MISCELÁNEA 24/10/2026

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. Yemen y Asia Occidental.
2. Europa y la «Guerra de Gran Diseño».
3. Caída del poder adquisitivo en Francia.
4. Avance la izquierda en Vancouver.
5. Imperialismo periférico.
6. El mito de la fusión.
7. Impacto del capitalismo sobre el campesinado.
8. Revolución y ecosocialismo.
9. Resumen de la guerra en Irán, 23 de octubre.

1. Yemen y Asia Occidental.

El análisis de Prashad sobre la importancia de Yemen en la reconfiguración de Asia Occidental.

https://peoplesdemocracy.in/2026/1025_pd/yemen%E2%80%99s-war-and-struggle-over-west-asia

La guerra de Yemen y la lucha por Asia Occidental

Vijay Prashad

La guerra en torno a Bab al-Mandab (la entrada al Canal de Suez) ha puesto de manifiesto la inestabilidad del orden regional en Asia Occidental. Arabia Saudí ha reanudado su campaña militar en Yemen, mientras que Ansar Allah ha intensificado sus ataques contra aeropuertos e instalaciones energéticas saudíes. Las tensiones entre Arabia Saudí y Yemen se remontan a más de una década, sin que se vislumbre un final ni por la vía diplomática (ahora descartada) ni mediante la guerra. En las primeras fases del genocidio perpetrado por Israel contra los palestinos en Gaza en 2023-2024, Ansar Allah inició una escalada de violencia en el Mar Rojo y en el Golfo de Adén, así como en el propio territorio de Israel. Estos ataques —más de un centenar según el último recuento— provocaron un drástico descenso del tráfico marítimo comercial a través del Canal de Suez y el cierre del único puerto israelí del mar Rojo, Eilat. Ansar Allah envió un mensaje claro a Israel y a EE. UU. de que el pueblo yemení apoyará a los palestinos por todos los medios necesarios, incluso si los yemeníes tienen que pagar un precio por su solidaridad. Los ataques actuales, inspirados en gran medida por la determinación de Ansar Allah de emular el control de Irán sobre el estrecho de Ormuz, han paralizado ahora el estrecho de Bab al-Mandab.

Los sultanes de Arabia, desde los saudíes hasta los emiratíes, temían que la llegada de Ansar Allah al poder en Yemen incitara a sus propias poblaciones oprimidas a la revuelta. Estos sátrapas regionales, con el apoyo de los ataques aéreos estadounidenses y británicos de marzo de 2015 (y de las continuas transferencias de armas por parte de Estados Unidos y el Reino Unido), intentaron contener a Ansar Allah, pero fracasaron. A pesar del acuerdo de paz firmado en Estocolmo (Suecia) en diciembre de 2018, Arabia Saudí inició una despiadada campaña de bombardeos contra Yemen, que incluyó ataques contra centros civiles. Ansar Allah respondió con ataques contra objetivos civiles en Arabia Saudí en 2019 y ahora ha atacado el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad. Estos ataques contra objetivos civiles en ambos bandos de esta guerra contravienen las normas de la guerra.

LA BATALLA POR LA COSTA

El trasfondo militar inmediato es el avance de Ansar Allah por el oeste de Yemen durante el mes de septiembre. En septiembre, las fuerzas yemeníes tomaron Mokha y la isla de Mayyun y consolidaron su posición a lo largo de la costa occidental y en torno a Bab al-Mandab (incluida la toma de la isla de Mayyun, en el corazón del paso). Estas conquistas amenazan las puertas del mar Rojo, el Bab al-Mandab (la Puerta del Dolor): Ansar Allah puede ahora amenazar o impedir fácilmente el paso seguro por el estrecho; los buques que atraviesan Bab Iskander, un paso de tres kilómetros entre la costa yemení y la isla de Mayyun, y los que atraviesan el Dact al-Mayyun, un paso de 23 kilómetros entre la isla y la costa africana, se enfrentan a los proyectiles y drones de Ansar Allah.

Arabia Saudí y sus aliados yemeníes respondieron con la Operación «Amanecer de Yemen». Un centenar de aviones de combate bombardearon cientos de objetivos. Los saudíes afirmaron que habían avanzado en los alrededores de Dhubab, al sur de Mokha, y en los accesos al estrecho, donde ambas partes se disputaban el litoral en un feroz enfrentamiento. Las fuerzas saudíes avanzaron, pero no lograron asegurar las zonas circundantes al estrecho. La isla de Mayyun sigue en manos de Ansar Allah. La geografía de esta guerra es cambiante y difícil de verificar, dadas las afirmaciones que realizan ambas partes. La ciudad interior de Taiz es fundamental en este conflicto. Los combates en torno a la ciudad y en su entorno rural afectan a las comunicaciones entre el interior y la costa. En el momento de redactar este informe, continúan las negociaciones entre Ansar Allah y las autoridades locales de Taiz. Las operaciones costeras y la lucha por los principales centros urbanos de Yemen avanzan en paralelo, influyendo mutuamente en las posibilidades de cada una.

Si Ansar Allah mantiene el control de la costa y es capaz de interrumpir el tráfico marítimo por el mar Rojo, y si Irán y Omán mantienen restringido el paso por el estrecho de Ormuz, el comercio petrolero de la Península Arábiga se verá gravemente afectado y se cerrará la vía de acceso a la ruta marítima más corta entre Europa y Asia.

LA VULNERABILIDAD DE ARABIA SAUDÍ

Para Riad, lo que está en juego va más allá de la suerte de sus aliados yemeníes. Arabia Saudí ha intentado construir una economía que atraiga la inversión, el turismo y los negocios internacionales. Los ataques con misiles y drones ponen de manifiesto la fragilidad de esa ambición cuando los aeropuertos y las infraestructuras energéticas se convierten en objetivos recurrentes. El 8 de octubre, un avión comercial aparentemente vacío sufrió graves daños en el aeropuerto de Riad. El posterior ataque mortal demuestra la rapidez con la que la presión económica puede convertirse en una catástrofe para los pasajeros y trabajadores de a pie.

Ansar Allah presenta su campaña como una respuesta al bombardeo saudí y al bloqueo continuado. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Saná ha pedido que se ejerza presión sobre Riad para que ponga fin a la guerra y levante las restricciones, al tiempo que rechaza la afirmación de que la soberanía yemení sobre su litoral suponga una amenaza inherente para la navegación. Este argumento político es relevante porque la inseguridad marítima tiene antecedentes. Tratar cada ataque como un incidente aislado oculta las negociaciones fallidas y las condiciones sin resolver que lo preceden. Además, deja al margen las demandas de la población yemení en unos debates que, en apariencia, se centran en restablecer la estabilidad.

Las perturbaciones en torno a Ormuz aumentan la importancia del oleoducto hacia el oeste de Arabia Saudí y de las rutas de exportación por el Mar Rojo, pero la inseguridad en torno a Bab al-Mandab ejerce presión sobre esa alternativa. No es que se bloquee cada envío saudí, pero sí significa que transportar petróleo a través de la península no garantiza por sí solo un paso seguro hacia su destino. La infraestructura energética del reino está inmersa en un conflicto regional que los oleoductos y los sistemas de defensa aérea por sí solos no pueden resolver. Arabia Saudí desea proteger su infraestructura petrolera, mientras que sus aliados yemeníes quieren derrotar a Ansar Allah. La diferencia entre estos dos objetivos podría provocar una ruptura entre ambos aliados y llevar a Arabia Saudí a firmar un acuerdo de paz con Ansar Allah. Esto no augura nada bueno para los objetivos de Israel y Estados Unidos en la región, que han consistido en destruir a Ansar Allah, reducir el papel de Irán en Yemen e instalar un gobierno prooccidental en Saná.

ALIANZAS DE SEGURIDAD BAJO PRESIÓN

Washington sigue implicado, aunque su disposición a asumir responsabilidad directa ha fluctuado. Trump canceló una intervención prevista en septiembre poco antes de su ejecución, aunque los servicios de inteligencia estadounidenses y la asistencia en la selección de objetivos siguen respaldando las operaciones saudíes. La moderación respecto a un ataque propuesto no equivale a una retirada del conflicto, pero sí ilustra el esfuerzo de Washington por preservar su influencia al tiempo que gestiona los costes y los peligros de otro compromiso militar.

Los acuerdos de Arabia Saudí con Pakistán y Turquía reflejan su búsqueda de apoyo adicional. Sin embargo, el significado práctico de estos compromisos sigue siendo objeto de controversia, ya que Pakistán niega tener ningún papel en las operaciones aéreas y Turquía ha descartado su participación. Informes de los medios de comunicación israelíes sugieren que existe un despliegue pakistaní dentro de Arabia Saudí, aunque existe una diferencia importante entre las operaciones defensivas y las ofensivas.

Israel ve oportunidades en estas tensiones, ya que la crisis del Mar Rojo podría facilitar alianzas con Estados árabes contra Ansar Allah. Para Netanyahu, a medida que se acercan las elecciones del 27 de octubre, el peligro regional ofrece material para un argumento de campaña ya conocido: solo su liderazgo puede proteger a Israel. La crisis de Yemen puede reforzar esta imagen de emergencia permanente. Si los adversarios de Israel son más débiles que nunca, como sostiene Netanyahu, su capacidad continuada para perturbar la infraestructura regional requiere una explicación. La destrucción táctica no ha logrado generar una seguridad política duradera. Las consecuencias electorales siguen siendo inciertas: el miedo puede consolidar el apoyo a un gobernante en el cargo, pero el agotamiento y la inseguridad reiterada también pueden socavarlo.

Mientras tanto, la población de Yemen soporta la carga acumulada más pesada. Al menos 125 000 personas se han visto desplazadas por la reanudación de los combates, entre ellas más de 57 000 niños —cifras que no han hecho más que aumentar desde septiembre—. Para las familias expulsadas repetidamente de sus hogares, los debates sobre la disuasión y el orden marítimo ofrecen escaso consuelo. Cada nueva ofensiva amenaza con convertir el desplazamiento temporal en otra condición de vida duradera.

La inseguridad de estas vías navegables no puede entenderse al margen de las guerras que las rodean. La intervención liderada por Arabia Saudí en Yemen, respaldada por Occidente, y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán han contribuido a crear las condiciones en las que las rutas marítimas se convierten en instrumentos de coacción y represalia. Las perturbaciones en el transporte marítimo no las provocan Irán, ni Omán, ni, de hecho, Ansar Allah. Son consecuencia de la guerra ilegal de Estados Unidos e Israel. Sin embargo, reconocer esta historia no exime de responsabilidad a quienes atacan aeropuertos civiles o buques mercantes. La vida civil debe protegerse de los bombardeos extranjeros, deben levantarse las restricciones al comercio con Yemen que empobrecen a su población, y debe permitirse a su pueblo determinar su propio futuro político. La seguridad de los envíos de petróleo no puede coexistir con la inseguridad permanente de las personas que viven en sus costas.

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2. Europa y la «Guerra de Gran Diseño».

Crooke insiste en la idea de que los EEUU están empujando a los europeos a una guerra con Rusia.

https://www.unz.com/acrooke/the-war-of-grand-design-transforms-to-more-narrowly-bolster-us-hegemony/

La «guerra del gran diseño» se transforma para reforzar de forma más específica la hegemonía estadounidense

Alastair Crooke • 20 de octubre de 2026

Para preservar su supremacía, Washington está empujando a Europa a la primera línea frente a Rusia, incluso a riesgo de una escalada nuclear

El paradigma cambia. La clase supranacional interconectada que durante tanto tiempo ha perseguido su «gran diseño» global mediante la fabricación del consenso público para guerras de sumisión impuesta se ha topado, por fin, con los límites del poder. Nos encontramos, de hecho, en un momento en el que «el emperador va desnudo». Todos pueden verlo.

Sus herramientas tradicionales —el ejército estadounidense, el sistema del dólar, la trampa del crédito, las estructuras de Bretton Woods, la terapia económica de choque y las guerras de divisas— están fracasando a la hora de preservar la weltanschauung de la élite estadounidense, según la cual sería «inconcebible» que, habiendo ganado la Guerra Fría, Estados Unidos se enfrentara a un mundo en el que no siguiera dictando el modelo a seguir.

«Bajo la luz dorada de un atardecer ateniense, con la Acrópolis a sus espaldas», el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, el 7 de octubre, elogió abiertamente el colonialismo; se dedicó a borrar de forma atroz la historia y exigió el retorno al dominio occidental del mundo. Rubio afirmó que Occidente debe recurrir a la fuerza militar para «mantener su lugar a la cabeza del mundo»; Occidente es «la mayor civilización del mundo», declaró, haciendo hincapié en que se trata de una «civilización que debemos defender hoy con la misma pasión con la que lo hicieron nuestros antepasados».

Sin embargo, en la actualidad, esas herramientas tradicionales para preservar su posición a la cabeza del mundo están resultando menos eficaces frente a Estados que cuentan con alternativas: China, Rusia e Irán son claros indicios de la tendencia de que las guerras económicas, financieras e incluso bélicas no están logrando resultados rápidos. Las victorias rápidas para la Matrix ya no son tan fáciles de conseguir.

Por otra parte, sugerir que los Estados civilizacionales podrían plantar cara a EE. UU. de forma más contundente ignora por completo la naturaleza profunda de este conflicto. El «Gran Diseño de un Gobierno Mundial Único» es una guerra para eliminar a aquellos Estados civilizacionales que ofrecen una conciencia diferente a través de la cual ver y comprender el mundo.

¿Qué significa eso? Fue el ex primer ministro británico Benjamin Disraeli quien, en 1846, dedujo:

«El mundo está gobernado por personajes muy diferentes de lo que imaginan quienes no están entre bastidores».

Disraeli advirtió repetida y explícitamente contra la «revolución mundial» (o las «revoluciones de colores», en la jerga actual). Disraeli vio y denunció en repetidas ocasiones «un plan» detrás de la serie de estallidos revolucionarios que se habían producido en muchas partes del mundo a mediados del siglo XIX.

Hoy es Emmanuel Todd, el respetado historiador y antropólogo francés, quien se hace eco de Disraeli: Todd también ve en las guerras actuales algo mucho más profundo que una serie de conflictos territoriales aislados y distintos.

Moscú no está librando una guerra contra los aproximadamente 20 millones de habitantes de Ucrania —

«Se enfrenta, a través de Ucrania, a todo el bloque atlantista, a la OTAN en su conjunto, a sus servicios de inteligencia, a sus arsenales, a sus satélites, a su industria militar y a su maquinaria mediática. Ucrania no es más que un teatro de operaciones, un campo de batalla en una guerra mundial latente».

Ucrania, Irán, Yemen o China: todos ellos son meros teatros de operaciones; un campo de batalla entre muchos (que tienen lugar en el espacio híbrido) relacionados únicamente por el hecho de verse arrastrados a una guerra mundial latente.

Para Todd, las guerras actuales constituyen un choque de civilizaciones entre un Occidente en declive y una Rusia que defiende una concepción más tradicional y soberana del orden político y social. Wolfgang Münchau sugiere que las guerras de Ucrania y de Irán y Oriente Medio podrían fusionarse, de forma plausible, en una única guerra, mientras que la rivalidad geopolítica entre China y EE. UU. seguiría siendo el conflicto primordial de nuestra época.

Emmanuel Todd ha señalado que Occidente, a pesar de su aparente superioridad económica y tecnológica, muestra signos de profunda fragilidad: una población que envejece, una crisis de confianza, la desindustrialización y una pérdida de rumbo ideológico.

Durante décadas, tal y como ha escrito Mattias Forsgren,

«El núcleo occidental ha vivido de la financiarización y de la deslocalización sistemática de la producción. La capacidad industrial se trasladó a países con salarios bajos, mientras que las economías metropolitanas se orientaron hacia la extracción de rentas, la inflación de activos y el reciclaje del ahorro mundial a través del sistema del dólar. El casi colapso de 2008 puso de manifiesto lo cerca que había estado esta estructura del abismo… Los años de la COVID-19 repitieron el patrón a mayor escala. Los problemas estructurales siguen sin resolverse. Lo que se ha construido, sin embargo, es un sistema más apalancado y frágil».

Este sistema financiero apalancado es ahora vulnerable a una crisis financiera potencialmente devastadora.

Hasta 2022, cuando Europa decidió alinearse con Ucrania, las clases dirigentes europeas formaban parte de este proyecto del «Gran Diseño», liderado por el bloque de poder del «gobierno mundial». Las clases dirigentes europeas siguen sometidas a «el diseño». Pero en esta era trumpiana, ya no son un socio de pleno derecho. Hoy en día, la realidad es que Estados Unidos no puede arriesgarse a una escalada vertical hacia una guerra total frente a sus competidores para conservar su primacía mundial. Sus fuerzas armadas están demasiado mermadas y son demasiado disfuncionales.

En respuesta, adversarios como Rusia e Irán han optado por una estrategia más sutil, más lenta, pero también mucho más ambiciosa, sugiere Todd. Se trata de una estrategia que combina la presión militar, la guerra económica, las batallas diplomáticas, la influencia geopolítica y la guerra de la información. El objetivo no es solo ganar militarmente, sino remodelar de forma duradera el orden mundial.

Para gestionar este paradigma bélico transformado, EE. UU. está descargando el «aspecto de confrontación vertical» sobre sus aliados indirectos:

«El continente europeo está pasando de ser un aliado a convertirse en un recurso: agotado económicamente, capturado políticamente y preparado militarmente como el escenario en el que se pueden pagar los costes de la reparación imperial» (Forsgren).

La máxima expresión de la estrategia de EE. UU. es una escalada controlada de la confrontación que mantiene el territorio estadounidense como santuario, mientras que Europa absorbe tanto el desgaste convencional como el riesgo nuclear.

Al seguir actuando como un proxy complaciente —mediante el suministro continuado de misiles y drones a Ucrania para lanzarlos en lo profundo de Rusia—, Europa debe esperar represalias rusas, aunque cuidadosamente moduladas contra «activos» europeos vulnerables. No obstante, Europa se encontraría entonces en guerra con Rusia —una guerra que, como reconoce Wolfgang Münchau, Europa no está en condiciones de ganar—

«¿Qué mercados de bonos van a estallar primero? ¿Quién se va a quedar sin misiles interceptores primero? Gracias a la tan denostada Política Agrícola Común, a Europa no le van a faltar alimentos. Pero en todos los demás aspectos —militar, energético, financiero— Europa se encuentra en desventaja».

Dado que Europa carece de los recursos militares convencionales para llevar a cabo por sí misma una escalada decisiva, las armas nucleares corren el riesgo de parecer la única «solución rápida» disponible.

El mantra de que las amenazas nucleares del presidente Putin son un «farol» sirve principalmente para reducir la cautela psicológica ante una escalada europea —una escalada que podría correr el riesgo de provocar que Moscú no viera otra opción que recurrir a las armas nucleares tácticas como medio para restablecer la credibilidad de la disuasión nuclear rusa.

En dicho contexto —y con el potencial de escalada de EE. UU. en gran medida agotado—, es casi seguro que EE. UU. no estaría dispuesto a asumir el riesgo de que sus ciudades pudieran ser objeto de un ataque nuclear a medida que el conflicto se intensificara.

«Las armas nucleares tácticas de EE. UU. se planificaron para su uso dentro de Europa, contra fuerzas en suelo europeo, precisamente para mantener cualquier intercambio nuclear geográficamente limitado», argumenta Forsgren —

«Por lo tanto, los artífices de la estrategia del “Diseño” pretenden acorralar a Rusia en una posición en la que sus únicas alternativas sean la retirada estratégica o la destrucción de Europa como sustituto —una destrucción que, no obstante, supondría para Rusia el precio del daño que las armas nucleares europeas infligirían al territorio y a las fuerzas rusas… mientras que, en todo momento, el territorio estadounidense y su superestructura financiera permanecen fuera de alcance».

Forsgren sugiere —

«El cálculo parece ser que, al aumentar gradualmente el nivel de presión —manteniendo a Rusia dentro de la zona de zugzwang sin llegar a un intercambio nuclear estratégico abierto—, los círculos de seguridad de Estados Unidos esperan obligar a Moscú a dar marcha atrás, en lugar de aceptar los costes de una guerra más amplia».

El objetivo no ha cambiado a lo largo de muchas décadas: consiste en obligar a Rusia a capitular. Tal escenario representaría la eliminación de un «teatro de operaciones» en el conflicto por poder definitivo destinado a subordinar a China al «Plan».

«Cuanto más se posiciona a Europa como un frente nuclear prescindible, más agudo se vuelve el dilema. El efecto práctico es situar a todo el continente europeo —y a la toma de decisiones rusa— en un estado de máxima tensión».

Sin duda, los europeos deben darse cuenta de cómo se les está utilizando para acorralar a Rusia en una guerra que ni ella ni los europeos de a pie desean. Sin embargo, tras haber abrazado con tanto celo el conflicto de Ucrania como un tótem «virtuoso» en torno al cual pudieran reunirse todos los partidos europeos en desacuerdo, bien podrían enfrentarse a una catástrofe económica y política si Europa continúa por su actual rumbo de provocación hacia Rusia.

«Redoblar la apuesta», como parecen empeñados en hacer los europeos, no es una estrategia. Su alarmismo sobre la (imaginaria) agresión híbrida rusa puede convertirse fácilmente en una narrativa que se cumple a sí misma, lo que conduciría precisamente a una guerra caliente europea accidental, concebida ingenuamente por algunos en el ámbito de la seguridad occidental como el medio para acorralar a Rusia y forzar su capitulación.

Nos encontramos en un punto en el que la clase política europea, sencillamente, no permite que se aborde abiertamente el tema de la guerra. Las élites europeas se aferran a su negación estratégica de que Ucrania está perdiendo su guerra contra Rusia. Sin embargo, Estados Unidos y Europa se tambalean al borde de un colapso del mercado de bonos y se enfrentan a pruebas claras de que su única arma contra Rusia —las sanciones— nunca ha funcionado.

https://conflictsforum.substack.com/p/yet-another-financialised-peace-initiative

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3. Caída del poder adquisitivo en Francia.

Aunque no haya elecciones, las protestas en Francia han llevado a Michael Roberts a hacer un repaso de la situación económica del país.

https://thenextrecession.wordpress.com/2026/10/23/frances-pouvoir-dachat-crisis/

La crisis del poder adquisitivo en Francia

Las recientes protestas de los alumnos de secundaria y los estudiantes universitarios en Francia tienen un objetivo sencillo: conseguir más recursos para la educación. La crisis educativa francesa se caracteriza por una grave escasez de profesorado, el deterioro de los resultados académicos y un déficit de financiación masivo que abarca desde la enseñanza primaria hasta las universidades públicas. La educación pública en Francia se encuentra entre las más desiguales del mundo desarrollado: los centros escolares de las zonas más desfavorecidas cuentan con tan pocos recursos que el sistema educativo está consolidando la desigualdad. Los alumnos de los barrios más desfavorecidos se ven afectados de manera desproporcionada por la falta de personal docente.

Los estudiantes franceses han sufrido una caída catastrófica y sin precedentes del 20 % en el presupuesto educativo por alumno desde 2017. Como señaló el economista francés de izquierdas Thomas Piketty: «El Gobierno, de mala fe, a veces se jacta de que el presupuesto nominal para la educación superior aumentó de 13 300 millones de euros a 15 500 millones de euros entre 2017 y 2026 (+17 %). Eso es cierto, salvo que la inflación durante el mismo periodo fue del 22 %, lo que significa que el presupuesto, en realidad, se redujo un 5 % en términos reales. A esto hay que añadir que el número de estudiantes pasó de 2,6 millones a más de 3 millones, lo que supone un aumento del 15 %. El resultado es que el presupuesto por estudiante se redujo en torno a un 20 %». https://lucaschancel.com/etudiants/.

Como señala Piketty: «En la práctica, esto significa que cientos de miles de jóvenes se esfuerzan por obtener sus títulos de bachillerato, pero no hay nada previsto para acogerlos en la educación superior. El número de titulados de bachillerato en las ramas técnica y profesional aumentó considerablemente, pero las plazas en los programas de educación superior destinadas a ellos —los IUT y los BTS— no siguieron el mismo ritmo. Como resultado, muchos son asignados a programas universitarios masificados y más económicos que, a menudo, no se ajustan en absoluto a sus necesidades y aspiraciones. Para empeorar las cosas, la escasez de plazas en la educación superior se ha gestionado con la máxima opacidad y mediante un algoritmo incomprensible (Parcoursup), a pesar de los repetidos llamamientos de estudiantes, familias, docentes e investigadores para que se modifique el sistema».

Una investigación de la economista Asma Benhenda, basada en datos de nóminas del sistema educativo nacional francés, muestra que la proporción de docentes con contrato temporal o en sus primeros años de carrera en zonas privilegiadas como París o Hauts-de-Seine es de apenas el 10 %. Esa cifra asciende al 50 % en departamentos más desfavorecidos, como Seine-Saint-Denis y Val-de-Marne, en los alrededores de la capital. El salario medio por profesor de secundaria es aproximadamente un 20 % inferior en las zonas más pobres que en las más ricas, incluso teniendo en cuenta las (escasas) primas concedidas por la enseñanza prioritaria.

Los salarios de los docentes franceses se sitúan sistemáticamente por debajo de la media de las economías avanzadas (OCDE). Un docente francés con 15 años de experiencia gana menos de 40 000 €, un 20 % por debajo de la media. Los docentes que inician su carrera en Alemania ganan el doble que sus homólogos franceses. Sin embargo, los docentes franceses tienen que hacer frente a jornadas lectivas más largas y a una de las peores ratios alumno-docente de Europa. Como consecuencia, un número récord de docentes está abandonando la profesión.

Para cubrir las carencias de personal, el Gobierno puso en marcha en 2022 un programa destinado a contratar a profesores «por contrato» (a diferencia del sistema habitual de titularidad, en virtud del cual se les considera fonctionnaires o funcionarios públicos). Se les impartió una formación de cuatro días, a pesar de que, a menudo, carecían de experiencia docente previa. Como era de esperar, muchos dimitieron en un plazo de seis meses, debido a la falta de una formación o supervisión adecuadas.

No son solo los docentes quienes están abandonando la profesión. Ante la escasez de supervisores, orientadores, médicos escolares y enfermeras, entre otros, resulta prácticamente imposible prestar los servicios de apoyo escolar que necesitan los alumnos. La defensora de los derechos independiente de Francia, Claire Hédon, advirtió el año pasado de que la escasez de personal cualificado y de instalaciones adecuadas hacía que casi una cuarta parte de todos los niños con discapacidad nunca asistieran a la escuela.

No es de extrañar, pues, que, a medida que las escuelas públicas se desintegran lentamente, las familias más acomodadas recurran a la educación privada. Pocos ministros del Gobierno tienen experiencia directa en el sistema escolar público, ya que muchos estudian en prestigiosos colegios privados. Sin embargo, estos centros de pago también reciben financiación pública. Mientras tanto, las universidades públicas francesas se enfrentan a un déficit estimado de 8 000 millones de euros, lo que ha llevado a casi todas las 75 instituciones públicas a presentar presupuestos deficitarios.

Christine Renon, directora de una escuela infantil en Seine-Saint-Denis, se quitó la vida en su lugar de trabajo en 2019. Según una carta que había enviado al consejo de administración del centro, se sentía «agotada». A continuación, detallaba las deficiencias y la insuficiencia de recursos de una organización que se había dejado pudrir. Esta tragedia debería haber conmocionado a las autoridades y llevado a una profunda reevaluación. Macron se comprometió a hacer de la educación una prioridad para su segundo mandato presidencial. Pero nada ha cambiado para mejor, sino solo para peor.

Es la educación lo que preocupa principalmente a los alumnos y profesores (y a los padres) en Francia, pero la educación es solo un aspecto del deterioro de los servicios públicos básicos en Francia. Francia solía tener un sistema sanitario que era la envidia del mundo, por no hablar de Europa. El gasto era elevado, del 11,5 % del PIB anual. Como resultado, la esperanza de vida era mucho mayor que la media de la UE. Sin embargo, en las últimas décadas, el gasto público en sanidad se ha recortado hasta situarse muy por debajo del aumento de la demanda de servicios sanitarios, a medida que la población francesa envejece y, en consecuencia, necesita asistencia sanitaria. Antes de 2008, el gasto sanitario aumentaba un 0,3 % del PIB al año. Desde 2009, la tasa de crecimiento del gasto sanitario se ha reducido a la mitad, hasta situarse en apenas un 0,17 % del PIB al año. Y, sin embargo, la proporción de personas mayores de 65 años en Francia ha aumentado un 40 % durante el mismo período, es decir, más de diez veces el incremento del gasto sanitario. Como resultado, la esperanza de vida prácticamente ha dejado de aumentar (véase la parte inferior de la figura siguiente).

Crecimiento anual del gasto sanitario per cápita (en términos reales), 2014-2019 y 2019-2024 – fuente: OCDE

Al igual que en todas las principales economías capitalistas, el coste de la vida para el hogar francés medio ha aumentado considerablemente, especialmente desde el final de la recesión provocada por la pandemia —que trajo consigo un importante repunte de la inflación— y, más recientemente, agravado por la escasez energética derivada de la guerra en curso con Irán. Los niveles de precios para los hogares franceses medios son ahora entre un 18 % y un 20 % más altos que hace tan solo cuatro años y están comenzando a subir de nuevo a raíz de la guerra con Irán. Los salarios reales (después de la inflación) solo han aumentado un 2,4 % con respecto a hace cinco años y los niveles salariales siguen estando por debajo de los niveles alcanzados tras la pandemia. El poder adquisitivo no deja de disminuir.

Tras tener en cuenta los impuestos y las prestaciones, el crecimiento de la renta disponible media (RDM) de los hogares franceses ha seguido una tendencia a la baja durante las tres primeras décadas de este siglo, ralentizándose hasta situarse por debajo del 1 % anual bajo la presidencia de Macron.
En 2024, 9,8 millones de personas que vivían en viviendas normales en la Francia metropolitana se encontraban por debajo del umbral de pobreza monetaria (1.337 euros al mes). La tasa de pobreza se sitúa en su nivel más alto (15,4 %) desde 1996, año en que comenzó la serie estadística. Los desempleados y las familias monoparentales siguieron siendo los colectivos más afectados por la pobreza.

Aunque las desigualdades de renta y riqueza en Francia no son ni de lejos tan extremas como en Estados Unidos, siguen siendo grotescas. De hecho, la desigualdad se ha agravado en los últimos 40 años. En 1983, el 1 % con mayores ingresos se llevaba el 7,5 % de la renta personal total, el 10 % con mayores ingresos se llevaba el 30 %, y el 50 % con menores ingresos recibía apenas el 21,4 %. En 2022, el 1 % con mayores ingresos se quedó con el 12,7 % (un aumento de más del 60 %), mientras que la cuota del 10 % con mayores ingresos ascendió al 34,8 % y la del 50 % con menores ingresos descendió al 20,3 %. La desigualdad en la riqueza (riqueza personal neta) es, como suele ocurrir en todas las grandes economías, mucho más grave. En 1983, el 1 % más rico de Francia poseía el 15,9 % de toda la riqueza personal del país, el 10 % más rico poseía el 50 %, y el 50 % más pobre solo poseía el 8,9 %. En 2022, esas desigualdades se agravaron aún más. El 1 % más rico poseía ahora el 24 % (un aumento de más del 60 %), el 10 % más rico poseía el 57,7 %, y el 50 % más pobre vio cómo su participación en la riqueza personal se reducía a tan solo el 5,1 % (un descenso del 48 %).

La jubilación y las pensiones son cuestiones clave para los trabajadores. Las pensiones no son prestaciones de «asistencia social», sino salarios «diferidos» que se deducen en forma de cotizaciones del salario actual con el fin de garantizar una vida digna en la vejez. Los trabajadores franceses han luchado durante muchas décadas para conseguir pensiones a una edad de jubilación razonable. Francia destina alrededor del 14 % de su PIB a las pensiones, una de las tasas más elevadas de Europa y significativamente superior a la de países como el Reino Unido, que gasta alrededor del 5 % de su PIB y, por lo tanto, ofrece la pensión estatal más baja del mundo capitalista avanzado. Sin embargo, las tasas de cotización (salarios diferidos), tanto de los trabajadores como de sus empleadores, son correspondientemente elevadas, situándose en el 28 %.

Las empresas francesas y los sucesivos gobiernos han dedicado gran parte de sus esfuerzos en las últimas décadas a intentar revertir estos derechos de pensión mediante una combinación de aumento de las cotizaciones, reducción de las pensiones en términos reales y ampliación de la edad de jubilación. El argumento de los gobiernos, incluido el de Macron, es que una sociedad que envejece ya no puede permitirse estas pensiones «generosas». Sostienen que el sistema de pensiones se enfrenta a «déficits estructurales», es decir, que los pagos superan ahora de forma habitual a las cotizaciones.

Cuando Emmanuel Macron se presentó a la reelección en 2022, comunicó a los votantes que la edad de jubilación tendría que aumentarse para garantizar la viabilidad continuada del sistema de pensiones del país. Impuso un cambio en la edad de jubilación, que pasó de los 62 a los 64 años. Sin embargo, el aumento de la edad de jubilación y el recorte de las pensiones en términos reales afectarán significativamente al nivel de vida de los franceses cuando se jubilen.

Una vez más, al igual que en muchos otros países de Europa, Francia está atravesando una crisis de la vivienda cada vez más grave. Hay dos millones de solicitudes de vivienda social pendientes; sus necesidades nunca se verán satisfechas. El aumento de los precios de los alquileres, la inflación y la presión económica están llevando a las familias al límite como nunca antes. Desde ciudades superpobladas hasta un coste de vida que se dispara, la situación se está volviendo insostenible para millones de personas. Millones de ciudadanos franceses se ven ahora obligados a vivir en sus coches, mientras la crisis de la vivienda en toda Francia sigue saliéndose de control.
En resumen, los servicios públicos de Francia —asistencia social, carreteras, transporte, instalaciones juveniles, recogida de basuras, alcantarillado y suministro de agua, etc.— llevan décadas deteriorándose. Un Gobierno tras otro responde afirmando que estos servicios ya no son «asequibles». Y sus economistas defensores de la corriente dominante sostienen que hay que poner fin al enorme aumento de la deuda del sector público y a los continuos déficits presupuestarios anuales. En los últimos 15 años, la ratio de deuda pública (deuda respecto al PIB) ha aumentado significativamente. La deuda pública francesa alcanzó el 119 % del PIB a mediados de 2026 y se prevé que aumente hasta el 121,7 % en 2027.

La austeridad es el mensaje del Gobierno de Macron: no hay alternativa, se le dice a la ciudadanía. El proyecto de presupuesto tiene como objetivo reducir el déficit público al 5 % del PIB en 2027, tras el 5,4 % de 2026 y el 5,1 % de 2025. Para ello se requieren 43 000 millones de euros en nuevas medidas. Sin ellas, el Gobierno estima que el déficit alcanzaría en torno al 6,5 % el próximo año. Las «nuevas medidas» consistirían en la supresión de 3.000 puestos de la función pública de aquí a 2027 sin sustitución; la supresión de 1.500 puestos de la función pública; un límite máximo de 5.000 millones de euros para el gasto público en sanidad; recortes en el seguro de desempleo y en los regímenes de pensiones; la supresión de dos días festivos nacionales (el Día de la Victoria y el Lunes de Pascua) para aumentar la productividad; y, una vez más, nuevos recortes en el gasto regional y local.

Por supuesto, hay una partida del gasto público que no se recortará: la defensa. Con motivo del Día de la Bastilla de 2025, Macron anunció que el presupuesto militar de Francia alcanzará los 64 000 millones de euros para 2027, tres años antes de lo previsto. Concretamente, este año se destinarán 3.500 millones de euros adicionales, y otros 3.000 millones en 2027; todo ello para cumplir el compromiso de la OTAN de aumentar el gasto nacional en defensa de los Estados miembros hasta el 5 % del PIB para 2035 (un 3,5 % en gastos militares y un 1,5 % en infraestructuras). Como miembro clave de la OTAN que percibe la «amenaza rusa» como grave, Macron se ha comprometido a cumplir este objetivo.

Le Monde, el principal medio de comunicación francés, considera que la «máxima prioridad de Francia debe ser tranquilizar a los inversores sobre su capacidad para sanear sus finanzas». Así pues, son los mercados financieros los que mandan. Pero todo este discurso sobre el gasto público desmesurado y la deuda no es más que una cortina de humo por parte de los gobiernos franceses y de los «vigilantes de los bonos» de los mercados financieros, que están vendiendo bonos del Estado francés y aumentando el coste de financiación tanto para los gobiernos como para los hogares.

Lo que siempre se pasa por alto es que la deuda del sector privado no financiero francés es, en realidad, mucho mayor que la del sector público. La primera alcanzó el 134,2 % del PIB en 2026, más de un 30 % por encima de la media de la zona del euro. Es el sector privado (con el endeudamiento inmobiliario y la especulación financiera) el que resulta más vulnerable. Y cuando se produce una crisis financiera en el sistema capitalista, es el sector público el que debe rescatar a los bancos privados o a los principales prestamistas. Además, en las recesiones capitalistas, el Gobierno debe destinar más fondos a las prestaciones por desempleo y recauda menos en impuestos, por lo que los déficits públicos se disparan.
La historia de la deuda pública francesa demuestra que es precisamente en los períodos de recesión capitalista y crisis financieras cuando la deuda pública aumenta más y, posteriormente, los tenedores de bonos exigen que el resto de la población reduzca dicha deuda recortando servicios y pensiones y subiendo los impuestos. Tras la recesión de 1980-1982, el crecimiento económico más rápido y las medidas de austeridad frenaron el aumento de la ratio de deuda en 1987. Posteriormente, la siguiente recesión de 1991-1993 aceleró de nuevo el aumento de la deuda antes de que la recuperación económica (y más medidas de austeridad) condujeran finalmente a una caída de la ratio de deuda. A continuación, la crisis financiera mundial y la Gran Recesión que le siguió provocaron un aumento del 20 % en la ratio de deuda. Las severas medidas de austeridad aplicadas durante la «Larga Depresión» de la década de 2010, caracterizada por un crecimiento lento, acabaron frenando cualquier nuevo aumento de la ratio de deuda, antes de que la recesión provocada por la pandemia la hiciera repuntar de nuevo. Lo que esto pone de manifiesto es que, sin el impacto de varias crisis del capitalismo, la ratio de deuda pública respecto al PIB apenas habría aumentado. Cada serie de medidas de austeridad tiene como objetivo reducir la ratio de deuda pública causada originalmente por las crisis del sector privado, donde la deuda sigue aumentando.

Fuente: FMI, autor
La verdadera causa de la crisis de sostenibilidad de la deuda en Francia es su importante desaceleración económica. En el siglo XXI, Francia ha experimentado un bajo crecimiento del PIB real: en constante descenso durante los últimos cuarenta años. Y ahora, en la década de 2020, prácticamente se ha estancado.

Francia: crecimiento medio anual del PIB real (porcentaje). Fuente: FMI
Tomemos como ejemplo las pensiones: si el crecimiento económico de Francia fuera solo un 1 % anual superior a la media actual del 1,5 %, eso generaría 30 000 millones de euros al año en ingresos públicos, cifra que ascendería a 40 000 millones de euros en 2035. Con las tasas de cotización actuales, eso supondría 10 000 millones de euros adicionales al año procedentes de las cotizaciones a las pensiones, lo que revertiría fácilmente los déficits previstos. «El problema fundamental es que la economía no ha crecido lo suficientemente rápido», afirma Rupert Watson, director global de economía de Mercer. «No es lo que reciben los pensionistas lo que está causando el problema, sino la falta de crecimiento económico».

Al igual que en las demás economías del G7, esta desaceleración se debe al débil crecimiento de la inversión. La caída del crecimiento de la inversión productiva suele conducir al estancamiento de la productividad laboral, y Francia no es una excepción. De hecho, la productividad total de los factores (una medida del impacto de la «innovación») está disminuyendo en términos absolutos.

Francia: crecimiento medio anual de la inversión fija (porcentaje). Fuente: AMECO; cálculos del autor
Detrás de cualquier estancamiento relativo en el crecimiento de la inversión y la productividad se esconde la caída de la rentabilidad del capital francés. La rentabilidad del capital francés comenzó a descender bruscamente a principios del siglo XXI (con la llegada del euro) y se aceleró tras la Gran Recesión. La rentabilidad media se encuentra ahora cerca de su mínimo histórico tras una caída durante la recesión provocada por la pandemia.

Francia: tasa de beneficio sobre los activos fijos netos (porcentaje). Fuente: serie EPWT 7.0, AMECO; cálculos del autor
¿Qué se debe hacer? En abril-mayo de 2027 se celebrarán en Francia elecciones presidenciales y parlamentarias. Las encuestas de opinión actuales sugieren que la formación racista y antiinmigrante Agrupación Nacional, liderada por la veterana Marine Le Pen, va muy por delante y ganará la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Pero, ¿cuál es el eje central del programa económico de Marine Le Pen si gana las elecciones presidenciales el próximo mes de abril? ¡Austeridad fiscal! Promete recortes por valor de 136 000 millones de euros en el gasto público, así como la privatización y el cierre de diversos activos estatales, con el fin de reducir el gasto público por debajo del 50 % del PIB para 2032. La Agrupación Nacional afirma que reducir la inmigración y suspender los pagos a la Unión Europea resolverá la crisis de la deuda.

El partido de izquierdas «La France Insoumise» (LFI) y su candidato, Jean-Luc Mélenchon, bien podrían quedar en segundo lugar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales y, de este modo, entrar en una lucha directa con Le Pen. La respuesta de Mélenchon a la denominada crisis de la deuda pública consiste en cancelar la parte de la deuda en manos del banco central (puesto que el banco central forma parte del Gobierno) para permitir un mayor gasto público. Sin embargo, eso seguiría dejando la mayor parte de la deuda pública (el 82 %) a merced de los «vigilantes de los bonos», quienes venderían los títulos del Estado francés a la primera oportunidad si Mélenchon llegara a ganar. Mélenchon propone aumentar los impuestos sobre el capital y sobre los hogares más ricos para que pueda incrementarse el gasto en servicios públicos. Naturalmente, esto resulta inaceptable para las grandes empresas, los «vigilantes de los bonos» y el Banco Central Europeo.

En una próxima entrada, más cercana a las elecciones del año que viene, analizaré cuál debería ser la alternativa socialista a la crisis de sostenibilidad de la deuda en Francia.

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4. Avance la izquierda en Vancouver.

Como en su vecina EEUU, en algunas ciudades de Canadá se está asistiendo al triunfo de candidatos de la izquierda socialista tomando también como base los altos precios de la vivienda y las movilizaciones para frenarlos.

https://jacobin.com/2026/10/vancouver-socialism-elections-cope-housing

Vancouver se encuentra en pleno auge socialista

Por
James Adair

La Coalición de Electores Progresistas de Vancouver (COPE) logró que resultaran elegidos los 12 candidatos que presentó en las recientes elecciones municipales. Este partido socialista democrático forma ahora parte de una mayoría progresista en el ayuntamiento.

Los contrastes de Vancouver son visibles en sus calles. Los coches de lujo circulan junto a algunos de los peores campamentos de personas sin hogar de Norteamérica. El pasado sábado, 17 de octubre, la ciudad ofreció un contraste político a la altura: tras cuatro años de un ayuntamiento de centro-derecha, su consejo municipal se ha transformado en uno de los más de izquierdas de Norteamérica.

Este avance se produce en paralelo a los buenos resultados socialistas obtenidos en las elecciones municipales de todo el mundo, desde la victoria de Zohran Mamdani en Nueva York hasta el reciente triunfo de Die Linke en las elecciones regionales de Berlín. La Coalición de Electores Progresistas (COPE), un partido socialista democrático, logró que salieran elegidos los doce candidatos que presentó: cuatro para el ayuntamiento, cuatro para la junta escolar y cuatro para la junta de parques.

Sean Orr, de COPE, encabezó la lista del consejo en número de votos absolutos. Junto con los cuatro concejales Verdes, el único escaño del consejo de OneCity y el alcalde verde Pete Fry, los cuatro escaños del consejo obtenidos por COPE otorgan al bloque progresista nueve de los diez escaños del consejo y la alcaldía —diez de los once escaños electos del ayuntamiento—.

Mientras los candidatos de tendencia conservadora lograban avances en otros municipios de Columbia Británica y el Partido Nuevo Democrático, de orientación socialdemócrata, luchaba por mantener el poder en las elecciones provinciales del 24 de octubre, el resultado de COPE puso de manifiesto el arduo trabajo y los esfuerzos de organización del partido. Supuso una reivindicación para un partido que se daba por muerto tras su casi aniquilación hace cuatro años. The Breach informó en profundidad sobre el prolongado esfuerzo de COPE por reconstruir su base de afiliados y su capacidad de organización, otorgar a los miembros un papel significativo en la configuración del partido y asumir su identidad socialista en lugar de difuminarla en un progresismo genérico. Ese trabajo situó a COPE en una posición idónea para aprovechar el creciente descontento de la clase trabajadora y las realidades materiales de la vida cotidiana en Vancouver.

Una ciudad en crisis

La crisis de la vivienda en Vancouver constituyó el telón de fondo de la victoria de COPE. Más de la mitad de los hogares de la ciudad viven de alquiler. En 2021, aproximadamente el 39 % de los hogares de inquilinos destinaba al menos el 30 % de sus ingresos a la vivienda, mientras que cerca de una cuarta parte se encontraba en situación de necesidad básica de vivienda: sus hogares eran inasequibles, inadecuados o insuficientes, y no podían permitirse alternativas aceptables. El problema va más allá de los residentes más pobres. Incluso los trabajadores con salarios relativamente buenos pueden tener dificultades para encontrar vivienda cerca de sus puestos de trabajo, mientras que la adquisición de una vivienda propia está cada vez más fuera del alcance de los jóvenes. La inseguridad económica se ha convertido en una característica definitoria de la vida cotidiana en la ciudad.

ABC Vancouver llegó al poder con la promesa de abordar el problema agilizando las autorizaciones y construyendo más viviendas. Su administración puede hacer gala de aumentos reales en las autorizaciones de vivienda y en la construcción de viviendas de alquiler. Sin embargo, el aumento de la construcción no ha logrado que Vancouver sea asequible para muchas de las personas que necesitan un hogar.

En septiembre de 2026, un informe reveló que más de cinco mil pisos terminados en toda la zona metropolitana de Vancouver seguían sin venderse, con un valor estimado de 4.45 mil millones de dólares. La brecha entre las viviendas nuevas y lo que la gente puede permitirse era abismal. El ayuntamiento del alcalde Ken Sim también cerró la Oficina de Inquilinos de Vancouver, que proporcionaba recursos e información sobre los derechos de los inquilinos y sobre cómo desenvolverse en el sistema legal.

La falta de vivienda también aumentó en Vancouver bajo el gobierno del ABC. Por el contrario, el programa electoral de COPE instaba a la ciudad a adquirir edificios de apartamentos existentes y convertirlos en viviendas públicas y cooperativas asequibles de forma permanente. También proponía un impuesto sobre las propiedades valoradas en más de 5 millones de dólares para financiar las iniciativas destinadas a acabar con la falta de vivienda, triplicando el impuesto sobre las viviendas vacías, así como mayores protecciones para los inquilinos. Situaba la vivienda y la asistencia social en el centro de su estrategia para responder a los problemas interrelacionados de la ciudad.

Ese énfasis resultó especialmente significativo en el Downtown Eastside, donde COPE ha mantenido históricamente una sólida base de apoyo. Este barrio ha sido el epicentro de los problemas entrelazados de Vancouver: la pobreza, la inseguridad en materia de vivienda y las intoxicaciones por drogas. Sus residentes han soportado estas condiciones a lo largo de sucesivos gobiernos que han prometido restablecer el orden sin proporcionar la vivienda ni la asistencia necesarias.

La campaña

El día de las elecciones, los voluntarios según se informa llamaron a más de diez mil puertas. La campaña ofreció a los votantes una visión positiva de la ciudad, defendiendo la vivienda social, las tiendas de alimentación públicas y la ampliación de los servicios públicos, como el wifi, las bibliotecas y los aseos. Su programa «Fight for Vancouver» («Lucha por Vancouver») estableció una hoja de ruta de alto nivel.

El eslogan «Evict Ken Sim» («Echen a Ken Sim»), dirigido al alcalde saliente de derechas, se convirtió en un meme, apareciendo en obras de arte, en chapas repartidas por toda la ciudad y en material de campaña como camisetas. Los candidatos más jóvenes de COPE, entre ellos Solomon Yi-Kieran —el concejal más joven de la historia de Vancouver— y Chloe Leslie, aportaron pasión y vitalidad a las comunicaciones del partido. En lugar de imitar el estilo de Zohran Mamdani, se inspiraron en la propia cultura de Vancouver, creando vídeos para las redes sociales llenos de energía y, a menudo, divertidos.

El nuevo ayuntamiento tiene la oportunidad de revertir algunas de las políticas del ABC y perseguir prioridades progresistas compartidas. Sin embargo, una mayoría progresista no es lo mismo que un gobierno socialista, y los partidos no tendrán por qué ponerse de acuerdo necesariamente sobre cómo ejercer su poder. El programa electoral de COPE fue mucho más allá del de los Verdes en cuestiones importantes como la propiedad pública y el papel del gobierno municipal. Sus propuestas sobre la adquisición pública de viviendas y los impuestos sobre propiedades de alto valor iban más allá de limitarse a facilitar la promoción inmobiliaria privada.

La cuestión es en qué medida COPE podrá convencer a sus socios de coalición para que adopten esta agenda. ¿Se comprometerá el nuevo ayuntamiento a un programa de vivienda pública más ambicioso? ¿Restablecerá las protecciones para los inquilinos y las inversiones en vivienda de apoyo? ¿Redirigirá los recursos hacia los servicios públicos?

Igualmente importante es cómo mantendrá COPE su identidad política independiente al tiempo que participa en una coalición de gobierno. Construir un movimiento desde fuera del ayuntamiento puede resultar más fácil que mantenerlo una vez que sus representantes asumen la responsabilidad de los presupuestos, las concesiones y el funcionamiento diario del gobierno.

De cara al futuro

Los miembros de COPE deben decidir ahora cómo utilizar su mandato electoral. Pueden negociar mejoras desde dentro del ayuntamiento, al tiempo que siguen organizando a inquilinos, trabajadores y barrios para exigir más a la nueva administración. Ambos enfoques pueden complementarse y reforzarse mutuamente: la capacidad de COPE para movilizar a la ciudadanía fuera del ayuntamiento puede determinar hasta qué punto podrá lograr resultados en su interior.

El reto consistirá en evitar que las rutinas del gobierno municipal desplacen la labor de organización que hizo posible la victoria. Sean Orr, elegido por primera vez en unas elecciones parciales de 2025, ha demostrado que puede ser tanto un legislador serio como un organizador; la nueva hornada de concejales de COPE puede aprovechar su experiencia a la hora de familiarizarse con el funcionamiento del ayuntamiento.

La coalición también se enfrenta a un profundo desafío en materia de seguridad pública. La mayoría del consejo de Ken Sim incluyó en la papeleta dos plebiscitos no vinculantes: uno preguntaba si la ciudad debía endurecer las leyes contra el consumo de drogas duras al aire libre en espacios públicos; el otro, si la ciudad debía presionar a la provincia para que creara un centro médico seguro con camas voluntarias y más de cien camas involuntarias. Los votantes respaldaron ambas preguntas en un 68 % aproximadamente.

COPE y los Verdes se opusieron a someter la cuestión a votación, pero los resultados refutan en gran medida cualquier afirmación de que la nueva mayoría progresista cuente con un mandato claro para contrarrestar estas propuestas. Es muy probable que algunas de las mismas personas que votaron a COPE votaran a favor en los plebiscitos. Vancouver ha estado en el centro de la crisis de sobredosis de Canadá, y el nuevo ayuntamiento tendrá la responsabilidad de abordar las expectativas contradictorias sobre la mejor manera de responder a la pobreza visible en las calles, al consumo público de drogas y a los complejos retos en materia de salud mental y adicciones.

COPE tendrá que demostrar que un enfoque basado en la vivienda, la reducción de daños y los servicios públicos puede dar respuesta a las preocupaciones de los residentes sin abandonar sus compromisos con las personas más afectadas por la crisis. Las elecciones no resuelven estas cuestiones; las hacen aún más urgentes.

Una parte de la reconstrucción de COPE consistió en volver a conectar a los miembros con la historia del partido. Los organizadores prepararon una presentación con diapositivas de sus victorias desde su fundación en la década de 1960, lo que permitió a los miembros hacerse una idea de esa historia y de su propósito. Desde la declaración de Vancouver como zona libre de armas nucleares hasta la creación por parte de Sean Orr de un fideicomiso de tierras para las artes y la cultura, COPE forma parte de una larga tradición de luchas por una mejor vivienda, una mejor asistencia y el socialismo en la ciudad.

El 17 de octubre, los miembros reunidos en un auditorio abarrotado tenían motivos de sobra para descorchar botellas de champán, cantar y celebrar. Habían logrado algo que muchos consideraban imposible. El socialismo había vuelto a Vancouver.

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Colaboradores

James Adair es un escritor socialista de Ottawa, dedicado a la construcción de instituciones y prácticas de izquierdas.

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5. Imperialismo periférico.

Pozhidaev insiste en la vieja idea de que Rusia, como antes la URSS, imagino, es una potencia imperialista aunque esté subordinada económicamente.

https://links.org.au/russias-peripheral-imperialism-class-ideology-and-war

El imperialismo periférico de Rusia: clase, ideología y guerra

Por Dmitry Pozhidaev

Publicado el 23 de octubre de 2026

La invasión de Ucrania por parte de Rusia plantea un problema para los análisis que identifican el imperialismo exclusivamente con los centros dominantes del capitalismo mundial. ¿Cómo puede un país dependiente de las exportaciones de materias primas, de la tecnología importada y de las redes financieras externas actuar a su vez como potencia imperialista? En nuestra contribución a la próxima antología de Suhrkamp sobre el imperialismo y el antiimperialismo contemporáneos, Boris Kagarlitsky y yo sostenemos que la dependencia y la dominación pueden coexistir. Un Estado integrado de forma subordinada en el capitalismo global puede ejercer poder imperial sobre vecinos más débiles. Rusia ejemplifica esta combinación: un imperio de la periferia.

El imperialismo contemporáneo de Rusia debe entenderse a través del orden de clases que surgió tras la disolución de la Unión Soviética. La privatización transfirió los activos productivos, los recursos naturales y la infraestructura financiera a manos de un grupo reducido cuya fortuna dependía en gran medida del acceso a las esferas políticas. La concentración de la propiedad resultante estableció una relación duradera entre el privilegio económico y el poder estatal. El control sobre los cargos públicos, las decisiones reguladoras y la propiedad estatal se convirtió en un medio de acumulación privada.

Las exportaciones de materias primas, especialmente de petróleo y gas, sostuvieron este orden. Según Rosstat (el Servicio Federal de Estadística de Rusia), los productos minerales representaban alrededor del 70 % de las exportaciones de mercancías del país a principios de la década de 2010 y aún representaban el 63,3 % en 2019, antes de la pandemia. Los ingresos por exportaciones financiaron el gasto público, respaldaron la demanda interna y permitieron una redistribución selectiva, al tiempo que generaron enormes fortunas privadas. Durante el auge de las materias primas de la década de 2000, el crecimiento económico contribuyó a estabilizar un equilibrio social en el que el aumento de los ingresos iba acompañado de extremas desigualdades de riqueza y poder. Sin embargo, gran parte del excedente generado en Rusia fluía al extranjero a través de la fuga de capitales, las sociedades extraterritoriales y la adquisición de activos extranjeros. En 2015, la riqueza extraterritorial de los rusos se estimaba en aproximadamente tres cuartas partes de la renta nacional anual.

Esta orientación hacia el exterior formaba parte integral del régimen de acumulación. Rusia suministraba recursos a la economía mundial, al tiempo que dependía de centros capitalistas más avanzados en materia de tecnología, finanzas y preservación de la riqueza de las élites. La integración enriqueció a sus clases dominantes sin producir una transformación sostenida de la estructura productiva del país. Su posición combinaba el poder interno con la dependencia externa. En el marco de este orden, el acceso a la autoridad política siguió siendo un factor decisivo para la rentabilidad. Los contratos estatales, las concesiones de recursos, la financiación subvencionada y la protección administrativa sustentaban poderosas redes empresariales. El Estado era, por lo tanto, un terreno central de la acumulación, y la frontera entre las élites políticas y económicas solía ser difusa.

El bloque gobernante de Rusia se enfrentaba, por tanto, a una contradicción arraigada en su propia formación. Su riqueza dependía de la participación en un orden global que limitaba sus ambiciones, mientras que su poder interno se basaba en acuerdos que obstaculizaban una alternativa de desarrollo. Esta tensión constituye el punto de partida para comprender la relación entre la crisis de la acumulación dependiente y el proyecto imperial de Rusia, cada vez más conflictivo.

De la crisis de acumulación a la guerra

La crisis financiera mundial de 2008 puso de manifiesto la vulnerabilidad del régimen de acumulación de Rusia. El PIB real per cápita se contrajo en torno a un 8 % en 2009, y la recuperación posterior no logró restablecer el dinamismo del auge de las materias primas. El crecimiento medio anual del PIB real per cápita cayó de aproximadamente el 7,3 % en el período 2000-2008 al 1,7 % en el período 2010-2019. Por lo tanto, la desaceleración comenzó antes de las sanciones impuestas en 2014. Los elevados ingresos por exportaciones aliviaron temporalmente la presión, pero la dependencia de los recursos, la escasa inversión productiva y la externalización de la riqueza limitaron cada vez más la expansión sostenida.

Figure 1: Russia: Growth and profitability before the invasion, 2000–20
Fuente: Cálculos de los autores basados en datos de Rosstat. El crecimiento real del PIB per cápita se calcula como el índice de volumen anual del PIB per cápita menos 100; la rentabilidad sobre las ventas se expresa en porcentaje.

La rentabilidad también se debilitó, aunque su trayectoria fue irregular. La rentabilidad sobre las ventas se situó en torno al 13-14 % a mediados de la década de 2000, frente a aproximadamente el 7-10 % durante gran parte de la década siguiente. Su recuperación hasta alcanzar aproximadamente el 11 % en 2018-19 demuestra que no se trató de un descenso ininterrumpido. No obstante, la combinación de un crecimiento más lento y una rentabilidad de las ventas generalmente más baja indica que las dificultades del régimen de acumulación precedieron a la pandemia y a la invasión a gran escala.

Esta trayectoria es relevante para evaluar las alternativas de que dispone el bloque gobernante de Rusia. En El nuevo imperialismo de Rusia: capital e ideología, Ilya Budraitskis e Ilya Matveev sostienen que la cooperación continuada con Occidente habría servido mejor a los intereses capitalistas rusos que la confrontación desencadenada por la invasión. Este escenario contrafactual respalda su énfasis en que los compromisos ideológicos prevalecen sobre los intereses económicos. Sin embargo, la superioridad de esa alternativa debe demostrarse. La participación continuada en los acuerdos internacionales existentes ofrecía oportunidades, pero la evolución anterior a la guerra también revela dificultades crecientes para mantener el crecimiento y la rentabilidad en el marco de dichos acuerdos.

Estas tendencias no demuestran que la invasión fuera económicamente preferible. Sin embargo, sí muestran por qué las ventajas relativas de una cooperación continuada no pueden darse por sentadas simplemente a partir de la existencia de vínculos internacionales rentables: también es necesario examinar las limitaciones del modelo y sus diferentes implicaciones para los grupos capitalistas. Una comparación convincente debe evaluar tanto las perspectivas de una integración continuada como las posibilidades de reestructuración interna. El daño económico causado por la guerra no puede, por sí solo, demostrar que la decisión careciera de una justificación material o de clase.

Las limitaciones a la acumulación tuvieron consecuencias políticas. Un programa de desarrollo sostenido habría requerido reorientar los recursos hacia la inversión productiva y cuestionar los privilegios de las redes que controlaban las rentas existentes. El bloque gobernante tenía fuertes razones para preservar los acuerdos que generaban su riqueza, incluso cuando su capacidad para sostener el crecimiento disminuía. Sus divisiones también fueron importantes: los propietarios con intereses internacionales sustanciales no compartían necesariamente las prioridades de los grupos cuya fortuna dependía más directamente del acceso a la política nacional. Para estos últimos, preservar el control sobre los recursos y las oportunidades facilitadas por el Estado podía pesar más que las ventajas de una mayor integración internacional.

Ucrania se convirtió en un escenario decisivo en el que estas contradicciones se entrecruzaban con el conflicto geopolítico. Volodymyr Ishchenko sostiene que sus orientaciones contrapuestas tenían su origen en las relaciones de clase: sectores influyentes de la clase media profesional asociaban su ascenso con la integración occidental y la alineación con el capital transnacional; los capitalistas políticos buscaban preservar las ventajas basadas en el acceso privilegiado al Estado. Ninguno de ambos proyectos representaba adecuadamente los intereses independientes de la clase trabajadora. El giro de Ucrania hacia Occidente expresaba, por lo tanto, una constelación particular de intereses sociales y fuerzas políticas, más que un interés nacional indiferenciado. Amenazaba la influencia regional de Rusia y las perspectivas de una esfera económica y política organizada en torno a Moscú. Estos proyectos de clase y estrategias geopolíticas que interactuaban ayudan a explicar el enfrentamiento sin que ello haga que la invasión de Rusia resulte necesaria ni justificada.

Un intento de subordinar a Ucrania podría parecer un medio para preservar el poder regional y ampliar la acumulación controlada políticamente. Esto no demuestra que determinadas empresas dirigieran la decisión ni que la invasión se inscribiera en un plan económico coherente. La elección dependió de la evaluación que hizo la dirección de las alternativas y de sus expectativas respecto a la resistencia ucraniana y las respuestas occidentales. Una estrategia basada en una victoria rápida podría reflejar intereses identificables, al tiempo que evaluaba de forma catastróficamente errónea los medios para promoverlos.

Que la ideología pueda moldear las decisiones políticas no plantea ningún problema en el marco del materialismo histórico. En su carta a Joseph Bloch, Friedrich Engels rechazó reducir la historia a la mera causalidad económica, haciendo hincapié en que las instituciones políticas y las formas ideológicas influyen en las luchas históricas y pueden predominar a la hora de determinar su forma. La cuestión es cómo se desarrollan los compromisos ideológicos en el seno de las relaciones materiales y las luchas de clases, y cómo actúan sobre ellas. Las convicciones imperialistas pueden motivar sinceramente a los líderes políticos sin que quienes las sostienen reconozcan su conexión con la reproducción del poder de clase. La dificultad analítica surge cuando la explicación trata la ideología como algo separado de estas relaciones, dejando sin explicar los fundamentos sociales y el contenido de clase de las decisiones políticas.

La retórica pública no puede establecer ni la sinceridad de esas convicciones ni su peso en una decisión concreta. Debemos distinguir entre las ideas que inspiran la invasión, la propaganda que la legitima y las narrativas desarrolladas para sostener una guerra prolongada. Budraitskis y Matveev describen un mayor énfasis en la lucha civilizacional y moral tras el fracaso a la hora de asegurar una victoria rápida. Ese desarrollo posterior no puede interpretarse simplemente a posteriori como prueba de la motivación original.

Budraitskis y Matveev vinculan la visión del mundo de los dirigentes rusos con la experiencia de la acumulación primitiva postsoviética. Nuestro desacuerdo se refiere a si su explicación vincula suficientemente las decisiones estratégicas posteriores con la reproducción continua del poder de clase. La autonomía de los dirigentes respecto a los capitalistas individuales no establece su independencia del orden de clases. Cuando la propia autoridad política proporciona acceso a la riqueza, separar los intereses de los gobernantes de los de los capitalistas resulta especialmente problemático —una característica central de la descripción que hace Kagarlitsky del capitalismo postsoviético. Las cuestiones relevantes se refieren a qué formas de acumulación protege el Estado, a qué grupos privilegia y a cómo los compromisos ideológicos configuran su búsqueda de dichos objetivos.

Por lo tanto, la invasión puede entenderse como una decisión contingente que combina la convicción imperial, la defensa de un orden social establecido y un profundo error de cálculo estratégico. Sus costes posteriores no pueden justificar lo que sus artífices esperaban lograr. Tampoco pueden las ganancias posteriores demostrar sus intenciones originales.

La estabilización en tiempos de guerra y sus límites

La guerra ha generado un panorama mixto para el capital ruso. Las cifras del Banco de Rusia muestran que el stock de IED rusa en el extranjero descendió de 374 600 millones de dólares estadounidenses en 2021 a 235 000 millones en 2025, mientras que la IED recibida disminuyó de 497 700 millones a 258 200 millones, lo que supone reducciones de alrededor del 37 % y el 48 %, respectivamente. Estos cambios reflejan transacciones y ajustes de valoración, más que pérdidas realizadas equivalentes, pero ponen de manifiesto una contracción sustancial de las posiciones de inversión transfronterizas.

Mientras tanto, la contratación pública en el ámbito militar, el crédito subvencionado y el gasto en infraestructuras han abierto oportunidades nacionales para las empresas con acceso privilegiado a las decisiones del Estado. Las transferencias de propiedad constituyen otro canal. Entre ellas se incluyen las incautaciones ordenadas por los tribunales a propietarios rusos —mediante impugnaciones a la privatización, procedimientos anticorrupción y otros mecanismos legales— y la puesta de empresas de propiedad extranjera bajo «gestión temporal», transfiriendo el control sin extinguir inmediatamente los derechos de propiedad. Las estimaciones recopiladas por el New Eurasian Strategies Centre sitúan el valor de los activos embargados durante el período 2022-2025 entre 5 y 6,5 billones de rublos. Estas intervenciones pueden penalizar a los propietarios considerados desleales y recompensar a los grupos con conexiones políticas, lo que refuerza la dependencia de la acumulación privada respecto al poder estatal.

El gasto público ha sido fundamental en esta reorganización. Las asignaciones oficiales federales para defensa aumentaron de unos 3,5 billones de rublos en 2021 a más de 13 billones en 2025, pasando de alrededor del 15 % a más del 30 % del gasto federal. Durante el mismo período, la cuota combinada destinada a política social, sanidad y educación descendió de aproximadamente el 37 % al 25 %, a pesar de los aumentos nominales en el gasto. El Estado ha mantenido la demanda mediante un marcado giro hacia la producción militar y sus cadenas de suministro asociadas.

La recuperación de la riqueza entre los multimillonarios más ricos de Rusia ilustra la capacidad de adaptación del gran capital. Aunque su riqueza conjunta se redujo drásticamente en 2022 en comparación con el pico excepcional de 2021, el descenso fue considerablemente menor si se compara con el punto de referencia prepandémico de 2019. En 2023, la riqueza combinada de los diez y los quince multimillonarios más ricos había superado sus niveles de 2019, con nuevos aumentos a partir de entonces (Figura 2). Estas estimaciones reflejan tanto las valoraciones de los activos como los beneficios acumulados, pero demuestran que al impacto inicial le siguió una rápida recuperación de la riqueza entre los más ricos.

Figure 2: Wealth of Russia’s richest 10 and 15 billionaires, 2019–26
Fuente: Cálculos de los autores basados en las listas de multimillonarios del mundo de Forbes, de diversos años.

La rentabilidad empresarial también complica el panorama de las pérdidas económicas. Las cifras de Rosstat muestran que la rentabilidad agregada sobre las ventas se situó en una media del 12,5 % durante el periodo 2022-2025, frente al 8,6 % registrado entre 2011 y 2020. El aumento comenzó antes de la invasión, alcanzando el 14,7 % en 2021, y, aunque posteriormente ha descendido, los márgenes de venta durante la guerra se mantuvieron notablemente por encima de la media de la década anterior.

Estos resultados no demuestran que a las empresas rusas les vaya mejor de lo que les habría ido sin la invasión. Para responder a esa pregunta es necesario evaluar los costes de oportunidad: una comparación con trayectorias alternativas plausibles, incluyendo los beneficios, las oportunidades de inversión y las capacidades productivas a las que se ha renunciado. Budraitskis y Matveev reconocen que existen diferentes valoraciones de estos costes, dependiendo del horizonte temporal y de si la atención se centra en empresas concretas, en el capital en su conjunto o en la economía en general. Estas cuestiones siguen sin resolverse, por lo que resulta prematuro emitir un veredicto categórico sobre las consecuencias económicas netas. El enriquecimiento a corto plazo puede coexistir con un perjuicio para el desarrollo a largo plazo, del mismo modo que las ganancias de los propietarios poderosos pueden coexistir con pérdidas sustanciales para la sociedad.

Incluso si esa evaluación contrafactual estableciera una pérdida económica neta para el capital ruso, quedaría una cuestión pendiente: si la decisión reflejó, a pesar de todo, un intento de preservar su poder político y social. El argumento de Michał Kalecki sobre el pleno empleo resulta instructivo: los líderes empresariales pueden oponerse a políticas que aumentan los beneficios cuando dichas políticas amenazan su autoridad sobre la mano de obra y su influencia política. Preservar la dominación de clase puede tener prioridad sobre la maximización de los rendimientos inmediatos. Esto no demuestra que la guerra sirva a los intereses colectivos del capital; explica por qué la rentabilidad por sí sola no puede zanjar la cuestión.

La relación se complica aún más por la lumpenización de la burguesía. Basándonos en el concepto de «lumpenburguesía» de André Gunder Frank, esto denota una clase dominante cuyo enriquecimiento reproduce la dependencia en lugar de sostener un proyecto de desarrollo autónomo. En Rusia, la extracción de rentas, la preservación de la riqueza en paraísos fiscales y la dependencia del acceso al poder político han reforzado esta orientación. Fragmentada por intereses privados contrapuestos, la burguesía tiene dificultades para articular un proyecto político común más allá del enriquecimiento. En consecuencia, los dirigentes estatales adquieren un mayor margen para definir sus intereses colectivos, al tiempo que persiguen sus propias prioridades institucionales y personales.

El análisis de Karl Marx sobre el bonapartismo arroja luz sobre esta relación: un poder ejecutivo puede adquirir una autonomía considerable respecto a los representantes políticos de la burguesía, al tiempo que salvaguarda las relaciones de propiedad y el orden social que sustentan su dominación. Preservar ese orden puede implicar pasar por encima de determinados capitalistas e imponerles pérdidas. Dicha autonomía no garantiza el acierto de las decisiones ni elimina su contenido de clase. La distinción relevante es la que existe entre la suerte de los propietarios individuales y la reproducción del poder capitalista —una distinción que cobra especial importancia al considerar quién soporta los costes sociales de la estabilización en tiempos de guerra.

En Rusia, la principal carga social recae sobre la población en general, aunque su distribución es desigual. La escasez de mano de obra, los pagos militares y la expansión de la producción de defensa han aumentado los ingresos de algunos trabajadores y hogares. Sin embargo, el crecimiento salarial agregado oculta las diferencias en la distribución de los beneficios. La tendencia marcadamente favorable a los más pobres observada entre 2017 y 2021 se atenuó considerablemente entre 2021 y 2023. Durante el período 2023-2025, los grupos con salarios más bajos recibieron aumentos porcentuales menores que varios grupos de clase media (Figura 3). Por lo tanto, esta última tendencia debilitó la posición relativa de los grupos con salarios más bajos en comparación con algunos sectores de la clase media en lo que respecta a la distribución salarial.

Figure 3: Distribution of wage gains before and during the war
Fuente: Cálculos de los autores basados en datos de Rosstat sobre la distribución salarial.

Además de estas desigualdades, los hogares soportan los costes derivados de las muertes y lesiones, la inflación, la intensificación del trabajo, el endeudamiento y el desvío de recursos públicos de las prioridades civiles. Según el Banco de Rusia, el endeudamiento de los hogares aumentó de unos 27,6 billones de rublos a principios de 2022 a más de 43 billones a principios de 2026. El aumento de los ingresos en determinados sectores tampoco se ha traducido en una mayor organización laboral independiente ni en un control democrático sobre las decisiones económicas.

La estabilización en tiempos de guerra ha reproducido la dependencia externa. A pesar de las celebraciones oficiales en torno a la sustitución de importaciones, la reorientación de Rusia no ha supuesto una desvinculación en el sentido de Samir Amin: la subordinación de las relaciones económicas externas a las prioridades de un desarrollo centrado en el interior. Las exportaciones de materias primas se han reorientado hacia nuevos mercados, mientras que China ha asumido un papel más importante en el suministro de maquinaria y equipamiento. La dirección de la dependencia ha cambiado de forma más sustancial que su estructura subyacente. La demanda militar sustenta a determinadas industrias, pero no ha establecido una economía ampliamente diversificada organizada en torno a las necesidades sociales nacionales y al desarrollo productivo.

Internacionalismo y posibilidades para la izquierda

El enfrentamiento de Rusia con las potencias occidentales no ofrece ninguna alternativa socialista al orden al que se opone. Su proyecto imperial reproduce la dominación capitalista en el país y pretende imponer la subordinación política en el extranjero. Del mismo modo, la oposición a ese proyecto no puede exigir a los socialistas que identifiquen sus objetivos con los de los gobiernos occidentales. El punto de partida debe ser la capacidad de los trabajadores para organizarse de forma independiente y hacer frente a las fuerzas que sustentan la guerra.

Dentro de Rusia, la represión y la debilidad organizativa no deben confundirse con la desaparición de un electorado de izquierdas. En una carta que me envió recientemente desde la colonia penitenciaria en la que se encuentra detenido, Kagarlitsky señaló un cambio generacional: los jóvenes están menos marcados por la hostilidad antisoviética heredada, al tiempo que se muestran menos propensos a equiparar la política de izquierdas contemporánea con la experiencia soviética. También observó una mayor receptividad entre sectores de la intelectualidad liberal. Las cartas que le llegan desde diferentes regiones sugieren que el interés se extiende más allá de un estrecho ámbito metropolitano. Estas observaciones indican una apertura, más que demostrar la existencia de un movimiento ya consolidado.

La distinción es crucial. El descontento con la desigualdad, el poder arbitrario y los costes de la guerra no genera automáticamente una organización socialista. Kagarlitsky subrayó en la misma carta que el interés público debe transformarse en apoyo político. Para ello es necesario vincular las preocupaciones inmediatas sobre los salarios, los servicios públicos y la protección social con las reivindicaciones de derechos democráticos y el fin de la guerra. También requiere reconstruir las relaciones, las instituciones y las capacidades de acción colectiva que la represión y la despolitización prolongada han debilitado.

Para la izquierda fuera de Rusia, la solidaridad debería contribuir a mantener esas capacidades. El apoyo a los presos políticos y sus familias, a los medios de comunicación socialistas independientes, a las iniciativas sindicales y a las redes que conectan a los activistas dentro del país con los que se encuentran en el exilio constituyen contribuciones prácticas. El exilio puede preservar los recursos intelectuales y organizativos, siempre que mantenga vínculos con las experiencias y las luchas de quienes permanecen en Rusia. El apoyo internacional debería reforzar su capacidad para articular y perseguir sus propios objetivos políticos.

Dicha solidaridad debe extenderse a los movimientos sindicales y democráticos independientes de Ucrania, junto con una oposición inequívoca a la invasión y la anexión, y el reconocimiento de la autodeterminación ucraniana. La defensa de los derechos nacionales y la construcción de una organización de clase independiente son tareas interrelacionadas. La cooperación entre socialistas rusos y ucranianos puede impulsar ambas sin ocultar las responsabilidades desiguales de la sociedad agresora y la invadida. La paz y la democratización ampliarían el espacio para estas luchas, abriendo a la controversia popular cuestiones como la propiedad, la redistribución y las prioridades públicas. El objetivo socialista es convertir esa apertura en un mayor poder para los trabajadores y trabajadoras sobre las condiciones de sus vidas.

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6. El mito de la fusión.

Otro artículo desmitificador del Hechicero Honesto. Esta vez, sobre la energía de fusión, esa gran esperanza blanca de los tecnooptimistas.

https://thehonestsorcerer.substack.com/p/fusion-energy-wont-save-us-here-is

La energía de fusión no nos salvará: he aquí el motivo

El Hechicero Honesto

Hace unos años, un avance técnico en un reactor de fusión experimental generó una enorme ola de optimismo. Los medios de comunicación se deshicieron en elogios, describiendo este logro como un gigantesco paso adelante y afirmando que nos acercaría a una energía «limpia, segura y casi ilimitada». La realidad, como es habitual, ha resultado ser algo más matizada y, a pesar de las numerosas noticias esperanzadoras que han surgido desde entonces, seguimos estando tan cerca de hacer realidad la energía de fusión como siempre. (Es decir: «a solo diez años más»). La razón no radica en la falta de voluntad ni en la comprensión científica, sino en el núcleo mismo de la difícil situación de nuestra civilización.

De qué se trataba realmente todo ese revuelo

Para convertirse en una fuente de energía útil, todo sistema de generación de energía debe poner a disposición del ser humano más (mucho más) energía de la que necesita para mantenerse a sí mismo. En otras palabras, debe producir energía excedente; no es de extrañar que los científicos que investigan la fusión hayan convertido esto en su objetivo principal. Y, según ese avance que he mencionado anteriormente, la Instalación Nacional de Ignición (NIF) de EE. UU. ya lo logró hace unos años:

«La instalación utilizó su conjunto de 192 láseres para aplicar 2,05 megajulios de energía a un cilindro de oro del tamaño de un guisante que contenía una pastilla congelada de los isótopos de hidrógeno deuterio y tritio. El pulso de energía del láser provocó el colapso de la cápsula, alcanzando temperaturas que solo se observan en las estrellas y en las armas termonucleares, y los isótopos de hidrógeno se fusionaron en helio, liberando energía adicional y creando una cascada de reacciones de fusión. El análisis del laboratorio sugiere que la reacción liberó unos 3,15 MJ de energía —aproximadamente un 54 % más de la que se aportó a la reacción, y más del doble del récord anterior de 1,3 MJ».

Traducido a un lenguaje sencillo: el equipo del NIF utilizó el método de la fuerza bruta para detonar una bomba de hidrógeno en miniatura en una cámara de pruebas (sin detonar primero una bomba nuclear convencional a modo de mecha y sin volarse por los aires en el proceso). ¡Menuda hazaña! ¿Se generó un excedente de energía? Por supuesto que sí. Igual que en aquel siniestro experimento de hace setenta años. A modo de referencia, pregunten a los antiguos habitantes del atolón de Enewetak a qué altura puede lanzar el coral a la atmósfera un excedente de energía de este tipo, o durante cuánto tiempo puede hacer que sus islas resulten inhabitables.


Experimento Ivy Mike, 1952, atolón de Enewetak

¿Se trata de una fuente de energía sostenible? En otras palabras: ¿pueden los experimentos realizados en el laboratorio NIF producir un flujo continuo de energía, en lugar de una explosión en miniatura? Por supuesto que no. El experimento nunca tuvo esa intención. Si lee el artículo con atención, quizá descubra cuál era el verdadero objetivo del experimento desde el principio (el énfasis es mío):

«Pero los resultados revisten una importancia especial en el NIF: la instalación fue diseñada para ayudar a los científicos especializados en armas nucleares a estudiar el intenso calor y las presiones que se producen en el interior de las explosiones, y eso solo es posible si el laboratorio genera reacciones de fusión de alto rendimiento. […] La gran pregunta ahora es qué hará a continuación el Departamento de Energía: redoblar la apuesta por la investigación en armamento en el NIF o dar un giro hacia un programa láser orientado a la investigación en energía de fusión».

No sé qué opinará usted, estimado lector, pero todo esto me sugiere que este experimento en su conjunto tenía un propósito puramente de investigación militar —reempaquetado como un avance en la energía de fusión con fines de relaciones públicas… En otras palabras, en lugar de buscar una fuente de energía sostenible, el NIF perseguía un objetivo diferente: explorar nuevas formas de detonar una bomba de hidrógeno en miniatura sin incumplir el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares.

El verdadero problema

Para lograr una reacción de fusión nuclear sostenida se necesitaría un recipiente capaz de contener plasma a una temperatura de hasta 150 millones de grados; detonar de vez en cuando bombas de hidrógeno chapadas en oro no es suficiente. Y aquí es donde empiezan los quebraderos de cabeza. Para evitar que el plasma a varios millones de grados, necesario para una reacción sostenida, queme la carcasa, el reactor debe generar un campo electromagnético lo suficientemente potente como para mantener las partículas extremadamente calientes en el centro del reactor, alejadas de sus paredes.


Plasma (en rojo) tal y como se observa en un reactor de fusión (EAST, 2006). Fuente de la imagen

ITER, el reactor de fusión más grande y prometedor del mundo occidental, tiene previsto alcanzar este objetivo mediante el uso de imanes fabricados con materiales superconductores, que requieren una refrigeración constante a temperaturas cercanas al cero absoluto para seguir funcionando. Sin embargo, la mera generación de este campo magnético basta para disparar la factura eléctrica de la planta, por no hablar del uso de multitud de otros equipos, como los circuitos de refrigeración. (O, en el caso del encendido por láser, los propios láseres, que consumen cien veces más energía durante su funcionamiento de la que realmente liberan en forma de rayos láser). El consumo energético de una instalación de este tipo puede, por tanto, equipararse fácilmente al consumo eléctrico de una ciudad de tamaño medio, oscilando «entre 110 MW y hasta 620 MW durante picos de 30 segundos en el funcionamiento del plasma».

No se trata del hervidor eléctrico de su abuela: estamos hablando de megavatios de electricidad consumidos —no producidos— para un espectáculo de fuegos artificiales de 30 segundos. De esta cantidad, sin embargo, «solo» se necesitan 50 MW para encender el plasma; el resto lo consumen simplemente los sistemas criogénicos que mantienen los imanes a temperaturas cercanas al cero absoluto (-459 °F). Por extraño que parezca, y según la página web del proyecto, esa parte nada desdeñable del consumo eléctrico de la planta quedará completamente fuera del cálculo: «El ITER está diseñado para producir en su plasma un rendimiento energético de diez a uno (Q=10), es decir, 500 MW de energía de fusión a partir de 50 MW de potencia de calentamiento de entrada». Si se define el éxito tal y como lo hicieron los diseñadores del ITER, centrándose en los 50 MW de entrada inicial a la cámara de pruebas y excluyendo el consumo bruto de electricidad de los equipos que proporcionan el soporte vital necesario para la reacción, entonces sí, probablemente se podrían alcanzar los objetivos. Si se calcula con honestidad, el ITER, una vez completado, ni siquiera alcanzará un rendimiento de 1:1 respecto a la energía invertida.

El problema es que a la realidad no le interesa en absoluto lo que se mida: o bien todo el sistema es sostenible, o bien no lo es en absoluto. Construir un reactor que consume 570 MW durante su funcionamiento (620 MW menos 50 MW para el encendido) mientras produce 500 MW de calor no es lo que yo llamaría un éxito. Si realmente nos tomáramos en serio la salvación de esta civilización —en lugar de actuar como si tuviéramos todo el tiempo del mundo mientras recaudamos alegremente subvenciones de investigación de los gobiernos—, entonces estableceríamos como objetivo las relaciones entre el consumo bruto y la producción… Pero entonces nos daríamos cuenta de que un objetivo de 10:1 entre el calor de entrada y el calor de salida definitivamente no sería suficiente. Utilizando esta métrica aproximada, tendríamos que alcanzar al menos una relación neta de 800:1 (40 000 MW producidos por los 50 MW utilizados durante el encendido) para poder afirmar que hemos logrado algo.

Esta cifra, por muy descabellada que pueda parecer, seguiría dando lugar a una relación bruta entre energía de salida y energía de entrada de 64:1, si se calcula con el coste energético operativo total de 620 MW. Solo entonces podríamos demostrar que, como mínimo, igualamos el rendimiento de nuestros reactores nucleares convencionales actuales… Y ni siquiera hemos empezado a tener en cuenta toda la energía y las materias primas escasas necesarias para construir y mantener una estructura tan compleja1, ni la cuestión —no precisamente insignificante— de transformar el plasma a varios millones de grados (generado en el interior de la vasija) en electricidad utilizable, algo que además conlleva una pérdida del 60-70 % en caso de utilizar un motor térmico. Solo es una observación.

Si todo este proyecto parece imposible, quizá lo sea; pero, en ese caso, tampoco deberíamos malgastar nuestro tiempo y nuestros valiosos recursos en él.

La crisis de los materiales

Es aquí donde realmente me impacta la incapacidad de la humanidad para comprender la vida útil limitada de su civilización de alta tecnología. Al ritmo actual de crecimiento del consumo, necesitaríamos extraer en los próximos veinte o treinta años tantos minerales como en los últimos diez milenios juntos: tal es la naturaleza del crecimiento exponencial. El problema es que ya no nos quedan tantos recursos, y, sin embargo, lo intentaremos de todos modos. Dejando a un lado otras cuestiones relacionadas con las materias primas, tomemos como ejemplo el tritio, un isótopo del hidrógeno extremadamente raro. En la actualidad, el tritio se genera en 19 reactores de fisión CANDU canadienses, la mitad de los cuales está previsto que cierren en los próximos años. Esto significa que las reservas de tritio, de unos 25 kilogramos, alcanzarán su máximo en 2030 y comenzarán un descenso constante a medida que se vendan y se desintegren.

¿Y por qué es esto importante? Es cierto que, una vez que la fusión esté en pleno funcionamiento, podría funcionar con isótopos mucho más abundantes, pero para ponerla en marcha se necesitará siempre una pequeña cantidad de esta sustancia tan escasa.

«Los investigadores se dieron cuenta hace más de 20 años de que la “ventana de tritio” de la fusión acabaría cerrándose de golpe, y la situación no ha hecho más que empeorar desde entonces. El ITER no comenzará a quemar D-T hasta 2035 como muy pronto, momento en el que el suministro de tritio se habrá reducido drásticamente. Una vez que el ITER finalice su actividad en la década de 2050 —si no se producen más retrasos—, solo quedarán 5 kilogramos o menos de tritio».

La fusión, en este sentido, no es más que un subproducto del intento único en la vida de la humanidad de construir una civilización impulsada por la energía nuclear… Todo ello basado en metales no renovables y combustibles fósiles —desde el uranio hasta el petróleo crudo—, de los que estamos destinados a producir cada vez menos en las próximas décadas a medida que las reservas se agoten lentamente. Así pues, mientras nos dedicamos a soñar con la «energía infinita», ya sea captada por paneles solares o «creada» aquí en la Tierra mediante la fusión, estamos olvidando deliberadamente la cantidad de materiales no renovables que se necesitan para construir —y que, con el tiempo, acabarán consumiendo— estas complejas tecnologías.

Un ejemplo claro son las seis bobinas de campo poloidal, que generan el potente campo magnético para la cámara de reacción. (Por cierto, hay que reconocer que su nombre es genial.) Estos monstruos de entre doscientas y cuatrocientas toneladas están fabricados con entre 6 y 14 km de alambre de niobio-titanio —cada uno—. Desde luego, no es algo que se compre en Home Depot.


La cara menos atractiva de nuestro futuro tecnoutópico. Foto de Albert Hyseni en Unsplash

Los responsables del ITER no ocultan en absoluto que su proyecto es un unicornio totalmente imposible de escalar. Intente imaginarse las operaciones de la cadena de suministro que hay detrás de todo ello… Empezando por las minas de tierras raras en China, donde se extrae una reserva finita de niobio mediante camiones volquete y excavadoras que queman galones de diesel cada minuto, y refinerías alimentadas con carbón que dejan tras de sí un estanque de residuos tóxico y altamente radiactivo. O la cantidad de carbón y gas natural que se quema en las fundiciones para fundir estos metales exóticos y fabricar esta aleación especial… O la cantidad de diesel (una vez más) que se quema en los barcos y camiones que transportan las cientos de toneladas de material hasta el emplazamiento, la electricidad consumida durante el proceso de fabricación y montaje, etcétera… Ahora empieza a hacerse una idea del tipo de energía y de insumos materiales finitos a los que me refiero: todo ello necesario para construir, mantener y poner en funcionamiento un reactor de fusión. Una vez más, una relación de 10:1 entre el calor generado y el calor aportado (el objetivo oficial para la finalización del proyecto en 2050) no será, sin duda, suficiente para cubrir todo esto… Una relación de 1000:1, tal vez.

Conclusión

Por cierto, ¿a quién queremos impresionar con todo esto? ¿Por qué deberíamos aspirar a construir una central de fusión prácticamente ilimitada en la Tierra, cuando fue precisamente eso, el uso de energía «ilimitada» (en forma de combustibles fósiles), lo que ha llevado al agotamiento de los ricos yacimientos minerales y a la destrucción masiva de la vida silvestre que estamos presenciando en este momento? Nuestros descendientes, no muy lejanos en el tiempo, que heredarán una biosfera medio muerta, plagada de residuos radiactivos, «químicos eternos», pilas usadas, paneles solares rotos y llena de metrópolis inundadas entre desiertos vacíos, desde luego no se lo tomarán ni un poco a broma. Cada aumento del consumo energético conlleva un aumento del ecocidio: desde la minería hasta la industria manufacturera, o desde la deforestación hasta la desertificación. Y si cree que esta vez será diferente… Bueno, pues tengo un puente que venderle. Las grandes empresas, armadas con una fuente de energía tan «limpia y abundante», sin duda destruirían lo poco que queda del planeta Tierra en cuestión de décadas en busca de recursos y, en última instancia, de beneficios.

Nos encontramos al borde del precipicio de un largo declive en la producción de combustibles fósiles y minerales, en un planeta que se sobrecalienta rápidamente, con un ecosistema que muere lentamente y una clase dirigente que se está volviendo completamente loca, desatando guerras por todas partes. Afrontémoslo: los combustibles fósiles y los minerales nos abandonarán mucho antes debido a su agotamiento, de lo que nosotros podríamos prescindir de ellos a favor de cualquier otra alternativa. La escasez actual palidecerá, por tanto, en comparación con lo que experimentaremos dentro de cinco, diez o quince años… Y el ITER seguirá en fase de puesta en marcha para entonces, ya que su inicio está previsto solo para 2035. Huelga decir que ponerlo en funcionamiento será nuestro menor problema para entonces —suponiendo que el proyecto no se abandone hasta esa fecha—. En serio, conociendo la grave situación en la que nos encontramos, deberíamos estar ocupados reaprendiendo a producir alimentos, ropa y vivienda a nivel local en un planeta que está pasando por una transición hacia un clima radicalmente diferente. Necesitamos desesperadamente un plan para reducir el uso de la tecnología, en consonancia con la disminución natural de la disponibilidad de recursos y energía. Deberíamos analizar detenidamente cómo vivía la gente antes de nuestra época y ver qué tecnologías y conocimientos científicos podríamos utilizar en un mundo gravemente mermado, tanto en términos de recursos minerales como de energía y de la vida misma.

Conociendo la sombría realidad a la que nos enfrentamos aquí y ahora, y durante las próximas décadas, no es exagerado afirmar que la fusión seguirá siendo una quimera para siempre. Siempre estará a 25 años vista, tal y como lo estaba hace medio siglo, hasta que la gente finalmente se olvide de ella. Dentro de un siglo, la gente ni siquiera podrá explicar a sus hijos cómo se suponía que funcionaba la fusión, sino solo lo que realmente ha resultado ser: un pozo sin fondo que absorbe recursos y desvía la atención de otras muchas cosas que podrían haber tenido mucho sentido en nuestra situación y que podrían habernos ayudado a superar el cuello de botella que se avecina. Centrémonos entonces en ellas, y dejemos la tecnutopía impulsada por la fusión donde le corresponde: en las páginas de los libros de historia que aún están por escribirse.

Hasta la próxima,

B

Nota1

Añádase a ello el hecho de que no tenemos ni idea de cómo podríamos mantener la fusión durante una hora, y mucho menos un día, sin que el bombardeo constante de neutrones procedente de la reacción de fusión del hidrógeno destruya por completo las paredes internas de la cámara —lo que requeriría largos periodos de mantenimiento entre cada ciclo y generaría un enorme problema de residuos radiactivos—. Véase: los neutrones, al ser de carga neutra, no pueden ser contenidos por campos electromagnéticos ni se puede impedir que causen daños estructurales en las propias paredes de la cámara, convirtiéndola con el tiempo en un trozo frágil de chatarra radiactiva. Un residuo peligroso que habría que enterrar junto a las barras de combustible de uranio gastadas, sin esperanza alguna de reciclaje. Buena suerte a la hora de encontrar un lugar seguro para ambos. Una solución podría ser recurrir a la fusión de boro y protones, pero eso plantearía inmediatamente la pregunta: ¿de dónde procedería toda esa cantidad «infinita» de boro…? Por último, pero no por ello menos importante, el ITER no producirá electricidad (eso será problema de otros). Por el momento, solo podemos especular sobre cómo aprovechar la inmensa energía térmica liberada por la fusión. ¿Qué haremos con ella? ¿Hervir agua y hacer girar una turbina de vapor? ¿Cuál sería entonces la tasa de conversión energética? ¿Un 30 % en el mejor de los casos? Y un momento, ¿tenemos previsto utilizarla en ráfagas de entre 30 segundos y una hora? Imagínese una central nuclear que tuviera que enfriarse, desmontarse y repararse cada cierto tiempo, y empezará a darse cuenta de que este experimento con la fusión es, en realidad, un puente hacia ninguna parte.

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7. Impacto del capitalismo sobre el campesinado.

Un repaso bibliográfico histórico en Historical materialism -de obras en inglés- no tanto de la historia agraria sino del impacto del capitalismo sobre el campesinado.

https://www.historicalmaterialism.org/9930-2/

Capitalismo, campesinos y explotaciones familiares: un ensayo bibliográfico

Jairus Banaji

A finales de 2015, se estimaba que alrededor del cuarenta por ciento —o más— de la población activa rural de China estaba compuesta por unos 250 millones de campesinos migrantes conocidos como mingong, un término híbrido entre nongmin (campesino) y gongren (trabajador). Son la versión de la China «socialista» de los «malditos de la tierra» de Fanon, un campesinado drásticamente desarraigado, obligado a sobrevivir con trabajos «sucios, peligrosos y degradantes» en la minería, la construcción y otros sectores, y considerado tanto por el Estado como por la clase media como una «ola gigantesca» que amenaza con inundar sus ciudades (Schultz, 2018) . En películas como *Still Life* (del brillante director Jia Zhangke), no son ni campesinos ni trabajadores, sino una enorme reserva de cuerpos mercantilizados sin un sentido real de sus vidas pasadas —puesto que los lugares en los que crecieron yacen borrados en paisajes sumergidos— ni tampoco de un futuro. Lo que hace que esta visión de China resulte tan atractiva como descripción de lo que el capitalismo ha significado y llegará a significar para lo que Marx denominó las «naciones campesinas» es la enorme rapidez (y el propósito burocrático) con la que gran parte de este futuro distópico se está desarrollando ante nuestros ojos.

En las perspectivas históricas más amplias a las que da acceso la historia agraria, el campesinado parece hoy, por tanto, un «objeto teórico» en vías de desaparición. En las películas de Jia, son las «reliquias ancianas de la era maoísta, pero sin su antiguo poder ni autoridad» (Schultz). Lo que este breve ensayo pretende es ofrecer una serie de lecturas que vuelvan a poner en el punto de mira al campesinado histórico más clásico. No se trata principalmente de una guía sobre obras de historia agraria, ya que la mayoría de las lecturas abordan, de una forma u otra, el impacto del capitalismo en el campesinado y, de manera más amplia, en el campo. Al hacerlo, sin embargo, también he intentado arrojar luz sobre las clases agrarias que no pueden definirse estrictamente como campesinos, ya sea porque carecen de tierras o porque, al igual que los agricultores familiares estadounidenses de Harriet Friedmann, su supervivencia y crecimiento dependen de su capacidad para competir conscientemente y con éxito con las empresas capitalistas. De todos modos, el núcleo del ensayo se encuentra en la sección III y, a lo largo del mismo, he desentrañado los diferentes niveles en los que pueden estudiarse «el capitalismo y el campo».

I. Preliminares

Recopilaciones generales y estudios: Scott, The Peasantries of Europe from the Fourteenth to the Eighteenth Centuries y la segunda edición ampliada de Peasants and Peasant Societies de Shanin (Shanin 1987) son dos recopilaciones excelentes; el voluminoso y reciente Handbook of Critical Agrarian Studies aborda una amplia gama de temas; además, existen estudios regionales contemporáneos como los de Ayeb y Bush (2019) y Rigg (2020); y al menos una introducción concisa a diversos debates en los estudios agrarios, la de Bernstein (2010) . Las revistas más destacadas son Journal of Peasant Studies y Journal of Agrarian Change. Terry Byres, autor de nuestro único estudio comparativo exhaustivo sobre las «transiciones agrarias capitalistas» (Byres 1996), fue editor fundador de ambas revistas.

Probablemente el único país de Europa para el que se puede escribir una historia continua del campesinado desde el siglo XIII hasta el XVIII (cuando finalmente desapareció, expulsado de la existencia por una última ronda de cercamientos) es Inglaterra —véase Titow (1969), Smith (1998), Campbell (2005), Allen (1992), Whittle (2000), Neeson (1993) (en ese orden) y, a modo de posdata, Howkins (2003). Además del libro de Bob Allen y del de Neeson, en la década de los noventa se publicaron al menos otras dos contribuciones fundamentales: Faith (1997), sobre los primeros siglos en Inglaterra, principalmente anglosajones, y Freedman (1991) sobre la servidumbre del campesinado catalán. El capítulo 1 de Hilton (1973) es, con diferencia, la mejor introducción breve al campesinado en Occidente. Johansen (1988) presenta un sólido argumento a favor de la desposesión del campesinado en los últimos siglos del Islam medieval (los períodos mameluco y otomano).

Los impactos coloniales han sido descritos en detalle por (en su mayoría) historiadores: Poncet 1962 (Túnez), Gibson 1964 (México), Bourdieu y Sayad 1964 [2020] (Argelia), Taylor 1972 (México), Jennings 1976 (Nueva Inglaterra), Ngo Vinh Long 1991 (Indochina), Baker 1993 (Provincias Centrales, India), Hardiman 1996 (India occidental), Mousa 2006 (Palestina), Nadan 2006 (Palestina), Fields 2017 (Palestina), Ali (2018) (Bengala) y Shokr (2025) (Egipto), casi todos los cuales pueden interpretarse en gran medida como historias de desposesión. Los prestamistas prosperaron en todo el sur de Asia colonial. Cheesman (1997) describe la «posición económica dominante» de los banias » en Sind, donde la mayor parte de la deuda recaía sobre las fincas de los zamindars musulmanes, conocidos como waderos. La monografía de Baker sobre las Provincias Centrales del norte constituye nuestro mejor relato de cómo funcionaba el sistema tributario británico para permitir la acumulación de tierras por parte de los prestamistas y el empobrecimiento generalizado que se produjo en la «década aterradora» de la década de 1890.

La pregunta clásica que se planteaba en las últimas décadas del siglo XIX era: «¿Qué sucedería con el campesinado ante el creciente impacto del capitalismo?». Hacia las últimas décadas del siglo XX, este enfoque había sido sustituido en gran medida por una pregunta bastante diferente: «¿Qué sucede con la agricultura ante la creciente penetración del capital industrial?». En las décadas posteriores a 1945, fue a finales de la década de 1960 y durante la de 1970 cuando se produjo un resurgimiento del interés por los estudios sobre el campesinado, relacionado, sin duda, con el atractivo (en Europa, en gran medida académico) del maoísmo en la década de 1960 y con el éxito de los vietnamitas al expulsar a los franceses y, posteriormente, derrotar a la potencia más formidable del mundo. La obra de Wolf Peasant Wars, publicada en 1969, fue emblemática de este momento. La entrevista a Henry Bernstein (en Capps y Campling, 2016) transmite una vívida sensación del ambiente intelectual de aquellas décadas.

Capitalismo, los campesinos, las explotaciones familiares. Este conjunto de temas puede analizarse desde al menos cuatro perspectivas o de cuatro maneras diferentes: (i) el declive competitivo de las explotaciones familiares, (ii) la diferenciación del campesinado, (iii) la subsunción de la producción doméstica por parte del capital, y (iv) el proceso mucho más amplio de la transformación capitalista de la propia agricultura.

En sus escritos sobre Francia, Marx consideraba al campesinado como una clase, definida por su fragmentación y su localismo, así como por su hostilidad hacia todas las demás clases, y se refería a su esclavitud por parte del capital. La imagen definitoria es la de los pequeños propietarios agobiados por hipotecas, «arruinados por las deudas, en conflicto con la sociedad y la autoridad». Todo lo que la posteridad parece haber retenido de aquellos pasajes de El 18 de brumario es su descripción de la masa del campesinado francés como un «saco de patatas». Sin embargo, Marx adoptó una visión menos condescendiente en una etapa posterior de su vida; para consultar los diversos borradores de su respuesta a Zasulich, véase Shanin (1983). Rechazando cualquier falsa noción de inevitabilidad, en 1881 consideró que la comuna rural rusa (mir) encierraba el potencial para una transición directa hacia « trabajo cooperativo a gran escala organizado a gran escala». Se partía de la hipótesis de que Rusia viviría una revolución socialista en los años venideros.

II. Textos y autores clásicos

La Bauernfrage de Engels, su tratado sobre la Cuestión campesina en Francia y Alemania, se escribió en 1894 en un contexto en el que los grupos de presión agrarios alemanes intentaban atraer a los pequeños campesinos a su bando.

«Por pequeño campesino entendemos aquí al propietario o arrendatario —en particular al primero— de una parcela de tierra no mayor, por regla general, de lo que él y su familia pueden labrar, y no menor de lo necesario para mantener a la familia» (Engels 1990; MEW 22, p. 488). Se trataba de explotaciones de un tamaño que no requerían recurrir a la contratación de mano de obra y que eran suficientes para mantener a las familias campesinas en un año normal. Vale la pena aclarar , por tanto, que no es así como los marxistas posteriores definirían al campesinado pobre y que lo que Engels describe es lo que los autores posteriores suelen considerar como un campesinado medio. (Los campesinos «medios» que aparecen en el tratado constituyen un estrato más sustancial y casi siempre van acompañados de los grandes campesinos.) Si esto es correcto, resulta extraordinario que, en la sección dedicada a Alemania, Engels continúe diciendo: «consideramos que el pequeño campesino que vive de su propio trabajo nos pertenece prácticamente», es decir, un colectivo al que los socialistas tendrían que dirigirse del mismo modo que se dirigían a la masa de trabajadores. Los pequeños campesinos estaban «irremisiblemente condenados» bajo el capitalismo. Por otra parte, «no es posible ninguna transformación revolucionaria duradera en Francia en contra de la voluntad del pequeño campesino».

Lo que surgió de manera más general del debate clásico que se inició poco después de Engels fueron tres corrientes teóricas representadas por Kautsky , Lenin y Chayanov, respectivamente. Kautsky (1988; orig. 1899) se esforzó por conciliar el hecho evidente de la supervivencia del campesinado con las líneas generales de la teoría de Marx. La estrategia que eligió para ello fue hacer hincapié en que el capitalismo en la agricultura sigue sus propias leyes (véase Watts 2023), y no se limita a replicar las de la industria, y es precisamente esto lo que ha hecho que su análisis resulte tan atractivo para los estudiosos más recientes que se ocupan de la agricultura contemporánea, especialmente los de EE. UU. Si bien Kautsky era un fundamentalista agrario, profundamente impresionado por las grandes explotaciones y las fincas gigantes, así como por su uso de las economías de escala y su gestión, se preocupó igualmente por demostrar por qué la supervivencia de un gran número de pequeños propietarios (más de 5 millones de ellos en Alemania en 1895) no se basaba en ninguna superioridad económica o técnica, sino en la capacidad de estos hogares para valerse por sí mismos (incluidos sus hijos) y apretarse el cinturón (lo que Kautsky denomina

«sobrecarga de trabajo» y «subconsumo») al enfrentarse a la competencia de productores más grandes y eficientes. (Tanto Allen, 1992, como Bray, 1986, pueden servir para matizar este panorama de diversas maneras.) Kautsky estaba convencido de que los pequeños campesinos europeos se encontraban en una situación aún peor que la de la mayoría de los trabajadores asalariados, pero estaba dispuesto a reconocer que dichas explotaciones no estaban en vías de desaparecer. También fue visionario en otros aspectos, por ejemplo, al sugerir que «[a]llí donde esta industrialización de la agricultura no elimina por completo al pequeño agricultor, lo somete al poder monopsonista de la fábrica y lo convierte en un siervo del capital industrial, que trabaja según sus exigencias» —una notable anticipación de las tendencias que se generalizaron casi un siglo más tarde.

La elaboración sistemática de las categorías teóricas propias de este tipo de campesinado pequeño y mediano abrió una perspectiva totalmente nueva sobre los cálculos que se realizaban en las explotaciones con mano de obra familiar, donde la consideración crucial era la disyuntiva entre el grado de satisfacción de la demanda del hogar y el grado de penosidad que suponía hacer trabajar más duramente a la familia (Chayanov, 1966). Como descubrieron más tarde los economistas, la «curva de oferta descendente», característica del comportamiento de los hogares campesinos cuando estos no están sujetos a contratos, constituye una sólida evidencia a favor de este punto de vista. Chayanov tampoco negó que pudiera producirse una «diferenciación social» entre los hogares campesinos, pero argumentó que la forma de determinarla (y establecer su importancia) no era mediante estadísticas sobre la superficie sembrada, sino, tal y como escribió, mediante «el análisis directo de los factores capitalistas en la organización de la producción, es decir, la mano de obra asalariada en las explotaciones agrícolas», un criterio perfectamente ortodoxo, aunque las formas de explotación abarcaran un espectro más amplio, como comenzaron a darse cuenta los marxistas agrarios.

El enfoque de Chayanov resulta más significativo que la ficción (la de Marx, Teorías de la plusvalía 1, p. 408) de considerar al pequeño campesino como capitalista, asalariado y («quizá») terrateniente todo en uno (p. ej., Gibbon y Neocosmos (1985), quienes proponen una teoría de la «pequeña producción mercantil capitalista» que genera una imagen totalmente inverosímil de los campesinos medios como capitalistas y asalariados a la vez, y que considera incluso a los campesinos pobres como «pequeños capitalistas»; no así Luxemburg (1963): «es una abstracción vacía […] concebir al campesino como empresario, trabajador asalariado y terrateniente, todo en una sola persona […] (lo que es propio del campesino en sentido económico es) el hecho mismo de que […] no es en absoluto un representante del capitalismo, sino de la simple producción de mercancías»). En cualquier caso, no tiene sentido seguir contraponiendo a Chayanov a Marx (véase White, 2018, para conocer este mismo punto de vista), entre otras cosas porque aceptaba plenamente las categorías y el análisis de Marx y las utilizaba, por ejemplo, al analizar el papel de las empresas comerciales en el campo ruso; véase el siguiente pasaje de su libro sobre las cooperativas campesinas: «El capitalismo, debido a las condiciones técnicas que hemos descrito, fue incapaz de organizar la agricultura según los principios de la concentración horizontal e, invariablemente, buscó otras formas de hacerse con el control de la anarquía de la agricultura y de organizarla según los principios capitalistas. En lugar de las formas poco adecuadas de concentración horizontal, la obtención del control adoptó la forma de concentración vertical» (Chayanov 1991 [1926], pp. 5-6).

Conviene aclarar que, en la década de 1890, Lenin no sostenía que la «diferenciación» condujera a clases distintas (en El desarrollo del capitalismo en Rusia, se burla del término «diferenciación»), sino que era la disolución del campesinado lo que lo hacía. El indicador clave de ello fue la desintegración del campesinado medio, algo que, evidentemente, no ocurrió en los años siguientes (Shanin, 1972, que traza los patrones más probables de movilidad entre los hogares campesinos rusos). La última exposición de Lenin sobre su visión de las clases en el campo se redactó en 1920 como «borrador de tesis sobre la cuestión agraria» para su presentación en el Segundo Congreso de la Comintern (Lenin, 1966). Estas tesis pretendían abarcar toda Europa y contenían un esquema general de seis clases agrarias (de las cuales se decía que las tres primeras constituían «la mayoría de la población rural en todos los países capitalistas»): 1. jornaleros agrícolas de diversos tipos; 2. semiproletarios; 3. pequeños campesinos, 4. campesinos medios, 5. grandes campesinos y 6. terratenientes). Dejando de lado a los jornaleros agrícolas, dentro de la masa del campesinado propiamente dicho existían, por tanto, cuatro clases o estratos —semiproletarios, pequeños campesinos, campesinos medios y grandes campesinos— con delimitaciones muy claras entre ellos, y una versión de esta clasificación se convertiría en canónica en los escritos marxistas posteriores, comenzando, por supuesto, con Mao Zedong y el informe de Hunan a principios de 1927 («Hay tres tipos de campesinos: los ricos, los de clase media y los pobres», lo que supuso un paso atrás respecto a su propio análisis, más matizado, de 1926, que permaneció sin traducir hasta la obra de Schram de 1969 [pp. 241-246]). Mucho más interesante resulta una obra posterior de Mao que nunca se publicó en vida del autor. El Informe de Xunwu, cuya aparición estaba prevista para 1937, no se publicó finalmente hasta finales de 1982. Se trata, como afirma su traductor, de un «documento extraordinario», en el que Mao afirma que, aún en 1930, «todavía no comprendía del todo el problema de los campesinos ricos de China. Al mismo tiempo, en el ámbito del comercio, era un completo profano». Esto confirma, si es que hacía falta confirmación alguna, que la gran mayoría de la población rural china estaba formada por campesinos pobres (el setenta por ciento de los hogares rurales del condado, según sus encuestas) y que los que carecían por completo de tierras (aquellos sin acceso a arrendamientos) carecían de importancia. Entre los terratenientes, se describía como «progresistas» a aquellos «que habían sido más influenciados por el capitalismo… La mayoría de ellos procedían de familias de comerciantes». Entre los campesinos pobres, el Informe distinguía nada menos que cuatro estratos, de los cuales la gran mayoría (el 60 %) eran hogares sin tierras cuyo único bien era un buey. Hacia el final, Mao señala que hombres y mujeres tenían actitudes muy diferentes respecto al divorcio, y que el Soviético del condado de Xunwu, en una de sus reuniones de distrito, había respaldado el lema «Libertad absoluta en el divorcio y el matrimonio», a pesar de que, entre los campesinos pobres, los hombres casados se oponían firmemente al derecho al divorcio, puesto que el trabajo realizado por las mujeres resultaba crucial para la supervivencia de dichos hogares. Las campesinas pobres, según había afirmado Mao en el ensayo sobre Hunan, tenían «más poder para tomar decisiones en los asuntos familiares» y «disfrutaban de una considerable libertad sexual» (Schram 1969, p. 258, traduciendo la versión original del informe. Hu 1974 constituye un análisis poco común sobre este tema.)

Truong Chinh y Vo Nguyen Giap (1937) utilizaron tanto el término «clase» como el de «estratos» al describir al campesinado de Indochina, argumentando que « En términos de clase, los campesinos son miembros de la pequeña burguesía rural, es decir, una clase de personas que poseen algunos medios de producción utilizados para mantenerse», pero que esta clase estaba «dividida en varios estratos»: campesinos sin tierra, campesinos pobres, campesinos medios y campesinos ricos. La fluidez de estas distinciones queda patente en su afirmación de que los campesinos medios más pobres (trung nong ngheo) apenas se encontraban en una situación mejor que las dos categorías situadas por debajo de ellos. Lo que cabe destacar en este análisis es que los innumerables arrendatarios (ta dien) del país se incluían entre los campesinos sin tierra y, por lo tanto, eran considerados por ellos como parte de lo que denominaban «el proletariado del campo». Fue la presencia de este enorme sector sin tierra lo que explica el amplio apoyo al Việt Minh poco después de su formación en 1941. (Gran parte de la investigación de campo que Giap llevó a cabo para La cuestión campesina se realizó probablemente bajo la cobertura académica de la recopilación de datos para la monumental tesis de Pierre Gourou Les paysans du delta Tonkinois (1936); véase Kleinen (2005) para esta sugerencia. Sobre las economías arroceras de Asia, el estudio con mayor coherencia, con diferencia, es el de Bray (1986), quien demuestra por qué «[a]un hoy en día, las economías de arroz de regadío siguen mostrando una resistencia notable a la transición hacia la agricultura capitalista»).

La estratificación del campesinado y, en términos más generales, de las clases agrarias, adopta una amplia variedad de formas dependiendo del lugar y el momento en que se produce. En la Rusia de la década de 1920, no se abordaba en términos de la aparición de capitalistas y proletarios como clases plenamente formadas, sino de «grupos de clase», es decir, grupos que «comparten ciertas tendencias de clase» o grupos «definidos por sus tendencias de clase», siguiendo las ideas de Kritsman. La referencia fundamental en este sentido, a la obra de Kritsman y su escuela, es la de Cox y Littlejohn (1984). Se consideraba que la mayor parte de los hogares rurales, alrededor del sesenta por ciento, pertenecía a un «campesinado medio», conocido en ruso como serednyak. Lewin (1966; 1968) expone con claridad la confusión que suscitaba la identificación de clases en el campo soviético, sobre todo en lo que respecta a quién se consideraba capitalista y cuál era el alcance de ese estrato. Es fundamental señalar que Lewin observa que no existían límites rígidos y bien definidos entre los diferentes « estratos» del campesinado en la década de 1920.

En Rusia, tras la revolución, la estructura agraria coincidía en gran medida con el campesinado y la estratificación campesina, ya que las grandes fincas habían sido confiscadas por los bolcheviques o directamente por el campesinado (el setenta y cinco por ciento de todas las fincas había sido confiscado en febrero de 1918) y la aristocracia había huido o dejado de existir. El famoso ensayo de Conze sobre las reformas agrarias liberales de mediados del siglo XIX (Conze, 1969) describe situaciones más típicas. Europa Central se presenta como un vasto mosaico de estructuras agrarias definidas por grados muy diferentes de dentro del propio campesinado en cada una de sus amplias regiones. En Baviera y los Alpes, el campesinado mediano y acomodado se describía como «una clase claramente distinta de los pequeños propietarios y de quienes carecían de tierras»; en Baja Sajonia y Westfalia, «existía un amplio abismo social entre los campesinos acomodados y medianos, por un lado, y el proletariado agrario» ; en Prusia, «el campesinado salió debilitado y transformado de las décadas posteriores a 1816», sucumbiendo a la expansión de las grandes fincas; en Estonia y Letonia, una clase campesina acomodada poseía explotaciones que oscilaban entre las 20 y las 60 hectáreas, mientras que los titulares de parcelas y los sin tierra predominaban numéricamente; en la Polonia del Congreso, en 1846, el cuarenta por ciento de la población rural carecía de tierras, y muchos se vieron obligados a emigrar al extranjero o a trabajar como jornaleros estacionales en las fincas del centro y el este de Alemania; y así sucesivamente.

Siguiendo con las estructuras agrarias en este sentido, en la Irlanda anterior a la hambruna, Clark (1978) identifica al menos cinco «clases», tras explicar cómo las define, es decir, mediante la triangulación entre «(1) si controlaban o no tierras y, en caso afirmativo, cuánto tiempo de la jornada laboral dedicaban a las tierras que controlaban… (2) cuánta tierra controlaban, lo cual constituye la diferencia fundamental entre pequeños y grandes terratenientes; y (3) la naturaleza del control que ejercían sobre la tierra, lo que subyace a la diferencia entre arrendatarios y propietarios». Según este punto de vista, los pequeños agricultores de Irlanda (aquellos con menos de 20 acres) tenían más en común con los jornaleros de uno u otro tipo que con los grandes agricultores, y «aproximadamente tres cuartas partes de la mano de obra agrícola masculina adulta pertenecían a los pobres rurales» . En Vietnam, en la década de 1930, la estructura agraria estaba compuesta principalmente por terratenientes (dien chu) y arrendatarios (ta dien), y la gran mayoría de las familias campesinas carecían, en la práctica, de tierras (véase Ngô Viñh Long, 1991). Y, en Irán, ni siquiera se percibía nada parecido a un campesinado entre los extremos de los grandes terratenientes (῾umdeh malek), que poseían pueblos enteros, los pequeños terratenientes urbanos (khurdeh malek), que poseían partes de diferentes aldeas, y la gran masa de aparceros y jornaleros sin tierra que mantenían con vida a esas otras clases (Lambton, 1969, es el estudio clásico), al menos hasta que las reformas agrarias de las décadas de 1960 y 1980 restablecieron una apariencia de agricultura campesina en el corazón de la agricultura iraní , con la aparición de un gran número de pequeños y medianos campesinos bajo el dominio de un puñado de «grandes propietarios campesinos» con 25 acres o más. Mostafa Azkia ha sostenido que la forma en que se aplicó la reforma agraria islámica de 1980 reflejó un compromiso que «favoreció la opinión del Consejo de Guardianes de minimizar la cantidad de tierra que debía distribuirse», de modo que «una reforma agraria potencialmente radical se transformó en una conservadora», y menos del 6 por ciento del total de hogares rurales resultaron beneficiarios del programa de distribución de tierras posterior a la revolución (Azkia, 2002). (El estudio fundamental sobre la primera reforma —aparentemente más radical—, en la que la abrumadora mayoría de los campesinos adquirió derechos de propiedad sobre lo que, en esencia, no eran más que explotaciones de subsistencia, mientras que la masa de jornaleros agrícolas se vio abocada a una indigencia aún mayor, es el de Hooglund, 1982). En la India, las reformas agrarias posteriores a la independencia supusieron un cambio enorme para la revitalización de un campesinado medio que, además, procedía en gran medida de las castas medias, como los jats y los yadavs. Véase Brass (1981) para conocer su fuerza política en los estados del norte de la India, Uttar Pradesh y Bihar, y sobre cómo la casta sobredetermina las relaciones de clase entre el campesinado y los sin tierra; por ejemplo: «Todas las castas terratenientes comparten el interés de frustrar las demandas económicas y políticas de las castas bajas, pero los votos de estas últimas son numerosos y pueden resultar decisivos en muchas circunscripciones de Uttar Pradesh»

III. El capitalismo y el campo

Existen tres corrientes distintas en esta bibliografía (cada una indicada con números romanos entre paréntesis): la primera aborda las formas clásicas de agricultura capitalista (a lo que, estrictamente hablando, debería referirse el término «capitalismo agrario»), mientras que las otras dos tratan variantes más modernas de la misma. Para empezar, nada resulta más confuso que agrupar bajo la etiqueta general «explotación familiar». Como tuvo que señalar Watts en el Manual, existe «una considerable heterogeneidad en lo que constituye una explotación familiar». La misma expresión se ha utilizado para referirse a la explotación con mano de obra familiar de Chayanov, la explotación campesina por excelencia; a las explotaciones agrícolas comerciales, como las explotaciones familiares estadounidenses de las llanuras del norte, cuyo trigo inundó los mercados mundiales a partir del último cuarto del siglo XIX (Friedmann 1978; 1980); las modernas empresas agrícolas familiares británicas que externalizan la gestión efectiva al capital industrial y financiero (Marsden, 1984; Marsden et al., 1986) (en este caso, se trata de una agricultura capitalista basada en la familia); los agricultores familiares estadounidenses que son «esencialmente trabajadores» (Vogeler, 1981), etcétera.

(i) Las explotaciones agrícolas familiares y el capitalismo agrario

Allen (1992), Shaw-Taylor (2005, 2012), Marsden (1984, 1986). Las investigaciones más directas al respecto son las de Allen y Shaw-Taylor. Allen (1992) situó la destrucción del campesinado inglés a finales del siglo XVII y en el siglo XVIII. Richard Smith concluye su propio capítulo en la recopilación de Tom Scott (Smith, 1998) afirmando: « el presente análisis… no ve motivos para no considerar a Inglaterra, sin ambigüedades, como una sociedad campesina en la que la “ocupación por parte del propietario” alcanzó su apogeo a principios del siglo XVII» . Todo ello constituye una visión sustancialmente diferente de la historia agraria de Inglaterra y del auge del capitalismo respecto a la que se defiende o se da a entender en la obra de Brenner.

El hecho de que los capitalismos agrarios solo se desarrollen allí donde las condiciones son más favorables (en términos de calidad del suelo, recuperación de tierras, mercados, etc.) implica que su distribución es siempre geográficamente desigual. Inglaterra, con su contraste entre el norte y el sur, es un caso evidente de ello. «A mediados del siglo XIX el capitalismo agrario y la agricultura familiar presentaban geografías regionales muy diferenciadas» (Shaw-Taylor, 2012). El sureste de Inglaterra era donde se encontraban las grandes explotaciones capitalistas, al sur y al este de una línea que iba desde Norfolk hasta Dorset. Por el contrario, « si las explotaciones familiares sobrevivieron en gran número en algún lugar de la Inglaterra de mediados del siglo XIX», lo hicieron en amplias zonas del norte y el noroeste (Shaw-Taylor, 2005). Las explotaciones capitalistas se definen aquí como aquellas «lo suficientemente grandes como para que la mayor parte de la mano de obra tuviera que proceder de trabajadores asalariados ». La variable clave es la proporción entre jornaleros y agricultores, más que el tamaño de la explotación, aunque este último, obviamente, influye en la primera. Shaw-Taylor considera capitalista cualquier proporción superior a dos a uno. Y el predominio de las explotaciones dependientes de la mano de obra asalariada se considera una característica distintivamente inglesa en comparación con el continente, donde la agricultura familiar estaba más arraigada. Cabe añadir que Shaw-Taylor (2012) aporta importantes correcciones al libro de Allen, reduciendo sus umbrales de superficie para lo que se consideraría o no una explotación campesina. «Es casi seguro que Allen ha sobreestimado sustancialmente el tamaño de las explotaciones que podían cultivarse sin recurrir a mano de obra asalariada en las Midlands del sur durante la Edad Moderna».

En otros lugares, las fincas estructuraban sus relaciones capitalistas de manera diferente. Para diversos relatos al respecto, véase Schissler (1978), Owen (1981), y Robles-Ortiz (2009), quienes abordan Prusia, el Bajo Egipto y el centro de Chile, respectivamente, centrándose principalmente en fincas que empleaban alguna forma de arrendamiento con servicio (Instleute, tamaliyya e inquilinos eran todos arrendatarios con obligación de trabajo). Robles-Ortiz demuestra que la mecanización de las haciendas a partir de finales del siglo XIX tuvo un impacto crucial en el sector agrícola, contribuyendo a la «proletarización» de los inquilinos y a la expansión del trabajo asalariado. Owen señala que los propietarios de las fincas podían «utilizar la mano de obra de las esposas e hijos de los arrendatarios» a tarifas salariales reducidas. El subtítulo de su artículo, «¿Capitalismo de qué tipo?», implicaba un esfuerzo consciente por romper con los esquemas de pensamiento binarios (respuestas de sí o no) al enfrentarse a la pregunta: « ¿Era capitalismo?» (El subtítulo era una referencia velada a un artículo anterior del marxista egipcio Anouar Abdel-Malek, en el que este último había argumentado que, con la integración de Egipto en el mercado mundial a finales del siglo XIX, «toda la estructura socioeconómica había pasado a un nuevo nivel, es decir, el capitalismo», y concluía: « «No era “feudalismo”; pero entonces, si era capitalismo, ¿de qué tipo?»). La Apulia de Frank Snowden, con su división nítisima entre los latifondisti y los giornatari (jornaleros), nos ofrece una tercera versión de cómo podría ser el capitalismo agrario. Aquí, la masa de trabajadores ocasionales «no vivía en el campo, sino en grandes ciudades agrícolas» que estaban pobladas «casi exclusivamente por trabajadores agrícolas» (Snowden, 1986). Un panorama en líneas generales similar se daba en el sur de España, donde el empleo asalariado en las fincas (cortijos) consistía en mano de obra ocasional que trabajaba en cuadrillas de entre 20 y 25 hombres o mujeres durante períodos cortos de unas pocas semanas. Martínez-Alier (1971) describió el latifundismo andaluz como «latifundismo de mano de obra asalariada» . En resumen, en el contexto más amplio de una historia global, el capitalismo agrario adoptó formas muy diferentes y la versión inglesa —sea cual sea la interpretación que se le dé— difícilmente constituye un paradigma de su evolución.

A medida que la disolución del campesinado, tal y como Lenin la había previsto en su momento, se fue haciendo cada vez menos evidente a lo largo de gran parte del siglo XX, se desarrollaron dos modelos alternativos a partir de finales de la década de 1970 y durante la década de 1980. Ambos se basaban en El Capital y proponían nuevas caracterizaciones de «producción simple de mercancías» (siendo Mooney, 1988, un excelente ejemplo de esta última).

(ii) La subsunción de los productores simples de mercancías por parte del capital

Esto también puede describirse como la producción campesina de mercancías «reproducida en subordinación al capital», variando el grado de subordinación desde, por ejemplo, los comerciantes-usureros que someten a los hogares endeudados a la exacción regular de sus cosechas (esto es, el capital que subsume el proceso de trabajo «tal y como lo encuentra») hasta las formas de control mucho más estrictas que afectan a los agricultores «contratados como unidades domésticas de producción» (Watts, 1994). Que Marx consideraba el primer extremo —más laxo— de este espectro de control como una forma de dominación capitalista queda claro en Teorías de la plusvalía, vol. 3, p. 188: «En este caso [es decir, el del pequeño arrendatario irlandés] la ganancia se denomina renta, al igual que se denomina interés cuando, por ejemplo, como en la India, el trabajador (aunque nominalmente independiente) trabaja con anticipos que recibe del capitalista y tiene que entregarle todo el excedente de producción al capitalista». En la época de Marx, el algodón, el opio y el índigo se cultivaban todos mediante el sistema de anticipos, y Marx incluso estaba dispuesto a admitir que los anticipos para el opio representaban una circulación de capital. Chowdhury (1964) analiza la forma en que se utilizaban los anticipos en el comercio del índigo de Bengala para vincular a los campesinos a la fábrica del plantador. Los plantadores estaban convencidos de que encargar el cultivo a las familias en sus propias tierras mediante contrato resultaba mucho más barato que contratar a jornaleros; tal y como declaró un plantador ante la Comisión del Índigo (1860): «los nativos no valoran en absoluto el trabajo propio ni el de sus familias cuando trabajan para sí mismos, mientras que, si son contratados por dinero por los europeos, cobran precios muy elevados y hacen muy poco». El trabajo familiar no remunerado fue el factor decisivo para el capital.

Bernstein (1977), Banaji (1977), Roseberry (1978), Cowen (1979, 1981) , Williams (1981) constituyen las principales contribuciones en este ámbito. Goodman y Redclift (1981) ofrecen un análisis pionero de parte de esta bibliografía, ampliándola a América Latina. Chayanov había descrito esta forma de subsunción de los productores familiares como «concentración capitalista vertical» y la consideraba característica de la forma en que las empresas comerciales dominan al campesinado. Cowen (1981) fue uno de los primeros en describir el sistema y, con diferencia, el más sofisticado desde el punto de vista teórico. En contra de la ortodoxia sobre la disolución económica del campesinado, demostró que, en algunas zonas de la Kenia de la posguerra, se hizo posible una regeneración del campesinado gracias a que los sectores avanzados e internacionales del capital promovieron la agricultura por contrato con empresas como Brooke Bond. Cowen argumentó que «la producción familiar se ha expandido como parte integral del desarrollo del capitalismo», que, en sectores como el ganado lechero y el té, «la producción campesina media se reproducía en subordinación al capital», pero también que «la expansión de la producción de mercancías proporcionó un espacio en el que los hogares pudieron resistirse a la proletarización directa». Se trató de un trabajo pionero que se llevó a cabo en Nairobi en la década de 1970. En su estudio sobre la organización capitalista diferencial de la industria del té en China y la India, Liu (2020) dedica dos capítulos a analizar la forma en que la mano de obra de los hogares rurales se integró en las cadenas de suministro dominadas por poderosas empresas de Shanghái conocidas como «almacenes de té», dependiendo el sustento de varios millones de cultivadores de té de la circulación de sus pagarés de préstamo entre los comerciantes del interior.

(iii) El capital y la agricultura moderna

Goodman et al. (1987), Mann (1990), Little y Watts (1994) y Lewontin (1998). En consonancia con el argumento que Goodman y sus colegas expondrían en su libro, Goodman y Redclift (1986) redefinieron la subsunción real para referirse a la «transformación de la agricultura en un proceso industrial». La obra de Goodman, Sorj y Wilkinson (1987) es un trabajo pionero. Sigue siendo, con diferencia, la descripción más convincente de lo que ha llegado a significar la agricultura moderna (y conduce de forma natural a las diversas contribuciones recogidas en Kimbrell 2002, cuyo subtítulo es La tragedia de la agricultura industrial). Sostienen que la tendencia a largo plazo del capital es «eliminar el proceso de trabajo como actividad “rural” o basada en la tierra» , suspendiendo así los procesos puramente naturales y biológicos que rigen la agricultura. Las barreras a la acumulación solo se eliminan realmente, por tanto, cuando los capitales industriales son capaces de «reducir o debilitar la importancia de la naturaleza en la producción rural» (esta estrategia se denomina «apropiacionismo») o de eliminar por completo la base natural de la producción, ya sea «utilizando materias primas no agrícolas o creando sustitutos industriales para los alimentos o las fibras» («sustitucionismo»). En resumen, «para el capital, la limitación fundamental no es la (limitada) autonomía del agricultor o del propietario-explotador, sino la incapacidad de eliminar los riesgos, las incertidumbres y las discontinuidades intrínsecas a un proceso de producción natural o biológico».

Los estudios sobre la agricultura por contrato pueden partir de cualquiera de los modelos anteriores (ii) – (iii), centrándose el primero de manera más específica en los procesos laborales y el control de la mano de obra. La cuestión fundamental es que «la agricultura por contrato encubre una relación salarial entre el comprador y el agricultor, de modo que los campesinos quedan relegados a la condición de jornaleros en sus propias tierras» (Little y Watts, Living Under Contract).

Si nos centramos específicamente en América del Norte, uno de los primeros análisis de la agricultura estadounidense se encuentra en el estudio de Lenin de 1915, en el que se argumentaba enérgicamente en contra de estudiar las explotaciones capitalistas en términos de superficie cultivada en lugar de en términos de valor de la producción (Lenin 1964). Entre los estudios recientes se incluyen los de Vogeler (1981), Davis (1980), Buttel (1983) y Wright (1988), de los cuales este último presenta un panorama mucho menos optimista de la agricultura familiar que el de Friedmann. Lo mismo ocurre con Adelman (1994), quien escribe: «la explotación familiar, enfrentada a unos costes de capital cada vez mayores, necesitaba un crédito considerable para mantenerse en funcionamiento» (p. 213) . Para resumir brevemente algunos de estos trabajos: Davis (1980) considera que la agricultura por contrato en EE. UU. extrae plusvalía de las explotaciones familiares, basándose en un proceso de trabajo capitalista, en el que la intensidad del trabajo y la duración del período de producción se controlan mediante el uso de salarios a destajo. Describe a la familia agricultora como «una fuerza de trabajo propietaria, no sindicada, autónoma y dispuesta a trabajar sin las garantías de un salario mínimo, la seguridad laboral, un seguro y otras prestaciones». Buttel (1983) capta el declive de la agricultura familiar comercial, partiendo del bimodalismo que comenzó a caracterizar la agricultura estadounidense en la década de 1970, es decir, el predominio de un sector a gran escala (capitalista), un sector de «subfamilias» que se sustenta con ingresos no agrícolas y un segmento intermedio en declive de la agricultura estadounidense compuesto por la tradicional «explotación familiar independiente, a tiempo completo y de tamaño medio». Buttel plantea lo que denomina el «punto crucial»: que «si bien los agricultores familiares no son en modo alguno intrínsecamente reaccionarios desde el punto de vista político, tampoco son intrínsecamente progresistas ». Frente a la visión clásica de la expansión del capitalismo en la agricultura (es decir, el capitalismo agrario o lo que Chayanov denominó «concentración horizontal»), Lewontin (1998) sostiene que, en EE. UU., fue el uso comercial de la biotecnología lo que desempeñó un papel decisivo en la extensión del control del capital sobre la producción agrícola, al asegurar la subordinación de los agricultores a las empresas de semillas. Además, esto pasó a formar parte de un proceso mucho más amplio de integración vertical de la producción agrícola, sobre todo del tipo que encarna la agricultura por contrato. Lewontin, marxista y reconocido biólogo, definió la proletarización como la pérdida total de control del agricultor sobre el proceso de trabajo, quedando el control de los insumos y las prácticas agrícolas íntegramente en manos del capital industrial.

El mejor estudio, con diferencia, sobre la agricultura por contrato es el extenso ensayo de Watts (1994), que muestra que los contratos pueden abarcar a agricultores de situaciones económicas muy diferentes, desde grandes agricultores capitalistas y los campesinos medianos «prósperos» hasta los hogares campesinos empobrecidos. Y, aunque puede resultar útil pensar en términos generales en los distintos modelos de agricultura por contrato (impulsados, por ejemplo, por los Estados, las empresas agroindustriales y el capital mercantil, respectivamente), las mismas empresas internacionales pueden emplear una «amplia gama de contratos» que no se limita a ninguna forma social concreta. Oya (2012) refuerza la idea de la heterogeneidad irreducible de los acuerdos de agricultura por contrato, pero añade que, desde el punto de vista de las empresas privadas, en gran parte de África se considera que este tipo de agricultura es insostenible a menos que las empresas puedan disfrutar de un cierto grado de poder de monopsonio sobre los productores. El hecho de que esto se debiera a lo que Oya denomina el «riesgo al que se enfrentan de perder los anticipos concedidos a miles de productores subcontratados difíciles de supervisar», no hace sino subrayar lo que yo mismo describí en su día como el «carácter parcial e inestable del control del capitalista» en la forma en que se estructura la subsunción fuera de contextos industriales estrictamente definidos, como los analizados por Watts (2004) en relación con los grandes integradores estadounidenses y las cadenas agroalimentarias que dominan (Banaji 1977, véase Theory as History, p. 97) .

La enorme complejidad de los modelos de negocio que ahora encierran las empresas agroindustriales modernas queda perfectamente ilustrada por Bernhold y Palmisano (2022), quienes analizan las estrategias de inversión de una gigantesca empresa argentina con raíces en una familia de grandes terratenientes. Y, por último, a la naturaleza intrincada de las transformaciones que se están produciendo actualmente se suma la reciente penetración en la agricultura y la ganadería de formas contemporáneas de capital financiero (bancos de inversión, inversores institucionales, capital riesgo, etc.), tal y como se analiza en Clapp e Isakson (2018).

IV. Clases de trabajo

Este concepto se planteó inicialmente (Bernstein 2006) para abarcar aquellos sectores del campesinado que pueden describirse como «marginales», en el sentido de que sus explotaciones ya no generan ingresos suficientes para la familia, lo que obliga a ellos a buscar empleo en otros lugares para cubrir la mayor parte de su subsistencia. En la India, los agricultores marginales y los jornaleros sin tierra constituyen hoy en día la mayor parte de la mano de obra rural, ya que los hogares con explotaciones de menos de 2 acres se multiplicaron rápidamente en las décadas de 1980 y 1990. Sin embargo, he sugerido que el concepto de Bernstein puede ampliarse de manera útil para abarcar una gama mucho más amplia de clases y estratos rurales, desde los campesinos medios que trabajan la tierra total o mayoritariamente con mano de obra familiar (la «pequeña campesinería» de Engels) y los campesinos pobres tal y como se entienden convencionalmente, hasta una masa de trabajadores rurales compuesta por pequeños arrendatarios, aparceros, trabajadores residentes de forma permanente en las fincas (colonos, peones e inquilinos en la literatura latinoamericana) , etc. Por supuesto, entre estas «clases de trabajo» también se incluirían los trabajadores agrícolas sin tierra que, a diferencia de los arrendatarios y otros, no tienen acceso a la tierra y buscan trabajo dondequiera que puedan encontrarlo. Son estos trabajadores completamente desposeídos de tierra, aquellos sin acceso a ella, los que tienden a encarnar modelos puros de lucha de clases —véase, por ejemplo, Cardoza (1982) sobre los braccianti—, en gran medida porque, a diferencia de los arrendatarios, los jornaleros no tienen ningún interés directo en la tierra que cultivan (Bray, 1986, señala este aspecto). En Italia, fue el campo el que aseguró los primeros avances importantes para el fascismo, ya que los pequeños agricultores, los aparceros y otras «clases agrícolas intermedias», fuertemente cortejados por los fasci (Corner, 1975), abandonaron los sindicatos socialistas y a los trabajadores sin tierra a partir de finales de 1920 en provincias del norte como Ferrara, donde las divisiones entre los que carecían de tierra y los demás eran más profundas.

Cabe señalar que muchos de los que acabamos de describir como «trabajadores rurales» se identificaban a sí mismos como campesinos más que como trabajadores; conservaban una conciencia campesina, si es que se le puede llamar así, ya que trabajaban en las fincas junto con sus familias y luchaban con ahínco por conservar su condición de empleados con acceso a los recursos de la finca, como las parcelas de subsistencia y los derechos de pastoreo. (Véanse Martínez-Alier (1973; 1977), Bertram (1974), Maltby (1980) y Jacobsen (1993) sobre los huacchilleros o pastores de las haciendas ganaderas de la sierra peruana y su resistencia al trabajo asalariado; y Keegan (1987) y Bradford (1987) sobre los arrendatarios-trabajadores sudafricanos, p. ej., Keegan: «La mayoría de los trabajadores negros de las granjas propiedad de blancos se habrían considerado esencialmente miembros de hogares campesinos que proporcionaban mano de obra como renta al propietario blanco de la tierra en la que vivían», o Bradford: «Aunque los negros que vivían en las granjas estaban siendo proletarizados, sus luchas a menudo seguían centrándose en su condición de arrendatarios más que de jornaleros». En estos casos, y en el de los trabajadores rurales en general, la «proletarización» adquiere un significado más específico, distinto del habitual, en el que los productores independientes se ven expulsados de la tierra (perdiendo sus propias explotaciones) para convertirse en trabajadores asalariados, sino la pérdida progresiva de derechos que se produjo cuando los empresarios agrarios comenzaron a racionalizar la producción a raíz de la creciente competencia internacional a partir de finales de la década de 1870. Los trabajadores rurales se enfrentaron a condiciones cada vez peores a medida que se reducía drásticamente el tamaño de las explotaciones, se endurecían los controles laborales y se concedía formalmente a los empresarios el desalojo como su «único medio de restablecer la disciplina» . Snowden (1979) se refiere a la «aparición, a partir de finales de siglo y en número considerable, de una variedad de nuevas subcategorías de mezzadri semiproletarizados», que ya no vivían en sus parcelas, sino que se desplazaban a las tierras desde pueblos vecinos o desde barracones de jornaleros y, lo que es más importante, habían dejado de trabajar en unidades familiares. Bradford documenta una ofensiva similar contra las familias negras de arrendatarios-jornaleros en Sudáfrica en la década de 1920, en la que el ICU libró luchas que estaban «impregnadas de un espíritu de insurgencia campesina». Y, en Alabama, en la década de 1930, los arrendatarios negros a parte se enfrentaron a desalojos masivos a medida que la superficie dedicada al algodón se reducía a la mitad y los propietarios de las grandes plantaciones pasaban a utilizar mano de obra contratada. El Sindicato de Agricultores a Parte (Share Croppers’ Union) era una organización de agricultores arrendatarios negros y trabajadores agrícolas, con una fuerte presencia de mujeres, que se vio abocada al declive por esas transformaciones masivas, así como por el «chovinismo blanco» del Frente Popular (Kelley, 1990).

V. Siervos agrícolas, jornaleros y trabajadores migrantes

Entre los mejores estudios se encuentran los de Martínez-Alier (1971), Newby (1977), Carter (1984), Snowden (1986) , Anthony (1997), Mitchell (1996), Street (2004), Breman (2019) y Linhart (2023; orig. 1980). Que la falta de tierras sea un fenómeno puramente moderno es un mito arcádico. Brent Shaw calculó que se necesitaban alrededor de medio millón de trabajadores temporeros para gestionar las enormes cosechas de cereales en el norte de África romana (Shaw 2013) . Y las numerosas grandes fincas que dominaban el Mediterráneo en la época tardía del Imperio eran explotadas por jornaleros (coloni) que, en esencia, carecían de tierras. Sus homólogos modernos, las decenas de miles de trabajadores migrantes que cosechaban el trigo de California en las «llanuras planas y calurosas del Valle Central» durante el auge del trigo de finales del siglo XIX, son el tema de la vívida y bellamente escrita historia de Richard Street. Se trataba de un «sistema agrícola industrial, mecanizado y a gran escala» en el que los hombres «trabajaban habitualmente entre doce y catorce horas al día» en condiciones letales («A lo largo de la década de 1870, cientos de hombres morían cada año en explosiones de las máquinas trilladoras, y otros cientos quedaban mutilados y lisiados»), y con un panorama de desempleo generalizado. Street no elude el racismo contra los trabajadores agrícolas chinos y japoneses que «impregnaba a las masas desempleadas».

Hoy en día, y de hecho durante la mayor parte del período de posguerra, el principal problema al que se enfrentan los trabajadores agrícolas ha sido el desempleo. En el estudio de campo de Martínez-Alier en España, las reivindicaciones de expropiación de las fincas (reparto) se «fundamentaban siempre en que así disminuiría el desempleo». Existía un fuerte sentimiento de solidaridad entre los jornaleros, lo que implicaba formas de comportamiento que se consideraban propicias para generar más empleo. Cuando se les preguntaba si sería mejor una redistribución de la tierra «en comunidad o en parcelas», la mayoría de los trabajadores respondía que las fincas de tierra seca se gestionaban mejor mediante cooperativas de jornaleros, mientras que las tierras de regadío siempre podían parcelarse. Colectividad era la expresión que utilizaban para referirse a «un sistema en el que un grupo de jornaleros se hacía cargo de una finca, todos ellos percibiendo un salario diario y, al final del año, lo que sobrara se repartiría entre los miembros» (Martínez-Alier, 1971). Nada ilustra mejor la heterogeneidad que siempre ha definido a los trabajadores agrícolas como clase que la comparación de aquellos jornaleros andaluces con los trabajadores agrícolas de Suffolk que protagonizaron el famoso estudio de Newby, The Deferential Worker (Newby, 1977). Con la población trabajadora rural reduciéndose drásticamente en la Gran Bretaña de la posguerra, había menos trabajadores en cada explotación, mientras que la rápida mecanización (especialmente las cosechadoras combinadas) trajo consigo un mayor aislamiento en el proceso de trabajo. Sin embargo, el aspecto que más llamó la atención de Newby es que, dado que la proporción de trabajadores agrícolas que vivían en viviendas de servicio había aumentado de hecho en la década de 1970, los trabajadores agrícolas que seguían en activo dependían más que nunca de sus empleadores, especialmente en las zonas rurales remotas: «la amenaza de desahucio se cierne sobre todos los trabajadores». Y aunque «[v]ivir en una granja… genera una identidad mucho mayor entre el agricultor y el trabajador de lo que es habitual en la industria a gran escala» (cursiva de Newby), la conclusión final del estudio resulta interesante: «la deferencia del trabajador agrícola es más aparente que real, y la imagen del trabajador agrícola como el trabajador deferente por excelencia se debe más a la impotencia de su situación —que impide cualquier expresión manifiesta de insatisfacción— que a una aceptación genuina de su propia posición inferior en la sociedad» (p. 406).

VI. Luchas agrarias y políticas

Wolf (196 9), Malefakis (1970), Davidson (1974), Loveman (1976), Scott (1985), Carr (1987), Davidson (1982), Bradford (1987), Kelley (1990), Zappi (1991), Jodhka (2021) y MacMaster (2022) son todos relevantes en este contexto. Davidson (1982) resume el debate entre Bordiga y Gramsci, subrayando la postura de este último de que «las simples consignas anticapitalistas no funcionarían entre el campesinado». Gramsci describió al campesinado pobre del Sur como «la clase más revolucionaria después del proletariado» y defendió la consigna de un gobierno de los trabajadores y los campesinos. Para combatir el dominio del fascismo, era esencial que el PCI forjara alianzas en el Sur. «Había que ganarse a los campesinos, y en Italia había que arrebatárselos a los fascistas, si se quería llevar a cabo una revolución». Y la línea reafirmada en el Congreso del partido celebrado en Basilea en 1928 incluía la reivindicación de tierra para los campesinos. Carr (1987) ofrece un brillante estudio del radicalismo agrario en el México posrevolucionario. En las fincas algodoneras de la Laguna, muchos de los decenas de miles de trabajadores temporeros (bonanceros) que acudían allí de julio a noviembre se describe que apoyaron a los peones o jornaleros residentes durante las grandes huelgas de 1936, un caso excepcional de solidaridad entre categorías de trabajadores muy diferentes. Entre los partidos comunistas latinoamericanos, el partido mexicano fue «el primero en echar raíces sólidas en el campesinado», construyéndolas inicialmente en las zonas densamente pobladas del oeste y el este de México central, donde sobrevivían un mayor número de aldeas indígenas, para luego ampliar su base a una Laguna devastada por la depresión, donde, a mediados de los años treinta, estableció sindicatos mixtos (sindicatos de obreros y campesinos) en las haciendas. En la huelga general de 1936 participaron más de 150 fincas. De esas fincas surgieron finalmente los ejidos, donde una parte de los sin tierra volvió a convertirse en campesinos.

MacMaster (2022), una obra notable, reconstruye el contexto rural de la Revolución Argelina a través del prisma de dos macizos al norte y al sur del valle del Chelif, montañas en las que, en 1961, tras cinco años de contrainsurgencia, alrededor del 75 % del campesinado fue trasladado por la fuerza a campamentos en una operación que los franceses denominaron regroupements. Bourdieu describió esos desplazamientos masivos como « de los más brutales que se conocen en la historia». Más de dos millones de campesinos fueron desarraigados y otro millón huyó a los barrios marginales urbanos, mientras que sus aldeas en las montañas fueron declaradas «zonas prohibidas». Sin embargo, MacMaster insiste en que «los campesinos no eran simplemente objetos pasivos del poder francés» y expone con detalle en qué sentido esto era cierto. Muestra cómo una parte importante del Partido Comunista Argelino (PCA) se vio obligada a abandonar su purismo antipcampesino y a extender la guerra a las montañas, lo que explica «por qué las bases de la Argelia rural pudieron integrarse tan rápidamente en el FLN y el ALN en julio de 1956». Sobre Bourdieu, MacMaster escribe: «Bourdieu, al igual que muchos historiadores y sociólogos “marxistas” de la década de 1960, siguió la perspectiva socialista ortodoxa según la cual los campesinos analfabetos y de subsistencia eran incapaces de desarrollar una conciencia política… Bourdieu, al igual que el Partido Comunista, negó la capacidad de acción al campesinado y, por lo tanto, reforzó la opinión generalizada de que no eran actores significativos en la lucha anticolonial». En resumen, War in the Mountains desmonta la «interpretación ortodoxa del campesinado argelino… como una masa inerte… carente de conciencia política e incapaz de determinar un destino que siempre decidían otros».

Cuando Fanon (1967) escribió su famosa frase de que el campesinado de Argelia constituye «la única fuerza espontáneamente revolucionaria del país » (p. 98), no solo se refería a Argelia y a la lucha revolucionaria contra el dominio francés, sino que el término clave de esa frase decisiva era sin duda la palabra «espontáneamente». El odio de los campesinos hacia el sistema no era fruto de largos años de paciente educación y trabajo revolucionario por parte de intelectuales de clase media, sino una actitud endémica de la cultura y la experiencia vital de una clase que había sido desposeída masivamente en el siglo XIX y que, posteriormente, subyugada una y otra vez en lo que Mostefa Lacheraf describió como una «conquista sin fin». (La visión de Fanon sobre el campesinado y sus opiniones acerca de la «fuerza redentora de la lucha armada» son temas recurrentes en la nueva biografía de Shatz, Shatz 2024.) Para Bourdieu, lo que Argelia heredó a principios de la década de 1960 fue un «campesinado destrozado y marginado» que había perdido el rumbo. Déracinement captaba con exactitud el estado de desarraigo existencial al que unos dos millones de campesinos argelinos habían sido condenados desde 1957 como parte de la desorientada contrainsurgencia francesa (Bourdieu y Sayad 1964; 2020). Bourdieu se mostraba consternado por las posturas de Fanon y las atacaría repetidamente a lo largo de las décadas siguientes. En uno de estos ataques posteriores (una entrevista de 1994) llegó incluso a sugerir que «fue el mito chino el que se impuso a la realidad argelina», dando a entender (de forma totalmente errónea, por supuesto) que la postura de Fanon era maoísta. Una antigua alumna de Bourdieu, Fanny Colonna, escribiría más tarde que la imagen que Bourdieu tenía de los campesinos argelinos era un «modelo de privación radical del campesinado» que «dejaba totalmente fuera de la ecuación los propios recursos culturales de los campesinos». Su presunción fatal era que «los campesinos no estaban en condiciones de reflexionar críticamente sobre sus propias vidas» (Colonna, 2009) . Clegg (1971) interpretó la autogestión argelina en términos estrictamente de clase; para una visión diferente y más plausible, véase Stone (2024). Y su valoración de Fanon, que es sistemáticamente hostil, pone de manifiesto hasta qué punto es confuso el tropo «objetiva/subjetivamente revolucionario» de la izquierda, ya que afirmó y negó al mismo tiempo el papel «objetivamente» revolucionario del campesinado argelino, con afirmaciones diametralmente opuestas en las páginas 100 y 180. (Véase Knauss, 1977, sobre cómo veían los campesinos argelinos su situación tras la Revolución.)

Las ideas de James Scott sobre « las formas silenciosas y anónimas de lucha de clases que caracterizan al campesinado» (Scott, 1985) se basaban en una etnografía del conflicto de clases en una pequeña aldea del distrito de riego de Muda, en Malasia, donde se habían introducido grandes cosechadoras y se había producido una caída drástica del empleo y los ingresos de los pequeños arrendatarios y los jornaleros sin tierra. Y, en cuanto a Wolf, Peasant Wars sigue mereciendo sin duda la pena ser leído, aunque su tesis central sobre el protagonismo del campesinado medio en los movimientos campesinos modernos haya sido refutada con frecuencia, por ejemplo, por Charlesworth (1980) y Pouchepadass (1981) . Más cercanas al modelo general de Wolf que al de Scott, las revueltas campesinas de la década de 1960 en África portuguesa inspiraron el interesante ensayo de Basil Davidson, en el que caracterizaba aquellas luchas como «movimientos campesinos modernizadores» cuyo éxito requería necesariamente una transición del apoyo de masas a la participación activa («cultural y política, mucho más que militar ») por parte de los propios campesinos. En Brasil, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (Movimento dos Trabalhadores Rurais o MST, por sus siglas) surgió en la década de 1980 para construir una base sustancial entre la población rural pobre, principalmente a través de ocupaciones de tierras y de las comunidades que surgieron de ellas mediante expropiaciones y asentamientos (assentamentos). Wright y Wolford (2003) y Carter (2010) analizan el MST como algo mucho más que una lucha puramente agraria, considerándolo, en igual medida, un modelo de activismo público y democracia de base en una sociedad donde los niveles de represión de clase y desigualdad se sitúan, en términos generales, al mismo nivel que los de la India. En un plano distinto al de todo lo anterior, Martínez-Alier (2002) aborda las luchas medioambientales lideradas por los campesinos.

El éxodo rural se inició a gran escala en las últimas décadas del siglo XIX. Por citar un caso especialmente llamativo, entre 1876 y 1905, Calabria perdió más de un tercio de su población total debido a la emigración a América, y los «campesinos» (contadini) representaban el sesenta por ciento de esos flujos, mientras que los jornaleros sin tierra constituían otro quince por ciento (Cinanni, 1975). El tema del éxodo se analiza de diversas maneras por Kazemi (1980) en el caso de Irán, Seddon (1981) en el de Marruecos, Lora-Wainwright (2012) en el caso de China, y Gaggio (2016) en el de la Toscana. Las oleadas masivas de migración transfronteriza que sustentaron gran parte del auge de la posguerra en Europa se nutrieron de lo que John Berger describiría como «millones de campesinos que emigran a países con los que no han tenido ninguna conexión previa» (Berger y Mohr, 1975). En la década de 1960, los sociólogos habían acuñado el término « subproletarios» (sous-prolétaires) para referirse a estos sectores no integrados de la clase trabajadora que, para Bourdieu, no eran más que el equivalente urbano de un campesinado desarraigado, perseguido permanentemente por el desempleo e inmune a la política revolucionaria (Bourdieu, 1962; 2013) . En Europa, el declive y el abandono de los empleos rurales se generalizaron en la década de 1950. Gaggio aborda la rápida desaparición de la aparcería en la Italia de la posguerra. Posteriormente, el éxodo se generalizaría en la mayor parte del mundo, y los pequeños agricultores y los «marginales» se verían obligados a mantener su dedicación a la agricultura mediante empleos no agrícolas. Sobre cómo la diversificación de la economía agrícola afecta al campesinado, véanse Elson (1997), Zhang (2015) y Rigg (2020).

VII. «Marx en el terreno»

El título de Mezzadri (2021), una amplia recopilación de ensayos que parte de una visión del trabajo de campo como un tipo de investigación que trabaja a través de las abstracciones de la teoría para enriquecerlas y desarrollarlas aún más, a medida que el investigador de campo aprende algo nuevo sobre el mundo al interactuar con él. Esto se acerca más a lo que Marx, en los Grundrisse, denomina «el capital en su realidad» . En la recopilación de Mezzadri, donde lo que importa es el paso de lo abstracto a lo concreto, la clase, el capital y la circulación se ponen de relieve con mayor nitidez; el capítulo de Susan Newman sobre las empresas comercializadoras de café constituye un brillante ejemplo de ello. Mencher (1974), Gough (1981), Hill (1982), Hart (1986), Stolcke (1988), Jeffrey (2001), Lerche (2003), Harriss-White (2008) y Tsing (2015) se basaron todos en estudios de campo ejemplares. Harriss-White analizó la circulación del capital en los mercados del arroz de lo que entonces era Bengala Occidental como una cadena en la que las empresas comerciales marwari, que controlaban los molinos de arroz, obtenían préstamos de los bancos y del mercado monetario para prestarlos a los agentes compradores de arroz en cáscara que, a su vez, concedían préstamos en efectivo a los agricultores para su reembolso a precios de mercado tras la cosecha. Al igual que en gran parte de la historia agraria de la India, «el objetivo principal de los préstamos era garantizar el abastecimiento en mercados saturados». Mencher (fallecido en agosto de este año) señaló que, en gran parte del sur de la India, incluso los campesinos pobres «no ven un interés común con los sin tierra», lo que explicaba en parte por el grado en que las relaciones agrarias estaban impregnadas por el sistema de castas. El trabajo de campo de Kathleen Gough en Tamil Nadu se llevó a cabo en 1951 y 1952. Reflexionando sobre aquellos años, escribió: «Mi mayor dificultad radicó en convencer a los terratenientes de que me permitieran visitar las calles de los harijanes, un acto estrictamente prohibido a los brahmanes y que los no brahmanes evitaban». Continúa diciendo que, aunque «los azotes a los jornaleros agrícolas continuaron hasta la década de 1950», una de las dos aldeas en las que realizó su trabajo de campo (la llamada Kirippūr) reconocía que «los días en que se ataba a los hombres a los cocoteros y se les azotaba habían terminado », lo que atribuyó a la ausencia de una casta de terratenientes claramente dominante en esa aldea y a la presencia de los comunistas en la misma. Desde la década de 1950, el desafío más grave al dominio de las castas superiores en la India ha procedido de los dalits de Uttar Pradesh, que en su mayoría eran jornaleros agrícolas en transición hacia trabajos no agrícolas. El artículo de Jens Lerche ofrece una descripción minuciosa de los cambios dramáticos que esto supuso en una aldea del este de Uttar Pradesh, donde «los abusos, la violencia y las violaciones parecían pertenecer al pasado», cuando lo estudió en la década de los noventa. Jeffrey demostró hasta qué punto sigue arraigado el poder de los campesinos ricos jat en los distritos más al oeste, en el oeste de Uttar Pradesh. Ramakumar (2017) ofrece un excelente análisis de cómo un grave brote de violencia comunal en un distrito del oeste de Uttar Pradesh en 2013 (las víctimas eran en su mayoría pasmanda sin tierras, es decir, musulmanes de casta inferior) reflejó el impacto combinado de la autoorganización de los campesinos jat a través de la BKU y los khaps, y de la exitosa penetración del BJP tanto en los khaps como en la BKU en la década de 2000.

La biografía de Van Onselen sobre Kas Maine, un aparcero sudafricano de raza negra, muestra hasta qué punto el patriarcado estaba entretejido en las vidas de los aparceros y los arrendatarios jornaleros (el grupo al que denominé «trabajadores rurales»), ya que las mujeres estaban sujetas a los contratos suscritos por sus maridos, al igual que los hijos e hijas lo estaban por sus padres y, por supuesto, nada de esto transcurría sin contratiempos. Van Onselen había descrito su propia escritura de la biografía «dentro de un enfoque marxista ampliamente definido» , y lo que surge es la historia social de un campesinado en decadencia vista a través del microscopio de una familia del Transvaal occidental.

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8. Revolución y ecosocialismo.

La entrevista a John Bellamy Foster es de hace más de un año, pero la publican ahora en el último número de Monthly Review.

https://monthlyreview.org/articles/materializing-the-revolution/

Materializar la revolución: el movimiento hacia el ecosocialismo

por John Bellamy Foster y Álvaro de Regil Castilla

John Bellamy Foster es editor de Monthly Review y catedrático emérito de sociología en la Universidad de Oregón. Es autor, entre otras obras, de Breaking the Bonds of Fate: Epicurus and Marx (Monthly Review Press, 2025). Álvaro de Regil Castilla es director ejecutivo de la Alianza Global Jus Semper, así como investigador y escritor que propone una transición hacia la «Geocratia», el paradigma ecosocialista que persigue el bienestar de las personas y del planeta, y no el del mercado.

Esta entrevista fue publicada originalmente por la Alianza Global Jus Semper en agosto de 2025.

Álvaro J. de Regil Castilla: Gracias por dedicar su tiempo a esta entrevista. En mi trabajo sobre justicia social, durante muchos años me centré principalmente en comprender y denunciar la explotación global de los trabajadores del Sur Global a través del intercambio desigual perpetrado por las empresas mediante el arbitraje laboral. Sin embargo, tras leer gran parte de lo que ha escrito en este siglo, he llegado a la conclusión de que la crisis planetaria que estamos viviendo como consecuencia del capital monopolista dominante supone un riesgo existencial inminente para los seres humanos y los no humanos, a menos que nos organicemos urgentemente para forzar un cambio paradigmático radical. Este nuevo paradigma sustituiría al capitalismo por nuevas comunidades ecosocialistas cuyo único propósito sea la búsqueda del bienestar de las personas y del planeta a través de un movimiento revolucionario. Con esta visión en mente, me gustaría centrarme en cómo imagina usted el paso de la teoría a la materialización efectiva de un movimiento revolucionario que logre la transición al paradigma ecosocialista.

Si tuviéramos que imaginar un espíritu genuinamente democrático impulsado por el movimiento revolucionario ecosocialista, ¿cuáles serían los principios fundamentales que las comunidades ecosocialistas deberían desarrollar y poner en práctica?

John Bellamy Foster: El espíritu democrático impulsado por un movimiento revolucionario ecosocialista tendría como objetivo final una sociedad que funcionara bajo el principio comunitario de «de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad», con el fin de promover el desarrollo humano sostenible. La comunidad en cuestión tendría que extenderse a la naturaleza exterior, especialmente en lo que respecta a las cuestiones de reproducción natural, tal y como se concibe en la «ética de la tierra» de Aldo Leopold. «La justicia de la naturaleza», escribió Epicuro en la Antigüedad, «es una promesa de utilidad recíproca, es decir, no hacerse daño unos a otros ni ser dañados»; o, como lo expresó Karl Marx, en relación con Epicuro, «el mundo es nuestro amigo».

ÁDRC: En Capitalism in the Anthropocene (Monthly Review Press, 2022), usted escribió que una lucha ecológica revolucionaria tendría que desarrollarse en dos fases: (1) una «fase ecodemocrática» que surgiera dentro del sistema capitalista, lo que implicaría la formación de una amplia alianza ecosocialista basada en la clase trabajadora y capaz de oponerse a la lógica del capitalismo; y (2) una «fase ecosocialista», en la que el impulso proporcionado por la fase anterior crearía las condiciones para superar por completo el capitalismo y crear una sociedad orientada a la «igualdad sustantiva, la sostenibilidad ecológica y la democracia colectiva», haciendo realidad el socialismo. Dicho proceso ecorrevolucionario reconstituiría la reproducción metabólica social, haciéndola sostenible para las generaciones futuras y para el sistema terrestre. Usted explica que la lucha ecológica revolucionaria podría, en teoría, comenzar a nivel local en los intersticios del sistema y luego extenderse a grandes entidades político-económicas.

¿Cree usted que el cambio radical hacia el ecosocialismo puede llevarse a cabo con éxito dentro de los Estados-nación actuales, o constituirían estos Estados barreras que habría que desmantelar, de modo que las comunidades crearan sus propias entidades soberanas? ¿Existe otra vía?

JBF: Al escribir sobre las fases de la lucha ecológica revolucionaria, intentaba abordar la aceleración de la crisis medioambiental global y el hecho de que, al considerar los puntos de inflexión en relación con el cambio climático y otras amenazas medioambientales relacionadas de gravedad apenas menor, un argumento habitual —incluso en círculos radicales— es que, si el capitalismo no puede resolver el problema y el socialismo no está al alcance en el plazo pertinente, entonces no hay nada que podamos hacer y debemos aceptar que ya hemos perdido. Sin embargo, esa visión derrotista es una forma errónea de pensar estratégicamente sobre las transformaciones necesarias, ya que los movimientos revolucionarios comienzan necesariamente dentro de una sociedad de clases determinada. El socialismo o el ecosocialismo no surgen de golpe, como Atenea de la cabeza de Zeus. Forman parte de un largo proceso en el que se van logrando algunos avances y se van consolidando posiciones a lo largo del camino. Las reformas radicales o revolucionarias, como a veces las denominamos, son el producto de movimientos objetivamente anticapitalistas, aunque la lucha aún no sea capaz de transformar la sociedad en su conjunto. Dado que hoy en día está en juego la supervivencia humana —en el sentido de las vidas y los medios de subsistencia amenazados de miles de millones de personas, así como la preservación de la civilización humana—, lo único que puede servir de respuesta es lo que he denominado un amplio «movimiento ecodemocrático» encabezado por fuerzas ecorrevolucionarias.

William Morris, en la Inglaterra del siglo XIX, fue el primero en referirse a un movimiento hacia el socialismo, reconociendo que un auténtico movimiento revolucionario surgía en el seno de una sociedad antagónica más amplia y buscaba romper con ella tanto en parte como en su totalidad, avanzando necesariamente por etapas, pero sin dejar de ser revolucionario en sus objetivos en ningún momento. A la discusión sobre lo que denominé la «fase ecodemocrática» de la lucha le siguió una lista de acciones concretas —algunas de gran envergadura y otras más modestas— que el movimiento ecorrevolucionario podría impulsar, dirigidas a evitar el desastre climático. Dichas medidas podrían considerarse propias del ámbito de la necesidad objetiva, al tiempo que van en contra de la lógica acumulativa del capital. (Este argumento se desarrolló anteriormente en un libro que escribimos Fred Magdoff y yo titulado Lo que todo ecologista debe saber sobre el capitalismo [Monthly Review Press, 2011]). Obviamente, en lo que respecta a las contradicciones del capitalismo y a las tendencias exterministas actuales, no es posible ninguna solución a medias, y el movimiento ecosocialista debe luchar sin cesar por una reconstitución revolucionaria de la sociedad en su conjunto. Pero cuando surgen cuestiones como el cambio climático, hay que luchar por medidas limitadas —y a veces provisionales— que nos permitan evitar los puntos de inflexión que conducen al desastre global dentro del sistema actual, incluso mientras nos esforzamos por trascenderlo.

En lo que respecta a que la revolución comience a nivel local, en los intersticios del sistema, creo que esto forma parte de una lógica general. Marx hablaba en El capital de cómo «las naciones mercantiles, propiamente dichas, solo existen en los intersticios del mundo antiguo, como los dioses de Epicuro, en el intermundia [entre los mundos]». Lo mismo podría decirse, en cierto modo, de la burguesía en los centros urbanos del mundo medieval, un mundo que giraba en torno al señorío feudal. La implicación es que la base del cambio revolucionario suele formarse en los intersticios de la sociedad, en las comunidades locales y en la periferia.

Es importante destacar también que, si bien existe un enemigo común en el capitalismo, las condiciones varían entre países y localidades, y no hay un único camino hacia el ecosocialismo o el ecocomunismo. Debemos reconocer la diversidad de las tradiciones revolucionarias locales.

ÁDRC: ¿Cree usted que, para materializar el paradigma ecosocialista, tendríamos que imponer un nuevo contrato social en cada sociedad, diseñado para producir un cambio estructural que sustituya al capitalismo?

JBF: El concepto de contrato social, o pacto mutuo entre las personas, se originó, tal y como explicó Marx, con Epicuro en la Antigüedad. Según Epicuro y su posterior seguidor romano, Lucrecio, los seres humanos, en un principio —es decir, antes de la historia documentada (un período conocido como vita prior)—, adoptaron un contrato social para no hacerse daño unos a otros ni permitirse ser dañados, invocando el principio de reciprocidad como base de toda justicia, arraigado en una sociedad de amigos. Sin embargo, con el crecimiento de la población y la tecnología, el descubrimiento del oro y la construcción de fortalezas amuralladas, tal y como explicó Lucrecio en De rerum natura, surgió la era de los reyes y, con el tiempo, la revuelta social y «la muerte de los reyes», lo que condujo a la ciudad-estado y a una sociedad de leyes. Esto constituyó una nueva forma, más contradictoria, de contrato social, que abarcaba las relaciones de clase, la religión de Estado, etc. Las luchas civiles y las guerras no cesaron y la sociedad se vio desgarrada por los conflictos, lo que provocó la muerte de decenas de miles de personas en un solo día, convirtiendo en una burla la nueva sociedad de leyes y exigiendo un resurgimiento de la sociedad de amigos basada en la reciprocidad.

Para Marx, quien recibió una fuerte influencia de Epicuro, el comunismo era la recreación del contrato social original de la sociedad comunal sobre una base superior. Si la revolución burguesa en las obras de Thomas Hobbes, John Locke y Jean-Jacques Rousseau había defendido un contrato social, siempre fue en una forma que defendía lo que Marx denominaba la «dualidad» de la sociedad civil y el Estado de la burguesía. Para Marx, por el contrario, un nuevo pacto social revolucionario, arraigado en los productores asociados, tendría como objetivo un orden comunal e igualitario, lo que requeriría la desaparición de la dualidad Estado/sociedad civil. El libre desarrollo de cada uno sería la base del libre desarrollo de todos. Además, insistió en que esto exigía un metabolismo sostenible entre el ser humano y la naturaleza.

En cuanto a su comentario sobre la necesidad de imponer un nuevo contrato social al orden existente, en la formación de una sociedad ecosocialista, el mejor ejemplo que tenemos de ello es la Constitución Bolivariana de Venezuela, redactada por la Asamblea Constituyente y ratificada por el pueblo. Esto dio lugar a la creación de una nueva democracia protagónica, orientada hacia un Estado comunal, que constituyó la base sobre la que se promulgó posteriormente la Ley de las Comunas. La Revolución Bolivariana de Venezuela no fue inicialmente ecológica, ya que había heredado un antiguo «petrostado» y se vio sometida a presiones imperialistas desde el exterior. Sin embargo, su base popular ha permitido no solo la expansión de la producción comunal y los principios ecológicos, sino también avances espectaculares en materia de soberanía alimentaria.

ÁDRC: ¿Sería el enfoque para forzar el cambio un movimiento de resistencia pacífica basado en la no participación y la no cooperación con el sistema imperante?

JBF: Es difícil responder a esto. Obviamente, se debe perseguir una resistencia pacífica basada en la no participación y la no cooperación con el sistema vigente. Todas las revueltas populares y los movimientos revolucionarios de la historia han comenzado de esta manera. Se deben utilizar las huelgas generales, junto con todas las formas de lucha democrática y de organización de masas, así como la «guerra de posiciones» gramsciana dentro de la sociedad civil. Pero sabemos, por siglos de historia, que todo intento de revuelta masiva, democrática y pacífica, en la medida en que resulte eficaz y amenace la acumulación de capital o altere el orden de clases existente, recibe tarde o temprano una respuesta de violencia y represión por parte del Estado. El caso del gobierno socialista de Salvador Allende, elegido democráticamente en Chile, es un claro ejemplo de ello, ya que fue derrocado por un sangriento golpe militar instigado por Estados Unidos. Un intento de golpe similar en Venezuela contra Hugo Chávez solo se vio frustrado por el hecho de que la mayor parte de las Fuerzas Armadas, junto con la población, apoyó la Constitución Revolucionaria Bolivariana.

ÁDRC: Hablemos del decrecimiento. Existe una enorme desigualdad global en cuanto a la responsabilidad que recae sobre las personas acomodadas y los desposeídos por la ruptura ecológica de los ecosistemas y de los sistemas terrestres en su conjunto. ¿Cómo prevé que se aplique y evolucione el decrecimiento que propone en la metrópoli y en la periferia del sistema para lograr comunidades de igualdad sustantiva y sostenibilidad ecológica? ¿Se comprometería el núcleo con el «decrecimiento» mientras la periferia crece hasta que se satisfagan todas sus necesidades reales? ¿O debería producirse el decrecimiento en función de la huella ecológica de los diferentes estratos de la sociedad hasta que se satisfagan todas sus necesidades reales? ¿O debería producirse el decrecimiento basándose en la huella ecológica de los diferentes estratos sociales, tanto en el centro como en la periferia? En otras palabras, ¿deben tanto las clases media como alta, del Norte y del Sur, con huellas insostenibles, reducir drásticamente sus hábitos de consumo, mientras que el consumo crece entre los desposeídos para satisfacer sus necesidades reales?

JBF: Creo que es importante comprender que el decrecimiento no es un principio del socialismo. Más bien, el principio rector del socialismo en la visión de Marx era el desarrollo humano sostenible. (Véase Paul Burkett, «Marx’s Vision of Sustainable Human Development», Monthly Review, octubre de 2005.) El desarrollo humano sostenible requiere tanto la igualdad sustantiva como la sostenibilidad ecológica, ninguna de las cuales puede desarrollarse plenamente sin la otra, y que juntas constituyen el significado del socialismo en nuestra época. Una sociedad de desarrollo humano sostenible en este sentido requiere una planificación socialista democrática. En lo que respecta a la sociedad capitalista actual, ello requeriría superar las relaciones de clase capitalistas. Obviamente, se trata de un proyecto revolucionario, pero es uno en el que las luchas relacionadas con la libertad y la necesidad se entrecruzan de manera singular en nuestra época.

El decrecimiento significa que las sociedades del núcleo imperial, plagadas de despilfarro, con una acumulación excesiva y polarizadas por clases (además de racistas y misóginas) del núcleo imperial, con huellas ecológicas y energéticas per cápita que superan con creces lo que el mundo en su conjunto puede soportar, deben desacelerarse y desacumularse, reduciendo sus derrochadores gastos basados en las clases y las empresas, así como su extractivismo —si la humanidad en su conjunto ha de sobrevivir y si ha de surgir una nueva relación con la Tierra basada en el desarrollo humano sostenible bajo el socialismo—. Esto puede lograrse al tiempo que se mejoran enormemente las condiciones de vida de la mayor parte de la población. El decrecimiento es una necesidad ecológica en las naciones imperiales del Núcleo del Norte Global. La mejor forma de comprenderlo es en términos de consumo energético per cápita. Estados Unidos consume casi tres veces más energía per cápita que Italia, mientras que Italia representa en la actualidad el nivel de consumo energético per cápita que resulta sostenible a escala mundial, según Erald Kolasi en su magnífico libro, The Physics of Capitalism (Monthly Review Press, 2025). Los aproximadamente sesenta países que consumen más energía per cápita que Italia deben reducir su consumo de energía per cápita hasta ese nivel, en lo que a veces se denomina un proceso de contracción y convergencia. Sin duda, no es tan sencillo como parece, ya que también hay que tener en cuenta las transferencias de energía incorporada dentro del sistema imperial, derivadas del hecho de que la mayor parte de la mano de obra en la producción se encuentra ahora en el Sur Global, mientras que el consumo tiene lugar de forma desproporcionada en el Norte Global, en un proceso de intercambio ecológico desigual. Pero la realidad es que la mayoría de los países del mundo tienen un consumo energético per cápita inferior al nivel sostenible y que la única solución ecológica estable consiste en avanzar hacia una contracción y convergencia encaminadas a que todos los países se ajusten al nivel globalmente sostenible de consumo energético per cápita.

Si consideramos el decrecimiento desde esta perspectiva, es decir, como algo que se aplica principalmente a aquellos países que consumen niveles desproporcionados e insostenibles de energía, entonces se pone de manifiesto la necesidad subyacente de que el mundo en su conjunto emprenda una senda de desarrollo humano sostenible. También queda claro que la crisis ecológica planetaria es una crisis del imperialismo, en la medida en que los países con mayor consumo energético per cápita son o bien los países imperialistas o bien las principales naciones extractivistas que se encuentran en gran medida dentro de la órbita imperialista. En todo esto, el principio ecológico y socialista fundamental sigue siendo el desarrollo humano sostenible.

Sin embargo, el capitalismo es una sociedad de clases, no solo una sociedad imperialista. El principio más amplio del desarrollo humano sostenible —que, en realidad, es el principio del propio socialismo— exige una sociedad de igualdad sustantiva. Tanto en el Norte Global como en el Sur Global, el impulso hacia la igualdad sustantiva —es decir, el fin de las jerarquías de clase— es necesario para alcanzar la sostenibilidad ecológica y el desarrollo humano sustantivo. De hecho, en todos los países capitalistas, son los ricos —tanto directamente a través de su consumo individual como mediante su propiedad de empresas— quienes contribuyen principalmente a la estructura de consumo energético extremo. Por lo tanto, una planificación racional para el desarrollo humano sostenible requiere la redistribución de la riqueza y, lo que es más importante, el control de la producción por parte de los productores asociados. Se estima que el 1 % de los hogares con mayores ingresos de Estados Unidos genera unas emisiones de carbono que son cincuenta y siete veces superiores a las del decil más pobre del país, y 597 % veces superiores a las emisiones medias per cápita de los países de bajos ingresos (Jared Starr et al., «Assessing U.S. Consumers’ Carbon Footprints Revealed Outsized Impact of the Top 1 %», Ecological Economics 205 [marzo de 2023]). El problema de la brecha ecológica que afecta hoy al planeta es, por lo tanto, en gran medida una cuestión de relaciones de clase y relaciones imperiales del capitalismo. Solo una sociedad de productores asociados, arraigada en comunidades de reproducción metabólica social equitativa y que se base principalmente en la planificación en lugar de en el mercado, podrá superarlo.

ÁDRC: Por último, ¿cree usted que aún disponemos de tiempo para organizarnos y forzar el cambio radical necesario para evitar la transgresión de los límites planetarios, o al menos mitigar de manera significativa la brecha metabólica en el sistema terrestre, dada la velocidad a la que se está produciendo «La venganza de la naturaleza», por citar a Friedrich Engels?

JBF: Ya se han traspasado siete de los nueve límites planetarios, lo que indica que el planeta ha dejado de ser un lugar seguro para la humanidad. El calentamiento global se está acelerando, al igual que los fenómenos meteorológicos extremos. El aumento del nivel del mar continuará durante siglos, independientemente de las medidas que tomemos, aunque nuestras acciones aún pueden influir en la velocidad a la que se eleva. El problema del cambio climático y otras rupturas ecológicas, como la pérdida de diversidad biológica, es que no se producen de forma lineal, sino que lo que observamos son puntos de inflexión y colapsos de los sistemas ecológicos a medida que superamos umbrales críticos. James Hansen, en muchos aspectos aún el climatólogo más destacado de EE. UU., afirma que ya no es posible (sin duda dentro de los parámetros sociales actuales) evitar un aumento de 2 °C en la temperatura media global. Pero a partir de ahí la situación se vuelve cada vez más incierta, ya que, una vez superados ciertos puntos de inflexión —como el deshielo del Ártico, la liberación de metano debida al deshielo de la tundra, la muerte de los bosques amazónicos, etc.—, podríamos llegar a una situación de aumentos incontrolables de la temperatura media global de 4 °C o más, lo que, según sugiere la ciencia contemporánea, provocaría la caída de la civilización industrial tal y como la conocemos. El calentamiento global, en cierto sentido, se alimenta de sí mismo, ya que la destrucción de la selva amazónica a causa del cambio climático podría provocar temperaturas medias globales aún más elevadas. Por si esto fuera poco, dado que múltiples naciones disponen de armas nucleares, un debilitamiento de los cimientos materiales (ecológicos y económicos) sobre los que se asienta la producción capitalista podría desestabilizar a los Estados, aumentando los conflictos y acelerando las posibilidades de un intercambio termonuclear global y de un invierno nuclear. Esto apunta a una crisis general de exterminismo.

No cabe duda de que la humanidad se enfrenta a una crisis existencial. Las vidas y los medios de subsistencia de miles de millones de personas se ven amenazados en este siglo. Creo que es importante reconocer que esto plantea la cuestión de la supervivencia a la mayor escala posible. El nivel de catástrofe al que nos enfrentamos en este siglo y en el próximo es tan grande que resulta casi imposible de evaluar. Además, afectará a un número incalculable de especies, además de a la nuestra. Lo que hagamos ahora o en un futuro próximo marcará la diferencia. Estoy convencido de que, ante la desestabilización del planeta como lugar seguro para la humanidad y el deterioro de las condiciones materiales —tanto ecológicas como económicas— debido al sistema mundial capitalista, la humanidad luchará como nunca antes. Ya podemos observarlo en los cientos de millones de personas de todo el mundo que se resisten a estos acontecimientos de diversas maneras. La naturaleza cualitativa de estos movimientos, así como su número cuantitativo, no pueden sino aumentar. Una vez que se comprenda de forma generalizada que la única salida a la crisis del sistema terrestre es un cambio en nuestras relaciones sociales, y que la tecnología por sí sola no puede resolver el problema —y desde luego no bajo el sistema actual—, el resultado será revolucionario. Entonces seremos testigos de una lucha común. ¿Habrá tiempo? No lo sé. Estas cosas no se pueden medir. La única certeza es la urgencia de la lucha y el surgimiento inevitable de un proletariado medioambiental mundial como fuerza activa para el cambio.

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9. Resumen de la guerra en Irán, 23 de octubre.

El seguimiento en directo de Middle East Eye.

https://www.middleeasteye.net/live/iran-war-live-tehran-denounces-us-israel-attacks-regional-tensions-rise

En directo: Cisjordania bloqueada por el ejército israelí; se están llevando a cabo expulsiones y demoliciones

Mientras tanto, B’Tselem pide presión internacional para detener el «desplazamiento forzoso y la destrucción a gran escala» por parte de Israel

Puntos clave

Estados Unidos podría lanzar otra operación militar contra Irán, según afirma Trump

Los ataques aéreos israelíes en la ciudad de Gaza causan la muerte de dos palestinos y dejan varios heridos

Se agota el tiempo para Taiz (Yemen) tras 20 días bajo el asedio huzí, advierte la ONU

Actualizaciones en directo

Los agricultores palestinos sufren 21 ataques por parte de las fuerzas israelíes y los colonos en un solo día, según la comisión

Hace 7 minutos

La Comisión de Resistencia contra la Colonización y el Muro (CWRC) ha documentado 21 ataques perpetrados por las fuerzas israelíes y los colonos contra agricultores palestinos en seis provincias en un lapso de 12 horas el viernes, según informó Wafa.

La comisión señaló que los ataques, ocurridos entre las 6:00 y las 18:00 horas, incluyeron disparos, incendios y la tala de olivos,

el robo de cosechas y la denegación del acceso de los agricultores a sus tierras o la obligación de abandonarlas a punta de arma, además de provocar lesiones a varios agricultores.

La CWRC señaló que la escalada de ataques durante la temporada de recolección de aceitunas ya no se limitaba a perturbar las actividades de recolección, sino que había llegado a atacar directamente la capacidad de los palestinos para permanecer en sus tierras y cultivarlas mediante un patrón sistemático de violencia, intimidación militar, el robo de cosechas, la destrucción de árboles y las restricciones al acceso a las tierras agrícolas, todo ello parte integrante de la política sistemática de Israel de expulsión forzosa y colonialismo de asentamiento.

La comisión señaló que la coordinación entre los ataques de los colonos y la intervención de las fuerzas israelíes para proteger a los agresores o impedir que los agricultores accedieran a sus tierras demostraba que estas prácticas no eran incidentes aislados, sino herramientas interrelacionadas para apropiarse de tierras y socavar los cimientos de la vida agrícola palestina.

Hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que adopte medidas concretas con el fin de poner fin a los ataques y garantizar la protección de los agricultores palestinos.

La Comisión de Resistencia contra la Colonización y el Muro señaló que los ataques incluían disparos y el robo de cosechas. (AFP)

La coalición liderada por Arabia Saudí afirma que se ha destruido un misil balístico dirigido contra Riad

Hace 37 minutos

Las defensas aéreas de Arabia Saudí interceptaron y destruyeron un misil balístico lanzado por los huzíes hacia Riad, según afirmó el coronel Turki Al-Maliki, portavoz de las fuerzas de la coalición liderada por Arabia Saudí, en una publicación en X.

Anteriormente, había señalado que las defensas aéreas del reino habían interceptado y destruido un dron en la región oriental del país.

Decenas de palestinos detenidos durante redadas israelíes en Cisjordania

Hace 44 minutos

Las fuerzas israelíes han llevado a cabo redadas en al menos 13 localidades del norte de Cisjordania ocupada, deteniendo a decenas de palestinos, según informó Al Jazeera.

Las redadas militares se centraron en varias ciudades y localidades, entre ellas Nablus, Jenin, Tubas y Qalqilya.

En el sur de Cisjordania ocupada, las fuerzas israelíes ordenaron a cientos de familias palestinas que evacuaran por la fuerza sus hogares en la zona de Ein Deir Bahha, en Hebrón, y sus alrededores.

Las tropas israelíes también rodearon la vivienda de uno de los sospechosos del ataque con arma de fuego en el que murieron dos soldados israelíes en Hebrón, mientras llevaban a cabo redadas en el barrio de al-Jalda de la ciudad, según Al Jazeera.

Más al este, las fuerzas israelíes entraron en Jericó y en el cercano campo de refugiados de Aqabat Jabr.

https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/saudi-civil-defence-says-danger-passes-riyadh-najran-wadi-al-dawasir

La Defensa Civil también advirtió de que grabar, publicar o compartir información relacionada con la defensa contra misiles y drones, así como con los lugares de impacto, «le expone a responsabilidades legales».

Un portavoz de la coalición afirma que se ha interceptado un dron en la región oriental de Arabia Saudí

Hace 1 hora

Las defensas aéreas de Arabia Saudí han interceptado y destruido un dron en la región oriental del país, según ha declarado un portavoz de la fuerza de la coalición liderada por Arabia Saudí en una publicación en X.

Un petrolero alcanzado por un proyectil desconocido frente a las costas de Omán, según la UKMTO

Hace 1 hora

La Agencia de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO) ha informado de que un petrolero fue alcanzado por un proyectil desconocido a siete millas náuticas de la costa de Omán.

El petrolero, que transitaba en dirección de salida por el estrecho de Ormuz, pudo continuar su travesía hasta el siguiente puerto de escala, según ha indicado la UKMTO en X.

Las fuerzas israelíes realizan redadas en las zonas de Belén y Salfit, en Cisjordania, según informa Wafa

Hace 1 hora

Las fuerzas israelíes han llevado a cabo redadas en varias zonas de la Cisjordania ocupada, incluidas las provincias de Belén y Salfit, según ha informado la agencia de noticias palestina Wafa.

Las redadas se llevaron a cabo mientras se desarrollaba una importante operación militar en Hebrón, tras el asesinato de dos soldados israelíes en un tiroteo.

En la provincia de Belén, los soldados irrumpieron en las localidades de Beit Fajjar y Tuqu, así como en la localidad de Kafr ad-Dik, en Salfit, según Wafa.

Durante la redada en Kafr ad-Dik, las fuerzas israelíes obligaron a una familia a abandonar su hogar y utilizaron la propiedad como cuartel militar, informó Wafa, citando fuentes locales.

El ejército israelí obliga a los residentes de Hebrón a evacuar a pie, según informa QNN

Hace 2 horas

Las fuerzas israelíes estaban obligando a los residentes palestinos de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, a evacuar sus hogares a pie, según la Quds News Network.

Anteriormente, unos 20 vehículos militares israelíes irrumpieron en la ciudad de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, según informó Al Jazeera.

El ejército israelí declaró el viernes que había puesto en marcha una operación «antiterrorista» en la zona de Hebrón después de que dos soldados israelíes murieran en un tiroteo cerca de la ciudad.

En un comunicado, el ejército afirmó que su objetivo es localizar y desmantelar lo que denominó «infraestructura y armamento terroristas».

Describió la operación como «selectiva y limitada» a la zona, y señaló que probablemente duraría varios días.

https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/two-supertankers-using-unauthorised-hormuz-route-hit-naval-mines-irgc

La agencia de noticias Fars, por su parte, citó a una fuente del IRGC que afirmó que el tráfico en el estrecho de Ormuz por parte de los buques infractores se ha detenido, tras los ataques contra tres petroleros el jueves, la destrucción de los sistemas de ayuda a la navegación de los buques infractores y la destrucción de otro buque infractor el jueves por la noche.

La fuente declaró a la agencia Fars que, si se reanuda el contrabando de petróleo, la respuesta del IRGC será «mucho más contundente».

El ejército israelí bombardea localidades y aldeas del sur del Líbano

Hace 2 horas

El ejército israelí ha bombardeado el municipio de Khiam, en el sur del Líbano, las localidades de Zawtar al-Sharqiyah y Mayfadoun, así como las aldeas de Barashit, Majdal Zoun y Qantara, según informó la Agencia Nacional de Noticias (NNA).

La agencia informó de que los bombardeos de artillería israelí también tuvieron como objetivo las afueras de la localidad de Beit Yahoun, en el sur del Líbano, el viernes.

Turquía afirma que «recibirán muy buenas noticias» sobre la reunificación entre el este y el oeste de Libia

Hace 3 horas

El ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, ha declarado que ha llegado el momento de reunificar las administraciones rivales del este y el oeste de Libia, insinuando que se producirá un anuncio al respecto en un futuro próximo.

Turquía respaldó firmemente al Gobierno reconocido por la ONU en Trípoli durante los años de conflicto en Libia, pero las relaciones con las autoridades del este del país se han distendido significativamente en los últimos años tras un largo período de hostilidad.

«Hemos llegado ahora a una etapa en la que se dan las condiciones propicias para garantizar de forma permanente la reunificación del este y el oeste», declaró el ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, a los periodistas.

«Ambas partes cuentan con estructuras militares. Es necesario unificar estas estructuras bajo un ejército nacional», añadió.

Fidan hizo estas declaraciones tras recibir en Estambul a sus homólogos de Europa y de países de la región, entre ellos Egipto.

«Uno de los pilares más importantes de la unificación nacional es cómo se reunirán bajo un mismo paraguas las unidades militares que actualmente controlan por separado ambas partes», añadió Fidan.

«Si Dios quiere, pronto recibirán muy buenas noticias al respecto desde Turquía».

El Parlamento libio, con sede en el este del país, aprobó el martes un acuerdo de demarcación marítima con Turquía, años después de haberlo rechazado cuando se firmó por primera vez.

El acuerdo fue criticado esta semana por la Unión Europea, incluidas Italia y Grecia. Egipto también ha planteado objeciones, alegando que vulnera sus derechos en el Mediterráneo.

«Como Turquía, mantenemos una postura muy constructiva al respecto», afirmó Fidan.

«Turquía, Italia y Egipto pueden reunirse para debatir las preocupaciones de Egipto y las de Libia».

Más tarde, el viernes, el ministro de Defensa turco, Yaser Guler, anunció un acuerdo con Egipto sobre esta cuestión.

«Estamos dispuestos a firmar un acuerdo con Egipto sobre la delimitación de las zonas de jurisdicción marítima», declaró a Star TV.

Informe de la AFP

Vehículos militares irrumpen en Hebrón, en Cisjordania, mientras el ejército israelí inicia un bloqueo de varios días

Hace 3 horas

Unos 20 vehículos militares israelíes irrumpieron en la ciudad de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, según informó Al Jazeera, citando a sus corresponsales sobre el terreno.

El ejército israelí afirmó el viernes que había puesto en marcha una operación «antiterrorista» en la zona de Hebrón después de que dos soldados israelíes murieran en un tiroteo cerca de la ciudad.

En un comunicado, el ejército señaló que su objetivo es localizar y desmantelar lo que denominó «infraestructura terrorista y armamento».

Describió la operación como «selectiva y limitada» a esa zona, y afirmó que probablemente duraría varios días.

A los residentes palestinos de Hebrón solo se les permitiría salir a través de «tres puntos de salida designados», tras ser interrogados y registrados por soldados israelíes, añadió el ejército.

Los ataques aéreos israelíes en la ciudad de Gaza matan a dos palestinos e hieren a varios

Hace 4 horas

Dos palestinos murieron y varios más resultaron heridos el viernes en un ataque aéreo israelí en el oeste de la ciudad de Gaza, según informó la agencia de noticias palestina Wafa.

El ataque se produjo cerca de la vivienda de la familia al-Ramli, en el barrio de al-Nasr.

En otro ataque, un bombardeo israelí cerca de un restaurante en la zona occidental de la ciudad de Gaza hirió a varios palestinos.

Las redadas, demoliciones y ataques de colonos israelíes afectan a los palestinos en toda Cisjordania

Hace 4 horas

Las fuerzas israelíes y los colonos llevaron a cabo demoliciones, redadas y ataques en toda la Cisjordania ocupada el viernes, según informó la agencia de noticias palestina Wafa.

En Hebrón, que Israel acordonó horas después de que dos soldados israelíes murieran en un ataque en las inmediaciones, las excavadoras israelíes arrasaron una fábrica de azulejos, tiendas y unos siete dunams de terreno palestino.

Las tropas también comenzaron a demoler un edificio residencial de tres apartamentos y cerraron todas las carreteras de acceso a la ciudad.

Soldados israelíes realizaron una redada en la cercana localidad de Beit Ummar, donde varios palestinos sufrieron inhalación de gas lacrimógeno, y restringieron la circulación en el campo de refugiados de al-Fawwar.

Cerca de Belén, las fuerzas israelíes obligaron a punta de arma a propietarios palestinos y a activistas solidarios a abandonar sus olivares.

En al-Mughayyir, al noroeste de Ramala, unos colonos golpearon brutalmente a un hombre palestino mientras se encontraba con su familia, antes de que las fuerzas israelíes lo detuvieran y bloquearan el paso a una ambulancia. Aún se desconoce la gravedad de sus lesiones.

Las fuerzas israelíes detuvieron a otro joven en la parte occidental de la aldea, donde un segundo ataque de colonos tuvo como objetivo a palestinos que circulaban por la zona, causando daños a dos vehículos.

En Burin, al sur de Nablus, los vecinos informaron de que unos colonos, protegidos por las fuerzas israelíes, intentaron incendiar una vivienda.

Al oeste de Jenin, las fuerzas israelíes dieron a las familias palestinas de la aldea de Khirbet Srouj una semana para abandonar sus hogares y los refugios para el ganado.

La ocupación israelí es la «principal fuente de inestabilidad» en la región, afirman Egipto, Turquía, Arabia Saudí y Pakistán

Hace 4 horas

Los ministros de Asuntos Exteriores de Egipto, Arabia Saudí, Turquía y Pakistán afirmaron el viernes que «la ocupación israelí es la principal fuente de inestabilidad en la región y más allá», y pidieron la aplicación urgente de una solución de dos Estados, según un comunicado conjunto emitido tras una reunión celebrada en Estambul.

Los ministros afirmaron que las políticas israelíes habían «agravado la percepción global de injusticia» y reafirmaron su apoyo a un Estado palestino dentro de las fronteras anteriores a 1967, con Jerusalén Este como capital.

Los ministros de Asuntos Exteriores de Turquía, Egipto, Pakistán y Arabia Saudí posan antes de su reunión en Estambul, el 23 de octubre de 2026 (Murad Sezer/Reuters)

La ocupación israelí, «principal fuente de inestabilidad» en la región, según Egipto, Turquía, Arabia Saudí y Pakistán

Hace 5 horas

Los ministros de Asuntos Exteriores de Egipto, Arabia Saudí, Turquía y Pakistán afirmaron el viernes que «la ocupación israelí es la principal fuente de inestabilidad en la región y más allá», y pidieron la aplicación urgente de una solución de dos Estados, según un comunicado conjunto emitido tras una reunión celebrada en Estambul.

https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/turkey-has-no-plans-fight-houthis-under-saudi-pact-minister-says-0

Hace 6 horas

Turquía no prevé que sus tropas entren en combate con los huzíes de Yemen en el marco de un pacto de defensa con Arabia Saudí y Pakistán, afirmó el viernes el ministro de Defensa, Yasar Güler.

«No contemplamos en absoluto entrar en ningún enfrentamiento con los huzíes», declaró Güler en una entrevista televisiva, y añadió que cualquier apoyo militar turco a Arabia Saudí tendría como objetivo principal reforzar la disuasión, tal y como se ha hecho en Qatar.

Güler señaló que Turquía evaluaría las solicitudes de apoyo militar por parte de Arabia Saudí y determinaría el alcance de cualquier asistencia, con sujeción a los procedimientos legales y a la aprobación parlamentaria.

El Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, firmado en agosto y presentado esta semana al Parlamento turco para su ratificación, compromete a los tres países a considerar un ataque armado contra uno de ellos como un ataque contra todos.

«Se avecina una escalada»: Oriente Medio en vilo ante la amenaza de un nuevo ataque israelí-estadounidense contra Irán

Hace 6 horas

Los diplomáticos estadounidenses se están preparando para la evacuación de las embajadas. Los aviones de combate israelíes están realizando salidas de combate en la frontera con Irán. La impresión entre los funcionarios árabes y estadounidenses de la región que han hablado con Middle East Eye es que se trata de una cuestión de cuándo, y no de si, Estados Unidos e Israel reanudarán los ataques contra Irán.

Dado que Irán amenaza con tomar represalias bombardeando centros de datos e instalaciones de inteligencia artificial vinculados a EE. UU. en el Golfo, por un valor de billones de dólares, además de instalaciones energéticas y aeropuertos, todo parece estar listo para la segunda ronda de la guerra.

«Se avecina una escalada. Que sea antes o después de las elecciones de mitad de mandato en EE. UU. no es relevante. Lo que importa es el propósito de la escalada», declaró a MEE Aaron David Miller, antiguo negociador para Oriente Medio de presidentes republicanos y demócratas de EE. UU.

Los enfrentamientos directos entre EE. UU. e Irán cesaron en gran medida tras la firma de un frágil alto el fuego en abril, pero ambas partes nunca aplicaron el Memorándum de Entendimiento (MoU) de 14 puntos firmado en junio para avanzar hacia un acuerdo.

Se consideró de forma generalizada que el acuerdo otorgaba a Irán concesiones de gran alcance que, según los expertos, la Administración Trump simplemente no puede aceptar.

Los emisarios de Trump están sentando las bases para una reanudación de los combates.

Más información: «Se avecina una escalada»: Oriente Medio en vilo ante la amenaza de un nuevo ataque israelí-estadounidense contra Irán

Una mujer camina entre el tráfico mientras cruza la plaza Enghelab, en el centro de Teherán, con una gran valla publicitaria contra Israel a sus espaldas, el 12 de octubre de 2026 (AFP)

Trump: EE. UU. podría lanzar otra operación militar contra Irán

Hace 7 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró el viernes en un mitin en Florida que Washington podría lanzar otra operación militar contra Irán.

Más temprano ese mismo día, al ser preguntado por los comentarios del embajador de EE. UU. en Turquía, Tom Barrack —quien afirmó que EE. UU. podría atacar a Irán «sin duda alguna» ya este fin de semana—, Trump respondió: «Si ese es el caso, no sé nada al respecto».

Una organización de derechos humanos insta a ejercer presión internacional para detener las expulsiones previstas por Israel en Hebrón

Hace 7 horas

La organización israelí de derechos humanos B’Tselem ha pedido que se ejerza presión internacional para impedir que Israel desplace por la fuerza a los palestinos en respuesta al ataque del viernes contra soldados israelíes cerca de la ciudad ocupada de Hebrón, en Cisjordania.

«Los dirigentes israelíes están anunciando públicamente planes de castigo colectivo y actos que podrían constituir crímenes de guerra», afirmó B’Tselem.

La organización de derechos humanos declaró que «insta urgentemente a los gobiernos y a las instituciones internacionales a que actúen de inmediato, utilizando todos los medios disponibles en virtud del derecho internacional, para impedir el desplazamiento forzoso de civiles palestinos, el castigo colectivo y la destrucción ilegal a gran escala en Hebrón».

Netanyahu declaró el viernes que se estaba «preparando» una operación militar a una escala sin precedentes desde 1967, cuya primera fase implicaría el desplazamiento forzoso de palestinos, registros domiciliarios y la destrucción de lo que él denominó «infraestructura terrorista».

Asimismo, afirmó que el ejército «destruiría» el barrio de Hebrón donde residían los presuntos atacantes.

Más tarde ese mismo viernes, Al Jazeera informó de que las excavadoras israelíes habían comenzado a demoler viviendas y negocios palestinos en el norte de Hebrón.

Maquinaria israelí derriba una vivienda palestina en Hebrón, en la Cisjordania ocupada, el 23 de octubre de 2026 (REUTERS/Mussa Qawasma)

Se agota el tiempo para Taiz, en Yemen, tras 20 días bajo el asedio de los huzíes, advierte la ONU

Hace 8 horas

Se agota el tiempo para hacer llegar ayuda a Taiz, sitiada por los huzíes, que impiden que los suministros lleguen a la tercera ciudad más grande de Yemen, según afirmó el viernes Naciones Unidas.

Los huzíes han rodeado Taiz desde principios de octubre, bloqueando la carretera que la une con Adén, capital provisional del Gobierno yemení reconocido internacionalmente.

«Se necesita con urgencia un acceso humanitario seguro, sostenido y sin obstáculos para que los suministros esenciales y la ayuda vital puedan llegar a las personas que la necesitan», afirmó la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).

«Ya han pasado 20 días —y la cuenta sigue— desde que Taiz quedó aislada», señaló el portavoz de la OCHA, Jens Laerke.

«Cada vez es más evidente que los combates nos impiden entrar y a la población salir», declaró en una rueda de prensa celebrada en Ginebra.

Laerke indicó que los cortes de carretera y la escasez de diesel habían reducido a la mitad la producción de agua de la ciudad y triplicado aproximadamente el precio del agua transportada en camiones, de la que dependen la mayoría de los residentes.

Turquía advierte contra un nuevo ataque a Irán y afirma que la diplomacia es la única vía

Hace 9 horas

El ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, advirtió este viernes contra cualquier nuevo ataque a Irán, afirmando que tal medida exacerbaría las tensiones y ampliaría aún más el conflicto.

La diplomacia y el diálogo son la única forma de poner fin a la guerra, declaró Fidan a la prensa tras reunirse con los ministros de Asuntos Exteriores de Egipto, Pakistán, Arabia Saudí, Alemania, Francia, el Reino Unido e Italia.

«Una intervención militar en Irán no es en modo alguno una solución. Nadie la aprueba en este momento», añadió.

El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, también afirmó tras las reuniones del viernes que una nueva escalada entre Irán y Estados Unidos solo traería perdedores y provocaría un aumento de los precios del petróleo.

Los ministros de Asuntos Exteriores de ocho países de Europa y Oriente Medio se reunieron en Estambul para mantener conversaciones sobre seguridad, el 23 de octubre de 2026 (Reuters/Murad Sezer)

Estados Unidos podría atacar a Irán este fin de semana, según un enviado

Hace 9 horas

Estados Unidos podría atacar a Irán ya este fin de semana, según declaró el viernes un enviado estadounidense, tras las crecientes amenazas tanto de Washington como de Israel a lo largo de esta semana.

«¿Podría haber un ataque este fin de semana? Por supuesto», afirmó Tom Barrack, embajador de Estados Unidos en Turquía y enviado especial para Siria, en una entrevista.

El presidente Donald Trump «ha sido muy claro. Está abierto, dispuesto y dispuesto a llegar a un acuerdo, y llevamos meses y meses y meses sentados a la mesa de negociaciones», afirmó Barrack.

Irán tiene planes para atacar los cables submarinos del Golfo si vuelve a ser objeto de un ataque, según afirman fuentes oficiales

Hace 9 horas

Teherán ha elaborado planes detallados para atacar los cables de comunicaciones submarinos del Golfo en caso de que Estados Unidos e Israel vuelvan a atacar a Irán, según informaron a Reuters dos altos funcionarios de seguridad iraníes.

Hablando bajo condición de anonimato, los funcionarios dieron pocos detalles y no precisaron cómo ni dónde llevaría a cabo Teherán dichos ataques.

Sin embargo, uno de ellos señaló que Irán trataría de impedir las reparaciones tras cualquier ataque para prolongar las interrupciones en las comunicaciones, incluidas las conexiones a Internet.

» «Si Irán es atacado, ya no habrá más líneas rojas… desde los cables submarinos hasta las bases militares, incluidas las secretas», afirmó uno de los responsables, advirtiendo a Washington de que no «juegue con fuego».

El segundo responsable señaló que los aliados de Washington en el Golfo, que han realizado importantes inversiones en dicha infraestructura, «deberían considerar a Washington, y no a Teherán, responsable de cualquier daño que sufran los cables submarinos».

Yadollah Javani, subdirector de Asuntos Políticos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, declaró el miércoles que Irán podría atacar siete cables principales de Internet situados bajo el estrecho de Ormuz si la infraestructura iraní fuera objeto de un ataque.

El jefe de seguridad iraní, Mohsen Rezaei, también advirtió este mes de que la infraestructura digital vinculada a EE. UU. en todo el Golfo, incluidos los centros de datos y las instalaciones de inteligencia artificial, podría ser blanco de ataques en caso de un nuevo conflicto.

Según los expertos, múltiples cortes en los cables podrían ralentizar los servicios de Internet e interrumpir las transacciones financieras, el comercio electrónico y la computación en la nube.

Netanyahu promete una operación a gran escala en Cisjordania, que comenzará con la expulsión de palestinos en Hebrón

Hace 9 horas

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha afirmado que se está «preparando» una operación militar a gran escala en la Cisjordania ocupada, después de que dos soldados israelíes murieran en un ataque perpetrado el viernes en Hebrón.

En declaraciones realizadas en Hebrón más tarde ese mismo viernes, Netanyahu afirmó que él y el ministro de Defensa, Israel Katz, estaban barajando una operación militar en Cisjordania a una escala sin precedentes desde que Israel ocupó el territorio en 1967.

El ejército israelí «está preparado para llevarla a cabo y nosotros fijaremos el momento, pero ya está en marcha», afirmó.

Durante su visita al lugar del ataque junto a sus aliados de la derecha, Netanyahu añadió que la primera fase implicaría el desplazamiento forzoso de palestinos en Hebrón, el registro de viviendas y la destrucción de lo que denominó «infraestructura terrorista».

El jefe del ejército israelí, Eyal Zamir, que también visitó el lugar de los hechos, afirmó que las tropas «actuarían con contundencia, perseguirían y darían con todos los implicados en el ataque».

«Nos encontramos en el máximo nivel de preparación y alerta en todos los frentes», declaró Zamir, según The Times of Israel.

Añadió que el ejército no se dejaría «arrastrar» por sus enemigos durante lo que calificó de «semana delicada», en referencia a las elecciones.

Tras el ataque ocurrido en Hebrón a primera hora del viernes, las fuerzas israelíes mataron a los dos palestinos en un intercambio de disparos que también dejó heridos a seis soldados israelíes.

Italia exige la liberación de cinco activistas detenidas por Israel durante la cosecha de aceitunas en Cisjordania

Hace 10 horas

Italia ha pedido la liberación inmediata de cinco activistas italianas, todas ellas mujeres, retenidas por las fuerzas israelíes en Cisjordania, según declaró el viernes el ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani.

Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano indicaron que las mujeres fueron detenidas el jueves por la policía israelí en el asentamiento de Kiryat Arba, cerca de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, junto con otros activistas internacionales.

Su objetivo era proteger a los agricultores palestinos de los ataques de los colonos durante la cosecha de aceitunas.

«Lo ocurrido es inaceptable, no estaban cometiendo ningún delito», declaró Tajani a los periodistas al margen de una cumbre internacional en Estambul, y añadió que esperaba que fueran puestas en libertad en cuestión de horas.

Las fuerzas israelíes y colonos armados ordenan a palestinos y activistas que abandonen la zona de olivares cerca de la ciudad de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, el 13 de octubre de 2026 (Hazem Bader /AFP)

Trump afirma que EE. UU. podría poner fin a la guerra con Irán rápidamente o dejar que «se extinga»

Hace 11 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, afirmó el viernes que Washington podría poner fin a la guerra con Irán rápidamente, pero se preguntó si era mejor buscar una conclusión rápida o dejar que el conflicto se apagara gradualmente.

«Podríamos ponerle fin muy rápidamente», afirmó Trump. «¿Queremos acabar con ella o simplemente dejar que se apague?»

En declaraciones a los periodistas en el Jardín Sur de la Casa Blanca antes de partir hacia Florida, Trump señaló que el petróleo circulaba por el estrecho de Ormuz.

«Estamos consiguiendo todo lo que queremos», afirmó.

Elogió a la Armada de EE. UU. por realizar un «magnífico trabajo» a la hora de garantizar el paso del petróleo por esa vía navegable y reiteró su afirmación anterior de que Ormuz era «totalmente nuestro y así lo mantendremos».

Alemania, Francia y el Reino Unido están dispuestos a negociar con Irán, según el ministro de Asuntos Exteriores alemán

Hace 11 horas

El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, declaró el viernes que Alemania, Francia y Reino Unido estaban dispuestos a negociar con Irán para garantizar que no adquiera armas nucleares.

En declaraciones realizadas al margen de una cumbre internacional celebrada en Estambul, Wadephul también pidió que se prestara apoyo a Arabia Saudí y al Gobierno de Yemen para que puedan defenderse y allanar el camino para la reanudación de las conversaciones con los huzíes.

Colonos israelíes destruyen el monumento conmemorativo a Shireen Abu Akleh cerca de Jenín

Hace 12 horas

Colonos israelíes armados llegaron en dos vehículos cerca de la rotonda de Ajja, al sur de Jenín, y demolieron un monumento en honor a la periodista de Al Jazeera Shireen Abu Akleh, según informa la agencia de noticias palestina Wafa.

El ayuntamiento local había erigido el monumento para conmemorar a la periodista palestina.

Un soldado israelí disparó a Abu Akleh en la cabeza en 2022 mientras informaba sobre una redada militar israelí en Jenín.

Netanyahu amenaza con una ofensiva militar a gran escala en la Cisjordania ocupada

Hace 12 horas

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirma que Israel decidirá cuándo llevar a cabo una operación militar de gran envergadura en la Cisjordania ocupada.

«He estudiado una operación de gran envergadura en Cisjordania que no tendrá precedentes desde 1967, y seremos nosotros quienes elijamos el momento de su ejecución», declaró Netanyahu.

En la guerra de 1967, Israel se apoderó de Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza, además de la península del Sinaí, en Egipto, y los Altos del Golán, en Siria. Israel sigue ocupando los Altos del Golán.

La periodista Heidi Levine relata el ataque de colonos israelíes y el miedo cotidiano de los palestinos

Hace 13 horas

La periodista del *Washington Post* Heidi Levine ha descrito cómo unos colonos israelíes la derribaron, le propinaron patadas y la golpearon con palos durante un ataque la semana pasada.

En declaraciones a la CNN el jueves, tras salir del hospital en Israel, Levine afirmó que la experiencia había profundizado su comprensión de la violencia a la que se enfrentan los palestinos.

Lo que más le dolió, afirmó, fue que ahora podía «comprender de verdad lo que han sufrido otros, lo que han sufrido las mujeres, los niños y los hombres palestinos».

«No puedo imaginar cómo debe de ser para todas las víctimas que han pasado por el mismo calvario y viven a diario bajo la amenaza de esta violencia», afirmó.

Levine relató los momentos previos a la agresión: «Había gas lacrimógeno, había disparos. Por lo que tengo entendido, dispararon a un hombre; un palestino recibió un disparo en la pierna, y los colonos se abalanzaron hacia delante», declaró a la CNN.

«Me tiraron al suelo… No paraban de darme patadas y de golpearme con palos, y aquello no cesaba. Y entonces pensé: “Vale, quizá si me hago la muerta y finjo que estoy muerta, se detendrán y me dejarán en paz”».

Afirmó que el ataque había reforzado su «compromiso de seguir trabajando para intentar marcar la diferencia».

Un ataque con drones israelíes mata a dos palestinos en la ciudad de Gaza

Hace 14 horas

Fuentes médicas afirman que un ataque con drones israelíes contra al-Nasr, al oeste de la ciudad de Gaza, ha causado la muerte de dos palestinos y ha herido a varios más.

Yemen, Bab al-Mandab y Arabia Saudí: el cálculo estratégico de Teherán en la balanza

Hace 14 horas

Los recientes ataques huzíes contra la infraestructura petrolera saudí y la creciente influencia del grupo yemení sobre el tráfico marítimo en el mar Rojo han redundado en beneficio estratégico de Irán, aumentando la presión sobre Riad y reforzando la posición de Teherán en el conflicto regional.

La toma por parte de los huzíes, en septiembre, de la estratégica ciudad portuaria yemení de Mokha, arrebatada a las fuerzas gubernamentales respaldadas por Arabia Saudí, ha puesto en peligro una ruta alternativa vital para las exportaciones de petróleo saudí a través del estrecho de Bab al-Mandab.

Para Teherán, esto supone una oportunidad para hacer subir los precios del petróleo y presionar al presidente de EE. UU., Donald Trump, para que ponga fin a la guerra, al tiempo que vincula las amenazas al tráfico marítimo a través de Bab al-Mandab con las interrupciones en el estrecho de Ormuz.

Sin embargo, dado que Arabia Saudí ha solicitado la ayuda de Teherán para contener a los huzíes, Irán también debe lidiar con los límites de su influencia sobre estos, quienes tienen sus propios objetivos internos.

La escalada también ha dejado a Irán ante el delicado equilibrio de apoyar a un aliado regional clave sin permitir que el conflicto se descontrole.

Más información: Yemen, Bab al-Mandab y Arabia Saudí: el cálculo estratégico de Teherán en la balanza

Smotrich ordena la demolición de edificios palestinos cerca del lugar del tiroteo en Hebrón

Hace 16 horas

El Canal 12 de Israel informa de que el ministro de Hacienda de extrema derecha, Bezalel Smotrich, ha ordenado a las fuerzas israelíes que derriben numerosos edificios palestinos en los alrededores de la entrada norte de Hebrón tras un tiroteo ocurrido en la zona.

Las fuerzas israelíes mataron a dos palestinos durante el intercambio de disparos, en el que también resultaron heridos seis soldados israelíes.

«Turquía es un enemigo común»: una red proisraelí forma grupos parlamentarios en Grecia y Chipre

Hace 17 horas

El grupo de presión estadounidense pro-Israel AIPAC ha visitado Chipre para promover lo que denominó «alianzas de seguridad en el Mediterráneo Oriental» entre Israel, Chipre y Estados Unidos.

La delegación, encabezada por el presidente saliente de AIPAC, Bernard Kaminetsky, y el presidente electo, Yehuda Neuberger, se reunió el miércoles con el presidente Nikos Christodoulides, lo que pone de relieve la creciente importancia de Chipre para los intereses israelíes.

La AIPAC se enfrenta a una condena generalizada en EE. UU. por su influencia sobre los miembros del Congreso y los presidentes estadounidenses, así como por impulsar una agenda que da prioridad a Israel, incluido el respaldo a la guerra contra Irán, lo que ha provocado repercusiones económicas a escala mundial.

La reunión tuvo lugar apenas unos días después de que otro grupo de presión proisraelí vinculado a la extrema derecha, la Israel Allies Foundation (IAF), pusiera en marcha grupos parlamentarios en Grecia y Chipre para profundizar la influencia de Israel en los parlamentos de ambos países.

Al anunciar la iniciativa chipriota el 14 de octubre, tras reunirse con Christodoulides, el presidente de la IAF, Josh Reinstein, describió a Turquía como un «enemigo común» de ambos países.

Más información: «Turquía es un enemigo común»: una red proisraelí forma grupos parlamentarios en Grecia y Chipre

Netanyahu ordena el cierre de Hebrón y busca un bloqueo total de Cisjordania

Hace 17 horas

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha ordenado a las fuerzas de seguridad que «impongan de inmediato un cierre en la ciudad de Hebrón» tras un tiroteo ocurrido esta madrugada en su entrada norte.

Según los informes, el incidente se saldó con dos palestinos muertos y seis soldados israelíes heridos.

En una publicación en X, Netanyahu también afirmó que había ordenado al ejército y a las fuerzas de seguridad que se prepararan para un «bloqueo total» de la Cisjordania ocupada a partir de hoy.

Emitió las instrucciones tras consultar con diversos responsables, entre ellos el jefe del Shin Bet y el comandante del Mando Central del ejército.

El Reino Unido afirma que los escolares no deben ondear banderas de Palestina. Sin embargo, las banderas de Ucrania sí están permitidas

Hace 18 horas

El Gobierno británico ha sido acusado de hipocresía tras afirmar que los alumnos no deben exhibir banderas de Palestina en los colegios, a pesar de que el propio Gobierno haya promovido la exhibición de banderas de Ucrania en los centros educativos y haya realizado otras declaraciones políticas sobre Ucrania.

El miércoles, la secretaria de Educación, Lucy Powell, declaró a Sky News: «No creo que nuestros colegios deban ser un lugar para realizar protestas y declaraciones sobre acontecimientos geopolíticos en todo el mundo».

También se le preguntó a Powell si se debería «permitir a los alumnos exhibir banderas palestinas» en los colegios.

Ella respondió: «Eso no es lo que esperamos en los colegios, no se espera en absoluto. Los colegios son un lugar donde se debe ser imparcial».

El pasado mes de noviembre, la predecesora de Powell como secretaria de Educación, Bridget Phillipson, fue grabada en un aula con alumnos que ondeaban la bandera de Ucrania.

El vídeo fue publicado en línea por el Ministerio de Educación para promover el «programa de colaboración escolar K-Ucrania».

Más información: El Reino Unido afirma que los escolares no deberían ondear banderas de Palestina. Las banderas de Ucrania, en cambio, sí están permitidas

Actualización matutina

Hace 19 horas

Buenos días, lectores de Middle East Eye,

Estas son las últimas novedades:

  • El ejército israelí ha afirmado que ha abatido a dos palestinos sospechosos de haber perpetrado un atentado cerca de Hebrón, en Cisjordania ocupada. Según se informa, seis colonos resultaron heridos de diversa gravedad en la operación de tiroteo, dos de ellos de gravedad.
  • La Autoridad General de Estadística de Arabia Saudí ha aplazado hasta 2027 el Foro Mundial de Datos de las Naciones Unidas y el Segundo Foro Estadístico Saudí, que iban a celebrarse en su capital, Riad. Ambos eventos estaban programados del 9 al 12 de noviembre. El anuncio se produce en medio de la escalada de tensión debida a los combates en curso con los huzíes de Yemen.
  • Los Emiratos Árabes Unidos han anunciado el cierre temporal de todas las playas y zonas costeras de Umm Al Quwain, tras un vertido de petróleo procedente de un petrolero. El Ministerio de Cambio Climático y Medio Ambiente instó a los pescadores y a quienes se encuentran en el mar a seguir las instrucciones dadas por las autoridades y a evitar la pesca en las zonas afectadas.
  • El presidente de EE. UU., Donald Trump, sugirió que Washington podría lanzar más ataques contra Irán. «Esto debería haberlo hecho hace mucho tiempo otros presidentes, la guerra contra Irán, y les hemos dado una buena paliza, y puede que vayamos un poco más allá», declaró a los periodistas.
  • La defensa civil de Arabia Saudí emitió alertas tempranas en Riad y, posteriormente, en Najran, antes de anunciar que el peligro en ambas ciudades había pasado. La coalición liderada por Arabia Saudí afirmó que había interceptado y destruido misiles balísticos lanzados por los huzíes de Yemen contra Riad.
  • Los ataques saudíes contra una vivienda en la provincia de Taiz causaron la muerte y heridas a cinco civiles durante la noche. Según el portavoz del Ministerio de Sanidad y Medio Ambiente, con sede en Saná, un ciudadano falleció como consecuencia de los ataques y otros cuatro resultaron heridos, algunos de ellos en estado crítico.

Araghchi, de Irán, afirma que EE. UU. e Israel mantienen una relación «parasitaria»

Hace 20 horas

El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, describió los lazos entre EE. UU. e Israel como una relación «parasitaria».

«En los últimos tres años, EE. UU. ha gastado 11 000 millones de dólares del dinero de los contribuyentes en la defensa antimisiles de Israel. Ha lanzado más misiles interceptores en defensa de Israel que los propios que tiene Israel», afirmó en una publicación en X.

«Esa no es una relación simbiótica. Es una relación parasitaria».

Más información sobre el ataque con disparos cerca de Hebrón

Hace 20 horas

Según se ha informado, seis colonos sufrieron heridas de diversa gravedad en un tiroteo cerca de Hebrón, en la Cisjordania ocupada.

Dos de los israelíes resultaron gravemente heridos, mientras que el resto sufrió heridas que oscilan entre moderadas y leves.

El primer alcalde árabe-estadounidense en apoyar a Trump se convierte en asesor del presidente

Hace 21 horas

El exalcalde de Hamtramck (Míchigan), que se convirtió en el primer cargo electo árabe y musulmán-estadounidense en apoyar a Donald Trump para la presidencia de EE. UU. en 2024, ha aceptado ahora el cargo de asesor sobre asuntos árabe-estadounidenses.

Amer Ghalib anunció la noticia en su cuenta de Facebook a última hora del miércoles por la noche, hora local, en Washington, D. C.

«Me gustaría expresar mi más sincero agradecimiento al presidente Trump por nombrarme su enviado y asesor para asuntos árabe-estadounidenses, así como por su continua confianza y apoyo», escribió Ghalib.

«Aunque no puedo prometer resolver todos los retos a los que se enfrentan los árabe-estadounidenses en todo Estados Unidos, sí puedo prometer ser una voz firme y comprometida para las comunidades árabe-estadounidenses en la Casa Blanca, garantizando que se escuchen sus preocupaciones y se representen sus perspectivas», añadió.

Ghalib ocupa actualmente el cargo de asesor principal de alianzas estratégicas en AmeriCorps, una agencia federal que promueve la participación ciudadana entre los estadounidenses. Asumió ese cargo después de que quedara claro que los senadores republicanos no le apoyarían para el puesto con el que Trump le recompensó por su respaldo: el de embajador de EE. UU. en Kuwait. Este país es un aliado fundamental de EE. UU., que cuenta con varias bases militares allí.

Más información: El primer alcalde árabe-estadounidense en respaldar a Trump se convierte en asesor del presidente

El ejército israelí afirma que sus fuerzas han abatido a presuntos autores de un tiroteo cerca de Hebrón

Hace 21 horas

El ejército israelí ha afirmado que ha abatido a dos personas sospechosas de haber perpetrado un atentado cerca de Hebrón, en la Cisjordania ocupada.

Según un comunicado, se había establecido un cordón de seguridad en la zona y se estaban llevando a cabo registros. Los detalles del presunto atentado siguen sin estar claros.

Arabia Saudí aplaza dos importantes foros hasta 2027

Hace 22 horas

La Autoridad General de Estadística de Arabia Saudí ha aplazado hasta 2027 el Foro Mundial de Datos de las Naciones Unidas y el Segundo Foro Estadístico Saudí, que iban a celebrarse en su capital, Riad.

Ambos eventos estaban programados del 9 al 12 de noviembre.

El anuncio se produce en medio de la escalada de tensión debida a los combates en curso con los huzíes de Yemen.

Anteriormente, el reino ya había pospuesto la parte presencial de la Iniciativa de Inversión Futura, conocida como «Davos en el desierto», que estaba prevista para esta semana, según el Financial Times.

Los Emiratos Árabes Unidos anuncian el cierre temporal de las playas de Umm Al Quwain

Hace 23 horas

Los Emiratos Árabes Unidos han anunciado el cierre temporal de todas las playas y zonas costeras de Umm Al Quwain, tras un vertido de petróleo procedente de un petrolero.

En un comunicado del Ministerio de Cambio Climático y Medio Ambiente, se confirmó el vertido de petróleo y se señaló que los olores percibidos en Sharjah, Ajman y Umm Al Quwain «no suponen ningún riesgo para la salud de los residentes».

«Los equipos comenzaron de inmediato las labores de contención, acordonamiento, limpieza y recuperación, en colaboración con las autoridades locales y federales, para limitar el impacto medioambiental», se indicó en una publicación en X.

«Junto con las autoridades pertinentes, el Ministerio ha cerrado temporalmente todas las playas y zonas costeras de Umm Al Quwain hasta que los equipos técnicos completen las evaluaciones e identifiquen las medidas de seguridad y protección marina».

El ministerio instó a los pescadores y a quienes se encuentran en el mar a seguir las instrucciones dadas por las autoridades y a evitar pescar en las zonas afectadas.

Cuando salvar a su mascota conlleva un sentimiento de culpa: la realidad de la hambruna en Gaza

Hace 23 horas

En el último episodio de «The Gaza Podcast», la periodista palestina y defensora de los derechos humanos Maha Hussaini presenta a su gato Tom, otro superviviente del genocidio.

«Él no podía comprender la hambruna, la ocupación, el bloqueo ni el genocidio», afirmó Hussaini.

Tras haber pasado de un refugio a otro a lo largo de la guerra, Tom sufrió una lesión ocular causada por una olla cubierta de hollín y vio cómo su peso se reducía a la mitad durante el punto álgido de la hambruna en Gaza.

Maha comparte la emotiva realidad de intentar mantener con vida a una mascota cuando era casi imposible encontrar comida, y cómo las mascotas de toda Gaza siguen sufriendo mientras Israel continúa bloqueando la entrada de suministros veterinarios esenciales.

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