Resumen (comentado) de El capital en la era del Antropoceno de Kohei Saito (IX)

El límite del keynesianismo medioambiental” es el título del segundo capítulo. Su primer apartado: “¿Una esperanza llamada Green New Deal?”

El filósofo nipón resume en primer lugar el primer capítulo: “En el capítulo 1 hemos visto cómo el capitalismo es un sistema que explota al ser humano y saquea la naturaleza, y que su crecimiento económico se basa en la transferencia de las cargas al exterior”. Mientras el mecanismo de externalización de las cargas funcionaba bien, “los habitantes de los países desarrollados como nosotros no padecíamos la crisis ambiental y podíamos disfrutar de una vida confortable”. Por eso, añade, “tampoco hemos pensado seriamente sobre los «costes reales» de nuestra vida llena de riquezas”.

(El paso demanda más de un matiz. ¿Los habitantes de los países desarrollados industrialmente no hemos padecido también la crisis ambiental? ¿Y la contaminación atmosférica, por ejemplo, o la presencia del mercurio en nuestra alimentación? ¿Nadie ha pensado seriamente en los costes reales de nuestras vidas de confort (que tampoco de todos, desde luego?).

Sin embargo, añade Saito, “este sistema capitalista es la causa del agravamiento de la crisis climática. La adopción de medidas contra ella se ha retrasado por nuestra falta de conciencia acerca del funcionamiento y la situación real del mundo. A pesar de que vagamente nos dábamos cuenta de ello, nos hemos dejado llevar por la invisibilización de las cargas, instalados cómodamente en el núcleo”.

Sin embargo, los costes reales se están volviendo imposibles de ignorar. Con el punto de no retorno a la vuelta de la esquina en el Siglo de la Gran Prueba (Jorge Riechmann), en los países que Saito llama avanzados (mejor: más industrializados) “también se está empezando a debatir la posibilidad de aplicación de medidas audaces, nunca antes vistas”. Una de las propuestas que más expectación despierta, señala, es el Green New Deal [GND]. El GND es un plan cuya necesidad, por ejemplo en USA, “avalan y defienden expertos influyentes como Thomas Friedman o Jeremy Rifkin”. Aun con diferencias importantes en los detalles, “políticos mundialmente famosos, como Bernie Sanders, Jeremy Corbyn o Yanis Varoufakis, también enarbolaron la bandera del GND como parte de su compromiso electoral”.

¿Qué es el GND? Con palabras de Saito, “un conjunto de propuestas políticas que comprende estímulos fiscales e inversiones públicas a gran escala para promover el uso de energías renovables o impulsar el uso de coches eléctricos”. De esta forma, “se pretende generar empleos estables bien remunerados, potenciar la demanda efectiva y estimular la actividad económica. Se espera que la buena marcha de la economía atraiga nuevas inversiones y que este ciclo acelere la transición hacia una economía verde sostenible”. Se barrunta la esperanza “en un renacido New Deal, que en su día salvó al capitalismo de la Gran Depresión del siglo XX”. El neoliberalismo, en definitiva, “es inútil para afrontar la crisis. Los recortes y los estados pequeños no sirven. Se necesita un nuevo keynesianismo: el keynesianismo medioambiental”.

Pero, se pregunta Saito retóricamente, “¿no suena todo esto demasiado bien? ¿Es el GND el salvador del Antropoceno?” En este capítulo, analizará los problemas del GND.

Una oportunidad de negocio llamada «crecimiento económico verde»” es el título del siguiente apartado. Poco más de media página (Saito hubiera tenido que evitar apartados tan breves en mi opinión; no es la única vez).

Entre los defensores del GND, “el periodista económico Thomas Friedman es de los que más confianza parecen albergar en lo que atañe al crecimiento económico de la propuesta. Esta «Revolución verde», según Friedman, «se debería enfocar como una oportunidad de negocio y una ocasión clave para la regeneración de Estados Unidos»”. La palabra “negocio” es importante, esencial. Friedman lleva tiempo “diciendo que la globalización y el desarrollo de las tecnología de la información, tras la caída de la URSS, ha “aplanado” el mundo y ha ido conectando a la gente. La adición de la Revolución verde a esta dinámica, de nuevo según Friedman, haría de este mundo plano y conectado un lugar verdaderamente sostenible”.

Sus palabras, concluye Saito, evidencian una esperanza (vana) en que el “keynesianismo medioambiental nos proporcione un mayor crecimiento económico aprovechando el cambio climático”. Dicho de otro modo, y esta es la posición esencial de Saito en este tema, “el crecimiento económico verde, basado en el keynesianismo medioambiental, es el último baluarte del normal funcionamiento del capitalismo”.

Los ODS: ¿es posible el crecimiento infinito?” es el título del siguiente apartado.

La seña de identidad de este último baluarte son los ODS, sostiene Saito. “Organismos internacionales como la ONU, el Banco Mundial, el FMI (Fondo Monetario Internacional), la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) aplauden los ODS y persiguen con entusiasmo el crecimiento económico verde.”

Su ilustración: “la Comisión Global sobre Economía y Clima, formada por siete países, entre otros por el Reino Unido o Corea del Sur, publica el New Climate Economy Report. En él se valoran muy positivamente los ODS y se dice que «el crecimiento sostenible se potenciará a través de la interacción entre la rápida innovación tecnológica, la inversión en infraestructuras sostenibles y el incremento de la productividad de los recursos». Y concluye, embelesado, que estamos «entrando en una nueva era de crecimiento económico”.”

No cabe duda, para Saito (y yo estoy con él con algún matiz), de que en los organismos internacionales, que reúnen a la flor y nata de la élite mundial, “las medidas contra el cambio climático se consideran una oportunidad para un nuevo crecimiento económico”. Es decir, para nuevos negocios (recordemos la expresión de Friedman), para nuevos beneficios, para nueva acumulación.

En efecto, sostiene Saito, “es seguro que el keynesianismo medioambiental, cuyas alabanzas cantan Friedman o Rifkin, traerá crecimiento económico. Este plan constituirá un punto de inflexión en la economía con la promoción de paneles solares, coches eléctricos, cargadores rápidos, energía biomásica y un largo etcétera, que implicará necesariamente grandes inversiones y creación de muchos puestos de trabajo. Es sin duda cierta la afirmación según la cual en una era como la actual, de emergencia climática, se necesitan inversiones a gran escala, capaces de reemplazar enteramente las infraestructuras sociales existentes”. Pero aun así, y este el punto, el rovell de l’ou del asunto, quedan problemas e interrogantes. “¿Serán estos cambios compatibles con los límites de la Tierra? Solo porque se llamen «verde», si lo que buscan, en el fondo, es un crecimiento voraz y permanente, ¿ no se sobrepasarán los límites del planeta?.”

Limites planetarios (Planetary boundaries)” es el título del siguiente apartado.

Si así fuera, sostiene Saito, “sería necesario trazar las líneas rojas que marquen los límites más allá de los cuales la carga ambiental adicional, derivada del gran cambio de rumbo a una economía sostenible, fuera insoportable e irremediable para la naturaleza”. Esta fue la reflexión que hizo un científico ambiental Joban Rockström (desconocido para mí). Su equipo de investigación propuso en 2009 el concepto de «límites planetarios (planetary bormdaries)».

Saito explica brevemente el concepto. La Tierra, el sistema Tierra, está equipado con una resiliencia, o capacidad de recuperación, natural. “Sin embargo, si se lo somete a una carga superior a ciertos límites, dicha resiliencia se pierde y se producen fenómenos extremos -rápidos y violentos- e irreversibles, como el derretimiento de los casquetes polares o la extinción en masa de animales salvajes, con consecuencias devastadoras. Estos fenómenos son los «puntos de inflexión» (tipping points). Por supuesto, rebasarlos es extremadamente peligroso también para el ser humano”.

Rockström y su equipo de investigación, “efectuaron mediciones en nueve procesos fundamentales para la estabilidad del sistema Tierra y precisaron los umbrales que no se deberían superar para una existencia estable de la humanidad”.

Los nueve límites son: cambio climático, pérdida de la biodiversidad, ciclos de nitrógeno y fósforo, cambios en el uso del suelo, acidificación del océano, aumento del consumo de agua dulce, destrucción de la capa de ozono, concentración de aerosoles atmosféricos y contaminación química. Estos umbrales constituyen los límites planetarios.

El objetivo de Rockström y su equipo “era delimitar los márgenes de actuación seguros para la humanidad en relación con ellos.” Como era de esperar, concluye Saito, el concepto de límites planetarios causó un gran impacto también en los ODS. “Se convirtieron en los valores de referencia para la innovación tecnológica y la mejora del rendimiento y la eficiencia.”

¿Es posible compaginar el crecimiento económico con la reducción de las emisiones de CO2?” es el título del siguiente apartado.

Según las mediciones del equipo de Rockström, probablemente ya en 2009, “cuatro de los límites citados, como el cambio climático o la biodiversidad, se han rebasado ya a causa de la actividad económica.” Un resumen perfecto la situación del Antropoceno. “El empeño del hombre por dominar la naturaleza ha causado tales cambios en el medio ambiente que se están volviendo irreversibles. Estamos aproximándonos peligrosamente a una situación crítica que se nos podría ir completamente de las manos”. Siendo así, pregunta Saito, “¿es realmente lícito seguir persiguiendo un crecimiento económico verde sobre la base del keynesianismo medioambiental?”

En este punto, prosigue, le gustaría llamar la atención sobre un artículo que Rockström publicó en 2019. “Sus reflexiones, diez años después de proponer el concepto de los límites planetarios, llevaban un título impactante: «Una evasión de la realidad llamada «crecimiento económico verde»». Hasta ese momento, Rockström había asumido, al igual que muchos otros investigadores, que con un crecimiento económico verde que tuviera en cuenta los límites planetarios se podía alcanzar el objetivo de una subida de las temperaturas inferior a 1,5 ºC.”

Sin embargo, Rockström, al final, abandonó su posición e hizo autocrítica. “Terminó reconociendo públicamente que solo cabía una opción: crecimiento económico o contención de las temperaturas en menos de 1,5 ºC. Recurriendo a un término algo más técnico, diríamos que Rockström llegó a la conclusión de que el «desacoplamiento» del crecimiento económico y la carga medioambiental es, en realidad, extremadamente difícil”.

Lo es, sin duda. “¿Qué es el desacoplamiento?” es el título del siguiente apartado.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *