“PALESTINA: EUROPA DA VERGÜENZA” por Ramón Qu (+ nota de Daniel Jiménez Schlegl)

Resulta sorprendente cuando no desolador que gente honesta todavía crea que Israel se está “defendiendo”. La superioridad militar del ejército de Israel, bien alimentada por EE.UU, es tan avasalladora que cualquier pretensión de que los israelitas puedan ser “arrojados” al mar es una broma macabra o un delirio interesado. Ni los países árabes pretenden ya tal cosa, ni el pueblo palestino es capaz de realizar tamaña “proeza”. Tan solo Irán podría aspirar a acabar con el estado israelita, pero los ayatolás son bien conscientes de que una guerra con Israel significaría su propia caída.

Ya desde su fundación el estado israelí ha utilizado el argumento de la “defensa” como justificación de su política expansionista. Siempre ha querido presentarse como un David frente al ominoso Goliat de los bárbaros árabes. Sin embargo la realidad ha sido muy otra: el Goliat colonialista siempre ha sido Israel. Desde el plan Dalet de 1947/48 hasta la actual ofensiva contra Gaza y el Líbano, el objetivo último del sionismo ha sido la expansión territorial y la limpieza étnica de los territorios poco a poco incorporados a su “soberanía”. Para comprobarlo basta leer los diarios de Ben Gurión.

Quien diga que Israel es la única democracia de la zona, tan solo estará afirmando una media verdad –convendría que se repasasen la constitución y las leyes de Israel– y dejando ver una triste realidad: que cualquier estado “democrático” puede serlo más o menos con sus ciudadanos, pero también absolutamente criminal y antidemocrático con el “otro” vecino o enemigo.

Quien afirme que Israel es el bastión de Occidente frente al fundamentalismo islámico, no solo desconoce los orígenes de dicho fundamentalismo –que hunde sus raíces en el fracaso modernizador del mundo árabe, al cual occidente y la guerra fría colaboraron todo lo que pudieron– sino que también ignora que la política neocolonial del sionismo es un factor fundamental en la producción de un odio hacia occidente que durará generaciones y que sembrará violencia sobre violencia.

La ultraderecha sionista está dispuesta a llevar a sus últimas consecuencias su verdadero objetivo: el gran Israel. Para ello tendrá que realizar una nueva limpieza étnica similar a la que realizó en el 47 y 48. Ya la está realizando. No es Israel quien corre peligro de ser arrojado al mar, es el pueblo palestino quien está siendo arrojado a la muerte y el desierto.

Y Europa balbucea palabras inútiles, cuando no sigue vendiendo armas que están siendo utilizadas en un genocidio. La ruina moral, la complicidad vergonzante, la quiebra de todo prestigio internacional, que su inanidad política y servilismo a EE.UU están produciendo acabará por pasarles factura a los europeos: damos vergüenza.

Nota de Daniel Jiménez Schlegl

Queridos amigos,

Últimamente estoy bastante desconectado de lo que importa. Estoy descubriendo (quizá tenga que ver con la edad) una especie de lucidez de la propia vulnerabilidad.

Es fácil hundirme. La resistencia es débil.

La impunidad de Israel en su política de exterminio y cómo occidente se aferra a la falacia de sus “derechos” (instituyendo y normalizando lo que se creía que nunca más volvería a suceder: el supremacismo de un pueblo sobre otro y la aniquilación tolerada de este último), me deja paralizado, débil, ante un abismo.

Como ciudadanos europeos la complicidad de Europa con ese crimen nos aboca a aquella. Nuestra negativa parece inútil. Y aquí se hace preciso una radicalidad que no veo por ningún lado, ninguna propuesta eficaz, ninguna acción en ese sentido. Quizás Sudáfrica abandere la iniciativa de perseguir a Netanyahu, su equipo de gobierno y la cúpula militar por crímenes contra la humanidad y genocidio. Si tuviese la valentía de extender la iniciativa contra aquellos dirigentes cómplices…

El mundo que aún conserva algo de dignidad moral está paralizado y las acciones individuales son neutralizadas por acusaciones aberrantes de antisemitismo por parte de Israel y sus amigos, venteando la tragedia del holocausto y la existencia de una especie de compromiso moral ilimitado, incondicional y eterno del mundo entero con el pueblo israelí.

Ramón, tu nota me parece magnífica. Como siempre, no se pude decir mejor y más claro. Vosotros que sabéis escribir y tenéis medios de difusión no cejéis.

Sólo me queda apoyaros.

Daniel

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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