“Las autoridades del tiempo deciden que los relojes atómicos y los astronómicos vayan cada uno por su lado” por Miguel Ángel Criado

El País, 16/X/2026. A partir del año que viene dejará de ajustarse el segundo bisiesto. El desajuste entre los relojes atómicos y la rotación irregular de la Tierra se solventará cuando la diferencia se acerque a una hora dentro de varios siglos.

Por mucho que lo digan las matemáticas, el día no dura 86.400 segundos. La rotación terrestre no es tan regular. Y eso provoca un desajuste entre el segundo marcado por los astros y el medido por los relojes atómicos, el estándar oficial. Desde el siglo pasado, para balancear la ecuación, se introducía un segundo de más, llamado intercalar, cada cierto tiempo. Ahora, la Oficina Internacional de Pesos y Medidas (BIPM, por sus siglas en francés) ha decidido decir adiós al segundo intercalar. Desde el año que viene, dejarán que la diferencia entre el tiempo universal (UT1, el astronómico) y el Tiempo Universal Coordinado (UTC por sus siglas en inglés) crezca libremente. Serán las generaciones futuras, cuando esta diferencia se acerque a la hora, las que tengan que solucionar su problema. La Oficina, reunida en Versalles, ha aprobado este jueves adelantar ocho años el fin de estos ajustes, previsto inicialmente para 2035, ante los riesgos que entrañan para los sistemas de sincronización horaria y la rápida evolución tecnológica.

Durante siglos, se mantuvo la ilusión de la duración regular de años y días, aunque los astrónomos y otros científicos fueran descubriendo que no era verdad. La Tierra no es una auténtica esfera; está compuesta de sólidos y líquidos tanto dentro como en la superficie; su núcleo y cortezas tienen velocidades diferentes. Además, están las mareas, el influjo de la Luna, los ciclos de glaciación y deshielo y, ahora, el cambio climático. Todo eso afecta la rotación del planeta y, por tanto, a la duración real del día. No parecía un problema serio hasta que empezó a parecerlo. En 1967, con la llegada de los relojes atómicos, en el inicio de la era de la computación, se cambió la definición del segundo, arrinconando la astronómica. Desde entonces, un segundo equivale a los 9.192.631.770 ciclos de los átomos de cesio-133 de los relojes atómicos. Y el tiempo empezó a no coincidir.

Desde 1972, se han introducido 27 segundos intercalares. El cuándo y el cómo han sido variables. Dado que la rotación del planeta no es regular, los segundos intercalares no son como los años bisiestos. Se añaden solo cuando el desajuste entre el tiempo astronómico (el UT1) y el atómico (el UTC) se acerca a 0,9 segundos. Además, no hay una norma que diga en qué momento del año añadirlo. Se tiende a hacer en la Nochevieja o en junio. Pero mientras unos lo suman al último segundo de la última hora del año, otros prefieren meterlo como primer segundo del año siguiente. Algunas empresas, como Amazon, suelen distribuir el segundo en las últimas 24 horas del año.

“Durante este tiempo, los usuarios han tenido que desarrollar distintas soluciones para gestionar el segundo intercalar, lo que ha generado una fragmentación innecesaria y riesgos para la fiabilidad, resiliencia e integridad de la sincronización de tiempo en infraestructuras críticas”, cuenta María Dolores del Campo, directora del Centro Español de Metrología (CEM), en un correo. Del Campo escribe desde París, donde encabeza la delegación española en la 28.ª Conferencia General de Pesas y Medidas de la BIPM. España ha votado por jubilar el segundo bisiesto.

Como cuenta del Campo, “en España nos preocupa especialmente la creciente utilización del tiempo proporcionado por los sistemas GNSS como referencia”, refiriéndose a las distintas constelaciones de navegación por satélite: la GPS estadounidense, la GLONASS rusa, la Beidou china y el Galileo europeo. “La coexistencia de diferentes escalas de tiempo GNSS, con discrepancias de varios segundos respecto de UTC, puede provocar errores, fallos e ineficiencias en las telecomunicaciones y en otros sistemas que dependen de estas señales para su sincronización”, explica.

Porque un segundo de más o de menos importa. En junio de 2012, más de 400 vuelos de la compañía australiana Qantas sufrieron problemas tanto en su facturación como en su horario por una introducción desajustada del segundo intercalar. En 2016, varias páginas web y servicios de internet dejaron de funcionar hasta dos horas por el mismo problema. Desde entonces, no se han añadido más segundos intercalares. Al principio, porque no hizo falta. Desde 2022, porque se decidió posponerlo hasta 2035 y entretanto decidir jubilar la medida. Lo que han decidido es jubilarla y no esperar. El adiós al segundo intercalar será oficial en 2027.

La decisión empezaba a urgir. Diferentes fenómenos, como el frenazo en el núcleo terrestre o el deshielo de las grandes masas de hielo terrestre, amenazan con hacer aún más irregular la rotación terrestre. Los expertos no descartaban la necesidad de, en algún momento, no añadir un segundo más, sino restarlo. Si el segundo intercalar positivo introduce incertidumbre, el negativo tendría consecuencias aún no previstas.

Sobre las consecuencias de jubilar al segundo intercalar, la principal razón para añadirlo era mantener una correspondencia entre la hora de nuestros relojes y la posición de la Tierra respecto al Sol. “En astronomía, conocer con precisión la rotación de la Tierra es fundamental para realizar observaciones astronómicas, ya que permite determinar correctamente la posición de los astros y orientar los telescopios hacia ellos”, recuerda Antonio Estarellas, del Real Instituto y Observatorio de la Armada (ROA), el organismo que mantiene los relojes atómicos y la hora oficial en España. “Sin embargo, este tipo de aplicaciones puede utilizar directamente el tiempo astronómico UT1, por lo que no necesita que UTC coincida exactamente con él”, aclara.

Desde 2027, no será necesario ajustar los relojes atómicos. “Estos continuarán funcionando de forma ininterrumpida y proporcionando una referencia de tiempo precisa y estable”, recuerda Estarellas. “Lo que cambiará será la tolerancia respecto al tiempo astronómico. Hasta ahora, la diferencia entre UTC y UT1 debía mantenerse por debajo de 0,9 segundos. La propuesta actual es ampliar considerablemente ese margen, permitiendo que UTC funcione de forma continua durante siglos”, añade.

Lo que se ha aprobado es que, desde el 20 de mayo del año que viene, se deje que la diferencia crezca hasta que se acerque a la hora. “Esto significa que la diferencia entre el tiempo civil y el astronómico irá aumentando progresivamente, aunque no necesariamente a un ritmo constante, ya que la velocidad de rotación de la Tierra presenta variaciones difíciles de predecir a largo plazo”, termina el experto del ROA. Harán falta siglos para que se cumplan esos 3.600 segundos. Serán los humanos del futuro los que tengan que lidiar con el problema de una especie de hora bisiesta.

https://elpais.com/ciencia/2026-10-15/las-autoridades-del-tiempo-deciden-que-los-relojes-atomicos-y-los-astronomicos-vayan-cada-uno-por-su-lado.html.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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