DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. Global Sumud Flotilla.
2. La prensa occidental forma parte del genocidio.
3. Corrupción y democracia en Ucrania.
4. Un regalo envenenado.
5. Entrevista a Toscano.
7. Trump ataca a la Reserva Federal.
8. El fracaso de las administraciones.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 26 de agosto de 2025.
1. Global Sumud Flotilla.
A finales de esta semana zarpa desde Barcelona la flotilla que intenta romper el bloqueo de Gaza. A diferencia de los intentos anteriores, barco a barco, esta vez lo intentarán con toda una flotilla. Manu Pineda escribe sobre sus objetivos.
https://www.publico.es/opinion/columnas/global-sumud-flotilla-barcelona-gaza.html
Global Sumud Flotilla: de Barcelona a Gaza
El coordinador de la Global Sumud Flotilla, Saif Abukeshek, junto a varios activistas durante una rueda de prensa, en la Plaza del Rei, a 22 de agosto de 2025, en Barcelona.Europa PressManu Pineda
Responsable de Solidaridad Internacional de Izquierda Unida.
26/08/2025
El 31 de agosto, el puerto de Barcelona será testigo de un acto de valor civil y solidaridad internacional que trasciende lo meramente simbólico: la Global Sumud Flotilla. La palabra árabe «sumud» significa perseverancia, firmeza y resistencia inquebrantable ante la adversidad. No existe término más apropiado para nombrar esta iniciativa que, con rumbo a la asediada Franja de Gaza, busca desafiar no solo un bloqueo naval ilegal, sino también la parálisis moral de una «comunidad internacional» que contempla impasible un exterminio en cámara lenta.
A bordo de estos barcos no viajan únicamente activistas; viajan símbolos vivos de la conciencia global. La presencia de figuras como la actriz Susan Sarandon, cuya voz lleva décadas alzándose en defensa de la justicia; la joven Greta Thunberg, emblema de una generación que exige un futuro habitable; y Ziweliveille Mandela, nieto de Nelson Mandela y embajador del retorno a Palestina, que enlaza de forma inseparable la lucha contra el apartheid sudafricano con la resistencia palestina, otorga a la misión una resonancia internacional invaluable. Junto a ellos, y junto a tantas defensoras y defensores de los derechos humanos anónimos, viaja también la esencia de la solidaridad popular, encarnada en personas como nuestro querido Manolo García «el teniente», ejemplo de ese compromiso inquebrantable de quienes siempre eligen estar en el lado correcto de la historia. Su participación nos recuerda que la lucha por Palestina es, en realidad, una lucha por la humanidad entera.
Los objetivos de esta flotilla son múltiples y profundamente interconectados
Primero, es una misión de denuncia.
Las y los activistas ponen sus cuerpos en la línea de fuego, arriesgando su libertad e incluso sus vidas, para romper el cerco mediático y físico que Israel ha impuesto sobre Gaza. Su acción es un grito tangible contra el asedio medieval al que se somete a 2,3 millones de personas, privadas de alimento, agua, electricidad y medicinas en un campo de concentración a cielo abierto convertido hoy en un campo de exterminio. No es metáfora: es una política deliberada que provoca la muerte por inanición de los más vulnerables —niños, ancianos, enfermos—. La flotilla transporta comida, medicinas y material quirúrgico. Pero su carga más valiosa no es material, sino moral: cada caja de ayuda es una acusación directa contra un sistema de opresión que obliga a organizar esta caravana de vida.
Segundo, la flotilla es un espejo de las vergüenzas.
Obliga a la llamada «comunidad internacional» a contemplar su propia hipocresía e inacción. Mientras los gobiernos occidentales se limitan a declaraciones de «preocupación» y a vacíos llamamientos a la «moderación», la sociedad civil se ve forzada a actuar allí donde los Estados ni siquiera lo intentan. La pregunta que reverbera en el Mediterráneo es incómoda e incontestable: ¿por qué debe ser una flotilla de voluntarios la que intente llevar ayuda vital y no, por ejemplo, la Armada española, irlandesa o eslovena custodiando buques mercantes? ¿Por qué los Estados que se autoproclaman defensores del derecho internacional y de los derechos humanos son incapaces de adoptar medidas concretas contra un bloqueo declarado ilegal por la Cruz Roja y Naciones Unidas? La respuesta solo confirma la crisis de voluntad política, la sumisión a los intereses geoestratégicos y la complicidad tácita con la maquinaria de guerra israelí.
Tercero, la flotilla es un punto de confrontación y responsabilidad.
Es trágicamente previsible que la marina de guerra israelí intercepte la flotilla en un nuevo acto de piratería en aguas internacionales. Ya lo ha hecho antes, con consecuencias mortales, como en el caso del Mavi Marmara en 2010, donde diez activistas fueron asesinados. El secuestro de barcos y tripulaciones pacíficas constituye una violación flagrante del derecho marítimo internacional. La cuestión crucial es: ¿qué harán los gobiernos de quienes son ciudadanos estos activistas?
¿Se limitarán otra vez a emitir una nota diplomática de «profunda preocupación» y a pedir «calma»? ¿O esta vez actuarán con la contundencia que exige la magnitud de los crímenes en curso? La intercepción de la Global Sumud Flotilla debe marcar una línea roja que obligue a una respuesta política firme y definitiva. Las medias tintas ya no son opción. Es hora de medidas concretas e inmediatas: ruptura de relaciones diplomáticas con el régimen israelí, expulsión de sus misiones diplomáticas de nuestro territorio, embargo absoluto de armas y fin de toda cooperación militar o de inteligencia. Quienes compran o venden armas al genocida y legitiman el genocidio no pueden lavarse las manos ante sus consecuencias.
Vamos tarde. Cada día de inacción se traduce en más vidas palestinas arrebatadas. Cada declaración vacía se convierte en un acto de complicidad. La hambruna en Gaza no es un desastre natural: es un proyecto político de ocupación y aniquilación de un pueblo. El genocidio no es una exageración: es un proceso metódico de deshumanización, desplazamiento y exterminio, documentado ante nuestros ojos.
Por eso, todo nuestro cariño, apoyo y solidaridad incondicional acompañan a las valientes compañeras y compañeros que embarcan en esta misión. Ellos ponen el cuerpo, arriesgan lo más preciado y convierten las palabras en hechos. Son la conciencia incómoda frente a unos gobiernos pusilánimes.
Y, sobre todo, nuestra solidaridad inquebrantable es para el Pueblo Palestino. Que sepan, en medio de la oscuridad del bombardeo y del dolor de la pérdida, que no están solos. Más allá de la ignominiosa actitud de los gobiernos occidentales y de muchos regímenes árabes cómplices, los pueblos del mundo reconocen su lucha como la causa emblemática por la libertad, la justicia y la dignidad en nuestro tiempo. Su resistencia es nuestro faro.
En esos barcos que zarpan de Barcelona, simbólicamente, viajamos millones. Llevamos nuestra rabia, nuestra esperanza y nuestra determinación. Llevamos la convicción de que ningún muro es eterno, ningún bloqueo puede sofocar el anhelo de libertad y que, finalmente, la justicia prevalecerá sobre la impunidad. La Global Sumud Flotilla nos recuerda que el Mediterráneo, mar de encuentros y civilizaciones, no puede convertirse en una fosa común de la conciencia humana.
2. La prensa occidental forma parte del genocidio.
Cook insiste en la cooperación necesaria de la prensa occidental en el genocidio palestino.
https://jonathancook.substack.com/p/how-western-media-helped-turn-israels
Cómo los medios occidentales ayudaron a convertir el genocidio de Israel en «noticias falsas»
La intención de Israel de aniquilar Gaza habría quedado clara mucho antes si hubiéramos escuchado a los periodistas palestinos, en lugar de las evasivas y ambigüedades de la BBC.
Jonathan Cook
26 de agosto de 2025
[Publicado por primera vez por Middle East Eye]
La justificación de Israel para la matanza masiva de la población de Gaza y su inanición —ahora confirmada oficialmente como una hambruna provocada por Israel— se basó desde el principio en una serie de mentiras fácilmente desacreditables: bebés decapitados, bebés en hornos, violaciones masivas.
No debería sorprender a nadie que Israel siguiera difundiendo mentiras igualmente escandalosas mientras se dedicaba, como deben hacer todos los regímenes genocidas, a desmantelar las infraestructuras más básicas para la supervivencia de la población de Gaza.
Cortó la ayuda humanitaria que proporcionaba la agencia de las Naciones Unidas Unrwa y destruyó los hospitales del enclave, al tiempo que asesinaba, encarcelaba y torturaba a su personal médico.
Israel afirmó que tenía documentos que probaban que la ONU era una tapadera de Hamás, documentos que nunca presentó. Mientras tanto, los 36 hospitales de Gaza han sido atacados, con el argumento implícito de que estaban construidos sobre «centros de mando y control» de Hamás, aunque esos centros nunca se han encontrado.
Ampliando esta narrativa, Israel reunió y encarceló a los principales médicos del enclave, que habían estado trabajando sin descanso para tratar a la interminable oleada de hombres, mujeres y niños mutilados, como supuestos «agentes de Hamás» encubiertos.
Además, como debe hacer cualquier régimen genocida, especialmente uno que desea mantener la pretensión de ser una democracia con el «ejército más moral» del mundo, Israel trabajó sin descanso para ocultar sus atrocidades.
Impidió el acceso de los periodistas occidentales a Gaza y luego eliminó uno por uno a los periodistas palestinos del enclave, hasta que más de 200 fueron asesinados, 11 solo en las últimas dos semanas, incluidos colaboradores de Middle East Eye y Al Jazeera. Otros se han visto obligados a huir al extranjero en busca de seguridad.
La prensa occidental, que apenas se ha pronunciado sobre su exclusión durante la mayor parte de los últimos 22 meses de genocidio, se ha encogido de hombros colectivamente mientras sus colegas en Gaza eran exterminados lentamente. No hay nada que ver aquí.
Así fue hasta este mes, cuando Israel celebró un ataque aéreo que mató a seis periodistas palestinos, incluido el equipo completo de cinco personas que cubría la ciudad de Gaza para Al Jazeera.
El momento del ataque fue extremadamente fortuito. Israel está reclutando a 60 000 soldados para un último empujón en lo que queda de la ciudad de Gaza, donde alrededor de un millón de palestinos —la mitad de ellos niños— están atrincherados, muriéndose de hambre.
Esos civiles serán asesinados o recluidos en un campo de concentración que Israel denomina «ciudad humanitaria», cerca de la frontera con Egipto. Allí esperarán su expulsión definitiva, posiblemente a Sudán del Sur, un Estado fallido al que Israel ha proporcionado las armas que han alimentado la guerra civil y la violencia.
Campaña de difamación
Israel justificó el asesinato del equipo de Al Jazeera alegando que uno de ellos, Anas al-Sharif, reportero ganador del premio Pulitzer, era en secreto un «terrorista de Hamás».
La afirmación no era menos absurda que las excusas que Israel ha estado utilizando para justificar la expulsión de los trabajadores humanitarios y el asesinato y encarcelamiento de cientos de miembros del personal médico de Gaza.
Los médicos de Gaza, abrumados cada día durante casi dos años por un número de muertos y heridos más propio de grandes catástrofes naturales, y en condiciones en las que se les niegan los medicamentos y equipos básicos, supuestamente tenían tiempo suficiente para dedicarlo a conspirar con los combatientes de Hamás. O eso es lo que Israel quiere hacernos creer.
Según nos dicen, Sharif también encontró tiempo entre los descansos de su frenética agenda de reportajes de 22 meses, gran parte de ella ante las cámaras, para servir como comandante de Hamás «dirigiendo ataques con cohetes contra civiles israelíes».
Presumiblemente, tenía poderes sobrehumanos que le permitían sobrevivir sin dormir durante dos años y, como una partícula cuántica, estar en dos lugares diferentes al mismo tiempo.
Ahora sabemos exactamente dónde se originó esta ridícula historia: en algo que Israel llama su «Célula de Legitimación». El nombre de la unidad de inteligencia, que seguramente nunca se suponía que saliera a la luz, lo delata. Su trabajo ha consistido en legitimar las atrocidades de Israel con historias que difaman a sus víctimas y, de ese modo, hacen que el genocidio sea más aceptable para el público israelí y occidental.
El sitio web de noticias israelí +972 reveló la existencia de la célula pocos días después del asesinato de Sharif este mes, informando de que se formó después del 7 de octubre de 2023, el día en que Hamás y otros grupos se fugaron de su campo de prisioneros de Gaza, sembrando la matanza, tras 17 años de un brutal asedio.
El objetivo principal de la Célula de Legitimación ha sido ayudar a Israel a difundir en los medios de comunicación occidentales historias que retratan a los hospitales de Gaza como focos de terrorismo y a sus periodistas como «agentes encubiertos de Hamás».
Pruebas falsificadas
Basándose en tres fuentes de inteligencia israelíes, +972 informó de que el motivo de Israel para crear la Célula de Legitimación no estaba relacionado con la seguridad, sino que respondía exclusivamente a necesidades propagandísticas, lo que en Israel se conoce como «hasbara».
Según se informa, la célula estaba desesperada por encontrar un vínculo —cualquier vínculo— entre un puñado de periodistas en Gaza y Hamás, con el fin de sembrar la duda en la mente del público occidental para justificar el asesinato de los corresponsales de prensa del enclave e impedir que expusieran las atrocidades israelíes.
Haciéndose eco precisamente de las advertencias que desde hace tiempo vienen haciendo los críticos de Israel, estos funcionarios de inteligencia dijeron a +972 que el trabajo de la célula se consideraba «vital para permitir a Israel prolongar la guerra». El objetivo era impedir que la oposición popular en Occidente al genocidio creciera hasta el punto de obligar a las capitales occidentales —patrocinadoras de Israel— a poner fin a la máquina de matar israelí.
Otra fuente añadió: «La idea era [permitir al ejército israelí] operar sin presión, para que países como Estados Unidos no dejaran de suministrar armas».
Según estas fuentes, los funcionarios israelíes estaban tan interesados en transmitir su mensaje de prolongación del genocidio al público occidental que «tomaron atajos», una forma educada, al parecer, de indicar que simplemente fabricaron pruebas.
Tras el asesinato del reportero de Al Jazeera Ismail al-Ghoul y su cámara en julio de 2024, Israel citó un documento de 2021 supuestamente encontrado en un «ordenador de Hamás» para argumentar que era un «miembro del ala militar» y que había participado en el ataque del 7 de octubre de 2023 contra Israel.
Sin embargo, el supuesto documento afirma que Ghoul recibió su rango militar en 2007, cuando tenía 10 años.
En el caso de Sharif, fue acusado por adelantado. En octubre de 2024, Israel afirmó que él y otros cinco periodistas de Al Jazeera pertenecían en secreto a las ramas militares de Hamás o la Yihad Islámica. En marzo, uno de ellos, Hossam Shabat, fue asesinado.
La estafa de las «noticias falsas»
No solo se difamaba a los periodistas de Al Jazeera sobre el terreno en Gaza. Adicto a sus extravagantes mentiras, Israel afirmó que la propia cadena con sede en Doha recibía directrices editoriales de Hamás.
Tras meses de genocidio israelí, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había elaborado una narrativa sin pruebas en la que Al Jazeera era un «canal terrorista» que «participó activamente en la masacre del 7 de octubre».
Eso proporcionó la excusa perfecta para que Israel ilegalizara Al Jazeera el año pasado, cerrando sus operaciones en la Jerusalén Oriental ocupada ilegalmente y, desde septiembre, en Cisjordania.
Había un paralelismo directo con la estrategia de Israel contra la UNRWA, utilizando las mentiras más groseras para expulsarla de Gaza y dejando a la población a merced de los soldados israelíes y de un grupo mercenario respaldado por Israel y Estados Unidos, la mal llamada Fundación Humanitaria de Gaza (GHF).
El plan de la GHF ha consistido en aterrorizar a la población para alejarla de los llamados «centros de ayuda» con disparos letales. Eso ha permitido que la campaña de hambre de Israel —por la que Netanyahu es buscado por la Corte Penal Internacional— continúe, paradójicamente, bajo la cobertura de una supuesta iniciativa humanitaria.
Desde julio, el Comité para la Protección de los Periodistas había estado advirtiendo de que la vida de Sharif corría un peligro inminente y de que estaba siendo «objeto de una campaña de calumniar por parte del ejército israelí, que él cree que es el preludio de su asesinato».
Las verdaderas preocupaciones de Israel quedaron de manifiesto el mes pasado cuando el portavoz del ejército, Avichay Adraee, acusó a Sharif de empañar la imagen de Israel con sus reportajes desde la ciudad de Gaza, al promover «la falsa campaña de hambruna de Hamás».
Adraee argumentó que Sharif formaba parte de la «maquinaria militar de Hamás» por informar sobre la misma hambruna creciente de la que la ONU, la Organización Mundial de la Salud y las principales organizaciones de derechos humanos llevan meses advirtiendo, y que la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC) anunció la semana pasada que se encontraba ahora en el nivel más alto de hambruna.
Del mismo modo que Israel ha provocado la hambruna en Gaza difamando y excluyendo a las agencias de ayuda de la ONU, está impidiendo la cobertura adecuada de la hambruna difamando y asesinando a periodistas palestinos.
El lunes, Israel bombardeó el hospital Nasser en Khan Younis, matando a 21 personas, entre ellas cinco periodistas que trabajaban con Middle East Eye y las agencias de noticias Reuters y AP, entre otros medios.
Las exageradas historias sobre los vínculos con Hamás tienen un propósito similar en ambos casos. Si se consigue que la opinión pública occidental sospeche que los periodistas palestinos informan bajo las órdenes de Hamás, entonces la cobertura de las atrocidades israelíes puede descartarse como «noticias falsas» y el genocidio prolongarse aún más, incluso cuando las imágenes de niños demacrados llenan sus pantallas.
Cuestión de «proporción»
Al ejecutar a Sharif, Israel afirmó que tenía pruebas de que era un «terrorista activo de Hamás» y «jefe de una célula de su brigada de cohetes». Pero incluso los documentos que dio a conocer —ninguno de los cuales se ha puesto a disposición para su verificación independiente— mostraban que fue reclutado en 2013 y que abandonó el grupo en 2017.
Incluso si estas afirmaciones se aceptaran como ciertas —lo que, dado el largo y constante historial de mentiras de Israel, sería una temeridad extrema—, sugieren que Sharif no había estado involucrado con Hamás durante ocho años antes de ser blanco de Israel.
En otras palabras, incluso según las fantasiosas «pruebas» proporcionadas por la Célula de Legitimación de Israel, Sharif gozaba de estatus civil cuando Israel lo asesinó a él y a otros cinco periodistas que se encontraban a su lado. Por lo tanto, el ataque a la tienda de los periodistas fue un flagrante crimen de guerra.
Pero si bien la mendacidad israelí es totalmente previsible —al fin y al cabo, es el objetivo de toda su industria oficial de hasbara—, lo que más sorprende es la continua connivencia de los medios de comunicación occidentales en la promoción de la letanía de mentiras de Israel.
El periódico más popular de Alemania, Bild, publicó una portada que bien podría haber sido escrita por el ejército israelí: «Terrorista disfrazado de periodista muerto en Gaza». Sin afirmaciones, sin comillas. Solo una declaración de hechos.
Los medios de comunicación británicos no fueron mucho mejores, ya que la mayoría de ellos destacaron en sus titulares y cobertura las calumnias sin pruebas de Israel sobre la «legitimidad» de Sharif.
Sorprendentemente, la BBC, en su programa estrella News at Ten, se tragó por completo la versión israelí de que Sharif era un objetivo legítimo, además de difundir acríticamente la presunción de que Israel le tenía en el punto de mira solo a él.
Planteó esta pregunta obscena y muy sesgada: «Está la cuestión de la proporcionalidad. ¿Está justificado matar a cinco periodistas cuando solo se tenía como objetivo a uno?».
El planteamiento «proporcional» da por sentado que Israel tenía derecho a responder con fuerza letal a una causa incitante —los presuntos vínculos terroristas de Sharif— y solo se pregunta si esa causa incitante justificaba la magnitud de la respuesta letal de Israel.
Israel no podía esperar más. En línea con el trabajo de la Célula de Legitimación, había desviado a BBC News de informar sobre un crimen de guerra israelí contra periodistas y lo había redirigido hacia un debate sobre si su acto fue mesurado o acertado.
Cambio de tornas
Piers Morgan, cuyo popular programa online Uncensored ha sido una de las principales plataformas de debate donde se enfrentan los partidarios y detractores de Israel, ilustra lo fácil que es para Israel moldear la narrativa.
Morgan ilustra perfectamente la forma en que los periodistas occidentales aceptan de buen grado los prejuicios racistas sobre los periodistas no occidentales, incluso cuando parecen cuestionar esos prejuicios.
Poco después del asesinato de Sharif, Morgan invitó a Jamal Elshayyal, director del programa 360 de Al Jazeera. Este tuvo que enfrentarse a Jotam Confino, un periodista que trabajó en su día para el canal de televisión israelí i24 News, fundamental en la difusión del engaño de los «bebés decapitados» de Israel, y que ahora escribe para publicaciones de derecha y fervientemente proisraelíes, como The Telegraph y The New York Sun.
El papel de Confino en el debate era reforzar los argumentos israelíes sobre las sospechas de que Sharif era un terrorista de Hamás. Elshayyal respondió enumerando el historial de décadas de Israel de asesinar a periodistas que le avergonzaban, especialmente palestinos. Señaló la infame ejecución por parte de Israel de la periodista palestino-estadounidense Shireen Abu Akleh en 2022, y la posterior revelación de sus mentiras sistemáticas destinadas a ocultar su papel en su asesinato.
También destacó los peligros más amplios para la seguridad de los periodistas que colaboran en campañas de difamación como la dirigida contra Sharif, basadas en la idea de que el asesinato está justificado para los periodistas que tienen opiniones políticas que no gustan a sus verdugos.
Como era de esperar, este argumento pasó por alto a Morgan.
Ante la ausencia de pruebas de que Sharif fuera comandante de una célula de Hamás, Confino cambió su ataque a afirmaciones más generales de que el periodista de Al Jazeera podría haber simpatizado con Hamás.
Pero no se detuvo ahí. Dirigió su mirada hacia Elshayyal, argumentando que no estaba en posición de defender a Sharif, ya que había expresado opiniones antiisraelíes en las redes sociales.
Extraordinariamente, Morgan se unió entonces a Confino para interrogar a Elshayyal sobre sus opiniones políticas, exigiéndole que condenara a Hamás por su ataque del 7 de octubre de 2023. Cabe destacar que no se exigió a Confino que condenara a Israel por su genocidio, mucho más grave.
En este intercambio profundamente inquietante —y racista— estaba implícita la suposición de que los periodistas árabes deben demostrar su buena fe ideológica a los periodistas occidentales antes de que sus opiniones y sus vidas cuenten.
Elshayyal estaba allí para defender no solo a Sharif, sino también el derecho de los periodistas a informar libremente sin amenaza de asesinato, independientemente de su ideología política. En cambio, se vio obligado a defender su derecho a participar en el debate, basándose en sus propias posiciones políticas.
Un programa, presentado por un destacado periodista británico, que debería haber denunciado claramente el crimen de guerra israelí de asesinar sistemáticamente a periodistas en Gaza, se desvió rápidamente hacia una caza de brujas contra los periodistas críticos con Israel.
Vidas prescindibles
El contexto que ha faltado en la cobertura occidental es el siguiente: Israel ha matado a más de 240 periodistas palestinos en Gaza en los últimos dos años, más que todos los periodistas muertos en las dos guerras mundiales, la guerra de Corea, la guerra de Vietnam, las guerras en la antigua Yugoslavia y la guerra de Afganistán juntas.
Se trata de un patrón —evidente—, pero al que los periodistas occidentales parecen estar completamente ciegos, incluso cuando Israel sigue impidiéndoles informar en Gaza, casi dos años después del inicio de su genocidio.
Irene Khan, relatora especial de la ONU sobre la libertad de opinión y de expresión, observó recientemente que Israel está «llevando a cabo un programa de asesinatos muy cuidadosamente planificado y selectivo para eliminar cualquier tipo de información independiente sobre Gaza».
La indulgencia de los medios de comunicación occidentales con las descaradas mentiras de Israel no es solo un abandono de los fundamentos de la ética periodística. También convierte en blanco de ataques a todos los periodistas que siguen informando desde Gaza.
Envía un mensaje a Israel de que sus vidas se consideran prescindibles, que incluso la más mínima excusa para asesinarlos se tomará en serio.
Lo que es aún más perverso es que los propios periodistas occidentales están normalizando un precedente que supone la más grave de las amenazas, tanto para sus propias vidas frente a Estados rebeldes como para el futuro de la información sobre la guerra.
Patrón de mentiras
Las narrativas de «legitimación» de Israel solo funcionan gracias a la receptividad de los periodistas occidentales a estas campañas de desinformación, y a la predisposición del público occidental a aceptarlas de forma similar.
Funcionan porque se ha cultivado en ustedes un racismo profundamente arraigado, generación tras generación, por parte de las clases políticas y mediáticas occidentales.
Israel creó su Célula de Legitimación solo porque sabe lo fácil que es explotar los temores occidentales. Presenta su caso a través de portavoces occidentales —que hablan con fluidez en las lenguas nativas de las audiencias— que aprovechan las ansiedades coloniales arraigadas desde hace mucho tiempo de «bárbaros a las puertas» y amenazas a la «civilización occidental».
No obstante, a medida que la matanza perpetrada por Israel se ha prolongado, mes tras mes, el público occidental ha encontrado cada vez más difícil creer en estas narrativas.
Cuanto más tiempo ha continuado el bombardeo intensivo de Gaza y el hambre masiva de su población, más difícil ha sido ocultar el patrón de mentiras de Israel, y una imagen cada vez más clara que sugiere que no se trata de una guerra de «autodefensa», sino de ambiciones genocidas.
Las impactantes imágenes de niños demacrados, tras meses en los que Israel ha confesado abiertamente que está matando de hambre a la población de Gaza, hablan por sí solas, de una forma tan evidente que no debería haber sido necesaria la confirmación oficial del IPC.
La semana pasada, +972 reveló que, contrariamente a lo que Israel lleva meses afirmando, que la mayoría de los muertos en Gaza son combatientes de Hamás, las propias cifras del ejército israelí muestran que, en realidad, más de cuatro de cada cinco son civiles.
Esa proporción es claramente intencionada. En una grabación de audio filtrada recientemente al Canal 12 de Israel, se puede escuchar al general de división Aharon Haliva, que dirigió la inteligencia militar israelí durante los primeros seis meses en respuesta al ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, decir que matar a decenas de miles de palestinos es «necesario para las generaciones futuras».
Añadió: «Por cada persona [asesinada] el 7 de octubre, deben morir 50 palestinos. Ahora no importa si son niños».
En otras palabras, desde el principio, el objetivo del ejército israelí era cometer un asesinato masivo indiscriminado para obligar a los palestinos a una quietud permanente, a aceptar su servidumbre indefinida.
Cada vez más, a medida que el público ve las imágenes de la destrucción total de Gaza y se entera de la erradicación de sus hospitales y de la hambruna provocada por Israel, no puede evitar preguntarse cómo es posible que el número de muertos apenas haya aumentado durante el último año.
La afirmación de Israel de que la cifra de 62 000 muertos está inflada por un Ministerio de Salud controlado por Hamás suena absurda. Israel ha destruido las oficinas gubernamentales de Gaza, lo que les ha dejado en gran medida incapaces de contar los muertos.
La mayoría de la audiencia está empezando a sospechar, en línea con los expertos, que el verdadero número de muertos probablemente sea de cientos de miles.
Todo esto habría quedado claro mucho antes si hubiéramos estado más dispuestos a escuchar a los periodistas palestinos, en lugar de las evasivas y ambigüedades de la BBC y Piers Morgan.
Ellos y el resto de la prensa occidental han sido fundamentales para la «legitimación» del genocidio por parte de Israel. Los periodistas occidentales han demostrado ser árbitros de la verdad totalmente poco fiables en Gaza.
Pero el genocidio ofrece una lección más general sobre lo que se considera noticia en el país y en el extranjero; sobre quién puede dar forma a las noticias y por qué.
El ocultamiento del genocidio de Gaza —y de la connivencia occidental en él— ofrece una instantánea en alta definición de las agendas racistas y coloniales que dominan lo que llamamos noticias.
¿Están dispuestos a aprender esa lección?
3. Corrupción y democracia en Ucrania.
Un muy interesante análisis de Ishchenko y Korotaev sobre la debilidad histórica del estado ucraniano y la función de las organizaciones contra la corrupción en este marco.
https://jacobin.com/2025/08/ukraine-anti-corruption-democracy-zelensky
La lucha contra la corrupción en Ucrania no tiene que ver con la democracia
- Volodymyr Ishchenko
- Peter Korotaev
El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky ha sido criticado por sus recientes medidas para centralizar el poder. Pero estos acontecimientos no tienen tanto que ver con las acciones de un solo líder como con el resultado de décadas de debilidad estatal tras la disolución de la URSS.
El fallido intento de Volodymyr Zelensky de subordinar los órganos anticorrupción de Ucrania a su fiscalía general ha suscitado críticas generalizadas en Occidente. Apenas unas semanas antes, las acusaciones de consolidación autoritaria, los ataques de la oposición y los encubrimientos de los amigos del poder apenas salían a la luz en el discurso occidental, más allá de los círculos estigmatizados de los «propagandistas rusos», los «tankies» o los partidarios de MAGA.
Ahora, muchas publicaciones internacionales influyentes interpretan la represión como un intento de entorpecer las investigaciones sobre el círculo íntimo de Zelensky. La UE incluso recortó su ayuda financiera en tiempos de guerra, algo sin precedentes. En la protesta más significativa desde la imposición de la ley marcial en 2022, miles de ucranianos, principalmente jóvenes, se manifestaron contra la nueva ley, que podría eliminar la independencia de dos organismos anticorrupción clave.
La escalada de julio incluyó la persecución de figuras destacadas de la «sociedad civil anticorrupción» e incluso la detención de detectives anticorrupción como presuntos colaboradores rusos. Se aprobó rápidamente una ley que eliminaba la independencia de los órganos anticorrupción, que fue retirada con la misma rapidez la semana siguiente bajo la presión de la UE y de la opinión pública.
Sin embargo, contrariamente a la narrativa dominante, esto no representa ni un choque entre «el autoritarismo de Zelensky» y «la robusta sociedad civil ucraniana», ni una prueba de la «resiliencia» de la democracia ucraniana.
El episodio puso de manifiesto tres problemas fundamentales de la interpretación dominante en Occidente de la guerra entre Rusia y Ucrania. En primer lugar, muestra lo selectiva que es en realidad la supuesta preocupación por las tendencias autoritarias y represivas de la política ucraniana, ya que los últimos acontecimientos no han preocupado ni a la «sociedad civil» ucraniana ni a la prensa occidental hasta que se han visto amenazados los intereses específicos de la clase media ucraniana.
En segundo lugar, las propias instituciones anticorrupción se enfrentan a una desconfianza generalizada por su ineficacia y corrupción sistemática, lo que hace que este conflicto sea mucho más complejo que el enfrentamiento entre investigadores neutrales y funcionarios corruptos.
En tercer lugar, la lucha refleja conflictos de clase postsoviéticos más amplios que la simple responsabilidad democrática. La retirada de Zelensky no es señal de fortaleza democrática, sino de debilidad del Gobierno ucraniano, que este conflicto no ha hecho más que exacerbar, precisamente cuando el deterioro de la situación en el frente y el descenso del apoyo estadounidense están empujando al Gobierno ucraniano a tomar decisiones difíciles e impopulares.
Destruir la democracia en nombre de la «democracia»
El repentino interés de la clase dirigente occidental por el «giro autoritario» de Ucrania —incluidas las comparaciones explícitas de Zelensky con Vladimir Putin— resulta significativo por su momento. Sorprendentemente, estas críticas ignoran años de tendencias autoritarias y nacionalistas que se remontan no al inicio de la guerra a gran escala, sino a la propia revolución Euromaidán de 2014.
Los restos del principal partido de la oposición, prohibido tras el inicio de la guerra por ser «prorruso», se convirtieron en leales títeres parlamentarios que votaban a favor de las leyes presidenciales con más fidelidad que el propio partido de Zelensky, «Siervo del Pueblo». Votaron en masa a favor de la legislación más controvertida de Zelensky, incluidas las leyes de movilización de 2024 y la reciente legislación dirigida contra las instituciones anticorrupción. Incluso votaron a favor de las represiones contra sus antiguos aliados políticos.
A pesar de ser objeto de críticas en el reciente informe sobre derechos humanos del Consejo de Europa, las sanciones personales extrajudiciales están ahora en vigor para aproximadamente 1500 ciudadanos ucranianos, lo que limita gravemente sus actividades económicas, sus derechos de propiedad y su libertad de movimiento. Las sanciones ahora se dirigen contra el expresidente y líder de la oposición Petro Poroshenko y amenazan a el multimillonario checo Tomáš Fiala, propietario del medio liberal más importante de Ucrania, Ukrainska Pravda, que respalda las recientes protestas.
Cuando Zelensky impuso por primera vez sanciones contra figuras de la oposición y medios de comunicación «prorrusos» en 2021, la «sociedad civil anticorrupción» ucraniana, junto con la embajada de Estados Unidos, las elogió. Pero más allá de la represión política, estas sanciones permiten la corrupción a través de la incautación de negocios y la extorsión, a veces incluso perjudicando a empresas estadounidenses. A menudo interviene en ello el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), que a finales de julio detuvo a los detectives de la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU) acusados de «espionaje ruso». En una rueda de prensa, el jefe del SBU, Vasyl Malyuk, declaró su convicción de que los detectives de la NABU deberían haber sido fusilados por intentar investigar a los oficiales de la guardia nacional por corrupción.
Las sanciones apoyadas hasta ahora por la sociedad civil nacionalista de Ucrania no son ni constitucionales ni transparentes: el acuerdo sobre minerales raros impuesto por Donald Trump podría aplicarse precisamente mediante el uso de sanciones para transferir las propiedades de la élite ucraniana a propietarios occidentales.
Las críticas actuales se centran en Andrii Yermak, jefe de gabinete de Zelensky, a quien se ha culpado de intentar controlar de forma burda las instituciones anticorrupción. De hecho, la concentración de poder en la oficina presidencial —que crea un órgano de gobierno de facto más importante que el gabinete constitucional— ha caracterizado a todos los gobiernos ucranianos bajo todos los presidentes. Esta tendencia ha sobrevivido a todas las revoluciones maidan supuestamente democratizadoras. La consolidación de Yermak como «cardenal gris» de Ucrania comenzó mucho antes de la invasión a gran escala, atrayendo una atención mínima de la élite occidental a pesar de su papel indispensable en torno a Zelensky durante años.
¿Pueden los oficiales de movilización hacer alguna mierda jodida? Por supuesto que sí, todo lo que quieran.
Es importante señalar que el entorno político represivo de Ucrania afecta a toda la sociedad, y que las políticas etnonacionalistas del país siguen siendo aceptadas por la clase dirigente europea. Las políticas lingüísticas restringen al mínimo el uso del ruso en la esfera pública. Esto significa que prácticamente ninguna escuela enseña lengua y literatura rusas, lo que impide a la mayoría de los niños de ciudades como Odessa o Járkov aprender a escribir en la lengua que hablan con sus padres, una política que difícilmente puede calificarse de otra cosa que no sea asimilacionismo étnico.
El responsable del idioma oficial del Estado llegó a afirmar que los estudiantes o profesores que hablan ruso en los descansos escolares incumplen la ley. La Iglesia Ortodoxa Ucraniana, la más grande del país por número de parroquias, se enfrenta a la amenaza de una prohibición total, mientras que las iglesias sufren violentas tomas de poder y los sacerdotes se enfrentan al reclutamiento (a diferencia del clero de cualquier otra religión), lo que obliga a algunas parroquias a reunirse en apartamentos privados o bosques, evocando escenas medievales. Y, como viene ocurriendo desde hace tiempo, florece el revisionismo histórico sobre la colaboración con los nazis.
Mientras tanto, el poder militar de extrema derecha se expande a medida que las unidades originarias de Azov crecen hasta convertirse en dos cuerpos del ejército que comandan a decenas de miles de personas. La libertad de expresión se reduce, con numerosos juicios por declaraciones controvertidas realizadas en las redes sociales, por dar «me gusta» a las publicaciones de otras personas e incluso por correspondencia personal o conversaciones telefónicas privadas. La persecución por artículos con contenido político produce un número de presos que supera la escala de Rusia. Según la BBC, en 2024 hay 9000 ciudadanos ucranianos encarcelados por «colaboración». Algunos de estos delitos consistían en publicaciones en redes sociales o en seguir organizando partidos de fútbol bajo la ocupación militar rusa. La conocida organización de derechos humanos Memorial cuenta con 524 presos políticos en Rusia (frente a los 769 de 2024), mientras que otras estimaciones elevan la cifra hasta 1588.
Sin embargo, lo más brutal de todo es la campaña de reclutamiento cada vez más violenta, documentada en miles de vídeos que muestran la violencia callejera contra los hombres que se resisten y que circulan a diario en las redes sociales ucranianas. Los informes del Consejo de Europa señalan que se producen torturas e incluso muertes durante la movilización, ni siquiera en combate. El reclutamiento contribuye a la represión política general, dirigiéndose en particular a algunas figuras destacadas de la «sociedad civil» anticorrupción. Más evidentemente, el reclutamiento ha adquirido un carácter de clase explícito, dirigiéndose principalmente a los grupos más pobres y menos privilegiados —trabajadores y residentes rurales— que tienen menos oportunidades de evitar el reclutamiento mediante sobornos.
La coacción entrelazada con esta movilización creciente solo está intensificando la crisis de legitimidad del Estado ucraniano, con menos ucranianos dispuestos a sacrificarse para defenderlo. Esto ha provocado una reacción popular: la resistencia masiva al reclutamiento se ha convertido en disturbios, como ocurrió recientemente en Vinnytsia, donde decenas de familiares y amigos de los reclutas se enfrentaron a la policía y entraron en un estadio para liberarlos. A diferencia de las protestas contra la corrupción, los disturbios contra el reclutamiento atraen mucha menos atención de la esfera pública occidental o de la «sociedad civil» ucraniana. Vitaliy Shabunin, uno de los activistas anticorrupción más conocidos, que se ha quejado de la presión del Gobierno para que luche en el ejército, condenó públicamente las protestas contra la movilización.
De hecho, la sociedad civil nacionalista de Ucrania ha apoyado sistemáticamente la movilización forzosa. Bohdan Butkevych es uno de los periodistas anticorrupción que recientemente se ha quejado de haber sido movilizado. Sin embargo, ha declarado públicamente que aquellos que «hablan mal de los oficiales de movilización son escoria absoluta», llegando incluso a elogiar la movilización violenta: «¿Pueden los oficiales de movilización hacer alguna mierda jodida? Claro que sí, todo lo que quieran».
Los compañeros de Butkevych también han apoyado la eliminación de partidos políticos enteros de la política ucraniana. Entre ellos se encuentran el Partido Comunista y los sucesores del Partido de las Regiones, que eran actores dominantes hasta el Euromaidán. Ideologías políticas enteras —en particular, las perspectivas comunistas y prosoviéticas sobre la historia de Ucrania— también han sido criminalizadas de facto.
Algunos justifican estas medidas como males «inevitables» en tiempos de guerra. Otros simplemente descartan el destino de los vatniks, un término despectivo que se refiere a los abrigos de algodón que llevaban los soldados del Ejército Rojo. Para la «sociedad civil» nacional-liberal ucraniana, algunos acontecimientos —especialmente las transformaciones etnonacionalistas que remodelan la diversa y compleja Ucrania a su imagen y semejanza— representan «el país de sus sueños». Esta lucha nunca se centró en la «autodeterminación» abstracta, sino que persiguió una visión muy específica de la identidad ucraniana.
Hasta que dio marcha atrás, Zelensky presentó la represión de los órganos anticorrupción como otra medida necesaria en tiempos de guerra contra la «influencia rusa». Pero, en realidad, es la cuestión fundamental del conflicto de clases lo que subyace a la propia guerra en Ucrania.
Lucha contra la corrupción y conflicto de clases postsoviético
La lucha contra la corrupción parece obviamente beneficiosa: impedir el uso indebido de los bienes públicos para obtener beneficios privados parece incuestionable. Sin embargo, este discurso y estas políticas han encarnado los intereses del capital transnacional y, al mismo tiempo, han socavado las protestas contra las clases dominantes. Esta función despolitizadora ha adquirido una forma especialmente aguda en las sociedades postsoviéticas.
Como observa Ben Fogel, «la política anticorrupción se ha convertido en una característica estándar de los proyectos de desarrollo posteriores a la Guerra Fría, institucionalizada como una característica del orden mundial neoliberal». En el momento del fin de la historia, la corrupción surgió como la explicación universal del fracaso del capitalismo para lograr una prosperidad generalizada, desviando la atención de las contradicciones sistémicas hacia las fechorías individuales y las deficiencias institucionales.
Según este marco, el problema no es el libre mercado, sino la política «corrupta» que se interpone en su camino. La solución es una «tecnocracia apolítica» que libere el poder benigno del mercado. De hecho, este discurso recuerda bastante al de Augusto Pinochet en Chile o Park Chung-hee en la República de Corea. También en Ucrania, los partidarios de la lucha contra la corrupción han apoyado muchas políticas antidemocráticas.
Las campañas anticorrupción contemporáneas sirven fundamentalmente al capital transnacional al reducir los costes de transacción y eliminar las ventajas competitivas del capital local mediante requisitos de «transparencia». Peter Bratsis demuestra cómo estas iniciativas protegen «ciertos tipos de intereses particulares (principalmente los del capital internacional)» del comportamiento de búsqueda de rentas y la imprevisibilidad de las políticas. Esto transforma las instituciones estatales para que sirvan a la racionalidad instrumental del capital global, al tiempo que margina las redes económicas locales que dependen de las relaciones personales.
Fundamentalmente, la lógica neoliberal anticorrupción puede enmarcar cualquier desviación de la ortodoxia del mercado, como el gasto social, la política industrial y las medidas redistributivas, como corrupción en sí misma. Fogel demuestra con el ejemplo de Brasil cómo incluso las políticas redistributivas moderadas se interpretan como corrupción. Retratar «la seguridad social como «sobornos» a los pobres y a la clase trabajadora» permitió en última instancia el ascenso del ultraderechista Jair Bolsonaro mediante acusaciones erróneas contra la presidenta de centroizquierda Dilma Rousseff.
Por un lado, el discurso tecnocrático anticorrupción elude las contradicciones del capitalismo para reforzar en su lugar la «reforma» institucional perpetua, al servicio del capital transnacional y persiguiendo selectivamente a individuos. Por otro lado, el populismo inherente a un eslogan anticorrupción redirige el descontento con los males neoliberales hacia las «élites corruptas» genéricas sin ofrecer alternativas institucionales.
Ambos alimentan la hiperpolítica contemporánea, que fragmenta, desorganiza y desarticula las clases necesarias para una política antisistémica revolucionaria genuina. De este modo, el dominio del discurso de la corrupción refleja tanto la crisis de la hegemonía burguesa como la debilidad de la clase trabajadora.
Estas deficiencias de la política anticorrupción se manifiestan de forma especialmente acusada en los países postsoviéticos. La modernización socialista acumuló una inversión masiva en propiedad estatal que más tarde se convirtió en objeto de una privatización depredadora tras la desintegración centrífuga de la Unión Soviética. El acceso selectivo a los beneficios estatales a través de complejas relaciones formales e informales se convirtió en la principal ventaja competitiva de la fracción dominante de la clase dominante postsoviética emergente: los capitalistas políticos.
La lógica anticorrupción puede enmarcar cualquier desviación de la ortodoxia del mercado, como el gasto social, la política industrial y las medidas redistributivas, como corrupción en sí misma.
La «corrupción» se ha convertido en el mecanismo central para la reproducción de la clase dominante, y el enriquecimiento constituye la base de la fragmentación de suma cero dentro de esta clase. Los capitalistas políticos se encuentran naturalmente en una lucha anárquica de todos contra todos, ejemplificada por la Ucrania postsoviética y la Rusia de los años noventa. Solo pueden unificarse en torno a intereses colectivos a largo plazo mediante gobernantes bonapartistas o cesaristas —como Putin— que imponen los intereses colectivos de clase mediante la coacción, el equilibrio y el clientelismo.
Esta dinámica de clase definió el conflicto político central que atravesó el espacio postsoviético. Un bando se articuló en torno a la «corrupción» y la «democracia», oponiéndose a la explotación ilegítima de los bienes públicos y a la usurpación del poder. El bando contrario se centró en los conceptos de «soberanía» y «estabilidad». En este último bando se encuentran los capitalistas políticos, que tienden a organizarse en regímenes cesaristas, basándose en el consentimiento electoral pasivo de las clases trabajadoras despolitizadas. Sin embargo, la clase media profesional se sitúa del lado de los primeros, para quienes la «corrupción» se convirtió en la consigna para «superar», «reformar» o destruir directamente el legado material, institucional y cultural soviético, con la aspiración de unirse a la periferia de la «civilización occidental».
Por eso, el ecosistema anticorrupción posterior al Euromaidán en Ucrania se esfuerza por entrelazarse con los intereses occidentales: la «lucha contra la corrupción» es ahora la cuestión central para las ONG financiadas por Occidente que se presentan como representantes locales de «sociedad civil». Con la ayuda de estos intereses occidentales, este aparato «anticorrupción» lucha así contra todo el «sistema» (systema), en el que los intereses empresariales se acercan a los funcionarios y parlamentarios a través de agentes de la ley leales y jueces comprados. Según las ONG y los gobiernos occidentales, el sistema judicial de Ucrania ha sido completamente subvertido por intereses corruptos. Esta opinión tiene cierto fundamento: desde 2013, menos del 0,5 % de las investigaciones por los delitos de corrupción más comunes han terminado en penas de prisión, y casi ningún alto funcionario, juez o fiscal ha sido condenado.
La respuesta consistió en crear un contrasistema, un «Estado dentro del Estado» de instituciones anticorrupción construido desde la Revolución del Euromaidán. Además de la NABU y la Fiscalía Especializada Anticorrupción (SAPO), los principales pilares son el Tribunal Superior Anticorrupción (VAKS) y la Agencia Nacional de Prevención de la Corrupción (NAZK). El objetivo ha sido crear un circuito cerrado para supervisar el estilo de vida de los funcionarios, investigar los casos de corrupción, imputar a los sospechosos y, finalmente, procesarlos. Todo ello con el fin de evitar la contaminación con el sistema local, en particular los servicios de seguridad «habituales», la fiscalía y los tribunales.
Un mecanismo específico que garantiza el funcionamiento del sistema anticorrupción implica una influencia extranjera decisiva en los nombramientos clave. Esto se lleva a cabo a través de consejos consultivos con ciudadanos extranjeros y «expertos» seleccionados de ONG anticorrupción, lo que evita la captura por parte de la élite local. Esta práctica de conceder votos decisivos a ciudadanos extranjeros o expertos de ONG en los consejos consultivos se ha aplicado ampliamente en la Ucrania posterior al Euromaidán, situando a las principales empresas estatales de energía, transporte y finanzas, junto con instituciones judiciales cruciales, fuera del control local. Por ejemplo, solo dos ONG financiadas por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional controlan la mitad de los miembros del Consejo Público de Integridad, un órgano consultivo dependiente de la Comisión Superior de Calificación de Jueces, que decide sobre los nuevos nombramientos judiciales.
Como herramienta en el conflicto de clases postsoviético, el ecosistema anticorrupción ha demostrado ser especialmente hostil al intervencionismo estatal, la política industrial local y la redistribución social, funcionando como una forma de mantener el mercado ucraniano abierto al capital transnacional. El proyecto de ley 3739 es un excelente ejemplo de ello. En 2020, el gabinete de Zelensky destacó las alarmantes estadísticas de desindustrialización desde 2014, y el ministro de Desarrollo Económico culpó a la falta de requisitos de localización en la contratación pública de Ucrania. Mientras que el 40 % de las licitaciones públicas ucranianas se adjudican a empresas extranjeras, solo entre el 3 % y el 5 % de las licitaciones de Estados Unidos y la Unión Europea se adjudican a extranjeros. El proyecto de ley 3739 intentó corregir esta situación mediante requisitos básicos de localización, un procedimiento gubernamental estándar, especialmente durante la COVID, cuando estas medidas se convirtieron en algo habitual.
Las ONG ucranianas contra la corrupción, Transparency International, la Fundación Renaissance, la UE y los Estados Unidos se mostraron enérgicamente en desacuerdo y emitieron declaraciones sobre los supuestos «riesgos de corrupción» del proyecto de ley. Finalmente, el 3739 fue modificado para que solo afectara a los países no occidentales ajenos a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Más allá de la financiación de los gobiernos occidentales, casi todas las instituciones anticorrupción reciben apoyo de organizaciones mundiales como Transparency International y Open Society Foundations, cuya filial ucraniana opera como la Fundación Internacional Renacimiento.
Las élites ucranianas están cada vez más descontentas con esta supervisión anticorrupción que obstaculiza los intereses de los capitalistas políticos locales. Yulia Tymoshenko, la veterana política que ahora lidera un pequeño grupo parlamentario, ha adoptado la posición más coherente en el reciente conflicto. Ha apoyado el control por parte del fiscal del Estado sobre el «Estado dentro del Estado» anticorrupción, criticando a estas instituciones por convertir a Ucrania en una «colonia privada de derechos».
La «lucha contra la corrupción» es ahora la cuestión central para las ONG financiadas por Occidente que se presentan como representantes locales de la «sociedad civil».
Al hacerlo, ha expresado de hecho la opinión ampliamente compartida por la élite. Los dos últimos presidentes, Poroshenko y Zelensky, han abrazado públicamente la causa anticorrupción para obtener legitimidad populista. Poroshenko fue elegido tras el derrocamiento de Viktor Yanukovych por el Euromaidán, conocido por su flagrante corrupción y su monopolización económica y política. Por su parte, la aplastante victoria de Zelensky en 2019 se centró en ser una «cara nueva» que contrastaba con las «viejas élites corruptas». Uno de sus eslóganes electorales más famosos fue la promesa (incumplida) de encarcelar a las viejas élites. Sin embargo, ambos presidentes han intentado ralentizar y sabotear la implementación institucional de la lucha contra la corrupción.
Las instituciones transnacionales y los embajadores del G7 han respondido sistemáticamente presionando a las élites ucranianas. Durante la última década, la continuación del crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI) se ha condicionado al nombramiento de figuras aprobadas por las embajadas occidentales para dirigir órganos clave como la NABU. El régimen de exención de visados con la UE de 2017 se condicionó al progreso en la lucha contra la corrupción, al igual que las actuales negociaciones de adhesión a la UE. La reciente amenaza de la UE de retirar la ayuda financiera —que resultó decisiva en la retirada de Zelensky— no es más que la última medida en esta dinámica existente.
Una posible reacción de las élites ucranianas —discutida activamente y temida seriamente dentro de la «sociedad civil»— implica el «escenario georgiano» para Ucrania. Al igual que Ucrania, Georgia vivió su revolución maidan en 2003, seguida de la guerra con Rusia en 2008 tras intentar recuperar la secesionista Osetia del Sur, junto con la famosa decisión de la cumbre de Bucarest de ofrecer un «futuro en la OTAN» a ambos países.
El gobierno del Sueño Georgiano, que sustituyó al presidente posrevolucionario Mijaíl Saakashvili en 2012, tomó medidas drásticas contra su propia «sociedad civil» el año pasado mediante la legislación sobre agentes extranjeros y la represión de las protestas electorales de la oposición, a pesar de la importante presión occidental. El «escenario georgiano» representa una «revuelta de las élites» que establece un régimen caesarista independiente de la «sociedad civil» y las instituciones transnacionales. También requirió ciertos acuerdos con Rusia. Sin embargo, es más preciso considerarlo como parte del «equilibrio soberanista» de las élites locales entre las grandes potencias en medio de la desintegración del orden internacional.
Los defensores de la lucha contra la corrupción podrían argumentar que, a pesar de servir a los intereses de la «sociedad civil» compradora y del capital transnacional, estas instituciones siguen beneficiando a la población en general al controlar las prácticas depredadoras de los «oligarcas» locales, fortalecer las instituciones estatales mediante una supervisión independiente y prevenir la usurpación autoritaria del poder. Esta afirmación dista mucho de ser cierta. Las propias instituciones anticorrupción funcionan de manera ineficaz, participan en prácticas corruptas e interfieren en la política internacional y nacional. Como resultado, la mayoría de los ucranianos las ven apenas diferentes o incluso peores que otras instituciones del Estado ucraniano en las que no confían.
¿Es eficaz la lucha contra la corrupción?
Cabe señalar que la terapia de choque neoliberal aplicada enérgicamente a la economía de Ucrania ha tenido efectos desastrosos para sus capacidades militares e industriales. Por ejemplo, muchos nacionalistas del ejército se quejan a menudo de que Ucrania, que en su día fue el centro de alta tecnología del complejo militar-industrial de la Unión Soviética, ya ni siquiera es capaz de producir proyectiles de artillería. Sin embargo, la ciudad de Dnepropetrovsk producía en su día los misiles balísticos más avanzados del bloque del Este.
Mientras tanto, el Ministerio del Interior pagó más de mil millones de dólares entre 2018 y 2021 para comprar 110 helicópteros Airbus a Francia. Muchos criticaron la decisión de no apoyar a la empresa aeronáutica ucraniana Motor Sich, que sufrió gravemente la pérdida del mercado ruso en 2014. Curiosamente, Polonia rechazó el mismo acuerdo en aras de proteger a sus propios productores nacionales, a pesar de que Polonia suele considerarse un ejemplo brillante de la superioridad de los «valores del libre mercado occidental» frente al «intervencionismo estatal retrógrado». Por cierto, Polonia ha disuelto recientemente su equivalente a la NABU por ineficacia.
De hecho, la NABU es ineficaz e impopular. Según una encuesta periódica financiada por la USAID sobre la percepción de la situación de la corrupción y las instituciones anticorrupción realizada en 2024, solo el 5 % creía que el nivel de corrupción había disminuido en el último año, mientras que el 49 % afirmaba que había aumentado y el 35 % creía que no había cambiado. Además, según la misma encuesta, solo entre el 10 % y el 13 % de los ucranianos confiaban en las diversas «instituciones anticorrupción».
A modo de comparación, mucha más gente confiaba en el SBU (29 %), en el presidente y su oficina (22 %) o en la policía (17 %). Además, solo entre el 14 % y el 15 % afirmaba que las instituciones anticorrupción realmente «quieren erradicar la corrupción». Más personas creían que el SBU quería erradicar la corrupción (20 %). Solo un pequeño porcentaje afirmó haber oído hablar de «medidas, reformas o campañas anticorrupción» de las «instituciones anticorrupción» en el último año, y el 46 % consideraba que las medidas gubernamentales contra la corrupción eran «completamente ineficaces», casi el mismo porcentaje que en 2018, antes de que Zelensky fuera elegido (51 %). Una auditoría internacional realizada en 2024 reveló que el 54 % de los ucranianos desconfían específicamente de la NABU.
Pero, a pesar de todos estos problemas, la «hoja de ruta para la adhesión a la UE» del Gobierno ucraniano de 2025 simplemente recomendaba ampliar todos los órganos anticorrupción. Esto, a pesar de que la NAZK es, con diferencia, la agencia gubernamental mejor pagada, con un nivel salarial dos veces superior al del Ministerio de Finanzas. Y aunque la NABU consumió 9000 millones de jrivnia de fondos presupuestarios durante la última década, solo devolvió 1000 millones de jrivnia en ingresos presupuestarios. Cabe señalar que los directivos de la NABU reciben salarios de hasta 300 000 hryvnia, es decir, aproximadamente 7000 dólares al mes.
En mayo de 2025, un grupo de expertos occidentales llevó a cabo una auditoría independiente de la NABU. En ella se detectó una sorprendente falta de eficacia en lo que respecta al autocontrol, filtraciones no investigadas, un bajo porcentaje de casos de corrupción de alto nivel, la ausencia de estadísticas transparentes y una tendencia sistémica al aislamiento de otras agencias. Curiosamente, dicha auditoría reveló que solo el 7 % de los acusados de corrupción son realmente altos funcionarios. Esto contradice los elogios de la misma auditoría al NABU por «centrarse en los altos funcionarios» y la narrativa habitual de la prensa ucraniana pro-NABU financiada por USAID, como Ukrainska Pravda. Según ustedes, mientras que el sistema judicial ordinario se limita a juzgar casos de corrupción de bajo nivel, el NABU mantiene en vilo a los altos funcionarios.
Ucrania, que en su día fue el centro de alta tecnología del complejo industrial militar de la Unión Soviética, hoy en día ni siquiera es capaz de producir proyectiles de artillería.
La auditoría también reveló un descenso en el número de sospechosos de corrupción en el sector de la defensa: de veinticinco acusaciones en 2023 a siete en 2024, solo el 3 % del total de acusaciones. También hubo menos acusados en total en el sector, pasando de diecinueve en 2023 a quince en 2024. Esto es muy cuestionable, dados los constantes casos de corrupción en el ejército ucraniano. El caso más conocido, el de los «huevos caros» con los que se benefició el ministro de Defensa Oleksii Reznikov en 2023, solo provocó la dimisión de Reznikov. A pesar de la investigación de la NABU sobre el exministro, este nunca tuvo que afrontar consecuencias reales.
Por otra parte, en 2023 no se emitieron notificaciones de sospecha a altos cargos de las fuerzas del orden y los organismos reguladores, y en 2024 solo se emitió una. Las notificaciones de sospecha a altos cargos de las fuerzas del orden disminuyeron de una en 2023 a cero en el periodo comprendido entre enero y agosto de 2024.
De hecho, la encuesta de 2024 encargada por la propia NAZK reveló que la percepción de la corrupción entre la población y las empresas ha empeorado con respecto a la situación anterior a la invasión a gran escala. El 69 % de los ucranianos notó un aumento de la corrupción, lo que supone un incremento del 8 % en comparación con el año anterior. A modo de comparación, en 2021, el 42 % de la población (solo el 26 % en 2020) y el 36 % de las empresas creían que la corrupción había empeorado.
Corrupción en la «lucha contra la corrupción»
Además de su ineficacia, la NABU también se ha visto siempre salpicada por escándalos de corrupción. El problema de construir un circuito cerrado de lucha contra la corrupción «dentro del Estado», aislado de los intereses locales, es que sigue siendo necesario contratar a detectives y fiscales mínimamente competentes, muchos de los cuales proceden del antiguo sistema corrupto.
Por ejemplo, el director de la NABU entre 2015 y 2022, Artem Sytnyk, era conocido por sus vínculos con el presidente Poroshenko. En 2018, la publicación Skhemy, financiada por la USAID, descubrió pruebas de que el presidente había realizado varias visitas nocturnas a Sytnyk. Al año siguiente, Sytnyk fue condenado por corrupción por un tribunal ucraniano. A pesar de sus apelaciones infructuosas, siguió siendo director de la NABU hasta el final de su contrato, tres años después. A continuación, ocupó un alto cargo en la Agencia Nacional para la Prevención de la Corrupción, que mantuvo hasta junio de 2024.
A pesar de este historial tan sospechoso, Transparency International Ucrania siempre ha apoyado públicamente el nombramiento de Sytnyk al frente de los órganos anticorrupción. En 2018, se supo que el director de la SAPO, Nazar Kholodnitsky, tenía un dispositivo de escucha instalado en el acuario de su oficina como parte de una investigación sobre él llevada a cabo por el fiscal general de Poroshenko, Yuriy Lutsenko, y la NABU. En respuesta, Kholodnitsky reactivó varios casos de corrupción contra Lutsenko del año anterior. Las grabaciones revelaron que Kholodnitsky estaba involucrado en negocios corruptos con varias personas que estaban siendo investigadas por su organismo en ese momento. Kholodnitsky fue acusado por Sytnyk de filtrar información a sospechosos investigados por la NABU en marzo de 2018, pero permaneció en su puesto hasta agosto de 2020, cuando dimitió por voluntad propia.
En junio de 2024, se supo que tres detectives de alto rango que trabajaban en la NABU desde 2015 se habían aprovechado de su posición. En primer lugar, uno de los detectives consiguió que la NABU acusara de corrupción al subdirector de seguridad de la empresa ferroviaria estatal Ukrzaliznytsia, lo que provocó el despido de este. Poco después, el detective de la NABU en cuestión abandonó la NABU y ocupó el puesto vacante en Ukrzaliznytsia. Sus dos colegas también siguieron su ejemplo y, poco después, obtuvieron puestos envidiables en la empresa ferroviaria. Estos puestos fueron ocupados a menudo solo unos días después de abandonar su cargo en la NABU, lo que técnicamente es ilegal, ya que el período mínimo es de un año.
Uno de los detectives de la NABU también declaró repentinamente alrededor de 870 000 dólares en criptomonedas y importantes propiedades inmobiliarias. Mientras tanto, su suegro fue nombrado para un puesto directivo en la sucursal de Odessa de Ukrzaliznytsia. Por su parte, el último detective adquirió acciones en importantes empresas como Ferrexpo y Myronivsky Khliboprodukt. Ambas empresas también han sido objeto de investigaciones penales por parte de la NABU.
Los funcionarios del Gobierno ucraniano también se han quejado de las tendencias corruptas de la NABU. El alcalde de Odessa, Genadiy Trukhanov, se quejó en una declaración judicial de que la NABU le exigió que pagara 500 000 dólares para evitar ser procesado en 2017. Cuando se negó a pagar, la NABU le acusó oficialmente de corrupción. Culpó al subdirector de la NABU, Gizo Uglava. Uglava fue destituido a mediados de 2024 por filtrar sistemáticamente información a las personas investigadas por su «órgano independiente».
En 2023, el jefe del departamento de detectives de la NABU, Andriy Kaluzhinsky, fue acusado de proteger al escandaloso oligarca Igor Kolomoisky. Al parecer, Kaluzhinsky mantenía a Kolomoisky constantemente informado sobre el progreso de las investigaciones en su contra y logró alargar el periodo hasta su detención tanto como le fue posible. Poco después de ese escándalo, Kaluzhinsky dimitió de su cargo, declarando que se había alistado en el ejército.
La corrupción parece estar ahora muy extendida entre los empleados de la NABU. Una publicación ucraniana estudió veintitrés declaraciones financieras de 2023-24 de empleados de la NABU relacionadas con activos en criptomonedas. Descubrió que quince de las declaraciones contenían datos falsos o sospechosos. La publicación concluyó que las criptomonedas eran una forma excelente para que los empleados de la NABU blanquearan los ingresos procedentes de la corrupción, ya que podían simplemente alegar que los supuestos sobornos eran meramente el resultado de las fluctuaciones monetarias.
En tiempos de guerra, el propósito de la NABU parecía reducirse a simplemente liberar la tensión social sobre algunos de los escándalos de corrupción más evidentes. En el caso de altos funcionarios del Gobierno como Reznikov, la investigación de la NABU fue solo para aparentar, sin que sus redadas dieran ningún resultado.
La NABU y la política estadounidense
En lugar de actuar como vigilantes independientes, los funcionarios anticorrupción se han visto profundamente involucrados en las intrigas políticas de sus patrocinadores. Esto quedó muy claro con el escándalo del Russiagate. La NABU, creada bajo la presidencia de Obama y apoyada por USAID, desempeñó un papel importante en este asunto. Fue la NABU la que publicó por primera vez documentos que afirmaban mostrar la implicación de Paul Manafort con las estructuras del Gobierno ruso.
En una grabación de 2019 filtrada por el parlamentario ucraniano Borislav Rosenblatt, Sytnyk incluso se jactó de «trabajar para Hillary [Clinton]» en ese momento. El jefe de la SAPO, Kholodnitsky, confirmó que Sytnyk estaba desesperado por ganarse la aprobación de la señora Clinton. Serhiy Kaluzhinsky, el detective de la NABU a cargo de los materiales de Manafort, es el padrino de Sytnyk.
Serhiy Leshchenko, periodista de Ukrainska Pravda, financiada por la USAID, se jactó de que su papel en ayudar a la NABU a difundir esta investigación «había puesto el último clavo en el ataúd de Trump». Actualmente es miembro de la administración presidencial de Zelensky. Oleksandr Tsyvinsky, otro líder clave de los detectives de la NABU en ese momento, también desempeñó un papel importante. Casualmente, es la negativa de Zelensky a nombrar a Tsyvinsky para el cargo de jefe de la Oficina de Seguridad Económica este año lo que ha precipitado en parte el actual enfrentamiento entre el presidente y los órganos anticorrupción.
Uno de los detectives de la NABU también declaró de repente alrededor de 870 000 dólares en criptomonedas y importantes propiedades inmobiliarias.
En 2016, los medios de comunicación estadounidenses dieron gran relevancia a las «filtraciones» de la NABU en una campaña relativamente exitosa para presionar a Trump a adoptar una postura más militarista hacia Rusia. Sin embargo, una vez que Trump ganó, la propia NABU se distanció rápidamente del asunto. El jefe de la SAPO, Kholodnitsky, criticó a la NABU por su investigación politizada de un caso que llevaba años abierto. Al final, la NABU solo consiguió que la SAPO investigara a una persona en relación con el caso, pero esto también se vino abajo.
Además, todo el «caso Manafort» ni siquiera se refería a la corrupción, sino al hecho de que los políticos ucranianos (y sus asesores estadounidenses) en el período anterior a 2014 recibían salarios no declarados, lo que situaba el caso fuera de la jurisdicción de la NABU. El exparlamentario Taras Chornovil declaró a la BBC Ucrania que la embajadora estadounidense Marie Jovanovich era la persona detrás de todo el asunto, lo que fue confirmado por el entonces fiscal general Lutsenko. Lutsenko también declaró que su oficina estaba investigando a la NABU y a Sytnyk en particular por interferencia en las elecciones estadounidenses.
En cualquier caso, es innegable que la implicación de la NABU en la política estadounidense fue perjudicial para los intereses nacionales ucranianos. En consecuencia, Ucrania se vio envuelta en la política partidista estadounidense, que tuvo malas consecuencias tras el regreso de Trump al poder en 2025.
Lucha contra la corrupción y guerra
Teniendo en cuenta su papel en el conflicto de clases postsoviético, no es de extrañar que los órganos anticorrupción vetaran cualquier intento de debatir el violento reclutamiento militar del país y su integración periférica en el orden internacional occidental.
Por un lado, esto quedó claramente demostrado cuando casi todas las ONG anticorrupción se convirtieron en signatarias de las famosas «líneas rojas de la sociedad civil» en 2019, que advertían a Zelensky contra la implementación de su promesa electoral de paz con Rusia mediante el compromiso. Los órganos anticorrupción prohibieron al Gobierno hacer cualquier cosa que pudiera obstaculizar la integración de Ucrania en la OTAN y la UE. Advirtieron contra la reintegración de las regiones separatistas del Donbás con derechos políticos especiales, por temor a que vetaran la integración euroatlántica.
Tras sabotear y ralentizar cuidadosamente las medidas anticorrupción, Poroshenko se encontró ahora como un activo partidario de las protestas para «mantener la independencia de la NABU». Como mencionamos anteriormente, se descubrió que el propio Poroshenko había mantenido relaciones estrechas y secretas con el líder de la NABU, Sytnyk, durante su presidencia.
Y en 2023, la VAKS anunció por quinta vez que había cerrado su investigación sobre lo que podría ser uno de los casos de corrupción más importantes de Ucrania: el caso Rotterdam+. Este caso implicaba la colaboración del entonces presidente Poroshenko con el hombre más rico del país, Rinat Akhmetov, para vincular los precios de la electricidad a los de Rotterdam, Bélgica. Como resultado, los consumidores ucranianos, ya de por sí empobrecidos, podrían haber pagado de más al Gobierno más de veinte mil millones de jrivnias. Bajo su mandato, Poroshenko afirmó que las protestas contra el aumento de los precios de la energía (una exigencia clave del FMI) eran un complot del servicio de seguridad ruso, el FSB. A pesar de años de investigación, la VAKS no ha avanzado en el caso y permite que figuras clave escapen debido a la expiración del plazo de prescripción.
Gran parte del enfrentamiento de julio entre Zelensky y los órganos anticorrupción es solo un frente del agudo conflicto entre Poroshenko y Zelensky. A principios de 2025, se anunciaron nuevas sanciones gubernamentales contra el expresidente.
La «sociedad civil» anticorrupción apoya enérgicamente la guerra hasta la victoria, ya que considera que un compromiso con Rusia amenaza la integración euroatlántica de Ucrania y abre la puerta a un «escenario georgiano» que amenazaría directamente sus intereses. Esto explica su típico apoyo al reclutamiento coercitivo y su silencio ante las revueltas de los ucranianos de a pie contra él. Al mismo tiempo, en 2024, 133 ONG que ejecutaban proyectos financiados por donantes occidentales recibieron exenciones oficiales de movilización.
La retirada de Zelensky
Zelensky parece haberse retirado de sus intenciones originales hacia la NABU, probablemente respondiendo menos a la presión de la calle que al chantaje europeo que amenazaba con suspender la ayuda. En un país que ha vivido tres revoluciones maidan con una participación masiva en una sola generación (en 1990, 2004 y 2014), las protestas no violentas que reúnen como mucho a miles de personas en las ciudades más grandes no representan nada sin precedentes, a pesar de ser las primeras manifestaciones importantes desde que comenzó la guerra a gran escala.
¿Demuestra esto la resiliencia democrática de Ucrania? Difícilmente. Más allá de la certeza de que el conflicto con las instituciones anticorrupción y la oposición continuará, no surgieron «soluciones de cuadro»: no se destituyó a quienes prepararon e impulsaron la legislación contra la independencia anticorrupción. En cambio, la retirada apresurada del proyecto de ley en una semana dejó a los parlamentarios con la sensación de haber sido manipulados por la oficina presidencial. El SBU, cuyo jefe habló abiertamente en televisión de disparar a los detectives anticorrupción, junto con otras fuerzas del orden implicadas en la represión, probablemente siga descontento con la retirada. Por último, las protestas anticorrupción legitimaron las manifestaciones sobre los agravantes problemas sociales, económicos y políticos de Ucrania, que pueden tener una mayor resonancia, en particular los relacionados con el brutal servicio militar obligatorio.
En consecuencia, sin fortalecer la democracia, las protestas debilitaron al Gobierno de la misma manera que los anteriores maidans, a menudo elogiados como revoluciones democráticas y constructoras de la nación. De hecho, estas revoluciones deficientes que sustituyeron a las revoluciones sociales en la era posterior a la Guerra Fría pueden derrocar a gobiernos autoritarios y corruptos, pero, a diferencia de las revoluciones sociales, no pueden construir alternativas más estables, más fuertes y populares a nivel nacional. Esto no significa que los maidans «no cambien nada». En realidad, tienen consecuencias palpables: polarización a lo largo de líneas no clasistas, desestabilización y autoritarismo impuestos desde dentro y fuera de Ucrania.
Este conflicto se produce en un momento peligroso en el que Ucrania se enfrenta a un deterioro de la situación en el frente, debido principalmente a la escasez de mano de obra, los conflictos internos sobre el reclutamiento, el idioma, la persecución religiosa y la desintegración de la clase dirigente occidental, lo que repercute en la continuidad del apoyo de la OTAN. A menos que el proceso de negociación en curso —recién reactivado tras la cumbre entre Trump y Putin en Alaska— conduzca a un avance, Ucrania podría acercarse a un punto de bifurcación. Esto requerirá intensificar los esfuerzos bélicos, lo que significaría aplicar medidas muy impopulares, como reclutar a los menores de veinticinco años y a las mujeres, o aceptar algunas de las duras exigencias rusas, posiblemente respaldadas por Trump. Ambas decisiones exigen un gobierno fuerte y de confianza para evitar una mayor desestabilización.
Ahora, al no conseguir garantizar la unidad de la clase dirigente —ni siquiera mediante medidas autoritarias—, Ucrania se abre al cesarismo extranjero. Tras rechazar el «escenario georgiano» y enfrentarse a unas posibilidades cada vez menores (sobre todo debido a la desunión occidental) de convertirse en el Israel o la Corea del Sur de Europa del Este, como aspiraban las élites compradoras, Ucrania podría estar encaminándose hacia convertirse en la Siria de Europa del Este.
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Colaboradores
Volodymyr Ishchenko es sociólogo y reside en Kiev. Ha publicado artículos y entrevistas en The Guardian y New Left Review.
Peter Korotaev escribe sobre movimientos políticos, relaciones de clase y política económica en Ucrania.
4. Un regalo envenenado.
Modi, como buen político neoliberal, acaba de anunciar una reducción de impuestos. Patnaik nos explica por qué es una mala idea.
https://peoplesdemocracy.in/2025/0824_pd/modi%E2%80%99s-so-called-diwali-%E2%80%9Cgift%E2%80%9D
El supuesto «regalo» de Modi por Diwali
Prabhat Patnaik
Como era de esperar, el discurso de Narendra Modi con motivo del Día de la Independencia estuvo plagado de flagrantes falsedades. Por ejemplo, habló de los grandes avances que había logrado la India en el sector manufacturero durante los años de gobierno del BJP, cuando la realidad es que, en los últimos diez años, la participación del sector manufacturero en el PIB ha caído drásticamente, pasando del 17,5 % al 12,6 %, un nivel que no se había registrado desde 1960. Tal descenso es lo que los economistas denominan un estado de desindustrialización; y es característico del actual primer ministro que haga pasar un proceso de desindustrialización como un gran avance del país en el ámbito industrial.
Del mismo modo, el hecho de que mencione específicamente a la RSS para elogiarla en un discurso del Día de la Independencia es una parodia de la verdad. Es bien sabido que la RSS no solo no participó en la lucha por la independencia, sino que su entonces líder, M. S. Golwalkar, anticipó, incluso después de que se lograra la independencia, que el país no sería capaz de gestionar sus asuntos por sí solo y tendría que invitar a los británicos a volver para que se encargaran de la administración (Ram Puniyani ha escrito sobre esto).
Pero pasemos a su principal anuncio económico, que se refiere a las concesiones realizadas en relación con el impuesto sobre bienes y servicios. Anunció la supresión de dos tramos del GST, el 12 % y el 28 %. Los bienes y servicios que ahora están sujetos al tramo del 12 % pasarán a estar sujetos al 5 %, y los que ahora están sujetos al 28 % pasarán a estarlo al 18 %.
Calificar esta concesión de «regalo» de Diwali delata, por supuesto, una repugnante mentalidad feudal. Los impuestos los paga el pueblo; los ingresos fiscales provienen del dinero del pueblo. Calificar la reducción de los ingresos fiscales que paga el pueblo como un «regalo» del Gobierno, como si los ingresos del Gobierno fueran sus ingresos privados, representa una inversión de la razón análoga a la observación del rey borbón francés Luis XIV: «L’État, c’est Moi» (o «El Estado soy yo»). Sin embargo, esta inversión es algo que cabe esperar del Gobierno de la NDA, algunos de cuyos altos dirigentes se han referido en el pasado al ejército indio como «el ejército de Modiji».
Veamos la magnitud total del «regalo» propuesto. Al parecer (véase The Hindu, 16 de agosto), el tramo del 28 % solo representa actualmente el 11 % de los ingresos totales del GST. Por lo tanto, una reducción de este tipo al 18 % (suponiendo, de forma bastante razonable, el mismo denominador, es decir, el mismo valor añadido que antes sobre el que se grava el GST) supondrá una pérdida del 10 % de estos ingresos, es decir, el 1,1 % de los ingresos totales por GST. Del mismo modo, el tramo del 12 % representa el 5 % de los ingresos totales del GST, y la reducción de este tipo al 5 % supondrá una pérdida del 7 % de estos ingresos, es decir, el 0,35 % de la recaudación total del GST. Por lo tanto, las dos concesiones supondrán en conjunto una pérdida del 1,45 % de los ingresos totales por GST y, por lo tanto, una transferencia al público del 1,45 % de los ingresos totales por GST. Dado que los ingresos totales por GST en 2024-25 fueron de 22,08 lakh crores de rupias, la transferencia total al público efectuada a través de las concesiones fiscales anunciadas por Modi asciende actualmente a 32 016 crores de rupias, es decir, apenas el 0,0967 % del PIB estimado oficialmente para 2024-25; tomémoslo como un 0,1 % en cifras redondas.
Por supuesto, las fuentes oficiales se han afanado en señalar los efectos expansivos que este «regalo» al pueblo tiene sobre la economía en su conjunto, pero el efecto expansivo neto dependería de cómo se financie este «regalo». Si las concesiones fiscales otorgadas a la población se corresponden con una reducción equivalente del gasto público, de modo que no se incremente el déficit fiscal, los efectos expansivos de dichas concesiones se verían anulados por los efectos contractivos del recorte del gasto público, lo que provocaría un efecto expansivo neto nulo en su conjunto. El posible efecto de aumento del bienestar de las concesiones fiscales para la población se vería exactamente anulado si los recortes en el gasto público se realizaran en educación, sanidad, generación de empleo y otras actividades similares. Las concesiones fiscales no habrían demostrado entonces aumentar ni el crecimiento ni el bienestar.
Pero supongamos que no hay recortes en el gasto público correspondientes a las concesiones fiscales anunciadas por Modi, y que las concesiones solo dan lugar a un aumento del déficit fiscal. Incluso en ese caso, suponiendo un valor «multiplicador» de 2, lo cual no es en absoluto descabellado, ya que estas concesiones no se conceden solo a los más pobres o a la población rural (en cuyo caso cabría esperar un valor multiplicador más alto), sino al público en general, solo añadirían un 0,2 % a nuestra tasa de crecimiento anual, lo cual es una cantidad absolutamente minúscula. Solo un gobierno dado a las hipérboles a la hora de describir su propio rendimiento puede afirmar que unas concesiones fiscales que representan un mísero 0,1 % del PIB constituyen un «regalo» de Diwali digno de mención.
Si el Gobierno se tomara en serio la reactivación de la economía, debería haber emprendido un aumento sustancial del gasto público, para empezar, por ejemplo, cubriendo los puestos vacantes en las instituciones públicas de educación y sanidad con personal debidamente formado (y no con los favoritos del régimen); y debería haber financiado este gasto mediante la imposición de un impuesto sobre el patrimonio y un impuesto de sucesiones.
Se sugiere ahora que la desigualdad de riqueza en el país es mucho mayor de lo que se creía hasta ahora. Anteriormente se estimaba que el 1 % de la población más rica poseía alrededor del 40 % de la riqueza del país, pero la empresa estadounidense de gestión de patrimonios Bernstein sugiere ahora en un informe que el 1 % más rico de la India posee hasta el 60 % de la riqueza del país. Puede ser difícil obtener una estimación exacta, pero, independientemente de cuál sea la cifra exacta, no solo es claramente una de las más altas del mundo, sino que la desigualdad de riqueza en el país sigue aumentando.
Por lo tanto, lo ideal habría sido planificar la reactivación de la economía de manera que se combatiera al mismo tiempo esta lacra de la desigualdad de riqueza, que es fundamentalmente contraria al espíritu de una sociedad democrática, y el discurso del primer ministro con motivo del Día de la Independencia debería haber sido la ocasión para anunciar dicha estrategia de reactivación. Pero esto no es lo que ha intentado hacer el Gobierno de Modi, que ha hecho muy poco por reactivar la economía o incluso por aliviar a la población, y se ha limitado a hablar grandilocuentemente de un «regalo de Diwali». Pero, ¿qué se puede esperar de un Gobierno que da prioridad a las relaciones públicas por encima de la adopción de medidas sustantivas?
El jefe del RSS, Mohan Bhagwat, ha admitido recientemente que la educación y la sanidad se han comercializado tanto, y por lo tanto se han encarecido tanto, que ahora, a diferencia de antes, están fuera del alcance de la gente común. Se trata de una importante admisión que equivale implícitamente a aceptar la opinión de que estos sectores cruciales deben ser responsabilidad principal del Gobierno, en lugar de privatizarse de acuerdo con la estrategia neoliberal.
Sin embargo, la admisión de Bhagwat solo cubre una parte de la verdad. La otra parte consiste en la destrucción sistemática de las instituciones gestionadas por el Gobierno por parte de matones y arribistas pertenecientes a su propio grupo. Los matones estudiantiles leales al RSS impiden cualquier debate libre de ideas en las universidades; se realizan nombramientos por debajo del nivel exigido, incluyendo a personas que ni siquiera cumplen los requisitos mínimos estipulados, para puestos docentes en las universidades; y los gobernadores de los estados, cuidadosamente seleccionados, en su calidad de rectores de las universidades, nombran a los favoritos del RSS como jefes administrativos de las universidades. Con esta destrucción deliberada de la calidad de las universidades, ¿por qué debería un ciudadano de a pie enviar a su hijo a una institución de este tipo, incluso si pudiera permitírselo? En otras palabras, las instituciones gubernamentales en áreas tan cruciales no solo sufren de una escasez de fondos (de acuerdo con los principios neoliberales), sino también de una destrucción deliberada de la calidad (que es una contribución de organizaciones fascistas como la que dirige el Sr. Bhagwat).
Como resultado, la educación está en ruinas; la sanidad está en ruinas; los programas de generación de empleo como el MGNREGS están en ruinas. En el 79º Día de la Independencia, el país se encuentra en un lamentable estado, debido sobre todo al efecto combinado del neoliberalismo y su secuela, el ascenso al poder de elementos fascistas. No hay ni rastro de todo esto, y mucho menos de medidas correctivas, en el discurso del Día de la Independencia de Modi.
5. Entrevista a Toscano.
Elorduy entrevista en El Salto a Alberto Toscano sobre su tema habitual: el fascismo y cómo combatirlo.
https://communispress.com/conviertete-en-quien-eres-contra-el-fascismo/
Conviértete en quien eres… contra el fascismo
Alberto Toscano, Pablo Elorduy
Aug 25, 2025

«Hay un colapso simbólico del supremacismo occidental en su forma liberal», entrevista a Alberto Toscano realizada para El Salto por Pablo Elorduy, apareció originalmente en ese medio de prensa impreso y digital español ayer 24 de agosto de 2025. Se reproduce íntegramente en Communis con la autorización de Elorduy, Toscano y El Salto.
«Lo que encuentro políticamente significativo en Europa y América del Norte es el profundo vacío en el interior de las ideologías del extremo centro. Todo lo que se presenta como posibilidad de reproducir una normalidad occidental se vuelve como una caricatura hueca […] Mi modesta proposición es la versión antifascista de la idea de Nietzsche de devenir lo que eres. Ser lo que ellos piensan de ti. Realizar su enemigo imaginario.»
— Alberto Toscano
Alberto Toscano conversa con Pablo Elorduy
En los últimos tiempos, la extrema derecha 2.0 ha pasado a ser un fenómeno demoscópico, un movilizador en las urnas, tanto entre quienes votan a su favor como entre quienes le temen, y un atractivo editorial. Decenas de ensayos han tratado, con más o menos fortuna, sobre el crecimiento de una serie de tendencias que parecían desaparecidas en la etapa de la globalización feliz y que han regresado con fuerza tras el colapso de Lehman Brothers y el despertar a la austeridad militarizada. La obra de Alberto Toscano (Moscú, 1977) Fascismo tardío. Raza, capitalismo y las políticas de crisis es una de las más sugerentes entre toda la oferta de contenido sobre esta nueva juventud o segunda reencarnación del fascismo, entre otras cosas porque no reconoce que sólo tenga sentido hablar de fascismo con base en la experiencia de la Italia y la Alemania de los años 30 y 40 del siglo pasado y lleva su búsqueda, por el contrario, a las expresiones fascistas en el mundo liberal anterior a esas expresiones, concretamente en el crimen de las incursiones coloniales. Toscano, además, enlaza esta historia con el momento actual y, más concretamente, con el genocidio que está teniendo lugar en Gaza, amparado y financiado por mandatarios que no han sido, ni serán fascistas, pero que no por eso dejan de compartir los mismos deseos y horizontes que los líderes de la extrema derecha.
¿Qué representa hoy Israel para la idea del fascismo tardío?
Creo que podemos empezar reflexionando brevemente sobre el debate con respecto al fascismo en Israel mismo, que es un debate que tiene una historia bastante larga y que, como muchas de las cuestiones de las que hablo en el libro, comenzó en los años 70. La pequeñísima izquierda antisionista en Israel empezó a discutir entonces, sobre todo a raíz del auge de Menachem Begin, si se podía hablar de Israel como una forma sui generis de fascismo. Esto es interesante y sintomático, porque en el caso israelí se puede ver muy bien cómo la categoría de fascismo puede servir no solamente para nombrar y analizar, sino también para ocultar algunos fenómenos. Entonces, en el interior de un sionismo liberal —si este término todavía tiene sentido, quizás mucho menos ahora que en el pasado— la idea de una fascistización de Israel también funcionaba como justificación o legitimación del sionismo en su forma clásica. Se transmitía la idea de que el fascismo podía ser una deriva, un momento de crisis.
¿De dónde surge esa idea de equiparación entre sionismo clásico y fascismo?
Uno de los movimientos más interesantes de la disidencia antisionista de izquierda, microscópico, pero muy productivo intelectualmente, fue un grupo trotskista de los años 70. Ellos criticaron mucho el hecho de que algunos comunistas israelíes hablaban del momento de Menachem Begin como un momento de fascismo, porque decían que con eso se estaba normalizando lo que había pasado antes. Esto se puede ver también cuando muchos centrismos, el progresismo y liberalismo, presentan el fascismo no como el producto de una potencialidad o de una dialéctica en el interior del statu quo, sino como una violación, una excepción. Este discurso lo seguimos viendo. En Haaretz hay un montón de artículos, escritos en varios momentos críticos en la política israelí en los cuales se habla de fascismo. El último momento fue la crisis sobre la Corte Suprema, antes del 7 de octubre de 2023, y eso es súper sintomático.
¿En qué sentido?
En las entrevistas con intelectuales liberales y progresistas sionistas, estos dicen «bueno, si esta reforma autoritaria de la Corte Suprema por parte del gobierno de Netanyahu se realiza, vamos a entrar en una lógica de fascistización en la cual, por ejemplo, los policías van a llegar a la casa de la gente y a sacarla de sus camas; el Ejército va a tener la licencia de hacer lo que quieran…» Sin ser conscientes, describían exactamente lo que les pasa a los palestinos en los territorios ocupados y también a muchos palestinos que son formalmente ciudadanos de Israel desde 1948. Hoy el discurso sobre el fascismo también tiene esta posibilidad de una autoexculpación por parte de un liberalismo, de un centrismo, que ve los fenómenos que él mismo ha producido, o del cual es cómplice, como una excepción.
Hoy vemos que la extrema derecha internacional está rendida en los brazos de Israel.
La pregunta en efecto es cómo y por qué la derecha extrema internacional, la internacional tardofascista que se está componiendo por todas partes, tiene tal identificación con Israel en el momento de su violencia colonial más extrema: genocida, exterminadora. Creo que esto se podía también leer de muchas maneras, y según los contextos, pero lo que podemos ver en este caso es cómo la historia profunda y la prehistoria del fascismo, es decir, la relación constitutiva del fascismo con el colonialismo y el capitalismo racial, hace que en este momento Israel se pueda percibir por parte de una derecha racista, occidentalizada, supremacista, como la afirmación o la realización casi utópica de sus ideas: la posibilidad de ser libres de dominar al otro, el otro racializado, el indígena, con impunidad total en el interior de una sociedad neoliberal y capitalista, tecnológicamente desarrollada.
Hay una identificación absoluta.
Es como si el inconsciente colonial de la derecha ahora se pudiera expresar libremente. Y claro, la situación es diferente con respecto a India o a la derecha latinoamericana, pero en el caso europeo es perfecto porque esta identificación con un Estado etnocrático que está practicando una guerra de exterminio, permite al mismo tiempo a Europa inmunizarse o limpiarse de la acusación de ser antisemita, de ser racistas, y de ser identificados con el Holocausto. Por eso encontré grotesco, pero sintomático, que hace poco tiempo se produjera un encuentro en Jerusalén «por la defensa del mundo judío» en el que había fascistas con pasado y presente de antisemitismo.
La referencia fundamental es Estados Unidos, donde apenas hay diferencias entre el tratamiento hacia Israel entre el establishment del Partido Demócrata, los Republicanos y Trump. ¿Cómo funciona en este caso esa adhesión?
En la versión específica americana toda la lógica del sionismo cristiano nacionalista extremo también tiene su papel: hay una identificación abierta, casi irreflexiva con el colonialismo racial. Es una lógica diferente, quizá más significativa y más dañina. Sin embargo, en ella podemos encuadrar también la declaración del primer ministro alemán de que los israelíes están haciendo «nuestro trabajo sucio». Parte de esta idea por la que cualquier acto bélico o de violencia israelí es por definición legítima defensa. Es la lógica de que Israel es como una punta de lanza del Occidente y que la violencia que desata es siempre una contraviolencia. Por eso también es muy sintomático que el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán pusiera en X un mensaje que condenaba la agresión iraní antes de que Irán lanzara sus misiles, pero después de que Israel bombardeara Teherán.
Ya has mencionado la cuestión básica de que las prácticas fascistas intolerables para las sociedades europeas en su interior eran toleradas y aplaudidas cuando se trataba de las naciones colonizadas. ¿Hemos olvidado esa herencia?
En su forma clásica ese es el análisis que está en el Discurso sobre el colonialismo, de Aimé Césaire (Verso, 2024), y esa es la lógica de lo que ahora se ha vuelto bastante común llamar el bumerán del colonialismo. El fascismo se puede comprender como el momento en el cual esos métodos y violencias coloniales —y también las ideologías raciales que comportan— rompen la frontera sagrada de Europa. Pero nunca fueron excepcionales para sus víctimas coloniales o indígenas. Eso fue todo el discurso del pensamiento radical negro anticolonial ya en los años 20 y 30 del siglo XX. Es importante la coyuntura de la mitad de los años 30, es decir, del momento de la invasión italiana de Etiopía en 1935 y claro, de la Guerra Civil en España del 36.
¿Qué pasa en esos años?
Es el momento en el cual el Komintern y la Unión Soviética han cambiado de estrategia: han pasado de la idea de clase contra clase, de antagonismo total contra el fascismo y contra la socialdemocracia, a una lógica de Frente Popular. Y en la lógica del Frente Popular en el 35 —también en los debates sobre la Liga de las Naciones— está la idea de que se tiene que diferenciar entre un imperialismo racista o imperialismo fascista, y un imperialismo democrático, que funciona como mal menor. Entonces, toda una serie de intelectuales radicales, comunistas, marxistas procedentes del mundo colonial, pero en diásporas, en París, en Londres, desarrollan esta otra tendencia en el pensamiento crítico del fascismo, que pone encima de la mesa la relación fundamental entre el fascismo y el colonialismo. Dicen: lo que vosotros pensáis que es una abominación o es una excepción es nuestra experiencia del colonialismo, también del colonialismo francés, británico, democrático y liberal. Están los textos de George Padmore, de Césaire, de C. L. R. James y otros. Ese es el momento y la razón por la cual estos disidentes se salen del Komintern y de la Tercera Internacional y después desarrollan varias disidencias marxistas y socialistas. En el caso de la invasión de Etiopía, tratan de armar un discurso de solidaridad internacional en torno a la idea de sanciones obreras, de un boicot obrero. Es interesante porque esa es la misma tradición que es explícitamente citada en el momento del apartheid y también en solidaridad contra la dictadura en Chile. Se extiende sobre todo entre los trabajadores en los puertos, los trabajadores marítimos.
Es un legado no muy recordado por la izquierda continental.
Creo que es importante no sólo ver cómo hay una perspectiva política muy diferente que es desarrollada en el interior de un pensamiento anticapitalista, pero también anticolonial, sino también pensar cómo este es el resultado de una serie de debates estratégicos y prácticos. Estas otras teorías del fascismo se desarrollan también en el momento en que el antifascismo oficial, ya sea el liberal o también en el caso de los años 30, de la Tercera Internacional, trata el colonialismo occidental liberal como un mal menor. Y recordar esto me parece muy importante en el momento contemporáneo.
El debate se da también en Estados Unidos en el contexto de la segregación racial, en una fase previa al movimiento por los derechos civiles.
El discurso tiene otros matices, entre los cuales está la idea que da una de las citas con las cuales abro el libro, que la enunció el poeta Langston Hughes, de que el fascismo, que para los europeos es algo nuevo, es algo muy familiar para la gente que ha vivido la esclavitud, pero también todo el régimen de Jim Crow del apartheid que gobernó muchos de los Estados Unidos.
Toda persona de izquierdas ha reivindicado las utopías, sin embargo, la experiencia muestra que la utopía es, como mínimo, algo transversal a las ideologías, y muy a menudo, excluyente por definición. La propia Utopía de Tomás Moro lo era, y hoy vemos que Israel, a su manera, plantea su propia utopía con la ayuda de Trump y sus vídeos con oropeles y casinos. ¿Tiene que problematizar la izquierda la reivindicación del concepto de utopía?
Los movimientos radicales europeos tuvieron unas relaciones muy complejas y también bastante problemáticas con el colonialismo, y estos se extendieron hacia las utopías concretas que propusieron. Hace unos años estaba trabajando sobre los escritos del geógrafo anarquista Élisée Reclús. En determinados momentos, muchos de los revolucionarios exiliados en el siglo XIX —anarquistas, pero también comunistas—, sobre todo con las derrotas de las revoluciones en el 48 y después de la comuna de París, intentaron construir islas, enclaves utópicos, pero en situaciones de colonialismo de asentamiento. Y hay un debate entre los anarquistas franceses sobre si se puede colonizar, no en el sentido de dominar, pero sí en el sentido de encontrar tierras libres o sin nadie. La cuestión de descolonizar la utopía es compleja. También si miramos la ciencia ficción, sobre todo la americana, por todos los fantasmas históricos propios, vemos cómo está sedimentada la idea del colonialismo de asentamiento en todas sus narrativas.
La utopía de derechas se extiende sin esas problemáticas.
Pero creo que hay una ambivalencia y también contradicciones muy fuertes en el interior de las derechas, también las derechas radicales o extremas contemporáneas, con relación a lo que es la utopía. De hecho, una de las razones por las que comencé a hablar de fascismo tardío fue que en ese momento, en 2016-17, me parecía que —pensando en fenómenos como Trump o las derechas extremas europeas— había una carga utópica bastante débil.
¿Cuál es la diferencia con el fascismo clásico en ese aspecto?
En los análisis de los años 30 de figuras heterodoxas del marxismo y la teoría crítica como Ernst Bloch y George Bataille, estos —de manera crítica con relación al comunismo y el socialismo oficial— decían que se estaba menospreciando el elemento utópico del fascismo. Reconocían que sí, efectivamente era una perversión, pero también una utopía, y que por eso tenía una capacidad de canalizar unas fuerzas, deseos, fantasmas excedentes en la sociedad. Criticaban que sería un error por parte de un marxismo excesivamente racionalista no confrontar esto y también, en su versión quizás un poquito más extrema en el caso de Bataille, no intentar también captar estas energías.
Sin embargo, dices que el deseo utópico de la extrema derecha actual es débil. ¿Por qué?
Hay muchas figuras en la extrema derecha que se orientan hacia los fascismos más ocultos, pero en su mayoría son movimientos muy conservadores en sus formas y estilos de vida y en sus imaginarios. Toda la idea —que es una mímesis invertida del comunismo, de las utopías de izquierda en los años 20 y 30— que el fascismo tenía del imaginario de un “nuevo hombre” o de un futuro radicalmente diferente; en su sentido de una revolución nacional con su estética, con su cultura, no es central o algo tan significativo para las derechas actuales.
¿Por qué?
En cierto sentido, esas derechas extremas tienen las capacidades electorales y culturales que tienen porque no piden mucho de sus followers. Y uso esta palabra consciente de que se vincula a las redes sociales. No te piden que cambies tu vida, no te piden casi ni que te imagines haciendo sacrificios. Fue curioso en ese momento de los aranceles que, después de un discurso de Trump, la gente se quedó muy impactada porque dijo, en un sentido extraño y misógino, que las niñas estadounidenses debían asumir tener tres muñecas y no 30. Era sorprendente porque, aunque sólo fuera una pequeña disminución del consumo, se vio como una ruptura de un contrato simbólico. Lo encontré sintomático de este conservadurismo a nivel subjetivo, existencial. Si hay elementos utópicos son más banales, pequeñas utopías de dominación doméstica, de dominación contra los migrantes, pero no existe una idea de que vaya a haber una ruptura o una transformación de la vida cotidiana.

Hitler fija la mirada en el busto de un Nietzsche de ceño fruncido. Fotografía de la exposición «Nietzsche in the National Socialism», presentada del 21 de marzo al 1 de noviembre de 2024 en la Klassik Stiftung Weimar.
De nuevo, Israel sí supone una utopía totalizante, con esa idea del Gran Israel que representa la extrema derecha sionista.
Quizá es esa la razón por la cual hay derechas extremas que tienen una fuerte identificación y atracción hacia Israel, porque ahí parece que, en su extrema violencia y capacidad de romper toda una serie de marcos geopolíticos, de cargarse totalmente el derecho internacional, hay una idea utópica de nuevos espacios antes inimaginables, de nuevos asentamientos. Todo eso no es algo que sea parte del imaginario concreto, de la tardo o postfascista derecha europea, que ya no tiene verdaderamente imaginarios expansivos, tampoco a nivel territorial. Es la diferencia que hay (no sé si esto funciona en castellano) entre el border y la frontera. La frontera puede avanzar infinitamente, hasta Marte en el caso de Elon Musk, pero la frontera en el sentido de border…
La frontera política.
Sí. Es algo que tiene que mantenerse fijo y que funciona para tener al Otro afuera y no para conquistar. Es un imaginario que tiene carácter conservador, pero hay tensiones. Creo que, aunque sea débil, un elemento utópico siempre es necesario, y por eso aparece proyectado en otros lados.
En el caso de Estados Unidos, Trump mantiene cerca a los evangelistas gracias a la promesa de una nueva Edad de Oro, que tiene resonancias con el pensamiento religioso radical.
De hecho tenemos al embajador americano en Israel, que describe a Trump como una figura casi mesiánica.
Esa visión trascendental, que coquetea con ideas como el apocalipsis o el anticristo no está presente en las experiencias de la extrema derecha europea de partidos como los Fratelli d’Italia, Alternativa por Alemania, Reagrupación Nacional o el mismo Vox. ¿Por qué?
Creo que hay mucho cálculo realista en las derechas extremas contemporáneas. Es decir, hay un discurso, una razón cínica que dice: «no hay un horizonte de crecimiento». Aunque lo niegan a veces de manera muy violenta, creo que la cuestión de la emergencia climática y de la finitud de todo es parte del imaginario que da fuerza, que empuja a la derecha. Funciona con la idea de que las cosas van a empeorar, que, si no está cerrado, el futuro ciertamente no tiene un horizonte muy positivo y que, por tanto, el papel de la política es una redistribución antagonista, excluyente, dominadora, de unos recursos que se van restringiendo. Eso forma parte del contrato simbólico y psíquico que se establece con formaciones como Fratelli d’Italia. Tienen también elementos de goce simbólico, psicológico, pero toman parte de su fuerza de este cinismo: «Todos sabemos que nos toca quedarnos en el mundo thatcherista: “No hay alternativa”, que el capitalismo es lo que es, pero vamos a limitar las capacidades de Los Otros internos o mundiales de tomar los recursos, y también te vamos a prometer un elemento de goce, un incentivo psicológico que te permita romper todas las reglas de lo políticamente correcto, de lo woke; te vamos a permitir tener tu discurso identitario racial, nacional, de género; te vamos a permitir insultar y humillar.» Me parece evidente que, para mucha derecha contemporánea este cinismo, este fatalismo de base, es casi explícito. Usando esa formulación de W. E. du Bois, hay mucho salario psicológico, pero bastante poco salario material, y esto es casi explícito en el contrato que se viene a firmar.
No hay alternativa, pero la hay menos para el Otro ajeno.
Un fenómeno bastante significativo de esta derechización y nacionalización de la política fue el Brexit en Inglaterra, donde yo viví hace unos años. Hubo en ese periodo unos sondeos curiosos en los cuales parecía que había una diferencia bastante importante entre los que se querían quedar en la Unión Europea y los que votaban por el Brexit: la mayoría de la gente que votaba por el Brexit pensaba que no iba a cambiar nada. El 70% decía «claro que no va a cambiar nada, porque los políticos son corruptos, vendidos, pero voy a afirmar mi identidad». Mientras, por todo lado, la mayoría de gente que quería quedarse en Europa pensaba que iba a haber consecuencias materiales. Eso me pareció una señal de este cinismo o fatalismo que explica el crecimiento de la derecha. En Estados Unidos es otra historia por la cuestión evangélica. Hay sondeos que dicen que el 40% de los americanos piensan que el anticristo va a llegar, lo que te indica que las cargas utópicas son bastante diferentes. Pero por lo menos, en el Viejo Continente, es muy fuerte este carácter de redistribución más bien simbólica y de políticas identitarias sin verdaderamente un horizonte de cambio.
Otra familia dentro de la extrema derecha estadounidense es hoy día la de los multimillonarios de Silicon Valley. ¿Por qué crees que han abrazado estas ideologías gente como Elon Musk y otros como Peter Thiel las han desarrollado teóricamente?
Hay una larga historia de Silicon Valley que es profundamente de derechas, esto lo traza muy bien Malcolm Harris en su libro Palo Alto: A History of California, Capitalism, and the World (Little Brown and Co. 2023). Es una larga historia de pensamiento eugenésico, de imaginarios de dominación o supremacía intelectual con fuerte carácter racial, etcétera. Y esta historia empieza antes de los ordenadores, en los años 20-30 en la Universidad de Standford. Suma a esto un elemento de niveles de desigualdad estratosféricos y de la formación de una autoconciencia de clase exorbitante, multimillonaria. Me recuerda una bella frase del teórico comunista italiano Mario Tronti que dice que nuestra historia es la del capitalismo que quiere emanciparse de la clase obrera; ahora vemos que es una emancipación de la tierra misma, hasta Marte. Pero por otro lado, hay algo mucho más concreto.
¿Qué?
Este grupo de capitalistas de big tech —Peter Thiel y Marc Andreesen aparte— tenían un determinado modus vivendi con el centrismo, con el neoliberalismo progresista del Partido Demócrata, que parecía ser la ideología orgánica de Silicon Valley. Eso ha cambiado sobre todo en los últimos años de la década de los 10, y también en el momento de la revuelta después del asesinato de George Floyd por parte de la policía. Entonces empezó a haber movimientos significativos ético-políticos en el interior de sus plantillas. Si pensamos en la organización de Tech Workers against Apartheid, No tech for ICE… Toda la gente que en aquel momento se había tomado en serio el branding liberal y progresista de estas compañías exigieron que Google, que Amazon, etcétera no funcionaran, como de hecho lo hacen, como partes fundamentales de la infraestructura represiva del Estado. Sobre todo en el aparato militar industrial y también, y eso es muy significativo ahora, de la represión de los migrantes y de la militarización de las fronteras. Y entonces a nivel ideológico, pero también a nivel material, esos sectores son el pan y la sal de Amazon, de Google, de Musk. Los contratos con la infraestructura militar y represiva del Estado son los intereses materiales de estas compañías, no las apps de juguete.
La tecnología de la represión.
Por otro lado, también hay una psicología política del founder, que se ve como una figura meta o parapolítica: el genio, inventor, el capitalista más o menos soberano, que no puede tolerar que sus empleados —pagados muy bien, pero con pocos derechos— organicen formas ético-políticas, sindicales, en el interior de sus compañías. Y es interesante porque, claro, es gente que podría haber aceptado todas las exigencias de sus empleados y todavía quedarse con cantidades de dinero con las que nadie sabría qué hacer, pero ahí emerge esa cuestión de su poder material y simbólico también.
Hay contradicciones entre este sector de millonarios y el movimiento MAGA.
Se ha dado una alianza curiosa, no sin conflictos —Steve Bannon por ejemplo ha denunciado que Silicon Valley es un Estado de apartheid— pero se ha dado esta convergencia, en la cual hay una amalgama, un enemigo que es el wokismo, que son las universidades, que son las élites intelectuales, que son imaginadas como las que reprimen la capacidad del founder de exprimir toda su inventiva trasformadora, pero que también son las que dominan al (más bien imaginario) obrero blanco nacionalista. Entonces se ha creado esta extraña alianza de solidaridad negativa, entre estas varias figuras de la derecha extrema.
Peter Thiel, el fundador de Palantir, es uno de los vértices más importantes de la extrema derecha estadounidense. ¿Qué representa hoy?
Palantir representa el momento de la plena autoconciencia de esta idea de que Silicon Valley tiene que transformarse abiertamente en un proyecto civilizatorio y nacionalista debido a la amenaza de China y a otros factores. Uno puede leerse este texto súper aburrido, pero delirante y muy extraño, de Alex Karp, jefe de Palantir y amigo de Thiel, que se llama The Technological Republic (Bodley Head, 2025). El discurso es que tenemos que eliminar este virus de liberalismo, esa debilidad, que se necesitan más energías viriles en el mundo de Silicon Valley. Eso es algo que ha adoptado Mark Zuckerberg. Karp dice también que, en el momento de la inteligencia artificial, de los drones y los algoritmos, hay que crear la misma síntesis entre identidad tecnológica y dominio geopolítico que había en los momentos álgidos de la Guerra Fría y en la época del Proyecto Manhattan. Esa es su utopía. Y la cosa interesante es que es una utopía que se ha vuelto hiperestatalista, casi ya no neoliberal, sino otra cosa. Es como un capitalismo híper tecnológico de Estado.
Con ribetes monárquicos.
Con ribetes monárquicos, sí, sobre todo con estas figuras como Curtis Yarvin, que presentan una versión del CEO como figura de la soberanía, de la antidemocracia.
Personajes como Yarvin me llevan a la cuestión de si nos debemos tomar realmente en serio este batiburrillo teórico más allá que como una justificación de las prácticas de dominación. Es decir, si todas estas ideas no son más que una forma de folclore o si realmente obedecen a un programa coherente.
Es difícil de discernir. A veces piensas que estas referencias son más bien ornamentales. A Steve Bannon o a Peter Thiel y quizás a otros, les gusta leerse a Julius Evola o a Herbert Spengler, pero no sé hasta qué punto esto es importante. Hay una patología profesional: los filósofos, los historiadores de las ideas o de los conceptos, nos orientamos en esa dirección. Pero al mismo tiempo me parece significativo que esta galaxia de la derecha extrema organizada en torno a Trump, con todas sus heterogeneidades, es curiosamente mucho más eurófila que el Partido Republicano del pasado. Claro, hay un muy fuerte componente de evangélicos, nacionalistas, cristianos y demás, pero también está ese grupo orientado hacia elementos de la nouvelle droite, toda esta gente que se lee El Campamento de los Santos, de Jean Raspail, quizás un poquito de Alain de Benoist, etcétera., pasando por esta organización bastante significativa que es el National Conservatism que forma otro lazo con Israel y el sionismo.
¿Hasta qué punto la cultura de la nueva extrema derecha es importante para entender el fenómeno de su extensión política en esta última década?
Hay un deseo de intelectualidad en la derecha que a mí me es muy familiar, porque lo he visto en la derecha extrema italiana que, desde los años 70 con casa Pound, estaba siempre llena de revistas, coloquios, grupos de lectura; las paredes tenían fotografías de Gottfried Benn, Ernest Junger, Giovanni Gentile, Gabriele D’Annunzio y todo eso. Es difícil ver en el interior de toda esta galaxia algo de orgánico. Y se corre el riesgo de focalizarse mucho sobre las lecturas de Bannon. Pero la realidad es que hay una producción mucho más aburrida, una intelectualidad mucho más concreta, que plasma mucho las políticas del trumpismo, que es la que se encuentra en todo el trabajo gris y casi anónimo de determinados think tanks. Si uno se lee el Proyecto 2025, especialmente en el nivel jurídico y legal, que es donde se expresa una profunda intelectualidad técnica que es muy particular de Estados Unidos, pero que tiene sus imaginarios políticos —cristianos, nacionalistas, identitarios, homófobos y misóginos— creo que esa es la espina dorsal sobre la cual se juntan estos otros elementos. Entonces, por ejemplo, podemos pensar en la ideología europea del gran reemplazo de la década del 90, pero hay que comprender también que esto en Estados Unidos entronca con 150 años de práctica y pensamiento anti-inmigración, que encontramos ya en las leyes contra los trabajadores chinos, y que ya está en el aparato legal y constitucional de los Estados Unidos. Sobre esa base se sintetizan estos otros elementos que no son insignificantes, pero que pueden funcionar solamente porque existe esta infraestructura ideológica jurídica más profunda.
¿Cómo influye la extrema derecha estadounidense en los partidos postfascistas europeos?
Hay una influencia clara del estilo. Es algo lógico en un continente subimperialista, en el que la hegemonía cultural y geopolítica americana es tan fuerte. La idea de que hay amigos-hermanos ideológicos en la Casa Blanca ha sido clave para abrir un sentido de posibilidad. La figura de Bannon ha sido significativa por este intento de armar redes de intelectualidad y también de mímesis por los dos lados. Porque no son solamente las guerras culturales, para las que se toman algunas de las tácticas y estrategias institucionales en Estados Unidos, también hubo bastante mímesis con la idea de luchar contra las élites progresistas y crear un nuevo iliberalismo que puede tomar forma institucional. Viktor Orban ha sido un ejemplo en ese sentido. Hay un sentido de posibilidad política, de apertura de otro ciclo, de otro horizonte. Por supuesto, se han tomado elementos de las contrarrevoluciones con formas jurídicas estadounidenses sobre cuestiones de género, sexualidad y reproducción o, en Italia, hasta el debate sobre portar armas. Hay elementos de mímesis, pero dentro de tradiciones jurídicas y de formas de institucionalidad muy diferentes. Se ve en las relaciones de Javier Milei con Musk, Meloni y Orban, o Orban y Ron de Santis. Se ha abierto un mundo de posibilidades políticas. Se podría decir también que, a nivel formal, quizá no es tan diferente de cómo las izquierdas radicales en Europa iban a ver lo que se hacía en Ecuador, en Venezuela o en Brasil. No para operar a nivel técnico-institucional sino como ambiente de época. Creo que es significativo ver también cómo se combinan en estas derechas extremas el identitarismo y el provincialismo con esta idea de que son parte de un movimiento bastante global.
El posfascismo toma fuerza de una reivindicación de la idea de libertad que no estaba presente, no de la misma manera, en el fascismo clásico.
No estoy de acuerdo, creo que en la prehistoria colonial del fascismo hay una promesa que es utópica en su sentido de ser libres de dominar, libres de gozar del propio dominio en algunos espacios. Esto se encuentra en algunos enclaves o en algunos momentos también de los fascismos históricos clásicos de entreguerras. Es una de las temáticas del libro del historiador francés Johann Chapoutot Libres para obedecer (Alianza, 2022). Él habla de que hasta en la ideología managerial y subjetiva de las SS existía esta idea de que tú tienes un objetivo, pero cómo realizas tu objetivo es tu espacio de libertad y autonomía. Para mí, uno de los obstáculos para pensar críticamente el fascismo clásico, pero sobre todo el fascismo tardío, es todo el sentido común —que es una herencia de la Guerra Fría— de que el fascismo es un totalitarismo en el sentido de un sistema burocratizado de obediencia total y casi mecánica. Y esta idea como del “Estado moloch” tiene poca relación con la realidad y también con los deseos o las formas de subjetividad de la extrema derecha contemporánea. Y claro, por eso también existen todas estas relaciones complejas, entre formas extremas y violentas de autoritarismo e ideologías económicas libertarias. Por eso figuras como Javier Milei son también sintomáticas. Pienso en los trabajos del historiador Quinn Slobodian sobre «los bastardos de Hayek», en todas las tendencias de pensamiento racial y colonial que están en el interior de la historia y genealogía del neoliberalismo. Si pensamos que el fascismo se tiene que definir como una Estadolatría, un estatismo exorbitante, entonces se vuelve casi imposible, porque piensas que el anarcocapitalismo no puede tener nada que ver con el fascismo. Y por eso encontré muy significativo ver cómo hasta en el fascismo más clásico, o sea, desde los los textos y discursos de Mussolini en el periodo de la Marcha sobre Roma, hay toda una curiosa identificación con el Estado mínimo liberal. Es decir, el fascismo se ve como método de violencia para romper la espina del movimiento obrero y toda la autonomía de los campesinos, de los obreros, de las organizaciones de solidaridad… para hacer posible menos Estado. Ahí se ve también que la genealogía misma del fascismo tiene relaciones bastante complicadas con la idea de libertad económica: libertad económica, libertad de la propiedad y entonces también libertad de explotar, dominar, etcétera.
En el libro recoges una cita que dice que quién no esté dispuesto a hablar sobre el capitalismo, debería callarse también sobre el fascismo. La pregunta es si la semilla de lo que está pasando ahora estaba ahí antes de 2008, antes de Lehman Brothers y las políticas de austeridad.
Para Karl Polanyi ya está ahí con David Ricardo. Encontré muy curiosa la idea del virus, un virus que estaba quizá suspendido, durmiente, pero que ya estaba ahí. ¿Por qué? Se puede pensar también que hay un virus fascista porque la modernidad política económica es altamente contradictoria, porque la universalización de los derechos políticos y la universalización de la ciudadanía tiene una relación conflictiva con un capitalismo. Éste no sólo tiene que reproducir varias formaciones jerárquicas y parasitar formaciones jerárquicas que son su herencia precapitalista, sino que también, continuamente, crea poblaciones, excedentes, desechables. Estaba leyendo la bella edición de Akal de El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx, y en ese libro está esta idea de que el cesarismo bonapartista que se manifiesta en la mitad del siglo XIX es como el síntoma de esta contradicción y casi imposibilidad constitutiva.
¿Cómo?
Esa es la teoría también del teórico japonés Kojin Karatani, que dice que el fascismo es una variante de la forma trascendental y contradictoria de la política en el capitalismo. El autoritarismo bonapartista se toma como solución capitalista al problema de la necesidad de una política de masas en una sociedad que funciona con una explotación jerárquica que genera poblaciones excedentes. Es en ese sentido —no en el sentido del fascismo con las botas de cuero negro— de una solución violenta, pero que también necesita una política de masas y necesita imaginarios o utopías de una igualdad antagonista (de los colonos contra los indígenas, de los de los heterosexuales contra los anómalos, etc), que se da esta solución invariable pero que se repite en formas súper diferentes.
¿Qué rescatamos entonces del estudio del fascismo clásico para afrontar la actual situación?
Cuando empecé a escribir el libro estaba este debate en los Estados Unidos, sobre analogías y disanalogías con el fascismo, encontré muy significativo pensar a través de los textos de gente que tuvo experiencia directa del fascismo: Hannah Arendt, Primo Levi, el mencionado Césaire, y otros que eran siempre muy lúcidos sobre el hecho de que la potencialidad y la repetición del fascismo está siempre ahí sobre la mesa, pero que no iba a tomar las mismas formas. Marcuse, por ejemplo, dice que puede haber fascismo en Estados Unidos, pero que sus formas de apariencia, sus manifestaciones no van a ser reconocibles como tales. Eso quiere decir que también a nivel teórico conceptual estamos obligados a pensar qué quiere decir exactamente este proceso y potencialidad. Pero tampoco es tan misterioso si uno piensa que el fascismo mismo, que en la politología se vuelve algo muy sólido en su historia, no lo es para nada. Tiene momentos radicalmente diferentes.
Hay una proposición en el libro, una pequeña esperanza, que basas en que es necesario convertirse en lo que la extrema derecha cree que es hoy la izquierda: antiblanca, queer, mestiza.
Mi modesta proposición es la versión antifascista de la idea de Nietzche de devenir lo que eres. Ser lo que ellos piensan de ti. Realizar su enemigo imaginario.
Despertar de verdad, ser woke de manera consciente.
Pero claro, es un ideal regulativo bastante utópico. Creo que este es un momento extremo también a nivel simbólico. Es extremo a nivel material por los excesos de violencia militar, pero lo que encuentro políticamente significativo en Europa y América del Norte es el profundo vacío en el interior de las ideologías del extremo centro. Todo lo que se presenta como posibilidad de reproducir una normalidad occidental se vuelve como una caricatura hueca. Es bastante espeluznante el mantra, como de zombis poseídos, cuando defienden que Israel tiene el derecho de defenderse. No a nivel material, porque como dice Ilan Pappé sobre Israel, el sionismo está en su crisis terminal, pero esa crisis puede durar mucho tiempo y ser particularmente violenta en sus partes finales, pero creo que hay un colapso simbólico de este supremacismo occidental en su forma liberal y liberal progresista, que es muy acusado. En ese colapso, por ahora, los fascismos tienen su humus, su ambiente de crecimiento, pero no sé cuánto va a durar eso sin contrapesos o reacciones. Y eso se ve también a un nivel empírico de desafiliación masiva: vemos por ejemplo cómo los niveles de apoyo para la guerra en Irán o para lo que están haciendo en Gaza es mínimo a nivel social. Incluso en Alemania, donde es delirante el apoyo a Israel «right or wrong», a nivel de la población, las críticas no son muy diferentes de las que hay en España o Italia. Entonces no sé cuánto más tiempo esta fachada, este vacío político puede continuar de la misma manera.
¿El programa es provocar la destrucción del supremacismo occidental?
Sí, sería un buen programa. Como la eutanasia del rentismo, la eutanasia del supremacismo occidental.
Featured image: Alberto Toscano by Álvaro Minguito for El Salto.
7. Trump ataca a la Reserva Federal.
Un nuevo acontecimiento en la trifulca entre Trump y la Reserva Federal para que se pliegue a sus designios con el despido de su gobernadora, visto por Tooze.
https://adamtooze.substack.com/p/chartbook-406-trump-v-the-fed-or
Chartbook 406 Trump contra la Reserva Federal: o cómo la historia está forzando la cuestión de una política democrática de la banca central.
Adam Tooze
26 de agosto de 2025
La decisión de Donald Trump de despedir a la gobernadora de la Reserva Federal Lisa Cook «por causa justificada» intensifica su larga batalla con el banco central estadounidense.
La noticia ha desatado la indignación. En las páginas del FT, David Wessel, director del Centro Hutchins para la Política Fiscal y Monetaria de la Brookings Institution, advirtió: «El presidente Trump parece decidido a controlar la Reserva Federal y utilizará cualquier medio a su alcance para obtener la mayoría en la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal», afirmó. «Esta es una forma más en la que el presidente está socavando los cimientos de nuestra democracia».
Si la frase «nuestra democracia» de Wessel tuvo gran resonancia, Paul Krugman fue aún más lejos.
Y, como nunca se contiene, Krugman terminó su grito de guerra con un «¡Yo soy Espartaco!».
Ahora las medidas de Trump son fuera de lo común. Intensifican su larga disputa no solo con la Reserva Federal, sino con el Estado administrativo en general.
En mayo, al pronunciarse sobre el despido por parte de Trump de funcionarios de la Junta Nacional de Relaciones Laborales, el Tribunal Supremo se esforzó por insistir en que «la Reserva Federal es una entidad de estructura única, cuasi privada, que sigue la tradición histórica distintiva del Primer y Segundo Banco de los Estados Unidos». Por lo tanto, el presidente no puede despedir sin más al presidente o a los gobernadores sin causa justificada. Sin embargo, existe una cláusula no probada en la Ley de la Reserva Federal de 1913 que permite despedir al presidente o a los gobernadores por «causa justificada». Y desde mayo, el bando de Trump parece haber estado buscando «causas justificadas». Primero fueron los costes de construcción de la renovación de la Fed. Ahora es la solicitud de hipoteca de Cook.
Una línea interesante es preguntarse por qué el bando de Trump está escalando tan dura y rápidamente. Al fin y al cabo, la Fed se está decantando por bajar los tipos de interés. Van a conseguir lo que quieren. ¿Por qué están forzando el ritmo?
¿Es oportunismo? Han encontrado algo sucio y van a utilizarlo. ¿Es una cuestión de arrogancia y control por parte de MAGA? Están decididos a acabar con la Fed como institución independiente. ¿Se trata de una estrategia a largo plazo sobre la regulación bancaria? ¿O están realmente preocupados por el estado de la economía estadounidense y, por lo tanto, decididos a controlar la política de la Reserva Federal para poder lanzar un importante estímulo en 2026, antes de las elecciones de mitad de mandato?
Pero deténgase un segundo a considerar la reacción liberal. También es reveladora. Considere la identificación personal que se invoca aquí. «NUESTRA democracia». «¡Yo soy Espartaco!».
En cierto modo, es una tontería. En otro, es dolorosamente cierto.
Es una tontería porque la Fed es una institución muy poco democrática. Una de las razones por las que el equilibrio en la junta de la Fed es tan importante es que el año que viene se nombrarán los presidentes regionales de la Fed. Al elegir a los presidentes regionales, la Fed en Washington supervisa lo que, de otro modo, serían asuntos opacos e inexplicables dominados por comités locales de intereses empresariales. La Fed es una rama del Gobierno de los Estados Unidos en la que las empresas están directamente representadas en el poder. Piénselo por un momento: «¡Yo soy Espartaco!».
Las personas que forman parte de ese sistema tienen poder. Lisa Cook no es solo una persona como usted y como yo, con opiniones que difieren de las de Trump. Es gobernadora de la Reserva Federal. Tiene voto en uno de los comités de toma de decisiones más importantes del mundo. Krugman no. Yo no. Nosotros no. No todos somos Lisa Cook.
Pero si se elimina la indignación y la generalidad escandalosa de las afirmaciones, de repente se ve algo dolorosamente cierto.
Lisa Cook es un ejemplo clásico de una gestora profesional competente y exitosa, al menos así es como me pareció cuando tuve el privilegio de formar parte de un comité con ella. Ella es «una de los nuestros». En ese sentido restringido, Krugman no se equivoca. Cualquiera que ejerza cierto grado de autoridad y control al estilo PMC —y eso probablemente incluye a una buena parte de las personas que leen este boletín o el de Krugman— es, al menos en cierta medida, vulnerable al tipo de acoso que ella está sufriendo. Y nosotros lo sabemos bien. Al fin y al cabo, la ética, la información y la divulgación son nuestro pan de cada día.
En lo que respecta a este «nosotros» más restrictivo, Wessel tampoco se equivoca. Si por «nuestra democracia» nos referimos al tipo de democracia de la Brookings Institution, entonces sí: los pilares de «nuestra democracia» en ese sentido están muy amenazados.
MAGA 2.0 claramente quiere desafiar «nuestra» autoridad y redefinir cómo funciona «nuestra» democracia estadounidense.
También quieren hacer un montón de cosas mucho más descaradas sobre la redistribución de distritos, la manipulación de votos, etc., pero eso es otra historia.
Pero en lugar de limitarnos a reaccionar con horror, esto debería hacernos reflexionar. Este es otro momento que nos recuerda a Barack Obama, indignado pero muy revelador: «Imaginen si yo hubiera hecho *ALGO* de esto». ¡Pues sí! Imaginen…
https://youtu.be/xvriwMCa7rE
¿Por qué los gobiernos demócratas no fueron tan ambiciosos, decididos, despiadados, agresivos, arriesgados, por no decir valientes, en la consecución de nuestro programa como lo son los de MAGA en la consecución del suyo? Puede que MAGA sea una locura y una temeridad. Pero están dispuestos a asumir riesgos de una manera que «nosotros» no lo estábamos. «Nuestra democracia» puede haber sido competente, pero también fue conformista.
El comité en el que yo estaba con Lisa Cook se ocupaba de la transición energética verde y las finanzas. También incluía a la exmiembro de la Junta de la Reserva Federal Sarah Bloom Raskin. En 2022 fue nominada para un alto cargo regulador en la Reserva Federal. Se retiró tras el escándalo provocado por los republicanos y la oposición a su postura sobre la política climática por parte del senador Manchin de Virginia Occidental. Fue un incidente muy revelador de la forma en que las restricciones funcionan de manera asimétrica en la democracia estadounidense. Los republicanos fueron totalmente despiadados y Manchin, que era prácticamente republicano, llevó la batuta. Por supuesto, los demócratas no son inocentes. Se dedican a la guerra jurídica en otros frentes, pero no en lo que respecta a las finanzas. Eso es algo serio. Hubo que elaborar justificaciones muy elaboradas para argumentar que era apropiado que los bancos centrales se comprometieran con la transición hacia la energía verde. En Estados Unidos siempre estuvo claro que ninguno de ellos tenía muchas posibilidades de éxito. Manchin puso el último clavo en el ataúd. ¿Y no había nada comprometedor sobre Manchin? ¿De verdad, nada en absoluto? ¿Nada que pudiera mover el obstáculo que él presentó en un momento crítico?
Y luego estaban los argumentos económicos. En lo que respecta a la Reserva Federal, la MMT era anatema y la politización directa era errónea porque «la economía nos ha demostrado que los bancos centrales independientes son mejores». Y esos argumentos se están movilizando de nuevo hoy en día. Bloomberg, de manera reveladora, citó un manual del Consejo de Asesores Económicos de Biden publicado en mayo de 2024 sobre la importancia de una Reserva Federal independiente.
He aquí un extracto:
La administración Biden-Harris ha elevado constantemente la importancia de un banco central independiente. Dado que esta cuestión ha surgido en diversos contextos, el CEA consideró que era un buen momento para explicar qué es la independencia del banco central (CBI) y por qué es tan importante. Un banco central independiente es aquel que puede llevar a cabo la política monetaria sin interferencias políticas. … La figura 2 muestra que la CBI se ha vuelto mucho más frecuente entre las economías avanzadas.
Las pruebas empíricas muestran que la evolución hacia la independencia del banco central ha coincidido con un descenso a largo plazo de la inflación en las economías avanzadas y se corresponde con unas expectativas a largo plazo bien ancladas.[4] Debido a estos beneficios macroeconómicos, los gobiernos de todo el mundo siguen aumentando la independencia de los bancos centrales: un estudio de 370 reformas de bancos centrales entre 1923 y 2023 revela un renovado compromiso mundial con la independencia de los bancos centrales desde 2016. En la administración Biden estamos muy motivados por esta historia y continuaremos con nuestro apoyo inquebrantable a la independencia de los bancos centrales. La historia no podría ser más clara en cuanto a las consecuencias inflacionistas duraderas y perjudiciales de ignorar esta lección o revertir los avances logrados con tanto esfuerzo durante el último medio siglo.
No espere que esos argumentos tengan mucho peso entre los seguidores de MAGA.
Una vez más, se podría decir que los seguidores de MAGA están locos y son temerarios. Pero también se podría argumentar que tienen un punto de vista que vale la pena examinar. Las conclusiones sobre las ventajas generales de los bancos centrales independientes se derivan de grupos de países que son mucho menos importantes para la economía mundial y tienen menos capacidad para establecer las condiciones. Estados Unidos es la ballena en la bañera. Establece las condiciones para todos los demás, y en ningún ámbito más que en el financiero. Disfruta de «privilegios exorbitantes».
Se puede decir que socavar la independencia de la Reserva Federal pone en peligro la posición de Estados Unidos en el centro del sistema monetario mundial. Puede que sea cierto. Pero, ¿a dónde pueden ir exactamente los grandes inversores? Este es el universo de la deuda pública disponible para la inversión en todo el mundo.
Fuente: UNCTAD World of Debt 2025
Si quieren invertir billones, sus opciones, aparte de Estados Unidos, son China o Japón, o un puñado de prestatarios europeos más pequeños. No es casualidad que el euro esté en alza en este momento. Pero el euro está lejos de estar en condiciones de sustituir al poderoso mercado del Tesoro estadounidense.
Hasta ahora, los mercados han reaccionado con calma. En el momento de escribir este artículo, el martes por la mañana, hora europea: «El rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años —donde probablemente recaería la mayor parte del impacto si Trump lograra hacerse con el control de la Reserva Federal— ha subido hasta el 4,94 % esta mañana. Eso supone un aumento con respecto al 4,75 % de principios de mes, pero sigue estando por debajo de la marca del 5 % que superamos por última vez en mayo y octubre de 2023».
¿Podrá durar?
El brillante Robin Wigglesworth, de FT Alphaville, comienza su artículo de esta mañana con las siguientes palabras: «Partiendo de la hipótesis de que una guerra comercial caótica e incoherente era inevitable, la principal apuesta de FT Alphaville para una catástrofe financiero-económica bajo el mandato de Trump 2.0 ha sido durante mucho tiempo que lanzara un ataque frontal contra la Reserva Federal. Pues bien, ya está aquí».
El artículo se titula «Recen por el mercado del Tesoro de EE. UU.». Pero, ¿por qué exactamente nos pide Wigglesworth que recemos?
¿Estamos rezando para que el mercado del Tesoro de EE. UU. supere este episodio sin colapsar? ¿O estamos rezando para que los vigilantes de los bonos vengan a castigar a Trump? En ese caso, estamos rezando por una crisis. ¿O estamos rezando por el alma del propio mercado del Tesoro? ¿Estamos rezando para que no se haya pasado a la locura de MAGA? Hasta ahora, la preocupación parece ser que los mercados apenas han respondido.
Como señala Wigglesworth:
… la reacción inicial del mercado parece absurdamente optimista, dado que esta medida no puede considerarse de forma aislada. Hace solo unas semanas, el presidente Trump destituyó al director de la Oficina de Estadísticas Laborales tras un informe de empleo poco halagüeño. Las expectativas arraigadas de normas e integridad institucional ahora están destrozadas. Muchos inversores se han consolado con el argumento de que cualquier intento enérgico de tomar el control y remodelar la Reserva Federal desencadenaría una crisis en el mercado de bonos que incluso la administración Trump ha mostrado temer. Sin embargo, la medida abiertamente política contra Cook demuestra que no está tan preocupada por las consecuencias en el mercado como los inversores han supuesto. Incluso si Cook acabara ganando en los tribunales, su acoso demuestra a todos los demás miembros de la junta de la Fed que la administración Trump está dispuesta a desatar con alegría todo su circo contra cualquiera que les desagrade. Eso podría tener fácilmente un impacto pernicioso en los responsables políticos del banco central. No serían humanos si no les preocupara que un Gobierno estadounidense armado utilizara todas las herramientas a su alcance para acosarlos.
Desde hace tiempo opino que una política más democrática en materia de banca central y deuda pública es la mejor alternativa.
A la luz de la toxicidad de la política estadounidense en general, esa siempre ha sido una posición arriesgada. La otra parte es peligrosa. Si se abre el juego político, más vale estar seguro de poder ganarlo. El cierre de la candidatura de alguien como Sarah Bloom Raskin es indicativo de lo limitado que es el margen de maniobra.
En la situación actual, la agresividad del bando MAGA no nos deja otra opción. La historia nos obliga a actuar.
Wigglesworth concluye su informe con una gran cita de Rabobank.
Como dijo Rabobank: La descarada politización del proceso supuestamente independiente y tecnocrático de fijar el precio del dinero confirma una vez más que ya no estamos en la década de 1990 y que las viejas ideas sobre la transmisión óptima de las políticas, la credibilidad de los bancos centrales y la necesidad de aislar las decisiones importantes de la influencia de la voluntad popular ofrecen poca protección frente al nuevo paradigma de la política del poder puro y duro. Al igual que la interpretación de la ley es intrínsecamente política, el precio del dinero es intrínsecamente político, y todos los aspectos de la política nacional están siendo cooptados para apoyar la visión MAGA de Estados Unidos y su lugar en el mundo.
Si la democracia de Brookings pertenece al pasado. Si el ataque continuo contra «nosotros», el PMC, ya no puede ser una sorpresa, sino que debe darse por sentado, entonces la pregunta es: ¿su reacción va a ser defensiva? ¿Lo mejor que pueden esperar es alguna intervención del Tribunal Supremo o el pánico en el mercado de bonos? ¿Van a retirarse, en nombre de Espartaco, a defender la independencia del banco central?
¿No es hora de definir realmente cuál es el atractivo de «su democracia»? ¿No es hora de definir cómo sería una política democrática de la banca central?
8. El fracaso de las administraciones.
Una reflexión interesante de Emmanuel Rodríguez sobre la curiosa inversión por la que supuestamente la extrema derecha apoya la auto-organización y la izquierda el despotismo ilustrado.
Solo el pueblo salva al pueblo
El eslogan es la constatación de un fracaso por parte de todas las administraciones para gestionar la catástrofe climática. La solución ante los incendios de sexta generación vendrá a través de la repoblación
Emmanuel Rodríguez 26/08/2025
El lema “solo el pueblo salva al pueblo”, que ahora esgrime la extrema derecha, se ha convertido en la marca de una disputa sobre el valor de política representada, esto es, de las benevolencia de las oligarquías que elegimos cada cierto número de años para que resuelvan lo que en principio debería ser nuestro.
El populista de derechas, que hoy juega a antisistema y mañana a la dictadura, defiende la bandera del fracaso de los políticos y elogia al pueblo por su disposición a hacer las cosas por sí mismo. Frente a este, el progresista bien intencionado ante la catástrofe (incendios, inundaciones y lo que está por venir), solo sabe oponer las virtudes protectoras y benévolas del Estado previsor y de inspiración socialdemócrata. Realmente estamos en el mundo al revés: los defensores del populismo autoritario reivindican las virtudes de la autoorganización; la izquierda (al menos su parte más visible) parece incapaz de superar la idea del despotismo ilustrado.
Consideremos la reciente ola de incendios. No hace falta ser un experto para reconocer las causas. La primera es extremadamente obvia, por mucho que escueza a los negacionistas y a todos aquellos que defienden que nada especialmente relevante está sucediendo con el clima a nivel planetario y también regional. Casi toda la superficie quemada este año en la península (conviene incluir siempre a Portugal) corresponde al interior de su cuadrante noroeste: Zamora, Ourense, Cáceres, Salamanca, pero también Bragança, Castelo Branco, Guarda y Coimbra. En total son más de medio millón de hectáreas quemadas, más de 5.000 km cuadrados, el tamaño de una provincia pequeña, y el 1 % de la superficie peninsular.
Lo quemado coincide también con una clasificación climática particular, que corresponde a zonas de transición entre el clima mediterráneo y el clima océanico. Según la clasificación de Köppen, estas comarcas se encuentran entre los climas océanico mediterraneizado (Csb), el mediterráneo subhúmedo (Csb) y el mediterráneo continentalizado (BSks), con fuertes variaciones comarcales debido a los distintos pisos climáticos de una región básicamente montañosa. Este clima viene caracterizado por inviernos templados y relativamente húmedos, y veranos secos, pero cada vez más cálidos y prolongados. En definitiva son zonas climáticamente liminales y en transición rápida a otro régimen climático: inviernos más suaves, lluvias más concentradas, veranos más cálidos.
Las formaciones vegetales típicas de estos climas son robledales melojos especialmente en las montañas, con presencia de otras frondosas (alisos, fresnos, abedules, carballos en las zonas más húmedas, y encinas y alcornoques en las más soleadas), y con distintas transiciones de degradación del bosque y de abandono de pastos y cultivos como brezales, enebros, retamas y tojos. También hay abundantes pinares, más inflamables que el bosque de frondosas, por lo general producto de repoblaciones históricas en estas zonas. En conjunto todo ello crece en terrenos graníticos, pizarrosos y calcíticos, con enormes pendientes y poco propicios para una agricultura comercial.
El actual año climático se ha caracterizado además por presentar una de las primaveras más lluviosas desde que hay registros y uno de los veranos más cálidos y prolongados. Junio ha sido, a nivel peninsular, el mes más cálido del registro histórico, con una desviación de 3,5ºC respecto de la media de 1990-2020. En un cierto sentido, hemos asistido a un año que puede ser característico de lo que está por venir: lluvias fuertes y a veces torrenciales, que permiten crecer la vegetación en las estaciones templadas, y un verano tórrido y prolongado que ofrece todas las condiciones propicias para que la vegetación arda.
La segunda es la despoblación. Y esta es pavorosa en lo que comúnmente se conoce como la Raya (la frontera entre España y Portugal). Entre las ocho provincias antes mencionadas viven poco más de un millón y medio de personas, menos por tanto que las que viven en el área metropolitana de Lisboa, de Oporto o en los municipios del cinturón sur de Madrid, para una extensión total de unos 100.000 km cuadrados, casi el tamaño de un país pequeño como Bangladesh en el que viven 175 millones de personas. Al considerar que la Raya es el epicentro (junto con la Celtiberia) de la España vacía o vaciada se abre un debate en cierto modo estéril y viciado por la atribución de culpas no siempre bien calibradas. La vida en esas comarcas ha sido históricamente dura por la pobreza del terreno y la vocación ganadera y forestal de la región. Durante las décadas de industrialización y de caída de la rentas agrarias, estas regiones se despoblaron en una secuencia histórica que había comenzado en realidad mucho antes.
En cualquier caso, si en la primera quincena de agosto hemos asistido entre España y Portugal a una docena de incendios de los llamados de sexta generación, capaces de producir modificaciones atmosféricas con pirocúmulos de varios kilómetros de altura, ha sido básicamente por la situación de tener un monte abandonado y encontrarnos en transición hacia un régimen climático distinto. Conviene notar que estos incendios, una vez prendido y ganada cierta extensión, son inextinguibles siempre que el combustible vegetal sea suficiente para su reproducción. Estos incendios son capaces de cambiar de dirección con independencia de la componente del viento dominante, gracias a su propia capacidad para generar flujos convectivos y tormentas internas. Ante estos monstruos devoradores, los medios aéreos y los cortafuegos convencionales valen realmente de poco. Envían pavesas a kilómetros de distancia, y solo si entran en zonas de escasa vegetación o cambian las condiciones climáticas se logran extinguir por la vía convencional (brigadas, contrafuegos, medios aéreos, etc.).
Ante una explosión de incendios de este tipo, que tiene lugar de manera simultánea en apenas tres o cuatro días, no hay (y no va a haber) por tanto medios de extinción disponibles con capacidad de detener el fuego. Como ocurre en los bosques boreales de Canadá y Rusia o en los bosques de transición mediterránea-oceánico o mediterráneo-montano de Estados Unidos, la única posibilidad es dejar que se extingan solos, protegiendo lo que se pueda de pueblos y casas. Por eso el monte se va a seguir quemando de forma recurrente cuando se acumule suficiente combustible vegetal y el tiempo sea el peor posible. En este sentido, las acusaciones de responsabilidades políticas deben considerar, sobre todo, lo que se ha hecho antes del fuego, antes que lo se hace durante el fuego. El espectáculo de la política “representada” con acusaciones cruzadas, imágenes de pueblos quemados, gente desolada y expresando su sentimiento de abandono, no debería hacernos olvidar que esta es la realidad a la que nos enfrentamos.
Hay, no obstante, un dato que merece la pena considerar. En el caso español, y especialmente de las provincias de León y Zamora, la parte mayor de lo quemado son montes comunales. Es decir, se trata de montes de los vecinos, no del Estado o de los ayuntamientos: las juntas vecinales administran una propiedad que es del común de los residentes. Si durante siglos está tierra ha sido aprovechada de este modo es porque sus vecinos sabían explotar estos recursos en común, repartido a “suertes”, de donde extraían leña, pastos y otros productos forestales. Esta ha sido secularmente la mayor barrera contra el fuego. Y también la mejor expresión de que “solo el pueblo salva al pueblo” gestionando y explotando precisamente los montes del pueblo. La memoria de esta gestión comunal es lo que ha permitido a muchos organizarse y acometer las tareas para defender casas y terrenos del fuego. Una capacidad que no se debería delegar en ninguna administración y que parece haber sido exitosa en la insumisión al mandato de desalojo. De hecho, si la población quiere mantener sus casas y sus montes tiene que tener la capacidad para limpiar y explotar por sí misma el monte. Esto tiene mucho menos que ver con las trabas burocráticas (que las hay, y algunas veces son pertinentes y otras no) para explotar los montes, como con el hecho de que haya población que haga uso de los mismos. La falta de población es, en definitiva, el problema.
Ahora bien, pensar que estas comarcas, con sus vecinos envejecidos y con buena parte de sus jóvenes transitando a las economías urbanas, van a ser capaces de hacer lo que hacían sus bisabuelos es una quimera. Igualmente confiar en que las administraciones autonómicas y estatales van a hacer algo más que intervenciones quirúrgicas frente a un problema de transición climática de magnitud gigantesca, enterrando millones de euros en limpieza de unos montes con rendimientos marginales (al menos para las empresas y los intereses que en realidad cuentan), es realmente confiar mucho en nuestra clase política, incluida obviamente a los populistas agraristas de Vox, que conocen ese territorio despoblado (como todos sus compañeros de poltrona) desde su chalet suburbano.
La solución solo puede venir en realidad de la repoblación. Pero la oportunidad de repoblación de estas zonas curiosamente estaría en un política inteligente que combinase retorno al medio rural, con uso de todos los aprovechamientos posibles (turismo, ganadería, leña, etc.) con nuevas migraciones de población (jódanse todos los racistas: necesariamente magrebí y subsahariana), que tenga los hábitos y las competencias para el pastoreo en extensivo en zonas montañosas y semiáridas.
En cualquier caso, “solo el pueblo salva al pueblo” no debería ser considerado como el eslogan de la nueva antipolítica de la derecha. Es más bien la constatación de un fracaso (que va a ser creciente) por parte de todas las administraciones, del color que sean, para gestionar la catástrofe climática y la necesidad obvia de que todas las poblaciones se impliquen y trabajen para garantizar su futuro, sin esperar a que ningún salvador de la industria de la representación, ya sea de izquierdas o de derechas, venga a solventar ninguna papeleta.
“Solo el pueblo salva al pueblo” quiere decir sencillamente que tenemos que trabajar sin delegar en un Estado protector. A este habrá que exigirle recursos y servicios, pero siempre asumiendo la responsabilidad de lo que es nuestro. Donde el monte es comunal y no privado esta posibilidad es inmediata.
Emmanuel Rodríguez es historiador, sociólogo y ensayista. Es editor de Traficantes de Sueños y miembro de la Fundación de los Comunes. Su último libro es ‘¿Por qué fracasó la democracia en España? La Transición y el régimen de 1978’. Es firmante del primer manifiesto de La Bancada.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 26 de agosto de 2025.
Seguimiento en directo de Middle East Eye.
https://www.middleeasteye.net/live/live-54-palestinians-killed-831-wounded-24-hours
En directo: Crece la condena tras la muerte de periodistas en un hospital de Gaza a manos de Israel
Dos periodistas de Middle East Eye, Mohamed Salama y Ahmed Abu Aziz, se encontraban entre los 20 palestinos muertos por un ataque israelí de «doble golpe».
Puntos clave
La ONU afirma que las investigaciones israelíes sobre las muertes en Gaza deben «dar resultados».
Un niño palestino entre los 18 heridos por disparos israelíes en Ramala, según un informe.
Manifestantes israelíes piden un alto el fuego y un acuerdo sobre los cautivos antes de la reunión del gabinete.
Actualizaciones en directo
Nuestro blog en directo permanecerá cerrado hasta mañana por la mañana.
Estos son los acontecimientos más destacados del día:
– El enviado estadounidense Steve Witkoff ha declarado a Fox News que el presidente Donald Trump presidirá una reunión en la Casa Blanca sobre Gaza el miércoles. Esto coincide con la visita del ministro de Asuntos Exteriores israelí a Washington ese mismo día.
– Israel «no está dispuesto a llegar a un acuerdo», ya que aún no ha respondido a la propuesta de alto el fuego aceptada por Hamás a principios de este mes, según declaró el martes el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Catar.
– La Oficina de Medios de Comunicación de Gaza, que actúa como ministerio de Información del enclave, afirmó que la afirmación del ejército israelí de que «los objetivos de Hamás» se escondían en el hospital Nasser y que era necesario bombardearlo es «un patético intento de engaño».
– El ejército israelí permanecerá en territorio sirio cerca del monte Hermón, según anunció el ministro de Defensa, Israel Katz, lo que provocó una ola de condenas por parte de los Estados árabes. Israel también mató a seis soldados sirios en ataques con drones cerca de Damasco el martes.
– El Líbano presentará el domingo su plan para persuadir a Hezbolá de que deponga las armas, según anunció el enviado estadounidense Thomas Barrack.
– El exembajador estadounidense en Israel Jacob Lew declaró a The New Yorker en una impactante entrevista que los hijos de los miembros de Hamás en Gaza son objetivos legítimos para Israel.
Trump presidirá una reunión sobre Gaza el miércoles
El enviado estadounidense Steve Witkoff dijo el martes que el presidente Donald Trump presidirá «una gran reunión» sobre Gaza en la Casa Blanca el miércoles.
Cuando se le preguntó si hay un plan para el día después en Gaza, Witkoff respondió a Bret Baier, de Fox News: «Sí, mañana tenemos una gran reunión en la Casa Blanca, presidida por el presidente, y es un plan muy completo el que estamos preparando para el día siguiente».
Esto se produce cuando el secretario de Estado Marco Rubio también se dispone a recibir a su homólogo israelí en Washington el miércoles.
– con información de Reuters
El exembajador de Estados Unidos en Israel defiende los ataques israelíes contra niños en Gaza
El exembajador de Estados Unidos en Israel Jacob Lew, que asumió el cargo durante la segunda mitad de la administración Biden, declaró a The New Yorker en una entrevista que los hijos de los miembros de Hamás en Gaza son objetivos legítimos para Israel.
«La pauta general era que las noticias del momento eran inexactas y que el ejército y el Gobierno israelíes aún no estaban en condiciones de explicar completamente» lo que sucedió después de cualquier ataque importante en Gaza, dijo Lew.
«Casi nunca podíamos obtener respuestas que explicaran lo que había sucedido antes de que la noticia se difundiera por completo en los medios de comunicación internacionales y, cuando se conocieron todos los hechos, resultó que el número de víctimas era mucho menor, el número de civiles era mucho menor y, en muchos casos, los niños eran hijos de combatientes de Hamás, no niños que se habían refugiado en esos lugares», añadió.
«Perdón, ¿qué acaba de decir?», preguntó el entrevistador.
«A menudo eran hijos de los propios combatientes», respondió Lew.
«¿Y qué se deduce de eso?», preguntó el entrevistador.
«Lo que se deduce es que el hecho de que se trate o no de un objetivo militar legítimo depende de la población que se encuentra allí… Si usted es el comandante de una unidad de Hamás y lleva a su familia a un emplazamiento militar, eso es diferente», insistió Lew.
El Comité Nacional Demócrata se divide sobre el embargo de armas a Israel
El Partido Demócrata de EE. UU. está dividido entre progresistas y moderados sobre si pedir un embargo de armas y la suspensión de la ayuda militar a Israel por Gaza.
El Comité Nacional Demócrata aprobó dos resoluciones durante su reunión de verano el martes en Aurora, Illinois, que establecerían cómo responde el partido a la guerra de Israel contra Gaza, que ha sido considerada un genocidio por grupos de derechos humanos internacionales y académicos de todo el mundo.
La resolución que pedía un embargo de armas y el fin de la ayuda militar estadounidense a Israel fue presentada por Allison Minnerly, miembro del DNC de 26 años de Florida, lo que refleja la ira de los jóvenes demócratas hacia Israel.
La resolución de Minnerly fue rechazada en una votación que se llevó a cabo sin protestas. Otra resolución presentada por el presidente del DNC, Ken Martin, fue aprobada inicialmente por el comité, pero él la retiró, diciendo que quería encontrar una forma de mantener «unificado» al Partido Demócrata.
Los Emiratos Árabes Unidos condenan la «escalada» israelí en Siria
Los Emiratos Árabes Unidos condenaron el martes por la noche en un comunicado los ataques del ejército israelí contra Siria, expresando su «total rechazo» a lo que calificaron de violación de la soberanía.
Esto se produce después de que los medios de comunicación sirios informaran de que seis soldados sirios murieron el martes en ataques aéreos israelíes.
«Las continuas incursiones israelíes en territorio sirio constituyen una violación flagrante del derecho internacional y del Acuerdo de Desenganche de 1974 entre Siria e Israel, que Israel debe respetar», afirmó el Ministerio de Asuntos Exteriores emiratí.
Instó a la comunidad internacional a «actuar de inmediato para detener los repetidos ataques contra el territorio sirio, poner fin a la escalada y a todo lo que pueda aumentar la tensión en la región».
Según la declaración, los EAU mantienen «una posición firme en apoyo de la estabilidad y la soberanía de Siria sobre todo su territorio, al lado del hermano pueblo sirio, y respaldan todos los esfuerzos destinados a alcanzar sus aspiraciones de seguridad, paz, una vida digna, coexistencia pacífica y desarrollo».
El Ministerio de Asuntos Exteriores pidió a la comunidad internacional que actuara de inmediato para detener los repetidos ataques contra el territorio sirio, frenar la escalada y todo lo que pudiera aumentar la tensión en la región y amenazar la seguridad y la paz regionales e internacionales.
Berkeley y la Universidad Estatal de Wayne calificadas de «hostiles» al activismo pro palestino
La Universidad de California, Berkeley (UC-Berkeley) y la Universidad Estatal de Wayne (WSU) se encontraron el lunes incluidas en la lista del Consejo de Relaciones Americano-Islámicas (Cair) de campus designados como hostiles al discurso pro palestino.
La lista de «campus hostiles» del Cair pretende servir de «recurso completo» para orientar a las personas interesadas en promover «entornos de aprendizaje favorables» y recoge los nombres de instituciones «que suscitan especial preocupación debido a los incidentes, políticas y prácticas discriminatorias denunciados contra palestinos, musulmanes, árabes, judíos y otras personas que se oponen a la ocupación, el apartheid y el genocidio», según el sitio web del Cair.
La Oficina de Medios de Comunicación de Gaza, que actúa como ministerio de información del enclave, afirmó el martes que la afirmación del ejército israelí de que «objetivos de Hamás» se escondían en el hospital Nasser y que era necesario bombardearlo es «un patético intento de engaño».
«La narrativa de la ocupación sobre la masacre del hospital Nasser no es más que una prolongación del viejo enfoque que la ocupación sigue en todos sus crímenes: fabricar pretextos e inventar pruebas para evitar el enjuiciamiento internacional», afirmó la oficina de prensa en un comunicado.
«Sus repetidas acusaciones de actividades militares contra hospitales e infraestructuras civiles tienen por objeto legitimar sus bombardeos, lo que constituye una violación flagrante de todas las leyes internacionales», se afirma en el comunicado. «A lo largo de su guerra genocida, la ocupación no ha logrado demostrar sus afirmaciones y mentiras de que los hospitales o las infraestructuras civiles participan en actividades militares».
La oficina de prensa afirmó que cualquier «ataque deliberado» contra hospitales, personal médico, equipos de rescate y defensa civil, periodistas y proveedores de ayuda constituye una «violación flagrante» de los artículos 18 y 19 del Cuarto Convenio de Ginebra, así como una infracción del artículo 79 del Protocolo Adicional I. También constituye un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
«La narrativa de la ocupación es un patético intento de engaño», afirma el comunicado.
«Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional, a las Naciones Unidas, a la Comisión Internacional de Investigación y a la Corte Penal Internacional para que adopten medidas inmediatas, serias y eficaces para documentar este crimen, junto con otros miles de crímenes, para que los responsables rindan cuentas y para que rechacen cualquier narrativa que pretenda justificar el asesinato de civiles».
Israel entrega notificaciones de demolición a los habitantes de una aldea palestina cerca de Belén
Las fuerzas israelíes entregaron el martes notificaciones de demolición a los habitantes de la aldea palestina de Husan, al oeste de Belén, en la Cisjordania ocupada, según informó la agencia de noticias Wafa.
Ramzi Hamamra, presidente del Consejo de la Aldea de Husan, declaró a Wafa que todas las propiedades comerciales pertenecen a residentes palestinos.
Las demoliciones han sido durante mucho tiempo una forma de frenar el desarrollo palestino en la Cisjordania ocupada, según Wafa.
El portavoz del ejército israelí afirmó el martes que ninguno de los cinco periodistas muertos por Israel en un doble bombardeo del hospital Nasser, en el sur de Gaza, era «objetivo».
Sin embargo, había seis objetivos de Hamás en las inmediaciones, dijo el portavoz, sugiriendo que eso justificaría el ataque.
El ejército israelí permanecerá en territorio sirio
El ejército israelí permanecerá en territorio sirio cerca del monte Hermón, anunció el martes el ministro de Defensa, Israel Katz.
Siria afirmó que Israel desplegó el lunes a 60 soldados para tomar una colina estratégica con vistas a Beit Jinn, calificando la invasión de violación de su soberanía y amenaza para la seguridad regional.
Los residentes dijeron que las fuerzas israelíes también detuvieron a seis sirios durante la operación.
En una publicación en las redes sociales, Katz defendió la invasión como «necesaria para proteger a las comunidades del Golán y Galilea de las amenazas», citando el 7 de octubre de 2023 como la razón principal de la medida de Israel.
Israel «no está dispuesto» a alcanzar un acuerdo de alto el fuego, dice Qatar
Israel «no está dispuesto a llegar a un acuerdo», ya que aún no ha respondido a la propuesta de alto el fuego aceptada por Hamás a principios de este mes, afirmó el martes el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar.
«Estamos en contacto con todas las partes para alcanzar un acuerdo de alto el fuego, pero no hay una respuesta oficial por parte de Israel, ni de aceptación, ni de rechazo, ni de presentación de una propuesta alternativa», afirmó el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Majed al-Ansari.
«No nos tomamos en serio las declaraciones de los medios de comunicación israelíes y estamos esperando una respuesta oficial a la propuesta», añadió.
Estas declaraciones se producen después de que Hamás informara a Egipto y Qatar el 18 de agosto de que había aceptado la propuesta y estaba dispuesto a reanudar las negociaciones para un alto el fuego en Gaza.
Más de 200 exdiplomáticos de la UE piden que se tomen medidas sobre Gaza
Más de 200 exembajadores de la Unión Europea, altos funcionarios diplomáticos y embajadores de los Estados miembros de la UE firmaron una carta pública publicada el martes en la que pedían una acción colectiva ante la guerra de Israel en Gaza y la ocupación de Cisjordania.
La carta instaba a la UE a suspender las exportaciones de armas, detener los proyectos conjuntos, cortar los lazos académicos y económicos con las instituciones israelíes, imponer sanciones y restringir el comercio con los asentamientos.
Otras medidas incluyen la prohibición de las escalas de buques militares israelíes, el enjuiciamiento de los criminales de guerra acusados que entren en su territorio y el bloqueo del procesamiento en Europa de datos relacionados con el Gobierno israelí.
«El derecho internacional debe dar ejemplo con acciones, no solo con palabras», se lee en la carta.
El Líbano presentará el domingo un plan para desarmar a Hezbolá, según el enviado estadounidense
El Líbano presentará el domingo su plan para persuadir a Hezbolá de que se desarme, dijo el martes el enviado estadounidense Thomas Barrack.
Tras reunirse con el presidente Joseph Aoun en Beirut, añadió que se espera que Israel presente un marco correspondiente para su retirada militar.
Barrack subrayó que la propuesta libanesa no se basaría en la coacción militar, sino en medidas para animar a Hezbolá a entregar sus armas.
El enviado afirmó que Arabia Saudí y Qatar están dispuestos a invertir en una zona económica del sur del Líbano que crearía puestos de trabajo para los miembros y simpatizantes de Hezbolá que entreguen sus armas.
El lunes, Israel señaló que reduciría su presencia militar en el sur del Líbano si Beirut tomaba medidas para desarmar al grupo. Sin embargo, los ataques israelíes contra el Líbano han continuado en las semanas posteriores a la aprobación del plan por parte del gabinete.
Un ataque aéreo israelí mata a tres palestinos en la ciudad de Gaza
Tres palestinos murieron en un ataque aéreo israelí cerca de la mezquita de al-Istijaba, en el sur de la ciudad de Gaza, según informó la Agencia Palestina de Noticias e Información (Wafa).
La agencia que informó de las muertes dijo que el número de víctimas mortales del martes había aumentado a 51, incluyendo 20 en el norte de Gaza, 13 en las zonas centrales y 18 en el sur.
El mediador Qatar dice que «sigue esperando» la respuesta de Israel a la propuesta de tregua en Gaza
El mediador de Gaza, Qatar, dijo el martes que «sigue esperando» la respuesta de Israel a una propuesta de tregua y acuerdo de liberación de cautivos en el territorio palestino, después de que Hamás aceptara el marco hace más de una semana.
«Seguimos esperando una respuesta», dijo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Majed al-Ansari, en una rueda de prensa habitual, y añadió que «las declaraciones que estamos escuchando ahora mismo no nos inspiran confianza».
La ONU afirma que las investigaciones israelíes sobre los asesinatos en Gaza deben «dar resultados»
La ONU insistió el martes en que Israel no solo debe investigar el ataque al hospital que causó la muerte de 20 personas, entre ellas cinco periodistas, el día anterior, sino también garantizar que esas investigaciones den resultados.
«Es necesario que se haga justicia», declaró a los periodistas en Ginebra el portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Thameen Al-Kheetan, quien añadió que el gran número de trabajadores de los medios de comunicación muertos en la guerra de Gaza «plantea muchas, muchas preguntas sobre los ataques contra periodistas».
Sus comentarios se produjeron después de que un ataque israelí contra el hospital Nasser, en la ciudad de Khan Younis, al sur de Gaza, matara el lunes al menos a 20 personas, entre ellas cinco periodistas, lo que provocó una protesta internacional.
«Por supuesto, es responsabilidad de Israel, como potencia ocupante, investigar, pero estas investigaciones deben dar resultados», afirmó.
«Aún no hemos visto resultados ni medidas de rendición de cuentas. Aún estamos a la espera de los resultados de estas investigaciones, y exigimos rendición de cuentas y justicia».
Kheetan afirmó que al menos 247 periodistas palestinos han muerto en Gaza desde que comenzó la guerra de Israel contra Gaza hace casi 22 meses.
Los dolientes llevan el cuerpo de uno de los cinco periodistas muertos en un ataque israelí contra el hospital Nasser en Khan Younis, en el sur de la Franja de Gaza, durante su funeral el 25 de agosto de 2025. (AFP)
Un niño palestino entre los 18 heridos por disparos israelíes en Ramala, según un informe
Las fuerzas israelíes han herido al menos a 18 personas durante su incursión en Ramala, en la Cisjordania ocupada, según informó la agencia de noticias Wafa, citando a la Sociedad Palestina de la Media Luna Roja.
Entre los heridos se encuentra un niño de 12 años que recibió un disparo en la espalda con munición real cerca del mercado central de verduras, un hombre de 71 años alcanzado por balas recubiertas de goma y varias personas más heridas por balas reales, metralla o balas de goma, según el informe. Otras cinco personas, entre ellas dos mujeres embarazadas, sufrieron inhalación de gas lacrimógeno.
Las fuerzas israelíes también dispersaron una protesta en Al-Bireh que pedía la devolución de los cuerpos de los palestinos capturados por Israel y dañaron el vehículo de un periodista con balas de goma.
China «conmocionada» por el mortífero ataque israelí contra un hospital de Gaza
China dijo el martes que estaba «conmocionada» por el ataque israelí contra un hospital de Gaza en el que murieron al menos 20 personas, entre ellas cinco periodistas.
«Estamos conmocionados y condenamos el hecho de que, lamentablemente, el personal médico y los periodistas hayan vuelto a perder la vida en el conflicto», declaró el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, cuando se le preguntó por los ataques.
«Expresamos nuestras condolencias a las víctimas y nuestro pésame a sus familias», añadió Jiakun.
China está «muy preocupada» por la situación actual en la Franja de Gaza, afirmó Guo, y añadió que China condena «todas las acciones que perjudican a la población civil… incluidos los actos de violencia contra periodistas».
El Programa Mundial de Alimentos advirtió el martes que la ayuda que Israel permite entrar en Gaza sigue siendo «una gota en el océano», días después de que se declarara oficialmente la hambruna en el territorio palestino devastado por la guerra.
Las Naciones Unidas declararon el viernes pasado una hambruna en Gaza, culpando a la «obstrucción sistemática» de la ayuda por parte de Israel durante su guerra de casi dos años con el grupo militante palestino Hamás.
Carl Skau, director de operaciones del PMA, dijo que en las últimas dos semanas se ha producido un «ligero aumento» de la ayuda que entra, con una media de unos 100 camiones al día.
«Eso sigue siendo una gota en el océano cuando hablamos de ayudar a unos 2,1 millones de personas», declaró Skau a la AFP durante una visita a Nueva Delhi.
«Necesitamos un nivel de ayuda completamente diferente para poder revertir esta trayectoria de hambruna».
La Iniciativa de Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC), con sede en Roma, afirmó que la hambruna afectaba a 500 000 personas en Gaza.
Manifestantes que pedían el fin de la guerra en Gaza y el regreso de los cautivos salieron a las calles de Tel Aviv el martes por la mañana, antes de la reunión del gabinete de seguridad prevista para la noche.
Los medios de comunicación israelíes informaron de que otros se manifestaban cerca de una sucursal de la embajada de Estados Unidos en la ciudad, así como frente a las casas de varios ministros en todo el país.
Einav Zangauker, madre de un cautivo israelí, acusó al primer ministro Benjamin Netanyahu de no devolver a los cautivos por intereses personales.
«Podríamos haber puesto fin a la guerra hace un año y haber traído a todos los rehenes y soldados a casa. Podríamos haber salvado a los rehenes y a los soldados, pero el primer ministro ha optado una y otra vez por sacrificar a civiles por su gobierno», afirmó.
Manifestantes en Tel Aviv durante una protesta organizada por las familias de los cautivos israelíes para pedir que se tomen medidas para garantizar su liberación y un alto el fuego en la guerra de Israel contra Gaza, el 26 de agosto de 2025 (AFP).
Aumenta el número de muertos en Gaza
Las fuerzas israelíes han matado hoy al menos a 24 palestinos en Gaza, según Al Jazeera.
Dos palestinos, entre ellos un niño de dos años, han sido asesinados en las últimas horas, según informó la cadena.
Tres personas más mueren de hambre en Gaza
Tres personas más, todas ellas adultas, han muerto en Gaza en las últimas 24 horas «a causa del hambre y la desnutrición», según el Ministerio de Sanidad de la Franja.
El ministerio ha indicado que el número total de muertes relacionadas con el hambre en Gaza asciende ahora a 303, 117 de ellas de niños.
Palestinos se reúnen para recibir comida preparada en un centro de distribución de alimentos en el campo de refugiados de Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza, el 18 de agosto de 2025. (AFP)
El clero y las monjas de las iglesias greco-ortodoxa y católica de la ciudad de Gaza se niegan a evacuar para cuidar de aquellos que no pueden marcharse ante la ocupación prevista por el ejército israelí.
En una declaración conjunta, el Patriarcado Ortodoxo Griego y el Patriarcado Latino de Jerusalén afirmaron que el complejo ortodoxo griego de San Porfirio y el complejo de la Iglesia de la Sagrada Familia «han sido un refugio para cientos de civiles», entre ellos ancianos, mujeres, niños y personas discapacitadas, desde octubre de 2023.
«Entre las personas que han buscado refugio dentro de los muros de los recintos, muchas están debilitadas y desnutridas debido a las penurias de los últimos meses. Abandonar la ciudad de Gaza e intentar huir hacia el sur sería nada menos que una sentencia de muerte», afirma la declaración.
«Por esta razón, el clero y las monjas han decidido quedarse y seguir cuidando de todos aquellos que se encuentren en los recintos», afirmaron los patriarcados.
La ministra de Asuntos Exteriores australiana, Penny Wong, ha pedido al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que acepte un alto el fuego tras el «horrible» ataque de Israel al hospital Nasser el lunes, en el que murieron cinco periodistas y otras personas.
«Lo que hemos visto durante la noche con el ataque a un hospital es horrible, y lo que le diríamos al primer ministro Netanyahu es que debería escuchar el llamamiento del mundo y aceptar un alto el fuego», afirmó la ministra en un comunicado, según la ABC.
«Debería seguir el consejo de su propio ejército y aceptar un alto el fuego. Esta guerra debe terminar», añadió Wong.
Los ataques israelíes matan a 20 personas en Gaza
Los ataques israelíes mataron al menos a 20 personas en Gaza el martes, informó Al Jazeera, citando fuentes médicas.
Entre las últimas víctimas se encuentran siete personas asesinadas en una casa familiar en la ciudad de Gaza, así como otras seis, entre ellas niños, según el informe.
Los palestinos corren a refugiarse tras una explosión en el barrio de Saftawi, al oeste de Jabalia, en el norte de la Franja de Gaza, el 25 de agosto de 2025, en medio del genocidio de Israel en Gaza. (AFP)
El fondo soberano de Noruega excluye a Caterpillar y a cinco bancos israelíes
El fondo soberano de Noruega, el mayor del mundo con un valor de 2 billones de dólares, anunció el lunes que se ha desprendido de sus participaciones en el grupo estadounidense de maquinaria de construcción Caterpillar, así como en cinco grupos bancarios israelíes, por motivos éticos.
Los cinco bancos son Hapoalim, Bank Leumi, Mizrahi Tefahot Bank, First International Bank of Israel y FIBI Holdings, según informó el fondo en un comunicado.
Los seis grupos fueron excluidos «debido al riesgo inaceptable de que las empresas contribuyan a graves violaciones de los derechos de las personas en situaciones de guerra y conflicto», afirmó el fondo, gestionado por el banco central de Noruega.
El organismo de control ético del fondo, denominado Consejo de Ética, afirmó que «en la evaluación del consejo, no hay duda de que los productos de Caterpillar se están utilizando para cometer violaciones generalizadas y sistemáticas del derecho internacional humanitario».
Antes de su desinversión, el fondo tenía una participación del 1,17 % en Caterpillar, valorada en 2100 millones de dólares a 30 de junio, según sus registros.
Las participaciones en los cinco bancos israelíes tenían un valor conjunto de 661 millones de dólares, también a 30 de junio, según los datos del fondo.
Reuters y Associated Press han enviado una carta conjunta a las autoridades israelíes exigiendo una «explicación clara» por los ataques aéreos que mataron a cinco periodistas en un hospital de Gaza el lunes.
«Estamos indignados por el hecho de que entre las víctimas de este ataque al hospital, un lugar protegido por el derecho internacional, se encontraran periodistas independientes. Estos periodistas estaban presentes en el ejercicio de su profesión, realizando una labor fundamental como testigos», se lee en la carta.
Las agencias también cuestionaron la voluntad del ejército israelí de investigar por sí mismo este tipo de incidentes, debido a su historial, y exigieron una rendición de cuentas «urgente y transparente».
«Lamentablemente, hemos constatado que la voluntad y la capacidad del ejército israelí para investigar por sí mismo incidentes pasados rara vez dan lugar a aclaraciones y medidas, lo que plantea serias dudas, entre ellas si Israel está atacando deliberadamente las retransmisiones en directo para suprimir la información», afirman.
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Aquí tienen las últimas noticias sobre la guerra de Israel contra Gaza, que ya lleva 689 días:El gabinete de seguridad israelí se reunirá el martes por la noche en Jerusalén, según ha anunciado el portavoz del primer ministro Benjamin Netanyahu, y los medios de comunicación locales informan de que se debatirá la reanudación de las negociaciones para un acuerdo de alto el fuego y la liberación de rehenes.Reporteros sin Fronteras afirmó el lunes que Israel ataca deliberadamente a los periodistas y pidió una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU para poner fin al asesinato de periodistas por parte de Israel.El Gobierno brasileño no tiene intención de aprobar el nombramiento de un nuevo embajador israelí en el país, según informó Gazeta de Povo.El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que la guerra de Israel contra Gaza podría terminar en las próximas semanas. «Creo que en las próximas dos o tres semanas. Van a tener un final bastante concluyente», afirmó.Amnistía Internacional afirma que la destrucción generalizada de propiedades civiles en el sur del Líbano por parte del ejército israelí, incluso después del alto el fuego con Hezbolá, debería investigarse como crimen de guerra.
Autor: admin
Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales. Lee todas las entradas de admin

