Miscelánea 24/02/2024

Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Prólogo a ¿El final de las estaciones?
2. El estado como «facilitador» de armas.
3. Ganadores.
4. Assange y Palestina.
5. Resumen de la guerra en Palestina, 23 de febrero.
6. El coste económico de la guerra para Israel.
7. La democracia en África francófona
8. Una crItica al decrecimiento en Jacobin
9. Eje de asimetría.

1. Prólogo a ¿El final de las estaciones?

En CTXT han publicado el prólogo de Yayo Herrero a un libro que ellos han editado, en el que se recogen varios artículos de Juan Bordera, Antonio Turiel y Fernando Valladares en sus páginas. https://ctxt.es/es/20240201/

Un aviso rabioso y dolorido

Prólogo de ‘¿El final de las estaciones?’, de Juan Bordera, Antonio Turiel y Fernando Valladares

Yayo Herrero 23/02/2024

Habitamos un mundo extraño en el que las convicciones y creencias sobre las que se han construido las políticas, las economías y las vidas cotidianas durante los últimos siglos hacen aguas.

En una cultura como la occidental, supuestamente emancipada de la Tierra y del resto del mundo vivo, el tratamiento de los “problemas ecológicos” ha sido abordado como una cuestión ética e incluso estética que no atañía al orden social. En los últimos años, una buena parte de la sociedad empieza a darse cuenta, con incredulidad, de que en realidad lo que llamamos naturaleza constituye un agente económico y político con el que no se puede negociar, y que lo que está en juego es cómo sobrevivir con dignidad en territorios amenazados. Un nuevo orden ecosocial comienza a organizar todas las afiliaciones políticas y sociales. Incluso las de los que niegan la mutación climática o los límites, rechazan los conceptos pero no pueden dejar de hablar de agua, calor, fiebre hemorrágica epizoótica, incendios, pérdida de cosechas, subida de los precios de los fertilizantes, materiales de construcción o minerales e inestabilidades en los suministros.

Formamos parte de una trama de la vida en la que todo se interconecta y al hacerlo genera las propias condiciones de vida para todos. No es magia ni mística. Es química, son señales térmicas, son relaciones interdependientes, de simbiosis, fruto de un proceso de ensayo y error que comenzó hace casi 4.000 millones de años y que tiene como principal finalidad el mantenimiento de la vida.

No hay economía, ni tecnología, ni alimentos ni energía fuera de la trama de la vida. No hay vida humana fuera de la trama de la vida. Sin embargo, la sagrada trinidad que forman la combinación de la energía fósil, la tecnología y el capitalismo posibilitaron temporalmente materializar el sueño de la desconexión a costa de mutar los territorios en zonas de sacrificio y muchas vidas humanas en mero recurso o desecho. El capitalismo y la tecnociencia se aliaron para crear la promesa de que todo el mundo podría vivir bajo las bondades de un modo de vida que solo era viable físicamente para algunos.

La desmesura extractiva y de generación de residuos está provocando la mutación descontrolada en términos humanos del funcionamiento de la biosfera. Lo que llamamos crisis ecológica afecta a la humanidad entera. La cuestión ecosocial no es un aspecto colateral de la política o la economía. Es el contexto físico que define y rodea el orden social y económico en su totalidad y tensiona brutalmente un orden económico que tiene una sola prioridad: el crecimiento y la acumulación expansiva de capital.

Este libro que tengo la suerte de prologar compone parte del complejo mosaico que se necesita para comprender el momento que estamos viviendo y pensar cómo poder actuar en él.

Los textos corresponden en su mayoría a reflexiones de Juan Bordera, Antonio Turiel y Fernando Valladares, acompañados por las voces de otros autores y autoras como Agnès Delage, Alejandro Pedregal, Alberto Coronel, Irene Calvé Saborit, Alfons Pérez, Marta García Pallarés, Javier de la Casa, Fernando Prieto, Ferrán Puig Vilar y la del propio Dennis Meadows. Todas estas personas y, por supuesto, los tres autores principales, son referentes a la hora de analizar las complejidades y aristas de la crisis ecosocial y del colapso, mutación, desmoronamiento o largo declive –quizás no tan largo– del orden civilizatorio dominante. Llamo civilización a una sociedad compleja definida por su forma de organización, sus instituciones y su estructura social, su tecnología, la forma de relación con los recursos disponibles, así como a las utopías, anhelos y sueños que proyecta.

Los textos que componen este libro cumplen varios propósitos. Hay algunos fundamentalmente pedagógicos, que acercan a las personas las dimensiones más complejas del caos climático, los límites de tecnologías como el hidrógeno verde o la generación de energía a partir de la fusión. Otros tratan de relacionar fenómenos como la guerra, las migraciones o el genocidio de Gaza. No para establecer una determinación o causalidad entre ellas, pero sí para mostrar relaciones y complejizar análisis con frecuencia desconectados y simplificadores.

En este prólogo sólo se mencionan algunos de los aspectos que me han resultado más relevantes y presentes en todos los artículos, aunque son muchas más las cuestiones de interés y debate.

En primer lugar, estos textos alertan del desastre global que puede suponer la gestión capitalista de la crisis ecosocial. La situación es seria en sí misma, pero lo que resulta letal es que la prioridad sea mantener el crecimiento y los beneficios como sea.

El orden político dominante se está reorganizando para manejar las contradicciones explosivas de un capitalismo global en crisis. Se está transitando hacia formas de control social coercitivo. Surgen proyectos autoritarios, algunos explícitos y otros más o menos camuflados, que tratan de responder a la crisis mundial. Las élites dominantes tratan de mantener bajo control a quienes sienten miedo, ira y malestar.

El capitalismo responde a la crisis ecosocial creando un estado policial y de vigilancia a escala mundial que controle posibles protestas, revueltas populares o insumisiones al statu quo. Lo cierto es que las desigualdades son cada vez más agudas y la concentración de la riqueza y del poder es cada vez mayor. La humanidad considerada sobrante crece a pasos agigantados. Por ello, el control social, la vigilancia y la represión son cada vez más urgentes para las élites.

En un contexto de translimitación, el capitalismo mundializado ha “perfeccionado” los mecanismos de apropiación de tierra, agua, energía, animales, minerales, urbanización masiva, privatizaciones y explotación del trabajo humano. Los instrumentos financieros, la deuda, las compañías aseguradoras, y el entramado de leyes y tratados internacionales allanan el camino para despojar a los pueblos, destruir los territorios, desmantelar la red de protección pública y comunitaria que pudiese existir y criminalizar y reprimir las resistencias que surjan.

A la acumulación por desposesión que enunció David Harvey se une lo que William Robinson ha denominado “acumulación por represión” en Mano dura. El estado policial global, los nuevos fascismos y el capitalismo del siglo XXI. Guerras de baja intensidad y alta intensidad, represión, fronteras militarizadas, guerras contra las drogas, los migrantes, el terrorismo, las minorías raciales y religiosas… El conflicto social se convierte en una oportunidad para acumular capital. El Estado policial global se convierte en la fuente de beneficios.

Gaza es un ejemplo de lo que las élites hacen para controlar a la humanidad que consideran sobrante. Inglaterra colonizó Palestina y se la cedió a Israel, que ocupó militarmente Cisjordania y Gaza. Hasta hace poco, los palestinos eran la mano de obra barata que Israel utilizaba. La nueva estrategia es la explotación de mano de obra just in time, que en cualquier momento puede ser deportada, que no tiene derechos económicos o políticos. Así que Israel, con el apoyo de Estados Unidos y la permisividad de los gobiernos europeos –no de sus poblaciones– extermina y masacra a la sociedad civil en un genocidio televisado.

Una segunda cuestión relevante es la que tiene que ver con la desobediencia y la represión del activismo. Los artículos de este libro hacen una fuerte defensa de la desobediencia civil como estrategia de lucha. De hecho algunos de sus autores participan en movimientos como Rebelión Científica o Extinction Rebellion, que junto a Futuro Vegetal están sufriendo el acoso judicial y el intento de amedrentamiento, de momento a través de denuncias y detenciones.

Se expresa en uno de ellos: “Necesitamos olas de desobediencia civil no violenta por todo el planeta para frenar las olas de calor que amenazan nada más y nada menos que a la vida en general. Si alguien conoce un método mejor y más efectivo, ya está tardando en ponerlo en práctica. Le ayudaremos”.

Yo diría que la desobediencia civil es clave, pero también lo es la organización de movimientos por abajo que además de la protesta se conecten con la reconstrucción y la autogestión, y que a la vez consigan funcionar como elemento de presión en las instituciones. La desobediencia sin brazo político u organización puede ser cooptada por la ultraderecha. En mi opinión, hay movimientos prometedores, pero aún muy lejanos de lo que necesitamos.

En tercer lugar, la propuesta que late en todos los artículos es la apuesta por el decrecimiento. Para hablar de decrecimiento es fundamental determinar qué es lo que ha de decrecer. Es la dimensión biofísica del metabolismo social. No solo es que se deba contraer por una determinada voluntad ética y política, es que decrecerá de todos modos por la superación de límites biofísicos. Esta cuestión está contundente y rigurosamente desarrollada en este libro.

Pero en contextos de decrecimiento material, para que las vidas se sostengan, hay partes del metabolismo social que han de crecer y complejizarse. Las sociedades y comunidades que se mantienen sobre relaciones de reciprocidad y apoyo mutuo, sobre el reparto y el cuidado corresponsable y compartido, con capacidades de autogestión y autogobierno y densamente relacionadas con los ecosistemas y seres vivos no humanos son extremadamente complejas. Esas relaciones complejas hay que construirlas y son antagónicas con las relaciones que se establecen en las sociedades capitalistas.

El decrecimiento es, para mí, por tanto, el contexto material en el que hay que desarrollar propuestas políticas complejas que se centren en garantizar condiciones dignas de existencia. Habrá decrecimiento material de todos modos. Puede ser un decrecimiento capitalista –que ya empiezan a nombrar– y monstruoso, que mantenga élites que siguen acumulando y que expulse masivamente vida humana y no humana.

O puede ser uno justo, de sociedades libres, justas y democráticas, que organicen la contracción material bajo el principio de suficiencia (entendida como el derecho a lo suficiente y la obligación de no tener más de lo necesario), una fuerte redistribución de la riqueza y el objetivo de sostener las vidas concretas dignas y con derechos. A este decrecimiento justo es al que aspiran los autores del libro.

Obliga a poner la garantía de condiciones de vida de las personas y la responsabilidad de la cobertura de las necesidades básicas en primer plano, con la misma importancia y detalle que otorgamos a la contracción material y reducción de la huella ecológica colectiva. No se trata de apuntar solo a un proceso de frugalidad individual generalizado –esa es la imposición del capitalismo–, sino a la reivindicación y construcción de derechos básicos para mucha gente que no los tiene.

Sin entender la magnitud y complejidad de la crisis ecosocial corremos el riesgo de que la forma política de abordar la contracción de la esfera material de la economía se centre en indicadores de emisiones de gases de efecto invernadero o tasas de retorno energético y olvide que lo que queremos sostener, además de la vida en su conjunto, son las vidas concretas. De no hacerlo, la transición ecológica será puro capitalismo enunciado como verde. Los análisis y propuestas ecofeministas, menos presentes en estos textos, han trabajado mucho estas cuestiones y proporcionan un andamiaje conceptual, en mi opinión, imprescindible para hacer este camino.

Sostiene el texto que “necesitamos un plan de contracción adecuado, un plan de transición lento y pausado, con mucho trabajo a pie de campo, mucho ensayo y error, hasta poder conseguir que las cosas funcionen sobre el terreno, en todos los ámbitos, desde el sector primario hasta el industrial y el de los servicios”.

La historia no está escrita todavía, pero es un momento crucial marcado por las amenazas de los totalitarismos neoliberales de ultraderecha, de la guerra y el genocidio. Repensar la vida en común en estos tiempos extraños es posible, pero para ello es preciso mirar dónde estamos y obligarnos a redefinir las cuestiones más antiguas de la justicia social y de la política.

Este libro no hace una predicción agorera. Es un aviso rabioso y dolorido. Se tiñe del dolor y la rabia de quienes aman la vida y a la gente, de aquellos a quienes les importan todas las vidas y no se resignan a descartarlas.

Compra aquí ¿El final de las estaciones?, de Juan Bordera, Antonio Turiel y Fernando Valladares.

2. El estado como «facilitador» de armas.

En la línea del artículo de Pascual Serrano, este otro de Yago Álvarez Barba sobre la partida militar en los presupuestos europeos. https://www.elsaltodiario.com/

Von der Leyen, gasto en armas, populismo militar y doctrina del shock

La presidenta de la Comisión Europea nos da pistas del rumbo de una Europa cada vez más militarizada que aumentará el gasto en industria armamentística en los próximos años.

Yago Álvarez Barba @EconoCabreado Coordinador de la sección de economía

20 feb 2024

Tenemos que gastar más, tenemos que gastar mejor, tenemos que gastar europeo”. Esas han sido las palabras que la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, ha utilizado para anunciar en una entrevista en The Financial Times la nueva estrategia y sus intenciones en cuanto a gasto en la industria armamentística europea. O igual no es tan nueva, sino que ahora se reviste de otra forma. “El mundo se ha vuelto más duro”, dijo la dirigente que justo ha anunciado al comienzo de esta semana que quiere seguir siendo la presidenta de la Comisión una legislatura más, en referencia a los conflictos bélicos y el “incremento de las amenazas geopolíticas”.

Tampoco es la primera vez que se utiliza el miedo a “las amenazas externas” para seguir apuntalando los negocios de la industria armamentística a base de incrementar la partida de los presupuestos públicos que acaba en sus bolsillos. Dinero que, como siempre, acabará siendo recortado de la parte de esos mismos presupuestos que debería ir enfocado a apuntalar el estado de bienestar. Es lo que Naomi Klein llamó la doctrina del shock en su libro bajo ese mismo título. Generar todo un relato de terror hasta conseguir que la población acepte que la única vía posible para combatir ese miedo y sentirse seguros sea la de gastar dinero en fortalecer la industria de las armas y, en consecuencia, perder algunos derechos y libertades. 

Todo está en la narrativa

Von der Leyen, en un acto de populismo revestido de militar, ha llegado a comparar este incremento del gasto público en armamento con el que se acometió con las vacunas frente a la Covid. “Lo hicimos con las vacunas y el gas”, afirmó en la entrevista la mandataria europea en relación con el incremento del gasto y las compras de manera conjunta para afrontar la pandemia y para sortear la dependencia de energías rusas y sus consecuencias sobre la inflación. Pero, además, ha colocado el tema nacional del continente en la mesa. Algo así como un “si me dejáis gastar en armas, crearé empleo y haré que las empresas crezcan”. Si un partido de izquierdas propusiera ese mismo paradigma sobre otro tipo de industrias no consideradas estratégicas, sería tachado de peligroso populista y comunista que quiere intervenir los mercados para acabar con la libre competencia y subvencionar sectores que serían acusados de ser dependientes del dinero público. Pero hablamos de la industria de las armas y lo dice la más alta representante del Partido Popular Europeo dentro de las instituciones de la Europa de los mercados.

Es curioso también ver cómo los liberales siempre hablan de recortar el gasto público empleado en mantener el estado de bienestar y se les llena la boca hablando de mejorar el gasto, de recortar despilfarros y toda una serie de conceptos que son utilizados para denostar y estigmatizar el gasto (nunca llamado inversión) público. Pero, en cambio, ese debate nunca se encuentra en el seno del gasto militar.

Tenemos que gastar el 2% de nuestro PIB”. Así de simplona es la que se está consolidando como la regla del gasto militar global. Si estás en la ONU, gasta el 2% de tu PIB en defensa. Si quieres defenderte como es debido, gasta el 2% de tu PIB. Si quieres evitar los problemas geopolíticos globales y desenvolverte en este mundo que se ha vuelto más duro, gasta el 2% de tu PIB. Da igual si lo gastas en armas con fecha de caducidad, si no las acabas usando nunca, si son más caras porque prefieres comprar a empresas locales que a las de tus adversarios geopolíticos, no importa si ese gasto choque de frente con las reglas fiscales europeas, porque la austeridad no cuenta si estamos hablando de comprar armas. Pase lo que pase, gasta el 2% de su PIB.

Aunque si las palabras de la presidenta de la Comisión Europea intentan instaurar ese miedo de manera más sutil, al otro lado del charco Trump lo hace de una manera más directa: “Animaría a Rusia a hacer lo que diablos quisiera” con los países que no aumenten su gasto en defensa hasta alcanzar el famoso 2% del PIB, ha dicho el nuevamente candidato a ocupar la Casa Blanca. Trump, y cualquier otro presidente de los EE UU, sabe de sobra que un aumento del gasto militar de todos los países de la OTAN se traduce en un aumento inmediato en la facturación y beneficios de las principales empresas de armas a nivel mundial, casi todas norteamericanas. No es una estrategia de defensa tan solo militar, sino de defensa de las cuentas de resultados de un puñado de empresas.

Estado emprendedor, pero sólo para las armas

Vuelve el imperio del miedo y los tiempos oscuros. Unos tiempos de “necesitamos gastar tu dinero, pero lo hacemos por vuestro bien”, de “hay que tener miedo y ante el miedo sólo nos queda gastar más armas”. Los conceptos de soberanía e independencia se mezclan con los discursos de seguridad y defensa. Y vuelven los Estados a intervenir en la economía, pero sólo para temas estratégicos y salvaguardando siempre los beneficios de las empresas privadas, como es el caso de la industria armamentística.

En esta ocasión, dicha estrategia va ligada a ese nuevo mundo de grandes bloques, de pasos atrás en la globalización y de saltarnos las sagradas reglas de libre comercio cuando ya no convienen. Unas normas que venían muy bien cuando no había un jugador como China amenazando la hegemonía mundial estadounidense ni un viejo país imperialista como Rusia saliéndose del guion de la paz mundial. Ahora vuelven los conceptos de soberanía y de independencia, que se sitúan por encima de los de libertad comercial y de libertad de concurrencia. Una “desglobalización selectiva”, tal y como lo define el periodista y escritor Esteban Hernández, donde la industria y el sector de la defensa forma parte de los pilares estratégicos del bloque europeo. Y no, no es tan sólo por las guerras, sino por intentar la amenaza que supone para Occidente el constante crecimiento de China y la cola de espera de países que se ha formado para entrar a formar parte de los BRICS.

Esto se puede palpar con claridad en las palabras de Von der Leyen. “Hay que gastar europeo”, dijo en la entrevista, a lo que añadió que “tenemos un mercado de la defensa muy fragmentado y necesitamos cambiarlo” y ella misma se preguntaba y contestaba: “¿Qué es la competencia de de la CE? La industria. Es nuestra actividad principal”. Para rematar, acabó asegurando que “somos un facilitador, no un comprador”. Von der Leyen reconociendo que las administraciones públicas no son simples compradores, sino que con su gasto e inversiones pueden moldear y controlar el mercado. Ojalá se aplicara a tantos otros sectores. La Europa de los mercados habla de que “necesitamos que una justa parte del dinero de los contribuyentes europeos se gasten dentro de la Unión Europea”. Otro de los dogmas del neoliberalismo que se va al carajo.

Ese Estado facilitador se asemeja bastante a lo que la economista Mariana Mazzucato llama “el Estado emprendedor”. Mazzucato explica en un libro bajo ese mismo nombre cómo los Estados pueden ser los impulsores de industrias de la innovación que aporten mejoras a las vidas de la mayoría, mediante la inversión en sectores donde puede haber más riesgo a la hora de obtener beneficios o mediante colaboraciones con el sector privado para impulsar dichas industrias. En su libro pone como ejemplo la inversión que hizo el Gobierno de Estados Unidos para conseguir colocar al hombre en la Luna y explica cómo aquella inmensa inversión pública fue el germen de cientos de avances científicos y de desarrollo de innovaciones que mejoraron la vida de la gente y, de paso, trajo muchos beneficios económicos.

La diferencia con este Estado emprendedor de Mazzucato es que lo que quiere Von der Leyen y otros dirigentes son Estados en guerra constante y que utilicen su potencial militar para seguir manteniendo la hegemonía y statu quo de Occidente, en vez de hacerlo por la vía de la inversión y adelantos tecnológicos, donde los países asiáticos empiezan a volar solos y a superar a Europa y Estados Unidos. Repito, si un partido político de izquierdas propusiera exactamente lo mismo que propone Von der Leyen pero para otro tipo de industrias y mercados serían tachados de locos comunistas bolivarianos. Pero para las armas y la guerra todo vale, incluso romper los consensos neoliberales.

Los que deben estar gozando de este cambio de paradigma deben ser los grandes señores europeos de las armas, que tienen que haber dado palmas con las orejas al escuchar a Von der Leyen. No se va a premiar “la oferta más barata” o “el mejor producto”. No. Patada al libre comercio para arrancar una nueva era donde se intentará gastar el dinero de los europeos en Europa, para generar empleo aquí y fortalecer una industria que se está quedando atrás en comparación con los otros dos grandes bloques (una más).

Libre mercado, pero sólo para lo que no conviene. Desglobalización y refuerzo del papel del Estado, pero tan sólo en algunos sectores estratégicos más relacionados con mantener a raya a China que con mejorar la vida de la gente. El de las armas es uno de ellos. “Somos un facilitador, no un comprador”, como nuevo paradigma del gasto militar en Europa y la intervención de los mercados desde lo público. “Gastar europeo” como nuevo lema de un populismo militar de generar empleo y riqueza mediante el gasto en armas. “El mundo se ha vuelto más duro” como doctrina del shock.

3. Ganadores

Ya tenemos un ganador de la guerra: las industrias de armamento.

https://globalter.com/los-

Los datos que demuestran quién está ganando la guerra de Ucrania dos años después PASCUAL SERRANO

Al cumplirse dos años del inicio de la guerra de Ucrania, escucharemos todo tipo de versiones sobre quién está ganando la contienda. Unos dirán que Ucrania está venciendo porque Rusia no ha cumplido su sueño de tomar Kiev en unas semanas, como pretendía al inicio. Otros dirán que es Rusia la que, poco a poco, está triunfando porque las sanciones occidentales se han mostrado inútiles, se está agotando el apoyo militar de Estados Unidos y los avances en el frente de los últimos meses son del ejército ruso ante una contraofensiva ucraniana que se mostró fracasada. Pero seré yo el que les diga quién de verdad está ganando la guerra: la industria armamentística.

Desde el inicio de la guerra de Ucrania, el índice en Bolsa de la industria de defensa (principalmente de Estados Unidos, la Unión Europea y Reino Unido) ha subido un 24,5%, el doble que la media global de las empresas que cotizan.

El gasto militar mundial fue en 2023 un 9% superior al del año anterior, alcanzando un valor de 2,2 billones de dólares, un nuevo récord en una senda ya ascendente, según datos publicados por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos en vísperas de la Conferencia de Seguridad de Múnich. Se trata de una cifra superior al PIB de un país como Italia. Todo apunta a que seguirá creciendo.

La guerra de Ucrania ha sido la justificación perfecta para disparar el gasto militar europeo, ese al que tanto se resistían ante las presiones de la OTAN. En 2014, los aliados europeos de la OTAN gastaron 235.000 millones de dólares, un 1,47% del PIB. En 2023, la cifra ascendió a 347.000, equivalentes a un 1,85% del PIB. Para 2024 se esperan 380.000 y un 2%, respectivamente, según datos publicados por la Alianza Atlántica.

La Conferencia de Seguridad de Múnich fue un desfile de líderes pidiendo más armas, más munición y, por supuesto, más dinero para las empresas que las fabrican. Desde Josep Borrell, hasta el canciller alemán, Olaf Scholz, o la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Si hace unos años, anunciar un aumento del gasto de Defensa era impopular, de hecho en España suele hacerse oculto en otros apartados presupuestarios, ahora los líderes europeos sacan pecho del dinero que gastan en armas. “Me enorgullece poder decir que este año gastaremos en defensa el 2% del PIB”, declaró el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, en referencia a un umbral que es el requerido por la OTAN. “Pero soy suficientemente realista como para ver que esto podría no ser suficiente en años venideros”, añadió. Todo eso mientras su economía sigue en recesión debido al fin de la energía barata que le suministraba Rusia.

Tenemos que gastar más, tenemos que gastar mejor, tenemos que gastar europeo”. Esas fueron las palabras que la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, utilizó en una entrevista en The Financial Times para anunciar la nueva estrategia y sus intenciones de gasto en la industria armamentística. Lo más insultante es que la “necesidad” del gasto en armas lo ha llegado a presentar con la misma necesidad del gasto de vacunas en la pandemia o de gas para buscar alternativa (por supuesto más cara) a la energía rusa. Lo hicimos con las vacunas y el gas”.

El resultado, por tanto, de los dos años de guerra y las nuevas políticas de defensa es de negocio y dinero para las empresas de armamento.

Actualmente, Estados Unidos concentra el mayor número de contratistas militares y también grandes referencias para el mercado. No obstante, son las empresas europeas las que suben más en Bolsa en estos dos años, según el índice del Dow Jones, que recoge a las compañías de defensa y sector aeroespacial europeas, triplican en dos años de guerra en Ucrania a las estadounidenses, que suben un 22%.

En términos de ingresos y beneficios, esto también se traducirá en un drástico incremento de cara a los próximos ejercicios. Ya en 2023, el beneficio bruto de explotación (ebitda) aumentó un 15% de media entre las grandes compañías del sector. Y en el ejercicio en curso se espera que el ebitda aumente un 23% de media, según el consenso de mercado que recoge FactSet en el que será el mayor salto de los próximos tres ejercicios (el incremento de las ganancias esperado en 2025 sería del 14% interanual). Y en términos de flujos de caja, también se esperan incrementos superiores al 20% para los próximos tres años. La empresa mejor valorada por el mercado es la alemana Rheinmetall, que diseña y fabrica vehículos como el tanque Panther KF51. En estos dos años de guerra sus acciones han subido más de un 300%.

Las propias compañías armamentísticas ya contemplan una mejora de sus cuentas de resultados, incluso hasta 2030 si la tensión geopolítica se mantiene en los niveles actuales.

A precios actuales, las estadounidenses Lockheed Martin y Boeing son las que ofrecen los mayores recorridos por delante, según el consenso de mercado recogido por ElEconomista. Lockhed Martin, que obtiene más de un 80% de sus ingresos de la rama de defensa, está a un 15% de su precio objetivo en los 481,6 dólares. El producto estrella de la compañía es el F-35, que vende también fuera de Estados Unidos. “La demanda internacional de F-35 va en aumento desde que estalló la guerra de ucrania y el resto de tensiones geopolíticas”, explica el analista de Bloomberg, Will Lee.

Este año ya comenzó con la noticia de que varios países de la Unión Europea (España, Alemania, Países Bajos y Rumanía), acordaron comprar a través de la OTAN hasta 1.000 misiles Patriot a COMLOG, firma que está participada en un 50% respectivamente por Raytheon y MBDA Alemania. La primera es la firma estadounidense fabricante de los misiles, y la segunda, MBDA Alemania, es una filial del grupo armamentístico MBDA, conformado por tres empresas líderes europeas del sector aeroespacial y de defensa: Airbus (37,5%), BAE Systems (37,5%) y Leonardo (25%). El contrato está valorado en 5.041 millones de euros, según EFE.

Lo dejó bien claro Joe Biden cuando pedía dinero en el Congreso para armas en Ucrania. Estas fueron sus palabras: “Enviamos equipos a Ucrania que están en nuestros arsenales. Y cuando usamos el dinero aprobado por el Congreso, lo usamos para reabastecer nuestras propias reservas, nuestros arsenales, con nuevos equipos. Equipos que defienden a Estados Unidos y están hechos en Estados Unidos”. Y añadió “misiles Patriot para baterías antiaéreas hechos en Arizona; municiones de artillería fabricadas en 12 Estados a través del país [incluyendo] Pensilvania, Ohio, Texas”.

El secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, reveló que alrededor del 90 % de los fondos estadounidenses destinados a la ayuda militar a Ucrania en realidad se quedaron en el país norteamericano y se enviaron a su complejo militar-industrial. Ese mismo dato lo volvió a repetir el 20 de febrero el portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., Matthew Miller, en una rueda de prensacuando se trata de nuestra asistencia de seguridad a Ucrania, el 90 por ciento de ese dinero en realidad se gasta aquí en Estados Unidos. Beneficia a la manufactura estadounidense. Beneficia el desarrollo tecnológico estadounidense”.

La conclusión no deja lugar a dudas, la guerra de Ucrania primero, y la de Gaza después, ha mostrado ser la gran coartada para arrastrar al mundo, y especialmente a los países occidentales, al consumo de armamentos. La psicosis sembrada entre la ciudadanía de un Putin que quiere llegar invadiendo hasta Lisboa, o de una crisis en Oriente Medio que desestabilice el mundo, ha logrado que los ciudadanos, tradicionalmente sensatos, que no aceptaban aumentar sus gastos militares, terminaran aprobándolos. Lo hicieron hace unas décadas con la psicosis del terrorismo y ahora con las amenazas militares.

Quién nos hubiera dicho que, cuatro años después de una pandemia, la lección que tomaban nota los gobernantes era que había que dedicar más fondos públicos a armas en lugar de a sanidad.

Pascual Serrano es periodista y escritor. Su último libro es “Prohibido dudar. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo”

4. Assange y Palestina

Jonathan Cook une dos de los temas más candentes de la actualidad, que considera muestran la farsa del «orden basado en normas» estadounidense.

https://www.middleeasteye.net/

Los destinos de Gaza y Julian Assange están unidos
Jonathan Cook 23 febrero 2024
Si se informara adecuadamente, dos importantes vistas judiciales celebradas esta semana en Londres y La Haya pondrían de manifiesto que el «orden basado en normas» de Estados Unidos es una farsa vacía.
Esta semana se han desarrollado por separado en el Reino Unido y en los Países Bajos dos casos judiciales que amenazan nuestras libertades más básicas en todo el mundo. Ninguno de los dos recibió más que una cobertura superficial en los medios de comunicación occidentales como la BBC.
Uno de ellos fue el último recurso del fundador de Wikileaks, Julian Assange, en Londres contra los esfuerzos de Estados Unidos por extraditarlo para que pueda ser encerrado el resto de su vida.
El delito de Assange, según el gobierno de Biden, es haber publicado filtraciones que exponen los crímenes de guerra sistemáticos firmados por los establecimientos estadounidenses y británicos en Irak y Afganistán. El gobierno británico, como era de esperar, ha accedido a su extradición.
El otro caso fue juzgado por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya. Semanas después de que los jueces del Tribunal Mundial consideraran verosímil que Israel estuviera llevando a cabo un genocidio contra los palestinos de Gaza, el Estado cliente de Estados Unidos volvió a sentarse en el banquillo de los acusados por otro asunto.
La Asamblea General de las Naciones Unidas ha pedido a los jueces que emitan una opinión consultiva sobre si la ocupación y colonización permanentes de los territorios palestinos por parte de Israel equivale a una anexión ilegal de territorio en el que ha establecido un régimen de apartheid.
Por otra parte, Israel también tiene que informar sobre si se ha adherido a la decisión anterior del Tribunal de que cese las actividades que puedan constituir genocidio.
Aunque pueda parecer que los casos de Assange e Israel tienen poco en común, en realidad están íntimamente relacionados, y de un modo que ha puesto de relieve hasta qué punto el llamado «orden basado en normas» de Occidente se está revelando como una farsa vacía.

Silencio de los medios de comunicación
Una similitud reveladora es la escasa cobertura mediática que han recibido ambos casos, a pesar de la gravedad de lo que está en juego. El principal noticiario de la noche de la BBC dedicó apenas unos segundos al primer día de la audiencia de Assange, y casi al final de su orden de emisión.
Si Estados Unidos se sale con la suya, los tribunales otorgarían efectivamente a la Casa Blanca el poder de apresar a cualquier editor que arroje luz sobre los crímenes de Estado de Estados Unidos, y luego hacerlos desaparecer en su draconiano sistema de encarcelamiento.
El propósito de reclasificar el periodismo de investigación como espionaje es enfriar aún más la información crítica y la libertad de expresión. Cualquier periodista que se plantee enfrentarse al Estado de seguridad nacional estadounidense recordará el cruel destino de Assange.
Pero en realidad, gran parte de los medios de comunicación establecidos no parecen necesitar tales amenazas, como lo confirman los muchos años de información obediente y casi inexistente sobre el maltrato de Assange por parte de las autoridades británicas y estadounidenses.
Mientras tanto, si La Haya falla a su favor, Israel se envalentonaría para acelerar su robo y colonización de tierras palestinas. La limpieza étnica y la opresión de los palestinos se agravarían, con el riesgo de que las actuales tensiones regionales desemboquen en una guerra mayor.
Una victoria de Israel desgarraría el marco jurídico redactado tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, despojando a los débiles y vulnerables de las protecciones que se supone les otorga el derecho internacional humanitario. Por el contrario, indicaría a los más fuertes y beligerantes que pueden hacer lo que les plazca.
El reloj legal retrocedería ocho décadas o más.

Hipocresía punzante
Sin embargo, extrañamente, estos dos casos trascendentales -críticos para la preservación de un orden democrático liberal moderno y del Estado de derecho- han recibido apenas una fracción del interés y la atención mediática dedicados a la muerte de Alexei Navalny, crítico con el presidente ruso Vladimir Putin.
Al hacer alarde de su preocupación por Navalny, los medios de comunicación occidentales se han hecho eco una vez más de las hipocresías demasiado evidentes de los gobiernos occidentales, en lugar de abordarlas.
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció esta semana sanciones contra Moscú por la persecución del disidente político ruso. Es el mismo Biden que pretende, al mismo tiempo, encerrar hasta 175 años a un periodista australiano disidente, Assange, por sacar a la luz crímenes de guerra de Estados Unidos.
Durante años, los medios de comunicación occidentales han mostrado su horror por el trato que recibe Navalny y los diversos atentados contra su vida, que siempre atribuyen al Kremlin. Sin embargo, apenas se ha levantado una ceja ante las supuestas conversaciones mantenidas por la CIA en 2017 para planear posibles formas de secuestrar y asesinar a Assange.

Pocos han destacado el hecho de que Assange ya ha sufrido un derrame cerebral en medio de su persecución y el confinamiento de 15 años que le han impuesto las autoridades estadounidenses y británicas. Se encontraba demasiado indispuesto para asistir a las vistas judiciales de esta semana o incluso para seguir los procedimientos a través de una conexión digital desde el tribunal.
El ex relator especial de la ONU sobre la tortura, Nils Melzer, lleva tiempo advirtiendo de que Assange está siendo lentamente «aplastado» mediante el aislamiento y la tortura psicológica, con graves consecuencias para su salud.
Los abogados de Assange advirtieron esta semana al Tribunal Superior de Londres de que existía un grave peligro de que Estados Unidos añadiera más cargos una vez que Assange fuera extraditado, incluidos los que justifican la pena de muerte. Esta amenaza contra la vida de un periodista occidental pasó desapercibida para los medios de comunicación.
Según los expertos médicos, y aceptado por el primer juez que conoció del caso de extradición, Assange corre el riesgo de suicidarse si acaba en el estricto aislamiento de una prisión de máxima seguridad estadounidense.
Las lágrimas de los medios de comunicación por Navalny escuecen por su hipocresía.

Cheque en blanco
Otra similitud reveladora entre los casos de Assange e Israel es que ambos están ante los tribunales sólo porque Washington se ha atrincherado y se ha negado a resolver las cuestiones jurídicas, a pesar de sus implicaciones profundamente ominosas.
Si Estados Unidos retirara su solicitud de extradición, Assange podría quedar en libertad inmediatamente. La opresiva nube que se cierne sobre el futuro de una sociedad libre, que tiene el derecho y la capacidad de exigir a sus funcionarios que rindan cuentas por las irregularidades cometidas, se disiparía al instante.
Libertades básicas, como las consagradas en la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, están siendo destrozadas sólo porque reina un consenso entre la clase política estadounidense -desde demócratas a republicanos- para acabar con tales derechos.
Del mismo modo, si Estados Unidos insistiera en que cese la matanza masiva de niños en Gaza -hasta ahora han muerto más de 12.000-, las armas de Israel callarían de inmediato.
Si exigiera a Israel que pusiera fin a su ocupación de los territorios palestinos y a 17 años de asedio a Gaza, y si Estados Unidos adoptara un enfoque realmente imparcial en las conversaciones de paz, el Tribunal Mundial podría dejar de lado sus audiencias contra Israel. Su opinión sería superflua.
Washington, cualesquiera que sean sus protestas, tiene ese poder. Son Estados Unidos y sus aliados quienes suministran bombas y municiones a Israel. Son Estados Unidos y sus aliados quienes proporcionan la ayuda militar y la cobertura diplomática que permiten a Israel actuar como perro de presa en Oriente Próximo, rico en petróleo.
La intransigencia de Israel, su hambre de tierras ajenas, su deshumanización del pueblo palestino y su constante recurso a las opciones militares tendrían que abandonarse, aunque fuera a regañadientes, si Estados Unidos no le extendiera un cheque en blanco.
En lugar de ello, Estados Unidos ha vetado esta semana en el Consejo de Seguridad los esfuerzos por imponer un alto el fuego que ponga fin al genocidio. El Reino Unido se abstuvo.
También esta semana, funcionarios estadounidenses dijeron a los jueces del Tribunal Mundial que no debían pedir a Israel que pusiera fin a su ocupación a corto plazo. De manera orwelliana, Estados Unidos calificó las décadas de opresión violenta por parte de Israel y los asentamientos ilegales en territorio palestino como «necesidades de seguridad muy reales de Israel».

Campaña de intimidación
Los casos están relacionados de otra manera.
En el caso de Assange, Estados Unidos exige una jurisdicción legal mundial absoluta para acosar a los críticos, a quienes desean descorrer el velo de secretismo que protege a los funcionarios occidentales de la rendición de cuentas por sus crímenes.
Desea silenciar a quienes desenmascaran sus mentiras, engaños e hipocresías. Espera poder hacer desaparecer en su sistema penitenciario a quienes tratan de hacer cumplir el compromiso autoproclamado de Occidente con un orden democrático y un comportamiento legal.
Paralelamente, y por razones similares, Washington exige lo contrario para sí mismo y para Estados clientes como Israel. Insiste en la inmunidad jurídica mundial absoluta, hagan lo que hagan.
Su veto en el Consejo de Seguridad se ejerce a tal efecto, al igual que su campaña de intimidación contra las autoridades judiciales que tienen la fantasiosa idea de que el mismo derecho internacional que se utiliza para frenar a los enemigos podría frenar a Washington y a sus aliados.
Cuando el tribunal hermano de la CIJ de La Haya, la Corte Penal Internacional, trató de investigar adecuadamente a Estados Unidos por crímenes de guerra en Afganistán, y a Israel por atrocidades en los territorios palestinos ocupados, Washington montó en cólera.
Impuso sanciones económicas a figuras destacadas de la CPI y bloqueó la entrada a sus investigadores para que no pudieran desempeñar sus funciones. Del mismo modo, Israel ha impedido que una serie de relatores especiales de la ONU entren en los territorios palestinos ocupados para informar sobre las violaciones de los derechos humanos que allí se cometen.
Del mismo modo que la persecución de Assange pretende aterrorizar a otros periodistas para que no se planteen pedir cuentas a funcionarios estadounidenses por sus crímenes, la intimidación de las más altas autoridades judiciales del planeta pretende enviar un mensaje claro a los sistemas judiciales nacionales. Ciertamente, ese mensaje parece haber sido recibido con fuerza en Londres.

Vacío de información
Otra conexión es quizá la más significativa. Assange observó una vez: «Casi todas las guerras que han comenzado en los últimos 50 años han sido resultado de las mentiras de los medios de comunicación».
Es sólo debido al vacío de información real -ya sea omitida por los periodistas por miedo a molestar a los actores poderosos, o protegida de la vista por las políticas de secretismo de esos mismos actores poderosos- que los Estados pueden persuadir a sus públicos para que apoyen guerras y violentos acaparamientos de recursos.  
Los únicos que se benefician de estas guerras son una pequeña élite adinerada en la cúspide de la sociedad. Con demasiada frecuencia, son los ciudadanos de a pie quienes pagan el precio, ya sea con sus vidas o dañando los sectores de la economía de los que dependen.
La continua guerra por poderes en Ucrania -una guerra armada con Rusia, financiada por la OTAN, que utiliza Ucrania como campo de batalla- es un ejemplo perfecto. Son los ucranianos y los rusos de a pie quienes están muriendo.
A pesar de que Occidente espoleó el derramamiento de sangre, las economías europeas han quedado destrozadas y se han desindustrializado aún más, mientras que, como consecuencia directa de los combates, otra subida de los precios al consumo ha afectado a los más vulnerables.
Pero unos pocos -incluidas las grandes corporaciones energéticas y los fabricantes de armas, así como sus accionistas- han cosechado grandes ganancias inesperadas de la guerra. En Gaza se ha seguido exactamente el mismo plan.
El trabajo de los medios de comunicación es conectar los puntos para el público occidental sirviendo como vigilantes del poder. Pero una vez más, han fracasado en este, su deber profesional y moral más importante. Los villanos han vuelto a salir impunes de sus crímenes.
Son los criminales de guerra y los promotores del genocidio en Washington los que están libres, mi
entras que Assange está encerrado en una mazmorra y el pueblo de Gaza se muere lentamente de hambre.
El proyecto de Assange fue diseñado para revertir todo eso. Se trataba de llevar a los criminales de guerra de las capitales occidentales ante la justicia a través de la verdad y la transparencia. Se trataba de descorrer el velo.
Si Assange estuviera libre, y si los denunciantes y las personas con conciencia en los pasillos del poder se sintieran envalentonados en lugar de aterrorizados por su trato, podríamos vivir en una sociedad en la que nuestros líderes no se atrevieran a armar un genocidio; y no se atrevieran a conspirar en la hambruna de dos millones de personas.
Por eso los destinos de los habitantes de Gaza y de Julian Assange están tan estrechamente unidos.

5. Resumen de la guerra en Palestina, 23 de febrero.

El resumen de Mondoweiss.

https://mondoweiss.net/2024/

Día 140 de la «Operación Al-Aqsa»: Expertos de la ONU instan a los países a dejar de armar a Israel mientras Netanyahu desvela su plan de posguerra
El plan de posguerra de Benjamin Netanyahu contempla que Israel ejerza el control directo sobre una Franja de Gaza desmilitarizada, al tiempo que desmantela permanentemente la UNRWA y asigna «funcionarios locales» para gobernar los asuntos civiles.
Por Anna Lekas Miller 23 de febrero de 2024
Bajas
Más de 29.514 muertos* y al menos 69.616 heridos en la Franja de Gaza.
Más de 380 palestinos muertos en Cisjordania ocupada y Jerusalén Oriental.
Israel revisa a la baja su estimación de víctimas mortales del 7 de octubre, de 1.400 a 1.147.
576 soldados israelíes muertos desde el 7 de octubre y al menos 3.221 heridos**.
*Esta cifra fue confirmada por el Ministerio de Sanidad de Gaza en el canal Telegram. Algunos grupos de derechos humanos elevan la cifra de muertos a más de 38.000 si se tienen en cuenta los presuntos muertos.
**Esta cifra la dio a conocer el ejército israelí, mostrando los soldados cuyos nombres «se permitió publicar».

Principales acontecimientos

  • El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, desvela un «plan de posguerra» para Gaza, en el que Israel controlaría la seguridad y desempeñaría un papel en los asuntos civiles
  • La presidencia palestina rechaza el plan de Netanyahu y pide un Estado palestino independiente.
  • El ministro israelí de Finanzas, Ben Smotrich, se dispone a aprobar más de 3.000 viviendas en Cisjordania como «venganza sionista» por el tiroteo en las afueras de Maale Adumim.
  • Las fuerzas israelíes lanzan una serie de ataques contra Gaza Central, matando a 40 palestinos e hiriendo al menos a otros 100.
  • Las fuerzas israelíes vuelven a entrar en el asediado hospital Nasser de Jan Yunis, mientras las organizaciones humanitarias elaboran estrategias para evacuar a 140 pacientes atrapados.
  • Varias organizaciones israelíes de derechos humanos piden a los países que restablezcan la financiación de la UNRWA.
  • Cisjordania: Las fuerzas israelíes detienen a dos niños de diez años de Sinjil, al norte de Ramala.
  • Expertos de la ONU: Las exportaciones de armas a Israel deben cesar inmediatamente.
  • Los ministros de Asuntos Exteriores reunidos en la cumbre del G20 en Río de Janeiro debaten la importancia de una solución de dos Estados con un Estado palestino independiente.
  • La radio del ejército israelí informa de que se está «preparando para la guerra» en Líbano.
  • Un ataque aéreo israelí mata a dos paramédicos en la localidad libanesa de Bint Jbeil.

Netanyahu desvela el plan de posguerra para Gaza.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, desveló un plan de posguerra para Gaza por primera vez desde el comienzo de la guerra. Los objetivos a corto plazo del plan -desmantelar totalmente Hamás y la Yihad Islámica Palestina y conseguir la liberación de todos los cautivos israelíes- irían seguidos de la desmilitarización total de Gaza, sobre la que Israel desempeñaría un papel en el gobierno de los asuntos civiles, de forma similar a como controla actualmente Cisjordania.
Según Haaretz, el plan del primer ministro contemplaría que los asuntos civiles cotidianos del enclave fueran administrados por «funcionarios locales» y «profesionales con experiencia en gestión» que «no deben ser identificados con estados u organizaciones que apoyan el terror y no deben recibir salarios de ellos.»
El plan de Netanyahu también establece explícitamente que la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados y el Trabajo (UNRWA) debe ser desmantelada en represalia por el supuesto papel de 13 de sus empleados en Gaza en los ataques del 7 de octubre, de los que Israel no ha aportado pruebas.
Como era de esperar, el plan de Netanyahu ha recibido críticas tanto de Hamás como de la oficina de la presidencia de la Autoridad Palestina. La oficina del presidente de la AP ha rechazado explícitamente la propuesta de Netanyahu, que también establece que el ejército israelí seguiría teniendo «libertad para operar» en Gaza, reocupando esencialmente el enclave.
«Gaza sólo formará parte del Estado palestino con Jerusalén como capital, y cualquier plan que no sea ése está condenado al fracaso», declaró el viceprimer ministro y portavoz, Nabil Abu Rudeineh, comparando el plan con la ocupación israelí de Cisjordania.
«Israel no tendrá éxito en sus intentos de cambiar la realidad geográfica», afirmó Abu Rudeineh.

Masacres en Gaza: «Nunca pensé que trasladaría pacientes de un hospital terciario a un hospital de campaña».
Las fuerzas israelíes han lanzado una serie de ataques contra el centro de Gaza, matando al menos a 40 palestinos e hiriendo al menos a 100 más en una masacre que no cesa.
«Eran alrededor de las 6:30 de la mañana cuando los soldados israelíes volaron un muro de nuestra casa y luego abrieron fuego al azar contra nosotros», dijo a Al Yazira Ramadan Shamaklah, un superviviente de 21 años del barrio de Zeitoun de la ciudad de Gaza.
«Los soldados nos atacaron brutalmente a mí y a mi hermano, que sufre una lesión en el pie desde la guerra de 2014, y nos golpearon ampliamente», continuó, describiendo una escena en la que los soldados israelíes gritaron palabras obscenas a su familia y obligaron a las mujeres a quitarse el hiyab.
Mientras tanto, continúa el despiadado asalto del ejército israelí al hospital Nasser de Jan Yunis. Las agencias de ayuda esperan poder evacuar a los 140 pacientes que permanecen allí mientras las aguas residuales inundan las salas y los que quedan se quedan sin agua para beber ni alimentos ni artículos de higiene personal.
«Nunca pensé que esto ocurriría en un hospital», dijo la Dra. Sara al-Saqqa, la primera mujer cirujana de Gaza y una de las pocas médicas que atienden a pacientes en el hospital asediado.
«Nunca pensé que traería pacientes de un hospital terciario a un hospital de campaña», continuó. «Pero está ocurriendo. No es seguro que se queden allí. No tienen la calidad de atención médica que merecen y necesitan, por eso seguimos yendo.»
Mientras tanto, varias organizaciones israelíes de derechos humanos -entre ellas B’Tselem, Médicos por los Derechos Humanos y Rompiendo el Silencio- han pedido a los países que retiraron la financiación al Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas (UNRWA) que la restablezcan.
«Las dudas sobre la implicación de empleados de la UNRWA en el ataque a Israel son muy serias, pero no justifican la congelación punitiva de la financiación de la Agencia», señalaron las organizaciones en un comunicado.
«No se debe permitir que las acciones de unos pocos ensombrezcan la vital labor humanitaria de UNRWA», continúa el comunicado.
Médicos Sin Fronteras ha condenado la «guerra sin límites» de Israel, uniéndose a los llamamientos al alto el fuego mientras un equipo de expertos de la ONU pide a los países que envían armas a Israel que dejen de hacerlo «inmediatamente», ya que es probable que se utilicen en violaciones de los derechos humanos en Gaza. Mientras tanto, la radio del ejército israelí afirma explícitamente que el ejército se está entrenando para la guerra en Líbano.

Ministros israelíes impulsan la construcción de viviendas para colonos como «venganza sionista» por el ataque a Cisjordania
El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, ha anunciado que se dará luz verde a la construcción de 3.000 viviendas en el asentamiento de Ma’ale Adumim, en Cisjordania, como «respuesta sionista adecuada» al mortal tiroteo del jueves, en el que tres pistoleros palestinos abrieron fuego cerca de un puesto de control israelí en la carretera entre Jerusalén y el asentamiento de Ma’ale Adumim, en Cisjordania, matando a un ciudadano israelí.
«Que todos los terroristas que planean hacernos daño sepan que levantar un dedo contra ciudadanos israelíes será respondido con un golpe de muerte y destrucción, además de la profundización de nuestro eterno control sobre toda la Tierra de Israel», dijo en una reunión tras el incidente. Muchos sospechan que esta medida provocará una ruptura con la administración Biden, que ya ha impuesto sanciones a los colonos violentos que socavan «la paz, la seguridad y la estabilidad» en toda Cisjordania.
Mientras tanto, continúan las redadas militares israelíes en toda Cisjordania. Anoche, las fuerzas israelíes detuvieron a ocho palestinos entre Belén y Tulkarem y detuvieron a dos niños en la ciudad de Sinjal, al norte de Ramala, mientras muere el décimo preso palestino bajo custodia israelí desde la represión de los presos palestinos tras el 7 de octubre.
El jueves 22 de febrero por la noche, un avión no tripulado israelí asesinó a un combatiente de la Brigada de Yenín, el grupo armado de resistencia con base en el campo de refugiados de Yenín, en el norte de Cisjordania. Un colaborador de la Brigada de Yenín, que prefirió permanecer en el anonimato, declaró a Mondoweiss que el asesinato con dron se produce tras varios intentos fallidos de asesinato por parte de las fuerzas especiales israelíes sobre el terreno en el campo. El asesinato es el último de una serie de renovadas medidas enérgicas contra la resistencia armada palestina en Cisjordania desde el 7 de octubre.
A pesar de la creciente presión mundial sobre los colonos israelíes, continúa la violencia de éstos, que incendiaron un vehículo cerca de Nablús y cortaron el suministro eléctrico a la cercana aldea de Al-Naqoura.

Se reanudan las audiencias de la CIJ en La Haya; los ministros de Asuntos Exteriores respaldan al Estado palestino en la cumbre del G20
Mientras tanto, continúan en La Haya las audiencias de la Corte Internacional de Justicia, en las que varios países -entre ellos Omán, Noruega y Namibia- presentan sus argumentos.
«[El pueblo de Palestina] ha estado viviendo bajo la ocupación, la opresión, la injusticia y la humillación diaria, mientras la comunidad internacional no le ayudaba a hacer realidad sus aspiraciones a un Estado independiente», dijo ante el tribunal el representante de Omán, Abdullah bin Salem bin Hamad
Alharthy.
Los representantes de Namibia establecieron comparaciones entre la ocupación israelí de Palestina y la dolorosa historia colonial de Namibia, mientras que el representante de Pakistán argumentó que la ocupación israelí de Palestina «no es irreversible».
Los ministros de Asuntos Exteriores reunidos en la cumbre del G20 en Río de Janeiro han sido casi unánimes en su apoyo a una solución de dos Estados, afirmando que es la «única respuesta» al conflicto palestino-israelí.
«No va a haber paz… no va a haber seguridad sostenible para Israel a menos que los palestinos tengan una perspectiva política clara para construir su propio Estado», declaró el jefe de Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell.

6. El coste económico de la guerra para Israel

Algunas notas de Sergio Cararo sobre el impacto que está teniendo hasta el momento la guerra en Palestina para Israel.

https://contropiano.org/news/

La economía israelí en crisis por la guerra contra los palestinos
por Sergio Cararo
La operación militar en Gaza también está pasando una elevada factura económica a Israel. Un amplio informe del Financial Times documenta el grave estado de crisis de la economía israelí después del 7 de octubre.
De hecho, en el último trimestre de 2023, el PIB israelí cayó casi un 20%. En comparación con el tercer trimestre, cayó un 5,2%, según datos de la Oficina de Estadística…
Los analistas internacionales señalaron que esta caída del PIB del 19,4% se produjo bruscamente cuando 300.000 reservistas israelíes tuvieron que dejar sus puestos de trabajo porque fueron llamados a filas para combatir.
La llamada a filas de 360.000 reservistas -la mayor movilización de Israel desde la guerra del Yom Kippur en 1973- está ejerciendo una presión considerable sobre las finanzas públicas israelíes. El gobierno israelí ha estimado estos costes en 41 millones de dólares diarios en las primeras fases de los combates. Reescalando esta cifra para reflejar la duración de las hostilidades desde entonces, se sugiere que los costes adicionales de personal pueden haber alcanzado unos 4.200 millones de dólares hasta enero.
Tras el ataque palestino del 7 de octubre, Israel también impuso severas restricciones a la circulación de trabajadores palestinos desde Cisjordania, lo que supuso un duro golpe para la construcción debido a la escasez de mano de obra, un freno más al crecimiento económico. Así lo confirma el hecho de que las inversiones fijas de las empresas de construcción se desplomaran un 67,8%.
Las importaciones israelíes de bienes y servicios cayeron un 42% y las exportaciones un 18%.
Según las estimaciones oficiales, 2023 había terminado positivamente para la economía de Tel Aviv, con un aumento del 2% respecto al año anterior, en el que el crecimiento había sido sustancial, del orden del 6,5%. Pero ahora el PIB ha caído y el gasto público se ha disparado, creciendo un 88% en los tres meses transcurridos desde el 7 de octubre, impulsado principalmente por el gasto militar.
Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, Israel también se enfrenta a costes significativos debido al alto nivel de gasto en armamento de las FDI. El IISS calcula que, antes del conflicto, Israel destinaba un tercio de su presupuesto de defensa a la adquisición de equipos y a investigación y desarrollo. Israel recibió otros 3.300 millones de dólares de Estados Unidos a través de asignaciones de financiación militar exterior.

«Aunque es prematuro estimar los costes materiales de la actual operación militar, es probable que los futuros presupuestos israelíes aumenten el gasto en adquisiciones para reponer las municiones usadas y ampliar los arsenales. Una prioridad probable son los interceptores Tamir, utilizados en el sistema de defensa antimisiles Cúpula de Hierro del país. Israel ha utilizado cientos de ellos para defenderse de ataques con misiles. Sin embargo, con un coste estimado de entre 40.000 y 50.000 dólares por interceptor (basado en cifras de 2013), reponer y ampliar las existencias sigue siendo una empresa considerable».
La agencia de calificación Moody’s rebajó la calificación soberana de Israel de A1 a A2 debido a la preocupación por la guerra en Gaza, en particular por la duración del conflicto y su impacto más amplio en la economía del país.
Las perspectivas económicas israelíes tampoco son alentadoras. Según el Banco de Israel, el conflicto costará al país unos 255.000 millones de shekels (70.300 millones de dólares) de aquí a finales de 2025, es decir, alrededor del 13% del PIB.
Ya en noviembre, el banco central israelí había recortado sus estimaciones del 3% al 2%, y la inflación interanual se ralentizó hasta el 2,6% en enero (en mínimos de dos años), desde el 3% de diciembre, posible señal de debilitamiento de la actividad económica.
Si el gobierno israelí sigue anunciando su intención de continuar las operaciones militares y el genocidio de palestinos en Gaza, los datos económicos -así como el aislamiento internacional- podrían obligarle pronto a revisar sus planes. El factor tiempo no juega a favor de Netanyahu.

7. La democracia en África francófona

Ya habíamos visto por aquí un artículo de Ndongo Samba Sylla sobre el «imperialismo electoral» en Françafrique. En Basta! le acaban de hacer esta entrevista. https://basta.media/Senegal-

«Aunque haya una alternancia en Senegal, el programa se define con el FMI».
23 de febrero de 2024 por Clair Rivière
Elecciones aplazadas en Senegal, dirigentes que se aferran al poder, putsches en Malí, Burkina Faso, Níger… El economista senegalés Ndongo Samba Sylla analiza estas crisis democráticas a través del prisma de la historia de Françafrique.
Françafrique está en crisis. En Malí, Burkina Faso y Níger, regímenes militares golpistas han obligado al ejército francés a abandonar su territorio en los últimos meses. Y desde principios de febrero, Senegal vive una crisis electoral. El Presidente Macky Sall aplazó el escrutinio, a pesar de que un candidato de la oposición se perfilaba como favorito para las elecciones presidenciales del 25 de febrero. El 22 de febrero prometió dimitir, pero no dio fecha para las elecciones.
Mientras tanto, la represión de las protestas contra lo que se denuncia como un «golpe de Estado institucional» se ha saldado con cuatro muertos. Ndongo Samba Sylla, economista e intelectual senegalés comprometido con la oposición al franco CFA, analiza este momento. Acaba de publicar De la démocratie en Françafrique: une histoire de l’impérialisme électoral (con Fanny Pigeaud, La Découverte, 2024). Basta! se reunió con él en Dakar.
¡Basta! El verano pasado, cuando el ejército derrocó al presidente de Níger, Francia exigió «el restablecimiento de la integridad democrática». Cuando se aplazaron ilegalmente las elecciones presidenciales senegalesas, el tono de París fue mucho más tímido. ¿Cómo interpretar esta diferencia de trato?
Ndongo Samba Sylla: Algunos hablan de hipocresía y de doble rasero. Lo que explicamos en nuestro libro con Fanny Pigeaud es que no existe una diplomacia basada en valores por parte de los países occidentales, y menos aún por parte de Francia. En otras palabras, cuando un golpe civil o militar es llevado a cabo por personas leales a los intereses franceses u occidentales, no hay ningún problema. Pero cuando proviene de disidentes, la cosa cambia.
A menudo se pone a Senegal como ejemplo de democracia. En su opinión, se trata de un mito. Sin embargo, a diferencia de sus vecinos, Senegal nunca ha sufrido un golpe militar. Incluso ha vivido dos transiciones pacíficas, con el presidente saliente aceptando la derrota en las urnas…
Senegal se ha presentado como un símbolo de democracia porque la mayoría de los demás países del África francófona han tenido regímenes hiperautoritarios, con dirigentes que a veces permanecen en el poder durante décadas [1]. Es cierto que Senegal ha conseguido avances democráticos, pero no hay que olvidar que fueron fruto de la lucha de movimientos fuertemente reprimidos, como el Partido de la Independencia Africana [grupo de izquierdas obligado a pasar a la clandestinidad bajo el reinado de Léopold Sédar Senghor, primer presidente del Senegal independiente].
A menudo confundimos estabilidad política relativa con democracia. En Camerún, por ejemplo, nunca ha habido un golpe militar. ¿Es eso una democracia? Para mí, la estabilidad política de Senegal se explica por dos factores: en primer lugar, nunca hemos tenido un líder que desafiara el pacto neocolonial. En segundo lugar, durante mucho tiempo no tuvimos recursos estratégicos: todo lo que teníamos eran cacahuetes, pescado y fosfatos.
Ahora que tenemos gas y petróleo [la explotación de los yacimientos en alta mar empezará este año, nota de la redacción], eso cambia muchas cosas. Abre el apetito, no sólo en el seno de la clase política senegalesa, sino también entre los actores exteriores, que querrían asegurarse su cuota de mercado en estos nuevos sectores extractivos.
En su opinión, el intento de «golpe de Estado institucional» del Presidente Macky Sall forma parte de la historia electoral de Françafrique. ¿En qué sentido?
No podemos predecir lo que ocurrirá a largo plazo. Pero desde 1960, en los 16 países de la zona histórica del franco (es decir, los 16 países que en un momento u otro utilizaron el franco CFA), ha habido más de 150 dirigentes. Ni uno solo de ellos ha sido verdaderamente crítico con Françafrique y ha llegado al poder mediante elecciones normales. En los 63 años transcurridos desde la independencia, no se ha dado ningún caso semejante. Bassirou Diomaye Faye [principal candidato de la oposición en Senegal], que era el favorito en las elecciones, podría haber sido el primero. Me pregunté: si gana las elecciones, ¿será capaz de gobernar? Si llega al poder, ¿no le pasará algo? Porque eso habría sido absolutamente inaudito. Por eso, cuando Macky Sall aplazó las elecciones, me dije que eso respondía a la lógica histórica de Françafrique. Pero la historia aún no ha terminado, ya veremos.
El Consejo Constitucional ha confirmado finalmente el aplazamiento de las elecciones presidenciales al 25 de febrero, anulando al mismo tiempo el aplazamiento al 15 de diciembre. Así pues, el escrutinio tendrá lugar dentro de algunas semanas o meses, en una fecha aún desconocida. ¿Es posible una elección con «juego limpio» en Senegal?
Depende de qué grado de juego limpio hablemos. Este año, hay una tendencia clara: los senegaleses quieren un cambio de gobierno. Así pues, en un contexto de vigilancia popular, esta alternancia es posible, pero nunca será una elección verdaderamente justa, aunque sólo sea porque el censo electoral no es ni justo ni transparente.
Es lo que usted escribe en el libro: para influir en una elección, no es indispensable rellenar las urnas de forma burda, como acabamos de ver en las Comoras para las elecciones presidenciales de enero. También puede tener lugar en el período previo a la votación…
Senegal es un campeón de la eugenesia electoral: el poder siempre ha conseguido determinar quién tiene derecho a presentarse y quién a votar. En 2019, Macky Sall no habría podido ganar las elecciones presidenciales en primera vuelta sin la eliminación de sus dos principales oponentes, liquidados por la justicia.
Además, el censo electoral fue diseñado para maximizar el electorado en ciertos bastiones del gobierno y restringirlo en ciertos bastiones de la oposición. En el departamento de Dakar, que tiende a favorecer a la oposición, el número de votantes registrados disminuyó en unos 19.000 entre 2012 y 2019, cuando en toda lógica demográfica debería haber aumentado en varias decenas de miles.
Las primeras víctimas de esta eugenesia electoral son los jóvenes, porque tienden a votar a la oposición. Así que no estamos haciendo mucho para ayudarles a inscribirse. Para las próximas elecciones presidenciales, el periodo de revisión del censo electoral duró sólo un mes, entre abril y mayo de 2023. Sólo se inscribieron 280.000 personas, mientras que el número potencial de nuevos votantes era de 2,5 millones.
Otro problema, dice usted, es que cualquiera que sea el líder que llegue al poder, la política económica sigue siendo más o menos la misma. ¿Por eso habla de «alternancias sin alternativas»?
En términos económicos, no hay opción al cambio. Incluso cuando se produce una alternancia en el poder en Senegal, el programa se define con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, etcétera. Hay que ser atractivo para el capital financiero internacional. No salimos de lo que el economista malawiano Thandika Mkandawire llama «democracias sin elección».
Desde los «programas de ajuste estructural» impuestos por las instituciones financieras internacionales a partir de los años 80, usted dice que el África francófona se ha convertido en una especie de «bancocracia»…
En bastantes países, los cargos de Primer Ministro, Ministro de Hacienda e incluso Jefe de Estado están ocupados por personas que han trabajado con el FMI o el Banco Mundial, por ejemplo, o proceden directamente de ellos. Estas personas hicieron posible la dolorosa devaluación del franco CFA [el 11 de enero de 1994, de la noche a la mañana, el franco CFA perdió la mitad de su valor].
Reformatearon el marco de la política macroeconómica según el programa conservador neoliberal de la Unión Europea con los criterios de convergencia de Maastricht. Aplicaron todo esto a nuestras economías. Consiguieron lo que llamaron «independencia de los bancos centrales». Salvo que los bancos centrales de la zona del franco se hicieron independientes de sus propios gobiernos, pero no del Tesoro francés…
Lo interesante es que incluso en los regímenes en los que los militares están en el poder, a veces se apresuran a nombrar a gente de las instituciones financieras internacionales. Al final, sea quien sea tu líder, tiene que mostrar una bata blanca: la adhesión a la ortodoxia económica. Y la democracia presupone que hay varias opciones.
En Malí, Burkina Faso y Níger, los militares que tomaron el poder consiguieron la salida del ejército francés. ¿Estos golpes marcan un final seguro para el sistema franco-africano?
Aún no lo sabemos. Lo paradójico, en cualquier caso, es que nadie podía imaginar que las tropas francesas se marcharían tan rápidamente. En un régimen supuestamente democrático, habría sido muy improbable, si no imposible. Pero con regímenes militares, se hace en cuestión de meses. Esto es muy revelador de la naturaleza del llamado régimen «democrático» en estos países: un régimen basado fundamentalmente en la renuncia a la soberanía nacional y en la ausencia de perspectivas económicas prometedoras. A veces, los golpes de Estado se inscriben en una lógica de ruptura con este orden «democrático» neoliberal. Eso no significa que tengan éxito.
Sea como fuere, vemos que la gente se rebela contra Françafrique. Los jóvenes ya no quieren dirigentes serviles a los intereses occidentales. Lo mismo ocurre en Senegal. Dicen: «No tenemos nada contra los franceses, pero hagamos asociaciones beneficiosas. No pueden venir a explotar nuestros recursos y a humillarnos todo el tiempo. Respetadnos». Algunos dirigentes africanos intentan sacar partido de esta retórica para establecerse.
En los tres países que han sufrido golpes de Estado, los militares son muy autoritarios en su forma de ejercer el poder. Algunos de sus partidarios justifican estos excesos alegando que la democracia es una construcción occidental inadecuada para África. ¿Cuál es su opinión al respecto?
En el libro defendemos lo que llamamos una «democracia sustantiva». Discrepamos de los que dicen que la gente no sabe votar y de los que afirman que por razones culturales no puede haber democracia en África. Decimos que el llamado sistema democrático no es democrático. Es un sistema de oligarquía liberal con tendencias autoritarias e hiperrepresivas. Desde nuestro punto de vista, tampoco hay países democráticos en Occidente.
Pero la democracia es el ideal. Tenemos que hacer nuestro este concepto. Defender la igualdad política significa también crear los resultados económicos que desean los pueblos y, sobre todo, garantizar a todos las condiciones de una vida digna y libre.
En todas partes, Occidente ha intentado imponer su propia forma «democrática liberal». Afirma que cualquier otra forma política no es legítima, no es «civilizada». Pero la igualdad puede configurarse de otro modo a nivel institucional. Necesitamos liberar nuestra creatividad e imaginación políticas para encontrar otras formas de lograr mayor libertad, mayor igualdad y mayor solidaridad.
Entrevista realizada por Clair Rivière

Ndongo Samba Sylla. Economista senegalés, Ndongo Samba Sylla es Director de Investigación para la región de África de International Development Economics Associates. Es coautor, junto con la periodista Fanny Pigeaud, del libro De la démocratie en Françafrique: une histoire de l’impérialisme électoral (La Découverte, 2024).

8. Una crítica al decrecimiento en Jacobin

Me parece una postura totalmente errónea, y «un crecimiento verde para descarbonizar el planeta» es una contradicción en los términos y un imposible, pero alguna de las críticas al decrecimiento son razonables o, al menos, merecedoras de discusión. Su postura está en la línea de los newgreeendealistas de que la electrificación mágica lo solucionará todo y que ellos sí que saben de política, no como esos «colapsistas» que no consiguen un gran movimiento de masas. ¿Los newgreendealistas sí?

https://jacobin.com/2024/02/

4 problemas para el movimiento decrecimiento
Daniel Driscoll
Aunque cada vez más influyente en los círculos activistas y en los debates políticos, la perspectiva del decrecimiento para abordar el cambio climático adolece de graves defectos analíticos y políticos. Necesitamos un programa de crecimiento verde para descarbonizar el planeta.
En medio de las protestas francesas de mayo de 1968, nació la idea del decrecimiento bajo el nombre de décroissance. Rápidamente ganó adeptos en los círculos marxistas parisinos con trabajos de filósofos como el austriaco André Gorz y otros. Cuando en 1972 el Club de Roma publicó Los límites del crecimiento, el término «decrecimiento» se generalizó.
Hoy en día, el decrecimiento está viviendo otro momento, esta vez bajo su nombre en inglés, a medida que el decrecimiento se introduce tanto en los círculos políticos como en el discurso popular. Sin embargo, es una distracción para los movimientos climáticos de izquierdas, que no podemos permitirnos cuando el mundo tiene tan poco tiempo para descarbonizarse.
El decrecimiento no ofrece ni soluciones empíricamente fundamentadas ni una teoría creíble del cambio social y político. Adolece de cuatro grandes problemas.

1. El decrecimiento a menudo confunde correlación con causalidad y extrapola en exceso el pasado.
La fuerza del movimiento por el decrecimiento radica en la precisión con la que se relata cómo los países ricos se desarrollaron gracias al uso de combustibles fósiles. Los combustibles fósiles y las economías evolucionaron juntos: el carbón alimentó las primeras fábricas de la Revolución Industrial. La electricidad iluminó, conectó y expandió las ciudades de todo el mundo. El petróleo y el gas tejieron la economía mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Así pues, el crecimiento económico fue de la mano del aumento de las emisiones. El movimiento por el decrecimiento sostiene que, aunque en teoría sea posible pasar a un crecimiento verde, una descarbonización suficientemente rápida requiere decrecimiento.
Sin embargo, centrarse en el crecimiento puede llevar a confundir correlación con causalidad y, en el peor de los casos, a distorsionar nuestras prioridades políticas. Por lo tanto, conviene hacer un recordatorio elemental: las emisiones de carbono proceden de la combustión de carbono: son emisiones de CO2, no emisiones del PIB. Para descarbonizar, tenemos que sustituir las fuentes de energía de carbono por energías limpias, y reprimir el crecimiento no resolverá el problema de la financiación de la electrificación y la sustitución de insumos energéticos.
Este punto puede parecer obvio, pero mucha gente parece olvidarlo y se centra demasiado en el crecimiento económico y el PIB (que es, por supuesto, un indicador controvertido del bienestar). El crecimiento depende del aporte energético, pero esa energía no tiene por qué proceder del carbono. Quienes sostienen que la disociación entre emisiones y PIB no puede producirse con la suficiente rapidez están extrapolando la asociación histórica entre emisiones y crecimiento. Si las tendencias históricas predijeran de forma rutinaria y directa nuestro futuro económico, entonces gran parte del riesgo que sabemos que es endémico al mercado de valores y al sector financiero no existiría, ya que el pasado sería una guía segura de lo que vendrá después.

2. El decrecimiento no reconoce que la redistribución puede impulsar el crecimiento.
El decrecimiento requiere la supresión política del consumo y la producción. Para compensar la enorme reducción de ingresos que esto supondría para las poblaciones más pobres, muchos expertos en decrecimiento sostienen que esta disminución de la producción y el consumo debería ir acompañada de una redistribución de la riqueza.
A primera vista, esa propuesta parece razonable: podemos disminuir las emisiones y la desigualdad al mismo tiempo. Pero reducir el crecimiento y redistribuir los recursos simultáneamente no es tan sencillo. La redistribución a los grupos de renta más baja o a las poblaciones que tienen una mayor propensión al gasto puede, de hecho, aumentar el consumo de los hogares, lo que, en igualdad de condiciones, puede a su vez aumentar las emisiones.
La redistribución es un objetivo loable, pero por sí sola no descarbonizará la economía. Algunos escritos matizados sobre decrecimiento centran las recetas de pérdida en los residentes más ricos dentro de los países ricos y en los países ricos en general. Esto es sensato, pero ignora las emisiones que probablemente se produzcan con el desarrollo de las economías de mercado emergentes (EME) en países como India. También ignora el retroceso de la inversión en las EME que provocaría la reducción del consumo y el crecimiento en los países ricos, que tendería a devolver el exceso de capital a los países más ricos.
Los defensores del decrecimiento podrían argumentar que estos problemas podrían abordarse mediante regímenes de planificación nacional y mundial, que podrían (por ejemplo) restringir a los hogares para que no aumenten demasiado el consumo y obligar al capital a invertir más en los países más pobres. Pero el tipo de planificación estatal necesario para mitigar las emisiones y regular el comportamiento al tiempo que se reduce la producción y el consumo globales tendría que ser un régimen coercitivo a escala mundial, con capacidades y conocimientos institucionales de otro mundo. Imaginemos los aparatos de vigilancia y castigo necesarios para controlar constantemente a las personas de todo el mundo con el fin de hacer cumplir las cuotas de producción y consumo. Pocos aceptarían voluntariamente este sistema; ahora los gobiernos ni siquiera cumplen acuerdos climáticos relativamente modestos. Tal vez valdría la pena sacrificar la gobernanza democrática, como algunos han argumentado. Pero incluso si un régimen autoritario de planificación global estuviera justificado, ¿qué fuerzas sociales tendrían la capacidad de instituirlo?
Para ser claros, esto no es una objeción a la planificación per se. Para hacer frente a la crisis climática, es evidente que necesitamos una gran dosis de planificación económica democrática que dé prioridad a los objetivos ecológicos frente a los beneficios. Pero la planificación a gran escala se vuelve más delicada desde el punto de vista técnico y moral cuando implica obligar a la mayoría de la población mundial a aceptar niveles de vida más bajos.
Históricamente, las transformaciones industriales han exigido crecimiento, y un crecimiento relativamente bajo en el contexto de tales transformaciones ha provocado víctimas horribles (por ejemplo, la hambruna creada por la Unión Soviética en Ucrania durante su campaña de industrialización a principios de la década de 1930). Un menor crecimiento significa más compensaciones y pérdidas en una transición, lo que significa que la nueva formación de capital se produce a costa de una mayor supresión del consumo y, por tanto, de los niveles de vida.
Esto se debe a que el nuevo capital necesario para la transición tiene que proceder de algún sitio. Puede proceder de la reasignación de recursos de los sectores tradicionales de crecimiento (por ejemplo, de la agricultura a la industria) o de una marea creciente de crecimiento que pueda mejorar el nivel de vida de la mayoría. Por lo tanto, es necesario un auge mundial de la inversión para pagar la descarbonización, no un descenso de la inversión, como afirman muchos defensores del decrecimiento.

3. El decrecimiento adopta supuestos injustificados de la economía ortodoxa.
El decrecimiento tiene mucho en común con la defensa de los impuestos sobre el carbono. Los partidarios del impuesto sobre el carbono, al igual que los del decrecimiento, han defendido la disminución del consumo como vía para la descarbonización.
Este planteamiento no ha ido bien históricamente. El gobierno francés impuso impuestos sobre el carbono sin ofrecer sustitutos adecuados a los ciudadanos (como vehículos eléctricos asequibles o suficientes opciones de transporte público); como resultado, el coste de la vida aumentó para los hogares con menos ingresos, que gastaron una mayor parte de sus presupuestos en energía, y finalmente se produjo un malestar social generalizado.
Lo cierto es que el énfasis en la reducción del consumo está profundamente arraigado en la economía ortodoxa. Una perspectiva de economía ortodoxa afirmaría que debemos disminuir el consumo para reducir las emisiones. Esta perspectiva intenta predecir el futuro manteniendo constantes las variables del presente. Supone que los recursos y la productividad de los trabajadores siempre se maximizan y también que los costes unitarios de la energía no disminuirán.
Son suposiciones falsas: la utilización de los recursos, la productividad y los costes energéticos cambian mucho. La utilización de los recursos puede volverse más eficiente con el tiempo; pensemos en lo pequeños que se han vuelto los ordenadores desde los años 80 gracias a microchips cada vez más potentes. La productividad y la eficiencia varían constantemente. ¿Por qué si no compartirían las empresas información y técnicas entre sí para mejorar en esas medidas? Y los costes de la energía también pueden disminuir: véase el reciente desplome del precio de la energía solar.
Esto significa que la descarbonización a través de la disminución del consumo puede no ser necesaria. De hecho, las zanahorias (ganancias económicas) han tenido históricamente más éxito político que los palos (pérdidas económicas) a la hora de aplicar políticas climáticas.
La descarbonización requerirá probablemente una inversión masiva. Según las mediciones más sofisticadas, la descarbonización global costará unos 4 billones de dólares al año, y alguna versión de crecimiento verde dirigido por el Estado es probablemente nuestra mejor ruta. Este tipo de inversión a menor escala ya está aumentando la disponibilidad de sustitutos libres de carbono en Estados Unidos y China. Los decrecentistas a menudo se centran demasiado en la supresión económica, cuando tenemos que reconocer que la electrificación, la sustitución energética y la justicia económica pueden requerir un último auge económico.

4. El decrecimiento no tiene una teoría adecuada de la transformación política.
Desde la radical reorganización social de la Comuna de París hasta los resultados políticos que siguieron al movimiento por los derechos civiles, historiadores y científicos sociales han estudiado las condiciones que conducen a una transformación política exitosa. Para explicar los puntos fuertes o débiles de un movimiento y predecir o evaluar sus éxitos y fracasos, muchos estudiosos lo encuadran en lo que denominan una «estructura de oportunidades políticas». Una estructura de oportunidades políticas tiene tres componentes: (1) conciencia pública, (2) fuerza organizativa o movilizadora, y (3) oportunidades macropolíticas.
¿Cuál es la estructura de oportunidades políticas del movimiento decrecimiento? A pesar de la cháchara académica, el movimiento por el decrecimiento es irrelevante para la mayoría de la población mundial. Para tomar el pulso a la opinión pública, comparé las búsquedas en Google de «decrecimiento» frente a «cómo hacerse rico»…

La mayoría de la gente no sólo da prioridad al crecimiento y la prosperidad frente al cambio climático (como ya se ha dicho), sino que tampoco conoce ni se interesa por el decrecimiento. El movimiento por el decrecimiento fracasa en el ámbito de la conciencia pública, tanto en opinión como en notoriedad.
La situación es aún más grave cuando se examinan otros aspectos de la estructura de oportunidades políticas del movimiento. No hay ninguna gran organización o institución del movimiento social que incluya el decrecimiento en su plataforma. Si existen organizaciones de este tipo, cuentan con escasos recursos y redes, ingredientes clave para el éxito del movimiento. El movimiento por los derechos civiles, por ejemplo, contaba con universidades, iglesias y organizaciones activistas negras (la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur, el Comité Coordinador Estudiantil No Violento y el Congreso por la Igualdad Racial) unidas a través de sólidas redes y alianzas. El decrecimiento no tiene una base de apoyo natural y su creación exigiría una transformación de la conciencia política a escala mundial.
Por último, no se dan las condiciones macropolíticas necesarias para apoyar el movimiento. No hay regímenes políticos interesados en impulsar el movimiento. Ni siquiera la Unión Europea, posiblemente el bloque internacional más comprometido con la descarbonización en estos momentos, está interesada en el decrecimiento. En la Conferencia «Más allá del crecimiento», la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, declaró: «Un modelo de crecimiento centrado en los combustibles fósiles está sencillamente obsoleto» y abogó por «un modelo de crecimiento diferente que sea sostenible en el futuro». Habla de crecimiento verde, no de decrecimiento.
Además, los estudios constatan una y otra vez que las democracias priorizan la prosperidad económica sobre la descarbonización real. El crecimiento económico puede mejorar la calidad de vida de las personas (salvo guerras, o la tendencia a que la concentración de riqueza supere al crecimiento que ha documentado Thomas Piketty). Los gobiernos nacionales están legitimados por el crecimiento, y cuando no lo consiguen, hay consecuencias políticas.
Si el estancamiento económico suele provocar explosiones de ira contra el statu quo en los países ricos, imaginemos cómo afrontarán las economías de mercado emergentes el decrecimiento forzoso (se prevé que las tasas de crecimiento de esos países en los próximos años empequeñezcan las de las economías de mercado avanzadas). Es difícil creer que las economías emergentes vayan a aceptar el no desarrollo en aras de los objetivos climáticos. (No es de extrañar que los científicos sociales de los BRICS y de los países no pertenecientes a la OCDE estén a favor del crecimiento ecológico frente al decrecimiento).
Los partidarios del decrecimiento podrían replicar razonablemente que los defensores de las políticas de crecimiento verde también carecen de la conciencia pública, la fuerza organizativa o movilizadora y las oportunidades macropolíticas para lograr un cambio significativo. La diferencia es que la inmensa mayoría de la sociedad está interesada en un programa de crecimiento verde igualitario del tipo del Green New Deal, porque se beneficiaría de una inversión pública masiva en empleos verdes, infraestructuras y transporte público que elevaría su nivel de vida. Y los trabajadores organizados de sectores estratégicos como la electricidad y la automoción tienen la influencia estructural necesaria para conseguir reivindicaciones climáticas clave.
En otras palabras, el movimiento más amplio por el clima tiene una coalición potencial con los intereses y la capacidad para alcanzar sus objetivos, pero aún necesita organizarse. Esto significa que un programa de crecimiento verde tiene una «estructura de oportunidad política» potencial plausible, a diferencia del decrecimiento.

¿Qué está en juego?
A pesar de las perspectivas poco claras del decrecimiento para lograr la descarbonización y la falta de un electorado popular plausible, muchas personas inteligentes se han dejado distraer por él. En lugar de intentar convencer a todo el mundo de que hay que luchar contra el crecimiento económico, hay problemas prácticos más inmediatos que los que quieren una transición ecológica deben atender. Por nombrar algunos:

  1. Financiar las economías de mercado emergentes. Las EME no pueden permitirse abandonar los combustibles fósiles y financiar la transición verde con sus propios balances.
  2. Acabar con la austeridad en los países ricos. Los países ricos ya pueden permitirse la descarbonización. Pero se han visto obstaculizados por ideologías neoliberales y enfoques políticos que les han impedido utilizar el poder del Estado y la inversión pública para transformar sus economías.
  3. Compensar a los perdedores en la transición. Los hogares con costes energéticos más elevados y los trabajadores y regiones que dependen de industrias intensivas en carbono necesitarán apoyo, en forma de programas de bienestar, formación laboral, etc., a medida que las economías se alejan de los combustibles fósiles.
  4. Extracción de minerales críticos. ¿Cómo podemos extraer minerales críticos para construir tecnologías verdes sin abusar de la mano de obra ni destruir ecosistemas?
  5. Utilizar el poder del «gran Estado verde» para lograr una transición justa. Si el capital privado está al volante de la transición verde, existe el peligro de que se privaticen los bienes públicos, se sacrifiquen objetivos clave en aras de beneficios rápidos y se agrave la desigualdad. Y no toda descarbonización es rentable. ¿Cómo llevar a cabo una planificación ecológica que garantice una transición al servicio del público y no de los intereses privados?
  6. Abordar los retos geopolíticos. Algunos países son apáticos al cambio climático o tienen activos que se ven directamente amenazados por la descarbonización (por ejemplo, los petroestados). ¿Cómo conseguir que se descarbonicen?

Estos son sólo algunos de los problemas críticos a los que nos enfrentamos para avanzar en la descarbonización. El tiempo limitado nos obliga a apostar y priorizar soluciones para ellos ahora. El decrecimiento puede ser una idea atractiva para académicos y activistas de izquierda moralmente comprometidos. Pero no es un camino serio para el clima.
Este trabajo ha sido posible gracias al apoyo de la Fundación Puffin.
Daniel Driscoll es investigador postdoctoral en el Instituto Watson de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad Brown. A partir del otoño de 2024, será profesor adjunto en el departamento de Sociología de la Universidad de Virginia.

9. Eje de asimetría.

Un repaso, demasiado peligrosamente militarista, en mi opinión, de Pepe Escobar sobre su tema favorito: la coalición mundial contra Occidente.

https://thecradle.co/articles/

El Eje de la Asimetría se enfrenta al «orden basado en reglas»
La Tercera Guerra Mundial ya está aquí, y se desarrolla de forma asimétrica en los campos de batalla militar, financiero e institucional, y la lucha es existencial. En realidad, el hegemón occidental está en guerra contra el derecho internacional, y sólo una «acción militar cinética» puede doblegarlo.
Pepe Escobar 23 DE FEBRERO DE 2024
El Eje de la Asimetría está en pleno apogeo. Se trata de los actores estatales y no estatales que emplean movimientos asimétricos en el tablero mundial para marginar el orden basado en reglas occidental liderado por Estados Unidos. Y su vanguardia es el movimiento de resistencia yemení Ansarallah.
Ansarallah es absolutamente implacable. Han derribado un avión no tripulado MQ-9 Reaper de 30 millones de dólares con tan sólo un misil autóctono de 10.000 dólares.
Son los primeros en el Sur Global en utilizar misiles balísticos antibuque contra buques comerciales y de la Armada estadounidense con destino
a Israel y/o que protegen a este país.
A efectos prácticos, Ansarallah está en guerra nada menos que con la Marina estadounidense.
Ansarallah ha capturado uno de los vehículos submarinos autónomos (AUV) más sofisticados de la US Navy, el Remus 600, de 1,3 millones de dólares, un dron submarino con forma de torpedo capaz de transportar una enorme carga de sensores.
Próxima parada: ¿ingeniería inversa en Irán? El Sur Global espera impaciente, dispuesto a pagar en divisas que eludan el dólar estadounidense.
Todo lo anterior, una remezcla marítima del siglo XXI de la ruta de Ho Chi Minh durante la guerra de Vietnam, indica que el hegemón ni siquiera puede considerarse un tigre de papel, sino más bien una sanguijuela de papel.
Lula lo cuenta como lo ve el Sur Global
En el panorama general -vinculado al implacable genocidio en curso perpetrado por Israel en Gaza- interviene un verdadero líder del Sur Global, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.
Lula habló en nombre de Brasil, América Latina, África, los 10 BRICS y la inmensa mayoría del Sur Global cuando fue al grano y definió la tragedia de Gaza como lo que es: un genocidio. No es de extrañar que los tentáculos sionistas de todo el Norte Global -además de sus vasallos del Sur Global- se volvieran locos.
Los genocidas de Tel Aviv declararon a Lula persona non grata en Israel. Sin embargo, Lula no asesinó a más de 29.000 palestinos, la inmensa mayoría de los cuales eran mujeres y niños.
La Historia será implacable: son los genocidas los que acabarán siendo juzgados como personas non gratas para toda la humanidad.
Lo que dijo Lula representaba al BRICS 10 en acción: esto, obviamente, se aclaró antes con Moscú, Pekín, Teherán y, por supuesto, la Unión Africana. Lula habló en Addis Abeba, y Etiopía es ahora miembro del BRICS 10.
El presidente brasileño fue extremadamente inteligente al programar su comprobación de los hechos de Gaza para que estuviera sobre la mesa durante la reunión de ministros de Asuntos Exteriores del G20 en Río. Mucho más allá del BRICS 10, lo que está ocurriendo en Gaza es un consenso entre los socios no occidentales del G20, que en realidad son mayoría. Nadie, sin embargo, debería esperar un seguimiento serio dentro de un G20 dividido. El meollo de la cuestión sigue estando en los hechos sobre el terreno.
La lucha de Yemen por «nuestro pueblo» en Gaza es una cuestión de solidaridad humanista, moral y religiosa, principios fundacionales de las potencias «civilizacionales» orientales en ascenso, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Esta convergencia de principios ha creado ahora un vínculo directo -extrapolable a las esferas moral y espiritual- entre el Eje de la Resistencia en Asia Occidental y el Eje de la Resistencia Eslava en Donbass.
Debe prestarse extrema atención a la escala temporal. Las fuerzas de la República Popular de Donetsk (RPD) y Rusia han pasado dos duros años en Novorossiya sólo para llegar a la etapa en la que queda claro -basándose en el campo de batalla y en los hechos acumulados sobre el terreno- que las «negociaciones» sólo significan los términos de la rendición de Kiev.
En cambio, la labor del Eje de la Resistencia en Asia Occidental ni siquiera ha comenzado. Es justo argumentar que su fuerza y su plena implicación soberana aún no se han desplegado (piénsese en Hezbolá e Irán).
El Secretario General de Hezbolá, Hassan Nasrallah, con su proverbial sutileza, ha insinuado que, de hecho, no hay nada que negociar sobre Palestina. Y si hubiera que volver a unas fronteras, éstas serían las de 1948. El Eje de la Resistencia comprende que todo el proyecto sionista es ilegal e inmoral. Pero la cuestión sigue siendo cómo arrojarlo, en la práctica, al basurero de la Historia.
Los posibles escenarios futuros, declaradamente optimistas, incluirían la toma de posesión de Galilea por parte de Hezbolá como un paso hacia la eventual reconquista de los Altos del Golán ocupados por Israel. Pero el hecho es que ni siquiera una Palestina unida tiene la capacidad militar para reconquistar las tierras palestinas robadas.
Así que las preguntas que se plantea la abrumadora mayoría del Sur Global que apoya a Lula pueden ser: ¿Quién más, aparte de Ansarallah, Hezbolá, Hashd al-Shaabi, se unirá al Eje de la Asimetría en la lucha por Palestina? ¿Quién estaría dispuesto a venir a Tierra Santa y morir? (Después de todo, en Donbass, son sólo rusos y rusófonos los que están muriendo por tierras históricamente rusas).
Y eso nos lleva al camino hacia el final del juego: sólo una Operación Militar Especial (OME) en Asia Occidental, hasta el amargo final, resolverá la tragedia palestina. Una traducción de lo que ocurre en todo el Eje Eslavo de Resistencia: «Los que se nieguen a negociar con Lavrov, que negocien con Shoigu».
El menú, la mesa y los invitados
Ese neoconservador de armario, el secretario de Estado Tony Blinken, dejó escapar el gato cuando definió su tan preciado «orden internacional basado en reglas»: «Si no estás en la mesa, estás en el menú».
Siguiendo su propia lógica hegemónica, está claro que Rusia y EEUU/OTAN están en la mesa mientras que Ucrania está en el menú. ¿Y el Mar Rojo? Los Houthis que defienden Palestina contra EEUU-Reino Unido-Israel están claramente en la mesa, mientras que los vasallos occidentales que apoyan a Israel de forma marítima están claramente en el menú.
Y ese es el problema: el Hegemón -o, en la terminología académica china, «los cruzados»- ha perdido el poder de poner las cartas con los nombres sobre la mesa. La razón principal de este colapso de autoridad es la acumulación de reuniones internacionales serias patrocinadas por la asociación estratégica Rusia-China durante los dos últimos años, desde el inicio del OMU. Se trata de una planificación secuencial, con objetivos a largo plazo claramente esbozados.
S
ólo los Estados civilizacionales pueden hacerlo, no los casinos neoliberales plutocráticos.   
Negociar con el Hegemón es imposible porque el propio Hegemón impide las negociaciones (véase el bloqueo en serie de las resoluciones de alto el fuego en la ONU). Además, el Hegemón destaca en la instrumentalización de sus élites clientes en todo el Sur Global a través de amenazas o kompromat: véase la reacción histérica de los principales medios de comunicación brasileños al veredicto de Lula sobre Gaza.
Lo que Rusia está mostrando al Sur Global, dos años después del inicio del OMU, es que la única vía para dar una lección al Hegemón tiene que ser cinética, o «militar-técnica».
El problema es que ningún Estado-nación puede compararse a la superpotencia nuclear/hipersonal/militar Rusia, en la que el 7,5% del presupuesto gubernamental se dedica a la producción militar. Rusia está y seguirá estando en pie de guerra permanente hasta que las élites de Hegemon entre en razón, y puede que eso nunca ocurra.
Mientras tanto, el Eje de Resistencia de Asia Occidental observa y aprende, día tras día. Siempre es crucial tener en cuenta que para todos los movimientos de resistencia en el Sur Global -y eso también incluye, por
ejemplo, a los africanos occidentales contra el neocolonialismo francés- las líneas de falla geopolíticas no podrían ser más marcadas.
Se trata del Occidente colectivo contra el Islam; el Occidente colectivo contra Rusia; y más pronto que tarde, una parte sustancial de Occidente, aunque sea a regañadientes, contra China.
El hecho es que ya estamos inmersos en una guerra mundial que es a la vez existencial y de civilización. En la encrucijada en la que nos encontramos, existe una bifurcación: o bien una escalada hacia la «acción militar cinética» abierta, o bien una multiplicación de Guerras Híbridas en varias latitudes.
Así que corresponde al Eje de la Asimetría, frío, tranquilo y sereno, forjar los corredores, pasadizos y senderos subterráneos capaces de socavar y subvertir el orden internacional unipolar, basado en reglas y dirigido por Estados Unidos.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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