Las últimas elecciones al Parlamento Europeo han dejado un poso de preocupación que se ha ventilado con cierta alegría en los medios de comunicación y ha quedado para ser digerido por los expertos (o, sencillamente, los observadores más perspicaces). La cuestión central ya no es si el voto a los partidos ultras ha crecido más o menos. Lo alarmante, que esconde el llanto y crujir de dientes, las apelaciones histriónicas a detener el fascismo desde ya mismo, es que, al parecer, nadie sabe cómo hacerlo. Para muchos polemistas, parece que basta con señalar y marcar a los partidos o grupos sospechosos de serlo para que desaparezcan bajo la luz del reflector, como los vampiros. Continuar leyendo «“Posfascismo no es neofascismo. Y eso es una clave” por Francisco Veiga»