Sobre España, México y la conquista de América

Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.

Antonio Espino es un historiador serio y desde luego merece ser leído. Su crítica a determinados publicistas, “no historiadores”, no es porque no sean historiadores -que no hace falta ser académico para ser historiador- sino por lo que dicen y por su desprecio de la investigación historiográfica (por ejemplo, su desprecio al impacto demográfico de la conquista y la colonización).

Lo que dijo la presidente madrileña (Isabel Díaz Ayuso) es una falacia y fue una provocación. México si existía, era el territorio dominado por los mexicas, los aztecas, con una extensión de más de la mitad de España y un centro dominador que era Tenochtitlán; era un estado con características propias, ni feudal, ni capitalista, ni asiático… Cuando los españoles/castellanos, conquistan el territorio no constituyen México, sino Nueva España. Está clara su intención de dominio. Luego el dominio del virreinato, que es una formación colonial en el sentido político, económico y cultural, llegará a extenderse hasta el itsmo de Panamá y parte de EEUU. Eso siempre será para la Corona española Nueva España.

Los españoles no “hicieron” México. Cuando a finales del siglo XVIII y sobre todo a comienzos del XIX se inicia la construcción de una identidad común específica, el referente será aquel México-Tenochtitlán que representaba lo que habían llegado a construir los “mexicanos”, antes de que la destruyeran los “españoles”. Es un proceso de construcción de identidad nacional que ha de reconocerse y respetarse. El problema de la presidenta es que ademas de falsear la historia, menospreciando el México-Tenochtitlán, le falta el respeto a la construcción de la identidad nacional mexicana. Si fuera más leída podría haberse acogido a las tesis de Vasconcelos, que es lo que el gobierno de Felipe González hizo con el Quinto Centenario, y habría quedado como una princesa (lo de reina es demasiado).

Y sí, la conquista de América es un proceso colonial: de conquista militar; establecimiento de estructuras de dominio político y administrativo que dependen de las instituciones de gobierno de la metrópoli; explotación económica en favor de la metrópoli, del Estado conquistador, y en favor de los españoles asentados en la colonia, y de dominio cultural mediante dos poderosos instrumentos: la lengua y la religión. Por cierto, la religión puede tener efectos positivos en la vida comunitaria -también lo tenían las religiones nativas-, pero, para mí, la imposición de la religión cristiana tiene sobre todo un contenido político, para empezar la misión no encomendada por Dios sino por el Papado, que es el que en su nombre y en el de Dios en vano, decide adjudicar por las bulas alejandrinas el nuevo mundo a la Corona de Castilla. Cuando con los jesuitas pretendieron establecer un estado dentro del estado, no sometido a la corona sino a la ley de Dios, les pasó lo que les pasó.

Las leyes “protectoras” de indios fueron leyes protectoras del dominio colonial: las encomiendas, de referente feudal, fueron sustituidas por el repartimiento, es decir, no se anuló la explotación obligada de la población indígena. La América colonial se mestizó, pero la población mestiza tuvo reconocimientos por debajo de la indígena, en un sistema cultural que identificaba a la población por su grado “ limpieza de sangre”, su grado de incorporación a la cristiandad, según se fuera blanco, indio, mestizo, mulato o negro, y los discriminaba por ello en el acceso a oficios, a estudios,…

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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