Vivienda, 11N, 27N (y Ceuta en el horizonte)

No es fácil decir (y yo no creo ser capaz) algo sustantivo, de interés o novedoso sobre lo sucedido y sigue sucediendo en Ceuta [1], una situación que no se resolverá en días ni en meses ni en años, ni incluso en décadas, y que probablemente “siempre” esté ahí (junto a Melilla), con tensión ininterrumpida. Y no es fácil vivir, ni convivir, en circunstancias así.

Todo parece indicar que, por activa o por pasiva (sobre todo por activa, tras conocer la intrusión de buques de guerra marroquíes en las aguas de la ciudad autónoma los días 30 y 31 de julio), la monarquía alauita y sus instituciones (con sus aliados en la distancia: nada menos que el Estados Unidos de Trump y el Israel sionista, además del comunicado del pasado domingo) han desempeñado un papel decisivo en lo sucedido. Entre lo sucedido: ¿cuántos jóvenes fallecidos? ¿90, 100, 120? (Por lo demás, en la memoria de todos nosotros sigue presente la Marcha Verde de noviembre de 1975, y la reciente e inadmisible política de concesiones del gobierno de coalición progresista (con disensiones en su interior) que anula de hecho el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui).

No es alarmismo injustificado ni islamofobia observar críticamente, no fue fruto de la casualidad, la llegada de unas 70.000 personas migrantes a una ciudad que ronda los 84 mil (el 45% de los cuales, como recuerdan, tienen origen marroquí y viven en buena convivencia con el resto de ciudadanos) y apuntar el desasosiego, la angustia e incluso miedo que pudieron sentir los ceutíes. A título de comparación: es como si hubieran llegado a Barcelona a finales de julio 1.500.000 personas y, en los días siguientes, unos 700.000 o más deambularan por las calles de la ciudad y durmieran sin apenas protección en las playas de la Barceloneta y Poble Bou. Y así durante días días.

Es necesario destacar, eso sí, el admirable y fraternal comportamiento de muchos colectivos de la ciudad con los recién llegados y el fracaso de la derecha extrema y extrema derecha que ha hecho todo lo posible para sacar de la ciudadanía ceutí su peor nosotros. Ha habido, ciertamente comportamientos fascistoides y racistas, pero han sido claramente minoritarios. Ni que decir tiene que las derechas extremas lo siguen y seguirán intentando y allí volverán agitando huracanes una y otra vez (y más en tiempos de elecciones). Contra peor, piensan, mejor para ellas. No hay España en su corazón; hay poder y ambición envueltos con la rojigualda anticonstitucional.

La actuación del gobierno de coalición progresista, así suelen llamarse, no pasará a la historia del buen hacer, de las buenas praxis políticas. Sin entrar en muchos detalles, que el presidente de Gobierno (alguien al que a veces se le considera el más hábil, el más listo de la clase, un gran lector-ejecutor de El príncipe) siguiera tras dos días de presencia con sus vacaciones en Lanzarote, no solo muestra (incluso demuestra) una falta de sensibilidad que pone los pelos de punta al más próximo a su figura y una clamorosa ausencia de principios éticos básicos, sino una falta de saber hacer, de prudencia política que llama la atención (y el rechazo) de cualquier ciudadano (sea o no derechas, sanchista o no). Cualquiera de nosotros, sin mucha política en nuestra cabeza, sin ser muy listos, hubiera sabido qué hacer sin pensárselo dos tardes y una mañana: estar allí, en el centro de la tormenta, coordinando, dando ejemplo, echando manos, buscando acuerdos, manteniéndose firme, intentado ayudar de la forma más razonable, prudente y desinteresada.

Poco más puedo decirles. Debemos seguir alertas, denunciando todo aquello que sea denunciable, y debemos seguir apoyando a las personas más vulnerables en todo lo que esté en nuestras manos, sin olvidarnos desde luego de la situación del conjunto de la ciudadanía ceutí.

Pero no solamente Ceuta forma parte de los puntos centrales de la situación política española. La vivienda [2], el derecho a la vivienda, ha irrumpido -¡por fin!- con una fuerza inesperada, aunque muy deseada.

No hace falta decir que la cosa viene de lejos. Del 11M y de muchos antes. Basta pensar en la crisis de las subprime, en los desalojos de aquellos años y en el movimiento de las PAH (Plataformas de los afectados por las hipotecas). La estafa fue monumental y las ayudas a los grandes bancos razonable motivo de crítica permanente al capitalismo realmente existente. Llegaron a convertir en axioma indiscutible y generalizado, tal cual fuera un postulado geométrico, aquella monumental falsedad de “demasiado grande para caer” (o formulación afín).

Pero, ciertamente, la situación se ha agravado en los últimos años. No les abrumo con datos. Pero no es exageración por mi parte afirmar que el alquiler, no hablo de compra, de una habitación media con derecho a cocina y lavabo en Barcelona puede rondar los 600 euros, y que un piso de extensión media (60,70) en barrios o ciudades obreras puede superar los 1.100 euros o más.

La trágica muerte de la señora María Carmen Abascal (que, por supuesto, no nos hace olvidar otras desgracias, otras tragedias, otras muertes, incluso por suicidio) ha generado un movimiento en pro de la vivienda digna (con referencia al correspondiente artículo de la Constitución, sobre cuya viabilidad y realismo ya se hablaba en 1977, en los debates previos a la aprobación de la C78) que, en mi opinión, merece el apoyo de cualquier ciudadano de izquierdas (o incluso de centro no cegado en lo más básico). Las acampadas (difíciles, con mal tiempo), sus luchas contra los desalojos, sus manifestaciones, sus concentraciones, merecen el apoyo de todos nosotros. Sus reivindicaciones, miradas con lupa muy crítica o incluso con microscopio electrónico, están a la altura de lo que exigiría-pediría cualquier colectivo de izquierda que no haya renunciado al significado del término “izquierda”. Puede haber alguna inconsistencia menor cuando usan el término rentista que, en mi opinión, deberían usar con más prudencia, delimitándolo más. Pero pelillos a la mar. Lo que defienden, sus puntos esenciales, que pueden leerse en comunicados y en las acampadas (en Plaza Cataluña o en Sol, por ejemplo), reclaman apoyo y más apoyo, no discusiones inútiles (la izquierda radical somos muy dados a ello, me incluyo desde luego) sobre un adjetivo, un acento, dos puntos y tres comas.

Pues bien, de estos movimientos por una vivienda digna, donde el sindicato de (personas) inquilinas, el Movimiento Socialista, nada que ver con el PSOE y grupos afines, y otros colectivos de orientación anarquista juegan un papel que también merece reconocimiento, ha surgido el llamamiento para la huelga general del 11N. De ellos, no de otras instancias. No soy capaz de encontrar un solo motivo razonable que ponga en cuestión la justicia y necesidad de la convocatoria. Se puede indicar, aunque el término es cada vez más impreciso, al oportunismo de CCOO y UGT (incluso a una práctica poco edificante, si es así, mi fuente no es de mucha confianza, de este último sindicato en el alquiler de su antigua sede central en Madrid a un gran grupo inmobiliario), sindicatos que han estado durante años y años viéndolas venir y poniendo poquísima carne en el asador. Pero es de sabios rectificar, aunque sea forzado por las circunstancias, y no hay que olvidar a la convocatoria de huelga se han sumado muchos otros sindicatos que siempre se han mantenido muy críticos y alejados de las prácticas de los dos sindicatos mayoritarios.

En síntesis y sin desear invertir la idea-frase de uno de los peores políticos de la derecha extrema española (les hablo del belicista expresidente Aznar): hagamos todos todo lo que esté en nuestra alma y manos, por poco que sea, para que la huelga del 11N sea un éxito. ¡La España democrática y social en pie de nuevo! Los jubilados, con más margen que otros trabajadores, podemos ayudar de mil formas a facilitar a muchos otros compañeros que viven circunstancias más difíciles, con mucha más presión, con menos margen para poder expresar libremente su opinión.

Añado innecesariamente: la lucha no se detiene el 11N, por supuesto que no. Queda mucho por combatir en un tema -¡la vivienda, el lugar donde vivimos!- que es esencial para una buena parte de las clases trabajadoras españolas (sobre todo, las más jóvenes y las de instalación reciente en nuestro país) e incluso para sectores de las clases medias, un problema que ha irrumpido en sus vidas en las últimas décadas con fuerza inesperada.

Podrá decirse que no es casualidad la convocatoria de huelga y la de las elecciones del 29N. Pero conviene recordar que la convocatoria de huelga es previa (aunque la fecha concreta no estaba fijada) y que el presidente Sánchez, como es natural (poco puede objetársele en este punto) ha aprovechado “una ventana de oportunidad”, que no garantiza su éxito, para adelantar las elecciones. ¿Qué cabe decir críticamente de ello? ¿No hubiéramos hecho lo mismo dadas las circunstancias y las decisiones de derecha extrema de Junts, que a nadie deberían sorprender desde luego).

Me queda un punto. Vayamos, no les canso más, a las elecciones del 29N, que absoluto es asunto fácil.

Ningún voto por nuestra parte a las fuerzas de derecha extrema y extrema derecha, ni a las fuerzas nacionalistas. Debemos ser conscientes de lo que puede significar la presencia en el gobierno de la nación de un partido claramente trumpista, amigo de los partidos de Le Pen y Meloni. Se habla en ocasiones de que el Estado asistencial, el mal llamado Estado de bienestar (incluyendo las pensiones) está en peligro. Y lo está, no es una broma, no es alarmismo. Puede haber mucho sufrimiento detrás de todo ello. Feijóo, a título de ejemplo, ha señalado recientemente que el asunto de las bajas laborales debería estar en manos de las Mutuas. Tienen todo un programa de regresión, que no harán público en la cartera.

No hace falte que les cuente las inconsistencias y las corrupciones del PSOE. Tampoco su escaso espíritu reformista. No solo es el principal partido monárquico de nuestro país (antes juancarlista, ahora felipista), sino que, sin olvidar pequeñas reformas aquí y allá, obligado muchas veces por su izquierda y la movilización social, el espíritu transformador no cunde por sus venas ni por sus arterias (¡ni siquiera han sido capaces de anular la ley mordaza!). Se puede apelar al realismo, a la correlación de fuerzas parlamentarias realmente existente (que es la que es, de luego), a que no hay que confundir deseos con realidad, a que la clase obrera no es vanguardia de ninguna revolución, pero es evidente que, en muchas ocasiones, el PSOE se ha subordinado al poder e intereses de los que “mandan en última instancia”, por no hablar de su nefasta política belicista en lo que respecta a Ucrania y al apoyo a la rusofobia. No me olvido de algunos detalles antiTrump y a pequeños pasos en lo que respecta a Gaza y a la crítica del Estado sionista y criminal de Israel, pero, en general, estarán conmigo que el balance no es para tañer o repicar campanas.

Veamos las fuerzas que dicen estar a la izquierda del PSOE. Tampoco la cosa presenta muchos alicientes. Más allá de sus programas (que no conozco a día de hoy) no parece muy de recibo que Podemos, por ejemplo, nos ofrezca en Cataluña la posibilidad de votarles en una lista de ERC encabezada por un político independentista .Cat, el de las monedas de plata, recuerdan, el que votó no a la reforma laboral por “cálculo estratégico”, por cañero que el colomense Rufián pueda ser en algunas circunstancias. ¿De verdad de la buena que Podemos pretende animar y movilizar a las gentes trabajadores con una opción política de estas características? Patidifuso me quedo, en prolongado silencio permanezco.

Sin olvidar de otras opciones minoritarias (compleja arista en el que no entro; votar Animalistas no sirve para mucho), queda la opción del Frente Amplio de Izquierdas (la FAI-2026, como dice con sorna un sabio amigo). La cabeza de lista será esta vez Ada Colau (que hace muy poco declaró que para un FAI sin Podemos ella no era necesaria). Sin negar valor alguno a sus praxis como activista, Colau, confederalista, encabezará una lista de izquierda que también es confederal y muy regionalista. La vieja idea de aquel nefasto secretario general del PSUC y Síndic de Greuges llamado Rafael Ribó. España, la España de Machado, Lorca y Hernández, sigue siendo para ellos tema tabú, un país innombrable (siguen diciendo Estado español), un “Estado opresivo”.

Recuerdo por otra parte, sin ningún ánimo de machacar a nadie, que cuando Colau fue alcaldesa de Barcelona la consigna sobre “presos políticos” (así llamaban a los secesionistas encarcelados después de sus desmanes) colgó del Ayuntamiento barcelonés con su beneplácito y entusiasmo, al igual que sus sorprendentes posiciones sobre la prostitución y “las trabajadores sexuales”, sin olvidar su curiosa relación de simpatía y afecto (lo agasajó cuando visitó el Ayuntamiento de Barcelona, como ha recordado el escritor e historiador Higinio Polo) con el alcalde de Kiev, Vitali Klichkó, dirigente del partido derechista UDAR, un político extremadamente corrupto, que participó en el golpe de Estado del Maidán en 2014 y se alió con los neonazis del partido Svoboda.

Puede apelarse tal vez a aquella distinción maoísta entre la contradicción principal y las contradicciones secundarias. No está mal, no hay que olvidarlo. Pero incluso a mí, que fui muy maoísta de joven, la distinción no acaba de servirme por el momento. Las contradicciones secundarias pueden adquirir en ocasiones mucha sustantividad, mucho ser.

Luego, por tanto… No hay “por tanto”. Nada puedo aconsejarles, sabiendo además que, según todas las personas que conocen el tema, la abstención favorece al partido o partidos ganadores.

Solo se me ocurre decir que debemos mantenernos informados, que ayudemos en lo posibles a las manifestaciones de estos días y semanas, que -insisto de nuevo- apoyemos la huelga del 11N y que pensemos bien, muy bien, lo que vayamos a hacer el 29N. No es poco lo que nos jugamos. No es, si fuera el caso, un simple cambio de gobierno. Vienen contra nosotros y con toda su fuerza (que no es poca) y sin muchos miramientos. El “No pasarán” no está de más en esta ocasión.

No quisiera yo estar en “nuestra pellejo”, pero ahí estamos y no hay otra.

Notas

1) Una observación de Carlos Valmaseda: “Además es Ceuta, ¡Antártida! Las chicas españolas muy españolas que se manifestaron ayer están muy preocupadas por Ceuta, esa ciudad al lado de la Antártida: «Ceuta, Melilla, y la Antártida». Los que dais clase, a ver si me arregláis esto. Vale que, sea el país que sea, cuando presento la biblioteca absolutamente siempre tenga que explicar quién es Cervantes, porque no han oído hablar nunca de él, pero unas nociones mínimas de geografía creo que son necesarias para todo el mundo. Hacedme algo, por favor…”

2) Sobre vivienda no se pierdan este espléndido y documentado artículo de José Manuel Naredo: “Urbanismo con “burbujas”: auge de las “operaciones” y declive del planeamiento.” https://vientosur.info/urbanismo-con-burbujas-auge-de-las-operaciones-y-declive-del-planeamiento/.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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