la economía
Durante los años de la gran globalización neoliberal (1979-2008) se difundió una idea poderosa : la economía terminaría por relativizar la política. Las empresas producirían allí donde fuese más barato. Los capitales circularían libremente. Las cadenas de producción atravesarían las fronteras. Los Estados perderían progresivamente capacidad de intervención. Y la interdependencia económica terminaría haciendo demasiado costoso el conflicto entre grandes potencias.
Hoy sabemos que esa visión era incompleta sino errónea. La economía no ha sustituido a la geopolítica.
La geopolítica ha regresado al corazón de la economía.
Lo vemos en todas partes. Los Estados subvencionan sectores estratégicos. Controlan determinadas exportaciones. Protegen determinadas tecnologías. Intentan asegurar cadenas de suministro. Acumulan reservas. Reorganizan sus relaciones comerciales. Buscan controlar minerales estratégicos. Utilizan las finanzas como instrumento de poder. Y consideran determinadas infraestructuras tecnológicas como cuestiones de seguridad nacional.
El comercio internacional, que durante las ominosas décadas neoliberales fue presentado principalmente como una cuestión de eficiencia económica, vuelve a ser también una cuestión de soberanía. Para los grandes inversores, la pregunta ya no es solamente:
¿Dónde es más barato producir? La pregunta es cada vez más: ¿Dónde podemos producir sin quedar estratégicamente expuestos?
Esta transformación es enorme. Porque significa que hemos pasado de una lógica dominada por la eficiencia a otra en la que eficiencia y seguridad compiten permanentemente.
3. La globalización no desaparece : se fragmenta
No creo que estemos asistiendo al final de la globalización. Estamos asistiendo a su transformación. Las cadenas mundiales de producción no han desaparecido. Se están reorganizando. Aparecen conceptos como nearshoring, friend-shoring, regionalización, autonomía estratégica, resiliencia de las cadenas de suministro. La empresa que antes buscaba exclusivamente el menor coste comienza a preguntarse también si su proveedor se encuentra en un país considerado políticamente seguro. Esto está modificando profundamente la geografía de la producción.
Un dato importante : los sectores estratégicos -IA, microprocesadores, minerales críticos y transición energética- pasaron de representar el 16 % de los nuevos proyectos internacionales de inversión en 2020, al 44 % en 2025. Es una manera muy concreta de demostrar que no estamos hablando simplemente de una impresión geopolítica: el mapa del capital ya está cambiando.
Esto nos conduce a una conclusión importante. La globalización no está desapareciendo.
Se está convirtiendo en una globalización políticamente y geopolíticamente condicionada. Y eso abre oportunidades, pero también peligros. Porque una economía mundial fragmentada puede permitir a determinados países mejorar su posición negociadora. Pero también puede producir una nueva división del mundo en grandes espacios económicos y tecnológicos. Y entonces surge una pregunta decisiva: ¿Será el siglo XXI un siglo de cooperación entre regiones o un siglo de competencia entre bloques? Todavía no lo sabemos. Pero esa disputa ya ha comenzado.
4. El verdadero campo de batalla : la tecnología
Y aquí llegamos, probablemente, al elemento más importante de todos. La nueva confrontación internacional no se desarrolla únicamente alrededor de territorios. Se desarrolla alrededor de tecnologías. En el siglo XX, las grandes potencias competían por el petróleo, el acero, la industria pesada, las rutas marítimas, las armas nucleares.
Hoy continúan compitiendo por esos recursos. Pero aparecen nuevos recursos de otra dimensión : Microprocesadores (chips); Computación avanzada; Inteligencia artificial; Robótica; Biotecnologías; Computación cuántica; Satélites; Astronáutica; Cables submarinos; Centros de datos; Sistemas operativos; Redes de telecomunicaciones; y, sobre todo : datos.
La tecnología ha dejado de ser un simple sector económico. Se ha convertido en un instrumento de poder geopolítico.
Por eso la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China tiene una importancia que va mucho más allá de las empresas concretas involucradas. Lo que está en juego es qué potencia tendrá capacidad para diseñar la infraestructura tecnológica de las próximas décadas.
Y aquí aparece una diferencia fundamental respecto de épocas anteriores.
Una potencia puede tener petróleo. Puede tener territorio. Puede tener una gran población.
Pero si no dispone de determinadas tecnologías, puede encontrarse dependiendo de quienes las controlan.
Por eso los microprocesadores se han convertido en un recurso estratégico.
Y por eso la fabricación de los microprocesadores más avanzados constituye hoy una cuestión de seguridad nacional para varias grandes potencias.
5. La inteligencia artificial : es mucho más que una revolución tecnológica
Pero ninguna de estas transformaciones tiene probablemente la capacidad disruptiva de la inteligencia artificial. La IA no es simplemente una nueva herramienta informática. Es una tecnología que puede intervenir en prácticamente todos los sectores de actividad humana. En la industria. En la medicina. En las finanzas. En la educación. En la agricultura. En la administración pública. En la investigación científica. En la guerra. En la comunicación. En la producción y la creación cultural. Y, naturalmente, en la política.
Pero hay algo todavía más importante.
La inteligencia artificial puede modificar la relación entre conocimiento, trabajo y capital.
Durante la revolución industrial del siglo XIX, las máquinas sustituyeron progresivamente determinadas formas de trabajo físico. Ahora las máquinas comienzan a intervenir sobre determinadas formas de trabajo intelectual. Y esto plantea una cuestión histórica : ¿Qué sucederá cuando una máquina pueda realizar determinadas tareas que hasta ahora exigían la intervención de un ser humano cualificado ? No tenemos todavía una respuesta completa. Pero sí sabemos algo. La revolución de la inteligencia artificial no se distribuirá automáticamente de manera equitativa.
La inversión mundial en IA e infraestructura digital está concentrándose en un número reducido de países y sectores. También la inversión en sectores estratégicos -IA, microprocesadores, minerales críticos y tecnologías vinculadas a la transición energética- representa ya una proporción extraordinariamente superior a la de hace apenas cinco años.
Esto significa que la brecha tecnológica puede convertirse en una nueva forma de desigualdad internacional.
Y aquí se plantea una cuestión fundamental para América Latina: ¿Será América Latina simplemente consumidora de inteligencia artificial o será también productora de inteligencia artificial? Porque hay una diferencia enorme entre utilizar una tecnología creada en otra parte y poseer las capacidades científicas, industriales y educativas necesarias para desarrollarla.
6. Del petróleo a los datos, los chips y la capacidad de cálculo
Podríamos resumir el nuevo cambio histórico de una manera muy sencilla.
Durante buena parte del siglo XX, el poder económico dependía de una combinación de : territorio, materias primas, energía e industria. En el siglo XXI se añade una nueva secuencia: datos, capacidad de cálculo, algoritmos e inteligencia artificial.
Esto modifica incluso nuestra concepción de la soberanía. Antes hablábamos de soberanía territorial. Después hablamos también de soberanía energética. Hoy tenemos que comenzar a hablar de soberanía tecnológica y soberanía digital.
Surgen nuevos planteamientos, nuevas preocupaciones: ¿Quién posee los datos? ¿Dónde están almacenados? ¿Quién controla los centros de datos ? ¿Quién fabrica los microprocesadores ? ¿Quién desarrolla los modelos de IA ? ¿ Quién controla las plataformas ? ¿Quién establece los estándares ? ¿Quién decide lo que puede hacer una inteligencia artificial ?
Son preguntas económicas. Pero son esencialmente preguntas políticas. Y, finalmente, son preguntas de soberanía.
7. La nueva batalla por la energía
La energía constituye otro de los grandes ejes de la Gran Transformación actual. Durante décadas se habló de transición energética como si consistiera simplemente en sustituir el petróleo, el gas y el carbón o sea, las energías carbonatadas, por energías renovables. La realidad es mucho más compleja. Porque la transición energética necesita enormes cantidades de minerales: Litio. Cobre. Níquel. Cobalto. Grafito. Tierras raras (un grupo de 17 elementos clave para fabricar los imanes permanentes potentes que requieren los motores de vehículos eléctricos, los teléfonos inteligentes y los aerogeneradores). Y muchos otros materiales indispensables para sustituir los combustibles fósiles por tecnologías limpias como los vehículos eléctricos, la energía eólica y la solar. La demanda de esos minerales se triplicará para 2030.
Por eso la transición energética no elimina la geopolítica de los recursos. La transforma.
Y a ese respecto, América Latina ocupa una posición muy importante. La región dispone de una parte significativa de los recursos minerales, energéticos, hídricos y agrícolas que necesitará la economía del futuro. Pero tener recursos no significa necesariamente controlar la riqueza que esos recursos generan. Ésta es una lección histórica que América Latina conoce demasiado bien. Durante siglos, la región exportó materias primas e importó productos elaborados. El desafío del siglo XXI consiste en no repetir automáticamente esa estructura. Porque puede producirse una nueva forma de extractivismo : extraer litio, cobre, níquel o tierras raras ; exportarlos ; y después importar baterías, vehículos eléctricos, componentes tecnológicos y productos de alto valor añadido fabricados en otros lugares.
Porque el verdadero desafío no es solamente: ¿quién posee los minerales?
Es: ¿quién controla la cadena de valor completa?
8. El Sur Global no es un bloque, pero sí una realidad histórica
Quisiera detenerme aquí sobre una expresión que utilizamos con frecuencia: «Sur Global».
Conviene utilizarla con prudencia. El Sur Global no constituye una entidad homogénea. India no es Brasil; Brasil no es México; México no es Sudáfrica ; Sudáfrica no es Indonesia; Indonesia no es Arabia Saudita. Y cada uno de estos países tiene intereses nacionales específicos. Pero existe algo nuevo. Numerosos países del Sur están intentando ampliar su margen de autonomía. Quieren diversificar mercados. Diversificar divisas. Diversificar proveedores. Diversificar alianzas diplomáticas. Participar más activamente en las instituciones internacionales. Y, sobre todo, quieren que su peso económico creciente tenga una traducción política.
La distribución del poder económico mundial ya no corresponde exactamente a la distribución del poder institucional heredada de mediados del siglo XX. Y ésta es una de las contradicciones fundamentales del sistema internacional contemporáneo.
El mundo económico ha cambiado mucho más rápidamente que las instituciones creadas para gobernarlo.
El problema de las Naciones Unidas. El problema del Fondo Monetario Internacional. El problema del Banco Mundial. El problema de la OMC. Todos ellos tienen, en última instancia, una preocupación común: ¿Cómo adaptar la gobernanza mundial a una distribución del poder que ya no es la de 1945?
9. La gran paradoja de nuestro tiempo : más interdependencia y más fragmentación
Hay una paradoja que me parece particularmente importante. Nunca hemos estado tan interconectados. Un teléfono contiene componentes fabricados en múltiples países. Una computadora depende de minerales extraídos en un continente, procesadores fabricados en otro, software desarrollado en otro, y capital procedente de otro. Los alimentos viajan miles de kilómetros. Los capitales circulan instantáneamente. Los mensajes atraviesan el planeta en fracciones de segundo. Y, sin embargo, políticamente, el mundo parece fragmentarse.
Esta contradicción es central.
La interdependencia material aumenta, mientras disminuye la confianza política.
Y eso es peligroso. Porque los grandes problemas de nuestro tiempo no se detienen en las fronteras. El cambio climático no tiene nacionalidad. Una pandemia no reconoce límites ni aduanas. La inteligencia artificial tampoco. Las grandes crisis financieras atraviesan los continentes. Los océanos son comunes. La atmósfera es común. Las redes digitales son globales. Y, sin embargo, la respuesta política tiende a ser cada vez más nacional.
Necesitamos, por tanto, una nueva arquitectura de cooperación internacional. Pero no una cooperación que ignore las profundas desigualdades existentes. Una cooperación que permita también corregirlas.
10. La contradicción de la revolución tecnológica
Hay otro aspecto que me parece fundamental. La tecnología puede aumentar extraordinariamente la productividad. Pero productividad no significa automáticamente bienestar. Una economía puede producir más y distribuir peor. Puede disponer de tecnologías extraordinarias y consentir enormes desigualdades. Puede tener inteligencia artificial, y mantener a millones de personas sin acceso a una educación adecuada. Puede disponer de robots y tener trabajadores precarizados. Puede producir cantidades enormes de riqueza y concentrarla en pocas manos. Por eso debemos distinguir dos preguntas.
La primera es: ¿Qué puede hacer la tecnología?
La segunda, mucho más política, es: ¿Para quién se utiliza la tecnología y cómo se distribuyen sus beneficios?
Ésta es probablemente una de las grandes preguntas del siglo XXI.
La expansión de la IA puede ampliar la brecha entre economías si no se desarrollan capacidades nacionales, infraestructura digital, educación y mecanismos de gobernanza inclusivos. La revolución tecnológica, por tanto, no elimina la cuestión social. La vuelve todavía más compleja.
11. Una nueva cuestión social
Durante el siglo XIX, la cuestión social estaba determinada fundamentalmente por la relación entre capital y trabajo industrial. El movimiento obrero nació para responder a aquella transformación. Durante el siglo XX aparecieron el Estado social, los derechos laborales, la negociación colectiva, la seguridad social, la educación pública.
Hoy comienza a aparecer una nueva cuestión social. ¿Qué ocurre cuando determinados trabajos (físicos e intelectuales) pueden ser automatizados? ¿Qué sucede cuando un pequeño número de empresas controla plataformas utilizadas por miles de millones de personas? ¿Qué sucede cuando los datos personales se convierten en una mercancía? ¿Qué ocurre cuando un algoritmo decide quién recibe un crédito, quién aparece en una plataforma, qué información ve una persona o qué trabajador es contratado?
La relación entre capital y trabajo no desaparece. Pero se transforma. Y los partidos políticos tendrán que comprender esta nueva realidad. Porque las categorías sociales del siglo XX ya no describen exactamente las nuevas sociedades del siglo XXI.
12. La batalla por la información
Existe, además, otra transformación decisiva. La revolución digital ha democratizado extraordinariamente la capacidad de producir información. Pero también ha concentrado extraordinariamente la capacidad de distribuirla. Y esto produce una paradoja. Nunca tantos individuos habían podido expresarse. Y nunca tan pocas plataformas habían tenido tanta capacidad para organizar la circulación de esa expresión. La información se ha convertido en una infraestructura de poder. La inteligencia artificial introduce ahora una nueva dimensión. Ya no se trata solamente de producir y distribuir información. Se trata de producir textos, imágenes, vídeos, voces y contenidos sintéticos a una escala prácticamente ilimitada.
Esto transforma el ecosistema político. La frontera entre información, propaganda, entretenimiento y manipulación puede hacerse cada vez más difícil de distinguir. Por eso la defensa de la democracia en el siglo XXI no consiste solamente en defender instituciones electorales. También implica defender ecosistemas de información suficientemente plurales, verificables y transparentes.
13. La cuestión militar también está cambiando
La revolución tecnológica está transformando igualmente la naturaleza de la guerra. Drones. Satélites. Robots. Sistemas autónomos. Ciberataques. Inteligencia artificial. Guerra electrónica. Sistemas de reconocimiento. Armas de precisión.
La guerra del futuro -y en algunos aspectos ya la guerra del presente- combina tecnologías que hace apenas unas décadas pertenecían a la ciencia ficción. Esto tiene una consecuencia política fundamental. La superioridad militar depende cada vez más de la superioridad tecnológica.
Y eso significa que la frontera entre economía civil, industria tecnológica y seguridad nacional se hace progresivamente más difusa. Un microprocesador puede ser un componente de un teléfono. Pero también puede formar parte de un sistema militar. Un algoritmo puede recomendar una película. Pero también puede utilizarse en inteligencia militar. Un satélite puede proporcionar información meteorológica. Pero también información estratégica militar. La tecnología civil y la tecnología militar están cada vez más interconectadas.
14. La transición ecológica y la transición tecnológica son inseparables
Hay otra cuestión que no podemos olvidar. El siglo XXI es también el siglo de la crisis climática. Y esto significa que la transformación económica tendrá que ser simultáneamente tecnológica y ecológica. La inteligencia artificial puede ayudar a optimizar redes eléctricas, prever catástrofes, mejorar la agricultura o gestionar el agua. Pero también consume cantidades crecientes de energía y de recursos hídricos. Y requiere enormes infraestructuras físicas. Por eso no existe una transición digital separada de una transición energética. Ambas están convergiendo. Y los países que controlen simultáneamente energía, minerales, infraestructura digital y capacidad tecnológica dispondrán de una ventaja estratégica considerable.
15. El mundo entra en una época de incertidumbre
Si intentamos reunir todas estas piezas, podemos identificar una especie de ecuación histórica. Tenemos : multipolaridad geopolítica ; fragmentación de la globalización ; competencia tecnológica ; revolución de la inteligencia artificial ; transición energética ; lucha por los minerales críticos ; crisis climática ; transformación demográfica ; rearme y nuevas formas de guerra ; y una profunda desigualdad en la distribución de las capacidades tecnológicas.
No son diez problemas independientes. Forman parte de una misma Gran Transformación. Por eso debemos abandonar la tentación de analizar cada crisis por separado. El mundo que está naciendo es un sistema (o sea, un conjunto de elementos ordenados e interrelacionados que trabajan de forma coordinada para cumplir un objetivo o una función específica). Y debemos comprenderlo como sistema.
El FMI proyecta, para 2026, un crecimiento mundial de alrededor del 3 %, pero subraya que ese crecimiento es muy desigual y que conviven fuerzas contradictorias : los efectos económicos de los conflictos y un fuerte ciclo de inversión impulsado por la tecnología.
Es una buena metáfora de nuestro tiempo. Vivimos entre los vientos cruzados de la guerra y la tecnología.
16. ¿Y qué significa todo esto para los partidos políticos?
Llegamos así a una pregunta esencial: ¿Qué significa esta Gran Transformación histórica para los partidos? Creo que significa, en primer lugar, que los partidos no pueden limitarse a administrar las consecuencias de las transformaciones. Tienen que comprenderlas. Un partido político del siglo XXI no puede hablar solamente de salarios, impuestos, vivienda, jubilación, educación o sanidad -aunque todos estos temas continúen siendo esenciales- sin comprender qué está ocurriendo con la inteligencia artificial, con las cadenas mundiales de producción, con los minerales críticos, con la transición energética, con las plataformas digitales y con la nueva distribución internacional del poder.
Porque esas transformaciones determinarán precisamente el futuro de los salarios, del empleo, de las migraciones, de las jubilaciones, de la educación, de la vivienda y de los servicios públicos.
La política social y la geopolítica ya no pueden pensarse separadamente. La política industrial y la política exterior tampoco. La política tecnológica y la política educativa tampoco. Y la política energética y la política climática tampoco. Todo está comenzando a formar parte de una misma problemática, de un mismo sistema.
17. La cuestión de la soberanía
Por eso creo que una palabra recuperará una importancia enorme durante las próximas décadas : soberanía. Pero debemos redefinirla. Soberanía no significa aislamiento. No significa encerrarse. No significa rechazar la cooperación internacional. Al contrario.
En un mundo profundamente interdependiente, ningún país puede ser completamente autosuficiente. La soberanía del siglo XXI debería significar capacidad de decisión. Capacidad para decidir qué producir. Qué tecnología desarrollar. Qué recursos proteger. Qué datos controlar. Qué infraestructuras construir. Qué alianzas establecer. Qué modelo energético adoptar. Qué educación proporcionar. Y cómo distribuir los beneficios de la transformación tecnológica. La soberanía no consiste en estar solo.
Consiste en no estar obligado a aceptar todas las decisiones de otras potencias.
18. La gran batalla será por la distribución de los beneficios de la nueva revolución
Y aquí llegamos, quizá, al punto esencial: Las revoluciones tecnológicas no determinan por sí mismas el futuro. Crean posibilidades. Pero las sociedades deciden cómo distribuir esas posibilidades. La máquina de vapor no produjo automáticamente el movimiento obrero. La electricidad no produjo automáticamente el Estado social. Internet no produjo automáticamente una sociedad más democrática. La tecnología abre posibilidades.
La política decide, en buena medida, quién se beneficia de ellas.
Por eso la gran pregunta de las próximas décadas no será solamente quién desarrolla la inteligencia artificial. Será : ¿Quién la controla? ¿Quién controla los datos? ¿Quién controla la capacidad de cálculo? ¿Quién controla los centros de datos? ¿Quién controla los minerales críticos? ¿Quién controla las plataformas? ¿Quién establece las reglas? ¿Y quién recibe los beneficios?
Ésta es, en última instancia, una cuestión de poder.
19. La nueva sociedad exige también una nueva cultura política
Termino con una reflexión sobre los partidos.
Durante buena parte del siglo XX, los partidos políticos fueron grandes máquinas de interpretación de la realidad. Explicaban el mundo. Organizaban intereses. Construían identidades. Proponían proyectos de sociedad.
Hoy se enfrentan a una dificultad inédita. La realidad cambia más rápidamente que muchas de nuestras categorías políticas. Por eso necesitamos partidos capaces de volver a pensar. No solamente de reaccionar. Pensar el mundo que viene. Pensar el trabajo que viene. Pensar la educación que viene. Pensar la democracia que viene. Pensar la soberanía que viene. Pensar la relación entre seres humanos y máquinas. Pensar la relación entre inteligencia artificial y poder. Pensar qué significa ser ciudadano en una sociedad gobernada cada vez más por algoritmos. Y pensar también qué significa la palabra igualdad cuando el acceso a las tecnologías más avanzadas puede convertirse en uno de los principales factores de diferenciación entre individuos, empresas y países.
El desafío es enorme. Pero también lo es la oportunidad. Porque cuando un orden histórico se transforma, las sociedades no están condenadas a adaptarse pasivamente.
Pueden intervenir. Pueden elegir. Pueden disputar. Pueden construir alternativas.
20. Conclusión
Quisiera terminar regresando a la idea con la que comencé. Estamos viviendo un cambio de época y entrando en un nuevo sistema histórico. El mundo unipolar está siendo sustituido por una estructura más compleja de múltiples centros de poder. La guerra vuelve a condicionar la geopolítica. La globalización no desaparece, pero se fragmenta. La economía vuelve a estar profundamente condicionada por la geopolítica. La tecnología se convierte en una dimensión esencial del poder internacional. La inteligencia artificial inaugura una revolución cuyo alcance apenas comenzamos a comprender. La energía y los minerales críticos adquieren una importancia estratégica renovada. La crisis climática obliga a transformar nuestros sistemas productivos. Y las desigualdades tecnológicas amenazan con crear nuevas formas de dependencia.
Todo esto ocurre simultáneamente.
Y precisamente por eso estamos ante una transición histórica. No sabemos todavía exactamente qué mundo emergerá de ella. Pero sí podemos identificar la gran batalla que se está desarrollando. Es la batalla por quién controlará los recursos, las tecnologías, los datos, las infraestructuras y las reglas de la nueva economía mundial. Y, en última instancia, es la batalla por algo todavía más profundo: ¿quién tendrá capacidad para decidir cómo será la sociedad del futuro?
Ésa es la cuestión que deben plantearse hoy los ciudadanos y los partidos políticos.
Porque si la política renuncia a responderla, otros responderán por ella. Las grandes corporaciones multinacionales. Los mercados. Las plataformas tecnológicas. Los Estados más poderosos. Los propietarios de los datos. Los propietarios de las infraestructuras. Los que controlan los algoritmos. Y los que controlan las tecnologías estratégicas.
Por eso, quizá la tarea política fundamental de nuestro tiempo sea recuperar la capacidad de imaginar. Imaginar una sociedad en la que la revolución tecnológica no produzca solamente más productividad, sino también más derechos. Una economía en la que la transición energética no reproduzca viejas dependencias. Una globalización que no signifique subordinación. Una multipolaridad que no se transforme en una nueva carrera de bloques. Una inteligencia artificial puesta al servicio de la humanidad y no simplemente de la acumulación de capital. Y una democracia capaz de sobrevivir a la transformación radical de nuestro ecosistema informativo.
En definitiva, necesitamos volver a formular una pregunta que, en otros momentos de grandes transformaciones históricas, fue decisiva: ¿Qué nueva sociedad queremos construir?
Porque ésta es quizá la característica más importante del momento que vivimos : el futuro todavía está abierto. Y precisamente porque está abierto, la ciudadanía debe contribuir masivamente a definirlo. Porque es también un nuevo tiempo democrático. En el que la política vuelve a tener una vigencia decisiva. Hoy más que nunca.
Ponencia presentada en el marco del
XXX Seminario Internacional «Los partidos y la Nueva Sociedad»,
Partido del Trabajo de México (PTM).
Ciudad de México, 9 de octubre de 2026
8. Arundhati Roy sobre la IA.
La intelectual india va a participar uno de estos días en un acto en Nueva York, y nos presenta en Equator parte del contenido de su conferencia. Su postura es bastante radical: Hay que eliminar las IA.
https://www.equator.org/articles/arundhati-roy-artificial-intelligence
Apocalipsis ahora y entonces
Arundhati Roy
15/10/2026
La inteligencia artificial es el destino final del capitalismo

Odilon Redon: El pólipo deforme flotaba en la orilla, una especie de cíclope sonriente y espantoso (1883) / Galería Nacional de Arte
1.
Los augurios llueven sin piedad. Piensa o húndete. Cumple o muere. Mira hacia arriba o te quedas fuera. Y así, con estas amenazas no precisamente sutiles, ha llegado la Era de la IA —Idiotez Real, Superidiotez Real, Idiotez Recursiva que crece como una bola de nieve—. Caramba, ya he usado dos guiones en este párrafo inicial. Eso, como se suele decir, es una señal reveladora. Así que, tal vez, no haya escrito este ensayo en absoluto. Tendrías que usar una aplicación de IA para comprobar si realmente es IA, y si yo soy realmente yo, o no lo soy, o solo lo soy en parte. Ya no puedes fiarte de tus instintos. Tienes que usar la aplicación. Ahora que la IA se ha adueñado del guion largo, ¿qué pensarán las generaciones futuras de Emily Dickinson y su amor por ellos? ¿La habrán introducido también en la máquina? ¿La querrán menos? ¿Nos están excluyendo poco a poco del lenguaje? ¿Acaso ya importa?
Por razones que tienen más que ver con el ego de un escritor que con la fe, siempre me ha cautivado el primer versículo del Evangelio según San Juan: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Creo que esto es cierto. Creo que alterar y viciar la relación fundamental entre los seres humanos y el lenguaje socavará toda apariencia de cohesión social.
La IA se ha abalanzado sobre el mundo de la literatura, dejando a escritores, editores, agentes literarios, lectores, críticos, profesores y estudiantes con la sensación de que el suelo se desmorona bajo sus pies. Los profesores deben ahora examinar los trabajos de los alumnos con desconfianza. Los editores tienen que evaluar a los nuevos escritores como detectives que inspeccionan una posible escena del crimen. Es difícil describir cómo afecta esto a la lectura o al aprendizaje. La alegría y el reto del compromiso intelectual han sido sustituidos por algo cerrado, mordaz y mecánico. Un Shangri-La de taxidermistas en el que todo lo que una vez estuvo vivo ha sido desollado y disecado, y te mira sin pestañear, con un destello significativo en sus ojos brillantes y falsos. Es como mirar a alguien y preguntarte si realmente es quien crees que es. O como mirarse al espejo y ver tu imagen, pero sabiendo que en realidad no eres tú.
Con el tiempo, quizá también perdamos ese conocimiento. Entonces ya no sabremos quiénes somos, ni siquiera si existimos.
Y cuando esto le ocurra a toda una sociedad, a toda una especie, cuando ya no podamos confiar en los instintos que hemos aprendido a lo largo de siglos, transmitidos de generación en generación, cuando ya no podamos confiar en nuestros corazones, nuestros ojos o nuestros oídos, cuando ya no podamos distinguir la verdad de la falsedad ni lo virtual de lo real, cuando el tiempo se derrumbe y el pasado, el presente y el futuro se fundan entre sí, cuando un millón de lenguas y culturas se conviertan en una papilla, cuando un antiguo pacto social —por muchas limitaciones y defectos que tenga— quede destrozado hasta quedar irreconocible, ¿nos estamos abocando a una psicosis colectiva?
Esta línea de pensamiento puede exponerme a acusaciones de haber caído presa del inevitable pánico moral que se desata cuando nos enfrentamos a algo nuevo e incomprensible —el mismo pánico que precedió a la Revolución Industrial o a la llegada del ordenador—. La pregunta es: ¿es eso todo lo que hay? ¿Estamos simplemente atravesando un momento incómodo de transición en la evolución del «progreso» humano? ¿O se trata, de hecho, de una ruptura catastrófica?
Quizá deberíamos escuchar a las personas que están creando esta nueva y gloriosa tecnología. El mes pasado, un joven empleado de Anthropic, Jacob Coxon, dimitió de su puesto, alegando que su conciencia no le permitía trabajar en un proyecto que podría aniquilar a la raza humana. La imagen que pintó de su lugar de trabajo era, más o menos, el Proyecto Manhattan pero a lo grande. Pero, como sabemos, en esta ocasión los científicos están motivados en gran parte por el beneficio económico y por la carrera por «llegar los primeros». Lo que siguió a la dimisión de Coxon fue desconcertante. Los directores generales de las mayores empresas de IA se pisaban unos a otros en su prisa por discutir, discrepar o coincidir con el denunciante que había puesto en evidencia a ellos. Nuestras pantallas se llenaron de vídeos de esos oligarcas multimillonarios informándonos, en tonos sombríos y sepulcrales, de que existía una probabilidad considerable de que el Dios Máquina que están consagrando pudiera provocar el fin de la civilización humana.
Tras haber establecido su soberanía sobre nuestra especie, nos aseguraron que estaban haciendo todo lo posible por mitigar el riesgo. Hicieron un llamamiento a la regulación gubernamental. Su grito de auxilio insinuaba algún tipo de patología. Había algo un poco perverso en ello: una especie de ambiente a lo ¡Átame! ¡Atame!. ¿Es eso, o es simplemente la naturaleza inherente del capitalismo? ¿Impotencia ante una codicia desenfrenada?
Los oligarcas parecen creer en su narrativa de la extinción —al menos lo suficiente como para haberse construido búnkeres en los confines de la Tierra, abastecidos de agua, comida y munición—. Pero la extinción no es lo que nos están vendiendo al resto de nosotros. (Donald Trump y los libertarios tecnológicos lo califican abiertamente de engaño). El progreso, la gloria y el bien de la humanidad son la esencia de su discurso de venta. Uno de ellos, Peter Thiel, de Palantir, ha llegado incluso a calificar a los críticos y a quienes reclaman regulación de «Anticristo» que cortejan al diablo —con lo que, por defecto, confiere divinidad a su empresa y a sus aspiraciones—. (Sí, la misma persona que, cuando se le preguntó si creía que la raza humana debía sobrevivir, respondió con su famosa frase «Ummm…» y se puso a tartamudear y a balbucear).
El revuelo acabó por asentarse en las líneas divisorias que bien conocen los iniciados del sector tecnológico: catastrofistas, aceleracionistas, escépticos. Pero cuando otras voces alzan la voz sobre el daño real y calamitoso que está causando actualmente la industria de la IA, se las ignora y se las silencia deliberadamente.
Curiosamente, los oligarcas parecen sentirse mucho más cómodos con Jacob Coxon que con otros denunciantes. No se movilizaron en defensa de Meredith Whittaker, ahora presidenta de la Signal Foundation, que dimitió de Google en 2019 tras denunciar el contrato de la empresa para desarrollar tecnología de visión artificial para drones estadounidenses. Siete años después, esa síntesis entre la industria de la IA y la industria armamentística está a la vista de todos. (Véase el ataque estadounidense de doble impacto contra una escuela de niñas en Minab, al sur de Irán, en febrero, en el que murieron 156 personas, entre ellas 120 escolares. No se ofrecieron disculpas, porque nadie lo hizo. Los asesinatos planificados por máquinas no conllevan culpa alguna. Esto también es válido para Lavender, Gospel y Where’s Daddy?, los sistemas de IA que están detrás de la campaña de asesinatos de Israel contra militantes de Hamás en Gaza, en la que, según informes de derechos humanos, la unidad de objetivo básica para los sistemas de localización y seguimiento era el hogar familiar.)
No hubo una oleada de apoyo por parte de los oligarcas cuando Timnit Gebru, una de las muy pocas mujeres negras que ocupaban un puesto técnico de alto nivel en Silicon Valley, fue despedida de Google en 2020 por negarse a retirar un artículo de investigación del que era coautora. El artículo ponía de manifiesto los costes medioambientales del entrenamiento de los grandes modelos de lenguaje (LLM), incluidos los de Google, y mostraba cómo estos magnificaban y reproducían la supremacía blanca y la misoginia a partir de los conjuntos de datos que habían asimilado íntegramente. Advirtió de que estas patologías no harían más que amplificarse a medida que los modelos se ampliaran y resultaran más difíciles de auditar. Sus conclusiones fueron respaldadas por otra investigadora, Abeba Birhane, coautora de un artículo titulado «On Hate Scaling Laws for Data-Swamps».
¿Por qué Whittaker y Gebru, con sus acusaciones tan concretas, preocuparían más a los oligarcas que los profetas de la extinción total, como el científico de IA convertido en crítico Geoffrey Hinton o Jacob Coxon? Quizá porque, al igual que un gran espectáculo de fuegos artificiales, las advertencias de Hinton y Coxon añaden emoción al ambiente. Acaban potenciando el juego de poder de los oligarcas, lo que, cuando sus empresas salgan a bolsa —como está previsto que hagan pronto—, les vendrá muy bien. Sus valoraciones dependerán de lo sofisticados —y, en el caso de los sistemas de armas de IA, de lo letales— que sean sus modelos.
*
¿Quiénes son estos multimillonarios que afirman tener el poder de decidir sobre la vida y la muerte de la humanidad? Dan la impresión de que ya se han desvinculado de la raza humana y de este planeta al que llamamos hogar. ¿Son sátiros? ¿Mitad humanos, mitad máquinas? Llamémosles cíclopes —«pees», en plural—. Esos pastores gigantes, de un solo ojo y habitantes de cuevas de la mitología griega y romana. (En el siglo XXI, sus cuevas son opulentas y sus ovejas son seres humanos.)
Piensa en ellos como una única entidad. Una mutación. Los cíclopes tienen una sola cabeza y un único ojo pálido e inmóvil incrustado en la frente, muy a la derecha del centro, que lanza su mirada amarillenta sobre los humanos corrientes y solo ve lo que los mineros ven en un bosque rico en minerales, o lo que los constructores de presas ven en ríos caudalosos y poderosos. Un recurso que hay que extraer, acumular y poner en el mercado. A la mierda el bosque. A la mierda el río. A la mierda el ser humano.
Pero, a diferencia del cíclope silencioso y torpe que vimos recientemente en las pantallas de cine, los Cíclopes se bifurcan en el cuello en varios cuerpos que discuten entre sí y dan la impresión de que no se llevan bien; pero, cuando se trata del Fin de los Tiempos —o, más precisamente, «El fascismo del fin de los tiempos», por tomar prestado el título del magnífico nuevo libro de Naomi Klein y Astra Taylor—, está claro que sí se llevan bien.
La orgía de extinción de «Cíclope» les pareció a muchos observadores del sector una puesta en escena diseñada para convencer a un público cada vez más enfadado y agitado de lo fundamentales, importantes, irreducibles e irreversibles que son las empresas de IA para la economía de EE. UU., así como para la seguridad y el futuro de su población.
Pedir que se les regule es un intento de injertar el sector en el Estado, de cerrar hasta la última rendija de luz entre el Gobierno y estas corporaciones. La esperanza de los oligarcas es que este abrazo regulador les proporcione el cheque en blanco que tanto necesitan. Porque la magnitud de dinero, tierra, agua y energía que requieren solo puede ser proporcionada por el Gobierno. Por decirlo sin rodeos, lo que realmente quieren es el permiso del Gobierno para autorregularse. Legitimidad sin ceder el control.
Este tipo de maniobra delicada debe llevarse a cabo como una obra de kabuki. Necesita un villano, un hombre del saco, para asustar a un público cada vez más inquieto y a cualquier futuro Gobierno que quizá no sea tan maleable como el régimen de Trump.
Entra en escena, por la izquierda, China.
Para proteger a EE. UU. de la amenaza de una China en ascenso, Cyclopes ofrece al Gobierno estadounidense una gama de sistemas de armas autónomas letales con los que otros países ni siquiera pueden soñar, así como la fantasía de virus creados en laboratorio y armas biológicas hasta ahora desconocidas para la ciencia. Para contener y alinear a las poblaciones rebeldes a nivel nacional, ofrece a EE. UU. y a otros gobiernos amigos sistemas de vigilancia y reconocimiento facial que prometen hacer que el software espía Pegasus de Israel parezca un juguete. A cambio, exige flujos de capital sin trabas y la promesa de tanta tierra, agua y energía como necesite para dar servicio a sus gigantescos centros de datos y superordenadores.
Traducido al lenguaje directo, suena más o menos así: nos promocionaremos como la vanguardia de la ilustración humana y como los gestores y distribuidores del conocimiento humano sin fronteras. Pero, en realidad, tendremos forma de mapa. Nos fusionaremos con nuestra nación, su economía, su red de inteligencia y su aparato de seguridad hasta que no podáis distinguirnos de vosotros mismos. Excepto por nuestros saldos bancarios. A cambio, podéis fingir que nos reguláis hasta que logremos nuestra misión de colonizar la Luna y el espacio exterior. Sin fronteras, sin miedos. Entonces daremos una patada a la escalera que tan amablemente nos habéis prestado. Ni siquiera necesitaremos sustituirvos. Simplemente, no existiréis. Nosotros dirigiremos a vuestra gente, vuestras ciudades, vuestras comunicaciones, vuestros sistemas financieros, vuestros tribunales, vuestro ejército y vuestra policía. Si no somos nosotros, será China quien os dirija.
Estas peticiones de regulación gubernamental por parte de las principales empresas de IA con sede en EE. UU. también sirven para excluir de la competencia a los actores más pequeños, de modo que, cuando se firmen los tratados internacionales sobre IA (como es inevitable), solo serán ellos —el puñado de empresas «reguladas»— los que estén en liza.
La fusión entre empresas y países va viento en popa. La ciencia de la IA puede ser nueva, pero la forma en que nos la están imponiendo es tan antigua como el propio colonialismo. En la India tenemos un historial de haber sido colonizados por una empresa. Y sí, nuestras clases dirigentes les dieron la bienvenida, tal y como están haciendo ahora los gobernantes de Estados Unidos. La Compañía de las Indias Orientales acabó siendo absorbida por la Corona británica. Ahora, por supuesto, está ocurriendo a la inversa. Gran parte de las infraestructuras de la India son propiedad de dos conglomerados empresariales, el Grupo Adani y el Grupo Reliance, ambos preparados para zambullirse en el océano de la IA.
Cyclopes se está preparando para hacerse con el control del Estado estadounidense. Estas son las palabras de Alex Karp, director ejecutivo de Palantir: «Creo que el riesgo principal para Palantir, para Estados Unidos y para el mundo es una forma de pensar retrógrada que está corrompiendo y carcomiendo nuestras instituciones». Le molestaban los analistas que sugerían que Palantir estaba sobrevalorada. (A ver, ¿cómo te atreves a «valorar» a un dios?) Continuó con ese humor característico de los ricachones: «Me encanta la idea de conseguir un dron y rociar con orina ligera mezclada con fentanilo a los analistas que han intentado fastidiarnos».
Y este, como es bien sabido, es Sam Altman, ahora en OpenAI, quien, aunque reconoce que la IA podría estar llevando a la humanidad por un atajo al infierno: «… pero, mientras tanto, se crearán grandes empresas gracias al aprendizaje automático serio». ¿O qué tal esto, de Marc Andreessen —el ultraaceleracionista que está totalmente alineado con Trump y parece tener el mismo coeficiente intelectual desmesurado? «La tecnología debe ser un asalto violento contra las fuerzas de lo desconocido, para obligarlas a inclinarse ante el hombre… No somos víctimas; somos conquistadores».
2.
Hay varias variantes del Apocalipsis, y de las miserias que lo acompañan, con las que la gente tiene que lidiar. Está la aterradora narrativa de la extinción. Está la versión en la que somos subyugados por una especie más inteligente que nosotros. (Para comprender las consecuencias de esto, pensad en lo que hemos hecho a las otras especies con las que compartimos nuestro planeta; hace que la extinción parezca francamente atractiva).
Y luego está la aprensión del mundo de los humanos ajenos a la tecnología: activistas contra el cambio climático angustiados por la huella de carbono de la industria de la IA; estudiantes y trabajadores que ven desempleo masivo y un futuro en blanco; artistas, músicos y escritores, como yo, que pueden sentir la agitación centrífuga que está succionando el corazón palpitante de nuestros cuerpos y entrelazando los hilos de acero del control social en un puño mecánico y cerrado.
¿Cómo se supone que debemos reaccionar? ¿Exigiendo regulaciones? ¿Cómo se disciplina a una industria que hace que Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola —con sus tropos racistas incluidos—, parezca un documental de actualidad?
Cíclope es el coronel Kurtz, un exmarine envejecido enloquecido por las crueldades de la guerra, que gobierna su imperio desquiciado, empapado de sangre y sumido en las drogas, así como a sus súbditos nativos, en el «Corazón de las Tinieblas» (trasplantado del África de Conrad al Vietnam de Coppola). La orden del alto mando del Ejército de los EE. UU. al joven oficial enviado para acabar con la insurrección de su compañero marine es inequívoca: «Eliminar sin piedad».
¿Cuál debería ser nuestro lema? ¿«Regular sin piedad»? Quizás. Aunque, sinceramente, no sé qué significa eso ni cómo se traduce en la práctica.
Se parece un poco a ese momento previo al tsunami de 2004. ¿Recordáis cómo, en Tailandia e Indonesia, el océano se retiró de la costa? La gente salió corriendo para maravillarse ante las millas de playa virgen que surgieron de repente, sin darse cuenta de que, en alta mar, se estaba formando un muro de agua que se abatiría sobre ellos. Ahora nos encontramos en ese momento. Un imponente muro de estupidez está a punto de inundarnos.
El rastro de deliciosas migajas sobre la arena brillante nos atrae cada vez más hacia el interior del océano. Nos revela tesoros mágicos, conchas enjoyadas y castillos secretos que prometen una luna de miel eterna, o una «luna de dinero», si eso es lo que prefieres. Recoge esas conchas y maravíllate ante lo que pueden hacer por ti. Su feo nombre es «aplicaciones de consumo». Ellos pueden ser tu madre, tu amante, tu terapeuta, tu médico. Ellos pueden escribir novelas para ti en un minuto, en el estilo que elijas, y traducirlas a cualquier idioma que desees. Ellos pueden editar tus películas, componer tu música, hacer tus investigaciones y redactar tus documentos legales. Lo que pueden hacer en el campo de la medicina es nada menos que un milagro. (No impedirá que los pobres sigan muriendo de cólera, malaria y tuberculosis, o simplemente de hambre y pobreza.) También prometen ofrecerte justicia, educación y democracia al instante a través de tu teléfono. Si te inclinas por el otro lado, pueden mejorar tu saludo nazi y armarte con una motosierra mental. ¿Qué más se puede pedir? ¿Cómo puedes resistirte a esto? ¿Y por qué deberías hacerlo?
A pesar de todo lo que se habla de la IA y el autoritarismo, ¿no es cierto que algunos de nuestros mejores y más queridos youtubers antifascistas y activistas incansables (sin duda en la India), con decenas de millones de suscriptores en conjunto, son fervientes defensores de la IA? ¿O que el levantamiento de la «Generación Z de las Cucarachas» contra el Gobierno de Modi, que cayó sobre nosotros como la lluvia sobre la tierra reseca, se desató gracias a los vídeos de IA más divertidos e irreverentes?
Así es.
Pero cuando la evaluación de amenazas apunta a un peligro real, esa ventana puede cerrarse de golpe en un instante. Mientras escribo esto, durante lo que se conoce como la «Temporada 2» de las protestas de las «Cucarachas» en Delhi, se ha cortado Internet en mi barrio. Durante otras protestas en estados como Cachemira y Manipur, el Gobierno indio ordenó cortes de Internet que duraron meses.
*
Cíclope sostiene al Dios Máquina, aún en su infancia, en sus brazos exangües, y nos invita a postrarnos ante él. Confía en él y entrégale todo lo que tienes y, a cambio, él te dará su esplendor deslumbrante.
La colonización siempre llega cargada de regalos relucientes. Pero la IA es un tipo de colonización que pocos de nosotros podemos siquiera imaginar. Es el destino final del capitalismo.
Cyclopes nunca se corta a la hora de decir en voz alta lo que nadie se atreve a decir.
Aquí, de nuevo, está Peter Thiel, presidente de Palantir: «La visión fundacional inicial era que íbamos a utilizar la tecnología para cambiar el mundo entero, para derrocar el sistema monetario mundial… Nunca podríamos ganar unas elecciones… porque somos una minoría muy pequeña. Pero quizá sí se pudiera cambiar el mundo de forma unilateral, sin tener que estar constantemente convenciendo a la gente, suplicando y rogando a personas que nunca van a estar de acuerdo contigo».
Y aquí está Shlomo Kramer, director ejecutivo de la empresa tecnológica israelí Cato Networks: «Es hora de limitar la Primera Enmienda para protegerla… Tenemos que controlar las plataformas, todas las redes sociales. Tenemos que clasificar por niveles la autenticidad de cada persona que se expresa en línea y tomar el control de lo que dicen, basándonos en esa clasificación».
Este derecho, esta riqueza, este poder, esta presunción, no se los ha concedido Dios. Nos los han arrebatado.
3.
Para entrenar a su «Dios Máquina», Cyclopes necesita explotar y acumular todo lo que la civilización humana ha logrado jamás. Quiere transferir masivamente los logros acumulados —el fruto del trabajo conjunto de millones de nosotros a lo largo de miles de años, incluyendo la literatura, el arte, la música, las matemáticas, el ajedrez, la investigación académica… todo— a los activos de la empresa. Almacenará este conocimiento, encontrará formas de controlarlo, depurarlo, politizarlo y decidir quién puede tener acceso a él y quién no. ¿Y a qué precio? Llamémoslo la privatización y la corporativización de la historia del esfuerzo humano, de la propia civilización. Lo único que tienes que hacer es permitir que tu alma sea digitalizada y convertida en datos. Lo que quede de ti será lodo y limo humano. Residuos industriales.
Aquí está Sam Altman de nuevo: «Vemos un futuro en el que la inteligencia es un servicio público, como la electricidad o el agua, y la gente nos la compra a través de un contador».
Pero, ¿es realmente suyo para venderla?
Soy uno de los cientos de miles de autores cuyos libros Anthropic ha utilizado sin permiso para entrenar su modelo de lenguaje grande (LLM). Como resultado de una demanda colectiva, recibí una notificación en la que me ofrecían un par de miles de dólares por título como acuerdo extrajudicial. Son libros en los que he invertido toda una vida y varios años de escritura. La notificación dice que la empresa descargó los libros de dos sitios web que alojan archivos PDF pirateados, pero «Anthropic niega haber hecho nada malo». Me ofrece un número de reclamación y un código PIN. Es como si me hubieran extraído los órganos de mi cuerpo sin que yo lo supiera. Ahora que la máquina se ha entrenado con mi obra, temo que muy pronto, cuando escriba —como yo misma— en un lenguaje que me ha costado décadas convertir en algo exclusivamente mío, me digan que no suena a mi obra. Que, en realidad, es IA. ¿Qué haré el resto de mi vida? ¿Esquivar mi propia forma de escribir? ¿Encontrar un nuevo lenguaje? ¿Cómo llamaremos a esto? ¿«Minería del corazón»? ¿«Minería del cerebro»? ¿«Minería de la vida»?
En su libro incisivo y afilado como una daga, Empire of AI, Karen Hao describe el saqueo total y continuo de tierras y recursos, y el reclutamiento forzoso de trabajadores de países pobres que se afanan por salarios de miseria para convertirse en «captadores de datos» y mantener a flote los sueños de Cyclopes. Dado que es poco probable que haya suficiente agua o electricidad para satisfacer el enorme apetito energético de sus empresas y sus superordenadores de 100 000 millones de dólares, Cyclopes está presionando agresivamente a favor de las centrales nucleares privadas y la reducción de los protocolos de seguridad. Como plan de contingencia, se están invirtiendo miles de millones de dólares en el desarrollo de fuentes de energía de fusión no perecederas, de modo que los centros de datos puedan trasladarse al espacio exterior o a la Luna.
Mientras tanto, en esta querida y destartalada Tierra, el Gobierno de la India ha dado un paso al frente para dar la bienvenida a la instalación de más centros de datos que consumen enormes cantidades de energía. Seis solo en Visakhapatnam, incluido un centro de Google de 15 000 millones de dólares. Se les está concediendo autorización con una supervisión medioambiental prácticamente nula, como si solo fueran edificios o almacenes. Es una vieja tradición entre la India y EE. UU.: dadnos vuestra basura, vuestras industrias tóxicas, vuestro cáliz envenenado. Lo atesoraremos. Y, al igual que en EE. UU., los activistas de la India están arriesgando sus vidas para detener el envenenamiento del agua y el aire de las decenas de miles de personas que viven en las inmediaciones de los «almacenes» propuestos.
En EE. UU., los activistas contrarios a los centros de datos se ven enfrentados a los trabajadores de la construcción que han conseguido empleo en la edificación de estas enormes instalaciones. A estos activistas, que luchan en nombre de las comunidades locales, se les tacha de traidores financiados desde el extranjero, de terroristas o de extremistas de izquierda que están robando puestos de trabajo a estadounidenses decentes y trabajadores empleados por empresas estadounidenses patrióticas. Enfrentar a la gente de esta manera es una estratagema tan vieja que apesta como un cadáver al mediodía. Ver cómo se desarrolla todo esto en Kerala, el estado del sur de la India del que procedo, es lo que me ha enseñado que ver todo únicamente a través del prisma polarizador de la «izquierda» o la «derecha» no siempre resulta útil.
He aquí una pequeña historia, muy alejada tanto en el espacio como en el tiempo, pero que aún encierra lecciones para el presente.
Una de las primeras medidas que tomó el primer gobierno comunista elegido democráticamente de Kerala a finales de la década de 1950 fue invitar a una gran empresa a instalar una fábrica de rayón en el norte del estado, río arriba de la ciudad de Calicut, a orillas del río Chaliyar. El industrial prometió que la fábrica crearía 3.000 puestos de trabajo y, a cambio, solicitó subvenciones del gobierno para las materias primas, la electricidad y el agua. Se le proporcionó bambú de los bosques cercanos a una rupia por tonelada, mientras que los trabajadores del bambú, en su mayoría indígenas, tenían que comprarlo a una rupia por cada tallo.
Cuando la fábrica comenzó a producir, consumía más agua en un día que toda la ciudad de Calicut y, a continuación, vertía sus efluentes tóxicos directamente al río. Aguas abajo, el agua de la ciudad se contaminó. Los peces murieron. Miles de pescadores perdieron su medio de vida. Cuando se agotó todo el bambú disponible, empezaron a utilizar eucalipto. Se talaron acres de bosque denso y antiguo para crear una plantación de monocultivo de eucalipto. Miles de habitantes del bosque y de trabajadores del bambú y la mimbre perdieron su medio de vida. Pero los 3.000 trabajadores de la fábrica se sindicalizaron y prosperaron.
Hasta que, con el paso del tiempo, los humos tóxicos de la fábrica comenzaron a provocar brotes de cáncer y enfermedades respiratorias entre los trabajadores. Se declararon en huelga exigiendo una indemnización. El industrial construyó un hospital oncológico (privado). Los militantes trabajadores de la fábrica organizaron sentadas y bloqueos exigiendo aumentos salariales y otras prestaciones. Consiguieron pequeñas victorias graduales y volvieron al trabajo.
Al cabo de unos años, la plantación de eucaliptos también desapareció. La fábrica cerró. Los trabajadores con buenos puestos de trabajo sindicalizados se declararon en huelga de hambre exigiendo su reapertura. Nunca volvió a abrir.
Esto supone un dilema —casi un desafío existencial— también para la mano de obra dedicada al «recogimiento de datos» en todo el mundo.
La India, con su enorme población, es un festín de datos para el apetito insaciable de los cíclopes. A los más pobres entre los pobres, que viven en aldeas remotas y pequeños pueblos, se les recluta para que proporcionen todo tipo de información imaginable que pueda ser extraída. A los trabajadores de las obras de construcción y de las naves industriales se les obliga a trabajar con cámaras fijadas a la cabeza para que la inteligencia artificial pueda canibalizar sus movimientos y entrenar a los robots que pronto les sustituirán. Los trabajadores saben que están cavando sus propias tumbas, pero no pueden negarse, porque hay multitudes esperando para ocupar su lugar. Una vez que sus puestos de trabajo hayan desaparecido, ¿qué hará el mundo con los millones de «personas excedentes», la clasificación fascista para aquellos que consumen los recursos limitados de la Tierra pero no contribuyen a la sociedad? Los fascistas llevan mucho tiempo teniendo sus propias ideas genocidas al respecto.
Cíclopes —o el Nerd Reich, como lo llama Gil Durán en su libro del mismo título— ha coqueteado en ocasiones con otro camino. Juega de forma intermitente con la idea de una Renta Básica Universal (RBU). Con el dinero de otros. No con el suyo. ¿No es genial y anticapitalista? Quizá debería intentar mantenerse con un pago mensual de la RBU durante un par de años. Quizá ese debería ser el primer paso del programa «Regular con extremo prejuicio».
Dejémoslo claro: todo el mundo podría recibir una Renta Básica Universal hoy mismo, ahora mismo, si la riqueza estuviera distribuida de forma más equitativa. No hace falta destruir el planeta para ello. Y, por cierto, ¿quién va a desembolsar la RBU? ¿Quién decidirá quién cumple los requisitos y quién no? Solo es una pregunta. Quizá, ampliando el tema del camarada Shlomo Kramer, ¿se podría clasificar a las personas según su raza, casta, religión, género, opiniones políticas y coeficientes de obediencia?
O quizá el Gobierno indio pueda echar una mano. En su reciente «Revisión Intensiva Especial» del censo electoral del país, se han eliminado 130 millones de personas. Casi una décima parte de la población. Una buena y gran porción. Una forma civilizada de selección. No tendrían derecho a una RBU, ni a ningún derecho en absoluto. En estados como Assam, algunos de ellos trabajan como obreros de la construcción para edificar los enormes centros de detención destinados a albergar a personas como ellos. Un gobierno elige a su pueblo. Los cíclopes controlan el gobierno. Genial.
Luego está la versión socialista democrática bienintencionada. Bernie Sanders quiere que el público —el público norteamericano, al menos— tenga la propiedad directa de las empresas de IA. Sugiere un impuesto único del 50 % sobre las acciones de las mayores empresas de IA, para crear un fondo soberano con supervisión independiente. Al parecer, este fondo tendría un valor de casi 7 billones de dólares, de los cuales se destinarían cada año cientos de miles de millones de dólares directamente a los ciudadanos estadounidenses, así como a programas de sanidad, vivienda y educación. (De nuevo, los billones ya existen. Lo que falta es la voluntad política. ¿Qué cambiaría?) Pero incluso en esta opción socialista democrática, los datos seguirán siendo extraídos del Sur —la India, África, Sudamérica— mientras que los beneficios se quedan en el Norte.
Por supuesto, las empresas deberían pagar por los datos. Pero, ¿ya hemos llegado a este punto? ¿Es ahora nuestra única opción sacar provecho del apocalipsis?
*
Mientras hay tanto debate sobre lo que la IA puede y no puede hacer por los seres humanos, se habla muy poco de lo que les está haciendo a los seres humanos. Diversos estudios han advertido de una relación entre la IA y el deterioro cognitivo en los seres humanos. La inteligencia humana parece destinada a desplomarse en proporción al auge de la inteligencia artificial. Quizá nuestros cerebros, al no ser utilizados, se atrofien, nuestras cabezas se encojan y nuestros dedos se conviertan en tentáculos ondulantes y ágiles.
Aquellos de nosotros que ya hemos vivido nuestras vidas en un mundo diferente sabemos lo que estamos perdiendo. Pero, ¿qué pasará con la generación que está a punto de alcanzar la mayoría de edad? ¿Tendrá su propio lenguaje, sus propios pensamientos, su propio dolor? ¿Tendrá derecho a esforzarse? ¿A caer? ¿A fracasar? ¿A ser imperfecta? ¿Experimentará el dolor imposible y el placer extático de resolver una ecuación matemática o de crear arte, literatura o música propias —por muy imperfectas que sean?
El triunfo de la IA será un crimen contra la humanidad. Envasará nuestros cerebros en formaldehído. Destruirá el mundo tal y como lo conocemos. Los hombres que la promueven y se benefician de ella son conscientes de ello, y ya han hecho los preparativos para marcharse a otro reino.
Los oligarcas están anunciando en voz alta y con orgullo las líneas de batalla: que somos nosotros contra ellos. Sugieren, sin pestañear, que para que los cíclopes prosperen, quizá la humanidad tenga que morir. La joven generación que se está levantando para luchar contra ello lo entiende. Sé que, al principio de este ensayo, sugerí que deberíamos «regular con extremo prejuicio». Pero lo que realmente quiero decir sobre esas empresas de IA es esto: eliminarlas con extremo prejuicio.
Parte de este ensayo se presentará como conferencia en la People’s AI Assembly el 19 de octubre en la ciudad de Nueva York.
9. Resumen de la guerra en Irán, 15 de octubre.
El seguimiento en directo de Middle East Eye.
En directo: El Consejo de Ministros del Gobierno yemení se encuentra a salvo tras un presunto ataque huzí contra el palacio presidencial de Adén
Por su parte, la coalición liderada por Arabia Saudí afirma que, desde el 1 de octubre, se han producido 20 ataques contra el aeropuerto de Riad
Puntos clave
El número de fallecidos en Gaza desde el «alto el fuego» asciende a 1.501 tras los asesinatos del miércoles
La Armada iraní afirma que un petrolero «infractor» se encuentra en llamas en el estrecho de Ormuz
El Gobierno yemení, respaldado por Arabia Saudí, afirma que cuatro personas han fallecido en presuntos ataques huzíes en Adén
Actualizaciones en directo
Hace 11 minutos
La amenaza para la navegación mercante en el estrecho de Ormuz sigue siendo «grave», según afirma el centro de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO), que advierte de que, en las condiciones actuales, es «muy probable» que se produzcan nuevos ataques en esta vía navegable.
En su último aviso, emitido en nombre del Centro Conjunto de Información Marítima (JMIC), el UKMTO informó de ocho ataques con proyectiles de origen desconocido contra buques en el estrecho los días 11 y 13 de octubre.
Los incidentes afectaron a cuatro petroleros y cuatro buques portacontenedores, incluido el GFS Pride, que se incendió y se hundió el 14 de octubre.
«Persistieron los ataques, los intentos de ataque y/o las actividades de acoso por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), incluyendo sobrevuelos de vehículos aéreos no tripulados (UAV),
vigilancia selectiva de la navegación mercante y llamadas ocasionales por VHF. Estas acciones siguen demostrando la intención de Irán de afirmar su presencia a lo largo de las principales rutas de tránsito y de mantener la presión sobre
los buques que transitan por la zona», señala el comunicado.
La UKMTO señaló que los datos de seguimiento independientes indicaban un tráfico de menos de diez buques en ambas direcciones en la vía navegable, mientras que los datos del NCAGS de EE. UU. indicaban que los flujos de tráfico asistidos por EE. UU. registraban una media de aproximadamente 30 tránsitos de buques al día durante las últimas 96 horas.
El aviso también informaba de 149 incidentes de seguridad marítima en toda la región desde el 1 de marzo y advertía de que los buques que navegaban con sus sistemas de identificación activados se enfrentaban a un riesgo elevado de ser blanco de ataques o de que se les ordenara desviarse hacia rutas controladas por Irán.
El aviso de la UKMTO señalaba que «persistían los ataques, los intentos de ataque y/o las actividades de acoso por parte del IRGC». (AFP)
Los explosivos incautados «pertenecen a la resistencia contra Israel», afirma un diputado de Hezbolá
Hace 37 minutos
Un diputado de Hezbolá ha reconocido que un cargamento de 500 kilogramos de explosivos incautado la semana pasada por las autoridades libanesas pertenecía al grupo.
«El vehículo y su carga pertenecen a la resistencia» contra Israel, afirmó el diputado Hassan Fadlallah.
Afirmó que Hezbolá también exigió la liberación inmediata de las personas detenidas a raíz de la incautación.
Fadlallah exigió la devolución del cargamento, incautado en una carretera que une el este del Líbano con Beirut, alegando que constituía «medios» utilizados por Hezbolá contra Israel.
El primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha declarado que el Estado ya no tolerará la posesión de «armas ilegales».
Una fuente judicial informó a la AFP de que los explosivos fueron incautados en un vehículo que transportaba 250 kilogramos de TNT y 250 kilogramos del explosivo C-4.
Salam ha señalado que las autoridades «identificarán a todas las personas implicadas en esta operación delictiva y a quienes la ordenaron».
Afirmó que la población libanesa estaría preocupada por la incautación, sobre todo porque el C-4 se ha utilizado anteriormente en asesinatos políticos en el Líbano.
Información de la AFP
«Principal sospechoso de una masacre»: Siria detiene a un líder paramilitar de la era de Assad
Hace 52 minutos
Las autoridades sirias anunciaron este jueves que habían detenido a un líder paramilitar que apoyó al derrocado gobernante Bashar al-Assad durante la guerra civil del país y que era el principal sospechoso de una masacre de casi 250 civiles.
«Los servicios de inteligencia han detenido a Ali Kayali, también conocido como Mihrac Ural, principal sospechoso de la masacre de Banias de 2013, cuando intentaba huir cruzando la frontera», informó la agencia estatal de noticias SANA.
No se especificó a qué país intentaba huir el hombre. Kayali se fugó de la cárcel en 1982 en su país natal, Turquía, antes de trasladarse a Siria, donde acabaría fundando una fuerza paramilitar aliada con el Gobierno de Assad.
En mayo de 2013, las fuerzas gubernamentales y sus aliados mataron al menos a 248 personas en ejecuciones masivas en las localidades de Bayda y Banias, de mayoría suní, situadas en la provincia costera de Tartús, según Human Rights Watch.
La organización de vigilancia había calificado en aquel momento los asesinatos como «uno de los casos más mortíferos de ejecuciones masivas en el conflicto sirio, cada vez más sangriento».
La detención «envía un mensaje claro: en Siria no hay lugar para la impunidad de los criminales; los derechos de las víctimas no se perderán, por mucho tiempo que pase», escribió el ministro de Justicia sirio, Mazhar Alwais, en X.
Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, el número de víctimas mortales en Banias y Bayda ascendió a unas 400.
Informe de la AFP
Canadá aconseja a sus ciudadanos que eviten los viajes no esenciales a los aeropuertos saudíes
Hace 1 hora
Canadá ha aconsejado a sus ciudadanos que eviten cualquier viaje al Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad y los viajes no esenciales a otros aeropuertos saudíes tras una serie de ataques con misiles y drones.
En un aviso de seguridad publicado en X, la embajada canadiense en Arabia Saudí señaló que los aeropuertos de Riad y Dammam habían sido objeto de múltiples ataques en los últimos días y que el principal aeropuerto de Riad permanecía cerrado.
«Podrían producirse nuevos ataques que afecten a las restricciones del espacio aéreo, al cierre de aeropuertos y a la interrupción de los vuelos con poco o ningún aviso previo», advirtió la embajada.
Añadió que los canadienses cuyos visados turísticos estuvieran a punto de caducar deberían tomar las medidas oportunas para salir del reino antes de que caduquen sus visados, a fin de evitar quedarse más tiempo del permitido e incurrir en multas.
Asimismo, se aconsejó a los canadienses que eviten los viajes no esenciales a través de los aeropuertos de Dammam y Yeda, y que quienes deseen salir de Arabia Saudí consideren la posibilidad de tomar vuelos desde países vecinos, como Baréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania.
Hace 1 hora
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán declaró este jueves que sus fuerzas han establecido un «sólido frente defensivo» y están preparadas para hacer frente a las amenazas en todo el país, tanto por tierra, como por mar y por aire.
Mientras tanto, «el enemigo se encuentra en una posición inestable y lanza nuevas afirmaciones cada vez para encubrir esta situación», según declaraciones del general de división Mostafa Izadi, comandante en jefe adjunto del IRGC, recogidas por la agencia de noticias iraní Fars.
Izadi añadió además que las fuerzas estadounidenses habían «huido precipitadamente» tanto de Irak como de Afganistán, en referencia a la retirada de las tropas estadounidenses de dichos territorios.
Hace 1 hora
El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, comunicó al presidente del Líbano, Joseph Aoun, durante una conversación telefónica el jueves, que no debía devolver los varios cientos de kilogramos de explosivos que las autoridades libanesas incautaron a Hezbolá, según declaró a los periodistas un funcionario estadounidense bajo condición de anonimato.
«Instó al presidente Aoun a que exigiera responsabilidades a todos aquellos que ordenaron, financiaron y dirigieron el envío, y subrayó que devolver los explosivos a Hezbolá debería quedar fuera de discusión», afirmó el funcionario.
Los huzíes reconocieron el jueves que las autoridades libanesas habían incautado la semana anterior un cargamento de 500 kilogramos de explosivos que les pertenecía.
Hace 1 hora
Un joven palestino resultó herido tras recibir metralla de munición real en la cabeza el jueves por la tarde durante una redada israelí en la ciudad de Tulkarm.
La agencia de noticias Wafa informó de que una numerosa fuerza militar israelí irrumpió en la zona cercana a la plaza Jamal Abdel Nasser, en el centro de Tulkarm, deteniendo a varios jóvenes y persiguiendo a otros, mientras lanzaba granadas aturdidoras y gas lacrimógeno y un dron de vigilancia sobrevolaba la ciudad.
Al Jazeera también informó de que colonos israelíes hirieron a un hombre palestino en un ataque con armas de fuego en la localidad de Beit Ummar, al norte de Hebrón, en la Cisjordania ocupada.
Hace 2 horas
El presidente libanés, Joseph Aoun, pidió al secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, que presione a Israel para que cese los ataques contra el sur del Líbano en una conversación telefónica mantenida el jueves, según un comunicado de la Presidencia libanesa del día X.
Aoun también solicitó a Rubio que presione a Israel para que «cumpla con las disposiciones del acuerdo marco, cese las operaciones de arrasamiento con excavadoras, permita a los agricultores acceder a sus campos y se abstenga de atacar a ellos».
A pesar de haber acordado la retirada en el acuerdo marco firmado entre Israel y el Líbano en junio, Israel sigue ocupando partes de la región sur del Líbano.
Las sanciones continuarán hasta que «se vacíen las arcas» de Irán, afirma el Tesoro de EE. UU.
Hace 2 horas
El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, declaró el jueves que su departamento «no cejará hasta que las arcas del régimen iraní estén vacías», tras anunciar nuevas sanciones contra personas y entidades vinculadas a Irán.
«El cerco se está estrechando en torno a la economía iraní, y ni siquiera los denominados aliados de Irán pueden salvarla», escribió Bessent en una publicación en X.
Los ejércitos de EE. UU. e Irán se enzarzan en una disputa por el control del estrecho de Ormuz
Hace 3 horas
El Mando Central de EE. UU. (Centcom) desestimó las «afirmaciones iraníes» sobre el control del estrecho de Ormuz, alegando que EE. UU. y sus socios regionales «controlan el estrecho, ya que los buques mercantes siguen transitando a pesar de la injustificada… agresión» por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC).
En una publicación en X el jueves, el Centcom también negó que el IRGC hubiera matado a cientos de militares estadounidenses en Jordania y que un buque portacontenedores con bandera de Singapur hubiera chocado contra una mina naval en el estrecho de Ormuz el miércoles.
Mientras tanto, la agencia de noticias iraní IRIB informó de que el comandante del ejército iraní, Amir Hatami, afirmó que el estrecho se encuentra bajo «plena vigilancia» por parte del ejército y del IRGC, y añadió que «ni un solo buque enemigo ha podido entrar en el espacio marítimo de Omán y en el estrecho de Ormuz».
Hace 3 horas
La Casa Blanca ha elaborado planes para utilizar una bomba de gran potencia de explosión aérea (Massive Ordnance Air Blast), conocida como «la madre de todas las bombas», con el fin de atacar instalaciones militares en Irán si así lo ordena el presidente de EE. UU., Donald Trump, según informaron el jueves a CBS News fuentes familiarizadas con el asunto.
«El Departamento de Defensa planifica una amplia gama de escenarios operativos para ejecutar las directrices del presidente y del secretario de Estado y garantizar el éxito de la misión en cualquier entorno operativo», declaró un funcionario del Pentágono citado por el medio.
Esto se produce después de que Trump afirmara que EE. UU. no atacaría a Irán antes de las elecciones de mitad de mandato y alabara las «conversaciones productivas» con Irán, sin dar detalles, la semana pasada.
Los Estados del Golfo han minimizado los daños causados por los ataques iraníes: informe
Hace 3 horas
Las monarquías del Golfo Arábigo han «ocultado» información sobre el alcance de los daños causados a su infraestructura física por los ataques de Irán y sus aliados, según informó Reuters el jueves.
Estados del Golfo como Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait se enfrentaron a miles de ataques con misiles y drones lanzados por Irán en represalia por el ataque estadounidense-israelí contra la República Islámica el 28 de febrero. Más recientemente, Arabia Saudí ha sido objeto de ataques por parte de los huzíes en Yemen.
Los huzíes e Irán han atacado infraestructuras civiles como oleoductos, instalaciones energéticas y, en un caso, una central de energía nuclear.
Es probable que la evaluación de Reuters suscite nuevas dudas sobre la forma en que los Estados del Golfo describen los ataques contra sus territorios. Por ejemplo, el Ministerio de Energía de Arabia Saudí afirmó que un ataque con drones huzíes provocó un «incendio de alcance limitado» en la sede de la compañía petrolera nacional del reino, Aramco, en Dhahran.
Sin embargo, Reuters informó el miércoles de que la sede sufrió «daños extensos».
Más información: Los Estados del Golfo han minimizado los daños causados por los ataques iraníes: Informe
Una columna de humo negro se eleva de un incendio en curso cerca de los depósitos de combustible del puerto de Fujairah, en los Emiratos Árabes Unidos, el 4 de marzo de 2026 (Fadel Senna/AFP)
Una comisión palestina documenta 21 ataques israelíes contra agricultores en 12 horas
Hace 4 horas
La Comisión de Resistencia contra la Colonización y el Muro (CWRC) afirmó el jueves que había documentado 21 ataques llevados a cabo por las fuerzas israelíes y los colonos contra agricultores palestinos y sus tierras en las últimas 12 horas, según informó Wafa.
Según la CWRC, los ataques se registraron en las provincias de Nablus, Ramala y al-Bireh, Hebrón, Jerusalén, Jenín y Salfit, en la Cisjordania ocupada.
Entre ellos se incluyen 13 incidentes perpetrados por colonos israelíes —algunos bajo la protección del ejército israelí— y ocho incidentes llevados a cabo por las fuerzas israelíes, que abarcan desde agresiones físicas, detenciones y arrestos hasta obligar a los agricultores a abandonar sus tierras, robar cosechas y arrancar árboles.
La defensa civil de Arabia Saudí emite una alerta por un posible peligro en Jazan
Hace 4 horas
La defensa civil de Arabia Saudí emitió el jueves en las redes sociales una alerta temprana a los ciudadanos sobre un «peligro potencial» en la provincia de Jazan del reino.
Momentos después, informó en otra publicación en X de que la amenaza había pasado, advirtiendo a la población de que «evitara las aglomeraciones y grabar vídeos» por motivos de seguridad.
Hace 5 horas
El contralor de la ciudad de Nueva York, un declarado partidario de Israel, se ha retractado de su promesa de adquirir bonos de dicho país, alegando el deterioro de las condiciones crediticias y los riesgos financieros en el país.
Mark Levine, un demócrata que basó su campaña en la compra de bonos israelíes, declaró a *The New York Times* que ha decidido no seguir adelante con la iniciativa. Cabe destacar que su decisión no se basó en la oposición a la ocupación israelí de Cisjordania ni al genocidio en Gaza, sino en la situación económica del país.
«Siempre dije que esto se basaría únicamente en consideraciones financieras, no políticas; esa sigue siendo mi postura», afirmó Levine. «Pero, a día de hoy, consideramos que, debido a algunos retos técnicos y a consideraciones financieras, esta no es una inversión que podamos realizar en este momento».
La compra de bonos israelíes por parte de la ciudad de Nueva York se convirtió en un tema polémico en enero de 2026, después de que Levine declarara al *Financial Times* que estaba considerando su adquisición, citando su rendimiento económico.
El predecesor de Levine, Brad Lander, se negó a comprar nuevos bonos israelíes en 2023. En aquel momento, el fondo de pensiones de la ciudad poseía alrededor de 39 millones de dólares en bonos israelíes, que generaban una rentabilidad de aproximadamente el cinco por ciento.
Más información: El contralor de Nueva York da marcha atrás en la compra de bonos israelíes al afirmar que no son una buena inversión
El contralor de la ciudad de Nueva York, Mark Levine, interviene durante la reunión anual de la Junta de Control Financiero del Estado de Nueva York, celebrada en la ciudad de Nueva York el 12 de agosto de 2026 (Michael M. Santiago/Getty Images/AFP)
Hace 5 horas
Un ataque con misiles contra el palacio presidencial de Adén alcanzó un centro de mando de la coalición liderada por Arabia Saudí que lucha contra los huzíes de Yemen, según declaró el jueves a la AFP un ministro del Gobierno yemení respaldado por Arabia Saudí, bajo condición de anonimato.
El ministro alegó que los huzíes lanzaron tres misiles contra un centro de mando del Gobierno yemení y dos contra el cuartel general de las fuerzas de la coalición liderada por Arabia Saudí en el complejo presidencial, y añadió que hubo víctimas entre yemeníes y saudíes, sin facilitar una cifra concreta.
Anteriormente, el Gobierno yemení había informado de que cuatro personas habían fallecido y diez habían resultado heridas en los ataques contra el palacio presidencial de Adén.
Un ministro yemení declaró a la AFP que el presidente del país se encontraba en el palacio en el momento del ataque, pero que no resultó herido en el mismo.
Hace 6 horas
Un juez federal impidió esta semana que la Administración Trump pudiera imponer responsabilidad civil o penal a dos organizaciones de derechos humanos con sede en EE. UU. que realizan labores «al servicio» de los casos de la Corte Penal Internacional (CPI).
El juez Jesse Furman, del Distrito Sur de Nueva York, afirmó que los demandantes «demuestran tener probabilidades de éxito en cuanto al fondo de su alegación de que la Orden [ejecutiva presidencial] viola sus derechos de libertad de expresión amparados por la Primera Enmienda», y que « [l]a pérdida de las libertades de la Primera Enmienda, incluso durante períodos mínimos de tiempo, constituye sin lugar a dudas un perjuicio irreparable».
A continuación, Furman dictó una orden judicial preliminar que bloquea cualquier medida punitiva basada en la libertad de expresión contra las dos organizaciones en cuestión.
En julio, Democracy for the Arab World Now (Dawn), fundada por el difunto columnista de Middle East Eye Jamal Khashoggi, así como la Taxpayer Alliance Against Genocide (Taag), afirmaron que se vieron obligadas a acudir inmediatamente a los tribunales después de que el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, escribiera en un artículo de opinión que EE. UU. estaba dispuesto a desmantelar la CPI «ladrillo a ladrillo».
Un mes más tarde, otras cuatro organizaciones de derechos humanos con sede en EE. UU. demandaron a la Administración Trump por sus sanciones contra la CPI, insistiendo en que la facultad de Trump para sancionar a la Corte «se basa en una pseudoemergencia nacional que carece de fundamento en los hechos», según afirmaron dichas organizaciones. Ese caso es independiente y sigue en curso.
Más información: Un juez estadounidense prohíbe a Trump sancionar a las organizaciones de derechos humanos por colaborar con la CPI
El presidente de EE. UU., Donald Trump, y el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, participan en un acto de «Shield of the Americas» durante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York, el 22 de septiembre de 2026 (Reuters/Kylie Cooper)
Hace 6 horas
Las interrupciones en el transporte de combustible y fertilizantes a través del estrecho de Ormuz están empezando a afectar a las cosechas agrícolas, advirtió este jueves el director de una agencia de desarrollo rural de las Naciones Unidas.
«Ya se están empezando a notar las repercusiones del cierre inicial del estrecho de Ormuz…», declaró a Reuters el presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, Álvaro Lario.
Las interrupciones en los envíos de fertilizantes relacionadas con el estrecho de Ormuz y el aumento de los costes del combustible y el transporte, agravadas por El Niño y las interrupciones en el suministro de trigo del Mar Negro, amenazan con reducir el rendimiento de los cultivos y hacer subir los precios a lo largo de toda la cadena de suministro alimentario, señaló.
Lario añadió que las existencias actuales de fertilizantes y combustible amortiguaron inicialmente el impacto, pero la incertidumbre prolongada ha dado lugar a una siembra más cautelosa y a un menor uso de fertilizantes.
Hace 6 horas
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) confirmó este jueves la liberación de unos 330 millones de barriles de reservas de emergencia de petróleo como parte de un acuerdo alcanzado en marzo, en virtud del cual los países miembros acordaron liberar 400 millones de barriles para hacer frente a la interrupción de los suministros provocada por la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán.
Esto se produce después de que el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, afirmara que ya se habían liberado unos 325 millones de barriles en virtud de dicho acuerdo a principios de este mes.
Hace 6 horas
Representantes de más de diez países, entre ellos Turquía, abandonaron la sala de la cumbre de la Conferencia sobre Interacción y Medidas de Fomento de la Confianza en Asia (CICA), celebrada en Azerbaiyán, cuando el presidente israelí, Isaac Herzog, comenzó su discurso el jueves.
El viceministro de Asuntos Jurídicos de Irán pidió que se expulsara a Israel de la CICA tras el discurso de Herzog en Bakú.
Según informó la agencia de noticias iraní IRIB, Kazem Gharibabadi afirmó que la «seguridad sostenible» en Asia no se logra mediante «amenazas y presiones, sino a través del respeto mutuo, el fomento de la confianza y la cooperación en pie de igualdad entre Estados independientes».
«Si la comunidad internacional no detiene hoy mismo a Estados Unidos e Israel, su agresión se extenderá a todos los países independientes. La fuente más importante de inseguridad e inestabilidad en Asia, especialmente en Asia Occidental, es el régimen sionista (israelí); es hora de que este régimen sea expulsado del mecanismo de la CICA», advirtió.
Hace 7 horas
Los dispositivos de millones de personas han sido infectados con un programa espía mercenario israelí llamado «Candiru» a través de anuncios digitales de «cero clics», según ha revelado el grupo canadiense de vigilancia cibernética The Citizen Lab en una investigación.
Este caso supone el primer caso confirmado públicamente de software espía mercenario de «cero clics» distribuido a través de anuncios dirigidos, según ha señalado el grupo en un informe publicado este jueves. El software espía también se dirigió a dispositivos vinculados a Al Jazeera Media Network.
Discover-Tech, una empresa israelí que se presenta como una agencia publicitaria legítima, pero que en realidad opera para socios de software espía mercenario israelí como Candiru, colocó anuncios dirigidos que llevaban a millones de dispositivos en docenas de países a conectarse con los servidores de Candiru con fines de seguimiento y reconocimiento, según el informe.
El Citizen Lab descubrió que, en 2024 y 2025, al menos 45 dispositivos de Al Jazeera fueron objeto de una serie de ataques publicitarios de «cero clics» contratados por Discover-Tech.
Discover-Tech controla una plataforma denominada Controlium que permite a «los socios mercenarios desanonimizar, identificar y infectar automáticamente los dispositivos» tan pronto como se muestra el anuncio, sin que el destinatario tenga siquiera que hacer clic en él.
Más información: Un programa espía israelí atacó a «cientos de millones» de personas a través de anuncios de «cero clics», según han descubierto los investigadores
El Citizen Lab descubrió que, en 2024 y 2025, al menos 45 dispositivos de Al Jazeera fueron objeto de ataques publicitarios por parte de la empresa israelí Discover-Tech (IMAGO/Alexander Limbach vía Reuters Connect)
El Tesoro de EE. UU. publica nuevas sanciones relacionadas con Irán
Hace 7 horas
La Administración Trump ha impuesto nuevas sanciones relacionadas con Irán dirigidas a 16 personas y 10 entidades, según un comunicado publicado el jueves en la página web del Departamento del Tesoro de EE. UU.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro también anunció que emitía una «licencia general relacionada con Irán» que autoriza la liquidación de las transacciones en las que participe el Banco Internacional de Desarrollo de Irak.
Hace 7 horas
Las fuerzas aliadas al Gobierno yemení, respaldado por Arabia Saudí, afirmaron este jueves que están repeliendo un supuesto ataque huzí contra el aeropuerto de Dhubab, en la provincia de Taiz.
La Fuerza Escudo de la Patria declaró en un comunicado que está asegurando el aeropuerto de la ciudad costera de Dhubab junto con las Brigadas Gigantes del Sur.
Según la gobernación, los huzíes también estarían intensificando el uso de misiles balísticos para atacar barrios residenciales en Marib, en el centro-norte de Yemen.
Israel ataca una vivienda en el campo de refugiados de al-Maghazi, en Gaza
Hace 7 horas
Un ataque aéreo israelí ha tenido como objetivo una vivienda en el campo de refugiados de al-Maghazi, en el centro de Gaza, causando daños importantes en las casas vecinas, según informó el jueves el corresponsal de Al Jazeera sobre el terreno.
Aún no se ha determinado el número de víctimas.
La coalición liderada por Arabia Saudí afirma haber interceptado un dron en Khamis Mushait
Hace 7 horas
El portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudí en Yemen, Turki al-Maliki, declaró el jueves que las fuerzas de la coalición interceptaron y destruyeron un dron hostil que tenía como objetivo la ciudad de Khamis Mushait, en el suroeste del país.
La Defensa Civil de Arabia Saudí indicó en una publicación en X que el peligro había pasado en la provincia de Najran, momentos después de haber emitido una alerta en la que se advertía a los ciudadanos de posibles amenazas.
Hace 7 horas
El portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudí en Yemen, Turki al-Maliki, afirmó el jueves que el Aeropuerto Internacional Rey Khalid, al norte de Riad, había sido objeto de 20 ataques desde principios de octubre.
En una rueda de prensa celebrada en Riad, al-Maliki señaló que los ataques contra el aeropuerto habían causado la muerte de 17 personas y heridas a otras 333 entre el 7 y el 11 de octubre.
Los ataques huzíes contra los aeropuertos de Arabia Saudí «suponen una amenaza para la seguridad regional», declaró a los periodistas.
Al-Maliki añadió que las fuerzas de la coalición habían destruido 127 depósitos de misiles balísticos de la milicia huzí en las montañas cercanas a la capital de Yemen, Saná.
Los ataques israelíes se dirigen contra zonas de Jarmaq y Kfar Tebnit, en el Líbano
Hace 8 horas
La Agencia Nacional de Noticias del Líbano (NNA) informó el jueves de que las fuerzas israelíes lanzaron repetidos ataques contra el sur del país, dirigidos contra la zona de Jarmaq y la localidad de Kfar Tebnit.
Esto se produce tras informes anteriores sobre bombardeos de artillería israelí dirigidos contra los municipios meridionales de al-Mansouri y Majdal Zoun.
Hace 8 horas
El político laborista John McDonnell ha presentado una moción en el Parlamento británico en la que expresa su «preocupación» por la detención de cinco periodistas en una manifestación de Palestine Action celebrada en Leicester la semana pasada.
Esta iniciativa se produce después de que Middle East Eye informara de que los periodistas fueron detenidos el 8 de octubre en virtud de la Ley contra el Terrorismo mientras cubrían una manifestación frente a las instalaciones de UAV Tactical Systems en Leicester, una filial del fabricante de armas israelí Elbit Systems.
Los periodistas, entre los que se encontraban dos reporteros de la Leicester Gazette y dos autónomos acreditados por un sindicato, afirmaron que habían sido detenidos en virtud del artículo 13 y retenidos durante tres horas antes de que se les liberara tras facilitar sus datos personales.
Y ello a pesar de que los reporteros ya se habían identificado con sus acreditaciones de prensa ante varios agentes.
McDonnell presentó el jueves una moción de urgencia (Early Day Motion) en la que denunciaba las detenciones como una «extralimitación policial», lo que constituye «una amenaza profundamente preocupante para el derecho fundamental de los periodistas a desempeñar el papel vital que desempeñan en nuestra democracia».
Más información: El diputado británico John McDonnell da la «alerta» sobre la detención de periodistas en la manifestación de Palestine Action
El diputado laborista John McDonnell (AFP)
Hace 8 horas
Israel está impidiendo que la «Junta de Paz» del presidente estadounidense Donald Trump construya una base militar en Gaza para albergar a tropas de Marruecos y Kosovo, según ha informado The Guardian.
En agosto, la Junta adjudicó a la empresa estadounidense Arkel International su primer contrato de construcción en Gaza.
A la empresa se le encomendó la construcción de un puesto avanzado militar para 150 soldados que formarían la vanguardia de una controvertida fuerza internacional de estabilización compuesta por países amigos de Israel.
Dos meses después, Israel sigue negándose a permitir que el contratista entre en Gaza o comience las obras, según informó el periódico británico.
«Israel no abrirá la frontera», declaró al *Guardian* una persona familiarizada con el asunto.
Más información: Israel impide el acceso a Gaza a un contratista estadounidense, bloqueando así la base para las tropas marroquíes y kosovares
El presidente de EE. UU., Donald Trump, interviene durante una ceremonia de firma en la reunión inaugural de la «Junta de la Paz» en el Instituto de la Paz de EE. UU., en Washington, D. C., el 19 de febrero (AFP)
La Armada iraní afirma que un petrolero «infractor» se ha incendiado en el estrecho de Ormuz
Hace 8 horas
Un petrolero se encuentra en llamas en la parte oriental del estrecho de Ormuz tras «violar» el bloqueo iraní que restringe el tránsito por la vía navegable, informó el jueves la agencia de noticias iraní IRIB, citando a la Armada del país.
«Este petrolero infractor intentó cruzar la zona prohibida en el mar de Omán apagando sus sistemas de rastreo», declaró la Armada, según se citó.
No quedó claro de inmediato qué provocó el incendio ni quién fue el responsable.
Hace 8 horas
La política de seguridad de Israel desde los atentados del 7 de octubre se ha guiado por un «concepto» no escrito según el cual la mayoría de los Estados árabes «no son auténticos Estados-nación, sino conjuntos de tribus y grupos étnicos que carecen de una historia compartida y de una visión nacional fundamental», escribió un exjefe de la inteligencia militar israelí.
En un artículo publicado el lunes por el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), un centro de estudios con sede en la Universidad de Tel Aviv, Tamir Hayman expuso diez principios que, según él, podrían deducirse de la política que se está aplicando actualmente.
Entre ellos se encuentra la suposición de que «cualquier acuerdo con actores árabes es temporal y engañoso», y que «los acuerdos de paz son meros acuerdos técnicos y temporales que requieren una reevaluación constante».
Hayman, un general de división de la reserva que dirigió la Dirección de Inteligencia Militar del ejército israelí entre 2018 y 2021 y que ahora es director ejecutivo del instituto, escribió que este nuevo concepto «no se ha articulado ni presentado formalmente al público, ni está definido de forma vinculante dentro del ámbito de la defensa».
«En la práctica, sin embargo, sus principios influyen en la toma de decisiones y dictan el enfoque de Israel en materia de seguridad», añadió.
Más información: La doctrina de seguridad de Israel considera a los Estados árabes como «conjuntos de tribus», afirma el exjefe de inteligencia
Una valla publicitaria en Tel Aviv, el 26 de junio de 2025, muestra a líderes árabes junto a Donald Trump y al israelí Benjamin Netanyahu, con el lema en hebreo «un tiempo para la guerra, un tiempo para los asentamientos; ahora es el momento del “Pacto de Abraham”» (Jack Guez/AFP)
Dos guardias de seguridad fallecen en un presunto ataque huzí contra el palacio presidencial de Adén
Hace 8 horas
El Gobierno yemení, respaldado por Arabia Saudí, informó el jueves de que dos guardias de seguridad habían fallecido en un presunto ataque huzí cerca del palacio presidencial de Adén.
El ministro de Información de Yemen, Muammar al-Eryani, afirmó en una publicación en las redes sociales que se había confirmado que todos los miembros del Consejo de Ministros, incluido el primer ministro, se encontraban a salvo después de que, supuestamente, los huzíes lanzaran cinco misiles contra el palacio presidencial de al-Maashiq.
Un ataque israelí en la ciudad de Gaza causa un fallecido
Hace 14 horas
Un ataque con drones israelíes dirigido contra un grupo de palestinos en la ciudad de Gaza ha causado la muerte de un hombre y ha herido a decenas de personas, según informa Wafa.
Según el informe, el ataque alcanzó al grupo de civiles cerca de la escuela Ibad al-Rahman, en la calle al-Jalaa, al noroeste de la ciudad.
Hace 14 horas
Yahya Saree, portavoz militar huzí, ha confirmado que el grupo no ha lanzado ningún ataque contra Arabia Saudí este jueves.
Esto se produce después de que las fuerzas de la coalición liderada por Arabia Saudí informaran de que habían derribado un misil de crucero lanzado hacia Medina.
La coalición liderada por Arabia Saudí afirma que interceptó y destruyó un misil sobre Medina
Hace 15 horas
Las fuerzas de la coalición liderada por Arabia Saudí interceptaron y destruyeron un misil de crucero en la zona de Medina, según informa Turki al-Maliki, portavoz de la coalición.
Hace 17 horas
Buenos días, lectores de Middle East Eye,
Si acaba de unirse a nosotros, estos son los acontecimientos clave de toda la región y más allá:
* El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher, ha afirmado que el país debe estar preparado para la guerra incluso mientras negocia con Estados Unidos, y ha acusado a Washington de «hacer promesas y luego incumplirlas».
* El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha reiterado que la guerra contra Irán terminará «muy pronto», al tiempo que ha afirmado que Washington tiene el «control total» del estrecho de Ormuz.
* La coalición liderada por Arabia Saudí en Yemen ha interceptado y destruido un dron que se dirigía hacia la provincia oriental de Arabia Saudí, según ha declarado el portavoz, el general de división Turki al-Maliki, en una publicación en X.
* El ejército yemení afirma que más de 200 combatientes huzíes resultaron muertos o heridos durante los combates en la provincia suroccidental de Taiz.
* El ejército estadounidense declaró el miércoles que la semana pasada destruyó una embarcación afiliada a Irán que, según alegó, estaba llevando a cabo labores de vigilancia y apuntando a buques de la Armada de los Estados Unidos en el golfo de Omán.
* Funcionarios palestinos afirmaron que los ataques israelíes causaron la muerte de cuatro personas en Gaza el miércoles, pocos días después del aniversario de la declaración de un alto el fuego mediado por Estados Unidos.
* Australia y Nueva Zelanda han actualizado sus advertencias de viaje para Arabia Saudí, mientras que Japón ha desaconsejado a sus ciudadanos los viajes no esenciales al reino.
* El nuevo régimen de sanciones globales del Reino Unido contra los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada entró en vigor el jueves.
* Las fuerzas israelíes han matado a 1.501 palestinos desde el «alto el fuego» de octubre de 2025, según el Ministerio de Sanidad de Gaza.
* El portavoz adjunto de las Naciones Unidas, Farhan Haq, ha declarado que las organizaciones asociadas han instado a Israel a «poner fin a la represión del espacio cívico palestino», después de que las fuerzas israelíes realizaran redadas en las sedes de organizaciones de la sociedad civil palestina y en un complejo médico de Ramala.
* Los huzíes han afirmado que atacaron un avión militar saudí, un Eurofighter Typhoon, con un misil aire-aire en el espacio aéreo sobre la provincia yemení de Saada.
* La Unión Europea ha instado a los huzíes, alineados con Irán, a que levanten el asedio sobre la ciudad de Taiz, en el suroeste de Yemen, para permitir la entrada de ayuda humanitaria.
* X ha suspendido más de 13 000 cuentas implicadas en tres presuntas operaciones de influencia extranjera, vinculadas a Irán, Rusia y China, que tenían como objetivo el «debate político» estadounidense.
* La autora irlandesa Sally Rooney ya no puede vender sus libros en el Reino Unido debido a su apoyo al grupo activista Palestine Action, según informó este miércoles su editorial, Faber.
Colonos israelíes cortan el suministro eléctrico a una familia palestina en Cisjordania
Hace 17 horas
Colonos israelíes cortaron este jueves los postes eléctricos que abastecían la vivienda de la familia Soufan en la localidad de Burin, al sur de Nablus, en la Cisjordania ocupada, según informó Wafa.
Wafa señaló que los colonos ya habían atacado anteriormente la vivienda, situada cerca del asentamiento de Yitzhar.
La red de noticias Quds informó de que colonos israelíes irrumpieron en terrenos agrícolas palestinos y destrozaron sus cultivos en la zona de Wadi Al-Sheikh, en Beit Ummar, al norte de Hebrón.
Hace 17 horas
El Fondo Monetario Internacional (FMI) espera que las economías de Oriente Medio se recuperen, pero no a medio plazo, según declaró el jueves el responsable regional de la organización.
«No volveremos a la trayectoria anterior a la guerra a medio plazo, ya que esta crisis tendrá un impacto devastador en diversos sectores y, además, afectará a una serie de infraestructuras, y requerirá un gasto adicional para aumentar la resiliencia», declaró a los periodistas el director regional del FMI, Jihad Azour.
La advertencia se produce mientras funcionarios y expertos se reunían esta semana en Bangkok para debatir los obstáculos a los que se enfrenta la economía mundial, incluidos los costes energéticos, que se mantienen obstinadamente elevados.
El FMI publicó el martes unas previsiones que indican que se espera que la región de Oriente Medio y Asia Central —directamente expuesta a la guerra de Irán— se contraiga un 0,3 % en 2026.
Arabia Saudí se encuentra entre los países más afectados, ya que se prevé que su economía se contraiga un 3,3 %, una recesión poco habitual para el reino, que durante mucho tiempo se ha visto protegido por sus sólidas exportaciones de energía.
El miércoles, la directora del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió de que los continuos ataques dirigidos contra Arabia Saudí podrían afectar a la población «en todas partes».
Información de la AFP
El ejército israelí bombardea varias zonas del sur del Líbano durante la noche
Hace 17 horas
El ejército israelí ha bombardeado los municipios de al-Mansouri y Majdal Zoun, en el distrito de Tiro, al sur del Líbano, según informó la Agencia Nacional de Noticias del país.
Las zonas cercanas de Zibqin, Chaqra y Haddatha también fueron alcanzadas durante la noche por ataques israelíes.
El miércoles, la artillería israelí bombardeó la localidad de Beit Lif y Wadi al-Ghadir, en las afueras de las localidades de Haris y Sarbine.
Hace 18 horas
El ejército estadounidense ha elaborado planes de ataque que podrían incluir el uso de la bomba GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast, también conocida como la «madre de todas las bombas», contra infraestructuras energéticas e instalaciones nucleares iraníes en caso de que el presidente Donald Trump ordene la reanudación de las operaciones de combate, según informó este jueves la CNN citando a funcionarios estadounidenses familiarizados con el asunto.
El posible despliegue de la bomba no nuclear más grande del arsenal estadounidense supondría una escalada significativa del conflicto, aunque fuentes familiarizadas con las deliberaciones sobre la planificación militar indicaron a la CNN que persisten las dudas sobre su eficacia a la hora de alcanzar los objetivos estratégicos de Washington.
Informe de Reuters
Australia, Nueva Zelanda y Japón emiten nuevas alertas de viaje para Arabia Saudí
Hace 18 horas
Australia y Nueva Zelanda han actualizado sus advertencias de viaje para Arabia Saudí, mientras que Japón ha desaconsejado a sus ciudadanos los viajes no esenciales al reino.
Australia instó a sus ciudadanos a reconsiderar sus planes de viaje y emitió una advertencia directa de «no viajar» para el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad, días después de que un ataque huzí contra el aeropuerto causara la muerte de 13 personas y dejara más de 300 heridos.
Nueva Zelanda elevó su aviso de viaje al nivel más alto, desaconsejando a sus ciudadanos cualquier viaje a Arabia Saudí.
En una actualización publicada el miércoles, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón elevó la alerta para varias regiones del norte y el oeste de Arabia Saudí del nivel 1 al nivel 2 en su escala de cuatro niveles, citando un aumento de los ataques huzíes desde el 5 de octubre
Se sigue desaconsejando a los ciudadanos japoneses viajar cerca de la frontera con Yemen, que se sitúa en el nivel 3 de la escala de alertas, y se insta a los viajeros a evitar utilizar o acercarse a los aeropuertos saudíes a menos que sea absolutamente necesario.
Entra en vigor el régimen de sanciones globales del Reino Unido contra los asentamientos israelíes
Hace 18 horas
El nuevo régimen de sanciones globales del Reino Unido contra los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada entró en vigor el jueves.
La entrada en vigor se programó para el 15 de octubre, días antes de la fecha límite del 19 de octubre para la presentación de ofertas en los concursos de construcción de asentamientos E1 (Este 1) para la construcción de asentamientos en Cisjordania.
En septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores británico, Ed Miliband, anunció el paquete de sanciones más severo del país contra los asentamientos ilegales de Israel, dirigido al comercio, las finanzas y los servicios que sustentan su expansión en la Cisjordania ocupada.
En un discurso ante el Parlamento, Miliband afirmó que se está produciendo una limpieza étnica en la Cisjordania ocupada.
El ministro de Asuntos Exteriores añadió que el Reino Unido también «tomará medidas» contra las empresas y personas que presten servicios, como los de construcción o financiación, para la expansión de los asentamientos.
«Se enfrentarán a toda la fuerza de las sanciones del Reino Unido», afirmó, y añadió que también se prohibirá en el Reino Unido la publicidad de los asentamientos ilegales.
El Gobierno israelí cerró la semana pasada el consulado del Reino Unido en señal de protesta, lo que obligó a este a retirar a 21 diplomáticos y a rebajar el estatus del consulado al de misión. Sin embargo, la represalia israelí no parece haber disuadido al Gobierno británico.
Las actividades de asentamiento ilegales se considerarán una violación del derecho internacional humanitario. (Reuters)
Hace 19 horas
Sigue creciendo el apoyo a la propuesta de ley «Stop the Settlements Act», que sancionaría a cualquiera que intente apropiarse de tierras palestinas en Cisjordania o Gaza, según ha afirmado el congresista estadounidense Joaquín Castro.
«Desde que presenté el proyecto de ley junto con los diputados Dean, Beyer, Casar, Jacobs y Escobar, más de 50 miembros se han sumado como copatrocinadores», escribió Castro en X.
Afirmó que la expansión de los asentamientos expulsa a los palestinos «de sus tierras y dificulta el logro de la paz».
«Es hora de utilizar herramientas como las sanciones para detenerlo», afirmó, al publicar los nombres de diez nuevos diputados que han respaldado la propuesta legislativa.
Hace 20 horas
Las fuerzas israelíes han matado a un total de 1.501 palestinos desde el «alto el fuego» de octubre de 2025, según el Ministerio de Sanidad de Gaza.
La cifra incluye tres nuevas muertes registradas este miércoles, entre ellas las de dos palestinos que fallecieron a causa de las heridas sufridas en ataques israelíes anteriores.
El último informe del ministerio indica que 17 personas resultaron heridas en las últimas 24 horas, lo que se suma a las 5.323 personas heridas desde octubre de 2025. Durante el mismo periodo, se recuperaron cerca de 840 cadáveres de entre los escombros del territorio devastado.
El objetivo de la Convención sobre el Genocidio es prevenir el genocidio, afirma Navi Pillay
Hace 20 horas
La exalta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2026, Navi Pillay, ha afirmado que el objetivo de la Convención sobre el Genocidio es prevenir el genocidio, y que los países están obligados a intervenir cuando tengan conocimiento de cualquier conflicto genocida.
En una entrevista con Sky News, la Sra. Pillay reiteró su llamamiento para que se juzgue al primer ministro israelí, al presidente y al exministro de Defensa israelí, ya sea ante los tribunales nacionales o ante la Corte Penal Internacional.
«El objetivo de la Convención sobre el Genocidio es prevenir un genocidio. El mundo no quiere que se produzca un genocidio para luego reaccionar ante él. Miles de personas pierden la vida en estos ataques genocidas.
«Por lo tanto, el enfoque de todos los Estados al adoptar la Convención sobre el Genocidio es que, tan pronto como se tenga conocimiento de que podría producirse un conflicto genocida, se debe intervenir para impedirlo. Esa es una obligación legal que recae sobre todos los Estados, incluso si el genocidio no se produjera en su propio territorio».
Pillay afirmó que el presidente, el primer ministro y el exministro de Defensa israelíes deben ser juzgados. (AFP)
Hace 21 horas
Israel no está permitiendo la construcción de un puesto avanzado militar clave en Gaza que forma parte del «Consejo de Paz» del presidente de EE. UU., Donald Trump, según ha informado The Guardian.
El Consejo adjudicó el contrato en agosto a la empresa Arkel International, con sede en Luisiana, que construiría una base para 150 efectivos internacionales que actuarían como vanguardia de una fuerza internacional de estabilización (ISF), según el periódico.
Israel aún no ha autorizado que el contrato siga adelante, informó The Guardian, citando a una persona con conocimiento directo del asunto.
No se está permitiendo que los contratistas y los camiones crucen a Gaza para comenzar las obras. «Israel no abrirá la frontera», afirmó la fuente.
La Junta de Paz, constituida a raíz del alto el fuego de octubre de 2025 en Gaza, es fundamental para las afirmaciones de Trump de haber puesto fin al conflicto.
La fuente declaró a The Guardian que, sin el contrato, no se puede poner en marcha el resto del programa de la Junta de Paz.
«No se puede entrar sin una fuerza internacional de estabilización. No se puede reconstruir», afirmó dicha persona, según The Guardian.
Argelia condena la apertura de una embajada colombiana en la Jerusalén ocupada
Hace 21 horas
Argelia ha condenado la decisión del Gobierno colombiano de abrir una embajada en la Jerusalén ocupada.
En un comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores argelino señaló que la decisión era la última de una serie de intentos ilegales por alterar el estatus jurídico e histórico de Jerusalén e imponer un hecho consumado, en flagrante violación del Derecho internacional y de las resoluciones internacionales pertinentes.
El Ministerio afirmó que esta «medida ilegal» socavaría la solución de dos Estados respaldada por la comunidad internacional, avivaría el conflicto en la región y obstaculizaría los esfuerzos por alcanzar una paz integral y sostenible en Oriente Medio.
Argelia renovó su llamamiento a la comunidad internacional, en particular al Consejo de Seguridad de la ONU, para que asuma sus responsabilidades jurídicas, morales e históricas y adopte medidas urgentes para poner fin a las repetidas políticas destinadas a imponer una nueva realidad ilegal en el territorio palestino ocupado.
Hace 22 horas
La plataforma de redes sociales X afirma que recientemente ha identificado y suspendido más de 13 000 cuentas implicadas en tres presuntas operaciones de influencia extranjera, vinculadas a Irán, Rusia y China, que tenían como objetivo el «debate político» estadounidense.
La empresa no ha especificado cuántas cuentas estaban vinculadas a cada uno de los tres países.
En una publicación en la plataforma, el departamento de Asuntos Gubernamentales Globales de X señaló que estas redes «utilizaban cuentas falsas para publicar y amplificar contenidos sobre la política estadounidense, dirigiéndose a candidatos y figuras públicas de todo el espectro político».
X señaló que su equipo de Seguridad utiliza diversos métodos de detección para identificar de forma proactiva y actuar ante actividades que incumplan sus normas, mientras la plataforma se prepara para las próximas elecciones intermedias de 2026 en EE. UU. La empresa afirmó que su Política de Autenticidad es fundamental para esta labor, tanto si el objetivo son redes de spam como entidades involucradas en operaciones de influencia.
Hace 22 horas
La coalición liderada por Arabia Saudí en Yemen ha interceptado y destruido un dron que se dirigía hacia la Provincia Oriental de Arabia Saudí, según ha declarado el portavoz, el general de división Turki al-Maliki, en una publicación en X.
Anteriormente, los huzíes afirmaron haber atacado un avión militar saudí, un Eurofighter Typhoon, con un misil aire-aire en el espacio aéreo sobre la provincia yemení de Saada.
Hace 22 horas
El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha reiterado que la guerra contra Irán terminará «muy pronto», al tiempo que afirmaba que Washington tenía el «control total» del estrecho de Ormuz.
En un mitin celebrado en Bullhead City, Arizona, Trump afirmó que Irán había perdido su armada, su fuerza aérea, sus sistemas de radar y sus defensas aéreas.
«Sus líderes de primer nivel han desaparecido. Eligieron a los de segundo nivel. Sus líderes de segundo nivel también han desaparecido. Eligieron a los de tercer nivel. La mitad de ellos han desaparecido; me hicieron prometer que no eliminaría a nadie más. Y así lo hice. Se lo prometí», afirmó.
«Así que probablemente fui un poco demasiado lejos. Lo siento, porque ya no sé con quién demonios estamos tratando».
Trump afirmó que el conflicto había provocado un aumento de los precios del combustible, pero que estos bajarán «muy pronto» cuando termine la guerra.
Hace 23 horas
La embajada de Estados Unidos en Arabia Saudí ha comunicado que los empleados del Gobierno estadounidense necesitan una autorización especial del jefe de misión para utilizar cualquier aeropuerto del reino tras los recientes ataques con misiles y drones de los huzíes.
https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/chinese-refiners-rush-buy-middle-east-crude-stocks-fall-kpler-says
Hace 23 horas
Las refinerías chinas están intensificando las compras de crudo de Oriente Medio, ya que las reducciones récord de las existencias y la recuperación de la actividad de las refinerías impulsan la demanda de cargamentos inmediatos, según la empresa de análisis Kpler.
Los compradores chinos han adquirido al menos 80 millones de barriles de crudo saudí desde mediados de septiembre, según informó Kpler en X.
Las existencias de crudo en tierra firme de China se redujeron en aproximadamente 1,6 millones de barriles al día en septiembre, el ritmo más rápido jamás registrado.
Se prevé que el volumen de procesamiento de las refinerías alcance los 14,2 millones de barriles al día en diciembre, lo que aumentará la presión sobre las refinerías para que repongan sus existencias.
Al mismo tiempo, las refinerías chinas necesitan sustituir aproximadamente 1 millón de barriles al día del suministro iraní, dado que el bloqueo de EE. UU. sigue vigente, según Kpler.
https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/they-break-their-promises-iran-must-be-prepared-war-ghalibaf-says
En un discurso televisado, Ghalibaf señaló que la principal preocupación de Irán es impedir que EE. UU. vuelva a atacar. No obstante, añadió que un acuerdo firmado con Washington no supone ninguna garantía.
«Incumplen sus promesas», afirmó Ghalibaf. Irán debe estar preparado para luchar «contra un enemigo intimidatorio» y «debemos luchar verdaderamente con valentía en el campo de batalla».
«Solo entonces habremos logrado una disuasión sostenible».
«Hay que castigar a Estados Unidos y obligarle a modificar su conducta, para que comprenda que debe aceptar las legítimas reivindicaciones de la nación iraní», añadió.











