MISCELÁNEA 28/7/2026

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. El progresivo aislamiento de Israel.
2. Los matices son importantes.
3. Hudson entrevistado por Diesen.
4. Zhok sobre la emigración.
5. Historia del petróleo libio.
6. El arte público en la RDA.
7. Rewilding en España.
8. La definición de socialismo de Patnaik.
9. Resumen de la guerra en Irán, 27 de julio.

1. El progresivo aislamiento de Israel.

En el último artículo de Prashad para Peoples democracy se analiza el desmoronamiento del apoyo de las potencias occidentales a Israel, lo que hasta ahora suponía su mayor baza.

https://peoplesdemocracy.in/2026/0726_pd/israel-loses-friends-when-ally-becomes-liability

Israel pierde amigos cuando un aliado se convierte en un lastre

Vijay Prashad

Durante décadas, la mayor baza política de Israel no fue su poderío militar, su arsenal nuclear ni la supuesta sofisticación de sus servicios de inteligencia. Era la protección que le ofrecían las grandes potencias occidentales: Estados Unidos le proporcionaba armas e inmunidad diplomática; Alemania transformó su responsabilidad por el Holocausto en un apoyo incondicional al Estado israelí; Gran Bretaña contribuyó a borrar su propia responsabilidad colonial en el despojo de Palestina; y Canadá, Australia, Francia y otros gobiernos occidentales repetían la afirmación de que Israel era un bastión democrático rodeado de una hostilidad irracional. Todo lo que hacía Israel se presentaba como legítima defensa, mientras que todo lo que hacían los palestinos se separaba de la historia de la ocupación y se describía como terrorismo. Ese consenso está empezando ahora a desmoronarse.

Israel no ha perdido el apoyo de los gobiernos más importantes para su poderío militar, y sería prematuro hablar de su completo aislamiento internacional. Estados Unidos sigue armándolo, protegiéndolo en las Naciones Unidas e integrándolo en la arquitectura militar de Washington para Asia Occidental, mientras que Alemania e Italia continúan obstaculizando la imposición de sanciones europeas decisivas. Sin embargo, el clima político ha cambiado drásticamente. Gobiernos que antes defendían a Israel sin vacilar ahora lo critican, reconocen a Palestina, imponen sanciones a los colonos, restringen las exportaciones de armas y advierten de que Israel está violando el derecho internacional. Israel sigue estando fuertemente armado, pero cada vez resulta más difícil defenderlo. Esta pérdida de prestigio se describe a veces como una crisis de relaciones públicas. Esa descripción es inadecuada. La reputación de Israel no se ha derrumbado porque sus diplomáticos eligieran las palabras equivocadas o porque sus portavoces no presentaran argumentos convincentes. Se ha derrumbado porque personas de todo el mundo han presenciado en sus pantallas la destrucción de Gaza durante casi tres años. Han visto cómo se arrasaban barrios, se atacaban hospitales, se destruían universidades, se asesinaba a periodistas, se detenía a médicos, se enterraba a niños bajo el hormigón y se sometía a toda una población al hambre y al desplazamiento. Ninguna estrategia de comunicación puede ocultar indefinidamente la realidad de una sociedad que está siendo destruida sistemáticamente.

El cambio en la opinión pública occidental es innegable. Una encuesta del Pew Research Center publicada en junio de 2026 reveló que, en 36 países, una mediana del 67 % de los encuestados tenía una opinión desfavorable de Israel, frente a solo un 25 % que lo veía de forma favorable. En todos los países europeos encuestados predominaban las actitudes negativas. En Italia, los Países Bajos y España, aproximadamente la mitad o más de los encuestados tenían una opinión «muy desfavorable». No se trata simplemente de una desaprobación hacia el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Refleja un reconocimiento más profundo de que la conducta de su Gobierno no puede separarse de las estructuras políticas de ocupación, apartheid y colonización sobre las que se ha construido el Estado israelí.

La erosión es visible incluso en EE. UU., donde el apoyo a Israel se ha cultivado a lo largo de generaciones a través de la clase política, las iglesias evangélicas, los medios de comunicación, las universidades y un aparato de presión enormemente poderoso. Una encuesta de Gallup publicada en 2026 reveló que, por primera vez, los israelíes ya no superaban a los palestinos en la simpatía de la población estadounidense. Entre los independientes, el 41 % simpatizaba más con los palestinos y el 30 % con los israelíes. Entre los demócratas, el apoyo a los palestinos se situaba en el 65 %, frente al 17 % a favor de Israel. Lo más llamativo es que el 53 % de la población estadounidense de entre 18 y 34 años simpatizaba más con los palestinos, mientras que solo el 23 % simpatizaba más con los israelíes. Incluso entre los republicanos, el apoyo a Israel había disminuido en 10 puntos porcentuales desde 2024.

La opinión pública no determina automáticamente la política del Gobierno, especialmente en un sistema político oligárquico como el de Estados Unidos. El presidente Donald Trump y los sectores dominantes de los dos principales partidos siguen comprometidos con Israel. Sin embargo, los políticos electos pueden percibir la dirección en la que avanza la sociedad. La iniciativa legislativa «Block the Bombs», que pretende restringir determinadas transferencias de armas de EE. UU. a Israel, había reunido 73 copatrocinadores en el Congreso en junio de 2026. Aún está lejos de convertirse en ley, pero su impulso habría sido casi inimaginable antes del ataque de Israel contra Gaza. Palestina ya no es una cuestión marginal en la política estadounidense. Se ha convertido en una línea divisoria que atraviesa el Partido Demócrata, los campus universitarios, los sindicatos, las iglesias, las instituciones culturales y, cada vez más, la propia comunidad judía.

El cambio en el Reino Unido, Canadá y Australia ha sido especialmente significativo. No se trata de Estados asociados a la hostilidad hacia Israel. Pertenecen a los círculos más íntimos del poder estadounidense y de la cooperación en materia de inteligencia. Sin embargo, en septiembre de 2025, los tres reconocieron formalmente al Estado de Palestina. La decisión de Gran Bretaña tuvo un significado histórico especial. Ciento ocho años después de la Declaración Balfour, el Estado que había prometido Palestina al movimiento sionista al tiempo que negaba los derechos políticos del pueblo palestino se vio obligado a reconocer que dicho pueblo posee una identidad nacional que su ocupante no puede simplemente negociar y anular.

El mero reconocimiento no pone fin a una ocupación. Tampoco devuelve las tierras robadas, desmantela los asentamientos, libera a los presos ni impide que las armas lleguen a Israel. Estos gobiernos acompañaron su reconocimiento de condiciones impuestas a los palestinos y garantías ofrecidas a Israel. No obstante, la decisión supuso una ruptura con una postura occidental de larga data: que la condición de Estado palestino solo podría alcanzarse con el consentimiento israelí. Dado que Israel había dejado claro que nunca otorgaría dicho consentimiento, el denominado «proceso de paz» se había convertido en un mecanismo para permitir que la colonización continuara indefinidamente. El reconocimiento puso al descubierto, aunque solo fuera parcialmente, el fraude que subyace en el núcleo de ese proceso.

Esta ruptura se ha ampliado a través de las sanciones. En junio de 2026, el Reino Unido coordinó con Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Noruega la imposición de medidas contra organizaciones y personas que financian o facilitan la violencia de los colonos en la Cisjordania ocupada. La Unión Europea, tras años de parálisis, acordó en mayo imponer prohibiciones de viaje y la congelación de activos a colonos y organizaciones extremistas. La Comisión Europea ya había propuesto suspender las concesiones comerciales en virtud del Acuerdo de Asociación UE-Israel, cuya cláusula de derechos humanos ha sido violada por Israel con total impunidad. España ha adoptado un embargo de armas, mientras que Eslovenia ha prohibido la importación, exportación y tránsito de armas hacia y desde Israel. Estas medidas siguen siendo fragmentadas e insuficientes, pero su orientación política es clara.

El aspecto más dramático del aislamiento de Israel es que las instituciones creadas y controladas en gran medida por Occidente ya no pueden protegerlo por completo. La demanda presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia obligó al máximo tribunal del mundo a enfrentarse a la acusación de genocidio. La Corte Penal Internacional dictó órdenes de detención contra Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant. Organismos de las Naciones Unidas, organizaciones de derechos humanos, médicos, juristas y trabajadores humanitarios han reunido un enorme corpus de pruebas relativas al castigo colectivo, el desplazamiento forzoso, la inanición, la tortura y los ataques contra la población civil. Israel y Estados Unidos han arremetido contra estas instituciones precisamente porque las pruebas ya no pueden encuadrarse en el viejo discurso de la «seguridad».

Sin embargo, sería un error exagerar el alcance de la ruptura. Muchos gobiernos occidentales han aprendido a sustituir la acción por gestos. Por ejemplo, estos gobiernos sancionan a colonos a título individual, al tiempo que siguen comerciando con el Estado que arma, protege e incorpora a esos colonos a su proyecto colonial.

Reconocen a Palestina, pero se niegan a obligar a Israel a retirarse del territorio palestino.

Condenan la inanición, pero permiten la transferencia de componentes de aeronaves, sistemas de vigilancia, munición e inteligencia.

Critican a Netanyahu como si fuera una desafortunada desviación de un sistema por lo demás legítimo, en lugar de considerarlo el producto político de décadas de ocupación e impunidad.

Alemania sigue siendo el ejemplo más claro de esta contradicción. Su Gobierno reprende ocasionalmente a los ministros israelíes, pero sigue bloqueando medidas serias a nivel europeo. Los responsables alemanes hablan de responsabilidad histórica mientras la policía reprime las manifestaciones en solidaridad con Palestina. Pero la responsabilidad por el Holocausto no puede significar complicidad en la destrucción de otro pueblo. La lección del fascismo no es que un Estado deba situarse por encima del derecho internacional. Es que hay que oponerse a la supremacía racial, al castigo colectivo, al desplazamiento forzoso y a la violencia exterminadora dondequiera que aparezcan.

La cambiante posición internacional de Israel es, por lo tanto, el producto de dos fuerzas opuestas. Por un lado se encuentran los estamentos militares y políticos de Estados Unidos y Europa, que consideran a Israel una fortaleza estratégica en Asia Occidental, un centro de inteligencia, un campo de pruebas para armas y sistemas de vigilancia, y un instrumento fiable contra la soberanía popular en el mundo árabe. Por otro lado se encuentran millones de personas corrientes cuyas protestas, acampadas, huelgas, boicots, campañas legales y actos de solidaridad han hecho que el apoyo incondicional a Israel resulte cada vez más costoso. Es esta segunda fuerza la que ha impulsado los cambios diplomáticos. Los gobiernos no descubrieron la humanidad palestina a través de una reflexión privada. Actuaron porque los estudiantes ocuparon los campus, los estibadores se negaron a manipular armas, los sindicalistas exigieron un embargo, los artistas rechazaron la complicidad institucional y vastas manifestaciones llenaron las calles desde Londres hasta Sídney y desde Toronto hasta Ciudad del Cabo. El pueblo palestino, gracias a su extraordinaria firmeza, ha transformado la conciencia moral y política de toda una generación.

La India se encuentra en una incómoda posición al margen de este movimiento. Desde la oposición de Jawaharlal Nehru a la colonización sionista hasta el reconocimiento por parte de la India de la Organización para la Liberación de Palestina y del Estado de Palestina, la solidaridad con el pueblo palestino fue en su día una piedra angular de la política exterior india. El Gobierno de Modi ha vaciado de contenido esa tradición. La India se ha convertido en el mayor mercado de armas de Israel, al tiempo que se ha intensificado la cooperación en los ámbitos militar, de vigilancia, agrícola y tecnológico. En febrero de 2026, Modi viajó a Israel y se dirigió al Knesset, incluso cuando otros antiguos aliados se distanciaban del Gobierno de Netanyahu. El hindutva y el sionismo se reconocen cada vez más mutuamente: ambos presentan el mayoritarismo religioso como un renacimiento nacional, tratan a una población minoritaria como un peligro demográfico y convierten la violencia colonial en una doctrina de seguridad permanente. Esta alineación no representa al pueblo indio. En todo el país, los partidos de izquierda, los sindicatos, las organizaciones estudiantiles, los movimientos de mujeres, los escritores, los artistas y los ciudadanos de a pie han seguido mostrando su apoyo a Palestina. Entienden que la solidaridad no es caridad concedida a un pueblo lejano. Palestina concentra en sí misma las cuestiones centrales de nuestro tiempo: si el colonialismo puede resurgir en nombre de la seguridad, si los Estados poderosos pueden destruir a un pueblo sin sufrir consecuencias y si el derecho internacional se aplica únicamente a los enemigos de Occidente.

Los dirigentes de Israel ven cómo se cierran las paredes a su alrededor. El propio Netanyahu ha reconocido que Israel se enfrenta a un aislamiento creciente y debe preparar su economía en consecuencia, pero una economía no puede adaptarse fácilmente a la repulsa moral a escala mundial. A las universidades les resultará más difícil mantener sus colaboraciones institucionales con Israel; las empresas se enfrentarán a boicots y campañas de desinversión; los soldados se expondrán a riesgos legales al viajar al extranjero; y los políticos que apoyen a Israel pagarán cada vez más un precio electoral. El mito de Israel como democracia liberal se ha hecho añicos ante la realidad visible de Gaza y Cisjordania.

Israel aún no ha perdido a sus protectores más poderosos, pero está perdiendo a la población de los países que lo protegen, y esta contradicción no puede persistir para siempre. La tarea consiste en convertir la repulsa pública en presión material: un embargo de armas integral, la suspensión del comercio preferencial, sanciones contra los funcionarios responsables de crímenes de guerra, la ruptura de la cooperación militar y el pleno apoyo a la autodeterminación palestina. La reputación no es la cuestión central, sino que la cuestión central es el poder. La pérdida de legitimidad de Israel es importante porque abre la posibilidad de debilitar las estructuras que han permitido que la ocupación y el despojo continúen. Los palestinos ya han ganado el debate ante la humanidad. La tarea urgente es lograr que los gobiernos actúen de acuerdo con ese veredicto.

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2. Los matices son importantes.

Murray Craig utiliza dos sucesos recientes para recalcar que siempre es necesario analizar con detenimiento lo que sabemos sobre determinados acontecimientos antes de lanzarnos a cruzadas morales.

https://www.craigmurray.org.uk/archives/2026/07/narratives-of-moral-conflict-karim-khan-and-delcy-rodriguez/

Relatos de conflicto moral: Karim Khan y Delcy Rodríguez

26 de julio de 2026

Las redes sociales no favorecen los matices. En aras de la difusión, las posturas tajantes resultan más eficaces y se espera un juicio moral binario. Esto conduce a una simplificación excesiva de cuestiones complejas y a pasar por alto hechos que resultan inconvenientes para la narrativa elegida.

Hay cuestiones que afectan a dos figuras de gran relevancia en las que merece la pena examinar los detalles antes de formarse una opinión firme —y, al hacerlo, tal vez reconocer que es posible que no dispongamos de información suficiente para que dicha opinión sea más que provisional—.

Quiero analizar la polémica en torno a Karim Khan y Delcy Rodríguez.

Karim Khan ha sido destituido de su cargo de fiscal jefe de la Corte Penal Internacional por la Mesa de la Corte (integrada por los representantes diplomáticos de sus Estados miembros). Esta decisión se produce tras una larga investigación en la que tres jueces determinaron que no existían pruebas que cumplieran el criterio de prueba penal, frente a los informes de los comités de los Estados miembros que argumentaban, en esencia, que en los casos de acoso laboral no es aplicable dicho criterio de prueba penal.

El trasfondo esencial es que Khan había solicitado y obtenido órdenes de detención contra Benjamin Netanyahu y dos ministros israelíes, en virtud de los cargos de crímenes de guerra que se les imputaban a ellos.

Las acusaciones contra Khan no salieron a la luz hasta después de la orden de detención contra Netanyahu.

El intento de destituir a Khan fue, sin duda, impulsado dentro de las estructuras de la CPI por aquellos gobiernos alineados con Israel. El propio Gobierno israelí parece haber presionado activamente a favor de la destitución de Khan.

El periodista israelí Guy Azriel, del canal de televisión israelí de derecha i24NEWS y que cuenta con amplios contactos, ha publicado que un equipo de diplomáticos israelíes participó en la promoción de las acusaciones contra Khan. El propio Azriel es un exdiplomático israelí y cuenta con amplios contactos.

Imagen en el mensaje

La CPI, por supuesto, ha sufrido una presión enorme por parte de Israel y Estados Unidos, con sanciones impuestas a sus jueces y amenazas personales dirigidas directamente tanto contra los jueces como contra el personal.
Karim Khan ha declarado que su familia fue amenazada por Israel. Pero, al igual que señalé que las acusaciones contra Khan solo surgieron tras la obtención de las órdenes de detención contra Netanyahu, debemos tener en cuenta que Karim Khan solo habló de ello tras las acusaciones de acoso sexual.

Sin embargo, nada de esto hace que las acusaciones contra Karim Khan sean automáticamente falsas. Todo eso podría ser cierto, pero el acoso sexual también podría serlo.

Ese es el punto de vista de Em Colquhoun en este artículo de opinión publicado en The Canary. Colquhoun también señala acertadamente que la CPI tiene un largo historial de sesgo narrativo prooccidental en sus objetivos de enjuiciamiento, y que, de manera ridícula, ha apuntado a figuras de Hamás para su enjuiciamiento como «contrapeso» a las órdenes de detención contra Israel.

El 3 de diciembre de 2023 escribí de forma extremadamente crítica sobre Karim Khan:

Vi al fiscal de la Corte Penal Internacional desplazándose por Israel y Cisjordania en una flota de Toyotas blindados, con el aspecto del más arrogante de los VIP, mientras se negaba a actuar contra Israel y trataba de presentar como «ambos bandos» el genocidio que se estaba desarrollando ante nuestros ojos.

Me di cuenta de que el propio Karim Khan KC, hermano de un exdiputado conservador, debería, por derecho, ser acusado de complicidad en crímenes de guerra.

Karim Khan no es un destacado defensor de la justicia que buscara restablecer el equilibrio en los procesos de la CPI. Solo solicitó los cargos contra Netanyahu cuando los crímenes de guerra de los israelíes en Gaza se volvieron tan evidentes que ya no podían ignorarse. Resulta flagrante el número limitado de órdenes de detención en unas circunstancias en las que todo el gabinete israelí y el alto mando de las FDI están claramente implicados en un genocidio, junto con miles de soldados. Sin embargo, Khan sí que parecía perseguir con ahínco las órdenes de detención contra Netanyahu, Smotrich y Ben Gvir, e Israel estaba lo suficientemente preocupado como para intentar activamente destituirlo, lo que finalmente logró.

No comparto la opinión del artículo de The Canary en el que se argumenta que, cuando la veracidad de las acusaciones de abuso sexual no es evidente, la apariencia de conducta indebida es suficiente para justificar la destitución.

¿Qué? Esto es extraordinario. «No importa si lo hizo, parece que podría haberlo hecho» es un criterio extraordinario para determinar la culpabilidad. ¿Qué significa esto en la práctica?

A lo largo de mi carrera diplomática, viajé con frecuencia a muchos países y a numerosas conferencias con personal femenino que a menudo estaba a mi cargo, y era bastante habitual que nos alojáramos en habitaciones de hotel contiguas. Nunca mantuve ninguna relación ajena al ámbito profesional con ninguna de las empleadas en cuestión y nunca se presentó ninguna acusación en mi contra. Pero si se hubiera presentado alguna, no veo cómo habría podido superar el «criterio de apariencia» de Colquhoun.

¿Cuáles serían las consecuencias en la práctica? ¿Un hombre nunca podría estar a solas en una habitación con una compañera de menor rango, ni viajar por motivos de trabajo con ella? ¿De lo contrario, se daría la apariencia de conducta inapropiada?

Esto es una tontería. No solo es una tontería, sino que supone un retroceso a las normas sociales victorianas y, de hecho, una amenaza para los avances en la situación profesional de las mujeres.

El problema con las acusaciones contra Khan, lanzadas en un momento tan oportuno, es que ya hemos visto este guion muchas veces. El Estado utiliza las acusaciones de acoso sexual como arma, y recurre a comentaristas aparentemente de izquierdas como Colquhoun, para socavar e incluso destruir a aquellos a quienes el Estado considera una amenaza —como Khan se había convertido, de forma algo inesperada.

Permítanme contarles una anécdota personal.

Cuando intentaba impedir que los servicios de inteligencia occidentales aceptaran información obtenida mediante tortura en el marco de la «guerra contra el terrorismo», me vi repentinamente enfrentado a 18 cargos disciplinarios. Me los presentaron de improviso en una reunión en el departamento de personal del Ministerio de Asuntos Exteriores, donde me comunicaron que se investigarían si no aceptaba el traslado a un puesto de embajador menos polémico.

No acepté y se inició una investigación.

Uno de los cargos era que había extorsionado a solicitantes de visado a cambio de favores sexuales. Me quedé atónito ante esta acusación. Tras meses de investigación, finalmente me presentaron un formulario de solicitud de visado como prueba en mi contra. En él figuraba escrito —no sé quién lo escribió, pero no fui yo—: «El embajador dice que se apruebe».

El formulario de solicitud correspondía a una joven llamada Albina Safarova, una persona a la que nunca había conocido en mi vida. Además, finalmente se supo que la Sra. Safarova no había presentado ninguna denuncia contra mí ni había afirmado que yo la hubiera conocido jamás. La única «prueba» de cualquier tipo era «El embajador dice que se apruebe», escrito por una mano desconocida en un formulario de solicitud.

Y hay más. Empecé a recibir mensajes de muchas personas que habían trabajado para mí. Resultó evidente que el Ministerio de Asuntos Exteriores estaba contactando sistemáticamente con todas las mujeres con las que había trabajado a lo largo de mis 22 años de carrera en dicho organismo, y las estaba animando a presentar acusaciones contra mí.

No pudieron encontrar ni una sola persona que me acusara. Muchas de las personas contactadas seguían trabajando para el Ministerio de Asuntos Exteriores. Se dejó claro que a ellos les gustaría que presentaran denuncias, pero ninguna lo hizo.

En mi caso concreto, sé con certeza que el Estado inventó una acusación de abuso sexual contra mí porque se me consideraba una amenaza.

Esto me ocurrió en 2003. Sospecho que, en el peculiar ambiente actual, el Estado podría haber tenido más éxito a la hora de acabar conmigo por completo, a pesar de la total falta de pruebas pertinentes y de que ninguna mujer me acusara realmente de nada. Sin duda, hubo situaciones en las que Em Colquhoun podría haber percibido una apariencia de conducta inapropiada, aunque en realidad no ocurriera nada.

Finalmente, fui absuelto de los 18 cargos. Es imposible formular accidentalmente 18 acusaciones distintas contra alguien, y que todas ellas resulten ser falsas. Se me sancionó por haber revelado la existencia de las acusaciones y, finalmente, me obligaron a abandonar el cargo.

Posteriormente, fui testigo de cómo las acusaciones de carácter sexual se utilizaban como arma contra amigos personales muy cercanos a mí, a cada uno de los cuales se consideraba una amenaza para el Estado —entre ellos, Julian Assange y Alex Salmond—. Sé que yo era inocente, y todo lo que sé de sus casos me lleva a creer que esos dos también lo eran. De lo contrario, habría que creer que las personas que han dedicado su vida a causas antiimperialistas son, de forma habitual, psicópatas sexuales. Esto equivale a creer que Jeremy Corbyn es antisemita.

También habría que explicar por qué Murray, Assange y Salmond se han enfrentado a una investigación formal cuando nadie de la lista de Epstein lo ha hecho —y, además, explicar por qué todos los recursos del «Estado profundo», desplegados al máximo, fueron incapaces de condenar a los antiimperialistas.

No sabemos cómo se desarrollarán los acontecimientos en la CPI. No cabe la menor duda de que el Reino Unido, la UE y sus aliados intentarán conseguir el nombramiento de un fiscal sionista que restará prioridad o incluso archivará las acciones contra Netanyahu. Espero que lo consigan; pero ya lo veremos.

No conozco la verdad sobre las acusaciones contra Karim Khan. Es importante repetirlo. Pero me parece profundamente, profundamente sospechoso el momento en que se han producido. Cualquier abuso derivado de un desequilibrio de poder en el ámbito laboral, si es que existió, es muy grave. Ha pasado a formar parte de la narrativa que rodea las acciones de la CPI contra Netanyahu. También están los hechos del genocidio en Gaza y el Líbano, así como la magnitud de los abusos sexuales cotidianos a los detenidos palestinos.

Así pues, nos encontramos potencialmente ante dos injusticias, cuya resolución justa ha entrado en conflicto debido a las circunstancias y al momento en que se producen.

La primera posible injusticia es un caso concreto de abuso sexual en el lugar de trabajo por parte de Karim Khan. No sé si esto es cierto o no. Pero sí sé que ha sido utilizado como arma por quienes buscan obstaculizar la investigación de la segunda injusticia. La segunda injusticia es el genocidio y los crímenes de guerra a gran escala. Sé con certeza que esto es real.

Si la investigación de la primera supuesta irregularidad llegara a impedir que se haga justicia por el delito contra la humanidad, que es un hecho, resultaría difícil considerar ese resultado como algo deseable.

Ahora, estimado lector, le ofrezco una elegante transición. Que nadie piense que no me esfuerzo en mi escritura.

Justo cuando Karim Khan fue destituido como fiscal de la Corte Penal Internacional, Venezuela anunció su retirada de la misma. Los comentaristas de izquierdas se apresuraron inmediatamente a señalar esto como una prueba más de que Venezuela está bajo el control directo de Trump. Sin embargo, la decisión de retirada fue anunciada por el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Félix Plasencia, un hombre de impecables credenciales de izquierdas que sobrevivió a la purga extremadamente exhaustiva del servicio diplomático llevada a cabo por Chávez y que anteriormente ocupó el cargo de ministro de Asuntos Exteriores bajo el mandato de Maduro. Las razones que adujo Plasencia eran impecablemente de izquierdas y totalmente válidas, y se referían al sesgo occidental de la CPI y a su actuación desproporcionada contra los líderes del Sur Global.

Si Venezuela hubiera hecho esto hace un año, habría parecido una medida coherente con los valores de la revolución bolivariana. Pero al ocurrir ahora, resulta demasiado conveniente que coincida, en la práctica si no en la motivación expresada, con la campaña de Donald Trump contra la CPI. Esto ocurre en un momento en el que tropas estadounidenses e israelíes se encuentran en el país prestando ayuda tras el terremoto.

La presencia de los israelíes había desencadenado la primera manifestación en Caracas por parte de elementos chavistas hasta entonces leales, en contra de una política del Gobierno de Delcy Rodríguez.

Últimamente se ha escrito mucho sobre la apropiación de los ingresos petroleros venezolanos por parte de la Administración Trump. Se trata de un acuerdo totalmente ilegal, sin ningún acuerdo fundacional por parte del Gobierno venezolano y basado en la fuerza militar pura y simple. Estados Unidos sigue teniendo buques de guerra frente a la costa venezolana para interceptar cualquier petrolero que no transporte petróleo a un destino aprobado por el Tesoro de EE. UU.

Estados Unidos ha estado vendiendo ilegalmente el petróleo de Venezuela. No ha ocupado físicamente los yacimientos petrolíferos, pero Venezuela ha estado llenando petroleros con petróleo por el que el Tesoro de EE. UU. ha cobrado el pago. Trump se ha jactado en repetidas ocasiones de las enormes sumas de dinero que su administración ha obtenido del petróleo venezolano. El Financial Times ha publicado esta semana un artículo sobre el dinero del petróleo venezolano desaparecido.

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La respuesta a esta pregunta es un ejemplo paradigmático de cómo la verdad nos aleja de la narrativa simplista que ofrece una imagen reconfortantemente clara. La respuesta le sorprenderá. Tengo conocimiento directo y de primera mano de esto gracias a mi estancia en Venezuela y a mi acceso a los más altos niveles del Gobierno de ese país.
El Tesoro de EE. UU. ha estado pagando a Venezuela sus ingresos petroleros de forma regular y puntual. Ha estado ingresando el 97,5 % de dichos ingresos en el tesoro venezolano en el plazo de una semana desde su recepción. El 2,5 % restante ha sido retenido por el Tesoro de EE. UU. en concepto de «comisión». La idea de una comisión por la incautación militar ilegal del control de los activos constituye una estafa descarada, pero ahí se limita la depredación estadounidense.

Así pues, la cantidad total que EE. UU. ha sustraído a Venezuela asciende hasta la fecha a unos 300 millones de dólares, y no a los miles de millones que ha afirmado Trump. De hecho, la operación naval estadounidense para bloquear los petroleros venezolanos (y secuestrar al presidente Maduro) habrá costado mucho más que el dinero que EE. UU. ha obtenido de su aventura ilegal. Sin embargo, a nadie le interesa decirlo, y sobre esto hablaremos más adelante.

Hubo un periodo inicial en el que el dinero se ingresaba en una cuenta personal en Catar en lugar de en el Tesoro de EE. UU., y sin duda en aquel momento Trump estaba sopesando hasta dónde podía llegar. Pero eso solo duró un par de semanas, y ese dinero se recuperó rápidamente en el marco del nuevo acuerdo.

Solo puedo afirmar con certeza que, durante los primeros cuatro meses de ese periodo, hasta mi partida de Venezuela, se abonaba el 97,5 % en el plazo de una semana. No obstante, tengo entendido que el proceso ha continuado sin contratiempos.

Hay más. Estados Unidos ha estado vendiendo el petróleo venezolano con un descuento del 5 % respecto al precio mundial. No estoy seguro de cómo se calcula un precio de referencia para el crudo venezolano antes de aplicar el descuento, ya que se trata de un producto bastante particular. Pero —y aquí entramos en el terreno de los hechos incómodos que gran parte de mi audiencia no querrá oír— esto contrasta con el descuento del 15 % que China imponía cuando era el principal destinatario del crudo venezolano.

Además, China no realizaba los pagos en el plazo de una semana, sino con un retraso de meses y, en ocasiones, de años. Por si fuera poco, China deducía dinero en origen para el reembolso de los préstamos chinos a Venezuela. Estos préstamos eran auténticos y se destinaban a excelentes proyectos de infraestructura, pero, obviamente, la deducción de los reembolsos de los ingresos petroleros afectó gravemente a la flexibilidad fiscal del Gobierno venezolano.

Así pues, la verdad es que Venezuela está obteniendo (incluso al margen de la bonanza de precios derivada del cierre del estrecho de Ormuz) muchos más ingresos de Estados Unidos de los que obtenía de China (y Rusia), y los recibe mucho más rápido. Ese es un hecho incómodo, si es que alguna vez he oído hablar de uno.

El Gobierno de Rodríguez no hace alarde de ello, ya que no desea parecer cómplice ni satisfecho con una relación de dependencia que se le impone y que es ilegal. La Administración Trump tampoco hace alarde de ello, porque desea que su base electoral crea que está obteniendo miles de millones de Venezuela, y no que está involucrada en una aventura liderada por el ejército que, en realidad, está costando miles de millones.

Por eso el paradero del dinero de Venezuela es un misterio. Conozco la respuesta porque me la comunicaron y me la mostraron en las más altas esferas del Gobierno. De hecho, llamé por teléfono y envié un correo electrónico al Financial Times para intentar darles la respuesta a la pregunta de su portada, pero no me respondieron.

Sin embargo, la respuesta básica y bastante aburrida es que el dinero de Venezuela está en Venezuela.

A esto añadiría una observación que Delcy Rodríguez me hizo personalmente. Venezuela nunca había dejado de vender petróleo a Estados Unidos de forma voluntaria. Fueron los EE. UU. quienes impusieron sanciones a Venezuela, y no al revés. En un mundo libre, Estados Unidos sería el principal destino del petróleo venezolano y es el socio económico más obvio del país —un punto que destaca Anya Parampil en su excelente libro Corporate Coup: Venezuela and the End of US Empire.

La dificultad radica en la falta de voluntad de Estados Unidos para mantener un comercio justo con nadie.

Lo que Venezuela desea desesperadamente es la capacidad normal de comerciar de forma justa con cualquier otro país, incluida la posibilidad de abastecer a Cuba. Se le ha impedido hacerlo porque las potencias occidentales están decididas a destruir cualquier Estado que aplique un modelo económico alternativo —algo que, si el capitalismo fuera realmente un sistema económicamente superior, no tendrían necesidad de hacer. China no impuso las sanciones a Venezuela, pero se aprovechó de la ventaja que estas le proporcionaban.

Estados Unidos ha impuesto una clásica operación imperialista de extracción de recursos.

La extracción imperialista no reside principalmente en el precio nominal pagado por el crudo. El petróleo solo puede venderse a través de y a empresas aprobadas por EE. UU., que se quedan con los mayores márgenes en el comercio, el refinado, el transporte marítimo, la financiación y la comercialización. Venezuela recibe el pago por la materia prima (menos una pequeña comisión), pero se le excluye de las etapas de mayor valor y se le niega la libertad de vender a otros compradores. Así es como suele funcionar el imperialismo clásico de recursos: mediante el control del acceso a las materias primas, la logística y la cadena de valor añadido, en lugar de la simple apropiación abierta de los ingresos por exportación.

La semana pasada se publicó, en virtud de la Ley de Libertad de Información, una nota de la CIA que indicaba que la propia CIA no creía que las elecciones venezolanas celebradas entre 2006 y 2020 se vieran afectadas de manera significativa por el fraude electoral. Por lo tanto, la imposición de la gran mayoría de las sanciones occidentales que paralizaron a Venezuela durante ese período —y que, en un momento dado, provocaron una hambruna devastadora y una emigración masiva— se basó a sabiendas en una mentira.

Mis propias investigaciones en Venezuela me llevaron a creer que las afirmaciones de la oposición de que habían ganado las elecciones presidenciales de 2024 —afirmaciones promovidas por todas las potencias occidentales— eran igualmente falsas y que las «pruebas» eran incompletas y, a menudo, falsificadas.

 

Venezuela ha obtenido muy poco en cuanto al alivio de las sanciones por parte de la Administración Trump y, lamentablemente, no ha recibido ningún tipo de alivio de las sanciones por parte de las naciones occidentales que le ayudara a hacer frente al devastador terremoto. Esto ha dificultado que las organizaciones benéficas de ayuda humanitaria puedan sufragar los gastos, trasladar mercancías y equipos a Venezuela o, sencillamente, operar allí. Los medios de comunicación occidentales se han deleitado en señalar la ineficacia del Gobierno en la respuesta al terremoto, sin mencionar en ningún momento el efecto paralizante que han tenido décadas de sanciones sobre las cadenas de suministro del Gobierno.

En realidad, la resiliencia de Caracas ha sido extraordinaria. Estoy en contacto con el equipo que formé en Caracas y con una veintena de amigos y contactos más. La cobertura de telefonía móvil nunca se interrumpió para la gran mayoría y, en el caso de quienes sí perdieron el acceso, solo fue durante unas pocas horas. El suministro eléctrico ha sido casi constante, al igual que el de agua potable.

Es más, los enormes bloques de viviendas sociales construidos por Rusia y Bielorrusia —que yo temía profundamente que se derrumbaran con una enorme pérdida de vidas— resistieron el terremoto relativamente bien. Fueron los modernos bloques de cristal y acero de las zonas más prósperas los que resultaron más propensos al desastre. Esto puede deberse a que dichas zonas se encuentran en terrenos aluviales más llanos y, por tanto, más propensos a las sacudidas.

De todas las decisiones por las que se ha criticado a Delcy Rodríguez desde la izquierda, la que más me cuesta aceptar ha sido la de admitir a un equipo israelí de socorro en caso de terremoto, acompañado de personal de relaciones públicas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Que Israel, que sepultó a decenas de miles de niños bajo los escombros, haga alarde de su ayuda para rescatar a personas de entre los escombros, me resulta insoportable.

Pero piénselo bien. Usted es Delcy, y su capital acaba de sufrir en una hora tantos daños catastróficos y pérdidas de vidas humanas como Gaza en muchos meses. Tiene a miles de personas que podrían estar con vida y que están desesperadas por ser rescatadas. ¿Podría rechazar cualquier oferta de ayuda especializada en esas circunstancias? Fue una decisión angustiosa a la que se vio obligada a tomar. Recibí una garantía personal del Gobierno venezolano de que el despliegue israelí era temporal y tenía un plazo limitado, lo que, de ser cierto, significa que ya se han marchado.

Me ha costado mucho asimilar esto. Pero hágase esta pregunta antes de condenar, tal y como me la hice yo:

Si sus propios hijos estuvieran sepultados bajo los escombros y hubiera un equipo de rescate israelí a su alcance, ¿les prohibiría rescatar a sus hijos? Cuando haya reflexionado sobre esa pregunta, entonces podrá condenar al Gobierno venezolano.

Yo, creo, no habría permitido que los israelíes vinieran a llevar a cabo una operación en la que sospecho que el valor propagandístico para ellos fue, en este caso, mayor que cualquier ayuda real; pero no me encuentro sobre el terreno para verificar lo que realmente hicieron.

Cabe señalar aquí que las repetidas especulaciones de que Venezuela está a punto de normalizar sus relaciones diplomáticas con Israel carecen, hasta el momento, de fundamento. El ministro de Asuntos Exteriores, recientemente fallecido, me dijo en persona que Venezuela había dejado claro a la Administración Trump que, en su nueva relación impuesta con Estados Unidos, una línea roja por parte venezolana era la orientación antiimperialista de su política exterior. Ese parece ser el caso, tal y como se refleja en las votaciones de la Asamblea General de la ONU, donde Venezuela no se ha pasado al bando estadounidense.

La observación de Delcy Rodríguez de que Venezuela nunca dejó de comerciar con EE. UU. de forma voluntaria también es relevante para su postura respecto al FMI. Venezuela nunca abandonó el FMI. Chávez dijo que lo haría, pero luego cambió de opinión. Maduro tampoco abandonó el FMI.

Contrariamente a gran parte de la desinformación, Venezuela, por lo tanto, no se ha reincorporado al FMI. Tampoco ha aceptado un préstamo del FMI, un Programa de Ajuste Estructural ni ningún mecanismo de supervisión presupuestaria del FMI. Lo que Venezuela ha hecho es disponer de unos 500 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro a los que tenía derecho. El acceso a estos fondos había sido bloqueado por sanciones financieras, que quedaron sin efecto tras la ligera flexibilización llevada a cabo bajo el mandato de Trump.

Ese dinero correspondía a la parte de Venezuela de una liberación general destinada a ayudar a los países en desarrollo durante los años de la COVID. A Venezuela simplemente se le impedía acceder a su parte. Se trataba, en efecto, del propio dinero de Venezuela. Presentarlo como una especie de «traición» a los valores socialistas es ridículo.

No tengo motivos para modificar la valoración que hice de Delcy Rodríguez tras un estudio minucioso. De hecho, dispongo del refuerzo más sólido, ya que ahora sé con absoluta certeza que Delcy Rodríguez no traicionó a Maduro. He tenido acceso directo a pruebas documentales, de testigos presenciales, auditivas y visuales que me han demostrado de manera concluyente que:

  • Maduro era consciente de su probable secuestro y desautorizó la resistencia armada.
  • En las semanas previas, se había contactado con Rodríguez para que cooperara en la destitución de Maduro y ella se había negado rotundamente.
  • La noche de su secuestro, Rodríguez estaba presente, furiosa, rechazando las propuestas de EE. UU. y buscando todas las vías posibles para la liberación inmediata de Maduro.

Ya creía que estas cosas eran ciertas gracias a relatos de primera mano antes de escribir mi último artículo importante sobre Venezuela: ahora estoy absolutamente seguro de que son ciertas.

Venezuela renunció a la vía de la resistencia armada frente a las fuerzas estadounidenses preparadas para intervenir. Venezuela tiene una superficie equivalente a una cuarta parte de la de Irán, cuenta con unas fuerzas armadas mucho más débiles y se encuentra dentro del alcance directo de los bombarderos de Estados Unidos. Es un país pacífico y ha optado por intentar capear la tormenta de Trump, al tiempo que mantiene los beneficios clave de la Revolución Bolivariana —especialmente la educación gratuita y universal, la sanidad gratuita, las pensiones generalizadas y el sistema de comunas—.

El sistema chavista ya suscitó muchas críticas por parte de la izquierda internacional por limitarse a extender estos beneficios sociales a partir de los ingresos del petróleo, al tiempo que permitía a los capitalistas dominar el resto de la economía. La propiedad comunal de los medios de producción y distribución crecía de forma orgánica, sobre todo a través de las comunas, pero no se ha producido ningún cambio fundamental en el sector capitalista dentro de una economía mixta. Es este factor el que hace posible el acuerdo con las empresas capitalistas estadounidenses.

Esto depende de que el Gobierno venezolano tolere el capitalismo depredador estadounidense y de que el Gobierno de EE. UU. tolere la distribución de la riqueza venezolana. Esta es la base sobre la que Rodríguez ha estado evitando la guerra y esperando a que pase la era Trump. Es la base sobre la que Trump no ha ejercido presión alguna para un cambio de régimen en Caracas, donde volvió a afirmar esta semana que Venezuela «no estaba preparada» para unas elecciones anticipadas.

Donde sí hay margen para una crítica genuina desde la izquierda es en que este enfoque coopera, en la práctica, con el imperialismo estadounidense impuesto en sectores económicos clave; en que EE. UU. busca expandir su monopolio a otros recursos minerales venezolanos; y en que imaginar que esto es temporal y que los demócratas serían ahora mejores es probablemente ilusorio.

Pero una guerra devastadora es la única alternativa disponible en la actualidad, y eso destruiría sin duda los logros sociales de Chávez.

No hay una respuesta clara de lo que está bien o mal. Todas las opciones que plantea Rodríguez son terriblemente nefastas, agravadas por el giro hacia la derecha de los gobiernos latinoamericanos y el nuevo fraude electoral respaldado por EE. UU. en la vecina Colombia. Quienes tienen ideas románticas de llevar pañuelos al cuello y blandir AK-47 en las montañas y las selvas, en su mayoría no han visto morir a niños en agonía. Esto no es fácil.

He abordado dos temas aparentemente dispares. Lo que los une es sencillo. En ambos casos, los hechos disponibles son confusos, los pesos morales tiran en más de una dirección y los incentivos políticos de los actores poderosos son evidentes. Las redes sociales, y gran parte de lo que ahora se hace pasar por comentario político, no pueden tolerar eso. Exigen un «bueno» claro, un «malo» claro y la supresión de cualquier hecho que complique la historia.

Esa exigencia no es claridad moral. Es pereza intelectual disfrazada de principio. Da lugar al espectáculo de personas que se niegan a examinar el momento en que se formularon las acusaciones contra Khan, o el flujo real del dinero del petróleo venezolano, o las pruebas de la conducta de Rodríguez la noche en que se llevaron a Maduro, porque esos hechos hacen que la narrativa preferida resulte menos cómoda.

Hay verdades que entran en conflicto. A veces hay decisiones en las que todas las opciones disponibles son malas. Afrontar esa realidad, sopesar lo que se sabe frente a lo que solo se alega, y luego decidir, es la verdadera labor del juicio político y moral. Declarar ilegítima la propia complejidad y tratar a quienes la reconocen como moralmente sospechosos es lo contrario de la seriedad.

La época en la que vivimos premia lo contrario. Eso no es motivo para sumarse a ello. Un aspecto importante de este punto de vista es que no pretendo en absoluto tener siempre la razón. Si le he guiado a través de los hechos y de algunas cuestiones clave en torno a ellos, y le he ayudado a formarse su propia opinión, me sentiré muy satisfecho.

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3. Hudson entrevistado por Diesen.

Aunque Joaquín nos envía de vez en cuando alguna de sus entrevistas, hace tiempo que no os paso alguna de Diesen. Aprovecho que Hudson ha publicado la última en su blog.

https://michael-hudson.com/2026/07/americas-war-on-an-independent-world/

La guerra de Estados Unidos contra un mundo independiente

23 de julio de 2026

#Glenn Diesen

Bienvenidos de nuevo. Hoy nos acompaña el profesor Michael Hudson, y les recomiendo a todos que sigan su trabajo. He dejado un enlace en la descripción. Sí, al menos eso es lo que leo para mantenerme al día. Gracias por volver a estar con nosotros, Michael. Es un placer volver a verle.

#Michael Hudson

Me alegro de estar aquí con todas estas noticias que están surgiendo. La bolsa está al alza. Todo el mundo parece confiar en que todo esto no va a provocar grandes perturbaciones en la inflación mundial ni en los tipos de cambio. Es sencillamente asombroso. Bueno, estamos hablando de la guerra que se está librando, y el mercado actúa como si, bueno, realmente no fuera a importar.

#Glenn Diesen

Me pregunto si están delirando o si se trata de una manipulación del mercado, o cómo explicar esto.

En cualquier caso, esas son algunas de las cuestiones que vamos a abordar hoy. Porque lo que está ocurriendo es bastante notable. Tras décadas de globalización —es decir, la integración de los mercados y también la acumulación de una deuda enorme e insostenible—, vemos ahora que este modelo de globalización centrado en EE. UU., es decir, la integración del mundo organizado en torno a Estados Unidos, parece haberse agotado. Es decir, está organizado en torno a los mercados financieros estadounidenses, el dólar estadounidense y los corredores de transporte controlados por Estados Unidos. Todo esto está siendo desmantelado ahora por la guerra económica e incluso por la guerra. Y probablemente lo vio en la entrevista con Scott Besant, en la que señala que las guerras contra Irán, Venezuela e incluso Rusia tienen todas una función económica para fortalecer el dólar estadounidense. Así que me pareció interesante porque plantea la pregunta: ¿hasta qué punto hay alguien al mando, o ve usted aquí un plan por parte de Estados Unidos?

#Michael Hudson

Bueno, ha habido un plan a largo plazo, y es muy fácil descartar a Trump y decir: «Bueno, Trump está perdiendo la guerra con Irán». Todo el memorándum de entendimiento fue, en efecto, una capitulación ante Irán. Y se puede ver que parece inútil que Trump intente meterse cada vez más en el atolladero. Así pues, la suposición es que, dado que está metiendo a EE. UU. cada vez más en el atolladero, no debe de tener un plan porque no está funcionando. Pero sí hay un plan, y no solo Trump, sino especialmente su colega, el secretario del Tesoro Besant, ha estado expresando muy abiertamente en qué consiste. Y el propio Trump ya esbozó el plan en su primera legislatura, allá por 2018. Afirmó que el objetivo principal era que consideraba que el gasto militar de Estados Unidos en el extranjero, en un intento por imponer un orden mundial centrado en EE. UU. —la dolarización, los mercados financieros estadounidenses—, había sido, desde 1950, la principal fuente de drenaje de la balanza de pagos de Estados Unidos. Y fue el gasto militar en el extranjero lo que obligó a Estados Unidos a abandonar el patrón oro en 1971. Pues bien, desde 1971 hasta hace muy poco, ¿qué sustituyó al oro? Estados Unidos inyectó dinero en los mercados extranjeros, y estos lo reciclaban de vuelta a Estados Unidos.

Al principio, los destinatarios locales de los dólares —empresas, economías, gobiernos— entregaban los dólares al banco central. ¿Y qué hacía el banco central? Pues bien, como ya hemos comentado anteriormente, y tal y como expuse en mi libro *Superimperialismo*, los bancos centrales extranjeros compraban pagarés del Tesoro de EE. UU.: bonos del Tesoro, valores y pagarés a corto plazo. Y luego, en los últimos años, en lugar de este reciclaje intergubernamental a través de los bancos centrales, lo que ocurrió fue que los inversores privados extranjeros compraron acciones y bonos estadounidenses. Todo este dinero se reciclaba en el mercado bursátil estadounidense, cuyo alza se debía principalmente a la deuda. Pues bien, todos estos mecanismos destinados, de alguna manera, a mantener el dominio de Estados Unidos se ven ahora puestos en tela de juicio. Lo que Trump había dicho es que, en definitiva, lo primero que queremos hacer es poner fin a todo este gasto militar que estamos realizando en el extranjero. Ya había hablado de retirar sus tropas de la OTAN durante su primer mandato, y había señalado específicamente a la OPEP. Dijo: «Estamos gastando mucho dinero en defender Oriente Medio y Asia Occidental, y ellos realmente tienen que acabar pagándonos de alguna manera». Pues bien, por supuesto, esa era precisamente la idea del acuerdo del petrodólar de 1974-1975: que la OPEP pudiera cobrar lo que quisiera por su petróleo y reinvirtiera sus ingresos petroleros en los mercados financieros, las acciones y los bonos de EE. UU. Todo eso funcionaba. Sin embargo, desde la década de 1970, Estados Unidos ha perdido su poderío industrial. Ha perdido su poder como acreedor, convirtiéndose en un país deudor. Necesitaba una nueva estrategia. Y el año pasado, a finales de 2025, Estados Unidos expuso dicha estrategia. Y consistía en que, en definitiva, ya no podemos mantener nuestro control sobre la economía mundial mediante la industria ni siquiera a través de nuestros mercados financieros. Tenemos que establecer una serie de monopolios para convertir a Estados Unidos en una economía rentista. Y los tres sectores que Estados Unidos quería controlar han sido, en primer lugar, el sector del petróleo, de larga tradición. Ya lo hemos comentado anteriormente. Estados Unidos quiere controlar el comercio del petróleo para que sus aliados no puedan negociar con otros productores de petróleo que pudieran interferir en el monopolio estadounidense. Así pues, mientras que casi toda la atención de los programas que ha estado realizando y de los que han aparecido en los medios de comunicación se ha centrado en la lucha contra Irán y en aislar el petróleo iraní, especialmente en las exportaciones de petróleo iraní a China, se ha producido un ataque similar por parte de EE. UU. consistente en el bombardeo de refinerías de petróleo y gas rusas a través de Ucrania. Estados Unidos ha estado proporcionando a Ucrania orientación y misiles para indicar exactamente dónde bombardear, con el fin de que Rusia no se beneficie de esta inminente subida de los precios del petróleo que se derivará del cierre del estrecho de Ormuz —por donde pasa el 20 % del comercio mundial de petróleo— y ahora otro 5 % del comercio mundial de petróleo, ya que los yemeníes han restringido las instalaciones de exportación de la costa occidental de Arabia Saudí. Por lo tanto, el mundo se enfrenta a una subida muy pronunciada de los precios del petróleo.

Y, en esencia, Estados Unidos quiere ser el beneficiario de ello, especialmente a través de la exportación de gas natural y de gas natural licuado. Por lo tanto, quiere asegurarse de que será él quien se beneficie de esta subida de los precios del petróleo como consecuencia de la guerra en Asia Occidental, y no Rusia, y sigue queriendo poder impedir que China se beneficie de ello. Pues bien, lo que ha hecho Trump es que, a principios de este año, afirmó en repetidas ocasiones que lo que realmente desea es que los países árabes de la OPEP paguen los costes militares de Estados Unidos en la región. Pues bien, de repente, a Trump se le ocurrió la idea de que Irán quiere ahora imponer peajes al tráfico que atraviesa el estrecho de Ormuz, lo que, según las estimaciones de Irán, le reportará unos 40 000 millones de dólares al año. Pues bien, Trump por fin ha encontrado una forma de cobrar a los países de la OPEP los costes militares. Lo denomina «defensa», o «ángel de la guarda», que protege a estos países de Irán y de cualquier otro agresor. Y afirmó —hace unos días— que habrá peajes en el estrecho de Ormuz. Olvídese de la normativa internacional que prohíbe imponer peajes en aguas internacionales. Habrá peajes. Los recaudaremos nosotros, no Irán. Pues bien, de inmediato el secretario de Estado Rubio dijo: «Un momento, si está diciendo que Estados Unidos recaudará los peajes en lugar de Irán, eso justifica la afirmación de Irán de que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar ha quedado obsoleta». La ONU establece que en aguas internacionales no pueden aplicarse peajes a menos que hayan sido objeto de una cláusula de exención por parte de los signatarios del acuerdo de la ONU, como Turquía con su acceso al mar Negro, Egipto con su canal y el Canal de Panamá. A menos que se les haya concedido dicha exención, en aguas internacionales no pueden aplicarse peajes. Pues bien, dijo Rubio, no se puede decir esto. No queremos renunciar a nada en materia de derecho internacional que aún podamos utilizar para intentar impedir que Irán se quede con los peajes. Así que Trump dio marcha atrás y, al día siguiente —hace unos días—, ofreció una rueda de prensa en la que afirmó: «De acuerdo, hemos alcanzado un nuevo acuerdo con los países árabes de la OPEP. Nos van a pagar por el coste de nuestra defensa de ellos, en calidad de su ángel de la guarda, pero no a través de peajes. Van a invertir en Estados Unidos, al igual que, allá por 1975, Arabia Saudí y los países de la OPEP invirtieron aquí sus ingresos por exportación de petróleo». Van a invertir en la industria estadounidense como socios. Y esto ya ha comenzado a tomar forma. Amazon, por ejemplo, ha realizado una enorme inversión en Baréin en inteligencia artificial, esos enormes parques de ordenadores que consumen energía. Y ese es el segundo elemento que Estados Unidos quiere monopolizar. Además de controlar el comercio del petróleo y, en esencia, obtener todos los ingresos reciclados de las exportaciones petroleras para su propia economía, Estados Unidos quiere controlar el monopolio de la tecnología de la información, la informatización asociada e Internet. Y es por ello que lo que ha estado estabilizando la balanza de pagos de Estados Unidos ha sido la enorme inversión privada extranjera y la inversión gubernamental, incluyendo a los Emiratos Árabes Unidos, los EAU, Arabia Saudí y Baréin, en las siete acciones estrella estadounidenses del sector de la tecnología de la información, los chips informáticos, así como en Amazon, Google y todo lo relacionado con Internet y los debates públicos, X, etc., Facebook, todas ellas. Pues bien, el problema es ahora que estas acciones están bajando porque los analistas se han dado cuenta de que, para que estas empresas logren ese enorme aumento de beneficios —en rentas de monopolio que esperaban como resultado de la construcción de gigantescos centros de tecnología de la información—, no podemos hacerlo en Estados Unidos porque no disponemos de la electricidad ni del agua necesarias para refrigerar los chips que generan toda esta inteligencia. Así pues, al igual que Estados Unidos ha deslocalizado su industria, su sector manufacturero, ahora está deslocalizando su monopolio de la inteligencia artificial. ¿A dónde va a deslocalizarlo? Pues bien, a los países de la OPEP, especialmente a los países árabes de la OPEP. Por eso, como he dicho, Amazon y Baréin. Y en los últimos dos días, Estados Unidos ha llegado a un acuerdo con los Emiratos Árabes diciendo: «Bueno, ya saben, pueden ser socios nuestros en enormes inversiones estadounidenses para construir juntos estas industrias, esta tecnología de la información allí donde se encuentran ustedes. Ustedes proporcionarán el… No tendrán que exportar su energía en absoluto. Proporcionarán su energía a nivel nacional para alimentar esta enorme inversión estadounidense en tecnología de la información. Pues bien, hace unos días, Irán centró sus bombardeos en la inversión de Amazon en tecnología de la información en Baréin. La postura de Irán es: «Bueno, ¿cuál es nuestra estrategia? En primer lugar, queremos expulsar a Estados Unidos de toda la región de Asia Occidental. Lo primero que tenemos que hacer es expulsar las bases militares». Ya lo ha hecho con todas las bases militares, excepto las de Israel. Las ha bombardeado, y el Ejército de los Estados Unidos, las Fuerzas Armadas, están totalmente de acuerdo: de acuerdo, vamos a retirar nuestras bases militares de allí. Ya no podemos permitírnoslas, principalmente porque no podemos protegerlas de los misiles iraníes, que han demostrado que pueden penetrar nuestras defensas a voluntad. E Irán acaba de terminar, en los últimos tres días, de bombardear lo que queda de las bases militares estadounidenses. Pero Irán afirma entonces que, si vamos a expulsar a Estados Unidos de Asia Occidental, no puede limitarse únicamente a las bases militares. Tenemos que poner fin a toda la simbiosis económica y financiera entre Estados Unidos y estas monarquías locales de la zona. Y, en el marco de esta simbiosis —que consiste en invertir los ingresos de sus exportaciones de petróleo en acciones y bonos estadounidenses y en asociaciones con la industria estadounidense de la inteligencia artificial—, sus corazones seguirán el camino del dinero. Tenemos que impedir esta simbiosis económica. De modo que no vaya a existir ningún vínculo en absoluto entre la economía estadounidense y estas economías, para que podamos, en esencia, liberar a la región de los Estados Unidos. Pues bien, eso significa que sus bombardeos van a impedir todo esto. De esto se trata realmente la guerra, y se ha presentado como una guerra existencial por parte de Irán porque Estados Unidos quería hacerle a Irán exactamente lo mismo que le hizo a México. Quería una guerra muy rápida, como la que llevó a cabo en Venezuela. Se secuestra al presidente y se propicia un cambio de régimen que acceda a entregar su petróleo a Estados Unidos. Todos los ingresos por exportación de petróleo de Venezuela se ingresan en una cuenta bancaria estadounidense gestionada por el Tesoro de Estados Unidos. Pues bien, hace unos meses, el secretario del Tesoro, Besant, afirmó: «Vamos a hacer lo mismo en Irán una vez que lo hayamos derrotado». Y justo antes de que se firmara el Memorándum de Entendimiento del 17 de junio, Hegseth salió a la luz pública y declaró: «Lo que vamos a hacer es conquistar Irán y llevar a cabo un cambio de régimen que destine todos los ingresos petroleros de Irán a una cuenta del Tesoro, y este dinero deberá gastarse en Estados Unidos para adquirir exportaciones y productos estadounidenses». Pues bien, a continuación los negociadores elaboraron este memorándum de acuerdo, y parece que Irán acaba de retirarse de dicho acuerdo hace unos días, ya que quedó patente que Estados Unidos nunca tuvo la más mínima intención de cumplir realmente los términos del acuerdo. Por un lado, todo el acuerdo debía ponerse en marcha mediante el pago de una suma, al menos simbólica, de 12 000 millones de dólares de los 100 000 millones de dólares de los ahorros iraníes que Estados Unidos ha ordenado a sus aliados —especialmente a los Emiratos y a los países árabes de la OPEP— que confisquen. Pues bien, Hegseth afirmó que ha colaborado con los Emiratos para decirles: «No les den ni un céntimo». Y así, los Emiratos, Baréin y otros países han declarado: «No vamos a devolver nada de esos 12 000 millones de dólares, y mucho menos 100 000 millones».

A Irán le diremos: «Irán, ustedes nos han atacado. Cuando les atacamos, ustedes se defendieron». Su respuesta es un ataque contra nosotros. Exigimos una indemnización por los costes que hemos tenido que soportar como consecuencia de su defensa frente a los ataques militares de EE. UU., Israel y los nuestros contra ustedes». Y Hegseth había explicado todo esto con detalle justo antes, concretamente el 11 de julio, cuando los negociadores redactaron el acuerdo que se firmó el día 17. Pues bien, es obvio que esto no iba a llevarse a la práctica. Y en cuanto a permitir que Irán administrara el tráfico comercial en el estrecho de Ormuz, Estados Unidos nunca tuvo la más mínima intención de permitir que Irán cobrara peajes ni siquiera tasas administrativas por el registro de los buques, por su coordinación —nada de lo que haría la administración de un estrecho—. La Armada de los Estados Unidos intervino y protegió a los buques para intentar romper el control iraní apagando sus transpondedores y navegando cerca de la costa de Omán, alegando que, aunque el Memorándum de Entendimiento establecía que Irán regularía todo el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz, esto no se aplica a las propias aguas territoriales de Irán. Por lo tanto, habrá dos rutas a través del estrecho de Ormuz. Habrá la ruta costera iraní, que no se encuentra en aguas internacionales ni está bajo jurisdicción iraní. Y en cuanto a las aguas internacionales intermedias, eso no es aplicable porque la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM) impide que cualquier país cobre peajes que no estén ya contemplados en la cláusula de derechos adquiridos. E Irán ha dicho: «Bueno, nosotros nunca firmamos ese acuerdo». Puede que Irán lo haya hecho, pero nosotros no. Además, Irán se encuentra en estado de guerra con nosotros. Y, en cualquier caso, esta ley del mar que establece que no se pueden cobrar peajes no nos impide a nosotros ni a otros países defendernos en un estado de guerra. Omán se encuentra en estado de guerra con nosotros porque alberga bases militares estadounidenses desde las que se lanzan misiles y bombas contra nuestro territorio. Por lo tanto, por supuesto, tenemos el control del estrecho. Bueno, esto es lo que caracteriza a Trump. Así pues, Irán reclama el derecho a hacerlo una vez que hubiera finalizado el periodo de alto el fuego de 60 días. Irán tenía previsto imponer estos peajes. Trump dijo: «No, ustedes no van a imponer esos peajes. Nosotros los impondremos para reembolsarnos todos los costes. Y vamos a quedarnos con el 20 % de los ingresos por exportación de petróleo de los países árabes que exportan este petróleo; el 20 % de su valor nos será abonado a nosotros en concepto de peaje». Pues bien, de eso trata, precisamente, la batalla jurídica que se ha desatado de inmediato. Adiós al Derecho internacional del mar. Adiós al memorándum de entendimiento. Así pues, se ve que, cuando este es el objetivo de Trump, se podría decir que está atacando a Irán no simplemente porque se engañe a sí mismo creyendo que, de alguna manera, podemos destruir el ejército iraní, podemos destruir sus defensas, podemos destruir sus misiles, ni que podamos atacar a la población civil, los hospitales y las escuelas, y desmoralizar a la población hasta tal punto que deseen instaurar un régimen estadounidense para que dejemos de hacerles tan infelices. Todo esto es una ilusión. Pero para EE. UU., esta lucha contra Irán es extraordinaria —existencial para el plan de Estados Unidos de cómo controlar la economía mundial—, al igual que lo es para Irán defender su propia soberanía y su propia existencia frente al intento de Estados Unidos de invadirlo y desintegrarlo, promoviendo invasiones desde Baluchistán, por parte de los kurdos y otros grupos. Así que esto es realmente de lo que trata la lucha y por qué va a prolongarse indefinidamente. Y, a medida que se prolongue, bloqueará el comercio de petróleo, lo que provocará un corte en el suministro de petróleo y, a su vez, dará lugar a la crisis de producción mundial y a la crisis financiera de las que hemos hablado en nuestros programas anteriores.

#Glenn Diesen

Bueno, creo que si estuviera en Washington asesorando a Trump sobre cómo restablecer el dominio geoeconómico de EE. UU., probablemente le aconsejaría, en gran medida, lo que están haciendo ahora. Es decir, que Estados Unidos recupere su dominio tecnológico, que controle los corredores de transporte internacionales —es decir, los corredores marítimos, etc.— y, en tercer lugar, que restablezca el dominio financiero de Estados Unidos a través de su moneda. Ya sabe, se trata de mantener debilitados a los rivales de Estados Unidos, mantenerlos divididos, impedir que se integren y, además, mantener a los vasallos en una situación de dependencia. Si realmente se quiere encontrar una nueva fórmula para el dominio estadounidense, esa parece ser una buena vía en estos momentos. Como usted dice, sin embargo, con mucha frecuencia hacen comentarios que respaldan esta lógica. Es decir, la idea de que todas las vías navegables internacionales deben permanecer bajo control estadounidense, incluso mediante la piratería. Vemos ahora que parte de la forma en que midieron el éxito en Venezuela fue que ahora tendrán que vender su petróleo en dólares. Sus ingresos tendrán que invertirse en Estados Unidos. El propio Trump se jactó de la cantidad de dinero que han podido extraer de Venezuela. Observamos lo mismo con Rusia: son numerosos los comentarios sobre incendiar refinerías de petróleo rusas a través de su aliado ucraniano. Besant señaló que, tras la guerra, los rusos probablemente se verán obligados a volver a vender su petróleo y su gas en dólares. Y, eh, sí, Irán, como señaló Lindsey Gray, es un país rico en petróleo, y este pasará a estar bajo control estadounidense cuando todo esto termine. Todos estos líderes estadounidenses repitieron en algún momento el mismo discurso: ese «sufrimiento a corto plazo para obtener beneficios a largo plazo»; vamos a ponerlo bajo nuestro control. No solo bajo control estadounidense, sino que el petróleo tendría que venderse… Bueno, la parte del acuerdo que los estadounidenses querían —y sobre la que fueron bastante claros— era que todo lo que los iraníes obtuvieran del petróleo, que debería venderse en dólares, se utilizara para otorgar a EE. UU. los derechos exclusivos de vender productos agrícolas a Irán. Así pues, de nuevo, la venta en dólares se utilizaría para comprar productos estadounidenses. Y, al mismo tiempo, cuando los estadounidenses castigan a Irán, están quemando todos los puentes y las vías de comunicación que sirven para conectar el continente euroasiático —que forma parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta—, la cual une a Irán con Rusia, China y demás. Observamos que ahora se pide a los aliados o vasallos de Estados Unidos en Oriente Medio y Europa que aumenten su dependencia de este país, y Estados Unidos también sacará provecho económico de ello. Es decir, ahora tienen que pagar por, entre comillas, «protección». Vemos lo mismo con todas estas guerras contra Irán, por ejemplo, con el objetivo de aislar a China de un proveedor clave de petróleo. Por supuesto, también debería reducirse su desarrollo tecnológico para restablecer el dominio tecnológico de EE. UU. Así pues, entiendo a qué aspiran y, si dejamos de lado toda consideración moral, la hegemonía mundial es el objetivo clave. Todo esto tiene mucho sentido. El hecho de que además lo digan abiertamente resulta bastante interesante. Pero supongo que mi pregunta es: ¿qué probabilidades hay de que Estados Unidos tenga éxito en estos objetivos, y qué podría salir mal? Dado que Estados Unidos quería romper el dominio tecnológico chino, quedó demostrado que eso no era realmente factible. También ven que Rusia está dispuesta a llegar hasta el final. En esencia, Irán no está siendo derrotado. No se están rindiendo. Ven lo que están haciendo los estadounidenses. Los iraníes, como usted ha dicho, están dispuestos a destruir los centros de datos de Estados Unidos en Oriente Medio. Están dispuestos a inutilizar —creo que ya han destruido la planta desalinizadora de Kuwait—, lo que significa que, de hecho, pueden hacer que este país deje de existir. Están dispuestos a subir ese escalón de escalada porque para ellos es todo o nada. Así que supongo que mi pregunta es: ¿hasta qué punto cree usted que Estados Unidos será capaz de controlar las consecuencias económicas de estos conflictos, es decir, estas guerras —ya sean económicas o bélicas— contra China, Rusia e Irán? Porque muchas cosas pueden salir mal y, al mismo tiempo, la economía estadounidense tampoco va precisamente bien. Quiero decir, sí, los mercados bursátiles están al alza, y si ese fuera el único indicador de la salud económica, sería maravilloso: Estados Unidos habría vuelto a la cima. Pero, ya sabe, aquí pueden salir mal muchas cosas.

#Michael Hudson

Bueno, tiene razón al mencionar el transporte. Y para responder a su pregunta: con el fin de imponer el control estadounidense sobre el comercio mundial del petróleo —para obtener ingresos para sí misma— y sobre el comercio de tecnología informática de inteligencia artificial, Estados Unidos sí necesita controlar también el transporte marítimo y el transporte internacional. Porque, ¿cómo se puede exportar petróleo sin hacerlo mediante buques o por vía terrestre, como los oleoductos? Pues bien, la primera disputa que Trump inició con Europa y con la mayoría de los principales —no diré «enemigos», pero sí sus principales oponentes— de Estados Unidos es, por supuesto, con Europa, sus aliados, Japón y el resto de sus aliados. Antes de enfrentarse a sus verdaderos enemigos —Rusia, China e Irán— y a la mayoría mundial, quiere reforzar su control sobre Europa y asegurarse de que esta quede atrapada en la dependencia del gas natural licuado y del transporte estadounidenses. Y para ello se requerían dos cosas: en primer lugar, la voladura del gasoducto del Mar del Norte, como ya hemos comentado; y, en segundo lugar, lo que se está observando ahora: el bombardeo constante de la flota rusa a su paso por el Báltico. Durante mucho tiempo, Rusia exportó su petróleo a través de los puertos de la costa este de Letonia, que atravesaban el Báltico. Rusia sigue exportando petróleo a través del Báltico, y ahí están Estonia y Letonia, permitiendo que la OTAN, en la práctica, bloquee las exportaciones de petróleo ruso a través del Báltico. Pues bien, todo ello viola la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Eso no es libre comercio. El objetivo de Estados Unidos ahora es afirmar que, en 1945, apoyamos el libre comercio porque éramos los beneficiarios. Cuando Inglaterra promovió el libre comercio en el siglo XIX, se denominó «imperialismo del libre comercio». Pues bien, eso es lo que hizo Estados Unidos después de 1945. Pero ahora ya no estamos a favor del libre comercio, porque si no podemos permitir que otros países comercien libremente entre sí y sean independientes de Estados Unidos —si no podemos controlar el petróleo extranjero como rival—, destruiremos ese petróleo. Destruiremos la capacidad de Rusia para refinar su petróleo. Destruiremos la capacidad de Rusia para transportar su petróleo a otros países. Destruiremos sus oleoductos. Y lo mismo con Irán. Destruiremos los puertos iraníes y la flota mercante iraní, tal y como hemos venido haciendo, para que no pueda exportar ni a China, ni a la India, ni a ningún otro lugar. Así pues, el control del petróleo y el control del transporte van de la mano. Pues bien, por eso la primera disputa que Trump tuvo con Europa fue por Groenlandia. Tenemos que tomar el control de Groenlandia porque, de ese modo, si logramos establecer una conexión desde Groenlandia a Islandia y de ahí a Gran Bretaña, podremos bloquear el acceso desde el océano Atlántico Norte al Ártico. Y si logramos bloquear ese acceso, Europa y Asia Occidental no tendrán acceso al comercio ártico para evitar conflictos, viéndose obligadas a dar un rodeo por Sudáfrica o a pasar por el Canal de Panamá, controlado por Estados Unidos. Hemos logrado bloquear el comercio de petróleo y cualquier otro tipo de comercio procedente de allí. Bueno, estoy un poco sorprendido. Rusia ha estado intentando acordar con China el gasoducto «Power of Siberia» para argumentar: «Miren, Estados Unidos está intentando —en violación del Derecho del Mar, en violación de todas las normas de libre comercio— impedirnos transportar nuestro petróleo». Así que la única forma de sortear esto es a través de un oleoducto. Y eso es, por supuesto, lo que China ha estado intentando hacer a través de su Iniciativa de la Franja y la Ruta, esencialmente para integrar Eurasia, todo el continente asiático, de modo que no sea necesario recurrir a la estrategia de Mackinder de controlar la periferia. Pero China y Rusia han discutido sobre cuál va a ser el precio del petróleo. Pues bien, Rusia afirma con toda razón que el precio del petróleo va a subir, ya que ahora parece que Estados Unidos está incitando a Irán y a los países árabes a destruir mutuamente su producción petrolera, mientras que la OTAN lucha contra Rusia para destruir su capacidad de exportación de petróleo. Y sin el petróleo de la OPEP, se producirá una enorme escasez de petróleo. Y Estados Unidos cubrirá esta demanda básicamente mediante el envío de gas a los países que necesitan esta energía. Por eso Trump se ha opuesto a las alternativas al petróleo, como la energía eólica y la energía solar, ámbitos en los que China ha adquirido un liderazgo. Ese es, pues, el vínculo con el transporte. Y ahora, en cuanto a su pregunta: ¿cómo puede tener éxito todo esto? Pues bien, solo puede tener éxito si —comencemos por la lucha de Estados Unidos contra Europa para subordinar a sus aliados, Europa y Japón, a Estados Unidos—. Toda la hipótesis, el enfoque materialista de la historia, se basa en que los países van a actuar en función de su propio interés económico. Pues bien, Europa no está actuando en función de su propio interés económico. Eso significaría obtener energía barata para impulsar su industria y evitar la desindustrialización que se está observando en Alemania y otros países de la OTAN. No puede permitirse los precios más elevados del petróleo, y su industria química no puede permitirse operar con beneficios cuando se produce una interrupción en el suministro de los derivados del comercio petrolero —el azufre para fabricar ácido sulfúrico destinado a la minería y los fertilizantes elaborados a partir de gas natural—. Por no hablar del helio: una de las primeras instalaciones que Irán atacó fue la planta de producción de helio de Catar, que por sí sola representaba el 20 % del comercio mundial de helio, y que quedó totalmente destruida. Creo que su instalación costó inicialmente 5.000 millones de dólares y se tardó varios años en completarla. Todo ello quedará indisponible durante los próximos años, lo que provocará una escasez de helio. China y Estados Unidos son los principales productores de helio. China ha suspendido sus exportaciones de helio, y Estados Unidos está utilizando ahora su monopolio del helio como palanca de control internacional. Así pues, Estados Unidos conserva numerosas palancas y un gran control. Y, por último, el cuarto monopolio del que no hemos hablado es la «dolarización»: el monopolio del sistema financiero. Esto es lo que hemos estado debatiendo en los últimos programas en los que me ha tenido como invitado. Estados Unidos intentó excluir a sus rivales del sistema de compensación bancaria SWIFT. China creó una alternativa a este. Todo lo que Estados Unidos ha hecho al imponer sanciones financieras a otros países tiene como objetivo decir, en definitiva: «Podemos cortar sus pagos financieros». Pero, ¿cómo puede haber comercio de petróleo? ¿Cómo puede haber comercio de productos industriales si no se puede tramitar el pago correspondiente? No solo es necesario transportar estos productos, sino también transferir los pagos monetarios. Nosotros también controlamos ese sistema. Toda la estrategia estadounidense ya no es una estrategia en la que tanto Estados Unidos como el resto del mundo salgan ganando. Se trata de qué puntos de estrangulamiento podemos utilizar para controlar la economía mundial: si pueden obtener petróleo y energía para hacer funcionar sus fábricas, iluminar sus hogares y abastecer a su industria química y de fertilizantes, a la tecnología de la información y al sector cerealista. Pues bien, para responder a su pregunta, la estrategia estadounidense solo puede tener éxito mientras Estados Unidos pueda imponer puntos de estrangulamiento al mundo entero —ya sea mediante la imposición de sanciones de las que otros países no tengan medios alternativos para independizarse, con sus propias alternativas a las sanciones, sus propios sistemas de pago como los que ha estado desarrollando China, su producción de petróleo como la de Rusia e Irán, su transporte, como la ruta ártica, y la capacidad de Rusia para hacer frente a los ataques militares de la OTAN contra el transporte marítimo ruso a través del Báltico y otras zonas, así como a los ataques de EE. UU. contra el transporte marítimo a través del Océano Índico, tal y como ha venido haciendo. La respuesta a si EE. UU. puede mantener su control y su nuevo imperialismo, casi neocolonial, depende de su capacidad para crear una situación de «ganador-perdedor» en el comercio mundial, diciendo: «Si quieren petróleo, tendrá que pagar nuestros precios de petróleo de monopolio, y que todos los beneficios que obtengan los productores de petróleo se inviertan en Estados Unidos o se destinen a las exportaciones estadounidenses. Para realizar el transporte marítimo, tendrá que someterse a la autorización de Estados Unidos para utilizar puertos o rutas controlados por nosotros, que le cerraremos si no se somete a nuestra autoridad en materia de tecnología de la información, ámbito en el que hemos impuesto sanciones. Pues bien, precisamente ayer, Estados Unidos levantó las sanciones sobre la exportación de los chips informáticos más avanzados a los Emiratos. Y lo ha hecho para que los Emiratos puedan invertir en Estados Unidos. Se trata de decenas de miles de millones de dólares destinados a crear estos nuevos centros de transferencia de chips informáticos, tal y como se suponía que iba a hacer el Centro de Inversión en la Nube de Amazon en Baréin. Todas estas ideas han servido, de alguna manera, para convencer a los Emiratos de que unan su destino al de Estados Unidos. Y Estados Unidos concedió este permiso a los Emiratos a cambio de su compromiso de ayudar a Estados Unidos a bombardear Irán. Pues bien, todo esto —el éxito de esta política estadounidense— depende de cuánto tiempo pueda seguir gobernado el Oriente Medio árabe por estas monarquías semifeudales corruptas. ¿Cuánto tiempo pueden sobrevivir los Emiratos? ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir Jordania? Baréin, e incluso la propia Arabia Saudí, han sobrevivido —a pesar de que la mayor parte de su población es palestina o india, y de que se trata de una sociedad muy desigual— gracias a los emiratos que, básicamente, controlan las economías y han unido su destino al de Estados Unidos. Casi todas las guerras, y sus repercusiones, han dado lugar a enormes convulsiones políticas. La Primera Guerra Mundial supuso el fin de muchas monarquías europeas y la transición hacia una especie de monarquía constitucional o cuasi-democracia. El Imperio Otomano se desintegró y se convirtió en colonias de Gran Bretaña y Francia, lo que, en esencia, redibujó el mapa y dividió el Imperio Otomano. Pues bien, la pregunta es: ahora que esta guerra ha terminado, ¿se producirá una revolución política similar en toda Asia Occidental, que establezca economías que realmente utilicen su petróleo, en lugar de reciclar sus excedentes económicos hacia el líder estadounidense, para no caer en la situación en la que se encuentran países como Alemania o Gran Bretaña —que no son más que satélites de Estados Unidos— y, desde luego, no como Japón, a los que Estados Unidos está intentando rearmar para que sirvan a sus intereses? ¿Van a seguir el mismo camino que Japón, Gran Bretaña y Alemania? ¿O se producirá de algún modo una revolución social allí, tal y como temía Estados Unidos que ocurriera tras la Segunda Guerra Mundial? ¿Vamos a asistir finalmente al reparto de territorialidad que tuvo lugar tras la Primera Guerra Mundial con el plan Sykes, destinado a redefinir las fronteras e instaurar monarquías locales impuestas por británicos y franceses? ¿Vamos a ver por fin cómo ellos se incorporan a la era moderna y progresista? Esa será parte de la cuestión: si el plan de Estados Unidos puede detener el progreso. ¿Podrá Estados Unidos impedir que el resto del mundo actúe en defensa de sus propios intereses económicos para promover su propio desarrollo, en lugar de someterse a la promoción de la economía estadounidense —la cual no utilizará esos ingresos para su propio desarrollo, sino, en realidad, únicamente para aumentar su monopolio, su control y su amenaza militar hacia otros países? Esa es, en realidad, la cuestión.

#Glenn Diesen

Sí, bueno, es una buena observación. Es decir, la capacidad de Estados Unidos para recuperar su dominio no solo depende de la capacidad de sus rivales para contraatacar —lo cual están haciendo—, sino también de que sus aliados acepten un vasallaje muy destructivo, como se observa en Oriente Medio. Quiero decir que ahora están pagando un alto precio por su alianza con EE. UU. Y la relación con Estados Unidos es bastante diferente a la del pasado, porque tras la Segunda Guerra Mundial, el imperio del libre comercio estadounidense —me refiero a que, sí, por ejemplo, los europeos estaban completamente subordinados a EE. UU.—. Sin embargo, al menos resultaba beneficioso hasta cierto punto. Se consideraba a EE. UU. una potencia hegemónica benigna. Es decir, se aseguraba de que sus Estados de primera línea fueran prósperos. Es decir, que los alemanes del Oeste fueran más prósperos que los del Este, que los surcoreanos fueran más prósperos que los norcoreanos y que los taiwaneses fueran más prósperos que los chinos continentales. Así pues, como sabe, los Estados de primera línea prosperaban. Pero ahora, como Estados Unidos ya no puede permitirse este modelo de dominio, empieza a canibalizar a sus rivales y a exigir un vasallaje excesivo. Y, como usted ha dicho, creo que la clave está en cómo conseguir que los Estados no actúen en su propio interés. Esto es importante porque, si nos fijamos ahora en el caso de Europa, quiero decir, no están actuando en su propio interés. Sus economías se están debilitando. Se están debilitando políticamente. Están atravesando una crisis de legitimidad porque, como sabe, en una Europa redividida, esto ya no redunda en interés de Europa. Genera conflictos y guerras con los rusos, lo que aumenta la dependencia de EE. UU. y los debilita económicamente. Y si se observa el liderazgo en toda Europa, es como una competición: ¿hasta qué punto se puede llegar a ser impopular? Y en esta crisis de legitimidad, inevitablemente surgirán nuevas alternativas políticas. Un buen ejemplo es Alemania con la AfD, que ha surgido de la nada para convertirse en el partido más popular. Bueno, ¿qué es lo que dicen? Dicen que deberíamos actuar en nuestro propio interés. ¿Y en qué consiste eso? Tendremos que diversificar el suministro energético y hacer las paces con Rusia. Otros intereses pasarán por la diversificación tecnológica, la colaboración con China, la diversificación de los corredores de transporte y la diversificación financiera. En otras palabras, no se ata solo a Estados Unidos. Y creo que a Estados Unidos le resultará difícil mantener esta postura porque, mientras los vasallos no puedan actuar en su propio interés, todo el sistema se vuelve muy, muy inestable. Y, en algún momento, sí, algo se resquebraja. En fin, Michael, muchísimas gracias por dedicarme su tiempo.

#Michael Hudson

Aún nos queda un poco de tiempo. Ha mencionado la guerra con Rusia. Esa es realmente la clave: ¿durante cuánto tiempo impedirá Rusia —y, en esencia, Putin— que el ejército ruso responda a los ataques con misiles y drones contra su territorio, que están alcanzando sus refinerías y ahora también objetivos civiles, como Moscú y San Petersburgo, así como al intento de la OTAN de desplegar más armas en Finlandia y otros países bálticos? ¿Durante cuánto tiempo se abstendrá Rusia de responder haciendo lo que Putin había amenazado con hacer: bombardear las fábricas que producen los misiles con los que ellos están atacando, las fábricas de Alemania, Francia o el Reino Unido que suministran dichos misiles? En algún momento, Rusia se está dando cuenta ahora de que no está luchando contra Ucrania. Ucrania es el escenario de este conflicto. La lucha es contra la OTAN. Ucrania simplemente no importa. Las tropas rusas avanzan hacia el oeste de Ucrania. Se dirigen a tomar Odesa. Están bloqueando el acceso de Ucrania a Odesa y la exportación de su propio cereal, aceite de girasol y otros productos. Pero esto no impide que los países de la OTAN lancen misiles desde Ucrania hacia Rusia. Y el enemigo ya no es realmente Ucrania. Son Alemania, Francia y Gran Bretaña las que actúan como satélites de EE. UU. al atacar a Rusia y permitir que los planes de Estados Unidos —creo que desde Wiesbaden y otras ciudades— guíen los misiles que están impactando en Rusia. Pues bien, creo que el hecho de que estén haciendo eso es una de las razones por las que Rusia está respondiendo con medidas de represalia, diciendo: «De acuerdo, vamos a ayudar a proporcionar a Irán, si lo necesita, guía por satélite para sus bombas con el fin de que luche contra ustedes».

Esa es, pues, la escalada que se está produciendo. Y esta escalada, si realmente es existencial para ambas partes, seguirá siendo muy destructiva. Y el daño colateral recaerá sobre la economía mundial, la economía asiática, África y el Sur Global, que no recibirán los fertilizantes, lo que reducirá sus cosechas y su capacidad para alimentarse, y, en esencia, los expondrá a la hambruna. Este año, 2026, va a ser un año histórico a escala mundial para el enfrentamiento decisivo, cuando todas las dinámicas que hemos estado analizando converjan.

#Glenn Diesen

Sí, iba a decir que son tiempos interesantes. Bueno, incluso si todas estas guerras terminaran ahora, es difícil imaginar que no se produzca una crisis alimentaria este otoño. En fin, como iba diciendo, siempre me siento un poco más sabio al hablar con usted, así que muchas gracias por su tiempo.

#Michael Hudson

Bueno, gracias por invitarme al programa.

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4. Zhok sobre la emigración.

Para Zhok el problema de la emigración es estructural, debido a una política económica que expulsa trabajadores cualificados e importa trabajadores poco cualificados dispuestos a trabajar por muy poco. La solución para él no es ni el «humanitarismo» ni la violencia xenófoba, sino resolver ese problema estructural.

https://www.facebook.com/andrea.zhok.5/posts/pfbid0kj82u3MqW3dpEYa9ZkQrkEbh6uLvaLQuXmB2bayV6USXPh8AdhgDyjeD3293mJm8l

NOTA AL MARGEN SOBRE EL TEMA DE LA INMIGRACIÓN

El tema de la inmigración es enormemente complejo; abarca aspectos económicos, culturales y de seguridad, de formas muy variadas. No existen varitas mágicas que puedan revertir los procesos en curso en un abrir y cerrar de ojos.

Sin embargo, ante la gran cantidad de vociferantes profesionales que agitan el espacio público a base de eslóganes grandilocuentes y promesas de rigor draconiano, recurrir a la complejidad acaba dando la impresión de querer andarse por las ramas.

Permítanme, pues, por una vez, una respuesta directa, en parte simplificadora, pero al menos representativa de cómo debería abordarse un debate serio.

Ante el tema de los flujos migratorios hacia Europa, suelen enfrentarse dos actitudes.

1) Existe una actitud «humanitaria», predominante en la izquierda, percibida como «ingenua», que, en esencia, siempre trata de explicar, por un lado, que el problema no es tan grave, o que, más bien, supone una gran oportunidad de enriquecimiento humano, y que quien se queja es un racista; y, por otro lado, que se trata de un movimiento histórico inevitable y que toda oposición es inútil (además de inhumana).

2) Existe una segunda actitud, «securitaria», que acentúa todos los problemas relacionados con la inmigración, exagera su narrativa y sus peligros, y acaba invocando habitualmente diversas «medidas de mano dura»: bloqueos navales, repatriaciones, improbables exámenes de fe cristiana, rostros feroces y guiños ocasionales a los verdaderos racistas (que son minorías en Italia, pero existen).

Este juego entre ambas partes se prolonga desde hace más de treinta años (desde la llegada de 20 000 albaneses en 1991 al puerto de Bari). Mientras tanto, Italia, que ha experimentado los procesos migratorios con retraso —al no haber tenido un imperio colonial—, se ha visto abrumada por un proceso que no parece dar señales de detenerse.

Tanto la postura «buenista» como la represiva son dos «no soluciones».

De hecho, solo sirven para mantener vivo el problema, agravándolo, y fidelizando a sus respectivas aficiones a través del desprecio hacia las posturas contrarias.

¿Qué falta en este panorama? Faltan muchas cosas, pero hay una que es colosal, y es algo de lo que nadie, literalmente nadie, ni de derechas ni de izquierdas, quiere hablar.

El gran ausente en el debate sobre la inmigración es la comprensión de una dinámica elemental.

En los últimos años, entre los italianos que se trasladan al extranjero y los que regresan a Italia, tenemos un saldo medio negativo de 100 000 ciudadanos al año.

Los italianos residentes en el extranjero son 6,4 millones.

A modo de comparación, la población extranjera total en Italia asciende a 5,4 millones de personas.

Ahora bien, la primera y sencilla pregunta que nadie quiere plantear es: si cada año 100 000 italianos (con formación media-alta) se marchan al extranjero, ¿cómo se puede pensar que ese vacío no se cubrirá con la llegada de extranjeros?

El problema, expresado en sus términos esenciales, es el siguiente: decenas de miles de italianos, casi todos con título de bachillerato o de grado, se marchan al extranjero en busca de un trabajo digno y son sustituidos por un número similar de extranjeros, a menudo con escasa formación, que son contratados para trabajos de bajo valor añadido.

¿Por qué ocurre todo esto? ¿Es una cuestión de destino cínico y traicionero?

Ni mucho menos. Este es el resultado deliberado de una decisión de política industrial tomada en los años noventa, en el marco de la financiarización de la economía, del triunfo neoliberal y de la adhesión a la UE.

En Italia, el sector que se dedicaba principalmente a la investigación y el desarrollo, y que tenía una producción con un alto uso de capital (intensiva en capital), era el sector público. La decisión de reducirlo al mínimo mediante oleadas de privatizaciones, así como la de deslocalizar incluso las producciones de alto valor añadido, ha supuesto una elección bien definida a favor de los trabajos con un alto uso de mano de obra (intensivos en mano de obra). Para competir en los sectores intensivos en capital hay que innovar; para competir en los sectores intensivos en mano de obra hay que reducir los costes salariales.

Lo que ocurre en Italia es muy sencillo y, sin cambios de rumbo en la política industrial, inevitable: exportamos titulados de bachillerato y universitarios que, tras haber invertido en formación, no quieren convertirse en «trabajadores pobres», e importamos personas desesperadas dispuestas a cualquier trabajo a cambio de salarios de subsistencia.

Obviamente, este flujo también tiene repercusiones culturales y de seguridad. Un aumento porcentual de la población compuesta por jóvenes, culturalmente ajenos, con poco que perder, condicionados a salarios de subsistencia y, a menudo, en el sector no declarado, no puede sino traducirse en problemas de seguridad e integración. Pero esto es el efecto, no la causa, y si se insiste en ocuparse únicamente de los efectos y nunca de las causas, en realidad se está tratando de cultivar el problema, que siempre resulta útil.

La cuestión es que los bajos salarios, las privatizaciones, la descalificación del trabajo y el flujo migratorio asimétrico (la mítica «sustitución étnica») SON UN MISMO Y MISMO PROBLEMA.

Y no se resuelve ni sermoneando a los jóvenes que no se resignan a realizar trabajos de mierda por un sueldo de mierda, ni invocando puños de hierro y ráfagas de ametralladora contra las embarcaciones.

Algunos, tanto de la derecha como de la izquierda, han elegido ese camino y siguen persiguiéndolo («porque lo quiere Europa», «porque lo quieren los mercados», y así sucesivamente con sus delirios).

Sé que preferirían quedarse en el plano de los sentimientos: los «buenos y acogedores» (izquierdistas bienpensantes para la parte contraria) frente a los «rigurosos e inflexibles» (fascistas racistas para la parte contraria). En este plano no hace falta entender nada, basta con confiar en los sentimientos y en las banderas.

Pero si se quiere resolver un problema estructural, hay que abordarlo de forma estructural.

Si, por el contrario, se quiere alimentar el problema, armando jaleo para gente sin criterio y obteniendo aplausos instintivos de las distintas aficiones, pues muy bien, el rumbo es el correcto: timón a estribor y a toda máquina.

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5. Historia del petróleo libio.

Entre los artículos del último ROAPE también me ha resultado muy interesante este artículo sobre la historia de la explotación del petróleo libio. En la línea de la «maldición de los recursos».

https://www.scienceopen.com/hosted-document?doi=10.62191/ROAPE-2025-0037

La contradicción del petróleo en el contexto mundial: el caso de la Libia moderna (1951–década de los 80)

Autores: Matteo Capasso 1 , * , , Roberta Biasillo 2

Fecha de publicación (electrónica): 13 de enero de 2026

Revista: Review of African Political Economy

Resumen

Este artículo sostiene que, para estudiar el papel del petróleo como contradicción principal que determina el modo de reproducción social de un país del Sur global, resulta fundamental comprender el papel que ha desempeñado el petróleo en la consolidación del orden mundial liderado por EE. UU. tras la Segunda Guerra Mundial. Más allá del nacionalismo metodológico y de las teorías sobre los tipos de régimen —especialmente la teoría del Estado rentista —, el artículo se centra en el caso de la Libia moderna (desde 1951 hasta la década de 1980) y evalúa cómo el petróleo supuso tanto oportunidades como limitaciones para el desarrollo de la soberanía nacional del país. Este promovió tanto la globalización como el nacionalismo, estrategias coloniales y de descolonización, así como la adhesión y la resistencia a las políticas imperialistas. En última instancia, el artículo muestra que, si bien los recursos petroleros pueden servir a diferentes programas nacionales de desarrollo, la verdadera maldición para los países en desarrollo es la estructura imperialista liderada por Estados Unidos. Esta última constituye un sistema intrínsecamente antidemocrático para las formaciones sociopolíticas del Sur global, especialmente en la región árabe, cuyas ambiciones de desarrollo priorizaban las necesidades populares y la integración regional por encima del enriquecimiento de las élites y la dependencia de Occidente.

Texto principal del artículo

Más allá del rentismo

Las historias sobre Libia, el petróleo y el mundo están tan entrelazadas que ya no es posible analizarlas como variables independientes, aunque la literatura dominante en relaciones internacionales afirme lo contrario. Desde la perspectiva de las relaciones internacionales, Libia y el petróleo suelen presentarse como actores excepcionales y distintivos. La región del norte de África, como recién llegada a los procesos extractivistas, se benefició de las experiencias de otros países productores de petróleo a la hora de redactar su legislación petrolera y se encontró en condiciones de utilizar el petróleo como arma en las relaciones internacionales antes y durante un período más prolongado. Por el contrario, las empresas petroleras desplegaron toda su experiencia adquirida en tecnologías aplicadas, gestión laboral y estrategias de negociación para garantizar que la industria libia se convirtiera en una inversión extremadamente rentable y de bajo riesgo, tanto desde una perspectiva económica como geopolítica.

Debido a su importancia y relevancia, el petróleo destacó como una materia prima global única y políticamente versátil. Como fuente concentrada de energía esencial para el capitalismo industrial, pero distribuida de forma desigual por todo el mundo, el petróleo se convirtió en un recurso estratégico capaz de determinar el destino de las naciones. Su control significaba el control de las arterias económicas de los Estados modernos —desde el abastecimiento de las máquinas militares hasta el impulso de la producción industrial—. Esta posición única permitió que el petróleo funcionara simultáneamente como herramienta de dominación imperial y de resistencia antiimperialista. El petróleo se convirtió así en un instrumento de dominio político y de liberación, generando redes de productores, consumidores, gobiernos y trabajadores, así como una plétora de intermediarios. A través del petróleo, Libia quedó integrada en el entramado de las relaciones internacionales, el capitalismo global y el antiimperialismo. A través de los procesos de producción y distribución, el petróleo difuminó la distinción entre colonialismo y órdenes de posguerra, neoimperialismo y descolonización, políticas revolucionarias, soberanía nacional y dependencia exterior. Este carácter ambivalente implicaba que los mismos oleoductos y yacimientos de extracción que enriquecían a las empresas occidentales también podían convertirse en instrumentos de los movimientos de liberación nacional.

Este artículo cuestiona y amplía dichos debates académicos, reconstruyendo e interpretando la relación entre Libia y el petróleo en el siglo XX. En particular, rechaza aquellos enfoques basados en el nacionalismo de los recursos, la «maldición de los recursos naturales» y el «choque de civilizaciones», que sostienen la existencia de «redes petroleras liberales e iliberales», yuxtaponiendo las instituciones corruptas de los países productores de petróleo —siempre situados en el Sur global— con una cultura de democracia en los países consumidores de petróleo, siempre situados en el Norte global (Colgan 2013; Herbstreuth 2016). En lo que respecta a Libia, los estudiosos de las relaciones internacionales han hecho un énfasis desproporcionado en cómo los ingresos del petróleo actuaron como lubricantes para la erosión gradual de la democracia y la consecución de un proyecto autoritario en el país (Colgan 2013), especialmente durante la Jamahiriya1 (1977-2011). Basándose en los conceptos de «Estado rentista» (Beblawi y Luciani 1987; Martínez 2012) y «maldición de los recursos» (Collier 2008; Ross 2013), el argumento predominante sostiene que la estructura político-económica de la Jamahiriya se sustentaba mediante alianzas con redes tradicionales de tribus, familias y bandas, que constituían las palancas más eficaces para la distribución de los ingresos. Este sistema requirió la creación de sólidos aparatos de seguridad utilizados para reprimir y silenciar a la población, al tiempo que recompensaba la lealtad (Springborg, 2020).

El presente artículo supera el nacionalismo metodológico de este argumento ampliando su alcance cronológico, así como situando la contradicción del petróleo —parafraseando a Mao Zedong (1937)— a escala global. Para estudiar el papel del petróleo como contradicción principal que determina el modo de reproducción social que ha regido Libia, debemos comprender el papel que dicho recurso natural ha desempeñado en la consolidación del tras la Segunda Guerra Mundial. El artículo examina el petróleo y la historia política de Libia —un país situado en la periferia del mundo— desde la perspectiva de las estructuras globales más amplias en juego, concretamente en relación con el sistema mundial capitalista (Amin 1976; Kadri 2015). Analiza el papel singular que ha desempeñado el petróleo en la consolidación del orden financiero mundial liderado por EE. UU., el señoreaje del dólar, las condiciones de subordinación económica, la fuga de riqueza (Patnaik y Patnaik 2017) y el intercambio desigual en el que se ha desarrollado la trayectoria política del Sur global, incluida Libia. Numerosos estudios aportan perspectivas importantes sobre las limitaciones de un modelo de desarrollo económico y político impulsado por el petróleo. Sin embargo, pasan por alto cómo, para Libia y muchos otros países del Sur global, poseer petróleo no se tradujo simplemente en una maldición, sino más bien en la posibilidad de emprender una vía política y económica que, a pesar de sus numerosas limitaciones, desafió directamente el dominio del imperialismo liderado por EE. UU. Esta vía alternativa —lo que denominamos desarrollo popular— representaba una visión de la modernización fundamentalmente diferente al modelo occidental. En lugar de un desarrollo orientado al enriquecimiento de las élites y a la integración en los mercados globales en condiciones de subordinación, el desarrollo popular daba prioridad a la satisfacción de las necesidades sociales de las masas mediante el control estatal de los recursos estratégicos. Hacía hincapié en la integración regional y la cooperación Sur-Sur frente a la dependencia Norte-Sur, y perseguía una industrialización autosuficiente en lugar de una extracción orientada a la exportación para el consumo occidental. Libia no estuvo sola en este proceso: entre los años 50 y 70, muchos gobiernos poscoloniales de los países del Sur global afirmaron su control directo sobre sus reservas de petróleo, tanto mediante la nacionalización como mediante la negociación de contratos con multinacionales en condiciones más favorables. Como señala acertadamente Adom Getachew, « el nacionalismo poscolonial en la era de la descolonización siguió enfrentándose al legado de la jerarquía imperial con la exigencia de una reconstitución radical del orden internacional» (Getachew 2019, 5). Desde esta perspectiva, la independencia real —más que la independencia formal— requería un proyecto revolucionario que persiguiera un cambio en las relaciones de dominación del orden internacional.

Por lo tanto, la tesis de este artículo es que un sistema político-económico basado en el petróleo puede estar al servicio de distintos regímenes políticos nacionales, fomentando tanto mecanismos democráticos como antidemocráticos a nivel interno. Al mismo tiempo, el imperialismo liderado por EE. UU. constituye la verdadera lacra de aquellas formaciones sociopolíticas de África —y más allá— que aspiraban a seguir una vía de desarrollo popular. Como tal, la naturaleza intrínsecamente antidemocrática del orden mundial bajo la hegemonía estadounidense influyó en gran medida en cómo se construyó la infraestructura petrolera en Libia, cómo se podían utilizar sus ingresos y con qué fines políticos. Nuestro objetivo es ampliar la bibliografía sobre las trayectorias geopolíticas de los países productores de petróleo del Sur global, utilizando la experiencia poco estudiada de la Libia moderna, incluidas sus redes y acciones coloniales y antiimperialistas. Desde el punto de vista metodológico, Libia constituye un caso de estudio adecuado. Aunque se ha calificado al país de «nación petrolera», solo el 0,02 % de su producción energética total se destina al consumo interno (Naama, Haven-Tang y Jones, 2008). 2 Una separación tan marcada entre producción y consumo pone de manifiesto que limitar la política petrolera a las fronteras del Estado solo arroja luz sobre una de las caras de la historia.

El artículo comienza situando a Libia en el sistema mundial capitalista que se consolidó tras la Segunda Guerra Mundial, para, a continuación, ofrecer una visión general de la dinámica del siglo XX en lo que respecta a la construcción y el desmantelamiento de las relaciones internacionales y la infraestructura material. La visión histórica abarca desde el auge de los descubrimientos y la comercialización del petróleo en las décadas de 1950 y 1960 hasta la nacionalización del petróleo durante la Revolución de al-Fateh. Sintetizamos un amplio corpus bibliográfico en una narrativa histórica que abarca el siglo XX e integramos las lagunas de la bibliografía con fuentes primarias. Además de la bibliografía secundaria sobre la industria petrolera y la geopolítica, nuestro análisis se basa en la colección histórica de Exxon Mobil del Dolph Briscoe Center for American History de Texas, en documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia de EE. UU. (CIA) y material publicado procedente de la Biblioteca de las Naciones Unidas en Nueva York, así como de la Jamahiriya Árabe Libia. A partir de estas fuentes, pasamos ahora a examinar cómo se desarrolló la integración de Libia en el sistema petrolero mundial, comenzando por el período fundacional de la penetración occidental y avanzando hacia los retos revolucionarios que surgieron en la década de 1970.

Libia en la geopolítica petrolera del siglo XX

Es una costumbre redundante entre los estudiosos que abordan Libia desde enfoques convencionales afirmar que «el petróleo y los ingresos generados por su venta» han sido fundamentales en el desarrollo histórico del país (Vandewalle 2006, 2). Lo que rara vez se argumenta con la misma claridad y agudeza analítica es cómo las potencias occidentales han desempeñado un papel significativo en la configuración de la infraestructura petrolera del país, lo que, en consecuencia, ha afectado a la integración de su formación de clases interna con el orden mundial capitalista, las instituciones estatales y las políticas de desarrollo. Los primeros indicios de la existencia de petróleo en Libia se remontan a 1902, y en 1911 la región quedó oficialmente bajo el control de la potencia colonial del Reino de Italia, cuyo dominio promovió la expansión de una agricultura inspirada en el modelo europeo mediante la creación de aldeas para colonos blancos (Cresti 2011) y la matanza masiva de la población autóctona.3 Mientras buscaban agua y fertilizantes minerales, las autoridades y los científicos italianos mostraron escaso interés por los hidrocarburos, dado que la composición global de las fuentes de energía estaba relativamente diversificada y el carbón y la leña seguían siendo las principales fuentes de energía (Kander, Malanima y Warde 2014, 257).

Entre 1943 y 1951, la Organización Militar Británica controló Cirenaica y Tripolitania, mientras que Fezzan se encontraba bajo administración militar francesa. En esos años, Royal Dutch Shell, British Petroleum y Standard Oil obtuvieron acceso a la región. Sin embargo, fue tras la constitución del Reino de Libia en 1951 —formalmente independiente, pero con fuertes vínculos con los Gobiernos de EE. UU. y del Reino Unido, y bajo la supervisión de las Naciones Unidas— cuando el petróleo cobró un gran impulso hasta convertirse en un motor económico central de las políticas internas y exteriores de Libia, EE. UU., Europa Occidental y Japón. Mobil, una empresa de Standard Oil, puso en marcha importantes y exitosas campañas de exploración a finales de la década de 1950 (Gurney 1996) y, en 1961, de forma bastante inesperada, había comenzado la extracción de petróleo a gran escala (Waddams 1980).

La bonanza petrolera para Occidente se vio pronto amenazada. Cuando una serie de gobiernos del Sur global —inicialmente Venezuela, Arabia Saudí, Irán, Kuwait e Irak— tomaron medidas para nacionalizar sus industrias petroleras controladas por extranjeros y se coordinaron en 1960 para establecer un organismo intergubernamental —la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)—, Libia se unió a sus filas (Andersen y Ross 2013) . En 1962, Libia ya se había convertido en miembro de la OPEP y, en 1963, se creó una empresa petrolera nacional con el objetivo de centralizar la administración de la producción y los ingresos petroleros (Garavini 2019). Esta movilización internacional se basaba en el derecho universal de todos los países a ejercer soberanía permanente sobre sus recursos naturales (Asamblea General de la ONU 1962) y en el deseo de controlar la producción y los precios del petróleo. En Libia, el apoyo a estas medidas coincidió con el debilitamiento del reino libio alineado con EE. UU., «considerado en aquel momento universalmente anacrónico» (Vandewalle 2008, 9). A nivel nacional, las instituciones reales libias no lograron hacer frente a los retos que planteaba la abrupta transición de una sociedad basada en el pastoreo y la agricultura seminómada a una economía petrolera orientada al exterior. Su legitimidad se basaba en un enfoque prooccidental incuestionable, cuyo atractivo disminuyó en medio de una ola de descolonización que se extendía por África y Asia, y del creciente nacionalismo árabe (Sury en Allan 1982, 131-132).

En este contexto, el 1 de septiembre de 1969 se produjo en Libia la revolución —también denominada al-Fateh, que se traduce como «la Apertura»—, liderada por el Consejo de Mando Revolucionario (CMR), que instauró un gobierno que pronto emprendió la nacionalización de los activos de las empresas extranjeras (Haight 1972). La cooperación con otros países árabes dentro de la OPEP culminó en el embargo petrolero de 1973 contra los EE. UU. y los Países Bajos, debido a su apoyo a Israel en la Guerra de Octubre contra los Estados árabes (Priest 2012). A principios de la década de 1970, el Gobierno libio desempeñó un papel clave al asumir el liderazgo de la OPEP, lo que provocó un terremoto geopolítico que afectó a Europa, países africanos y latinoamericanos, Asia Occidental y la Unión Soviética, así como a los Estados Unidos (Dietrich 2017). Sin embargo, contrariamente a las expectativas generalizadas, debido a la creciente disponibilidad de suministros ajenos a la OPEP a partir de finales de la década de 1970, la iniciativa conjunta de la OPEP y las florecientes empresas petroleras nacionales de los países productores de petróleo no logró establecer ni un nuevo sistema internacional ni controles sobre los precios y el suministro del petróleo (Herbstreuth 2016) .

Para entonces, los países productores de petróleo de la región árabe —incluido el norte de África— se habían convertido en un elemento central de la geoestrategia del imperialismo liderado por EE. UU. Dado que el petróleo era un recurso natural clave para las economías de los países imperialistas occidentales, la mejor forma de garantizar el acceso era asegurar el control político de aquellas formaciones sociopolíticas que pudieran rechazar los dictados imperialistas, lo que podría inclinar la balanza a favor del desarrollo popular y regional. Para alcanzar estos objetivos, el imperialismo liderado por EE. UU. colaboró estrechamente con dos aliados fieles: Israel y las monarquías reaccionarias del Golfo. Dejando a un lado a Israel (véase Ajl 2024), las monarquías del Golfo, ricas en petróleo, garantizaron la supremacía internacional del dólar estadounidense mediante las ventas de petróleo denominadas en dólares —lo que también se conoce como «señoreaje del dólar»—, cuyos ingresos se reciclaban posteriormente en la compra de bonos del Tesoro estadounidense y armamento. En última instancia, estas armas constituyeron el lubricante necesario para financiar a los grupos de oposición o socavar la soberanía nacional de aquellos Estados árabes que estaban construyendo infraestructuras populares.

No es de extrañar, pues, que cuando Libia comenzó a emprender un uso más radical e independiente de los ingresos petroleros en la década de 1980, el país se convirtiera en blanco de diversas formas de guerra internacional (Capasso 2023b), desde sanciones e intentos de golpe de Estado hasta el bombardeo liderado por la OTAN en 2011. Para comprender cómo se desarrolló esta trayectoria, debemos analizar cómo las potencias occidentales establecieron inicialmente su dominio sobre los recursos petrolíferos de Libia en el período posterior a la independencia.

Petróleo libre para el mundo libre (1947-1969)

Si se describiera el crecimiento económico que se está produciendo hoy en día en Libia sin identificar al país, lo más probable es que se descartara como un caso extremadamente hipotético, demasiado dramático para ser real. (El Mallakh 1969, 308)

En 1969, Ragaei El Mallakh, catedrático de Economía de la Universidad de Colorado y antiguo consultor del Banco Mundial, utilizó estas palabras para describir los efectos del aumento de veinte veces en los ingresos petroleros que se había producido en tan solo seis años. El valor total de las exportaciones libias aumentó de 11 millones de dólares estadounidenses en 1960 a 1.168 mil millones de dólares estadounidenses en 1967, siendo atribuible en más del 99 % a las exportaciones de petróleo. De no ser miembro de la OPEP, Libia pasó a convertirse en el séptimo mayor productor y el quinto mayor exportador del mundo (El Mallakh 1969, 308). Esta asombrosa expansión de la producción tuvo su origen en una serie de acontecimientos en la industria petrolera mundial y en las relaciones internacionales, así como en la aplicación de políticas nacionales innovadoras por parte de la monarquía libia, establecida en diciembre de 1951. Libia se había convertido en una colonia bajo la despiadada violencia italiana (Ahmida 2020; Del Boca 2024), y en 1951 se convirtió en un a instancias de otras potencias coloniales (Elkorghli y Capasso 2025). La presencia militar y diplomática de funcionarios británicos, estadounidenses e italianos, así como de consultores de la ONU y del Banco Mundial, dio lugar a un programa de ayuda financiera internacional acompañado de agresivas campañas de exploración petrolera. Los planes internacionales se basaban en las observaciones ampliamente aceptadas de Benjamin Higgins, el economista designado por la ONU para elaborar planes de crecimiento para Libia tras la Segunda Guerra Mundial. Según Higgins, «Libia reunía dentro de las fronteras de un solo país prácticamente todos los obstáculos al desarrollo que pueden encontrarse en cualquier lugar: geográficos, económicos, políticos, sociológicos y tecnológicos» (Vandewalle 2006, 50). Esta contundente descripción hizo que el petróleo se convirtiera en la única esperanza para un país considerado el caso perdido del mundo.

Tan pronto como Libia dejó de ser una colonia italiana, los tres grandes de la industria petrolera mundial inauguraron la era de la exploración internacional. En 1947, Standard Oil of New Jersey (Esso Standard, posteriormente Mobil) registró algunas incursiones en territorio libio y afirmó que existían buenas posibilidades de descubrir petróleo en cantidades comerciales; en 1952, Royal Dutch Shell presentó un informe en una conferencia celebrada en Londres en el que afirmaba que «Shell había llevado a cabo una cierta labor de prospección por gravedad»; en 1953, D’Arcy Exploration Co. Ltd. (BP) también llevó a cabo prospecciones aéreas y terrestres (Gurney 1996, 21-22). A continuación se produjo la legitimación internacional del Gobierno alineado con Occidente bajo el reinado del rey Idris en 1951 y un llamamiento a las autoridades nacionales e internacionales para que establecieran un marco jurídico novedoso en el que pudiera prosperar la industria petrolera. El catalizador del desarrollo a gran escala de la industria petrolera fue la Ley del Petróleo n.º 25 de 1955, modificada en 1961 y 1965. Esta legislación abrió el país a la exploración terrestre a gran escala por parte de un gran número de empresas y estableció una Comisión del Petróleo que operaba de forma independiente del Gobierno —pero no de las empresas— en la aplicación de la ley y cuya composición no se limitaba a los libios (Gurney 1996, 17–41). Esta política petrolera diseñada por Occidente transformó Libia en un mosaico de concesiones ( Figura 1 ): las nueve empresas a las que se concedieron permisos de prospección de un año entre 1953 y 1954 pasaron a ser 25 empresas de seis países en 1963 (Farrell 1967); a finales de la década de 1960, 136 concesiones involucraban a 36 empresas extranjeras —24 norteamericanas, seis alemanas, tres francesas, una británica, una anglo-holandesa y una española— y 19 operadoras, de las cuales la mayor era Mobil (McLachlan, 1989).

Figura 1.

Mapa de las concesiones petroleras libias publicado por Standard Oil Company (Nueva Jersey), octubre de 1959.

Fuente: Colección Histórica de Exxon Mobil, 2.207-H18 « Esso Libia, 1959-1970», Libia.

La carrera liderada por EE. UU. para controlar la expansión del socialismo y las luchas de liberación nacional convirtió a Libia en la base perfecta para el petróleo internacional. Un folleto sin fecha de la Colección Histórica de Exxon Mobil reza:

Deje que su mirada recorra un mapa hacia el sur desde Europa, cruzando el mar Mediterráneo hasta la costa del norte de África. Entre Egipto, al este, y Túnez, al oeste, se encuentra el Reino de Libia, una nación soberana desde 1951 y, cada vez más, una importante fuente de petróleo para el Mundo Libre. (Living in Libya, s. f. )

La proximidad geográfica y política entre el norte de África y Europa Occidental surgió a raíz de la crisis de Suez de 1956, un momento paradigmático de la resistencia poscolonial que amenazó y alteró las rutas de distribución del petróleo y demostró de forma contundente a las empresas occidentales la necesidad de la seguridad energética, así como de la diversificación del suministro de crudo (Wolfe-Hunnicutt, 2021). Además, la crisis del Canal de Suez se produjo durante las primeras etapas del crecimiento económico de Europa Occidental (1950-1973), en un momento en que este dependía en gran medida del petróleo y el gas importados, el 85 % de los cuales procedía de países de Oriente Medio y del norte de África (Vonyó, 2008).

No obstante, el petróleo libio conllevaba unos costes. Aunque la producción entrañaba muy poco riesgo para las inversiones privadas extranjeras, los costes de producción por barril triplicaban los del crudo de Oriente Medio (60 céntimos por barril en lugar de 20 céntimos) (Moorman s. f.). Los mayores costes radicaban en la distribución espacial de las actividades, ya que cualquier sector industrial debía construirse desde cero. Para acortar esas distancias, la magnitud de las intervenciones en infraestructuras alcanzó nuevos niveles. De hecho, en 1963-1964, Libia acogió la plataforma de perforación portátil más grande del mundo, construida en Texas (Gillespie, 29 de enero de 1963), y las instalaciones de producción petrolera prefabricadas y montadas sobre patines más grandes del mundo, desarrolladas en Dallas y construidas en Tulsa, Oklahoma (Gillespie, 8 de junio de 1964). Además, Mobil previó —aunque nunca se llevó a la práctica— — un «nuevo concepto de operaciones de producción» basado en la automatización total de las instalaciones de producción en el yacimiento, con el objetivo de eliminar a la mayor parte del personal de campo, cuyo propósito oculto era reducir el riesgo de sabotajes y huelgas. Inevitablemente, las prácticas de las empresas petroleras occidentales estaban abocadas a entrar en conflicto con los trabajadores locales excluidos (Bini 2018) y con la oleada de panarabismo que se alzaba en la región.

En la década de 1960, las representaciones de Libia pasaron de ser mapas de concesiones a mapas que mostraban la infraestructura petrolera de la cuenca de Sirte, donde en 1956 se localizaba la mayor concentración de hidrocarburos (McLachlan 1980). En otras palabras, Libia siempre fue representada e imaginada en relación con los intereses capitalistas de las empresas petroleras occidentales y sus respaldos institucionales. Por esas mismas razones, se llevó a cabo una fuerte inversión para desarrollar la infraestructura petrolera del país. La comercialización de las reservas de Zelten marcó el inicio del transporte de petróleo desde la costa libia hacia los mercados europeos. En 1960, Esso Libya adjudicó un contrato para la construcción de un oleoducto que uniera Zelten —situada a 105 millas de distancia en el desierto— con Marsa el-Brega, en la costa mediterránea (Esso in Libya s. f./1965?, 15-19). El transporte y la distribución del petróleo provocaron un mayor afianzamiento de Estados Unidos y Europa Occidental en los territorios libios. En 1963, un nuevo actor, la empresa alemana asociada Gelsenberg Benzin A.G., unió fuerzas con Mobil para construir el tercer oleoducto más importante del país. La expansión de la industria y del mercado de la gasolina de Alemania Occidental requería petróleo: se consideraba «uno de los mercados petroleros de más rápido crecimiento del mundo» (Gillespie, 4 de julio de 1966). A finales de 1963, el primer cargamento de petróleo crudo de Mobil se dirigía a Róterdam, en los Países Bajos, para su transporte a través del oleoducto Róterdam-Rin hasta una refinería en Horst, Alemania Occidental (Gillespie, 2 de diciembre de 1963). Entre otras empresas, Oasis Oil Company, el principal competidor de Mobil en Libia, inició su producción en 1962. El petróleo crudo se extraía de los yacimientos de Gialo, Defa, Dahra y Bahi a través de un oleoducto principal de 528 millas hasta la terminal petrolera de Es Sider (Baker y McLachlan 1982, 42–43) .

Todos estos proyectos —incluida la construcción de un puerto completo y de instalaciones de carga en Port Brega, carreteras asfaltadas, líneas de carga en alta mar y un dispositivo de amarre de proa, así como una nueva refinería en Bélgica—, finalizados en apenas unos pocos años, proporcionaron al departamento de relaciones públicas de Mobil historias extraordinarias que contar (Esso en Libia, noviembre/diciembre de 1963). Al mismo tiempo, estos extraordinarios proyectos de infraestructura se llevaron a cabo siempre en defensa de los intereses capitalistas de los países occidentales y las empresas petroleras occidentales. Se realizaron fuertes inversiones en estas instalaciones, especialmente tras la incorporación de Libia a la OPEP, ya que el control de la infraestructura de comercialización habría evitado un aumento de los impuestos para las empresas, al menos a corto plazo (CIA, 28 de septiembre de 1962).

Sin embargo, ya en la década de 1960, las promesas del «boom petrolero» comenzaron a desmoronarse. De hecho, el petróleo ofreció a los libios una experiencia compartida con otros países productores de petróleo, tanto árabes como no árabes: concretamente, la necesidad de expulsar a las fuerzas imperialistas de la región bajo la bandera del panarabismo. A pesar de que el rey Idris gozaba de un apoyo relativamente sólido en la región de Cirenaica, al este de Libia (Ouannes 2009, 41), y de que la Constitución monárquica de 1951 ofrecía un amplio abanico de derechos civiles y sociales, dos características fundamentales de la Libia posterior a la independencia —las elecciones y el sistema federal— no duraron mucho tiempo. Cuando se celebraron las primeras elecciones generales libres en 1952, los partidos de la oposición acusaron a la monarquía de fraude electoral con el apoyo del Gobierno británico. El rey Idris reaccionó suspendiendo todos los partidos políticos y, en 1964, aboliendo por completo el sistema federal.

Además, tras el descubrimiento del petróleo, se produjo un rápido crecimiento económico que transformó la estructura de clases de la sociedad libia. Surgieron nuevos grupos sociales que ya no se relacionaban entre sí en función del parentesco, como lo hacían las élites tradicionales, sino en base a relaciones profesionales y —lo que es más importante— a convicciones ideológicas.4 El descubrimiento del petróleo no se tradujo en el establecimiento de un proceso de participación política más amplio e inclusivo ni en una mejora del nivel de vida. Por el contrario, la monarquía decidió centralizar su control, asignando al Gobierno nacional «el derecho exclusivo sobre todas las transacciones relacionadas con las finanzas, el transporte y, lo más importante, el petróleo y la fiscalidad» (Al-Barbar 1994, 65). Sin embargo, la dependencia de la monarquía de la asistencia técnica extranjera para la extracción y producción de petróleo erosionó aún más su legitimidad ideológica a los ojos de la población. Cuando el rey tomó la impopular decisión de ceder la base militar de Wheelus Field al Gobierno de los Estados Unidos, su decisión puso aún más de manifiesto la distancia ideológica del país respecto al sentimiento pan árabe en la región, especialmente tras la humillante derrota de los árabes en la guerra de 1967.

Una distancia ideológica similar surgió en el seno del sistema educativo, donde la dependencia de profesores y materiales egipcios influyó en el desarrollo de ideas y creencias panárabes entre los estudiantes (Obeidi 2001, 37). En 1962 se organizaron numerosos disturbios liderados por estudiantes en Trípoli y Bengasi, en contra de la élite gobernante tribal tradicional y exigiendo la recuperación de las dos bases militares occidentales de Wheelus Field y El-Adem. Conscientes de los dilemas del país, el rey Idris y su círculo más cercano —el palacio real— intentaron legitimar su autoridad. Crearon una estructura clientelar destinada a integrar a los líderes regionales en el aparato gubernamental (Djaziri 1996, 53). Sin embargo, el descontento social aumentó como consecuencia de dos factores principales: en primer lugar, la aparición de nuevas clases sociales enriquecidas que, lejos de servir al Estado, lo utilizaban en su propio beneficio (Djaziri 1996, 64); y, en segundo lugar, el inicio de la guerra de 1967, que confirmó la injerencia de Occidente en los asuntos políticos del país (Elkorghli y Capasso 2025). Mientras que prácticamente todo el mundo árabe se alineó con Egipto y sus aliados contra el ataque preventivo de Israel, la monarquía libia mantuvo una posición neutral. Y lo que es más importante, la derrota de los países árabes a manos de Israel —que acabó conquistando el resto de Palestina, incluidas la Franja de Gaza y Cisjordania/Jerusalén Este, además de los Altos del Golán y la Península del Sinaí— supuso al mismo tiempo un duro golpe y un detonante para la acción de los jóvenes oficiales militares nacionalistas y panarabistas libios. El sentimiento de humillación, frustración e impotencia que se extendió por todo el mundo árabe tras la guerra de 1967 llevó a estos jóvenes oficiales a anhelar un cambio profundo.

El drástico cambio que estaba a punto de producirse en Libia resultó prácticamente inesperado para las empresas petroleras (CIA, 7 de abril de 1964). En un informe confidencial sin fecha titulado «Impacto en la industria petrolera», redactado presumiblemente a principios de la década de 1960, los responsables de Mobil afirmaron que, en un plazo muy breve, «las empresas petroleras no habrán logrado aportar la solución que se esperaba de ellas: puestos de trabajo, ingresos y los medios necesarios para prescindir de la ayuda exterior» (Exxon Mobil s. f./¿1960?, 22-23). La desilusión y la frustración que siguieron al auge petrolero ofrecieron a los actores políticos libios, por primera vez, la oportunidad de optar de forma independiente por redes internacionales alternativas al «Mundo Libre».

El programa antiestadounidense de «libianización» (1970-1992)

En 1970, el Gobierno libio y las empresas petroleras internacionales se encontraban «en rumbo de colisión» y se preveía que ambas partes se verían envueltas en «acciones precipitadas e irreversibles» (CIA, 15 de mayo de 1970, 1). La nueva postura de Libia reflejaba el giro revolucionario del 1 de septiembre de 1969, cuando un grupo de 70 oficiales de las fuerzas armadas derrocó al rey Idris. Esta operación militar incruenta, que dio lugar a la Revolución de al-Fateh, se alineaba no solo con los valores anticolonialistas y panárabes del Egipto de Gamal Abdel Nasser, sino también con el proceso histórico más amplio de descolonización que abarcaba África, Asia y América Latina. La liberación nacional de Libia exigía el desmantelamiento de las relaciones de intercambio desiguales y las jerarquías de poder que sustentaban el imperialismo liderado por EE. UU. (Getachew 2019). Incluso las figuras conciliadoras dentro de la OPEP, que aspiraban a mantener relaciones amistosas con las empresas petroleras estadounidenses, consideraban las relaciones desiguales entre los productores de petróleo —en su mayoría Estados en desarrollo— y Occidente como una forma de «imperialismo económico» (CIA, 25 de septiembre de 1974, 2) . El curso de colisión que tuvo lugar en las décadas de 1970 y 1980 entre el Estado libio y los actores privados e institucionales occidentales puede interpretarse, por lo tanto, como una forma de recuperar el derecho nacional al desarrollo —una forma de «libianización»—.

En la década de 1970 surgieron tres puntos principales e interrelacionados de controversia geopolítica en torno al petróleo: el establecimiento de precios más elevados del petróleo, la cuestión palestina (CIA, 1 de octubre de 1969) y el programa nacional de desarrollo. Según la revista TIME, durante el verano de 1969 el futuro régimen revolucionario ya estaba decidido a cuestionar los contratos de concesión existentes y a negociar un aumento de precios satisfactorio. Cuando esta intención se confirmó en mayo de 1970 y las medidas de Libia se hicieron eco de las de otros miembros de la OPEP, las empresas petroleras que operaban en países de Oriente Medio y el norte de África decidieron enfrentarse colectivamente al cohesionado cártel formado por representantes de los principales países productores de petróleo —Irán, Irak, Kuwait, Libia, Abu Dabi, Argelia, Arabia Saudí, Catar, Indonesia y Venezuela—, exigiendo mayores regalías e impuestos. Libia rechazó las negociaciones colectivas y, en su lugar, se dirigió a las empresas de forma individual.

La primera capitulación, por parte de la empresa independiente estadounidense Occidental —que carecía de recursos petrolíferos fuera de Libia—, «marcó el inicio del cambio en el control de la producción y la fijación de precios del petróleo en los mercados internacionales, que pasó de las sedes centrales de las grandes petroleras… a los gobiernos anfitriones» (TIME 1971a, 74-75). En consecuencia, todas las empresas con intereses en Libia negociaron un aumento progresivo, durante el período comprendido entre 1970 y 1975, del precio del crudo y acordaron un 5,5 % sobre sus ingresos, con lo que el Gobierno elevó los impuestos libios totales al 55,5 % del valor de los recursos (Gillespie, 12 de octubre de 1970). En 1971, algunas fuentes revelaron el control sin precedentes que ejercían los funcionarios del Gobierno libio sobre los nuevos yacimientos petrolíferos descubiertos (Gillespie, 20 de julio de 1971).

A principios de 1971, una segunda decisión del Gobierno libio agitó aún más las ya turbulentas aguas de la geopolítica petrolera. Las autoridades portuarias denegaron el acceso al territorio libio a los petroleros de Mobil que transportaran «cualquier producto de origen israelí o que pareciera tener vínculos israelíes o judíos» (TIME 1971b, 75). Al parecer, Mobil aceptó inicialmente estas condiciones sin prever ninguna reacción política adversa. La opinión pública estadounidense, los accionistas de Mobil y las organizaciones judías estadounidenses reaccionaron instando al presidente de la empresa estadounidense a condenar de forma inequívoca la iniciativa libia y a retirarse del supuesto boicot (Hedley, 18 de febrero de 1971; Hoyt, 6 de mayo de 1986). La controversia planteó una cuestión más amplia que guardaba paralelismo con la relativa a la presencia ilegítima de las bases militares estadounidenses: la cuestión de la soberanía. Es decir, cuando una empresa opera en un país extranjero, debe ajustarse a las leyes de dicho país o cesar su actividad. En una red global plenamente integrada de alianzas internacionales, operadores, vendedores, productores, autoridades estatales, corporaciones, opiniones públicas, consumidores y partes interesadas, Libia reivindicaba su soberanía nacional en materia de petróleo, «al igual que todo país tiene el derecho soberano a prohibir la entrada de cualquier producto» (The Jewish Advocate, 1971).

En dicho contexto, el embargo petrolero de 1973, liderado por los países árabes contra los Estados Unidos y los Países Bajos, supuso un momento catártico para los países en desarrollo, ya que se basó en —y potenció aún más— la conciencia, en rápido crecimiento, de la necesidad de una acción conjunta para proteger la independencia económica y recuperar la soberanía permanente sobre los recursos naturales, lo que dio lugar al llamamiento a un Nuevo Orden Económico Internacional (Hope 1983) . En el caso de Libia, estas políticas

no deben considerarse necesariamente como una nacionalización en toda regla. Formaban parte de un programa general de «libianización» de la economía. Su objetivo era permitir que Libia participara en la gestión y la formulación de políticas de las empresas petroleras de propiedad extranjera. (Dharat 1977, 19)

El Gobierno libio percibía estas políticas como un intento más amplio e internacional por parte de los países en desarrollo de consolidar «su posición con el objetivo principal de reforzar su poder de negociación frente a las empresas multinacionales de los países desarrollados» (Kikhia 1979, 4). En otras palabras, formaban parte integrante de un movimiento político y económico que los países del Sur impulsaban para entablar un diálogo con los países del Norte sobre la necesidad de reestructurar el sistema económico internacional sobre bases más cooperativas e igualitarias.

Además, Libia también estaba utilizando deliberadamente el petróleo con fines geopolíticos para alcanzar objetivos revolucionarios (Mattes 2015),5 tales como ejercer presión sobre los países occidentales en relación con la liberación de Palestina y proporcionar ayuda financiera y militar a los movimientos de liberación de Angola, Mozambique y Sudáfrica. Ya en 1973, las administraciones estadounidenses se dieron cuenta de que una parte considerable del presupuesto y de las energías políticas de Libia se «dedicaba a actividades dirigidas contra el enemigo número uno, Israel» (CIA, 1974). Solo durante 1973, Libia proporcionó al menos 50 millones de dólares estadounidenses en armas y suministros a los combatientes palestinos, además de instalaciones de entrenamiento en Libia para unos 2.000 guerrilleros, ofreciéndoles apoyo logístico y financiero, así como documentación y asilo (CIA, 7 de noviembre de 1972) . En 1979, cuando Egipto e Israel firmaron el tratado de Camp David, el Gobierno libio —al igual que Siria— lo rechazó rotundamente. En respuesta, Estados Unidos designó a Libia como Estado patrocinador del terrorismo en virtud de la Ley de Administración de Exportaciones el 29 de diciembre de 1979, imponiendo un embargo económico sobre las piezas de recambio para equipos de aviación y petroleros. Durante esos años, las distintas administraciones estadounidenses ya estaban planificando cómo frenar la influencia regional de Libia en África y Oriente Medio (Ratliff, 22 de mayo de 1973). Mientras que, a ojos de las empresas occidentales en busca de petróleo y beneficios, Libia parecía un mosaico de colores, aislada del resto de la región, el panarabismo ofrecía una visión muy diferente tanto del petróleo como del lugar que ocupaba Libia en la región (véase Figura 2 ).

Figura 2.

Una viñeta que aboga por la unidad árabe, en la que se muestran los puños del pueblo empuñando los medios para trabajar y defenderse.

Fuente: Zahaf al-Akhdar 1981d.

Respaldada por su gran éxito a la hora de hacerse con el control de los precios y la producción, e inspirada por el reciente plan de nacionalización de Irak (Wolfe-Hunnicutt 2021), Libia abordó la cuestión del papel del Gobierno en las estructuras de capital y los procesos de toma de decisiones de las empresas. Estas medidas solo pueden entenderse en el marco del objetivo de reducir la influencia de EE. UU. en la geopolítica del petróleo.

En 1973, Libia anunció unilateralmente que, salvo en el caso de los pequeños operadores, adquiriría una participación del 51 % en cada empresa petrolera que operara en el país (CIA, julio de 1982, 4, 12). Si bien esta política desanimó a las empresas que operaban en varios países —especialmente a Mobil, que se retiró de sus operaciones en Libia en 1982— y «suavizó en gran medida el impacto del control estadounidense sobre la industria petrolera libia» (CIA, enero de 1986, iii), también allanó el camino para una nueva serie de acuerdos bilaterales con Francia (CIA, 19 de febrero de 1974, 4), socios de Europa del Este —Bulgaria, Hungría y Checoslovaquia (CIA, 26 de febrero de 1974, 4)— y, lo que es más importante, con Italia y Alemania Occidental. Estos dos países por sí solos representaban la mitad de las exportaciones petroleras de Libia. A finales de la década de 1970 y principios de la de 1980 se produjo una nueva fase de desarrollo de infraestructuras en el oeste de Libia y en alta mar. La industria libia siguió dependiendo de técnicos, equipos y capital extranjeros, aunque experimentó una drástica reducción de la producción en comparación con los años anteriores al embargo. En aquel momento, la inversión italiana a través de la Azienda Generale Italiana Petroli (Compañía General Italiana de Petróleo) representaba el mayor programa de desarrollo del sector petrolero (CIA, enero de 1986, 1, 9-10, 15).

Amenazadas por el auge de los partidos y países socialistas, así como de los movimientos de liberación (CIA, 12 de mayo de 1973, 5; CIA, 11 de mayo de 1973), se intensificaron las amenazas imperialistas lideradas por EE. UU. de guerra económica y violencia militar. A mediados de la década de 1980, una caída repentina de los precios del petróleo fue provocada por las acciones concertadas de EE. UU. y Arabia Saudí. Estos denominados «excedentes de petróleo» pusieron de manifiesto cómo los recursos naturales podían utilizarse como arma (Zahaf al-Akhdar 1981a, 4) para desmantelar o mantener la estructura imperialista. EE. UU. consideraba que la «militancia extremista» de Libia «socavaba a los gobiernos árabes conservadores del Golfo, haciéndolos más susceptibles a las presiones políticas para utilizar el petróleo como arma política contra las políticas de EE. UU. en Oriente Medio», desafiando así el apoyo occidental a Israel (Burton y Howard 2014, Documento 21). Por lo tanto, la deflación artificial de los precios del petróleo que Arabia Saudí orquestó junto con EE. UU. no solo subvirtió la antigua estructura de precios aplicada a través de la OPEP, sino que también debilitó el potencial político y económico de aquellos Estados árabes que no se alineaban con las políticas estadounidenses en la región, impidiendo su desarrollo tecnológico continuado. Al hacerlo, tal y como comentó el periódico revolucionario libio Zahaf al-Akhdar, el «exceso de oferta de petróleo» tuvo «el efecto de reducir la capacidad de la OPEP para, como dice el refrán, apuntar con una pistola a la cabeza de Occidente» (Zahaf al-Akhdar 1981b, 3), garantizando así que los países en desarrollo cayeran víctimas de «un Drácula internacional de nuestros días, empeñado en chupar la sangre de los pueblos del mundo» (Zahaf al-Akhdar 1981c, 16).

El recién constituido Gobierno libio comprendía perfectamente que estas políticas formaban parte de la guerra imperialista que negaba «a la nación árabe la capacidad de impulsar su desarrollo económico y alcanzar la independencia del dominio tecnológico del mundo occidental» (Zahaf al-Akhdar 1982a, 14). El exceso de oferta de petróleo servía de recordatorio de la «diferencia filosófica» (Zahaf al-Akhdar 1982b, 9) entre un gobierno reaccionario y uno revolucionario del Sur global. Mientras que los libios «han estado utilizando su petróleo para satisfacer las necesidades del pueblo» (Zahaf al-Akhdar 1982b, 9), rechazando «tanto la capitulación como la tutela estadounidense sobre la nación árabe» (Zahaf al-Akhdar 1982c, 6), los gobernantes saudíes «no pueden tomar sus propias decisiones, porque estas se toman por ellos en Washington» (Zahaf al-Akhdar 1982b, 9). Arabia Saudí utiliza el petróleo «como columna vertebral de un sistema de inversión —el de Estados Unidos— que no está orientado al desarrollo independiente de la economía árabe» (Zahaf al-Akhdar 1982d, 9).

En los años siguientes, Libia se vio sometida a un aumento de las sanciones y los bombardeos estadounidenses, lo que puso de manifiesto inevitablemente las deficiencias de la producción petrolera a nivel nacional, desencadenando un debate más amplio sobre el uso y el futuro del petróleo. Se celebraron numerosos debates y discursos que señalaban la necesidad de dar prioridad a un sistema local de producción económica que fuera más allá del petróleo. En 1987, por ejemplo, Muamar el Gadafi se dirigió a la nación advirtiendo que:

Ahora tienen petróleo. Cuando se agote el petróleo, díganme de dónde obtendrán las materias primas. … Cuando se agote el petróleo, no tendrán ni el petróleo ni las materias primas. Por lo tanto, la planta [industrial] se detendrá y se convertirá en un monumento antiguo que la gente podrá visitar. (CIA, 23 de mayo de 1987, 7)

De manera similar, en marzo de 1993 tuvo lugar un acalorado debate televisado entre dos importantes figuras del Gobierno, Abdessalam Jalloud y Muammar Gadafi, sobre el papel de los ingresos del petróleo y su distribución directa a la población (Djaziri 1993). La inestabilidad de Libia se agravó con la imposición de sanciones multilaterales de la ONU en 1992, lo que socavó aún más el mismo desarrollo de infraestructuras que había constituido un sello distintivo de al-Fateh. Si bien los estudiosos reconocen acertadamente que los países europeos desafiaron el régimen de sanciones y continuaron comprando petróleo libio (van Genugten 2016; Labbate 2019), las consecuencias de las sanciones fueron, no obstante, significativas. Por ejemplo, según un informe sobre el impacto de las sanciones presentado por el representante de la Jamahiriya ante la ONU (Encargado de negocios, 4 de septiembre de 1996), en 1995 la pérdida financiera total relacionada con la industria petrolera ascendía a 3.000 millones de dólares estadounidenses —de un total de 18.000 millones—, sin tener en cuenta los retrasos sufridos ni las inversiones perdidas en el desarrollo de refinerías de petróleo y la infraestructura relacionada. Las sanciones también tuvieron enormes repercusiones sociales, económicas y humanitarias (Niblock 2001) , entre las que se incluye un prolongado período de agitación política y resistencia armada en la parte oriental de Libia a lo largo de la década de los noventa (Capasso 2023a).

Conclusión: ¿maldición del petróleo o puñal imperialista?

El presente artículo ha puesto de manifiesto la importancia de analizar la contradicción del petróleo desde una perspectiva global, situándola en relación con el sistema mundial capitalista que se consolidó tras la Segunda Guerra Mundial bajo la hegemonía de EE. UU. Alejándose de la hipótesis rentista, que presta demasiada atención a las limitaciones de un modelo de desarrollo impulsado por el petróleo y a los usos manipuladores de sus ingresos por parte de la clase política local para controlar la sociedad, el artículo ha instado, en cambio, a considerar el petróleo como una mercancía política y natural fundamental que se ha utilizado para sostener el sistema mundial capitalista (Amin 1976; Kadri 2015). Desde el descubrimiento del petróleo en el país, el petróleo ha propiciado múltiples cambios en la trayectoria política de Libia, que no pueden reducirse a la hipótesis rentista. Más bien, el artículo ha demostrado cómo el petróleo actuó como un agente ambivalente del poder político.

Desde la época monárquica, el petróleo constituyó una vía más para controlar la soberanía libia y abrir sus instituciones a representantes e influencias extranjeras. El petróleo ha integrado a Libia en el orden mundial poscolonial, despertando el interés de las potencias occidentales que aspiraban a establecer una presencia militar e industrial en el país tras la Segunda Guerra Mundial. Pero, al mismo tiempo, los legisladores libios reconocieron que la competencia por los recursos petroleros representaba —y seguiría representando— el talón de Aquiles de los países occidentales, por lo que optaron por conceder contratos de concesión en lugar de instaurar un monopolio. En consonancia con la ola histórica de descolonización que se extendió por Asia Occidental, la revolución de 1969 y la posterior nacionalización de la industria petrolera proporcionaron las herramientas materiales para resistir al imperialismo liderado por EE. UU., y los gobiernos experimentaron con un nuevo modelo de desarrollo popular que fue evolucionando con el tiempo.

El período comprendido entre 1970 y 1980 puede interpretarse, sin lugar a dudas, como un momento en el que la geopolítica del petróleo siguió un curso democratizador, marcado por el surgimiento de revoluciones y luchas de liberación nacional. Los países árabes saltaron a la palestra:

Los árabes ya no volverán a ser los mismos. Por primera vez en la historia moderna, han actuado desde una posición de fuerza y han empleado el petróleo como arma. Incluso ellos parecían sorprendidos por su poder e impacto. La tentación de volver a utilizarlo seguirá existiendo, pero las oportunidades no serán necesariamente tan claras como en la actual. (CIA, 23 de noviembre de 1973, 15-16)

En dicho contexto, sin embargo, el petróleo asumió un papel nuevo y más central en el mantenimiento del mercado mundial capitalista y de la hegemonía estadounidense, lo que al mismo tiempo socavó las ambiciones revolucionarias de Libia. Por estas razones, la región árabe —y en particular las monarquías del Golfo— se convirtió en el eje en torno al cual se reorganizó la economía mundial (Hanieh 2018) . A finales de la década de 1970, la nueva riqueza de los países de Oriente Medio y el norte de África, así como la búsqueda de petróleo en el delta del Níger, sirvieron para aumentar el poder geopolítico de la alianza liderada por EE. UU. y la expansión global de un capitalismo cada vez más desregulado (Wright 2021). Estas limitaciones se hicieron evidentes cuando los denominados «excesos de oferta de petróleo» de la década de 1980 afectaron brutalmente a las economías de los países productores de petróleo. Estos acontecimientos coincidieron con el lanzamiento a escala mundial de la agenda política neoliberal, lo que obligó a los países del Sur global a entrar en un enorme ciclo de endeudamiento, en el que el reciclaje de los petrodólares desempeñó un papel central (Wright 2021). Además, la guerra económica y tecnológica —a través de sanciones y embargos— socavó aún más las capacidades industriales de la Libia revolucionaria.

Desde una perspectiva teórica, el análisis de cómo el petróleo libio afectó y se vio afectado por las circunstancias geopolíticas pone de manifiesto el complejo dilema entre energía y democracia, soberanía nacional y dependencia exterior. En otras palabras, mientras los estudiosos de las relaciones internacionales y los estudios regionales siguen repitiendo la hipótesis de que el petróleo es una maldición para los países en desarrollo, este artículo propone que el imperialismo es el verdadero motor del desarrollo desigual, que pesa como una daga sobre los hombros del Sur global. Al examinar el caso de Libia, es posible observar cómo el monopolio tecnológico de la industria petrolera, la integración política de los países árabes y ricos en petróleo en la órbita imperialista, y la posibilidad de convertir rápidamente la guerra económica en un arma desempeñaron un papel fundamental a la hora de frenar y deformar las ambiciones de un país cuya agenda de desarrollo estaba más orientada hacia los niveles popular y regional . La intervención liderada por la OTAN en 2011 puede considerarse como otra «guerra por los recursos» desencadenada por la codicia de naciones extranjeras por extraer y controlar el acceso al petróleo en este país mediterráneo (Campbell 2013). Como tal, estas conclusiones no pueden relegarse simplemente al ámbito de la historia; por el contrario, su relevancia perdura, ya que la ecología, el extractivismo y las cuestiones relacionadas con el clima están acaparando gran parte de la atención académica y gubernamental.

Los estudios recientes sobre el carbono y el capitalismo fósil han aportado contribuciones importantes a la comprensión de las dimensiones medioambientales de la acumulación capitalista y el control imperial (Mitchell 2013; Malm 2016; Hanieh 2025). Sin embargo, gran parte de esta bibliografía reproduce el mismo fetichismo de la mercancía que caracteriza a la teoría del Estado rentista, aunque con un matiz ecológico. Al centrarse en el carbono y los combustibles fósiles como principales motores de la dominación imperial, estos enfoques sugieren que el desmantelamiento de la industria de los combustibles fósiles desintegrará de algún modo automáticamente el imperialismo y el propio capitalismo. Sin embargo, tal y como demuestra el caso de Libia, el problema no es el petróleo en sí mismo, sino la estructura imperialista que determina cómo el petróleo —al igual que cualquier materia prima estratégica— se extrae, se distribuye y se utiliza como arma. El petróleo, el gas y el carbón son, sin duda, materias primas cruciales en el sistema mundial contemporáneo, pero no dejan de ser materias primas. La misma lógica imperialista que subordinó a Libia a través de la extracción de petróleo opera hoy en día mediante la extracción de litio para vehículos eléctricos, la extracción de tierras raras para tecnologías renovables y los mecanismos de deuda que obligan a los países del Sur global a ceder sus recursos en condiciones desfavorables. Centrarse en la descarbonización sin hacer frente al sistema subyacente de reproducción social que aplasta y oprime al Sur conlleva el riesgo de sustituir una forma de imperialismo de los recursos por otra.

Otro escollo fundamental de los estudios sobre el capitalismo del carbono radica en su tendencia a equiparar diferentes formaciones sociopolíticas como igualmente «imperialistas» basándose únicamente en su relación con los combustibles fósiles. Este enfoque conduce a conclusiones analíticamente problemáticas que equiparan, por ejemplo, el desarrollo de infraestructuras en China con las guerras e intervenciones militares de EE. UU., o que tratan a todas las naciones consumidoras de petróleo como igualmente cómplices de la explotación global. Dichos análisis surgen de la primacía teórica que se otorga a los flujos de mercancías frente a las relaciones de poder estructurales dentro del sistema mundial. Al reducir el imperialismo a los patrones de consumo de combustibles fósiles, estos marcos no tienen en cuenta las distinciones fundamentales entre las formaciones centrales, semiperiféricas y periféricas, ni los procesos históricos a través de los cuales el imperialismo liderado por EE. UU. estableció y mantiene su dominio. Si bien el petróleo ha desempeñado un papel crucial en el mantenimiento del señoreaje del dólar y de la arquitectura financiera mundial, tratarlo como la principal lente analítica invisibiliza los mecanismos más profundos de intercambio desigual, dependencia de la deuda y coacción militar que estructuran el imperialismo contemporáneo. El resultado es una comprensión despolitizada de la jerarquía global que confunde la participación en las redes de mercancías —incluidas sus actividades relacionadas con la extracción— con posiciones de poder equivalentes dentro de las mismas.

La literatura sobre el «capitalismo del carbono», al igual que la teoría rentista que la precedió, confunde el síntoma con la enfermedad. Como tal, estos debates contemporáneos refuerzan la necesidad analítica de centrar la cuestión imperialista (Capasso y Kadri 2025), recordándonos cómo el marxismo aún puede guiarnos para imaginar soluciones más radicales a viejos problemas.

Notas

1

Jamahiriya, que significa «república de las masas», fue un término acuñado por Muamar el Gadafi. La Jamahiriya Árabe Libia fue el nombre oficial del país desde 1977 hasta 2011.

2

La producción de petróleo representa alrededor del 95 % de los ingresos por exportaciones, aproximadamente una cuarta parte del producto interior bruto (PIB) y el 60 % de los salarios del sector público. La agricultura supone alrededor del 5 % del producto nacional bruto (PNB) total y se destina principalmente al mercado interno; la industria turística no surgió hasta principios de la década de 2000 (Administración de Información Energética de EE. UU., 2022).

3

El genocidio colonial italiano se saldó con la pérdida de 83 000 ciudadanos libios, ya que la población se redujo de 225 000 a 142 000 ciudadanos. Unos 110 000 000 civiles se vieron obligados a marchar desde sus hogares hacia el inhóspito desierto y, posteriormente, fueron internados en horribles campos de concentración. Entre 60 000 y 70 000 personas, en su mayoría de zonas rurales (entre las que se encontraban hombres, mujeres, ancianos y niños), junto con sus 600 000 animales, murieron de hambre y de enfermedades. (Ahmida, 2020, p. 3)

4

Al -Barbar (1994) ofrece una explicación detallada de los rápidos cambios sociales y económicos que reconfiguraron la monarquía y provocaron su crisis de legitimidad.

5

Del mismo modo, la obra de Gamal Abdel Nasser La filosofía de una revolución (1955) define el petróleo como un pilar fundamental del poder árabe, así como el arma más eficaz para hacer prevalecer los derechos de la nación árabe sobre los de las potencias occidentales.

Agradecimientos

Agradecemos a todos los bibliotecarios que nos han ayudado a acceder a los documentos de archivo utilizados en este artículo, así como a los revisores externos y a los editores de ROAPE por sus comentarios constructivos.

Declaración de transparencia

Los autores no han comunicado ningún posible conflicto de intereses.

Notas sobre los colaboradores

Matteo Capasso es profesor de la Escuela de Estudios sobre Países y Regiones de la Universidad del Noroeste, en Xi’an, República Popular China. Es autor de Everyday Politics in the Libyan Arab Jamahiriya (Syracuse University Press, 2023) y coeditor de The Imperialist Question in the Middle East and North Africa (Routledge, 2025). También es redactor jefe de la revista revisada por pares Middle East Critique.

https://orcid.org/0000-0001-8064 -3708

Roberta Biasillo es profesora adjunta de historia política contemporánea en el Departamento de Historia e Historia del Arte de la Universidad de Utrecht, Países Bajos. Su investigación se ha centrado en cómo los entornos marginales —como los bosques y los humedales— están integrados en el liberalismo italiano del siglo XIX, así como en el papel de los entornos coloniales africanos en la configuración del Estado y el imperio fascistas italianos. Su proyecto de investigación actual versa sobre la historia medioambiental global de la Libia moderna.

https://orcid.org/0000-0003-0785-8344

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Información sobre el autor y el artículo

Revista

Identificador de la revista (nlm-ta): Rev Afr Polit Econ

Identificador de la revista (publisher-id): roape

Título: Review of African Political Economy

Editorial: Review of African Political Economy (Reino Unido)

ISSN (Electrónico): 1740-1720

ISSN (Impreso): 0305-6244

Fecha de publicación (Electrónica): 13 de enero de 2026

Volumen: 53

Número: 188

Páginas: 139-159

Afiliaciones

[1 ] Facultad de Estudios Nacionales y Regionales, Instituto de Estudios de Oriente Medio, Universidad del Noroeste, Xi’an, República Popular China ( https://ror.org/00z3td547)

[2 ] Departamento de Historia e Historia del Arte, Universidad de Utrecht, Países Bajos ( https://ror.org/04pp8hn57)

Notas de los autores

 

*Correo electrónico del autor correspondiente: capasso@nwu.edu.cn

Información sobre los autores

Matteo Capasso https://orcid.org/0000-0001-8064-3708

Roberta Biasillo https://orcid.org/0000-0003-0785-8344

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6. El arte público en la RDA.

El último boletín de arte del Tricontinental está dedicado al arte integrado en la arquitectura, normalmente en grandes frisos, en la República Democrática Alemana.

https://thetricontinental.org/es/boletin-arte-publico-republica-democratica-alemana/

Asaltar las cimas de la cultura: el arte público en la República Democrática Alemana

Boletín de Arte Tricontinental n° 29 (julio de 2026)

Hoy, se reconoce cada vez más el arte integrado en la arquitectura promovido por la República Democrática Alemana (RDA), y el tipo de sociedad basada en la educación, la dignidad y la imaginación de la clase trabajadora que ese país buscaba construir.

26 de julio de 2026


Aufbaulied – Bertolt Brecht, Paul Dessau

Escucha Aufbaulied (1948), a veces llamada Aufbaulied der FDJ [La canción de la reconstrucción de la Juventud Libre Alemana], con letra de Bertolt Brecht y música de Paul Dessau.

Si en una tarde cálida de 1977 usted conducía hasta la orilla norte del lago Aasee en Münster, que entonces formaba parte de Alemania Occidental, se encontraría con tres bolas de billar de concreto del tamaño de autos pequeños descansando sobre el césped junto a la orilla: las Giant Pool Balls [Bolas de billar gigantes] de Claes Oldenburg. Las esculturas se instalaron originalmente ese año para la primera edición de Skulptur Projekte Münster [Proyectos de Escultura de Münster], uno de los experimentos más emblemáticos de Alemania Occidental para llevar el arte contemporáneo al espacio público, cuyo lenguaje de abstracción, arte pop y objetos de consumo agrandados se alejaba en gran medida de las representaciones de la vida cotidiana de la clase trabajadora.

Ese mismo año, al otro lado de la frontera interalemana, la República Democrática Alemana (RDA) celebraba el 25º aniversario de su propio programa de arte público. Uno de sus ejemplos más ambiciosos aún se encuentra en Berlín. Cruce hoy la Alexanderplatz [Plaza Alexander] en Berlín y mire hacia arriba. En la Haus des Lehrers [Casa del Maestro] —un edificio de 12 pisos diseñado por el colectivo de Hermann Henselmann y terminado en 1964—, la obra de Walter Womacka, Unser Leben [Nuestra vida], envuelve la torre como un friso monumental de azulejos de cerámica, una banda mural horizontal. Sus aproximadamente 800.000 azulejos cortados a mano forman un panorama de 125 metros de largo y 7 metros de alto que representa la vida socialista en la RDA. Comencemos por la fachada norte: una mujer da una clase frente a una pizarra; una brigada se reúne alrededor de una mesa; un trabajador se inclina sobre un modelo atómico junto a una pareja joven con un niño; un campesino blande una guadaña. Un espejo parabólico. Un cohete. Una paloma. Detrás y entre ellos: manos, pancartas, una bandera roja.

Walter Womacka, Unser Leben [Nuestra vida], 1962–1964.

Womacka terminó el friso mientras la RDA aún tenía en sus escuelas y fábricas personal compuesto por antifascistas que habían sobrevivido a los campos de concentración nazis de Buchenwald y Ravensbrück. Treinta y seis años después de la disolución del Estado que lo encargó, el friso sigue en la Alexanderplatz, con colores tan vivos como si Womacka acabara de bajar del andamio. Este Boletín de Arte trata sobre el programa de Alemania Oriental que puso obras de arte como esta a la vista del público en la vida cotidiana, las tradiciones socialistas a las que pertenecía y lo que se ha destruido y conservado desde entonces.

Baubezogene Kunst [Arte integrado en la construcción]

La RDA se fundó en octubre de 1949 entre los escombros de la derrota nazi, en la zona de ocupación soviética, y se embarcó en un rápido programa de reforma agraria, nacionalización masiva y ajuste de cuentas antifascista. Mientras tanto, la República Federal de Alemania, al otro lado de la frontera occidental, reincorporaba discretamente a los oficiales de la Wehrmacht a la Bundeswehr, las fuerzas armadas recién creadas de Alemania Occidental, y a los juristas nazis al poder judicial. El 22 de agosto de 1952, el Consejo de Ministros de la RDA aprobó la Verordnung über die künstlerische Ausgestaltung von Verwaltungsbauten [Reglamento sobre la decoración artística de los edificios administrativos], una norma que obligaba a los proyectos de construcción estatales a destinar entre el uno y el dos por ciento del presupuesto aprobado a “obras de volksverbundener, realistischer Kunst [arte realista vinculado al pueblo]” tanto en el interior como en el exterior de los edificios. Escuelas, guarderías, ayuntamientos, hospitales, cines, grandes almacenes, bloques de apartamentos, subestaciones eléctricas, los vestíbulos de los comedores de las fábricas: todos ellos debían incluir arte en su interior o en su exterior, y el Estado tenía que pagarlo.

En alemán, esto se denominaba baubezogene Kunst [arte integrado en la construcción]. Los alemanes occidentales, partiendo del mismo antecedente de la era de Weimar, llevaron a cabo un programa paralelo denominado Kunst am Bau [Arte en la arquitectura]. La diferencia política no radicaba en el mecanismo, sino en lo que los dos Estados pedían a sus artistas que colocaran en las paredes, y para quién. Un contraste relacionado surgió en 1955, cuando se inauguró la primera exposición de documenta en la ciudad de Kassel, en Alemania Occidental, a poca distancia en auto de la frontera con Alemania Oriental. Fundada por Arnold Bode, documenta se convirtió en una de las principales exposiciones periódicas de arte contemporáneo del mundo y se entendió desde sus inicios como el contrapeso estético de Alemania Occidental al realismo socialista regulado por el Estado —la doctrina artística oficial del bloque socialista, que exigía representaciones realistas y accesibles de trabajadorxs, campesinado y la construcción socialista—. La exposición puso en primer plano a los pintores abstractos: Wassily Kandinsky, Paul Klee, Max Beckmann y, más tarde, Jackson Pollock y Willem de Kooning, a quienes el Congreso por la Libertad Cultural de la CIA y el programa internacional del Museo de Arte Moderno (MoMA) también promovieron a lo largo de esa misma década de la posguerra. En oposición a esta lógica, la RDA creó arte público para una clase trabajadora que estaba construyendo el socialismo.

A lo largo de cuatro décadas, la RDA encargó aproximadamente diez mil obras de este tipo. Las obras de mayor envergadura se adjudicaban mediante concurso abierto y, a menudo, eran producidas por colectivos de artistas, una de las razones por las que la autoría individual tiene menos importancia en esta tradición que en la historia del arte burgués.

El programa puede entenderse como parte de una transformación integral de la sociedad, que reduce la brecha entre el arte y la producción, entre los artistas y los trabajadores. Este espíritu fue resumido de manera óptima por el secretario de Estado de la RDA, Walter Ulbricht cuando afirmó: “[La clase trabajadora] debe tomar por asalto las cimas de la cultura y hacerla suya”. La ocasión fue el Bitterfelder Weg [Camino de Bitterfeld], una conferencia de escritores celebrada el 24 de abril de 1959 en el Kulturpalast [Palacio de la Cultura] del Complejo Químico de Bitterfeld, donde un trabajador y escritor llamado Werner Bräunig le dio al movimiento su lema: “¡Greif zur Feder, Kumpel! [¡Toma la pluma, camarada!]”. La conferencia instó a lxs escritorxs a entrar en las fábricas, a lxs pintorxs a unirse a las brigadas y a lxs trabajadorxs a ir a los estudios. En esta visión, las paredes del Estado se convirtieron en el periódico del pueblo, y el Unser Leben de Womacka en Alexanderplatz fue una de sus portadas.

Muros en Dresde y Eisenhüttenstadt

Tome un tren que lo lleve solo dos horas al sur de Berlín, hacia Dresde. En la fachada oeste del Kulturpalast [Palacio de la Cultura], diseñado por Wolfgang Hänsch y terminado en 1969, hay un mural de 30 metros de largo y 10,5 metros de alto, compuesto por 466 paneles de concreto recubiertos con fragmentos de vidrio de colores: Der Weg der roten Fahne [El camino de la bandera roja], creado entre 1968 y 1969, por un colectivo de profesores y estudiantes de la Hochschule für Bildende Künste de Dresde [Academia de Bellas Artes de Dresde] en torno a Gerhard Bondzin. El mural se lee de izquierda a derecha como una historia del movimiento obrero alemán: las revoluciones de 1848 y la publicación del Manifiesto comunista; la fundación del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD); la Revolución de Noviembre y los revolucionarios asesinados Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht; lxs voluntarixs alemanxs de la Guerra Civil Española; la resistencia al nazismo; y la fundación de la RDA en octubre de 1949.

Gerhard Bondzin y colectivo, Der Weg der roten Fahne [El camino de la bandera roja], 1969.

La composición se aprecia claramente desde el bulevar Schloßstraße: una mujer en el centro, con un brazo en alto, se encuentra frente a la puerta de una fábrica, junto a trabajadores armados en una barricada y soldados con banderas rojas donde antes aparecía la esvástica. Los paneles de concreto representan estas figuras con los colores primarios de un folleto de huelga ampliado a escala arquitectónica. El colectivo Bondzin terminó el mural en el verano de 1969 con motivo del vigésimo aniversario de la RDA. Desde entonces ha sido declarado monumento cultural, aunque el Kulturpalast que lo rodea ha sido remodelado dos veces: primero a principios de la década de 1990 y luego nuevamente durante la renovación de 2012 a 2017, que transformó la sala de conciertos en la sede de la Orquesta Filarmónica de Dresde.

Si viaja hacia el noreste, llegará a Eisenhüttenstadt, donde la RDA construyó, a partir de 1950, Stalinstadt —su primera ciudad socialista planificada— en terrenos anteriormente sin urbanizar alrededor de la acería Eisenhüttenkombinat Ost, atrayendo a toda una generación de personas refugiadas de la posguerra hacia un nuevo centro industrial. A pocos pasos de la alcaldía, en la fachada norte de lo que entonces era la tienda de departamentos Magnet en Lindenallee (antes Leninallee), se encuentra un segundo mural de Womacka terminado en 1965: Frieden durch technisches Wissen, technischen Fortschritt [Paz a través del conocimiento técnico, progreso técnico]. La mano de un trabajador libera una paloma blanca contra un fondo industrial de banderas estatales; en la manga hay imágenes de herramientas, trabajadores y trabajo tecnológico. Es una imagen de paz: la paz de un país que había perdido entre cinco y siete millones de personas en la Segunda Guerra Mundial, cuyo vecino occidental ya se había rearmado dentro de la OTAN en 1955, y cuyos propios niñxs aprendían en el jardín de niñxs a reconocer a la paloma como parte de un lenguaje visual compartido de paz.

Walter Womacka, Frieden durch technisches Wissen, technischen Fortschritt [Paz a través del conocimiento técnico, el progreso técnico], 1965.

Paz mundial e internacionalismo

La paloma es un motivo recurrente en el arte público de la RDA. La obra Friedenstaube [Paloma de la Paz] de Ortraud Lerch, en Berlín, lleva este símbolo a la fachada de un edificio de apartamentos común mediante un mosaico de vidrio. La influencia era evidente: la paloma de Picasso, litografiada para el Congreso de la Paz de París de 1949, fue plasmada en cerámica, vidrio y esmalte en los edificios de arte público de la RDA por artistas que trabajaban en un Estado cuya identidad antifascista convertía la paz en una cuestión de política.

Ortraud Lerch, Friedenstaube [Paloma de la Paz], 1977.

La paloma no era el único elemento del lenguaje visual de la paz de la RDA. Con el tiempo, a ese símbolo se sumaron imágenes de personas de diferentes países, vinculando la paz con la liberación anticolonial, el internacionalismo socialista y la Völkerfreundschaft: la amistad entre los pueblos.

La pintura esmaltada de Willi Neubert, titulada Internationale Solidarität [Solidaridad Internacional], se encontraba originalmente en la Stadthalle, o salón municipal, de Suhl, Turingia, pero fue retirada a principios de la década de 1990. En 2010 se reinstaló en Thale, la ciudad industrial donde Neubert había vivido y trabajado durante mucho tiempo. La obra muestra la paz y la liberación no como una condición ya alcanzada, sino como algo conquistado a través de la lucha: bajo las alas de una paloma, el mundo se presenta como un campo de solidaridad internacional.

La lucha de clases internacional, el proceso dinámico de liberación y la Völkerfreundschaft adoptaron muchas formas en la cultura pública de la RDA. Aunque los recursos propios de la RDA eran limitados, esta apoyó a los movimientos de liberación y a los jóvenes Estados nacionales de todo el mundo mediante proyectos concretos que incluían la construcción de escuelas, hospitales y fábricas; la capacitación gratuita de miles de estudiantes; y la impresión y distribución de revistas de los movimientos, además de proporcionar oficinas a algunos movimientos de liberación en Alemania Oriental. Una parte significativa de este trabajo solidario fue impulsada y sostenida por la gente común a través de campañas masivas en los lugares de trabajo, las escuelas y los barrios.

¡Solidarität üben! [¡Practica la solidaridad!] fue el grito de guerra del Solidaritätskomitee der DDR [Comité de Solidaridad de la RDA], el organismo central que coordinaba esta labor. Informaba a la población sobre las luchas anticoloniales y de liberación y solicitaba donaciones a través de campañas a nivel nacional, utilizando carteles y materiales informativos creados por artistas visuales para explicar, fomentar y dar a conocer esta labor solidaria. Practicar la solidaridad significaba dos cosas a la vez: estar al tanto de lo que sucedía en el mundo y actuar en consecuencia.

Por ejemplo, entre 1965 y 1989, el Comité de Solidaridad canalizó aproximadamente 1.300 millones de marcos de la RDA en ayuda humanitaria recaudada entre la población hacia Vietnam, lo que incluyó ambulancias, prensas de impresión y apoyo al Krankenhaus der Deutsch-Vietnamesischen Freundschaft [Hospital de la Amistad Vietnam-RDA, hoy Hospital Việt Đức] en Hanói, que sigue siendo uno de los principales centros quirúrgicos de Vietnam. A lo largo de estas campañas, la solidaridad se hizo visible a través de carteles, sellos, exposiciones y otros materiales impresos. De esta manera, el internacionalismo no se limitaba a discursos o acuerdos estatales. Aparecía en las paredes de las ciudades, en imágenes impresas y en actos cotidianos de generosidad, haciendo visible la solidaridad como parte de un futuro esperanzador.

Willi Neubert, Internationale Solidarität [Solidaridad Internacional], 1977–1978.

Lo que se destruyó y lo que sobrevivió

Después de 1990, la República Federal de Alemania [Bundesrepublik Deutschland, BRD] reunificada se dedicó a desmantelar gran parte de la infraestructura cultural pública de la RDA. Ese año, el pintor de Alemania Occidental Georg Baselitz declaró públicamente que “no hay artistas en la RDA”; el consiguiente Bilderstreit, literalmente “disputa de imágenes”, la batalla posterior a la reunificación sobre cómo juzgar el arte de Alemania Oriental, ocupó las páginas de los periódicos durante una década. Una gran parte del baubezogene Kunst (aunque nadie tiene un recuento exacto) fue pintada por encima, desmantelada durante renovaciones o retirada junto con los propios edificios, a menudo con el pretexto de eliminar la “propaganda de la RDA”.

El Palast der Republik [Palacio de la República] —el parlamento y centro cultural de la RDA, ubicado en el sitio del antiguo Berliner Stadtschloss— se convirtió en el símbolo más visible de este proceso. Cerrado en 1990 supuestamente debido a la contaminación por asbesto (aunque la mayor parte ya había sido extraída), el Bundestag [el parlamento federal de Alemania] votó a favor de su demolición en 2003 y fue demolido entre 2006 y 2008. Con ello desapareció el edificio que había albergado la Palast-Galerie [Galería del Palacio], una exposición permanente curada por Fritz Cremer —cuya escultura de Bertolt Brecht se encuentra frente al Berliner Ensemble— bajo el título Dürfen Kommunisten träumen? [¿Se les permite soñar a los comunistas?]. La galería incluía obras de muchos artistas importantes de la RDA; después de 1990, estas obras pasaron a estar bajo custodia federal y fueron almacenadas. El sitio es ahora el Foro Humboldt, un complejo museístico y cultural ubicado detrás de la fachada reconstruida del Palacio de Hohenzollern, cuyo regreso al centro de Berlín ha sido ampliamente cuestionado tanto como eliminación de la memoria de la RDA como una restauración de la imaginería imperial prusiana. Se inauguró por etapas a partir de 2020 y costó aproximadamente 680 millones de euros.

En los casos en que el arte y la arquitectura sobrevivieron a las dos primeras décadas tras el fin de la RDA, ahora parece haber un mayor reconocimiento de su valor histórico y cultural, así como un creciente deseo de preservarlos. Quizás 30 años de austeridad hayan aumentado el deseo de la gente de que se le recuerde su humanidad y dignidad —y del socialismo—. El Kunstarchiv Beeskow en Brandeburgo, un archivo y colección, alberga más de 23.000 obras de arte encargadas por la RDA que fueron retiradas de los edificios públicos después de 1990. Una serie de importantes exposiciones de reevaluación: Kunst in der DDR [Arte en la RDA] en la Neue Nationalgalerie de Berlín en 2003, Abschied von Ikarus: Bildwelten in der DDR – neu gesehen [Adiós a Ícaro: Mundos visuales en la RDA – una nueva mirada] en el Neues Museum de Weimar en 2012, y Behind the Mask: Artists in the GDR [Detrás de la máscara: Artistas en la RDA] en el Museo Barberini de Potsdam en 2017, han desplazado el debate un poco más allá de donde lo dejó Baselitz.

Estas reevaluaciones no se limitan a recuperar obras de arte de los depósitos o a restaurar murales para que vuelvan a ser vistos por el público. También reabren la pregunta de qué intentó construir la RDA: una sociedad en la que el arte no se tratara como un objeto de lujo para la propiedad privada, sino como parte de la educación cotidiana, la dignidad y la imaginación de la clase trabajadora.

La RDA también está siendo reinterpretada dentro de la tradición socialista a través de la investigación del Foro Zetkin para la Investigación Social, con sede en Berlín, y del Internationale Forschungsstelle DDR [Centro Internacional de Investigación sobre la RDA]. Junto con el Instituto Tricontinental de Investigación Social, el centro publica la serie Estudios sobre la RDA, que reexamina la historia, los principios y las experiencias vividas de este Estado socialista para los movimientos progresistas de hoy.

Un cordial saludo,

Foro Zetkin para la Investigación Social

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7. Rewilding en España.

Me interesan mucho los proyectos de renaturalización, o «rewilding» que se intentan impulsar en varias regiones del mundo, y del que ya os he ido pasando alguna muestra. En El Salto acaban de publicar la experiencia que se está realizando en el Sistema Ibérico Sur, centrada fundamentalmente en la reintroducción de grandes herbíboros. Está bien tanto el artículo como el vídeo que lo acompaña que no he podido incrustar. Tampoco he podido incluir las fotos, por el sistema de publicación de la fuente.

https://www.elsaltodiario.com/biodiversidad/sistema-iberico-sur-objetivo-renaturalizar-tierras-altas-peninsula

Sistema Ibérico Sur: objetivo renaturalizar las tierras altas de la Península

La iniciativa de Rewilding Spain en el epicentro del sistema montañoso interior del este peninsular busca recuperar el equilibrio ecológico de este área. Con iniciativas que van desde la recuperación de las aves necrófagas a la protección de los bosques maduros o el fomento del pastoreo natural, ya ha reintroducido más de 170 grandes herbívoros en la zona.

[VÍDEO]

Pablo Rivas
Coordinador de Clima y Medio Ambiente en El Salto. @pablorcebo.bsky.social, pablo.rivas@elsaltodiario.com

26 jul 2026

Rebelde tiene un trabajo duro. Ha de que mantener a raya a los solteros que amenazan su posición de macho dominante, y los aspirantes “no pueden estar muy lejos”, explica Rafael Vigil, el encargado de monitorizar y controlar las manadas que viven en la la Dehesa de Solanillos (Mazarete, Guadalajara). Está en su naturaleza querer desafiar al semental. Este caballo serrano, uno de los pocos centenares de supervivientes de esta raza autóctona del centro peninsular hoy en peligro de desaparición, es el líder de una de las manadas que el proyecto de renaturalización Sistema Ibérico Sur de Rewilding Spain gestiona en esta finca de 1.500 hectáreas la provincia de Guadalajara, la más grande que esta iniciativa administra, a la que se suman 200 ha contiguas más de monte público.

Aquí, “los grupos y las jerarquías se forman de una manera natural, no intervenimos ni en los partos”, cuenta Lidia Valverde, responsable de Comunicación de esta organización en el proyecto, que acompaña al equipo de El Salto por los diferentes emplazamientos de Rewilding Spain a lo largo de esta despoblada cadena montañosa, en torno al Parque Natural del Alto Tajo. En total son 51 caballos serranos en semilibertad en Mazarete que se han autoorganizado en una decena de grupos familiares que suelen rondar la media docena de animales, más “los solteros”, como llaman a los que no tienen su ‘harén’ de hembras.

“Empezamos con once”, cuenta Vigil. Habla de 2022, cuando el proyecto estaba arrancando. Poco a poco el grupo fue creciendo entre nacimientos y las nuevas llegadas, en la que la asociación ARREA ha tenido mucho que ver. “Ellos han seguido encontrando ejemplares y los hemos ido trayendo”, continúa el ambientólogo. Estos animales han visto cómo su población se redujo drásticamente con el éxodo rural que arrancó en los años 50. “Son caballos que se quedaron abandonados, un poco sin uso y sin función en el campo”, relata Valverde. Aunque el número no está claro, contando con los de Mazarete, apenas quedan tres poblaciones de esta raza en toda la Península.

El medio centenar de caballos no está solo en Mazarete. Comparten espacio con 58 tauros, “un cruce de razas que intenta recuperar lo más fielmente posible lo que era el antiguo uro, el toro salvaje”, indica Diego Rodríguez, biólogo responsable del programa de Monitoreo de Reintroducciones. Sus largos cuernos y su fibroso cuerpo, de hasta mil kilogramos, es lo más parecido que existe hoy sobre la faz de la tierra al extinto antecesor salvajes de las vacas y toros domésticos actuales, y cuyo último ejemplar fue aniquilado en el siglo XVII.

Hoy apenas quedan medio millar de tauros, también conocidos como bovinos de heck, aunque en Mazarete están prosperando. El grupo también ha crecido considerablemente. Doce conformaban la manada fundadora, aunque se les ve menos que a sus compañeros de finca. Como cuenta Valverde, “los caballos son curiosos, pero los tauros… Las hembras, por ejemplo, se esconden para parir. Y no vuelven a la manada hasta que ven al ternero lo suficientemente fuerte”.

Tauros, caballos y bisontes para sustituir a las vacas y ovejas que ya no están

La clave de la presencia del centenar de animales en estos bosques del Sistema Ibérico se llama pastoreo natural. “Esto era una zona de mucho ganado extensivo, sobre todo ovejas; de trashumancia. Todo eso se ha ido perdiendo, y hemos pasado de miles y miles de cabezas de ganado en cada pueblo a unos pocos cientos o ningún rebaño”, explica el responsable de Monitoreo de Reintroducciones. También se fueron burros, caballos domésticos, vacas y mulas utilizadas antiguamente en trabajo agrario, fruto de la migración de la humanidad a la ciudad

Así, sin ganado extensivo, y sin los grandes herbívoros —como el uro o el tarpán, el extinto caballo euroasiático– que habitaban estas tierras antes de que los humanos acabaran con ellos, el ecosistema perdió su equilibrio. Rewilding Spain pretende devolvérselo, al menos en parte, y en Sistema Ibérico Sur, en lo relativo a pastoreo natural, la idea es “trabajar con animales que cumplen esa función de una manera semisilvestre: los tenemos en semilibertad y les dejamos hacer una vida lo más natural posible”, continúa el biólogo.

Pero el plan no se queda en la introducción de especies para el pastoreo natural que frenen el crecimiento desmesurado de especies vegetales, susceptibles de acumular un inmenso reservorio de combustible para los incendios veraniegos. La Fundación Española de Renaturalización, nombre oficial de la entidad detrás de Rewilding Spain, nace con el propósito de poner en marcha en España una amplia iniciativa de renaturalización —también llamada rewilding o resilvestración— en áreas concretas del despoblado territorio del Sistema Ibérico, lo que incluye además del Alto Tajo, las sierras de Albarracín y De Cuenca, y las Parameras Ibéricas, como se conoce al altiplano a más 1.000 metros sobre el nivel del mar situado entre las provincias de Guadalajara, Teruel y Zaragoza.

Esto incluye, además de la introducción de grandes herbívoros, una red de conservación de bosques maduros, un plan de recuperación de aves carroñeras, otro para preparar el camino para el regreso de un depredador apical como es el lince ibérico y la eliminación de barreras fluviales para renaturalizar los ríos, entre otras actuaciones. Todo con el fin de devolver el equilibrio a este ecosistema.

“El rewilding es un enfoque novedoso, complementario a la idea clásica de la conservación. Se basa en que no nos basta con conservar la naturaleza que tenemos, sino que tenemos que devolver las piezas que se han perdido en los ecosistemas para que la naturaleza pueda recuperar su equilibrio”, explica Lidia Valverde. “Es un campo de la restauración ecológica que busca, sobre todo, recuperar funciones ecológicas que se han perdido a lo largo de los siglos –complementa su compañero responsable de Monitoreo de Reintroducciones—. En el caso de Europa y de España, con el abandono rural, tenemos una gran cantidad de funciones ecológicas que se están perdiendo”.

Esas funciones que ya no realiza, por ejemplo, un uro que habitaba estas tierras hace siglos, la puede hacer, según este enfoque, otro animal. “En lo que se pone el foco es en el proceso ecológico que se quiere abordar. Y la especie animal que se utilice no importa tanto, en tanto en cuanto sea capaz de cumplir esa función ecológica.

El esfuerzo que Rewilding Spain está poniendo en el pastoreo natural no se queda en el término municipal de Mazarete. En los tres años largos que lleva activa la iniciativa, han reintroducido más de 170 grandes herbívoros repartidos en media docena de fincas en torno al Parque Natural del Alto Tajo, la mayoría monte público pero también terrenos privados.

Al centenar largo de tauros y caballos serranos de la Dehesa de Solanillos se le suman varias decenas de caballos de Przewalski, unos animales con una historia muy peculiar. Considerados como los caballos más salvajes que aún habitan la Tierra, su linaje desciende de los primeros equinos domesticados hace más de cinco milenios, y prueba de ello es la similitud de este peculiar animal con los que aparecen en las pinturas rupestres que se pueden encontrar en cuevas como las de Altamira. Su presencia hoy en día es fruto del esfuerzo de algunos naturalistas, que lo salvaron de la extinción a mediados del siglo XX, pero su estado aún es crítico: quedan menos de 3.000 en todo el mundo.

A la lista de nuevos habitantes de las tierras altas ibéricas se le suman varias decenas de caballos Pottoka, autóctonos de las áreas montañosas de la cordillera Cantábrica, y una incorporación de este año en modo experimental: nueve bisontes europeos. Estos forman parte de un proyecto de investigación en el que participan la Universidad del País Vasco, la Universidad de Manchester (Reino Unido) y ECONOVO, un centro de investigación especializado en dinámicas ecológicas dependiente de la Universidad de Aarhus (Dinamarca).

“El bisonte tiene su propia forma de consumir plantas leñosas, hace cosas que no hacen los tauros: por ejemplo, descortezan árboles enteros”, explica Diego Rodríguez en la finca de El Recuenco, una parcela boscosa de 400 hectáreas donde ahora habitan estos imponentes animales, a más de una horta desde la Dehesa de Solanillos cruzando el cañón del Tajo hacia el sur. El objetivo del proyecto es conocer el papel que este animal puede desempeñar en la renaturalización de los ecosistemas mediterráneos, pero está por ver su capacidad para transformar el paisaje —puede consumir ramas y cortezas que de otra forma crecerían sin que sirvan de alimento a ningún animal— y para frenar los incendios del estío.

Animales contra el fuego

Se da la circunstancia de que la Dehesa de Solanillos es parte del territorio que quedó devastado por el incendio forestal de Guadalajara de 2005, uno de los más letales de la historia de España, que arrasó 13.000 hectáreas y se llevó la vida de once bomberos. “Estos animales lo que están haciendo aquí es contribuir a que la regeneración de este monte que se quemó en su día sea una regeneración más saludable, porque con el pastoreo natural lo ellos están facilitando que estos lugares se mantengan con pastos abiertos y que haya también una mayor biodiversidad”, explica Valverde.

Frente a un bosque uniforme, un paisaje más diverso. “Al final, cuando los animales están manteniendo un pasto o, en el caso de los tauros, tirando los árboles más jóvenes, porque les gusta tirarlos para acceder a las ramitas más tiernas de arriba, están facilitando que haya más zonas donde llega el sol, y eso favorece que lleguen otro tipo de animales: otro tipo de hierbas y otro tipo de microorganismos”, continúa.

“Muchos ayuntamientos, sabiendo que hacemos este tipo de actuaciones, están viniendo a nosotros para pedirnos u ofrecernos la posibilidad de traer grandes herbívoros a sus montes para contribuir a la prevención de incendios”, expone la responsable de Rewilding Spain desde otra de esas fincas, la de la Villanueva de Alcorcón, un monte público donde viven 35 caballos de Przewalski. “Ese es, probablemente, el mayor problema que tenemos con la pérdida de todos los usos que tenía antes el monte y que ha dejado de tener”, añade por su parte el biólogo. “El monte antes se usaba para todo —prosigue—; para carboneo, para sacar resina, para sacar piñas, para madera… para un montón de cosas. Y aparte tendríamos toda la actividad ganadera que ya no hay. Al traer de vuelta estos animales estamos recuperando todo ese consumo de materia vegetal que si no se va acumulando y al final acabamos con montes llenos de materia orgánica seca que son una bomba, y más con el cambio climático y la tendencia a la que vamos”.

El emplazamiento elegido para el proyecto de renaturalización no es casual. Ya lo comentaba José María Rey, catedrático de Ecología y presidente de la Fundación Internacional para la Restauración de Ecosistemas (FIRE), en un reportaje en este mismo medio de 2019 sobre la posibilidad de un proyecto de rewilding en España: el Sistema Ibérico es el punto al que los sectores del conservacionismo interesados en el rewilding llevaban tiempo mirando para crear un área que sirviese de piloto en España, con permiso de Portugal. En el nordeste del país luso una iniciativa integrada en la red Rewilding Europe –al igual que Sistema Iberico Sur– nació en 2019 con la creación del ente Rewilding Portugal. Su objetivo: renaturalizar el área en torno al valle del Côa, entre el río Duero y la Serra da Malcata, colindante con el oeste salmantino.

“Por sus condiciones de baja densidad de población y por tener un patrimonio natural muy relevante, pensamos que en el Sistema Ibérico sur la renaturalización podía ser una oportunidad, no solo para mejorar los ecosistemas del territorio, sino también para que ese trabajo en naturaleza sirviese como un motor de desarrollo para el ámbito rural en un espacio donde hay pocas oportunidades”, sostiene Lidia Valverde.

Habla de 23 empleos directos, “la inmensa mayoría gente que vive en el territorio”; de acuerdos con un treintena de empresas locales para realizar distintos tipos de actividades relacionadas con el ecoturismo y la naturaleza, y de ayudas a la financiación de las mismas. “Es una manera de contribuir a la dinamización socioeconómica del territorio, que para nosotros es igual de importante que trabajar en la restauración de la naturaleza”, continúa.

Esos recursos no llegan sin contrapartida en forma de responsabilidad social corporativa; o greenwashing, según la fuente consultada. El 90% de los fondos que llegan a esta fundación privada y sin ánimo de lucro proceden de donaciones privadas y, como explica la directora de Comunicación, “buena parte de esos fondos nos vienen de un programa que coordina la Universidad de Cambridge llamado Endangered Landscapes and Seascape Program”. Dicho programa está financiado por Arcadia, una fundación creada con la fortuna de los herederos de Tetra Pack, la empresa del sector del envasado responsable, ente otras cosas, del tetra brick, un tipo de recipiente históricamente criticado por el ecologismo por las inmensas cantidades de residuos que genera y su complicado reciclaje: está formado por un cóctel de materiales que se divide en un 72,5% de celulosa, un 24% de plástico y un 3,5% de aluminio.

También apoya el proyecto la marca de artículos de lujo Cartier, una multinacional del lujo que ha sufrido en el pasado acusaciones de greenwashing y uso de “oro sucio” extraído pro mano de obra sin garantías en materialaboral y de derechos humanos, y cuya joyería usa materia primas —como el oro— que implican miles de toneladas de residuos mineros al año.

Otra de las dudas respecto a la financiación es relativa al proyecto de conservación de bosques maduros. Con la vista creada en conseguir una red de “14 reservas forestales antiguas” de más de 2.000 hectáreas, el proyecto pretende proteger las áreas forestales más antiguas de la zona “a través de una variedad de incentivos financieros, incluida la compensación directa, los créditos de carbono y los patrocinios”, según se puede leer en su web.

Los mercados de carbono son una iniciativa muy criticada por los movimientos que luchan por el clima, que califican estos créditos como “falsas soluciones”. En el caso de Sistema Ibérico Sur, cuando el equipo identifica una parcela de bosque maduro y llega a un acuerdo con los propietarios para que estos obtengan un beneficio anual, dinero que paga el propio proyecto por el hecho de no cortar esa madera, desde Rewilding Spain acuden posteriormente a los mercados de carbono internacionales y ofrecen los derechos de esos bosques, que son sumideros de carbono naturales. De esta forma, las propias empresas responsables de la crisis climática pueden comprar derechos de carbono que les permiten expulsar más emisiones de gases de efecto invernadero, dado que los mercados de carbono se lo permiten al considerar que compensan esas emisiones con sumideros como los bosques de Teruel.

En cualquier caso, reservas sobre la financiación o sobre el enfoque conservacionista aparte, lo cierto es que el fruto trabajo de Rewilding Spain avanza rápido y se observa a simple vista. Las parcelas donde por las que hoy trotan animales como Rebelde están hoy segadas sin intervención humana. El hecho de que el propio Rebelde pueda vivir ahí, en condiciones de semilibertad y sin morir abandonado por sus antiguos “dueños”, es un éxito para el conservacionismo, sea del tipo que sea. También que 37 nuevos buitres negros surquen los cielos del Alto Tajo, fruto del programa que Rewilding Spain y Terra Naturalis ejecutan por mandato de la Junta de Castilla-La Mancha. Y si el proyecto continúa y prospera, las tierras altas que conforman el Sistema Ibérico gozarán de bosques antiguos más protegidos, ríos más vivos y campos más poblados por sus antiguos pobladores (o por sus primos lejanos). Todo ello con, en teoría, mayor resiliencia al fuego y una biodiversidad muy superior al tiempo inmediatamente anterior al desembarco de la iniciativa en este vasto territorio. Sea como fuere, y debate humanos aparte, Rebelde seguirá hoy pendiente de sus congéneres, pues, como cuenta Lidia Valverde mientras le observa, “una de las principales tareas de la vida de un macho dominante como él es mantenerlos a raya”.

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8. La definición de socialismo de Patnaik.

En su última nota económica, y ante lo que considera visiones erróneas sobre lo que constituye en realidad el socialismo, Patnaik nos ofrece su propia definición.

https://peoplesdemocracy.in/2026/0726_pd/what-socialism

¿Qué es el socialismo?

Prabhat Patnaik

Tal es el predominio de la ideología burguesa en la actualidad que incluso muchas personas totalmente comprometidas con la visión del socialismo albergan ideas al respecto que son totalmente erróneas. Por lo tanto, no estaría de más volver a abordar esta cuestión fundamental una vez más. La percepción común del socialismo es que se trata de una sociedad caracterizada por la propiedad social de los medios de producción, para lo cual se toma la propiedad estatal como un indicador. Pero esto, si bien es una condición necesaria, no es una condición suficiente. La antigua Yugoslavia, por ejemplo, aunque se caracterizaba predominantemente por la propiedad estatal de los medios de producción, presentaba muchas de las características asociadas al capitalismo, como el desempleo, la inflación y la desigualdad tanto personal como regional (aunque en ningún caso tan extrema como la que el capitalismo neoliberal ha «logrado» hoy en día); del mismo modo, hay muchos países capitalistas, como Francia, en los que existe un importante sector nacionalizado, pero este hecho no convierte a Francia en un país socialista. Por lo tanto, el socialismo significa claramente algo más que la mera propiedad social o estatal.

Lo que el capitalismo promueve fundamentalmente entre los agentes económicos es la competencia: la competencia entre capitalistas, que les obliga a acumular para poder introducir las últimas innovaciones en procesos y productos, ya que, de lo contrario, irían a la quiebra; y la competencia entre trabajadores (que, por supuesto, estos superan formando lo que Marx denominó «combinaciones» o sindicatos, que los capitalistas intentan constantemente romper o debilitar). El socialismo, por el contrario, se basa en la cooperación entre los agentes económicos; dado que dicha cooperación es imposible si no se posee en común los medios de producción y, por lo tanto, si no desaparece la clase de los capitalistas, el socialismo implica la cooperación entre los trabajadores, es decir, el abandono de la competencia. Yugoslavia, el caso mencionado anteriormente, aplicó el «socialismo de mercado», lo que básicamente significaba que las empresas estatales competían entre sí en el mercado de forma muy similar a como lo hacen las empresas privadas en el capitalismo; y esta fue la razón por la que presentaba ciertas características del capitalismo.

El hecho de que la competencia sea el modo básico de funcionamiento del sistema capitalista implica, a su vez, que quienes salen perdiendo en la carrera competitiva deben enfrentarse a algún tipo de sanción. Esta sanción debe consistir en la «expulsión» del sistema, lo que sugiere que debe existir un «exterior» del sistema al que puedan ser relegados dichos «fracasados». Este «exterior», que Marx y Engels denominaron el «ejército de reserva de mano de obra», desempeña un papel aún más importante en el capitalismo, que es el siguiente.

Todo sistema de producción requiere algún mecanismo para imponer la motivación y la disciplina laborales a los trabajadores. En la esclavitud, el propio esclavo era propiedad del «amo», quien podía recurrir a la coacción física para imponer la motivación y la disciplina laborales. En el feudalismo, del mismo modo, la coacción física —el látigo del señor feudal— era el medio utilizado para imponer la motivación y la disciplina laborales. Pero en el capitalismo, al menos en teoría, no hay margen para ejercer coacción física sobre los trabajadores; ¿por qué, entonces, se sienten motivados a trabajar de manera disciplinada? La respuesta es que, de no hacerlo, serían «despedidos», es decir, serían expulsados del sistema; y para que esto sea posible, debe existir un «exterior» al sistema.

Este «exterior» también es importante para otros dos fines cruciales: en primer lugar, para garantizar que los salarios reales se mantengan bajo control en comparación con la productividad laboral, lo que hace posible una apropiación continua de la plusvalía por parte del capitalista; y, en segundo lugar, para garantizar que las reivindicaciones salariales monetarias se mantengan bajo control, lo cual es lo que sustenta la estabilidad del valor del dinero. Por lo tanto, el modo de producción capitalista debe definirse como una totalidad compuesta tanto por un «interior» como por un «exterior». Este «exterior» es un componente lógico del sistema; es tan esencial como el «interior» a la hora de definir el sistema en su conjunto.

Solo el marxismo reconoce este hecho, algo que ninguna otra corriente de la economía, salvo el marxismo, hace. La corriente más extendida de la economía, la walrasiana, por ejemplo, considera que se alcanza un equilibrio en el mercado cuando la demanda y la oferta son iguales en todos los mercados, lo que implica también en el mercado laboral. En otras palabras, el sistema se caracteriza por el pleno empleo en todo momento; no existe un ejército de reserva, ni desempleo involuntario y, por lo tanto, no hay «exterior», solo el «interior». No se explica qué es lo que garantiza la motivación y la disciplina laborales en un sistema de este tipo, lo que significa, en la práctica, que no existe producción alguna. Ni siquiera la economía política clásica puede explicar la producción, ya que no puede explicar la motivación ni la disciplina laborales, a pesar de que Marx, con generosidad desmesurada, describió en una ocasión a David Ricardo —una figura central entre los economistas clásicos— como un «teórico de la producción por excelencia».

De hecho, esto nos lleva al núcleo de la diferencia entre el capitalismo y el socialismo: mientras que el capitalismo, aunque no recurre a la coacción física para obligar a las personas a trabajar, se basa en la coacción del «despido», de arrojar a los individuos al desempleo o de expulsarlos del «interior» al «exterior», el socialismo carece de «exterior». En el socialismo, las personas trabajan no por coacción alguna, sino en beneficio de la comunidad a la que pertenecen, la comunidad que también es propietaria de los medios de producción. La propiedad social de los medios de producción es esencial para la formación de dicha comunidad; no define per se el socialismo, pero constituye una condición necesaria para su existencia.

De esta diferencia básica entre el capitalismo y el socialismo se deriva otra diferencia importante. El capitalismo es, y debe ser, un sistema punitivo, un sistema basado en castigar a los rezagados, mientras que el socialismo, cuya esencia es la cooperación, no puede ser un sistema punitivo. Este carácter punitivo está arraigado en el funcionamiento del sistema capitalista; no es necesariamente el resultado de la malicia de nadie. Los capitalistas que no acumulan y, por lo tanto, carecen de los medios necesarios para introducir nuevos procesos y productos, son castigados con la pérdida de su lugar en el sistema; y su lugar lo ocupan capitalistas que acumulan más e introducen más tecnología, que por lo general resultan ser de mayor envergadura, un fenómeno que Marx había abarcado bajo el término «centralización» del capital. Y los trabajadores que no rinden a satisfacción de los capitalistas son castigados por estos últimos al perder su lugar dentro del sistema y ser arrojados a las filas de los desempleados. El «exterior», o el ejército de reserva de mano de obra, es, por lo tanto, tanto un receptáculo para aquellos que son castigados como, al mismo tiempo, un mecanismo para afirmar el poder del capital sobre el trabajo.

De ello se desprenden inmediatamente dos conclusiones. En primer lugar, cualquier avance hacia el «capitalismo del bienestar», hacia la mejora de las condiciones generales de la población, supone al mismo tiempo una reducción del poder punitivo del sistema y, por ende, también del poder del capital sobre el trabajo. Este es un aspecto que Keynes pasó por alto, pues, aunque percibía los defectos del sistema capitalista tal y como lo conceptualizaban los walrasianos, seguía viendo el sistema en términos ampliamente walrasianos, en el sentido de que no lo consideraba compuesto por un «interior» y un «exterior», sino únicamente por un «interior». La objeción del capital a las medidas keynesianas —que Keynes consideraba que surgía únicamente de una falta de comprensión del funcionamiento del sistema y que desaparecería con el tiempo a medida que se fuera adquiriendo una mejor comprensión— tenía, de hecho, una base más sólida; no solo era imposible alcanzar el pleno empleo bajo el capitalismo, sino que cualquier paso en esa dirección tendía a socavar el poder del capital sobre el trabajo (lo cual no quiere decir que, en determinadas situaciones, el capital no aceptara tal paso). El hecho de que las medidas keynesianas destinadas a estabilizar el capitalismo hayan pasado de moda hoy en día no debería sorprender a nadie. Un «capitalismo reformado» o un «capitalismo del bienestar» es una quimera, ya que ignora el hecho de que el sistema es punitivo.

En segundo lugar, dado que el socialismo, por su propia naturaleza, no es un sistema punitivo, debe caracterizarse por el pleno empleo. Su carácter punitivo —ya sea en el sentido de no alcanzar el pleno empleo o en el de emplear métodos más directamente coercitivos para imponer la motivación y la disciplina laborales— puede ser, en el mejor de los casos, un fenómeno transitorio que caracteriza el período en el que se está consolidando, pero no es una característica del socialismo; de hecho, es antitético al socialismo.

No es de extrañar que las únicas economías de la era moderna que se hayan caracterizado por el pleno empleo hayan sido la Unión Soviética y las economías socialistas de Europa del Este. Con el colapso del socialismo en esas regiones, hemos vuelto a la presencia generalizada del desempleo en dichas sociedades. Pero, independientemente de las desviaciones y distorsiones que se introduzcan durante el proceso de instauración del socialismo, deificarlas como características permanentes del sistema constituye un grave error.

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9. Resumen de la guerra en Irán, 27 de julio.

El seguimiento en directo de Middle East Eye y el resumen de AMDLT.

https://www.middleeasteye.net/live/live-us-and-iran-confirm-peace-accord-signing-set-friday-geneva

En directo: Trump afirma que está dispuesto a emprender una acción militar si fracasan las negociaciones con Irán

Una mujer palestina da a luz a un bebé muerto mientras soldados israelíes retrasan la llegada de la ambulancia en un puesto de control de Cisjordania

Puntos clave

Solo uno de cada tres estadounidenses apoya una guerra contra Irán, según una encuesta

El gabinete de seguridad israelí aprueba la entrada de una fuerza internacional en Gaza más allá de las zonas ocupadas por Israel

El presidente sirio afirma que un acuerdo de seguridad con Israel no comprometería los derechos sobre el Golán

Actualizaciones en directo

El mando militar iraní advierte a EE. UU. de que no dejará ninguna amenaza «sin respuesta»

Hace 19 segundos

El mando militar iraní, el Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya, ha advertido a EE. UU. de que no ataque a buques iraníes en aguas costeras y territoriales, afirmando que no dejará ninguna amenaza «sin respuesta».

«Estados Unidos, en una continuación del mal y la inseguridad en la región y tras la imposición del bloqueo naval ilegal contra Irán, ha amenazado a buques iraníes, barcos mercantes y petroleros en las aguas costeras y territoriales de nuestro país durante los últimos tres días», ha declarado en un comunicado difundido por la agencia estatal de noticias IRNA.

«Advertimos de que esta acción estadounidense se considera una ampliación de la guerra en la región y, tal y como han demostrado sobre el terreno las fuerzas armadas de la República Islámica de Irán, no dejarán sin respuesta ninguna amenaza ni maldad del ejército terrorista de ese país y se enfrentarán a ella».

Arabia Saudí suspende las operaciones en una importante instalación petrolera tras un ataque huzí

Hace 1 hora

Según se ha informado, la empresa saudí Aramco ha suspendido las operaciones en la planta de procesamiento y estabilización de petróleo de Abqaiq tras un ataque huzí perpetrado el lunes.

Netanyahu parte hacia Washington para reunirse con Trump

Hace 1 hora

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, partió el lunes hacia Washington D. C. para reunirse con el presidente de EE. UU., Donald Trump, por octava vez desde que ambos ocupan sus respectivos cargos como jefes de Estado.

Señaló que uno de los puntos clave de debate será la trayectoria futura de la guerra contra Irán.

Derriban un dron estadounidense sobre Anbar (Irak), según informa la IRIB

Hace 2 horas

Un dron estadounidense fue derribado sobre la provincia occidental iraquí de Anbar, informó el lunes la cadena estatal iraní IRIB, citando a medios iraquíes.

La IRIB difundió imágenes de lo que, según afirmó, eran los restos humeantes del dron, que, según indicaron, se estrelló dentro de un complejo residencial.

El senador estadounidense Graham ofreció apoyo militar para la guerra de Israel contra el Líbano, según muestran nuevas imágenes

Hace 2 horas

Justo un día antes de que tenga lugar su funeral en Washington, D.C., han salido a la luz unas imágenes de vídeo en las que se ve a un radiante senador Lindsey Graham regocijándose por el inicio de la guerra estadounidense-israelí contra Irán, e incluso ofreciendo por iniciativa propia la participación militar de EE. UU. al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para su guerra contra el Líbano.

Las imágenes son del cineasta británico Alex Holder, quien ha estado siguiendo a Graham durante los últimos tres años para un documental sobre su relación con el presidente Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Al parecer, a Holder se le ha concedido acceso a las reuniones del personal en el Capitolio, así como a las conversaciones que Graham mantuvo con líderes nacionales y extranjeros, incluido el príncipe heredero de Arabia Saudí, según informó el lunes el Wall Street Journal.

Más información: El senador estadounidense Graham ofreció apoyo militar para la guerra de Israel contra el Líbano, según muestran nuevas imágenes

El exsenador estadounidense Lindsey Graham saluda a los periodistas tras su reunión con el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskiy, en Kiev, Ucrania, el 10 de julio de 2026 (Valentyn Ogirenko/Reuters)

Pakistán condena los ataques con drones contra Arabia Saudí

Hace 3 horas

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán ha condenado «enérgicamente» los ataques con drones contra Arabia Saudí, afirmando que «tales ataques provocadores suponen una grave amenaza para la paz y la estabilidad en toda la región».

En un comunicado publicado en X, Islamabad reafirmó su «apoyo inquebrantable» a la soberanía, la integridad territorial, la paz y la prosperidad del reino, y añadió que seguirá tomando todas las medidas posibles para respaldar una paz y una estabilidad duraderas en la región.

Se han oído explosiones en Erbil

Hace 3 horas

Según informan los medios de comunicación locales, se ha oído una serie de explosiones en Erbil, Irak.

Trump afirma que EE. UU. está «ganando a lo grande» frente a Irán

Hace tres horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, afirmó que está realizando la «mayor inversión de la historia en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos».

«Estamos ganando a lo grande frente a la República Islámica de Irán», declaró, y añadió que EE. UU. se está «asegurando de que nunca dispongan de un arma nuclear».

Trump también afirmó que EE. UU. ha destruido la «armada iraní, hemos destruido su fuerza aérea, hemos destruido a sus dirigentes y hemos destruido su armamento antiaéreo».

Señaló que EE. UU. e Irán se encuentran actualmente en contacto para alcanzar un acuerdo, y añadió que «si no hubiéramos actuado con firmeza, no habría negociaciones».

El ministro de Sanidad iraní afirma que 60 personas han fallecido en los recientes ataques estadounidenses

Hace 3 horas

Los ataques estadounidenses han causado la muerte de 60 personas y han herido a unos 670 iraníes más en el sur del país en los últimos 10 a 12 días, según informó Al Jazeera, citando informes de agencias de noticias iraníes.

Solo uno de cada tres estadounidenses apoya la guerra contra Irán; la mayoría no tiene claro cuáles son los objetivos de Trump, según una encuesta

Hace 4 horas

Solo uno de cada tres estadounidenses apoya la guerra contra Irán, el dato más bajo registrado en una encuesta de Reuters/Ipsos desde los primeros días del conflicto, que ya dura cinco meses, y la mayoría de los encuestados afirma que el presidente Donald Trump no ha logrado explicar sus objetivos.

La encuesta, realizada de viernes a domingo, también reveló que el índice de aprobación del presidente republicano ha subido ligeramente hasta el 37 %, tres puntos más que el mes pasado, cuando su índice igualó el más bajo de su presidencia.

La encuesta reveló que el 69 % de los estadounidenses, incluidos cuatro de cada diez republicanos, considera que Trump no ha «explicado claramente los objetivos de la intervención militar de EE. UU. en Irán».

El apoyo al conflicto se ha mantenido por debajo del 40 % desde que EE. UU. e Israel lanzaron ataques el 28 de febrero, lo que supone un marcado contraste con los primeros meses de otros conflictos recientes.

Aunque cada uno de ellos se desarrolló en un contexto diferente, la guerra de Irak, que se prolongó de 2003 a 2011, contó con el apoyo de alrededor del 70 % de los estadounidenses en sus primeros meses. Durante los primeros días de la guerra de Afganistán, que se prolongó de 2001 a 2021, alrededor del 90 % del país respaldó la guerra, según una encuesta de Gallup.

La ministra de Asuntos Exteriores de Yemen afirma que los huzíes utilizan Bab el-Mandeb para imitar la presión de Irán

Hace 4 horas

Afrah al-Zouba, ministra de Asuntos Exteriores designada del Gobierno de Yemen reconocido internacionalmente, afirmó que los huzíes pretenden replicar el modelo de Irán de intentar imponer su control sobre el tráfico marítimo internacional en torno al estrecho de Ormuz en Bab el-Mandeb.

El grupo se había envalentonado por lo que ella calificó de respuesta internacional insuficientemente seria ante los ataques contra la navegación mercante en los últimos años, declaró al-Zouba el lunes ante un pequeño grupo de periodistas, entre los que se encontraba Reuters.

Unas personas sentadas en un barco pesquero que navega por el estrecho de Bab el-Mandeb, frente a la provincia de Taiz, en el sur de Yemen, el 25 de julio de 2026 (AFP)

Las vallas publicitarias de la campaña electoral israelí en Chipre desatan el debate

Hace 6 horas

El líder de la oposición israelí Gadi Eisenkot se ha visto envuelto en una polémica a raíz de una valla publicitaria de campaña electoral en Chipre dirigida a turistas y residentes israelíes.

Una imagen compartida el domingo por el eurodiputado chipriota Fidias Panayiotou mostraba la valla publicitaria en hebreo con una foto de Eisenkot junto a un mensaje que decía: «¡Israelíes, disfrutad! ¡Os lo merecéis!», visible para los viajeros que salen del aeropuerto de Lárnaca.

Para quienes se dirigen al aeropuerto, una segunda valla reza: «¿Se lo han pasado bien? ¡Pues ahora vuelvan y ganen!».

«Esta foto no se tomó en Israel, sino en mi país, Chipre», afirmó Panayiotou. «Esto simplemente no está bien. Debemos defender la soberanía de Chipre».

Chipre es uno de los principales destinos vacacionales para los israelíes, que constituyeron el segundo mayor grupo de visitantes de la isla en 2025.

Más información: Las vallas publicitarias de la campaña electoral israelí en Chipre desatan el debate

Gadi Eisenkot ha llevado su campaña electoral a Chipre con una valla publicitaria dirigida a los turistas y expatriados israelíes en la isla (X/Fidias0)

Expertos de la ONU instan a Irán a suspender las condenas a muerte de diez hombres

Hace 6 horas

Expertos de la ONU instaron el lunes a Irán a anular las condenas a muerte impuestas a diez jóvenes por las protestas antigubernamentales que sacudieron el país en enero.

Doce hombres, con edades comprendidas entre los últimos años de la adolescencia y los primeros de la veintena, fueron condenados y dos de ellos fueron ejecutados el 19 de julio.

«Condenar a muerte a 12 personas en una sola vista, en una sala de tribunal a puerta cerrada y sin claridad sobre la responsabilidad individual de cada acusado, viola las normas establecidas sobre juicios justos», afirmaron los expertos.

Los 13 expertos son relatores especiales de las Naciones Unidas y miembros de grupos de trabajo sobre desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias.

Irak afirma que abre una investigación sobre la denuncia de un ataque con drones saudíes

Hace 6 horas

El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, pidió este lunes que se investigara la denuncia de Arabia Saudí de que los drones que tenían como objetivo su territorio habían sido lanzados por grupos proiraníes en Irak, según informó su portavoz.

Zaidi ordenó «a las autoridades de seguridad competentes que investiguen la declaración emitida por el Ministerio de Defensa del Reino de Arabia Saudí en relación con los ataques contra el reino con drones lanzados desde territorio iraquí», afirmó el portavoz Sabah al-Numan en un comunicado.

Opinión: Por qué vincular un acuerdo nuclear con Arabia Saudí a Israel es un error estratégico

Hace 7 horas

El futuro de las relaciones entre EE. UU. y Arabia Saudí puede depender menos de grandes declaraciones que de la capacidad de Washington para distinguir entre intereses estratégicos y aspiraciones políticas.

Si Estados Unidos condicionara un acuerdo nuclear civil con Arabia Saudí a la adhesión inmediata del reino a los Acuerdos de Abraham, estaría fusionando dos objetivos políticos fundamentalmente diferentes en una única prueba diplomática.

Tal enfoque podría parecer que aumenta la influencia estadounidense. En la práctica, es más probable que disminuya la influencia de EE. UU. al tiempo que acelera el surgimiento de un Oriente Medio más multipolar.

La cuestión no es si la normalización entre Arabia Saudí e Israel redundaría en beneficio de los intereses regionales. Existen argumentos convincentes de que, a la larga, podría hacerlo. Más bien, la cuestión es si Washington puede esperar de forma realista que Riad abandone una postura que ha articulado con notable coherencia durante más de dos décadas: que la normalización formal debe seguir —y no preceder— a una vía creíble hacia la creación de un Estado palestino.

Más información: Por qué vincular un acuerdo nuclear con Arabia Saudí a Israel es un error estratégico Opinión del Dr. Ahmed Altuwaijri

El presidente de EE. UU., Donald Trump, y el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, en el Foro de Inversión EE. UU.-Arabia Saudí celebrado en Washington el 19 de noviembre de 2025 (Brendan Smialowski/AFP)

Trump afirma que preguntará a Putin si los satélites rusos están ayudando a Teherán

Hace 8 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró el lunes que preguntará al presidente ruso, Vladímir Putin, si los satélites rusos están ayudando a Teherán a dirigir ataques en Oriente Medio.

«Se lo preguntaré a Putin. Lo averiguaremos», declaró Trump a los periodistas a bordo del Air Force One.

Kuwait condena los ataques con drones contra instalaciones petroleras saudíes

Hace 8 horas

Kuwait ha condenado los intentos de ataques con drones dirigidos contra instalaciones petroleras en la Provincia Oriental de Arabia Saudí y en la capital, Riad, calificándolos de violación flagrante de la soberanía y la integridad territorial del reino.

En un comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Kuwait señaló que los drones fueron lanzados por milicias en Irak y que el ataque infringió el derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y la Resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Kuwait reafirmó su pleno apoyo a Arabia Saudí, afirmando que la seguridad del reino es una parte inseparable de la propia seguridad de Kuwait y de la del Consejo de Cooperación del Golfo.

Bab al-Mandeb: La guerra de EE. UU. contra Irán otorga a los huzíes una nueva ventaja sobre Arabia Saudí

Hace 9 horas

Cuando los huzíes de Yemen amenazaron la semana pasada con un «embargo marítimo» contra los puertos saudíes, el riesgo de que la guerra regresara a la Península Arábiga —y de que Bab al-Mandeb se convirtiera en el segundo gran cuello de botella petrolero amenazado— se hizo de repente una realidad.

La escalada comenzó después de que Arabia Saudí atacara el Aeropuerto Internacional de Saná, en Yemen, hace más de dos semanas, lo que podría arrastrar al país aún más profundamente a la guerra en expansión de EE. UU. e Israel contra Irán.

El ataque se produjo tras la decisión de los huzíes de reabrir el aeropuerto de Saná a los vuelos directos procedentes de Irán.

Más información: Bab al-Mandeb: la guerra de EE. UU. contra Irán otorga a los huzíes una nueva ventaja sobre Arabia Saudí

Estudiantes universitarios desfilan con banderas palestinas y yemeníes sobre representaciones de las banderas de Israel, EE. UU. y el Reino Unido durante una manifestación a favor de los huzíes en la Universidad de Saná, en la capital de Yemen, el 22 de julio de 2026 (Mohammed Huwais/AFP)

Trump afirma estar dispuesto a emprender una acción militar si fracasan las negociaciones con Irán, según informa un medio

Hace 9 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró el lunes que Washington se encontraba en «negociaciones muy avanzadas con Irán» y advirtió de que está dispuesto a emprender una «acción militar contundente» si fracasa la diplomacia.

«No queda mucho tiempo. O se hace rápido o no se hace», declaró Trump a Axios cuando se le preguntó cuánto tiempo estaba dispuesto a conceder a las negociaciones.

Opinión: Karim Khan se atrevió a pedir cuentas a Israel, y por eso fue destituido

Hace 9 horas

Hubo una publicación reveladora entre la avalancha de reacciones que siguieron a la demisión, tan previsible, del fiscal jefe Karim Khan por parte de la Corte Penal Internacional (CPI) el viernes.

La publicó Danny Danon, embajador de Israel ante la ONU, quien advirtió al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.

Mamdani acababa de calificar al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de criminal de guerra, que debería ser detenido la próxima vez que pise suelo estadounidense, aunque Mamdani admitió que no tenía competencias para hacerlo.

Danon repitió la afirmación —que ahora parece haberse confirmado como un hecho— de que Khan utilizó las órdenes de detención contra Netanyahu y su antiguo ministro de Defensa para encubrir sus presuntas faltas sexuales.

Más información: Karim Khan se atrevió a pedir cuentas a Israel, y por eso fue destituido Artículo de opinión de David Hearst

El fiscal de la Corte Penal Internacional, Karim Khan, asiste a una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York el 27 de enero de 2025 (AFP)

Israel liberará a 60 detenidos palestinos en la mayor liberación desde octubre

Hace 10 horas

Se espera que Israel libere este lunes a 60 detenidos palestinos en la Franja de Gaza, según informaron el ejército israelí y la Oficina de Prensa de los Presos Palestinos, según Haaretz.

Esta sería la mayor liberación de detenidos palestinos desde el acuerdo de alto el fuego de octubre.

A diferencia de los liberados en el marco del acuerdo de octubre, los detenidos que ahora serán puestos en libertad no se consideran «terroristas», según ha informado el ejército israelí.

Una mujer palestina da a luz a un bebé muerto tras el retraso de la ambulancia por parte de soldados israelíes en un puesto de control de Cisjordania

Hace 10 horas

Una mujer palestina dio a luz a un bebé muerto en una ambulancia después de que el vehículo fuera retenido por soldados israelíes en un puesto de control de la Cisjordania ocupada el lunes.

La mujer, de 28 años, estaba embarazada de seis meses y se encontraba inconsciente cuando los servicios médicos la recogieron de su domicilio en la localidad de Qaryout, al sur de la ciudad de Nablus, según explicó a la AFP el médico palestino Bashar Qaryouti.

«Sufría una hemorragia muy grave y su estado era extremadamente crítico», afirmó Qaryouti.

La entrada a una localidad cercana estaba cerrada, lo que obligó a la ambulancia a tomar caminos de tierra a través de olivares antes de llegar al puesto de control de Awarta, donde la barrera estaba cerrada y se había formado una larga cola de vehículos.

Soldados israelíes salieron de una torre de vigilancia cercana y ordenaron a Qaryouti que apagara el motor de la ambulancia.

Qaryouti afirmó que les explicó que el equipo médico del vehículo se estaba utilizando para mantener con vida a una paciente, pero le obligaron a apagar el motor.

Mientras la ambulancia permanecía bloqueada, el estado de la mujer empeoró y la enfermera que la acompañaba se vio obligada a asistir el parto dentro del vehículo.

«El bebé nació muerto», afirmó.

Tras esperar más de 30 minutos, los soldados devolvieron las tarjetas de identidad de la tripulación y permitieron que la ambulancia continuara su camino.

Al llegar al hospital, «la madre fue trasladada de urgencia al quirófano para detener la hemorragia», explicó Qaryouti.

Arabia Saudí afirma que se reserva el «derecho a responder» a los ataques con drones

Hace 10 horas

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí ha condenado los recientes ataques contra el reino, afirmando que se reserva el derecho a responder a ellos y a disuadir a los responsables, según informó Al Jazeera.

La declaración se produjo después de que los huzíes de Yemen reivindicaran el lunes los ataques con drones contra la infraestructura petrolera de Arabia Saudí, calificándolos de represalia por las incursiones de drones saudíes.

El viernes, las fuerzas saudíes atacaron la ciudad portuaria yemení de Hodeidah, controlada por los huzíes.

El general de división Turki al-Maliki, portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudí en Yemen, culpó a los huzíes de la escalada del conflicto y calificó sus ataques de «cobardes y temerarios».

Los huzíes lanzan ataques con drones contra la infraestructura petrolera saudí

Hace 11 horas

El Gobierno huzí de Yemen afirmó que el lunes lanzó ataques con drones contra la infraestructura petrolera de Arabia Saudí en respuesta a las incursiones de los drones del reino.

El portavoz militar de Ansar Allah, Yahya Saree, afirmó que «se atacaron varios objetivos y puntos sensibles relacionados con el suministro y el transporte de crudo desde el este de Arabia Saudí hasta Yanbu utilizando varios drones», refiriéndose a la ciudad portuaria donde el oleoducto este-oeste de la monarquía del Golfo llega al mar Rojo.

No hubo confirmación inmediata por parte de Arabia Saudí ni informes de daños o víctimas.

El Ministerio de Defensa saudí declaró en un comunicado, también el lunes, que se habían interceptado varios drones lanzados por grupos respaldados por Irán en Irak y dirigidos contra instalaciones petroleras.

Arabia Saudí exigió a Irak que impidiera que su territorio fuera utilizado para lanzar ataques.

Continúan las redadas y demoliciones israelíes en toda la Cisjordania ocupada

Hace 11 horas

Las redadas, los asaltos y las detenciones continuaron el lunes en toda la Cisjordania ocupada, a medida que las fuerzas israelíes ampliaban sus incursiones.

El ejército israelí llevó a cabo una redada en un centro de formación de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, en el campo de refugiados de Qalandiya, al norte de la Jerusalén Oriental ocupada.

Las tropas irrumpieron en las instalaciones, lanzaron gas lacrimógeno y detuvieron a personal de la ONU, según informó la Gobernación de Jerusalén en un comunicado.

El ejército israelí también llevó a cabo una redada en el campo de Qalandiya durante la noche, lanzando granadas aturdidoras y gas lacrimógeno que provocaron un incendio, según la Gobernación.

La redada se produce semanas después de que la gobernación advirtiera de un plan israelí para demoler el centro de formación de la UNRWA en Qalandiya.

Fuentes locales informaron a la agencia de noticias Wafa de que ocho palestinos fueron detenidos en cinco localidades de Nablus.

El lunes también se denunciaron una serie de demoliciones y redadas en viviendas palestinas en Jenin, Ramala, Qalqilya, Hebrón y Belén, seguidas de nuevas detenciones de palestinos.

Maquinaria pesada quedó calcinada en el interior de una cantera palestina tras el ataque de colonos israelíes, cerca de Ramala, en la Cisjordania ocupada, el 27 de julio de 2026 (Reuters/Mohammed Torokman)

Israel ataca a civiles que se refugiaban en una escuela de la ONU en Gaza, mientras que otro ataque mata a dos personas

Hace 12 horas

Un ataque israelí tuvo como objetivo a un grupo de civiles palestinos en Deir el-Balah, en el centro de Gaza, frente a una escuela de la UNRWA donde se habían refugiado.

Los heridos fueron trasladados al hospital, entre ellos una persona en silla de ruedas a la que le habían amputado las piernas en un anterior ataque aéreo israelí, según informó Al Jazeera.

En las últimas 24 horas, los ataques israelíes contra Gaza han causado la muerte de dos personas y han herido a otras 12.

Otro palestino ha fallecido a causa de las heridas sufridas en anteriores actos de violencia del ejército israelí, según informó el Ministerio de Sanidad de Gaza.

Los ataques diarios desde que entró en vigor el denominado «alto el fuego» en octubre han causado la muerte de al menos 1 203 personas y han herido a 3 900 en la Franja sitiada.

Teherán rechaza buscar negociaciones con EE. UU. y confirma que el estrecho de Ormuz permanece cerrado

Hace 12 horas

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, abordó varios puntos importantes durante una rueda de prensa celebrada el lunes en Teherán.

Irán no ha solicitado reanudar las negociaciones con Estados Unidos para poner fin a la guerra, afirmó, y añadió que las negociaciones con EE. UU. «no forman parte de nuestro ADN».

«Esto no es gestión de la guerra. Los repetidos crímenes de guerra y el alardear de ellos no son más que intentos de escapar de un desastre que ellos mismos han creado bajo la influencia del régimen sionista, y, inevitablemente, pagarán el precio», declaró Baghaei a los periodistas.

Añadió que el viernes y el sábado se celebraron negociaciones entre Irán y Omán sobre el estrecho de Ormuz, una vía navegable clave.

«La situación en el estrecho de Ormuz no ha cambiado; sigue cerrado, y estas negociaciones no tienen nada que ver con EE. UU.».

El funcionario iraní también se pronunció sobre la detención de dos diplomáticos franceses a principios de este mes por parte de las fuerzas de seguridad iraníes, así como sobre la convocatoria del embajador francés.

«Se hizo hincapié en que el Gobierno francés debe poner fin a tales acciones y a esa injerencia en los asuntos internos de Irán bajo pretextos engañosos».

Baghaei afirmó que las acciones de los diplomáticos se llevaron a cabo «con el pretexto de interactuar con la sociedad civil».

Los diplomáticos fueron detenidos e interrogados durante varias horas el 19 de julio, antes de que se les permitiera regresar a la embajada.

Turkmenistán califica de «inaceptable» el ataque de Ucrania contra un buque iraní

Hace 12 horas

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Turkmenistán declaró el lunes en un comunicado que el ataque de Ucrania contra un buque mercante iraní en el mar Caspio el sábado era «inaceptable».

«Turkmenistán, como Estado ribereño del Caspio y país con neutralidad permanente reconocida por las Naciones Unidas, hace hincapié en que el mar Caspio es un mar de paz, armonía y buena vecindad», señaló.

El ataque de Kiev contra el buque iraní el sábado causó la muerte de al menos un marinero y dejó heridos a varios más, según el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní.

Netanyahu parte hacia EE. UU. a pesar de la orden de detención de la CPI

Hace 13 horas

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha partido hacia Washington D. C., donde tiene previsto reunirse con el presidente de EE. UU., Donald Trump, según un comunicado oficial publicado en una cuenta oficial israelí en las redes sociales.

Parte sin el habitual anuncio previo por parte de su oficina y sin periodistas que le acompañen, según Haaretz.

Se espera que asista al funeral del senador estadounidense Lindsey Graham.

En noviembre de 2024 se dictaron órdenes de detención contra Netanyahu y su exministro de Defensa, Yoav Gallant, acusados de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Desde entonces, la Corte Penal Internacional (CPI) se ha enfrentado a una campaña de amenazas y medidas punitivas por parte de Estados Unidos, que se niega a adherirse a la CPI.

El ejército israelí incursiona en Quneitra (Siria) y detiene a un civil

Hace 13 horas

El ejército israelí realizó una incursión en la provincia siria de Quneitra y detuvo a un civil tras allanar su domicilio, según la agencia oficial de noticias siria SANA.

Varios vehículos militares entraron el domingo en la localidad de Samdaniyah Occidental, en la zona rural del norte. Los soldados registraron una vivienda, detuvieron a un civil sirio y, posteriormente, se retiraron de la zona.

Por otra parte, el ejército israelí informó el lunes de que había detenido a dos israelíes que intentaban cruzar a Siria.

Las fuerzas israelíes también irrumpieron el lunes en varias viviendas en la zona rural occidental de Daraa, en Siria.

Una mujer palestina embarazada pierde a su hijo tras la obstrucción de una ambulancia por parte de las fuerzas israelíes

Hace 18 horas

Una mujer palestina de la localidad de Qaryut, al sur de Nablus, perdió a su hijo nonato después de que las fuerzas israelíes impidieran que una ambulancia cruzara el puesto de control militar de Awarta, según informó Wafa.

El responsable de la ambulancia de Qaryut, Bashar al-Qaryuti, declaró a la agencia de noticias que las fuerzas israelíes obstaculizaron la labor de los equipos médicos y se negaron a permitirles atravesar las barreras.

Añadió que un miembro del equipo médico fue detenido, mientras que la mujer embarazada —que se encontraba en su sexto mes de gestación— fue sometida a un registro a pesar de su hemorragia grave y su estado crítico.

Los soldados también obligaron a la tripulación a apagar el motor de la ambulancia, lo que provocó que el equipo de asistencia médica del vehículo dejara de funcionar

El ejército libanés condena los continuos «ataques y violaciones» israelíes

Hace 19 horas

El ejército libanés denunció las continuas operaciones militares israelíes en el sur del país, afirmando que estas impedían su pleno despliegue conforme al acuerdo alcanzado con Israel.

«Las fuerzas de ocupación israelíes continúan con sus ataques y violaciones de los acuerdos vigentes y del derecho internacional mediante la destrucción sistemática y el derribo de viviendas con excavadoras, los bombardeos y las redadas con armas automáticas en varias zonas del sur», señalaba el comunicado.

«La continuación de estos ataques obstaculiza el despliegue completo del ejército de acuerdo con los acuerdos vigentes e impide el regreso de los residentes a sus pueblos y localidades», añadió.

Según diversas informaciones, los ataques y demoliciones israelíes en el sur del Líbano siguen produciéndose.

Desde principios de marzo, los ataques del ejército israelí en el Líbano han causado la muerte de más de 4.330 personas y han dejado heridas a más de 12.236.

Las fuerzas israelíes irrumpen en viviendas del sur de Siria

 

Hace 19 horas

Las fuerzas israelíes irrumpieron en varias viviendas del sur de Siria a primera hora del lunes durante una operación en la zona rural occidental de la provincia de Daraa, según la cadena de televisión siria Alikhbariah.

Varias viviendas de civiles en la aldea de al-Ardah fueron registradas durante la redada israelí, en medio de un intenso tiroteo.

Actualización matutina

Hace 20 horas

Buenos días, lectores de Middle East Eye,

Estas son las últimas novedades:

  • El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní afirmó que siguen intercambiando mensajes con EE. UU., pero acusó a Washington de socavar los esfuerzos diplomáticos. Esmaeil Baqaei declaró a la cadena de televisión austriaca ORF que EE. UU. había destruido y violado las condiciones que son vitales para las negociaciones.
  • El presidente de EE. UU., Donald Trump, compartió el domingo una serie de imágenes generadas por inteligencia artificial en su red social Truth Social, en las que se mostraba la incautación de un petrolero iraní y un ataque contra la terminal de exportación de petróleo de Kharg, en Irán.
  • El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, declaró el domingo que un ataque ucraniano contra un buque mercante iraní «no puede quedar sin respuesta». Afirmó en X que se trataba de «una flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas, llevada a cabo a instancias de Israel para arrastrar a Europa a su guerra».
  • El presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, declaró en una entrevista con Al Jazeera que un acuerdo de seguridad satisfactorio con Israel podría allanar el camino hacia una paz integral sin comprometer el derecho de Siria a los Altos del Golán, ocupados por Israel.
  • El gabinete de seguridad de Israel ha aprobado permitir que una fuerza internacional propuesta para Gaza entre en partes del enclave que no se encuentran bajo ocupación israelí, según un funcionario israelí. La fuerza de seguridad internacional propuesta forma parte del plan para Gaza respaldado por EE. UU. y presentado en octubre.
  • Los colonos israelíes establecieron el domingo tres nuevos asentamientos en terrenos de propiedad palestina en la Cisjordania ocupada, según informó la agencia de noticias Wafa. Decenas de colonos se instalaron en Tel al-Asur, entre las localidades de al-Mughayyir y Deir Jarir, al este de Ramala.

Seis buques intentan atravesar el estrecho de Ormuz «de forma ilegal e insegura»

Hace 20 horas

Irán afirmó que seis buques intentaron atravesar una ruta no autorizada en el estrecho de Ormuz a primera hora del lunes, según informó el medio estatal IRIB citando a una fuente familiarizada con el asunto.

Según la fuente, los buques intentaron atravesar la ruta sur de esta vía navegable vital «de forma ilegal e insegura» tras apagar sus sistemas de navegación y posicionamiento.

Menos de una docena de buques transitaron por el estrecho de Ormuz durante el fin de semana

Hace 21 horas

Menos de diez buques de mercancías atravesaron diariamente el estrecho de Ormuz durante el fin de semana, a pesar de la tregua en el intercambio de ataques entre Irán y EE. UU.

Según Reuters, que cita a Kpler, el domingo transitaron siete buques, incluidos tres petroleros vinculados a Irán que salieron de la vía navegable.

El sábado, según se informa, atravesaron el estrecho tres buques.

Túnez: La hija de Ghannouchi afirma que a la familia se le ha negado información tras su desmayo en prisión

Hace 22 horas

La hija del líder tunecino de Ennahda, Rached Ghannouchi, actualmente encarcelado, ha declarado que a su familia se le ha negado todo contacto con él y toda información sobre su estado durante más de una semana, después de que, según se informa, este hombre de 84 años se desmayara debido a las altas temperaturas y fuera trasladado al hospital.

Ha surgido preocupación por la salud del líder de la oposición después de que una testigo afirmara haberle visto perder el conocimiento en el interior de la prisión de Mornaguia.

«¿Dónde está mi padre? ¿Dónde lo están ocultando? ¿Por qué impiden las visitas?», declaró Soumaya Ghannouchi en un vídeo publicado en Instagram.

Según ella, a los abogados que intentaban visitarlo en la prisión se les informó de que había sido trasladado al hospital. Sin embargo, añadió que, cuando una abogada y su madre acudieron al hospital, las autoridades les negaron la entrada y se negaron a facilitarles cualquier información.

«Lo último que nos comunicaron los abogados es que mi padre se sintió mareado y se desmayó durante la visita debido a un golpe de calor», afirmó, añadiendo que las temperaturas en el interior de la prisión habían superado los 50 grados centígrados.

Más información: La hija de Ghannouchi afirma que a la familia se le ha negado información tras su desmayo en prisión

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Resumen de Ana Muñoz de la Torre.

https://x.com/ana_m_delatorre/status/2081712508381835636

SEGUNDA NOCHE SIN BOMBAS: EL IMPERIO SE HA QUEDADO SIN ALIENTO

Por segunda noche consecutiva, el ejército estadounidense no ha lanzado un solo misil. Catorce días de bombardeo ininterrumpido y de repente, silencio. Una noche… dos noches. El imperio ha llegado a su límite y no tiene valor para reconocerlo en público.

Trump, fiel a su retórica imaginaria, afirma que Teherán «se está poniendo más seria» en las negociaciones y que «le encantaría llegar a un acuerdo». Un funcionario militar iraní lo niega. De nuevo, la realidad material se impone a la fantasía de un imperio construido sobre humo que comienza a mostrar signos de agotamiento. El rey está desnudo y ni toda su corte puede evitar que el mundo lo vea.

Y mientras el Pentágono recupera el resuello, sigue mendigando cómplices por el mapa. Bulgaria acaba de prestarle un avión cisterna, después de haber prestado ya su aeropuerto para bombardear Irán. Baqaei ha vuelto a recoger el guante: quien presta suelo a EEUU se convierte en objetivo, y va a pagarlo como todos los demás. Londres está jugando con fuego.

El estrecho de Ormuz continúa cerrado porque Irán lo decide. El pueblo persa no ha pedido negociar nada para acabar esta guerra. Ni lo va a pedir. Quien lo cerró es quien decide cuándo se abre. Sus condiciones son claras. Mientras EEUU continúe atacando, ni una sola gota de petróleo saldrá del Golfo.

Europa cuenta los días con el mismo reloj que Irán. Sus almacenes de gas están al 48-52%, diez puntos por debajo de la media de los últimos cinco años, y la propia Comisión fija en el 80% el umbral que considera «suficiente» para pasar el invierno. Octubre es la fecha en la que ese colchón se agota: si la guerra sigue cerrando el estrecho, es el mes en que Europa dejará de tener margen y empezará a pagar en la calefacción de sus casas la factura de una guerra que no eligió librar, pero que tampoco ha hecho nada por frenar.

Dos noches de silencio son el sonido de un imperio haciendo cuentas y descubriendo que no le salen. EEUU puede seguir contando noches porque Irán tiene todas las que hagan falta.
Fuente: IRNA / Press TV, 27 julio 2026.

Link: https://x.com/ana_m_delatorre/status/2081712508381835636

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