Lo inesperado, que suele ser lo esperado y preparado por algunos, de la desaparición de la República Árabe Siria ha sembrado el desconcierto a diestro y siniestro. Y no es para menos. Lo que ha desaparecido no es un gobierno o un régimen político, es todo el Estado nacido después de la salida de los franceses, independientemente de las formas que este fue adoptando en el transcurso de los años. ¿Qué le sustituirá? O, más allá de esto. ¿seguirá habiendo un estado sirio en el territorio histórico de Siria? Pues, aunque ya hace unas decenas de siglos que esa región del Creciente Fértil se llama así, la verdad es que pocas veces ha existido en ella un estado que se correspondiera con ella.
Muchos están intentando despejar esta incógnita, Sin embargo, quienes tienen auténtico poder para intervenir en el panorama lo que hacen es perseguir sus propios intereses. Y en estos no hay ningún lugar para los intereses propios de los sirios de a pie. En la Alianza de la Izquierda Republicana de España no tenemos hoy poder para actuar, pero sí que pensamos que es nuestro deber procurar aclarar algo el desconcierto, por lo menos en la parte siniestra, que mencionábamos más arriba.
Desde luego no nos extraña contemplar como se convierten, en los medios de manipulación de masas occidentales, en “rebeldes”, incluso en “revolucionarios”, los grupos takfiristas y fundamentalistas que, hasta hoy, eran proclamados como terroristas. O como el nombre de guerra de su máximo dirigente (aún, que sepamos, no se ha retirado la recompensa de diez millones de dólares que EE.UU. ofrece por él) ha sido sustituido por el suyo auténtico en esos mismos medios, al tiempo que se pelean por conseguir unas declaraciones suyas. También estamos acostumbrados a ver como se “desvelan” todo tipo de crueldades y crímenes cometidos por las “horrendas dictaduras” previas, obviando las íntimas relaciones políticas que los gobiernos occidentales (basta ver algunas fotos no muy viejas que hay en las redes) mantenían con ellas. En realidad todo esto nos enseña más sobre la sociedad oligárquica y muy poco democrática en la que vivimos que sobre Siria. Esa Siria a la que se pretende que vuelvan los millones de ciudadanos suyos que se vieron forzados a abandonarla. Millones que nunca fueron bien recibidos, ni ayudados, en Occidente (no eran blancos) y a quienes (con más interés que a nosotros) se quiere convencer de que los nuevos jerarcas sirios son demócratas y liberales sin tacha, que las cárceles van a quedar desiertas y que las “nuevas” medidas económicas les van a garantizar una vida digna a todos.
Todo ello es muy normal, por más que cada vez se haga de manera más forzada. Lo que no es tan natural es la falta de orientación de las fuerzas democráticas. Las redes sociales populares entre los grupos que todavía no han pasado a ser apéndices “woke” del neoliberalismo, llevan mucho tiempo proclamando la quiebra inmediata del imperio occidental y poniendo todas sus esperanzas en todo tipo de combinaciones maravillosas. Esto puede ser una consecuencia lógica de las derrotas sufridas a fines del siglo pasado, pero ya es hora de ponerse en pie y volver a analizar la realidad material con las herramientas históricas que permitieron tantas victorias. Y no confiar en ilusiones falaces. Si lo hacemos así podremos ver las cosas (incluso las tan serias como las sirias actuales) sin desconcertarnos y empezaremos a tener de nuevo fuerza para intervenir en ellas.
La segura consecuencia primera y más grave de la caída de la RAS es que supone un durísimo golpe para la causa palestina (algo visto de inmediato por alguno de los poquísimos analistas perspicaces y demócratas que hay en las redes). Esto no se debe a que el gobierno de la RAS fuera un aliado incondicional de los palestinos. En realidad ese gobierno es uno de los responsables de la división tradicional entre los grupos de la resistencia palestina y de la pérdida de influencia, en esta, de las organizaciones democráticas y no islamistas. Basta recordar quien suscitó grupos opuestos al Frente Popular de Liberación de Palestina o quien intervino militarmente en Líbano, en 1976, para salvar de la derrota a la derecha libanesa y facilitar así la llegada a Beirut de las tropas sionistas en 1982 y la salida de allí de la OLP. No obstante todo esto, lo cierto es que hoy, cuando la resistencia palestina (mal que nos pese a los demócratas) está dirigida principalmente por los islamistas, Siria era el cordón umbilical que permitía la llegada de suministros desde Irán, además de haber permitido la reconciliación entre chiíes (Hezbolá) y suníes (Hamas), tras lo sucedido en suelo sirio en la década pasada.
Siendo Palestina la gran perdedora es claro que el estado sionista es el principal beneficiario de la extinción de la RAS. Pero esto no quiere decir que sea producto del éxito de ningún plan maestro. Por supuesto que la dirección sionista ha hecho cuanto estaba en su mano para producir un resultado que ya les coloca directamente frente a Irán. Sin embargo no es verdad que controlen y dirijan al HTS, pues este no es un títere, ni de Israel, ni de EE.UU. Sí se trata de lo que vulgarmente se dice “una mano lava a la otra”. Es decir, se favorecen mutuamente en busca del interés propio de cada uno. Mientras estos no choquen podrán colaborar, pero nadie se fía de nadie. De aquí que los sionistas hayan aprovechado el momento para avanzar su control más cerca de Damasco, al tiempo que sus bombardeos impiden que HTS acceda a armas más sofisticadas que las que ahora tienen. Y es que no podemos olvidar que el éxito de este grupo no se debe a la fuerza de sus armas y al número de combatientes, sino al pudrimiento político de la RAS, que hizo que nadie se interpusiera en el avance de los takfiristas.
La política del gobierno de Damasco hacía mucho tiempo que no tenía nada que ver con lo preconizado originalmente (y no hace falta tener en cuenta la antigua división entre la rama siria y la iraquí) por el BAAS. Hacía mucho tiempo que este había cambiado su política económica, que favorecía a los campesinos sirios, por el neoliberalismo capitalista. Las consecuencias de la guerra iniciada en 2011 significaron la pérdida de los campos petrolíferos (en manos de EE.UU. y sus colaboradores kurdos de las FDS, Fuerzas Democráticas Sirias). Esto, unido a todas las sanciones aplicadas en su contra, convirtieron la zona siria controlada desde Damasco en una zona de pobreza, donde nadie estaba ya dispuesto a apoyar a los pocos que aún gozaban de ciertos privilegios. Fue esta situación la que provocó el colapso y lo que hizo que fuera inútil cualquier intento de impedirlo desde fuera. Como dijo un portavoz oficial ruso: nosotros no podemos resistir en lugar de los sirios. Lo que no evita que este colapso también perjudique notablemente a los intereses rusos. Y fueron estos intereses, no ninguna estrecha alianza, los que impulsaron la intervención rusa de 2015. Intervención que jamás se efectuó en contra de los ataques israelíes, pues Rusia siempre ha mantenido (y mantiene) sus relaciones con el estado sionista. Algo que es igual para Turquía, quien además está obligada a tener en cuenta los intereses de Washington. Ello pondrá en jaque, por más que Erdogan se presente como triunfador, el intento turco de eliminar a los kurdos armados de la zona fronteriza, así como sus esfuerzos para reenviar a Siria a los tres millones de refugiados que tiene en su suelo.
Tampoco es muy probable que vuelvan muchos de los sirios refugiados en Europa. Estos, lejos de creerse las mentiras de los medios sobre la “nueva” Siria, conocen lo que Hayat Tahrir al-Sham (HTS) ha estado haciendo en Idlib, así que saben que las cárceles no se vaciarán. Sencillamente unos presos ocuparán el lugar de otros. En cuanto a la situación económica, tampoco es probable que vaya a mejor. Por una parte es muy difícil que HTS consiga controlar toda Siria, sobre todo los campos petrolíferos, ya que ¿por qué EE.UU. habría de permitir la eliminación de las FDS, cuando aún puede rendirle nuevos servicios? Y tampoco parece que vaya a haber una avalancha de inversión exterior, pues los más proclives a hacerlo, las tiranías árabes del golfo, si de algo pecan es de prudentes y no se arriesgarán dentro de lo que sigue siendo un polvorín. Esta prudencia fue también la causa de que la reanudación de relaciones diplomáticas con Damasco no sirviera más que para declaraciones platónicas.
Desde hace mucho tiempo, pero especialmente desde el 7 de octubre de 2023, en Oriente Próximo lo decisivo son las armas. Algo que los sionistas siempre tuvieron claro y que otros han comprendido ahora. Motivo por el cual, tras sacar las conclusiones de lo ocurrido en los últimos meses, en Teherán han recogido velas y han empezado a tomarse en serio la posibilidad de obtener el arma nuclear. Claro que esa decisión sí que desencadenaría la guerra que Israel busca. De suceder esto sólo cabe decir que sería un paso prácticamente definitivo hacia el abismo que amenaza al planeta.
Por nuestra parte, seguiremos llamando a desechar las ilusiones y mirar la realidad tal cual es. Sólo así podremos hacer algo, por poco que sea, para debilitar las fuerzas occidentales, ya que este es el lado en el que nos hallamos, que están dispuestas a destruirlo todo antes que perder su hegemonía.
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