Introducción.
La última semana de agosto de 2026 confirma que el mundo atraviesa una transición histórica.1 No vivimos todavía en un orden multipolar plenamente consolidado, pero tampoco en el mundo unipolar surgido tras la desaparición de la Unión Soviética.
La característica dominante de este momento es la disputa entre grandes potencias – EE.UU., China, y Rusia en especial- por la economía, la tecnología, la energía, los recursos naturales y la influencia política. Coexisten las guerras convencionales con las guerras híbridas.2 El año 2025 fue el año con más conflictos bélicos en el mundo desde 1946. Esta coyuntura muestra una crisis de la hegemonía estadounidense y, simultáneamente, la búsqueda de nuevos espacios de autonomía por parte del Sur Global. El ejemplo más relevante es la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), que acaba de concluir una reunión clave en Bischek (31 de agosto a 1 de septiembre), celebrando el 25 aniversario de su fundación.
La Cumbre de la OCS: el ascenso de la multipolaridad
En dicha Cumbre el Presidente de Irán ofreció la posibilidad de un nuevo acuerdo: garantizó que Irán actuará de forma recíproca si Estados Unidos pone punto final a los ataques. La incapacidad de EE.UU. para proteger a sus aliados del Golfo ha mostrado la inoperancia del acuerdo que justificaba una red de bases estadounidenses en la región. Irán se ha convertido en la potencia dominante en Oriente Próximo y EE.UU. – pese a su enorme presupuesto defensa de y sus 900 bases militares en el mundo – ha perdido una guerra que le ha costado 100,000 millones de dólares, según el Center de International Studies.
Cada escalada militar repercute inmediatamente sobre el comercio marítimo, los seguros internacionales, el transporte de petróleo y los mercados financieros a nivel mundial. El precio del crudo Brent subió de 70 a 95 dólares.
La gasolina ha aumentado más de un dólar el galón – ronda los 4.02 por galón – en EE.UU., lo que irrita a los ciudadanos en la coyuntura previa a las elecciones de medio mandato.
Sin embargo, Israel, su aliado genocida en esta guerra, tiene prácticamente colonizada a Gaza, da pasos acelerados en la ocupación de Cisjordania, y ejerce como hegemón en Gaza, Libia y parte de Siria.
La reunión de la OCS en Bishkek adquiere una importancia simbólica extraordinaria. Allí coinciden China, Rusia, India, Irán, Pakistán y numerosos países euroasiáticos, representando una voluntad de construir mecanismos de cooperación alternativos a las instituciones dominadas históricamente por Occidente.
Condenan unánimemente el ataque de EE.UU. contra Irán; abogan reformar el sistema financiero internacional; rechazan el doble rasero en materia de terrorismo; se oponen a los bloqueos y a la injerencia en la soberanía de los Estados; y apoyan la indivisibilidad de la seguridad.
Sin embargo, sería un error considerar a la OCS – o a los BRICS – como un bloque perfectamente unido: existen profundas diferencias entre China e India, rivalidades entre India y Pakistán y distintos intereses nacionales. Precisamente por eso, su relevancia reside menos en la unidad ideológica que en demostrar que el poder mundial se encuentra cada vez más distribuido entre varios centros.
Oriente Medio: energía, guerra y rutas estratégicas
El segundo gran epicentro de la política mundial continúa siendo Oriente Medio. La confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán ha devuelto al estrecho de Ormuz al centro de la geopolítica mundial. La operación Furia Épica que EE.UU. e Israel iniciaron el 28 de febrero de 2026 contra Irán, tuvo una primera tregua en abril y tras negociaciones mediadas por Pakistán se alcanzó una nueva tregua de 60 días el 15 de junio. A raíz de la conclusión de esta tregua EE. UU. atacó de nuevo a Irán el 1 de septiembre de 2026. Irán reaccionó lanzando misiles y drones a bases de USA en la región.
Esta guerra ha implicado que solo entre 11 y 14 millones de barriles proceden de exportaciones de Oriente Medio y no los 23 millones que solían salir de la región antes de que comenzara el conflicto. Esto significa para el mundo un déficit entre 9 y 12 millones de barriles de petróleo. Si no ha escalado el precio a más de 95 dólares el barril (más o menos) se debe a que EE.UU. y China han lanzado al mercado gran parte de sus reservas.
Es obvio que EE.UU. ha perdido esta guerra y que no ha podido cumplir sus objetivos de tomar el control del Estrecho de Ormuz y obligar a Irán a entregar su uranio enriquecido y rendirse.
Washington no habría conseguido sus principales objetivos y, paradójicamente, podría estar incentivando a Irán a buscar capacidad nuclear como garantía de supervivencia. Es obvia la crisis en el Pentágono, dónde el Secretario de Guerra ha llevado a cabo una purga de los generales más capacitados en medio de una guerra y otros han renunciado.
Ucrania: la guerra de desgaste continúa
La guerra entre Rusia y Ucrania – cada vez más una guerra entre Rusia y la OTAN – entra en su quinto año sin una solución diplomática cercana. Desde una lectura geopolítica, Ucrania representa mucho más que una guerra territorial. Es el escenario donde Europa, subordinada a EE.UU, como instrumento de una guerra por delegación, aumenta su gasto militar en la OTAN, y se ve obligada a redefinir su papel internacional. La consecuencia inmediata es una prolongación de la militarización del continente europeo y una creciente presión sobre los presupuestos públicos destinados a defensa, afectando el “estado de bienestar”.
China y Estados Unidos: la disputa decisiva del siglo XXI
La rivalidad principal del sistema internacional ya no es solamente entre Estados Unidos y Rusia. La contradicción estructural más importante es la existente entre Washington y Beijing. China ha dejado de ser simplemente la gran fábrica del mundo para convertirse en potencia tecnológica, financiera, industrial y diplomática.
Estados Unidos intenta limitar la expansión china en sectores estratégicos: inteligencia artificial, puertos, minerales críticos, telecomunicaciones, infraestructura digital y comercio internacional. China responde fortaleciendo sus relaciones con Asia, África, Oriente Medio y América Latina y tiene prácticamente el monopolio – controla el 90% – de las tierras raras. De este modo controla el refinado y procesamiento mundial de 17 materiales clave para fabricar tecnología avanzada: vehículos eléctricos, equipos. La disputa ya no gira exclusivamente alrededor del comercio, sino sobre quién definirá las reglas tecnológicas del siglo XXI.
La nueva arquitectura de dominación de EE.UU, en ALC.3
América Latina está entrando en una nueva etapa de las relaciones hemisféricas: Estados Unidos abandona gradualmente la diplomacia multilateral tradicional de Cumbres —representada por la OEA y las Cumbres de las Américas— y la sustituye por una militarizada y basada en alianzas con gobiernos políticamente afines a Trump y que se subordinan a él. Si bien Washington ejercía su hegemonía a través de esos instrumentos, la dominación solía ser más laxa – sin excluir agresiones militares -, y había negociaciones formales e incluso, en ocasiones, búsqueda de consenso. ALC es la única área del planeta dónde EE.UU. ha alcanzado éxitos relevantes: colonización de Venezuela y robo de su petróleo. Gobiernos de derecha en: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, EL Salvador, Honduras. Panamá, Perú, República Dominicana. De izquierda: Cuba, México, Brasil, Uruguay, Nicaragua.
La integración latinoamericana está en crisis. CELAC, el Mercosur, la ¿UNASUR? son meros foros diplomáticos irrelevantes debido a los avances y predominio de la derecha.
El nuevo modelo, denominado «Escudo de las Américas», – integrado ahora a la Fuerza Conjunta de Ación del Hemisferio Occidental (JTF-WHEM, brazo de acción del Comando Sur) – está centrado en la lucha contra el narcotráfico y la cooperación militar y basado en relaciones de fuerza, seguridad y subordinación política El objetivo es construir una coalición de gobiernos “aliados” subordinados a Trump con el fin de “contener” a China, e impedir que incremente su presencia económica, tecnológica y diplomática en América Latina.
La tecnología 5G de Huawei, los cables submarinos de fibra óptica y proyectos de infraestructura, como el megapuerto de Chancay en Perú, hace necesario limitar o excluir la participación china en sectores estratégicos. El conflicto entre EE.UU. y China, no sería solo comercial. Tendría una dimensión geopolítica, tecnológica, militar y electoral,
Donald Trump siempre ha rechazado la diplomacia multilateral de construir votos y buscar consensos. Prefiere la “Doctriina Donroe” de negociar bilateralmente, presionar con amenazas y aranceles. Utilizar el poder militar y económico estadounidense en lugar de su “poder blando”.
La Fuerza Conjunta de Acción Lanza del Sur.
Tiene como pretexto realizar operaciones militares contra embarcaciones sospechosas de transportar droga. Esto ha implicado asesinatos y ejecuciones extrajudiciales e ilegales. Su objetivo real ha sido amenazar con invasiones a países como Venezuela, y enmascarar operaciones de “guerra híbrida”, como fue el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores el 5 de enero de 2026.
Desde septiembre de 2025 hasta septiembre de 2026 Lanza del Sur ha realizado 68 ataques, asesinando a 227 personas.
La manipulación digital de las elecciones.
La nueva estrategia de EE.UU. hacia la región no se reduce a la presión diplomática o militar. Incluye técnicas sofisticadas de guerra cultural y manipulación política mediante granjas de bots, perfiles psicológicos de electores, desinformación y campañas digitales. La detención del argentino Fernando Cerimedo en agosto en Bolivia, nos ha permitido conocer su papel de experto en manipulación ilegal de elecciones en la región.
En resumen: EE:UU estaría dejando atrás la diplomacia basada en la “negociación” y sustituyéndola por una “ingeniería política y electoral” de control militar y de seguridad + contención de China + presión electoral + desinformación digital, con América Latina como uno de los principales campos de disputa – y de experimentación – de la nueva geopolítica mundial.
Venezuela, Cuba y el Caribe
El Caribe vuelve a adquirir una importancia geoestratégica considerable. Venezuela es sometida a la expropiación de su petróleo tras el secuestro de su Presidente. Cuba continúa enfrentando un fuerte acoso económico y diplomático por parte de Washington. Al bloqueo, la administración Trump añadió el cerco energético. El 29 de enero de 2026 Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380, amenazando con aranceles y medidas punitivas a los países que vendieran o proporcionaran petróleo a Cuba, incluso indirectamente. Pero Cuba resiste. Su población paga un alto precio con grave carencia de medicamentos, electricidad y alimentos, pero no es un “estado fallido” y logra celebrar el centenario de Fidel recibiendo ayuda solidaria.
Las elecciones de medio mandato.
Las elecciones del 3 de noviembre de 2026 en EE.UU. pudieran ser un punto de inflexión en que se hiciese evidente el rechazo a Trump por sus desastrosas políticas: económica, comercial, diplomática, militar. Los crímenes del ICE ejecutando su política migratoria racista, la duplicación del precio de la gasolina, inflación elevada, rechazo a la guerra de Irán y apenas 33% de aprobación. Si los demócratas recuperan una o ambas cámaras, Trump enfrentaría mayores obstáculos legislativos e investigaciones.
Pero Trump hará todas las trampas posibles para no perder estas elecciones. Invocara los poderes de emergencia para ejercer un control federal sin precedentes sobre la votación. Invertirá millones que le facilitaran, entre otros actores beneficiados por sus políticas, los oligarcas tecnológicos como Musk (ya donó 100 millones) y los productores de petróleo y gas que han ganado millones con sus políticas y con las guerras de Ucrania e Irán4. Se confiscará el material electoral y se denegará el correo electoral. Los requisitos de identificación federal y de documentos de ciudadanía privarán del derecho al voto a millones de votantes. Se desplegarán miles de agentes del ICE en los colegios electorales. Cosechará resultados de la manipulación de circunscripciones. La Cámara de representantes con mayoría republicana falsificará los resultados electorales, manipulando el Colegio Electoral y negándose a admitir a los miembros de la oposición recién elegidos.
Conclusión
El inicio de septiembre de 2026 muestra un mundo atravesado por guerras, rivalidades estratégicas y una acelerada transición hacia estructuras multipolares. Ucrania evidencia la persistencia de la confrontación entre Rusia y la OTAN; Oriente Medio demuestra que la energía continúa siendo un factor decisivo del poder; China consolida su protagonismo global; y Estados Unidos procura preservar su influencia mediante nuevas estrategias económicas, tecnológicas y geopolíticas, pero sobre todo con la amenaza y uso de la fuerza.
Final del formulario
Una guerra nuclear mundial no es hoy el escenario más probable – pese a que la tercera guerra mundial ya ha comenzado – pero el riesgo es claramente mayor que antes de 2022. Trump ha cancelado todos los acuerdos de no proliferación nuclear y ha considerado la opción de hacer un ataque nuclear táctico a Irán.
El peligro mayor para 2026-27, es que Washington intente resolver mediante la fuerza, problemas que requieren negociación, provocando una escalada que ninguna de las grandes potencias pueda controlar.
1 Consultar blogameric.rg y mis libros en coautoría: Hacia la tercera guerra mundial y El Ciclo progresista en América Latina (El Viejo Topo , 2024 y 2025). También me ha sido de gran utilidad la información que me manda a diario Salvador López Arnal de su blog y la de Atilio Borón en sus análisis internacionales.
2 Rabat – respaldado por Trump, que reconoció su soberanía sobre el Sahara Occidental en 2020 – ha promovido una oleada de miles de refugiados hacia Ceuta. Así se alinea con la hostilidad de EE. UU. e Israel hacia España por su postura de condena al genocidio de Israel, apoyado por EE:UU, respecto a Gaza, con este ejemplo de guerra híbrida..
3 Consultar Ariela Ruiz Caro, publicado el 30 de agosto de 2026 en El Cohete a la Luna. He resumido sus principales hipótesis.
4 En 2021 Previo al sabotaje de Nord Stream 1 y 2 y la guerra de Ucrania, la UE importaba el 28% de su petróleo de Rusia y el 9% de EE.UU, pero en 2023 se solo importaba el 3% de Rusia y el 16% de EE.UU. En 2021 el 44% del GNL de la UE venía de Rusia (el 29% de EE.UU.), y en 2023 solo el 11% (el 46% venía de EE.UU.).