DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. Una posible salida.
2. Elecciones en Palestina.
3. El Congreso Cultural de La Habana de 1968.
4. Militarización japonesa.
5. Aportación al debate sobre China.
6. Zhok sobre lo Woke.
7. El vacío moral en India.
8. Biografía de Zinoviev.
9. Resumen de la guerra en Irán, 27 de agosto.
1. Una posible salida.
Escobar insiste mucho últimamente en «exclusivas» de fuentes privilegiadas en la guerra de Irán. A saber. En cualquier caso, esta es su última entrada sobre la situación, apuntando a un posible fin cercano de la guerra.
https://www.unz.com/pescobar/exclusive-can-trump-get-an-exit-without-calling-it-an-exit/
Exclusiva: ¿Podrá Trump lograr una retirada sin llamarla así?
Pepe Escobar • 26 de agosto de 2026
¿Realpolitik? ¿Un grave malentendido? ¿O una retirada sin llamarla así?
Esto es lo que realmente está ocurriendo en el interior de la sala —en realidad, de las salas—: información profundamente privilegiada y confidencial procedente de ambos centros de gravedad del drama actual, Teherán e Islamabad, apunta hacia una arquitectura emergente que va mucho más allá de la coreografía espectacular característica de Washington. Tal y como están las cosas, podemos utilizar la información que hemos estado recibiendo para comprender dicha arquitectura, afinar nuestras preguntas y trazar un panorama notablemente coherente.
En pocas palabras: la Administración Trump está dejando de lado, en cierta medida, la vía militar, mientras que Teherán mantiene la escalada en marcha. Los peligros abundan. La diferencia radica en que, tras el «viaje del siglo» de principios de esta semana —el mariscal de campo Asim Munir viajó a Teherán para hablar con todos los actores clave—, Pakistán se encarga una vez más de los aspectos prácticos de una posible vía de salida para Trump del enfrentamiento a vida o muerte con Irán.
Munir viajó a Teherán con un mensaje estadounidense: Trump le había llamado de antemano, una vez más, suplicándole literalmente que ofreciera algún tipo de incentivo para que Teherán volviera a la mesa de negociaciones (que, en realidad, Washington había destrozado).
Posteriormente, Islamabad transmitió a Teherán que las nuevas sanciones estadounidenses podrían revocarse antes —o durante— la reanudación de las negociaciones.
Al mismo tiempo, a través del espantoso antiguo colaborador de Soros, Scott Bessent —el arquetipo de la arrogancia y la ignorancia—, el Tesoro de EE. UU. anunció una campaña de «máxima presión económica» extraordinariamente agresiva para estrangular la economía iraní, al tiempo que frenaba las medidas financieras —contra empresas y bancos chinos, por ejemplo— que harían que la «campaña» se convirtiera de inmediato en sistémica y resultara casi imposible de revertir.
Y, lo que es más importante, se ha dado un paso atrás en la vía militar.
En conjunto —y analizadas junto con lo que nos informan nuestras fuentes desde ambos centros de gravedad—, estas acciones conforman una arquitectura cada vez más coherente: una vía de salida que se está construyendo en tiempo real.
Trump —o el neo-Craso— mantiene la retórica de máxima presión por motivos de imagen interna y política. Washington conserva las sanciones reversibles como herramienta de negociación. Pakistán canaliza el tráfico político entre Washington y Teherán. Omán debate el mecanismo físico en torno al estrecho de Ormuz. Y Teherán mantiene intactos el estrecho, la presión sobre el transporte marítimo y sus opciones de escalada, al tiempo que pone a prueba si Washington está finalmente dispuesto a negociar en serio.
Así pues, esta es la conclusión clave: Irán no está capitulando, aunque Trump tampoco esté retrocediendo.
Ambas partes están tratando de crear el espacio político suficiente para dar marcha atrás sin admitir públicamente que lo han hecho.
Eso hace que la nueva ventana de oportunidad sea real, pero también extremadamente frágil.
Cómo preservar una escalada sin ascender por ella
Munir viajó a Teherán con un mensaje específico de Estados Unidos que Washington quería que se transmitiera a los dirigentes iraníes.
La posibilidad de que Washington —quizás— revoque las nuevas sanciones antes o durante la reanudación de las negociaciones demuestra que las sanciones son, en esencia, una palanca: un instrumento coercitivo que puede suspenderse, desmantelarse o incluso negociarse como parte de una secuencia pactada.
Como si se tratara de un paquete de presión que contiene su propia vía de salida.
El «Día D económico» estadounidense ha sido hasta ahora el habitual circo retórico empapado de bravuconerías, lo que ha suscitado innumerables bromas en todo el Sur Global. Washington se ha abstenido de dar pasos que transformaran de inmediato la presión económica en una confrontación sistémica.
Traducción: Trump está preservando el margen de negociación. El puente de vuelta a la diplomacia no se ha quemado por completo. Llámelo una pausa táctica en condiciones de extrema presión militar.
Mientras tanto, Irán y Omán han avanzado hacia un corredor de navegación temporal y un mecanismo conjunto de desminado.
Teherán lo tiene muy claro: esto no significa reabrir el estrecho de Ormuz. Traducción: eso es Irán demostrando flexibilidad al tiempo que conserva su ventaja estratégica.
Así pues, una vez más: Teherán no se ha rendido. Al contrario: las exigencias siguen siendo muy duras, incluyendo un avance significativo por parte de Estados Unidos en materia de sanciones, activos congelados, el bloqueo marítimo y la presión militar coercitiva. Y, sobre todo: todos estos son compromisos incorporados en el memorando de entendimiento «del gato muerto» —firmado bilateralmente— y cuyo cumplimiento es esencial antes de cualquier posible normalización en torno al estrecho de Ormuz.
Al fin y al cabo, Irán sigue conservando prácticamente todos los instrumentos coercitivos significativos: controles del transporte marítimo; listas negras; detenciones; presión sobre el tráfico marítimo; posible escalada contra los intereses estadounidenses; posible presión contra la infraestructura energética regional; y, en última instancia, opciones en el umbral nuclear.
La señal clave, tal y como están las cosas, es lo que Teherán está optando por no (cursiva mía) hacer. Teherán se centra en la creación de canales de comunicación; la mediación; el intercambio de mensajes; la diplomacia telefónica —y en persona—. No hay escalada estratégica. Teherán está preservando la escalera de la escalada mientras se niega deliberadamente —por ahora— a subirla.
¿Quién da el primer paso sin que parezca que lo da primero?
Bueno, es complicado. Washington quiere que Irán dé el primer paso. Teherán quiere que Estados Unidos dé el primer paso.
Trump no puede permitirse políticamente que parezca que Teherán le ha obligado a dar marcha atrás. A Teherán, por su parte, no le importa la imagen pública: lo que necesita es una prueba visible de que las negociaciones darán lugar a una acción recíproca por parte de Estados Unidos, en lugar de convertirse en otro mecanismo para que Washington obtenga concesiones iraníes al tiempo que conserva todos los instrumentos coercitivos.
Pakistán, situado justo en medio, está intentando salvar esa brecha abordando la pregunta clave: ¿Quién da el primer paso sin que parezca que lo ha dado?
La información que hemos estado recibiendo nos permite comparar lo que Islamabad cree que está transmitiendo con lo que Teherán cree que está recibiendo. Ahí es donde reside la verdadera información de inteligencia.
Entre las preguntas clave se incluyen: ¿Qué pretendía Islamabad que Teherán entendiera? ¿Y qué entendió realmente Teherán?
¿Qué respuesta está transmitiendo Teherán a través del canal?
¿Qué podría Pakistán transmitir de forma plausible a Washington?
Se ha establecido un nuevo circuito de comunicación. Parece que está funcionando.
Trump necesita un resultado que pueda vender como una victoria. Necesita que Irán vuelva a las negociaciones porque, supuestamente, la presión estadounidense ha surtido efecto. Necesita una distensión en el estrecho de Ormuz sin que parezca que está recompensando a Teherán. Necesita que la amenaza militar siga siendo creíble sin tener que iniciar, en la práctica, otra guerra potencialmente incontrolable.
Por encima de todo: necesita una salida que no parezca una salida.
Teherán, por su parte, necesita una reciprocidad estadounidense visible. Necesita pruebas de que las sanciones pueden realmente levantarse, en lugar de que solo se debata su levantamiento. Necesita que desaparezca el bloqueo naval. Necesita la confianza de que las negociaciones no se convertirán en una trampa en la que Irán renuncie a su influencia mientras Washington mantiene intacta toda su arquitectura coercitiva.
Y, sobre todo, Teherán necesita una fórmula creíble en torno al estrecho de Ormuz que preserve un control soberano suficiente, de modo que no se perciba una imagen de rendición ni en el país ni en toda Asia Occidental.
Y eso nos lleva a Pakistán, que intenta encontrar un término medio entre estos dos requisitos políticos fundamentalmente incompatibles e intratables.
Así pues, una vez más, volvemos a una posible vía de salida. Una pequeña apertura. Sin embargo, eso está lejos de ser un acuerdo.
Todo el proceso diplomático se desarrolla sobre el fondo de un enfrentamiento militar muy grave y activo. El bloqueo naval estadounidense sigue en pie. Teherán considera oficialmente cerrado el estrecho de Ormuz. El transporte marítimo comercial está totalmente expuesto. El riesgo de guerra sigue siendo bastante elevado. Irán conserva una capacidad de escalada sustancial. EE. UU. conserva una capacidad cinética abrumadora. Un simple error de cálculo podría seguir destruyendo todo el canal.
Tal y como están las cosas, la vía diplomática parece tener la iniciativa: tan estrecha, tan precaria, pero también genuina. El próximo paso decisivo será político, no militar. A menos que algún actor cierre deliberadamente la ventana primero.
Islamabad, a través del círculo del primer ministro Shehbaz Sharif —quien ha hablado directamente con Trump y con los dirigentes iraníes—, cree que existe una posibilidad significativa de que se reactiven las conversaciones, con un margen de negociación de entre 60 y 90 días para que ambas partes alcancen un acuerdo más amplio, al tiempo que se alejan de la espiral de escalada antes de que esto se convierta en una guerra completamente incontrolable.
Y entonces llega una noticia desde el interior de la oficina del presidente iraní Pezeshkian. Está profundamente satisfecho con la visita de la delegación pakistaní y con el mensaje que le ha transmitido Munir en nombre de Trump: «Esta guerra podría estar llegando por fin a su fin, con la victoria de Irán».
¿Realpolitik? ¿Un grave malentendido? ¿O una salida sin llamarla así?
(Reproducido de Strategic Culture Foundation con permiso del autor o su representante)
2. Elecciones en Palestina.
Palestina lleva 20 años sin elecciones, pero parece que ahora, antes de que se les muera de viejo el colaboracionista Abbas, plantean unas para noviembre. En The Cradle analizan esta posibilidad.
Las papeletas bajo asedio: ¿Podrán las primeras elecciones de Palestina en dos décadas sobrevivir a la ocupación?
Mientras los palestinos se preparan para sus primeras elecciones legislativas en dos décadas, las condiciones impuestas por la Autoridad Palestina amenazan con excluir a las facciones de la resistencia de un proceso electoral que podría definir el orden político de Gaza tras la guerra.
Mohammad al-Ayoubi
27 de agosto de 2026
Veinte años después de que los palestinos eligieran por última vez una legislatura, Hamás está dialogando con sus antiguos rivales de Fatah sobre cómo disputar las próximas elecciones. Los contactos actuales podrían dar lugar a una lista que aúne a Hamás, la Corriente Reformista de Fatah de Mohammed Dahlan y otras facciones e independientes.
A medida que estos contactos salen a la luz, el Dr. Ali Baraka, jefe del Departamento de Relaciones Nacionales de Hamás, reveló detalles de las discusiones internas en una declaración exclusiva a The Cradle.
Afirma que «el movimiento pretende formar una amplia alianza nacional que comprenda a la mayoría o a todas las facciones, fuerzas políticas y figuras nacionales, incluido el movimiento Fatah encabezado por el presidente Mahmoud Abbas».
No obstante, reconoce que «Fatah no desea participar en una lista nacional amplia que incluya a Hamás». La negativa de Fatah ha empujado a varios grupos de la oposición a participar, en lugar de a llevar a cabo otro boicot.
El 9 de julio, el presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmoud Abbas, emitió un decreto en el que fijaba el 28 de noviembre como fecha para las elecciones legislativas, las primeras en dos décadas. En aquellas últimas elecciones, Hamás obtuvo la mayoría parlamentaria, antes de que la ruptura entre Fatah y Hamás de 2007 dividiera el sistema político palestino entre la Cisjordania ocupada y Gaza. Esto se produce en medio de la guerra genocida contra Gaza, que ya entra en su tercer año, y de una escalada sin precedentes en la Cisjordania ocupada.
El decreto dividió a quienes acogieron con satisfacción el regreso a las urnas de quienes cuestionaron su finalidad. La ley electoral modificada exige a los candidatos que respalden el programa político de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y las resoluciones internacionales pertinentes —una condición que, según las facciones palestinas y los grupos de derechos humanos, podría utilizarse para excluir a las fuerzas que defienden la resistencia armada.
Baraka rechaza categóricamente esta medida, argumentando que «estas condiciones tienen por objeto excluir a las facciones de la resistencia y contradicen el derecho del pueblo a elegir a sus representantes». Los críticos consideran que dichas condiciones son el precio que hay que pagar para garantizar la aceptación internacional y evitar un veto israelí.
Aun así, ¿se celebrarán las elecciones? ¿O correrán la misma suerte que decretos anteriores, lo que obligaría a las facciones a revivir el impacto de 2006 mientras nuevas alianzas deciden si merece la pena presentarse a las elecciones?
Unas elecciones que quizá nunca lleguen
Sobre el papel, el decreto pone en marcha el reloj electoral, aunque dos factores aún podrían detenerlo. El primero tiene que ver con los cálculos internos de la Autoridad Palestina. La pesadilla de 2006 sigue pesando sobre los responsables de la toma de decisiones, que temen no solo a Hamás, sino también a las corrientes de oposición que crecen dentro de la propia Fatah.
Baraka señala otra fuente de duda, al observar que el presidente Abbas no consultó a ninguna de las facciones antes de fijar la fecha, a pesar del acuerdo de El Cairo de 2021.
Cuestiona la credibilidad de unas elecciones convocadas sin diálogo previo, recordando que la decisión de cancelar las elecciones del 29 de abril de 2021 también fue una sorpresa.
El segundo factor, más decisivo, es la ocupación. El Israel de 2026 se parece muy poco al orden político que permitió el voto palestino en 1996 y 2006.
Su Gobierno de extrema derecha está impulsando la lógica del «Plan Decisivo» del ministro de Hacienda, Bezalel Smotrich. Baraka afirma que «no hay garantías por parte de ningún partido de que las elecciones se celebren de forma libre y justa, ni de que los candidatos no sean detenidos por la ocupación».
Recuerda la detención de decenas de diputados elegidos en 2006 y advierte de que la ocupación puede detener a los candidatos antes o después de que resulten elegidos. En su opinión, Israel no tiene ningún interés en permitir que los palestinos reconstruyan instituciones legítimas con un mandato popular.
Normas redactadas para excluir
El momento elegido ha dividido a la opinión pública palestina. Un sector considera que las elecciones son un «lujo» indefendible en medio de un genocidio, argumentando que la prioridad debería ser hacer frente a la guerra y a la expansión de los asentamientos, así como formar un gobierno de unidad nacional, en lugar de celebrar unas elecciones que podrían agravar la división.
El Dr. Ahmad Majdalani, secretario general del Frente de Lucha Popular Palestino (PPSF) y miembro del Comité Ejecutivo de la OLP, sostiene la opinión contraria y considera que las elecciones son una necesidad nacional que ya no puede posponerse. En declaraciones a The Cradle, afirma que «posponer la democracia indefinidamente con el pretexto de la ocupación y la división no es la opción correcta».
«La erosión del sistema político y la obsolescencia de su representación hacen que recurrir al pueblo sea una necesidad nacional. Las elecciones son un punto de partida para reconstruir el sistema, renovar su legitimidad y restablecer la confianza de los ciudadanos».
Para Baraka, Gaza y la Cisjordania ocupada siguen siendo más urgentes que el calendario electoral.
Afirma que la máxima prioridad hoy en día es detener la agresión, levantar el asedio sobre Gaza, frenar la judaización de Jerusalén y poner fin a los ataques en la Cisjordania ocupada. Subraya que:
«La decisión de celebrar elecciones corresponde al jefe de la Autoridad, no a Hamás. No las hemos boicoteado; las consideramos una oportunidad histórica para unificar las filas, siempre que abarquen el Consejo Legislativo, la presidencia y el Consejo Nacional».
El investigador Mahmoud Abu Bakr explica a The Cradle que los palestinos deberían actuar partiendo de la base de «trabajar como si las elecciones fueran a celebrarse, al tiempo que toman precauciones por si no fuera así».
Critica las enmiendas que imponen una prueba de «lealtad política» a los candidatos y aumentan temporalmente el número de escaños de la legislatura de 132 a 200, lo que reduce a la Autoridad Palestina a una «administración de una población bajo ocupación».
Baraka se hace eco de esa crítica y describe el requisito de aceptar el programa de la OLP y las resoluciones de legitimidad internacional como un «veto» preventivo sobre cualquier lista que represente a la resistencia. Afirma que dicha condición es ilegal y viola acuerdos previos.
Viejos rivales, aliados temporales
Hamás está debatiendo una lista conjunta con la Yihad Islámica Palestina (YIP), la Corriente Reformista de Mohammed Dahlan y la corriente liderada por Nasser al-Qudwa. Baraka afirma que Hamás inició consultas con varias facciones en El Cairo y el Líbano para formar esta amplia lista nacional.
Insiste en que «la puerta está abierta a Fatah si desea participar, sin imponer un veto a ninguna facción». Baraka añade que Hamás está dispuesto a convertir un pacto electoral en una alianza política más amplia y en un frente nacional que reconstruya la OLP sobre la base de la colaboración y haga frente a la ocupación y a la expansión de los asentamientos.
Suleiman Basharat, director del Centro Yabous, se muestra más cauteloso:
«Es demasiado pronto para juzgar si estas alianzas han madurado. Todo lo que está ocurriendo es un intento de sondear posiciones y evaluar reacciones. Las partes se mueven por intereses, y aún no se han forjado convicciones firmes. El acercamiento entre Hamás, Dahlan y Qudwa no está maduro, sino que es fruto de una necesidad política temporal. Hamás reconoce la necesidad de ir más allá del proyecto ideológico, mientras que Dahlan desea regresar a través de la vía de las alianzas. Sin embargo, la falta de plena confianza en la alianza la hace frágil».
Baraka replica que Fatah solicitó una reunión con Hamás, pero que el sábado se retiró de las conversaciones previstas para el lunes 24 de agosto, repitiendo así su anterior retirada de una reunión en Ankara.
Interpreta la cancelación como una prueba de que Fatah se resiste a una auténtica unidad nacional y trata de fragmentar a sus oponentes tras el anuncio de la Alianza Nacional del 19 de agosto.
Gaza queda fuera del censo
La Comisión Electoral Central, por su parte, sigue adelante como si las disputas políticas pudieran resolverse más adelante. En una declaración exclusiva a The Cradle, el portavoz de la comisión, Farid Taamallah, esboza el calendario electoral.
El censo sobre el terreno se llevó a cabo del 15 al 19 de agosto en toda la Cisjordania ocupada. Gaza quedó excluida de esa campaña de censo; la comisión afirma que los derechos de voto de los residentes siguen protegidos y que más adelante se anunciarán disposiciones especiales. No se ha publicado ningún mecanismo para votar en un territorio devastado por la guerra y la ocupación.
No obstante, Taamallah reconoce que la Franja supone un «proceso complejo tanto desde el punto de vista político como logístico».
Para Baraka, los obstáculos son tanto políticos como logísticos, ya que Israel sigue obstaculizando la aplicación del acuerdo de Sharm el-Sheikh, matando e hiriendo a personas en Gaza e impidiendo que el comité administrativo entre en la Franja. Pide garantías internacionales de la ONU, la UE y la Liga Árabe para proteger a los candidatos y los actos de campaña, al tiempo que subraya que Hamás no renunciará a su derecho a participar en las elecciones como parte del derecho del pueblo palestino a contar con instituciones elegidas.
La ley prevé una representación proporcional plena mediante listas cerradas a escala nacional para un Consejo Legislativo de 132 escaños. Sin embargo, el censo electoral de Gaza sigue desactualizado. Taamallah reconoce que «los problemas políticos requieren soluciones políticas, no técnicas», y advierte de que Israel «puede obstaculizar el proceso» si no existe un respaldo político.
Unas elecciones según las condiciones de Washington
Basharat atribuye la convocatoria electoral a la presión externa, argumentando que «las elecciones no surgieron de un deseo interno palestino, sino que son una respuesta a la presión de EE. UU. y de la región».
«A los dirigentes no les quedó otra opción. La decisión de celebrar elecciones se interpreta como uno de los requisitos del plan estadounidense para crear un nuevo liderazgo político adecuado para la siguiente fase, con legitimidad derivada de las urnas».
Baraka va más allá y acusa a Abbas de actuar en función de cálculos personales y de la intervención extranjera.
Afirma que la UE amenazó con recortar la ayuda financiera a la Autoridad Palestina a menos que Abbas emitiera el decreto. Abbas ha modificado en repetidas ocasiones la composición de los órganos electos. En junio, amplió el Consejo Legislativo electo de 132 a 200 escaños, para luego restablecerlo a 132 el 11 de agosto.
Un plan independiente para el Consejo Nacional Palestino asigna 200 puestos a representantes del interior de Palestina: los 132 legisladores elegidos más 68 miembros seleccionados de común acuerdo, junto con 150 representantes de la diáspora.
Baraka acusa a la Autoridad Palestina de intentar colocar en el extranjero a personas leales al presidente en lugar de permitir el voto libre entre las comunidades palestinas, una fórmula que Hamás rechaza por completo.
¿Quién gobernará Gaza tras la guerra?
Majdalani vincula la votación directamente con la lucha por quién gobernará Gaza tras la guerra. Advierte de que, en un foro internacional y regional, se está debatiendo el fin de la guerra, la reconstrucción, los acuerdos de seguridad y una administración civil para la Franja de Gaza, con múltiples visiones y planes vinculados a la fase venidera.
El peligro, afirma, radica en quién controla esa transición:
«Rechazamos cualquier intento de convertir Gaza en una entidad política separada de Cisjordania y Jerusalén, de convertir la reconstrucción en un punto de partida para remodelar la geopolítica palestina, o de utilizar la ayuda y la financiación para crear un sistema político palestino impuesto desde el extranjero».
Baraka sostiene que la alianza nacional propuesta por Hamás es un proyecto político más amplio, no solo electoral, destinado a preservar los principios nacionales y a hacer frente a la anexión y al desplazamiento. Afirma que las continuas violaciones por parte de Israel del acuerdo de Sharm el-Sheikh demuestran que el futuro de Gaza no puede resolverse mediante acuerdos externos, sino que requiere unidad nacional. Unas elecciones justas, sostiene, podrían ayudar a lograr esta unidad, mientras que un proceso excluyente favorecería los intereses de Washington.
Fatah cierra la puerta
Majdalani afirma que la visita a El Cairo de una delegación de Fatah encabezada por el vicepresidente Hussein al-Sheikh no puede reducirse a una posible reunión bilateral con Hamás.
Señala que cancelar la reunión con Hamás por segunda vez «envía un mensaje negativo, especialmente en esta etapa, en la que se necesita un diálogo palestino directo —no solo sobre las elecciones, sino sobre el futuro del sistema político, la unidad de las instituciones, la situación en la Franja de Gaza, la relación entre la OLP y la Autoridad Palestina, y el futuro del proyecto nacional en su conjunto».
Baraka afirma que Hamás se sorprendió cuando Fatah canceló una reunión que había solicitado para el lunes, mientras que las reuniones con Egipto y la Corriente de Reforma de Dahlan se mantuvieron programadas. Califica esta medida de inadecuada y la considera una prueba de falta de seriedad respecto a la unidad, argumentando que Fatah se ha visto influida por presiones regionales e internacionales para mantener a los palestinos divididos. Subraya que el diálogo palestino no requiere la aprobación de Israel ni de Estados Unidos y afirma que Hamás seguirá buscando la alianza nacional más amplia posible.
La votación más allá de la votación
Las elecciones siguen previstas para el 28 de noviembre, pero aún son muchos los factores que pueden impedir que los palestinos acudan a las urnas. Las facciones siguen estando lejos de alcanzar una posición común capaz de renovar la legitimidad política o unificar el sistema palestino.
Cualquier votación celebrada bajo la ocupación y la guerra, sin consenso y en condiciones restrictivas, sigue atrapada en la contradicción expresada por Majdalani:
«No teman a la democracia; teman su ausencia». Reconoce, sin embargo, que «lo que se necesita es convertir las elecciones en una etapa de reconstrucción. De lo contrario, dejaremos un vacío para las intervenciones extranjeras».
Las condiciones que rodean la votación dejan varias preguntas sin respuesta. ¿Pueden funcionar las urnas en medio de un genocidio? ¿Pueden los procedimientos técnicos compensar la ausencia de consenso, dada la insistencia de Hamás en participar y su rechazo a las condiciones, así como las vacilaciones y la confusión de Fatah? ¿Son las elecciones una vía para renovar la legitimidad o una herramienta para profundizar la división e impulsar planes de liquidación?
Los próximos meses revelarán si Palestina se encamina hacia unas elecciones o hacia otra repetición de lo ocurrido en 2021.
Detrás de la contienda por los escaños se esconde un debate más amplio sobre «¿qué tipo de Palestina construiremos tras las elecciones: la Palestina unida de la resistencia descrita por Hamás, o la Palestina de la administración y las agendas extranjeras que temen los demás?»
3. El Congreso Cultural de La Habana de 1968.
El boletín de esta semana de Prashad está dedicado a las «tradiciones radicales» que podrían ayudar a nuestra liberación, fundamentalmente recordando el Congreso Cultural de La Habana de 1968, al que han dedicado un dossier que también os paso.
https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/nuestras-tradiciones-radicales/
Escarbamos en el terreno de nuestras tradiciones radicales | Boletín 35 (2026)
Cuando el imperialismo convierte el conocimiento, la tecnología y el arte en instrumentos de sometimiento, las tradiciones radicales enseñan otra lección: los pueblos oprimidos pueden apoderarse de esas herramientas y transformarlas en armas de liberación.
27 de agosto de 2026
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Sliman Mansour (Palestina), Rituals Under Occupation [Rituales bajo la ocupación], 1988.
Queridas amigas y amigos,
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
Dedicado a Sliman Mansour (1947-2026), un pintor amable y generoso de la emancipación palestina.
En enero de 1968, 470 personas delegadas de 70 países se reunieron en Cuba para el Congreso Cultural de La Habana. Llegaron de naciones en guerra, de sociedades socialistas en construcción, de movimientos de liberación nacional que luchaban contra el colonialismo y de centros imperiales donde lxs intelectuales habían comenzado a rebelarse contra el poder. Vietnam resistía al ejército más poderoso de la Tierra. El asesinato del Che Guevara tres meses antes no había extinguido la convicción de que el imperialismo podía ser derrotado; solo la había intensificado.
El imperialismo, comprendían las personas delegadas, no sobrevive solo con el fusil y el banco. También utiliza escuelas, emisoras de radio, editoriales, laboratorios, museos y la imaginación. Enseña a las personas colonizadas a ver sus propias historias como atrasadas, sus lenguas como provincianas y sus artes populares como materia prima en espera de ser refinada por la metrópoli. Frente a esta maquinaria, el congreso convocó a lo que Fidel Castro describió como “un Vietnam en el campo de la cultura”: una lucha organizada por los medios mediante los cuales los seres humanos se comprenden a sí mismos y comprenden su poder. Nuestro dossier más reciente, Un Vietnam en el campo de la cultura: el Congreso Cultural de La Habana, 1968 (agosto de 2026), toma su título de la frase de Fidel Castro y vuelve al congreso en el año del centenario de su nacimiento.
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El Congreso Cultural de La Habana nos ofrece el terreno sobre el cual encontrarnos con el tema de este boletín: las tradiciones radicales. Una tradición radical no es un altar al pasado. La palabra radical proviene del latín radix, raíz. Ir a la raíz es descubrir las luchas que originaron el pensamiento y la belleza de un pueblo y llevar sus posibilidades inconclusas al presente. La tradición no es lo que permanece inmutable. Es lo que el pueblo rehace continuamente mientras lucha por realizar su humanidad y por florecer dentro de la naturaleza, y no mediante su destrucción.
Uno de los ejemplos más claros de esta tradición radical en este período surgió a partir de la reelaboración anticolonial de Calibán, la figura esclavizada de La tempestad (1610-1611), de William Shakespeare. En el Caribe y América Latina, Calibán se convirtió en una forma de pensar no en el regreso a un pasado intacto, sino en la transformación de lo que el colonialismo había impuesto: la lengua, la literatura y el conocimiento, como armas contra el dominio colonial. Dos obras afinaron esta lectura anticolonial: la obra de teatro Une tempête [Una tempestad] (1969), de Aimé Césaire, y el ensayo Calibán (1971), de Roberto Fernández Retamar. En la obra de Shakespeare, Próspero (la civilización europea) se apodera de una isla, esclaviza a Calibán (el colonizado) y le enseña su idioma para poder darle órdenes. Césaire dramatiza el rechazo de Calibán a ese mando colonial. Su Calibán exige ser llamado X, lo que sugiere tanto la violencia que borra su nombre como la libertad que quiere disfrutar. Césaire deja a Próspero y a Calibán atrapados en un mundo colonial en deterioro. Próspero no puede imaginarse sin el sujeto que domina, mientras que el rechazo de Calibán a ser colonizado fractura su mundo. Calibán no pide una mejor representación dentro del orden de Próspero. Disputa el orden mismo. Para Fernández Retamar, Calibán no es una sombra vergonzosa al borde de la civilización latinoamericana, es su pueblo colonizado. Próspero invadió su tierra, mató a sus ancestros, lo esclavizó y le impuso una lengua. ¿Qué otra cosa puede hacer Calibán, pregunta Fernández Retamar, sino usar esa lengua para maldecir a Próspero?
La maldición es apenas el comienzo. Calibán no se limita a rechazar la lengua del colonizador: se apodera de ella. La ciencia, la tecnología, la literatura y los conceptos políticos acumulados en los centros imperialistas fueron posibles gracias a la riqueza y el trabajo extraídos del mundo colonizado. Fernández Retamar rechaza la idea de que pertenecen naturalmente a Occidente. Su recuperación no es imitación, sino restitución. Recuperarlos es desenterrar las raíces de un mundo que el colonialismo intentó monopolizar y volver sus instrumentos hacia la liberación. Calibán convierte la lengua del mando en una lengua de revuelta: en la tradición radical que atesoramos. Pasé una hora conversando con el equipo de Tank Magazine sobre el ensayo de Fernández Retamar y su contexto.
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Camilo Egas (Ecuador), Sueño de Ecuador, 1939.
¿A quién se le permite representar la razón y a quién se le confina a la emoción? En La Habana, esta no era una pregunta abstracta. Los debates sobre la negritud enfrentaron este problema directamente. René Depestre señaló la formulación de Léopold Senghor según la cual “la emoción es negra, como la razón es blanca” como ejemplo del peligro que enfrentaba una revuelta cultural anticolonial. Depestre honró la afirmación original de la negritud de las culturas negro-africanas frente a la deshumanización racial, pero advirtió que, separada de la lucha de clases, podía convertirse en esencialismo racial y ser capturada por élites reaccionarias. En Haití, el noirisme [ideología racial esencialista] de François Duvalier había convertido la defensa de la cultura negra en una ideología de Estado que aterrorizaba al pueblo y a la izquierda en nombre de la autenticidad negra. El congreso rechazó, pues, tanto la asimilación liberal como el esencialismo racial. El racismo no podía ser derrotado admitiendo a unas pocas personas colonizadas en la casa del amo, ni convirtiendo las categorías coloniales en verdades permanentes. Requería una transformación de las relaciones materiales que reproducen continuamente la raza como jerarquía.
La tradición radical aparece, sin embargo, también en obras cuya política permanece limitada o irresuelta. El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz, escrito lejos de la política revolucionaria de La Habana, se acerca a la herida colonial de México mediante máscaras, silencios, fiestas y soledad: los hábitos de ocultamiento y distancia formados en una sociedad marcada por la conquista. Paz comprendió que la conquista sobrevive dentro de las formas de la subjetividad. El sujeto colonizado y poscolonial puede llevar una máscara no porque no haya nada debajo de ella, sino porque la historia ha hecho peligrosa la exposición. La soledad se vuelve a la vez herida y defensa. Sin embargo, el laberinto nunca es meramente psicológico, porque sus muros fueron construidos mediante la conquista, la jerarquía racial, el poder de clase y la relación irresuelta de México con la modernidad. La tradición radical comienza donde el relato de Paz llega a su límite: la soledad se rompe con la lucha colectiva. La asamblea campesina, el comité de huelga, la brigada de alfabetización, el taller de teatro y la emisora comunitaria hacen más que expresar a un pueblo existente: ayudan a hacer nacer uno nuevo. Incluso el relato de Paz apunta más allá de sí mismo hacia este hecho.
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Benjamin Silva (Brasil), Masacre de Tlatelolco, 1968.
Una pregunta afín surgió en Irán a partir de la obra de Jalal Al-e Ahmad (1923-1969): ¿cómo puede un pueblo apoderarse del conocimiento moderno sin someterse a las categorías y dependencias del poder imperial? Al-e Ahmad, que pasó del entorno comunista del Partido Tudeh a un antiimperialismo de inflexión religiosa, publicó en 1962 su célebre polémica Gharbzadegi, título traducido con frecuencia como Occidentosis. Leído ampliamente en Irán, también entre sectores de ulemas [clérigos], el libro describía una sociedad golpeada por Occidente, no simplemente porque importaba mercancías extranjeras, sino porque había comenzado a inhalar las categorías de Occidente como si fueran oxígeno. El resultado era una suerte de mal aliento civilizacional: la exhalación rancia de la imitación, la dependencia y la autoalienación. La tecnología llega sin la capacidad social de dirigirla, la élite local se convierte en intermediaria de bienes y deseos importados y se enseña a un pueblo a experimentar su propio mundo como una carencia.
La polémica de Al-e Ahmad podría haberse leído como una retirada romántica hacia un pasado no contaminado, pero su intuición más potente apunta a otra parte. Quería tanto un reconocimiento de nuestras propias tradiciones como una radicalización de ellas para el mundo moderno. Aquí es donde la pregunta de Al-e Ahmad se encuentra con las preocupaciones de La Habana. En el congreso no se rechazó la ciencia ni la tecnología por ser occidentales. Se preguntó quién es su dueño, con qué fines se organizan y de quién es el trabajo que las hace posibles. Las personas delegadas describieron a médicos formados a expensas públicas en el Tercer Mundo y extraídos por el centro imperial. Conocimientos locales recopilados como “materia prima científica” y devueltos en forma de políticas, vigilancia e intervención militar. La respuesta a la occidentosis no es, por tanto, la pureza, sino la soberanía: la capacidad colectiva de apoderarse del conocimiento moderno, redirigirlo hacia la necesidad social y transformar la sociedad en el proceso.
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Bahman Mohasses (Irán), Il Minotauro fa paura alla gente per bene [El minotauro asusta a la gente de bien], 1966.
Los movimientos de liberación representados en La Habana ya ponían en práctica esta soberanía. Mostraron que la cultura no era algo que debiera preservarse en aislamiento ni posponerse hasta después de la victoria, sino un medio a través del cual se construía la liberación misma. En Vietnam, los informes mensuales del Frente Nacional de Liberación contaban a las personas liberadas del analfabetismo junto a las victorias militares, mientras los equipos de cine trabajaban desde sótanos bajo el bombardeo. En las zonas liberadas de Guinea-Bissau, Angola y Mozambique, las escuelas, las imprentas, los talleres de artistas y las canciones revolucionarias formaban los cimientos de una nueva sociedad antes de que llegara la independencia formal. La liberación misma era un acto de cultura.
La misma comprensión animaba a Lotus. Publicada por primera vez en marzo de 1968 como Afro-Asian Writings [Escritos Afroasiáticos], la revista ayudó a construir la infraestructura cultural que La Habana había reclamado: un hogar multilingüe para escritorxs de África y Asia, y más tarde de América Latina. Sus páginas rechazaban el arreglo colonial en el que lxs escritorxs del Sur aguardaban el reconocimiento de Londres, París o Nueva York. Lotus hizo visible otra geografía literaria: la resistencia palestina podía hablar con la liberación vietnamita, la lucha sudafricana con la poesía egipcia y las naciones recién descolonizadas con quienes aún luchaban por la libertad. Un solo ejemplo captura lo que esta infraestructura hizo posible. En 1972, Lotus publicó una obra de teatro, Ughniyyat al-Mawt [Canción de muerte], del dramaturgo egipcio Tawfiq al-Hakim. Gracias a las redes de la revista, la obra fue traducida al hindi e interpretada ese mismo año en Nueva Delhi. También fue traducida al amárico y una función fue transmitida por la televisión estatal etíope. Una historia sobre una familia rural egipcia cuya vendetta se vio trastornada por la educación de un hijo en El Cairo pudo así viajar más allá de Egipto y hablar a públicos que enfrentaban sus propios dilemas de tradición, modernidad y transformación social.
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Wifredo Lam (Cuba), Tercer Mundo, 1966.
Hoy necesitamos la urgencia de Lotus. El aparato mediático que enfrentó La Habana se ha convertido en un denso sistema de plataformas, algoritmos, extracción de datos y propiedad concentrada. No se limita a censurar: inunda el mundo de imágenes, fragmenta la experiencia común en corrientes personalizadas, convierte la atención en propiedad y hace que la solidaridad parezca lejana incluso cuando la guerra llega al instante a nuestras pantallas. El racismo y el colonialismo se renuevan mediante viejas jerarquías vestidas con ropas digitales. Los pueblos del mundo son invitados a consumir las imágenes de otros pueblos mientras se les impide construir relaciones duraderas con sus luchas.
Una nueva visión cultural del mundo no puede ensamblarse a partir de consignas de diversidad suministradas por las mismas instituciones que financian la guerra y el saqueo. Debe surgir de las luchas contra el racismo, el colonialismo, el patriarcado y la explotación capitalista. Debe recuperar el sentido total de la cultura afirmado en La Habana: la cultura como arte y educación, pero también como salud, ciencia, trabajo, deporte, medios de comunicación, tecnología y organización de la vida cotidiana. La persona trabajadora intelectual en el centro de este proyecto no es una genia solitaria erguida sobre el pueblo, sino alguien cuyo conocimiento se coloca dentro de un proceso colectivo. El horizonte de este proyecto no es el reemplazo de una élite por otra, sino la ampliación de la vida intelectual hasta que la división entre quienes piensan y quienes hacen comience a desaparecer. Las tradiciones radicales no nos dan ni un mapa completo ni un refugio del presente. Nos ofrecen métodos: el recorrido de Paz por las máscaras que dejó la conquista; el rechazo de Césaire al guion colonial; la apropiación de la lengua del amo por parte de Fernández Retamar; la alarma de Al-e Ahmad ante la imitación dependiente; el común literario internacionalista construido por Lotus; y la insistencia de La Habana en que la revolución debe transformar la totalidad de la vida.
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Paritosh Sen (India), Rain over Benares, India [Lluvia sobre Benarés, India], 1962.
Hemos heredado la tormenta. Nuestra tarea es emanciparnos de ella.
Cordialmente,
Vijay
https://thetricontinental.org/es/dossier-congreso-cultural-habana/
Un Vietnam en el campo de la cultura: el Congreso Cultural de La Habana, 1968
En 1968, delegados de 70 países se reunieron en La Habana para hacer frente al imperialismo cultural y concebir la cultura como un frente decisivo de la lucha antiimperialista.
11 de agosto de 2026
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Los collages que ilustran este dossier fueron realizados por el Instituto Tricontinental de Investigación Social, con imágenes y discursos del Congreso Cultural de La Habana (1968), cortesía de Cubarte.
“No puede haber nada más antimarxista que el dogma, no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas que incluso se esgrimen en nombre del marxismo y que parecen verdaderos fósiles”.
– Fidel Castro, discurso de clausura, Congreso Cultural de La Habana, 12 de enero de 1968 (1968: 57-71).
“Hago la revolución, y por tanto existo, por tanto existimos”.
– René Depestre, Comisión I, Congreso Cultural de La Habana, 1968 (1968: 42-46).
En la mañana del 4 de enero de 1968, en el Hotel Habana Libre, el presidente cubano Osvaldo Dorticós inauguró el Congreso Cultural de La Habana. Durante los 9 días siguientes, 470 delegados de 70 países llenarían las salas de las comisiones. Juntos, buscaban comprender cómo opera el imperialismo a través de la cultura en todas sus dimensiones y qué significaría construir un frente antiimperialista capaz de enfrentarlo y desmantelarlo.1
El congreso tuvo lugar en un momento en que la revolución se sentía no solo posible, sino inminente. Vietnam mantenía en jaque al ejército más poderoso de la Tierra. Los movimientos de liberación armada en las colonias portuguesas de Angola, Guinea-Bissau y Mozambique construían nuevas sociedades en las zonas ya liberadas.2 En toda América Latina, los movimientos guerrilleros se multiplicaban a raíz de la Revolución cubana. Los pueblos del Tercer Mundo estaban en movimiento en todos los frentes. El duelo por el asesinato de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia, tres meses antes, no había hecho sino agudizar la resolución colectiva de las personas delegadas y de los movimientos que representaban. La pregunta ya no era si el imperialismo podía ser derrotado, sino por quién y en qué frentes.
El Congreso Cultural de La Habana se organizó en cinco comisiones que trazaban los frentes en que se libraba la batalla cultural: Cultura e independencia nacional (Comisión I); Formación integral del hombre (Comisión II); Responsabilidad del intelectual (Comisión III); Cultura y medios de comunicación de masas (Comisión IV); y Creación artística y trabajo científico-técnico (Comisión V).3 Como observó Dorticós en su discurso de apertura, “según nuestras noticias, se reúnen por primera vez hombres que proceden de todos los continentes, que pertenecen a distintas profesiones” reunidos en torno a un mandato cultural común (1968: 4). La decisión de invitar no solo a trabajadorxs culturales como artistas y escritores, sino también a médicxs, economistas, sociólogxs, científicxs, técnicxs y trabajadorxs intelectuales de toda procedencia, fue una elección política deliberada, que insistía en que la cultura no era simplemente un complemento de la lucha política y militar, sino un frente de lucha antiimperialista por derecho propio.
El congreso no se limitó a las salas de comisiones y los discursos. Tuvo repercusión en toda la ciudad a través de vallas publicitarias, afiches y transmisiones radiales. En la antesala del congreso, el Instituto del Libro publicó ediciones populares de obras de varios escritores participantes y se proyectaron películas de algunos delegados en cines de toda La Habana. En la noche del 9 de enero, se inauguró en el Pabellón Cuba, en el Vedado, la exposición Del Tercer Mundo. Concebida como un recorrido cinematográfico más que como una exposición convencional, empleaba luz, sonido, montaje y movimiento para guiar a los visitantes a través de la historia inconclusa de Asia, África y América Latina. Los visitantes recorrían seis zonas que narraban la historia no concluida del Tercer Mundo, desde el mito de las tierras “vírgenes”, pasando por la violencia y la privación de la dominación imperialista, hasta las luchas revolucionarias del presente. La exposición recurría a animaciones de neón, historietas, montajes cinematográficos satíricos y efectos sonoros que incluían un túnel del horror sobre el hambre y cajas de luz giratorias que multiplicaban la imagen icónica del Che tomada por el fotógrafo cubano Alberto Korda, junto a la pregunta: “¿Y nosotros, los explotados del mundo, cuál es nuestro papel?”. La exposición, producida colectivamente por más de 100 personas, fue visitada por más de 250.000 personas durante sus tres meses de duración, con un horario que permitía a estudiantes y trabajadorxs asistir de camino a casa, como quien visita un cine popular (Berríos, 2019: 101-119).
La participación masiva y la amplitud cultural del congreso encarnaban su argumento fundacional: que la cultura contiene la totalidad de cómo una sociedad produce y reproduce la vida humana. Como concluyó la declaración general del congreso: “si la derrota del imperialismo es el prerrequisito inevitable para el logro de una auténtica cultura, el hecho cultural por excelencia para un país subdesarrollado es la revolución” (CCLH, 1968: 49-50).
Los debates que tuvieron lugar a lo largo de esos nueve días produjeron uno de los análisis colectivos más ricos sobre el imperialismo cultural del siglo XX y una visión de la cultura antiimperialista cuyo alcance y ambición siguen interpelando hoy a los movimientos a pensar la cultura no simplemente como arte o propaganda, sino como un terreno de lucha que atraviesa todas las dimensiones de la vida social. Sin embargo, el congreso ha sido poco estudiado y ha estado prácticamente ausente desde entonces de muchos relatos históricos del período. Este dossier presenta una síntesis de algunos de esos debates, organizada en cinco secciones: el diagnóstico de cómo opera el imperialismo cultural, la praxis de la cultura dentro de las luchas de liberación activas, las formulaciones teóricas surgidas del congreso, la visión del nuevo ser humano y el papel del trabajador/a intelectual en la revolución.
Hacia el Congreso Cultural de La Habana
El congreso fue el tercero de una secuencia de eventos internacionalistas celebrados en La Habana. El primero fue la Conferencia Tricontinental (enero de 1966), que reunió a fuerzas revolucionarias de África, Asia y América Latina para construir una alianza político-militar contra el imperialismo y que creó la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL). En agosto del año siguiente, la reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad institucionalizó la lucha armada como estrategia principal de la liberación continental. En 1968, el Congreso Cultural de La Habana extendió esa estrategia hacia un terreno ideológico y cultural que, durante dos décadas, había sido objeto de una ofensiva imperialista masiva y en gran medida encubierta.
El congreso respondía a la necesidad material de combatir no solo la agresión militar directa liderada por Estados Unidos (como la invasión de Playa Girón en 1961), sino también una guerra cultural y de información de larga data. De hecho, fue convocado como la respuesta directa al Congreso por la Libertad de la Cultura (CCF, por su sigla en inglés), la operación cultural insignia de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Con el propósito expreso de construir hegemonía cultural, el CCF promovía las ideas de que no existía alternativa al orden capitalista occidental, que los movimientos revolucionarios eran amenazas a la “libertad” y que los intelectuales debían ser críticos autónomos y apolíticos. Fundado en 1950 con operaciones en 35 países, publicó más de 20 prestigiosas revistas literarias y políticas (Encounter en Londres, Preuves en París y Cuadernos en América Latina, entre otras), patrocinó conferencias, financió intercambios académicos y cultivó una red internacional de intelectuales comprometidos, consciente o inconscientemente, con un consenso liberal anticomunista.4 Aunque la revelación en 1967 de que el CCF era financiado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) desprestigió a la organización, la infraestructura que había construido permaneció intacta, desde revistas, fundaciones y redes académicas hasta hábitos de pensamiento. Eric Hobsbawm, historiador marxista británico y delegado, describiría más tarde al Congreso Cultural de La Habana como el “opuesto exacto” del CCF. Mientras el CCF se presentaba como defensor de la autonomía intelectual, al tiempo que operaba bajo patrocinio imperialista, el Congreso Cultural de La Habana buscaba establecer la infraestructura cultural y el programa para quienes luchaban contra el imperialismo (Hardesty, 2019: 61).
La idea del Congreso de La Habana nació de Casa de las Américas, institución fundada en abril de 1959 que se había convertido, a través de su revista y su premio literario anual, en el principal puente cultural de Cuba con América Latina y el Caribe. En enero de 1967, el comité de colaboración de la revista emitió una declaración para reunir a intelectuales de Asia, África y América Latina, en respuesta al llamado de la Conferencia Tricontinental de 1966 a construir un frente activo contra la intervención cultural en el Tercer Mundo. Esta convocatoria propuesta se convirtió en el Congreso Cultural de La Habana de 1968. Entre octubre y noviembre de 1967, un seminario nacional de preparación reunió a 1.343 escritorxs, artistas, científicxs y técnicxs cubanxs en la misma estructura de cinco comisiones que luego adoptaría el congreso internacional, con meses de trabajo intelectual y organizativo colectivo realizados antes de que llegara un solo delegado internacional (OSPAAAL, 1966: 217-40; González Lage, 2019: 276-277).
La estrategia de invitación del congreso fue deliberadamente amplia: trotskistas y surrealistas se sentaron junto a militantes de partidos comunistas. Editores de New Left Review junto a militantes del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA). Existencialistas y antipsiquiatras junto a economistas de la teoría de la dependencia y teólogos de la liberación y las 212 personas delegadas de naciones “desarrolladas” se sentaron junto a las 205 personas delegadas de naciones subdesarrolladas, entre ellas 53 de países socialistas (González Lage, 2019: 283-284). Aunque la estrategia cubana buscaba construir un frente antiimperialista que alcanzara a los sectores progresistas del centro imperialista, decisiones estructurales aseguraron que fueran las perspectivas del Tercer Mundo las que marcaran el rumbo de las deliberaciones. Con este fin, la jefatura de todas las comisiones recayó en personas delegadas de proyectos socialistas y de liberación nacional del Tercer Mundo. El testimonio de las personas delegadas que hablaban desde luchas de liberación activas tuvo un peso político y moral que enmarcó la totalidad del congreso (CCLH, 1968; Parmelin, 1968: 3-20).
El congreso se convocó en un momento de agudas contradicciones. Dos días antes de la apertura, Fidel Castro anunció que la Unión Soviética reduciría el suministro de petróleo a la isla. Días después de la clausura, el Comité Central del Partido Comunista de Cuba se reunió para actuar contra una “microfacción” de militantes del partido acusados de buscar subordinar la estrategia revolucionaria cubana a la línea de Moscú (González Lage, 2019: 276; Comité Central del Partido Comunista de Cuba, 1968). Tras el congreso, la Organización de los Estados Americanos (OEA) elaboró un extenso informe clasificado que calificó al congreso de “acción subversiva del comunismo internacional” y detalló a los asistentes, así como sus afiliaciones políticas, historiales de viaje e intervenciones en el congreso (Organización de los Estados Americanos, 1968).
El diagnóstico: cómo opera el imperialismo a través de la cultura
Aunque las personas delegadas provenían de una amplia gama de historias coloniales y etapas de lucha distintas, compartían un diagnóstico del imperialismo cultural de su época. El imperialismo, sostenían, opera mediante una ofensiva sistemática que atraviesa todas las dimensiones de la sociedad y la cultura, incluyendo la colonización de la conciencia, el control de la información, la extracción del trabajo intelectual, la “fuga de cerebros” de médicos y científicos del Tercer Mundo y el control de la producción de conocimiento.
Durante el congreso, Roberto Fernández Retamar, poeta cubano que más tarde dirigiría Casa de las Américas, ofreció una lectura estructural del orden global y de los intelectuales que este producía. El mundo, argumentó, no se divide entre países “desarrollados” y “subdesarrollados”, sino entre países subdesarrollados y lo que él llamó países subdesarrollantes, es decir, cuyo propio desarrollo depende de producir activamente subdesarrollo en otras partes.
Para Fernández Retamar, los intelectuales de esos países “subdesarrollantes” adquirían su conocimiento a través del mismo sistema: uno construido sobre el trabajo explotado y la riqueza del Tercer Mundo. Sostuvo que “la ciencia y el arte de los países explotadores pertenecen también a los países explotados sobre los cuales se han construido”. Devolverlos, dijo, “no será una forma de paternalismo, sino una forma de reintegrarles lo arrancado”. Para él, esto significaba que lxs intelectuales de izquierda de los centros imperialistas tenían la responsabilidad de poner su conocimiento, científico, económico, lingüístico y técnico, al servicio de los movimientos de liberación cuyos pueblos habían hecho posible ese conocimiento. Si la reparación era lo que Fernández Retamar exigía de lxs intelectuales en los países que “subdesarrollan”, lo que exigía de quienes estaban en los países subdesarrollados era lo inverso: apropiarse del conocimiento del colonizador y de sus productos y utilizarlos para su propia liberación.
En 1971, tres años después del congreso, la formulación de Fernández Retamar cristalizaría en su ensayo emblemático Calibán. En él, reivindicó la figura de Calibán, el sujeto esclavizado de La tempestad de Shakespeare, cuya isla ha colonizado Próspero, como símbolo de América Latina y el Caribe: “Próspero invadió las islas, mató a nuestros ancestros, esclavizó a Calibán y le enseñó su idioma para poder entenderse con él: ¿qué otra cosa puede hacer Calibán sino utilizar ese mismo idioma, hoy no tiene otro, para maldecirlo, para desear que caiga sobre él la ‘roja plaga’?” (Fernández, 1974: 34-35).
En los años siguientes, Calibán se convirtió en una figura compartida a través de la cual los intelectuales de América Latina y el Caribe exploraron la dominación colonial, el lenguaje, la revuelta y la agencia histórica. El congreso contribuyó a consolidar esta reelaboración al poner en diálogo en La Habana a pensadores anticoloniales caribeños, entre ellos Fernández Retamar, C. L. R. James y Aimé Césaire (González Seligmann, 2019: 49-54, 76-77). En 1969, por ejemplo, Césaire publicó Une tempête [Una tempestad], una reescritura anticolonial de la obra de Shakespeare y el poeta barbadense Kamau Brathwaite publicó su poema Calibán. Junto con el ensayo de Fernández Retamar, estas obras contribuyeron a una importante inversión cultural y política, que colocó al Tercer Mundo, como sujeto colonizado colectivo, en el centro y no en la periferia de la historia.
Esta disputa en torno al lenguaje, la representación y la acción histórica formaba parte del diagnóstico más amplio del congreso sobre el imperialismo cultural. En el congreso, Fernando Martínez Heredia, quien había fundado la influyente revista Pensamiento Crítico, sostuvo que la capa más insidiosa de la dominación imperialista era la colonización cultural (Sánchez, 2018). Planteó que, “la colonización cultural penetra fuertemente en todos los órdenes de la vida, hasta influir en el pensamiento y en la acción de los propios luchadores contra el colonialismo”, produciendo “un molde mental de castración, de incapacidad para representarse un destino alcanzable con fuerzas propias” (Martínez, 1968: 15-19; Tricontinental, 2026a). Esta “castración mental” se produce a lo largo de un período extenso y a través de varios frentes, entre ellos, el aparato mediático. Durante el congreso, el historiador cubano Moreno Fraginals describió un vasto sistema imperialista de comunicaciones: 850 horas semanales de transmisiones de onda corta de Estados Unidos hacia América Latina, dos redes radiales que controlaban más del 90% de los oyentes y radios de frecuencia fija preconfiguradas para estaciones estadounidenses que circulaban por toda la región. Para el escritor cubano Edmundo Desnoes, los medios de masas eran las “armas secretas” del imperialismo, eficaces precisamente porque eran invisibles (Moreno, 1968: 71-74; Desnoes, 1968: 13-17).
El economista indio Lajpat Rai mostró cómo las instituciones educativas y culturales también habían sido dominadas por intereses imperialistas. En su país, dijo, “Las universidades, institutos, escuelas, organizaciones sociales y culturales de la India están infestados hoy de agentes culturales norteamericanos bajo la apariencia de profesores visitantes, expertos en educación, cuerpos de paz, e incluso agentes de la CIA”.5 Documentó un “programa de castración política de los intelectuales”, haciendo eco de las palabras de Martínez Heredia, con las fundaciones Asia, Ford y Rockefeller y el ya desenmascarado CCF, operando abiertamente dentro de la academia india (Rai, 1968: 10-17).
Un tercer frente de la ofensiva cultural imperialista operaba a través del registro histórico y el archivo físico. Delegados del mundo árabe, de la península coreana y del sur de África aportaron testimonios de supresión cultural. Gisèle Halimi, una abogada nacida en Túnez que había defendido a militantes del Frente de Liberación Nacional argelino (FLN) durante la guerra de independencia, trajo al congreso su propio testimonio de colonización cultural. Criada bajo el sistema educativo colonial francés en Túnez, describió la exclusión de la historia y la cultura árabes y cómo “[ ] la belleza, la inteligencia, la libertad no podían ser más que valores franceses; la fuente de toda cultura, la civilización era Francia” (Halimi, 1968: 136-144).
Hablando desde un país que aún se reconstruía, Kim Youn Seun y Pak Hai Chin, de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) (Corea del Norte), a apenas 15 años de una guerra en que los bombardeos estadounidenses destruyeron prácticamente toda estructura en pie en el norte del país, ofrecieron al congreso el concepto de juche (주체). Traducido a menudo como “autosuficiencia”, el juche se refiere a la capacidad de un pueblo colonizado de convertirse en sujeto de su propia historia, en lugar de objeto pasivo de la dominación imperialista. “Sin la liberación completa y la independencia del país”, dijeron las personas delegadas de la RPDC al congreso, “no puede haber esperanza de una verdadera cultura nacional, ni puede hablarse de la formación integral del hombre”, condensando, en una sola frase, el vínculo entre el diagnóstico del congreso sobre el imperialismo cultural y su horizonte del nuevo ser humano (Kim Youn Seun y Pak Hai Chin, 1968).
Lo que revelaban estos testimonios, provenientes de todos los continentes, era un único aparato colonial integrado que abarca la manera en que una sociedad se narra a sí misma: sus transmisiones, sus universidades, su lenguaje, sus archivos. Varias personas delegadas señalaron que este aparato está también indisolublemente ligado a la estructura económica y a la lógica extractivista del imperialismo. Como planteó Alex La Guma, novelista y ex preso político del apartheid sudafricano: “Somos los primeros productores de oro del mundo, pero nuestros mineros cobran un salario de 40 centavos por 8 horas de trabajo”. Mientras que cirujanos sudafricanos habían realizado en Ciudad del Cabo el primer trasplante de corazón del mundo apenas semanas antes del congreso de La Habana, el 80 % de la población vivía en un nivel de hambruna. El planteamiento de La Guma no buscaba condenar el logro científico en sí, sino exponer la contradicción de la sociedad del apartheid: una riqueza y una capacidad técnica inmensas que coexistían con la privación masiva y la dominación racial. La Ley de Educación Bantú (1953) dio a este sistema una forma explícitamente cultural, al imponer una educación inferior y segregada a la población negra sudafricana, preparándola para el trabajo subordinado bajo el apartheid (La Guma, 1968; Silber, 1970: 48-53).
El congreso de La Habana también abordó la extracción imperialista de la capacidad humana. El Dr. Horacio Zalce, médico mexicano que presentó en tres de las cinco comisiones del congreso, trazó el circuito de la fuga de cerebros en su campo. Médicos formados a expensas públicas en países subdesarrollados eran atraídos hacia Estados Unidos, sometidos a la “transculturación” (la adopción gradual de los valores, hábitos y formas de vida de otra cultura) y absorbidos por el imperialismo o enviados de vuelta a sociedades donde ningún trabajo correspondía a su especialización. En palabras del Dr. Zalce, “se ha exportado ‘materia prima’, ésta se ha ‘elaborado’ en el extranjero y entonces es substraída” (Zalce, 1968: 30-31).
De manera similar, el delegado cubano José Fernández-Britto Rodríguez informó que, entre 1956 y 1965, cerca de 40.000 científicos y técnicos latinoamericanos emigraron a Estados Unidos (CCLH, 1968: 34-39). Por su parte, los investigadores cubanos Aníbal Rodríguez y Fernando Barral describieron la colonización de la propia producción de conocimiento sobre el Tercer Mundo, en la cual América Latina suministraba “materia prima científica”, datos e investigadores, a think tanks estadounidenses como la RAND Corporation, la Special Operations Research Office y el Hudson Institute. Esas instituciones devolvían luego los “productos terminados” de esa investigación a la región en forma de intervención política, económica, de inteligencia y militar (Rodríguez y Barral, 1968: 2-6).
A través de las cinco comisiones, las personas delegadas describieron a intelectuales, médicxs y científicxs colonizadxs como materia prima que es extraída, procesada y sustraída. Cada médico de la periferia formado en el ámbito público que termina ejerciendo en el núcleo imperialista representa una transferencia de valor económico: años de inversión social capturados a través de la propia estructura de la dependencia imperial. Como concluyó la resolución de la Comisión IV (Cultura y medios de comunicación de masas), “la industria de la cultura de masas no se limita a funciones superestructurales, es hoy parte integral del sistema de producción económica” (CCLH, 1968: 30).
Praxis: la liberación como acto cultural
El congreso rechazó la idea de que la cultura es algo que se restaura o se crea solo después de haber ganado la liberación. Por el contrario, las personas delegadas, que hablaban desde el interior de las guerras de liberación nacional, sostuvieron que la cultura es la sustancia a través de la cual se construye la liberación, creando, en el proceso mismo de la lucha, nuevos sujetos, lenguajes, instituciones y conocimientos. La liberación nacional, en esta visión, no es la condición previa para la renovación cultural: es en sí misma un acto de cultura.
Vietnam, entonces dividido entre la República Democrática de Vietnam en el norte y la República de Vietnam, respaldada por Estados Unidos, en el sur, estuvo representado en el congreso por dos delegaciones: una de la República Democrática de Vietnam y otra del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur (FNL), el frente revolucionario que combatía al régimen sureño y a sus patrocinadores estadounidenses. Cù Huy Cận, viceministro de Cultura de la República Democrática de Vietnam (Vietnam del Norte) y uno de los poetas más celebrados del país, informó sobre la importancia de construir vida cultural pese al bombardeo estadounidense: “La supresión de la cultura nacional de los pueblos es la consigna de los conquistadores”. Tư Huỳnh, reconocido pintor y representante del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur (FNL), describió cómo los informes mensuales del FNL registraban el número de habitantes liberados del analfabetismo junto al número de soldados enemigos abatidos.6 En un territorio donde un túnel subterráneo podía servir a la vez de escuela y de refugio, cultura y liberación estaban indisolublemente ligadas. En la resolución de la Comisión IV (Cultura y medios de comunicación de masas), las personas delegadas señalaron que los equipos de cine vietnamitas trabajaban desde sótanos en las provincias más bombardeadas. “El canto acalla el sonido de las bombas”, escribieron (CCLH, 1968: 30).
Desde las zonas liberadas en la África bajo ocupación portuguesa, donde la lucha armada de Angola contra el colonialismo entraba en su séptimo año y las guerras en Guinea-Bissau y Mozambique también avanzaban, el poeta angoleño Mário Pinto de Andrade, cofundador y primer presidente del Movimiento Popular de Liberación de Angola, habló de la transformación cultural en curso en las zonas liberadas, donde surgían escuelas, imprentas, talleres de artistas y canciones revolucionarias.7 Una “revolución semántica”, dijo, estaba abriendo el portugués colonial, remodelándolo a través de estructuras lingüísticas africanas y generando nuevas formas literarias. De manera similar, Abílio Duarte, dirigente caboverdiano del PAIGC (Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde), habló de los cimientos fundacionales de la nueva sociedad dentro del cascarón de la vieja. “Siendo nuestra lucha de liberación nacional armada”, declaró Duarte, “el acontecimiento cultural más importante ocurrido en nuestro país desde el inicio de la colonización” (1968: 104-107).
Desde Cabo Verde hasta Cuba y Vietnam, atravesando continentes y tradiciones nacionales de liberación distintas, la vida cultural no se concebía como algo que debía simplemente preservarse de la destrucción o posponerse hasta la victoria, sino como el medio mismo a través del cual se construía la liberación. Lo que unía a estas luchas era una comprensión compartida, extraída de la práctica vivida: que la cultura es la sustancia misma de la lucha y que la liberación nacional es, en efecto, un acto de cultura. Como declaró la resolución de la Comisión III, “Toda lucha contra el imperialismo y neocolonialismo se convierte automáticamente en una lucha por el acceso del pueblo a la cultura: las luchas de liberación nacional toman, así, la forma hermosa y heroica de la defensa del conocimiento y la belleza” (CCLH, 1968: 28).
La síntesis: la revolución como fenómeno total
Junto a los diagnósticos del imperialismo y los testimonios de las luchas activas, el congreso de La Habana generó formulaciones teóricas para comprender la cultura, la revolución y el sujeto humano. Los debates del congreso fueron tan amplios como las personas delegadas que asistieron a él y abarcaron desde la teoría de la dependencia y la relación entre ciencia y cultura hasta los términos en que podía construirse la solidaridad antiimperialista. Entre las intervenciones que generaron el debate más agudo estuvo un ajuste de cuentas con la negritud, un movimiento literario, filosófico y político que sostenía que los pueblos negros poseían una identidad cultural distinta, forjada en la experiencia de la esclavitud y el colonialismo, que exigía reconocimiento frente al universalismo occidental. El debate de La Habana interpelaba directamente preguntas que hoy siguen siendo relevantes sobre la relación entre identidad racial y cultural y lucha de clases.
En el congreso, el poeta haitiano René Depestre rastreó los orígenes de la negritud como “la operación cultural mediante la cual los intelectuales negros de África y de las dos Américas tomaban conciencia de la validez de la originalidad de las culturas negro-africanas”. En su origen, reflejaba una doble alienación de los pueblos negros: como trabajadores en el mercado capitalista y como sujetos de una deshumanización racializada. Para Depestre, expresaba “la conciencia de esta doble alienación y de la necesidad histórica de superarla mediante la praxis revolucionaria” (Depestre, 1968: 42-46). Pero, separada del análisis de clase, la negritud pronto sería apropiada para fines contrarrevolucionarios.
En Haití, dijo Depestre, “pseudosociólogos” como el entonces dictador François Duvalier, conocido como “Papa Doc”, aislaron la cuestión racial del desarrollo económico, reduciendo la historia haitiana a “una sucesión caótica de conflictos únicamente entre mulatos y negros” (Depestre, 1968: 42-46). La pequeña burguesía negra había utilizado esta interpretación para convencer a las masas de que ahora estaban en el poder, cuando la realidad no podía estar más alejada de esa afirmación. Depestre vio lo que ocurrió cuando la negritud pasó de ser una revuelta literaria anticolonial a convertirse en ideología de Estado, bajo la forma de lo que se conoció como noirisme, la ideología racial esencialista empleada por Duvalier que convirtió la defensa de la cultura negra que propugnaba la negritud en una justificación para la dictadura, aterrorizando al pueblo haitiano y a la izquierda en nombre de la autenticidad negra. Puesto bajo arresto domiciliario, Depestre partió hacia Cuba en 1959 por invitación del Che Guevara (Miller, 2015: 159-178).
Depestre también señaló la conocida formulación de Léopold Senghor, primer presidente de Senegal y uno de los pensadores fundadores de la negritud, según la cual “la emoción es negra, como la razón es blanca”. Para Depestre, el problema no era la afirmación original de negritud de las culturas negras, sino la manera en que tales formulaciones podían esencializar la identidad racial cuando se separaban del análisis de clase, abriendo la puerta a que las burguesías negras de África y de las Américas explotaran a lxs trabajadorxs negrxs “en nombre de una espiritualidad común”.8 Separada de las exigencias concretas de la revolución, la negritud se había convertido en lo que Depestre llamó “un inaceptable ‘sionismo negro’” (1968: 46). Más bien, afirmó Depestre, la lucha contra el racismo debe basarse en la práctica revolucionaria; cuando “la negritud se ha incorporado a la revolución socialista”, el racismo “ha encontrado su superación a través de un proceso histórico en que blancos y negros y mulatos dejan cada día más de oponerse entre sí”. El nuevo Orfeo negro, continuó, “será revolucionario o no será, pues se trata de un contemporáneo y un aliado de Ho Chi Minh, de Fidel Castro y de Ernesto Che Guevara” (1968: 46).
Mientras que Depestre había rastreado la captura histórica de la negritud, el escritor y delegado guineano Condetto Nénékhaly-Camara hizo un planteamiento filosófico más incisivo: los valores que la negritud atribuía a la identidad negra: coraje, creatividad y profundidad espiritual, no eran propiedades raciales en absoluto, sino parte del “patrimonio común de la humanidad”. Esencializarlos era entregar a las élites gobernantes de la África recién independizada el mismo instrumento mistificador que había empleado el racismo colonial. El debate de La Habana fue, en efecto, una advertencia contra los nacionalismos culturales que ganarían terreno en África y el Caribe recién independizados. El trabajo de construir una cultura antiimperialista requiere, por tanto, un análisis de clase en su centro, sin el cual cualquier frente cultural podría disolverse en las mismas identidades que el imperialismo había construido.
En el congreso, el testimonio del poeta sudafricano Dennis Brutus señaló el mismo problema bajo otra forma. Mientras Depestre y Nénékhaly-Camara advertían contra el esencialismo racial, Brutus mostró cómo la dominación racial organizaba cada esfera en que se desarrolla el ser humano. Baleado por la espalda por la policía en Johannesburgo en 1963 y encarcelado más tarde durante 18 meses en Robben Island junto a Nelson Mandela, Brutus, cofundador del Comité Olímpico No Racial de Sudáfrica, mostró cómo el apartheid extendía su deshumanización incluso al deporte. En el período previo a los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, Brutus y otros hicieron campaña con éxito para que la Sudáfrica del apartheid fuera excluida de participar. Las contradicciones raciales del apartheid eran visibles también en otros ámbitos del deporte y la vida pública, como lo evidenció el caso del halterófilo sudafricano de nacimiento Precious McKenzie, a quien se le impidió representar a su propio país en los Juegos de la Mancomunidad, por lo que ganó tres medallas de oro para Inglaterra y luego una cuarta para Nueva Zelanda. “No puede haber discusión sobre el amplio desarrollo del hombre”, concluyó Brutus, “mientras el racismo sea permitido y tolerado en el deporte” (1968: 34-37).
Tomadas en conjunto, estas intervenciones mostraron que el racismo no podía superarse ni mediante la inclusión liberal ni a través del esencialismo cultural. Para resistir la reducción de la lucha social a identidades fijas, la cultura debía comprenderse en su totalidad. El filósofo sirio Antun Maqdesi, cofundador del Movimiento Socialista Árabe, ofreció un marco dentro del cual las diversas intervenciones del congreso encontraron un terreno común.9 La revolución, sostuvo, es un “fenómeno total” que debe transformar “el sentido de la existencia” y “al hombre en cuanto hombre”. Continuó: “una revolución y una educación revolucionaria, es un porvenir que se hace presente, que se encarna y por ese mismo, lanza sobre el pasado una luz nueva” (1968: 99-102). Su insistencia en la totalidad, en la revolución como transformación que abarca la conciencia, el cuerpo, las instituciones, los sistemas de conocimiento y cada dimensión de la vida social, dio expresión filosófica al hecho de que la cultura, en toda su amplitud, es un frente esencial en el que se gana o se pierde la liberación.
El horizonte: el nuevo ser humano
Si la revolución es un fenómeno total, entonces su horizonte es la formación del nuevo ser humano a través de la práctica revolucionaria. Este fue el tema de la Comisión II, cuyo título, “formación integral del hombre”, anunciaba un programa que Che Guevara había esbozado en 1965 en El socialismo y el hombre en Cuba. En su discurso de clausura del congreso, Fidel Castro lo llamó “el magnífico folleto que nos dejó el Che… cómo expresó su idea de cómo debe ser el hombre nuevo, cómo debe ser el hombre del mañana, cómo debe ser el hombre del siglo XXI” (1968: 57-71; 2020: 28).
El congreso de La Habana tradujo la visión del Che en términos concretos. En esa línea, el delegado cubano Eduardo Lara describió el trabajo no solo como una necesidad económica, sino como un medio de formar al nuevo ser humano, citando tanto la caracterización que hacía el Che del trabajo como un proceso que “purifica los mejores atributos del ser humano” como la perspectiva de Marx de que el trabajo es “el único método de producir hombres plenamente desarrollados” (1968: 62-65).
Bajo el gobierno revolucionario cubano, la visión del Che se convirtió en praxis en la forma del trabajo voluntario, la participación masiva en el trabajo agrícola y las brigadas organizadas para desbrozar miles de hectáreas de tierra improductiva. Estas no eran simples medidas productivas, sino instrumentos de transformación humana dirigidos a romper la división entre el trabajo manual e intelectual y las jerarquías y prejuicios sociales asociados a ella. Otras intervenciones cubanas extendieron este argumento a los campos científico, técnico y otros, insistiendo en que la formación del nuevo ser humano no podía separarse del desarrollo de la tecnología. En una ponencia colectiva titulada “El hombre nuevo”, presentada ante la Comisión II, la delegación cubana nombró al Che como la encarnación más clara de este ideal: “un trabajador no impulsado por la necesidad física de venderse a sí mismo como mercancía, capaz de adquirir las cualidades del ser humano del futuro, libre de las cargas del pasado, que da todo de sí mismo sin esperar ninguna recompensa material, guiando cada una de sus acciones con los sentimientos más profundos de amor por el pueblo y por los oprimidos de todo el mundo y con odio eterno hacia el enemigo opresor y criminal” (CCLH, 1968: 73-79).
La resolución de la Comisión II definió al nuevo ser humano en términos que excedían cualquier concepción estrecha de la cultura: alguien “capacitado ideológica, científica, técnica y culturalmente para participar de modo activo y consciente en la construcción de la nueva sociedad” y “que es apto para desarrollar tareas manuales de carácter productivas o actividades intelectuales, indistintamente” (CCLH, 1968: 22-25). La salud, el deporte, la ciencia, el trabajo manual, la defensa militar y la apreciación artística no eran suplementarios a esta visión, sino constitutivos de ella y esenciales para la defensa de cualquier revolución. Lejos de sugerir un modelo fijo, en su declaración general el congreso insistió en que el nuevo ser humano “cambiará con las épocas, se transformará al paso de la ciencia y la técnica y de la imaginación incesante” (CCLH, 1968: 54). Esta visión transformadora y dinámica del nuevo ser humano exigía un proceso continuo de rehumanización.
Ese proceso también debía enfrentar la subordinación de género arraigada en las relaciones sociales burguesas. Las delegadas cubanas Elena Díaz y Natasha Klein señalaron que la formación del nuevo ser humano exigía la liberación de la mujer respecto de la objetivación y la subordinación inherentes a las relaciones sociales burguesas. Su intervención extendió el argumento más amplio del congreso sobre la transformación humana hacia un terreno que había sido planteado, pero no plenamente elaborado: “La real y efectiva liberación femenina sólo comienza a partir de su premisa única: la remoción de la estructura socio-económica burguesa que elimina la opresión del hombre por el hombre, de la cual la discriminación de la mujer es una consecuencia inherente” (1968: 116-132). La liberación de la mujer no era un añadido al programa revolucionario, sino una condición estructural del ser humano integral que el congreso imaginaba.
Trabajadorxs intelectuales y la revolución
El discurso de clausura de Fidel Castro planteó una pregunta que había recorrido todas las comisiones: ¿qué papel debían jugar lxs intelectuales, o lxs “trabajadorxs intelectuales”, como él los llamó, en la revolución? En la comisión dedicada a esta cuestión, “responsabilidad del intelectual”, muchas de las personas delegadas cuestionaron la tendencia a exigir que lxs intelectuales se convirtieran en guerrillerxs mientras no se pedía nada equivalente a lxs trabajadorxs, técnicxs, docentes o deportistas. El poeta uruguayo Mario Benedetti criticó la idea de que mientras otras profesiones cumplían “una función necesaria dentro del ámbito revolucionario… el escritor o el artista sólo asumen, dentro de ese ámbito, un papel de artículos suntuarios”. La resolución de la comisión desarrolló el mismo argumento, insistiendo en que “su oficio no es un lujo, sino una necesidad social” vinculándolo a la visión del congreso sobre la formación del hombre nuevo (1968: 5-9; González Lage, 2019; Tricontinental, 2026b). La revolución, afirmó la resolución, “crea las condiciones para que se extinga el concepto de ‘intelectual’ como miembro de una élite de la cultura. Un esfuerzo tenaz y múltiple permitirá que en el futuro todo hombre sea un hombre integral, es decir, también un intelectual en el sentido más amplio del término” (CCLH, 1968: 29-30).
La visión del intelectual como “lujo” no desaparecería subordinando al intelectual a la acción militar. Más bien, la distinción entre intelectual y no intelectual se superaría a medida que el pueblo en su conjunto accediera a la vida intelectual. En la misma comisión, C. L. R. James, intelectual trinitense que había pasado décadas en el centro de los debates panafricanos, marxistas y anticoloniales, llevó el argumento más lejos. “La función de este congreso”, declaró, “es que los intelectuales deben preparar el camino para la extinción de los intelectuales como personificación de la cultura” (1968: 67-68; Silber, 1970: 118; González Seligmann, 2019). En otras palabras, el intelectual como categoría social separada debía ser abolido y el conocimiento debía volver al pueblo que había producido las condiciones materiales que lo hicieron posible.
En su discurso de clausura, Fidel reunió estos argumentos. Comenzó señalando que la respuesta más fuerte a la muerte del Che Guevara no había venido de organizaciones ni de partidos, sino de “trabajadores intelectuales”, a quienes describió como “hombres y mujeres honestos, sensibles, los que tuvieron la actitud de asimilar, de comprender, de admirar”. Los intelectuales habían mostrado mayor combatividad que “otras organizaciones de las que se esperaba mayor militancia”. El intelectual, entonces, no era un “bien de lujo”, la idea que Benedetti había criticado, pero tampoco era una figura para elevar por encima de la lucha. En su discurso de clausura, Fidel leyó íntegramente una declaración presentada por un grupo de sacerdotes católicos en la Comisión III, que afirmaba que “es el marxismo el que proporciona el análisis científico más exacto de la realidad imperialista” y que Camilo Torres Restrepo, muerto combatiendo con la guerrilla colombiana, “dio el más alto ejemplo de un intelectual cristiano comprometido con el Pueblo”. Fidel continuó: “¿Cómo cuando vemos a sectores del clero devenir en fuerzas revolucionarias vamos a resignarnos a ver sectores del marxismo deviniendo en fuerzas eclesiásticas?” (1968: 62-63).
Fidel continuó “Pero necesita el marxismo desarrollarse, salir de cierto anquilosamiento, interpretar con sentido objetivo y científico las realidades de hoy, comportarse como una fuerza revolucionaria y no como una iglesia seudorrevolucionaria” (1968: 65-66). Esta imagen sirvió como síntesis de muchos de los testimonios compartidos a lo largo del congreso: el marxismo debía interpretarse y aplicarse según las condiciones y necesidades concretas de cada lucha para realizar su potencial revolucionario. La cultura, en esta lectura, no puede concebirse como un dominio administrado por burocracias, ya sean capitalistas o socialistas, ni construirse como una “iglesia seudorrevolucionaria”. Como planteó Fidel en su discurso de clausura, había que entenderla como un sitio de lucha activa “un Vietnam en el campo de la cultura” y esa lucha exigía una revolución permanente del pensamiento dentro y a través de los movimientos revolucionarios y de las propias instituciones de la cultura (1968: 67).
De hecho, las personas delegadas se negaron a dejar que el congreso terminara como un simple registro de análisis y transformaron su resolución-declaración de clausura en un programa de acción antiimperialista práctica conocido como el Llamamiento de La Habana (Salkey, 1971: 217-218). Este llamamiento exhortó a “los escritores y hombres de ciencia, a los artistas, a los profesionales de la enseñanza y a los estudiantes” a romper los lazos institucionales con el imperialismo estadounidense, rechazando becas, invitaciones y otras formas de cooperación, frente a lo que identificaba como el método del enemigo: “un esfuerzo sistemático tiende a movilizar a los técnicos, hombres de ciencia e intelectuales en general, al servicio de los intereses y los objetivos capitalistas y neocolonialistas” (CCLH, 1968: 46-47). Cuando las personas delegadas abandonaron el Hotel Habana Libre, se llevaron consigo un diagnóstico, un cuerpo de teoría, una visión del nuevo ser humano y un programa de acción. Regresaron a países en guerra, bajo ocupación, construyendo el socialismo, o luchando por respirar dentro de las instituciones del imperialismo.
Los ecos de La Habana 1968
El Congreso Cultural de La Habana no terminó cuando las personas delegadas abandonaron el Hotel Habana Libre. La energía de esos nueve días se canalizó en una década de producción cultural revolucionaria que constituyó, en la práctica si no de nombre, el frente antiimperialista que el congreso había convocado. En marzo de 1968, apenas semanas después de la clausura del congreso de La Habana, la Asociación de Escritores Afroasiáticos publicó el primer número de Afro-Asian Writings, más tarde renombrada Lotus, una revista trilingüe que, hasta 1991, llevaría adelante el tipo de solidaridades literarias que el congreso había encarnado. Liberación nacional y cultura (1968), de Cabral, extendió el marco que las personas delegadas del PAIGC habían llevado a La Habana hacia una teorización más amplia sobre la liberación nacional. En Pedagogía del oprimido (1970), el educador brasileño Paulo Freire, elaboró la visión de la formación del nuevo ser humano hasta convertirla en método. Las venas abiertas de América Latina (1971), del escritor uruguayo Eduardo Galeano, se convirtió en la contrahistoria del continente. Calibán (1971), de Fernández Retamar, ayudó a invertir el paradigma político existente, situando al Tercer Mundo en el centro de la historia y de la producción cultural. Cómo Europa subdesarrolló a África (1972), del historiador guyanés Walter Rodney, desarrolló más tarde, en términos históricos y materialistas, uno de los diagnósticos centrales del congreso: que el colonialismo no se había limitado a explotar a África, sino que había producido activamente su subdesarrollo.
Esta ola se extendió por campos y tradiciones artísticas. En el terreno del cine, los cineastas argentinos Fernando Solanas y Octavio Getino estrenaron La hora de los hornos (1968) y publicaron su manifiesto Hacia un tercer cine (1969), que planteaba un programa cinematográfico explícitamente antiimperialista. En el terreno del teatro, Técnicas latinoamericanas de teatro popular (1975), del dramaturgo brasileño Augusto Boal, declaraba que las naciones latinoamericanas, hasta entonces “satélites del arte metropolitano”, debían convertirse en “el centro de nuestro propio universo artístico” y que el objetivo no era distribuir productos culturales terminados sino “popularizar los medios de producción” del propio arte.10
La Nueva canción, movimiento latinoamericano de música políticamente comprometida y arraigada en las tradiciones populares y folclóricas, llevó la lucha al canto a través de la obra del chileno Víctor Jara, la argentina Mercedes Sosa y los cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. En el sur de África, inspiradas en exiliados de la Brigada Ramona Parra tras el golpe de Estado de 1973 en Chile, las brigadas culturales del Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO) y las pinturas del artista mozambiqueño Malangatana Ngwenya fusionaron la producción artística con la liberación armada.11 El arte gráfico de la OSPAAAL, diseñado en La Habana y distribuido por todo el mundo a través de la revista Tricontinental, dio al movimiento tricontinental su lenguaje visual. La ola se extendió también por el mundo de la literatura, desde Ghassan Kanafani escribiendo sobre literatura y resistencia en Palestina hasta Ngũgĩ wa Thiong’o volcándose hacia la lengua indígena gĩkũyũ para escribir contra el neocolonialismo en Kenia. Estos proyectos y muchos otros como ellos, muestran la amplitud del frente cultural que La Habana ayudó a consolidar. En todo el mundo, cada uno de ellos llevó adelante la intuición central del congreso: que la cultura no era un reflejo secundario de la lucha política, sino uno de sus frentes decisivos.
El Congreso Cultural de La Habana tuvo lugar en enero de 1968, meses antes de que la revuelta estudiantil en el Barrio Latino de París se convirtiera en el símbolo más célebre del Mayo del 68 mundial. Sin embargo, el frente cultural que estalló en los años siguientes tuvo su raíz no en las ocupaciones universitarias de la metrópoli europea, sino en las luchas de liberación del Tercer Mundo. En este sentido, fue en La Habana 1968 y no en el más aclamado Mayo francés, donde se encendió un “Vietnam en el campo de la cultura”. Pese a ello, el congreso fue quedando relegado del registro histórico junto con el mundo que lo había producido. ¿Por qué, entonces, volver a él ahora?
Las preguntas que planteó el congreso no son menos urgentes hoy. ¿Podemos desarrollar una cultura nacional bajo la dominación colonial y neocolonial? ¿Es posible pensar la formación del nuevo ser humano sin una transformación radical de la sociedad? ¿Cuál es la responsabilidad de la intelectualidad frente a su medio y frente al mundo? ¿Cuál debería ser el papel de los medios de comunicación de masas en relación con la lucha antiimperialista? (CCLH, 1968: 16-17)
A medida que el imperialismo ha alcanzado la etapa peligrosa y decadente del hiperimperialismo, los mecanismos que el congreso identificó se han metastatizado con la Nueva Guerra Fría contra el Sur Global.12 El aparato mediático expuesto en el congreso se ha convertido en un monopolio de plataformas que coloniza algorítmicamente la atención y el deseo y fabrica consenso para el orden imperialista. La fuga de cerebros que el congreso diagnosticó se ha visto agravada por la extracción de datos y de trabajo digital, la materia prima de la economía de guerra de Silicon Valley. Los “agentes culturales” del Congreso por la Libertad de la Cultura, financiado por la CIA, han reaparecido en la “oenegización” de la producción de conocimiento. Esto incluye las redes académicas que buscan desprestigiar o desacreditar a los sistemas políticos y económicos alternativos al orden capitalista occidental, desde los proyectos socialistas de China, Cuba y Venezuela hasta los países que afirman su soberanía frente a la dominación occidental en Irán, Rusia, el Sahel y más allá.
El congreso de La Habana diagnosticó la producción cultural como parte del propio sistema económico. Hoy, mientras la hegemonía económica estadounidense entra en declive relativo, Washington busca compensar ese declive intensificando el militarismo. El frente cultural es arrastrado cada vez más a esa misma lógica, en la medida en que las guerras culturales, la fabricación de consenso para la confrontación y la propia maquinaria de guerra operan como un único aparato integrado.
El congreso de La Habana fue una intervención en la Guerra Fría cultural. Si el Congreso por la Libertad de la Cultura buscaba producir una intelectualidad global comprometida con la idea de que no existe alternativa al orden occidental, el congreso de La Habana buscaba producir lo opuesto: un frente internacional de nuevxs intelectuales, científicos, médicos, educadores y artistas comprometidos con la construcción de alternativas soberanas, avanzando hacia el socialismo. ¿Cómo puede ese ejemplo interpelarnos hoy y empujar a los movimientos populares a pensar de manera amplia y estratégica la cultura como terreno de lucha política y a construir un frente cultural antiimperialista a la altura de nuestro momento? ¿Qué significaría hacerlo ahora: rechazar la compartimentación que relega el “trabajo cultural” al arte y la propaganda, mientras trata la salud, la ciencia, la educación, el deporte y la producción de conocimiento como dominios técnicos separados, ajenos al ámbito de la estrategia política? ¿Qué significaría construir instituciones, redes y formas de producción intelectual colectiva insertas en los movimientos del presente, tal como el congreso estuvo inserto en las luchas de liberación de su tiempo? El Instituto Tricontinental de Investigación Social ha buscado llevar adelante esta tradición, acompañando las luchas políticas de hoy, cultivando la nueva intelectualidad que esas luchas exigen y trabajando desde las trincheras de la batalla de las ideas y las emociones.13 El trabajo de recuperar el Congreso Cultural de La Habana forma parte de ese esfuerzo, no como un ejercicio de nostalgia histórica sino como una contribución al pensamiento estratégico que hoy necesitan los movimientos.
Dorticós inauguró el congreso al declarar que “crear en un país en vías de desarrollo revolucionario para los intelectuales no es sólo crear una obra literaria o artística, científica o técnica; es crear toda una obra más hermosa y, en última instancia, beneficiaria de aquella creación científica, literaria o artística. ¡Es crear un nuevo pueblo, un nuevo país, una nueva sociedad!” (1968: 10) Volver al Congreso Cultural de La Habana es volver a esa proposición, e insistir en que cada dimensión de la vida humana es un frente del imperialismo y, por lo tanto, un frente de resistencia. La batalla de las ideas y las emociones continúa y el frente cultural, en su totalidad, sigue por construirse.
Notas
1 Las cifras de asistencia varían según las distintas fuentes, pero los números aquí utilizados son los que figuran en los documentos de clausura del congreso (CCLH, 1968: 46, 48, 57).
2 Para más información sobre el programa cultural del Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC) véase Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2022.
3 Los términos hombre y formación integral del hombre, tal como se usan en los documentos del congreso, se citan aquí en su forma original. Aunque de género marcado, hombre se refería en este contexto no solo a los varones sino al ser humano en su totalidad. A lo largo de este dossier se utiliza “formación” para reflejar a concepción del congreso de que el nuevo ser humano se desarrolla a través de la práctica revolucionaria, la educación, el trabajo y la transformación social colectiva. A diferencia de “creación”, que puede sugerir un acto más absoluto o instantáneo, “formación” mantiene el énfasis en un proceso continuo.
4 Para más información sobre el Congreso por la Libertad de la Cultura, véase Stonor Saunders, 2000.
5 Lajpat Rai entabló amistad con el delegado pakistaní Abdullah Malik durante el congreso. Malik, periodista comunista radicado en Londres, fue invitado porque el poeta más destacado de Pakistán, Faiz Ahmed Faiz, tenía impedida su asistencia por la dictadura militar (Raza, 2019: 223-246).
6 Tu Huynh, co-presidente de la Comisión V, citado en Voices (Silber, 1970: 102).
7 Para más información sobre Mário Pinto de Andrade, véase Review of African Political Economy (ROAPE).
8 A diferencia del discurso de Depestre en el CCLH aquí citado, la formulación original de Senghor usa hellène [helénica] en vez de blanche [blanca] (1939).
9 Para más información sobre Antun Maqdesi (1914–2005), véase Prince Claus Fund.
10 Para más información sobre el enfoque de Augusto Boal, véase Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2025.
11 Para más información sobre el golpe de Estado chileno de 1973, véase Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2023.
12 Para más información sobre el Hiperimperialismo, véase Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2024.
13 Para más información sobre La nueva intelectualidad, véase Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2022.
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4. Militarización japonesa.
También del Tricontinental, os paso su último boletín asiático, dedicado en esta ocasión al aumento del militarismo japonés. Y de nuevo principalmente contra China. Plus ça change…
Resistencia a la creciente “postura de guerra” de Japón contra China
El decimosexto boletín de Asia (2026)
Unidades de misiles en las islas del sur, tropas trasladándose en ferris civiles, búnkeres de mando excavados bajo tierra: un movimiento de base en todo Japón intenta frenar la deriva hacia la confrontación imperial. Recordando el 81er aniversario de los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki.
26 de agosto de 2026
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Iri y Toshi Maruki (Japón), Niños y Niñas V [V Boys and Girls], 1951.
Estimadxs amigxs:
El gobierno de Japón está construyendo rápidamente una postura de guerra contra China. Comenzó en Okinawa y Amami a mediados de la década de 2010 y se ha extendido a Kyushu, el oeste de Japón y todo el país. Desde 2026, Japón ha comenzado a desplegar misiles de largo alcance capaces de llegar hasta el territorio continental chino.
Los ejercicios de la “Fuerza de Autodefensa” (FAD) de Japón y los simulacros conjuntos entre Japón y Estados Unidos utilizan con frecuencia aeropuertos y puertos civiles, así como carreteras e instalaciones públicas. Los barcos civiles y las rutas de ferris transportan ahora tropas y equipos militares. El gobierno japonés y el Ministerio de Defensa están trasladando los cuarteles generales de mando de las FAD bajo tierra. Oficialmente, esto se enmarca como “disuasión”. Pero en realidad, estas actividades anticipan una guerra con China y, en tal escenario, pasar a la clandestinidad protege al cuartel general de mando, mientras que la gente que vive en la superficie permanece expuesta.
Esto no es obra exclusiva de Japón. Durante varios años, buques de guerra y portaviones de Gran Bretaña, Francia, Alemania y los Países Bajos han acudido a las aguas cercanas a China para realizar ejercicios conjuntos. Se trata de las mismas potencias imperialistas que, desde la década de 1840 hasta la de 1940, invadieron y ocuparon China. En 2024, el ejercicio conjunto Japón-EE. UU. Espada Afilada 25 desplegó 45.000 efectivos japoneses y estadounidenses, 40 buques de guerra y 370 aeronaves. A este ejercicio se sumaron las fuerzas de Australia y Canadá, con el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y la OTAN como observadores. Se utilizaron más de 30 aeropuertos y puertos civiles junto con bases militares. Se estableció un puesto de mando conjunto entre Japón y Estados Unidos en Okinawa y Amami para el ejercicio conjunto. En las islas donde tienen su base las unidades de misiles (Amami, Okinawa, Miyako, Ishigaki), los simulacros de misiles antibuque simularon ataques contra buques chinos. El 6 de mayo de 2026, el ministro de Defensa japonés, Shinjirō Koizumi, observó un simulacro de misiles con fuego real, que simulaba un ataque contra buques chinos, por parte de unidades de las FAD en el norte de Luzón, Filipinas.
En marzo de 2025, el entonces ministro de Defensa, Gen Nakatani, propuso un concepto de “teatro único” al secretario de Defensa de EE. UU., Peter Hegseth, tratando la península de Corea, el mar de China Oriental y el mar de China Meridional como un único teatro de operaciones. Incluso el mar de China Meridional, alejado de Japón, forma ahora parte del teatro de operaciones de las FAD. Esto solo puede interpretarse como una propuesta de cerco militar a China.
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Mai Fei (China), Aprecia a la gente común, ayuda a la gente común [Cherish the common people, help the common people], 1938.
La trayectoria del Japón imperial
La postura de guerra contra China que se está construyendo actualmente sigue la trayectoria del Japón imperial. Desde su surgimiento hace 150 años, el Japón moderno invadió y ocupó repetidamente a sus vecinos, mató y dominó a un vasto número de personas y se convirtió en una gran potencia en Asia. El Japón de la posguerra, sin reflexionar profundamente ni asumir la responsabilidad de su historia colonial, se está remilitarizando. El actual gobierno de Sanae Takaichi parece decidido a avanzar aún más en esta trayectoria imperial.
En noviembre de 2025, la primera ministra Takaichi declaró que Japón utilizaría la fuerza militar si China llegaba a unirse con Taiwán por la fuerza. Esto equivaldría a librar una guerra contra China sin que esta última atacara directamente a Japón. China considera que Taiwán es un territorio que fue colonizado por Japón tras la primera guerra sino-japonesa (1894-1895), una guerra de agresión contra China y Corea. Para China, la “unificación” significa recuperar ese territorio colonizado. Las declaraciones de Takaichi equivalen a que los antiguos amos coloniales de Taiwán impidan esa recuperación y reunificación. Sus declaraciones también rompieron el Comunicado Conjunto Japón-China (1972) y el Tratado de Paz y Amistad (1978), un acuerdo de más de cincuenta años que encarnaba la promesa de Japón de construir la paz y la amistad entre los dos países. Lo que resulta más aterrador es la opinión pública nacional japonesa: las encuestas realizadas en ese momento mostraron que cerca del setenta por ciento de la población consideraba que no había necesidad de que Takaichi se retractara de sus declaraciones.
En 1937, mientras Japón invadía China, el gobierno y los medios de comunicación japoneses difundieron el eslogan “Castiga a los chinos violentos”, tildando de violenta y escandalosa la resistencia de China, que era totalmente legítima. Esta narrativa se utilizó para justificar la propia agresión de Japón y avivar el apoyo público a la guerra. Muchos ciudadanos apoyaron estos eslóganes y se fabricó una unidad nacional de apoyo a la guerra. Dentro de esa burbuja narrativa, no había espacio para debatir la verdadera raíz del problema: la propia agresión de Japón. Esta misma historia se está desarrollando hoy en Japón. Las declaraciones que incitan a la hostilidad hacia China inundan el gobierno y los medios de comunicación, sin casi ningún intento de comprender el punto de vista de China.
No podemos limitarnos a observar. Debemos detener esto antes de que avance más, o Japón se convertirá una vez más en un agresor contra los pueblos de China y de Asia. En ese proceso, se perderán vidas y medios de subsistencia en todo el este de Asia. Japón debe reconocer honestamente 150 años de historia moderna, detener los preparativos para la guerra y convertirse en un país del lado de la paz en Asia Oriental.
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Tsubasa Kato (Japón), Sin título, s/f.
Resistencia a la postura de guerra de Japón
Esta nueva postura de guerra, construida desde la década de 2010, pasó casi desapercibida a nivel nacional. La resistencia ha permanecido aislada. A medida que la militarización se extendía desde Kyushu hacia el oeste de Japón, finalmente comenzamos, a finales de 2023, a prepararnos para conectar estas luchas aisladas en un solo combate. A lo largo de 2024, celebramos reuniones de intercambio y solidaridad en Okinawa y el oeste de Japón: Ehime en abril, Okinawa en agosto, Kure en septiembre y Oita en noviembre. En febrero de 2025, celebramos una asamblea fundacional en Kagoshima, en la que pusimos en marcha la Red Detengan la Guerra de Okinawa y el oeste de Japón. Nuestra declaración fundacional concluía con este compromiso:
“‘Conocer. Conectar. Detenerlo’. Para crear paz, damos un nuevo paso hacia la lucha. Compartiendo información, aunando sabiduría, conectando, mostrando solidaridad y con el poder combinado de los ciudadanos, detendremos esta guerra hecha por el Estado.”
En junio de 2025, trajimos a personas de todo Okinawa y el oeste de Japón a Tokio para mantener negociaciones gubernamentales, celebrar una concentración ante la Dieta y un mitin de solidaridad ciudadana. Desde entonces, hemos llevado a cabo diversas acciones. En octubre de 2025, nos manifestamos en Hōsono, Kioto, donde se está construyendo un enorme depósito de misiles. En noviembre de 2025, fuimos a Oita, donde la construcción de otro depósito está a punto de concluir, y a Kumamoto, el primer emplazamiento de despliegue de misiles de largo alcance del país. En diciembre de 2025, nos reunimos en Kure, Hiroshima, donde se planea un vasto centro militar integral. Y en mayo de 2026, fuimos a Maizuru, Kioto, un importante puerto naval destinado a albergar misiles Tomahawk. En cada una de estas acciones, los residentes locales se unieron a personas que habían viajado desde todo el país. Está prevista una tercera “Acción en Tokio” para octubre de 2026.
Tras la aplastante victoria del gobierno de Takaichi en las elecciones a la Cámara de Representantes de febrero de 2026, un número creciente de jóvenes, especialmente mujeres, se sumaron a las protestas contra la revisión constitucional y la militarización. Las protestas frente a la Dieta el 19 de abril de 2026, sumadas a las manifestaciones de solidaridad en todo el país, congregaron a más de 50.000 personas. Estas protestas fueron el resultado de la organización de acciones por la propia gente. Lo que comenzó en Tokio se extiende ahora por todo el país. Ya en 2015, estallaron protestas lideradas por estudiantes cuando el gobierno intentó promulgar leyes que permitirían a Japón unirse directamente a las guerras lideradas por Estados Unidos. Sin embargo, las protestas recientes superan con creces la escala y la difusión geográfica de las de 2015. Para Japón, donde el activismo juvenil contra la guerra ha estado ausente durante mucho tiempo, se trata de un acontecimiento verdaderamente innovador.
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Meiro Koizumi (Japón), Neblina #15 [Fog #15], 2020.
Tres desafíos para la resistencia
Existen tres desafíos principales para construir resistencia contra la postura de guerra de Japón. El primero es fusionar la lucha en las regiones militarizadas con la nueva lucha juvenil. Esto requiere la convergencia de las luchas regionales contra la militarización, el movimiento contra la revisión constitucional que se mantiene de forma continuada desde 2015, y el nuevo movimiento antiguerra y anti-Takaichi liderado por los jóvenes. Cuanto más profunda y ampliamente se fusionen estos movimientos, más podrá crecer la lucha hasta convertirse en una gran ola que cubra todo Japón. En octubre de 2026, planeamos realizar una acción en Tokio para unir estas fuerzas, alzar la voz contra la creciente postura de guerra de Japón hacia China y fortalecer el movimiento pacifista.
El segundo desafío es superar y desmantelar la narrativa de la “amenaza china” que se propaga por la sociedad japonesa. El gobierno y los medios de comunicación presentan la militarización como disuasión. La mayoría de los ciudadanos aceptan este encuadre y no se oponen al enorme coste que conlleva. El rearme siempre va acompañado de subidas de impuestos y recortes en la seguridad social. Mientras tanto, muchos ciudadanos se enfrentan a crecientes dificultades en su vida cotidiana y exigen seguridad social y alivio fiscal. Si más personas comprendieran que China no tiene motivos para atacar Japón y que, de hecho, es la postura bélica de Japón y Estados Unidos la que pone en riesgo de guerra a Asia Oriental, el apoyo a la militarización debería disminuir. No hay ejercicios militares chinos cerca de EE. UU., pero sí hay ejercicios conjuntos entre Japón, EE. UU. y la OTAN justo al lado de China. Por lo tanto, desmantelar las narrativas antichinas es una tarea urgente.
El tercer desafío es construir un movimiento antiguerra en solidaridad con los pueblos del Sur Global, aquellos que en su día fueron colonizados por las potencias imperialistas, incluido Japón. Los países occidentales y Japón, dominantes durante siglos, se encuentran ahora en un declive histórico. China, la India, Indonesia, Brasil y otros países están ganando fuerza económica y voz política. Estos países promueven la resolución pacífica de los conflictos y se han opuesto a las guerras de agresión contra Vietnam, Irak, Libia y Palestina. Es el Sur Global, incluida China, el que ejerce mayor presión para detener los ataques israelíes contra los palestinos respaldados por Occidente desde 2023. Esta postura se mantiene ininterrumpida desde los Diez Principios de Bandung hasta el Movimiento de Países No Alineados.
Las imprudentes acciones de EE. UU. contra Venezuela, Cuba e Irán son los estertores de una potencia en declive. Los países que construyen esta postura de guerra contra China son el mismo núcleo de estados occidentales liderados por Estados Unidos, y existe para debilitar a China, el centro del Sur Global, con el fin de retrasar su propio declive. Nuestra lucha comparte una causa común con los pueblos que combaten la agresión de EE. UU. en Venezuela, Cuba e Irán. El movimiento antiguerra de Japón aún no posee esta conciencia. Pero debemos comprender nuestra propia lucha exactamente a través de este prisma y llevarla adelante como una lucha genuinamente internacional: nuestra tarea histórica, viviendo aquí en Asia Oriental en este punto de inflexión de la historia humana.
La iniciativa ¡Bases fuera de Asia! alberga la esperanza de convertirse en la semilla de una “Red Antiguerra de los Pueblos Asiáticos”, que vincule la resistencia del pueblo japonés con las luchas de los pueblos del este de Asia y del Sur Global. Ochenta y un años después de Hiroshima y Nagasaki, la labor de detener la próxima guerra apenas comienza.
Afectuosamente,
Hiroyuki Takai
Takai es correpresentante de la Red Detengan la Guerra de Okinawa y el oeste de Japón y autor de ¿Quién invita a la guerra en Asia Oriental? Contención de China y planes de guerra entre EE. UU. y Japón en el arco de Ryukyu. Este ensayo es una adaptación de sus declaraciones en el seminario web “Renarrativizar Hiroshima y Nagasaki, resistir la remilitarización de Japón”, celebrado el 11 de agosto de 2026 y organizado por la Asamblea Internacional de los Pueblos de Asia y el Instituto Tricontinental de Investigación Social.
Descargo de responsabilidad: Las opiniones expresadas por los autores no reflejan necesariamente los puntos de vista de Tricontinental: Instituto de Investigación Social.
5. Aportación al debate sobre China.
Una nueva nota al debate sobre China que os pasaba ayer. En esta ocasión, de Alessandro Visalli.
https://socialismodelsecoloxxi.blogspot.com/2026/08/glossa-numero-due-alla-polemica-cinese.html
Segunda nota sobre la polémica «China». Algunas reflexiones de Alessandro Visalli
Tras haber leído algunas notas de Alessandro Visalli al margen de la polémica sobre la naturaleza de la sociedad china (véanse entradas anteriores), relacionadas con una intervención suya en otro contexto, le he solicitado permiso para publicarlas en estas páginas y, tras haberlo obtenido, reproduzco a continuación gran parte de ellas.
El artículo de Moreno sigue los pasos marcados desde hace siglos. Diría que la disputa sobre el nombre, llevada a cabo a base de citar la autoridad del texto (y sin contexto), es, como mínimo, anticuada. Pero existe una cuestión, por así decirlo, entre líneas: Moreno teme que llamar «socialista» a China equipare el socialismo con un capitalismo que produce mucho (y que «levanta todos los barcos», por utilizar una conocida imagen liberal). Pero se trata de un argumento que se basa en la asociación implícita entre «capitalismo» y «modernización». Lo que ve cualquiera que vaya a China es, de hecho, una modernización imponente y, naturalmente, también ve mucho capitalismo. Es decir, muchos capitalistas. En este sentido, la petición de «orientación» de Moreno es acertada y constituye, naturalmente, un problema abierto y un conflicto en curso. Pero, entre las muchas cosas que se podrían decir, la reivindicada «visión teórica ex ante» (que utiliza como elementos determinantes del «verdadero» socialismo una lectura formalista y estática de los marcadores «ausencia de forma-mercancía», «dinero» y «trabajo asalariado») relega por completo la perspectiva socialista al ámbito de la mera utopía. No es difícil darse cuenta de que, en realidad, se está hablando de la ausencia de la división del trabajo y de una sociedad orgánica (es decir, de una no-sociedad).
Mi opinión al respecto: confundir modernidad y capitalismo anula cualquier posibilidad de concebir lo nuevo (que no tiene por qué parecerse necesariamente a lo antiguo). Sus indicadores son indicadores de modernidad (o de sociedad compleja, sin más), no de capitalismo, y también el horror vacui que, al final, expresa hacia la evolución técnica (aunque el tema sea importante, pero no en estos términos) muestra una tendencia a imaginar como alternativa una comunidad orgánica.
Propongo una hipótesis diferente sobre los indicadores, más allá de la mera división del trabajo: 1) ¿La acumulación está subordinada a fines fijados políticamente, o la política a la acumulación? 2) ¿La riqueza es convertible en poder político y es transmisible? 3) ¿Quién paga los costes de las crisis? Al final de mi obra «Clase y partido» (Meltemi, 2023) escribí: «En el caso del libro de Formenti, y también de este, cabría preguntarse si todo esto sigue siendo marxismo (sobre todo por la profundidad de la deconstrucción), pero es una pregunta frívola. Es más relevante preguntarse si identifica al menos algunos problemas cruciales y ayuda a resolverlos». La cuestión no es la etiqueta, es la esencia. Y atribuir a la etiqueta-anatema «capitalismo» los rasgos de la división del trabajo y de la pluralidad social significa identificar como enemigo a toda la sociedad humana conocida históricamente. No sirve de nada.
Añado que, muy a menudo, en estos planteamientos —diría que tradicionalmente—, la crítica se convierte en gnosis: un rechazo del mundo en cuanto mundo, con el socialismo como un Reino que, por definición, no puede llegar.
Se lamenta una civilización —todas las civilizaciones, de hecho— y no se analiza concretamente un modo de producción. Existe también una ironía filológica: Marx casi nunca utiliza «Kapitalismus» como sustantivo; habla de «modo de producción capitalista», un adjetivo que sirve para centrar la atención en los procesos sociales. El nombre-anatema, la reificación del término, viene después (con Sombart y la Segunda Internacional), y la controversia sobre el alcance del nombre es, en definitiva, una controversia interna a la teología posmarxista, no al pensamiento del propio Marx. Esto es relevante porque pone de manifiesto el carácter litúrgico de la forma de argumentar de nuestro amigo, una forma que sirve para la pertenencia.
El «capital-ismo», si es algo, es la acumulación como fin autónomo al que se subordina la reproducción social, es decir, la convertibilidad ilimitada de la riqueza en poder. Rara vez utilizo la palabra «capitalismo», aunque a menudo pienso dentro de ese marco (del poder desmesurado de la forma-capital), porque conlleva automáticamente una teología y una trascendencia fantasmática. Es decir, una promesa del Reino que, por definición, no puede darse aquí y ahora. Desempeña la función que algunos atribuyen (de forma reduccionista, en mi opinión) a las religiones. En otras palabras, Moreno defiende su propia iglesia. La excomunión («negacionistas») es el sacramento residual cuando se ha perdido toda capacidad instituyente; la polémica no sirve para establecer nada sobre China, sino para mantener los límites de un campo que se va reduciendo. Moreno practica una especie de escatología negativa —el Reino que aún no se ha dado, el mesianismo sin mesías, la pureza de la espera como virtud— porque no dispone de una positiva.
Hay, sin embargo, un matiz interesante entre líneas en la conclusión: si lo que está en juego es el control de la integración social de la técnica (es decir, quién define los estándares, quién capta el excedente de los flujos, quién regula y, sobre todo, para quién y cómo), entonces la formación china debería describirse y no clasificarse de inmediato. Desde este punto de vista, Arrighi («economía de mercado sin capitalismo», crecimiento smithiano) introduce elementos que conviene analizar. Añado, por último: escribiré una réplica a Moreno, porque, aunque no me mencione directamente (pero me ha enviado el artículo), mi antigua amistad con Carlo (y con Vladimiro) y, sobre todo, el hecho de que juntos acabamos de publicar «Más allá de Occidente» (el vol. 1 es mío y el vol. 2, de Carlo) con Meltemi, me obliga a intervenir. La idea central de mi libro es que la alternativa a una plataforma técnica nunca es la ausencia de plataforma, sino otra plataforma: la lucha se desarrolla también, si no sobre todo, en el plano de la elección y la adaptación de la plataforma técnica a la propia sociedad (o, mejor dicho, la transformación conjunta del hombre y la sociedad junto con la técnica).
6. Zhok sobre lo Woke.
Una reflexión sobre el «wokismo», que Zhok cree un cambio antropológico nefasto basado en el relativismo individual.
«¡HA MUERTO EL WOKE, VIVA EL WOKE!»
En estos días se están celebrando los funerales del «woke». Como siempre, las órdenes han partido de EE. UU., donde la icónica progresista Alexandria Ocasio-Cortez, de cara a las próximas citas electorales, ha dado un giro táctico para recuperar el voto popular que habían perdido los progresistas: «Contraorden, compañeros: nos hemos centrado en el «woke» mientras perdíamos el contacto con el mundo laboral».
1) EL CONFORMISMO HIRAM.
Una primera observación. Alguien podría decir que el «woke» nació tal y como ha muerto: sin motivo, sin explicación racional, simplemente a la ola del oportunismo y el conformismo de grupos influyentes anidados, ante todo y principalmente, en las universidades estadounidenses.
De hecho, el rasgo más destacado de la cultura «woke» —término vago que abarca una transformación cultural que se remonta a los años 70— es que nunca ha funcionado como un mecanismo racional. Siempre ha funcionado únicamente como un mecanismo estigmatizante, que amenazaba a los inconformistas con «sanciones morales» y, posteriormente, también con sanciones materiales. La principal característica de lo «woke» es que el discurso argumentativo nunca ha sido aceptado, las objeciones nunca se han tenido en cuenta en un plano de igualdad de dignidad, las tesis siempre se han impuesto desde arriba (impulsadas por organismos políticos de minorías combativas) y se han impuesto con el chantaje implícito de que quien no se ajustara a ellas era un «odiador», un «homófobo», un «racista», en definitiva, un ser humano repugnante con el que, sencillamente, había que romper toda relación.
Este «conformismo de lobos», este mecanismo de estigmatización y acoso siempre ha funcionado a la perfección únicamente en los grupos sociales de élite, aquellos que funcionan esencialmente por cooptación, es decir, a través del consenso interno del grupo al que se pertenece: periodistas, académicos, magistrados, etc. Así se ha llegado a una situación en la que gran parte de los «miembros» de estos grupos se han adherido de manera automática y sin reflexión a todos los dictados «woke», que se han convertido en una especie de código interno implícito, mientras que los grupos sociales ajenos a ellos (es decir, más o menos todos aquellos a los que antes se habría denominado las «masas trabajadoras») han quedado al margen, creando esa brecha cultural y de clase que ahora Ocasio-Cortez y sus seguidores intentan salvar.
2) EL IRRACIONALISMO «BUENO» PRESERVA EL IRRACIONALISMO «MALO».
Precisamente esta forma de actuar ha favorecido, lamentablemente, la perpetuación de burbujas de dogmatismo e ignorancia, burbujas listas para resurgir intactas. De hecho, si impone sus tesis como si fueran dogmas de la Santa Inquisición, es del todo natural que quienes escapan a esa imposición se sientan reforzados a la hora de cultivar sus propios dogmas. Si realmente nos encontráramos ante el «ocaso del «woke»», uno de los primeros efectos preocupantes sería que no solo resurgirían las mil cosas razonables que han sido reprimidas sin sentido en las últimas décadas, sino también los auténticos homófobos, los auténticos racistas y los auténticos sexistas (hemos visto destellos de esta dinámica en la figura de Trump en Estados Unidos). A estos sujetos retrógrados, aunque minoritarios, podrían sumarse hoy todos aquellos —y son muchos— que han alimentado durante años un resentimiento justificado ante los abusos del «woke», en un giro del péndulo histórico.
3) LA GRAN TRANSFORMACIÓN.
A menudo, en torno al tema del «woke», lo «políticamente correcto», etc., surge en la izquierda el argumento de que «no es en absoluto seguro que los derechos civiles y los derechos sociales no puedan desarrollarse juntos». Este argumento, aparentemente sensato, es en realidad un completo despropósito.
Es sencillamente falso equiparar las cuestiones «woke» con los «derechos civiles». Muchísimos derechos civiles se han desarrollado perfectamente junto a los derechos sociales durante mucho tiempo.
Pero se trataba de una clase específica de derechos civiles, a saber, aquellos que exigían IGUALDAD formal, IGUALDAD jurídica entre todos los ciudadanos. Los derechos laborales y el derecho al voto se han desarrollado armoniosamente uno junto al otro. La igualdad ante la ley, independientemente de la raza, el sexo, la orientación sexual, etc., es un logro del desarrollo social global de los dos últimos siglos.
Lo que se suele pasar por alto es que, entre los años 70 y 80 del siglo XX —la época en la que surgieron las temáticas que han confluido en el movimiento «woke»—, se impuso un paradigma de derechos subjetivos que ya no tiene nada que ver con el paradigma igualitario vigente anteriormente. Lo que surge es un paradigma «reivindicativo» en el que se parte de la base de que, aunque ya no existan discriminaciones legales, ahora es necesario reivindicar derechos especiales para grupos específicos. La idea subyacente es la de un «derecho compensatorio», según el cual se asume que un determinado grupo se encuentra en una situación de especial necesidad, sufrimiento o abuso tácito, y se activan medidas de protección especiales para compensar estas «necesidades».
Pero aquí, naturalmente, todo cambia.
Una cosa es decir que tanto Mario como María deben tener derecho al voto. Esto es fácil de explicar y es fácil demostrar que, antes, María no tenía derecho al voto y Mario sí. Pero si se parte de la base de que hay que ofrecer compensaciones por necesidades, sufrimientos y abusos que no son manifiestos, sino presuntos, entonces se desata una carrera sin fin en la que mil grupitos y grupos de presión se apresuran a presentarse como «necesitados de compensación».
Y eso es lo que ha ocurrido. Así ha surgido toda una literatura sobre las «microviolencias», sobre presuntos abusos que estarían implícitos en ciertas palabras, en ciertos comportamientos, en ciertas costumbres. A veces estas «microviolencias» existían, pero con mayor frecuencia eran pura fantasía; sin embargo, el verdadero problema es el cambio de paradigma: en este punto se ha desatado una carrera por la obtención de derechos especiales (derechos destinados no a la colectividad, sino a subgrupos), y la base para reivindicarlos se ha subjetivizado: ya no es lo que externamente todos podían ver, sino aquello que, por definición, estaba oculto y que solo se percibía subjetivamente como sufrimiento privado.
Hay una diferencia abismal entre estar protegido frente al ejercicio de la violencia por parte de otros (algo cuya justificación nadie en su sano juicio pone en duda) y estar protegido frente al hecho de que alguien considere que una forma habitual de utilizar las palabras constituye una violencia metafórica, una agresión a su propia dignidad. Existe una diferencia abismal entre pedir tolerancia respecto a cómo nos sentimos y afirmar que, si el mundo no reconoce cómo nos percibimos a nosotros mismos (y no lo convierte en realidad), ello constituiría una violencia.
Esta subjetivización del derecho y de las pretensiones de protección ha abierto la caja de Pandora, de modo que cualquier convicción subjetiva —ya esté sólidamente fundamentada o sea fruto de una frágil creencia convertida en idea fija— podía y debía recibir protección normativa. De este modo, hemos destrozado la lengua italiana con un aluvión de torpezas sin sentido para seguir el ritmo de reivindicaciones basadas en la nada (p. ej.: el plural sobreextendido siempre se ha utilizado y percibido como neutro: el uso crea el significado; esto hasta que alguien se inventó que se trataba de una discriminación). Del mismo modo, hemos dado cabida a pretensiones que vulneran los derechos ajenos, como la pretensión de que mi autopercepción como mujer deba convertirse en el derecho a poder competir en equipos femeninos, o que mis fantasías masculinas sobre la maternidad puedan legitimar experimentos a costa de un feto, etcétera, etcétera.
4) LA FRACCIONACIÓN HORIZONTAL.
En el plano social, este paso de los derechos civiles universalistas (como el derecho al voto) a los supuestos derechos civiles subjetivistas (basados en la autopercepción) ha producido un efecto macroscópico de fragmentación horizontal de la sociedad, transformándola en un escenario permanente de lobbies combativos que reclaman derechos especiales.
Esta tendencia ha respondido de manera admirable a los deseos concomitantes de las clases dominantes del período neoliberal. No es en absoluto casualidad que la transformación subjetivista de los derechos civiles haya tenido lugar exactamente en paralelo a la «revolución neoliberal». Esa tendencia ha logrado sustituir, en los discursos públicos del «progresismo», todo lo que antes era una reivindicación de derechos para todos por una proliferación de fracturas horizontales. El efecto histórico a largo plazo ha sido que las luchas verdaderamente difíciles, aquellas que desafiaban a la izquierda a enfrentarse al poder real, se han ido relegando progresivamente a un segundo plano, por comodidad y oportunismo, dejando en primer plano una antología de luchas folclóricas, incomprensibles para la mayoría, a menudo destinadas a enfrentar entre sí a distintos grupos de presión dentro de un mismo movimiento político. Y a pesar de todas las declaraciones sobre la posibilidad de hacer coexistir diferentes luchas, la simple verdad es que la política se basa en prioridades, y si piensa que su problema es el «techo de cristal» de las directivas, no le quedará espacio para ocuparse del «suelo de barro» de quienes realmente se esfuerzan.
5) ¡EL «WOKE» HA MUERTO, VIVA EL «WOKE»!
En conclusión, ¿nos encontramos realmente ante el fin de ese fenómeno cultural y social que ha recibido el nombre de «woke»?
¡Ni mucho menos!
El mero hecho de que se pueda pensar que un pequeño cambio en las consignas instrumentales, con fines electorales, pueda decretar su fin es la indicación más clara de que quien piensa así no ha percibido su radicalidad y profundidad.
Hasta ayer, la consigna era: «No existe ningún “woke”», y hoy se pasa sin pestañear a «Lo hemos dejado atrás, no hay nada que discutir».
Solo que dos generaciones enteras han nacido y crecido en un ambiente cultural en el que las consignas «woke», y su sustrato más profundo, se han dado por sentadas.
El trasfondo profundo del «woke» es algo muy serio, de lo cual lo que llamamos «woke» no es más que una ramificación. No es una broma. Es, literalmente, una revolución cultural, con consecuencias catastróficas.
Este trasfondo es el de un relativismo cultural radical, degenerado hasta convertirse en relativismo individual (donde cada individuo tiene su «propia cultura»). La idea —bien representada, por ejemplo, por conceptos como la noción de «género fluido»— es que la esfera orgánica es un apéndice que depende unilateralmente de las convicciones subjetivas, las cuales son soberanas.
Mucho más profundo que cualquier relativismo histórico, aquí se ha abierto paso, como si fuera lo más obvio, una perspectiva en la que no existe ninguna base natural sustancial de lo humano y en la que incluso los ordenamientos colectivos (historia, costumbres, tradición) se tratan como si fueran prejuicios arbitrarios.
Esto no es una moda, es un cambio antropológico que requerirá décadas para corregirse (si es que alguna vez se corrige).
7. El vacío moral en India.
Patnaik dedica una de sus Notas económicas a las recientes movilizaciones estudiantiles en India, que él ve como una reacción a la vacuidad -«hollowness»- moral dominante en la política india.
https://peoplesdemocracy.in/2026/0802_pd/student-uprising-against-moral-hollowness
El levantamiento estudiantil contra la vacuidad moral
Prabhat Patnaik
Una explicación habitual del levantamiento estudiantil que acaba de sacudir al país se centra en la indignación de la Generación Z ante el desempleo generalizado que impera y la corrupción rampante que provoca fugas de exámenes y merma sus perspectivas de conseguir incluso aquellos empleos que están disponibles. Esto, por supuesto, es cierto; pero resulta insuficiente. Cuando una joven de 15 años confiesa que acudió a Jantar Mantar tras mentir a su madre, sin duda lo que la inquieta no son solo sus propias perspectivas laborales, sino algo más profundo; del mismo modo, cuando la agitación de la Generación Z se extiende espontáneamente a numerosas ciudades de todo el país, hay algo más profundo en juego, algo que ni el partido gobernante ni el Gobierno pueden siquiera comprender.
Es evidente que no se trata de una agitación política; está claro que carece de «líderes». El Partido Bharatiya Janata es experto en lidiar con los «líderes», dividiéndolos, difamándolos, corrompiéndolos, comprándolos y amenazándolos con la Dirección de Ejecución y la Ley de Regulación de las Contribuciones Extranjeras; de haber estado dirigida esta agitación por «líderes», no habría llegado tan lejos como lo ha hecho. Se intentaron todos los trucos habituales del partido gobernante, pero fracasaron estrepitosamente, ya que el movimiento no dependía del «liderazgo» de nadie. El hecho de que Sonam Wangchuk rompiera su ayuno no supuso ninguna diferencia para la agitación. Del mismo modo, la visita de dos miembros del Partido Janata —apodado «Cucaracha»— a la casa del ministro J. P. Nadda para negociar no fue bien recibida por los estudiantes; el hecho de que su desaprobación impidiera cualquier negociación posterior sin que se estipularan previamente las condiciones ponía de manifiesto la naturaleza poco convencional del movimiento. No se trataba de uno de esos movimientos habituales en los que los «líderes» actúan en nombre de los «seguidores». De hecho, los estudiantes no estaban unidos en torno a «líderes», sino en torno a un conjunto de (tres) condiciones, respecto a las cuales no estaban dispuestos a transigir.
El hecho de que este movimiento despertara un apoyo tan generalizado y espontáneo en tan poco tiempo se debía a una razón más profunda, a saber, el desencanto entre los estudiantes y los jóvenes ante la vacío moral del régimen actual. Lo que unió a las multitudes en Jantar Mantar no fueron solo las sombrías perspectivas laborales o el flagelo de las filtraciones de exámenes; fue el hecho de que no existía rendición de cuentas en el sistema, nadie a quien se pudiera considerar moralmente responsable de los grotescos fracasos del sistema, lo cual ponía de manifiesto un vacío moral.
La exigencia de la dimisión del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, no se debía a que dicha dimisión fuera a rectificar el problema de las filtraciones de exámenes o a arreglar un sistema educativo fallido; todas las personas presentes en Jantar Mantar lo sabían. No obstante, la exigencia de su dimisión se convirtió en innegociable, porque tenía como objetivo superar ese vacío moral, garantizar que alguien del establishment político, y no solo algunos burócratas o subordinados, rindiera cuentas por el fiasco de los exámenes; esta es también la razón por la que la promesa de Modi de crear tribunales de vía rápida para juzgar a los responsables de las filtraciones de los exámenes cayó tan estrepitosamente en saco roto. En resumen, fue una exigencia de conducta ética lo que unió a los estudiantes y a los jóvenes, desde la joven de 15 años que se había fugado de casa hasta los intrépidos jóvenes que se enfrentaron a las escopetas de perdigones.
De hecho, el vacío moral se encuentra en el núcleo del régimen actual, que ha contagiado con él a gran parte de la clase política. Desde privar del derecho al voto a millones de electores que, en su opinión, podrían votar en su contra —y ello recurriendo además a una Comisión Electoral cuya propia constitución se produce mediante un proceso inmoral (está formada, en esencia, por el primer ministro y uno de sus designados)—, hasta hacer que los propios resultados electorales resulten irrelevantes mediante el soborno o la amenaza a los miembros de la oposición elegidos para que cambien de bando y se unan al partido gobernante, ha estado representando una auténtica farsa en nombre de la democracia. Los estudiantes y los jóvenes se manifestaban en contra de esta farsa. Mientras que gran parte de los medios de comunicación «godi» (perros falderos) han aplaudido esta farsa, y un gran número de personas, conscientes de ella, han sido aterrorizadas hasta el silencio, los estudiantes han demostrado el valor necesario para oponerse abiertamente a ella. La sátira del culto a Modi a través de carteles y viñetas fue una expresión evidente de esta oposición; y tuvo el efecto de liberar a mucha gente del miedo paralizante que les había estado atenazando.
De hecho, la brutalidad policial, las escopetas de perdigones, los lathis con clavos, el gas lacrimógeno y la insistencia aparentemente sin sentido en que Dharmendra Pradhan continuara como ministro de Educación, todo ello estaba diseñado para perpetuar precisamente ese miedo en la mente de la gente, para perpetuar la impresión de que este Gobierno no cede ni un ápice. Su objetivo era, una vez más, atomizar a la gente, dividirla en mónadas, de modo que cada persona siguiera creyendo en su propia ineficacia y se convenciera de que el Gobierno goza de un apoyo tan sólido que sigue siendo invencible.
Este vacío moral es, en efecto, un rasgo distintivo de todos los regímenes fascistas. El movimiento nazi en Alemania en la década de 1930, que comenzó arremetiendo contra el capital monopolista —aun cuando recibía ayuda encubierta de algunos monopolistas—, llegó a un acuerdo con él al alcanzar el poder. Para llevar a cabo este acuerdo, llegó incluso a masacrar a un gran número de sus propios partidarios, liderados por Ernst Röhm, en la «Noche de los Cuchillos Largos»; desde la superioridad moral que le confería su postura antimonopolista, pasó a la vacuidad moral asociada a una alianza con el capital monopolista. Los neofascistas de hoy en día llegan a un acuerdo abierto con el capital monopolista, especialmente con un segmento más reciente del mismo, incluso antes de llegar al poder; y dicho acuerdo, que otorga a los monopolistas licencia para saquear, da lugar necesariamente a un vacío moral.
Los fascistas no necesitarían la propaganda goebbelsiana si tal vacuidad no existiera. Y en la India, los actores de Bollywood no se verían presionados (como ha admitido uno de ellos) a cantar cancioncillas como «Modi hai to mumkin hai» [Si es Modi, es posible.] si el régimen no tuviera en su núcleo una vacuidad moral que tuviera que ocultarse de esta manera.
De hecho, los estudiantes son el único grupo social que se encuentra en una posición ideal para cuestionar este vacío moral. Son inocentes, idealistas, informados, reflexivos e intrépidos, con un firme compromiso y respeto por la conducta ética; todas estas cualidades les dotan de la capacidad para luchar contra el vacío moral de los regímenes que prosperan manipulando cínicamente a la gente mediante la propaganda al estilo de Goebbels. Sin embargo, del mismo modo, su éxito a la hora de imponer una apariencia de comportamiento ético en un caso concreto, como ocurre actualmente, no supone ningún cambio en el sistema, del mismo modo que atrapar a un leopardo no puede ser un precursor de que cambie sus manchas.
Las reivindicaciones de los estudiantes no incluían ningún cambio en el sistema ni ningún cambio institucional; de haberlo hecho, habrían dado lugar a un amplio debate y no se habrían extendido de forma tan rápida ni espontánea por todo el país. El contraste en este sentido con la agitación de los kisan [campesinos] resulta bastante llamativo. Dado que se trataba de una agitación de clase en defensa de los intereses de una clase básica —a diferencia de una agitación destinada a imponer una conducta ética—, sus reivindicaciones eran necesariamente institucionales: revertir los cambios institucionales que se estaban llevando a cabo a instancias del imperialismo, que preside un orden neoliberal en el que el capital monopolístico indio está plenamente integrado. En el caso que nos ocupa no se ha planteado en absoluto la posibilidad de que se llevaran a cabo cambios institucionales, razón por la cual el régimen neofascista, tras haber sufrido un revés en su imagen y en el clima de terror que había construido con tanto ahínco, trabajaría sin descanso para recuperar el terreno perdido.
Lo haría en los próximos días reforzando los llamamientos religiosos a la comunidad mayoritaria, provocando incidentes comunales, generando incidentes internacionales en la frontera (aunque esta última estrategia resulta más difícil dada la tendencia de Donald Trump a intervenir en los asuntos del sur de Asia) e intentando cooptar —o, de otro modo, debilitar— el «liderazgo» (término en el que se basa su percepción de los movimientos) de la agitación estudiantil.
Sin embargo, la agitación estudiantil ha desempeñado un papel destacado a la hora de poner al descubierto las artimañas del neofascismo, sobre todo su uso cínico del comunalismo; de desmontar el mito de la infalibilidad del «líder supremo»; y de romper la atmósfera de terror que se había apoderado del país durante tantos años. Ha abierto el camino para que ahora pueda plantearse un desafío político al neofascismo.
8. Biografía de Zinoviev.
En Historical materialism reseñan una reciente biografía de «Grigoriy Zinoviev», en la que parece que el pobre no queda muy bien parado.
¿Mano derecha o mayor error? «Grigory Zinoviev», de Åsmund Egge
Reseña de Clayton Black
La monografía de Egge amplía nuestra comprensión de una figura clave de la revolución bolchevique mucho más allá de las caricaturas que han dominado durante demasiado tiempo la historiografía. Asimismo, deja claro que aún queda mucho trabajo por hacer.
Åsmund Egge. Grigory Zinoviev: Lenin’s Right-hand Man. Routledge Histories of Central and Eastern Europe. Londres y Nueva York: Routledge (Taylor & Francis), 2026. Págs. xi, 368.
A la edad aproximada de diez años (no se dispone de fechas precisas), Ovsei-Gershen Aronovich Radomyshelsky —quien más tarde se identificaría como Ovsei Radomyslsky, Grigory Radomyslsky, bajo diversos noms de plume, y finalmente como Grigory Zinoviev— empujó, según se informa, a un amigo a «un foso para la lixiviación de cal viva» (p. 12).
Las quemaduras que sufrió el amigo de Ovsei-Gershen acabaron por causarle la muerte, un incidente que, según especula Åsmund Egge (y su fuente, Vyacheslav Samokhodkin), traumatizó tanto al joven Zinoviev que pudo haberle llevado a intentar suicidarse. La tragedia también podría explicar los arrebatos emocionales y los ataques de pánico, ampliamente documentados, que sufrió Zinoviev una vez que alcanzó la cúspide del poder en la revolución bolchevique.
La tragedia de la infancia de Zinóviev pudo haber dejado —o no— secuelas de por vida en su personalidad y su comportamiento. Egge no llega a realizar un análisis psicológico exhaustivo. No obstante, debe enfrentarse a una serie de caracterizaciones bien establecidas de Zinóviev que predominan en la documentación publicada. De hecho, casi todos los intentos de analizar la figura de Zinóviev —incluido el mío propio— dedican gran parte de su extensión a relatar los rasgos físicos del hombre (regordete, cabello revuelto, pálido, voz aguda de «tenor», constitución débil), sus defectos personales (mal humor, vanagloria, mujeriego), su superficialidad teórica y sus infames momentos de indecisión o cobardía durante la revolución y los primeros años del poder soviético. Zinóviev representa una figura tan poco atractiva para la mayoría de los historiadores que pocos se han atrevido a ir más allá de menciones superficiales sobre él. Un colega mío que trabaja en temas relacionados utilizó en una ocasión repetidamente la palabra «odioso» para describirlo. Tales valoraciones pueden ayudar a explicar por qué, hasta hace poco, no se había escrito ninguna biografía completa sobre él, y los artículos y tesis que se centran en su figura suenan casi apologéticos en sus introducciones. Sin embargo, no es hasta su conclusión cuando Egge plantea cuatro preguntas fundamentales:
¿Cómo pudo una persona tan profundamente antipática e inepto conseguir crear un grupo de seguidores significativo —los denominados «zinovievistas»? ¿Cómo pudo una persona «sin comprensión alguna del poder político y sin capacidad para tratar a las personas», en palabras de E. H. Carr… lograr construir una organización tan unida y poderosa como la que Zinóviev estableció en Leningrado? ¿Cómo es posible que muchos consideraran a Zinóviev el sucesor de Lenin si era tan inepto y desagradable en todos los sentidos? ¿Y cómo pudieron los demás líderes del partido aceptar que semejante mediocridad ocupara los puestos más altos del partido? (p. 342)
El subtítulo de Egge insinúa involuntariamente una posible respuesta a estas preguntas, una que refleja el sentir de Víctor Serge, quien calificó a Zinóviev de «el mayor error de Lenin».
[1] Aunque el término «mano derecha» (dependiendo de la visión que el lector tenga de Lenin) podría sugerir una orientación favorable hacia su protagonista, también puede implicar lo que la historiografía ha tendido a dar por sentado: Lenin depositó su confianza en Zinóviev, una confianza que no merecía y que Zinóviev fue incapaz de aprovechar para ejercer un liderazgo exitoso tras la muerte del líder en 1924. Por lo tanto, no es difícil comprender la reticencia de los historiadores a estudiar a este personaje: lo ven simplemente como un portavoz de Lenin con pocas ideas originales o contribuciones a la revolución; no resultaba tan simpático como Nikolái Bujarin y no ofrecía ninguna «alternativa» claramente articulada a lo que Iósif Stalin estaba creando; y, si bien León Trotski pudo haber calificado también a Stalin de «mediocridad» en el Partido, ni Stalin ni su trayectoria posterior requieren explicación alguna en cuanto a la atención que reciben por parte de los historiadores.
El libro de Egge no es una apología de Zinóviev. Se trata, más bien, de un intento de ofrecer un relato imparcial sobre un hombre que, durante demasiado tiempo, recibió mucha menos atención de la que su trayectoria en la cúspide del poder bolchevique parecería justificar. La monografía de Yuri Zhukov de 2021, aunque fue la primera biografía exhaustiva, utilizó la historia de Zinóviev como parte de un argumento más amplio que ensalzaba el rechazo estalinista a la revolución mundial.[2] Las tesis doctorales recientes de V. M. Vikhrov, V. N. Samokhodkin, A. Yu. Stefanenko y Y. Yu. Sinin presentan análisis académicos de períodos o aspectos específicos de la vida de Zinóviev y sugieren que ha llegado el momento de llevar a cabo una reevaluación exhaustiva de su figura.[3] Sin embargo, hasta ahora, el público anglófono se ha visto limitado a escasos artículos académicos sobre temas muy concretos. Por ello, Egge ha prestado un servicio inestimable a los estudiosos de la revolución rusa y de los primeros años del poder soviético.
Se sabe relativamente poco sobre los primeros años de vida de Zinóviev. Nació en 1883 en el seno de la familia de un próspero ganadero judío dedicado a la producción lechera, no lejos de Yelizavetgrad —que más tarde pasó a llamarse Zinóvievsk y posteriormente Kirovsk, en honor al hombre cuyo asesinato en 1934 se le acusó de haber instigado—, en la Zona de Asentamiento de la actual Ucrania. Recibió educación en casa, pero, a pesar de su contacto con los estudios religiosos (como demuestran las frecuentes alusiones bíblicas en sus discursos y escritos), se inclinó hacia el radicalismo político. Al igual que Trotsky, cuya ciudad natal no estaba lejos, se sentía más atraído por el internacionalismo de la socialdemocracia europea que por el sionismo o el Bund judío. Tras participar en círculos de estudio y organizaciones de huelga en la década de 1890, el joven Radomyslsky se afilió al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en 1901. Cuando sus actividades llamaron la atención de la policía, abandonó el país y acabó finalmente en Suiza, refugio de los exiliados políticos rusos. En Berna se matriculó en la universidad como estudiante de química y pronto conoció a Zinaida (Zlata) Lilina, quien se convirtió en su primera esposa (y que era, a su vez, un miembro destacado del POSDR). Sin embargo, la política le atraía más que sus estudios, y no tardó en conocer a Vladimir Lenin, con quien estableció rápidamente una relación de trabajo estable.
Cuando los bolcheviques y los mencheviques se escindieron en el segundo congreso del POSDR en 1903, Zinóviev (que no estuvo presente en el congreso) se alineó con Lenin. Junto con Zlata, se unió a los partidarios del periódico de Lenin, Vperëd («Adelante»), a principios de 1905. A partir de ese momento, Zinóviev se convirtió, según Egge, en la «mano derecha» de Lenin. Egge ha reconstruido los años prerrevolucionarios de Zinóviev a partir de una amplia variedad de fuentes, relatando la amistad y la colaboración de Zinóviev con Lenin y Krupskaya durante su estancia en el extranjero, su participación en los congresos del POSDR (empezando por el Quinto, celebrado en Londres en 1907, cuando tenía 23 años), y su ascenso a la prominencia entre la dirección bolchevique en San Petersburgo, centrando gran parte de su atención en el trabajo con los sindicatos. Rápidamente se distinguió como un agitador eficaz, a pesar de (o quizás precisamente por) su voz inusualmente aguda, que algunos describían como «femenina». Incluso Trotsky, cuyas valoraciones negativas sobre Zinóviev han dejado una huella duradera en la historiografía, le reconoció el mérito de haber conseguido que los participantes en el congreso de Londres regresaran a la sala, en un momento en que todos estaban a punto de marcharse, gracias a un discurso que le valió un puesto en el Comité Central (p. 20).
La recopilación que realiza Egge de los datos sobre el paradero y las contribuciones de Zinóviev en el período anterior a 1917 constituye una aportación muy necesaria a la bibliografía. Pero, aparte de la afirmación de que Lenin y Zinóviev colaboraron estrechamente durante el exilio, ¿qué sabemos de la evolución de Zinóviev como pensador revolucionario? En este punto, a Egge le cuesta refutar el consenso de que Zinóviev no era más que un portavoz de las ideas de Lenin. Según se dice, los alumnos de la escuela del partido en Longjumeau (Francia) lo llamaban el «recadero» de Lenin; los mencheviques se referían a él como el «perrito faldero de Lenin», e incluso los dirigentes del partido afirmaban que Zinóviev «seguía a Lenin como el hilo sigue a la aguja» (p. 41). David Riazanov ofreció una visión contraria, elogiando a Zinóviev como, aparte de Lenin, «el hombre más erudito del partido», especialmente versado en economía y sociología. Sin embargo, ese relato procede de Anatolii Lunacharsky, cuyo retrato de Zinóviev fue escrito en el apogeo del poder de este último, a principios de la década de 1920. Egge sí señala casos de desacuerdo con Lenin, pero estos parecen más cuestiones de grado que de principio.
Un análisis detallado de los voluminosos escritos de Zinóviev durante su exilio parecería ser la forma lógica de explicar la evolución intelectual de este hombre. Sin embargo, a pesar de su loable habilidad para localizar los detalles de la vida de Zinóviev, Egge no da ese paso. Sí que recurre ampliamente a la Historia del Partido Bolchevique de Zinóviev, publicada en 1923, y hace referencia a extractos de las memorias de Zinóviev publicadas en 1989. Pero, aunque la mayoría de los volúmenes de sus obras publicados están repletos de artículos escritos para una amplia variedad de periódicos, Egge les dedica poco o ningún espacio. Zinóviev fue extraordinariamente prolífico, y se dice que publicó en hasta 150 medios diferentes. Una comparación detallada de los escritos de Lenin y Zinóviev para identificar diferencias de punto de vista sería una tarea titánica, y sin duda Egge estaba ansioso por completar su proyecto. No obstante, la afirmación de Zinóviev de que, entre 1907 y 1917, «todos los manuscritos más importantes de Vladímir Ilich pasaron por nuestras manos hasta que llegamos a un acuerdo» (p. 39), plantea la posibilidad de que la influencia pudiera haber sido, en cierta medida, de refuerzo mutuo. Igualmente importante es que la obra de Zinóviev refleja su propia implicación en los debates políticos de la época anterior a 1917. Esto tuvo enormes consecuencias para su comportamiento político posterior. Sus arrebatos y acusaciones contra sus adversarios en la década de 1920 dan la impresión de que seguía luchando contra las supuestas herejías socialdemócratas de los años prerrevolucionarios, lo que confundió a muchos camaradas menos experimentados y lo alejó de muchos otros.
En lo que respecta a 1917, Egge ha seleccionado minuciosamente la bibliografía existente y las fuentes primarias publicadas para ofrecer una interpretación matizada de las acciones y decisiones de Zinóviev. Mientras que Trotsky y otros tildaron a Zinóviev de cobarde en momentos como los relacionados con las manifestaciones de junio y los Días de Julio, su infame «traición» en octubre junto a Lev Kámenev, y su intento de negociar una coalición de partidos socialistas, Egge sugiere que, de hecho, se mantuvo coherente a lo largo de todo el año, apoyando la toma del poder por parte de los soviets, la expropiación de tierras a los terratenientes y oponiéndose a la guerra y al Gobierno Provisional, junto con los partidos que los respaldaban. Sí que vaciló a la hora de decidir si apoyar las manifestaciones de junio, preocupado por que proporcionaran al Gobierno Provisional un pretexto para una represión —un vaivén que dañó su reputación entre las bases de Petrogrado.
A partir de ese momento, sin embargo, Egge sostiene que Zinóviev se mantuvo firme en una línea moderada entre los bolcheviques, y que sus acciones difícilmente deberían interpretarse como cobardes. Como uno de los colaboradores más cercanos de Lenin, era un objetivo evidente para su detención tras los Días de Julio. La decisión de esconderse en Finlandia se tomó a instancias de miembros del partido que temían ser ejecutados si se quedaban y eran detenidos como presuntos espías alemanes. Sin embargo, Zinóviev regresó a Petrogrado antes que Lenin, desplazándose para intervenir en mítines por toda la ciudad. Fue Lenin, y no Zinóviev, quien cambió su postura respecto a los soviets. Tras haberse vuelto en contra de los soviets en verano por su moderación y su cooperación con el Gobierno Provisional, Lenin se mostró cada vez más insistente en la toma del poder en nombre de los soviets cuando el radicalismo de estos se intensificó en septiembre y octubre, aunque ello supusiera un régimen de partido único. Zinóviev, Kámenev y otros no estaban convencidos de que los bolcheviques fueran lo suficientemente fuertes como para resistir a las fuerzas contrarrevolucionarias ni de que una revolución bolchevique contara con el apoyo del proletariado internacional. Preferían que el Partido se arriesgara con la Asamblea Constituyente, argumentando que, aunque lo más probable era que los bolcheviques acabaran en minoría, el gobierno resultante sería legítimo y podría estar dominado por un bloque formado por los bolcheviques y los socialrevolucionarios de izquierda, a medida que las plataformas de izquierda ganaran popularidad.
La historia de su «romperhuelgas» antes de la Revolución de Octubre —al publicar su disidencia antes del levantamiento y revelar así las intenciones bolcheviques— es bien conocida. Pero merece la pena considerar, como hace Egge, que, aunque los disidentes pudieran haber parecido vacilantes en ese momento decisivo, su razonamiento pudo haber sido más sensato que el de la mayoría del Comité Central. Además, Zinóviev demostró determinación al desafiar la autoridad (y la amistad) de Lenin manteniéndose firme en su postura (pp. 77-80). A pesar de las críticas feroces de Lenin y de sus peticiones de expulsión del partido, él y Kámenev continuaron negociando con los socialistas revolucionarios y los mencheviques para formar un gobierno de coalición socialista y, junto con otros tres miembros, dimitieron de sus cargos en el Comité Central. Solo se retractaron de su decisión de dimitir cuando quedó claro que los disidentes no contaban con el apoyo del Comité Central recién elegido, que sus negociaciones habían resultado infructuosas y que los miembros de menor rango del partido les instaron a dar marcha atrás en sus decisiones en nombre de la unidad del partido (p. 79).
Egge parece haber llevado a cabo la mayor parte de su investigación en Moscú, por lo que los capítulos que abordan el liderazgo de Zinóviev en Petrogrado entre 1918 y 1926 se basan en gran medida en bibliografía secundaria y documentos publicados. No obstante, ofrece un relato sólido de la etapa de Zinóviev como «zar» (tal y como él mismo lo denomina) de la capital del norte. Una vez más, Egge contrarresta gran parte de la opinión generalizada con una evaluación minuciosa de las condiciones políticas, económicas y sociales reales de la ciudad y el territorio circundante. Si bien tiene en cuenta los informes que indican que Zinóviev se entregaba a los lujos en medio de la miseria y el sufrimiento de la época de la guerra civil —disfrutando del uso de varios automóviles; se mudó primero al hotel Astoria y luego a un amplio apartamento; y engordó incluso cuando la mayoría de los residentes se apretaban el cinturón—, también deja claro las enormes responsabilidades que Zinóviev asumió: presidente del presidium y del comité ejecutivo del soviet de Petrogrado; presidente del consejo de comisarios de la Comuna Obrera de Petrogrado y del Óblast del Norte; miembro del Comité Central del partido; y, finalmente, presidente de la Tercera Internacional.
¿Fue Zinóviev un administrador eficaz? La valoración de Egge es ambigua. Señala una tendencia a un temperamento voluble, como el que acompañó a los llamamientos al Terror Rojo contra los enemigos del nuevo régimen. A pesar de una actitud relativamente moderada hacia la oposición política a mediados de 1918 (lo que le valió una dura reprimenda de Lenin), el asesinato del jefe de la policía política de Petrogrado (Cheka), Moisei Uritsky, provocó un brusco cambio de rumbo. Su repentino afán por el derramamiento de sangre incomodó a algunos de sus colaboradores más cercanos, un cambio que algunos comentaristas atribuyeron a la cobardía y al pánico. Egge no se pronuncia al respecto, señalando el diagnóstico de Samokhodkin de «neurastenia» derivada de un trauma infantil, así como la posibilidad de que sufriera un shock tras un supuesto intento de asesinato (p. 107).
Al mismo tiempo, Zinóviev desempeñó un papel crucial en la defensa de Petrogrado. Se opuso al traslado de la capital a Moscú en 1918; y, aunque perdió esa batalla, luchó sin descanso para defender los intereses de los trabajadores y la industria del noroeste, ambos devastados por años de guerra y revolución. De hecho, Zinóviev promovió deliberadamente la imagen de Petrogrado como la cuna de la revolución y la de sus trabajadores y marineros como la vanguardia de toda la población trabajadora soviética. No tardó en aprovechar la muerte de Lenin, en enero de 1924, para dar mayor prestigio a la ciudad al hacer que pasara a llamarse Leningrado. Era celoso de su autoridad, aunque se rodeaba de lugartenientes competentes que dirigían la ciudad de forma más o menos eficaz durante sus numerosos viajes a Moscú, donde tenía un apartamento en el Kremlin. Esos viajes se multiplicaron a medida que Zinóviev se veía envuelto en luchas políticas tras la muerte de Lenin. Sin embargo, a pesar de juicios severos, como el de Robert V. Daniels, según el cual la organización del partido de Leningrado solo respaldó a Zinóviev en la oposición en 1925 porque era «el jefe indiscutible en su propio territorio», cabe señalar que muchos de los dirigentes del partido de la ciudad y de las bases le mantuvieron su lealtad hasta finales de la década de 1920, mucho después de que quedara claro que su derrota era total. [4]
Egge aborda un terreno ya conocido al relatar la alianza de Zinóviev con Stalin y Kámenev contra Trotski, seguida de su giro en contra de Stalin a medida que crecían sus recelos respecto al ejercicio del poder por parte de este último y a sus intenciones. No obstante, Egge aporta algo nuevo a la bibliografía existente al tomar en serio las opiniones de Zinóviev sobre la Nueva Política Económica (NEP), en lugar de presentar sus posturas únicamente como política de «lucha por el poder». Mientras que historiadores como Daniels, Isaac Deutscher y Robert C. Tucker hicieron hincapié en la teoría de Stalin del «socialismo en un solo país» principalmente como arma en la batalla contra Trotsky, Egge destaca el papel de Zinóviev en ese debate. [5] Zinóviev fue durante mucho tiempo un defensor acérrimo de la revolución mundial como principio fundamental del marxismo y como elemento esencial para que Rusia superara su atraso mediante la construcción del socialismo con la ayuda de los países más desarrollados industrialmente de Occidente. El fracaso definitivo de la revolución en Alemania en 1923 supuso una profunda decepción para todo el partido; y resultó especialmente embarazoso para Zinóviev, quien había puesto en juego gran parte de su reputación en las tácticas excesivamente agresivas de la Comintern en ese país. No obstante, siguió creyendo que la revolución mundial era inevitable y necesaria. Una política estatal que negara esa necesidad era antimarxista y, cuando se basaba en una política económica que fomentaba el enriquecimiento de los campesinos acomodados, corría el riesgo de hacer retroceder a Rusia hacia el capitalismo. El enfoque de Egge amplía el contexto del debate sobre el «socialismo en un solo país» y, por lo tanto, nos ayuda a comprender con mayor claridad la oposición de Zinóviev y Kámenev a finales de 1925, así como su acercamiento a Trotski en 1926. No podían estar de acuerdo con Trotsky en la teoría de la revolución permanente, pero todos consideraban la NEP como algo temporal o, como insistía Zinóviev, un «desvío», mientras que Stalin y Bujarin la presentaban como el camino hacia el socialismo.
Este marco también facilita la comprensión de cómo Zinóviev pudo finalmente retractarse de su oposición una vez que Stalin abandonó la NEP en su ofensiva contra Bujarin, la Oposición de Derecha y las políticas a favor de los campesinos en general. Egge no niega el oportunismo implícito en la sumisión de Zinóviev ante Stalin, pero no lo califica de acto de cobardía. Demuestra que Zinóviev creía que podía mantener una posición de oposición leal y, de hecho, siguió manteniendo correspondencia con antiguos opositores durante años. La violencia de la colectivización superó todo lo que Trotsky, Zinóviev o Kámenev habrían respaldado, pero al menos el problema radicaba ahora en las políticas específicas de la persona al mando, más que en la orientación política general del Partido.
El primer libro de Egge, un estudio sobre el asesinato de Serguéi Kirov (el suceso que, en última instancia, condujo al juicio y la ejecución de Zinóviev), proporcionó gran parte del material de referencia para sus capítulos finales. [6] Esta es, sin duda, la sección más sólida de la biografía. El autor ha examinado minuciosamente la colección de Zinóviev en el Archivo Central del Partido (RGASPI) y ha descubierto correspondencia privada detallada y manuscritos inéditos que amplían sustancialmente lo que sabemos sobre los últimos años de vida de este hombre. Durante su reclusión, Zinóviev escribió una extensa semiautobiografía titulada «Una sentencia justificada» (Zasluzhennyi prigovor), en la que relataba sus numerosos pecados y fingía aceptar la condena que el Partido había dictado contra él. Egge utiliza esta fuente con prudencia, dadas las circunstancias en las que fue escrita, pero también de forma fructífera para colmar muchas lagunas en la historia de su etapa como paria. Desde el exilio con Kamenev hasta Kaluga, de vuelta a Moscú, a Kazán y al encarcelamiento, Egge relata los repetidos intentos de Zinóviev por reincorporarse a la vida política, cada vez con mayor desesperación.
Egge admite que se desconocen los detalles de cómo encontró la muerte Zinóviev poco después de su juicio, en agosto de 1936. Vuelve a relatar la conocida historia de cómo se postró y suplicó por su vida, pero, tal y como hace de forma sistemática a lo largo de todo el libro, señala los motivos para mostrarse escéptico ante los relatos disponibles. Teniendo en cuenta la imagen polifacética de Zinóviev que surge en estas páginas, casi cualquier posibilidad está abierta. Sin embargo, Egge parece estar convencido de que Zinóviev comprendía muy bien lo que le esperaba y aceptó su destino simplemente con resignación.
Este libro es exhaustivo y está bien documentado. Hacía tiempo que se necesitaba en la historiografía de la revolución bolchevique. La mayoría de los detalles aquí recogidos están disponibles desde hace mucho tiempo, pero, tal y como sugieren las tesis doctorales mencionadas y una conferencia celebrada en San Petersburgo en 2023 dedicada a Zinóviev, el interés por este hombre y su vida nunca ha sido mayor, y le debemos a Egge un gran agradecimiento por ofrecernos lo que sin duda será un relato de referencia durante algún tiempo.
Sin embargo, la biografía plantea quizás tantas preguntas como respuestas. ¿Qué es lo que, al fin y al cabo, queremos saber sobre Grigori Zinóviev? Volviendo al subtítulo de Egge, podemos aceptar que, al menos durante los años de exilio en el extranjero y hasta la Revolución de Febrero, Zinóviev mantuvo probablemente la relación de trabajo más estrecha con Lenin de entre todos los bolcheviques. Sin embargo, de la narración de Egge no se desprende claramente que siguiera siendo «la mano derecha de Lenin» tras su exilio conjunto en Finlandia. Así pues, ¿en qué sentido deberíamos considerarlo como tal? Fue un eficaz agitador de las posiciones de Lenin en momentos clave, como al defender el Tratado de Brest-Litovsk y en el debate sobre los sindicatos antes del X Congreso del Partido. Pero, ¿siguió Lenin confiando en él como interlocutor para cuestiones teóricas? ¿Era Zinóviev un intérprete perspicaz de los argumentos de Lenin? ¿Merece una reevaluación como teórico marxista por derecho propio? Egge no se atreve a emitir una opinión clara sobre este punto. Zinóviev escribía de forma compulsiva, pero aún queda mucho trabajo por hacer para los historiadores interesados en prestar a sus escritos la atención que realmente merecen.
¿Qué hay de la reputación de Zinóviev en cuanto a inestabilidad, incoherencia y cobardía? Aunque Egge aborda las numerosas debilidades del carácter de este hombre, los lectores que esperen una rehabilitación sin reservas o una condena rotunda pueden sentirse frustrados. Pero, ¿por qué resulta más importante el carácter a la hora de hablar de Zinóviev que en el caso de los demás líderes bolcheviques? Quizás sea porque su caída parece depender en gran medida de sus defectos. Para los enemigos del bolchevismo, encaja con tanta facilidad en el arquetipo de un villano dogmático y a la vez cobarde, que a quienes desean rehabilitarlo les resulta difícil superar las pruebas de sus defectos. A diferencia de Nikolái Bujarin, Mijaíl Tomski o Aleksandr Shliápnikov, por ejemplo, cuyos biógrafos pueden retratar a sus figuras centrales —salvo en circunstancias puntuales— como personas básicamente simpáticas, Zinóviev parece haber tenido pocas cualidades que lo hicieran agradable. [7] Zinóviev tampoco se parece a Stalin ni a Nikolái Yezhov, cuyos biógrafos tienen poca necesidad o deseo de rehabilitar a sus protagonistas, sino que buscan más bien explicar los males concretos de estos.[8] Sin embargo, tanto los amigos como los enemigos de Lenin reconocen su talento; así pues, ¿qué vio él en Zinóviev que otros no han sabido ver? Aunque Egge ha evitado, de forma encomiable, los estereotipos burlescos, no nos ha acercado sustancialmente a la respuesta a esa pregunta. Para ser justos, es posible que, al fin y al cabo, la pregunta no tenga respuesta. ¿Quién puede decir qué química peculiar atrae a una persona hacia otra para la colaboración y el compañerismo? Pero, si aceptamos que Zinóviev era la «mano derecha» de Lenin, merece la pena llevar a cabo una evaluación más exhaustiva de su relación intelectual.
Más allá de las cuestiones relativas a Zinóviev como teórico, nuestra imagen de él como líder práctico también podría requerir una mayor profundización. Las luchas internas entre los miembros del Comité Central tras la muerte de Lenin atraen naturalmente nuestra atención, pero es importante recordar que Zinóviev mantuvo sus responsabilidades en lo que fue, posiblemente, el centro industrial más importante del país hasta principios de 1926, incluso cuando se veía atraído con mayor frecuencia hacia Moscú. El difunto Alexander Rabinowitch nos ha dejado un análisis detallado del inicio del reinado de Zinóviev como «zar».[9] Sin embargo, los archivos de San Petersburgo tienen mucho que revelarnos sobre la era de Zinóviev en esa ciudad, algo que historiadores como yo apenas hemos comenzado a examinar.
Estos comentarios deben entenderse como un estímulo para seguir investigando, más que como críticas. La monografía de Egge amplía nuestra comprensión de una figura clave de la revolución bolchevique mucho más allá de las caricaturas que han dominado durante demasiado tiempo la historiografía. También deja claro que aún queda mucho trabajo por hacer.
[1] Victor Serge, Memorias de un revolucionario, trad. Peter Sedgwick y George Paizis (Nueva York: NYRB, 2012), p. 207.
[2] Véase la reseña de Yevgeny Sinin sobre la obra de Yu. N. Zhukov, Grigorii Zinov’ev: Otvergnutyi vozhd’ mirovoi revoliutsii; politicheskaia biografiia (Moscú: Kontseptual, 2021) en Vestnik MGPU «Istoricheskaia nauka» 49 (n.º 1, 2023), pp. 152-64.
[3] Viacheslav Mijáilovich Vikhrov, El líder comunista G. E. Zinóviev al frente de Petrogrado-Leningrado (finales de 1917–principios de 1926), tesis doctoral, Universidad Pedagógica Herzen, 2011; Viacheslav Nikolaévich Samokhodkin, La actividad política y estatal de G. E. Zinóviev durante la Gran Revolución Rusa: 1917-marzo de 1918, tesis doctoral, Universidad Estatal de San Petersburgo, 2017; Aleksandr Iur’evich Stefanenko, La lucha intrapartidista en Leningrado, 1926-1933, tesis doctoral, Instituto de Historia de San Petersburgo, Academia de Ciencias de Rusia, 2021; Evgenii Iur’evich Sinin, Las opiniones de G. E. Zinoviev sobre la construcción del partido y del Estado en el contexto de la lucha política: 1906-1936, tesis doctoral, Universidad Pedagógica de la Ciudad de Moscú, 2025.
[4] Robert V. Daniels, La conciencia de la revolución: la oposición comunista en la Rusia soviética, Russian Research Center Studies 40 (Cambridge: Harvard University Press, 1960), p. 271.
[5] Daniels, La conciencia de la revolución; Isaac Deutscher, Stalin: una biografía política, 2.ª ed. (Nueva York: Oxford University Press, 1949); Robert C. Tucker, Stalin como revolucionario 1879-1929: un estudio sobre su historia y su personalidad (Nueva York: W. W. Norton, 1973).
[6] Åsmund Egge, El enigma de Kirov: el asesinato que desencadenó el terror de Stalin (libro electrónico, 2011; edición noruega, Kirov-gåten: Mordet som utløste Stalins terror, Oslo: Unipub, 2009).
[7] Stephen F. Cohen, Bukharin y la Revolución Bolchevique: una biografía política, 1888-1938 (Oxford: Oxford University Press, 1980); Charters Wynn, El bolchevique moderado: Mijaíl Tomski, de la fábrica al Kremlin, 1880-1936, serie Historical Materialism Book Series (Chicago: Haymarket, 2023); Barbara C. Allen, Alexander Shlyapnikov, 1885–1937: La vida de un viejo bolchevique, Colección «Historical Materialism» (Chicago: Haymarket, 2016).
[8] Sobre Yezhov, véase J. Arch Getty y Oleg Naumov, Yezhov: El ascenso del «puño de hierro» de Stalin (New Haven: Yale University Press, 2008) .
[9] Alexander Rabinowitch, Los bolcheviques en el poder: el primer año del régimen soviético en Petrogrado (Bloomington: Indiana University Press, 2008); y Los bolcheviques sobreviven: Petrogrado, 1919, Estudios sobre Rusia y Europa del Este (Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 2026).
9. Resumen de la guerra en Irán, 27 de agosto.
El seguimiento en directo de Middle East Eye.
https://www.middleeasteye.net/live/live-us-and-iran-confirm-peace-accord-signing-set-friday-geneva
En directo: Irán derrotará al enemigo en una «guerra económica a gran escala», afirma Ghalibaf
Durante un discurso televisado, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, insta a las naciones musulmanas a la unidad a pesar de las diferencias
Puntos clave
Araghchi, de Irán, afirma que EE. UU. debe una «indemnización íntegra» por los daños causados por las sanciones unilaterales
Oficiales del ejército libanés e italiano mantienen conversaciones sobre la era posterior a la FPNUL en el Líbano
El director de la UNRWA afirma que Israel pretende que la cuestión de los refugiados palestinos «desaparezca» en medio de las redadas contra el centro
Actualizaciones en directo
Hace 2 segundos
Buenas tardes, lectores de Middle East Eye,
Estas son las últimas novedades:
- Funcionarios de Catar e Irán se reúnen en Teherán para debatir la distensión de las tensiones regionales y la necesidad de reanudar el proceso diplomático.
- Tres personas han perdido la vida y varias más han resultado heridas en los ataques israelíes perpetrados el jueves en diversas zonas de Gaza, y una mujer ha fallecido en un ataque aéreo israelí sobre el sur del Líbano.
- Kuwait y Pakistán firman un acuerdo conjunto de defensa y cooperación militar, en virtud del cual las fuerzas armadas de Pakistán prestarán asistencia a Kuwait en la formación y el desarrollo de capacidades de sus fuerzas militares y de defensa.
- El político israelí Smotrich expone el plan de su partido para «judaizar» zonas del país con una elevada población árabe-israelí, de cara a las elecciones israelíes de octubre, calificándolo de «revolución» similar a la llevada a cabo en la Cisjordania ocupada.
- El jefe de seguridad de Irán, Mohsen Rezaei, advirtió de que Irán atacaría los intereses militares y económicos estadounidenses si EE. UU. iniciara cualquier «acción hostil» contra el país, durante una reunión con el ministro de Asuntos Exteriores de Catar. Asimismo, afirmó que Teherán está elaborando una lista dirigida a los mediadores con sus condiciones para abrir el estrecho de Ormuz.
- El presidente de EE. UU., Donald Trump, insinuó el jueves que su administración podría estar preparando sanciones dirigidas contra bancos chinos por sus vínculos con Irán.
- Un nuevo informe del Centro Palestino para la Defensa de los Presos reveló que casi 400 niños palestinos permanecen encarcelados en centros de detención israelíes, lo que calificó de «una cifra sin precedentes en comparación con períodos anteriores».
- El presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, ha nombrado asesor presidencial al líder de las ahora disueltas Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), Mazloum Abdi, después de que el grupo kurdo respaldado por EE. UU. se disolviera como parte de un acuerdo alcanzado con las nuevas autoridades de Damasco.
Reunión del G20 sobre finanzas, organizada por EE. UU., para impulsar las sanciones contra Irán
Hace 16 minutos
La Administración Trump pretende que los responsables de finanzas del Grupo de las 20 principales economías acuerden la próxima semana medidas para impulsar el crecimiento económico, reducir los desequilibrios globales y abordar los retos de la deuda soberana, al tiempo que les presiona para que corten las vías de suministro económico de Irán, según declaró el jueves un alto funcionario del Tesoro de EE. UU.
El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, acogerá a los ministros de Finanzas y a los gobernadores de los bancos centrales del G-20 el lunes y el martes en la ciudad de Asheville, en las montañas Blue Ridge (Carolina del Norte), tras su anuncio esta semana de un «Día D económico» de sanciones contra Irán.
Información de Reuters
Los ministros de Asuntos Exteriores de la OCI condenan los ataques israelíes contra los palestinos
Hace 20 minutos
La Organización para la Cooperación Islámica (OCI) condenó este jueves los ataques israelíes contra los palestinos en Gaza y en la Cisjordania ocupada, durante una reunión de ministros de Asuntos Exteriores celebrada en Yeda (Arabia Saudí) en la que participaron los 57 Estados miembros de la organización.
La sesión reafirmó la importancia fundamental de la causa palestina y de Jerusalén para el mundo musulmán y reiteró el apoyo al derecho del pueblo palestino a la autodeterminación, la independencia y la libertad, así como al establecimiento de un Estado palestino independiente dentro de las fronteras de 1967, con Jerusalén como capital.
En su declaración final, el Consejo rechazó la expansión de los asentamientos israelíes y los intentos de separar cualquier parte del territorio palestino ocupado o de imponer nuevas realidades políticas, de seguridad o administrativas sobre el terreno.
Hace 31 minutos
El jefe de seguridad iraní, Mohsen Rezaei, afirmó que Irán considera que la seguridad del Líbano forma parte de la seguridad de la región de Asia Occidental en su conjunto, en una entrevista concedida el jueves a la cadena Al-Manar, según la agencia de noticias iraní IRNA.
Asimismo, hizo un llamamiento para que cesen las guerras y las operaciones militares en el Líbano, Gaza y Siria, y advirtió de que «la tensión continuada en cualquier parte de la región afectará a todos los países de la misma desde el punto de vista político, económico y de seguridad».
El presidente sirio nombra asesor al líder de las FDS, Mazloum Abdi
Hace 44 minutos
El presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, ha nombrado asesor presidencial al líder de las ahora disueltas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), Mazloum Abdi, según informan los medios estatales.
Las SDF, lideradas por los kurdos y respaldadas por EE. UU., se disolvieron como parte de un acuerdo alcanzado con las nuevas autoridades de Damasco, en una medida aplaudida por EE. UU.
Hace 1 hora
El enviado del presidente de EE. UU., Donald Trump, para África condenó este jueves los ataques aéreos perpetrados por el ejército de Sudán en territorio de Chad, después de que las autoridades chadianas informaran de bombardeos en la región oriental de Ennedi la semana pasada.
«Estados Unidos condena los recientes ataques aéreos de las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF) en el interior de Chad», escribió Massad Boulos en X de las Fuerzas Armadas de Sudán.
«La violencia debe cesar en Sudán y más allá de sus fronteras. No existe una solución militar para este conflicto, ni justificación alguna para extender la violencia más allá de las fronteras de Sudán».
Boulos afirmó que las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar escindido, «deben aceptar de inmediato una tregua humanitaria, proteger a la población civil y permitir el acceso humanitario sin obstáculos».
Hizo un llamamiento al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde EE. UU. ejerce el derecho de veto, para que refuerce el embargo de armas y el conjunto de sanciones.
Más información: El enviado de Trump para África condena los ataques en Chad y el «apoyo externo» en la guerra de Sudán
Massad Boulos, asesor principal del presidente de EE. UU. para asuntos árabes y de Oriente Medio, habla con los medios de comunicación frente a la Casa Blanca en Washington, D. C., el 21 de julio de 2026 (Saul Loeb/AFP)
Ben Gvir agradece a Trump por defender la incursión de Israel en la sede de la UNRWA
Hace 1 hora
El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, ha agradecido al presidente de EE. UU. por compartir un informe de Just the News en el que se afirma: «Un informe de USAID revela que más de 100 empleados de la UNRWA participaron en las atrocidades de Hamás el 7 de octubre».
La ONU ha declarado que nueve empleados de la UNRWA, su agencia para los refugiados palestinos, «podrían haber estado implicados» en el ataque del 7 de octubre de 2023, y ha añadido que han sido despedidos.
«Gracias, señor presidente, por no tener miedo de contarle al mundo la VERDAD sobre la implicación del personal de la UNRWA en las atrocidades y los asesinatos del 7 de octubre», escribió Ben Gvir en una publicación en X.
«Tenga la seguridad, señor, de que me estoy ocupando personalmente del asunto», añadió, adjuntando un vídeo en el que aparece sentado en el escritorio del director de la UNRWA, en el edificio confiscado.
Cerca de 400 niños palestinos están recluidos en prisiones israelíes, según un informe
Hace 2 horas
Unos 370 niños palestinos permanecen encarcelados en centros de detención israelíes, según un nuevo informe del Centro Palestino para la Defensa de los Presos, que calificó esta cifra de «sin precedentes en comparación con períodos anteriores».
«A principios de agosto de 2026, aproximadamente 370 niños palestinos se encontraban recluidos en prisiones israelíes, la mayoría de ellos en las prisiones de Megiddo y Ofer, entre más de 9.400 presos y detenidos palestinos», señala el informe.
Añadió que las cifras apuntan al «uso continuado por parte de Israel de la detención administrativa sin cargos ni juicio».
En cambio, a finales de 2025, el número de menores detenidos en prisiones israelíes ascendía a 180, menos de la mitad del total alcanzado en los primeros ocho meses de 2026.
Hace 2 horas
La guerra de EE. UU. contra Irán ha provocado una escasez «más que crítica» de interceptores de misiles avanzados, especialmente de los «Patriot», que se han utilizado para derribar misiles balísticos rusos, según declararon un funcionario de la OTAN y un funcionario estadounidense a la Associated Press (AP) en un informe publicado el jueves.
El ejército estadounidense en Europa «sin duda» no dispone de suficientes misiles Patriot para detener un ataque sostenido con misiles balísticos, afirmó el funcionario estadounidense, y tendría una capacidad «muy limitada» para defenderse de un único ataque con misiles balísticos.
Estados Unidos e Israel atacaron por primera vez a Irán el 28 de febrero. Los combates se han recrudecido a lo largo del verano a pesar del alto el fuego de junio, negociado mediante el Memorándum de Entendimiento de Islamabad entre ambas partes.
Numerosos expertos señalan que el presidente de EE. UU., Donald Trump, parecía esperar una victoria rápida contra Irán, animado por las promesas israelíes de un cambio de régimen y por la captura por parte de EE. UU. del presidente venezolano Nicolás Maduro a principios de este año.
Sin embargo, Irán respondió al ataque lanzando drones y misiles contra los Estados del Golfo. En medio de los combates, EE. UU. retiró algunos sistemas de defensa aérea y tropas de Asia Oriental.
El informe de la AP podría suscitar inquietudes sobre la vulnerabilidad de los Estados europeos ante un ataque ruso. El Wall Street Journal informó esta semana de que el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú, en parte para advertir al presidente ruso, Vladímir Putin, contra un posible ataque a los miembros de la OTAN.
Ucrania, que se enfrenta a una invasión rusa, ha utilizado misiles ATACMS suministrados por EE. UU. para atacar a Rusia. Se trata de misiles balísticos de medio alcance diseñados para golpear tras las líneas enemigas.
El ejército estadounidense también se está quedando sin existencias en esa zona, según señaló el informe de la AP.
Más información: La escasez de misiles interceptores estadounidenses es «más que crítica» debido a la guerra contra Irán: Informe
Los visitantes hacen cola para observar de cerca un lanzador de misiles Patriot durante el Día de las Fuerzas Armadas en la base aérea de Laage, Alemania, el 6 de junio de 2026 (John Macdougall/AFP)
Hace 3 horas
El jefe de seguridad de Irán, Mohsen Rezaei, declaró el jueves que Teherán está preparando una lista, dirigida a los mediadores, con sus condiciones para abrir el estrecho de Ormuz, entre las que se incluye el fin de la guerra en la región.
En una entrevista con la cadena de televisión libanesa Al Manar, Rezaei señaló que Irán ha acordado un corredor de tránsito con Omán, y añadió que los buques transitarían por un canal central designado en el estrecho si EE. UU. cumple las condiciones de Teherán.
Las declaraciones de Rezaei se producen mientras el primer ministro de Catar mantiene conversaciones en Teherán, en el marco de los intensos esfuerzos de los mediadores regionales por allanar el camino hacia un acuerdo entre EE. UU. e Irán para reducir la tensión y reabrir el estrecho de Ormuz.
Trump insinúa que EE. UU. podría sancionar a bancos chinos por sus vínculos con Irán
Hace 4 horas
El presidente de EE. UU., Donald Trump, insinuó el jueves que su administración podría estar preparando sanciones dirigidas contra bancos chinos por sus vínculos con Irán.
Cuando los periodistas le preguntaron en el Despacho Oval por qué no había sancionado a los bancos chinos por dichas transacciones, Trump respondió: «¿Quién ha dicho que no lo esté haciendo?».
«Ustedes no saben si lo estoy haciendo. Bueno, no tengo por qué anunciarlo todo, ¿verdad?», añadió.
China se ha opuesto a las sanciones secundarias de EE. UU. relacionadas con Irán, condenándolas como «ilegales».
Hace 4 horas
El presidente del Parlamento iraní, Muhammad Bagher Ghalibaf, ha criticado duramente los comentarios del secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, sobre la economía iraní en una publicación en X el jueves.
Ghalibaf escribió: «En lugar de canalizar miles de millones hacia su representante terrorista, Israel, y sus 750 bases, este imperio en decadencia podría gastar ese dinero en su propio pueblo, pero no, eso tendría demasiado sentido para este régimen».
Escribió la publicación en respuesta a los comentarios de Bessent, en los que acusaba a Irán de «despilfarrar enormes sumas en el extranjero» mientras «el pueblo iraní lucha por poder permitirse las necesidades básicas».
Trump: EE. UU. «tiene el control» del estrecho de Ormuz
Hace 4 horas
El presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró el jueves a los periodistas en el Despacho Oval que Washington tiene «el control» del estrecho de Ormuz y mantiene su bloqueo de los puertos iraníes, mientras que Irán se encuentra en «graves apuros» y «no está pagando a sus tropas».
«Cada día salen del estrecho millones y millones de barriles de petróleo», añadió Trump, afirmando que Washington ha «limpiado por completo» la vía navegable de minas.
Las declaraciones de Trump se produjeron tras la firma de un decreto presidencial destinado a cambiar el nombre del lago Ontario —situado en la frontera de Nueva York con Canadá— por el de lago América.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington, D.C., el 27 de agosto de 2026 (Jim Watson/AFP)
Hace 4 horas
El jefe de seguridad de Irán, Mohsen Rezaei, advirtió el jueves de que Irán atacaría los intereses militares y económicos estadounidenses si EE. UU. iniciara cualquier «travesura» contra el país, durante una reunión con el ministro de Asuntos Exteriores de Catar.
Rezaei le indicó al ministro que «EE. UU. debe, en primer lugar, adoptar medidas prácticas para cumplir las condiciones de Irán y, a continuación, Irán procederá a abrir el estrecho de Ormuz», según la agencia de noticias iraní IRNA.
Las fuerzas yemeníes anuncian la muerte de un combatiente en el frente de Taiz contra los huzíes
Hace 5 horas
El Gobierno yemení, respaldado por Arabia Saudí, comunicó el jueves que un combatiente de una de sus facciones había fallecido en el frente de Al-Ahtoub, en la zona rural occidental de la provincia de Taiz, mientras combatía contra los huzíes, según el centro de prensa del ejército yemení.
Esto se produce después de que los huzíes lanzaran el miércoles misiles balísticos contra posiciones del Gobierno yemení en al-Makha (Mocha), al oeste de Taiz.
El enviado de la ONU condena el ataque israelí contra Siria; EE. UU. aboga por una «desescalada»
Hace 7 horas
El enviado especial adjunto de la ONU para Siria, Claudio Cordone, condenó un ataque aéreo israelí contra la base aérea siria de Abu al-Duhur y expresó su preocupación por «las declaraciones de altos cargos israelíes que abogan por una presencia militar israelí de duración indefinida en territorio sirio».
En su intervención ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Cordone afirmó que la ocupación israelí viola la soberanía y la integridad territorial de Siria y es contraria al Acuerdo de Desengaje de Fuerzas de 1974.
Por su parte, en su intervención ante el Consejo de Seguridad de la ONU, la representante adjunta de EE. UU., Tammy Bruce, instó a Israel y a Siria a buscar la «desescalada» y afirmó que Washington «seguirá colaborando estrechamente con ambos países y con todas las partes interesadas de la región para promover el diálogo y las soluciones pacíficas».
Smotrich, de Israel, presenta un plan para «judaizar» los núcleos de población árabes
Hace 8 horas
El ministro de Hacienda israelí, Bezalel Smotrich, expuso este jueves el plan de su partido para aumentar drásticamente el número de judíos que viven en dos zonas del país con una importante población árabe-israelí, de cara a las elecciones israelíes de octubre.
«Hoy les presento el plan del Sionismo Religioso para la judaización del Negev y la Galilea: la revolución que llevamos a cabo en Judea y Samaria la llevaremos a cabo en el Negev y la Galilea, y a gran escala», escribió en X, utilizando los nombres hebreos para referirse a Cisjordania.
Smotrich afirmó que el objetivo del proyecto es «un millón de judíos más en el Negev y la Galilea, 40 nuevos asentamientos, docenas de granjas, la ampliación de los asentamientos existentes y cientos de miles de viviendas», y añadió que «anularemos los planes temerarios en los asentamientos árabes que se han apoderado de reservas de terreno y amenazan el asentamiento judío en la zona».
Según las últimas encuestas, el partido de Smotrich, que forma parte del Gobierno de coalición de Netanyahu, está a punto de alcanzar el umbral electoral necesario para entrar en el próximo Parlamento.
Una mujer recién casada muere en un ataque aéreo israelí en el sur del Líbano
Hace 8 horas
Una mujer recién casada ha fallecido y varias personas han resultado heridas en un ataque aéreo israelí contra la localidad de Arab Salim, en el sur del Líbano, según informó este jueves la Agencia Nacional de Noticias del país.
Kuwait y Pakistán firman un acuerdo de defensa conjunta
Hace 8 horas
Kuwait y Pakistán han firmado un acuerdo de defensa conjunta y cooperación militar durante la visita del ministro de Defensa kuwaití a Islamabad el jueves.
El acuerdo constituye un «paso significativo en la cooperación militar y de defensa entre ambos países», según ha declarado el Ejército de Kuwait en un comunicado.
En virtud del acuerdo, las Fuerzas Armadas de Pakistán prestarán asistencia a Kuwait en la formación y el desarrollo de capacidades de sus fuerzas militares y de defensa, según los medios de comunicación paquistaníes, además de colaborar en «la gestión de fronteras y otros ámbitos de cooperación en materia de defensa acordados mutuamente».
Las autoridades han señalado que el objetivo del acuerdo es «reforzar la coordinación operativa, intercambiar experiencias militares y mejorar el nivel de preparación e integración» entre las Fuerzas Armadas de ambos países.
Esto se produce después de que Pakistán firmara un acuerdo conjunto de defensa con Arabia Saudí y Turquía a principios de este mes.
Un muerto y varios heridos en un ataque israelí sobre la ciudad de Gaza
Hace 8 horas
Un palestino ha fallecido y varios más han resultado heridos a causa de un ataque con dron israelí contra una bicicleta en la zona central de la ciudad de Gaza, según fuentes de la defensa civil y de los hospitales de Gaza, según informó Al Jazeera.
Con ello, el número de víctimas mortales de los ataques israelíes en toda Gaza del jueves asciende al menos a tres.
Hace 8 horas
El primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Catar, Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, se reunió el jueves con el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, en Teherán para debatir la evolución de la situación regional y la necesidad de rebajar las tensiones.
Durante la reunión, Al Thani «destacó la necesidad de reanudar el proceso diplomático, haciendo hincapié en que el diálogo es la mejor forma de abordar las diferencias y evitar una mayor escalada en la región», según un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Catar.
La agencia de noticias iraní Tasmin también informó de que Ghalibaf había destacado la necesidad de rebajar las tensiones regionales y crear las condiciones adecuadas para reanudar el diálogo.
Israel se plantea expulsar al Reino Unido del centro de supervisión de Gaza
Hace 9 horas
Israel está considerando expulsar a los funcionarios británicos del Centro Internacional de Apoyo a Gaza (IGSC), dirigido por Estados Unidos, que se creó para supervisar el alto el fuego entre Israel y Hamás.
Esta medida se está barajando como respuesta a los planes del primer ministro Andy Burnham de introducir medidas más estrictas contra los asentamientos israelíes ilegales.
Según el Financial Times, el Gobierno israelí también está considerando expulsar a Italia y Alemania del IGSC.
El IGSC está dirigido por oficiales del ejército estadounidense que colaboran con el ejército israelí y con funcionarios de decenas de países.
Esta semana, Israel expulsó a funcionarios neerlandeses del centro, a raíz de la reciente prohibición impuesta por los Países Bajos a los productos procedentes de los asentamientos israelíes ilegales. A principios de este año, Israel expulsó a España del IGSC, acusando a Madrid de «sesgo antiisraelí obsesivo».
Más información: Israel se plantea expulsar al Reino Unido del centro de vigilancia de Gaza
El primer ministro británico, Andy Burnham, fotografiado en el Hospital Militar Principal de Kiev el 24 de agosto de 2026 (AFP)
El jefe del ejército israelí advierte de que la escasez de fondos está socavando la preparación
Hace 11 horas
El jefe militar israelí, Eyal Zamir, ha advertido de que el agotamiento de los fondos está debilitando la preparación del ejército, ya que sus fuerzas siguen desplegadas en varios frentes.
«En estos días también nos encontramos inmersos en una campaña en torno al presupuesto», afirmó Zamir en unas declaraciones publicadas en las plataformas oficiales del ejército.
«En un momento en el que las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel] y su personal se ven desbordados en todos los sectores, debemos hacer frente a unas arcas vacías. Tal situación socava la preparación de las FDI».
Pakistán rechaza las sanciones de EE. UU. contra Irán
Hace 12 horas
Pakistán afirma que no acatará las sanciones de Washington contra Irán, alegando que las medidas unilaterales carecen de fundamento en el derecho internacional.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Taher Andarab, declaró el jueves a los periodistas en Islamabad que el diálogo debería resolver las disputas entre países.
El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, anunció el lunes nuevas sanciones contra Irán, en un momento en que la Administración Trump intensifica la presión económica sobre Teherán para obtener concesiones.
Irán derrotará al enemigo en una «guerra económica a gran escala», afirma Ghalibaf
Hace 12 horas
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, ha calificado la presión a la que se enfrenta el país como «una guerra económica a gran escala».
Ghalibaf afirmó que Irán «derrotará al enemigo también en este ámbito», según la agencia oficial de noticias IRNA.
Hace 14 horas
Corea del Norte ha condenado los planes de EE. UU. de suministrar misiles tácticos a Corea del Sur y financiar proyectos de vigilancia de las violaciones de los derechos humanos en el país, advirtiendo de una «respuesta contundente» a lo que Pyongyang ha calificado de acciones hostiles por parte de Washington.
El Departamento de Estado de EE. UU. ha comunicado que ha aprobado la posible venta de misiles AIM-9X Sidewinder Block II y equipo relacionado a Corea del Sur, por un coste estimado de 125 millones de dólares.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea del Norte afirmó que la venta de armas tendría un «efecto adverso» sobre la seguridad regional, según un comunicado difundido por la agencia estatal de noticias Korean Central News Agency.
Pyongyang también criticó los planes de Washington de destinar millones de dólares a programas destinados a documentar las violaciones de los derechos humanos y a aumentar el flujo de información hacia Corea del Norte.
La Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado de EE. UU. convocó la semana pasada un concurso dirigido a organizaciones para que documenten las violaciones de derechos en Corea del Norte y «cuestionen el monopolio de la información [de Corea del Norte]».
Corea del Norte acusó a Washington de una «persistencia y sucesión de medidas hostiles», afirmando que dichas medidas pretendían crear «inestabilidad en el sistema social de nuestro Estado».
Advirtió de que Corea del Norte «dará una respuesta seria, inmediata y contundente a los actos hostiles».
La advertencia se produce a pesar de los recientes intentos del presidente de EE. UU., Donald Trump, por reanudar el diálogo con Pyongyang, entre los que se incluye la reducción de las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur. Hasta la fecha, Corea del Norte ha respondido con frialdad a estas propuestas.
Las dos Coreas siguen técnicamente en guerra, ya que el conflicto de 1950-1953 concluyó con un armisticio en lugar de un tratado de paz.
Irán afirma que el bloqueo naval de EE. UU. está limitando las importaciones de gasolina
Hace 15 horas
Irán no ha podido importar suficiente gasolina para compensar el déficit de la producción nacional debido al bloqueo naval de EE. UU., según declaró este miércoles un alto cargo iraní.
«La producción de gasolina es insuficiente y, debido al bloqueo naval de EE. UU., no podemos importarla», afirmó el vicepresidente Mohammad Jafar Ghaempanah, según recoge la agencia estatal de noticias iraní IRNA.
Sus comentarios se produjeron mientras se formaban largas colas frente a las gasolineras de todo Irán en los últimos días, en un contexto en el que la estrategia bélica de EE. UU. se está orientando cada vez más hacia la presión económica sobre Teherán.
El lunes, el jefe de gabinete del presidente iraní Masoud Pezeshkian, Mohsen Haji-Mirzaei, afirmó que se revisarían las cuotas de gasolina del país, sin ofrecer más detalles.
La guerra comenzó el 28 de febrero; posteriormente, Teherán tomó el control del estratégico estrecho de Ormuz y Washington impuso un contra-bloqueo naval a los puertos iraníes.
Ghaempanah también criticó el sistema de distribución de combustible iraní, fuertemente subvencionado, y señaló que beneficia de manera desproporcionada a quienes poseen varios vehículos.
«La distribución de gasolina en el país es desigual», afirmó. «Los propietarios de varios vehículos se benefician de las subvenciones, a diferencia de quienes no poseen ninguno».
Irán es uno de los principales productores de petróleo del mundo y cuenta con uno de los precios de la gasolina más bajos a nivel mundial. Años de fuertes subvenciones al combustible han convertido cualquier intento de modificar los precios en un tema políticamente delicado.
Hace 18 horas
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, afirmó que EE. UU. asume la responsabilidad internacional por los daños derivados de sus sanciones unilaterales.
«La República Islámica de Irán se reserva el derecho a recurrir a todos los medios disponibles para exigir rendición de cuentas, indemnización y reparación, y para hacer que los autores de estos actos inhumanos e ilegales rindan cuentas», declaró Araghchi.
Añadió que la campaña de EE. UU. «conlleva responsabilidad internacional, incluida la obligación de proporcionar una indemnización completa por todos los daños materiales y morales, incluyendo la restitución y las reparaciones, de conformidad con el derecho internacional».
El ministro de Asuntos Exteriores señaló que Washington asume la «plena responsabilidad internacional» y puede enfrentarse a responsabilidad penal individual por las consecuencias de «actos ilegales y delictivos y el perjuicio causado al pueblo iraní» si se emprenden las acciones legales y se siguen los protocolos adecuados.
Pezeshkian, de Irán, insta a las naciones musulmanas a la unidad a pesar de las diferencias
Hace 18 horas
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, está pronunciando un discurso en la 40.ª Conferencia Internacional sobre la Unidad Islámica, celebrada en Teherán.
Durante el discurso, hizo un llamamiento a la unidad entre las naciones musulmanas a pesar de sus diferencias, afirmando: «Ningún país musulmán debería buscar su seguridad a costa de la inseguridad de sus vecinos».
«El territorio de ningún país musulmán debería utilizarse en contra de otra nación musulmana».
Masoud Pezeshkian también condenó duramente la agresión estadounidense-israelí contra su país y afirmó que «Irán se mantuvo firme frente a la agresión estadounidense-israelí».
«Irán no se encuentra en una posición débil y sabe cómo defenderse», añadió.
Hace 18 horas
Israel está considerando expulsar a funcionarios británicos —y posiblemente a otros europeos— del centro de coordinación para la Gaza de la posguerra, según el Financial Times, que cita fuentes familiarizadas con el asunto.
El Gobierno israelí ha debatido en las últimas semanas la expulsión del Reino Unido del Centro Internacional de Apoyo a Gaza, la sede multinacional establecida para supervisar el acuerdo de tregua negociado por EE. UU. entre Tel Aviv y Hamás.
Hace 19 horas
Buenos días, lectores de Middle East Eye,
Estas son las últimas novedades:
- El presidente sirio, Ahmad al-Sharaa, ha afirmado que su país ha entrado en una nueva fase de «reconstrucción» tras el levantamiento de las sanciones por parte de EE. UU. «Nos encontramos al inicio de un camino largo y sostenible marcado por la dignidad, el renacimiento, la reconstrucción, el desarrollo y la civilización», declaró Sharaa durante la inauguración de la 63.ª Feria Internacional de Damasco.
- El director de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) declaró a Al Jazeera que la incursión del Gobierno israelí en la última instalación que aún gestionaba la agencia de la ONU a principios de esta semana constituye un intento de «eliminar la presencia de las Naciones Unidas» en los territorios palestinos ocupados.
- El ejército israelí llevó a cabo dos oleadas de ataques aéreos contra la colina de Ali al-Taher, situada en la región de Nabatieh Superior, al sur del Líbano, según informó la Agencia Nacional de Noticias (NNA). La agencia también indicó que los «violentos» ataques aéreos también tuvieron como objetivo la localidad de Mansouri, en Tiro. Se registraron otros ataques aéreos durante la noche en las localidades de Zawtar Oriental y Mayfadoun.
- Un buque fue alcanzado por un proyectil de origen desconocido en el estrecho de Ormuz, según informó la agencia británica de Operaciones de Comercio Marítimo (UKMTO) a primera hora del jueves. El impacto provocó un incendio que posteriormente fue extinguido. No se informó de ningún impacto medioambiental y todos los miembros de la tripulación se encontraban a salvo y localizados.
- El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, se burló del plan económico estadounidense para aislar a Teherán calificándolo de «pura parodia». «La política de Washington hacia Irán ha llegado a ser una pura parodia», afirmó en una publicación en X. «Está sancionando a quienes ya están sancionados y llamando “coalición” a un espacio vacío», añadió.
Lluvia de ataques aéreos israelíes sobre el sur del Líbano
Hace 19 horas
El ejército israelí llevó a cabo dos oleadas de ataques aéreos contra la colina de Ali al-Taher, situada en la región de Alto Nabatieh, en el sur del Líbano, según informó la Agencia Nacional de Noticias (NNA).
La agencia también indicó que los «violentos» ataques aéreos también tuvieron como objetivo la localidad de Mansouri, en Tiro. Se han registrado otros ataques aéreos durante la noche en las localidades de Zawtar Oriental y Mayfadoun.
Hace 20 horas
El jefe del Ejército libanés, Rodolphe Haykal, debatió con su homólogo italiano, Luciano Portolano, las formas de reforzar la cooperación bilateral, así como las perspectivas para el período posterior a que la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL) concluya su misión en el país.
Durante la reunión, que tuvo lugar en el marco de una visita de Haykal a Italia entre el lunes y el miércoles, Portolano hizo hincapié en que la estabilidad del Líbano es una «prioridad estratégica» y elogió las «relaciones amistosas entre ambos países».
El responsable militar italiano también subrayó la importancia de respaldar al ejército libanés «dado su papel clave en el mantenimiento de la seguridad y la estabilidad».
Netanyahu promete establecer más asentamientos en la Cisjordania ocupada
Hace 21 horas
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, prometió seguir estableciendo asentamientos en la Cisjordania ocupada a pesar de la creciente presión internacional, al tiempo que prometió una importante oleada de inmigración israelí hacia el territorio palestino ocupado.
Hace 21 horas
El director de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) afirmó que la redada llevada a cabo por el Gobierno israelí a principios de esta semana contra la última instalación que gestionaba la agencia de la ONU constituye un intento de «eliminar la presencia de las Naciones Unidas» en los territorios palestinos ocupados.
«Si se retira la financiación a la UNRWA y se la elimina, entonces esperan que la cuestión de los refugiados, los refugiados palestinos, desaparezca», declaró Christian Saunders a Al Jazeera. «Lo que significa que el derecho al retorno, las reparaciones y las indemnizaciones también desaparecerían».
Hace 23 horas
El presidente sirio, Ahmad al-Sharaa, afirmó que su país ha entrado en una nueva fase de «reconstrucción» tras el levantamiento de las sanciones por parte de EE. UU.
«Tras la eliminación de los obstáculos y el levantamiento de las sanciones, aún no hemos llegado al final. Nos encontramos al inicio de un camino largo y sostenible caracterizado por la dignidad, el renacimiento, la reconstrucción, el desarrollo y la civilización», declaró Sharaa durante la inauguración de la 63.ª Feria Internacional de Damasco.
«Vemos cómo vuelve a salir el sol de Siria, convirtiéndola en un faro para su economía, un puente entre mercados, un corredor comercial y un centro donde convergen los intereses de Oriente y Occidente».
Hace 23 horas
El senador estadounidense Chris Van Hollen ha criticado al ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, y a los «extremistas» del Gobierno israelí tras una redada en unas instalaciones de la UNRWA en la Jerusalén Oriental ocupada.
«Ben-Gvir y los extremistas del Gobierno israelí quieren acabar con la UNRWA con la esperanza de garantizar que no exista tal cosa como un refugiado palestino», afirmó Van Hollen en una publicación en X.
«El mundo no debería seguir de brazos cruzados y permitir que esto le suceda a la UNRWA».
Bajo el mando del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, las fuerzas israelíes se hicieron el martes con el último centro que quedaba gestionado por la agencia de la ONU para los refugiados palestinos en Kafr Aqab, al norte de Jerusalén Este.