De Carlos Valmaseda, compañero de Espai Marx.
1. Libro de Eleanor Marx.
2. Adiós a todo eso.
3. The China Project: entrevista a Kishore Mahbubani.
4. Primeras impresiones sobre la situación en Sudán
5. Repaso a la reciente actuación imperialista en África.
6. Los nuevos presos políticos.
7. Sobre la conciencia nacional ucraniana.
8. 130> 30
9. Minutos musicales: rap para matar un niño.
1. Libro de Eleanor Marx
Con motivo de la publicación de un libro con diversos escritos de Eleanor Marx, en Jacobin lat publican como adelante uno de sus artículos, sobre un discurso de Clara Zetkin.
Notas sobre un discurso de Clara Zetkin, por Eleanor Marx
Traducción: Angelo Narváez León
Eleanor Marx no se reduce al espectro del padre. Versátil y prolífica, escritora y militante socialista, fue una de las primeras pensadoras del feminismo marxista en pleno apogeo del sufragismo
El siguiente artículo es adelanto del libro¡Siempre adelante! Escritos y cartas, 1866-1897 (Banda Propia, 2022), una selección de textos de Eleanor Marx hasta ahora inéditos en castellano. Fue publicado originalmente en Justice, el 7 de noviembre, 1896.
El debate sobre la Frauenagitation (es decir, la propaganda entre las mujeres) referido la semana anterior es interesante por muchas razones. Para comenzar, los aspectos teóricos de esta cuestión tan contenciosa sobre las mujeres, como también sus aspectos puramente prácticos, fueron tratados por Clara Zetkin de manera más acabada y adecuada que en ningún otro congreso socialista nacional o internacional. No hubo estúpidas bromas añejas ni otros absurdos, otra prueba de que cuando los y las trabajadoras discuten sus asuntos no hay cabida para lo que nuestro amigo Sanial llama «malezas de la clase media».
Clara Zetkin fue la encargada sobre este asunto, y el valor de su reporte resulta evidente por el hecho de que el Congreso decidió imprimirlo como panfleto. Si no me equivoco, esta es la primera vez que un Congreso socialdemócrata alemán haya decidido algo de este tipo. Frau Zetkin, que comenzó con una cita de Engels, «en la familia el hombre es el burgués, y la mujer representa al proletariado», continuó mostrando cómo el asunto de la mujer en la acepción actual del término era imposible en los tiempos precapitalistas. En las familias antiguas la actividad productiva, en ningún caso pequeña o degradada, era de las mujeres, y debido a que la mujer era productora, la desigualdad social no pesaba sobre ella, aun cuando las condiciones de su existencia pudieran haber tenido una influencia estrecha: «El periodo del Renacimiento fue un momento de tormenta y tensión en el nacimiento de la personalidad individual en el sentido moderno… y, en esos días de gigantes, encontramos a las mujeres como el anclaje de la vida social, artística y política. Sin embargo, no hay rastros de un movimiento de mujeres. Esto es aún más notable porque mientras se desmantelaba la familia, miles de mujeres debieron encontrar provisiones para ellas mismas por fuera de la vida familiar… pero en ese momento, las mujeres fueron provistas por conventos, monasterios y órdenes religiosas. Entonces la maquinaria, los métodos de producción modernos, minaron la producción doméstica y, más que algunas miles, millones de mujeres se encontraron de frente con el problema de la supervivencia económica, social, mental… debieron buscar fuera del hogar el sustento económico y mental, y así comenzó el movimiento de mujeres. Algunas cifras demuestran cómo las condiciones económicas fomentan este movimiento: en 1882, de los veintitrés millones de mujeres en Alemania, cinco y medio eran trabajadores; es decir que casi un cuarto no podía encontrar soporte dentro de la familia. Desde entonces, solo en el trabajo agrario el porcentaje de mujeres trabajadoras ha crecido un ocho por ciento; mientras que el crecimiento de los hombres fue de un cuatro por ciento. En la industria y la minería, el empleo femenino aumentó un treinta y cinco por ciento; y en el comercio, más de un noventa y cuatro por ciento; en los hombres, un treinta y ocho por ciento. Estas simples figuras hablan más enfáticamente de la necesidad de resolver el asunto de la mujer que cualquier declamación elocuente». [1]
Sobre al asunto de la mujer como tal, Clara Zetkin continuó mostrando que solo podía encontrarse en las clases que son producto de la producción capitalista. «Hay un asunto de la mujer para el proletariado, la clase media y educada, y la clase alta. La mujer del Upper ten puede desarrollar su propia individualidad gracias a su propiedad.[2] Aunque, como esposa, todavía depende del hombre… Lo que el capital ha reunido, la moral sentimental no lo separará. De modo que la moralidad del matrimonio puede invocarse como dos prostituciones equivalentes a una virtud». Luego, después de una brillante descripción de las esposas, madres y mujeres del Upper ten, Frau Zetkin avanzó hasta la mujer pequeña y promedio de la clase media. Aquí está la verdadera lucha contra los hombres. Aquí la mujer educada, doctora, funcionaria o abogada es la antagonista del hombre. Las mujeres de esta clase están enfermas por la subyugación moral e intelectual. Son figuras como Nora, que se rebelan contra las casas de muñecas.[3] Desean vivir sus propias vidas, y en cuanto tal, «económica e intelectualmente, las demandas de las mujeres de clase media están plenamente justificadas».
La mujer proletaria es, finalmente, arrojada al vórtice de la producción capitalista porque es barato comprarla. Sin embargo, su posición no es puramente reaccionaria, es también revolucionaria. Comienza esperando traer algo de ayuda para evitar la miseria de la familia; pero se ve forzada a traerle a su familia una miseria mayor. La maquinaría remplaza el músculo y las mujeres se vuelven cooperativas con los hombres…«así la mujer proletaria ha ganado independencia… ¡aunque realmente ha pagado el precio!… si el hombre tiene —me refiero a la ley bávara— el derecho a “castigar ocasionalmente con un golpe a la mujer”, el capitalismo ha desollado a la mujer con escorpiones… Esa es la razón por la que la mujer proletaria no puede ser como la mujer burguesa que tiene que luchar contra el hombre de su misma clase… las objeciones del hombre burgués a los derechos de las mujeres son un asunto exclusivamente de competencia… por el contrario, con la mujer proletaria es una lucha de la mujer con el hombre de su propia clase contra la clase capitalista. No tiene necesidad de luchar contra el hombre de su clase para derribar las barreras que la excluyen de la libre competencia. La avaricia del capital y el desarrollo de la industria moderna la han aliviado de esta lucha… para ella, por el contrario, es necesario construir nuevas barreras contra la explotación de la mujer proletaria y asegurar sus derechos como esposa y madre. Su finalidad y propósito no son la libre competencia con el hombre, sino la obtención del poder político del proletariado. Por supuesto que la mujer trabajadora aprueba las demandas del movimiento de mujeres de la clase media… pero solo como un medio para el fin en que ella puede estar completamente armada para entrar en la lucha de la clase trabajadora junto con el hombre de su clase».
Después de un análisis más que admirable de la posición de la mujer trabajadora, tan ingeniosa como minuciosa, Clara Zetkin concluyó resaltando que la propaganda sistemática entre las mujeres (entre las mujeres trabajadoras) supone una necesidad absoluta del movimiento proletario.[4] Discutió los diversos medios prácticos para la mejor realización de la propaganda, y terminó su brillante discurso —que espero se publique de manera íntegra en Inglaterra— de esta manera:
«Solo una sociedad socialista puede resolver el conflicto provocado hoy por la actividad económica de las mujeres. Cuando la familia como unidad económica desaparezca para que surja como una unidad social, la mujer será igual al hombre produciendo y esforzándose codo a codo con él; será su camarada, ambos vivirán sus vidas como seres humanos; también entonces será liberada para cumplir sus deberes como esposa y madre. En la sociedad del Nuevo Helenismo le será posible dar forma a su vida como un todo armónico, para realizarse artísticamente. Y esta sociedad se expandirá por el mundo; no se fundará sobre la esclavitud de los hombres, porque se levantará sobre la esclavitud del hierro y el acero; tendrá a las fuerzas de la naturaleza en su puesto de control. Claro, los socialdemócratas marchan: pero solo cuando las masas de mujeres estén con ellos les será posible decir ¡el pueblo está con nosotros, la victoria es nuestra!».
El resultado de este discurso se evidencia por el hecho de que el Congreso exigió de manera unánime su publicación como panfleto.
Notas
Notas
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↑1 |
Clara Zetkin pronunció este discurso el 16 de octubre de 1896 en el Congreso del Partido Socialdemócrata de Alemania celebrado en Gotha. El discurso tenía como finalidad generar un programa que se diferenciara explícitamente de la Bund Deutscher Frauenvereine (Federación de Asociaciones de Mujeres Alemanas). En 1894, Zetkin había publicado en Gleichheit (Igualdad) un artículo titulado «Reinliche Scheidung» («Separación tajante»), donde distinguía entre el Arbeiterinnenbewegung (movimiento de mujeres trabajadoras), y las bürgerlichen Frauenrechtelei (sufragistas burguesas) alemanas. Bajo la conducción de Zetkin, Luise Zietz y Ottilie Baader, el Arbeiterinnenbewegung del spd pasó de 4.000 a 174.754 militantes entre 1905 y 1914. Gleichheit, el periódico editado por Zetkin, aumentó su tiraje de 23.000 a 124.000 copias en el mismo periodo. |
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↑2 |
Upper Ten Thousand es una frase acuñada en 1844 por el poeta estadounidense Nathaniel Parker Willis para referirse a los diez mil habitantes más ricos de Nueva York. El escritor William Thackeray popularizó la frase en Inglaterra con su novela Las aventuras de Philip (1861). |
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↑3 |
La frase del discurso de Zetkin dice, «es precisamente entre estos estratos donde encontramos a estas trágicas, pero psicológicamente interesantes figuras de Nora, mujeres que están cansadas de vivir como adornos en casas de muñecas y que quieren participar en el desarrollo de la cultura moderna. Los esfuerzos económicos, así como intelectuales y morales de los defensores de los derechos de las mujeres burguesas están completamente justificados». |
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↑4 |
Dijo Zetkin, «la propaganda entre las mujeres es difícil y onerosa y requiere una gran devoción y un gran sacrificio, pero estos sacrificios serán recompensados y deben llevarse a cabo. El proletariado podrá alcanzar su liberación solo si lucha junto sin la diferencia de nacionalidad y profesión. De la misma manera, solo puede alcanzar su liberación si permanece unido sin la distinción de sexo». |
2. Adiós a todo eso.
Hacía muchísimo tiempo, quizá años, que no os enviaba algo de mi archidruida favorito -parece que ya no lo es-, John Michael Greer. No suelen tener gran profundidad, pero son divertidos. Enmiendo hoy ese error con este artículo sobre la bancarrota del imperio estadounidense. Pido perdón de antemano por su, sin duda errónea, visión sobre los hegelianos. 😀
El imperio estadounidense está en quiebra
El dólar por fin está siendo destronado
POR John Michael Greer
«Estamos bailando al borde del abismo» Ronald Martinez/Getty Images
John Michael Greer es autor de más de treinta libros. Fue Gran Archidruida de la Antigua Orden de los Druidas de América durante doce años.
22 de abril de 2023
Empecemos por lo básico. Aproximadamente el 5% de la raza humana vive actualmente en los Estados Unidos de América. Esa pequeñísima fracción de la humanidad, hasta hace bien poco, disfrutaba de aproximadamente un tercio de los recursos energéticos y los productos manufacturados del mundo y de una cuarta parte de sus materias primas. Esto no sucedió porque nadie más quisiera estas cosas, o porque Estados Unidos fabricara y vendiera algo tan tentador que el resto del mundo entregara ansiosamente su riqueza a cambio. Ocurrió porque, como nación dominante, Estados Unidos impuso al resto del mundo unas pautas de intercambio desequilibradas, que canalizaron hacia sí una parte desproporcionada de la riqueza del planeta.
No es nada nuevo. En su día, el Imperio Británico controló una parte aún mayor de la riqueza del planeta, y el Imperio Español desempeñó un papel comparable más atrás. Antes de eso, había otros imperios, aunque las limitaciones de las tecnologías de transporte hacían que su alcance no fuera tan grande. Por cierto, nada de esto fue un invento de la gente de piel clara. Poderosos imperios florecieron en Asia y África cuando los pueblos de Europa vivían en chozas de barro con techos de paja. Los imperios surgen cuando una nación se vuelve lo bastante poderosa como para dominar a otras y vaciarlas de riqueza. Han prosperado desde que existen registros y sin duda lo harán mientras existan civilizaciones humanas.
El imperio estadounidense nació tras el colapso del Imperio Británico, durante las guerras fratricidas europeas de principios del siglo XX. A lo largo de aquellos amargos años, el papel de hegemón mundial estuvo en juego, y hacia 1930 más o menos estaba bastante claro que Alemania, la Unión Soviética o Estados Unidos acabarían llevándose el premio. Como de costumbre, dos contendientes unieron sus fuerzas para expulsar al tercero, y luego los vencedores se enfrentaron entre sí, forjándose esferas de influencia rivales hasta que uno se derrumbó. Cuando la Unión Soviética implosionó en 1991, Estados Unidos emergió como el último imperio en pie.
Francis Fukuyama insistió en un ensayo de 1989 en que, habiendo ganado el primer puesto, Estados Unidos estaba destinado a quedarse allí para siempre. Por supuesto, estaba equivocado, pero era hegeliano y no podía evitarlo. (Si un seguidor de Hegel te dice que el cielo es azul, ve a mirar.) El ascenso de un imperio garantiza que otros aspirantes al mismo estatus empezarán a afilar sus cuchillos. También llegarán a utilizarlos, porque los imperios invariablemente se autodestruyen: con el tiempo, las consecuencias económicas y sociales del imperio destruyen las condiciones que lo hacen posible. Eso puede ocurrir rápida o lentamente, dependiendo del mecanismo que cada imperio utilice para extraer riqueza de sus naciones sometidas.
El mecanismo que EEUU utilizó para este último fin fue ingenioso, pero incluso más a corto plazo que la mayoría. En términos sencillos, Estados Unidos impuso una serie de acuerdos a la mayoría de las demás naciones que garantizaban que la mayor parte del comercio internacional utilizaría dólares estadounidenses como medio de cambio, y se encargó de que una parte cada vez mayor de la actividad económica mundial requiriera el comercio internacional. (Eso es lo que significaba en la práctica todo ese parloteo sobre la «globalización».) Esto permitió al gobierno de Estados Unidos fabricar dólares de la nada mediante déficits presupuestarios gigantescos, de modo que los intereses estadounidenses pudieran utilizar esos dólares para comprar grandes cantidades de la riqueza mundial. Dado que el exceso de dólares fue absorbido por los bancos centrales extranjeros y las empresas, que los necesitaban para su propio comercio exterior, la inflación se mantuvo bajo control, mientras que las clases ricas en los EE.UU. se beneficiaron enormemente.
El problema con este esquema es la misma dificultad a la que se enfrentan todos los esquemas Ponzi, y es que, tarde o temprano, te quedas sin bobos a los que atraer. Esto sucedió poco después del cambio de milenio, y junto con otros factores -en particular, el pico de la producción mundial de petróleo convencional- condujo a la crisis financiera de 2008-2010. Desde 2010, Estados Unidos ha ido dando tumbos de una crisis a otra. Esto no es accidental. La bomba de riqueza que mantuvo a EE.UU. en la cima de la pirámide mundial se ha ido desinflando a medida que un número creciente de naciones han encontrado la manera de mantener una mayor parte de su propia riqueza mediante la expansión de sus mercados internos y el aumento del tipo de barreras comerciales que EE.UU. utilizó antes de 1945 para construir su propia economía. La única pregunta que queda es cuándo empezará a fallar la bomba por completo.
Cuando Rusia lanzó su invasión de Ucrania en febrero de 2022, Estados Unidos y sus aliados no respondieron con la fuerza militar, sino con sanciones económicas punitivas, que se esperaba paralizaran la economía rusa y obligaran a Rusia a arrodillarse. Aparentemente, nadie en Washington consideró la posibilidad de que otras naciones con interés en socavar el imperio estadounidense pudieran tener algo que decir al respecto. Por supuesto, eso es lo que ocurrió. China, que tiene la mayor economía del mundo en términos de poder adquisitivo, extendió el dedo corazón en dirección a Washington y aumentó sus importaciones de petróleo, gas, cereales y otros productos rusos. Lo mismo hizo India, actualmente la tercera economía más grande del mundo en los mismos términos, al igual que más de 100 países.
Luego está Irán, sobre el que la mayoría de los estadounidenses son impresionantemente estúpidos. Irán es la 17ª nación más grande del mundo, más del doble del tamaño de Texas y aún más rica en petróleo y gas natural. También es una potencia industrial en auge. Tiene una floreciente industria automovilística, por ejemplo, y construye y lanza sus propios satélites orbitales. Desde poco después de la caída del Sha en 1978, Irán ha estado sometido a severas sanciones estadounidenses, por lo que es seguro que el gobierno y el sector industrial iraníes conocen todos los trucos imaginables para eludirlas.
Inmediatamente después del inicio de la guerra de Ucrania, Rusia e Irán empezaron de repente a firmar acuerdos comerciales en beneficio de Irán. Evidentemente, una parte del quid pro quo fue que los iraníes transmitieron sus conocimientos sobre cómo esquivar las sanciones, adquiridos con tanto esfuerzo, a una atenta audiencia de funcionarios rusos. Con un poco de ayuda de China, India y la mayor parte del resto de la humanidad, el fracaso total de las sanciones no se hizo esperar. En la actualidad, las sanciones perjudican a Estados Unidos y Europa, no a Rusia, pero los dirigentes estadounidenses se han colocado en una posición de la que no pueden echarse atrás. Esto puede explicar en gran medida por qué la campaña rusa en Ucrania ha sido tan pausada. Los rusos no tienen motivos para darse prisa. Saben que el tiempo no está del lado de Estados Unidos.
Durante muchas décadas, la amenaza de quedar excluidos del comercio internacional por las sanciones estadounidenses fue el gran garrote que Washington utilizó para amenazar a las naciones rebeldes que no eran lo suficientemente pequeñas para una invasión estadounidense o lo suficientemente frágiles para una operación de cambio de régimen respaldada por la CIA. En el último año, ese gran garrote resultó ser de madera de balsa y se partió en la mano de Joe Biden. Como resultado, en todo el mundo, las naciones que pensaban que no tenían más remedio que utilizar dólares en su comercio exterior están cambiando a sus propias monedas, o a las monedas de las potencias emergentes. Así pues, el dólar estadounidense está llegando a su fin como medio de cambio mundial.
Ha sido interesante observar las reacciones de los expertos económicos. Como cabía esperar, bastantes de ellos se limitan a negar que esté ocurriendo – después de todo, las estadísticas económicas de años anteriores aún no lo demuestran. Otros han señalado que ninguna otra moneda está preparada para asumir el papel del dólar; esto es cierto, pero irrelevante. Cuando la libra esterlina perdió un papel similar en los primeros años de la Gran Depresión, tampoco había otra moneda preparada para asumirlo. Hasta 1970, más o menos, el dólar estadounidense no terminó de asentarse como moneda del comercio mundial. En el intervalo, el comercio internacional se tambaleó torpemente utilizando cualquier moneda o intercambio de materias primas que los socios comerciales pudieran acordar: es decir, la misma situación que está tomando forma a nuestro alrededor en la batalla campal del comercio mundial que definirá la era post-dólar.
Una de las consecuencias interesantes del cambio que se está produciendo es la vuelta a la media en la distribución de la riqueza mundial. Hasta la era del imperio global europeo, el corazón económico del mundo estaba en el este y el sur de Asia. India y China eran los países más ricos del planeta, y un brillante collar de otros Estados ricos, desde Irán hasta Japón, completaban el panorama. Hasta el día de hoy, la mayor parte de la población humana se encuentra en la misma parte del mundo. La gran era de la conquista europea desvió temporalmente gran parte de esa riqueza hacia Europa, empobreciendo a Asia en el proceso. Esa situación empezó a romperse con el colapso de los imperios coloniales europeos en la década siguiente a la Segunda Guerra Mundial, pero algunos de los mismos acuerdos fueron apuntalados por Estados Unidos a partir de entonces. Ahora se están desmoronando, y Asia está en alza. El año que viene, cuatro de las cinco mayores economías del planeta en términos de paridad de poder adquisitivo serán asiáticas. La quinta es Estados Unidos, y puede que no siga en esa lista durante mucho más tiempo.
En resumen, Estados Unidos está en bancarrota. Nuestros gobiernos, desde el nivel federal hacia abajo, nuestras grandes corporaciones y un gran número de nuestros ciudadanos acomodados han contraído deudas gigantescas, que sólo pueden pagarse mediante el acceso directo o indirecto a los flujos de riqueza no ganada que EEUU extrajo del resto del planeta. Esas deudas no se pueden pagar, y muchas de ellas ni siquiera se podrán pagar durante mucho más tiempo. Las únicas opciones son impagarlas o inflarlas hasta que dejen de existir, y en cualquiera de los dos casos, los acuerdos basados en los niveles de gasto conocidos ya no serán posibles. Dado que los acuerdos en cuestión incluyen la mayor parte de lo que se considera un estilo de vida ordinario en los EE.UU. de hoy, el impacto de su disolución será grave.
En efecto, el 5% de nosotros en este país vamos a tener que volver a vivir como lo hacíamos antes de 1945. Si aún tuviéramos las fábricas, la mano de obra cualificada, los abundantes recursos naturales y los hábitos ahorradores de entonces, habría sido una transición desgarradora, pero no una debacle. La dificultad, por supuesto, es que ya no tenemos esas cosas. Las fábricas se cerraron en la locura de la deslocalización de los años setenta y ochenta, cuando la economía imperial se disparó, y la mano de obra cualificada se entregó a la negligencia maligna.
Todavía tenemos algunos recursos naturales, pero nada que ver con lo que teníamos antes. ¿Y los hábitos de ahorro? Hace mucho tiempo que se esfumaron. En las últimas etapas de un imperio, explotar los flujos de riqueza no ganada en el extranjero es mucho más rentable que tratar de producir riqueza en casa, y la mayoría de la gente dirige sus esfuerzos en consecuencia. Así es como se llega a la típica economía imperial tardía, con una clase gobernante que ostenta fantásticos niveles de riqueza sobre el papel, una clase parásita de parásitos que prosperan atendiendo a los muy ricos o dotando de personal a los barrocos sistemas burocráticos que impregnan la vida pública y privada, y la inmensa mayoría de la población empobrecida, hosca y poco dispuesta a mover un dedo para salvar a sus soi-disantes superiores de las consecuencias de sus propios actos.
La buena noticia es que todo esto tiene solución. La mala noticia es que va a llevar un par de décadas de grave agitación llegar a ella. La solución es que la economía estadounidense se reorganice para producir riqueza en forma de bienes reales y servicios no financieros. Esto sucederá inevitablemente, a medida que los flujos de riqueza no ganada disminuyan, los bienes extranjeros se vuelvan inasequibles para la mayoría de los estadounidenses y vuelva a ser rentable producir cosas aquí en Estados Unidos. La dificultad, por supuesto, es que habrá que deshacer la mayor parte de un siglo de opciones económicas y políticas destinadas a apoyar nuestro antiguo proyecto imperial.
¿El ejemplo más obvio? La hinchazón metastásica de puestos directivos gubernamentales, corporativos y sin ánimo de lucro en la vida estadounidense. Es una medida sensata en la era del imperio, ya que canaliza el dinero hacia la economía de consumo, que proporciona los puestos de trabajo que existen para las clases empobrecidas. Tanto en las oficinas públicas como en las privadas pululan legiones de oficinistas cuyo trabajo no contribuye en nada a la prosperidad nacional, pero cuyos cheques de pago apuntalan el sector del consumo. Esa burbuja ya está perdiendo aire. Es indicativo que Elon Musk, tras su adquisición de Twitter, despidiera a cerca del 80% de la plantilla de esa empresa; otras grandes empresas de Internet están reduciendo su plantilla del mismo modo, aunque todavía no en la misma medida.
El reciente revuelo en torno a la inteligencia artificial está contribuyendo a amplificar la misma tendencia. Detrás de los chatbots hay programas llamados modelos de lenguaje extensos (LLM), que son muy buenos imitando los usos más predecibles del lenguaje humano. En la actualidad, un gran número de trabajos de oficina dedican la mayor parte de su tiempo a producir textos que entran en esa categoría: contratos, informes jurídicos, comunicados de prensa, artículos para los medios de comunicación, etcétera. Esos trabajos van a desaparecer. La codificación informática se presta aún más a la producción de LLM, por lo que también puedes despedirte de un gran número de empleos relacionados con el software. Cualquier otra forma de actividad económica que implique el ensamblaje de secuencias predecibles de símbolos se enfrenta a la misma crisis. Un estudio reciente de Goldman Sachs calcula que unos 300 millones de puestos de trabajo en todo el mundo industrial serán sustituidos total o parcialmente por LLM en los próximos años.
Otra tecnología con resultados similares es la creación de imágenes CGI. Levi’s anunció no hace mucho que todos sus futuros catálogos y anuncios utilizarán imágenes CGI en lugar de modelos y fotógrafos muy bien pagados. Es de esperar que lo mismo se extienda de forma generalizada. Ah, y Hollywood es el siguiente. No estamos muy lejos del punto en el que un programa pueda recoger todo el metraje de Marilyn Monroe de sus películas y utilizarlo para generar nuevas películas de Marilyn Monroe por una pequeña fracción de lo que cuesta contratar actores vivos, equipos de cámara y demás. El resultado será una drástica disminución de los empleos bien remunerados en una amplia franja de la economía.
¿Cuál es el resultado de todo esto? Bueno, un grupo de expertos insistirá a pleno pulmón en que nada va a cambiar en lo que importa, y otro grupo empezará a gritar que el apocalipsis está sobre nosotros. Esas son las dos únicas opciones que nuestra imaginación colectiva puede procesar estos días. Por supuesto, ninguna de las dos cosas sucederá realmente.
Lo que ocurrirá, en cambio, es que las clases media y media-alta de Estados Unidos, y de muchos otros países, se enfrentarán al mismo tipo de lenta demolición que arrasó a las clases trabajadoras de esos mismos países a finales del siglo XX. Los despidos, las quiebras empresariales, la reducción de salarios y prestaciones y la última versión de alta tecnología de los carteles de NO SE BUSCA AYUDA se sucederán a intervalos irregulares. Todas las empresas que ganan dinero atendiendo a estas mismas clases perderán también sus ingresos, pieza a pieza. Las comunidades se vaciarán como lo hicieron hace medio siglo las ciudades fabriles del cinturón del óxido estadounidense y las Midlands inglesas, pero esta vez les tocará a los suburbios de lujo y a los barrios urbanos de moda derrumbarse al desaparecer las fuentes de ingresos que los sustentaban.
No va a ser un proceso rápido. El dólar estadounidense está perdiendo su lugar como medio universal de comercio exterior, pero algunos países seguirán utilizándolo durante años. El desmantelamiento de los mecanismos que dirigen la riqueza no ganada a Estados Unidos irá un poco más rápido, pero aún llevará tiempo. El colapso de la clase cúbica y el desmantelamiento de los suburbios se desarrollarán a lo largo de décadas. Así son los cambios de este tipo.
En cuanto a lo que la gente puede hacer en respuesta tan tarde en el juego, me refiero a un post que hice en el Informe Archidruid en 2012 titulado «Colapso ahora y evitar la prisa». En ese post señalé que el desmoronamiento de la economía estadounidense, y el proyecto más amplio de la civilización industrial, se estaba acelerando a nuestro alrededor, y los que querían estar preparados para ello tenían que empezar a prepararse pronto mediante la reducción de sus gastos, salir de la deuda, y recoger las habilidades necesarias para producir bienes y servicios para las personas en lugar de la máquina corporativa. Me alegra decir que algunas personas hicieron estas cosas, pero muchas otras pusieron los ojos en blanco o se propusieron seriamente hacer algo en cuanto las cosas fueran más convenientes, cosa que nunca ocurrió.
A lo largo de los años siguientes repetí esa advertencia y luego pasé a otros temas, ya que realmente no tenía mucho sentido insistir en el desastre que se avecinaba cuando el momento de actuar se había escapado. Los que se prepararon a tiempo capearán el temporal como nadie. ¿Y los que no? Las prisas han llegado. Siento decirte que, intentes lo que intentes, lo más probable es que haya muchas otras personas frenéticas intentando hacer lo mismo. Puede que tengas suerte, pero va a ser difícil.
Eso sí, espero que algunas personas tomen un rumbo diferente. En los meses anteriores a que una predicción mía se haga realidad, recibo una avalancha de comentarios que insisten en que soy demasiado rígido y dogmático en mis opiniones sobre el futuro, que necesito tener una mentalidad más abierta sobre posibilidades alternativas, que todavía se pueden alcanzar futuros maravillosos, etcétera. Lo entendí en 2008, justo antes de que la burbuja inmobiliaria empezara a explotar, como había predicho, y también lo entendí en 2010, justo antes de que el precio del petróleo alcanzara su punto máximo y empezara a caer, como también había predicho, llevándose consigo el movimiento del pico del petróleo. He empezado a recibir el mismo tipo de críticas una vez más.
Estamos bailando al borde de una larga pendiente resbaladiza hacia una nueva realidad no deseada. Recomiendo a los lectores de Estados Unidos y sus aliados cercanos que se preparen para un par de décadas de desgarradora agitación económica, social y política. Los que viven en otros países lo tendrán más fácil, pero seguirá siendo un viaje alocado antes de que los escombros dejen de rebotar y se puedan reconstruir nuevas estructuras sociales, económicas y políticas a partir de los restos del naufragio.
3. The China Project: entrevista a Kishore Mahbubani
Hace unos días os envié un artículo del singapurés Kishore Mahbubani que trataba en líneas generales de lo mismo que en esta entrevista transcrita que os paso hoy: la geopolítica actual en Asia. Es una conversación con un podcaster con el curioso nombre de Kaiser Kuo. https://thechinaproject.com/
A continuación encontrará la transcripción completa del podcast de Sinica con Kishore Mahbubani.
Kaiser Kuo: Bienvenidos al Podcast Sinica, un debate semanal sobre la actualidad en China, producido en colaboración con The China Project. Suscríbase a Access de The China Project para tener acceso. Acceso no sólo a nuestro estupendo boletín diario, sino a todos los artículos originales de nuestro sitio web thechinaproject.com. Tenemos reportajes, ensayos y editoriales, magníficos explicadores y rastreadores, columnas periódicas y, por supuesto, una creciente biblioteca de podcasts. Abarcamos desde las tensas relaciones exteriores de China hasta sus ingeniosos empresarios, desde la represión de los uigures y otros pueblos musulmanes en la región china de Xinjiang hasta los ambiciosos planes de Pekín para transformar la economía china en una economía post-carbono. Es un festín de noticias empresariales, políticas y culturales sobre una nación que está remodelando el mundo. Cubrimos China sin miedo ni favor.
Soy Kaiser Kuo, desde Chapel Hill, Carolina del Norte.
Si no me equivoco, y sí, podría estar equivocado, pero si no me equivoco, últimamente se ha producido un cambio palpable en la conversación que mantenemos sobre la competencia entre Estados Unidos y China. Un número creciente de voces parece estar señalando -bueno, lo que muchos de nosotros sabemos desde hace tiempo- que los países medios y los países del sur global no ven las cosas de la misma manera que los estadounidenses cuando se trata de China necesariamente. En mi opinión, cada vez hay más voces que cuestionan la forma en que Washington ha enmarcado la relación. Ayer mismo, por ejemplo, leí dos artículos. Uno en Foreign Affairs y otro en Foreign Policy, que abordan diferentes facetas de ese marco. Bilahari Kausikan, antiguo Secretario Permanente del Ministerio de Asuntos Exteriores de Singapur, escribió un ensayo muy ambicioso en esa revista titulado Navigating the New Age of Great Power Competition, en el que, entre otras cosas, rechaza las comparaciones tan habituales de la Guerra Fría.
Sugiere que, desde la perspectiva del Sur global, la permanente preocupación de Occidente por la guerra de Rusia contra Ucrania puede tener mucho que ver con el color de los combatientes. Y argumenta que Estados Unidos nunca obligará realmente ni siquiera a sus aliados más acérrimos a aislarse realmente de China. Y que están unidos por la cadera, que deberían formar parte de un mismo sistema, que forman parte de un mismo sistema, y que ni Pekín ni Washington pueden realmente desvincularse el uno del otro, ni deberían realmente intentarlo. El otro es un artículo de Howard French. Howard es un antiguo periodista del New York Times que ahora enseña en Columbia. Es uno de esos periodistas que en el fondo es un verdadero erudito, y siempre tiene una visión de conjunto de las principales corrientes intelectuales. Su columna en Foreign Policy abordó toda esta marca democracia versus autoritarismo que la administración Biden ha estado impulsando, hablando de cómo nuestra competencia de gran potencia con China en realidad nos ha hecho insensibles a las amenazas a la democracia que estamos viendo en la India, por ejemplo, bajo Modi, en PJP, y de hecho aquí en los propios EE.UU.
Estos son sólo dos ejemplos de críticas a la presión de Estados Unidos para acorralar a los aliados y a los llamados países afines en esta contienda con China. Es parte de lo que creo que es un creciente reconocimiento, una vez más, de que los países del sur global, muchas potencias medias y, de hecho, ciertos países europeos no siempre están dispuestos a seguir la línea, la línea estadounidense, cuando se trata de China y pueden desear, de hecho, una mayor autonomía estratégica. Bien, hoy me complace dar la bienvenida a una persona que lleva mucho tiempo diciendo esto mismo, el embajador Kishore Mahbubani. Kishore es un distinguido miembro del Instituto de Investigación de Asia, el ARI de la Universidad Nacional de Singapur. Ha sido dos veces, durante varios años en total, embajador de Singapur ante la ONU. Es un destacado académico y autor de numerosos libros, entre ellos Has China Won? The Chinese Challenge to American Primacy, sobre el que Jeremy y yo le entrevistamos hace unos tres años.
Hace poco más de un mes publicó un excelente artículo en Foreign Affairs titulado Asia’s Third Way: How ASEAN Survives and Thrives Amid Great Power Competition. También ha publicado recientemente una colección de ensayos titulada The Asian 21st Century (El siglo XXI asiático), que puede descargarse gratuitamente y cuyo enlace pondremos en la página del podcast. Kishore nos acompaña hoy desde Boston, donde acaba de pronunciar una conferencia. Kishore Mahbubani, bienvenido de nuevo a Sinica. Encantado de verle.
Kishore Mahbubani: El placer es mío. Gracias por recibirme.
Kaiser: Bueno, de nada. Kishore, tal vez como una forma de entrar en esta discusión, permítame preguntarle primero sobre la reciente visita del presidente francés Emmanuel Macron a China. Como sin duda sabrás, el presidente Macron concedió una entrevista a bordo de un vuelo de ida entre Pekín y Guangzhou durante esta visita de tres días a China. En ella defendió la autonomía estratégica europea y dijo: «Lo peor sería pensar que nosotros, los europeos, debemos ser seguidores y adaptarnos al ritmo estadounidense y a una reacción exagerada china». Y prosiguió: «No queremos entrar en una lógica de bloque contra bloque». Y añadió: «Europa no debe quedar atrapada en un desorden del mundo y en crisis que no son nuestras». ¿Le sorprendió lo que dijo o la reacción estadounidense al respecto?
Kishore: Bueno, yo también leí la entrevista, en Politico, creo. Y lo que más me llamó la atención fue la nota al final de la misma que decía que lo que Macron dijo sobre Taiwán fue mucho más contundente de lo que se les permitió informar. Supongo que se habrá distanciado aún más de la postura estadounidense sobre Taiwán, pero decidió, quizá por sentido de la diplomacia, sacarlo. Pero no cabe duda de que a Europa no le conviene unirse a lo que considera una cruzada estadounidense contra China, porque también tiene sus propios intereses y preocupaciones. Y China, a fin de cuentas, seguirá siendo un mercado importante para muchos productos europeos. Y los europeos también creen, especialmente los franceses, más que nadie, que estamos entrando en un mundo multipolar.
China es una realidad con la que tenemos que lidiar. Y los franceses, como saben, desde los tiempos de De Gaulle, han sido grandes realistas en política internacional. No creen en la moralina. Aceptan las realidades de la política de las grandes potencias y maniobran dentro de ese marco. Por lo tanto, lo que dijo Macron estaba claramente muy dentro de la tradición francesa de tratar de dirigir un curso independiente. Pero, por supuesto, la gran pregunta es si puede llevar consigo al resto de la Unión Europea. Y como usted sabe, trajo con él a [Ursula] von der Leyen, y ella cantó una melodía muy diferente.
Kaiser: Así es. Muy, muy diferente.
Kishore: Pero ella, quiero decir, me reuní con ella una o dos veces, no es, por desgracia, una gran pensadora estratégica. Y tiende a ver las cosas en blanco y negro, y esa puede ser una de las razones por las que no pudo captar el mensaje matizado que Macron estaba lanzando.
Kaiser: Y la reacción estadounidense a todo esto, que es bastante indignada, ¿era bastante predecible para usted?
Kishore: Sí. Era previsible, aunque me he dado cuenta de que la Casa Blanca ha dicho que Joe Biden y el presidente Macron mantienen una buena relación, lo cual es cierto. Y creo que es muy importante para Estados Unidos hoy en día tener amigos, amigos en los que confíen firmemente para transmitir mensajes que necesitan oír, pero que no son capaces de escuchar. Y sé esto, el problema fundamental con la forma en que Washington, D.C. ve el mundo es que trata de retratar todo como blanco y negro. La guerra de Ucrania, Rusia está equivocada. Ucrania está bien, Occidente está bien. Y como saben, el resto del mundo no comparte esa visión en blanco y negro. Y luego, de forma similar, en relación con China, especialmente cuando se utiliza el marco de la democracia frente a la autocracia, una vez más, no es así como el mundo lo ve.
Ven que Estados Unidos y China tienen sistemas políticos diferentes, que cada uno funciona a su manera, y no creen que un sistema sea necesariamente superior al otro. Así pues, la perspectiva que Estados Unidos aporta a la cuestión Estados Unidos-China no es la misma en la mayor parte del mundo.
Kaiser: Se podría pensar que la guerra de Ucrania habría agudizado el mensaje de Estados Unidos sobre esta división ideológica y tal vez aclarado en las mentes de otros Estados la necesidad de elegir un bando. Esa era sin duda la expectativa estadounidense. Y creo que es la expectativa de mucha gente. Pero en realidad, irónicamente, es la guerra de Ucrania y la falta de voluntad de tantos países del sur global para ofrecer una condena rotunda de la agresión rusa -que debo añadir, estoy encantado de hacer; la condeno. Esta es una de esas cuestiones en las que no veo muchos grises, pero la guerra de Ucrania ha puesto de manifiesto la división entre Estados Unidos y el Sur global. ¿Qué cree que está fallando en los mensajes estadounidenses o qué es lo que los estadounidenses no entienden sobre por qué este conflicto, en particular, puede no parecerle, a gran parte del resto del mundo, tan maniqueo, tan bueno y tan malo como creemos que es en Estados Unidos?
Kishore:Al igual que usted, yo también condeno la invasión rusa de Ucrania. Como antiguo embajador ante la ONU, conozco muy bien los principios de la Carta de las Naciones Unidas, y está claro que la invasión rusa es una violación del derecho internacional. Y es justo decir que la mayoría de los países del mundo, más de 143 países, votaron a favor de la resolución que condena la invasión. Pero al mismo tiempo, también es cierto que países que representan el 85% de la población mundial, quiero subrayar la cifra, el 85% de la población mundial no han impuesto sanciones a Rusia. Creo que Estados Unidos y Occidente deberían dar un paso atrás y reflexionar sobre por qué es así. Y está claro que están enviando una señal de que, una vez más, no se trata de una simple cuestión de blanco o negro, de que Rusia puede haber tenido preocupaciones legítimas de seguridad por la expansión de la OTAN.
Y del mismo modo que Estados Unidos consideraba inaceptable que los misiles nucleares soviéticos estuvieran estacionados en Cuba, un territorio tan cercano al corazón de Estados Unidos, a los rusos también les preocupaba que se estacionaran misiles hostiles en un territorio tan cercano a su corazón. Por lo tanto, muchos de nosotros creemos que podría haber habido un compromiso a lo largo de las líneas sugeridas por Henry Kissinger en su artículo de 2014 en el Washington Post por Ucrania conserva su independencia, Ucrania se une a una Unión Europea, pero Ucrania no se une a la OTAN. Y de hecho creo que si se hubiera hecho caso al consejo de Henry Kissinger, no habría habido guerra en Ucrania.
Kaiser: Hablemos de tu ensayo sobre asuntos exteriores, en el que realmente quería centrarme con esta conversación. Usted sostiene que la ASEAN está encontrando una tercera vía. Que los diez países de la ASEAN están encontrando la manera de navegar bastante bien en esta era de competencia entre grandes potencias. Y lo atribuyes al pragmatismo. Las palabras pragmático o pragmatismo aparecen 14 veces en su artículo, 15 si incluye el uso de pragmatismo en un subtítulo. Está claro que crees que China ya habla el lenguaje del pragmatismo en sus relaciones con los países del Sur Global. Y su artículo sostiene que Estados Unidos también debería aprender a hablar así, que en última instancia resultaría más atractivo que los sermones y la moralina, que muchos países consideran mojigatos en el mejor de los casos y totalmente hipócritas en el peor.
Pero creo que muchos estadounidenses, y sin duda también muchos no estadounidenses, oirán eso, oirán su defensa del pragmatismo, y dirán que lo que usted llama pragmatismo no es más que amoralidad, no es más que una especie de abandono de los valores. Valores que, según ellos, son en realidad la fuente del atractivo y el liderazgo estadounidenses. Usted mismo ha hablado de lo mucho que admira esas cualidades… es un americanófilo, lo ha dicho muchas veces. Entonces, ¿qué diría a esa línea de argumentación? ¿Cómo distingue entre el abandono de los valores, por un lado, y un enfoque práctico, pragmático, por otro?
Kishore: Bueno, como alguien que estudió filosofía occidental, tanto a nivel de licenciatura como de máster, entiendo muy bien la antipatía que algunos intelectuales occidentales tienen hacia la noción de pragmatismo y, como usted ha dicho, se considera amoral. Y dejamos de lado nuestros valores morales para hacer lo que sea práctico o útil. Pero en realidad, si uno de tus mayores valores es evitar la guerra, y al fin y al cabo, debemos… Si hay una lección que podemos aprender de la guerra de Ucrania, es que cuando empieza la guerra, mueren miles, si no cientos de miles de personas. Y que, en mi opinión, el mayor imperativo moral en las relaciones internacionales, especialmente entre Estados rivales, es prevenir las guerras. Y si puedes evitar las guerras siendo pragmático, entonces estás logrando un bien moral superior siendo pragmático.
Y el Sudeste Asiático, como saben, es con diferencia el rincón más diverso del planeta Tierra. De los 615 millones de habitantes, hay 215 millones de musulmanes, 115 millones de cristianos, cerca de 200 millones de budistas, budistas mahayana, budistas hinayana, taoístas, confucianistas y muchos comunistas. Ahora, esta región se suponía que era los Balcanes de Asia. Aquí es donde usted debería haber visto todo tipo de conflictos. Y también, como ustedes saben, fue un importante escenario de conflicto de grandes potencias en la primera Guerra Fría. Y algunas de las mayores guerras, como la de Vietnam, se libraron en el Sudeste Asiático. Por tanto, si se toma una región como ésta y se consigue mantener la paz en una región que está dividida internamente y sometida a una gran presión externa, se habrá conseguido un gran bien moderno, porque se habrán salvado miles de vidas.
Kaiser: Kishore, usted presenta a la ASEAN como un modelo potencial de cómo Estados Unidos podría ser más pragmático en la conducción de su diplomacia. Pero se me ocurre que la ASEAN podría ser también un modelo de cómo podría funcionar una noción de orden mundial multipolar. Quiero decir, después de todo, has hablado de la diversidad religiosa, pero también hay mucha diversidad de tipos de régimen en la ASEAN. Hay países democráticos, hay países gobernados por partidos comunistas, tecnocráticos, estados autoritarios, juntas militares. Incluso tenemos una monarquía absoluta, ¿verdad? En Brunei. Pero, ¿qué condiciones deben darse? ¿Qué normas escritas o no escritas antes de que una especie de configuración multiestatal que engloba tantos tipos de régimen diferentes tantas ideas divergentes de orden político pueda perdurar y perdurar pacíficamente?
Kishore: Bueno, creo que lo importante es comprender, Kaiser, que estamos entrando en una nueva era de la historia del mundo, y que sociedades y civilizaciones largo tiempo dormidas están resurgiendo con fuerza. Por lo tanto, el mundo en el que Occidente podía dominar el mundo ha desaparecido. Y puedo decirle que la mayor parte del mundo se está preparando para el siglo asiático. Usted mencionó que mi libro, El siglo XXI asiático ha sido descargado 2,73 millones de veces en 160 países. Y eso, para mí, es un indicio de que la mayor parte del mundo se está preparando psicológicamente para el siglo asiático. Pero, como saben, Occidente no se está preparando para ello, y Occidente sigue creyendo que puede dominar el mundo. Lo que Occidente tiene que entender, en el nivel más fundamental, es que estamos pasando de un mundo unipolar y unicivilizacional, como el que tenían al final de la Guerra Fría, a un mundo multipolar y multicultural, en el que tendrán que aprender a tratar con sociedades que son muy diferentes de las suyas.
Y si sigues esperando que la otra parte se vuelva como tú, que utilice el mismo lenguaje y los mismos conceptos, entonces tendrás problemas. Considero que esta es la mayor desventaja de la mente occidental a medida que nos adentramos en el siglo XXI asiático. Porque tienes que entender cómo reaccionarán las diferentes sociedades asiáticas. Y mira, incluso dentro de Asia, hay grandes diferencias. Quiero decir, cómo India ve el mundo es muy diferente a cómo lo ve China. Y son dos civilizaciones fuertes y profundas. Y, ciertamente, en el caso de los chinos, la creencia de que en un momento u otro todo el partido comunista chino se derrumbará y habrá una repentina revolución de color en China, y que habrá una nueva sociedad democrática liberal en China, que, como usted sabe, se sugirió una vez en el ensayo de Kurt Campbell y Ely Ratner, que decía que muchos responsables políticos estadounidenses creen realmente que el compromiso estadounidense en China dará lugar a una democracia emergente en China.
Pero eso, como usted sabe, es una suposición enormemente arrogante. Porque, al fin y al cabo, el futuro de China vendrá determinado por lo que fluya de 4.000 años de historia china, y no por lo que venga de una joven república de 250 años al otro lado del Océano Pacífico. Así que en Asia somos realistas. Creemos que en realidad… En realidad, va a haber un mundo muy emocionante que está por venir. Muy emocionante, debe ser un mundo muy diferente, pero tenemos que entender cada país, cada cultura, cada civilización en sus propios términos si vas a tener éxito en tratar con él. Y ése es el mayor punto ciego de las políticas estadounidenses hacia China, porque siguen culpando a China de no ser como nosotros.
Kaiser: Siempre estoy tentado a tratar de ver el tipo de fundamentos filosóficos de esto. Usted, como ha dicho, fue estudiante de filosofía. Y me parece que si rebobináramos hasta hace 50 años y observáramos a los intelectuales estadounidenses, si les preguntáramos si la propuesta de que un país con un conjunto radicalmente diferente de tradiciones religiosas, con estructuras sociológicas diferentes, con una demografía diferente, con una dotación diferente de recursos naturales, con todo un panteón diferente de héroes y villanos y demás, que podría haber desarrollado un conjunto separado y aún válido de preceptos morales propios, que podría expresarse en instituciones políticas diferentes. La mayoría de los intelectuales estadounidenses, creo que hace 50 años, probablemente habrían dicho, sí. Y eso está bien. Y tal vez no lo habrían dicho directamente, pero en esencia estaban adoptando una forma de relativismo cultural. En algún momento, el centro de gravedad cambió. Y los intelectuales estadounidenses ahora son absolutistas morales.
Si tuviera que diagnosticar esto, manteniéndose al margen de la sociedad estadounidense y observando cómo se desarrolla, ¿cuándo ocurrió y por qué? ¿Cuáles fueron las fuerzas que hicieron converger a los estadounidenses en esta idea de los valores universales como válidos universalmente para todos los pueblos en todo momento? ¿Cuándo ocurrió esto y por qué? Una gran pregunta…
Kishore: Lo sé. Pero creo que en realidad se puede señalar un momento de la historia en el que hubo un enorme estallido de triunfalismo occidental, que, por supuesto, quedó plasmado en el famosísimo ensayo de Fukuyama, «El fin de la Historia». Que, si no recuerdo mal, utilizó palabras como, la humanidad ha llegado al final de su evolución política, y ahora estamos de acuerdo en que sólo hay un futuro para nosotros, y todos nos convertiremos, de una manera u otra, en sociedades democráticas liberales. Pero lo interesante es que incluso la propia frase, el fin de la historia es una frase notablemente arrogante que sugiere que Occidente, que representa sólo el 12% de la población mundial, ha encontrado el Nirvana. Y todos nosotros, el 88% que vive fuera de Occidente, debemos ahora confirmar y marchar al son de los tambores del Nirvana occidental.
Pero, por supuesto, la razón por la que… He dicho de una manera muy cruel, en realidad en una charla TED que di, que Francis Fukuyama hizo mucho daño cerebral a mucha gente en Occidente, porque puso a Occidente a dormir en un mar de complacencia precisamente en el momento en que en lugar de ver el fin de la historia, estabas viendo el retorno de la historia y el retorno de las civilizaciones asiáticas que han estado dormidas durante tanto tiempo. Es increíble que ese ensayo saliera en los años 90, y que fuera una década en la que tanto China como la India, que, por cierto, tenían las dos mayores economías del mundo desde el año uno hasta el año 1820. Habían dormido casi 200 años, y despertaron. Y en el momento en que despertaron, Occidente decidió dormirse. Quiero decir, los historiadores del futuro se maravillarán de esta coincidencia. Así que está muy, muy claro que China e India, y sin duda los 10 países del Sudeste Asiático, evolucionarán según sus propias culturas y sus propias tradiciones.
Por ejemplo, me he dado cuenta de que muchos responsables políticos estadounidenses señalan el hecho de que China está dirigida por el Partido Comunista Chino, pero luego, cuando eligen a Vietnam como aliado, nunca dicen: «Oh, Vietnam está dirigido por el Partido Comunista Vietnamita». Es sorprendente. Es bastante sorprendente. Y todos miran esto y dicen: «Oye, ¿cómo es que uno es aliado y el otro rival?». Y esto es geopolítica. Esto es una crueldad de la geopolítica. Pero volviendo a tu pregunta central, creo que es muy importante que Occidente acepte un punto importante: que los últimos 200 años de dominación occidental de la historia mundial fueron una aberración histórica. ¿Cómo pudieron 100.000 ingleses dirigir un país de entonces 300 millones de habitantes en la India? Asombroso. ¿No es cierto? Es asombroso, pero nunca volverá a ocurrir. Y ahora el PNB de la India es mucho mayor que el de los británicos. Por lo tanto, se puede ver cómo el mundo se ha transformado. Por lo tanto, todas las mentalidades, los mapas mentales que Occidente había puesto en sus cerebros durante los últimos 200 años, tienes que empezar a sacarlos. Y ese es un proceso muy doloroso.
Kaiser: Usted acaba de mencionar que Estados Unidos se ha aliado, aunque de manera informal, con Vietnam, y China, por supuesto, tiene sus propios países más cercanos dentro de la ASEAN. Sin embargo, existen diversas actitudes en la ASEAN hacia China y hacia Estados Unidos. Pero dame una idea de cómo afronta la ASEAN como organismo las situaciones en las que la competencia de grandes potencias entre Estados Unidos y China provoca reacciones muy diferentes entre los miembros de la ASEAN. Quiero decir, creo que la disputa del Mar de China Meridional es muy importante, pero dé a nuestros oyentes una idea de situaciones como esa y de cómo la ASEAN se enfrenta a una especie de conflicto de lealtades dentro de esa organización, dentro de esa asociación hacia las dos grandes potencias dominantes en este momento.
Kishore: Bueno, tiene toda la razón en que hay diversidad de opiniones entre los diez países de la ASEAN. Y si Vietnam está más cerca de Estados Unidos, Camboya está más cerca de China, todo esto es bien conocido. Pero al mismo tiempo, quiero subrayar que existen enormes reservas de buena voluntad hacia Estados Unidos en el Sudeste Asiático.
Kaiser: Por supuesto.
Kishore: Y un hecho que todo estadounidense debería saber es que Estados Unidos ha invertido más en los 10 países que en China, Japón, Corea del Sur e India juntos. Creo que la mayoría de los estadounidenses no conocen este hecho. Y eso es un reflejo de que cuando los estadounidenses vienen al Sudeste Asiático, son bien recibidos. En el Sudeste Asiático nos encantan los estadounidenses. Y es la única parte del mundo donde, por contraste, si viajas a Oriente Medio, no recibes la misma cálida bienvenida que en el Sudeste Asiático. No sólo entre los líderes, sino también entre los pueblos del sudeste asiático. Así pues, cuando estalle la contienda entre Estados Unidos y China, los diez países de la ASEAN estarán de acuerdo en que quieren mantener buenas relaciones con Estados Unidos, pero también con China. Y, en cierto modo, lo que están haciendo los países del Sudeste Asiático es basarse en una sabiduría que forma parte de Vietnam, de la tradición política vietnamita. Los vietnamitas, como saben, han tratado con China probablemente durante más tiempo que cualquier otro país en los últimos 2000 años. Y Vietnam sólo estuvo ocupado por China durante 1.000 años,
Kaiser: Sólo 1.000 años.
Kishore: Por lo tanto, los vietnamitas conocen China muy bien. Y dicen que para llegar a ser líder de Vietnam, debes ser capaz de enfrentarte a China, pero también debes ser capaz de llevarte bien con China. Y si no puedes hacer ambas cosas, no puedes ser líder de Vietnam. Del mismo modo, los países del Sudeste Asiático se enfrentan a China cuando lo necesitan y, como saben, algunos Estados de la ASEAN tienen diferencias con China en relación con el Mar de China Meridional, pero al mismo tiempo también sabemos cómo llevarnos bien con China y queremos ser amigos tanto de Estados Unidos como de China. Así que el mayor error, como digo en mi ensayo, es que Estados Unidos intente obligar a los países a elegir, porque no elegirán. Y esa es una realidad con la que tienen que vivir los sudeste asiáticos, que Estados Unidos probablemente estará presente en gran medida en el sudeste asiático durante los próximos 100 años, pero China estará presente en gran medida durante los próximos 1000 años. Hay que entender que las historias más profundas y largas vuelven a entrar en juego.
Y cuando voy a Tailandia, por ejemplo, me cuentan historias sobre las relaciones entre los antiguos reinos tailandeses y la Corte Real de Pekín, ¿verdad? Tienen tradiciones que se remontan a cientos de años. Y usted está pidiendo a estos países, que han tenido sus largas y complicadas historias con China, que digan: «Eh, ¿estás de mi lado o de su lado?».
Kaiser: Correcto. Y usted establece tres sencillas reglas que Estados Unidos debe seguir en sus relaciones con la ASEAN. Y la primera de ellas es no pedirles que elijan. Quiero volver sobre ello, pero primero, ha mencionado el nivel de inversión en la ASEAN por parte de Estados Unidos, y cómo supera la cantidad de IED en China, India y…
Kishore: Japón.
Kaiser: Y Japón juntos, o algo así. Y creo que quizás mucha gente no es consciente de ese nivel. Mucha gente, creo, ha hablado de cómo Estados Unidos ha aparecido en el Sudeste Asiático con muchas armas y nada de mantequilla. Y usted también hace críticas en ese sentido. Es decir, Estados Unidos no forma parte del CPTPP, no forma parte del RCEP, y esto, sí, el IDEF, el Marco Económico Indo-Pacífico, del que son miembros siete Estados de la ASEAN. No incluye ningún acuerdo de acceso al mercado. Así que sí, hay mucha inversión. Pero si nos fijamos en su dimensión comercial, China no sólo está en el RCEP, sino que también tiene un acuerdo de libre comercio, un TLC que se remonta a ¿cuánto? 21 años. Fue en 2002 cuando se firmó con la ASEAN. En primer lugar, dénos una idea de cómo China y los EE.UU. están haciendo en relación el uno al otro en términos de comercio, y luego tal vez también hablar de la inversión china en la ASEAN, y nos dan una idea de lo que el gráfico de los volúmenes de comercio relativo con la ASEAN en los últimos 20 años, lo que nos dice acerca de armas y mantequilla en el sudeste asiático
Kishore: Tienes toda la razón al centrarte en el comercio, Kaiser, porque el gran juego en el Sudeste Asiático es el comercio. Y no sólo en el Sudeste Asiático, sino también con respecto al resto del mundo. Y cuando Estados Unidos dejó de firmar acuerdos de libre comercio, y como sabes, Estados Unidos se retiró de la Asociación Transpacífica que Obama había firmado, creo que fue un grave error cometido por Estados Unidos. Y sólo para ilustrar lo importante que es el comercio, en el año 2000, el comercio de Estados Unidos con la ASEAN fue de 135.000 millones de dólares, que era más de tres veces el comercio de China con la ASEAN, que sólo fue de 40.000 millones de dólares. Así que, en el año 2000, no hace tanto tiempo, el comercio de Estados Unidos con la ASEAN era más de tres veces el comercio de China con la ASEAN. Pero para, yo diría que para el año 2022, el comercio de EE.UU. debe haber crecido a unos 380 mil millones de dólares, ¿de acuerdo? Tal vez unas tres veces, de 135 a unos 380 mil millones.
Pero el comercio de China con la ASEAN había crecido de $ 40 mil millones a $ 975 mil millones. Casi un billón de dólares.
Kaiser: Wow. Sí.
Kishore: Y eso, sospecho, es ahora la mayor relación comercial del mundo entre dos entidades económicas cualesquiera. Y por cierto, Estados Unidos y la Unión Europea son mucho más grandes en tamaño económico y han tenido una relación comercial mucho más larga, pero su comercio total el año pasado fue de 900.000 millones de dólares menos que China-ASEAN. Por lo tanto, hay que ver la magnitud de estos cambios que están sucediendo son fenomenales. Pero esto, de nuevo, es el resultado de una reconexión natural de países que solían estar vinculados en el pasado. Quiero decir, hubo un próspero comercio a través del sudeste asiático hace mil años. ¿De acuerdo? Y esto es lo que está sucediendo de nuevo en la región. Y por lo tanto, es muy importante que Estados Unidos también juegue el juego del comercio.
Estoy muy contento de que la inversión de EE.UU. sea tan alta, pero la inversión de EE.UU. por sí sola no es suficiente. Tiene que venir y también implicarse en la relación comercial. Y lo triste del Marco Económico Indo-Pacífico, IPEF, es que no concede acceso al mercado. Es una tragedia. Y de hecho creo que Estados Unidos puede beneficiarse de la firma de un acuerdo de libre comercio con los países del Sudeste Asiático porque el tamaño de la economía de la ASEAN también está creciendo. En el año 2000, la economía de Japón era ocho veces mayor que el PNB combinado de la ASEAN. Pero en 2022, sólo será 1,5 veces mayor. Y en 2030, el PNB de la ASEAN será mayor que el de Japón.
Kaiser: Eso dice tanto sobre el lento crecimiento japonés como…
Kishore: Quiero insistir en que estamos asistiendo a transformaciones fundamentales en la jerarquía relativa de los países de todo el mundo, transformaciones fundamentales. Y en un momento de grandes cambios, Estados Unidos debe estar preparado para considerar nuevos enfoques en lugar de aferrarse a los viejos para hacer frente a su nuevo mundo.
Kaiser: Evan Feigenbaum tiene esta frase realmente memorable que utiliza cuando habla de cómo los EE.UU., que ya está en desventaja geográfica cuando se trata de la región, al menos frente a China. Es cada vez menos relevante a medida que los países de la región se vinculan cada vez más entre sí, pero también con China. De nuevo me viene a la mente la cifra de 975.000 millones de dólares de comercio en 2022. Estados Unidos se está relegando básicamente a proporcionar seguridad, lo cual, su frase es que Estados Unidos va a acabar siendo los Hessian de Asia, refiriéndose a los mercenarios alemanes que lucharon en el bando británico durante la Guerra de Independencia estadounidense. En su opinión, ¿cuáles son ahora mismo los principales impedimentos para Estados Unidos a la hora de restablecer o profundizar nuestra implicación económica en el Sudeste Asiático?
Hemos visto esfuerzos en ese sentido. Si hablas con los arquitectos del Pivote, del Reequilibrio, te dirán que no se pretendía que la seguridad fuera lo primero. Se pretendía que fuera principalmente económico. Sólo que las dimensiones de seguridad se manifestaron quizá más claramente y quizá antes que las económicas. Al menos, Estados Unidos tenía la intención de estrechar sus lazos comerciales con el Sudeste Asiático. Pero, ¿qué nos lo impide ahora?
Kishore: Creo que lo que más frena a Estados Unidos es que parece incapaz de pensar y planificar a largo plazo. Lo que debería hacer un responsable político estadounidense es hacer lo que hacen los responsables políticos chinos, y preguntarse dónde quieren que esté China con respecto al Sudeste Asiático, con respecto al resto del mundo en 2050, y cómo llegaremos hasta allí. Y como saben, la Iniciativa Belt and Road es una iniciativa de varias décadas, y los chinos quieren tener un mundo, en el que dentro de 20 o 30 años, haya tantos países que hayan desarrollado profundos vínculos con China de una forma u otra. Y del mismo modo, Estados Unidos también debería sentarse y preguntarse dónde quiere que esté el mundo en 2050. Y cómo se asegura de que la influencia estadounidense, que hoy sigue siendo muy alta en el Sudeste Asiático, siga siendo alta en el Sudeste Asiático en el año 2050.
Y hay que tener una perspectiva a largo plazo. Y entonces, ¿puede llegar a darse cuenta de que si quiere preservar una presencia a largo plazo, no es a través del número de portaaviones o submarinos que envíe a la región, sino a través de su presencia en el frente comercial y económico? El juego principal está en el frente comercial y económico. Porque al fin y al cabo, la prioridad de la mayoría de los países, especialmente en el Sur Global, es el desarrollo económico.
Kaiser: Así es.
Kishore: Y quieren que se les presenten propuestas concretas. Y eso, francamente, por desgracia, es una enorme ventaja competitiva que tienen los chinos, porque, como saben, incluso algunos líderes africanos dijeron que cuando un líder chino viene a África, nos ofrecen un puente, nos ofrecen un ferrocarril, nos ofrecen un puerto, pero cuando un líder estadounidense viene a África, nos ofrecen una conferencia. Por tanto, es importante entender que no hay que subestimar la inteligencia de los 6.000 millones de personas que viven fuera de Estados Unidos y China. Y si vas a participar en una competición para ganarte los corazones y las mentes de los 6.000 millones de personas que viven fuera de Estados Unidos y China, y dediqué un capítulo entero de mi libro, ¿Ha ganado China? A los 6.000 millones de personas hay que entenderles, en primer lugar, ¿cómo ven el mundo? ¿Con qué lentes históricas miran a China?
Y en segundo lugar, ¿cuáles son sus necesidades y deseos reales? ¿Cuáles son sus principales preocupaciones? Y creo que Estados Unidos todavía puede ganar la partida, como lo hizo en la primera Guerra Fría. Pero Estados Unidos, se lo diré, porque trabajé muy estrechamente con funcionarios estadounidenses. Como saben, Singapur estuvo muy, muy cerca de Estados Unidos en la Guerra Fría. Trabajamos duro juntos para revertir la ocupación vietnamita de Camboya. Trabajamos duro juntos para revertir la ocupación soviética de Afganistán. Pero los diplomáticos y líderes estadounidenses sabían escuchar en aquella época, y realmente podían ver los matices. Y de hecho, cuando vinieron al Sudeste Asiático, dijeron: «Dejemos que la ASEAN tome la iniciativa y nosotros la seguiremos». Eso fue muy sabio. Muy sabio. Pero ahora se observa una tendencia desde Washington, D.C., por desgracia, la actitud parece ser: «O estás con nosotros o estás contra nosotros», que es la actitud equivocada a adoptar hacia, especialmente, el Sudeste Asiático.
Kaiser: Ha mencionado la Iniciativa Belt and Road, que este año cumple diez años. Como ha señalado en su ensayo, 140 de los 193 países del mundo son ahora países oficiales de la BRI. Pero la actitud de Estados Unidos hacia la Iniciativa de la Franja y la Ruta ha sido, creo que estará de acuerdo, sistemáticamente negativa. En una ocasión la describí como una burla, una mofa y, cuando tropieza, una aclamación. Con la salvedad, creo, de que naturalmente el Sur Global no habla con una sola voz. ¿Cómo caracterizaría la opinión del mundo en desarrollo sobre esta reacción estadounidense a la BRI?
Kishore: Bueno, como usted sabe, no todos los países, incluso en el Sur Global, han firmado la BRI. Por ejemplo, India nunca firmará la BRI porque ahora tiene una relación muy complicada con China.
Kaiser: Acepta muchos préstamos del BAII, pero no…
Kishore: Sí. Pero tienes razón. Australia no se ha unido. Japón no se ha unido. Pero tienes razón, al final del día, 140 países se han unido. Y saben, parte del problema aquí, la razón por la que muchos en Occidente, y ciertamente en Estados Unidos, tienen dificultades para entender lo poderosa que es la BRI, es porque los medios de comunicación anglosajones, violando los principios de las ciencias sociales estadounidenses, no informan de los hechos sobre la BRI. Y puedo decirles que animaría a sus oyentes a buscar en Google a una profesora estadounidense llamada Deborah Bräutigam.
Kaiser: Sí, por supuesto.
Kishore: B-R-A-U-T-I-G-A-M. Y aporta una cantidad increíble de pruebas objetivas para demostrar que el término diplomacia de la trampa de la deuda es una falsedad. Que los países del Sur global no son tan estúpidos. Que se rindan voluntariamente a convertirse en una especie de víctimas de la diplomacia de la trampa de la deuda de China, quiero decir, eso es un insulto, ya sabes, a los miles de millones de personas en el sur global, un insulto. Pero también, por desgracia, cuando se mofan de la diplomacia de la trampa de la deuda de China, en cierto modo están siendo condescendientes con el Sur Global.
Kaiser: Sí, infantilizando. Sí, exactamente.
Kishore: Y yo no haría eso, francamente. Cuando países como Indonesia deciden comprar un tren a China, un tren rápido para unir Yakarta y Bandung, están tomando una decisión racional con conocimiento de causa, ¿no?
Kaiser: Así es.
Kishore: Y, a continuación, la elaboración de las condiciones de pago que pueden vivir. Creo que es importante no subestimar la inteligencia del Sur Global. Así que animaría a los medios de comunicación anglosajones a dejar de ser tan condescendientes cuando hablan del Sur Global.
Kaiser: Debo apresurarme a añadir que no es sólo Deborah Bräutigam quien ha estado publicando investigaciones que realmente desacreditan esta afirmación de la diplomacia de la trampa de la deuda. Hay otras organizaciones de investigación que han elaborado informes al respecto y lo han estudiado. Y no conozco ninguna que haya llegado a la conclusión de que China practica algo que pueda llamarse diplomacia de la trampa de la deuda. Muy bien. Quiero volver a algo de lo que hemos hablado antes, a tres ideas que usted tenía, una especie de tres pasos, tres reglas sencillas que Estados Unidos debería seguir al tratar con la ASEAN y, en realidad, al tratar con cualquier país del Sur global. Permítame explicárselas rápidamente. En primer lugar, no hacerles elegir entre Estados Unidos y China. Segundo, no juzgar los sistemas políticos de los países. Y la tercera es trabajar con cualquier país en cuestiones de interés mundial, como el calentamiento global, independientemente de su tipo de régimen.
Esto me parece, a la vez, completamente sensato y casi imposible para Estados Unidos hoy en día. Quiero decir, imposibles, no sólo en el clima político actual, sino porque van en contra de un conjunto de actitudes arraigadas que casi se han convertido en las características que definen a Estados Unidos, ¿verdad? Es realmente frustrante para mí, pero tengo que admitir que como estadounidense, estas ideas parecen tan arraigadas. Entonces, ¿qué pasa, en primer lugar, qué pasa si Estados Unidos no puede hacerlo, si no puede seguir estas tres reglas? Si Washington en la próxima administración, en enero de 2025, persiste en esta especie de enfrentamiento entre el bien y el mal, la democracia frente al autoritarismo, si sigue insistiendo en que básicamente cualquiera que no esté con nosotros está contra nosotros, si sigue esperando que China coopere en cuestiones de interés mundial, incluso mientras pone trabas a China a cada paso e intenta poner a todo el resto del mundo en contra de China, ¿verdad?
Sigo volviendo al título de su reciente libro, del que hablé con usted no hace mucho: «¿Ha ganado China? Quiero decir que parece que si Estados Unidos persiste en su empeño, se lo está entregando a China.
Kishore: Bueno, Kaiser, hablo como un amigo de los Estados Unidos. He vivido muchos años de mi vida aquí y tengo amigos íntimos y parientes en Estados Unidos. Y soy consciente de que Estados Unidos es una sociedad muy fuerte y vibrante. Y por eso, aunque ahora mismo parece estar atenazada por cierto grado de lo que yo llamo una locura temporal…
Kaiser: Esperemos que sea temporal.
Kishore: Creo que puede superarlo. Porque si echas la vista atrás, quiero decir, tan recientemente como en la década de 1980, durante la Guerra Fría, cuando tratábamos con alguien como George Shultz, que era entonces el Secretario de Estado, decía: «Eh, mi trabajo como Secretario de Estado es cultivar el jardín». ¿Verdad? Y así se pasaba tres semanas viajando por toda Asia. Y dijo: «Bueno, déjame escuchar lo que dicen los asiáticos». Si tan recientemente como en la década de 1980, alguien como George Shultz podría pasar tres semanas, y te puedo decir, traté con él unas cuantas veces, él no te sermonea. Te escucha y te dice: «Oh, ahora lo entiendo. ¿Qué estás tratando de decir?» Y como sabes, Estados Unidos en la Guerra Fría trabajó con toda una variedad de regímenes, incluidos algunos muy autoritarios.
Y la gran paradoja es que Estados Unidos se enamoró de China cuando estaba dirigida por Mao Zedong en 1971. En aquel momento, no recuerdo que nadie dijera: «Eh, China no es una democracia, ¿verdad? En 1971. La cuestión es que si los estadounidenses se remontan a su propia historia y estudian cómo Estados Unidos se convirtió en una gran potencia, en el camino hacia convertirse en una gran potencia, Estados Unidos fue muy pragmático, muy cuidadoso. Desgraciadamente, tras ganar la Guerra Fría, se olvidó de lo que había hecho para tener tanto éxito. Y también, por cierto, dejó de ser disciplinado incluso sobre su propia gestión interna. Recuerdo una época en la que la gente decía: «No se pueden tener estos déficits fiscales masivos. Estados Unidos debe ser disciplinado, equilibrar el presupuesto, etcétera, etcétera».
Ahora es chocante la cantidad de deuda que han acumulado. Y la acumulación de la deuda también es algo poco pragmático, por cierto. Es muy peligrosa. Estás creando un pasivo a largo plazo para ti, que va a caer sobre ti en algún momento. Eso es lo contrario del pragmatismo. En realidad creo que si Estados Unidos, en cierto sentido, se remonta a su propia historia e intenta averiguar en qué momentos lo hizo bien y cómo lo hizo bien, entonces podrá volver a comprometerse con el mundo con un nuevo espíritu de pragmatismo. Y el pragmatismo, por cierto, no soy un maestro de esa escuela, pero solía haber una escuela americana de filosofía llamada Pragmatismo.
Kaiser: Claro.
Kishore: Y creo que uno de los líderes, según tengo entendido, John Dewey…
Kaiser: John Dewey.
Kishore: John Dewey, si no recuerdo mal, en realidad fue a China y pasó algún tiempo allí. Y una de las historias más asombrosas que he oído, que no he podido confirmar, es que en una de sus sesiones, el que tomaba notas era Mao Zedong.
Kaiser: Sí. No, es totalmente creíble. Quiero decir, porque él estaba allí. Sé que Hu Shih, que fue uno de los grandes intelectuales del Movimiento del Cuatro de Mayo, fue alumno de John Dewey. Y durante el Movimiento del Cuatro de Mayo, Mao fue bibliotecario asistente en la Universidad de Pekín. Y así, sí, es totalmente posible. No he oído esa historia, pero sí, puedo investigarla.
Kishore: Por lo tanto, también hay una tradición de pragmatismo dentro del cuerpo político estadounidense, y hace falta un político estadounidense hábil para recordar esa tradición y sacarla a relucir de nuevo.
Kaiser: Absolutamente. Kishore, en el último mes hemos visto algo que no habíamos visto mucho procedente de China, no desde las conversaciones del Sexto Partido sobre la nuclearización de la península coreana. Estamos viendo iniciativas diplomáticas chinas mucho, mucho más allá de lo que hemos visto tradicionalmente, este acuerdo de normalización mediado por China entre Arabia Saudí e Irán a principios de marzo. Y, por supuesto, este marco chino, quiero decir, creo que llamarlo propuesta sería un error, este marco que China ha propuesto sobre la guerra rusa en Ucrania. ¿Qué ves aquí? ¿Y qué opinas de las respuestas estadounidenses y europeas a estas iniciativas diplomáticas de China? Porque han sido respuestas muy diferentes.
Kishore: Bueno, creo que debo confesarle que en realidad me sorprendió personalmente cuando China produjo el acuerdo entre Arabia Saudí e Irán.
Kaiser: A todos nos sorprendió. Sí.
Kishore: Yo estaba realmente sorprendido, porque los chinos, como usted sabe, he tratado con diplomáticos chinos desde hace 50 años, tienden a ser muy cautelosos. No les gusta tomar iniciativas. Responden a ellas, y están muy contentos de permitir las iniciativas. Así que, para ellos, lograr el acuerdo entre Arabia Saudí e Irán, creo que es algo muy importante a lo que el mundo debería prestar atención. Y al mismo tiempo, volviendo a mi punto anterior de que la paz es el último imperativo moral. De hecho, dirijo el Programa Asiático por la Paz en Singapur, y es muy importante que comprendamos que si un país logra la paz, el mundo entero debería aplaudirlo. No debería existir este enfoque de «mejor que nunca» respecto a China cuando lo hace. Ahora bien, sé que hay mucho escepticismo sobre la iniciativa china de propuesta de paz, llámese como se llame, sobre Ucrania. Pero al fin y al cabo, creo que es cruel ver morir a tanta gente en la guerra de Ucrania. Y si se puede detener por un tiempo y salvar vidas, eso también es muy, muy importante.
Y en cuanto a los chinos, por supuesto, creo que en Ucrania serán mucho más cautelosos, mucho, mucho más cautelosos. Saben lo importante que es para Estados Unidos. Saben lo importante que es para Rusia, y no hay mucho espacio entre ambos. Pero si quieren intentarlo, yo diría que lo intenten.
Kaiser: Sí. No podría estar más de acuerdo con usted. Que lo intenten. Mi última pregunta es la siguiente: usted está aquí en Estados Unidos y está en contacto permanente con personalidades de la política exterior estadounidense. ¿Cómo ha calado su mensaje entre la clase estratégica estadounidense con la que ha estado hablando? ¿Cómo reciben lo que tiene que decir?
Kishore: Bueno, creo que antes he aludido a ello, Kaiser, que en los años ochenta, los diplomáticos estadounidenses, los funcionarios estadounidenses e incluso el Secretario de Estado estadounidense, como George Shultz, escuchaban muy bien, ¿verdad? Y por alguna extraña razón, los miembros actuales del establishment estadounidense han perdido el arte de escuchar o incluso de salir a escuchar voces alternativas. Por ejemplo, tienes una cumbre de democracias de 140 países. No estoy seguro de que entendieran todos los mensajes que les llegaban de esa conferencia que celebraron…
Kaiser: Cierto.
Kishore: Y de nuevo, intentar crear un mundo en blanco y negro de democracias frente a no democracias, no es una buena forma de entender el mundo que está sucediendo; entender la diversidad real. Mis tres principios, como usted ha dicho, son muy sencillos y muy sensatos. En algún momento, Estados Unidos se dará cuenta de que tiene que jugar un juego mucho más sofisticado y lleno de matices en Asia, mucho, mucho más sofisticado en el gran esquema. Y las caracterizaciones en blanco y negro no les llevarán a ninguna parte. Después de mencionar el comercio entre, 975.000 millones de comercio entre la ASEAN y China, pedir a los países que elijan entre EE.UU. y China, si renuncian a 975.000 millones de dólares, van a dejar de crecer, ¿verdad? Es decir, hay que entender las realidades del mundo al que nos enfrentamos.
Y ciertamente la razón por la que en mi artículo hablo también de África, hablo de América Latina, y de cómo ha crecido el comercio de Brasil con China. En el año 2000, Brasil tardaba un año en exportar 1.000 millones de dólares a China. Ahora Brasil tarda 72 horas en exportar 1.000 millones de dólares a China. Entonces, ¿cómo espera que Brasil renuncie a sus lazos con China? Hay que aprender a ponerse en la piel de los países con los que se está tratando y luego salir con un enfoque mucho más sofisticado y matizado que este, o están con nosotros o contra nosotros en este asunto.
Kaiser: Así es. Fantástico. Kishore, muchas gracias por tomarte el tiempo de hablar conmigo. Quiero pasar a nuestra sección de recomendaciones. Pero primero, un recordatorio muy rápido de que si te gusta el trabajo que hacemos con el Podcast Sinica y con otros podcasts de nuestra red, lo mejor que puedes hacer para apoyar nuestro trabajo es suscribirte para acceder. Ahora, te permitimos un feed RSS secreto que te da acceso al programa los lunes. Y estos días estoy poniendo algunas cosas diferentes. Estoy dando una especie de episodios de bonificación sólo para los suscriptores. Así que, si eres suscriptor, puedes tener acceso a eso, además de escuchar el programa regular, que sale los jueves, temprano. Así que, por favor, ayúdanos y suscríbete a Access. Muy bien, vamos a pasar a las recomendaciones. Kishore, ¿qué tienes para nosotros? ¿Tienes algún buen libro, película o programa de televisión que quieras recomendarnos?
Kishore: Bueno, como he mencionado antes, fui estudiante de filosofía. En mi libro, Has China Won, digo que un gran error que ha cometido Estados Unidos es decir que se trata de una elección entre democracia y un sistema de partido comunista. Porque si lo planteas así, parece que Estados Unidos va a ganar definitivamente. Pero la realidad es que no es una contienda entre una democracia y un sistema de partido comunista. Es una contienda entre una plutocracia en Estados Unidos y una meritocracia en China. Y así, para entender lo que eso significa, recomendaría a los estadounidenses que volvieran a uno de los clásicos de todos los tiempos de la filosofía estadounidense. Se trata del libro Teoría de la Justicia, de John Rawls.
Kaiser: Rawls, sí.
Kishore: Leí todo el libro. Puedo decirte que fue muy difícil. Es un libro muy pesado, pero contiene mucha sabiduría, y señala que, al fin y al cabo, la sociedad más justa es aquella en la que te aseguras de que no sólo los ricos estén mejor, sino también el 10% de los más desfavorecidos. Y los estadounidenses se han olvidado del 10% inferior. Por eso tienen que redescubrir a John Rawls.
Kaiser: Fantástica recomendación, John Rawls, Una Teoría de la Justicia. Bien, yo también tengo un libro que recomendar. Llego tarde, lo reconozco, pero acabo de terminar el excelente The Silk Roads de Peter Frankopan, que es estupendo. Es simplemente una historia del mundo. Me pareció no sólo refrescante y muy inteligente, sino también inmensamente agradable de leer. Inmediatamente compré otro ejemplar y se lo regalé a uno de mis mejores amigos, al que vi la semana pasada en Madison, Wisconsin. He empezado su continuación. El primero se publicó en 2015 y, como todos sabemos, han pasado muchas cosas desde entonces hasta ahora. Por lo tanto, estoy metiendo en su segundo, quiero decir, su última actualización de eso, que ya está fuera de un buen comienzo rip-roaring.
De todos modos, Kishore, qué placer tenerte en el programa de nuevo. Y siento no haber podido verte en persona en este viaje.
Kishore: Gracias. Y por cierto, yo también estoy suscrito.
Kaiser: ¡Sí! Bien, maravilloso. Me alegro mucho de que sea así. Y gracias por todo el apoyo.
Kishore: Y disfruto escuchando tu podcast.
Kaiser: Muchas gracias. Te lo agradezco mucho. Y espero tenerte de vuelta pronto.
Kishore: Gracias.
Kaiser: El Podcast Sinica es impulsado por el Proyecto China y es una parte orgullosa de la Red Sinica. Nuestro programa está producido y editado por mí, Kaiser Kuo. Nos encantaría que nos enviara un correo electrónico a sinica@thechinaproject.com o que nos diera una calificación y una reseña en Apple Podcasts, ya que esto realmente ayuda a que la gente descubra el programa. Mientras tanto, síganos en Twitter o en Facebook en @thechinaproj, y no deje de consultar todos los programas de la Red Sinica. Gracias por escucharnos y nos vemos la semana que viene. Cuídense.
4. Primeras impresiones sobre la situación en Sudán
Una recopilación de la gente de AfriqueAsie.fr. Al tratarse de una recopilación de prensa, lógicamente el artículo original enlaza con los textos citados.
Primeras impresiones sobre la tragedia sudanesa (Revista de prensa)
Publicado por: Mouna Alno-Nakhalle: 22 de abril de 2023
Parece que nadie podía esperar que las diferencias entre el general Abdel Fattah al-Burhane, jefe del ejército sudanés y número uno del Consejo Soberano de Transición, y el general Mohamed Hamdan Dogolo, alias Hemedti, comandante de las «Fuerzas de Apoyo Rápido» y número dos del mismo Consejo, desembocaran en un enfrentamiento armado como el que se inició el 15 de abril, con un balance ya de más de 200 muertos y cientos de heridos.
Según la mayoría de los analistas arabófonos, este enfrentamiento podría conducir no sólo a una guerra civil total, sino también a una segunda partición de Sudán y a la extensión del caos y la inestabilidad por toda el África arabófoba, Oriente Próximo y más allá.
Hemos recogido las primeras impresiones de tres eminentes personalidades que han abordado la tragedia sudanesa desde distintos ángulos:
– Hassan Nafaa, escritor egipcio y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de El Cairo, que se remonta a la historia de Sudán para explicar la crisis.
– Hosni Mhali, ciudadano turco de habla árabe, periodista e investigador en relaciones internacionales, que repasa los diversos indicios que podrían explicar la guerra en curso.
– Nasser Kandil, antiguo diputado libanés y redactor jefe del diario Al-Binaa, quien, a falta de certeza sobre los instigadores, señala a El Cairo y Arabia Saudí como perdedores y a Etiopía e Israel como ganadores.
Todos esperan que los Estados árabes puedan impedir la internacionalización de esta nueva tragedia.
Por Mouna Alno-Nakhal
PRIMERAS IMPRESIONES SOBRE LA CRISIS SUDANESA, POR HASSAN NAFAA
Para comprender lo que está ocurriendo en Sudán, hay que vincular la crisis actual a la crisis general que sufre el sistema político sudanés desde la independencia hasta hoy. En realidad, la crisis tiene tres dimensiones:
La primera dimensión está vinculada al conflicto histórico entre el ejército sudanés y todos los componentes de la sociedad civil y sus partidos políticos. En efecto, desde la independencia de Sudán y su separación de Egipto el 1 de enero de 1956, la vida política sudanesa se ha caracterizado por una lucha encarnizada entre estos dos partidos y una serie de golpes militares que han desembocado en revoluciones que los derrocaron y trataron en vano de establecer un Estado civil permanente.
Así, en 1958, un primer golpe militar dirigido por Ibrahim Abboud le llevó a gobernar el país durante 7 años antes de ser derrocado por una revolución popular en 1964. Y en 1968, otro golpe fue dirigido por Gaafar al-Nimeiri, que gobernó el país durante 16 años antes de ser derrocado por una revolución popular en abril de 1985. Después, en 1989, se produjo un tercer golpe, liderado por Omar al-Bashir, que consiguió gobernar el país durante 30 años antes de ser derrocado por una revolución popular que estalló en 2019. Pero en 2021, el ejército dirigido por al-Bashir y las Fuerzas de Apoyo Rápido cooperaron para frustrar esta última revolución, sin que ninguno de los dos bandos pudiera resolver el conflicto a su favor. En otras palabras, el ejército sudanés ha controlado el país durante la mayor parte del tiempo, excepto durante unos pocos años.
Una segunda dimensión se refiere al violento conflicto dentro de las propias instituciones de la sociedad civil sudanesa. A pesar de la vitalidad y la gran conciencia política del pueblo sudanés, sus élites políticas han sido incapaces de ponerse de acuerdo sobre una fórmula de gestión del Estado y la sociedad que neutralice el papel del ejército y construya un Estado civil moderno. […]
Si a lo anterior se añade el papel negativo que desempeñan los movimientos separatistas armados, como los que ya han conseguido separar Sudán del Sur o los que existen actualmente en Darfur, Kordofán del Sur y Nilo Azul, queda clara la magnitud de las enormes dificultades y obstáculos que se oponen a la capacidad de Sudán para establecer un Estado civil moderno.
Una tercera dimensión está relacionada con la propia naturaleza del estamento militar sudanés y su tendencia a interferir en los asuntos políticos. […]
El presidente Omar al-Bashir cometió un error fatal cuando decidió en 2013 transformar las fuerzas «Janjaweed» en Fuerzas de Apoyo Rápido y ponerlas bajo un mando independiente de las fuerzas armadas. Esto dio lugar a un ejército dentro del ejército que acabó contando con más de 100.000 combatientes. Actualmente controla la mayoría de las minas de oro; su líder, Dogolo, se ha convertido en una de las personas más ricas de Sudán. […]
Así pues, la institución militar sudanesa ya no está bajo un liderazgo unificado como en el pasado, sino que es disputada por dos liderazgos, cada uno de los cuales intenta ganarse a una facción civil para su bando. Por ejemplo, Dogolo acusa al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Al-Burhane, de pertenecer a la corriente política islamista que intenta reproducir el régimen de Omar al-Bashir, mientras que él mismo es un producto del régimen de Al-Bashir que le nombró Comandante de las Fuerzas de Apoyo Rápido.
Por lo tanto, podemos decir que a nivel local, las ambiciones personales desempeñan un papel importante en la crisis actual, lo que hace que se parezca más a una lucha de poder entre dos alas militares que a una lucha política entre dos agendas, con cada uno de los dos generales intentando hacerse con el control del ejército para conseguir el poder y perpetuar el gobierno militar.
En el plano regional, Israel logró concluir en octubre de 2020 un acuerdo para normalizar las relaciones con Sudán, acuerdo firmado por Al-Burhane. Y aunque la activación de este acuerdo requiere la ratificación del parlamento sudanés, que aún no se ha constituido, los contactos entre Israel y las dos alas del gobierno militar van viento en popa, como demuestra la reciente declaración de Netanyahu ofreciéndose a mediar entre las partes en conflicto.
Y está claro que el Primer Ministro etíope, que ya ha mediado entre las distintas partes, mantiene profundas relaciones con los implicados en la crisis actual. Por lo tanto, no es improbable que intente interferir en favor de intereses y propósitos específicos etíopes.
Además, Dogolo y Al-Burhane mantienen estrechas relaciones con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que tienen enormes intereses económicos en Sudán; unidades del ejército sudanés y de las Fuerzas de Apoyo Rápido han participado en su guerra contra Yemen. Y The Guardian publicó recientemente un informe sobre la existencia de una relación privilegiada entre Dogolo y los EAU, que compran la mayor parte de la producción de oro de las minas sudanesas que controlan.
Si a lo anterior añadimos que la inestabilidad en Sudán afecta directamente a la seguridad nacional de Egipto, comprenderemos que lo que está ocurriendo en nuestro vecino es una crisis regional en todos los sentidos de la palabra.
En cuanto al ámbito mundial, el estallido de un conflicto armado de tal magnitud en un país tan estratégico y codiciado como Sudán constituye una amenaza para los intereses de todos y podría afectar al equilibrio internacional. Esto explica el gran interés mostrado por Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea, todos ellos presentes de un modo u otro en la escena sudanesa, cada uno tratando de orientar la crisis en la dirección de sus intereses.
Por lo tanto, el mundo árabe debe hacer todo lo que esté en su mano para encontrar una solución a esta crisis y trabajar de todas las formas posibles para evitar su internacionalización, pues de lo contrario tendría mucho que perder. La pregunta es: ¿podrá?
Fuente:
انطباعات أوليّة عن الأزمة السودانية]
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SUDÁN / HISTORIA, CALENDARIO Y CLAVES DE LA GUERRA EN CURSO POR HOSNI MHALI
Días después de la visita sorpresa de Omar al-Bashir a Damasco el 16 de diciembre de 2018, el primer presidente árabe que visitaba Siria desde que comenzaron los acontecimientos en marzo de 2011, comenzaron las protestas en muchas ciudades sudanesas que culminaron en el golpe militar que lo derrocó el 11 de abril de 2019, cuatro meses después de su reunión con el presidente Bashar al-Assad. […]
Todo el mundo recuerda cómo Washington y las capitales occidentales cancelaron entonces las sanciones impuestas a Sudán y lo retiraron de la lista de países que apoyan el terrorismo, de modo que la normalización con Israel se convirtió en el eslabón más importante del complot militar, no solo contra el pueblo sudanés, sino también contra el mundo árabe en general.
Todo el mundo recuerda también el apoyo sudanés a la agresión saudí-emiratí a Yemen, y algunas informaciones que revelaron durante más de un año la estrecha cooperación entre Jartum y Tel Aviv en los ámbitos militar y de inteligencia. Esto es aprovechado por la entidad sionista en sus planes para el África árabe y África en general.
La relación de las instituciones militares y de inteligencia sudanesas con Tel Aviv, junto con otras informaciones sobre el apoyo emiratí a Dogolo y el saudí a Al-Burhane, indican que el calendario de los últimos acontecimientos en Sudán está relacionado con los últimos acontecimientos en la región. Los más importantes son la reconciliación entre Arabia Saudí e Irán bajo los auspicios de China, con el apoyo de Rusia, así como la apertura de los países árabes a Damasco, apertura que Tel Aviv trata de obstaculizar, al igual que Qatar, aliado estratégico del presidente Erdogan, si hacemos abstracción de otros países árabes, entre ellos Marruecos, tradicional aliado de Tel Aviv.
También hay que recordar el gran interés que el presidente Erdogan tiene por Al-Burhane, recibido en Ankara en dos ocasiones, a pesar de que éste derrocó a su amigo Al-Bashir, olvidando que había removido cielo y tierra contra el presidente egipcio, Abdel Fattah Al-Sisi, que derrocó a su otro amigo Mohammad Morsi.
Muchos esperan que la explosión de la situación en Sudán bloquee las repercusiones positivas de la reconciliación saudí-iraní en Siria, Irak, Líbano y Yemen. Esto serviría a ciertas partes, entre ellas Estados Unidos y Francia, que no ocultan su disgusto por la implicación de China y Rusia en África. Al igual que no ocultan su preocupación por el reciente papel combinado de estas dos potencias en Oriente Próximo. Esto llevó al presidente Macron a visitar repentinamente Pekín para discutir todos estos acontecimientos con el fin de asegurar los intereses franceses en China y su entorno.
Además, la repentina visita del secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken a Sudán, y su reunión con Dogolo y Al-Burhane, demuestran la importancia que Washington y sus aliados conceden a la situación estratégica de Sudán. […]
La intervención estadounidense y la injerencia israelí en Sudán, directa o indirectamente, no serán las únicas armas utilizadas para impedir el camino hacia la distensión en Oriente Próximo. Egipto, que apoya la reconciliación saudí-iraní, está amenazado, al igual que Libia, que vive un conflicto político-militar entre Egipto, apoyado por Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, y Turquía, apoyada por Qatar.
En otras palabras, las capitales occidentales y sus aliados regionales se turnan para impedir cualquier avance hacia la seguridad, la estabilidad y la paz en la región. Testigo de ello son los esfuerzos de Israel por enfrentar a Azerbaiyán con Irán por motivos étnicos y sectarios. Es bien sabido que Tel Aviv se ha beneficiado enormemente de su relación con Bakú, incluyendo bases militares y de inteligencia en tierra azerbaiyana cerca de la frontera con Irán, con el objetivo de incitar a la minoría azerí a la revuelta. Bakú también cubre las necesidades de petróleo de Israel a través del oleoducto azerbaiyano que atraviesa Turquía.
Turquía, a la que Israel quiere involucrar en cualquier tensión entre Irán y Azerbaiyán, alberga también bases militares turcas establecidas durante y después de la guerra del Karabaj; Tel Aviv y Ankara han apoyado a Azerbaiyán contra Armenia. Y ya no es un secreto que Turquía tiene ambiciones nacionales y estratégicas en la región del Cáucaso, cerca del Mar Negro; una región que considera como su puerta de entrada a Asia Central, donde las repúblicas islámicas de origen turco siguen siendo consideradas por Rusia como su patio trasero.
En cualquier caso, y sean cuales sean las consecuencias de los acontecimientos de Sudán, todo el mundo sabe que los enemigos de la región sólo respirarán aliviados tras la destrucción de todos los países que la componen en interés de la entidad sionista. Por lo tanto, estuvieron, están y seguirán estando en contra de los pueblos de la región que esperan que la reconciliación irano-saudí logre sus objetivos.
– El mapa del actual Sudán tras la secesión del Sur dirigida por Estados Unidos, que dio lugar a la creación de Sudán del Sur, un Estado fallido en guerra consigo mismo. RD
Fuente : أحداث السودان.. التاريخ والتوقيت والدلالات]
SUDÁN Y EL AGUJERO NEGRO ÁRABE, POR NASSER KANDIL
Estados Unidos acusa a todos los países árabes de no cumplir las normas de la democracia, excepto a Sudán. Este es el consenso de miles de instituciones y asociaciones de derechos humanos de todo el mundo desde la destitución del ex presidente Omar al-Bashir, que se dice ha puesto a Sudán en una prometedora senda democrática. No ocurre lo mismo con ningún otro país árabe, sean amigos de Occidente o aliados de Washington.
Sin embargo, resulta paradójico que las fuerzas que lideran esta «prometedora senda democrática» persistan en negarse a celebrar elecciones en las que el pueblo elija a sus representantes en las instituciones gubernamentales, y exijan mantener las riendas del poder en forma de «gobierno civil» [como anunció el general Al-Burhane en julio de 2022 durante las manifestaciones que movilizaron a cientos de sudaneses exigiendo el fin del régimen militar y su represión].
¿Un gobierno civil sin elecciones? ¿Frustrarían las elecciones los objetivos de la revolución de diciembre de 2018 contra Omar al-Bashir? Esto es lo que desencadenó la guerra que actualmente destruye Sudán y que, según los expertos, podría haberse evitado si la alternativa hubiera sido «un gobierno elegido»; una oportunidad que se ha perdido durante más de cuatro años.
Una guerra en la que luchan los partidarios de la normalización proestadounidense y sionista, y que tiende a convertir la fértil tierra de los árabes que alimenta su granero y los nutre en un agujero negro para su seguridad nacional.
Un agujero negro que amenaza a Arabia Saudí y la estabilidad que necesita al otro lado del Mar Rojo, mientras se acerca a una solución de la guerra en Yemen para asegurarla.
Un agujero negro que también apunta a Egipto en su sur natural y sacude los cimientos de su seguridad hídrica frente a Etiopía con la eliminación de Sudán de la ecuación.
Sin embargo, muchos se preguntaban por la situación en el mundo árabe una vez terminada la guerra en Yemen. Otros se preguntaban cómo respondería Washington a la nueva postura saudí y qué presión podría ejercer sobre El Cairo. Más importantes son las preguntas de cómo puede haber democracia sin elecciones y quién inventó el giro de «gobierno civil» como alternativa al gobierno elegido.
La respuesta es: la normalización con la entidad sionista lo explica y justifica todo.
Estamos a la espera de que las fuerzas vivas de Sudán sean realmente apoyadas por El Cairo y Riad para que puedan liberarse de las garras de los monstruos locales, así como de las garras del monstruo internacional y regional.
Fuente:
http://www.topnews-
En conclusión, ¿podemos decir «buscar el error» en esta viñeta del famoso Latuff, aunque admitamos que los Emiratos Árabes Unidos son el principal apoyo de Dogolo, siendo Egipto el principal apoyo del ejército sudanés?
5. Repaso a la reciente actuación imperialista en África
Un artículo de Vijay Prashad para la revista del CPI(M) Peoples Democracy, en el que resume la situación política en África, algo que ya hemos visto en otros artículos suyos. https://peoplesdemocracy.in/
Las complejidades del imperialismo en el continente africano
Vijay Prashad
A lo largo de los dos últimos años, los golpes militares en la región africana del Sahel han provocado la expulsión de Francia de una zona que dominaba desde la época colonial. Los golpes en Guinea (2021), Malí (2021) y Burkina Faso (2022) llevaron al poder a militares desilusionados por la intervención militar francesa -supuestamente para combatir el crecimiento de Al Qaeda en la zona situada justo debajo del desierto del Sáhara-, así como por el fracaso de las élites de estos países a la hora de abordar los acuciantes problemas del hambre y la desigualdad.
No se trata de golpes de Estado normales, ya que no han derrocado a gobiernos progresistas a instancias de potencias extranjeras, sino que son golpes que surgen de la frustración de la gente corriente, una frustración compartida por oficiales subalternos que proceden de entornos de clase media baja, clase trabajadora y campesinos. Han centrado esta frustración tanto contra la intervención militar francesa, que comenzó a raíz de la guerra de la OTAN contra Libia (2011), como contra sus propias élites nacionales, que se habían convertido en agentes locales del poder francés y de las instituciones financieras internacionales (como el Fondo Monetario Internacional). La expulsión de los franceses había sido muy bien acogida por las clases populares desde Guinea hasta Chad.
En febrero de 2023, los ministros de Asuntos Exteriores de los gobiernos dirigidos por militares de Burkina Faso, Guinea y Malí anunciaron que estaban en conversaciones para crear una federación. No es la primera vez que estos países se plantean una agrupación de este tipo. En 1960, las nuevas regiones independientes de Senegal y la República de Sudán (que incluían los actuales Benín, Burkina Faso y Malí) formaron la efímera Federación de Malí. El Primer Ministro de Burkina Faso, Apollinaire Kyelem de Tambela -seguidor del asesinado líder socialista de Burkina Faso Thomas Sankara (1949-1987)-, viajó a Malí y dijo de este nuevo experimento: «Nuestros antepasados intentaron crear agrupaciones como la Federación de Malí, que lamentablemente no perduraron. Pero nos mostraron el camino». Kyelem de Tambela, colaborador habitual de los medios de comunicación burkineses antes de ser nombrado Primer Ministro, es una persona muy leída y comprende las dificultades de este tipo de procesos de unidad. Los tres países avanzan con lentitud, su federación agravada por su suspensión por la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) y la campaña de presión económica de los Estados occidentales.
LAS TENSIONES DE CHAD
Para los golpistas de Burkina Faso, Guinea y Malí de los últimos años, los acontecimientos de Chad parecen confirmar sus propias opiniones sobre el comportamiento sin principios de los Estados occidentales. Idriss Déby, líder de Chad durante muchos años, murió en abril de 2021 en una larga batalla contra los rebeldes del norte del país. Apresuradamente, el hijo de Déby, el general Mahamat, suspendió las instituciones de la democracia, que habían sufrido un gran desgaste durante los treinta y un años de gobierno de Déby a partir de 1990. Mahamat Déby creó un consejo militar de transición. Los líderes occidentales no sólo no criticaron el nuevo gobierno militar, sino que lo acogieron con satisfacción. Chad no es miembro de la CEDEAO, por lo que no hubo suspensión posible. El presidente francés, Emmanuel Macron, se sentó junto al general Mahamat en el funeral de su padre, y entonces dijo: «Francia nunca permitirá que nadie, ni hoy ni mañana, desafíe la estabilidad y la integridad de Chad».
Dos años más tarde, en abril de 2023, el gobierno chadiano expulsó al embajador alemán Jan Christian Gordon Kricke por sus críticas a la no celebración de elecciones en el país. Francia dudó en condenar esta expulsión, ya que Chad es uno de los pocos países del Sahel que sigue formando parte de la iniciativa francesa G5 Sahel (en realidad G3, con la salida de Burkina Faso y Mali) y permitiendo la presencia de tropas francesas en el país. Tanto Francia como Estados Unidos temen que si el gobierno militar de Chad se enfrenta a demasiadas críticas, el general Mahamat podría expulsar a las tropas francesas del país. El otro país que mantiene tropas francesas -y cuenta con dos grandes bases militares estadounidenses- es Níger, donde han aumentado las protestas antifrancesas. En marzo de 2023, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, visitó Níger para apuntalar la confianza del gobierno con pleno respaldo occidental, a pesar de las tensiones sobre el terreno y en la región.
Una de las principales razones del aumento del sentimiento antifrancés en el Sahel ha sido el fracaso de las fuerzas francesas a la hora de sofocar las crecientes rebeliones separatistas, el poder cada vez mayor de las redes mafiosas de contrabando y la continua amenaza de las ramificaciones de Al Qaeda en torno al Sáhara. Tanto en Burkina Faso como en Malí, los funcionarios de los nuevos gobiernos acusan a los franceses de hacer tratos con Al Qaeda y los separatistas para mantener su autoridad. Los nuevos gobiernos militares están sometidos a una inmensa presión para poner orden en sus países; en algunos, como Malí, las rebeliones se han apoderado de más de la mitad del territorio del Estado. Los Estados del Sahel se han visto erosionados por las políticas neoliberales que agobiaron a estos países con la deuda y les obligaron a recortar los gastos del Estado y a imponer la austeridad a las poblaciones. Esto hizo que estos países fueran incapaces de establecer un orden básico en su territorio, razón por la cual sus gobiernos -todos, en aquel momento, elegidos democráticamente- acogieron con satisfacción la intervención militar francesa en 2013. Ahora, estos gobiernos militares quieren reforzar sus fuerzas, recibir ayuda de los grupos militares rusos -incluido el Grupo Wagner- y recuperar su territorio.
REGRESO DE LOS IMPERIALISTAS
Ni Estados Unidos ni Francia han permitido que estos reveses se conviertan en permanentes. Ambos países han enviado emisarios a visitar Níger y Chad, con la esperanza de que su apoyo mantenga a estos gobiernos (por ahora) prooccidentales en el poder. El ejército de Estados Unidos ha desarrollado un sistema de bases en Ghana y está en conversaciones para crear una plataforma militar en Zambia, al tiempo que ha estrechado sus lazos con Níger (en Agadez, Estados Unidos tiene la base de drones más grande del mundo). En octubre de 2022, el general de división estadounidense Todd Wasmund, de la Southern European Task Force (África), dejó claro por qué Estados Unidos refuerza su perfil militar en el continente africano: «A medida que el Ejército vuelve a centrarse en China -nuestro desafío de ritmo-, así como en la aguda amenaza que supone Rusia, es importante reconocer que ambos países compiten activamente en África». De hecho, no está claro que ni China ni Rusia estén «compitiendo» con Estados Unidos, pero sí está claro que Estados Unidos está reforzando su ejército para -como mínimo- presionar a los Estados africanos para que corten sus crecientes lazos económicos con China (la única base militar china en el continente africano está en Yibuti, donde se encuentra a pocos kilómetros de una base estadounidense; esta base china se construyó para que la armada china apoyara la misión de la ONU contra la piratería en aguas del Mar Rojo y el Golfo de Adén).
Menos reconocido es el uso de las fuerzas armadas ruandesas por parte de los estados occidentales como fuerzas proxy, aunque en este caso Ruanda no ha sido un proxy tan disciplinado como se esperaba. En 2020, el ejército ruandés entró en la República Centroafricana para proteger al gobierno del presidente FaustinArchangeTouadéra, próximo a los franceses. Francia tuvo una intervención militar en la República Centroafricana de 2013 a 2016 para hacer retroceder a una creciente insurgencia de Al Qaeda. Sin embargo, las fuerzas ruandesas entraron en el país para derrotar a un grupo rebelde, supuestamente dirigido por el ex presidente François Bozizé. Las contradicciones en el mundo son mucho más interesantes que las representaciones de dibujos animados de la realidad, porque el gobierno de Touadéra está siendo asistido en su lucha también por fuerzas rusas. Tanto las fuerzas ruandesas como las rusas operarán en virtud de acuerdos bilaterales, pero ayudarán a la misión de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas MINUSCA.
En el norte de Mozambique, en la provincia de Cabo Delgado, un movimiento de protesta contra la intervención de ExxonMobil (EEUU) y Total (Francia) para explotar el segundo mayor yacimiento de gas natural de la costa se enfrentó a una enorme represión y luego se transformó en insurgencia. Cuando las fuerzas armadas mozambiqueñas no pudieron reprimir la revuelta, el gobierno recurrió a Estados Unidos y Francia para proteger sus propios activos comerciales. Temerosos de una intervención que se volviera fea, Estados Unidos y Francia hicieron un trato con Ruanda para que enviara sus tropas al país. El precio pagado por esta intervención militar ruandesa en 2021 fue una disculpa pública de Francia por su papel en el genocidio ruandés, y la promesa de construir un monumento en París para las víctimas. En 2020, el ejército ruandés ya había entrado en la República Centroafricana para ayudar a aplastar una rebelión armada, una vez más en nombre de los franceses.
El 17 de abril, el presidente de Ruanda, Paul Kagame, comunicó en Cotonú al presidente de Benín, Patrice Talon, que Ruanda enviaría tropas a Benín para colaborar en las operaciones contra las facciones de Al Qaeda. Si bien está claro que Ruanda estará en Benín para hacer el tipo de trabajo que los franceses habían estado haciendo hasta ahora, está igualmente claro que Kagame no está dispuesto a dejarse absorber por la Nueva Guerra Fría occidental en África. Sus comentarios en una rueda de prensa el 15 de abril son reveladores: «Rusia o cualquier otra gran potencia no debería ser nuestro problema. Estas grandes potencias tienen sus propios problemas que resolver, y siguen absorbiendo a nuestros pequeños países. Rusia tiene derecho a estar donde quiera que necesite estar, legalmente, como lo tiene cualquier otro país; me refiero a los que vienen a África. Oirás a la gente quejarse de China, de Rusia… ¿Pero qué pasa con ellos? ¿Qué derecho tienen a estar en África que no tengan los demás?».
6. Los nuevos presos políticos.
Al menos aún no los matan, como en países menos afortunados, pero todo llegará…
Dos activistas climáticos han sido condenados a 2 años y siete meses, y 3 años de cárcel respectivamente por una protesta pacífica en Reino Unido. Nunca el colectivo ecologista se había enfrentado a penas así en este país por acciones no violentas.
Just Stop Oil protesters jailed for Dartford Crossing protest
7. Sobre la conciencia nacional ucraniana
Interesante hilo de «Yuri Kazakov» en el que resume una entrevista a un experto húngaro en historia soviética: https://twitter.com/
Escuchando una entrevista a Tamás Krausz, importante historiador húngaro experto en la exURSS, Rusia, Ucrania, etc… Le preguntan sobre la conciencia nacional ucraniana:
«Lo que es seguro es que nunca ha habido una conciencia nacional ucraniana única. (…) Siempre ha habido dos. Incluso en la 2GM había ucranianos que actuaban según la lógica nacionalista ucraniana y antisoviética, pronazi, pero también hubo movimientos partisanos soviéticos, llenos de patriotas ucranianos, que eran prosoviéticos y antinazis.
Esas dos conciencias han existido a la vez. A pesar de que a partir de los años 50 fue predominante la conciencia soviética, que era la oficial. Ahora, en esta guerra, esta polarización no ha hecho más que quedar reforzada. Desde hace 8 años, pero tb desde la invasión rusa, que ha subido el nivel de violencia del conflicto, esta polarización se ha acelerado. Así lo veo yo. Ese tipo de, por llamarlo así, conciencia nacionalista ucraniana, que ahora es muy fuerte, está estrechamente vinculada con las tradiciones pronazis que en la segunda guerra mundial defendieron la independencia frente a la URSS y en alianza con los nazis alemanes. No podemos olvidarnos de esto porque está continuamente presente, cuando Zelenski dice que nuestros héroes son Bandera y Shujévich, y luego uno lee sobre eso en los medios liberales húngaros, justificándolo o como si fuera una parte de la identidad nacional, y que la causa justa es el lado ucraniano, entonces uno se queda pensando, pero qué dice esta gente, por Dios». [y se lleva las manos a la cabeza]
Y algo más adelante: «Algunos dicen que propiamente hablando también lucharon [los nacionalistas ucros, Bandera & Cía] contra los nazis, hay quien lo dice; por supuesto tenían conflictos con los alemanes, pero no se ha encontrado un solo documento de archivo en el que se pruebe que los seguidores de Bandera o Shujevich, el ejército insurgente, hayan matado a un solo alemán. Lo único que mantiene esta conciencia nacional es un mito».
Desgraciadamente no tengo tiempo para más… (pero intentaré acabar de escuchar la entrevista mañana y si dice algo interesante -que siendo Krausz, lo dirá- ya comento). La entrevista está aquí, desgraciadamente, solo en húngaro(muchos le han pedido al director del programa que al menos le pongan subtítulos en inglés o alemán, pero como es un canal pequeño y casi artesanal -aunque entrevistan a gente bastante preparada-, de momento no hay avances al respecto):
Ukrajna: Zelenszkij elszabadult, már nem a Nyugat irányítja? – Krausz Tamás
En el hilo alguien adjunta una entrevista en Rebelión a este intelectual húngaro sobre su libro Reconstruyendo a Lenin: https://otrasvoceseneducacion.
Y ese libro se puede descargar -en inglés- aquí: https://t.co/YWZ2qm83t4
8. 130> 30
Últimamente veo mucho a Robert Kennedy, supongo que porque se presenta como candidato demócrata a presidente -estarán ya preparando un obituario-. En este vídeo, comenta como a su tío John los militares intentaron convencerlo de que atacase a Rusia aprovechando que aún tenían ventaja en misiles nucleares. Sí, morirían 30 millones de estadounidenses, ¡pero a cambio de 130 millones de soviéticos! Por lo que sea, no le pareció bien… https://twitter.com/
9. Minutos musicales: rap para matar un niño.
La culpa es vuestra por criar niños en Gaza». https://twitter.com/