Una encuesta del Jewish People Policy Institute ha revelado que «más de ocho de cada diez israelíes judíos apoyan el plan» propuesto por el presidente Trump de limpiar étnicamente la Franja de Gaza de palestinos reasentándolos en Egipto y Jordania. La encuesta también encontró que entre la minoría de israelíes que no apoyaban el plan de Trump, sólo el 13% se oponía porque lo consideraba inmoral. Entre los israelíes judíos específicamente, el número que se opone a la limpieza étnica de Gaza por razones morales es de solo el 3 %. Un tres por ciento [NE: un 2,6%]. Si eso no es un signo de una sociedad moralmente enferma, no sé qué lo sería. Para que quede claro, estamos hablando de expulsar permanentemente a una población indígena de su tierra natal a escala masiva para que su territorio pueda ser reclamado por colonos. Este es el tipo de crimen que incluso una conciencia medianamente formada reconocería inmediatamente como profundamente inmoral, pero entre los judíos israelíes, esa cifra es sólo del tres por ciento. La degeneración moral que hace posible tal falta de empatía humana básica a gran escala es la consecuencia natural de todo lo que el Estado de Israel es y siempre ha sido. A los judíos israelíes se les adoctrina desde que nacen para que consideren a los palestinos menos que humanos, porque de lo contrario el Israel moderno no tendría sentido. No tiene sentido que un Estado de apartheid en el que un grupo recibe un trato preferente sobre los demás se haya colocado encima de una civilización preexistente a la que se robó violentamente la tierra, los derechos y la dignidad, si se considera que todas las partes implicadas son iguales. Así que se les enseña a no verlas como iguales.
Caitlin Johnstone (febrero de 2025)
Sobre las declaraciones y pretensiones del USApresidente Trump, el secretariado del Consejo Mundial por la Paz (CMP, W.P.C. por sus siglas en inglés) se manifestaba con claridad -¡y dignidad!- el pasado 8 de febrero: “El CMP condena enérgicamente y rechaza vehementemente las declaraciones del presidente de Estados Unidos, D. Trump, en las que afirmó que «tomaría el control» de la Franja de Gaza palestina y desplazaría a más de dos millones de palestinos a países vecinos y otros territorios”.
No les coge por sorpresa: CMP no ha olvidado las acciones de Trump durante su primer mandato, “cuando cerró la oficina de la OLP en Washington D.C., suspendió el apoyo financiero a la UNRWA y declaró a Jerusalén como la «capital eterna e indivisible de Israel» (trasladando la embajada estadounidense de Tel Aviv a allí), entre otras medidas”.
La administración Biden, nos recuerdan, no revirtió ninguna de esas acciones: “por el contrario, todos fuimos testigos de la guerra genocida y las masacres de Israel contra el pueblo palestino, con más de 45.000 muertes recientes. A pesar del alto al fuego acordado en la Franja de Gaza, el ejército israelí continúa hostigando y atacando a palestinos, también en Cisjordania, donde cientos han perdido la vida, particularmente en los campos de refugiados de Jenin y Tulkarem.”
El «plan» de Trump de expulsar a los palestinos de su tierra corresponde a “la doctrina reaccionaria de «un pueblo sin tierra y una tierra sin pueblo» que el régimen de ocupación sionista y su ejército han aplicado durante décadas”. Para el CMP, “es cínico y provocador; constituye una violación flagrante y grave del derecho y de los convenios internacionales.”
CMP reafirma su solidaridad plena y sincera con “el valiente pueblo palestino en su derecho a resistir la ocupación y luchar por la liberación de sus tierras, con el establecimiento de un Estado palestino libre, viable e independiente dentro de las fronteras anteriores al 4 de junio de 1967, con Jerusalén Oriental como su capital, la liberación de todos los prisioneros palestinos de las cárceles israelíes y el derecho al retorno de todos los refugiados palestinos a sus hogares, de acuerdo con la resolución 194 de la ONU.”
La solución al problema palestino, sostienen finalmente, “es un asunto clave para la paz en el Medio Oriente, y el pueblo palestino no puede ser ni será utilizado por los planes imperialistas y sionistas de explotar las materias primas de la región y su patrimonio inmobiliario, de alto valor para muchas empresas multinacionales.”
Y el Ejército israelí no descansa y centra ahora sus esfuerzos de destrucción y muerte (Operación Muro de Hierro) en varias comunidades del norte de la Cisjordania ocupada. Les doy en nota la referencia de un artículo de Joan Cabasés Vega, “Israel traslada la desproporción bélica a Cisjordania y expulsa a decenas de miles de personas de sus casas”, que será de su interés [1].
¡Sigamos con Palestina en el corazón! ¡No desfallezcamos! ¡Apoyemos todas las acciones y manifestaciones que se convoquen! ¡No pasarán, no pasarán!
Cojo el hilo de la página. Unas observaciones previas.
1. Según diversas fuentes oficiales, el pasado año 2024 se cerró con un crecimiento del PIB del 2,7%, seis décimas más de lo previsto. Además, en Cataluña, se alcanzó el mes de enero la tasa de paro más baja en los últimos 16 años (por debajo del 8%). Pero, al mismo tiempo, unos 700.000 catalanes/as sufren privación material severa (en torno al 9% de la población catalana) y uno de cada tres niños y niñas (el 33%) vive en riesgo de pobreza o exclusión social [2]. ¿Qué tipo de “crecimiento” es ese? ¿Dónde se ubica la igualdad o la justicia social?
2. La otra cara de la moneda de la adquisición de la Casa Orsola (izquierda del ensanche barcelonés, barrio de clase media bien situada) por el Ayuntamiento y Habitat 3 por 9 millones (el propietario, Albert Ollé, compró la finca por 6 millones, ha conseguido unos 3 millones por la operación en menos de 3 años): “Con los 9 millones de euros que se van a gastar en ese edificio solucionarían todo el problema de vivienda que hay en los barrios de la Zona Nord y parte del distrito de Nou Barris”; son palabras de Fili Bravo, presidente de la asociación de vecinos de Ciudad Meridiana. Ciutat Meridiana, es un barrio obrero, a la cola en renta familiar de Barcelona, ubicado en la periferia de la periferia norte de la ciudad y castigado por desahucios prácticamente cada semana, muchos de ellos ejecutados en medio de grandes despliegues policiales. Bravo, razonablemente, pregunta “dónde está la prensa” cuando intentando parar desahucios apenas hay 30 o 40 personas. No está allí desde luego.
3. La ILP “No es mi Cultura” pretende derogar la ley del 2013 del PP que considera a la tauromaquia como Patrimonio Cultural Nacional. Un grupo de activistas han estado recogiendo firmas desde hace casi un año. A día de hoy llevan recogidas ¡¡660.000!! El lunes 17 entregarán las cajas con las firmas en el Congreso de los Diputados. Tal vez quieran y puedan apoyarles. Si quieren firmar on line con certificado digital pueden hacerlo en #noesmicultura.org. Hay poco tiempo, hasta este jueves.
4. Premios Goya (a ‘El 47’): podrían haber hecho referencia a la lucha antifranquista cuando recogieron el premio, alguien podría haber hablado del PSUC y de otras organizaciones comunistas, de CC.OO., de las luchas colectivas, de que su aproximación al asunto catalán-castellano tiene poco ver con la realidad de aquellos primeros años de la transición, que Pasqual Maragall no hizo acto de presencia en esa lucha vecinal,… pero no lo hicieron. Silencio entre palabras acríticas. Lo real es lo real y a veces niega cualquier atisbo de autocrítica. Alguien que suele estar muy bien informado, José Luis López Bulla, ex secretario general de CCOO de Cataluña, ha escrito estos días un tuit: “Eduard Fernández, 47 veces grande. Carbón para quien ha ensuciado el guion de la historia real. Roures (Mediapro), de la izquierda caviar, de te fabula narratur.” Yo no creo que Roures sea miembro de la izquierda caviar, ni de izquierda alguna, pero en fin, no es este el punto, el punto son las presiones de Mediapro sobre el guion de la película, conjetura altamente probable. Pago y decido.
Quien no se ha olvidado de una gran protagonista de aquellas luchas, de la compañera, de la admirable camarada Maruja Ruiz Martos, una verdadera imprescindible brechtiana, es Carmen Domingo. Les dejo en nota 3 la referencia y la copia del artículo, por si no pudieran acceder al original. Otra perspectiva, otra forma de narrar el asunto, sin olvidos y sesgos interesados.
(Por si su memoria lo ha olvidado: cuando en 2011 el ayuntamiento de Barcelona, siendo entonces alcalde Xavier Trias, le concedió la medalla de Honor de la Ciudad, en el acto en el que se otorgaban los premios, Maruja la rechazó. Sus palabras imborrables: “Personalmente no la puedo aceptar de un gobierno que nos está recortando todo aquello por lo que yo he luchado y lucharé”. Se lo dijo al barcelonés alcalde patricio y se fue del acto. Con toda la dignidad y el coraje del mundo, de un mundo, el suyo, que no es el mundo de Trias afines).
Sigo ahora con el llamamiento del que les empecé a hablar la semana pasada. Les recuerdo algunas de las personas que lo suscriben y apoyan: Miguel Candel Sanmartín, Ramon Franquesa, Nuria Galdón, Ernesto Gómez de la Hera, Diosdado Toledano, Ana Pintado Moreno, Luis Cabo Bravo, Silvia Marcu, Vicente Serrano, Inma Vela, Pedro Fernández, Sandra Tirado, Javier Marín Vázquez, Pilar González Pin, Jordi Cuevas Gemar, Susana Oviedo, Miguel Pastrana, Emilia Salas Ballesteros.
En anteriores momentos cruciales, se señala en el llamamiento, hubo capacidad para promover una movilización democrática masiva y hacer frente a las amenazas inminentes. “Pero ahora lo que contemplamos es un descenso del conflicto social, la resignación política y el abandono ideológico, al tiempo que se asume lo existente como racional y único posible”. La perplejidad que afecta a muchos sectores sociales, en su opinión producto de la dimensión de la derrota sufrida, “hace que se haya roto el lazo entre la continua degradación de las condiciones de vida y trabajo de las grandes mayorías y su traslación al campo de la lucha política”.
Desapareció el nexo, “entre la objetiva existencia social de la “clase en sí” con su dimensión política como “clase para si” que fundamentalmente se expresa en el desarrollo del conflicto social y mediante la participación e intervención políticas”. Reconstruir ese nexo, sostienen razonablemente los firmantes, “resulta imperativo para salir del bucle actual y recuperar el protagonismo popular en la vida social y política”.
Desde su punto de vista, “nada de ello será posible con una sedicente izquierda que se recrea con viejas recetas frente a las nuevas y complejas realidades o con la posmoderna “woke” que aúna el neoliberalismo a su discurso simplista y binario, desclasado, descalificatorio y autosuficiente, haciéndose cómplice de las prácticas políticas propias de la derecha, incluidas las más indecentes y corruptas”. Todo ello unido, añaden, “a la promoción del miedo social (muy eficaz en España), la negación de espacios de diálogo, el abusivo monopolio del poder y la práctica de la mentira, el engaño y la opacidad tendentes a encubrir su insolvencia política”.
Pero no todo vale en la acción política de la izquierda que sea izquierda realmente. La que se ha de reconstruir, señalan, “no puede ser la izquierda de un Sistema que impugnamos. Ha de ser una izquierda para transformar en político el conflicto social dotado, como elemento central, de una orientación de clase hacia la transformación y la alternativa progresista”.
Debe ser una izquierda responsable “que se enfrente de verdad, y no con meros eslóganes publicitarios, a la creciente desigualdad, así como a la transgresión de los límites físicos que ponen en peligro la vida humana en el planeta”. No solo eso: “una izquierda que combata activamente el creciente belicismo, que no acepte los bloques y se oponga decididamente a la OTAN y al constante incremento de los gastos militares.”
Los firmantes hacen un llamamiento a reconstruir unitariamente esa izquierda, en pie de igualdad, “desechando cualquier tentación hegemonista y comprometiendo todos nuestros esfuerzos para ello”.
No son ingenuos, tocan realidad, son conscientes de las dificultades de la tarea, “así como que no es factible realizarla si no es a través de la práctica concreta hacia un objetivo claro y explícito: reconquistar el discurso político, el espacio cultural y el terreno militante de la izquierda en nuestro país”.
Finalizo la próxima semana. Me he extendido en exceso.
Notas
2) https://elpais.com/espana/catalunya/2025-02-08/el-derecho-a-tener-una-vida-digna.html.
«Maruja Ruiz Martos, la verdadera pionera del bus de ‘El 47′” por Carmen Domingo
El País, 10/02/2025. “Dos años antes de la historia de Manuel Vital, también en un barrio de Barcelona, los vecinos secuestraron un autobús con el mismo objetivo, pero esta vez liderados por una mujer.”
La historia la escriben los hombres, pero la hacen —en más momentos de los que imaginamos— las mujeres. La frase no sé si es de alguien, o he acabado interiorizándola a fuerza de leer historias de mujeres silenciadas con experiencias vitales más que relevantes y reivindicaciones que acabaron beneficiándonos a todos y que no han recibido el reconocimiento merecido.
Desde que se estrenó la película El 47, laureada el sábado con cinco premios Goya —entre ellos el de mejor película—, todos hemos conocido la historia de Manolo Vital, el conductor de ese autobús que, en 1978, lo secuestró, junto con sus vecinos de Torre Baró, para reivindicar su derecho a tener transporte público en su barrio. ¿Y si yo les dijera que, dos años antes, también en un barrio de Barcelona, los vecinos secuestraron un autobús con el mismo objetivo, pero, esta vez, liderados por una mujer?
Esa mujer es Maruja Ruiz Martos.
Todo empezó cuando, rebuscando entre nuestra memoria histórica feminista reciente, llegué a un documental sueco de 1976, Mujeres en Lucha.En él, mujeres antifranquistas de distintas zonas de España relatan sus experiencias en la lucha contra la dictadura: lucha laboral en Asturias, lucha en la resistencia contra los nazis, lucha comunista y feminista, lucha sindical, lucha vecinal… Entre todos los testimonios —a cual más interesante— se encuentra el de Maruja Ruiz Martos, que formaba —y forma a día de hoy— parte de la Asociación de vecinos del Barrio de la Prosperidad. Uno de los nueve barrios —hoy trece— que integran el distrito de Nou Barris. Situados al norte de la ciudad de Barcelona, crecieron en los años 50, 60 y 70 con la llegada masiva de emigración de toda España, barrios de gente humilde que luchó de forma incansable por sus derechos.
En el documental, una joven Maruja explica acciones de lucha vecinal en las que ha participado entre otros el “rapto” de un autobús en la Prosperidad: “Los vecinos tenían que andar como mínimo media hora de bajada para llegar al centro del barrio para coger el autobús (…) y acudieron a la asociación para que les ayudáramos en las gestiones con el Ayuntamiento”. En vano, que si el peso de los autobuses, que si los amortiguadores, que si más sueldos de trabajadores… La empresa de autobuses sabía que los vecinos sí o sí cogerían el bus para ir al centro sin necesidad de que la línea llegara hasta su barrio. Hasta que un día, Maruja, en Asamblea vecinal propuso que “se raptara el autobús 12″. “Se aprobó. Costó dos o tres asambleas convencer a la gente, pero las decisiones se tomaban en consenso, y al final se aprobó, se secuestró el autobús, subimos unas 50 personas, y demostramos que podía subir al barrio sin problemas”.
La historia nos suena, ¿verdad? Es parecidísima a la de El 47,aunque esta tuvo lugar un par de años antes y con una protagonista… mujer. Una protagonista que, escuchada a día de hoy, no puede más que hacerme pensar en la frase del inicio
Pero la cosa no acaba ahí. No contenta con eso, poco después, en asamblea se pusieron de acuerdo para raptar el 11. En el barrio había unas barracas y no se conseguían viviendas. Raptaron el autobús y llegaron hasta el ayuntamiento de Barcelona. A poco detuvieron a Maruja y a otros compañeros y acabaron un par de días en la comisaría de Vía Laietana. Más tarde, tras muchas luchas, acabaron consiguiendo las viviendas.
Se sucedieron las reivindicaciones en aquellos años, el encierro Motor Ibérica por los despidos de trabajadores, la lucha por impedir la edificación de una planta asfáltica que era tóxica, la demanda de semáforos… Hoy Maruja parece que no ha perdido ni las fuerzas ni la conciencia social y política, y no solo sigue en la Asociación y es presidenta de una asociación de Gent Gran de la Prosperitat, sino que además de vez en cuando va a institutos del barrio a explicar a los chicos lo que vivió y a recordarles “que hay que rebelarse” y que “los valores están por encima de la economía”.
Y manteniendo esa coherencia de militante de base del PSUC, “yo es que soy comunista de toda la vida”, cuando en 2011 el ayuntamiento de Barcelona, siendo entonces alcalde Xavier Trias, le concede la medalla de Honor de la Ciudad, en el acto en el que se otorgaban los premios, la rechazó: “Personalmente no la puedo aceptar de un gobierno que nos está recortando todo aquello por lo que yo he luchado y lucharé”, le dijo al alcalde y se fue del acto.
En cuanto al 47… pues ella también estuvo ahí y se subió junto a Manolo Vital el día del secuestro.
No sé si Maruja nació peleando por lo que cree que es justo, o ha sido la vida la que la ha llevado a ello a base de ver y vivir desigualdades e injusticias, lo que parece claro es que la historia, la nuestra, nuestra memoria histórica, no debe olvidar nunca esas luchas ni a sus protagonistas y que si hay una persona que se merezca una película en la que se explique su vida, esa es, sin duda, Maruja Ruiz Martos.
Mi querido amigo,
Me ha encantado tu última entrada de la Página Herida.
Coincido con todo lo que tan bien expones, pero quería comentarte que Carmen Domingo, pese a que está bien que se haya publicado su homenaje en El País, no cita en absoluto el documental de nuestra camarada Carmen Barrios, que fue la que verdaderamente dio luz y visibilidad a estas maravillosas mujeres.
Y ello, pese a conocerlo y haber hablado con ella. Modo Prisa.
Me sentó muy mal la verdad, tengo el inmenso defecto de indignarme con estas cosas.
Un fortísimo abrazo, para los tres.
Ama