Haaretz, 10 de octubre de 2026.
La referencia nazi del ministro israelí de Exteriores insulta a una defensora de los derechos humanos que condenó tanto los crímenes de Hamas del 7 de octubre como el genocidio de Israel en Gaza. Su reacción al premio Nobel de la Paz concedido a Pillay resume la negativa de Israel a aceptar cualquier responsabilidad.
Al ministro de Exteriores Gideon Sa’ar no le gustó la estimable elección de Navi Pillay como ganadora del premio Nobel de la Paz. Como otro ministro de Propaganda, el ministro, por medio de su portavoz, emitió un comunicado en el que decía que “Joseph Goebbels probablemente esté aplaudiendo en el infierno”.
El comité eligió a una persona ejemplar, que ha dedicado su vida a la lucha por los derechos humanos, y Goebbels aplaude en el infierno, según Sa’ar.
Una mujer que ha luchado por hacer cumplir el derecho internacional, un conjunto de leyes surgido de la ruina y el aniquilamiento sembrados por Goebbels y sus asociados, recibe una reacción repulsiva del ministro de Exteriores del país[que se dice él] de los supervivientes de Goebbels. Cuando se trata de propaganda vil, Goebbels y Sa’ar tienen mucho en común, pese a todas las diferencias.
Al fin y al cabo, ¿cómo actuaban Goebbels y los de su calaña en aquella época? En 1936, Adolf Hitler y Goebbels atacaron a otro premio Nobel de la Paz, el periodista y pacifista alemán Carl von Ossietzky, que recibió el premio en 1935 y fue detenido. El historiador Adam Raz cuenta cómo Hitler anunció que a los alemanes ya no se les permitiría recibir ese premio, y cómo su ministro de Propaganda dio órdenes de otorgar un premio alternativo.
Hitler y Goebbels afirmaban que los judíos estaban detrás de la decisión de conceder el premio a Ossietzky. Noventa años después, Israel sostiene que los antisemitas están detrás de la elección de Pillay como laureada.
No, Sa’ar, Goebbels no aplaude. Se revuelve en su tumba al ver que una mujer como Pillay, una resuelta india tamil de Sudáfrica, jueza que juzgó a personas acusadas de crímenes contra la humanidad y campeona de la lucha contra el racismo en su país y en el mundo, recibe este premio.
Si Goebbels tiene una razón para aplaudir, es al ver lo que le ha ocurrido al país [que se presenta como] surgido de las cenizas del Holocausto. Cuando Goebbels ve cómo el mundo percibe semejanzas entre lo que ocurrió en Alemania en los años treinta y lo que ocurre en Israel en los años veinte de este siglo, disfruta de la ironía turbadora de la historia.
Desde el infierno, Goebbels aplaude a los perpetradores de genocidios en todo el mundo, en particular el de Gaza, cometido por los descendientes de sus víctimas. Pillay fue la primera en describirlo así en las Naciones Unidas. También se pronunció con firmeza contra los crímenes de guerra cometidos por Hamás el 7 de octubre. Pillay no es antisemita, ni siquiera antiisraelí. Es una mujer de conciencia a la que el mundo elogia ahora, con toda justicia.
La reacción de Sa’ar habla sobre todo de él, de su bajeza y del nivel de sus argumentos. El mundo oyó su reacción y se reafirmó en la sensación de que Israel se excluye a sí mismo de la familia de las naciones. Sa’ar también abarata el Holocausto. Israel, que se escandaliza con razón ante cualquier comparación entre sus actos y el Holocausto, se atreve a ver en una luchadora por la justicia a la favorita de los nazis.
Pero el problema es mucho más profundo y amplio. Después de tres años de sangre y ruina en la Franja de Gaza, ante el amplio consenso mundial de que Israel cruzó la línea en su campaña vengativa, Israel sigue reconociendo una sola forma de responder a sus críticos: agresividad desatada, acusaciones de antisemitismo lanzadas contra el mundo entero, ataques contra los mensajeros sin dirigir hacia sí mismo una sola mirada honesta y justa.
¿Cómo se puede mirar Gaza y lo que Israel le ha hecho sin sentir una pesada carga de culpa, sin asumir siquiera una brizna de responsabilidad y aceptar aunque sea una mínima parte de responsabilidad? Para Israel, el genocidio que perpetró es culpa del antisemitismo y del mundo, no suya.
Como un niño que no soporta la crítica y siempre acusa a todos los demás salvo a sí mismo, Israel acusa al mundo entero. No es solo infantil: es destructivo. Mientras Israel no esté dispuesto a mirar lo que ha causado y admitir, al menos parcialmente, sus crímenes, nunca cambiará.
Mientras siga condenando groseramente, como ha hecho Sa’ar, a cualquiera que lo critique, será condenado al ostracismo. Qué hermosa y digna podría haber sido una reacción distinta de Israel. Por ejemplo: felicitamos a Pillay, inclinamos la cabeza con respeto ante su trabajo, aunque en lo relativo a Israel juzgó con demasiada severidad.