Miscelánea 22/04/2024

Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Movimiento obrero y climático.
2. La americanización de Francia.
3. Literatura pakistaní en apoyo a Palestina
4. Hechos mierda.
5. Imperialismo verde en el Congo.
6. Quién paga los partidos políticos en Francia.
7. Hacia el fin del petrodólar.
8. Un proyecto incierto en Senegal.
9. Más sobre el 40 aniversario del MST

1.Movimiento obrero y climático

Otro artículo sobre las dificultades para hacer confluir el movimiento obrero con el ecologista. El artículo es fundamentalmente una reseña de un libro sobre el tema recientemente publicado en los EEUU.

https://jacobinlat.com/2024/

La confluencia de trabajadores y ecologistas es más fácil de decir que de hacer

Paul Prescod

La idea de que los movimientos laboral y climático deben unirse para lograr un Gren New Deal es más popular que nunca. Para conseguirlo, tenemos que encontrar y desarrollar los puntos en común entre los objetivos climáticos y el interés de los trabajadores.

Pueden pasar muchas cosas en cinco años. En noviembre de 2018, la recién elegida congresista Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) se unió a jóvenes activistas del Sunrise Movement en una dramática sentada en la oficina de Nancy Pelosi para pedir una acción ambiciosa sobre el cambio climático. AOC siguió con esto el 7 de febrero de 2019, cuando ella y el representante Ed Markey presentaron legislación para un Green New Deal. El Green New Deal se ha convertido en una característica común de nuestro léxico político, ampliamente adoptado dentro de los círculos de activistas progresistas. Es fácil olvidar que el concepto era totalmente desconocido para la mayoría de la gente hace apenas media década.

Considerado tanto un programa de empleo como un plan climático, el Green New Deal pretende, al menos retóricamente, unir a los movimientos obrero y ecologista, a menudo desafortunadamente enfrentados, demostrando el potencial de creación de buenos empleos en el proceso de transición a las energías limpias.

El aumento de la popularidad del Green New Deal se corresponde con el creciente consenso sobre la necesidad de actuar seriamente contra el cambio climático. Pero cimentar la alianza entre los activistas del cambio climático y los trabajadores de la industria manufacturera y la producción de energía, los más afectados por una transición energética, viene resultando cuando menos complicado. Aunque hay muchos ejemplos a nivel local de sindicatos que abrazan los empleos en energías limpias, muchos trabajadores siguen (con razón) ansiosos y escépticos sobre la posibilidad de llevar a cabo una transición energética de forma que proteja sus medios de vida.

El nuevo libro de Todd E. Vachon, Clean Air and Good Jobs: US Labor and the Struggle for Climate Justice (Aire limpio y buenos empleos: los sindicatos estadounidenses y la lucha por la justicia climática), explora los retos y las dinámicas en juego en la construcción de un movimiento obrero-climático que pueda conseguir con éxito una economía de energía limpia favorable a los trabajadores.

Vachon, presidente fundador del sindicato de graduados UAW Local 6950 de la Universidad de Connecticut, participó de coaliciones laborales y climáticas a escala nacional y estatal. Basándose en entrevistas con activistas, en sus propias observaciones y en el análisis de fuentes, traza un panorama del estado actual del movimiento obrero-climático y de cómo los activistas que lo componen se plantean los innumerables retos que les aguardan.

El libro hace un buen trabajo ofreciendo una visión histórica de los orígenes del movimiento obrero-climático y aclarando los principales factores estructurales que hacen que una transición energética a favor de los trabajadores sea tan desalentadora. Las numerosas entrevistas con activistas de la lucha contra el cambio climático ofrecen a los lectores una visión de cómo los sindicalistas reflexionan sobre estas cuestiones y sobre el proceso de cambio en el movimiento obrero en general.

Sin embargo, con demasiada frecuencia Vachon enmarca la cuestión de formas que no son útiles para construir el tipo de coalición centrada en los trabajadores que él promueve, repitiendo a veces consignas improductivas que se convertieron en dominantes en el movimiento ecologista de izquierdas. Además, aunque Vachon destaca muchos ejemplos positivos e inspiradores de coaliciones entre trabajadores y ecologistas, es necesario un análisis más detallado de cómo se construyeron y mantuvieron estos proyectos de éxito para ayudar a los organizadores que quieran reproducir estos modelos en sus contextos específicos.

Alianzas frágiles

Vachon rastrea las primeras raíces de las alianzas obrero-medioambientales, haciendo hincapié en que existe una base histórica para este trabajo. Destaca que el sindicato United Steelworkers apoyó la primera Ley Federal de Aire Limpio en 1963, mientras que a principios de los setenta el sindicato Oil, Chemical, and Atomic Workers (OCAW), bajo la dirección de su visionario líder Tony Mazzocchi, lanzó una huelga contra Shell Oil con la salud y la seguridad como tema central.

El Departamento de Sindicatos Industriales de la Federación Americana del Trabajo y el Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO) puso en marcha organizaciones como la Red Medioambiental OSHA y los Ecologistas por el Pleno Empleo. En el noroeste del Pacífico, durante la década de 1990, los trabajadores del sector maderero y los ecologistas se unieron en torno a la exigencia de poner fin a la tala excesiva de los bosques. Para los trabajadores, esta práctica provocó despidos y el cierre de aserraderos.

La ola más reciente de actividad laboral y medioambiental se vio impulsada por el huracán Sandy a finales de 2012. Los trabajadores del sector público neoyorquino del transporte y la sanidad se enfrentaron a los efectos más extremos de la tormenta, que despertó una mayor preocupación por la cuestión del cambio climático. Sindicatos como Transit Workers Union Local 100, New York State Nurses Association (NYSNA) y American Federation of State, County and Municipal Employees (AFSCME) del District Council 37 dedicaron cada vez más recursos y atención al movimiento por el clima. Sin embargo, aunque los avances laborales han sido significativos y cuantificables, es innegable que la economía basada en los combustibles fósiles sigue firmemente arraigada.

Vachon identifica cinco grandes pilares entrelazados de apoyo al «régimen de los combustibles fósiles»: la industria de los combustibles fósiles, las industrias usuarias de combustibles fósiles, los consumidores individuales, los políticos y los trabajadores de los combustibles fósiles y sus sindicatos. Observa acertadamente que no puede haber un desafío significativo a la industria de los combustibles fósiles sin «algún tipo de desafío a la ideología subyacente del libre mercado» que sustenta todo nuestro sistema económico. Además, el libro cita factores estructurales para explicar el dilema general de «empleo contra medio ambiente” en el que a menudo se ven atrapados los trabajadores.

Especialmente en Estados Unidos, la falta de una red de seguridad social de calidad exacerba los temores y las consecuencias de la pérdida de empleo. Cuando la asistencia sanitaria está vinculada al empleo y la educación superior es prohibitivamente cara, la amenaza de perder un buen empleo sindical es una amenaza de ruina económica y social. Haciendo referencia al trabajo del académico marxista Erik Olin Wright, Vachon observa astutamente que cuando los capitalistas controlan la inversión que es crucial para la creación de empleo, pueden enmarcar de forma creíble sus intereses como idénticos a los de la sociedad en su conjunto.

Vachon utiliza un «espectro laboral-climático» que sitúa a los sindicatos por industria en función de su tendencia a apoyar un encuadre de «empleo frente a medio ambiente» o un encuadre progresista de «aire limpio y buenos empleos». Para determinar esta posición se utilizan factores como las declaraciones públicas de los líderes sindicales, las resoluciones sindicales y los testimonios ante el Congreso.

No es sorprendente que, dados los factores estructurales citados anteriormente, el autor descubriera que los sindicatos que representan a los trabajadores de los sectores de la extracción, la construcción y la fabricación se situaran mucho más en el espectro de «empleos frente a medio ambiente». Los sindicatos con afiliados en los sectores de la sanidad, el transporte y los servicios adoptaron más a menudo el marco de «aire limpio y buenos empleos».

Clean Air and Good Jobs está salpicado de entrevistas con miembros de sindicatos de todo este espectro para explorar por qué y cómo los distintos sindicatos adoptan las posturas que adoptan. Los problemas comienzan en la forma en que el autor decide enmarcar las causas de estas perspectivas divergentes dentro del movimiento obrero.

Cuestiones de marco

Vachon se basa en gran medida en la dicotomía entre «sindicalismo empresarial» y «sindicalismo social» para explicar las diferentes formas en que los sindicatos abordaron el reto de la transición energética. En su esquema, el sindicalismo empresarial consiste en centrarse exclusivamente en los salarios y las prestaciones, junto con una perspectiva que considera que el interés de la empresa por obtener beneficios está alineado con el objetivo del sindicato. Por otro lado, el sindicalismo social es la práctica de luchar por cuestiones sociales más amplias en la mesa de negociación y en nombre de toda la clase trabajadora.

Estos términos y conceptos pueden ser útiles, al iluminar diferencias reales en la forma en que los sindicatos enfocan la negociación. Pero a menudo en la realidad las líneas son más borrosas, y puede haber una tendencia en la izquierda a exagerar esta distinción. Después de todo, el proyecto de sacar a los trabajadores de la pobreza y proporcionarles seguridad —sí, en forma de «pan y mantequilla», como salarios y prestaciones— ¿no es una cuestión de justicia social?

En el sector público, al que Vachon sitúa en el espectro más progresista de «aire limpio y buenos empleos», suele haber un solapamiento orgánico entre las reivindicaciones «empresariales» y «sociales» que no existe en muchos contextos industriales. Así, aunque los sindicatos de profesores luchan por reducir el tamaño de las clases porque es mejor para el aprendizaje de los alumnos, también lo hacen porque es una cuestión clave para la calidad de vida en el lugar de trabajo de sus afiliados. Los sindicatos municipales quieren que se financien los servicios públicos porque es bueno para el público en general, pero también (y tal vez incluso principalmente) porque es el requisito previo para la estabilidad económica de sus miembros.

Cualquier sindicato sabe que nunca puede perder de vista el cuidado de los intereses económicos básicos de sus afiliados. A veces, en su estridencia contra el sindicalismo empresarial, Vachon parece esperar que los trabajadores de la industria de los combustibles fósiles eludan este principio básico a pesar de demostrar que comprenden los dilemas económicos a los que se enfrentan.

«Los sindicatos más recientes, —escribe Vachon— son más propensos a apoyar las medidas de protección del clima. Es más probable que estos sindicatos muestren las características del sindicalismo del movimiento social, incluida una mayor diversidad, la participación en el trabajo de coalición y una orientación más amplia hacia los objetivos».

Pero cabe preguntarse: ¿Estos sindicatos pueden adoptar estas posturas porque practican el «sindicalismo del movimiento social» o porque sus miembros no se ven directamente afectados? Para utilizar una vez más a los sindicatos de profesores como ejemplo, sería difícil imaginarlos apoyando la expansión de las escuelas concertadas con un plan de estudios progresista si ello implicara la pérdida de puestos de trabajo para sus afiliados. También en este caso, aunque su oposición a la privatización es de hecho una cuestión social más amplia, se deriva principalmente del imperativo de la autodefensa.

Los activistas de los sindicatos manufactureros entrevistados en Clean Air and Good Jobs muestran una comprensión más matizada de esta dinámica. Como observó un participante de una organización nacional de defensa del clima: «O bien tenemos una dirección abrumada por otras cuestiones o bien una dirección que no es del todo consciente de la cuestión del cambio climático y, por supuesto, también tenemos una dirección muy temerosa y preocupada por que sus miembros pierdan el empleo».

El libro también tiende a dar demasiado espacio a una retórica que atrae más a la subcultura activista del movimiento climático que a la mayoría de la clase trabajadora que actualmente no está comprometida con el proyecto. Esta retórica puede ofrecer una imagen confusa y contradictoria de la coalición que hay que construir.

Por ejemplo, Vachon se refiere con frecuencia a las «comunidades de primera línea», a las que define como «arraigadas en comunidades indígenas, afroamericanas, latinas, asiáticas de las islas del Pacífico y blancas pobres en primera línea del movimiento por la justicia climática». Parecería que está describiendo a toda la clase trabajadora multirracial. En lugar de agrupar a todo el mundo en el epígrafe «comunidades en primera línea», sería más útil hablar de la clase trabajadora y luego pensar en comunidades específicas en el contexto de campañas concretas para abordar el cambio climático.

Aunque el libro critica a menudo con habilidad la insensibilidad del movimiento ecologista dominante ante los problemas de los trabajadores, su adopción de un segmento del marco y la retórica ecologistas de la izquierda lleva a Vachon en ocasiones por el mismo camino.

Al hablar de la tarea de unir a los trabajadores industriales sindicados que se enfrentan a la pérdida de empleo con las comunidades más pobres que sufren los efectos del cambio climático, escribe:

Los miembros de la comunidad de justicia medioambiental a menudo recuerdan a los activistas laborales que los trabajadores blancos que se enfrentan al desempleo como resultado de la descarbonización tuvieron al menos la oportunidad de beneficiarse económicamente durante generaciones de los puestos de trabajo de los combustibles fósiles de los que los no blancos fueron sistemáticamente excluidos y desproporcionadamente afectados en forma de consecuencias negativas para la salud como resultado de la contaminación.

El movimiento por el clima debe replantearse seriamente esta perspectiva y hacer un examen de conciencia. Es difícil imaginar hablar con un trabajador del carbón cuyo pueblo ha sido destruido o con un trabajador despedido de una refinería de petróleo obligado a trabajar en Walmart hasta una edad avanzada, recordándoles que deberían estar contentos de que al menos puedan recordar los buenos tiempos pasados y esperar que sigan estando de nuestro lado. Este planteamiento es contrario a una verdadera transición energética limpia impulsada por los trabajadores.

Una transición justa

El tema de la «transición justa» ocupa un lugar destacado en Clean Air and Good Jobs, como debe ser. El término fue popularizado por primera vez por el presidente del OCAW, Mazzocchi, como una forma de describir cómo podrían recuperarse los trabajadores de las industrias vulnerables a la pérdida de empleo.

Vachon hace un trabajo importante al explicar la historia de los intentos de transiciones justas y por qué los sindicatos son actualmente tan escépticos respecto de esta frase. Los programas de asistencia para el ajuste comercial puestos en marcha por el gobierno federal en las últimas décadas del siglo XX a menudo carecían de fondos suficientes y estaban mal administrados. Aunque la idea general es ciertamente favorable a los trabajadores, es fundamental que los activistas climáticos comprendan hoy cómo cala el término entre muchos de los trabajadores realmente existentes.

Richard Trumka, ex presidente de la AFL-CIO, describió la transición justa como «sólo una invitación a un funeral de lujo». Uno de los entrevistados de un sindicato de transporte de ámbito nacional explicó: «Tiene un significado muy malo para muchos trabajadores, especialmente en EE.UU.».

Vachon establece tres tipos de marcos de transición justa: protector, proactivo y transformador. Pero aquí, de nuevo, el autor cae en la trampa de crear dicotomías artificiales donde no son necesarias ni útiles.

El marco «protector» se centra simplemente en proteger a los trabajadores más vulnerables de forma defensiva; Vachon utiliza como ejemplo el «superfondo» de Mazzocchi para los trabajadores de las industrias extractivas. El marco «proactivo» tiene más visión de futuro y es más ambicioso, con más inversión pública hacia una transición energética y la implicación de los trabajadores. Por último, el modelo «transformador» abarca el cambio sistémico en forma de socialismo democrático o la reorganización total de la economía.

Aunque es útil pensar en varios niveles de transición, es mejor considerar que estos marcos existen en el mismo espectro. Su realización viene determinada por el poder del trabajo en la sociedad y el contexto político más amplio, no por el grado de fuerza de voluntad o las ideas en la cabeza de la gente.

Por ejemplo, el establecimiento de un superfondo «protector» para los trabajadores se basa en la idea de que habrá una transición energética en el futuro. Así que si un sindicato persigue una medida defensiva de este tipo, no debería verse como una representación de su objetivo final, sino más bien como un primer paso necesario hacia una transición energética centrada en los trabajadores.

A menudo, el libro hace referencia a cómo los sindicatos de la industria de los combustibles fósiles utilizan el argumento de la «falta de implicación» o de la «equidad» contra otros sindicatos que reclaman una transición. En esencia, este argumento postula que es más fácil para otros sindicatos reclamar una transición cuando sus miembros no se ven directamente afectados por la pérdida de puestos de trabajo.

Vachon critica este argumento diciendo que «no reconoce que el cambio climático es una amenaza para todos los trabajadores y que debería haber una mayor solidaridad para proteger a todos los trabajadores y a las generaciones futuras de los efectos devastadores de un cambio climático no mitigado».

Aunque esto es cierto en un sentido amplio, tenemos que reconocer el principio básico de que los trabajadores más afectados por la transición necesitan tener la voz principal y ser más consultados. Este sentimiento de «nada sobre nosotros o sin nosotros» siempre goza de legitimidad por parte de los progresistas cuando se trata de otras circunscripciones, y también debería ser así en este caso.

Los lectores de Clean Air and Good Jobs obtendrán información importante sobre los orígenes del término «transición justa» y sobre cómo los sindicalistas están desentrañando sus problemas. Pero, una vez más, el despliegue de dicotomías artificiales entre diferentes tipos de transiciones parece excesivamente académico y poco útil para entender cómo podemos hacer realidad una transición verdaderamente justa.

El camino a seguir

Quizá la parte más importante del libro de Vachon trate de cómo debemos avanzar y de ejemplos de cómo los sindicatos se están asociando con el movimiento climático de forma productiva.

Para los lectores nuevos o poco familiarizados con el movimiento obrero, Vachon ofrece una ventana útil al proceso de adopción de resoluciones dentro de los sindicatos locales y las federaciones sindicales estatales. Este suele ser un paso importante para conseguir apoyo político dentro de los sindicatos, y las entrevistas a los participantes revelan los polémicos debates sobre el clima que pueden llegar a producirse.

Es de esperar que las pequeñas victorias a escala local que se mencionan en el libro generen ideas para que los organizadores las lleven a cabo en sus respectivas áreas. Además de servir de inspiración, estos ejemplos infunden optimismo en el sentido de que es posible que los trabajadores apoyen los empleos limpios, y de hecho es algo que ya está ocurriendo.

Uno de los avances más importantes que explora Vachon es el programa para una transición justa publicado por el United Mine Workers of America (UMWA) en abril de 2021. En «Preserving Coal Country» se detalla un esquema para proporcionar una sólida red de seguridad a los mineros desplazados, que incluye cobertura sanitaria familiar, matrícula para licenciaturas y rehabilitación de infraestructuras específicas en las comunidades de las cuencas mineras.

Además, en mayo de 2021, el UMWA y la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Preocupados) publicaron una declaración conjunta en la que reconocían la necesidad de actuar seriamente contra el cambio climático y esbozaban formas de cuidar a los trabajadores de los combustibles fósiles en el proceso.

Aunque el libro de Vachon destaca varias buenas campañas e iniciativas, habría sido útil entrar en más detalles sobre cómo se organizaron y mantuvieron estas coaliciones. Por ejemplo, en septiembre de 2021, Illinois aprobó la Ley del Clima y Empleos Equitativos, una ambiciosa victoria climática con el apoyo prácticamente universal de los trabajadores. El libro menciona esta ley, pero una exploración de los mecanismos de esta campaña hubiera sido muy valiosa para los activistas que buscan replicarla en sus áreas.

También se podría haber prestado más atención a la labor del Climate Jobs National Resource Center (Centro Nacional de Recursos para el Empleo Climático), que jugó un papel decisivo en la creación de muchas coaliciones laborales y climáticas de éxito a escala estatal.

En lo que respecta a las soluciones climáticas, Vachon parece rechazar automáticamente ciertas estrategias muy debatidas en el movimiento obrero, como la energía nuclear y la captura y almacenamiento de carbono (CAC). La energía nuclear es un sector fuertemente sindicalizado así como una fuente crítica de energía libre de carbono, y descartarla de plano es peligroso tanto para el clima como para los trabajadores. Y se está desarrollando un debate matizado sobre la posibilidad de un despliegue selectivo de la CAC y los modelos públicos de propiedad.

Hacia el final del libro, Vachon escribe: «Los trabajadores en su conjunto no han sido a menudo amigos del movimiento por la justicia climática (…) lo cual es lamentable porque, a diferencia del movimiento ecologista dominante, el movimiento por la justicia climática adoptó una postura favorable a los trabajadores desde sus inicios». Pero abrazar sentimientos a favor de los trabajadores no es lo mismo que ser capaz de crear una coalición laboral y no alienar a los trabajadores en la práctica.

Los lectores que no estén familiarizados con las cuestiones laborales y climáticas aprenderán mucho de Clean Air and Good Jobs. Sin embargo, muchos de los tópicos comunes que aparecen en el libro necesitan ser reexaminados, ya que corren el riesgo de separar aún más el movimiento climático de una base en el movimiento sindical y hacer imposibles las mismas coaliciones por las que aboga este libro.

Paul Prescod. Profesor de estudios sociales y miembro de la Federación Docente de Filadelfia.

2. La americanización de Francia

Unas divertidas reflexiones del historiador Jacques R. Pauwels sobre la expansión imperialista estadounidense en Europa a raíz de la publicación de un libro de Annie Lacroix-Riz sobre el Plan Marshall -el de Bienvenido-.

https://www.counterpunch.org/

Americanizar Francia: el Plan Marshall, reconsiderado

por Jacques R. Pauwels

Reflexiones inspiradas en un nuevo libro de Annie Lacroix-Riz, Les origines du plan Marshall: Le mythe de «l’aide» américaine, Armand Colin, Malakoff, 2023.

El verano pasado, mientras viajaba de París a Niza por lo que los parisinos llaman «la France profonde», no pude evitar darme cuenta de hasta qué punto Francia se ha americanizado. Los paisajes de Borgoña y Provenza son tan hermosos como siempre, y las ciudades antiguas siguen siendo muy pintorescas, pero ahora se entra en la mayoría de ellas, si no en todas, por callejuelas llenas de hamburgueserías que sirven «malbouffe», concesionarios de coches y centros comerciales con exactamente las mismas tiendas que se pueden encontrar en los centros comerciales del otro lado del Atlántico, además de música no de Edith Piaf, sino de Taylor Swift. Me interesaba saber más sobre por qué, cuándo y cómo se había iniciado esta «coca-colonización» de Francia y, casualmente, encontré la respuesta en un libro que acababa de salir de la imprenta; lo había escrito la inconformista historiadora Annie Lacroix-Riz, autora de bastantes otras obras notables, y su título promete aclarar los orígenes del famoso Plan Marshall de 1947.

La historia de Estados Unidos está repleta de mitos, como la idea de que la conquista del Salvaje Oeste fue una empresa heroica, que el país luchó en la Primera Guerra Mundial por la democracia y que la bomba de Oppenheimer aniquiló a más de 100.000 personas en Hiroshima para obligar a Tokio a rendirse, salvando así presumiblemente las vidas de innumerables civiles japoneses y soldados estadounidenses. Otro mito tiene que ver con la «ayuda» estadounidense a Europa en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, personificada en el llamado «Programa de Recuperación Europea», más conocido como Plan Marshall, porque fue George C. Marshall, antiguo jefe del Estado Mayor del ejército y Secretario de Estado en la administración Truman, quien lanzó formalmente el proyecto en un discurso pronunciado en la Universidad de Harvard el 5 de junio de 1947.

El mito que surgió casi instantáneamente sobre el Plan Marshall sostiene que, tras derrotar a los repugnantes nazis, presumiblemente más o menos sin ayuda de nadie, y prepararse para volver a casa a ocuparse de sus propios asuntos, el Tío Sam se dio cuenta de repente de que los desventurados europeos, agotados por seis años de guerra, necesitaban su ayuda para volver a ponerse en pie. Y así, desinteresada y generosamente, decidió colmarlos de enormes cantidades de dinero, que Gran Bretaña, Francia y los demás países de Europa Occidental aceptaron con entusiasmo y utilizaron para volver no sólo a la prosperidad, sino también a la democracia.

La «ayuda» dispensada bajo los auspicios del Plan Marshall, entonces, supuestamente equivalía a un regalo gratuito de dinero. Sin embargo, desde hace tiempo se sabe que las cosas no eran tan sencillas, que el Plan tenía como objetivo conquistar el mercado europeo para los productos de exportación y el capital de inversión estadounidenses, y que también tenía fines políticos, a saber, impedir las nacionalizaciones y contrarrestar la influencia soviética [1]. Aun así, las autoridades, los académicos y los principales medios de comunicación de ambos lados del Atlántico mantienen vivo el mito sobre el Plan Marshall, como refleja la reciente sugerencia de que Ucrania y otros países que también se encuentran en una situación económica desesperada necesitan un nuevo Plan Marshall[2].

Por otra parte, las investigaciones históricas críticas revelan la naturaleza ilusoria del mito tejido en torno al Plan Marshall. El año pasado, la historiadora francesa Annie Lacroix-Riz realizó una investigación de este tipo, centrada en los antecedentes del Plan, y aunque su libro se centra comprensiblemente en el caso de Francia, también resulta extremadamente útil para comprender cómo otros países europeos, desde Gran Bretaña hasta Alemania (Occidental), pasando por Bélgica, se convirtieron en receptores de este tipo de «ayuda» estadounidense.

El libro de Lacroix-Riz tiene el mérito de considerar el plan de Marshall a largo plazo, es decir, de explicarlo no como una especie de singularidad posterior a la Segunda Guerra Mundial, sino como parte de un desarrollo histórico a largo plazo, a saber, la expansión mundial de la industria y las finanzas estadounidenses, en otras palabras, la aparición y expansión del imperialismo estadounidense. Puede decirse que este desarrollo comenzó a finales del siglo XIX, cuando el Tío Sam conquistó Hawai en 1893 y luego, a través de una «espléndida guerrita» contra España en 1898, se metió en el bolsillo Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Las finanzas, la industria y el comercio estadounidenses, en otras palabras: El capitalismo estadounidense amplió así sus rentables actividades al Caribe, el Pacífico y Extremo Oriente. El acceso privilegiado a los recursos y mercados de esos territorios lejanos, además de los del ya gigantesco mercado interior, convirtió a Estados Unidos en una de las mayores potencias industriales del mundo, capaz de desafiar incluso a Gran Bretaña, Alemania y Francia. Pero las grandes potencias europeas también se expandieron por todo el mundo, es decir, se hicieron «imperialistas», principalmente añadiendo nuevos territorios a sus carteras de posesiones coloniales. Las potencias imperialistas se convirtieron así cada vez más en competidoras, rivales y antagonistas o aliadas en una despiadada carrera por la supremacía imperialista, alimentada ideológicamente por las ideas socialdarwinistas imperantes de «lucha por la supervivencia».

Esta situación desembocó en la Gran Guerra de 1914-1918. Estados Unidos intervino en este conflicto, pero bastante tarde, en 1917, y lo hizo por dos razones importantes: en primer lugar, para evitar que Gran Bretaña fuera derrotada y no pudiera así devolver las enormes sumas que había prestado a los bancos estadounidenses para comprar suministros a los industriales estadounidenses; en segundo lugar, para estar entre los vencedores imperialistas que podrían reclamar una parte del botín, incluido el acceso al gigantesco mercado y a los vastos recursos de China [3].

La Gran Guerra fue un regalo del cielo para la economía estadounidense, ya que el comercio con los aliados resultó inmensamente rentable. La guerra también hizo que Gran Bretaña retirara la mayor parte de sus inversiones de América Latina; esto hizo posible que estos países fueran penetrados económicamente y dominados políticamente por el Tío Sam, logrando así una ambición estadounidense formulada aproximadamente un siglo antes en la Doctrina Monroe de 1823. Estados Unidos necesitaba cada vez más nuevos mercados para sus productos -y para sus crecientes reservas de capital de inversión- porque su industria se había vuelto superproductiva gracias a la introducción de las llamadas técnicas fordistas, es decir, el sistema de producción en masa iniciado por Henry Ford en sus fábricas de automóviles, personificado por la cadena de montaje. El capitalismo estadounidense disfrutaba ahora de la enorme ventaja de las «economías de escala», es decir, de unos costes de producción más bajos gracias a su escala de funcionamiento[4], lo que significaba que los industriales estadounidenses podían en adelante superar a cualquier competidor en un mercado libre. Por esta razón, el gobierno estadounidense, que había recurrido sistemáticamente a políticas proteccionistas en el siglo XIX, cuando la industria del país se encontraba aún en una fase incipiente, se transformó en el más ferviente apóstol del libre comercio, buscando enérgica y sistemáticamente «puertas abiertas» para sus exportaciones en todo el mundo.

Sin embargo, en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial la productividad industrial también aumentaba en otros lugares, lo que provocó un exceso de producción y acabó desencadenando una crisis económica mundial, conocida en Estados Unidos como la Gran Depresión. Todas las grandes potencias industriales trataron de proteger su propia industria creando barreras arancelarias a las importaciones, creando así lo que los hombres de negocios estadounidenses detestaban, a saber, «economías cerradas», incluidas las economías no sólo de las «madres patrias» sino también de sus posesiones coloniales, cuyos mercados y ricas riquezas minerales podrían haberse puesto a disposición del Tío Sam mediante el libre comercio. Para gran disgusto de Estados Unidos, Gran Bretaña introdujo así en su imperio un sistema altamente proteccionista, denominado «preferencia imperial». Pero con la Ley Arancelaria Smoot-Hawley de 1930, Estados Unidos trató igualmente de proteger su propia industria mediante elevados aranceles a la importación.

En la oscura noche de la Gran Depresión, el Tío Sam sólo podía percibir un rayo de luz, y era Alemania. En la década de 1920, los beneficios sin precedentes generados por la Gran Guerra habían permitido a numerosos bancos y corporaciones estadounidenses, como Ford, poner en marcha importantes inversiones en ese país[5]. Esta «ofensiva inversora» rara vez se menciona en los libros de historia, pero tiene una gran importancia histórica en dos sentidos: marcó el comienzo de una expansión transatlántica del capitalismo estadounidense y determinó que Alemania iba a servir de «cabeza de puente» europea del imperialismo estadounidense. Los capitalistas estadounidenses estaban eufóricos por haber elegido Alemania cuando resultó que, incluso en el contexto de la Gran Depresión, sus filiales podían hacer excelentes negocios en el «Tercer Reich» gracias al programa de rearme de Hitler y a la posterior guerra de conquista, para la que empresas como Ford y Standard Oil suministraban gran parte del equipamiento -incluidos camiones, tanques, motores de avión y ametralladoras-, así como combustible[6]. [6] Bajo el régimen nazi de Hitler, Alemania era y siguió siendo un país capitalista, como han subrayado historiadores como Alan S. Milward, experto británico en la historia económica del Tercer Reich [7].

Estados Unidos no tenía ningún deseo de entrar en guerra contra Hitler, que demostró ser tan «bueno para los negocios». Hasta 1941, el país no tenía ningún plan de acción militar contra Alemania, y sólo «volvería a entrar» en la guerra contra el Tercer Reich, como ha dicho un historiador estadounidense, debido al ataque japonés a Pearl Harbor[8]. Sin embargo, el conflicto desatado por Hitler creó fabulosas oportunidades para que Estados Unidos abriera las «economías cerradas» y creara en su lugar «puertas abiertas». Al mismo tiempo, la guerra permitió al Tío Sam subyugar económicamente, e incluso políticamente, a algunos competidores importantes en la carrera por la supremacía de las grandes potencias imperialistas, una carrera que había desencadenado la Gran Guerra en 1914 pero que seguía sin decidirse cuando ese conflicto terminó en 1918, por lo que puede decirse que desencadenó otra guerra mundial en 1939.

El primer país en convertirse en vasallo del Tío Sam fue Gran Bretaña. Tras la caída de Francia en el verano de 1940, cuando se quedó sola para enfrentarse al aterrador poderío del Reich de Hitler, la antigua número uno de las potencias industriales tuvo que ir con la gorra en la mano a Estados Unidos para pedir prestadas enormes sumas de dinero a los bancos estadounidenses y utilizar ese dinero para comprar equipos y combustible a las grandes corporaciones de ese país. Washington accedió a conceder esa «ayuda» a Gran Bretaña en un plan que se conoció como «Lend-Lease». Sin embargo, los préstamos debían devolverse con intereses y estaban sujetos a condiciones como la prometida abolición de la «preferencia imperial», que garantizaba que Gran Bretaña y su imperio dejarían de ser una «economía cerrada» para abrir sus puertas a los productos de exportación y al capital de inversión estadounidenses. Como resultado del Lend-Lease, Gran Bretaña se convertiría en un «socio menor» de Estados Unidos, no sólo desde el punto de vista económico, sino también político y militar. O, como dice Annie Lacroix-Riz en su nuevo libro, los préstamos de Lend-Lease a Gran Bretaña supusieron el principio del fin del Imperio Británico[9].

Sin embargo, el Tío Sam estaba decidido a utilizar el libre comercio para proyectar su poder económico y político no sólo a Gran Bretaña, sino a tantos países como fuera posible[10]. En julio de 1944, en una conferencia celebrada en la ciudad de Bretton-Woods, New Hampshire, nada menos que cuarenta y cuatro naciones, entre ellas todas las que se encontraban en una posición económica incómoda a causa de la guerra y dependían por tanto de la ayuda estadounidense, fueron inducidas a adoptar los principios de un nuevo orden económico mundial basado en el libre comercio. El Acuerdo de Bretton-Woods elevó el dólar al rango de «moneda de reserva internacional» y creó los mecanismos institucionales que debían poner en práctica los principios de la nueva política económica, sobre todo el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, las llamadas organizaciones internacionales que siempre han estado dominadas por Estados Unidos.

En su nuevo libro, Lacroix-Riz se refiere con frecuencia a la búsqueda del libre comercio de posguerra por parte del Tío Sam en general, pero se centra, por supuesto, en el caso de Francia, que era un caso diferente comparado, por ejemplo, con Gran Bretaña o Bélgica. ¿Por qué? Tras su derrota en 1940, Francia y su imperio colonial permanecerían durante mucho tiempo bajo la autoridad de un gobierno dirigido por el mariscal Pétain, instalado en la ciudad de Vichy, que colaboraba estrechamente con la Alemania nazi. La administración Roosevelt reconoció formalmente este régimen como gobierno legítimo de Francia y siguió haciéndolo incluso después de que Estados Unidos entrara en guerra contra Alemania en diciembre de 1941; por el contrario, FDR se negó a reconocer al gobierno de la «Francia Libre» de Charles de Gaulle, exiliado en Gran Bretaña.

No fue hasta que las tropas estadounidenses y británicas desembarcaron en el norte de África y ocuparon las colonias francesas en otoño de 1942, cuando las relaciones entre Washington y Vichy se dieron por terminadas, no por el primero sino por el segundo. Bajo los auspicios de los estadounidenses, que se convirtieron en los amos de facto de las colonias francesas en el norte de África, se estableció en Argel, en junio de 1943, un gobierno provisional francés, el Comité Francés de Liberación Nacional(CFLN), que reflejaba una incómoda fusión entre la Francia Libre de De Gaulle y las autoridades civiles y militares francesas con base en Argel, anteriormente leales a Pétain pero ahora del lado de los Aliados. Sin embargo, los estadounidenses se encargaron de que no fuera dirigido por De Gaulle, sino por el general François Darlan, antiguo pétainista.

Darlan era uno de los numerosos generales y altos funcionarios reciclados de Vichy que -ya en el verano de 1941 o al final de la batalla de Stalingrado, en enero de 1943- se habían dado cuenta de que Alemania iba a perder la guerra. Esperaban que una liberación de Francia por los estadounidenses impediría que la Resistencia, dirigida por los comunistas, llegara al poder y aplicara reformas socioeconómicas y políticas radicales, e incluso revolucionarias y anticapitalistas. Estos vichyistas, representantes de una burguesía francesa a la que le había ido bien con Pétain, temían que «estallara una revolución en cuanto los alemanes se retiraran del territorio francés»; contaban con que los estadounidenses llegaran a tiempo «para impedir que el comunismo se apoderara del país» y esperaban ver a Estados Unidos sustituir a la Alemania nazi como «tutor» de Francia y protector de sus intereses de clase. [A la inversa, los estadounidenses comprendieron muy bien que esos antiguos petainistas serían socios agradables, ignoraron o perdonaron los pecados que éstos habían cometido como colaboracionistas, los etiquetaron con el respetable epíteto de «conservadores» o «liberales» y dispusieron que fueran ellos, y no los gaullistas u otros dirigentes de la Resistencia, quienes ocuparan puestos de poder.

El «nombramiento» estadounidense de Darlan dio sus frutos prácticamente de inmediato, a saber, el 25 de septiembre de 1943, cuando el gobierno provisional francés firmó un acuerdo de Préstamo y Arriendo con Estados Unidos. Las condiciones de este acuerdo eran similares a las del Lend-Lease con Gran Bretaña y a las que se consagrarían un año después en Bretton-Woods, a saber, una «puerta abierta» para las empresas y bancos estadounidenses a los mercados y recursos de Francia y su imperio colonial. Ese acuerdo se describió eufemísticamente como «ayuda recíproca», pero en realidad era el primer paso de una serie de acuerdos que culminarían con la suscripción por Francia del Plan Marshall e impondrían a Francia lo que Lacroix-Riz describe como una «dependencia de tipo colonial»[12].

La administración FDR hubiera preferido seguir tratando con los antiguos colaboradores de Francia, pero esa forma de proceder provocó serias críticas tanto en Estados Unidos como en la propia Francia. En octubre de 1944, tras el desembarco en Normandía y la liberación de París, de Gaulle fue finalmente reconocido por Washington como jefe del gobierno provisional francés, porque dos cosas habían quedado claras. En primer lugar, desde el punto de vista del pueblo francés, se le consideraba ampliamente apto para gobernar, ya que su reputación, a diferencia de la de los petainistas, no estaba manchada por la colaboración; al contrario, al haber sido uno de los grandes líderes de la Resistencia, gozaba de un inmenso prestigio. En segundo lugar, desde el punto de vista de los propios estadounidenses, de Gaulle era aceptable porque era una personalidad conservadora, decidida a no proceder a las nacionalizaciones de bancos y empresas y a otras reformas socioeconómicas radicales, potencialmente revolucionarias, planeadas por los comunistas. Por otro lado, los estadounidenses seguían teniendo problemas con el General. Sabían muy bien, por ejemplo, que como nacionalista francés se opondría a sus planes de abrir las puertas de Francia y su imperio a la penetración económica e, inevitablemente, política de Estados Unidos. Y también se daban cuenta de que, una vez terminada la guerra, reclamaría reparaciones financieras e industriales e incluso concesiones territoriales a la Alemania derrotada, reclamaciones que iban en contra de lo que el Tío Sam percibía como intereses vitales estadounidenses. Examinemos brevemente esta cuestión.

Sabemos que las numerosas sucursales de las empresas estadounidenses en la Alemania nazi no fueron expropiadas ni siquiera después de que Estados Unidos entrara en guerra contra Alemania, obtuvieron beneficios invisibles que se reinvirtieron en su mayor parte en la propia Alemania y sufrieron relativamente pocos daños durante la guerra, principalmente porque apenas fueron blanco de los bombarderos aliados[13]. Así pues, cuando terminó el conflicto, las inversiones estadounidenses en Alemania estaban intactas, eran mayores y potencialmente más rentables que nunca; esto significaba también que, como cabeza de puente del imperialismo estadounidense en Europa, Alemania era más importante que nunca. El Tío Sam estaba decidido a sacar el máximo provecho de esta situación, lo que requería dos cosas: en primer lugar, impedir los cambios socioeconómicos anticapitalistas no sólo en la propia Alemania sino en todos los demás países europeos, incluida Francia, cuyos mercados y recursos nacionales y coloniales se esperaba que se abrieran a las mercancías e inversiones estadounidenses; y en segundo lugar, garantizar que Alemania no tuviera que pagar reparaciones significativas, y preferiblemente ninguna, a los países que habían sido víctimas del furor teutonicus, ya que eso habría arruinado las perspectivas de beneficios de todas las empresas alemanas, incluidas las que eran propiedad del capital estadounidense[14].

Para lograr el primero de estos objetivos en Francia, los estadounidenses pudieron contar con la colaboración del gobierno del conservador De Gaulle, tanto más cuanto que, como condición para ser finalmente «ungido» por Washington en el otoño de 1944, se le había coaccionado para que reciclara a innumerables ex generales petainistas, políticos, altos burócratas y destacados banqueros e industriales, y para que incluyera a muchos de ellos en su gobierno. Sin embargo, tras años de ocupación alemana y de gobierno de un régimen de Vichy muy derechista, los franceses, no la burguesía acomodada sino la masa del pueblo llano, estaban en un estado de ánimo más o menos anticapitalista. De Gaulle fue incapaz de resistirse a la concomitante demanda generalizada de reformas, incluida la nacionalización del fabricante de automóviles Renault, notorio colaborador, y la introducción de servicios sociales similares a los que se introducirían en Gran Bretaña tras la llegada de los laboristas al poder en el verano de 1945 y que se conocieron como el Estado del Bienestar. Desde la perspectiva de los estadounidenses, la situación empeoró aún más tras las elecciones del 21 de octubre de 1945, cuando el Partido Comunista obtuvo una pluralidad de votos y De Gaulle tuvo que hacer sitio en su gabinete a algunos ministros comunistas. Otro factor determinante de la aversión estadounidense hacia de Gaulle era que era un nacionalista francés, decidido a convertir de nuevo a Francia en una gran nación, a mantener el pleno control de sus posesiones coloniales y, por último, pero no por ello menos importante, a pedir reparaciones financieras y posiblemente incluso territoriales a Alemania; estas aspiraciones entraban en conflicto con las expectativas estadounidenses de «puertas abiertas» incluso en las colonias de otras grandes potencias y, más aún, con sus planes respecto a Alemania.

Así podemos entender el trato de madrastra que Washington dispensó en 1944-1945 a una Francia que se encontraba en una situación económica desesperada tras años de guerra y ocupación. Ya en el otoño de 1944, París fue informada de que no habría reparaciones por parte de Alemania, y fue en vano que De Gaulle respondiera coqueteando brevemente con la Unión Soviética, llegando incluso a concluir un «pacto» con Moscú que resultaría «mortinato», como dice Lacroix-Riz [15]. [En cuanto a la solicitud urgente de Francia de créditos estadounidenses, así como de víveres y suministros industriales y agrícolas de urgente necesidad, no obtuvieron «regalos gratuitos» de ningún tipo, como se cree comúnmente, por razones que se dilucidarán más adelante, sino únicamente entregas de productos de los que había un exceso en los propios Estados Unidos y préstamos, todo ello a pagar en dólares y a precios inflados. Lacroix-Riz subraya que «las entregas gratuitas de mercancías a Francia por parte del ejército americano o de cualquier organización civil, incluso de tipo humanitario, nunca existieron»[16].

Los estadounidenses estaban claramente motivados por el deseo de demostrar a De Gaulle y a los franceses en general quién mandaba en su país, ahora que los alemanes se habían ido. (De Gaulle ciertamente entendió las cosas así: a menudo se refería al desembarco en Normandía como una segunda ocupación de su país y nunca asistió ni siquiera a una de las conmemoraciones anuales del Día D). No fue una coincidencia que el diplomático estadounidense que fue nombrado enviado a Francia en otoño de 1944 fuera Jefferson Caffery, que tenía mucha experiencia en señorear las «repúblicas bananeras» latinoamericanas desde las embajadas estadounidenses en sus capitales[17].

De Gaulle encabezó un gobierno de coalición en el que participaban tres partidos: el Movimiento Republicano Popular (MRP), democratacristiano y «gaullista», el Partido Socialista, entonces todavía conocido oficialmente como Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO), y el Partido Comunista (PCF). El propio general dimitió como jefe del gobierno el 20 de enero de 1946, pero el «tripartismo» continuó bajo una serie de gabinetes encabezados por socialistas como Félix Gouin y jefes del MRP como Georges Bidault. Otro socialista, Paul Ramadier, dirigiría el último gobierno tripartito desde enero hasta octubre de 1947; el 4 de mayo de ese año, puso fin al tripartismo expulsando a los comunistas de su gobierno.

Con el molesto De Gaulle fuera de juego, a los estadounidenses les resultó mucho más fácil seguir adelante con sus planes de «abrir la puerta» de Francia y penetrar en la antigua gran nación tanto económica como políticamente. Y lo consiguieron aprovechando al máximo los problemas económicos de posguerra del país y su urgente necesidad de créditos para adquirir todo tipo de bienes agrícolas e industriales, incluidos alimentos y combustible, y financiar la reconstrucción. Estados Unidos, que había salido de la guerra como la superpotencia financiera y económica del mundo y el país más rico con diferencia, podía y quería ayudar, pero sólo con las condiciones que ya se aplicaban a los acuerdos de Lend-Lease, esbozadas en los Acuerdos de Bretton-Woods, condiciones que sin duda convertirían al beneficiario, en este caso Francia, en vasallo del Tío Sam, y en aliado en su guerra «fría» contra la Unión Soviética.

A principios de 1946, Léon Blum, un destacado dirigente socialista que había encabezado el famoso gobierno del Frente Popular francés en 1936, fue enviado a Estados Unidos para negociar un acuerdo con el Secretario de Estado de Truman, James F. Byrnes. Blum iba acompañado de un séquito de políticos, diplomáticos y funcionarios de alto rango, entre los que se encontraba Jean Monnet, el agente del CFLN encargado de los suministros(ravitaillement), que había estado supervisando las compras de armas y otros equipos en Estados Unidos, donde había desarrollado una gran afición por el país y por las cosas estadounidenses en general. Las negociaciones se prolongaron durante meses, pero finalmente se llegó a un acuerdo que se firmó el 28 de mayo de 1946 y que pronto fue ratificado por el gobierno francés. El Acuerdo Blum-Byrnes fue ampliamente percibido como un trato maravilloso para Francia, que incluía regalos gratuitos de millones de dólares, préstamos a bajo interés, entregas a bajo coste de todo tipo de alimentos esenciales, equipamiento industrial, y fue proclamado por el propio Blum como «una inmensa concesión» de los americanos[18].

Sin embargo, Lacroix-Riz discrepa. Demuestra que las reuniones entre Byrnes y Blum no implicaron auténticas negociaciones, sino que equivalieron a un Diktat estadounidense, reflejando el hecho de que la parte francesa «capituló» y aceptó dócilmente todas las condiciones impuestas por los estadounidenses a su paquete de «ayuda». Estas condiciones, explica, incluían un acuerdo francés para comprar, a precios inflados, todo tipo de material militar «excedente», en su mayor parte inútil, que el ejército estadounidense aún tenía en Europa cuando la guerra llegó a su fin, al que Lacroix-Riz se refiere despectivamente como «baratijas invendibles»[19]. Cientos de cargueros de mala calidad, conocidos eufemísticamente como Liberty Ships, fueron igualmente endosados a los franceses. Los suministros que debían entregarse a Francia incluían muy poco de lo que el país realmente necesitaba, sino casi exclusivamente productos de los que había un exceso en los propios EE.UU., debido a la disminución de la demanda resultante del final de la guerra y a que economistas, empresarios y políticos temían que EE.UU. volviera a caer en una depresión, lo que traería desempleo, problemas sociales e incluso la demanda de cambios radicales, como había ocurrido en los «años treinta rojos», asolados por la Depresión[20]. [20] La sobreproducción de posguerra constituía un grave problema para Estados Unidos y, como escribe Lacroix-Riz, seguía siendo «extremadamente preocupante en 1947», pero las exportaciones a Europa parecían ofrecer una solución al problema; añade que «la etapa final de la frenética búsqueda de [esta] solución al problema de la sobreproducción de posguerra» resultaría ser el Plan Marshall, pero está claro que los Acuerdos Blum-Byrnes ya constituían un paso importante en esa dirección[21].

Además, el pago de las mercancías estadounidenses tenía que hacerse en dólares, que Francia se veía obligada a ganar exportando a Estados Unidos a los precios más bajos posibles debido a que los estadounidenses no tenían ninguna necesidad urgente de importación francesa y, por tanto, disfrutaban de la ventaja de un «mercado de compradores». Francia también tuvo que abrir sus puertas a las producciones de Hollywood, lo que fue muy perjudicial para su propia industria cinematográfica, prácticamente la única concesión del acuerdo que recibió la atención del público y aún hoy se recuerda. (La entrada de Wikipedia sobre el Acuerdo Blum-Byrnes trata prácticamente en exclusiva de esa cuestión)[22] Otra condición era que Francia compensaría a las empresas estadounidenses, como Ford, por los daños sufridos durante la guerra por sus filiales en Francia, daños que, de hecho, se debieron en su mayoría a los bombardeos de la Fuerza Aérea estadounidense. (Por cierto, durante la guerra, Ford Francia había producido equipos para Vichy y la Alemania nazi y había ganado mucho dinero en el proceso)[23].

En cuanto a las cuestiones monetarias, Wikipedia se hace eco de una creencia muy extendida cuando sugiere que el acuerdo implicaba la «erradicación» de deudas en las que Francia había incurrido anteriormente, por ejemplo, en virtud de los términos del acuerdo de Lend-Lease firmado en Argel. Sin embargo, tras un examen más detallado, resulta que Wikipedia se limita a escribir que el acuerdo «pretendía [cursiva añadida] erradicar» esas deudas, pero nunca menciona si ese objetivo llegó a alcanzarse[24]. [Según Lacroix-Riz, no fue así; califica de «imaginario» el «borrado»(effacement) de la deuda de Francia con Estados Unidos y subraya que la idea de que se estaban planeando nuevos créditos fabulosos equivalía a una ilusión; su conclusión categórica es que, aparte de los préstamos con condiciones onerosas, «las ‘negociaciones’ noprodujeron créditoalguno»(Les négotiations ne débouchèrent sur aucun crédit )[25].

De ello se deduce que la reconstrucción económica de Francia en los años siguientes al final de la Segunda Guerra Mundial, tan rápida en comparación con la recuperación industrial del país después de 1918, no se debió a la generosidad de un forastero, el Tío Sam. Por el contrario, fue sobre todo el resultado de los esfuerzos «stajanovistas» de los propios trabajadores franceses, encaminados a reactivar la industria del país en general, en la llamada «Batalla de la Producción» (bataille de la production), particularmente exitosa en el campo, entonces todavía de crucial importancia, de la producción de carbón en las minas nacionalizadas. Aunque esta «batalla» beneficiaría sin duda a los propietarios capitalistas de las fábricas, fue orquestada por el Partido Comunista, miembro del gobierno «tripartito», porque sus dirigentes eran muy conscientes de que «la independencia política de un país requiere su independencia económica», de modo que la dependencia de la «ayuda» estadounidense significaría la subordinación de Francia a Estados Unidos [26]. (26) (Por cierto, la mayor parte, si no la totalidad, del dinero prestado por EE.UU. no se invirtió en la reconstrucción de Francia, sino en un intento costoso, sangriento y finalmente condenado al fracaso de aferrarse a la «joya de la corona» de sus posesiones más coloniales, Indochina).

Que la recuperación económica de Francia en la posguerra no se debiera a la «ayuda» estadounidense es lógico porque, desde la perspectiva estadounidense, el objetivo de los Acuerdos Blum-Byrnes o, más tarde, del Plan Marshall, no era en absoluto condonar deudas o ayudar a Francia de cualquier otra forma a recuperarse del trauma de la guerra, sino abrir los mercados del país (así como los de sus colonias) e integrarlo en una Europa de posguerra -por el momento sólo Europa Occidental, es cierto- que iba a ser capitalista, como Estados Unidos, y controlada por Estados Unidos desde su cabeza de puente alemana. Con la firma de los Acuerdos Blum-Byrnes, que también incluían la aceptación francesa de que no habría reparaciones alemanas, ese objetivo estaba prácticamente conseguido. Las condiciones de los acuerdos incluían, en efecto, la garantía por parte de los negociadores franceses de que Francia practicaría en adelante una política de libre comercio y que no habría más nacionalizaciones como las que, casi inmediatamente después de la liberación del país, afectaron al fabricante de automóviles Renault, así como a las minas de carbón de propiedad privada y a los productores de gas y electricidad; las condiciones también prohibían cualquier otra medida que el Tío Sam percibiera como anticapitalista, independientemente de los deseos e intenciones del pueblo francés, conocido en aquella época por su apetito por reformas radicales tanto socioeconómicas como políticas [27]. [27]

¿Cómo consiguieron Blum y su equipo ocultar su «capitulación» y presentarla a la opinión pública francesa como una victoria, «un évènement heureux» (un acontecimiento feliz) para su país[28] y por qué mintieron tan descaradamente sobre los resultados y las condiciones? Lacroix-Riz responde también a estas dos preguntas en su nuevo libro.

En primer lugar, la información difundida sobre los Acuerdos Blum-Byrnes por la parte francesa, y de la que se hicieron eco con entusiasmo la mayoría de los medios de comunicación, excepto las publicaciones comunistas, incluía todo tipo de exageraciones, infravaloraciones, omisiones, incluso mentiras descaradas, en otras palabras, equivalía a lo que ahora se conoce comúnmente como «giro». Los magos de las finanzas y otros «expertos» entre los altos funcionarios del equipo de Blum demostraron ser excelentes «spinmeister», se las arreglaron para conjurar todo tipo de formas de engañar al público con electorado», incluyendo ofuscar detalles cruciales del acuerdo[29] A las francesas y franceses se les aseguró en un lenguaje vago y eufemístico que su país iba a beneficiarse regiamente de la generosidad del Tío Sam. Se habló de muchos millones de dólares de créditos futuros, sin condiciones, pero no se mencionó que el flujo de dólares no estaba garantizado en absoluto y que, de hecho, no era realista esperar que se produjera; las reparaciones alemanas en forma de entregas de carbón, por ejemplo, también se insinuaron en términos vagos, aunque los negociadores sabían que no reflejaban más que ilusiones[30].

Por otra parte, la opinión pública francesa no se enteró de las numerosas y rigurosas condiciones del acuerdo, por lo que no tenía ni idea de que su país, antaño grande y poderoso, estaba siendo degradado a la condición de vasallo del Tío Sam. El texto presentado para su ratificación -¡en su totalidad, o no![31]- a la Asamblea Nacional era largo, vago y enrevesado, redactado de tal manera que desconcertaba a los no expertos, y gran parte de la información importante estaba enterrada en notas, apéndices y anexos secretos; leyéndolo, nadie se habría dado cuenta de que se habían aceptado todas las duras condiciones impuestas por los estadounidenses, condiciones que se remontaban hasta el acuerdo concluido con Darlan en noviembre de 1942[32].

Como Blum y sus colegas sabían desde el principio que no tendrían más remedio que aceptar un Diktat estadounidense en su totalidad, su estancia transatlántica podría haber sido corta, pero se alargó durante muchas semanas para crear la apariencia de negociaciones minuciosas y duras. Las negociaciones también incluyeron un montón de «humo y espejos», como visitas (y las consiguientes fotos) con Truman; entrevistas que produjeron artículos que ensalzaban a Blum como «una figura de la Resistencia francesa» y «una de las personalidades más poderosas del momento»; y un viaje paralelo de Blum a Canadá, fotogénico pero totalmente inútil excepto en términos de relaciones públicas[33].

La conclusión de Lacroix-Riz es despiadada. Sin embargo, la farsa funcionó de maravilla, ya que se benefició de la cooperación de los estadounidenses, que cínicamente fingieron haber sido engatusados para hacer concesiones importantes por los experimentados y brillantes interlocutores galos. Lo hicieron porque se acercaban las elecciones en Francia y un informe veraz sobre el resultado de las negociaciones habría sido sin duda un acicate para los comunistas y podría haber puesto en peligro la ratificación del acuerdo [35].

Lacroix-Riz también señala que los historiadores de Francia, Estados Unidos y el resto del mundo occidental, con la excepción de los propios «revisionistas» estadounidenses como Kolko, han distorsionado de forma similar la historia del Acuerdo Blum-Byrnes y lo han glorificado como un instrumento maravillosamente útil para la reconstrucción de Francia en la posguerra y la modernización de su economía. Describe cómo esto se debió principalmente al hecho de que la propia historiografía francesa fue «atlantizada», es decir, americanizada, con el apoyo financiero de la CIA y sus siervas supuestamente privadas, incluida la Fundación Ford[36].

Los británicos no habían podido rechazar las rigurosas condiciones impuestas al acuerdo de Lend-Lease de 1941, pero eso fue durante la guerra, cuando luchaban por sobrevivir y no tuvieron más remedio que aceptar. En 1946, Francia no podía invocar esa excusa. Entonces, ¿qué motivó a Blum, Monnet y sus colegas a «capitular» y aceptar todas las condiciones estadounidenses? Lacroix-Riz ofrece una respuesta persuasiva: porque compartían la preocupación primordial del Tío Sam respecto a Francia, a saber, el afán por preservar el statu quo socioeconómico capitalista del país, en una situación de posguerra en la que la población francesa seguía estando en gran medida en un estado de ánimo reformista, si no revolucionario, con los comunistas extremadamente populares e influyentes. «Nada más», subraya, «puede explicar la aceptación sistemática de las draconianas condiciones [americanas]»[37].

La preocupación por preservar el orden socioeconómico establecido es comprensible en el caso de los colegas conservadores de Bloch, representantes de la facción del MRP en el gobierno tripartito, el MRP «gaullista», que incluía a muchos pétainistas reciclados. También es comprensible en el caso de los diplomáticos de alto rango y otros funcionarios del equipo de Blum. Estos burócratas eran tradicionalmente defensores del orden establecido y muchos de ellos, si no la mayoría, habían estado encantados de servir a Pétain; pero después de Stalingrado, a más tardar, habían cambiado su lealtad al Tío Sam y se habían convertido así en «heraldos europeos del libre comercio americano» (hérauts européens du libre commerce américain)» y, más en general, en «atlantistas» muy proamericanos, una raza de la que Jean Monnet surgió como el ejemplo por excelencia[38].

El Partido Comunista era miembro del gobierno tripartito pero, escribe Lacroix-Riz, «fue sistemáticamente excluido de sus «estructuras de decisión»[39] y no tenía representantes en el equipo de negociadores, pero la izquierda estaba representada por socialistas, entre ellos Blum. ¿Por qué no opusieron una resistencia significativa a las exigencias de los estadounidenses? Tras la Revolución Rusa, el socialismo europeo había experimentado un «gran cisma», con los socialistas revolucionarios, amigos de la Unión Soviética, que pronto se conocerían como comunistas, por un lado, y los socialistas reformistas o «evolucionistas» (o «socialdemócratas»), antagonistas de Moscú, por otro. En ocasiones, ambos trabajaron juntos, como en el gobierno del Frente Popular francés de los años treinta, pero la mayor parte del tiempo su relación se caracterizó por la competencia, el conflicto e incluso la hostilidad abierta. Al final de la Segunda Guerra Mundial, los comunistas estaban definitivamente en ascenso, no sólo por su papel preponderante en la Resistencia, sino también por el gran prestigio de que gozaba la Unión Soviética, ampliamente considerada como la vencedora de la Alemania nazi. Para mantenerse a la altura, y con suerte eclipsar, a los socialistas franceses, al igual que los antiguos Pétainistas, también optaron por jugar la carta estadounidense, y se mostraron dispuestos a aceptar cualquier condición que éstos les impusieran, y a Francia en general, a cambio de respaldar a los socialistas con sus enormes recursos financieros y de otro tipo. A la inversa, en Francia los estadounidenses necesitaban a los socialistas -y a los «izquierdistas no comunistas» en general- en sus esfuerzos por erosionar el apoyo popular a los comunistas. En este contexto, Blum y muchos otros líderes socialistas se habían reunido frecuentemente con el embajador estadounidense Caffery tras su llegada a París en otoño de 1944[40].

Así pues, los socialistas demostraron ser incluso más útiles para los fines anticomunistas (y antisoviéticos) que los gaullistas, y ofrecieron al Tío Sam otra ventaja considerable: a diferencia de los gaullistas, no buscaban «reparaciones» territoriales o financieras de una Alemania que los estadounidenses querían reconstruir y convertir en su cabeza de puente para la conquista económica e incluso política de Europa.

En la Francia de la posguerra, pues, los socialistas jugaron la carta americana, mientras que los americanos jugaron la carta socialista. Pero en otros países europeos, el Tío Sam utilizó igualmente los servicios de dirigentes socialistas (o socialdemócratas) anticomunistas deseosos de colaborar con ellos y, a su debido tiempo, estos hombres iban a ser ricamente recompensados por sus servicios. Me viene a la mente el jefe socialista belga Paul-Henri Spaak, que iba a ser nombrado por Washington secretario general de la OTAN, presuntamente una alianza de socios iguales pero en realidad una filial del Pentágono y un pilar de la supremacía estadounidense en Europa, que él había contribuido a establecer[41].

La integración de Francia en una Europa (occidental) de posguerra dominada por el Tío Sam se completaría con la aceptación por parte del país de la «ayuda» del Plan Marshall en 1948 y su adhesión a la OTAN en 1949. Sin embargo, es erróneo creer que estos dos acontecimientos tan publicitados se produjeron en respuesta al estallido de la Guerra Fría, convencionalmente achacada a la Unión Soviética, tras el final de la Segunda Guerra Mundial. En realidad, los estadounidenses querían extender su influencia económica y política al otro lado del Atlántico, y Francia estaba en su punto de mira al menos desde que sus tropas desembarcaron en el norte de África en otoño de 1942. Aprovecharon la debilidad de la Francia de la posguerra para ofrecer «ayuda» con condiciones que, como las del Lend-Lease a Gran Bretaña, convertirían sin duda al país receptor en un socio menor de Estados Unidos. Esto se hizo realidad, como demuestra Lacroix-Riz en su libro, no cuando Francia suscribió el Plan Marshall, sino cuando sus representantes firmaron los acuerdos resultantes de las poco anunciadas Negociaciones Blum-Byrnes. Fue entonces, en la primavera de 1946, cuando Francia, sin que la mayoría de sus ciudadanos lo supiera, dijo adiós a su estatus de gran potencia y se unió a las filas de los vasallos europeos del Tío Sam.

FUENTES

Ambrose, Stephen E. Americans at War, Nueva York, 1998.

«Acuerdo Blum-Byrnes», https://en.wikipedia.org/wiki/

Cohen, Paul. «Lessons from the Nationalization Nation: State-Owned Enterprises in France», Dissent, invierno de 2010, https://www.dissentmagazine.

«Economías de escala», https://en.wikipedia.org/wiki/.

Eisenberg, Carolyn Woods. Drawing the Line: The American Decision to divide Germany, 1944-1949, Cambridge, 1996.

Kierkegaard, Jacob Funk. «Lecciones del pasado para la recuperación de Ucrania: A Marshall Plan for Ukraine», PIIE Peterson Institute for International Economics, 26 de abril de 2023, https://www.piie.com/

Kolko, Gabriel. Main Currents in Modern American History, Nueva York, 1976.

Kuklick, Bruce. American Policy and the Division of Germany: The Clash with Russia over Reparations, Ithaca y Londres, 1972.

Pauwels, Jacques. The Myth of the Good War: America in the Second World War, edición revisada, Toronto, 2015.

– La gran guerra de clases 1914-1918, Toronto, 2016.

– Las grandes empresas y Hitler , Toronto, 2017.

Zinn, Howard. A People’s History of the United States, s.l., 1980.

Notas.

[1] Eisenberg, p. 322.

[2] Véase, por ejemplo, el artículo de Kierkegaard.

[3] Véase Pauwels (2016), pp. 447-49.

[4] «Economías de escala».

[5] Véase Pauwels (2017), pp. 144-54.

[6] Pauwels (2017), p. 168. El valor total de las inversiones estadounidenses en la Alemania nazi, en las que participaban nada menos que 553 corporaciones, ascendía a 450 millones de dólares en el momento de la declaración de guerra de Hitler contra Estados Unidos en diciembre de 1941.

[7] Pauwels (2017), pp. 63-65.

[8] Cita de Ambrose, p. 66.

[9] Lacroix-Riz, p. 13.

[10] Zinn, p. 404: «Silenciosamente, detrás de los titulares de batallas y bombardeos, los diplomáticos y hombres de negocios estadounidenses trabajaron duro para asegurarse de que, cuando terminara la guerra, el poder económico estadounidense sería el segundo del mundo. . . La política de Puertas Abiertas, de igualdad de acceso, se extendería de Asia a Europa» [11].

[11] Lacroix-Riz, pp. 116-17.

[12] Lacroix-Riz, p. 9.

[13] Para más detalles, véase Pauwels (2017), pp. 199-217.

[14] Lacroix-Riz se refiere al trabajo pionero de Bruce Kuklicks centrado en este tema. Para más detalles sobre la importancia de la Alemania de posguerra para Estados Unidos, véase Pauwels (2015), p. 249 y ss.

[15] Lacroix-Riz, p. 198.

[16] Lacroix-Riz, pp. 203, 206-208.

[17] Lacroix-Riz, pp. 170-72, 174-83.

[18] Lacroix-Riz, p. 409.

[19] Lacroix-Riz, p. 331.

[20] Kolko, p. 235.

[21] Lacroix-Riz, pp. 413-14.

[22] «Acuerdo Blum-Byrnes».

[23] Lacroix-Riz, p. 326 y ss. Lacroix-Riz ha examinado el caso de la colaboración bélica de Ford France en un libro anterior sobre los industriales y banqueros franceses durante la ocupación alemana.

[24] «Acuerdo Blum-Byrnes».

[25] Lacroix-Riz, pp. 336-37, 342-43.

[26] Lacroix-Riz, pp. 199-202. La «batalla de la producción» es un tema en el que Lacroix-Riz se centró en su tesis doctoral de 1981, así como en otros escritos. Sobre los beneficios de las nacionalizaciones históricas en Francia, véase también el artículo de Paul Cohen.

[27] Lacroix-Riz, pp. 277, 329-30, 363.

[28] Lacroix-Riz, p. 338.

[29] Lacroix-Riz, p., pp. 416-17.

[30] Lacroix-Riz, pp. 342-43, 345-46.

[31] Lacroix-Riz, p. 408: «L’Assemblée nationale devrait donc adopter en bloc tout ce qui figurait dans la plus grosse pièce du millefeuille officiel des accords Blum-Byrnes«.

[32] Lacroix-Riz, pp. 334-37, 354-55.

[33] Lacroix-Riz, pp. 323-26.

[34] Lacroix-Riz, pp. 271, 340.

[35] Lacroix-Riz, pp. 342-43, 345-46.

[36] Lacroix-Riz, p. 376 y ss.

[37] Lacroix-Riz, pp. 114-15, 122, 386, 415.

[38] Lacroix-Riz, p. 273.

[39] Lacroix-Riz, p. 418.

[40] Lacroix-Riz, pp. 170-72, 174-83.

[41] Lacroix-Riz, p. 57-58, 417.

Jacques R. Pauwels es autor de La gran guerra de clases: 1914-1918 y Mitos de la historia moderna: From the French Revolution to the 20th Century World Wars and the Cold War (de próxima publicación).

3. Literatura pakistaní en apoyo a Palestina

Aunque solemos tener una imagen de Pakistán como un país totalmente dominado por el islamismo, lo cierto es que tiene una larga tradición de escritores izquierdistas, feministas y anticolonialistas, empezando por el mayor de los poetas del subcontinente indio, el comunista Faiz Ahmed Faiz, algunas de cuyas composiciones, curiosamente, están intentando apropiárselas los hindutvas del BJP, lo mismo que han hecho con Gandhi -al que ellos asesinaron-, o Ambedkar. En el artículo vemos algunos ejemplos de esta literatura urdú de izquierda en apoyo de la lucha palestina.

https://www.jamhoor.org/read/

Por los mártires palestinos: Literatura urdu y resistencia palestina

Abr 19, 2024

Haider Shahbaz

La resistencia y la crítica literarias en urdu tienen una larga e ilustre historia de desafío a los Estados coloniales y poscoloniales y a sus aparatos ideológicos en el sur de Asia. Esta tradición en la literatura urdu se identifica a menudo con la Asociación de Escritores Progresistas (PWA), un movimiento cultural anticolonial y de orientación izquierdista que comenzó en la India colonial en 1936. Sus manifestaciones posteriores en la India poscolonial y Pakistán siguieron ejercitando la imaginación de los movimientos progresistas y de izquierda y de los revolucionarios. Muchos escritores progresistas se opusieron al colonialismo británico, a las nociones patriarcales de género y sexualidad y a las explotaciones sociales y económicas del capitalismo. Tras la independencia nacional, extendieron su crítica a los gobiernos poscoloniales, así como a la red más amplia de imperialismos de la Guerra Fría que buscaban el control de las geografías del sur global, desde Sudáfrica hasta Vietnam. Sus compromisos estéticos y políticos tuvieron un profundo impacto en la literatura urdu del siglo XX. Así pues, es natural que los escritores marxistas, feministas y antiimperialistas urdu asociados al progresismo literario en el sur de Asia hayan escrito durante mucho tiempo sobre la resistencia palestina. Su solidaridad puede guiarnos hoy, cuando intentamos aprender de nuevo, juntos, de las luchas de liberación que nos mueven hacia un mundo nuevo.

* * *

Fahmida Riaz -poeta, novelista y editora- es una de las escritoras más importantes de la literatura urdu moderna. Combinó su estética experimental y modernista con una escritura políticamente comprometida para abordar críticamente las formaciones de género, nación, imperio y capital. A finales de los años 70, fundó la revista cultural y política Awaz [Voz] en Karachi, Pakistán. La revista disentía contra la dictadura militar de Zia-ul-Haq, al tiempo que promovía la solidaridad con el Tercer Mundo publicando obras sobre movimientos antiimperialistas de todo el mundo, así como traducciones de diversos escritores literarios de África y Asia. La firme postura de la revista contra la dictadura militar y el imperialismo hizo que tanto Riaz como la revista fueran objeto de vigilancia y censura. Se registraron contra ella múltiples casos de sedición, que podían acarrear la pena de muerte. A principios de la década de 1980, Awaz fue prohibida y Riaz se vio obligada a exiliarse en India.

En su editorial para Awaz de junio de 1980escribe:

اردو ادب کو لازماً وہ نظریہ پیش کرنا تھا جو ہندوؤں کو برا اور مسلمانوں کو اچھا ثابت کرے۔ دوسرے الفاظ میں ادیب سے کہا گیا کہ انسان کو ہندو اور مسلمان کے خانے میں بانٹ دے۔ اپنی آزادی کے لیے جدوجہد کرنے والی قوموں کا یہ رویہ تو نہیں ہوتا۔ ہمارے سامنے فلسطینی ادب کی مثال ہے جس میں کہیں بھی یہودیوں کو بدی اور شر سے تعبیر نہیں کیا جاتا۔ نہ یہودیوں سے نفرت نظر آتی ہے اس کی بجائے فلسطینی ادب اس اعلیٰ شعور کی عکاسی کرتا ہے جو صیہونیت کو جنم دینے والے سامراجی عفریت کو بے نقاب کر دیتا ہے۔

[Traducción: La literatura urdu se vio obligada a adoptar un punto de vista que presentaba a los hindúes como malos y a los musulmanes como buenos. En otras palabras, se dijo al escritor que dividiera a la humanidad en categorías de hindúes y musulmanes. Esta no es la actitud de las naciones que luchan por la libertad. Tenemos el ejemplo de la literatura palestina, que no equipara a los judíos con el mal y el pecado. No vemos odio hacia el pueblo judío en la literatura palestina. En cambio, muestra la conciencia desarrollada que descubre el fantasma del imperialismo, que da origen al sionismo].

De este modo, Riaz comparó la literatura urdu con la palestina, advirtiendo las deficiencias de la primera e instándola a adoptar la «actitud de las naciones que luchan por la libertad» y practicar el tipo de antiimperialismo que ejemplifica la literatura palestina.

Riaz también escribió un poema, Falasteeni [Palestina], en solidaridad con el pueblo palestino. Aquí puede leerse una premiada traducción al inglés del poema realizada por Poorna Swami.

* * *

Junto con otros escritores antiimperialistas de todo el mundo, Fahmida Riaz publicó en Awaz traducciones de los escritores palestinos Mahmoud Darwish y Jabra Ibrahim Jabra. En el mismo número [número 4, volumen 5, sin fecha] en el que aparece una traducción del poema de Mahmoud Darwish, an al-Umniyat [Sobre los deseos; traducido al urdu por Najam-ul-Hasan Ata como Seher Ka Wada (La promesa del amanecer)], también aparece el emblemático poema del poeta urdu Faiz Ahmed Faiz, Shuhda-e-Falasteen Kay Naam [Para los mártires palestinos]. El poema de Faiz se publicó más tarde con el título, Falasteeni Shuhda Jo Pardes Main Kaam Aye [Mártires palestinos que murieron en el extranjero], en su colección, Mere Dil, Mere Musafir [Mi corazón, mi viajero].

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A finales de los años 70 y principios de los 80, mientras Fahmida Riaz editaba Awaz, Faiz Ahmed Faiz se trasladó a Beirut huyendo de la dictadura militar de Pakistán y dirigió la revista Lotus: Afro-Asian WritingsLotus era una revista trimestral trilingüe publicada por la Asociación de Escritores Afroasiáticos (AAWA) y servía para acabar con el control colonialista y neocolonialista de las culturas afroasiáticas. Faiz conoció al escritor e intelectual palestino Edward Said durante su estancia en Beirut. En su ensayo Reflexiones sobre el exilio, Said recuerda a Faiz con las siguientes palabras:

Ver a un poeta en el exilio -a diferencia de leer la poesía del exilio- es ver las antinomias del exilio encarnadas y soportadas con una intensidad única. Hace varios años pasé algún tiempo con Faiz Ahmad Faiz, el más grande de los poetas urdu contemporáneos. Exiliado de su Pakistán natal por el régimen militar de Zia, encontró una especie de acogida en un Beirut asolado por los conflictos. Naturalmente, sus amigos más íntimos eran palestinos, pero percibí que, aunque había afinidad de espíritu entre ellos, nada encajaba del todo: ni el lenguaje, ni las convenciones poéticas, ni la historia de su vida. Sólo una vez, cuando Eqbal Ahmad, un amigo pakistaní y compañero de exilio, vino a Beirut, Faiz pareció superar su sensación de constante distanciamiento. Una noche, los tres nos sentamos en un cochambroso restaurante de Beirut mientras Faiz recitaba poemas. Al cabo de un tiempo, él y Eqbal dejaron de traducir sus versos en mi beneficio, pero a medida que avanzaba la noche no importaba. Lo que vi no requería traducción: era la representación de una vuelta a casa expresada a través del desafío y la pérdida, como si dijera: «Zia, estamos aquí». Por supuesto, Zia era quien realmente estaba en casa y quien no oiría sus voces exultantes.

En Beirut, Faiz también conoció a escritores palestinos como Muin Bseiso y a líderes políticos como Yasser Arafat. Dedicó uno de sus poemarios, Mere Dil, Mere Musafir [Mi corazón, mi viajero], a Yasser Arafat. Según Sumayya Kassamali, fue bajo la dirección de Faiz y Bseiso que Lotus «publicó su poderoso número doble de 1983 sobre Palestina, elaborado tras la masacre de Sabra y Shatila en Líbano, cuando el ejército israelí dio rienda suelta a sus aliados de una milicia libanesa cristiana de derechas para masacrar a miles de personas que vivían en el campo de refugiados palestinos y sus alrededores».

Faiz no pudo permanecer mucho tiempo en Beirut. Se marchó tras la invasión de Líbano por Israel en 1982. Sin embargo, antes de marcharse, escribió varios poemas sobre la liberación palestina y la agresión israelí. En 1980 escribió Falasteeni Bachey Kay Liye Lori [Canción de cuna para un niño palestino]. Se publicó junto con Falasteeni Shuhda Jo Pardes Main Kaam Aye [Mártires palestinos que murieron en el extranjero], en su colección Mere Dil, Mere Musafir [Mi corazón, mi viajero]. En junio de 1982, justo después de que Israel invadiera Líbano, escribió dos poemas: Ek Tarana Mujahideen-e-Falasteen Kay Liye [Himno a los revolucionarios palestinos], que comienza con el verso «hum jeetain gay» [Venceremos, un verso que evoca el anterior poema revolucionario de Faiz, Hum Dekhain Gay (Veremos)], y Ek Nagma Karbala-e-Beirut Kay Liye [Canción para la Karbala de Beirut]. Su poema sobre Beirut puede leerse en una traducción al inglés de Vijay Prashad aquí.

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En su obra poética y editorial, Fahmida Riaz y Faiz Ahmed Faiz criticaron la dictadura militar de Zia-ul-Haq en Pakistán al tiempo que expresaban su solidaridad con Palestina. En el proceso, pusieron de relieve las conexiones entre diferentes lugares del imperialismo estadounidense, que financiaba tanto la dictadura militar de Pakistán como la ocupación israelí de Palestina. El poeta Habib Jalib, que fue encarcelado por la dictadura militar de Zia-ul-Haq por su política y poética radicales, también escribió varios poemas sobre Palestina. Shahab Ahmed escribe que Jalib «denunció al general Zia como cliente del mismo orden mundial responsable de la condición palestina al condenar el apoyo de Estados Unidos a Zia y a Israel en el mismo aliento». En su poema Reagan, traducido por Shahab Ahmed, encontramos claramente esta atención a la condición de homología entre Estados imperialistas:

Sobre la cabeza de cada tirano usurpador descansa la mano de Reagan

Es él quien guía al bandido hasta la caravana

También es su mano la que está a la espalda de Israel.

Es él quien reparte la maquinaria de guerra

Es él quien ha saqueado la tranquilidad de cada patio

Sobre la cabeza de cada tirano descansa la mano de Reagan.

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La escritora feminista urdu Kishwar Naheed tradujo al urdu la autobiografía de la revolucionaria palestina Leila Khaled. En una entrevista que realicé a Naheed en Islamabad, Pakistán, el 14 de septiembre de 2022, Naheed dijo: «Traducir a Leila Khaled fue, para mí, una forma de honrar mi deseo de participar en la lucha palestina». Las traducciones de Naheed también incluyen algunos poemas de Fadwa Tuqan y un fragmento del libro de Muin Bseiso «Descent into the Water: Notas palestinas de un exiliado árabe’. Es autora de numerosos poemas originales sobre la resistencia palestina, entre ellos Falasteeni Jawanon Kay Naam [Para jóvenes palestinos], 2nd April, Ramallah ka Snapshot [2 de abril , instantánea de Ramala] y Shair aur Falasteen [El poeta y Palestina], todos ellos de su colección de 2002 Sokhta Samani-e-Dil [Composición de un corazón afligido].

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El vanguardista escritor urdu Enver Sajjad escribió la obra híbrida de prosa y poesía Alif Say Yay Tak: Mahmoud Darwish Say Mukalima [De la A a la Z: Diálogo con Mahmoud Darwish] sobre la censura de escritores y textos bajo regímenes tiránicos. El texto, breve y surrealista, mezcla símbolos naturales comunes, como ríos, bosques, rocas, ciclones y vendavales, con imágenes de prisiones, mataderos y balas. Evoca el potencial de las palabras y las expresiones literarias para combatir el poder y la autoridad.

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Amjad Islam Amjad dedicó su libro de traducciones de poesía árabe moderna, Aks [Reflexión; 1976], al movimiento por la liberación palestina. El libro incluye traducciones de Mahmoud Darwish, Samih al-Qasim y Fadwa Tuqan. También incluye una carta de apoyo de la Oficina de Pakistán de la Organización para la Liberación de Palestina. En el prefacio, Amjad escribe que no trabajó en el libro simplemente por el placer literario de la traducción, sino que también le guió su compromiso con «las fuerzas progresistas, humanistas y revolucionarias». Puede encontrar el libro aquí.

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En 2001, el escritor, crítico y editor Asif Farrukhi compiló un número doble de su revista en urdu, Dunyazad [Mundano], sobre las representaciones de la resistencia palestina en la literatura urdu y las traducciones al urdu de escritores palestinos. Es la obra más completa sobre este tema. Todos los números de la revista pueden consultarse aquí.

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Una de las editoras de Awaz, que fue fundamental para el éxito de la revista, fue Ishrat Afreen. Poeta progresista y feminista, Afreen vive ahora en Houston y sigue escribiendo. Su último poemario, Diya Jalati Shaam [Lamp Burning Evening], está dedicado a Rachel Corrie e incluye un poema dedicado a Ismail Khatib, padre del palestino de 12 años Ahmed Khatib, asesinado por soldados israelíes. Desde hace unos meses, Afreen escribe una serie de poemas sobre la resistencia palestina, Jang Ki Diary [Diario de guerra]. La serie se publica regularmente aquí.

Portada de Kulliyat [Collected Writings] de Ishrat Afreen (derecha). Dedicó su último poemario publicado a la activista pro palestina Rachel Corrie, asesinada en Rafah en 2003 por las Fuerzas de Defensa de Israel (izquierda).

Quiero terminar con una breve observación: me he centrado casi exclusivamente en las solidaridades imaginadas y creadas por escritores marxistas, feministas y antiimperialistas. Las tradiciones de solidaridad en la literatura urdu, especialmente con Palestina, son muchas y variadas. Sin embargo, me parece que algunas de estas tradiciones o bien representan falsamente la liberación palestina como una causa islámica y el sionismo como un problema judío, o bien presentan la pertenencia religiosa como base de la solidaridad en lugar de centrarse en las luchas compartidas de los pueblos oprimidos. Quiero hacerme eco del editorial de Jamhoor, publicado el 16 de octubre de 2023, que destaca que «nuestra solidaridad proviene de historias compartidas de colonialismo y expulsiones forzosas… nuestra propia experiencia con la ocupación… nuestros traumas de genocidio… nuestra comprensión de que el ascenso de gobiernos autoritarios, fascistas y etnorreligiosos en los países del sur de Asia está alineado con el gobierno fascista del apartheid de Netanyahu en Israel». He intentado centrarme en los escritores que se han basado en estas ideas y prácticas de resistencia.

Me gustaría dar las gracias a Ishrat Afreen, Rekhta y Dawn por las fotografías de archivo.

Haider Shahbaz es escritor y traductor pakistaní.

II. Libro [de Faiz Ahmed Faiz] creo que no. He encontrado esto buscando un poco: http://faustomarcelo.blogspot. «Habla» es uno de sus poemas más conocidos. En urdu, claro. Muchos de sus poemas se han musicalizado y son extremadamente populares -por eso se los quieren apropiar los del BJP-. De ese «Habla», esta es una versión, por ejemplo: https://www.youtube.com/watch? -subtitulada en urdu y en inglés pero con una botella de coca-cola por medio-. Esta es otra con un estilo distinto: https://www.youtube.com/watch? Y aquí, recitado: https://www.youtube.com/watch?

Y esta es una versión de Mi corazón, mi viajero: https://www.youtube.com/watch?. Esta es otra: https://www.youtube.com/watch? Y aquí, recitado: https://www.youtube.com/watch?

III. Y, con esto termino, un ejemplo de la apropiación de la obra de Faiz por la ultraderecha hinduísta: https://scroll.in/article/

Por qué los directores propagandistas utilizan poesía izquierdista en sus películas

Las obras de Faiz Ahmad Faiz y Habeeb Jalib se están pintando de azafrán.

Bilal Ahmad Tantray 13 abr 2024

Es una buena noticia para los rojos que la poesía de izquierdas vuelva a estar de moda en la cultura popular india. ¿O no? En los últimos años, la poesía revolucionaria subcontinental del siglo XX se ha ido abriendo camino en el cine.

En 2016, Buda en un atasco, de Vivek Agnihotri, incluía una intrigante interpretación del célebre poema de Faiz Ahmad Faiz Chand Roz Aur. La película pretendía exponer la infraestructura supuestamente corrupta del movimiento maoísta en la India y el papel desempeñado por los intelectuales en el reclutamiento de jóvenes brillantes de los campus universitarios para estos movimientos.

El último ejemplo es la emblemática Main Nahi Maanta, de Habeeb Jalib, que aparece en el tráiler de JNU: Jehangir National University. En la próxima película, el guionista y director Vinay Sharma ofrece una crítica por poder de la prestigiosa Universidad Jawaharlal Nehru de Delhi, que lleva mucho tiempo en el punto de mira de los partidarios del hindutva por haber fomentado generaciones de iconoclastas y librepensadores.

Ambas películas forman parte de un nuevo tipo de cine propagandístico en India que demoniza a los musulmanes, vilipendia a los intelectuales de izquierdas, glorifica a los iconos de la Hindutva y menosprecia a la sociedad civil.

En Buddha in a Traffic Jam, el poema de Faiz da letra a una canción que aparece en un momento crucial, cuando el protagonista descubre la conexión entre su profesor universitario y los dirigentes maoístas de Bastar. Esta revelación pone al descubierto un nexo que explota el conflicto maoísta para obtener beneficios económicos, al tiempo que engaña tanto a los adivasi como a los jóvenes reclutas urbanos.

Agnihotri, partidario a ultranza del gobierno de Narendra Modi, acuñó el término «naxalitas urbanos» para desprestigiar a los partidarios de los movimientos maoístas en las ciudades. Con los años, el término ha ido ganando adeptos y ahora se utiliza para denunciar a cualquier persona u organización que critique al gobierno y sus políticas. Hablar, escribir o incluso pensar a favor de las comunidades marginadas del país se considera un acto de naxalismo.

Resulta irónico que una película tan vehementemente antiizquierdista utilice un poema escrito por uno de los intelectuales comunistas más renombrados del sur de Asia. Faiz escribió Chand Roz aur mientras contaba los días para su liberación de una prisión paquistaní en 1955. En muchos sentidos, el Estado pakistaní lo designó como su equivalente del naxal urbano. Faiz, siempre el poeta de las clases oprimidas, nunca podría haber esperado que sus propias palabras se utilizarían un día para difamar a gente como él.

Otro clásico de Faiz, Hum Dekhenge, apareció en 2022 en el polémico The Kashmir Files, una simplificación excesiva del conflicto de Cachemira. En él se demonizaba a los musulmanes cachemires, presentando a toda la comunidad como participantes voluntarios en los asesinatos de pandits cachemires a principios de la década de 1990.

La distinción entre los terroristas que asesinaron a los pandits y los musulmanes cachemires de a pie se difuminó hasta el punto de hacerla invisible. Varios gobiernos estatales del Partido Bharatiya Janata eximieron a las proyecciones del pago de impuestos.

[https://www.youtube.com/ Un vídeo con una interpretación de Hum Dekhenge. Esta canción por cierto, fue el himno de los manifestantes contra la nueva ley de ciudadanía que plantea claramente la discriminación de los musulmanes]

Agnihotri integró a la perfección a sus imaginarios naxalitas urbanos en The Kashmir Files. En una escena, estudiantesy profesores de una universidad de Delhi cantan Hum Dekhenge en protesta por el trato que reciben los cachemires de a pie por parte de las autoridades. El poema de Faiz se utiliza para denigrar a los miembros de la sociedad civil como colaboradores activos en el éxodo de los hindúes de Cachemira.

Se burlaron de la esencia del poema y, al mismo tiempo, se mercantilizaron descaradamente su pegadizo y emotivo contenido. Fue un esfuerzo consciente por erosionar la potencia del propio arte revolucionario.

Hum Dekhenge fue escrito por Faiz en 1979, durante el régimen militar de Zia Ul Haq en Pakistán, que anunció una década de gobierno autoritario e islamización forzosa. Faiz tuvo que enfrentarse a la cárcel, al exilio y a amenazas de muerte por oponerse a la opresión del Estado.

Habeeb Jalib escribió Main Nahi Maanta, que puede escucharse en una canción de la JNU: Universidad Nacional Jehangir, en la década de 1960, en un acto de resistencia contra la dictadura del general Ayub Khan en Pakistán. El poema le valió a su autor la cárcel y se convirtió en un himno de rebeldía al que muchos, ante el poder de la autoridad, siguen aferrándose como símbolo de rebeldía.

[https://www.youtube.com/ Un vídeo con el recitado de Main Nahi Maanta por el autor]

Desde que se pronunció por primera vez en 1962 para protestar contra la formulación por Ayub Khan de una nueva constitución pakistaní, el poema ha encontrado voz durante muchos movimientos de protesta social en el sur de Asia. Esta vez, sin embargo, no va dirigido contra dictadores militares o regímenes autoritarios, sino contra estudiantes universitarios.

Un tema central de la política hindutva ha sido la adopción de una identidad subalterna, tradicionalmente asociada a grupos marginados como los adivasis y los miembros de las castas inferiores, así como a las minorías religiosas. El movimiento Hindutva trata de remodelar esta narrativa, presentándose a sí mismo como un grupo vulnerable que está bajo constante amenaza y que ha sido constantemente agraviado.

En esta narrativa revisada, los verdaderos subalternos han pasado de ser percibidos como amenazados a ser percibidos ellos mismos como una amenaza. Por eso no sorprende que los productores de la cultura pop hindutva se apropien de la literatura y el arte de los movimientos subalternos y revolucionarios.

Por supuesto, el arte pertenece a todos y es el consumidor de arte quien finalmente decide qué hacer con él. Faiz y Jalib no pertenecen exclusivamente a ningún grupo de personas, como tampoco su poesía. La poesía de Faiz y Jalib habla de temas y sentimientos universales.

Sin embargo, es crucial reconocer que su poesía fue elaborada con un propósito específico en mente. Escribían para los marginados, los miserables, los pobres, los sin tierra y los desposeídos. Sus versos se hacían eco de los valores de los movimientos progresistas que desafiaban a los regímenes autoritarios y antidemocráticos. Su poesía sirvió de voz para los indefensos, abogando por una sociedad más justa.

Una cosa es diluir el rojo en los escritos de Faiz y Jalib. Otra muy distinta es pintarlos de azafrán.

Bilal Ahmad Tantray es doctorando y ayudante de cátedra de la Universidad Shiv Nadar.

4. Hechos mierda.

No tengo tan claro que los Anticapis apostasen más por la autoorganización que por ocupar instituciones, porque ellos fueron los primeros que se apuntaron -en puestos que por sí solos ni en sueños hubiesen conseguido: Europeas, Cádiz…-, pero estoy de acuerdo con el mensaje de que los que se apuntaron a Podemos y similares acabaron hechos mierda. https://www.elsaltodiario.com/

«En el inicio de Podemos dijimos que sin autoorganización nos iban a hacer mierda… y nos han hecho mierda”

El eurodiputado más longevo de la llamada política del cambio no repetirá en las elecciones de junio. Miguel Urbán repasa los asuntos más importantes del espacio de la izquierda institucional y las perspectivas de futuro de la Unión Europea.

Pablo Elorduy @pelorduy

20 abr 2024

Miguel Urbán (Madrid, 1980) ya está haciendo las maletas. El eurodiputado de Anticapitalistas entró en el Parlamento Europeo en marzo de 2015, cuando el grupo que ahora se llama The Left aún se llamaba GUE/NGL. Han cambiado muchas más cosas desde entonces. El espacio en el que milita se separó de Podemos en 2020, como respuesta a la entrada en el Gobierno de coalición, y en las segundas elecciones europeas desde el inicio de la llamada “política del cambio” Anticapitalistas no se presentará. Lo anunciaron a principios de abril para certificar el alejamiento que esa opción política ha tomado respecto a la política institucional, algo que Urbán justifica en esta entrevista como la forma más honesta de acumular fuerzas en las calles ante la certeza de que el ciclo político anterior está agotado.

Eres casi el último mohicano de la política del cambio, el más longevo de cuantos entrasteis en el Parlamento Europeo y en otras instituciones. ¿Qué balance haces en términos colectivos de este ciclo político?
Hay una frase de Marx que últimamente estoy recordando. Que es eso de “primero como tragedia y luego como farsa”. Creo que es una metáfora para el balance. Primero lo viví como una tragedia, la tragedia de una oportunidad perdida. Es la tragedia de perder lo que fue la emergencia de Podemos, la vitalidad, la fuerza como canalización de esa política del cambio… que fue mucho más que el magma exclusivo de Podemos, pero de la que Podemos fue detonante a nivel estatal.

¿Cuándo empieza eso que consideras traumático?
Para mí la tragedia fue la entrada en el Gobierno. Se perdió antes, pero en ese momento es cuando se selló ese final de ciclo político del cambio, del asalto institucional, de esa posibilidad de de agrandar la grieta del régimen del 78. Cuando hablo de para mí, es colectivamente para Anticapitalistas. Y por eso se produjo nuestra salida. Fue una salida un poco contracíclica. Todo el mundo estaba alegre, contento: “Los comunistas después de 80 años en el gobierno” y de repente llegamos unos pesados y decimos: “Es mala idea, compañeros”. No veníamos a esto, no veníamos a gobernar en minoría con el PSOE y a tener que comernos desde la valla de Melilla al Sahara, a vender como histórico cualquier cambio cosmético como la reforma laboral. No veníamos a esto. Personal y colectivamente lo vivimos como una tragedia. Lo que estamos viendo ahora con los estertores de lo que ha quedado de la política del cambio, lo que está siendo la campaña electoral de las europeas como final de ciclo, es una farsa de lo que fue.

Volveremos sobre esto. Hay otro balance que hacer. Tu andadura en el Parlamento Europeo termina el ciclo con la aprobación del Pacto de Migración y Asilo y una victoria de las tesis de la extrema derecha. En estos diez años, ¿has visto también perderse oportunidades en el Parlamento Europeo o nunca hubo juego?
Siempre hay juego. El tema es cuánto. Primero hay que entender que el Parlamento Europeo es una expresión más de unas instituciones creadas en contra de nuestros intereses, de nuestra clase, y justamente para intentar alejarnos de la gente a la que representamos. No es lo mismo teorizarlo y hablarlo que vivirlo, cuando ves cómo la moqueta nos vuelve locos a todos. Cómo te atrapa esa política institucional, esa política de encanto y de seducción para intentar alejarte de los intereses a los que intentas representar. Pero siempre hay un juego.

¿Puedes poner un ejemplo de ese juego?
Para mí el elemento más claro es lo que hemos vivido con el pacto migratorio. Me explico. El día antes del pacto migratorio se admite a trámite en el Parlamento español una propuesta que va diametralmente en contra del pacto migratorio. Los mismos partidos que votan a favor de ese pacto han votado a favor de tramitar la regularización de las personas migrantes en situación irregular en nuestro país. Lo que demuestra que es una cuestión de correlación de fuerzas. El Parlamento Europeo no es más que la expresión de esa correlación de fuerzas en Europa: allí, la extrema derecha juega un papel capital para forzar una correlación que aprueba el pacto migratorio, que intenta frenar las tímidas reformas ecosociales que se han podido plantear de capitalismo verde —nada del otro mundo—. Pero justamente vemos cómo tenemos una extrema derecha híper movilizada, que consigue marcar la agenda europea y la izquierda no está ni se la espera. Pero tampoco los movimientos sociales están.

¿Por qué lo crees?
Los movimientos sociales no han conseguido construir estructuras supranacionales de coordinación, como fueron, por ejemplo los foros sociales europeos. Eran unas dinámicas que permitían, también, influir también en el Parlamento. El Parlamento es una foto fija del momento en el que se hacen las elecciones, pero esa foto fija puede cambiar según las presiones que reciba. Se vio, por ejemplo, con el tema de las movilizaciones por el clima de Fridays for Future en 2018-2019. Eso hizo que todo el arco parlamentario quisiera traerlos al Parlamento. Nunca se había hablado de pacto verde, de transición ecosocial… y todo el mundo empezó a hablar de eso. Cuando las movilizaciones cesan, vemos cómo el interés pasa y hay una lógica reaccionaria muy fuerte que se vuelve a imponer. Cuando todo el mundo decía “wellcome refugees” no hubiera podido ser posible este pacto migratorio. Ha sido posible cuando se empezó a decir “no vengáis a Europa”.

El pacto, sin embargo, se aprueba también con el apoyo de la socialdemocracia (S&D en el Parlamento Europeo).
Este pacto migratorio no hubiera sido posible sin el Gobierno de coalición español. Es el que desatasca el pacto migratorio. Es el que consigue meter a [Giorgia] Meloni en el pacto, porque cede a las pretensiones del gobierno italiano en el tema de la criminalización, con la inclusión de la idea de “instrumentalización” dentro del concepto de crisis para poder criminalizar a las ONG de búsqueda y rescate en el Mediterráneo. Y eso es este Gobierno. El mismo Gobierno que luego vota a favor de la admisión a trámite de la regularización. Pero el pacto no está finalizado. Quedan dos años para ver cómo se aplica país por país. Va a haber una pelea y hay que cambiar esta correlación de fuerzas para que no se pueda aplicar este pacto migratorio de muerte.

En este ciclo se ha dado un fenómeno de derechización de las clases medias. ¿Cómo crees que ha afectado a los que han sido vuestros compañeros de viaje?
Yo creo que se han derechizado. Ha habido una derechización total del arco político, también de nuestros socios. Si tú ves el programa de Podemos para las europeas o la propuesta de Mover ficha y ves ahora lo que está proponiendo Sumar, hay una derechización muy real.

Pero desde Sumar se siguen defendiendo políticas que el PSOE no quiere tomar, por ejemplo, en torno a vivienda.
Defiendo que hay una derechización general del arco político en Europa, no solo nos afecta a nosotros. La política del cambio es producto de un ciclo muy interesante en muchos lugares, no solo en nuestro país, que fue el iniciado por las primaveras árabes, y que constaba en la ocupación del espacio público. Hay que decir que además del 15M, en Grecia hubo 30 huelgas generales, Occupy Wall Street, Occupy London… Tuvimos un fenómeno global de impugnación y de movilización, en el que se pusieron encima de la mesa unos sentidos comunes dominantes, que están mucho más a la izquierda de donde ahora mismo está la izquierda. En el tema de la vivienda es claro. La vivienda ha pasado de ser un derecho que debería ser protegido a que el problema sea la ocupación y no el acceso a la vivienda. Tú no eres ajeno a ese proceso de derechización general que se ha producido socialmente.

¿Cuál crees que es el punto de inflexión?
Para mí, la derrota de Syriza en 2015 inicia ese proceso. No hemos leído adecuadamente lo que supuso la derrota de Grecia. Hasta ese momento, las políticas del cambio en España estaban hablando de impago de la deuda. ¿Quién habla ahora de impago de la deuda? En 2016 estábamos hablando de banca pública. Estábamos hablando de nacionalización de sectores estratégicos como la energía y las eléctricas. Ahora mismo Sumar no está en esa lógica, y Podemos es una caricatura de lo que fue. Sumar en el tema de Palestina ha intentado constantemente rebajar los elementos más confrontativos, que podían tener un apoyo social dentro del “pueblo de izquierdas” muy asumible: embargo de armas, ruptura de relaciones, romper el acuerdo comercial. Incluso se montó una mani en la que se eliminaban estas consignas que, si preguntas a cualquiera persona de izquierda, te las va a defender. No eran demandas de la la izquierda revolucionaria.

¿Por qué crees que se ha producido ese viraje?
Los dos grandes peligros de la política del cambio eran normalizarse y moderarse. Y no hay nada que normalice y que modere más que entrar a gobernar en minoría con el PSOE: eres ya parte del sistema y entonces eres parte del problema. Eso se expresa justamente en ese voto de protesta que consigue canalizar la extrema derecha: la izquierda es vista como parte del problema porque es parte del sistema que genera una serie de insatisfacciones, de malestares. ¿Hay alguien ahora mismo que esté pensando en un proyecto de superación del capital? Nadie en la izquierda institucional. Son todos proyectos de reforma amable del capitalismo. Y el problema es que, en el momento de crisis de régimen capitalista en el que nos encontramos, esas reformas no tienen espacio. Y creo que eso es lo que hace que todos los gobiernos reformistas estén girando hacia la derecha. El ejemplo chileno con [Gabriel] Boric es palpable.En España, ¡que Marlaska siga siendo ministro después de lo de Melilla! ¿Cómo lo podemos tolerar? Porque al final estás compartiendo el Consejo de Ministros con ellos.

¿Quiénes son los responsables de esa derechización?
Es un producto de la derrota, no de que haya malas personas. Muchas veces entramos en una lógica de “traidores”. Yo no hablo en esos términos. No me gusta, creo que no hay que utilizarlos. Estamos ante una derechización del ciclo político y ellos son producto de esa derechización, no hacen nada para evitarlo, sino que se amoldan a esa lógica. Incluso ves una lógica más acomodaticia en el segundo gobierno de coalición que en el primero, en donde por lo menos había ciertas disputas verbales, nunca reales, pero sí al menos verbales o mediáticas. Ahora ni siquiera. De hecho, se ha hecho política desestimando esa opción más confrontativa. Se defiende que la política es consenso. No. La política no es consenso. La política es conflicto.

Creo que nos centramos mucho en la autocrítica y la autoexigencia de que esta se produzca, pero esta derrota se ha producido también en un contexto en el que el Estado ha generado unos anticuerpos muy importantes. Hablo del lawfare, que no solo ha afectado a Podemos. ¿Hasta qué punto se ha sido naíf al abordar la posibilidad de domar a ese Estado? ¿Cómo ha influido en el devenir de la política del cambio?
Hay dos elementos clave. Primero, evidentemente, sí que hemos sido todos bastante naíf respecto al Estado. Nos hemos creído lo de la democracia liberal. Esa idea de que si nosotros ganamos las elecciones nos van a dejar gobernar. O sea… No. ¡Lo tenemos tan interiorizado! Tenemos tan interiorizado que incluso la democracia tiene que ser liberal o no es democracia que hasta nos ha sorprendido la respuesta. Somos hijos de la democracia liberal y nos la hemos creído, igual que nos creemos que es posible la reforma del capitalismo. Son dos ideas que están muy aparejadas, por cierto.

El segundo elemento.
Me parece fundamental el hecho de que cada vez hay menos espacio para la democracia liberal. Estamos ante unas sociedades cada vez más autoritarias. En momentos de escasez, la democracia se restringe y el mercado lo ocupa todo. Lo podemos ver en América Latina, pero también con Macron, en Francia, y en otros muchos sitios en donde tenemos leyes parejas a la Ley Mordaza, de criminalización del derecho a la protesta, ataques y lawfare a lo que sería la oposición más mínima.

Personalmente, ¿cómo lo has vivido?
A mí me han entrado en casa. Han entrado a amenazar a mi familia. Me han metido Pegasus, me han hecho seguimiento, he sufrido atentados en la puerta del Parlamento. El hijo de Bolsonaro ha hecho un video 21 minutos amenazándome. No he hecho público ni he querido hacer propaganda de ninguna de estas cuestiones. Mi pareja siempre me ha dicho “hostia, tú no haces nada del otro mundo, Miguel”. No es que estuviera organizando una insurrección. Estaba yendo a los lugares en conflicto e intentando hacer un poco de activismo dentro de las instituciones. A lo mejor era eso, el último mohicano, en una institución que no está hecha para nosotros. Pero no suponía ningún peligro.

¿Qué crees que significa eso?
Que algo que no supone ningún peligro real para el Estado acarrea una serie de ataques totalmente desmedidos. ¿Por qué? Porque es el espacio para la disidencia, la crítica, en este momento de crisis del capitalismo es menor. Y eso tampoco lo hemos entendido.

Antes has hablado de Fernando Grande-Marlaska, pero, teniendo en cuenta todo lo que se sabe sobre el funcionamiento del Estado, ¿habría cambiado algo si se le hubiera destituido tras el episodio de Melilla?
La dimisión de Marlaska no hubiera tocado el “Estado profundo” en Interior, pero la no dimisión de Marlaska nos va a pesar y mucho. Cuando el ministro sea [Santiago] Abascal y asesinen a 40 personas como ha pasado con Marlaska. ¿Qué va a hacer la izquierda? La izquierda que ha sostenido Marlaska.

No hay que subestimar el hecho de que tenemos memoria de pez.
No estoy tan de acuerdo, porque hay un elemento que es más que la memoria, es la impunidad. La impunidad construye cultura. La cultura de impunidad es incompatible con la democracia. Que Marlaska no sea cesado es construir una cultura de impunidad en torno a las muertes de las personas migrantes, demostrando una lógica de otredad que dice que la muerte de las personas migrantes no nos importan. Hemos tratado a las personas que hemos asesinado como humanidad superflua. Esa cultura de la impunidad es muy duradera. Que se lo digan a nuestra democracia y la impunidad del franquismo. Qué cultura construye y cómo esta está imbricada en el régimen del 78 y por qué es tan difícil extirparla. Por eso, que hubiéramos conseguido al menos la cabeza de Marlaska, habría resquebrajado esa cultura de impunidad. No es algo personal con Marlaska. No, es que ha habido 40 asesinatos a sangre fría, 70 desaparecidos y tiene que haber una responsabilidad política o, si no, el mensaje de impunidad es terrible. Y eso va más allá de un gobierno de coalición porque va a perdurar mucho más que el gobierno. Esa es una herencia de este gobierno y es la herencia del ciclo que dejamos.

¿Cómo se iba pertrechado para esa situación de confrontar con el Estado?
Se debatió, de una forma muy clara, en la primera asamblea de Podemos en Vistalegre (Madrid). Está la lógica de máquina de guerra electoral que plantearon Pablo [Iglesias] e Íñigo [Errejón] por la que lo que debíamos de hacer era un comando “cuasi de élite” que tomara el Estado. Y, a partir de que ese comando tomara el Estado, íbamos a hacer las transformaciones. Eso es una minusvaloración total de lo que supone el Estado. Nosotros lo que proponíamos es que no solo había que ganar unas elecciones, sino que había que generar un proceso de transformación social, y para eso había que crear una lógica de empoderamiento y de autoorganización popular que acompañara ese proceso. Y eso fue la famosa frase que sacamos en Vistalegre con Teresa, que dijo “un pie en las instituciones, cien en las calles”. Esa es la lógica con la que queríamos construir o la que la que proponía Anticapitalistas. Defiendo que esa lógica minusvaloraba menos el enemigo al que nos estamos enfrentando y nos armaba mejor para el combate que íbamos a dar.
¿En qué sentido?
Nuestra lógica no era solo una cuestión movimentista, sino de cómo enfrentamos al Estado. ¿Cómo construimos transformaciones sociales? ¿Ganando elecciones? ¿De verdad? Se ha demostrado que es algo más difícil que ganar elecciones. Nosotros no negábamos la necesidad de ganar elecciones, sino que había que acompañarlo de un proceso de autoorganización, de empoderamiento, de participación política, que acompañara, empujara y liderara esos procesos de transformación. Si no, nos iban a hacer mierda… y nos han hecho mierda.

Otra de las circunstancias actuales es que se han recolocado las expectativas vitales de muchas de las personas que protagonizaron ese ciclo, también de las clases medias. Hay una percepción, avalada por las cifras, de que “no estamos tan mal”.
Pero un tercio de la población no se puede ir de vacaciones.

En efecto, ¿cómo se reconecta con esa parte de la población?
Más que cómo se reconecta, el problema viene cuando no somos percibidos como unos iguales por esas personas. Porque incluso hemos afianzado algo que veníamos a criticar, que era la idea de la política como ascensor social. Cómo, para mucha gente, la política del cambio también ha sido la ascensión social, en una lógica no contra las élites, sino de relevo de élites. Eso es terrible. Para mí, lo peor de lo que pasó con [Alberto] Garzón era esa idea del recambio de élites. Ahora te podías ir a una consultora: no se iba a Médicos sin Fronteras, se iba de consultor con exministros del PP y del PSOE. No era una Telefónica, pero para la gente al final es la misma “todos sois lo mismo” y “no me siento representado, no me identifico contigo”. Esa ha sido una de las grandes peleas culturales que ha dado la extrema derecha contra la política del cambio y le ha salido bien. La extrema derecha ha conseguido atacar más el derecho a la vivienda atacando la casa de Pablo [Iglesias] e Irene [Montero] en Galapagar, que atacando el mismo concepto del derecho a la vivienda. Atacar más a las personas que representan las ideas que a las ideas en sí mismas.

No has escapado a esa lógica.
Hubo un bulo sobre mí, que era que tenía un forro polar que valía mil euros. Tuvo 2.400.000 comentarios, la noticia del puto forro polar. ¡La Sexta lo sacó! Era un regalo de mi pareja. Me empezó a llamar la prensa, a ver si el forro valía mil euros: “un anticapitalista con un forro polar que vale más que el salario mínimo en ese momento”. Yo llamé mi compañera y le pregunté: ¿cuánto te has gastado en el forro polar? ¿Mil euros? Me dijo “no te voy a regalar un forro de mil euros por tu cumpleaños». Enseñamos el ticket y salió el desmentido en varios medios de comunicación. La lógica era buscar la incoherencia del personaje para atacar a la idea del anticapitalismo. Esto parte de una guerra cultural soterrada que iniciamos nosotros, por cierto, y que hemos perdido. El ciclo del cambio se inicia con una guerra cultural en torno a la moralidad de la política.

La casta.
Por eso metimos el tema de los baremos salariales. ¿Dónde están los baremos salariales? ¿Quién sigue donando el tanto por ciento a su partido, a movimientos…? ¿Quién cumple lo de las dos legislaturas? ¿Quién renuncia a utilizar su capital político como una forma de trampolín cuando busca trabajo después de estar en la política institucional? Por eso digo que hemos perdido esa batalla cultural que iniciamos, y eso genera una lógica de “todos sois iguales”, donde esa parte de la sociedad que no se puede ir de vacaciones no te ve como un igual.

¿No es un poco como como dicen las críticas, demasiado purista, demasiada lógica del “monje cartujo”, el pensar que tu puedes actuar de otra manera?
Nos hemos podido pasar en algunas cosas. Hasta el último momento en el que vayamos a estar en las instituciones en Anticapitalistas todos seguimos donando, seguimos haciendo todo lo que dijimos que íbamos a hacer. Yo no sé si la gente sabe que todos los que han sido diputados si vuelven a la función pública, pueden cobrar la máxima. Teresa [Rodríguez] y Kichi [José María González] no lo han pedido. Por ejemplo. Creo que son elementos que dignifican la política. Eso no tiene que ser el leit motiv de nuestra política, pero hay que ejemplificar que somos diferentes al resto. La única forma de perseverar en demostrar que somos diferentes es con controles colectivos. Cuando deja de haber controles colectivos es cuando fallan todas las normas que pusimos. Lo importante no es tanto mirar si las normas eran muy estrictas, si éramos monjes cartujos, sino demostrar que la política no puede ser un trampolín de ascensión social. Sin pasarnos, sin volvernos locos. Pero no hay que caer en esa lógica neoliberal de creer que el capital político que tienes te pertenece. Tu capital político no te pertenece a ti, es un capital político construido colectivamente. Tú tienes parte de ese capital, pero no lo tienes en su totalidad. Tienes que ser prudente con cómo lo utilizas.

La última encuesta de 40dB daba el 17% del voto joven a Vox. Quitando al PSOE, la izquierda junta no llega al 10%.
La primera cuestión es por qué la derecha y por qué no nosotros. ¿Cuál es el tramo de edad en el que más apoyo tiene la izquierda institucional a la izquierda del PSOE?

De 35 a 44 años.
Ahora, no antes. ¿Qué vivieron los de esa franja?

El 15M.
Son protagonistas, como generación, de un proceso de movilización y de cambio. Y son los que responden en términos de voto a las fuerzas del cambio. El mejor índice de voto del PSOE es el de las personas que vivieron la Transición. Esto para mí demuestra un elemento fundamental: cuando hay procesos de movilización y de lucha el cambio de conciencia es claro y perdura un tiempo largo.

¿Cómo explicas el voto joven a la ultraderecha?
¿Tú crees que alguno de los chavales de 18 a 24 años sabe lo que es el 15M? No, son hijos del momento reaccionario en el que nace Vox. No solo en España. Si lo vemos en los casos de Milei, Bolsonaro, es una tendencia que se da a nivel internacional. En esta ola reaccionaria parece que ser radical es ser un homófobo, ser un racista, ser un sexista. Además, en los varones es muchísimo mayor el apoyo a Vox dentro de esa franja que entre las mujeres. Son hijos de ese momento reaccionario, se construyen políticamente en él. La ausencia de procesos de lucha favorece que el momento reaccionario se asiente sobre esa franja de edad en formación política. Hegel decía que la naturaleza aborrece el vacío. El vacío que hemos dejado es el vacío para la atomización neoliberal, para que la gente vea en TikTok que lo que mola es decir: “Yo, profe, soy muy de Franco”. Este fenómeno demuestra la importancia de los procesos de lucha y cómo las luchas sociales construyen conciencia. Y esa conciencia luego se ve reflejada en los temas electorales.

¿Cómo se afronta ese momento?
Nadie puede entender la política institucional sin el ciclo que abre el 15M. El problema es que ese ciclo ha terminado. Por eso, desde Anticapitalistas, cuando hacemos la reflexión de que es necesario volver a la construcción de un ciclo de movilizaciones, reconstruir las luchas, no es una cuestión de fetiche, no es una cuestión de volver a un sitio cómodo. No, queremos volver a recuperar un ciclo de luchas que pueda cambiar las cosas, porque estamos viendo la incapacidad manifiesta de lo electoral para influir sobre el grado de conciencia de la clase. Las luchas construyen conciencia. La ausencia de luchas abre el espacio para la atomización, para la inclusión de las olas reaccionarias, los discursos del odio, la contracultura trol de la extrema derecha entre la gente joven. No es un tema de fetichización de lo social, de la lucha. Un ejemplo, el movimiento de la vivienda en torno al 15M consiguió construir una lógica contracultural antisistémica y además aportaba una serie de seguridades, de construcción de comunidad, de reconstrucción de lazos de clase y abrió una ventana oportunidad de lo que luego fue el proceso de cambio. No fue al revés. No fue el asalto electoral lo que abrió una oportunidad para una cultura contrahegemónica. Vino al revés. Y eso es lo que tenemos que reconstruir. No es olvidarnos de las instituciones, pero es invertir nuestros esfuerzos. Ahora parece que nuestros esfuerzos están más en pelearnos en las listas electorales que en reconstruir el tejido social. Y eso manda una imagen terrible también a la gente sobre la política.

Hemos pasado de una década centrada en las consecuencias del uso político de la deuda y la austeridad a un ciclo en el que se plantea una expansión del gasto militar como manera de salir de la crisis de acumulación capitalista…
Siempre ha sido así, por cierto. Cuando el capitalismo está en un callejón sin salida, la lógica militar, militarista y armada siempre ha sido una salida.

La duda es si obedece a una lógica electoral, a que es algo de lo que se saca ventaja en el corto plazo, o si nos tenemos que tomar en serio esa escalada retórica de guerra.
Nos lo tenemos que tomar aún más en serio. Para mí no es un tema de campaña electoral, es una cuestión de largo aliento. Estamos ante un contexto global de desgobernanza neoliberal en el que todos los instrumentos del orden liberal internacional nacidos después de la Segunda Guerra Mundial están en quiebra. La toma de la Embajada de Embajada de México por parte de Ecuador no pasó ni en las peores dictaduras del Cono Sur. Ejemplifica justamente la deslegitimación, impugnación y fragilidad de ese sistema y de gobernanza internacional. Israel siempre ha tenido impunidad y siempre ha matado palestinos, evidentemente, pero este grado de impunidad nunca lo había tenido ni muchísimo menos; que la Unión Europea apruebe un Pacto de Migración y Asilo que acaba con el asilo también es acabar justamente con esa arquitectura liberal de la que estábamos hablando. A Naciones Unidas se le está quedando cara de Sociedad de Naciones y eso es muy peligroso. Además, pienso que estamos ante la quiebra del imperio norteamericano. La caída lenta, y en momentos acelerada, del imperio norteamericano. Y, fruto de esa caída, la emergencia de choques interimperialistas a nivel global, que son agudizados, además por una crisis climática que se da en una crisis de régimen capitalista por recursos escasos.

¿Cómo ha sido este proceso en la Unión Europea?
Sobre todo a partir del Brexit en 2015-2016 comienza a hablarse de una integración militar. Se habla de la “autonomía estratégica” de la Unión Europea. Una economía, que sigue siendo la economía más fuerte del mundo, que necesita el 80% de las materias primas que consume, trata de acrecentar la lógica neocolonial y neoextractivista a nivel global y la pugna por esos recursos cada vez más escasos. Y eso es lo que el propio [Josep] Borrell dice cuando ha dicho que “la Unión Europea tiene que dejar el soft power para hablar el lenguaje duro del poder”. Ese lenguaje es el de la militarización. El desechar la unidad política federal europea a raíz del rechazo a la Constitución Europea abrió una debilidad muy fuerte que se mostró con el Brexit de una forma muy clara, por el que la integración no podía ser solo económica: se tenía que buscar otro grado de integración que armara el cascarón neoliberal y la arquitectura de la Unión Europea.

¿Cómo?
El Brexit acelera esa lógica de autonomía estratégica, de competencia neocolonial y por ende, de la necesidad de una mayor integración militar como las dos patas de la Unión Europea. La pata del mercado, la económica neoliberal, y la pata militar. El problema es que esta pata militar era muy complicada de vender a las poblaciones europeas. Se empezó con Frontex, que es un auténtico microejército de fronteras europeo, basado en la estigmatización de las migraciones desde un punto de vista securitario.

¿Qué ha supuesto la invasión rusa de Ucrania en ese sentido?
Ha sido la coartada perfecta para acelerar el proceso de integración militar de la Unión Europea a toda velocidad. La propia Ursula von der Leyen decía que en 15 días coordinando el envío de armas —que es algo que prohíbe por cierto, los principios rectores de la Unión Europea— se ha avanzado más que 15 años en la política de integración militar de la Unión Europea. La guerra de Ucrania, en la que convergen un conflicto interimperialista con un conflicto de liberación nacional fruto de la invasión rusa de Ucrania —y eso hace que sea más difícil tener una posición sobre ello—, favorece la aceleración del proyecto de las élites europeas de la remilitarización de Europa. Se consigue lo que desde la conferencia de Glasgow de 2014 se lleva persiguiendo, que es el aumento del 2% del gasto  militar respecto al Producto Interior Bruto. Se consigue una mayor integración. Se consigue, por ejemplo, romper el veto tradicional danés a la integración militar. Consiguen que Suecia y Finlandia, que era dos países que habían basado toda su política internacional en la neutralidad, entren la OTAN. La OTAN pasa de muerte cerebral, según Macron a estar en su mejor momento. ¿Es producto de la invasión de Putin? No. Pero Putin les ha dado la coartada perfecta para que eso fuera posible.


¿Qué ha significado eso para las sociedades europeas?
Hay un elemento que para mí es fundamental, que es que todo esto ha pasado sin ningún tipo de protesta, de disenso. Se ha impuesto una lógica macartista contra todo aquel que disienta de esa Europa de la remilitarización. Todo el mundo que rompa ese consenso es putinista. En una lógica perversa que construye las guerras basándose en la idea de amigo-enemigo. Yo lo viví de una forma también muy personal la primera vez que vino [Volodimir] Zelensky al Parlamento Europeo; el ambiente parecía el de un partido de fútbol: con bufandas  y banderas de Ucrania. Se aprobó una resolución sumamente tramposa, que habla de la condena de la invasión. Condena que desde Anticapitalista tenemos claramente: condenamos el imperialismo putinista, nos solidarizamos con el pueblo ucraniano y, evidentemente, defendemos su legítimo derecho a la defensa. Pero esa resolución no hablaba de eso, lo utilizaba como coartada para hablar del aumento del gasto militar al 2%, para coordinar el envío de armas por parte de la Unión Europea, saltándose los acuerdos fundacionales de la Unión Europea. Hablaba de la OTAN y de su “papel fundamental”. Y hablaba de la cuestión de la autonomía estratégica de la Unión Europea. Las palabras son performativas: en el texto se nombraba 21 veces a la OTAN y solo una vez a la paz. ¿Cuántos diputados votamos en contra? Trece. Fui el único español.

¿Por qué lo hiciste?
Soy también hijo del momento antimilitarista. Estuve acompañando a insumisos presos. Sentí que no podía votar eso. Pero, ¿qué es lo que determinó que yo no votara? Yo me había autoconvencido de abstenerme, porque tú estás a favor de la condena de la invasión, estás en contra de Putin, a favor del pueblo ucraniano, pero estás en contra de toda la mierda que hay detrás. Quien hizo que yo votara en contra fue Anticapitalistas. Nosotros tuvimos un debate, se me dijo: “Ni de coña te abstienes. Esta va a ser una votación clave contra la Europa de la guerra, estos son unos auténticos presupuestos de guerra y tú tienes que votar en contra. Aunque seas el único”. Porque no estás representándote a ti, y la postura de la organización es en contra de la guerra. Yo fui con la garganta encogida a votar. Porque luego uno pone la cara. Recuerdo un debate con [Carlos] Alsina en Onda Cero. Me dijeron “¿Si estuvieran bombardeando a tu familia no querrías tener un tomahawk para defenderte?” Yo, si te digo la verdad, no sé usar un tomahawk. A mí lo que me gustaría es que no le cayeran bombas a mis hijos. Mi intención no es tanto devolverles el misil como que no nos caigan misiles.

¿Cómo engarza ese clima con el futuro de la UE?
Para mí el gran debate va a ser la crisis ecosocial y la cuestión de los choques interimperialistas y la guerra. Reconstruir un movimiento antimilitarista que no responda ni a los intereses de un imperialismo ni a los intereses del otro, sino a los intereses de los pueblos contra la guerra va a ser uno de los grandes retos que vamos a tener en el próximo periodo. Nos tenemos que tomar muy en serio que las élites europeas nos llevan a la guerra. Cuando se le escapa el subconsciente a la ministra verde alemana y dice que estamos en guerra; cuando Macron habla de que hay que poner el pie en el terreno, eso es muy peligroso. Además, nos confundimos al pensar que la remilitarización es para pegarnos con Rusia en Ucrania. La remilitarización es para disputar África. Es para disputar los recursos escasos.

Has publicado recientemente el libro Trumpismos, ¿cómo puede afectar una victoria de Trump a esa lógica de guerra?
Lo primero que hay que entender es que no es lo mismo que gane Biden a que gane Trump. Aunque las élites norteamericanas puedan tener un mismo proyecto geopolítico de enfrentamiento con China en una lógica interimperialista. Pero es muy importante que veamos que no es lo mismo. Si no que se lo digan, por ejemplo, a las mujeres norteamericanas con el derecho al aborto. Si no, que se lo digan a los latinoamericanos. ¿Hubiera sido posible el golpe que preparaba Bolsonaro con Trump en la Casa Blanca? A lo mejor sí. ¿Se puede asentar el efecto Milei con un Trump en la Casa Blanca? Dentro de la lógica de la ola reaccionaria internacional, que gane Trump —que creo que tiene todas las de ganar si no lo evitan los jueces— es muy peligroso. Vamos a ver un Trump más trumpista, más agresivo de lo que vimos.

¿Por qué?
La segunda legislatura es la clave. En la primera estás viendo dónde está el cuarto de baño, cuáles son los resortes del aparato del Estado. No podemos minusvalorar el efecto que tiene entrar a un lugar conocido cuando puedes ser mucho más hábil y rápido a la hora de hacer cambios. Eso se ha visto en otros regímenes iliberales que han camino hacia autocracias, como en el caso de Hungría. Por eso vamos a ver un Trump más crecido, más envalentonado. Y eso es muy peligroso también porque puede tener mucha importancia en las elecciones francesas y alemanas en 2025. Puede tener además una derivada en la ola reaccionaria europea muy importante. Estratégicamente, Rusia no es el principal enemigo de Trump en su choque interimperialista con China. Él tiene más puesta la vista en Oriente Próximo. Una victoria de Trump puede acelerar los intentos de Netanyahu de una guerra regional en donde incluir a un Irán todavía sin armas nucleares. Podemos ver a un Israel aún más impune, aún más asesino que el que hemos visto ahora.

Netanyahu está esperando eso, de hecho.
Sí. Eso puede llevarnos a desplazar el foco de Ucrania, no a que termine Ucrania. Pienso que Europa va a sostener militarmente a Ucrania. Pero Trump va a llevar el foco a Oriente Próximo, en donde puede haber una situación de difícil resolución. El escenario que se abre es muy incierto. Por eso hay que recalcar la necesidad de que los pueblos dejemos de ser sujetos pasivos en una especie de teatro geopolítico global y que empecemos a ser sujetos activos. Se está intentando crear una conferencia a modo de Foro Social mundial en Porto Alegre (Brasil) para hablar de esta ola reaccionaria y de cómo las enfrentamos. Hay que recuperar esos mecanismos de internacionalismo militante, de coordinación y de trabajo conjunto. Es fundamental reconstruir un movimiento antimilitarista y antiguerra en Europa, porque va a ser lo que pueda sacarnos de esa profecía autocumplida de la Tercera Guerra Mundial.

5. Imperialismo verde en el Congo.

En la página web de ROAPE publican un artículo sobre el imperialismo verde en el Congo que es un resumen de otro más extenso publicado en su revista en un especial sobre la emergencia climática en África. Con el riesgo de aburriros, os paso la versión completa porque creo que vale realmente la pena. Recordad que de Bradley ya vimos otro artículo sobre la minería en el Congo -que publicamos en nuestra página-.

https://www.scienceopen.com/

Imperialismo verde, soberanía y búsqueda del desarrollo nacional en el Congo

Author(s): Ben Radley *

Fecha de publicación (Imprimir): Septiembre – Diciembre 2023

Revista: Revista de Economía Política Africana

Editorial: Review of African Political Economy Revista de Economía Política Africana

RESUMEN

En este artículo se utiliza el término «imperialismo verde» para designar las especificidades del imperialismo contemporáneo en el contexto de la transición mundial hacia economías y sociedades capitalistas con bajas emisiones de carbono en los próximos decenios. La República Democrática del Congo (RDC) es un ejemplo moderno de dinamismo imperialista en acción, y sus poderes hegemónicos contribuyen a posicionar la economía congoleña como exportadora de materias primas de bajo coste y bajo contenido en carbono y como mercado abierto a la entrada de financiación y tecnologías energéticas renovables. La respuesta política al imperialismo verde en la RDC reproduce un modelo de desarrollo nacional basado en la explotación minera que, históricamente, no ha aportado sino escasas mejoras materiales a la mayoría de los congoleños, mermando así las perspectivas de prosperidad del país. Sin embargo, esta vez se trata de un modelo que ofrece a algunos la posibilidad de acceder a formas de energía renovable en calidad de mercado privado mantenido por extranjeros, con todas las limitaciones y contradicciones que implica este nuevo modelo de suministro de energía.

Texto del artículo principal

Introducción

Hace casi cinco años, en enero de 2019, Felix Tshisekedi -hijo del veterano líder de la oposición Etienne Tshisekedi- fue investido quinto Presidente de la República Democrática del Congo (RDC). Ese mismo año, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) dieron a conocer sus Nuevos Acuerdos Verdes, con los que pretendían revitalizar las economías capitalistas estancadas catalizando un crecimiento masivo en la fabricación de energías renovables y otras tecnologías verdes, creando en el proceso millones de puestos de trabajo altamente cualificados y bien remunerados. Max Ajl(2021, 77) ha etiquetado estas visiones capitalistas de bajas emisiones de carbono como propias de una forma de socialdemocracia que, como forma histórica de capitalismo, sólo ha sobrevivido gracias a su capacidad para «cazar y alimentarse en la periferia». En otras palabras, como un proyecto imperialista dependiente de la transferencia de valor del Sur al Norte, que produce un desarrollo desigual y exige la subordinación del Sur dentro de la economía capitalista global.

Escribiendo en esta revista sobre las formas cambiantes del imperialismo del siglo XXI, Jayati Ghosh(2021, 10) señalaba:

Una de las principales características de nuestro tiempo es la privatización de gran parte de lo que hasta hace poco se aceptaba generalmente como responsabilidades básicas de la provisión pública. Los servicios básicos como la electricidad, el agua y las infraestructuras de transporte, y los servicios sociales como la salud, la sanidad y la educación entran todos en esta categoría… el hecho de que la provisión ya no sea necesariamente de dominio público, y que la provisión privada se vea cada vez más como la norma, ha abierto enormes mercados nuevos para actividades potencialmente lucrativas… Se trata de una expresión más complicada del afán imperialista de control sobre el territorio económico que la anexión directa de territorio geográfico, pero no por ello tiene menos consecuencias.

En este contexto, este artículo emplea el término «imperialismo verde» para referirse a las formas en que el gran capital y las potencias hegemónicas tratan de controlar y generar beneficios a partir de territorios económicos fuera de sus fronteras nacionales bajo el lema discursivo de «ecologizar» la economía mundial (independientemente de lo verde o no que pueda ser este proceso). 1 Esto se lleva a cabo a través de la extracción tradicional de materias primas baratas situadas en el Sur global y necesarias para la fabricación de energías renovables y otras tecnologías limpias, en forma de metales y minerales de transición críticos (Bainton et al. 2021), junto con las más contemporáneas «nuevas fronteras del capital eléctrico» (Baker 2023) que buscan beneficiarse de la expansión de las energías renovables en el propio Sur global. El imperialismo verde, por tanto, señala las especificidades del imperialismo contemporáneo en el contexto de la esperada transición mundial hacia economías y sociedades capitalistas con bajas emisiones de carbono en las próximas décadas.

La RDC ofrece un ejemplo moderno de la dinámica del imperialismo verde en acción. Las potencias hegemónicas intentan posicionar la economía congoleña como exportadora de metales de bajo coste y bajas emisiones de carbono y como mercado abierto a la entrada de financiación y tecnologías de energías renovables. El cobre, el cobalto y el litio son tres metales críticos con bajas emisiones de carbono debido a su uso en una serie de tecnologías verdes en los sectores de la energía y el transporte, siendo el cobalto un elemento fundamental en las baterías eléctricas. La RDC posee algunos de los mayores yacimientos de litio del mundo y en 2022 representó el 10% de la producción mundial de cobre y el 68% de la de cobalto. El país posee el 48% de las reservas mundiales conocidas de cobalto (US Geological Survey 2023).

Además de su importancia estratégica como proveedor de metales críticos con bajas emisiones de carbono, la RDC cuenta con un atractivo mercado nacional para el despliegue de financiación y tecnologías de energías renovables. Con una de las tasas de acceso a la electricidad más bajas del mundo, en torno al 16% de sus aproximadamente 90 millones de habitantes (Ministerio de Energía de la RDC 2017), y habiendo liberalizado recientemente su sector energético en 2014, la RDC tiene un potencial considerable para las empresas e inversores extranjeros en energías renovables que buscan nuevos mercados rentables. Calificada por la empresa solar británica BBoxx(2021, 1) como «posiblemente el mejor mercado solar de pago del mundo», la RDC alberga un mercado estimado de 1.000 millones de dólares solo para el despliegue de tecnologías solares de minirred y aisladas de la red (Banco Africano de Desarrollo 2017). El país también alberga el 13% del potencial hidroeléctrico mundial (Banco Africano de Desarrollo 2020).

La línea argumental desarrollada en este artículo se basa y corrobora la tesis recientemente propuesta por Atul Kohli sobre la relación entre imperialismo, soberanía y desarrollo, nacida de su estudio histórico sobre los motores y efectos del imperialismo británico en el siglo XIX y del imperialismo estadounidense en el siglo XX. Formado en la ciencia política estadounidense, el último libro de Kohli(2020), Imperialism and the developing world: how Britain and the United States shaped the global periphery, se alinea no obstante con la tradición de los estudios marxistas sobre el imperialismo, que se remontan a Hobson(1902), Luxemburg(1951[1913]), Lenin(2016[1917]) y otros, al plantear la idea de que el capitalismo es el principal motor de la expansión imperialista.

La teoría del imperialismo de Kohli se despliega aquí para ayudar a iluminar y estructurar un análisis del imperialismo verde en la RDC. El hecho de que el artículo se centre en los intereses económicos no significa que se niegue la importancia causal de otros factores motivadores, una crítica que Apata(2022) ha hecho a la contribución de Kohli. En el caso de la expansión de las energías renovables, por ejemplo, las formas culturales del imperialismo que operan dentro de una misión civilizadora neocolonial para «iluminar un continente oscuro», como The Economist dijo en 2014 (Simmet 2018), es sin duda un motor importante. Las formas en que las diferentes formas de imperialismo trabajan juntas y se superponen son cruciales para una comprensión completa del fenómeno, pero tal análisis está más allá del alcance de este artículo.

El primer componente de la tesis de Kohli es que el imperialismo está motivado por la necesidad de las potencias hegemónicas de potenciar sus intereses económicos nacionales, lo que consiguen socavando la soberanía en los países periféricos y estableciendo un acceso económico abierto. En apoyo de esta tesis, la primera sección del artículo documenta cómo el imperialismo verde en la RDC se basa en el desmantelamiento de la propiedad soberana congoleña y el control sobre su riqueza en recursos naturales (no sólo metales bajos en carbono, sino también el agua y la luz solar) y el establecimiento de un acceso abierto a la economía congoleña, con el fin de avanzar en las agendas económicas verdes de las potencias hegemónicas.

El segundo componente es que, si bien la soberanía nacional no basta para poner a un país en la senda del progreso, a menudo es una condición previa necesaria y, por tanto, el debilitamiento de la soberanía impuesto por las potencias imperialistas socava simultáneamente las perspectivas de prosperidad de los países de la periferia mundial. En este sentido, y para respaldar la tesis de Kohli, la segunda sección del artículo demuestra que la respuesta política al imperialismo verde en la RDC, aunque ofrece cierta resistencia, funciona para reproducir un modelo de desarrollo nacional que históricamente ha aportado pocas mejoras materiales a la mayoría de la población.

Imperialismo verde

Aunque los orígenes de la penetración imperialista en la RDC se remontan al Estado Libre del Congo (1885-1908) y al Congo Belga (1908-1960), el proceso para mantener abierto el acceso económico al país con el fin de promover las agendas del imperialismo verde en el siglo XXI tiene orígenes más recientes. Poco después del final oficial de las Guerras del Congo (1996-2002), en julio de 2002, se aprobó el primer nuevo Código Minero de la RDC desde 1981. Se trataba de una de las numerosas reformas elaboradas bajo la estrecha supervisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial como parte de un esfuerzo global para instaurar un régimen neoliberal en el corazón del sistema político de posguerra de la RDC (Moshonas 2013), con el apoyo de los donantes del Norte (Marriage 2010).

Trabajando «en estrecha colaboración con un comité congoleño en la redacción de la ley minera» (Mazalto 2008, 58), el Banco Mundial achacó el declive del sector minero a la «mala gobernanza» bajo el Estado zaireño (Rubbers 2010, 330), en contraposición al peso de los choques externos en forma de desplome del precio del cobre y subida del precio del petróleo en la década de 1970. La reforma se vio entonces impulsada por la máxima del Banco Mundial de que «Zaire debe ser menos, pero mejor gobernado» (Banco Mundial 1994, citado en Mazalto 2008, 57). En consecuencia, el Código de 2002 avanzó hacia la privatización de las empresas mineras estatales y la atracción de nuevas inversiones extranjeras ofreciendo un régimen fiscal y aduanero generosamente liberal -uno de los más liberales del continente en aquel momento (Marriage 2018)- que incluía vacaciones y exenciones fiscales y bajas tasas de regalías. Mucho más tarde, en 2015, el jefe de misión del FMI en la RDC comentaría que «el Código Minero de 2002 es demasiado generoso, tanto que el Estado capta muy poco al final» (Lukusa 2016, 156). Aunque el actual Código Minero, aprobado en marzo de 2018, ha intentado corregir algunos de estos excesos neoliberales (analizados en la siguiente sección), el modelo general de cesión de la propiedad y el control del sector minero a empresas extranjeras permanece intacto.

Entre 2002 y 2021, las entradas de inversión extranjera directa (IED) en la RDC aumentaron de 188 millones de dólares a 1.900 millones de dólares y los stocks de IED pasaron de 907 millones de dólares a 29.100 millones de dólares(Figura 1), es decir, del 10% al 57% del PIB. Las nuevas inversiones extranjeras se han centrado en gran medida en la minería. De 2004 a 2022, las exportaciones anuales oficiales de cobre y cobalto se multiplicaron por más de 300 y 80, respectivamente, pasando de 7.689 toneladas a 2,4 millones de toneladas en el caso del cobre, y de 1.412 toneladas a 115.371 toneladas en el del cobalto (Ministerio de Minas de la RDC , 2023). En el momento de escribir estas líneas, el yacimiento de litio de Manono, anunciado como uno de los mayores del mundo, se está explotando bajo la propiedad mayoritaria de la empresa minera australiana AVZ Minerals.

[…] Un breve vistazo a quién controla la producción de cobalto de la RDC -el más crítico de los metales de transición del país- pone de manifiesto la cesión casi total de la soberanía de los recursos congoleños a las empresas mineras extranjeras. En 2021, seis empresas mineras transnacionales eran propietarias mayoritarias de proyectos de cobalto que representaban el 90% de la producción de la RDC, lo que equivalía a más de la mitad del suministro mundial de ese año(Tabla 1). De estas seis corporaciones, cuatro son de nacionalidad china. Las otras dos también exportan una parte de su producción a China. Glencore, por ejemplo, tiene acuerdos con los fabricantes chinos de baterías GEM y CATL.

[…] Producción de cobalto en la RDC, 2021.

Empresa Nacionalidad Proyecto(s) Producción

Toneladas

Glencore Swiss Kamoto, Mutanda 27.700 30

Eurasian Resources Group Kazajo Metalkol 20.718 22

CMOC Chinese Tenke Fungurume 18.501 20

Pengxin International Mining China Shituru 7.000 8

Zhejiang Huayou Cobalt China Luiswishi 5390 6

Jinchuan Group Chino Ruashi 4400 5

Otros – – 9302 10

Total 93.011 100

Fuente: Estadísticas del Ministerio de Minas de la RDC(2023), informes de las empresas.

Dado que la mayor parte del cobalto congoleño se exporta a China y que alrededor del 50% del refinado mundial de cobalto tiene lugar en China (Bernards 2021, 549), los esfuerzos de EE.UU. y la UE para debilitar la posición dominante de China en el control del cobalto congoleño se han intensificado considerablemente en los últimos años. En septiembre de 2022, la UE adoptó su Ley de Materias Primas Críticas, que menciona explícitamente la amenaza que supone el dominio chino en el control de la producción y el procesamiento del cobalto congoleño. El Comisario Thierry Breton señaló la adopción de la Ley argumentando que «tenemos que ser más firmes y menos ingenuos a la hora de defender nuestros intereses económicos» (Comisión Europea 2022).2

En julio de 2023, el presidente del Subcomité para África de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el representante John James, de Michigan, presentó un proyecto de ley que exigía la creación de una estrategia nacional estadounidense para proteger las cadenas de suministro de minerales críticos procedentes específicamente de la RDC. El comunicado de prensa que acompañaba la presentación del proyecto de ley señalaba:

En la actualidad, China explota 15 de las 19 minas productoras de cobalto de la RDC, lo que ha creado un dominio del Partido Comunista Chino sobre las cadenas mundiales de suministro de minerales críticos que perjudica directamente los intereses estratégicos de Estados Unidos. Como resultado de esta realidad de la cadena de suministro … es imperativo que Estados Unidos aumente su compromiso en el país. (James 2023; énfasis añadido)

Poco después, en octubre de 2023, se anunció un acuerdo de cinco años en virtud del cual, a partir de 2026, la empresa kazaja Eurasian Resources Group venderá 3.000 toneladas anuales de su hidróxido de cobalto congoleño al procesador de materiales para baterías EVelution Energy, con sede en Estados Unidos, lo que supone un importante impulso a la capacidad estadounidense de procesamiento de cobalto y fabricación de baterías para vehículos eléctricos. Apenas unas semanas después, Estados Unidos y la UE desvelaron sus planes conjuntos para financiar la construcción de un corredor estratégico de transporte que conecte las exportaciones de cobalto y otros minerales de la RDC con el océano Atlántico a través del puerto de Lobito, en Angola (Valero 2023). Los ecos coloniales y las continuidades históricas son demasiado evidentes, ya que Estados Unidos y la UE quieren presionar a la RDC para que proporcione cobalto y otros metales de transición de bajo coste y sin procesar en apoyo de sus propias estrategias nacionales de industrialización ecológica y creación de empleo.

Al igual que con la minería, el proceso de desmantelamiento del sector energético congoleño nacionalizado, un sector que desde la década de 1970 había estado dirigido por la Société Nationale d’Électricité (SNEL), comenzó en la década de 2000, poco después de que la RDC saliera de las Guerras del Congo. En junio de 2008, la Iniciativa de la UE sobre la Energía contrató a Mercados Energy Markets International, con sede en Madrid, para desarrollar una nueva política energética para la RDC basada en los principios de «liberalización del sector eléctrico … [y] la creación de un clima económico atractivo para las inversiones» (Iniciativa de la UE sobre la Energía 2008, 2). La ley de liberalización de la electricidad resultante, introducida en junio de 2014, se adhirió estrechamente a estos principios. El artículo 1 declaraba la liberalización del sector en un giro hacia la colaboración público-privada, y el artículo 80 garantizaba que cualquier inversor privado pudiera ser propietario de un proyecto eléctricoindependiente3.

Tres años después, en 2017, el Banco Mundial aprobó el proyecto de Expansión del Acceso y los Servicios Eléctricos en la RDC, de 147 millones de dólares y siete años de duración. Además de mejorar y ampliar el acceso en las zonas de servicio de la SNEL, el proyecto pretende promover la expansión del acceso del sector privado mediante la concesión de ayudas en forma de deuda y subvenciones a proyectos de energías renovables, y mediante el refuerzo de la aplicación de disposiciones clave de la ley de liberalización de 2014 consideradas fundamentales para ampliar la participación del sector privado (Banco Mundial 2023a). A continuación, en 2022, el Banco Mundial puso en marcha un proyecto de gobernanza y reforma de la energía y el agua de ocho años de duración y 939 millones de dólares. Los dos componentes más importantes del proyecto, que suman 819 millones de dólares del total (o el 87%), son la «ampliación del acceso basado en el sector privado», con 579 millones de dólares, y la «ampliación del acceso basado en el sector público con participación del sector privado», con 240 millones de dólares (Banco Mundial 2022, 13; Banco Mundial 2023b).

Aunque, para el Banco Mundial(2020, 2), todavía se puede hacer más mediante exenciones fiscales y subvenciones para atraer a inversores extranjeros en energía a la RDC, las inversiones han llegado. En el sector hidroeléctrico, la atención se ha centrado en generar ingresos de exportación mediante el desarrollo de Inga III en el río Congo, que con una capacidad estimada de 40 gigavatios tiene el potencial de convertirse en la mayor central hidroeléctrica del mundo. Con una inversión de 14.000 millones de dólares, entre los inversores actuales figuran la empresa estatal china China Three Gorges Corporation, el grupo australiano Fortescue Metals Group e inversores alemanes (Malu-Malu 2020). Mientras que Inga III ha sido objeto de mucha inercia institucional y retrasos (Congo Research Group y Resource Matters 2019), la energía solar ha visto bastante más movimiento. Los proyectos solares firmados durante el primer mandato de la administración Tshisekedi se resumen en la Tabla 2, el mayor de los cuales es la construcción prevista de una planta solar fotovoltaica de 600 megavatios en Kinshasa, mediante una inversión prevista de 1.000 millones de dólares de la transnacional estadounidense The Sandi Group. Aquí, a diferencia de lo que ocurre en China con la producción de cobalto, predominan las empresas y las finanzas del Norte, lo que refleja el papel dominante que han desempeñado las empresas norteamericanas y europeas en la expansión de la energía solar en África durante la última década (Cross y Neumark 2022).

[…] Proyectos solares en la RDC, 2019-2023.

Año Empresa principal Nacionalidad Proyecto

2019 CAT Projects Planta australiana de 52 millones de dólares en Kisangani

2020 Bboxx Británica Sistemas solares domésticos para 10 millones de personas en 2024

2020 Sandi Group EE.UU. 1.000 millones de dólares, planta de 600 MW en Kinshasa

2021 Gridworks Británica 100 millones de dólares en plantas solares híbridas para 500.000 personas

2021 Green Power Capital 300 millones de dólares, dos plantas de 100 MW

2022 Banco Mundial n/a 400 millones de dólares para inversiones en minirredes solares

2023 Nuru RDC Busca 300 millones de dólares para llegar a cinco millones de personas en 2024

Fuentes: Informes de los medios de comunicación, comunicados de prensa del Gobierno y declaraciones de las empresas.

La financiación privada se ha complementado a menudo con financiación para el desarrollo, como British International Investment(2021), la institución de financiación para el desarrollo del gobierno británico, que proporciona financiación de deuda al proyecto híbrido solar Gridworks, de 100 millones de dólares, junto con el interés potencial del Private Infrastructure Development Group, un colectivo de financiación privada financiado por seis gobiernos (Reino Unido, Países Bajos, Suiza, Australia, Suecia y Alemania), y la Cooperación Financiera Internacional del Banco Mundial.

La dimensión imperialista de búsqueda de beneficios incluye la conversión de la expansión solar en un flujo de activos para el capital financiero mediante el despliegue del sistema de «pago por uso» (PAYGO), que permite a los hogares adquirir sistemas solares domésticos a través de una serie de métodos de pago flexibles y digitales (Baker 2023). Este es, por ejemplo, el modelo de suministro de energía utilizado por la empresa británica Bboxx, que espera llegar a 10 millones de congoleños con sistemas solares domésticos en los próximos años. En algunas zonas, Bboxx también alquila televisores, ofreciendo a los hogares rurales congoleños acceso a la energía solar, además de un paquete de más de 100 canales del proveedor de propiedad francesa Canal + (Shetty 2022).

Mediante el desarrollo de un modelo de entrega de pago por uso para aumentar el mercado de su energía y otros productos, el sector solar sin conexión a la red se ha convertido en parte de la industria de la tecnología financiera (o fin-tech) que ha servido en el ámbito del dinero móvil para enriquecer a las empresas fin-tech y a sus accionistas. Como concluyeron Bateman, Duvendack y Loubere(2019, 490) en un artículo anterior de esta revista, basado en un estudio de caso detallado de M-Pesa en Kenia, «la fin-tech está muy claramente diseñada para acaparar valor y depositarlo en manos de una estrecha élite digital-financiera global que son las principales fuerzas detrás de la revolución fin-tech». El gran mercado de la RDC para la expansión de la energía solar ha atraído un interés considerable de esta misma élite digital-financiera, como atestigua el abanico de inversiones solares financiadas por el Norte y con ánimo de lucro que han entrado en el país tras la liberalización del sector energético.

En conjunto, estas dinámicas reflejan la integración forzosa de la RDC en la emergente economía capitalista mundial a finales del siglo XIX y que continuó a lo largo del siglo XX, cuando la RDC seguía «vinculada a Occidente en una relación neocolonial en la medida en que sigue siendo un simple proveedor de materias primas e importador de productos manufacturados» (Kabongo 1999, 414). Se ha logrado, en línea con la tesis de Kohli, socavando la soberanía congoleña mediante la liberalización de posguerra de sus sectores minero y energético y estableciendo un acceso abierto a la economía congoleña para la extracción de metales de bajo coste y bajas emisiones de carbono y la entrada de financiación y tecnología de energías renovables, mientras las potencias hegemónicas competidoras -sobre todo China, EE.UU. y la UE- intentan avanzar en sus agendas e intereses económicos ecológicos.

Soberanía y búsqueda del desarrollo nacional

Bajo el Gobierno de Joseph Kabila (2001-2019), el desarrollo económico nacional se basaba en aprovechar la ventaja comparativa de la RDC en minerales y metales, y el sector minero se consideraba «capaz de hacer realidad la visión del Gobierno de convertir a la RDC en un país emergente para 2030 y en una potencia mundial para 2060» (Ministerio de Minas de la RDC 2017, 2). Esto ha continuado en la administración de Tshisekedi, donde la lógica subyacente está bien resumida en el Plan Nacional de Desarrollo Estratégico del país 2019-2023, adoptado poco después de la llegada de Tshisekedi al poder:

los sectores extractivo y agrícola se consideran así los dos principales sectores productivos que, con cadenas de valor profundizadas, fundarán la economía congoleña en la primera etapa de su evolución secuencial hacia una economía de crecimiento inclusivo. Estos sectores tendrán un efecto de arrastre sobre otros sectores, como la industria, el comercio y el turismo. (Gobierno de la RDC 2019, 2-3)

Sin embargo, se han producido algunos cambios dentro de este patrón general de continuidad, y en los últimos años los funcionarios del Estado han emprendido esfuerzos para resistir la invasión imperial y reafirmar un mayor grado de propiedad y control soberanos sobre la riqueza mineral del país.

Estos esfuerzos comenzaron bajo el gobierno de Kabila con la adopción de un nuevo Código Minero el 9 de marzo de 2018. Esto marcó el final de una batalla de seis años entre el gobierno congoleño y las corporaciones mineras extranjeras, estas últimas se habían resistido amargamente a cualquier esfuerzo por aumentar los impuestos y las tasas de regalías, incluso a través de una serie de declaraciones públicas junto con amenazas de arbitraje y cierre de minas. Sin embargo, los funcionarios congoleños se mantuvieron firmes y muchos de los cambios deseados salieron adelante (Ross 2022). Los más destacados fueron la designación del cobalto como mineral estratégico, sujeto a una tasa de regalías del 10% (frente al 2%), el aumento de la participación estatal en todas las empresas mineras autorizadas del 5% al 10%, y la introducción de un impuesto sobre los beneficios extraordinarios del 50%.

A continuación, en noviembre de 2019, bajo la presidencia de Felix Tshisekedi, el Gobierno congoleño creó la empresa estatal Entreprise Générale du Cobalt (EGC). EGC fue designada rápidamente con la autoridad exclusiva para comprar y exportar todo el cobalto artesanal y de pequeña escala (ASM) (Deberdt 2021), que representa aproximadamente entre el 5 y el 15% de la producción total de cobalto en la RDC. Formada en parte como respuesta a la creciente preocupación por los problemas laborales y de derechos humanos en la minería artesanal y en pequeña escala del cobalto (véase, por ejemplo, Amnistía Internacional 2016), la fundación de EGC fue también un intento de arrebatar el control sobre el procesamiento y la exportación del cobalto de la MAPE a una serie de refinerías de propiedad extranjera (BGR 2021). En octubre de 2020, EGC firmó un acuerdo de cinco años para vender su cobalto al comerciante suizo de materias primas Trafigura a cambio de una financiación inicial de 60 millones de dólares (Kavanagh 2021), aunque la nueva entidad estatal sigue enfrentándose a problemas de liquidez y permanece en gran medida inactiva en el momento de redactar este informe.

En tercer lugar, en el Foro Empresarial RDC-África celebrado en Kinshasa en noviembre de 2021, el Gobierno desveló sus planes para avanzar en la cadena de valor de las baterías para vehículos eléctricos, estimada en 8,8 billones de dólares, desde la explotación de minerales hasta la transformación y, finalmente, la fabricación nacional y la exportación de baterías. Estos planes se consolidaron aún más en mayo de 2022, cuando los gobiernos congoleño y zambiano firmaron un memorando de entendimiento para crear una cadena de valor regional africana para la producción de baterías y vehículos eléctricos (Comisión Económica para África de la ONU 2021; Wansi 2022). Por último, en mayo de 2023, el presidente Tshisekedi realizó una visita de Estado a China, en parte para hacerse con la propiedad mayoritaria de Sicomines, una empresa conjunta de cobre y cobalto en la que empresas chinas poseen el 68% del capital y que, según el gobierno de Tshisekedi, estaba muy infravalorada en el momento de su firma en 2008 (The Continent 2023).

Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos y ambiciones, los intentos posteriores a la independencia de la RDC de lograr una industrialización impulsada por la minería no ofrecen muchos motivos para el optimismo, y menos aún las dos últimas décadas de aplicación de esta estrategia de desarrollo nacional en el contexto de un panorama del siglo XXI en el que la minería es propiedad de empresas extranjeras. A pesar de haber contribuido a lograr unas tasas de crecimiento del PIB elevadas y sostenidas durante la mayor parte del Gobierno de Kabila, el crecimiento del sector minero no se tradujo en un aumento de los ingresos de los hogares, la reducción de la pobreza, la aparición de la industria nacional o una mejora significativa de los salarios y las condiciones de la mayoría de los trabajadores (Marysse 2015; Otchia 2015; Lukusa 2016; Marivoet, De Herdt y Ulimwengu 2019; Radley 2020a2020b). En 2019, al final del auge más reciente de las materias primas y de siete décadas de esfuerzos por diversificar la base productiva de la economía congoleña a través de la industrialización impulsada por la minería, el 93% del total de las exportaciones nacionales derivaba de solo tres materias primas metálicas: cobre (57%), cobalto (28%) y oro (8%) (EITI 2021, 260). Si bien las formas nacionales de propiedad y control deberían ayudar a frenar la desviación de valor asociada a la inversión extranjera en el sector minero (Trapido 2015), las limitaciones estructurales de la volatilidad de los precios, el enclavamiento y la baja absorción de mano de obra restringen en gran medida la capacidad de la industrialización minera para estimular procesos más amplios de desarrollo social y económico en la RDC, independientemente de las estructuras de propiedad y gestión (Radley 2023).

Podría argumentarse razonablemente que el cobalto ofrece una oportunidad excepcional y sin precedentes para superar este triste récord histórico, dada la probable demanda sostenida y el alto nivel de reservas mundiales conocidas situadas en la RDC. A modo de apoyo provisional, existen algunos indicios que sugieren que el nuevo Código Minero ha generado un aumento de los ingresos fiscales para el Estado congoleño y, por tanto, en teoría, una mayor financiación para la reinversión productiva en la economía nacional y el bienestar social. Los ingresos totales generados por las industrias extractivas en 2018 y 2019, los dos primeros años tras la adopción del Código, se registraron en 2.900 millones de dólares y 2.700 millones de dólares, respectivamente, frente a una media anual de 1.300 millones de dólares entre 2010 y 2017(gráfico 2). El aumento de los niveles de producción por sí solo no explica la magnitud de este cambio, que también se produjo a pesar de un desplome del precio del cobalto y un descenso constante del precio del cobre a lo largo del período de dos años inmediatamente posterior a la adopción del Código, lo que sugiere que las nuevas dispensas fiscales consagradas en el Código de 2018 podrían ser un motor significativo del aumento de los ingresos.

[…] Sin embargo, y potencialmente más restrictivo que los retos que plantean tanto el hecho de tratar de introducirse como participante tardío en una cadena de valor de baterías eléctricas ya dominada por los pioneros de Asia, Norteamérica y Europa, como los esfuerzos del Norte global por aumentar la capacidad nacional de producción y procesamiento de cobalto, los fabricantes de tecnología verde se están moviendo rápidamente para reducir o eliminar el uso de cobalto en muchos de sus productos. Esto está motivado en gran medida por el deseo de las empresas extranjeras de reducir su dependencia de la RDC debido a la volatilidad política percibida y al daño reputacional en el que incurren al abastecerse de cobalto de un país donde su producción se ha asociado con abusos de los derechos humanos y laborales, incluido el trabajo infantil (Amnistía Internacional 2016).

Los cátodos comerciales actuales utilizados en las baterías de vehículos eléctricos, por ejemplo -el principal impulsor de la demanda de cobalto y donde el cobalto es el material más caro del producto- contienen entre un 15 % y un 20 % de cobalto, frente al 60 % de la primera generación de baterías de iones de litio, y la industria está desarrollando activamente cátodos con un 10 % de cobalto (Departamento de Energía de Estados Unidos 2019). Muchos fabricantes de vehículos eléctricos, como Tesla, ya utilizan baterías sin cobalto, y en marzo de 2023 un equipo de ingenieros químicos estadounidenses generó mucho interés en los medios de comunicación tras publicar un artículo en el que afirmaban que los electrodos de baterías sin metal y a base de agua tienen hasta un 1000% más de capacidad de almacenamiento de energía que las alternativas existentes a base de metal (Ma et al. 2023).

Independientemente de que esta última investigación acabe revolucionando la industria de las baterías -y lo más probable es que no lo haga-, no deja de ser indicativa de una frontera tecnológica verde relacionada con el uso del cobalto que avanza rápidamente. La dependencia a medio y largo plazo de la economía mundial del cobalto congoleño como metal crítico con bajas emisiones de carbono no es ni mucho menos segura. Una vez más, la RDC se enfrenta a los límites y vulnerabilidades de buscar el desarrollo y la prosperidad nacionales en los términos subordinados que le han impuesto las potencias imperiales: mediante una mayor integración en la economía capitalista mundial como exportador de materias primas. La precariedad de la planificación del desarrollo a largo plazo y de la estrategia industrial basada en la venta de una mercancía cuya demanda escapa al control nacional se hace patente en el caso del cobalto congoleño, más aún cuando cualquier intento regulador de aumentar su precio sólo servirá para motivar y acelerar aún más los esfuerzos de la industria por reducir o eliminar su uso en los productos finales.

Si bien se reconocen los límites de una estrategia de desarrollo nacional en la RDC basada en la extracción de metales con bajas emisiones de carbono por parte de empresas extranjeras, podría rebatirse que la expansión de las energías renovables introduce, no obstante, una nueva dinámica, mejorando el bienestar de millones de congoleños al proporcionarles acceso a formas modernas de energía, a la vez que impulsa un desarrollo económico transformador en el proceso. En general, estos son los supuestos en los que se basan las instituciones y agencias de desarrollo que promueven la expansión de las energías renovables en las regiones pobres en energía de todo el Sur global (véase, por ejemplo, USAID 2015; Comisión Africana de Energía 2019), y una corriente tecnooptimista de la literatura de ciencias sociales que investiga los efectos de esta expansión (véase, por ejemplo, Smith y Urpelainen 2014; Comello et al. 2017).

Teóricamente, esta línea de pensamiento se remonta a la Nueva Economía Institucional (NIE), donde el desarrollo económico se conceptualiza como frenado por las barreras del mercado. Una vez eliminadas estas barreras, los individuos pueden «utilizar sus percepciones racionales… para navegar por las transacciones y tomar las decisiones más rentables – agregándose para generar crecimiento económico» (Perry 2019, 4-5). Para los defensores de las NIE, las tecnologías de liberación -como la energía solar- pueden «nivelar el campo de juego» permitiendo a los países y hogares pobres participar más plenamente en la economía global (Mann y Iazzolino 2019, 1). Sin embargo, las afirmaciones tecnooptimistas sobre el potencial de la expansión de las energías renovables en el Sur global para impulsar el desarrollo económico a menudo carecen de fundamento o se basan en referencias a experiencias históricas de electrificación en el Norte global (Radley y Lehmann-Grube 2022). Además, las pruebas del aumento de las tasas de electrificación como motor causal del desarrollo económico distan mucho de ser convincentes (Stern, Burke y Bruns 2017).

Volviendo al caso de la expansión de la energía solar en la RDC, es especialmente importante que esta expansión se produzca en un contexto general en el que la energía ha dejado de suministrarse como un bien público centralizado y dirigido por el Estado para convertirse en un bien comercial descentralizado y privatizado. Además de los problemas de calidad, fiabilidad y asequibilidad de la energía asociados a este nuevo modelo de suministro (Cross y Neumark 2022; Radley y Lehmann-Grube 2022), varios estudios han señalado que las empresas energéticas privadas no siempre asumen el mantenimiento de los sistemas solares no conectados a la red y que el coste de este mantenimiento a menudo puede superar lo que los hogares o las comunidades rurales pueden permitirse (Laufer y Schäfer 2011; Dauenhauer et al. 2020; Samarakoon 2020; Sarker et al. 2020). Queda por ver quién asumirá en la RDC la carga financiera del mantenimiento y la reparación dentro del modelo de suministro fuera de la red impulsado por el mercado que impulsa la ampliación del acceso a la energía solar en el país, más allá de un periodo de garantía inicial, pero el potencial de este modelo para privatizar los beneficios y socializar las pérdidas, especialmente en relación con los sistemas solares domésticos y las minirredes comunitarias rurales, es enorme.

Además, en los estudios en los que se ha observado la reciente aparición del modelo PAYGO, generalmente se ha celebrado de forma acrítica por su potencial para suministrar productos de energía solar a los hogares rurales con pocos ingresos que no pueden permitirse el coste inicial total (GSMA 2016; ODI 2016; Adwek et al. 2020; Bisaga et al. 2020). Sin embargo, volviendo a Bateman, Duvendack y Loubere(2019), se descubrió que la plataforma de dinero móvil M-Pesa en Kenia está asociada a un creciente sobreendeudamiento y a otros problemas que limitan a los usuarios de las tecnologías financieras en lugar de liberarlos. Es en parte por esta razón que Baker(2023, 207) cuestiona el potencial de reducción de la pobreza de la energía solar PAYGO fuera de la red, destacando en cambio cómo el sistema amenaza con funcionar como «un conducto para la deuda de los consumidores». Como han señalado tanto Radley y Lehmann-Grube(2022) como Baker(2023), las implicaciones de este reciente desarrollo de la industria solar para las personas y los hogares que buscan vías para salir de la pobreza, tanto en la RDC como en otros lugares, aún no se han explorado por completo.

Conclusión

En consonancia con la tesis de Kohli, el imperialismo verde en la RDC ha supuesto el desmantelamiento de la propiedad soberana congoleña y del control sobre su riqueza en recursos naturales (agua y luz solar junto con metales bajos en carbono) y el establecimiento de un acceso abierto a la economía congoleña. La respuesta política al imperialismo verde en la RDC, al tiempo que contribuye a impulsar los programas económicos ecológicos de las potencias hegemónicas garantizándoles el acceso a metales de bajo coste y bajas emisiones de carbono y a un mercado para la entrada de financiación y tecnologías de energías renovables, parece reproducir un modelo de desarrollo nacional basado en la minería que históricamente ha aportado escasas mejoras materiales a la mayoría de la población, socavando así las perspectivas de prosperidad del país. Aunque esta vez existe la posibilidad de ampliar el acceso de algunos a formas renovables de energía como mercancía privada de propiedad extranjera, con todas las limitaciones y contradicciones que este nuevo modelo de suministro energético conlleva.

Además, a medida que el Estado congoleño reclama una mayor parte de los ingresos procedentes de la exportación de cobalto, cobre y (potencialmente en los próximos años) litio, se vuelve materialmente más dependiente de estas mismas exportaciones, limitando aún más el espacio para un cambio en la estrategia de desarrollo nacional. Sin embargo, como señalaba Lawrence(2023, 526) en el número anterior de esta revista, «siempre ha habido alternativas abiertas a los gobiernos africanos». Una de ellas es la estrategia de «desvinculación» de Samir Amin(1990), propuesta para conceptualizar la mejor forma de promover proyectos nacionales de desarrollo soberano en la periferia global. La estrategia se centra en romper con las exigencias impuestas por la economía global externa y reorientar la estrategia y la política hacia el servicio de la demanda interna y la promoción del desarrollo popular, sobre la base de una comprensión de las necesidades y los intereses de los trabajadores y los campesinos (Kvangraven, Styve y Ushehwedu 2021).

Un año antes de su muerte en 2018, Amin hizo hincapié en que la desvinculación no pretendía ser un proyecto, pero destacó, no obstante, que la industrialización para la producción masiva de bienes nacionales, la reactivación de la agricultura campesina y la (re)afirmación del control soberano sobre la actividad productiva y la política económica constituirían elementos centrales de una agenda de desvinculación (Zeilig 2017). El espíritu y el objetivo último de la desvinculación quizá se capten mejor en el comentario de Amin sobre el problema del ajuste estructural impulsado por el Banco Mundial:

se pide que el Congo se ajuste a las necesidades de EEUU, no que EEUU se ajuste a las necesidades del Congo. Por tanto, es ese ajuste, que es simplemente una parte ajustándose. Ahora bien, desvincularse significa que rechazas esa lógica y, por lo tanto, intentas, y lo consigues, en la medida de lo posible, tener tu propia estrategia, independiente de las tendencias del sistema global desigual». (Zeilig 2017)

En la coyuntura actual, a pocos meses de las elecciones presidenciales de diciembre de 2023, la administración de Tshisekedi ha abrazado firmemente, en lugar de rechazar, la lógica impuesta a la RDC por las visiones capitalistas de bajo carbono que emanan de la economía mundial. La mayoría de la población congoleña, se ha argumentado en este artículo, probablemente no obtendrá ningún beneficio o mejora tangible de tal postura.

¿Qué posibilidad hay, entonces, de que el cambio electoral conduzca a nuevas formas de poder político nacional que interactúen de manera diferente con las fuerzas económicas internacionales que se arremolinan en torno a la supuesta ecologización de la economía mundial? En marzo de 2023, el presidente Tshisekedi nombró a Jean-Pierre Bemba viceprimer ministro de Defensa y a Vital Kamerhe viceprimer ministro de Economía. De este modo, reforzó enormemente su propia candidatura cooptando a dos de los principales pesos pesados de la política de la RDC, ambos con un amplio electorado, en su candidatura presidencial. Esto, unido al control que ejerce Tshisekedi sobre las principales instituciones electorales y a los actos de represión política en vísperas de las elecciones, pondrá las cosas difíciles a cualquier candidato de la oposición, entre los que destacan Augustin Matata Ponyo (ex primer ministro de Joseph Kabila), Moise Katumbi (empresario y ex gobernador de la provincia de Katanga), Martin Fayulu (ex ejecutivo de ExxonMobil, diputado nacional y candidato a la presidencia en 2018) y Denis Mukwege (ginecólogo y Premio Nobel de la Paz).

Desde una perspectiva a más largo plazo, los esfuerzos serios por construir un proyecto de desarrollo nacional soberano en la RDC se han topado históricamente con la interferencia y la obstrucción de potencias imperiales con intereses creados en mantener un acceso abierto a la economía congoleña en condiciones favorables. Esta historia abarca desde el asesinato, respaldado por Estados Unidos y Bélgica, del líder nacionalista y ex primer ministro Patrice Lumumba el 17 de enero de 1961, hasta el apoyo y respaldo inmediatos proporcionados por Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica, Francia y otros países a los resultados oficiales de las elecciones presidenciales de 2011 y 2018, a pesar de las irregularidades y el fraude electoral bien documentados. En ambos casos, las potencias hegemónicas prefirieron la incumbencia de candidatos que mostraban poca inclinación hacia la construcción de un proyecto nacional soberano, y que por lo tanto se consideraban más propensos a ayudarles a mantener el acceso abierto a la economía, que alternativas más amenazantes. Este fue sin duda el caso del veterano líder de la oposición Etienne Tshisekedi en 2011, y en cierta medida de Martin Fayulu en 2018, que en aquel momento se estaba forjando una reputación como posible sucesor político de Etienne Tshisekedi, tras haber manifestado su deseo de revisar los contratos mineros y las relaciones del país con los inversores extranjeros de forma más general si era elegido a la presidencia.

A pesar de todo esto, no hay que olvidar en medio de las controversias en torno a la elección presidencial de Félix Tshisekedi que la destitución de su predecesor Joseph Kabila en 2019 fue la culminación de una larga batalla librada y ganada por decenas, si no cientos, de miles de congoleños que salieron a las calles en diversos momentos de los años previos a las elecciones -tanto en Kinshasa como en otros lugares del país- para protestar contra los numerosos intentos de Kabila de mantener su control del poder, demasiados de los cuales pagaron el sacrificio final con la pérdida de vidas. Para que surja en la RDC un proyecto de desarrollo nacional alternativo y antiimperialista, será necesario que la lucha y las reivindicaciones populares se impongan a los dirigentes políticos del país. Sería imprudente descartar las elecciones de 2023 como otro punto focal en torno al cual esa lucha y esas reivindicaciones seguirán construyéndose y afianzándose.

Notas

1 Una de las principales contradicciones del imperialismo verde son los trastornos y daños ecológicos asociados a la búsqueda de transiciones con bajas emisiones de carbono basadas en su intensidad de metales y minerales (Sovacool et al. 2020).

2 Unos meses antes, en julio de 2022, el Reino Unido publicó su primera Estrategia de Minerales Críticos, motivada por lógicas similares a las de la UE.

3 Ley nº 14/011 de 17 de junio de 2014.

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6. Quién paga los partidos políticos en Francia

En lo que imagino es una pequeña puya del PCF a los insumisos, publican en la revista Cause commune los recursos de los diferentes partidos políticos por procedencia. Mientras en el PCF casi dos tercios de sus ingresos vienen de sus militantes y representantes, en LFI un 71% procede de las ayudas del estado.

https://www.causecommune-

Recursos de los partidos políticos: la originalidad del PCF

Por la redacción de Cause commune

Fuente: CNCCFP, 2023, datos disponibles en data.gouv.fr (Cuentas de los partidos y agrupaciones políticas).

Cada año, la Commission nationale des comptes de campagne et des financements politiques (CNCCFP) examina las cuentas de cerca de cuatrocientos cincuenta partidos políticos franceses y elabora un informe, cuya última versión se publicó el pasado mes de junio(1). Un examen más detallado de los recursos de los siete principales partidos políticos franceses revela la gran originalidad del Partido Comunista Francés.

Más de la mitad de los recursos del PCF proceden de las cuotas de sus afiliados (22%) y de sus representantes electos, hombres y mujeres (23%), así como de donaciones de particulares (sobre todo cuotas – 19%). En total, las cuotas de los afiliados y las donaciones representan el 64% de sus recursos. También es el partido con menor proporción de financiación pública (8%).

Al igual que el PCF, Europe écologie les verts (EELV) y el Parti socialiste (PS) dependen principalmente de las cuotas de sus afiliados y representantes electos (42% de sus recursos). No obstante, conservan una parte importante de financiación pública (30% y 26% respectivamente). Destacan la Rassemblement national (RN) y la République en marche (LReM), cuyas ayudas públicas aportan alrededor del 55% de sus recursos y sus afiliados y cargos electos alrededor del 25%. Mientras que los Républicains (LR) tienen un nivel similar de contribución de sus miembros y representantes electos, tienen la mayor proporción de donaciones de particulares (25%).

La France insoumise (LFI), al haber optado por la forma «movimiento», se distingue muy claramente, con un 71% de sus recursos procedentes de ayudas públicas y la ausencia total de aportaciones de afiliados y cargos electos – las donaciones de particulares representan el 15% de sus recursos.

Las donaciones y las cuotas de los miembros son la gran fuerza del PCF y garantizan su independencia de acción y su libertad de expresión(2).

1. Véase el último informe: https://www.cnccfp.fr/rapport-

2. Para contribuir: https://souscription.pcf.fr

Cause commune n.º 37 – Enero/Febrero 2024

7. Hacia el fin del petrodólar.

Aunque no será un proceso rápido, parece que estamos en el camino de acabar con el dólar como moneda fundamental para las transacciones económicas energéticas. El autor tiene estrechos lazos con Rusia, que conste. https://www.sinistrainrete.
Se consolida el proceso de desdolarización del mercado mundial del petróleo
por Demostenes Floros

El 5 de septiembre de 2023, Natasha Kaneva, responsable de estrategia de materias primas de JPMorgan, declaró a Business Insider que «el dólar estadounidense, uno de los principales impulsores de los precios del petróleo en el mercado mundial, está perdiendo su importancia de antaño»[1]. Como es bien sabido, existe una relación tendencialmente inversa entre el «billete verde» y el barril: dado que el petróleo se negocia en dólares, cuando la divisa estadounidense se aprecia, la demanda de petróleo tiende a caer y con ella el valor del «oro negro».

Más concretamente, los analistas del banco estadounidense calcularon que, durante el periodo 2005-2013, un aumento del 1% en el valor del dólar ponderado en función del comercio se correspondía con una caída del precio del petróleo de alrededor del 3%. Sin embargo, este patrón cambió significativamente durante el período 2014-2022, ya que un aumento del 1% en el dólar se correspondió con una caída en los precios del petróleo de sólo el 0,2%. Esto, llevó a Jahangir Aziz, responsable de Economías Emergentes de JPMorgan, a afirmar que «en general, observamos que la importancia del dólar [a la hora de influir en el precio del barril] ha disminuido significativamente entre 2014 y 2022».

Este cambio, señala JPMorgan, se debe a que cada día más petróleo no se vende en dólares, sino en las monedas nacionales de los participantes en las transacciones, empezando por el yuan, pero sin limitarse a él.

En concreto, según los datos del banco estadounidense, en 2023, el 20% del comercio mundial de petróleo -aproximadamente 40.000.000 b/d frente a los aproximadamente 100.000.000 b/d consumidos- se liquidó en divisas distintas del dólar (unos 8.000.000 b/d)[2].

China, que es el mayor importador de petróleo del mundo desde 2017, ya había empezado a comprar crudo y GNL a Irán, Venezuela, la Federación Rusa y algunas naciones africanas en 2022, con la aparición del llamado petro-yuan durante la Cumbre China-Estados Árabes, utilizando su propia moneda nacional, mediante el uso de su plataforma financiera, la Bolsa de Petróleo y Gas Natural de Shanghái[3].

En 2023, a pesar de las sanciones financieras, así como del embargo y la limitación de los precios del petróleo, impuestos por el G7 a Rusia debido a la intervención militar de esta última en Ucrania, China tomó la decisión consciente de comprar más crudo ruso, pagándolo en yuanes[4].

Más concretamente, según las estadísticas proporcionadas por las aduanas chinas[5], el año pasado, la Federación Rusa superó a Arabia Saudí como mayor proveedor de petróleo de China, habiendo transportado algo más de 107.000.000 t, o 2.140.000 b/d (+24% interanual), frente a los aproximadamente 86.000.000 t de Arabia Saudí y los 59.000.000 t de Irak.

Paul Craig Roberts, ex Subsecretario del Tesoro para Política Económica bajo la Administración de Ronald Reagan, anticipó el 30 de enero de 2023 que el paso al yuan como moneda de intercambio de productos energéticos podría ser una de las consecuencias de las sanciones impuestas por Estados Unidos a la Federación Rusa por la guerra de Ucrania[6].

Según elInstituto de Finanzas Internacionales[7], desde entonces, el petróleo ruso -así como gran parte del gas natural- también se ha comercializado en rublos, dirhams emiratíes y rupias indias (de hecho, la India se ha negado a pagar en yuanes como exigían los rusos)[8], a pesar de la presencia de problemas de convertibilidad, parcialmente superados mediante el reequilibrio de la relación importación/exportación entre las contrapartes[9].

A pesar de que los ingresos del petróleo iraquí se transfieren al Banco de la Reserva Federal de Nueva York y Bagdad necesita el permiso de EE.UU. para acceder a estos fondos, el 31 de enero de 2024, el Comité de Finanzas del Parlamento iraquí instó oficialmente al gobierno a liberar al país de su dependencia del dólar estadounidense, recomendándole que vendiera su petróleo en monedas extranjeras alternativas (Iraq es el segundo mayor productor de la OPEP)[10].

«El Tesoro estadounidense sigue utilizando el pretexto del blanqueo de dinero para imponer sanciones a los bancos iraquíes. Esto requiere una posición nacional para poner fin a estas decisiones arbitrarias», reza la declaración. «La imposición de sanciones a los bancos iraquíes socava y obstaculiza los esfuerzos del Banco Central para estabilizar el tipo de cambio del dólar y reducir la brecha de ventas entre los tipos oficiales y los paralelos». La Comisión de Finanzas afirmó su «rechazo a estas prácticas por su impacto en los medios de subsistencia de los ciudadanos» y reiteró su «llamamiento al gobierno y al Banco Central de Iraq para que tomen medidas rápidas contra el dominio del dólar diversificando las reservas de efectivo lejos de las divisas extranjeras»[11].

La postura expresada por la Comisión de Finanzas sigue lo que el primer ministro iraquí, Hussein Mouanes, declaró a The Cradle el 10 de mayo de 2023: «Está claro que Irak está dominado económicamente por Estados Unidos y que nuestro gobierno no controla ni tiene acceso a su propia moneda […], creemos que es crucial alejarse de la hegemonía del dólar, especialmente porque se ha convertido en una herramienta para imponer sanciones a los países. Es hora de que Irak se apoye en su propia moneda»[12].

Según laAgencia Internacional de la Energía[13], en 2023, Irán produjo 2.990.000 b/d, 440.000 b/d más que en 2022, y espera un nuevo aumento de 160.000 b/d en 2024 (de hecho, el país está excluido de las cuotas de producción de la OPEP plus, como Libia y Venezuela). Al mismo tiempo, las exportaciones de crudo de Irán alcanzaron 1.290.000 b/d (+50%), el nivel más alto en cinco años, de las que el 90% se destinaron a China, según Kpler. Las más de 40 pequeñas y medianas refinerías independientes chinas compraron petróleo iraní -con un descuento medio de 13 $/b respecto al Brent en 2023- en yuanes[14].

Aunque de forma menos destacada que la Federación Rusa e Irán, otros grandes productores de materias primas como Brasil y Emiratos Árabes Unidos también dieron el año pasado los primeros pasos tímidos para excluir el billete verde.

En concreto, el 5 de octubre de 2023, Brasil y China realizaron el primer intercambio en moneda local por un cargamento de pulpa brasileña[15], mientras que el 14 de agosto de 2023, Indian Oil Corp. compró el primer cargamento de crudo emiratí en rupias (1.000.000 de barriles)[16].

Según informa Bloomberg[17], el 6 de marzo de 2023, el Banco de Reserva de la India (BPI), es decir, el Banco Central de la Unión de la India, también instó a las refinerías estatales (Indian Oil Corp, Bharat Petroleum Corp. e Hindustan Petroleum Corp.) a negociar en rupias al menos el 10% de sus pagos de petróleo con los proveedores del Golfo, con el fin de preservar el valor de la moneda nacional (en enero de 2024, el país importaba 4.800.000 b/d de crudo, según Kpler[18], consolidando su posición de tercer importador mundial). Sin embargo, estos últimos se resisten actualmente debido al riesgo cambiario y a los costes de conversión.

Aunque el dólar sigue siendo el pilar del sistema financiero mundial, la conclusión a la que llega JPMorgan es que -al menos en el mercado del petróleo- se está produciendo gradualmente un proceso de desdolarización marginal.

Casi como si se tratara de una paradoja, el lento declive de la influencia del dólar en la determinación de los precios del petróleo también se ha visto en parte favorecido por el impresionante aumento de la producción estadounidense de tight oil en los últimos 15 años gracias al uso de la llamada técnica del fracking (fracturación hidráulica), que ha provocado paralelamente un desplome de las importaciones estadounidenses de crudo (aunque en constante aumento a partir de 2020, hasta 6.478.000 b/d importados en 2023)[19]. Además, desde que se levantó la prohibición de exportar crudo estadounidense en diciembre de 2015, estas han aumentado de forma constante hasta alcanzar un récord de unos 4.000.000 b/d, que se alcanzará en 2023 (principalmente a los Países Bajos, China y Corea del Sur).

En concreto, mientras que entre 2004 y 2007, cuando aún no se utilizaba el fracking, las importaciones netas de crudo de EEUU superaron los 10.000.000 b/d, en 2023, éstas habían caído incluso hasta los 2.400.000 b/d, el nivel más bajo desde 1972[20].

Exactamente igual que para Paul Craig Roberts, para Wang Xiangsui, profesor y director del Centro de Estudios de Cuestiones Estratégicas de la Universidad Beihang de Aeronáutica y Astronáutica de Pekín, dado el nivel de las sanciones financieras impuestas por Estados Unidos a la Federación Rusa, es la solvencia del dólar estadounidense la que ha sufrido un duro golpe. En el pasado, el sistema dominado por el dólar se expresaba como «nuestra moneda, vuestro problema».

Tras la orden de liquidar las transacciones de gas natural en rublos [y de aceptar el pago del petróleo en yuanes y otras monedas distintas del dólar], Rusia [y China] invirtieron ese paradigma a «nuestra mercancía, vuestro problema», desafiando al actual sistema monetario mundial[21]. Respecto a esto último, ya en marzo de 2022, el gobernador de la Reserva Federal, Jerome Powell, se había abierto públicamente a la posibilidad de tener más de una moneda de reserva además del dólar[22]. ¿Quizás, el yuan? Si la moneda de cambio que Estados Unidos quería era el fin del apoyo chino a la Federación Rusa, la petición formulada indirectamente por el gobernador de la Fed habría sido, a día de hoy, completamente rechazada al remitente.

Notas
[1] “The US dollar, one of the key drivers of global oil prices, appears to be losing its once powerful influence”. […]. “Overall, we find that the importance of the dollar has declined significantly from 2014 to 2022”. Tan H. 2023, “The greenback is “losing some influence” in the oil markets — and it means a partial de-dollarization is likely, says JPMorgan”https://www.businessinsider., 5 September 2023.
[2] Slav I. 2023, “Fifth of Global Oil Trade Used Non-Dollar Currencies in 2023”https://oilprice.com/Latest-
[3] Fantacone S., Floros D. e Parco M. 2023, “L’espansione energetica cinese”, La Geopolitica dell’Energia, https://www., 7 febbraio 2023.
[4] Kennedy C. 2024, “Kremlin Claims Western Powers Are Attempting to Undermine Its Trade With China”https://oilprice.com/Energy/, 21 March 2024.
[5] Slav I. 2024, “Russia Tops List of China’s Oil Suppliers in 2023”https://oilprice.com/Latest-, 22 January 2024.
[6] Roberts P.C. 2023, “Washington’s Power Will Decline With the Dollar”https://www.paulcraigroberts., 30 January 2023.
[7] Hirtenstein A. 2023, “The Dominant Dollar Faces a Backlash in the Oil Market”https://www.wsj.com/finance/, 28 December 2024.
[8] Paraskova T. 2023, “India Expected To Reject Russian Demand To Pay For Oil In Chinese Yuan”https://oilprice.com/Latest-, 20 October 2023.
[9] Nel 2023, l’India ha pagato le importazioni di greggio russo in rupie. Dal momento che la rupia indiana non è tuttora completamente convertibile, il che significa che ci sono restrizioni sulla quantità di rupie indiane che possono essere convertite in valuta estera, la Federazione Russa ha frattanto aumentato le importazioni di beni indiani, a loro volta pagati con le rupie precedentemente accumulate dalla vendita del proprio greggio. In questo modo, si è parzialmente ovviato al problema della convertibilità.
[10] Editorial 2023, “Baghdad reveals new economic package to further de-dollarize trade”https://thecradle.co/articles-, 14 November 2023.
[11] “The U.S. Treasury still uses the pretext of money laundering to impose sanctions on Iraqi banks. This requires a national stance to put an end to these arbitrary decisions. Imposing sanctions on Iraqi banks undermines and obstructs Central Bank efforts to stabilize the dollar exchange rate and reduce the selling gap between official and parallel rates. Rejection of these practices, due to their repercussions on the livelihoods of citizens and reiterated its call on the government and the Central Bank of Iraq to take quick measures against the dominance of the dollar, by diversifying cash reserves from foreign currencies”. Zero Hedge 2024, “Iraq Wants to Ditch the U.S. Dollar in Oil Trade”https://oilprice.com/Energy/, 2 February 2024.
[12] “It is clear that Iraq is economically dominated by the US, and our government does not truly control or have access to its own money. […]. We believe that it is crucial to move away from the hegemony of the dollar, especially as it has become a tool to impose sanctions on countries. It is time for Iraq to rely on its local currency”. The Cradle 2023, “Baghdad reveals new economic package to further de-dollarize trade”https://thecradle.co/articles-, 14 November 2023.
[13] Hanafusa R., Fukutomi S. and Koga Y. 2024, “Iran’s oil exports reach 5-year high, with China as top buyer”https://asia.nikkei.com/, 31 January 2024.
[14] Xu M. 2023, “Explainer: Iran’s expanding oil trade with top buyer China”https://www.reuters.com/, 10 November 2023.
[15] Xinhua 2023, “China, Brazil trade in local currencies for first time”https://english.news.cn/, 5 ottobre 2023.
[16] Babu J. 2023, Verma N. 2024, “India makes first crude oil payment to UAE in Indian rupees”https://www.reuters.com/, 14 August 2023.
[17] Zero Hedge 2024, “India Makes Bold Move to Reduce Dollar Dependency in Oil Trade”https://oilprice.com/Energy/, 6 March 2024.
[18] Kala R.R. 2024, “India’s crude oil imports in January hit 20-month high of 21.4 million tons”, https://www., 16 February 2024.
[19] Bellomo S. “Il lento declino del petrodollaro colpito da sanzioni e shale oil”, Il Sole 24 Ore, 8 settembre 2023.
[20] Rapier R. 2024, “U.S. Oil Exports Hit a New Record High in 2023”https://oilprice.com/Energy/, 25 March 2024.
[21] Xiangsui W. 2024, “Per diventare gli amici più rispettati dell’America, Cina e Russia devono essere avversari che l’America non può sconfiggere”https://www.guancha.cn/, 26 febbraio 2024.
[22] Federal Reserve 2022, Powell: “Possible To Have More Than One Reserve Currency”https://www.youtube.com/watch?, 2 March 2022.
Demostenes Floros: Nacido en 1976 en Medicina (BO), es analista geopolítico y económico y profesor del Máster Italia-Rusia en Relaciones Empresariales Internacionales de la Universidad de Bolonia. Fue responsable de NE-Nomisma Energia y colaborador de Abo y WE-World Energy magazine editada por ENI y de Limes, Energy International Risk Assessment EIRA, Blue Fuel y Oil Price. Desde 2019 es economista sénior de energía en CER-Centro Europa Ricerche. En febrero de 2020 publicó «Guerra y paz energéticas. La estrategia italiana de gas natural entre la Federación Rusa y la OTAN» y en agosto de 2022 «¿Crisis energética o transición?». En 2016-17 fue Consejero Económico del Consulado Honorario de la Federación Rusa en Bolonia.

8. Un proyecto incierto en Senegal

Un repaso a cómo se ha llegado a producir un cambio político progresista y panafricanista en Senegal y algunas notas sobre su proyecto político y posible evolución. https://lvsl.fr/le-senegal-a-

Senegal en una era de soberanía e incertidumbre
Randy Nemoz
21 de abril de 2024
Tras años de agitación política marcada por disturbios y manifestaciones mortales, Senegal entra en una nueva era. Una aventura política impulsada por jóvenes que vieron en Ousmane Sonko la chispa de la esperanza: una ventana a un futuro sin paro, sin corrupción y, quizá también, sin Francia. Tras una serie de vericuetos jurídicos, fue Bassirou Diomaye Faye, leal a Sonko, quien pudo presentarse como candidato y ganar las elecciones presidenciales. El inspector de Hacienda, de 44 años, nombró posteriormente Primer Ministro a su mentor. Era la ocasión para estos soberanistas panafricanistas y a veces conservadores de poner en práctica la política de cambio prometida a la juventud senegalesa enfrentándose a la realidad del poder. Una mirada retrospectiva a la ascensión de un OVNI político, al que a menudo se acusa de «populista» cuando su proyecto es ante todo «pragmático».

Diez años de ascenso meteórico
Ousmane Sonko y su fiel seguidor Diomaye Faye tardaron diez años en conquistar el poder en Senegal. En 2014, estos dos inspectores de Hacienda crearon el PASTEF (Patriotes africains du Sénégal pour le travail, l’éthique et la fraternité), un partido soberanista fundado sobre la denuncia de la dependencia de su país de los intereses extranjeros y de la corrupción de las élites que habían visto y combatido cuando eran funcionarios. En muy poco tiempo, este discurso encontró un poderoso eco entre los jóvenes, mejor formados que las generaciones anteriores, pero más afectados por el desempleo (según una encuesta, el 29% de los jóvenes senegaleses se declaraba en paro). En 2019, Sonko dio la sorpresa al convertirse en el tercer hombre en las elecciones presidenciales y se erigió rápidamente en el principal opositor al Gobierno de Macky Sall, al que acusaba de corrupto y de defender los intereses de Francia. Ha llegado el momento, dijo, de abrazar la «preferencia nacional».
A partir de entonces, la confrontación será dura, y el país se verá sacudido por graves crisis políticas, salpicadas de manifestaciones sangrientas. El balance humano de los últimos disturbios ha sido elevado: en marzo de 2021, la detención de Ousmane Sonko, tras las acusaciones de una joven empleada de un salón de masajes de repetidas violaciones y amenazas de muerte, desencadenó violentas protestas que dejaron 14 muertos y 500 heridos. En mayo de 2023, veintitrés personas perdieron la vida después de que el dirigente fuera condenado de nuevo por «corromper a los jóvenes». Estos sucesos ilustran la profundidad de la crisis política y social del país, pero también el tira y afloja entre el joven Ousmane Sonko y su hermano mayor Macky Sall, presidente desde 2012, que durante mucho tiempo no dejó claro si se presentaría a un tercer mandato, a pesar de que la Constitución estipula un límite de dos mandatos consecutivos. Este es uno de los muchos errores cometidos por el ex presidente, que ha dado a sus oponentes la oportunidad de presentarse como defensores de la democracia frente a un hombre dispuesto a todo para aferrarse al poder.
La juventud senegalesa, motor de la revuelta, vio en Ousmane Sonko la chispa de la renovación. Las repetidas detenciones y condenas de dirigentes del PASTEF fueron denunciadas como motivadas políticamente, y exacerbaron un sentimiento general de injusticia frente a un sistema percibido como corrupto y enajenado a los intereses extranjeros. En un país donde tres cuartas partes de la población tiene menos de treinta y cinco años, la lógica de confrontación de Macky Sall con los jóvenes estaba condenada al fracaso. Justo cuando aliviaba la presión anunciando que no se presentaría a un tercer mandato el 1 de julio de 2023, Sall intentó acabar con el PASTEF disolviendo el partido y encarcelando a muchos de sus dirigentes, entre ellos Sonko y Faye. En lugar de llamar a la revuelta, como querían algunos de sus partidarios, jugó la carta del apaciguamiento. La batalla por la opinión pública estaba ganada, y ahora estaban convencidos de que llegaría su hora.
En este tumultuoso contexto, Bassirou Diomaye Faye, la discreta mano derecha del carismático Sonko, se convirtió en el candidato del PASTEF. Tras once meses en prisión, sólo dispuso de diez días para hacer campaña junto a Sonko: del 14 al 24 de marzo. Los carteles muestran los dos rostros uno al lado del otro, flanqueados por el eslogan Diomaye mooy Sonko: Diomaye es Sonko. Y Sonko es Diomaye. Una forma de exhibir un proyecto nacional frente a la ambición de un hombre, y de reforzar su imagen de heraldos de la democracia.
El resultado de este violento enfrentamiento fue una impresionante victoria electoral del PASTEF, que se impuso en la primera vuelta con el 54% de los votos. Faye se convirtió en presidente y nombró a Sonko primer ministro. Esta abrumadora legitimidad electoral debería darles la legitimidad que necesitan para llevar a cabo algunas de las muchas reformas que han prometido, empezando por cambios institucionales: limitar el hiperpresidencialismo, crear un cargo de vicepresidente para equilibrar el poder ejecutivo y prohibir los mandatos múltiples.
En este ámbito, también quieren reforzar la separación de poderes para acabar con el dominio del ejecutivo. Según sus partidarios, estas medidas revitalizarán el sistema democrático senegalés. Sin embargo, la consecución de estos objetivos chocará pronto con un parlamento que les es hostil: el ejecutivo podría decidir disolverlo para volver a las urnas en septiembre y esperar obtener la mayoría. Mientras tanto, podrá aprovechar la fuerza del sistema presidencial para responder rápidamente a las elevadísimas expectativas de la población gobernando por decreto. ¿Aunque ello signifique renegar de algunas de sus promesas democráticas?

Soberanía y panafricanismo
Además de las reformas institucionales, Faye y Sonko pretenden dotar al país de plena soberanía, entendida ante todo como independencia de la antigua potencia colonial. En julio de 2021, Sonko dijo, entre otras cosas: «Es hora de que Francia levante la rodilla de nuestro cuello». Siete siglos de miseria, tráfico de personas, colonización y neocolonización son suficientes. Es hora de que Francia nos deje en paz». Estos discursos han encontrado eco entre los jóvenes, y los alborotadores se han dirigido en varias ocasiones contra comercios franceses, como las tiendas Auchan, que han sido saqueadas en varias ocasiones. Sonko denuncia la llegada de multinacionales de la distribución, como Auchan y otras, que «engullen inexorablemente nuestras pequeñas y medianas empresas agroalimentarias». Pretende remediar la situación revisando los Acuerdos de Asociación Económica (AAE) con la Unión Europea para limitar el número de establecimientos de este tipo… en favor de la aparición de grandes minoristas senegaleses.
Además, el nuevo ejecutivo se propone renegociar todos los contratos de explotación extranjeros, para que por fin sean «win-win». Hay mucho en juego, sobre todo en vísperas del inicio de la producción de petróleo y gas en el país. En 2022, Ousmane Sonko afirmó que sólo el 10% de los ingresos procedentes del petróleo y el gas corresponderían a Senegal. Ahora que los contratos se han hecho públicos, la realidad es otra, y el beneficio para el país estaría más cerca del 60% – aunque todavía hay cierta incertidumbre sobre si esto ocurrirá realmente.
Faye y Sonko también pretenden proteger los recursos pesqueros, tan importantes para el consumo de muchas familias y para la economía local y nacional. Aportan el 3,2% del PIB y suponen más del 10,2% de las exportaciones de Senegal, según un informe de 2022 del Departamento de Agricultura estadounidense. Pero desde hace algunos años son saqueados por gigantescos arrastreros de la Unión Europea y Asia, que agotan las poblaciones y sólo dejan migajas a los pescadores locales, muchos de los cuales acaban optando por la peligrosa aventura de emigrar a Europa.
Otro punto cardinal es la reforma monetaria y el fin del franco CFA, denunciado como instrumento de dominación francesa. La CEDEAO trabaja desde hace tiempo en una moneda común, el «eco». Pero el proyecto tarda en materializarse. Y si la moneda común (o una moneda nacional vinculada a una moneda comunitaria) no ve la luz, Sonko y Faye están decididos a crear su propia moneda nacional. El nuevo Ministro de Economía, Abdourahamane Sarr, especialista en cuestiones monetarias y conocedor de los arcanos de las finanzas internacionales, deberá hacer de ello su prioridad. Se le espera con impaciencia en un país con un déficit comercial estructural.
A pesar de la virulencia del discurso de Sonko, del apoyo mostrado por France insoumise y de su defensa por el abogado Juan Branco, las autoridades francesas han querido hablar con los dirigentes del PASTEF antes de su elección. Aunque el partido prometió expulsar a los soldados franceses destinados en Dakar, finalmente se les permitirá quedarse. Emmanuel Macron lleva años defendiendo la reforma del franco CFA, e incluso proclamó su fin en diciembre de 2019 junto al presidente marfileño, Alassane Ouattara. Pero muchas voces se han alzado para denunciar el plan de una nueva moneda «eco».
Por supuesto, habría que suprimir los aspectos más problemáticos del franco CFA: las siglas del franco CFA, la representación francesa en el consejo del Banco Central de los Estados de África Occidental (BCEAO), la obligación para el BCEAO de depositar la mitad de sus reservas de divisas en el Tesoro francés, etc. Pero se mantendrían ciertos elementos fundamentales: la paridad fija con el euro, la libertad de transferir capitales y rentas, y la supervisión del franco CFA y del BCEAO por el Tesoro francés a través de su llamada «garantía» de convertibilidad. No cabe duda de que el nuevo gobierno senegalés no estará satisfecho con esta semi-reforma, prevista únicamente para 2027.
Aunque Sonko se presente como un proyecto «panafricanista de izquierdas», y aunque reivindique el legado de Thomas Sankara, el proyecto de Ousmane Sonko se aleja en muchos aspectos del legado del revolucionario burkinés. El programa de Sonko pretende ser «pragmático», con medidas a veces vagas en sus contornos e impregnadas de un cierto liberalismo económico.

¿En qué consiste el proyecto «pragmático» de Sonko?
El programa social del PASTEF es claramente limitado: se hace la promesa de redistribuir mejor la riqueza, pero el proyecto no es un proyecto de clase. No se habla del nivel de ingresos, en un país donde el salario mínimo ronda los 64.000 FCFA (algo menos de 100 euros), ni de la jornada laboral – mientras los jóvenes con salario mínimo trabajan 72 horas semanales sin vacaciones pagadas. Tampoco se hablará de ello, ni de las pensiones, ni de los derechos sindicales.
En cambio, el programa del PASTEF prevé «políticas eficaces de gestión de la deuda pública» y favorece ampliamente a los inversores privados en todos los ámbitos. Aboga por la creación de una cuenta de ahorro para financiar a las PYME, «una política presupuestaria que racionalice el gasto público», la colaboración público-privada… al tiempo que afirma la necesidad de un «Estado intervencionista y estratégico», el desarrollo de una «economía social y solidaria» y el enfoque cooperativo.
Con el fin de reforzar el sector primario para alcanzar la autosuficiencia, preconiza «una reforma agraria basada en la garantía de los derechos sobre la tierra para las explotaciones familiares y la inversión privada». Por último, este programa privilegia a los «empresarios» pero no dice nada de los asalariados, reservando su componente social a los «más pobres» y a los «discapacitados». De la revolución bukinabè de Thomas Sankara, referencia constante de Sonko, a estas medidas de tintes claramente liberales hay un largo trecho.
Siempre ambivalente, en materia de educación, por ejemplo, el programa hace un balance poco halagüeño de la profesión docente: «desde hace décadas, nuestro sistema de educación y formación está enredado en una espiral de dificultades y en un magma de exigencias. Se caracteriza por la masificación de las aulas, un alto índice de abandono escolar, huelgas recurrentes de profesores, un número de horas lectivas sin precedentes, una enseñanza demasiado generalista y la marginación de muchos niños de la República». Por otra parte, las propuestas incluyen la voluntad de contratar profesores para acabar con las clases multigrado. También piden un impuesto sin nombre a las empresas para financiar el sistema educativo y construir nuevas escuelas. Y sugieren reforzar los vínculos entre empresas, escuelas y universidades, en una tradición muy liberal.
La ecología ocupa un lugar en el proyecto presidencial, con planes para luchar contra la contaminación y aumentar la resiliencia frente al cambio climático, una estrategia nacional de gestión de residuos y el desarrollo de la educación para el desarrollo sostenible. La investigación también es una prioridad anunciada para el nuevo ejecutivo, con el deseo de modernizar el Estado para abrazar la transición a la era digital. Desarrollo de infraestructuras, apoyo al turismo, un gran plan de acceso al agua, soberanía alimentaria, seguridad… la lista continúa. A riesgo de ser ideológicamente vago. «Populista» según sus detractores, Sonko pretende ser ante todo «pragmático». Técnico y ambivalente, el programa refleja el variopinto grupo que compone el PASTEF y su coalición, que va desde antiguos comunistas a liberales y conservadores.
Estos últimos también consiguieron dejar su impronta en los discursos de Sonko y Faye. Así, Ousmane Sonko declaró en 2022 que una de sus primeras medidas sería endurecer la penalización de la homosexualidad. El objetivo era ganarse el favor del grupo de clérigos musulmanes And samm jikko yi («Juntos para salvaguardar los valores» en wolof), que querían endurecer la ley actual, según la cual los homosexuales pueden ser condenados a penas de cárcel de entre uno y cinco años y a una multa de entre 100.000 y 1.500.000 francos CFA (unos 152 a 2.287 euros).
Un tradicionalismo religioso que pretende ser moderno, y que les ha valido a los dos dirigentes la etiqueta de salafistas. A diferencia de sus predecesores, Faye no se ha doblegado ante las cofradías sufíes que siguen siendo muy influyentes en Senegal (y perseguidas por las corrientes extremistas en todo el mundo). Los nuevos dirigentes senegaleses encarnan el auge del movimiento reformista salafista en Senegal, que propugna una relación con Dios sin intermediarios, una visión más moderna del Islam en Senegal. Con un eco indudable entre los jóvenes.
Más allá de la retórica, pretenden encarnar estas posturas conservadoras: el joven presidente asume su poligamia (al igual que su primer ministro) y la exhibe con orgullo. Una postura que sigue contrastando con la visión feminista de Thomas Sankara, que luchó por la emancipación de la mujer… y se opuso a la poligamia. Aunque el PASTEF cuenta en sus filas con un auténtico movimiento de defensa de los derechos de la mujer, algunas mujeres han salido a denunciar el escaso número de mujeres nombradas en los ministerios del nuevo gobierno: 4 mujeres de 30 ministros, es decir, el 13%, frente al 18% del gobierno anterior.
Por último, a menudo se señala a Ousmane Sonko por su voluntad de restablecer la pena de muerte. Una serie de posturas que le alejan del campo progresista tal y como ha existido en el continente africano. Aunque Sonko ha logrado una proeza magistral al hacerse con el poder tras conquistar el corazón de los jóvenes en apenas diez años, el futuro sigue siendo más incierto que nunca. Pero la aspiración a la soberanía que atestigua su elección requerirá algo más que discursos y medias reformas para ser satisfecha.

9. Más sobre el 40 aniversario del MST

El último boletín del Tricontinental resume el dossier sobre el MST que os pasé esta semana, por lo que puede ser un poco repetitivo. https://thetricontinental.org/

Durante cuarenta años, las y los trabajadores sin tierra de Brasil han luchado por construir humanidad | Boletín 16 (2024)

Luchando contra las jerarquías sociales de Brasil, el Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) ha profundizado su solidaridad con Palestina. Este boletín y el último dossier repasan las tácticas y métodos organizativos del MST a 40 años de su fundación.

18 de abril de 2024

Queridos amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Las y los trabajadores sin tierra brasileños que viven en asentamientos y campamentos del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST), reunieron unas 13 toneladas de alimentos para enviar al pueblo palestino de Gaza entre octubre y diciembre de 2023. Cooperativas del MST de todo el país participaron en la campaña solidaria, que incluyó leche de la Cooperoeste de Santa Catarina, arroz de la Cooperativa Terra Livre, de la Cooperativa de Trabajadores Asentados de la Región de Porto Alegre (Cootap) y de Cooperav, de Rio Grande do Sul; y harina de maíz de Terra Conquistada, de Ceará. La ayuda se envió al Sindicato de Trabajadores Agrícolas Palestinos a través de la Fuerza Aérea Brasileña. “El pueblo palestino, como todos los pueblos que luchan por su soberanía, necesita las acciones solidarias de otros pueblos”, señaló Jane Cabral, de la dirección nacional del MST. De hecho, el mundo debe seguir el ejemplo de las y los trabajadores sin tierra de Brasil.

La recolección de alimentos ha sido solo uno de los aspectos de la acción solidaria del MST con el pueblo palestino. El otro elemento, igualmente importante, ha consistido en crear un consenso en Brasil sobre el genocidio de Israel en Gaza. En las últimas décadas, el protestantismo de derecha de América Latina ha promovido una agenda política proisraelí en Brasil y otros lugares. Este movimiento defiende a Israel con la esperanza de que destruya la mezquita de al-Aqsa en Jerusalén y construya el “Tercer Templo”. Según este ideario, tal templo abrirá la puerta al regreso de Cristo, y todos las personas no cristianas, incluidos los judíos, serán condenadas eternamente. Pastores evangélicos de América Latina —muchos de ellos financiados por grupos cristianos sionistas con sede en Estados Unidos, como Christians United for Israel [Cristianos Unidos por Israel]— han difundido esta visión profundamente odiosa y antihumana. Esta es una importante razón por la que los líderes de derecha de la región, incluidos el expresidente brasileño Jair Bolsonaro y el actual presidente argentino Javier Milei, son defensores acérrimos de Israel y del proyecto sionista. Así, la campaña masiva del MST para recaudar alimentos para Gaza fue también una campaña para oponerse al crecimiento del sionismo cristiano en Brasil, defender los derechos del pueblo palestino y profundizar la educación y los lazos con la lucha palestina entre sus bases.

El MST, con sus casi dos millones de miembros, es el mayor movimiento sociopolítico de América Latina y uno de los mayores movimientos campesinos del mundo. Desde que nació hace 40 años, en 1984, el MST no ha dejado de crecer gracias a su enfoque único para construir y mantener su base entre las y los trabajadores sin tierra. Nuestro último dossier, La organización política del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil, examina la orientación teórica que ha permitido al MST construir esta notable organización sobre el terreno de las miserables jerarquías sociales de Brasil, arraigadas en el legado del colonialismo portugués, el genocidio, la esclavitud y las dictaduras militares respaldadas por Estados Unidos. El arte del dossier, que también aparece en este boletín, se creó para la convocatoria de arte “Cuarenta años del MST”, organizada por el MST, el Instituto Tricontinental, ALBA Movimientos y la Asamblea Internacional de los Pueblos. El segundo boletín mensual del departamento de arte del Instituto Tricontinental se centrará en esa exposición. Pueden suscribirse aquí.

El MST tiene tres objetivos: luchar por la tierra, luchar por la reforma agraria y transformar la sociedad. Con base en la Constitución brasileña de 1988, el MST organiza a las y los trabajadores sin tierra para apropiarse de tierras improductivas y construir campamentos (acampamentos) y asentamientos (assentamentos). En la actualidad, casi medio millón de familias viven en asentamientos y han obtenido la tenencia legal de la tierra, en la que han construido 1.900 asociaciones campesinas, 185 cooperativas y 120 instalaciones agroindustriales de propiedad del MST, mientras que otras 65.000 familias viven en campamentos y luchan por el reconocimiento legal de las tierras. Son estas instituciones las que producen las mercancías enviadas a Palestina. A pesar de la desigual relación de fuerzas en Brasil, donde la clase capitalista impone su dominio sobre la economía y el campo a través de la dominación del Estado, el MST ha sido capaz de construir su fuerza a lo largo de los años y actualmente opera en 24 de los 26 estados del país. Esta fuerza es producto del extenso y fuerte trabajo de bases del MST y de sus métodos organizativos. Como explica el dossier, un aspecto crucial de la teoría organizativa del MST es la idea de que las y los asentados —quienes habitan en los asentamientos de la reforma agraria— deben estar siempre “en movimiento”. Hay siete principios organizativos que permiten al MST impulsar este movimiento: su autonomía respecto a partidos políticos, iglesias, gobiernos y otras instituciones, para lo que es esencial la unidad organizativa; la formación de las y sus integrantes tanto para participar en la construcción de la organización como para ser disciplinados respecto a las decisiones de la dirección colectiva; la importancia del estudio; y la necesidad del internacionalismo.

El MST no lucha solo por la tierra, sino también por la reforma agraria y la transformación de la sociedad. En otras palabras, pretende cambiar la naturaleza misma del capitalismo agrario y construir un modelo de agroecología que desarrolle una forma de agricultura equilibrada y sustentable, que aproveche la naturaleza en lugar de degradarla y produzca alimentos sanos para la sociedad en general.

Actualmente hay más de 2.400 millones de personas en el mundo que padecen inseguridad alimentaria. Cada vez estallan más hambrunas, desde Sudán hasta Palestina, a menudo relacionadas con conflictos de diversa índole. Mientras tanto, estamos en medio de la Década de la Agricultura Familiar de la ONU, que comenzó en 2019 y concluirá en 2028. La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) calcula que las y los agricultores familiares o pequeños producen un tercio de los alimentos del mundo y hasta el 80% de los alimentos del África subsahariana y Asia. Sin embargo, estos pequeños agricultores familiares no controlan la tierra que cultivan ni disponen de capital para aumentar su productividad. Como consecuencia, muchos producen alimentos para el mercado pero no lo suficiente para alimentar a sus familias, lo que provoca una epidemia de hambre entre millones de pequeños agricultores y campesinos.

Como señala la FAO, “la mayoría de los 600 millones de explotaciones agrícolas del mundo son pequeñas. Las explotaciones de menos de una hectárea representan el 70% de todas las explotaciones, pero solo explotan el 7% de todas las tierras agrícolas”. Esta gran desigualdad en la propiedad de la tierra está en el centro del trabajo del MST, así como de organizaciones de todo el mundo como Mviwata en Tanzania (sobre la que publicaremos un dossier a finales de este año) y la All India Kisan Sabha en India (sobre la que escribimos en nuestro dossier de junio de 2021, La revuelta campesina en India). Es por una buena razón que la Kisan Sabha, que cuenta con 16 millones de miembros, por ejemplo, se unió al movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra el apartheid de Israel en 2017 y por qué Mviwata, que representa a 300.000 campesinos, condenó el genocidio contra el pueblo palestino por parte de Israel en su reunión anual de diciembre de 2023. Estos agricultores y campesinos saben que su tarea no es solo redistribuir la tierra, sino transformar la sociedad en todo el mundo.

En 1968, Thiago de Mello (1926-2022), nacido en la Amazonía brasileña, fue enviado al exilio por sus críticas a la dictadura militar. Se fue a Chile, donde entabló amistad con Pablo Neruda. Al poco tiempo, de Mello se vio de nuevo obligado a huir de una dictadura militar, expulsado de Chile a causa del golpe de 1973 contra el proyecto socialista liderado por el entonces presidente Salvador Allende. De Mello viajó primero a Argentina y luego a Europa. Fue durante esta huida, en 1975, cuando escribió su clásico poema Para os que virão [Para los que vendrán], cuyos últimos versos hablan del dolor que deben superar las personas que vienen a luchar por la transformación social:

No importa que duela: es hora
de avanzar de la mano
con los que siguen el mismo camino
aunque falte mucho
para aprender a conjugar
el verbo amar.

Es hora, sobre todo,
de dejar de ser solamente
la vanguardia solitaria
de nosotros mismos.
Se trata de ir al encuentro.
(En el pecho, arde con fuerza la límpida verdad
de nuestros errores)
Se trata de abrir camino.

Los que vendrán serán pueblo,
y sabrán serlo luchando.

¡Felices 40 años al MST! No olviden leer nuestro dossier, recomendado por uno de los fundadores del movimiento, João Pedro Stedile.

Recomiendo el último dossier del Instituto Tricontinental de Investigación Social sobre la experiencia de organización del MST, publicado durante la Semana Internacional de Lucha Campesina”.

Cordialmente,

Vijay

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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