Sobre Pepe Mujica

De Antonio Navas, médico de familia y compañero de Espai Marx.

I. Yo le tengo mucho respeto y admiración; su pasado heroico sin atenuantes, creo que no deben enmascararlo los cualesquiera que sean sus «pecados» contemporáneos.

Pero, sin haberlo seguido de cerca, también recuerdo alguna entrevista ya siendo mayor, de su época de presidente, si mal no recuerdo, donde su análisis político, siendo filosóficamente de una moral republicana estricta, y de un ejemplo personal dignísimo: sobriedad, sencillez de vida, modestia, etc, etc…su posición política era la de asumir la derrota de los proyectos revolucionarios y…aceptar en cierto modo, que si uno asume el gobierno de una nación, que fue la opción que su conglomerado de fuerzas ayudaron (no el de promover otra cultura de vida, otros valores civilizatorios, -que él defiende cuando habla de su moral individual y práctica en su vida privada-), debían contemporizar con el contexto internacional, con los poderes económicos dominantes, aún guardando un discurso interior moral, pero con, digamos, escaso margen de maniobra para enfrentarse al statu quo neoliberal. Por eso, y de ahí se deriva, en mi opinión que se haya convertido en un mito moderno utilizable por cierta socialdemocracia que aún vende su producto como «izquierda»; léase, PSOE y medios afines: la SER, Jordi Évole en España. No sé en otros países. Ya la izquierda uruguaya que apoyaba el ascenso de Mujica y las fuerzas que lo aúpan, se dividió dentro de ese grupo tras los primeros pasos efectivos del gobierno respecto de las orientaciones acomodaticias y derrotistas, faltas de ilusión y convicción en la posibilidad de impulsar cambios más profundos, cuando menos de intentarlo y no renunciar al discurso colectivo radical; más allá de las declaraciones de Mujica adoptado como referente y gurú en el seno de una cierta izquierda internacional como una especie de abuelo entrañable.
Si recuerdo mal que alguien me corrija.

II. Todos sabemos quién es Mujica, qué posiciones mantuvo en su juventud y encarcelamiento, y las posiciones políticas posteriores que mantuvieron en la fase de acceso al gobierno. Que no es que aceptase resignadamente y de mal grado, es que justificó como fruto de una evolución intelectual, de reflexión y análisis. Y cambió, está en su derecho, y nada hará que deje de ser un ser admirable y un referente en muchos sentidos. Pero dejó sus planteamientos revolucionarios. No porque renunciase como objetivo final a ellos ad calendas graecas, hasta donde yo sé y puedo recordar.
Pero sí es cierto que ayudó a una gestión muy moderada desde el gobierno, tuvo una conversión al realismo práctico socialdemócrata, con la misma convicción y fuerza con que otrora defendiese sus objetivos revolucionarios. Ahora no sé si se llamaba o se sentía comunista, pero era un guevarista a machamartillo. Vaya, un revolucionario, y no de salón. Pero cambió, y cambió mucho. Igual es que comprendió el mundo mejor que nosotros.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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