Miscelánea 30/1/2024

Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Lenin en Midwestern Marx
2. ¿Adiós de EE.UU. a Asia occidental?
3. Después de la sentencia
4. El destino trágico de Israel (observación de Miguel Candel)
5. EE.UU. pide ayuda a China con Irán (observación de Joaquín Miras)
6. B sobre un lento colapso
7. Nuevo Partido Sosyalista en Filipinas
8. «Orden basado en normas» contra derecho internacional (observación de Joaquín Miras)
9. Una mirada crítica a la transición ecológica

1. Lenin en Midwestern Marx

Ahí va otro sobre Lenin, de un cubano en el Mediooeste estadounidense…

https://mronline.org/2024/01/

Cinco ideas de Lenin más actuales que nunca
Publicado originalmente: Midwestern Marx el 21 de enero de 2024 por Carlos L. Garrido (más por Midwestern Marx) | (Publicado el 29 de enero de 2024)
Hoy se cumplen cien años de la muerte física de uno de nuestros camaradas más queridos, Vladimir Ilich Ulianov, conocido por nosotros como Lenin. Sería insensato, sin embargo, pensar que su muerte física significó la muerte de sus ideas. Hoy, después de cien años, las ideas de Lenin son tan indispensables como siempre. «Se equivocan cuando piensan que su muerte es el fin de sus ideas». Esto nos lo dijo Fidel Castro a la muerte del Che Guevara, pero se aplica con igual exactitud a la muerte de Lenin.
Lenin nunca fue, como Occidente lo reduce, simplemente el hombre de la práctica que «aplicó» lo que Marx y Engels escribieron. Sin duda, en términos de la práctica revolucionaria y el desarrollo de las tácticas para la lucha de clases en la era del imperialismo, hay una partícula de verdad en esta interpretación. Pocos han entendido mejor que Lenin la lucha de clases y cómo hacerla avanzar. Pocos han estado tan en sintonía con la cosmovisión marxista, tan completamente desprovistos de dogmas y del fetichismo de la pureza, como para comprender la dialéctica del socialismo en su máxima profundidad. Lenin, ya fuera antes o después de la conquista del poder, fue un hombre que destacó en el uso de la perspectiva marxista como guía para la acción, como la mayor herramienta y la mejor arma de trabajo, como la describió Engels, para que las masas cambiaran (y no sólo interpretaran) el mundo. Ya sea en el desarrollo creativo del partido de vanguardia de nuevo tipo en la época de la máxima represión zarista, donde el trabajo organizativo tuvo que adoptar una forma clandestina con revolucionarios profesionales (que siempre ha sido malinterpretado en Occidente como un partido elitista verticalista), o en su comprensión del papel del campesinado en la lucha revolucionaria, o en su desarrollo de la Nueva Política Económica durante el primer período de construcción socialista, la práctica de Lenin indudablemente aplicó y desarrolló creativamente la obra de Marx y Engels.
Sin embargo, Lenin como teórico (que está engarzado dialécticamente con el Lenin anterior) es a menudo pasado por alto, especialmente en el Occidente chovinista que ve a Europa como los portadores de la «teoría» y al Este como los aplicadores de la misma en la «práctica». Lukács sigue teniendo razón al decirnos que «Lenin es el mayor pensador que ha producido el movimiento obrero revolucionario desde Marx… el único teórico igual a Marx».
En este centenario de su fallecimiento, he aquí cinco desarrollos centrales de Lenin sobre la tradición marxista.
1) En el ámbito de la filosofía, desarrolla el materialismo marxista en el contexto de la crítica del idealismo machista y su difusión en los espacios marxistas rusos. Esto lo hace en su
Materialismo y empiriocriticismo de 1908, un texto que a los marxistas occidentales posmodernizados les da náuseas por su defensa a ultranza del materialismo y del realismo filosófico. Incluso algunos de los que no han condenado totalmente a Lenin quisieran crear una división entre el Lenin de 1908 y el posterior a 1914. Si bien es cierto que sus estudios filosóficos de 1914 en Suiza, especialmente su estudio de Hegel, representa uno de los mayores avances en la literatura materialista dialéctica, debe añadirse a las ideas filosóficas anteriores, no utilizarse para rechazarlas. Francamente, ¿qué otra cosa se puede esperar de los marxistas occidentales, aquellos que miran a todas partes y sólo ven divisiones (Marx temprano y maduro, Marx de Engels, Lenin anterior y posterior a 1914, Lenin y la construcción socialista posterior a Lenin en Rusia, etc.)? Conjuntamente, por tanto, con sus desarrollos filosóficos hacia la cosmovisión marxista en 1908 están sus cuadernos filosóficos de 1914. Aunque Marx nunca llegó a proporcionarnos el breve texto de la «Dialéctica» que prometió, en sus estudios de 1914 Lenin sí nos proporciona un amplio trabajo sobre una interpretación materialista de Hegel y la sublimación marxista de su concepción dialéctica del mundo (que, como materialismo al revés, contiene el germen de la perspectiva marxista), desempeñando para los futuros revolucionarios el papel que presumiblemente tendría la «Dialéctica» de Marx.
2) Lenin desarrolló la concepción marxista de la economía política capitalista para la etapa del imperialismo y del capital monopolista. Marx ya había avanzado en este sentido en el tercer volumen de El Capital, pero es sólo con la carnicería de la primera guerra mundial que la fase imperialista del capitalismo se desarrolla hasta un punto de madurez en el que puede entenderse como una fase propia, un desarrollo parcialmente cualitativo dentro del modo de vida capitalista en su conjunto. Es aquí donde Lenin cristaliza este análisis, concretando el trabajo previo realizado por Hobson, Hilferding y Bujarin. El análisis de Lenin sobre el dominio del capital financiero en la era del imperialismo sólo se ha vuelto más indispensable a medida que las instituciones financieras globales surgieron tras la segunda guerra mundial. Su predicción de que el imperialismo irá unido a una guerra imperialista constante (tanto de tipo interimperialista como del tipo que intenta subyugar bajo el dominio imperial a las naciones fuera de su esfera de influencia), no podría haber resultado más profética en este último siglo, ya que el imperialismo estadounidense ha librado una guerra híbrida contra prácticamente todos los países del planeta. Sin el marco teórico del análisis de Lenin sobre el imperialismo, es literalmente imposible acercarse a una comprensión exacta del mundo actual. Tenemos que agradecer a Lenin esta claridad.
3) Junto con sus ideas sobre el imperialismo y el papel del campesinado en las revoluciones socialistas, Lenin desarrolla los trabajos anticoloniales de Marx y Engels, que ven las luchas de liberación nacional como formas de lucha de clases. Lenin ve la primacía que éstas suelen tener en las luchas de clase de las naciones imperializadas contra la opresión nacional. En todo el mundo no occidental-europeo-anglosajón, estas luchas se han levantado, a veces asegurando sus éxitos durante décadas (Cuba, China, Vietnam, Laos, RPDC, etc.) y a veces siendo derrocadas por sucias tácticas imperialistas estadounidenses/europeas tras la conquista exitosa del poder (Burkina Faso, Congo, Guinea-Bissau, Ghana, etc.).
La tarea que Lenin encomendó al proletariado de las naciones imperiales, de conectar sus luchas de clase con los movimientos anticoloniales y antiimperialistas en ascenso, es más pertinente que nunca. En EE.UU., a medida que se hace más evidente cómo el imperio se alimenta de la república (como la llama Michael Parenti), es más fácil que nunca ver la unidad de intereses entre las luchas antiimperialistas del sur global y las que enfrentamos en casa. A medida que la aristocracia obrera (un concepto que Lenin desarrolla a partir de Engels y del marxista estadounidense Daniel de León) se desconecta cada vez más de las bases, la tarea de mostrar al pueblo trabajador estadounidense la ineptitud de sus dirigentes aburguesados y, por tanto, el camino socialista y antiimperialista a seguir, se hace más fácil. En cierto modo, el liderazgo de Chris Smalls en el sindicato Amazon Labor Union, Shawn Fain en la UAW y (en menor medida) Sean O’Brian en los Teamsters, significa un desarrollo militante en el movimiento obrero -un movimiento que crece (en diversos grados) en conciencia de clase, socialista e internacionalista en la línea de la que Lenin estaría orgulloso. Por supuesto, esto también sería cierto para los millones de trabajadores estadounidenses que han protestado durante los últimos tres meses contra el genocidio sionista del pueblo palestino colonizado.
4) Lenin concreta la comprensión marxista del Estado y de la construcción socialista. En El Estado y la revolución (así como en otros ensayos), Lenin recopila las ideas de Marx y Engels sobre el Estado y sobre la dictadura del proletariado. Ningún texto había proporcionado la visión marxista del Estado de forma tan sucinta y elaborada como lo hizo Lenin, utilizando las obras de Marx y Engels (y lo que es más importante, el método marxista). Sigue siendo una lectura necesaria para todos los comunistas. Con él, todos los usos abstractos de «democracia», «libertad», «dictadura» que la burguesía imperialista utiliza para legitimarse y atacar a sus enemigos son capaces de ser desempaquetados y ridiculizados por lo que son: abstracciones vacías. ¿Para quién son la democracia y la libertad de las que habla la burguesía? ¿Es para el pueblo? NO. Es democracia para los ricos, ¡la insignificante minoría! Es la libertad del capital para explotar y acumular. ¿No se opone esto directamente a la democracia y a la libertad del pueblo? ¿No se ha demostrado que el pueblo, si logra conquistar el poder, debe emplear el método de la «dictadura» contra los contrarrevolucionarios y los imperialistas para proteger sus revoluciones? ¿Para proteger la democracia y la libertad populares y participativas reales? El perfeccionamiento por Lenin de las ideas de Marx y Engels ha permitido a las luchas revolucionarias posteriores comprender la importancia de derrocar un Estado diseñado para reproducir el modo de vida burgués por un Estado de la clase obrera que pueda, mientras exista el imperialismo capitalista, defender la revolución popular de la guerra híbrida imperialista y de los colaboradores contrarrevolucionarios que puedan seguir existiendo en casa.
La concepción de Lenin del Estado obrero también debe tener en cuenta los ajustes que hubo que hacer en el período posrevolucionario, cuando quedó claro que había que poner el énfasis en el desarrollo de las fuerzas productivas y de un Estado eficiente que pudiera guiar el proceso de destrucción de las desigualdades globales entre las naciones imperialistas e imperializadas. Este proyecto, como demuestran la NEP de Lenin, la colectivización de Stalin y la experiencia de la reforma y apertura de China, puede producirse a través de diversos medios. El capital puede emplearse, bajo la dirección de un partido comunista fuerte y disciplinado, en la tarea de desarrollar las fuerzas de producción para el socialismo. Mientras el «capital político», como lo llamaba Mao, se mantenga en manos del pueblo a través de sus partidos comunistas y obreros, el proceso de expropiación del capital puede tomar distintas velocidades y tiempos. Las ideas de Lenin tras la revolución nos ayudan a concretar la dialéctica del capital político y económico ya empleada por Marx y Engels en el Manifiesto, donde argumentaban que:
El proletariado utilizará su supremacía política para arrebatar, por grados, todo el capital a la burguesía, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante; y para aumentar lo más rápidamente posible el total de las fuerzas productivas.
5) Por último, el desarrollo por Lenin del centralismo democrático sigue siendo, en mi opinión, el método organizativo (ya sea para un partido o para un Estado) más eficaz que jamás se haya empleado. Su unidad (cuando se aplica correctamente) de los componentes democráticos del debate abierto y la consulta con la eficacia de la acción centralizada y unificada, son pilares de la democracia socialista. «Centralismo basado en la democracia con democracia bajo la dirección del centralismo», como dijo Deng Xiaoping. La unidad de acción entre los que luchan por las masas de la humanidad es uno de los dictados más aterradores que han escuchado los oídos de las clases dominantes. Las clases dominantes (no sólo las capitalistas) sobreviven del divide et impera (divide y vencerás). Les encantan las facciones y la faccionalización. Basta con echar un vistazo al Federalista 10 de James Madison, donde la faccionalización de las masas se considera la clave para impedir su revuelta unificada contra la élite sobre la base de la cuestión de la propiedad. Pero la unidad de acción leninista está precedida por la consulta democrática, por el debate, por parte de los cuadros del partido (el destacamento más avanzado del proletariado), de la cuestión en cuestión. El componente democrático ha sido a menudo el más difícil de alcanzar, limitando nuestra capacidad de apreciar la eficacia de la unidad de acción. No obstante, incluso cuando los viejos partidos comunistas de Occidente parecen haber caído en su mayoría en la ruta de ir a remolque de los socialdemócratas y los liberales, la necesidad de un partido comunista fuerte, guiado por los métodos del centralismo democrático, no podría ser más urgente para satisfacer la crisis del factor subjetivo que estamos experimentando en nuestro tiempo -un tiempo objetivamente preñado de potencial revolucionario (para más información, véase mi libro El fetichismo de la pureza y la crisis del marxismo occidental aquí).
El marxismo-leninismo es la única visión del mundo que contiene en su interior estos desarrollos indispensables sobre la tradición marxista abierta y en constante expansión. En los EE.UU., el marxismo-leninismo se ha concretado a las condiciones nacionales de nuestro país a través de las obras de W.E.B. Dubois, Henry Winston y otros que han sido capaces de evaluar el papel de la línea de color en la división de los trabajadores, y por lo tanto, el papel que la lucha antirracista ha desempeñado como la forma principal de la lucha de clases en los EE.UU. (para un análisis detallado de esto, ver mi artículo ‘Du Bois’s Black Reconstruction: El trabajador negro y la falsa conciencia racista’). Es esta tradición marxista-leninista, mejorada y concretada por las ideas de Dubois (el padre del marxismo estadounidense -véase el artículo citado anteriormente para saber por qué digo esto), Winston, MLK Jr., etc., la que crea la base para el desarrollo del marxismo estadounidense (como algunos de nosotros lo hemos llamado en el Instituto), o marxismo-leninismo estadounidense. Es este marco teórico el que nos permite evitar el fetichismo de la pureza, comprender la trayectoria estadounidense y el proceso de aburguesamiento de los últimos siglos y de reproletarización de las masas trabajadoras de este siglo. Es, en definitiva, este marxismo-leninismo ajustado a nuestro contexto el que nos permite entender nuestras luchas de clase y nuestro camino a seguir, guiándonos mientras derrocamos al Estado imperialista parasitario y establecemos una dictadura democrática de la clase obrera sobre su ruina. En otras palabras, un verdadero gobierno (o modo de vida) de, por y para el pueblo trabajador. Una promesa que nuestra clase capitalista nunca fue capaz de hacer realidad, pero que nosotros -¡el pueblo trabajador- sí haremos!
El leninismo no es sólo el conjunto de ideas marxistas que guiaron la revolución proletaria soviético-rusa hacia la victoria y permitieron que comenzara la construcción socialista, sino que también es una teoría marxista internacional, enraizada en el pensamiento de Marx y Engels, que ha guiado al proletariado internacional en sus luchas y en su actividad constructora. En el siglo XXI, el marxismo-leninismo mundial sigue teniendo un gran valor contemporáneo y sigue estando muy «presente». El marxismo-leninismo y su aplicación a las condiciones nacionales promoverán sin duda el desarrollo del socialismo mundial, desde la marea baja hasta el clímax y la victoria.
-Cheng Enfu
¿Sabes tú que la mano poderosa
que a un César arrancó del trono, era
suave como la rosa?
La mano poderosa
¿sabes tú de quién era?
¿Sabes tú que la voz de agua encendida,
terrestre impulso en que se ahogó tu dueño,
cantó siempre a la vida?
De esa voz encendida
¿sabes tú quién fue dueño?
¿Sabes tú que aquel viento que bramaba
como un toro nocturno, también era
onda que acariciaba?
El viento que bramaba
¿sabes tú de quién era?
Y sabes tú que el sol de rojo manto,
de duras flechas implacable dueño,
secó Nevas de llanto?
Del sol de rojo llanto
¿sabes tú quién fue dueño?
Te hablo de Lenin, tempestad y abrigo,
Lenin siembra contigo,
¡oh campesino de arrugado ceño!
Lenin canta contigo,
¡oh cuello puro sin dogal ni dueño!
Oh pueblo que venciste a tu enemigo, Lenin está contigo,
Como un dios familiar simple y risueño,
Día a día en la fábrica y el trigo,
uno y diverso universal amigo,
¡de hierro y lirio, de volcán y sueño!
«Lenin» Nicolás Guillén
Carlos L. Garrido es profesor de filosofía cubanoamericana en la Southern Illinois University, Carbondale. Es director del Midwestern Marx Institute y autor de The Purity Fetish and the Crisis of Western Marxism (2023), Marxism and the Dialectical Materialist Worldview (2022) y de próxima publicación Hegel, Marxism, and Dialectics (2024). Ha escrito para docenas de publicaciones académicas y populares de todo el mundo y dirige varios programas en directo para YouTube del Midwestern Marx Institute.

2. ¿Adiós de EE.UU. a Asia occidental?

Parece que Bhadrakumar se ha incorporado también como columnista en The Cradle. Le publican este artículo, como siempre interesante, sobre la posible salida de EEUU de Asia occidental, y las conversaciones diplomáticas que se están celebrando en la zona. https://thecradle.co/articles/

«Enjambres» contra EEUU en Asia Occidental, hasta que se doblegue
Estados Unidos está tan inmerso en una batalla imposible de ganar desde el Levante hasta el Golfo Pérsico que sólo sus adversarios de China, Rusia e Irán pueden sacarlo de ella.
MK Bhadrakumar 29 DE ENERO DE 2024
La disuasión en defensa es una estrategia militar en la que una potencia utiliza la amenaza de represalias para impedir el ataque de un adversario, manteniendo al mismo tiempo la libertad de acción y la flexibilidad para responder a todo el espectro de desafíos. En este ámbito, la resistencia libanesa, Hezbolá, constituye un ejemplo sobresaliente.
La claridad de objetivos de Hezbolá a la hora de establecer y mantener estrictamente unas normas básicas que disuaden de la agresión militar israelí ha puesto el listón muy alto en la región. En la actualidad, sus aliados de Asia Occidental han adoptado estrategias similares, que se han multiplicado en el contexto de la guerra de Gaza.
Estados Unidos, rodeado
Aunque el movimiento de resistencia yemení Ansarallah es comparable a Hezbolá en ciertos aspectos, es la audaz marca de disuasión defensiva practicada por la Resistencia Islámica de Irak la que va a tener grandes consecuencias a corto plazo.
La semana pasada, citando fuentes del Departamento de Estado y del Pentágono, la revista Foreign Policy escribió que la Casa Blanca ya no está interesada en continuar la misión militar estadounidense en Siria. La Casa Blanca desmintió posteriormente esta información, pero el informe va ganando terreno.
El diario turco Hurriyet escribía el viernes que, aunque Ankara se muestra prudente ante las informaciones de los medios de comunicación, sí percibe «un esfuerzo general» de Washington por salir no sólo de Siria, sino de toda la región de Asia Occidental, al considerar que se ha visto arrastrado a un atolladero por Israel e Irán desde el Mar Rojo hasta Pakistán.
El representante presidencial especial de Rusia para la solución del conflicto sirio, Alexander Lavrentiev, también declaró el viernes a Tass que mucho depende de cualquier «amenaza de impacto físico» sobre las fuerzas estadounidenses presentes en Siria. La rápida salida militar estadounidense de Afganistán se produjo prácticamente sin previo aviso, en coordinación con los talibanes. «Con toda probabilidad, lo mismo puede ocurrir en Irak y Siria», dijo Lavrentiev.
De hecho, la Resistencia Islámica de Irak ha intensificado sus ataques contra bases y objetivos militares estadounidenses. En un ataque con misiles balísticos contra la base aérea de Ain al-Asad, en el oeste de Irak, hace una semana, un número indeterminado de soldados estadounidenses resultaron heridos, y la Casa Blanca anunció la primera muerte de tropas el domingo, cuando tres militares estadounidenses murieron en la frontera entre Siria y Jordania en ataques efectuados ese mismo día.
Pedir ayuda a Pekín
Esta situación es insostenible políticamente para el presidente Joe Biden -en su intento de reelección el próximo noviembre-, lo que explica la urgencia de la reunión del asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, con el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, el viernes y el sábado en Tailandia, para tratar los ataques de Ansarallah en el Mar Rojo.
El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, John Kirby, explicó así la prisa de Washington por la mediación china: «China tiene influencia sobre Teherán; tienen influencia en Irán. Y tienen la capacidad de mantener conversaciones con los dirigentes iraníes que nosotros no podemos. Lo que hemos dicho en repetidas ocasiones es: Agradeceríamos un papel constructivo por parte de China, utilizando la influencia y el acceso que sabemos que tienen…»
Se trata de un giro dramático de los acontecimientos. Aunque a Estados Unidos le preocupa desde hace tiempo la creciente influencia de China en Asia Occidental, también necesita esa influencia ahora que los esfuerzos de Washington por reducir la violencia no están llegando a ninguna parte. La narrativa estadounidense al respecto será que la «conversación estratégica y reflexiva» entre Sullivan y Wang no sólo será «una forma importante de gestionar la competencia y las tensiones [entre Estados Unidos y China] de forma responsable», sino que también «marcará el rumbo de la relación» en su conjunto.
Mientras tanto, ha habido un agitado tráfico diplomático entre Teherán, Ankara y Moscú, ya que el presidente iraní, Ebrahim Raisi, viajó a Turkiye, y el moribundo formato de Astana sobre Siria se puso en marcha la semana pasada. En pocas palabras, los tres países prevén que pronto se producirá una situación «postestadounidense» en Siria.
¿Una salida estadounidense de Siria e Irak?
Por supuesto, las dimensiones de seguridad son siempre delicadas. El viernes, el presidente sirio Bashar al-Assad presidió en Damasco una reunión de los mandos del aparato de seguridad del ejército para formular un plan de cara al futuro. Según un comunicado, en la reunión se elaboró una hoja de ruta integral en materia de seguridad que «se ajusta a las visiones estratégicas» para hacer frente a los retos y riesgos internacionales, regionales e internos.
Sin duda, lo que da impulso a todo esto es el anuncio hecho el jueves en Washington y Bagdad de que Estados Unidos e Irak han acordado iniciar conversaciones sobre el futuro de la presencia militar estadounidense en Irak con el objetivo de fijar un calendario para la retirada gradual de las tropas.
Según el anuncio iraquí, Bagdad pretende «formular un calendario específico y claro que especifique la duración de la presencia de los asesores de la coalición internacional en Irak» e «iniciar la reducción gradual y deliberada de sus asesores en suelo iraquí», que desemboque finalmente en el fin de la misión de la coalición. Irak se compromete a garantizar la «seguridad de los asesores de la coalición internacional durante el periodo de negociación en todas las partes del país» y a «mantener la estabilidad y evitar una escalada».
Por parte estadounidense, el secretario de Defensa, Lloyd Austin, afirmó en un comunicado que las conversaciones tendrán lugar en el ámbito de una comisión militar superior creada en agosto de 2023 para negociar la «transición a una asociación bilateral de seguridad duradera entre Irak y Estados Unidos».
Los mandos del Pentágono estarían depositando esperanzas en unas negociaciones prolongadas. Estados Unidos está en condiciones de chantajear a Irak, que está obligado, según el acuerdo unilateral dictado por Washington durante la ocupación en 2003, a mantener en los bancos estadounidenses todos los ingresos iraquíes por exportación de petróleo.
Pero, en última instancia, las consideraciones políticas del presidente Biden en año electoral serán determinantes. Y eso dependerá de la calibración de los grupos de resistencia de Asia Occidental y de su capacidad para «enjambrar» a Estados Unidos en múltiples frentes hasta que ceda. Es este factor «desconocido» el que explica la reunión en formato Astana de Rusia, Irán y Turquía los días 24 y 25 de enero en Kazajstán. Los tres países se están preparando para el final del juego en Siria. No por casualidad, en una llamada telefónica el viernes pasado, Biden volvió a decir al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu «que reduzca la operación militar israelí en Gaza, subrayando que no está por la labor de un año de guerra», informó Barak Ravid de Axios en una «primicia».
Su declaración conjunta tras la reunión del formato de Astana en Kazajstán es un documento notable que se basa casi por completo en el fin de la ocupación estadounidense de Siria. Insta indirectamente a Washington a renunciar a su apoyo a los grupos terroristas y a sus afiliados «que operan bajo diferentes nombres en diversas partes de Siria» como parte de los intentos de crear nuevas realidades sobre el terreno, incluidas las iniciativas ilegítimas de autogobierno con el pretexto de «combatir el terrorismo». Exige que se ponga fin a la incautación y transferencia ilegales por parte de Estados Unidos de recursos petrolíferos «que deberían pertenecer a Siria», a las sanciones unilaterales estadounidenses, etc.
Simultáneamente, en una reunión celebrada el miércoles en Moscú entre el secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nikolay Patrushev, y Ali-Akbar Ahmadian, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, este último habría subrayado que la cooperación Irán-Rusia en la lucha contra el terrorismo «debe continuar, particularmente en Siria.» Se espera que el Presidente ruso Vladimir Putin organice una cumbre trilateral con sus homólogos turco e iraní para afianzar un enfoque coordinado.
El Eje de la Resistencia: disuasión significa estabilidad
La paciencia de Irán se ha agotado con la presencia militar estadounidense en Siria e Irak tras el resurgimiento del ISIS con apoyo estadounidense. Curiosamente, Israel ya no acata su mecanismo de «desconflicción» con Rusia en Siria. Es evidente que existe una estrecha cooperación estadounidense-israelí en Siria e Irak a nivel de inteligencia y operativo, que va en contra de los intereses rusos e iraníes. Ni que decir tiene que también hay que tener en cuenta la inminente mejora de la asociación estratégica entre Rusia e Irán.
Estos acontecimientos son una ilustración clásica de la disuasión defensiva. El Eje de Resistencia resulta ser el principal instrumento de paz para las cuestiones de seguridad que enredan a Estados Unidos e Irán. Está claro que no existe ningún método ni ninguna esperanza razonable de convergencia en este proceso, pero, afortunadamente, la apariencia de caos en Asia Occidental es engañosa.
Más allá de las distracciones de las discusiones partidistas y los rituales diplomáticos, se pueden detectar los esbozos de una solución práctica al estancamiento sirio que aborde los intereses de seguridad inherentes a Estados Unidos e Irán que están incrustados dentro de un anillo exterior de concordia entre Estados Unidos y China sobre la situación en Asia Occidental.
Rusia puede parecer un caso atípico por el momento, pero hay algo en ello para todos, ya que la retirada de las tropas estadounidenses abre el camino a una solución siria, que sigue siendo una prioridad absoluta para Moscú y para Putin personalmente.

3. Después de la sentencia

Un análisis desde el punto de vista legal de los posibles pasos a seguir tras la sentencia en la CIJ. https://truthout.org/articles/

¿Qué ocurre ahora que la CIJ ha ordenado a Israel que no cometa genocidio?
La sentencia de la CIJ ha sido una victoria para los palestinos y para el derecho internacional. He aquí las posibles vías de aplicación.
Marjorie Cohn Truthout 29 de enero de 2024
¿Qué sigue ahora que la Corte Internacional de Justicia (CIJ), también conocida como Tribunal Mundial, ha emitido su fallo casi unánime de que Sudáfrica presentó un caso «plausible» de que Israel estaba violando la Convención sobre el Genocidio?
La sentencia provisional del 26 de enero -que supuso una victoria histórica para el pueblo palestino y, de hecho, para el propio derecho internacional- pasa ahora al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para su aplicación. Sería competencia del Consejo de Seguridad ordenar sanciones económicas o comerciales, embargos de armas, prohibiciones de viajar o incluso el uso de la fuerza militar.
Pero en el caso probable de que Estados Unidos vete las medidas de aplicación del Consejo de Seguridad, la Asamblea General de la ONU aún puede actuar de forma independiente de manera materialmente significativa.
La decisión final de la CIJ en este caso podría tardar varios años. Pero dada la urgencia de la muerte masiva y la crisis humanitaria que se está produciendo actualmente, el tribunal ha ordenado entretanto seis «medidas provisionales» para proteger a los palestinos de Gaza de actos genocidas mientras el tribunal termina de estudiar el fondo del asunto.
En su sentencia, el tribunal afirma que es «plenamente consciente de la magnitud de la tragedia humana que se está desarrollando en la región y está profundamente preocupado por la continua pérdida de vidas y el sufrimiento humano». Describió a la población civil de Gaza como «extremadamente vulnerable», señalando «decenas de miles de muertos y heridos y la destrucción de viviendas, escuelas, instalaciones médicas y otras infraestructuras vitales, así como desplazamientos a escala masiva». El tribunal añadió que la «operación continúa» y que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había declarado que «durará muchos largos meses más». El tribunal señaló: «En la actualidad, muchos palestinos de la Franja de Gaza no tienen acceso a los alimentos más básicos, agua potable, electricidad, medicamentos esenciales o calefacción.»

Medidas provisionales que la CIJ ha ordenado aplicar inmediatamente a Israel
La CIJ ha ordenado a Israel que no cometa actos genocidas contra los palestinos de Gaza inmediatamente, incluso mientras la CIJ continúa su lento proceso de considerar oficialmente el fondo del caso de genocidio.
El tribunal concluyó que «la catastrófica situación humanitaria» en Gaza «corre grave riesgo de deteriorarse aún más antes de que la Corte dicte su sentencia definitiva». Además, el tribunal afirmó que el derecho de los palestinos a ser protegidos contra actos genocidas y el derecho de Sudáfrica (como parte de la Convención sobre el Genocidio) a garantizar el cumplimiento de la convención por parte de Israel podían salvaguardarse con medidas provisionales.
La CIJ constató «un riesgo real e inminente de que se cause un perjuicio irreparable a los derechos que la Corte considera plausibles». El tribunal escribió: «Por lo tanto, es necesario, a la espera de su decisión final, que el Tribunal indique ciertas medidas para proteger los derechos reclamados por Sudáfrica que el Tribunal ha considerado plausibles.» Éstas son:
1. Israel adoptará todas las medidas a su alcance para impedir la comisión de todos los actos genocidas, en particular: a) matar a miembros del grupo; b) causar graves daños corporales o mentales a miembros del grupo; c) infligir deliberadamente al grupo condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física total o parcial; y d) imponer medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo.
2. Israel garantizará con efecto inmediato que sus fuerzas armadas no cometan ninguno de los actos descritos en el punto 1 anterior.
3. Israel adoptará todas las medidas a su alcance para prevenir y castigar la incitación directa y pública a cometer genocidio.
4. Israel adoptará medidas inmediatas y efectivas para permitir la prestación de los servicios básicos y la asistencia humanitaria que se necesitan urgentemente para hacer frente a las adversas condiciones de vida a las que se enfrentan los palestinos en Gaza.
5. Israel tomará medidas efectivas para impedir la destrucción y garantizar la preservación de las pruebas.
6. Israel presentará un informe al Tribunal sobre todas las medidas adoptadas para dar efecto a esta Orden en el plazo de un mes a partir de la fecha de la misma.
El tribunal afirmó que «todas las partes en el conflicto de la Franja de Gaza están obligadas por el derecho internacional humanitario». Dijo que está «gravemente preocupado por la suerte de los rehenes secuestrados durante el ataque en Israel el 7 de octubre de 2023 y retenidos desde entonces por Hamás y otros grupos armados» y pidió «su liberación inmediata e incondicional».
Las votaciones sobre las medidas provisionales fueron 15-2 o 16-1. La juez ugandesa Julia Sebutinde disintió de todas ellas. El juez ad hoc israelí Aharon Barak disintió de todas excepto de las medidas que exigían a Israel prevenir y castigar la incitación a cometer genocidio y permitir la entrada de ayuda humanitaria en Gaza.
Ahora que la CIJ ha ordenado medidas provisionales, ¿cómo se hará cumplir su orden?

Medidas que puede adoptar la Asamblea General de la ONU si Estados Unidos veta su aplicación por el Consejo de Seguridad
Si Estados Unidos veta las medidas de ejecución a través del Consejo de Seguridad, la Asamblea General puede reunirse en virtud de Unidos por la Paz, una resolución aprobada por la Asamblea General para eludir el veto de la Unión Soviética durante la Guerra de Corea. La Asamblea General puede recomendar a sus Estados miembros que impongan embargos de armas y comerciales a Israel y organicen una fuerza militar para intervenir en Gaza. La Asamblea General también podría suspender a Israel de sus filas. Estas decisiones requerirían el voto de dos tercios de los 193 Estados miembros de la Asamblea General.
«Una resolución enérgica podría exigir medidas específicas de carácter jurídico, económico, político, diplomático, consular, organizativo y de otro tipo. Y los Estados individuales y las orgs regionales deberían actuar también, como una cuestión de deber legal bajo la convención y bajo la Carta», según Craig Mokhiber, ex director de la Oficina de Nueva York del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, que dimitió en 2023 porque la ONU no ponía fin a lo que él llamaba el «caso de libro de texto de genocidio de Israel.»
«Los terceros Estados están ahora al corriente de la existencia de un grave riesgo de genocidio contra el pueblo palestino en Gaza», dijo el Departamento de Relaciones Internacionales y Cooperación de Sudáfrica en un comunicado. «Deben, por tanto, actuar también de forma independiente e inmediata para impedir el genocidio por parte de Israel y asegurarse de que ellos mismos no violan la Convención sobre el Genocidio, incluso ayudando o colaborando en la comisión de genocidio. Esto impone necesariamente a todos los Estados la obligación de dejar de financiar y facilitar las acciones militares de Israel, que son plausiblemente genocidas.»

¿Qué relación guarda la decisión provisional de la CIJ con las peticiones de alto el fuego?
Aunque el tribunal no ordenó que Israel «suspendiera inmediatamente sus operaciones militares» en Gaza, como pedía Sudáfrica, las medidas provisionales que ordenó exigen efectivamente un alto el fuego. Las órdenes de la CIJ prohíben la matanza genocida de palestinos y ordenan que Israel permita la entrada de ayuda humanitaria en Gaza, lo que no puede lograrse sin un alto el fuego.
«¿Cómo se proporciona ayuda y agua sin un alto el fuego? Si se lee la orden, implícitamente debe producirse un alto el fuego», afirmó la ministra sudafricana de Asuntos Exteriores, Naledi Pandor, en una declaración a la prensa tras el fallo.
Aunque la decisión provisional de la CIJ no pide explícitamente un alto el fuego, en realidad lo exige. También refuerza la campaña de alto el fuego y la presión internacional en apoyo de la liberación palestina, ya que reconoce los derechos humanos fundamentales de los palestinos.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Sudáfrica describió la decisión como «una victoria decisiva para el Estado de derecho internacional y un hito importante en la búsqueda de justicia para el pueblo palestino».
Lawyers for Palestinian Human Rights calificó la decisión de la CIJ de «una luz muy necesaria en la oscuridad», y añadió: «Es un día histórico para el claro reconocimiento de los derechos humanos fundamentales de los palestinos, incluido su derecho fundamental a la vida, y una importante reivindicación del recurso vital a la ley para defender los derechos fundamentales.»
El ex relator especial de la ONU sobre los derechos humanos en los Territorios Palestinos Ocupados, Richard Falk, declaró que la decisión «marca el momento más importante en la historia del [tribunal]» porque «refuerza las pretensiones de que el derecho internacional sea respetado por todos los Estados soberanos, no sólo por algunos».

Israel intenta mitigar el daño a su posición global en la escena mundial
Como era de esperar, Israel rechazó la decisión del Tribunal Mundial. Netanyahu la calificó de «indignante» y calificó las acusaciones de genocidio contra Israel de «infundadas». El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, tachó a la CIJ de «antisemita» y añadió: «Este tribunal no busca la justicia, sino la persecución del pueblo judío…. No deben escucharse las decisiones que ponen en peligro la existencia continuada del Estado de Israel.»
Incluso antes de que se anunciara la decisión de la CIJ, los dirigentes israelíes estaban haciendo un elegante juego de piernas para tratar de contener las consecuencias previstas y defender la idea de que Israel había ordenado aumentar la ayuda humanitaria a Gaza.
Anticipándose a la decisión de la CIJ, Israel desclasificó más de 30 órdenes secretas de dirigentes gubernamentales y militares que, según Israel, refutan la acusación de Sudáfrica de que cometió genocidio en Gaza. Israel afirma que los documentos muestran en realidad que su gobierno intentó reducir el número de víctimas civiles.
Los documentos incluían resúmenes de las reuniones del gabinete celebradas a finales de octubre, en las que Netanyahu ordenó el suministro de ayuda, agua y combustible a Gaza. Dijo al gobierno que determinara si «actores externos» podían establecer hospitales para tratar a los palestinos de Gaza, y que posiblemente amarraran un barco hospital frente a la costa.
Las actas de una reunión del gabinete celebrada el 14 de noviembre dicen que Netanyahu insistió continuamente en la necesidad de aumentar significativamente la ayuda humanitaria a Gaza. Otro documento decía: «Se recomienda responder favorablemente a la petición de EE.UU. de permitir la entrada de combustible». Las actas de una reunión del gabinete celebrada el 18 de noviembre dicen que Netanyahu hizo hincapié en «la absoluta necesidad» de seguir permitiendo la entrada de ayuda humanitaria básica en Gaza.
«Pero el dossier también está muy comisariado y omite la mayoría de las instrucciones de guerra dadas por el gabinete y el ejército», según The New York Times. «Los documentos disponibles no incluyen órdenes de los 10 primeros días de la guerra, cuando Israel bloqueó la ayuda a Gaza y cerró el acceso a la electricidad y el agua que normalmente suministra al territorio».
«Cuando intentas demostrar que no diste la orden de hacer algo, obviamente vas a mostrar órdenes que indican otra cosa», dijo al Times William A. Schabas, profesor de derecho internacional de la Universidad Middlesex de Londres y autor de Genocide in International Law. «Y si hay una orden de hacer algo o un plan para hacerlo, no vas a proporcionar eso».
En su fallo, la CIJ reconoció la afirmación de Israel de «que ha tomado ciertas medidas para abordar y aliviar las condiciones a las que se enfrenta la población de la Franja de Gaza». Pero, añadió el tribunal, «aunque hay que alentar medidas como éstas, son insuficientes para eliminar el riesgo de que se cause un perjuicio irreparable antes de que la Corte emita su decisión final en el caso.»

Estados Unidos recorta la financiación de la ayuda humanitaria a Gaza tras el fallo de la CIJ
El mismo día en que la CIJ dictaminó que Israel debe permitir la ayuda humanitaria a los palestinos de Gaza, Israel acusó a 12 miembros del personal del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas (OOPS) de estar implicados en los atentados del 7 de octubre perpetrados por Hamás. La UNRWA despidió a nueve de los presuntos culpables, está investigando a dos de ellos y uno ha muerto. Sin embargo, Estados Unidos y varios de sus aliados (que aportan el 60% de la financiación de la UNRWA) suspendieron inmediatamente los fondos a la agencia, que cuenta con 13.000 empleados y de la que dependen casi todos los palestinos de Gaza para sobrevivir, incluidos alimentos y refugio.
El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, dijo en un comunicado que «los aborrecibles presuntos actos de estos miembros del personal deben tener consecuencias, pero las decenas de miles de hombres y mujeres que trabajan para la UNRWA, muchos en algunas de las situaciones más peligrosas para los trabajadores humanitarios, no deben ser penalizados. Las terribles necesidades de las poblaciones desesperadas a las que sirven deben ser satisfechas».
Al desfinanciar la ayuda humanitaria a los palestinos sitiados en Gaza, Estados Unidos está acelerando el genocidio de Israel.
Sudáfrica presentó ante la CIJ un caso poderoso y convincente de que Israel está cometiendo genocidio contra el pueblo palestino en Gaza. La solicitud que Sudáfrica presentó ante el tribunal sitúa los actos y omisiones genocidas de Israel en el contexto más amplio de los 75 años de política de apartheid, los 56 años de ocupación y los 16 años de bloqueo de Gaza por parte de Israel. Este asedio fue descrito por Juliette Touma, directora de comunicaciones de UNRWA, como un «asesino silencioso de personas».
Sudáfrica dijo a la CIJ que «condenaba inequívocamente los ataques contra civiles por parte de Hamás y otros grupos armados palestinos y la toma de rehenes del 7 de octubre». Pero añadió que «ningún ataque armado contra el territorio de un Estado, por grave que sea, ni siquiera un ataque que implique crímenes atroces, puede justificar o defender» el genocidio. Israel «ha cruzado esta línea», afirmó Sudáfrica.
Israel respondió responsabilizando a Hamás de la situación en Gaza. Israel argumentó que el derecho internacional humanitario es el marco pertinente, que Hamás cometió crímenes de guerra. En opinión de Israel, no se trata de un caso de genocidio; si alguien fue víctima de genocidio, Israel afirma que fue el 7 de octubre, cuando las fuerzas de resistencia palestinas supuestamente mataron a 1.200 personas. Sin embargo, Hamás no forma parte de este caso, porque no es un Estado parte de la Convención sobre el Genocidio.
La decisión de los dirigentes estadounidenses de recortar la ayuda humanitaria a Gaza y amplificar las acusaciones de Israel contra la UNRWA el mismo día en que la CIJ hizo público su fallo subraya implícitamente el mensaje de que Estados Unidos respalda las narrativas israelíes que presionan para que se vuelva constante y unívocamente al ataque de Hamás del 7 de octubre, en lugar de dar cuenta de la campaña genocida que Israel ha estado librando en respuesta desde entonces.

La administración Biden está violando su política de transferencia de armas y la Convención sobre el Genocidio
La administración Biden ya está siendo sometida a un continuo escrutinio tanto internacional como nacional. Apenas unas horas después de que la CIJ anunciara su histórico fallo, se retransmitió públicamente una histórica vista del tribunal federal en una demanda interpuesta por palestinos contra el presidente Joe Biden, el secretario de Estado Antony Blinken y el secretario de Defensa Lloyd Austin por no impedir el genocidio y complicidad en el mismo.
Pero independientemente de cómo vaya el caso en el tribunal federal estadounidense, Estados Unidos seguirá enfrentándose sin duda a la condena internacional por su violación de la Convención sobre el Genocidio, así como a la violación de su propia política de transferencia de armas, a raíz de la decisión provisional de la CIJ. El fallo de la CIJ también pone de relieve cómo el gobierno de EE.UU., que proporciona anualmente 3.800 millones de dólares a Israel y ha solicitado la aprobación del Congreso para 14.000 millones más, está violando la propia Política de Transferencia de Armas Convencionales de EE.UU. de la administración Biden, que establece:
No se autorizará ninguna transferencia de armas cuando Estados Unidos considere que es más probable que las armas que se van a transferir sean utilizadas por el receptor para cometer, facilitar que el receptor cometa o agravar el riesgo de que el receptor cometa: genocidio; crímenes contra la humanidad; graves violaciones de los Convenios de Ginebra de 1949, incluidos ataques dirigidos intencionadamente contra objetivos civiles o civiles protegidos como tales; u otras violaciones graves del derecho internacional humanitario o de los derechos humanos, incluidos actos graves de violencia de género o actos graves de violencia contra niños.
La política del Presidente Biden también dice que la evaluación de si el receptor (Israel) está cometiendo violaciones de los derechos humanos «incluirá la consideración de la información disponible y las circunstancias pertinentes, incluidas las acciones actuales y pasadas del receptor propuesto».
La CIJ hizo amplias constataciones fácticas sobre la conducta de Israel en Gaza y citó el lenguaje deshumanizador de altos funcionarios israelíes y las declaraciones de alarma de varios funcionarios de la ONU. En esencia, el tribunal aceptó la mayor parte de las detalladas acusaciones de Sudáfrica contra Israel. Estas conclusiones deberían servir de advertencia a la administración Biden de que si sigue suministrando armas a Israel violará tanto la Convención sobre el Genocidio como la Política de Transferencia de Armas.

4. El destino trágico de Israel

Los propios judíos son cada vez más conscientes de que Israel no proporciona más seguridad, ni a los judíos allí, ni a los de la diáspora. Pero su solución es una especie de «huida hacia adelante» genocida. https://strategic-culture.su/

La trágica autodestrucción de un Israel enfurecido
Alastair Crooke 29 de enero de 2024
Las energías de la resistencia atravesarán la propia «revolución» de Occidente y la «guerra civil» en ciernes, escribe Alastair Crooke.
Israel está encajonado, como se está haciendo muy evidente para muchos israelíes. Un corresponsal israelí (antiguo Secretario del Gabinete) ilustra su naturaleza:
«El significado del incumplimiento del 7 de octubre no es sólo la pérdida de vidas… sino principalmente la potencial transformación de cómo se percibe a Israel… como algo que ya no debe ser temido por los actores de Oriente Medio».
«Los dirigentes israelíes deben interiorizar que ya no podemos contentarnos con una ‘sensación de victoria’ entre la opinión pública israelí … Es dudoso que la victoria en Gaza baste para devolver el miedo a Israel a los niveles que teníamos frente a nuestros enemigos. Una victoria que se reduzca sólo a la liberación de los cautivos y a medidas de confianza para establecer un Estado palestino no bastaría para apuntalar la imagen de Israel en ese sentido».
«Si el atolladero de Gaza … lleva a los dirigentes [israelíes] a darse cuenta de que no hay capacidad para presentar una victoria clara en este frente, una que conduzca a un cambio estratégico en la región, deben considerar cambiar de frente y reafirmar la disuasión israelí mediante la eliminación de la amenaza estratégica en Líbano …. La victoria contra una de las organizaciones terroristas más ricas y poderosas del mundo – Hezbolá – puede restablecer la disuasión en la región en general … Israel debe eliminar la amenaza del norte y desmantelar la estructura de poder que Hezbolá ha construido en Líbano, independientemente de la situación en el sur».
«Pero sin una victoria en el sur, un logro significativo en el norte se vuelve mucho más importante».

La cita anterior va directamente al meollo de la cuestión. Es decir: «¿Cómo puede salvarse el sionismo?». Todo el resto del «bla bla» procedente de los líderes mundiales es en gran medida un farol. Gaza NO sólo NO está dando a los israelíes una sensación de victoria, sino que, por el contrario, está proliferando ampliamente una violenta ira ante una derrota sorpresiva y «vergonzosa».
Algunos miembros del gabinete de guerra (por ejemplo, Eisenkot) sugieren que Israel mire a los ojos a la verdad: Debería capitular ante Hamás; dar una oportunidad al alto el fuego; liberar a los palestinos encarcelados y salvar a los rehenes retenidos en Gaza:
«Creo que es necesario decir con valentía que es imposible recuperar a los rehenes con vida en un futuro próximo sin un acuerdo [de alto el fuego], y cualquiera que esté alimentando con mentiras a la opinión pública está alimentando con mentiras».
Pero éste no es el sentimiento predominante entre los israelíes: La última encuesta del Índice de Paz refleja el pesimismo generalizado: el 94% de los judíos cree que Israel ha utilizado la cantidad adecuada de potencia de fuego en Gaza (o «no lo suficiente» (43%)). Tres cuartas partes de todos los israelíes piensan que el número de palestinos heridos desde octubre está justificado para lograr sus objetivos; dos tercios de los encuestados judíos dicen que el número de bajas está definitivamente justificado (sólo el 21% dice que está «algo» justificado).
El verdadero precio que Israel pagará, sin embargo, no es simplemente la liberación de prisioneros palestinos (aunque eso, en sí mismo, crearía un clamor popular), sino más bien el temor a que la aquiescencia a las demandas de Hamás suponga el fin del paradigma Israel-seguridad:
Este paradigma consiste en un «contrato» casi religioso según el cual los judíos gozarán de seguridad en todo y en cualquier lugar de la tierra de Israel -provocado por la elaborada matriz de inseguridad radical del espacio y los derechos impuesta a los no judíos (es decir, los palestinos), frente a la plena fuerza de la protección y la soberanía para los judíos. Este es el paradigma universal que sustenta la seguridad judía.
Hasta el 7 de octubre. Los acontecimientos de ese día demostraron que los judíos israelíes ya no están seguros dentro de Israel y que el marco sionista, en lo que respecta a la seguridad, debe replantearse o, forzosamente, abandonarse. Esta toma de conciencia ha dado lugar a una formación psicológica masiva de inseguridad. Como señala el profesor emérito de Historia de la Universidad Hebrea, Moshe Zimmermann:
«La solución sionista no es una solución. Estamos llegando a una situación en la que el pueblo judío que vive en Sión vive en una condición de inseguridad total… tenemos que tener en cuenta que Israel está provocando una reducción de la seguridad de los judíos de la diáspora, en lugar de lo contrario. Así que esta solución sionista es muy deficiente, y tenemos que examinar cuál es la causa de esta deficiencia.»
El actual discurso externo sobre la noción de dos Estados no puede ser «una solución» a las tensiones actuales, y es falso. Y, escribe el destacado comentarista israelí Alon Pinkas, la Casa Blanca y Netanyahu lo saben. Es falsa porque el zeitgeist israelí y la psique actual de los temores y la exigencia de venganza lo excluyen; porque los colonos-zelotes no serán eliminados sin ríos de sangre; y porque dos Estados para la mayoría de los israelíes amenaza con el borde delgado del final del sionismo, ya que el grupo no judío insistirá en la paridad de derechos: es decir, no más derechos especiales para un grupo de población (judíos), sobre otro (no judíos – es decir, palestinos).
Las conversaciones sobre un acuerdo de normalización con Arabia Saudí también son falsas: Arabia Saudí está obligada por la Iniciativa de Paz Árabe de 2002 liderada por Arabia Saudí (un Estado palestino como condición previa para la normalización) y porque la Autoridad Palestina no puede «reconstruirse» fácilmente como el brazo de seguridad «Vichy» de Israel para atormentar a sus compatriotas palestinos.
Entonces, ¿a qué vienen todas esas «soluciones» que no se ajustan a la realidad política?
Bueno, este debate conviene tanto a Biden como a Netanyahu. El equipo de Biden está en modo de contención. La Casa Blanca espera -mediante la contención- «apaciguar» las llamas de la fiebre bélica suscitada por el asalto a Gaza y así deslizar la situación imperceptiblemente hacia la «calma» regional que la Administración considera «apropiada» para un año electoral.
Para ello, hablar de normalización saudí y de dos Estados son «pacificadores» (aunque falsos) para que Biden parezca estar «gestionando» el conflicto y evitando su «ampliación». Y Netanyahu puede presumir de ser un «guerrero» robusto y valiente al enfrentarse a Estados Unidos y decir «no» a cualquier Estado palestino.
Sin embargo, la realidad es que Israel está encajonado, y la caja se aprieta cada vez más. La situación se acerca cada vez más a la tragedia, donde la «tragedia» no surge por pura casualidad. Ocurre porque tenía que ocurrir; por la naturaleza de los participantes; porque los actores implicados hacen que ocurra. Y no tienen más remedio que hacerlo porque, bueno… ésa es su naturaleza.
Este es el caso que nos ocupa: el antiguo Poeta Laureado británico, Ted Hughes, escribió sobre el violento conflicto religioso en la Inglaterra isabelina provocado por la supresión calvinista puritana del antiguo catolicismo, en el que la «Diosa de las creencias paganas anteriores» -las energías humanas naturales de estos últimos aún florecientes- finalmente estalló en forma feroz enfurecida para destruir al héroe puritano.
Sustitúyase la supresión puritana por un dios Jehová enfurecido que aborrece la antigua imaginación y civilización islámicas (por su presunta traición y odio letal hacia Israel) para dar el contexto a la «verdad» de Shakespeare.
El leitmotiv de Ted Hughes es la historia de Inglaterra como una carga de culpa protestante. Shakespeare, escribe, estaba atormentado por la sensación de que no hace mucho tiempo Inglaterra era un país católico que «se endureció en el protestantismo». En su poema La violación de Lucrecia, el alma del rey romano queda «desfigurada» por la violación de Lucrecia que ha perpetrado. Al final, por este acto, el rey lo pierde todo y es desterrado. La pura Lucrecia se suicida.
Esta es la cuestión: Ted Hughes ha escrito que, de los mitos contrapuestos de la época de Shakespeare, Tarquino (el rey romano) representa «al puritano adorador de Jehová», cuyo mito de la creación le dice que es el Dios trascendente y omnipotente quien manda, no «la Otra» divinidad. En su celo, el rey romano se propone destruirla (representando al ‘otro’). Pero estas fuerzas puritanas proteicas y cambiantes acaban resultando autodestructivas.
Biden (por así decirlo) abrazó el impulso hebraico de aniquilar la violenta «otredad» que brotaba de Gaza, pero es de suponer que intuye que, al hacerlo, ha cruzado una «línea moral invisible». Es cómplice de los crímenes cometidos posteriormente en Gaza. Debe asumir una parte de culpa. Sin embargo, debe persistir. No tiene elección. Debe dejar que Gaza (y posiblemente también Líbano) suceda, porque esa es la naturaleza de Biden.
Y Hamás y Hezbolá no pueden retroceder, porque estas energías colectivas reprimidas han sido liberadas. Es demasiado tarde para detener el impulso revolucionario. Un impulso que se está ampliando a Cisjordania; a Yemen, Irak y más allá. Los puertos de Israel están ahora cercados y asediados por misiles.
Netanyahu, por el contrario, temeroso de la creciente debacle en Gaza, ha optado por el clásico modo «héroe». Por un lado, puede definirse en sentido estricto como el género del mito que celebra el ascenso de un héroe masculino que emprende una búsqueda, se enfrenta a obstáculos aterradores en el camino y demuestra su valentía en el combate, regresando finalmente a casa en medio de la adulación.
Sin embargo, en el relato de Homero, los héroes de mayor estatus son los más vulnerables a la vergüenza. Cualquier desaire o revés puede amenazar toda la identidad del líder, así como su posición a los ojos de sus iguales. Aquellos que disfrutan del estatus más alto pueden ser los más perjudicados por la pérdida. Héctor se resiste a los llamamientos de sus amigos y familiares para que no vaya a la guerra y, en su lugar, va a la muerte. Su soledad y el alejamiento de sus seres queridos añaden patetismo a la angustia de los momentos inmediatamente anteriores a su muerte, cuando de repente se da cuenta de que los dioses le han engañado y le han conducido a su perdición.
¿Será éste también el destino de Netanyahu? ¿Están «los dioses» llevándole a la tragedia? Desde luego, le han acorralado. La derrota en Gaza le hace vulnerable a la ruina y, para Israel, a ninguna victoria clara en Gaza que conduzca a un cambio estratégico en la región. Se está instando a Netanyahu a que considere la posibilidad de cambiar de frente para reafirmar la disuasión israelí mediante la eliminación de la amenaza estratégica en Líbano. En esta situación, Israel no puede contentarse con menos que la victoria, se insta a Netanyahu.
Nir Barkat, ex alcalde de Jerusalén y favorito para suceder a Netanyahu al frente del Likud, afirmó que Israel puede permitirse seguir luchando y abrir un nuevo frente con Líbano, a pesar del coste de mil millones de shekel (200 millones de libras) al día que supone el conflicto.
Barakat dijo que por «grande que sea la crisis»,
«también es una gran oportunidad: Irán es un objetivo legítimo para Israel. No se saldrán con la suya. La cabeza de la serpiente es Teherán… Israel se acerca a una guerra total con Hezbolá en el sur de Líbano, tras haber evacuado el norte del país»:
«Cueste lo que cueste… Esta es una guerra religiosa».
Así pues, la segunda fase de este conflicto está llegando a su fin y se abre la tercera. La intensidad de la guerra en general aumentará, probablemente provocada por un cambio de estatus en el papel de Hezbolá: ¿Será desencadenado por una intervención israelí o se adelantará a ella si Hezbolá da el primer paso? ¿Autorizará Biden que Estados Unidos apoye a Israel? Probablemente sí, porque su naturaleza es apoyar a Israel. ¿Pero hasta dónde llegará?
Los paliativos políticos (las ostensibles «soluciones» políticas) darán paso a un debate más duro sobre cómo hacer que se mantenga un alto el fuego. Esta fase pasará probablemente de una ONU inmovilizada a las estructuras más informales de los BRICS, con Rusia y China desempeñando un papel más importante y directo. Europa se verá afectada por el cisma (y Estados Unidos también, aunque en menor medida).
Es probable que esta próxima fase persista sin resolución, durante el proceso en el que todas las partes pongan a prueba sus respectivas fuerzas frente a la otra. Y será el momento en que la cohesión social de Israel se vea sometida a una dura prueba. ¿Podrá mantenerse? ¿Se reconfigurarán los cimientos del sionismo y éste se verá obligado a abandonar sus raíces de Jabotinsky?
También será el momento en el que la superintendencia judía sobre la matriz política occidental de Estados Unidos y Europa también luchará por reconciliarse entre los mitos en liza a medida que sus polos de energía en conflicto destruyan el «orden social», y uno u otro de los principales actores del conflicto pase por alguna forma de tragedia inevitable.
La revolución y las guerras culturales no son acontecimientos limitados en el tiempo; se desbordan en el «antes» (es decir, el conflicto que se avecina), así como en el «después».
Sin embargo, si la propuesta de Ted Hughes de que la ecuación «trágica» de Shakespeare es aquella en la que las narrativas arquetípicas en competencia -con sus energías explosivamente desatadas- desembocarán en una tragedia violenta es correcta, entonces deberíamos esperar que la puesta en escena (actualmente) del mito de la creación hebraico frente a la expansión cultural de la civilización islámica también tenga un impacto trascendental tanto dentro de América como de Europa, mucho más allá de las particularidades del conflicto que se desarrolla en Oriente Próximo.
Se convertirá en el eje de la nueva era.
Porque los mitos fundamentales asociados a la supresión puritana de Jehová, por un lado, y a la liberación de las energías compensatorias de la resistencia, por otro, recorren la existencia humana como una doble hélice. Ya se están desbordando en las sensibilidades religiosas latentes, aunque todavía presentes, de Occidente. Atravesarán la propia «revolución» de Occidente y la «guerra civil» en ciernes.

Observación de Miguel Candel:
Desionistizar Israel es tan imposible como deslobar a un lobo. ¿Qué es Israel sino los sionistas del mundo re-unidos? Sólo aprenderán a palos que, básicamente, obliguen a una parte de la población a marcharse con la Torah a otra parte. Entonces quizá sea posible algún tipo de arreglo con los que queden para que acepten dejar sus creencias dentro de la sinagoga y repitan aquello de «mi reino no es de este mundo» y que «todos somos hijos de Dios», no unos más hijos que otros.

5. EE.UU. pide ayuda a China con Irán

Hoy doblete de Bhadrakumar. En su blog ha publicado este artículo sobre una reciente visita para pedir auxilio a China de un enviado de los EE.UU.

https://www.indianpunchline.

29 de enero de 2024 por M. K. BHADRAKUMAR
China ignora los ruegos de mediación de EE.UU.
Wang Yi, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista Chino y director de la Oficina Central de Asuntos Exteriores (3º por la izquierda) se reunió con Jake Sullivan, ayudante del presidente estadounidense para la Seguridad Nacional (3º por la derecha), Bangkok, 26-27 de enero de 2024.
Hay un viejo proverbio que dice que las desgracias nunca llegan solas. Además de los informes de soldados estadounidenses que cayeron como bolos en un ataque con drones contra la estación supersecreta de la CIA para inteligencia y operaciones encubiertas en la frontera sirio-jordana, «nyet» es la palabra de Pekín a las súplicas de la administración Biden en busca de una intervención con Teherán para frenar a los huzíes de Yemen, con el premonitorio telón de fondo de la expansión de las operaciones del Eje de la Resistencia contra los intereses estadounidenses e israelíes.
El presidente Biden encargó a su consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, esta delicadísima misión con Pekín, en lugar del principal diplomático estadounidense, Antony Blinken. Sullivan ocupa una posición privilegiada para alternar los papeles entre la política interior y exterior de Estados Unidos. Es un hombre de confianza del presidente y participa activamente en la campaña de reelección de Biden.
Sullivan pasó la noche del viernes al sábado en Tailandia para lanzar su ofensiva de encanto ante el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi. Pero no obtuvo ninguna señal de que China esté dispuesta a utilizar su influencia con Teherán.
Más tarde, la Casa Blanca organizó apresuradamente una rueda de prensa no atribuible a un alto funcionario del NSC por teleconferencia para cubrir las espaldas de Sullivan. Se puso de manifiesto que leer las hojas de té chinas es un arte en sí mismo. Como dijo el funcionario del NSC, «Pekín dice que está planteando el tema a los iraníes… pero vamos a esperar antes de hacer más comentarios sobre la eficacia con la que creemos que lo está planteando».
Sullivan parece haberse topado con un muro. Es curioso, porque la Administración Biden debería haber aprendido de su experiencia previa con Pekín al intentar convencer a China de que su aliado cercano, Corea del Norte, redujera su programa de armas nucleares o diera marcha atrás en su amistad «sin límites» con Rusia sobre Ucrania.
En realidad, el ejército de Corea del Sur dijo el domingo que Corea del Norte disparó varios misiles de crucero, extendiendo una racha de pruebas de armas que están empeorando las tensiones con EE.UU. y reflejando los esfuerzos de Pyongyang para ampliar su arsenal de armas diseñadas para abrumar a los objetivos remotos de EE.UU. en el Pacífico, ¡incluyendo Guam!
Evidentemente, la administración Biden no comprendió que Pekín no tenía ninguna obligación de utilizar su influencia sobre Pyongyang para servir a los intereses estadounidenses. Es una pura ingenuidad esperar que Pekín se deje convencer por un compromiso selectivo en cuestiones cuyo objetivo es ganar tiempo para que el presidente dé lo mejor de sí mismo en las próximas elecciones de noviembre.

¿Qué obtiene China a cambio? A la Administración Biden no se le ocurre esta pregunta. En Washington se supone que China está creyéndose el ombligo del mundo y mendigando un compromiso selectivo con la primera potencia militar y económica del planeta. Por el contrario, China también tiene algunas demandas legítimas que hacer, como, por ejemplo, que Estados Unidos no incite subrepticiamente a Taiwán a recorrer el camino de la independencia, o que permita a China la igualdad de condiciones para establecer nuevos estándares tecnológicos a nivel mundial como país innovador.

Curiosamente, en comparación con la taciturna lectura de la Casa Blanca sobre la reunión de Sullivan y Wang Yi en Tailandia, el Ministerio de Asuntos Exteriores chino emitió el sábado una declaración sincera y completa para dejar las cosas claras y evitar que los spin doctors de la Casa Blanca de Biden escribieran una falsa narrativa. A continuación se reproducen los extractos pertinentes de la declaración china titulada Wang Yi mantuvo una reunión con Sullivan, asistente del Presidente de Estados Unidos para Asuntos de Seguridad Nacional:
(Traducción no oficial)
«Las dos partes llevaron a cabo comunicaciones estratégicas francas, sustantivas y fructíferas en torno a la implementación del consenso de la reunión de San Francisco entre los jefes de Estado de los dos países y el manejo adecuado de asuntos importantes y sensibles en las relaciones sino-estadounidenses.
» Wang Yi dijo que este año se celebra el 45 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Estados Unidos.Las dos partes deben aprovecharlo como una oportunidad para resumir sus experiencias y aprender lecciones, tratarse mutuamente con igualdad en lugar de condescendencia, buscar un terreno común preservando las diferencias en lugar de resaltar las diferencias, respetar de manera efectiva en lugar de perjudicar los intereses fundamentales del otro, y trabajar juntos por el respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación win-win para construir un camino correcto para que China y Estados Unidos se lleven bien.
» Wang Yi subrayó que la cuestión de Taiwán es un asunto interno de China, y las elecciones regionales de Taiwán no pueden cambiar el hecho básico de que Taiwán es parte de China.El mayor riesgo para la paz y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán es la «independencia de Taiwán», y el mayor desafío para las relaciones chino-estadounidenses es también la «independencia de Taiwán».Estados Unidos debe acatar el principio de una sola China y los tres comunicados conjuntos entre China y Estados Unidos, llevar a los hechos el compromiso de no apoyar la «independencia de Taiwán», y apoyar la reunificación pacífica de China.
» Wang Yi señaló que todos los países tienen preocupaciones de seguridad nacional, pero deben estar justificadas y ser razonables. No pueden dedicarse a la pan-politización y la pan-seguridad, y mucho menos frenar y suprimir el desarrollo de otros países.Las dos partes acordaron seguir discutiendo el límite entre la seguridad nacional y las actividades económicas….
«Las dos partes discutieron también asuntos internacionales y regionales como Oriente Medio, Ucrania, la península de Corea y el mar de China Meridional».
El comunicado chino ni siquiera mencionaba específicamente a los huzíes o a Teherán. En su lugar, subrayaba la amenaza percibida de la independencia de Taiwán como «el mayor desafío para las relaciones entre China y Estados Unidos». Y, además, reiteraba la preocupación de Pekín de que EE.UU. esté utilizando las restricciones a la exportación «para contener y suprimir el desarrollo de otros países» y afirmaba que los dos países discutirán «el límite entre la seguridad nacional y las actividades económicas» en futuras reuniones.
¿Qué conclusión sacamos de todo esto? Sencillamente, la reticencia de China a utilizar su peso diplomático y económico para apoyar las medidas de Estados Unidos para hacer frente a las perturbaciones del Mar Rojo controlando al Eje de la Resistencia (o frenando el comportamiento de Corea del Norte) subraya las limitaciones de los esfuerzos diplomáticos de la administración Biden para ganarse a Pekín y conseguir que se comprometa a un compromiso selectivo sobre las prioridades de Washington en los puntos conflictivos que, de otro modo, podrían convertirse en encarnizadas controversias en la política electoral hasta noviembre.
Por cierto, la lectura china también reconoció que hay áreas en las que Pekín está realmente interesado en un compromiso con EE.UU. en este momento de transformación – a saber, la aplicación conjunta de la llamada «Visión de San Francisco», que se traduce como:

  • contactos regulares entre los dos presidentes para «dar una orientación estratégica a las relaciones bilaterales
  • fomento de los intercambios bilaterales
  • hacer un buen uso de los actuales canales de comunicación estratégica y de una serie de mecanismos de diálogo y consulta» en diversos campos que van desde la diplomacia, los lazos entre militares, la economía, las finanzas, el comercio, el cambio climático, etc;
  • Continuar el debate sobre los «principios rectores» de las relaciones sino-estadounidenses;
  • cooperación en materia de control de drogas;
  • mecanismo de diálogo intergubernamental sobre inteligencia artificial; e
  • intercambios culturales.

¿Por qué Estados Unidos y sus aliados occidentales se equivocan tanto? La última palabra la tiene el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, que declaró en Nueva York durante una breve visita a la sede de la ONU el pasado fin de semana:
«Creen que durante 500 años han gobernado el mundo a su antojo, viviendo a costa de los demás, y piensan que esto debe continuar. Esta lógica ignora por completo la realidad objetiva, en particular el hecho de que la gran mayoría de las antiguas colonias se han independizado, han tomado conciencia de sus intereses nacionales, quieren reforzar su identidad nacional, cultural y religiosa y están creciendo tan rápido que han dejado atrás a Occidente, al menos los miembros del BRICS».
En resumidas cuentas, Pekín no caerá en los intentos de Estados Unidos de crear percepciones erróneas en las relaciones de China con Irán o Corea del Norte. China no tiene intención de ayudar a EEUU a sacarse las castañas del fuego en Asia Occidental o Extremo Oriente. El entorno internacional es bastante tenso y Pekín ha fijado su brújula para estar en el lado correcto de la historia.

Observación de Joaquín Miras:
De sentido común. Amenazas a China con una guerra en Taiwan y en sus dos mares, le creas problemas con los uigures, y con los tibetanos, pero luego le vienes a reclamar al maestro armero.

6. B sobre un lento colapso

En realidad, ni B ni nadie puede saber cómo será el colapso, si se produce, pero lo que presenta es una de sus posibilidades, la menos catastrofista. Ojalá tenga razón.

https://thehonestsorcerer.

El colapso no se parecerá en nada al de las películas
B
Las sociedades modernas -sobredesarrolladas- de Occidente se encuentran ya en una grave crisis. Algo que acabará convirtiéndose en una larga emergencia global en los próximos años y décadas. Una era de cinco siglos de crecimiento económico -iniciada por la colonización y que condujo al saqueo de los recursos naturales, minerales y, sobre todo, de los combustibles fósiles- está a punto de llegar a su punto final lógico. Y aunque es casi imposible saber con precisión cómo y según qué calendario se desarrollará el declive de la civilización moderna, una cosa es segura: no se parecerá en nada a lo que se ve en las películas de Hollywood.
La abundante producción reciente de películas postapocalípticas está plagada de los mismos clichés. No nos equivoquemos, estos temas tienen un propósito útil, como hacer que nuestro cerebro narrador se sienta cómodo, o invocar una gran empatía por los protagonistas, pero también engañan enormemente a su público. Como atestiguaría cualquier colapsólogo serio, estos estereotipos no sólo hacen que estas películas sean, bueno, extremadamente predecibles, sino también muy alejadas de la realidad.
Tenemos que corregir un par de cosas sobre el colapso. Empecemos por mi favorito personal: que el colapso es un acontecimiento casi instantáneo y que ocurre en todas partes, precisamente al mismo tiempo. El día antes todo parece y funciona bien, el día después el mundo entero está en ruinas. Los edificios adoptan un aspecto derruido en cuestión de días, las calles se atascan con vehículos accidentados y abandonados, y apenas quedan supervivientes a la vista. Todo parece, bueno, visiblemente derruido.
Según la trama, todo esto es consecuencia directa de un misterioso suceso, que ha provocado la muerte de un número absurdamente elevado de personas en una semana. A medida que se desarrolla la historia, se nos informa de que el colapso de la civilización debe achacarse a las malas acciones de un pequeño grupo de humanos, a un virus o a un desastre natural, y nunca jamás a que miles de millones de personas vivamos de forma insostenible durante cientos de años. Sin embargo, si esto último se dice accidentalmente, una persona bastante antipática lo silencia de inmediato, desviando la conversación hacia cómo debemos luchar contra los malvados conspiradores, los alienígenas, los zombis, el virus, lo que sea. Oye, ¡tenemos una misión que cumplir! Debemos salvar el mundo».
En este punto se revela que sólo un individuo muy especial (el protagonista) tiene la llave de la supervivencia de la humanidad, y que hay una tierra prometida muy muy lejana a la que hay que llevar esta llave, normalmente a un gran coste. Según la historia, los expertos supuestamente han conseguido preservar la ciencia y la civilización en este refugio seguro, y todo lo que necesitan es ese conocimiento especial, ingrediente, persona, objeto [rellene el espacio en blanco] para eliminar la causa del colapso y reiniciar la sociedad. Huelga decir que el papel de este lugar mítico es crear la ilusión de que los expertos lo tienen todo bajo control y, pase lo que pase, nuestro modo de vida actual puede continuar indefinidamente.
«Seguro que a alguien, en algún lugar, se le ocurrirá algo».
Una vez que se ponen en marcha para completar su misión, el héroe o héroes aprenden que no pueden confiar realmente en nadie que se encuentren a lo largo de su viaje, y que tienen que ser muy-muy desconfiados con los extraños. ‘¡Eh, quieren robarnos nuestras cosas! ¿Quieres que también nos quiten la libertad?». En su mundo visiblemente colapsado, los antiguos vecinos de los protagonistas son ahora sus enemigos: personas de las que deben desconfiar y a las que pueden matar a tiros sin repercusiones. El mundo postapocalíptico se ha convertido en un lugar hostil e indigno de confianza, con asaltantes al acecho en cada esquina, esperando para tender una emboscada a todo el que pase por allí. Sin embargo, de vez en cuando nuestros héroes se topan con gente bien preparada que vive en sus casas fuertemente vigiladas (con comida, agua y energía para durar años, por supuesto), pero también parecen muy poco dispuestos a ayudar. Cada uno por su lado.
Gracias a las muchas repeticiones a través de innumerables películas, novelas y similares, estos clichés se han vuelto casi axiomáticos: suposiciones que la gente acepta sin cuestionar. Como resultado, incluso la palabra «colapso» se ha convertido en el hombre del saco, invocando imágenes de ruinas, grave peligro y víctimas en masa, algo de lo que nadie quiere hablar, y mucho menos vivir.
Esta es la razón por la que el colapso se niega con tanta vehemencia, especialmente por parte de las clases acomodadas y directivas. Habiendo sido expuestos a tanta pornografía del colapso, les aterroriza perder sus cómodos trabajos bien pagados, sus McMansiones y otros privilegios, así que prefieren negarlo por completo.
Cuando se trata de problemas y predicamentos no ficticios, como la realidad, nada podría estar más lejos de la verdad. Salvo un acontecimiento verdaderamente apocalíptico (un choque masivo de meteoritos o una guerra nuclear que provoque un invierno de muchos años y la destrucción total de la capa de ozono), el colapso tendrá un aspecto completamente distinto. En primer lugar, no es algo que suceda en todas partes al mismo tiempo, provocando miles de millones de víctimas en cuestión de semanas. Por supuesto, siempre se puede imaginar el peor de los escenarios posibles, como un apagón repentino de toda la red eléctrica (que llevaría al colapso total de nuestro sistema de soporte vital), o un fallo en varios graneros que provocara una hambruna mundial.
Sí, varios sistemas pueden averiarse simultáneamente, pero hay varias cosas que deben estropearse exactamente al mismo tiempo. Además, hay miles de personas trabajando duro para a) evitar que ocurran estas cosas, y b) restablecer el funcionamiento normal en cuestión de días. Créame, nadie se queda de brazos cruzados viendo cómo se desarrollan estos escenarios. El mejor ejemplo es el colapso casi total de la red eléctrica pakistaní, donde muchas cosas salieron terriblemente mal, pero el sistema se restableció en cuestión de días. Así que, aunque la catástrofe puede afectar a cualquier zona en cualquier momento, creo que las probabilidades de que este suceso sea global son relativamente bajas.
Entonces, ¿por qué es inevitable el colapso? ¿Acaso no somos la especie más inteligente del planeta, capaz de resolver cualquier problema? Aunque somos muy ingeniosos, sobre todo cuando se trata de aumentar los beneficios, hemos sacrificado tontamente los resultados a largo plazo por las ganancias a corto plazo. Acabamos exagerando, a pesar de las pruebas fehacientes de que esto no podía acabar bien. Seguro que seguiremos encontrando formas de mantener nuestra producción energética y material, hasta que ya no podamos. La tecnología puede ayudar y ayudará, pero es incapaz de invertir el rápido declive de las leyes minerales y los rendimientos energéticos, y tiene un coste.
De hecho, nos estamos acercando a un punto de rendimiento decreciente a medida que nos acercamos a los límites geofísicos. Pronto dejará de importar el esfuerzo que dediquemos a resolver el «problema» del agotamiento de los minerales o los combustibles fósiles, pues los costes superarán rápidamente todos los beneficios potenciales que esperamos obtener. Tales predicamentos comienzan muy lentamente y a regañadientes, oscilando de un lado a otro entre las operaciones sostenidas y el modo de crisis; sólo para volcarse algo más tarde, y acelerarse en una serie interminable de emergencias que duran varias décadas. Si crees que el mundo se ha vuelto loco y está a punto de volverse aún más loco por ello, no estás del todo equivocado. Ya está siendo testigo del colapso de la modernidad. (Por otra parte, si piensa que no, que esto no puede ser así, le sugiero que revise sus fuentes de información).
Las civilizaciones, al igual que los viejos yacimientos petrolíferos, «no se estrellan y arden, sino que siguen una trayectoria ondulante hacia abajo durante años o décadas».
El declive es un viaje desigual y lleno de baches hacia un modo de vida realmente sostenible. Cuanto más se retrase este declive, y cuanto mayor sea la brecha entre lo que es sostenible y lo que no lo es (también conocido como rebasamiento), más pronunciada será la caída. Aunque habrá momentos graves de «crash and burn», el colapso no es una línea recta que apunta siempre hacia abajo. A menudo se intercala con momentos de respiro, o incluso de crecimiento renovado, sólo para reanudarse en forma de otra caída masiva. Mientras tanto, el sistema se recalibra constantemente y trata de reiniciarse… Ya sabe, esos miles de expertos que trabajan horas extras para salvar lo que pueden.
Pero incluso los expertos tienen sus límites. Pueden hacer «magia», pero en muchos casos no hacen más que toquetear los bordes, reaccionando a una emergencia tras otra. A medida que aumente el número de crisis que haya que atender simultáneamente y se alarguen los plazos de entrega de las piezas de recambio o, Dios no lo quiera, se produzca una escasez, muchos sistemas quedarán en un estado de deterioro permanente. Carreteras. Túneles. Puentes. Presas. Tuberías de agua. La red eléctrica.
Sin unos cimientos sólidos que la sostengan, cualquier estructura está condenada a derrumbarse, por mucho que los artesanos se esmeren en mantener los ornamentos de la fachada. Y los fundamentos de esta civilización se están desmoronando. Rápido. La biosfera y un clima estable. Los recursos naturales y minerales. Un sistema económico estable. Una infraestructura que funciona. Estas son las razones por las que nos enfrentamos a una crisis tras otra sin final a la vista, no por conspiraciones malignas.
Nuestra civilización es como un surfista de sofá [coach surfing, viajar alojándose gratis en casa de alguien, que te puede dejar su sofá, por ejemplo] envejecido: avanza hacia la otra vida con un infarto cada vez, resucitado por los médicos una y otra vez.
En lo que se refiere a la extracción y distribución de petróleo, ya estamos pasando por un importante punto de inflexión. Desde la minería a la agricultura, o desde el transporte de larga distancia a la construcción de «energías renovables», casi toda la actividad económica se sustenta en esta sustancia altamente contaminante. Aunque las cifras de producción de petróleo sigan aumentando durante uno o dos años, la energía neta que obtenemos de los productos petrolíferos llegará inevitablemente a su tope. A partir de ese momento, el canibalismo energético se comerá una parte exponencialmente creciente de todo el petróleo que podamos producir, lo que conducirá a una disminución permanente de la energía neta producida. Y lo mismo ocurrirá con otros minerales y fuentes de energía, lo que impedirá que la empresa humana siga creciendo… El mundo está a punto de entrar en un juego de sillas musicales a gran escala.
En consecuencia, pronto dejará de ser posible seguir actuando como hasta ahora. El abrupto fin del crecimiento económico mundial pondrá patas arriba todos los acuerdos financieros existentes basados en un pastel cada vez mayor. Tras un breve periodo de impresión de dinero, la crisis de la deuda y la inflación están prácticamente garantizadas. Muchas empresas manufactureras irán a la quiebra debido al aumento de los costes de energía y transporte, la escasez de materias primas y equipos, y un colapso general de la rentabilidad (especialmente en el negocio de la electrificación, intensivo en materiales y energía).
Sin embargo, el mundo no se acabará.
Sí, la vida será cada vez más dura durante los años y décadas de la larga emergencia que se avecina. Con el aumento de los costes del combustible y los fertilizantes, las sequías y las olas de calor, la producción agrícola será cada vez más difícil de mantener, por no hablar de la gestión de los costes de producción de alimentos. Precisamente por este motivo, ya se está produciendo en Europa una oleada de protestas de los agricultores de la que se está informando muy poco. Las personas que cultivan nuestros alimentos ya no ven un camino viable para seguir en activo: el aumento de los costes de la energía (gasóleo) y el fin de muchas subvenciones les han puesto en una situación imposible. ¿Conducirá esto a hambrunas y disturbios? Difícilmente. Entonces, ¿tal vez a una mayor centralización y a la caída de la calidad? Por supuesto. Las pequeñas explotaciones pronto serán compradas por las grandes empresas agrícolas, que entonces tendrán un poder de presión aún mayor y un acceso aún mejor a los fondos gubernamentales. Lo que está en juego es el aumento de los precios de los alimentos para la población y el incremento vertiginoso de las rentas de los monopolios para los ricos.
Sin embargo, la escasez de combustible y recursos no desaparecerá debido a la centralización. Sólo exacerbará la desigualdad. Al cabo de muchos años de este proceso, el racionamiento de alimentos podría volver a ser la norma, junto con largas colas para casi todo. Si no perteneces al 0,1% más rico, puedes despedirte de las vacaciones en el extranjero, de un nuevo ordenador o incluso de una nueva tostadora. La electricidad se volverá intermitente, y los apagones se convertirán en la medida habitual para hacer frente a los déficits de generación y mantenimiento. Los servicios sanitarios y la medicina también podrían dejar de estar al alcance de los ciudadanos de a pie, lo que provocaría un descenso de la esperanza de vida y un aumento de la mortalidad en todos los grupos de edad (excepto para los más adinerados, con sus instalaciones sanitarias privadas).
Con unas perspectivas económicas cada vez peores, el envejecimiento de la población, la escasez y las guerras, el descenso de la natalidad (debido al aumento del coste de la vida y a la infertilidad provocada por la contaminación química), el envejecimiento, las guerras, el aumento de las enfermedades infecciosas y las «muertes por desesperación», la población mundial podría disminuir fácilmente entre un 2% y un 5% al año. A este ritmo, nuestra población se reduciría a la mitad cada dos o tres décadas, con lo que la población mundial quedaría muy por debajo de los mil millones a finales de siglo. Sin necesidad de nuevos virus, hambrunas masivas o guerras mundiales. Sólo el viejo declive de la civilización, con el correspondiente aumento del exceso de muertes.
Como se puede ver en la imagen de arriba, el colapso no se parecerá en nada al de las películas. No ocurrirá en todas partes al mismo tiempo, y seguramente tardará más de un día o dos en desarrollarse. No provocará víctimas masivas en una semana, pero reducirá nuestro número a una fracción de lo que es hoy a finales de este siglo. Este declive es perfectamente normal, una conclusión lógica de miles de millones de personas que han vivido durante siglos por encima de la capacidad de carga de su entorno y, en última instancia, del planeta.
El rebasamiento y el consiguiente agotamiento de los recursos, la contaminación y la crisis climática es lo que las películas postapocalípticas intentan ocultar a toda costa. Y si bien es cierto que no podemos hacer nada para detenerlo, ya que cada intento de hacerlo agravaría aún más el agotamiento de los recursos y el colapso ecológico, sí que podríamos hacerlo más humano. No está escrito en piedra que la gran agricultura deba comprar todas las tierras de cultivo, ni que haya que librar una guerra mundial por los últimos recursos que quedan en la Tierra. El colapso tampoco es algo que se pueda evitar en un refugio. Llevará mucho más tiempo del que duren tus recursos, y al final te verás obligado a cooperar con tus vecinos. No te equivoques, no es mala idea tener comida y agua almacenada en tu sótano para emergencias o interrupciones, pero tener una red de seguridad de amigos y familiares te llevará mucho más lejos.
Tampoco esperes que a alguien, en algún lugar, se le ocurra algo. El colapso, una vez iniciado, es irreversible. El aumento y el mantenimiento de la complejidad (incluido el diseño de tecnologías cada vez más sofisticadas, que requieren cada vez más electricidad y minería) requerirían un aumento exponencial del consumo de energía, de ahí el término canibalización de la energía. Extraer cada vez más petróleo de debajo de nuestros pies, o construir dispositivos «renovables» cada vez más elaborados a partir de reservas minerales que se degradan rápidamente, pronto consumirá más energía de la que puede devolver a la sociedad. Es un proceso que sólo puede empeorar con un mayor uso de la tecnología. Lo que es insostenible es la propia tecnología, no sólo el uso de combustibles fósiles.
Una vez que la energía neta alcance su punto máximo y empiece a contraerse, significará una contracción económica permanente. Los sistemas complejos como las corporaciones, los gobiernos o la economía mundial sólo «saben» crecer, son realmente pésimos cuando se trata de contraerse. Y aunque las bases de los gobiernos y las corporaciones harán todo lo que puedan para mantener el sistema unido, estarán librando una batalla perdida. Por eso los grandes sistemas complejos son frágiles: en lugar de renunciar voluntariamente a funciones y simplificarse para conservar energía, hacen todo lo contrario. Concentran aún más el poder y permiten que los oligarcas que buscan rentas se apropien de toda la riqueza restante, mientras que los rangos inferiores luchan con uñas y dientes para mantener las cosas unidas. Al menos hasta que la física acaba ganando y las cosas se desmoronan inevitablemente.
Llegados a este punto, la gente -y eso nos incluye a nosotros, a mí y a ti, querido lector- tendrá que confiar cada vez más en las comunidades locales, en las habilidades personales, en las pequeñas explotaciones agrícolas y en estructuras de gobierno radicalmente simplificadas. Nadie saldrá en la tele para anunciar que el colapso ha llegado oficialmente y que eres libre de irte. Estas cosas evolucionarán en paralelo, y cuando nuestros sistemas centralizados finalmente abandonen el fantasma, de repente dejarán un vacío detrás. Lo que llene este vacío, sin embargo, dependerá de nosotros. Al menos, eso espero.
Hasta la próxima,
B

7. Nuevo Partido Sosyalista en Filipinas

Creo que los maoístas siguen siendo la principal organización de izquierda en Filipinas, a pesar de su último retroceso electoral y pérdidas guerrilleras. En este sentido, se ha iniciado un nuevo proceso de paz entre la guerrilla comunista y el gobierno que espero que fructifique –https://twitter.com/-. Pero la base ideológica del CPP, basada en los análisis del recientemente fallecido Sison, no me convencen nada. Siguen defendiendo que Filipinas es un estado semifeudal y cosas así. Por eso me ha parecido interesante esta nueva organización que acaba de aparecer, ya que critican directamente esa visión. Quieren una revolución socialista en Filipinas, y no abjuran de la lucha armada, pero piensan emprender un camino diferente. Quizá hubiera sido mejor emprender ese camino y luego crear el partido, y no al revés, pero bueno… También, influenciados por la izquierda estadounidense, supongo, insisten quizá en exceso en la lucha LGTB++++, el antiedadismo, y cosas así. Al estilo de la CUP y similares, no tendrán dirigentes reconocidos y determinadas funciones se ejercerán por sorteo. Su propuesta es también la de construcción de alternativas civilizatorias desde abajo, y otros elementos que me hace verlos con simpatía. El papel lo aguanta todo, y es posible que no sean más que cuatro, pero les deseo buena suerte… Advertencia: no es por ser desconfiado, pero la noticia de la creación del partido, con un artículo explicativo, la he visto en Rappler, que es el periódico en línea de la Premio Nobel de la Paz, Maria Ressa, algo siempre sospechoso (https://www.rappler.com/que es el documento que se encuentra también en su página como «Por qué formamos un nuevo Partido Socialista»). En cualquier caso, por si tenéis curiosidad, os paso su «declaración de intenciones» inaugural.

https://sosyalista.ph/purpose

DECLARACIÓN DE INTENCIONES
Somos un grupo de personas que nos hemos encontrado, impulsadas por la ira creciente y la desesperación cada vez mayor, pero también por la esperanza colectiva y la determinación común de construir juntos un mundo nuevo.
Venimos de diferentes ámbitos de la vida, haciendo cosas muy diferentes para ganarnos la vida. Muchos de nosotros somos empleados, profesores, poetas, organizadores, artistas, médicos, estudiantes, escritores, profesionales; otros hacemos trabajos no remunerados cuidando de otras personas. Algunos de nosotros vivimos con un sueldo escaso o sin sueldo alguno, mientras que otros ganan más o tienen más riqueza. Algunos somos mujeres, LGBTQIA+ o queer; pero muchos, si no la mayoría, somos cisgénero. Algunos somos jóvenes, pero otros son mayores o de mediana edad. Muchos tenemos la piel clara, nos hemos criado en la ciudad y hablamos tagalo o inglés con acento de Manila; pero algunos tenemos la piel oscura, venimos del campo y hablamos de una forma que delata nuestros orígenes campesinos. Procedemos de distintos lugares y nos identificamos como parte de distintos grupos étnicos o nacionalidades; algunos no nos consideramos pertenecientes a ningún país. Algunos somos religiosos, otros agnósticos o ateos. Muchos somos físicamente capaces; algunos sufrimos diversas discapacidades. Muchos somos nuevos en política; otros llevamos mucho tiempo implicados en movimientos sociales. Algunos somos más privilegiados; otros sufrimos más diferentes formas de injusticia y opresión.
Hemos tenido experiencias muy distintas, tenemos sensibilidades variadas y no estamos libres de desacuerdos. Pero nos hemos reunido, convencidos de la necesidad de crear un nuevo partido socialista y decididos a luchar por una nueva civilización.
En este documento, compartimos por qué creemos que un partido así es necesario, cómo pensamos que este partido puede contribuir a construir un mundo nuevo y sobre qué valores nos esforzaremos para que este partido se construya. La primera sección trata de dónde venimos: los problemas que nos agobian, los peligros a los que nos enfrentamos. En la segunda sección, hablamos de por qué nos encontramos en estas condiciones; presenta nuestra comprensión del carácter de la sociedad filipina y del mundo más amplio en el que está inmersa. La tercera sección analiza las limitaciones a las que se enfrentan los partidos de izquierda existentes. En la cuarta sección esbozamos nuestra estrategia para construir el nuevo mundo que imaginamos. En la última sección, describimos el partido que pretendemos establecer, discutimos los principios que deben guiar nuestra vida organizativa y explicamos la nueva cultura política que nos esforzaremos por crear.

I. Para nosotros, como para millones de personas, la vida no ha sido fácil.
Los que hemos nacido en familias de clase trabajadora hemos luchado toda la vida para salir adelante. Las mujeres y los LGBTQIA+ entre nosotros en particular han sufrido más, haciendo un trabajo que ni siquiera se reconoce como trabajo. Los que vivimos con discapacidades, somos mayores, tenemos la piel más oscura o tenemos otros rasgos considerados indeseables por la sociedad, hemos vivido nuestras vidas lidiando con el estigma y la discriminación. Incluso los que crecimos con más privilegios también hemos sufrido, atrapados en papeles que nos hemos visto obligados a asumir y obligados a justificar estructuras que nosotros mismos consideramos inaceptables.
Pero ahora las cosas están empeorando.
Las conquistas que tanto costó conseguir y que, de alguna manera, hicieron la vida un poco más llevadera para muchos de nosotros -como tener asegurado un empleo fijo, cobrar más del salario mínimo o disponer de una asistencia sanitaria mínima- están siendo arrebatadas a medida que se retrocede en las reformas y se restringen aún más los limitados servicios sociales. Los trabajadores del sector informal, incluidos los denominados precarios, se encuentran en una situación especialmente desfavorable: Aunque producen gran parte de la riqueza, se ven privados de prestaciones elementales, sufren salarios bajos, carecen de seguridad de empleo o protección social y trabajan en condiciones lamentables. Pero ni siquiera los trabajadores formales o regulares han podido descansar tranquilos: sus salarios no pueden seguir el ritmo de la inflación y la amenaza del desempleo acecha su existencia.
Ni siquiera los que pertenecemos a los estratos medios nos hemos librado. Los derechos que hemos llegado a dar por sentados -como la posibilidad de comprar nuestra propia casa, de recibir una buena atención médica o de tomar vacaciones- ya no pueden darse por sentados a medida que incluso nuestros empleos se vuelven más precarios, que las grandes corporaciones llevan a las pequeñas empresas a la quiebra y que se reducen las disposiciones públicas que nos benefician principalmente.
Nadie está a salvo. Los pueblos indígenas están siendo expulsados o privados del control sobre sus tierras ancestrales por gigantescas corporaciones agroindustriales y zonas económicas especiales, obligados a vivir como mendigos en los márgenes de los campos que han cultivado durante siglos o reducidos a la mendicidad en las calles de las ciudades. Los promotores inmobiliarios y los especuladores están expulsando a los ocupantes informales de la ciudad de sus chabolas para dar paso a lujosos condominios vacíos. Los campesinos se ven aplastados bajo el peso de la deuda acumulada, al verse incapaces de competir con los productos baratos y fuertemente subvencionados procedentes del extranjero. Muchos jóvenes tienen dificultades para ir a la escuela. Aquellos que pueden permitirse estudiar sólo son moldeados para convertirse en dóciles trabajadores asalariados en lugar de seres humanos de pleno derecho, escolarizados en un entorno en el que las distorsiones históricas circulan libremente, la libertad académica está limitada, el ser etiquetado de rojo es moneda corriente y dominan los modos autoritarios de pedagogía. Privados de mejores opciones en casa, los trabajadores emigrantes se ven obligados a permanecer más tiempo en el extranjero. Muchos envejecen cuidando a los hijos de otros, mientras que son incapaces de acoger a los suyos propios.
Entre nosotros, las mujeres y los homosexuales, así como otros grupos subordinados, se ven especialmente afectados porque desde hace mucho tiempo se ven obligados a realizar trabajos no remunerados en casa. No sólo sufren lo mismo que todos los demás trabajadores, sino que además están sometidas a formas únicas de violencia, discriminación y explotación.
Para la inmensa mayoría de los que pertenecemos a las clases productoras y a los grupos subordinados, cada vez es más difícil sobrevivir, y aún más difícil buscar la felicidad y vivir una vida plena.
A pesar de los aumentos sin precedentes de la riqueza y la productividad mundiales, muchos de nosotros -no sólo los pobres, sino incluso los aparentemente más acomodados- estamos viviendo una muerte lenta, condenados a pasar el resto de nuestros días sin poder explorar, descubrir y realizar nuestro potencial como seres humanos totalmente realizados. Estamos vivos y, sin embargo, apenas vivimos.
Y no somos sólo nosotros.
A pesar de las repetidas advertencias y de los años de protesta de los grupos ecologistas, la destrucción de todo el ecosistema va en aumento. Nuestro planeta se quema y muere a gran velocidad. Incluso hoy en día, cuando las sequías empeoran, los tifones se vuelven más destructivos, las reservas de alimentos se agotan y lo que antes eran fenómenos meteorológicos «extremos» se convierten en sucesos habituales, los más vulnerables ya están experimentando un lento proceso de extinción.
Puede que el apocalipsis sólo sea «inminente» para quienes viven en casas más grandes y fuertes o tienen medios para adaptarse al cambio climático. Pero para muchos otros, el apocalipsis ya está ocurriendo. Nuestras fuentes de vida -la tierra que nos rodea y los trabajadores que producen toda la riqueza- se están degradando constantemente.
Y sin embargo, a pesar de la enorme gravedad de las crisis a las que nos enfrentamos, los gobernantes son incapaces de ofrecernos una salida.
Elegidos a través de un sistema democrático roto, nuestros llamados «líderes» están jugando mientras la tierra arde. El 1% más rico es incapaz de ver más allá de sus narices; sus agentes en el gobierno simplemente están ahí para cumplir sus órdenes mientras defienden de boquilla el bien público.
Los liberales de diversas tendencias están desorganizados. Muchos de ellos reconocen la magnitud del peligro, pero no van lo suficientemente lejos en el reconocimiento de las raíces del problema. Comprometidos únicamente con mejorar la situación de los subordinados, en lugar de abolir por completo las relaciones de subordinación, se echan atrás a la hora de luchar por soluciones reales y duraderas. Más dispuestos a renunciar a la corona que a sus carteras, han allanado involuntariamente el terreno para el creciente atractivo del fascismo.
Los fascistas están en alza, catapultados al poder por una marea de desencanto popular y resentimiento contra los establecimientos liberales antaño dominantes. Decididos a mantener las relaciones actuales por medios más despiadados y despóticos, incitan a la gente a canalizar su rabia contra los forasteros y las minorías y a luchar por falsas soluciones a nuestros problemas demasiado reales. En lugar de librarnos del peligro, nos están llevando por el camino de la barbarie.
Lo más angustioso, sin embargo, es que la izquierda -la única fuerza dispuesta a impulsar una solución sistémica a nuestros problemas existenciales- también parece coja, si no paralizada. Sometidas a una represión cada vez mayor, pero también lastradas por debilidades internas crónicas, empantanadas por el sectarismo y frenadas por análisis anticuados, muchas formaciones de izquierda se encuentran actualmente limitadas para proporcionar el liderazgo que ahora necesitamos desesperadamente para evitar la aniquilación y crear una nueva civilización.

II. Al habernos reunido desde contextos y perspectivas muy diferentes, tenemos diferencias en muchas cuestiones.
Pero todos hemos llegado a un punto de partida fundamental de la izquierda: Que nos hemos encontrado aquí, incapaces de vivir plenamente y enfrentados a la amenaza de la destrucción planetaria, en gran parte debido al tipo de sociedad en la que hemos llegado a vivir.
A lo largo de los años, nuestro país ha cambiado significativamente. Ya no es una sociedad feudal, ni siquiera simplemente una sociedad capitalista atrasada. Se ha convertido en una sociedad predominantemente capitalista profundamente integrada en una economía mundial capitalista.
Los vestigios del feudalismo se han ido debilitando con el paso de los años. Cualquier vestigio de sistemas precapitalistas o no capitalistas ha sido subsumido e incorporado al orden capitalista, totalmente dominante. Y las palabras «atrasado» o «estancado» ya no reflejan la naturaleza del capitalismo que ha ganado terreno en el país.
Aunque podría decirse que está marcado por características peculiares que lo diferencian de países como el Reino Unido, Estados Unidos y Francia (es decir, los vestigios de modos precapitalistas siguen profundamente arraigados, la industrialización sigue siendo limitada, su sector agrícola se ha reducido pero sigue siendo importante, etc.), estas características no significan necesariamente que no sea una sociedad capitalista, sino que se ha convertido en un tipo diferente de sociedad capitalista.
Aquí, como en otras sociedades capitalistas, una pequeña minoría ha llegado a poseer y controlar gran parte de la tierra, el capital y todas las demás cosas que la gente necesita para sobrevivir. La inmensa mayoría ha sido desposeída de todo menos de sus cuerpos y de su fuerza de trabajo o capacidad de trabajar. Se ha generalizado la producción para el intercambio (o producción de mercancías) y no para el autoconsumo. Sin acceso a los medios de producción, todos, salvo unos pocos, se han visto obligados a vender su fuerza de trabajo como mercancía. Además, al igual que en las economías avanzadas, el dominio del capital financiero se ha afianzado y se ha vuelto inflexible.
En el sector agrario, muchos campesinos se han visto obligados a recurrir al trabajo asalariado estacional vinculado al mercado de trabajo capitalista sin dejar de atender sus tierras, o a abandonarlas por completo y convertirse en asalariados agrícolas, de servicios o industriales a tiempo completo. Las promesas de una reforma agraria significativa como antídoto contra la falta de tierras de los campesinos se han desvanecido por culpa de leyes diluidas, una burocracia ineficaz, el acaparamiento de tierras por parte de las empresas y la feroz resistencia de la clase burguesa terrateniente, marginando aún más al campesinado o acelerando su proletarización.
En consecuencia, en esta sociedad como en otras sociedades capitalistas, todos, salvo unos pocos aislados, dependen del mercado para sobrevivir.
Los capitalistas, por supuesto, si quieren sobrevivir a la competencia, se ven impulsados a obtener el máximo beneficio posible en el mercado y, por tanto, también a hacer que sus trabajadores trabajen más o durante más tiempo por el mismo o menor salario y a utilizar más materias primas y las fuentes de energía más baratas. Incluso los capitalistas más pequeños se ven presionados a explotar a sus empleados para mantenerse a flote y evitar ser devorados por las grandes corporaciones. Grandes o pequeños, los propios burgueses se ven impedidos por el sistema de aliviar o poner fin a la explotación.
Expulsados de la tierra, los trabajadores tampoco tienen más remedio que recurrir al mercado para vender su fuerza de trabajo y acceder a las exigencias de los capitalistas de trabajar más o durante más tiempo por miedo a pasar hambre, quedarse sin hogar y caer en la pobreza. Incluso los campesinos que han conservado cierto acceso a la tierra se ven ahora obligados a vender sus productos en el mercado para pagar sus deudas, hacer frente a los costes de producción cada vez más elevados y llevar comida a la mesa.
Muchos capitalistas son, al mismo tiempo, grandes terratenientes que dirigen sus explotaciones como feudos feudales, mantienen vínculos clientelares con su mano de obra e imponen medios políticos de dominación, todo ello con el objetivo último de amasar superbeneficios. Un número significativo de nuestros funcionarios estatales son a su vez capitalistas o tienen intereses en los negocios, pero incluso aquellos políticos o burócratas que no están directamente implicados en el mercado también están bajo presión para priorizar o al menos no contravenir los intereses de los capitalistas porque sus propias fortunas están ligadas a las fortunas de estos últimos.
El resultado es una productividad laboral creciente y una acumulación de capital sin precedentes que beneficia a un pequeño segmento de la población, acompañada de una desigualdad cada vez mayor y de la pobreza generalizada que soporta la inmensa mayoría: Millones de personas sin hogar que viven en la miseria mientras miles de casas permanecen vacías; camiones de comida que se tiran a la basura mientras tantos pasan hambre; tanto trabajo que se puede hacer para mejorar la vida de la gente pero
millones de personas siguen desempleadas.
Pero además, el resultado es también una degradación sin precedentes de la naturaleza y del trabajador.
Al depender de la venta de su fuerza de trabajo para sobrevivir y verse obligados a someterse a la autoridad del jefe en el lugar de trabajo, los trabajadores filipinos han llegado a pasar gran parte de sus días desempleados o atrapados en la monotonía de trabajos que preferirían no hacer si se les diera la opción, o confinados a la esfera doméstica realizando tareas que ni siquiera se reconocen ni se compensan como trabajo. La naturaleza, vista y tratada como una mera fuente de materias primas o un vertedero de residuos, en lugar de como un organismo vivo con autonomía y dignidad propias, también es despreciada, devaluada y destruida.
Pero esto no es todo. Filipinas no sólo se ha convertido en una sociedad capitalista caracterizada por un permanente conflicto de intereses entre trabajadores y capitalistas, sino que también se ha convertido en una sociedad en la que el sexismo, el racismo o el chovinismo étnico, el capacitismo, el edadismo, el antropocentrismo, la carcelaridad y otras relaciones de dominación se han arraigado más profundamente.
Aunque posiblemente ya existían incluso antes del capitalismo, estas variadas formas de subordinación se han visto reforzadas por el capitalismo, haciéndolas aún más difíciles de desmantelar o haciendo que perduren más de lo que deberían.
Así, la subordinación de las mujeres permite a los capitalistas trasladar los costes del trabajo reproductivo a estos grupos estigmatizados. En consecuencia, los capitalistas se ven limitados para acabar de una vez por todas con el desempoderamiento de las mujeres o de las personas queer. Los grandes empresarios se benefician de mantener bajos los salarios tanto de los «probinsyanos» como de las clases bajas urbanas, los moros, los indígenas, los discapacitados, los ancianos, los encarcelados, etc. En consecuencia, los empresarios hacen poco, a pesar de sus enormes poderes, para erosionar los prejuicios racistas, machistas, capacitistas, edadistas o carcelarios que justifican esta práctica explotadora. Peor aún, muchos incluso promueven activamente estas creencias retrógradas.
El efecto es que no sólo se subordina a los trabajadores en general, sino que se somete a grupos específicos a múltiples formas de subordinación que se entrecruzan. Las mujeres, los queer, los de piel oscura, los indígenas, los mayores, los discapacitados, los encarcelados y otros grupos sufren formas específicas de violencia.
Estas diferentes formas de opresión han sido facilitadas por un instrumento más complejo de gobierno en el país, establecido y reproducido a lo largo del tiempo por los capitalistas y otros grupos dominantes dentro y fuera del país.
Armados, financiados o apoyados de alguna otra forma por sus patrocinadores o colaboradores imperialistas, los distintos sectores de las clases dominantes del país han conseguido derrocar el viejo orden de una forma históricamente única, más parecida a las revoluciones conservadoras «desde arriba» de otros países. A diferencia de la burguesía en Francia, las clases dominantes forjaron una especie de compromiso con el viejo orden sin dejar de establecer un nuevo orden predominantemente capitalista, organizando y movilizando a las clases bajas hacia objetivos transformadores muy limitados.
Al hacerlo, las élites del país no sólo han creado un nuevo tipo de economía, sino que también han establecido un nuevo tipo de Estado en el país: uno que incluye no sólo la policía, o el ejército, o los aparatos represivos habituales, sino también los órganos privados y las instituciones de la sociedad civil, como las escuelas, el mundo académico, los medios de comunicación, las asociaciones de voluntarios, incluso los lugares de trabajo, todo lo que funciona para organizar el consentimiento o disciplinar a enormes poblaciones, en parte inculcando en la gente la creencia consciente o inconsciente o la disposición de que no hay otro mundo posible, que la sociedad no puede organizarse de ninguna manera aparte del capitalismo.
Pero por muy poderoso que se haya vuelto, ese Estado sigue siendo débil y está plagado de contradicciones, al menos en parte debido a las continuas disputas internas entre las élites. Nuestro país está gobernado por muchas dinastías políticas y grandes familias propietarias de distintos sectores de la burguesía. Aunque han demostrado ser capaces de unirse para empujar a los oprimidos hacia abajo, las clases dominantes del país siguen en constante lucha entre sí, todos luchando por la mayor parte del botín y cada uno tratando de apoderarse e instrumentalizar el Estado para proteger y promover sus propios intereses específicos.
Sin embargo, incapaces de unir a sus propias filas, las élites de nuestro país sólo pueden llegar hasta cierto punto a la hora de unir a los oprimidos en torno a ellas. Centradas en promover los intereses de su propia familia o facción, no pueden cumplir su promesa de promover los intereses de todos. Aunque han hecho concesiones en las últimas décadas, suficientes para aplacar temporalmente a los de abajo, se han negado a dar más; de hecho, están recuperando mucho de lo que se han visto obligados a conceder antes.
Pero el resultado es que ha aumentado el descontento de los oprimidos con el statu quo. Perennemente empobrecidos o inseguros, cada vez más personas reconocen la vacuidad de nuestra llamada «democracia», una democracia en la que todo el mundo tiene derecho a votar, pero en la que las opciones se limitan a facciones de la misma élite gobernante opresora y en la que sólo una pequeña minoría aislada e irresponsable tiene la última palabra. Privadas no sólo de riqueza, sino incluso de esperanza, cada vez más personas anhelan alternativas, abriendo la posibilidad de un cambio radical.
Que esa posibilidad se haga realidad o no ha dependido en gran medida de las decisiones y acciones de una fuerza política: la izquierda.
Desgraciadamente, esta misma fuerza se encuentra hoy en una posición muy difícil.

III. Durante gran parte del siglo pasado, los socialistas de Filipinas han librado una heroica lucha contra las fuerzas de opresión del país.
Desde la fundación de las primeras organizaciones de izquierda a principios del siglo XX, decenas de miles de activistas han dedicado sus vidas a organizar a trabajadores, campesinos y otros grupos oprimidos para resistir a la explotación y la dominación, a pesar de enfrentarse a una severa represión por parte del Estado. Muchos han muerto luchando; muchos han hecho enormes sacrificios por el movimiento.
Y como resultado, se han conseguido muchos logros: Se han conseguido importantes concesiones, se ha abierto el espacio para la organización y los principios e ideas progresistas han traspasado los márgenes. Aunque todavía prosperan ideas erróneas sobre la izquierda, las ideas socialistas y afines se han convertido en parte de la conciencia de la gente corriente. Y lo que es más importante, la esperanza en un futuro mejor y la convicción de que una sociedad socialista es posible no se han extinguido del todo entre los más desfavorecidos.
Pero hoy, la izquierda filipina parece agotada y paralizada.
Sometidas no sólo a una represión más severa, sino también a todo tipo de problemas internos, las fuerzas progresistas del país son actualmente incapaces de aprovechar el momento y cambiar el curso de la historia hacia una vía más radical y que cambie el sistema.
Las causas de este declive y parálisis merecen una reflexión más profunda. Parte de la razón seguramente tiene que ver con la violencia desatada por el Estado contra las fuerzas progresistas, incluido el vilipendio y la demonización generalizados de la izquierda y de las ideas de izquierda que se han incrustado en la conciencia del público en general. Otra parte de la razón puede tener que ver con la reestructuración de la industria, la deslocalización de la fabricación al extranjero y otros cambios que han tenido el efecto de desorganizar las principales bases sociales de la izquierda en las últimas décadas.
Pero parte de la razón también puede tener que ver con algo más interno y subjetivo: con que muchos socialistas del país permanecen cerrados a los análisis actualizados de la sociedad filipina y de la economía mundial, poco dispuestos a emprender una revisión crítica de los acontecimientos recientes y a descartar premisas obsoletas.
Para empezar, muchos en la izquierda todavía parecen atados al supuesto que reduce el imperialismo al que prevaleció en el pasado y equipara el capitalismo con el de Inglaterra, Estados Unidos u otros pioneros. Al evaluar las realidades actuales desde estos puntos de vista, se mantienen firmes en caracterizar a la sociedad filipina como una sociedad capitalista atrasada o incluso como una sociedad semifeudal, pasando por alto todas las formas en que el imperialismo ha evolucionado y todas las formas en que el capitalismo ha adoptado formas únicas e históricamente contingentes en las últimas décadas.
En segundo lugar, en gran parte de la izquierda sigue dominando una visión lineal y escalonada del cambio histórico: Muchos siguen creyendo que para que la sociedad filipina se convierta en capitalista (y por tanto en socialista), primero tiene que pasar por lo mismo que las primeras sociedades capitalistas, es decir, tiene que haber una revolución «democrático-burguesa» del tipo de la que se llevó a cabo en Francia.
Pero al hacerlo, quienes adoptan este punto de vista pasan por alto todas las formas en que las sociedades pueden experimentar formas muy diferentes de revolución y recorrer caminos mucho más complejos y variados hacia la modernidad o el llamado desarrollo, abriendo posibilidades históricas muy diferentes en cada coyuntura. Además, absuelven de hecho a la clase capitalista local de la responsabilidad por el lamentable estado de cosas del país, hacen la vista gorda a sus devaneos históricos con el imperialismo y la categorizan erróneamente como «burguesía nacional». Se niegan a ver que los sectores predominantes de esta clase ya han alcanzado la autonomía al apoderarse de los frutos de la explotación de la población trabajadora y de la naturaleza.
En tercer lugar, muchos socialistas siguen centrándose únicamente en la economía y no en la totalidad de la sociedad a la hora de analizar las condiciones existentes. En su evaluación de la sociedad filipina, no suelen tener en cuenta la centralidad y la autonomía relativa del Estado y de la sociedad civil -y, por tanto, tampoco de la política y la cultura-.
Cohibidos por el determinismo económico, muchos de los que adoptan esta perspectiva tienden a pasar por alto las múltiples formas en que condiciones económicas similares pueden, no obstante, dar lugar a una variedad de complejos acuerdos sociales, experiencias vividas concretas y terrenos políticos. Limitados por el reduccionismo de clase, también tienden a descuidar y restar importancia a la difícil situación de otros sectores sociales, clases intermedias y preocupaciones.
En la medida en que conceden la debida importancia al Estado, muchos socialistas siguen reduciéndolo a su núcleo represivo, lo que nos impide prestar atención a todas las formas en que el Estado puede haber ampliado sus poderes coercitivos y, al mismo tiempo, haber desarrollado formas más sofisticadas de mantener el sistema. Estos poderes sofisticados no son meras herramientas burdas como el poder despótico -la coerción y la violencia-, sino que incluyen el poder infraestructural y el poder discursivo: el poder de regular la sociedad a través de las instituciones y el poder de fabricar consentimiento, respectivamente.
Otros reconocen el componente hegemónico o disciplinario del Estado, pero siguen tendiendo a ver el Estado como un mero vehículo que puede conducirse a voluntad hacia la dirección que sus ocupantes deseen. De este modo, ocultan el modo en que la estructura más amplia en la que se inserta este Estado impide la acumulación de reformas y descarta por completo posibilidades más progresistas.
Tampoco se ven las innumerables formas en que los sectores desposeídos y desfavorecidos son capaces de emprender formas autónomas y autogestionadas de desarrollo a nivel de base, o los medios por los que se basan en principios y prácticas ancestrales de solidaridad, cooperación, reparto, bienes comunes, autoayuda, etc., que proporcionan ventanas y bloques de construcción de lo que debería ser una sociedad alternativa.
En relación con esto, en la medida en que muchos en la izquierda se toman la cultura en serio, siguen concibiéndola como una mera manifestación epifenoménica de la esfera económica, ocultando así todas las formas en que las creencias cotidianas y las prácticas asumidas impiden a los trabajadores alcanzar una conciencia revolucionaria. Otros se toman la cultura más en serio pero, al reducir la hegemonía a mera propaganda o desinformación, ignoran los métodos más insidiosos por los que el poder hegemónico o disciplinario actúa tanto a nivel consciente como subconsciente.
Por último, en gran parte del análisis de la izquierda sobre la economía, todavía hay un enfoque casi exclusivo sobre el trabajo productivo en las granjas, fábricas, oficinas o tiendas. En consecuencia, siguen olvidando reconocer y examinar el trabajo reproductivo, soportado desproporcionadamente por las mujeres y otros grupos subordinados, que hace posible el trabajo productivo -de hecho, toda la vida-. Por lo tanto, también pasan por alto las muchas otras formas en que se produce la explotación de clase y, por lo tanto, se combina con la opresión de género y otras formas de opresión o las refuerza.
Al estar cerrados a formas actualizadas, nuevas y más creativas de pensar la sociedad, muchos socialistas han tenido dificultades para responder a la creciente ofensiva del Estado contra la izquierda y a la reestructuración de la economía mundial. Reacios a emprender una crítica despiadada de todo lo que existe -incluidas sus propias estrategias-, han permanecido atados a líneas de actuación que antes podían tener sentido pero que ya no lo tienen en las circunstancias tan diferentes en las que nos encontramos hoy.
Así, desatentos a las complejas formas en que ha evolucionado el capitalismo y cómo se ha desarrollado el Estado, siguen organizándose de maneras que no han erosionado las relaciones de control y dominación imperantes, dejando así intactos los pilares fundamentales del poder de las élites.
Habiendo reducido el Estado a su aspecto coercitivo, siguen aferrados a modos organizativos de existencia (es decir, siendo «clandestinos», etc.) más apropiados para formas rudimentarias y despóticas de dominio capitalista, pero no tanto para formas más avanzadas o sofisticadas -porque «democráticas» pero no liberales, populistas o fascistas- de hegemonía burguesa.
Sin tener en cuenta las diferentes formas en que se entrecruzan la clase, el género y otras formas de opresión, algunos izquierdistas no han conseguido llegar a sectores más amplios de los oprimidos o, cuando intentan hacerlo, siguen hablando en un lenguaje ajeno a estos sectores oprimidos. Peor aún, algunos han acabado perpetuando prácticas hipermasculinas, autoritarias, capacitistas, edadistas y otras prácticas opresivas en sus propias organizaciones.
Intencionadamente o no, muchos socialistas también han contribuido consecuentemente al mantenimiento de una cultura en la izquierda que es más desempoderadora que vigorizante, más desalentadora que inspiradora. Extremadamente centralizados o «comandistas» y recelosos, cuando no totalmente intolerantes, de las iniciativas autónomas e independientes de la izquierda fuera de su ámbito, han conseguido alejar a la gente del movimiento en lugar de atraerla a él. Insistiendo en un radicalismo rígido en el que pretenden ser «más radicales» o incluso ser la «verdadera» izquierda, han conseguido repeler a muchos que podrían haber contribuido a la causa. E incapaces de crear un espacio para el cuidado mutuo y el florecimiento, muchos consiguen infundir escepticismo en lugar de esperanza en un futuro alternativo.
Sin duda, la izquierda filipina dista mucho de ser monolítica. Diferentes sectores de la misma se enfrentan a problemas específicos. Pero podría decirse que muchos de sus problemas se remontan a su rechazo de diferentes formas de entender la sociedad filipina y el sistema mundial más amplio en el que está inserta.
Así, los que insisten en que Filipinas siga siendo predominantemente precapitalista siguen estancados en su intento de provocar la transformación de la sociedad filipina en una sociedad capitalista -una transformación social que prácticamente se ha producido aunque de formas imprevistas- en lugar de intentar dar forma a esta transformación. En pos de este objetivo, siguen librando una «guerra popular prolongada» que, después de medio siglo de lucha y tras inmensos sacrificios de tantos cuadros comprometidos e idealistas, no está ni mucho menos cerca -de hecho, puede que esté más lejos- de la victoria que buscan.
Pasando por alto las complejas formas en que el Estado ejerce actualmente la dominación, han subordinado todo únicamente a la derrota del aparato represivo del Estado. En consecuencia, han descuidado la construcción de una alternativa verdaderamente independiente a la hegemonía ejercida por las élites del país.  Aunque han formado bases de apoyo relativamente grandes, sus esfuerzos están subordinados en última instancia a la consideración de la guerra de guerrillas rural. En consecuencia, son incapaces de aprovechar estas bases para hacer avanzar la agenda socialista, movilizándolas o desmovilizándolas en su lugar para apoyar a cualquier facción de la élite gobernante que consideren aliados estratégicos tácticos en la consecución de su estrategia.
Pero sin contrarrestar el poder hegemónico del Estado, este sector dominante de la izquierda tampoco ha ido muy lejos en la consecución de su objetivo de rodear las ciudades desde el campo y prevalecer sobre el aparato represivo del Estado. Además, para afirmar su posición dominante en la izquierda, han recurrido a purgas y otros actos de violencia física descarada contra los camaradas, creando una atmósfera de miedo y suprimiendo las articulaciones pluralistas y autónomas del socialismo.
Los que adoptan un punto de vista muy diferente, como los que insisten en que Filipinas se ha convertido en una sociedad «capitalista atrasada» se enfrentan a sus propias limitaciones. Insistiendo correctamente en que el capitalismo filipino ya no es «semifeudal», pero adoptando aún una visión lineal del cambio histórico y pasando por alto el tipo único de revolución que las clases dominantes han conseguido llevar a cabo en el país, persiguen un objetivo diferente pero igualmente equivocado: la culminación de una revolución denominada «democrático-burguesa».
Al hacerlo, también pasan por alto las ventanas que se han cerrado y las puertas que se han abierto con la revolución conservadora desde arriba llevada a cabo por la burguesía filipina en las últimas décadas. También se aferran a una visión del Estado como principalmente, si no exclusivamente, represivo en lugar de hegemónico, también han aprovechado gran parte de sus energías en la organización de una insurrección que se dirige principalmente al núcleo coercitivo del Estado, una estrategia que no ha ido muy lejos y es poco probable que vaya muy lejos dadas las nuevas formas de defensas no coercitivas construidas por el Estado.
Aquellos de la izquierda que reconocen los cambios radicales experimentados por la sociedad filipina, pero que todavía tienen una conceptualización rudimentaria de la naturaleza del Estado, están sumidos en una serie de problemas totalmente diferentes.
Algunos se han dado cuenta de hasta qué punto se ha ampliado el aparato consensual y disciplinario del Estado, pero han cometido el error contrario de descartar, si no ignorar por completo, el poder continuado del núcleo coercitivo del Estado. Otros son conscientes de la importancia que sigue teniendo la represión en el mantenimiento del orden actual, pero siguen viendo al Estado en términos burdos como un mero vehículo polivalente que puede utilizarse para alcanzar el socialismo. Subestiman la forma en que el Estado ha sido manipulado para dar prioridad a la acumulación de capital por encima de todo lo demás.
Convencidos de que las reformas pueden acumularse hasta que finalmente equivalgan a una transformación total del sistema, ambos tipos de socialistas caen en la estrategia desmovilizadora de limitarse a intentar apoderarse de la maquinaria estatal en alianza con partidos de élite abiertos a sus reformas propuestas. Consciente o inconscientemente, acaban siendo correas de transmisión del poder hegemónico de las élites o agentes que ayudan a las élites a neutralizar los antagonismos de clase, por lo que se ven constantemente sorprendidos, incapaces de hacer retroceder a las élites cuando éstas hacen retroceder las limitadas reformas que han conseguido, ya que ellos mismos han sido cómplices de la desmovilización y despolitización de los oprimidos.
La suya es una historia trágica y con moraleja: Empezaron queriendo conquistar el sistema desde dentro, pero acabaron siendo engullidos por el sistema. Sin proponérselo necesariamente, se han convertido en meros apéndices de la élite a la que pretendían contrarrestar, retrasando en lugar de haciendo avanzar las causas progresistas que dicen seguir defendiendo.
Así, aunque difieren en sus planteamientos, distintos sectores de la izquierda filipina se encuentran igualmente cojos, incapaces de movilizar a las masas por una vía verdaderamente radical y transformadora del sistema y de propiciar el nacimiento del orden social alternativo que imaginan. Un número creciente de oprimidos está más abierto a las alternativas, como demuestra su apoyo a los populistas que se rebelan contra la «oligarquía» o contra quienes han mantenido el statu quo. Pero hasta ahora la izquierda se ha mostrado incapaz de captar decisivamente su imaginación, ganarse su confianza y marcar el camino.
El resultado queda plasmado en la conocida frase de un camarada mártir: «El viejo mundo agoniza, pero el nuevo no puede nacer».

IV. Creemos que hay una salida.
Creemos que una nueva civilización puede -y debe- nacer finalmente. De hecho, creemos que es precisamente el viejo mundo que ahora se desmorona el que está ayudando a dar a luz a este nuevo mundo. Creemos que podemos -y debemos- aprovechar los logros de este viejo mundo -su enorme productividad, su socialización de la producción, sus logros tecnológicos y culturales- para hacer posible que todos vivan bien y encuentren sentido a sus vidas. Somos de la opinión de que estas grandes ganancias en la producción de riqueza, hasta ahora monopolizadas y apropiadas principalmente por una insignificante clase elitista, pueden y deben distribuirse equitativamente entre todos los trabajadores y aprovecharse para el bienestar del pueblo.
Aunque procedemos de perspectivas muy diferentes, todos estamos convencidos de una cosa: que no podemos sobrevivir como especie, y mucho menos florecer como individuos y como comunidades, a menos que transformemos radicalmente la sociedad y el mundo en que vivimos.
Para lograr este objetivo de construir un mundo nuevo, intentamos probar una estrategia diferente o embarcarnos en un rumbo distinto, uno que se base en las ideas de los esfuerzos anteriores y actuales de otros miembros de la izquierda por transformar la sociedad, pero que también intente aprender de sus errores y trascender sus limitaciones.
Para empezar, creemos que las reformas, o las mejoras graduales dentro del marco de la sociedad existente, son definitivamente necesarias, y debemos llevarlas tan lejos como podamos.
Debemos luchar por el pleno empleo y por un salario mínimo nacional que garantice una vida digna para todos. Debemos abogar por jornadas laborales más cortas, más permisos retribuidos y vacaciones más largas para los trabajadores. Debemos impulsar la ampliación y mejora masivas de la sanidad pública y otros servicios sociales. Para financiar esto, debemos luchar por un impuesto significativo sobre la riqueza de los multimillonarios y avanzar hacia la fiscalidad más progresiva posible dentro del capitalismo. Tenemos que llevar a cabo un programa de reforma agraria más profundo e inflexible para acabar de una vez por todas con los latifundios del país y cambiar las relaciones de producción en el campo. Tenemos que llevar a cabo una transición justa que abandone los combustibles fósiles lo antes posible para evitar los peores impactos de la crisis climática.
Además, tenemos que presionar por la legalización del aborto y el divorcio y tenemos que luchar por la igualdad matrimonial, y la legalización de las modalidades alternativas de convivencia para las personas LGBTQIA+. Reconociendo que nuestro sistema de justicia penal está intrínsecamente sesgado en contra de los trabajadores, debemos impulsar la despenalización del consumo de drogas, avanzar hacia el encarcelamiento de los delitos no violentos; aumentar la elegibilidad para la libertad condicional; desplazar los recursos de la vigilancia policial de los oprimidos hacia la prestación de más servicios sociales para los oprimidos; y llevar a cabo otras medidas destinadas a reorientar el sistema penal para que deje de disciplinar y castigar a los pobres y los débiles e imparta justicia contra los saqueadores, los funcionarios corruptos, los empleadores abusivos y otros.
Esta lista no es ni mucho menos completa, pero el principio está claro: tenemos que luchar por todo y por nada que pueda al menos disminuir el daño que se inflige a la naturaleza y aliviar el sufrimiento de los trabajadores y otros grupos subordinados. Esto implica no sólo ejercer presión o participar en campañas públicas, sino ayudar a los trabajadores, las mujeres, los LGBTQ, los encarcelados y otros grupos oprimidos a crear o fortalecer sindicatos, asociaciones y otras organizaciones destinadas a mejorar su capacidad colectiva para defenderse y promover sus intereses dentro de la sociedad existente.
Pero seamos claros: alimentar a los esclavos con mejores alimentos no pone fin a su esclavitud. Talar noventa y nueve árboles en lugar de cien no pone fin a la devastación de los bosques. Ni siquiera las reformas más radicales nos salvarán.
Mientras una ínfima minoría siga siendo dueña de los medios de producción mientras la gran mayoría no tenga más que su cuerpo y sus cadenas, la degradación de la naturaleza y de los trabajadores continuará.
Lo que necesitamos para evitar los peores impactos de la crisis climática y detener la lenta muerte de millones de personas y otras especies es una forma de democracia amplia y participativa en las esferas política, económica, social y cultural de la sociedad. Tenemos que construir una sociedad en la que podamos deliberar racionalmente y tomar decisiones sobre las cuestiones más fundamentales de lo que vamos a producir, cómo vamos a producir, qué vamos a hacer con la riqueza que hemos producido, cuánto crecimiento económico queremos, qué tipo de crecimiento, si debemos aspirar al crecimiento o al decrecimiento, etc., en resumen, sobre qué es la buena vida y cómo podemos vivirla juntos.
Esto sólo será posible si construimos una sociedad en la que la tierra, la maquinaria, la tecnología y todo lo que necesitamos para sobrevivir y vivir bien sean propiedad y estén gestionados de forma cooperativa y en común, garantizando al mismo tiempo el espacio para las iniciativas individuales hacia el bien social. Y esto sólo será posible si creamos este tipo de sociedades en todo el mundo, no sólo en Filipinas, sino en todos los países. En resumen: esto sólo puede ser posible si construimos una civilización socialista a escala nacional y mundial. No puede haber democracia ni deliberación racional sin socialismo, del mismo modo que no puede haber socialismo sin democracia ni deliberación racional.
Esto, sin embargo, significa que no podemos tratar simplemente de suavizar los antagonismos entre las clases, tenemos que crear las condiciones para la abolición de todas las clases por completo -no sólo la burguesía, sino también el proletariado y todas las clases explotadas en todas partes.
Esto también implica que no podemos forjar más que alianzas extremadamente limitadas y a corto plazo con cualquier sector de las clases dominantes en Filipinas y otros países; tenemos que estar en lucha constante contra ellas y tenemos que crear las circunstancias bajo las cuales los oprimidos sean capaces de arrebatarles el poder económico, político y social.
No eludamos la palabra: Nuestra única esperanza no reside simplemente en las reformas, sino en la revolución: una revolución socialista en Filipinas y en todos los países, aquí y ahora, y no en un futuro lejano e incognoscible.
Sin embargo, la abolición del capitalismo por sí sola no será suficiente. También tenemos que desmantelar el patriarcado y abolir todas las demás relaciones de dominación instaladas, reforzadas o institucionalizadas de otro modo por el capitalismo, incluidos, entre otros, el racismo, el edadismo, el capacitismo, el antropocentrismo y la carcelaridad.
Aunque la abolición del capitalismo puede contribuir en gran medida a socavar los cimientos de estas otras formas de subordinación, una revolución socialista no las eliminará automáticamente; de hecho, pueden seguir persistiendo incluso después de la abolición del capitalismo y socavar los esfuerzos para construir el socialismo. Por lo tanto, también hay que luchar contra ellas hoy, no en una fase futura cuando se hayan resuelto los «problemas más importantes».
Para hacer todo esto, no podemos ignorar aquello que ha servido para apuntalar el capitalismo y las diversas relaciones de dominación a las que está ligado: el Estado capitalista. Esto exige lo que nos parece ser una estrategia más prometedora, una que tiene más sentido a la luz de los dramáticos cambios que han tenido lugar en la sociedad filipina y en la economía mundial durante el último medio siglo.
Así, reconociendo que las clases dominantes están llevando a cabo una revolución conservadora desde arriba y a la luz de las formas en que ha evolucionado el imperialismo, trataremos de impulsar no una revolución «democrático-burguesa» del tipo clásico, sino un tipo diferente de revolución democrática capaz de contrarrestar la revolución conservadora desde arriba de nuestras élites y de frustrar los continuos esfuerzos de los imperialistas por bloquear la transformación social en todo el mundo.
Plenamente conscientes de que el Estado capitalista ha desarrollado no sólo sus capacidades coercitivas sino también su capacidad para organizar el consentimiento y disciplinar a la población, tenemos en mente una lucha prolongada de otro tipo: no a una interminable guerra de guerrillas que busque rodear las ciudades desde el campo ni a una interminable insurrección urbana armada centrada igualmente en vencer por la fuerza al aparato represivo del Estado, sino a una larga y sostenida batalla por los corazones y las mentes, buscando liberar primero los espíritus y las conciencias de los oprimidos de las prisiones construidas por las clases dominantes y su ejército de intelectuales.
Intentamos ayudar a ganar esta batalla desafiando y contrarrestando los poderes ideológicos o disciplinarios del Estado, una tarea que implica hacer todo lo posible para ayudar a los oprimidos a librarse de la conciencia subordinada que les han inculcado las élites para que puedan desarrollar su propia percepción innata de sus condiciones y de los caminos hacia su propia emancipación. El objetivo no es simplemente socavar el dominio despótico, sino también resistir el poder infraestructural para gestionar y desactivar la disidencia y el poder discursivo para hacernos desear lo que la hegemonía quiere que deseemos.
En el corazón de la economía -en los lugares de trabajo y en nuestras comunidades- también nos esforzaremos por crear consejos de fábrica/lugar de trabajo o consejos comunitarios que presionen para que los trabajadores productivos y reproductivos participen más activamente en la gestión de los procesos de producción/reproducción, desarrollando así sus capacidades técnicas y de otro tipo para, con el tiempo, autoorganizar empresas y comunidades bajo la sociedad socialista.
Sin embargo, la organización en el lugar de trabajo o en las comunidades a través de la participación en la política sindical o local no será suficiente. No podemos sino participar en la arena a la que se han visto arrastrados la mayoría de los oprimidos. Plenamente conscientes de los límites de la política electoral, decidimos ocupar este espacio y utilizarlo para promover nuestros objetivos. Por lo tanto, presentaremos y haremos campaña por los socialistas en las elecciones locales y nacionales, aquellos que no estén dispuestos a ocultar sus aspiraciones y valores socialistas sólo para ser aceptados y aquellos que serán responsables ante el movimiento mientras hacen campaña e incluso mientras ocupan cargos.
Y lo haremos no sólo para hacer propaganda, sino para ganar, pero «ganar» en el sentido más profundo: no sólo para obtener el mayor número de votos, sino también para cambiar el discurso, hacer llegar a la corriente dominante nuestra visión y nuestro programa, popularizar el socialismo, impulsar las luchas en curso y galvanizar al movimiento obrero. El objetivo es desarrollar una conciencia política permanente entre los oprimidos que vaya más allá de la participación en el proceso electoral y les permita comprometerse y enfrentarse al Estado, a la clase capitalista y a todos los sectores e instituciones opresores.
Como complemento a nuestra participación en la organización en el lugar de trabajo o en la política electoral, también iremos más allá de las elecciones y trataremos de empoderarnos a nosotros mismos y a nuestros compañeros oprimidos proporcionándonos ayuda mutua entre nosotros y a otras personas de la comunidad. Para ello, crearemos nuestras propias instituciones políticas, culturales y económicas alternativas, como nuestra propia red de cooperativas, centros educativos, redes de investigación, centros sociales, despensas, huertos comunitarios, canales de ayuda en caso de catástrofe, medios de comunicación e información, centros de formación, clubes culturales y deportivos, etcétera.
Como parte de este esfuerzo, identificaremos y aprovecharemos los espacios locales en los que el Estado es incapaz de actuar e intentaremos construir órganos locales de poder y desarrollo. Estos órganos servirán de campo de entrenamiento para un nuevo tipo de gobernanza que en el futuro podrá integrarse en un sistema socialista, al tiempo que proporciona un apoyo concreto a los oprimidos en el presente.
En otras palabras, aunque participemos en los espacios políticos existentes, también crearemos, esculpiremos y ampliaremos nuestras propias bases de poder autónomas, prefigurativas y disruptivas dentro de la sociedad existente, espacios en los que podamos perturbar y contrarrestar directamente la lógica del sistema económico existente, experimentar y desarrollar nuestras propias instituciones alternativas, establecer nuevos tipos de relaciones sociales, construir una economía solidaria o nuevos tipos de acuerdos económicos más cooperativos, mejorar nuestra capacidad para llevar a cabo el autogobierno y dar a la gente una idea de la sociedad alternativa que imaginamos.
Pero también somos plenamente conscientes de que el aparato represivo del Estado también se ha ampliado, por lo que al mismo tiempo nos prepararemos para la inevitabilidad de que las élites utilicen la violencia directa contra nosotros y las personas con las que trabajamos. Ante tal peligro, nos organizaremos activamente para reforzar nuestra capacidad de defendernos de los ataques actuales y futuros, aumentando nuestra capacidad de defendernos ante los tribunales, apoyando a quienes sean detenidos en nuestras filas, etc. Nuestra mejor defensa será una organización fuerte y unida. Nuestra mejor defensa será un movimiento de masas fuerte y vigilante, preparado para movilizar a la opinión pública nacional y mundial en caso de que alguno de nuestros camaradas o comunidades sea objeto de represión estatal o terrorismo.
En línea con esto, nos apartamos de otros en la izquierda que condenan la lucha armada. Aunque de momento no nos involucraremos en ella como partido, reconocemos que la violencia es legítima y necesaria en determinadas circunstancias, del mismo modo que era legítima y necesaria la violencia que empleaban los esclavos para romper sus cadenas.
Así que, a diferencia de quienes se limitan a reformar el Estado dentro de los límites permitidos por las élites, no descartamos la necesidad de una campaña defensiva más concertada contra los esfuerzos de las clases dominantes por perpetuar indefinidamente su dominio intrínsecamente violento. Cuando nos enfrentamos a un asalto total, cuando una gran parte de los oprimidos están firmemente de nuestro lado, y cuando las clases dominantes se han visto reducidas a depender exclusivamente de la coerción para mantener su poder, podemos contraatacar y tenemos que contraatacar.
La estrategia que proponemos -articulada aquí sólo a grandes rasgos, pero que se aclarará y concretará en documentos posteriores- es, por tanto, global y coyuntural: no puede reducirse a la mera participación en la política electoral o a la prestación de ayuda mutua y no puede limitarse a una sola forma de lucha elegida a priori basándose únicamente en principios y no en las circunstancias existentes.
Lo que buscamos es construir primero un poder dual -poder dentro pero también fuera de los espacios y lógicas de la sociedad existente- por todos los medios necesarios. Cuáles de esos medios serán necesarios y qué ámbito o área de trabajo recibirá más de nuestra energía y recursos en un momento dado dependerá siempre de las condiciones existentes y, por tanto, estará sujeto a constante revisión y debate democrático a la luz de nuestros objetivos y principios.
Pero una cosa será constante: el objetivo de esta estrategia no es simplemente reformar el Estado capitalista o poner más trabajadores o más socialistas en sus instituciones legales. El objetivo es crear las condiciones para abolir por completo el Estado capitalista y establecer una sociedad fundamentalmente nueva, no sólo en Filipinas sino en todo el mundo. Buscamos el fin de la proletarización mediante la abolición del trabajo asalariado, la valorización, la alienación y la vigilancia. Por lo tanto, aunque participemos en la arena política existente y construyamos bases de poder paralelas que se refuercen mutuamente más allá de esta arena, nuestro objetivo no es capturar la maquinaria estatal capitalista y utilizarla para nuestros fines, sino preparar el terreno para su eventual desmantelamiento y sentar las bases de una civilización socialista.
Para la transición a esta nueva civilización, debemos prepararnos para establecer una nueva organización de transición capaz de hacer dos cosas a la vez: garantizar que las fuerzas de la opresión nunca puedan volver al poder y, al mismo tiempo, crear las condiciones para poner fin a todas las formas de opresión.
Se trata de una empresa inmensa, que requiere una movilización permanente y enormes sacrificios por parte de los oprimidos. Para seguir movilizando a la gente en torno a este difícil proyecto y para garantizar que esta nueva organización no se convierta en un nuevo poder sobre los oprimidos, debemos asegurarnos de que dicha organización defienda la dignidad y la autonomía de todos y cada uno de los oprimidos, garantizar que todos los representantes sean elegidos lo más directamente posible y estén sujetos a revocación en cualquier momento, que el trabajo burocrático se rote entre todos, que los funcionarios reciban sólo el salario suficiente para evitar que ocupar un cargo se convierta en una carrera, etc.
Una vez establecida, el papel de esta organización de transición debe limitarse a seguir realizando las condiciones para el socialismo, condiciones que ya están presentes pero que siguen sin realizarse en la sociedad actual. Esto incluye desplazar la producción de la acumulación hacia el cuidado de las personas; acortar la jornada laboral; redistribuir la carga del trabajo reproductivo de las mujeres y los LGBTQ haciendo que el cuidado de los niños y otras actividades reproductivas sean responsabilidad de toda la comunidad; eliminar cualquier estructura jerárquica restante en el lugar de trabajo o en la comunidad; delimitar y desfinanciar a la policía o a los cuerpos similares a la policía y disminuir sistemáticamente sus funciones hasta su abolición; desmantelar el sistema penitenciario; y así sucesivamente.
Para llevar a cabo todas estas cosas, esta organización de transición debe ser capaz de hacer valer su autoridad, pero esta autoridad debe basarse siempre en el consentimiento del pueblo y nunca en la coacción. Aunque debe mantener la fuerza en un segundo plano para defenderse de los contrarrevolucionarios y los saboteadores, debe tratar de evitar el mero establecimiento de una dictadura del proletariado. Por el contrario, debe lograr una hegemonía del proletariado y de todos los grupos oprimidos. Debe evitarse a toda costa el surgimiento de una dictadura de partido único.
El objetivo de esta organización de transición no debe olvidarse en ningún momento: hacerse innecesaria construyendo las condiciones para una sociedad sin clases y sin Estado, libre de toda forma de dominación.
Por «sociedad sin Estado» debe quedar claro que no nos referimos a una sociedad sin reglas ni normas, sin coordinación y, por tanto, sin orden. Aunque hayamos abolido las clases, seguiremos necesitando establecer una organización colectiva más duradera para crear y mantener las condiciones del florecimiento colectivo.
Esta organización, sin embargo, no debería adoptar la forma del Estado, entendido como una organización con un aparato burocrático separado de los gobernados y con cuerpos de hombres armados por encima del pueblo. Puede ser -y debe ser- una asociación real y libre de productores autónomos, autogobernados y solidarios en la que la administración de las personas sea sustituida por la administración de las cosas y en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de todos, tomando prestadas las palabras de otros revolucionarios que han venido y luchado antes que nosotros.
Para que podamos hacer todo esto -contrarrestar al Estado capitalista, abolir todas las formas de dominación y construir una nueva civilización- necesitamos un movimiento de masas amplio, unificado y cohesionado, compuesto por todas las clases oprimidas y grupos subordinados, pero basado y dirigido por la única clase con la capacidad material y la motivación para crear un mundo nuevo: la clase obrera, definida en sentido amplio para incluir no sólo a todos los trabajadores productivos, sino a cualquiera que se vea obligado a trabajar para ganarse la vida en zonas urbanas, rurales y de montaña, incluidos todos los trabajadores reproductivos.
Debemos afirmar constantemente una cosa: la emancipación de los oprimidos sólo puede ser obra de los propios oprimidos.
Pero para que nosotros formemos parte de esta lucha por la autoemancipación e impulsemos esta lucha, necesitamos una izquierda renovada y revigorizada, una izquierda que reconozca y aprecie las inmensas contribuciones de sus pioneros y que, sin embargo, esté comprometida con la crítica despiadada de todo lo que existe, una izquierda que sea capaz de inspirar y ganarse la confianza de los oprimidos y que, por lo tanto, sea capaz de proporcionar un liderazgo moral e intelectual a todos los que luchan por la liberación.
Para que podamos construir esta izquierda renovada, necesitamos un nuevo partido socialista, uno que reconozca y se base en los grandes logros de otros partidos socialistas establecidos en el pasado, pero que también intente superar sus limitaciones, aprender de sus pasos en falso y errores, y abrir nuevos caminos.
Este es el partido que queremos crear.

V. Indignados por la continua degradación del planeta y de las personas, convencidos de que es necesario otro mundo, y decididos a ayudar a crear juntos ese mundo, hemos unido nuestras manos para comenzar el proceso de establecer una nueva organización política-Una que no sólo sea abierta y resueltamente socialista, sino también abierta y resueltamente democrática, feminista, queer, ecologista, internacionalista, antirracista, abolicionista, antihabilitadora, antiedad y, al mismo tiempo, contraria a cualquier otra forma de dominación.
Hemos decidido que nuestro objetivo primordial es construir una sociedad socialista, en la que todo el mundo pueda prosperar y alcanzar su pleno potencial creativo. Aunque nuestro terreno inmediato de lucha es Filipinas, reconocemos que este objetivo no puede lograrse si se emprende en un solo país. Junto con camaradas de otros países, buscamos construir una civilización socialista mundial, en la que todos puedan alcanzar la libertad.
Con este objetivo en mente, buscamos vigorizar la izquierda, construir una nueva cultura socialista, para fortalecer nuestra capacidad de ayudar a construir un movimiento dirigido por la clase obrera capaz de prevalecer en la lucha contra los opresores y construir los cimientos de la civilización que imaginamos.
Hemos resuelto que este partido que pretendemos fundar debe basarse en los mismos valores sobre los que pretendemos construir la sociedad alternativa que imaginamos. Estos valores deben guiar nuestra vida organizativa y reflejarse en nuestra constitución y estatutos, nuestros procesos de toma de decisiones, nuestros mecanismos de resolución de conflictos, etc. Incluyen, entre otros, los siguientes:
En primer lugar, el respeto de la autonomía y la dignidad individuales: Nos aseguraremos en todo momento de no vulnerar la capacidad de los afiliados para decidir por sí mismos, por ejemplo diciendo o haciendo cosas en su nombre o con ellos sin su consentimiento. No obligaremos a ninguno de nuestros afiliados a hacer o decir nada en lo que no crean o con lo que no estén de acuerdo.
En segundo lugar, la democracia: en consonancia con nuestro respeto por la autonomía y la dignidad de nuestros miembros, nuestro partido no dirá ni hará nada que no esté aprobado por los afiliados o que no haya pasado por procesos colectivos de toma de decisiones establecidos por la organización. El consenso será el medio preferido para tomar decisiones; sólo se recurrirá a la votación cuando el consenso haya resultado imposible tras muchos esfuerzos. En cuanto al liderazgo, trabajaremos para mantener nuestra estructura organizativa lo más horizontal posible y trabajaremos activamente para evitar que se convierta en verticalista. Estableceremos mecanismos que garanticen la rendición de cuentas por parte de nuestros líderes o de cualquier personal remunerado, y revisaremos periódicamente estos mecanismos para garantizar su eficacia.
En tercer lugar, la igualdad: Reconocemos las desigualdades de clase, de género y de otro tipo que existen entre nosotros y nos esforzaremos siempre por garantizar que aquellos de entre nosotros que sean hombres o del mismo sexo, más ricos, con mayor educación formal, más conectados socialmente, etc. no tengan más voz ni ejerzan más privilegios o ventajas en nuestra organización sobre la base de estas ventajas. Dedicaremos recursos, energía y tiempo a la traducción o interpretación, apoyo para el desplazamiento de los miembros que vivan lejos, apoyo para el cuidado de los niños de quienes lo necesiten, etc. Durante las reuniones, los facilitadores se asegurarán de que las mujeres, los miembros queer, los miembros de la clase trabajadora, etc. dispongan de más tiempo y espacio para hablar y otras oportunidades. Deben fomentarse e institucionalizarse los recordatorios constantes sobre las desigualdades que existen en nuestro partido, así como la reflexión
constante sobre las formas en que existen relaciones de poder manifiestas u ocultas en nuestra organización.
En cuarto lugar, la mejora colectiva a través de evaluaciones y debates constructivos: Buscamos desarrollarnos constantemente como individuos y como colectivo, y creemos que una forma de hacerlo es a través de la reflexión constante y de la crítica y el debate constantes con los demás. En consonancia con esto, tratamos de crear un espacio en el que todo el mundo se sienta seguro o incluso se le anime a discrepar o criticar a los demás (especialmente a los dominantes o a los que ocupan puestos de liderazgo). Nos esforzaremos por encontrar formas de convertir nuestras diferencias en fuentes de fortaleza y no de debilidad. En ningún momento utilizaremos la violencia para resolver nuestras diferencias o para penalizar a quienes discrepen de nosotros.
Quinto, capacitación colectiva: Nos esforzaremos por ofrecer a todos nuestros miembros oportunidades de superación personal. Eso significa dar a todos la oportunidad de liderar, de desarrollar su capacidad de hablar en público, de organizarse, de realizar diversas tareas, de ser mejores en determinadas habilidades, etc. De acuerdo con esto, mantendremos el límite de duración de cualquier puesto de liderazgo tan corto como sea posible y evitaremos que unas pocas personas (es decir, las más carismáticas, elocuentes, bien conectadas, etc.) monopolicen los puestos que conllevan poder o ciertas prebendas. Las oportunidades de viajar, estudiar, etc. deben decidirse no sólo en función de consideraciones prácticas, sino también en consonancia con nuestro objetivo de ayudar a desarrollar la capacidad de lucha de todos.
Sexto, cuidado mutuo: La salud y el bienestar tanto físicos como psicológicos de nuestros miembros serán nuestra máxima prioridad. Dedicaremos recursos, tiempo y energía a desarrollar nuestra capacidad colectiva para prestar asistencia sostenible a quienes padezcan enfermedades o se enfrenten a problemas mentales. Intentaremos crear un espacio seguro para todos y prestar ayuda a quienes puedan ser víctimas de agresiones físicas, sexuales o de otro tipo dentro de la organización. Como parte de nuestros esfuerzos por construir una economía solidaria, también estudiaremos la posibilidad de crear proyectos de subsistencia sostenibles, cooperativas, un fondo rotatorio y mecanismos de emergencia para aquellos de nuestros miembros que necesiten urgentemente alimentos, vivienda u otras necesidades básicas, pero siempre protegiéndonos del peligro de que estos proyectos se conviertan en fuentes de corrupción y conflicto dentro de la organización.
En séptimo lugar, justicia y equidad: Reconociendo que la capacidad de una persona para prestar servicios voluntarios a cualquier organización depende de su clase, sexo, edad o capacidades físicas, nos esforzaremos por ofrecer una remuneración adecuada (incluida la asistencia sanitaria, las prestaciones de jubilación, etc.) a todos aquellos que trabajen a tiempo completo o parcial para el partido, evitando al mismo tiempo crear una capa de burócratas que desarrollen un interés por mantener sus privilegios. A la hora de dividir el trabajo, tendremos en cuenta las estructuras de clase, de género y de otro tipo que impiden que los miembros dediquen más tiempo al partido, y evitaremos culpabilizar o insinuar que quienes no pueden prestar más trabajo o exigen más compensación están de alguna manera menos comprometidos con el movimiento.
En octavo lugar, responsabilidad y rehabilitación: Nunca toleraremos ninguna forma de violencia contra las mujeres (por ejemplo, violación y acoso sexual) y otros grupos oprimidos en nuestra organización. Lo mismo vale para otros actos de violencia, incluidos los abusos verbales o emocionales, cometidos por cualquiera de nuestros miembros. Estableceremos mecanismos claros y transparentes para tratar estos casos. Nuestro primer principio a este respecto es no imponer la carga de la prueba a los supervivientes. No sólo proporcionaremos asistencia y apoyo a todas las víctimas, sino que también les ayudaremos en sus esfuerzos por recibir justicia. Al mismo tiempo, daremos a los acusados el debido proceso que merecen dentro de un marco que va más allá de los límites de la justicia burguesa y patriarcal. Perseguimos una justicia reparadora, centrada en el bienestar de los supervivientes, al tiempo que buscamos la rehabilitación de los delincuentes.
En consonancia con estos objetivos y principios, también hemos resuelto que nuestro partido debe esforzarse por adquirir las siguientes características.
Primera: Nuestro partido debe basarse en el pueblo trabajador y en los oprimidos. Haremos todo lo posible para evitar ser una secta más de intelectuales o activistas pequeñoburgueses que hablan en nombre de las masas, pero que en realidad están alejados de ellas. Fomentaremos deliberadamente las condiciones que permitan a más personas formar parte de nuestra organización y dirigirla. Esto debería reflejarse no sólo en los temas en los que trabajamos o en las campañas que llevamos a cabo, sino también en cuestiones tan mundanas como dónde estableceremos nuestra sede, qué idioma o idiomas hablaremos durante nuestras reuniones, etcétera. Al mismo tiempo, sin embargo, nos esforzaremos por evitar idealizar a las masas, reconociendo también que muchos de nosotros pertenecemos a las masas. Reconocemos que todos somos producto de una sociedad opresiva y que la lucha colectiva es necesaria para superar los efectos negativos del condicionamiento social de toda la vida. En consonancia con esto, también rechazamos la denigración de creencias o valores que erróneamente se cree que son monopolio o propiedad de las clases medias o altas, como la preocupación por la individualidad, la autonomía personal y la democracia.
Segundo: Nuestro partido se opondrá sin concesiones a toda forma de dominación: En ningún momento consentiremos el nacionalismo chovinista ni contribuiremos a avivar el fuego de la xenofobia, el sexismo, el racismo, la discriminación por edad, etc., sólo para avanzar en algún objetivo a corto plazo, como ganar elecciones o ser más «aceptados» por la corriente dominante. Aunque tendremos en cuenta los prejuicios existentes entre aquellos a los que queremos organizar -prejuicios arraigados en ellos por la sociedad actual-, siempre intentaremos ayudar a los demás y a nosotros mismos a superarlos.
Tercero: Nuestro partido debe estar impulsado por sus miembros y orientado a ellos. Nos esforzaremos por no ser otra organización en la que sólo los dirigentes, los órganos de dirección o el personal remunerado a tiempo completo toman las decisiones más importantes, mientras que los miembros de base se ven reducidos a ratificar sus decisiones, en congresos en los que las decisiones más importantes ya se han tomado antes de las reuniones. En lugar de ello, pretendemos ser un partido vivo, que respire, que se mantenga vivo y se fortalezca gracias a la participación y movilización constante y exhaustiva de las bases.
Cuarto: Nuestro partido debe ser autónomo de los partidos u organizaciones de la élite y de la pequeña burguesía. Siempre estaremos abiertos a trabajar con otros grupos y fuerzas políticas que también apoyen nuestros objetivos inmediatos. Buscamos un frente unido contra el fascismo y la dictadura que evite los errores y equivocaciones de anteriores intentos de construir dicho frente. Sin embargo, a la hora de forjar cualquier alianza o asociación, siempre nos guiaremos por un objetivo primordial: construir la capacidad autónoma del movimiento socialista y proletario. Incluso cuando unamos fuerzas con representantes de los opresores en pos de objetivos tácticos comunes, en ningún momento nos permitiremos estar bajo su mando ni ser correas de transmisión de su propaganda.
Esto significa que durante las elecciones u otras luchas políticas, siempre apoyaremos a aquellos que busquen hacer avanzar el proyecto socialista y construir un movimiento transformador radical por encima de otros candidatos, incluidos los liberales. Esto también significa que siempre nos esforzaremos por ser autosuficientes: Aunque estemos abiertos a recibir recursos u otras formas de apoyo de fundaciones o donantes convencionales, lucharemos contra la «ONGización» y nos esforzaremos por evitar ser impulsados por los donantes y por garantizar que la mayor parte de nuestros recursos procedan de las cuotas de los afiliados.
Quinto: nuestro partido debe ser unificador y no sectario. Nos comprometemos a ayudar a crear las condiciones para la eventual unificación de todos los grupos o partidos proletarios o revolucionarios que busquen establecer el socialismo y abolir todas las formas de dominación. En esta línea, seremos firmes en nuestras convicciones, pero también estaremos dispuestos a trabajar con todas las demás fuerzas de la izquierda que compartan nuestros objetivos a corto o largo plazo. Intentaremos establecer relaciones de camaradería y también de respeto mutuo con otras organizaciones socialistas. A la hora de forjar la unidad táctica entre revolucionarios, nos guiaremos por la idea de que expresar desacuerdos y críticas constructivas a otros de la izquierda también puede estar justificado y ser productivo. Al crear coaliciones progresistas o trabajar dentro de ellas, nos esforzaremos por evitar la práctica, demasiado común pero extremadamente destructiva, de anteponer los intereses organizativos y sectarios del propio partido a los intereses más amplios de la izquierda y del movimiento obrero.
Sexto: nuestro partido será respetuoso con la autonomía de los movimientos sociales y otros grupos de resistencia. Trabajaremos activamente como parte del movimiento sindical, el movimiento de los campesinos sin tierra, el movimiento de las mujeres, el movimiento LGBTQIA+, etcétera. Nos esforzaremos por persuadirles de nuestros puntos de vista y de las líneas de acción que proponemos, incluso criticándoles abiertamente cuando sea necesario. Pero en ningún momento intentaremos sustituirlos o subordinarlos a nuestro partido. Al contrario, trabajaremos para defender su libertad para decidir por sí mismos y tomar sus propias iniciativas, incluso o especialmente cuando vayan en contra de las preferencias de nuestro partido.
Séptimo: queremos ser un partido que no tenga miedo a equivocarse y que también aprenda de los errores. Fomentaremos la experimentación y nos esforzaremos por ser un laboratorio de lucha, un espacio seguro en el que puedan concebirse, plantearse y ponerse a prueba diferentes ideas para analizar la sociedad, para construir el movimiento y para lograr nuestros objetivos en consonancia con nuestros principios.
En consonancia con esto, fomentaremos activamente la crítica. Creemos que no tenemos el monopolio de la perspicacia y que podemos aprender mucho de otros que comparten nuestros objetivos. Por ello, aunque nos aferremos a nuestros objetivos y valores y los proclamemos abiertamente, trataremos de fomentar una atmósfera en la que otros puedan criticarnos libre y abiertamente a nosotros y a cualquier aspecto de nuestro trabajo. En nuestra opinión, una nueva izquierda debe romper cualitativamente con la rigidez de las viejas prácticas y plantear una fluidez y una pluralidad coherentes con nuestros valores y objetivos fundamentales.
Octavo: nuestro partido debe ser prefigurativo, donde nuestra organización actual debe anticipar el tipo de sociedad libre que queremos, donde se defienda la unidad de medios y fines. La forma en que nos organizamos, la forma en que tomamos decisiones, la forma en que gestionamos los desacuerdos, la forma en que nos relacionamos entre camaradas, la forma en que nos relacionamos con los trabajadores… todo esto debe dar a la gente una idea del mundo alternativo que imaginamos y animarles a que también quieran formar parte de la construcción de ese mundo. Aunque también debemos tener presente en todo momento que nosotros también somos sólo productos de nuestra sociedad y que, por tanto, nosotros mismos sufrimos todo tipo de limitaciones, nos esforzaremos como individuos y como colectivo por superarlas. También reconocemos que las condiciones para la sociedad alternativa que imaginamos aún no se dan plenamente y que esto puede limitar nuestra capacidad de ser prefigurativos, pero esto es precisamente lo que nos impulsará a luchar para que se den esas condiciones.
Cómo hemos de perseguir los objetivos mencionados, cómo hemos de defender los principios que pretendemos defender y cómo hemos de organizar y dirigir el partido para ser coherentes con estos principios: todo ello ha de ser revisado periódica y democráticamente por todos nuestros miembros. Lo mismo ocurre con nuestra lectura de la sociedad y del mundo en que vivimos. Queremos ser un partido en constante proceso de reflexión y renovación.
No lo haremos todo bien de inmediato. Podrían persistir relaciones de dominación o desigualdad dentro de nuestro propio partido y es posible que no consigamos abolirlas de la noche a la mañana. Puede que nos alejemos de los valores enumerados o que no estemos a la altura de las expectativas que nos hemos fijado. Cometeremos errores. Sufriremos todo tipo de carencias. Pero seremos criticados, corregidos y, lo que es más importante, apoyados por los demás. Juntos, lucharemos constantemente por ser mejores.
Invitamos a todos aquellos que compartan nuestra visión y nuestros valores a unirse a nosotros en la construcción de este partido y de un nuevo mundo.
Saludos.

8. «Orden basado en normas» contra derecho internacional

Arnaud Bertrand es un tuitero que vive en China. Este que os paso es un hilo suyo de hace unas semanas, con un hilo relacionado reciente, que plantea uno de los problemas de tiempo: ¿corremos el riesgo de que los imperialistas decidan romper la baraja y dejar de seguir el derecho internacional, ahora que se le ponen límites a su «orden basado en normas»? https://twitter.com/

Una observación interesante es que, en muchos sentidos, esta guerra es el «orden basado en normas» frente al «derecho internacional».

Estamos asistiendo a un ataque generalizado y sin precedentes contra todas las instituciones destinadas a preservar el derecho internacional: la ONU (incluso con la destrucción física de sus oficinas en Gaza, ¡y ni siquiera estoy mencionando a los más de 100 trabajadores de la ONU asesinados hasta ahora! Y, por supuesto, sobre las mismas leyes y principios que se crearon para defender y representar (ya sea el derecho humanitario, los derechos del niño, el derecho de la guerra, etc.).

¿Por quién? Por Israel y, en última instancia, por su patrocinador, Estados Unidos, que defiende el «orden basado en normas», es decir, un sistema ajeno al derecho internacional que esencialmente defiende lo que Estados Unidos considera que le conviene a él y a sus aliados en cada momento. Para la mejor definición que he leído sobre el «orden basado en normas», véase este fascinante estudio del Leiden Journal of International Law: https://cambridge.org/.

Así que si uno da un paso atrás, ese es un aspecto clave de la batalla que está en juego aquí. Lo cual es, por supuesto, inmensamente irónico, porque muchas de estas instituciones y principios atacados fueron creados por y dentro del orden basado en normas, ¡a menudo con el fin de preservar y afianzar los intereses del orden!
Pero el mundo ha cambiado, muchos países se han adaptado a las reglas actuales del orden y, por tanto, respetar las reglas, respetar el derecho internacional, ha pasado de ser una carga para los demás a ser una carga para quienes las crearon… Por eso ahora hay una brecha tan grande entre las acciones de los defensores del «orden basado en reglas» y lo que deberían estar haciendo si respetaran el derecho internacional.
La otra inmensa ironía es que los países del Sur global -China, los países de la ASEAN, los países sudamericanos, los países africanos, etc. – se han convertido ahora en más firmes defensores de esas instituciones multilaterales que defienden el derecho internacional que Occidente. Porque son ellos los que se han adaptado a esas normas, en muchos casos con mucho más éxito que Occidente.
Todo esto para decir que cuando se dice que los países del Sur global buscan poner patas arriba el «orden basado en reglas», hay que tener muy claro de qué se está hablando. Pretenden cambiar la situación por la que Estados Unidos y sus aliados pueden hacer lo que les venga en gana y burlarse así del derecho internacional. En realidad, lo que quieren son normas reales que todo el mundo respete: ¡quieren el derecho internacional! Y los que realmente quieren saltarse las normas y hacer lo que les dé la gana sin tener en cuenta ninguna norma -como estamos viendo ahora mismo en Gaza- son los occidentales, los que intentan hacernos creer que defienden un «orden basado en normas».
¿Cómo acabará esto? Yo sé cómo quiero que acabe: Creo firmemente que necesitamos un conjunto de normas internacionales que todos deban cumplir, especialmente en cuestiones de guerra y paz, soberanía, intromisión en los asuntos de otros países, etc. No quiero un mundo en el que «la ley del más fuerte es la ley del más fuerte», en el que se pueda masacrar a miles de niños con total impunidad si se es la parte más fuerte.
Pero también soy realista y me temo que la única manera de que lleguemos a tener un mundo así es que los Estados más poderosos quieran que sea así. Y he perdido totalmente la confianza en que Estados Unidos haga alguna vez lo correcto en ese sentido. Por eso espero y aliento un mundo de influencia y poder estadounidenses reducidos en el que otras potencias más sabias puedan triunfar donde Estados Unidos fracasó.
Si los horrores que están ocurriendo en Gaza tienen algún resquicio de esperanza, debería ser éste: inculcar a los pueblos del mundo la necesidad de abandonar el desquiciado «orden basado en normas» de Estados Unidos en favor del derecho internacional.

12:16 a. m. – 14 nov. 2023

Y esto es lo que escribe ayer el tuitero:

Llevo diciendo desde el comienzo de la guerra contra Gaza que un prisma clave -si no LA clave- a través del cual hay que leer el conflicto es que se trata de una lucha entre el «orden basado en normas» de Estados Unidos y el derecho internacional (véase mi post original) https://twitter.com/ [el texto anterior]

Lamentablemente, desde entonces los acontecimientos lo han ido confirmando poco a poco, culminando con la reciente cancelación de la financiación de la UNRWA por parte del Occidente colectivo -encabezado por EEUU-, que es la confirmación más cruda y cínica de que este prisma es desgraciadamente correcto.
La UNRWA es, por supuesto, una expresión del derecho internacional, ya que es una agencia de la ONU, creada en 1949 por una resolución de la Asamblea General de la ONU para proporcionar ayuda a todos los refugiados víctimas de la Nakba. Ahora es la mayor agencia de la ONU con 30.000 empleados y, especialmente en estos días, el principal salvavidas de los palestinos.
El papel de la UNRWA es aún más crítico tras la reciente sentencia de la CIJ -la CIJ, el tribunal del mundo, es por supuesto LA expresión más importante del derecho internacional- de que Israel estaba cometiendo «plausiblemente» un genocidio en Gaza, y su orden en forma de medida provisional vinculante de que «el Estado de Israel adopte medidas inmediatas y eficaces para permitir la prestación de los servicios básicos y la asistencia humanitaria que se necesitan urgentemente para hacer frente a las adversas condiciones de vida a las que se enfrentan los palestinos en la Franja de Gaza».
Simplemente no hay forma de que Israel cumpla esta medida provisional sin la UNRWA, dado que dirige la propia infraestructura de servicios básicos y asistencia humanitaria sobre el terreno en Gaza.
Vale la pena mencionar que, según el derecho internacional, una sentencia de la CIJ es vinculante para todos los países del mundo -lo que incluye en gran medida a los Estados occidentales- y, por lo tanto, tienen la obligación legal de tomar también las medidas que puedan para facilitar el cumplimiento de las medidas provisionales. Y ciertamente tomar acciones que contravengan directamente la sentencia sería una violación directa del derecho internacional, y en este caso situaría a los países infractores en violación directa de la Convención contra el Genocidio.
Sin embargo, eso es exactamente lo que hicieron. Apenas unas horas después de la sentencia de la CIJ recortaron la financiación de la UNRWA. Creo que en el momento de escribir estas líneas ya son 10 los Estados occidentales que lo han hecho, siendo Estados Unidos el que ha tomado la iniciativa, seguido de sus secuaces.

Así que, en efecto, tenemos a los defensores del «orden basado en normas» de nuevo en un ataque frontal contra el derecho internacional. ¿Qué es el «orden basado en normas»? Una buena definición es que se trata de un sistema ajeno al derecho internacional que esencialmente defiende lo que Estados Unidos juzga que le conviene a él y a sus aliados en cada momento. Para la mejor definición que he leído al respecto, véase este fascinante estudio del Leiden Journal of International Law: https://cambridge.org/.

El mensaje que esto transmite no puede ser más claro: no nos desafíes, nosotros hacemos las reglas y seremos implacables con quien se atreva a desafiarlas. Se trata, ante todo, de una dinámica de poder, lo que resulta enormemente revelador: Estados Unidos vio claramente la sentencia de la CIJ como una afrenta y respondió subiendo la apuesta. Lo que significa que se ve a sí mismo como adversario del derecho internacional, siendo éste una fuerza a la que hay que doblegar. De hecho, Estados Unidos admite que ha perdido su papel de «policía del mundo» y que se ha convertido en un insurgente. Al igual que un ex presidente caído en desgracia prefiere iniciar una guerra civil antes que perder su poder, Estados Unidos está anunciando en muchos sentidos que ahora es el insurgente principal contra un nuevo orden mundial multipolar del que ya no le gusta no tener el control total.
Esto no puede acabar bien, y presagia un periodo de caos desestabilizador caracterizado -como estamos viendo trágicamente en el caso de los palestinos- por un sufrimiento humano incalculable. Siempre fue ingenuo imaginar que Estados Unidos se tomaría su pérdida de hegemonía de forma constructiva, pero los optimistas al menos esperaban que no se convirtieran en maníacos genocidas. Por desgracia, parece que han llegado a la conclusión de que un par de genocidios aquí y allá son precios aceptables que la humanidad debe pagar por su intento de preservar su hegemonía en rápido declive.
El único resquicio de esperanza en todo esto es que esto sólo puede acelerar esta hegemonía en declive. Creo fundamentalmente que, como especie, luchamos por el orden y la justicia, y con todo esto -unido a su inmensamente desquiciada política interna- Estados Unidos está diciendo al mundo entero que se ha convertido en la principal fuerza del caos y la injusticia. Además, a un nivel fundamental, la visión que hay detrás es absolutamente revulsiva para el 90% del planeta, ya que se trata de subyugarlos, negándoles voz en la forma en que el mundo -nuestro mundo compartido- debe funcionar. Así que abróchense los cinturones para un viaje lleno de baches, pero que -si no nos genocidan a todos por el camino (y desgraciadamente eso se está convirtiendo en un «si» cada día más grande)- tiene algo de luz al final del oscuro túnel en el que nos encontramos.

Observación de Joaquín Miras:
El derecho internacional ha sido pisoteado po EEUU muchas veces. Chile, Panamá, Grenada, Yugoslavia, Irak, de donde sigue sin retirar sus tropas como exige su gobierno, la intervención en Venezuela, el secuestro de los fondos venezolanos, el secuetro y empleo de los fondos rusos -300 mil millones de dólares-, y actualmente el bombardeo de Yemen, además de el apoyo incondicional a la matanza racista de Israel. Se acentúa, eso sí, que no hay ningún orden respetable para EEUU. De haberlo tenido y respetado, no se encontrarían en una situación como la actual, con frentes abiertos en Europa, Oriente Medio, sur de Arabia, Sahel -moyennant la France- África oriental y Asia, todos a la vez: «Y es más fácil, oh EEUU, en muchos modos, que lo que tú les quitaste sola, te puedan a ti sola quitar todos».

9. Una mirada crítica a la transición ecológica

Vídeo de la presentación del número 48 de la revista Soberanía alimentaria sobre «Una mirada crítica a la transición ecológica». Estos días que vemos uno de los síntomas de la crisis agrícola capitalista en Occidente, puede resultar interesante.

https://vimeo.com/905651780 Este es el cartel con los participantes…

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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