MISCELÁNEA 3/10/2026

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. El debate nuclear en Irán.
2. Yemen, hoy.
3. Elecciones presidenciales en Brasil.
4. La guerra por los minerales.
5. Cómo acabará el aumento de la complejidad.
6. Entrevista a Alyssa Battistoni.
7. El libro de Fineschi sobre el método en Marx.
8. La amistad y la política.
9. Resumen de la guerra en Irán, 2 de octubre.

1. El debate nuclear en Irán.

Como es de toda lógica, en Irán están debatiendo si tiene sentido que se doten de armas nucleares o no y abandonar el tratado de No Proliferación Nuclear. Sigo pensando que cuantos menos países con armas nucleares haya, mejor, pero ante un imperialismo desatado reconozco que tengo mis dudas.

https://thecradle.co/articles/irans-npt-debate-moves-beyond-parliament

El debate sobre el TNP en Irán trasciende el Parlamento

Tras dos guerras, los legisladores iraníes presionan para que el país se retire del TNP. El debate en Teherán se centra ahora en si una bomba disuadiría de un nuevo ataque.

Fereshteh Sadeghi

2 de octubre de 2026

Tras dos rondas de ataques estadounidenses e israelíes en el espacio de un año, aumenta la presión sobre los dirigentes iraníes para que se retiren del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Los defensores de esta medida afirman que el tratado no ha logrado proteger el programa nuclear civil de Irán ni a sus científicos. Sus oponentes advierten de que la retirada podría proporcionar a Washington y Tel Aviv un pretexto para otro ataque. El debate se extiende ahora mucho más allá del Majlis.

«Se avecina una gran decisión» es una forma de describir una moción que lleva meses sobre la mesa del presidium del Parlamento iraní. Un grupo de legisladores ha publicado ahora una declaración abierta en la que exige que el Consejo Supremo de Seguridad Nacional y el Ministerio de Asuntos Exteriores inicien el proceso formal de retirada del TNP. También quieren que Teherán ponga fin a los compromisos nucleares voluntarios que van más allá de sus obligaciones en virtud del tratado.

Los diputados sostienen que el TNP y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no han protegido el derecho de Irán a la tecnología nuclear con fines pacíficos. Acusan al organismo de permitir que la información obtenida mediante las inspecciones llegue a manos de los enemigos de Irán, lo que expone las instalaciones nucleares y a los científicos a posibles ataques.

Su declaración se produce tras años de disputas sobre el acceso de la agencia a las instalaciones iraníes y el uso que los gobiernos occidentales hacen de sus conclusiones. Invocan el artículo X del tratado, que permite la retirada cuando un Estado decide que acontecimientos extraordinarios han puesto en peligro sus intereses supremos. Una retirada requeriría un preaviso de tres meses a las demás partes y al Consejo de Seguridad de la ONU.

Una moción a la espera de debate

A raíz de esa declaración pública, el diputado de Isfahán Hussein-Ali Haji-Deligani reveló que él y sus colegas presentaron hace meses una propuesta legislativa sobre la retirada de Irán del TNP, y que corresponde al presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, someterla a debate en el pleno parlamentario. Heji-Delogani reiteró:

«Teniendo en cuenta las guerras que los enemigos han librado contra Irán en dos ocasiones, la permanencia de Irán en el TNP no tiene sentido, especialmente después de que la Junta de Gobernadores del OIEA remitiera el expediente de Irán al Consejo de Seguridad de la ONU. Por lo tanto, Irán debería retirarse del tratado para evitar más daños».

Otros legisladores han dirigido sus críticas hacia la dirección parlamentaria. El diputado por Teherán, Kamran Ghazanfari, culpó al presidium de impedir que la moción se sometiera a debate, una acusación dirigida principalmente contra Ghalibaf.

Ghalibaf se ha alineado con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, en varias cuestiones de política estatal, lo que le ha valido las críticas de antiguos aliados entre los «principlistas». La controversia sobre el TNP se ha convertido en otro punto de discordia entre ellos.

Otro parlamentario, Mohammad-Reza Sabaghian, declaró:

«Debemos aplicar el valor que se demostró y la estrategia adecuada para cerrar el estrecho de Ormuz en el debate sobre la retirada del TNP. Este es el segundo paso que conducirá al fracaso de los planes de Estados Unidos».

Mohsen Sani, miembro de la comisión de seguridad nacional del Parlamento, fue más allá:

«En nuestra opinión, el TNP ya no tiene ningún sentido ni importancia, tanto si queremos permanecer en él como si queremos abandonarlo. Cuando uno de los Estados miembros del TNP ataca a otro miembro (Irán), ello supone la retirada de todos estos compromisos y tratados que han existido al respecto. Las recientes presiones sugieren que deberíamos reconsiderar el enriquecimiento».

Argumentos a favor de permanecer

El llamamiento a la retirada ha encontrado resistencia dentro de la clase política iraní.

 

El diputado de Teherán Mohammad Seraj no ve ningún beneficio en la salida. A menos que Irán tenga la intención de fabricar una bomba, argumenta, esta medida solo dañaría sus relaciones con los Estados amigos.

Khorasan, un periódico cercano a Ghalibaf, ha criticado a los legisladores por «radicalizar el ambiente político del país y obligar a la República Islámica a tomar una decisión tan delicada», describiéndola como «un regalo para Trump».

El medio sostiene que «cualquier medida encaminada a abandonar el TNP ofrece a Trump y a Netanyahu justificación suficiente para sus futuros ataques contra Irán, al tiempo que aleja a aliados como China y Rusia, que siempre han apoyado el derecho legítimo de Irán a un programa nuclear no militar».

Rouydad24, un sitio web de noticias con fuertes vínculos con el bando reformista, arremetió contra los diputados tildándolos de «radicales» que «han regresado con una receta controvertida y costosa».

El sitio web reformista denuncia que «los críticos de Pezeshkian han convertido la retirada del TNP en un eslogan político sin tener en cuenta que se trata de un asunto complejo desde el punto de vista económico, militar e internacional».

De quién depende la decisión

El debate se ha convertido en un reto para Pezeshkian, cuyo Gobierno ha defendido que Irán siga formando parte del tratado. Pero el presidente no es la única voz en la sala. Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, ha planteado abiertamente la posibilidad de la retirada.

Rezaei afirmó: «Después de que Estados Unidos abandonara el Memorándum de Entendimiento de Islamabad de la posguerra, llegamos a la conclusión de que debíamos cambiar de rumbo. Aún no hemos tomado una decisión sobre la retirada del tratado, porque nuestra retirada depende totalmente del comportamiento de Washington».

El alto mando militar admite que la República Islámica sigue comprometida con la prohibición religiosa del difunto líder supremo Alí Jamenei sobre el uso de armas nucleares y no ha cambiado su doctrina nuclear; sin embargo, «nadie puede garantizar el futuro», matiza.

¿Busca Irán un arma nuclear?

En una entrevista exclusiva con el órgano de expresión del Partido Republicano, Fox News, Pezeshkian negó rotundamente que Irán esté buscando una bomba atómica, y añadió que su país está incluso dispuesto a diluir las reservas de uranio de 440 kilogramos purificado al 60 % y a permitir que los inspectores nucleares del OIEA supervisen el programa nuclear iraní.

Pezeshkian hizo estas afirmaciones mientras que la República Islámicano permite que los inspectores internacionales visiten sus instalaciones nucleares, que fueron destruidas por EE. UU. e Israel durante dos guerras en junio de 2025 y febrero-marzo de 2026.

La garantía de Pezeshkian contrasta con la advertencia de Rezaei de que no se puede garantizar el rumbo futuro del país. Las informaciones procedentes de Teherán según las cuales el líder supremo Mojtaba Jamenei habría descartado las negociaciones nucleares con Washington siguen sin confirmarse; no ofrecen ningún fundamento para considerar dicha prohibición como una política establecida.

Una decisión por encima del Majlis

La pertenencia de Irán al TNP ha pasado de ser una cuestión técnica y jurídica a convertirse en un debate más amplio sobre la disuasión tras los ataques a sus instalaciones nucleares. El proyecto de ley parlamentario ofrece a ese debate un escenario público, pero los legisladores por sí solos no lo resolverán.

La decisión final se tomaría en las más altas esferas del establishment político y de seguridad de la República Islámica. Una votación en el Majlis podría dar un sello formal a un rumbo fijado en otros ámbitos, tal y como ocurrió con la legislación nuclear anterior.

La Ley de Acción Estratégica de 2020 para el levantamiento de las sanciones, por ejemplo, obligaba al Gobierno a ampliar la actividad nuclear y a restringir las inspecciones si no se materializaba el alivio de las sanciones.

 

Esto limitó drásticamente el margen de maniobra del Gobierno de Rouhani en relación con el acuerdo nuclear de 2015, el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA). El precedente es relevante porque un proyecto de ley presentado como iniciativa parlamentaria puede convertirse en una palanca para una política acordada entre las instituciones de seguridad del Estado.

Por ahora, las propuestas de abandonar el TNP y los llamamientos a fabricar una bomba circulan en paralelo. Eso no significa que se haya adoptado ninguna de las dos. Sí muestra hasta qué punto las posturas que antes se mantenían al margen del debate público han entrado en la discusión sobre la seguridad de Irán.

El diputado Ahmad Bakhshayesh Ardestani ha defendido fabricar primero un arma nuclear y retirarse del TNP después, «porque solo así se puede garantizar la disuasión frente a una nueva agresión estadounidense-israelí».

Incluso Khorasan, que advierte contra abandonar el TNP ahora, no descarta una salida. Su argumento es que Irán debería fabricar y probar primero un arma nuclear. Hasta entonces, afirma, Teherán soportaría los costes de ser un Estado con armas nucleares sin poseer una disuasión nuclear.

El desacuerdo en Irán ya no se limita a si el país debería abandonar el tratado. También se trata de cuándo hacerlo.

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2. Yemen, hoy.

Parece que se aproxima un muy duro ataque de Arabia y su coalición de La Meca contra Yemen. Veremos. Mientras tanto, un repaso a la situación actual de una autora de varios libros sobre el país.

https://www.versobooks.com/blogs/news/yemen-is-back-in-the-headlines

Yemen vuelve a ser noticia

Los ataques huzíes contra petroleros saudíes han reavivado el interés internacional por la guerra olvidada de Yemen. La experta en la región Helen Lackner, autora de Yemen in Crisis, nos pone al día.

Helen Lackner 1 de octubre de 2026

Tras más de cuatro años de «ni guerra, ni paz», se han reanudado los combates a gran escala en Yemen. A principios de septiembre, los huzíes se hicieron con la ciudad portuaria de Mokha y la isla de Perim en un avance relámpago por la costa del Mar Rojo del país. Han tomado el control de Bab al Mandab o «Puerta de las Lágrimas», un estrecho marítimo en el extremo suroeste de la Península Arábiga (en la imagen). Las fuerzas huzíes ahora pueden acercarse lo suficiente a los petroleros saudíes como para atacarlos con armamento rudimentario, reservando sus armas avanzadas para objetivos más lejanos.

La amenaza huzí al transporte marítimo saudí ha hecho subir aún más los precios mundiales del petróleo y ha aumentado la presión sobre el príncipe heredero Mohammed bin Salman (MBS), quien debe lamentar amargamente su precipitada decisión de iniciar la guerra en Yemen en 2015. MBS esperaba proyectar fuerza y dinamismo frente a lo que él creía que era un grupo heterogéneo de miembros de tribus de montaña. El año anterior había estallado una guerra civil entre las fuerzas gubernamentales yemeníes y los rebeldes huzíes (oficialmente, Ansar Allah). En 2022, una coalición liderada por Arabia Saudí apoyada por EE. UU. y el Reino Unido había bloqueado Yemen al tiempo que lanzaba más de 25 000 ataques aéreos sobre el país, matando a 9 000 civiles, sin lograr la victoria.

En los últimos años, MBS ha intentado sacar a su país del atolladero que él mismo creó. Esto estuvo a punto de lograrse en 2023, cuando las negociaciones directas entre Arabia Saudí y los huzíes estuvieron a punto de concluir. El ansiado acuerdo habría estabilizado la frontera sur de Arabia Saudí y fomentado la inversión internacional en los grandiosos proyectos de infraestructura de MBS. Para los huzíes, habría puesto fin al bloqueo aéreo y marítimo saudí, habría supuesto el reconocimiento del movimiento como parte en pie de igualdad en las negociaciones con el Gobierno reconocido internacionalmente (IRG), habría garantizado importantes reparaciones económicas y habría cubierto los salarios del personal del Gobierno huzí durante al menos un año.

El proceso se vio descarrilado por el genocidio perpetrado por Israel en Gaza a partir de octubre de 2023. La Administración Trump respondió a los ataques con misiles y drones de los huzíes en apoyo de los palestinos con un asalto aéreo y naval de ocho semanas denominado «Operación Rough Rider», que causó la muerte de al menos 224 civiles. El 28 de agosto de 2025, un ataque israelí contra la capital yemení, Saná, acabó con la vida del primer ministro huzí y de la mayor parte de su Gobierno.

Los intentos de reactivar las negociaciones fracasaron entonces debido al ataque estadounidense-israelí contra Irán. Contrariamente a las expectativas generalizadas, los huzíes se limitaron inicialmente a declaraciones de apoyo a Teherán y a un puñado de ataques con drones o misiles contra Israel. El 13 de julio, sin embargo, la IRG y los saudíes bombardearon la pista del aeropuerto de Saná para impedir el aterrizaje de un vuelo iraní de regreso que transportaba a una delegación huzí y a asesores iraníes. Los huzíes respondieron anunciando un embargo sobre los movimientos marítimos saudíes en el Mar Rojo, o «un bloqueo por un bloqueo».

Las decisiones estratégicas de los huzíes en estas semanas resultan interesantes. Tenían razones fundamentales para lanzar una nueva ofensiva en este momento, anticipándose a un cambio en el equilibrio de poder. Políticamente, el estrechamiento de las relaciones entre la Guardia Revolucionaria Islámica (IRG) y el régimen saudí amenaza el actual acuerdo entre Arabia Saudí y los huzíes, que ha incluido importantes pagos por parte de Riad para prevenir los ataques huzíes. Mientras tanto, Ansar Allah ha informado a EE. UU. de que no tiene intención de atacar buques estadounidenses ni, de hecho, ningún buque no relacionado con Arabia Saudí. Esto puede reflejar la preocupación de los huzíes por evitar provocar nuevos ataques aéreos estadounidenses e israelíes.

A principios de agosto, los huzíes habían atacado ocho petroleros saudíes y habían obligado a al menos otros treinta a desviar su ruta. Esto tuvo un impacto notable en el suministro mundial de petróleo, ya que Arabia Saudí había desviado previamente gran parte de sus exportaciones petroleras del estrecho de Ormuz, al este, hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, al oeste. Arabia Saudí había estado exportando entre 4 y 5 mb/d a través de esa ruta, lo que supone alrededor del 5 % del consumo diario mundial. Los huzíes también han lanzado misiles contra instalaciones de almacenamiento de petróleo y contra la capital saudí, Riad. Para los saudíes, esto supone un grave problema presupuestario, sobre todo teniendo en cuenta sus costosas inversiones y proyectos de prestigio. Aunque algunos de ellos se han pospuesto de forma más o menos indefinida, otros deben llevarse a cabo, como los preparativos para la Expo 2030 y el Mundial de fútbol de 2034.

La respuesta saudí al último avance huzí ha sido hasta ahora moderada, pero podría tratarse de la calma antes de otra tormenta mientras se llevan a cabo negociaciones con diversos patrocinadores internacionales. En esta ocasión, Estados Unidos se ha negado hasta ahora a prestar apoyo aéreo, limitándose a ofrecer asesores en las salas de operaciones. Por el contrario, el presidente francés Macron está enviando tropas terrestres, radares y otro material para proteger el puerto de Yanbu, y el Gobierno laborista de Andy Burnham ha ofrecido un avión de la RAF para el reabastecimiento en vuelo de los aviones saudíes con el fin de ayudar en los ataques aéreos. Como señaló Reuters, el Reino Unido es uno de los mayores proveedores de armas del reino. La historia ha demostrado el fracaso de cualquier estrategia basada en sembrar la destrucción desde el aire, desde que los colonizadores británicos bombardeaban Yemen en la década de 1960.

La escalada de la guerra actual en Yemen no hará más que empeorar las condiciones de vida de los yemeníes. Más de 22 millones de ellos ya necesitaban ayuda humanitaria, y más de la mitad sufría inseguridad alimentaria aguda. Los huzíes han controlado alrededor del 30 % del territorio del país y el 70 % de su población durante la última década. Un año después de que el Programa Mundial de Alimentos cesara por completo cualquier tipo de ayuda, el hambre está alcanzando niveles de hambruna en muchas zonas. Tras el traslado de la mayoría de los bancos de Saná a Adén, como consecuencia de la designación por parte de la Administración Trump de Ansar Allah como «organización terrorista extranjera» en marzo de 2025, las transacciones financieras se han vuelto aún más difíciles e impiden que la mayoría de las instituciones financieras y empresas mundiales mantengan relaciones con sus homólogos con sede en Saná. Esto no solo afecta a las empresas que aún permanecen, sean del tamaño que sean, sino que también reduce las remesas, que son un salvavidas para miles de ciudadanos con amigos y familiares en el extranjero. Mocha y la población de las zonas recién conquistadas constituyen una nueva fuente de ingresos fiscales, pero la población de estas zonas es en gran medida anti-huzíes. Existe resistencia local y 150 000 personas han sido desplazadas; es muy probable que les sigan otras más.

El resto de Yemen sigue estando, nominalmente, bajo el control del IRG. Sin embargo, su liderazgo está dividido y ha sido incapaz de actuar como una fuerza política o militar coherente. En 2022, el presidente Hadi cedió el poder a un Consejo de Liderazgo Presidencial compuesto por ocho miembros, formado principalmente por líderes militares que, en el mejor de los casos, no eran más que rivales por el poder. Las fuerzas del IRG se retiraron con cierta desorganización ante el reciente avance huzí y ahora intentan recuperar territorio en las montañas que controlan las llanuras costeras.

La agonía de Yemen continuará hasta que todas las partes reconozcan que este conflicto no puede resolverse por la vía militar.

***

Helen Lackner trabajó en Yemen durante quince años. Entre sus libros se encuentran Yemen in Crisis, publicado por Verso y Saqi Books, Yemen: Poverty and Conflict y Why Yemen Matters: A Society in Transition.

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3. Elecciones presidenciales en Brasil.

Las próximas elecciones en Brasil parece que pueden ir por muy poco, ante la ofensiva ultraderechista en todo el subcontinente. Lo que podría llevar a una doctrina Donroe en todo su esplendor.

https://newleftreview.org/sidecar/posts/battleground-brazil

Brasil, campo de batalla

Fernando Rugitsky

2 de octubre de 2026

Según las encuestas, la carrera presidencial brasileña estará muy reñida: a pocos días de la primera vuelta, que se celebrará el 4 de octubre, los dos principales candidatos están empatados. Hace cuatro años, Luiz Inácio Lula da Silva derrotó al presidente en funciones, Jair Bolsonaro, por solo 1,8 puntos porcentuales, en el resultado más reñido de la historia moderna de Brasil. Sin embargo, el pasado mes de septiembre, cuando el máximo tribunal del país condenó a Bolsonaro a veintisiete años de prisión por conspirar para dar un golpe de Estado militar con el fin de mantenerse en el poder, muchos se animaron ante lo que Le Monde calificó como un «veredicto ejemplar para la democracia», que demostraba al resto del mundo cómo hacer frente al desafío que la extrema derecha plantea a las instituciones democráticas. Ahora que Lula se enfrenta al hijo de Bolsonaro, Flávio, de cuarenta y cinco años y heredero natural, en otra contienda con un margen minúsculo, tales conclusiones parecen ahora prematuras. Sea cual sea el resultado, tendrá repercusiones mucho más allá de las fronteras de Brasil, uno de los últimos bastiones —como señaló recientemente Marco Rubio ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado— en un hemisferio «lleno de líderes amigos de Estados Unidos».

Lula, que este mes cumple ochenta y un años, ha llevado al Partido de los Trabajadores (PT) a la victoria en cinco de las últimas seis elecciones presidenciales, un historial de dominio electoral que se explica por el apoyo incondicional de la mitad inferior de la distribución de ingresos, concentrada de manera desproporcionada en el noreste, donde las tasas de pobreza están muy por encima de la media nacional. Desde su reelección para un segundo mandato en 2006, el PT ha obtenido sistemáticamente mejores resultados entre los votantes más pobres, mientras que a menudo ha perdido terreno entre el cuarto más rico del electorado. Como ha argumentado André Singer, este reajuste se basó en una serie de políticas que mejoraron el nivel de vida del inmenso ejército industrial de reserva del país, el núcleo de la base del PT —alrededor del 40 % de la población en edad de trabajar—. Las transferencias monetarias condicionadas, la electrificación rural y los aumentos periódicos de las pensiones permitieron al «subproletariado» ampliar el consumo más allá de lo estrictamente necesario y estimularon las economías locales en los municipios pequeños y medianos. El resultado fue una «politización de la desigualdad» que llevó a Thomas Piketty a señalar a Brasil como una de las pocas excepciones al desalineamiento de clases observado en las democracias occidentales, donde los votantes con ingresos más bajos han abandonado cada vez más a los partidos de centroizquierda.

El apoyo al Partido de los Trabajadores resultó más difícil de conseguir entre los sectores mejor integrados y con empleo formal de la clase trabajadora urbana. En los años de auge del superciclo de las materias primas de la década de 2000, este segmento podía albergar esperanzas de movilidad ascendente —especialmente los brasileños más jóvenes, muchos de los cuales eran los primeros de sus familias en obtener un título universitario—. Sin embargo, el patrón de acumulación no permitió que esas expectativas se hicieran realidad. Los empleos mejor remunerados en la industria y los servicios se redujeron, y la formalización del mercado laboral estuvo impulsada casi en su totalidad por trabajos mal remunerados en la construcción y los servicios básicos. Cuando estalló la crisis en 2014, quedó patente la precariedad de las mejoras salariales de este grupo. Una década de avances se esfumó en tan solo unos años. La decepción llevaría a muchos —especialmente a los hombres— a buscar una alternativa en la extrema derecha.

La sucesora elegida por Lula, Dilma Rousseff, fue elegida presidenta en 2010 y reelegida por un estrecho margen en 2014. Pero la recesión y los escándalos pronto empañaron su segundo mandato. Dañada por una investigación politizada sobre corrupción y blanqueo de capitales, fue sometida a un proceso de destitución con el pretexto de irregularidades presupuestarias en 2016 y sustituida por el vicepresidente Michel Temer, quien asumió la presidencia sin mandato popular y impulsó un marcado giro hacia la derecha en las políticas. El propio Lula pasó un año y medio en prisión acusado de corrupción, cargos que posteriormente fueron anulados. La desintegración del sistema de partidos, junto con la recesión económica y la reacción contra el PT, allanó el camino para la victoria de Jair Bolsonaro en 2018, lo que llevó a la extrema derecha al Planalto.

El bolsonarismo aprovechó la frustración popular por diversos medios, hasta llegar a reunir una base electoral comparable a la de Lula. La militancia en la «guerra cultural» consolidó el atractivo del capitán retirado del ejército ante una amplia red de líderes religiosos conservadores; su brutal discurso sobre la ley y el orden satisfizo a las fuerzas de seguridad; y su retórica antisistema cautivó a los atomizados y descontentos. Estudios recientes sobre la extrema derecha brasileña destacan el éxito de Bolsonaro a la hora de consolidar un «bloque conservador» leal en torno a un conjunto de temas —la actuación policial, el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la desregulación— unidos por una infraestructura digital formada por grupos de WhatsApp y Telegram, canales de YouTube, «influencers» y televangelistas. Sin embargo, esta bibliografía suele pasar por alto una característica geográfica clave del bloque, sin la cual sería poco probable que pudiera rivalizar con el lulismo en las urnas. Desde 2018, el bolsonarismo ha sido hegemónico en las vastas zonas de Brasil dominadas por la soja y la ganadería, un cinturón agroindustrial que se extiende desde Rio Grande do Sul, pasando por Paraná, hasta el Centro-Oeste, lo que le confiere una base territorial comparable a los bastiones del PT en el Nordeste.

Para comprender cómo se ha arraigado aquí la extrema derecha, resulta útil analizar la evolución del capitalismo brasileño en las últimas dos décadas. Desde el cambio de siglo, la reorganización del capitalismo global por parte de China ha impulsado a Sudamérica a convertirse en una de las principales fuentes mundiales de materias primas agrícolas y minerales. En respuesta al auge de la demanda asiática de carne, el cultivo de soja se expandió rápidamente, suministrando los granos que se transformarían en pienso para animales. Solo Brasil aumentó la superficie dedicada a la soja en 20 millones de hectáreas entre 2005 y 2020, un área equivalente a una vez y media el tamaño de Inglaterra. La sabana brasileña se transformó en una enorme plantación de soja, en detrimento de su biodiversidad, y la frontera agrícola en expansión se adentró en la selva amazónica, ya amenazada por la incursión cada vez más profunda de la ganadería.

La presión ecológica tuvo su contrapartida social. Las cadenas de suministro tanto de la soja como de la carne son oligopsonísticas, dominadas por gigantescos comerciantes de cereales y empresas de envasado de carne que controlan la mayor parte de las exportaciones: en el caso de Brasil, cinco empresas representan más de la mitad de todas las exportaciones de soja y tres son responsables de dos tercios de las ventas de carne de vacuno al extranjero. Pero estas empresas rara vez se dedican ellas mismas a la agricultura y la ganadería; una multitud de pequeños y medianos propietarios de tierras les suministran soja y animales de engorde. El desequilibrio de poder resultante significa que estos agricultores y ganaderos están profundamente subordinados a las corporaciones, que dictan sus prácticas de producción y reducen sus ingresos. Presionada desde arriba, esta capa intermedia —que incluye a otros pequeños capitalistas involucrados en la prestación de servicios a la cadena de suministro agroindustrial— también se mantiene alerta ante los movimientos que surgen desde abajo (trabajadores, campesinos, comunidades indígenas y ribereñas), identificándose tanto con el PT, que apoyó la consolidación de las grandes explotaciones agrícolas, como con las políticas medioambientales que afectaban de manera desproporcionada a los pequeños y medianos propietarios de tierras.

La región que se extiende desde el campo de los estados del sur de Brasil y São Paulo, pasando por el Medio Oeste, hasta los flancos sur y este de la Amazonía, ofreció un terreno fértil para el bolsonarismo. El etnógrafo Caio Pompeia ha demostrado cómo los agricultores y ganaderos radicalizados se incorporaron a asociaciones de productores a nivel estatal, coordinando sus esfuerzos en todo el país hasta que fueron lo suficientemente poderosos como para dar forma al gran grupo agrario en el Congreso, empujándolo firmemente hacia la derecha. Con el auge del agri-bolsonarismo, el campo brasileño «ya no se conformaba con defender simplemente sus intereses económicos inmediatos», como observó Rodrigo Nunes en Sidecar: «en cambio, buscaba imponer su agenda al país en su conjunto».

En 2022, este esfuerzo se quedó corto. Los ataques de Bolsonaro al sistema electoral, a los tribunales y a la prensa, agravados por su gestión de la pandemia de la COVID-19, llevaron a sectores de las finanzas y las grandes empresas a apoyar a Lula. El 8 de enero de 2023, una semana después de la toma de posesión del líder del PT, los partidarios de Bolsonaro provocaron disturbios durante varias horas en la capital brasileña, destrozando edificios públicos y saqueando oficinas antes de que la policía militar tomara el control de la situación. El propio Bolsonaro se había refugiado en las afueras de Orlando, donde fue visto comiendo en un Kentucky Fried Chicken y posando para selfies mientras la investigación judicial sobre su presunto complot golpista cobraba impulso.

Lula volvió al poder para enfrentarse a un país muy diferente al que había gobernado la última vez. Brasil había sido asolado por una profunda crisis entre 2014 y 2016, seguida de un largo período de estancamiento. El crecimiento anual del PIB entre 2015 y 2022 fue, de media, del 0,3 por ciento. El desmantelamiento deliberado de la capacidad del Estado por parte de Bolsonaro y las reformas liberales de mercado (austeridad fiscal, debilitamiento de las protecciones laborales, reestructuración de las pensiones) complicaron aún más la estrategia redistributiva moderada que Lula había adoptado en la década de 2000. A pesar de estos obstáculos, reactivó el enfoque que caracterizó sus dos primeros mandatos, aumentando las transferencias sociales y el salario mínimo sin desafiar abiertamente la ortodoxia neoliberal.

En algunos aspectos, el Gobierno podría atribuirse un éxito. A pesar de la agitación económica mundial y de la ofensiva arancelaria de Trump, el crecimiento medio del PIB en los tres primeros años fue más del doble de lo que había sido bajo el mandato de Bolsonaro y el desempleo cayó a mínimos históricos. El Gobierno adoptó una regla fiscal estricta que se limitó a atenuar las restricciones impuestas por su predecesor; sin embargo, esta no entró en vigor hasta 2024, tras una expansión fiscal sustancial durante el primer año de Lula de nuevo en el cargo. Los gobiernos subnacionales y las empresas públicas mantuvieron el impulso del gasto durante algo más de tiempo, eludiendo en parte el compromiso con la austeridad. De todos modos, el crecimiento del PIB descendió del 3,4 % al 2,3 % entre 2024 y 2025, y es probable que sea aún más lento este año.

Las mejoras económicas, por escasas que sean, no se han traducido en mayores índices de aprobación para el presidente en el cargo, a diferencia de lo ocurrido en la década de 2000. Aparte de su loable reforma del impuesto sobre la renta progresivo, la capacidad del Gobierno para mejorar la situación de la mayoría de la población mediante políticas ha resultado ser limitada. Consideremos, por ejemplo, la carga de la deuda de los hogares. La ampliación del acceso al crédito había sido uno de los pilares del lulismo desde 2003, una política que permitió a muchas familias más pobres adquirir por primera vez electrodomésticos básicos como lavadoras. Pero esto solo es sostenible como parte de una estrategia de desarrollo que ofrezca aumentos salariales suficientes para que los trabajadores puedan saldar sus deudas. En Brasil, con su precario mercado laboral y sus condiciones macroeconómicas volátiles, la inclusión financiera se convirtió rápidamente en una expropiación financiera. La situación ha llegado ahora a un punto de ruptura, con unos tipos de interés elevados que elevan el servicio de la deuda de los hogares a más del 30 % de la renta disponible. En este contexto, la reducción del desempleo y el aumento de los ingresos tienen poca relevancia, ya que los fondos adicionales van directamente a los prestamistas.

Los indicadores agregados también ocultan la división territorial de la economía creada por el auge de la soja y la ganadería. Mientras que el crecimiento medio del PIB se duplicó con creces de Bolsonaro a Lula, el crecimiento del PIB del sector agroindustrial siguió la tendencia opuesta, pasando del 7,7 % bajo el mandato de Bolsonaro al 3,2 % en los tres primeros años del actual Gobierno. Esto se debió mucho más a la volatilidad de los mercados mundiales que a las políticas gubernamentales —el mandato de Bolsonaro coincidió casualmente con el auge de los precios tras la pandemia—, pero quienes vivían en esas regiones lo vivieron como una desaceleración económica, independientemente de las estadísticas nacionales. Al mismo tiempo, Lula redobló la apuesta por la combinación tóxica de apoyo estatal a la gran industria agrícola con políticas medioambientales de conservación de la tierra —precisamente lo que sembró las semillas del agri-bolsonarismo en primer lugar.

Dada la arraigada base social del bolsonarismo y lo poco que ha hecho el actual Gobierno para desestabilizarla, no es ningún misterio por qué el éxito económico que Lula puede esgrimir no le ha garantizado una fácil reelección. Su rival, el hijo mayor de Bolsonaro y senador por Río de Janeiro, ha logrado reunir a gran parte del electorado de su padre en torno a una plataforma similar: opiniones convencionales a favor de las empresas combinadas con una línea dura en materia de seguridad y dosis de fanatismo evangélico. Menos carismático que su padre —a quien promete indultar si sale elegido—, Flávio se presenta a sí mismo como un «Bolsonaro vacunado» y más disciplinado. Entre sus otras promesas electorales figuran la castración química para los violadores condenados, penas más severas para los menores y megacárceles al estilo de El Salvador. El joven Bolsonaro está directamente implicado en un escándalo de fraude y tráfico de influencias que ha acaparado los titulares a lo largo de todo el año, aunque esto parece haberle perjudicado poco en las encuestas; las acusaciones han salpicado a figuras destacadas de todo el espectro político, incluido el PT, aunque no al propio Lula. Entre los implicados en la investigación sobre los pagos realizados por un banco en quiebra a funcionarios públicos a cambio de un trato favorable se encuentra Alexandre de Moraes, el poderoso magistrado del Tribunal Supremo que condenó a Bolsonaro padre y cuyo uso de órdenes de censura le ha convertido en blanco de críticas por extralimitación judicial y politización. «Votar a Lula es votar a Alexandre de Moraes», declaró Flávio Bolsonaro en un mitin el mes pasado.

Dado que ambos candidatos se sitúan muy por debajo del 50 % en las encuestas, parece casi seguro que habrá una segunda vuelta. Si Lula sale victorioso el 25 de octubre, probablemente tendrá que gobernar con una legislatura aún más de derechas, lo que limitará aún más su margen de maniobra. Queda por ver si será recordado por abrir un nuevo capítulo de inclusión en la historia de Brasil o por sentar las bases para que prospere la extrema derecha. Hay indicios de que Flávio Bolsonaro, si sale elegido, podría ir más lejos que su padre en la dirección del autoritarismo. No cabe esperar que ni el PT y sus aliados de izquierda —que nunca han contado con más de un tercio de la Cámara de Diputados— ni el poder judicial, debilitado por los escándalos y bajo la presión de un grupo parlamentario de extrema derecha en el Senado, puedan ejercer una gran presión institucional sobre el nuevo presidente.

Brasil se encuentra en una encrucijada, y el camino que elija determinará no solo su propio futuro, sino también el de toda la región. Estados Unidos está atento. Trump lanzó un aviso en julio de 2025, cuando escribió a Lula para denunciar el proceso penal contra Bolsonaro como una «caza de brujas», sancionó a Moraes e impuso un arancel del 50 % a los productos brasileños. Posteriormente, estas medidas se revocaron, pero el arma comercial sigue sobre la mesa. Esta primavera, a instancias de Flávio Bolsonaro, Trump clasificó a dos bandas de narcotraficantes brasileñas como grupos terroristas, una designación —confirmada en la Asamblea General de la ONU por el recién creado «Escudo de las Américas», que agrupa a los aliados hemisféricos más dóciles de Washington— que podría allanar el camino para una acción militar estadounidense en suelo brasileño. En contraste con el fiasco actual en Oriente Medio, Trump ha logrado hasta ahora imponer su voluntad en América Latina, sobre todo mediante la injerencia en las elecciones. El objetivo clave, explicitado en la última Estrategia de Seguridad Nacional, es contener el auge de China, restringiendo su acceso a los mercados latinoamericanos y, especialmente, a los recursos naturales.

La geopolítica, tanto como la afinidad ideológica, determina cómo ve la Casa Blanca las elecciones que se están celebrando en la mayor economía al sur del Río Grande. Más allá de sus abundantes productos alimenticios, Brasil posee las segundas reservas más grandes del mundo de elementos de «tierras raras» y sus exportaciones de crudo —el 60 % de las cuales se destinan a la República Popular China— están adquiriendo importancia estratégica a medida que los Estados buscan reducir su dependencia de los productores del Golfo. China es el mercado principal para los productos brasileños, ya que absorbe una cuota de exportaciones mayor que la de Estados Unidos y Europa juntos. Últimamente, Washington ha buscado un acceso preferencial a la riqueza mineral del país y límites a la participación china, lo que ha llevado a Lula a anunciar que estas cuestiones se tratarían como una cuestión de «soberanía nacional». En la Conferencia de Acción Política Conservadora celebrada en Grapevine, Texas, el pasado mes de marzo, su oponente mostró una actitud más comprensiva: «Brasil va a ser el campo de batalla donde se decidirá el futuro del hemisferio, porque Brasil es la solución de Estados Unidos para romper la dependencia de China en lo que respecta a minerales críticos, especialmente las tierras raras». A Flávio Bolsonaro se le pueden achacar muchas cosas, pero ocultar sus intenciones no es una de ellas.

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4. La guerra por los minerales.

También Prashad dedica hoy su boletín del Tricontinental al intento del imperialismo de controlar los recursos minerales básicos y su cadena de suministro.

https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/minerales-criticos-corolario-trump/

Los minerales críticos bajo el Corolario Trump | Boletín 40 (2026)

El afán imperialista por monopolizar los minerales críticos deja al descubierto una nueva arquitectura estratégica: la protección de las cadenas de suministro militares e industriales profundiza la subordinación de la periferia, transformando a las naciones soberanas del Sur Global en reservas cautivas para el capital occidental.

1 de octubre de 2026

John Moenakeefe Mohl (Sudáfrica), Miners at Sunset, Some On, Some Off Duty, near Carletonville [Mineros al atardecer, unos de servicio y otros fuera de servicio, cerca de Carletonville], c. 1970-1975.

Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

El mapa de la nueva guerra por los minerales se extiende desde los salares de litio de América del Sur hasta los yacimientos de tierras raras de Groenlandia. Su vocabulario es conocido: resiliencia de las cadenas de suministro, seguridad nacional, diversificación y asociación. Bajo estas frases neutrales subyace un proyecto más antiguo. Estados Unidos quiere reorganizar la riqueza mineral del hemisferio occidental en torno a sus propias necesidades industriales y militares mientras mantiene a China a distancia. El nombre más reciente de esta ambición es el Corolario del presidente Donald Trump a la Doctrina Monroe de 1823, apodado burdamente “Doctrina Donroe” [contracción de Donald y Monroe]. El chiste es burdo, pero la política no.

Los minerales críticos no son críticos por naturaleza. El cobre, el litio, el grafito, el cobalto, el níquel y las tierras raras se vuelven críticos dentro de un sistema de producción particular que requiere cada vez más redes eléctricas, baterías, centros de datos, semiconductores, satélites y aviones de combate. La Agencia Internacional de Energía prevé que la demanda de estos minerales será casi el doble hacia 2040 conforme a las políticas establecidas y que la demanda de litio se habrá más que triplicado. El obstáculo decisivo no es la geología, sino el dominio de la metalurgia, las patentes, las finanzas, la separación, la refinación y los mercados. China refina más del 90% del galio, el grafito, el manganeso y varias categorías clave de tierras raras del mundo. Este es el hecho industrial que los documentos de seguridad de Washington convierten en el lenguaje de la “amenaza”.

Marjorie Arnfield (Inglaterra), Breaking the Coal [Picando el carbón], c. 1920.

En abril de 2025, la Casa Blanca ordenó una investigación en virtud de la sección 232 sobre los minerales críticos procesados y sus productos derivados, considerando la dependencia de las importaciones como una posible amenaza para la seguridad nacional. En enero de 2026, después de que la investigación concluyera que tales importaciones sí amenazaban la seguridad de Estados Unidos, el presidente Trump ordenó entablar negociaciones con los socios comerciales y propuso precios mínimos y otras restricciones comerciales. En julio, invocó la Ley de Producción de Defensa para la recuperación de minerales críticos a partir de chatarra y bienes usados. En conjunto, estas medidas del gobierno de Estados Unidos configuran una política industrial beligerante respaldada por aranceles y amenazas militares.

La política de Estados Unidos en materia de minerales críticos está diseñada no solo para buscar minas en el extranjero, sino también para ejercer autoridad política sobre dónde se pueden vender estos minerales, quién puede procesarlos y qué bancos pueden financiar la cadena. La orden ejecutiva de Trump de 2025 sobre los minerales de los fondos marinos declaró su objetivo con una claridad inusual: Estados Unidos fortalecerá “las asociaciones con los aliados y la industria para contrarrestar la creciente influencia de China sobre los recursos minerales del fondo marino”. El Corolario Trump extiende esa lógica a todo el hemisferio y trata a América Latina y el Caribe no como una región de proyectos soberanos de desarrollo, sino como el extranjero cercano de Estados Unidos: un reservorio protegido de materias primas agrícolas, metales, minerales, puertos y rutas marítimas. En su monumental libro Las venas abiertas de América Latina (1971), Eduardo Galeano escribió sobre “la mortalidad de las fortunas”: cómo la abundancia natural de la región trajo sufrimiento a sus pueblos. Esta horrible contradicción entre riqueza y explotación continúa.

Aage Gitz-Johansen (Dinamarca), Eskimoen dør [Muere el esquimal], 1958.

Groenlandia revela el Corolario Trump en su forma más descarnada. Lejos de ser un espacio blanco y vacío, como suele presentársela, esta sociedad inuit de unas 57.000 personas tiene una larga historia de dominio colonial danés y una lucha inconclusa por la autodeterminación. Su posición entre América del Norte y Europa, la base militar estadounidense de Pituffik, la apertura de rutas marítimas en el Ártico y unos yacimientos que incluyen minerales de tierras raras la han convertido en objeto de una atención renovada. El deseo reiterado de Trump de adquirir Groenlandia reduce la tierra natal del pueblo inuit a propiedad inmobiliaria y estrategia militar. Trump afirma que ya tomó Groenlandia de Dinamarca, pero los detalles del acuerdo de seguridad son mucho más ambiguos que sus publicaciones en las redes sociales.

La presión sobre Groenlandia y América Latina forma parte del mismo imaginario imperialista. Estados Unidos ve a la primera como su escudo septentrional y a la segunda como su almacén meridional. En ambas, el objetivo declarado es impedir que el capital, la infraestructura y la tecnología de China obtengan una posición duradera. Sin embargo, lo que está en juego no es la libertad de la inversión china, sino la soberanía de los países para trazar su propia política exterior y económica independiente. La cuestión es que Washington se arroga la autoridad de decidir qué relaciones son permisibles. La promesa de soberanía queda condicionada a la alineación con las ambiciones imperialistas estadounidenses.

Rosemary Namuli Karuga (Kenia), Three Women Walking [Tres mujeres caminando], 2001.

América Latina ya ha vivido esta historia. El libro de Galeano detalla el recorrido de la plata de Bolivia, el guano de Perú, el salitre de Chile, el cobre de Chile y Perú, el mineral de hierro de Brasil y el petróleo de Venezuela hacia sucesivos centros de acumulación capitalista. La materia prima cambia de un país a otro, pero la estructura perdura. Extracción en la periferia, tecnología y finanzas en otra parte, y daños socializados en la bocamina. La llamada “transición verde” puede volver a pintar esta estructura sin derribarla.

Las cifras revelan tanto la oportunidad como el peligro. La Agencia Internacional de Energía informa que, excluyendo el litio, los países latinoamericanos refinaron en promedio solo el 20% de los minerales energéticos clave que extrajeron en 2025. Con la cartera de proyectos existente, la región podría capturar unos 185.000 millones de dólares en valor económico hacia 2035, pero solo una quinta parte provendría de la refinación. Una mayor refinación local podría elevar ese valor a unos 220.000 millones de dólares. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD por su sigla en inglés) aboga por una política industrial regional con mayor inversión pública en infraestructura y educación, reglas claras para los bienes y la mano de obra de origen local (reglas de contenido local) y para la transferencia de tecnología, y control sobre el ritmo y los términos de la extracción. La pregunta es si estas herramientas servirán a la planificación pública o apenas subsidiarán a las corporaciones extranjeras.

Sebastião Salgado (Brasil), Mina de oro de Serra Pelada, Brasil, 1986.

El epicentro de este debate es Brasil, que posee cerca del 23% de las reservas conocidas de tierras raras, pero aporta apenas alrededor del 1% de la producción mundial y carece de una cadena de procesamiento integrada que vaya de la separación a la fabricación de imanes permanentes, pasando por la producción de metales y aleaciones. En la mina Pela Ema, en Goiás, Serra Verde Group produce un carbonato mixto de tierras raras. Las etapas difíciles y rentables tienen lugar en el extranjero. Brasil se queda con la excavación, algunos empleos e impuestos, y los pasivos ambientales, mientras que la producción de mayor valor, las patentes y el control estratégico salen del país.

Por eso importa la propuesta de adquisición de Serra Verde por parte de USA Rare Earth, respaldada por Estados Unidos. El yacimiento contiene disprosio y terbio, indispensables para los imanes de alto rendimiento utilizados en motores eléctricos y sistemas militares. El financiamiento y los compromisos de compra estadounidenses convierten la adquisición en algo más que una transacción privada: es parte de un intento dirigido por el Estado de construir una cadena de suministro que excluya a China. Alrededor de la mina, las comunidades rurales y quilombolas (cimarronas, denominadas así en Brasil) enfrentan arroyos contaminados, amenazas a sus tierras y reclamaciones mineras que ponen en peligro los asentamientos de la reforma agraria. Un mineral no puede llamarse “verde” cuando sus costos se transfieren a las personas que viven sobre él.

La respuesta de Brasil no puede ser un simple cambio de cliente. La cooperación con China, Estados Unidos o Europa debe juzgarse por el conocimiento y la capacidad que permanezcan en Brasil, no por la nacionalidad del comprador. Deben aplicarse ciertas reglas básicas:

  • Control público de la información geológica y los yacimientos estratégicos.
  • Financiamiento público mediante el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES).
  • Investigación pública del impacto ecológico y tramitación de permisos ambientales que evalúen los impactos acumulativos en las cuencas hidrográficas.
  • Las comunidades indígenas, quilombolas y agrarias locales deben tener derechos exigibles a la consulta libre, previa e informada.
  • Supervisión de las adquisiciones de minas por parte de empresas extranjeras.
  • Requisitos de transferencia de tecnología incluidos en los contratos.
  • Investigación dirigida por universidades brasileñas e institutos públicos de investigación.
  • Separación y refinación obligatorias del mineral en el país.
  • Cooperación regional para alcanzar una mayor escala en la producción de baterías, productos químicos, maquinaria, imanes y reciclaje.

Tom McGuinness (Gran Bretaña), Belt Fitters [Reparadores de cintas transportadoras], 1963.

Los países del Sur deben rechazar la falsa elección entre servir a una cadena centrada en China e integrarse a una controlada por Estados Unidos. Los movimientos sociales deben luchar por la soberanía popular, lo que requeriría que estos acuerdos se hicieran con empresas públicas, mediante instituciones públicas, con mandatos transparentes, estándares ambientales comunes e investigación compartida. La extracción de metales y minerales debe planificarse para usos socialmente necesarios y no según los dictados del consumo de lujo y la guerra permanente.

La vulnerabilidad más profunda que pone de manifiesto la disputa por los minerales no radica en la dependencia de un solo país. Es la subordinación de la vida a cadenas de suministro gobernadas desde otros lugares. El Corolario Trump promete asegurar el hemisferio y su riqueza para Estados Unidos. Una doctrina popular aseguraría los recursos naturales en beneficio de quienes viven en la tierra y priorizaría la electricidad antes que las exportaciones, el agua antes que los desechos, el conocimiento antes que las regalías y la soberanía antes que la alineación. La riqueza bajo el suelo debe volverse visible en escuelas, hospitales, centros de investigación, laboratorios, ecosistemas restaurados y formas de vida dignas: un futuro que no puede despacharse en sacos de concentrado.

Lena Hugo (Sudáfrica), Miner I [Minero I], 2008.

En 1904, el poeta nicaragüense Rubén Darío escribió A Roosevelt. Dirigido al presidente estadounidense Theodore Roosevelt, el poema es una poderosa denuncia del imperialismo yanqui. Las estrofas que siguen aluden a Le Message de Grant [El mensaje de Grant], escrito por Victor Hugo en 1872, en el que Hugo escribe al presidente estadounidense Ulysses S. Grant que la bandera de Estados Unidos, “sembrada de estrellas”, está “oscura” por una “mancha de lodo” (tache de boue):

Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant le dijo: «Las estrellas son vuestras».
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
y la estrella chilena se levanta…) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.

Cordialmente,

Vijay

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5. Cómo acabará el aumento de la complejidad.

Hemos visto otras veces que el Hechicero Honesto es partidario de la tesis de Tainter sobre el colapso de las sociedades complejas. En su última entrada, nos augura también ese fin y, como siempre, lo defiende con datos sobre energía y materiales.

https://thehonestsorcerer.substack.com/p/rising-complexity-cannot-end-in-any

El aumento de la complejidad no puede acabar de otra manera

La modernidad exige un crecimiento constante de los insumos energéticos y materiales: ¿qué podría salir mal con eso?

El Hechicero Honesto

Hace 5 horas

gray heavy equipment on vast land during daytime
Complejidad y escala. Imagen vía Unsplash

Un artículo publicado en un-denial me hizo reflexionar sobre los mecanismos de retroalimentación que podrían empujar a la civilización global hacia una simplificación que se acelera rápidamente. No porque unas personas malvadas / estúpidas / (rellena el espacio en blanco) hayan iniciado una guerra, sino porque todas las civilizaciones tecnológicas son intrínsecamente insostenibles y porque, pase lo que pase, deben llegar a su fin.

El dilema

La fabricación, el uso y el desmantelamiento de todas nuestras tecnologías modernas requieren abundantes flujos de minerales y energía. Los recursos no renovables son la base de todos los productos y servicios que utilizamos: desde todas las piezas metálicas y de plástico de tu coche hasta la propia pantalla en la que estás leyendo este ensayo. Alimentar estos dispositivos con combustibles fósiles o «energías renovables» no es más que una cuestión secundaria respecto al núcleo de nuestra difícil situación tecnológica y ecológica: la imposibilidad de mantener una civilización industrial de alta tecnología sobre una base ecológica y de recursos cada vez más escasa.

Los detractores, por supuesto, tachan esto de pensamiento «malthusiano», como si ponerle una etiqueta a una idea pudiera invalidarla automáticamente. Sin embargo, restar importancia al agotamiento de los recursos y tratarlo como una mera cuestión técnica no es más que una forma de negación. Verás, para descartar la incómoda verdad de la situación en la que se encuentra nuestra civilización, hay que rechazar una serie de tendencias bien establecidas y demostradas:

  • la falacia lógica del reciclaje infinito
  • el rápido empeoramiento del rendimiento energético y material de la inversión, y
  • el coste de la complejidad, que aumenta exponencialmente.

Un estudio reciente sobre los minerales críticos y la transición energética es un buen ejemplo de ello. Está a punto de demostrar la tesis central de la situación crítica de la civilización, pero luego lo echa a perder al fijar los parámetros de entrada absurdamente altos y el nivel tolerable de rendimiento energético de la inversión absurdamente bajo… Sin tener en cuenta, en ningún momento, la fuerte conexión práctica que existe entre los combustibles fósiles y la minería —junto con la economía ya en crisis tanto de la extracción de metales como de la de combustibles fósiles—; por no hablar del daño ecológico que la civilización causa a este planeta vivo. A pesar de ofrecer un excelente análisis sobre el reciclaje, el aumento de la inversión energética y la complejidad, los autores no logran aplicar adecuadamente estas tendencias en sus modelos. Vaya, al centrarse en valores máximos teóricos y no tener en cuenta las realidades prácticas de la extracción de recursos, se pueden crear todos los modelos que se quiera, pero aún así se podría fracasar a la hora de ofrecer una guía práctica para el futuro.

Una dosis de realidad

Empecemos por el reciclaje, mi argumento favorito para acallar las dudas cuando se trata de abordar el temor existencial que sienten los tecno-utópicos ante la perspectiva de tener que volver a un nivel mucho más bajo de uso de la tecnología en el futuro. Porque seamos sinceros: cuando se trata de emociones intensas y del dinero que supone demostrar que podemos tenerlo todo, a menudo tenemos que lidiar con una emoción profunda y subyacente: el miedo. No es muy diferente a tomar conciencia de nuestra mortalidad y de la transición de la mente a la realidad a la que todos estamos sujetos (yo incluido). No es difícil ver por qué resulta imposible predicar un progreso tecnológico infinito, junto con el aumento del bienestar humano que aparentemente conlleva, y al mismo tiempo aceptar la realidad de que el desarrollo tecnológico se autodestruye por necesidad.

Dejando a un lado los factores psicológicos, volvamos al reciclaje y a su papel en la autodestrucción de la civilización. (Sé que es una palabra dura, pero es lo que hay.) La idea central que hay que entender aquí es que el reciclaje de materiales no es —ni puede ser jamás— perfecto: los metales suelen estar mezclados con otros metales en aleaciones, o se encuentran en cantidades tan pequeñas y profundamente enterradas en conjuntos complejos que recuperarlos resultaría totalmente antieconómico. Pensemos en todo el germanio atrapado en las obleas de silicio de los chips, en los cables de cobre delgados como un pelo recubiertos de plástico grueso, en las diminutas bobinas, resistencias y condensadores, o en los metales que se tiran junto con los numerosos electrodomésticos que «no vale la pena reciclar» por ser demasiado baratos, desde secadores de pelo inservibles hasta robots de cocina y tostadoras rotas.

Como persona que ha trabajado dos décadas en el ámbito de la fabricación, las cadenas de suministro y el desarrollo de productos, puedo dar fe de ello: en ninguna empresa del mundo se diseñan, construyen ni fabrican los productos pensando al 100 % en el reciclaje. Gran parte de los metales —raros o comunes— acaban, por tanto, en un montón de chatarra o se funden para obtener una aleación de muy baja calidad que se utiliza en la fabricación de barras de acero para hormigón armado. ¿Se ha reciclado el material en términos de peso? Claro, pero ¿hemos recuperado el cobre, el cobalto, el níquel, etc.? No, estos valiosos metales se han perdido para siempre, mezclados de forma irrecuperable con otros metales y enterrados en lo más profundo del hormigón. Depender únicamente del reciclaje agotaría rápidamente la reserva de materiales recuperables y, tras unas pocas rondas, nos dejaría en bancarrota material.

Por lo tanto, la extracción de minerales y la producción primaria de metales no pueden detenerse. De hecho, su escala tiene que aumentar constantemente, incluso aunque las empresas mineras se vean obligadas a librar una batalla cuesta arriba contra el agotamiento de los yacimientos, lo que exige el despliegue de métodos y tecnologías cada vez más complejos y que consumen mucha energía. Para ilustrarlo visualmente, compárese una mina artesanal de cobre de hace unos siglos (o una mina actual de cobalto en el Congo), donde la gente recoge rocas (minerales) de alta ley y alto contenido en metal utilizando un pico y una cesta, con una mina a cielo abierto moderna, donde enormes camiones transportan cientos de toneladas de tierra que contienen menos del 0,5 % de metal. Sí, no es un error tipográfico: las operaciones mineras modernas dinamitan, excavan, transportan y trituran rocas que contienen una libra de metal puro por cada tonelada de tierra.

No hay forma de llevar esto a cabo sin aumentar enormemente la inversión en materiales, tecnología y energía en comparación con una operación mucho más sencilla. Es cierto que este aumento constante de la complejidad conlleva la creación de nuevos puestos de trabajo y competencias, pero también la necesidad de utilizar maquinaria y sistemas informáticos más complejos, grandes y pesados para supervisar y coordinar estas actividades (ahora con la ayuda de la IA). Todo ello contribuye a un consumo energético cada vez mayor. El problema es que la ley del mineral extraído (expresada en porcentaje de contenido metálico) se degrada con el tiempo, ya que primero extraemos todo el material de alta calidad y nos vemos obligados a pasar al siguiente lote, de menor ley. Y a medida que la ley del mineral disminuye, la intensidad energética, de emisiones y de consumo de agua necesaria para obtener esa misma estúpida libra de metal seguirá aumentando. Como descubrieron Calvo et al. en 2016:

«Si nos centramos únicamente en las minas de cobre, la ley media del mineral ha disminuido aproximadamente un 25 % en tan solo diez años. En ese mismo período, el consumo total de energía ha aumentado a un ritmo superior al de la producción (un incremento del 46 % en el consumo de energía frente a un aumento del 30 % en la producción)».

Ah, y por cierto, lo mismo ocurre con el reciclaje: al igual que la disminución de la ley del mineral aumenta la demanda energética de la producción primaria de metales, también aumenta la demanda energética de la producción secundaria a medida que se eleva la tasa de reciclaje al final de la vida útil. En esencia, en cuanto queramos reciclar algo más que los materiales fáciles —restos de taller o cables de cobre puro tan gruesos como un brazo—, tendremos que ir más allá y emplear más energía para recuperar los metales que ahora simplemente tiramos. Como he insinuado anteriormente y tal y como ha revelado otro estudio sobre el tema: «Nuestro análisis empírico de 48 metales muestra que su reciclaje se ve obstaculizado principalmente por sus bajas concentraciones. En muchos casos, la concentración de metal en los productos al final de su vida útil es inferior a la de los minerales naturales». Dicho en lenguaje sencillo: es mucho más fácil (y barato) extraer tierra de baja ley que recoger, separar y luego reciclar gran parte del metal que se encuentra en uso. No es de extrañar que los autores concluyan: «Las necesidades energéticas para reciclar el cobre de los productos al final de su vida útil ya alcanzan la magnitud de las de la producción primaria». Tengo que hacer hincapié en la palabra: ya.


Fuente: Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., Índice de precios al productor por materia prima: todas las materias primas, obtenido de
FRED, Banco de la Reserva Federal de San Luis

 

El proceso de disminución de la concentración de metal —tanto en las minas como en los montones de chatarra— y el consiguiente aumento de la complejidad y la demanda de energía por tonelada de metal procesado también se refleja en los precios. «Entonces, el aumento de los precios resolverá el problema» —es la respuesta habitual. Y, efectivamente, hasta ahora lo han hecho, pero hay una trampa. Sin una demanda cada vez mayor de estos metales, los precios elevados —necesarios para mantener la producción— simplemente se desplomarían y muchas explotaciones mineras acabarían en quiebra. La creciente complejidad requiere un mercado en constante expansión que soporte el coste cada vez mayor del diseño, la fabricación y el funcionamiento de nuevas tecnologías de extracción y reciclaje. Un mercado en crecimiento, por otra parte, requiere una economía sana y en expansión capaz de invertir en nuevas tecnologías («energías renovables», electrificación, IA, etc.), por no hablar de una base de consumidores sólida (y creciente) capaz de pagarlo todo.

Todo esto parece muy bien sobre el papel, pero ¿qué ocurre cuando la «base de consumidores» (es decir, la población) deja de crecer, empieza a envejecer, se empobrece debido a los altos precios de la energía, los impuestos y las hipotecas, o se ve afectada por los despidos?

¿O qué ocurre cuando la próxima ronda de innovación requiera más recursos y más energía de los que el sistema actual podría proporcionar físicamente? (Ejem, ¿alguien ha dicho IA? ¿O qué tal la minería espacial? ¿La fusión, tal vez?)

¿O qué pasará cuando las empresas mineras y de perforación se queden sin «terrenos de primera calidad» —donde los beneficios sean lo suficientemente altos como para justificar la inversión— y lo que quede de nuestra base de recursos «infinita» resulte totalmente antieconómico de extraer? (Claro, el 0,0068 % de la corteza terrestre es cobre, pero ¿quién en su sano juicio cree que es rentable ir a por él?)

¿O qué pasará cuando todas esas inversiones previas en tecnología, altos niveles de vida, burbujas bursátiles, etc., ya no puedan financiarse a medida que suban los tipos de interés y disminuyan los ingresos?

¿O qué pasará cuando las guerras empiecen a reducir activamente los flujos de energía y materiales en todo el mundo?

¿O qué ocurre cuando la producción mundial de petróleo —que a día de hoy sigue impulsando el 99 % de toda la minería, la agricultura, la construcción, los ejércitos y el transporte— deje de crecer debido a todas las razones anteriores y cuando la energía neta derivada del petróleo comience a disminuir?

O, por último, pero no por ello menos importante, ¿qué ocurre cuando todo esto suceda a la vez?

La cascada

Mantener la modernidad requiere un crecimiento constante. No solo desde un punto de vista financiero, sino también desde una perspectiva puramente tecnológica.

Sin una demanda cada vez mayor de materias primas, la extracción se derrumba bajo el peso y el coste de su creciente complejidad —por no hablar del aumento de los pagos de intereses de las deudas contraídas para financiarlo todo—. La modernidad en general, y no solo el petróleo y el gas, se ha convertido en un gigantesco esquema Ponzi: una burbuja de proporciones verdaderamente épicas. Si dejara de crecer, comenzaría inmediatamente a contraerse, colapsando a un ritmo mucho más rápido que el que tardó en crecer.

El «estado estacionario» es matemáticamente imposible en un sistema así: las civilizaciones tecnológicas o bien crecen o bien se reducen rápidamente. A medida que se agotan sus recursos minerales y naturales —altamente concentrados y de fácil acceso— y que sus industrias se ven obligadas a adoptar métodos cada vez más sofisticados para explotar fuentes de menor y menor calidad, la complejidad y el consumo de energía comienzan a aumentar más rápido que la cantidad de materia prima y energía que se devuelve a la sociedad. Y dado que la producción de energía depende de la producción de materiales (ya sea directamente, como en el caso del carbón, o indirectamente a través de las «energías renovables»1), queda cada vez menos excedente para que lo comparta el resto de la sociedad. Como resultado, la riqueza y el poder comienzan a concentrarse, y el ciudadano medio se empobrece materialmente día a día. Este bucle de retroalimentación socioeconómico empieza entonces a erosionar la demanda a través de menores tasas de natalidad y una caída de la renta disponible. La caída de la demanda y el aumento exponencial de los costes de la energía y los materiales hacen entonces imposible una mayor expansión material, hasta que se produce una contracción y la demanda queda completamente destruida en un ciclo de retroalimentación que se refuerza a sí mismo.

Sin embargo, esto no ocurrirá de la noche a la mañana. La escasez, resultado de la primera ronda de colapso de la producción, comenzaría a elevar los precios de nuevo, deteniendo la cascada antes de que pudiera completarse. Los actores más débiles quiebran y, a continuación, se restablece el «equilibrio». A continuación se produce una ronda de consolidación: se compran activos y se reanuda la producción, pero esta no puede restablecerse por completo, ya que el mercado ya no puede sostenerla. Las reservas de seguridad y la resiliencia sufren un duro golpe y nunca se recuperan. Se pierden puestos de trabajo para siempre. La confianza de los consumidores y el gasto se ven afectados. La demanda comienza a descender silenciosamente, de nuevo.

«Pero, pero, pero… ¿Y los estímulos financieros?» ¿Puede el dinero nuevo restablecer la demanda? Me temo que no. Dado que la mayor parte de la producción de petróleo y metales procede ahora de minas que ya han superado su punto álgido, y que los nuevos proyectos son escasos y espaciados, los estímulos solo conducirían a una mayor inflación. La cual sería entonces utilizada por las empresas mineras y de perforación para saldar su deuda, recomprar algunas de sus propias acciones, pagar mayores dividendos o fusionarse entre sí. Sin embargo, no se iniciarían nuevas exploraciones, ya que el número (y la calidad) de posibles emplazamientos de perforación, en los que la rentabilidad sería razonablemente alta, está cayendo en picado —y lleva así décadas—. El sector del petróleo de esquisto de EE. UU. es un buen ejemplo de ello.

Como consecuencia del agotamiento persistente de los recursos, las guerras y el declive económico, es mucho más probable que la producción anual de metales y petróleo disminuya, en lugar de aumentar, en los próximos años y décadas. La escasez resultante erosionará aún más los amortiguadores y la resiliencia, hasta que se hayan derribado suficientes pilares como para iniciar otra ronda de colapso. Esta vez, sin embargo, la falta de materias primas y energía probablemente desencadenará una cascada de quiebras empresariales a lo largo de múltiples cadenas de suministro. Ya conoces la historia: «Por falta de un clavo, se perdió la herradura. Por falta de una herradura, se perdió el caballo…» Y así sucesivamente. Entonces, una vez destruida suficiente capacidad productiva, se establece, de nuevo, un nuevo «equilibrio». Las reservas y la resiliencia sufren otro golpe y nunca se recuperan. Se pierden más puestos de trabajo para siempre. La confianza y el gasto de los consumidores reciben otro revés. La demanda sigue cayendo sin hacer ruido. Y vuelta a empezar.

Tras años y décadas de este proceso, las cadenas de suministro de los seis continentes comienzan a fragmentarse en partes más pequeñas y manejables. Los productos se localizan. El comercio mundial disminuye. La demanda de combustible y materias primas continúa su largo declive. La simplificación tecnológica y social se acelera. Los roles que se añadieron durante el auge ahora se borran. Y al igual que los romanos, hacia el final de su civilización, no podían creer lo que le estaba sucediendo a su poderoso imperio, la élite científica y política seguirá depositando sus esperanzas en la próxima gran innovación, brillante y nueva que se avecina —sin darse cuenta de que ya hemos entrado en el bucle que se refuerza a sí mismo de la gran simplificación.

Visto desde la distancia, digamos dentro de doscientos años, el fin de la modernidad parecerá una legendaria explosión de supernova: un día funcionaba y, al día siguiente, todo se derrumbó. Sobre el terreno, aquí y ahora, sin embargo, todo esto parece una serie de crisis interminables: una crisis sanitaria mundial un año, una guerra al siguiente… todo ello con el telón de fondo de un declive económico y ecológico implacable. Una y otra vez, durante décadas… igual que en Roma. «Pero oye, ¡esta vez es diferente!» No, no lo es. En absoluto. «¿Es este entonces el fin del mundo?» No, es el comienzo de una nueva era, que marca el inicio de la revolución desindustrializadora.

Hasta la próxima,

B

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Es muy importante señalar aquí que el empeoramiento del EROEI afecta no solo a los combustibles fósiles, sino también a las «energías renovables». En primer lugar, a través de los insumos directos: se utiliza petróleo para extraer y transportar sus materias primas, se utiliza carbón para fundirlas y, a continuación, se quema gas natural para proporcionar la electricidad constante, las 24 horas del día, los 7 días de la semana, necesaria para fabricar esos paneles solares y turbinas eólicas. E incluso si pudiéramos electrificar todos estos pasos y suministrar toda la energía necesaria únicamente con «energías renovables» (lo cual es muy cuestionable, dado su bajo EROEI de 10:1 para empezar), seguiríamos enfrentándonos al mismo problema de la caída del EROEI. Verás, a medida que disminuya la ley del cobre y de otros minerales, se necesitará cada vez más energía «limpia» para producir la misma cantidad de metal cada año, hasta que un día toda la energía producida por las «energías renovables» sea consumida por sus propios procesos de sustitución (ya sea mediante la extracción minera o mediante el reciclaje, que se enfrenta al mismo problema).

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6. Entrevista a Alyssa Battistoni.

Una entrevista a Alyssa Battistoni, una autora que aborda el interesante tema de la conceptualización de la naturaleza como un «don gratuito», y discute las posibilidades de un New Green Deal ante la aceleración del colapso climático.

https://www.terrestres.org/2026/09/26/dans-le-capitalisme-les-non-humains-sont-des-dons-gratuits/

«En el capitalismo, los no humanos son dones gratuitos»

¿Han dicho ya todo los críticos del capitalismo? Alyssa Battistoni, especialista en teoría política y figura destacada de la izquierda estadounidense, aborda el problema de la naturaleza como «don gratuito» entre los ecosocialistas. E incluso recurre al existencialismo francés para defender una política climática planificada en nombre de la justicia social. Entrevista.

Alyssa Battistoni

26 de septiembre de 2026

Este texto es la traducción de «The Production of Nature: An Interview with Alyssa Battistoni», una entrevista entre Alyssa Battistoni y Jochen Schmon publicada en el JHI Blog en 2025. La entrevista original va precedida de dos preguntas formuladas por la redacción de Terrestres.

Alyssa Battistoni es teórica política y profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Barnard de Nueva York. Su trabajo se centra, entre otros temas, en la política climática y medioambiental, el capitalismo, el marxismo y el feminismo. Es coautora de A Planet to Win: Why We Need a New Green New Deal (Verso, 2019) y autora del libro Free Gifts: Capitalism and the Politics of Nature (Princeton University Press, 2025), que ofrece un análisis de la apropiación de la naturaleza por parte del capitalismo, basado en una teoría del valor más que en un análisis moral. Ha conversado con Jochen Schmon sobre su nuevo libro.

Jochen Schmon es doctorando en el departamento de Ciencias Políticas de la New School for Social Research. Estudia la historia conceptual de la esclavitud y las repercusiones de la política abolicionista en los imaginarios feministas, republicanos, anarquistas y comunistas que surgieron en el siglo XIX.

La entrevista ha sido traducida [al francés] por Marie Loslier, doctoranda del departamento de filosofía de la New School for Social Research.

Terrestres – Usted es una de las coautoras del libro A Planet to Win: Why We Need a Green New Deal, publicado a finales de 2019, durante el primer mandato de Donald Trump1. Esta obra ha sido ampliamente elogiada por la izquierda estadounidense y canadiense. Sin embargo, la idea de un «Green New Deal » también ha suscitado numerosas críticas. En su obra publicada en 2020, traducida al francés con el título ¡Menos! El decrecimiento es una filosofía2, el filósofo japonés Kohei Saito afirmó, por ejemplo, que supondría un nuevo «opio del pueblo» que nos impediría abordar la cuestión crucial: vamos a tener que reducir drásticamente los flujos de materias primas y energía —y, por tanto, el crecimiento económico—, y solo un «comunismo de decrecimiento» podría permitirnos lograrlo. ¿Cómo reacciona ante esta crítica? En términos generales, ¿qué opina hoy de ese Green New Deal que defendía en 2019?

Alyssa Battistoni – Entiendo el punto de vista de Saito y de otros cuando critican el Green New Deal desde una perspectiva de izquierdas. El Green New Deal no es una solución global a la crisis planetaria que estamos atravesando y, al igual que el New Deal original, no pondrá fin al capitalismo. Comparto en gran medida la visión de Saito y, de hecho, creo que gran parte de lo que él denomina «comunismo de decrecimiento» —transporte público, viviendas sociales ecológicas, etc.— se asemeja mucho a la visión de izquierdas de un Green New Deal. Sin embargo, aún no he oído ningún argumento convincente que afirme que el comunismo de decrecimiento —en el sentido de una verdadera transición que se aleje del capitalismo— pueda ponerse en práctica con la rapidez suficiente para evitar el colapso climático, ni tampoco he visto ningún análisis serio sobre la acción política o la estrategia que permita llevarlo a cabo.

En mi opinión, los imperativos relacionados con el cambio climático exigen que seamos utópicos en nuestra visión, pero pragmáticos en nuestra estrategia. Desde esta perspectiva, creo que un «Green New Deal», o un proyecto similar, podría cumplir dos funciones: en primer lugar, alcanzar un nivel significativo de descarbonización, lo que permitiría ganar tiempo para poner en marcha proyectos más transformadores; y, en segundo lugar, embarcarse en un proyecto de formación de clase capaz de construir una base de apoyo real y duradera a favor de la acción climática, mostrando cómo la descarbonización puede aportar beneficios materiales concretos a la vida de los trabajadores. Estos dos elementos me parecen necesarios para lograr un cambio más radical. En otras palabras, el Green New Deal no pretende ser el horizonte ecosocialista, sino un punto de partida para un movimiento que se encamine hacia él. Dicho esto, hoy en día hemos superado la etapa del Green New Deal como tal; ya no es el principio organizador de la política climática de izquierdas. Sin embargo, sigue siendo necesario algo que se le acerque, y, de hecho, creo que esto se refleja en algunos programas políticos, como el de Zohran Mamdani, que aboga por la implantación de autobuses rápidos y gratuitos en Nueva York, o el ecopopulismo de Zack Polanski en el Reino Unido.

Terrestres – En su reseña de 2018 del libro Climate Leviathan: A Political Theory of Our Planetary Future, traducida en Terrestres, resumió los cuatro posibles escenarios políticos esbozados en dicha obra: el «Leviatán climático» —un sistema capitalista globalizado regido por una soberanía planetaria que adopta medidas drásticas—; el «Mao climático» —un sistema anticapitalista gobernado por un poder soberano a escala de Estado-nación o del planeta—; el «Behemoth climático» —un sistema capitalista contenido dentro de los límites autárquicos del Estado-nación—; y el «X climático» —que rechaza tanto el capitalismo como la soberanía, para dar paso a algo que aún está por determinar—. ¿En qué punto nos encontramos en 2026? La lucha contra el cambio climático ha quedado relegada muy por detrás de las guerras actuales y futuras, entre otros temas distópicos, y la hipótesis de un «Leviatán climático», que algunos consideraban probable en 2018, parece haberse desvanecido en favor de un «carbofascismo» cada vez más desenfrenado…

Alyssa Battistoni – He pensado mucho en Climate Leviathan últimamente. Cuando se publicó este libro en 2017, sus autores, Geoff Mann y Joel Wainwright, consideraban que el «Leviatán climático» —ese régimen que aúna el capitalismo mundial con una soberanía planetaria— estaba en pleno auge, encarnado por instituciones multilaterales como las Naciones Unidas, cuyo objetivo era resolver los problemas de coordinación del capitalismo y facilitar una transición hacia un capitalismo verde.

El Acuerdo de París de 2015, fruto de las negociaciones entre Barack Obama y Xi Jinping, encarnaba al Leviatán en su apogeo. Hoy en día, por supuesto, vivimos en un mundo muy diferente, en el que la globalización sufre una intensa presión por parte de formas nacionalistas, e incluso fascistas, del capitalismo; en otras palabras, un mundo cada vez más dominado por el «Behemot climático». Pero no se trata exactamente del «Behemot» tal y como lo describen Mann y Wainwright. Ellos consideran al «Behemot climático» como una fuerza reaccionaria frente al cambio climático, arraigada en una coalición de capitalistas de las energías fósiles, reaccionarios pequeñoburgueses y populistas antielitistas, de los que el trumpismo es un ejemplo. Desde esta perspectiva, la nación es el bastión del capital fósil regresivo; el resto del mundo, el del movimiento verde progresista. Pero la transición verde es, a su vez, cada vez más un proyecto arraigado en el nacionalismo económico, que no se inscribe en el marco de un acuerdo de las Naciones Unidas ni de una cooperación entre grandes potencias, sino en el de una rivalidad entre grandes potencias, en particular entre Estados Unidos y China.

Mann y Wainwright no proponen un modelo de «Béhémoth verde», pero creo que lo necesitamos. El capitalismo verde, en la medida en que existe, se ha apoyado hasta ahora en gran medida en la intervención del Estado, y creo que seguirá siendo así durante algún tiempo más. De hecho, todas las visiones de izquierda destinadas a luchar contra el cambio climático —ya sea el Green New Deal, el «comunismo de decrecimiento» de Saito o del «comunismo de guerra ecológica» de Andreas Malm— reconocen la necesidad de recurrir al Estado para disciplinar al capital fósil y descarbonizar a gran escala. Por lo tanto, creo que debemos reflexionar mucho más seriamente sobre el Estado y las fuerzas sociales capaces de hacer posibles los proyectos ecosocialistas a diferentes escalas.

Jochen Schmon – Los inmensos daños medioambientales causados por los regímenes socialistas del siglo XX parecen haber llevado a numerosos investigadores especialistas en ecología a alejarse de la teoría marxista. En lugar de analizar las diversas relaciones sociales que rigen las tecnologías de producción, los críticos del Antropoceno dan prioridad a la propia tecnología, atribuyendo la responsabilidad de la actual catástrofe ecológica y existencial a la «era industrial». A contracorriente de esta tendencia, su último libro, Free Gifts: Capitalism and the Politics of Nature, así como la obra colectiva en la que ha colaborado, A Planet to Win: Why We Need a Green New Deal, pretenden reinventar una política socialista para nuestra época. ¿Cómo defiende usted la necesidad de la teoría marxista y de la política socialista frente a sus detractores ecologistas?

Alyssa Battistoni – Es cierto que los regímenes socialistas que han existido han tenido, en su mayoría, un balance medioambiental mediocre y, por supuesto, ciertas tecnologías tienden a tener repercusiones en el medio ambiente, independientemente del sistema social en el que se enmarquen. Cualquier sociedad que utilice combustibles fósiles, por ejemplo, genera emisiones de carbono. Pero, como usted sugiere, muchos investigadores han tendido a menudo a adoptar la postura de que la tecnología o la «sociedad industrial» serían, por sí solas, el origen de la crisis ecológica. En mi opinión, estos análisis tienden a presentar una visión demasiado simplista de la tecnología en sí misma, considerándola como una empresa neutra y puramente técnica, en lugar de reconocer las diferentes formas en que la tecnología es moldeada por sociedades concretas y utilizada en su seno. Creo que las sociedades socialistas son, sin duda, capaces de utilizar los recursos y las tecnologías de manera destructiva para el el medio ambiente, pero que esos usos no son inevitables en la misma medida que en las sociedades capitalistas. Por lo tanto, intento explicar cómo y por qué el capitalismo limita nuestra capacidad para relacionarnos con el mundo no humano, pero no pretendo por ello afirmar que una sociedad socialista actuaría necesariamente de manera diferente, sino solo que podría hacerlo.

También es cierto que muchos marxistas han prestado relativamente poca atención a la ecología, aunque el propio Marx haya sido injustamente denostado a este respecto y criticado por su prometeísmo, su antropocentrismo o su productivismo, tal y como han demostrado investigadores como John Bellamy Foster y Kohei Saito. Mi trabajo no pretende ni defender a Marx frente a sus detractores ecologistas, ni revivir ciertos aspectos de su propio pensamiento ecológico, sino más bien insistir en que su análisis fundamental del capitalismo resulta inestimable para comprender el sistema plenamente planetario de nuestra época. De hecho, el capitalismo es el único sistema vigente en la actualidad y, por lo tanto, debemos comprender su dinámica propia, independientemente de la historia de otros tipos de órdenes sociales.

En el marco de mi compromiso político, he tratado de elaborar un proyecto ecosocialista más concreto. Mi compromiso con el ecosocialismo se basa en principios, pero también es pragmático. Considero que la transición hacia el abandono de las energías fósiles debe llevarse a cabo de forma justa e igualitaria, pero también creo que la descarbonización de nuestro mundo actual y la construcción de una sociedad ecológicamente sostenible requerirán medidas —planificación, provisión de bienes públicos, control del capital— que, en mi opinión, el capitalismo no es capaz de poner en práctica. Una política climática eficaz debe ser una política climática de masas, que aborde los problemas de la vida cotidiana —el trabajo, la vivienda, el transporte— de tal manera que demuestre que es posible para todos llevar una vida digna en este planeta que todos compartimos.

Jochen Schmon – Mientras que los «nuevos materialistas», como Bruno Latour, Donna Haraway o Anna Tsing, conciben la destrucción de la vida y de la Tierra como un fenómeno «antropocéntrico», los marxistas denominan a esta condición contemporánea «Capitaloceno»; es el propio capital, y no la «especie» humana, el que se ha convertido en el agente geológico dominante. Usted se suma a esta crítica del «materialismo ingenuo», pero también cuestiona el «naturalismo moral» de los materialismos marxistas actuales, que califica de segunda «tendencia frecuente en el pensamiento ecológico». ¿Cuáles son estos dos errores en la teorización crítica de lo que usted denomina «la política de la naturaleza»?

Alyssa Battistoni – Una de las propuestas teóricas del libro Free Gifts consiste en concebir la materialidad de una manera más dialéctica, tanto en relación con los materialistas históricos como con los denominados «nuevos materialistas». El materialismo, en un sentido marxista, se ha centrado generalmente en lo que los comentaristas califican de factores «económicos», pero que podríamos describir con mayor precisión como las relaciones sociales del capitalismo. Esto ha implicado a menudo rastrear las vías por las que el capitalismo abstrae el valor de cambio a partir del ámbito material, constituido por el trabajo concreto y los valores de uso. La corriente del nuevo materialismo es, en parte, una respuesta a esta tendencia: los nuevos materialistas tienden a reprochar al marxismo y a otras tradiciones teóricas que se alejen de la realidad material del mundo, y instan a los investigadores a interesarse por la agencia de los no humanos3.

Lo que me llama la atención, son las similitudes de esta corriente con pensadores como los fisiócratas y los primeros economistas políticos, quienes consideraban a los agentes naturales como intrínsecamente productivos. Jean-Baptiste Say, por ejemplo, utiliza el término «agentes naturales», que hoy en día asociaríamos con alguien como Latour, y con ello se refiere más o menos a lo mismo: no es que los agentes naturales tengan la misma intencionalidad o agencia que los seres humanos, sino más bien que producen efectos sustanciales en el mundo material.

¡Y, evidentemente, así es! Pero se trata de un materialismo ingenuo, al igual que la visión fisiocrática que encuentra la plusvalía en el trigo mismo, más que en las relaciones sociales que la producen, afirmando que la naturaleza es la productora de toda riqueza. Una crítica marxista bien conocida sitúa más bien estas agentividades no humanas en el seno del capitalismo, pero debemos ir más allá para integrar en los análisis marxistas una atención especial a las cualidades materiales específicas de las diferentes mercancías, recursos, procesos de trabajo, etc. La tradición marxista que más seriamente se ha dedicado a ello es el eco-marxismo. El estudio de Andreas Malm sobre el «capital fósil», por ejemplo, analiza de manera muy fructífera las cualidades materiales de los distintos tipos de combustible a partir de las relaciones sociales capitalistas.

Sin embargo, mi crítica al eco-marxismo es que a menudo se basa en un naturalismo moral implícito. En otras palabras, el ecomarxismo suele presentar una tendencia normativa no declarada al considerar la naturaleza en sí misma como un bien moral, a la luz del cual podríamos evaluar el capitalismo. Tomemos, por ejemplo, la influyente crítica de John Bellamy Foster sobre la «ruptura metabólica»: Foster sostiene que el capitalismo ha provocado una perturbación de los ciclos metabólicos de la naturaleza, lo cual es innegable, pero da a entender que dicha perturbación es algo negativo, digno de ser criticado en sí mismo.

Sin embargo, si se tiene en cuenta que las relaciones entre el ser humano y la naturaleza están en constante evolución y cambian continuamente, resulta más difícil sustentar esta acusación: ¿qué es lo que hace que ciertos cambios ecológicos sean negativos? En términos más generales, quiero advertir contra el recurso a una concepción moral de la naturaleza para fundamentar la crítica, ya que casi nunca resulta liberadora. Mi libro desarrolla, más bien, una crítica al capitalismo que no se basa en el simple hecho de que este perturbe o destruya la naturaleza. Se centra, más bien, en comprender cómo y por qué lo hace, y qué nos enseña esto sobre la forma en que organiza la vida política y social humana.

Jochen Schmon – Usted muestra cómo las concepciones de la naturaleza propias de la economía política liberal cristalizan la devaluación material de la vida no humana, considerada como un «regalo gratuito» en el capitalismo: aquello que la producción económica puede apropiarse y utilizar gratuitamente, sin pagar nada. Pero también parece reprochar a las investigaciones marxistas actuales su incapacidad para superar esta concepción destructiva de la naturaleza. ¿Podría explicarnos cómo utiliza los análisis de la forma-valor para desarrollar una crítica de la ecología política capaz de superar estos residuos liberales en las concepciones ecológicas de la teoría marxista contemporánea?

Alyssa Battistoni – La idea de la naturaleza como don se remonta a antiguas tradiciones de la economía política y, de hecho, está muy extendida en el pensamiento político en general. Se encuentra presente en todo el pensamiento político occidental, desde Locke hasta Rousseau, y en pensadores no occidentales que se inscriben en las tradiciones indígenas, como Robin Wall Kimmerer. Sin embargo, lo que me interesa aquí es la forma en que esta idea aparece en las obras de los economistas políticos clásicos a los que Marx se refiere en su crítica de la economía política: pensadores como Jean-Baptiste Say y David Ricardo, quienes describen las contribuciones gratuitas que los agentes naturales aportan a la producción —desde los órganos de las ovejas hasta las velas impulsadas por el viento—. Como he sugerido anteriormente, considero que estos ejemplos son manifestaciones de un materialismo ingenuo: tienden a tomar estos agentes naturales tal cual, viendo en ellos una especie de poder natural para generar riqueza.

En el tercer volumen de El Capital, Marx propone una crítica a esta postura, subrayando que, en una sociedad capitalista, solo el capital se beneficia de los «dones gratuitos de la naturaleza». Las tradiciones eco-marxistas y eco-socialistas han hecho referencia a menudo a esta crítica sin, sin embargo, desarrollarla más a fondo, y la mayoría de las demás corrientes marxistas se han pronunciado muy poco sobre la naturaleza. El don gratuito es, por tanto, un concepto poco teorizado pero poderoso. Ofrece una forma de entender la naturaleza no solo como un «tema» que interesaba a Marx, ni como un conjunto de problemas ecológicos (como el empobrecimiento de la fertilidad de los suelos), sino más bien como un elemento fundamental de las relaciones sociales y de los procesos de valorización del capitalismo. En otras palabras, los marxistas no han adoptado tanto la visión capitalista de la naturaleza como que han evitado cuestionarla a fondo.

Me baso en la tradición del análisis de la forma-valor o de la forma social para teorizar sobre el don gratuito en relación con la mercancía —la forma elemental del capitalismo— y para mostrar cómo esta teorización puede ayudarnos a comprender mejor no solo los retos ecológicos, sino también el propio capitalismo. A lo largo del análisis, muestro cómo el don gratuito de la naturaleza se manifiesta bajo diversas formas en la economía dominante. Me esfuerzo, pues, por adoptar una metodología similar a la de Marx, demostrando la incapacidad de los conceptos y términos económicos dominantes para esclarecer plenamente los fenómenos que describen.

Jochen Schmon – En el análisis de la política de la producción que usted propone, afirma que las teorías críticas del capitalismo se han reducido de forma demasiado estrecha a la cuestión de la regulación de los procesos de trabajo y las tecnologías por parte de las relaciones sociales de poder. Llaman nuestra atención sobre la importancia del dominio del capital sobre las condiciones ecológicas de la producción, en la medida en que estas, a su vez, condicionan el bienestar físico de los trabajadores. «El poder de clase», como escriben, «es el poder de producir el propio entorno». Esto le lleva a replantearse radicalmente la contaminación, que los economistas suelen concebir como «efectos secundarios medioambientales» o «externalidades negativas», para convertirla más bien en «la capacidad de imponer la contaminación a los demás como otro aspecto del poder de clase —y la incapacidad de rechazarla, una forma de falta de libertad en sí misma». ¿Podría explicar en qué medida su libro contribuye a la teorización crítica de la producción y a los retos que ocupan nuestra reflexión sobre la justicia ecológica?

Alyssa Battistoni – La obra presenta una serie de propuestas relativas a los problemas que suelen agruparse bajo el término «contaminación». La primera consiste en criticar las teorías económicas dominantes, tal y como las formularon economistas del siglo XX como Arthur Pigou y Ronald Coase, basadas en el concepto de «externalidad» para abordar los daños medioambientales, demostrando que estos fenómenos deben entenderse en el marco del capitalismo como un sistema distinto. La segunda consiste en desplazar el ámbito del análisis crítico. La literatura existente sobre la justicia medioambiental se ha centrado en la identificación y la crítica de la distribución desigual de los daños medioambientales. Aunque se trata de un proyecto importante, esto equivale a lo que Moishe Postone denomina una «crítica de la distribución» más que una crítica de la producción. En muchos aspectos, se asemeja a lo que aborda la literatura sobre la justicia distributiva en el ámbito de la teoría política, aunque el método y el estilo sean bastante diferentes.

La obra se centra más bien en «la guarida secreta » de la producción, donde los daños se producen en el seno mismo del proceso de fabricación de los bienes. Esto nos ayuda a comprender la contaminación no solo como una carga que recae de forma desigual sobre las poblaciones, sino también como algo que determinados grupos de personas —aquellos que poseen los medios de producción y controlan las inversiones— producen en el transcurso de acciones motivadas por fuerzas sociales impersonales. Estos fenómenos se describen en la literatura económica como «externalidades» o «costes sociales» y suelen abordarse desde una perspectiva puramente técnica.

Pero cuando nos adentramos en esa guarida secreta, vemos cómo están estructurados por el poder de clase: en este caso, por el poder de decidir qué subproductos se generan en el marco del proceso de producción de mercancías, y de imponer dichos subproductos físicos —ya sean residuos tóxicos, humo o emisiones de carbono— a quienes no tienen más remedio que aceptarlos y, de hecho, absorberlos. En otras palabras, este punto de vista nos permite no solo medir los efectos de la contaminación, sino también diagnosticar sus causas.

Este cambio de perspectiva tiene asimismo un alcance político: muestra cómo una misma relación de clase se manifiesta de manera diferente dentro y fuera del trabajo formal. El medio ambiente se considera a veces, según la formulación paradigmática de Nancy Fraser, como «más allá» de la guarida secreta de la producción. Pero también es el lugar mismo de la producción, en la medida en que se ve directamente modificado y transformado durante la producción de mercancías. Esta perspectiva nos ayuda, por tanto, a vincular los tipos de luchas que suelen describirse en términos de justicia medioambiental con las luchas laborales y con las luchas obreras que resultan más familiares a la tradición marxista.

Al mismo tiempo, intento aclarar las distinciones entre estas posiciones: a saber, la diferencia entre celebrar un contrato formal con el capitalista para vender su fuerza de trabajo —en realidad, para vender sus capacidades corporales— y ver cómo esas mismas capacidades corporales quedan sometidas a los subproductos de la producción sin ningún acuerdo similar. En definitiva, esto forma parte de la argumentación más amplia del libro: debemos prestar tanta atención a los espacios, los procesos y los materiales que el capital abandona, descuida y expulsa, como a aquellos que absorbe y consume.

Jochen Schmon – Uno de sus argumentos más recurrentes y convincentes es que la estrategia fundamental de la teoría crítica, que consiste en «desnaturalizar» las relaciones sociales, a menudo tiene también el efecto de «desmaterializarlas». Ustedes describen esta tendencia como sorprendentemente extendida en la teorización del trabajo reproductivo, que, por otra parte, ha resultado extremadamente fructífera para la crítica ecológica. Como afirman, ni siquiera las ecofeministas marxistas han estudiado suficientemente las razones de la desvalorización sistemática tanto del trabajo reproductivo como de la biosfera planetaria, identificados como correlatos naturales. ¿Cómo explica usted la incapacidad del capitalismo y de sus detractores para valorar a la vez la reproducción humana y la reproducción planetaria?

Alyssa Battistoni – La tensión entre la desnaturalización y la desmaterialización es una de las cuestiones centrales de mi libro Free Gifts. Los teóricos sociales críticos de diversos horizontes, desde los marxistas hasta las feministas, suelen comenzar afirmando que los fenómenos considerados naturales son, en realidad, sociales, ya que solo los fenómenos sociales —creados por los seres humanos de alguna manera— pueden modificarse y transformarse. Sin embargo, este enfoque de desnaturalización también puede llevar a los pensadores a descuidar el mundo material, que queda entonces agrupado en una categoría de «naturaleza» que hay que separar. Se trata de un grave error: si queremos estudiar rigurosamente la naturaleza, o incluso el capitalismo, debemos prestar atención a la materialidad del mundo como algo distinto de las ideas o ideologías sobre la naturaleza, sin dejar de prestar atención a las formas en que las relaciones sociales median necesariamente esa materialidad.

De hecho, donde exploro esta tensión de la manera más directa es en el capítulo dedicado al trabajo reproductivo y al feminismo marxista. Varias feministas marxistas y ecofeministas, desde Maria Mies hasta Nancy Fraser, han llamado la atención sobre los paralelismos entre la incapacidad del capitalismo para valorar la naturaleza no humana y el trabajo reproductivo humano. De hecho, Free Gifts tiene su origen en mi deseo de reflexionar sobre los paralelismos entre la condición de la dación gratuita de la naturaleza y el trabajo doméstico no remunerado realizado por los seres humanos. Sin embargo, a medida que profundizaba en estas cuestiones, me sentía cada vez menos satisfecha con la mayoría de las explicaciones existentes sobre las razones por las que el «trabajo reproductivo» y el «trabajo de la naturaleza» tienden a ocupar posiciones similares. La mayoría de los análisis feministas y ecofeministas se han centrado en cómo se «naturalizan» las mujeres y el trabajo de las mujeres: cómo se consideran y perciben como algo natural y, por lo tanto, se tratan como no trabajo. Estos análisis constituyen esencialmente una especie de crítica ideológica, pero a veces acaban adoptando un razonamiento bastante idealista que pierde de vista los tipos de trabajo material en cuestión.

Sostengo que, en lugar de centrarnos en «la cuestión de las mujeres», a través de la cual se ha abordado el trabajo reproductivo, deberíamos prestar más atención a los procesos de trabajo concretos que intervienen en los distintos tipos de trabajo y, en particular, a la importancia de la corporalidad humana en el seno de los mismos. Tal y como sostengo, el trabajo de reproducción de la vida humana tiende a desarrollarse según las temporalidades del cuerpo, más que según las del capital. Además de aclarar la relación entre los procesos de trabajo y la acumulación de capital, espero que este enfoque ofrezca una forma de teorizar sobre la importancia de los cuerpos humanos y de la diferencia corporal en los procesos de trabajo, sin dar por sentado que ciertos tipos de cuerpos o de trabajos sean intrínsecamente de género. En otras palabras, espero que pueda contribuir al feminismo marxista en el proyecto crucial que consiste en tener en cuenta la corporeidad, sin caer en un esencialismo de género.

Jochen Schmon – Su crítica a la desvalorización de la naturaleza rechaza los discursos políticos habituales sobre la «injusticia ecológica» o los «daños medioambientales» y aboga por que se conceptualicen más bien como otra forma de «falta de libertad capitalista». Al dar este giro, rechaza también la teoría neorrepublicana de la «no dominación» y el enfoque marxista —más inspirado en Hegel— de la «libertad social», que constituyen hoy en día los modos de teorización de la emancipación más extendidos. ¿Por qué y cómo teoriza usted sobre la libertad a través del marxismo existencialista de Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre?

Alyssa Battistoni – Las críticas sobre la forma en que el capitalismo trata el mundo natural son numerosas, pero la mayoría de ellas me parecen insatisfactorias. Como he sugerido, tienden a reprochar al capitalismo que destruya o degrade la naturaleza. Si se adopta una perspectiva más crítica sobre la naturaleza, que reconozca su flujo y su transformación perpetuos, esta crítica resulta difícil de sostener. Las teorías de la injusticia medioambiental, por su parte, amplían la crítica de los daños a su impacto en las comunidades humanas. Ambos análisis aportan elementos importantes a la crítica, pero ninguno propone un criterio viable que permita juzgar el capitalismo. En general, las teorías críticas del capitalismo resultan más convincentes cuando se centran en sus dinámicas fundamentales, en lugar de cuando identifican un conjunto de efectos que este produce; en otras palabras, cuando remontan dichos efectos a lo que atañe al funcionamiento fundamental del capitalismo. Mi crítica al capitalismo —inspirada en este caso en los existencialistas franceses— se centra, por tanto, en la forma en que este estructura las relaciones entre los seres humanos de tal manera que limita nuestra capacidad para tomar decisiones libres y conscientes sobre cómo organizar nuestras vidas, incluidas nuestras relaciones con el mundo más-que-humano.

En este sentido, esta obra se inscribe en el marco de un renacimiento más amplio, observable desde hace algunos años, de las concepciones marxistas y socialistas de la libertad, que han tratado de rehabilitarla disociándola de su identificación con el capitalismo y la derecha, que se remonta a la Guerra Fría. Una tendencia destacada dentro de este renacimiento ha sido el redescubrimiento de un Marx republicano y de una tradición socialista que hacen hincapié en la libertad frente a la dominación arbitraria e interpersonal. Este giro republicano marca, sin embargo, también una ruptura con las antiguas concepciones socialistas de la libertad, que tendían a concebirla en términos más materialistas: como una libertad frente a la necesidad, lo que generalmente implicaba una liberación del trabajo penoso y de la penuria, posibilitada en teoría por el desarrollo de las fuerzas productivas en el capitalismo, pero limitada en la práctica por la sociedad de clases. Estas concepciones de la libertad han tendido a imaginar que el socialismo produciría una sobreabundancia y, por lo tanto, parecen considerar como una amenaza la perspectiva de limitar el libre uso de los dones de la naturaleza. De hecho, en los últimos años hemos visto cómo pensadores como Dipesh Chakrabarty se han mostrado preocupados por el futuro de la libertad en un mundo sometido a restricciones climáticas.

Me baso en el existencialismo para trazar un camino entre estos dos polos, que describo como las concepciones «materiales» o «sociales» de la libertad, al tiempo que desarrollo una crítica más sólida del fenómeno que a menudo se denomina «la dominación del mercado», difícil de caracterizar en términos republicanos clásicos. Considero que la concepción de Simone de Beauvoir sobre la ambigüedad de la libertad resulta especialmente enriquecedora para esta reflexión. La ambigüedad, para Beauvoir, describe la condición de una conciencia encarnada y da cuenta de la dualidad entre lo social y lo material que impregna todo el libro. Mientras que el existencialismo suele ser caricaturizado como un hiperindividualismo, Beauvoir intenta teorizar la libertad como un proyecto colectivo. No se opone a la noción hegeliana de libertad social per se, aunque la complica: mientras que las descripciones de la libertad social tienden a explicar cómo las libertades y los deseos individuales se concilian con la totalidad social, Beauvoir subraya que la libertad colectiva es un proyecto frágil y siempre en construcción. E Por ello la considero un recurso verdaderamente importante para un mundo que atraviesa una transformación sin precedentes.

Jochen Schmon – Este enfoque existencialista de la emancipación parece también esencial para desarrollar una de sus principales críticas a las teorías «neomaterialistas» y el discurso sobre el Antropoceno. Basándose en Beauvoir y Sartre, usted afirma que no hay escapatoria a una valoración esencialmente humana de la naturaleza, que «el valor de la naturaleza debe ser lo que hacemos de ella». Al final de su libro, afirma sin rodeos que «si esto es antropocéntrico, creo que también es honesto». ¿Podría explicarnos qué entiende exactamente por lo que parece ser un antropocentrismo asumido y bastante impopular?

Alyssa Battistoni – En primer lugar, quiero destacar que la obra establece una distinción entre la forma en que el capitalismo valora la naturaleza y la forma en que podríamos valorarla de otro modo. Sostiene que el capitalismo es una forma de humanismo: establece una división fundamental entre los seres humanos y todas las demás entidades, en la que la amplia gama de seres no humanos se configura como un don gratuito. Se trata de un argumento analítico más que normativo: no apruebo esta división, pero muestro cómo se deriva de las relaciones sociales capitalistas y de la relación salarial en particular. Reconozco que los seres humanos poseen cualidades distintivas sin por ello suscribir una jerarquía de los seres.

No obstante, también abogo por una valoración de la naturaleza diferente a la del capitalismo, y considero que se trata de una responsabilidad propiamente humana. Gran parte de la ética ecológica afirma que la naturaleza posee un «valor intrínseco», pero, aunque comprendo el deseo de afirmar el valor de las entidades no humanas, no considero que esta reivindicación sea muy útil. La noción de valor intrínseco parece basarse a menudo en una apelación tácita a lo divino o a un poder más allá de la vida humana: la naturaleza actúa como sustituto de Dios. Más concretamente, no acabo de entender qué significan realmente estas apelaciones al valor intrínseco para la forma en que deberíamos actuar en el mundo. Podemos afirmar que la naturaleza tiene un valor intrínseco, pero en nuestras vidas nos vemos inevitablemente abocados a interactuar con otros seres, a relacionarnos con ellos y a utilizarlos —a veces incluso hasta el punto de destruirlos—. Debemos reconocer que tomamos estas decisiones constantemente y asumir la responsabilidad de las mismas.

El existencialismo nos ofrece herramientas para contrarrestar esta concepción moral omnipresente de la naturaleza. Sartre y Beauvoir afirman que los valores no son impuestos por Dios ni por la naturaleza, sino que no son más que aquello que elegimos afirmar y poner en práctica en el mundo. La concepción existencialista del valor es antropocéntrica en la medida en que sostiene que el valor es una categoría humana y que los seres humanos tienen la responsabilidad de decidir qué tiene valor —pero no es el tipo de antropocentrismo que afirma que solo los humanos tienen valor. Podemos, sin duda, otorgar valor a otros tipos de seres y a otras formas de vida, pero debemos elegir hacerlo, tanto con hechos como con palabras. Quizá esto no sea muy popular, pero creo que es cierto.

Jochen Schmon – Sus trabajos académicos parecen inspirarse en su compromiso político como activista, intelectual pública y autora. ¿Sus futuras líneas de investigación también están motivadas por el deseo de implicarse en los retos y las luchas políticas actuales?

Alyssa Battistoni – Mi interés por el cambio climático surgió a raíz del huracán Katrina y, desde entonces, mis trabajos académicos siempre han evolucionado en diálogo con mi compromiso político y mis escritos públicos. En ocasiones, esto ha adoptado la forma de intervenciones políticas más directas, como en A Planet to Win, o en artículos para publicaciones como Jacobin, Dissent y la New Left Review. Por el contrario, Free Gifts es más teórico, pero también vincula el análisis más abstracto del capitalismo con sus manifestaciones concretas en la política climática dominante, como, por ejemplo, los impuestos sobre el carbono y el capital natural.

Actualmente estoy embarcándome en un nuevo proyecto de libro sobre el clima, el capitalismo y el Estado, que se centra más en la política contemporánea. Me baso en la teoría marxista del Estado para comprender mejor cómo y por qué los Estados han actuado ante el cambio climático —o, en la mayoría de los casos, por qué no han actuado—, al tiempo que intento actualizar esta teoría del Estado en la era del cambio climático. El pensamiento eco-marxista ha sido muy dinámico en los últimos años, pero la mayoría de las obras más importantes de esta tradición pasan por alto, curiosamente, al Estado, que debemos comprender mejor si queremos actuar de manera estratégica. Espero, por tanto, que este proyecto pueda aportar cierta claridad en el plano teórico, al tiempo que aborde los cambios que observamos en la política climática, la cual se aleja de los enfoques fundamentalistas de mercado de los años 1980 a 2010 para orientarse hacia un modelo de política climática más intervencionista, ya se trate de la política industrial verde de la República Popular China o del «marketcraft» en Estados Unidos. Espero asimismo que constituya una herramienta analítica útil para los movimientos climáticos que buscan involucrar a los Estados, ya sea a través de campañas de acción directa destinadas a bloquear las infraestructuras de energías fósiles, o de movimientos de masas a favor de la descarbonización.

Notas

  1. Kate Aronoff, Alyssa Battistoni, Daniel Aldana Cohen y Thea Riofrancos, A Planet to Win: Why We Need a Green New Deal, Verso, 2019. Introducción de Naomi Klein.[↩]
  2. Traducido por Jean-Christophe Helary y publicado por la editorial Seuil en 2024.[↩]
  3. La «agencialidad» se refiere a la capacidad de un ser (ya sea un individuo o un grupo) para actuar sobre su entorno, transformarlo e influir en los demás.[↩]

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7. El libro de Fineschi sobre el método en Marx.

Breve reseña en Il manifesto del libro de Fineschi publicado en 2025 sobre el método en Marx a partir de sus textos.

https://www.sinistrainrete.info/articoli-brevi/33721-manfredi-alberti-il-metodo-di-karl-marx-quando-la-dialettica-non-e-deterministica.html

El método de Karl Marx, cuando la dialéctica no es determinista

por Manfredi Alberti

El último libro de Roberto Fineschi sobre el filósofo alemán, publicado por Scholé

En un famoso pasaje de la «Fenomenología del espíritu», Hegel afirma que «lo conocido en general, precisamente por ser conocido, no es conocido. Cuando en el conocimiento se presupone algo como conocido y se tolera como tal, se acaba engañándose a uno mismo y a los demás de manera vulgar»: es decir, a menudo se tiene una representación distorsionada o superficial precisamente de aquello que se cree conocer mejor. Algo parecido ocurre también con el pensamiento de Karl Marx, un autor que ha sido —y aún debería ser— un punto de referencia para la crítica y la transformación de la realidad existente.

Roberto Fineschi nos ofrece ahora una valiosa herramienta para acercarnos de forma más informada al método de trabajo y a los fundamentos de la teoría marxista (Karl Marx, Discurso sobre el método, editado por Roberto Fineschi, Scholé, 176 págs., 17 euros). El mérito de este libro es doble: ofrecer al lector una nueva traducción, filológicamente actualizada, de algunos textos marxistas sobre el método (por muy conocidos que sean) e introducirlos con un lenguaje accesible pero riguroso, prestando atención tanto a su dimensión teórica como a su contextualización dentro del debate filosófico. La antología incluye la famosa Introducción de 1857 al borrador provisional de la teoría del capital (los Grundrisse), el Posfacio a la segunda edición de El Capital (de 1873) y extractos de algunas famosas obras de juventud.

EL EJE CENTRAL en torno al cual gira el ensayo introductorio de Fineschi es la relación entre Hegel y Marx (que el autor ya abordó de forma más amplia y sistemática en el volumen Marx y Hegel. Fundamentos para una relectura, editorial La scuola di Pitagora, 464 págs., 32 euros), que con demasiada frecuencia se reduce a la engañosa oposición entre «idealismo» y «materialismo». Décadas, si no siglos, de debates, que a su vez se han plasmado en múltiples y exitosas síntesis de carácter manual, nos han legado una visión sustancialmente errónea tanto del pensamiento de Hegel como de la relación entre este y Marx. Y la raíz de todos los malentendidos, paradójicamente, reside en un error de perspectiva del propio Marx, quien, siguiendo los pasos de Feuerbach, interpretó el idealismo hegeliano como un «misticismo absoluto», portador de una visión invertida de las cosas, en la que la concreción de la realidad material se habría reducido a una mera emanación de la Razón. Nada más erróneo.

ESTA REPRESENTACIÓN de un Hegel «plotino» no encuentra fundamento en sus textos. Hegel es un filósofo realista, nos recuerda Fineschi, que nunca soñó con negar la existencia concreta de una realidad externa al sujeto. Es más, es precisamente su realismo, en ciertos aspectos, lo que lo convierte en un filósofo conservador, alejado de Marx en cuanto al valor que hay que atribuir a la dimensión práctica-revolucionaria, que en el caso de Hegel está ausente, mientras que en Marx es fundamental. Mientras que para Hegel la filosofía toma nota a posteriori de una realidad ya formada, en Marx el sujeto (revolucionario) es parte activa de su transformación.

SI EN SU JUVENTUD había prevalecido en Marx un rechazo generalizado del legado hegeliano, con la excepción de la categoría de «alienación», el Marx maduro, el de El Capital, reconsideró esta postura, admitiendo que había algo importante que debía recuperarse y retomarse del método hegeliano. No tanto el concepto de alienación, que, tal y como Marx lo había desarrollado en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, suponía una referencia a un sujeto humano abstracto fuera del tiempo, expresión típica de la ideología burguesa y del mercado capitalista. Más bien fue la dialéctica hegeliana la que fue objeto de una recuperación por parte del segundo Marx, a partir de los primeros borradores provisionales de lo que sería el primer libro de *El Capital*, publicado en 1867.

¿POR QUÉ LA DIALÉCTICA era y es tan importante? Más allá de la fórmula reduccionista «tesis-antítesis-síntesis» (ausente también en los textos hegelianos), la dialéctica es un método de comprensión de la realidad que se basa en la conexión (también histórico-evolutiva) entre todos los aspectos de lo existente, incluida la capacidad de la razón humana para apropiarse del mundo exterior y reelaborarlo de forma sintética (científica). Solo al observar la realidad en su totalidad y en sus contradicciones es posible llegar a una comprensión plena de la misma. La dialéctica, corazón palpitante del método marxista, permite comprender el funcionamiento de la economía capitalista y sus mecanismos de explotación del trabajo, revelando su carácter transitorio, sin por ello anunciar su fin como una certeza absoluta.

DESDE ESTE PUNTO DE VISTA, merece la pena destacar otro aspecto de la interpretación de Fineschi: de hecho, no se puede atribuir a Marx ningún finalismo ni determinismo, a pesar de la presencia en sus obras de frases —vinculadas sobre todo a la época revolucionaria de 1848— que dan a entender un colapso inminente del sistema. La historia del socialismo, parece sugerir Fineschi, no ha terminado, sino que, por el contrario, está por construir, partiendo de la caja de herramientas que Marx nos legó.

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8. La amistad y la política.

Entrevista a una autora que acaba de publicar un libro en el que defiende que la amistad, como producto de relaciones sociales, es un asunto eminentemente político.

https://www.contretemps.eu/lamitie-est-une-question-profondement-politique-entretien-avec-clemence-guette/

«La amistad es una cuestión profundamente política». Entrevista con Clémence Guetté

Con motivo de la publicación de su primera obra, «Por una política de la amistad » (La Découverte), Clémence Guetté defiende la idea de que la amistad no es una cuestión secundaria ni meramente íntima: está impregnada de relaciones sociales, constituye un recurso decisivo para las personas más vulnerables y podría convertirse en el pilar de nuevos derechos.

por

Clémence Guetté

En esta entrevista, realizada en el marco de los Amfis 2026 junto a Ariane Vaquette, asistente parlamentaria, sobre el origen de su reflexión, alimentada sobre todo por un coloquio organizado en la Asamblea Nacional y por un cuestionario al que respondieron más de 7 000 personas en 24 horas, y articulada en torno a trabajos sociológicos y feministas.

¿Por qué ha dedicado un libro a la amistad? Se podría considerar que se trata de una cuestión íntima, bastante alejada de la política.

Por el contrario, estoy convencida de que la amistad es un tema profundamente político, ya que incide en la forma en que organizamos nuestras vidas. Mi reflexión se inscribe en la línea del pensamiento feminista que, desde los años sesenta y setenta, afirma que lo privado es político.

El cuestionario que difundimos ha tenido un gran peso en esta reflexión. Recibimos más de 7 000 respuestas en veinticuatro horas. Solicitábamos datos sociológicos —la edad, el lugar de residencia, el entorno social—, pero también habíamos dejado espacios para la respuesta libre. Las personas nos han contado historias de duelo, de acompañamiento y de solidaridad, pero también de numerosos obstáculos: momentos en los que no habían podido organizar su vida como deseaban junto a sus amigos o con las personas de las que se sentían cercanas. Es a partir de ahí donde surge la cuestión política. En la medida en que existen obstáculos materiales, sociales o jurídicos que impiden a las personas construir su círculo afectivo como deseen y apoyarse en él para organizar formas concretas de solidaridad, el papel de la política es también eliminar dichos obstáculos.

Por otra parte, hay que reconocer que la ley suele llegar después de las prácticas sociales. Muchas personas ya han inventado formas de vivir de manera diferente, sobre todo en las comunidades LGBT, a veces porque habían roto con su familia o porque se les excluía de las formas de vida consideradas legítimas. Lo que hacemos desde el punto de vista jurídico consiste a menudo en reconocer tardíamente realidades que ya existen.

Nuestras relaciones, ya sean íntimas o más públicas, nunca se desarrollan en un espacio neutro. Están condicionadas por relaciones de poder económicas, factores socioculturales y relaciones de dominación sexistas, racistas o discriminatorias hacia las personas con discapacidad. Esto también es válido para la amistad.

En este sentido, se habla de «homofilia social»: no nos hacemos amigos de cualquiera al azar. Nuestras amistades dependen de nuestro entorno social, de nuestra edad, del lugar donde vivimos y de nuestro capital cultural o económico. Por lo tanto, no constituyen de forma espontánea un espacio ideal de diversidad social.

Las prácticas de amistad también están profundamente condicionadas por el género. Los hombres y las mujeres no construyen necesariamente sus amistades de la misma manera. Las normas masculinas, a veces virilistas, influyen en las relaciones entre hombres, mientras que a las mujeres se les asigna en mayor medida el cuidado, la atención y la escucha.

Por último, no hay que idealizar la amistad. También puede verse atravesada por relaciones de dominación y provocar sufrimiento. La ruptura de una amistad puede trastornar una vida tanto como una ruptura sentimental, aunque dispongamos de muchas menos palabras y reconocimiento social para hablar de ello.

Esta precaución es importante para mí. Dado que la amistad suele percibirse como un vínculo flexible, desinteresado y menos restrictivo que la vida en pareja o la familia, uno podría sentirse tentado a convertirla en un espacio naturalmente igualitario. No es así. También está determinada socialmente, marcada por el género, atravesada por las desigualdades y, en ocasiones, por la violencia. Esto no le resta nada a su potencial político, pero impide idealizarla.

¿Por qué le parece esta cuestión especialmente importante hoy en día?

Porque nuestras formas de vida han cambiado profundamente en unas pocas décadas. Vivimos con mayor frecuencia lejos de nuestra familia de origen, más solos y menos sistemáticamente en pareja. Los divorcios son más frecuentes, las familias monoparentales son numerosas y el matrimonio ya no es un paso obligatorio para tener hijos.

Estos cambios son considerables. Hoy en día, seis de cada diez personas viven fuera de la provincia en la que nacieron. Esto significa que muchas personas viven lejos de sus padres o abuelos y deben reconstruirse un círculo social en otro lugar. En sesenta años, el número de personas que viven solas se ha triplicado. Las mujeres jóvenes, en particular, ya no se incorporan a la vida de la misma manera que hace cincuenta años: viven con mayor frecuencia solas, en pisos compartidos o sin pareja. Además, una de cada diez parejas no convive de forma permanente.

La paternidad y el matrimonio también han cambiado profundamente. El número de divorcios se ha triplicado en cincuenta años. Una cuarta parte de las familias son monoparentales y, en su inmensa mayoría, están formadas por mujeres solas con sus hijos. Seis de cada diez niños nacen hoy en día fuera del matrimonio. Todo ello significa que la familia y la pareja ya no estructuran por sí solas nuestras vidas y que los vínculos afectivos deben reconfigurarse.

Todos estos cambios nos llevan a reconfigurar nuestros vínculos afectivos y materiales. Los amigos ocupan un lugar cada vez más importante en nuestras vidas: son ellos a quienes vemos, en quienes confiamos, a quienes pedimos consejo o una mano amiga.

Los estudios demuestran, por ejemplo, que una persona divorciada tiene más probabilidades, a lo largo de una semana, de ver a sus amigos que a sus familiares para pedirles un favor o un consejo. Esto es especialmente cierto en el caso de las madres solteras. La amistad, por lo tanto, no es solo una cuestión de afecto: constituye, cada vez más, una infraestructura material de nuestras vidas.

Al mismo tiempo, nos enfrentamos a una auténtica crisis de soledad. Para mí, esta soledad no es solo un problema individual. Tiene causas estructurales: el neoliberalismo, la competencia entre las personas, la organización del trabajo, la precariedad económica o incluso la destrucción de ciertos espacios de sociabilidad.

Una de cada diez personas se encuentra en una situación de aislamiento total y unas 750 000 personas viven en lo que podríamos denominar una situación de «muerte social», es decir, sin visitas, sin un círculo cercano, sin nadie con quien compartir una comida o simplemente pasar el rato. Esto tiene consecuencias muy importantes para la salud. La Organización Mundial de la Salud se ha ocupado del problema y ha creado una comisión dedicada al vínculo social. Somos seres sociales: tener relaciones, hablar, ver a la gente, estar rodeados no es algo secundario.

En mi opinión, las causas de esta soledad son, en gran medida, estructurales. El neoliberalismo fomenta la competencia de todos contra todos. En el mundo laboral, se combaten las estructuras de solidaridad; en la vida cotidiana, la precariedad y la individualización también hacen que las relaciones sean más difíciles de mantener. Por eso me niego a tratar la soledad como una mera fragilidad personal.

También es un reto ecológico. Ante las consecuencias del cambio climático, las comunidades en las que los lazos sociales son más sólidos son también las más resilientes. Cultivar la amistad, fomentar la ayuda mutua y facilitar la construcción de lazos sociales sólidos constituye, por tanto, también una forma de prepararnos colectivamente para las crisis que se avecinan.

Los estudios sobre las catástrofes climáticas demuestran que las comunidades más capaces de hacerles frente no son necesariamente aquellas que disponen de más recursos individuales, sino aquellas en las que existen vínculos sólidos de solidaridad. Esto es lo contrario del modelo «supervivencialista», en el que cada uno debería prepararse por su cuenta para la catástrofe. En las crisis que se avecinan, saber quién vive cerca de uno, poder contar con alguien, prestarse servicios mutuamente y organizar la solidaridad local tendrá una importancia considerable.

En el libro insiste mucho en una interpretación de la amistad desde la perspectiva de clase. ¿Por qué?

Porque, en mi opinión, a parte de los estudios que he leído sobre esta cuestión les faltaba una verdadera interpretación desde la perspectiva de clase. Ahora bien, las personas más expuestas a las consecuencias del neoliberalismo y del cambio climático son precisamente aquellas para las que las solidaridades de proximidad suelen ser las más importantes.

Por ello, me pregunté para quién serían más decisivos el aflojamiento de los lazos y el reconocimiento de las solidaridades extrafamiliares. Si nos tomamos en serio tanto la crisis del neoliberalismo como la crisis climática, los primeros afectados son las clases populares, las más precarias y las más expuestas. Es a partir de sus vidas como hay que analizar los obstáculos a la amistad y las funciones que esta cumple.

En los barrios populares, por ejemplo, las redes de proximidad desempeñan un papel material considerable. Diversos estudios muestran que los obreros declaran con mucha más frecuencia que los ejecutivos haber encontrado su empleo gracias a alguien de su barrio. Conocer a gente, saber que alguien conoce a alguien que contrata, poder contar con su entorno: todo ello puede tener consecuencias muy concretas. Se comenta una dificultad, alguien conoce a alguien que sabe que una empresa está contratando, circula una información. Los vínculos de proximidad tienen, por tanto, una función directamente material.

En las zonas rurales se observa algo similar, con lo que la socióloga Fanny Hugues denomina una «economía de intersubsistencia»: intercambios de alimentos, de ropa, ayuda mutua y servicios prestados entre personas que viven cerca. Estas prácticas permiten, en particular, compensar la insuficiencia de los ingresos.

En algunas zonas rurales, se depende enormemente de las personas que viven en un radio de unos pocos kilómetros: alguien intercambia carne por verduras de la huerta, otro regala ropa, viene a ayudar a podar un seto o echa una mano con un trayecto. Esta economía informal de la ayuda mutua está muy desarrollada y puede llegar a ser indispensable cuando los ingresos son insuficientes.

Los vínculos de amistad también son fundamentales para las personas migrantes, y especialmente para aquellas en situación irregular. En trayectorias marcadas por la escasez o la ausencia de protección pública, estas muestras de solidaridad pueden convertirse, literalmente, en condiciones de supervivencia.

A lo largo de los recorridos migratorios, y posteriormente a la llegada al país en el que se intenta establecerse, se forjan relaciones de amistad y solidaridad que pueden marcar una diferencia absolutamente fundamental. Cuando las políticas públicas son hostiles, el Estado ofrece poca o mala protección y las personas se ven abandonadas a su suerte, estos vínculos pueden permitirles encontrar alojamiento, alimentarse, obtener información o, sencillamente, sobrevivir.

También me he interesado por los niños, en particular por las amistades entre clases sociales. Los estudios que he consultado muestran que estas siguen siendo relativamente frecuentes cuando los niños son pequeños, sobre todo en la educación infantil o primaria, y que luego se van haciendo más escasas a medida que los itinerarios escolares se vuelven más segregadores. La orientación, la segregación escolar y, posteriormente, la enseñanza superior llevan a cabo una selección social extremadamente poderosa. Esto significa que la escuela, los campamentos de verano y todos los espacios donde los niños de diferentes orígenes sociales pueden realmente encontrarse son también escenarios clave para una política de la amistad.

También podríamos hablar de las madres solteras, que a veces compensan un escaso capital económico con un mayor capital social: amigos que pueden cuidar de un niño, echar una mano en lo material o permitirles seguir trabajando. O de las personas mayores, especialmente afectadas por el aislamiento.

Las madres solteras ocupan un lugar muy importante en esta reflexión. Una cuarta parte de las familias son monoparentales y están mucho más expuestas a la pobreza que las familias con dos adultos. Cuando se está sola con los hijos, seguir trabajando supone muy a menudo poder contar con alguien: para cuidar de un niño, hacer frente a una emergencia o garantizar un desplazamiento. La falta de capital económico se compensa entonces, en parte, con un capital social más desarrollado.

Y luego están las personas mayores, en una sociedad que envejece y en la que la cuestión del aislamiento cobra un papel central. Muchas de las personas en situación de «muerte social» » son personas mayores. Una vez más, el reto consiste en determinar cómo pueden las autoridades públicas facilitar los vínculos, la ayuda mutua y formas de vida que no se basen únicamente en la familia biológica.

Pero también son las clases populares las que se enfrentan a más obstáculos a la hora de mantener sus amistades.

Sí, y hay principalmente dos obstáculos: el dinero y el tiempo.

Una de cada dos personas considera hoy en día que tener amigos sale caro. Esto se debe, sobre todo, a la desaparición o a la escasez de espacios gratuitos para la vida social. Los bancos públicos están desapareciendo de ciertas políticas urbanísticas; tomarse una copa, ir a un restaurante, al cine, a un festival o a un museo cuesta cada vez más. Para las personas con un presupuesto muy ajustado, estos gastos se encuentran entre los primeros a los que se renuncia.

Las personas más pobres renuncian con mucha más frecuencia que las más ricas a salir a tomar algo o a ir a un restaurante con amigos. Existe, por tanto, una verdadera desigualdad social en el acceso a la vida social. Y esto no se limita únicamente a las cafeterías o los restaurantes: el coste de los festivales, el cine, los museos o, en términos más generales, el ocio, incide directamente en la posibilidad de mantener relaciones.

La propia amistad se ha mercantilizado en parte. Una boda, un cumpleaños, una colecta: numerosas ocasiones de carácter amistoso se asocian ahora a un gasto.

El capitalismo consigue mercantilizar incluso los acontecimientos de la vida. Asistir a una boda puede suponer varios cientos de euros entre transporte, alojamiento, ropa y el regalo. Los cumpleaños infantiles también están sujetos a normas de consumo. Las redes sociales acentúan a veces esta presión al imponer representaciones de cómo debería ser un cumpleaños, una boda o una fiesta «exitosa». La amistad queda, por tanto, atrapada en unas expectativas sociales que tienen un coste.

El segundo problema es el del tiempo. Cuanto más espacio ocupa el trabajo en la vida, menos tiempo queda para la vida social. Por eso, las luchas históricas por la reducción de la jornada laboral son también, en cierto modo, luchas por la amistad. Defender la gratuidad de los espacios de convivencia y defender el tiempo libre, tanto durante la semana como a lo largo de toda la vida, forman parte, en mi opinión, de una misma política.

La antigua reivindicación de «ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio, ocho horas de descanso» ya expresaba algo muy profundo: necesitamos tiempo para algo más que trabajar y recuperarnos del trabajo. Cuando las jornadas quedan absorbidas por el empleo, los desplazamientos, las tareas domésticas y los hijos, el tiempo para la vida social se convierte en una variable de ajuste. Por lo tanto, una política de la amistad debe ser también una política del tiempo.

Usted llega incluso a presentar la amistad como un fermento anticapitalista. ¿Por qué?

Porque gran parte de las relaciones de amistad se construyen al margen de la esfera mercantil. Por supuesto, el capitalismo busca constantemente mercantilizarlas. Pero prestarse servicios, prestarse objetos, charlar, ayudarse mutuamente o, simplemente, pasar tiempo juntos son, en esencia, prácticas gratuitas.

En el ámbito productivo, esto va directamente en contra de la lógica de la competencia. Simone Weil recordaba que el industrial Henry Ford consideraba deseable que los obreros se llevaran bien, pero no demasiado, porque una solidaridad excesiva mermaba el espíritu de competencia que se consideraba necesario para la producción. Los vínculos entre las personas pueden, por tanto, convertirse en espacios de resistencia tanto en el trabajo como fuera de él.

Fomentar estas relaciones constituye, por tanto, una forma de resistirse a la atomización de los individuos y a la competencia generalizada.

También hay que fijarse en la reproducción social. La familia nuclear heterosexual sigue siendo una institución económica que reproduce desigualdades, sobre todo patrimoniales y entre mujeres y hombres. Las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las tareas domésticas y a menudo se empobrecen a lo largo de la vida conyugal, especialmente en caso de separación.

Una de cada cinco mujeres cae en la pobreza tras un divorcio, frente a menos de uno de cada diez hombres. Esta diferencia dice mucho sobre la autonomía real dentro de la pareja. Cuando la separación supone un empobrecimiento masivo, la libertad para abandonar una relación se ve necesariamente mermada.

Defender políticamente la amistad significa, por tanto, dejar de considerar la vida en pareja como algo dado por sentado y permitir que las solidaridades materiales y afectivas puedan organizarse de otra manera. No se trata de prohibir o destruir la familia, sino de permitir que otras formas de vínculo puedan existir realmente.

Por otra parte, el capitalismo también prospera gracias a la soledad. En algunos países, ya existen aplicaciones que ofrecen la posibilidad de «alquilar» a personas para compartir una comida, un paseo o un momento de convivencia. Esto puede parecer anecdótico, pero, por el contrario, es muy revelador: incluso la falta de vínculos se convierte en un mercado. Una política de la amistad consiste, por tanto, también en sustraer una parte de nuestras relaciones a esta lógica mercantil.

Usted también presenta la amistad como una herramienta antifascista.

Históricamente, la amistad y las familias elegidas han constituido espacios de refugio para aquellas personas a las que el orden social o político amenazaba directamente: las personas LGBT, las personas migrantes, las personas racializadas, aquellas que habían roto con su familia.

En el caso de las personas LGBT, esto ha sido especialmente evidente. Muchas han tenido que construir familias elegidas porque habían roto con su familia de origen o porque sus relaciones eran criminalizadas o estigmatizadas. Estos vínculos han constituido espacios de protección, de cuidado y, en ocasiones, de supervivencia. Esta función de refugio se observa también en el caso de las personas migrantes o de otras razas que se enfrentan a la violencia y a las políticas de la extrema derecha.

Pero la amistad es también un contramodelo. La extrema derecha siempre ha situado a la familia tradicional en el centro de su proyecto de sociedad. Esto se refleja hoy en día en las políticas natalistas, en los discursos reaccionarios sobre la familia o incluso en el fenómeno de las tradwives.

La familia tradicional se ha utilizado desde hace mucho tiempo como célula básica de un orden social conservador. Las políticas natalistas contemporáneas se inscriben en esta historia, a menudo con un trasfondo xenófobo. Y la valorización de las tradwives, esas mujeres presentadas en un entorno doméstico feliz y totalmente dedicadas al marido y a los hijos, forma parte de esta batalla ideológica. Lo que se combate, en el fondo, es la posibilidad de flexibilizar las normas y reconocer una pluralidad de formas de vida.

Este movimiento, por otra parte, no se limita a la extrema derecha en sentido estricto. El discurso sobre el «rearmo demográfico» pone de manifiesto que algunas de estas representaciones trascienden ampliamente su ámbito político. Plantean la natalidad como una imposición sin cuestionar siempre las razones por las que las personas tienen menos hijos: precariedad, coste de la vivienda, preocupación por el cambio climático, dificultades de fertilidad o falta de servicios públicos.

Llevar a cabo una política de la amistad, favorecer las familias elegidas y reconocer la pluralidad de formas de vida supone, por tanto, oponer otro imaginario al de la familia tradicional erigida en célula fundamental de la sociedad.

¿Esta reflexión se inscribe también en varias tradiciones políticas e intelectuales?

Sí. Me he interesado, en particular, por tres herencias: la republicana, la feminista y la internacionalista.

En la tradición republicana, la amistad se ha concebido durante mucho tiempo como un vínculo político. Rousseau habla de «amistad cívica». Saint-Just considera la amistad como un vínculo social fundamental que debe contribuir a fundar la República. Robespierre también evoca la «santa amistad» entre los ciudadanos. La amistad no es, por tanto, solo una relación interindividual: forma parte de una determinada concepción de la comunidad política.

En Saint-Just, esta idea llega muy lejos: la amistad debe declararse y genera obligaciones. Él imagina que los amigos organizan sus funerales recíprocos, son enterrados juntos y están vinculados por una forma de contrato. Evidentemente, no hago mío este modelo, pero resulta interesante observar que, en la época revolucionaria, la amistad podía concebirse como un vínculo fundacional de la República y no como un asunto estrictamente privado.

A continuación, está toda la reflexión feminista. Las amistades entre mujeres se han percibido históricamente de manera muy diferente según las clases sociales. Cuando afectaban a las mujeres burguesas y se limitaban al ámbito doméstico, podían valorarse positivamente. Cuando afectaban a mujeres de las clases populares, sobre todo cuando estas se rebelaban, se volvían mucho más sospechosas y se presentaban como peligrosas.

Sin embargo, los movimientos feministas demuestran precisamente hasta qué punto las amistades entre mujeres pueden convertirse en vectores de politización y de lucha. ¿Cuántas amistades se han forjado en el MLF y, de manera más amplia, en las luchas feministas? Reflexionar sobre la amistad forma parte, por tanto, de un horizonte feminista y queer que permite deconstruir el orden patriarcal.

Existe, además, todo un imaginario cultural en torno a la rivalidad entre mujeres: los celos, la competencia, la idea de que se pasan el tiempo hablando mal unas de otras o disputándose a los hombres. Este imaginario no es neutro. El concepto de sororidad, desarrollado más recientemente, constituye también una forma de construir otro relato sobre las relaciones entre mujeres y su capacidad para hacer causa común.

Por último, está el internacionalismo y esa vieja idea de la amistad entre los pueblos. Nos recuerda que la solidaridad puede traspasar las fronteras nacionales y constituir un principio de organización política contra los fascismos, los supremacismos y los nacionalismos.

Esta noción se ha puesto especialmente de manifiesto en los momentos en que ha sido necesario combatir los fascismos. Sigue siendo de actualidad: las acciones internacionales de solidaridad pueden crear vínculos extremadamente fuertes entre quienes participan en ellas. Para mí, el internacionalismo no se reduce, por tanto, a una solidaridad abstracta entre pueblos; se basa también en experiencias concretas de puesta en común y de fraternización.

¿Cómo pasar de esta reflexión a una auténtica política pública de la amistad?

Partí de una idea sencilla: si algunas personas gozan de derechos por su pertenencia a una familia o a una pareja, ¿por qué no ampliar algunos de esos derechos a las personas que hemos elegido?

El punto de partida fue muy concreto: soy diputada y me pregunté qué resultado tendría un proyecto de ley que se tomara en serio estos obstáculos. Al examinar el Código Civil, se aprecia hasta qué punto se ha construido históricamente en torno a la familia patriarcal. El Código Civil de 1804 es el producto de una contrarrevolución jurídica: reafirma la autoridad del padre y del marido en un momento en que la Revolución Francesa había abierto posibilidades de divorcio y limitado ciertos poderes familiares. Por supuesto, ha evolucionado mucho desde entonces, pero sigue estando profundamente estructurado en torno a la familia.

Incorporar la amistad al ordenamiento jurídico supone, por tanto, casi una pequeña revolución jurídica: reconocer vínculos que no se basan en la filiación ni en la relación conyugal.

No pretendo sustituir un yugo por otro. No se trata, en absoluto, de convertir la amistad en una institución tan rígida como la familia o el matrimonio. Por lo tanto, hay que caminar por la cuerda floja: conceder derechos sin crear nuevas obligaciones.

En este sentido, me distingo de una estrategia que consiste en suprimir los derechos vinculados a la familia. Prefiero partir de lo existente y crear nuevos derechos, universales, con el fin de restablecer una mayor igualdad material. No se trata de deshacer los vínculos amorosos o familiares, que son esenciales para muchas personas, sino de dar cabida jurídica a otras formas de solidaridad.

Me han interesado mucho las reflexiones de Geoffroy de Lagasnerie sobre el antifamiliarismo y la desfamiliarización. Su método consiste, en particular, en examinar los mecanismos que favorecen a la familia o a la pareja para sustituirlos por políticas sociales. Se trata de una reflexión apasionante. Pero el camino que he elegido es diferente: no quiero impedir los vínculos familiares existentes; quiero crear, por simetría, derechos para aquellas y aquellos que organizan de otra manera sus relaciones solidarias. El objetivo es poner fin a ciertas injusticias sin sobrecarregar de condiciones la amistad.

¿En qué consistirían concretamente estos nuevos derechos?

El primer ámbito de actuación se refiere a la filiación y a las familias elegidas. Propongo, en particular, otorgar un verdadero valor jurídico al bautismo civil. De este modo, los padrinos y madrinas podrían desempeñar un papel legal respecto a sus ahijados, aceptado libremente, sobre todo cuando fallecen los padres o en determinadas situaciones de maltrato.

El bautismo civil ya existe, pero actualmente carece de valor jurídico y no todos los ayuntamientos lo ofrecen. La idea es dotarlo de un contenido real: los padrinos y las madrinas aceptarían libremente una responsabilidad respecto a sus ahijados y podrían, en particular, desempeñar un papel en su protección si los padres fallecieran o en determinadas situaciones de violencia intrafamiliar. Los escándalos de delitos contra menores y la magnitud del incesto también obligan a cuestionar la idea de que la familia biológica sea siempre y necesariamente el lugar de protección del menor.

La segunda figura jurídica es la de la unión social. Dos personas podrían decidir formalizar su solidaridad sin que sea necesario que vivan juntas o mantengan una relación sentimental. Además, podrían estar casadas o unidas por una unión civil. La idea es, sencillamente, poder afirmar jurídicamente: «Quiero estar vinculada a esta persona y poder prestarle ayuda en los momentos importantes de su vida».

Este mecanismo retoma una propuesta de «adopción social» presentada en 2022 por Jean-Luc Mélenchon. Crearía un estatuto de pareja social formalizado ante un funcionario del Registro Civil o un notario. La gran diferencia con respecto al PACS es que no se exige la convivencia. Así pues, dos personas podrían vincularse jurídicamente sin convivir, sin formar una pareja y sin que el Estado tenga que conocer la naturaleza romántica o sexual de su relación. Lo que contaría sería el compromiso mutuo de ayuda y solidaridad.

Esto plantea, en particular, la cuestión de la herencia. En la actualidad, la transmisión del patrimonio se organiza mayoritariamente en torno a la familia biológica o conyugal. Quiero que también se pueda optar por legar a los amigos o a la familia elegida. Evidentemente, esto debe enmarcarse en una reforma mucho más general del sistema fiscal y de la sucesión: no se trata simplemente de ampliar una exención fiscal. Pero reconocer esta posibilidad ya permitiría cuestionar el monopolio familiar de la transmisión patrimonial.

Existe aquí una contradicción que hay que asumir: cuando se critica políticamente la herencia y las desigualdades patrimoniales, ampliar a más personas las ventajas fiscales relacionadas con la transmisión puede parecer paradójico. Sin embargo, la posibilidad de elegir a quién transmitir sus bienes sigue siendo una cuestión muy concreta, y las respuestas al cuestionario mostraban que es una preocupación que trasciende ampliamente las clases sociales.

Hemos recibido testimonios muy impactantes de personas en situación de ruptura familiar que desean que sus amigos o su familia elegida puedan heredar determinados bienes o decidir sobre su funeral. En algunos casos, la familia biológica, a pesar de estar ausente de la vida de la persona, recupera en el momento del fallecimiento todos los derechos legales. La historia de la epidemia del sida ha puesto de manifiesto de forma dramática lo que esto podía significar cuando las parejas o los seres queridos de hombres gais quedaban excluidos de la vivienda, del funeral o de la transmisión de objetos a los que estaban afectivamente vinculados. La unión social también permitiría manifestar públicamente a quién se desea confiar determinadas decisiones en los momentos más difíciles de la vida.

Usted propone asimismo ampliar los derechos sociales que hoy en día están reservados a la familia.

Sí. Se trata de un punto fundamental. Me gustaría que pasáramos, en cierto modo, de una sociedad de herederos a una sociedad de ayuda mutua.

Tomemos como ejemplo el nacimiento de un hijo. Hoy en día, una mujer sola puede tener un hijo, sobre todo gracias a la apertura de la reproducción asistida, pero el derecho al permiso en torno al nacimiento sigue basándose en el modelo de la pareja. ¿Por qué no podría designar a una amiga o a un amigo para que la acompañe y se beneficie de un permiso parental?

La condición de pareja social conferiría, por tanto, una serie de derechos recogidos en el Código Laboral. En el momento del nacimiento, una amiga o un amigo podría, por ejemplo, apoyar a una madre soltera en el momento en que da la bienvenida a su hijo. La idea es partir de las necesidades reales, en lugar de dar por sentado que un segundo progenitor o un cónyuge está necesariamente presente.

Lo mismo ocurre con los niños enfermos. Propongo duplicar el número de días de permiso en determinadas situaciones, especialmente para las madres solteras, y permitir que una parte de esos días pueda transferirse a una amiga o un amigo que se ocupe del niño.

En la actualidad, el permiso por enfermedad del hijo es limitado. Para una madre soltera, no existe la posibilidad de acumular los días a los que podrían tener derecho dos adultos en una pareja. Mi propuesta consiste, por tanto, en ampliar estos derechos y permitir que se transfieran a una persona de su elección, para que esta pueda hacerse cargo del niño.

También habría que reconocer el duelo por la pérdida de un amigo. La muerte de un amigo cercano puede hacer totalmente imposible la vuelta al trabajo al día siguiente, pero, desde el punto de vista jurídico, este duelo prácticamente no existe.

Hay estudios que demuestran que la inmensa mayoría de las personas se sienten incapaces de reincorporarse con normalidad a su trabajo al día siguiente de la muerte de su mejor amigo. Sin embargo, el Código Laboral reconoce permisos en función de determinados vínculos familiares e ignora en gran medida el duelo por la pérdida de un amigo. Una vez más, se trata simplemente de hacer coincidir el derecho con la importancia real que ciertas personas tienen en nuestras vidas.

Por último, es necesario ampliar el permiso para cuidadores de personas cercanas. ¿Por qué se puede interrumpir el trabajo para acompañar a un cónyuge o a un familiar enfermo, pero no necesariamente a la persona a la que se considera más cercana? El diálogo social permitiría precisamente reconocer este tipo de solidaridad.

La legislación actual enumera las personas a las que se puede acompañar: cónyuge, pareja de unión civil, ascendientes, descendientes o determinados parientes colaterales. Sin embargo, un amigo o una amiga puede ser, en la práctica, quien realmente preste ese apoyo. Por lo tanto, esta medida permitiría ampliar el permiso para cuidadores a las parejas, pero también, en determinadas situaciones, a los padrinos, madrinas y ahijados vinculados por el bautismo civil.

¿Una política de la amistad pasa, por tanto, también por otra política de vivienda?

Por supuesto. Nuestras viviendas siguen estando concebidas en gran medida en torno al modelo de la familia nuclear: un dormitorio principal, dormitorios para los hijos y espacios comunes organizados en torno a esta estructura.

Sin embargo, ya se están desarrollando otras formas de vivienda. Así, vemos cómo surgen pisos compartidos de personas mayores que desean conservar su autonomía al tiempo que comparten ciertos espacios y con la seguridad de que no estarán solas. Las mujeres solteras con hijos también buscan formas de vivienda en las que se puedan compartir el cuidado de los niños, una lavadora o determinados gastos. Se trata de respuestas muy concretas tanto al aislamiento como a las dificultades materiales y a las preocupaciones ecológicas.

Por lo tanto, habría que desarrollar en mayor medida viviendas concebidas para la convivencia y formas de vida que no se basen en la familia tradicional: preservar un espacio individual al tiempo que se dispone de espacios colectivos, jardines o equipamientos compartidos.

La propuesta de ley prevé, en particular, integrar mejor estas formas de vivienda en los objetivos de la vivienda social. Es necesario alejarse de una arquitectura concebida íntegramente en torno a la pareja parental y los hijos. Los «beguinajes» del norte de Europa ofrecen, en este sentido, ejemplos interesantes: históricamente, las mujeres que no deseaban casarse ni vivir bajo la autoridad de un padre desarrollaron allí comunidades que combinaban espacios privados, jardines y lugares colectivos. Algunas experiencias contemporáneas retoman este principio en una forma laica y social.

Pero tampoco hay que idealizar la convivencia en piso compartido. Para muchas personas, especialmente los estudiantes, sigue siendo ante todo una restricción impuesta por el coste de la vivienda. El objetivo es precisamente lograr que vivir de otra manera pueda convertirse en una verdadera opción.

En el fondo, ¿cuál sería la ambición general de una política de la amistad?

Va mucho más allá de las pocas medidas que figuran en una propuesta de ley. Implica replantearse el Derecho civil y el Derecho laboral, pero también el urbanismo, la vivienda, los servicios públicos, las políticas culturales, la jornada laboral y todos los lugares en los que las personas puedan reunirse libremente.

Por ejemplo, había planteado la cuestión del acercamiento amistoso para los funcionarios en caso de traslado. El mecanismo resultaba jurídicamente complicado y no se ha incluido en la propuesta de ley, pero pone de manifiesto la envergadura de la tarea. Una política de la amistad obliga a considerar de otra manera muchas políticas públicas: la movilidad, la vivienda, el urbanismo, las políticas sociales, la cultura, la escuela o la universidad.

La cuestión central es, en definitiva, la de los recursos que destinamos al vínculo social. ¿Qué recursos dedicamos a las universidades para que los estudiantes no se sientan aislados? ¿A los clubes deportivos, a las instalaciones culturales, a los espacios públicos, a las políticas de acogida? ¿Qué espacios gratuitos ponemos a disposición de las personas para que puedan, sencillamente, reunirse?

Los testimonios sobre los jóvenes en situación de precariedad, las personas mayores o los estudiantes que llegan a la universidad remiten, en definitiva, a la misma pregunta: ¿qué condiciones materiales creamos para que las personas puedan reunirse? En la universidad, por ejemplo, las promociones numerosas sin recursos, sin espacios comunes y sin políticas de acogida pueden generar una soledad considerable. En otros ámbitos, son los clubes deportivos, las bibliotecas, los museos, las asociaciones o, sencillamente, los espacios públicos los que pueden desempeñar este papel. La respuesta suele ser menos misteriosa de lo que se piensa: se necesitan recursos, tiempo y lugares.

La atomización de los individuos no es solo una consecuencia desafortunada de nuestra organización social. Sirve a un sistema basado en la competencia. Llevar a cabo una política de la amistad supone, por tanto, abrir una brecha: permitir que las solidaridades afectivas y materiales que las personas ya inventan en sus vidas sean reconocidas, apoyadas y hechas posibles por los poderes públicos.

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9. Resumen de la guerra en Irán, 2 de octubre.

El seguimiento en directo de Middle East Eye.

https://www.middleeasteye.net/live/iran-war-live-tehran-denounces-us-israel-attacks-regional-tensions-rise

En directo: Irak obtiene una exención de EE. UU. para los vuelos iraníes con origen y destino en la ciudad santa

Mientras tanto, el G7 liberará hasta 100 millones de barriles de petróleo y diesel de sus reservas, según ha afirmado Macron

Puntos clave

Un ataque de artillería hiere a seis personas, entre ellas dos niños, en Taiz (Yemen)

Los huzíes afirman que las fuerzas saudíes lanzaron 94 ataques en Yemen en 24 horas

Pakistán, Turquía y Arabia Saudí mantendrán conversaciones de emergencia sobre los ataques huzíes

Actualizaciones en directo

Un ataque israelí contra un complejo de apartamentos en Gaza mata a cuatro palestinos

Hace 13 minutos

Cuatro palestinos, entre ellos una niña, han fallecido y varios más han resultado heridos en un ataque aéreo israelí que tuvo como objetivo un complejo residencial al oeste de la ciudad de Gaza, según ha informado Al Jazeera.

Colonos matan a un palestino de 19 años en Cisjordania; dos heridos y seis detenidos

Hace 17 minutos

Colonos israelíes mataron al palestino Bahaa Sami Amin Nathsheh, de 19 años, en Kobar, al norte de la ciudad de Ramala, en Cisjordania ocupada, según informó la agencia de noticias palestina Wafa, citando al Ministerio de Sanidad.

El Ministerio declaró a Wafa que los colonos abrieron fuego contra varios palestinos, hiriendo a Nathsheh, natural de la localidad de Kafr Aqab, cerca de Jerusalén.

Las fuerzas israelíes llegaron posteriormente al lugar e impidieron que los médicos palestinos atendieran al herido, según informó Wafa, citando a la Sociedad de la Media Luna Roja Palestina.

Otro palestino resultó herido tras recibir el impacto de una granada de gas lacrimógeno en la cabeza.

*Dos palestinos resultaron heridos por colonos en Yabrud, al este de Ramala. Wafa informó de que los colonos, protegidos por las fuerzas israelíes, atacaron las afueras de la localidad antes de que los residentes intentaran enfrentarse a los agresores.

*Las fuerzas israelíes detuvieron a seis palestinos de las provincias ocupadas de Jerusalén y Tubas, en Cisjordania, según informó Wafa, citando a la provincia de Jerusalén y a la Sociedad Palestina de Presos (PPS).

Según las últimas cifras de Addameer, la Asociación Palestina de Apoyo a los Presos y Derechos Humanos, actualmente hay 9.350 presos políticos palestinos en prisiones y centros de detención israelíes, incluidos 350 menores y 90 mujeres.

Un petrolero ha sido alcanzado por un proyectil desconocido frente a las costas de Omán, según la UKMTO

Hace 50 minutos

El capitán de un petrolero ha informado de que su embarcación ha sido alcanzada por un proyectil desconocido a 4 millas náuticas al este de Omán, según la Organización de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO).

En una publicación en X, la UKMTO ha indicado que, según los informes, toda la tripulación se encuentra a salvo y que, por el momento, no se ha registrado ningún impacto medioambiental. Ha aconsejado a los buques que naveguen con precaución.

Dos iraníes acusados de un presunto complot contra la comunidad judía en Mánchester

Hace 59 minutos

Dos ciudadanos iraníes han sido acusados en Gran Bretaña de preparar un atentado terrorista contra la comunidad judía en el norte de Inglaterra, según ha informado la policía este viernes.

Rahman Salehi, de 35 años, y Salam Ahmadyan, de 36, han sido acusados de preparar o ayudar a otra persona a cometer un acto de terrorismo en Mánchester en vísperas del Yom Kippur, el día más sagrado del calendario judío.

«No es ningún secreto que este país se enfrenta a una serie de graves amenazas por parte del régimen iraní», declaró la ministra del Interior, Shabana Mahmood, en un comunicado. «Tienen como objetivo a nuestras comunidades judías e intentan silenciar a sus detractores en el extranjero, a menudo a través de intermediarios y redes criminales para ocultar su implicación».

Irán siempre ha negado tales acusaciones.

La policía antiterrorista afirmó que Salehi y Ahmadyan habrían intentado adquirir componentes y equipo para fabricar un artefacto explosivo improvisado y que realizaron reconocimientos de posibles objetivos para un atentado.

Informe de Reuters

El Reino Unido condena los ataques huzíes en Taiz, según afirma un ministro

Hace 1 hora

El Reino Unido condena los últimos ataques huzíes en la región de Taiz y la amenaza que suponen para la población civil, según ha declarado Stephen Doughty, ministro de Estado para Oriente Medio, el Norte de África, Afganistán y Pakistán.

En una publicación en X, Doughty ha afirmado: «La violencia huzí ha reavivado el conflicto en Yemen, provocando trágicas pérdidas de vidas humanas, desplazamientos y sufrimiento».

«El Reino Unido apoya al Gobierno de Yemen, reconocido internacionalmente, para garantizar una paz duradera», ha añadido.

Los restos de un misil hieren a un residente en Ahad Rafidah, según la Defensa Civil saudí

Hace 1 hora

Los restos de un misil balístico que fue derribado en la provincia saudí de Ahad Rafidah, en la región de Asir, hirieron a un residente, según la Dirección de Defensa Civil saudí.

En una publicación en X, la Dirección señaló que varios vehículos y una sala de oración situada en el interior de un edificio sufrieron daños a causa de la caída de los restos.

Muerte, desplazamiento y enfermedad: una joven médica de Gaza habla de la vida bajo los bombardeos israelíes

Hace 1 hora

Una joven médica palestina que sobrevivió a la guerra genocida de Israel contra Gaza ha descrito cómo fue enfrentarse a la carga que supone atender a los pacientes casi inmediatamente después de graduarse.

En el primer episodio de «The Gaza Podcast» de Middle East Eye, grabado en el interior del enclave sitiado, Maryam Youssef describió los horrores que vivió mientras trabajaba como voluntaria —y residía— en el Hospital Nasser.

Recuerda haber contraído la varicela y haberse visto obligada a aislarse en una habitación durante días mientras las bombas llovían a su alrededor, y cómo le ha costado asimilar el trauma de haber sobrevivido al conflicto.

«Tuve varicela al cabo de dos días [de empezar a trabajar en el hospital]», explicó Youssef al presentador del podcast, Hussam Tannera.

Más información: Muerte, desplazamiento y enfermedad: una joven médica de Gaza habla de la vida bajo los bombardeos israelíes

La batalla en Taiz (Yemen) se cobra decenas de vidas entre los combatientes, según un informe

Hace 1 hora

Los huzíes de Yemen y las fuerzas respaldadas por Arabia Saudí se enfrentaron por una zona cercana a una vía fluvial crucial para los flujos energéticos mundiales, lo que provocó la muerte de 80 combatientes durante el último día, según informaron el viernes fuentes de ambos bandos a la AFP.

Los combates en Taiz se han recrudecido desde que los huzíes, alineados con Irán, iniciaron una ofensiva relámpago contra el Gobierno reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudí.

La guerra civil, que se remonta a 2014 pero que había permanecido latente tras una tregua en 2022, se reavivó en julio.

Trump afirma que EE. UU. no «aplicará la prohibición de exportación»

Hace 2 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró el viernes que no autorizará una prohibición de exportación de diesel, horas después de que los países del G7 acordaran liberar diesel y petróleo crudo de sus reservas de emergencia.

Los países del G7 acordaron el viernes liberar 100 millones de barriles de diesel y crudo.

Desde el interior de Somalilandia: el enfrentamiento entre Israel y Turquía llega al Cuerno de África

Hace 3 horas

El reconocimiento de Israel a Somalilandia se ha interpretado como una plataforma de lanzamiento para atacar a los huzíes de Yemen al otro lado del mar Rojo, pero Israel también podría encontrarse en rumbo de colisión con un enemigo aún más estratégico y aliado de EE. UU. en el Cuerno de África: Turquía.

Funcionarios y analistas de Somalilandia afirman que su normalización diplomática con Israel en enero de 2026 —ampliamente condenada por el mundo musulmán y árabe en general— estuvo motivada, en parte, por la necesidad de frenar la creciente presencia militar de Turquía en Somalia.

Somalilandia desea que Israel le proporcione sistemas de defensa aérea para contrarrestar la acumulación de drones y aviones de combate turcos en la frontera, según afirman funcionarios de Hargeisa, la capital de la República de Somalilandia, reconocida únicamente por Israel.

«Necesitamos sistemas de defensa aérea», declaró Mohamed Osman Fadal, asesor principal de Asuntos Exteriores del presidente de Somalilandia, en una entrevista. «Turquía tiene aviones F-16 en Mogadiscio y quiere construir una base de drones en Somalia».

Más información: Dentro de Somalilandia: el enfrentamiento entre Israel y Turquía llega al Cuerno de África

Musulmanes rezan en una calle del mercado antes de romper el ayuno, mientras conmemoran el mes sagrado del Ramadán en Hargeisa, la capital de Somalilandia, el 19 de febrero de 2026 (Tony Karumba/AFP)

El ejército israelí provoca una explosión en el sur del Líbano

Hace 3 horas

El ejército israelí ha provocado dos grandes explosiones en la localidad de Majdal Zoun, en el sur del Líbano, situada en el distrito de Tiro, según ha informado la Agencia Nacional de Noticias, de titularidad estatal.

Aún se desconocen los detalles sobre las explosiones, incluidas las posibles víctimas o daños.

Un ataque de artillería hiere a seis personas, entre ellas dos niños, en Taiz (Yemen)

Hace 4 horas

Seis civiles, entre ellos dos niños y una mujer, han resultado heridos en un bombardeo de artillería contra barrios residenciales del centro de Taiz, según ha informado la agencia estatal de noticias yemení Saba, citando fuentes locales.

https://www.middleeasteye.net/countries/yemen

Los envíos de armas pakistaníes a la ciudad portuaria de Adén, de los que informó Reuters el viernes, sugieren que Islamabad está aumentando su implicación en la guerra.

Pakistán entregó sistemas de defensa aérea, artillería ligera, drones y sistemas antidrones a Adén, según informó Reuters, citando a un funcionario del Gobierno pakistaní. Además, asesores militares pakistaníes se encuentran sobre el terreno junto a sus homólogos saudíes, prestando apoyo a las tropas yemeníes.

Varios funcionarios occidentales y árabes han declarado a Middle East Eye que Arabia Saudí se está preparando para una campaña de alta intensidad destinada a contrarrestar una ofensiva huzí que ha permitido al grupo tomar el control de toda la costa yemení del mar Rojo.

https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/houthis-say-saudi-forces-launched-94-strikes-yemen-24-hours?topic=War%2520on%2520Iran&

Los huzíes de Yemen afirmaron el viernes que las fuerzas saudíes lanzaron 94 ataques contra zonas bajo su control en las últimas 24 horas, mientras el grupo alineado con Irán y el Gobierno respaldado por Riad se enfrentan en la reavivada guerra civil del país.

El grupo señaló que el número de ataques saudíes contra sus posiciones había alcanzado los 1.350 desde el inicio de la reanudación de los combates, y afirmó que estos tenían como objetivo zonas de todo el Yemen controladas por los huzíes.

https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/saudi-led-coalition-says-it-destroyed-three-missiles-launched-houthis?topic=War%2520on%2520Iran&

Lapid afirma que unos jóvenes israelíes le dijeron que «incluso los bebés» de Gaza deberían ser asesinados

Hace 6 horas

En Gaza «no hay personas inocentes» e Israel debería «matar también a bebés de dos semanas» en el enclave palestino, según ha relatado el ex primer ministro israelí Yair Lapid, citando lo que le dijeron unos jóvenes israelíes.

«Escuché toda la retórica del tipo: “Hay que matarlos a todos”, “no hay personas inocentes”»,

 

afirmó Lapid en una entrevista el miércoles, al describir «una reunión furiosa y dolorosa con un grupo de jóvenes muy jóvenes» con los que se había reunido recientemente.

El ex primer ministro, que ahora forma parte de la alianza de centro-derecha del partido «Juntos», añadió que les preguntó: «¿Y los bebés?». Ellos respondieron: «Los bebés también, porque al final crecerán y se convertirán en terroristas», relató Lapid, añadiendo que, según ellos, esto se aplica incluso a los bebés de dos semanas.

Más información: Lapid afirma que unos jóvenes israelíes le dijeron que «incluso los bebés» de Gaza deberían ser asesinados

Israelíes se manifiestan frente al Ministerio de Defensa en Tel Aviv, exigiendo medidas para garantizar la liberación de los rehenes retenidos en Gaza, 17 de mayo de 2025 (Jack Guez/AFP)

Irak obtiene una exención de EE. UU. para vuelos iraníes hacia y desde la ciudad santa

Hace 7 horas

Estados Unidos ha concedido exenciones a las sanciones a algunas aerolíneas iraníes para que operen vuelos a la ciudad santa iraquí de Nayaf, según informó este viernes la oficina del primer ministro iraquí.

Según la misma fuente, Bagdad había conseguido «un acuerdo que permite a las aerolíneas iraníes, con la excepción de Mahan Air, operar 40 vuelos diarios hacia y desde Nayaf», una ciudad sagrada para los musulmanes chiitas.

El mes pasado, EE. UU. anunció nuevas y amplias sanciones dirigidas contra las aerolíneas iraníes como parte de sus esfuerzos por ejercer presión sobre la economía iraní, mientras ambas partes siguen sin alcanzar un acuerdo en la guerra de Washington contra Teherán.

La semana pasada, el aeropuerto de Nayaf suspendió todos los vuelos iraníes en cumplimiento de las sanciones, lo que obligó a los viajeros a buscar rutas alternativas.

El Ministerio de Defensa de Turquía condena el ataque con drones de los huzíes contra Arabia Saudí

Hace 7 horas

El Ministerio de Defensa de Turquía ha condenado un ataque con drones de los huzíes contra Arabia Saudí, así como otras acciones del grupo, y ha pedido que se ponga fin a tales actos que amenazan la estabilidad regional.

El ministerio ha señalado que la continua amenaza huzí en el Mar Rojo y en Bab al-Mandab está afectando no solo a la seguridad regional, sino también al comercio marítimo internacional y a la estabilidad mundial.

Los miembros del Partido Verde votarán en su congreso sobre la declaración del sionismo como forma de racismo

Hace 8 horas

La conferencia anual del Partido Verde ha dado comienzo en la ciudad costera de Brighton, apenas dos días después de que concluyera la conferencia del Partido Laborista, actualmente en el poder.

Los miembros del partido se preparan para votar una moción sin precedentes destinada a declarar el sionismo como una forma de racismo.

Según fuentes internas del partido, se espera que la votación tenga lugar el domingo. Si se aprueba la moción, se convertirá en política oficial y los Verdes pasarán a ser el primer partido importante del país en reconocer el sionismo como racismo.

Más información: Los miembros del Partido Verde votarán en la conferencia sobre la declaración del sionismo como forma de racismo

El líder del Partido Verde, Zack Polanski, participa en una marcha contra el extremismo de extrema derecha, organizada por la Alianza Together, en Londres el 28 de marzo de 2026 (Reuters/Hannah McKay)

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Los países del G7 reprenden a Irán por los ataques contra sus vecinos

Hace 8 horas

Los países del G7 han condenado los ataques de Irán contra sus vecinos en medio de la guerra de EE. UU. contra Teherán.

Los países se reunieron el viernes en una sesión de emergencia para debatir la liberación de reservas de diesel y crudo ante la presión de EE. UU., mientras se prolonga la crisis energética mundial.

El G7 liberará hasta 100 millones de barriles de petróleo y diesel de sus reservas, según afirma Macron

Hace 9 horas

Los países del G7 tienen previsto liberar hasta 100 millones de barriles de petróleo crudo y diesel de las reservas estratégicas a lo largo de cuatro meses para aliviar la presión mundial sobre el suministro y los precios, en medio de la crisis actual en el estrecho de Ormuz, según ha declarado el presidente francés, Emmanuel Macron.

Los miembros también acordaron mantener el flujo de exportaciones de diesel dentro del grupo, y Macron afirmó que «no impondrían ninguna prohibición» a dichos envíos.

«Se ha acordado seguir coordinando acciones para ayudar a facilitar la salida de los envíos del estrecho de Ormuz», según declaraciones de Macron recogidas por Reuters.

Sus comentarios se producen tras el anuncio del presidente de EE. UU., Donald Trump, de que Europa liberaría de inmediato una cantidad «enorme» de diesel de sus reservas.

Una declaración conjunta de los líderes del G7 sobre el plan afirmaba: «Hemos acordado medidas decisivas y coordinadas para estabilizar el suministro energético inmediato y proteger a los hogares y las empresas de las fluctuaciones bruscas de los precios».

Trump afirma que Europa accede a liberar diesel de forma inmediata

Hace 10 horas

Los países europeos comenzarán a liberar grandes cantidades de diesel de forma inmediata, según ha afirmado el presidente de EE. UU., Donald Trump.

Anunció la medida en Truth Social, escribiendo: «Europa acaba de acordar liberar una cantidad masiva de su diesel, del que dispone en grandes existencias. El proceso comenzará de inmediato. ¡Gracias por su atención a este asunto!».

Pakistán, Turquía y Arabia Saudí celebrarán conversaciones de emergencia sobre los ataques huzíes

Hace 10 horas

Los ataques huzíes contra Arabia Saudí serán el tema principal de la agenda cuando Pakistán, Turquía y el reino se reúnan en conversaciones de emergencia la próxima semana, según ha afirmado el ministro de Asuntos Exteriores pakistaní, Ishaq Dar.

En declaraciones a la prensa en Islamabad, Dar señaló que el comité estratégico de defensa política se reuniría en el marco del «Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca» de los tres países.

Los países firmaron el pacto en agosto, varias semanas antes de que los huzíes comenzaran a atacar al reino.

Dar añadió que más de otros seis países desean adherirse al acuerdo.

Trump anuncia un proyecto petrolero de 8.4 mil millones de dólares en el marco del acuerdo con Corea del Sur

Hace 10 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, afirma que el compromiso de Corea del Sur de invertir 200 mil millones de dólares en energía estadounidense incluye ahora un proyecto de recuperación de petróleo por valor de 8.4 mil millones de dólares. El acuerdo más amplio ofrece a Seúl aranceles más bajos a cambio de la inversión.

«¡Me complace enormemente anunciar que el acuerdo con la República de Corea sigue mejorando!», escribió en Truth Social.

«8.4 mil millones de dólares para un proyecto de recuperación mejorada de petróleo. ¡Producir más petróleo y gas significa el dominio energético estadounidense y la seguridad energética en el mundo para el futuro!», añadió Trump.

No facilitó la ubicación ni dio explicaciones sobre cómo funcionaría el proyecto.

El anuncio se produce en un momento en que la guerra de Washington contra Irán está alterando el suministro de petróleo en todo el mundo, lo que hace que los precios se disparen y deja a EE. UU. enfrentándose a una escasez en su propio territorio.

El Tribunal Supremo de Israel respalda la inhabilitación de un político palestino para las elecciones por un artículo

Hace 13 horas

El Tribunal Supremo de Israel ha respaldado la inhabilitación de un político palestino con ciudadanía israelí para presentarse a las próximas elecciones parlamentarias, citando un artículo que escribió el 8 de octubre de 2023.

Sami Abu Shehadeh, líder del partido Balad, retiró su candidatura el viernes después de que el Tribunal Supremo le recomendara hacerlo el jueves.

Abu Shehadeh, una figura clave en la Lista Conjunta, de mayoría palestina, fue inhabilitado el mes pasado por la Comisión Electoral Central, un órgano controlado por la coalición gobernante.

Más información: El máximo tribunal de Israel respalda la exclusión de un político palestino de las elecciones por un artículo

Número récord de personas que pasan hambre en Yemen en medio de un conflicto cada vez más intenso, según el PMA

Hace 13 horas

El hambre en Yemen se está agravando, con un número récord de personas incapaces de satisfacer sus necesidades alimentarias a medida que se intensifica el conflicto en el país, según informó el viernes el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Un número récord de personas en las zonas del país controladas por el Gobierno a las que el PMA tiene acceso ya no pueden satisfacer sus necesidades alimentarias, y tres de cada cuatro hogares se saltan comidas, según Matthew Hollingworth, director ejecutivo adjunto del PMA para operaciones de programas.

Se estima que la población total de las zonas controladas por el Gobierno ronda los 10 millones de personas.

«El efecto de este último recrudecimiento de la inseguridad sobre la situación de seguridad alimentaria amenaza con ser absolutamente devastador», declaró Hollingworth a los periodistas en Ginebra a través de un enlace de vídeo desde Roma.

Información de Reuters

Cientos de cristianos evangélicos llegan a Jerusalén antes del 7 de octubre

Hace 14 horas

Cientos de cristianos evangélicos han llegado a Jerusalén para asistir a una convención a favor de Israel antes del aniversario del 7 de octubre.

https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/least-80-dead-fighting-between-huzíes-and-pro-government-forces-last-24

Los combates en el suroeste de Yemen entre los huzíes y las fuerzas progubernamentales han dejado más de 80 muertos en las últimas 24 horas, según informaron el viernes a la AFP fuentes de ambos bandos.

Al menos 55 combatientes antigubernamentales murieron en la provincia de Taiz —muchos de ellos a causa de ataques aéreos—, según fuentes militares huzíes. Por parte del Gobierno, las fuentes informaron de la muerte de 26 militares.

Los enfrentamientos se están produciendo en varios frentes, tanto en el interior como en las zonas montañosas que dominan las áreas costeras recientemente tomadas por los huzíes.

Actualización matutina

Hace 17 horas

Buenos días, lectores de Middle East Eye,

Estas son las últimas novedades:

  • El presidente de EE. UU., Donald Trump, indicó que Washington podría solicitar a los países europeos que liberaran diesel de sus reservas de emergencia, en medio de la guerra contra el impacto de Irán en el suministro mundial de combustible. «Es posible que les pidamos que lo hagan», declaró Trump a los periodistas el jueves. Por su parte, el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, afirmó que los Estados europeos deberían hacerlo «de inmediato».
  • El portavoz de las fuerzas armadas de Yemen declaró a primera hora del viernes que aviones de combate de la fuerza aérea habían llevado a cabo 20 ataques de precisión contra objetivos huzíes durante las últimas tres horas en la provincia de Taiz. El portavoz señaló que los ataques —dirigidos contra los movimientos, refuerzos, concentraciones, personal, vehículos y equipamiento militar de los huzíes— infligieron pérdidas al grupo.
  • Trump amenazó con graves consecuencias si Irán no llegaba a un acuerdo con Washington, afirmando que el enfrentamiento con Teherán terminará «muy pronto». «O hacen algo muy adecuado e inteligente, o no durarán mucho tiempo», afirmó Trump.
  • El comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), Esmail Qaani, señaló que EE. UU. se enfrenta a una «situación humillante» en todo Oriente Medio. Mohammad Reza Naqdi, asesor principal del comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) de Irán, también sugirió que la retirada estadounidense de Irak indica que el poder de Washington en la región está decayendo.
  • Un superpetrolero está en llamas en el estrecho de Ormuz tras haber sido alcanzado por un misil, según informa la agencia de noticias iraní Fars. El ataque tuvo lugar a ocho kilómetros de la costa de Omán, informó Fars, sin atribuir la autoría del mismo a ningún grupo en concreto.

Sur del Líbano: «Es una tortura, están arrasando nuestras vidas ante nuestros ojos»

Hace 19 horas

Día tras día, la aldea de Mansouri, ocupada por Israel y situada en una colina verde a pocos kilómetros al sur de la ciudad costera de Tiro, está desapareciendo poco a poco. Ya gravemente dañada durante la guerra, ahora está siendo, literalmente, borrada del mapa, en un último giro de cinismo, durante el alto el fuego.

El ejército israelí, que lo ha convertido en uno de sus principales teatros de operaciones desde hace semanas, no escatima esfuerzos: las demoliciones con explosivos y los ataques aéreos se han sucedido a un ritmo implacable en los últimos días, para desesperación de los aproximadamente 5.000 habitantes de la aldea.

El pueblo, que el ejército israelí presenta como un bastión operativo de Hezbolá, se encontraba inicialmente fuera de la «Línea Amarilla», la demarcación de «seguridad» impuesta por Israel en territorio libanés poco después de que entrara en vigor el último alto el fuego.

Ya entonces, los residentes con los que habló Middle East Eye tras el alto el fuego temían que la zona acabara engullendo su pueblo. Ahora lo ha hecho, aunque oficialmente solo en parte: la Línea Amarilla atraviesa Mansouri, dividiéndolo en dos.

Al menos sobre el papel, ya que la localidad se encuentra ahora totalmente ocupada: este verano, todos los residentes que habían regresado a la zona no tuvieron más remedio que huir de nuevo, bajo el fuego de la Fuerza Aérea israelí, que continúa con sus operaciones.

Más información: Sur del Líbano: «Es una tortura, están arrasando nuestras vidas ante nuestros ojos»

Trump afirma que EE. UU. podría solicitar a Europa que libere diesel de sus reservas de emergencia

Hace 19 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, indicó que Washington podría solicitar a los países europeos que liberen diesel de sus reservas de emergencia, ante el impacto de la guerra contra Irán en el suministro mundial de combustible.

«Es posible que les pidamos que lo hagan», declaró Trump a los periodistas el jueves.

Por su parte, el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, afirmó que los Estados europeos deberían hacerlo «de inmediato».

«Nuestros socios europeos deberían acelerar el cumplimiento de sus compromisos actuales y poner a disposición de inmediato suministros adicionales para hacer frente a las interrupciones actuales», escribió en una publicación en X.

«Los agricultores, camioneros y empresas estadounidenses no deberían tener que soportar la carga de una escasez mundial de diesel. Estados Unidos está haciendo su parte. Esperamos que nuestros aliados hagan corresponder sus compromisos con acciones concretas».

La Fuerza Aérea de Yemen afirma haber llevado a cabo 20 ataques contra objetivos huzíes en Taiz

 

Hace 20 horas

El portavoz de las Fuerzas Armadas de Yemen declaró a primera hora del viernes que aviones de combate de la Fuerza Aérea habían llevado a cabo 20 ataques de precisión contra objetivos huzíes durante las últimas tres horas en la provincia de Taiz.

El portavoz señaló que los ataques —dirigidos contra movimientos, refuerzos, concentraciones, personal, vehículos y equipamiento militar de los huzíes— infligieron pérdidas al grupo.

Un asesor de alto rango del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) afirma que el poder de EE. UU. en Oriente Medio «no es tal y como se describe»

Hace 20 horas

Un asesor de alto rango del comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán ha declarado que la retirada de EE. UU. de Irak indica que el poder de Washington en la región está decayendo.

Mohammad Reza Naqdi sugiere que esta última medida demuestra que «el poder de Estados Unidos no es tal y como se describe».

¿Se ha marchado realmente EE. UU. de Irak?

Hace 21 horas

Mientras Irak celebra el Día de la Soberanía tras la retirada definitiva de las tropas estadounidenses del país, persisten las dudas sobre el legado de su influencia en el país.

Renad Mansour, investigador principal de la división de Irak en Chatham House, explica a Mathilda Mallinson, de MEE, que el poder económico de EE. UU. sobre Irak es motivo de preocupación entre los ciudadanos.

Trump amenaza a Irán: «no durará mucho» si no se llega a un acuerdo

Hace 21 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, amenazó con graves consecuencias si Irán no llegaba a un acuerdo con Washington, afirmando que el enfrentamiento con Teherán terminará «muy pronto».

«O hacen algo muy adecuado e inteligente, o no durarán mucho», afirmó Trump. «Francamente, detesto tener que ver eso, pero no durarán mucho tiempo».

Trump también puso en duda que Irán pueda cumplir el acuerdo.

«Cuando yo hago un acuerdo con esta empresa, usted va a cumplirlo. Cuando usted hace un acuerdo con ellos, es muy posible que no lo cumplan», afirmó.

https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/saudi-led-coalition-says-it-intercepted-houthi-missile

Hace 22 horas

La coalición liderada por Arabia Saudí afirma haber interceptado un misil huzí

Un responsable del IRGC afirma que EE. UU. se enfrenta a una «situación humillante» ante la creciente «resistencia» en la región

Hace 23 horas

El comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) afirmó que EE. UU. se enfrenta a una «situación humillante» en todo Oriente Medio.

«Hoy somos testigos de la unidad de las zonas que conforman el frente de resistencia, y cada una de sus partes está sorprendiendo al enemigo con su estrategia y sus acciones calculadas», declaró Esmail Qaani.

«Los estadounidenses pensaban que podrían obligar a Irán a rendirse en un plazo de cuatro días o, como mucho, dos semanas, pero se han encontrado con unas circunstancias totalmente diferentes a las que habían previsto».

Qaani añadió que Washington había sido «expulsado de Irak con todos sus medios», en referencia al fin de los 23 años de presencia militar estadounidense en el país.

El comandante también se refirió a Hezbolá en el Líbano, afirmando que el grupo «se mantuvo firme» a pesar de las afirmaciones de EE. UU. e Israel de que había sido eliminado.

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