Seguimos en el capítulo 3: “Contra el decrecimiento bajo el capitalismo”.
Permítanme unas sugerencias iniciales:
1. “Confusión con la fusión”por Daniel Jassby. Un artículo en tres partes publicado en El Salto que explica muy informadamente los problemas para llegar a dominar la fusión como fuente de energía. https://www.elsaltodiario.com/, https://www.elsaltodiario.com/, https://www.elsaltodiario.com/: “La fusión se viene anunciando desde hace décadas como la energía del futuro, libre de todos los inconvenientes de la nuclear convencional (fisión). Sin embargo, en este artículo abordamos la factibilidad de una fusión antropogénica, sus costes, combustibles necesarios y consecuencias, muy distintas al tecno-optimismo reinante”. Lo cuenta un ex trabajador del laboratorio físico de plasma en Princeton durante 25 años.
2. Jorge Richemann, “Más «vicios del ecologismo»: nuestro déficit de astucia neogramsciana” https://www.15-15-15.org/ “Es cierto que las obras de Naredo no se representan en los teatros musicales de la Gran Vía madrileña y que no ha aparecido ningún millonario filántropo dispuesto a financiar la tele de Ecologistas en Acción (a cuyo frente hubiéramos podido proponer a novelistas como Belén Gopegui, una querida compañera que forma parte del Consejo editorial de Libros en Acción). Pero ¿se deberá eso a la falta de astucia neogramsciana del ecologismo español, o quizá al reducidísimo espacio para la Ilustración ecológica que tolera una sociedad como la nuestra, que se ha ido desplazando constantemente hacia la derecha desde los años 1980 (con un definitivo punto de inflexión en el debate y referéndum sobre la pertenencia a la OTAN a mediados de ese decenio) y cuyo compromiso con el desarrollismo/ productivismo/ consumismo/ extractivismo apenas ha dejado de fortalecerse, pese a que en paralelo el «sosteniblablá» (Engelman) ha ido cundiendo cada vez más? (Y ya sé que plantear el asunto en términos de Ilustración ecológica hará fruncir el ceño a quienes piensan que la cosa va de cultural wars, y ya están estos ecologistas mostrando otra vez su ingenuidad lamentable. Bueno…).”
3. Sobre Doñana: 3.1. “El insostenible crecimiento del regadío” por Santiago Martín Barajas. “La expansión del regadío es hoy la mayor amenaza para nuestro medio natural y nos va a llevar a un colapso hídrico. Es necesario actuar ya; nuestro futuro está en juego.” 3.2. “Crisis hídrica de Doñana: la producción de frutos rojos en Andalucía crece un 58% en 15 años” por Andrés Actis. “El dato explica la presión que la agricultura andaluza ejerce sobre este acuífero. Los cultivos acaparan el 93% del agua. Juanma Moreno pretende indultar más regadíos. Choque político con Moncloa y la UE.”
Cojo el hilo de Saito,. Estamos en el apartado “¿Existe correlación entre crecimiento económico y bienestar subjetivo?” del tercer capítulo.
Saito nos recuerda que otro de los puntos importantes (señalado por Raworth) es que, cuando se supera cierto nivel, “la correlación entre el crecimiento económico y la mejora en la calidad de vida de las personas se vuelve difusa”. Es decir, “cuando se supera cierto nivel de desarrollo económico, la premisa del crecimiento económico como único motor de la prosperidad social comienza a no estar tan clara” (más bien a ser muy oscura).
La comparación entre Estados Unidos y Europa (propiamente la UE) resulta ilustrativa para Saito. “En los países europeos, como Alemania o Francia, el PIB per cápita es inferior al de Estados Unidos; sin embargo, el nivel de prestación y asistencia social es muy superior en los europeos [debería haber escrito: en algunos países europeos], en muchos de los cuales la sanidad o la educación superior son gratuitos”. Por el contrario, como sabemos, en Estados Unidos “hay muchísima gente que no recibe asistencia médica por carecer de seguro o se ve obligada a cargar con la pesada losa de cuantiosos préstamos necesarios para sufragar sus estudios”.
Otro ejemplo, observa Saito, sería el de la esperanza de vida de los japoneses frente a los norteamericanos: “a pesar de que el PIB per cápita japonés es mucho menor que el de Estados Unidos, la esperanza de vida de los japoneses es seis años mayor que la de los estadounidenses” (desconozco la actualidad de esas cifras; es probable que sea algo más actualmente). Es decir, infiere Saito razonablemente, “el desarrollo social muestra una gran variación en función de cómo se gestione la producción, se redistribuya la riqueza y se dispongan los recursos sociales”. Por mucho que se crezca económicamente en términos generales, “si solo unos pocos acaparan sus frutos y no se redistribuyen, muchos no podrán desarrollar su potencial y serán infelices”.
Más aun: “aun sin crecimiento económico, si se repartieran correcta e inteligentemente los recursos existentes, las sociedades podrían prosperar”. Por eso, “necesitamos reflexionar más seriamente si un reparto justo y estructural de los recursos es factible en el contexto del sistema capitalista.”
“Por un reparto justo de los recursos” es el título del siguiente apartado.
La dificultad, observa Saito, “es que un reparto justo de los recursos no es un asunto estrictamente nacional. El gran escollo al que nos enfrentamos es como compaginar, en la práctica, la justicia social y la sostenibilidad a nivel global”.
No quiere que se le malinterprete, matiza. “No es hipocresía. Pero como indica claramente el problema del cambio climático, el mundo está conectado. Pretender que los países subdesarrollados sigan la misma senda de desarrollo que los países del primer mundo para que estos puedan eguir despilfarrando recursos y encontrando mercados en los que vender sus productos no es sostenible se mire por donde se mire.”
Para Saito, si el mundo entero no se inclina hacia una sociedad sostenible y justa, “la Tierra se volverá un lugar inhabitable y la prosperidad de los países desarrollados también se verá amenazada”.
Empero, como observan la mayoría de partidarios del decrecentismo (entre nosotros, Francisco Fernández Buey por ejemplo) resulta imprescindible elevar el nivel de vida de “las personas que ni siquiera están en el anillo interno del dónut [Rotworth]”. No obstante, eso conlleva inevitablemente aumentar la huella material global. “Sin embargo, incidir en este error cuando ya se han rebasado muchos límites planetarios sería letal”. Por eso, prosigue, “es absurdo que los países desarrollados con una alta carga ambiental sigan pretendiendo un crecimiento económico aún mayor mientras se consumen cantidades ingente de energía, más aún sabiendo que el crecimiento económico ya no contribuye en estos países a mejorar mucho más el nivel de bienestar.”
Además, prosigue Saito, “si se utilizasen en el Sur global los mismos recursos y energía, el grado de satisfacción vital de sus habitantes mejoraría considerablemente”. En este caso, se pregunta el pensador japonés, “¿no deberíamos reservar el presupuesto de carbono (la cantidad de emisiones tolerables de dióxido de carbono) para ellos? Si nuestra postura fuera «nos da igual que los mil millones de personas que pasan hambre sigan sufriendo» o «no nos importa que la destrucción del medio ambiente perjudique a las generaciones futuras», el camino a seguir sería nrny diferente; pero, si no, debemos es encontrar la manera de renunciar al crecimiento económico en los países desarrollados y reducir activamente la huella material”.
Precisamente por eso, tanto Raworth como O’Neill “concluyen que es necesario considerar seriamente el tránsito hacia el decrecimiento o hacia una economía del estado estacionario”. Saito está totalmente de acuerdo con las opiniones de ambos expuestas hasta este momento.
“El capitalismo es incapaz de hacer realidad un mundo globalmente justo” es el título del siguiente apartado.
Sin embargo, para Saito, el discurso de Raworth y O’Neill deja una pregunta muy importante sin responder: los dos se mantienen al margen de los problemas del sistema capitalista. “Se percibe aquí el característico gesto esquivo de los defensores del decrecimiento, que evitan afrontar los problemas del capitalismo”. Pero el meollo del asunto, “es si el capitalismo permite estructuralmente un reparto equitativo de los recursos”.
Desde el punto de vista de la justicia global, no hay dudas para Saito: el capitalismo es totalmente disfuncional. “Sencillamente, no sirve. Como se ha expuesto en los capítulos precedentes, dado que el capitalismo se basa en la externalización y la transferencia, es imposible alcanzar un mundo globalmente justo. La consecuencia de haber desatendido las injusticias es que se está poniendo en riesgo la propia supervivencia de la humanidad”.
Dicho de otro modo: “nuestro objetivo en esta era de crisis medioambiental no debería ser única y exclusivamente nuestra propia supervivencia. Quizá esto último nos permita ganar algo de tiempo, pero como no disponemos de otro planeta al que huir, nos terminaremos quedando sin escapatoria”.
(“No disponemos de otro planeta al que huir”: recordemos que pensadores y científicos desarrollistas, Adrian Berry sería un ejemplo recordado, hace ya décadas que abogan por un salida: la conquista cósmica para superar los problemas de la humanidad en nuestro planeta).
De momento, prosigue Saito, la vida de la mayoría de los japoneses, que por renta ocupa el 10-20% más rico a nivel mundial, parece segura. Pero si se siguiera viviendo como hasta ahora, la crisis ecológica global empeorará y los estándares de vida actuales solo estarán garantizados para el 1 % de superricos”. Por eso, “hablar de justicia a nivel global no es humanitarismo abstracto e hipócrita”.
Señala Saito que le gustaría que nos pusiéramos en el lugar del otro antes de minusvalorarlo o ignorarlo, y pensáramos por un momento en que quizá mañana estemos en su lugar. Al final, también para nuestra propia supervivencia, “debemos aspirar a una sociedad más justa y sostenible. Esto será lo que, en definitiva, aumente la probabilidad de supervivencia de toda la humanidad”. Por eso, concluye así este apartado, la clave de la existencia es la igualdad.
“Las cuatro opciones de futuro” es el título del siguiente apartado.
Cuando se piensa en términos de igualdad, “¿cuáles son las opciones de futuro en esta era del Antropoceno? Las esboza brevemente.
En una figura que introduce, el eje horizontal [igualdad-desigualdad] representa el grado de igualdad: “cuanto más a la izquierda, más igual; y cuanto más a la derecha, más de igual e importante es la iniciativa individual”. El eje vertical representa el poder del Estado: cuanto más arriba, más poder del Estado; y cuanto más abajo, menos poder del Estado y más relevante es la ayuda mutua voluntaria entre la gente. Saito analiza las cuatro opciones resultantes, los cuatro cuadrantes: (1) fascismo climático, (2) Barbarie (3) Maoísmo climático (4) X.
(1) FASCISMO CLIMÁTICO:
Si se decide mantener la situación actual y nos aferramos al capitalismo y al crecimiento económico, “las víctimas del cambio climático serán ingentes. En un futuro no muy lejano, muchísima gente será incapaz de llevar una vida decente. Las personas perderán los hogares y muchas se convertirán en refugiados ambientales”. Los superricos serán la excepción. “En el capitalismo del desastre, la crisis ambiental es una oportunidad más de negocio y enriquecimiento. Los Estados tratarán de proteger los intereses de estas clases privilegiadas y reprimirán con dureza a todo aquel que amenace su estatus y el orden prevalente, como las víctimas y los refugiados ambientales”. Esta sería la primera opción de futuro, el fascismo climático.
(2) BARBARIE:
Si el cambio climático continúa, aumentarán los refugiados ambientales y la producción de alimentos peligrará. Como consecuencia de ello, “quienes sufran hambre y pobreza se rebelarán y causarán desórdenes”. La lucha entre el 1% superrico y el 99% restante se saldará, “con la victoria de este último”. La sublevación de las masas derribará Gobiernos autoritarios y el mundo se sumirá en el caos. “Los Gobiernos sufrirán una pérdida de confianza y la gente actuará por pura supervivencia. Será el retorno al «estado de naturaleza», a la «guerra de todos contra todos» de Hobbes”. Esta es la segunda opción de futuro para Saito: la barbarie.
(3) MAOÍSMO CLIMÁTICO:
Para evitar la pesadilla del retorno a la «barbarie», “se requerirá otra modalidad de gobierno”. Con el fin de sortear el caos, “se adoptarán medidas autoritarias contra el cambio climático mientras se trata de aliviar la tensión entre ricos y pobres, 1% vs. 99%. Es probable que se abandone el libre mercado, se rechacen los postulados liberales, surjan estados dictatoriales de poderes centralizados y se acometan medidas contra el cambio climático más efectivas e igualitarias”. A este futuro lo llama, erróneamente en mi opinión, «maoísmo climático» (mejor, sin duda, autoritarismo climático).
(Algunas de las aristas aquí descritas recuerdan los planteamientos iniciales de Wolfgang Harich en ¿Comunismo sin crecimiento? Babeuf o el club de Roma. ¿Conoce Saito la obra de Harich, un auténtico clásico del comunismo decrecentista?).
(4) X
Pero, “tiene que existir otra opción en que la humanidad no acabe sometida a la tiranía de un Estado despótico ni quede sumida en el caos de la barbarie”. No es imposible, observa, “librarse de la dependencia de un Estado fuerte, concebir una sociedad basada en la ayuda mutua de tipo democrático, voluntariamente desarrollada por cada uno de los individuos, y afrontar así la emergencia climática. Esta debería ser la sociedad futura justa y sostenible”. De momento la llama «X».
El futuro al que aspira Saito, “como se podrá deducir fácilmente de lo expuesto hasta ahora, es la última opción”. Para que la humanidad , toda ella, sobreviva defendiendo la libertad, la igualdad y la democracia “solo cabe abrazar esta última opción”.
En lo que sigue, nos señala el filósofo nipón, desgranará en qué consiste la opción X.
“¿Por qué es inviable el decrecimiento bajo el capitalismo?” es el título del siguiente apartado.