(Página herida) La izquierda y la fragmentación

25 de abril, sempre!

Las respuestas del mundo occidental a la situación en la Franja de Gaza y Cisjordania plantean una pregunta inquietante: ¿por qué el Occidente oficial, y la Europa occidental oficial en particular, son tan indiferentes al sufrimiento de los palestinos?… Se trata de una pregunta pertinente, dado que estamos ante un genocidio televisado que ahora se ha renovado sobre el terreno. Es diferente de periodos anteriores en los que se mostró la indiferencia y complicidad occidentales, ya fuera durante la Nakba o durante los largos años de ocupación desde 1967. Durante la Nakba y hasta 1967 no era fácil obtener información y la opresión posterior a 1967 fue en su mayor parte incremental y, como tal, ignorada por los medios de comunicación y la política occidentales, que se negaron a reconocer su efecto acumulativo sobre los palestinos.
Pero estos últimos dieciocho meses son muy diferentes. Ignorar el genocidio en la Franja de Gaza y la limpieza étnica en Cisjordania solo puede calificarse de intencionado y no de ignorancia. Tanto las acciones de los israelíes como el discurso que las acompaña son demasiado visibles para ser ignorados, a menos que políticos, académicos y periodistas decidan hacerlo. Este tipo de ignorancia es, ante todo, el resultado del éxito de los grupos de presión israelíes que prosperaron en el fértil terreno del complejo de culpa, el racismo y la islamofobia europeos.
Ilan Pappé (19 de abril de 2025)

Efectivamente, no es ignorancia, es algo mucho más grave: decisión consciente de taparse los ojos ante la barbarie o coparticipar en los crímenes del Estado colonialista (Les copio la referencia del artículo del gran historiador israelí, con traducción de una activista incansable Sinfo Fernández: https://vocesdelmundoes.com/2025/04/20/sobre-el-panico-moral-y-el-valor-de-hablar-el-silencio-de-occidente-sobre-gaza/).
Sigamos con Palestina en el corazón. ¡Apoyemos todas las denuncias y manifestaciones que se convoquen!

Sigamos denunciado también la política de rearme de la UE y las vergonzosas triquiñuelas del gobierno Sánchez. “Sánchez anuncia que España cumplirá el 2% del PIB en gasto militar este mismo año; Defensa recibirá 10.471 millones de euros más, hasta totalizar 33.123 millones en 2025”, adelantando en cuatro años la fecha fijada hasta ahora por el Gobierno (era 2029). Por si faltara algo, sin necesidad de aprobación parlamentaria, solo se informará al Congreso.
¿De verdad que estamos hablando de un gobierno de izquierdas? ¿Esas políticas son apoyadas por los ciudadanos que votaron a los partidos del gobierno?
Sugerencia sobre otra arista: Olga Rodríguez, “El Gobierno cierra un contrato de compra de armamento a Israel a pesar de haber dicho que lo cancelaría” https://www.eldiario.es/internacional/espana-cierra-contrato-compra-armamento-israel-pesar-haber-dicho-cancelaria_1_12235890.html
[Afortunadamente, escribo en la tarde jueves, la protesta ciudadana, las críticas y desplantes de IU, Podemos y otros colectivos han  hecho rectificar al gobierno.  Conviene tomar nota. Ese es uno de los senderos por los que debemos transitar]

Cojo el hilo de la página. Dos previas:

1. El lema de Comuns para Santi Jordi 2025: “Sense llengua no hi ha llegenda” (sin lengua no hay leyenda). ¿Lengua en singular? Pues sí, lengua en singular. ¿Qué lengua entonces? “Un any més, avui omplirem les places i els carrers del nostre país per reivindicar la llengua i la cultura catalanes” (un año más, hoy llenaremos las plazas y las calles de nuestro país para reivindicar la lengua y la cultura catalanas). Tal vez no sea nacionalismo cultural sectario, pero se aproxima mucho. Las gentes no llenamos las calles y plazas del “país” en un día que también es el Día Mundial del Libro (UNESCO, 1995), para reivindicar una sola lengua y una sola cultura, y excluir o menospreciar otras.
(Sobre la celebración: Carmen Domingo, “Alguna cosa que usted no sabía de Sant Jordi” https://elpais.com/espana/catalunya/2025-04-23/alguna-cosa-que-usted-no-sabia-de-sant-jordi.html. Un fragmento:
En primer lugar, me enteré de que la idea fue de Vicente Clavel, un periodista y editor… valenciano, que fundó en 1916 la Editorial Cervantes en Barcelona, primera sorpresa… En 1923 Vicente Clavel llevó a cabo su iniciativa más ambiciosa: la Memoria de la Cámara del Libro hizo público que “está pendiente de examen” su propuesta de “dedicar un día de cada año a celebrar la Fiesta del Libro Español”, una proposición que se respaldó en 1925 para lograr que, en 1926, Alfonso XIII la convirtiera en real decreto.
¿Y qué día mejor para celebrarlo?, pensó nuestro convencido cervantista valenciano que el natalicio del inmortal Cervantes, o sea el 7 de octubre.
Sin embargo, entre que octubre no es mes para confiar en el clima, y que no está clara la fecha de nacimiento del ilustre escritor, la propuesta tenía los días contados. Menos de un lustro duró la celebración.
Fue en 1930 cuando la fecha de la fiesta cambiaría definitivamente y el 23 de abril se instituyó como la elegida. Se decía que Cervantes había muerto ese día, aunque hoy sabemos que fue el 22. Más tarde, para aumentar la justificación, se sumarían dos fallecimientos literarios: el del Inca Garcilaso de la Vega (tampoco probado con exactitud) y el de William Shakespeare (aunque este día, computado entonces en el isabelino calendario juliano, correspondería en el gregoriano al 3 de mayo).
Y así, es cómo en Cataluña llamamos con el nombre del patrón Sant Jordi a una fiesta del “libro español” ideada por un valenciano y decretada por un Borbón.”

2. ¡Una buena noticia! Fracaso de la la convocatoria de la Plataforma Sant Jordi per la Llengua, unas 2.000 personas se manifestaron en el día de Sant Jordi. Entre los convocantes (unas 200 entidades y asociaciones): Òmnium, el Centro IRÍDIA, sindicatos y la CUP, las juventudes de ERC, Junts y…, efectivamente, los comunes.

El tema de hoy: les hablo de un viejo-nuevo tema de la izquierda española a partir de las reflexiones de José Luis Martín Ramos, uno de nuestros grandes historiadores, miembro de Espai Marx.
Hace apenas una semana, Carlos Valmaseda, bibliotecario y miembro también de Espai Marx, nos envío a los miembros del colectivo un artículo (¡nos suele enviar nueve diariamente!) con la siguiente nota: “Dmitry Pozhidaev, que suele trabajar sobre economía en Serbia, publica esta reseña de un libro sobre Yugoslavia. https://deveconhub.com/ Introducción a Yugoslavia (Uvod u Jugoslaviju), de Dejan Jović” (pueden leerlo traducido aquí: https://slopezarnal.es/miscelanea-20-04-2025/#2.)
El profesor Martín Ramos escribió un comentario sobre el artículo. El siguiente:
El interés del texto es plantear la cuestión. No obstante el texto merece unas cuantas observaciones. Quizás si entre todos reunimos algunos comentarios se podría publicar el texto incitando al debate, necesario, como señala Joaquín Miras [presidente de Espai Marx], junto con las observaciones que hagamos entre todos”.

Martín Ramos apuntaba tres. Las dos primeras (que suscribo):
No hay ninguna referencia a la presión política (y militar) exterior para desintegración yugoslava; solo se considera ese factor en términos económicos, el neoliberalismo.
No entiendo la diferencia entre la “ideología” y el “nacionalismo”; se sobreentiende que la “ideología” es el socialismo, más o menos autogestionario, pero, ¿acaso no es una ideología también el “nacionalismo”? Por otra parte, en este caso, el factor disruptivo no fue exactamente el “nacionalismo” sino el nacionalismo croata y el esloveno. El yugoslavismo, una identidad nacional cultural no nacionalista, no fue disruptivo, todo lo contrario, por más que la propaganda atlantista lo presentara siempre -falsamente- como un invento serbio, una máscara del nacionalismo serbio (con esa falsedad se pretendía, y se consiguió, erosionar la unidad política del Estado yugoslavo).”

La tercera observación, la central:
El texto apunta, pero no llega a concretar un error fundacional del Estado federativo yugoslavo: la República federativa era una propuesta de transición al socialismo, la vía yugoslava al socialismo. En esa perspectiva, el federalismo tenía sentido, pero lo que no tenía sentido es federalizar al partido comunista, convertirlo en una Liga que solo fue capaz de mantener su unidad centralizada mientras vivió Tito. Eso fue una barbaridad; presumo que una concesión de Tito a los comunistas eslovenos, los más afectados por el nacionalismo particularista y los menos identificados con el yugoslavismo. No se puede mantener una propuesta de transición hacia una alternativa sistémica, fragmentando, federalizando, a una institución fundamental como es (era) el partido. Esa pata de sustentación del federalismo yugoslavo revolucionario estaba quebrada de partida; por más que la autoridad de Tito -yugoslavista croata, por cierto- pudiera ocultar la falla de los cimientos del Estado.”

Intervine preguntando: “José Luis: el argumento que expones al final de tu observación criticando la federalización del partido comunista yugoslavo -«No se puede mantener una propuesta de transición hacia una alternativa sistémica, fragmentando, federalizando, a una institución fundamental como es (era) el partido»…-, ¿vale en tu opinión solo para el caso yugoslavo o cabe generalizarla? ¿Valdría también para España, por ejemplo?”.

El profesor Martín Ramos respondió así:
Para mí, vale en principio de manera general: un estado, una clase, un partido. La clase puede defender un estado federal, e incluso confederal, pero no fragmentarse políticamente a través de la federalización del partido o de sus organizaciones de resistencia económica [SLA: sindicatos u organizaciones afines]. Era un principio de Lenin que no tengo razones para desechar”.

Y desde luego, añade Martín Ramos, vale para España:
A finales de los años setenta la dirección del PCE se negó en redondo a la propuesta de «adaptar» el partido a la España de las autonomías federalizándolo [SLA: en mi opinión, confederalizándolo]; la propuesta la hicieron Roberto Lertxundi, Rafael Ribó y los «renovadores» y acabó con la ruptura de todos ellos con el PCE, arrastrando a una parte del PCE Euzkadi y a la inmensa mayoría del PSUC que acabó disolviéndose en IC, excepto quienes constituyeron el PSUC-viu [SLA: el partido que presidió Gregorio López Raimundo]. Quedó resuelta la cuestión del carácter unitario del partido por lo que se refiere al PCE, pero los avatares políticos no han permitido abordar la cuestión del PSUC-viu hasta las últimas consecuencias”.

Pero hay más en opinión de Martín Ramos:
Creo que hay todavía no poca confusión en el PCE y en sus relaciones con Cataluña como consecuencia del «procés». Y también creo que debería volverse a la situación virtual de un único partido que existía en los años cincuenta-sesenta del siglo pasado y primera mitad de los setenta, cuando el PSUC era el PCE en Cataluña [SLA: el partido de los comunistas catalanes se hacía llamar]. La narrativa vinculada al malentendido del «autodeterminismo» sigue ensombrenciendo lo que tendría que ser la normación organizativa de un solo partido de los comunistas de España…. que por otra parte, y acertadamente en mi opinión, defiende el modelo de la república federal.”

Como pueden ver, la inversión total de lo que sucede actualmente en el ámbito de SUMAR, los comunes y otras fuerzas de “izquierda nacionalista”.
Yo coincido totalmente con el análisis y la posición de José Luis Martín Ramos, aunque sé que representa “el horror centralista de los horrores centralistas” para una gran parte de la izquierda española… de la izquierda del Estado español, debía haber escrito.
¿Seremos alguna vez capaces de mirar el asunto desde una perspectiva fraternal, no identitaria, y sin complejos para decir lo que sentimos y pensamos? Ardua tarea.

PS. Sin exageraciones que a nadie favorecen: Francisco ha sido el mejor Papa desde Juan XXIII, entre lo mejor que ha generado la institución católica desde los años sesenta del siglo pasado. No ha sido, no podía ser, el Guevara del catolicismo siglo XXI.
Cabe añadir al mismo tiempo (pienso en las horas dedicadas al fallecimiento de Francisco en los medios y también a las informaciones televisivas y radiofónicas sobre las procesiones de Semana Santa de hace unos días), que nuestro país está muy lejos de ser el país aconfesional, no digo laico, del que se habla en la Constitución. Años-luz de distancia.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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