Al marco institucional internacional dominado por Occidente o lo que se ha dado en llamar recientemente el “Occidente colectivo”, surgido de la IIGM, Jacques Sapir (director de estudios jubilado de la prestigiosa EHESS francesa, profesor de la escuela de Guerra económica, de París y miembro extranjero de la Academia de Ciencias de Rusia, entre otros créditos), opone, en su libro La fin de l’ordre Occidental (publicado en 2025 por Éditions Perspectives Libres – ADARL), la alternativa que surge con los BRICS y su ampliación en BRICS+, así como sus posteriores adhesiones de miembros, y su instrumento de financiación, el Nuevo Banco de desarrollo. Si lo que importa de un libro son las ideas que porta, con las reflexiones a las que mueve y no el volumen (en este caso, 113 páginas), bien merece este ser elogiado.
Para dar respuesta a una pregunta tan general como la que intitula el libro, Sapir se sitúa en la atalaya más elevada, la de perspectiva más amplia en el ámbito de la economía real, combinando en su síntesis el papel de las instituciones económicas clave en la economía mundial y su adecuación a la realidad actual. De hecho, en puridad, es más la manera de verlo de un estadista (o de su consejero), que la de un economista. El subtítulo de la portada: Los desafíos de los BRICS y la crisis de las instituciones financieras internacionales, ciñe a un ámbito más concreto el objeto a tratar, sin por ello cambiar la perspectiva, presentando, a nuestro parecer, dos niveles, que corresponden a dos tramos temporales, conexos, pero diferenciados: uno más profundo (de tiempo más largo), el de la desoccidentalización (que él mismo nos recuerda que la asoció años atrás a la desmundialización, en su libro La Démondialisation, París, le Seuil, cuya primera edición data de 2011), y que expresa muy bien en el último párrafo del libro que ahora comentamos: “Hemos entrado ya en ‘otro mundo’, un mundo que se desoccidentaliza rápidamente. No será posible adaptarse a él en tanto que guardemos las visiones y representaciones tal y como fueron construidas durante cerca de 300 años de dominación occidental.” (pág. 113).
Si bien subyace esta idea a lo largo del libro, el mayor número de páginas corresponde al tramo temporal más cercano, el de la aparición de nuevas instituciones que conforman (y/o pueden conformar) la nueva realidad que conduce a la desoccidentalización y, por ende, al desarrollo de nuevas políticas económicas.
El libro está organizado con una introducción, cinco capítulos y una conclusión. Sin tomar el literal de los capítulos, podemos señalar que el primero versa sobre las crisis de las instituciones económicas actuales; el segundo, sobre los BRICS y su extensión a BRICS+; el tercero presenta sucintamente las teorías políticas de Susan Strange y de A.-O. Hirschman; el cuarto está dedicado a la creación de la Nueva Banca de Desarrollo (NBD) y su valor como alternativa, y el quinto nos da la una visión económica global centrada en los conflictos y el fenómeno de las rentas múltiples y el cuestionamiento del dólar de EE. UU. Destaquemos con un poco más de detalle algunas de las ideas que contienen:
Las tres principales instituciones económicas internacionales en crisis que señala Jacques Sapìr, son: El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC).
La crisis del FMI arrancó hace veinticinco años, con la crisis asiática de 1997. Otro hito subrayado es que no pudo evitar la expansión de la crisis de 2008, denominada de las subprimes, a la que se sobrepuso la crisis del dólar de EE. UU. Fruto de dos medidas de política derivadas de la Foreign Corrupt Practices Act y de la Foreign Account Tax Compliance Act, por las que nos señala Sapir, el uso del dólar de los EE. UU. Conllevaría poner a las sociedades extranjeras bajo el yugo del derecho norteamericano, lo cual sería inaceptable para el resto de los países. Además, la pérdida de legitimidad del FMI frente al actualmente llamado “Sur global”, provendría de haber padecido sus políticas de ajuste estructural. De todas formas, a falta de disponer de una institución alternativa, hace difícil sustraerse a su dominio, sin que China haya ido muy en su influencia en el FMI.
De las otras dos instituciones criticadas, que hasta el presente ha monopolizado la financiación y el conocimiento acumulado de los problemas del desarrollo, se enfrenta ahora a la posible competencia del China Exim Bank, con préstamos a África superiores a los del Banco Mundial. El Nuevo Banco de Desarrollo, de los BRICS puede convertirse también en su competidor. En cuanto a la OMC, es criticada por los “países en desarrollo” o “emergentes”, que ya vieron que los acuerdos de la Ronda Uruguay no beneficiaban s su agricultura o al textil sin darles acceso a los mercados de los países desarrollados como esperaban.
Así, pues, las tres principales instituciones económicas internacionales dominadas por el “Occidente colectivo” son cuestionadas, pero se precisa de alternativas para su hundimiento definitivo. Los BRICS pueden llegar a promover su relevo. Veamos lo más destacado de su evolución, que corresponde al capítulo 2, que traza su evolución desde sus inicios en el año 2006, institucionalizados en 2009 en Ekaterimburgo. Lo primero a destacar es su creciente peso en la economía mundial, que debe medirse en Paridad del Poder Adquisitivo (pág. 37). El gráfico 1 del libro, muestra la evolución comparada de la cuota relativa del PIB (PPA), desde el año 1992 hasta el año 2024, de las agrupaciones “Occidente colectivo”, G7 BRICS y BRICS+, poniendo de manifiesto la disminución de los dos primeros frente al crecimiento de los segundos, peso relativo que, en 2024, los BRICS superan al G7 y los BRICS+ supera la participación relativa del “Occidente colectivo”.
Dado el carácter político además del económico de los BRICS y BRICS+, Sapir introduce la teoría (tómese la palabra sin grandes exigencias epistemológicas) de Susan Strange sobre el poder estructural, que puede definirse como el poder de definir las reglas de juego, con cuatro estructuras: 1) la seguridad, 2) la producción, 3) las finanzas y 4) el conocimiento. El interés añadido de este capítulo es la aplicación que hace Sapir de estos conceptos al poder del “Occidente colectivo”, a los BRICS+ y a su Nuevo Banco de Desarrollo.
Y a este instrumento de financiación dedica el capítulo 4 (páginas 65 a 76). Lo inicia con preguntas: ¿Este Nuevo Banco de Desarrollo difiere en su estructura y sus prácticas del Banco Mundial? ¿Se apoya en reglas más beneficiosas para los países emergentes?, que deja sin respuesta inmediata, dando paso a la descripción de su origen desde el año 2012, si bien el acuerdo formal fue en 2014, en Fortaleza, con una reunión inaugural de su consejo de administración el 7 de julio de 2015, y operativo desde 2016 desde su sede en Shanghái, disponiendo de un capital autorizado inicial de 100 millardos de dólares., suscritos por los fundadores en un 50%.
Sapir considera que “la composición del banco tiene una perspectiva mucho más multilateral que la del FMI o de la del Banco Mundial” (pág. 69). La estrategia de préstamos del NBD difiere de la de aquellos., difiere del paradigma institucional clásico establecido por las otras instituciones financieras internacionales. Y difiere también del Banco asiático de inversiones en infraestructuras dirigido por China. Como poco, los préstamos del NBD ofrecen una alternativa a los países del “Sur global” en su negociación con el FMI y el Banco mundial. Hay quienes ven en el NBD un posible desafío al dólar de los EE. UU. y Sapir opina que puede serlo.
El capítulo 5, ¿Hacia una arquitectura monetaria mundial alternativo? (páginas 77 a 104) La interrogante ya nos da a entender que se apunta a una posibilidad, no a una realización adquirida. Sapir pone de relieve la disfuncionalidad del sistema actual por el desorbitado poder del “Occidente colectivo” en las instituciones reguladoras mundiales, particularmente las financieras, que dan preeminencia y un poder extraordinario al dólar de EE. UU., reforzado por la tolerancia a la ilegalidad de las “sanciones económicas” (con un efecto similar al del sitio de ciudades de antaño, del que el gran ingeniero miliar francés fue exponente mayor al servicio del rey francés Louis XIV). La emergencia de los BRICS+ abre la posibilidad a un nuevo orden económico mundial, del que Rusia se ha hecho eco señalando que la agravación de conflictos derivada no será sólo entre naciones sino también en el seno de estas, y ha atraído a su visión a China y Brasil.
Jacques Sapir pone de relieve las provechosas rentas que se deducen para los EE. UU y el “Occidente colectivo” de su poder financiero mundial, apropiándoselas a través del canal monetario, subrayando especialmente las rentas técnica y tecnológica en un contexto de “segregación” de estas en un contexto que está estructurando la economía mundial en base a ellas. Hay que añadir la renta de las materias primas y su influencia en los costes de producción. Una y otra dan lugar a la renta monetaria y financiera “que es capital para la obtención de inversiones a coste reducido”, hoy por hoy concentrada en los EE.UU..
Se plantea, pues, un problema que va más allá de la dicotomía sustitutiva del dólar por el renmimbi chino. También el sistema SWIFT requiere una alternativa que lo saque del poder excluyente del “Occidente colectivo”. Sapir ve una posible alternativa en los stablecoins, “que son monedas numéricas cuyo valor está vinculado a una “divisa” x de menor volatilidad.” (p. 91). Por el momento el ministro de Asuntos exteriores rusos ha manifestado recientemente la intención de los BRICS de desarrollar una alternativa al sistema SWIFT. A juicio de Sapir, debería realizarse sobre a base de la plataforma de pagos supranacional “BRICS Bridge” (que se está implementando para las transacciones en el seno de los BRICS) utilizando el “Nuevo Banco de desarrollo como plataforma de integración, de conversión y de compensación.” (p. 93), lo que permitiría reducir la dependencia del dólar a los países del “Sur global”.
Nos adentramos en un mundo multipolar, en el que no debe tolerarse que las reglas del juego sean fijadas por los EE. UU y “su” “Occidente colectivo” para obtener rentas del resto de los países, del “Sur global”. Los BRICS surgieron con voluntad transformadora del sistema dominado por Occidente, pero no fueron atendidos y se han visto obligados a distanciarse y posiblemente a convertirse en una alternativa, cuyo norte ha de ser el respeto a los países del “Sur global”, a los que debe facilitar la aplicación de nuevas políticas económicas de desarrollo, particularmente a través del Nuevo Banco de desarrollo, y dotar al sistema internacional de una estabilidad y respeto que actualmente se tambalea. El hundimiento del actual sistema institucional internacional, Sapir lo sitúa en un plazo de quince a veinte años, confiemos en disponer de un nuevo marco institucional internacional que facilite el desarrollo del “Sur global” mediante nuevas y buenas prácticas a su alcance que les permitan aplicar nuevas políticas económicas.
Noticias de Política Económica 53 – 11
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