Del compañero y miebro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Ordenanzas de los bienes comunales en León
2. Qué significa el ataque a Rafah
3. La guerra de los chips en Europa
4. El robobo de la jojoya.
5. Elecciones en Sudáfrica.
6. La ley de agentes extranjeros y las ensoñaciones georgianas.
7. La transición ecosocial de la industrial española.
8. Joe el Genocida fue siempre Joe el Genocida.
9. La prensa que apoya el genocidio.
1. Ordenanzas de los bienes comunales en León
Desde una página anarquista, esta entrada sobre un libro dedicado al sistema histórico de concejos abiertos en León.
[Libro en PDF] El sistema politico concejil en la provincia de León
25 de abril de 2024 / Más Historia / 5 minutos de lectura
«Esta monografía, a pesar de su título, es mucho más que la mejor y más completa exposición que, a nuestro modesto entender, se haya hecho hasta el presente sobre ordenanzas concejiles. Si unimos a las ordenanzas contenidas en el apéndice, las inéditas utilizadas en este trabajo y las ya publicadas con anterioridad reunimos nada menos que unas cien.»
Año: 1993 Autor: Laureano Rubio Pérez
[ DESCARGAR LIBRO EN PDF ]
Documental sobre los concejos en León actualmente: La Voz del Concejo (2016)
Documental impulsado por el 15-M de León: Stop al Expolio de los Bienes Comunales (2013)
Concejo abierto en Wikipedia:
El régimen de concejo abierto es un sistema de organización municipal de España en el que pequeños municipios y las entidades de ámbito territorial inferior al municipio que no alcanzan un número significativo de habitantes se rigen por un sistema asambleario (la asamblea de vecinos) que hace las veces de pleno del ayuntamiento.
Este sistema es heredero de los concejos que fueron sistemas políticos en los territorios cristianos de la Alta Edad Media en la península ibérica, en que los vecinos se organizaban en asamblea soberana en la que decidían todos los aspectos relativos al gobierno de cada localidad, entre ellos el aprovechamiento comunal de prados, bosques y montes vecinales con fines ganaderos y agrícolas, de los regadíos y de la explotación del molino, el horno o el pozo de sal, pero también como órgano judicial.
Esta forma de autogobierno popular y local es propia de villas, pueblos, aldeas y ciudades, surge en el siglo IX —tras el derrumbe del poder visigodo—, y funcionará plenamente en las áreas cristianas del norte hasta el siglo XIII, cuando las distintas Coronas, fortalecidas con las conquistas en el sur, comiencen a imponer su propia legislación al pueblo. El concejo estaba íntimamente relacionado con el comunal o batzarre, los campos y bosques de propiedad comunal. Irá gradualmente perdiendo funciones y autonomía y será eliminado de las ciudades y villas, hasta su mínima y residual existencia actual, salvo en el caso de los concejos alaveses, en las juntas vecinales de Cantabria por ley autonómica y en algunas decisiones de las de León, la provincia que más entidades de este tipo conserva de toda España, por tradición consuetudinaria.
Contenidos del libro «El sistema politico concejil en la provincia de León»:
PRÓLOGO
I. INTRODUCCIÓN
II. LA PROVINCIA LEONESA: DIVERSIDAD GEOGRAFICA, COMUNIDADES DE ALDEA Y MODELOS SOCIOECONOMICOS DIFERENCIALES
1. Estructuras divergentes y modelos socioeconómicos
2. La estructura administrativa provincial en la Edad Moderna
2.1. Partidos, Señoríos, Concejos, Hermandades y Merindades
2.2. Ciudades, villas, aldeas y despoblados
III. COMUNIDADES DE ALDEA: ORGANIZACIÓN, GOBIERNO Y DERECHO CONSUETUDINARIO DURANTE LA EDAD MODERNA
1. Antecedentes medievales: control jurisdiccional, realengo y señorío
1.2. El desarrollo del Señorío Jurisdiccional
1.2. La Jurisdicción Ordinaria: significado y valoración. La actitud de las comunidades leonesas
2. Administración local y sistemas organizativos de las comunidades leonesas durante la E. Moderna
2.1. Regimiento y concejo, villas y aldeas. El sistema concejil o «concilium vecinorum» y su asentamiento generalizado en las comunidades de aldea leonesas
2.2. Los oficios concejiles
2.3. El Derecho Consuetudinario y las Ordenanzas Concejiles
3. Jurisdicción Ordinaria y poder señorial- Las visitas de residencia y la fiscalización de los gobiernos concejiles
4. Comunidades campesinas, ordenanzas y organización social
4.1. Vecino, vecindad y forastero. Conceptos claves en la dinámica organizativa de las comunidades leonesas
4.2. Sociedad y control demográfico. La búsqueda del equilibrio interno
4.3. Comunidad como entidad colectivizadora, solidaria y moral ante la vida y la muerte
4.4. La colectivización del trabajo, «las facenderas» y los trabajos comunitarios
4.5. Comunidad como baluarte de la ortodoxia religiosa y del tiempo festivo
4.6. El sistema concejil y los monopolios comerciales: abastos,obligados y control comercial
IV. EL SISTEMA CONCEJIL: COLECTIVIZACIÓN Y ORDENACIÓN DE LOS ESPACIOS PRODUCTIVOS
1. El paisaje agrario y la organización de los espacios productivos
1.1. Organización y utilización de los espacios labradíos
a. La ordenación de los espacios labradíos de propiedad privada
b. La colectivización de los espacios de titularidad privada y su utilización comunitaria
c. Las servidumbres: la imposición del interés colectivo sobre el individual
1.2. La organización de los espacios comunales
a. Los usos privados sobre el espacio comunal
2. El sistema concejil y la cabaña ganadera
V. LAS COMUNIDADES DE ALDEA Y SU REORGANIZACION ANTE LAS REFORMAS DEL SIGLO XIX. RESPUESTA Y CONSECUENCIAS
1. El acoso a los espacios comunales. La respuesta local y la progresiva liberalización de los aprovechamientos comunales
2. Lo privado frente a lo colectivo. La interdependencia mutua
VI. CONCLUSIONES: SISTEMA CONCEJIL, ORDENANZAS Y COLECTIVIZACIÓN. VALORACIÓN E INCIDENCIA EN LAS COMUNIDADES DE ALDEA
1. Comunitarismo y recursos comunales
2. Costa, el colectivismo agrario en León y la permanencia del sistema concejil. ¿Una alternativa?
3. Derecho Consuetudinario y Ordenanzas Concejiles. Significado y valoración
VII. DIVISIÓN Y ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA Y JURISDICCIONAL DE LA PROVINCIA DE LEON DURANTE LA EDAD MODERNA
1. DIVISIÓN POLITICO-ADMINISTRATIVA DE LA PROVINCIA DE LEÓN DURANTE LA EDAD MODERNA
2. GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN LOCAL EN LA PROVINCIA DE LEÓN A FINALES DEL ANTIGUO RÉGIMEN
3. GOBIERNO PROVINCIAL Y ADMINISTRACION CONCEJIL EN LA EN LA PROVINCIA DE LEÓN EN EL SIGLO XVII
4. ESTRUCTURA JURISDICCIONAL Y NIVELES ADMINISTRATIVOS EN LA PROVINCIA DE LEÓN DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN
VIII. ORDENANZAS CONCEJILES
1. ORDENANZAS CONCEJILES INÉDITAS Y TRANSCRITAS
1.1. LA MONTAÑA
1.2. EL BIERZO
1.3. ZONAS DE TRANSICIÓN
1.4. PÁRAMOS Y TIERRAS DE LEÓN
1.5. VEGAS Y RIBERA DEL ORBIGO
2. ÍNDICES DE ORDENANZAS ESTUDIADAS
Laureano Rubio Pérez
Fuente:https://archive.org/
2. Qué significa el ataque a Rafah
Según Tomaselli, además de la necesidad de Israel de seguir en su loca carrera hacia el exterminio palestino y presentar algo parecido a una victoria, el ataque a Rafah puede ser un paso más impulsado por EEUU en su campaña de ver hasta dónde puede llegar en su campaña de eliminar todas las reglas de la guerra sin que el mundo reaccione. https://giubberossenews.it/
ESPERANDO A RAFAH
Por Enrico Tomaselli 26 de abril de 2024
En vísperas del ataque israelí a Rafah, la última ciudad palestina que aún no ha sido completamente destruida, intentamos analizar las tácticas de las IDF a la luz de la particular naturaleza de la sociedad israelí, de la que el ejército es un fiel espejo. Teniendo en cuenta el juego de bandos que siempre tiene lugar entre Washington y Tel Aviv.
La guerra bíblica que Israel libra contra los palestinos, como era fácilmente previsible, está llegando a su límite, sin haber logrado un solo objetivo. Por supuesto, la propaganda sionista -y la occidental en su estela- niegan todo lo que se puede negar: las enormes pérdidas militares, la huida del país de israelíes con doble nacionalidad, la crisis socioeconómica derivada de la guerra, el fracaso en la liberación de los prisioneros israelíes en Gaza, la imposibilidad de desmantelar la red de túneles de la Resistencia y, por supuesto, el hecho de que las FDI hayan sido incapaces de infligirle pérdidas superiores al 20% de sus efectivos combatientes.
Pero, por supuesto, negar la realidad no la transforma. Y, lo que es más, no dura mucho. Lo que ha ocurrido en los últimos seis meses y medio es que el ejército que durante medio siglo fue considerado uno de los más poderosos del mundo (así como «el ejército más moral del mundo», en palabras de los actuales dirigentes sionistas) ha perdido su honor; el militar, al mostrarse incapaz de derrotar a un enemigo infinitamente inferior en términos de armamento, y el humano, al comportarse cada vez más como una banda de criminales de guerra.
Para entender Israel hay que fijarse en su historia y su sociedad, y las Fuerzas de Defensa de Israel no sólo son un elemento fundamental de la sociedad israelí, sino también un espejo de ella. En cierto modo, lo que tradicionalmente es una división bien presente en las sociedades occidentales (entre civiles y militares) es casi inexistente en la israelí, no sólo porque el reclutamiento (obligatorio) es largo (tres años) y se extiende a ambos sexos, sino porque la propia sociedad se percibe a sí misma como constantemente en armas. Que en lugar de verse amenazada por enemigos externos, sea ella misma una amenaza constante para sus vecinos y los pueblos de la región, es algo que tiene que ver con la percepción subjetiva, bien alimentada por la ideología sionista.
Esta ósmosis entre ejército y sociedad ha hecho que, históricamente, muchos de los líderes políticos de Israel hayan sido altos oficiales de las FDI, porque -en una sociedad guerrera- los éxitos militares se convierten automáticamente en un trampolín político.
Aunque, por razones puramente propagandísticas, Israel tiende a presentarse como una sociedad extremadamente homogénea (hasta el punto de proclamarse recientemente como el «Estado de los judíos»), la realidad es bien distinta. El primer mito que hay que disipar es que los judíos son una raza, o al menos un grupo étnico, y no simplemente los seguidores de una religión. En esto, la propia observación de la sociedad israelí ofrece una clave clara. De hecho, los ciudadanos israelíes de religión judía pertenecen al menos a cuatro grupos étnicos diferentes. Aunque no es muy conocida, existe una comunidad de origen etíope (los falashas), cuya inmigración se vio favorecida en gran medida en décadas pasadas, precisamente para salvar la brecha demográfica entre judíos y árabes. Y aún menos conocida -y aún más pequeña- es una segunda comunidad de judíos de origen indio.
Sin embargo, las dos comunidades judías más grandes de Israel son la asquenazí (judíos de origen europeo) y la sefardí (judíos de origen árabe norteafricano).
A grandes rasgos, estas dos comunidades corresponden también a dos papeles diferentes en la sociedad y a dos visiones distintas de ella.
Tradicionalmente, las élites políticas de Israel han pertenecido a la comunidad asquenazí. Y han sido durante mucho tiempo expresión del ala socialdemócrata y (más tarde) liberal del sionismo. Mientras que entre los sefardíes prevalece una actitud más conservadora.
Ambas comunidades están significativamente implicadas en la colonización de los territorios ocupados, y a partir de esta realidad se ha producido un proceso de radicalización tanto política (hacia la extrema derecha) como religiosa (hacia un sionismo mesiánico).
Esta doble radicalización, además, se suma a una mayor prolificidad de los colonos, frente a los israelíes urbanizados, que se refleja por tanto cada vez más en el diferente peso político y electoral; en una población bastante pequeña (los israelíes de religión judía no llegan a ocho millones), poco hace falta para inclinar la balanza hacia un lado y no hacia otro. Y todo esto tiene también un reflejo inmediato en las fuerzas armadas, que como se ha dicho son un ejército de reclutas.
La característica del ejército israelí es, pues, que su fuerte conexión con la sociedad lo configura de muchas maneras. Puesto que la sociedad israelí es pequeña, requiere que sus recursos humanos se dediquen plenamente a hacerla crecer y prosperar; y esto se traduce en el hecho de que, aunque prácticamente todos sus ciudadanos [1] hacen el servicio militar, muy pocos hacen carrera militar. Esto produce un fenómeno muy peculiar, en comparación con las fuerzas armadas de otros países. Mientras que en éstas, de hecho, tanto el cuerpo de oficiales como el de suboficiales (es decir, la infraestructura jerárquica) están formados casi en su totalidad por personal de carrera, en el ejército israelí son predominantemente reclutas. Por lo tanto, no es raro encontrar oficiales, incluso de alto rango, muy jóvenes. Esto implica no sólo un menor control a lo largo de la cadena de mando, sino obviamente también una menor experiencia en los distintos niveles de la misma.
El hecho de que un número cada vez mayor de jóvenes soldados procedan de las colonias de los territorios ocupados, y estén por tanto radicalizados en un sentido político y religioso, se refleja inmediatamente en la actitud hacia el enemigo palestino, así como en el hecho de que gran parte de la línea jerárquica esté cubierta por los mismos jóvenes, lo que a su vez da lugar a que los oficiales compartan esta actitud y no le pongan freno.
Es lo que Alastair Crooke [2] denomina «escatología caliente», es decir, la manifestación política y militar de esa parte de la sociedad que se considera la verdadera intérprete del judaísmo y que tiende a aplicar literal y servilmente el Antiguo Testamento como base normativa y de comportamiento. En este sentido, lo que se avecina es una transformación de la sociedad israelí en un sentido fundamentalista, casi prefigurando una especie de ISIS judío.
Las consecuencias prácticas de todo esto, en el campo de batalla, son bastante obvias.
Unidades militares compuestas por soldados jóvenes y muy jóvenes, suboficiales y oficiales sin experiencia en combate, pero al mismo tiempo cargados de una fuerte ideología político-religiosa nacionalista, que se han visto catapultados a una situación de guerra ya de por sí extremadamente complicada, están reaccionando previsiblemente de forma equivocada.
Uno de los aspectos interesantes de este conflicto es que, en cierto modo, se está desarrollando según un patrón ya visto en Vietnam [3]. Cuando los estrategas del Pentágono empezaron a darse cuenta de que el ejército estadounidense, con toda su potencia de fuego, no podía vencer a la guerrilla del Vietcong, empezaron a pensar que tenían que probar una estrategia diferente. Como la directriz política era que tenían que ganar, y por otra parte los generales no querían salir de allí derrotados, idearon un enfoque que pudiera hacer desaparecer a los guerrilleros, y pusieron en marcha el programa de «búsqueda y destrucción«, que consistía en dividir el territorio en sectores, y proceder a despejarlos uno a uno. El resultado fue que la cadena de mando exigió resultados, y que éstos acabaron expresándose por el número de vietcong muertos. Así que las distintas ramas del ejército estadounidense básicamente mataban a todos los hombres de los pueblos, y luego los etiquetaban como guerrilleros. Exactamente lo que está haciendo el IDF, que identifica a prácticamente todos los varones adultos que mata a diario como combatientes de Hamás.
Por encima del problema estrictamente militar, de hecho, está el político. Cogido desprevenido por el ataque de la Resistencia palestina el 7 de octubre, Israel ha reaccionado, en efecto, con cólera y ferocidad, pero sin estrategia alguna, es decir, sin objetivos alcanzables y sin idea de cómo lograrlos. Todo esto se complica por el hecho de que el jefe del gobierno teme ir a la cárcel en cuanto pierda su cargo y, por lo tanto, tiene todo el interés en mantener abierto el conflicto el mayor tiempo posible. Así, las IDF se encontraron rápidamente luchando en una situación para la que no sólo no estaban preparadas, sino en la que no tenían un camino claro que seguir, y en la que en cambio -a pesar de la preponderancia bélica y tecnológica de que disponen- es el conjunto de fuerzas que componen el Eje de la Resistencia el que mantiene la iniciativa estratégica.
En consecuencia, las pérdidas -tanto en material como en personal- fueron cada vez más elevadas, ante la inconsistencia de los éxitos militares adquiridos. Lo que, por supuesto, sólo podía producir frustración en las tropas sobre el terreno. Como consecuencia inevitable, las unidades de primera línea perdieron el control, se entregaron al pillaje, a las redadas indiscriminadas, a la tortura y a las ejecuciones sumarias.
En este contexto, Israel se ve obligado a adelantar una vez más el ajuste de cuentas consigo mismo (con sus propios fracasos militares y políticos), y por tanto -dado que el intento de ampliar el conflicto simultáneamente con Irán y Estados Unidos ha fracasado estrepitosamente- no tiene muchas más posibilidades a su disposición, aparte de continuar la operación sobre Gaza. El ataque a Rafah es el último recurso, y de él tiene que salir algo prescindible como resultado capaz de dar sentido a todo esto.
La cuadratura del círculo, sin embargo, es más complicada que nunca. Washington ha dado el visto bueno, pero necesita imperiosamente que la operación no se convierta en otro exterminio masivo; se acerca el plazo de las elecciones, y el clima ya está caldeado en el país, con universidades y comunidades islámicas y negras en revuelta contra las políticas proisraelíes de la administración Biden. Pensar en destruir a Hamás, después de no haberlo conseguido en casi siete meses, es una piadosa ilusión. Las posibilidades de liberar al menos a algunos prisioneros son decididamente escasas.
Además, es fácilmente previsible que el ataque a la última ciudad de la Franja de Gaza que aún no ha sido completamente arrasada provoque una reacción en todos los frentes por parte del Eje de la Resistencia. Cabe esperar una multiplicación de los ataques desde Líbano, Irak, Siria, Yemen. Y la Resistencia no sólo tiene la iniciativa estratégica, sino también la capacidad táctica de modular su acción militar de tal manera que impida la escalada deseada por Tel Aviv, manteniendo al mismo tiempo una fuerte incisividad. Todo esto lleva, desgraciadamente, a predecir que, por mucho que el gabinete de guerra quiera evitarlo, el único resultado visible que las IDF podrán conseguir entrando en Rafah será llevar a cabo otra masacre a gran escala de civiles palestinos.
Esto, por supuesto, es simplemente horrible y trágico. El precio que está pagando el pueblo palestino por su obstinada negativa a someterse -es decir, a ser expulsado de su territorio- es enorme. Pero es importante darse cuenta de que la cuestión es más amplia.
Para Israel, se trata evidentemente de un paso hacia la realización del sueño de Eretz Israel. Y para hacerlo realidad es necesario, en primer lugar, quebrar la resistencia del pueblo palestino y convertir en realidad lo que fue la doble mentira fundacional de Israel: «una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra». Doble porque esa tierra no sólo tenía un pueblo y lo ha tenido durante miles de años, sino porque ni siquiera había un pueblo sin tierra, sino los seguidores de una religión que pretendían abandonar la tierra en la que vivían para apropiarse de la de otros (un caso típico de colonialismo). Por lo tanto, el genocidio en curso es una medida de terrorismo de masas, que junto con la destrucción sistemática de Gaza (no sólo de sus hogares e instituciones, sino también de todo lo que pueda constituir patrimonio cultural y lazos con la tierra), y el hambre como arma, pretende empujar a los palestinos a un éxodo masivo, una segunda -y mayor- Nakhba.
Pero para Estados Unidos hay algo más que mantener una guarnición en Oriente Medio. El conflicto israelo-palestino es hoy también una prueba, para entender cómo reacciona el resto del mundo ante sus propias políticas hegemónicas, llevadas al extremo.
En este sentido, Israel juega el papel de proxy exactamente igual que los ucranianos con los rusos. Y una de las cosas que más interesa a EE.UU. es que hoy «Israel está comprometido en un esfuerzo deliberado y sistemático para destruir las leyes y normas de guerra existentes» [4].
En la percepción occidental -o, mejor dicho, en lo que la narrativa propagandística ha hecho que se convierta en la percepción occidental-, la guerra es un asunto cada vez más tecnológico, e incluso cuando se convierte en híbrida debe entenderse que se desarrolla en otros planos, distintos del campo de batalla y, por esa misma razón, menos sangrientos. Pero la realidad -que nos muestran todas las guerras contemporáneas, de Ucrania a Palestina, de Sudán a Myanmar- es que, en cambio, siguen estando formadas masivamente por hombres de carne y hueso, y que el factor humano (la capacidad de movilizar y comprometer mano de obra) sigue siendo decisivo. Por esta razón, la posibilidad de liberar a la guerra del conjunto de reglas que tratan de circunscribir sus efectos -podría decirse, de desatar los cordones que la atan- se convierte en un terreno a explorar con interés, para quienes ven en la guerra el primer y último recurso con el que tratar de mantener la dominación global.
En este sentido, pues, Rafah podría verse también como un gran experimento, para ver si, qué y cómo se puede hacer, yendo más allá.
1 – En Israel, al menos hasta ayer, las pequeñas comunidades de judíos ortodoxos estaban exentas del servicio militar, pero una ley reciente se lo impone ahora también a ellas, lo que está provocando fuertes protestas por su parte. Hay que señalar que incluso entre estas comunidades existen diferencias significativas; de hecho, hay algunas que son fuertemente sionistas y otras que, en virtud de su interpretación de la Torá, no sólo consideran el sionismo una aberración, sino que incluso niegan el derecho de Israel a existir como Estado y, en consecuencia, son pro-palestinas
2– «¿Se autodestruirá el sionismo?», Alastair Crooke, Strategic Culture
3 – Véase «Gaza: The Strategic Imperative», entrevista con Michael Hudson, recogida en su página web.
4 – Ibidem
3. La guerra de los chips en Europa
El modelo globalizador neoliberal del capitalismo parece dar sus últimas boqueadas, y una de las muestras es la industria de los semiconductores. Europa, o más bien Alemania, intenta desesperadamente no quedarse atrás, y riega con miles de millones de euros públicos la creación de una industria propia de este tipo de componentes. https://newleftreview.org/
El núcleo de Europa
Scott Lavery 26 de abril de2024
En mayo de 2023, Olaf Scholz proclamó que en Alemania se estaba produciendo una gran «reindustrialización». En la inauguración de una nueva planta de fabricación de semiconductores Infineon, valorada en 5.000 millones de dólares, el Canciller se jactó de que uno de cada tres microchips europeos se fabricaría en Sajonia. Un mes después, Intel confirmó que invertiría 33.000 millones de dólares en dos nuevas fábricas en Magdeburgo: la mayor inversión extranjera directa de la historia de la República Federal. A esto siguió el anuncio de que el gigante taiwanés de los semiconductores TSMC asumiría una participación del 70% en una nueva planta de fabricación de 11.000 millones de euros en Dresde. El llamado libre mercado no atrajo a estas empresas a «Silicon Saxony»: lo hicieron los 20.000 millones de euros en subvenciones del Gobierno alemán. El sumo sacerdote de la disciplina presupuestaria de la eurozona ha dejado de lado sus sagradas escrituras y ha respondido al declive de su modelo de crecimiento basado en las exportaciones con un atracón de subvenciones.
La causa inmediata del cambio de rumbo fue la secuela inflacionista de la pandemia de Covid-19. En octubre de 2021, cuando Europa empezaba a levantar las restricciones de cierre, el Director General de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), Eric-Mark Huitema, lanzó una advertencia. El sector automovilístico europeo -la mayor parte del cual se concentra en Alemania y sus alrededores- había sufrido pérdidas de producción de 100.000 millones de euros durante 2020, y el suministro mundial de semiconductores se estaba colapsando. Ante esta escasez, Huitema reclamó un «plan estratégico paneuropeo para aumentar la producción de semiconductores en la UE», con el objetivo de minimizar la dependencia europea de los mercados exteriores.
Al otro lado de la Rue de Loi, en la sede de la ACEA, la Comisión Europea se afanaba en desarrollar sus planes para apuntalar la alicaída industria europea. Ursula von der Leyen subrayó la necesidad de reforzar las capacidades de fabricación de chips de la UE para restaurar su «soberanía tecnológica» en medio de las crecientes tensiones geopolíticas. Esto culminó en un paquete de 43.000 millones de euros -la Ley de chips de la UE de 2023- con el que se pretendía reducir las dependencias externas de Europa al tiempo que se deslocalizaba la producción de semiconductores hacia el mercado único. Lo más importante de la Ley no es su precio ni su ambición de «duplicar la cuota europea en el mercado mundial de semiconductores para 2030». Su verdadera importancia radica en los Estados miembros. La Comisión ha relajado las restricciones a las ayudas estatales, permitiendo a los gobiernos nacionales inyectar fondos públicos en sus sectores nacionales de semiconductores. La Dirección General de Competencia, tradicionalmente encargada de hacer cumplir el estricto régimen antisubvenciones de la UE, ha dado su visto bueno a las nuevas disposiciones. En lugar de vigilar celosamente las prácticas «anticompetitivas», Bruselas apoyará ahora activamente un régimen de subvenciones masivas.
Esto supone una ruptura decisiva con el pasado reciente. En las décadas de 1990 y 2000, Washington y Bruselas consideraban el desarrollo de la industria de los semiconductores como un ejemplo de que la globalización funcionaba según lo previsto. La cadena de suministro de semiconductores es notoriamente compleja e incorpora múltiples empresas a través de numerosas fronteras nacionales. Los productores del Reino Unido están especializados en el software que sustenta la fabricación moderna de chips; Silicon Valley domina el diseño de chips de alto valor añadido; Taiwán ejerce un monopolio efectivo sobre la fabricación de chips de gama alta; la fabricación de back-end se subcontrata a países como Malasia y Vietnam. Las élites occidentales apostaron por que la expansión hacia el Este de las cadenas de suministro consolidaría la primacía de las empresas estadounidenses y europeas, reduciendo los prohibitivos costes de puesta en marcha, permitiéndoles centrarse en I+D y garantizando un suministro continuo de componentes de bajo coste.
Pero el optimismo de las escuelas de negocios que sustentaba esta visión de la globalización se ha desvanecido. En lugar de una esfera de intercambio comercial sin fisuras, la cadena de suministro de semiconductores se ha convertido en una zona de rivalidad económica y conflicto geopolítico. China, decidida a reducir su dependencia de Occidente para las tecnologías de gama alta, aumentó rápidamente su capacidad de fabricación nacional. En 2000, un año antes de su adhesión a la OMC, China puso en marcha la Shanghai Manufacturing International Corporation (SMIC), una planta de fabricación respaldada por el Estado que pretende desafiar a su rival al otro lado del estrecho de Taiwán. En 2014, bajo los auspicios del programa «Made in China 2025», Pekín reservó 170.000 millones de dólares para apoyar el desarrollo de «campeones nacionales» chinos, siendo SMIC uno de los principales beneficiarios. En 2019, China representaba el 20 % de las exportaciones mundiales de semiconductores, una cifra que, según las previsiones, seguiría aumentando en las décadas siguientes.
La administración Obama se mostró inicialmente relajada ante este rápido ascenso, pero algunos miembros de la seguridad nacional pronto empezaron a expresar su preocupación. Los semiconductores son una tecnología de «doble uso», capaz de desplegarse tanto en el ámbito civil como en el militar, y el afán de China por asegurarse la independencia tecnológica amenazaba también con socavar uno de los «puntos de estrangulamiento» críticos que Washington mantenía sobre Pekín. Con la Ley de Reforma del Control de las Exportaciones de 2018, las autoridades estadounidenses comenzaron a frustrar sistemáticamente el avance tecnológico de China. Trump incluyó a Huawei en la ‘lista de entidades’ de EEUU, y Biden amplió las restricciones, obligando a los aliados de EEUU -incluida la firma holandesa ASML- a limitar la exportación de máquinas-herramienta críticas y propiedad intelectual a empresas chinas de alta tecnología. Al mismo tiempo, la administración Biden incrementó el apoyo a los fabricantes de chips nacionales, canalizando 280.000 millones de dólares a través de la Ley CHIPS a la industria estadounidense.
La escalada de la guerra de los chips entre Estados Unidos y China sacudió el núcleo industrial europeo. Los controles a la exportación, la escasez de chips y la feroz competencia por las subvenciones amenazaron con socavar la primacía tecnológica de la industria europea. La principal víctima fue Alemania. En los años de auge de las décadas de 2000 y 2010, Alemania consolidó su posición como plataforma de producción globalizada. Pero los triunfos de ayer ensombrecen hoy su renqueante economía basada en las exportaciones: dependencia de la energía rusa, inflación persistente por encima de la media de la eurozona, escaso poder adquisitivo de los consumidores agravado por los elevados costes de los préstamos y desplome de la demanda de exportaciones alemanas. El riesgo de desglobalización es especialmente grave para las perspectivas de crecimiento de Alemania», observó Joachim Nagel, Presidente del Bundesbank. Su economía está mucho más abierta al comercio que la de muchos otros países».
Por esta razón, ya no servirán las fórmulas que dominaron la economía política europea durante la era neoliberal: multilateralismo, política de competencia, reforma del lado de la oferta. Un mundo de «interdependencia armamentística», como dicen los politólogos Henry Farrell y Abraham Newman, prima la capacidad estratégica, el poder estatal y la escala. Para el capital europeo, lo que se necesita es un nuevo marco para la integración de la UE, capaz de asegurar la posición del bloque comercial en el núcleo de la economía mundial. En palabras de una declaración conjunta de los Gobiernos francés y alemán de 2019, la opción es «unir nuestras fuerzas o permitir que nuestra base industrial y nuestra capacidad desaparezcan gradualmente».
La Ley de chips de la UE, con su ambición de crear un marco paneuropeo capaz de competir con Estados Unidos y China, es una expresión de esta lógica de «unificar o morir». Pero aspira a un tipo peculiar de unificación. La UE, por supuesto, sigue estando muy fragmentada. Su presupuesto sigue siendo un mísero 1% del PIB total del bloque, lo que significa que no hay recursos suficientes a escala supranacional para apoyar una política industrial expansiva a escala continental. En efecto, poner en común los recursos significa crear las condiciones para que las agrupaciones industriales ya existentes y los Estados con poder fiscal consoliden aún más sus posiciones dominantes. La convergencia en torno a una política industrial común de la UE amenaza con acelerar las divergencias entre los Estados miembros. Desde que la UE relajó sus restricciones, Alemania ha aportado un asombroso 53% del total de 672.000 millones de euros en ayudas estatales. Alemania también se ha beneficiado de los nuevos marcos paneuropeos de apoyo a sectores estratégicos y se ha llevado la mitad de las ayudas estatales a los «proyectos importantes de interés común europeo» en microelectrónica.
Tras la crisis de la eurozona, surgió una división entre el núcleo septentrional de Europa, basado en las exportaciones, y su periferia meridional, basada en la deuda. Las élites habían prometido que la integración europea favorecería la convergencia al alza de los resultados económicos de los Estados miembros. Pero bajo el euro, con sus estrictas normas de deuda y déficit y la falta de mecanismos de transferencia fiscal, quedó claro que la integración estaba produciendo exactamente lo contrario. La industria alemana estaba en auge, mientras que los Estados deudores del sur de la eurozona sufrían la penuria de la austeridad permanente. Hoy en día, las condiciones que permitieron este dinamismo impulsado por las exportaciones se están desmoronando, con consecuencias nefastas para el capitalismo alemán. Pero la respuesta de la UE -una nueva política industrial paneuropea que permite un intervencionismo estatal más enérgico- representa un intento de reforzar el núcleo industrial de Europa.
Los mitos que impulsaron la globalización neoliberal se han hecho añicos con la batalla por los semiconductores y otros sectores estratégicos. Las normas que antes se aplicaban rígidamente se están eludiendo para permitir nuevas oleadas de intervencionismo estatal; la «igualdad de condiciones» del Mercado Único se está eludiendo para apuntalar las fracciones dominantes del capital europeo. Mientras tanto, se están forjando nuevos mitos: una unión cada vez más integrada y autónoma, unida por el desafío que plantean China y Rusia. Mientras los responsables políticos de la UE se movilizan contra sus rivales exteriores, las fisuras internas del bloque -entre el núcleo industrial y la periferia subdesarrollada- siguen ampliándose.
4. El robobo de la jojoya
Hemos oído hablar mucho del nuevo paquete de «ayuda» estadounidense a las guerras de Ucrania, Palestina y la que se prepara en Taiwán, pero creo que tiene interés conocer cómo se configura realmente este paquete. En este artículo se explica con claridad el dinero destinado a Ucrania. Parece que cuando se acabe, se piensa en usar el dinero robado a los rusos que se encuentra en los bancos de la Eurozona, principalmente. Putin ya ha respondido diciendo que tiene derecho a quedarse todos los activos occidentales en el país -tropecientos miles de millones, parece-. https://mronline.org/2024/04/
La financiación de la guerra de Ucrania y el fracaso de las sanciones rusas
Publicado originalmente: LA Progressive el 24 de abril de 2024 por Jack Rasmus (más por LA Progressive) | (Publicado Apr 26, 2024)
El pasado fin de semana, 20 de abril de 2024, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó un proyecto de ley para proporcionar a Ucrania otros 61.000 millones de dólares en ayuda. La medida fue rápidamente aprobada por el Senado y casi inmediatamente firmada como ley por el presidente Biden.
Sin embargo, los fondos apenas influirán en el resultado de la guerra sobre el terreno, pues parece que la mayor parte del material militar financiado con los 61.000 millones de dólares ya se ha producido y gran parte de él ya se ha enviado. Es posible que los últimos 61.000 millones de dólares aprobados por el Congreso no supongan más de 10.000 millones de dólares adicionales en armamento y equipamiento.
Sujetos a revisión, los informes iniciales sobre la composición de los 61.000 millones de dólares indican que 23.200 millones se destinarán a pagar a los productores de armas estadounidenses por armas que ya han sido producidas y entregadas a Ucrania. Otros 13.800 millones de dólares están destinados a sustituir armas de los arsenales militares estadounidenses que ya han sido producidas y están en proceso de ser enviadas -pero que aún no lo han sido- o que son armas adicionales aún por producir. El desglose de esta última cantidad de 13.800 millones de dólares aún no está claro en los informes iniciales. Se podría suponer que, como mucho, unos 10.000 millones de dólares representan armas que aún no se han fabricado, mientras que entre 25.000 y 30.000 millones de dólares representan armas ya enviadas a Ucrania o en proceso de envío.
En total, por tanto, las armas ya entregadas a Ucrania, pendientes de envío o aún por producir ascienden a unos 37.000 millones de dólares.
El resto de los 61.000 millones de dólares incluye 7.800 millones para ayuda financiera a Ucrania para pagar los salarios de los empleados del gobierno hasta 2024. Otros 11.300 millones de dólares para financiar las operaciones actuales del Pentágono en Ucrania, lo que suena sospechosamente como el pago de asesores estadounidenses, mercenarios, operaciones especiales y fuerzas estadounidenses que operan equipos como radares, sistemas avanzados de misiles Patriot, etc. sobre el terreno. Otros 4.700 millones de dólares son para gastos varios, sea eso lo que sea.
En otras palabras, ¡sólo 13.800 millones de los 61.000 millones son para armas que Ucrania no tiene ya!
Y esos 13.800 millones de dólares es todo lo que Ucrania recibirá probablemente en nuevos fondos para armamento durante el resto de 2024. Al igual que los 23.000 millones de dólares que ya están en el teatro de operaciones, es probable que se consuman en un par de semanas este verano, una vez que la próxima gran ofensiva de Rusia -la mayor de la guerra- se lance a finales de mayo o principios de junio. Entonces, ¿qué hace Estados Unidos para seguir financiando la economía, el gobierno y los esfuerzos militares de Ucrania este otoño y en adelante?
En otras palabras, ¿cuál es la estrategia de Biden y la OTAN para ayudar a Ucrania, militar y económicamente, después de que se gasten los 37.000 millones de dólares a finales de este verano? ¿De dónde saldrá el dinero?
Para entender cómo Estados Unidos y la OTAN planean financiar la posterior producción de armas para Ucrania a finales de 2024 y principios de 2025, hay que tener en cuenta no sólo el proyecto de ley de 61.000 millones de dólares, sino un segundo proyecto de ley también aprobado por el Congreso el pasado fin de semana al que no se ha prestado mucha atención en los principales medios de comunicación.
Ese segundo proyecto de ley podría proporcionar hasta 300.000 millones de dólares a Ucrania procedentes de EE.UU. y sus aliados del G7, especialmente los aliados de la OTAN en Europa, donde al parecer 260 de los 300.000 millones residen en bancos de la eurozona.
Biden/EE.UU. Estrategia a corto plazo 2024
Está claro que los 61.000 millones de dólares son sólo una medida provisional para tratar de financiar al ejército y al gobierno ucranianos hasta el verano. Más allá de eso, la estrategia más amplia de Biden es mantener a Ucrania a flote hasta después de las elecciones estadounidenses de noviembre. Además de los 61.000 millones de dólares -que Estados Unidos espera que permitan a Ucrania superar las elecciones de noviembre (aunque probablemente no lo hagan)-, la estrategia estadounidense incluye conseguir que los rusos acepten iniciar algún tipo de negociaciones. A continuación, Estados Unidos aprovechará las conversaciones para plantear la exigencia de congelar las operaciones militares de ambas partes mientras se llevan a cabo las negociaciones. Pero la estrategia de Biden de «congelar y negociar» está muerta antes de empezar, ya que está muy claro para los rusos que se trata básicamente de que Estados Unidos y la OTAN «ganen tiempo» y a Rusia ya se la han jugado. Como dice el dicho popular estadounidense: Si me engañas una vez, te avergüenzo; si me engañas dos veces, me avergüenzo.
Los rusos ya cayeron en esa estratagema de «suspendamos los combates y negociemos» con el tratado de Minsk II entre 2015 y 2016. En aquel entonces acordaron detener las operaciones militares en el Donbass, pero la OTAN y el Gobierno ucraniano utilizaron el acuerdo de Minsk como tapadera para reconstruir las fuerzas militares de Ucrania, que posteriormente utilizaron para atacar las provincias del Donbass. Los líderes europeos Angela Merkel, de Alemania, y François Hollande, de Francia, admitieron públicamente en 2022 que Minsk II era solo para «ganar tiempo».
Los rusos también fueron engañados en las conversaciones de paz de Estambul celebradas en abril de 2022. La OTAN les pidió que mostraran buena fe en las negociaciones retirando sus fuerzas de los alrededores de Kiev, cosa que hicieron. Zelensky interrumpió entonces las negociaciones, siguiendo la firme recomendación de la OTAN, y Ucrania lanzó una ofensiva persiguiendo a los rusos que se retiraban hasta las fronteras del Donbass.
Por lo tanto, es muy poco probable que Rusia caiga por tercera vez ante una petición de Biden y la OTAN de «congelar» las operaciones militares y volver a negociar.
Puede que Biden quiera «ganar tiempo» una vez más, pero esa mano ya se ha jugado dos veces y Occidente será (está siendo) informado por Rusia de que no están interesados en comprar nada a Occidente y su «dinero» ya no tiene ningún valor.
El giro de 180º del Presidente Johnson
La aprobación de la ayuda provisional de 61.000 millones de dólares para Ucrania por parte de la Cámara de Representantes de Estados Unidos fue el resultado de que el presidente de la Cámara, Johnson, diera marcha atrás y permitiera la votación en el pleno de la Cámara después de haber dicho que no lo haría durante semanas. Los principales medios de comunicación estadounidenses han especulado mucho sobre las razones por las que Johnson dio marcha atrás y permitió que el proyecto de ley de ayuda a Ucrania se sometiera a votación en la Cámara. Sin embargo, no es difícil entender por qué cambió de opinión.
En las últimas semanas, las empresas armamentísticas estadounidenses han ejercido entre bastidores una intensa presión sobre los presidentes de los principales comités republicanos de la Cámara de Representantes. Al fin y al cabo, se trataba de al menos 37.000 millones de dólares en pagos por armas, tanto ya entregadas como por entregar. Una suma nada desdeñable incluso para empresas superrentables como Lockheed, Raytheon y similares. Se rumorea que el cabildeo de las empresas tuvo el efecto deseado en los presidentes de los comités republicanos de la Cámara, que a su vez presionaron a Johnson para que permitiera la votación en el pleno. La votación final en la Cámara de Representantes fue de 310 a 111, con 210 demócratas que se unieron a los 100 republicanos para aprobar la medida, lo que revela que el núcleo de apoyo al Complejo Militar Industrial de Estados Unidos en la Cámara de Representantes es de al menos tres cuartas partes (en el Senado de Estados Unidos probablemente incluso mayor).
Así que la votación fue el resultado de una «maniobra parlamentaria» en la que todos los demócratas se pasaron al otro bando para apoyar al Presidente republicano de la Cámara (que de momento cambió de partido). Una minoría de republicanos se le unió. Una escasa mayoría de republicanos se opuso a la medida. Su oposición se mantiene. Por lo tanto, es muy poco probable que el Congreso asigne más fondos a Ucrania para el resto de este año, incluso cuando los 61.000 millones de dólares para armas y el gobierno de Ucrania se agoten a finales de este verano.
¿Qué ocurrirá si se agotan los 61.000 millones mucho antes de las elecciones de noviembre?
Una posible respuesta a esa pregunta se encuentra en la aprobación de una segunda medida de financiación de Ucrania este pasado fin de semana. Los 61.000 millones de dólares no fueron la acción legislativa más importante en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Mientras que la mayoría de los comentarios de los medios de comunicación se han centrado en ese proyecto de ley de ayuda a Ucrania, apenas se ha dicho nada en los principales medios de comunicación sobre otro proyecto de ley que la Cámara de Representantes de Estados Unidos también aprobó durante el fin de semana. Esta segunda medida tiene mayores implicaciones estratégicas para los intereses globales de Estados Unidos que los 37.000 millones de dólares en envíos reales de armas para Ucrania. Esta segunda medida es la HR 8038, un proyecto de ley de 184 páginas mal llamado «21st Century Peace Through Strength Act» (Ley de Paz a través de la Fuerza del Siglo XXI) que supuso otro paquete más (¿el 16º?) de sanciones estadounidenses.
Transferencia de activos rusos por valor de 300.000 millones de dólares a Ucrania
La primera sección del proyecto de ley dispone un procedimiento para que Estados Unidos fuerce la venta de la empresa china, Tik Tok, a un consorcio de inversores financieros estadounidenses, supuestamente liderado por el exsecretario del Tesoro de Estados Unidos bajo Trump, Steve Mnuchin. Esto forma parte de la creciente lista de sanciones a China. También se sancionan las compras de petróleo iraní por parte de China, así como una serie de sanciones adicionales al propio Irán. Sin embargo, la medida más significativa está relacionada con las sanciones a Rusia.
La Ley de Paz a través de la Fuerza del Siglo XXI pide que Estados Unidos transfiera su parte de 5.000 millones de dólares de los 300.000 millones de dólares de activos incautados a Rusia en bancos occidentales que fueron congelados en 2022 al inicio de la guerra de Ucrania. Establece un procedimiento para entregar los 5.000 millones de dólares a Ucrania para que siga financiando sus esfuerzos bélicos. Esta medida ha sido rumoreada y debatida en EE.UU. y Europa desde que los activos fueron incautados hace dos años. Pero ahora el proceso de transferir realmente los fondos incautados a Ucrania ha comenzado con la aprobación de este segundo proyecto de ley por la Cámara de Representantes de Estados Unidos.
La cuota de 5.000 millones de dólares de EE.UU. en bancos estadounidenses es sólo una gota en el cubo de los 300.000 millones de dólares. A Rusia probablemente le importe menos, es decir, un mero «error de redondeo» en sus ingresos totales por la venta de petróleo, gas y otras materias primas. Pero Europa posee 260 de los 300.000 millones, según la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde. Rusia ha amenazado con tomar represalias contra Europa si la UE sigue el ejemplo de Estados Unidos y Biden y empieza a transferir sus 260.000 millones de dólares a Ucrania.
El proyecto de ley estadounidense deja muy claro que la transferencia de los 5.000 millones de dólares de Estados Unidos es inminente. El proyecto de ley exige a la administración Biden que establezca un «Fondo de Defensa de Ucrania» en el que se depositarán los 5.000 millones de dólares estadounidenses. Si parte de los 5.000 millones de dólares no se encuentran en forma de activos líquidos, el proyecto de ley autoriza además al presidente estadounidense a liquidar esos activos y depositar también el producto en el fondo. Así pues, la incautación y transferencia de los 5.000 millones de dólares a Ucrania es un hecho. Y cuando esto ocurra se creará un precedente legal que Europa podrá utilizar para seguir y transferir sus 260.000 millones de dólares.
Es de esperar que Estados Unidos presione con fuerza a Europa para que lo haga. Además, el proyecto de ley autoriza a Biden a «negociar» con Europa y otros socios del G7 para convencerles de que hagan lo mismo, es decir, confiscar su parte de los 300.000 millones de dólares, liquidar y luego transferir los activos en efectivo al «Fondo de Defensa de Ucrania» de Estados Unidos. Y hasta la fecha Estados Unidos ha sido capaz de «convencer» a Europa -a través de su control de la OTAN y su influencia sobre la economía europea y sus élites políticas paraguas en la Comisión Europea y el Parlamento Europeo- de que siga la política estadounidense sin demasiada resistencia. Europa se está convirtiendo rápidamente en un sátrapa económico y una dependencia política de EEUU en las últimas décadas, más que dispuesta a plegarse en cualquier dirección política que EEUU quiera.
Está claro que la confiscación y redistribución a Ucrania de los 300.000 millones de dólares a través del Fondo de Defensa de Ucrania es el medio por el cual EE.UU./OTAN planean a largo plazo seguir financiando la guerra de Ucrania después de que los 61.000 millones de dólares se agoten en algún momento en 2024; y ciertamente en 2025 y más allá. Porque Estados Unidos no tiene intención de poner fin pronto a su guerra por delegación dirigida por la OTAN en Ucrania. Sólo está tratando de «ganar tiempo» en el ínterin antes de sus elecciones de noviembre.
Porque la mayoría de ambos partidos en Estados Unidos -demócratas y republicanos- están unidos para continuar la guerra. Poco importará quién gane la presidencia o qué partido tenga mayoría en el Congreso después de noviembre. Las élites políticas a ambos lados del pasillo en el Congreso están unidas para continuar la guerra en Ucrania, al igual que están unidas para seguir financiando a Israel, así como para continuar la guerra económica de Estados Unidos con China, en constante expansión. En sólo la semana pasada es obvio que más sanciones de EE.UU. a China también están por venir, incluyendo posiblemente un anuncio de sanciones financieras a China por primera vez después de la visita más reciente del Secretario de Estado de EE.UU., Blinken.
El fracaso de las sanciones rusas: Pasado y futuro
Los objetivos geopolíticos de Estados Unidos y su empeño en continuar sus tres guerras están provocando efectos negativos no deseados en las economías de Estados Unidos y de sus aliados del G7, especialmente Alemania. Pero esas mismas sanciones apenas han tenido efectos negativos en la economía rusa.
La reciente transferencia por parte de Estados Unidos de su parte de 5.000 millones de dólares de los 300.000 millones de Rusia acelerará las consecuencias negativas, especialmente para Europa, en caso de que esta última siga el ejemplo de Estados Unidos y distribuya su parte de 260.000 millones de dólares a Ucrania, como finalmente ocurrirá.
Como dijo la presidenta del CBE, Lagarde, refiriéndose al plan y la legislación estadounidenses: «Hay que estudiarlo detenidamente». Los líderes políticos del Reino Unido ya han dejado constancia de que abogan por confiscar y transferir a Ucrania los 260.000 millones de dólares que Europa posee en activos rusos. En los últimos años, Europa ha capitulado ante las políticas y exigencias económicas de Estados Unidos. Esta vez no será diferente.
Si Europa se une a EE.UU. en la transferencia de su parte de 260.000 millones de dólares de activos rusos en bancos europeos (la mayoría de los cuales está en Bélgica), es casi seguro que Rusia responderá de forma similar y confiscará al menos una cantidad igual de activos europeos que aún están en Rusia. El Parlamento ruso así lo ha manifestado recientemente de forma oficial.
Parte de las sanciones del G7/OTAN hasta la fecha incluían obligar a las empresas occidentales en Rusia a liquidar y abandonar el país. Algunas lo han hecho. Pero muchas no lo han hecho. La respuesta de Rusia ha sido organizar la transferencia de los activos de las empresas de la UE que se han marchado a empresas rusas. Esto ha estimulado la economía rusa. Ha dado lugar a subvenciones del Gobierno ruso -y, por tanto, al gasto público- a las empresas rusas que han asumido los activos, así como a inversiones adicionales por parte de esas empresas tras la adquisición de los activos de las empresas de la UE que se han marchado.
En resumen, la medida de sanciones occidental de presionar a las empresas occidentales para que abandonen Rusia ha resultado contraproducente en su resultado previsto de reducir el gasto público ruso y la inversión empresarial.
Por el contrario, la quincena de paquetes de sanciones de EE.UU./OTAN hasta la fecha han tenido poco, o ningún, impacto en la economía de Rusia desde el comienzo de la guerra en febrero de 2022. Por citar sólo algunos de los resultados de los indicadores económicos clave de Rusia bajo el régimen de sanciones: (Nota: todos los datos siguientes proceden de la fuente de investigación global de EE:)
En los últimos seis meses, el PIB de Rusia ha aumentado entre un 4,9% (3er trimestre de 2023) y un 5,5% (4º trimestre). Las estadísticas PMI de Rusia muestran una sólida expansión tanto en el sector manufacturero como en el de servicios durante el mismo periodo, mientras que en la mayoría de las principales economías europeas ambos indicadores PMI se contraen. El crecimiento salarial en Rusia durante los seis últimos meses ha sido del 8,5% de media en ambos trimestres (mientras que en Estados Unidos es menos de la mitad y en Alemania menos del 1%). Los ingresos del gobierno ruso pasaron de unos 5 billones de rublos en el tercer trimestre a 8,7 billones en el cuarto. Los gastos militares han pasado de 69.500 millones de dólares a 86.300 millones. El gasto de los consumidores alcanza niveles récord en el último trimestre. La deuda de los hogares rusos en porcentaje del PIB se mantiene estable en torno al 22% (mientras que en Estados Unidos es del 62,5%). La producción de crudo y las exportaciones en general siguen aumentando constantemente. La gasolina sigue a 60 céntimos el litro (mientras que en Estados Unidos es cinco-seis veces superior y en Europa más de diez veces). Y la tasa de desempleo en Rusia se mantiene en el 2,9% (mientras que en Estados Unidos y Europa es entre un cuarto y la mitad más alta). Los tipos de interés y la inflación son más altos en Rusia, pero eso representa una economía que funciona a toda máquina y no es necesariamente negativo.
En resumen, es difícil encontrar una sola estadística que demuestre que la economía rusa se ha visto afectada negativamente por el régimen de sanciones de Estados Unidos y la OTAN en los últimos dos años. De hecho, incluso se puede argumentar que las sanciones han estimulado la economía rusa, en lugar de socavarla.
La última sanción en forma de transferencia por parte de Estados Unidos y el G7 de los 300.000 millones de dólares en activos rusos incautados en bancos occidentales tendrá casi con toda seguridad un efecto similar en la economía de Rusia. En concreto, la distribución de los 300.000 millones de dólares provocará que el gobierno ruso se incaute de al menos un equivalente de los activos de las empresas europeas que aún se encuentran en Rusia. Y eso proporcionará financiación para un gasto aún mayor en subvenciones gubernamentales que beneficien a las empresas rusas, seguido de más inversión privada.
¿Se está disparando en el pie el imperio estadounidense?
Pero hay una consecuencia aún mayor tras el acto desesperado de Estados Unidos y Europa de transferir a Ucrania los 300.000 millones de dólares en activos rusos en bancos occidentales.
Banqueros occidentales, responsables de política económica y muchos economistas han advertido contra la incautación y transferencia de los 300.000 millones de dólares. Jefes de bancos centrales estadounidenses y de otros países, directores generales de grandes bancos comerciales e incluso economistas de la corriente dominante, como Shiller, de Yale, han advertido públicamente de forma continuada de que la transferencia de los activos socavará gravemente la fe en el sistema del dólar estadounidense, que es el eje del imperio económico mundial de Estados Unidos.
¿Qué países del Sur global querrán ahora poner (o dejar) sus activos en bancos occidentales, especialmente en Europa, si piensan que los activos podrían ser confiscados en caso de que no estuvieran de acuerdo con las políticas promovidas por el imperio? Está claro que Estados Unidos ha empezado a imponer sanciones «secundarias» a los países que no acatan sus sanciones primarias a Rusia. ¿Incautará también Estados Unidos los activos de estos países «secundarios» que ahora están en bancos occidentales si no aceptan negarse a comerciar con Rusia? ¿Y qué pasa con China, ya que Estados Unidos ha comenzado a ampliar sus sanciones -primarias y secundarias- también a ese país? Esté atento a las sanciones financieras sin precedentes contra China que podrían producirse tras la visita de Blinken a China esta semana.
Estados Unidos no se da cuenta de que no estamos en los años ochenta. El Sur global se ha desarrollado masivamente en las últimas décadas. Insisten en una mayor independencia y más voz en las reglas del imperio, sin lo cual simplemente se irán ahora que empieza a aparecer una alternativa en la expansión de los países BRICS.
Recientemente ampliado a 10 miembros (todos ellos en Oriente Medio y fuertemente productores de petróleo), no menos de 34 países más han solicitado ahora unirse a los BRICS. Además, se informa de que en la próxima conferencia de los BRICS, a finales de 2024, se anunciará un «marco financiero mundial alternativo». Es probable que esto incluya algún tipo de acuerdo monetario alternativo, así como un sistema de pagos internacional alternativo que sustituya al sistema SWIFT de EE.UU. (mediante el cual EE.UU., a través de sus bancos, puede ver quién viola sus sanciones). Es probable que haya algo que sustituya al FMI, dirigido por Estados Unidos, para garantizar la estabilidad de la moneda, y una expansión de la Franja y la Ruta de China como alternativa al Banco Mundial, dirigido por Estados Unidos. (¿Quizás ese sea el verdadero tema de la próxima visita de Blinken a China?).
En resumen, el imperio económico mundial de Estados Unidos está entrando en su período más inestable. Y, sin embargo, ¡la política de Estados Unidos es acelerar las alternativas al mismo confiscando y transfiriendo fondos a Ucrania para continuar la guerra! Las consecuencias de la confiscación y la transferencia serán significativas, tanto para los intereses estadounidenses como para los europeos. En comparación, hará palidecer la resistencia del pasado a las sanciones estadounidenses.
Cómo hundir un imperio
La historia demostrará que los objetivos y estrategias geopolíticos de Estados Unidos en el siglo XXI fueron la principal causa del declive de la hegemonía económica mundial estadounidense durante el último cuarto de siglo. Gran parte de esos objetivos y estrategias han sido obra del equipo de política exterior más ignorante en materia económica de la historia de Estados Unidos, al que generalmente se conoce como los neoconservadores.
La incautación y transferencia de los 300.000 millones de dólares puede proporcionar una manera de seguir financiando a Ucrania en la guerra por poderes de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia hasta 2024 y más allá. Pero el momento no podría ser peor para los intereses imperiales de EE.UU./Europa, llegando en vísperas de la histórica conferencia de los BRICS a finales de este año. El acto desesperado de incautación y transferencia sólo convencerá a más países del Sur global a buscar otra alternativa más independiente uniéndose a los BRICS, o a comerciar cada vez más con ese bloque.
La historia demuestra que los imperios descansan en última instancia sobre cimientos económicos. Y se derrumban cuando esos cimientos económicos subyacentes se fracturan y luego se desmoronan.
La consecuencia a largo plazo de la transferencia de 300.000 millones de dólares y de la salida del Sur global del imperio estadounidense sólo puede ser la disminución del uso del dólar estadounidense en las transacciones globales y como moneda de reserva. Eso pone en marcha una serie de acontecimientos que, a su vez, socavan la economía nacional estadounidense: Una menor demanda de dólares se traduce en una caída de su valor. Eso significa menos reciclaje de dólares de vuelta a Estados Unidos, lo que se traduce en menos compras de bonos del Tesoro estadounidense por parte de la Reserva Federal, lo que a su vez obligará a la Reserva Federal a subir los tipos de interés a largo plazo durante los próximos años para cubrir los crecientes déficits presupuestarios estadounidenses. Todo esto sucederá a una intensificación de la crisis fiscal del estado de EE.UU. deteriorando rápidamente ya
En otras palabras, el retroceso de la hegemonía mundial de Estados Unidos en la economía estadounidense, agravado por las sanciones en general y la confiscación de activos de países como Rusia en particular, es casi seguro a largo plazo, al igual que lo será para la economía europea a corto plazo.
Pero tal es la miopía económica de los neoconservadores estadounidenses y de la incompetente dirección de las élites políticas de ambos partidos en Estados Unidos en los últimos años. Como dice ese otro dicho americano: Hemos encontrado al enemigo, ¡y somos nosotros!
Jack Rasmus es autor del libro recientemente publicado «The Scourge of Neoliberalism: U.S. Economic Policy from Reagan to Trump‘, Clarity Press, 2020.
5. Elecciones en Sudáfrica
Próximamente se van a celebrar elecciones generales en Sudáfrica. Sigue partiendo como favorito el CNA -que cuenta con el apoyo del Partido Comunista-, aunque está sufriendo un cierto declive. A su izquierda, el EFF y ahora me encuentro con este grupo que no conocía. Supongo que son troskos, por el lenguaje, las propuestas, y la fuente en que los publican. https://links.org.au/anc-and-
El CNA y las elecciones sudafricanas de 2024: Una pesadilla de coaliciones, escisiones y crisis neoliberal (más: ¡Amandla!: Elecciones 2024 – Una llamada de atención para la izquierda)
Gunnett Kaaf ¡Amandla! Colectivo 26 de abril de 2024 Publicado por primera vez en Amandla!.
No cabe duda de que el Congreso Nacional Africano está librando sus elecciones más difíciles desde los albores de la democracia en 1994. Esto puede sonar a tópico del que se hace eco cada elección, pero ahora es verdad. El incesante declive del apoyo electoral del CNA se viene produciendo desde 2009, cuando Zuma se convirtió en Presidente. Ahora hará que el ANC caiga por debajo del 50% de los votos. Casi todas las encuestas sitúan al ANC en torno al 45%, tendiendo hacia el 40%. Si crees que las encuestas son agoreras, basta con mirar los resultados del gobierno local de 2021: el voto global del ANC fue del 45,59%.
La tendencia en los últimos 15 años ha sido que los resultados de las elecciones a los gobiernos locales tienden a ser precursores de los resultados de las elecciones nacionales cuando se trata del ANC. En las elecciones locales de 2011, la ANC obtuvo el 61,95 %, y en las elecciones generales de 2014 descendió al 62,15 %. En las elecciones locales de 2016, el ANC obtuvo el 53,91% de los votos e incluso perdió los grandes municipios metropolitanos de Joburg, Tshwane, Ekurhuleni y Nelson Mandela Bay. En las siguientes elecciones generales de 2019, descendió al 57,50%.
La trayectoria de declive del CNA continuará incluso en 2024, con un porcentaje no muy alejado del 45% que obtuvo en las elecciones locales de 2021. También está claro que el ritmo del declive del ANC ha tendido a ser más rápido, teniendo en cuenta los resultados de las elecciones generales de 2019 y de las elecciones locales de 2021. Así pues, el CNA se enfrenta a una pesadilla de coaliciones inviables y escisiones que marcan el caótico desarrollo de la crisis cada vez más profunda del CNA, a medida que se acerca a las elecciones generales de 2024, y más allá.
La ANC participa en una falsa renovación
La pesadilla se agrava por el hecho de que han estado fingiendo estar inmersos en un proceso de renovación para autocorregirse, desde que Jacob Zuma dejó la presidencia del CNA en 2017. Esta farsa de proceso de renovación ha empeorado las cosas para ellos porque han afirmado que están abandonando la corrupción y embarcándose en una transformación económica radical; para reestructurar el Banco de la Reserva, aplicar una reforma agraria radical y redistribuir la riqueza y los ingresos en la economía en beneficio de la mayoría negra pobre. Todo esto era una mentira azul, ¡y ellos lo saben!
Ahora están más desacreditados, incluso peor que en los años de Zuma, porque no tienen a un Zuma y a Ace Magashule como chivos expiatorios de su desastre. Si quieres ver que no hicieron nada contra la corrupción, no busques más allá de su lista parlamentaria. Verás a muchos de los implicados en la comisión Zondo sobre captura del Estado y corrupción. Peor aún: el ascenso a la presidencia de su actual presidente, Ramaphosa, se basó en un programa anticorrupción. Pero tiene una gran nube sobre su cabeza: el escándalo Phala Phala, que implica un montón de dinero en efectivo de más de medio millón de dólares estadounidenses, cuya verdadera fuente sigue sin explicarse.
El CNA utilizó su mayoría en el Parlamento para bloquear la investigación sobre la destitución derivada de las graves violaciones y delitos cometidos por el Presidente en Phala Phala, tal y como estableció a primera vista el Grupo Independiente, compuesto por dos jueces jubilados y un abogado de alto rango. La razón formal que adujeron para rechazar la investigación parlamentaria recomendada fue que el Presidente había recurrido ante los tribunales el informe del Grupo Independiente. Una vez que la mayoría parlamentaria del ANC rechazó el informe, el Presidente volvió a los tribunales para retirar su revisión, alegando que el informe del Panel Independiente había pasado a ser académico desde que el Parlamento lo rechazó. Son puras artimañas del ANC para eludir la rendición de cuentas.
La detención del Presidente del Parlamento a raíz de un escándalo de soborno de 4,5 millones de rands, en periodo electoral, ha echado más leña al fuego.
El desempleo, la pobreza, la prestación de servicios públicos como la sanidad, la educación y la vivienda, y el deterioro de las infraestructuras públicas han empeorado desde que Ramaphosa asumió el poder en la conferencia del CNA de 2017, sobre la base de una transformación económica radical que iba a mejorar la suerte de las masas negras pobres. No se ha puesto en marcha ninguna intervención política radical. Así que tanto la proclamada postura anticorrupción como las políticas económicas radicales, que son los dos pilares de la falsa renovación del CNA, se han quedado en nada.
Por el contrario, hemos sido testigos de una mayor austeridad neoliberal de recortes presupuestarios en importantes servicios públicos, como la sanidad, la educación, la vivienda y las carreteras, y en los salarios de los trabajadores del gobierno. La austeridad también se ha extendido a la reaccionaria y estricta política monetaria de aumento de los tipos de interés. Se supone que es para combatir la inflación. Pero esa inflación no proviene de la sobreoferta de dinero, sino de los aumentos de precios de las empresas monopolistas y de las importaciones debidas a las rupturas de las cadenas mundiales de suministro, tras la caída de Covid y la guerra de Ucrania. Esta austeridad fiscal y monetaria ha empeorado el coste de la vida para las familias pobres, los trabajadores y las clases medias.
El ascenso de la derecha peligrosa: Zuma y su partido MK
Normalmente, el partido uMkhonto weSizwe de Jacob Zuma no debería suponer ninguna amenaza seria para el apoyo electoral del ANC porque, según el ANC de Ramaphosa, Zuma presidió «nueve años desperdiciados de corrupción y captura del Estado», y Cyril es un hombre renovador. En todo caso, el ANC debería decir «hasta nunca» ahora que Zuma tiene su propio partido basado en la movilización tribal zulú y en la defensa de su legado de corrupción. Pero, por el contrario, Zuma y su partido MK han agravado los males del ANC, por lo que están aterrorizados hasta la médula.
El partido de Zuma amenaza seriamente con arrebatar un apoyo significativo al ANC en KZN, y en algunas partes de Gauteng y Mpumalanga. Algunas encuestas sitúan incluso al partido MK con un 13% de los votos a nivel nacional, por delante del EFF. Si esta amenaza al apoyo electoral del ANC es real y hay que creer en las encuestas, entonces el ANC es un partido reaccionario que comparte con el partido MK tendencias reaccionarias como la movilización tribalista retrógrada y la corrupción. Los elogios que el CNA dedicó al rey Goodwill Zwelithini y a Mangosuthu Buthelezi con motivo de sus respectivos fallecimientos en 2021 y 2023 también dan testimonio de ello. Elogiaron a estos dos como grandes patriotas que lucharon por la paz y la democracia. Esto es contrario a su historial como reaccionarios que descarrilaron nuestra democracia, colaboradores del apartheid y el asesino en masa que fue Buthelezi.
Como parte de esta deriva hacia la derecha de abrazar a los líderes tradicionales reaccionarios, con la esperanza de atraer a los votos rurales, el ANC se ha asegurado ahora el respaldo del rey Buyelekhaya Dalindyebo, condenado penalmente, en su campaña electoral de 2024, después de que se lo arrebataran al EFF.
Zuma es una fuerza de derechas cuyo peligro para la estabilidad y la seguridad nacionales se puso de manifiesto durante los disturbios del 2021 de julio. Por supuesto, el ascenso político de la derecha de Zuma se apoya en el declive de la democracia y la profundización de la crisis neoliberal.
El CNA teme tanto a Zuma que no lo ha expulsado como miembro del CNA, a pesar de que ha violado la propia constitución del CNA al formar un partido al margen de la Alianza y hacer campaña contra el CNA. Sólo suspendieron su afiliación a la ANC mucho después de que anunciara la formación del partido MK y empezara a hacer campaña en su favor. Alegan que su razón para no expulsar directamente a Zuma es táctica; no quieren empeorar las cosas en periodo electoral. Sin embargo, están ocupados luchando contra Zuma en los tribunales, intentando que su partido MK sea dado de baja y que deje de utilizar el nombre y el logotipo de uMkhonto weSizwe, ya que están asociados a la marca ANC.
Su enfoque sobre Zuma es confuso porque no tienen principios y no controlan muchas cosas en su terreno; les puede estallar en la cara en cualquier momento, porque la implosión del CNA se asemeja a un imperio del caos. La escisión de Zuma forma parte de la crisis cada vez más profunda del CNA.
La pesadilla de las coaliciones inviables
La experiencia de las coaliciones en los municipios ha sido mala, plagada de gobiernos de coalición inestables, en los que los alcaldes, los ejecutivos y los portavoces de los consejos se cambian a discreción. Ante la gran posibilidad (casi una certeza) de que el ANC caiga por debajo del 50% a nivel nacional y pierda Gauteng y KZN, les ha entrado el pánico y quieren estar preparados para los gobiernos de coalición. Han intentado elaborar una ley que regule la estabilidad de los gobiernos de coalición, pero han fracasado. Tampoco han conseguido formular una estrategia política coherente para las coaliciones, porque el ANC se ha convertido en un caos político, incapaz de coordinar ningún proyecto político grande y complejo.
Como señala acertadamente Hein Marais en su libro clásico de 2011, South Africa Pushed to the Limit: El CNA alberga ahora un surtido tan dispar de intereses, ideologías e ideales que los impulsos progresistas se ven mitigados por un batiburrillo de tendencias groseras. El CNA ya no puede pretender de forma creíble ser el guardián y gestor de un proyecto de liberación coherente… Poderosos sectores del CNA han adquirido una simpatía reflexiva por las políticas que anteponen el mercado a la sociedad y que relegan a las sombras la búsqueda de la justicia social.
El ANC no puede ponerse de acuerdo entre sí para formar una coalición con el EFF sobre la base de una perspectiva estratégica. También les da vergüenza declarar abiertamente que es más probable que vayan con el liberal DA. Tal vez vayan con partidos más pequeños si caen por debajo del 50% sólo por un pequeño margen.
Una vez más, existe una enemistad permanente entre el ANC y la EFF cuando se trata de acordar posiciones políticas radicales. La EFF siempre trata de desacreditar al ANC como partido vendido. La experiencia de 2021, cuando se intentó enmendar el artículo 25 de la Constitución para aclarar la posibilidad de una reforma agraria radical y libre de las fuerzas del mercado, es un ejemplo de ello. El EFF rechazó la enmienda propuesta por la comisión parlamentaria dominada por el ANC, que decía: «cuando se expropien tierras y cualquier mejora de las mismas con fines de reforma agraria… el importe de la indemnización podrá ser nulo». El EFF se opuso e insistió en la redacción «expropiación sin indemnización«. Así pues, la enmienda constitucional para permitir fácilmente una reforma agraria radical no fue aprobada, ya que no obtuvo la mayoría de dos tercios de los votos requerida en la Asamblea Nacional.
No está claro si el CNA hablará con el partido MK de Zuma para formar coaliciones, dada la animosidad entre ambos.
A pesar de los intentos desesperados, la crisis de la ANC se agrava
El CNA de Gauteng ha puesto en marcha un programa masivo de empleo en el sector público. Esto es digno de elogio. La reestructuración neoliberal de la economía, consolidada por el gobierno del ANC desde 1994, ha ido eliminando puestos de trabajo y agravando el desempleo, sin que la inversión de capital privado haya permitido aumentar la producción y crear empleo a gran escala. Dadas las grandes cifras que se citan de personas empleadas desde el año pasado (más de 90.000), estas oportunidades de empleo deberían mejorar la suerte electoral del ANC en Gauteng, como provincia en la que el ANC está abocado a perder.
Sin embargo, no parece que este plan de empleo vaya a hacer maravillas para el ANC porque se puso en marcha demasiado tarde, cerca de las elecciones, cuando el ruido y el calor electorales lo abruman todo. La mayoría de los que consiguieron empleo probablemente votarán al ANC, pero su número es demasiado escaso para hacer mella en la mejora de su desesperada suerte electoral en Gauteng. Es poco probable que otros votantes en paro voten al ANC con esperanzas inspiradas por el plan de empleo, creyendo que les va a llegar su turno. Probablemente no votarán al ANC debido al cinismo generalizado entre los votantes por las decepciones y fracasos acumulados desde 1994.
30 años es, sin duda, un período suficientemente largo para fracasar, intentando llevar a cabo una estrategia de desarrollo e intentándolo una y otra vez, hasta que se consigue. Pero con el CNA, el fracaso ha sido estrepitoso porque no se comprometieron con ningún proyecto de desarrollo soberano. En lugar de ello, sucumbieron plenamente a la filosofía neoliberal dominante en materia de desarrollo, que atribuye un papel decisivo a las fuerzas del mercado.
Estas elecciones muestran, por tanto, el declive de la democracia, el agravamiento de la crisis neoliberal y el ascenso de los partidos de derechas (MK, ActionSA, Alianza Patriótica, Frente por la Libertad Plus) y de las fuerzas sociales de derechas. El declive del CNA no cesa y, sin embargo, no hay ningún partido que obtenga una mayoría absoluta. Se trata de una crisis política de ausencia de fuerzas políticas y sociales capaces de plantear una visión social alternativa y radical que fortalezca la democracia y avance en una agenda de desarrollo que se apoye en las demandas sociales de las clases populares, que constituyen la mayoría de la población.
La crisis del CNA se ha convertido en una parte intrínseca de la crisis capitalista neoliberal que se agrava en nuestro país y en todo el mundo. Una salida significativa de esta crisis no es renovar o reformar el CNA. Eso no es posible. Hay que trascender el ANC con un avance revolucionario socialista para salir de la crisis neoliberal cada vez más profunda. Hay que construir urgentemente movimientos de masas que libren luchas de masas que registren victorias decisivas. Por supuesto, eso tiene que hacerse fuera de las elecciones, pero luego ejercer peso político en las elecciones, sobre la base de victorias políticas anotadas antes de las elecciones, no después. Si la izquierda y las clases populares no están a la altura de esta tarea y de este desafío, la ruinosa crisis se perpetuará a medida que se agrave.
Gunnett Kaaf es un activista marxista y escritor residente en Bloemfontein.
Elecciones 2024: Una llamada de atención para la izquierda
Publicado por primera vez en Amandla!.
Las próximas elecciones nacionales y provinciales de 2024 son las más importantes desde las «elecciones de la libertad» de 1994. Sin embargo, una vez más no se presenta ninguna fuerza creíble de izquierdas o anticapitalista. Según todos los indicios, no es probable que el CNA obtenga una mayoría absoluta, y podrían surgir nuevas configuraciones de poder. La falta de presencia en estas elecciones es indicativa del estado de la izquierda y de los movimientos obreros y sociales. Son una sombra de los movimientos que fueron tan decisivos para desalojar al régimen racista del Partido Nacional de los Edificios de la Unión.
30 años de gobierno del CNA han sido un desastre para nuestro país y para los pobres y la clase trabajadora. La tasa de desempleo es una de las más altas del mundo. La desigualdad se ha deteriorado hasta convertirse en la peor del mundo. La violencia contra las mujeres alcanza niveles terribles. Por término medio, una mujer es violada cada 25 segundos, y una es asesinada por su pareja cada ocho horas. La mayoría de los municipios son incapaces de prestar servicios básicos a su población debido a la grave escasez de fondos.
La corporatización y comercialización de las empresas estatales ha sido un desastre. Eskom y Transnet se encuentran en una espiral mortal. Muy endeudadas, son incapaces de satisfacer las necesidades de electricidad y transporte de la población y la economía. Lo mismo ocurre con casi todas las demás empresas públicas.
El vacío de la izquierda
Por tanto, es trágico que la izquierda que ha desarrollado una crítica convincente de las políticas neoliberales no sea capaz de promover alternativas reales, justo cuando el electorado está deseando soluciones reales.
Todos los fragmentos de la oposición al CNA (y cada día surge un nuevo fragmento) ofrecen explicaciones en gran medida superficiales y falsas del estado actual de la nación. Para el DA y sus aliados, es la corrupción y el despliegue de cuadros. Para los populistas, son los inmigrantes ilegales o la falta de protección de los valores familiares cristianos. Para los disidentes del ANC, no es suficiente BEE y la vacua noción de una transformación económica radical.
El fracaso de la izquierda a la hora de constituir una fuerza creíble ha dado lugar a una situación rocambolesca: populistas corruptos, que una vez dirigieron el CNA, se presentan oportunistamente como radicales de izquierdas. Zuma y su partido MK son sólo el caso más reciente. Está Ace Magashule y su Congreso Africano para la Transformación, el Movimiento Popular para el Cambio de Marius Fransman y, por supuesto, el FEP, donde Carl Niehaus ha encontrado otro hogar. Para los nuevos (partidos como la Alianza Patriótica y Action SA), su estrategia electoral consiste en apelar a los peores sentimientos de un pueblo desesperado por la crisis socioeconómica. Se superan unos a otros para ser los más estridentemente xenófobos, homófobos y duros con la delincuencia.
El desastroso resultado del Partido Socialista Obrero Revolucionario en las elecciones de 2019 ha tenido consecuencias para toda la izquierda. Señala la desaparición de lo que se denominó el «momento Numsa» en 2013, una oportunidad para la renovación de la política de izquierda independiente arraigada en los movimientos populares de masas. Refuerza la idea errónea de que es difícil construir movimientos políticos democráticos, radicales y de masas que puedan concurrir con éxito a las elecciones; la idea de que la izquierda no debe intervenir en la política electoral. Del mismo modo, la deriva del FEP hacia una burda política nacionalista, y su evolución hacia convertirse en una versión radical del CNA, supondrá un bloqueo a la renovación de una política de izquierda militante.
La consecuencia para una izquierda socialista genuina y democrática es que, incluso si estuviera en condiciones de entrar en la contienda electoral, se encontraría en un campo congestionado, luchando por distinguirse de los muchos impostores.
Y luego está el gran número de electores potenciales de la izquierda que se han desilusionado tanto con esta situación que han optado por no participar, ni siquiera molestándose en registrarse para votar.
Las elecciones son asuntos caros. Movilizar las finanzas para competir con los partidos burgueses, sin hundirse en el oportunismo, doblado por la dependencia de donantes cuestionables, es potencialmente un problema enorme para una izquierda dependiente del apoyo de los que no poseen nada.
Es urgente resolver la ausencia electoral de una izquierda creíble. Exigirá un profundo replanteamiento de las perspectivas y la estrategia de la izquierda que provocará una reorganización sustancial de la misma.
La larga marcha hacia la construcción de una alternativa de izquierdas de masas a la política nacionalista se enfrentará a difíciles decisiones estratégicas y tácticas, especialmente con el declive de los movimientos sociales de la clase trabajadora, incluido el debilitamiento y la fragmentación del movimiento obrero.
Nuestro punto de partida
Nuestra comprensión de la ausencia de un partido anticapitalista en las próximas elecciones tiene que ir más allá del análisis de Steven Friedman, que lo achaca a la centralidad de la raza y la desigualdad racial. Un buen punto de partida sería reconocer la derrota de la izquierda en Sudáfrica. El filósofo y activista socialista francés Daniel Bensaid señaló, al evaluar la estrategia revolucionaria a principios del siglo XXI: «¿De qué venimos? De una derrota histórica. Lo mejor que podemos hacer es admitirla y calibrar su alcance. La ofensiva neoliberal del último cuarto de siglo es a la vez la causa de esta derrota, su consecuencia y su culminación. Algo se logró en el cambio de siglo, entre la caída del Muro de Berlín y el 11 de septiembre. ¿Pero qué fue? ¿El final del «breve siglo XX» y su ciclo de guerras y revoluciones? ¿O el fin de la modernidad? ¿El final de un ciclo, de un periodo de tiempo o de una época?»
Es evidente que la izquierda sudafricana ha sufrido de forma similar. Pero también hay elementos específicos de Sudáfrica.
En primer lugar, se produce a raíz, y como consecuencia, del colapso de la distorsión socialista, que era la URSS y sus estados satélites. Luego, como explicó correctamente Vishwas Satgar: Dos décadas de neoliberalización dirigida por el CNA, que ha entregado la democracia, el desarrollo y la formación del Estado al capital, consolidaron la derrota estratégica de la izquierda y la clase obrera en Sudáfrica. El «momento y proceso del Sindicato Nacional de Trabajadores del Metal de Sudáfrica (Numsa)», dirigido por el sindicato más grande (más de 330.000 afiliados) y más combativo de Sudáfrica, trata de hacer frente a esta derrota estratégica. Se trata de una batalla para determinar el futuro de Sudáfrica la iniciativa estratégica para la clase trabajadora del país.
Sin embargo, es el colapso de este «momento Numsa» lo que hace que la situación para la izquierda sea mucho más difícil y compleja. Es como tener que reconstruir desde cero. Como señala Stuart Hall, el marxista británico: Cuando se desencadena una coyuntura, no hay «vuelta atrás». La historia cambia de marcha. El terreno cambia. Te encuentras en un momento nuevo. Tienes que atender, «violentamente», con todo el «pesimismo del intelecto» a tu alcance, a la «disciplina de la coyuntura».
Prevaleció la política estalinista
¿Por qué la izquierda anticapitalista sudafricana no supo imprimir su sello a este momento? El dogma marxista leninista de viejo cuño era dominante, con su autoritarismo intrínseco y su control sobre importantes maquinarias burocráticas como el SACP, Cosatu y Numsa. Esto acabó con los brotes verdes de una política emancipadora más abierta, democrática y pluralista.
Entre los protagonistas detrás de la formación del FEP y del SRWP de Numsa, puede haber habido una ruptura con el ANC/SACP, pero no con la política y las prácticas congresistas/estalinistas. Esto es particularmente cierto en relación con la regurgitación de las nociones de «revolución democrática nacional», la teoría stagista del cambio revolucionario, apuntalada por una alianza con la burguesía patriótica, en nombre de la clase obrera. Los jóvenes activistas y cuadros surgidos de las luchas obreras, comunitarias y estudiantiles fueron absorbidos por estas burocracias en su búsqueda de ingresos estables y seguridad personal.
Reconocer la derrota sufrida no es desmoralizarse. Es más bien reconocer un fracaso sin capitular ante el enemigo, sabiendo que un nuevo comienzo podría adoptar formas inéditas.
Hacia la renovación
No habrá atajo para salir de este estado de decadencia. Estas elecciones pueden ser significativas en el sentido de que, con toda probabilidad, pondrán fin al dominio total de la política nacionalista. Tal vez, por lo tanto, habrá mayores oportunidades para un electorado para la política de clase. Pero en otro sentido será completamente insignificante: no tendrá ningún efecto en la vida material de la clase trabajadora y los pobres. No arreglará las tuberías rotas de agua y alcantarillado. No detendrá los cortes de suministro. Y, sobre todo, no alejará al gobierno de la dirección neoliberal que comparten la mayoría de sus oponentes políticos.
Para un cambio real, no habrá otra alternativa que seguir construyendo organizaciones populares, luchar para recuperar el movimiento obrero de su dirección burocrática y luchar para reconstruir la unidad del movimiento de la clase obrera en un movimiento por el socialismo. No debe haber más elecciones sin una voz de la izquierda en las papeletas. Y esa voz debe estar enraizada en organizaciones populares activas.
6. La ley de agentes extranjeros y las ensoñaciones georgianas
Scott Ritter, que está casado con una georgiana, escribe sobre los últimos acontecimientos en ese país, al que vuelven a empujar a una revolución de colores.
https://www.scottritterextra.
Sueña, Georgia… Sueña
Scott Ritter 25 de abril de 2024
Para el pueblo georgiano, el segundo intento de Georgia Dream de aprobar la ley de registro de agentes extranjeros resultó ser la vencida.
Es una batalla de «libros de jugadas».
Por un lado, tenemos el llamado «libro de jugadas ruso», en el que un gobierno autoritario utiliza amenazas de violencia y opresión para intimidar a la población y llevarla a la pasividad, negándole toda voz cuando se trata de dar forma a la sociedad y definir el alma de una nación.
Por otro lado, está el «libro de jugadas estadounidense», donde el dinero secreto compra la lealtad equivocada, permitiendo que los escenarios llenos de fantasía de riqueza y prosperidad ahoguen las cuestiones prácticas de soberanía, donde las falsas promesas de libertad acallan las voces que claman en defensa de los valores tradicionales.
El libro de jugadas de cada cual depende del lado de la discusión en que se encuentre.
Hoy, las calles de Tiflis, capital de Georgia, nación del Cáucaso meridional, están abarrotadas de miles de manifestantes que lamentan la probable aprobación de un proyecto de ley – «sobre la transparencia de la influencia extranjera»- que llaman «la ley rusa».
Hace trece meses, multitudes similares de jóvenes georgianos enfurecidos, muchos de los cuales portaban la bandera azul y dorada de la Unión Europea junto a la roja y blanca de la República de Georgia, presionaron al Parlamento georgiano para que retirara del examen el proyecto inicial de esta ley, que obligaría a las organizaciones no gubernamentales a declarar las fuentes de su financiación, y ordenaba que las organizaciones que obtuvieran más del 20 por ciento de su financiación de fuentes extranjeras se registraran como agentes extranjeros.
Scott hablará de este artículo y responderá a las preguntas del público en el episodio 154 de Pregúntele al inspector.
Una legislación rusa similar aprobada en 2012 (y modificada posteriormente en 2019 y 2021) resultó ser la sentencia de muerte para las organizaciones no gubernamentales (ONG) financiadas por Estados Unidos, Reino Unido y la UE que habían pasado más de dos décadas tratando de, según sus líderes, moldear la sociedad civil rusa según las líneas occidentales.
Pero el gobierno ruso veía las cosas de otra manera. Esas mismas ONG, sostenía el gobierno ruso, estaban implicadas en el fomento de un golpe de poder blando al derribar la confianza pública en el gobierno y, al mismo tiempo, promover una supuesta oposición política que, al recibir dinero e instrucciones del extranjero, era menos un producto de la democracia rusa y más una herramienta de intereses extranjeros malignos.
La legislación rusa logró su objetivo: con pocas excepciones, los opositores políticos que aceptaron dinero extranjero fueron desarraigados y expulsados de la vida política rusa.
Esta era la «ley rusa».
Para los líderes del partido político georgiano en el poder, Georgia Dream, el fracaso en la aprobación de la legislación sobre el registro de extranjeros representó algo más que un revés político: abrió la puerta a un renovado impulso de Estados Unidos y la UE para hacerse con el control de la agenda sociopolítica georgiana, allanando el camino para que los partidos políticos pro-UE/OTAN derrotasen a Georgia Dream en las elecciones previstas para octubre de 2024.
En resumen, Estados Unidos y la UE estaban consiguiendo en Georgia -un golpe de poder blando- lo que no lograron en Rusia.
Porque Rusia aprobó la «ley rusa».
Los georgianos favorables a la UE y a la OTAN culpan a Rusia de todos los males de Georgia y presentan a Occidente (es decir, Estados Unidos, la UE y la OTAN) como sus salvadores. Pero un rápido repaso a la historia relevante ofrece una realidad completamente distinta.
Durante la mayor parte del siglo XX, Georgia disfrutó de paz y prosperidad como parte de la Unión Soviética, donde los georgianos vivían en armonía con sus vecinos rusos.
En 1991, los nacionalistas georgianos llevaron a Georgia por el camino del suicidio nacional, declarando prematuramente la independencia de la Unión Soviética y renunciando a la normalización de las relaciones con Rusia en la falsa búsqueda de la prosperidad occidental.
El Oeste ignoró a Georgia.
En 1991-92, los nacionalistas georgianos instigaron una guerra civil en Osetia del Sur que desgarró Georgia, provocando un conflicto civil y una limpieza étnica.
Rusia intervino como pacificadora.
El Oeste ignoró a Georgia.
En 1992-93, los nacionalistas georgianos instigaron una guerra civil en Abjasia que provocó la pérdida de ese territorio, la muerte de decenas de miles de personas y la limpieza étnica de más de 250.000 georgianos.
Rusia se ofreció a intervenir para salvar Abjasia. El gobierno georgiano rechazó la oferta rusa.
El Oeste ignoró a Georgia.
En 1993, los nacionalistas georgianos iniciaron una guerra civil que amenazó con desgarrar Georgia.
Rusia se ofreció a intervenir para salvar a Georgia.
Georgia aceptó la oferta rusa.
Georgia se salvó.
El Oeste ignoró a Georgia.
En 2003, Occidente empujó a Georgia a derrocar su gobierno (la llamada «Revolución de las Rosas»), tentándola con promesas de ingreso en la UE y la OTAN.
En 2003, Occidente hizo que Georgia desplegara tropas en Irak.
En 2004, Occidente hizo que Georgia desplegara tropas en Afganistán.
En ambos conflictos murieron y resultaron heridos muchachos georgianos que luchaban en una guerra que no tenía nada que ver con Georgia, y todo que ver con la preservación de la hegemonía occidental.
Los rusos no hicieron nada a Georgia.
En 2008, Rusia entabló activas negociaciones con Georgia para la devolución de Abjasia y Osetia del Sur.
Ese mismo año, Occidente ordenó al gobierno georgiano que interrumpiera las negociaciones y, en su lugar, utilizara el ejército georgiano, que Occidente había ayudado a construir, para invadir Osetia del Sur.
Georgia invadió, matando a las fuerzas de paz rusas mientras dormían.
Rusia contraatacó, destruyendo el ejército georgiano.
Rusia no llegó a tomar Tiflis, que quedó indefensa.
Occidente no hizo nada para ayudar a Georgia.
En 2014, Occidente provocó una guerra con Rusia en Ucrania.
Occidente prometió apoyar a Ucrania para siempre.
Occidente prometió a Ucrania el ingreso en la UE y la OTAN.
En 2022 Rusia contraatacó.
Ucrania está siendo destruida.
No hay adhesión a la UE,
No es miembro de la OTAN.
Sólo hay muerte y destrucción.
En 2024, Occidente intenta comprar a los políticos georgianos para abrir un segundo frente contra Rusia.
Occidente ofrece la adhesión a la UE.
Occidente ofrece el ingreso en la OTAN.
Rusia ofrece paz y coprosperidad.
Georgia, la elección es tuya:
Un camino de paz y prosperidad que pasa por Moscú.
O un camino de guerra y destrucción que pasa por Bruselas.
Elige bien.
Parece que el partido gobernante, Georgia Dream Party, está haciendo caso de este consejo. El 17 de abril, el Parlamento georgiano aprobó en primera lectura, por 83 votos a favor y ninguno en contra, el proyecto de ley sobre transparencia de la influencia extranjera. Según el procedimiento parlamentario georgiano, el proyecto de ley fue enviado a comisión, donde se examinará cada párrafo y se dará la oportunidad de debatirlo y enmendarlo. Este proceso dura unas dos semanas, tras las cuales el proyecto se someterá de nuevo a lectura y votación.
La sabiduría parlamentaria dicta que no se plantea una votación sobre un tema controvertido a menos que el resultado esté predeterminado.
Georgia Dream cuenta con una supermayoría en el Parlamento georgiano, lo que significa que puede anular un veto presidencial (y se espera uno).
La única forma de impedir que el proyecto de ley sobre transparencia de la influencia extranjera se convierta en ley es que un número suficiente de parlamentarios georgianos se sientan intimidados por la amenaza de protestas violentas en su país o de sanciones políticas en el extranjero.
El Primer Ministro georgiano se ha asegurado de que haya suficiente poder policial para contener las emociones de los manifestantes de la oposición.
Y la amenaza de sanciones de la UE se ve mitigada por la realidad que espera a Georgia Dream y a la nación georgiana si no son capaces de aprobar el proyecto de ley de influencia exterior: una guerra con Rusia, con todo lo que ello conlleva.
El primer ministro georgiano, Irakli Kobakhidze, subrayó esta realidad en una declaración hecha al pueblo georgiano sobre la importancia del proyecto de ley de influencia extranjera. «Si las ONG hubieran conseguido lo que intentaban activamente entre 2020 y 2022», dijo Kobakhidze, «que era cambiar el Gobierno mediante una revolución, hoy Georgia estaría en una situación peor que Ucrania, lo que significa que tanto la paz [en el país] como la integración europea habrían quedado atrás.»
Kobakhidze continuó explicando que «el proyecto de ley tiene como principal objetivo proteger a Georgia de la ucranización, reforzar la soberanía y garantizar el desarrollo estable [del país], que es una condición necesaria para la integración de Georgia en la Unión Europea. Evitar la ucranización es una condición necesaria para la integración de Georgia en la Unión Europea, y éste es el principal objetivo de este proyecto de ley».
El gobierno ucraniano criticó el uso del término «ucranización» por parte de Kobakhidze, pero simplemente no existe una palabra más adecuada para describir el destino de Georgia en caso de que el proyecto de ley sobre la influencia extranjera no se convierta en ley.
Los partidos de la oposición, como Droa! («¡Ya es hora!»), han aceptado dinero de fuentes extranjeras, lo que supone una violación de la Constitución y la legislación georgianas: Elene Khoshtaria, directora de Droa!, que funciona como partido político y como ONG, admitió recientemente haber recibido dinero de la Fundación Europea para la Democracia (EFD), una rama de la Fundación para la Defensa de las Democracias, con sede en Estados Unidos, una ONG respaldada por el Departamento de Estado. La EFD se financia en gran medida con subvenciones del Departamento de Estado, subvenciones de la FDD y recaudación de fondos realizada por la FDD en nombre de la EFD. En resumen, el EFD es una tapadera de blanqueo de dinero para los fondos dirigidos por el gobierno estadounidense que se utilizan para promover el cambio de régimen en nombre de la democracia.
Si el DDF operara en Estados Unidos como adjunto de una nación extranjera, estaría obligado a registrarse en virtud de la ley estadounidense de registro de agentes extranjeros, o FARA.
Pero los manifestantes reunidos ante el Parlamento georgiano no denuncian la «ley estadounidense», que sería una descripción adecuada del proyecto de ley presentado ante el Parlamento georgiano, sino más bien la «ley rusa», una construcción ficticia extraída de su propia imaginación propagandística.
Se han trazado las líneas de batalla. El futuro de la nación georgiana está en juego. En estos momentos, el gobierno georgiano parece decidido a convertir en ley esta legislación sobre el registro de extranjeros. Todo lo que se necesita ahora es que suficientes políticos georgianos se mantengan firmes en sus principios, que abogan contra que Georgia tome el oscuro camino hacia la «ucranización».
Los georgianos deben evitar la pesadilla de la guerra y soñar con la paz.
Sueña, Georgia… sueña.
7. La transición ecosocial de la industrial española
Otro texto imprescindible de Luis González Reyes, del que pronto publicaremos la entrevista que le hizo Salvador, y cuyo último libro, con Adrián Almazán, Decrecimiento: del qué al cómo, está dedicado a este mismo tema. https://www.elsaltodiario.com/
¿Cómo sería una transición ecosocial en la industria española?
El sector industrial es el segundo consumidor de energía, solo por detrás del de transporte. La transición ecosocial debe pasar obligatoriamente por la transformación de este sector de la economía.
Luis González Reyes @luisglezreyes
En este texto, por industria se entiende la fabricación colectiva a gran escala de bienes, en plantas bien organizadas, con un alto grado de automatización y especialización. Es decir, el modelo que se empieza a desplegar en la Revolución industrial y que es, hasta que se demuestre lo contrario, dependiente de combustibles fósiles y de minerales. Por transición ecosocial se entiende una de corte decrecentista.
¿Cómo es el sector industrial español?
Según el INE, el 82,3% de la facturación del sector industrial español en 2020 correspondió a la industria manufacturera. También es donde se concentró el grueso del empleo: el 89,2% del total del sector. A continuación, en facturación, se situaron el suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado (13,4%), el suministro de agua, actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación (3,8%) y las industrias extractivas (0,6%).
Las ramas de actividad con mayor contribución a la facturación industrial fueron la industria de la alimentación (18,1% del total), producción, transporte y distribución de energía eléctrica (11,1%) y la fabricación de vehículos de motor, remolques y semirremolques (10,7%), seguidas de la industria química (6,4%), fabricación de productos metálicos excepto maquinaria de equipo (5,8%), y coquerías y refino de petróleo (5,6%).
En términos de empleo, también son las más importantes, sobre todo la alimentación (17,5% del empleo del sector) y la fabricación de productos metálicos, excepto maquinaria y equipo (11,0%). Las empresas con menos de 50 personas trabajadoras aglutinaron al 37,9% del personal del sector, pero su facturación representó el 19,8% del total. En cambio, las empresas con 250 o más personas, el 0,6% del total, emplearon al 40,1% del personal y facturaron el 59,8% de la cifra de negocios del sector. Es decir, que el modelo se sostiene por un número relativamente pequeño de grandes empresas.
El sector industrial es el segundo consumidor de energía, solo por detrás del de transporte. Las ramas de actividad en las que el consumo energético es mayor fueron la industria de la alimentación (16,3% del total del sector), la metalurgia de hierro (14,9%, con fuertes consumos energéticos, mucho mayores que su cifra de negocio), la industria química (14,1%, con un consumo energético notablemente más importante que su peso económico), la fabricación de productos minerales no metálicos (fundamentalmente para la construcción) (12,6%) y coquerías y refino de petróleo (7,5%, con un consumo más alto que su peso económico y muchísimo mayor que su peso en empleos).
Siguiendo otro informe del INE, en términos generales, el sector no ha variado las fuentes y vectores energéticos que utiliza al menos desde 2009, basándose en la electricidad (56,7% en 2019) y el gas (30,0%). Pero dentro del sector hay importantes diferencias. Mientras las ramas de la industria maderera, corchera, cestera y espartera excepto muebles, las artes gráficas y de reproducción de soportes grabados, la fabricación de productos informáticos, electrónicos y ópticos, la fabricación de material y equipo electrónico, y la fabricación de productos de caucho y plástico tienen un uso de electricidad y energías renovables relativamente alto, en otras ramas, especialmente en la industria química y petroquímica, y la fabricación de productos minerales no metálicos, ocurre lo contrario.
Si analizamos el balance comercial de las distintas ramas de actividad siguiendo los datos de la Secretaría de Estado Comercio, descubrimos que varias de las que son importantes para la vida tienen un saldo comercial negativo en términos físicos: industria de la alimentación, industria textil, confección de prendas de vestir, fabricación de muebles, industria del papel, otras industrias manufactureras y fabricación de productos farmacéuticos.
En términos generales, el 33,1% de las ventas de las empresas del sector industrial en 2020 se realizó fuera del Estado español. Las ramas de actividad con mayor porcentaje de ventas internacionales fueron la fabricación de otro material de transporte (70,6%), la fabricación de vehículos de motor, remolques y semirremolques (68,8%) y la fabricación de productos farmacéuticos (54,8%). En consonancia, el Estado español es el octavo productor automovilístico del mundo y el segundo de la UE. Nueve de cada diez coches manufacturados en territorio español se exportan, según informa MINCOTUR.
¿Qué no puede funcionar en la reconversión industrial?
Hay dos paradigmas que recorren los imaginarios de las transformaciones industriales: el de la circularidad en el plano material y el de las renovables en el energético. Cualquier transformación del sector pasa inevitablemente por ambos, pero en realidad apostar por ellos implica cambios sistémicos.
La economía circular. Un paso previo o complementario a la economía circular es sustituir los elementos menos abundantes y/o más difíciles de reciclar por otros con iguales prestaciones que pudiesen ser reutilizados indefinidamente. Esto es probablemente un obstáculo irresoluble dentro del sistema actual. Valga como muestra el caso de un smartphone promedio, que contiene 50 metales diferentes, incluyendo prácticamente todas las tierras raras existentes. No resulta realista pensar que se van a encontrar sustitutos con las mismas propiedades fisico-químicas de todos aquellos que den síntomas de agotamiento.
El reciclaje en sí mismo también tiene limitaciones. Por un lado, las asociadas a dificultades técnicas y, por otro, a la ausencia de un diseño de los aparatos orientado a la recuperación de los materiales que contienen. Por ello, las tasas de recuperación son muy bajas. Pero, aunque se consiguiese el reciclaje total, del 100%, algo que es imposible termodinámicamente, como lo que se pretende es sostener la expansión, esto implicaría una tasa de extracción minera casi igual a la actual.
Más allá de estos factores, existe una incompatibilidad profunda entre la idea de una economía circular y el funcionamiento del capitalismo. Si se observan los flujos materiales de la economía española, descubrimos que hay tres rubros que no es posible reciclar. El primero es lo que se emite (como el CO2), que es imposible convertirlo en nuevos combustibles fósiles sin el transcurso de millones de años. El segundo es lo que se dispersa (como el fósforo añadido a los suelos proveniente de la industria de los fertilizantes), que tampoco es posible de reutilizar, pues termodinámicamente no se puede “recolectar”. Finalmente, está lo que se acumula (mayoritariamente en forma de infraestructuras). El capitalismo requiere de la perpetuación de esta acumulación, pues es un mecanismo básico de reproducción del capital, ya sea en forma de fábricas o en forma de lo producido por esas fábricas. De este modo, en el mejor de los casos se podría reciclar lo desechado (y en algunos productos, ni eso). En conclusión, aunque el porcentaje de los flujos materiales que se reciclan podría aumentar ciertamente, y es deseable que así ocurra, una transformación sustancial del metabolismo que lo saque de la linealidad y lo acerque lo más posible a la circularidad implicaría dejar atrás el capitalismo y organizar los sistemas económicos en otros términos.
Y no solo el capitalismo, sino también el metabolismo industrial. La gestión de los residuos industriales es especialmente significativa en este sentido, pues muestra que a lo que se puede aspirar en un escenario de máximos es a una gestión lo menos mala posible.
Las energías renovables. El problema para el capitalismo industrial es que las propiedades de las energías solares (hidroeléctrica, eólica, biomasa y radiación solar), a las que podríamos sumar la geotérmica y la maremotriz, son casi antagónicas a las de las fósiles por tres razones.
Por un lado, hay que considerar la naturaleza muy dispersa de la enorme cantidad de energía solar que incide sobre la superficie terrestre. De lo anterior se deduce que las energías solares tienen en general una baja tasa de retorno energético (el cociente entre la energía conseguida y la invertida en conseguirla), pues hay que invertir una cantidad considerable de energía en concentrar la radiación solar en sus distintas formas. De igual modo, esta característica implica también que este tipo de energía depende de un uso del territorio, de las funciones ecosistémicas, muy intenso para conseguir producir una cantidad apreciable de energía.
Solo habría una excepción a esto: las centrales hidráulicas. En éstas es la naturaleza, a través de la orografía, la que hace el trabajo de concentrar la energía. No existe nada equivalente a las cuencas hidrográficas para el caso de la radiación solar o de los vientos. En todo caso, la energía hidráulica solo es capaz de producir cantidades de energía equiparables a las energías fósiles si se captura mediante centrales de gran tamaño, cuyos emplazamientos son limitados y tienen impactos importantes.
La segunda propiedad de las energías solares poco compatible con el funcionamiento del capitalismo industrial es que funcionan como flujos, no como stock. Esto implica que son difícilmente almacenables, como en cambio sí lo son las energías fósiles. Además, estos flujos son irregulares, siguen ritmos circadianos, estacionales y, lo que es peor aún para el capitalismo, estocásticos. Como consecuencia de lo anterior, la capacidad de carga (el cociente entre la energía real generada por la central durante un período y la energía que habría generado si hubiera trabajado a pleno rendimiento) de las energías solares es baja y es necesario instalar muchas centrales de captación en lugares diferentes para que cuando unas no produzcan, lo hagan otras y con ello compensen las diferentes variaciones. También obliga a recurrir a baterías de almacenamiento, que tienen unos costes energéticos, materiales y económicos muy altos. La biomasa y las centrales hidráulicas (que hacen uso de embalses) son una excepción parcial a lo anterior, pues pueden funcionar como stock, pero siempre en cantidades notablemente menores que los fósiles.
La tercera propiedad limitante de las energías renovables para la dinámica capitalista es que, incluso en un escenario de máximos, serían únicamente capaces de proporcionar menos de la mitad de la energía que las fuentes fósiles nos ofrecen en la actualidad. Aunque sobre esto existe discrepancia científica, es más sensato atenerse, según el principio de precaución, a estos datos más restrictivos.
A estos problemas estructurales de las energías renovables se suman otros técnicos. Para aprovechar las energías renovables, usamos aparatos de alta tecnología que convierten en electricidad distintos formatos de energía solar. Estas tecnologías se enfrentan a límites cruciales para poder sustituir a los combustibles fósiles. Por un lado, la electricidad supuso en 2019 el 23,5% de la energía consumida en el Estado español. El restante no está electrificado. Y la cuestión no es solo que no lo esté, sino que es muy difícil que lo llegue a estar. Esto es evidente para el sector petroquímico y el transporte, cruciales para un modelo industrial basado en el extractivismo y en las cadenas globales de valor. Pero incluso en lo que se puede electrificar las demandas serían muy altas, multiplicando con ello los impactos. Por ejemplo, descarbonizar la industria siderúrgica europea con los vigentes niveles de producción aumentaría cuatro veces su consumo de electricidad.
Un segundo problema de índole técnica es que lo que llamamos “energías renovables”, no son realmente renovables. Para la construcción de los muros de las presas, de los aerogeneradores o de los paneles solares se usan combustibles fósiles. Desde esa perspectiva, se podría afirmar que las renovables hipertecnológicas son una extensión de las energías fósiles. Es más, incluso en la producción de electricidad dependen de la existencia de centrales térmicas que permitan sostener la estabilidad de la red.
Además, las altas prestaciones de las renovables hipertecnológicas dependen de elementos en muchos casos escasos sobre la corteza terrestre que probablemente no estén disponibles en las cantidades que el mantenimiento del capitalismo exige. Sería el caso del teluro, indio, estaño, plata, galio o litio. Por otro lado, su tiempo de vida es relativamente corto, de 25-40 años en el caso de la eólica y la solar, y algo más de la hidráulica. Esto hace que sean una alternativa pobre pues, cuando se vayan estropeando, la disponibilidad de fósiles y minerales habrá disminuido de manera considerable, haciendo inviable su reinstalación más que en un porcentaje pequeño.
Además, hay que atender a los lugares en los que se extraen esos elementos. El desarrollo de la renovables hipertecnológicas está atravesado por la colonialidad, ya que una parte determinante de los recursos que requieren están en territorios distintos de dónde se despliegan y, como no hay recursos para un despliegue a máximos para todo el mundo, no solo se dejan los impactos ecológicos y sociales en estas regiones de sacrificio, sino que se impide su utilización por esas poblaciones.
Por último, un fuerte despliegue de las renovables hipertecnológicas supone un aumento a corto plazo de las emisiones, como no puede ser de otra manera considerando que implican un masivo despliegue industrial. Esto es inasumible, porque Naciones Unidas ha marcado como imprescindible una senda de reducción de las emisiones del 7,6% al año desde ya.
La misma rapidez con la que tendríamos que atajar la emergencia climática la necesitamos para hacer frente a otra emergencia igual de crucial: la de la pérdida de biodiversidad. Ya existe un conflicto entre el despliegue de renovables hipertecnológicas y la conservación del entorno si atendemos, por ejemplo, a los requisitos de extracción de materiales que éstas requieren.
¿Qué medidas serían necesarias desde una mirada ecosocial?
La transformación del sector industrial debe avanzar hacia la diversificación (qué se produce), relocalización (dónde se produce y consume), reducción (cuánto se produce) y uso de materiales y energías renovables integrándose en los funcionamientos ecosistémicos (cómo se produce).
El primer aspecto a destacar es que el conjunto del sector, incluyendo el potencialmente sostenible, se articula dentro de las cadenas de valor globales, lo que le hace muy frágil ante los escenarios que se están desplegando. El tipo de capitalismo global al que estos sectores manufactureros están acoplados requiere para su buen funcionamiento de un flujo constante y abundante de energía (fósil) y materias primas (no renovables). No obstante, dicho flujo está poniéndose en cuestión por razones biofísicas y geopolíticas hasta el punto de que han comenzado a suceder cierres o paralizaciones de industrias por falta de ciertos materiales, ruptura de cadenas de suministros o encarecimiento del acceso a la energía. Cualquiera de estas eventualidades resulta mortífera, ya que cortocircuita la clara vocación internacional de estas ramas de actividad.
De este modo, una primera dimensión insoslayable de la reconversión es hacia la construcción de autonomía económica en un periodo corto. Las manufacturas tienen que pasar a ser producidas para la satisfacción de las necesidades de los seres humanos que viven en el territorio sin, a la vez, comprometer la integridad y diversidad de la trama de la vida local y global.
También de manera generalizada, el sector manufacturero utiliza herramientas con contenido tecnológico elevado y dependiente de energías y materiales no renovables. Por ello es necesaria una transición desde tecnologías complejas hacia técnicas humildes desacopladas del metabolismo fósil, de menor escala, sencillas y, por ende, menos impactantes. Si la base energética en la que se debe sustentar una nueva economía es la de las energías renovables realmente renovables emancipadoras, el corazón técnico de las nuevas manufacturas deberían ser los molinos de energía mecánica, las pequeñas fundiciones de hierro, los talleres textiles, las industrias alimentarias, etc. Es decir, técnicas que puedan funcionar a partir de la energía solar y de materiales que se encuentren más cerca en cantidades abundantes, con fácil purificación cuando sea necesario y reciclables. Un corolario es que puede haber un desarrollo de la electrificación del sector, pero como algo secundario y moderado. Por ejemplo, cuando sea necesario calentar a baja o media temperatura (200-400°C), como sucede en la mayoría de procesos de la industria manufacturera (el 70% de los procesos industriales que requieren calor son a 100-200°C) se pueden realizar mediante solar térmica.
Estas reflexiones no solo se aplicarían a las herramientas con las que se fabrican objetos, sino también a qué se fabrica. Es necesario un diseño técnico que prime la durabilidad, reparabilidad y, en último caso, la reciclabilidad de los instrumentos y herramientas.
Todo esto implica un giro del sector industrial hacia la fabricación artesanal, más intensiva en trabajo humano, menos demandante de energía, menos productiva y más proclive al desarrollo de proyectos autogestionados que no requieran de una fuerte inversión de capital inicial o de grandes expropiaciones, abriendo la puerta a empresas autogestionadas por quienes trabajan en ellas.
Dicho de otro modo, la transición desde un metabolismo industrial (basado en la extracción minera de minerales y combustibles fósiles), hacia un metabolismo agrícola (basado en la producción de biomasa, lo que no quita que pueda haber algo de extracción). Esta transición no es una opción, como lo pudo ser en el siglo XX, sino que va a ir produciéndose conforme los límites ambientales vayan haciendo más inviable el modelo basado en los consumos de materiales y energías no renovables, y la crisis climática y ecosistémica imposibiliten el funcionamiento de un metabolismo global y urbano. Lo que sí es una opción es adelantarnos a los choques más traumáticos y con ello primar la protección de las personas y de los ecosistemas.
Dentro de la industria, podemos diferenciar dos grandes bloques: aquellos sectores que podrían llegar a encajar, tras un proceso de reconversión, en una economía ecosocial y aquellos que deberían reducirse necesariamente.
Antes de entrar en una discusión diferenciada en esos dos grandes sectores, es conveniente lanzar una reflexión general. Podemos tener la tentación de analizar las ramas industriales y elegir aquellas que consideramos útiles para satisfacer necesidades humanas, desechando las que no lo son, como si esta selección fuese realmente posible. Por ejemplo, podemos querer conservar la industria farmacéutica, pero tal y cómo existe está inserta en un entramado dependiente del transporte a largas distancias, de procesos de fabricación muy complejos que requieren de la industria siderúrgica y química, o de maquinaria muy automatizada que usa aparatos tan complicados y dependientes de un metabolismo industrial altamente sofisticado, como los chips.
Es decir, no es fácil quedarse con “lo bueno” y descargar “lo malo”, pues en un metabolismo industrial todo está interrelacionado. Esto no quiere decir que no sea posible una reducción diferenciada de ciertas ramas (por ejemplo, la industria militar puede reducirse sin afecciones importantes sobre el resto), sino que hay algunas estratégicas (como la del transporte, la siderurgia o el cemento), cuya reducción implica la reducción del resto y, además, su reconversión hacia un formato no industrial.
Sectores potencialmente sostenibles. Entre los sectores potencialmente sostenibles, destaca la principal actividad del sector manufacturero español: la alimentación. Requiere una importante reconversión, pues su carácter industrial es marcado. Un indicador es su importante dependencia de fuentes energéticas no renovables. Por ejemplo, habría que replantear los mecanismos de secado, entre otros muchos. Pero, más allá de eso, es un sector netamente importador, lo que plantea un potencial crecimiento para satisfacer aportes alimentarios saludables.
La reconversión necesaria de la industria textil puede resultar ilustrativa para otras ramas. En primer lugar, desde principios de la década de 2000, la producción de ropa a nivel global se ha duplicado empujada por una reducción en el número de veces que se utilizan las prendas: algunas se desechan tras solo 7-8 usos. Esto arroja una primera conclusión importante: el sector textil está totalmente sobredimensionado por lo que, aunque el Estado español es un importador neto, es improbable que necesite incrementar su capacidad de producción para satisfacer la demanda interna con criterios de justicia y sostenibilidad.
Pero la cuestión no es solo esa. Según CMF, las fibras sintéticas, entre las que destaca claramente el poliéster (85% del total de fibras sintéticas en 2030 si se siguen las tendencias actuales), representan el 69% de todos los materiales utilizados en la industria textil, y se espera que alcance el 73% en 2030. A nivel global, la producción de estas fibras ya requiere más petróleo que el consumo anual del Estado español. En el caso de Zara, el 64% de las prendas que comercializa contienen algún tipo de fibra sintética y, en estas prendas, el 45% de sus fibras es de este origen.
Ante esto, están creciendo, aunque mucho menos, algunas fibras obtenidas a partir de productos vegetales. Entre ellas destaca la viscosa, que Inditex usa con profusión, que se obtiene de la celulosa. Sin embargo, la mayor parte de la viscosa que se comercializa hoy se consigue tras un proceso químico altamente contaminante. Por lo tanto, la reconversión no pasa únicamente por abandonar las materias primas fósiles, sino por usar materias primas naturales con métodos no contaminantes.
Otra opción sobre la mesa es el reciclaje del poliéster, pero las tasas de reciclado, en lugar de subir, bajan: mientras el poliéster reciclado usado para fabricar ropa en 2019 era el 14%, las tendencias actuales lo sitúan en un 7,9% en 2030. En términos generales, menos del 1% de la ropa se recicla para fabricar nueva ropa.
Estos impactos ecológicos tienen asociados impactos sociales en forma de pésimas condiciones laborales y degradación de las condiciones de vida. Nuevamente, Inditex destaca.
Este pequeño desarrollo para el sector textil tendría que aplicarse a otros, como la fabricación de muebles. En él también son importantes las materias primas usadas: aunque se podrían utilizar materiales naturales, como la madera maciza, esto solo sucede en un porcentaje minoritario, habiendo sido sustituida por diferentes materiales que requieren productos contaminantes. Este cambio de materiales tiene que venir acompañado de una apuesta por la durabilidad y la reparabilidad, pues la cantidad de madera disponible salvaguardando los equilibrios ecosistémicos es reducida. Otros elementos importantes a considerar son que el uso de energías potencialmente renovables en esta rama es alto y que el Estado español tiene un déficit comercial. Por todo ello, en este caso la tendencia sería hacia una reconversión para la utilización fundamentalmente de madera que vaya sustituyendo el mobiliario que no pueda repararse. Un crecimiento de esta rama de actividad posiblemente sea posible para satisfacer esa finalidad.
La fabricación de medicamentos es más complicada. En primer lugar, hay una fuerte exportación, pero también hay importación. Muchos de los productos importados son distintos de los exportados y no sirven para los mismos fines médicos. Por ello, sería necesaria una diversificación en la industria farmacéutica que permita avanzar hacia una soberanía en este campo. Pero la dificultad es más estructural y tiene que ver con la dependencia de la actual industria farmacéutica del conjunto del metabolismo industrial, como se indicaba anteriormente.
Por ello, más allá de mantener todo lo que se pueda mantener, sería razonable una reducción en la necesidad de usar medicamentos. Para ello, es necesaria una transformación del sistema sanitario que ponga en primer plano la prevención. Del mismo modo, transformaciones de muchas condiciones ecosociales (laborales, ecológicas, etc.) redundarían en un descenso del uso de medicación crónica como los ansiolíticos o los tratamientos de las enfermedades no transmisibles (diabetes, cáncer, asma, obesidad. etc.). La tendencia debería ser hacia la autosuficiencia médica dentro de una apuesta general por la salud comunitaria, sin renunciar a la pública.
Un último ejemplo de actividades industriales que son necesarias y factibles es la industria maderera, corchera, cestera y espartera, que además ya tiene cifras de uso de energías potencialmente renovables relativamente altos. Su capacidad exportadora neta es una buena noticia, pues permite pensar que podría abastecer de forma importante la demanda interna de otras ramas reconvertidas en un escenario de decrecimiento.
Sectores intrínsecamente insostenibles. Muchas de las actividades de la industria manufacturera deberían reducir su dimensión en un horizonte de Decrecimiento. En algunos casos, de forma muy importante. No son asumibles sus impactos socioecológicos pero, además, tampoco es probable que se vayan a poder mantener en el volumen actual en el medio plazo en el contexto de colapso en el que estamos, ni que se puedan reconvertir de manera apreciable.
Entre ellas se encuentran las ramas de actividad que concentran, después de la alimentación, una mayor cifra de negocios y de empleo. También actividades muy importantes para sostener la balanza comercial española, como el refinado de petróleo, la industria química y la fabricación de vehículos de motor. En todos los casos, industrias claramente sobredimensionadas para cubrir el ya insostenible consumo interno de sus productos, como muestra un saldo exportador neto positivo. Esto plantea un impacto no menor, tanto económico como laboral.
Un ejemplo es el de la industria del automóvil y su posible reconversión hacia la fabricación de trenes, que podrían ser los vertebradores del transporte por tierra, y barcos, que deberían sufrir una importante reconversión para moverse crecientemente a vela. En la medida que el Estado español ya exporta trenes (y gran cantidad de vehículos de motor) y que harían falta muchos menos trenes que coches, no existe un margen de absorción muy grande.
Que estos sectores se contraigan no tiene que significar en muchos casos que desaparezcan. Por ejemplo, la capacidad técnica para fabricar cemento u obtener cal usando biomasa y materiales abundantes en el entorno existe desde hace milenios y en casos como el cemento con unas prestaciones altas. Por ello, una sociedad decrecentista no necesitaría renunciar a estos y otros materiales similares, pero sí a su uso en las cantidades actuales y con los grados de pureza que muchas aplicaciones industriales de alta tecnología requieren.
La industria siderúrgica del acero es un buen ejemplo de esta necesaria reducción y reconversión. El punto de partida es que consume el 7% de la energía mundial y produce el 7% de las emisiones. Aunque, como recoge De Decker, en realidad son estimaciones a la baja, pues otros estudios dan datos el 50-100% mayores y, si se incluye el comercio internacional de hierro y acero, habría que sumar otro 10-15%. Además, el proceso emite benceno, monóxido de carbono, óxido nitroso y dióxido de azufre.
Una primera opción sería sustituir el acero por otras sustancias en, al menos, algunos de sus usos. Pero esto aumentaría los consumos energéticos, pues el requerimiento de energía para producir una tonelada es notablemente más bajo en el acero (20 GJ/tn), que en el aluminio (175 GJ/tn), el plástico (80-120 GJ/tn) y el cobre (45 GJ/t).
En segundo lugar podemos analizar los medios de producción del acero. Actualmente, el 71% de la producción de acero global se realiza a través de la ruta BF-BOF. Consiste en usar carbón como reductor, que se calienta (o destila) para producir coque. El coque se calienta junto a mineral de hierro y piedra caliza a temperaturas superiores a los 1.000°C para extraer el hierro fundido (arrabio), que luego se convierte en acero. Es el método que se ha ido perfeccionando desde hace cientos de años. Fruto de esa mejora, ya es todo lo eficiente que puede ser: desde principios de siglo su eficiencia está estancada en 20 GJ/tn. En el sentido de la eficiencia, no hay margen de recorrido posible.
La opción que gana terreno en el marco industrial es cambiar la ruta BF-BOF por la DRI-EAF. La diferencia fundamental entre ambas es el uso de arco eléctrico en lugar del de llama. Con este cambio de ruta se consiguen reducir las emisiones de CO2, pasando de 1,9 tn por tonelada de acero producido a 0,4 tn, pero en estas cuentas no están contempladas las derivadas del desarrollo empresarial necesario, como la construcción de nuevas siderurgias.
La tercera opción de mejora es sobre el agente reductor. Se puede dejar de usar carbón mineral en el proceso y sustituirlo por carbón vegetal, pero ese cambio implicaría enormes consumos de biomasa. El carbón vegetal requerido para producir la misma cantidad de ferroaleaciones usadas en 2005 a nivel global sería una parte sustancial del anual producido y requeriría unas 1,8 millones de hectáreas. Además, el proceso no reduciría apreciablemente las emisiones.
Otra posibilitad es no usar un agente reductor. Es decir, producir el acero no a partir de mineral de hierro, sino de chatarra. Si se hubiese producido en el mundo en 2021 todo el acero mediante la ruta DRI-EAF en los hornos más eficientes a partir de chatarra, el consumo total de energía hubiera sido de aproximadamente ⅓ de toda la electricidad generada por todas las turbinas eólicas existentes en el mundo. Una cantidad muy importante que dibuja una multiplicación de la instalación de renovables hipertecnológicas, pero con una reducción del 95% frente al consumo actual.
También se puede utilizar como agente reductor en lugar de carbono (coque), hidrógeno verde (producido a partir de la electrolisis del agua). Este proceso es más consumidor de energía, pues la producción de H2 es muy energívora, del orden de 10 veces más que utilizando chatarra en la ruta DRI-EAF y un 11% más que partiendo de mineral de hierro. Además, a esto habría que sumarle nuevamente la construcción de la infraestructura necesaria: electrolinizadores de hidrógeno, paneles y molinos para producir la electricidad, tanques de almacenamiento, redes de transporte, etc., Todo ello, paradójicamente, altamente demandante de acero y, por lo tanto, entrando en un círculo vicioso de mayor demanda de acero para intentar reducir sus impactos.
En conclusión, la opción más razonable es usar la capacidad productiva existente de la ruta DRI-EAF con chatarra. Según UNESID, en España, en 2022 se reciclaron 8.912 ktn de acero para un consumo, de 12.445 ktn, una cifra notablemente más alta que la media global, en la que la chatarra daría solo para ¼ de la producción de acero actual.
Según World Steel, a nivel mundial, el uso del acero en 2022 fue el siguiente: 52% en construcción (que incluye a las renovables hipertecnológicas, altamente demandantes de acero), 16% en equipamiento mecánico (industria), 12% automoción, 10% en objetos de metal, 5% en otros medios de transporte (como el tren y el barco), 3% en equipamiento eléctrico y 2% en electrodomésticos. ¿Qué parte de todo eso que tiene acero se puede usar como materia prima y qué es lo que habría que primar en la fabricación? Probablemente no haría falta aumentar apreciablemente el parque de viviendas y otras infraestructuras (52% de los usos), ni de flota de vehículos de transporte (17%), ni los usos industriales (16%), todos ellos claramente sobredimensionados. De este modo, la producción de acero se podría reducir enormemente y cubrirse usando como materia prima la chatarra del desmantelamiento, por ejemplo, de vehículos e industrias.
Pero el problema no termina en una reducción en el uso de acero. Actualmente, existen más de 3.500 tipos de acero que se adaptan a requerimientos muy específicos de distintas ramas de la industria (mayor dureza, tolerancia a altas temperaturas, aguante de la corrosión, etc.). Estos aceros tienen demandas energéticas incrementadas. Un ejemplo es el acero inoxidable, cuya tasa de reciclaje es de solo el 15%, con un consumo energético en su producción cuatro veces superior al acero sin más aleación que el carbón. Usar acero reciclado es perder la posibilidad de fabricar muchos de esos aceros específicos o hacerlo en cantidades mucho más pequeñas. Implica tender hacia técnicas más humildes.
Otro ejemplo de producto es el amoniaco, determinante en la fabricación de fertilizantes, entre otras sustancias. El amoniaco se obtiene a partir de nitrógeno atmosférico y de hidrógeno. Este último, fundamentalmente proveniente del gas natural. Pero la obtención de hidrógeno puede ser también por electrólisis del agua usando energía solar. En la medida que hablemos de cantidades relativamente pequeñas de amoniaco, esta industria química tendría un papel en una sociedad decrecentista.
Un tercer caso sería el de la fabricación de jabones, detergentes y otros artículos de limpieza, que también se puede realizar de forma poco impactante utilizando aceite y sosa cáustica (NaOH). La sosa es además la base de otros productos, como el papel. Para la obtención de dicha sosa hay distintos métodos. El más usado en la actualidad es cloroalcalino, pero históricamente se producía tratando el carbonato de sodio (la sustancia alcalina más común que se conoce y utilizada desde la Antigüedad) con hidróxido de calcio (que se obtiene de añadir agua al resultado de la calcinación de la piedra caliza). Un proceso que podría encajar en los parámetros de la química verde.
¿Qué consideraciones socioeconómicas se deben considerar en la transición?
Como se señaló más arriba, una reconversión industrial hacia técnicas más humildes probablemente suceda en cualquier caso como consecuencia del choque contra los límites ambientales. La excepción podrían ser las zonas muy privilegiadas del planeta que puedan sostener un cierto entramado industrial, entre las que nada apunta que pueda estar el Estado español. Por ello, nuestras opciones reales no están entre mantener o no el entramado industrial, sino si la reconversión es pilotada por las fuerzas del mercado, algo que ha marcado la tónica de los procesos de desindustrialización en el Estado español a nivel histórico, por ejemplo en la década de 1980, y que ha conllevado que la peor parte se la lleven las y los trabajadores. O, en contraposición, si es ejecutada con criterios ecosociales. Esta última opción se enfrenta a dificultades de corte socioeconómico muy importantes:
- Probablemente, arroje un balance neto negativo en términos de horas de trabajo tanto si se analiza desde las exigencias climáticas como las ecosistémicas.
- Como consecuencia del alto nivel técnico de la industria actual, las reconversiones son muy complejas. Una fábrica no puede pasar de producir “x” a “y” sin una importante inversión en maquinaria nueva y formación del personal. Incluso aunque se siga dedicando a lo mismo. El ejemplo del plan de reconversión de Mecaner (una subsidiaria del sector del automóvil que realiza troqueles para estampación metálica) es ilustrativo en este sentido: aunque siga realizando troqueles, las inversiones son cuantiosas si son otro tipo de troqueles.
- Cualquier proceso de reconversión está marcado por la competitividad: la nueva actividad productiva tiene que entrar en un mercado que normalmente cuenta ya con muchas empresas asentadas. Esto no solo supone una dificultad de sostenimiento económico, sino también psicológica para las y los trabajadores.
- El imperativo de la competitividad en el marco del capitalismo también ha hecho que el grado de tecnificación de la industria sea muy alto. Por ello, la necesidad de capital para que cualquier ente público, o mejor común, se haga con el control empresarial, es muy grande.
- Reconvertir una industria compleja manteniendo una actividad similar solo puede ser hacia… otra industria compleja. Esto limita mucho el campo de posibles producciones y hace que las propuestas con vocación ecosocial tengan no pocas sombras. Nuevamente, el ejemplo de Mecaner es ilustrativo, pues las opciones identificadas de reconversión conllevan contradicciones ambientales y sociales (carcasas para baterías de vehículos eléctricos, placas bipolares para electrolizadores para producir H2, laminaciones para máquinas eléctricas como los molinos eólicos e intercambiadores de calor de placas, como los usados en climatización eficiente).
- En un contexto de sobrecapacidad industrial frente a los límites planetarios, solo unas pocas empresas se podrán reconvertir. Muchas tendrán que desaparecer. Es más, la reconversión socioeconómica general debería ser hacia el sector agroecológico, lo que plantea un desafío mayúsculo.
- El actual momento histórico no es revolucionario. Por ello, priman las mejoras individuales frente a las colectivas y no existen imaginarios de poder obrero extendidos. Además, en un contexto de dependencia del mercado para satisfacer nuestras necesidades vitales, se ponen por delante la preservación de los empleos, sean del tipo que sean (y por lo tanto el sostenimiento del sistema), frente a la construcción de alternativas.
De este modo, poner en marcha reconversiones industriales, más allá de diversificar, relocalizar, reducir y cambiar los materiales y las energías usadas, implica colocar sobre el tapete dos líneas de políticas.
Las primera se podría resumir en salvar a las personas, pero no a los sectores productivos. Debemos ser capaces de atender las necesidades vitales de las personas aquí y ahora no solo como imperativo moral, sino también estratégico, pues en caso contrario las opciones de “sálvese quien pueda” ganarán posibilidades. Esto se puede conseguir apostando por el reparto del empleo en los sectores en decadencia, con medidas como el adelanto de la edad de jubilación en algunos casos y, sobre todo, la reducción de la jornada laboral sin merma salarial. Otra medida en el sentido de salvar a las personas sería la articulación de una renta básica de las iguales. También potenciar unos servicios públicos universales y de calidad. Un último ejemplo de acción posible sería dar dinero a las comarcas deprimidas, pero no a los sectores deprimidos.
En este tipo de políticas, el caso de las cuencas mineras asturianas y leonesas puede ser ilustrativo. No se puede decir que en estas se haya producido una reconversión real de la actividad, pero sí una protección de las personas fruto de su fuerte proceso de lucha sindical.
La segunda línea política sería centrar los esfuerzos en construir alternativas, pues la protección de las personas solo podrá ser sostenida en el tiempo, en un sistema que se desmorona, si construimos otro. Necesitamos articular medios de satisfacción materiales de las necesidades fuera del metabolismo industrial, que ahora mismo está en el centro de la fabricación de dichos satisfactores. Es más, necesitamos transitar desde ese metabolismo industrial a uno agroecológico.
En esta construcción de alternativas, son necesarias expropiaciones de las empresas que sea necesario y posible reconvertir, para no tener que recurrir a costosas (y probablemente inviables) indemnizaciones o compras. El control obrero de la producción es un requisito necesario, pero no suficiente, para articular un sector productivo de bienes que se acople a los límites planetarios y lo haga con justicia. Estas expropiaciones requieren fuertes luchas sindicales y sociales.
El complemento de las expropiaciones es la desmercantilización. Sacar de la competitividad inherente al mercado la producción, para poder primar la rentabilidad socioecológica y no la económica. Esto requiere de la construcción de autonomía económica, es decir, de redes de alternativas que satisfagan el grueso de nuestras necesidades a través del trabajo colectivo sin pasar por el mercado.
En conclusión, hablar de reconversión industrial, en realidad, es hablar de un cambio social profundo, además de una transformación metabólica y económica.
8. Joe el Genocida fue siempre Joe el Genocida
Craig Murray nos recuerda que Biden ha sido siempre así. Y no solo él, por supuesto. Toda nuestra «élite» política es cómplice de genocidio. https://www.craigmurray.org.
Peor de lo que imaginas
Los gobiernos no pueden tomar grandes decisiones con extrema rapidez salvo en las circunstancias más extremas. En todos los Estados existen mecanismos que estudian las decisiones políticas, las sopesan, implican a los distintos departamentos del Estado cuyas actividades se ven afectadas por esa decisión y llegan a una conclusión, aunque no necesariamente buena.
La decisión de interrumpir la financiación de la ayuda a la UNRWA no fue tomada por numerosos estados occidentales en un solo día.
En el Reino Unido, varios ministerios tuvieron que coordinarse. Incluso dentro de un único ministerio, el FCDO, había que coordinar las opiniones mediante comunicaciones escritas y reuniones interdepartamentales entre los departamentos que se ocupaban de Oriente Medio, Naciones Unidas, Estados Unidos, Europa y, por supuesto, entre las alas diplomática y de desarrollo del ministerio.
Este proceso incluiría recabar la opinión de los embajadores británicos en Tel Aviv, Doha, El Cairo, Riad, Estambul y Washington, así como en las Naciones Unidas en Ginebra y Nueva York.
No es necesariamente un proceso largo, pero no es el trabajo de un día, ni tendría por qué serlo. No tuvo ninguna repercusión práctica hacer el anuncio de recortar la financiación de la UNRWA un día antes o un día después.
Considérese que el proceso paralelo tuvo que completarse en Estados Unidos, en Canadá, en Alemania, en Australia y en todas las demás potencias occidentales que contribuyeron a la hambruna en Gaza recortando la ayuda a la UNRWA.
Todos estos países tuvieron que pasar por sus procedimientos, y sólo pudo ser por la coordinación previa -con semanas de antelación- entre estos estados que anunciaron todos el mismo día la destrucción del sistema de soporte vital para los palestinos, entonces en absoluta necesidad.
Y luego considere que ahora sabemos con certeza que los israelíes no habían presentado prueba alguna de la complicidad de la UNRWA en la resistencia de Hamás, en la que supuestamente se basaban estas decisiones en todos esos estados.
No me cabe la menor duda de que la élite política occidental, instrumentos a sueldo de la maquinaria sionista, es cómplice del genocidio de los palestinos y de la limpieza étnica de Gaza a un nivel mucho más profundo de lo que la gente ha comprendido hasta ahora. La negativa de Starmer y Sunak a contemplar la posibilidad de poner fin a la venta de armas y al apoyo militar a Israel no se debe a la inercia o a la preocupación por la industria armamentística. Es que apoyan activamente la destrucción de los palestinos.
La decisión coordinada de las naciones occidentales de acelerar la hambruna poniendo fin a la financiación de la UNRWA se anunció en una hora, tras el fallo de la CIJ de que los gazatíes corrían un riesgo inmediato de genocidio, y sacó de los titulares de los medios de comunicación el fallo adverso contra Israel.
Esto envió la señal más clara en respuesta de que a las potencias occidentales no les detendría el genocidio ni el derecho ni las instituciones internacionales.
A las potencias occidentales no les importa una higa los 16.000 niños palestinos masacrados. Ninguna prueba de fosas comunes en hospitales les conmoverá. Sabían que se estaba produciendo un genocidio y continuaron armándolo e instigándolo activamente.
Este genocidio es el objetivo deseado por Occidente. Ninguna otra explicación es remotamente plausible.
El apoyo político occidental a este genocidio no es accidental
Nunca he creído la versión de que Biden está tratando de frenar a Netanyahu, mientras que al mismo tiempo arma y financia a Netanyahu y utiliza fuerzas estadounidenses para luchar junto a él.
Biden no está haciendo ningún esfuerzo por contener a Netanyahu. Biden apoya plenamente el genocidio.
Mi lectura de esto se vio reforzada cuando recordé los asesinatos israelíes en el Mavi Mamara en 2010, cuando mataron a diez trabajadores humanitarios desarmados que intentaban entregar ayuda a Gaza en la Flotilla de la Libertad. Las acciones de Israel fueron claramente asesinas e infringieron el derecho internacional. Joe Biden, como vicepresidente, defendió entonces incondicionalmente a Israel. Es esencial comprender que Joe el Genocida siempre ha sido Joe el Genocida.
Joe Biden tomó la iniciativa en la defensa de la incursión ante el público estadounidense. En una entrevista con PBS, describió la redada como «legítima» y argumentó que los organizadores de la flotilla podrían haber desembarcado en otro lugar antes de transferir la ayuda a Gaza. «¿Cuál es el problema? ¿Cuál es el problema de insistir en que vaya directamente a Gaza?». preguntó Biden sobre la misión humanitaria. «Bueno, es legítimo que Israel diga: ‘No sé lo que hay en ese barco. Estos tipos están lanzando 8.000 cohetes sobre mi pueblo'».
Biden no está siendo superado por Netanyahu. Está instigando activamente a Netanyahu y comparte con él el objetivo de la plena ocupación israelí de Gaza después de que el pueblo palestino sea asesinado o expulsado al Sinaí. También comparte con Netanyahu el objetivo de un conflicto regional más amplio en el que Estados Unidos y los Estados del Golfo se alíen con Israel contra Irán, Siria, Yemen y Hezbolá. Esta es su visión conjunta de Oriente Próximo: el Gran Israel y la hegemonía estadounidense operando a través de las monarquías suníes.
Si te crees todo el rollo de la Casa Blanca sobre Biden tratando de frenar a Netanyahu, te sugiero que mires en su lugar a los portavoces de la Casa Blanca y del Departamento de Estado que se niegan a aceptar cualquier caso de atrocidad israelí y se remiten a Israel en cada crimen.
Actualmente estoy en Pakistán, y debo decir que ha sido un gran refresco estar en un país donde todo el mundo entiende por qué ISIS, Al Nusra, etc. nunca atacaron intereses israelíes, y ve precisamente lo que los gobiernos occidentales están haciendo sobre Gaza. Lo que entienden las naciones en desarrollo, afortunadamente también lo entiende la Generación Z en Occidente.
Los regímenes árabes del Golfo y Jordania dependen de los servicios de seguridad y vigilancia israelíes y estadounidenses para protegerse de su propio pueblo. La falta de protestas callejeras realmente masivas contra sus propios regímenes por parte de los pueblos árabes es un testimonio directo de la eficacia de esa represión despiadada, sobre todo cuando Estados como Jordania luchan realmente junto a Israel contra las armas iraníes.
La carta antiiraní es, por supuesto, la baza que les queda por jugar tanto a Biden como a Netanyahu. Al promover una escalada con Irán, los políticos occidentales pudieron adoptar por defecto la postura de afirmar que los argumentos a favor de armar a Israel estaban demostrados, y creo que se quedaron realmente perplejos al ver que la opinión pública no se lo creía.
La clase política, en todo el mundo occidental y en el mundo árabe, está totalmente divorciada de su pueblo con respecto a Gaza. Estamos asistiendo a la represión en todo el mundo, mientras la policía irrumpe en conferencias pacíficas en Alemania, la policía golpea a estudiantes en los campus estadounidenses y, en el Reino Unido, ancianos blancos como yo sufrimos el tipo de acoso continuo que desde hace tiempo padecen los jóvenes musulmanes.
Esto no es obra de Netanyahu actuando como un bellaco. Es el resultado de las maquinaciones de una clase política profesional en todo el mundo occidental soldada al sionismo, con la supremacía de Israel como artículo de creencia fundamental.
Los tiempos no son así de oscuros por accidente. Fueron diseñados para ser así de oscuros.
9. La prensa que apoya el genocidio
Jonathan Cook sigue explicando el papel de la prensa basura en ocultar las noticias reales, como las fosas comunes en los hospitales gazatíes.
https://www.middleeasteye.net/
Cómo un «bulo antisemita» ahogó el descubrimiento de fosas comunes en Gaza
Jonathan Cook 26 de abril de 2024
Al inventar un escándalo mediático sobre la vigilancia policial de las marchas londinenses contra el genocidio, el lobby israelí sabía que se anotaría una victoria, pasara lo que pasara
El fin de semana se produjo un espantoso descubrimiento en Gaza. Unos 300 cadáveres palestinos -de hombres, mujeres y niños- fueron desenterrados de una fosa común sin identificar en el patio del hospital Nasser de Khan Younis.
Incluso teniendo en cuenta el historial de Israel de cometer atrocidades implacables en Gaza durante los últimos seis meses -asesinando a decenas de miles de palestinos, la mayoría de ellos mujeres y niños-, ésta sobresalió.
Según los informes, algunos cadáveres fueron encontrados con las manos y los pies atados y despojados de sus ropas, lo que sugiere claramente que habían sido ejecutados durante una invasión de tres meses de la ciudad por soldados israelíes. Otros habrían sido decapitados o se les habría extraído la piel y los órganos.
Unas 10.000 personas se habían refugiado en el segundo hospital más grande de Gaza cuando fue atacado en febrero. En aquel momento se informó de que los pacientes y el personal habían sido abatidos por francotiradores. El centro médico quedó en ruinas.
Otras 400 personas siguen desaparecidas en Jan Yunis. Es probable que se descubran más fosas comunes.
Refiriéndose a algunos de los cadáveres, Yamen Abu Suleiman, líder de la defensa civil en Khan Younis, dijo a CNN: «No sabemos si fueron enterrados vivos o ejecutados. La mayoría de los cuerpos están descompuestos».
Las revelaciones de Jan Yunis se ajustan a un patrón que ha ido surgiendo gradualmente a medida que las tropas israelíes se han ido retirando.
La semana pasada se halló la última de varias fosas comunes en el mayor hospital de Gaza, Al Shifa. Israel abandonó la zona a principios de mes tras destruir el hospital. Según los informes, las fosas contienen cientos de cadáveres.
En Beit Lahiya se han descubierto más tumbas sin nombre.
El jefe de derechos humanos de las Naciones Unidas, Volker Turk, se declaró «horrorizado»por los informes.
Cólera generalizada
En la década de 1990, la identificación de fosas comunes de miles de hombres musulmanes de la ciudad bosnia de Srebrenica llevó a la creación de un tribunal especial de crímenes de guerra de la Corte Penal Internacional. Este tribunal dictaminó en 2001 que en Srebrenica se había producido un genocidio cometido por serbobosnios, sentencia confirmada posteriormente por el Tribunal Internacional de Justicia, a veces denominado Tribunal Mundial.
Dadas las circunstancias, cabía esperar que el descubrimiento de fosas comunes con cientos de palestinos fuera noticia de primera plana, sobre todo porque el mismo Tribunal Mundial dictaminó hace tres meses que existía un caso «plausible»de que Israel estaba cometiendo actos genocidas en Gaza.
Y sin embargo, como tantas otras atrocidades israelíes, ésta apenas causó una ondulación en el ciclo de noticias.
Hace meses, los medios de comunicación británicos del establishment perdieron en gran medida el interés en informar sobre la continua matanza en Gaza. El contraste con la cobertura mediática inicial de Ucrania ha sido enorme. El descubrimiento de una fosa común con un centenar de cadáveres en el barrio de Bucha, en Kiev, atribuido a las tropas rusas, provocó la indignación internacional.
Bucha se convirtió rápidamente en sinónimo del salvajismo ruso, y el descubrimiento dio lugar a meses de peticiones para que los líderes rusos fueran juzgados por genocidio.
La indiferencia general de los medios de comunicación británicos ante las fosas comunes halladas en Gaza resulta enormemente conveniente para los dos principales partidos políticos de Gran Bretaña.
El Reino Unido ha evitado presionar para lograr un alto el fuego que ponga fin a la sangría israelí en Gaza. Se niega a dejar de vender a Israel armas y componentes que han contribuido a la matanza de palestinos, y potencialmente también de cooperantes.
Por orden de Israel, Gran Bretaña ha recortado la financiación de la Unrwa, la agencia de ayuda de la ONU mejor situada para detener la hambruna que Israel está provocando deliberadamente en el enclave al bloquear la ayuda. Y una abstención británica contribuyó a frustrar este mes una votación en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para reconocer a Palestina como Estado, algo que ya han hecho otras 140 naciones.
El Partido Laborista sólo se ha opuesto en silencio.
El apoyo bipartidista en el Reino Unido al plausible genocidio de Israel ha provocado una oleada de ira pública, que incluye protestas periódicas en Londres que atraen a cientos de miles de manifestantes.
Bulo pro-Israel
Una vez más, sin embargo, los medios de comunicación británicos han parecido mucho menos interesados en informar de las atrocidades israelíes que en imputar motivaciones malignas a amplios sectores de la opinión pública británica indignados por lo que está ocurriendo en Gaza.
Fue bastante extraordinario que el descubrimiento de fosas comunes en el enclave quedara casi completamente ahogado por un engaño demasiado evidente de un grupo de presión israelí.
Gideon Falter, director ejecutivo de la Campaña contra el Antisemitismo, ha intentado impedir las marchas pacíficas que se celebran en Londres para pedir el fin de la matanza de hombres, mujeres y niños en Gaza desde que Israel comenzó su ataque militar hace más de seis meses.
En palabras de Falter, los cientos de miles de personas que acuden regularmente a pedir el alto el fuego -incluido un gran bloque de judíos- son «turbas sin ley» que suponen una amenaza directa para los judíos como él.
Ha encontrado poderosos aliados en el gobierno. El ministro del Interior, James Cleverly, ha dicho que los organizadores de la marcha tienen «verdaderas malas intenciones«, mientras que su predecesora, Suella Braverman, calificó de «marchas del odio» las protestas que pedían un alto el fuego.
Ambos han presionado a la policía para que prohíba las protestas por ser supuestamente antisemitas.
Precisamente no hay pruebas de ninguna de estas afirmaciones. De hecho, según cifras de la policía, los asistentes al festival de música de Glastonbury tenían casi cuatro veces más probabilidades de ser detenidos que los asistentes a las marchas de Londres.
La continuación de las marchas multitudinarias ha supuesto una gran vergüenza tanto para el gobierno británico como para el Partido Laborista de la oposición, al poner de manifiesto su continua complicidad en lo que se ha convertido -con revelaciones como el descubrimiento de fosas comunes- cada vez más claramente en un genocidio.
Cruzar la calle
Este es el contexto adecuado para entender la última intervención de Falter.
Como bien sabe la policía metropolitana, el grupo de Falter, junto con otros activistas proisraelíes, tiene todos los incentivos para urdir una provocación que se sume a la ya considerable presión sobre la policía para que prohíba las marchas de Londres y recorte aún más una libertad civil fundamental: el derecho a protestar.
Un vídeo difundido en las redes sociales muestra a Falter enfrentándose a la policía en un incidente anterior en el que intentó conducir una furgoneta de gran tamaño con mensajes proisraelíes por el recorrido de la marcha.
Pero su gran avance se produjo este mes cuando, acompañado por un equipo de seguridad formado en Israel y un equipo de rodaje, intentó en repetidas ocasiones atravesar una línea policial a lo largo de la ruta y caminar contra la corriente de la marcha. Responsables de mantener el orden público en las grandes protestas, los agentes de la Met se lo impidieron.
Son bien conocidas las normas impuestas por la policía en torno a las grandes protestas sobre cuestiones de gran carga ideológica como ésta.
A los manifestantes no se les permite desviarse de la ruta determinada por la policía, y a los oponentes -ya sean apologistas de Israel como Falter o nacionalistas blancos islamófobos- no se les permite acercarse y enfrentarse con los manifestantes. El trabajo de la policía es mantener separados a los bandos.
Bloqueado por los agentes, Falter tenía listo su guion. Se limitó a insistir en su derecho a «cruzar la calle» como judío que va a lo suyo.
Dada la forma en que el discurso público sobre Israel y el antisemitismo ha sido malévolamente manipulado por el establishment británico en los últimos ocho años -después de que el activista de solidaridad con Palestina desde hace mucho tiempo Jeremy Corbyn fuera elegido líder laborista- Falter no podía perder en este encuentro.
Si la policía le detuviera, habría filmado pruebas de que estaba siendo victimizado como judío por una policía antisemita.
Si se negaban a dejarle «cruzar la calle», habría filmado la prueba de que la marcha estaba efectivamente llena de judíos que odiaban a los judíos y suponían una amenaza para su seguridad.
Y si la policía no cumplía con su deber y le dejaba a él y a su séquito caminar a contracorriente de la multitudinaria protesta, él -como cualquiera que intentara hacerlo- sería como mínimo empujado. Basándose en la credulidad demostrada por los medios de comunicación establecidos a la hora de cubrir el antisemitismo, Falter estaba presumiblemente seguro de que esto podría ser interpretado como un delito de odio contra él.
Política fea
La policía parecía comprender claramente el plan de Falter. Parecían muy reacios a detenerle, aunque un antiguo superintendente jefe, Dal Babu, observó que, al intentar pasarles por encima, Falter podría haber sido acusado de «agresión a un agente de policía y alteración del orden público».
En lugar de ello, los agentes discutieron pacientemente durante al menos un cuarto de hora con Falter, señalándole que podía eludir la marcha utilizando una ruta diferente.
Pero en este largo y tenso encuentro, el jefe de la Campaña contra el Antisemitismo consiguió finalmente lo que quería. Un agente cometió un desliz al sugerir que el problema era que Falter, que llevaba un gorro, era «abiertamente judío».
Un hombre pasa junto a los murales propalestinos del Muro Internacional en apoyo a Gaza en Belfast, Irlanda del Norte, el 9 de marzo de 2024 (Reuters)
Como se ha señalado, muchos judíos asisten a la marcha y lo hacen con pancartas en las que se declaran judíos. A pesar de ser «abiertamente judíos», todos dicen ser muy bien acogidos por los demás manifestantes.
El error del funcionario era comprensible. Los apologistas de Israel y la clase dirigente británica pasaron años manipulando el discurso público para fusionar Israel, la ideología política nacionalista del sionismo y el judaísmo en una estratagema descarada para vilipendiar a los partidarios de Corbyn, el ex líder laborista antirracista, como antisemitas.
El problema no era que Falter fuera «abiertamente judío», sino que es un partidario declarado y abiertamente sionista de Israel, que excusa su genocidio y vilipendia a quienes se oponen al derramamiento de sangre. No es su etnia ni su religión lo que es una provocación, sino su fea política.
Pero con el comentario del oficial en la lata, Falter publicó una versión muy editada de su enfrentamiento con la policía a un establecimiento de medios de comunicación sólo demasiado dispuestos – al menos, inicialmente – a tragar dos ideas completamente inverosímiles Falter estaba vendiendo.
En primer lugar, que el comentario del policía era una prueba de que la Met es institucionalmente racista contra los judíos y que por eso ha permitido que se celebren las marchas contra el genocidio. Falter pidió el despido del jefe de la Met, Sir Mark Rowley.
Y en segundo lugar, y lo que es más importante, que el comentario del agente era la prueba de que las marchas son, en efecto, «marchas del odio» compuestas -como declaró a un entrevistador de la BBC- por «racistas, extremistas y simpatizantes del terrorismo».
Acusaciones de «falsedad»
Puede que todo fueran noticias falsas, pero encajaban en una agenda que los medios de comunicación llevan años promoviendo: que todo lo que no sea una ligera crítica a Israel es prueba de antisemitismo.
La clase política y mediática ha tenido cada vez más dificultades para sostener de forma creíble esa idea ante el genocidio cometido por Israel, pero el vídeo de Falter sirvió brevemente como inyección de moral.
A partir de un breve desliz verbal de un agente de policía, fue capaz de desencadenar un debate nacional que tomó como premisa la idea de que la policía estaba en connivencia con las «marchas de odio antisemita».
Con el pie cambiado, la Met aceptó apresuradamente reunirse con Falter y con «líderes de la comunidad judía», aparentemente para pedirles consejo sobre lo que había que hacer respecto a las marchas.
El noticiario nocturno de la BBC del domingo informó de que estaba aumentando la presión sobre la policía metropolitana «para que encuentre el equilibrio adecuado entre permitir las protestas legítimas y tomar medidas enérgicas contra la incitación al odio y la intimidación».
Los presentadores de Good Morning Britain adulaban a Falter el lunes por la mañana, aceptando acríticamente que la marcha suponía una amenaza para él como judío y expresando su preocupación por que la policía no estuviera consiguiendo ese equilibrio.
Pero a diferencia de las acusaciones de falso antisemitismo lanzadas durante años por Falter y otros para derrocar a Corbyn, acusaciones que fueron amplificadas con entusiasmo por los medios de comunicación corporativos, la Met tenía poderosos aliados dentro de la clase dirigente que se opusieron.
Antes de que el bulo de Falter pudiera cuajar, Sky difundió un vídeo mucho más largo de su enfrentamiento con la policía. En él se ve cómo le impiden el paso tras identificarle como provocador. Se oye a la policía acusarle de ser «falso» y decirle que deje de «atropellar a los manifestantes«.
Ex agentes de policía, entre ellos Babu, fueron invitados a la televisión para ofrecer una versión contraria de los hechos, en la que Falter resultaba mucho menos simpático.
El martes, el jefe de la Met, Rowley, se sintió lo bastante seguro como para pasar al ataque, elogiando al agente en el centro de la polémica y acusando a los activistas proisraelíes de utilizar la «farsa» para socavar la Met.
Táctica favorita
Pero incluso herido, Falter salió decisivamente vencedor.
Nadie habla -como debería- de por qué grupos como la Campaña contra el Antisemitismo, que se inmiscuyen de forma regular y tan visible en la política británica en interés de una potencia extranjera, Israel, son tratados como organizaciones benéficas.
En lugar de ello, Falter ha dado a la clase política y mediática más munición para argumentar que es necesario prohibir las marchas, y ha puesto la toma de decisiones de la policía bajo un escrutinio aún mayor.
Sea cual sea la bravuconería de Rowley en público, sus batallas entre bastidores contra un gobierno deseoso de silenciar las marchas se habrán complicado mucho más.
Pero, lo que es más importante, Falter ha desempeñado un papel inestimable a la hora de reforzar la táctica favorita de Israel. Ha desviado la atención en el Reino Unido de sus crímenes de guerra -incluidas las fosas comunes de Khan Younis- hacia disputas totalmente divorciadas de la realidad sobre si los judíos están a salvo del movimiento contra la guerra.
Precisamente la misma dinámica se está produciendo en Estados Unidos, donde la clase dirigente -desde el presidente Joe Biden- está pintando las protestas pacíficas en los campus universitarios contra el genocidio como focos de odio y antisemitismo.
Allí, las cosas están aún más descontroladas, y se llama a la policía para que detenga a estudiantes y profesores.
En ambos casos, el verdadero debate -sobre por qué Gran Bretaña y Estados Unidos siguen apoyando activamente el bombardeo y la inanición de la población de Gaza tras seis meses de genocidio- ha sido silenciado una vez más por las noticias falsas del lobby israelí.
Una vez más, los medios de comunicación establecidos han aprovechado cualquier pretexto a su alcance para centrarse en una ramita en lugar de en el bosque.
La verdad oscurecida
El patrón es difícil de pasar por alto: la clase dirigente británica, incluidos el gobierno y la BBC, trabajan codo con codo para ayudar a Israel y a sus apologistas del genocidio a ganar la batalla de las relaciones públicas.
Sólo brevemente, cuando el honor de la policía -el puño de la clase dirigente- tuvo la nariz ensangrentada, se produjo cierto rechazo.
Tomemos, por ejemplo, el día de enero en que el Tribunal Mundial dictaminó que existía un caso «plausible» presentado por los abogados de Sudáfrica de que Israel está cometiendo genocidio en Gaza. Ese mismo día Israel saboteó con éxito la devastadora noticia con una primicia propia.
Alegó que unos 12 miembros del personal de la Unrwa que había incautado en Gaza -de un total de 13.000 en el enclave en nómina de la agencia- habían confesado haber participado en el ataque de Hamás del 7 de octubre, en el que murieron unos 1.150 israelíes.
Israel exigió a los Estados occidentales que cortaran inmediatamente toda financiación a la Unrwa. El objetivo a largo plazo de Israel ha sido eliminar la agencia de refugiados y suprimir permanentemente los derechos de los palestinos a regresar a los hogares de los que sus familias fueron expulsadas en 1948 de lo que hoy es Israel.
La mayoría de las capitales occidentales, incluido el Reino Unido, cumplieron obedientemente, a pesar de que la decisión iba a sumir a Gaza aún más en una hambruna que Israel ha estado diseñando como parte de sus políticas genocidas.
Pero el momento del anuncio también fue importante. Los medios de comunicación occidentales centraron su cobertura en una noticia sobre Unrwa que debería haber sido marginal, aunque fuera cierta.
La conclusión del Tribunal Mundial de que Israel estaba cometiendo un genocidio plausible fue mucho más significativa. No obstante, la información sobre la sentencia -especialmente el hecho de que el tribunal sospechara que Israel estaba llevando a cabo actos genocidas- quedó totalmente eclipsada por las demandas contra Unrwa.
Esta semana, meses después, un estudio independiente encargado por la ONU y dirigido por la ex ministra francesa de Asuntos Exteriores, Catherine Colonna, ha concluido que Israel sigue sin presentar pruebas que respalden sus acusaciones contra la Unrwa.
Pero al igual que con el engaño de Falter, el objetivo de tales acusaciones por parte de Israel nunca es exponer la verdad. El objetivo es distraer de la verdad.
Lo mismo puede decirse de las afirmaciones aún no fundamentadas de Israel sobre el salvajismo sin precedentes cometido por Hamás el 7 de octubre, desde decapitar bebés hasta llevar a cabo violaciones masivas sistemáticas.
Ninguna de estas acusaciones, ampliamente difundidas por los medios de comunicación occidentales, ha sido respaldada con pruebas. Siempre que se han examinado los testimonios, se han desmontado.
Pero todas estas afirmaciones han servido para algo. Mantienen a la opinión pública occidental centrada en los malvados trabajadores de ayuda humanitaria y los malvados manifestantes contra la guerra, en lugar del tipo de maldad que se atreve a matar a plena luz del día a 15.000 niños, destruir hospitales y ocultar cadáveres en fosas comunes.