DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. Los motivos de Hamás.
2. La nueva «lucha por África».
3. Etiopía y el Mar Rojo.
4. El cuento de la guerra híbrida.
5. Karaganov y las armas nucleares.
6. La utilidad de la ONU para Asia.
7. China es ya el centro del mundo.
8. Ecosindicalismo.
9. Resumen de la guerra en Irán, 7 de octubre.
1. Los motivos de Hamás.
Ayer vimos un artículo en el que se decía que la resistencia palestina y el Eje de Resistencia habían cometido, como mínimo, algún error. Hoy, en el marco del tercer aniversario del 7 de octubre, un artículo en el que se analiza por qué tomo Hamás esa decisión.
Por qué Hamás consideró que el statu quo era más peligroso que su apuesta del 7 de octubre
Sami Al-Arian
7 de octubre de 2026
Tres años después del inicio del genocidio de Israel en Gaza, las consecuencias de una decisión impulsada por el asedio, la expansión de los asentamientos y los ataques contra Al-Aqsa siguen manifestándose
Los acontecimientos del 7 de octubre no pueden entenderse al margen de la larga historia de despojo, ocupación, asedio y lucha de los palestinos. No pueden analizarse con seriedad partiendo de la premisa de que los palestinos deben justificar su derecho a resistirse a un sistema que los ha despojado durante generaciones. Ese derecho no está en entredicho.
Lo que sí cabe cuestionar es por qué Hamás eligió esta línea de actuación concreta en este momento concreto, y si la decisión fue racional teniendo en cuenta lo que sus líderes sabían y podían haber previsto razonablemente antes del 7 de octubre.
También se plantea la cuestión de si fue la elección estratégica acertada entre las alternativas de que disponían, y qué evaluación estratégica les llevó a asumir un riesgo tan extraordinario.
Estas cuestiones se contemplan, inevitablemente, a la luz de la devastación que se produjo a continuación. Gaza ha sufrido un genocidio, tal y como han concluido Amnistía Internacional, B’Tselem, la Asociación Internacional de Estudiosos del Genocidio y la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas, mientras que Human Rights Watch ha documentado el exterminio y los actos de genocidio.
Durante tres años, Gaza ha sufrido destrucción y pérdidas a una escala que pocos podrían haber imaginado antes del 7 de octubre.
La retrospectiva no sustituye al análisis. La racionalidad debe juzgarse, en primer lugar, en función de lo que los responsables de la toma de decisiones sabían, temían y esperaban razonablemente en aquel momento. Si la decisión fue, en última instancia, correcta es otra cuestión, cuya respuesta quizá sea aún prematura.
Los debates internos de Hamás en los años previos al 7 de octubre revelan una dirección cada vez más convencida de que el propio statu quo se había convertido en una amenaza estratégica.
La mayoría de los documentos internos en los que se basa ese panorama, incautados por el ejército israelí en Gaza, han sido publicados por el Centro de Inteligencia e Información sobre Terrorismo Meir Amit, un centro de investigación israelí vinculado a los servicios de inteligencia militar, y ofrecen una visión de la forma de pensar de los líderes de Hamás en Gaza en los años previos a los ataques.
Cinco acontecimientos determinaron ese cálculo: el asedio de Gaza; la acelerada colonización de Cisjordania; la lucha por Jerusalén y la mezquita de Al-Aqsa; los presos palestinos en las cárceles israelíes; y la normalización, en particular la perspectiva de un acuerdo entre Arabia Saudí e Israel.
Cada uno de estos cinco factores apuntaba a la misma conclusión: que el tiempo no era neutral. Esperar era en sí mismo una elección, y Hamás creía cada vez más que esa espera estaba eliminando progresivamente las opciones palestinas.
Asedio, colonos, Al-Aqsa
Gaza fue lo primero. En 2023, el asedio ya duraba más de 16 años, y más de 2,2 millones de palestinos se encontraban confinados en una estrecha franja costera, con la circulación, el comercio y la vida económica y social severamente restringidos. La entrada y salida de Gaza seguían estando estrictamente controladas.
Incluso antes de la guerra actual, el desempleo se situaba en torno al 44 % en el segundo trimestre de 2022, y el desempleo juvenil superó el 60 % más adelante ese mismo año.
Más del 80 % de la población de Gaza vivía por debajo del umbral de la pobreza, y 1,2 millones de refugiados palestinos dependían de la ayuda alimentaria de emergencia de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, para satisfacer sus necesidades más básicas.
Hamás gobernaba Gaza, pero no podía poner fin al asedio. Los enfrentamientos periódicos imponían un coste al régimen sionista, pero no lograban alterar la ecuación básica. A la destrucción le seguía una reconstrucción limitada, las negociaciones producían un alivio temporal y el bloqueo se mantenía.
La elección, por lo tanto, nunca fue simplemente entre la guerra y la paz. La propia situación existente implicaba violencia, estrangulamiento y deterioro continuos.
Cisjordania presentaba un peligro diferente, pero igualmente urgente. La expansión de los asentamientos estaba destruyendo de forma constante lo que quedaba de la base territorial para un Estado palestino. En 2023, aproximadamente 750 000 colonos israelíes vivían en la Cisjordania ocupada, incluida Jerusalén Este, en asentamientos ilegales según el derecho internacional.
La elección nunca fue simplemente entre la guerra y la paz. La propia situación existente implicaba violencia, estrangulamiento y deterioro continuos
El Gobierno formado por Benjamin Netanyahu a finales de 2022 situó a figuras como Bezalel Smotrich en puestos de influencia sin precedentes sobre Cisjordania. Smotrich había planteado abiertamente a los palestinos tres opciones: aceptar el dominio y la dominación israelíes sin aspiraciones nacionales, emigrar o enfrentarse a la fuerza letal si se resistían.
Para Hamás, las implicaciones estratégicas iban más allá de los propios asentamientos. El tiempo no jugaba necesariamente a favor de los palestinos. Cada año adicional traía consigo una mayor fragmentación territorial, un mayor control israelí y menos posibilidades de revertir el proceso. En tales circunstancias, la paciencia estratégica podría acabar convirtiéndose en parálisis estratégica.
Jerusalén y Al-Aqsa elevaron aún más lo que estaba en juego. El enfrentamiento de mayo de 2021, conocido como «Saif al-Quds», había demostrado la extraordinaria capacidad de Al-Aqsa para movilizar a los palestinos, así como a los musulmanes de todo el mundo, más allá de las divisiones geográficas y políticas.
Para Hamás, el enfrentamiento representaba algo más que otra guerra entre Gaza y el régimen sionista. Parecía demostrar la posibilidad de unir a Gaza, Jerusalén, Cisjordania, los palestinos dentro de los territorios de 1948, los presos y la diáspora en una única lucha nacional.
Los acontecimientos de 2022 y 2023 agudizaron los temores de Hamás respecto a Al-Aqsa. Las repetidas incursiones israelíes en Al-Aqsa, los enfrentamientos con los fieles y las exigencias cada vez más enérgicas de las fuerzas religiosas-nacionalistas israelíes en relación con el recinto suscitaron el temor de que los acuerdos existentes se estuvieran desmantelando gradualmente.
La experiencia de la mezquita de Ibrahim en Hebrón, primero dividida y luego sometida cada vez más al control israelí, sentó un precedente ominoso. Para Hamás, parecía que se estaba erosionando otra línea roja palestina.
Los presos y la normalización
Los presos supusieron una cuarta fuente de presión. Antes del 7 de octubre, más de 5.000 palestinos se encontraban recluidos en prisiones israelíes, entre ellos mujeres y niños, mientras que más de 1.200 estaban detenidos sin cargos.
Poco después de asumir el cargo de ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir comenzó a imponer restricciones adicionales a los presos palestinos.
La historia de los intercambios de presos ofrecía una lección diferente. El acuerdo de Jibril de 1985 garantizó la liberación de 1.150 presos retenidos por Israel, y los intercambios de Hezbolá con Israel en 2004 y 2008 reforzaron el mismo principio.
Y lo más importante para Hamás: el intercambio de Gilad Shalit de 2011 supuso la liberación de 1.027 presos palestinos a cambio de un único soldado israelí capturado.
La conclusión era difícil de pasar por alto. Los presos proporcionaban una ventaja negociadora donde la diplomacia a menudo no lo hacía, por lo que la captura de soldados israelíes formaba parte de una lógica estratégica ya establecida, en lugar de ser un objetivo inventado el 7 de octubre.
El quinto acontecimiento, la normalización, puede que haya sido el más trascendental de todos. En 2023, Hamás estaba cada vez más preocupado por una transformación regional que amenazaba con marginar por completo la cuestión palestina.
Los Acuerdos de Abraham de 2020 habían demostrado que los gobiernos árabes podían normalizar sus relaciones con Israel sin resolver la cuestión palestina, y la Administración Biden perseguía ahora el objetivo mucho más trascendental de la normalización entre Arabia Saudí e Israel.
El simbolismo se hizo inconfundible el 22 de septiembre de 2023, apenas dos semanas antes del 7 de octubre. Ante la Asamblea General de la ONU, Netanyahu presentó su visión de un «nuevo Oriente Medio», centrada en la normalización y en un corredor económico que uniera Asia y Europa a través de la región.
El mapa que mostró representaba, en la práctica, la Palestina histórica como Israel, sin un Estado palestino. Para Hamás, el peligro de que Palestina quedara totalmente excluida desde el punto de vista estratégico era evidente.
Este fue el contexto en el que Hamás tomó su decisión. Gaza seguía sitiada, Cisjordania estaba siendo colonizada, Al-Aqsa parecía cada vez más amenazada, miles de presos seguían encarcelados y la normalización amenazaba con empujar a Palestina aún más hacia los márgenes de la política regional.
Nada de esto demuestra que el 7 de octubre fuera la única respuesta viable, pero sí pone de manifiesto que la operación surgió de un cálculo político y estratégico identificable.
Juzgar la racionalidad
La racionalidad debe juzgarse a priori, no a posteriori. Tras presenciar la devastación de Gaza, resulta tentador razonar a la inversa y concluir que cualquier decisión seguida de tal destrucción debe de haber sido irracional. Esa no es la forma en que pueden evaluarse de manera justa las decisiones estratégicas.
Antes de sopesar el criterio de Hamás, debe quedar clara una distinción. La responsabilidad del genocidio y la destrucción de Gaza recae en el régimen sionista y en quienes lo hicieron posible. La cuestión aquí es si Hamás anticipó adecuadamente la respuesta y la incorporó a sus cálculos estratégicos, lo cual es un asunto distinto de si la resistencia palestina provocó la conducta de Israel.
Sin duda, Hamás esperaba un ataque israelí a gran escala. Ningún líder sensato podría haber creído que Israel toleraría una operación que implicara la ruptura del perímetro de Gaza, la toma de posiciones militares, la muerte de cientos de soldados y colonos israelíes y la captura de un gran número de israelíes sin desencadenar una guerra a gran escala.
Hamás también debió de esperar un amplio apoyo estadounidense, ya que las anteriores guerras israelíes contra Gaza proporcionaron pruebas más que suficientes de ambos hechos.
No obstante, prever un ataque militar severo es muy diferente de predecir la guerra sin precedentes que se produjo a continuación: una campaña genocida que se prolongó durante años; el desplazamiento de casi toda una población; la destrucción física de vastas zonas de Gaza; y una campaña de hambruna y privaciones llevada a cabo a pesar del escrutinio mundial.
El apoyo estadounidense en sí mismo era totalmente previsible, pero su magnitud y duración no tenían precedentes. Washington siguió suministrando las armas más sofisticadas y las municiones más destructivas, así como inteligencia y protección diplomática, a pesar del creciente número de víctimas palestinas y de la creciente condena internacional.
Los principales gobiernos europeos se mantuvieron en gran medida alineados con Israel y Estados Unidos, mientras que la respuesta de los gobiernos árabes y musulmanes siguió siendo extraordinariamente débil. Cada uno de estos factores influyó directamente en la evaluación de Hamás antes del 7 de octubre.
Irán, Hezbolá y el Eje de la Resistencia en general plantean una cuestión aparte. Hamás había dedicado años a desarrollar estas relaciones y a buscar una mayor coordinación entre los movimientos de resistencia de la región. Tras el caso de Saif al-Quds en 2021, sus debates internos reflejaron cada vez más un interés por vincular la lucha palestina a un enfrentamiento regional más amplio con el régimen sionista.
Los documentos disponibles no respaldan la afirmación simplista de que Hamás lanzara la ofensiva del 7 de octubre porque Irán o Hezbolá hubieran prometido entrar en una guerra regional sin cuartel.
Hamás buscaba una coordinación más profunda, debatió sobre múltiples frentes y varios escenarios posibles, y comprendió que la presión procedente del Líbano y de otros lugares podría complicar los cálculos militares de Israel. Sus líderes se comunicaban activamente con Irán y Hezbolá, pero la comunicación no equivale a una alianza militar vinculante.
Del mismo modo, las pruebas no demuestran que Irán o Hezbolá conocieran de antemano el momento y los detalles operativos del 7 de octubre, y mucho menos que Hamás contara con la garantía de que cualquiera de ellos entraría inmediatamente en una guerra a gran escala.
Errores de cálculo y alternativas
Si Hamás lanzó la operación esperando que Irán y Hezbolá entraran inmediatamente en una guerra regional total, entonces una hipótesis central de su estrategia fracasó casi de inmediato. Las pruebas disponibles apuntan, en cambio, a una expectativa de presión regional gradual en forma de frentes adicionales que impondrían costes militares y estratégicos a Israel sin provocar necesariamente una guerra total inmediata.
Eso fue lo que ocurrió, aunque no a la escala necesaria para evitar la devastación de Gaza. Hezbolá abrió un frente de apoyo desde el Líbano, los huzíes intervinieron desde Yemen, grupos iraquíes atacaron posiciones estadounidenses y el propio Irán acabó entrando en confrontación directa con Israel y Estados Unidos tras ser objeto de ataques.
Hamás sí disponía de alternativas y, lo que es más importante, Yahya Sinwar ya había probado varias de ellas
El error de cálculo estratégico, si es que hubo alguno, radicó en no haber previsto la convergencia de varios acontecimientos adversos: un asalto israelí que superó prácticamente todos los límites anteriores; el apoyo militar y diplomático sostenido de Occidente a pesar de las crecientes pruebas de genocidio; la extraordinaria debilidad de los gobiernos árabes y musulmanes; la limitada coordinación entre el Eje de la Resistencia, cuyos miembros se vieron sorprendidos por el momento en que se llevó a cabo la operación; y el hecho de que no se materializara un levantamiento importante en Cisjordania ni entre los palestinos dentro de la Línea Verde.
Hamás podría haber previsto razonablemente varios de estos obstáculos de forma individual. No haber previsto que todos ellos se producirían con esta magnitud, y todos a la vez, resultó ser un grave punto ciego.
Cualquier valoración sobre el 7 de octubre debe responder a otra pregunta: ¿en comparación con qué?
Hamás sí disponía de alternativas y, lo que es más importante, Yahya Sinwar ya había probado varias de ellas. Tras asumir el liderazgo en Gaza en 2017, buscó la reconciliación con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, y se ofreció a devolver la autoridad administrativa de Gaza a la Autoridad Palestina, al tiempo que intentaba poner fin al bloqueo y a las sanciones. El esfuerzo acabó fracasando ante la oposición israelí y estadounidense.
Hamás buscó acuerdos de alto el fuego a largo plazo a través de la mediación egipcia y qatarí. En 2018-2019, los palestinos de Gaza recurrieron a una movilización masiva en gran medida pacífica mediante la Gran Marcha del Retorno, solo para enfrentarse a una respuesta israelí que causó la muerte de más de 200 palestinos e hirió a decenas de miles, incluidos niños.
Hamás aún podría haber optado por la moderación, por intensificar la diplomacia, por una escalada limitada, por continuar con el refuerzo militar o, sencillamente, por la supervivencia organizativa. Su «Documento de Principios y Políticas Generales» de 2017 ya había demostrado una considerable flexibilidad política al aceptar el establecimiento de un Estado palestino plenamente soberano dentro de las fronteras de 1967 como fórmula de consenso nacional, sin reconocer la legitimidad del proyecto sionista.
En 2023, los líderes de Hamás contaban con años de experiencia precisamente con estos enfoques, y ninguno de ellos había puesto fin al asedio, detenido la expansión de los asentamientos, protegido Al-Aqsa, liberado a miles de presos ni revertido el proceso de normalización regional.
Esta es la debilidad de gran parte de las críticas retrospectivas sobre el 7 de octubre. Para demostrar que la decisión fue estratégicamente errónea o irracional, no basta con señalar la catástrofe que se produjo a continuación. Hay que identificar la alternativa realista disponible el 6 de octubre y preguntarse adónde habría conducido probablemente esa alternativa.
Esperar también era una decisión, y Hamás llegó a la conclusión de que esperar significaba dejar que el entorno estratégico se deteriorara hasta que la resistencia palestina se enfrentara a circunstancias aún peores. Si esa conclusión era correcta es otra cuestión, pero no era irracional.
Coste y consecuencias
Así pues, desde la perspectiva de Hamás, ¿fue el 7 de octubre la decisión correcta? Esta es la más difícil de estas preguntas, y no creo que pueda responderse aún de forma definitiva.
El coste humano ha sido asombroso. Al menos 74 000 palestinos, y posiblemente miles más, han perdido la vida, mientras que más de 175 000 han resultado heridos. La mayor parte de la población de Gaza se ha visto desplazada, muchos de ellos en repetidas ocasiones. Se han destruido familias, barrios, universidades, colegios, hospitales, mezquitas, iglesias y gran parte de la infraestructura civil del territorio.
Ninguna evaluación estratégica puede ignorar esa realidad, ni ninguna puede renunciar a un principio igualmente importante. La responsabilidad por la conducta de Israel en Gaza recae en el régimen sionista y en quienes la permitieron y apoyaron. No se puede responsabilizar a la resistencia de los crímenes cometidos por el poder al que se opone.
De lo contrario, la parte más fuerte adquiere un derecho de veto extraordinario, ya que solo tiene que amenazar con suficiente brutalidad contra la población civil para que cualquier acto de resistencia resulte estratégicamente o moralmente ilegítimo debido al castigo impuesto posteriormente. Ese no puede ser el criterio.
Aun así, atribuir la responsabilidad del genocidio a quien corresponde no exime a los dirigentes palestinos de examinar sus propias decisiones estratégicas. Un movimiento de resistencia tiene la obligación de evaluar sus capacidades, las consecuencias, las alternativas y el comportamiento probable de aliados y enemigos. Por eso, el 7 de octubre requiere un análisis, más que consignas.
Los ataques del 7 de octubre transformaron, sin lugar a dudas, la cuestión palestina. Antes de ese día, Palestina parecía encaminarse hacia la marginación internacional.
Los Acuerdos de Abraham habían establecido un modelo regional en el que los gobiernos árabes podían normalizar sus relaciones con el régimen sionista sin resolver la cuestión de los derechos palestinos. La normalización entre Arabia Saudí e Israel avanzaba, y Netanyahu podía presentarse ante las Naciones Unidas y mostrar un mapa de un nuevo Oriente Medio en el que Palestina había desaparecido de hecho.
Aquel día rompió esa trayectoria y devolvió a Palestina al centro de la política internacional.
La ocupación israelí, los asentamientos y el trato dispensado a los palestinos fueron objeto de un escrutinio a una escala que no se había visto en décadas, y una nueva generación en gran parte del mundo comenzó a plantearse preguntas no solo sobre las políticas israelíes, sino también sobre el sionismo, el colonialismo de asentamiento, la Nakba y el sistema político impuesto a los palestinos.
La guerra también puso de manifiesto profundas contradicciones dentro del orden internacional liderado por Occidente. Las instituciones creadas para defender el derecho internacional se enfrentaron a una prueba cuyas consecuencias para su legitimidad van mucho más allá de Palestina. La normalización regional se vio interrumpida y el discurso global cambió de manera significativa, aunque las políticas gubernamentales se quedaron muy rezagadas.
La transformación no garantiza la victoria.
Gaza ha pagado un precio casi inimaginable. La sociedad palestina ha sufrido pérdidas enormes, el equilibrio regional sigue inestable y las consecuencias para Hamás, el movimiento nacional palestino, el Estado sionista y el Oriente Medio en general aún se están desarrollando.
Por lo tanto, resulta prematuro calificar el 7 de octubre como un triunfo estratégico histórico o como un fracaso estratégico catastrófico. La historia rara vez emite juicios sobre acontecimientos de esta magnitud mientras sus consecuencias aún se están desarrollando.
El veredicto de la historia
La revuelta palestina de 1936 parecía derrotada en 1939. La Primera Intifada acabó dando lugar a los Acuerdos de Oslo, celebrados inicialmente por muchos como un avance histórico, pero asociados posteriormente a la fragmentación, la coordinación en materia de seguridad, la expansión de los asentamientos y un proceso político fallido. Los acontecimientos históricos adquieren su pleno significado a través de consecuencias que pueden tardar años, a veces décadas, en manifestarse.
La historia ofrece numerosos ejemplos de naciones que han soportado un sufrimiento extraordinario en sus luchas contra la invasión, la ocupación y la dominación extranjera, sin que dicho sufrimiento determinara el resultado histórico definitivo.
La Unión Soviética perdió a más de 20 millones de personas al derrotar a la Alemania nazi. Vietnam perdió a millones de personas durante décadas de guerra contra el colonialismo francés y la intervención estadounidense antes de lograr la reunificación y la independencia. Afganistán, del mismo modo, soportó dos décadas de ocupación estadounidense, con un enorme coste humano, antes de que las fuerzas estadounidenses se retiraran finalmente en 2021.
La decisión de lanzar los ataques del 7 de octubre no puede reducirse a un estallido inexplicable de violencia, pero tampoco debe quedar al margen de toda crítica
Ninguna de estas experiencias es extrapolable a Palestina, y ninguna debe compararse con ella de forma mecánica. Lo que demuestran es que la magnitud del sufrimiento de un pueblo no puede, por sí sola, determinar si la decisión de resistir fue estratégicamente errónea. Ese juicio depende, en última instancia, de lo que logre la lucha, de qué alternativas existían y de cómo se desarrollen sus consecuencias con el paso del tiempo.
La operación puede acabar siendo juzgada como un devastador error de cálculo estratégico, o bien puede ser recordada como el momento en que se hizo añicos un orden político y regional insostenible y la cuestión palestina se vio obligada a volver al escenario histórico.
Ya se puede afirmar con seguridad que la decisión surgió de una evaluación estratégica coherente. Hamás llegó a la conclusión de que el statu quo no era sostenible porque el tiempo reducía constantemente las opciones palestinas, y sus líderes optaron por romper esa trayectoria.
Que hayan calculado correctamente el precio es otra cuestión. Esperar una respuesta militar severa no era lo mismo que esperar una campaña genocida que traspasara todos los umbrales históricos de destrucción.
Tampoco está claro si anticiparon correctamente el grado de apoyo occidental sostenido a Israel, la debilidad de las respuestas gubernamentales árabes y musulmanas, los límites de la intervención militar regional o el levantamiento limitado que surgió en Cisjordania y entre los palestinos dentro de los territorios de 1948.
La decisión de lanzar los ataques del 7 de octubre requiere un análisis riguroso como elección estratégica. No puede reducirse a un estallido inexplicable de violencia, pero tampoco debe quedar al margen de toda crítica.
La tarea consiste en reconstruir lo que Hamás sabía, lo que temía, qué alternativas le quedaban y qué esperaba de Israel, del pueblo palestino, del Eje de la Resistencia, de los mundos árabe y musulmán y del sistema internacional, para luego comparar esas expectativas con lo que realmente ocurrió.
Esto basta para empezar a juzgar si la decisión fue racional. Para juzgar si, en última instancia, fue correcta, es necesario saber en qué punto se encuentra la lucha palestina una vez que las consecuencias históricas del 7 de octubre se hayan desarrollado plenamente.
Aún no hemos llegado a ese punto. El veredicto de la historia sigue abierto.
2. La nueva «lucha por África».
Estamos prestando mucha atención a lo que sucede en un lado de Bab el Mandeb, el yemení, pero quizá no tanto a lo que sucede en el otro, el Cuerno de Oro y por extensión el norte de África, zona con crisis que podrían estar interconectadas entre sí.
https://znetwork.org/znetarticle/the-new-scramble-for-africa/
La nueva carrera por África
Por Yohannes Woldemariam, 6 de octubre de 2026
Algo importante está ocurriendo al otro lado del Mar Rojo y en el Cuerno de África. Las guerras que parecen locales están atrayendo a actores de lugares cada vez más lejanos. Los puertos construidos con fines comerciales adquieren usos militares. El oro extraído en zonas de conflicto transita por centros financieros internacionales. Los drones adquiridos en el extranjero transforman el curso de las guerras. Los gobiernos negocian con potencias extranjeras, mientras que esas mismas potencias fomentan la creación de grupos armados o autoridades paralelas en otros lugares.
Sudán, Libia, Etiopía, Eritrea, Somalia, Somalilandia y Yemen suelen analizarse como crisis independientes. Sin embargo, al observarlas más de cerca, resulta difícil ignorar las conexiones existentes. Una investigación de las Naciones Unidas reveló que fuerzas alineadas con Khalifa Haftar ayudaron a trasladar combatientes colombianos a través de Libia para apoyar a las Fuerzas de Apoyo Rápido de Sudán. El oro sudanés se dirige hacia el Golfo, mientras que Chatham House ha documentado la importancia de los Emiratos Árabes Unidos para la economía regional del oro. En el oeste de Etiopía, una investigación de Reuters descubrió un gran campo de entrenamiento para combatientes destinados a las RSF; fuentes fiables afirman que los Emiratos Árabes Unidos financiaron las instalaciones y proporcionaron instructores y apoyo logístico.
No se trata de acontecimientos aislados. Apuntan hacia un sistema de poder cambiante en torno al mar Rojo.
Lo que está surgiendo no es otra Conferencia de Berlín. Los gobiernos extranjeros no están dividiendo abiertamente África en colonias, y los gobiernos africanos no son espectadores pasivos. Negocian, atraen inversiones, buscan armas y, en ocasiones, recurren a potencias extranjeras contra rivales nacionales o regionales. Pero está teniendo lugar algo más que la diplomacia habitual.
Un cambio llamativo es la creciente importancia de potencias que antes se consideraban actores secundarios en la geopolítica africana. Los Emiratos Árabes Unidos, Turquía e Israel no poseen el alcance mundial de los antiguos imperios europeos. Sin embargo, la riqueza, la tecnología militar, las redes comerciales y la geografía estratégica permiten a estas potencias medianas ejercer una influencia mucho más allá de sus fronteras.
Además, se muestran flexibles en cuanto a la forma de ejercer dicha influencia. Un gobierno puede ser un socio útil en un país, una organización paramilitar en otro, una autoridad paralela en otro lugar y una empresa comercial en varios de ellos. La relación no tiene por qué ser ideológica y el socio ni siquiera tiene por qué ser un Estado. La utilidad estratégica puede ser suficiente.
Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) constituyen quizás el ejemplo más claro. En Sudán, han estado apoyando a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).
En Libia, se convirtieron en un importante apoyo externo de las fuerzas orientales de Khalifa Haftar. Reuters ha documentado conclusiones anteriores de la ONU según las cuales los EAU ayudaron a las fuerzas de Haftar a desarrollar su poderío aéreo, mientras que Turquía suministraba drones y sistemas de defensa aérea al Gobierno de Trípoli.
Desde entonces, las historias de Sudán y Libia han comenzado a entrelazarse. El Grupo de Expertos de la ONU sobre Libia descubrió que combatientes colombianos transitaban por territorio controlado por Haftar para apoyar a las RSF y describió a Libia como una base operativa, logística y táctica.
El oro revela la vertiente económica de ese mismo sistema. Chatham House describe el oro como uno de los principales motores del conflicto de Sudán. Entre 2012 y 2022, según las cifras examinadas por Chatham House, los Emiratos Árabes Unidos importaron 2.569 toneladas de oro africano que los propios países africanos no registraron como exportaciones, por un valor aproximado de 115.000 millones de dólares.
La conexión entre el oro y el poder armado no es abstracta. El Departamento del Tesoro de EE. UU. sancionó a empresas con sede en los EAU vinculadas a la red de las RSF. Afirmó que AZ Gold adquirió oro sudanés, al parecer en beneficio de las RSF, y lo transportó a Dubái.
Por lo tanto, el dinero, las armas y el apoyo militar pueden dirigirse hacia los conflictos africanos, mientras que el oro y otros recursos salen del continente. La antigua economía colonial requería administradores extranjeros. El sistema contemporáneo no los necesita necesariamente. Los gobiernos, los grupos armados, las empresas mineras, los comerciantes, los operadores portuarios y los intermediarios financieros pueden desempeñar diferentes funciones en el proceso.
Una reciente investigación del Financial Times ha rastreado una expansión emiratí mucho más amplia que abarca puertos, minería, agricultura e infraestructuras en toda África. Un puerto puede ser un activo comercial, un centro logístico, una fuente de influencia política y, en determinadas circunstancias, una plataforma militar.
Es aquí donde resulta útil la idea de una nueva «lucha por África».
La antigua lucha tenía como objetivo la posesión de territorio. La emergente puede operarse a distancia. Una potencia exterior no necesita necesariamente gobernar la mina, ocupar el puerto o administrar a la población. Necesita influencia sobre las redes a través de las cuales circulan las armas, el dinero, las materias primas y el poder político.
Podríamos denominar a esto «colonialismo a distancia». Utilizo el término a modo de pregunta, más que como etiqueta para todas las relaciones con el extranjero. La inversión extranjera no es colonialismo. Una venta de armas no es colonialismo. Una concesión portuaria no es colonialismo. La cuestión importante es qué ocurre cuando estas relaciones se acumulan, cuando la inversión se convierte en dependencia, la ayuda militar refuerza el poder coercitivo y el control sobre los puertos, los recursos o la seguridad comienza a mermar la soberanía efectiva.
El Mar Rojo es uno de los mejores lugares para plantearse esa pregunta, ya que el Mar Rojo tiene dos caras.
Los análisis siguen tendiendo a dar prioridad a la costa árabe: Yemen, Arabia Saudí, Irán, Israel y los huzíes. Sin embargo, Eritrea, Sudán, Yibuti y Somalia poseen los puertos, las costas y las ubicaciones estratégicas sin las cuales no se puede comprender la política del Mar Rojo. Bab el-Mandab no separa estos mundos. Los conecta.
Existen precedentes históricos. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos valoraba a Eritrea en parte debido a la Estación de Kagnew, su instalación estratégica de comunicaciones en Asmara. Los documentos desclasificados del Departamento de Estado describían la ayuda militar estadounidense al Gobierno de Haile Selassie como la contrapartida por Kagnew. Haile Selassie comprendía el interés estratégico estadounidense en Eritrea y lo aprovechó mientras se destruía la autodeterminación eritrea.
Esa historia hace que la renovada campaña de Etiopía por el Mar Rojo resulte especialmente importante. La palabra inglesa «acceso» hace que la disputa parezca casi inocua. El acceso comercial a un puerto y la soberanía sobre un territorio son cuestiones totalmente diferentes.
La propia Etiopía demostró esa distinción tras la independencia de Eritrea. En virtud del Acuerdo de Tránsito y Servicios Portuarios de 1993, Assab y Massawa fueron designados como puertos de tránsito para el comercio etíope. Las mercancías etíopes que transitaban por ellos estaban exentas de impuestos y derechos de aduana eritreos. Etiopía podía mantener oficinas y almacenes.
Por lo tanto, Etiopía no necesita ser propietaria de Assab para utilizarlo. El acceso comercial puede negociarse entre Estados soberanos cuando las relaciones son pacíficas y se basan en la confianza. La soberanía territorial es un asunto totalmente distinto.
La cuestión quedó aún más clara el 4 de octubre, cuando los líderes de Egipto, Eritrea, Sudán y Somalia se reunieron en New Alamein. Su declaración conjunta reafirmó la soberanía y la integridad territorial, rechazó el reconocimiento o el apoyo a Somalilandia, respaldó la integridad territorial de Sudán y, lo que es más importante, declaró que la gestión del mar Rojo es responsabilidad exclusiva de los Estados ribereños.
No se mencionó a Etiopía. Apenas hacía falta.
Adís Abeba respondió casi de inmediato. El 5 de octubre, tras tomar posesión para un nuevo mandato, Abiy volvió a insistir en que Etiopía debe obtener una salida al mar. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Etiopía argumentó que los cambios en las fronteras políticas no borran la conexión histórica de Etiopía con el mar Rojo e insistió en sus «intereses legítimos» y su «vínculo perdurable» con él.
El desacuerdo no podría ser más evidente. Cuatro Estados que poseen litoral afirman que la gestión del mar Rojo corresponde a los Estados ribereños. Un Estado sin litoral responde que la proximidad y el interés nacional le otorgan un lugar legítimo en el orden marítimo.
Pero la proximidad no equivale a soberanía. La geografía puede generar intereses económicos y de seguridad, pero no confiere la propiedad del litoral ajeno.
Los cuatro Estados también parecen estar yendo más allá de las meras declaraciones. Reuters informó, citando a funcionarios políticos egipcios y de otros países, que Egipto, Eritrea, Sudán y Somalia acordaron coordinar sus esfuerzos militares y de inteligencia en caso de que el conflicto de Etiopía llegara a sus fronteras con Eritrea, Sudán o Somalia. Ese acuerdo no figura en la declaración publicada, pero sugiere que la coordinación política está adquiriendo una dimensión de seguridad.
La geografía explica el motivo. Egipto, Sudán, Eritrea y Somalia forman un arco estratégico africano que se extiende desde el norte del mar Rojo, pasando por Bab el-Mandab, hasta el golfo de Adén. Sudán conecta este sistema con la guerra de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y la rivalidad en el Golfo. Eritrea posee Assab y un extenso litoral en el mar Rojo. Somalia se enfrenta a la cuestión de Somalilandia y al intento de Etiopía de asegurarse un punto de apoyo costero a través de su memorándum con Hargeisa. Egipto introduce la disputa del Nilo en ese mismo espacio estratégico.
Esta respuesta también nos recuerda que los africanos no son un terreno pasivo sobre el que compiten las potencias externas. Pero la «agencia africana» no debe convertirse en otra abstracción. Debemos preguntarnos qué africanos poseen esa agencia, para qué la utilizan y quién paga el precio.
Esa distinción reviste especial importancia en Etiopía. Sería engañoso describir a Abiy Ahmed y a los Emiratos Árabes Unidos simplemente como socios que persiguen intereses nacionales mutuos. Los Emiratos Árabes Unidos cuentan con una amplia estrategia regional que abarca puertos, logística, minerales e influencia política. El cálculo político de Abiy es mucho más limitado. Su interés primordial es mantenerse en el poder.
Etiopía no es Abiy Ahmed, y sus intereses no deben considerarse automáticamente como intereses nacionales etíopes. Su Gobierno ha presidido devastadoras guerras internas, desplazamientos de población y la militarización de las disputas políticas. El dinero extranjero, las armas, los drones y las relaciones diplomáticas pueden fortalecer al Gobierno central, mientras que los etíopes de a pie sufren las consecuencias.
Así es precisamente como puede funcionar esta nueva carrera por el control. Las potencias extranjeras no necesitan socios locales que compartan sus objetivos a largo plazo. Necesitan socios que consideren útil la relación. Una potencia extranjera puede querer un puerto, minerales, acceso militar o influencia regional. Un gobernante que reciba su apoyo puede desear, ante todo, los recursos necesarios para mantenerse en el poder. No necesitan tener el mismo objetivo. Solo necesitan considerarse mutuamente útiles.
Las ambiciones de Etiopía en el Mar Rojo también se entrecruzan con las relaciones militares con el exterior. Francia acordó en 2019 ayudar a Etiopía, país sin litoral, a reconstruir una armada. Fuentes del Gobierno francés describen la asistencia prestada para reconstruir la capacidad naval etíope y la formación correspondiente. Aquí hay una ironía. Francia ha sido expulsada de algunas zonas de África Occidental, al tiempo que ayuda a un Gobierno sin litoral al otro lado del continente a desarrollar capacidades navales, mientras dicho Gobierno reivindica cada vez con mayor firmeza sus pretensiones estratégicas sobre el Mar Rojo.
Israel representa otra variante. En diciembre de 2025, Israel se convirtió en el primer país en reconocer a Somalilandia, a pesar de las objeciones de Somalia y de la oposición de la Unión Africana. Posteriormente, Somalilandia ha reconocido haber recibido formación militar y policial israelí. Israel también ha apoyado públicamente los esfuerzos de Etiopía por conseguir acceso marítimo.
Estos acontecimientos no demuestran la existencia de un único proyecto coordinado entre Israel, Etiopía y los Emiratos Árabes Unidos. Sus intereses difieren. Sin embargo, ponen de manifiesto cómo las disputas territoriales locales se entrelazan con las ambiciones de potencias externas.
Turquía representa otra forma de influencia. Los drones turcos figuraron entre las armas extranjeras que alteraron el curso de la anterior guerra de Tigray. Reuters informó de que Washington expresó su preocupación por la venta de drones armados turcos a Etiopía. Ankara no necesitó ocupar territorio etíope para adquirir relevancia. La propia tecnología militar se convirtió en un instrumento de influencia.
Rusia ofrece otra variante. Wagner estableció relaciones en torno a la extracción de minerales y la seguridad en África, incluida la economía aurífera de Sudán, mientras que Moscú ha buscado una presencia naval en la costa sudanesa del mar Rojo. Las organizaciones y los socios pueden cambiar, mientras que el objetivo estratégico perdura.
No se trata simplemente de África frente a los extranjeros. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos compiten entre sí. Turquía e Israel persiguen sus propias relaciones. Los gobiernos africanos negocian, se resisten y cambian de socios. Lo que conecta estos acontecimientos no es una alianza secreta, sino un método de ejercer el poder.
Los puertos, los drones, los minerales, el entrenamiento militar, el reconocimiento diplomático, la inversión, las fuerzas paramilitares y las relaciones políticas pueden convertirse en instrumentos dentro del mismo sistema geopolítico.
La costa africana cobra aún mayor importancia cuando la inestabilidad afecta a otras rutas marítimas. Reuters informó el 5 de octubre de que los aproximadamente 1 000 kilómetros de costa de Eritrea en el mar Rojo están atrayendo un renovado interés exterior, ya que el conflicto en el que está implicado Irán suscita preocupación por el tráfico marítimo a través de Ormuz.
Por ello, el mar Rojo no puede entenderse únicamente desde la perspectiva de la Península Arábiga. Ormuz, Yemen, Bab el-Mandeb y la costa africana forman un sistema interconectado. Una perturbación en una parte altera el valor estratégico de otra.
La geografía puede suponer una fortuna para los países relativamente pobres. Las vías navegables estratégicas, los puertos y las costas pueden generar ingresos por tránsito, inversión y poder de negociación. Pero la geografía puede convertirse en una maldición cuando actores poderosos deciden que ese valor estratégico les otorga derechos. Un puerto de gran valor comercial requiere paz, seguridad, un transporte marítimo predecible y confianza. Una guerra librada para hacerse con un puerto podría destruir precisamente el valor económico que supuestamente se persigue.
Los huzíes ponen de manifiesto otra faceta de este orden cambiante. Se les suele reducir a un títere de Irán, aunque el movimiento es anterior al apoyo iraní actual y surgió de la propia historia de Yemen. Sin embargo, han demostrado cómo un actor no estatal situado cerca de un punto estratégico de estrangulamiento puede adquirir una influencia internacional muy desproporcionada en relación con su poder económico convencional. La geografía, los misiles, los drones y la organización política pueden compensar la debilidad.
Las potencias medias comprenden la misma lección. No necesitan dominar en todas partes. Necesitan influencia en nodos concretos.
Por eso merece la pena considerar el colonialismo a larga distancia. La cuestión no es si toda relación desigual es colonial. Se trata de si relaciones aparentemente independientes se están acumulando para formar algo más duradero: el control ejercido a través de redes en lugar de gobernadores.
¿Quién es el propietario de la infraestructura? ¿Quién la financia? ¿Quién controla el puerto o el aeródromo durante una crisis? ¿Quién suministra las armas? ¿A dónde van a parar los minerales? ¿Quién se beneficia? ¿Quién toma las decisiones políticas? ¿Y quién asume el peligro?
Esas preguntas revelan algo que el mapa político convencional oculta.
Sudán conecta el dinero y el oro del Golfo con el oeste de Etiopía y Libia. El enfrentamiento de Etiopía con Eritrea vincula su crisis interna con Assab y el mar Rojo. Egipto conecta el enfrentamiento regional de Etiopía con el Nilo. Somalilandia conecta la política de reconocimiento con los puertos y el acceso militar. Yemen y los huzíes conectan la costa africana directamente con Bab el-Mandab. Rusia busca acceso a la costa de Sudán. Francia entrena a una armada para la Etiopía sin litoral. Israel reconoce a Somalilandia y apoya las ambiciones marítimas de Etiopía. Las redes de los Emiratos Árabes Unidos atraviesan varios de estos escenarios.
Una vez que estas relaciones se sitúan en el mismo mapa, ya no parecen crisis inconexas. Forman un sistema interconectado, aunque fragmentado, de finanzas, armamento, materias primas, supervivencia política e influencia estratégica.
La antigua carrera por África buscaba la posesión de territorio africano. La nueva carrera puede ser más flexible. Puede buscar puertos sin colonias, minerales sin administración territorial e influencia militar sin ocupación permanente. Puede actuar a través de un presidente, un general, una organización paramilitar, una empresa o un operador portuario.
Esto también puede explicar por qué resulta más fácil pasarlo por alto. La bandera colonial ha desaparecido. Las redes, no.
La cuestión decisiva ya no es simplemente si las potencias extranjeras están presentes en África. Lo están. Las cuestiones más importantes son qué consecuencias tiene su presencia, qué actores africanos se benefician de ella, de quién refuerza el poder, de quién merma la soberanía y quién, en última instancia, paga el precio.
El mar Rojo tiene dos orillas, pero la africana rara vez se reconoce.
3. Etiopía y el Mar Rojo.
Veamos con más detalle el conflicto en uno de los países citados en el artículo anterior, Etiopía que vuelve al conflicto con su vecina Eritrea en el marco del conflicto geopolítico en Asia occidental.
https://thecradle.co/articles/ethiopias-war-reaches-the-red-sea
La guerra de Etiopía llega al mar Rojo
Una nueva alianza rebelde ha reavivado viejas guerras y ha arrastrado a las potencias rivales del Cuerno de África a una contienda por los puertos, las fronteras y el estrecho de Bab al-Mandab.
Aidan J. Simardone
7 de octubre de 2026
Una nueva alianza de grupos armados etíopes ha abierto otro frente contra el primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed Ali, al reanudarse los combates en Tigray. Adís Abeba y Asmara han rompido relaciones diplomáticas, y Etiopía acusa a Eritrea de respaldar a sus oponentes.
Al otro lado del mar Rojo, Washington ha levantado las sanciones contra el ejército y el partido gobernante de Eritrea, en un intento por restablecer las relaciones con un Estado cuyos vínculos con Irán y su postura respecto a Yemen han suscitado una atención cada vez mayor. En Israel, los exiliados eritreos se están organizando para regresar a su patria, lo que añade otra dimensión a una contienda que ya se extiende desde Sudán hasta el estrecho de Bab al-Mandab.
Es posible que a la coalición le resulte difícil convertir su declaración en una campaña unificada. Aun así, Adís Abeba debe destinar tropas a sus frentes del norte y del oeste, al tiempo que se enfrenta a acusaciones de ayudar a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos, al otro lado de la frontera sudanesa. La reanudación de los combates también amenaza con echar por tierra el acuerdo de Pretoria que puso fin a la guerra de Tigray, uno de los conflictos más mortíferos de este siglo.
Los problemas internos de Etiopía podrían aliviar la presión sobre Eritrea, cuyos puertos del mar Rojo se han convertido en el centro de las reivindicaciones etíopes de acceso al mar. Sin embargo, la guerra también podría extenderse más allá de su frontera, tal y como ocurrió durante el conflicto de Tigray. La lucha por el futuro de Etiopía se ha vuelto, por tanto, inseparable de los cálculos rivales en torno al mar Rojo, Sudán y el golfo de Adén.
Las vías navegables en disputa del Cuerno de África
Durante milenios, los imperios han tratado de proyectar su poder sobre el Cuerno de África. La región da al mar Rojo y al golfo de Adén, unidos por el Bab al-Mandab, y se encuentra frente a la península Arábiga. La navegación a través de este paso conecta los mercados asiáticos con el canal de Suez y Europa. Las tierras altas de Etiopía también alimentan el Nilo, lo que sitúa al Cuerno de África en el centro de otra disputa por el agua y la soberanía.

Mapa del oleoducto Este-Oeste.
Etiopía es el Estado más grande del Cuerno de África. A excepción de Liberia, fue el único país que conservó su independencia formal durante la «lucha por África», aunque la ocupación italiana entre 1936 y 1941 rompió esa continuidad. Sus gobernantes adquirieron armas europeas y asesores, al tiempo que extendían su autoridad sobre las tierras de los oromo y los somalíes.
Los contactos con Israel continuaron bajo el régimen marxista-leninista del Derg. En 2006, Etiopía invadió Somalia con el respaldo de EE. UU., una intervención que contribuyó a avivar la insurgencia de la que surgió el grupo Al-Shabaab, afiliado a Al-Qaeda. Cuando Washington sancionó a actores etíopes y eritreos durante la Guerra de Tigray, Adís Abeba recurrió cada vez más a los EAU en busca de apoyo militar.
Eritrea tomó otro camino tras su independencia de Etiopía en 1993. Asmara buscó en un primer momento establecer vínculos con Occidente y ofreció instalaciones a Washington para la «guerra contra el terrorismo». Las relaciones se deterioraron y Eritrea ordenó a USAID que cesara sus operaciones en 2005.
Se negó a cooperar con el Mando de África de EE. UU. tras su creación en 2007. El Consejo de Seguridad de la ONU sancionó a Eritrea en 2009 por acusaciones de apoyo a Al-Shabaab y por una disputa fronteriza con Yibuti, levantando dichas medidas en 2018. Posteriormente, EE. UU. impuso sanciones independientes por el papel de las fuerzas eritreas en la guerra de Tigray; esas medidas estadounidenses se levantaron en septiembre de 2026.
Los aliados en tiempos de guerra se convierten en rivales en el mar Rojo
A pesar de sus políticas exteriores contrapuestas y de su prolongada hostilidad, Eritrea y Etiopía buscaron brevemente una distensión. Su acuerdo de paz de 2018 pretendía resolver una disputa fronteriza que había desembocado en una guerra dos décadas antes. Entre 2020 y 2022, las fuerzas eritreas lucharon junto al ejército federal etíope contra el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF), dejando un legado de violencia masiva y reclamaciones territoriales sin resolver.
El acercamiento resultó sorprendente tras la guerra fronteriza de 1998-2000 y dos décadas de desconfianza. Abiy recibió el Premio Nobel de la Paz por este deshielo, pero la paz formal no resolvió la situación política de Tigray ni la cuestión del acceso etíope a la costa de Eritrea. Esas cuestiones pendientes resurgieron una vez que finalizó la campaña conjunta contra el TPLF.
Esa alianza se rompió después de que Etiopía y el TPLF firmaran el acuerdo de Pretoria de noviembre de 2022 sin la participación de Eritrea. Asmara había querido la destrucción del TPLF, mientras sus fuerzas aún ocupaban zonas de Tigray. En Sudán, la alineación de Etiopía con los Emiratos Árabes Unidos la acercó a las Fuerzas de Respuesta Rápida (RSF); Eritrea, por su parte, entrenó a combatientes alineados con las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF). La insistencia reiterada de Abiy en la necesidad de Etiopía de acceder al mar Rojo, con Assab como punto central del debate, alarmó aún más a Asmara.
El Acuerdo de Pretoria comenzó a fracasar cuando las facciones dentro del TPLF no aceptaron los términos. Etiopía tampoco logró restablecer plenamente el acceso humanitario, y la milicia Fano (aliada con el Gobierno federal) continuó ocupando el Tigray occidental.
En 2024, el TPLF se dividió en dos facciones lideradas por Getachew Reda y el radical Debretsion Gebremichae. En marzo de 2025, Debretsion dio un golpe de Estado en Mekelle, la capital de Tigray. Según The Guardian, Debretsion recibió apoyo de los servicios de inteligencia eritreos —el mismo país que, hace solo unos años, quería eliminar al TPLF.
Eritrea también amplió sus contactos más allá del Cuerno de África. El ministro de Asuntos Exteriores, Osman Saleh, asistió a la toma de posesión del presidente iraní Masoud Pezeshkian en 2024, y Asmara condenó el asesinato del líder de Hamás, Ismail Haniyeh, en Teherán.
Los dos ministros de Asuntos Exteriores debatieron sobre el estrechamiento de los lazos en 2025. Analistas etíopes han afirmado que Irán suministró drones a Eritrea y que el territorio eritreo ha servido de ruta para el transporte de armas con destino a Sudán.
Asmara no se sumó a las denuncias occidentales contra la campaña en el Mar Rojo de las Fuerzas Armadas Yemeníes (YAF), alineadas con Ansarallah, aunque las acusaciones de que Eritrea ha ayudado al movimiento de Saná siguen sin demostrarse. En unas declaraciones sobre Yemen, Saleh afirmó que el Gobierno respaldado por Arabia Saudí «no tenía control» sobre Yemen y advirtió de que las potencias extranjeras no pueden someter a Yemen. Cuando se le preguntó si Eritrea impondría peajes en el Mar Rojo, Saleh respondió que «se trata de una idea nueva, un concepto nuevo», pero añadió que no podía pronunciarse sobre el tema mientras hubiera guerra en Yemen.
Viejos enemigos en una nueva alianza
El 20 de septiembre, siete grupos armados anunciaron la Alianza de las Fuerzas Populares de Etiopía para la Supervivencia, comprometiéndose a derrocar al Gobierno de Abiy. Entre sus miembros se encuentran el TPLF y el Movimiento Nacional Amhara Fano —adversarios durante la guerra de Tigray—, junto con el Ejército de Liberación Oromo y organizaciones más pequeñas de varias regiones.
Su capacidad para cooperar, especialmente en lo que respecta a los territorios en disputa, sigue siendo incierta. La coalición abarca regiones con diferentes historiales de agravios contra Adís Abeba. Su declaración supone un desafío para el Gobierno federal sobre el papel, pero los mandos de Tigray, Amhara, Oromia y Afar siguen teniendo sus propias prioridades. El oeste de Tigray, en particular, sigue siendo objeto de disputa entre antiguos enemigos de los que ahora se espera que luchen bajo una misma bandera.

Captura de pantalla del mapa interactivo de conflictos del Cuerno de África. (Fuente: Ethiomapping)
Varios factores han llevado a esta situación. En primer lugar, el Fano se volvió contra el Gobierno federal en 2023, tras un intento de integrarlo en el ejército nacional. En enero de 2026, las facciones se consolidaron en el Movimiento Nacional Fano de Amhara (AFNM). Al mes siguiente, el AFNM lanzó un ataque sorpresa, aprovechando que la Fuerza de Defensa Nacional de Etiopía (ENDF) estaba trasladando tropas de Amhara a Tigray.
En segundo lugar, Abiy Ahmed consolidó su poder tras obtener 486 de los 547 escaños en las elecciones de junio de 2026, lo que descartó cualquier posibilidad de cambio. Tigray no participó, y algunos colegios electorales permanecieron cerrados en Amhara y Oromia, lo que hizo que el resultado careciera de legitimidad a ojos de los rebeldes.
Por último, Etiopía sufrió un revés por su intervención en Sudán. En febrero de 2026, mientras las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) avanzaban en el oeste, Etiopía ayudó a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) a abrir un frente en el estado vecino del Nilo Azul. En mayo, Sudán acogió una reunión de diferentes facciones rebeldes, que acabaría dando lugar, cuatro meses más tarde, a la Coalición por la Supervivencia.
Aún es demasiado pronto para evaluar los resultados de la ofensiva rebelde. El TPLF comenzó tomando varios aeropuertos gestionados por el Gobierno federal. Pero poco después, perdió la localidad de Alamata, que había estado bajo su control desde enero de 2026.
A esto le siguió la pérdida del sur de Tigray y de Mekelle. En noviembre de 2020 se produjo una situación similar, lo que llevó al TPLF a perder casi todo su territorio en 2021. Sin embargo, el TPLF logró lanzar una insurgencia que desgastó a las Fuerzas de Defensa Nacional de Etiopía (ENDF). En julio de 2021, recuperaron todo el territorio perdido y, en pocos meses, llegaron incluso a lanzar una ofensiva hacia Adís Abeba. Queda por ver si podrán repetir la hazaña.
El Frente de Unidad Democrática Revolucionaria de Afar (ARDUF) tuvo éxito inicialmente, al capturar varias localidades al este de Tigray, pero desde entonces ha sido hecho retroceder. Mientras tanto, el Fano ha desarrollado una actividad limitada, capturando unas pocas localidades.
En medio del caos, Etiopía acusa a Eritrea de respaldar a los rebeldes. El gobernador de la región de Afar les ha acusado de intentar cortar la carretera a Yibuti, por la que transita el 97 por ciento del comercio internacional de Etiopía.
El 1 de octubre, Adís Abeba rompió relaciones con Asmara, acusándolos de «implicación en actividades que suponen una amenaza directa para la seguridad nacional de Etiopía». Por el momento, las pruebas del apoyo eritreo son escasas. La fragmentación en Etiopía podría proteger a Eritrea de la presión sobre Assab, pero un conflicto que se extendiera hacia su frontera podría dejar a Asmara en una situación vulnerable.
Por otra parte, esta fragmentación también podría extenderse a Eritrea y proporcionar a Etiopía una justificación para una invasión. A muchos les preocupa que Etiopía tenga previsto atacar a Eritrea una vez eliminada la amenaza rebelde.
Eritrea también se enfrenta a la organización de la oposición entre su diáspora. Un informe de Haaretz describía cómo exiliados eritreos se preparaban en un almacén de Tel Aviv para regresar y desafiar al presidente Isaias Afwerki. Su actividad en territorio israelí suscitará interrogantes en Asmara sobre la postura de Israel, especialmente después de que Saleh lo acusara de buscar influencia a lo largo del mar Rojo.
Para Israel, la inestabilidad en torno a Bab al-Mandab conlleva un coste estratégico directo. La costa de Eritrea se encuentra frente a Yemen, cuyas fuerzas armadas han aprovechado su posición a lo largo del estrecho para obstaculizar el tráfico marítimo vinculado a Israel y sus aliados. Las declaraciones de Saleh sobre los peajes han suscitado dudas sobre qué podría hacer Eritrea en un futuro acuerdo. Por el momento, sigue existiendo la posibilidad de una cooperación más estrecha a través del estrecho; ni Asmara ni Saná han anunciado ningún plan conjunto.
Washington ha tomado otro rumbo. Las autoridades estadounidenses llevaban meses explorando un reinicio de las relaciones con Asmara. El 18 de septiembre, antes de las declaraciones de Saleh sobre la cuestión de los peajes, la Administración Trump levantó las sanciones impuestas al ejército y al partido gobernante de Eritrea.
El Departamento de Estado afirmó que la decisión respondía a los intereses regionales de EE. UU. Podría ofrecer a Washington una vía de comunicación con Asmara en medio de la contienda en el Mar Rojo, aunque el mero momento en que se produjo no basta para demostrar que Yemen fuera el motivo de la decisión.
Una guerra que se deja sentir más allá de Etiopía
La ofensiva rebelde en Etiopía ya está teniendo repercusiones en todo el Cuerno de África. El 27 de septiembre, la base aérea de Harar Meda fue atacada por un misil de largo alcance, lo que causó la muerte de varios miembros de la Fuerza Aérea etíope. La base aérea es una escala importante para el suministro de armas de los Emiratos Árabes Unidos al Gobierno de Haftar en Libia y a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en Sudán.
Las RSF ya están sufriendo importantes reveses en Sudán, que se acelerarán aún más a medida que continúe el conflicto en Etiopía. Una reducción de los suministros destinados a Khalifa Haftar también podría inclinar la balanza a favor del Gobierno de Unidad Nacional de Libia, reconocido internacionalmente.
Etiopía está barajando ahora la posibilidad de retirar sus tropas de Somalia. Esto podría desestabilizar aún más el país, como lo demuestran los combates que han estallado en la región de Bay, donde están estacionadas las tropas etíopes. También podría suponer una oportunidad para que otros Estados desempeñen un papel más destacado, como Turquía, que lleva dos décadas expandiéndose en Somalia.
Las tensiones también han aumentado entre Etiopía y Egipto, que se han expulsado mutuamente a sus diplomáticos después de que Adís Abeba acusara a El Cairo de interferir en sus asuntos internos. Egipto y Etiopía llevan mucho tiempo enfrentados por la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), que, según El Cairo, provocará una disminución del caudal del Nilo.
Lo que suceda a largo plazo dependerá del éxito de la ofensiva rebelde. Si la Coalición por la Supervivencia conquista más territorio o, aunque solo sea, resiste los ataques de las Fuerzas de Defensa Nacionales de Etiopía (ENDF), Etiopía se verá obligada a seguir distanciándose de Sudán y Somalia.
Si se cortara la carretera hacia Yibuti, Etiopía perdería el acceso al mar, lo que agravaría la inseguridad económica y alimentaria. Yibuti perdería hasta 2 000 millones de dólares en tasas que recauda de Etiopía, lo que supondría un golpe enorme para una economía cuyo volumen es de 4 600 millones de dólares.
Las potencias regionales también sacarían partido de la situación. Tanto Egipto como Sudán se oponen firmemente a la GERD. Egipto ha lanzado amenazas veladas de destruir la presa, que se encuentra a menos de diez kilómetros de la frontera sudanesa.
En cuanto a Eritrea, si el TPLF revirtiera sus pérdidas y se expandiera hacia el oeste, y mientras el ARDUF avanzara hacia el este, Asmara dispondría de una zona de amortiguación con Etiopía. Mantener a Etiopía ocupada con sus rebeldes también ayudaría a proteger a Eritrea de una agresión contra sus ciudades portuarias.
Sin embargo, intervenir en Etiopía resulta arriesgado si se frustra la ofensiva rebelde. Etiopía podría entonces centrar toda su atención en Sudán y utilizar drones y misiles para entorpecer el paso de los buques egipcios en el mar Rojo. El apoyo de Eritrea a los grupos rebeldes proporcionaría la justificación que Etiopía necesita para apoderarse de sus ciudades portuarias. También existe el riesgo de que, si el TPLF se fortalece lo suficiente, pueda volverse contra su antiguo rival. Quizás por esta razón, Egipto, Eritrea, Somalia y Sudán emitieron una declaración conjunta en la que pedían una resolución pacífica del conflicto.
Los dirigentes de Eritrea han sobrevivido a sanciones, guerras fronterizas y un motín militar en 2013. Los exiliados que se están organizando en Israel aún no han demostrado que puedan plantear una oposición efectiva dentro del país. Su aparición se suma a la sensación de cerco que experimenta Asmara, a medida que Etiopía insiste en sus reivindicaciones sobre el mar Rojo y cambia el equilibrio de poder al otro lado del estrecho.
La apertura de Washington es igualmente incierta. El levantamiento de las sanciones podría animar a Asmara a mantener las distancias con Saná o a estrechar otros lazos, dependiendo de lo que ofrezcan los EE. UU. y de cómo se desarrolle la guerra en el país vecino.
Eritrea ha defendido durante mucho tiempo su independencia frente a acuerdos militares extranjeros. Por el momento, las señales diplomáticas actuales no apuntan ni a una base estadounidense ni a una alianza formal de Eritrea con Yemen o Irán.
El Mar Rojo tras la ruptura con Etiopía
El Cuerno de África ha marcado la historia de la humanidad, desde las primeras migraciones del Homo sapiens hasta el primer refugio musulmán en Abisinia. Hoy en día, sus puertos y estrechos sirven de vía para el comercio entre continentes, mientras que el Nilo une la región con Egipto y Sudán. Esas conexiones hacen que una nueva guerra en Etiopía tenga consecuencias que van mucho más allá del propio país.
A las pocas semanas del anuncio de la alianza, las fuerzas federales y sus oponentes han combatido en todo el norte de Etiopía, las relaciones con Eritrea se han deteriorado y Adís Abeba ha barajado la posibilidad de retirar sus tropas de Somalia.
La disputa diplomática con Egipto ha arrastrado el conflicto del Nilo a la crisis. Washington, por su parte, busca estrechar lazos con Asmara, mientras que Saná sigue entorpeciendo la navegación por el Mar Rojo. La guerra de Etiopía está dando a sus vecinos más motivos para intervenir, incluso cuando amenaza con llegar a sus fronteras.
El desenlace sigue dependiendo de la capacidad de coordinación de la alianza, de la respuesta del ejército federal y de las decisiones que se tomen en Asmara, Jartum y El Cairo. Incluso sin una marcha sobre Adís Abeba, una campaña prolongada restaría recursos a los demás frentes de Etiopía y agudizaría la lucha por la costa del mar Rojo. Las antiguas disputas territoriales de la región se están librando en el marco de nuevas alianzas, con las rutas marítimas y las guerras vecinas a un paso.
4. El cuento de la guerra híbrida.
Un largo artículo de Fazi sobre la narrativa imperante en la UE de la «guerra híbrida» de Rusia contra la OTAN.
https://www.thomasfazi.com/p/the-russian-hybrid-war-narrative
La narrativa de la «guerra híbrida rusa»: ¿una nueva estrategia de tensión de la OTAN?
¿Respaldan las pruebas esta narrativa? ¿O apuntan más bien a que la propia élite de la UE y la OTAN está librando una «guerra híbrida» —una campaña de guerra psicológica— contra su propia población?
Thomas Fazi
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Este es un artículo que llevaba mucho tiempo queriendo escribir, desde la histeria por los «drones rusos» de finales de 2025, pero se interpusieron otros asuntos. La última oleada de afirmaciones sobre la «guerra híbrida rusa» me ha impulsado por fin a ponerme con ello. Por lo que yo sé, se trata del análisis crítico más detallado de la narrativa de la «guerra híbrida rusa» publicado hasta la fecha —razón por la cual también es bastante extenso—. Como siempre, se agradecen los comentarios, las correcciones y las aportaciones.
Últimamente, no pasa un solo día en Europa sin que se achace a Rusia algún susto relacionado con drones, un incendio o un apagón. Se nos dice que todos estos incidentes forman parte de una implacable «guerra híbrida» que Rusia está librando contra Europa —una guerra que implica incursiones de drones, violaciones del espacio aéreo, sabotajes, incendios provocados, ciberataques y mucho más. Se nos dice que esto «incluye complots para colocar artefactos incendiarios a bordo de aviones de carga de DHL, volar vías férreas en Polonia e incendiar almacenes y centros comerciales por toda Europa», así como «actos de sabotaje contra empresas de defensa y la industria de defensa en Europa», y «ataques contra infraestructuras críticas europeas» —pero también, al parecer, el envío de agentes secretos para defecar en los aseos de los diputados finlandeses. Se nos informa asimismo de que «dichos ataques comenzaron a producirse poco después de que Rusia lanzara su invasión a gran escala de Ucrania en 2022», y se han intensificado en los últimos meses y semanas. Según Kaja Kallas, «Europa se enfrenta a una rápida proliferación de ataques de sabotaje y violaciones del espacio aéreo».
Las tensiones se intensificaron drásticamente el mes pasado después de que Alemania atribuyera formalmente a Rusia un intento de ataque con un dron cargado de explosivos en el aeropuerto de Leipzig/Halle; según se informa, las investigaciones posteriores remontaron la operación hasta los servicios de inteligencia militar rusos. Esto elevó considerablemente el nivel de gravedad: se trató de uno de los incidentes más graves en territorio alemán que Berlín haya atribuido oficialmente a Moscú —aunque fuera un incidente «fallido»—. El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, afirmó que el ataque «encaja en un patrón más amplio de operaciones híbridas rusas en Europa».
En cuestión de horas, los líderes de la UE y la OTAN en diversas capitales no solo habían aceptado la atribución, sino que también se habían puesto de acuerdo sobre lo que significaba el incidente: una pieza de una campaña coordinada, con un motivo conocido, que requería una respuesta predeterminada, es decir, sanciones y un mayor apoyo a Ucrania. «Las pruebas son claras», afirmó el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el mismo día del anuncio del Gobierno alemán —aunque en ese momento los alemanes aún no habían compartido ninguna prueba, ni con el público ni, al parecer, con otros Gobiernos de la UE y la OTAN—. El presidente francés, Emmanuel Macron, también señaló que el ataque era una prueba clara de que «la amenaza híbrida rusa contra los europeos… se ha intensificado». El ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radosław Sikorski, advirtió de que la confrontación de Rusia con Europa se estaba volviendo cada vez más «cinética», y añadió que «Rusia está en guerra con Europa». «Esta es la nueva normalidad», afirmó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Como si quisiera confirmarlo, apenas unas semanas después, el 29 de septiembre, el Gobierno estonio acusó oficialmente a los servicios especiales rusos de haber ordenado un incendio provocado en el edificio de la empresa de defensa estonia Milrem —lo que supone un nuevo y grave paso adelante respecto al patrón anterior de atribuciones a Rusia, que, aunque alegadas, no eran oficiales.
Advertencias de que lo peor está por llegar
Mientras tanto, también se nos reitera constantemente que Rusia tiene la intención de intensificar aún más la escalada —es decir, que debemos prepararnos para ataques mucho más graves contra Europa, posiblemente a la vuelta de la esquina—. En el espacio de unos pocos días, se informó de que «funcionarios de los servicios de inteligencia europeos han planteado la posibilidad de una prueba inminente de Rusia a la OTAN, y uno de ellos afirmó que un posible ataque podría producirse en cuestión de “meses, no años”»; que, según el FBI, «Rusia está tramando asesinatos selectivos en todo Estados Unidos y en países europeos»; y que existe un informe de la CIA en el que se advierte a Italia, Francia y España sobre una posible operación rusa que implicaría ataques con drones lanzados desde buques mercantes en el mar Mediterráneo, o al menos eso es lo que el periodista que publicó la «primicia» en El Mundo afirmó que le había comunicado una fuente anónima cercana al Ministerio de Defensa lituano.
El artículo recibió una cobertura mediática masiva a nivel mundial; sin embargo, en menos de 24 horas, tanto el ministro de Defensa italiano Guido Crosetto como Macron negaron rotundamente haber recibido tal advertencia y desestimaron las afirmaciones por carecer de fundamento, sugiriendo que la noticia había sido inventada bien por la «fuente anónima» o por el propio periodista. El episodio también pone de manifiesto que este tipo de afirmaciones, especialmente cuando se presentan sin prueba alguna que las respalde, deben tratarse con extrema cautela —sobre todo cuando se basan, para empezar, en una lógica poco sólida—. En este caso, por ejemplo, cabe preguntarse razonablemente qué interés tendría Rusia en atacar a España e Italia, dos de los partidarios menos entusiastas de la guerra interminable de Ucrania.
Pero ha habido afirmaciones aún más extrañas. En las últimas semanas, se ha difundido un mensaje coordinado en toda la OTAN de que Rusia podría estar preparando un «ataque de bandera falsa… en los próximos meses» —es decir, un ataque con drones o misiles que Rusia afirmaría posteriormente que fue un «accidente» o incluso intentaría achacar a Ucrania. Pero, ¿qué beneficio obtendría Rusia de cualquiera de estos escenarios? Ambos ya se han producido —ha habido varios casos de drones rusos y ucranianos extraviados que han entrado en el espacio aéreo de la OTAN cerca de la frontera con Ucrania (véase más abajo)— y el único efecto ha sido endurecer la postura de la OTAN. Además, si Rusia pretendía poder negar de forma plausible su implicación, ¿por qué supuestamente dejó sus huellas por todas partes en el intento de ataque con drones en Leipzig/Halle? ¿Y cómo concilian estas afirmaciones con la afirmación contraria de que Rusia podría lanzar un ataque abierto contra un país de la OTAN «en cuestión de meses», tal y como afirmó recientemente la inteligencia danesa? ¿Cuál de las dos es cierta? Pero no se espera que hagamos preguntas ni que señalemos las incoherencias de la historia; simplemente se espera que creamos lo que nos dicen nuestros medios de comunicación y nuestros gobiernos.
¿Está Rusia a punto de atacar? Ni siquiera la OTAN está segura
Por supuesto, ninguno de nosotros tiene forma alguna de saber qué planea hacer Rusia, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de una situación dinámica en la que las acciones de Rusia se ven influidas por las de la OTAN y viceversa. El presidente ruso, Vladímir Putin, por su parte, niega todas las acusaciones, y ha declarado en repetidas ocasiones —más recientemente el 19 de septiembre— que Rusia «no tiene intenciones agresivas hacia Europa ni hacia los países europeos» y que está dispuesta a restablecer las relaciones y cooperar con sus vecinos europeos, al tiempo que acusa a los líderes europeos de utilizar la supuesta amenaza rusa para justificar sus propias políticas y buscar una escalada con Moscú. Por supuesto, se podría argumentar que, si Rusia estuviera a punto de atacar, no se lo diría a los europeos con antelación, por lo que sus palabras no deberían tomarse al pie de la letra.
Esto es cierto, por supuesto. Al mismo tiempo, en la medida en que la mayoría de los Estados son actores racionales que tienden a pensar y actuar estratégicamente —y Rusia sin duda encaja en esta descripción—, cabe preguntarse qué interés racional o estratégico tendría Rusia en lanzar un ataque contra Europa que podría conducir fácilmente a una guerra total entre la OTAN y Rusia, sobre todo teniendo en cuenta que la negativa de Rusia hasta la fecha a responder de la misma manera a los ataques ucranianos —respaldados por la OTAN— contra su territorio, incluidos los dirigidos contra la población civil, probablemente haya estado motivada precisamente por el deseo de evitar tal desenlace. Curiosamente, ese escepticismo lo comparten incluso algunas voces dentro de las propias filas de la OTAN.
El servicio de inteligencia exterior de Estonia, por ejemplo, escribió en su Informe Anual de 2026, publicado en febrero: «No hay… motivo para el pánico. Según la evaluación del Servicio de Inteligencia Exterior de Estonia, Rusia no tiene intención de atacar militarmente a Estonia ni a ningún otro Estado miembro de la OTAN durante el próximo año. Es probable que lleguemos a una conclusión similar el año que viene». Incluso el presidente finlandés, Alexander Stubb, por lo demás muy belicista con respecto a Rusia, ha rechazado las advertencias de otros líderes europeos de que Rusia podría atacar a la OTAN en un futuro próximo, afirmando que los servicios de inteligencia de Helsinki no ven indicios de una amenaza militar inminente. «No vemos pruebas de ello», afirmó Stubb. «Según nuestros servicios de inteligencia, observamos actividad, pero no existe una amenaza militar inminente en este momento». De hecho, tal y como informó Politico, incluso la evaluación oficial de la OTAN sigue indicando que no existe una amenaza inminente: «En este momento, no vemos ninguna amenaza inminente de ataque», declaró un responsable de la OTAN en nombre de la organización. El 29 de septiembre, en una rueda de prensa conjunta de la OTAN, el primer ministro lituano, Mindaugas Sinkevičius, declaró que había pedido a Mark Rutte pruebas reales de inteligencia que indicaran que Rusia estuviera preparando un ataque inminente, y recibió la confirmación de que no existían. «Le pregunté [a Rutte]: ¿hay pruebas, pruebas reales, de que Rusia esté planeando algo? Pero, en realidad, no hay nada», afirmó.
Esto demuestra que incluso las propias evaluaciones de la OTAN son muy contradictorias. Sin embargo, en lo que respecta a la opinión pública, esto apenas supone una diferencia, ya que las afirmaciones sobre un ataque inminente superan con creces a las evaluaciones más cautelosas, que por lo general apenas reciben cobertura mediática. En cualquier caso, a falta de pruebas que apunten en una u otra dirección, las especulaciones sobre escenarios futuros no dejan de ser, en última instancia, eso mismo: especulaciones —especialmente si se tiene en cuenta que debemos partir de la base de que la postura de Rusia no es fija, sino que se ve inevitablemente influida por las acciones de la OTAN—. Lo que podemos evaluar con cierta certeza es lo que Rusia ha estado haciendo hasta ahora —lo que, a su vez, nos proporciona la mejor perspectiva posible sobre lo que podría hacer a continuación—. La pregunta que hay que plantearse es, por tanto: ¿Respaldan las pruebas las afirmaciones occidentales de que Rusia está librando una «guerra híbrida» contra Europa?
Los informes sobre la «guerra híbrida» —y sus incoherencias
Existen varias bases de datos e informes que pretenden cuantificar la guerra híbrida rusa, y que a menudo se citan como prueba de una campaña rusa coordinada y cada vez más intensa. Entre ellos se incluyen conjuntos de datos e informes del Repositorio Europeo de Incidentes Cibernéticos, que se centra exclusivamente en los ciberataques, la Universidad de Leiden, el Soufan Center, Associated Press, el centro de estudios estadounidense Center for Strategic and International Studies (CSIS), el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), con sede en el Reino Unido, y el centro de estudios GLOBSEC, con sede en Bratislava. Tomados individualmente y al pie de la letra, cada uno de estos informes presenta un panorama aparentemente condenatorio que comprende docenas —y, en algunos casos, cientos— de supuestos sabotajes, ataques y operaciones de influencia que abarcan varios países europeos a lo largo de muchos años. Sin duda, resulta preocupante. Sin embargo, si se leen en paralelo y con detalle, cuentan una historia muy diferente: las cifras divergen enormemente; el concepto central no está definido; la atribución a menudo se basa en nada más que en noticias de prensa sobre sospechas oficiales; y las propias advertencias de los informes —ocultas en notas a pie de página, anexos y secciones de metodología— a menudo socavan las afirmaciones realizadas en sus resúmenes ejecutivos.
Para empezar, las cifras no cuadran. Dependiendo del informe que se lea, Rusia llevó a cabo entre 52 y 255 ataques híbridos en Europa después de febrero de 2022 —una diferencia de cinco veces para lo que se supone que es la misma campaña—. El Soufan Center, que abarca tan solo seis países —dos de ellos, Moldavia y Georgia, fuera de la UE—, registra más incidentes solo para el año 2025 que el CSIS para tres años en todo el continente. Las cifras divergen porque no existe una respuesta consensuada a la pregunta más básica: ¿qué es un ataque híbrido? El propio informe del IISS reconoce que la guerra híbrida es «un término amorfo» con una amplia variedad de definiciones. Algunos informes se limitan a los ataques físicos y a los complots, y aun así estos abarcan desde incendios provocados hasta la colocación de pegatinas a favor del Kremlin, el vandalismo y los grafitis; otros incluyen «operaciones de influencia», como las manifestaciones mensuales por la paz en Ámsterdam; y otros incluyen incluso los pasos de la Armada rusa por el Canal de la Mancha. En última instancia, el término puede utilizarse para abarcar casi cualquier cosa. La mayor diferencia en las cifras viene determinada por el tratamiento que se da a los (supuestos) avistamientos de drones atribuidos a Rusia —que se cuentan por cientos, pero que en la mayoría de los casos acabaron desmentiéndose (véase más adelante)— y que, por lo tanto, la mayoría de los informes excluyen, a pesar de haber recibido una enorme cobertura mediática y de ser uno de los principales factores que alimentan la histeria en torno a la «guerra híbrida».
Además, en la mayoría de los casos, las pruebas que vinculan a Rusia son muy débiles —o inexistentes—. En todos estos informes, la prueba de que Rusia estaba detrás de un incidente concreto suele consistir en un artículo periodístico en el que se informa de que las autoridades lo sospechan. No existe ninguna verificación independiente: si un gobierno afirma «Rusia lo hizo», se incluye en la lista —incluso a falta de pruebas—. Además, el conjunto de datos de Leiden incluye incidentes que fueron vinculados a Rusia por funcionarios o políticos, o que salieron a la luz gracias a investigaciones periodísticas, pero también aquellos que simplemente «parecían encajar en un patrón» de sucesos similares. Los informes también se basan unos en otros. El conjunto de datos del IISS se basa en el de Leiden; GLOBSEC cita las cifras de Leiden, el IISS y un recuento de la AP; el CSIS cita la investigación de Leiden; el Soufan Center entrevistó al autor del conjunto de datos de Leiden. En última instancia, la mayoría de los caminos conducen al mismo conjunto de informes mediáticos sobre afirmaciones oficiales —en la mayoría de los casos, de una implicación rusa «posible» o «probable»—. Y esas declaraciones oficiales no son neutrales. El informe del IISS, sorprendentemente, lo afirma él mismo: las decisiones sobre la atribución «rara vez se toman en un vacío político», y las declaraciones públicas «reflejan cálculos estratégicos más amplios tanto como su confianza en las pruebas».
Tampoco pueden considerarse neutrales muchas de las organizaciones que están detrás de estos informes. El IISS, el CSIS y GLOBSEC mantienen vínculos de financiación con fabricantes de armas estadounidenses y europeos (GLOBSEC cuenta entre sus donantes con la empresa de defensa Helsing, que la guerra de Ucrania ha convertido en la startup más valiosa de Europa), así como con el establishment transatlántico, y son conocidas por su postura belicista respecto a la guerra de Ucrania y a Rusia. El propio lenguaje de los informes delata su compromiso ideológico. El informe del CSIS sostiene que la OTAN debería abandonar su «mentalidad de autodisuasión» y lanzar una «campaña ofensiva calibrada» contra Rusia. El IISS insta a adoptar una «postura más firme y proactiva», y su presidente, Lord Mark Sedwill, afirma que Gran Bretaña se encuentra en guerra con Rusia. El informe de GLOBSEC habla de «terrorismo de Estado».
Sin embargo, tal y como se ha señalado anteriormente, los propios informes contienen muy pocas pruebas, si es que hay alguna, que respalden la narrativa de que «Rusia está en guerra con Europa».
Aparte del puñado de actos de sabotaje que han dado lugar a condenas —que se analizan más adelante— y, aun así, con vínculos muy débiles con el Estado ruso, prácticamente todos los incidentes registrados en estos informes se basan exclusivamente en afirmaciones sin fundamento realizadas por funcionarios occidentales, servicios de seguridad o medios de comunicación, a menudo sin presentar pruebas (como veremos, esto también se aplica a acciones atribuidas formalmente, como el incidente del dron en Leipzig/Halle). Tal y como admite Associated Press, «a menudo resulta difícil demostrar la implicación de Rusia, y el Kremlin ha negado estar llevando a cabo una campaña de sabotaje contra Occidente. Sin embargo, cada vez son más los gobiernos que atribuyen públicamente los ataques a Rusia». Esta constante referencia a «posibles» o «potenciales» ataques rusos genera, en última instancia, una percepción pública de que se está librando una campaña implacable contra Europa, incluso a falta de pruebas. Como señaló Ivo Capaul, de la ETH de Zúrich, el efecto de la cobertura mediática y del clima político (totalmente intencionado, añadiría yo) es crear «sesgos cognitivos en forma de ilusión de agrupamiento»: ver patrones entre puntos de datos que no están necesariamente relacionados o que, en algunos casos, ni siquiera existen.
Las afirmaciones no resisten un análisis riguroso
De hecho, lo que resulta sorprendente es cuántas afirmaciones sobre sabotajes rusos, ampliamente difundidas, acabaron desmoronándose ante un análisis básico. Uno de los casos más notorios tuvo lugar en septiembre del año pasado, cuando se informó ampliamente (inicialmente por el Financial Times) de que Rusia había interferido «imprudentemente» el GPS del avión de von der Leyen sobre Bulgaria, lo que obligó a los pilotos a aterrizar utilizando «mapas en papel» tras «dar vueltas sobre el aeropuerto durante una hora». El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, no tardó en sugerir que el incidente formaba parte de un patrón más amplio de «guerra híbrida» que incluía «ciberataques y el corte de cables submarinos». Se desató la indignación pública. Sin embargo, la historia se desmoronó en cuestión de horas: un servicio de seguimiento de vuelos demostró que la señal nunca se perdió y que, en realidad, el avión solo llegó con 9 minutos de retraso. El primer ministro búlgaro, Rosen Zhelyazkov, declaró que no había nada que investigar. Se trató de un caso significativo en el que unas afirmaciones difundidas por fuentes cercanas a la cúpula de la Comisión Europea quedaron claramente en evidencia como falsas, aunque dichas afirmaciones nunca fueron desmentidas ni aclaradas. Tampoco dieron lugar a un escrutinio más amplio de la narrativa de la «guerra híbrida rusa».
Pero este no fue un caso aislado: ha habido innumerables afirmaciones sobre sabotajes rusos o actividades híbridas que fueron amplificadas masivamente por los medios de comunicación, solo para ser posteriormente desmentidas o demostradas como falsas —lo cual, en gran medida, pasó desapercibido—. En noviembre de 2024, los medios de comunicación informaron ampliamente sobre una serie de incidentes que causaron daños a los cables en el mar Báltico. La cobertura se vio impulsada por los responsables políticos europeos, que atribuyeron abiertamente los incidentes a Rusia incluso antes de que concluyeran las investigaciones. La falta de información clara desencadenó especulaciones públicas sobre quién era el responsable de los incidentes y cómo se habían producido exactamente. Las autoridades finlandesas detuvieron un buque, sospechoso de formar parte de la «flota en la sombra» de Rusia «flota en la sombra» utilizada para eludir sanciones, después de que se produjeran daños en ese y otros cables. Finalmente se descubrió que los daños en los cables submarinos del mar Báltico habían sido causados por buques con pabellón de Hong Kong y China, y no por buques rusos. El servicio de inteligencia finlandés SUPO señaló que «estadísticamente, el número de casos de daños en cables en los últimos años es bastante habitual en el mar Báltico». Una vez más, las autoridades europeas no ofrecieron ninguna disculpa por la afirmación falsa.
Ese mismo mes, un avión de DHL se estrelló en Lituania. Varios responsables europeos insinuaron que el accidente podría haber sido consecuencia de un sabotaje ruso, y estas afirmaciones fueron ampliamente amplificadas en los medios de comunicación occidentales. El mismo día del accidente, antes de que se hubiera llevado a cabo ninguna investigación, Annalena Baerbock, entonces ministra de Asuntos Exteriores de Alemania, planteó la posibilidad de que pudiera tratarse de un «incidente híbrido», haciendo referencia al reciente corte de los cables del mar Báltico. El general Carsten Breuer, jefe de defensa de la Bundeswehr, fue aún más lejos, sugiriendo que podría haber sido una «prueba» de Rusia para sondear puntos débiles, y afirmó: «Nos enfrentamos a una situación similar a principios de este año, y ahora ha ocurrido algo que encaja en este patrón», y que el Kremlin podría estar «comprobando vulnerabilidades» . Unos días después del accidente, Sir Richard Moore, el entonces jefe del MI6, alegó que Rusia había lanzado una «campaña de sabotaje asombrosamente temeraria» en Europa. En marzo de 2025, exhaustivas investigaciones llevadas a cabo por las autoridades lituanas revelaron que el accidente se debió a un error del piloto, una conclusión que no recibió ni de lejos la misma repercusión mediática que las acusaciones iniciales de que el avión había sido derribado por una acción rusa. Una vez más, se demostró que acusaciones tan sonadas eran demostrablemente falsas, lo que debería haber suscitado dudas sobre la narrativa general que se estaba promoviendo —pero eso no ocurrió—.
Se produjo una situación similar cuando el aeropuerto de Heathrow, cerca de Londres, cerró el 21 de marzo de 2025, tras incendiarse una subestación eléctrica. Se difundieron ampliamente las afirmaciones de que el incendio formaba parte de una campaña de guerra híbrida. Philip Ingram, un ex coronel de la inteligencia militar británica, fue citado diciendo que los ataques parecían algo «sacado directamente del manual de la inteligencia militar rusa» . Unos meses más tarde, se reveló la verdadera causa del accidente, que resultó ser mucho más prosaica: una empresa eléctrica privatizada no había realizado el mantenimiento ni las actualizaciones adecuadas de la instalación. El mismo patrón de acusaciones que se adelantan a los hechos se pudo observar en otros casos, desde explosivos hallados cerca de un gasoducto de la OTAN hasta un agujero en la valla de una planta de tratamiento de aguas alemana.
El pánico por los drones: ¿mucho ruido y pocas nueces?
También se puede observar un patrón similar en la histeria por los «drones rusos» que ha llegado a dominar la narrativa de la «guerra híbrida» durante el último año. En concreto, el otoño de 2025 fue testigo de un auténtico frenesí mediático en torno a este tema. Se publicaron numerosos informes sobre avistamientos de drones por toda Europa —en Alemania, Polonia, Francia, Noruega, Lituania, Dinamarca y otros países—, lo que a menudo provocó el cierre de aeropuertos. Líderes europeos, como el canciller alemán Friedrich Merz, culparon abiertamente a Rusia de los drones. «Sospechamos que Rusia está detrás de la mayoría de estos vuelos de drones», afirmó Merz tras los incidentes en el aeropuerto de Múnich, sin aportar ninguna prueba. La primera ministra danesa Mette Frederiksen y von der Leyen lo calificaron de «guerra híbrida». El ministro de Justicia danés llegó incluso a comparar la situación con el 11-S. La crisis se produjo en un momento en que los líderes europeos se encontraban inmersos en un intenso debate sobre la política de defensa común de Europa, después de que el presidente de EE. UU., Donald Trump, hubiera impuesto una suspensión (temporal) de los envíos militares a Ucrania. De hecho, varios de estos avistamientos tuvieron lugar justo antes de una cumbre de líderes europeos celebrada en octubre de 2025 en Copenhague, donde la financiación de un «muro contra drones» y otras medidas de defensa ocupaban un lugar destacado en la agenda.
Sin embargo, prácticamente todos los avistamientos de «drones rusos» pronto resultaron ser infundados. El incidente con el dron que provocó el cierre del aeropuerto de Fráncfort fue provocado por un «piloto aficionado de drones» de 41 años. El cierre del aeropuerto más grande de Lituania, se supo después, no se debió a drones rusos, sino a globos aerostáticos utilizados por contrabandistas de cigarrillos. En un caso llamativo, se informó de que, según el primer ministro polaco Donald Tusk, los servicios de seguridad del Estado polaco habían neutralizado un dron sobre el palacio presidencial y que el presidente de Polonia había solicitado el apoyo de la OTAN. No obstante, la versión del primer ministro era errónea y se corrigió posteriormente; uno de los detenidos era un joven ucraniano, y la otra persona, su novia bielorrusa de 17 años. Jacek Dobrzynski, portavoz del ministro de Coordinación de los Servicios Especiales, desmintió poco después a Euronews cualquier rumor de que se tratara de una operación de espionaje: «Desmentimos los rumores de que se trate de una operación de espionaje a gran escala. Se trata de jóvenes; tal vez fue un descuido, tal vez ignorancia, tal vez querían rodar una película».
De hecho, una investigación del periódico neerlandés Trouw reveló que en otros casi 60 incidentes hubo «mucho pánico y apenas pruebas de implicación rusa» . Las pruebas en 41 de los avistamientos de drones siguieron sin ser concluyentes. Además, hubo 14 casos en los que otros objetos voladores (aviones civiles, aves) fueron confundidos con drones, y tres resultaron ser drones civiles de «afición» pilotados por particulares. Por ejemplo, en Bélgica se confundieron aviones (pequeños) y helicópteros con drones, mientras que los objetos voladores avistados en el sur de Limburgo y en Billund (Dinamarca) eran estrellas. Las investigaciones llevadas a cabo en Dinamarca, Bélgica y Noruega llegaron a conclusiones similares: en la mayoría de los casos, los avistamientos de drones eran inexactos y no estaban verificados, y resultaron ser aviones, helicópteros o satélites; no se encontró ninguna prueba de que estuvieran relacionados de alguna manera con Rusia.
Ha habido casos similares más recientemente. A mediados de septiembre, se envió un caza de la OTAN tras un posible avistamiento de un dron en el espacio aéreo lituano, pero resultó ser una bandada de aves. Apenas unos días antes, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, había afirmado que el avión de Zelensky «casi fue alcanzado por un dron» mientras despegaba de Moldavia con destino a Oslo. Sin embargo, los informes oficiales de las autoridades moldavas y fuentes de la presidencia ucraniana aclararon posteriormente lo que realmente ocurrió: el dron en cuestión nunca se acercó al aeropuerto; se estrelló a unos 160 kilómetros de distancia, cerca de la frontera entre Moldavia y Ucrania.
Y así, la noticia desapareció discretamente de las portadas, sin rectificaciones ni disculpas; pero la prensa dominante, ahora permanentemente en pie de guerra para una Tercera Guerra Mundial, ya había logrado su objetivo: señalar con el dedo a Moscú y avivar una nueva ola de alarma.
Repercusiones de la guerra vecina
Las autoridades moldavas y los expertos en seguridad afirmaron posteriormente que el dron era, efectivamente, de origen ruso. Aunque, como siempre, no fue posible realizar una verificación independiente, esto no es improbable. Encaja en un patrón. Se han producido varios incidentes —en Rumanía, Moldavia y Polonia— en los que se confirmó que drones rusos habían entrado efectivamente en el espacio aéreo de estos países. Pero, en prácticamente todos los casos, estas violaciones del espacio aéreo se produjeron cerca de la frontera de estos países con Ucrania, durante ataques rusos contra objetivos ucranianos cercanos, por lo que lo más probable es que se tratara de drones descarriados —es decir, drones que se desviaron de su rumbo, posiblemente debido a las interferencias antidrones ucranianas. En otras palabras, parecen mucho más una consecuencia colateral de la guerra vecina que una campaña de incursiones deliberadas.
Esto también se aplica al misil de crucero ruso que se estrelló en un campo de Polonia en julio, probablemente porque o bien falló o bien fue desviado de su rumbo por interferencias. Incluso el primer ministro polaco, Tusk, subrayó posteriormente que «no hay motivos para pensar que Polonia fuera el objetivo previsto de este misil». Por otra parte, las noticias sobre aviones de combate rusos que ocasionalmente entran en el espacio aéreo estonio, a veces tan solo durante unos segundos, también suelen atraer mucha atención mediática en estos días. De hecho, estos incidentes suelen producirse cerca de una estrecha franja de espacio aéreo internacional sobre el golfo de Finlandia, donde es muy fácil adentrarse accidentalmente en el espacio aéreo de Estonia, y llevan ocurriendo desde hace años.
El incidente más reciente hasta la fecha tuvo lugar en Lituania, el 15 de septiembre, cuando un dron entró en el espacio aéreo del país procedente de Bielorrusia y fue derribado en el centro de Lituania. El propio presidente lituano afirmó que lo más probable es que el incidente no fuera un ataque deliberado contra Lituania. «Lo más probable es que se tratara de un dron ruso destinado a Ucrania que se desvió de su rumbo debido a medidas de guerra electrónica ucranianas y entró en nuestro territorio, donde fue derribado», afirmó. De hecho, los drones extraviados no son solo rusos. En marzo y mayo, varios drones ucranianos se estrellaron en Finlandia, Letonia y los demás Estados bálticos durante los ataques de largo alcance de Ucrania contra la infraestructura petrolera rusa, posiblemente a causa de la guerra electrónica rusa. Rusia, por su parte, negó las acusaciones y acusó a los países bálticos y a la OTAN de permitir activamente que los drones ucranianos utilizaran su espacio aéreo para lanzar ataques contra Rusia, calificándolo de agresión de la OTAN. En una ocasión, los drones atacaron infraestructuras petroleras en Letonia, lo que provocó la dimisión tanto del primer ministro letón como del ministro de Defensa, aunque la noticia apenas llegó a los titulares.
Sin embargo, se han producido dos incidentes (presuntamente) en los que han intervenido drones rusos lejos de la frontera ucraniana: el suceso de septiembre de 2025 en Polonia y, por supuesto, el «ataque fallido con drones» en el aeropuerto de Leipzig/Halle en agosto, del que se habla más adelante. En la noche del 9 al 10 de septiembre de 2025, Polonia afirmó haber derribado varios drones rusos que habían invadido su espacio aéreo, en algunos casos adentrándose casi 300 kilómetros en el territorio, con la participación de las defensas aéreas de la OTAN en la respuesta. Esto ocurrió en medio de las maniobras en curso de Polonia, Lituania y la OTAN, en las que participaban 30 000 soldados polacos, y justo antes de las próximas maniobras ruso-bielorrusas «Zapad 2025». Por ello, algunos sospechan que se trató bien de una provocación deliberada por parte de Rusia, bien de una misión de reconocimiento fallida, aunque también podría haber sido debido a las interferencias de la OTAN. Además, una vivienda polaca sufrió graves daños. Las imágenes de la vivienda, que quedó muy dañada, se difundieron por todo el mundo como prueba del descarado ataque de Rusia en el primer enfrentamiento directo de la historia entre la OTAN y Moscú.
Sin embargo, más tarde se reveló que la vivienda había sido alcanzada por un misil lanzado desde un F-16 polaco, y no por un dron ruso, como había afirmado inicialmente el Gobierno de Varsovia. En cualquier caso, incluso funcionarios de los servicios de inteligencia occidentales admitieron «en privado» a la CNN que la incursión rusa probablemente no fue intencionada, y que las trayectorias de vuelo sugerían que los drones habían perdido el rumbo debido a contramedidas de guerra electrónica.
Leipzig/Halle: una valoración, pero pocas pruebas
Hay un incidente importante relacionado con drones —posiblemente el más relevante hasta la fecha en cuanto a sus repercusiones políticas— que aún queda por analizar: el incidente de Leipzig/Halle. El 5 de agosto, el Ministerio del Interior alemán anunció que, la noche anterior, el personal del aeropuerto de Leipzig/Halle —un importante centro de carga que, desde 2022, se ha convertido también en un centro logístico clave para la OTAN y para los envíos a Ucrania, y principal centro de conexiones de Alemania para vuelos con destino a ese país — había detectado un pequeño dron posado en la pista, cerca de un avión de carga ucraniano Antonov estacionado, que supuestamente transportaba una carga explosiva y un detonador. La carga no llegó a detonar y los investigadores afirmaron que el artefacto explosivo fue desactivado. Aproximadamente al mismo tiempo, un avión de carga de DHL que se aproximaba al aeropuerto colisionó, según se informa, en pleno vuelo con un segundo dron, aunque no se encontraron restos, posiblemente porque estos quedaron destruidos en los motores. Aproximadamente tres semanas después del ataque, los investigadores encontraron otro dron en un campo de Kabelsketal, una zona adyacente al aeropuerto en Sajonia-Anhalt, que posiblemente transportaba explosivos militares.
El 1 de septiembre, el Gobierno alemán culpó oficialmente a Rusia del incidente, afirmando que la información de los servicios de inteligencia apunta a «la implicación de personas que actuaban en nombre de entidades estatales rusas». Al día siguiente, los medios de comunicación alemanes informaron de que la Fiscalía Federal estaba investigando a dos sospechosos —un bielorruso y un ruso—, de los cuales al menos uno estaría vinculado a un servicio de inteligencia ruso (sin nombre), aunque esto no se confirmó oficialmente. Hasta la fecha, no se ha detenido ni imputado a nadie. Ese mismo día, Alemania también anunció el cierre del consulado ruso en Bonn —el último que le quedaba a Moscú en el país— y de la «Casa Rusa» en Berlín, lo que supuso un nuevo recorte de unas relaciones diplomáticas ya de por sí mínimas.
Rusia negó su implicación en el incidente de Leipzig; el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ya había calificado anteriormente de «vacías y efímeras» las acusaciones sobre una campaña de sabotaje rusa en Europa. Sin embargo, a las pocas horas del anuncio del Gobierno alemán —antes de que se hubiera identificado públicamente a ningún sospechoso ni se hubieran hecho públicas pruebas alguna—, los líderes de la OTAN, la UE y los distintos países se alinearon con Alemania, en una muestra de apoyo coreografiada que sugería una cuidadosa coordinación previa. Todos ellos emitieron declaraciones casi idénticas, en las que expresaban su «plena solidaridad» con Alemania y acusaban a Rusia de llevar a cabo un «ataque híbrido» e incluso de participar en «terrorismo patrocinado por el Estado», como lo denominó Kaja Kallas. «Las pruebas son claras», afirmó el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.
De hecho, en ese momento, las autoridades alemanas no habían facilitado ninguna prueba real al público —ni, según parece, a otros gobiernos de la UE—. Más bien, el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, se había limitado a afirmar que «en conjunto, las investigaciones policiales, los patrones de los delitos y los hallazgos de los servicios de inteligencia establecen la responsabilidad de Rusia en el intento de atentado en el aeropuerto de Leipzig», añadiendo que «los medios utilizados para llevar a cabo el acto» de sabotaje en Leipzig —y enumeró la configuración del dron, los diversos componentes utilizados y los explosivos — «nos resultan familiares por otras operaciones híbridas llevadas a cabo por Rusia y su guerra contra Ucrania». Pero esto no constituye una prueba; se trata de la descripción de una valoración —una que se esperaba que el público aceptara sin más—.
Incluso voces y medios afines al establishment han expresado sus dudas. «El Gobierno alemán sostiene ahora que el modus operandi, así como las conclusiones de la policía y los servicios de inteligencia, apuntan a Rusia como autora», declaró Johannes Varwick, catedrático de relaciones internacionales y política europea en la Universidad de Halle-Wittenberg, a EUobserver. «Puede que sea plausible, pero es evidente que no hay pruebas —al menos ninguna que se haya hecho pública, ni siquiera en términos matizados o indirectos—», afirmó Varwick. Informes posteriores de los medios de comunicación ofrecieron algunos detalles —el tipo de explosivo, un supuesto rastro de ADN—, pero estos no fueron confirmados por las autoridades, lo que dejó al público con un conjunto de filtraciones anónimas que se solapaban parcialmente, cada una de ellas atribuida a círculos de seguridad. Dado el historial de la UE y la OTAN en materia de «guerra híbrida rusa», y su tendencia a formular acusaciones sin pruebas contra Rusia —varias de las cuales fueron posteriormente desmentidas discretamente y muchas más nunca se corroboraron—, parece justificado un cierto escepticismo. De hecho, tanto la AfD como el partido populista de izquierda BSW han cuestionado la falta de pruebas presentadas cuando el Gobierno de Berlín formuló su acusación.
Dadas las posibles consecuencias de acusar abiertamente a Rusia de intentar llevar a cabo un atentado terrorista en Alemania, lo mínimo que pueden hacer las autoridades alemanas es proporcionar al público pruebas contundentes; de lo contrario, la gente podría verse tentada a dar la razón a María Zakharova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, quien afirmó que las pruebas de la responsabilidad rusa «simplemente no existen y no pueden existir» . Hasta entonces, el incidente de Leipzig/Halle debería considerarse como una afirmación más sin fundamento realizada por los gobiernos occidentales y repetida por los medios de comunicación, que se pide al público que acepte sin más.
La gestión del incidente por parte del Gobierno alemán se asemejó mucho a la respuesta de las autoridades polacas ante el sabotaje ferroviario de noviembre de 2025, cuando dos artefactos explosivos dañaron tramos de la línea Varsovia-Lublin. El ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, calificó inmediatamente el acto como «terrorismo de Estado» ruso, mientras que el primer ministro Tusk calificó el incidente como «probablemente el peor ataque a la seguridad del Estado desde el estallido de la guerra en Ucrania», subrayando que «se ha traspasado una línea». En tan solo 70 horas, las fuerzas de seguridad polacas habían identificado a dos sospechosos presuntamente responsables de ambos atentados, que ya habían huido a Bielorrusia; ambos eran ucranianos «con un largo historial de colaboración con los servicios de inteligencia rusos», según Tusk. Posteriormente se detuvo a un tercer ucraniano, pero el caso aún no ha llegado a los tribunales. El «peor atentado» contra la seguridad de Polonia en años parece haberse olvidado rápidamente.
La narrativa de la «desinformación rusa»
Otro punto que merece una breve mención es la supuesta dimensión informativa de la denominada «guerra híbrida» de Rusia. Se nos dice que Rusia lleva años inmersa en una campaña masiva de influencia y desinformación destinada a manipular a los indefensos votantes europeos; de hecho, ahora se ha convertido en algo habitual en toda Europa achacar prácticamente cualquier resultado electoral indeseado —incluido el reciente referéndum islandés sobre la UE— a la injerencia rusa. Sin embargo, esta es probablemente la dimensión en la que las pruebas son más escasas —y en la que las consecuencias han sido más dramáticas—. Ha servido de base para la introducción de herramientas de censura, como la Ley de Servicios Digitales (DSA), y de herramientas de «integridad electoral» cada vez más generalizadas, como el «Escudo de la Democracia», que en la práctica permiten a la UE interferir cada vez más en las elecciones nacionales, con el pretexto de luchar contra la injerencia rusa.
Rumanía representa el caso más flagrante. En noviembre de 2024, el candidato independiente euroescéptico y crítico con la OTAN, Călin Georgescu, se erigió en ganador sorpresa de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Antes de que pudiera celebrarse la segunda vuelta —en la que, según las encuestas, ganaría holgadamente—, el Tribunal Constitucional anuló el resultado en una medida sin precedentes, alegando una supuesta injerencia rusa —concretamente, una campaña en las redes sociales en TikTok en apoyo a Georgescu—. Nunca se aportó ninguna prueba. De hecho, documentos internos obtenidos posteriormente por la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes de EE. UU. revelaron que TikTok había informado explícitamente a la Comisión de que no había encontrado «ninguna prueba» de una red coordinada de cuentas falsas. No obstante, la Junta Electoral prohibió posteriormente a Georgescu participar en la segunda vuelta.
Lo que realmente queda
Como hemos visto hasta ahora, el panorama que surge al examinarlo más de cerca es muy diferente del que pintan los líderes y los medios de comunicación europeos. Muchos de los casos más difundidos de la supuesta «guerra híbrida» rusa —el avión de von der Leyen que sufrió interferencias, los cortes de cables en el Báltico, el accidente de DHL en Vilna, el incendio de Heathrow, la oleada de avistamientos de drones que se extendió por Europa en el otoño de 2025, la campaña rumana en TikTok— resultaron ser especulaciones que se desmoronaban ante un análisis elemental, y cuyas rectificaciones, si las hubo, recibieron una cobertura muy inferior a la de las acusaciones originales. Muchos otros casos simplemente nunca se corroboraron. En los casos en que se demostró que drones rusos entraron en el espacio aéreo de la OTAN, casi siempre lo hicieron cerca de la frontera con Ucrania durante ataques contra objetivos ucranianos cercanos, y muy probablemente por accidente —una consecuencia colateral de la guerra en el país vecino más que una campaña deliberada contra Europa—. E incluso en el caso de Leipzig/Halle, el incidente con mayores repercusiones políticas hasta la fecha, el Gobierno alemán aún no ha hecho pública ninguna prueba concreta de la responsabilidad rusa.
En definitiva, una vez descartados todos los «incidentes» especulativos, sin demostrar o directamente inexistentes, lo que queda es un puñado de casos de sabotaje demostrable. De los cientos de incidentes atribuidos a Rusia, solo un pequeño número ha dado lugar a condenas —e incluso en estos casos, rara vez se ha demostrado el vínculo con el Estado ruso—. Los tribunales han condenado a reclutas de bajo rango, normalmente a sueldo; las pruebas sobre quién dio las órdenes o bien nunca se examinaron en audiencia pública, o bien se basaron en declaraciones de culpabilidad, o bien no fueron más allá del contacto con coordinadores anónimos a través de Telegram. En ningún caso se ha identificado a un funcionario ruso, y mucho menos se le ha juzgado.
Polonia es el país que ha conseguido el mayor número de condenas, entre ellas las de 14 miembros de una red que planeaba descarrilar trenes de ayuda con destino a Ucrania en 2023 y las de tres ucranianos condenados en 2025 por pertenecer a un grupo de sabotaje. Sin embargo, los cargos por el incendio más notorio atribuido a ese grupo, en el centro comercial Marywilska de Varsovia, no se presentaron hasta abril de 2026, y la fiscalía admite que ni el pirómano ni el presunto cerebro que ordenó el ataque desde Rusia han sido identificados.
El caso que se cita con mayor frecuencia como prueba de una campaña rusa de paquetes bomba es aún más turbio: en julio de 2026, un tribunal condenó a Igor Rogov, un antiguo colaborador de la campaña de Navalny al que se le había concedido asilo en Polonia, a siete años de prisión por espiar a exiliados rusos para el FSB, la principal agencia de seguridad de Rusia, y por su implicación en un paquete con explosivos interceptado en 2024. El juicio se celebró a puerta cerrada y, según algunos informes, Rogov podría haber formado parte, en realidad, de una operación de inteligencia ucraniana dedicada a introducir de contrabando componentes explosivos en Rusia.
En otros lugares, el patrón se repite. En Lituania, un adolescente ucraniano se declaró culpable del incendio provocado en la tienda de IKEA de Vilna, mientras continúa la investigación para determinar quién lo encargó. En Estonia, la condena de un activista por organizar un atentado contra el coche del ministro del Interior en nombre del GRU, la agencia de inteligencia militar rusa, se dictó sin audiencia pública. En Londres, los hombres que incendiaron un almacén donde se guardaba equipo de Starlink destinado a Ucrania fueron condenados por actuar en nombre del Grupo Wagner, pero las pruebas apuntaban a un contacto con el que se había comunicado a través de Telegram, y no a un organismo estatal identificable. Un colombiano que prendió fuego a unos autobuses en Praga a cambio de los 3.000 dólares que le habían prometido fue condenado tras un acuerdo con la fiscalía que nunca determinó quién estaba detrás de su contacto en Telegram.
El único juicio concluido en Alemania resulta revelador. En agosto, el tribunal de Stuttgart determinó que un organismo estatal ruso estaba detrás de los paquetes con rastreadores GPS enviados a Ucrania, supuestamente para localizar objetivos y rutas de transporte con fines de sabotaje. El fiscal federal había alegado que les seguirían paquetes con artefactos incendiarios, pero no se pudo demostrar el supuesto complot de incendio provocado. De los tres acusados ucranianos, un mensajero fue condenado y se le impuso una pena que ya había cumplido; los otros dos fueron absueltos. El mismo patrón se aplica al caso que se cita con mayor frecuencia en las capitales occidentales como prueba de la «guerra híbrida» de Rusia: los paquetes incendiarios que se incendiaron en centros de distribución de mensajería en Birmingham, Leipzig y cerca de Varsovia en julio de 2024. Los investigadores creen que los paquetes —enviados desde Lituania y que contenían juguetes sexuales, cosméticos y cojines de masaje equipados con dispositivos caseros a base de magnesio— constituían un «ensayo general» de la GRU para ataques contra vuelos de carga con destino a Norteamérica. A continuación se produjeron detenciones en Polonia y Lituania, y varios sospechosos han sido acusados de actuar en nombre de los servicios de inteligencia rusos. A principios de 2026 comenzaron los juicios formales por terrorismo tanto en Varsovia como en Vilna, donde la fiscalía pretende demostrar que la operación fue orquestada por la inteligencia militar rusa.
En conjunto, estos casos demuestran que se han producido algunos actos de sabotaje reales, pero, aunque las agencias de inteligencia de las capitales occidentales tienden a atribuir estas actividades híbridas a Rusia, las pruebas reales examinadas en los tribunales europeos suelen revelar una realidad operativa de mucho menor envergadura: intermediarios a sueldo, coordinadores digitales anónimos y operaciones ambiguas que rara vez permiten establecer vínculos probados con el Estado ruso. Pero incluso si Rusia estuviera detrás de todos y cada uno de estos casos, seguiríamos hablando de unas pocas docenas de incidentes al año como máximo —ninguno de ellos mortal, y con daños que, aunque a veces graves, se han limitado a emplazamientos concretos—. Un auténtico problema de , tal vez, si es que existe; pero difícilmente la amenaza existencial o la guerra híbrida total y sostenida que los líderes europeos invocan habitualmente —y ni siquiera remotamente comparable a la campaña sostenida de ataques con drones que los países de la OTAN han estado permitiendo en el interior de Rusia, incluso contra objetivos civiles, al proporcionar a Ucrania apoyo en materia de inteligencia y satélites, y, cada vez más, los propios drones, así como misiles de largo alcance (más información al respecto más adelante).
Los ataques de los que nadie habla
Pero quizás la laguna más evidente en esta historia es el hecho de que, efectivamente, se ha producido un ataque muy grave contra la infraestructura europea en los últimos años; sin embargo, este no fue perpetrado por Rusia, sino, según los propios fiscales alemanes, por Ucrania. Me refiero, por supuesto, al atentado contra el Nord Stream de 2022. Tanto si se cree que el atentado fue llevado a cabo efectivamente por un grupo ucraniano que actuó por su cuenta, o de que se esté utilizando a Ucrania para desviar la atención del papel de EE. UU. y la OTAN en el sabotaje, es irrelevante (personalmente, me inclino por esta última explicación). Tampoco entra dentro del alcance de este artículo un análisis en profundidad del propio sabotaje. Lo que importa a efectos del presente debate es que, incluso si damos por cierta la versión oficial —que se trató de una operación íntegramente ucraniana—, la reacción de los Gobiernos alemán y de otros países de la UE sigue siendo, no obstante, escandalosa: el país acusado oficialmente de llevar a cabo el peor caso de terrorismo industrial de la historia de Europa, en un complot que, según los informes de los medios de comunicación, se gestó en las más altas esferas del Estado ucraniano, no fue objeto de sanciones ni de confrontación política; por el contrario, se le prometió apoyo financiero y militar ilimitado, y se le colmó con cientos de miles de millones de euros. Mientras tanto, el propio atentado se barrió rápidamente bajo la alfombra —pero no sin antes que los medios de comunicación occidentales intentaran, de forma absurda, achacar el atentado a Rusia.
Además del sabotaje al Nord Stream, está el caso de la bomba que explotó en la entrada de un bloque de pisos en Mónaco en junio, hiriendo gravemente a un magnate ucraniano vinculado a Rusia y a miembros de su familia. La presunta autora del atentado, una mujer ucraniana, huyó de vuelta a Ucrania, donde fue hallada muerta a tiros unos días después. Aunque el Estado ucraniano no ha sido implicado formalmente, un oficial en activo de la agencia de inteligencia militar de Ucrania confesó inicialmente su asesinato (aunque posteriormente se retractó de su confesión). Sin embargo, este atentado también desapareció rápidamente de los titulares. No es difícil imaginar cómo habrían reaccionado los líderes y los medios de comunicación europeos si el oficial en cuestión hubiera pertenecido al GRU ruso.
La verdadera guerra híbrida
En última instancia, un análisis riguroso de la narrativa de la «guerra híbrida rusa» solo puede conducir a una conclusión inquietante. Una «guerra híbrida» se está librando efectivamente contra Europa, pero la libra el propio establishment de la UE y la OTAN contra su propia población. Los europeos están siendo sometidos a una campaña sostenida de guerra cognitiva o psicológica destinada a condicionarlos para que crean que Europa está siendo atacada por Rusia y que estos ataques híbridos son el preludio de hostilidades convencionales —una afirmación para la que, en general, hay pocas o ninguna prueba. Lo que indican los hechos, de hecho, es una campaña deliberada de exageración de la amenaza en la que los gobiernos, los medios de comunicación y los «think tanks» financiados por el sector de la defensa se han confabulado para infundir un sentimiento permanente de miedo en la población, mediante una cobertura implacable de «incidentes», «ataques», «sabotajes» y «campañas» que, en la mayoría de los casos, simplemente no existen. Como escribió Mihail Evans, investigador del Instituto de Estudios Avanzados del New Europe College de Bucarest:
Cuando una narrativa promovida oficialmente no es cuestionada por la mayor parte de los medios de comunicación y, de hecho, se refuerza activamente, nos encontramos ante una situación bastante inusual. Algo similar ocurrió durante la pandemia y cabría sospechar que las técnicas de gestión mediática perfeccionadas entonces se han reutilizado ahora. En ambos casos existe un intento de moldear las percepciones y el comportamiento del público principalmente a través del miedo. […] Tras analizar minuciosamente la débil base de las afirmaciones sobre la «guerra híbrida», podríamos empezar a sospechar que, efectivamente, existe un «manual de estrategias» en marcha, pero uno que está siendo ejecutado por la OTAN y la UE.
De hecho, este condicionamiento psicológico se extiende mucho más allá de las páginas de noticias. Consideremos, por ejemplo, el estreno casi simultáneo de dos largometrajes, en el Reino Unido y en Francia, ambos centrados en un conflicto entre la OTAN y Rusia. En la miniserie docudrama de Sky Original The Wargame, estrenada el mes pasado, figuras políticas de la vida real, como Michael Gove y Nicola Sturgeon, deben reaccionar en tiempo real ante un ataque ruso simulado en territorio británico; mientras que, en el thriller geopolítico francés Jupiter, que se estrenará en los cines en noviembre, un presidente francés recién elegido debe decidir si lanza un ataque nuclear unilateral contra Rusia en respuesta al ultimátum nuclear que esta ha lanzado contra Ucrania. Dos películas no constituyen una conspiración, pero muestran hasta qué punto la idea de una guerra con Rusia ha pasado del ámbito de la seguridad al entretenimiento general.
¿A quién beneficia?
Existen varias razones por las que el establishment de la UE y la OTAN podría tener interés en exagerar desmesuradamente la amenaza rusa. Para empezar, existe una oposición significativa y creciente en muchos países europeos a la guerra interminable en Ucrania —a las enormes sumas que siguen invirtiéndose en el país y a los costes económicos de la guerra— y a la campaña más amplia de rearme de la UE y la OTAN, que, según admiten los propios líderes europeos, requerirá dolorosos recortes en el estado del bienestar. Cuando los europeos ven cómo las fuerzas rusas, tras más de cuatro años, siguen teniendo dificultades para avanzar más allá del este de Ucrania, es muy posible que se pregunten por qué deben gastarse tales sumas en defender el continente frente a un país que no ha demostrado ni la capacidad ni ninguna intención evidente de atacarlo. «Aquí es donde entra en juego la idea de una “guerra híbrida”», argumenta Evans. «Permite a quienes abogan por el aumento del gasto en defensa afirmar que Rusia está atacando de forma ofensiva a las naciones europeas por vías no convencionales e insinuar que dicha agresión encubierta podría derivar en cualquier momento en hostilidades abiertas».
Varios prestigiosos expertos en relaciones internacionales han sugerido que esto es, de hecho, lo que está ocurriendo. Un informe de febrero de 2025 elaborado para el Instituto Letón de Asuntos Internacionales por Galvin Wade —antiguo director de Asuntos de Rusia, los Países Bálticos y el Cáucaso en el Consejo de Seguridad Nacional de EE. UU.— sostiene que el uso del «eslogan ambiguo» de la guerra híbrida está «motivado tanto por la necesidad de impulsar unos presupuestos de defensa en declive y una cohesión de la OTAN cada vez más débil como por el análisis del comportamiento de Moscú». De hecho, a finales de 2025, el comisario de Defensa de la UE, Andrius Kubilius, utilizó el susto de los «drones rusos» (posteriormente desmentido) para abogar por un aumento de las capacidades de lucha contra los drones. «Toda Europa está amenazada», afirmó, y añadió: «Los drones rusos pueden atacar Bélgica, los Países Bajos, Francia y otros países. Desde buques, los drones pueden atacar todas las costas de Europa. Todos los Estados miembros necesitan capacidades para detectar drones».
Funcionó. Las acusaciones de sabotaje han impulsado aumentos en las asignaciones presupuestarias de defensa, incluido un paquete de la Comisión Europea de 250 millones de euros destinado a «capacidades de drones y de lucha contra los drones». En el verano de 2026, los países de la OTAN se comprometieron a aportar 40 000 millones de dólares (alrededor de 35 000 millones de euros) para el mismo fin. Esto significa que el sector militar-industrial también tiene un interés particular en exagerar la amenaza rusa. Como ya se ha señalado, muchos de los centros de estudios que promueven la narrativa de la «guerra híbrida», como el IISS, el CSIS y GLOBSEC, mantienen vínculos de financiación con fabricantes de armas estadounidenses y europeos que se benefician directamente de la guerra en Ucrania —y de una percepción exagerada de la amenaza que Rusia supone para Europa—. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, las empresas de defensa estadounidenses han experimentado un crecimiento constante, mientras que la campaña de rearme de Europa ha impulsado considerablemente los ingresos de los fabricantes de armas europeos. Se prevé que solo el mercado europeo de sistemas antidrones se cuadruplique para 2030. Más recientemente, tras la noticia publicada por El Mundo sobre el plan de Rusia de lanzar drones desde buques contra países del Mediterráneo (que también fue rápidamente desmentida), Robert Brovdi, comandante de la unidad de drones de Ucrania, declaró al diario italiano la Repubblica que «Italia también debe crear su propia brigada de sistemas no tripulados; esto será crucial para defenderse de los ataques procedentes del mar».
Los círculos de seguridad e inteligencia europeos también se benefician de la narrativa de la «guerra híbrida rusa». No es casualidad que muchas de estas afirmaciones tengan su origen en los propios servicios de seguridad —organismos que pueden obtener mayores presupuestos o más amplios poderes gracias a la percepción de una amenaza de sabotaje—, lo que plantea evidentes cuestiones de conflicto de intereses. El servicio de inteligencia exterior de Alemania, el BND, por ejemplo, ha invocado el peligro del sabotaje ruso para eliminar restricciones a sus actividades que se remontan a la posguerra, y ahora podría recibir autorización para llevar a cabo sus propias operaciones de sabotaje, junto con ciberataques ofensivos y un espionaje más agresivo. En los Países Bajos, el primer ministro Rob Jetten señaló la amenaza de sabotaje al presentar una nueva ley de seguridad nacional que otorga a las agencias de inteligencia poderes ampliados.
Pero no son solo el complejo militar-industrial y el establishment de defensa y seguridad los que se benefician del espectro siempre presente de una inminente «amenaza rusa». Esto también proporciona a la clase dirigente de la UE un dividendo autoritario más amplio, en la medida en que se invoca habitualmente como justificación para los continuos ataques contra las normas democráticas y una gobernanza cada vez más autoritaria —desde la censura en línea hasta la represión de la disidencia y la injerencia en las elecciones nacionales—. Proporciona el enemigo externo sin el cual esta consolidación autoritaria sería mucho más difícil de justificar —al fin y al cabo, un estado de emergencia permanente requiere una amenaza permanente—. Esta es una de las razones por las que la clase dirigente de la UE se ha mostrado tan reacia a cualquier desescalada con Rusia.
Escalada disfrazada de defensa
Cabe mencionar un último punto: la forma en que la narrativa de la «guerra híbrida» permite a los gobiernos occidentales presentar su propia escalada contra Rusia como una mera «respuesta» a la agresión rusa. De hecho, el almirante Giuseppe Cavo Dragone, presidente saliente del Comité Militar de la OTAN, declaró abiertamente que la OTAN estaba barajando una postura mucho más «agresiva» frente a las actividades encubiertas de Rusia —que podría llegar incluso a incluir ataques preventivos, los cuales, según sugirió, podrían considerarse una forma de «acción defensiva»—. A finales de septiembre, apenas unos días después de la última oleada de alarma por la «guerra híbrida», Ucrania lanzó más de 1 000 drones contra Rusia, incluido lo que se describió como su mayor ataque jamás perpetrado contra Moscú. Este fue solo el último episodio de una campaña sostenida de ataques contra las principales ciudades de Rusia, su infraestructura estratégica y, por extensión, a sus dirigentes—, respaldada por los servicios de inteligencia occidentales, ejecutada con armamento occidental y ahora respaldada por un compromiso explícito del G7 de «acelerar» el suministro de capacidades de largo alcance. Pero la lógica occidental se refuerza a sí misma: si Rusia decidiera tomar represalias, su respuesta se esgrimiría como prueba de que las advertencias habían sido acertadas desde el principio. La lógica es tan descarada que uno no puede evitar preguntarse si las élites occidentales están intentando activamente provocar una respuesta rusa.
Sea como fuere, la exagerada narrativa de la «guerra híbrida» beneficia claramente a los intereses de los gobiernos europeos y de la OTAN mucho más de lo que una guerra híbrida real beneficiaría a los de Rusia —por no hablar de un ataque convencional contra la OTAN—. Según funcionarios europeos, el sabotaje ruso tiene como objetivo debilitar el apoyo europeo a Ucrania. Sin embargo, parece mucho más probable que tenga el efecto contrario. Al comentar el incidente de Leipzig/Halle, por ejemplo, el politólogo Johannes Varwick se preguntó qué interés tendría Rusia en un ataque que probablemente provocaría «una intensificación de la percepción de amenaza en Alemania y un compromiso más firme con el apoyo a Ucrania». «Sin duda, incluso cualquier “planificador” ruso habría reconocido que una provocación sin consecuencias materiales, en última instancia, perjudica a Rusia y beneficia a Ucrania», añadió. «La pregunta, por lo tanto, es: ¿cui bono?».
De Gladio a la actualidad
Exactamente: ¿cui bono? ¿A quién beneficia? Esto nos lleva a una pregunta inquietante: teniendo en cuenta lo mucho que los gobiernos europeos y la OTAN han invertido en —y han llegado a depender de— la narrativa de la «guerra híbrida», y la idea más amplia de Rusia como una amenaza existencial para Europa, ¿seguirán limitándose a exagerar una amenaza que tiene escasa base en la realidad? ¿O podrían sentirse, en algún momento, obligados a ir más allá? Existe, al fin y al cabo, un precedente histórico que involucra a la OTAN. En octubre de 1990, el primer ministro Giulio Andreotti confirmó ante el Parlamento italiano la existencia de «Gladio»: una red paramilitar secreta, creada en los primeros años de la posguerra en varios países de la OTAN bajo los auspicios de esta organización y con la participación de la CIA, equipada con alijos de armas ocultos y mantenida durante cuatro décadas al margen de cualquier control parlamentario. La resolución del Parlamento Europeo de noviembre de 1990 describía una organización que había «eludido todo control democrático» y que había estado implicada en determinados Estados miembros, «tal y como lo demuestran diversas investigaciones judiciales», en graves casos de terrorismo.
A continuación se llevaron a cabo investigaciones parlamentarias en Italia, Bélgica, Suiza y Alemania. En Italia, dichas investigaciones llegaron a las conclusiones más contundentes. Una década más tarde, un informe elaborado por miembros de la comisión parlamentaria sobre las masacres concluyó que una «estrategia de la tensión» —atentados con bombas contra civiles en lugares públicos, atribuidos a la izquierda para atemorizar al electorado y empujarlo hacia la derecha anticomunista— había sido «organizada, promovida o respaldada por personas dentro de las instituciones estatales italianas y, como se ha descubierto más recientemente, por personas vinculadas a las estructuras de los servicios de inteligencia de Estados Unidos». Esto es lo que hoy en día se conoce comúnmente como una operación de bandera falsa: una operación encubierta diseñada para ocultar quién es el verdadero responsable y hacer recaer la culpa en otra persona. Resulta curioso, pues, que sean precisamente los propios responsables europeos y de la OTAN quienes hayan acusado a Rusia de planear ataques de bandera falsa. ¿Podría tratarse de una forma de preparar a la opinión pública para un escenario en el que un ataque no presente ningún indicio de implicación rusa —y, sin embargo, se achace a Moscú precisamente por ese motivo, como una «operación de bandera falsa rusa»?
Una profecía autocumplida
Sea cual sea la respuesta, un peligro ya está claro: el de una profecía autocumplida. Una narrativa que presenta cada incendio, cada avistamiento de dron o cada cable dañado como un acto de guerra no se limita a describir erróneamente la realidad; comienza a remodelarla. Los gobiernos que llevan años diciendo a sus ciudadanos que ya están en guerra con Rusia se dejan poco margen para la moderación cuando se produzca el próximo incidente —y los incidentes seguirán produciéndose, ya sean causados por drones desviados de su rumbo por la guerra electrónica, por aves, por un error del piloto o por un auténtico sabotaje—. Polonia está modificando sus normas de combate para que los pilotos puedan abrir fuego basándose únicamente en datos de radar; los altos mandos militares de la OTAN debaten abiertamente sobre ataques preventivos; los ataques de Ucrania en el interior de Rusia, posibilitados por los servicios de inteligencia y el armamento occidentales, no dejan de intensificarse. Cada medida se presenta como una respuesta a la agresión rusa. Desde la perspectiva de Moscú, cada una de ellas parece confirmar que la OTAN se está preparando para la guerra —y las contramedidas de Moscú, a su vez, se interpretarán en las capitales europeas como prueba de que las advertencias eran acertadas desde el principio.
Se trata del clásico dilema de seguridad, y en un clima así bastaría muy poco —un dron identificado erróneamente, una traza de radar mal interpretada, un incidente atribuido a Rusia antes de que se conozcan los hechos— para que una «guerra híbrida» que existe en gran medida sobre el papel se convirtiera en una guerra real entre potencias con armas nucleares. Ese es el peligro último de la actual estrategia de tensión: no solo que exagera una amenaza, sino que, al exagerarla durante el tiempo suficiente, pueda acabar creándola. Evitar ese desenlace requiere precisamente lo que los gobiernos europeos se han negado hasta ahora a ofrecer: pruebas antes que acusaciones, rectificaciones tan destacadas como las afirmaciones que se retractan y la voluntad de dialogar con Moscú, en lugar de limitarse a hablar de ella.
5. Karaganov y las armas nucleares.
Habrá guerra híbrida o no, pero Karaganov sigue insistiendo en que Rusia debe prepararse para una guerra nuclear, y apuesta, peligrosamente, por que EEUU no intervendría en caso de conflicto europeo.
https://www.rt.com/news/646846-karaganov-russia-nuclear-war-europe/
Karaganov: Rusia debe estar preparada para utilizar armas nucleares
A medida que aumentan las tensiones con la OTAN, Rusia debe reforzar su disuasión nuclear y mantenerse preparada para utilizar su arsenal únicamente como último recurso
Publicado el 6 de octubre de 2026
Por el profesor Sergey Karaganov, presidente honorario del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia, y director académico de la Escuela de Economía Internacional y Asuntos Exteriores de la Escuela Superior de Economía (HSE) de Moscú
El debate sobre el uso de armas nucleares ha pasado al ámbito práctico, por lo que, mientras la OTAN debate la advertencia del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso sobre una respuesta de amplio espectro en caso de que se intente bloquear la región de Kaliningrado, los expertos rusos debaten sobre la disuasión nuclear y el discurso del presidente Vladimir Putin en el Foro de Valdai la semana pasada.
Rusia debe estar preparada para utilizar armas nucleares en casos de extrema necesidad.
Al responder a preguntas sobre las armas nucleares, Putin recordó el dicho de que, si hay un arma colgada en la pared, tarde o temprano se disparará, pero el líder ruso instó a evitar tal escenario.
«En el fondo de esta escalada se encuentran la arrogancia y el exceso de confianza. Este es un camino que conduce al borde del abismo. Más aún hoy en día, cuando los arsenales de las principales potencias mundiales contienen armas capaces de destruir toda forma de vida o, como mínimo, de reducir la Tierra a un estado catastrófico. Todos conocemos el famoso dicho: si hay un arma colgada en la pared en algún lugar del escenario al comienzo de una obra de teatro, tarde o temprano acabará disparándose. Debemos tenerlo presente», afirmó el presidente.
Tal y como subrayó Putin, Rusia es consciente de que, en caso de un ataque directo por parte de los países de la OTAN, «el enemigo será el doble de numeroso y contará con un potencial económico mucho mayor», y señaló que la ventaja competitiva de Rusia radica en el hecho de que nadie más en el mundo posee tales armas de destrucción.
«¿Cómo podemos hacer frente a un agresor? No representamos una amenaza para nadie. Simplemente estamos diciendo que no disponemos de tantos medios para defendernos. Tendremos que utilizar nuestras ventajas competitivas en esta lucha», concluyó Putin.
¿Por qué necesitamos armas nucleares?
Las tensiones y los conflictos entre países están aumentando en todo el mundo y Occidente, en particular la UE, tras haber sufrido una derrota estratégica, está desesperado por vengarse. Las armas nucleares son necesarias para evitar guerras a gran escala, pero esto solo funciona si la amenaza se toma en serio, y en la actualidad hay demasiadas personas que han olvidado lo que implica una guerra nuclear, por lo que tratan el asunto a la ligera.
Muchos, sobre todo los políticos de Europa Occidental, desean la guerra; están avivando activamente la histeria militar en sus propios países. Por el momento, actúan a través de los ucranianos, pero también han comenzado a agitar activamente a sus propias poblaciones.
Las élites de Europa Occidental deben ser castigadas por sus políticas agresivas, lo que significa que Ucrania debe ser aplastada y desmilitarizada, mientras que las regiones puramente rusas deben reunificarse con Rusia y una UE que ha perdido la razón debe empezar a temer de verdad.
Sin el uso activo de la disuasión nuclear, esto no puede lograrse. Ahora bien, espero que nunca se llegue a eso, pero Rusia debe estar preparada, en caso de absoluta necesidad, para utilizar las armas nucleares de forma eficaz y victoriosa.
¿Qué eficacia tiene la disuasión nuclear?
La disuasión nuclear se ha debilitado considerablemente. En primer lugar, han transcurrido décadas no solo desde que EE. UU. utilizó por primera vez armas nucleares en combate contra Japón, sino también desde las últimas pruebas conocidas. En segundo lugar, los estadounidenses llevan mucho tiempo restando importancia deliberadamente al papel de las armas nucleares con el fin de destacar sus ventajas en otros ámbitos del armamento.
Además, la mentalidad de la gente y la opinión pública han cambiado, dado que nosotros, la generación de más edad, especialmente en Rusia, somos más conscientes de la amenaza de una guerra nuclear —y de la guerra en general— y, por lo tanto, nos hemos comprometido seriamente con la causa de la paz. En el pasado, se consideraba casi inapropiado incluso hablar del posible uso de armas nucleares.
Ahora las circunstancias han cambiado significativamente y, precisamente por eso, debemos intensificar la disuasión y la intimidación nucleares hasta el punto de estar genuinamente preparados —Dios no lo quiera— para utilizar armas nucleares con el fin de evitar una guerra a mayor escala.
Buscar la paz únicamente mediante medios no nucleares podría resultar demasiado costoso para Rusia, y sería una lástima sacrificar la salud y las vidas de nuestros hombres simplemente para sofocar la agresión de esos mismos europeos occidentales.
¿Cuáles serían las consecuencias del uso de armas nucleares?
Habría que hacer caso omiso de la reacción de la comunidad internacional, ya que no importa en absoluto lo que piense o diga el resto del mundo.
No obstante, plantearía un enorme problema moral, ya que el uso de armas nucleares constituye un pecado grave; pero, lamentablemente, hay muy pocas esperanzas de que estos europeos entren en razón sin enfrentarse cara a cara a la amenaza de la aniquilación nuclear.
Si nos negamos a utilizar armas nucleares, como muchos reclaman, incluso aquí en nuestro propio país, nos privaremos a nosotros mismos y al mundo de la herramienta más eficaz para prevenir la guerra y daremos rienda suelta a los agresores, a quienes solo puede frenar la amenaza de su uso.
Si se utilizaran armas nucleares, habría otras consecuencias negativas, ya que incluso una guerra nuclear limitada y eficaz eliminaría el tabú que impide a otros países utilizar armas nucleares en sus propios conflictos regionales; por lo tanto, sigo considerando dicho uso como un último recurso.
¿Por qué se está preparando la Unión Europea para la guerra con Rusia?
Existen dos razones que explican el agresivo sentimiento antirruso en la UE. En primer lugar, las élites de Europa Occidental se han deteriorado significativamente durante el período de relativa paz de la segunda mitad del siglo XX, aunque esperamos que no todos ellos sean unos completos locos.
Y, en segundo lugar, están tratando de avivar la histeria militar con el fin de distraer a sus pueblos de los fracasos generalizados y, de ese modo, conservar el poder.
En estas circunstancias, sería sensato y racional que reforzáramos nuestra confianza en las armas nucleares y modernizáramos nuestro arsenal, en particular la parte del mismo dirigida contra otros países europeos. Al mismo tiempo, es importante continuar el diálogo con EE. UU. para evitar un conflicto nuclear mundial.
Las armas nucleares nos han protegido durante 80 años, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La disuasión nuclear es la razón principal por la que, a lo largo de estas décadas, los Estados de Europa —y, posteriormente, la Unión Europea— han permanecido relativamente en paz. A lo largo de su historia, han atacado repetidamente no solo a Rusia, sino también a un gran número de países de todo el mundo, y son la causa principal de muchas de las desgracias de la humanidad, como el racismo y el colonialismo.
Europa Occidental está volviendo ahora a su estado habitual, que es beligerante, y esto significa que ha llegado el momento de recordar una vez más a estos europeos quiénes son y a qué conduce su beligerancia. Si el actual régimen ucraniano o alemán, o cualquier otro país no nuclear de Europa, llegara a adquirir armas nucleares, nos veríamos obligados a lanzar un ataque preventivo, ya que tendríamos que detenerlos.
Sería una guerra breve, tras la cual estos países dejarían de existir.
¿Es posible ganar una guerra nuclear?
Es posible ganar una guerra nuclear en Europa porque Estados Unidos nunca arriesgará su propio territorio por el bien de los europeos. Si Francia o el Reino Unido siguen exponiéndose, podría lanzarse contra ellos un ataque preventivo y devastador. Pero, repito, Dios no lo quiera.
Espero que Europa Occidental recupere el sentido común y que esto pueda evitarse. Mientras tanto, gran parte de Europa debería quedar protegida tras un cordón de seguridad y debería crearse un sistema de seguridad en el marco de la Gran Eurasia, excluyendo al subcontinente occidental. Dicho esto, será posible y necesario cooperar con países europeos concretos si estos se liberan del dominio de los actuales locos de Bruselas y Berlín.
Este artículo se publicó por primera vez en la revista «Expert» y ha sido traducido y editado por el equipo de RT.
6. La utilidad de la ONU desde Asia.
El último boletín asiático del Tricontinental está escrito también -en parte-, por Vijay Prashad. Plantea la necesidad de mantener las Naciones Unidas visto esta vez desde la perspectiva asiática.
https://thetricontinental.org/es/asia/boletin-la-onu-debe-cambiar/
La ONU debe cambiar para servir al mundo
El décimo noveno boletín de Asia (2026)
Mientras cinco potencias con derecho a veto deciden cuestiones de guerra y sanciones para la humanidad, Asia, África y América Latina deben pedir permiso; que se honre la promesa de soberanía igualitaria de la Carta.
7 de octubre de 2026
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Ranbir Kaleka (India), Conferencia de Aves y Bestias (Conference of Birds and Beasts), 2010.
Estimadxs amigxs:
En un momento de guerra y genocidio, cuando palabras como Gaza y Sudán se han convertido en tragedias, es fácil preguntarse si la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha perdido su utilidad o si puede ser reformada. Pero la mejor pregunta es: ¿reformar qué y para quién?
La Carta de las Naciones Unidas (1945) promete que los Estados deben resolver sus disputas pacíficamente, abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza y cooperar en los problemas comunes. Las violaciones por parte de los Estados poderosos son un motivo para defender y hacer cumplir la Carta de la ONU, no para descartarla. Después de todo, todos los países del mundo son partes de la Carta de la ONU y, por lo tanto, están obligados a seguir sus reglas.
La ONU puede entenderse al menos como tres entidades diferentes.
La primera, y más pública, cara de la ONU es el Consejo de Seguridad, que ha llegado a funcionar como el ejecutivo del organismo de la ONU. El Consejo de Seguridad de la ONU (CSNU) está compuesto por quince países, cinco de ellos miembros permanentes (el P5: China, Francia, Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos) y los demás elegidos por la Asamblea General de la ONU (AGNU) por períodos de dos años. El P5 posee el poder de veto sobre las decisiones del CSNU, lo que permite que cualquiera de ellos utilice su veto para frustrar una decisión que no sea de su agrado. Los miembros no permanentes se asignan sobre una base regional fija: tres para los Estados africanos; dos para los Estados de Asia-Pacífico, de América Latina y el Caribe, y de Europa Occidental respectivamente; y uno para los Estados de Europa Oriental. Por tradición, uno de los escaños asignados a Asia o África (de manera rotativa) es ocupado por un Estado árabe.
El CSNU sustituye a la AGNU, cuyos 193 miembros pueden aprobar resoluciones que intentan marcar la pauta de la opinión mundial. Sin embargo, estas resoluciones a menudo han sido ignoradas desde el final de la Guerra Fría. La relación entre el CSNU y la AGNU es tensa; el primero se ve a sí mismo con la capacidad independiente de trazar políticas, mientras que la mayoría de los Estados del mundo ven a la segunda como la encarnación de una verdadera institución democrática. Las resoluciones de la AGNU no son vinculantes a ninguna discusión en el CSNU.
La segunda parte de la ONU son sus innumerables agencias, cada una establecida para hacer frente a las diversas crisis de la era moderna: está el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que aboga por los derechos de la infancia; la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que promueve el respeto por las culturas del mundo, y así sucesivamente. La tercera parte comprende al personal de la ONU y a los funcionarios civiles internacionales de todo el mundo, encabezados por un secretario general.
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Anupam Sud (India), Composición (Composition), s/f.
El argumento asiático a favor de la reforma
La ONU está claramente obstaculizada. Tres de los miembros permanentes (Francia, el Reino Unido y Estados Unidos) forman parte del Norte Global. Ellos establecen las condiciones de la rama política de la ONU debido a su dominación ideológica e institucional del sistema político de la ONU. Las decisiones sobre guerras, sanciones y el mantenimiento de la paz se toman dentro de una estructura en la que gran parte de la humanidad debe pedir permiso a potencias cuya posición en ese pequeño club está garantizada.
No hay asientos permanentes en el CSNU para África ni para América Latina, ni tampoco para la India, que en la actualidad es el país más poblado del mundo. Pero sí hay asientos permanentes para Francia y el Reino Unido, dos antiguas potencias coloniales con una autoridad cada vez menor en el mundo.
Asia hace que el argumento a favor de la reforma sea vívido. La región incluye poblaciones enormes, potencias nucleares, pequeños Estados insulares y países que conviven con conflictos y peligros climáticos. Sin embargo, “Asia” no es una sola voz geopolítica, ya que el Sur de Asia, el Sudeste Asiático, Asia Oriental y Asia Occidental tienen intereses diferentes. Darle a un Estado más —como la India— un puesto permanente en el CSNU no haría que esas sociedades fueran escuchadas. La reforma debería ampliar la representación para que sea de largo plazo y elegida, y abrir las deliberaciones del Consejo a quienes conviven con las consecuencias de sus acciones. China y la India son Estados grandes y pueden representar bien a Asia, pero si la India se une a China como miembro permanente del CSNU, deberían consultar a una futura Unión Asiática para calibrar la opinión continental y no actuar únicamente en pro del interés nacional propio.
Las opiniones de la AGNU deben someterse a prueba antes de que un asunto importante llegue al CSNU. El gran órgano —el parlamento del mundo— debe ser consultado antes de que el CSNU emita su dictamen. De lo contrario, las decisiones ignoran por completo a la gran mayoría de los pueblos del mundo, que no tienen acceso al CSNU ni a su poder de veto. Cuando una mayoría de la AGNU vota para poner fin a la ocupación y colonización ilegal de Palestina por parte de Israel o al embargo ilegal de Estados Unidos contra Cuba, el CSNU debe actuar de acuerdo con esa opinión, o de lo contrario la democracia internacional queda en ridículo. Esto debería ser central en cualquier reforma de la ONU.
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Erbossyn Meldibekov (Kazajistán), serie Montañas de Revolución (Mountains of Revolution series), 2014.
Coalición para la reforma
Todos los años, Estados Unidos se burla de la ONU al denegar visados a los representantes de países que intentan asistir a las sesiones de la AGNU en Nueva York durante la semana inaugural de septiembre. Este año, Estados Unidos prohibió la entrada de la delegación palestina y decidió que la delegación de Irán debía ser más pequeña. Es ridículo que Estados Unidos y la ONU hayan dado la bienvenida al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu —un hombre buscado por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad—, al tiempo que niegan visados a las víctimas de esos crímenes.
La ONU debería hacer cumplir su acuerdo sede y desarrollar arreglos creíbles para celebrar reuniones importantes en otros lugares cuando se obstaculice la participación en igualdad de condiciones. La semana de la ONU puede celebrarse en un sinnúmero de lugares del Sur Global, como Nairobi (Kenia), que ya se ha posicionado como la sede de la ONU en el Sur, o en una de las cuatro ciudades del Sur que albergan comisiones regionales de la ONU: Adís Abeba, Bangkok, Beirut o Santiago.
Si África o Asia tuvieran la oportunidad de desarrollar una agenda para las Naciones Unidas, los continentes podrían centrar su atención en algo más que el narcotráfico y contrarrestar el extremismo violento (temas de agenda importantes para Norteamérica y Europa). Podrían centrarse en temas como el comercio de armas, la explotación de personas víctimas de trata e instituciones financieras más justas.
La ONU cuenta con un Tratado sobre el Comercio de Armas que establece normas para las transferencias de armas, y dispone de una Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito que informa sobre la trata de personas. Pero es necesario fortalecer estos instrumentos y hacer de su aplicación una prioridad. Un mecanismo de la ONU podría rastrear las transferencias a las partes implicadas, de forma creíble, en violaciones graves (como en el genocidio israelí en Palestina), publicar las cadenas de suministro corporativas y estatales involucradas, y presentar pruebas ante las autoridades competentes. El nuevo libro de Andrew Feinstein, Ruth Rohde y Jack Cinamon, Making a Killing: How the West Profits from Slaughter in Gaza and Yemen (Verso, 2026), debería haber sido un informe de la ONU que condujera a sanciones contra una serie de empresas.
Nada de este trabajo es abstracto. Como muestra Making a Killing, las armas transferidas a los conflictos en Asia Occidental pueden prolongar el sufrimiento civil muy lejos de los consejos de administración y ministerios que autorizaron su venta. Mientras tanto, personas han sido objeto de trata hacia operaciones de estafas en línea y obligadas a cometer delitos bajo amenazas, al tiempo que los trabajadores migrantes de toda la región se enfrentan a una explotación que cruza las fronteras con mayor facilidad que la protección legal.
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Tiffany Chung (Vietnam), Operación Lam Son 719 (Operation Lam Son 719), 2018.
Una ONU que escucha principalmente cuando la inseguridad llega a los países ricos ha malinterpretado el significado de la seguridad colectiva. Debe seguir el rastro del dinero, de las armas y de las rutas laborales, al tiempo que protege y eleva a los sobrevivientes en lugar de tratarlos como estadísticas o infractores.
El debate sobre la reforma de la ONU debe evitar una competencia por el prestigio entre los aspirantes a la membresía permanente. Países como la India y Brasil tienen una poderosa reivindicación para desempeñar un papel mayor, al igual que otras regiones y Estados infrarrepresentados. Sin embargo, la reforma no puede limitarse a añadir nuevos privilegios a los antiguos. Los Estados más grandes de Asia deben utilizar su influencia para fortalecer la soberanía igualitaria y la inclusión regional, incluso para los vecinos más pequeños cuyos intereses no representan automáticamente. La exigencia histórica de África de una representación justa y la exclusión de América Latina de la membresía permanente forman parte del mismo argumento. Una coalición para la reforma debe atravesar estas regiones en lugar de negociar con ellas enfrentándolas entre sí.
Debemos ser francos sobre las dificultades. El P5 puede bloquear los cambios a la Carta que reduzcan su propio poder y veten a los candidatos independientes a secretario general. Pero la Carta es también un lenguaje común con el que el resto del mundo puede juzgar su conducta. Por eso sigue valiendo la pena luchar por la ONU. Desde Palestina hasta el Pacífico, los pueblos de Asia necesitan una institución capaz de insistir en que la ley se aplica por igual, que sus voces cuentan y que los costos de la violencia se rastrean hasta quienes se benefician de ella. El propósito de la reforma no es una ONU más imponente; es una ONU capaz de servir a aquellos cuyas promesas tantas veces se les han postergado.
Con afecto,
Vijay Prashad y Karim Makdisi
Los autores son los editores de Tierra de los Cascos Azules: Las Naciones Unidas y el Mundo Árabe (University of California Press, 2016). Karim enseña en la Universidad Americana de Beirut y Vijay es el director ejecutivo del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
7. China es ya el centro del mundo.
El último artículo de García Linera para Antagon plantea, con numerosos datos, que China es ya la potencia decisiva mundial.
https://www.antagon.red/articulo/asia-china/es-china-nuevo-centro-mundo/20261007224134001423.html
¿Es China el nuevo centro del mundo?
En 1858 Karl Marx previo el ascenso de Asia como centro del capitalismo. Hoy China confirma su profecía liderando la economía global (19,9 % del PIB mundial en PPA) y dominio industrial: encabeza 7 de las 10 industrias avanzadas, la transición energética y la manufactura tecnológica. Su crecimiento multiplicó por 54 su economía desde 1990 gracias a la planificación estatal e inversión. Aunque EE. UU. mantiene el dominio del dólar y bases militares, China es el mayor acreedor mundial y la potencia decisiva. El artículo concluye criticando la enajenación de las élites latinoamericanas que miran hacia potencias en declive.
Un barco receptor de opio o «Godown» en Shanghai. El opio indio importado se almacena en estos barcos hasta que pasa por la aduana imperial china». De «Drugging a Nation. The Story of China and the Opium Trade». Fleming H. Revell Company. Wikimedia Commons.
En 1858, Karl Marx reflexionaba sobre la inminente marginalidad de Europa y Estados Unidos frente a la expansión del capitalismo en Asia. En una carta a Engels, le expresaba su preocupación de que una eventual revolución europea quedaría reducida geográficamente a un “pequeño rincón” del mundo dado el movimiento de ascenso de la sociedad burguesa en grandes zonas del planeta como China, Japón, Australia y California (Collected Works, vol. 40).
Era mediados del siglo XIX, con el predominio global absoluto del Imperio Inglés, el impulso de la primera Revolución industrial – energía a vapor, industria textil-, y la presencia de EEUU. como potencia intermedia proveedora de algodón a las grandes fábricas de Manchester. Pero, mirando más allá de ello, Marx veía en Asia, y en particular en China, la larvaria formación del nuevo núcleo del capitalismo mundial.
Han pasado 168 años y las previsiones de Marx han resultado confirmadas por la historia. Hoy China es la economía más grande del planeta. Tomando como medida del PIB la paridad del poder adquisitivo (PPA) -que elimina las distorsiones del tipo de cambio del mercado y las diferencias del costo de vida-, el FMI calcula que la economía de China representa hoy el 19,9 % de la economía mundial; en tanto que la de EE.UU. alcanza al 14,5 %, y la de la Unión Europea (UE), el 14 %. En 1990, el PIB de China llegaba a solo el 3 % del total mundial, el de EE.UU. al 19 %, y el de Europa al 23 % (FMI DataMapper, 2026). Si tomamos en cuenta a toda Asia, el PIB continental llega al 49 % del planeta.
No debería llamarnos a sorpresa este dato. Para 1700, la economía de Asia representaba el 60 % de la economía global, mientras que la europea alcanzaba poco menos del 30 % y la de toda América, el 3 % (Pikkety, El capital en el siglo XXI, p.76). En esos años, los ingresos medios de una persona que vivía en China eran similares al ingreso promedio de un habitante de los Países Bajos, para entonces líder comercial y financiero de Europa. La colonización europea de Asia desvió esta trayectoria por 200 años y, ahora, nuevamente ese continente lleva la delantera de la economía global.
Pero China no solo lidera actualmente en el tamaño del PIB, sino también en relación a los fundamentos materiales subyacentes del poderío de las naciones.
En lo que se refiere al valor manufacturero añadido, China genera el 29 % del valor total mundial, en tanto que EE.UU. y la UE aportan el 17 % cada uno (Statista Research, 2025). Se calcula que para 2030, ese poderío llegará al 45 % (ONUDI, 2024). No es un liderazgo exclusivo en la fabricación masiva de juguetes o electrodomésticos, sino también en las áreas de tecnología avanzada y el control de toda la cadena de valor de los productos. La Fundación para la Tecnología de la Información y la Innovación (ITIF) -un think tank estadounidense- muestra que China ya es líder en 7 de las 10 industrias mas avanzadas del mundo: sistemas de informática y electrónica, químicos, maquinarias y equipos, metales básicos, automotores, metales manufacturados y equipos electrónicos. Por su parte, EE.UU. encabeza la producción de tecnología y servicios de la información -en particular, diseño de chips para IA-, fármacos y otros sectores del transporte (ITIF, 2026).
Para el 2024, en China se fabricaron el 86 % de los paneles solares del planeta, el 80 % de las baterías eléctricas, el 72 % de los autos eléctricos, el 64 % de los smartphones, el 54 % de los robots industriales y el 49 % de los drones (El País, 25, IX, 2026).
En lo que respecta al consumo de electricidad, el ascenso de China ha sido espectacular. En el año 1990, China consumía menos de 1000 teravatios-hora(TWh), mientras que EE.UU. consumía 3000 TWh. Para el 2025, China ha llegado a los 10 300 TWh, y EE.UU. se ha estancado desde hace 20 años en torno a los 4200 TWh (EIA, 2026).
Además de ello, China es el primer electroestado del mundo, al ser el mayor inversor mundial y el mayor productor de energías alternativas. Ha logrado reducir el costo de la generación de energía solar de 350 dólares el MWh el 2016, a 35-60 dólares el MWh para el 2025. Mas barata que la electricidad generada con el ciclo combinado de gas (60-120 dólares por MWh), o el carbón (71-170 dólares por MWh) (Lazard, LCOE, 2026).
China es un país que no produce petróleo y, en el último siglo ha sido uno de los mayores extractores de carbón para generar energía. Sin embargo, en la última década, ha sido el país que más ha aportado a la transición energética global. La capacidad de generación de energía solar que hoy posee es de 1175 TWh, en tanto que el resto del mundo en conjunto genera solo 1600 TWh (Statista, IV, 2026). Hoy, China tiene un complejo productivo con una capacidad de fabricación de paneles solares al año de 1200 TWh, por lo que en menos de 10 años, superando los problemas de almacenamiento y transmisión, podría fabricar la cantidad de paneles suficientes como para detener el cambio climático (Tooze, 19. IX, 2025). Ninguna nación del mundo posee hoy esa capacidad de reparación ecológica global.
En general, el crecimiento de la economía china representa entre el 25 % y el 30 % del aumento de la economía mundial. Desde 1990 hasta el 2025, el promedio de crecimiento del PIB ha sido del 8,5 %, llegando algunos años al 14 %, aunque en los últimos años se ha estabilizado en torno al 5 %. Este incomparable desarrollo le ha permitido multiplicar por 54 veces el tamaño de su economía desde 1990, en tanto que EE.UU. lo ha hecho 5,1 veces y la UE, 2,9 veces, en el mismo lapso de tiempo (World Bank, open data, 2026).
En una combinación planificada de apertura a la inversión extranjera, transferencia tecnológica, apoyo a la inversión privada nacional y creación de empresas estatales en áreas estratégicas de la economía, China ha alcanzado este liderazgo manteniendo una tasa de inversión anual que, durante más de dos décadas, se ha movido entre el 35 % y el 45 % respecto al PIB. En comparación, EE. UU, y la UE, lo han hecho en torno al 17 % y al 22 %.
En términos de intercambio comercial, desde 1990 al 2025, China ha acumulado un superávit comercial de 9,7 billones de dólares. Solo en el 2025, con una guerra comercial declarada por parte de EE.UU., el superávit llegó a 1,1 billones de dólares (BBC, enero, 2026). Y, al igual que en todas las economías desarrolladas, la deuda pública es elevada. Para el 2025 se calcula que llega al 120 % del PIB, muy cercana al 125 % de EE.UU. (FMI, 2026). Con la diferencia de que la totalidad de la deuda de China es a bancos estatales chinos en yuanes, en tanto que la mayor parte de la deuda estadounidense, es a inversionistas privados y gobiernos extranjeros.
Estos flujos de ingresos le han permitido a China convertirse en el mayor acreedor bilateral del mundo, por encima del Banco Mundial o el FMI. Desde el año 1990 al 2025, China ha hecho préstamos comerciales por valor de 2,2 billones de dólares, incluido a los EE.UU. (AidData, XI, 2025). Se trata de una cifra ya superior a los 1,3 billones que, en el mismo periodo, ha dispuesto EE.UU. como asistencia militar y económica a países aliados (USAFacts, IX,2026). Así, mientras China ha creado una infraestructura global de provisión de materias primas y distribución de mercancías (“Ruta de la seda”), los EE.UU. han mantenido ejércitos y líderes serviles a sus designios políticos.
Pese a todo este poderío económico, China, -a diferencia de lo que hizo EE.UU. en el siglo XX y, antes el Reino Unido- no ha establecido aún la hegemonía global de su moneda, no ha desplegado bases militares para garantizar su supremacía política ni tampoco exporta su cultura, ni su sistema político, como modelo a imitar por el resto de los países.
Hoy, el dólar sigue desempeñando la función de moneda de reserva global para el 85 % de las operaciones cambiarias del mundo, cobija el 58 % de las reservas internacionales de los bancos de los Estados y es el operador monetario del SWIFT para la mayoría de los pagos globales (BIS, 25, II, 2026). Pero, China, domésticamente, ya ha creado el segundo mercado de bonos de renta fija más grande del mundo, valorado en 28 billones de dólares, detrás del de EE.UU., que mueve 61 billones de dólares (Deusche Bank, VII, 2026). Igualmente, posee 3 de los 10 centros financieros más importantes del mundo (Shanghái, Hong Kong y Shenzhen), y ha puesto en marcha el sistema CIPS como alternativa a los pagos globales.
En cuanto a las bases militares en el extranjero, China tiene 3, frente a las 750 de los EE.UU. y, de momento, no se la ve interesada en exportar su forma de organización política llamada “socialismo con características chinas”. Y respecto a la expansión cultural, esta recién comienza -videojuegos, estética asiática, plataformas digitales de compra rápida- a medida que el mercado interno cobra importancia para el crecimiento económico. En EE.UU., el consumo interno de los hogares representa el 69 % del PIB; en China el 40 % (Banco Mundial, 2026). Comparativamente, hace veinte años atrás, el ingreso per cápita de China respecto al de EE. UU, era de 1 a 20. Hoy es de 1 a 3,5. En menos de 50 años será de 1 a 1 (Milanovic, 2026). Todo apunta a que el “Gran Rejuvenecimiento de la Nación China” con el que sus gobernantes miran la restauración de la grandeza global de su país, no se mide con el apuro de las décadas, sino con la obstinada paciencia de los siglos.
No cabe duda de que China es ya hoy el centro del mundo. Y, frente a ello, no deja de ser patético ver a las élites reaccionarias latinoamericanas desesperarse por conseguir una visa a EE.UU. o comprar un departamento en Madrid para subir su estatus de “modernidad”. Corren enajenados detrás de espejuelos de países que ya solo son “pequeños rincones” del mundo.
8. Ecosindicalismo.
Un repaso desde Francia a las ocasiones en las que el movimiento obrero sindical ha tejido alianzas con movimientos ecologistas y ciudadanos.
https://www.terrestres.org/2026/10/07/lecosyndicalisme-revolution-ensemble/
El ecosindicalismo: cuando los trabajadores y los ciudadanos hacen la revolución juntos
¿Cómo redefinir las necesidades y el trabajo dentro de los límites ecológicos? El filósofo Alexis Cukier narra las alianzas pasadas y recientes entre colectivos sindicales, ciudadanos y ecologistas. Desde la lucha en la fábrica de Campi Bisenzio, en Italia, hasta el movimiento por unos bosques vivos en Francia, un repaso a las «utopías ecologistas del trabajo».
Alexis Cukier
7 de octubre de 2026
Una serie de investigaciones recientes pone de relieve el papel de los trabajadores y los sindicatos en las luchas ecologistas en Europa. A este respecto, los debates académicos se han centrado principalmente en el concepto de «ambientalismo obrero», término desarrollado en el marco de la historia medioambiental del trabajo, en particular por Stefania Barca y Emanuele Leonardi1, y en Francia por Renaud Bécot, para designar «el conjunto de reivindicaciones y acciones medioambientales que se derivan de la experiencia laboral o de la pertenencia subjetiva a una comunidad obrera2». Este texto analiza estos trabajos a partir de un concepto central en mis investigaciones y en mi compromiso militante: el ecosindicalismo3.
Con ello me refiero a la práctica y la estrategia de alianza entre colectivos sindicales, vecinos y ecologistas en torno a luchas comunes que permitan redefinir conjuntamente las necesidades sociales y el trabajo productivo y reproductivo4 que debe dar respuesta a ellas. Se trata de superar ciertos límites del ambientalismo obrero, centrado únicamente en los trabajadores y trabajadoras sin tener en cuenta de manera fundamental la aportación de los vecinos y vecinas y de los activistas ecologistas: el énfasis en la contaminación industrial en detrimento del calentamiento global y el colapso de la biodiversidad; la susceptibilidad a una concepción fantasiosa de la clase obrera como homogénea y necesariamente portadora de soluciones ecológicas; la dificultad para comprender las formas en que pueden articularse concretamente los puntos de vista de los y las vecinas sobre las necesidades, de los ecologistas sobre la preservación de los seres vivos y los ecosistemas, y de los trabajadores y trabajadoras sobre las posibilidades productivas y reproductivas. El análisis del ecosindicalismo como práctica pone el foco en la labor militante de síntesis que hace posible la elaboración conjunta, por parte de sindicalistas, vecinas y vecinos y ecologistas, de movilizaciones, contra-peritajes y contrapropuestas, tal y como ocurrió en la lucha de los trabajadores de la refinería de TotalEnergie Grandpuits. Militantes de la CGT y de organizaciones medioambientales se movilizaron entonces contra el «greenwashing del desmantelamiento social » del proyecto de la Plataforma Cero Petróleo y pusieron en marcha una contrapropuesta industrial.
El concepto de ecosindicalismo permite asimismo destacar la participación de los trabajadores y trabajadoras en las luchas ecologistas, quienes suelen estar presentes pero no son los más visibles a primera vista, como en las luchas recientes, que han dado lugar a importantes victorias, contra las megabalsas de Poitou y contra el proyecto de almacenes Green Dock en el puerto de Aubervilliers. En algunos casos, estas prácticas ecosindicalistas pueden conducir a lo que denomino utopías ecologistas del trabajo, que prefiguran un futuro en el que las necesidades, la producción, la reproducción social y el cuidado de los ecosistemas ya no estarían en contradicción, como en las luchas que se tratarán con más detalle en este texto: la del colectivo ex-GKN —esos trabajadores y trabajadoras de la fábrica de automóviles de Campi Bisenzio, en Italia, que, como reacción a su despido, ocuparon su fábrica, se aliaron con activistas ecologistas y desarrollaron un proyecto alternativo de fabricación de bicicletas de carga y de paneles fotovoltaicos; y la de los sindicatos de trabajadores forestales de la ONF, aliados con organizaciones ecologistas de defensa del bosque para oponer su proyecto de silvicultura no convencional al extractivismo y al productivismo impuestos por el Estado.
Pero también propongo considerar el ecosindicalismo como una estrategia que permite acabar tanto con el desprecio hacia el trabajo —ya sea productivo o reproductivo —y, en particular, en el ámbito de las actividades reproductivas, el trabajo de subsistencia5 y el trabajo militante—, presente en las ideologías tecnosolucionistas y en las propuestas burocráticas de transición energética y planificación ecológica « desde arriba» (fetichismo del Estado), como en las ideologías obreristas y la fantasía de una «ecología proletaria6», que presenta a una clase obrera por fin unificada como la única poseedora de las soluciones para mitigar las catástrofes (fetichismo de clase) . Se trata más bien de convertir el problema estratégico de la construcción de las «convergencias entre las luchas laborales y las luchas comunitarias7» en el núcleo de una ecología revolucionaria hoy en día, y un método para avanzar hacia un decrecimiento ecosocialista8 basado en la conquista de derechos democráticos, desde el ámbito local hasta el internacional, para los trabajadores y las trabajadoras y los habitantes9.
Convertir el problema estratégico de la construcción de las «convergencias entre las luchas laborales y las luchas comunitarias» en el núcleo de una ecología revolucionaria hoy en día.
Ambientalismo obrero y ecosindicalismo
El concepto de working-class environmentalism fue desarrollado en primer lugar por Stefania Barca, pionera de la historia medioambiental en Europa. Su trayectoria la llevó a estudiar las relaciones entre el desarrollo industrial y la transformación de los ecosistemas en el sur de Italia, antes de centrarse en la forma en que los sindicatos abordan las cuestiones ecológicas contemporáneas y, finalmente, hacia una teoría ecosocialista y ecofeminista más global de «la ecología del trabajo en la era contemporánea, que incluye la vulnerabilidad de las trabajadoras y los trabajadores ante la degradación de la Tierra, su capacidad de acción para resistirse a la extracción, el consumo y el despilfarro de la naturaleza no humana, y sus capacidades para cuidar la naturaleza y producir vida10». En su análisis, el ambientalismo obrero —término que a veces se traduce como «ecología de la clase obrera», y que puede referirse tanto a las iniciativas medioambientales de los trabajadores y los sindicatos como a la cuestión más amplia del tipo de enfoque ecológico que se da en las comunidades obreras— se fundamenta en la conciencia de los daños medioambientales y sociales causados por la industrialización a partir del siglo XIX11, y, más concretamente, en el siglo XX con las movilizaciones de los años 1960-70 en torno a la cuestión de la contaminación industrial. En un artículo pionero de 2015, Barca lo define así:
Al hablar de ecología de la clase obrera, me refiero a las luchas cotidianas que libran los trabajadores situados en los escalones más bajos de la agricultura, la industria y el sector de los servicios, tanto a título individual como colectivo, con el fin de defender la integridad y la seguridad de su entorno laboral, así como del entorno de sus familias y comunidades. […]
Las luchas medioambientales de la clase obrera no tienen como objetivo principal la protección de la naturaleza en sí misma, ni de otras especies vivas en sí mismas, ya que suelen centrarse en cuestiones de «clase» y de «género», es decir, en la defensa de las condiciones de vida de la clase trabajadora. No obstante, pueden y deben definirse como luchas medioambientales, ya que son la expresión de un tipo de ecología alternativa a la de la clase media y a las normativas nacionales e internacionales.12
La particularidad de los análisis de Barca radica en insistir en la inclusión del trabajo reproductivo —y, en particular, del trabajo de subsistencia y de cuidado— en el ambientalismo obrero, subrayando que «las “fuerzas de reproducción” se han opuesto a las degradaciones medioambientales mediante un trabajo constante de protección, mantenimiento y regeneración de las condiciones de la reproducción13». Esta perspectiva permite poner de relieve el hecho de que, en algunos casos, los y las trabajadores o los miembros de la clase obrera pueden oponerse al consenso productivista y al chantaje laboral dando prioridad a las cuestiones de reproducción y ecología frente a los objetivos de la producción capitalista.
Así lo demuestran, por ejemplo, las luchas de los años 2000-2010 en torno a la contaminación (en particular, de dióxido de nitrógeno, azufre y benceno) y los daños a la salud (aumento de la mortalidad prematura y de la incidencia del cáncer) generados por la fábrica siderúrgica ILVA en la ciudad de Tarento, en el sur de Italia, analizados en términos de «ambientalismo obrero» por Stefania Barca y Emanuele Leonardi. En esta zona sacrificada en aras de la producción de acero, el discurso masculinista sobre el sacrificio de los trabajadores por el bien de sus familias se ha visto sacudido por movilizaciones sociales en favor de la salud, la calidad de vida y la mejora de las condiciones de la reproducción social, impulsadas en primer lugar por mujeres de la clase obrera (colectivo Donne per Tarento) que han tratado de sensibilizar a la comunidad sobre la contaminación en su ciudad. Esto ha llevado a algunos sindicalistas, agrupados en sindicatos sociales —que incluyen a activistas y residentes que no trabajan en el sector siderúrgico— y en sindicatos de base —en desacuerdo con las grandes organizaciones sindicales presentes en ILVA—, a desarrollar « una política de cuestionamiento del chantaje laboral, estableciendo un vínculo entre la justicia medioambiental y el activismo sindical y recomendando la unidad de la clase obrera en torno a la primacía de la reproducción14 ». Barca y Leonardi insisten así en el proceso de ampliación de la subjetividad de la clase obrera, que permite integrar en la movilización en torno a los daños medioambientales generados por el trabajo a personas desempleadas, a los residentes de barrios especialmente afectados, a los estudiantes y a los miembros de la sociedad civil comprometida (por ejemplo, médicos y académicos), y que contribuye a la articulación entre la conciencia ecológica, la contestación al chantaje laboral y el cuestionamiento de las divisiones de género y coloniales del trabajo.
➤ Lea también | Pan y rosas: una contrahistoria ecológica del socialismo・Thomas Coutrot (2019)
En Francia, han sido principalmente los trabajos del historiador del medio ambiente Renaud Bécot15 los que han contribuido al avance de la investigación sobre las relaciones entre sindicalismo y ecología. En su tesis, Bécot demuestra, en particular, de forma muy precisa y detallada, que el movimiento de apropiación de las cuestiones ecológicas por parte de los sindicatos en la posguerra pasa por un proceso de descompartimentación de la acción sindical, que se extiende desde la fábrica hacia el territorio. Así, por ejemplo, la explosión, el 4 de enero de 1966, de la refinería de Feyzin, en el Valle de la Química, cerca de Lyon —que se saldó con 18 muertos y 84 heridos a raíz de una fuga de propano que provocó un incendio—, por un lado «acelera una reforma de la actuación administrativa en la regulación de los riesgos industriales y contribuye a alimentar una reflexión sobre la adaptación del derecho laboral », pero, por otro lado, marca el inicio de «una fase de lenta transformación de las prácticas sindicales»16.
El proceso de apropiación de las cuestiones ecológicas por parte de los sindicatos en la posguerra pasa por una apertura de la acción sindical, que trasciende los límites de la fábrica para extenderse al territorio.
Así, el autor menciona una circular de la UD-CFDT del Ródano, de enero de 1966, en la que se afirma que la movilización sindical debe centrarse en «los problemas de seguridad en la empresa y para la población, especialmente en la zona de industrias químicas17». Unos años más tarde, en 1976, un vertido de acroleína al Ródano procedente de la fábrica Pechiney Ugine-Kuhlmann (PCUK) de Pierre-Benite, que provocó la muerte de cientos de miles de peces, seguido de una explosión en un taller de la misma fábrica, dio lugar a una intensa actividad sindical «destinada a vincular la protección de los trabajadores en la fábrica con la protección del medio ambiente18». Tal y como resume Renaud Bécot, en consonancia con las reflexiones, los discursos y las reivindicaciones que abarcaban ya el territorio más allá de la fábrica, « [l]as prácticas sindicales se transforman, por tanto, y se inventan estructuras originales para hacer frente a los desbordamientos industriales19». Para hacer frente a la puesta en marcha de estrategias patronales más sistemáticas destinadas a ocultar la contaminación y minimizar los riesgos de daños industriales, ahora también se trata de librar batallas de contraperitaje, como en el caso de la lucha por la prohibición del amianto o el reconocimiento de los cánceres profesionales20, así como en relación con todos los retos (como la energía nuclear desde la década de 1970 o los pesticidas en la década de 2000) que vinculan la salud laboral con la salud ambiental21.
¿En qué situación se encuentra hoy el ecologista obrero? En Francia, una nueva generación de investigadoras e investigadores en sociología estudia las formas contemporáneas del sindicalismo ecológico22. Estos trabajos examinan, en particular, las nuevas formas que adoptan las tensiones entre, por un lado, las luchas por los salarios y, por otro, las luchas por la salud y la protección de los ecosistemas, y, en un sentido más amplio, el conjunto de factores sociales y (geo)políticos que «fragmentan a la clase obrera» y «alimentan las divisiones entre el sindicalismo y el ecologismo de las comunidades residentes23», así como los ejemplos de «convergencia entre las luchas en el lugar de trabajo y en la comunidad mediante la elaboración de plataformas comunes orientadas a romper con el “chantaje laboral”» 24. Son precisamente las condiciones concretas para resolver lo que Lorenzo Feltrin denomina «el problema de la convergencia» lo que el concepto de ecosindicalismo propone esclarecer.
Esto es lo que voy a desarrollar a continuación a partir de dos ejemplos de alianzas ecosindicalistas en curso, en torno a la lucha del colectivo ex-GKN en el sector del automóvil —lo que permite cuestionar los requisitos de la autodefensa frente al chantaje laboral, que remite a la dependencia del mercado laboral y del capital— y de la lucha de los sindicatos Snupfen Solidaires y CGT Forêts de la Oficina Nacional de Bosques (ONF) en el sector forestal —lo que permite abordar la cuestión de la articulación entre el antropocentrismo del ambientalismo obrero y la consideración del valor intrínseco de la naturaleza.
Prácticas y utopías ecosindicalistas en las luchas del colectivo ex-GKN y de la ONF
El ecossindicalismo se caracteriza, por tanto, por la alianza —en torno a investigaciones y luchas— entre trabajadores y trabajadoras, sindicalistas, vecinas y vecinos, y activistas ecologistas, lo que permite redefinir las necesidades y el trabajo al reinscribirlos en los ciclos de reproducción de los seres vivos y los ecosistemas. No es consecuencia de una toma de conciencia ecologista previa por parte de los trabajadores y trabajadoras, sino de diversos caminos que conducen a la ecología a partir de la experiencia del trabajo vivo25: las dificultades derivadas de desastres industriales o climáticos o del deterioro de la salud, el descubrimiento de vínculos con seres vivos o ecosistemas en peligro de extinción, la confrontación del trabajo real con las prescripciones medioambientales burocráticas, el rechazo al chantaje patronal «el empleo o el clima». Entre estos caminos, algunos parten de las luchas para llegar, gracias a una construcción ecosindicalista, a lo que denomino «utopías ecologistas del trabajo», es decir, proyectos alternativos a los de las direcciones capitalistas ecocidas. Esto es lo que tendremos que hacer, nos muestran sobre el terreno, en las próximas décadas y para las próximas generaciones, con el fin de mitigar las catástrofes y contribuir a la restauración de ecosistemas habitables para los seres humanos y los no humanos.
Comencemos por el colectivo ex-GKN y sus aliados. Los trabajadores y trabajadoras de la fábrica de sistemas de transmisión automovilística GKN Driveline de Campi Bisenzio, cerca de Florencia, fueron despedidos el 9 de julio de 2021 y decidieron ocupar su fábrica para salvaguardar sus puestos de trabajo, continuando así con una larga historia de reacciones sindicales ante la desindustrialización del territorio. Sin embargo, ya en una fase temprana de su lucha, forjaron alianzas con el movimiento ecologista juvenil de Florencia y con una red de investigador· solidarios que contribuyen a la elaboración de un proyecto de reconversión ecológica. Juntos impulsan el proyecto GKN For Future, una cooperativa dedicada a la fabricación de bicicletas de carga y paneles fotovoltaicos, cuya financiación se está llevando a cabo mediante una campaña internacional de participación accionarial popular. El colectivo ha construido, junto con sus aliados, esta utopía práctica de la «fabbrica pubblica e socialmente integrata» mediante tres acciones típicas de las alianzas ecosindicalistas: 1. la apertura de la fábrica y su integración en la historia social y ecológica del territorio; 2. la investigación conjunta con el objetivo de elaborar un contraproyecto junto con los aliados ecologistas y académicos; 3. la politización de la lucha local, inscribiéndola en un relato político más amplio vinculado, en particular, a las prácticas de «convergencia cultural ».
1. La idea de una «fábrica pública y socialmente integrada» constituye, en mi opinión, una utopía práctica, vinculada —tal y como lo formula un texto reciente del colectivo titulado «Il futuro (Ir)rompe» (el futuro llega/rompe con lo establecido)— a «una visión: la conversión ecológica hacia una fábrica socialmente integrada, con propiedad pública del edificio y gestión cooperativa con accionariado popular difuso. » La construcción de esta utopía ha sido posible, en primer lugar, gracias a una apertura de la lucha, como prolongación de una labor militante que ha integrado al colectivo en una red de vínculos solidarios con el territorio. El periódico de lucha Insorgiamo [¡Levantémonos!] insiste constantemente en ello: «la fábrica pertenece al territorio que la defiende» —un territorio marcado por la historia socioecológica de la desindustrialización, de modo que la lucha «es también, y sobre todo, un movimiento para evitar que la fábrica de Campi Bisenzio se convierta en un nuevo monstruo ecológico de nuestro territorio». Tal y como expresa Dario Salvetti, uno de los principales impulsores del colectivo ex-GKN, en una entrevista para el público francés: « […] siempre hemos intentado estar presentes en los conflictos que se han desarrollado en la región (conflictos sindicales, sociales y medioambientales) y eso ha dado sus frutos, porque cuando nos cerraron, evidentemente toda la región que nos rodeaba se sintió obligada a defendernos. Hoy en día, intentamos unificar estos dos modelos: el de las reivindicaciones sindicales y el de la fábrica integrada, es decir, una fábrica que vive en estrecha colaboración con el territorio, a través de una asociación que hemos fundado, la sociedad de ayuda mutua de los trabajadores «Insorgiamo». Esta construcción de una historia y de una relación militante y sensible entre trabajadores y vecinas y vecinos es crucial para las alianzas ecosindicalistas; es también lo que les permite proyectarse en el largo plazo de la reconversión ecológica.
« «La fábrica pertenece al territorio que la defiende». En Campi Bisenzio, la lucha «es también, y sobre todo, un movimiento para evitar que la fábrica se convierta en un nuevo monstruo ecológico de nuestro territorio» .
2. La orientación ecológica de la lucha se ha ido forjando a través de alianzas y encuentros, en particular con el movimiento Fridays for Future de Florencia, compuesto por jóvenes activistas que, a priori, no compartían una cultura política común con los trabajadores y trabajadoras del empobrecido suburbio industrial de Campi Bisenzio. La utopía ecologista de la «fábrica socialmente integrada» no habría visto la luz sin este encuentro. También fue posible gracias a un trabajo conjunto con académicos y académicas reunidos en un grupo de investigación solidario con GKN, con quienes los y las trabajadores y trabajadoras colaboran en la redacción de un «Plan para el futuro de la fábrica de Florencia»:
Este [El Plan] surgió de varias reuniones entre la lucha obrera y las redes de solidaridad: estas permitieron constituir una red interdisciplinar de profesores e investigadoras e investigadores afiliados a diversas universidades italianas y europeas. […] La colaboración entre el conocimiento académico y el conocimiento obrero se ha visto, por tanto, reforzada por la ampliación progresiva de la plataforma de alianzas y luchas laborales hacia los movimientos por la justicia climática.26
Es sobre la base de estas alianzas y de esta co-investigación (que actualiza la tradición de la co-ricerca operista) que se formula la propuesta, por ejemplo, en este mismo texto, «crear en las universidades grupos de investigación para la reindustrialización pública, fomentar la creación de patentes públicas y transformar de inmediato GKN en un laboratorio social y productivo integrado en este plan». Se aprecia cómo la utopía práctica, centrada en la fábrica, trasciende este marco.
3. El colectivo y sus aliados también han integrado su lucha en un discurso internacionalista, implicándose en el formidable movimiento de huelgas y bloqueos del otoño de 2025 en Italia contra el genocidio en Palestina, así como en una ambiciosa política de «convergencia cultural» vinculada a un conjunto de producciones artísticas y literarias: el periódico de lucha Insorgiamo, el documental E tu come stai?, la obra de teatro Il Capitale. Un libro che ancora non abbiamo letto y otros proyectos iniciados por el grupo solidario de GKN «Convergenza Culturale» como el festival de literatura «Working class», que reunió a miles de personas en el recinto de la fábrica en 2023, 2024 y 202527. La utopía de la «fábrica pública y socialmente integrada» implica aquí, tal y como he mostrado al referirme a la reconversión ecológica y autogestionaria de Vio. Me28, la transformación del lugar de trabajo en un punto de encuentro de iniciativas militantes, ecológicas y culturales.
La construcción ecosindicalista de la utopía de la «fábrica pública y socialmente integrada» contribuye así a devolver el horizonte a la perspectiva de una reconversión ecológica llevada a cabo por los trabajadores y trabajadoras en pro de una revolución ecologista del trabajo —autogestionaria e internacionalista—.
Consideremos ahora la construcción ecosindicalista de la utopía de los «bosques vivos», tal y como se presenta en el Llamamiento por unos bosques vivos, firmado, entre otros, por la federación sindical Snupfen Solidaires, así como por asociaciones ecologistas como SOS Forêt y la Red por las Alternativas Forestales:
En todas partes, a nivel local, ya se están gestando resistencias. Surgen alternativas, nacen alianzas. Se inventan otros imaginarios. Aquí se compran bosques para gestionarlos de forma sostenible o dejarlos evolucionar libremente. Allí se desarrollan circuitos cortos, desde el tronco hasta la viga. Más allá, se oponen a un proyecto de meg aserradero. Las asociaciones se movilizan para cambiar la legislación; los silvicultores logran alejarse de prácticas silvícolas que saben que son nocivas para orientarse hacia una silvicultura respetuosa, los vecinos y vecinas crean grupos de vigilancia ciudadana. El personal de la ONF también se declara en huelga. Nuestras luchas son múltiples. Nuestras acciones se enriquecen mutuamente. Hacen que se perfile el mundo que deseamos que llegue. Le dan forma. Pero no es suficiente. Para ganar, debemos dar un paso más allá, tejer la trama de un relato común, formar un frente. Todo apunta a que es ahora o nunca. Nuestros bosques se encuentran en una encrucijada.
➤ Lea también | Llamamiento por unos bosques vivos (2021)
Esta utopía se ha construido en torno al trabajo vivo y a los conocimientos prácticos de los trabajadores forestales, concentrados en el modelo de la «silvicultura respetuosa29 » —o, en el lenguaje del oficio, la «silvicultura irregular, continua y cercana a la naturaleza» (SICPN)—, que consiste en producir madera respetando al mismo tiempo la multifuncionalidad del bosque (funciones naturales, culturales, productivas y de protección) y los ciclos de reproducción de la naturaleza, con el fin de desarrollar y regenerar los bosques y conservar la fauna y la flora. El bosque vivo no es una mera traducción de la silvicultura suave, sino una utopía construida conjuntamente a partir de ella por sindicalistas, vecinas y vecinos, y activistas ecologistas.
A partir de una labor sindical de oposición al extractivismo y al productivismo impuestos por el Estado desde la década de 200030, que la Snupfen decide aliarse con asociaciones ecologistas para investigar las transformaciones que se están produciendo en su actividad. Esta alianza da lugar a formas de movilización como la Marcha por el Bosque en 2018 y la Asamblea por los bosques vivos durante el encuentro nacional «Resistencias» en la meseta de Larzac en 2023, así como a llamamientos como el «Manifiesto del Tronçais» en 2018 o el Llamamiento por unos bosques vivos del 2 de agosto de 2021. Estas colaboraciones, que se amplían a otras organizaciones sindicales (en particular, la CGT Forêt) y asociaciones ecologistas, han sido posibles porque estas últimas han sabido prestar atención al deterioro de las condiciones laborales en el sector forestal, que se enfrenta a las exigencias productivistas del Estado, a los nuevos riesgos derivados de la mecanización, la intensificación y la individualización del trabajo, al tiempo que se produce el deterioro de los bosques debido al calentamiento global31. En otras palabras, fue en torno a una investigación sobre el trabajo vivo de los silvicultores y el sentido social y ecológico de la «silvicultura irregular» como se pudo construir la utopía práctica de los bosques vivos.
En torno a una investigación sobre el trabajo vivo de los silvicultores y el sentido social y ecológico de la «silvicultura irregular» se ha podido construir la utopía práctica de los bosques vivos.
Paralelamente, la Snupfen se embarcó, a partir de 2017, en un proceso de investigación conjunta con investigadoras e investigadores en psicodinámica del trabajo, lo que ha permitido llevar a cabo una investigación colectiva sobre las dificultades de las actividades profesionales y sindicales bajo la doble presión del conflicto con el Estado y los efectos del calentamiento global. Esta cooperación ha permitido, en particular, a los sindicalistas que se han involucrado en ella analizar sus prácticas profesionales (por ejemplo, el marcado a mano de los árboles que deben talarse) y precisar su contribución a la investigación social, en particular, tal y como explican tres sindicalistas, mediante «la redefinición colectiva de la doctrina, es decir, para los silvicultores públicos, la forma en que se articulan las misiones encomendadas por el Estado a la ONF: la protección del bosque y de la biodiversidad, la producción de madera, la función social del bosque; en otras palabras, el futuro del bosque público y la calidad del trabajo.32». En este contexto, el «trabajo vivo» hace referencia al apego de los trabajadores y trabajadoras a sus prácticas profesionales33, y el enfoque ecosindicalista se construye a partir del compromiso con la calidad del trabajo, indisociable de un determinado tipo de relación social con la naturaleza, los ecosistemas y los seres vivos. Y la utopía práctica del bosque vivo se construye a través del enfoque ecosindicalista de investigación conjunta entre sindicalistas, ponentes, vecinas y vecinos, y activistas ecologistas sobre el sentido ecológico del trabajo forestal, así como sobre las necesidades de los seres vivos —humanos y no humanos— a las que debe responder.
Nuevos derechos democráticos, planificación ecológica y ecosocialismo
El ecosindicalismo no es solo una práctica militante, sino también una estrategia para la revolución ecológica, que se inscribe en el debate ecomarxista contemporáneo34 entre el activismo ecológico (ejercer presión sobre el Estado a partir de los movimientos sociales —sin un papel específico de los sindicatos— para lograr una transición ecológica rápida; esta es, por ejemplo, la opción de Andreas Malm) y la lucha de clases climática (la clase obrera posee por sí misma las soluciones, principalmente de carácter científico y tecnológico, basta con que asuma el control de los medios de producción; esta es la opción de los ecomarxistas estadounidenses Matt Huber o John Bellamy Foster, por ejemplo). El ecosindicalismo constituye una forma particular de la tercera opción estratégica, el ecosocialismo, en el sentido de Michael Löwy, quien aboga por la alianza entre «los trabajadores y sus organizaciones [que] constituyen una fuerza esencial para cualquier transformación radical del sistema y para el establecimiento de una nueva sociedad, socialista y ecológica35» y «las fuerzas que hoy se encuentran en primera línea del enfrentamiento [que] son los jóvenes, las mujeres, los indígenas y los campesinos36». Se trata, por tanto, de que las luchas comunes permitan a los trabajadores y trabajadoras y a los habitantes redefinir conjuntamente las necesidades y el trabajo, reubicándolos dentro de los límites y las fuerzas de la naturaleza. Pero estas luchas ecosindicalistas locales y esta perspectiva ecosocialista general deben conducir también a reivindicaciones y propuestas políticas más específicas.
➤ Lea también | Por un decrecimiento ecosocialista・Michael Löwy, Bengi Akbulut, Sabrina Fernandes, Giorgos Kallis (2022)
De este modo, se puede volver a poner de relieve y defender un conjunto de reivindicaciones sindicales desde una perspectiva ecologista37: la propuesta (compartida hoy en día por la CGT y Solidaires) de una «seguridad social profesional y ecológica» que garantizaría la continuidad del salario, de la situación laboral y de los derechos sociales y de formación, independientemente de la situación laboral de las personas, y que constituiría, por tanto, una protección frente al chantaje y a la empleo, así como un apoyo a las reconversiones ecológicas impulsadas por las trabajadoras y los trabajadores (parte 1); un refuerzo de los derechos de alerta, información, formación e intervención de las trabajadoras y los trabajadores en la empresa como herramienta de autodefensa ecológica, y nuevos derechos relacionados con la movilidad y la alimentación en el trabajo (parte 2); por último, la conquista de derechos de decisión de los trabajadores y trabajadoras sobre los medios y los fines del trabajo en su empresa, en el marco de una planificación democrática a escala de los sectores y los territorios.
El análisis de las experiencias sindicalistas pone de manifiesto asimismo el carácter decisivo de la reivindicación de derechos que garanticen tiempos no solo para la formación, sino también para la investigación, la deliberación, la investigación conjunta y la toma de decisiones democrática por parte de los trabajadores y trabajadoras. Con los Talleres de Trabajo y Democracia, proponemos, en este sentido, una reducción del tiempo de trabajo subordinado para cada empleado y empleada, la elección de un delegado o delegada del trabajo real que disponga de una exención de trabajo (por ejemplo, 15 horas al mes) para organizar la labor de investigación, y el derecho a un tiempo colectivo de reunión (por ejemplo, media jornada al mes) entre compañeros y compañeras, sin jefes ni directivos, para debatir sobre el trabajo real y elaborar propuestas38. El objetivo es reducir el tiempo dedicado al trabajo de producción para aumentar el tiempo dedicado al trabajo de formación y al trabajo democrático, condición necesaria para una transformación ecológica del trabajo, lo que constituiría asimismo una medida inmediata de reducción del gasto energético, así como de desintensificación del trabajo39.
Reducir el tiempo dedicado al trabajo de producción para aumentar el tiempo dedicado al trabajo de formación y al trabajo democrático, condición necesaria para una transformación ecológica del trabajo.
Estas luchas ecosindicalistas también señalan el camino hacia una estrategia de planificación ecológica y democrática que debería permitir: 1. redefinir democráticamente las necesidades (en consejos sociales en los que participen los y las habitantes a diversas escalas territoriales) ; 2. coordinar la producción a escala de los sectores (en consejos económicos en los que participen los representantes designados por los trabajadores y trabajadoras); 3. reorganizar democráticamente el trabajo (en consejos de empresa con un derecho soberano de los colectivos de trabajo sobre sus actividades de respuesta a las necesidades)40.
Estas utopías prácticas, arraigadas en el trabajo vivo, tanto productivo como reproductivo, iluminan el horizonte para una estrategia de revolución ecológica y social a largo plazo. No se trata de una fantasía intelectual, sino de una necesidad objetiva, vinculada a dinámicas sociales y políticas que existen realmente. El giro mundial de la década de 2020, de hecho, ha sido testigo del surgimiento de un «capitalismo de las catástrofes» que combina el capitalismo verde, el resurgimiento del extractivismo de combustibles fósiles, el neofascismo, el militarismo medioambiental y nuevas guerras imperialistas41, pero también de un nuevo ciclo de revueltas populares42. En la India, el mayor movimiento social de la historia de la humanidad, el Kisan Andolan de 2020-2021, movilizó a millones de campesinas y campesinos y sindicalistas aliados con movimientos de vecindad y obreros, frustró la reforma neoliberal del Gobierno fascista de Narendra Modi y reactivó la forma de consejos de la revolución con los «Mahapanchayat », asambleas de miles y, en ocasiones, decenas de miles de personas.
Las dinámicas revolucionarias no han desaparecido, pero faltan estrategias a largo plazo. Para construirlas, necesitamos utopías ecologistas del trabajo, que ofrezcan un horizonte distinto al de la «adaptación selectiva destinada a los pasajeros de primera clase de la Tierra43» del capitalismo de las catástrofes y de la ideología neofascista de la que este emana. Esto es también lo que podemos esperar del desarrollo de las prácticas y la estrategia del ecosindicalismo, portadoras de una energía revolucionaria a largo plazo: son, al mismo tiempo, imágenes de una sociedad alternativa, ecosocialista, y antídotos, aquí y ahora, contra los venenos de la resignación y el neofascismo.
Notas
- Stefania Barca, Workers of the Earth. Labour, Ecology and Reproduction in the Age of Climate Change, Londres, Pluto Press, 2024; Stefania Barca y Emanuele Leonardi, «Ecología obrera y política sindical. Una topología conceptual de Tarento (Italia)».[↩]
- Renaut Bécot, Sindicalismo y medio ambiente en Francia desde 1944 hasta los años ochenta, Tesis doctoral en Historia defendida en la EHESS en 2015, p. 19. [↩]
- Cabe recordar que en Francia existe, desde 2020, un colectivo, La Alianza Ecológica y Social (inicialmente denominada «Plus jamais ça»), que agrupa a sindicatos y asociaciones medioambientales; y, desde 2021, una Red Ecosindicalista que pone en contacto a activistas sindicalistas y ecologistas de diversas organizaciones.[ ↩]
- En este texto se entenderá por «trabajo productivo» o «reproducción social» el conjunto de actividades necesarias para el mantenimiento de la vida, que en gran parte no son remuneradas y que, en su mayor parte, realizan las mujeres. Estos términos hacen referencia a las aportaciones de las teorías feministas de la reproducción social, del ecofeminismo y de cierto marxismo ecológico que ha tenido en cuenta dichas aportaciones (por ejemplo, James O’Connor; véase al respecto mi artículo «Lo que el ecofeminismo aporta al ecosocialismo», Revista Germinal, n.º 10 [dossier «Hacia un socialismo feminista»], 2026) .[↩]
- El «trabajo de subsistencia» se refiere a las actividades de reproducción social que se ocupan directamente del mantenimiento de la vida (por ejemplo, la agricultura de subsistencia), tal y como lo define Maria Mies: «La producción de subsistencia o producción de la vida incluye todo trabajo que sirva para la creación, la perpetuación y el mantenimiento directo de la Vida en la Tierra y que no tenga otro objetivo más que sí mismo » (Maria Mies, «Towards a Methodology for Feminist Research», citado en Maria Mies y Veronika Bennholdt-Thomsen, La subsistencia. Una perspectiva feminista, Le Batz, La Lenteur, 2022, pp. 57-58.[↩]
- Matt Huber, Climate Change as Class War, Building Socialism on a Warming Planet, Londres, Verso, 2022.[↩]
- Lorenzo Feltrin, Workers and the World. Fighting Ecological Crisis from Within, Londres, Verso, 2026, p. 36. Las luchas comunitarias se refieren aquí a las luchas urbanas y rurales vinculadas a un territorio y lideradas principalmente por los y las habitantes, considerados miembros de una comunidad de barrio, pueblo, etc.[↩]
- Véase, en particular, sobre este tema, Daniel Tanuro, Ecología, luchas sociales y revolución. Entrevista con Alexis Cukier y Marina Garrisi, París, La Dispute, 2024. Por «decrecimiento ecosocialista» se entiende aquí el resultado de la asociación —que se remonta a André Gorz— entre la teoría del decrecimiento (con pioneros como Serge Latouche o Juan Martínez-Alier) y la teoría ecosocialista (con pioneros como James O’Connor o Michael Löwy) —sobre esta síntesis, véase el prólogo de Timothée Parrique en ibíd.[↩]
- ATTAC, Trabajo, clima: ¡la misma lucha!, París, Les Liens qui Libèrent, 2025.[↩]
- Stefania Barca, Workers of the Earth, op. cit., p. 8, traducción propia. Para una presentación y un análisis de esta obra, véase Alexis Cukier y Sara Marano, «Por una ecología política de las trabajadoras y los trabajadores», Critiques, n.º 930-940, 2025.[↩]
- Véase al respecto, en lo que respecta a Francia, la reciente obra de François Jarrige, Vert de rage. Deux siècles de luttes environnementales en France, París, Editions du Détour, 2026. [↩]
- Stefania Barca, «Sobre la ecología de la clase obrera: una visión histórica y transnacional», Écologie&Politique, n.º 50, 2015, p. 29. [↩]
- Stefania Barca, Workers of the Earth, op. cit., p. 157.[↩]
- Stefania Barca y Emanuele Leonardi, «Ecología obrera y política sindical. Una topología conceptual de Tarento (Italia)», p. 172.[↩]
- Véase, por ejemplo, Renaud Bécot, «El ambientalismo obrero o el sindicalismo emancipado del fordismo. Un enfoque transnacional en los años 1968», Cahiers d’histoire du mouvement ouvrier, n.º 35, 2019, así como el artículo sobre el incendio de la fábrica de productos químicos Lubrizol, publicado inicialmente en la revista Z n.º 13 y posteriormente en Terrestres, «Lubrizol: la catástrofe aún no se ha producido».[↩]
- Renaut Bécot, Sindicalismo y medio ambiente en Francia desde 1944 hasta los años ochenta, op. cit., p. 187.[↩]
- Citado en ibíd., p. 192.[↩]
- Ibid., p. 301.[↩]
- Ibid., p. 193.[↩]
- Annie Thébaud-Mony, Políticas asesinas y lucha por la salud laboral. Covid-19, cánceres profesionales, accidentes industriales, París, La Dispute, 2021.[↩]
- Véase Renaud Bécot, Marie Ghis Malfilatre y Anne Marchand (eds.), Dossier «Salud laboral y salud ambiental: ¿una causa común?», Sociétés contemporaines, n.º 121, 2021. [↩]
- Véanse, en particular, los trabajos de Charlotte Glinel sobre los trabajadores forestales, de Guillaume Mercoeur sobre las zonas industriales y portuarias de Fos-sur-Mer y Le Havre, y de Nils Hammerli sobre la «transición energética» en el sector del refinado de petróleo —y, por ejemplo, sus respectivos artículos en Alexis Cukier, David Gaborieau y Vincent Gay (eds.), Dossier «Trabajo y ecología», Les Mondes du Travail, n.º 29, 2023.[↩]
- Lorenzo Feltrin, Workers and the World, op. cit., p. 4, traducción mía.[↩]
- Ibíd., p. 221, traducción mía.[↩]
- Véase Alexis Cukier, «Trabajo vivo y sentido ecológico del trabajo», en Marie-Anne Dujarier, Thomas Coutrot et al. (eds.), ¿Sigue teniendo sentido trabajar?, Toulouse, Erès, 2026.[↩]
- Retomo la traducción de la introducción, «Retrospectiva sobre el conflicto de GKN Driveline Firenze», traducida por Élodie Chédikian.[ ↩]
- Véase al respecto Alberto Prunetti, «En Italia, una lucha obrera por el derecho al pan y a las rosas»[↩]
- Véase Alexis Cukier, «Fábricas recuperadas y autogestión ecológica. ¿Hacia una alternativa al capitalismo verde? ».[↩]
- A este respecto, véase la «Carta por unos bosques vivos» de la Red por las Alternativas Forestales.[↩]
- Véase al respecto Gaspard d’Allens, Manos fuera de nuestros bosques, París, Seuill / Reporterre, 2019; así como el dossier «Bosque: ¿qué futuros? » de la revista Mouvements.[↩]
- Véase Charlotte Glinel, «¿Silvicultores y ecologistas? La alianza entre silvicultores públicos y asociaciones ecologistas en la acción pública»[↩]
- Dominique Dell’Armi, Daniel Pons, Ramuntcho Tellechea, «Aportaciones de la psicodinámica del trabajo a los activistas de Snupfen-Solidaires en sus prácticas sindicales en la Oficina Nacional de Bosques», Travailler, n.º 18, 2018, p. 109.[↩]
- Véase al respecto Stéphane Lelay y Ramuntcho Tellechea, «Contra la destrucción neomanagerial de los bosques públicos, una cooperación simbiótica discreta» y, sobre la historia de la profesión, Florent Schepens, ¿Hombres del bosque? Socioantropología de un grupo profesional, París, CTHS, 2007. [↩]
- Sobre estas tres opciones estratégicas, véase la introducción en Alexis Cukier y Paul Guillibert, Descubrir el marxismo ecológico, París, Éditions sociales, 2025.[↩]
- Michael Löwy, Chispas ecosocialistas, París, Éditions Amsterdam, 2024, p. 32.[↩]
- Ibíd., p. 196. Para hipótesis más precisas sobre un escenario que implique tales alianzas a gran escala, véase Daniel Tanuro, Ecología, luchas sociales y revolución, op. cit., p. 120 y ss.[↩]
- Véanse las propuestas a lo largo de las tres partes de la obra en la que he colaborado: ATTAC, Trabajo, clima: ¡la misma lucha!, op. cit.[↩]
- Ateliers Travail et Démocratie, Manifiesto por una democracia del trabajo, París, La Dispute, 2026.[↩]
- Alexis Cukier, El trabajo democrático, París, PUF, 2018, en particular la conclusión.[↩]
- Véanse mis argumentos en «Democratizar el trabajo en un proceso de revolución ecológica y social».[↩]
- Véase mi artículo en Contretemps «Guerra imperialista, militarismo medioambiental y estrategia ecosocialista en la era del capitalismo de las catástrofes».[↩]
- Véase, en particular, en Terrestres, Alain Bertho, «La Generación Z frente a la corrupción del mundo». [↩]
- Davis, Mike, «Who will build the Ark?», New Left Review, n.º 61, 2010, p. 38, traducción mía. [↩]
9. Resumen de la guerra en Irán, 7 de octubre.
El seguimiento en directo de Middle East Eye.
En directo: Los ataques israelíes causan la muerte de cinco personas, entre ellas un socorrista y un niño, en Gaza
Mientras tanto, una agencia de la ONU afirma que más de 200 000 personas se han visto desplazadas por los combates en Yemen
Puntos clave
Israel ha matado a 263 periodistas en los últimos tres años
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Tres años de genocidio han llevado a los palestinos de Gaza a reflexionar sobre unas vidas transformadas por el desplazamiento, la pérdida y la destrucción.
Para los desplazados de Beit Hanún, estos años han supuesto hogares destruidos, niños que no pueden asistir a la escuela, familias separadas y seres queridos asesinados.
Al menos 74 000 palestinos, entre ellos 21 500 niños, han perdido la vida desde el 7 de octubre de 2023, según el Ministerio de Sanidad palestino. Es probable que la cifra real sea mayor, ya que miles de personas siguen desaparecidas o sepultadas bajo los escombros.
Alrededor del 80 % de los edificios de Gaza han sufrido daños, según la Oficina Central de Estadística palestina.
A medida que se acerca otro invierno, se prevé que 1,65 millones de palestinos tengan que hacer frente al frío en edificios dañados o en tiendas de campaña desgastadas.
Para los palestinos que cumplen tres años de guerra, muchos afirman que se quedan preguntándose qué queda de las vidas que una vez conocieron.
Las fuerzas gubernamentales yemeníes afirman haber «neutralizado» a 1.860 huzíes
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Las fuerzas gubernamentales de Yemen afirman haber «neutralizado» a 1.860 huzíes en 2.103 «operaciones de ataque preciso» contra posiciones militares huzíes en el marco de la operación «Amanecer de Yemen».
En una publicación en X, el portavoz militar afirmó que los ataques se dirigieron contra movimientos, fortificaciones, líneas de suministro y posiciones militares huzíes.
Al menos tres muertos y decenas de heridos tras los ataques huzíes contra aeropuertos saudíes
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Al menos tres personas han fallecido y decenas han resultado heridas a causa de los ataques huzíes contra dos de los aeropuertos internacionales de Arabia Saudí, incluido el de la capital, Riad.
«El martes y el miércoles… el Aeropuerto Internacional de Abha y el Aeropuerto Internacional Rey Khalid fueron objeto de ataques dirigidos contra sus instalaciones», declaró el miércoles la autoridad de aviación civil del reino en un comunicado.
Un ciudadano egipcio y otro argelino fallecieron en el aeropuerto de Abha, y un ciudadano sudanés falleció en el aeropuerto de Riad, según informó la agencia, con 36 heridos en los ataques.
Los huzíes reivindicaron la autoría de una serie de ataques, incluido un ataque con misiles balísticos contra el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad.
Más información: Al menos tres muertos y decenas de heridos tras los ataques huzíes contra aeropuertos saudíes
Combatientes leales a las autoridades huzíes participan en una manifestación en Saná, Yemen, el 7 de octubre de 2026 (Mohammed Huwais/AFP)
https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/saudi-led-coalition-says-it-destroyed-82-houthi-military-targets-across?topic=War%2520on%2520Iran&
En un comunicado publicado en X, señaló que entre los objetivos se encontraban 11 instalaciones de almacenamiento de misiles balísticos situadas en zonas montañosas de Saada, así como centros de mando y control, sistemas de comunicaciones, depósitos de misiles y armas, y un lugar de concentración.
El secretario general del CCG condena los ataques huzíes contra aeropuertos saudíes
Hace 2 horas
El secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), Jassim Mohammed al-Budaiwi, condenó los ataques huzíes contra los aeropuertos saudíes de Abha y Rey Khalid, calificándolos de «crímenes sistemáticos» dirigidos contra la población civil.
«Atacar aeropuertos civiles y poner en peligro la vida de los viajeros, los trabajadores y la población civil representa una peligrosa escalada y una violación flagrante de las leyes y normas internacionales», afirmó en un comunicado.
Budaiwi también señaló que los países del CCG se mantienen unidos con Arabia Saudí.
Hace 3 horas
Un petrolero fue alcanzado por múltiples proyectiles en un incidente ocurrido a 51 millas náuticas al norte de Madinat ash Shamal, en Catar, y se han registrado víctimas, según informó este miércoles la Agencia de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO).
Siria afirma que no se involucrará en la guerra de Yemen
Hace 3 horas
El Ministerio de Información de Siria ha descartado la posibilidad de que Damasco se involucre en la guerra de Yemen, afirmando que «la política de Siria en la región se centra en la estabilidad, la paz y la cooperación, no en abrir nuevos frentes».
«La postura de Siria es clara: nos mantenemos firmemente del lado de Arabia Saudí frente a las amenazas a su seguridad y estabilidad», declaró el ministerio en una publicación en X, añadiendo que la prioridad del país es «reconstruir el país, fortalecer sus instituciones, colaborar con nuestros socios en la reconstrucción y mejorar las vidas de los sirios».
El ministerio también señaló que cualquier participación de Siria se produciría únicamente a través de canales oficiales y de los marcos bilaterales existentes.
Hace 4 horas
Los países de la Unión Europea acordaron que cualquier liberación de reservas de petróleo debe realizarse en el marco de la medida de liberación de reservas de marzo de la Agencia Internacional de la Energía, según declaró este miércoles un portavoz de la Comisión Europea.
El grupo de trabajo sobre energía de la UE celebró una reunión telefónica el miércoles, en la que se reunieron los Estados miembros de la UE para debatir el resultado de una reunión de la AIE en la que los miembros apoyaron acelerar la liberación al mercado de unos 100 millones de barriles de reservas de petróleo, tal y como se había prometido en marzo.
Arabia Saudí confirma tres muertos en aeropuertos tras los ataques reivindicados por los huzíes
Hace 5 horas
Las autoridades saudíes informaron este miércoles de que tres personas habían fallecido en los ataques perpetrados contra dos de los aeropuertos internacionales del reino, incluido el de la capital, Riad, después de que los huzíes de Yemen reivindicaran haber disparado contra ambos centros de transporte.
Los huzíes, alineados con Irán, se atribuyeron anteriormente la responsabilidad de una serie de ataques que incluyeron el lanzamiento de un misil balístico contra el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad, a medida que se agrava el conflicto con Arabia Saudí, que respalda al Gobierno de Yemen.
«El martes y el miércoles… el Aeropuerto Internacional de Abha y el Aeropuerto Internacional Rey Khalid fueron objeto de ataques dirigidos contra sus instalaciones», declaró la autoridad de aviación civil del reino en un comunicado, sin culpar a nadie de los ataques.
Un ciudadano egipcio y otro argelino fallecieron en el aeropuerto de Abha, y un ciudadano sudanés perdió la vida en el aeropuerto de Riad, según informó la agencia, además de que 36 personas resultaron heridas en los ataques.
Opinión: Por qué Hamás consideró que el statu quo era más peligroso que su apuesta del 7 de octubre
Hace 5 horas
Los acontecimientos del 7 de octubre no pueden entenderse al margen de la larga historia de despojo, ocupación, asedio y lucha de los palestinos. No pueden analizarse con seriedad partiendo de la premisa de que los palestinos deben justificar su derecho a resistirse a un sistema que les ha despojado durante generaciones. Ese derecho no está en entredicho.
Lo que sí cabe cuestionar es por qué Hamás eligió esta línea de actuación concreta en este momento concreto, y si la decisión fue racional teniendo en cuenta lo que sus líderes sabían y podían haber previsto razonablemente antes del 7 de octubre.
También plantea la cuestión de si fue la elección estratégica acertada entre las alternativas de que disponían, y qué evaluación estratégica les llevó a asumir un riesgo tan extraordinario.
Estas cuestiones se contemplan, inevitablemente, a la luz de la devastación que siguió. Gaza ha sufrido un genocidio, tal y como han concluido Amnistía Internacional, B’Tselem, la Asociación Internacional de Estudiosos del Genocidio y la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas, mientras que Human Rights Watch ha documentado el exterminio y los actos de genocidio.
Lea más: Por qué Hamás consideró que el statu quo era más peligroso que su apuesta del 7 de octubre Artículo de opinión de Sami Al-Arian
Un palestino sostiene una pancarta en la que se lee «El asedio israelí ha convertido a Gaza en una gran prisión» durante una protesta contra el bloqueo cerca del paso fronterizo de Kerem Shalom, en Rafah, al sur de Gaza, el 10 de agosto de 2023 (Said Khatib/AFP)
Siria sopesa prestar ayuda militar a Arabia Saudí en medio de la guerra de Yemen, según fuentes
Hace 5 horas
Siria está considerando detenidamente la posibilidad de proporcionar ayuda militar a su aliado clave, Arabia Saudí, en medio de una guerra cada vez más intensa contra los huzíes alineados con Irán en Yemen, según afirmaron un funcionario estadounidense y un oficial militar sirio informados sobre el asunto.
Entre las opciones que se barajan se incluyen la ayuda defensiva para proteger al reino de los ataques, o el despliegue de fuerzas con fines ofensivos para ayudar a las tropas yemeníes respaldadas por Arabia Saudí a combatir a los huzíes, según indicaron las fuentes.
El funcionario estadounidense afirmó que Arabia Saudí había solicitado a Siria el despliegue de fuerzas para combatir a los huzíes.
En respuesta a una solicitud de comentarios dirigida al Ministerio de Asuntos Exteriores sirio, un diplomático sirio señaló que Siria se mantenía firmemente del lado de Arabia Saudí frente a los ataques huzíes, pero que la atención principal del Gobierno se centraba en prioridades nacionales, como la recuperación tras la guerra civil del país.
«En caso de que Arabia Saudí solicitara cualquier tipo de cooperación militar o intercambio de conocimientos técnicos, esto se llevaría a cabo exclusivamente a través de los canales oficiales y en el marco de los acuerdos bilaterales que rigen las relaciones entre nuestros dos países hermanos», declaró el diplomático en un comunicado.
Información de Reuters
Francia liberará 10 millones de barriles de diesel de sus reservas
Hace 6 horas
Francia liberará 10 millones de barriles de diesel de sus reservas estratégicas, según informó este miércoles la emisora Franceinfo, citando fuentes anónimas.
El primer ministro Sébastien Lecornu anunciará oficialmente esta medida durante un discurso a la nación previsto para este miércoles por la noche.
El número de muertos en Gaza este miércoles asciende a cinco
Hace 6 horas
MEE informó anteriormente de que los disparos y los ataques aéreos israelíes causaron la muerte de cuatro personas en diversas zonas de Gaza este miércoles.
Al Jazeera informa ahora de que el número de muertos ha aumentado a cinco en la Franja después de que un ataque aéreo israelí tuviera como objetivo una vivienda en el campo de refugiados de Jan Yunis, hiriendo a varias personas más, incluida una que se encuentra en estado crítico.
Hace 7 horas
Los ataques contra petroleros que navegan por el estrecho de Ormuz alcanzaron la semana pasada su nivel más alto desde que comenzó la guerra con Irán, según fuentes de seguridad marítima que realizan un seguimiento de los incidentes, en un contexto de mayor impulso a las exportaciones por parte de los productores del Golfo.
Los ataques, los intentos de ataque y las actividades de acoso —incluidos los sobrevuelos de drones, la vigilancia y las comunicaciones por radio VHF— por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán han persistido en el estrecho, según indicó el domingo en un comunicado el Centro Conjunto de Información Marítima (JMIC), dirigido por la Armada de los Estados Unidos.
«Estas acciones siguen demostrando la intención de Irán de afirmar su presencia a lo largo de las principales rutas de tránsito y de mantener la presión sobre los buques que transitan por ellas», señaló el JMIC.
Israel derriba propiedades de un palestino que salvó a 30 israelíes el 7 de octubre
Hace 7 horas
Las autoridades israelíes han derribado propiedades pertenecientes a un ciudadano palestino de Israel, quien rescató a 30 israelíes del festival de música Nova durante los ataques del 7 de octubre de 2023.
El sitio web de noticias israelí Local Call informó el lunes de que las autoridades israelíes arrasaron un almacén y un gallinero pertenecientes a Yousef Zyadna, mientras que la vivienda de su sobrino fue demolida.
Zyadna, conductor de minibús, se desplazó hasta el recinto del festival de música Nova en las primeras horas de los ataques para ayudar a la gente a escapar.
Posteriormente, fue galardonado por su heroísmo en un acto celebrado en el museo «Amigos de Sión» de Israel.
Más información: Israel derriba las propiedades de un palestino que salvó a 30 israelíes el 7 de octubre
Soldados israelíes junto a una casa dañada en el kibutz de Nir Oz, una de las comunidades israelíes cercanas a la Franja de Gaza atacadas el 7 de octubre; fotografía tomada el 31 de octubre de 2023 (AFP)
Hace 7 horas
Francia convocó este miércoles al embajador de Irán por lo que el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Pascal Confavreux, describió como una campaña de desinformación iraní dirigida contra el movimiento de protesta de los estudiantes de secundaria franceses.
Se le comunicó al embajador el carácter «absolutamente inaceptable» de los contenidos falsos difundidos en Internet por las cuentas oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, afirmó Confavreux en un comunicado, añadiendo que la convocatoria del embajador francés por parte de Teherán el 6 de octubre carecía de fundamento.
«Estas provocaciones indignas deben cesar», afirmó.
Irán convocó el martes al embajador francés en Teherán a causa de las protestas estudiantiles en curso, acusando a París de «trato violento» hacia los manifestantes y de graves violaciones de los derechos humanos, según los medios de comunicación estatales iraníes.
Hace 8 horas
La candidata laborista en las elecciones parciales de Holborn y St Pancras ha condenado al Partido Verde por declarar que el sionismo es una forma de racismo, en un momento en que se examina minuciosamente su trayectoria en la cuestión de Israel y Palestina.
Sagal Abdi-Wali criticó la moción, que los miembros de los Verdes aprobaron como política del partido durante el fin de semana, y declaró este martes al Evening Standard: «Esta misma mañana, varias personas me han comentado, literalmente a las puertas del colegio, lo divisiva que les parece esa moción y lo preocupados que están por ella.
«Creo que es preocupante para cualquiera que crea en una solución de dos Estados».
El principal rival de Abdi-Wali en las elecciones parciales, que tendrán lugar este jueves, es el líder del Partido Verde, Zack Polanski.
Más información: La candidata laborista condena la moción del Partido Verde «El sionismo es racismo» antes de las elecciones parciales
La candidata del Partido Laborista, Sagal Abdi-Wali, asiste al inicio de la campaña en Londres el 12 de septiembre de 2026 (AFP)
Hace 8 horas
Turquía está enviando principalmente apoyo defensivo y técnico a Arabia Saudí para ayudarla a combatir a los huzíes de Yemen, según afirmaron este miércoles dos fuentes oficiales, después de que este miembro de la OTAN y Pakistán se comprometieran a cumplir con el compromiso de defensa colectiva de su alianza recién formada.
Turquía, Pakistán y Arabia Saudí firmaron en agosto el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca, en virtud del cual un ataque armado contra uno de los miembros se considera un ataque contra todos. Han estado trabajando para establecer los parámetros de la nueva alianza y han celebrado reuniones políticas y militares en respuesta a los ataques del grupo.
El lunes, los países anunciaron que habían acordado actuar de inmediato para cumplir sus compromisos de defensa colectiva y garantizar el «rápido despliegue» de fuerzas y capacidades militares en Arabia Saudí.
Turquía, que cuenta con el segundo ejército más grande de la OTAN y una sólida industria de defensa, ha condenado los ataques huzíes contra Arabia Saudí, ha manifestado su disposición a ayudar a satisfacer las necesidades militares técnicas de Riad y ha acordado unirse a una coalición liderada por Arabia Saudí para garantizar la seguridad de la navegación en el Mar Rojo.
Un funcionario turco, que habló bajo condición de anonimato, afirmó que el apoyo que se esperaba de Turquía se limitaba al suministro de equipamiento militar, al intercambio de información de inteligencia y a los sistemas de armamento, y añadió que, hasta la fecha, no se había producido ningún otro tipo de despliegue en el marco de la alianza.
JD Vance: Irán necesita una reducción «significativa» del enriquecimiento para poner fin a la guerra
Hace 9 horas
El vicepresidente de EE. UU., JD Vance, afirmó en una entrevista exclusiva con Reuters que Irán debe llevar a cabo una reducción «significativa» de su capacidad de enriquecimiento nuclear para satisfacer las exigencias de EE. UU. y poner fin a la guerra de siete meses entre ambos países, a pesar de que Washington no tiene claro cómo toma Teherán sus decisiones en las negociaciones.
Vance, escéptico desde hace tiempo respecto a la participación de EE. UU. en guerras en el extranjero, ha asumido un papel protagonista en la negociación de un acuerdo para resolver el conflicto y medió en junio en un acuerdo de paz provisional que se desmoronó rápidamente. La guerra ha sacudido los mercados energéticos mundiales y se ha convertido en un lastre político para el presidente de EE. UU., Donald Trump, y sus compañeros republicanos de cara a las elecciones de mitad de legislatura de noviembre.
Vance declaró el lunes, tras un viaje de campaña en Alaska, que cualquier acuerdo exigiría a Irán que redujera su capacidad de enriquecimiento nuclear, en lugar de ofrecer garantías de futuras reducciones del programa nuclear.
«Si no desea un arma nuclear, ¿por qué necesita combustible enriquecido al 60 %? Y si quiere demostrar su compromiso de no fabricar un arma nuclear, no fabrique combustible altamente enriquecido. Esa es una cuestión fundamental», afirmó Vance.
«Creo que, si quieren demostrar su compromiso de no fabricar un arma nuclear, deberían tomar medidas significativas en relación con su capacidad de enriquecimiento».
Información de Reuters
Hace 10 horas
Según ha podido saber Middle East Eye, se espera que el cónsul general británico en Palestina abandone Jerusalén en cumplimiento de la orden de Israel de cerrar el consulado británico antes de la fecha límite del jueves.
Una vez que los diplomáticos británicos hayan abandonado la Palestina ocupada, no podrán volver a entrar sin permiso israelí. Es probable que el cierre del consulado de Jerusalén Este, con casi 200 años de antigüedad, sea definitivo, a menos que se produzca un cambio de Gobierno en Israel.
Se espera que la cónsul general británica, Helen Winterton, trabaje con su equipo desde Omán con la esperanza de regresar a Jerusalén cuando sea posible, según fuentes conocedoras del asunto.
El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, anunció el mes pasado la orden de cierre del consulado británico como represalia por la medida del Reino Unido de prohibir el comercio con los asentamientos israelíes. Winterton tiene previsto marcharse antes del jueves, fecha que Saar fijó como plazo límite para el cierre del consulado.
MEE visitó el consulado el miércoles por la tarde y preguntó a un supervisor de seguridad si la cónsul general ya se había marchado.
El supervisor respondió: «Lo siento, pero no puedo facilitarle ninguna información». «
Más información: El cónsul general del Reino Unido en Palestina tiene previsto abandonar Jerusalén antes de la fecha límite de cierre fijada por Israel
Más de 200 000 personas desplazadas por los combates en Yemen: agencia de la ONU
Hace 10 horas
Más de 200 000 personas han sido desplazadas en Yemen desde que se reanudaron los combates entre los huzíes y el Gobierno reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudí, según informó el miércoles una agencia de la ONU.
«Un total de 201 217 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en Yemen desde que comenzaron los combates», afirmó la Organización Internacional para las Migraciones. Casi todos ellos, 197 755, han sido desplazados desde principios de septiembre, añadió.
Información de la AFP
Haciendo cola para conseguir agua y cargar el móvil: así es la supervivencia en Gaza
Hace 12 horas
A medida que el genocidio de Israel entra en su cuarto año, la vida cotidiana de los palestinos se ha reducido a buscar comida y agua, al tiempo que hacen frente a la pérdida y al desplazamiento
Casi dos años después de que el marido de Raja al-Shawish desapareciera en un puesto de control israelí, ella afirma que ya no se siente mujer.
Desde su desaparición, ha tenido que asumir la responsabilidad de criar a sus hijos sola, desde el momento en que se despierta hasta la hora de acostarse.
Las rutinas que antes le daban sentido a su vida han sido sustituidas por las exigencias diarias de la supervivencia, dejando poco espacio para la vida que una vez conoció o para la mujer que una vez fue.
«Mi marido estuvo conmigo durante el primer año del genocidio y, aunque fue duro, compartía la carga conmigo y hacía que todo resultara menos devastador», explicó Raja a Middle East Eye desde un aula de la UNRWA en el oeste de la ciudad de Gaza, que ha sido su hogar durante unos dos años.
«Desde que desapareció, y durante la hambruna, he vendido todo mi oro —excepto una pieza— para alimentar a nuestros hijos. Me he guardado la última pieza para cuando él regrese. La venderé entonces y utilizaré el dinero para celebrarlo».
Más información: Colas para conseguir agua y cargar el móvil: así es la supervivencia en Gaza
Hace 12 horas
Un ataque aéreo israelí contra un campo de refugiados en Jan Yunis ha causado la muerte de otro palestino, lo que eleva a cuatro el número de víctimas mortales de este miércoles en toda Gaza.
El ataque, perpetrado en el sur de Gaza, también ha dejado heridos, aunque se desconoce el número exacto.
Los ataques israelíes matan a un socorrista de Gaza, a un niño y a otro palestino
Hace 13 horas
Las fuerzas israelíes han matado a tres palestinos en Gaza, mientras el territorio cumple tres años de la guerra genocida de Israel.
En uno de los ataques falleció un trabajador de Protección Civil que intentaba rescatar a personas heridas en un campamento para palestinos desplazados cerca del Hospital Kamal Adwan.
En el sur de Gaza, los disparos israelíes mataron a un niño al este de Khan Yunis, donde las tropas continuaron disparando con ametralladoras pesadas. Un ataque con drones causó la muerte de otra persona en la ciudad.
Estas muertes se producen en el tercer aniversario del ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023. Desde entonces, las fuerzas israelíes han matado al menos a 74 000 palestinos en Gaza, entre ellos miles de niños.
Soldados y colonos israelíes matan a un palestino durante la cosecha de aceitunas cerca de Nablus
Hace 13 horas
Soldados y colonos israelíes abrieron fuego contra palestinos que recolectaban aceitunas al norte de Nablus, matando a un hombre de 44 años e hiriendo a 16 personas, según informa la agencia de noticias palestina Wafa.
Wafa identificó al hombre como Ali Hassan Yosr Al-Bazzari y señaló que un numeroso grupo de colonos, acompañados de soldados, atacó a los recolectores en las llanuras de Sahl Ramin y Burqa.
La Media Luna Roja Palestina indicó que sus equipos atendieron al menos a dos personas que se encontraban en estado crítico tras recibir disparos. Los atacantes también golpearon a los recolectores de aceitunas, y entre los heridos se encontraba al menos una mujer.
Un responsable del IRGC afirma que los buques de guerra extranjeros se han retirado del Golfo
Hace 14 horas
Un comandante iraní afirma que las capacidades militares de la Guardia Revolucionaria han obligado a las fuerzas navales extranjeras a mantenerse a distancia de Irán, según la agencia estatal de noticias IRNA.
El general de brigada Yadollah Javani, subcomandante de la oficina política del IRGC, atribuyó el cambio de situación en el Golfo y el mar de Omán a los misiles, los drones y la potencia naval de la fuerza.
«Anteriormente, docenas de buques de guerra y embarcaciones extranjeras surcaban el Golfo», afirmó. «Hoy en día, la flota enemiga se ha alejado más de 1 000 km de nuestras aguas territoriales y no se atreve a acercarse».
Javani señaló que «la seguridad colectiva de los países islámicos y la retirada total de los agresores» determinarían el futuro de la región.
Alemania confirma su participación en la liberación de reservas energéticas de la AIE
Hace 14 horas
El Ministerio de Economía alemán afirma que el país participará en la liberación de las reservas energéticas de emergencia acordada por la Agencia Internacional de la Energía en marzo.
«En estos momentos se está tramitando la puesta en marcha de dicha liberación», declaró un portavoz del ministerio a Reuters en un comunicado enviado por correo electrónico el miércoles.
El anuncio se produce tras un acuerdo independiente del G7 alcanzado la semana pasada, bajo presión de EE. UU., para extraer 100 millones de barriles de petróleo crudo y diesel de las reservas de emergencia. El grupo también se comprometió a mantener las exportaciones de energía libres de restricciones.
Siguen sin aclararse cuántos de ese total procederían de cada combustible y cómo se relaciona el plan con el compromiso de marzo de liberar 400 millones de barriles.
El portavoz alemán no se pronunció sobre la última propuesta del G7.
Hace 15 horas
El Partido Verde de Inglaterra y Gales ha desatado una polémica internacional al votar a favor de declarar el sionismo como una forma de racismo en su congreso celebrado en Brighton este fin de semana.
La votación de los miembros del partido el domingo lo convierte en el primer partido importante del Reino Unido en reconocer el sionismo como una forma de racismo —y en respaldar un único Estado democrático palestino con igualdad de derechos para todos los grupos étnicos y religiosos, en lugar de una solución de dos Estados.
El Gobierno israelí respondió de inmediato prohibiendo la entrada en Israel al líder del Partido Verde, Zack Polanski (que es judío), y acusando a los Verdes de antisemitismo.
Estados Unidos afirmó que presentaría «protestas» ante el Gobierno británico por este asunto, sugiriendo que podría constituir un acto de antisemitismo.
Por su parte, el Partido Verde Europeo se distanció «inequívocamente» de la votación, denunciando la moción y reafirmando su apoyo a la solución de dos Estados.
Más información: Cómo la ONU declaró el sionismo una forma de racismo; posteriormente, el Reino Unido presionó para que se revocara la resolución
Hace 16 horas
El adjunto político del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) afirmó que los buques de guerra extranjeros se han retirado más de 1.000 km del Golfo.
«Anteriormente, docenas de buques de guerra y embarcaciones extranjeras surcaban el Golfo», declaró Yadollah Javani. «Hoy en día, la flota enemiga se ha alejado más de mil kilómetros de nuestras aguas territoriales y no se atreve a acercarse».
Javani señaló que el futuro de la región vendría determinado por la «seguridad colectiva de los países islámicos y la retirada total de los agresores».
Hace 17 horas
Buenos días, lectores de Middle East Eye,
Estas son las últimas novedades:
- Las fuerzas israelíes mataron a un miembro de la defensa civil palestina, según informaron los Servicios de Ambulancias y Emergencias de Gaza. Fue abatido a tiros mientras intentaba evacuar a personas heridas por disparos israelíes en Jabalia.
- El grupo yemení Ansar Allah (huzíes) reivindicó ataques con misiles y drones contra varios objetivos en Arabia Saudí. El portavoz Yahya Saree afirmó que habían atacado con drones el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad. También señaló que se lanzaron ataques con misiles y drones contra el Aeropuerto Internacional de Abha y una base aérea en la ciudad de Khamis Mushait, al suroeste del país.
- El director de la Oficina de Medios de Comunicación del Gobierno de Gaza afirmó que Israel ha asesinado a 263 periodistas y trabajadores de los medios de comunicación durante su genocidio. Ismail al-Thawabta declaró a la agencia Anadolu que 50 periodistas habían sido detenidos en prisiones israelíes, de los cuales 23 seguían bajo custodia. Estimó que las pérdidas del sector de los medios de comunicación de Gaza ascendían a unos 1 000 millones de dólares, incluyendo instalaciones, equipos, vehículos de retransmisión y dispositivos técnicos.
- El vicepresidente de EE. UU., JD Vance, afirmó que Irán debe llevar a cabo una reducción «significativa» de su capacidad de enriquecimiento nuclear para satisfacer las exigencias de EE. UU. y poner fin a la guerra. Vance también indicó que EE. UU. seguía abierto a alcanzar un acuerdo, pero que exigiría concesiones nucleares concretas por parte de Irán. «No vamos a cambiar palabras por acciones», afirmó.
- Los ataques estadounidenses han dañado 111 instalaciones petroquímicas y farmacéuticas en todo Irán, según el representante de este país ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. «La agresión militar de EE. UU. contra las industrias químicas de Irán ha afectado a las cadenas de suministro y a la aplicación de la Convención sobre Armas Químicas», declaró Hadi Farajvand.
Qatar afirma que EE. UU. e Irán siguen en conversaciones para poner fin a la guerra
Hace 18 horas
Qatar, en su calidad de mediador, ha señalado que Estados Unidos e Irán siguen manteniendo conversaciones indirectas destinadas a poner fin al conflicto, a pesar del aparente estancamiento tras siete meses de guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
«Las conversaciones continúan y el intercambio de mensajes entre las distintas partes sigue en marcha a través de Qatar y los socios regionales», ha declarado Ibrahim al-Hashmi, funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar.
Las fuerzas israelíes matan a tiros a un miembro de la defensa civil palestina en Gaza
Hace 18 horas
https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/yemens-huzíes-claim-attacks-saudi-airports
Las fuerzas israelíes mataron a un miembro de la defensa civil palestina, según informaron los Servicios de Ambulancias y Emergencias de Gaza.
Fue abatido a tiros mientras intentaba evacuar a personas heridas por disparos israelíes en Jabalia.
Los huzíes de Yemen reivindican ataques contra aeropuertos y una base aérea saudíes
Hace 19 horas
Los huzíes de Yemen reivindicaron ataques con misiles y drones contra varios objetivos en Arabia Saudí, aunque las autoridades del reino no lo han confirmado.
El grupo afirmó que atacó con drones el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad.
Asimismo, indicaron que se lanzaron ataques con misiles y drones contra el Aeropuerto Internacional de Abha y una base aérea en la ciudad de Khamis Mushait, al suroeste del país.
Hace 19 horas
El director de la Oficina de Medios de Comunicación del Gobierno de Gaza afirmó que Israel ha matado a 263 periodistas y trabajadores de los medios de comunicación durante su genocidio.
Ismail al-Thawabta declaró a la agencia Anadolu que 50 periodistas habían sido detenidos en prisiones israelíes, de los cuales 23 siguen bajo custodia.
«Tres periodistas siguen desaparecidos: Nidal Suheil al-Wahidi, Haitham Jamal Abdul Wahid y Ahmad Issam al-Agha», añadió.
Thawabta señaló que los ataques israelíes de los últimos tres años han dañado o destruido 16 oficinas de televisión por satélite, 11 emisoras de radio, 12 redacciones de periódicos y revistas, 23 medios digitales, 27 imprentas y cinco organizaciones sindicales y de defensa de los derechos que se dedican a la labor periodística.
Estimó que las pérdidas del sector de los medios de comunicación de Gaza ascendían a unos 1.000 millones de dólares, incluyendo locales, equipos, vehículos de retransmisión y dispositivos técnicos.
Hace 21 horas
El Partido Verde británico ha declarado que el sionismo es una forma de racismo. La moción, aprobada en su congreso de Brighton por 1.022 votos a favor frente a 813 en contra, convierte al partido oficialmente en antisionista y respalda un único Estado democrático en la Palestina histórica.
La reacción fue feroz. La exlíder Caroline Lucas se pronunció en contra. La mayoría de los diputados verdes la rechazaron. Israel prohibió la entrada al líder del partido, Zack Polanski, aunque este no votó. Gran parte de la prensa lo calificó de «extremismo».
Pero, ¿qué significa realmente el sionismo? ¿Significa cosas diferentes para cada persona? ¿Y calificar el sionismo de «racismo» es una premisa necesaria para desmantelar los sistemas de opresión, o una oportunidad perdida?
El antropólogo israelí Jeff Halper, director del Comité Israelí contra las Demoliciones de Viviendas y cofundador de la Campaña por un Estado Democrático Único, explica por qué respalda el fondo de la moción, pero considera que un titular diferente podría haber logrado más.
Hace 21 horas
El vicepresidente de EE. UU., JD Vance, afirmó que Irán debe llevar a cabo una reducción «significativa» de su capacidad de enriquecimiento nuclear para satisfacer las exigencias de EE. UU. y poner fin a la guerra.
«Si no desea un arma nuclear, ¿por qué necesita combustible enriquecido al 60 %? Y si desea demostrar su compromiso de no fabricar un arma nuclear, no produzca combustible altamente enriquecido. Esa es una cuestión fundamental», declaró Vance durante una entrevista con Reuters.
«Creo que, si quieren demostrar su compromiso de no fabricar un arma nuclear, deberían tomar medidas significativas en relación con su capacidad de enriquecimiento».
Vance también indicó que EE. UU. seguía abierto a alcanzar un acuerdo, pero que exigiría concesiones nucleares concretas por parte de Irán. «No vamos a cambiar palabras por acciones», afirmó.
La coalición liderada por Arabia Saudí afirma haber interceptado un misil huzí al norte de Riad
Hace 22 horas
La coalición liderada por Arabia Saudí afirmó haber interceptado y destruido un misil balístico lanzado por los huzíes al norte de Riad.
La angustiosa espera por los desaparecidos de Gaza
Hace 21 horas
Tres años después del inicio del genocidio de Israel en Gaza, las familias palestinas siguen buscando respuestas sobre los miles de familiares que desaparecieron durante la guerra.
Algunos desaparecieron durante los ataques terrestres israelíes contra sus barrios o campamentos de desplazados. Otros desaparecieron mientras buscaban ayuda, iban a comprobar el estado de sus hogares o se desplazaban cerca de la denominada «Línea Amarilla».
Para sus familias, la ausencia de una respuesta definitiva las ha dejado en una encrucijada entre la esperanza y el dolor, sin saber si deben seguir esperando o comenzar el duelo.
Según la Comisión Independiente de Derechos Humanos, más de 11 000 personas en Gaza siguen en paradero desconocido, incluidas aquellas que se cree que están enterradas bajo los escombros y aquellas de las que se sospecha que han sido víctimas de desapariciones forzadas.
El Centro Palestino para Personas Desaparecidas y Desaparecidas Forzosamente estima que entre 2.500 y 3.000 personas son sospechosas de haber sufrido una desaparición forzada, tras haber desaparecido o haber perdido el contacto con sus familias desde el inicio de la guerra y hasta el alto el fuego anunciado el 9 de octubre de 2025.
Su paradero sigue siendo desconocido, ya que las autoridades israelíes siguen sin revelar los nombres de todas las personas detenidas procedentes de la Franja y no han identificado los aproximadamente 620 cadáveres devueltos a Gaza.
Middle East Eye ha hablado con tres familias cuyos familiares desaparecieron durante la guerra sobre sus esperanzas, sus temores y la larga espera para obtener respuestas.
Más información: La angustiosa espera por los desaparecidos de Gaza
Un responsable de Adén afirma que misiles huzíes atacaron el aeropuerto de Adén, en Yemen
Hace 22 horas
Dos misiles lanzados por los huzíes atacaron el aeropuerto internacional de Adén, en Yemen, en la madrugada del miércoles, según informó la oficina de prensa del departamento de seguridad de Adén.
No se han registrado víctimas en el ataque.
Hace 23 horas
Los ataques estadounidenses han dañado 111 instalaciones petroquímicas y farmacéuticas en todo Irán, según el representante del país ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.
«La agresión militar estadounidense contra las industrias químicas de Irán ha afectado a las cadenas de suministro y a la aplicación de la Convención sobre Armas Químicas», afirmó Hadi Farajvand.
Se han registrado ataques en Ibb y Taiz, en Yemen
Hace 23 horas
Aviones saudíes bombardearon el distrito de Mudhaykhirah, en Ibb, y el distrito de Sharab, en Taiz, en la madrugada del miércoles, según medios de comunicación afines a los huzíes de Yemen.