El Sindicato de Inquilinas de Madrid reunió a miles de personas que marcharon por el centro de la ciudad. Varias de ellas terminaron acampando frente a la sede de la presidencia regional: unas 50 tiendas poblaron el kilómetro cero madrileño.
Lo avisaron hace apenas unos días. El desahucio de Maricarmen el pasado miércoles sería un punto de inflexión, un punto de no retorno. El Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid consiguió que las calles del centro de la capital rugieran de rabia contra la especulación inmobiliaria, los fondos buitre y el rentismo. La manifestación terminó con medio centenar de tiendas de campaña plantadas en la Puerta del Sol en una imagen que ha recordado los primeros momentos del 15-M. Alrededor de ellas se reunieron cientos de personas para apoyar y dar alas a un movimiento que, aseguran, no parará hasta conseguir sus objetivos.
En la tarde del sábado, el sindicato logró reunir a más de 300.000 personas, según sus datos (25.000 según la Delegación de Gobierno), en un recorrido que ya señalaba a los responsables de la crisis inmobiliaria: llevaron sus gritos de la Puerta del Sol, sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento de la capital, para terminar lo más cerca posible del Congreso de los Diputados, defendido por un férreo despliegue policial.
Jóvenes y adultos, madrileños de nacimiento o llegados de otras latitudes, pequeños de la mano de sus padres. Diversos y numerosos fueron los perfiles de personas que decidieron protestar en Madrid contra la lacra de la especulación y el rentismo.
«Hay que prohibir que los fondos buitre puedan comprar edificios enteros, multiplicar los alquileres y expulsar a sus vecinos», exigía Mario. Él tiene 67 años y acudió a la movilización junto a Carmen, de 64, ambos madrileños. Coincidieron al decir que «hay que expropiar a los grandes tenedores». «El PSOE tiene que entender que, si no hace nada, perderá las próximas elecciones», ha alertado ella mientras la marcha comenzaba al grito de «fuera rentistas de nuestros barrios».
Vehicular la rabia
Cerca estaba Jorge, quien cargaba en su pecho a su hija de 10 meses: «Esto es transversal. La crisis de vivienda la vivimos personas de todas las generaciones». A ojos de este vecino de Rivas Vaciamadrid, bombero de profesión, es necesaria la creación de un parque público de viviendas. También se ha pronunciado sobre la violencia policial ejercida la jornada del desahucio de Maricarmen. «Entiendo que la Policía sigue una orden, pero es importante fijarse en la agresividad y forma con la que ejecutan ese trabajo», comentó.
Sandra Mora, portavoz del Sindicato de Inquilinas, ha señalado a La Marea que este tipo de protestas son importantes «para vehicular la rabia». «Hemos visto un nivel de descontento social que llevábamos mucho tiempo sin ver, no solo en el ámbito de la lucha por la vivienda», ha explicado. Desde su punto de vista, el alto grado de indignación que se muestra en las redes debe tener su réplica en las calles. «Hay que ponerlo al servicio de cosas concretas, como pedir la aprobación el martes del decreto Maricarmen», ha añadido la portavoz.
Se refiere al «real decreto» redactado ex profeso por el sindicato y cuya aprobación exigen al Gobierno en el próximo Consejo de Ministros. El texto recoge como aspecto más novedoso la renovación automática de los contratos del alquiler, hacerlos indefinidos por norma. «Es algo que ya sucede en multitud de países de nuestro entorno. Si alguien quiere echarnos de nuestras casas, deberá tener un motivo para hacerlo o nos tendrá que indemnizar, como ya sucede con los contratos de trabajo», ha explicado la sindicalista. «Nosotras pedimos algo de mínimos, no es algo rupturista, sino intentar armonizar la legislación del alquiler con la del resto de Europa», ha recordado.
Mora admite que una oleada de solidaridad ha inundado los sindicatos de inquilinos de todo el país esta semana. «Estamos como disociadas. Esto ha ocurrido por un hecho espantoso, así que es una mezcla de emociones. Parece que la gente ha despertado de un letargo», ha abundado la portavoz cuando a su alrededor se escuchaban mensajes como «tenemos las llaves de todo Madrid» y «la ley de vivienda es una mierda».
Acampada en Sol
En torno a las 20.20 horas, la manifestación se adentró en los escasos metros de la plaza de las Cortes que separaban la plaza de Neptuno del Congreso de los Diputados, que apareció flanqueado por vallas y más de una decena de furgones policiales. Allí, Valeria Racu, integrante del sindicato, ha arengado a los presentes a continuar la lucha. «El próximo martes tiene que aprobarse el ‘decreto Maricarmen sí o sí. Porque o cae el rentismo o cae el gobierno. Eso que quede muy claro», aseguró Racu. «¿Dónde está el Gobierno progresista?» ha sido uno de los cánticos más repetidos. También el de «Ayuso, Almeida, idos a la mierda», un clásico en las manifestaciones madrileñas.
Pocos de los allí presentes sabían lo que empezaba a germinar apenas unos metros más allá, en el kilómetro cero madrileño. Cientos de personas se apretaban en torno a una decena de tiendas de campaña instaladas frente a la sede del Gobierno regional, una escena similar a la ocurrida hace 15 años en el 15-M. Cristina tiene 35 años, vive en la capital y esto le pilló por sorpresa: «Hay voluntad de resistir. Desde el miércoles se respiraba la sensación de que hoy podía pasar algo importante», afirma esta tatuadora.
Junto a ella estaba Lucía, subdirectora de una residencia de educación. Cristina y ella se han acercado por primera vez al Sindicato de Inquilinas este viernes: «Yo no me esperaba la acampada, pero la deseaba. Ahora mismo estoy muy ilusionada y esperanzada porque hemos despertado».
Alrededor de las tiendas de campaña, cientos de personas realizaban una sentada y coreaban soflamas como «aquí están los antifascistas», «por la vivienda, huelga general» y «una sentada por cada desahuciada». También empezaban a llegar los primeros víveres en forma de bocadillos, garrafas de agua, zumos y fruta.
A lo largo de la madrugada, numerosas tiendas de campaña se sumaron a la protesta y los congregados se empezaron a organizar para resistir, por el momento sin fecha de finalización. Presumiblemente, hasta el próximo martes, cuando se celebra el Consejo de Ministros en el que reclaman la aprobación del «decreto Maricarmen».
Organización barrial como fórmula
Hace cinco años que Víctor comenzó a militar en el sindicato. Este jiennense de 32 años sabe bien cómo ha sido posible levantar la protesta esta noche. El secreto ha estado en la organización. «El problema de la vivienda es insostenible y el Gobierno no hace nada. Hacían falta una estructura organizativa, asambleas en todos los barrios, para poder llegar a esto», ha explicado. «Aquí no hablamos de cuánto de pobre tienes que ser para que no te echen de tu casa, sino de medidas estructurales. Pedimos un cambio de modelo en la vivienda», ha reivindicado.
A su lado se encontraba Nacho, quien a sus 40 años ha asegurado sentir «euforia y muchas ganas de seguir y de plantar oposición a un sistema que lo único que hace es empobrecernos y castigarnos por ser pobres». Las ganas que tiene de hacer frente a la crisis de vivienda supera al miedo a la posible represión policial: «Asumimos las consecuencias que puede tener. El sistema protege la propiedad y la Policía a este sistema que nos hace empobrecernos».
Catherine es de Colombia, pero lleva años viviendo en la capital. Ella también engrosa las filas del Sindicato de Inquilinas y pasó la noche sobre el suelo de la Puerta del Sol: «Hemos recibido la rabia de mucha gente y por eso hemos podido hacer esta acción de desobediencia pacífica». A sus 32 años, esta vecina de Moratalaz ha precisado que están preparadas para una posible intervención policial. «Las que estamos aquí estamos dispuestas a correr ese riesgo», ha abundado.
Todavía no se sabe con certeza qué ocurrirá este domingo, que comienza con un taller de acción directa no violenta en el que enseñarán a los participantes a «resistir con el cuerpo y tomar decisiones rápidas». Lo que sí es seguro es que este 26 de septiembre el movimiento por la vivienda ha dado en Madrid un paso determinante para hacer valer sus exigencias ante el Gobierno liderado por Pedro Sánchez. «Gobierno progresista, hipócrita y rentista», han coreado en repetidas ocasiones los acampados.
Durante el primer trimestre de 2026 hubo más de 4.000 desahucios en España, según la estadística oficial del Consejo General del Poder Judicial. La cifra arroja una media de 44 al día. En torno al 65% de ellos (2.600 casos) coincide con las características del lanzamiento sufrido por Maricarmen Abascal: inquilinos o familias que no han podido hacer frente al pago del alquiler.
Desde la pandemia, el precio del alquiler en España ha subido de media un 30%, según datos del portal inmobiliario Idealista (por citar casos concretos: el 55% en Madrid, el 62% en Barcelona y el 74% en València). La subida del salario medio en ese mismo periodo según datos del INE ronda el 15%.
Fuente: https://www.lamarea.com/2026/09/27/movimiento-vivienda-acampa-puerta-del-sol/