Miscelánea 28/11/2023

Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Los dos estados no son la solución (observación de José Luis Martín Ramos)
2. El futuro de las operaciones militares israelíes y palestinas.
3. Más sobre la situación militar.
4. ¿Momento Sarajevo o Momento Suez? (observación de Joaquín Miras)
5. La gran simplificación
6. Israel va perdiendo.
7. Valoraciones en medio de la tregua.
8. Otra visión de Hamás (observación de José Luis Martín Ramos y Joaquín Miras)
9. Las provocaciones del Departamento de Estado estadounidense pueden coartar la libertad de prensa en América Latina

1. Los dos estados no son la solución

El autor fue secretario general del partido Balad, defensor de los intereses de los árabe-israelíes. Ahora ese partido forma parte de la Lista Conjunta de varios partidos árabe-israelíes en la oposición en el parlamento israelí. No plantea la solución de los dos estados sino de uno con libertad para todos.

https://www.middleeasteye.net/

Guerra entre Israel y Palestina: Genocidio y la ilusión de los dos Estados
Awad Abdelfattah 27 de noviembre de 2023
Hablar de una solución de dos Estados es absurdo mientras el régimen israelí, respaldado por Estados Unidos, siga exterminando a los palestinos de Gaza.
Para muchos palestinos, hablar de una solución de dos Estados, o de cualquier otra resolución política al actual conflicto colonial, suena a lujo, dada la urgente necesidad de salvar a 2,3 millones de personas en Gaza del ataque masivo de Israel.
Detener la guerra genocida de Israel es una prioridad absoluta para el pueblo palestino y para todas las personas con conciencia. Por ello, los nuevos discursos del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, sobre la ilusión de los dos Estados son poco más que una distracción de las atrocidades sin precedentes que está perpetrando Israel, con el respaldo de Washington.
La reavivada retórica estadounidense sobre este tema, enmarcada como una visión que se perseguirá al día siguiente de que termine la guerra genocida, está condicionada a la consecución del plan militar de Israel para expulsar a Hamás de Gaza, sin importar cuántos civiles mueran o sean desplazados a la fuerza en el proceso, o cuánta devastación se desate en el territorio.
Estamos pasando de una fase en la que el mantra de la solución de los dos Estados se ha utilizado para encubrir la colonización israelí de Cisjordania y Jerusalén Este, a otra que implica el exterminio de palestinos en Gaza, que se ha convertido en el mayor campo de concentración al aire libre del mundo.
Todo ello justificado por la necesidad de eliminar el supuesto mayor obstáculo para la paz.
Resulta absurdo unir dos trayectorias tan contradictorias: una que habla de paz y otra que implica el proceso continuo de exterminio de un grupo de personas que supuestamente se beneficiarán del proceso de paz.
Pero semejante propuesta no es en absoluto desconocida en el contexto de la historia de Estados Unidos, que comenzó con el exterminio de la población indígena y se extendió a Irak y Afganistán en el siglo XXI. Se trata de un diseño, basado en la suposición de que éste es un momento oportuno para seguir adelante con un plan cuyo principal objetivo es garantizar la seguridad de Israel y reconstruir las alianzas regionales de Washington.

¿Real cambio de política?

La Administración estadounidense, aturdida por la operación de Hamás al estilo «conmoción y pavor», quiere aprovechar la creciente debilidad del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dada su incapacidad para defender a sus propios ciudadanos y desmantelar a Hamás, con el fin de que Israel y la Autoridad Palestina (AP) vuelvan a la mesa de negociaciones.
Pero, ¿qué significa realmente invocar la solución de los dos Estados tras tantos años de abandono y la consiguiente destrucción y sufrimiento infligidos a un pueblo colonizado? ¿Se traducirá en un cambio real de la política estadounidense?
¿Y sigue siendo la solución de los dos Estados una opción seria o viable, dado el arraigado proyecto de los colonos en Cisjordania y Jerusalén Este ocupadas, y el creciente fanatismo y la tendencia al fascismo exacerbados por la guerra actual? ¿Es la versión de Washington de la solución de dos Estados la misma a la que aspiran los dirigentes palestinos, y está dispuesto Estados Unidos a ejercer una presión real sobre Israel?
La atmósfera reinante en medio de la guerra de Gaza y el repunte del odio entre palestinos e israelíes son extremadamente desalentadores. Es difícil estimar cuánto se ha profundizado la división, o si cualquier conversación sobre una solución política que ofrezca siquiera un mínimo de derechos al pueblo palestino es siquiera relevante en estos tiempos.
Es probable que la sociedad israelí salga de esta guerra con una voluntad aún menor de aceptar cualquier compromiso con los palestinos, especialmente desde que el régimen israelí ha enmarcado el ataque del 7 de octubre como algo desconectado de las graves injusticias históricas que ha infligido a los palestinos.
Peor aún ha sido la removilización de la sociedad israelí, engañada para que apoye una mentalidad descaradamente genocida arraigada en la ideología sionista. Las políticas coloniales de Israel deshumanizan al pueblo palestino, y la eliminación de la cultura y la historia palestinas desde 1948 se considera el cumplimiento de una promesa divina o un imperativo nacional.

En los últimos años, parte de la sociedad israelí y de los principales medios de comunicación se han vuelto cada vez más racistas e insensibles al sufrimiento palestino. Por eso los palestinos han intensificado su lucha de resistencia, a pesar de tener que hacer enormes sacrificios. Esta lucha por la justicia, la descolonización y la liberación no terminará nunca; por eso los palestinos de Gaza se niegan a abandonar su patria, incluso después de 16 años de cruel asedio israelí.

Intermediario parcial

Incluso después de que termine la guerra actual, el conflicto más amplio continuará mientras no haya una solución justa. Cuando esta ronda de enfrentamientos amaine, comenzará la diplomacia, pero este proceso será difícil y prolongado, y un gran desafío para los palestinos, porque Estados Unidos nunca ha sido un intermediario imparcial.
Si Israel consigue debilitar a Hamás y apartarlo del poder en Gaza, como pretende, Estados Unidos tendrá que garantizar la sustitución del gobierno israelí de extrema derecha por una administración dispuesta a tratar con la AP, que ha estado actuando como subcontratista de la ocupación israelí.
Pero es difícil prever un verdadero cambio en la postura de Israel respecto a los derechos de los palestinos, en medio de las inminentes luchas internas por una revisión judicial prevista, que probablemente se exacerbarán tras el fracaso masivo de Netanyahu el 7 de octubre. Un cambio de este tipo sólo se producirá tras una presión interna continuada, a saber, la contrarresistencia palestina y progresista, y una auténtica presión internacional.
Los palestinos saldrán de esta guerra habiendo soportado otra horrible catástrofe humanitaria, de una magnitud sin precedentes desde la Nakba de 1948. Sin embargo, gracias a su resistencia y a su notable firmeza, también habrán logrado importantes avances en términos de apoyo y simpatía por su causa en todo el mundo, sobre todo en los países occidentales cuyos gobiernos apoyaron vergonzosamente la guerra genocida de Israel.
La posición de Israel en el mundo se ha visto aún más socavada, sus mentiras y mitos han quedado en gran medida derribados. Ha surgido una nueva generación con una nueva conciencia y conocimiento de la justicia de la causa palestina. Esta generación más joven seguirá cuestionando a sus gobiernos por sus fracasos, su imperialismo y su complicidad con los crímenes de guerra.
El mundo está siendo testigo de otra oleada de políticas alternativas de base, centradas en la justicia, la liberación y la igualdad. Los líderes y activistas de este movimiento global en constante expansión ven la lucha palestina como una extensión de sus propias batallas por la justicia en casa.
Los palestinos volverán a enfrentarse al reto de cómo unirse y aprovechar estos logros. La mayoría de los palestinos ya no creen en la solución de los dos Estados, pues el régimen sionista ha demostrado en repetidas ocasiones sus intenciones genocidas y colonizadoras. El lema «Palestina será libre del río al mar» se convertirá en parte integrante del discurso palestino, y los intentos de criminalizarlo fracasarán.
No se trata de un lema genocida, sino de un noble objetivo que reclama la liberación de los palestinos del brutal apartheid y la liberación de la sociedad israelí del sionismo, permitiendo que tanto palestinos como judíos vivan juntos en una entidad igualitaria.
Awad Abdelfattah es escritor político y ex secretario general del partido Balad. Es coordinador de la campaña Un Estado Democrático, con sede en Haifa, creada a finales de 2017.

Observación de José Luis Martín Ramos:
Me alegro enormemente que hayas enviado este artículo, cuya propuesta de solución comparto. Propongo publicarlo, aunque solo sea para hacer público que hay otras voces, por minoritarias que sean. Aunque al presentarse sólo en las elecciones de 2022, su escaso 3% no le dio para tener representación en el parlamento israelí, pero forma parte del conglomerado -demasiado disperso- de los partidos que se denominan árabes israelíes, es decir, representantes de la población árabe del Estado de Israel, que son tan palestinos como lo puedan ser los de los territorios ocupados o los expulsado en la Nakba. La situación de estos partidos es muy difícil, porque como representantes de una minoría no hebrea no pueden aspirar a tener influencia en el Estado sionista; a pesar de ello, su fuerza puede estar en el sentido de sus propuestas.

2. El futuro de las operaciones militares israelíes y palestinas.

Un análisis de la situación en Gaza desde el punto de vista militar.

https://new.thecradle.co/

El dilema de la guerra terrestre de Israel
Aunque Tel Aviv intensifique sus bombardeos sobre Gaza tras la tregua, esto oculta el hecho de que su incursión terrestre se enfrenta a peligros sin precedentes.
Hasan Illaik 27 DE NOVIEMBRE DE 2023
Antes del anochecer del 26 de noviembre, combatientes del ala militar de Hamás, las Brigadas Al-Qassam, iniciaron el proceso de entrega a la Cruz Roja Internacional de varios cautivos israelíes capturados durante la operación Inundación de Al-Aqsa del 7 de octubre. El traslado de estas mujeres y niños tuvo lugar en la Franja de Gaza en medio de lo que parecía ser un desfile de seguridad. Combatientes de Al-Qassam llegaron en vehículos todoterreno y se desplegaron alrededor del lugar, vistiendo uniformes completos y portando armas. Rodeados de civiles que vitoreaban a la resistencia, el traslado de los cautivos israelíes se completó sin contratiempos y en silencio.
Este acto tuvo lugar en la plaza Palestina de la ciudad de Gaza el tercer día de la tregua que siguió a una guerra de 49 días. A lo largo de la guerra, la ciudad de Gaza ha estado sometida a un asedio asfixiante y a un ataque aéreo y de artillería israelí sin precedentes, no visto al menos desde 1982.
El proceso de entrega en la Plaza de Palestina también tuvo lugar más de un mes después de que el ejército israelí iniciara su operación terrestre, en la que pretende ocupar la ciudad de Gaza y todas las zonas al norte de la Franja, destruirlas y desplazar a su población de forma permanente. Sin embargo, la imagen de los combatientes de Al Qassam montando guardia con confianza en la Plaza de Palestina el 26 de noviembre sugirió a todos los presentes que seguían ilesos de la guerra de Israel.
Los combatientes transportaron a los prisioneros israelíes desde sus diversos escondites y lugares de recogida acordados hasta la plaza, al tiempo que se aseguraban de que estos refugios no fueran descubiertos. Alguien dio la orden, y otros la llevaron a cabo sin problemas, en una zona geográfica muy visible de menos de 150 kilómetros cuadrados. Hay que tener en cuenta que Israel y Estados Unidos han destinado enormes recursos de inteligencia durante las últimas seis semanas para desenterrar la vasta red de túneles de Hamás y descubrir el paradero de los prisioneros.

Esta imagen revela, en gran medida, los resultados de la operación terrestre de Israel: masacres de civiles y destrucción de infraestructuras en abundancia, pero con escasos daños en la estructura militar de la resistencia palestina. Algunos de sus líderes han muerto -el más reciente, Ahmed al-Ghandour, comandante de Al-Qassam en el norte y miembro del consejo militar-, pero su sistema de mando y control sigue funcionando con eficacia.
Los límites terrestres de Israel
Otra prueba de ello es la incapacidad del ejército de ocupación para penetrar, sin obstáculos, en todo el norte de Gaza. Israel precede sus movimientos terrestres con intensos ataques aéreos y bombardeos de artillería. Tras destruir todo a su paso, sus tanques comienzan a avanzar. Es casi imposible enfrentarse a los tanques cuando entran, porque el fuego aéreo despeja espacios 500 metros por delante, mientras que los proyectiles de artillería allanan el camino 150 metros por delante de las unidades terrestres.
Sin embargo, siempre que es posible, los combatientes de la resistencia lanzan misiles antiblindaje -Cornet, Conkurs o de tipos similares- con alcances superiores a los mil metros. Después de que los tanques alcanzan el objetivo designado, los combatientes de la resistencia emergen como fantasmas de debajo del suelo o de los escombros y les disparan proyectiles antiblindaje, normalmente proyectiles caseros Al-Yassin, con un alcance inferior a 150 metros. O, alternativamente, un combatiente se acerca físicamente a los tanques israelíes y coloca una bomba adhesiva que explota de forma muy parecida a una granada de mano.
La labor de resistencia no termina ahí. Si los tanques no retroceden y los soldados de ocupación se instalan, serán atacados con fuego de ametralladora o artefactos explosivos. Los combatientes palestinos filman muchas de estas operaciones, y las imágenes se entregan a la sala de operaciones, que decide qué publicar.
Está claro que el sistema de mando y control de la resistencia sigue funcionando eficazmente.
¿Más grande que la guerra de 1973?
La operación terrestre israelí en el norte de la Franja de Gaza comenzó tras tres semanas de ataques aéreos preliminares y de preparación por parte de las fuerzas de invasión.
Más de 100.000 soldados fueron movilizados alrededor de la Franja de Gaza, que tiene una superficie total de unos 360 kilómetros cuadrados.
La mayoría de estas tropas pertenecen a las fuerzas regulares, e Israel convocó a otros 300.000 soldados y oficiales de reserva, más que el número de reservistas convocados por Rusia para luchar en un frente de 1.500 kilómetros. En el norte de Gaza, Israel ha desplegado hasta ahora sus brigadas y batallones de combate regulares (no de reserva): Brigada Golani, Brigada Nahal, Brigada Givati, Paracaidistas, Fuerza de Operaciones Especiales «Shayetet 13», Unidad de Operaciones Especiales del Estado Mayor (Sayeret Matkal), etcétera. Todas las fuerzas regulares que el ejército de ocupación podía reunir se han desplegado plenamente en la Franja de Gaza desde el comienzo de la cuarta semana de guerra.

Además, Israel ha movilizado la mitad de su artillería, la mitad de su fuerza aérea y mil vehículos blindados, incluidos tanques y vehículos de transporte de tropas.
Las estimaciones de la resistencia palestina sugieren que el número total de fuerzas regulares y de reserva desplegadas en las fronteras de la Franja de Gaza, y dentro de ella, supera el número de tropas israelíes que participaron en los contraataques de la guerra de 1973 en los frentes sirio y egipcio.
En esta guerra, los israelíes no han intentado penetrar en Gaza desde los «ejes tradicionales», es decir, desde el este hacia el barrio de Shuja’iya en la ciudad de Gaza. Su incursión, en cambio, comenzó en el centro de la Franja, en la zona denominada «Wadi Gaza», con baja densidad de población y urbana, lo que significa que la capacidad de la resistencia para hacerle frente también es baja.
El ejército de ocupación pudo entrar en esta zona, de este a oeste, separando de hecho el norte de la Franja de su sur. Sin embargo, hasta la entrada en vigor de la tregua, los combatientes de la resistencia seguían llevando a cabo operaciones contra las tropas israelíes, sobre todo en la zona de Juhr al-Dik.
El otro eje de la incursión se encontraba en las zonas de Beit Lahia y Beit Hanoun, en el norte de Gaza. Hasta el 24 de noviembre, fecha en que se anunció una tregua temporal, el ejército de ocupación no había podido controlar la región y seguía enfrentándose a operaciones mortíferas llevadas a cabo por diversas tropas de la resistencia.
El tercer y principal eje de avance se encuentra en el oeste de Gaza, a lo largo de la costa del norte de la Franja. Los tanques israelíes avanzaron desde el norte y desde el centro, a lo largo de la costa mediterránea, para penetrar hasta el Hospital Al-Shifa y otros centros gubernamentales, como el edificio del Consejo Legislativo.
La playa de Gaza… el punto débil de la resistencia
A lo largo de la costa no hay túneles defensivos de la resistencia, debido a la naturaleza del terreno, la falta de población e infraestructuras y la posibilidad de que el agua del mar se filtre en los túneles. Lo máximo que la resistencia podría haber conseguido, defensivamente, en este eje, era repeler los desembarcos navales – no detener el avance de los tanques ni los devastadores ataques aéreos que los preceden.
El nodo principal de este eje es el campo de Beach, en el que el ejército de ocupación no ha podido entrar debido a la ferocidad de la resistencia allí.
Hasta el momento, Tel Aviv ha reconocido la muerte de más de 70 soldados y oficiales, y cientos de heridos. Fuentes de la resistencia palestina confirman que el enfrentamiento real con las tropas israelíes no comenzó hasta que éstas entraron en el Complejo Médico de Shifa.
La frecuencia e intensidad de los bombardeos aéreos y de artillería de Israel no permiten a los combatientes de la resistencia repeler el avance de la ocupación, ya que la abrumadora potencia de fuego detona la mayoría de los artefactos explosivos improvisados destinados a tanques o infantería y bloquea o destruye las entradas a los túneles.
Por esta razón, la resistencia espera una tregua en los bombardeos, la entrada de los tanques y la reapertura de los túneles para iniciar sus operaciones. En esta fase, los combatientes esperan a que la infantería israelí salga de sus vehículos blindados para atacarlos. Esto ya ha ocurrido en varias operaciones en los ejes norte y oeste de los movimientos de las tropas de ocupación.
Hasta ahora, la resistencia confirma que ha dañado y destruido más de 300 vehículos blindados israelíes. Algunos de ellos fueron retirados del servicio, mientras que otros se mantienen en el campo para su reutilización. Las fuentes confirman además a The Cradle que el número de bajas de las tropas israelíes, tanto muertos como heridos, es muchas veces superior a lo que Tel Aviv ha anunciado.
Y ahora, ¿hacia dónde?
Antes de la tregua del 24 de noviembre, el ejército de ocupación había agotado su capacidad de maniobra sobre el terreno, habiendo desplegado ya la mayoría de sus fuerzas regulares de combate en los ejes norte y oeste.
Tendrá que buscar soluciones innovadoras si pretende avanzar hacia zonas densamente pobladas del norte de Gaza, como el campo de refugiados de Yabalia, los barrios de Al-Zaytoun y Al-Shuja’iya, el campo de la playa de Al-Shati y otros lugares vitales en los que los israelíes no han logrado penetrar. Estas zonas son la zona cero de la resistencia palestina, en las que estas fuerzas se han preparado -y su infraestructura de túneles- para enfrentamientos feroces y prolongados.
La principal razón por la que el gobierno de ocupación acordó una breve tregua es que su incursión terrestre había chocado contra este muro -además de otros factores como la presión estadounidense para liberar a los cautivos estadounidenses. En pocas palabras, el ejército israelí necesita reexaminar sus planes y desarrollar nuevas estrategias para avanzar sobre el terreno.
Es importante señalar que las normas aplicables en conflictos armados regulares, como en Ucrania, Siria, Irak o Sudán, no se aplican necesariamente a la Franja de Gaza. Cuando un mapa de control muestra al ejército ucraniano controlando una región, el ejército ruso se ha retirado de ella, y viceversa.

En Gaza, un mapa en el que aparezca el ejército israelí en una zona no significa necesariamente una retirada de las fuerzas de resistencia palestinas, ya que éstas no disponen de vehículos blindados ni de formaciones tradicionales para retirarse de las zonas invadidas por el enemigo. Sus combatientes simplemente desaparecen bajo tierra para esperar la salida de los soldados de ocupación de sus tanques y demás.
La conclusión es que los mapas que circulan actualmente por gobiernos, medios de comunicación y think tanks que muestran el avance sobre el terreno de Israel en Gaza -exactos o no- no están ilustrando el control sobre el terreno de Israel, sino más bien la profundidad de sus incursiones.
Al final de la tregua, incluso si se prolonga más, Tel Aviv relanzará su operación terrestre. Primero preparará el terreno con bombardeos aéreos aún más feroces que antes, destinados a desplazar a los más de 700.000 civiles que quedan en el norte de la Franja de Gaza y a afectar a la moral de los combatientes de la resistencia.
También se espera que ésta haya estudiado bien la realidad sobre el terreno, modificado sus planes defensivos, determinado cuidadosamente sus objetivos y reorganizado sus líneas de defensa para combatir al enemigo con mayor eficacia e infligirle las mayores pérdidas posibles.
El objetivo de Israel es aplastar a la resistencia en el norte de Gaza como preparación para su próxima fase de guerra en el sur, que puede librarse de forma diferente, tanto estratégica como tácticamente. Lo que la resistencia quiere es obligar al enemigo a detener la guerra.
Desde el principio, Tel Aviv fijó dos objetivos para su guerra en general, y para su operación terrestre en particular: destruir a la resistencia y liberar a los prisioneros. La escena del 26 de noviembre en la Plaza de Palestina, en el corazón de la ciudad de Gaza, nos mostró una resistencia todavía intacta y capaz de exigir un precio a Israel.
Días después, el gobierno de ocupación sigue enfurecido porque los cautivos israelíes fueron liberados según los términos dictados principalmente por la resistencia: las operaciones militares tuvieron que ser congeladas (y fuertemente vigiladas), los prisioneros palestinos fueron liberados de la detención israelí y la ayuda comenzó a fluir de nuevo a la asediada Franja de Gaza.
Cincuenta días después de que Israel iniciara una guerra asombrosamente desproporcionada contra Gaza, la resistencia palestina sigue siendo capaz de imponer su voluntad, a pesar de la masacre sin precedentes perpetrada por el ejército de ocupación contra más de 20.000 civiles, el desplazamiento de cientos de miles más y la destrucción masiva de viviendas, hospitales y escuelas.
Cuando el conflicto se reanude en los próximos días, y la guerra entre las tropas comience en serio, la resistencia puede exigir a Israel un precio aún más alto, que los israelíes no pueden tolerar.

3. Más sobre la situación militar

Otro análisis militar muy interesante en el que se revista tanto el ataque del 7 de octubre como las posibilidades futuras tanto del ejército israelí como de la resistencia palestina.

https://mronline.org/2023/11/

Gaza 2023: una guerra de alta tecnología revisitada
Publicado originalmente: The Research Unit for Political Economy (R.U.P.E.) el 14 de noviembre de 2023 por R.U.P.E. Staff (más por The Research Unit for Political Economy (R.U.P.E.)) (Publicado el 27 de noviembre de 2023)
En medio de los fatídicos acontecimientos actuales en Palestina, merece la pena volver a un artículo de diciembre de 2006 de Jacob Levich,1 «¿Una contrarrevolución en asuntos militares? Notes on U.S. High-Tech Warfare» (en 
rupe-india.org; republicado aquí). Ha demostrado ser notablemente clarividente.
El artículo examinaba la «Revolución en Asuntos Militares» (RMA) de Estados Unidos,
un nuevo sistema de guerra que, según se decía, combinaba tácticas innovadoras en el campo de batalla con armamento de alta tecnología, comunicaciones en red y una sofisticada tecnología de vigilancia…. La guerra «cableada» o «posmoderna» transformaría el campo de batalla del siglo XXI y aseguraría la supremacía estadounidense durante generaciones.
Levich señaló que las llamadas «municiones de precisión» no reducían las bajas civiles (en realidad las aumentaban). Sin embargo, esto no preocupaba tanto a Estados Unidos y a sus aliados, como Israel; lo que más preocupaba era que estas armas fueran ineficaces para sofocar la resistencia de la guerrilla. Así ocurrió especialmente en Líbano:
Durante la invasión del Líbano, los combatientes de Hezbolá fueron capaces de contrarrestar las bombas inteligentes suministradas por Israel utilizando tácticas de guerrilla clásicas, atrincherándose (una red de búnkeres subterráneos reforzados impedía sistemáticamente el uso de armas de precisión) o mezclándose con la población según las circunstancias. Los sistemas de alta tecnología de Israel tampoco fueron eficaces a la hora de localizar armas
pequeñas y fáciles de transportar como los cohetes Katyusha de Hezbolá….
… [Una] evaluación aproximada del rendimiento de los cazabúnkeres podría derivarse del ataque de las IDF a Líbano en 2006. En julio, Estados Unidos envió a Israel 100 cazabúnkeres como parte de un esfuerzo por matar a Hassan Nasrallah y al resto de la cúpula de Hezbolá. Los objetivos de asesinato, ocultos a 40 metros de profundidad en una red de búnkeres reforzados, salieron indemnes.
Argumentó que la construcción y el mantenimiento de una red de este tipo requerían el apoyo y la participación popular:
Las tácticas que derrotaron a las municiones de alta tecnología de Israel -construcción de elaborados centros de mando subterráneos y emplazamientos de misiles reforzados por todo el país, transferencias relámpago de armamento y combatientes frente a los bombardeos israelíes, incluso la capacidad de los combatientes de fundirse a voluntad entre la población civil- requerían la simpatía y la ayuda coordinada de la población, a menudo durante años de minuciosa preparación.
La elaborada infraestructura estadounidense de vigilancia y reconocimiento electrónico (US C4I-Command, Control, Communications, Computers and Intelligence), diseñada para los campos de batalla tradicionales, no estaba equipada para hacer frente a la guerra de guerrillas de, pequeños grupos ligeramente equipados, prácticamente indetectables por los drones estadounidenses o, en el peor de los casos, indistinguibles del tráfico civil. Los ataques «hit and run» a pequeña escala y de gran eficacia (por ejemplo, artefactos explosivos improvisados y disparos de francotiradores) están calculados para desbaratar a los aviones no tripulados estadounidenses; se confía en la organización celular y en las comunicaciones cara a cara para flanquear a la inteligencia de señales.
Además, las fuerzas guerrilleras no eran reacias a utilizar tecnología, aunque de una variedad más barata:
Aún más inquietante para los teóricos estadounidenses, la exitosa defensa del sur del Líbano por Hezbolá en 2006 demostró que una fuerza guerrillera bien organizada puede vencer a Occidente en su propio juego. Hezbolá desconcertó a la inteligencia israelí de satélites y sobrevuelos con señuelos, desarrolló tecnología de contraseñas que descifraba las comunicaciones de radio encriptadas e interceptó información clave del campo de batalla simplemente escuchando las llamadas de móvil de los soldados de las IDF a sus familias.
Frustrados por su fracaso a la hora de «decapitar» a los líderes de la resistencia en Irak y Líbano, Estados Unidos e Israel recurrieron a la guerra aérea punitiva:
Como resultado, la guerra aérea en Irak ha experimentado un claro cambio con el paso del tiempo, pasando de bombardeos tácticos de precisión a bombardeos estratégicos destinados a castigar a la población por su apoyo a la resistencia. Una trayectoria similar se siguió, mucho más rápidamente, en Líbano, donde la Fuerza Aérea israelí respondió al fracaso de sus ataques de precisión iniciales contra Hezbolá ampliando la guerra aérea a objetivos civiles, incluidos edificios de apartamentos, aeropuertos, puentes, carreteras y seres humanos…..
Análisis confirmado por el 7 de octubre y lo sucedido después

Casi todas estas observaciones se aplican a la operación del 7 de octubre de Hamás y a los acontecimientos posteriores. El siguiente relato se basa en informes del Washington Post, el Financial Times, la BBC, el New York Times y Haaretz.

«El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se había jactado durante años», dice el Post, «de inversiones multimillonarias en un extenso ‘muro inteligente’, que recorría todo el enclave por encima del suelo y se extendía a gran profundidad».2 Los sensores de movimiento de imágenes térmicas, así como los sistemas de detección óptica y por radar, recopilaban información sobre la actividad cerca de la valla. Esta información se transmitía a los puestos de mando a través de una serie de torres de telefonía móvil. Las torres de telefonía móvil también se comunicaban con los cañones de control remoto situados a lo largo de la valla fronteriza, que disparaban a cualquiera que se acercara.
Esta maravilla tecnológica permitió a Israel desplegar sus tropas en otros lugares:
Afirmando en los últimos años que se había logrado contener a Hamás en Gaza, Netanyahu supervisó la retirada gradual de las tropas del sur… En diciembre de 2021, Netanyahu tuiteó que la instalación de una «barrera subterránea que detiene las armas de los túneles de Hamás» equivalía a un día «histórico».3
Israel también confía en otro triunfo de la tecnología, su sistema de defensa antimisiles «Cúpula de Hierro», que intercepta y destruye cohetes y proyectiles de artillería de corto alcance, como los disparados por Hamás desde Gaza y por Hezbolá desde Líbano. Este sistema, desarrollado por Israel con una importante financiación estadounidense, es célebre por su eficacia para contrarrestar los ataques con misiles.4
La operación del 7 de octubre de Hamás y la Yihad Islámica comenzó con el lanzamiento de cohetes desde Gaza en torno a las 6.30 de la mañana, lo que no era inusual y no hizo saltar las alarmas de Israel. De hecho, los estampidos de la Cúpula de Hierro formaban parte del plan de Hamás: ahogaban el sonido de los disparos de los francotiradores de Hamás, que disparaban a la cadena de cámaras de la valla fronteriza, y las explosiones de más de 100 drones de Hamás operados por control remoto, que destruían torres de vigilancia. Se trató de una acción coordinada en 30 puntos de la frontera.
Una vez que esta sencilla técnica anuló los sistemas de detección del muro inteligente, todo el muro «inteligente» quedó inutilizado. La unidad de operaciones especiales de Hamás, la Nukhba, pudo abrir una brecha en la frontera con explosivos y excavadoras, y atravesarla en camiones y motocicletas. En total entraron entre 1.500 y 2.000 combatientes de Hamás.
Desde allí, informa el Post, «había menos de un kilómetro y medio de camino hasta las primeras instalaciones militares, que en su mayoría estaban desprotegidas fuera de ….. [Las tropas de observación fueron sorprendidas con la guardia baja cuando los militantes asaltaron sus bases, navegando con confianza a través de las instalaciones y cuarteles.»

«Su éxito no fue la tecnología; fue la preparación»

Según el New York Times, Hamás parece haber tenido «un conocimiento sorprendentemente sofisticado de cómo operaba el ejército israelí, dónde estacionaba unidades específicas e incluso el tiempo que tardarían en llegar los refuerzos.» En menos de una hora, durante la cual el ejército israelí aún no tenía ni idea de lo que había ocurrido, los combatientes de Hamás invadieron 8 bases israelíes. Tan rápido fue su avance que, según el Times, muchos soldados israelíes seguían en sus camas y en ropa interior. Dice el Times
En varias bases, [las unidades de Hamás] sabían exactamente dónde estaban los servidores de comunicaciones y los destruyeron, según un alto oficial del ejército israelí. Con gran parte de sus sistemas de comunicaciones y vigilancia fuera de servicio, los israelíes a menudo no podían ver llegar a los comandos. Les resultó más difícil pedir ayuda y organizar una respuesta. En muchos casos, fueron incapaces de protegerse a sí mismos, por no hablar de los pueblos civiles de los alrededores.5
Al llegar al centro regional de mando y control del ejército israelí, cerca del kibutz re’im, una unidad de Hamás causó la «destrucción completa» de los «sistemas de comunicaciones de la base, sus antenas, incluso los sistemas que activaban los sensores de la propia valla», según el teniente coronel Alon Eviatar, antiguo oficial de la unidad de inteligencia de élite israelí «8200».6
Mientras tanto, otra unidad de Hamás atacó una instalación de la 8200 cerca de Urim, a unos 16 kilómetros dentro del territorio controlado por Israel. Según Eviatar, se trataba de «la mayor y más importante base de inteligencia de Israel, uno de los mayores activos del país», que sintetizaba datos de Israel, los territorios palestinos y de todo el mundo. El Times informa de que la unidad de Hamás «sabía exactamente cómo encontrar el centro de inteligencia israelí y cómo entrar». Forzaron la entrada con explosivos, y rápidamente se abrieron paso hasta «una sala llena de ordenadores». Si alguno de estos militantes sobrevivía y era capaz de llevarse documentos o equipos de vuelta a Gaza, sería un duro golpe para la inteligencia israelí.
Al llegar a las colonias de colonos (kibutz), las unidades de Hamás cortaron primero todas las comunicaciones. Llegaron a uno de estos kibbutz pocos minutos después de la primera descarga de cohetes, a las 6.30 de la mañana. Antes de que los guardias de seguridad pudieran pedir refuerzos militares, se cortó Internet. Los militantes conocían el camino y se dirigieron directamente al jefe de seguridad, que se escondió. «Su éxito no fue la tecnología, sino la preparación», afirmó Miri Eisin, ex oficial superior de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF).7

The Times señala que «la velocidad, precisión y escala del ataque de Hamás había desorganizado al ejército israelí, y durante muchas horas después los civiles fueron abandonados a su suerte». El ejército israelí tardó dos horas en declarar el estado de guerra.
Resumiendo la situación, Emily Harding, ex agente de la CIA experta en Oriente Próximo y actual directora del Proyecto de Inteligencia y Seguridad Nacional del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, concluye que «en octubre de 2023 un exceso de confianza en la tecnología contribuyó probablemente a un fallo de inteligencia».8

Respuesta inmediata de las fuerzas israelíes

A continuación, las IDF se apresuraron a contraatacar por tierra y aire. De varios informes se desprende que, ya fuera por falta de información, por despreocupación por la vida de los civiles israelíes, o por ambas cosas, las fuerzas armadas israelíes mataron a un número considerable de civiles israelíes en el curso de su contraataque. Según Middle East Monitor,
el medio de comunicación israelí Yedioth Aharanoth afirma que «los pilotos se dieron cuenta de que era muy difícil distinguir dentro de los puestos de avanzada y asentamientos ocupados quién era un terrorista y quién un soldado o un civil… La cadencia de fuego contra los miles de terroristas fue tremenda al principio y, sólo en cierto momento, los pilotos empezaron a ralentizar los ataques y a seleccionar cuidadosamente los objetivos.»
Mientras tanto, las imágenes del interior de los kibutz muestran una devastación absoluta que se asemeja a los repetidos bombardeos de Israel sobre Gaza a lo largo de los años. Los pilotos de helicópteros Apache han admitido haber disparado continuamente sin disponer de información de inteligencia sobre los objetivos, mientras que a las tripulaciones de los tanques se les ordenó bombardear viviendas, sin tener en cuenta a los rehenes israelíes que pudieran haber en su interior.9
Una de las supervivientes del kibutz Be’eri, Yasmin Porat, contó a un entrevistador israelí que, después de que los militantes de Hamás tomaran como rehenes a varios israelíes, incluida ella misma, las fuerzas especiales israelíes bombardearon el lugar con proyectiles de tanques y disparos indiscriminados. Cuando se le preguntó si las fuerzas israelíes habían matado así a los rehenes restantes, junto con dos militantes de Hamás que se habían rendido, respondió que «sin duda».10 (En otra parte se cita a un alto comandante de tanques de las IDF diciendo: «Llegué a Be’eri para ver al general de brigada Barak Hiram y lo primero que me pidió fue que disparara un proyectil contra una casa [donde se refugiaba Hamás]».11) De forma similar, los vídeos de las secuelas del festival de música electrónica Nova muestran un gran número de coches que parecen haber sido destruidos desde el aire.12 Incluso es posible que, de los 800 civiles israelíes que Israel estima ahora que murieron el 7 de octubre, el mayor número lo matara el propio ejército israelí; es posible que nunca sepamos la cifra real, dado que se descarta una investigación imparcial sobre el terreno.
Es cierto que las IDF operaban anteriormente bajo la «Directiva Aníbal», que les ordenaba impedir el secuestro de soldados israelíes por todos los medios, incluso al precio de golpear y dañar a los soldados secuestrados. Las FDI afirman que la Directiva fue sustituida en 2016, pero no han revelado el contenido de la nueva política.13 Algunos comentaristas ven en la actual campaña de bombardeos de Israel una extensión de la Directiva Aníbal a los rehenes civiles israelíes.14 Sin embargo, sea cual sea la influencia que la Directiva tuvo en las fuerzas israelíes, está claro que su respuesta inicial a la operación del 7 de octubre fue caótica.

Guerra terrestre

A esta respuesta inmediata le siguió una fase de bombardeos intensivos de Gaza por parte de la Fuerza Aérea israelí, e incursiones en el territorio por parte de vehículos blindados e infantería israelíes. Después, el 27 de octubre, Israel lanzó una invasión terrestre a gran escala de Gaza. Aunque el ejército israelí tiene una reputación temible y cuenta con algunas de las armas más sofisticadas del mundo, el general de división israelí Yitzhak Brik, antiguo defensor del pueblo militar, advirtió el pasado agosto que «no estaba preparado para la guerra». Sus soldados no han librado una gran batalla terrestre desde 2014, la última vez que desplegó tropas dentro de Gaza15.
Las FDI estiman que Hamás cuenta con 40.000 combatientes altamente entrenados, lo que supone un aumento de más del doble con respecto a su primera batalla contra Israel en 2008-09. De los informes se desprende que existe un frente conjunto entre Hamás, la Yihad Islámica y otras organizaciones palestinas con alas armadas, como el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP).

Las capacidades y el nivel de motivación de Hamás quedaron demostrados en la operación del 7 de octubre. Ahora, «cuando las IDF se adentran en Gaza, Hamás tiene la ventaja de jugar en casa y están preparados», advierte Devorah Margolin, investigadora principal del Washington Institute for Near East policy. Emile Hokayem, director de seguridad regional del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, afirma: «También es una organización que aprende y que ha luchado varias veces contra las fuerzas israelíes». «Hamás conoce muy bien su terreno y lo defenderá con fiereza e ingenio».16
Hamás no tiene fuerza aérea, por lo que no puede oponer mucha resistencia a los bombardeos israelíes. En su lugar, ha adoptado una vieja tecnología, utilizada con gran efecto por los vietnamitas contra las fuerzas armadas estadounidenses allí: una red de túneles. El Financial Times informa: Al igual que hizo el Vietcong en Vietnam, Hamás ha convertido Gaza en una fortaleza de barricadas y agujeros de ratón, incluida una red de 400 km de túneles en los que los combatientes de Hamás pueden refugiarse durante los ataques aéreos israelíes y utilizarlos para atacar a las fuerzas israelíes desde la retaguardia. A medida que las tropas israelíes se adentran más en Gaza, es probable que Hamás intente utilizar emboscadas en la superficie, ataques rápidos y bombas camufladas para desgastar al ejército israelí, compuesto en su mayoría por reservistas civiles, y empantanarlo en combates callejeros.17
Así, como señala el periódico israelí Haaretz: Hamás… casi no intenta bloquear el movimiento de las fuerzas de las IDF. La organización está confiando en su red defensiva de túneles, enviando a sus combatientes a través de pozos para lanzar misiles antitanque y desplegar cargas explosivas cerca de los vehículos blindados de las IDF. Hamás también está empleando drones de ataque. Esto puede acarrear varios problemas. Las IDF han introducido grandes fuerzas en el norte de la Franja, desplazando un gran número de vehículos blindados. Esto, en una guerra contra fuerzas guerrilleras que se esconden bajo tierra, proporciona al enemigo muchos objetivos. Muchos de los enfrentamientos se producen por iniciativa de las fuerzas de Hamás.18
Las fuerzas de Hamás y otros grupos de resistencia palestinos operan de forma descentralizada. «Existe una especie de estructura militar celular, en la que cada compañía opera por su cuenta «19. Todo esto refleja un estudio de la historia de la guerra de guerrillas. «Hamás», dice Hokayem, «es más Vietcong que [es] Isis».20

Alta tecnología frente a tecnología de la «edad de piedra»

La batalla entre la alta y la baja tecnología también puede verse en el rendimiento contrastado de la maquinaria de inteligencia de ambos bandos. Harding, del CSIS, señala que «los servicios israelíes también habrían confiado en su recopilación de información de inteligencia de señales (SIGINT). Un ataque de esta envergadura requiere meses de planificación y coordinación. Israel, apoyándose en su destreza tecnológica, habría asumido que un gran ataque aparecería en algún lugar de la vigilancia técnica: charlas a través de teléfonos móviles, correos electrónicos a través de líneas vulnerables, o alguien que se olvidó de dejar un teléfono móvil fuera de una habitación cuando se discutía la planificación. Sin embargo, parece que la combinación de una sólida estrategia defensiva de Hamás y la falta de señales en la recogida de información se tradujo en una falta de alerta».21
Según el informe del Financial Times, Hamás combatió la «alta tecnología» «volviéndose de la edad de piedra»:
Otra lección que Hamás copió de otros grupos militantes es la importancia de las comunicaciones seguras. Mientras que Hezbolá ha construido su propia red de fibra óptica, Hamás ha mantenido la seguridad de sus operaciones «en la edad de piedra», utilizando líneas telefónicas cableadas y evitando los dispositivos pirateables o que emiten una firma electrónica. Uno de los motivos por los que Israel no pudo predecir el ataque del 7 de octubre, según un funcionario israelí, fue que estaba escuchando «las líneas equivocadas». Mientras tanto, información militar crucial se compartía a través de ese sistema «analógico» o de otro sistema encriptado…22
La capacidad de Hamás para hacer preparativos durante un año, o incluso más, y montar una operación de tal envergadura -con la participación directa de 1.500 combatientes, e indirecta de muchos más- sin ninguna filtración de información es asombrosa. Revela no sólo que Israel carece de una red de operativos en Gaza, sino que la contrainteligencia de Hamás es muy eficaz. En retrospectiva, Harding señala que «una fuente humana bien situada puede proporcionar hechos, como quién estaba en qué habitación en qué día, pero también puede interpretar el significado….». Una eventual revisión de la inteligencia israelí revelará la postura de recopilación de fuentes humanas. Gaza es un entorno operativo difícil: es difícil reclutar fuentes y más difícil mantenerlas».23
Hamás ha abordado sus dificultades para importar armas fabricando su propio armamento, y ha «mejorado constantemente la calidad de su armamento, introduciendo de contrabando componentes para convertir cohetes tontos en armas guiadas de precisión….». Según Hamás, el grupo fabrica ahora misiles antiaéreos de hombro «Mutabar-1», que, según afirma, pueden derribar helicópteros israelíes, y cohetes antitanque «al-Yassin», que, según afirma, pueden penetrar el blindaje reactivo de los tanques Merkava de Israel».24

En Internet, Hamás ha publicado varios vídeos en los que afirma haber destruido tanques y vehículos blindados israelíes en la actual invasión terrestre. El 12 de noviembre, el portavoz del ala militar de Hamás afirmó que en total habían destruido 160 vehículos militares israelíes. Curiosamente, estos tanques y vehículos blindados parecen no ir acompañados de tropas terrestres en muchos lugares. ¿Será que Israel prefiere utilizar menos tropas terrestres por miedo a que mueran en las batallas callejeras? Sin embargo, esta práctica hace que los tanques sean más vulnerables a los ataques de las fuerzas de Hamás.25 Por ejemplo, un vídeo muestra a un militante palestino que se acerca corriendo a un tanque Merkava, coloca una carga explosiva y huye antes de que detone.26 Según la cuenta de twitter Clash Report, las tripulaciones de los tanques israelíes han empezado ahora a «instalar artesanalmente cámaras sencillas en sus tanques Merkava para aumentar el conocimiento de la situación en ausencia de interacción con la infantería y la escasa visibilidad desde el tanque».27
Y lo que es más importante, a pesar de los mejores esfuerzos tanto de Estados Unidos como de Israel, no parece que se haya avanzado en el objetivo declarado de la guerra, es decir, aplastar a Hamás. Haaretz duda de la «capacidad del ejército israelí para matar a muchos combatientes de Hamás en batallas terrestres». Algunos oficiales creen que los informes sobre cientos de terroristas muertos no están suficientemente confirmados….. Por ahora, a pesar de la presión ejercida por las IDF, no hay ningún efecto significativo aparente sobre el mando y el control de Hamás, que sigue funcionando».28 Del mismo modo, el New York Times informa: No está claro hasta qué punto ha sido eficaz la campaña de Israel contra Hamás. Un alto funcionario de defensa estadounidense, que habló bajo condición de anonimato para discutir detalles delicados, dijo que las operaciones hasta ahora no han estado cerca de destruir los rangos de liderazgo medio y superior de Hamás. Otros funcionarios estadounidenses afirmaron que Hamás no es comparable a Al Qaeda o al Estado Islámico, y que cuenta con una base mucho más amplia de líderes militares experimentados de nivel medio, por lo que resulta difícil evaluar el impacto de matar a un comandante concreto29.
«Guerra punitiva»
Así pues, Israel ha recurrido a lo que Levich denomina en su artículo «guerra punitiva». Consiste principalmente en ataques aéreos israelíes a gran escala, complementados ahora con una invasión terrestre. Se calcula que a principios de noviembre Israel había arrojado 18.000 toneladas de bombas sobre Gaza30, superando a la bomba nuclear lanzada sobre Hiroshima.
La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas para Palestina resume los resultados de los ataques aéreos de Israel (a 10 de noviembre de 2023). La cifra de víctimas mortales comunicada por el Ministerio de Sanidad en Gaza asciende a 11.078, incluidos 4.506 niños y 3.027 mujeres. Otras 2.700 personas, entre ellas unos 1.500 niños, han desaparecido y podrían estar atrapadas o muertas bajo los escombros. Otros 27.490 palestinos resultaron heridos. Entre las víctimas mortales figuran además 101 miembros del personal del Organismo de Obras Públicas y Socorro de la ONU; se trata del mayor número de personal de la ONU muerto en un conflicto en la historia de la organización.
Se calcula que en Gaza hay más de 1,5 millones de desplazados internos. Gaza permanece bajo un apagón eléctrico total desde el 11 de octubre, tras la interrupción del suministro de energía y combustible por parte de Israel. El 9 de noviembre, tras unos días de funcionamiento limitado, todos los pozos de agua municipales de la Franja de Gaza tuvieron que volver a cerrarse debido a la falta de combustible. Las instalaciones del OOPS están desbordadas, con un retrete por cada 160 personas y una ducha por cada 700 personas. Desde mediados de octubre, los casos de diarrea, sobre todo entre niños menores de cinco años, se han multiplicado por más de 16.
Entre las víctimas mortales registradas desde el 7 de octubre figuran al menos 192 miembros del personal médico. Desde el 9 de noviembre por la tarde, se intensificaron los bombardeos israelíes alrededor de los hospitales del norte. Las inmediaciones del hospital de Shifa fueron alcanzadas cinco veces durante este periodo, y se registraron al menos siete víctimas mortales, además de daños en la sala de maternidad. En la noche del 9 de noviembre, los edificios que rodean el Hospital Indonesio, en Beit Lahiya (norte de Gaza), fueron bombardeados repetidamente desde el aire, con el resultado de muertos y heridos. Casi al mismo tiempo, el Hospital Rantisi de la ciudad de Gaza fue alcanzado directamente, causando incendios y daños. En las primeras horas del 10 de noviembre, fueron bombardeadas las inmediaciones del hospital Al Awda, en Yabalia, y del hospital Al Quds, en la ciudad de Gaza; la unidad de cuidados intensivos de este último sufrió daños.

Equilibrio de fuerzas, militar y político

Para apreciar plenamente el alcance del desequilibrio de las fuerzas militares, hay que tener en cuenta que la guerra contra Gaza no la libra sólo Israel. Haaretz informa de que «en las últimas dos semanas, cerca de 80 aviones militares estadounidenses de carga han aterrizado en la región, además de docenas de aviones civiles retenidos por los establecimientos de defensa estadounidenses e israelíes….. La información de fuentes abiertas revela que se está utilizando un número aún mayor de aviones de transporte militar estadounidenses para desplegar tropas, equipos y armamento por todo el Mediterráneo oriental».31 Aparte de la ayuda militar y financiera de Estados Unidos a Israel, las fuerzas especiales estadounidenses están sobre el terreno en Gaza. Estados Unidos está haciendo volar aviones no tripulados sobre Gaza para ayudar a los objetivos israelíes, y los satélites militares estadounidenses han sido redirigidos para vigilar el enclave. Estados Unidos también está utilizando aviones en sus dos portaaviones en el Mediterráneo para ayudar a recopilar inteligencia adicional, incluyendo interceptaciones electrónicas. Los portaaviones también pretenden disuadir a otros ejércitos, como el de Irán o el de Hezbolá, de entrar en la guerra en apoyo de los palestinos. Se han enviado a Israel asesores militares estadounidenses de alto rango para aconsejar a sus fuerzas armadas sobre la invasión terrestre; entre ellos se encuentra un general de tres estrellas de la Infantería de Marina estadounidense que participó anteriormente en las operaciones estadounidenses en Irak.32 Está claro que las fuerzas armadas estadounidenses se están preparando para una guerra más amplia.
Frente a este desequilibrio de fuerzas militares, Hamás puede estar confiando en otros factores a su favor, que son menos militares que políticos. El principal de estos factores es el sentimiento público en todo el mundo, y en particular en la región. A pesar de los esfuerzos de los medios de comunicación mundiales, dominados en gran medida por Occidente, y a pesar de los esfuerzos de varios gobiernos por reprimir la expresión de opiniones contrarias, el sentimiento propalestino se ha extendido por todo el mundo a una velocidad notable y se ha manifestado en grandes concentraciones.
Funcionarios del gobierno israelí han declarado que planean hacer que la guerra se prolongue durante varios meses, pero el malestar en la región ante los acontecimientos de Gaza puede no permitir un ritmo tan pausado. Estados Unidos se enfrenta a un aumento de la oposición y los ataques en la región. Entre el 7 y el 27 de octubre, se produjeron más de 1.400 manifestaciones en la región de Oriente Medio y el Norte de África en protesta por las acciones israelíes y en solidaridad con los palestinos.33 Además, un funcionario de defensa estadounidense declaró a Fox News que, entre el 17 de octubre y el 9 de noviembre, se produjeron 46 ataques contra bases militares estadounidenses en la región, principalmente en Irak y Siria.34
De hecho, Estados Unidos parece estar preocupado por el impacto de la invasión de Gaza en su control más amplio de la región. En el mes posterior al 7 de octubre, el secretario de Estado estadounidense Blinken ha viajado entre todas las capitales de Asia occidental: Egipto, Jordania, Israel, Bahrein, Qatar, Arabia Saudí, EAU, Chipre, Turquía e Irak.35 Guy Laron, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Hebrea de Jerusalén, afirma que «la rabia en el mundo árabe es tan intensa entre la opinión pública que gobiernos como el de Jordania y Egipto [están] sintiendo el terremoto político del 7 de octubre». Los funcionarios estadounidenses creen que existe un «alto riesgo de conflagración en Oriente Próximo». De ahí la insistencia de la administración Biden al gabinete de guerra israelí en la planificación».36

Notas:

  1.  Levich tweets on the social media site “X” as “@cordeliers”.
  2.  Shira Rubin and Loveday Morris, “Speed, coordination powered Hamas strike”, Washington Post, October 28, 2023.
  3.  Ibid.
  4.  However, it is unable to fully block attacks by swarms of missiles. Moreover, the system works by firing interceptor rockets, and stockpiles of these rockets tend to run out after fielding a large number of missile attacks. Between October 7 and November 1, Hamas fired only 8,500 of of its stockpile of 30,000 rockets; in response, Israel ran down its supply of interceptors to the point where the U.S. had to fly in replacements. And while such swarms are cheap for Hamas or Hezbollah to produce, the Iron Dome interceptor rockets are expensive.
  5.  Patrick Kingsley and Ronen Bergman, “The Secrets Hamas Knew about Israel’s Military”, New York Times, October 13, 2023.
  6.  Rubin and Morris, op. cit.
  7.  Ibid.
  8.  Emily Harding, “An Overreliance on Technology”, in “Experts React: Assessing the Israeli Intelligence and Potential Policy Failure”, Center for Strategic and International Studies, October 25, 2023,  www.csis.org
  9.  “Report: 7 October testimonies strike major blow to Israeli narrative”, www.middleeastmonitor.com
  10.  Ali Abunimah and David Sheen, “Israeli forces shot their own civilians, kibbutz survivor says”, The Electronic Intifada, October 16, 2023, electronicintifada.net
  11.  Peter Beaumont, “Israeli tank commander hailed as hero after Hamas attack is killed in Gaza”, Guardian, November 2, 2023. The commander goes on to say “The first question that comes to your mind is—are there hostages there? We did all the preliminary checks before we decided to fire a shell into a house.”
  12.  Associated Press, “Israeli rave survivors return to look for cars after Oct. 7 Hamas attack”, www.youtube.com
  13.  en.wikipedia.org, accessed November 12, 2023.
  14.  Urooba Jamal, “What’s Israel’s Hannibal Directive? A former Israeli soldier tells all”, Al Jazeera, November 3, 3023.
  15.  Mehul Srivastava, John Paul Rathbone, and Raya Jalabi, “Military briefing: How Hamas fights”, Financial Times, October 31, 2023.
  16.  Ibid.
  17.  Ibid.
  18.  Amos Harel, “Despite Israel’s Fierce Attacks, Hamas Leadership Maintains Control on Gaza”, Haaretz, November 6, 2023.
  19.  Srivastava et al, op. cit.
  20.  Ibid.
  21.  Harding, op. cit.
  22.  Srivastava et al, op. cit.
  23.  Harding, op. cit.
  24.  Ibid.
  25.  twitter.com
  26.  twitter.com
  27.  twitter.com
  28.  Amos Harel, op. cit.
  29.  Adam Entous, Eric Schmitt, and Julian E. Barnes, “U.S. Officials Outline Steps to Israel to Reduce Civilian Casualties”, New York Times, November 5, 2023.
  30.  Zoran Kusovac, “Analysis: Israel’s Gaza bombing campaign is proving costly, for Israel”, Al Jazeera, November 3, 2023.
  31.  Avi Scharf, “OSINT Shows U.S. Deploying More Arms and Troops to Israel, Cyprus and Jordan”, Haaretz, October 24, 2023.
  32.  AFP and Jacob Magid, “US sends senior army officers to Israel to advise IDF on Gaza ground operation plans”, Times of Israel, October 24 2023.
  33.  Infographic: Global Demonstrations in Response to the Israel-Palestine Conflict, www.foxnews.com
  34.  Greg Norman, “46 reported attacks on U.S. bases in wake of Israel-Hamas war: official”, Fox News, November 9, 2023, www.foxnews.com.
  35.  Tim Sahay and Guy Laron, “October War”, Phenomenal World, November 9, 2023, www.phenomenalworld.org
  36.  Ibid.

4. ¿Momento Sarajevo o Momento Suez?

Los paralelismos históricos los carga el diablo, pero el análisis general de este artículo preguntándose si la guerra de Gaza es un «momento Sarajevo» de inicio de una conflagración generalizada, o un «momento Suez», en el que grandes potencias coloniales como Gran Bretaña y Francia muestran su decadencia, me ha gustado.

https://www.commondreams.org/

¿Es Gaza el comienzo de la Tercera Guerra Mundial o simplemente el cénit del imperio estadounidense?
Tan importante como el declive del poder económico y militar de Estados Unidos para el colapso de la influencia estadounidense en el mundo es el declive de su poder diplomático.
Robert Freeman 27 de noviembre de 2023 Common Dreams
¿Es Gaza el Sarajevo del Sinaí o el Suez de Estados Unidos? Es decir, ¿es el punto de partida de la Tercera Guerra Mundial o la cúspide del imperio estadounidense, señal de un declive irreversible? La diferencia no podría ser más importante.
Sarajevo fue la ciudad de Bosnia donde comenzó la Primera Guerra Mundial. La Gran Guerra, como se la llamó, industrializó la matanza humana, destruyó cuatro grandes imperios, llevó a once países a convertirse en dictaduras y trazó los contornos del Oriente Próximo moderno. Fue el momento en que el centro del liderazgo mundial se desplazó de Europa, donde había residido durante los 400 años anteriores, a Estados Unidos.
La Primera Guerra Mundial reorganizó la arquitectura del poder mundial de forma más rápida, completa y duradera que ningún otro acontecimiento de los últimos 1.000 años. Resulta útil comprender en qué consistió la Guerra y qué puede decirnos sobre la actualidad.
La guerra fue el resultado de una potencia alemana ascendente que amenazaba con desplazar a la potencia británica dominante. El paralelismo entre la China ascendente y la América dominante es ineludible.
Una cosa es el apogeo de la vitalidad económica y otra la impotencia militar.
Gran Bretaña había inventado la Primera Revolución Industrial, en la década de 1700. Se basaba en el hierro, el vapor y los textiles. Esa fue la razón por la que Gran Bretaña fue la primera potencia del mundo durante todo el siglo XIX. Pero fue Alemania la pionera de la Segunda Revolución Industrial, la basada en el acero, la combustión interna y los productos químicos. Como resultado, a finales del siglo XIX, Alemania había superado a Gran Bretaña en poder industrial y comercial. Las cifras lo dicen todo.
En 1860, Gran Bretaña poseía el 59% de la riqueza mundial frente al 3% de Alemania, una ventaja de veinte a uno. Pero en 1913, el año anterior al comienzo de la Primera Guerra Mundial, Alemania poseía el 21% de la riqueza mundial frente al 14% de Gran Bretaña. La inversión del poder económico fue asombrosa. Si no se invertía, Gran Bretaña sería eclipsada como primera potencia mundial. Así que fueron a la guerra.
¿Es aquí donde se encuentra hoy Estados Unidos con respecto a China? Ninguna comparación histórica es perfecta, pero las cifras son inquietantes.
En 1980, Estados Unidos producía el 21% de la producción económica mundial, medida en paridad de poder adquisitivo. La cuota de China apenas superaba el 2%, una ventaja de diez a uno para EE.UU. Pero en 2022, las posiciones se habían intercambiado. Estados Unidos producía el 15% de la producción mundial, China, el 21%. La inversión del poder económico es asombrosa, y la diferencia va en aumento. Si esto no se invierte -y no hay indicios de que vaya a ser así-, Estados Unidos será eclipsado como primera potencia mundial. El paralelismo con la Primera Guerra Mundial es ineludible.
El dogma de seguridad nacional estadounidense se hace eco de la preocupación por esta dinámica. Los documentos describen a China como el «retador acelerado» de Estados Unidos. El Secretario de Estado Anthony Blinken ha declarado que «China es la única nación que tiene tanto los medios como la intención de desafiar el liderazgo estadounidense del orden global». Un general de las Fuerzas Aéreas ha rumiado que cree que Estados Unidos estará en una guerra cinética con China en 2025.
¿Será Gaza el Sarajevo de la Tercera Guerra Mundial, el detonante que escale hasta el punto de que la guerra global -la Guerra Mundial- sea inevitable? Salvo error cataclísmico, no.
Por supuesto, Israel hará todo lo posible para incitar a Estados Unidos a atacar a su archienemigo (de Israel), Irán. Consiguió que Estados Unidos eliminara a sus anteriores rivales, Irak y Libia, y que atacara a Siria y Sudán. Pero Estados Unidos es demasiado receloso para comprometerse en una guerra con Irán, que inevitablemente arrastraría a los aliados de Irán, Rusia y China. Ese es el camino potencial a la guerra, pero Estados Unidos es quien más tiene que perder con ella.
Las guerras destruyen el orden económico, incluso para los vencedores, como aprendió Gran Bretaña a un alto coste en la Primera Guerra Mundial. Como principal beneficiario del sistema global, Estados Unidos es quien más tiene que perder con su destrucción. Además, sus propios juegos de guerra muestran sistemáticamente que perdería una guerra contra China. Esto es mucho más probable ahora que Estados Unidos ha llevado estúpidamente a Rusia, la primera potencia militar del mundo, a una profunda alianza estratégica con China.
Además, Estados Unidos no ha sido capaz de salir de Oriente Medio y completar el «Pivote hacia Asia» que Barack Obama comenzó en 2011. Ese era el propósito de los Acuerdos de Abraham, patrocinados por Estados Unidos, por los que los Estados árabes reconocerían y asumirían relaciones normales con Israel. La guerra de Gaza ha puesto fin a eso. Hasta que Estados Unidos no pueda estabilizar Oriente Medio en manos de un grupo de naciones colaboradoras y amigas de Estados Unidos, no está preparado para llevar a cabo otra guerra, y menos una guerra mundial.
Y lo que es más importante, salvo una guerra nuclear total que destruiría gran parte de la vida en el planeta, Estados Unidos ni siquiera es capaz de ganar una guerra menor, por no hablar de una Guerra Mundial.

No pudo ganar en Irak, una nación de 45 millones de habitantes que había sido bombardeada sin parar durante más de una década antes de la calamitosa invasión estadounidense de 2003. Tampoco pudo ganar en veinte años en Afganistán, un país del cuarto mundo de 40 millones de habitantes, sin fuerza aérea ni siquiera artillería. Sus combatientes talibanes vivían literalmente en cuevas.
Y, aún no se ha anunciado, por razones políticas, y no se hará hasta después de las elecciones de 2024, pero Estados Unidos ha sido rotundamente derrotado en Ucrania. Ucrania es un país que estuvo dispuesto a sacrificar a más de 500.000 de sus hombres (recordemos que Estados Unidos se retiró de Vietnam porque no podía tolerar la pérdida de 58.000), pero Estados Unidos ni siquiera pudo mantenerlo abastecido de proyectiles de artillería.
Teniendo en cuenta todo esto, es irrisorio siquiera contemplar que Estados Unidos esté dispuesto a escalar a una guerra mundial con China + Rusia y sus 1.600 millones de habitantes combinados. Han estado al tanto de las intenciones de Estados Unidos durante décadas, tienen sistemas de armamento iguales o superiores a los de Estados Unidos (pensemos en misiles hipersónicos, de los que Estados Unidos no tiene ninguno) y, por supuesto, armas nucleares.
Entonces, si Gaza no es el Sarajevo del mundo, ¿es el Suez de Estados Unidos? Este es un escenario mucho más probable.
Suez fue el acontecimiento de 1956 que señaló el fin del Imperio Británico. Gran Bretaña se había aliado con Francia e Israel para invadir Egipto tras la nacionalización del Canal de Suez por parte de Nasser. Fue una travesura a lo Keystone Cops que terminó cuando Eisenhower amenazó con destruir la libra esterlina si Gran Bretaña no desistía.
Así que Gran Bretaña metió el rabo entre las piernas y se escabulló a casa. Fue el momento de mayor humillación para el país que una vez se había jactado de que «El sol nunca se pone en el Imperio Británico». Se vio reducido a un estatus de segunda clase como potencia mundial y obligado a vender la porcelana familiar para mantener las apariencias.
Suez es un presagio mucho más probable del futuro de Estados Unidos que Sarajevo. Las razones están a nuestro alrededor.
La primera es el declive del poder económico, mencionado anteriormente. China simplemente ofrece al mundo un modelo más convincente de cómo organizar la economía de una nación, por no hablar de la del mundo. Ha sacado a más personas de la pobreza más rápidamente que ninguna otra nación en la historia. Su asombroso ascenso se ha logrado sin la invasión, el embrutecimiento y el saqueo de otras naciones que ha sido una característica tan destacada de la hegemonía estadounidense.
Además, Estados Unidos abandonó el poder industrial a partir de la década de 1980 para que sus industriales pudieran ganar más dinero produciendo en China, pagando a los trabajadores un dólar la hora y enviando los productos a Estados Unidos. Los ya-obscenamente ricos se convirtieron en los nuevos-faraónicamente ricos, pero el resultado fue/es una economía y una sociedad vaciadas que los MAGAts están muy contentos de destruir para vengarse de alguna manera de los perpetradores.
En aspectos importantes, la economía estadounidense es un caso perdido. No puede empezar a pagar sus facturas. Sólo mantiene las luces encendidas tomando prestados billones de dólares al año de otras naciones. En los últimos 32 años, desde el final de la Guerra Fría, ha pedido prestados 30 billones de dólares, básicamente un billón de dólares al año. Ahora, son 2 billones de dólares al año. Nadie se hace ilusiones de que se vaya a devolver alguna vez. Este no es un modelo de vitalidad económica. Cuando el resto del mundo se niegue a comprar más deuda estadounidense, se apagarán las luces del Imperio estadounidense. Los principales adversarios de Estados Unidos, China y Rusia, están trabajando febrilmente para que ese día llegue pronto.
Del mismo modo, el declive del poder militar. Además de las humillantes pérdidas mencionadas anteriormente, el resarcimiento militar de Estados Unidos es palpable, ya que naciones más pequeñas como Irak, Afganistán, Irán, Venezuela, Nicaragua, Cuba e incluso Yemen -la nación más pobre del mundo árabe- ya no se sienten intimidadas por el matonismo estadounidense. Este desdén por el poder militar estadounidense se hizo especialmente evidente en Ucrania, donde las armas de fabricación rusa hicieron picadillo a las supuestamente superiores estadounidenses. Todo el mundo ha podido verlo.
Tan importante como el declive del poder económico y militar de Estados Unidos para el colapso de la influencia estadounidense en el mundo es el declive del poder diplomático de Estados Unidos. Consideremos sólo el colapso de la influencia estadounidense en Oriente Medio.
Perdió su Guerra en Irak, que siempre se basó en una mentira, pero no sin antes matar a más de 500.000 niños iraquíes, una hazaña que la Secretaria de EE.UU. Madeleine Albright dijo en Sesenta Minutos que «valió la pena». El uso de armas con uranio empobrecido dejó a Irak como el país más radiactivo del planeta. Durante su estancia en Irak, Estados Unidos supervisó la creación del ISIS, de forma similar a como alimentó a Al Qaeda en la guerra de Afganistán de la década de 1980.
Estados Unidos envió armas desde Libia al ISIS en Siria para ayudarle a derrocar al gobierno sirio, aliado de Irán. De eso se trataba Bengasi. Pero el plan de Estados Unidos fracasó cuando Rusia intervino para detener el derrocamiento, en 2015. Estados Unidos sigue ocupando los campos petrolíferos sirios en el este, robando su petróleo para financiar sus operaciones negras en todo el mundo. Todo el mundo lo ve.

China logró un acercamiento entre sus rivales históricos, Irán, y Arabia Saudí, aliado de Estados Unidos desde hace mucho tiempo. Arabia Saudí anunció el año pasado que pronto empezaría a vender petróleo en yuanes, un duro golpe para el dólar como moneda de reserva internacional. Arabia Saudí también se alió con Rusia contra la petición explícita de Joe Biden de que bajara los precios del petróleo para ayudar a Biden y a los demócratas en las elecciones de 2022. También enterró el hacha de guerra en su hostilidad contra Siria.
Al ceder la iniciativa diplomática y perder sus guerras en Irak, Afganistán, Siria, Yemen y Líbano (a través de su apoderado, Israel, en 2006), Estados Unidos ha dejado a su archienemigo, Irán, con una influencia dominante sobre gran parte de Asia occidental, desde el océano Índico en el sur hasta el mar Caspio en el norte, desde la frontera con Afganistán en el este hasta el mar Mediterráneo en el oeste. Se trata de un colapso de la influencia de velocidad sorprendente y proporciones catastróficas en una de las regiones más importantes del mundo.
Es probable que esta pérdida en picado del poder y el prestigio de Estados Unidos fuera un factor que explicara la respuesta enormemente desproporcionada de Israel al ataque de Hamás en Gaza: sabía que la influencia estadounidense estaba menguando y que Estados Unidos no podría darle cobertura durante mucho más tiempo. El colapso del poder desarrolla su propia dinámica de autorrefuerzo.
Lo más importante para definir Gaza como un momento Suez para Estados Unidos es el colapso de su poder moral.
Estados Unidos es profunda e inextricablemente cómplice del genocidio más notorio del siglo XXI. No sólo está proporcionando financiación, armas, inteligencia y cobertura militar a Israel en forma de dos grupos completos de portaaviones en el Mediterráneo oriental. Durante 75 años, ha proporcionado la cobertura diplomática en las Naciones Unidas que ha permitido a Israel llevar a cabo su régimen de apartheid desnudo contra el pueblo palestino, y ahora, con impunidad, su genocidio.
La mayor parte del resto del mundo reconoce la naturaleza abiertamente colonialista de la empresa israelí. Se trata de un grupo de colonos de ascendencia europea y, más tarde, estadounidense, que llegaron a Oriente Medio explícitamente para despojar al pueblo palestino de su tierra mediante el proceso de limpieza étnica. Uno de los padres ideológicos del sionismo, Vladimir (Ze’ev) Jabotinsky, dijo exactamente esto en su infame ensayo El muro de hierro: «La raíz del mal está en que pretendemos colonizar un país en contra de los deseos de su población, es decir, por la fuerza. Todo lo demás que es indeseable surge de esta raíz».
El primer Primer Ministro de Israel, David Ben-Gurion, que por entonces participaba en la guerra que creó Israel, expuso el mecanismo -la limpieza étnica- por el que se llevaría a cabo esta colonización: «Los árabes tendrán que irse, pero se necesita un momento oportuno para hacerlo, como una guerra».
Todo en los últimos 75 años de historia israelí no es más que una nota a pie de página de estos dos pecados vestigiales: la colonización y la limpieza étnica. La guerra actual no es más que Netanyahu aprovechando el pretexto de la guerra, como Ben-Gurion elogió, para llevar a cabo la Solución Final. El mundo lo ve. Es tan inequívoco como despreciable, algo que ninguna nación civilizada podría sancionar. Sin embargo, Estados Unidos reclama impunidad, tanto para sí mismo como para Israel, al apoyar la destrucción y violación del pueblo palestino por parte de Israel.
Es importante comprender por qué esto es tan aborrecible para la mayoría de los pueblos del mundo y, por tanto, tan perjudicial para los intereses estadounidenses a largo plazo.
Es imposible exagerar el colapso de la influencia y el prestigio de Estados Unidos en el mundo, especialmente en Oriente Medio.
La mayoría de las naciones del mundo fueron en un pasado no muy lejano colonias de potencias imperiales occidentales. Llevan en su conciencia cultural, en sus relatos históricos, el oprobio, la vergüenza y la deshonra de haber sido dominadas y humilladas por las potencias occidentales blancas durante décadas, en algunos casos durante siglos.
Ven a Israel y Palestina simplemente como una versión actualizada de la misma depredación que ellos mismos sufrieron antes de sus luchas por la independencia nacional, que comenzaron justo después de la Segunda Guerra Mundial. De esto trataron las Guerras de Liberación Nacional de los años cincuenta y sesenta. Más de 90 naciones lucharon contra sus ocupantes imperiales occidentales para lograr la independencia. Sus nombres son las batallas emblemáticas de la Guerra Fría: Argelia; Vietnam; Indonesia; Angola; Cuba; Congo; Nicaragua; Kenia…
Lo que es diferente esta vez es la omnipresencia de los medios de comunicación sociales a escala mundial. Los dirigentes locales, a menudo comprados con dinero estadounidense, ya no pueden dictar lo que su pueblo sabe y puede creer. Los medios de comunicación controlados por Estados Unidos ya no pueden ocultar la verdad para aislar a los autores de atrocidades del oprobio, el estigma, de sus atroces actos.

Cuatro mil millones de personas son testigos a diario de los horrores impensables infligidos por los israelíes a los palestinos, y del apoyo sin aliento de Estados Unidos: el asesinato de miles de niños inocentes e indefensos; la destrucción intencionada de hospitales, escuelas, iglesias, mezquitas, agencias de ayuda, convoyes de huida, estaciones de agua y electricidad; el corte de alimentos, agua, electricidad, medicinas y combustible, con la certeza de que esto hará que Gaza sea inhabitable, es decir, completar la limpieza étnica que siempre, desde el principio de la empresa, en palabras de los propios sionistas, ha sido el objetivo.
Una cosa es el apogeo de la vitalidad económica y otra la impotencia militar. La resultante flacidez diplomática (o ineptitud, es difícil decir cuál) es un concomitante casi inevitable. Pero es el colapso moral, evidente para todo el mundo, lo que más le ha costado a Estados Unidos, lo que ha devastado su capacidad de afirmar con credibilidad que es «el líder del mundo». Se cree impermeable a los dictados de las normas morales y éticas universales. No podría estar más equivocado.
Es imposible exagerar el colapso de la influencia y el prestigio de Estados Unidos en el mundo, especialmente en Oriente Medio. Por eso Suez podría ser la analogía correcta de cómo el imperio estadounidense ha tocado techo y ahora se está destruyendo a sí mismo. Va dando tumbos, embriagado con la ilusión infantil de su «excepcionalismo» y el recuerdo rosado de su pasado antaño grandioso y glorioso. Es, en cambio, como una bola de nieve, precipitándose por la ladera de una montaña, inconsciente de su camino, sin prestar atención a su naturaleza destructiva y fuera de control, y ganando masa e impulso a medida que se precipita hacia su propia desaparición. Lo que hay al fondo es imposible de saber. Pero no será bonito.

Observación de Joaquín Miras:
Es muy iluminador. desde luego, si el enemigo de EEUU es China, se ha metido en un pantano doble, Palestina y Ukrania. Y no se sale igual que la comienzo de dos desastres -desde el punto de vita de EEUU- como estos. Además, estamos en el momento económico de crisis que nos explica el artículo B… colosales masas de cosas nuevas están sucediendo en el mundo, emergen a galope y EEUU se debilita como no hubieramos pensado verlo, al menos los de mi generacion. Eso es lo que sí sabemos.

5. La gran simplificación

El B de esta semana se vuelve a fijar en el mundo de las finanzas tras la caída que inevitablemente pronostica.

https://thehonestsorcerer.

La gran simplificación que se avecina «Hasta que la deuda nos separe»
B
No se puede negar que se avecina una gran recesión económica y que, a falta de un milagro energético, la economía mundial está a punto de sufrir un cambio radical. Tras analizar en el ensayo de la semana pasada la naturaleza defectuosa de las métricas económicas predominantes (PIB) y comprender cómo el crecimiento económico se ha convertido en estancamiento hace ya 18 años, volvamos la vista hacia el futuro. ¿Cómo podría ser la economía mundial tras el inicio de la crisis que se avecina? ¿Cómo reaccionarían los líderes mundiales? ¿Podrían el oro o el bitcoin salvar la situación? Vamos a ello.
Existe una enorme brecha entre la productividad económica real y la deuda en la economía mundial. A pesar de que el PIB parece crecer, la producción económica real (mejor medida por el consumo de energía) lleva estancada casi dos décadas. Como resultado, las naciones occidentales han perdido su dominio en la economía mundial, y ahora se enfrentan a un pronunciado declive debido a un balance energético cada vez peor y a su colosal dependencia de las importaciones.
No se trata de una cuestión de dinero o de falta del mismo. Los gobiernos de todo el mundo tuvieron la oportunidad de imprimir todo el dinero que quisieron en las dos últimas décadas. Sin embargo, hubo dos cosas que no pudieron conjurar: materias primas baratas y energía. Contrariamente a lo que se suele pensar, la transición hacia la energía verde no es un milagro a punto de producirse, sino un complemento caro y totalmente insostenible de la actual infraestructura energética de combustibles fósiles. El petróleo de esquisto, la tan anunciada «solución» al pico del petróleo, también ha seguido su curso y ahora está a punto de alcanzar su máximo histórico… Sólo para embarcarse después en un pronunciado declive. Nada de esto es una cuestión monetaria, sino geológica y económica: el agotamiento de los recursos y el consiguiente aumento de los costes. Imprimir dinero no resuelve ninguna de estas cuestiones, sólo crea más inflación.
La civilización industrial está en sobregiro. En los dos últimos siglos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades: consumiendo más recursos minerales y naturales de los que podían regenerarse o sustituirse, al tiempo que liberábamos mucha más contaminación (incluido el CO2) de la que la Naturaleza podía absorber con seguridad. Poco a poco hemos ido malgastando nuestra herencia única, y ahora las gallinas están volviendo a casa para desovar.
El uso del crédito para enmascarar esta situación subyacente sólo ha empeorado las cosas al crear una burbuja a punto de estallar en cualquier momento. La economía subyacente ya no puede soportar niveles de deuda tan elevados, y cuando la producción mundial de energía (de todas las fuentes) empiece a caer será imposible devolverlos. El único resultado parece ser una combinación de impago masivo (que acabe con los activos de los ricos) e hiperinflación (que destruya todo el poder adquisitivo sobrante en los bolsillos de la gente corriente). Aunque es casi imposible predecir el inicio (y mucho menos el desenlace) de un colapso financiero de este tipo, puede que merezca la pena que dediquemos nuestro tiempo a plantear algunos escenarios posibles sobre lo que podría depararnos el futuro próximo.
El horror (colapso en cascada)
Según un estudio sobre los puntos de inflexión de la sociedad, un pico y una caída de la producción mundial de petróleo derrumbarían todo el sistema financiero y comercial como un castillo de naipes. (Si dispone de poco tiempo, lea el resumen de las páginas 2-4, es realmente persuasivo). En este escenario, tras un colapso del sistema bancario -debido a que una gran cantidad de deuda se vuelve físicamente imposible de pagar- todos los préstamos se detendrían de la noche a la mañana. Dado que el comercio mundial depende totalmente de las cartas de crédito (un compromiso contractual por parte del banco del comprador extranjero de pagar una vez que el exportador envíe las mercancías), una grave crisis bancaria provocaría una paralización inmediata del comercio mundial.
Un acontecimiento así, por supuesto, provocaría todo tipo de escasez, desde alimentos hasta ropa. Occidente, cuyas economías sobrefinanciadas y rentistas se han vuelto totalmente dependientes de las importaciones baratas, se vería especialmente afectado. Los ciudadanos de esta parte del mundo, antaño la más envidiada, no tardarían en darse cuenta de que ni sus gobiernos ni su alabada economía de libre mercado podrían atender siquiera sus necesidades básicas, y se produciría rápidamente un colapso social. El caos masivo combinado con un apocalipsis zombi es seguro que seguiría.
Como alguien que ha dedicado toda su carrera a la fabricación, la gestión de la cadena de suministro y la logística (sí, eso incluye también la crisis de 2008/2009) puedo dar fe de que se trata de un riesgo muy real. Durante la gran crisis financiera estuvimos, de hecho, a escasos centímetros de una congelación total del transporte marítimo mundial, pero ¿podría haber desembocado en el escenario descrito anteriormente? Aquí es donde debo introducir mis objeciones: incluso durante los días más oscuros del caos financiero de 2009, personas de todo el mundo trabajaron horas extras para encontrar una solución. Todo el mundo, desde el trabajador de una fábrica hasta los grandes magnates financieros, estaba interesado en mantener vivo el sistema. Cosas que parecían imposibles hace apenas un año, se hicieron de alguna manera en cuestión de días. Aprendí entonces que, cuando el futuro del sistema está en juego, los milagros pueden ocurrir casi instantáneamente.

No estoy sugiriendo que de repente hagamos posible la fusión de hidrógeno o que lancemos cargueros de GNL al espacio para traer metano barato de Titán. Habiendo agotado lo mejor de nuestros recursos minerales y energéticos, nada de esto es ahora posible (ni lo fue nunca). No obstante, hay que tener en cuenta que estamos hablando de una caída potencial del 5-6% en la producción de petróleo año tras año después de que se alcance el pico económico/energético en algún momento de esta década, no de un cese total de la producción de petróleo. Sí, va a ser brutal, va a acabar con algunas grandes empresas, incluso con países, va a causar trastornos en el comercio, escasez, precios desorbitados y todo lo demás, pero la cascada acabará por detenerse en un nivel más o menos sostenible. Las finanzas son enteramente una obra de ficción, y dado que el 95% de los flujos de recursos seguirán ahí listos para ser enviados, se implementará rápidamente otra historia enteramente ficticia que apoye cierta apariencia de comercio global. No va a ser bonito, pero nunca hay que subestimar el ingenio humano cuando está en juego el sueldo de un gestor de activos.
Para ilustrar la capacidad de resistencia del sistema financiero ante el pico del petróleo, tomemos la siguiente cita del estudio citado anteriormente: «Sostenemos que uno de los principales impulsores iniciales del proceso de colapso será la creciente acción visible sobre el pico del petróleo. Se espera que los inversores intenten desprenderse de «activos virtuales» como bonos, acciones y efectivo y convertirlos en activos «reales» antes de que el sistema se derrumbe. Pero el valor nominal de los activos virtuales supera con creces los activos reales que probablemente estarán disponibles. La confirmación de la idea del pico del petróleo (mediante medidas oficiales), el miedo y el declive del mercado impulsarán una retroalimentación positiva en los mercados financieros.»
Efectivamente, un pico mundial de producción de petróleo barato (convencional) en 2005 puso en marcha un repunte de los precios de las materias primas, pero no colapsó el sistema. Si se tiene en cuenta que la producción de petróleo (incluidas las fuentes no convencionales como el esquisto) ya alcanzó su máximo histórico en noviembre de 2018 (hace exactamente 5 años), se puede ver que la economía mundial es, de hecho, un sistema autoadaptativo al que aún le queda mucha energía para luchar contra lo que se avecina. No estoy diciendo que entonces vamos a resolver todos los problemas y podemos sentarnos, todo lo que estoy señalando que va a tomar mucho más que unos pocos años de caída de la producción de petróleo para derribar esta civilización.

Bitcoin salvará el día

Ahora que hemos dejado atrás el escenario de terror, pasemos a teorías más «populares» sobre cómo podría ser el futuro después de un colapso financiero. Tomemos como ejemplo el Bitcoin. Según sus partidarios, proporcionará a la economía una gran independencia financiera, descentralización y transparencia, al tiempo que privará al gobierno de inmiscuirse en la oferta monetaria. Al no poder imprimirse a voluntad, la inflación se convertiría en un problema del pasado y el sueño de una economía de mercado verdaderamente libre se haría por fin realidad.
Bitcoin también podría resolver la cuestión de la confianza y, por tanto, podría eliminar fácilmente a los intermediarios de las transacciones financieras (es decir, los bancos y sus cartas de crédito). Aunque no soy un experto en criptomonedas puedo, por ejemplo, imaginar que poco después de un colapso financiero total muchos comerciantes optarían por Bitcoin (o monedas similares) para liberar los envíos atascados en los puertos de todo el mundo.
Y aquí viene mi mayor preocupación. A saber, que Bitcoin y otras tecnologías de cadena de bloques similares no son fácilmente escalables. Su demanda de potencia de cálculo es sencillamente enorme, y si de repente millones (o miles de millones) de nuevos usuarios optaran por utilizarla, primero se colapsaría, y luego, a medida que cada vez más mineros la vieran como una oportunidad de inversión, provocaría problemas en la cadena de suministro de energía y materiales en una economía ya de por sí privada de materiales y energía. Bitcoin es una buena idea en un mundo en el que los recursos y la energía son infinitos y, por tanto, casi gratuitos, pero en un mundo finito que está a punto de experimentar el mayor shock de su historia… bueno, quizá no tanto.

Así que, aunque las criptomonedas podrían ayudar a aliviar el shock inicial de la crisis financiera de 202X, los gobiernos intervendrían rápidamente para impedir que se extendiera (es decir, prohibiendo o limitando severamente su uso mediante la vigilancia digital y a través de leyes promulgadas haciendo uso de sus poderes de emergencia). Si hay algo que aprendí de las crisis pasadas es que nuestras sabias élites nunca dejan que un desastre quede sin explotar, ni pierden la oportunidad de estrechar su control sobre la economía y el sistema político.Se asegurarán absolutamente de que la clase rica donante sufra sólo un golpe nominal, mientras que las masas de abajo se llevarán la peor parte de la crisis.
La bomba de riqueza, que desvía dinero y poder de las clases más bajas, no debe ponerse en peligro.
El retorno al patrón oro
De forma similar a la historia de Bitcoin, veo muy pocas posibilidades de que se consolide una moneda basada en el oro. A pesar de todas mis inexpertas objeciones, incluso si un gran bloque comercial optara por utilizar el oro para saldar sus desequilibrios comerciales, se darían cuenta rápidamente de que no resolvería ninguno de sus problemas de inflación. Un mundo en crecimiento requiere naturalmente una oferta monetaria creciente, uno en contracción necesitaría en realidad una oferta monetaria cada vez menor. Y la cantidad de oro en el mundo no va a disminuir. Al menos no a corto plazo.
Aunque esto pueda sonar contraintuitivo, ha sido precisamente el crédito bancario (y, por tanto, la creación de una enorme cantidad de dinero) lo que ha contribuido al crecimiento de la economía mundial durante los últimos siglos. Si Estados Unidos, por ejemplo, se hubiera mantenido en el patrón oro en la década de 1970 y años posteriores, la misma cantidad de oro habría perseguido una oferta de bienes en crecimiento exponencial, desde televisores hasta fanegas de grano, lo que habría conducido a una espiral deflacionista (causante de una menor producción, salarios más bajos, menor demanda y precios aún más bajos). Dado que el oro no puede imprimirse ni conjurarse para que exista (aunque por encima de un determinado nivel de precios los científicos nucleares seguramente habrían encontrado la forma de hacerlo a escala), los bancos centrales no tendrían medios para detener esta espiral descendente.
Por el contrario, en una economía en contracción, una cantidad fija de moneda (ahora vinculada al valor del oro) perseguiría una cantidad cada vez menor de bienes, lo que llevaría a una inflación persistente hasta que la cantidad de bienes por año -producida por una economía impulsada únicamente por los seres humanos y sus bueyes- se estableciera en un nivel sostenible, en algún momento del siglo XXII. Quiero decir que no hay nada malo en una economía de estado estacionario, pero tardaremos toda una vida en conseguirlo.
Irónicamente, las monedas digitales totalmente controladas por el gobierno, con su capacidad de autoinmolarse (no literalmente), encajarían mucho mejor. No sólo permitirían un control perfecto de la oferta monetaria, dando así la capacidad de gestionar financieramente el descenso económico, sino que también permitirían un control totalitario sobre la población. Acabas de escribir un artículo de opinión criticando al gobierno. Lo siento, pero ahora no puedes gastar tu dinero en otra cosa que no sea comida durante 3 meses. Que tenga un buen día».
Ironía de las ironías, ni siquiera esta distopía podría durar mucho. Así que mientras los gobiernos ciertamente tomarán más control sobre la economía (y la población) después de la madre de todas las quiebras financieras, la implacable y acelerada disminución de la producción de energía simplemente haría inútil incluso la autocracia digital más férrea. ¿Por qué? ¿Cómo aplicarías regulaciones digitales, operarías criptodivisas o monedas digitales de bancos centrales una vez que la red eléctrica colapsara? Sin electricidad, no hay Internet. «No hay problema».

Disolución

Esto nos lleva a nuestro último escenario, ¿o debería decir la etapa final? Tras el pico económico/energético de la producción de petróleo y el inicio del largo descenso, habrá cada vez menos combustible para explotar las minas que nos proporcionan todos los minerales que esta civilización tan moderna necesita, o el transporte que traslada todas estas materias primas, alimentos y personas entre diversos lugares. La gente tiende a pensar en una crisis financiera y económica como algo totalmente devastador, pero incluso una caída del 5-6% en la producción económica año tras año significa que el 95% restante podría seguir funcionando.
Sorprendentemente, cuanto más pronunciada sea la caída, antes se detendrá. El sistema económico mundial se encuentra en un equilibrio muy inestable, lo que significa que incluso una pequeña perturbación en los flujos de energía puede causar un trastorno importante. Así, por ejemplo, una pérdida del 5% en la producción de petróleo podría provocar fácilmente un declive del 10% llevando a la quiebra a muchos países y empresas al mismo tiempo. Sin embargo, una vez que los escombros dejaran de rebotar, habría algo más de energía disponible de la que realmente se necesita, y un suave repunte se afianzaría rápidamente (sólo hasta el siguiente gran golpe a la economía).
Cabe señalar, sin embargo, que tras una o dos décadas de tales tropiezos económicos, la mitad de la economía mundial habría desaparecido y se produciría una gran escasez de alimentos. Y aquí es donde los sistemas complejos empiezan a actuar de forma realmente extraña: tras perder aproximadamente la mitad de su fuerza, tienden a desmoronarse bruscamente, como una torre de jenga a la que se le han arrancado la mitad de los ladrillos y se han puesto encima.

Por debajo de un cierto nivel de suministro de energía, ni siquiera las naciones autocráticas con ejércitos fuertes podrían sobrevivir, y mucho menos las grandes empresas o los estados del bienestar. En otras palabras: las sociedades modernas acabarán desmoronándose pase lo que pase. Algunas caerán antes, mientras que otras podrían durar un par de décadas más, dependiendo de cuántos recursos les queden per cápita. Pero ninguna de ellas podrá escapar a la realidad física que les impone un planeta finito con una cantidad finita de materias primas y energía accesibles. Lo sentimos, simplemente no puede suceder de otra manera.
Va a ser un proceso que tardará varias décadas en desarrollarse, con una ferocidad cada vez mayor: primero en forma de inflación, luego de crisis de la deuda, seguida de grandes perturbaciones en el comercio internacional. Las guerras y revoluciones serán un tema recurrente en estas décadas, hasta que la energía fósil se agote tanto que sea imposible fabricar suficientes tanques (cohetes, artillería, lo que sea) para seguir luchando. La gente cambiará entonces a tácticas de guerrilla, utilizando camionetas, armas ligeras y artefactos explosivos improvisados lanzados por drones. A medida que los grandes Estados nación se desmoronen y fracasen uno tras otro, el Estado de derecho irá dando paso poco a poco a milicias y organizaciones mafiosas que asumirán el papel del gobierno, aplicando sus propias «normas» y recaudando «impuestos» (es decir, dinero para protección). No va a ser muy diferente de lo que ocurrió tras la caída del Imperio Romano de Occidente, donde los «bárbaros» tomaron el relevo de los gobernantes romanos.
A falta de un milagro energético, todo será mucho más pequeño y mucho más local en este entorno privado de energía. Surgirán monedas locales por todas partes, mientras que la mayor parte del oro quedará enterrado en lugares ocultos, después de que sus propietarios fueran torturados y asesinados antes de que pudieran decir dónde está su alijo. Los metales preciosos que queden serán acumulados por caciques y señores de la guerra -la futura élite gobernante de un mundo neofeudal despoblado- y exhibidos como muestra de poder y riqueza.
Sin embargo, el futuro de la humanidad no es tan sombrío. Aunque el resto de este siglo está plagado de acontecimientos terribles, aquellos que consigan encontrar un hogar relativamente no afectado por la contaminación dejada por la civilización industrial y el desastre climático masivo causado por la combustión de todas esas cosas, tendrán la oportunidad de vivir una vida decente y pacífica. Una era oscura se cierne sobre nosotros, pero contrariamente a la sabiduría común, estos tiempos no son ni mucho menos tan sombríos como los describen los historiadores. Puede que florezcan culturas, que surjan nuevas lenguas y artes. Aunque en un número mucho menor que el actual, lo más probable es que la humanidad siga habitando este planeta, y que se cuenten historias de una civilización industrial causante de su propia desaparición.
Hasta la próxima,
B

6. Israel va perdiendo.

Un artículo que nos recomendó ayer Rafael Poch de lo último que ha escrito Finkelstein -envió dos mensajes, pero en los dos hay el mismo texto, o no he sabido ver la diferencia-, muy activo y al que veo ahora que se le hace mucho más caso que en esa etapa en que cayó en el ostracismo por su pelea con el pedófilo Dershowitz.

En concreto, se trata de este artículo de su Substack, en el que entiendo que publica una valoración de la situación de Mouin Rabbani, no la suya. Por el estilo, es similar a otra suya que os envié publicada en Al Jazeera no hace mucho: https://www.aljazeera.com/

En esa conjunción astral que se da a veces entre los artículos del día, hoy parece predominar el análisis militar. https://normanfinkelstein.

Mouin Rabbani: Israel ha perdido el rumbo
La última evaluación de Mouin Rabbani sobre el objetivo incumplido de Israel: Eliminar a Hamás
Norman Finkelstein 27 de noviembre
El 7 de octubre Israel prometió destruir a Hamás. Erradicarlo como organización. Neutralizarla como fuerza militar, movimiento político y entidad gobernante. Más recientemente, el primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, al más puro estilo mafioso, declaró que había dado órdenes a la agencia de inteligencia exterior de Israel, el Mossad, de asesinar a todos los dirigentes de Hamás que residen en el exilio.
Cincuenta días después del inicio de esta guerra, ¿cuán cerca está Israel de alcanzar sus objetivos? La respuesta corta es que se requiere un conocimiento nulo de asuntos militares para concluir que 1) los objetivos proclamados por Israel son inalcanzables, y 2) Israel tampoco ha logrado degradar significativamente ni a Hamás ni a la Yihad Islámica Palestina (YIP).
La eliminación de Hamás es inalcanzable por varias razones. La más importante es que, a diferencia, por ejemplo, del ISIS o de la Unión Europea, Hamás -al igual que el IRA/Sinn Fein o Facebook- se ha arraigado profundamente en la sociedad en las décadas transcurridas desde su creación en 1988, y hoy existe allí donde se encuentran las comunidades palestinas. Por tanto, aunque Israel consiguiera erradicar a Hamás de la Franja de Gaza -o, más exactamente, llevarla a la clandestinidad-, la organización sobrevivirá en Cisjordania, Líbano, Jordania y otros lugares. De hecho, los esfuerzos combinados de Israel y la Autoridad Palestina en Cisjordania desde 2007 aún no han logrado eliminar su presencia militar, política o social. Para tu información, estamos en 2023.
Las campañas anteriores para erradicar los movimientos palestinos no sólo han fracasado en general, sino que por regla general han realzado su estatura. La magnitud de la actual embestida ha catapultado la estatura de Hamás a niveles sin precedentes entre los palestinos y, de hecho, entre los árabes y en el Sur Global en general. No es un desafío que pueda resolverse con una flota de F-35 armados con toneladas de explosivos de gran potencia.
A pesar de la extraordinaria autoestima y capacidad de autoglorificación de Israel, la eliminación de Hamás es un imposible, y menos aún a manos de las mediocres capacidades militares y de inteligencia israelíes reveladas el 7 de octubre.
Echemos un vistazo más de cerca, por ejemplo, a los encargados de asesinar a los líderes de Hamás en el extranjero. Cuando una célula del Mossad intentó envenenar al dirigente de Hamás Khalid Mashal en Ammán en 1997, los asesinos fueron capturados y detenidos por uno -sólo uno- de sus guardaespaldas, tras una larga persecución. A pie. El rey Hussein amenazó con ejecutar públicamente a los aspirantes a James Bond, e Israel (en la persona nada menos que de Netanyahu) se vio obligado a entregar a Jordania no sólo el antídoto que salvó la vida de Mashal, sino también al encarcelado fundador/líder de Hamás, el jeque Ahmad Yasin. En 2010, cuando el Mossad envió inexplicablemente un equipo de unas dos docenas de agentes a Dubai para asesinar a un único operativo de Hamás, Muhammad Mabhouh, olvidaron observar principios elementales de seguridad operativa (por ejemplo, ocultar sus rostros de los monitores de CCTV de los hoteles), y todos acabaron en la lista de buscados de Interpol. El uso poco profesional que hicieron de pasaportes extranjeros tensó además las relaciones con aliados internacionales clave, como el canadiense Stephen Harper, acólito de Israel.
No hay indicios de que la agencia haya mejorado en estos años. A menos que estés viendo una película de Hollywood producida por Arnon Milchan, un activo del Mossad, la agencia israelí de inteligencia exterior no es el equipo al que recurres para una campaña de asesinatos extranjeros de alto perfil contra una organización en alerta máxima. Sospecho que las agencias de inteligencia estadounidenses y europeas están llegando poco a poco a conclusiones similares.
A la contraparte nacional del Mossad, el Shin Bet, no le ha ido mucho mejor. No sólo porque ha sido incapaz de eliminar al jefe militar de Hamás Muhammad Deif durante décadas, sino sobre todo porque Hamás pudo armarse, preparar y lanzar los atentados del 7 de octubre delante de sus propias narices, y no tenía ni idea. Mientras Israel se dedicaba a «cortar el césped» creyendo que mantenía a raya a los grupos armados de Gaza, los palestinos construían toda una selva tropical a plena vista.
Puede que Israel consiga algunas cabelleras de alto nivel y proclame el Fin de la Historia, pero el impacto organizativo será menor y temporal. Yassin fue asesinado en 2004, una época en la que el cohete más potente del arsenal de Hamás tenía dificultades para atravesar el salón de mi casa. Su exitoso asesinato del líder de Hezbolá Abbas Mussawi en 1992 produjo a Hassan Nasrallah, la peor pesadilla de Israel. En 2006, una audaz incursión bélica a medianoche en el valle de la Bekaa capturó finalmente a Hassan Nasrallah. Pero hubo un pequeño contratiempo: el Mossad, que se autoproclama constantemente la mayor y más sofisticada agencia de inteligencia de la historia, confundió al jefe de Hezbollah con un verdulero del mismo nombre.

Del mismo modo, la campaña de asesinatos de Israel contra los científicos nucleares iraníes ha sido, por decirlo suavemente, ineficaz. Incluso el asesinato de Yassir Arafat en 2004 fue contraproducente, ya que preparó el terreno no sólo para la no entidad obediente que es Mahmoud Abbas, sino que también hizo posible el ascenso de Hamás como movimiento genuinamente nacional.
Pero estoy divagando. ¿Hasta qué punto ha debilitado Israel a Hamás desde el 7 de octubre? Si escuchas a Daniel Hagari (la celebridad del meme del túnel), al ministro de Defensa Yoav Gallant (que parece la muerte recalentada cuando da buenas noticias) o a Netanyahu, está claro que queda muy poco de los movimientos palestinos, de su liderazgo o de su infraestructura. Antony Blinken, Jake «Sin novedad en el frente occidental» Sullivan y John «Tearstosterone» Kirby, que parecen preferir recibir las noticias después de que hayan sido examinadas por el censor militar israelí, parecen igualmente confiados.
Pero una vez que sales de su cámara de eco, la realidad cuenta una historia muy diferente. Una organización significativamente degradada no habría sido capaz de dejar de disparar de forma uniforme y simultánea en toda la Franja de Gaza en el mismo momento en que entró en vigor una tregua. O seguir disparando andanadas coordinadas de cohetes hasta momentos antes. O grabar, editar y difundir de forma centralizada imágenes de vídeo de sus operaciones militares desde múltiples ubicaciones casi a diario. O recoger y entregar cautivos desde múltiples lugares, a múltiples lugares, durante la tregua – incluyendo la elección deliberada de un lugar en el centro de la ciudad de Gaza que el ejército israelí afirmó que estaba bajo su control.
Las funciones más importantes de cualquier organización militar -mando y control, comunicaciones, logística, reconocimiento, relaciones públicas y, por último pero no por ello menos importante, la capacidad y la voluntad de luchar- parecen intactas y, en el mejor de los casos, mínimamente afectadas. Como se ha señalado anteriormente, Israel ha matado a más personal de la ONU que comandantes de Hamás. Lo mismo puede decirse de los periodistas y el personal médico. Y el ejército israelí todavía tiene que desenterrar una fracción de los túneles encontrados en los memes de Hagari.
Es inconcebible que Hamás no se haya debilitado y degradado durante los últimos 50 días, o no haya perdido cuadros y comandantes importantes, o no haya agotado una parte significativa de su arsenal. ¿Pero degradado significativamente? No existen pruebas de ello. Es cierto que el ejército israelí es una máquina de matar muy eficiente, pero también una fuerza de combate mediocre, especialmente en operaciones terrestres. Las guerras no se ganan masacrando a miles de niños o convirtiendo la ciudad de Gaza en escombros y privando a toda una sociedad de sus necesidades básicas. Los alemanes lo intentaron en la Unión Soviética y los estadounidenses en Irak, y no acabó bien para ninguno de los dos. Muchos han expresado su repulsa ante el vídeo de un mayor israelí dedicando la destrucción de un edificio a su hija en su segundo cumpleaños. También se podría señalar que cuando un ejército llega al punto de celebrar la demolición de un edificio de apartamentos, debe reconvertirse en un cuerpo de ingenieros municipales y ya no puede considerarse una fuerza de combate seria.
Esto también ayuda a explicar por qué Estados Unidos -a todas luces un participante activo en esta guerra- e Israel decidieron no sólo negociar con Hamás, sino específicamente con Yahya Sinwar, el arquitecto de los atentados del 7 de octubre, y aceptar la mayoría de las condiciones de Hamás para el acuerdo alcanzado hace varios días.
Antes de que se concluyera la tregua, funcionarios estadounidenses e israelíes -que anteriormente habían rechazado cualquier cosa por el estilo- explicaron que sería un acuerdo importante porque legitimaría una posterior continuación y escalada de la guerra contra la Franja de Gaza. Varios meses adicionales de la magnitud de lo que hemos presenciado este último mes o incluso mayores, como siguen prometiendo Gallant y Hagari, parecen ahora cada vez más improbables.
No cabe duda de que Israel tiene una abrumadora ventaja en poder militar. Pero cuando un ministro en activo del gabinete aboga por el uso de un arma nuclear contra la Franja de Gaza (una amenaza que todavía no ha sido reconocida por ningún dirigente occidental), ello sugiere que el ejército convencional tiene dificultades para triunfar.
Dada su abrumadora potencia, Israel puede, por supuesto, infligir daños muy graves no sólo a la sociedad palestina, sino también a Hamás. Es casi seguro que hará otro esfuerzo para hacerlo en los próximos días o semanas. Pero parece cada vez menos probable que esté dispuesto a gastar la sangre y el dinero necesarios para lograr un resultado militar significativo. Sus patrocinadores estadounidenses y europeos también parecen estar llegando a un punto en el que preferirían reducir gradualmente esta situación antes de que se les vaya completamente de las manos y la conducta israelí acabe perjudicando sus intereses en la región en lugar de promoverlos.

Los ataques sistemáticos y deliberados de Israel contra la población civil de la Franja de Gaza y la destrucción sistemática de infraestructuras civiles deben entenderse en este contexto. Además de estar motivadas por el ansia de venganza y el deseo de lograr un número de muertos mucho mayor que el infligido por los palestinos el 7 de octubre, este tipo de campañas, por ejemplo las de los nazis en la Europa ocupada, los franceses en Argelia, los británicos en Kenia, Estados Unidos en Irak y antes en Vietnam/Laos/Camboya, y por supuesto Israel en Palestina y Líbano, se dirigen deliberadamente contra la sociedad civil con el fin de presionar a los grupos armados que la fuerza militar superior es incapaz de eliminar. Después de todo, los británicos fueron pioneros en la creación de campos de concentración durante la Guerra de los Boers con este objetivo, décadas antes de que los nazis los reutilizaran para el exterminio masivo.
Dados los ejemplos anteriores, se podría concluir que tales tácticas rara vez acaban bien para los ocupantes. Y a menudo no es así. Pero también es cierto que la historia está llena de causas justas. En el caso de Israel y los palestinos, y a pesar del colosal desequilibrio de poder, parece que Israel está perdiendo cada vez más el rumbo.

(*). Finkelstein acusó a Dershowitz de plagio y tuvieron un cara a cara muy duro en televisión, en Democracy Now!. Como consecuencia de la denuncia de Dershowitz, Finkelstein fue expulsado de la universidad. La verdad es que la acusación de plagio era un poco débil, pero que Dershowitz es lo peor de lo peor, no hay ninguna duda.

Hay una entrada en Wikipedia que explica el asunto, pero en inglés: https://en.wikipedia.org/wiki/

Este es el vídeo del cara a cara: se puede activar la traducción automática: https://www.youtube.com/watch?

(**) Y si te interesa el personaje, te recomiendo vivamente el documental American radical: the trials of Normal Finkelstein de 2009 -subtitulado en español-: https://www.youtube.com/watch? Sale ese debate, pero también la famosísima y épica escena en la que para los pies a una chica sionista que se siente ofendida porque el Holocausto, al parecer, borra cualquier otro argumento.

7. Valoraciones en medio de la tregua

Para Crooke, el futuro de Israel no parece muy halagüeño.

https://strategic-culture.su/

El sombrero del mago y el gran simulacro de bálsamo paliativo
Alastair Crooke 27 de noviembre de 2023
El actual intercambio de rehenes se centra en Gaza. Sin embargo, Israel tiene abiertos tres frentes de conflicto caliente.
El mago entra en escena con su capa negra ondeando a su alrededor. En el centro del escenario, agita su sombrero: Está vacío. Le da un ligero puñetazo para demostrar su solidez. El mago coge algunos objetos y los coloca en el sombrero. Introduce en él el secuestro por Ansar-Allah de un buque de propiedad israelí (la situación está siendo «supervisada»); introduce en él los ataques iraquíes contra bases estadounidenses (apenas percibidos por los principales medios de comunicación); introduce también en él los 1.000 misiles lanzados contra el norte de Israel por Hezbolá; introduce en él la guerra caliente en Cisjordania. El mago se vuelve hacia el público: el sombrero está vacío. Pero el público sabe que esos objetos tienen una realidad física, pero de alguna manera están mágicamente ofuscados.
De este modo, los principales medios de comunicación occidentales mantienen la disuasión restando importancia al estado de guerra mediante lo que Malcom Kyeyune describe como «un simulacro de paz», de un conflicto que amaina suavemente y el despliegue silencioso de (parafraseando a Kyeyune) una «cuestión muy posmoderna»: ¿Cuál es exactamente el significado de «no combatiente» civil?
Un aspecto de la imagen de la relajación del conflicto es el intercambio de rehenes que se ha acordado. Es real y, al mismo tiempo, sustenta el simulacro de que, una vez aniquilado Hamás y liberados los rehenes, el problema de los 2,3 millones de palestinos puede entrar en la chistera del mago y desaparecer de la vista. Para algunos, la esperanza es sincera y bienintencionada: que una vez que cesen los combates, permanezcan cesados, y que el fin de los bombardeos en Gaza pueda abrir una ventana a alguna «solución» política, si puede prolongarse sine die.
En este caso, «solución» no es más que una palabra educada para referirse al intento de soborno de Egipto y Jordania por parte de la UE. Según se informa, la presidenta de la UE, Ursula von der Leyen, visitó Egipto e Israel para presentarles ofertas financieras (10.000 millones de dólares para Egipto y 5.000 millones de dólares para Jordania), a cambio de la dispersión de los habitantes de la Franja de Gaza a otro lugar – efectivamente para facilitar la evacuación de la población palestina de la Franja en línea con los objetivos de Israel de limpieza étnica de Gaza.
Sin embargo, el tuit de la ex ministra Ayalet Shaked – «Después de que convirtamos Jan Yunis en un campo de fútbol, tenemos que decir a los países que cada uno asuma una cuota: Necesitamos que se vayan los 2 millones. Esa es la solución para Gaza» – no es más que uno de los tuits de altos cargos políticos y de seguridad israelíes que ensalzan lo que Israel considera cada vez más la «solución» para Gaza.
Pero al ser tan explícita, Shaked probablemente ha torpedeado la iniciativa de Von der Leyen, ya que ningún Estado árabe quiere ser cómplice de una nueva Nakba.
Una Hudna o «tiempo muerto» es inevitablemente muy precaria. En los combates de 2014, cuando las fuerzas de las IDF iniciaron barridos militares en Gaza después de que se hubiera iniciado un alto el fuego, esto condujo a un tiroteo y al colapso del alto el fuego. Los combates continuaron durante otro mes entero.
Dos lecciones clave que aprendí al intentar iniciar treguas en nombre de la UE durante la Segunda Intifada fueron que una «tregua es una tregua» y sólo eso: ambas partes la utilizan para reposicionarse de cara a la siguiente ronda de combates. Y en segundo lugar, que la «calma» en una localidad confinada no propaga la desescalada a otra localidad geográficamente separada; sino más bien, que un brote de violencia atroz es viralmente contagioso, y se extiende geográficamente al instante.
El actual intercambio de rehenes se centra en Gaza. Sin embargo, Israel tiene abiertos tres frentes de conflicto caliente (Gaza, su frontera norte con Líbano y Cisjordania). Un incidente que se produzca en cualquiera de los tres frentes puede ser suficiente para derrumbar la confianza en los acuerdos de Gaza y relanzar el asalto de Israel contra Gaza.
En vísperas de la tregua, a modo de ejemplo, las fuerzas israelíes bombardearon intensamente tanto Siria como Líbano. Siete combatientes de Hezbolá resultaron muertos.
La cuestión aquí, dicho claramente, es que los precedentes históricos de Hudnas que conducen a aperturas políticas no son tan grandes. Una liberación de rehenes, per se, no resuelve nada. La cuestión en la crisis actual es mucho más profunda. Cuando, «érase una vez», Gran Bretaña prometió a los judíos una patria, las potencias occidentales también (en 1947) prometieron a los palestinos un Estado, pero nunca lo llevaron a la práctica. En última instancia, esta laguna está culminando en un choque de trenes frontal.
La ambición del Gabinete israelí de crear un Estado judío en las tierras bíblicas de Israel simplemente pretende bloquear la emergencia de cualquier Estado palestino, ya sea en parte de Jerusalén o en cualquier otro lugar de la Palestina histórica. En este contexto, las acciones de Hamás pretendían precisamente romper este punto muerto y el interminable paradigma de las «negociaciones» infructuosas.

Como era de esperar, el ministro de Defensa israelí ya ha anunciado la intención de Israel de reanudar los combates inmediatamente después del fin del alto el fuego. Funcionarios israelíes han comunicado a sus homólogos estadounidenses que prevén varias semanas más de operaciones en el norte de la Franja, antes de centrarse en el sur.
Hasta ahora, las IDF han estado operando en zonas cercanas a la costa de Gaza y en lugares, como el Wadi, al sur de la ciudad de Gaza, donde el subsuelo no facilita la construcción de túneles. Estas son las zonas, por tanto, en las que Hamás no dispone de capacidades defensivas significativas. Si se reanuda la acción militar, es probable que las IDF se alejen de la costa norte hacia el epicentro de la ciudad de Gaza, lo que permitiría a Hamás maniobrar con mayor facilidad e infligir mayores pérdidas a las IDF y sus vehículos blindados. En este sentido -lejos del simulacro- la guerra no ha hecho más que empezar.
El primer ministro Netanyahu ha sido descrito tanto en Israel como en los medios de comunicación occidentales como un «hombre muerto andando» en términos políticos. Sea como fuere, Netanyahu tiene su estrategia: Ha desafiado abiertamente al equipo de Biden en todas las cuestiones relacionadas con la guerra, excepto en la de erradicar a Hamás.
Durante una conferencia de prensa el domingo pasado, Netanyahu pregonó una «Cúpula de Hierro diplomática», afirmando que no cedería a la «presión cada vez más fuerte… utilizada contra nosotros en las últimas semanas… Rechazo estas presiones y digo al mundo: Seguiremos luchando hasta la victoria, hasta que destruyamos a Hamás y traigamos de vuelta a casa a nuestros rehenes».
Yonatan Freeman, de la Universidad Hebrea, percibe la táctica en las vagas declaraciones de Netanyahu: Desafía al equipo de Biden, pero se preocupa de dejar suficiente «margen de maniobra» para poder culpar a Biden siempre que se vea «obligado» por Estados Unidos a dar marcha atrás.
La estrategia del Gabinete israelí, por tanto, descansa en la gran apuesta de que la opinión pública israelí se mantendrá -a pesar de los índices de desaprobación personal de Netayahu- debido al abrumador apoyo público en este momento a los dos objetivos declarados establecidos por el Gabinete de Guerra: Destruir el «régimen de Hamás» y sus capacidades, y la liberación de todos los rehenes israelíes.
En el fondo, «la apuesta» radica en la convicción de que el sentimiento público -contextualizado deliberadamente por el gabinete israelí en términos absolutamente maniqueos (la luz frente a la oscuridad; la civilización frente a la barbarie; todos los gazatíes cómplices del «mal de Hamás»)- despertará en última instancia una oleada de apoyo a la medida ulterior de retirar «la ficción» de un Estado palestino de la mesa «de una vez por todas». Se está poniendo la mesa para una larga guerra contra el «mal cósmico».
La «solución», como subrayan el Ministro de Seguridad Nacional Smotrich y sus aliados, consiste en ofrecer a los palestinos una opción: «renunciar a sus aspiraciones nacionales y seguir viviendo en su tierra en un estatus inferior», o emigrar al extranjero. Dicho sin rodeos, la «solución» es la expulsión de todos los palestinos no subordinados de las tierras del Gran Israel.
Pasemos ahora a la perspectiva contendiente:
Los palestinos que apoyan el «eje unido» observan que Israel sigue adhiriéndose a sus objetivos militares iniciales de destruir Gaza hasta el punto de que no quede nada -ninguna infraestructura civil en absoluto- con lo que los gazatíes pudieran vivir, incluso si intentaran regresar a sus hogares derruidos.
Ven este objetivo israelí plenamente apoyado por Biden cuando su portavoz dijo: «Creemos que tienen derecho a [embarcarse en nuevas operaciones de combate en Gaza]; pero [tales acciones]… deben incluir mayores y mejores protecciones para la vida de los civiles».
El comentarista de seguridad regional, Hasan Illaik, señala: «Los funcionarios del Eje también creen que las declaraciones estadounidenses de tono conciliador, que a veces sugieren que es inminente una fase de desescalada, no son más que un esfuerzo por reparar una imagen pública muy dañada por el apoyo incondicional de Estados Unidos a la continua masacre de palestinos en Gaza por parte de Israel».
Entonces, ¿está ganando Israel, apoyado por el Equipo Biden y algunos líderes de la UE?
Tom Friedman – un íntimo del Equipo Biden – escribió en el New York Times el 9 de noviembre – después de viajar por Israel y Cisjordania: «Ahora entiendo por qué han cambiado tantas cosas. Para mí está claro como el agua que Israel corre un peligro real, más peligro que en ningún otro momento desde su Guerra de Independencia en 1948».
¿Increíble? Posiblemente no.
Ya en 2012, el escritor estadounidense Michael Greer escribió que Israel se fundó en un momento especialmente propicio, a pesar de estar rodeado de vecinos hostiles:

«Varias de las principales potencias occidentales apoyaron al nuevo Estado con una importante ayuda financiera y militar; de al menos igual importancia, los miembros de la comunidad religiosa responsable de la creación del nuevo Estado, que permanecieron de vuelta en esas mismas naciones occidentales, se comprometieron en vigorosos esfuerzos de recaudación de fondos para apoyar al nuevo Estado, y en esfuerzos políticos igualmente vigorosos para conseguir que se mantuviera o aumentara el apoyo gubernamental existente. Los recursos puestos así a disposición del nuevo Estado le proporcionaron una ventaja militar sustancial frente a sus vecinos hostiles, y su existencia se convirtió en un hecho consumado hasta el punto de que algunos de sus vecinos renunciaron a una postura de confrontación total».
«Sin embargo, la supervivencia del Estado dependía de tres cosas. La primera, y con mucho la más crucial, era el flujo continuo de apoyo de las potencias occidentales para pagar un establecimiento militar mucho mayor de lo que permitían los recursos económicos y naturales del territorio en cuestión. El segundo era la continua fragmentación y relativa debilidad de los Estados circundantes. El tercero era el mantenimiento de la paz interna dentro del Estado y del asentimiento colectivo a un sentido claro de las prioridades, de modo que pudiera responder con toda su fuerza a las amenazas del exterior, en lugar de dilapidar sus limitados recursos en luchas civiles o proyectos populares que no contribuían en nada a su supervivencia».
«A largo plazo, ninguna de estas tres condiciones podría cumplirse indefinidamente (…) Cuando ocurra que estos primeros patrones de apoyo se rompan, Israel puede verse arrinconado».
La semana pasada, un destacado comentarista israelí señaló: «Se podría pensar que una visita presidencial, un discurso presidencial, tres visitas del Secretario de Estado, dos visitas del Secretario de Defensa, el envío de dos grupos de portaaviones, un submarino nuclear y una unidad expedicionaria de Marines, y la promesa de 14.300 millones de dólares en ayuda militar de emergencia, son testimonio del apoyo inquebrantable que Estados Unidos está prestando a Israel» …
«Piénselo otra vez».
«Bajo el pleno y firme respaldo de la administración Biden, existen peligrosas y traicioneras corrientes que están minando y cercenando la simpatía pública por Israel en todo Estados Unidos. Las encuestas publicadas la semana pasada contenían los datos más alarmantes y reveladores: El apoyo público a Israel se está desplomando, especialmente entre el grupo de edad de 18 a 34 años. Otra encuesta muestra que el 36% de los estadounidenses se oponen a la financiación adicional de Ucrania e Israel: Sólo el 14% apoya la financiación de Israel».
Lo verdaderamente notable es que los líderes de las nuevas narrativas son los jóvenes de las generaciones Z, Y y Alpha. Aprovechando las redes sociales y hablando directamente a sus grupos de iguales, han transmitido al mundo las quejas de los palestinos. Muchos tenían un conocimiento limitado de Palestina, pero su sentido de la justicia sin filtros alimentó su ira colectiva contra la actual limpieza étnica de Palestina por parte de Israel.
La segunda y tercera condiciones de Greer para la supervivencia de Israel también están haciendo metástasis a medida que las placas tectónicas mundiales rechinan y se mueven: Las potencias no occidentales no están del lado de Israel. Se están uniendo en oposición a la aspiración del Gabinete israelí de acabar con la noción de un Estado palestino, de una vez por todas. Y hoy, Israel está amargamente dividido sobre la visión de su futuro; qué es exactamente lo que constituye «Israel» e incluso esa misma cuestión posmoderna, «qué es ser judío».

8. Otra visión de Hamás

Como complemento a lo que vimos ayer, hoy en Consortium publican este artículo del profesor Abukhalil, con una visión algo diferente de Hamás.

https://consortiumnews.com/

Hamás antes y después del 7 de octubre
27 de noviembre de 2023
Por As’ad AbuKhalil Especial para Consortium News
Hamás ha sido un factor importante en la política árabe desde su fundación en 1987. Suscitó polémica desde el principio: muchos se opusieron a sus referencias a los repugnantes Protocolos de los Sabios de Sión (la famosa falsificación antisemita) en el documento fundacional, y mostró sentimientos antijudíos, e incluso anticristianos al principio.
Pero la sociedad palestina se ha caracterizado -a diferencia de Líbano- por su aversión al sectarismo, a pesar de la propagación de la ideología sectaria salafista desde el Golfo.
Hamás se vio obligada a cambiar su retórica y su último documento político (al igual que Hezbolá) dejaba claro que se opone al sionismo y no al judaísmo. (Algunos dirigentes y partidarios de Hamás siguen hablando en términos antijudíos). Hamás sintió la presión de la sociedad palestina y se esforzó por demostrar que los cristianos palestinos serían percibidos como parte de la sociedad palestina en general.
El ascenso de Hamás no fue constante; el movimiento sufrió diversos cambios y transformaciones; sus relaciones exteriores también cambiaron, a veces acercándose más a Irán que a Qatar, y otras a la inversa.
En la segunda Intifada, estuvo detrás de muchos de los atentados que no iban dirigidos contra objetivos militares. Decir que esto agrió a la opinión pública occidental sería irrelevante, porque los gobiernos occidentales, los medios de comunicación y algunos miembros de la sociedad se mostraron hostiles (incluso racistamente hostiles) hacia los palestinos y los árabes en general, independientemente de las medidas que tomaran los palestinos contra la salvaje ocupación israelí.
También se produjo un debate, en árabe, lejos de los curiosos ojos occidentales. La gente (palestinos y árabes) discutía sobre la utilidad y la moralidad de la violencia sin rumbo alejada de objetivos militares estrictos (esto se desencadenó a raíz del bombardeo de una pizzería por Hamás en 2001).
No hubo consenso entre los árabes sobre si los adultos israelíes debían ser tratados como objetivos militares legítimos por haber prestado servicio en la reserva militar.  Algunos discutían abiertamente estas cuestiones en la prensa.  Otros no estaban de acuerdo y pedían un cambio en las formas de lucha armada de los palestinos para no violar las normas islámico-árabes tradicionales de la guerra.
El régimen de Arabia Saudí ya estaba haciendo propaganda para impresionar al AIPAC; se publicaron artículos en la prensa saudí para calificar la violencia de Hamás, y la de otros grupos palestinos, de terrorismo descarado.  Esto, por supuesto, ofende a muchos árabes que ven a Israel como el pionero y especialista en la práctica del terrorismo en la región, a lo largo de los siglos XX y XXI.
Victoria electoral de Hamás
Al Fatah consideraba a Hamás una amenaza para su dominio político. (Al Fatah se convirtió, después de Oslo, en un brazo de la ocupación, aunque Arafat intentó en sus últimos días jugar a dos bandas y revitalizar el brazo armado de Al Fatah tras desilusionarse cada vez más con el «proceso de paz»).
Rápidamente quedó claro que Hamás se estaba convirtiendo en la segunda organización política más influyente después de Fatah (sólo durante la época de Arafat), a medida que los grupos de izquierda palestinos veían su desaparición. Fatah estaba seguro de que ganaría las elecciones de 2006 y los israelíes estuvieron de acuerdo, pero Fatah se debilitó después de que Arafat volviera lentamente a la senda de la lucha armada -y fuera asesinado por Israel con el apoyo de Estados Unidos por ello-.
Se permitieron las elecciones de 2006 y ganó Hamás. Hamás ganó puramente como un voto contra el corrupto y deslavado Fatah. El pueblo palestino llegó a percibir a Fatah, con razón, como un vendido y como una herramienta despiadada de la ocupación.
El espectro político palestino se dividió entre el camino de Al Fatah y el de Hamás. Al Fatah representaba la coordinación con la ocupación israelí, el abandono de la lucha armada, la confianza en Estados Unidos y la esperanza de que Israel permitiera misericordiosamente a los palestinos tener un Estado.
Por otro lado, Hamás representaba la oposición a la paz con Israel, la firme creencia en la eficacia de la lucha armada y la determinación de que sólo una ideología islamista podía movilizar al pueblo de forma eficaz.
Una cuenta pendiente
Hamás creía que era necesario volver a las enseñanzas islámicas para vencer a Israel. La experiencia de la OLP (especialmente tras la huida de Beirut en 1982) representaba el fracaso y la derrota. Hamás era entonces lo que Fatah fue tras 1967, cuando se presentaba como la alternativa revolucionaria a los regímenes árabes fracasados.
Estados Unidos e Israel no podían aceptar la victoria de Hamás y el periodista David Rose reveló en este artículo en 2008 que tanto Estados Unidos como Israel estaban trabajando en un golpe de Estado para derrocar a Hamás en Gaza. Hasta aquí la retórica de Bush y la democracia y las urnas.

Hamás -a diferencia de Al Fatah, que sufrió desde su creación infiltraciones y fallos de seguridad- formó un aparato de inteligencia eficaz y se adelantó al golpe de sus enemigos, incluido Al Fatah.
Hamás también tenía cuentas pendientes con Al Fatah, ya que había sufrido torturas en las mazmorras de la Autoridad Palestina después de Oslo. Los gobiernos occidentales no tenían reparos en que Israel y la AP torturaran siempre que las víctimas fueran islamistas y creyeran en la lucha armada.
Justo antes del 7 de octubre, Hamás tuvo una crisis de identidad. Se asoció -como la AP en cierto sentido- con un gobierno represivo en Gaza. Las cosas no estaban tan mal como bajo los matones de la AP en Ramala, pero Hamás recurría cada vez más a la represión contra las expresiones de oposición y resentimiento.
Las penurias económicas no se debían al gobierno de Hamás (tras casi dos décadas de bloqueo israelí), pero la gente sólo tenía una dirección contra la que protestar.  No había la corrupción rampante de Fatah, pero el pueblo palestino de Gaza estaba harto de la gestión del asedio por parte de Hamás.
Los habitantes de Gaza estaban hartos del impacto que tenía en sus vidas. Gaza no es una prisión virtual. En realidad es una prisión al aire libre, con el aire, el mar y los puntos de entrada controlados por la ocupación israelí. Israel y los medios de comunicación serviles siguen afirmando que Israel «se retiró» de Gaza en 2005. De hecho, la ocupación de Gaza nunca terminó.
Lo que Israel hizo fue simplemente volver a desplegar las tropas de ocupación fuera de Gaza, al tiempo que imponía un estrecho asedio a la franja. El gobierno egipcio de Sisi es un socio de pleno derecho en el asedio (en tiempos de Husni Mubarak, el gobierno egipcio permitía el contrabando para aliviar las condiciones económicas de Gaza).
Estados Unidos, por lo general, deja que Israel haga lo que quiera con la franja, y cada vez que Israel decide lanzar una campaña militar salvaje contra la población de Gaza, Estados Unidos (derecha, izquierda y centro) le sigue la corriente y le presta todo su apoyo.
Hamás no puede ser derrotado por la fuerza
En 2018, la población de Gaza intentó lanzar una protesta pacífica contra el asedio.  La respuesta de Israel no se hizo esperar: disparó contra los manifestantes sin tener en cuenta las vidas de los civiles. La indulgencia de Estados Unidos permitió a Israel tratar a los pobres gazatíes con insensibilidad y venganza.
No se sabe mucho sobre la planificación de la Operación Diluvio de Aqsa del 7 de octubre. Hezbolá e Irán confirmaron que no tenían conocimiento previo de la operación. Hay quienes creen que Hamás no actuó sola; que cuando se abrieron las fronteras la Yihad Islámica y grupos aún más pequeños se escaparon de la prisión de Gaza y se sirvieron de los rehenes israelíes. Hamás admitió posteriormente que no todos los rehenes estaban bajo su custodia.
Estados Unidos e Israel respondieron rápidamente equiparando a Hamás con el ISIS, y el presidente Joe Biden insistió en que Hamás no representa al pueblo palestino.  WINIP (el brazo de investigación apenas disfrazado del lobby israelí) presentó una encuesta para demostrar que Hamás no es popular y los medios de comunicación occidentales prácticamente declararon el fin de Hamás.
Pero no se puede acabar con Hamás por la fuerza. Hay informes de que su popularidad está aumentando en Cisjordania, donde había sido prohibida por la AP.  Durante toda esta semana se han oído cánticos a favor de Hamás en Cisjordania y en los países árabes.
Las cosas no siempre salen según lo previsto cuando las potencias coloniales elaboran estrategias con artillería pesada.
La imagen de Abu ‘Ubyadah (el portavoz militar de Hamás) se ha esparcido por todas las redes sociales árabes e incluso por las calles de Líbano, los únicos países árabes con libertad (casi) ilimitada.
La liberación de los presos palestinos fue acompañada de la expresión de apoyo a Hamás. E incluso con el nivel masivo de destrucción y muerte en Gaza, hubo quejas contra Hamás por parte del pueblo palestino.  Para que Israel acabe con Hamás, debe matar o expulsar a todos los palestinos de Cisjordania, Gaza y todos los campos de refugiados de Jordania, Líbano y Siria.
Al parecer, la administración Biden no se opondría a semejante plan asesino.
As’ad AbuKhalil es un profesor libanés-estadounidense de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de California, Stanislaus. Es autor de Historical Dictionary of Lebanon (1998), Bin Laden, Islam and America’s New War on Terrorism (2002), The Battle for Saudi Arabia (2004) y dirige el popular blog The Angry Arab. Tuitea como @asadabukhalil

Observación de José Luis Martín Ramos:
Este artículo es mucho más equilibrado, es decir, es un artículo equilibrado. Recoge las dos posiciones que se dan dentro de Hamas, la islamista y antisionista y la salafista y antijudea (lo de los Protocolos de Sión no es, por otra parte, una falsedad solo antijudía, es también -y lo fue en su origen, desde luego- una falsedad antimarxista, anticomunista). No blanquea el antecedente de Hamas, como lo hacía el artículo anterior, sino que explica la evolución que ha dado y que es la que le ha permitido ocupar el vacío dejado por la quiebra de Fatah tras el asesinato de Arafat. Conviene no perder de vista esa dualidad interna, porque los Hermanos Musulmanes antes y Hamas después son muy sensibles a la competencia que les hace la Yihad- que sí es salafista y quizás tafkirista, no sé este último extremo- en el campo musulmán palestino.
El autor da una pista que no había considerado sobre las razones del 7 de octubre: el descontento que empezaba a haber en la Franja sobre el gobierno autoritario de Hamas y las pésimas condiciones de supervivencia; en ese descontento Yihad puede haber estado agitando las aguas, y el hecho es que la acción del 7 de octubre, aunque haya sido planeada desde Hamas no ha sido ejecutada solo por Hamas sino también por YIhad y los restos de grupos que han dejado de tener el impacto que tuvieron (FPLP, FDLP, la rama militar de Fatah); parece que los de Yihad fueron los que «improvisaron» el ataque al concierto de música -agravado en sus consecuencias por la acción del helicóptero israelí- y tienen en su poder una parte de los israelíes capturados en la acción. Hamas también tiene sus disyuntivas en el momento presente, espero que no caiga en el campo de las opciones de la Yihad. Eso también puede depender, en parte, de las posiciones de «los otros», de Israel, EEUU, y también los gobiernos europeos por poco que cuenten. Por eso me parece una impertinencia política, rayana en la estupidez, decir, como ha hecho Albares, que Hamas no forma parte de la solución; pretender excluirlo de la solución es precisamente empujarlo al campo del salafismo, pero sobre todo es ignorar el peso de Hamas entre los palestinos y los palestinos son parte indispensable de la solución. Sigo pensando que no hay salida militar, aunque el momento militar puede prolongarse, solo hay solución politica y en esa solución política habrá de estar Hamas y el resto de fuerzas palestinas que existen aunque no tengan protagonismo particular en este momento militar (por eso mi monomanía con Bargouthi).

Comentario de Joaquín Miras:
Es un buen articulo. Reitera, desde luego, cosas del de ayer, como la corrupción y el papel de la Autoridad palestina y el bantustán que administra. Plantea el islamismo fundamentalista sectario anti-otras-religiones y anti laico, de la primera etapa de Hamas, y tambien su evolucion, que es, precisamente, y dado lo que a mí me angustia -me lo vais a entender en cuanto me explique- algo que da mala espina, porque esas evoluciones antisectarismo solo se producen cuando la mies es mucha y no hay braceros de otras cuerdas ideológicas laicas o religiosas que compitan y uno se puede convertir en el amo de todo el sembrao (y, si queréis, aqui, en esta valoracion, va mi sectarismo). Habla de nuestra inexistencia. porque lo terrible de este articulo, como del otro, es que no existimos, no operamos, no hay proyección de fuerzas nuestras, rojas, ninguno de los dos frentes de liberacion de Palestina. Ni una palabra. la absoluta prescindencia. Cuando sugiere que hay quienes dicen que Hamas tiene apoyos, el artículo acaba de explicar sobre sus relaciones con Iran, Qatar, etc. No se refiere a que haya quienes digan que tiene coordinación con otras fuerzas palestinas. Tampoco fuerzas laicas panárabes estilo Baaz o estilo nasserista. Tienen el campo para ellos solos. El artículo señala, como el otro, que tras el nuevo bloqueo el malestar de Gaza se volvía contra ellos, y por tanto solo les quedaba esta opción. opción que no puedo discutir, porque, de una parte, ellos son la unica fuerza de liberación, real, la unica operante realmente, y porque está claro que Israel tenía elaborada ya una «solución Final» para Palestina, con los colonos armados. lo que hay es una fuerza que es la única que defiende y pone en cuestión la política israelí. Por lo demás, y ya al margen y como opinión mía -opinion mía, que se carga sobre opinión mia, claro…-: la desaparicion de la izquerda, no es una singularidad palestina. La «ventaja» que tiene es que la situacion desesperada palestina no da posibilidad de que el wokerío liberal despiertista, «el progresismo progresista de progreso» sectarista, arraigue allí con sus debates teologicos y sus chorradas locas. Y se ve a las claras, no lo woke, sino el hueco, la oquedad de nuestra inexistencia. Un vértigo, que es lo que me produce. El artículo también trata de los prejuicios antiislamistas que se da en Europa, entre la misma izquierda europea. No podemos saber qué hará Hamas si asciende, o si, por una serie de situaciones no pensables, vence. Pero sería perfidia infame nuestra pensar que, precisamente por ser islamistas, pueden ser más propensos a.… que lo serían otros, y desde luego el haber sido capaces de haber construido tejido social, los hace invencibles salvo exterminio de la poblacion, tal como sugiere el texto. Como «cada loco con su tema», yo vuelvo a mi manía: o la izquierda se lanza por ese camino, crear tejido alternativo, desde la vida cotidiana, crear eticidad, sittlichkeit, cultura material de vida que es la verdadera constitucion de una sociedad, o no hay salida, ni para ella, ni para la lucha por una sociedad que salga del colapso a la que va encaminada como un tren bala -bienvenida la reina, que señala el problema-. Hemos probado todas las otras formas de hacer politica, durante más de 100 años, con los resultados conocidos. No es la maldad humana, ni la perversion comunista, es que si se va a setas se va a setas, si a rolex, a rolex, que dice Patxi Anxon; y si generas una sociedad dirigida desde los aparatos y sin generacion de nueva cultura de vida no consumista… pues el mejor modelo es el capitalista, desconfíe de las imitaciones.. .pero lo otro, la creación de una cultura de vida elaborada desde la vida cotidiana, claro, para el wokerío despiertista dispuesto a aceptar el «si hoy es martes, yo soy mujer», esto es «comunitarismo» y eso, es reaccionario…disculpad la adenda

Por todo esto me interesaba -me interesa- el Sínodo católico actual, y me parece que está en una mala deriva. En vez de proponer la religion como religación comunitaria que desde la base y por obra del espiritu santo o del espíritu del vino o de lo que sea, genere tejido social cultural hacia afuera, se dedica a darle vueltas a si habrá curesas, y no solo curas e insiste en la religión como Fe, no como denominacion de tejido social organizado culturalmente que cree pautas alternativas de vida, o sea. cae el la lacra, denunciada por Hegel del protestantismo -pietismo decía él- y se convierte de nuevo es una intarscendencia, una intrascendencia inmanente, para los que crean, a lo mejor esto es positivo. Pero una asociación de fieles a lo Dreyer, Bergmann, no es ayuda para la creacion de una cultura de vida nueva, decrecentista, y no hace que la iglesia participe de las fuerzas -gracioso: cuáles, ¿no?- que actúen como «Katejon», de freno y contencion, frente al apocalipsis climatico, algo que solo se logrará si hay «matanoia», conversion de modos de vida. Con el permiso de Pablo de Tarso, que, por cierto, no me cae bien…

9. “Las provocaciones del Departamento de Estado estadounidense pueden coartar la libertad de prensa en América Latina” por Vijay Prashad

Biografía del autor: Este artículo fue producido para Globetrotter. Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio. Es miembro de la redacción y corresponsal en jefe de Globetrotter. Es editor en jefe de LeftWord Books y director del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos The Darker Nations y The Poorer Nations. Sus últimos libros son Struggle Makes Us Human: Learning from Movements for Socialism y The Withdrawal: Iraq, Libya, Afghanistan, and the Fragility of U.S. Power (con Noam Chomsky).

Fuente: Globetrotter

Etiquetas: Norteamérica/Estados Unidos, Europa/Rusia, Sudamérica, Centroamérica, Norteamérica, Medios de comunicación, Agencias de inteligencia, Noticias, Política, Coyuntural

El titular es provocador: “Los esfuerzos del Kremlin para difundir desinformación encubierta en América Latina”. Esta fue una declaración en el sitio web del Departamento de Estado de los Estados Unidos, publicada el 7 de noviembre de 2023.

El Gobierno estadounidense acusó a dos compañías –Social Design Agency y Structura National Technologies– de ser los principales agentes de lo que presuntamente es desinformación respaldada por Rusia. En la declaración se nombraba a los directores de ambas empresas, Ilya Gambashidze, de Social Design Agency, y Nikolay Tupkin, de Structura. El 28 de julio de 2023, la Unión Europea sancionó a varias personas y empresas rusas, entre ellas SDA y Structura. La Unión Europea acusa a estas dos empresas informáticas de estar “implicadas en la campaña de desinformación digital dirigida por Rusia” contra el Gobierno de Ucrania. La declaración del Departamento de Estado estadounidense alega ahora que estas empresas informáticas están implicadas en un proyecto de desinformación en América Latina.

Ni la Unión Europea ni el Departamento de Estado estadounidense ofrecen prueba alguna en sus diversas declaraciones públicas. Sin embargo, el documento estadounidense hace referencia a la Evaluación Anual de Amenazas 2023 de la Comunidad de Inteligencia de los Estados Unidos, que dice lo siguiente: “Los actores de influencia de Rusia han adaptado sus esfuerzos para ocultar cada vez más su mano, blanqueando su mensajería preferida a través de un vasto ecosistema de sitios web proxy rusos, individuos y organizaciones que parecen ser fuentes de noticias independientes”. Aquí, obtenemos principalmente la metodología – blanqueo de información a través de sitios web proxy – en lugar de cualquier prueba sólida.

El 3 de mayo de 2023, el Comité de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos celebró una audiencia sobre “Las guerras mundiales de la información: ¿están los Estados Unidos ganando o perdiendo?”. La principal oradora de la audiencia fue Amanda Bennett, directora ejecutiva de la Agencia de los Estados Unidos para los Medios de Comunicación Globales (USAGM), un grupo paraguas que dirige varios proyectos de medios de comunicación del Gobierno de los Estados Unidos desde Europa (Radio Liberty) hasta las Américas (Office of Cuba Broadcasting) con un presupuesto anual de 810 millones de dólares. Bennett, ex directora de la Voz de América del Gobierno de los Estados Unidos, dijo a los senadores que si el gobierno estadounidense no “orienta las inversiones para contrarrestar los avances de Rusia, la [República Popular China] e Irán, corremos el riesgo de perder la guerra mundial de la información”. Estos tres países, argumentó, han “gastado más” que los Estados Unidos en América Latina, una ventaja que, en su opinión, debe superarse mediante una mayor injerencia estadounidense en los medios de comunicación latinoamericanos.

El papel de RT

Jessica Brandt, del Instituto Brookings, dijo a los senadores que los medios de comunicación rusos se han asegurado una ventaja decisiva en América Latina. Vale la pena considerar los datos que expuso: “Hasta el primer trimestre de 2023, tres de las cinco cuentas de medios estatales rusos más retuiteadas en Twitter enviaron mensajes en español, y cinco de las diez que más crecieron se dirigieron a audiencias en español. En YouTube, RT en Español también ha demostrado ser capaz de crear grandes audiencias, a pesar de la prohibición global de la plataforma a los canales de medios de comunicación rusos financiados por el Estado. En TikTok, RT en Español es uno de los medios en español más populares. Sus 29,6 millones de ‘me gusta’ la hacen más popular que Telemundo, Univisión, BBC Mundo y El País. Asimismo, en Facebook, RT en Español tiene actualmente más seguidores que cualquier otra cadena internacional en español”. En otras palabras, RT se ha convertido por sí solo en uno de los medios de comunicación más influyentes de América Latina. Los datos de Brandt son ampliamente aceptados, incluso por un informe publicado en marzo por el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo titulado “A pesar de las prohibiciones occidentales, la propaganda de Putin florece en español en la televisión y las redes sociales” y por un estudio del Laboratorio de Investigación Forense Digital del Atlantic Council de 2022.

RT (antes Russia Today) es propiedad de TV-Novosti, una organización sin ánimo de lucro fundada por la estatal Ria Novosti en 2005. RT está prohibida o bloqueada en Canadá, la Unión Europea, Alemania, los Estados Unidos y varios otros países occidentales. De hecho, en la comparecencia ante el Senado apenas se habló de todo el entramado de proyectos de RT. La atención se centró en el “blanqueo” de “desinformación”.

Lo más probable’

Lo que llama la atención de la declaración del Departamento de Estado de los EE.UU. es que – sin ninguna prueba, pero con un lenguaje vacilante – nombra a dos proyectos de noticias que operan en América Latina como estos “proxies”. Por ejemplo, el Departamento de Estado de EE.UU. dice que parte de la campaña rusa es cultivar a un grupo de periodistas “muy probablemente en Chile”, pero no definitivamente. Es importante subrayar esta vacilación porque unos párrafos más adelante, la duda se desvanece: “Aunque las operaciones de la red se realizan principalmente en concierto con los medios en español Pressenza y El Ciudadano, el grupo dispone de una red más amplia de recursos mediáticos para amplificar aún más la información”.

Pressenza, fundada en 2009 en Milán (Italia), surgió de los debates y discusiones provocados por la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de Comunicación (formada por la UNESCO) y su informe Muchas voces, un mundo o Informe MacBride (1980). El propio informe MacBride se basaba en los debates sobre la democracia de los medios de comunicación que habían dado lugar a la creación, en 1964, de Inter-Press Services y, más tarde, de Pressenza. El Ciudadano se fundó en 2005 como parte del proceso de democratización de Chile tras la caída de la dictadura militar de Augusto Pinochet en 1990.

Ambos medios negaron (en inglés y español) estar financiados por el Gobierno ruso o blanquear información para el Gobierno ruso. En su declaración conjunta, firmada por David Andersson (director de Pressenza) y Bruno Sommer Catalán (director de El Ciudadano), afirman: “Creemos que este tipo de ataque es malintencionado, e insistimos en que el Departamento de Estado de los Estados Unidos retire esta acusación, así como que nos pida disculpas públicamente por difamar nuestra reputación”. En otra declaración, el periodista italiano Antonio Mazzeo (galardonado con el premio Giorgio Bassani en 2010) declaró: “Este asunto me preocupa porque podría preparar el siguiente paso, la creación de una lista de proscritos… para poner a todos aquellos que no acepten pensar sólo en la guerra y por tanto se conviertan en peligrosos y deban ser silenciados”.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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