“Vivir en Palestina. Hacer algo por los palestinos” por Francisco Fernández Buey

Texto de presentación del autor, fechado el 8 de mayo de 1987, de una mesa redonda sobre Palestina celebrada en la Casa Revilla de Valladolid, ciudad en la que entonces impartía clases.

Y un país sólo no es una patria;
una patria es, amigos, un país con justicia.
ANTONIO GAMONEDA, Ferrocarril de Matallana, ahora en Edad, Madrid, Cátedra, 1987.

Muchos europeos, y entre ellos me temo que también muchas personas de este Extremo Occidente que es España, identifican Palestina con un capítulo más o menos lejano de la propia historia cultural. Por desgracia, se acostumbra a seguir viendo lo que ha ocurrido en Palestina durante las últimas décadas con la misma óptica etnocentrista que tanto -y durante tantos siglos- ha contribuido a tergiversar la historia de esta especie siempre dividida en subespecies particularizadoras a la que llamamos Humanidad.

A muchos europeos, y con ellos a una buena parte de los españoles, la mera mención del pueblo palestino les sugiere una concatenación de tragedias difícilmente conciliables con lo que tendemos a considerar valores básicos de nuestra cultura -libertad, igualdad, derecho a la autodeterminación-. A algunos nos sugiere también el símbolo de una resistencia tan constante como heroica frente al genocidio. Nosotros los europeos, creemos saber mucho de lo lábil que es la frontera entre choque cultural, etnocidio y genocidio. Creemos saber tanto de eso que, a veces, nos sentimos curados de espanto y actuamos orgullosamente y con cierto amoralismo, como si el nuevo caso no fuera más que la enésima repetición de lo ya sabido.

Tal vez por suerte, en cambio, a este sentimiento no es ajeno en ocasiones otro sentir de pueblos que reflexionan sobre lo que ellos han hecho en el mundo: la conciencia desgraciada; el sentir, en este caso, de quien sabe que, en cierto modo, también nosotros somos corresponsables de la tragedia del pueblo palestino. Pero en el balneario de despilfarradores que hoy es Europa (si se compara nuestra situación con la de dos tercios de la humanidad y por mucho que tampoco en el balneario pueda ya evitarse la visión de la pobreza en la calle), tendemos a considerar las informaciones que llegan sobre el pueblo palestino a través de la radio, la prensa y la televisión como simples palabras, voces e imágenes que enturbian las buenas costumbres, amargan comidas, cenas y desayunos, pero se olvidan con tanta rapidez como han sido vistas u oídas.

Hay que considerar, por tanto, excelente y generosa la iniciativa de los organizadores de este ciclo titulado Vivir en Palestina, y, en particular, su intención de dar la palabra a los agentes del drama, a personas, mujeres y hombres, que conocen directamente la situación del pueblo palestino porque están siendo protagonistas, en sitios tan distintos como Jordania e Israel, de aquella resistencia. Tiene importancia el que conozcamos con precisión qué ocurre allí, cuáles han sido las raíces históricas de la tragedia, qué se piensa del presente y del futuro. Importancia tanto mayor cuanto que esta mesa redonda junta en el diálogo, por primera vez en España, según creo, a judíos de Israel que no son sionistas y a palestinos que, pese a todo, siguen creyendo en la controversia tolerante entre culturas. Algo es ya el poder contribuir a este encuentro. Hago votos para que esta mesa redonda y más en general la jornada Vivir en Palestina materialice lo que sus organizadores tenían en la cabeza al convocarnos aquí: pasar de la lamentación por Palestina al hacer algo por el pueblo de Pales tina.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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