De un amigo lector.
Hoy he leído este pasaje del asiriólogo italiano Mario Liverani, que me ha parecido especialmente claro y que te transcribo para que le des el uso que estimes pertinente (o ninguno, sólo para tu información):
“Hoy, por el contrario, el concepto y la misma palabra “imperio” han perdido su sentido positivo -que tenía en las ideologías imperialistas históricas: añadido mío-, conectado con gloria, triunfo del bien sobre el mal, realización de la creación, difusión de la civilización, de la fe verdadera, del progreso humano etc. En el imaginario del mundo occidental se ha establecido una diferencia clara de valor entre los imperios “asiáticos”, todavía definidos como tales, respecto a ser territoriales, compactos, belicosos y agresivos, despóticos, fundamentalistas, y los occidentales, no verdaderos imperios por ser ágiles, deslocalizados, pacíficos y laicos, progresistas o “ilustrados”, comerciales o financieros. El término “imperio” se aplica exclusivamente a los malos, a nuestros adversarios, nadie lo aplicaría a su propia parte, nadie se gloriaría de ello. La expresión “imperio del mal”, típica de la primera categoría, no tiene un correspondiente “imperio del bien” en la segunda. La “guerra santa”, la yihad es un peligro para toda la humanidad, mientras que las cruzadas solo son un modo de hablar. Quizás, nada expresa mejor esta división que la saga La guerra de las galaxias (…), en la que el imperio es el de los malos, que hablan con acento ruso, agresivos, impenetrables, acorazados como los antiguos guerreros; mientras que “nosotros” somos una confederación, una instancia internacional, somos ágiles, vivos y combatimos por el bien y la salvación de la humanidad. La historiografía posimperialista pone, además, en evidencia los fenómenos de la interculturalidad, de asimilación, de emulación, más que los de conquista pura y simple.
Por tanto, si este trabajo tuviera algún sentido, se podría decir a primera vista que Asiria -prototipo de imperio antiguo agresivo y brutal por excelencia: añadido mío- podría pretender jugar el papel de prototipo de los “imperios del mal”, y que no tiene nada que ver con las “confederaciones” buenas y democráticas. Pero con una lectura más atenta, surgen rasgos comunes en la ideología y en la finalidad de la misión imperial: dominar el mundo con todos los medios disponibles y eficaces, conseguir ventajas, y justificar todo mediante la culpabilización del enemigo, mediante la transformación de la periferia de incivil e inútil en ordenada y productiva, mediante la atribución de una valencia universal a la hipóstasis (sea divina, política o legal) del mandato imperial.”
Liverani, M., Asiria. La prehistoria del imperialismo, Trotta, Madrid, 2022, pp. 253-254.
Saludos muy cordiales,