DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. Posible ataque nuclear sobre Irán.
2. El golpe de estado en Polonia.
3. Un país solo interesado en el consumismo.
4. La rebelión de los jóvenes europeos.
5. Más sobre el triunfo de los estudiantes serbios.
6. Otoño caliente en Francia.
7. Entrevista a Todd.
8. El capitán Picard y el socialismo.
9. Resumen de la guerra en Irán, 2 de noviembre.
1. Posible ataque nuclear sobre Irán.
No tengo mucha confianza en los motivos e intereses de Tucker Carlson, pero os paso este tuit suyo que ha generado muchos interrogantes y respuestas en redes. Porque si lo que plantea es cierto, y él tiene fuentes importantes, es, desde luego, extremadamente preocupante. No sé si ya está en español, pero la última entrevista de Diesen a Trita Parsi va sobre este mismo tema: https://www.youtube.com/watch?v=BhL2VieaiwU
https://x.com/TuckerCarlson/status/2117071025955389828
Bajo la presión del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, la Administración Trump podría estar a pocos días de lanzar un ataque nuclear contra Irán. El objetivo sería la montaña Pickax, en el centro de Irán, donde los servicios de inteligencia israelíes afirman que el Gobierno iraní ha reanudado su programa de enriquecimiento nuclear. Ningún arma convencional del arsenal estadounidense puede penetrar 300 pies de granito macizo para destruir los túneles donde supuestamente se lleva a cabo el enriquecimiento. La única opción militar es un ataque nuclear. Netanyahu ha estado presionando con fuerza para que se lleve a cabo. «Bibi llama a Trump todos los días para hablar de ello», afirma un observador bien informado.
Netanyahu se encuentra acorralado y desesperado. Tras los resultados electorales de la semana pasada, no podrá formar gobierno a menos que Trump intervenga directamente en la política israelí y negocie un acuerdo con otros partidos que le otorgue a Netanyahu 61 escaños en la Knesset. De lo contrario, quedará fuera del cargo de primer ministro y se encaminará hacia la ignominia, las investigaciones y, posiblemente, la cárcel. Netanyahu debe mantenerse cerca de Trump. Necesita esta guerra.
Con ese fin, ha ejercido la máxima presión sobre sus aliados más cercanos en la Administración, entre ellos el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el comandante del CENTCOM, Brad Cooper. Ambos se oponen a una solución negociada para la guerra que han gestionado de forma tan lamentable; ambos están presionando para reanudar las operaciones de combate a gran escala. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el director de la CIA, John Ratcliffe, también siguen el ejemplo de Netanyahu, al igual que los líderes del Partido Demócrata. En una reunión reciente sobre el tema, el expresidente Barack Obama afirmó que se opone al actual acuerdo de paz con Irán que se está redactando en Doha.
El resto de los aliados históricos de Estados Unidos en Oriente Medio están aterrorizados ante la perspectiva de una nueva guerra. El 27 de septiembre, Netanyahu voló en secreto a Abu Dabi para conseguir el apoyo de los Emiratos Árabes Unidos en su campaña de presión a favor de un ataque definitivo contra Irán. Los emiratíes se negaron. Tras ocho meses de conflicto, las economías del Golfo se encuentran al borde del colapso. Lo mismo ocurre con los mercados mundiales de la energía y los fertilizantes. No se recuperarán pronto. A nivel mundial, hay un total de unos 850 superpetroleros que se utilizan para transportar petróleo desde los países productores al resto del mundo. Solo en octubre, 11 de ellos sufrieron graves daños en el estrecho de Ormuz. A este ritmo, una depresión mundial es inminente. Un ataque nuclear aceleraría radicalmente la destrucción. Las consecuencias de una explosión terrestre en la montaña Pickax contaminarían el Golfo Pérsico, envenenando el suministro de agua de 100 millones de personas.
Y esas son solo algunas de las consecuencias inmediatas para la región. El resto del mundo está igual de expuesto. Ningún país, salvo Estados Unidos, ha utilizado jamás un arma nuclear en guerra. A algunos les gustaría hacerlo. Un ataque nuclear estadounidense contra Irán sentaría un nuevo precedente. Los rusos ya han comunicado al menos a otros dos gobiernos que un ataque nuclear estadounidense contra Irán les daría vía libre para utilizar armas nucleares contra Ucrania. Pakistán y la India se verían tentados a hacer lo mismo el uno contra el otro, al igual que Corea del Norte contra Seúl. Tras el primer ataque nuclear, la Tercera Guerra Mundial sería inevitable. Esa guerra sería breve y definitiva.
Llevamos meses avanzando como sonámbulos hacia este momento. Desde febrero, la Administración ha reescrito discretamente la doctrina nuclear de Estados Unidos para facilitar el uso como primera opción de las denominadas «armas nucleares de campo de batalla» y, por lo tanto, hacer que sea más probable. A nadie en Washington, en ninguno de los dos partidos, parece preocuparle esto. Ahora nos encontramos al borde del abismo.
Los observadores más atentos afirman que es probable que Trump decida, a más tardar el próximo fin de semana, si utilizará o no armas nucleares. Eso sería el 7 de noviembre, dentro de seis días. Hay que reconocer que está dudando. Por el momento, Trump está escuchando a su vicepresidente, J. D. Vance, y a su enviado y amigo Steve Witkoff, quienes sostienen que es posible llegar a un acuerdo con Irán.
Tienen razón, aunque no será sencillo. Es bien sabido que negociar con los iraníes resulta frustrante en cualquier circunstancia, y algunos sectores de ese Gobierno se han radicalizado aún más desde que el ayatolá Alí Jamenei y su familia fueran asesinados en febrero. Tras décadas de aislamiento, incluso los líderes iraníes relativamente moderados parecen desconcertados por la forma en que se toman las decisiones en Occidente. (En Teherán, por ejemplo, existe la creencia generalizada de que el Gobierno de Estados Unidos controla a Israel).
Pero, en general, quienes han hablado con los responsables de la toma de decisiones en Irán afirman que allí existe consenso en que una nueva guerra es perjudicial para todos y que merece la pena alcanzar un acuerdo.
Un grupo al que no se ha consultado hasta ahora es la población mundial: los cientos de millones de personas que perderán la vida junto con sus hijos si Netanyahu empuja a Trump a lanzar un ataque nuclear la próxima semana. Ahora sería el momento de que ellos alzaran la voz.
2. El golpe de estado en Polonia.
No se habla mucho porque es un golpe a favor de la UE, y con ese estilo bastante confuso de la política polaca en la que todos son culpables, pero Craig Murray, que fue diplomático allí y vecino de Jaruzelski, nos ofrece con su estilo característico un vivo retrato de los recientes acontecimientos, «poco elegantes», en palabra de uno de sus perpetradores. Mi frase favorita del artículo, hacia el final: «La política polaca está compuesta casi en su totalidad por hombres irracionales con opiniones absurdas que se gritan unos a otros sobre cuestiones tangenciales a sus verdaderos desacuerdos.»
https://www.craigmurray.org.uk/archives/2026/11/the-crisis-in-poland/
La crisis en Polonia
2 de noviembre de 2026 en Sin categoría por craig
Fui primer secretario en la Embajada Británica en Varsovia entre 1994 y 1998. Aunque de eso hace ya mucho tiempo, conocí personalmente a muchas de las personas que se encuentran en el centro de la crisis actual, como Donald Tusk y Radek Sikorski.
1) Lo primero que hay que decir sobre Polonia es que es poco probable que la crisis actual derive en violencia, y desde luego no de forma prolongada. Habrá muchos gritos e insultos, así como numerosas referencias a antiguas disputas y escándalos olvidados, pero Polonia no es Ucrania ni siquiera Francia, y saldrá adelante como de costumbre con algún tipo de compromiso difuso que nos permita superar los próximos años.
El general Jaruzelski, el último líder importante del régimen comunista, solía ser el vecino con el que compartía la valla que delimitaba el fondo de mi jardín. Dirigió la ley marcial y un servicio secreto que era bastante despiadado; pero, al mirar atrás con la perspectiva que da la historia, lo más destacable no es cuánta, sino cuán poca represión violenta se empleó contra Solidarność entre 1980 y 1983. Unas 120 personas perdieron la vida y miles fueron encarceladas, pero para una revolución que desencadenó un cambio político que sacudió al mundo, se trata de una cifra notablemente moderada.
Posteriormente, con Wałęsa en el poder como presidente, Jaruzelski solía pasearse por Varsovia con total naturalidad, y yo le decía «Dzień Dobry Panie Generale» [Buenos días, señor general -si no estoy equivocado-] por las mañanas cuando pasaba junto a mi verja. La violencia no es algo habitual en la política polaca.
2) Lo segundo que hay que comprender es que la política polaca está dividida entre la derecha y la derecha nacionalista. La izquierda es ahora casi insignificante: la Nowa Lewica, de tendencia socialdemócrata moderada, es un pequeño socio menor en la coalición de gobierno de Tusk y obtiene en las encuestas alrededor del 8 %. Esa es prácticamente la única «izquierda». Algunos miembros de la Coalición Cívica gobernante —como el ministro de Asuntos Exteriores, Radek Sikorski— se sitúan muy a la derecha según los criterios británicos. Sikorski formó parte del Bullingdon Club junto con Osborne y Johnson, y se sitúa ligeramente más a la derecha que ambos en materia de política social o económica.
La derecha nacionalista de la oposición es socialmente conservadora y religiosa: el aborto sigue siendo la cuestión clave que define su postura, lo cual guarda una relación directa con la actual controversia sobre el Tribunal Constitucional. No existe una división económica significativa entre la derecha y la derecha nacionalista, aunque esta última tal vez se muestre ligeramente más social en asuntos como el gasto en bienestar social.
Es un gran error intentar encajar estas divisiones en una alineación partidista clásica de izquierda y derecha relacionada con la política económica, o incluso en el modelo liberal frente al populista. Polonia es sui generis, un caso aparte.

3) La crisis en torno al Tribunal Constitucional es, a primera vista, de carácter metapolítico. Se trata de la composición del Tribunal Constitucional más que de cualquier caso que se encuentre actualmente ante el Tribunal. Sin embargo, se ha convertido en el símbolo de las profundas divisiones de la sociedad polaca.
Polonia cuenta con un sistema híbrido que no es ni una presidencia ejecutiva ni una democracia parlamentaria. La facultad de iniciativa legislativa recae en el Parlamento (Sejm) y en el primer ministro designado por el Sejm. Sin embargo, el presidente dispone de un poder de veto activo y controla nombramientos importantes.
El Tribunal Constitucional vela por el correcto cumplimiento de la Constitución y, por lo tanto, resuelve los conflictos entre el presidente, el primer ministro y el Sejm. El tribunal también garantiza que se respeten los derechos de los ciudadanos consagrados en la Constitución. Asimismo —y esta es una diferencia fundamental con respecto al Reino Unido, donde no existe tal poder judicial— garantiza que la legislación polaca sea compatible con el derecho internacional y con las relaciones de Polonia en materia de tratados.
La decisión más importante adoptada recientemente por el Tribunal Constitucional versó, como es lógico, sobre el aborto, que limitó en 2020 al suprimir la excepción por motivos de salud que había justificado la mayoría de los abortos. La historia del aborto en Polonia resulta, una vez más, muy extraña para quien no es polaco. Cuando estuve en Polonia a mediados de la década de 1990, el país tenía tanto la tasa per cápita más alta del mundo de asistencia a la iglesia católica como, posiblemente, la tasa per cápita más alta del mundo de abortos. Se trata de un tema complejo que dejaremos para otro momento.
4) Como es habitual en Polonia, ambas partes se muestran totalmente irrazonables. En estos momentos, Polonia cuenta con un presidente del PiS (derecha nacionalista), el señor Nawrocki, frente a un primer ministro de la Coalición Cívica (derecha), el señor Tusk. El problema de larga data con el Tribunal Constitucional es que sus miembros deben ser nombrados por el Sejm, pero jurar su cargo ante el presidente. Cuando ninguno de los dos está dispuesto a ceder —como suele ocurrir—, esto ha dado lugar a un estancamiento tras otro.
La crisis inmediata comenzó el 30 de octubre de 2026, cuando la jueza Anna Korwin-Piotrowska —elegida por la actual mayoría del Sejm, pero que nunca había prestado juramento ante Nawrocki— ordenó la suspensión del presidente del Tribunal, Bogdan Święczkowski (nombrado por el PiS), y se autoproclamó al frente del mismo. El Gobierno de Tusk desplegó entonces a la policía antidisturbios para asegurar el edificio en apoyo a su iniciativa; Nawrocki abandonó un viaje a Senegal para regresar, y los partidarios del PiS se congregaron en el exterior. Cada bando acusó al otro de dar un golpe de Estado.
El conflicto se remonta a 2015, pero todos los relatos de los medios de comunicación tradicionales que he visto ofrecen una versión errónea de cómo comenzó.
En 2015, el Gobierno de derecha de la Plataforma Cívica —predecesor directo de la coalición de Tusk— sabía que estaba perdiendo el poder. Por ello, intentó copar el Tribunal Constitucional. Nombró a cinco nuevos jueces. El mandato de tres de ellos vencía justo antes de que la Plataforma Cívica dejara el poder, pero también aprobó una ley que le permitía nombrar por adelantado a otros dos jueces cuyos mandatos vencerían bajo el gobierno entrante del PiS. De este modo, la Plataforma Cívica intentó nombrar a cinco nuevos jueces, con el fin de limitar el alcance del Sejm y la Presidencia del PiS entrantes.
El nuevo gobierno del PiS intentó inmediatamente anular el nombramiento de los cinco nuevos jueces y nombrar a sus propios jueces en su lugar. Se trataba, en efecto, de una medida de dudosa legalidad. Pero, en realidad, se trató de una reacción ante una acción profundamente antidemocrática de la Plataforma Cívica para llenar el tribunal con sus propios partidarios al abandonar el poder, lo cual, aunque pudiera haber sido legal, resultó indignante.
El propio Tribunal Constitucional decidió finalmente que los tres primeros jueces de la Plataforma Cívica habían sido nombrados legítimamente, y que los dos siguientes jueces de la Plataforma Cívica, cuyos nombramientos deberían haber vencido fuera del mandato de ese Sejm, no eran legítimos. Por lo tanto, también aprobaron a dos de los jueces del PiS.
Se trató de una decisión obviamente acertada sobre la que los políticos habían sido incapaces de ponerse de acuerdo. Pero fue la Plataforma Cívica, y no el PiS, quien intentó primero manipular el tribunal, un punto que se ha tergiversado por completo en los actuales relatos de los medios de comunicación tradicionales y por parte de la Comisión Europea.
Posteriormente, el PiS introdujo nuevos cambios en la composición y las competencias del Tribunal Constitucional, que fueron declarados ilegales por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el órgano judicial de la Unión Europea.

5) La UE se encuentra en el centro de la división. El propio Donald Tusk ha intentado presentar el conflicto de esta manera. Su discurso a la nación tras su golpe de Estado se pronunció ante una profusión de banderas polacas y de la UE. Durante los dos días anteriores había afirmado en repetidas ocasiones que el PiS pretendía sacar a Polonia de la Unión Europea. El PiS replica que Donald Tusk desea adherirse al euro, al Banco Central Europeo y transferir las reservas de oro de Polonia a la UE (algo que el Tribunal Constitucional anterior al golpe de Estado trataría de impedir).
Ambas partes tienen razón en cierto modo. A Donald Tusk le gustaría adherirse al euro, y así lo ha manifestado con frecuencia en el pasado —aunque la adhesión al euro no implica, en realidad, la transferencia de las sustanciales reservas de oro de Polonia—. Al PiS le gustaría abandonar la UE. Pero ninguna de las partes tiene actualmente su deseo íntimo como objetivo oficial declarado, ya que ambas posturas son impopulares.
El asesor principal del presidente del PiS, Nawrocki, en asuntos de la UE es Jacek Saryusz-Wolski, un hombre con el que trabajé estrechamente durante la adhesión de Polonia a la UE. Durante décadas, tanto en el Parlamento nacional como en el Europeo, fue el rostro del entusiasmo polaco por la UE. Sin embargo, Saryusz-Wolski se encuentra ahora profundamente desilusionado, ya que la UE de von der Leyen, Merz, Macron y Kallas no es el organismo con el que soñaba. Considera que la UE actual es profundamente antidemocrática y autoritaria. En resumen, ha experimentado exactamente la misma transformación en sus opiniones sobre la UE que yo.
La UE se consideraba fundamental para la identidad nacionalista polaca porque garantizaba la independencia de Polonia, algo esencial dada la traumática historia de ocupación y dominación extranjera de este país. La adhesión a la UE dio lugar a dos décadas de un crecimiento económico excepcional. Sin embargo, con el tiempo, una serie de factores han erosionado el brillo de la UE. Entre ellos se encuentran el temor a la dominación alemana, el liberalismo social de la UE y la naturaleza antidemocrática de sus instituciones.
Cuando conocía a ellos en aquellos tiempos, me habría parecido imposible que Jacek Sarusz-Wolski formara parte de una derecha nacionalista euroescéptica, mientras que Radek Sikorski se situara en una derecha eurofílica opuesta. En aquel entonces, la situación era claramente la contraria. Para comprender este cambio de lealtades, es necesario tener en cuenta algo que los medios de comunicación tradicionales occidentales ignoran alegremente: la importancia fundamental de Ucrania en los acontecimientos actuales de Polonia.
6) Ucrania es fundamental en este contexto. En pocas palabras, la derecha nacionalista está harta de Zelensky, mientras que Tusk es un devoto de la línea belicista de von der Leyen, Kallas y Merz.
Para los británicos, Ucrania es otro «país lejano del que no sabemos nada». Para los polacos es un país vecino, del que, de hecho, saben muchísimo. Polonia acoge probablemente a más refugiados ucranianos que cualquier otro Estado, tanto en cifras absolutas como per cápita. Parte de la antipatía de la derecha nacionalista se debe al resentimiento contra los inmigrantes.
Pero Ucrania es, en realidad, un Estado extremadamente corrupto, y los polacos lo comprenden muy bien. Los polacos contribuyen a las enormes sumas que la UE ha inyectado en el régimen de Zelensky, y también ven de cerca cómo figuras alineadas con el régimen ucraniano, a bordo de supercoches, adquieren propiedades de lujo. Los ucranianos son los mayores compradores extranjeros de inmuebles en Polonia. Esto es simplemente cierto.
El ministro de Asuntos Exteriores, Radek Sikorski, acabó posicionándose del lado de la Coalición Cívica, ya que su lealtad principal es, y siempre ha sido, hacia la OTAN, como corresponde a un miembro del Club Bullingdon y esposo de la enloquecida rusófoba Anne Applebaum.
Una combinación de acontecimientos en Ucrania y la llegada del presidente Nawrocki han provocado un giro de la derecha nacionalista hacia una postura mucho más escéptica respecto a Ucrania. Nawrocki pertenece a una generación más joven de políticos: tiene 43 años y solo tenía 15 cuando yo me fui de Polonia. Sin embargo, toda su carrera profesional antes de convertirse en presidente estuvo vinculada a la conmemoración de la Segunda Guerra Mundial.
A Zelensky se le había concedido la máxima condecoración de Polonia: la Orden del Águila Blanca. Nawrocki anuló la condecoración y obligó a Zelensky a devolverla, debido a que las autoridades ucranianas conmemoraban a figuras y unidades aliadas de los nazis que habían participado en las masacres de polacos durante la Segunda Guerra Mundial. Otros altos cargos ucranianos también devolvieron sus condecoraciones polacas. Se trata de una ruptura diplomática bastante sorprendente, de la que se ha informado muy poco en Occidente.

La producción televisiva ucraniana más prestigiosa en estos momentos es «Leones Alados», una serie sobre la División de Galicia, que se formó durante la Primera Guerra Mundial para luchar principalmente contra Polonia. Esta no solo combatió sobre el terreno contra Polonia como segundo frente en la guerra nacional decisiva de Polonia contra la Unión Soviética en 1921, sino que también fue la predecesora de la Brigada de Galicia de las Waffen SS —cuya conmemoración continuada constituye una herida abierta entre ambos países—.
Para colmo, la serie se rueda en la antigua gran ciudad polaca de Lvov.
Naturalmente, en tiempos de guerra, el nacionalismo ucraniano se desata, y su falta de sensibilidad y —a ojos de los polacos— su ingratitud hacia los sentimientos polacos constituyen un verdadero problema.
Polonia es, en sí misma, un Estado traumatizado. Los polacos perdieron por completo su Estado en el siglo XVIII. Los Estados polacos resurgieron en ocasiones bajo el dominio francés y soviético; pero, en términos generales, acepto que, salvo entre 1919 y 1939, no se restableció un Estado polaco verdaderamente soberano hasta la década de 1990.
A ello hay que añadir el hecho de que, hasta 1946, Ucrania Occidental formaba parte de Polonia y era parte integrante de la identidad polaca. Lvov era un importante centro de la arquitectura y la cultura polacas. Es difícil encontrar un símil adecuado, pero para los polacos es como si Canterbury y Norwich, Kent y East Anglia, les hubieran sido arrebatadas a los ingleses por Francia en la década de 1940.
No existe ningún movimiento serio para reabrir las cuestiones fronterizas, sobre todo porque gran parte de Polonia perteneció a Alemania hasta 1946. Pero el hecho de que las zonas de Polonia donde los ucranianos masacraron a decenas de miles de civiles polacos sean ahora territorio ucraniano tiene, naturalmente, un impacto en la psique polaca.
7) Se trató de un intento de golpe de Estado. Esa es una descripción acertada. La víspera de Todos los Santos es una festividad de gran envergadura en Polonia. La gente acude a las tumbas de sus antepasados y enciende velas en faroles de cristal rojo, manteniendo una vigilia. Las familias abandonan las ciudades y regresan a los pueblos de sus antepasados para hacerlo. Se trata de una festividad oficial de la Iglesia católica, por lo que, naturalmente, son desproporcionadamente los simpatizantes del PiS quienes participan en ella. Elegir el viernes, un día antes de la víspera de Todos los Santos, para actuar físicamente contra el Tribunal Constitucional fue claramente una elección táctica deliberada, cuando cabía esperar la menor resistencia.
También cuenta con el ingrediente clásico de un golpe de Estado: el hecho de que el presidente Nawrocki acabara de abandonar el país en visita oficial.
La determinación de Nawrocki al dar la vuelta al avión presidencial y regresar a Varsovia, abriéndose paso a la fuerza a través del cordón de la policía antidisturbios que rodeaba el Tribunal Constitucional, ha cambiado la situación sobre el terreno a su favor.
Existe la confusión que rodea a los acontecimientos muy controvertidos en tiempo real. Se afirma ampliamente que Tusk intentó impedir que se autorizara el aterrizaje del avión de Nawrocki en el aeropuerto de Varsovia. Aún es difícil juzgar si esto es cierto.
También se afirma ampliamente que gran parte de la policía antidisturbios que Tusk desplegó alrededor del Tribunal Constitucional no llevaba números de identificación y no hablaba polaco. No me inclino a descartar esto sin más, ya que hay numerosos testimonios de testigos presenciales, incluidos los de diputados polacos y eurodiputados.
Las imágenes que han circulado ampliamente y que supuestamente muestran convoyes de la policía alemana en territorio polaco son objeto de acalorada controversia. Una vez más, es posible que se necesite algo de tiempo para determinar la verdad.
Lo que sí parece altamente probable es que la Comisión Europea tuviera conocimiento previo del golpe, ya que la rapidez con la que intervino para respaldar la toma del Tribunal Constitucional por parte de Tusk y Pietrowska fue notable, dada la complejidad de la situación. Personalmente, no veo ningún argumento en absoluto que justifique que la actuación de Pietrowska fuera legal.
8) Espero que todo esto se vaya apagando. Puede parecer la ruptura más grave, pero conozco a muchas de estas personas y todas se conocen entre sí. El resentimiento no llega a afectar en profundidad a las relaciones personales.
Probablemente, Tusk esperaba hacerse con el control de las calles gracias a su policía antidisturbios y a que sus seguidores son, en su mayoría, urbanitas. Una proporción mucho mayor de la población polaca vive en zonas rurales de lo que es habitual en Occidente, y ahí es donde reside la fuerza del PiS. Por lo tanto, a la derecha nacionalista le resulta mucho más difícil movilizar rápidamente a una multitud urbana que a la derecha de Tusk, incluso cuando no es la víspera de Todos los Santos.
Sin embargo, los partidarios del PiS sí salieron a enfrentarse a la policía antidisturbios, mientras que se ha notado una clara ausencia de gente que se echara a las calles para apoyar a Tusk.
Hasta ahora, parece que la estrategia de Tusk ha fracasado estrepitosamente. Se encuentra en la situación de dar la impresión de haber intentado utilizar la fuerza física y la policía antidisturbios contra el Tribunal y el presidente, en nombre de von der Leyen, Merz y los intereses de la UE, que son sinónimo de Alemania.
Los vídeos de los convoyes policiales alemanes refuerzan esta impresión, independientemente de si realmente se encuentran en Polonia o no. Las extraordinarias imágenes de la policía el Día de Todos los Santos llevándose esposado, desde la tumba de su hijo de dos años, al marido de la popular periodista de la derecha nacionalista Danuta Holecka, son una imagen que perseguirá el futuro de Tusk. Nada podría resultar más impactante para la sensibilidad polaca. La explicación oficial de que se trataba de una infracción de tráfico resulta extraordinaria. Por supuesto, podría haber sido simplemente un hecho apolítico que coincidió con los acontecimientos de la capital, pero el daño ya está hecho (y, de todos modos, lo dudo).

La sentencia del Tribunal Constitucional de 2020 sobre el aborto se ha aplicado como ley en Polonia, independientemente de quién haya estado en el poder y de lo que hayan dicho el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Así pues, a pesar de todas las disputas, no es una institución inoperante.
Veremos cómo se desarrolla esta lucha por el poder. Mi previsión es que la situación se calme, que haya investigaciones prolongadas, pero que nadie vaya a la cárcel. Sí espero que Tusk, la UE y Zelensky salgan debilitados de todo esto, y ha sido un buen fin de semana para el PiS.
Cuando estuve en Polonia, me sumergí en su cultura y su idioma, y pasé tiempo en todas y cada una de las regiones. Había aprendido el polaco, entre otros lugares, en la Universidad Católica de Lublin y en Sopot. Creo que fui el único diplomático occidental que predijo correctamente que Kwaśniewski derrotaría a Wałęsa en las elecciones de 1996. Mi embajador envió un telegrama urgente a Londres para desmentir mi informe final de campaña, ya que en él se afirmaba que Kwaśniewski ganaría. Yo lo sabía, porque poseía un conocimiento real de la Polonia provincial del que carecían otros diplomáticos occidentales centrados en Varsovia.
Sin embargo, aunque siento un profundo amor por Polonia y su pueblo, rara vez escribo sobre su política o sus políticos, ya que, francamente, ambos me resultan exasperantes. La política polaca está compuesta casi en su totalidad por hombres irracionales con opiniones absurdas que se gritan unos a otros sobre cuestiones tangenciales a sus verdaderos desacuerdos. Espero que mi explicación de los acontecimientos actuales le resulte útil para formarse su propia opinión al respecto.
3. Un país solo interesado en el consumismo.
Sobre las elecciones de mitad de legislatura que se celebran hoy en EEUU y que tanta importancia parecen tener, esta es la opinión de Scott Ritter.
https://rt-english.com/news/648249-scott-ritter-us-midterms/
Scott Ritter: Lo que revelan las elecciones de mitad de legislatura sobre Estados Unidos
Los resultados electorales ponen de manifiesto que la población no está dispuesta a despojarse del velo del exceso consumista ni a luchar por la conciencia y la renovación nacional
Publicado el 2 de noviembre de 2026
Las elecciones de mitad de mandato del martes se ciernen sobre las cabezas de los votantes estadounidenses como la espada de un verdugo: a mitad del segundo mandato del presidente Donald Trump, estas elecciones no son simplemente un referéndum sobre el estado de la Unión, sino, y quizá lo más importante, una audiencia sobre el destino del propio presidente.
Los dos primeros años de la gira de regreso de Donald Trump no han transcurrido en absoluto como se les hizo creer a los estadounidenses que le votaron hace dos años. Se les prometió el fin de las guerras interminables en Oriente Medio; sin embargo, Estados Unidos se encuentra enzarzado en una guerra interminable en Oriente Medio que, claramente, no era necesario librar y que, lo que es quizás peor desde la perspectiva de la psique del votante estadounidense, es una guerra que Estados Unidos está perdiendo estrepitosamente.
Las aventuras militares fallidas en Oriente Medio y el suroeste de Asia han sido una constante en la experiencia estadounidense durante las últimas tres décadas, y las elecciones —especialmente las de mitad de legislatura, en las que el nombre del presidente no figura en las papeletas— no suelen girar en torno a cuestiones de política exterior o seguridad nacional, sino más bien a asuntos locales: la agenda nacional, por así decirlo. Y no hay mejor barómetro para una sociedad impulsada por el consumo como la de EE. UU. del éxito o el fracaso de una agenda nacional que la salud económica del país. La eterna pregunta: «¿Está usted mejor hoy que hace dos años?», está en boca de todos, y la respuesta debería helar la sangre a todo partidario de Trump que analice las encuestas como si fueran un electrocardiograma, buscando desesperadamente indicios de vida política viable: los estadounidenses, sin duda alguna, no lo están.
«Es la economía, estúpido» es un famoso aforismo político estadounidense atribuido a James Carville, un estratega demócrata que ayudó a dirigir la exitosa campaña de Bill Clinton a la presidencia de EE. UU. en 1992. Es una afirmación tan válida hoy como lo era hace 34 años, algo que Donald Trump y sus seguidores parecen haber olvidado. «Sufrimiento a corto plazo para obtener beneficios a largo plazo» se ha convertido en la respuesta de Trump a las sabias palabras de Carville, un reflejo del precio que los estadounidenses están pagando en las gasolineras al repostar gasolina en sus coches o diesel en sus camiones.
Estados Unidos es una nación definida en gran medida por la industria automovilística: cuando Bruce Springsteen entona a pleno pulmón la estrofa inicial de «Racing in the Streets» («Tengo un Chevy del 69 con un motor de 3,96, culatas Fuelie y una palanca Hurst en el suelo»), no hay ningún hombre entre nosotros que no pueda cerrar los ojos e imaginar el vehículo tal y como se describe. Ya sea cantando junto a Bobby Troupe sobre cómo nos lo pasamos «en la Ruta 66» (la emblemática carretera estadounidense que unía Chicago con Los Ángeles), o asintiendo con complicidad ante el título del clásico álbum de Bob Dylan «Highway 61 Revisited» (que toma su nombre del tramo de hormigón y asfalto que une Minneapolis con Nueva Orleans, famoso por ser la «Blues Highway» y que sirvió de refugio a los Freedom Riders del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos), la red de autopistas estadounidenses y los vehículos que las recorren han definido las esperanzas y los sueños de sucesivas generaciones de estadounidenses. Pero cuando el aumento de los precios de la gasolina merma el escaso margen de comodidad que la mayoría de los sueldos estadounidenses proporcionan al final de un duro mes de trabajo, y la subida vertiginosa de los precios del diesel eleva el coste del transporte hasta tal punto que también aumentan los precios de aquello que define la calidad de vida estadounidense —alimentos, productos electrónicos, ropa—, el estilo de vida estadounidense se vuelve insostenible y el pueblo estadounidense comienza a buscar a alguien a quien culpar.
Y ese alguien suele ser el hombre cuyo escritorio, como es bien sabido, lucía en su día un letrero en el que se leía «La responsabilidad recae aquí».
«Es la economía, estúpido» es una triste condena de en lo que se han convertido Estados Unidos y, por extensión, los estadounidenses: una tierra de individuos orientados al consumo que hace mucho tiempo abandonaron cualquier noción del tipo de ciudadanía colectiva que en su día sirvió de cimiento a la nación conocida como los Estados Unidos de América. Este mantra revela una cruda verdad sobre el pueblo estadounidense: mientras los políticos los mantengan envueltos en un capullo de aparente comodidad, donde se les hace creer que pueden dejarse llevar de un día para otro sumergidos en un mar de excesos consumistas, el pueblo estadounidense hará caso omiso de prácticamente cualquier cosa, independientemente de lo que ello diga de ellos como pueblo.
Ignoramos el hecho de que nuestro estilo de vida se sustenta sobre un sistema colonial disfrazado de «orden internacional basado en normas», que, para proporcionar al consumidor estadounidense los bienes que ansía, exige que la industria estadounidense adquiera recursos a precios muy por debajo del valor justo de mercado. Esto da lugar al tipo de relaciones económicas explotadoras que generan trabajo infantil en África para extraer los minerales de tierras raras que nos proporcionan los teléfonos inteligentes en torno a los cuales gira nuestra cultura, o las fábricas con condiciones laborales abusivas de Asia que confeccionan la ropa con la que nos vestimos y los zapatos con los que desfilamos como si estuviéramos en un desfile.
Ignoramos el hecho de que nuestra economía funciona sobre una base de deuda que resultaría insostenible para cualquier sistema económico racional, pero que se mantiene con vida gracias a la impresión de dinero, cuya única esperanza de viabilidad es mantener su estatus como moneda de reserva mundial, mientras que, al mismo tiempo, el Gobierno de EE. UU. trata de aprovechar este estatus de reserva para chantajear e intimidar a las naciones con el fin de que mantengan su condición de colonias económicas estadounidenses.
En nuestra codiciosa adhesión al consumismo personal y a la falsa prosperidad que este genera, hacemos la vista gorda ante la codicia corporativa que ha provocado que la riqueza personal de nuestra nación se concentre exclusivamente en el 1 % más rico, mientras que el resto de nosotros nos revolcamos en un pantano que nos hemos convencido de que es un paraíso.
¿Cuán potente es el narcótico de la codicia y la avaricia?
Lo suficientemente potente como para que los estadounidenses ignoren a un presidente que vende acceso a sus publicaciones en redes sociales, de modo que quienes buscan lucrarse con sus efectos manipuladores (que han asumido el papel de instrumentos de política declarativa), o el empoderamiento de amigos y familiares para llevar a cabo la diplomacia nacional como poco más que una fachada para el enriquecimiento del círculo íntimo del presidente.
Lo suficientemente potente como para que los estadounidenses hagan la vista gorda ante la facilitación del genocidio del pueblo palestino por parte de Israel, el «amigo y aliado» de Estados Unidos.
Lo suficientemente potente como para permitir que ese mismo «amigo y aliado» nos arrastre a un desastre militar en Oriente Medio, donde nuestros líderes cometieron un acto de perfidia como preludio de una guerra ilegal de agresión que, sencillamente, nunca debería haberse planteado, y mucho menos librado.
Lo suficientemente fuerte como para ignorar verdades históricas al apoyar a la descendencia llena de odio del régimen nazi alemán de Adolf Hitler, en la forma de nacionalistas ucranianos que abrazan la odiosa ideología de Stepan Bandera, todo ello en apoyo de una rusofobia desenfrenada que nos ha llevado a dar la espalda al aliado que hizo posible la derrota de la Alemania nazi.
Mientras el espíritu estadounidense se vea lubricado por la riqueza aparente y la fantasía de comodidad que esta proporciona, la brújula moral estadounidense —que en su día se guió por los ideales y valores consagrados en una Constitución abandonada hace tiempo por quienes gobiernan y por quienes les otorgan poder a través de su voto— ya no podrá hacer frente al mal.
Estamos colectivamente muertos como seres humanos, somos zombis económicos infectados por la codicia y todo lo que acompaña a esta aflicción.
Por eso «Es la economía, estúpido» es más que una advertencia política. Es el epitafio de una nación.
El pueblo estadounidense acudirá mañana a las urnas y votará. Votará en función de su bolsillo. Lo que significa que será un mal día para Donald Trump y para quienes han abrazado y facilitado sus políticas fallidas.
Pero no votarán con su conciencia. Lo que significa que la espada del verdugo no se detendrá, sea cual sea el resultado.
Sus votos no resolverán nada, porque pretenden resolver un problema que no se ha definido con precisión.
El elevado precio del combustible y el consiguiente aumento del coste de la vida para el estadounidense medio han hecho estallar el capullo de comodidad en el que nos hemos envuelto durante demasiado tiempo.
Mañana deberíamos votar para liberarnos del efecto narcótico de este capullo. En cambio, la mayoría de los estadounidenses votarán a favor de volver a poner el capullo en orden. Y esto supondrá una condena, no para el presidente Trump, sino para nosotros mismos.
4. La rebelión de los jóvenes europeos.
La visión de Fazi sobre las movilizaciones en toda Europa -¡Hasta en Suiza!-. Cree que la causa es bien simple: son una generación sin futuro.
https://unherd.com/2026/11/why-europes-kids-are-revolting/?edition=us
Por qué se están rebelando los jóvenes europeos: el sistema no los salvará
Thomas Fazi
1 de noviembre de 2026
En toda Europa, los jóvenes se están rebelando. Las protestas estudiantiles en Francia han acaparado la mayor parte de la atención, sobre todo debido a la violencia en la que degeneraron, con disturbios, saqueos e incendios de edificios públicos. Pero en las últimas semanas los jóvenes también han salido a las calles en otros muchos países, en algunos casos de forma violenta: en Italia, España, Portugal, Bélgica, Grecia, Irlanda, Alemania, Austria y otros lugares. Mientras tanto, en Serbia, un movimiento estudiantil que pasó dos años en las calles acaba de ganar unas elecciones generales, poniendo fin al largo mandato de Aleksandar Vučić.
Los motivos pueden variar —la educación en Francia y Bélgica, la vivienda en España y Portugal, el coste de la vida en Italia, la corrupción y una combinación de todo lo anterior en Serbia—, pero la raíz es la misma. Se trata de las protestas de una generación que cree que le han robado su futuro. Es una conclusión difícil de rebatir. El contrato social que conocieron sus padres —trabaja duro y, como mínimo, te asegurarás un hogar, podrás mantener a una familia y vivirás mejor que quienes te precedieron— se ha derrumbado. Para muchos jóvenes europeos sin patrimonio heredado, la vida adulta significa ir a la deriva de un empleo precario a otro, ganando apenas lo suficiente para cubrir el coste del alquiler y la compra, por no hablar de formar una familia. Eso, si es que llegan a encontrar trabajo. Mientras tanto, han visto cómo las instituciones que se suponía que debían darles un punto de partida en la vida y amortiguar sus golpes —colegios, universidades, servicios sanitarios y de juventud— se han ido marchitando bajo el peso de la austeridad y la privatización.
No cabe duda de que los jóvenes han soportado de forma abrumadora el peso de las políticas neoliberales aplicadas durante las últimas décadas. Es ampliamente reconocido que el neoliberalismo ha llevado la desigualdad a nuevas cotas; lo que se suele pasar por alto es que esta desigualdad se traza cada vez más a lo largo de líneas generacionales. El analista geopolítico Arnaud Bertrand compartió recientemente en X unas estadísticas bastante extraordinarias sobre Francia: las personas mayores de 60 años —aproximadamente una cuarta parte de la población— poseen alrededor del 60 % de la riqueza nacional. Además, reciben casi dos tercios del gasto social total del Gobierno francés, en forma de pensiones que, según el sistema actual, son financiadas por las generaciones más jóvenes. Esta continua transferencia generacional de riqueza de abajo hacia arriba resulta aún más extraordinaria si se tiene en cuenta que el jubilado francés medio tiene ahora unos ingresos superiores a los del trabajador medio.
Sin embargo, aunque los manifestantes suelen enmarcar explícitamente sus reivindicaciones en términos generacionales —como ocurre de forma más evidente con el lema alemán «Gen Z regelt» (que se traduce aproximadamente como «La Generación Z se encarga de esto»)—, sus demandas no se formulan como reclamaciones contra los mayores. Este es, sin duda, el enfoque correcto. Culpar a la generación del baby boom sería un error. Simplemente tuvieron la suerte de crecer en una época de pleno empleo, vivienda asequible y pensiones dignas, y no hay nada escandaloso en que las sociedades que envejecen gasten más en las personas mayores. Además, gran parte de esa riqueza se concentra en manos de una pequeña minoría de baby boomers; no todas las personas mayores llevan una vida lujosa, por supuesto. En última instancia, el problema no es que las pensiones sean demasiado elevadas, sino que a los jóvenes se les niega lo que sus padres daban por sentado. La brecha generacional no es más que la forma en que una guerra de clases desde arriba, que se prolonga desde hace décadas, es vivida por quienes alcanzaron la mayoría de edad después de que los trabajadores ya la hubieran perdido, y quienes heredaron un régimen político-económico diseñado para transferir la riqueza hacia arriba. En Europa, ese régimen se ha incorporado a la propia arquitectura institucional —el euro, el Tratado de Maastricht, las normas fiscales—, que favorece sistemáticamente a los titulares de activos frente a los asalariados, y a los trabajadores consolidados frente a los recién incorporados.
Los mecanismos son bien conocidos. Una década de flexibilización cuantitativa infló el valor de los activos inmobiliarios y financieros en poder de las generaciones mayores, mientras que los salarios se estancaron, lo que impidió a los jóvenes acceder a la propiedad de la vivienda. Las reformas del mercado laboral —desde el paquete Treu y la «Jobs Act» de Italia hasta las leyes Hartz de Alemania y la ley El Khomri de Francia— preservaron la seguridad de quienes ya formaban parte del mercado laboral, mientras que condenaban a los recién llegados a un círculo vicioso de contratos temporales y cada vez más precarios en nombre de la «flexibilidad». A partir de 2010, la austeridad recayó de manera desproporcionada sobre la educación, los servicios para la juventud y la inversión pública. Las pensiones existentes quedaron en gran medida protegidas, mientras que las futuras se recortaron discretamente. Como resultado, en toda Europa ha aumentado el gasto público destinado a las personas mayores, mientras que la inversión pública se ha visto drásticamente reducida. Luego llegó la pandemia, que le costó a la Generación Z años de estudios, trabajo y vida social, seguida de un repunte de la inflación, agravado por una crisis energética que los líderes europeos se provocaron en gran medida a sí mismos.
Por si fuera poco, ahora se les dice a los jóvenes que acepten nuevos recortes y un deterioro de sus condiciones de vida para dar cabida al rearme y a una guerra de duración indefinida —para la cual, al parecer, siempre hay dinero—. Hace apenas unas semanas, mientras la policía francesa lanzaba gases lacrimógenos contra adolescentes, los líderes de la UE encargaron a la Comisión que encontrara otros 70 000 millones de euros para Ucrania en 2027, además de los 45 000 millones de euros ya destinados a tal fin. Las normas fiscales que nunca se flexibilizaron para las escuelas ni los hospitales se están eludiendo en favor de la defensa, mediante cláusulas de excepción nacionales y préstamos conjuntos para la adquisición de armamento. Y los jóvenes se han dado cuenta. Se les dice que no hay dinero para sus aulas, mientras que se encuentran nuevos miles de millones para una guerra sin un final a la vista —una guerra en la que, a medida que el servicio militar obligatorio vuelve a la agenda europea, es posible que incluso se les pida que luchen. En muchos países, los jóvenes están empezando a vincular explícitamente la crisis del coste de la vida con la campaña de rearme.
La verdadera pregunta, pues, no es por qué se están rebelando los jóvenes, sino por qué han tardado tanto en hacerlo. Las raíces económicas de estas protestas son innegables. Pero ¿son esa la única explicación? La mayoría de los comentaristas conservadores se han centrado, en cambio, en la presencia de jóvenes de segunda generación de origen árabe y africano, y en su papel protagonista en los actos de violencia y los saqueos, sobre todo en Francia, pero también en Italia. Para gran parte de la derecha, los disturbios no hacen más que confirmar lo que lleva años afirmando: que la inmigración masiva ha sido un desastre absoluto, que ha llenado las ciudades europeas de una clase marginada, en su mayoría musulmana, que no tiene ningún interés en integrarse y que, en la versión más cruda de este discurso, se presenta como empeñada en destruir el tejido mismo de la civilización occidental, en algunos casos con la ayuda de la «extrema izquierda». Las reivindicaciones de las protestas, abrumadoramente pacíficas, por su parte, pasan en gran medida desapercibidas.
Aquí hay una ironía. La derecha populista no se cansa nunca de quejarse de que un «establishment globalista» ha empobrecido y desindustrializado Europa. Sin embargo, cuando los jóvenes salen a la calle, a veces de forma violenta, contra ese mismo establishment y las consecuencias de sus políticas, no se atreve a creer que puedan tener motivos legítimos de queja. En cambio, asume instintivamente que alguien debe de estar moviendo los hilos: islamistas, Antifa, Mélenchon.
Por supuesto, es correcto distinguir entre las protestas pacíficas que exigen una reforma económica y los disturbios y saqueos que las acompañaron. Pero, ¿son realmente dos historias totalmente separadas? No cabe duda de que gran parte de los saqueos, tanto en Francia como en Italia, contó con una fuerte participación de la segunda generación procedente de las banlieues y de las periferias marginadas de las ciudades italianas, sin que se percibiera detrás de ello una ideología clara. Tampoco tiene sentido negar los costes de la inmigración masiva, desde la seguridad pública hasta la presión sobre los servicios públicos. Muchos de los implicados en la violencia actuaban claramente por oportunismo. Y el crecimiento de comunidades aisladas de distintos orígenes sociales y religiosos, que a menudo viven en condiciones de extrema exclusión, es sin duda una bomba de relojería social, una que ya ha causado graves daños a la cohesión social —y aquellos de la izquierda que niegan esta realidad tienen las miras tan estrechas como aquellos de la derecha que se obsesionan con ella excluyendo todo lo demás—.
Se podría ir más allá y argumentar que la inmigración masiva ha formado parte, en sí misma, de la ingeniería social neoliberal de las últimas décadas, sobre todo al crear una reserva de mano de obra barata. También se podría argumentar que los alborotadores que se desatan en manifestaciones pacíficas perjudican la propia causa de los manifestantes, ahogando sus reivindicaciones y proporcionando a las fuerzas de seguridad un pretexto para la represión. Incluso se ha afirmado que la policía francesa permitió deliberadamente que se produjeran los destrozos con el fin de justificar una represión masiva.
Todos estos son argumentos válidos. Pero plantean una pregunta obvia: ¿por qué los manifestantes que se rebelan contra el statu quo no dirigen su ira hacia ellos y, en cambio, a menudo marchan junto a ellos? ¿Están simplemente cegados por una ideología de izquierdas ingenua? ¿O hay algo más profundo en juego? Es más probable que vivan su lucha principalmente desde una perspectiva generacional, que trasciende las fronteras étnicas y, en cierta medida, las de clase. Esto parece mucho más convincente que la teoría «islamo-gauchiste», según la cual esta alianza interétnica no es en absoluto una solidaridad espontánea, sino algo orquestado por partidos de izquierda como «La France Insoumise», de Jean-Luc Mélenchon. Esto puede ser cierto hasta cierto punto en Francia, pero no se da en Italia, donde no existe un equivalente italiano de «La France Insoumise», ni una alianza comparable entre la izquierda y los votantes musulmanes, y, sin embargo, en las calles aparecieron las mismas multitudes heterogéneas que en otros lugares.
Sin embargo, reducir la violencia únicamente a su componente de segunda generación también resulta engañoso y demasiado reconfortante. Los jóvenes de origen europeo también han participado en ella. Entre las multitudes que recientemente provocaron disturbios en Milán había jóvenes cuyos padres habían nacido en Italia, junto a otros procedentes de familias inmigrantes. Por lo tanto, debemos preguntarnos hasta qué punto esta violencia es también una reacción ante un sistema que no ofrece ninguna vía para el cambio político. Esto no pretende justificarla. La violencia, en sí misma, no conduce a ninguna vía emancipadora. Pero no podemos eludir un hecho incómodo: un sistema cada vez más autoritario que se empeña activamente en bloquear cualquier cambio sistémico democrático, sin intermediarios sociales entre el poder y las masas, y sin fuerzas capaces de dar a la revuelta una dirección y un contenido político, de situarla bajo la idea rectora de la emancipación social, está abocado a generar violencia. Y luego está la despiadada aritmética generacional: los jóvenes son una minoría en todas las sociedades europeas. No pueden ganar elecciones con un programa generacional.
Pero la violencia —y especialmente los saqueos indiscriminados— también expresa un malestar más profundo, que va más allá de lo económico. Refleja el vacío nihilista en el que se han hundido las sociedades occidentales: cuando el individualismo, la falta de sentido, la ansiedad y la desesperación se convierten en la norma, no debería sorprendernos que el resultado sea una depresión colectiva o la ira. En una época de decadencia moral en todos los niveles de las sociedades occidentales, especialmente entre sus élites políticas y empresariales —que sistemáticamente muestran escaso respeto tanto por la vida humana como por la propiedad (ajena)—, ¿no resulta un tanto ilusorio esperar que los más jóvenes y desfavorecidos se rijan por un nivel moral más elevado que el de sus gobernantes?
Al escribir sobre los disturbios ocurridos en Inglaterra en 2011, el psicólogo social alemán Götz Eisenberg describió a los jóvenes como la «generación excedente»: una generación de la que la sociedad ya no necesita, cuya mano de obra es prescindible, privada de la oportunidad de labrarse una vida independiente mediante sus propios esfuerzos, pero constantemente deslumbrada por la promesa de la autorrealización a través del consumo, un estado que está cada vez más fuera de su alcance. Quince años después, su diagnóstico es más pertinente que nunca —y, de hecho, Gran Bretaña sigue siendo un polvorín social que podría volver a estallar en cualquier momento—. La violencia no es la solución a los problemas sociales, pero tampoco surge de la nada. Cuando el poder político y económico se ha vuelto anónimo, la ira se vuelve contra los símbolos más cercanos, como una tienda de Louis Vuitton. Se puede romper el escaparate de una tienda; los mercados financieros y la austeridad, no.
Dicho esto, no debemos cometer el error de dar por sentado que los manifestantes representan a toda una generación. La misma generación que llena las calles también vota, en número cada vez mayor, a la derecha antiinmigración. En las elecciones francesas de 2024, un tercio de los menores de 25 años respaldó al Rassemblement National; en Alemania, el año pasado, más de una cuarta parte de los jóvenes votó a la AfD. La ira contra el establishment es la misma, pero se canaliza en la dirección política opuesta. La cuestión es si los políticos europeos, ya sean los actuales gobernantes o sus rivales «populistas», tienen alguna respuesta real.
Abordar las reivindicaciones de los manifestantes requeriría un cambio sistémico: mayor inversión pública en educación y vivienda, salarios más altos, puestos de trabajo más seguros, redistribución económica (centrada en quienes realmente acaparan la riqueza, no en los pensionistas en general) y una política energética racional, lo que a su vez exigiría un cambio radical en el paradigma geopolítico. Sin embargo, resulta difícil imaginar cómo podría lograrse todo esto dentro de la actual arquitectura de la UE y la OTAN, a la que ningún partido importante parece dispuesto a desafiar. Mientras tanto, la idea de que el problema de la juventud alienada de segunda generación pueda resolverse mediante una represión aún más severa —o tal vez incluso mediante la «remigración»— no es más que una fantasía.
La cuestión, pues, es si los jóvenes de Europa pueden replicar lo que ocurrió en Serbia. Se trata de un país que se enfrenta a una situación demográfica muy similar —una población que envejece y se reduce—, y, sin embargo, su movimiento estudiantil logró construir una plataforma que obtuvo apoyo de todas las generaciones, en parte al rechazar la ideología tradicional y unificarse en torno a un mensaje sencillo y no partidista a favor del cambio. Resulta irónico que hoy en día esto parezca más difícil de lograr en el Occidente «liberal-democrático» que en un país al que se suele calificar de autoritario.
5. Más sobre el triunfo de los estudiantes serbios.
Hablando de rebeliones juveniles, se le sigue dando vueltas a la sorprendente victoria del movimiento estudiantil en Serbia. Entre los que he leído, os paso un par más de artículos sobre el tema que me han parecido interesantes.
La victoria estudiantil en Serbia y los límites de la transición
por Geraldina Colotti
El triunfo de la Studentska lista: el primer capítulo de una contienda mucho más profunda
Las crónicas de la prensa burguesa internacional se han apresurado a utilizar sus habituales esquemas conceptuales para explicar la jornada electoral del 25 de octubre en la República de Serbia. Para las cancillerías occidentales y los grandes conglomerados mediáticos, el claro triunfo de la Studentska lista (Lista de los Estudiantes) —que obtuvo más del 52 % de los votos y una cómoda mayoría absoluta de 140 escaños en la Asamblea Nacional— representa una simple «revolución democrática» o la inevitable inclinación de una nación balcánica hacia el modelo de gobernanza de la Unión Europea. Esta interpretación pasa por alto deliberadamente las condiciones materiales de la lucha de clases, omite el origen de la protesta social y oculta los feroces intereses geopolíticos que se disputan la hegemonía en la península balcánica.
Conviene recordar las coordenadas básicas de este escenario: aunque Serbia se encuentra físicamente enclavada en el corazón del continente europeo, en la región estratégica de los Balcanes Occidentales, opera firmemente al margen de la arquitectura institucional de la Unión Europea y de la zona del euro, a pesar de que lleva años arrastrando la condición formal de país candidato. Esta periferia subordinada la convierte en un terreno de enfrentamiento disputado por el capital transnacional y las directrices de la OTAN, cuyo trasfondo histórico remite directamente al desmantelamiento programado de la antigua federación yugoslava.
Y cabe recordar también que la destrucción mediante la desintegración de la República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFSY), llevada a cabo mediante la agresión militar directa de la Alianza Atlántica a finales del siglo pasado, no fue un incidente geopolítico ni el resultado espontáneo de rencillas ancestrales, sino una contrarrevolución en toda regla.
Esa operación inauguró de manera ejemplar la doctrina imperialista del «caos controlado» tras la caída del bloque socialista: su objetivo deliberado fue demoler una economía basada en la propiedad social, erradicar la experiencia histórica de la autogestión obrera y aplicar la apisonadora de la privatización salvaje. La denominada «balcanización» se concibió como un mecanismo de dominación neocolonial destinado a fragmentar la región en repúblicas insignificantes, injustas e inhabitables, en conflicto entre sí y subordinadas a los centros de decisión de Washington y Bruselas.
En esta arquitectura de sumisión regional, los sucesivos gobiernos de Italia han desempeñado históricamente un papel de fieles ejecutores de la estrategia atlantista, secundando las operaciones de injerencia, saneando la degradación institucional de la zona a cambio de beneficios geopolíticos y consolidando una penetración económica que reduce a los pueblos vecinos a proveedores cautivos de mano de obra barata. El balance de esta restauración capitalista para la lucha de clases ha sido la aniquilación del internacionalismo partisano antifascista, sustituido por el veneno del chovinismo reaccionario. Sobre ese desierto de atomización social y precariedad laboral ha construido su poder el bonapartismo de Vučić, administrando la miseria con mano de hierro mientras agita los fantasmas nacionalistas.
Desde una perspectiva materialista, el colapso político de Aleksandar Vučić y de su Partido Progresista Serbio (SNS) no es un acontecimiento fortuito ni el resultado de un repentino idilio ideológico con el parlamentarismo liberal. Es la manifestación de una crisis de régimen acumulada, la quiebra objetiva del modelo bonapartista que ha gobernado Serbia durante catorce años gestionando las contradicciones entre los grandes bloques del capital imperialista.
Para comprender la raíz de este fenómeno, es necesario dirigir la mirada hacia la economía política de Serbia de la última década. Bajo la retórica de la «estabilidad nacional» y el «crecimiento económico», la formación social serbia se ha transformado en una reserva de mano de obra barata y en un enclave para la extracción de recursos naturales en beneficio de las corporaciones transnacionales. El régimen de Vučić ha actuado como un comité empresarial al servicio de los intereses de la oligarquía local y del capital extranjero, aplicando una política de desregulación medioambiental, privatización de los bienes comunes y extrema precariedad laboral.
El punto de ruptura de la paciencia histórica de las masas no fue un debate abstracto sobre las libertades formales, sino un crimen industrial manifiesto: el derrumbe de la marquesina de la estación de tren de Novi Sad, que el 1 de noviembre de 2024 se cobró la vida de dieciséis personas. La remodelación de dicha infraestructura, adjudicada de forma opaca y ejecutada sin las debidas garantías técnicas en el marco de concesiones corruptas, ha puesto de manifiesto ante la opinión pública la naturaleza del sistema: la búsqueda desenfrenada del beneficio privado a costa de la vida de la clase trabajadora.
La tragedia de Novi Sad ha desencadenado un proceso de movilización popular sin precedentes. Lo que comenzó con huelgas simbólicas de 16 minutos a escala nacional se transformó rápidamente en un movimiento de protesta liderado y respaldado por la juventud universitaria y de bachillerato. Mediante la ocupación de las facultades, la organización de asambleas de base y el bloqueo de las arterias viales, el movimiento estudiantil ha logrado conectar con el descontento de amplios sectores populares afectados por la inflación, la erosión de las pensiones y el deterioro de los servicios sanitarios y educativos. La Studentska lista no surgió en el salón de un partido político burgués, sino en las calles, concebida como un instrumento de autodefensa social frente a la impunidad estatal.
Con una participación electoral que rozó el 70 % —la cifra más alta registrada en más de veinte años—, los sectores populares han arrollado los tradicionales mecanismos de coacción y compra de votos del SNS. La derrota de Vučić, obligado a admitir públicamente el triunfo de la lista juvenil la misma noche del domingo, marca el fin de su proyecto de dominación hegemónica.
No obstante, es necesario evitar cualquier idealización del sujeto político emergente. La Studentska lista es un frente amplio, heterogéneo y socialmente contradictorio. En su seno conviven corrientes de la izquierda juvenil anticorrupción, sectores ecologistas contrarios a la extracción de litio, profesionales de la sanidad y del mundo académico —como el propio cabeza de lista, Ilija Srdanović—, pero también elementos con marcadas tendencias nacionalistas y conservadoras.
Esta naturaleza de formación «catch-all» ha resultado tácticamente eficaz para canalizar el voto de rechazo contra la «tiranía» del SNS, pero constituye su principal fragilidad ideológica en la fase de ejercicio del poder estatal. Al carecer de un programa de clase claramente definido y de una vanguardia revolucionaria con formación marxista, el movimiento está expuesto a dos desviaciones simétricas: el riesgo de una deriva tecnocrático-liberal y el repliegue chovinista. La tendencia a reducir la transformación social a una mera «limpieza institucional» o a una «gestión transparente» del Estado capitalista corre el riesgo de llevar a una aceptación acrítica de los parámetros del Fondo Monetario Internacional y de la disciplina fiscal impuesta por Bruselas. Existe, además, la tentación de ceder a las presiones de la derecha sociológica serbia en cuestiones como las relaciones con Kosovo o la República Srpska, utilizando la retórica nacionalista para enmascarar las diferencias de clase dentro del propio movimiento.
El aspecto más crítico de la victoria estudiantil se proyecta en el ámbito de las relaciones internacionales. Durante años, el bonapartismo de Vučić se ha sostenido gracias a un complejo juego de equilibrio geopolítico: declaraba la neutralidad militar de Serbia mientras vendía clandestinamente munición para la guerra en Ucrania, firmaba megacontratos de infraestructuras con Pekín y mantenía sólidas alianzas militares con el régimen sionista de «Israel».
Como señalaba acertadamente el analista y trabajador metalúrgico albanés Marjo Durmishi, uno de los rasgos más siniestros de la gestión saliente ha sido la progresiva «israelización» de las Fuerzas Armadas serbias y la conversión del país en un proveedor clave de material bélico para Tel Aviv. A pesar del genocidio perpetrado contra el pueblo palestino en Gaza y de la agresión al Líbano, las empresas estatales serbias han multiplicado por más de cuarenta las exportaciones de armas y municiones al régimen sionista, mientras que corporaciones israelíes como Elbit Systems lograban introducir sus sistemas de guerra electrónica y drones en los Balcanes.
¿Qué cabe esperar del nuevo Gobierno estudiantil ante esta trama criminal? El calendario institucional prevé la constitución de la Asamblea Nacional para mediados de noviembre y la formación del nuevo ejecutivo hacia el mes de diciembre. Al disponer de una mayoría absoluta de 140 escaños, la Studentska lista no necesita pactos de gobierno con la antigua casta política. Esta autonomía parlamentaria confiere a la formación el poder legal para cumplir su promesa electoral: someter a un control inmediato y transparente todos los contratos secretos del Estado, incluidos los acuerdos de cooperación militar y las licencias de exportación de armas.
Sin embargo, las presiones internacionales serán colosales. La diplomacia de Estados Unidos y de la Unión Europea ya ha comenzado a tejer sus redes para cooptar al nuevo ejecutivo. El objetivo atlantista es claro: subordinar definitivamente a Belgrado a la arquitectura de la OTAN, forzar su alineamiento con la política de sanciones contra la Federación Rusa y garantizar que el nuevo Gobierno no cuestione ni las concesiones mineras ni la compra de armamento a los monopolios de la industria bélica occidental.
La victoria de la juventud en Serbia demuestra que la apatía política no es una condición natural de las masas, sino el resultado del chantaje y de la falta de alternativas reales frente al dominio del capital. La destitución de Vučić mediante la movilización popular y las urnas supone un duro golpe para los modelos autoritarios y de extrema derecha que intentan arraigarse en el continente europeo.
A pesar de ello, el triunfo electoral no es más que el primer capítulo de una contienda mucho más profunda. La paradoja de este proceso radica en el hecho de que los estudiantes han logrado conquistar el Gobierno, pero no el poder del Estado, que permanece firmemente en manos de los grandes banqueros, las multinacionales extractivas y los mandos militares formados en la escuela de la doctrina de la seguridad nacional.
Para que la rebelión estudiantil de Belgrado no se disuelva en una decepción liberal ni sirva de tapadera para una restauración conservadora, resulta indispensable la rápida reorganización del sindicalismo de clase en las fábricas y en el campo de Serbia, así como la construcción de una coordinación internacionalista entre los pueblos de los Balcanes (y de toda Europa). Solo launidad entre la juventud combativa y la clase obrera organizada podrá transformar la victoria en las urnas en una alternativa real al imperialismo, al militarismo y a la explotación capitalista. La historia de los Balcanes ha vuelto a ponerse en marcha, y su desenlace dependerá de la fuerza que la lucha de clases sea capaz de manifestar en los próximos meses.
https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-victoria-del-movimiento-estudiantil-serbio/
La victoria del movimiento estudiantil serbio
Por Dragan Plavšić
La victoria de la Lista Estudiantil en las elecciones parlamentarias de Serbia es tremenda. En su primera aparición, obtuvo la mayoría, consiguiendo 140 de los 250 escaños previstos. El control del poder que el presidente autoritario Aleksandar Vučić ejerció durante 14 años, con la esperanza de acceder sin problemas al cargo de primer ministro y hacerse con el poder, ha sido derrocado decisivamente por un movimiento estudiantil de masas. Este movimiento, que surgió hace dos años tras el derrumbe de la marquesina de una estación de tren reconstruida que causó la muerte de 16 personas, obligó a un primer ministro a dimitir en 2025. Ahora ha forzado la dimisión del presidente.
Las movilizaciones desde 2024 han sido decididas e implacables. Aprovechando un profundo descontento popular no solo con Vučić, sino también con la oposición, han demostrado que un sistema político arraigado puede ser derrocado cuando las personas que han perdido la fe en la política convencional se organizan de forma independiente.
Pero, por tremenda que sea la victoria, plantea una cuestión crucial: ¿qué sucede cuando un movimiento construido sobre la base de la acción colectiva y la participación democrática se integra en las instituciones estatales? La respuesta ahora pende de un hilo: entre la posibilidad de una nueva fase progresista en la política serbia y el peligro de perder otra oportunidad. Mucho dependerá de si el movimiento se mantiene arraigado en las movilizaciones de masas que lo llevaron al poder, pero también de si logra vincularse con la revuelta social más amplia contra el neoliberalismo que se extiende actualmente por Europa.
De la tragedia a la revuelta.
El trágico derrumbe de la marquesina en noviembre de 2024 puso al descubierto la corrupción del gobierno de Vučić, su amiguismo y la subordinación de la rendición de cuentas a las conexiones económicas y políticas. La consiguiente ola de indignación fue liderada por estudiantes que exigían la publicación de los documentos relativos a la reconstrucción de la marquesina y el enjuiciamiento de los responsables.
Lo que comenzó como una exigencia de rendición de cuentas se convirtió rápidamente en una revuelta más amplia contra Vučić. Fundamentalmente, el movimiento no solo cuestionó los abusos individuales, sino también la premisa subyacente de que la falta de poder de la gente común sobre las instituciones que rigen sus vidas era inevitable.
Las ocupaciones universitarias, las manifestaciones, los bloqueos de carreteras y las concentraciones se extendieron por toda Serbia. Los estudiantes viajaron entre pueblos y aldeas, mostrando solidaridad con personas abandonadas desde hace tiempo por un sistema político demasiado acostumbrado a servir a los ricos y poderosos. Profesores, personal universitario, trabajadores y otros ciudadanos se unieron a ellos.
Los estudiantes se convirtieron en la fuerza movilizadora de la lucha. Su firme independencia de la oposición oficial y su compromiso con la deliberación y la toma de decisiones colectivas en los plenos universitarios fueron las principales fortalezas del movimiento.
La decisión de presentarse a las elecciones fue el siguiente paso en la lucha. El movimiento elaboró su propia lista electoral con candidatos procedentes de universidades y de la sociedad en general, nominados en asambleas universitarias y de facultades, donde fueron examinados colectivamente por los estudiantes antes de ser seleccionados. Ninguno de los candidatos era estudiante.
De hecho, la lista resultante de académicos, médicos, activistas y ciudadanos hasta entonces no alineados políticamente —entre ellos un exgobernador del Banco Nacional de Serbia y una antigua estrella del baloncesto— era bastante heterogénea. Si bien su fuerza reside en sus orígenes en un movimiento democrático de masas, su orientación política no está clara y, por lo tanto, es vulnerable a poderosas presiones, tanto internas como externas.
La decisión del movimiento de impugnar las elecciones era comprensible, dado que se trataba de un momento crucial para el régimen de Vučić. Sin embargo, las elecciones son un medio para impulsar las reivindicaciones de un movimiento, y no deben confundirse con un fin en sí mismas.
¿Una victoria contra el neoliberalismo?
Si bien la Lista Estudiantil surgió de las protestas contra la corrupción y prioriza el estado de derecho y la rendición de cuentas institucional, su programa también abordó problemas sociales cotidianos: limitar los contratos de trabajo temporales a 12 meses, reducir drásticamente el precio de los medicamentos esenciales, restablecer las clínicas médicas rurales y proporcionar libros de texto escolares gratuitos para todos los alumnos de primaria y secundaria.
Estas demandas llevaron al movimiento más allá de la reforma institucional, centrándose en las necesidades materiales de la gente común, a pesar de su modestia. Por ello, plantean una cuestión más amplia: ¿puede el cambio político desafiar las prioridades económicas que subyacen a las desigualdades e inseguridades que estas demandas pretenden abordar, en lugar de limitarse a cambiar quién gobierna?
Aquí, la lucha se conecta con la revuelta europea más amplia contra el neoliberalismo y su proyecto, que lleva décadas supeditando los servicios públicos y los derechos de los trabajadores a las prioridades del mercado, la competencia y la austeridad fiscal. Los gobiernos de todo el mundo afirman que los recursos son escasos y que el gasto público debe controlarse, pero las consecuencias recaen en todos los ámbitos: sobre los estudiantes que afrontan los elevados costes de la educación superior, los trabajadores que luchan por llegar a fin de mes, las familias que no pueden acceder a una vivienda y los empleados del sector público que deben hacer más por menos.
Un gobierno que destituye a Vučić pero deja estos problemas sin resolver corre el riesgo de decepcionar a quienes hicieron posible la victoria. Por eso, el poder en la sociedad no puede reducirse a quién ocupa un cargo ministerial.
Los acaudalados magnates serbios, sus redes de clientelismo y el papel de figuras influyentes en el aparato estatal no desaparecerán ahora que Vučić ha perdido el poder. Intentarán proteger sus intereses y presionar al nuevo gobierno por todos los medios, lícitos o ilícitos. Algunos se presentarán como indispensables para el buen funcionamiento del gobierno, mientras que otros argumentarán que la estabilidad económica exige concesiones constantes.
El peligro que esto conlleva es que la Lista Estudiantil se distancie cada vez más de las fuerzas sociales que hicieron posible su victoria, y que los representantes electorales consideren las negociaciones entre políticos, funcionarios y líderes empresariales como el principal escenario político. Mientras tanto, se alentará a la masa de personas cuya movilización los llevó al poder a quedarse en casa y esperar a que el nuevo gobierno cumpla sus promesas. Eso sería un grave error.
La fuerza democrática del movimiento residía en la acción colectiva de la gente, que examinaba a quienes decían representarlos y se negaba a aceptar que la política estuviera en manos de una élite profesional. Estos principios deben aplicarse tanto antes como después de las elecciones.
Los plenos universitarios no deben convertirse en meros actos ceremoniales y superficiales. El movimiento necesita mecanismos permanentes que permitan a estudiantes, trabajadores y comunidades debatir políticas, exigir responsabilidades a sus representantes y movilizarse cuando sea necesario. Los sindicatos independientes y la organización en el lugar de trabajo son especialmente importantes para garantizar mejoras en el nivel de vida frente a la resistencia de los empresarios y los intereses adinerados.
La democracia no puede significar simplemente cambiar a quienes están en el poder. Debe significar ampliar la capacidad de la gente común para influir en las decisiones que afectan sus vidas.
La Unión Europea no es un aliado.
La presión externa representa otro peligro significativo. La UE acogerá con satisfacción la derrota de Vučić, dadas las tensiones en las relaciones por sus vínculos con Rusia, en particular, a pesar de su afán por unirse al bloque. Si bien algunas instituciones y gobiernos de la UE han criticado los abusos democráticos en Serbia, esto no convierte a la UE en una defensora imparcial de la democracia popular.
Por el contrario, Bruselas tiene sus propios objetivos estratégicos. Desea fortalecer su papel en los Balcanes, asegurar la alineación geopolítica de Serbia y limitar la influencia rusa en la región. Una victoria de la Lista Estudiantil se interpretará como una oportunidad para integrar a Serbia de forma más decisiva en el bando occidental. Algunos miembros de la Lista Estudiantil estarán encantados, si no ansiosos, de contribuir a este cambio, como lo demostró el año pasado con la caravana ciclista estudiantil a Estrasburgo y la carrera de relevos a Bruselas para obtener el apoyo de la UE. Es probable que esto provoque divisiones en sus filas, por no hablar de las divisiones que se generarán en Serbia en general.
De hecho, la postura de la UE hacia Serbia ha puesto de manifiesto repetidamente las tensiones entre su declarado compromiso con los estándares democráticos y su disposición a congraciarse con los líderes políticos cuando estos sirven a los intereses estratégicos europeos. A pesar de las críticas a las controvertidas elecciones serbias de 2023, la UE y Alemania impulsaron una alianza estratégica con el gobierno de Vučić para asegurar los grandes yacimientos de litio de Serbia. En 2024, el canciller alemán Olaf Scholz visitó Belgrado cuando se formalizó el acuerdo, priorizando las necesidades industriales de Europa sobre la democracia serbia, a pesar de las multitudinarias manifestaciones contra el impacto ambiental del proyecto minero.
Por lo tanto, el nuevo gobierno se enfrentará a una presión considerable por parte de la UE para demostrar que la transformación política de Serbia también representa un realineamiento geopolítico. La asistencia financiera, la inversión, las negociaciones de adhesión y el reconocimiento diplomático se convertirán en instrumentos de influencia. Vučić ya ha afirmado que la Lista Estudiantil impondrá sanciones a Rusia por el caso de Ucrania. Algunos lo han negado explícitamente; otros se mantienen reticentes, lo que sugiere posibles divisiones profundas también sobre este tema.
Esto no justifica la defensa de Vučić ni el acercamiento a Moscú. Rusia, al igual que las potencias occidentales, persigue sus propios intereses. Serbia tampoco debería creer que la inversión china le ofrece una vía de escape de las presiones de la economía internacional. La cuestión es que sustituir un patrocinador externo por otro no representa un progreso. En este contexto, la realidad es que imponer sanciones a Rusia no se tratará de sanciones en sí, sino de atraer a Serbia al bando occidental, y esto debe evitarse.
Por lo tanto, la mejor opción para Serbia es el no alineamiento, que le permite mantener la libertad de desarrollar relaciones con diferentes países sin subordinar su política nacional a ninguna gran potencia. Esto implica resistir la presión para convertirse en un instrumento de la estrategia occidental contra Rusia, así como resistir los intentos rusos de ejercer influencia sobre Serbia.
Este no alineamiento no implica aislamiento diplomático. Significa buscar la cooperación internacional basada en relaciones más equitativas y mutuamente beneficiosas, dejando a Serbia en libertad de criticar a la UE, Rusia, China o Estados Unidos cuando sea necesario. Esto es particularmente importante para un futuro gobierno cuya legitimidad se fundamenta en un movimiento que exige que las decisiones se tomen en aras del interés público y no a puerta cerrada.
Francia, Bélgica y una revuelta europea.
Por lo tanto, las presiones internas y externas serán significativas. No se pueden resistir desde dentro de los círculos del poder, razón por la cual el movimiento debe seguir movilizándose y, al hacerlo, sumarse a las protestas que se extienden por toda Europa.
En Francia, las manifestaciones que comenzaron con estudiantes protestando contra el deterioro de las condiciones escolares se han extendido a un movimiento más amplio que abarca el costo de vida, los salarios y los servicios públicos. En Bélgica, los estudiantes se han movilizado contra los recortes en educación, el aumento de las matrículas y el empeoramiento de las condiciones. Un descontento similar por la vivienda, el empleo, la educación y la corrupción ha estallado en Italia, España, Portugal y Albania. Estos movimientos tienen, por supuesto, sus propias reivindicaciones y circunstancias políticas, pero sus quejas coinciden.
No se trata simplemente de protestas generacionales. Los jóvenes están a la vanguardia, como en Serbia, no solo porque se enfrentan a un futuro sombrío, sino también porque sus reivindicaciones forman parte de una crisis social mucho más amplia. El neoliberalismo promete que la competencia de mercado y la disciplina fiscal traerán prosperidad. En cambio, millones de personas sufren el deterioro de los servicios públicos, viviendas caras, empleos precarios y gobiernos que afirman que no hay alternativa a que la gente común pague las consecuencias.
La derrota de Viktor Orbán en Hungría a principios de este año, tras 16 años en el poder, constituye una advertencia. Demuestra que la cuestión decisiva reside en si el cambio político abre espacio para una transformación social más profunda o simplemente produce una nueva administración que opera dentro de las mismas limitaciones económicas. Para evitar un escenario similar en Serbia, el movimiento de masas deberá seguir movilizándose para desafiar las prioridades económicas neoliberales que reproducen la desigualdad y la inseguridad. Esto se logra mejor mediante la colaboración con otros movimientos europeos y balcánicos.
Solidaridad balcánica contra la estrategia de divide y vencerás.
La lucha estudiantil en Albania, donde los estudiantes también han participado en una movilización antigubernamental más amplia contra la corrupción, la educación y los servicios públicos, añade una dimensión balcánica crucial a todo esto. Su lucha refleja el mismo descontento fundamental con la clase política, tanto en el poder como en la oposición, que ha motivado a sus homólogos serbios.
Esto representa una oportunidad para comenzar a desafiar los antagonismos nacionalistas que han dividido a los Balcanes durante generaciones. Porque cuando la gente común de diferentes naciones se moviliza por intereses compartidos en educación, empleo seguro, servicios públicos y libertad frente a la corrupción, aumenta la posibilidad de superar las injusticias históricas y los agravios no resueltos, en particular los del Estado serbio contra los albaneses.
Los diálogos conjuntos, los intercambios y la solidaridad práctica entre estudiantes, trabajadores y movimientos sociales podrían iniciar el proceso de establecer una base diferente para las relaciones entre países vecinos. Las grandes potencias, de la mano de las corporaciones multinacionales, han buscado repetidamente influir en la región explotando las divisiones y rivalidades existentes. Una mayor cooperación regional podría dar a Serbia, Albania y sus vecinos más margen para determinar su propio futuro, en lugar de ser manipulados para formar parte de bloques geopolíticos rivales.
La lucha debe continuar
Derrotar a Vučić es motivo de celebración. Pero la tarea no consiste simplemente en reemplazarlo. Consiste en construir una sociedad en la que la participación democrática, los servicios públicos y los recursos económicos sirvan a la mayoría en lugar de a unos pocos privilegiados, y en la que la cooperación internacional empiece a superar la hostilidad nacionalista y la manipulación de las grandes potencias.
El poder que hace posible tal cambio no reside únicamente en las urnas, sino en la acción colectiva de personas dispuestas a luchar por un futuro diferente.
Por eso, la movilización de masas no puede abandonarse solo porque se haya logrado una victoria electoral. La victoria también representa un momento de peligro que debe afrontarse preservando la organización de masas independiente y reforzando la solidaridad entre estudiantes y trabajadores en Serbia y más allá de las fronteras nacionales con los albaneses, pero también con los estudiantes franceses, belgas y de otros países europeos. La victoria electoral estudiantil debe marcar una nueva fase de la lucha. Como rezaba una pancarta de celebración en Belgrado: «El régimen ha caído. La lucha acaba de comenzar».
Fuente: https://www.counterfire.org/
6. Otoño caliente en Francia.
Kouvelakis, del que precisamente publicamos hoy un artículo en Espai Marx, hace en esta entrevista un análisis del actual momento en Francia. Ante las posibles ilusiones de un movimiento insurreccional, como ese al que aspira Lordon, no está de más la advertencia de Patrick Boucheron –https://www.liberation.fr/idees-et-debats/patrick-boucheron-notre-situation-historique-nest-pas-pre-revolutionnaire-mais-pre-autoritaire-20261031_NQPU366UOZF7BIP3HOG7D4EQYA/ (no os lo puedo pasar porque es artículo de pago)-:
«La izquierda cometería un error histórico al no ver que este espectáculo desolador de la ruina del Estado de derecho y de la violencia en la calle es un gran clip de campaña para el RN. Este ya no tiene nada que hacer, salvo permitirse el lujo de bajar un tono hablando de manera meliflua, como Marine Le Pen en Orleans. No ver que los disturbios y su séquito de dramas humanos hieren una aspiración popular a la justicia social garantizada por el orden republicano es creer que la violencia de las revueltas es siempre emancipadora. Puede serlo en efecto, pero en una situación prerrevolucionaria. Sin embargo, temo que hoy estemos más bien en una situación preautoritaria: el aire no es rojo, es marrón.»
Perdón por la digresión. Este es el artículo de Kouvelakis.
https://jacobinlat.com/2026/11/el-otono-caliente-de-francia/
El otoño caliente de Francia
UNA ENTREVISTA CON Stathis Kouvelakis
Traducción: Natalia López
Represión sin precedentes en medio siglo, estudiantes secundarios a la vanguardia, sindicatos que se suman y una Francia Insumisa en sintonía con las calles. Stathis Kouvelakis analiza el «otoño caliente» francés, antes y después del 17 de octubre.
Francia atraviesa una nueva oleada de movilizaciones sociales que, impulsada inicialmente por los estudiantes secundarios, se ha extendido a amplios sectores de la juventud y del movimiento sindical. En esta entrevista realizada por el Comité de Redacción de Jacobin Grecia, el filósofo marxista Stathis Kouvelakis analiza las características de esta nueva rebelión, la respuesta represiva del gobierno de Emmanuel Macron y el papel de La Francia Insumisa. También reflexiona sobre la emergencia de una «Nueva Francia» multirracial y popular y los desafíos estratégicos que enfrenta la izquierda para transformar esta movilización en una alternativa política.
J
Para empezar, hablemos un poco de lo qué está pasando actualmente en Francia. ¿En qué situación se encuentra el movimiento y cuál es la actitud del gobierno?
SK
Quisiera aclarar, ante todo, que el movimiento no comenzó el 17 de octubre, sino al menos un mes antes, con las movilizaciones de los estudiantes secundarios y su progresiva extensión a las universidades, los padres y los docentes, en una primera etapa, y posteriormente a los sectores más combativos del movimiento sindical. Lo que vimos el 17 de octubre fue un cambio en la composición del movimiento y una ampliación de su carácter masivo, con la irrupción de prácticamente todos los sindicatos, la juventud trabajadora y los nuevos «chalecos amarillos». El 17 de octubre marca un punto de inflexión porque ese día la movilización adquirió rasgos de insurrección popular. Vimos ataques contra edificios públicos, saqueos en 3000 comercios y a un sector de los manifestantes, minoritario pero nada desdeñable, decidido a enfrentarse con la policía.
Estos episodios de violencia desde abajo, a los que los medios de comunicación dieron, como de costumbre, una cobertura enorme y desproporcionada, deben entenderse ante todo como una respuesta a la violencia desde arriba. Es decir, como una reacción, por un lado, a una represión policial sin precedentes en más de cincuenta años y, por otro, como una manifestación de la violencia sistémica que una parte de la sociedad padece cotidianamente y con especial intensidad, en particular la juventud marginada de los suburbios populares multirraciales.
Para comprender la magnitud de la represión, veamos algunas cifras. En menos de un mes, incluso antes del 17 de octubre, hubo 8000 detenciones, más que durante los primeros seis meses de las movilizaciones de los chalecos amarillos (2018-2019). El 85% de los detenidos eran menores de edad, 2700 enfrentan procesos judiciales y a 2300 se les impusieron «penas alternativas». El 17 de octubre hubo 2700 detenciones, alrededor de 1000 personas fueron llevadas ante los tribunales y 217 ya recibieron condenas de prisión. Son cifras aterradoras.
A esto hay que añadirle la brutalidad con la que la policía respondió a las acciones de los estud iantes secundarios desde el primer momento. La doctrina adoptada por el gobierno consistió en negar que se tratara de un movimiento social con reivindicaciones concretas y presentarlo, en cambio, como una serie de «disturbios» (violences urbaines), simples episodios de «alteración del orden público» ante los cuales la única respuesta apropiada sería la represión. El resultado fueron esas escenas increíbles de violencia policial que vimos frente a las escuelas, pero también dentro de ellas, y en las calles de ciudades grandes y pequeñas.
El balance es comparable al de la represión contra los chalecos amarillos en 2018-2019, solo que ahora el principal blanco son jóvenes de entre 14 y 18 años. Hasta el momento, al menos tres personas han sufrido amputaciones de manos por las granadas GMD, cinco perdieron un ojo por los proyectiles de goma disparados con armas LBD y decenas, quizás cientos, han sufrido otras lesiones físicas irreversibles. El 3 de octubre, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, declaró en un canal de televisión que no había dado «ninguna instrucción de moderación» a la policía y subrayó que las fuerzas de seguridad «utilizarán todo el armamento del que disponen». Ya el 9 de octubre, en un comunicado, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos señaló que seguía «con preocupación» los acontecimientos relacionados con el movimiento de protesta y pidió a las autoridades francesas que pusieran fin al «uso desproporcionado de la fuerza por parte de las fuerzas del orden», subrayando que «debe respetarse el derecho de reunión pacífica».
¿Cómo reaccionaron Macron y el gobierno ante la explosión del 17 de octubre? ¿Están intensificando la represión, retrocediendo o se mantienen inflexibles porque consideran que el movimiento terminará perdiendo fuerza?
La masividad de las movilizaciones y los episodios de violencia que siguieron provocaron una conmoción en el gobierno. Era evidente que habían subestimado la magnitud de las manifestaciones (550 000 personas según la policía, 800 000 según los sindicatos), por lo que se había movilizado un dispositivo policial relativamente limitado. Según numerosos testimonios, mientras que esas fuerzas hacían un uso generalizado de la violencia contra los manifestantes, mantenían una actitud pasiva o se mantenían alejadas de los lugares donde se producían saqueos. Esta constatación alimentó distintas especulaciones del tipo «los destrozos le convienen al gobierno porque legitiman la represión y desvirtúan el sentido del movimiento». Esto es cierto en parte, pero no significa que los saqueos hayan sido instigados por provocadores. En cualquier caso, la brutalidad policial terminó volviéndose contra el gobierno. Por un lado, la ferocidad de la represión actuó como un factor de radicalización y extensión de las movilizaciones, desacreditando el relato gubernamental tanto en el seno de las familias como en la sociedad en general.
Por otro lado, sin embargo, la escalada represiva que venimos observando desde hace una década acostumbra a una parte de la sociedad al uso indiscriminado de la violencia estatal y alimenta reflejos favorables al restablecimiento de la «ley y el orden» por cualquier medio, de los que se beneficia políticamente la extrema derecha, especialmente cuando la situación parece escapar al control del Estado.
Sin embargo, este frenesí represivo no consiguió doblegar al movimiento. A pesar de la prohibición de las manifestaciones en cuarenta ciudades y de la imposición cotidiana de restricciones a la circulación en numerosos puntos céntricos, el 24 de octubre la magnitud de las concentraciones y manifestaciones fue comparable a la del sábado anterior (420 000 personas según las cifras oficiales, 800 000 según los sindicatos). En muchas ciudades, especialmente en París, las marchas fueron incluso más grandes que la semana previa. Y todo esto en plena época de vacaciones escolares y universitarias, con el ejército custodiando edificios públicos y las fuerzas especiales antiterroristas patrullando las calles. Para el 31 de octubre, Macron anunció que las manifestaciones solo estarían permitidas en las «periferias» de las ciudades, lejos no solo de sus centros, sino incluso de las propias zonas urbanizadas. Esta actitud provocadora y esta huida hacia adelante en materia represiva son síntomas de la debilidad de un poder tambaleante, que siente cómo se le mueve el piso bajo los pies.
Esta debilidad explica también el cambio parcial del discurso gubernamental, que ahora ensaya gestos de apertura y simulacros de negociación. Después del garrote, y junto con él, ahora ofrecen un poco de zanahoria o, mejor dicho, apenas unas cáscaras de zanahoria. Aunque se niegan obstinadamente a reunirse con los sindicatos estudiantiles universitarios, Macron, y posteriormente algunos ministros, se reunieron con representantes de los estudiantes secundarios, pero sus respuestas a las reivindicaciones fueron vagas. Sobre todo, hicieron promesas para 2028, es decir, para después de las elecciones del año próximo, que no tienen ninguna posibilidad de ganar. Es una burla. De todos modos, esas organizaciones carecen de verdadera representatividad, ya que el movimiento de los estudiantes secundarios es completamente autónomo y horizontal. Las organizaciones universitarias, que son algo más representativas, se reunieron con funcionarios del gobierno, pero el panorama no cambió. Es significativo que incluso sus sectores más moderados llamen a continuar la lucha.
Características y dinámica del movimiento
Vemos que la ocupación de escuelas secundarias y la dinámica de sus estudiantes es central y ocupa un lugar en la primera línea. ¿Es un fenómeno nuevo? ¿Cómo lo explicas?
Que la juventud dé el impulso inicial a una movilización más amplia no es ninguna novedad en Francia. Es algo que vimos repetirse muchas veces después de Mayo del 68, por ejemplo, en 2006 con el movimiento contra el CPE [Contrato de Primer Empleo], pero también, por paradójico que parezca, en las grandes movilizaciones contra las reformas jubilatorias de 2010 y 2023. En cierto sentido, el grado de convergencia entre la juventud y los trabajadores es la clave de los grandes movimientos que periódicamente sacuden a la sociedad francesa y de la radicalidad que los caracteriza. Lo novedoso es que, como señalas acertadamente, esta vez están en primera línea las escuelas secundarias y no las universidades. Los universitarios se sumaron después, al igual que los padres, los docentes, los demás sectores de la juventud y los sindicatos obreros.
La segunda novedad de este movimiento es que surge de las periferias más desfavorecidas y no, como suele ocurrir, de las escuelas secundarias del centro de las ciudades. Esto significa que en primera línea están los estudiantes de los sectores populares y de los suburbios, donde una parte importante de la población desciende de inmigrantes procedentes de las antiguas colonias. No es casualidad que las primeras ocupaciones se produjeran en las escuelas secundarias de los territorios franceses de ultramar (Mayotte, las Antillas y Guayana), donde persiste una situación profundamente colonial. Tenemos, por tanto, una doble dimensión, de clase y racial, que afecta directamente a una juventud que experimenta en carne propia las consecuencias de la aplanadora neoliberal y del racismo estructural que impregna las instituciones estatales, el mercado de trabajo y las relaciones sociales en general. Podemos decir que este movimiento es, desde sus comienzos, profundamente antirracista y plenamente consciente del vínculo inseparable entre racismo y desigualdad de clase.
Creo que aquí se encuentra también la clave para comprender la tercera novedad de este movimiento estudiantil: su nivel de politización y radicalidad. Al respecto, voy a compartir un testimonio personal. Desde comienzos de la década de 1980, cuando empecé mis estudios en Francia, participé o seguí de cerca prácticamente todas las movilizaciones juveniles. Lo que presencié el 6 de octubre, en la primera gran marcha, con una participación más amplia, no tiene precedentes. Lo que me conmovió fue la capacidad de los estudiantes secundarios que habían inundado las calles para vincular sus reivindicaciones inmediatas por mejores condiciones de estudio con los grandes problemas de la coyuntura. Había banderas y pañuelos palestinos por todas partes, consignas contra la extrema derecha y la violencia policial, rechazo al militarismo que avanza en las escuelas, todo ello en un clima de enorme combatividad. Escuché a miles de estudiantes, que evidentemente no pertenecen a ninguna organización de izquierda, corear rítmicamente «jeunesse déter’ et révolutionnaire» [juventud decidida y revolucionaria]. Algo así habría sido impensable no solo para mi generación, la de la deprimente década de 1980 —especialmente en Francia—, sino también para las generaciones posteriores.
La explicación reside en el carácter global de la politización de la juventud a escala internacional y en el peso particular que han adquirido en estas generaciones los sectores con orígenes recientes en países del Sur Global, principalmente en las antiguas colonias. Por eso Palestina ocupa un lugar tan central. No se trata simplemente de solidaridad con una causa lejana, por importante que sea. En la opresión que sufren los palestinos, esta juventud reconoce el racismo al que ella misma se enfrenta. Y la resistencia inquebrantable del pueblo palestino constituye una fuente de inspiración para su propia resistencia y su manera de afrontar la vida. Quiero subrayar que es la primera vez que, entre los representantes reconocidos de un movimiento social —en este caso, el de los estudiantes secundarios—, vemos, incluso en los grandes medios de comunicación, a jóvenes mujeres que llevan hiyab y reivindican de ese modo su identidad musulmana. La causa palestina y la oposición radical al racismo, la islamofobia, el sexismo, la extrema derecha y la injusticia social son factores que unifican a esta generación y le permiten conectar con sectores más amplios y con distintas corrientes radicales de la sociedad.
¿Qué otras fuerzas se sumaron al movimiento de los estudiantes secundarios?
Aunque la dinámica de expansión, como dije antes, estuvo presente desde el comienzo, el salto cualitativo se produjo el 17 de octubre. Dos factores desempeñaron aquí un papel decisivo. El primero fue la convocatoria de los nuevos chalecos amarillos, que comenzó a circular por las redes sociales a principios de septiembre, incluso antes de que estallaran las ocupaciones de las escuelas secundarias. El año pasado se había realizado un intento similar, con el llamado al «Bloquons tout!» [bloqueo total] del 10 de septiembre, que tuvo cierta repercusión, pero no consiguió continuidad. Esta vez la preparación fue mejor y, sobre todo, estuvo más arraigada socialmente. Sabemos, por distintas publicaciones, que la iniciativa surgió de jóvenes, principalmente hombres no blancos de los suburbios populares de las grandes ciudades, un universo muy distinto al de los chalecos amarillos «históricos». Tampoco es casual la elección de la fecha. Cae un sábado, como las jornadas de acción del movimiento de 2018-2019, pero además coincide con el 17 de octubre de 1961, cuando, durante la guerra de Argelia, la policía disparó contra una manifestación de argelinos en el centro de París, mató a decenas de personas y arrojó sus cuerpos al Sena.
La semejanza con el movimiento de 2018-2019 reside en la forma completamente horizontal de difusión de la convocatoria, en el repertorio de acción (con concentraciones y marchas dispersas no notificadas a las autoridades), pero también en las reivindicaciones, centradas en el costo de vida. La gasolina ya cuesta 2,5 euros, lo que supone una carga enorme para los sectores populares, que por lo general viven lejos de sus lugares de trabajo. Naturalmente, el encarecimiento de la vida es un fenómeno más amplio, dado que los salarios reales están estancados y la calidad y accesibilidad de los servicios públicos se han deteriorado drásticamente.
En los días previos al 17 de octubre, en medio del clima de confrontación generado por el movimiento estudiantil y la brutal represión que enfrentó, la convocatoria encontró una respuesta considerable entre la juventud trabajadora, sobre todo entre quienes tienen empleos precarios y viven en los suburbios multirraciales, pero también entre sectores de trabajadores que están fuera del ámbito de acción de los sindicatos. A pesar de las reservas iniciales, consiguió finalmente movilizar a una parte minoritaria pero significativa de los chalecos amarillos «históricos». Podemos decir que la experiencia de 2018-2019 forma ya parte del patrimonio común de los movimientos sociales franceses. Incluso vimos a estudiantes secundarios llevando esos chalecos en los bloqueos de las escuelas ocupadas y, en menor medida, en las manifestaciones.
El segundo factor es la participación del movimiento sindical. Los sectores más combativos, principalmente las uniones locales de la CGT y Solidaires y, en algunos lugares, de Force ouvrière, ya se habían incorporado a la lucha a comienzos de octubre, protegiendo y acompañando las ocupaciones y manifestaciones estudiantiles. En Toulouse y otras ciudades vimos también a estudiantes secundarios y universitarios acercarse a los lugares de trabajo para convocar a los trabajadores a salir a las calles. El 17 de octubre la participación sindical se generalizó, arrastrando incluso a la extremadamente moderada CFDT.
Podemos decir que ahora hay en las calles un poderoso bloque popular que se enfrenta a «Macron y su mundo», es decir, a la aplanadora neoliberal y a la deriva autoritaria. Es el momento de cristalización y convergencia de todos los movimientos parciales de la última década. Su fuerza motriz es la juventud, portadora de una conciencia política cualitativamente nueva, que junto con las reivindicaciones materiales relacionadas con las condiciones de estudio (falta de docentes, deterioro de la infraestructura escolar, sistema competitivo de ingreso a la educación superior), coloca en primer plano la oposición al racismo, la guerra, el genocidio, la violencia policial y la lógica del lucro. Es la primera vez, en los 43 años que llevo viviendo en Francia, que veo surgir masivamente una reivindicación de transformación social más general, y precisamente entre las nuevas generaciones.
El papel de La Francia Insumisa
Vemos que La Francia Insumisa (LFI) apoya las movilizaciones y vuelve a estar en la mira del gobierno, la extrema derecha y los medios de comunicación, que la acusan de instigarlas. ¿Cómo evaluás el papel de LFI en esta etapa? ¿Cuál es, en términos generales, la posición de los demás partidos de izquierda?
En efecto, el primer ministro Sébastien Lecornu declaró el 1 de octubre que detrás de las ocupaciones de las escuelas secundarias estaban «LFI y sus agentes (proxies) de la ultraizquierda (ultragauche)». Las palabras tienen un significado importante: proxies es el término que utilizan los medios de comunicación y el discurso dominante para referirse a Hamás y Hezbolá, a los que consideran instrumentos de Irán. Por su parte, ultragauche no designa tanto a las organizaciones de la izquierda extraparlamentaria como a lo que en griego llamaríamos «anarquistas autónomos», es decir, grupos o individuos que actúan fuera de los marcos institucionales y, en ocasiones, también de los legales. Este vocabulario revela el imaginario que domina a los gobernantes. Una sociedad en movimiento es tratada en términos puramente bélicos. Es significativo que, para preparar el aparato represivo ante las movilizaciones de este sábado 31 de octubre, Macron convocara un «Consejo de Defensa Nacional», como hace cuando toma decisiones sobre intervenciones militares o participación en conflictos armados.
LFI lleva años en la mira del bloque del sistema, es decir, del extremo centro y la extrema derecha, pero a menudo también con la complicidad de la antigua izquierda de gobierno (socialistas, Verdes y Partido Comunista Francés, al menos en sus direcciones). La razón es que LFI es la única fuerza política de peso que rompe el consenso en cuestiones decisivas, como el apoyo al Estado genocida sionista, la violencia policial, la islamofobia y el racismo estructural, así como el alineamiento con el imperialismo estadounidense y occidental. Es, en esencia, la única oposición real al orden establecido y a la creciente opresión que sufren los sectores populares. Para LFI, apoyar las movilizaciones es algo evidente, y ese apoyo se traduce en formas concretas y prácticas, tales como la participación masiva en las marchas, aunque sin columnas propias, y protección de las ocupaciones y manifestaciones por parte de sus militantes de base, diputados y alcaldes. La escena emblemática es la de Bally Bagayoko, el carismático alcalde recién elegido de Saint-Denis, que acompañó a los estudiantes en las escuelas secundarias ocupadas de su ciudad y recibió repetidos golpes de las porras policiales cuando, durante la manifestación posterior, intentó proteger a las columnas estudiantiles de los ataques de policías fuertemente armados.
Dentro del movimiento, en las marchas y en los bloqueos de las escuelas ocupadas, LFI se mueve como pez en el agua. Los grandes medios de comunicación quedan paralizados cada vez que ven al Mélenchon de 75 años recibir los aplausos entusiastas de los jóvenes y, en general, de los participantes del movimiento. Y no se debe simplemente a su posición ante estas movilizaciones. LFI es la fuerza que, además de ser la única, ha conseguido sintetizar políticamente las cuestiones que hoy movilizan a quienes salen a las calles. Dicho de otro modo, lo que estamos viendo es una relación dialéctica entre los movimientos y LFI. Mi amiga y compañera Houria Bouteldja considera que LFI es nuestro «botín de guerra», el fruto de las luchas y los procesos de elaboración política de la última década.
En cuanto a los demás partidos de la izquierda, entendida en el sentido francés, que incluye a la socialdemocracia, diría que apenas ocupan un lugar en las preocupaciones de la sociedad. La única excepción, en cierto sentido, es el candidato de los socialistas y sus aliados, Raphaël Glucksmann, que representa lo más derechista, belicista y subordinado a Estados Unidos que existe en ese espacio. Es abucheado en cada aparición pública, especialmente por los jóvenes, y se cuida de mantenerse ostensiblemente alejado de todas las movilizaciones. En sus últimas declaraciones elogió las supuestas concesiones del gobierno. En realidad, no es más que una variante de Macron. Recordemos también que Macron ni siquiera cuenta con una mayoría relativa en la Asamblea Nacional y que los sucesivos gobiernos que designa sobreviven exclusivamente gracias a los socialistas, que se niegan a apoyar las mociones de censura presentadas por LFI, los Verdes y los comunistas.
La Nueva Francia y la Marsellesa de los jóvenes
¿Qué es esa Nueva Francia de la que habla LFI? ¿Ha surgido un nuevo sujeto multirracial de lucha y reivindicación?
La Nueva Francia es al mismo tiempo una constatación y un proyecto o, mejor dicho, un llamamiento. Se refiere, en primer lugar, a los profundos cambios que ha experimentado la sociedad francesa en las últimas décadas. A menudo, el primer cambio que se destaca es el de la posición de las mujeres y las relaciones entre los géneros. Es una especie de revolución, acompañada de otras dos transformaciones radicales: el fin del mundo rural tradicional y, con él, de los agricultores como categoría social de peso, y la migración interna que siguió a ese proceso y que continúa hasta nuestros días, aunque de manera diferente. Actualmente, uno de cada dos habitantes vive en un departamento (département) francés distinto de aquel en el que nació. Pero, naturalmente, el aspecto central de la Nueva Francia se refiere al peso de la población procedente de la inmigración extranjera, que en su abrumadora mayoría está compuesta hoy por ciudadanos franceses. Si retrocedemos tres generaciones, un tercio de la población tiene al menos un antepasado no francés. Francia es un país con una larga tradición de recepción de inmigrantes, que se remonta a los comienzos de la Revolución Industrial y se intensifica desde finales del siglo XIX. Sin embargo, a partir de la década de 1960 se produjo un cambio en el origen de esa población, que pasó de proceder principalmente del sur y el este de Europa a provenir de los países del Sur Global, especialmente de las antiguas colonias del norte de África y del África subsahariana. Hoy, el 20% de los menores de 18 años son descendientes de inmigrantes y, entre ellos, el 84% tiene orígenes extraeuropeos.
Como sabemos, sin embargo, esta parte de la población, aunque está integrada por ciudadanos franceses, padece un régimen permanente de discriminación racista, que se ha intensificado en los últimos años con el avance desenfrenado de la islamofobia. Además, hasta hace poco, la izquierda francesa, con la excepción parcial de los sindicatos, se había negado obstinadamente a reconocer a esta población como parte orgánica de su base social, a pesar de que constituye el «núcleo duro» de la clase trabajadora. Por eso, cuando LFI reconoce el racismo no como una falta moral individual, sino como un mecanismo de dominación y explotación que atraviesa todas las relaciones sociales, o cuando habla abiertamente del carácter racista de la violencia policial, del mercado laboral y de todo un entramado legislativo que tiene como blanco a los musulmanes, abre una nueva página en la historia de la izquierda francesa, y quizás también de la europea, y en su relación con las clases populares. Un primer resultado son los abrumadores porcentajes electorales que obtiene en los distritos obreros multirraciales de las grandes ciudades, del orden del 60 al 70%. Según las estimaciones, el 70% de los musulmanes votó por Mélenchon en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2022, y lo más probable es que ese porcentaje sea aún mayor en las próximas elecciones.
Desde comienzos del año pasado, la Nueva Francia ocupa un lugar central en el discurso de Mélenchon y LFI. La constatación se combina ahora con un llamamiento: quienes son objeto del racismo no son (solo) víctimas, sino ante todo sujetos políticos llamados a participar en primera línea en la lucha por una transformación radical de la sociedad. En el impresionante acto del 7 de junio en Saint-Denis (26 000 personas), que inauguró la campaña electoral de LFI, la multitud diversa y en gran medida juvenil coreaba espontáneamente «Nueva Francia» mientras agitaba banderas francesas. El acto terminó, como de costumbre, primero con La Marsellesa y luego, por iniciativa del público, con La Internacional.
Sin embargo, el «bautismo de fuego» de la Nueva Francia en la práctica de masas ha sido, sin duda, el movimiento actual. En las calles, y especialmente en las columnas de estudiantes secundarios y frente a las escuelas ocupadas, la bandera francesa estuvo muy presente, a menudo junto a la palestina o a las de otros países donde la generación Z se está levantando. Entre las consignas se escuchaban «Nueva Francia» e incluso «Somos franceses y venceremos». Esta presencia de la bandera tricolor va acompañada de numerosas referencias a la Revolución francesa y sus símbolos. Ya habíamos visto algo parecido, es decir, la apropiación de las referencias nacionales y de su contenido revolucionario por parte de los sectores plebeyos, con los chalecos amarillos. Cuando esto ocurre entre los estudiantes secundarios, y especialmente en las escuelas de los suburbios multirraciales, adquiere una dimensión nueva y todavía más radical. Vemos las combinaciones más inesperadas, como la bandera francesa junto a la palestina, pero también junto a la A encerrada en un círculo (símbolo del anarquismo) y las referencias a Mayo del 68.
Frente al racismo y el chovinismo de la extrema derecha, la juventud contrapone otra Francia, la que corresponde a su pueblo, a sus tradiciones revolucionarias, al pueblo tal como es y como se transforma constantemente a través de sus luchas. La coyuntura actual marca el encuentro entre la fuerza política de la Nueva Francia y un movimiento de masas que reúne a un bloque popular emergente, con potencial mayoritario y una orientación de izquierda radical. Estamos ante un momento histórico: aquel en que surge una nueva idea de nación a través de la propia acción de las clases subalternas.
¿Cómo es recibida la propuesta de la Nueva Francia por la izquierda radical más allá de LFI?
Esta evolución ha desconcertado a una parte de la izquierda radical, especialmente a las organizaciones extraparlamentarias tradicionales y al espacio libertario. Por ejemplo, Philippe Poutou, representante del pequeño y declinante Nuevo Partido Anticapitalista, de orientación trotskista, declaró que se trata de un «resurgimiento del nacionalismo» y de «colaboración de clases». Estas corrientes son incapaces de comprender lo que está ocurriendo ante sus propios ojos. Repiten un vocabulario estereotipado y rechazan cualquier referencia positiva a la nación, que consideran reaccionaria e incompatible con cualquier perspectiva de clase. Pasan por alto la lección fundamental de Gramsci: que la nación constituye el terreno central de disputa en la lucha por la hegemonía y que cualquier proyecto hegemónico debe tener un carácter nacional-popular, que naturalmente varía según la coyuntura y el lugar. No es lo mismo un país del centro capitalista histórico, con un largo pasado colonial y un carácter imperialista, como Francia, que un país de la periferia europea, como Grecia, o un país del Sur Global con pasado colonial. Es una cuestión que desarrollé en mi entrevista para el primer número impreso de Jacobin Grecia.
La Nueva Francia no solo no contradice una política de clase, sino que, por el contrario, abre el camino para su reconstrucción en términos hegemónicos, por una razón muy sencilla: es la única propuesta capaz de romper la división racial dentro de las clases trabajadoras y populares y unirlas en un nuevo «bloque histórico», en un sujeto capaz de dirigir a la sociedad y darle una orientación radicalmente nueva. También es evidente que se trata de lo contrario del nacionalismo y de la nostalgia colonial. Lo que vemos hoy en las calles francesas es la bandera tricolor junto a las banderas de Palestina y de otros países (Argelia, Marruecos, Albania) que simbolizan luchas de liberación nacional o recientes levantamientos de la generación Z. Por lo demás, el fenómeno no es inédito ni constituye una particularidad francesa. Lo hemos visto recientemente tanto con los chalecos amarillos como en otros estallidos de la generación Z, sin olvidar, por supuesto, las plazas griegas y españolas de 2011.
En cuanto a LFI, una de sus posiciones fundamentales es que la Nueva Francia significa una Francia «desoccidentalizada» (désoccidentalisée), con una política exterior independiente, en ruptura con el marco imperialista de la OTAN y en alianza con las fuerzas progresistas del Sur Global. Significa también ajustar cuentas con el pasado colonial francés y reconocer inmediatamente el derecho a la plena autodeterminación del pueblo de Kanaky/Nueva Caledonia. El proyecto de la Nueva Francia expresa el «patriotismo internacionalista» que defiende Houria Bouteldja, la figura más importante del espacio radical «decolonial» y antiimperialista en Francia.
Movimiento y perspectiva política
¿Cómo influye la insurrección en el panorama político más amplio?
Todavía es pronto para tener una imagen clara, pero una estimación razonable es que esta evolución intensificará la polarización social y política ya existente. LFI aparece como la representación política natural del bloque popular movilizado, pero, por otro lado, vemos también cómo se consolida un bloque de la «ley y el orden», cuya principal expresión es la extrema derecha de Le Pen. Dos Francias se enfrentan frontalmente. La extrema derecha y sus apoyos, que objetivamente se extienden a sectores del extremo centro, arremeten contra los «disturbios», que consideran producto de la acción de los «árabes», los «negros» y los «islamoizquierdistas», es decir, de la supuesta alianza contra natura entre los islamistas y LFI.
Los incidentes del 17 de octubre, especialmente los saqueos, dieron pie al discurso de extrema derecha para denunciar la acción de los «bárbaros», es decir, de la juventud no blanca de los suburbios populares. La consecuencia trágica de esta lógica fue el ataque mortal del 23 de octubre en Trappes, un suburbio popular de la periferia parisina, donde un fascista de 39 años, que circulaba en su automóvil, comenzó a disparar contra los transeúntes no blancos que tuvieron la desgracia de cruzarse en su camino, matando a un joven e hiriendo gravemente a otras siete personas, entre ellas una niña de once años. El agresor, lector del panfleto hitleriano Mi lucha, del que se encontró un ejemplar en su domicilio, declaró que había apuntado contra «negros, árabes y musulmanes» para «vengar a los comerciantes que perdieron sus propiedades el 17 de octubre». El alcalde de Trappes, Ali Rabeh, miembro de Génération.s, el partido fundado por el excandidato presidencial socialista Benoît Hamon, denunció el clima de «guerra civil» que fomenta la extrema derecha, que constantemente llama a su ciudad «Trappistán» y la compara con una «república islámica en miniatura».
Otra muestra de la creciente polarización se produjo el 24 de octubre, cuando grupos de matones de extrema derecha atacaron a manifestantes en varias ciudades con la complicidad abierta de la policía. Los videos de los incidentes circularon ampliamente por internet y una serie de investigaciones periodísticas reunió pruebas contundentes de la colaboración entre esos grupos y las fuerzas policiales.
Una primera respuesta a la escalada de la extrema derecha fue la serie de concentraciones y marchas que se realizaron en los últimos días en los suburbios populares, por iniciativa de alcaldes y organizaciones locales. Pero la respuesta más eficaz es la presencia masiva en las calles durante los próximos días y, en el plano político, el potencial hegemónico que encierra el llamamiento de la Nueva Francia.
¿Cuál creés que es ahora el principal desafío para La Francia Insumisa?
Hasta ahora, LFI ha conseguido establecer una relación orgánica con el movimiento en el plano de sus reivindicaciones, su discurso político general y la contribución difusa pero sustancial de sus bases. El desafío ahora es ofrecer una perspectiva política que no se limite a la movilización electoral de masas para lograr la victoria de Mélenchon en las elecciones presidenciales del próximo año. Esto es absolutamente crucial porque el movimiento ya ha desmentido lo que hasta ahora se consideraba una ley inquebrantable: que los períodos preelectorales son momentos de calma en los frentes sociales. Esto significa que la sociedad está tomando conciencia de que el problema al que se enfrenta no puede resolverse exclusivamente por la vía electoral. Hace falta articular un movimiento de masas, una alternativa política y una posibilidad realista de victoria electoral.
En una primera aproximación, podemos decir que la estrategia de LFI reúne hasta cierto punto estos elementos. Combina una concepción confrontativa de la política y una comprensión del papel protagónico de las masas, con referencias a las experiencias latinoamericanas, con el reconocimiento de la importancia decisiva del terreno electoral como única posibilidad realista de plantear la cuestión del poder gubernamental.
Sin embargo, aquí aparece una dificultad. LFI no es un partido clásico, sino un «movimiento». En la práctica, esto significa que no existen afiliados formales: basta con inscribirse por internet para que cualquier persona pueda participar en un «grupo de acción» local, que goza de una gran autonomía en las cuestiones prácticas. La estructura organizativa sigue siendo muy flexible, aunque desde hace tres años existen órganos a escala departamental. Esta estructura porosa facilita la comunicación con los movimientos y el respeto de su autonomía. Sin embargo, no permite una intervención coordinada en su interior. Todo queda librado al compromiso de las bases, que naturalmente varía de un lugar a otro. Es, por supuesto, perfectamente comprensible y acertado evitar la conocida práctica de que las autoproclamadas «vanguardias» y los aparatos burocráticos intenten controlar los movimientos. Pero, por otro lado, esto tampoco ayuda a superar el límite con el que tropiezan los movimientos a lo largo de toda la historia reciente, y no solo en Francia: la construcción de una organización que les dé continuidad, cohesión y capacidad de autonomía estratégica.
Terminamos así con una concepción de la política que recuerda a la de la Segunda Internacional, con la separación entre partido y terreno electoral, por un lado, y sindicato y organización social, por otro. La diferencia es que, en lugar del sindicato, tenemos algo a la vez más amplio y más amorfo: la multiplicidad de los movimientos. ¿Cómo combinar la autonomía de los movimientos con la necesaria intervención diferenciada de los sujetos políticos? El problema dista mucho de ser nuevo, pero sigue siendo uno de los nudos más importantes que deben resolver no solo LFI, sino la izquierda radical a escala internacional, teniendo presente que todas las fórmulas ensayadas hasta ahora han fracasado.
¿Cuáles son las perspectivas de la insurrección de aquí en adelante? ¿Cuáles serán las próximas fechas decisivas y cuáles son los objetivos políticos inmediatos?
Es fundamental que el movimiento tenga un desenlace distinto al de 2023, cuando millones de personas salieron a las calles contra la reforma jubilatoria, que finalmente fue aprobada, aunque sigue siendo una piedra en el zapato para todos los gobiernos posteriores. Es necesario romper de manera decisiva con la sensación de impotencia, y eso solo ocurrirá si el gobierno se ve obligado a retroceder ante reivindicaciones fundamentales. Por ejemplo, si acepta destinar los 10 000 millones de euros adicionales a las escuelas que exigen los estudiantes secundarios movilizados, así como eliminar el actual sistema de ingreso a la educación superior, que ha provocado la exclusión de cientos de miles de jóvenes, ha convertido a las escuelas secundarias en centros de exámenes permanentes y ha profundizado la desigualdad de clase. También es necesario satisfacer al menos algunas de las reivindicaciones relacionadas con el costo de vida, los salarios y los ingresos populares.
Ese es el mínimo. Si la próxima semana el movimiento se extiende todavía más entre los trabajadores asalariados, nadie sabe hasta dónde puede llegar. El próximo lunes, 2 de noviembre, reabren las escuelas y universidades, y con ello se abre también la posibilidad de reanudar las ocupaciones. La fecha clave es el 5 de noviembre. Todos los sindicatos han convocado una huelga de 24 horas y manifestaciones en todo el país. Y las confederaciones más combativas (CGT, Solidaires y Force ouvrière) han llamado a la «generalización de la huelga» y a la realización de asambleas en los lugares de trabajo, es decir, a su transformación de facto en una huelga por tiempo indeterminado. Mélenchon declaró, con toda razón, que «la opción para el gobierno es ceder o irse». Pero ¿qué significa ceder? Si el movimiento pasa a un nivel superior, entraremos en territorio desconocido.
En cualquier caso, el «otoño caliente» de Francia ha abierto una nueva página y su repercusión ya ha traspasado las fronteras del país. Su desenlace tendrá consecuencias decisivas para la correlación de fuerzas no solo en Francia, sino también a escala europea e internacional.
(La entrevista concluyó en la mañana del 31 de octubre).
Stathis Kouvelakis
Profesor de teoría política en el King’s College London. Formó parte del comité central de Syriza.
7. Entrevista a Todd.
En El Salto han entrevistado a Emmanuel Todd con motivo de la aparición de su nuevo libro. Cómo no, también nos habla de las movilizaciones juveniles en curso.
https://www.elsaltodiario.com/francia/emmanuel-todd-juventus-maltratada-elites-irresponsables
Emmanuel Todd: “En Francia y Europa los problemas son los mismos: juventud maltratada y élites irresponsables”
El antropólogo e historiador Emmanuel Todd, autor de ensayos de referencia como ‘La invención de Europa’ (1990) analiza las últimas protestas protagonizadas por la juventud de su país, Francia.
Rafael Karoubi
1 nov 2026
En su último libro “La Dislocación” (La dislocation, no traducido al castellano, que presenta tal vez como “su libro testamento”, el famoso antropólogo francés Emmanuel Todd (Saint-Germain-en-Laye, 1951) destaca la aceleración de la descomposición de las sociedades occidentales, incapaces, según él, de encontrar los recursos morales para afrontar sus problemas de empobrecimiento y de envejecimiento. Afirma que los recientes acontecimientos en Francia y en Europa confirman su tesis.
¿Qué le inspiran las escenas de revuelta en Francia?
Esta situación me resulta personalmente dolorosa, como francés apegado a mi país. Pero me esfuerzo por observar con frialdad y racionalidad, a la manera de un investigador weberiano. En cierto modo, estamos asistiendo a una forma de desintegración de la sociedad francesa. Ya había descrito este proceso en La Dislocación, en el que dediqué un capítulo específico a la situación francesa, titulado “Francia: ¿la caída final?”.
¿Cuál es la naturaleza de esta desintegración?
Se debe, ante todo, y esto es innegable, a la transformación de la democracia en gerontocracia. Francia es el país de Europa donde los jóvenes sufren más restricciones. El profundo malestar de la juventud no se manifiesta únicamente en las estadísticas económicas, en particular la tasa de desempleo, sino también en los datos demográficos. La mortalidad infantil se encuentra entre las más elevadas de Europa, tras años de aumento constante. Detrás de estas cifras dramáticas aparecen las difíciles condiciones de vida de los padres jóvenes. Paralelamente, Francia es uno de los países donde la esperanza de vida en buena salud a los 60 años es la más elevada. La injusticia generacional se manifiesta allí de forma flagrante. Hay que comprender de dónde empezó este movimiento: de los institutos de los suburbios, donde la población de origen inmigrante es numerosa y la juventud está especialmente despreciada. Algunos jóvenes empezaron a bloquear sus centros educativos porque los profesores ausentes no eran sustituidos, en un contexto en el que la movilidad social se deteriora y la escuela aparece cada vez más como el único medio para escapar de su propia condición social. Mientras tanto, el debate político francés está atrapado en temas como la seguridad y las pensiones. Es para llorar.
Lo que se pone de manifiesto es que el sistema político juega estructuralmente en contra de la juventud. El sufragio universal ya no logra arbitrar los conflictos que atraviesan la sociedad, en la medida en que los jubilados ocupan un lugar preponderante dentro del cuerpo electoral. Los mecanismos democráticos se vuelven así estructuralmente conservadores. Como demócrata convencido, estoy absolutamente horrorizado por esta conclusión. Sin embargo, el envejecimiento de la población hace que, por primera vez, sea válido un argumento contra el sufragio universal. Es espantoso.
El Gobierno francés quiere reafirmar una forma de “orden republicano” para poner fin a la movilización, jugando con el miedo a los saqueos. ¿Ve en ello un giro autoritario?
Sinceramente, las escenas de saqueo me resultan bastante dolorosas. Es lógico que una parte de la población se incline hacia el partido del orden después de haber sido testigo de los estragos en los centros urbanos. Pero este supuesto orden republicano no es hoy más que un espejismo. ¿Por qué? Porque no hace sino perpetuar un sistema que garantiza la reproducción conservadora de las instituciones mediante el voto de las personas mayores y, por tanto, el mantenimiento de las desigualdades actuales.
En un contexto en el que los jubilados constituyen una parte preponderante del cuerpo electoral, los mecanismos de mediación entre el Estado y el resto de la sociedad ya no funcionan correctamente. Por tanto, el aplastamiento de los ingresos de los jóvenes no va a parar.
En realidad, los manifestantes que salen pacíficamente a la calle, de acuerdo con las tradiciones políticas francesas de la segunda mitad del siglo XX, saben muy bien que están emprendiendo algo que no sirve de nada. A mi juicio, en la medida en que son conscientes del bloqueo del sistema, algunos manifestantes acaban por no condenar con tanta severidad a quienes provocan destrozos e incluso a veces llegan a unirse a ellos.
Por consiguiente, esta supuesta reafirmación del orden republicano va a provocar mecánicamente la perpetuación de un desorden permanente.
En cuanto a los saqueos, me inspiran otra reflexión: la de un debilitamiento de los valores morales. Pero cuando la propia clase dirigente se comporta de manera profundamente inmoral, después de haber destrozado la economía y la sociedad francesas durante décadas, al tiempo que se desinteresa de los problemas reales del país, ¿cómo sorprenderse de que esta inmoralidad se extienda al resto de la sociedad?
¿Cuáles son los factores que impulsan la crisis específica que afecta a Francia?
Es cierto que esta revueta se esperaba desde hacía muchos meses, teniendo en cuenta el rápido deterioro de la situación económica del país. Se esperaba un regreso de los Chalecos Amarillos que incendiaron las calles de Francia en el 2018; finalmente hemos asistido a un alzamiento de la juventud.
Francia se dirige hacia la quiebra porque su integración en la zona euro la ha llevado a una dependencia excesiva de los mercados financieros, que ahora acaban estrangulándola al aumentar los tipos de interés. En la medida en que el euro y la financiarización han contribuido a destruir el aparato productivo francés, Francia no ha tenido otra opción que recurrir al endeudamiento para financiar su modelo social y sostener su economía.
Evidentemente, la crisis de la sociedad francesa recuerda a la de otros países europeos. En todo el Viejo Continente, los problemas son los mismos: envejecimiento de la población, juventud maltratada y élites irresponsables. No obstante, creo que existe una particularidad francesa: un desapego especial de las clases dirigentes respecto de la población, cuyas raíces son más profundas.
Para un francés, el orgullo de pertenecer a su país suele estar vinculado a una gran historia de poder. Pensemos en Napoleón, en la proyección internacional de la Revolución francesa y en la influencia histórica de Francia, de su filosofía y de su cultura, en el mundo. La pérdida de poder de Francia seguramente es vivida de forma muy dolorosa e inconsciente por las “élites” francesas, que se encuentran incapaces de amar a su país tal como existe hoy y, por consiguiente, de proponer otro proyecto que no sea una austeridad punitiva de por vida.
Italia, España, Bélgica: el movimiento se extiende a toda Europa. ¿Estamos en los albores de una gran crisis económica y política europea?
Los disturbios que se han producido en Italia y Bélgica, así como las ocupaciones de plazas en Portugal y España, nos recuerdan que los mecanismos de injusticia generacional que operan en Francia existen en toda Europa. Tiendo a ver en ello una forma de “otoño de los pueblos” en referencia a la “primavera de los pueblos” de 1848, que partiría de Francia para extenderse al resto del continente, pero en un contexto no de progreso, sino de desintegración.
Se conocen los problemas relacionados con la opresión de la juventud en un contexto de grave crisis demográfica, así como los efectos devastadores de los mecanismos ultraliberales y del libre comercio. Sin embargo, las sociedades europeas parecen incapaces de producir otra cosa que divisiones internas.
Las raíces del mal son más profundas que una crisis del capitalismo. En realidad, la atomización social de Europa, combinada con los mecanismos gerontocráticos, impide a las sociedades hacer frente a sus problemas. En mi libro anterior, La derrota de Occidente (Akal, 2024), detecté un “estado cero de la religión de las ideologías” para caracterizar a unas sociedades europeas que describo como sumidas en un vacío metafísico, una ausencia de valores que las vuelve incapaces incluso de organizarse colectivamente para evitar la desintegración de sus naciones, por ejemplo, emprendiendo grandes proyectos colectivos de reindustrialización. Actualmente no existe ninguna organización política lo bastante poderosa para abordar estos problemas… La hora es más bien la de la “deificación del vacío”, lo que yo llamo nihilismo.
Más allá de este sombrío diagnóstico, deseo alertar a los defensores acérrimos de la Unión Europea sobre el riesgo real de su desintegración. En efecto, los problemas de Francia en los mercados financieros y el aumento de las divergencias de los tipos de interés con respecto a Alemania socavan el proyecto europeo en su corazón. Como partidario de la paz y del entendimiento entre las naciones, considero que ha llegado el momento de que los gobiernos europeos se pongan amistosamente de acuerdo para iniciar el desmantelamiento de la zona euro, para que cada nación pueda utilizar el instrumento de la política monetaria para afrontar sus problemas.
Como probablemente esto no sucederá, predigo que el euro será destruido por una crisis descontrolada, quizá cuando las divergencias entre las tasas de interés de las distintas naciones se vuelvan insostenibles. Es posible que estemos en los albores de un proceso de desintegración parecido al de la URSS: recordemos que el fin del Imperio soviético fue decidido por la propia Rusia; quizá, por tanto, la zona euro acabe siendo enterrada por su potencia dominante: Alemania.
Mientras tanto, el euro habrá completado su misión de destrucción de la economía francesa. Me divierte calcular la diferencia entre el coste de esta moneda única para mi país y los daños provocados por los destrozos del 17 de octubre. ¡Hay que reconocer que el euro gana por goleada!
¿El futuro es, por tanto, la desintegración, según usted?
Lo que yo llamo el mundo “posdesarrollado”, es decir, Europa y Estados Unidos, se resquebraja efectivamente por todas partes. Lo llamativo de nuestra época es que ninguna crisis parece evolucionar independientemente de las demás. Observemos la situación europea, donde la guerra con Rusia está desatada. Aunque la guerra en Ucrania no sea por sí sola el origen de la crisis del coste de la vida, es evidente que ha alimentado la desintegración del continente al perturbar sus cadenas de suministro energético. Sobre todo, hemos podido constatar la incompetencia de las élites europeas ante esta situación. Las sanciones contra Rusia han contribuido a debilitar sus propias economías, mientras que los ingresos de las clases populares de los países más frágiles, en particular Francia, han sido literalmente aplastados.
Y todo ello por una guerra que estas élites han sido incapaces de ganar, en particular por falta de una base industrial suficiente para su producción de armamento, después de décadas de deslocalizaciones hacia Asia.
El conflicto en Ucrania ha acelerado finalmente la implosión de la sociedad francesa, cuyas ondas de choque golpean ahora a todo el Viejo Continente. Las revueltas en Italia, España y Bélgica forman efectivamente parte de esta desintegración general.
En este contexto de revuelta, las crecientes divergencias entre Francia y Alemania, cuyos tipos de interés se separan peligrosamente, también dan testimonio de las tensiones que atraviesan Europa en su núcleo. Todo esto ocurre en un contexto preocupante, marcado por el envejecimiento extremo de la población y la llegada a la madurez de ese «estado cero de la religión» al que me refería antes.
Veo a Occidente un poco como un barco fantasma que vaga por la historia. Ahora se asoma la hora del fin del ciclo histórico de dominación occidental y del desplazamiento del centro de gravedad del mundo.
¿Es usted, por tanto, radicalmente pesimista?
En el caso de Francia, sorprendentemente, no. Cuando el sistema haya estallado —y este desenlace me parece seguro—, les sorprenderá descubrir que, en realidad, los franceses aman a su país y no intentarán destruirlo cayendo en pasiones racistas. Tampoco creo que Italia y España vayan a tomar el camino de la autodestrucción. Recientemente me he interesado por la divergencia entre las sociedades posprotestantes, en particular Estados Unidos e Inglaterra, y las sociedades poscatólicas, principalmente los países latinos. Si las primeras me parecen comprometidas en una trayectoria nihilista mucho más peligrosa, no encuentro ese mismo grado en las segundas.
La razón es sencilla: el protestantismo era una teología que solo se interesaba por la relación del creyente con Dios y no por la belleza del mundo. Cuando esta creencia religiosa se disuelve, del protestantismo no queda más que una relación conflictiva con un mundo percibido como malo, incluso podrido. De ahí surgen las graves desviaciones de las que somos testigos actualmente: la financiarización, Trump, pero sobre todo una necesidad muy inquietante de violencia que se manifiesta en un apetito por la guerra. Por eso hablo de una fase “-1” en lo que respecta al protestantismo.
En el marco de lo que llamo el “catolicismo cero”, este nihilismo queda atemperado por el hecho de que la fe católica aceptaba un interés por la belleza del mundo que permanece en las mentes incluso cuando desaparece la creencia en Dios. Inconscientemente, por mucha rabia que puedas sentir, no puedes ser francés, italiano o español —tres pueblos cuyas naciones concentran gran parte de las maravillas de este mundo— y desear la destrucción de tu propio país, del que cada uno de vosotros es consciente de que es el más hermoso del mundo.
8. El capitán Picard y el socialismo.
Como devoto seguidor de casi todo lo que ha generado la franquicia trekkie -incluida esa última abominación en la que los protagonistas se convierten en muñecos de peluche- añoro sin duda los buenos tiempos de la mejor de todas las iteraciones de la saga: Star Trek: la nueva generación. Pero la verdad es que me ha sorprendido un poco la actual oleada en redes sociales escogiendo los mejores momentos para intentar demostrar que la serie es una apología socialista. Me parece ir un poco lejos para una producción hollywoodiense, pero ahora que ha muerto Patrick Stewart, que se autoreconocía como socialista, nos permitiremos esa ensoñación.
https://jacobin.com/2026/11/patrick-stewart-socialism-picard-sci-fi
El capitán Picard era socialista, al igual que Patrick Stewart
- Alexander Deley
Patrick Stewart, fallecido la semana pasada a los 86 años, fue un socialista comprometido desde el principio. Esa convicción impregnó su mejor papel: el de Jean-Luc Picard, un líder que recurría a la razón y la compasión en lugar de a la fuerza.
Para quienes crecimos viendo Star Trek: La nueva generación, la muerte de Patrick Stewart la semana pasada supuso una pérdida enorme. Stewart era un actor de extraordinario talento, capaz de dominar cada escena en la que aparecía al tiempo que aportaba profundidad emocional incluso a los personajes más imponentes. Se sentía igual de cómodo con la tragedia shakespeariana, la ciencia ficción y la comedia: Stewart podía con todo.
También había algo en su calvicie prematura que le hacía parecer mayor —lo que se sumaba a su ya impresionante solemnidad natural—, pero que, al mismo tiempo, le confería un aire atemporal a lo largo de las décadas. Tanto si interpretaba a Shakespeare en el escenario como si aparecía en películas de ciencia ficción de baja calidad, como el thriller de vampiros espaciales desnudos Lifeforce (1985), siempre encarnaba plenamente a los personajes que interpretaba.
https://www.marca.com/en/lifestyle/movies/2026/10/30/patrick-stewart-actor-there-s-nothing-more-fun-than-being-at-a-dinner-party-in-beverly-hills-surrounded-by-elegant-people-and-telling-them-you-re-a-socialist.html
Un socialista desde el principio
Gran parte de la perspectiva política radical de Stewart surgió a una edad temprana. Nacido en 1940, creció en la pobreza en Yorkshire, Inglaterra, siendo el menor de tres hermanos. La madre de Stewart trabajaba en una fábrica textil, mientras que su padre desempeñó varios oficios de clase trabajadora, entre ellos el de jornalero y cartero, sin llegar nunca a superar el trastorno de estrés postraumático (TEPT) que padecía tras sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial.
El padre de Stewart solía someter a su esposa a violencia doméstica. Ser testigo de la explotación de su madre en el trabajo y del maltrato en el hogar marcó profundamente la visión política de Stewart. En lugar de aceptar estas injusticias como algo inevitable, se comprometió a combatirlas. Stewart afirmó que se convirtió en socialista a los cinco años. Más adelante, se convirtió en un activista sin tapujos contra la violencia doméstica, basándose en las experiencias que tanto habían empañado su infancia:
He sido testigo de la injusticia en la sociedad toda mi vida. De las condiciones en las que mi madre trabajó toda su vida, en una nave industrial de tejido en el norte de Inglaterra. Y ha sido precisamente esta característica de la injusticia la que me ha motivado en todo mi pensamiento político.
Stewart también descubrió desde muy joven, con el apoyo de su profesor de inglés del instituto, que tenía un talento extraordinario para la interpretación. De hecho, a los diez años, ese mismo profesor le entregó al joven Patrick un ejemplar de Macbeth y le dijo que subiera al escenario y representara la obra. Stewart tenía un talento innato. Siguió actuando a lo largo de toda su etapa escolar, a menudo junto a su amigo Brian Blessed, quien también acabaría desarrollando una impresionante carrera dramática por su cuenta. Más tarde, Stewart y Blessed recibieron becas para estudiar en la Escuela de Teatro Old Vic de Bristol. Según se dice, Stewart fue la primera persona que, sin ser licenciado ni por Oxford ni por Cambridge, recibió una beca del West Riding Council.
Stewart era algo sumamente poco común entre las grandes estrellas de Hollywood: un socialista convencido de toda la vida.
Stewart comenzó su carrera profesional en 1959 con una producción de Cyrano de Bergerac en Bristol. En 1966, se incorporó a la Royal Shakespeare Company, donde trabajó junto a actores como Ben Kingsley. En 1967, también debutó en la gran pantalla, consiguiendo un pequeño papel puntual en la longeva telenovela británica Coronation Street.
Posteriormente, apareció en obras de Shakespeare y en series de la BBC, entre las que destacan sus interpretaciones de Vladimir Lenin en Fall of Eagles (1974) y del cerebro del KGB, Karla, en las adaptaciones aclamadas por la crítica de las novelas de John le Carré Tinker Tailor Soldier Spy (1979) y Smiley’s People (1982). Esto también le allanó el camino para una serie de papeles secundarios en el cine. Entre ellos se incluyen Excalibur (1981), de John Boorman, y Dune (1984), de David Lynch, donde su personaje, Gurney Halleck, se lanza de forma memorable a la batalla acunando a un carlino.
A pesar de que su carrera cinematográfica iba en auge, Stewart mantuvo un profundo compromiso con el teatro, animado por su amigo de toda la vida y compañero de reparto, el también gran intérprete de Shakespeare, Ian McKellen. De hecho, la larga relación de Stewart con el teatro y con Shakespeare resultó ser clave para que consiguiera el papel que le catapultaría a la fama mundial.
La creación del capitán Picard
Cuando Stewart fue elegido para interpretar a Jean-Luc Picard en Star Trek: La nueva generación (1987-1994), se basó en sus años de formación shakespeariana para dar vida al capitán de la nave estelar. Tal y como él mismo explicó: «Hay una formalidad en su forma de hablar y de comportarse que me recuerda a numerosas situaciones shakespearianas que había vivido sobre el escenario. Me di cuenta de que debía interpretar a Jean-Luc como si fuera un personaje de Enrique IV, que trata sobre hombres valientes».
Esto resultó ser un golpe de genio, ya que Picard se convirtió de inmediato en uno de los favoritos de los seguidores. El porte seguro y sabio, a la vez que autoritario, de Picard, junto con su inclinación filosófica, resultó ser la representación ideal de la persona a la que uno querría tener explorando el cosmos en nombre de la humanidad. Muchos consideran que la serie es la mejor versión de Star Trek, y probablemente sea la que se mantuvo más fiel a las famosas ideas políticas de izquierdas del creador de la serie, Gene Roddenberry, ideas que Stewart compartía. Su singular interpretación contribuyó al éxito de la serie, convirtió a Stewart en un nombre muy conocido y lo transformó en una estrella internacional.
Para espectadores como yo, que crecimos viendo La nueva generación, Picard representaba la figura paterna ideal, algo que él mismo nunca tuvo. Sí, Picard poseía una autoridad serena —Stewart dijo que su propio padre era capaz de imponerse en cualquier estancia en la que entrara—, pero Picard era también un hombre de profunda bondad, inteligencia y compasión, con una fuerte aversión a la violencia. Su misión era la paz y, aunque la USS Enterprise se veía a menudo en peligro, Picard casi siempre era capaz de negociar una salida no violenta. Picard encarnaba una visión de la autoridad basada no en la dominación, sino en la cooperación, la razón y el respeto mutuo. Era una visión compatible con el socialismo de Stewart: un compromiso con la humanidad frente a la barbarie de la dominación y la violencia.
La humanidad de Jean-Luc Picard
Quizá la exploración más impactante que hizo Stewart de estos temas se produjo en el episodio de dos partes de La nueva generación titulado «Lo mejor de ambos mundos». A lo largo de los dos episodios, la Enterprise se encuentra con los Borg, un monstruoso colectivo cibernético que absorbe a otras civilizaciones en una única mente colmena —una visión inquietante del individuo totalmente subordinado a un poder superior—. Capturado y asimilado por los Borg, Picard acaba siendo rescatado por su tripulación. Sin embargo, la experiencia le deja profundamente traumatizado, lo que le obliga a lidiar con las consecuencias duraderas de haber sido despojado de su humanidad.
A lo largo del resto de la serie, cada vez que Picard se enfrenta de nuevo a los Borg, debe lidiar con su propia convicción sobre la santidad de toda vida en el universo, frente al resentimiento y el deseo de venganza. Es posible que la interpretación que hizo Stewart de la angustia de Picard se basara en su propia experiencia de trauma infantil al crecer en un hogar violento; sin duda, había hablado del daño psicológico duradero causado por el maltrato de su padre.
El Picard de Patrick Stewart ofreció un ejemplo de liderazgo basado no en la intimidación ni en la fuerza, sino en la inteligencia, la cooperación y el respeto hacia los demás.
Los encuentros posteriores de Picard con los Borg pusieron a prueba en repetidas ocasiones su compromiso con la compasión frente a la venganza. Su lucha por resistirse a la violencia, incluso contra quienes le habían hecho daño, sigue siendo una de las expresiones más conmovedoras de los ideales humanistas de la serie.
Stewart también se convirtió en un acérrimo defensor de la ciencia ficción como género, reconociendo su capacidad para explorar complejas cuestiones morales, éticas y filosóficas. Según se dice, en una ocasión abandonó una aparición promocional en Good Morning America tras enterarse de que los productores tenían la intención de ridiculizar la serie y la ciencia ficción en su conjunto. La serie, por supuesto, tuvo un éxito arrollador, no solo reviviendo la franquicia de Star Trek, sino dando lugar a cuatro largometrajes, en cada uno de los cuales Stewart retomó su papel protagonista.
Este respeto por la ciencia ficción y el entretenimiento de género fue probablemente también lo que ayudó a Stewart a dar con su otro papel más emblemático: el del profesor Charles Xavier en la franquicia cinematográfica X-Men. A partir de la adaptación de Bryan Singer, X-Men (2000), Stewart interpretó al fundador y mentor de los X-Men, dotado de poderes psíquicos, a lo largo de varias películas. Trabajando junto a su viejo amigo Ian McKellen (en el papel del antagonista de la serie, Magneto), las películas, al igual que los cómics en los que se basaban, exploraban las filosofías contrapuestas de ambos hombres en una metáfora más amplia del movimiento por los derechos civiles. El Xavier de Stewart buscaba la igualdad y la coexistencia entre los humanos y los mutantes con superpoderes, mientras que el Magneto de McKellen abogaba por una respuesta más militante ante la persecución, un conflicto que a menudo se interpretaba como una alegoría de los enfoques políticos contrapuestos asociados a Martin Luther King Jr. y Malcolm X.
A pesar de algunos guiones poco fluidos, Stewart y McKellen aportaron una solemnidad shakespeariana a sus papeles, lo que hizo que el conflicto ideológico entre Xavier y Magneto resultara genuinamente cautivador. Ambos volverían a reunirse sobre las tablas en 2009 para una aclamada representación de Esperando a Godot, de Samuel Beckett, una ambición que ambos habían albergado toda la vida.
Un compromiso de por vida con la justicia
Fuera de la pantalla, Stewart utilizó su recién adquirida fama para defender causas que le importaban. Hizo campaña contra la violencia doméstica y defendió los derechos de las mujeres, los sindicatos, el bienestar animal y un mayor reconocimiento del trastorno de estrés postraumático (TEPT) entre los veteranos. También se opuso al Brexit y alzó la voz contra los demagogos de la derecha, incluido Donald Trump. Una firme creencia en la justicia, arraigada en él desde una edad temprana, siguió siendo su guía.
Stewart también reveló su talento para la comedia, parodiando con alegría su propia imagen digna en apariciones en Extras y en la serie de animación Padre de familia, así como en su legendaria actuación como presentador de Saturday Night Live en 1994. Stewart siguió trabajando hasta el momento de su fallecimiento: en su última película, que llegará a los cines este invierno, volverá a interpretar el papel de Charles Xavier por última vez.
Será recordado no solo como uno de los mejores actores de su generación, sino también como un socialista comprometido que creía que la compasión, la igualdad y la solidaridad eran principios por los que merecía la pena luchar.
Para aquellos de nosotros que crecimos viendo a Jean-Luc Picard, nos ofreció algo igualmente valioso: un ejemplo de liderazgo basado no en la intimidación ni en la fuerza, sino en la inteligencia, la cooperación y el respeto hacia los demás. Era una visión de la humanidad a la que merecía la pena aspirar, tanto en la Tierra como entre las estrellas.
Alexander Deley es un profesional de la planificación urbana, escritor independiente, músico y cineasta que vive en el área de Washington, D.C.
9. Resumen de la guerra en Irán, 2 de noviembre.
El seguimiento en directo de Middle East Eye.
https://www.middleeasteye.net/live/live-israelis-head-polls-netanyahu-fights-political-life
En directo: Irán advierte de que una nueva guerra podría prolongarse tras las amenazas de ataques de Trump
Mientras tanto, Eisenkot afirma que Netanyahu está intentando «deslegitimar» los resultados
Puntos clave
Arabia Saudí condena el ataque contra un buque metanero de Catar
Los ataques israelíes causan la muerte de nueve personas en Gaza
Los huzíes reiteran sus amenazas contra el gigante petrolero saudí y la aviación
Actualizaciones en directo
Noticia: EE. UU. ha lanzado ataques contra Irán
Hace 35 segundos
El ejército estadounidense es responsable de los ataques contra Irán, según *The Wall Street Journal*, que cita a un funcionario estadounidense anónimo.
El periódico indicó que los ataques formaban parte de una serie de operaciones limitadas que Washington había «llevado a cabo en secreto» contra el país.
Anteriormente, se escucharon varias explosiones en la isla de Qeshm, en el sur de Irán, situada en el estrecho de Ormuz, así como en la ciudad costera de Bandar Lengeh, en la provincia de Hormozgán.
Los ataques se producen a pesar de las declaraciones del presidente de EE. UU., Donald Trump, en las que afirmaba que no lanzaría ataques contra Irán tras las elecciones de mitad de legislatura.
Hace 44 minutos
En declaraciones a David Hearst, el diputado palestino Ahmad Tibi instó al líder de la oposición israelí, Gadi Eisenkot, a que demuestre valentía política y colabore con los partidos árabes para poner fin al mandato del primer ministro Benjamin Netanyahu.
«Espero que Eisenkot tenga el valor suficiente para dar un paso adelante y formar un gobierno en minoría, lo que pondrá fin de inmediato a este gobierno de Netanyahu», afirmó Tibi.
En el último episodio del podcast de David Hearst, Ahmad Tibi, fundador y líder del partido Ta’al, señaló que no existía justificación democrática alguna para descartar la cooperación con los representantes palestinos en la Knesset en esta ocasión.
El partido de Tibi forma parte de la Lista Conjunta, junto con otros dos partidos liderados por palestinos: Hadash y Balad. En conjunto, obtuvieron 11 escaños. Otro partido palestino, Ra’am, consiguió ocho, lo que suma un total de 19 escaños para ambas listas —un récord para los partidos palestinos en el Parlamento—.
Estos resultados implican que ni un bloque liderado por Netanyahu ni uno liderado por Eisenkot pueden alcanzar una mayoría de 61 escaños sin los partidos palestinos.
Se escuchan explosiones en el sur de Irán
Hace 1 hora
Según varios informes locales, durante la noche se escucharon explosiones en el sur de Irán.
Se informó de explosiones en la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, así como de otras escuchadas en la ciudad costera de Bandar Lengeh, en la provincia de Hormozgán.
Las fuerzas israelíes avanzan hacia Quneitra, según informan los medios sirios
Hace 2 horas
Las fuerzas israelíes avanzaron hacia la localidad de al-Asbah, en la zona rural del sur de Quneitra, con cinco vehículos militares, según informó la televisión siria.
Según Sijil, una iniciativa siria que realiza un seguimiento de las violaciones israelíes en el país, las fuerzas israelíes cometieron siete violaciones el lunes antes de la última incursión, entre las que se incluyen otras incursiones, controles de carretera y sobrevuelos de aeronaves.
Hace 2 horas
Las fuerzas israelíes lanzaron redadas en varias localidades de la Cisjordania ocupada a última hora del lunes, según informaron fuentes locales.
Entre ellas se encuentran la localidad de Qabatiya, al sur de Jenin, y la ciudad de Qalqilya.
Arabia Saudí y EE. UU. revisan la cooperación estratégica en materia de defensa
Hace 3 horas
En medio de la escalada de tensiones en la región, el ministro de Defensa saudí, Khalid bin Salman, revisó la cooperación estratégica en materia de defensa con su homólogo estadounidense, Pete Hegseth.
Los esfuerzos por reducir la tensión y los continuos ataques huzíes contra el reino también figuraron entre los temas tratados en una conversación telefónica celebrada el lunes, según indicó el ministro saudí.
Trump afirma que no atacará a Irán tras las elecciones de mitad de legislatura
Hace 3 horas
Estados Unidos no va a atacar a Irán tras las elecciones de mitad de legislatura, afirmó el lunes el presidente Donald Trump, un día antes de unas elecciones muy esperadas y tras la advertencia del presentador conservador de podcasts Tucker Carlson de que Trump estaba barajando la posibilidad de lanzar una bomba nuclear.
Trump descartó los ataques en respuesta a una pregunta formulada por un periodista de la NBC durante un discurso pronunciado el lunes en el Reflecting Pool de Washington, tras haber dado a entender en otras entrevistas que no tenía prisa por reanudar los ataques contra la República Islámica.
«De una forma u otra, haremos algo, pero no hay prisa. Los hemos dejado en la ruina financiera. No tienen dinero, ni gasolina, y su pueblo está cada vez más harto de ello», declaró Trump a Axios en una entrevista publicada el lunes, antes de su discurso.
«Irán quiere un acuerdo, lo antes posible. ¡Podría suceder!», publicó Trump por separado en las redes sociales, antes de las elecciones de mitad de legislatura del martes.
Las declaraciones de Trump se producen 24 horas antes de que los estadounidenses acudan a las urnas para votar en unas elecciones que determinarán el control del Congreso de los Estados Unidos, y muchos comentaristas especulan con que estos comentarios podrían tener como objetivo tranquilizar a los votantes antes de las elecciones.
Más información: Trump afirma que no atacará a Irán tras las elecciones de mitad de legislatura
Trump afirma que es posible un acuerdo con Irán
Hace 3 horas
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el lunes que un acuerdo con Irán «podría producirse».
En una publicación en Truth Social, Trump escribió: «Los precios del petróleo están CAYENDO EN PICADO, han bajado casi 10 dólares por barril, TODO UN RÉCORD, porque la gente cree que no habrá una guerra con Irán».
«Irán quiere un acuerdo, lo antes posible. Podría producirse», añadió.
Trump «no tiene prisa» por decidir sobre Irán, según informa Axios
Hace 3 horas
En una entrevista telefónica con Axios, el presidente de EE. UU., Donald Trump, afirmó que «no tiene prisa» por decidir si reanudar la guerra contra Irán.
Los líderes de la oposición israelí se reunirán el martes para debatir la coalición
Hace 9 horas
Los líderes del principal bloque de la oposición israelí se reunirán el martes para intentar formar una mayoría tras las elecciones legislativas de la semana pasada, según anunció el lunes el partido de su líder, Gadi Eisenkot.
«Los líderes del “bloque por el cambio”… se reunirán en Herzliya para debatir y coordinar los próximos pasos», declaró el partido Yashar en un comunicado de prensa.
Hace 10 horas
El jefe de seguridad de Irán, Mohsen Rezaei, ha hablado con el presidente ruso, Vladímir Putin, sobre la guerra de EE. UU. e Israel contra el país.
«En el marco de las consultas de alto nivel entre Irán y Rusia, y tras las recientes reuniones entre altos cargos de ambos países, el general Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, y el presidente ruso, Vladímir Putin, han abordado la situación actual… en Oriente Medio durante una conversación telefónica», informó la agencia estatal de noticias IRNA.
Hace 11 horas
El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, afirmó que el líder supremo del país ha concedido «ciertas facultades» al Gobierno en lo que respecta a las negociaciones de paz, según informaron este lunes los medios estatales.
Pezeshkian señaló que Teherán «intentará resolver el problema mediante el diálogo», sin dar más detalles, según los medios estatales.
Información de Reuters
Hace 11 horas
Irán afirmó el lunes que estaba dispuesto a reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de dos días si Washington aceptaba sus condiciones, mientras el presidente de EE. UU., Donald Trump, lanzaba su última amenaza de guerra en un mitin de cara a las próximas elecciones de mitad de legislatura en EE. UU.
Un alto cargo iraní señaló que la oferta de abrir este corredor energético vital, que se produce tras los intensos esfuerzos de los mediadores para evitar una vuelta a la guerra, demostraba «buena fe».
Teherán mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz desde que comenzó la guerra en febrero, lo que ha disparado los precios de la energía y supone un reto electoral para Trump. Esta estrecha vía de acceso al Golfo, rico en recursos energéticos, transporta normalmente una quinta parte del consumo mundial de petróleo.
«La posibilidad de poner en práctica este plan en dos días es otra muestra del enfoque de buena fe de Irán», declaró a los periodistas el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmaeil Baghaei, en una rueda de prensa.
Información de la AFP
El rey de Jordania afirma que no habrá seguridad en Oriente Medio sin una «patria» palestina
Hace 13 horas
El rey Abdullah de Jordania ha afirmado que no habrá seguridad en Oriente Medio hasta que se respete el derecho de los palestinos a «su patria».
«Reiteramos, una y otra vez, que no puede haber seguridad ni estabilidad en nuestra región sin que se respete el derecho del pueblo palestino a su patria», declaró el lunes en la apertura del Parlamento jordano.
«A pesar de los llamamientos internacionales para que cese la violación de los derechos por parte de Israel, la catástrofe humanitaria en Gaza continúa, al igual que los implacables ataques en Cisjordania y Jerusalén, mientras que las ambiciones expansionistas de Israel siguen siendo la mayor amenaza para el futuro y las esperanzas de la región».
Hace 14 horas
El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso declaró el lunes que las noticias sobre nuevas acciones militares contra Irán son motivo de extrema preocupación.
Rusia ha venido instando a que se redoblen los esfuerzos diplomáticos para normalizar la situación en la región.
Información de Reuters
Hace 15 horas
El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso declaró el lunes que las noticias sobre nuevas acciones militares contra Irán son motivo de extrema preocupación.
Rusia ha venido instando a que se redoblen los esfuerzos diplomáticos para normalizar la situación en la región.
Información de Reuters
Israel retira sus fuerzas de la ciudad ocupada de Hebrón, en Cisjordania
Hace 15 horas
Israel retiró el lunes sus fuerzas de la ciudad de Hebrón, en Cisjordania ocupada, tras una redada de una semana de duración que provocó el desplazamiento de miles de residentes palestinos.
Periodistas de la AFP presenciaron el lunes el regreso de los residentes a sus hogares, tras haber sido evacuados por la fuerza en lo que, según los israelíes, fue una búsqueda de los hombres armados que mataron a dos soldados.
«Esta mañana, tras la finalización de todas las actividades operativas, los soldados se retiraron de la zona de operaciones en Hebrón. Las actividades antiterroristas en toda Judea y Samaria continúan», declaró un oficial militar israelí, utilizando el nombre bíblico para referirse al territorio palestino.
Un grupo de presión iraní-estadounidense insta a Trump a descartar el uso de armas nucleares
Hace 15 horas
El Consejo Nacional Iraní-Estadounidense (NIAC) ha instado al presidente de EE. UU., Donald Trump, a descartar el uso de armas nucleares en Irán tras una publicación en las redes sociales de Tucker Carlson en la que sugería que se estaba debatiendo esa posibilidad.
Carlson, un antiguo aliado de derecha de Trump, publicó en X que EE. UU. podría estar «a pocos días» de lanzar un ataque nuclear contra Irán, dirigido contra una supuesta instalación de enriquecimiento nuclear.
En un comunicado, el NIAC afirmó que Trump debía desmentir las afirmaciones de Tucker, las cuales —de ser ciertas— supondrían el primer ataque nuclear contra un objetivo civil desde la Segunda Guerra Mundial.
Hace 16 horas
Irán afirmó que las negociaciones con EE. UU. continúan a través de mediadores, según la AFP, a pesar de haberse retirado de las conversaciones el domingo.
Se está distribuyendo un borrador de propuesta y podría celebrarse una reunión de seguimiento, según declaró el lunes un funcionario informado sobre las conversaciones.
Los negociadores partieron el domingo, aunque no debido a dificultades en las negociaciones, señaló el funcionario, sin ofrecer más detalles sobre el borrador de la propuesta.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán afirmó que la base de las conversaciones es un plan de siete pasos elaborado por Irán en septiembre para reabrir el estrecho de Ormuz y poner fin al bloqueo naval de EE. UU. sobre Irán, y Teherán sugiere ahora que dicha propuesta podría aplicarse en un plazo más breve en el marco de un acuerdo.
El portavoz, Esmaeil Baghaei, señaló que el viceministro de Asuntos Exteriores, Kazem Gharibabadi, había estado en Doha para facilitar el intercambio de mensajes con Washington a través de intermediarios qataríes.
«Nuestras exigencias se han articulado de forma muy clara y transparente. Estas exigencias son razonables y lógicas: no se puede iniciar ningún acuerdo definitivo, ni se puede reabrir o garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz, a menos que se ponga fin al bloqueo naval estadounidense, se respeten las exigencias de Irán y se atiendan sus requisitos legítimos», afirmó Baghaei.
Información de AFP y Reuters
Hace 18 horas
Buenos días, lectores de Middle East Eye,
Estas son las últimas novedades:
- El gobernador de Hebrón afirmó que las fuerzas israelíes se retiraron de la ciudad ocupada de Cisjordania tras una operación de casi dos semanas de duración. Khaled Dudin declaró a Al Jazeera que las fuerzas de seguridad palestinas tienen ahora el control total de la zona, y añadió que las familias que se vieron obligadas a abandonar sus hogares ya pueden regresar.
- Al menos siete personas han resultado heridas tras los ataques aéreos de la coalición liderada por Arabia Saudí contra la provincia yemení de Hodeidah, según la cadena de televisión Al Masirah, afiliada a los huzíes. Por su parte, la coalición liderada por Arabia Saudí afirmó que sus defensas aéreas interceptaron y destruyeron un misil balístico huzí que se dirigía hacia la región sur de Arabia Saudí.
- Un buque cisterna que navegaba hacia el sureste por el Golfo fue alcanzado por dos proyectiles no identificados en su costado de babor, según informó la agencia británica de Operaciones de Comercio Marítimo (UKMTO). El incidente tuvo lugar a 72 millas náuticas al este de Ras al-Khafji, en Arabia Saudí. La UKMTO añadió que se había localizado a todos los miembros de la tripulación y que no se había informado de ningún impacto medioambiental.
- Un asesor diplomático del presidente de los Emiratos Árabes Unidos declaró en el Diálogo de Manama del IISS que los Emiratos Árabes Unidos esperan un «avance diplomático» en las negociaciones entre Irán y EE. UU. Anwar Gargash añadió que los Emiratos Árabes Unidos están «preparados para lo peor» y tomarán medidas para protegerse a sí mismos y a sus ciudadanos.
- El presidente de EE. UU., Donald Trump, reiteró el domingo sus amenazas de reanudar los ataques contra Irán, afirmando que EE. UU. podría verse obligado a dar a Teherán «el golpe definitivo» en algún momento. «Y la única razón por la que aún no he acabado con Irán es que quiero ser amable.
https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/saudi-led-coalition-says-it-destroyed-houthi-missile-targeting-kingdoms
Hace 19 horas
La coalición liderada por Arabia Saudí afirmó que sus defensas aéreas interceptaron y destruyeron un misil huzí dirigido a la región sur del reino.
Anteriormente, la autoridad de protección civil de Arabia Saudí había emitido alertas en Khamis Mushait, Abha, Taif y Najran, anunciando posteriormente que el peligro había pasado.
Las fuerzas israelíes se han retirado de Hebrón, según afirma el gobernador
Hace 19 horas
El gobernador de Hebrón afirmó que las fuerzas israelíes se retiraron de la ciudad ocupada de Cisjordania tras una operación de casi dos semanas de duración.
Khaled Dudin declaró a Al Jazeera que las fuerzas de seguridad palestinas tienen ahora el control total de la zona, y añadió que las familias que se vieron obligadas a abandonar sus hogares ya pueden regresar.
La defensa civil saudí afirma que el peligro ha pasado tras las alertas emitidas en ciudades del sur
Hace 19 horas
La autoridad de defensa civil de Arabia Saudí afirmó que el peligro había pasado en varias ciudades del sur tras la emisión de las alertas.
Poco antes, se habían emitido avisos de posibles amenazas en Khamis Mushait, Abha, Taif y Najran.
Hace 20 horas
El líder del partido israelí Yashar, Gadi Eisenkot, afirmó que el primer ministro Benjamin Netanyahu y su partido «no han logrado» desacreditar los resultados electorales israelíes.
«El vil y malicioso intento de negar los resultados electorales, de socavar la voluntad de la ciudadanía, de calumniar a toda una población y de arrastrar a Israel a nuevas elecciones ha fracasado», afirmó en una publicación en X.
«Solo alguien que comprende que ha perdido se embarcaría en una campaña de deslegitimación tan descarada, incluso a costa de erosionar aún más la confianza de la ciudadanía en las instituciones del Estado».
Calificó los recientes resultados electorales de «claros e inequívocos» e instó a los ciudadanos israelíes a «hacer caso omiso del ruido de fondo».
«El pueblo es soberano y ha hablado: el Gobierno del fracaso no cuenta con mayoría y ha perdido», añadió, refiriéndose al Gobierno de Netanyahu.
Hace 21 horas
Manifestantes israelíes de derecha se concentraron en Haifa para exigir un Gobierno sin partidos árabes y la convocatoria de nuevas elecciones, alegando acusaciones de fraude electoral supuestamente facilitado por financiación procedente de Catar.
Hace 22 horas
El exjefe del Mossad, David Barnea, ha afirmado que Israel difundió intencionadamente imágenes de su operación encubierta en Irán durante el conflicto de junio de 2025 para provocar detenciones masivas y dificultar que las fuerzas iraníes localizaran a los auténticos agentes israelíes.
«Una de las razones por las que difundimos inmediatamente un vídeo oficial la mañana de la Operación León Inmerente, con el logotipo del Mossad, fue para proteger a los agentes que se encontraban allí», declaró Barnea, según comentarios recogidos por The Jerusalem Post el 25 de octubre.
Barnea señaló que la filtración de las imágenes de las operaciones israelíes en Irán no fue solo un intento de demostrar el alcance del Mossad, sino también una estrategia para desbordar a la contrainteligencia iraní, provocando que llevaran a cabo detenciones masivas, lo que dificultaría distinguir a los agentes de los ciudadanos de a pie.
«Queríamos asegurarnos de que detuvieran a tanta gente en Irán que no pudieran separar el trigo de la paja y que, finalmente, liberaran a todo el mundo», afirmó.
Barnea señaló que las autoridades iraníes detuvieron a 21 000 personas durante la operación.
Más información: Israel difundió intencionadamente imágenes de agentes del Mossad en Irán para provocar detenciones masivas, afirma un exjefe
La UKMTO afirma que un buque fue alcanzado por dos proyectiles cerca de Arabia Saudí
Hace 23 horas
Un petrolero que navegaba hacia el sureste por el Golfo fue alcanzado por dos proyectiles no identificados en su costado de babor, según informó la agencia de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO).
El incidente tuvo lugar a 72 millas náuticas al este de Ras al-Khafji, en Arabia Saudí. La UKMTO añadió que se había localizado a todos los miembros de la tripulación y que no se había informado de ningún impacto medioambiental.