Estamos en el capítulo 3: “Contra el decrecimiento bajo el capitalismo”, en el apartado ¿Por qué es inviable el decrecimiento bajo el capitalismo?
Permítanme unas sugerencias iniciales:
1. Entrevista a Alfredo Apilánez sobre Los “vicios” del ecologismo. “Uno de los objetivos del libro es fundamentar la incompatibilidad radical del sistema capitalista con cualquier noción razonable de autocontención.” Publicado en El Viejo Topo (marzo, 2023) y en Espai Marx (primera parte: https://espai-marx.net/?p=13629.)
2. Kari de Pryck, “Por qué el IPCC no puede eludir la política de acción climática” https://www.elsaltodiario.com/green-european-journal/ipcc-no-puede-eludir-politica-accion-climatica. “La organización se ha presentado desde su creación como una entidad neutral con el mantra de ser “relevante pero neutra y no prescriptora de políticas”. Sin embargo, al reducir el debate únicamente a los expertos científicos y a los Estados y al despolitizar la temática climática, se contribuye a mantener el statu quo y se acaba enviando un mensaje político contundente pero insostenible en el contexto actual, según el cual la élite tecnocrática puede seguir gestionando la crisis climática. Hoy en día, a las puertas del séptimo ciclo de evaluación, informar no es suficiente. Tampoco basta con satisfacer las exigencias de todos los gobiernos. Para escapar de la camisa de fuerza del multilateralismo despolitizador y deshumanizador, el IPCC podría colaborar más con las organizaciones de la sociedad civil que apoyan su labor. De esta forma se podrían crear espacios para emprender nuevas formas de acción.”
3. Ecosocialismo para Aragón: Carlos González et alii, “¿Quién expolia el viento, la tierra y los insectos? Renovables, territorio y un proyecto de Aragón ecosocialista.” https://arainfo.org/quien-
Cojamos el hilo de Saito, estamos en el apartado “¿Por qué es inviable el decrecimiento bajo el capitalismo?”
Hay formas de llegar a alcanzar el futuro X (la cuarta opción, ha hablado de ella en el anterior apartado), observa el filósofo japonés. “De hecho, ya tenemos una pista: el decrecimiento”. ¿Por qué el decrecimiento es una opción ineludible para superar laa crisis climática? Conocemos las razones. “En el capítulo 2, aprendimos que si seguimos por la vía del crecimiento económico verde no se podrá mantener un medio ambiente en el que toda la humanidad pueda vivir. El desacoplamiento es una fantasía por muchas etiquetas verdes que se le ponga y el crecimiento económico incrementa inexorablemente la carga medioambiental”. Con políticas cegadas por el crecimiento económico, “no nos libraremos de la crisis ecológica global, cuya manifestación más representativa es el cambio climático.”
Por eso, “hace falta un nuevo razonamiento, diferente al de los keynesianistas medioambientales”. El decrecimiento, “un sistema económico que no depende del crecimiento económico, se convierte en un serio candidato”. Es la conclusión a la que también llegaba Raworth y otros. “El decrecimiento es un proyecto que pretende poner todo a los excesos del capitalismo y busca poner en marcha una economía que anteponga a las personas y naturaleza a cualquier otra consideración”. Saito remarca: es una buena idea, está cargada de razón.
Sin embargo, pregunta el filósofo nipón, “¿es posible el decrecimiento manteniendo el sistema capitalista?”. Como irá exponiendo, no se trata de formular “un camio tibio, como el propuesto por Raworth, que ambiciona corregir el neoliberalismo, domesticar el capitalismo y lograr el decrecimiento bajo el capitalismo”. La razón: este sistema, cuyo fin no es otro que el crecimiento económico infinito, es el delincuente que está destruyendo el medio ambiente. “El capitalismo es la causa de la crisis ambiental, empezando por el cambio climático y muchos otros fenómenos.”
El capitalismo, remarca Saito recogiendo ideas ya expuestas, “es un sistema de explotación permanente de nuevos mercados para multiplicar el valor de cambio y acumular capital. En este proceso, transfiere al exterior la carga ambiental, saquea la naturaleza y al ser humano. Este proceso es, en palabras de Marx, un ejercicio «sin límite»”. La esencia del capitalismo es la sempiterna actividad económica para incrementar, sea como sea, los beneficios empresariales.
Nada frena la voracidad insaciable del capitalismo. “Hasta el agravamiento de la crisis ambiental, como el cambio climático, se convierte en una oportunidad de sacar tajada. Si aumentan los incendios forestales, se venden más seguros; si hay una plaga de saltamontes, se venden más insecticidas; aunque los efectos secundarios de las tecnologías de emisiones negativas carcoman la Tierra, es igualmente una oportunidad de negocio para el capital”. Es el capitalismo del desastre, concluye Saito.
De esta forma, aunque cada vez haya más personas sufriendo las consecuencias del agravamiento de la crisis, “el capitalismo seguirá haciendo gala, hasta el final, de su robustísima capacidad de adaptación a cualquier situación para explotar las oportunidades de obtención de beneficios. Ni la mismísima crisis ambiental lo detendrá.”
A este paso, sin cambios sustantivos, “el capitalismo hará irreconocible la faz de la tierra y la convertirá en un lugar inhabitable para el ser humano. Este es el destino final del Antropoceno. Por eso, debemos plantarle cara, ahora y en serio, al capitalismo, que sueña con el crecimiento infinito. Si no lo detenemos con nuestras manos, este pondrá fin a la historia de la humanidad.”
Como señaló en anteriores capítulos, las medidas contra el cambio climático “deberían tener, como una de las referencias, el nivel de vida de la segunda mitad de la década de 1970. Quizá algunos objeten que, dado que en los setenta del siglo pasado, el capitalismo también campaba a sus anchas, no resolveremos nada volviendo al capitalismo de la década de 1970”. Sin embargo, el capitalismo afrontó una crisis sistémica profunda, precisamente en aquella década. Para superarla, se introdujo a nivel mundial un nuevo conjunto de medidas políticas llamado «neoliberalismo». El neoliberalismo fomentó las privatizaciones, las desregulaciones y las políticas de austeridad; expandió los mercados financieros, impulsó el libre mercado y allanó el camino para la globalización”. Era la única solución para lograr la supervivencia del capitalismo.
Por eso, prosigue, “es imposible volver al capitalismo de la década de 1970. Pero aun en el supuesto de que se hiciera, el capitalismo, que busca la autorreplicación del capital, no podrá permanecer en ese estadio.” Si se detuviera en este punto y dejase de buscar ganancias, “al capitalismo le sobrevendría nuevamente una crisis sistémica y, más pronto que tarde, se reconduciría por el mismo camino y la crisis ambiental empeoraría”.
Concluye Saito este apartado con estas palabras: “la única forma de enfrentarnos a la crisis ecológica y contener el crecimiento económico es deteniendo el capitalismo con nuestra acción y dando un giro radical al sistema para encaminamos al poscapitalismo decrecentista.”
“¿Por qué sigue existiendo pobreza?” es el título del siguiente apartado.
Estoy seguro, señala el filósofo nipón, “de que muchos lectores sentirán rechazo hacia la idea del decrecimiento aunque se les explique por qué es una opción necesaria para superar la crisis.” Quizá muchas personas, “al oír hablar de «decrecimiento», evoquen, por asociación, lo frugal”. Acto seguido reaccionarán pensando “en que una propuesta que plantee alegremente la frugalidad como solución no pasa de ser una propuesta de ricos que ignoran el auténtico sufrimiento de los trabajadores de a pie”. Sin crecimiento macroeconómico “no aumentaría el tamaño del pastel que redistribuir y la riqueza no llegaría a los pobres”. Es decir, no habría efecto derrame, el argumento central muy usado por los partidarios del sistema.
En un sentido, observa Saito, “esta crítica tiene su razón de ser. El sistema actual está diseñado sobre la premisa del crecimiento económico”. En una sociedad así, en las que vivimos, “si se detuviera el crecimiento, la tragedia estaría asegurada”. Sin embargo, “cabría preguntarse por qué, si el capitalismo ha alcanzado este nivel de desarrollo, incluso en los países más avanzados sigue habiendo muchísima gente «pobre».”. No es esto extraño, se pregunta Saito. “Después de pagar el alquiler, el móvil, los gastos de transporte y salir a tomar algo, prácticamente el sueldo se esfuma. A la desesperada, se recortan gastos en comida ropa y relaciones sociales”. Aun así, “con un salario que a duras penas es suficiente para mantener un nivel de vida básico, se contraen préstamos para estudiar o comprar una vivienda, y se sígue trabajando seriamente todos los días. ¿Acaso no es esta una vida frugal?”
Cuánto más hay que crecer para que la gente se enriquezca, se pregunta Saito. “Mientras se persigue el crecimiento económico con reformas estructurales y flexibilizaciones cuantitativas «dolorosas», la proporción de valor agregado del trabajo disminuye y la brecha entre ricos y pobres no para de ensancharse (figura 7). Además, ¿hasta cuándo se pretende seguir sacrificando la naturaleza para crecer económicamente?”
(En esta figura 7 que Saito elabora a partir de la OECD.stat se observa el descenso de la proporción del reparto del valor agregado al trabajo en el caso de Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia.)
“La excepcionalidad japonesa” es el título siguiente apartado.Veamos algunas consideraciones al autor.
La impopularidad en Japón de la propuesta decrecentista (ya no tanto tras la publicación del libro que comentamos y el éxito obtenido), “a pesar de todas las irracionalidades que acompañan la búsqueda del crecimiento económico, tiene algunas razones particulares”:
El decrecimiento en Japón “está fuertemente asociado a la imagen de la generación del primer baby boom japonés (1947-1949), que disfrutó de las mieles del milagro económico nacional tras la Segunda Guerra Mundial, pero que ahora ya solo busca terminar sus últimos años sin más preocupaciones y está pregonando un «buenismo hipócrita».” Según ese punto de vista, “los miembros de esta generación, que aprovecharon una coyuntura económica favorable mientras estuvieron en primera línea de combate, habrían empezado a aceptar, despreocupados, que la economía japonesa vaya decayendo lentamente”. Esta actitud está generando “un fuerte rechazo en la generación de la llamada «era glacial del empleo», con sonados enfrentamientos-guerras simbólicas de conflictos generacionales, o de maestra-discípulo-, como el choque protagonizado entre Chizuko Uneno y Akihiro Kitada.”
De esta forma, “en Japón, el debate decrecimiento vs. crecimiento económico, que atañe a la supervivencia de la humanidad, terminó quedando jibarizado a un mero enfrentamiento entre la generación del baby boom, favorecida económicamente, y la de la «era glacial el empleo», desfavorecida y en apuros. Y el decrecimiento fue quedando asociado a las políticas de austeridad”.
Por otro lado, como antítesis de la propuesta decrecentista de la generación del baby boom, “los reflacionistas y la teoría monetaria moderna (MMT, por sus siglas en inglés) se han presentado como la vanguardia mundial del pensamiento antiausteridad y están ganando adeptos entre la generación de la era glacial del empleo”. Por supuesto, “la antiausteridad, que priorizó la vida de la gente a otras cuestiones, es una idea digna de alabanza. Sin embargo, hay algo de lo que adolece fatalmente el discurso antiausteridad japonés: el problema del cambio climático, que es, también, el tema principal de este libro”.
Tanto para Bernie Sanders, en Estados Unidos, como para Jeremy Corbyn, en el Reino Unido, a los que Saito se referíó en el capítulo anterior, “una de las ideas clave de las políticas antiausteridad era el Green New Deal. Es decir, una reforma de las infraestructuras y de los métodos de producción como medidas contra el cambio climático. Sin embargo, cuando sus medidas antiausteridad se presentaron en Japón, la perspectiva del cambio climático había desaparecido por completo. Como resultado, la antiausteridad en el debate económico japonés se ha vuelto prácticamente indistinguible de la consabida obsesión capitalista por el crecimiento económico, a través de medidas como la expansión cuantitativa o los estímulos fiscales.”
“La generación Z, crítica con el capitalismo” es el título del siguiente apartado.