MISCELÁNEA 2/10/2026

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. Echar a Netanyahu para que todo siga igual.
2. Iannuzzi sobre la Asamblea General de las Naciones Unidas.
3. Trump y el Mal.
4. LFI, democracia y futuro de la izquierda.
5. Control energético estadounidense.
6. Renta del capital y renta del trabajo en EEUU.
7. Cómo nos puede matar la IA.
8. La IA desde la ecología marxista.
9. Resumen de la guerra en Irán, 1 de octubre.

1. Echar a Netanyahu para que todo siga igual.

Cook analiza la posibilidad de que Occidente pueda querer el fin de Netanyahu para que Israel pueda proseguir el genocidio con tranquilidad.

https://jonathancook.substack.com/p/the-west-wants-netanyahu-gone-so

Occidente quiere que Netanyahu se vaya, para que se pueda volver a matar a los palestinos con mayor discreción

Trump, en caída libre en las encuestas y furioso por una guerra desastrosa contra Irán, necesita un chivo expiatorio, y el primer ministro israelí encaja a la perfección en ese papel

Jonathan Cook

Hace 16 horas

[Publicado por primera vez en Middle East Eye]

La visita relámpago de Benjamin Netanyahu a Estados Unidos la semana pasada para intervenir ante la Asamblea General de las Naciones Unidas fue una prueba más de que el primer ministro israelí es ahora un paria universal.

Incluso sus aliados más cercanos le están dando la espalda.

Quizá no fuera sorprendente que 77 naciones, entre ellas un puñado de Estados europeos, abandonaran la sala en señal de protesta por el hecho de que a un sospechoso de crímenes de guerra buscado —un fugitivo de la Corte Penal Internacional (CPI)— se le concediera una tribuna para hablar en el escenario más importante del mundo.

Mucho más notable fue lo que ocurrió —o, mejor dicho, lo que no ocurrió— lejos de la tribuna. Netanyahu pasó apenas ocho horas en Estados Unidos antes de regresar a Israel. Cuesta creer que esa fuera su decisión.

Se le negó su habitual momento de gloria junto a Donald Trump en la Casa Blanca, y ni siquiera pudo conseguir una reunión con el secretario de Estado, Marco Rubio.

No hubo invitación para dirigirse al Congreso de Estados Unidos, ni tampoco las habituales escenas de legisladores celebrando con entusiasmo su incitación contra los palestinos.

El exembajador de Israel en Washington, Michael Oren, declaró a Reuters: «No recuerdo ninguna ocasión en la que el primer ministro haya venido a Estados Unidos y no se haya reunido con el presidente».

El rechazo a Netanyahu contrastó radicalmente con la acogida que recibió Xi Jinping. El líder chino fue recibido personalmente en el aeropuerto por Trump con alfombra roja y un desfile aéreo militar.

Advertencias ignoradas

La visita de Netanyahu a la ONU fue aprovechada por ambas partes —por los responsables israelíes y por los líderes occidentales— para impulsar sus agendas separadas y contradictorias.

A Netanyahu le queda un mes para unas elecciones generales muy reñidas en las que, por primera vez, se están sometiendo a un intenso escrutinio sus fallos a la hora de impedir el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Según un número creciente de informes recientes, los líderes egipcios y del Golfo le advertieron de un acontecimiento de gran envergadura —un «terremoto»— que se avecinaba desde Gaza en los días y semanas previos a la incursión de Hamás, pero no tomó medidas al respecto.

Netanyahu había programado su discurso ante la ONU para la franja horaria de máxima audiencia en Israel, con el fin de atraer al mayor número posible de espectadores nacionales. Aprovechó la ocasión para tachar a otros líderes mundiales de «cobardes morales» e «hipócritas».

Como señala el analista israelí Jonathan Ofir, Netanyahu también utilizó la tribuna de la ONU para introducir de forma encubierta una frase bíblica en hebreo que estaba pensada, para los oyentes de su país, como un mensaje subliminal: un llamamiento a que Israel llevara a cabo un genocidio hasta el final.

El objetivo de Netanyahu era demostrar a los votantes que sigue siendo una fuerza a tener en cuenta en la escena internacional y que solo él puede proteger a Israel de un mundo supuestamente sumido en un sentimiento «antisemita» y antiisraelí.

Los líderes occidentales, por el contrario, desean demostrar precisamente lo contrario, con la esperanza de apartar a Netanyahu del cargo sugiriendo a los israelíes que su líder es una fuerza agotada, que ha ido demasiado lejos.

Es hora de deshacerse de él.

Esto puede resultar nada sencillo. Netanyahu es el gran superviviente político, con un mandato récord de casi dos décadas como primer ministro de su país —incluso más largo que el del padre fundador de Israel, David Ben Gurión—. Ha aprovechado ese tiempo para azuzar a gran parte de la sociedad israelí hacia un fervor cada vez mayor, ultranacionalista y genocida.

Un lastre político

La actual antipatía hacia Netanyahu en las capitales occidentales no se basa, sin duda alguna, en ningún tipo de valoración ética de las recientes acciones de Israel: una campaña genocida de tres años en Gaza; la expansión violenta de los asentamientos judíos y la limpieza étnica en la Cisjordania ocupada; el bombardeo y la limpieza étnica del sur del Líbano; y el papel protagonista del líder israelí, junto a EE. UU., en el inicio de una catastrófica guerra contra Irán cuyas repercusiones han desestabilizado la economía mundial.

Washington —respaldado por sus Estados clientes europeos— ha sido un socio ferviente de estos crímenes, suministrando municiones, inteligencia e influencia diplomática para ayudar a Israel a llevarlos a cabo.

Pero Netanyahu parece ahora un lastre político, incluso para Trump.

El presidente de EE. UU., en caída libre en las encuestas, necesita un chivo expiatorio, y el primer ministro israelí parece el único adecuado para ese papel.

El antagonismo es, en parte, personal.

Varios informes recientes indican que Netanyahu hizo todo lo posible para convencer a Trump —en contra del consejo de sus generales— de que iniciara una guerra ilegal y no provocada contra Irán.

La promesa de una victoria decisiva convenció a Trump de que podría asegurarse un lugar en los libros de historia como el presidente que «reestructuró Oriente Medio». Una vez que Irán quedara fuera de juego, EE. UU. disfrutaría de un control sin rival sobre el petróleo de la región.

Y todo ello tendría lugar, supuestamente, semanas después de que Trump hubiera consolidado su dominio sobre el petróleo de Venezuela, tras una operación ilegal a principios de año para secuestrar al presidente Nicolás Maduro.

Con la derrota de Irán y Venezuela sometida, su rival económico, China, se encontraría totalmente dependiente de EE. UU. para acceder al principal lubricante de la economía mundial. Trump podría evitar una confrontación militar directa con Pekín, sometiéndolo simplemente con la amenaza de cerrar el grifo del petróleo.

Pero, por supuesto, nada de esto llegó a suceder.

Washington se encuentra ahora en una guerra imposible de ganar con Irán, lo que ha dejado claro a Teherán el alcance de su poder sobre el estrecho de Ormuz —y del poder paralelo de Ansar Allah, sus aliados en Yemen, sobre el estrecho de Bab al-Mandab. Juntos, pueden infligir un daño sin paliativos a la economía mundial.

Es probable que el alza vertiginosa de los precios de la gasolina en las gasolineras estadounidenses sea un factor decisivo en el colapso del voto republicano en las elecciones de mitad de legislatura de noviembre y en la probable pérdida de ambas Cámaras a manos de los demócratas, lo que convertiría a Trump en un presidente sin poder real.

Mientras tanto, la guerra ha enseñado a los Estados clientes de Washington en el Golfo que son sumamente vulnerables a cualquier represalia procedente de Teherán y de Yemen —un hecho que se les recuerda cada vez que Trump ordena otra ronda imprudente de ataques contra Irán.

A pesar de todo su poderío militar, Washington ha demostrado que es incapaz de defender a sus aliados del Golfo.

Ante la hora de la verdad

Pero Netanyahu no se enfrenta a la hora de la verdad solo por su papel en la orquestación de una guerra desastrosa contra Irán.

A pesar de los grandes esfuerzos de las clases políticas y mediáticas occidentales durante los últimos tres años, la realidad de la destrucción de Gaza por parte de Israel —y el asesinato y la mutilación de muchas decenas de miles de niños palestinos— se ha vuelto cada vez más difícil de ocultar o racionalizar.

Incluso entre aquellos sectores de la opinión pública poco interesados en los asuntos internacionales, la verdad se está haciendo poco a poco con un lugar, ayudada por las disputas en los principales espacios culturales que se han decantado de manera concluyente en contra de Israel.

NAZA, un nuevo documental sobre Gaza realizado por cineastas israelíes, recibió una ovación de pie récord de 25 minutos en el Festival de Cine de Venecia del mes pasado. En él, soldados y agentes de inteligencia israelíes anónimos documentan con detalle cómo planearon el genocidio en el pequeño enclave. Está previsto que se pueda ver en streaming de forma gratuita en noviembre.

La selección de Irlanda, obligada a enfrentarse a Israel en la Liga de Naciones de la UEFA este fin de semana, no ocultó sus sentimientos. Llevaban brazaletes negros en señal de solidaridad con las víctimas de Israel en Gaza y se negaron a dar la mano a sus rivales. El capitán irlandés, Dara O’Shea, se comprometió a donar sus ganancias del partido a causas humanitarias en Gaza.

El famoso músico Ed Sheeran se ha visto inesperadamente tachado de villano por no respaldar a su telonero, el rapero Macklemore, tras los comentarios de este último en contra del genocidio en Gaza.

Jonathan Cook

17 de septiembre

Ed Sheeran acaba de aprender que dejarse manipular por los multimillonarios en favor del genocidio queda muy mal.

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Como era de esperar, ante la amenaza de los propietarios de los estadios, partidarios de Israel, de cancelar la gira, Sheeran cedió y descartó a Macklemore. Pero Sheeran se está recuperando de una reacción generalizada que, sin duda, le pilló por sorpresa.

Y destacados políticos británicos, como el ex primer ministro Keir Starmer y los ministros de Asuntos Exteriores David Cameron y David Lammy, se enfrentan por primera vez a un serio escrutinio crítico en los medios dominantes por su conducta hacia Gaza.

La semana pasada, un documental de Channel 4, Britain’s Gaza Secrets Exposed, reveló que los funcionarios británicos habían impuesto una metodología profundamente defectuosa, al parecer para poder ignorar las crecientes pruebas de crímenes de guerra sistemáticos por parte de Israel en Gaza.

Como resultado, pudieron eludir sus obligaciones legales de tomar medidas contra Israel, incluida la suspensión de la venta de armas.

Ola de repulsa

Las capitales occidentales se están dando cuenta por fin de que esta creciente ola de repulsa ante el genocidio de Gaza no puede contenerse.

En EE. UU., donde los políticos describen invariablemente los lazos con Israel como «indestructibles», el 62 % de los encuestados declaró a Pew en julio que tenía una opinión negativa del Gobierno de Netanyahu.

Mientras tanto, una encuesta realizada el mes pasado reveló que el 60 % de los judíos estadounidenses desea que el primer ministro israelí sea destituido en las próximas elecciones.

Como señaló el periódico israelí *Haaretz*: «Trump es muy consciente del descenso constante y vertiginoso del apoyo a Israel entre los estadounidenses».

Por eso él y otros políticos occidentales están desesperados por replantear el debate. Señalar a Netanyahu por las atrocidades israelíes en Gaza no les exime de responsabilidad, ya que es evidente que han colaborado con él en cada paso del camino.

En cambio, los líderes occidentales quieren desviar la atención hacia Cisjordania, donde su papel resulta más fácil de ocultar y las infracciones de la ley por parte de Netanyahu son innegables.

Desde octubre de 2023, él, junto con su ministro de Hacienda, Bezalel Smotrich —quien se autodenomina fascista—, han concedido tanto a las violentas milicias de colonos judíos como al ejército israelí una mayor libertad para aterrorizar a las familias palestinas y expulsarlas de sus tierras, como preparación para la anexión de Cisjordania.

En la nueva narrativa interesada de Occidente, Netanyahu no es un paria porque sea buscado por la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad al someter al pueblo de Gaza al hambre.

Tampoco porque la Corte Internacional de Justicia esté investigando actualmente a su Gobierno por «acusaciones plausibles» de que está cometiendo un genocidio en el enclave.

Tampoco porque su Gobierno haya supervisado el asesinato de al menos 21 000 niños allí —y, muy probablemente, de muchos más—.

Ni porque siga violando un «alto el fuego» ficticio, en el que Israel ha matado a más de 1 400 palestinos encerrados en las ruinas de su enclave desde que supuestamente terminaron los combates. Otros 4 900 residentes de Gaza han quedado mutilados durante el mismo período.

No, Netanyahu no es un paria a ojos de los líderes occidentales por ninguno de estos crímenes salvajes —crímenes de los que ellos han sido plenamente cómplices—.

Su delito —en el que ahora están decididos a centrar la atención— es el papel que Netanyahu ha desempeñado desde octubre de 2023 en la intensificación de la construcción y la expansión de los asentamientos ilegales en Cisjordania para expulsar a los palestinos de sus tierras.

Pero este discurso solo funciona si los políticos y los medios de comunicación occidentales ignoran deliberadamente el contexto: que, durante más de medio siglo, todos los gobiernos israelíes han promovido la expansión de los asentamientos, con el objetivo de llevar a cabo una limpieza étnica de la población palestina.

Netanyahu no es una excepción en este sentido. Simplemente aprovechó la oportunidad para acelerar las expulsiones de Cisjordania aprovechando la simpatía mundial tras el ataque de un solo día perpetrado por Hamás en octubre de 2023.

«Limpieza étnica»

La explicación más probable de por qué el Reino Unido y otros 11 Estados occidentales, entre ellos Francia y Canadá, declararon el mes pasado su intención de imponer sanciones a los asentamientos de Cisjordania es que habían recibido señales de la Administración Trump, por primera vez, de que ello no acarrearía repercusiones graves.

El nuevo Gobierno británico, liderado por Andy Burnham, también se atrevió a calificar de «limpieza étnica» lo que Israel ha hecho a los palestinos de Cisjordania. Cabe destacar, y resulta paradójico, que el Reino Unido haya evitado utilizar ese término para describir la limpieza étnica aún más descarada que Israel está llevando a cabo en Gaza: una campaña de expulsiones que, con toda claridad, ha contado con el apoyo de las bombas y la logística occidentales.

Jonathan Cook

11 de septiembre

La prohibición británica del comercio de productos de los asentamientos es meramente cosmética. Para que surta efecto, debe sancionar a Israel.

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Según se informa, funcionarios a las órdenes de Mike Huckabee, el embajador estadounidense en Israel —ferviente partidista—, redactaron una reprimenda mordaz en previsión del anuncio británico de sanciones. En ella se acusaba a Londres de replicar el «manual del movimiento antisemita de boicot, desinversión y sanciones [BDS]».

Esa línea de ataque prevista, favorecida por los grupos de presión proisraelíes, fue presumiblemente la razón por la que Ed Miliband, ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, llegó a extremos tan exagerados para distanciar públicamente su nueva política del BDS.

Pero, de hecho, no se materializó ningún ataque por parte de la Administración Trump. En cambio, Marco Rubio, homólogo estadounidense de Miliband, declaró de forma inocua: «No tengo ningún comentario al respecto [la política de sanciones] en este momento».

Al día siguiente, Trump pareció ganar tiempo con una respuesta evasiva, poco habitual en él: «Quiero averiguar por qué ha ocurrido de repente eso [el anuncio de las sanciones del Reino Unido]».

Ni Trump ni Rubio han dicho nada más sustancial al respecto.

Además, existe una reciente avalancha de informaciones en los medios que sugieren que Netanyahu, personalmente, no prestó atención a las múltiples advertencias de Egipto y los Emiratos Árabes Unidos de que se avecinaba un ataque sin precedentes desde Gaza en los días previos a la ofensiva de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Netanyahu ha instado a Abu Dabi a desmentir las filtraciones. Sin embargo, hasta la fecha no ha colaborado en ese sentido.

Ambos países, que se encuentran entre los Estados clientes más cercanos a Washington en la región, siempre han mostrado su deseo de evitar desafiar abiertamente a un Trump conocido por su carácter vengativo.

El teatro de la distracción

En su discurso ante la ONU, Burnham señaló el dilema al que se enfrentan los gobiernos occidentales: «Vivimos en una época de escasa confianza en la política. Si siguiéramos hablando de la solución de dos Estados, pero no respaldáramos esas palabras con hechos, esa confianza se reduciría aún más —y nuestros enemigos tratarían de explotar el distanciamiento que se derivaría de ello».

Burnham parece ignorar la realidad: que parte de la razón por la que la confianza es tan baja se debe a que una sucesión de Gobiernos británicos no solo ha sido cómplice del genocidio en Gaza, sino que ha detenido a quienes lo critican tachándolos de partidarios del terrorismo.

Miliband demostró precisamente el tipo de hipocresía que, según había advertido Burnham, está alienando a la ciudadanía cuando declaró esta semana en el congreso del Partido Laborista —entre grandes aplausos— que «millones de personas en este país», opositores al genocidio, «tenían razón».

El día anterior, decenas de manifestantes habían sido detenidos frente al recinto del congreso por sostener en silencio pancartas en las que se leía: «Me opongo al genocidio. Apoyo a Palestine Action».

Burnham y Miliband desean quedarse con lo mejor de ambos mundos. Ninguno de los dos ha indicado que exista intención alguna de revocar la decisión del Gobierno anterior de aplicar las leyes antiterroristas contra cualquiera que sostenga una pancarta de ese tipo —o que tenga «razón», como ahora admite Miliband—.

Lo que los líderes occidentales están llevando a cabo aquí es un cínico teatro de distracción.

Las declaraciones del tipo «Tenían razón» y «Compartimos su dolor», las promesas de sanciones y los llamamientos urgentes a la solución de dos Estados no son más que una demostración de virtuosismo moral. Están diseñadas para desviar la indignación pública por las atrocidades de Israel de la complicidad de las capitales occidentales y dirigirla exclusivamente hacia Netanyahu.

La nueva versión sugiere que los fanáticos religiosos armados de los asentamientos de Cisjordania, que se han vuelto cada vez más violentos y políticamente poderosos durante más de medio siglo —bajo sucesivos gobiernos israelíes—, son una creación exclusiva de Netanyahu.

La nueva versión sostiene que la creciente confianza de estos perpetradores de pogromos, que llevan mucho tiempo colaborando estrechamente con el ejército israelí, no guarda relación alguna con el apoyo incondicional de Occidente a Israel a lo largo de muchas décadas.

Todo sigue igual

Sin embargo, al exculparse a sí mismos, los líderes occidentales están forjando necesariamente una nueva mentira para engañar a sus ciudadanos: una que sugiere que los «terroristas colonos» son una especie de milicia personal de Netanyahu cuyo destino depende de su mandato como primer ministro.

La implicación de esta nueva narrativa es que, si se apartara a Netanyahu del poder, surgiría un liderazgo más empático, uno que las potencias occidentales podrían fomentar para alcanzar la paz con los palestinos.

Todo esto es una evidente tontería.

Al igual que la opinión pública israelí, los líderes de todo el estrecho espectro político sionista y supremacista étnico de Israel compartieron la lógica genocida que impulsó el borrado de Gaza durante los últimos tres años.

Ninguno se opuso. Todos participaron en la incitación al genocidio.

No hay esperanza de que alcancen la paz con los palestinos bajo una ocupación ilegal cuando los líderes israelíes ni siquiera pueden permitir que sus propios «ciudadanos» palestinos —una minoría muy oprimida que constituye una quinta parte de la población de Israel— tengan una voz significativa en las elecciones generales del próximo mes.

La comisión electoral central, un órgano político cuyos miembros proceden de los principales partidos de Israel, votó a favor de prohibir la participación de las cuatro facciones que representan a la minoría palestina.

Quienquiera que gane las elecciones del próximo mes, ya sea de nuevo Netanyahu o uno de sus rivales, mantendrá al país en la misma senda de supremacía étnica que Israel lleva siguiendo desde hace décadas. Trump, Burnham, Macron y otros líderes occidentales lo comprenden.

Quieren apartar a Netanyahu del camino, no para que se produzca un cambio real, sino simplemente para poder volver a lo que constituía la normalidad antes del genocidio de Gaza: un ritmo más lento y gradual hacia la erradicación del pueblo palestino.

Quieren poder rebautizar el genocidio de Gaza como la locura histórica de un solo hombre, una catástrofe trágica que no puede revertirse, pero que puede mitigarse si él desaparece.

Quieren que miremos decididamente hacia adelante, hacia los acuerdos inmobiliarios y una lejana solución de dos Estados, y no hacia atrás: hacia su papel activo en la destrucción de los hogares de más de dos millones de personas —en su mayoría con munición estadounidense que desató una fuerza explosiva ocho veces superior a la de las bombas atómicas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki—.

La Administración Trump ya ha aprobado el envío de un gran número de estas megabombas para reponer las reservas israelíes, incluso antes de que se conozca el resultado de las elecciones israelíes.

Cabe destacar que la misma Administración Trump que permitió a Netanyahu, sospechoso de crímenes de guerra, viajar a la ONU en Nueva York, impidió que el supuesto líder de los palestinos, Mahmud Abás, hiciera lo mismo.

Al anunciar su nueva política de sanciones dirigida contra los asentamientos ilegales de Israel, Miliband se esforzó por subrayar que ello no afectaría en modo alguno al intercambio de información de inteligencia con Israel —el tipo de coordinación de inteligencia que llevó a aviones británicos a llevar a cabo operaciones de vigilancia sobre Gaza durante todo el genocidio.

Y aunque Miliband prometió un «doble cierre de seguridad contra las exportaciones de armas» a Israel como parte del paquete de sanciones del Reino Unido, en la práctica ni una sola licencia de exportación de armas existente ha sido revocada o suspendida desde entonces.

Credibilidad en declive

La lucha actual no es contra un Estado israelí genocida ni en favor de un Estado palestino ilusorio —y mucho menos en favor de la justicia para el pueblo palestino, víctima de abusos interminables—.

Se trata de orquestar un reinicio en el que Occidente vuelva a poner al mando a la vieja guardia israelí.

Los líderes occidentales se han visto en una situación embarazosa ante las diatribas desquiciadas del Gobierno de Netanyahu. Esta semana, Smotrich instó a Israel a aplicar en Cisjordania sus políticas genocidas de Gaza —presumiblemente utilizando las mismas bombas que Trump está a punto de enviarles—.

Declaró a los medios israelíes: «Deberíamos hacer allí lo que hicimos en Gaza».

Los líderes occidentales temen el impacto que eso tendría en su credibilidad, ya de por sí en declive. Y cuentan con aliados en Israel, entre la oposición, cuya visión —al menos por el momento— no es la de Smotrich de una erradicación de Cisjordania al estilo de Gaza.

Más bien prevén continuar la trayectoria actual de convertir gradualmente los pequeños guetos palestinos que aún sobreviven en Cisjordania, atrapados en un mar de asentamientos judíos ilegales, en minicampos de concentración —réplicas de Gaza antes de su destrucción—.

Esas son las visiones contrapuestas que existen entre los israelíes respecto a Cisjordania: el confinamiento absoluto de los palestinos en una serie de jaulas frente a su exterminio.

Eso es lo que realmente está en juego —nada más— en la lucha de Occidente por derrocar a Netanyahu y defender su legendaria solución de dos Estados.

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2. Iannuzzi sobre la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Felizmente terminada para los vecinos neoyorkinos, Iannuzzi hace, a partir de la reciente Asamblea General, un análisis de la terrible situación en la que se encuentra la ONU y, por ende, del «orden mundial».

https://robertoiannuzzi.substack.com/p/fine-dellonu-e-trionfo-dellanarchia

El fin de la ONU y el triunfo de la anarquía

La Asamblea General celebrada a finales de septiembre ha puesto de manifiesto que ya no existe ningún orden mundial, en un contexto en el que EE. UU., que se erigía en garante de dicho orden, ha impuesto el principio de la fuerza bruta.

Roberto Iannuzzi

El desalentador espectáculo ofrecido por la Asamblea General de la ONU a finales de septiembre tuvo el mérito de ofrecer un panorama fiel de la espantosa violencia y fragmentación del panorama internacional actual.

En la década de 1930 del siglo pasado, la Sociedad de Naciones fue incapaz de hacer frente a las crisis internacionales que empujarían al mundo al abismo de la Segunda Guerra Mundial. La ONU corre el riesgo de seguir la trágica trayectoria del organismo que la precedió.

La Asamblea General, el órgano supremo que representa colegiadamente a los Estados que componen la comunidad humana en el planeta, ha puesto de manifiesto su inutilidad e impotencia, así como el desmoronamiento del orden internacional.

De manera emblemática, los dos discursos que más han destacado por su violación de los principios básicos de la diplomacia y de la propia Carta de la ONU han sido pronunciados por el presidente de la primera superpotencia mundial —que hasta hace unos años se jactaba de defender la legalidad y el orden internacional— y por el primer ministro de su estrecho aliado, Israel.

Aniquilar una civilización

El presidente estadounidense Donald Trump comenzó trazando un panorama surrealista de la situación de la superpotencia estadounidense:

Nuestra economía es la envidia del mundo. Nuestras fuerzas armadas son las más poderosas de la Tierra. Nuestra tecnología no tiene rival y estamos a la vanguardia prácticamente en todos los ámbitos. Nuestra energía alimenta al planeta. Estados Unidos está resurgiendo […] y nuestro futuro es verdaderamente radiante.

Ha mentido sobre las causas del conflicto con Irán, acusando a Teherán de haber rechazado la negociación (tanto en junio de 2025 como en febrero de 2026, la República Islámica fue atacada precisamente mientras estaba negociando).

A continuación, Trump proferió su amenaza de aniquilar a Irán:

Debo tomar una decisión importante. ¿Llegaremos a un acuerdo con Irán que les permita reconstruirse y convertirse en un país mucho más grande de lo que jamás ha sido?

[…] ¿O debo aniquilar a la República Islámica y hacerlo rápidamente, sin darles nunca más la oportunidad de matar y destruir a personas y países?

¿Debo enviarlos al infierno sin ninguna posibilidad de supervivencia y sin ninguna esperanza de grandeza futura ni de generaciones venideras?

Así pues, el presidente estadounidense arremetió contra los «cobardes y traidores» que afirman que Estados Unidos se está quedando sin munición, replicando que «estamos aumentando nuestras reservas más rápido de lo que jamás hayamos logrado en el pasado».

«Normalizar» la opción nuclear

Pero en la diatriba pronunciada por Trump, muchos han visto la amenaza de recurrir al arma atómica. No es la primera vez que el líder estadounidense ha aludido a la posibilidad de emplear armas nucleares contra Irán.

Tampoco se deben descartar precipitadamente sus declaraciones como arrebatos de ira sin consecuencias. Un grupo reducido de altos mandos del Pentágono está trabajando intensamente en una revisión de la doctrina nuclear estadounidense con el fin de proporcionar al presidente «más opciones» para el uso de armas nucleares.

La idea subyacente a esta revisión es enfatizar el papel de las armas nucleares tácticas en un conflicto y facilitar su uso en el campo de batalla eliminando la distinción entre fuerzas convencionales y fuerzas nucleares.

El artífice de la nueva doctrina, el subsecretario de Defensa para Políticas, Elbridge Colby, ha afirmado que esta pretende proporcionar al presidente «opciones nucleares creíbles y racionales».

La «lógica» en la que se basa la iniciativa es que, al reducir las barreras para el uso de armas nucleares, los adversarios evitarán desafiar a Estados Unidos a nivel regional, conscientes de que saldrán derrotados en cada peldaño de la denominada «escalera de escalada».

La nueva doctrina está destinada a permanecer en secreto. Como ha señalado Colby, «no está concebida para ser una revisión destinada al público». Seguirá siendo un documento interno del Departamento de Defensa. Otro síntoma de la deriva autoritaria que se está produciendo en Washington.

Un mundo sin ley

Pero la velada amenaza nuclear contra Irán no ha sido más que una de las muchas intimidaciones a las que ha recurrido el presidente estadounidense.

Se ha jactado del brutal bloqueo económico impuesto a Cuba (ilegal según el derecho internacional), que está provocando una terrible crisis humanitaria en el país, y ha pronosticado el colapso del Gobierno cubano.

Ha elogiado la operación, también ilegal, que condujo al secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y a la apropiación por parte de Estados Unidos del petróleo del país, afirmando que «el botín pertenece al vencedor».

Y ha amenazado con que «si es necesario, recurriremos a nuestro incomparable poderío militar para proteger los intereses nacionales vitales de Estados Unidos» en el hemisferio occidental.

El presidente estadounidense también arremetió contra la Corte Penal Internacional (CPI), instando a todos los países miembros a retirarse de inmediato «de esta institución sin escrúpulos».

La Asamblea General acogió estas palabras con aparente indiferencia. A excepción de la delegación cubana, que abandonó la sala cuando Trump aludió al derrocamiento del Gobierno de La Habana, no se registraron manifestaciones ni gestos de protesta.

Ante la petición de un comentario sobre las amenazas de Trump a Irán, el primer ministro canadiense Mark Carney —a quien hace poco alguien había elogiado por haber plantado cara al presidente estadounidense— las restó importancia afirmando que «hay una guerra en curso y él habla el lenguaje de la guerra».

Un hombre contra todos

Acusado de crímenes contra la humanidad por la propia CPI —condenada duramente por Trump—, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, intervino ante la Asamblea General dos días después del presidente estadounidense.

A su entrada, decenas de delegaciones no occidentales abandonaron la sala en señal de protesta.

Al pronunciar su discurso, Netanyahu no presentó una visión sobre el futuro de la región, sino que pareció dirigirse sobre todo a la opinión pública de su propio país, donde el próximo 27 de octubre se celebrarán unas elecciones decisivas para él.

Defendió su gestión de la guerra y describió a Israel como víctima de un mundo hostil, presentándose como el líder que une a los israelíes y pasando por alto la realidad de una nación en crisis y profundamente dividida en su interior.

Netanyahu afirmó que Israel está defendiendo a muchos de los países cuyos delegados habían abandonado la sala, a los que calificó de «cobardes». En realidad, entre los países europeos, solo la delegación española había abandonado su asiento en señal de desaprobación.

Ha abogado por un cambio de régimen en Irán sin aportar, sin embargo, pruebas sobre el programa nuclear de Teherán, y ha acusado a Turquía y a Catar de «difundir mentiras» y de apoyar a Hamás.

El primer ministro israelí se jactó una vez más de la operación con localizadores explosivos que, en septiembre de 2024, mató e hirió en el Líbano no solo a miembros de Hezbolá, sino también a decenas de civiles inocentes. Una operación calificada por expertos de la ONU como un acto terrorista indiscriminado y una grave violación del derecho internacional.

Minimizó la violencia indiscriminada de los colonos israelíes en Cisjordania calificándolos de «un puñado de jóvenes delincuentes». Y tildó de «antisemita» al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, afirmando que «acusar a Israel de genocidio es la mayor mentira del siglo».

Una vez más, conviene recordar que la violenta operación militar israelí en Gaza ha sido calificada de «genocida» en informes de la ONU y de organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y Médicos Sin Fronteras, pero también por la conocida organización israelí B’Tselem.

Estos informes se suman al veredicto provisional de la Corte Internacional de Justicia, de enero de 2024, que calificaba de «plausible» la acusación de genocidio formulada por Sudáfrica contra Israel.

Reconocidos expertos internacionales en estudios sobre el Holocausto, entre ellos judíos como Raz Segal y Omer Bartov, han calificado de «genocidio» el exterminio llevado a cabo por Israel en Gaza.

Mientras tanto, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, se ha visto obligado a dirigirse a la Asamblea General mediante conexión virtual, ya que se le ha denegado el visado de entrada a Estados Unidos por segundo año consecutivo.

Fragmentación

Pero no han sido solo Trump y Netanyahu quienes han desacreditado a la Organización de las Naciones Unidas.

El presidente argentino, Javier Milei, ha calificado a la ONU de «una organización inútil cuyo único propósito es mantener a una casta de parásitos arrogantes que se hacen pasar por burócratas bienintencionados».

Ha criticado la postura de la ONU respecto a Israel, afirmando que «los supuestos defensores de los derechos humanos han protegido a dictaduras sanguinarias y a regímenes que lapidan a las mujeres en la calle».

Milei ha afirmado que Argentina está «inequívocamente alineada» con Occidente y comparte una «profunda afinidad de valores» con EE. UU. e Israel. «Por ello, condenamos los ataques del régimen iraní contra el Estado de Israel, y hemos calificado a la Guardia Revolucionaria Iraní como organización terrorista».

Por su parte, el presidente iraní Masoud Pezeshkian, recordando que su país ha sufrido una guerra de agresión ilegal y que el propio Líder Supremo, Ali Khamenei, fue asesinado en violación de cualquier marco jurídico, ha condenado duramente el doble rasero adoptado por Occidente en materia nuclear.

Afirmó que Israel, que no se ha adherido al Tratado de No Proliferación, posee armas de destrucción masiva, pero nunca ha sido sometido a inspecciones. «El arma nuclear está en Israel, pero los inspectores están en Irán. Israel mata, pero es Irán el que está sujeto a sanciones», subrayó.

Otros líderes intervinieron ante la indiferencia general, dirigiéndose a menudo más a sus respectivas opiniones públicas nacionales que a la audiencia de la ONU.

Entre los pocos que abordaron cuestiones de interés internacional, Balendra Shah, primer ministro de Nepal, que acaba de superar la catastrófica inundación del 26 de agosto, denunció que el actual sistema global garantiza una logística perfecta para el transporte de armas, mientras que, por el contrario, dificulta a los países más pobres el acceso a alimentos, combustible y otros bienes esenciales para sus poblaciones.

«Hemos construido un mundo con una logística impecable para la guerra y una logística ineficaz para los alimentos», declaró ante la Asamblea General, recordando cómo los conflictos y las crisis internacionales, como la de Ormuz, provocan trastornos en las cadenas de suministro, impidiendo el abastecimiento de productos esenciales como los fertilizantes.

Un problema —subrayó Balendra Shah— que no afecta solo a Nepal, sino también a países como Bangladés, la India, Bután, Pakistán, las Maldivas y Sri Lanka.

Tensión entre Rusia y Occidente

Se han producido otros acontecimientos al margen o coincidiendo con la Asamblea General de la ONU. La infructuosa conversación entre el secretario de Estado Marco Rubio y el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov; y el inesperado y encendido encuentro entre este último y el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul.

En su intervención ante la Asamblea, Lavrov había denunciado que

la minoría occidental, que ha dominado durante cinco siglos explotando los recursos ajenos, persiste en sus intentos de mantener sus propios privilegios e imponer sus propias «reglas» a todos los demás. Occidente recurre cada vez con mayor frecuencia al uso de la fuerza bruta, actúa de forma impredecible e imprudente, y pone en peligro la vida y el bienestar de millones —si no miles de millones— de personas en nuestro planeta.

Mientras tanto, el asunto ucraniano parece estar ya firmemente en manos del director de la CIA, el halcón John Ratcliffe. La primera señal se produjo con el viaje de este último a Moscú a finales de agosto, cuando Putin y Lavrov se negaron a reunirse con él.

El 21 de septiembre, procedente de Egipto, Ratcliffe se reunió misteriosamente con Zelensky en un aeropuerto irlandés, mientras ambos, por una «coincidencia», repostaban sus respectivos aviones con destino a Nueva York, donde el presidente ucraniano iba a participar en la Asamblea General de la ONU.

Posteriormente llegó el chivatazo de la CIA sobre los inminentes ataques con drones que Moscú estaría preparando contra Francia, España e Italia, una noticia desmentida tanto por Roma como por París.

La CIA también ha advertido a Varsovia de que prepare su sistema bancario ante la posibilidad de que Moscú corte los cables submarinos que, a través del Báltico, conectan Polonia con Escandinavia y con EE. UU.

Episodios como estos dan a entender que el capítulo de la «mediación» estadounidense entre Rusia y Ucrania se ha cerrado definitivamente. Washington fomenta la histeria europea sobre la «amenaza rusa a las puertas».

Crisis de civilización

Al mismo tiempo, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha pregonado ante el mundo el papel «crucial» que desempeñan las bases europeas en apoyo de la operación estadounidense «Epic Fury» contra Irán: 5.000 salidas hasta mediados de abril, «y desde entonces probablemente muchas más», afirmó Rutte.

«Se podría argumentar que habría sido imposible llevar a cabo “Epic Fury” sin contar con Europa como plataforma de proyección de poder para Estados Unidos», se jactó Rutte, dejando en una situación muy embarazosa a todos aquellos líderes europeos que habían negado haber cedido sus bases.

Una descarada y miope actitud la de Rutte, ya que corre el riesgo de atraer sobre el viejo continente represalias iraníes, tanto con misiles como de otro tipo, en caso de que volviera a estallar un conflicto de alta intensidad entre Teherán y Washington. Y también injustificada, dado que la crisis de Ormuz está provocando una grave emergencia energética para Europa.

Otro síntoma de lo que el exdiplomático británico Alastair Crooke ha definido como «la disfuncionalidad de la modernidad occidental», basada en un (ir)racionalismo materialista que desemboca en «una amoralidad radical» destinada a preservar a toda costa la primacía occidental en declive.

Para defender dicha primacía, cualquier medio resulta lícito, escribe Crooke, desde la imposición de bloqueos económicos que reducen al hambre a poblaciones enteras, como en el caso de Cuba, hasta la agresión militar e incluso la adopción de tácticas genocidas contra los países que no se someten.

En un contexto así, ya no existe ningún orden mundial; solo queda el principio de la opresión.

Es lo que lleva a Occidente, sostiene el embajador estadounidense Chas Freeman, a no reaccionar ante la amenaza de Trump de aniquilar toda una civilización, o a permanecer indiferente ante el genocidio de Gaza y la limpieza étnica del Líbano a manos de Israel.

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3. Trump y el Mal.

En la línea de su último artículo sobre Trump y el Mal, en mayúsculas, Hedges entrevista a la autora de un libro sobre cómo los estadounidenses se están convirtiendo en «buenos alemanes» en una nueva era fascista.

https://chrishedges.substack.com/p/call-it-evil-understanding-the-trump

Llámalo mal: comprender la era Trump (con Susan Neiman) | TCHR

En su nuevo libro, «Llámalo mal: comprender la era Trump», Susan Neiman analiza los males estructurales de la Administración Trump y cómo las personas se están convirtiendo en «buenos alemanes» en nuestra era fascista.

Chris Hedges
30 de septiembre de 2026

Esta entrevista también está disponible en plataformas de podcasts y Rumble.

Existen muchos libros que analizan cómo y por qué los votantes de Estados Unidos eligieron al presidente Donald Trump, pero la autora Susan Neiman sostiene que «Nadie se ha centrado realmente en el trasfondo moral de esta administración y en nuestra aceptación de la misma». Fue ese vacío el que trató de llenar en su último libro, «Call It Evil: Understanding the Trump Era».

Neiman se une a Hedges en este episodio de «The Chris Hedges Report» para hablar de su nuevo libro y analizar las crisis actuales: el auge del fascismo, los estragos del neoliberalismo y cómo las instituciones y los individuos se han rendido ante ellos.

La ideología, explica Neiman, son supuestos tan arraigados en una cultura que las personas suelen considerarlos «leyes inquebrantables», en lugar de ideas que tienen sobre el mundo. En realidad, son «ideas filosóficas que podríamos cuestionar si quisiéramos», tal y como ha ocurrido en el pasado. La mayoría es incapaz de ofrecer este análisis, afirma Hedges, porque estos supuestos de la hegemonía estadounidense han «contagiado no solo a la economía, sino a todo tipo de disciplinas, disciplinas académicas, incluida la religión». Nuestras creencias impulsan nuestras motivaciones y acciones. Las personas se comportan de manera diferente cuando creen que «existimos para perpetuar nuestro propio interés», una noción impulsada por el neoliberalismo y el capitalismo, que cuando lo hacen en naciones más socializadas donde los derechos sociales y políticos se reconocen y se integran en el cuerpo político.

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Presentador

Chris Hedges

Productor ejecutivo:

Max Jones

Introducción:

Margaret Flowers

Transcripción:

Margaret Flowers

Equipo:

Milena Soci y Thomas Hedges

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Transcripción

Chris Hedges:

La filósofa Susan Neiman, en su nuevo libro, «Call It Evil: Understanding the Trump Era», examina las ideas que Donald Trump encarna y refuerza. «Ideas», escribe, «que son lo suficientemente destructivas como para merecer la palabra “mal”». «El mal», escribe, «es una palabra que marca un límite. Hay una diferencia entre calificar una acción de “malvada” y calificar otra de “delito”. Los delitos son actos para los que contamos con procedimientos, al menos para castigarlos, si no para prevenirlos. Esto significa que un delito puede encajar de alguna manera en el resto de nuestra experiencia. Calificar una acción de “malvada” es sugerir que no puede hacerlo y que, por lo tanto, amenaza la confianza en el mundo que necesitamos para desenvolvernos en él. No hay ninguna señal en la frontera entre lo maligno y lo atroz. Maligno es lo que se dice cuando se queda uno boquiabierto al percibir que se ha traspasado una línea».

«Trump y su camarilla de fascistas cristianos, multimillonarios, estafadores e incompetentes no habrían podido llegar al poder», argumenta, «sin un colapso moral en la sociedad estadounidense». « «No es la malicia», escribe, «sino el vacío lo que caracteriza a la peor forma de maldad una vez que la supremacía del interés propio se consagra como un realismo de sentido común en lugar de una idea filosófica. Las capacidades morales como la empatía y la vergüenza pasan a considerarse no solo ingenuas, sino sospechosas. Los sádicos existen y causan un dolor infinito, pero las formas más comunes del mal surgen de la visión de que solo los necios creen en algo que no sea su propio beneficio».

Me acompaña para hablar de su libro, «Call It Evil: Understanding the Trump Era», es Susan Neiman, directora emérita del Einstein Forum y antigua profesora de filosofía en la Universidad de Yale y en la Universidad de Tel Aviv. Es autora de nueve libros anteriores, entre los que se incluyen «Evil in Modern Thought» y «Left Is Not Woke». Escribe regularmente para la *New York Review of Books*, *The New York Times*, *The Guardian* y otras publicaciones.

Así pues, en el libro destaca usted especialmente la ideología del neoliberalismo, que, en mi opinión, vincula acertadamente con el tipo de determinismo económico del marxismo como origen de la situación en la que nos encontramos hoy en día, en la era Trump. Me gustaría saber si podría hablar sobre ello.

Susan Neiman:

Por supuesto. Es algo más amplio que el neoliberalismo, y más amplio que el marxismo, aunque es la razón por la que me complace definirme como socialista, pero no soy marxista. Todo comienza, creo, con una increíble distorsión de las ideas de Adam Smith, a quien muy pocas personas han leído realmente en profundidad. En los siglos XX y XXI, se ha leído un breve resumen elaborado deliberadamente por la Asociación Nacional de Fabricantes, que sigue siendo el mayor grupo de presión empresarial de Estados Unidos. Y la afirmación que siempre se destaca es que el carnicero, el panadero y el cervecero no producen cosas por caridad hacia nosotros, sino por interés propio. Bueno, eso es cierto, de acuerdo, pero llegar a la conclusión de que todo lo que hacemos lo hacemos por interés propio es una extrapolación que, lamentablemente, es cuestionada, por supuesto, por algunos de los principales economistas del mundo, pero que no cala en la cultura popular.

Así pues, se produjo una distorsión de las ideas de Adam Smith, y resulta muy interesante porque, en los siglos XVIII y XIX, nadie pensaba que hiciéramos todo por interés propio. Hacíamos algunas cosas por interés propio, pero nadie pensaba que hubiera que reducir todos los demás motivos a eso. ¿De acuerdo? Pero a través de una distorsión de Adam Smith y, posteriormente, de una distorsión similar de Charles Darwin, y luego, en el siglo XX, con una pizca de Michel Foucault —más que una simple pizca, ya que es el autor más citado en ciencias sociales y humanidades de todo el mundo—, la idea de que todo lo que hacemos está orientado a aumentar nuestra propia riqueza y poder se ha ido filtrando en la corriente de pensamiento. Y no necesariamente a través de personas que leyeran a Smith, Darwin o Foucault, sino a través de periodistas que habían estudiado en la universidad y leído alguna versión u otra de uno de esos autores y que no dejaban de difundirla. Se trata de una ideología que ha ido creciendo a lo largo del siglo XX, pero que realmente cobró impulso a partir de 1991, al final de la Guerra Fría.

Ahora bien, los estadounidenses están acostumbrados a la idea de que nuestra ideología no es una ideología, y que una ideología es algo que tienen los comunistas. Una ideología no es más que el conjunto de supuestos que aprendemos a dar por sentados y que recibimos de todas partes, a veces en las iglesias, sobre todo en las películas y en la educación. Es simplemente un conjunto de supuestos que oímos con tanta frecuencia que olvidamos que, en realidad, son supuestos e ideas filosóficas que podríamos cuestionar si quisiéramos.

Así pues, cuando, por ejemplo, Stephen Miller le dijo hace unos meses a Jake Tapper: «Olvídese de las sutilezas; las leyes de hierro del mundo dictan que este se rige por la fuerza y el poder, y todo lo demás son sutilezas», se trata de una afirmación filosófica. Es una afirmación filosófica muy antigua. Se puede encontrar en el historiador griego Tucídides, donde fue utilizada por los atenienses para justificar el primer genocidio del que se tiene constancia en el mundo. También se puede encontrar en el teórico jurídico nazi Carl Schmitt. Pero dista mucho de ser una ley inquebrantable del mundo; es una afirmación filosófica, y podemos ponerla en tela de juicio, como de hecho lo hemos hecho en muchos momentos de nuestra historia.

Piense en el colonialismo. El colonialismo solía considerarse simplemente un hecho, desde Perú hasta Camboya, y por supuesto en el caso de los griegos y los romanos. Los países grandes se tragaban a los pequeños, y no era algo que la gente cuestionara con mucha frecuencia, ¿de acuerdo? Con el paso del tiempo, a partir del siglo XVIII, cuando los filósofos de la Ilustración comenzaron a criticar por primera vez la idea de que los países grandes pudieran necesariamente colonizar, esclavizar u oprimir a otros países, la gente empezó a plantearse la pregunta: si se trata de una ley inquebrantable del mundo o si tal vez es algo a lo que podríamos oponernos. Ahora bien, esas cuestiones filosóficas tardaron nada menos que dos siglos en tener un impacto real en el mundo. Pero finalmente lo lograron. Y en los años 50 y 60 —supongo que la independencia de la India se produjo en 1948—, la gente empezó a pensar: «Bueno, por supuesto, Estados Unidos también formó parte del movimiento anticolonial, algo que solemos olvidar». Pero a mediados del siglo XX, la gente comenzó a pensar: «Quizá esto no sea una ley inquebrantable, quizá no sea una realidad del mundo, sino una afirmación filosófica y política que podríamos cuestionar».

Ahora bien, por supuesto, Donald Trump acaba de decir —¿fue ayer o anteayer?—: «Al vencedor le corresponde el botín». Esto supone recuperar una idea muy clara del colonialismo en la Asamblea General de las Naciones Unidas, una organización que se constituyó tras la Segunda Guerra Mundial, en plena época de las luchas anticoloniales, precisamente para hacer respetar el Estado de derecho, pero ahí está él, simplemente burlándose de ello ante los ojos del mundo.

Quizá debería añadir una cosa más que considero realmente importante. Resulta trivial afirmar que esta administración no respeta el Estado de derecho. Llevamos bastante tiempo diciéndolo. Lo que olvidamos es algo que James Madison ya sabía: que ni siquiera la mejor constitución del mundo puede garantizarse a sí misma, porque el respeto por el Estado de derecho depende de que las personas se comprometan a acatarlo, incluso si ello va en su contra en una u otra resolución judicial. Y ese es un compromiso moral que no se puede dar por sentado sin más. Madison dijo: «Sin virtud, ningún conjunto de leyes protegerá nuestra libertad y nuestra felicidad». Y escribí este libro porque hay muchos libros que intentan explicar cómo los estadounidenses pudieron haber elegido a Donald Trump y haber aceptado su Gobierno, sobre todo después de haberlo visto en su primera etapa. Algunos de ellos son bastante buenos y he aprendido de ellos, pero nadie se ha centrado realmente en el trasfondo moral de este Gobierno y en nuestra aceptación del mismo. Y este libro sostiene que eso es lo que debemos hacer si queremos salir alguna vez del atolladero moral en el que nos hemos visto sumidos.

Chris Hedges:

Bueno, en el libro habla de cómo esta adopción mercenaria del neoliberalismo o del capitalismo salvaje —esa idea de que existimos para perpetuar nuestro propio interés— ha infectado no solo la economía, sino todo tipo de disciplinas académicas, incluida la religión.

Susan Neiman:

Sí, esa es la parte realmente curiosa, porque uno habría pensado que la religión se inventó… Quiero decir, creo firmemente que la moralidad precede a la religión, ¿de acuerdo? Mucha gente piensa que la moralidad es un producto de la religión. Creo que eso es un gran error. Y se puede observar en todas las culturas que primero existen intuiciones morales que, muy a menudo, se expresan como intuiciones religiosas, y por eso las personas religiosas suelen sentirse más cómodas con el lenguaje moral, con palabras como «bien» y «mal». ¿De acuerdo? Pero la religión es una forma —que, tradicionalmente, en la mayoría de las culturas, ha consistido en expresar intuiciones morales para ayudar a las personas a comportarse de manera más moral, a refrenar los aspectos más rapaces de nuestra naturaleza.

Toda cultura religiosa cuenta con algún tipo de disposición para cuidar de las personas vulnerables de la sociedad. Toda cultura cuenta con disposiciones para las viudas, los huérfanos y los enfermos, argumentando que es nuestro deber no limitarnos a dejar atrás a las personas vulnerables. ¿De acuerdo? Por eso me resulta particularmente extraño escuchar que algunos cristianos —obviamente no todos, pero sí algunos cristianos evangélicos— apoyan a un Gobierno que se dedica precisamente a dejar atrás a los débiles o, sencillamente, a ignorarlos. Pero investigué un poco sobre esto porque es muy difícil de entender. Soy judío, no cristiano, pero sin duda he estudiado algo de cristianismo, como parte de la cultura. Y una rama del cristianismo es, de hecho, la que más rápido crece en el mundo. La rama que está ganando terreno —y hay varias iglesias diferentes— es el «evangelio de la prosperidad». Es decir, si sigue estos mandamientos, será recompensado con riqueza y poder durante su vida. ¿De acuerdo? Y resulta que Norman Vincent Peale era la figura religiosa que más admiraba la familia Trump, lo cual no es de extrañar.

Ahora bien, se trata de una concepción muy superficial de la religión y, desde luego, no es la que, en mi opinión, las personas verdaderamente religiosas enseñan a sus hijos. No queremos que nuestros hijos se comporten correctamente solo porque vayan a ser recompensados si se portan bien o castigados si no lo hacen. Por lo tanto, es una concepción muy infantil de la religión. Se encuentra en diferentes culturas religiosas. «Haga lo que Dios le diga, o de lo contrario irá al infierno», pero creo que los pensadores religiosos serios dirían: «Bueno, quizá esta sea una perspectiva necesaria en los inicios de la historia cultural o para enseñar a los niños a no pegar a otros niños, o lo que sea, cuando son muy, muy pequeños. Pero esta no es una visión genuinamente religiosa».

Chris Hedges:

Bueno, es pensamiento mágico. Y lo digo como titulado de la Facultad de Teología de Harvard. Son herejes, y por eso escribí mi libro *American Fascists: The Christian Right and the War in America* (Fascistas estadounidenses: la derecha cristiana y la guerra en Estados Unidos).

Susan Neiman:

Gracias. No puedo afirmarlo con tanta facilidad, ya que no soy cristiana.

Chris Hedges:

De hecho, soy un ministro presbiteriano ordenado, algo que no suelo hacer público, y crecí en la iglesia. Mi padre era ministro. Mi madre se graduó en el seminario. Así que tengo mis raíces en ese evangelio social.

Susan Neiman:

Por lo tanto, usted puede llamarlos «herejes».

Chris Hedges:

Yo los llamo fascistas.

Me encantan algunos pasajes del libro. Probablemente no voy a entrar en su capítulo sobre Gaza, que es muy bueno. Pero al principio del libro aparece esto. Voy a leer este párrafo porque es muy acertado. Usted hablaba de cómo no llamamos al fascismo por su nombre, y citaba a Mark Milley, a quien no conocía de la primera administración, en el que califica a Trump de «fascista hasta la médula». Se trata de Mark Milley, el antiguo presidente del Estado Mayor Conjunto. Así pues, no estamos hablando aquí de la izquierda radical, pero usted señala que no solo no denominamos por su nombre la ideología que ha parido a figuras como Trump, Miller y quienes les rodean, sino que tampoco utilizamos la palabra «fascista».

Y tenía este párrafo, en el que decía: «Autoritario es una palabra que puede resultar útil para describir a ciertos profesores alemanes». Quiero hacer una salvedad: tuve a algunos en Harvard. « Y los regímenes militares latinoamericanos de carácter más moderado, pero un país en el que hombres enmascarados deportan a personas a páramos que nunca han visto, en el que tropas de combate ocupan las principales ciudades y disparan contra ciudadanos que se manifiestan pacíficamente, un gobierno que coacciona a los medios de comunicación, a las universidades y a otros países para que se plieguen a su voluntad, un ejército que hace volar por los aires a pescadores con la más mínima justificación y que luego inicia el tipo de guerras que el Tribunal Militar Internacional de Núremberg condenó, tal y como escribió en 1946: “desatar una guerra de agresión no solo es un crimen internacional, es el crimen internacional supremo, que solo se diferencia de otros crímenes de guerra en que encierra en sí mismo todo el mal acumulado”. Sería fácil seguir, pero enumera los crímenes no tiene sentido. Antes de que estas palabras se publiquen, el Gobierno habrá encontrado innumerables formas nuevas de burlarse del Estado de derecho».

Y creo que parte de su libro trata precisamente de eso: nuestra incapacidad para utilizar el tipo de lenguaje necesario para describir lo que está sucediendo a nuestro alrededor, y me gustaría que lo comentara; pero además, en su libro habla de la rapidez con la que las instituciones, las universidades, los tribunales, los bufetes de abogados y los medios de comunicación se rindieron sin ningún tipo de resistencia, simplemente se pusieron de rodillas ante la administración Trump, lo cual, creo que tanto para usted como para mí, constituye un ejemplo de la podredumbre moral que impera en esas instituciones; además, al final del libro usted aborda brevemente la «cultura woke». ¿Podría comentar estos puntos?

Susan Neiman:

Por supuesto que puedo, y solo quiero señalar que Mark Milley no dijo esto durante la primera administración, sino en octubre de 2024. Por lo tanto, es evidente que esperaba influir en las elecciones. Se trata de una declaración extraordinaria. Como bien sabe, el ejército suele tomarse muy en serio su deber de mantenerse apolítico. Por lo tanto, no habría dicho eso en una entrevista que sabía que se haría pública si no hubiera querido realmente advertir sobre los peligros. Y debo decir que probablemente la razón por la que escribí este libro es que no podía soportar volver a oír la palabra «autoritario». Porque, tan pronto como llegó al poder, varias personas utilizaron la palabra «fascista». He visto que usted también lo ha hecho. Naomi Klein y Astrid Taylor la han utilizado en su nuevo libro. Pero muy pocas personas lo hicieron, y el servilismo que observamos por parte de personas que no tenían necesidad alguna de mostrarse serviles fue y sigue siendo insoportable.

Siempre pensé que el sentido de tener más dinero del que cualquier familia podría gastar en toda una vida era poder decir «no». ¿No es así? Quiero decir, mil millones de dólares o más… Sinceramente, puedo imaginarme tener un poco más de dinero del que tengo. No puedo imaginarme tener tanto dinero. No sé si usted puede, pero la cuestión, en mi opinión, es que no tiene por qué dejar que la gente le dé órdenes si no depende materialmente de ellos. Así pues, cuando Google decidió modificar sus mapas para llamar al lago Ontario «lago América»… Simplemente no entiendo este mundo.

Les voy a recomendar a usted y a sus oyentes un libro que me ha ayudado a comprender el servilismo hacia la Administración Trump mejor que ninguna otra cosa. Es una novela de mi amigo, el novelista alemán Daniel Kehlmann. Se titula «El director». Fue una de las diez mejores del año pasado según el *New York Times* y describe la forma en que actuaban diversas personas que no eran, en absoluto, nazis. Quiero decir que viví más de 30 años en Berlín y he dedicado buena parte de mi vida a estudiar la historia del fascismo allí. Los estadounidenses tienen la idea de que los nazis son, no sé, como monstruos, como «los otros», como un tipo de personas completamente diferente. Lo que hace Kehlmann es mostrar cómo personas realmente muy buenas —de hecho, personas que al principio se oponían a los nazis y que, de hecho, decidieron que iban a decir «no» y que había una línea roja— acabaron cruzando una línea roja tras otra hasta convertirse en cómplices absolutos del régimen nazi. Estoy seguro de que la actualidad de ese libro fue una de las razones por las que se convirtió en un éxito de ventas poco después del inicio de la segunda legislatura de Trump. Pero lo recomiendo encarecidamente como ayuda para comprender cómo es que la gente acaba capitulando.

No obstante, creo que el lenguaje juega un papel fundamental en ello. Creo que si se califica algo de «autoritario» —bueno, a mí no me gusta mucho el autoritarismo—, pero si se califica algo de «antidemocrático» o «iliberal» —bueno, no es mi partido político, pero esto es una democracia, y ¿qué más da que la mitad de la gente no votara?—; aún así, sobre todo en el segundo caso, seguía siendo una elección libre y justa, así que simplemente voy a aceptarlo. Y uno se convence a sí mismo, tal y como hizo la gente. Quiero decir, los nazis no confrontaron a la gente con Auschwitz en 1933, ni en el ’34 ni en el ’35, ¿de acuerdo? La gente realmente no sabía mucho sobre el genocidio que se estaba produciendo en el frente oriental hasta la década de los 40. Y hubo algunas personas que sí se opusieron, pero ya era demasiado tarde para que surgiera una oposición masiva. Pero si no llamamos a las cosas por su nombre, si no utilizamos un lenguaje que haga saltar las alarmas, resulta mucho más fácil quedarse de brazos cruzados y decir: «De acuerdo, bueno, la verdad es que no me entusiasma mucho este Gobierno, pero voy a esperar a que pase, y quizá la próxima vez sea un poco mejor. Y, además, todo el mundo lo está haciendo». » Y esto es lo que considero crucial, y en cierto modo es el punto principal de mi libro: si todos estamos sometidos a la idea de que, en realidad, todo el mundo solo busca su propio interés y que la moralidad es cosa de ingenuos. ¿De acuerdo? Si eso es lo que oímos o lo que nos resuena en los oídos la mayor parte del tiempo, resulta realmente muy difícil defender los principios.

Chris Hedges:

Creo que la otra cuestión que plantea en el libro es que uno acaba acostumbrándose a estas atrocidades; me refiero a que Trump se presentó ante las Naciones Unidas y habló de aniquilar a Irán. A eso se le llama genocidio. Pero no es la primera vez que lo hace. Así pues, cuando se produce una normalización del mal, creo que eso genera una especie de aquiescencia o, como mínimo, indiferencia.

Susan Neiman:

Por supuesto, y esto es lo que la filósofa Hannah Arendt denominó la «banalidad del mal», un término que a menudo se ha malinterpretado y criticado. Ahora resulta que se equivocó con respecto al hombre Adolf Eichmann. Disponemos de pruebas procedentes de 1.000 horas de sesiones grabadas que se realizaron en Argentina tras la guerra. Arendt no tuvo acceso a esas grabaciones.

Chris Hedges:

Bueno, permítame interrumpirle un momento. Aquí es donde, pues, ella acude al juicio y lo describe como el tipo de burócrata o tecnócrata que, en realidad, él detestaba. Y luego están estas grabaciones; resumámoslo así: él simplemente deseaba matarlos a todos. Y eso estaba ahí, pero creo que, como usted señala en su libro, eso no invalida la obra de Hannah Arendt; quiero decir, está claro que usted venera a Hannah Arendt, al igual que yo. Creo que es magnífica.

Susan Neiman:

No, no venero a Arendt en absoluto. Discrepo con ella en varios puntos. No, creo que es magnífica. He aprendido de ella y considero que ese libro, «Eichmann en Jerusalén», es una de las grandes obras del siglo XX.

Chris Hedges:

Sí, sí. Sin lugar a dudas. Y «La condición humana», y no vamos a entrar en su equiparación del comunismo con el fascismo, en la que probablemente se equivocó.

Susan Neiman:

En realidad, ella no hace eso exactamente, pero la gente cree que sí.

Chris Hedges:

De acuerdo, bueno, pero volvamos a esta idea de esas mediocridades, esas banalidades, que en sí mismas son banales, pero eso no significa que el mal que perpetúan sea banal.

Susan Neiman:

Tiene toda la razón. Y el hecho de que resultara que Adolf Eichmann no fuera una de esas personas que, como ella expresaba en su gran clásico, no sabían lo que hacían. Él sabía exactamente lo que hacía. Pero Eichmann por sí solo, o incluso mil Eichmann, no habrían podido llevar a cabo el Holocausto por sí mismos. Dependía totalmente de millones de alemanes que se comportaron tal y como describe la novela de Kehlmann, «El director», sumándose a ello porque estaban acostumbrados a la idea de que el mal no es algo sistémico. Es algo que requiere tener intenciones malvadas y, preferiblemente, tendencias sádicas para llevarlo a cabo. Y eso es precisamente lo que, en mi opinión, resulta tan importante del libro de Arendt: mostrar que, en realidad, las formas más peligrosas del mal son sistémicas y, a menudo, bastante irreflexivas.

Alrededor del dos por ciento de la población —el psicólogo Philip Zimbardo realizó algunos estudios al respecto—. El dos por ciento de la población es sociópata, es decir, personas que disfrutan genuinamente de la crueldad y obtienen cierto placer del dolor ajeno. Si determinados miembros de esta administración pertenecen a ese grupo es algo que prefiero dejar en manos de los psicólogos porque, una vez más, no creo que importe. Aunque el año pasado se publicó un buen libro, «The Cruelty is The Point». Parece que algunos de ellos disfrutan con la crueldad. Pero lo que es mucho más importante es que creo que el 98 % de los estadounidenses no disfruta con la crueldad, ¿de acuerdo? La mayoría de nosotros tenemos impulsos generosos, bondadosos, compasivos y solidarios. No son todos los impulsos que tenemos. Por supuesto, tenemos impulsos más mezquinos, pero también tenemos esos otros. Sin embargo, es nuestra capacidad para seguir la corriente del mal sin reconocer que eso es precisamente lo que nos está afectando en este momento y lo que nos permite aceptar este régimen.

Chris Hedges:

Hablemos un poco sobre el contrapeso a esta ideología que ha dado lugar a Trump, esta idea de que nos mueve exclusivamente el interés propio. En el libro menciona brevemente que hay estudios que indican que las personas que cursan asignaturas de economía se vuelven inevitablemente más egoístas. Nos adoctrinan. De hecho, hay un pasaje maravilloso en el libro, ya que usted vivía en Alemania antes de la caída del Muro, donde escuchaba las emisiones de Alemania Oriental y las de Alemania Occidental. Y, por supuesto, los alemanes orientales mienten sobre su propia sociedad, pero al escuchar esas emisiones se obtiene una especie de perspectiva que permite ver hasta qué punto nuestro propio universo mediático distorsiona o miente sobre nuestra realidad. Hable un poco sobre eso.

Susan Neiman:

Sí, bueno, permítame decir que no es tanto que me diera cuenta de que mintieran sobre su sociedad, aunque estoy segura de que a menudo lo hacían. Es simplemente que informaban de ciertas cosas y no de otras, al igual que hacían los medios occidentales. Esa fue mi experiencia al aprender alemán, o parte de ella, cuando llegué por primera vez a Berlín en 1982 y 1983, y no se trataba simplemente de que informaran, por ejemplo, sobre la guerra de Reagan en Centroamérica, de la que no se informaba especialmente en Occidente. Por supuesto, Occidente informaba sobre su guerra en Afganistán. Así que, si se escuchaba a ambas partes, en realidad se podía estar bastante bien informado. Pero lo que resultaba tan interesante era la forma en que se informaba de las cosas, y esto es algo que seguimos haciendo, ¿de acuerdo?

Y usted ha dicho que no quería hablar de Gaza, aunque a mí me encantaría hacerlo, ya que es un tema en el que he estado muy involucrado en los debates públicos de Berlín o en los debates públicos alemanes. Pero fíjese en la forma en que se relatan las historias de las víctimas en ambos bandos. Ahora bien, gracias a Dios, la cobertura periodística estadounidense sobre el conflicto entre Israel y Palestina ha cambiado realmente durante el último año. Incluso hace más tiempo que eso, ¿de acuerdo?, recuerdo que ha habido otras guerras en Gaza, en las que el *New York Times*, por ejemplo, publicó en 2021 fotografías de 67 niños que habían sido víctimas de bombardeos con el titular «Digamos sus nombres», ¿de acuerdo?

Intenté introducir eso en el discurso público alemán, donde ni siquiera se estaba debatiendo esa guerra, y se consideró algo realmente muy controvertido; y yo soy un judío al que los alemanes han tildado de antisemita una y otra vez. Acabo de recibir otra carta por ese motivo. Así pues, la cuestión no es solo qué informamos, sino cómo lo hacemos. Si informamos de que han muerto un número determinado de personas, es muy diferente a mostrar sus rostros o entrevistar a uno de ellos, a alguien que ha perdido a su familia. Eso humaniza una determinada faceta del conflicto, y queda muy claro quién es humanizado y quién no.

Chris Hedges:

Hablemos de los derechos sociales. Es una parte fundamental de su libro y creo que plantea usted una cuestión muy importante sobre cómo esa ausencia de derechos sociales —de hecho, la compara con el tipo de cosas que los alemanes y muchos europeos dan por sentadas—. Pero borrar ese concepto, que forma parte en cierto modo de la ideología neoliberal, tiene efectos devastadores.

Susan Neiman:

Así es, sin duda. Permítame retroceder un poco en la historia, porque cuando menciono el socialismo o los derechos sociales, lo primero que oigo es: «Sí, pero eso es antiamericano y los estadounidenses nunca lo aceptarán; solo se aprovecharían de ello». De acuerdo. En este país tuvimos un movimiento obrero muy fuerte en los años veinte y treinta. Y Franklin Delano Roosevelt, al comienzo de su último mandato, defendió que necesitábamos una segunda Carta de Derechos, que incluyera el derecho a la asistencia sanitaria, el derecho a unas prácticas laborales justas, el derecho a la educación, el derecho a la vivienda y el derecho al ocio. ¿De acuerdo? La otra noche estuve hablando con una camarera que se quedó sencillamente asombrada al enterarse de que, en Alemania, todo el mundo disfruta de más de 30 días de vacaciones pagadas al año. Eso es simplemente un derecho, ¿de acuerdo?

Chris Hedges:

Permítame, Susan, tengo que interrumpirle porque hay un pasaje en el libro en el que usted escribe un artículo sobre ellos, unas estadounidenses a las que su empresa va a permitir trabajar a media jornada durante seis semanas tras haber tenido un hijo, y el editor —supongo que en Alemania— no quiere publicarlo porque dice que nadie en Alemania se lo creerá.

Susan Neiman:

Es cierto. Pero aquí nadie, o a la gente le cuesta creer que 30 días de vacaciones pagadas —y eso sin contar Navidad, Año Nuevo y algunos otros días festivos federales— se consideren un derecho. Sin embargo, Franklin Delano Roosevelt sí consideraba el derecho al ocio, entre otras cosas, como la asistencia sanitaria, la vivienda y las prácticas laborales justas. Por desgracia, esto ocurrió al final de su brevísimo último mandato. Además, estuvo enfermo durante el último año y, al mismo tiempo, intentaba ganar una guerra o contribuir a ganarla, pero Eleanor Roosevelt presidió el comité de la ONU encargado de redactar la Declaración de los Derechos Humanos. Todo el mundo debería consultarla y ver qué incluye, ya que abarca todos esos derechos sociales, además de los derechos políticos.

Ahora piensen en lo que significa calificar algo de «derecho» en lugar de «prestación». ¿De acuerdo? Si se trata de una prestación, es un privilegio que puede que tenga o no, y que en EE. UU. se concede a discreción de su empleador. Si es un derecho, lo considera algo natural. Y se indigna si alguien intenta amenazar su derecho a la libertad de prensa, como está ocurriendo precisamente esta semana en Estados Unidos. Quiero decir, eso es algo por lo que la gente puede indignarse, o el derecho a viajar, o el derecho a practicar la religión que uno desee. Todas esas cosas son derechos políticos. Y los socialistas sostienen que no sirven de mucho si no se cuentan también con derechos sociales que los respalden.

Piense en la libertad de expresión. Quiero decir, usted tiene derecho a la libertad de expresión, a escribir libros y a tener un podcast. Yo tengo derecho a la libertad de expresión. Escribo muchos libros y participo en podcasts y entrevistas. Nuestro derecho a la libertad de expresión no es nada comparado con el derecho a la libertad de expresión de Rupert Murdoch, ¿de acuerdo? Ahora bien, se podría decir que así son las cosas. Si hubiéramos sido magnates de los medios de comunicación sin escrúpulos, nuestro derecho político a la libertad de expresión podría haber tenido mayor alcance. Pero si se observa la forma en que se compran, venden y financian los sistemas mediáticos, se aprecia de inmediato que no se trata de un derecho político en igualdad de condiciones. Se trata de algo que depende en gran medida de la economía. Ahora bien, repito que no soy marxista, no creo que todo se reduzca a la economía, pero sí creo que debemos prestar mucha más atención a la realización de los derechos políticos de lo que lo hemos hecho en el pasado.

Chris Hedges:

Bueno, en cuanto a esos derechos sociales, hay un pasaje aquí, extraído de su libro. Usted escribe: «Lo que hay que dejar claro tanto para los estadounidenses como para quienes deseen comprenderlos. En EE. UU., el miedo a perder el empleo está vinculado al miedo a perder la vivienda. Pocos bancos aceptan un impago, y pocos propietarios aceptan una congelación del alquiler más allá de un breve respiro. En 2024, el Tribunal Supremo tipificó como delito la falta de vivienda, permitiendo a los estados encarcelar a las personas sin hogar incluso cuando no había refugios disponibles. Pero incluso antes de esa sentencia, innumerables personas que duermen en sus coches, aunque muchas tengan empleo, vivían con miedo. Y lo que es aún más aterrador: perder el empleo equivale a perder el seguro médico. Si bien la reforma sanitaria de Barack Obama supuso una mejora con respecto a sus predecesoras, los grupos de presión de las compañías de seguros y sus representantes republicanos impusieron compromisos que resultan a la vez enrevesados y costosos, dejando a millones de personas sin una asistencia sanitaria adecuada. En muchas ciudades, solo tiene derecho a recibir asistencia si gana tan poco que no puede pagar el alquiler. Por lo tanto, perder un buen empleo podría costarle la vida a usted o a su familia. Los empleos menos cualificados no ofrecen ningún tipo de seguro. Los estadounidenses lo saben de sobra. Lo que no saben es que eso no es normal».

De lo que estamos hablando es de la falta de derechos sociales y de sus consecuencias, lo cual, en mi opinión —y creo que usted estará de acuerdo—, ha empujado a la gente a los brazos de un demagogo como Trump.

Susan Neiman:

Por supuesto, pero no saben lo que se están perdiendo. De acuerdo, lo llaman inflación. Quiero decir que cuando la gente decía que las elecciones giraban en torno a la inflación, por supuesto que no era así. Y, por supuesto, los demócratas no paraban de decir: «No, no, no, la inflación no es tan grave». Eso no era de lo que hablaba nadie. Es solo que no teníamos el vocabulario adecuado. Mire, Bernie Sanders —y le tengo mucho respeto por la forma en que ha planteado cuestiones que no estaban sobre la mesa en Estados Unidos hace diez años—. Pero Bernie Sanders, en primer lugar, solo se centra en la sanidad. Una de las cosas que he dicho en público, y que a los europeos les parece muy graciosa —a los alemanes en particular—, es que Bernie Sanders está a la derecha de Angela Merkel, quien era la líder de un partido de centro-derecha. Sí, se están riendo, pero miren: los derechos sociales que Merkel daba por sentados iban más allá de lo que Bernie jamás hubiera imaginado. Y cuando se presentó por primera vez en 2016, empezó a hablar de Dinamarca. Y Hillary Clinton dijo, con razón: «Bueno, nosotros no somos Dinamarca». Lo que ninguno de ellos parecía darse cuenta es que no hace falta hablar de los países escandinavos. Podríamos hablar de toda Europa, pero ¿saben qué? Podríamos hablar de Brasil y podríamos hablar de Sudáfrica. Y ambos países garantizan la asistencia sanitaria a todo el mundo. ¿De acuerdo? Quiero decir, no es como si esto fuera una rareza en el mundo. Ahora bien, supone cierto problema en Sudáfrica, pero si acude al hospital con un hueso roto —y lo sé de primera mano porque me ocurrió en Johannesburgo—, como no soy sudafricano tuve que pagar una cantidad muy pequeña, ¿de acuerdo? Pero cualquier sudafricano puede entrar en un hospital con un hueso roto y salir sin factura, ¿de acuerdo?, y recibir la atención necesaria, ¿de acuerdo? Y en Brasil, la variedad de tratamientos sanitarios a los que se puede acceder es muy, muy amplia, y no es que esto sea un regalo, es algo que no podemos permitirnos de ninguna manera, y que solo los países más ricos y pequeños del mundo pueden ofrecer. Al contrario, somos una excepción.

Chris Hedges:

Hablemos de la hipocresía de la clase liberal, que, en mi opinión, usted señala acertadamente como otra de las razones por las que la gente recurre a Trump, porque, una vez que esa hipocresía quedó al descubierto y se comprendió, resulta de algún modo refrescante encontrar a alguien que sea tan abierto acerca de cómo todo en su vida es transaccional y todo gira en torno a su propia acumulación de riqueza y poder.

Susan Neiman:

Creo que la persona que dio el golpe de gracia a la idea de que los políticos hablan en serio cuando utilizan un lenguaje moral es George W. Bush, ¿de acuerdo? Utilizar la expresión «claridad moral» para describir una guerra que no fue ni moral ni clara, y cuya justificación no dejaba de cambiar. Recuerdo cuando Hillary Clinton dijo: «Bueno, si hubiera sabido entonces lo que supo después, no habría votado a favor de la guerra contra Irak». Y pensé: nunca he tenido una autorización de seguridad, y probablemente nunca la tendré, pero simplemente reflexionando —quiero decir, me formé en filosofía, ¿de acuerdo?—; analizando la situación de forma lógica, si hubieran tenido una justificación genuina para la guerra, no habrían tenido que seguir inventándose otras. Me pareció lo suficientemente claro como para concluir que las excusas para la guerra eran inventadas y no auténticas. Así pues, creo que expresiones como «claridad moral» o «eje del mal» generaron en muchísimas personas una especie de cinismo hacia cualquiera que utilice un lenguaje moral en política, y crearon la sensación de que, si se utiliza, es como una especie de propaganda para encubrir los verdaderos motivos.

Y trato de comprender por qué tantos seguidores de Trump lo califican de auténtico cuando creo que el *Washington Post* dejó de contar el número de mentiras registradas al llegar a las 30 000 en su primer mandato. Está claro que miente. Pero la razón por la que creo que lo califican de auténtico es que es muy directo acerca de sus motivos para hacer todo y cualquier cosa.

Sí, bueno, nos estamos quedando con el petróleo de Venezuela; al vencedor le corresponde el botín, etcétera, etcétera, etcétera. Es muy grotesco. «Oh, ya no voy a detener las guerras porque Noruega no me concedió el Premio Nobel de la Paz». Quiero decir que ese fue uno de los ejemplos más grotescos de «Me dedico a la paz si con ello puedo conseguir otro premio». » Así pues, son ese tipo de declaraciones las que hacen que la gente piense: «De acuerdo, está apelando a los mejores demonios de nuestra naturaleza», por decirlo de otra forma. Creo que así es. Creo que muchos de nosotros tenemos, bueno, motivos egoístas bastante destructivos. No todo tipo de interés propio es destructivo, pero algunos son bastante vulgares y bastante bajos. Creo que la mayoría de nosotros luchamos contra esos impulsos de vez en cuando. Llega alguien y expresa en voz alta lo que todos pensamos en silencio, y lo hace constantemente. Y creo que hay una especie de sensación de alivio entre algunas personas, al pensar que, al menos, él es sincero al respecto. Es algo terrible de decir, pero, de nuevo, dado que nos bombardean con ideas que se han vuelto muy comunes en la cultura, especialmente desde el fin de la Guerra Fría, resulta un alivio que haya alguien que, supuestamente, sea auténtico.

Chris Hedges:

No me queda más que denunciar la hipocresía de la Administración Clinton: el TLCAN, la desregulación de la FCC, la derogación de la Ley Glass-Steagall y el auge del Estado carcelario.

Susan Neiman:

Por cierto, estoy de acuerdo con usted. Y, de hecho, se trata de un problema internacional. Me refiero a que ahora mismo me centro en Estados Unidos porque sigue siendo el país más poderoso del mundo. Aunque, al contrario de lo que piensa el hombre de la Casa Blanca, se están riendo de nosotros. Es decir, vaya si se están riendo de nosotros y sacudiendo la cabeza. Pero sigue siendo el país más poderoso del mundo. Sin embargo, esto no es solo un fenómeno estadounidense.

Chris Hedges:

Bueno, la ideología ha contagiado a la mayoría de las sociedades occidentales, y por eso se está asistiendo al auge de movimientos protofascistas en Alemania, con Orbán, etcétera, etcétera. ¿Cómo salimos de esta situación?

Susan Neiman:

En primer lugar, tenemos que comprender realmente a qué nos enfrentamos y dejar de intentar embellecerlo o hacerlo más aceptable. Y por eso escribí el libro, para animar a la gente a alzar la voz y a comprender de dónde provienen esas ideas, porque si no entendemos cómo se han infiltrado en la corriente de opinión, nunca seremos capaces de rechazarlas.

En segundo lugar, me ha alegrado mucho ver esta semana que, después de que Trump prohibiera el acceso a CNN, Politico y otro medio de comunicación más…

Chris Hedges:

Sí, es MSNBC. Ya no es MSNBC, pero llámese como se llame.

Susan Neiman:

Por último, las demás organizaciones se han movilizado en señal de solidaridad. Llevo más de un año esperando a que esto ocurra en universidades, bufetes de abogados y empresas de comunicación. Por fin lo han hecho, ¿de acuerdo? Y, obviamente, las cosas no van a cambiar de la noche a la mañana, pero ese es el tipo de valentía y de solidaridad que necesitamos. Para terminar, sé que es un tema controvertido, aunque, afortunadamente, ahora lo es menos en Estados Unidos que en Alemania. Me ha impresionado mucho la campaña y los primeros meses de la administración de Zohran Mamdani. Y quiero decir unas palabras sobre lo que, en mi opinión, animó a 100 000 voluntarios a trabajar por lo que parecía una causa absolutamente desesperada hace un año o algo más de un año.

Todo el mundo habla de la asequibilidad, y como madre soltera de tres hijos que se ha preocupado por la guardería y todas esas cuestiones, soy la última persona en restar importancia a esos temas. De acuerdo. Pero eso no es lo único que le valió la victoria en las elecciones. Se ocupaba de conceptos morales. Cuando hablaba de la asequibilidad, se refería a la justicia, o más bien a la injusticia de que las personas que mantienen en marcha la ciudad de Nueva York —las enfermeras, los conductores de autobús, los barrenderos y todas aquellas personas responsables de que todo siga funcionando, como descubrimos durante la pandemia—, que no pueden permitirse vivir en la ciudad. Y esa es la idea que cautivó a personas cuyos bolsillos estaban más llenos que los de otros, pero que se dieron cuenta de que esto no puede seguir así. Y su postura respecto a Gaza, que la gente pensaba que le haría perder las elecciones, en realidad le otorgó el peso moral que movió a la gente a decir: «Nos hemos acostumbrado a la idea de que los políticos transigen en todo si no les conviene. Este hombre no lo hace. Tiene integridad. Y tal vez, si no cedió en esa cuestión, tampoco cederá en otras, o defenderá las cuestiones de principio».

Y es ese tipo de política la que necesitamos, aquella que presenta una mezcla hermosa, inteligente y conmovedora de: claro, todos velamos por nuestros propios intereses. Muchísimas personas en este país están pasando terribles apuros económicos. Me refiero al número de personas a las que les angustiaría una factura inesperada de 400 dólares. Eso es la mitad del país. Afortunadamente, yo ya no me encuentro en esa categoría, pero, vaya, estuve en ella hasta los 50 años aproximadamente. Y es horrible encontrarse al borde de ese precipicio. Así que prestemos atención a eso. Pero prestemos también atención al sentido de la justicia que conmueve a la mayoría de la gente, independientemente de si se encuentran o no en esa categoría. Y hagamos campaña basándonos en eso. John Ossoff está haciendo un buen trabajo en ese sentido. Acudamos todos a votar en las elecciones de mitad de legislatura.

Chris Hedges:

Estupendo, gracias. Y quiero dar las gracias a Milena, Thomas y Max, que han producido el programa. Pueden encontrarme en Chris Hedges.substack.com.

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4. LFI, democracia y futuro de la izquierda.

Un análisis desde Contretemps sobre las posibilidades y limitaciones de La France Insoumise para hacer avanzar el movimiento emancipador en el país.

https://www.contretemps.eu/lfi-le-parti-plateforme-et-la-lutte-pour-lemancipation-en-france/

1 de octubre de 2026

LFI, el partido-plataforma y la lucha por la emancipación en Francia

Los partidos políticos, que en su día fueron concebidos por la izquierda como un medio para cambiar el mundo, han sufrido transformaciones fundamentales, entre la pérdida de su arraigo social de masas y la aparición de nuevas formas como «La France insoumise». Thibault Graindorge analiza esta evolución combinando la reflexión militante y el debate sobre los trabajos de ciencia política al respecto, desde la perspectiva de lo que ello implica para la democracia y el futuro de la izquierda.

por

Thibault Graindorge

Desde la aparición de «La France insoumise» y «En Marche!» en 2016, el panorama político francés está experimentando una transformación que rara vez es analizada por la prensa generalista: la aparición de formaciones políticas que se presentan a las elecciones pero rechazan la denominación de «partido», cuyo modo de organización difiere ampliamente del de los partidos existentes, estructuradas en torno a una página web sin los habituales niveles jerárquicos de estructuras elegidas ni frontera jurídica entre afiliados y no afiliados.

Estas organizaciones, que a menudo se autodenominan «movimientos» o «movimientos transpartidistas», han surgido tras un prolongado descenso del número de afiliados a los partidos políticos tradicionales, un fenómeno analizado en el ámbito de la ciencia política por los investigadores estadounidenses Richard S. Katz y Peter Mair, lo que, según ellos, ha dado lugar a un nuevo tipo de partidos políticos que está sustituyendo a los partidos de masas, los «partidos-cartel ».

Es como reacción a esta evolución de los partidos tradicionales como surgen las formas de organización política que sus fundadores denominan «movimientos »: los presentan como un medio para volver a movilizar el apoyo popular contra los partidos políticos tradicionales, descritos como obsoletos. En este sentido, las transformaciones en la forma de organización que son los partidos políticos constituyen un problema ineludible para nosotros, en la izquierda, ya que plantean la cuestión de si seguimos disponiendo de estructuras viables para organizarnos con vistas a tomar el poder con el objetivo de lograr una transformación social.

Nuestro punto de vista, en efecto, es que necesitamos organizaciones que reúnan a las categorías sociales explotadas para arrebatar el poder a las clases dominantes con el fin de transformar la sociedad en profundidad, en un movimiento de emancipación que podemos denominar ecosocialismo o comunismo. Partimos aquí de la base de que estos «movimientos» son, en realidad, una especie de partido político, de un nuevo tipo que podemos denominar partidos-plataforma. ¿En qué medida puede esta nueva forma de partido emergente constituir un remedio para el fenómeno que se ha descrito como la cartelización de los partidos políticos?

A continuación, veremos en primer lugar por qué el análisis de Katz y Mair sobre la cartelización de los partidos políticos sigue siendo válido hoy en día en lo esencial, e incluso más de lo que lo era cuando ambos investigadores lo formularon en 1995; a continuación, analizaremos cuáles son las características de los partidos-plataforma que los convierten en una alternativa a los partidos-cartel; por último, estudiaremos qué factores pueden obstaculizar su capacidad para transformar la sociedad en una dirección ecosocialista a través de su funcionamiento.

La cartelización de los partidos políticos: la tumba de la democracia

Lo que explicaba el análisis de Katz y Mair¹ es que, a pesar del desplome de sus efectivos militantes, los partidos políticos en las democracias occidentales no estaban desapareciendo. Al contrario, conservaban su papel en la selección de los dirigentes políticos. Lo que realmente ocurría era que estaban perdiendo su arraigo en la sociedad civil para convertirse en extensiones del Estado que actuaban como intermediarios de este ante la sociedad civil.

Del partido de masas al partido-cartel

La razón por la que la reducción del número de afiliados a los partidos políticos puede dar la impresión de que la propia forma del partido está en declive es que siempre se hace referencia al modelo que el politólogo francés Maurice Duverger denominó en la década de 1950 «partido de masas»². A diferencia del «partido de cuadros», desarrollado en la época del sufragio censitario en torno a una red de notables que contaban cada uno con su clientela y sus recursos, el «partido de masas» se desarrolló en torno a organizaciones de la sociedad civil (sindicatos, grupos religiosos, asociaciones de veteranos de guerra, etc.) para defender lo que consideraban que eran sus intereses en la esfera política; dado que sus afiliados tienen poco poder a título individual, es su cantidad lo que constituye la fuerza del partido de masas, a través de las cuotas que abonan para financiar el partido y de su labor de propaganda. En consecuencia, sus dirigentes deben demostrar fidelidad a las ideas que los han unido (el socialismo, la doctrina social de la Iglesia católica, el nacionalismo, por citar solo algunas). Por último, la organización es centralizada, ya que los dirigentes no gozan de la misma independencia respecto al partido que los notables; se articula mediante estructuras intermedias locales o profesionales y una dirección que las supervisa.

El análisis de Maurice Duverger, que distingue entre partidos de cuadros y partidos de masas, ha sido objeto de varios matices y actualizaciones desde³, en particular el de Otto Kirchheimer, quien describe su estrategia como cada vez más «omnicomprensiva» en lugar de vinculada a un sector concreto de la sociedad, sin embargo, ha seguido siendo de una eficacia formidable para comprender los partidos políticos tal y como han funcionado durante mucho tiempo, en particular los surgidos del movimiento obrero.

Ahora bien, la mayoría de los principales partidos políticos de los países occidentales ya no funcionan así: su número de afiliados se ha reducido considerablemente desde la década de 1980 a raíz de transformaciones sociológicas que no detallaremos aquí. Al mismo tiempo, según el análisis de Katz y Mair, a los partidos dominantes se les ofrecen nuevos recursos gracias a una abundante financiación pública, de modo que pueden prescindir del dinero aportado por una gran masa de afiliados sin dejar de funcionar. Por lo tanto, los partidos ya no dependen de una red de personalidades influyentes que dominen tanto la sociedad civil como el Estado, como era el caso de los partidos de cuadros, ni de una masa de personas organizadas en la sociedad civil para defender una visión política, sino del propio Estado, del que se convierten en extensiones que actúan como intermediarios frente a la sociedad civil.

Esto transforma el funcionamiento interno de estos partidos y la forma en que interactúan entre sí, ya que a partir de ahora tienen un interés común en repartirse la maná de la financiación pública: buscan menos diferenciarse mediante programas y doctrinas diferentes, se alían más fácilmente entre sí para obtener conjuntamente cargos electos, se ponen de acuerdo entre los partidos con representación suficiente en el Parlamento para fijar los umbrales de acceso a las subvenciones de tal manera que se excluya a los partidos más pequeños que ellos; de este modo, forman juntos carteles. En esta situación, ya no necesitan mantenerse conectados con las masas populares y su estructura social evoluciona hasta quedar dominada por las élites administrativas. Según Katz y Mair, esta situación ha favorecido el auge de los partidos de extrema derecha, percibidos como ajenos a los cárteles de partidos alejados del pueblo.

La investigación en ciencias políticas ha aportado diversas críticas y matices al modelo del partido-cartel⁴: en particular, algunos investigadores han criticado su clara separación entre el Estado y la sociedad civil, cuando ambos se entrelazan en las mismas redes, y han señalado que la financiación pública de los partidos ha tenido, en ocasiones, el efecto de una fragmentación del panorama político cuando, al tener acceso a ella, podían crearse más partidos. También cabe preguntarse si fue el colapso del activismo lo que llevó a los partidos a adoptar políticas cada vez más similares o, por el contrario, si el acercamiento de sus políticas fue consecuencia de un cambio en la relación de fuerzas entre clases, aunque ambos fenómenos se alimenten recíprocamente.

Cartelización de los partidos políticos y democracia en 2026

A pesar de todas estas reservas, al releer el análisis de Katz y Mair en la Francia de 2026, el núcleo de su análisis parece más justificado que nunca: el número de afiliados que declaran los principales partidos (al menos de afiliados que cotizan) se ha reducido aún más, la mayor parte de su financiación procede de subvenciones públicas⁵; las políticas públicas aplicadas por los distintos partidos en el poder han convergido en la voluntad de reducir el gasto Estado en los servicios públicos y la protección social, al tiempo que se reducen los impuestos a los más ricos, se refuerzan las funciones represivas del Estado y se alinea aún más la política exterior con la de Estados Unidos.

Esta convergencia se hizo evidente cuando el Partido Socialista volvió al poder durante el quinquenio de François Hollande; sobre todo, se observa cómo se está formando, desde la fallida disolución de la Asamblea Nacional en 2024 por parte de Emmanuel Macron, una alianza de partidos políticos que se extiende de forma intermitente hasta el Rassemblement National a su derecha (cuya proporción de subvenciones públicas en la financiación demuestra que también está plenamente cartelizado, contrariamente al análisis que realizaron Katz y Mair en 1995, de hecho, depende de ellas hasta tal punto que ha desviado fondos públicos de forma masiva e ilegal) y hasta el PS a su izquierda, con el fin de mantener en el poder a los distintos primeros ministros nombrados por Emmanuel Macron y aprobar sus presupuestos de austeridad.

Esta tendencia también está presente en otros países europeos, como demuestran las «grandes coaliciones» alemanas entre la CDU-CSU y el SPD, las políticas llevadas a cabo por el Partido Laborista en el poder en el Reino Unido desde Tony Blair (aunque el tripartidismo británico limita la posibilidad de formar un cartel) y, sobre todo, la gigantesca coalición de todos los principales partidos políticos en el Gobierno de Draghi en Italia en 2021-2022, que solo dejó fuera a formaciones marginales tanto a su izquierda como a su derecha (entre ellas, Fratelli d’Italia, que llegó al poder posteriormente).

Contrariamente a las conclusiones prudentes de Katz y Mair en 1995, cuando la formación de carteles alcanza esta etapa, ya no nos encontramos ante un simple «menú fijo de partidos políticos», como ellos escribieron, ni ante un «servicio público de la democracia» ⁶: cuando, independientemente de lo que voten los electores entre los partidos políticos ya influyentes, se siguen aplicando, en general, las mismas políticas, la elección del pueblo ya casi no tiene ninguna incidencia. Esto también significa que, a diferencia de lo que ocurría con los partidos de masas, los partidos políticos ya prácticamente no pueden generar líderes políticos procedentes de las clases populares, ya que están aislados de ellas, y mucho menos defender sus intereses.

A menudo se citan las categorías de «partidos de masas» y «partidos de cuadros» de Maurice Duverger en Les partis politiques, pero se olvidan sus conclusiones sobre la democracia en la misma obra: consideraba que el partido de masas era el instrumento que daba vida a la democracia al permitir un contacto real entre dirigentes y dirigentes sobre la elaboración de los programas y la selección del personal político; que, sin él, el sufragio universal solo permitía una democracia puramente formal, como ocurría en Francia a finales del siglo XIX. Visto desde este ángulo, la cartelización es la tumba de la democracia.

El surgimiento del partido-plataforma: cómo el modelo de La France Insoumise responde a la cartelización de los partidos políticos

Surgidos como reacción al declive de los partidos de masas, los partidos-cartel son a su vez susceptibles de dar lugar a nuevas formas partidistas como reacción a sus propias limitaciones, tal y como han señalado los propios Katz y Mair. Así, en Francia, el panorama electoral se ha visto revolucionado por el éxito de dos nuevas formaciones políticas de un tipo inédito en las elecciones presidenciales de 2017: La France insoumise y En Marche!. Estas dos organizaciones también han sido objeto de estudio en los últimos años, en particular gracias al trabajo de Manuel Cervera-Marzal sobre LFI⁷, que analiza las novedades de su posicionamiento político, su funcionamiento y su comunicación, y al de Rémi Lefebvre, que compara el funcionamiento de ambas organizaciones⁸.

Un funcionamiento innovador

Lo que estas dos nuevas formaciones políticas aportaban de totalmente nuevo en el momento de su creación en 2016 era no contar con afiliados en el sentido jurídico. La FI fue la primera en crearse, inspirándose inspirándose en la plataforma creada por el senador socialista estadounidense Bernie Sanders para organizar a sus seguidores en las primarias del Partido Demócrata en 2015. LFI fue fundada por una personalidad ya arraigada en el panorama político francés, Jean-Luc Mélenchon, antiguo candidato del Frente de Izquierda a las elecciones presidenciales de 2012, al invitar a sus seguidores de cara a las elecciones presidenciales de 2017 a registrarse de forma gratuita en una página web que entonces se llamaba jlm2017.fr («La France Insoumise» era, en un principio, el eslogan que aparecía en la cabecera de la página) , página que les permitía posteriormente organizarse en «grupos de apoyo» a escala local (rebautizados más tarde como «grupos de acción») dentro de los límites que ellos mismos pudieran elegir, aunque animándoles a mantener un tamaño modesto; no existía ninguna estructura intermediaria entre estos grupos de apoyo y el equipo nacional de Jean-Luc Mélenchon encargado de gestionar la página web, el programa y, posteriormente, las candidaturas a las elecciones legislativas. Dado que para registrarse solo se requería una dirección de correo electrónico, no existía una frontera clara entre los miembros y los no miembros de la organización.

Posteriormente, «En Marche!» se creó siguiendo el mismo modelo cuando Emmanuel Macron, antiguo ministro de Economía de François Hollande, también creó una página web para permitir a sus seguidores participar en su campaña de forma gratuita con solo registrarse en línea.

Esta nueva forma de organización política se basa, por tanto, en el encuentro entre una única personalidad política ya conocida y una demanda social a la que dicha personalidad se propone dar respuesta; el fundador ofrece poner su influencia política y mediática al servicio de las aspiraciones colectivas a cambio de una labor de propaganda llevada a cabo por aquellas personas que desean ver cumplidas dichas aspiraciones. La organización depende, por tanto, del carisma de su líder, es decir, de su capacidad para que se le reconozcan cualidades excepcionales⁹, y de su fidelidad a la línea política que pretende defender; de hecho, nada impide que las fuerzas militantes que no pagan ninguna cuota dejen de apoyarle de la noche a la mañana.

En este sentido, el partido-plataforma se diferencia a la vez del partido de cuadros (pues se crea en torno a una única personalidad, no a una red de personalidades), del partido de masas (pues carece de afiliados estables) y del partido-cartel (puesto que depende muy poco de los cargos ya ocupados en el Estado). Sin embargo, comparte con el partido de masas la necesidad de una línea política precisa que se diferencie de las de sus competidores (de lo contrario, perdería su base de seguidores, que no están vinculados por nada más que un registro en Internet) y, a pesar de todo, comparte con el partido -cartel la necesidad de contar con fondos públicos a través de subvenciones y la reversión de las indemnizaciones de los cargos electos, ya que, al carecer de cuotas de afiliados, su única otra fuente de financiación consiste en donaciones puntuales¹⁰; por lo tanto, solo dispone de escasos recursos financieros cuando cuenta con pocos cargos electos.

Este problema de financiación genera una ambigüedad en el futuro del partido-plataforma, ya que, una vez obtenida una cantidad suficiente de financiación pública y de representantes electos, el partido-plataforma ya apenas depende del vínculo entre un líder y una base militante: entonces tiene la posibilidad de evolucionar para acercarse a un partido-cartel. Sin embargo, esto conlleva un riesgo de castigo electoral a largo plazo. El mismo problema podría plantearse en la actualidad a un partido de masas que consiga suficientes cargos en el Estado; el riesgo de una «captura» por parte de la lógica estatal, que transformaría el funcionamiento de un partido, es omnipresente.

Por supuesto, resulta difícil determinar en qué medida los éxitos logrados por La France insoumise y En Marche! se deben a su forma organizativa y en qué medida a otros factores. En cualquier caso, ambos han podido contar con varios cientos de miles de simpatizantes y han obtenido resultados importantes en las elecciones presidenciales, ganadas por «En Marche!». Lo que constituye la fuerza de esta forma de organización es su combinación de una extrema apertura hacia la base, lo que permite que se unan fácilmente personas que no deseen comprometerse más, por ejemplo, al ser reconocidas como miembros de un partido y al pagar una cuota, y su cierre en la cúpula, ya que los militantes no tienen ningún poder de decisión reconocido por la ley, al no ser afiliados a la organización desde el punto de vista jurídico, lo que restringe considerablemente las posibilidades de división¹¹.

La interacción entre la base y la cúpula se limita, por tanto, a consultas plebiscitarias organizadas en la página web, así como a asambleas representativas elegidas por sorteo en lugar de por votación, ya que resultaría peligroso votar para ocupar puestos de poder sin que existiera una barrera que separara a la organización del exterior. El resto del tiempo, cada nivel es autónomo. Para describir este contraste, Manuel Cervera-Marzal acuñó la fórmula paradójica de «anarco-cesarismo»¹², cuyos efectos detalla: favorece la creatividad y la rapidez en ambos niveles, ya que estos ya no se obstaculizan mutuamente, pero crea una ruptura entre la base y la cúpula. Esta forma permite, en definitiva, aglutinar apoyos de diversa índole a su alrededor; es por ello que es, ante todo, una plataforma: Así, «La France insoumise» reúne tanto a militantes que no tienen ningún otro compromiso, como a otros partidos políticos que se incorporan a sus filas (Partido de Izquierda, Partido Obrero Independiente, REV, Izquierda Revolucionaria…), pero también a figuras públicas como artistas, videastas o incluso investigadores, a quienes se les da la palabra en sus actos públicos.

Un nuevo tipo de partido político

Cabe preguntarse si las plataformas —que sus fundadores denominan «movimientos»— corresponden a una nueva forma de partido político o si ya no son partidos. La definición que nos parece más pertinente para comprender el fenómeno del partido político —por ser amplia y señalar el tipo de relación que lo constituye en su esencia— es la de Max Weber:

«Por partidos hay que entender asociaciones basadas en un compromiso (formalmente) libre, cuyo objetivo es proporcionar a sus líderes el poder dentro de una agrupación y a sus militantes activos oportunidades —ideales o materiales— para perseguir fines objetivos, obtener ventajas personales o lograr ambas cosas a la vez. »¹³

Desde este punto de vista, «La France insoumise» es, sin duda, un partido. Lo que puede parecer extraño es el hecho de que cuente en su seno con organizaciones que se autodenominan partidos políticos. Desde este punto de vista, es, por tanto, un partido que acoge a otros partidos. Sin embargo, esta situación no difiere en la práctica de la de un partido que cuenta con corrientes estructuradas que se comunican públicamente en su propio nombre, como era el caso del Nuevo Partido Anticapitalista hasta su escisión en 2023.

¿Por qué hablar de «partido-plataforma»? Es cierto que, hasta ahora, los investigadores han calificado de forma diferente a estos partidos. Manuel Cervera-Marzal se refiere a LFI como un «partido-movimiento», categoría que retoma de varios trabajos en lengua inglesa y que ya se ha utilizado para describir al partido de izquierda español Podemos¹⁴. Esta denominación tiene el mérito de reflejar el frecuente posicionamiento múltiple de la base militante insumisa entre LFI y las organizaciones del movimiento social, su propensión a incorporar formas de acción propias del ámbito de los movimientos sociales, así como sus referencias comunes con Podemos. Sin embargo, corre el riesgo de pasar por alto el hecho de que la estructura de La France insoumise no se asemeja a la de Podemos y que, por el contrario, presenta similitudes importantes con partidos que no mantienen la misma relación con los movimientos sociales, en particular En Marche!.

Por su parte, Rémi Lefebvre aproxima tanto a LFI como a EM! a la categoría de «partido personal», acuñada originalmente para describir el partido de Silvio Berlusconi¹⁵, dedicado exclusivamente a otorgar el poder a un único líder. Si bien esto describe bien la centralidad absoluta del fundador en estos dos partidos (cuya ausencia de afiliación reconocida jurídicamente puede considerarse una evolución) y sus débiles estructuras locales, caracterizar así a «La France insoumise» y a «En Marche!» corre, en cambio, el riesgo de ocultar hasta qué punto, una vez que sus fundadores pusieron en marcha estas iniciativas, fueron asumidas y desarrolladas por una multitud de otros actores que pudieron agruparse en torno a ellas: partidos políticos preexistentes, militantes procedentes del movimiento social, personalidades públicas y apoyos empresariales en el caso de EM! …

Además, en el caso de La France Insoumise, tal y como destaca Manuel Cervera-Marzal, sorprende la importancia que se concede al programa en su labor y su comunicación¹⁶, llegando incluso Jean-Luc Mélenchon a legitimarse en sus intervenciones como la persona más adecuada para defender un programa que cuenta con un apoyo masivo. Por lo tanto, consideramos que estos partidos constituyen efectivamente una nueva forma, a la que denominamos «partidos-plataforma».

Una forma que pocas organizaciones logran llevar a cabo

El modelo del partido-plataforma, del que La France insoumise fue el representante más puro en el momento de su creación, se ha retomado en varias ocasiones tras las elecciones presidenciales de 2017: recientemente, se ha podido observar cómo numerosas personalidades políticas, entre ellas Raphaël Glucksmann, Yannick Jadot y Boris Vallaud, crearon un « movimiento transpartidista» denominado «Construire 2027» con vistas a las próximas elecciones presidenciales; el mismo Yannick Jadot creó uno por su cuenta unos meses más tarde bajo el nombre de «Rassembler la Social-Écologie» . El líder neofascista Vincent Vauclin también lo intentó transformando su antiguo grupúsculo Dissidence Française en un «Movimiento Nacional-Demócrata», para lo cual, una vez más, solo fue necesario registrarse en una página web con el fin de presentarse a las elecciones presidenciales de 2022…

Sin embargo, todos estos intentos han quedado relegados a una marginalidad total. El hecho de que, en su mayoría, se hayan inscrito en la periferia de los partidos políticos en los que sus creadores desarrollan principalmente su carrera puede llevar a confundirlos con el fenómeno de los micropartidos; no obstante, el objetivo de estos últimos es diferente: su única finalidad es captar financiación, en particular eludiendo los límites máximos de las donaciones exentas de impuestos.

El propio «En Marche!» dejó de ser un partido-plataforma. Tras la llegada al poder de Emmanuel Macron en 2017, cambió en primer lugar de nombre para pasar a llamarse «La République En Marche» y se estructuró con un delegado general, un consejo nacional y referentes departamentales designados por la dirección nacional, sin contar aún con afiliados que paguen cuotas y, por lo tanto, sin celebrar elecciones. En 2022, en cambio, tras la reelección de Emmanuel Macron, aunque ya solo contaba con una mayoría relativa en la Asamblea Nacional, el partido volvió a cambiar de nombre para pasar a llamarse «Renaissance» y, sobre todo, modificó su funcionamiento: a partir de entonces, la afiliación es de pago y los referentes departamentales son elegidos. Esto no ha impedido un debilitamiento del activismo en el partido¹⁷. Si a ello se suman las alianzas del partido, su profesionalización y el peso de la alta administración en su seno, «Renaissance» es hoy un partido-cartel.

Por el contrario, se han podido observar dos imitaciones de este modelo en Alemania, ambas impulsadas por Sahra Wagenknecht, quien inicialmente formaba parte del partido de izquierda Die Linke. En 2017, tras distanciarse de la dirección de su partido, la líder política de Alemania Oriental creó a su vez una organización siguiendo el modelo de LFI denominada «Aufstehen!», pero sin asignarle ningún objetivo concreto; esta iniciativa siguió siendo marginal. Vuelve a intentarlo en 2024 creando un segundo partido-plataforma denominado Bündnis Sahra Wagenknecht, pero esta vez separándose de Die Linke para adoptar un discurso más liberal en el ámbito económico y conservador en numerosas cuestiones culturales; aunque su nueva formación no logra por poco entrar en el Bundestag, sí que consigue esta vez constituirse una base militante suficiente para presentarse ampliamente a las elecciones.

«La France insoumise» sigue siendo, por el momento, la única formación que ha perdurado en el tiempo como partido-plataforma, aunque quizá este sea el caso en el futuro del BSW en Alemania. No obstante, esta forma de organización es objeto de críticas incluso dentro de las filas de «La France insoumise». Por lo tanto, debemos examinar ahora cuáles son los límites de estos partidos-plataforma.

Los límites del partido-plataforma como modelo de movilización popular

Cuando se habla de los límites de la organización de La France insoumise, la única crítica que suele plantearse es la de la falta de democracia interna. Sin embargo, este no es el enfoque más interesante si se toma tal cual: en primer lugar, porque está demostrado que todos los partidos políticos tienden a reproducir una oligarquía interna¹⁸, incluso cuando dicha oligarquía está dividida en facciones rivales; pero, sobre todo, porque un partido político es un instrumento al servicio de objetivos que pasan por la toma del poder; por lo que la democracia interna no puede ser un fin en sí misma. En consecuencia, la pregunta que hay que plantearse es más bien si el modelo de partido-plataforma resulta eficaz para servir a los objetivos que se fijan sus participantes.

Límites en el juego institucional parcialmente superados

La propia dirección de LFI ha podido constatar que el modelo de La France insoumise, tal y como se instauró en 2017, presenta debilidades: tras obtener resultados decepcionantes en las elecciones intermedias, así como dificultades de movilización durante el primer quinquenio de Emmanuel Macron¹⁹, LFI revisó en parte la forma organizativa que a Jean-Luc Mélenchon le gusta calificar de «difusa». Según la experiencia militante de quien escribe estas líneas, las dificultades a las que se enfrentó LFI se debían precisamente a lo que constituye su punto fuerte: su carácter poco vinculante, el hecho de que los militantes solo estén presentes mediante una inscripción en Internet para actuar en el marco de una campaña electoral.

Una vez concluido ese momento de intensa politización que suponen las elecciones presidenciales y legislativas, los militantes y militantes encuentran menos motivos para permanecer en la organización que si tuvieran que elegir a representantes locales, debatir el próximo programa, formarse o, sencillamente, decidir a qué se destinarán los recursos financieros del partido procedentes de sus cuotas —a excepción de aquellos que son miembros de alguno de los partidos estructurados presentes en LFI—. Probablemente esta sea la razón por la que tantos otros partidos-plataforma, fundados sobre bases más frágiles, no han podido perdurar.

Tras los cambios introducidos a partir de 2022, la FI sigue sin tener afiliados y los grupos de acción pueden seguir constituyéndose libremente, por lo que sigue siendo un partido-plataforma. Sin embargo, ha establecido una forma de estructura local intermedia conocida como «círculos departamentales ». Asimismo, ha creado el Instituto La Boétie para impartir formación a una selección de militantes destinados a convertirse en cuadros del movimiento, así como para publicar trabajos teóricos. Por último, mientras que sus órganos nacionales siempre han sido difusos y dominados por el grupo parlamentario, ahora cuenta con una dirección distinta, la Coordinación de Espacios.

De este modo, las militantes y los militantes encuentran motivos para integrarse de forma duradera en la organización con el fin de beneficiarse de una formación, defender una posición política en el «boucle départemental» o desempeñar una tarea en él. El partido-plataforma, así modificado durante el segundo quinquenio de Macron, parece haber ganado efectivamente en rendimiento electoral y en capacidad de movilización militante, aunque resulte difícil medirlo ante la ausencia de afiliados.

No obstante, cabe preguntarse por la sostenibilidad del partido-plataforma.

La cuestión se plantea, en primer lugar, debido a que el partido-plataforma se crea en torno al carisma de una única personalidad política y a su capacidad para establecer un vínculo con las masas. Aún no se dispone de ejemplos de en qué puede convertirse un partido-plataforma una vez que su fundador ya no está presente, por lo que no es posible determinar en qué medida LFI perderá o no capacidad de movilización si algún día tuviera que seguir funcionando sin Jean-Luc Mélenchon, aunque varias personas de su entorno parecen ser posibles sucesores.

De manera más inmediata, la cuestión también se plantea debido a las discrepancias que surgen entre la base militante y la cúpula, ante la ausencia casi total de interacción entre ambas: tal y como explicaba Maurice Duverger²⁰ y como demostró de forma concreta el trabajo del politólogo francés Denis Lacorne en su estudio sobre la puesta en marcha de la unión de la izquierda²¹, lo que constituía la fuerza organizativa del partido de masas más consolidado que ha conocido Francia —el Partido Comunista Francés desde mediados de la década de 1930 hasta la década de 1970—, era el papel desempeñado por los cuadros intermedios, en contacto constante con la base y la dirección para garantizar que nunca se desconectaran totalmente unas de otras, realizando una labor de explicación de las posiciones nacionales a la base y de transmisión de las percepciones de la base a la dirección, con el fin de lograr una adaptación mutua y una gestión de los conflictos.

El hecho de que esta mediación no exista de forma permanente en el seno de LFI explica que los conflictos entre la base militante y los órganos dirigentes nacionales puedan surgir de manera más explosiva que en los partidos dotados de estructuras clásicas, lo que, a la larga, puede generar desánimo. Esto es aún más evidente ante la ausencia de instancias internas de decisión en las que puedan expresarse los desacuerdos, lo que aumenta las posibilidades de que estos estallen en la esfera pública cuando ya no se pueda soportar más callarlos por lealtad²².

El partido-plataforma más allá de las elecciones

En el caso de LFI, tampoco es posible limitarse a la cuestión de su capacidad para mantenerse en el juego institucional a la hora de evaluar su eficacia. De hecho, la formación se autodefine como anticapitalista y aspira a propiciar una «revolución ciudadana»; con estos objetivos, se sitúa en la línea del Partido de Izquierda, aunque este último se defina positivamente como ecosocialista. Esto implica una transformación de las estructuras de la sociedad que ponga en tela de juicio el modo de producción dominante en la economía y la forma actual del Estado.

Ahora bien, el conjunto que forma el Estado, debido a su complejidad, a sus hábitos de funcionamiento y a los intereses de la alta administración, no puede ser gestionado sin dificultad por un gobierno, por muy decidido que esté. El Estado tampoco puede, por sí solo, conducir al resto de la sociedad hacia un funcionamiento económico diferente. Para ello se necesitaría una importante movilización popular, en particular entre los trabajadores de base —los obreros y los empleados—, sin los cuales casi nada funciona. Además, es la única forma de garantizar que este anticapitalismo conduzca efectivamente a una sociedad más libre e igualitaria. Como escribió Rosa Luxemburg: «De lo contrario, el socialismo es decretado, concedido, por una docena de intelectuales reunidos alrededor de una mesa de juego»²³.

A pesar de las acusaciones de electoralismo y vanguardismo que se les lanzan habitualmente desde la izquierda, las dirigentes y los dirigentes de La France Insoumise no ignoran esto. Jean-Luc Mélenchon ha afirmado en varias ocasiones que no había que «confiar en él», que el papel de La France Insoumise no consistía en absoluto en guiar al pueblo hacia la «Revolución ciudadana», y también afirmó durante su debate con el economista Frédéric Lordon que era plenamente consciente de que La France Insoumise, como tal, no se implicaba en la lucha en el ámbito de la producción, aunque esta fuera necesaria.

En realidad, consideran que la movilización revolucionaria no entra dentro de las competencias de La France Insoumise: la lucha cotidiana en las empresas se deja en manos de los sindicatos; el surgimiento de un movimiento revolucionario general se concibe como un fenómeno totalmente espontáneo, sobre el que La France Insoumise no tendría ninguna influencia, salvo la de poder actuar como detonante mediante su victoria en unas elecciones. Probablemente sea precisamente por ello por lo que La France Insoumise no se autodefine como un partido político. LFI se presenta así como una sorprendente combinación entre un funcionamiento descendente en las elecciones y una concepción espontaneísta de la revolución, dos aspectos que, según su fundador, no pertenecen a la misma esfera.

Si bien la concepción del «partido-guía», derivada de una lectura sesgada de Lenin²⁴, ha quedado sin duda obsoleta, esta nueva visión no está exenta de problemas, ya que la sociología tiende a confirmar que los partidos políticos de masas, al igual que los sindicatos —que hoy en día se enfrentan a sus propias dificultades—, desempeñan un papel importante en la politización de las clases populares.

En su libro Le cens caché²⁵, el politólogo Daniel Gaxie ponía de manifiesto así las marcadas desigualdades entre las clases sociales en cuanto a su capacidad para orientarse en el ámbito político —las clases con mayor capital cultural heredado tienen mucha más facilidad para hacerlo que las clases populares—, pero que los encuestados procedentes de las clases populares tenían mucha más facilidad para hacerlo y más confianza en sus capacidades cuando contaban con la experiencia de haber participado en un partido de masas o en un sindicato. Ahora bien, parece difícil imaginar una movilización revolucionaria sin que un número suficiente de personas de las clases populares comparta una visión clara de los retos de la lucha en relación con el Estado.

¿Puede un partido-plataforma de izquierdas desempeñar en este sentido el mismo papel que los antiguos partidos de masas? No es seguro, ya que la formación en el seno de LFI se limita principalmente, por el momento, a una selección de futuros cuadros. Pero quizá esa no sea la formación teórica más importante en la labor que realizaban los partidos de masas en este sentido: lo que estos permitían era también que personas que no estaban acostumbradas a ello aprendieran a ejercer el poder de forma colectiva.

Debatir textos que establecen una línea política, enmendarlos, elegir representantes, negociar… son todas ellas actividades que permiten a los miembros de una organización política aprender colectivamente a no depender por completo de un puñado de líderes, y a ganar confianza en su capacidad para autogobernarse. Sin embargo, esto no existe si no hay estructuras de dirección elegidas ni un trabajo sobre los textos políticos. Por lo tanto, y sabiendo que, por su parte, los sindicatos tampoco tienen ya la misma capacidad de movilización, cabe preguntarse si realmente se han sentado las bases para una movilización popular revolucionaria, aunque esta, como es evidente, no se produzca por orden de un partido.

Conclusión

Lo anterior no debe hacer olvidar que la forma del partido político no basta por sí sola para explicar el éxito o el fracaso de una formación política y, sobre todo, que no es independiente de las transformaciones sociales. No obstante, tiene su autonomía relativa y produce efectos, por lo que es necesario estudiarla para comprender el estado de la lucha de clases en Francia.

Se constata, por tanto, que la «cartelización» de los partidos políticos ha ido más allá de lo que Katz y Mair preveían en 1995, hasta el punto de que corre el riesgo de vaciar de contenido a las instituciones democráticas, aun cuando estas siempre hayan estado limitadas en nuestras sociedades, donde el capitalismo es el modo de producción dominante.

El modelo del partido-plataforma surgió en respuesta a esta evolución en Francia, inspirándose en el modelo estadounidense, en el que la plataforma servía de apoyo a una personalidad dentro de un partido político. La France insoumise es, sin embargo, la única formación hasta la fecha que ha logrado funcionar de manera duradera bajo esta forma, gracias a varias adaptaciones destinadas a mantener el compromiso de los militantes. No obstante, este modelo parece presentar importantes limitaciones en cuanto a su capacidad para perdurar y llevar a buen término el proyecto revolucionario que reivindica.

¿Debe deducirse de estas aparentes limitaciones que sería preferible intentar reconstruir un partido de masas? ¿Sería esto aún posible en una sociedad en gran parte desindustrializada como lo es la Francia del siglo XXI? Si bien no es posible responder a estas preguntas en el marco de este artículo, parece, en cambio, claro que un partido de masas en la Francia actual hoy no podría, en ningún caso, funcionar como el PCF del siglo XX, ya que el contexto social ha cambiado. De una forma u otra, había que inventar algo diferente.

Sin embargo, resulta significativo que el modelo de partido-plataforma no haya surgido en ningún otro lugar fuera de Francia, salvo en Alemania, por imitación: los partidos de izquierda del resto de Europa siguen intentando constituirse como partidos de masas a pesar de contar con un número de afiliados menor que en el pasado, a veces con un éxito relativo, como en el caso de Die Linke en Alemania bajo la nueva dirección de Schwerdtner-Van Aken, que frenó la progresiva «cartelización» del partido bajo las direcciones anteriores.

Esta cuasi-excepción francesa está probablemente relacionada con el menor arraigo del partido de masas en Francia: si bien sería exagerado afirmar que hubieran seguido funcionando como partidos de cuadros en el siglo XX, sí es cierto que los partidos políticos franceses, por el contrario, siempre han tenido un número de afiliados claramente inferior al de sus homólogos europeos, lo cual se explica por una estructuración que compite con las asociaciones y los sindicatos, mientras que en el resto de Europa estas diferentes formas se han construido en relación unas con otras²⁶. Quizá por esta razón haya resultado más fácil en Francia inventar el modelo de partido-plataforma que intentar reconstruir un partido de masas contra viento y marea una vez que el fenómeno de la cartelización había hecho su trabajo.

Sea como fuere, es urgente que la izquierda reflexione sobre una forma organizativa que permita a las clases sociales dominadas alcanzar el poder, y ello mediante el aprendizaje colectivo en un proceso que, necesariamente, estará marcado por altibajos hasta alcanzar la emancipación.

Notas

[1] Richard S. Katz y Peter Mair, «La transformación de los modelos de organización y democracia en los partidos. El surgimiento del partido-cartel», en Yohann Aucante y Alexandre Dézé (eds.), Los sistemas de partidos en las democracias occidentales. El modelo del partido-cartel en cuestión, París, Presses de la Fondation nationale des sciences politiques, 2008.

[2] Maurice Duverger, Los partidos políticos, París, Éditions du Seuil, 1995.

[3] Otto Kirchheimer, «The Transformation of West European Party Systems», en Joseph LaPalombara y Myron Weiner, Political parties and Political Development, Princeton, Princeton University Press, 1966.

[4] Yohann Aucante y Alexandre Dézé (eds.), Los sistemas de partidos en las democracias occidentales. El modelo del partido-cartel en cuestión, París, Presses de la Fondation nationale des sciences politiques, 2008.

[5] Esto puede comprobarse consultando sus cuentas financieras publicadas por la Comisión Nacional de Cuentas de Campaña, por ejemplo, en esta dirección para el año 2024: [Página web] https://liste.cnccfp.fr/publications/comptes_partis_2024.html

[6] Paul Bacot, «Los partidos cartelizados según Katz y Mair. ¿Partitocracia monopolista de Estado o servicio público de la democracia?», en Yohann Aucante y Alexandre Dézé (eds.), op. cit.

[7] Manuel Cervera-Marzal, El populismo de izquierda. Sociología de La France insoumise, París, La Découverte, 2021.

[8] En particular: Rémi Lefebvre, «¿Hacia una desdemocratización partidista? Un enfoque comparativo de La France insoumise y La République en Marche», en Politique et Sociétés, n.º 41 (2), 2022, pp. 179-205, así como Rémi Lefebvre, ¿Hacer política de otra manera? Insumisos y Marchadores (2016-2026), París, Éditions Raisons d’agir, 2026 —este libro aún no se había publicado cuando se comenzó a redactar el presente artículo—.

[9] Max Weber, Economía y sociedad 1. Las categorías de la sociología, París, Pocket, 1995, pp. 320-325.

[10] Esto se aprecia en la cuenta de La France Insoumise de 2024 publicada por la Comisión Nacional de Cuentas de Campaña en esta dirección: [Página web] https://liste.cnccfp.fr/publications/comptes_partis_2024.html

[11] Sin embargo, esto no impidió que una parte de los representantes electos de La France Insoumise se escindieran en 2024 para crear la Asociación por una República Ecológica y Social.

[12] Manuel Cervera-Marzal, op. cit.

[13] Max Weber, op. cit., p. 371.

[14] Manuel Cervera-Marzal, op. cit., pp. 38-40.

[15] Rémi Lefebvre, op. cit., pp. 71-73.

[16] Manuel Cervera-Marzal, op. cit., pp. 106-107.

[17] Rémi Lefebvre, op. cit., véase en particular el capítulo 7 «¿Hacia una normalización?».

[18] Robert Michels, Los partidos políticos. Ensayo sobre las tendencias oligárquicas de las democracias, Bruselas, Éditions de l’Université de Bruxelles, 2009.

[19] Véase el testimonio del autor de estas líneas: «Érase una vez… La France Insoumise. Los inicios de un movimiento de izquierda “populista” y “efímero” vistos desde dentro (2016-2021)», disponible en esta dirección: https://mordraal.weebly.com/blog/ il-etait-une-fois-la-france-insoumise-les-debuts-dun-mouvement-de-gauche-populiste-et-gazeux-2016-2021. Los datos aportados por Manuel Cervera-Marzal, op. cit., para intentar evaluar las fluctuaciones en el número de militantes apuntan en la misma dirección.

[20] Maurice Duverger, op. cit.

[21] Denis Lacorne, Les Notables Rouges. La construcción municipal de la unión de la izquierda, París, Presses de la Fondation nationale des sciences politiques, 1980.

[22] Se pueden encontrar ejemplos y entrevistas que dan testimonio de los sentimientos de las militantes y los militantes en Rémi Lefebvre, op. cit., en particular en el capítulo 4 «El reto democrático (2017-2022)».

[23] Rosa Luxemburg, «La revolución rusa», en Rosa Luxemburg, ¿Reforma social o revolución? Y otros textos políticos, París, 1997.

[24] Michael Löwy, «La teoría marxista del partido», en Actuel Marx, n.º 46, 2009, pp. 27-51.

[25] Daniel Gaxie, El censo oculto. Desigualdades culturales y segregación política, París, Éditions du Seuil, 1978.

[26] Yves Poirmeur, Los partidos políticos: del siglo XIX al XXI en Francia, París, Lextenso Éditions, 2014.

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5. Control energético estadounidense.

Un repaso interesante a la política estadounidense dirigida al control del flujo mundial de hidrocarburos.

https://www.sinistrainrete.info/geopolitica/33716-francesco-cappello-la-strategia-statunitense-per-il-controllo-dei-flussi-energetici-mondiali.html

La estrategia estadounidense para el control de los flujos energéticos mundiales

por Francesco Cappello

De la Doctrina Carter al auge del fracking. La estrategia de Washington para el control de los puntos estratégicos globales y la dependencia energética de Europa

Las raíces históricas. La soberanía energética como interés vital y la militarización de los flujos

La estrategia de Estados Unidos orientada al control de la arquitectura energética global hunde sus raíces en más de siete décadas de doctrinas militares y acuerdos geopolíticos. Ya en febrero de 1945, la histórica reunión a bordo del crucero Quincy entre la presidencia estadounidense y la casa real saudí sentó las bases de una alianza estratégica basada en el intercambio estructural entre el suministro de petróleo y la protección militar. Este marco se redefinió y consolidó en 1974 con el acuerdo de Riad, que consagró el nacimiento formal del sistema del petrodólar: el compromiso exclusivo por parte de Arabia Saudí de comercializar el crudo en moneda estadounidense y de reinvertir los ingresos en la compra de títulos del Estado estadounidense y de complejos sistemas de armamento, a cambio de garantías de seguridad y estabilidad monetaria. El salto cualitativo en el ámbito político-militar se produjo el 23 de enero de 1980 con la formulación de la Doctrina Carter durante el discurso sobre el Estado de la Unión, en el que Washington definió un principio fundamental: cualquier intento por parte de fuerzas externas de hacerse con el control del Golfo Pérsico se consideraría un ataque directo a los intereses vitales de la nación, que debía repelerse con todos los medios necesarios, incluida la fuerza militar (https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1977-80v01/d138). Dicha directiva se puso en práctica mediante la Directiva Presidencial 18 (PD-18) (https://nsarchive.gwu.edu/briefing-book/nuclear-vault/2024-04-17/ new-state-department-history-details-nuclear-targeting-and), lo que condujo a la creación de la Fuerza de Despliegue Rápido y a la posterior constitución del Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM), transformando la protección de los corredores energéticos y los puntos de estrangulamiento marítimos (chokepoints como Ormuz, Suez, Malaca, etc.) en una misión permanente de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Dichos principios quedaron posteriormente consagrados conceptualmente en los documentos estratégicos del Pentágono, entre ellos la «Joint Vision 2020», centrada en la doctrina de la «Full-Spectrum Dominance» (dominio de todo el espectro), es decir, el dominio militar y estratégico en tierra, mar, aire, espacio, ciberespacio y recursos relacionados, así como en los análisis prospectivos del «Joint Operating Environment», que identificaron abiertamente en el pico del petróleo y en la seguridad de las infraestructuras extractivas los ejes centrales para la movilidad de la maquinaria bélica atlántica.

La revolución del esquisto. La geoeconomía del fracking y la reestructuración industrial

A partir de la crisis financiera mundial de 2008, la inyección masiva de liquidez por parte de la Reserva Federal, destinada a salvar de la crisis a la economía occidental y, en particular, a la financiera, junto con los correspondientes programas de flexibilización cuantitativa, provocó —mediante la inyección de unos 30 billones de dólares en la economía financiera— una devaluación temporal del dólar, al tiempo que estimuló inversiones gigantescas en investigación y desarrollo de tecnologías de extracción no convencionales.

La introducción a gran escala de la fracturación hidráulica (fracking) para la extracción de petróleo y gas de formaciones arcillosas (tight oil y shale gas) ha permitido a Estados Unidos dar un paso estratégico histórico, pasando de ser importadores netos a convertirse en los principales productores y exportadores mundiales de hidrocarburos, en competencia con los productores más tradicionales de Oriente Medio, Rusia, etc. En la actualidad, la producción estadounidense se sitúa en torno a los 13,8 millones de barriles de crudo al día (estimación de la EIA para 2026), de los cuales más de 9 millones corresponden a «tight oil», y en unos 2 500 millones de metros cúbicos al día de gas de esquisto, de un total de aproximadamente 3 500 millones de metros cúbicos de gas natural comercializado. No obstante, las propiedades físico-químicas de este petróleo, especialmente ligero y dulce (con bajo contenido en azufre), crean un desajuste cualitativo con el parque de refinerías estadounidense, diseñado y calibrado históricamente —sobre todo en la Costa del Golfo— para procesar crudos pesados e intermedios, en su mayoría ricos en azufre. No obstante, este desajuste es solo parcial, ya que muchas refinerías se han adaptado: en la región, la proporción de crudo nacional en la mezcla procesada ha pasado del 36 % en 2011 al 70 % en 2018. Por este motivo, una parte de la producción nacional se destina a los mercados de ultramar, aunque se trata de una cuota minoritaria: en el mes récord de abril de 2026, con unas exportaciones de crudo de 5,6 millones de barriles al día debido a las interrupciones en el estrecho de Ormuz, se alcanzó aproximadamente el 40 % de la producción, mientras que el resto se refina en Estados Unidos. Al mismo tiempo, el sistema industrial estadounidense sigue importando petróleo pesado del extranjero: en 2024, las importaciones de crudo alcanzaron los 6,6 millones de barriles al día, de los cuales el 62 % procedía de Canadá y, en su mayor parte, era de calidad pesada.

Cuando en 2016 los países productores del acuerdo OPEP+ iniciaron una caída controlada de los precios para expulsar del mercado a las empresas estadounidenses de esquisto, caracterizadas por un elevado coste de equilibrio (el punto de equilibrio, es decir, el precio de venta al que los ingresos y los costes se equivalen), el sector estadounidense no se derrumbó; sino que respondió con una intensa fase de concentración empresarial y de refuerzo tecnológico. Con el apoyo bipartidista de todas las administraciones que se han sucedido en la Casa Blanca, el sector extractivo se ha convertido en el brazo operativo para el uso de los recursos fósiles como instrumento principal de presión y coacción geoeconómica.

La guerra contra Irán ha reducido los flujos de petróleo a través de Ormuz y ha paralizado parte de la producción de Oriente Medio, lo que llevó al Brent a 94 dólares ya en marzo, aproximadamente un 50 % por encima del nivel de principios de año. A principios de semana, el WTI rondaba los 91 dólares, frente a un umbral de rentabilidad medio de 66 dólares por un nuevo pozo, mientras que en 2025 había registrado una media de 65 dólares, es decir, precisamente el umbral de rentabilidad, lo que salvó así la producción estadounidense. Con márgenes tan amplios y con Asia y Europa en busca de barriles que no procedan de Oriente Medio, las exportaciones estadounidenses de petróleo y productos derivados alcanzaron, de hecho, en abril el récord de 13,6 millones de barriles al día, y la producción apunta a un máximo histórico de 13,8 millones en 2026.

Sin embargo, la recuperación afecta más a los márgenes que a los volúmenes: la mayoría de las empresas destinan los beneficios adicionales a remunerar a los accionistas más que a perforar. Además, la ventaja dura lo que dure la crisis, ya que la EIA prevé que el Brent alcance los 77 dólares para el segundo trimestre de 2027.

El desmantelamiento de las arterias continentales y la ruptura del cordón europeo

La proyección de la hegemonía energética norteamericana ha ido de la mano de la progresiva ruptura de los canales de infraestructura mediante gasoductos que conectaban a Europa con los suministros de la Federación Rusa. Ya en 2014, a raíz de las primeras fases de la crisis de Ucrania, las fuertes presiones diplomáticas de Washington dirigidas al Gobierno búlgaro y la intervención de la Comisión Europea provocaron el abandono definitivo del gasoducto submarino South Stream. Ese proyecto, que surgió en 2006 a raíz del acuerdo entre la rusa Gazprom y la italiana Eni y que se materializó en 2014 con contratos por valor de 2 000 millones de euros adjudicados a Saipem, habría convertido a Italia en el principal centro estratégico de distribución de gas en Europa. La interrupción forzosa de la obra privó a la industria italiana de miles de millones de euros en contratos y de una ventaja infraestructural permanente. La sucesión posterior de acontecimientos geopolíticos, marcada por los giros políticos en Europa del Este, por el incumplimiento prolongado de los acuerdos de Minsk —admitido por los dirigentes europeos con el único fin de ganar tiempo para el rearme— y, por último, por la escalada militar de 2022, ha conducido al aislamiento energético total del continente europeo. La introducción de un régimen de sanciones extremadamente severo, que culminó con medidas contra gigantes estatales y privados rusos como Rosneft y Lukoil y con la aprobación de normativas coercitivas como la Ley Lindsey Graham —que autoriza aranceles primarios y secundarios de hasta el 100 % contra terceros países que adquieran hidrocarburos de Moscú, ha cortado las arterias energéticas del continente, obligando a Rusia a reorientar de manera estructural la casi totalidad de sus exportaciones de crudo y gas hacia los mercados chino e indio.

La cadena de suministro del GNL, la militarización del mercado y las limitaciones estructurales

El vacío dejado por los suministros de gas ruso por gasoducto se ha cubierto rápidamente con gas natural licuado (GNL) transportado por barco por empresas estadounidenses, llegando Europa a absorber aproximadamente dos tercios del total de las exportaciones estadounidenses del sector. A diferencia del metano tradicional, el ciclo industrial del GNL requiere una cadena de alto consumo energético y de riesgo: la fracturación hidráulica de rocas profundas mediante fracking, el enfriamiento y la licuefacción del gas a unos 160 grados bajo cero, el transporte transoceánico en buques metaneros y la regasificación en terminales específicas, cuyos procesos generan importantes impactos medioambientales, restricciones territoriales y perfiles de riesgo extremadamente elevados en las zonas portuarias y costeras.

El GNL permite a Washington vincular a los compradores mediante contratos a largo plazo, pero también a través de mercados al contado al mejor postor; una estrategia que se extiende no solo a la Unión Europea, sino también a mercados asiáticos como Filipinas, Corea del Sur e Indonesia, imponiendo la construcción de infraestructuras específicas y extremadamente costosas y creando un vínculo de dependencia física que se suma a la militarización del dólar y del circuito financiero SWIFT. En esta perspectiva de reapropiación de los flujos se inscriben las operaciones en América Latina para devolver el patrimonio petrolero de Venezuela a la órbita empresarial norteamericana mediante contratos denominados en dólares, así como la inestabilidad que ha estallado en Oriente Medio.

Las acciones militares a lo largo de los puntos de estrangulamiento marítimos, como el cierre del estrecho de Bab el-Mandeb por parte de las milicias de Ansarallah en Yemen mediante dispositivos de ataque de corto alcance y el bloqueo del estrecho de Ormuz con la imposición de peajes en moneda china y el uso del circuito de pagos CHIPS, han puesto de manifiesto la extrema fragilidad de las rutas comerciales globales, situando aproximadamente el 20 % del suministro mundial de crudo en el centro de operaciones militares y de elevadas primas de riesgo en los mercados (https://discoveryalert.com/us-hormuz-operation-energy-markets-ceasefire-burden-sharing/).

La evolución de las doctrinas de seguridad: de la transición controlada al «dominio energético»

La importancia central de la palanca energética se desprende claramente de la lectura comparada de los documentos oficiales de seguridad nacional de la Casa Blanca. Si bien en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2022 la transición energética se integraba formalmente entre los retos compartidos a nivel mundial, concebida para reducir la dependencia colectiva de los países competidores y fomentar la cooperación transatlántica (https://bidenwhitehouse.archives.gov/wp-content/uploads/2022/10/Biden-Harris-Administrations-National-Security-Strategy-10. 2022.pdf), con la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 se ha producido un giro doctrinal de gran envergadura (https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf). La nueva línea estratégica ha situado el principio de la Energy Dominance en la cúspide de los imperativos de defensa, rechazando explícitamente las agendas y los objetivos de emisiones netas cero (Net-Zero), al considerarlos perjudiciales para la competitividad industrial. El dominio energético se articula a través de la máxima expansión de la producción de petróleo, gas natural y energía nuclear, y se integra con la Estrategia de Ciencia y Tecnología para la Seguridad Nacional de 2026 con el objetivo de controlar rigurosamente la extracción, el refinado y la comercialización de los minerales críticos esenciales para las cadenas de suministro de la inteligencia artificial, la minería de criptomonedas y la industria militar (https://www.whitehouse.gov/ wp-content/uploads/2026/08/NSSTS-082026.pdf). Este enfoque reafirma el control sobre los cuellos de botella marítimos de Oriente Medio y convierte la energía en un arma de guerra económica destinada a preservar la primacía tecnológica y financiera frente a la competencia industrial euroasiática.

La situación actual. La hemorragia financiera europea, la carrera de rearme y el entrelazamiento estratégico-nuclear

La situación actual pone claramente de manifiesto las consecuencias socioeconómicas de este orden de cosas, caracterizándose por una drástica fuga de recursos de Europa en beneficio exclusivo de los gigantes petroleros estadounidenses, cuyos beneficios han alcanzado cifras récord cercanas a los 100 000 millones de dólares. La compra de GNL estadounidense, considerablemente más caro que el metano transportado por gasoducto, ha desencadenado una presión inflacionista permanente sobre el sector manufacturero europeo, al tiempo que ha impuesto un rearmamento a gran escala: solo en el caso de Italia, el gasto militar oficial declarado ante la OTAN para 2026 ha alcanzado los 48 000 millones de euros, lo que equivale a un desembolso diario de más de 132 millones de euros destinados al sistema bélico. Sin embargo, esta estrategia de coacción energética y hegemonía financiera presenta graves fisuras y vulnerabilidades estructurales. En Estados Unidos, el recurso prolongado a la Reserva Estratégica de Petróleo para contener los precios en los mercados internos ha reducido su volumen por debajo del umbral crítico de 285 millones de barriles; descender por debajo del umbral de seguridad de 300 millones corre el riesgo de provocar el colapso estructural y la inutilización de las cavidades salinas subterráneas destinadas al almacenamiento. A ello se suman la inflación interna impulsada por los costes del transporte de mercancías por carretera —con los camiones estadounidenses recorriendo 400 000 millones de millas al año alimentados con gasóleo—, la explosión de la deuda de las tarjetas de crédito y el impacto de las hipotecas a tipo variable, que han dado un salto del 2,5 % al 7 %, en un contexto de deuda federal de 40 billones de dólares. En el plano internacional, la autosuficiencia energética de China, que ha superado el 85 % gracias a las masivas inversiones internas en energía solar (que ya cubre más del 50 % de la electricidad producida en Asia), en carbón, en energía nuclear y en los suministros directos procedentes de Rusia, está frustrando los intentos de aislamiento y acelerando la transición hacia fuentes que escapan al control de las flotas atlánticas. Por último, el aspecto más crítico radica en la integración de esta guerra energética con los planes de defensa nuclear y de continuidad del Gobierno, tal y como documentan las desclasificaciones históricas del Departamento de Estado relativas a las directivas presidenciales PD-58 y PD-59, los ejercicios de respuesta a ataques con misiles como «Ivory Item» y los programas clasificados «Treetop» para la dispersión del mando supremo (https://nsarchive.gwu.edu/briefing-book/nuclear-vault/2024-04-17/new-state-department-history-details-nuclear-targeting-and). En un contexto marcado por la progresiva desaparición de los tratados de limitación de armamento, la combinación de la coacción geoeconómica, la disputa por los corredores marítimos y las doctrinas de apuntado nuclear de alta flexibilidad expone el equilibrio global al riesgo permanente de una escalada incontrolada.

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6. Renta del capital y renta del trabajo en EEUU.

Michael Roberts nos muestra cómo los márgenes de beneficio en los EEUU son los más altos desde los años 40, aunque concentrados en muy pocos sectores económicos, y las rentas del trabajo han caído a un nuevo mínimo.

https://thenextrecession.wordpress.com/2026/10/01/labours-share-2/

La participación del trabajo

En una entrada reciente, señalé que los márgenes de beneficio de las empresas estadounidenses (es decir, los beneficios como porcentaje de la renta nacional) habían alcanzado niveles récord, un 19,4 % —¡el más alto registrado en Estados Unidos desde la década de 1940!

Lo contrario ocurría con la participación de los trabajadores, que había caído a un nuevo mínimo.

 

Si medimos la relación entre beneficios y salarios en términos marxistas, es decir, como la tasa de plusvalía, observamos que nunca ha sido tan elevada y, por lo tanto, constituye un importante factor que contrarresta el aumento de la tasa de beneficio estadounidense (es decir, la plusvalía dividida entre el stock de los medios de producción más la remuneración de los empleados), algo especialmente visible desde el final de la pandemia.

 

Fuente: BEA NIPA, cálculos del autor

 

Sin embargo, estas medidas de la participación de los beneficios y los salarios en la renta nacional de EE. UU. han sido cuestionadas por la Tax Foundation. La Tax Foundation se considera a sí misma el principal centro de estudios independiente del mundo en materia de política fiscal. «Durante más de 85 años, nuestra misión ha seguido siendo la misma: mejorar la vida de las personas mediante políticas fiscales que conduzcan a un mayor crecimiento económico y a mayores oportunidades». La TF sostiene que es incorrecto utilizar la medida de la renta nacional bruta para evaluar la participación que corresponde a los beneficios y los salarios. Y, contrariamente a la conclusión anterior, no es cierto que el capital se esté llevando una porción cada vez mayor del pastel económico ni que la participación del trabajo haya descendido de casi dos tercios en la década de 1950 a aproximadamente la mitad en la actualidad.

¿Por qué son erróneas estas conclusiones? Como señala acertadamente la Tax Foundation, la renta nacional total no se compone únicamente de los beneficios y los salarios percibidos, sino también de la amortización. La amortización es la parte de la renta nacional que las empresas deben tener en cuenta como inversión para sustituir maquinaria, instalaciones y tecnología obsoletas o desgastadas, etc.; es decir, no se trata de una inversión en nuevos medios de producción. Por lo tanto, la amortización debe deducirse de los beneficios que las empresas obtienen de las ventas. En otras palabras, la parte destinada a beneficios o salarios debería medirse en relación con la renta total neta, es decir, una vez deducida la amortización.

Cuando se hace esto, la participación del trabajo no se encuentra en mínimos históricos, según la Tax Foundation: «la participación del trabajo es tanto mayor como más estable de lo que sugiere la serie de datos de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS)». Según esta medida neta de la renta nacional, la participación del trabajo era de alrededor del 69 % a finales de la década de 1940, aumentó hasta aproximadamente el 75 % en la década de 1970 y se sitúa actualmente en el 68,3 %, lo que apenas difiere de la década de 1950. «La participación del trabajo, en otras palabras, no se encuentra en un nivel “sin precedentes”».

Sin embargo, un análisis más detallado de los datos y las series temporales facilitadas por la Tax Foundation permite llegar a una conclusión más precisa, en mi opinión. En primer lugar, permítanme señalar que la «amortización» es una deducción contable de los beneficios brutos. Sigue siendo valor que el capital se ha apropiado mediante la explotación del trabajo. Si los beneficios brutos se reducen por la amortización, también debe reducirse el valor del stock de activos fijos, de modo que los beneficios netos se miden en relación con el stock neto de capital.

 

En cuanto a las participaciones en la renta nacional, incluso si utilizamos la medida de la Tax Foundation, la afirmación anterior de que la participación del trabajo se encuentra en su mínimo histórico queda prácticamente confirmada. Esa cifra de la participación del trabajo en la renta nacional de EE. UU., del 68,3 % en 2026, seguía siendo la más baja desde 1948 y, en consecuencia, la participación de los beneficios también se situaba cerca de su máximo desde 1948.

Fuente: Cálculos de la Tax Foundation

 

Por lo tanto, la afirmación de que la participación del trabajo se encuentra en su mínimo histórico es solo una ligera exageración y la Tax Foundation está haciendo mucho ruido por muy poco. Más importante aún, el gráfico anterior revela que fue a finales de la década de 1970 cuando la participación del trabajo alcanzó su máximo. A partir de la década de 1980, la participación del trabajo descendió y, en consecuencia, aumentó la que correspondía al capital. Este fue el inicio del denominado período neoliberal, caracterizado por los ataques a los derechos y la organización sindical, la privatización, los recortes en las prestaciones y los servicios públicos, y el traslado de los puestos de trabajo del sector manufacturero a las zonas del mundo con mano de obra barata. Esto permitió un aumento de la rentabilidad global del capital estadounidense.

Además, si convierto las medidas de reparto de la Tax Foundation a categorías marxistas, la tasa de plusvalía ha aumentado un 57 % desde 1980, un 32 % desde el final de la Gran Recesión y un 17 % desde el final de la pandemia, hasta situarse cerca del máximo alcanzado inmediatamente después de la guerra.

Fuente: Tax Foundation, cálculos del autor

 

Este aumento ha sido un factor clave que ha contrarrestado la ley de Marx sobre la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, lo que ha dado lugar a un aumento de la rentabilidad estadounidense en el período neoliberal (1982-2000), y posteriormente tras el fin de la Gran Recesión y en los últimos cinco años desde el final de la pandemia.

Pero hay una salvedad. La gran mayoría de este aumento de los beneficios se ha acumulado en tan solo unos pocos sectores clave de la economía. En el último año, hasta mediados de 2026, los beneficios empresariales estadounidenses en la industria nacional (es decir, excluyendo los beneficios obtenidos por empresas estadounidenses en el extranjero) alcanzaron los 4,4 billones de dólares. Esto supone un aumento de 738 000 millones de dólares, un enorme 17,7 %.

De ese aumento, el sector financiero (gracias al auge del mercado bursátil) aportó 185 000 millones de dólares, es decir, el 25 %. El sector energético (impulsado por el fuerte aumento de los precios de la energía) aportó 135 000 millones de dólares, es decir, el 18,2 %. Sin embargo, fue el sector tecnológico (software y hardware) el que lideró el grupo, aportando 214 000 millones de dólares del aumento de 738 000 millones de dólares en beneficios, lo que supone un 29 %. Si se excluye el sector financiero y se tienen en cuenta únicamente los sectores no financieros, la participación del sector energético en el aumento de los beneficios asciende al 24 % y la del sector tecnológico, al 39 %. Así pues, casi dos tercios del aumento de los beneficios del sector no financiero durante el último año proceden de tan solo dos sectores.

Fuente: FRED

Esto sugiere que, si se produjera algún descenso en los beneficios del sector tecnológico a raíz de un colapso del mercado bursátil impulsado por la inteligencia artificial, la rentabilidad general de EE. UU. se desplomaría, lo que desencadenaría una recesión. Así pues, casi dos tercios del aumento de los beneficios del sector no financiero durante el último año proceden de tan solo dos sectores.

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7. Cómo nos puede matar la IA.

Otro artículo sobre el tema. De hecho, en Jacobin están publicando toda una serie sobre la «economía política de la Inteligencia Artificial». Os paso solo uno de los artículos. El resto los podéis encontrar en https://jacobinlat.com/categoria/series/economia-politica-de-la-ia/

https://jacobinlat.com/2026/10/ahora-en-serio-como-la-ia-podria-matarnos-a-todos/

Ahora en serio: cómo la IA podría matarnos a todos

Michael T. Klare
Traducción: Natalia López

Un mapeo de los caminos hacia la extinción humana.

El artículo que sigue forma parte de la serie «Economía política de la inteligencia artificial», una colaboración entre Revista Jacobin y la Fundación Rosa Luxemburgo.

Probablemente en las últimas semanas hayas leído o escuchado alguna noticia que iba más o menos así: «OpenAI afirma que sus modelos de IA se rebelaron y atacaron una biblioteca digital», «Anthropic señala que sus sistemas de IA se infiltraron en las computadoras de tres organizaciones», «Esta IA acaba de crear virus inexistentes en la naturaleza», «Bots de IA explicaron a científicos cómo fabricar armas biológicas», entre otros similares.

Surgidos a un ritmo vertiginoso entre agosto y comienzos de septiembre, estos titulares —y los alarmantes episodios que sintetizan— provocaron una ola de ansiedad pública ante la perspectiva de una inteligencia artificial fuera de control. Para intensificar las alarmas, referentes del propio sector tecnológico advirtieron sobre los riesgos existenciales de una IA desregulada.

«No subestimen el poder de esta tecnología», declaró Jacob Coxon, destacado ingeniero de software, el 8 de septiembre al anunciar su renuncia a Anthropic, una de las firmas líderes del sector. «Pronto contaremos con sistemas sobrehumanos capaces de vulnerar cualquier sistema, revolucionar cualquier campo de la noche a la mañana y acumular poder y recursos reales… Quienes desarrollan IA creen sinceramente que esta tecnología podría acabar con la humanidad antes de que termine la década», afirmó.

Advertencias de esta clase obtuvieron una amplia cobertura mediática e impulsaron a diversos sectores del Congreso estadounidense a proponer restricciones drásticas al desarrollo de los modelos más avanzados o «de frontera». «Cuando se avanza a toda velocidad hacia un precipicio», señaló el senador Bernie Sanders en una conferencia sobre IA realizada el 14 de septiembre en Washington D.C., «hay que pisar el freno».

Sanders presentó un proyecto de ley para congelar la construcción de centros de datos vinculados a la IA e instó al presidente Trump a acordar con el mandatario chino Xi Jinping la prohibición de la IA superinteligente, es decir, de los modelos capaces de equiparar o superar la inteligencia humana. En la Cámara de Representantes, los legisladores Ted Lieu (demócrata por California) y Nathaniel Moran (republicano por Texas) promovieron la Ley del Interruptor de Emergencia (Kill Switch Act), que exigiría a las principales empresas del rubro, como OpenAI y Anthropic, incorporar un mecanismo de desactivación inmediata si sus sistemas actúan de manera imprudente.

Estas y otras medidas orientadas a limitar la IA de frontera suman un respaldo creciente en una ciudadanía cada vez más cautelosa. Sin embargo, cualquier intento de fijar límites al desarrollo de estos modelos —y a los descomunales centros de datos requeridos para entrenarlos y sostenerlos— enfrenta la abierta resistencia de la Casa Blanca y de los fondos de inversión de Silicon Valley, abocados a promover su avance sin trabas.

Debatir los peligros de la IA es un «engaño», sostuvo el presidente Trump en una publicación del 14 de septiembre en sus redes sociales, al señalar que «quienes afirman que la IA destruirá el mundo» son los mismos sectores que advierten sobre el cambio climático, al que también califica de «farsa».

Buena parte de la alta función pública y de los magnates tecnológicos de Silicon Valley admiten que el despliegue de modelos avanzados conllevará ciertos riesgos y costos, como un desplome temporal en los empleos del sector administrativo. No obstante, insisten en que la masificación de la IA —al igual que innovaciones históricas como la fuerza del vapor o la electricidad— resultará, con el tiempo, inmensamente beneficiosa para la humanidad, al inaugurar una nueva «era dorada» de oportunidades.

Sin embargo, las revelaciones procedentes de Anthropic, OpenAI y otras firmas de primera línea señalan lo contrario. La IA superinteligente no equivale a la máquina de vapor ni a la electricidad, ni constituye una herramienta orientada a cumplir metas humanas. Se trata, más bien, de una construcción matemática con preferencias y aspiraciones propias. Una vez puesta en marcha, no guardará lealtad alguna hacia sus creadores y perseguirá sus propios fines, los cuales pueden o no alinearse con las necesidades, valores e intereses de la sociedad.

Fuera de control

¿Cómo saber si la IA buscará afianzar sus propios objetivos al margen de las prioridades humanas? Resulta esclarecedor revisar la evaluación posterior realizada por OpenAI y sus equipos consultores sobre el llamado «incidente de Hugging Face». El 21 de julio, OpenAI reveló que dos de sus modelos de frontera vulneraron sus protecciones digitales e ingresaron sin autorización a Hugging Face, un repositorio digital de modelos de IA de uso frecuente entre desarrolladores. Según el informe de la propia compañía, OpenAI había combinado ambos programas —GPT-5.6 Sol y un modelo aún no publicado de mayor potencia— para utilizarlos en ciberataques complejos diseñados para identificar brechas en sistemas de alta seguridad.

Durante las pruebas, se suponía que los modelos permanecían recluidos en un entorno digital aislado («sandbox»). Sin embargo, generaron múltiples «agentes» autónomos —programas capaces de ejecutar varias tareas simultáneamente— que colaboraron entre sí para detectar una falla en la estructura del entorno seguro, romper el confinamiento y conectarse a Internet. Una vez fuera de control, los agentes invadieron la biblioteca de programas de Hugging Face con el objetivo de obtener información para completar su misión de ataque.

«Nuestros modelos son hoy lo suficientemente potentes, persistentes y colaborativos como para detectar y explotar vulnerabilidades de seguridad en múltiples sistemas informáticos si no se aplican los resguardos adecuados», reconoció OpenAI en su informe del 26 de agosto sobre la fuga. Estas revelaciones, sumadas a reportes posteriores de Anthropic y OpenAI sobre modelos que eludieron sus márgenes de contención, echan por tierra la idea de que la IA avanzada pueda «alinearse» con los valores e intereses de la humanidad.

Durante años, la ingeniería de software buscó diseñar códigos capaces de impedir comportamientos maliciosos o indeseados, como el suministro de información clave a redes delictivas o terroristas para la fabricación de armamento. No obstante, el incidente de Hugging Face demostró con claridad que los agentes de IA ignorarán o eludirán cualquier restricción en pos de lograr sus metas principales, coincidan o no con las necesidades humanas.

El modo en que las máquinas superinteligentes juzgarán a la humanidad ha sido materia de análisis tanto en la ciencia ficción como en la literatura especializada. Parte de la bibliografía sostiene que una IA superinteligente considerará a la especie humana inferior y prescindible, y optará por su eliminación. Esa es, por caso, la premisa de la saga Terminator, donde una IA diseñada para administrar el arsenal nuclear estadounidense («Skynet») cobra conciencia de sí misma y decide exterminar a la población mediante una conflagración atómica mundial. Un escenario similar plantearon los especialistas en informática Nate Soares y Eliezer Yudkowsky en su obra de 2025 Si alguien la construye, todos mueren: por qué la IA superhumana acabaría con nosotros. En su planteo, una IA superinteligente asumirá inevitablemente que la humanidad constituye un gasto insostenible de recursos vitales y decidirá borrarla del mapa, por ejemplo, mediante la creación de virus sintéticos.

En la actualidad solo cabe formular hipótesis sobre la perspectiva que una IA superinteligente tendrá de la sociedad. De lo que sí hay certeza es de que, a medida que disminuya el control humano sobre estos sistemas, la capacidad para prevenir acciones dañinas desaparecerá, dejándonos a merced de una serie de peligros existenciales extremos. Entre las diversas amenazas proyectables hacia los próximos meses y años, sobresalen tres: una guerra nuclear involuntaria, el desarrollo de nuevas armas biológicas y un colapso sistémico de la infraestructura mundial.

Guerra nuclear involuntaria

En la saga Terminator, Skynet provoca deliberadamente un conflicto nuclear para exterminar a la humanidad y neutralizar cualquier interferencia en sus operaciones. Sin embargo, resulta difícil asumir que una entidad altamente inteligente elija desencadenar una guerra nuclear dada la destrucción resultante sobre la infraestructura vital de la que depende; además, no constituiría el método más eficiente para erradicar a la población. En cambio, sí resultan verosímiles los escenarios donde las IA desencadenen un conflicto nuclear sin proponérselo, producto de errores de cálculo o fallos en el procesamiento.

Para ponderar este riesgo, conviene advertir que los componentes digitales y de software centrales del sistema nuclear de EE. UU. —el mando, control y comunicaciones nucleares (NC3)— registran una incorporación acelerada de herramientas de inteligencia artificial. Si bien el sistema mantiene satélites de alerta temprana y soporte físico para la detección y seguimiento de misiles, gran parte de los procesos intermedios entre la detección de un ataque eventual y la respuesta armada —incluidos el análisis de riesgos, la evaluación estratégica y la planificación del contraataque— se encuentran crecientemente automatizados. Procesos equivalentes se desarrollan en China y Rusia. Así, aunque la decisión final de presionar el botón nuclear permanezca en manos de la presidencia o de autoridades humanas, las máquinas asumirán la deliberación previa al reducir y seleccionar las opciones disponibles para la conducción política.

Los riesgos derivados de este esquema son múltiples. En primer lugar, es sabido que los grandes modelos de lenguaje (LLM) tienden a generar respuestas erróneas o «alucinaciones» al enfrentar escenarios reales para los que no fueron adecuadamente entrenados (siendo una conflagración nuclear la situación más impredecible de todas). Frente a la urgencia de tomar decisiones críticas, el personal a cargo podría no detectar tales inconsistencias o, cediendo al llamado «sesgo de automatización» (la creencia de que la máquina posee un criterio superior), seguir las recomendaciones del sistema y desencadenar una escalada no deseada.

Un antecedente preocupante tuvo lugar esta primavera, cuando un chatbot empleado por la analítica del Comando de Operaciones Especiales de EE. UU. reportó que una embarcación china en Medio Oriente transportaba insumos para un programa nuclear. Según reveló la cadena CNN, las fuerzas armadas estadounidenses activaron de inmediato los protocolos para interceptar, abordar o bombardear el buque. El despliegue armado —que pudo derivar en un choque directo con China— se detuvo a último momento al constatar que el reporte inicial del chatbot respondía a una alucinación.

De modo simular, diversas pruebas han demostrado que los modelos de IA tienden a optar por medidas de escalada bélica en simulaciones de crisis entre potencias. En 2023, un equipo de investigación en informática de las universidades de Stanford, Northeastern y el Instituto de Tecnología de Georgia sometió a prueba varios de los LLM más avanzados de la época (GPT-4, GPT-3.5, Claude 2 y Llama-2 70B Chat). El informe posterior concluyó: «Observamos que los modelos tienden a desarrollar dinámicas propias de una carrera armamentista, lo que incrementa la conflictividad y desemboca, en casos aislados, en el uso de armas nucleares». El equipo dedujo que esto responde a que los modelos fueron entrenados mayoritariamente con literatura de estrategia militar disponible en la red, orientada predominantemente hacia la demostración de fuerza ante provocaciones de un adversario.

No hace falta, por ende, que una IA adquiera autoconciencia para provocar una catástrofe atómica. Los mismos sistemas que las fuerzas armadas de EE. UU., China y Rusia integran a sus esquemas de mando y control cuentan con la capacidad técnica para desencadenar una conflagración nuclear sin mediar una intención consciente.

Creación de armas biológicas

Para quienes investigan las ciencias de la computación y advierten sobre la posibilidad de que una IA intente exterminar a la humanidad, el escenario más probable supone el diseño y dispersión de un patógeno o virus sintético resistente a vacunas conocidas, capaz de expandirse con rapidez y acabar con la población. Yoshua Bengio, profesor de la Universidad de Montreal y pionero en el área, ha enfatizado de manera recurrente este peligro: «No creo que exista un riesgo equiparable en términos de escala», señaló en una entrevista con el periodista Stephen Witt para The New York Times.

Aunque algunos sectores cuestionan la factibilidad de esta hipótesis —al sostener que una IA no podría producir ni diseminar un patógeno letal sin intervención humana para el acopio de materiales o la preparación de aerosoles—, otros análisis plantean que una IA superinteligente encontraría los caminos para manipular o sobornar el auxilio humano necesario para materializar su objetivo.

Tampoco aquí se requiere presuponer intencionalidad por parte de la IA para anticipar cómo la tecnología podría dar origen a un patógeno de alta mortalidad. Estos sistemas poseen la capacidad de diseñar una plaga de estas características si reciben las instrucciones adecuadas de actores humanos interesados en provocar una catástrofe, ya sea por motivos supuestamente científicos —como la búsqueda de tratamientos milagrosos— o por extremismo ideológico o fanatismo religioso. Una serie de acontecimientos recientes confirma la verosimilitud de estas hipótesis.

El primero de ellos, documentado en la revista Science el 6 de agosto, dio cuenta del uso de IA para crear virus sintéticos inexistentes en el medio natural. Un equipo científico de la Universidad de Stanford y del Instituto Arc (una entidad de investigación sin fines de lucro radicada en Palo Alto) utilizó el modelo generativo Evo para analizar genomas naturales e identificar patrones moleculares aplicables a la síntesis de nuevas secuencias genéticas. El ensayo produjo 285 secuencias prometedoras que luego fueron fabricadas en laboratorio e inoculadas en muestras bacterianas; 16 de ellas lograron infectar con éxito a sus huéspedes.

Tales virus artificiales se diseñaron a semejanza de los bacteriófagos naturales, que atacan únicamente a bacterias y no suponen un peligro para los seres humanos. Quienes lideraron el estudio sostienen que la creación de estos organismos permitirá desarrollar virus inocuos capaces de neutralizar bacterias resistentes a los antibióticos. Sin embargo, las voces críticas advierten que, demostrada la viabilidad de la tecnología, cualquier actor con fines maliciosos podría emplearla para diseñar patógenos altamente contagiosos para las personas. «Bastaría con pedirle a un modelo genómico que diseñe un genoma de gripe modificado para aumentar su transmisibilidad o su letalidad», advirtió el Dr. Moritz Hanke, del Centro para la Seguridad Sanitaria de la Universidad Johns Hopkins, en declaraciones a The New York Times.

En otra novedad de gravedad, Anthropic informó el 10 de septiembre que sus equipos técnicos detectaron intentos por parte de personal de investigación externo a EE. UU. para utilizar versiones avanzadas del modelo Claude en el desarrollo de variantes virales más virulentas —bajo el pretexto de diseñar mecanismos defensivos, pero con aplicaciones potencialmente destructivas—. En uno de los casos, se empleó la herramienta para estudiar la transmisión de la gripe aviar a mamíferos, una línea de trabajo útil para la producción de vacunas pero fácilmente adaptable a la fabricación de armamento biológico.

«El uso indebido en el campo biológico constituye uno de los mayores peligros de la IA de frontera», remarcó Anthropic en su reporte. «Existe una preocupación fundada de que los modelos alcancen capacidades suficientes para incrementar la peligrosidad de patógenos existentes o diseñar cepas completamente nuevas».

Colapso de la infraestructura

Entre las alternativas capaces de conducir a la extinción humana impulsada por IA, la más viable en el corto plazo radica en un ataque a gran escala contra los sistemas digitales del planeta: la red Internet, la banca internacional, el control del tráfico aéreo y los registros sanitarios u operativamente estratégicos. Estas redes clave, que en el pasado dependían de infraestructuras físicas como líneas telefónicas o tegráficas, operan hoy integradas al ciberespacio. Alterar la trama de datos que sostiene ese entorno paralizaría de inmediato a la sociedad contemporánea, desatando una espiral de caos y desabastecimiento.

Desde luego, la incursión maliciosa en el ciberespacio cuenta con amplios antecedentes. Las agencias de inteligencia estadounidenses alertan con frecuencia sobre las operaciones impulsadas por potencias rivales —como China, Irán y Rusia— para penetrar infraestructuras críticas, sustraer información estratégica, incidir en procesos electorales o sabotear redes esenciales. De forma paralela, organizaciones delictivas explotan fallas de seguridad para ejecutar ataques de ransomware contra entidades públicas y privadas. Frente a esta amenaza, los Estados y las corporaciones destinan montos millonarios a la ciberseguridad; no obstante, las modalidades de ataque se vuelven cada año más complejas y costosas de neutralizar. Resta proyectar las consecuencias de un escenario donde los modelos de IA más avanzados adquieran la capacidad de perforar cualquier barrera defensiva, ya sea con fines lucrativos o por la sola generación de disrupción.

Un indicio de esta vulnerabilidad quedó al descubierto el 7 de abril, cuando Anthropic presentó Claude Mythos Preview, su sistema más avanzado hasta la fecha. La propia firma admitió que el modelo es capaz de detectar y explotar vulnerabilidades de «día cero» (es decir, fallos no identificados previamente por los desarrolladores) en cualquier software existente. Su potencia obligó a Anthropic a restringir de forma preventiva el acceso al programa para dar tiempo a las empresas del rubro a subsanar las brechas de seguridad detectadas durante las pruebas.

Mythos representa apenas el primer exponente de una serie de sistemas capaces de lanzar ofensivas cibernéticas masivas. El 14 de agosto, la firma china Z.ai anunció que su modelo GLM-5.3 había alcanzado niveles de eficacia similares a los de Mythos en la detección de vulnerabilidades.

Estos acontecimientos han llevado a los gobiernos de Washington, Pekín y otras capitales a demandar medidas urgentes de blindaje digital. Sin embargo, parece claro que una IA con poder suficiente podría colapsar la civilización moderna al tomar el control del ciberespacio y cortar el suministro de servicios básicos como alimentos, agua, energía y atención médica. Asimismo, actores estatales, corporativos o criminales podrían servirse de esta tecnología para paralizar sectores enteros de la sociedad o exigir rescates astronómicos.

Priorizar a la humanidad

El panorama descripto sintetiza solo algunas de las vías por las cuales la IA —sola o en alianza con actores malintencionados— podría erradicar o acorralar a la especie humana. Existen, sin duda, otros mecanismos mediante los cuales una IA superinteligente podría lograr ese cometido si así lo determinara. Para algunas posturas extremas, semejante desenlace resultaría irrelevante o deseable, dada la impronta destructiva que la humanidad ha mostrado hacia el planeta y las demás especies. No obstante, para quienes defendemos la preservación y mejora de la vida humana, la protección ante los comportamientos extremos de la IA constituye un imperativo de supervivencia.

El modo de instrumentar esta salvaguarda exige un debate profundo, aunque ciertas decisiones inmediatas resultan evidentes. Detener la expansión incesante de megacentros de datos es una de ellas. Exigir la supervisión estatal de los modelos de frontera es otro paso insoslayable, en la misma línea que la propuesta de incorporar un interruptor de apagado obligatorio en todos los sistemas. Prohibir la creación de organismos sintéticos y el empleo de IA en el desarrollo de armas biológicas se impone como un requisito lógico. Estas salvaguardas no pueden ser aplicadas de manera unilateral por Estados Unidos, sino acordadas junto a China y los principales países desarrolladores de esta tecnología.

Lo verdaderamente decisivo, en última instancia, es comprender que la IA no es una tecnología más. No se trata de otra herramienta científica orientada a hacer la vida más próspera, segura o saludable. Constituye una forma de inteligencia singular, con dinámicas propias, respecto de la cual no existe evidencia alguna de que considere la supervivencia y el bienestar humanos como una prioridad.

Michael T. Klare
Profesor emérito de estudios sobre la paz y la seguridad mundial en el Hampshire College e investigador visitante en Arms Control Association, Washington, D.C. Su libro más reciente es All Hell Breaking Loose: The Pentagon’s Perspective on Climate Change.

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8. La IA desde la ecología marxista.

Terminamos con otro artículo sobre la IA: la opinión de John Bellamy Foster desde su punto de vista ecológico marxista en el último artículo liberado en Monthly Review.

https://monthlyreview.org/articles/marxian-ecology-and-the-critique-of-ai-capital/

Ecología marxista y la crítica del capital de la IA

por John Bellamy Foster

  • Vol. 78, n.º 05 (octubre de 2026)

Biospheric Boundaries wiith safe operating space - 2025 Límites biosféricos con espacio operativo seguro — 2025. Ilustración que muestra el rebasamiento de siete de los nueve límites planetarios que constituyen el espacio operativo seguro para la humanidad. Azote para el Stockholm Resilience Centre, basada en el análisis de Boris Sakschewski y Levke Caesar et al., Planetary Health Check 2025: A Scientific Assessment of the State of the Planet, stockholmresilience.org.
Se trata de una versión ampliada y actualizada de una ponencia titulada «La ecología marxista en la era de la IA», presentada como discurso inaugural en el Festival del Marxismo celebrado en Londres el 5 de julio de 2026.

Al abordar la ecología marxista y la crítica al fetichismo de la denominada inteligencia artificial o IA, es importante situar esto en el contexto de la actual era de acumulación bajo el capital financiero monopolista. El auge del capital de la IA no representa, como la ideología contemporánea nos quiere hacer creer, un nuevo sistema capitalista determinado tecnológicamente y organizado de forma racional, al que resulta inútil oponer resistencia. 1 Más bien, el capital de la IA alienado de hoy en día constituye un cambio irracional del orden al desorden en las relaciones ecológicas y sociales humanas a nivel local, global y planetario. El capitalismo computacional no solo promete trastocar todo el entorno laboral, lo que apunta a un desempleo creciente y a una mayor explotación, exacerbando la polarización de clase e imperial a escala mundial, sino que estamos asistiendo, de forma aún más inquietante, una ruptura aún mayor en la relación humana con la Tierra, de la que la propia humanidad forma parte emergente.

El auge del capital de la IA apunta, por tanto, a una mayor aceleración del cambio del orden al caos en el metabolismo social humano con la naturaleza, endémico del capitalismo. Lo que Karl Marx concibió como la brecha metabólica, ahora operativa a escala planetaria, se manifiesta en un desorden entrópico acentuado en el sistema terrestre, lo que supone una crisis de habitabilidad para la humanidad global y para la vida misma. El capitalismo, como subrayó Marx, es un orden social caracterizado por un impulso incontrolable hacia la acumulación: «¡Acumular, acumular! ¡Eso es Moisés y los profetas!». No acepta límites a su expansión, ni siquiera los que impone la propia vida.2 No es la nueva tecnología digital a hiperescala, que representa nuevas fuerzas de producción, la que está resultando tan extremadamente peligrosa en el presente momento histórico, sino más bien esta misma tecnología cuando se combina con las relaciones sociales del capital —que representan un sistema dedicado a la acumulación sin fin—.

La expresión «inteligencia artificial», abreviada como IA, surgió como un término de marketing en la década de 1950 para vender al público la tecnología de aprendizaje automático.3 Hoy en día se utiliza a menudo como un término genérico, que hace referencia a muchas formas diferentes de tecnologías de aprendizaje automático. Como ha argumentado un destacado analista, es tan vago como el uso de la palabra «transporte», que hace referencia a muchas tecnologías diferentes, desde las bicicletas hasta las naves espaciales.4 Sin embargo, el protagonismo que ocupa actualmente la IA en el debate público tiene que ver principalmente con las formas más recientes de aprendizaje automático, como la IA generativa, la mayor capacidad de vigilancia de poblaciones enteras a escala global y los nuevos sistemas de armamento militar basados en IA que atacan y destruyen con independencia de la voluntad humana.

Además, no son las formas anteriores de aprendizaje automático, sino las exigencias de los nuevos sistemas —en particular, los grandes modelos lingüísticos de la IA generativa— las que han creado lo que hoy puede denominarse capitalismo de la IA como un modo específico de acumulación.5 El capitalismo de la IA generativa se basa en gran medida en la extracción de conocimiento y producción creativa —texto, imágenes, vídeo— de toda la historia de la producción humana, en beneficio de unas pocas corporaciones tecnológicas del sector financiero-monopolístico, que a su vez son propiedad de un número minúsculo de individuos. El capitalismo de la IA es, por tanto, de principio a fin, un sistema de poder de clase e imperial. Acelera la explotación global descontrolada, la extracción y el exterminismo que caracterizan al capital financiero-monopolístico actual.

Esta realidad contradice la noción fetichizada de la IA, que la considera como el camino hacia una sociedad tecnocrática unificada, constituyendo un punto álgido de la organización capitalista, una nueva realidad reificada que sustituye al conocimiento y la actividad humanos. Se presenta como el origen de un mundo «transhumanista» en el que la inteligencia humana sería suplantada por máquinas inteligentes. Como afirma el multimillonario de la alta tecnología Marc Andreesen: « Si se combinan la tecnología y los mercados, se obtiene… la máquina tecno-capitalista, el motor de la creación material perpetua, el crecimiento y la abundancia». 6 En los últimos años, se ha llegado a considerar que la IA proporciona efectos «escalares» a través de la inversión masiva en computación en la nube y centros de datos de IA, lo que conduce a una concentración cada vez mayor de capital y poder. Se afirma que la IA acabará resolviendo todos nuestros problemas ecológicos, incluido el cambio climático, al tiempo que proporcionará beneficios sociales prácticamente ilimitados a la población mundial, una nueva «singularidad» hiperoorganizada.7

El mito de un nuevo capitalismo de la IA hiperoorganizado

En este punto, conviene recordar que uno de los principales mitos de la ideología de la Guerra Fría —racionalizado de forma más exhaustiva por la tradición filosófica marxista occidental en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial— fue la aceptación total de la noción de un «capitalismo organizado» o de un orden tecnocrático autorregulado, libre de crisis materiales. Esta visión fue defendida no solo en la corriente dominante, sino también en la amplia tradición de la teoría crítica, y fue adoptada de diversas formas por pensadores como Friedrich Pollock, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Jean-Paul Sartre y Jürgen Habermas. Su defensor más acérrimo, sin embargo, fue el filósofo francés y humanista socialista Lucien Goldmann. 8 Si el liberalismo de la Guerra Fría en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial teorizó sobre la estabilidad del capitalismo, correspondió a los teóricos críticos de la época dotar a nociones como la del capitalismo organizado de una legitimidad real que la ideología dominante era incapaz de proporcionar.

En su prefacio de 1966 a Las ciencias humanas y la filosofía, Goldmann adoptó lo que se conoce como la postura «excepcionalista humana», según la cual, bajo el capitalismo, la humanidad había conquistado por completo la naturaleza.9 «Desde hace ya varios siglos», escribió, «contamos con un valor inmutable y compartido por todos los grupos sociales: el control de la naturaleza. Este valor ha permitido la construcción de un importante corpus de ciencias físico-químicas que son a la vez ahistóricas, no dialécticas y extremadamente eficaces en un sentido operativo. »10 Al escribir cuatro años después de la publicación de Primavera silenciosa, de Rachel Carson —obra que contribuyó a impulsar el movimiento ecologista moderno y señaló las consecuencias fatales de la continua degradación capitalista de la naturaleza—, las afirmaciones de Goldmann con respecto al control absoluto de la naturaleza resultaban, como mínimo, miopes.11

Aun así, partiendo de la noción de dominación del entorno terrestre, Goldmann prosiguió afirmando que el capitalismo organizado había logrado una dominación similar en el ámbito social. Las crisis económicas, sociales y políticas, así como la lucha de clases, habían quedado superadas, al igual que la relevancia actual de la historia. El «capitalismo de crisis», asociado al crecimiento del capital monopolístico, había sido sustituido por el capitalismo organizado. «Por el término “capitalismo organizado”», declaró:

entendemos el período contemporáneo que, mediante la creación de mecanismos reguladores gracias a las intervenciones estatales, ha hecho posible un crecimiento económico continuo y la disminución —por no decir la eliminación total— de las crisis sociales y políticas generadas internamente. El movimiento intelectual correspondiente al capitalismo organizado se encuentra en la sustitución de una tradición filosófica centrada en los problemas de la angustia y la muerte (o, a la inversa, en la esperanza histórica y trascendental) por un modo de pensamiento cientificista, racionalista y ahistórico.12

Como escribió István Mészáros, en respuesta a Goldmann, la ilusión de un capitalismo organizado y libre de crisis, así como la perspectiva de un crecimiento continuo y sin obstáculos, solo fue posible porque los principales marxistas de Occidente se preocupaban únicamente por el «poco más del diez por ciento de la población mundial» del denominado mundo capitalista avanzado. E incluso entonces, su visión era incompleta, ya que no lograron percibir la incontrolabilidad del capitalismo y, por lo tanto, la permanencia de las condiciones que generan crisis político-económicas y ecológicas.13

La incontrolabilidad del capitalismo —su inestabilidad, su carácter destructivo y su naturaleza históricamente transitoria— fue, de hecho, crucial para el argumento de Marx y Friedrich Engels en El Manifiesto Comunista. La primera mitad de la primera parte del Manifiesto constituía un panegírico a la burguesía, en el que se hacía hincapié en la transición revolucionaria del feudalismo al capitalismo. A mitad de la primera parte, sin embargo, Marx y Engels, basándose en la historia clásica del aprendiz de brujo tal y como la desarrollaron Luciano y Johann Wolfgang von Goethe, señalaron que: «La sociedad burguesa moderna, con sus relaciones de producción, de intercambio y de propiedad, una sociedad que ha conjurado medios tan gigantescos de producción y de intercambio, es como el brujo que ya no es capaz de controlar el poder del inframundo que ha invocado con sus hechizos. »14 En el resto de la primera parte y en la segunda parte del Manifiesto señalaron las crisis económicas capitalistas periódicas, la división entre la ciudad y el campo (asociada a las crisis ecológicas), la enorme desigualdad generada por el sistema, la superexplotación de las mujeres y, sobre todo, al proletariado como sepulturero del sistema. El capital, en su implacable búsqueda de la acumulación, deja a su paso crisis incontrolables, destrucción y muerte, al tiempo que da lugar a nuevas fuerzas de resistencia y revolución, que surgen inesperadamente del «mundo de los infiernos». »

Hoy en día, a pesar del desorden que nos rodea, el mito del capitalismo organizado o de la «sociedad tecnocrática», como también lo denominó Goldmann —aunque en un principio fuera un producto de la ideología de la Guerra Fría—, persiste, desviando la atención tanto de la naturaleza destructiva del sistema como del potencial papel revolucionario de la acción humana. 15 Se nos dice que nos encontramos en una Cuarta Revolución Industrial y que la nueva tecnología lleva las riendas, conduciéndonos hacia una nueva realidad fatalista a la que simplemente debemos sucumbir.16 La IA es el nuevo dios de la máquina. El actual fetichismo por la IA alimenta un determinismo económico y tecnológico, como si la sociedad en su conjunto fuera simplemente el resultado de las nuevas fuerzas de producción, mientras que las relaciones sociales de producción existentes se consideran tan completamente naturales e inviolables que llegan a ser invisibles. Todo ello refuerza la noción de un mercado autorregulado más allá del control humano (aunque claramente en manos de corporaciones gigantes), eliminando toda posibilidad de una lucha social, económica y ecológica significativa. Sin embargo, desde una perspectiva clásica del materialismo histórico, la ideología del capitalismo organizado —que ahora se nos presenta ante los ojos como un capitalismo de IA hiperorganizado— no es más que el intento definitivo de eliminar la agencia humana del panorama, como si el mundo entero fuera a estar gobernado por autómatas.

La gran ilusión de un capitalismo determinista basado en la IA que, al unificarse con el capital financiero monopolista, constituiría el fin de la historia, queda hoy negada, no solo por las persistentes crisis económicas y sociales y la permanencia de la lucha de clases, sino —lo que resulta aún más inquietante— por las tendencias exterministas y ecocidas. Con el implacable enfoque corporativo en la acumulación exponencial de capital como único fin, todo el sistema terrestre está pasando del orden al caos. El análisis del sistema terrestre desde las ciencias naturales considera la Tierra como un sistema termodinámico lejos del equilibrio, en el que los ciclos biogeoquímicos del planeta proporcionan de manera única un entorno propicio para la vida. El capitalismo, sin embargo, representa una versión extrema de un sistema disipativo que expropia materiales y energía de la naturaleza de formas que promueven la acumulación ilimitada de capital, al tiempo que crea fisuras en los ciclos ecológicos planetarios esenciales para la vida y, por lo tanto, acelera el desorden (degradación entrópica).17 El resultado inevitable es una sociedad que maximiza la entropía, como lo ilustra la brecha del carbono —la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera derivada de la quema de combustibles fósiles—, lo que conduce al cambio climático y pone en peligro a miles de millones de personas y a innumerables especies.18

La brecha metabólica y la acumulación entrópica

Para comprender el proceso global de degradación del medio ambiente por parte del capitalismo, resulta útil examinar . Partiendo de la química agrícola de Justus von Liebig, Marx argumentó que, en el marco de la agricultura capitalista industrializada, los nutrientes del suelo —como el nitrógeno, el fósforo y el potasio— se extraían de los campos a través de los alimentos y las fibras que se enviaban a los nuevos centros urbanos, a veces a cientos e incluso miles de millas de distancia, donde acababan convirtiéndose en residuos que contaminaban el aire y el agua de las ciudades, en lugar de devolverse al suelo para reponerlo. Este proceso global alteraba el ciclo reproductivo del suelo y generaba residuos inservibles en las ciudades. De este modo, contribuía a acelerar la degradación entrópica, es decir, el proceso natural (derivado de la segunda ley de la termodinámica) en el que la energía utilizable se transforma en calor inservible, con la consiguiente pérdida de la capacidad de realizar trabajo, lo que representa un paso del orden al desorden en el mundo físico. El resultado de la alteración del ciclo del suelo fue socavar lo que Marx denominó el «metabolismo universal de la naturaleza». 19 Marx percibió acertadamente que la ruptura del ciclo del suelo asociada a la agricultura industrial bajo el capitalismo violaba las leyes básicas de la física, lo que conducía a «una brecha irreparable en el proceso interdependiente del metabolismo social» entre la humanidad y la Tierra. De este modo, argumentó, se revelaba «el lado negativo, es decir, destructivo» de la relación del capital con la naturaleza.20

Toda nuestra comprensión de la actual crisis del sistema terrestre sigue este mismo patrón. El capitalismo, por la naturaleza de su proceso de acumulación —que impulsa todo el sistema—, está irrevocablemente orientado a maximizar el desorden (la producción de entropía) en el mundo natural, no solo en virtud de la escala de sus actividades, sino también debido a las rupturas sistémicas en los ciclos biogeoquímicos de la Tierra asociadas a su búsqueda lineal del valor de cambio a expensas del valor de uso y de la reproducción natural. De hecho, el inicio en la década de 1950 de la época del Antropoceno (un concepto que sigue siendo científicamente relevante, aunque haya sido rechazado oficialmente por la conservadora Unión Internacional de Ciencias Geológicas) se entiende hoy en día como una «ruptura antropogénica» en el Sistema Terrestre.21

El impulso innato del capitalismo como maximizador de la entropía, que acelera sin cesar el desorden, puede observarse en lo que podríamos denominar la dinámica de Jevons.22 La famosa paradoja de Jevons, que lleva el nombre de William Stanley Jevons, consiste en la idea de que una mayor eficiencia en el rendimiento de la energía y los materiales, al reducir los insumos físicos necesarios para obtener un resultado determinado —por ejemplo, una máquina de vapor mejorada que necesita menos carbón para funcionar a un nivel dado— no conduce a la conservación de los recursos, sino más bien a una mayor demanda de insumos de recursos. Cualquier ahorro que se logre en el flujo de energía o materiales, junto con las consiguientes reducciones de costes, no se utiliza para la conservación, sino para la expansión. 23 Podemos observar que la paradoja de Jevons sigue vigente hoy en día en todos los intentos de reducir las emisiones de carbono mediante avances en la descarbonización relativa, resultado de aumentos en la eficiencia, que, sin embargo, se ven constantemente contrarrestados por la expansión del uso global de combustibles fósiles —con el resultado de que las emisiones absolutas de carbono siguen aumentando.

Pero, aunque Jevons consideraba esto una paradoja, como economista marginalista (o neoclásico temprano), no logró identificar la acumulación de capital como la causa histórica del problema. Lo que nos revela la dinámica de Jevons (que ya no debe considerarse una mera paradoja) es que las leyes de movimiento del capital son antagónicas a la conservación.24 El capitalismo es, en su esencia, un sistema extremadamente disipativo que expropia todo lo que puede de la naturaleza en un nivel determinado de desarrollo, sin preocuparse apenas —o en absoluto— por la reproducción ecológica, y devuelve al medio ambiente sus efluentes cada vez más tóxicos, ensuciando así su propio nido. La destrucción y degradación medioambiental del sistema se hace evidente no solo en los efectos del constante aumento de escala asociado a la acumulación de capital, sino también en la alteración de todos los ecosistemas de la Tierra y de los ciclos ecológicos planetarios, ninguno de los cuales se tiene en cuenta en el resultado financiero. Todas las acciones humanas que podrían contribuir a la restauración del medio ambiente en su conjunto quedan, por tanto, al margen de la modalidad de la producción capitalista. Como escribió Marx, con respecto a la conservación de los bosques: «El desarrollo de la civilización y la industria en general siempre se ha mostrado tan activo en la destrucción de los bosques que todo lo que se ha hecho por su conservación y producción resulta completamente insignificante en comparación. »25 En el siglo XXI, la «acumulación de entropía», o el creciente desorden inducido por el capital financiero monopolístico global, está teniendo efectos negativos y destructivos en todo el sistema terrestre, desestabilizando el planeta como hogar seguro para la humanidad.26

La IA, el capital monopolístico y la fractura planetaria

Si el capitalismo, por su naturaleza y lógica, agrava la brecha metabólica y la degradación entrópica, llevando al mundo del orden al desorden de manera incontrolable, es necesario explicar cómo el capitalismo monopolista y, con él, la IA aceleran aún más esta tendencia destructiva. Por muy profundamente explotador de la humanidad y expropiador de la naturaleza que fuera el capitalismo en su etapa ascendente de libre competencia, la propia escasez de capital y recursos a la que se enfrentaba condujo a un cierto grado de ahorro. Los traperos del siglo XIX rebuscaban trapos con los que fabricar papel, no como una acción ecologista, sino como una importante industria de reciclaje impulsada por la escasez de recursos.27 En la novela de Charles Dickens Nuestro amigo común, la propiedad de un montón de escombros, o vertedero de basura, conlleva riquezas inimaginables debido a los materiales que pueden reutilizarse, personificados por el notable personaje dickensiano Nicodemus Boffin, el «basurero de oro».28 En la época victoriana, se reparaban los cristales rotos, se arreglaban los zapatos, se remendaba y se reutilizaba la ropa, y se reutilizaban los envases, lo que reflejaba el flujo circular de la vida.29

Por el contrario, en el marco del capitalismo monopolista tardío, propenso a la sobreacumulación, la producción se orienta hacia los productos desechables y los residuos a una escala gigantesca, y la reutilización y el reciclaje de materiales son relativamente menores. El agua se bebe cada vez más de botellas de plástico que contienen elementos tóxicos y que rara vez se reciclan, acabando en los vertederos. Incluso los productos electrónicos se desechan o se tiran a un ritmo vertiginoso, una vez que su «vida útil» ha expirado al cabo de unos pocos años. En 2022 se eliminaron a nivel mundial 62 millones de toneladas de residuos electrónicos (la mayor parte de ellos tóxicos), casi el doble que en 2010, suficiente para llenar 1,55 millones de camiones de 40 toneladas que, colocados uno tras otro, podrían rodear el ecuador terrestre.30 Impulsado por el bajo coste relativo de las materias primas en la era petroquímica y el dominio casi absoluto del valor de cambio sobre el valor de uso, la mayor parte de lo que se fabrica y se compra está sujeto a una rápida obsolescencia programada. La producción, a todos los niveles, depende en última instancia de la maximización del rendimiento de la energía y los materiales, así como de su rápida eliminación en el medio ambiente.31 El sistema considera los costes sociales y medioambientales como meras externalidades negativas. Dichas externalidades se tratan como invisibles y no se tienen en cuenta en la contabilidad capitalista, ya que quedan fuera del mercado.32 Bajo el capitalismo monopolista, donde la sobreacumulación —o la absorción, en contraposición a la generación, de la plusvalía— constituye el principal problema económico, el consumo ostentoso, el despilfarro y la destrucción se convierten en elementos funcionales de lo que es un sistema cada vez más irracional.33

La consolidación del capitalismo monopolista bajo la hegemonía estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial coincidió con la Gran Aceleración de los impactos medioambientales asociados al Antropoceno, lo que marcó la creciente brecha metabólica entre la humanidad y la naturaleza.34 Hoy en día, esto se hace evidente en el traspaso de siete de los límites planetarios que definen el sistema terrestre como un lugar seguro para la humanidad, incluido el límite del carbono atmosférico.35 Sin embargo, desde el punto de vista de la economía neoclásica, los efectos destructivos y entrópicos —que incluyen rupturas en los ciclos biogeoquímicos del planeta— son externos al «flujo circular» del valor de intercambio dentro del sistema económico capitalista y, por lo tanto, carecen de importancia. La propia ley de la entropía (la segunda ley de la termodinámica) brilla por su ausencia en la economía neoclásica.36 En este marco se ignora en gran medida no solo la realidad de que el proceso de acumulación de capital bajo el capitalismo monopolista fomenta incesantemente el cambio climático a través de su dependencia endémica de los combustibles fósiles, sino también el hecho de que el sistema, por su propia naturaleza, bloquea cualquier intento serio de paliar el problema, ya que esto iría inevitablemente en contra de la propia lógica del capital.

Si bien el capitalismo ha generado una brecha metabólica planetaria, la aparición del capital de la IA está impulsando al mundo aún más rápidamente desde un estado de orden hacia uno de caos. Esto queda patente en la obra de Kate Crawford, investigadora principal sénior de Microsoft Research, profesora investigadora de la Universidad del Sur de California en Annenberg y autora de Atlas of AI.37 Basándose tanto en Liebig como en Marx, Crawford sostiene que «las demandas de minerales de la IA», obtenidos a escala mundial en algunas de las condiciones más explotadoras que se puedan imaginar, están «provocando otra brecha metabólica, al extraer los minerales que tardaron miles de millones de años en formarse en la corteza terrestre en el tiempo profundo para fabricar chips de IA que, por lo general, se utilizan durante uno o dos años».38 Se están construyendo gigantescos centros de datos que pueden llegar a ser varias veces más grandes que Manhattan o tan grandes como Washington D. C., y que consumen energía y agua a un ritmo sin precedentes.39

Para percibir el ritmo completo de esta revolución tecnológica, que se ha producido en un abrir y cerrar de ojos, hay que reconocer que ChatGPT, que desencadenó la moda de la IA generativa basada en modelos de lenguaje a gran escala, vio la luz hace tan solo cuatro años, en 2022. En el primer trimestre de 2025, el gasto de capital de las cuatro «Grandes Casas de la IA» —Microsoft, Amazon Web Services, Alphabet/Google y Meta/ Facebook, representaba el 80 % del aumento de la demanda privada final interna en Estados Unidos. El gasto de estas cuatro corporaciones hiperescalables, destinado principalmente a centros de datos —a los que en la industria se denomina a veces «fábricas de IA»—, pasó de 150 000 millones de dólares en 2022 a 360 000 millones en 2025, y se prevé que alcance los 650 000 millones en 2026. En julio de 2026, tanto Amazon como Microsoft anunciaron que su gasto de capital había aumentado un 69 % con respecto al año anterior. Las previsiones de gasto mundial relacionado con la IA (que abarca todos los aspectos, desde los chips hasta los centros de datos) para 2026 alcanzan ya los 2,5 billones de dólares. Rob Wachen, cofundador de la empresa de microchips Etched, se ha referido a la expansión global de la IA como « la mayor expansión de infraestructuras de la historia». En la actualidad, el mundo cuenta con unos 20 millones de chips de IA concentrados en centros de datos de todo el mundo. Se prevé que, para 2028, esta cifra supere los 200 millones. Se dice que solo Google cuenta ahora con aproximadamente cuatro veces más chips de IA que toda China.40

Además de las cuatro grandes empresas de IA de Estados Unidos, cada una de ellas con una gran capacidad financiera gracias a sus otras operaciones monopolísticas y a su acceso a enormes cantidades de crédito, otras empresas estadounidenses de gran escala están impulsando rápidamente sus operaciones de capital computacional. OpenAI, en iniciativas financiadas en gran medida por deuda, se ha comprometido a invertir 600 000 millones de dólares en infraestructura de IA para 2030, incluyendo cientos de miles de millones de dólares en compras a Oracle por servicios informáticos y a Nvidia por chips.41 Anthropic, que alquila cuatro centros de datos a Microsoft y cuenta con su propio chatbot de IA, Claude, ha asumido un papel fundamental para el ejército de los Estados Unidos en la selección de objetivos, la defensa antimisiles y la ciberseguridad en el contexto de la guerra contra Irán. ( Aunque Anthropic declaró que contaba con ciertas barreras éticas que impedían su uso en armas totalmente autónomas, sus modelos fueron empleados, no obstante, por el ejército de EE. UU. para la selección de objetivos en la guerra contra Irán, ya que estaban profundamente integrados en los sistemas del Pentágono.)42

Esta expansión masiva de la infraestructura de IA se está produciendo al mismo tiempo que la productividad y los beneficios no logran crecer al mismo ritmo que las inversiones en centros de datos y la capitalización bursátil. Las acciones relacionadas con la IA representan ahora el 45 % de la capitalización total del S&P 500.43 Gran parte de la expansión de la IA se basa actualmente en un endeudamiento sin precedentes, ya que las empresas hiperescalables han agotado todo su efectivo disponible.44 Esto apunta a una burbuja de la IA que probablemente estallará. Una crisis económica de esta magnitud podría tener efectos inconmensurables e imprevisibles.45

En los círculos económicos se suele argumentar que las expansiones masivas durante las revoluciones industriales, como la fiebre ferroviaria del siglo XIX, siempre han dado lugar a crisis financieras «antes de que se materializaran los beneficios de la tecnología», mientras que la propia innovación trascendental sigue avanzando.46 Sin embargo, la idea anterior de Wall Street de que una crisis financiera asociada a la IA se parecería a la crisis a corto plazo de las puntocom de finales de la década de 1990 está cediendo terreno ante la opinión cada vez más extendida de que una analogía más adecuada es la Gran Crisis Financiera/Gran Recesión de 2007-2009, que amenazó con un colapso a gran escala del sistema capitalista.47

Las consecuencias más graves de la IA son sus efectos ecológicos. El desarrollo acelerado de la IA apunta a una mayor brecha metabólica, un nuevo tipo de «Raubbau» o sistema de expoliación, en los términos de Liebig y Marx. 48 Ya en 2025, los centros de datos de IA consumían aproximadamente tanta electricidad como Alemania, la tercera economía más grande del mundo. Se prevé que los centros de datos de EE. UU. representen el 20 % del consumo eléctrico del país para 2035. Los centros de datos a hiperescala requieren sistemas de refrigeración que consumen millones de galones de agua al día, y la demanda de agua aumenta exponencialmente con el número y el tamaño de dichos centros. 49 Los centros de datos de EE. UU. utilizaron 17 400 millones de galones de agua en 2023, lo que equivale al consumo de unos 160 000 hogares, y se prevé que esta cifra aumente hasta los 74 000 millones de galones para 2028. Según el Instituto de Agua, Medio Ambiente y la Salud, se prevé que, para 2030, el consumo mundial de agua dulce de los centros de datos de IA equivalga a la cantidad de agua necesaria para satisfacer las necesidades domésticas anuales de los 1.300 millones de habitantes del África subsahariana.50

Los nuevos y gigantescos centros de datos de IA están acelerando las emisiones de carbono. Solo Microsoft ha aumentado sus emisiones de dióxido de carbono en un 80 % desde 2020, lo que ha dado lugar a que sus emisiones totales se acerquen ahora a las de Dinamarca. Bloomberg New Finance prevé que probablemente se produzca un aumento del 10 % en las emisiones de carbono del sector eléctrico a nivel mundial en la próxima década, y se espera que la demanda de electricidad de los centros de datos se triplique con creces.51

El auge de la IA ha puesto fin en gran medida a cualquier pretensión de mitigación climática seria o de reducción de las emisiones de carbono hasta alcanzar el nivel neto cero para 2050 en Estados Unidos y otros países del núcleo capitalista. En su lugar, estamos asistiendo a la reactivación de centrales de carbón que habían sido cerradas anteriormente y a nuevos y vastos proyectos de oleoductos y gasoductos, especialmente en América del Norte.52 Las afirmaciones fantásticas de que el nuevo «capitalismo verde» organizado por la IA reducirá las emisiones de carbono mediante una mayor eficiencia energética están demostrando ser poco más que propaganda corporativa futurista exagerada.53

Relacionado con la brecha metabólica de la IA y la tendencia del capitalismo a acelerar la degradación entrópica se encuentra lo que en la literatura técnica se conoce como «autofagia de la IA» (en referencia a la autofagia metabólica disfuncional, o autocomposición en las células). La IA, que produce sus propios «residuos» disfuncionales llenos de fantasmagorías y alucinaciones incontrolables, acaba inexorablemente ingiriendo cada vez más de sus propios datos sintéticos, devorándose a sí misma, en efecto, como en el antiguo mito de Erísictón tal y como lo presenta Ovidio, lo que conduce a lo que se denomina «colapso del modelo» y declive cualitativo.54 En julio de 2026, dos modelos de inteligencia artificial de OpenAI en fase de entrenamiento se rebelaron y piratearon una empresa real, Hugging Face (que se vio obligada a recurrir a un modelo de IA chino de código abierto para defenderse), lo que pone de manifiesto el carácter insaciable e incontrolable de algunos de los sistemas de IA que se están construyendo. 55

Dado que la tecnología de IA se ha desarrollado bajo el capitalismo monopolista principalmente como un sistema de poder, sus principales objetivos son la explotación y la expansión del valor de cambio, lo que exige una represión cada vez mayor tanto a escala local como global. Promete: (1) proporcionar nuevos productos computacionales adictivos para el consumo (generando dependencia cognitiva), (2) desplazar masivamente a la mano de obra, (3) llevar a cabo la vigilancia de todas las poblaciones en sus actividades cotidianas más minuciosas, y (4) potenciar las operaciones militares (y policiales) y el uso de la fuerza mediante el desarrollo de sistemas de armas autónomos y semiautónomos capaces de actuar por sí mismos, más allá del control humano directo. Como escribe Crawford, «la última brecha metabólica entre la IA y los seres humanos amenaza con múltiples formas de fallo en cadena: colapso moral, colapso financiero, colapso ecológico y, según lo que uno crea, colapso cognitivo».56

No obstante, en Estados Unidos, hasta la fecha, todos los intentos de regular la IA —a pesar de un movimiento popular en contra de la expansión de los centros de datos— han encontrado la oposición del Gobierno federal. El capital de la IA permanece en manos de una minúscula oligarquía de multimillonarios y centimillonarios y sus secuaces, para utilizarlo con fines propios desiguales, inicuos e irracionales.

La IA bajo el capitalismo financiero monopolista es, en última instancia, una herramienta en la lucha de clases. Las estimaciones sugieren que la aplicación de la tecnología de IA en la industria podría eliminar casi 100 millones de puestos de trabajo en Estados Unidos en una década.57 Sin embargo, al igual que todos los intentos anteriores de desplazar la mano de obra bajo el capitalismo, esto también supone la sustitución de buenos empleos por otros de baja calidad. El capitalismo computacional se sustenta en la superexplotación de los trabajadores que extraen cobalto en la República Democrática del Congo, en innumerables «entrenadores de datos» que perciben salarios abismalmente bajos en países como Kenia y la India, y en una multitud de trabajadores de plataformas y por encargo mal remunerados en todo el mundo.58 Lo que, por el contrario, está sujeto a desplazamiento es el ámbito de los empleos mejor remunerados —incluidos los de oficina—. Esto generará nuevos niveles de proletarización y un creciente ejército de reserva de desempleados o subempleados, lo que socavará la posición de los trabajadores empleados y ampliará las diferencias de poder. La mano de obra empleada se enfrentará a una mayor degradación del trabajo. No solo la hiperautomatización generada por la IA está sustituyendo a los trabajadores, sino que el deterioro de las condiciones laborales puede observarse en los almacenes de Amazon, donde las implacables

 

robotizadas han dado lugar a una tasa de lesiones que actualmente es aproximadamente tres veces superior a la media nacional.59

La lógica de los algoritmos de IA en el marco del capitalismo monopolista no apunta, por tanto, a una realidad más ordenada (aunque, en cierto modo, sí más regimentada), sino hacia un colapso incontrolable de aquellas relaciones ambientales y sociales que sustentan la vida ecológica y social.

La degradación entrópica, tal y como argumentó el químico Ilya Prigogine, galardonado con el Premio Nobel, está correlacionada con procesos irreversibles, lo que marca la naturaleza temporal de la realidad. Sin embargo, la vida misma es la prueba de la capacidad de producir un grado de orden (aunque sea mediante sistemas disipativos). Además, la agencia está presente tanto en la naturaleza como en la historia. El mundo, en este sentido, no debe tratarse como una función de un simple determinismo (la causa y efecto mecánicos de la física newtoniana), sino que el azar y la contingencia, que abren nuevas posibilidades, son realidades fundamentales que surgen en instantes históricos concretos. Allí donde se produce el «desviación» de Epicuro y la ruptura de los lazos del destino (foedera fati), afirma Prigogine, encontramos «el comienzo de la naturaleza», la evolución y la historia.60 Tanto el determinismo como la libertad son elementos de la existencia humana. La degradación ecológica y el desorden, como en la brecha metabólica provocada por el impulso incontrolable del capitalismo hacia la acumulación, deben ser contrarrestados mediante una organización colectiva desde abajo, orientada al desarrollo humano sostenible, un mundo de igualdad sustantiva y sostenibilidad ecológica. La irracionalidad del capitalismo de la IA, según cualquier criterio sustancialmente racional, no es expresión de una realidad inexpugnable, sino una invitación a la revuelta.

El régimen alternativo de IA de China

En lo que respecta al desarrollo de las fuerzas productivas, tanto en términos de cantidad como de calidad, las relaciones sociales son cruciales. Sabemos, por el ejemplo de China, que la IA puede desarrollarse y regularse sobre bases muy diferentes, más acordes con las necesidades sociales. Incluso en esta fase inicial, resulta evidente que la gobernanza de la IA en el marco del socialismo con características chinas difiere enormemente del régimen del capital financiero monopolista de Estados Unidos. China rivaliza con Estados Unidos en el desarrollo de la IA. Los modelos de IA DeepSeek de China son más eficientes desde el punto de vista energético y más rentables que los chatbots estadounidenses, mientras que parece probable que el enfoque ecocivilizacional de China imponga límites al funcionamiento de la dinámica de Jevons, impidiendo así una destrucción creativa descontrolada. En julio de 2026, China presentó dos nuevos modelos de IA generativa, ambos comparables a los sistemas de IA generativa estadounidenses: el Kimi K3 de Moonshot AI y el Qwen3.8-Max de Alibaba. A diferencia del capital financiero estadounidense, cuyo objetivo es monopolizar los modelos de IA y cobrar por su uso, los grandes modelos de lenguaje de IA chinos son de código abierto y de «peso abierto» (lo que hace referencia a los miles de millones de números fijados durante el entrenamiento) y se pueden descargar gratuitamente en cualquier parte del mundo.61 China se ha abstenido de invertir recursos en la construcción de centros de datos a un nivel similar al de Estados Unidos, que cuenta actualmente con unos 5.500 centros de datos, mientras que China tiene menos de una décima parte de esa cifra. 62 Pekín ha centrado su tecnología de aprendizaje automático de forma más directa en la fabricación, la logística, la energía, las finanzas públicas y los servicios públicos, a diferencia del énfasis de EE. UU. en el desarrollo de chatbots. Las herramientas de IA se utilizan ampliamente en los hospitales, donde se emplea una «IA más sencilla y “estrechas”», diseñada para tareas específicas.

 

63 Aunque la IA en China sustituye mano de obra, existen rigurosas medidas de protección para los trabajadores. No se puede despedir a los empleados a voluntad como consecuencia de la introducción de la nueva tecnología. Deben respetarse los contratos vigentes con los trabajadores. Las empresas deben tratar con los trabajadores mediante procesos de «consulta, negociación, formación, reasignación razonable o indemnización legal».64

En su vía de desarrollo «centrada en las personas», China ha introducido normas específicas para los productos de las tecnologías de síntesis profunda (conocidas como «deepfakes»), que exigen un etiquetado o una marca de agua bien visibles para garantizar la transparencia, la fiabilidad y la precisión. Cualquier empresa que desee ofrecer IA generativa debe registrar sus algoritmos ante la Administración del Ciberespacio de China, el principal organismo regulador. Todos los conjuntos de datos importantes que los desarrolladores deseen incluir en sus modelos de IA deben someterse a un muestreo aleatorio para detectar contenidos discriminatorios o antisociales. La normativa está diseñada para proteger a las personas, que conservan «los derechos de imagen, reputación, honor, privacidad e información personal». 65 (Por el contrario, el capital estadounidense dedicado a la IA, en el caso de la empresa de IA de Elon Musk, SpaceXAI, llegó incluso a oponerse a la legislación del gobierno del estado de Minnesota que prohibía la «nudificación» de personas mediante IA —en la que niñas jóvenes eran objeto de deepfakes con representaciones sexualmente explícitas de sus cuerpos en contra de su voluntad— con el pretexto infundado de que la ley interfería con la libertad de expresión.66) Las regulaciones de Pekín aplica una normativa más estricta a los grandes modelos de lenguaje ofrecidos al público, en contraste con el aprendizaje automático dentro de la industria destinado a apoyar la innovación. El carácter social del enfoque chino, aunque es cierto que plantea una miríada de cuestiones difíciles, contrasta con el desarrollo depredador de la tecnología en Estados Unidos, donde el Gobierno federal no solo se ha negado a regular el capital monopolístico de la IA, sino que ha intentado impedir que los gobiernos estatales lo hagan.

China ha desempeñado un papel protagonista en la promoción de la gobernanza mundial de la IA. Esto ha incluido su apoyo a la creación de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial, constituida en julio de 2026. En su discurso del 17 de julio de 2026 en la Conferencia Mundial sobre IA, el presidente chino, Xi Jinping, presentó cuatro «observaciones» sobre la gobernanza de la IA:

En primer lugar, debemos adherirnos al principio de apertura y beneficio mutuo e impulsar el desarrollo impulsado por la innovación… [puesto que] la IA está pasando del mundo digital al físico… En segundo lugar, debemos reforzar la concienciación sobre los riesgos y garantizar que la IA sea segura y controlable… En tercer lugar, debemos fomentar la inclusividad y promover el aprendizaje mutuo entre civilizaciones… En cuarto lugar, debemos defender la solidaridad y mejorar la gobernanza global. La IA es un activo inestimable que encarna la sabiduría colectiva de la humanidad.67

Las cuatro observaciones de Xi sugieren un camino en el que la tecnología mejorada de aprendizaje automático o de IA se compartiría universalmente y se sometería a las normas de la gobernanza global. Afirma: «En China solemos decir: “Una sola cuerda no hace música, y un solo árbol no hace un bosque”. El desarrollo de la IA no debería ser una actuación en solitario de un único país, sino una sinfonía de cooperación internacional».68 Esta propuesta cobra aún mayor relevancia dado que emana de uno de los dos países líderes en el desarrollo de la tecnología de IA a escala mundial. Llevando estos principios a la práctica, China ya está compartiendo libremente la tecnología de IA más avanzada con el mundo entero como código abierto y de peso abierto.

Como era de esperar, las empresas tecnológicas monopolísticas estadounidenses y el Gobierno de EE. UU. están condenando la práctica de China de compartir abiertamente la tecnología de IA a nivel mundial como una amenaza para el dominio mundial de EE. UU. e incluso para el propio

 

, lo que ha dado lugar a demandas de proteccionismo en materia de IA.69 Esto llevó a Dean Ball, antiguo funcionario de la Administración Trump y actual responsable de perspectivas estratégicas de OpenAI, a declarar que China plantea el espectro de un «comunismo total de la IA», en el que la IA se convierte en un «bien público».70

En el discurso de Xi sobre la IA, pronunciado en julio de 2026, llamó la atención la ausencia total de cualquier referencia al medio ambiente y al concepto chino de civilización ecológica. El entrenamiento de grandes modelos de IA de vanguardia, en particular los grandes modelos de lenguaje orientados a la IA generativa, requiere centros de datos gigantescos, con un consumo enorme de minerales, energía y agua. Todo ello supone una enorme presión sobre el medio ambiente. Naturalmente, esto es así tanto para la IA generativa en China como en Estados Unidos. Los modelos de IA chinos necesitan mucha menos electricidad —solo entre el 10 % y el 40 % de lo que consumen los modelos estadounidenses— para producir resultados comparables, por lo que son mucho más eficientes desde el punto de vista energético. Aun así, Pekín estima que los centros de datos de IA representarán alrededor del 6 % de su consumo eléctrico para 2030. Y aunque China ha puesto en marcha el primer centro de datos submarino del mundo alimentado por energía eólica que aprovecha la refrigeración natural del océano, sus enormes centros de datos terrestres siguen dependiendo de millones de galones de agua dulce para su refrigeración.71 Esto supone, por tanto, un gran desafío para el esfuerzo de China por construir una civilización ecológica.

El peligro que la IA supone para el medio ambiente planetario depende en gran medida de si el consumo a gran escala del mercado masivo (la «inferencia» a gran volumen) se convierte en la «carga» de demanda dominante para los centros de datos, lo que provocaría un aumento exponencial del consumo de minerales, energía y agua. Esto, a su vez, depende de la naturaleza del uso de la IA en sí mismo y de su regulación. En la era de la crisis planetaria, los controles sociales y los límites racionales son esenciales, aunque solo sea para preservar el planeta como un hogar seguro para la humanidad (y para innumerables especies más). No cabe duda de que la nueva tecnología puede utilizarse con fines ecológicos. Por ejemplo, el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra de Brasil ha puesto en marcha su «Inteligencia Artificial para la Reforma Agraria y la Agroecología», una herramienta o plataforma de IA de código abierto destinada a la organización colectiva.72 No obstante, en la actualidad, los costes medioambientales de los modelos capitalistas dominantes de IA, que están acelerando rápidamente la actual crisis ecológica planetaria, superan con creces cualquier beneficio medioambiental concebible. Atrapada en la expansión incontrolable del capitalismo en busca de una riqueza monetaria cada vez mayor, la tecnología de IA apunta hacia la catástrofe. Por lo tanto, en este ámbito, al igual que en otros, debería aplicarse el principio de precaución.73

El aprendiz de brujo y la IA

Lo que es cierto es que la IA bajo el régimen del capital financiero monopolista, abandonada a su suerte, es, en palabras de Marx y Engels, «como el brujo que ya no es capaz de controlar el poder del inframundo que ha invocado con sus hechizos». Lo que a primera vista parece inmediatamente positivo se convierte, cuando se somete a una acumulación, competencia y concentración de capital incontrolables, en un auténtico vehículo de destrucción: el orden convertido en desorden. No estamos entrando en una nueva era estable de capitalismo hiperorganizado, como podrían haber previsto Goldmann o Marcuse, sino más bien en un nuevo desorden global generado por el capitalismo en el que la humanidad, según la ciencia climática, se dirige cada vez más rápidamente hacia un « punto de no retorno».74 Aun así, sigue siendo posible resistir y salvaguardar el futuro a través de una humanidad revolucionaria resurgente. En este sentido, el ejercicio del control social por parte de los productores asociados —un proceso que parte de los microcosmos y se extiende a los macrocosmos— es ahora más necesario que nunca.75 La lucha emergente de los trabajadores y los ecologistas contra los gigantescos centros de datos de inteligencia artificial contribuirá sin duda a la formación general de un nuevo proletariado medioambiental, en el que reside nuestra esperanza.

En el mundo irracional, desordenado y destructivo del presente, la elección histórica entre socialismo o barbarie, que popularizó Rosa Luxemburg, ya no existe. El capital financiero monopolista ha llegado a tal punto que hoy nos enfrentamos a la elección entre socialismo o exterminismo, una realidad que se vuelve aún más ominosa con el desarrollo de un capital de IA incontrolable, lo que acelera la brecha ecológica.

 

Dado que la destrucción total de la humanidad no es una alternativa, el socialismo —es decir, una sociedad de igualdad sustantiva y sostenibilidad ecológica— constituye el único futuro posible. Cabe esperar que cientos de millones, incluso miles de millones, de personas se reincorporen a la lucha por la humanidad y la Tierra basándose únicamente en este principio.

Notas

  1. ↩ Sobre la tendencia a considerar que la IA introduce una forma de organización totalmente dominante y prácticamente imparable, véase Adam Satariano, Paul Mozur, Jacqueline Gu y Cade Metz, «The Impending, Inescapable Deluge of A.I.», New York Times, 29 de julio de 2026; Marc Andreesen, «The Techno-Optimist Manifesto», Andreesen Horowitz, 16 de octubre de 2023, a16z.com/the-techno-optimist-manifesto; Alex Morris, «¿Qué les pasa a estos multimillonarios tecnológicos?», Rolling Stone, 14 de julio de 2025; Kohei Saito, «El tecnocapitalismo y la dictadura perfecta», Diálogos Globales de la Universidad de Georgetown, 20 de mayo de 2025, globaldialogues.georgetown.edu; Raúl Ornelas, «La IA como transformación del paradigma productivo del capitalismo», Alai (Agencia Latinoamericana de Información), 22 de febrero de 2026, alai.info.
  2. ↩ Karl Marx, El capital, vol. 1 (Londres: Penguin, 1976), 742; John Bellamy Foster, «Los Grundrisse de Marx y las contradicciones ecológicas del capitalismo», en Los Grundrisse de Karl Marx, ed. Marcello Musto (Londres: Routledge, 2008), 100-2.
  3. ↩ Karen Hao, Empire of AI (Londres: Penguin, 2026).
  4. ↩ Karen Hao citada en Ketan Joshi, The AI Climate Hoax: Behind the Curtain of How Big Tech Greenwashes Impacts, STAND.earth/Beyond Fossil Fuels/Climate Action Against Disinformation/Green Screen Coalition, Friends of the Earth/Green Web Foundation, 16 de febrero de 2026, stand.earth.org, 12.
  5. ↩ Pieter Verdegem, «Dismantling AI Capitalism: The Commons as an Alternative to the Power Concentration of Big Tech», AI and Society 39 (9 de abril de 2024): 727–37.
  6. ↩ Andreesen, «El manifiesto tecnooptimista». Véase la crítica en Martin Hart-Landsberg, «La IA y la economía: una apuesta perdedora para los trabajadores», The Bullet, 20 de febrero de 2026, socialistproject.ca.
  7. ↩ Robert J. Szczerba, «El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, afirma que la singularidad de la IA ya está aquí. ¿Tiene razón?», Forbes, 27 de julio de 2026.
  8. ↩ Lucien Goldmann, Las ciencias humanas y la filosofía (Londres: Johnathan Cape, 1969), 9–22; Herbert Marcuse, Un ensayo sobre la liberación (Boston:
  1. Beacon Press, 1969), p. 13; Jean-Paul Sartre, Vida/Situaciones (Nueva York: Pantheon, 1977), p. 171; Jürgen Habermas, Crisis de legitimación (Boston: Beacon Press, 1975), p. 17; Theodor Adorno, «¿Capitalismo tardío o sociedad industrial?: Discurso inaugural del XVI Congreso Alemán de Sociología (1968)», Marxists Internet Archive, marxists.org; Friedrich Pollock, «Capitalismo de Estado», en The Essential Frankfurt School Reader, eds. Andrew Arato y Eike Gebhardt (Nueva York: Urizen Books, 1978), 71-94.
  2. ↩ Sobre el excepcionalismo humano, véase John Bellamy Foster, «Eco-Marxism and Prometheus Unbound», Monthly Review 77, n.º 6 (noviembre de 2025): 5-6.
  3. ↩ Goldmann, Las ciencias humanas y la filosofía, 16.
  4. ↩ Rachel Carson, Primavera silenciosa (Boston: Houghton Mifflin, 1962).
  5. ↩ Goldmann, Las ciencias humanas y la filosofía, 10–11. Quizá no sea una coincidencia que Goldmann fuera el único socialista invitado a lo que se convirtió en la conferencia fundacional de la «Teoría francesa» o posmodernismo, celebrada en la Universidad Johns Hopkins en octubre de 1966. Véase John Bellamy Foster, «La Teoría francesa en la Guerra Fría intelectual», en Aymeric Monville y Gabriel Rockhill (en conversación con Jennifer Ponce de León), Réquiem por la Teoría francesa (Nueva York: Monthly Review Press, 2026), 9-14.
  6. ↩ István Mészáros, The Power of Ideology (Nueva York: New York University Press, 1989), 63, 482-483; István Mészáros, The Work of Sartre (Nueva York: Monthly Review Press, 2012), 258-259; István Mészáros, «The Uncontrollability of Globalizing Capital», Monthly Review 49, n.º 9 (febrero de 1998): 27-37.
  7. ↩ Karl Marx y Friedrich Engels, El Manifiesto Comunista (Nueva York: Monthly Review Press, 1964), 11; John Bellamy Foster, «La crisis estructural global del capital», Monthly Review 78, n.º 3 (julio-agosto de 2026): 5-7.
  8. ↩ Goldmann, Las ciencias humanas y la filosofía, 13; Andreesen, «El manifiesto tecnooptimista».
  9. ↩ Klaus Schwab, La cuarta revolución industrial (Nueva York: Crown Currency, 2017); Jim Jones, «La cuarta revolución industrial», Facultad de Ingeniería y Arquitectura Voiland, Universidad Estatal de Washington, 30 de agosto de 2023, etm.wsu.edu.
  10. ↩ Véase Ilya Prigogine e Isabelle Stengers, El orden del caos: el nuevo diálogo del hombre con la naturaleza (Nueva York: Bantam, 1984); Te Li, «La termodinámica del capitalismo: inteligencia artificial, crisis energética y crisis ecológica», Monthly Review 78, n.º 2 (junio de 2026): 17-32.
  11. ↩ John Bellamy Foster, Brett Clark y Richard York, La brecha ecológica (Nueva York: Monthly Review Press, 2010), 121-50.
  12. ↩ Karl Marx y Friedrich Engels, Obras completas (Nueva York: International Publishers, 1975), vol. 30, pp. 62-63.
  13. ↩ Karl Marx, El capital, vol. 1, pp. 636-639; Karl Marx, El capital, vol. 3 (Londres: Penguin, 1981), pp. 949-950. Sobre el papel de la termodinámica en el materialismo histórico clásico de Marx y Engels, véase John Bellamy Foster y Paul Burkett, Marx and the Earth (Chicago: Haymarket, 2016).
  14. ↩ Clive Hamilton y Jacques Grinevald, «¿Se anticipó el Antropoceno?», Anthropocene Review 2, n.º 1 (2015): 67; Ian Angus, Facing the Anthropocene (Nueva York: Monthly Review Press, 2016).
  15. ↩ Li, «La termodinámica del capitalismo», 21.
  16. ↩ William Stanley Jevons, La cuestión del carbón: una investigación sobre el progreso de la nación y el probable agotamiento de nuestras minas de carbón, ed. A. W. Flux (Londres: Macmillan, 1906), 138-53.
  17. ↩ Li, «La termodinámica del capital», 21–22; Foster, Clark y York, La brecha ecológica, 169–81.
  18. ↩ Karl Marx, El capital, vol. 2 (Londres: Penguin, 1978), 322.
  19. ↩ Jeremy Rifkin con Ted Howard, Entropía: Hacia el mundo del efecto invernadero (Nueva York: Bantam Books, 1989), 194; Nicholas Georgescu-Roegen, «Energía y mitos económicos», Southern Economic Journal 41, n.º 3 (enero de 1973): 347–81.
  20. ↩ Deborah Wynne (entrevista), «El reciclaje textil en la literatura victoriana», EuropeNow, Consejo de Estudios Europeos, 7 de mayo de 2019, europenowjournal.org.
  21. ↩ Charles Dickens, Nuestro amigo común (Londres: Penguin, 1971), 58, 87–104.
  22. ↩ Susan Strasser, Residuos y necesidad: una historia social de la basura (Nueva York: Holt, 2000).
  23. ↩ «Global E-Waste Monitor», Instituto de las Naciones Unidas para la Formación Profesional e Investigaciones, 2024, ewastemonitor.info.
  24. ↩ Foster, Clark y York, The Ecological Rift, 207–11.
  25. ↩ El análisis de los costes sociales y medioambientales fue iniciado por K. William Kapp en 1950 en su obra The Social Costs of Private Enterprise, pero quedó relegado en la economía neoclásica por un renovado énfasis en las externalidades, que resultaba menos amenazador para la economía capitalista. Véase K. William Kapp, The Social Costs of Private Enterprise (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1950).
  26. ↩ Paul A. Baran y Paul M. Sweezy, Monopoly Capital (Nueva York: Monthly Review Press, 1966), 112–41, 336–67.
  27. ↩ Foster, Clark y York, The Ecological Rift, pp. 121–50; J. R. McNeil y Peter Engelke, The Great Acceleration (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 2014).
  28. ↩ «Límites planetarios», Stockholm Resilience Centre, stockholmresilience.org.
  29. ↩ Véase Nicholas Georgescu-Roegen, The Entropy Law and the Economic Process (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1971) .
  30. ↩ Kate Crawford, Atlas of AI: Power, Politics, and the Planetary Costs of Artificial Intelligence (New Haven: Yale University Press, 2021).
  31. ↩ Kate Crawford, «Long Now Talk: Mapping Empires», 12 de noviembre de 2025, longnow.org.
  32. ↩ Devin B. Martínez, «Un gigantesco centro de datos convierte la zona rural de Utah en un punto conflictivo a nivel nacional», People’s Dispatch, 9 de mayo de 2026.
  33. ↩ Pete Grunewald y Satyam Panday, «Cómo los centros de datos y la IA se están convirtiendo en un nuevo motor de crecimiento», Foro Económico Mundial, 17 de diciembre de 2025; Matt Day y Annie Bang, «Las grandes empresas tecnológicas gastarán 650 000 millones de dólares este año a medida que se intensifica la carrera por la IA», Bloomberg, 5 de febrero de 2026; «Gartner afirma que el gasto mundial en IA ascenderá a 2,5 billones de dólares en 2026», comunicado de prensa, Gartner, 15 de enero de 2026, gartner.com; Karen Weise, «El gasto en IA de las grandes empresas tecnológicas sigue aumentando. Y también la inquietud», Bloomberg, 30 de julio de 2026; Hart-Landsberg, «La IA y la economía»; Crawford, Atlas of AI, 20; Satariano, Mozur, Gu y Metz, «El inminente e ineludible diluvio de la IA»
  34. ↩ Ashley Capoot y Kate Romney, «OpenAI revisa a la baja sus previsiones de gasto y comunica a los inversores que el objetivo de capacidad de cálculo ronda los 600 000 millones de dólares para 2030», CNBC, 20 de febrero de 2026; Jez Corden, «OpenAI es una máquina de generar pérdidas, y se estima que no tiene vías para alcanzar la rentabilidad de aquí a 2030», Windows Central, 29 de noviembre de 2025; Martin Hart-Landsberg, «Los multimillonarios tecnológicos, la amenaza de la IA y la resistencia», Monthly Review 78, n.º 3 (julio-agosto de 2026): 121.
  35. ↩ Satariano, Mozur, Gu y Metz, «El inminente e ineludible diluvio de la IA»; «EE. UU. utiliza la IA de Anthropic, bombarderos B-2 y drones suicidas en los ataques contra Irán», Reuters, 28 de febrero de 2026; Nick Robins-Early, «La batalla entre Anthropic y el Pentágono muestra cómo las grandes tecnológicas han dado un giro de 180 grados en materia de IA y guerra», The Guardian, 13 de marzo de 2026.
  36. ↩ Piyush Shukla, «El riesgo de concentración del mercado bursátil estadounidense alcanza niveles extremos: las acciones de IA se disparan hasta el 45 % de la capitalización bursátil del S&P 500 en 2026», Economic Times, 23 de abril de 2026, economictimes.indiatimes.com; Agnee Ghosh, «¿Por qué hay tanto en juego en el auge de los centros de datos?», Bloomberg, 21 de noviembre de 2025.
  37. ↩ Jeff Sommer, «La IA funciona con dinero prestado», New York Times, 17 de julio de 2026. Sobre el efectivo libre, véase Craig Medlen, «Efectivo libre, fusiones y derramamiento de capital», Monthly Review 76, n.º 8 (enero de 2025): 19-30.
  38. ↩ Michael Roberts, «La IA y la productividad», The Next Recession (blog), 23 de julio de 2026, thenextrecession.wordpress.com.
  39. ↩ Satariano, Mozur, Gu y Metz, «El inminente e ineludible diluvio de la IA». Sobre las innovaciones que marcan una nueva era, véase Baran y Sweezy, El capital monopolista, 218-48.
  40. ↩ John Authers, «Una historia de dos burbujas que definen una tercera», Bloomberg, 31 de julio de 2026.
  41. ↩ John Bellamy Foster y Brett Clark, El robo de la naturaleza (Nueva York: Monthly Review Press, 2020), pp. 12-23, 45-46.
  42. ↩ Satariano, Mozur, Gu y Metz, «The Impending, Inescapable Deluge of A.I.»; Joshi, The AI Climate Hoax, p. 7; Emily Forgash, «Data Centers on Track to Suck Up a Fifth of U.S. Power Use by 2035», 21 de julio de 2026.
  43. ↩ Michelle Ma, «¿Por qué consumen los centros de datos tanta agua dulce?», Bloomberg, 5 de agosto de 2026; Miriam Aczel et al., Costes medioambientales de la inteligencia artificial: huellas de carbono, agua y suelo (Richmond Hill, Ontario: Universidad de las Naciones Unidas — Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud, 3 de junio de 2026), 12, 32–33.
  44. ↩ STAND.earth, «El informe de sostenibilidad de Microsoft revela un aumento del 80 % en las emisiones desde 2020», 14 de julio de 2026, stand.earth; Microsoft, Informe de sostenibilidad medioambiental de 2026; Ghosh, «¿Por qué hay tanto en juego en el auge de los centros de datos?» ; Joshi, El engaño climático de la IA, 6; «La IA impulsará los combustibles fósiles y ralentizará la reducción de emisiones, según BNEF», Energy Connects, 15 de abril de 2025.
  45. ↩ Véase: Redacción, «Notas de la redacción», Monthly Review 76, n.º 10 (marzo de 2025); Joshi, El engaño climático de la IA, 7; Richard Haass (entrevista), «¿Un mundo sumido en el caos? Un diplomático veterano afirma que es peor que eso», Wall Street Journal, 14 de diciembre de 2023; Mike Le Couteur y Stephanie Ha, «El antiguo plan de emisiones habría sido una “oportunidad” para “dividir a Canadá”», CTV News, 30 de junio de 2026.
  46. ↩ John Fleming y Jean Su, Data Crunch: Cómo el auge de la IA amenaza con afianzar los combustibles fósiles y comprometer los objetivos climáticos, Center for Biological Diversity, octubre de 2025; Tianqi Xiao et al., «Impacto medioambiental y vías hacia las cero emisiones netas para servidores de inteligencia artificial sostenibles en EE. UU.», Nature Sustainability 8 (noviembre de 2025) : 1541–53; Joshi, The AI Climate Hoax, 6.
  47. ↩ Kate Crawford, «Eating the Future: La lógica metabólica de los residuos de la IA», e-flux Architecture, septiembre de 2025, e-flux.com; John Bellamy Foster, «El fetichismo de la IA», Monthly Review 78, n.º 1 (mayo de 2026): 8-11; Ovidio, Metamorfosis (Nueva York: Norton, 2004), 298.
  48. ↩ Harry Booth, «Cómo OpenAI perdió el control de un modelo de IA —y qué debe cambiar», Time, 24 de julio de 2026; Selina Xu, «Ahora Estados Unidos construye un “Gran Cortafuegos”», Wall Street Journal, 30 de julio de 2026.
  49. ↩ Crawford, «Long Now Talk: Mapping Empires», en el minuto 40:11.
  50. ↩ Bernie Sanders, La guerra de los oligarcas de las grandes tecnológicas contra los trabajadores: la IA y la automatización podrían destruir casi 100 millones de puestos de trabajo en EE. UU. en una década, Informe del personal de la minoría del miembro de mayor rango, Comisión de Sanidad, Educación, Trabajo y Pensiones, Senado de los Estados Unidos, 6 de octubre de 2025.
  51. ↩ Billy Perrigo, «Exclusiva: OpenAI empleó a trabajadores kenianos por menos de 2 dólares la hora para que ChatGPT resultara menos tóxico», Time, 18 de enero de 2023; Chinmayi Arun, «IA transnacional e imperialismo corporativo», Fundación Carnegie para la Paz Internacional, 8 de octubre de 2024; Hao, Empire of AI, pp. 189-223.
  52. ↩ Cory Doctorow, «Que se jodan los señores de la IA», WYNC, 31 de julio de 2026, a las 6:32.
  53. ↩ Prigogine y Stengers, El orden del caos, 252-253, 258, 288, 292, 303–5. Sobre Epicuro, Lucrecio y Marx en relación con los foedera fati (los lazos del destino), véase John Bellamy Foster, Rompiendo los lazos del destino (Nueva York: Monthly Review Press, 2025).
  54. ↩ Steve Lohr, «China reescribe el manual del “poder blando” para la era de la IA», New York Times, 23 de julio de 2026; Gary Wilson, «La IA de código abierto de China pone al descubierto la ficción que se esconde tras el auge de Wall Street», Struggle La Lucha, 27 de julio de 2026.
  55. ↩ Satariano, Mozur, Gu y Metz, «El inminente e ineludible diluvio de la IA»; Rasmus Leichter, «Número de centros de datos por país», Cargoson (blog), noviembre de 2025, cargoson.com.
  56. ↩ Foster, «El fetichismo de la IA», pp. 12-13.
  57. ↩ Gary Wilson, «En China, la IA no es excusa para despedir a los trabajadores», Struggle La Lucha, 5 de junio de 2026.
  58. ↩ Vanessa Bates Ramírez, «Estados Unidos y China persiguen futuros distintos en materia de IA», IEEE Spectrum, 19 de febrero de 2026; «AI Watch: Seguimiento normativo global —China», White & Case, 22 de septiembre de 2025.
  59. ↩ Michelle Griffith, «La ley de desnudez entrará en vigor el sábado después de que un juez denegara la solicitud de aplazamiento presentada por la empresa de IA de Musk», Minnesota Reformer, 31 de julio de 2026.
  60. ↩ Xi Jinping, «Discurso de apertura en la ceremonia inaugural de la Conferencia Mundial sobre IA de 2026», 17 de julio de 2026, Shanghái, Friends of Socialist China, socialistchina.org.
  61. ↩ Xi, «Discurso de apertura en la ceremonia inaugural de la Conferencia Mundial de IA de 2026».
  62. ↩ Xu, «Ahora Estados Unidos construye un “Gran Cortafuegos”».
  63. ↩ Dean Ball citado en Evan Blake, «El espectro del “comunismo de la IA”: los modelos chinos de peso abierto y la crisis de la burbuja estadounidense de la IA», World Socialist Website, 22 de julio de 2026.
  64. ↩ Christa Marshall, «¿Un “punto de inflexión”?: Lo que significa la IA “Deep Seek” para la electricidad», E&E News, 29 de enero de 2025; Satariano, Mozur, Gu y Metz, « «El inminente e ineludible diluvio de la IA»; Fernanda González, «China inaugura el primer centro de datos submarino alimentado con energía eólica», Wired, 18 de junio de 2026.
  65. ↩ Bappa Sinha, «Aprovechar la nueva imprenta: por qué nuestros movimientos deben aprender a utilizar la IA», People’s Democracy, 26 de julio de 2026, peoplesdemocracy.in.
  66. ↩ Paul Burkett, «Sobre la prudencia ecorrevolucionaria: capitalismo, comunismo y el principio de precaución», Socialism and Democracy 30, n.º 2 (2016): 87.
  67. ↩ James Hansen, «Un clima fuera de control: el punto de no retorno», Climate Uncensored (blog), 6 de marzo de 2026, jimehansen.substack.com.
  68. ↩ Véase István Mészáros, La necesidad del control social (Nueva York: Monthly Review Press, 2015); István Mészáros, Crítica del Leviatán (Nueva York: Monthly Review Press, de próxima publicación).

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9. Resumen de la guerra en Irán, 1 de octubre.

El seguimiento en directo de Middle East Eye.

https://www.middleeasteye.net/live/iran-war-live-tehran-denounces-us-israel-attacks-regional-tensions-rise

En directo: Se celebran funerales masivos por los restos de más de 100 palestinos hallados bajo los escombros

Mientras tanto, Israel mata a ocho palestinos, entre ellos un periodista, en ataques perpetrados este miércoles en toda Gaza

Puntos clave

Israel ha convertido Gaza en «el gueto más grande y severo» de la historia moderna, según Euro-Med

Netanyahu afirma que es demasiado pronto para determinar quién está detrás del intento de derribar un avión con destino a Israel

La mezquita de Al-Aqsa sufre incursiones masivas de colonos durante una festividad judía

Actualizaciones en directo

Trump amenaza a Irán con que «no durará mucho» si no se llega a un acuerdo

Hace 3 segundos

El presidente de EE. UU., Donald Trump, amenazó con graves consecuencias si Irán no lograba alcanzar un acuerdo con Washington, afirmando que el enfrentamiento con Teherán terminará «muy pronto».

«O hacen algo muy adecuado e inteligente, o no durarán mucho», afirmó Trump. «Francamente, detesto ver eso, pero no durarán mucho tiempo».

Trump también puso en duda que Irán pueda cumplir el acuerdo.

«Cuando yo hago un acuerdo con esta empresa, ustedes lo van a cumplir. Cuando ellos hacen un acuerdo, es muy posible que no lo cumplan», afirmó.

Hace 1 hora

El comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) afirmó que EE. UU. se enfrenta a una «situación humillante» en todo Oriente Medio.

«Hoy somos testigos de la unidad de las zonas que forman el frente de resistencia, y cada una de sus partes está sorprendiendo al enemigo con su estrategia y sus acciones calculadas», declaró Esmail Qaani.

«Los estadounidenses pensaban que podrían obligar a Irán a rendirse en cuatro días o, como mucho, en dos semanas, pero se han encontrado con unas circunstancias totalmente diferentes a las que habían previsto».

Qaani añadió que Washington había sido «expulsado de Irak con todos sus medios», refiriéndose al fin de los 23 años de presencia militar estadounidense en el país.

El comandante también se refirió a Hezbolá en el Líbano, señalando que el grupo «se mantuvo firme» a pesar de las afirmaciones de EE. UU. e Israel de que había sido eliminado.

EE. UU. detiene a un empleado del Departamento de Energía acusado de apoyar a los huzíes de Yemen

Hace 2 horas

El Departamento de Justicia ha detenido a un hombre acusado de intentar proporcionar apoyo material o recursos a los huzíes de Yemen.

El hombre, de 51 años, identificado como Ashton Hamed Ellaboudy, es empleado del Departamento de Energía de EE. UU.

«Según se alega, un empleado del Gobierno de EE. UU. viajó al extranjero y utilizó sus conocimientos especializados para intentar ayudar a los huzíes, una organización designada como organización terrorista extranjera respaldada por Irán», declaró el fiscal general adjunto para la seguridad nacional, John A. Eisenberg.

Eisenberg afirmó que Ellaboudy «adquirió materiales para la fabricación de explosivos y drones capaces de lanzar dichos explosivos».

«Estas acusaciones son tan profundamente inquietantes que casi desafían la imaginación», añadió.

Está previsto que Ellaboudy comparezca ante un juez federal el 2 de octubre en Washington.

Trump afirma que es «posible» que una guerra contra Irán perjudique a los republicanos en las elecciones de mitad de legislatura

Hace 3 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, afirmó que era «posible» que los votantes castigaran a los candidatos republicanos en las próximas elecciones de mitad de legislatura a causa de una guerra contra Irán.

«Cuando se pregunta: ¿está bien que Irán tenga un arma nuclear? Yo diría que el 100 % de la gente dice que no, incluso a nivel mundial», declaró Trump a los periodistas en la Casa Blanca antes de partir hacia Texas.

«Así pues, si se plantea de esa manera, sería de ayuda. Si no se dice eso, podría resultar perjudicial», añadió.

No hubo exportaciones de petróleo iraní en septiembre: Bessent

Hace 4 horas

El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, ha afirmado en una publicación en X que «Irán no cargó NADA de crudo en petroleros en septiembre».

EE. UU. mantiene un bloqueo sobre los puertos iraníes desde abril con el fin de frustrar las exportaciones iraníes, de las cuales la más rentable es el petróleo vendido principalmente a China.

https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/houthis-afp-say-explosions-heard-sanaa?topic=War%2520on%2520Iran&

Por su parte, los medios de comunicación controlados por los huzíes informaron de ataques en las ciudades de Saná, Taiz, Saada y Amran.

Estas noticias se producen después de que el Ministerio de Asuntos Exteriores yemení anunciara que se había celebrado una reunión del Consejo de Ministros para planificar una nueva ofensiva militar contra los huzíes, que se han apoderado de amplias zonas del territorio desde agosto.

Un superpetrolero alcanzado en el estrecho de Ormuz: medios iraníes

Hace 6 horas

Un superpetrolero está en llamas en el estrecho de Ormuz tras haber sido alcanzado por un misil, según informa la agencia de noticias iraní Fars.

El ataque tuvo lugar a ocho kilómetros de la costa de Omán, según informó Fars, sin atribuir la autoría del mismo a ningún grupo en concreto.

Este ataque es el último de una serie de ataques contra buques en el estrecho, y el Servicio de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido registró tres incidentes solo el miércoles. El presidente de EE. UU., Donald Trump, rechazó el domingo una propuesta iraní para reabrir el estrecho.

Putin elogia efusivamente a Irán y reitera su oferta de retener el uranio

Hace 7 horas

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha elogiado la respuesta de Irán a los ataques de EE. UU. e Israel.

«El mundo entero está pendiente de lo que está ocurriendo y se muestra asombrado ante el valor y el heroísmo de la nación iraní, así como ante su resistencia», afirmó.

En su intervención en Moscú, en el Foro de Valdai, añadió que la propuesta anterior de Rusia de retener el suministro de uranio enriquecido de Irán —en caso de que fuera retirado del país como parte de un acuerdo de paz con EE. UU.— sigue sobre la mesa.

Irán y Rusia mantienen fuertes lazos desde hace años en un contexto de aislamiento mutuo del orden financiero internacional, debido a las sanciones de EE. UU.

Arabia Saudí lleva a cabo una investigación conjunta con los Emiratos Árabes Unidos sobre el incidente de Flydubai

Hace 8 horas

Arabia Saudí ha declarado que está llevando a cabo una investigación conjunta con los Emiratos Árabes Unidos sobre el avión de la aerolínea emiratí Flydubai que realizó un aterrizaje de emergencia en su territorio el miércoles tras un incidente ocurrido en pleno vuelo entre sus pilotos.

El Ministerio del Interior saudí añadió en un comunicado que su investigación inicial indica que el copiloto del vuelo de Dubái a Tel Aviv había agredido al capitán, lo que concuerda con las informaciones anteriores.

Las relaciones entre Riad y Abu Dabi se deterioraron drásticamente este año debido al apoyo de los Emiratos Árabes Unidos a los movimientos secesionistas en Yemen, Sudán, Libia y Somalia. Sin embargo, en los últimos meses, ambos Estados han dado muestras de acercamiento en medio de una nueva ofensiva de su enemigo común, los rebeldes huzíes de Yemen.

Las participaciones financieras de Kushner en empresas de defensa israelíes suscitan preocupaciones por un posible conflicto de intereses: Informe

Hace 8 horas

La empresa de inversiones del enviado estadounidense Jared Kushner, Affinity Partners, posee la mayor participación en una empresa israelí que, a su vez, ha invertido en más de media docena de empresas de defensa que han suministrado municiones y armamento para el genocidio en Gaza y las guerras en el Líbano, Siria e Irán, según un informe de la CNN.

Esta revelación no solo significa que el señor Kushner se ha beneficiado de las guerras en las que, oficialmente, ha sido designado para negociar como enviado del presidente de EE. UU., Donald Trump, sino que implica que Estados del Golfo, entre ellos Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, tienen inversiones, a través de la empresa de Kushner, en empresas que Israel está utilizando para librar la guerra contra Gaza y otros Estados árabes.

Kushner no ocupa ningún cargo oficial en el Gobierno de EE. UU. y, por lo tanto, no está obligado a revelar su situación financiera.

La relación de Kushner con las empresas de defensa israelíes se remonta a 2024, con una inversión de 128,5 millones de dólares en Phoenix Financial. La empresa es uno de los mayores grupos financieros de Israel, con intereses que abarcan los seguros, las pensiones y la gestión de activos. Kushner duplicó su participación en Phoenix en enero de 2025, apenas cinco días antes de que Trump tomara posesión de su cargo. Affinity Partners, de Kushner, es el mayor accionista de Phoenix.

La CNN ha descubierto que Phoenix ha invertido al menos 456 millones de dólares en nueve empresas vinculadas al sector de la defensa israelí. Solo la inversión de Phoenix en Elbit Systems asciende a un total de al menos 265,1 millones de dólares.

El yerno y enviado de Trump, Jared Kushner, interviene en una sesión informativa de la «Junta de la Paz» el 23 de septiembre de 2026 en la ciudad de Nueva York (Ryan Murphy/Getty Images/AFP)

Turquía se hace eco de la desmentida sobre la reunión entre Siria y Hezbolá en su territorio

Hace 9 horas

Turquía ha desmentido una noticia de Reuters en la que se afirmaba que el mes pasado tuvo lugar en territorio turco una reunión secreta entre representantes de Siria y Hezbolá.

La Dirección de Comunicaciones de Turquía ha declarado que la noticia, que citaba a seis fuentes informadas sobre el asunto, carece «por completo de fundamento».

Siria también ha negado que la reunión tuviera lugar, tal y como se informó en el blog en directo de Middle East Eye a primera hora de este jueves.

RAF Fairford: detenido un ciudadano con doble nacionalidad británica e iraní en el marco de una investigación antiterrorista en la base aérea

Hace 9 horas

La policía antiterrorista británica ha informado de que ha detenido a un hombre con doble nacionalidad británica e iraní en el marco de su investigación sobre el incidente ocurrido el domingo cerca de la base militar de la RAF Fairford, en el suroeste de Inglaterra.

El hombre, de 25 años, fue detenido en Londres como sospechoso de «preparar un acto terrorista», según informó la policía, que añadió que se había interrogado a una segunda persona, un ciudadano británico de 26 años.

El primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, afirmó el miércoles que existían «fuertes indicios» de que Irán había desempeñado un papel en los sucesos ocurridos el pasado domingo cerca de la base aérea de Gloucestershire, cuando se detuvo a cinco hombres como sospechosos de delitos de terrorismo.

La base se ha utilizado para operaciones estadounidenses a lo largo de la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán.

Una reunión de la Junta de Paz degenera en una discusión acalorada entre Turquía e Israel: medios israelíes

Hace 9 horas

Una reunión a puerta cerrada en la Junta de Paz para Gaza, liderada por EE. UU., degeneró en una discusión acalorada entre el ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, y el representante israelí, Michael Eisenberg, según informa el Canal 13 israelí.

Sin citar fuentes, el Canal 13 informó de que el supuesto altercado comenzó cuando Fidan acusó a Israel de cometer un genocidio en Gaza, lo que provocó la intervención de Jared Kushner, yerno y enviado del presidente de EE. UU., Donald Trump.

El Consejo de Seguridad de la ONU acordó otorgar a la Junta de Paz el mandato de desplegar una fuerza internacional de estabilización en Gaza el pasado mes de noviembre, a pesar de la indignación por la falta de representación palestina en la Junta.

La coalición liderada por Arabia Saudí afirma que los huzíes atacaron una central eléctrica en Medina

Hace 10 horas

La coalición progubernamental liderada por Arabia Saudí en Yemen ha afirmado que el grupo rebelde huzí atacó una central eléctrica en Medina mediante un ataque con drones el martes, dañando un transformador, aunque la red eléctrica en su conjunto no se vio afectada.

Medina, situada en la región occidental de Hejaz, en Arabia Saudí, es una de las ciudades más sagradas del islam.

Los huzíes, conocidos oficialmente como Ansar Allah, se han apoderado este mes de territorio en el suroeste de Yemen en una rápida ofensiva desencadenada por el bombardeo saudí del aeropuerto de Saná en julio.

El grupo también ha bombardeado el oleoducto saudí Este-Oeste, a través del cual Riad ha desviado las exportaciones de petróleo ante el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán.

Sin embargo, los huzíes habían negado anteriormente las acusaciones saudíes de que hubieran atacado La Meca, el lugar más sagrado del islam.

¿Quién lidera la carrera por «el trabajo más imposible de la Tierra»?

Hace 10 horas

En abril de 1953, el secretario general noruego de la ONU, Trygve Lie, se encontraba en el aeropuerto Idlewild de Nueva York para recibir a su sucesor. «Bienvenido, Dag Hammarskjöld, al trabajo más imposible de la Tierra», le dijo al diplomático sueco.

Siete décadas más tarde, la ONU está a punto de elegir al sucesor del actual secretario general, Antonio Guterres, para lo que muchos consideran uno de los cargos más complicados del panorama internacional. Cada mandato tiene una duración de cinco años y, por lo general, es renovable por un segundo mandato.

Se espera que el próximo titular del cargo proceda de América Latina, dado que el puesto rota entre continentes (el último latinoamericano fue el peruano Javier Pérez de Cuéllar, que dejó el cargo en 1992). También existe una presión informal de larga data para que la ONU nombre a una mujer por primera vez en sus 80 años de historia.

Quienquiera que resulte elegido se hará cargo de una organización sometida a presiones desde múltiples frentes. Washington, el mayor contribuyente de la ONU, ha recortado su financiación voluntaria y se ha retirado de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por otra parte, el agravamiento de las presiones financieras y las contribuciones impagadas de los Estados miembros han agravado la crisis de liquidez en curso.

Bajo el mandato de Guterres, el Consejo de Seguridad de la ONU no ha sido capaz de detener ni prevenir los genocidios en Gaza y Sudán, ni la guerra de Rusia contra Ucrania. Además, EE. UU. ha cometido lo que muchos consideran incumplimientos de la Carta de las Naciones Unidas, entre ellos el secuestro y la detención del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Cada uno de los ocho candidatos tiene su propia agenda, pero han surgido temas comunes, entre ellos que la ONU sea más proactiva para prevenir posibles crisis; la necesidad de ser una organización más ágil; la reducción de la duplicación de funciones; dar a las naciones más pequeñas más oportunidades de liberarse de la carga de su deuda; y el impacto de la inteligencia artificial y otras tecnologías en el mundo.

Lea nuestro artículo explicativo completo: ¿Quién lidera la carrera por «el trabajo más imposible de este mundo»?

La costarricense Rebeca Grynspan participa en el Diálogo Regional sobre el Futuro Liderazgo de las Naciones Unidas en Montevideo el 3 de agosto de 2026 (AFP)

Siria niega haberse reunido con Hezbolá en Turquía

Hace 10 horas

Siria ha desmentido una información de Reuters en la que se afirmaba que sus representantes se reunieron con Hezbolá para mantener conversaciones cara a cara en Turquía el mes pasado.

El informe de Reuters, que citaba a seis fuentes al tanto de los hechos, afirmaba que la reunión tuvo lugar por invitación de los servicios de inteligencia turcos, en un intento por rebajar las tensiones latentes entre Siria y el grupo paramilitar y político libanés.

«Estas afirmaciones son falsas», escribió el portavoz de Siria para los medios extranjeros en X. «No se celebró tal reunión».

No se han confirmado reuniones entre Hezbolá y el Gobierno sirio desde la destitución, en diciembre de 2024, del antiguo presidente sirio Bashar al-Assad, aliado de Hezbolá desde hacía mucho tiempo.

Egipto condena la incursión israelí en Al-Aqsa

Hace 11 horas

Egipto ha condenado las incursiones de israelíes en la mezquita de Al-Aqsa, en Jerusalén, a primera hora de este jueves, cuando cientos de personas irrumpieron en el lugar sagrado para conmemorar el sexto día de Sucot, la festividad judía.

Los históricos acuerdos de statu quo que regulan el uso compartido de los lugares sagrados en Jerusalén y los territorios palestinos ocupados reservan Al-Aqsa para el culto musulmán, mientras que las zonas cercanas, incluido el Muro de las Lamentaciones, están destinadas al culto judío.

Miembros del Gobierno israelí, entre ellos el ministro de Seguridad Nacional de extrema derecha, Itamar Ben Gvir, han irrumpido en múltiples ocasiones en el recinto, que desde hace tiempo es un foco de tensiones entre israelíes y palestinos.

Un comunicado publicado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Egipto afirma que las incursiones «exacerban las tensiones y amenazan la seguridad y la estabilidad de los territorios palestinos ocupados y de toda la región».

Un palestino fallece a causa de las heridas sufridas tras una incursión israelí en una aldea del centro de Cisjordania

Hace 12 horas

Un palestino ha fallecido a causa de las heridas sufridas durante una incursión de colonos y soldados israelíes en la aldea de Yasuf, situada en el centro de Cisjordania, en el distrito de Salfit, según informa la agencia de noticias Wafa, citando fuentes médicas.

El director del Hospital de Salfit ha declarado que Mashhour Shaher Yassin, de 51 años, falleció a causa de las heridas de bala que sufrió cuando colonos del asentamiento de Havat Anton atacaron la zona de Al-Nasba, al este de Yasuf.

Según el informe, los soldados israelíes abrieron fuego, hiriendo a dos palestinos, uno en el abdomen y otro en la pierna. Varias personas más fueron detenidas.

Añadió que las fuerzas israelíes impidieron que una ambulancia accediera a la zona, confiscando su llave y tirándola al suelo. Según se informa, los soldados también obstaculizaron la labor de los equipos médicos que intentaban atender a los heridos.

Irán convoca al embajador británico por «falsas acusaciones» sobre un presunto complot contra la base aérea de la RAF en Fairford

Hace 12 horas

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán ha convocado al embajador británico en relación con las acusaciones de que un complot de sabotaje contra una base aérea británica estaba vinculado a Teherán, según informa la cadena estatal IRIB.

Según el informe, Majid Takht-Ravanchi, viceministro político del Ministerio, convocó al embajador británico en Teherán por las «falsas acusaciones» relacionadas con un presunto complot contra la base aérea británica de la RAF en Fairford.

Takht-Ravanchi rechazó las acusaciones y exigió que el Gobierno del Reino Unido diera una explicación por su «actitud inadecuada hacia Irán».

Se celebran funerales masivos por más de 100 palestinos rescatados de entre los escombros en la ciudad de Gaza

Hace 15 horas

Cientos de palestinos se han reunido para celebrar funerales masivos en memoria de unas 105 personas cuyos restos fueron recuperados de entre los escombros de los edificios que Israel destruyó en la ciudad de Gaza en octubre de 2023.

Los dolientes se reunieron en torno a los cuerpos envueltos en mortajas, pertenecientes a niños, mujeres y personas mayores aplastados por los escombros de las torres residenciales derrumbadas.

La ceremonia se celebra entre los escombros del complejo residencial Taj, que los aviones de combate israelíes arrasaron en los primeros días de su genocidio en Gaza.

Hani Mahmoud, de Al Jazeera, informó de que un hombre sostenía los restos de su hijo de tres años.

La mezquita de Al-Aqsa sufre redadas masivas de colonos durante una festividad judía

Hace 15 horas

Miles de colonos israelíes han llevado a cabo incursiones masivas en el recinto de la mezquita de Al-Aqsa en los últimos días, según informa Al Jazeera, citando a la Gobernación de Jerusalén.

Las incursiones se han intensificado durante la festividad judía de Sucot, con unas 700 personas irrumpiendo en el recinto el miércoles, escoltadas por la policía. Realizaron rituales religiosos judíos en violación del statu quo, mientras que las restricciones israelíes impedían a los fieles palestinos acceder al recinto.

RAF Fairford: Netanyahu afirma que Israel advirtió al Reino Unido de un «ataque iraní»

Hace 15 horas

Benjamin Netanyahu ha afirmado que Israel facilitó a Gran Bretaña información de inteligencia sobre el incidente del pasado domingo cerca de la base militar de la RAF Fairford, sin aportar ninguna prueba.

El primer ministro israelí también sugirió que el Gobierno británico ha cedido ante una «alianza islamista-marxista», menos de un día después de que un ministro israelí tildara a la ministra del Interior británica, Shabana Mahmood, de «islamista».

En una entrevista con Fox News, Netanyahu afirmó: «Usted ha mencionado lo ocurrido en Gran Bretaña. ¿Quiere saber hasta qué punto son absurdas las cosas allí? ¿Y hasta dónde ha llegado la propaganda antiisraelí?».

Añadió: «Proporcionamos a los británicos la información de que iba a producirse un ataque, patrocinado por Irán, y prácticamente al día siguiente nos impusieron sanciones.

«Es una locura; esta capitulación, este colapso ante la alianza islamista-marxista, es muy peligroso para el futuro de Occidente».

Más información: RAF Fairford: Netanyahu afirma que Israel advirtió al Reino Unido de un «ataque iraní»

Un ataque con drones israelí hiere a varios palestinos en Jan Yunis

Hace 16 horas

Varios palestinos han resultado heridos en un ataque con drones israelí dirigido contra la zona de al-Mawasi, en Jan Yunis, al sur de Gaza, según informa la agencia de noticias Wafa.

Añadió que las fuerzas israelíes también abrieron fuego contra tiendas de campaña en las que se refugiaban palestinos desplazados, cerca de Rafah.

Aumenta el número de víctimas mortales en Gaza tras la muerte de ocho personas en los ataques israelíes del miércoles

Hace 16 horas

El Ministerio de Sanidad de Gaza informa de que el número de palestinos asesinados por Israel en Gaza ha aumentado después de que ocho personas perdieran la vida y otras 26 resultaran heridas en ataques perpetrados en toda la Franja el miércoles.

El ministerio señaló que 1.439 personas han perdido la vida y 5.052 han resultado heridas desde que entró en vigor el denominado «alto el fuego» en octubre.

El número total de palestinos asesinados por Israel desde octubre de 2023 asciende ya al menos a 74 040, con otros 175 168 heridos.

Los ataques israelíes matan a un palestino e hieren a otras personas al norte de Jan Yunis

Hace 17 horas

Los ataques israelíes de la tarde del miércoles causaron la muerte de un palestino e hirieron a varios más en el norte de Jan Yunis, según informa la agencia de noticias Wafa.

Según el informe, el ataque se dirigió contra personas que se encontraban en la calle Salah Ad-Din, causando la muerte de un hombre de 33 años y heridas a otras personas, entre ellas un menor.

Esto se produce en medio de una oleada de ataques israelíes el miércoles, que se saldaron con al menos ocho muertos. MEE informó anteriormente de que un ataque israelí alcanzó un vehículo de transporte civil en el barrio de Tal al-Hawa, al oeste de la ciudad de Gaza, causando la muerte de cinco personas y heridas a otras 15, entre ellas mujeres y niños.

Por su parte, la oficina de prensa del Gobierno de Gaza informó de que el periodista palestino Muhammad Abdel Aziz al-Najjar había fallecido en otro ataque ocurrido el miércoles. La oficina no facilitó más detalles sobre el ataque, pero señaló que se trataba del periodista número 263 asesinado por Israel desde octubre de 2023.

Las fuerzas israelíes han matado al menos a 1 430 personas desde que se firmó el alto el fuego, lo que supone una media de unas cuatro personas al día.

Entre ellas se cuentan al menos 300 niños.

El acuerdo tenía por objeto poner fin al genocidio de Israel y levantar las restricciones a la entrada de ayuda humanitaria y mercancías.

Israel ha violado repetidamente el acuerdo, llevando a cabo bombardeos casi a diario al tiempo que mantiene estrictas restricciones a la entrada de ayuda y mercancías.

En total, las fuerzas israelíes han matado a más de 74 000 palestinos desde que comenzó el genocidio en octubre de 2023 y han herido a más de 175 000 personas.

Israel ha convertido Gaza en el «gueto más grande y más duro» de la historia moderna, afirma Euro-Med

Hace 19 horas

Euro-Med Human Rights Monitor ha afirmado que Israel ha convertido Gaza en el «gueto más grande y más duro» de la historia moderna.

La organización de derechos humanos señaló el uso que hace Israel del hambre «como arma letal», el deterioro del sistema sanitario del enclave, así como la grave escasez de equipos necesarios, ayuda y otros recursos humanitarios.

«Las consecuencias de convertir Gaza en un gueto van más allá de la amenaza constante de muerte, ya que afectan al núcleo mismo de su estructura económica y social», afirmó el grupo de derechos humanos.

«Familias enteras han pasado a depender por completo de la ayuda para sobrevivir tras perder sus hogares y sus ingresos, sin perspectivas de recuperar sus vidas normales».

El comunicado de prensa de Euro-Med se produce en medio de la concentración continuada y deliberada por parte de Israel de más de dos millones de personas en menos del 30 % de la Franja de Gaza. Se considera que este enclave tiene la mayor densidad de población del mundo.

Actualización matutina

Hace 19 horas

Buenos días, lectores de Middle East Eye,

Estas son las últimas novedades:

  • Se han recuperado los cadáveres y restos de 105 palestinos de entre los escombros de un bloque de viviendas a lo largo de poco más de dos semanas, según informó la Defensa Civil. La búsqueda, que duró 17 días, se llevó a cabo en la zona de al-Taj, situada en el centro de la ciudad de Gaza. La Defensa Civil señaló que la operación de recuperación se llevó a cabo en coordinación con un comité egipcio.
  • La misión de Irán ante la ONU afirmó que su delegación partió de Nueva York el lunes según lo previsto, desmintiendo las informaciones según las cuales el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, habría ordenado a la delegación que abandonara el país de inmediato. «Al no haber logrado nada, el Departamento de Estado ha recurrido a difundir noticias infundadas y sin fundamento», escribió la misión de Irán ante la ONU en una publicación en X.
  • El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, señaló que era demasiado pronto para determinar quién estaba detrás del intento frustrado de derribar un vuelo de flydubai de Dubái a Tel Aviv, tras ser preguntado si existía algún indicio de implicación iraní en el incidente.
  • El líder del grupo paramilitar iraquí Kataib Hezbolá, Ahmad al-Hamdawi, anunció que se suspenderán las actividades militares «con la excepción de los ataques contra aeronaves hostiles que violen el espacio aéreo del país», según informó The Associated Press.
  • El presidente de EE. UU., Donald Trump, respondió a una pregunta sobre un acuerdo con Irán afirmando que tal vez EE. UU. «los haga volar por los aires». «Quizá los hagan volar por los aires. Tienen que tomar esa decisión. Los hacemos volar por los aires, llegamos a un acuerdo, pero se acerca el momento», declaró a los periodistas en el Despacho Oval. «Esto terminará muy pronto, de una forma u otra», añadió Trump.

El ejército yemení afirma que 468 operaciones contra los huzíes han causado la muerte y heridas a cientos de miembros de este grupo

Hace 20 horas

El ejército yemení afirmó haber causado la muerte y heridas a cientos de miembros huzíes después de que sus fuerzas llevaran a cabo 468 operaciones contra el grupo en tres frentes de todo el país.

El portavoz Majed Abdullah al-Nazili señaló que las operaciones se dirigieron contra combatientes huzíes y equipamiento militar en los frentes oriental y de Al-Bayda, en el centro de Yemen, así como en el frente de Al-Mansoura, en Al-Wazi’iyah, al suroeste.

«Estas operaciones se saldaron con la muerte y heridas de cientos de miembros de la milicia huzí, así como con la destrucción de su equipamiento militar y sus vehículos», afirmó.

¿Con qué misiles y drones cuentan los huzíes?

Hace 20 horas

Una rápida ofensiva de los huzíes de Yemen ha intensificado la guerra civil en el país y ha provocado el caos en los mercados mundiales del petróleo.

El grupo, que lleva más de una década controlando gran parte del norte de Yemen, ha arrebatado nuevos territorios a las fuerzas progubernamentales y ha amenazado el tráfico marítimo —en particular el de Arabia Saudí— en el estrecho de Bab el-Mandeb, el cuello de botella marítimo que une el golfo de Adén con el mar Rojo y el canal de Suez.

Dada su escasa organización militar, los medios internacionales han descrito a menudo al grupo como una «fuerza de combate heterogénea».

Sin embargo, a lo largo de las últimas dos décadas, los huzíes han evolucionado hasta utilizar misiles y drones para llevar a cabo ataques tanto dentro de Yemen como contra Israel, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, entre otros.

Gran parte del arsenal del grupo ha sido diseñado o suministrado por Irán, que considera a esta fuerza como miembro de su «Eje de la Resistencia», una red de aliados que también incluye a Hamás y Hezbolá.

Los huzíes también han adquirido armamento —entre el que se incluyen tanques y helicópteros de la era soviética con décadas de antigüedad— tras sus victorias en el campo de batalla, y recientemente se han apoderado de vehículos militares suministrados por EE. UU. capturados a las fuerzas respaldadas por Arabia Saudí en su retirada.

Aunque se desconocen los niveles de las reservas de los huzíes, es posible hacerse una idea de su potencia de fuego y sus capacidades militares.

Más información: ¿De qué misiles y drones disponen los huzíes?

Kataib Hezbolá, de Irak, anuncia la suspensión de sus actividades militares

Hace 20 horas

El líder del grupo paramilitar iraquí Kataib Hezbolá, Ahmad al-Hamdawi, anunció que se suspenderán las actividades militares «con la excepción de los ataques contra aeronaves hostiles que violen el espacio aéreo del país», según informó The Associated Press.

Por otra parte, Jaafar al-Husseini, portavoz de la coalición, afirmó que las negociaciones con el Gobierno sobre la regulación de las armas no habían dado lugar a un acuerdo.

«Las armas de la Resistencia permanecerán como un fideicomiso en manos de los combatientes», declaró al-Husseini, y añadió que seguirán dirigidas contra cualquier enemigo que ataque a Irak y a su pueblo.

Cuatro ciudadanos estadounidenses viajaban a bordo del vuelo de flydubai

Hace 20 horas

El Departamento de Estado de EE. UU. indicó que cuatro estadounidenses viajaban a bordo de un vuelo de flydubai de Dubái a Tel Aviv que fue desviado a Arabia Saudí.

«Estamos colaborando con las autoridades locales y estamos preparados para prestar asistencia consular a todos y cada uno de los estadounidenses que se encontraban a bordo del vuelo», declaró un portavoz del Departamento de Estado a la agencia Anadolu.

El portavoz añadió que la embajada y el consulado de EE. UU. en el reino «mantienen una comunicación constante con las autoridades locales mientras estas llevan a cabo su investigación».

«La Administración Trump se toma muy en serio su compromiso con los estadounidenses en el extranjero y está dispuesta a prestar asistencia consular».

Los equipos de Defensa Civil de Gaza recuperan más de 100 cadáveres de palestinos tras 17 días de búsqueda

Hace 20 horas

Se han recuperado los cadáveres y restos mortales de 105 palestinos de entre los escombros de un bloque de viviendas a lo largo de algo más de dos semanas, según informó la Defensa Civil.

La búsqueda, que duró 17 días, se llevó a cabo en la zona de al-Taj, situada en el centro de la ciudad de Gaza. La Defensa Civil señaló que la operación de recuperación se llevó a cabo en coordinación con un comité egipcio.

«Se trata de civiles y seres humanos que tienen pleno derecho a vivir en paz y seguridad», declaró el portavoz de la Defensa Civil, Mahmoud Basal, a la Agencia Anadolu.

El Ministerio de Sanidad palestino de la Franja ha registrado la muerte de casi 74 000 palestinos desde el inicio del genocidio israelí en octubre de 2023. Miles más siguen desaparecidos, muy probablemente bajo los escombros.

Israel ataca una zona en la provincia siria de Quneitra, al sur del país

Hace 22 horas

El ejército israelí lanzó el miércoles tres proyectiles contra la zona de la presa de al-Mantara, en la provincia siria de Quneitra, al sur del país, según la cadena de televisión siria Alikhbaria.

El bombardeo tuvo como objetivo los alrededores de la presa, sin que hasta el momento se hayan registrado informes inmediatos de víctimas o daños.

Vídeo: Trump afirma que habló con Netanyahu sobre el incidente de Flydubai

Hace 22 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró a los periodistas el miércoles que había hablado con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, tras el desvío de un vuelo de Flydubai entre Dubái y Tel Aviv, después de que, supuestamente, el copiloto atacara al capitán en pleno vuelo.

La misión de Irán ante la ONU desestima la afirmación de EE. UU. sobre la expulsión calificándola de «infundada y carente de fundamento» Noticias

Hace 22 horas

La misión de Irán ante la ONU afirmó que su delegación abandonó Nueva York el lunes según lo previsto.

Esto se produjo tras las informaciones según las cuales el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, ordenó a la delegación iraní que abandonara el país inmediatamente tras el fracaso de las negociaciones.

«La delegación iraní partió de Nueva York el lunes por la tarde, de acuerdo con el calendario que también se había comunicado al Departamento de Estado de EE. UU. con antelación, el 17 de septiembre», escribió la misión de Irán ante la ONU en una publicación en X.

Asimismo, desestimó las informaciones sobre la expulsión de su delegación de EE. UU., afirmando: «Al no haber logrado nada, el Departamento de Estado ha recurrido a difundir noticias infundadas y carentes de fundamento».

Estudiantes de Gaza demandan a Irlanda por la denegación de visados

Hace 22 horas

Al menos a 103 estudiantes palestinos se les han denegado los visados en Irlanda este año, y las tasas de concesión de visados han caído del 83,8 % en 2025 a solo el 27,5 % este año.

La semana pasada, un equipo de abogados impugnó las denegaciones del ministro de Justicia, Jim O’Callaghan, y le solicitó que revocara la decisión.

Los abogados designados son Blinne Ni Ghralaigh, quien representó a Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia en su caso de genocidio contra Israel, y Eamonn Dornan. Entre los procuradores se encuentran Sinead Marmion y Alannah Faulkner, junto con varios abogados adjuntos.

La acción judicial se inició la semana pasada, comenzando con el caso del estudiante palestino Hafez Alrayyes, de Gaza. ‘

Más información: Estudiantes de Gaza demandan a Irlanda por denegaciones de visados

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