DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX CARLOS VALMASEDA
ÍNDICE
1. Haití y el imperialismo francés.
2. Los comunistas y la identidad nacional indonesia.
3. Los tres objetivos de Trump.
4. Reunión Witkoff-Putin.
5. Quién parpadeó primero.
6. Por qué la «calle árabe» no dice nada (observación de José Luis Martín Ramos).
1. Haití y el imperialismo francés
El último boletín de Prashad para el Tricontinental está dedicado a los 200 años de la revolución haitiana y la carga que le impuso Francia, hasta hoy.
https://thetricontinental.org/
Hace 200 años, Francia impuso una deuda inhumana para aplastar la Revolución Haitiana | Boletín 17 (2025)
Desde su revolución en 1804, Haití ha sido castigado por su libertad: asfixiado por deudas, golpes e injerencias extranjeras. No olvidemos que fue la primera revolución antiimperialista triunfante.
24 de abril de 2025
Queridas amigas y amigos,
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
En una noche tormentosa de agosto de 1791, Dutty Boukman (1767–1791) y Cécile Fatiman (fl. 1791–1845) dirigieron una ceremonia de vudú en Bois Caïman, en la parte norte de Saint-Domingue, la parte de la isla La Española bajo dominio francés. Boukman había sido capturado en Senegambia (actualmente Senegal y Gambia), mientras que Fatiman era hija de una mujer del Congo (como escribió Aimé Césaire) y un hombre de Córcega. Su ceremonia, realizada ante más de 200 africanxs esclavizadxs, fue el catalizador de un levantamiento masivo en las plantaciones francesas. Boukman pronunció en kreyòl palabras que se transmitieron de generación en generación y finalmente quedaron registradas en los libros de historia (incluido el clásico de 1938 de C. L. R. James, Los jacobinos negros): El dios que creó el sol que nos alumbra, que levanta las olas y gobierna la tormenta, aunque escondido entre las nubes, nos observa. Ve todo lo que hace el blanco. El dios del blanco lo inspira con el crimen, pero nuestro dios nos llama a hacer buenas obras. El dios que es bueno para nosotros nos ordena que venguemos nuestros agravios. Dirigirá nuestros brazos y nos ayudará. Boten el símbolo del dios de los blancos que tanto nos ha hecho llorar, y escuchen la voz de la libertad, que nos habla en el corazón de todos nosotros.
La resonancia de la Revolución Francesa de 1789 se sentía en el ambiente de la ceremonia convocada por Boukman y Fatiman. Pero para ellxs, aún más poderosas eran sus propias tradiciones de humanidad, nutridas por un abanico de creencias africanas e islámicas, ambas parte de su herencia. Lxs esclavxs africanxs se alzaron. Quemaron las plantaciones y mataron a quienes decían ser sus dueñxs. Su venganza fue brutal, aunque ni siquiera comenzaba a reflejar el trato al que habían sido sometidxs. Para tener una idea de la mentalidad de quienes poseían plantaciones, basta leer estas reflexiones sobre cómo sacar el mejor provecho de una esclava o esclavo africano, relatadas por un propietario inglés en Antigua al capitán John Newton, comerciante de esclavxs convertido en abolicionista, quien recogió este y otros ejemplos en su panfleto de 1787 Thoughts Upon the African Slave Trade [Reflexiones sobre el comercio de personas esclavizadas africanas]: ¿Qué es mejor? ¿Asignarles trabajo moderado, provisiones abundantes y un trato que les permita alargar sus vidas hasta la vejez? ¿O exigir al máximo su fuerza, con poco descanso, comida escasa y maltrato, para agotarlos antes de que se vuelvan inútiles e incapaces de servir, y entonces comprar nuevos esclavos para ocupar sus lugares?
Aquella noche comenzó la rebelión que finalmente sería liderada por Toussaint L’Ouverture (1743–1803). En 1791, L’Ouverture —quien había aprendido a leer gracias a su padrino— era mayordomo de una plantación (cargo que le daba acceso a muchos libros, incluidos los Comentarios sobre la Guerra de las Galias de Julio César, que le introdujeron en la ciencia militar). L’Ouverture y lxs demás líderes rebeldes se aliaron brevemente con los españoles para derrotar a los franceses, quienes luego recurrieron al apoyo de los británicos. Los europeos tendrían que dejar de lado sus propias enemistades para enfrentar la verdadera amenaza común: la rebelión de lxs esclavxs africanxs. El equilibrio se alteró aún más con el ascenso de los jacobinos en París, liderados por Maximilien Robespierre. En febrero de 1794, Robespierre y los jacobinos respaldaron un decreto de la Convención Nacional para abolir la esclavitud en las colonias francesas, lo que llevó a una alianza entre el ejército francés y las fuerzas de L’Ouverture contra los españoles y británicos. ¡A las armas, ciudadanos!, cantaban en kreyòl lxs africanxs antes esclavizadxs que marchaban detrás de L’Ouverture.
Robespierre fue finalmente derrocado. En 1799, Napoleón Bonaparte llegó al poder como Primer Cónsul y rompió todos los acuerdos entre Francia y las fuerzas revolucionarias africanas, incluido el decreto de abolición de la esclavitud. Entre 1802 y 1803, el vizconde de Rochambeau encabezó un reinado del terror en el norte de Saint-Domingue para restaurar el control francés sobre la colonia. Entre sus métodos se incluía el uso de 1.500 mastines cubanos para cazar personas africanas. Se reporta que quemaba azufre en las bodegas de los barcos para asfixiar a prisionerxs rebeldes. Rochambeau les decía a los soldados franceses: “Ya no quiero valentía de ustedes. Quiero furia”. Arrojaron tantos cuerpos al mar cerca de Le Cap (hoy Cap-Haïtien) que, durante mucho tiempo, la gente se negó a comer pescado de esa zona. L’Ouverture fue arrestado por el ejército francés en 1802 y murió al año siguiente en una prisión en las montañas del Jura, cerca de la frontera con Suiza. Sin embargo, su ejército —ahora bajo el mando de Jean-Jacques Dessalines— continuó luchando. El 1º de enero de 1804, las fuerzas de Dessalines declararon la independencia de Francia y renombraron su país Hayti (hoy Haití, palabra taína que significa “tierra de montañas”).
El pueblo haitiano llevó a cabo la primera revolución triunfante del Tercer Mundo. Durante los últimos meses de lucha, Dessalines le pidió a su ahijada, Catherine Flon, que retirara la franja blanca de la bandera francesa, cosiera juntas la roja y la azul, y bordara en su nueva bandera de independencia: La liberté ou la mort [Libertad o muerte]. Cuando conquistaron su libertad, retiraron esas palabras de la bandera.
Pero la libertad no es tan fácil de alcanzar.
Los recién creados Estados Unidos, construidos sobre los cimientos de la esclavitud, temían que la Revolución Haitiana pudiera extenderse a su propio territorio. En 1792, el presidente George Washington instruyó a su secretario de Estado, Thomas Jefferson, para que enviara tres cuartos de millón de dólares en ayuda a lxs propietarixs de plantaciones para reprimir las revueltas. En julio de 1802, Thomas Jefferson, ya como presidente de los Estados Unidos, escribió al embajador británico en ese país, Rufus King: “El curso de los acontecimientos en las islas vecinas de las Indias Occidentales parece haber dado un impulso considerable a las mentes de los esclavizados en diferentes partes de los Estados Unidos. Se ha manifestado una gran disposición a la insurrección entre ellos”. Por eso, Jefferson y su gabinete se propusieron encontrar cualquier medio para sofocar la Revolución haitiana. El 21 de febrero de 1806, Jefferson prohibió el comercio con “ciertas partes de la isla de Santo Domingo, Haití”. En 1824, el senador de Carolina del Sur, Robert Hayne, lo dijo sin rodeos: “Nuestra política con respecto a Haití es clara. Nunca podremos reconocer su independencia. La paz y la seguridad de una gran parte de nuestra Unión nos impiden siquiera discutirla”. La libertad de Haití era un desafío al sistema esclavista estadounidense.
En 1825, en un acto de diplomacia de cañoneras, el rey Carlos X de Francia envió una flota de buques de guerra a las aguas haitianas y exigió que la joven nación pagara 150 millones de francos como “compensación” por la pérdida de su colonia y de su mano de obra esclavizada. La suma equivalía a diez veces el presupuesto anual de Haití y al mismo monto que Estados Unidos había pagado por el territorio de Luisiana. Haití pidió préstamos a bancos franceses para pagar esa suma y, con ello, cayó en una trampa de deuda de la que nunca ha podido salir. Entre 1825 y 1947, cuando Haití terminó de pagar la deuda, el 80 % de su riqueza, unos 21 mil millones de dólares, se había destinado a ese pago, lo que dejó al país en un estado de caos total (se estima que lxs haitianxs terminaron pagando más del doble del valor original de la indemnización). Este pago es odioso. Ni Francia ni Citibank, que compró la deuda, han pedido disculpas por este saqueo.
En 1915, cuando el nuevo gobierno de Haití intentó afirmar su soberanía tras el asesinato del presidente Jean Vilbrun Guillaume Sam, afín a los intereses de Estados Unidos, las fuerzas armadas estadounidenses intervinieron y ocuparon la isla durante 19 años, hasta 1934. Luego impusieron el brutal régimen dictatorial de los Duvalier, que gobernó en su nombre desde 1957 hasta 1986. En diciembre de 1990, una lavalas [inundación repentina] de energía popular, con raíces claras en el campesinado haitiano, llevó a la presidencia al ex sacerdote Jean-Bertrand Aristide con el 70% de los votos. Ningún haitiano había recibido antes un mandato semejante. Era como si L’Ouverture volviera a la escena, o como si se reviviera la rebelión de Piquet de 1844 y su Armée souffrante [Ejército de los que sufren]. El liderazgo de Aristide y su compromiso con el campesinado resultaban tan amenazantes como aquellos episodios del pasado.
Ocho meses después, el 30 de septiembre de 1991, el ejército y la policía —respaldados por Estados Unidos— derrocaron a Aristide. Eventualmente, y bajo presión internacional, se le permitió completar su mandato entre 1994 y 1996, aunque bajo severas restricciones.
En el año 2000, Aristide obtuvo un mandato aún mayor, con el 90% de los votos. El golpe de Estado y la camisa de fuerza impuesta por Estados Unidos para permitirle terminar su primer mandato lo habían radicalizado. Exigió que Francia pagara 22 mil millones de dólares como concepto de reparación por la indemnización. Francia respondió que el asunto había sido resuelto mediante tratados en el siglo XIX y que no se pagarían tales reparaciones. En 2004, Aristide fue derrocado en un golpe respaldado por Francia y Estados Unidos. Fue reemplazado por una junta militar que renunció a la demanda haitiana de reparación. El tema de la indemnización quedó sepultado bajo huracanes, terremotos, la invasión posterior al golpe por parte de los cascos azules de la ONU, que dejaron a su paso un brote de cólera y abusos sexuales generalizados, la plaga de la deuda externa, el peso de la deflación, la deforestación masiva, el colapso de la agricultura haitiana provocado por el ingreso de productos estadounidenses subvencionados, el rechazo de un proyecto de ley sobre salario mínimo, el asesinato de un presidente no elegido y, más recientemente, el control del país por parte de bandas armadas.
Todo esto se remonta a la negativa del imperialismo a permitir que Haití respire. Jamás perdonaron que el pueblo haitiano fuera el primero en liderar con éxito una revolución contra el imperialismo.
El 20 de febrero de 2025, el poeta y pintor haitiano Frankétienne murió en Delma, Puerto Príncipe, a los 88 años. A lo largo de su vida, reflexionó sobre el hecho de haber nacido en 1936, hijo de una mujer haitiana violada por un hombre de Estados Unidos. Frankétienne permaneció en su país a pesar de las adversidades, dando voz a un pueblo desesperado por un futuro. En su extraordinario Flores de insomnio, 1986, escrito al final de la pesadilla duvalierista, Frankétienne escribió: “El sueño es sin lugar a dudas el primero de los caminos que conducen a la libertad.
Soñar, es ya ser libre.”
Cordialmente,
Vijay
2. Los comunistas y la identidad nacional indonesia
Reseña de un libro sobre el papel de los comunistas indonesios en la creación de su identidad nacional.
https://jacobin.com/2025/04/
Los comunistas de Indonesia ayudaron a forjar su identidad nacional
- Por Alex de Jong
Tras la sangrienta represión de la izquierda indonesia en la década de 1960, el régimen de Suharto la borró de los libros de historia. Los comunistas indonesios desempeñaron un papel crucial en el desarrollo de la conciencia nacional entre los trabajadores y los campesinos contra el dominio colonial holandés.
Reseña de Communication against Capital: Red Enlightenment at the Dawn of Indonesia, de Rianne Subijanto (Cornell University Press, 2025).
En Communication against Capital, Rianne Subijanto cuenta la historia de cómo los socialistas de la Indonesia de los años veinte se movilizaron contra el colonialismo. Con mítines y revistas, huelgas y educación, su movimiento introdujo nuevas formas de ver el mundo y contribuyó al nacimiento de la nación indonesia.
Communication against Capital se centra en la primera mitad de la década de 1920 y en lo que Subijanto denomina pergerakan merah, el «movimiento rojo» que se extendió por lo que entonces se conocía como las Indias Orientales Neerlandesas. Tras el golpe militar de 1965, el papel crucial de la izquierda indonesia fue reprimido y declarado tabú. El libro de Subijanto arroja nueva luz sobre el alcance de la organización de la izquierda, no solo contra el colonialismo holandés, sino también contra las costumbres restrictivas y las formas tradicionales de explotación.
La Ilustración Roja
La clave de esto es lo que Subijanto denomina un proceso de «ilustración roja». Los participantes en el pergerakan merah consideraban que la emancipación «no provenía de lo trascendental —Dios o los espíritus místicos—, sino de algo inmanente: la creencia en la capacidad humana para comprender el mundo y cambiarlo».
La suya era una ilustración que apuntaba a la emancipación universal: el comunismo. Un hilo conductor que recorre el libro es la interacción entre la situación particular en la que se encontraba el pergerakan merah como miembros de una nación indonesia recién emergente que se oponía al colonialismo holandés y la inspiración global para su lucha.
Tras el golpe militar de 1965, el papel crucial de la izquierda indonesia fue suprimido y declarado tabú.
El capitalismo creará sus propios sepultureros, dijo Karl Marx. El desarrollo del capitalismo crea tanto la posibilidad como el deseo de superar un sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y la explotación. Subijanto describe cómo, de manera similar, el colonialismo holandés contribuyó a crear las condiciones para su propia desaparición.
El colonialismo holandés en lo que hoy es Indonesia se remonta al siglo XVII, pero no fue hasta finales del siglo XIX cuando la mayor parte del archipiélago quedó bajo el control efectivo de los Países Bajos. A principios del siglo XX, los Países Bajos introdujeron la llamada política ética en las Indias Orientales Holandesas. Se trataba, en esencia, de la versión neerlandesa de la «carga del hombre blanco»: la idea de que, como nación occidental y blanca, los Países Bajos tenían la misión de «elevar» a los pueblos colonizados.
Una de las consecuencias fue que el Estado neerlandés ejerció un control más directo sobre el pueblo indonesio, en lugar de actuar a través de representantes locales. La formación de médicos y la sangrienta guerra de Aceh a principios de siglo formaban parte de la «política ética».
El capital industrial neerlandés e internacional también necesitaba recursos como el caucho y el petróleo. Para extraer dichos recursos de la colonia, se construyeron nuevas infraestructuras y se formó a los trabajadores. Sin quererlo, el colonialismo neerlandés unió el archipiélago en lo que se estaba convirtiendo en una nación y creó los circuitos por los que circulaban las nuevas ideas y se les daba un nuevo contenido y un nuevo significado.
De la oscuridad a la luz
Aunque pueda sorprender en un libro sobre los comunistas indonesios, Subijanto menciona al principio una novela holandesa y una princesa javanesa. Basándose en sus experiencias como funcionario colonial y escribiendo bajo el seudónimo de Multatuli, Edward Douwes Dekker publicó en 1859 Max Havelaar, una novela que condenaba la miseria provocada por el colonialismo.
Sin quererlo, el colonialismo holandés unió el archipiélago indonesio en lo que se estaba convirtiendo en una nación.
Multatuli era una figura contradictoria, un elitista que sentía empatía por los oprimidos. También era un ilustrado opositor a la superstición y a las tradiciones asfixiantes. Max Havelaar se convirtió en lectura obligatoria para los socialistas de los Países Bajos.
También inspiró a la joven princesa javanesa Kartini. Aislada del mundo durante su pingit («reclusión»), la tradición de los nobles javaneses de mantener a las niñas en casa desde los doce años hasta su matrimonio, Kartini sentía una gran curiosidad por el mundo. Devoraba libros y revistas y escribía cartas a sus contactos holandeses e indonesios.
Tras su prematura muerte, en 1911 se publicó una recopilación de esas cartas en el holandés original con el título Door duisternis tot licht («De la oscuridad a la luz»). «Queremos igualar a los europeos en educación e ilustración, y los derechos que reclamamos para nosotros mismos también debemos concedérselos a los demás», escribió Kartini.
Para Subijanto, sus influencias cosmopolitas y su visión global orientada al futuro muestran la insuficiencia de contraponer las formas de pensamiento «indígenas» a las «occidentales» o «extranjeras»: «Es más acertado pensar en la vida de los nativos como global; habían sido influenciados por influencias internacionales durante más de un siglo y esta visión más amplia se había acelerado en las últimas décadas del siglo XIX».
En la década de 1910 se formaron las primeras organizaciones anticolonialistas. La resistencia contra el colonialismo neerlandés estaba cambiando de forma, pasando de la lucha militar liderada por figuras tradicionales de autoridad, como el príncipe Diponegoro en el siglo XIX, a convertirse en un movimiento de masas.
El socialista y líder sindical neerlandés Henk Sneevliet desempeñó un papel importante en la difusión de las ideas socialistas revolucionarias a través de organismos del movimiento obrero como la Unión de Trabajadores Ferroviarios y Tranviarios (VSTP). Los radicales también participaron activamente en el emergente movimiento anticolonial. Semaoen, destacado activista de la VSTP, también ocupó un puesto de liderazgo en la organización anticolonial de masas Sarekat Islam.
En mayo de 1920 se fundó la Perserikatan Komunis di Hindia (Unión Comunista de las Indias), que más tarde cambió su nombre por el de Partai Komunis Indonesia (PKI). Semaoen se convirtió en presidente del partido. Subijanto se refiere al conjunto de sindicatos radicales y organizaciones de masas aliadas con el PKI como el «movimiento rojo» para enfatizar su carácter distintivo del movimiento anticolonial general.
A principios de los años veinte surgió un nacionalismo anticolonial a gran escala, pero los relatos sobre este desarrollo suelen pasar por alto el importante papel que desempeñaron las organizaciones socialistas en el panorama general. A diferencia de los movimientos que solían estar liderados por figuras de la clase media, el pergerakan merah introdujo un nuevo vocabulario para expresar una lucha más radical por la liberación del colonialismo y el capitalismo.
Una cultura de la resistencia
A menudo contrapuesto al prijaji, término que se refiere a los javaneses cultos y de clase media, el movimiento adoptó la palabra kromo, que se refiere a la gente común e invoca a la gran población de campesinos sin tierra, como su identidad unificadora. Las nuevas formas de lucha supusieron nuevas formas de organización.
En lugar de bandas guerrilleras itinerantes, surgieron reuniones públicas, periódicos, libros y escuelas que popularizaron las ideas comunistas sobre el interés común de los kromo en la lucha contra el colonialismo y el capitalismo. Como escribió Djoeinah, la primera mujer editora del periódico comunista Api («Fuego»): «La organización de nuestra clase es el arma para luchar contra el enemigo».
Los trabajadores sindicalizados del transporte y las comunicaciones desempeñaron un papel crucial en el pergeraken merah. Semarang, un centro comercial y portuario de Java Central, fue un importante centro del movimiento socialista temprano. Su educación y su trabajo pusieron en contacto a estos trabajadores y les dieron la oportunidad de convencer a otros.
Del mismo modo, los marineros desempeñaron un papel esencial en la transmisión de información e ideas, estableciendo redes internacionales que llegaban hasta la Unión Soviética, a menudo a través de China y La Meca. Cuando el movimiento fue reprimido a finales de la década de 1920, los marineros y los viajeros internacionales, como los peregrinos, intentaron mantenerlo vivo. Bastantes obras del legendario revolucionario indonesio Tan Malaka llegaron literalmente a La Meca antes de ser traídas a Indonesia por hajjis, peregrinos musulmanes.
Esta combinación de islam y comunismo se produjo en todo el pergerakan merah, pero parece haber sido especialmente pronunciada en el ala liderada por Tan Malaka. Como señala Subijanto, no se trataba de un «comunismo islámico», sino de islam y comunismo, dos conceptos compatibles en la lucha de los kromo. Los dos movimientos internacionales se unieron en las ideas de personas como Haji Misbach. No preocuparse por los demás era un pecado, y quienes trabajaban para el capitalismo eran «demonios».
Las reuniones públicas, openbare vergaderingen (OV) en neerlandés, eran fundamentales para el movimiento. Estas reuniones tenían diferentes funciones. Eran oportunidades para la educación, en las que los oradores debatían sobre acontecimientos nacionales e internacionales y explicaban el significado del comunismo. Pero también eran oportunidades para debatir el significado de la religión y los roles familiares.
Las OV cambiaron prácticamente la forma en que las personas se relacionaban entre sí. En lugar de las reuniones tradicionales en las que las figuras de autoridad se dirigían a la multitud, las OV eran oportunidades para el debate y el intercambio. El hecho de que las mujeres pudieran presidir las reuniones fue otra ruptura con la tradición. El carácter festivo de las OV más grandes, con decoraciones y canciones, unía a las personas y creaba un sentido de identidad colectiva.
Los activistas crearon escuelas populares en las que los niños recibían una educación básica en lectura, escritura y matemáticas, al tiempo que se les introducía en las ideas socialistas.
Periódicos como Api complementaban las OV. Subijanto muestra cómo, a pesar de contar con medios limitados y de sufrir la represión, los escritores continuaron lo que ellos llamaban «la guerra de las plumas y las palabras». Los periódicos tenían más influencia de lo que indicaban las cifras de suscriptores. La gente leía los periódicos en voz alta a grupos de oyentes y los artículos servían de base para los debates en las OV.
Si bien las reuniones públicas servían como eventos educativos, el movimiento también organizaba la educación de forma más permanente. En 1926, miles de personas habían completado un curso de diez meses sobre el comunismo organizado por el PKI.
No se trataba simplemente de difundir ideas políticas. A pesar de las afirmaciones de la «política ética» sobre la mejora de la población indonesia, a finales de la década de 1920, alrededor de tres cuartas partes de los niños seguían sin recibir ninguna educación. Los activistas crearon escuelas populares en las que los niños recibían una educación básica en lectura, escritura y matemáticas, al tiempo que se les introducía en las ideas socialistas.
Represión
La difusión de las ideas comunistas y la organización condujeron a una proliferación de sindicatos a principios de la década de 1920. Poco después, el número de huelgas comenzó a aumentar drásticamente. Ante la creciente resistencia, las autoridades coloniales se retractaron de la retórica «liberal» de la política ética.
La difusión de las ideas comunistas y la organización condujeron a una proliferación de sindicatos a principios de la década de 1920.
Una cosa era hablar de libertad y progreso como algo que las autoridades coloniales concederían a los colonizados en algún momento del futuro. Pero cuando los colonizados comenzaron a movilizarse y a luchar por esos objetivos, los Países Bajos tomaron medidas drásticas.
Una huelga de trabajadores de casas de empeño en 1922 provocó la detención y el exilio de Asser Baars, un socialista neerlandés, y de Tan Malaka. En respuesta a una huelga de trabajadores ferroviarios en 1923, Semaoen fue exiliado. La política colonial neerlandesa se volvió cada vez más represiva en la década de 1920. Se prohibieron las reuniones públicas y se impusieron limitaciones a las «escuelas salvajes» del movimiento.
A mediados de la década, la represión había hecho imposible que el pergerakan merah continuara como antes. Con importantes líderes en el exilio y la prohibición de las reuniones públicas, la ira y la frustración dieron lugar a una serie de revueltas lideradas por el PKI en 1926 y 1927. Los levantamientos tuvieron lugar meses después de que la represión hubiera acabado efectivamente con el pergerakan merah y no contaron con la participación de la población. En consecuencia, las autoridades coloniales pudieron aplastarlas rápidamente.
Tras los levantamientos, las autoridades neerlandesas deportaron a miles de presuntos comunistas y activistas del pergerakan merah a Digoel, un campo de concentración situado en una zona remota de Papúa. Los levantamientos no contaron con el apoyo unánime de los líderes del PKI: el exiliado Tan Malaka había rechazado los planes por considerarlos prematuros y rompió con el partido.
Los historiadores suelen considerar que las revueltas de 1926-1927 marcaron el fin de la actividad significativa del PKI en este periodo. Subijanto muestra cómo, incluso después de las revueltas y la represión posterior, los partidarios del PKI y del PARI (Partai Republik Indonesia) de Tan Malaka intentaron mantener las redes internacionales. Sin embargo, sus esfuerzos por reconstruir el movimiento tuvieron poco éxito.
Aunque derrotado, el pergerakan merah dejó un importante legado. Las estrategias orientadas a la formación de movimientos de masas y las ideas de izquierda seguirían teniendo una fuerte influencia en el movimiento anticolonial. El comunismo indonesio, tanto en la forma del PKI como entre los seguidores de Tan Malaka, resurgiría como movimiento de masas años más tarde, durante la lucha por la independencia después de 1945.
La historia del comunismo indonesio a principios de los años veinte ha sido tema de varios otros libros, como la magistral obra de Ruth T. McVey, The Rise of Indonesian Communism, publicada originalmente en 1965. Communication against Capital se suma a esta bibliografía centrándose en cómo el movimiento difundió sus ideas. Al analizar el funcionamiento de las reuniones, las escuelas y las revistas, Subijanto muestra no solo lo que pensaba el movimiento, sino también lo que hizo concretamente para alcanzar sus objetivos.
Esta perspectiva llama la atención sobre los líderes de base del movimiento. Procedentes de las filas de los kromo, surgieron como activistas que presidían reuniones, escribían, editaban revistas y desafiaban el colonialismo y el capitalismo. Para ellos, la lucha por una Indonesia libre formaba parte de una lucha por la emancipación global. La mejor manera de recordarles es continuar su labor en pro de la ilustración roja.
Colaboradores Alex de Jong es editor de la revista socialista Grenzeloos y activista en los Países Bajos.
3. Los tres objetivos de Trump
La visión de Crooke sobre los objetivos de Trump.
https://www.unz.com/acrooke/a-
¿Un «acuerdo Trump»? Malabarismos entre la guerra, la «guerra fácil» y la negociación
Alastair Crooke • 24 de abril de 2025
La cuestión clave del MAGA no es la política exterior, sino cómo reequilibrar estructuralmente un paradigma económico en peligro de extinción.
Trump se encuentra claramente en medio de un conflicto existencial. Cuenta con un mandato aplastante. Pero está rodeado por un frente enemigo interno decidido, en forma de una «preocupación industrial» impregnada de la ideología del Estado profundo, centrada principalmente en preservar el poder global de Estados Unidos (en lugar de en reparar la economía).
Sin embargo, la cuestión clave para el MAGA no es la política exterior, sino cómo reequilibrar estructuralmente un paradigma económico en peligro de extinción. Trump siempre ha dejado claro que este es su objetivo primordial. Su coalición de seguidores está convencida de la necesidad de reactivar la base industrial estadounidense, con el fin de proporcionar puestos de trabajo razonablemente bien remunerados al cuerpo MAGA.
Puede que Trump tenga por ahora un mandato, pero acecha un peligro extremo, y no solo el Estado profundo y el lobby israelí. La bomba de deuda de Yellen es la amenaza más existencial. Amenaza el apoyo de Trump en el Congreso, porque la bomba está programada para explotar poco antes de las elecciones intermedias de 2026. Los nuevos ingresos por aranceles, los ahorros de DOGE e incluso la próxima sacudida del Golfo se centran en establecer algún tipo de orden fiscal, de modo que los más de 9 billones de dólares de deuda a corto plazo, que vencen de forma inminente, puedan refinanciarse a más largo plazo sin recurrir a tipos de interés exorbitantes. Es la pequeña trampa de Yellen y los demócratas para la agenda de Trump.
Hasta ahora, el contexto general parece bastante claro. Sin embargo, en los detalles de cómo reequilibrar exactamente la economía, cómo gestionar la «bomba de la deuda» y hasta dónde debe llegar DOGE con sus recortes, existen divisiones en el equipo de Trump. De hecho, la guerra arancelaria y el enfrentamiento con China ponen en tela de juicio a una nueva falange de la oposición: es decir, aquellos (algunos en Wall Street, oligarcas, etc.) que han prosperado enormemente gracias a la era doradade la creación de dinero libre y aparentemente ilimitada; aquellos que se han enriquecido precisamente gracias a las políticas que han sometido a Estados Unidos a la inminente «sentencia de muerte» de la deuda estadounidense.
Sin embargo, para complicar aún más las cosas, dos de los componentes clave del «reequilibrio» y la «solución» de la deuda propuestos por Trump no pueden ni siquiera mencionarse en voz baja, y mucho menos decirse en voz alta: una de las razones es que implican una devaluación deliberada del «dólar que tienen en el bolsillo». Y en segundo lugar, muchos más estadounidenses van a perder sus puestos de trabajo.
Eso no es precisamente un argumento muy popular. Probablemente por eso no se ha explicado bien al público el «reequilibrio».
Trump lanzó el «choque arancelario» de la liberación con la aparente intención de iniciar de forma brusca una reestructuración de las relaciones comerciales internacionales, como primer paso hacia un reajuste general de los valores de las principales monedas.
Sin embargo, China no se creyó lo de los aranceles y las restricciones comerciales, y la situación se agravó rápidamente. Por un momento, pareció que la «coalición» de Trump podría fracturarse bajo la presión de la crisis concomitante en el mercado de bonos estadounidense, a raíz de la controversia arancelaria que sacudió la confianza.
De hecho, la coalición se mantuvo, los mercados se calmaron, pero luego se fracturó por una cuestión de política exterior: la esperanza de Trump de normalizar las relaciones con Rusia, hacia un gran reinicio global.
Una corriente importante dentro de la coalición de Trump (aparte de los populistas del MAGA) son los neoconservadores y los partidarios de Israel. Al parecer, Trump llegó a una especie de pacto faustiano al principio, mediante un acuerdo que contaba con un equipo repleto de fervientes partidarios de Israel.
En pocas palabras, la amplitud de la coalición que Trump creía necesaria para ganar las elecciones y lograr el reequilibrio económico también incluía dos pilares de política exterior: en primer lugar, el reinicio de las relaciones con Moscú, pilar sobre el que poner fin a las «guerras eternas», tan despreciadas por su base populista. Y el segundo pilar era la neutralización de Irán como potencia militar y fuente de resistencia, en lo que insisten tanto los partidarios de Israel como el propio país (y con lo que Trump parece totalmente de acuerdo). De ahí el pacto faustiano.
Las aspiraciones «pacificadoras» de Trump sin duda contribuyeron a su atractivo electoral, pero no fueron el verdadero motor de su aplastante victoria. Lo que ha quedado claro es que estas diversas agendas —externa e interna— están interrelacionadas: un revés en una de ellas actúa como un efecto dominó que impulsa o retrasa las demás. En pocas palabras: Trump depende de las «victorias», de las «victorias rápidas», incluso si eso significa precipitarse hacia una «victoria fácil» sin pensar si cuenta con una estrategia sólida (y la capacidad) para lograrla.
Resulta que los tres objetivos de la agenda de Trump son más complicados y divisivos de lo que él quizás esperaba. Él y su equipo parecen cautivados por supuestos arraigados en Occidente, como, en primer lugar, que la guerra generalmente ocurre «allí»; que la guerra en la era posterior a la Guerra Fría no es realmente una «guerra» en el sentido tradicional de una guerra total y sin cuartel, sino más bien una aplicación limitada de la fuerza abrumadora de Occidente contra un enemigo incapaz de amenazarnos de manera similar; y, en tercer lugar, que el alcance y la duración de una guerra se deciden en Washington y en su «gemelo» del Estado profundo en Londres.
Así pues, quienes hablan de poner fin a la guerra de Ucrania mediante un alto el fuego unilateral impuesto (es decir, la facción de Walz, Rubio y Hegseth, liderada por Kellogg) parecen dar por sentado alegremente que los términos y el momento para poner fin a la guerra también pueden decidirse en Washington e imponerse a Moscú mediante la aplicación limitada de presiones y amenazas asimétricas.
Al igual que China no se cree las «tonterías» de los aranceles y las restricciones comerciales, Putin tampoco se cree las «tonterías» del ultimátum: («Moscú tiene semanas, no meses, para acordar un alto el fuego»). Putin ha intentado pacientemente explicar a Witkoff, el enviado de Trump, que la presunción estadounidense de que el alcance y la duración de cualquier guerra dependen en gran medida de Occidente simplemente no se ajusta a la realidad actual.
Y, en el mismo tono, quienes hablan de bombardear Irán (entre ellos Trump) parecen dar también por sentado que pueden dictar el curso y el contenido esenciales de la guerra; Estados Unidos (y quizás Israel) pueden simplemente decidir bombardear Irán con grandes bombas antibúnker. ¡Y ya está! Fin de la historia. Se da por sentado que se trata de una guerra fácil y que se justifica por sí misma, y que Irán debe aprender a aceptar que se lo ha buscado por apoyar a los palestinos y a otros que se niegan a la normalización con Israel.
Aurelien observa: «Así que nos enfrentamos a horizontes limitados, a una imaginación limitada y a una experiencia limitada. Pero hay otro factor determinante: el sistema estadounidense es reconocido por ser extenso, conflictivo y, como resultado, en gran medida impermeable a las influencias externas, e incluso a la realidad. La energía burocrática se dedica casi por completo a las luchas internas, que se llevan a cabo mediante coaliciones cambiantes en la administración, en el Congreso, en el mundo de los expertos y en los medios de comunicación. Pero estas luchas se refieren, en general, al poder y la influencia [internos], y no a los méritos inherentes a una cuestión, por lo que no requieren conocimientos ni experiencia reales».
«El sistema es tan grande y complejo que se puede hacer carrera como «experto en Irán», por ejemplo, dentro y fuera del Gobierno, sin haber visitado nunca el país ni hablar el idioma, simplemente reciclando la sabiduría estándar de una manera que atraiga el patrocinio. Se librarán batallas con otros supuestos «expertos», dentro de un perímetro intelectual muy reducido, en el que solo se aceptan determinadas conclusiones».
Lo que resulta evidente es que este enfoque cultural (el «complejo industrial de los think tanks») induce a la pereza y a la prevalencia de la arrogancia en el pensamiento occidental. Se da por sentado, según se informa, que Trump supuso que Xi Jinping se apresuraría a reunirse con él, tras la imposición de los aranceles, para suplicarle un acuerdo comercial, porque China está sufriendo algunos contratiempos económicos.
El contingente de Kellogg también da por sentado que la presión es la condición necesaria y suficiente para obligar a Putin a aceptar un alto el fuego unilateral, un alto el fuego que Putin ha declarado repetidamente que no aceptará hasta que se acuerde primero un marco político. Cuando Witkoff transmite el punto de vista de Putin dentro del equipo de Trump, se sitúa como un contrarian al margen del «discurso autorizado», que insiste en que Rusia solo se toma en serio la distensión con un adversario después de haber sido obligada a ello por una derrota o un revés grave.
Irán también ha dicho repetidamente que no se dejará despojar de sus defensas convencionales, sus aliados y su programa nuclear. Irán probablemente tiene la capacidad de infligir un daño enorme tanto a las fuerzas estadounidenses en la región como a Israel.
El equipo de Trump también está dividido en cuanto a la estrategia: en términos crudos, negociar o bombardear.
Parece que el péndulo ha oscilado bajo la intensa presión de Netanyahu y los líderes institucionales judíos dentro de Estados Unidos.
Unas pocas palabras pueden cambiarlo todo. En un giro radical, Witkoff pasó de decir un día antes que Washington se daría por satisfecho con un límite al enriquecimiento nuclear iraní y no exigiría el desmantelamiento de sus instalaciones nucleares, a publicar en su cuenta oficial de X que cualquier acuerdo exigiría a Irán «detener y eliminar su programa de enriquecimiento nuclear y armamento… Solo se cerrará un acuerdo con Irán si es un acuerdo de Trump». Sin un claro cambio de postura por parte de Trump, nos encaminamos hacia la guerra.
Es evidente que el equipo de Trump no ha pensado en los riesgos inherentes a sus planes. Su «reunión de alto el fuego» inicial con Rusia en Riad, por ejemplo, fue un teatro de lo superficial. La reunión se celebró partiendo de la fácil suposición de que, dado que Washington había decidido un alto el fuego temprano, «así debía ser».
«Es bien sabido», señala Aurelien con cansancio, «que la política de la Administración Clinton en Bosnia fue el resultado de furiosas luchas de poder entre ONG estadounidenses rivales y antiguos miembros de Human Rights, ninguno de los cuales sabía nada de la región ni había estado nunca allí».
No es solo que el equipo sea indiferente a las posibles consecuencias de la guerra en Oriente Medio. Están cautivos de suposiciones manipuladas de que será una guerra fácil.
(Reproducido de Strategic Culture Foundation con permiso del autor o su representante).
4. Reunión Witkoff-Putin
Amar sigue analizando como van las conversaciones entre Rusia y los EEUU sobre la guerra en Ucrania. Habrá que ver qué hablaron ayer Zelenski y Trump en el funeral del Papa.
https://swentr.site/news/616336-russia-us-witkoff-ukraine/
No, gracias, Kiev: Rusia y Estados Unidos pueden reconciliarse sin Ucrania
La visita de Steve Witkoff a Moscú parece indicar que es posible una distensión entre ambas naciones, incluso sin Zelenski en la ecuación.
Por Tarik Cyril Amar , historiador alemán que trabaja en la Universidad Koç de Estambul, especializado en Rusia, Ucrania y Europa del Este, la historia de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría cultural y la política de la memoria.
El presidente ruso, Vladímir Putin, se ha reunido de nuevo con Steve Witkoff, enviado especial del presidente estadounidense, Donald Trump. Por lo poco que las cámaras nos han mostrado de la reunión , parece que el ambiente fue inusualmente cordial. La conversación también fue larga, ya que duró unas tres horas.
Sin embargo, en este momento, sabemos poco sobre su contenido o, lo que es más importante, sobre los avances que se han logrado o no. Sabemos, por Yuri Ushakov , asesor especial de Putin, que la reunión fue, en sus propias palabras, «constructiva» y «útil» . En particular, ha acercado las posiciones de Rusia y Estados Unidos, no solo sobre Ucrania, sino también sobre otras cuestiones que, en su mayoría, no se han especificado. Con la importante excepción de la posibilidad de facilitar las conversaciones directas entre los representantes rusos y ucranianos.
Es evidente que es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas sobre la reunión y sus resultados. Lo único que parece seguro es que no ha sido un fracaso. Aunque el lenguaje de Ushakov ha sido moderado, eso es lo que parece indicar. Más allá de eso, sin embargo, solo podemos especular: lo que sabemos por el contexto de la reunión es que Trump ha vuelto a mostrar públicamente su gran insatisfacción e impaciencia con Kiev y, personalmente, con el líder ucraniano, Vladimir Zelensky. Esta vez, utilizando su propia red social Truth Social, Trump se centró en la negativa de Zelensky a aceptar la pérdida de Crimea. En términos más generales, le recordó a Zelensky que tiene poca influencia («no tiene cartas») y que su dilatación retrasará el fin de la guerra.
Esta intervención está en línea con lo que los críticos de Trump denuncian furiosamente como una tendencia a ser blanda con Rusia y duro con Ucrania. En principio, aunque exagerando un poco, los críticos tienen razón. Trump ha invertido eficazmente el antiguo enfoque estadounidense, que consistía en mirar a Ucrania y culpar siempre a Rusia. Pero lo que los críticos de Trump no se dan cuenta es que, en esta cuestión, tiene razón. No puedo decirlo abiertamente, pero Rusia está ganando la guerra tanto contra Ucrania como, en la práctica, contra Occidente. En esta situación, un presidente estadounidense tiene dos opciones: intensificar aún más la escalada, lo que probablemente conduciría, como mínimo, a una guerra regional de gran envergadura en Europa y partes de Asia, o hablar finalmente con Rusia en términos que Moscú pueda considerar aceptables. Eso es precisamente lo que Trump ha decidido hacer, al menos por ahora. Y cualquiera que desee evitar la escalada tiene que estar de acuerdo con él, si no en los detalles, al menos en lo fundamental.
La última ronda de conversaciones entre los dirigentes rusos y Witkoff confirma que Washington mantiene el rumbo esbozado anteriormente. En términos más generales, también significa que Estados Unidos no abandona el estilo de su última propuesta de paz para la guerra de Ucrania. Según se informa, esta última ofrece la congelación de las líneas actuales sobre el terreno, la tan esperada perspectiva de Ucrania de entrar en la OTAN (que, si se hubiera producido a finales de 2021, podría haber evitado la escalada a gran escala de la guerra), el levantamiento de las sanciones y el reconocimiento de Crimea como territorio ruso.
En realidad, estas condiciones no coinciden con todas las demandas de Rusia. Pero intento satisfacer las preocupaciones rusas como nunca antes. Como ha señalado el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, Trump es el único líder occidental que reconoce las causas profundas de la guerra. En ese sentido, las propuestas de paz de Estados Unidos no solo muestran que Washington es ahora realista sobre la situación sobre el terreno (muy favorable a Rusia), sino también que la Administración Trump está dispuesta, en principio, a configurar su política concreta de acuerdo con la visión a la que se refiere Lavrov.
Esto deja, en lo que respeta a la guerra de Ucrania, dos preguntas clave: ¿Seguirá Trump adelante con la suspensión de nuevos envíos militares y del crucial apoyo en materia de inteligencia a Kiev? Y, en caso afirmativo, ¿cuándo? En segundo lugar, ¿qué van a hacer —o no hacer— los europeos de la OTAN y la UE? Aunque parecen seguir aferrados a su retórica de bloquear el camino hacia la paz, también hay indicios de que su determinación errónea y perjudicial (sobre todo para Ucrania) se está desmoronando: Gran Bretaña está preparando el terreno para renunciar explícitamente a los absurdos aviones de enviar tropas a Ucrania, el presidente polaco Andrzej Duda ha reconocido que Ucrania tiene que hacer concesiones a Rusia, el exsecretario general de la OTAN y ultraconservador Jens Stoltenberg ha dicho lo mismo, y la actual figura emblemática de la OTAN, Mark Rutte , elogia de forma ostensible a Trump por «romper el punto muerto» .
Los partidarios de la línea dura europea no están dispuestos a rendirse todavía. Tanto el polaco Radek «¡Gracias, EE.UU.! UU.!» Sikorski como el francés Emmanuel «Me encanta mi aroma» Macron han protagonizado episodios histéricos de negación frustrada. Sea cual sea el camino que acabe tomando la Europa de la OTAN y la UE, lo que ya es seguro es que se está fracturando.
Lo anterior es el contexto inmediato de la última reunión entre Putin y Witkoff. Lo único que podemos sacar de esa reunión, incluso ahora, es que nada de ello ha dañado la búsqueda en curso de una normalización fundamental de las relaciones entre Moscú y Washington, lo cual es una buena noticia para el mundo, les guste o no a los belicistas europeos.
Pero es más difícil no solo decir algo sobre los detalles, sino también sobre una cuestión clave: ¿Esta distensión entre Rusia y Estados Unidos seguirá adelante incluyendo un acuerdo para Ucrania o se separarán las dos vías? Es posible que Washington y Moscú sigan trabajando en la normalización de sus relaciones, dejando de lado la cuestión de Ucrania. Ese es el verdadero significado del recordatorio de Trump a Zelensky de que Estados Unidos puede reconocer Crimea como rusa, independientemente de lo que decida Kiev. Sin embargo, es evidente que si Washington decidió realmente «dar por zanjada» la cuestión de Ucrania, como ha dicho el secretario de Estado Marco Rubio, Rusia no lo haría. Kiev debería tener mucho cuidado con lo que desea.
5. Quién parpadeó primero
Otro más bien triunfalista artículo de Escobar sobre el enfrentamiento arancelario entre EEUU y China.
https://www.unz.com/pescobar/
China, Hong Kong y el arte de parpadear
Pepe Escobar • 25 de abril de 2025
El Capitán Caos definitivamente no tiene las cartas, que, como hasta los pingüinos del Pacífico Sur saben, están hechas en China.
SHANGHÁI y HONG KONG – Así que, como era de esperar, el Capitán Caos parpadeó primero. Por mucho que él –y su extenso circo mediático– no pudieran admitirlo.
Todo comenzó con «exenciones arancelarias» —desde teléfonos inteligentes y ordenadores hasta piezas de automóviles— sobre productos importados de China. Luego se desvió hacia filtraciones cuidadosamente manipuladas que insinuaban que los aranceles «podrían» reducirse a un rango entre el 50 % y el 65 %. Y finalmente, una breve admisión de que, si no se llega a un acuerdo, se fijará unilateralmente una «cifra arancelaria».
El Ministerio de Comercio chino se mostró implacable: «Intentar negociar los intereses de otros a cambio de ganancias temporales es como regatear con un tigre por su piel: solo servirá para que se vuelva en su contra».
Y se puso aún más duro. El Ministerio se mantuvo firme en que cualquier afirmación de Trump 2.0 sobre avances en las negociaciones bilaterales «no tiene base factual», lo que de facto presenta al presidente estadounidense como un difusor de noticias falsas.
Tigres, tigres ardiendo en llamas: la imagen no recuerda al superestrella de la poesía William Blake, sino a la legendaria descripción de Mao del imperio estadounidense como un «tigre de papel», un flashback que me impactó una y otra vez la semana pasada en Shanghái. Si el imperio estadounidense ya era un tigre de papel en la década de 1960, argumentan los chinos, imagínense ahora.
Y el dolor aumentará, no solo para el tigre de papel: cualquier acuerdo dudoso celebrado por gobiernos extranjeros —vasallos— a expensas de los intereses chinos simplemente no será tolerado por Pekín.
La semana pasada en Shanghái, académicos y empresarios me recordaron una y otra vez que las aranceles de Trump (TTT) van mucho más allá de China: son una ofensiva desesperada ordenada por las clases dirigentes estadounidenses contra un competidor que les aterroriza.
Las mejores mentes analíticas chinas saben exactamente lo que está pasando en Washington. Tomemos, por ejemplo, este ensayo publicado originalmente por la influyente revista Cultural Horizon, que analiza la «estructura de poder triangular» de Trump 2.0.
Tenemos al todopoderoso Trump formando un «superestablishment»; la política del dinero de Silicon Valley, representada por Elon Musk; y la nueva élite de derecha representada por el vicepresidente J. D. Vance. El resultado final: un «sistema de gobierno casi paralelo al gobierno federal».
Los chihuahuas europeos, atrapados en el fuego cruzado de Trump 2.0, son simplemente incapaces de una conceptualización tan sintética y precisa.
El tigre de papel se enfrenta al dragón ardiente
Lo que ha revelado una profunda inmersión en Shanghái es que Trump 2.0 ha brindado a China una oportunidad única para consolidar su iniciativa estratégica, afianzando su papel de líder del Sur Global/Mayoría Global, al tiempo que gestiona cuidadosamente el riesgo de una nueva Guerra Fría.
Podría llamarse una jugada de Sun Tzu que podría paralizar al Imperio en seco. El profesor Zhang Weiwei, con quien tuve el placer de compartir un seminario en Shanghái sobre la asociación estratégica entre Rusia y China, estaría de acuerdo.
China se está moviendo en todos los frentes. El primer ministro chino, Li Qiang, envió una carta al primer ministro japonés, Shigeru Ishibe, instándole a emprender una iniciativa conjunta, de inmediato, para contrarrestar la demencia arancelaria.
El mensaje principal del presidente Xi en su gira por el sudeste asiático la semana pasada fue oponerse al «acoso unilateral».
Xi se movió hábilmente entre Malasia, actual presidente rotatorio de la ASEAN, que siempre evita tomar partido, y Vietnam, con su «diplomacia del bambú», que siempre se mantiene a la espera entre Estados Unidos y China.
Xi dijo directamente al primer ministro de Malasia, Anwar Ibrahim: «Debemos salvaguardar las brillantes perspectivas de nuestra familia asiática». Traducción: creemos una esfera de influencia exclusiva cercana a la «comunidad de destino compartido», pero que no incluya a potencias externas como Estados Unidos.
Paralelamente, se ha producido un intenso debate, desde Shanghái hasta Hong Kong, que trasciende el papel de China como fábrica del mundo: lo que importa ahora es cómo redirigir parte de la asombrosa capacidad manufacturera de China hacia el mercado interno.
Por supuesto, hay problemas, como la falta de poder adquisitivo de gran parte de los consumidores nacionales chinos, incluso cuando la mayor parte de los ingresos nacionales de China se destina a inversiones en activos fijos. Una gran parte de la población rural de edad avanzada de China sobrevive con una pensión mensual de unos 30 dólares, y la tarifa por hora de la economía gig se ha estancado en torno a los 4 dólares.
Mientras tanto, en varios frentes de alta tecnología, China acaba de construir el tren de alta velocidad más rápido del planeta: 400 km/h, que pronto circulará entre Pekín y Shanghái. China ya está recibiendo pedidos para el avión comercial de fuselaje ancho C919. Y China ha creado el primer reactor nuclear del mundo propulsado por torio. Traducción: energía limpia y barata ilimitada al alcance de la mano.
La forma mafiosa de hacer negocios
Hong Kong es un caso muy especial. Los ejecutivos del HSBC, por ejemplo, se preocupan por una posible desconexión entre Estados Unidos y China, y se preguntan si Hong Kong podrá sobrevivir sin el comercio con Estados Unidos.
Sí, puede. Estados Unidos es el tercer socio comercial de Hong Kong, pero las exportaciones e importaciones de Hong Kong a Estados Unidos solo representan el 6,5 % y el 4 %, respectivamente, del total de sus exportaciones e importaciones mundiales, incluido el transbordo de mercancías entre el continente y Hong Kong.
Hong Kong es un centro logístico y un puerto franco de primer orden mundial. Por lo tanto, siempre que Trump 2.0 no prohíba el comercio con Hong Kong —bueno, todo puede pasar—, las importaciones no deberían verse afectadas. En cualquier caso, la mayor parte de las exportaciones de Hong Kong —electrónica, artículos de lujo, ropa, juguetes— pueden encontrar fácilmente mercados alternativos en el sudeste asiático, Asia occidental y Europa.
El punto crucial es que más de la mitad del comercio de Hong Kong es con el continente. Y el hecho clave es que China puede sobrevivir fácilmente sin el comercio con Estados Unidos. Pekín se ha estado preparando cuidadosamente para ello desde Trump 1.0.
Desde Shanghái hasta Hong Kong, las mejores mentes analíticas están en sintonía con el inestimable Michael Hudson, quien ha enfatizado una y otra vez cómo «Estados Unidos es el único país del mundo que ha convertido su comercio exterior en un arma; ha convertido su moneda extranjera, el dólar, en un arma; ha convertido el sistema financiero internacional en un arma y ha tratado todas las relaciones económicas de forma hostil, para convertirlas en armas».
Una China segura de sí misma y experta en alta tecnología, desde los académicos y los empresarios hasta los vendedores de xiao long bao y fideos tirados, entiende perfectamente que el Imperio del Caos, en su afán por «aislar» a China, solo está aislándose a sí mismo (y a sus chihuahuas).
Además, es una alegría ver que Michael Hudson también se refiere al mismo síndrome del «tigre de papel» que he observado en Shanghái estos últimos días: «Bueno, Estados Unidos se ha convertido hoy en día en un tigre de papel en lo financiero. En realidad no tiene nada que ofrecer, salvo la amenaza de los aranceles, la amenaza de alterar repentinamente todos los patrones comerciales que se han establecido en las últimas décadas».
En Shanghái, escuché descalificaciones implacables y continuas del llamado «plan Miran», como en el documento publicado el pasado mes de noviembre por el asesor económico de Trump para «reestructurar el sistema comercial mundial». Miran es el cerebro detrás del acuerdo de Mar-a-Lago, cuya lógica es debilitar el dólar estadounidense obligando a las principales economías, desde China hasta Japón y la UE, a vender activos en dólares estadounidenses y cambiar bonos del Tesoro estadounidense a corto plazo por bonos a 100 años con interés cero.
La brillante idea de Miran se reduce a que las naciones solo tienen dos opciones:
1. Aceptar dócilmente estos aranceles estadounidenses, sin represalias.
2. Extender cheques al Tesoro estadounidense.
Zhao Xijun, codecano del Instituto de Investigación del Mercado de Capitales de China de la Universidad Renmin, destruyó el plan de forma sucinta: transferir dinero al Tesoro estadounidense de esta manera es como «cobrar dinero por protección en las calles». Traducción: es la forma de actuar de la mafia, «un acto matón y dominante, simplemente disfrazado con la elevada justificación de proporcionar bienes públicos».
Mientras tanto, en el Gran Tablero de Ajedrez, Pekín sigue trabajando sin descanso junto a Rusia para lograr una arquitectura de seguridad en toda Eurasia basada en el equilibrio de poderes: se trata del nuevo triángulo Primakov (RIC: Rusia, Irán y China).
Los principales miembros del BRICS, Rusia y China, no permitirán que el Imperio ataque a Irán, también miembro del BRICS. Y el apoyo se manifiesta de diversas formas. Por ejemplo: ¿más sanciones energéticas imperiales contra Irán? China aumentará las importaciones a través de Malasia e invertirá aún más en las infraestructuras de Irán, en colaboración con Rusia en lo que respecta al Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC).
En resumen: el Capitán Caos definitivamente no tiene las cartas, que, como incluso saben los pingüinos del Pacífico Sur, están todas fabricadas en China.
(Reproducido de Strategic Culture Foundation con permiso del autor o su representante).
6. Por qué la «calle árabe» no dice nada
El análisis de AbuKhalil de por qué no hay grandes movilizaciones contra las guerras de expansión israelíes.
https://consortiumnews.com/
¿Dónde está la «calle árabe»?
24 de abril de 2025
Durante las guerras de expansión israelí que se están librando en Gaza, Cisjordania, Siria y Líbano, llama la atención la ausencia de protestas masivas y sostenidas en numerosas capitales árabes.
Por As`ad AbuKhalil Especial para Consortium News
En Occidente existe desde hace mucho tiempo una fascinación distorsionada y orientalista por la opinión pública árabe.
Durante décadas, los gobiernos y los medios de comunicación occidentales se han referido despectivamente a la opinión pública árabe como «la calle árabe», en un intento de atribuir, como lo llamó el árabe favorito de Occidente, Fouad Ajami, impulsos atávicos y un comportamiento público y un pensamiento ruidoso y revoltoso.
Es como si los árabes se comportaran políticamente de forma diferente a los occidentales civilizados; como si los árabes salieran a la calle mientras que los occidentales recurren a las páginas de opinión de los periódicos para expresar sus quejas políticas. En los años cincuenta y sesenta, durante el apogeo del nasserismo, los árabes salían regularmente a la calle para manifestar su desaprobación hacia los gobiernos occidentales y, a menudo, hacia sus propios gobiernos.
Las embajadas estadounidenses eran un destino habitual para los manifestantes durante aquellos años, razón por la cual desde entonces se han convertido en fortalezas. Se impide a los manifestantes árabes acercarse a las embajadas estadounidenses, mientras que los ejércitos locales garantizan que las misiones diplomáticas israelíes y estadounidenses sigan siendo accesibles para la población. El año pasado, se desplegó al ejército jordano para impedir que los manifestantes asaltaran la embajada israelí.
En el pasado, las embajadas occidentales tomaban nota de las manifestaciones dirigidas contra las políticas occidentales y los gobernantes locales alineados con Occidente. Los gobiernos europeos y estadounidenses solían tener en cuenta la opinión pública árabe en sus informes y análisis sobre la región.
Las opiniones rivales
Era una época de debate real entre las élites sobre la política estadounidense en Oriente Medio. Los bandos rivales (los llamados arabistas, diezmados en la década de 1990, y el lobby israelí) discutían sobre la relevancia política de la opinión pública árabe.
Los arabistas sostenían que era importante y que Estados Unidos la ignoraría por su cuenta y riesgo, dados los efectos acumulativos del resentimiento y la antipatía populares hacia Estados Unidos. Los arabistas invocaban el ejemplo de la revolución iraní de 1979, con su fuerte componente antiestadounidense, atribuido al golpe de Estado orquestado por la CIA y el MI6 en 1953, que dejó de lado la opinión del pueblo iraní.
El mensaje de los arabistas era: pueden ignorar la opinión pública local, pero puede estallarles en la cara más adelante.
Por otro lado, el lobby israelí nunca considera que la opinión pública árabe sea un factor importante en la elaboración de políticas y califica las advertencias de los arabistas de alarmistas. Argumentan —quizás en su firme creencia en la eficacia del uso de la fuerza— que la opinión pública árabe es un factor irrelevante en la formulación de la política regional de Estados Unidos. Están arraigados en el pensamiento colonial que sostiene que los nativos pueden ser sometidos con la fuerza adecuada. Como argumentaron Bernard Lewis y otros analistas sionistas: los árabes solo entienden el lenguaje de la violencia.
Sin embargo, durante las guerras de expansión israelí en Gaza, Cisjordania, Siria y Líbano, es notable la ausencia de protestas grandes y sostenidas en numerosas capitales árabes.
Ha habido algunas manifestaciones importantes en varios países árabes contra el genocidio en Gaza. Por ejemplo, Yemen, el empobrecido país que lleva años sufriendo el asedio occidental y del Golfo, celebró manifestaciones semanales de solidaridad con Palestina en las que participaron cientos de miles de personas.
Yemen, con diferencia, ha mostrado tanto en las protestas callejeras como en las acciones militares contra los intereses israelíes la identificación más intensa con la causa palestina. Hubo protestas en Jordania y Mauritania, entre otras capitales, pero la movilización popular contra el genocidio ha sido mínima en comparación con las ciudades occidentales.
En 1982, los árabes tampoco mostraron su apoyo a los palestinos y libaneses durante la salvaje invasión israelí del Líbano.
¿Qué ha cambiado?
Para analizar el aparente declive de las protestas masivas árabes, es necesario examinar los cambios que se han producido en la política árabe a lo largo de las últimas décadas. En los años cincuenta y sesenta, las referencias a «las masas árabes» eran habituales en la retórica política árabe y en la cobertura mediática occidental de la región.
«Las masas árabes» era una forma precisa de describir a los árabes que participaban en acciones políticas colectivas transfronterizas por una preocupación común por sus hermanos (en Argelia, Palestina o Líbano). Ya no vemos este tipo de acciones y la retórica política árabe, tras la muerte del presidente egipcio Gamal Nasser en 1970 y la caída de los regímenes de Sadam Husein y Gadafi en Irak y Libia en este siglo, se ha transformado.
Los líderes árabes ya no se dirigen directamente a su pueblo y su retórica es mucho menos panárabe que antes. Ahora abordan cuestiones puramente locales, e incluso técnicas, y rehúyen los ideales elevados. En la era del dominio de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí sobre la cultura y los medios de comunicación árabes, los temas giran en torno al beneficio, el éxito (capitalista), el glamour y el orden social.
Atrás quedaron los días en que la liberación y la dignidad significaban más para los árabes que el progreso material. En su lugar, los medios de comunicación árabes celebran ahora la extravagancia al estilo de Las Vegas.
Las razones
Hay varias razones que explican los cambios en el comportamiento político (o «callejero») del pueblo árabe:
En primer lugar, existe una correlación entre la fe de la población en la posibilidad de un cambio político y la frecuencia de las protestas en un país. Las masas árabes eran mucho más propensas a protestar en los años cincuenta y sesenta porque creían en una alta probabilidad de respuesta política y cambio, ya fuera porque los regímenes atendían las demandas de las masas o porque a menudo se derrumbaban si se alejaban de la orientación y el estado de ánimo de estas.
También fue una época en la que Nasser agitó y movilizó directamente al pueblo árabe. Su poderoso programa de radio, La voz de los árabes, aprovechó las nuevas y baratas radios transistorizadas para galvanizar a la nación panárabe a partir de 1953.
En segundo lugar, la estabilidad política de un régimen (debida a la protección militar y de seguridad directa de Occidente o a medidas represivas internas) disminuye la esperanza de cambio entre la población. Los golpes de Estado son ahora poco frecuentes (excepto en Sudán). La longevidad de los gobernantes era habitual en los regímenes republicanos y monárquicos, hasta 2011, cuando fueron derrocados los regímenes yemení y libio. El régimen sirio cayó en 2024 con la intervención directa de Turquía (y posiblemente de Rusia).
En tercer lugar, ya no existe ningún líder político que guíe al pueblo árabe. No hay ningún inspirador de las masas que pueda agitar a la población en favor de Palestina. Las declaraciones sobre Palestina de los funcionarios gubernamentales son cautelosas porque los líderes árabes temen al lobby israelí, que puede influir en la política estadounidense hacia el líder y su régimen.
El techo de las demandas árabes para Palestina es ahora muy bajo, centrado en llamamientos redundantes a la aplicación de la iniciativa de paz árabe de 2002, que pedía «tierra a cambio de paz», o la normalización a cambio de la retirada israelí de los territorios de 1967.
Cuarto, los pueblos árabes sufren bajo el brutal dominio de déspotas que controlan ejércitos equipados y entrenados en gran medida por Estados Unidos y otras potencias occidentales. Estos ejércitos no están entrenados para enfrentarse a Israel, sino para enfrentarse a sus propias poblaciones con el fin de mantener en el poder a los déspotas fiables y proteger los intereses occidentales y las embajadas, así como los tratados de paz con Israel.
Los ejércitos árabes de los años cincuenta y sesenta no disponían del equipo necesario para controlar a grandes masas de personas. Durante las guerras actuales, el ejército iraquí, entrenado y equipado por Estados Unidos (que se había desmoronado ante el ISIS), fue equipado con todo el material necesario para proteger los restaurantes KFC de los ataques de manifestantes iraquíes que buscaban venganza contra empresas occidentales simbólicas que se perciben como aliadas de Israel. La empresa matriz de KFC, Yum Brands, opera en la Cisjordania ocupada.
Quinto, en el pasado, los gobiernos árabes movilizaron a las masas contra Israel y acogieron con satisfacción la oportunidad de que el pueblo desahogara su ira en solidaridad con los palestinos. La retórica árabe sobre Palestina contribuyó a la legitimidad política de los regímenes. Hoy en día, muchos gobiernos árabes están estrechamente alineados con Israel y cooperan con él en materia de inteligencia y asuntos militares.
Israel suele ayudar a perseguir y asesinar a los disidentes árabes, así como a proteger a los círculos gobernantes. Por ejemplo, el Mossad entrena ahora a los guardaespaldas de varios gobernantes árabes, y no solo en Marruecos.
Sexto, los regímenes del Golfo han invertido mucho en canales de televisión por satélite que se centran en los deportes y el entretenimiento ligero. Arabia Saudí ha utilizado su dominio de los medios de comunicación para propagar temas contrarios a los intereses palestinos y, en el último Ramadán, emitió una serie sobre Mu`awiyah (fundador de la dinastía omeya, 661-750 d. C.) con el fin de avivar las fricciones entre suníes y chiíes. Los canales de noticias árabes (especialmente los controlados por Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos) copian los temas sionistas y el sesgo de los medios occidentales proisraelíes.
Séptimo, la vida de los partidos políticos árabes ha desaparecido en gran medida. No hay partidos políticos activos como en los años cincuenta y sesenta, cuando los partidos comunistas y nacionalistas árabes competían entre sí y movilizaban a las masas bajo consignas de liberación de Palestina. La represión árabe se ha vuelto más eficaz y se ha instalado la apatía política y la desesperanza.
En octavo lugar, los campos de refugiados palestinos en el Líbano, Siria y Jordania eran las bases de las actividades políticas árabes. Servían como fábricas de revoluciones y exportadores de protestas y manifestaciones. Esos campos están ahora en gran parte inactivos y dominados por ideologías salafistas o por los representantes violentos de la Autoridad Palestina y Muhammad Dahlan, de los Emiratos Árabes Unidos.
Futuro incierto
Esto no descarta las perspectivas de activismo político en la región tras la guerra israelí en Gaza y el Líbano. Esta segunda Nakba resultará transformadora para la cultura política árabe, al igual que la Nakba de 1948.
Es probable que surjan nuevas organizaciones políticas y que Hamás y Hezbolá se fortalezcan y aprendan de sus errores pasados. Ya hay informes de que Hamás podría haber reclutado a miles de nuevos miembros.
La acción colectiva árabe suele propagarse como una reacción en cadena; la temporada de levantamientos árabes (la llamada Primavera Árabe de 2011) fue solo un ejemplo. Si un país experimenta cambios políticos en respuesta a la guerra israelí en Gaza, otros países se verán muy influenciados y el cambio podría replicarse.
Aunque el pueblo árabe está absorto en sus problemas cotidianos y sus necesidades económicas, los horrores de Gaza no pueden dejar a la región indiferente durante mucho tiempo.
As`ad AbuKhalil es un profesor libanés-estadounidense de ciencias políticas en la Universidad Estatal de California, Stanislaus. Es autor de Historical Dictionary of Lebanon (1998), Bin Laden, Islam and America’s New War on Terrorism (2002), The Battle for Saudi Arabia (2004) y dirigió el popular blog The Angry Arab. Tuitea como @asadabukhalil
Observación de José Luis Martín Ramos:
Me parece una explicación circunstancial, con excesiva fijación en los gobiernos y los líderes mesiánicos. Muchas de esas explicaciones podría aplicarse también a la pasividad de las calles europeas, por ejemplo frente al militarismo y el belicismo. La conclusión, que no saca el artículo, es que la movilización de las calles se produjo en el apogeo de las propuestas nacionalistas más o menos panarabistas y de la acción de la izquierda, comunista o socialista; es decir en el apogeo del que llamaría momento plural, no confesional; el giro hacia el islamismo político y en su extremo hacia los fundamentalismos sectarios de Al Quaeda, de Isis, etc, regado y abonado profusamente por occidente, Israel, Arabia Saudí y los Emiratos, ha enterrado la movilización de la calle bajo las capas de la división confesional, el sectarismo, el terrorismo y finalmente la pasividad