MISCELÁNEA 6/11/2026

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. Una época contrarrevolucionaria.
2. El complicado rompecabezas del Sahel.
3. En Serbia no hay una revolución.
4. Hudson conversa con Robinson Erhardt.
5. El mapa y la realidad.
6. Manos fuera de Asia.
7. Crisis climática y elecciones.
8. Feminismo soviético y socialización de los cuidados.
9. Resumen de la guerra en Irán, 5 de noviembre.

1. Una época contrarrevolucionaria.

Prashad cree que estamos en un periodo de retroceso de las fuerzas populares a nivel mundial, o, en el caso concreto que analiza, también en Brasil, donde Lula se enfrentará a una situación muy complicada.

https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/lula-y-la-era-de-la-contrarrevolucion/

Lula y las terribles realidades de una época contrarrevolucionaria | Boletín 45 (2026)

Este octubre, millones de trabajadorxs brasileños se movilizaron para derrotar a la extrema derecha. La tarea fundamental comienza ahora: fortalecer los movimientos de masas y forjar una política económica soberana que desarrolle las fuerzas productivas de Brasil.

5 de noviembre de 2026

Cândido Portinari (Brasil), Morro [Cerro], 1933.

Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Luiz Inácio Lula da Silva, conocido como Lula, se ha postulado a la presidencia de Brasil ocho veces desde 1989. Ha ganado la presidencia en cuatro ocasiones (2002, 2006, 2022 y 2026), la más reciente a los 80 años. A lo largo de toda su trayectoria política, desde su elección para la dirección del sindicato metalúrgico de São Bernardo do Campo y Diadema en 1969 hasta esta última victoria, Brasil ha estado bajo una dictadura militar (1964-1985) o bajo un orden democrático en el que las viejas clases dominantes y sus aliados en Washington han conservado la ventaja. Esta correlación de fuerzas ha limitado los logros que Lula ha podido alcanzar en sus gobiernos.

Bora Lula [Vamos, Lula] fue la consigna de esta elección. Pero ¿hacia dónde? La clase trabajadora y el campesinado de Brasil, la población de sus barrios periféricos y los movimientos por la tierra y la vivienda inundaron las calles antes de la segunda vuelta para impedir el regreso de la extrema derecha, representada por Flávio Bolsonaro, y para hacer valer sus propias reivindicaciones. Sin embargo, tras tres presidencias anteriores de Lula, estos límites no son abstractos. El solo hecho de llegar al gobierno no puede disolver el poder del sector financiero, llevar a cabo la reforma agraria, acabar con el trabajo precario ni desmantelar las instituciones mediante las cuales los sectores adinerados ejercen su autoridad. La victoria de Lula protege los logros democráticos y sociales, ganados con tanto esfuerzo, frente a la extrema derecha, pero no cambia el difícil panorama de esta época de contrarrevolución.

Pietrina Checcacci (Brasil), Dinheiro (Dinero), 1967.

Desde principios de la década de 1990, las fuerzas contrarrevolucionarias han disfrutado de un nuevo grado de predominio mundial durante un período que hemos denominado eufemísticamente “neoliberalismo” o “globalización”. Los ciclos de dictaduras militares y golpes de Estado de décadas anteriores ya habían intentado aplastar a las fuerzas de liberación nacional y del socialismo. Luego, la crisis de la deuda de la década de 1980 y la destrucción de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) alteraron de manera decisiva la correlación de fuerzas internacional, lo que permitió que esta ofensiva contrarrevolucionaria se consolidara. El imperialismo, hasta entonces contenido en parte por la Unión Soviética, adquirió mayor libertad para castigar a los gobiernos que desafiaban su autoridad. Los nombres dados a este período: neoliberalismo y globalización, describen aspectos importantes de sus políticas y de su integración económica, pero pueden ocultar su sustancia política. La contrarrevolución, como concepto, describe la reversión organizada de las conquistas obtenidas mediante las luchas socialistas, de la clase trabajadora y de liberación nacional, y deja en claro qué fuerzas avanzaron y cuáles se vieron obligadas a retroceder.

La creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995 reflejó la ambición de consolidar un orden comercial mundial único. El establecimiento de normas comunes disciplinaba a países con historias y capacidades productivas radicalmente desiguales, favoreciendo a las corporaciones poderosas. Las nuevas restricciones a la propiedad intelectual, por su parte, limitaban el acceso a las tecnologías necesarias para desarrollar las fuerzas productivas. La liberalización de la cuenta de capital se aceleró y el Quinto Protocolo anexo al Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS), de 1997, abrió aún más los mercados financieros a las empresas financieras extranjeras.

A medida que el capital ganaba movilidad, los Estados enfrentaron una presión creciente para competir por la inversión, mientras las reformas neoliberales debilitaban los controles de capital, el control público de las finanzas y la planificación central. Al mismo tiempo, las finanzas transnacionales se expandieron enormemente. BlackRock es un ejemplo de la extraordinaria expansión de la gestión de activos: los activos que administra pasaron de 165.000 millones de dólares en 1999 a 15,5 billones de dólares en septiembre de 2026, lo que representa casi 94 veces el nivel de 1999 en términos nominales. Goldman Sachs muestra de manera similar la expansión de la banca y la gestión de inversiones, con un aumento de los activos totales de aproximadamente 250.000 millones de dólares en 1999 a 1,81 billones de dólares en 2025, es decir, se multiplicaron por 7.

Djanira da Motta e Silva (Brasil), Festa do Divino – Paraty [Fiesta del Divino en Paraty], 1960.

En gran parte de Europa y América del Norte, los partidos socialdemócratas y liberales se acomodaron cada vez más al giro neoliberal y abandonaron sus compromisos anteriores de ampliar el bienestar social y el poder de la clase trabajadora. Esto significó que las fuerzas situadas más a la izquierda tuvieron que sostener buena parte de la lucha por los derechos democráticos y el bienestar social, aun cuando se veían debilitadas por los ataques directos del imperialismo estadounidense y por la reestructuración de la producción y el crecimiento del trabajo precario a partir de la década de 1980.

Con la destrucción de la URSS, muchos partidos comunistas y de izquierda se disolvieron, cambiaron de rumbo o entraron en un fuerte declive. Los movimientos armados se vieron debilitados por ofensivas militares sostenidas (los maoístas de la India) o entraron en un largo proceso de desmovilización (las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) de Colombia y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de Turquía. Sin duda, hubo varios avances importantes en este período, como el fin del régimen del apartheid en Sudáfrica en 1994, el inicio del proceso bolivariano en Venezuela en 1998 y el fin de la monarquía de Nepal en 2008. No obstante, en cada uno de estos casos, las transformaciones nacional-democráticas se produjeron mientras las relaciones de propiedad capitalistas sobrevivían en gran medida. El proceso bolivariano fue el que más lejos llegó. Transformó el orden político, incluso mediante la construcción de instituciones comunales socialistas, pero no superó la dependencia de Venezuela de las exportaciones de petróleo crudo.

En estas condiciones, los programas prácticos de buena parte de la izquierda se desarrollaron en torno a tres ejes interconectados: la defensa de las instituciones democráticas, la defensa y ampliación del bienestar social y la construcción de instituciones multilaterales que pudieran ensanchar el margen para el desarrollo soberano. La experiencia de Brasil bajo Lula debe leerse dentro de este contexto más amplio.

Tarsila do Amaral (Brasil), O Vendedor de Frutas [El vendedor de frutas], 1925.

Democracia. En 1975, Lula fue elegido presidente de su sindicato y pronto se convirtió en una figura destacada en la lucha del movimiento obrero contra la dictadura militar. Hoy se olvida que la ola de huelgas entre 1978 y 1980 y la fundación del Partido de los Trabajadores (PT) en 1980, en la que Lula desempeñó un papel protagónico, contribuyeron a debilitar la dictadura y a acelerar la lucha por la redemocratización. Estas luchas formaron parte de un movimiento de oposición mucho más amplio que finalmente puso fin al régimen militar en 1985. La movilización de la clase trabajadora, junto con las luchas campesinas que confluirían a nivel nacional en el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), fundado en 1984, amplió la lucha por el derecho a organizar sindicatos, publicar periódicos, construir partidos políticos y presentarse a elecciones.

En toda América Latina, la extrema derecha y sus aliados han utilizado diversos instrumentos contra la izquierda para revertir las conquistas democráticas. Entre ellos se encuentran desde el lawfare  —que incluye el juicio político de 2016 de Dilma Rousseff en Brasil y la reciente detención de la excandidata presidencial ecuatoriana Luisa González— hasta la intervención militar directa, como el ataque de Estados Unidos contra Venezuela en enero de 2026 y secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente y diputada a la Asamblea Nacional Cilia Flores.

La reelección de Lula preserva conquistas democráticas logradas con mucho esfuerzo, pero por sí sola no amplía la participación popular entre una elección y otra. El MST y otras organizaciones de masas, junto con grupos juveniles e iniciativas digitales como el canal de WhatsApp Exército do Lula [Ejército de Lula], que llegó a sumar más de diez millones de personas suscritas, cumplieron un papel activo en la movilización del electorado durante la campaña, principalmente antes de la segunda vuelta. En los próximos años, los sindicatos, las organizaciones barriales, los movimientos campesinos y los movimientos de la población pobre de las ciudades tendrán que ganar fuerza social para que los procedimientos democráticos sean menos vulnerables al dinero, la manipulación y la intimidación organizada. También deben encabezar la batalla de ideas y de emociones en terrenos donde las fuerzas de ultraderecha han construido bastiones, como las redes sociales y las comunidades religiosas.

Bienestar social. En sus tres mandatos anteriores, Lula ha luchado por ampliar el bienestar social mediante la salud, las pensiones, la educación, la vivienda y el apoyo a los ingresos. El organismo de estadística de Brasil, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), informó que la pobreza se redujo del 27,3% en 2023 al 23,1% en 2024, una proporción de la población que sigue siendo inaceptablemente alta, pero que constituye el tercer descenso anual consecutivo. Detrás de esos porcentajes hay personas que pueden adquirir lo necesario, niñas y niños con mayor seguridad y hogares que recuperan cierta dignidad. La redistribución que no transforma el poder económico ni desarrolla las fuerzas productivas es necesaria, pero limitada.

Durante el período posterior a la dictadura, Brasil ha experimentado una desindustrialización continua junto con niveles de inversión persistentemente bajos, en particular en infraestructura. Sin una base productiva más sólida y sin ingresos públicos crecientes, los programas sociales siguen siendo más vulnerables a las negociaciones fiscales y políticas con los intereses adinerados, en lugar de estar anclados en un crecimiento sostenido de los ingresos y en una base tributaria más amplia. Los tres gobiernos de Lula lograron avances sociales significativos, pero los compromisos políticos que los hicieron posibles también limitaron su alcance y agotaron las alianzas necesarias para luchar por cada palmo de buena voluntad del Estado. La extrema derecha crece dentro de este agotamiento y convierte la humillación de la inseguridad laboral en resentimiento contra las personas migrantes, las mujeres, las minorías y la izquierda. Sin transformar las relaciones sociales que reproducen la inseguridad, sigue siendo difícil proteger y ampliar la dignidad humana. En este terreno complicado de las emociones cotidianas, las explicaciones simplistas y peligrosas de la extrema derecha pueden ganar terreno.

Alfredo Volpi (Brasil), Casario de Itanhaém [Caserío de Itanhaém], fines de la década de 1940.

Multilateralismo. Desde su primer mandato, Lula ha defendido el comercio y la cooperación Sur-Sur como medios para ampliar el espacio soberano del que disponen los países del Sur Global. Brasil no se sumó a Cuba y Venezuela en el proceso de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) en 2004, pero trabajó con Venezuela para construir la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en 2008, como parte de su compromiso con la integración regional. La formación del BRIC en 2009 reunió a los principales países del Sur en un bloque comercial que desde entonces se ha ampliado y que participa cada vez más en los debates sobre la reforma de la gobernanza mundial. Justo antes de la elección, Brasil se unió a Australia, Barbados, Canadá, la Unión Europea, la India y Kenia como copatrocinador inicial de Partners for Multilateralism [Socios por el Multilateralismo, P4M por su sigla en inglés], una iniciativa para defender y reformar el sistema multilateral.

En conjunto, estas iniciativas reflejan la convicción de Lula de que Brasil debe actuar como puente entre Occidente y el Sur y tener una política externa ativa e altiva [política exterior activa y altiva], lo que significa que no debe limitarse a reaccionar ante las propuestas occidentales, sino contribuir por sí mismo a dar forma a las plataformas multilaterales. Esta cooperación reúne a gobiernos con proyectos de clase distintos y, por ello, no implica en sí misma un programa común de transformación social. Su propósito, más limitado pero importante, es defender el espacio soberano y ampliar el acceso, por ejemplo, al financiamiento para el desarrollo mediante instituciones creadas por países del Sur, como el Nuevo Banco de Desarrollo, presidido actualmente por la expresidenta brasileña Dilma Rousseff.

Estos tres ejes han preservado conquistas indispensables durante esta era de contrarrevolución. Si estos programas defensivos se endurecen hasta convertirse en la totalidad del horizonte político, como suele ocurrir, sus límites se vuelven peligrosos. Las personas no solo necesitan escapar del hambre, sino también comprender por qué la inseguridad sigue regresando y construir la fuerza política necesaria para superar las estructuras que la reproducen. De lo contrario, la frustración puede quedar en manos de fuerzas que prometen una falsa rebeldía mientras fortalecen a quienes poseen la riqueza, que es lo que casi ocurrió en esta reñida elección en Brasil. La contrarrevolución se reproduce, en parte, enseñando a las personas oprimidas que la emancipación es imposible.

Lasar Segall (Brasil), Morro Vermelho [Cerro Rojo], 1926.

La victoria de Lula debe celebrarse como un logro del pueblo trabajador de Brasil, que salió por millones a derrotar a Bolsonaro. Pero ahora debe comenzar el trabajo: fortalecer los movimientos, seguir emancipando a las personas de su sufrimiento y construir una política económica soberana que desarrolle las fuerzas productivas de Brasil. El futuro no puede depender indefinidamente de la extraordinaria capacidad de un solo dirigente para reunir una mayoría. Lo que viene no es solo el próximo Lula, sino una izquierda reconstruida capaz de generar millones de Lulas. Así podríamos ver cambiar la marea y que esta época de contrarrevolución se abra a un nuevo período en el que nuestras expectativas revolucionarias puedan hacerse realidad.

En la antesala de la elección, un gran número de notables artistas de Brasil, como Chico Buarque, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Daniela Mercury, Xamã y Ebony, cantaron Bora Lula como parte de la campaña. Puede que ahora la canción se escuche menos, pero su estribillo debería seguir resonando cada día por las calles de Brasil:

Nosso povo tá na rua
A mudança continua.

[Nuestro pueblo está en la calle
El cambio continúa].

Cordialmente,

Vijay

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2. El complicado rompecabezas del Sahel.

Siguen los movimientos en distintas direcciones en el Sahel. El último, el despliegue militar argelino en Níger. Para haber una alianza del Sahel, recordemos que las relaciones entre Burkina Faso, y especialmente Malí, y Argelia han sido más que tirantes en los últimos tiempos. Complicada situación.

https://thecradle.co/articles/algerias-niger-deployment-redraws-the-sahels-fault-lines

El despliegue de Argelia en Níger redefine las líneas de fractura del Sahel

El primer despliegue terrestre en el extranjero de Argelia desde 1973 pone de manifiesto una lucha más amplia por la seguridad del Sahel, la influencia marroquí y el control de los corredores energéticos de África.

Aidan J. Simardone

5 de noviembre de 2026

Las tropas argelinas han cruzado la frontera hacia el vecino Níger, lo que supone el primer despliegue terrestre en el extranjero reconocido por el país desde la guerra árabe-israelí de 1973. Según se informa, un convoy militar llegó a Arlit a finales de octubre, días después de que el Parlamento argelino autorizara una misión para proteger los intereses energéticos en el norte de Níger.

Desde la década de 1970, Argelia ha seguido en gran medida una política de moderación militar en el extranjero, al tiempo que ha mantenido sus compromisos antiimperialistas y su apoyo a los movimientos de liberación en todo el Sur Global.

Argel se está acercando a Níger y a la Alianza de Estados del Sahel (AES), formada por Níger, Malí y Burkina Faso, a medida que la influencia militar occidental retrocede y las potencias rivales buscan afianzarse en el norte y el oeste de África.

Este acercamiento se produce además en un contexto de agravamiento del enfrentamiento de Argelia con Marruecos, cuyos lazos con Israel y los Emiratos Árabes Unidos se han profundizado, lo que Argel considera amenazas a su soberanía. El despliegue también otorga a Argel una posición más sólida en el Sahel, donde se está intensificando la competencia por las rutas comerciales, las infraestructuras energéticas y la influencia regional.

La ayuda de Argelia a Níger no solo reforzará la AES, sino que también proporcionará una mayor autonomía energética. Su intervención contribuirá a proteger los yacimientos petrolíferos de Níger situados a lo largo de la frontera y garantizará la seguridad del proyecto de gasoducto transahariano (TSGP), que transportaría gas desde Nigeria, a través de Níger, hasta Argelia.

A pesar de que Nigeria mantiene estrechas relaciones con Occidente, la reciente inauguración de la refinería de Dangote —la más grande de África— pone de manifiesto su deseo de desarrollar la infraestructura energética nacional. La política exterior más asertiva de Argelia también pone de manifiesto su voluntad de colaborar con los Estados vecinos para desarrollar infraestructuras energéticas regionales, apoyar a los opositores al imperialismo occidental y resistirse a la injerencia externa.

La tradición de moderación militar de Argelia

Francia incorporó Argelia a su administración metropolitana en el siglo XIX, y una brutal guerra de liberación, que se prolongó de 1954 a 1962, dejó profundas cicatrices.

Tras la independencia, Argelia pasó a ser conocida como la «Meca de los revolucionarios», donde buscaban refugio antiimperialistas de todo el mundo —incluido el Frente Polisario, que luchaba por la independencia del Sáhara Occidental de Marruecos—. Cuando estalló la guerra árabe-israelí de 1973, Argelia movilizó aviones de combate y envió ayuda a Egipto y Siria.

La política exterior de Argelia se volvió más cautelosa en la década de 1980, bajo el liderazgo del presidente Chadli Bendjedid y en medio de los crecientes temores ante el declive de la Unión Soviética. La posibilidad de una política exterior más audaz se vio frustrada por la guerra civil de 1992-2002 entre el Gobierno argelino y los grupos islamistas.

Esta guerra no solo hizo que Argelia se repliegara sobre sí misma, sino que también la orientó hacia Occidente, al cooperar con Washington en la lucha contra Al Qaeda. Esta alineación, sin embargo, fue más pragmática que ideológica. Cuando la OTAN lanzó su guerra contra Libia, Argelia fue uno de los oponentes más feroces, preocupada por que la destitución del difunto primer ministro Muamar el Gadafi desestabilizara el Magreb —preocupaciones que resultaron acertadas—.

Sin embargo, incluso mientras el caos se extendía por todo el Magreb y el Sahel, Argelia evitó la intervención militar extranjera y apostó por la vía diplomática. En 2012, estalló la guerra en Malí cuando el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad declaró la independencia.

En lugar de enviar tropas, Argelia negoció un alto el fuego que se plasmó en los Acuerdos de Argel de 2015. En la vecina Libia, Turquía y Catar enviaron armas al Gobierno de Unidad Nacional, mientras que Egipto y los Emiratos Árabes Unidos apoyaron al Gobierno rival de Estabilidad Nacional. A pesar de compartir frontera con Libia, Argelia no envió armas, sino que hizo hincapié en una resolución pacífica del conflicto.

Marruecos y el desafío del Sahel

Todo comenzó a cambiar en 2020. En el marco de los Acuerdos de Abraham, Marruecos normalizó sus relaciones con Israel, a cambio de que Estados Unidos reconociera formalmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Esto supuso un duro golpe para Argelia, que ha apoyado al Sáhara Occidental desde su independencia. Además, se corría el riesgo de envalentonar a Marruecos, que reivindica partes del oeste de Argelia.

Peor aún, Marruecos se convirtió en un centro de operaciones para Israel y los Emiratos Árabes Unidos, país este último que también normalizó sus relaciones con Tel Aviv. En 2023, Israel participó por primera vez en maniobras militares en Marruecos, y volvió a hacerlo en 2025.

Este año, ambos países acordaron una cooperación militar más estrecha. Mientras tanto, el estrechamiento de las relaciones con los Emiratos Árabes Unidos se produjo justo cuando Abu Dabi estaba apoyando el separatismo y a gobiernos rivales en Libia, Somalia y Sudán. Ante el apoyo de los Emiratos Árabes Unidos al Gobierno de Estabilidad Nacional de Libia, Argelia temía verse acorralada tanto por el oeste como por el este.

En respuesta, Argelia rompió relaciones con Marruecos en agosto de 2021, acusando a Rabat de apoyar el separatismo cabilio. Más tarde volvería a esgrimir el mismo argumento al romper relaciones con los Emiratos Árabes Unidos en septiembre de 2026. Asimismo, aumentó su presupuesto militar de 9 000 millones de dólares en 2022 a 25 000 millones de dólares el año pasado.

Argelia también se enfrentó a un panorama cambiante al sur de su territorio. Se produjeron golpes de Estado en Malí en 2021, en Burkina Faso en 2022 y en Níger en 2023, países que, en conjunto, formarían la AES. A primera vista, estos acontecimientos deberían haber sido bien recibidos por Argel, dada su hostilidad mutua hacia Francia. En cambio, rechazó los golpes de Estado.

Las relaciones ya eran inestables. Durante la última década, Malí ha acusado a Argelia de apoyar a los rebeldes amazigh y Níger ha denunciado su maltrato a los migrantes. Ante los golpes de Estado, Argelia temía que la región se desestabilizara aún más y se opuso al uso de la fuerza militar para resolver disputas políticas.

Las acusaciones de que los Emiratos Árabes Unidos estaban prestando ayuda a Malí y Níger también suscitaron el temor de que estos países se convirtieran en otra base de operaciones para Abu Dabi. La diplomacia argelina también se vio socavada cuando Malí rescindió los Acuerdos de Argel en enero de 2024.

En 2023, Malí retiró a su embajador de Argelia, acusando a las autoridades argelinas de reunirse con los rebeldes. En marzo de 2025, las relaciones se deterioraron cuando un dron maliense fue derribado cerca de la frontera (Argelia afirma que entró en su territorio, mientras que Malí sostiene que se encontraba en su lado). Al mes siguiente, Argelia retiró a su embajador y prohibió los vuelos con Malí. En solidaridad con Malí, Burkina Faso y Níger retiraron a sus embajadores de Argelia.

 

Argel restablece los lazos con el Sahel

Las tensiones con la AES no durarían mucho. A pesar de la continua violencia insurgente, los gobiernos de la AES han logrado algunas ganancias territoriales, lo que ha aliviado las preocupaciones iniciales de Argelia sobre la agitación política en el Sahel. Desde el golpe de Estado en Malí, los insurgentes no han logrado capturar ni mantener el control de otras localidades o ciudades importantes, mientras que Malí ha recuperado recientemente la estratégica localidad de Kidal, en el norte.

El control territorial en Níger se ha mantenido prácticamente sin cambios. En Burkina Faso, el Gobierno afirma haber aumentado su control del territorio del 69 % en 2023 al 74 % en 2025. El Fondo Monetario Internacional (FMI) también informó de que la situación de seguridad ha mejorado desde que Ibrahim Traoré llegó al poder.

La AES tampoco se convirtió en una base de operaciones para los Emiratos Árabes Unidos. De hecho, recientemente las tensiones han aumentado. En agosto de 2026, un informe de la ONU reveló que los Emiratos Árabes Unidos pagaron un rescate de 50 millones de dólares a militantes vinculados a Al Qaeda en Malí. Según Africa Intelligence, los rebeldes amazigh se pusieron en contacto en octubre con los Emiratos Árabes Unidos en busca de financiación y armas a cambio de oro.

Rusia también contribuyó a calmar las tensiones entre el AES y Argelia. Según Le Monde, el presidente ruso, Vladímir Putin, y el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, animaron al AES a restablecer las relaciones con Argelia. La iniciativa tuvo éxito.

En febrero de 2026, el presidente nigerino Abdourahamane Tiani y el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune se reunieron en Argel. Se restablecieron las relaciones diplomáticas y los países acordaron cooperar en materia de seguridad a lo largo de la frontera y en el desarrollo de infraestructuras, incluido el TSGP.

En julio de 2026, Argelia y Malí anunciaron el restablecimiento de relaciones. En agosto, Argelia donó cuatro helicópteros militares a Níger y envió aviones de combate para sofocar un intento de golpe de Estado en Niamey.

Argelia va más allá de la diplomacia

Las disputas de la AES con los Emiratos Árabes Unidos, junto con los esfuerzos diplomáticos de Rusia, contribuyeron a aliviar las tensiones con Argel. Lo que no explica, sin embargo, es por qué Argelia no solo recurrió a la diplomacia, sino que envió a sus fuerzas armadas, desafiando así décadas de moderación en lo que respecta a los despliegues en el extranjero.

El 21 de octubre de 2026, Argelia y Níger firmaron un protocolo de cooperación militar, que cuatro días después fue aprobado por unanimidad por el Parlamento argelino. El protocolo prevé el despliegue de tropas argelinas en Madama, una antigua base militar francesa cercana a la frontera con Libia. Posteriormente se reveló que el convoy argelino había llegado a Arlit, cerca de la frontera argelina.

Dado que Arlit y Madama se encuentran a 740 kilómetros de distancia entre sí —la misma distancia que hay entre París y Berlín—, Argelia dispone de una enorme zona de operaciones. Según Argel, su misión consiste en proteger las inversiones petroleras en el norte de Níger. Sin embargo, Argelia cuenta con inversiones en esta región desde 2022, lo que plantea la pregunta: ¿por qué ahora?

Las relaciones con Marruecos se deterioraron rápidamente a raíz del Sáhara Occidental. En los últimos dos años, alrededor de una docena de países —entre ellos Francia y el Reino Unido, miembros del Consejo de Seguridad, y España, antigua potencia colonizadora del Sáhara Occidental— han respaldado la propuesta de «autonomía» de Marruecos para el Sáhara Occidental.

Cuatro países —Colombia, Ghana, Malí y Perú— han retirado su reconocimiento al Sáhara Occidental. Rabat también ha tratado de extender su influencia por toda África Occidental a través de la Iniciativa Atlántica, ofreciendo a los Estados sin litoral del Sahel acceso a los puertos marroquíes mediante la Iniciativa Atlántica.

Argelia se vio así presionada a llevar a cabo una política exterior más activa para contrarrestar a su rival. El despliegue de tropas en el norte de Níger también proporciona experiencia en operaciones en un entorno desértico similar al de la región fronteriza entre Argelia y Marruecos y al del Sáhara Occidental. Asimismo, puede ayudar a Argel a competir con Marruecos por la influencia en el Sahel. Y es una señal de que Argelia está dispuesta a recurrir a la fuerza para proteger sus intereses.

Uno de los riesgos, sin embargo, es una reacción negativa por parte de Occidente. La audaz política exterior de Libia tuvo como consecuencia el derrocamiento de Gadafi por parte de la OTAN y la división del país. Una intervención occidental similar se enfrentaría hoy en día a obstáculos mucho mayores. Estados Unidos ha desplegado sus portaaviones cerca del Golfo Pérsico, y las municiones se están agotando debido a la guerra con Irán.

Francia, en los últimos años, ha retirado sus tropas de cinco países africanos y ha reducido considerablemente su presencia militar en otros dos (los europeos y los estadounidenses también se han retirado de la AES). Argelia ha reducido su comercio con Francia, minimizando así el impacto de posibles sanciones.

Recientemente, Argelia bloqueó el envío de fertilizantes por valor de 219 millones de dólares a Francia en respuesta a su apoyo a Marruecos. En lugar de Occidente, China ha incrementado su comercio con África, mientras que Rusia y Turquía han prestado asistencia militar.

El auge de la multipolaridad también ha otorgado a los Estados africanos un mayor margen para determinar cómo se explotan sus recursos, en lugar de limitarse a exportar materias primas para su transformación en el extranjero. Ahora, existe una mayor autonomía. Las propuestas para el TSGP —que discurre desde Nigeria, pasando por Níger, hasta Argelia— se remontan a la década de 1970.

Pero Nigeria carecía de las instalaciones de procesamiento necesarias para el gas. Esto formaba parte del modelo imperial, en el que África enviaba recursos en bruto a Occidente, donde posteriormente se procesaban. Sin embargo, a pesar de sus estrechos vínculos con Occidente, Nigeria está desarrollando ahora su propia infraestructura energética.

En enero de 2024, la refinería de petróleo de Dangote comenzó a producir, convirtiéndose en la mayor refinería de África, con planes de una mayor expansión. El proyecto puso de manifiesto el creciente compromiso de Nigeria con el desarrollo de su infraestructura energética nacional, lo que reforzó los argumentos a favor de una mayor cooperación regional.

La invasión de Ucrania por parte de Rusia también supuso un incentivo adicional, debido al aumento de los precios y a que Europa buscaba proveedores distintos de Moscú. Argelia se convirtió en uno de los mayores proveedores de gas. Con la guerra de Irán, Nigeria se ha convertido ahora en el tercer mayor proveedor, desplazando a Catar.

En 2022, Argelia, Níger y Nigeria firmaron un memorando de entendimiento (MoU) sobre el TSGP. En 2025, se firmó un acuerdo para acelerar la construcción. Argelia ha iniciado la construcción, y se prevé que Níger comience a principios de 2027.

Sin embargo, mientras persista la insurgencia en Níger, el gasoducto seguirá siendo vulnerable. Mientras Marruecos sigue proponiendo la Iniciativa del Atlántico como ruta alternativa, Argelia teme que se le esté acabando el tiempo. De ahí su decisión de intervenir en Níger.

El papel regional cambiante de Argelia

Durante medio siglo, Argelia ha intentado mantener la estabilidad en su vecindad mediante negociaciones y diplomacia. Esta estrategia evitó la ira de los países occidentales y atenuó los conflictos en países como Malí. Pero la diplomacia tiene sus límites.

Argelia condenó los golpes de Estado en el Sahel y, al hacerlo, se distanció de una alianza antiimperialista que avanzaba contra la insurgencia. Mientras evitaba involucrarse en los conflictos, Marruecos establecía relaciones con Israel y los Emiratos Árabes Unidos, y conseguía que se reconociera su soberanía sobre el Sáhara Occidental.

Argelia ha aumentado su presupuesto militar en medio de las crecientes tensiones con Marruecos y ahora está desplegando tropas en Níger, al tiempo que refuerza la cooperación con la AES. Esta medida refleja asimismo la determinación de Argel de proteger sus intereses regionales y garantizar la infraestructura necesaria para desarrollar el TSGP.

Siguen existiendo graves retos. Marruecos sigue haciendo gestas de acercamiento a los Estados del Sahel. Las insurgencias y los conflictos continúan. El enfoque más activo de Argelia podría reforzar la cooperación regional en materia de seguridad y otorgar a los Estados del Sahel una mayor influencia sobre el desarrollo de sus recursos, aunque su éxito dependerá de las condiciones sobre el terreno.

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3. En Serbia no hay una revolución.

También Pozhidaev, que tiene contactos estrechos con ese país, analiza el triunfo de la lista estudiantil en las elecciones serbias. A pesar del título, cree que lo sucedido no se puede considerar una revolución.

https://links.org.au/lessons-serbian-revolution

Lecciones de la revolución serbia

Por Dmitry Pozhidaev

Publicado el 5 de noviembre de 2026

La recién creada Lista Estudiantil obtuvo más de la mitad de los votos y la mayoría parlamentaria en las elecciones parlamentarias anticipadas celebradas en Serbia el 25 de octubre. El presidente saliente, Aleksandar Vučić, reconoció su derrota. Casi dos años de protestas, desencadenadas por la tragedia ocurrida en la estación de tren de Novi Sad, culminaron con la victoria sobre la fuerza política que había gobernado el país desde 2012.

En un análisis publicado en febrero de 2025, me preguntaba si las protestas podrían convertirse en una fuerza política capaz de superar la fragmentación del movimiento obrero, la dependencia clientelista y la crisis de representación. La trayectoria posterior del movimiento exige una reevaluación: ¿qué obstáculos superó y cuáles siguen limitando el alcance del cambio?

Los partidarios califican esta victoria de revolución; los opositores la describen como una «revolución de colores» orquestada desde el extranjero. Sin embargo, su alcance político supera las ambiciones socioeconómicas del programa de los vencedores. La experiencia de Serbia plantea interrogantes sobre las fuerzas que impulsan los movimientos contemporáneos, la organización que transforma el descontento en poder y las oportunidades para la política socialista en el seno de la democracia capitalista.

Las cinco lecciones que siguen examinan qué hizo posible este avance y qué podría convertirlo en un cambio social duradero.

Lección 1: Esto no es una revolución social

Un cambio de gobierno no es necesariamente una revolución social. Según la concepción marxista clásica, la cuestión decisiva es si cambian el dominio de clase y las relaciones de propiedad. Esta distinción debería guiar el uso del término «revolución» como concepto analítico.

Las protestas que comenzaron en noviembre de 2024 fueron predominantemente pacíficas. Sus principales formas fueron marchas, bloqueos estudiantiles, concentraciones conmemorativas y autoorganización cívica. La insurrección armada y la toma por la fuerza de edificios gubernamentales no se convirtieron en la estrategia del movimiento. El contraste con las batallas callejeras, los comercios destrozados y los saqueos que acompañan a las protestas en curso en Francia e Italia —y ahora en Alemania— demuestra que los objetivos políticos radicales pueden coexistir con la moderación en los medios utilizados para alcanzarlos.

La Lista Estudiantil logró la victoria a través de unas elecciones en condiciones de autoritarismo competitivo: un sistema en el que la competencia política seguía siendo real, pero en el que el partido gobernante inclinaba sistemáticamente la balanza a su favor. La presión de las calles contribuyó a asegurar la victoria electoral, traduciendo la movilización masiva en una mayoría parlamentaria.

Presentarse esta vía como incompatible con el marxismo constituye un error histórico. En su discurso de Ámsterdam de 1872, Karl Marx reconoció explícitamente que los trabajadores de algunos países podían alcanzar sus objetivos por medios pacíficos. El criterio decisivo, por lo tanto, son las relaciones sociales que los vencedores pretenden cambiar, más que la presencia de barricadas.

Las perspectivas de una transición pacífica también dependen de la profundidad de la transformación propuesta. Cuanto menos cuestione los cimientos de la propiedad y el dominio de clase, menos motivos tendrá el capital para organizar una resistencia unida, aunque determinados sectores del mismo puedan defender con fiereza sus privilegios.

En Serbia, la preservación del sistema económico va de la mano de la ambición de reestructurar profundamente el poder político. Eliminar el control de los partidos sobre las instituciones públicas, introducir la lustración y desmantelar el dominio del antiguo grupo gobernante sobre el poder podría conferir al proceso el carácter de una revolución política.

En términos de clase, este proyecto puede interpretarse como el desmantelamiento del monopolio de un grupo reducido que combinaba el poder estatal con la acumulación de capital, al tiempo que se abre la toma de decisiones a una gama más amplia de grupos de propietarios y profesionales. Sin embargo, el proyecto aún no se ha llevado a cabo.

El programa electoral de la Lista Estudiantil se acerca a la socialdemocracia reformista contemporánea. Propone libros de texto gratuitos, viviendas más asequibles, precios uniformes de los medicamentos y la restauración de la asistencia sanitaria rural. Para reforzar la protección de los trabajadores, pretende reducir la duración máxima de los contratos de duración determinada de dos años a uno. Estas medidas van de la mano del apoyo a los empresarios nacionales, los agricultores y las empresas innovadoras, unos vínculos más sólidos entre la investigación y la producción, y el abandono de un modelo económico basado en la mano de obra barata. La confiscación de los activos adquiridos ilegalmente tiene por objeto devolver a las arcas públicas los fondos malversados.

Sin embargo, el programa no pretende socializar la economía otorgando a los trabajadores y a la sociedad un poder efectivo sobre la producción, la inversión y la distribución de la riqueza. Fue precisamente esta democratización del poder económico lo que Erik Olin Wright situó en el centro de una alternativa socialista, distinguiéndola de una mera expansión de la propiedad estatal.

La Revolución de Octubre de 1917 en Rusia no puede reducirse a un simple cambio de gobierno: la toma del poder fue seguida de una transformación fundamental de la propiedad y de la estructura de clases de la sociedad. Cuánto poder ejercieron realmente los trabajadores bajo el sistema resultante es una cuestión aparte, que no resta importancia a la magnitud de dicha transformación. La propuesta de la Duma Estatal de Rusia de «renombrar» la Revolución de Octubre como un golpe de Estado pasa por alto esta distinción.

En Serbia, el programa de los vencedores no prevé, por el momento, cambios comparables: la magnitud de la reestructuración política propuesta supera sustancialmente la profundidad de las reformas socioeconómicas.

Lección 2: Tampoco se trata de una revolución de colores

La segunda lección se refiere a los orígenes del movimiento. Vučić y los representantes de su Partido Progresista Serbio (SNS) describieron las protestas como una «revolución de colores» orquestada por fuerzas externas. Ya en febrero de 2025, Vučić anunció sus planes de escribir un libro titulado Cómo derroté la revolución de colores en Serbia. Poco antes de las elecciones, predijo que se convertiría en un éxito de ventas mundial, especialmente tras su esperada victoria.

La búsqueda de un cerebro extranjero se ha convertido en una forma cada vez más habitual de desacreditar acontecimientos políticos indeseados. Las autoridades rusas tildan cualquier disidencia de «injerencia extranjera»; el primer ministro británico habló de injerencia rusa en el referéndum sobre el Brexit; en Israel, el Likud acusa a sus oponentes de utilizar financiación extranjera para movilizar a los votantes árabes. Algunos comentaristas de la oposición rusa también reproducen esta narrativa: Yulia Latynina vincula el éxito de los activistas serbios a una supuesta financiación procedente de ONG prooccidentales.

A pesar de las diferencias entre estos casos, invocar la injerencia desvía la atención de las causas internas del comportamiento colectivo hacia un adversario externo. Los intentos reales de injerencia requieren una investigación, pero no explican, por sí solos, los motivos de millones de personas.

Vučić había sido durante mucho tiempo un socio conveniente para actores externos con intereses divergentes. Tal y como observaron los investigadores del Centro de Estudios Orientales, la cooperación con la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y China fue uno de los recursos que sustentaron su mandato. Las críticas europeas al autoritarismo y el apoyo a las reivindicaciones estudiantiles por parte de algunas instituciones de la UE no pusieron fin a esa cooperación, mientras que Moscú respaldó abiertamente la «narrativa de la revolución de colores».

El análisis de Dejan Jović muestra que la plataforma de política exterior de la Lista Estudiantil prevé una continuidad sustancial. Aboga por mantener la asociación con Rusia, coordinar las posiciones sobre Kosovo en el Consejo de Seguridad de la ONU y rechazar las sanciones contra Rusia. Estos compromisos conviven con el apoyo a la integridad territorial de Ucrania, la cooperación con la UE y EE. UU., y una asociación estratégica con China.

Si «Después de Tito, Tito» fue un eslogan popular en Yugoslavia, la fórmula que aquí se sugiere es «Después de Vučić, Vučić». Dicha continuidad no descarta, en sí misma, la implicación externa, pero debilita la afirmación de que el movimiento fuera un instrumento para un reajuste geopolítico.

El simbolismo del movimiento reforzó este énfasis en el cambio interno. Como señalé en un artículo anterior, su imaginería dominante (huellas de manos de color rojo sangre, banderas serbias, insignias universitarias y pancartas conmemorativas) ponía de relieve las reivindicaciones internas más que la alineación geopolítica. Al excluir los símbolos de organizaciones externas y potencias extranjeras, incluidas la UE, la OTAN y Rusia, el movimiento reafirmó su independencia frente a los bandos geopolíticos rivales.

Las razones de la victoria deben buscarse principalmente en la crisis de legitimidad cada vez mayor del Gobierno. Las protestas contra el autoritarismo, la violencia política, las amenazas medioambientales y las irregularidades electorales comenzaron mucho antes de 2024, desarrollándose en al menos tres grandes oleadas a partir de 2017. El derrumbe de la marquesina de la estación y la muerte de dieciséis personas constituyeron el catalizador inmediato que aglutinó este descontento acumulado. Para una parte sustancial de la sociedad, la tragedia se convirtió en la prueba definitiva de que la opacidad en la toma de decisiones y un Gobierno que no rendía cuentas amenazaban la propia vida humana.

Sin embargo, la crisis política no vino acompañada de una crisis económica. El Gobierno articuló su campaña electoral en torno al crecimiento económico, los proyectos de infraestructura y el aumento de los salarios y las pensiones. A pesar de cierta desaceleración del crecimiento y de los persistentes problemas sociales, el FMI preveía una aceleración hasta el 4 % en 2027. No obstante, los logros económicos resultaron insuficientes para mantener el consenso público.

Los resultados económicos tienen sus límites como fuente de legitimidad. En el modelo de Johannes Gerschewski, la legitimación es uno de los tres pilares de la estabilidad autoritaria, junto con la represión y la cooptación. Por lo tanto, mantenerse en el poder no es lo mismo que conservar el apoyo de la ciudadanía. El aumento de los ingresos puede reforzar el respaldo a un régimen, pero no compensa necesariamente la ausencia de justicia, participación política y rendición de cuentas por parte del Gobierno. La importancia de estas reivindicaciones depende también de qué fuerzas sociales lideren el movimiento y definan su agenda.

Al día siguiente de la derrota de Vučić, entablé conversación con un taxista de Belgrado, un hombre de unos sesenta años. Haciendo de abogado del diablo, enumeré los logros de los que se enorgullecía el partido gobernante. Él tenía una respuesta para cada argumento.

Pero el PIB creció a un ritmo aceptable.

¡Habría crecido aún más rápido si no se hubieran quedado con la mitad del país!

Los salarios y las pensiones también subieron.

¡Y los precios subieron tres veces más rápido! Soy pensionista, pero aún así tengo que trabajar como taxista.

Pero se construyeron colegios, hospitales y carreteras…

¿Sabe usted que un kilómetro de carretera cuesta aquí tres veces más que en cualquier otro lugar de Europa?

Una conversación no puede representar a toda una sociedad, y las afirmaciones del conductor no sustituyen a las pruebas contrastadas. Pero ilustra cómo los logros se convierten en motivos de acusación: el crecimiento se juzga en función de las oportunidades perdidas por la corrupción, las pensiones en función del coste de una vida digna y las obras de construcción en función de la sospecha de robo. Los resultados importan, pero también lo hace la justicia percibida.

Esto también pone de manifiesto los límites de aplicar la descripción que hizo Vladimir Lenin de una situación revolucionaria. En Serbia, el rechazo a seguir viviendo como antes adoptó, sobre todo, la forma de una exigencia de cambiar la forma en que se ejercía el poder. Reducirlo al empeoramiento de las penurias materiales equivaldría a pasar por alto la importancia, por sí mismas, de la impotencia política y de la percepción pública de la injusticia.

La segunda lección va más allá de una crítica al marco de las «revoluciones de colores»: ni el apoyo extranjero ni los logros económicos garantizan la legitimidad. En este sentido, el análisis marxista de las contradicciones sociales y la exhortación de Lenin a buscar, más allá de las declaraciones políticas, los intereses de las clases sociales adquieren especial importancia. La influencia externa puede agudizar las contradicciones sociales, pero no las crea de la nada.

Lección 3: La justicia une

La ausencia de un programa revolucionario no implica la ausencia de una profunda demanda de cambio social. Es posible que las personas apoyen la empresa privada y, al mismo tiempo, consideren inaceptable la distribución de la riqueza generada mediante el trabajo colectivo. Thomas Fazi observa que las protestas juveniles actuales en Europa se ven impulsadas por la brecha existente entre la promesa de que la educación y el trabajo duro abrirán el camino hacia una vida digna y la experiencia de una generación que se enfrenta a un empleo precario y a una vivienda inasequible.

Es en este contexto donde las reivindicaciones contra la corrupción obtienen un apoyo masivo. Detrás de la exigencia de castigar a los responsables se esconde la cuestión de a quién sirve el Estado y quién se beneficia del desarrollo económico. Los fondos malversados se traducen en hospitales y colegios con financiación insuficiente, mientras que la asignación de puestos de trabajo mediante el clientelismo partidista hace que las personas dependan de quienes ostentan el poder. La lucha contra la corrupción se convierte en el lenguaje de una reivindicación más amplia de justicia.

Sin embargo, la experiencia postsoviética revela los límites de esta agenda. Volodymyr Ishchenko vincula la recurrencia de las «revoluciones del Maidan» con la incapacidad de superar una crisis de representación política: los líderes cambian, pero las aspiraciones sociales de la mayoría siguen careciendo de una expresión política organizada. En su Crítica al Programa de Gotha, Marx identificó una base más profunda del problema: la distribución de los bienes depende de la distribución de las condiciones de producción. La destitución de los funcionarios corruptos no modifica, por sí sola, las relaciones de propiedad y el poder económico.

Serbia ya ha experimentado un ciclo similar. Tras llegar al poder en 2012 con un programa anticorrupción, el SNS convirtió la detención del oligarca Miroslav Mišković en un símbolo de la determinación del nuevo Gobierno. La campaña ayudó a Vučić a consolidar su posición; ahora, la corrupción se ha convertido en uno de los principales motivos para destituir a su partido del poder. Esto no resta importancia a la lucha contra la corrupción, pero demuestra que el éxito depende de la capacidad de la sociedad para exigir responsabilidades a quienes ostentan el poder y garantizar mejoras materiales.

La exigencia de justicia y la oposición al régimen vigente unieron a grupos con diferentes expectativas de cambio. Como demostró Marx en Las luchas de clases en Francia, un enemigo común puede ocultar temporalmente las contradicciones dentro de un movimiento; la coalición serbia contra el expresidente Slobodan Milošević también se fracturó tras la victoria de 2000. Preservar la coalición actual requerirá un acuerdo sobre intereses concretos: quién se beneficia, quién asume los costes y quién determina el rumbo a seguir.

Lección 4: Las fuerzas motrices cambian. La organización sigue siendo importante

¿A qué intereses representa la Lista Estudiantil? La amplitud de su apoyo no responde, por sí sola, a esta pregunta: la composición de su electorado, el núcleo organizativo del movimiento y el contenido de su programa son cosas diferentes. Miembros de distintas clases pueden votar a la misma fuerza política sin obtener las mismas oportunidades para influir en su rumbo.

En las primeras etapas de las protestas, los analistas señalaron la limitada capacidad del movimiento para involucrar a los trabajadores. Más tarde, los estudiantes establecieron vínculos con los sindicatos y respaldaron las reivindicaciones de cambios en la legislación laboral. Sin embargo, los intentos de convocar una huelga general no condujeron a un paro generalizado de la producción, y el movimiento sindical organizado no se convirtió en la fuerza líder de las protestas. El apoyo electoral de los trabajadores no implica necesariamente que participen de forma independiente en la configuración del programa político.

La clase trabajadora no ha desaparecido, pero su composición y las condiciones en las que se organiza han cambiado. En Serbia, las estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo muestran que la proporción de empleo en el sector de los servicios aumentó del 41,5 % en 2000 al 54,9 % en 2025. La dependencia de la venta de la propia fuerza de trabajo une al obrero de fábrica, al programador y al profesor universitario, pero una situación compartida no genera automáticamente la capacidad de actuar colectivamente. Como subraya Boris Kagarlitsky, conciliar los intereses de los distintos grupos de trabajadores requiere un trabajo político. Los lugares de trabajo fragmentados, la precariedad laboral y el riesgo de perder ingresos dificultan la acción colectiva.

En este contexto, las ventajas organizativas de los estudiantes se hacen evidentes. Las universidades reúnen a las personas y proporcionan contacto regular, instalaciones y equipamiento. Durante los bloqueos, las facultades universitarias se convirtieron en lugares de debate y coordinación continuos, donde el trabajo conjunto generó confianza. Las redes sociales ampliaron la audiencia del movimiento, pero su capacidad de resistencia se basó, sobre todo, en la capacidad de pasar tiempo juntos de forma constante. Aquí existe una analogía funcional con la gran fábrica: la concentración física ayuda a convertir el descontento individual en fuerza colectiva.

Con el apoyo de sus familias y de la comunidad en general, algunos estudiantes pudieron dejar sus estudios en suspenso y dedicar casi todo su tiempo a la organización. Esto tuvo un coste (retraso en la graduación, pérdida de ingresos y riesgo de represión), pero les permitió convertirse en organizadores a tiempo completo, algo parecido a «revolucionarios profesionales». La observación de Lenin de que «la organización multiplica por diez la fuerza» sigue siendo, por tanto, relevante.

Dado el papel protagonista de la comunidad universitaria y de los grupos profesionales con estudios, el movimiento podría describirse provisionalmente como una «revolución de la clase media». Esto caracteriza a su núcleo organizativo y a sus aspiraciones, más que implicar una composición de clase homogénea. Muchos participantes son ellos mismos asalariados. Comparten reivindicaciones como el reconocimiento de sus titulaciones, la autonomía profesional y las oportunidades de promoción sin el clientelismo de los partidos.

Como argumenté en un análisis anterior del movimiento, la brecha entre la educación y las oportunidades disponibles resulta especialmente dolorosa para estos grupos, mientras que los ciudadanos menos acomodados son más sensibles a los riesgos que conlleva el cambio. La geografía del voto concuerda con esto: la lista encabezada por el SNS mantuvo su ventaja en las zonas menos desarrolladas económicamente del sur y el este de Serbia.

Los estudiantes pueden radicalizar una crisis política sin representar a la clase trabajadora ni a la población en general. Sus aspiraciones también están determinadas por el entorno ideológico predominante: allí donde el capitalismo parece ser el único orden viable, el acceso justo a la vida profesional puede tener prioridad sobre la transformación del poder económico.

El argumento de Marx y Friedrich Engels sobre las ideas dominantes ayuda a esclarecer esta limitación. Un cambio más profundo requiere la organización independiente de los trabajadores y el amplio bloque social defendido por Kagarlitsky. Sin influencia sobre las decisiones del nuevo Gobierno, los trabajadores corren el riesgo de seguir siendo meros destinatarios de las reformas, en lugar de participar en la determinación de su contenido.

Lección 5: Organización sin un líder único

La experiencia de Serbia demuestra que la capacidad de organización no requiere necesariamente una jerarquía rígida ni un liderazgo concentrado en una sola persona. Una de las características distintivas del movimiento fue su carácter descentralizado: numerosos grupos autónomos conectados a través de una agenda compartida, la coordinación y la interacción cotidiana. La organización horizontal supuso distribuir la autoridad y la responsabilidad entre los participantes.

Los cimientos del movimiento fueron los plenos estudiantiles: asambleas generales periódicas abiertas a todos los estudiantes matriculados en una facultad concreta. Los plenos determinaban las reivindicaciones y las acciones posteriores, mientras que los grupos de trabajo ponían en práctica sus decisiones. La acción conjunta se coordinaba entre los plenos de diferentes facultades y universidades.

Esta forma de autoorganización no fue inventada por la actual ola de protestas. Se desarrolló durante las protestas estudiantiles en Serbia a partir de 2006 y se dio a conocer ampliamente durante las ocupaciones universitarias en Croacia en 2009. Los estudiantes de Zagreb llegaron incluso a recopilar su experiencia en The Occupation Cookbook, una guía práctica para organizar ocupaciones y dirigir plenos. Lo que distingue al actual movimiento serbio es su capacidad para mantener una organización colectiva durante casi dos años, ampliar sus conexiones más allá de las universidades y pasar de las reivindicaciones de protesta a una lista electoral y un programa electoral.

En marzo de 2025, el movimiento estudiantil hizo un llamamiento a los ciudadanos para que celebraran asambleas locales («asambleas ciudadanas») utilizando una forma legalmente establecida de participación directa en el gobierno local. Mientras tanto, la iniciativa «Un estudiante en cada pueblo» cobró forma: grupos de estudiantes viajaron a comunidades de todo el país, explicaron las reivindicaciones del movimiento, respondieron a preguntas y debatieron las preocupaciones de los residentes. Los plenos, las asambleas ciudadanas y los grupos de estudiantes itinerantes crearon numerosas conexiones entrelazadas a través de las cuales las iniciativas locales pasaron a formar parte de un movimiento de ámbito nacional.

El partido gobernante, el SNS, se valió de grandes mítines, de su aparato de partido y del transporte organizado para sus simpatizantes. Detrás de estas muestras de apoyo masivo se escondían incentivos materiales y la dependencia de quienes controlaban las instituciones públicas y el empleo. La campaña estudiantil se basaba en la participación voluntaria y la comunicación directa, convirtiendo gradualmente a los simpatizantes en participantes activos. Esta diferencia ayuda a explicar por qué las ventajas del Gobierno en materia de financiación, organización y acceso a la televisión no le proporcionaron una capacidad comparable para movilizar a la sociedad.

En un entorno político balcánico acostumbrado a los partidos personalizados y a los líderes poderosos, este modelo organizativo supuso una desviación significativa de la norma. Incluso los amplios movimientos anticorrupción suelen aglutinarse en torno a una figura destacada. Así ocurrió en Ucrania en 2019: el éxito de «Siervo del Pueblo» era inseparable de Volodymyr Zelensky. En Serbia no surgió ningún punto de referencia comparable. Alexander Baunov señala que la Lista Estudiantil se diferenciaba del ejemplo ucraniano precisamente por carecer de un líder político al que la nueva organización debiera su existencia y su éxito.

Esta estructura dificultó que las autoridades socavaran el movimiento, reforzó su resiliencia y frustró los intentos de presentarlo como un vehículo para las ambiciones personales de otro aspirante más al poder. Si alguna persona unía a la Lista Estudiantil, era el propio Vučić, como encarnación del orden al que se oponían sus participantes.

Por lo tanto, resulta más preciso describir el movimiento como independiente de los partidos políticos en lugar de apolítico. Las reivindicaciones de rendición de cuentas del Gobierno, de instituciones independientes y de elecciones eran de naturaleza política. Los estudiantes rechazaron el sistema establecido de representación partidista y trataron de crear sus propios medios de participación. La Lista Estudiantil llegó incluso a presentarse a las elecciones como grupo ciudadano —una figura jurídica en Serbia que permite presentar una lista electoral sin constituir un partido político—.

La derrota de los partidos tradicionales de la oposición constituye una prueba indirecta de la demanda de esta alternativa. Su incapacidad para superar el umbral electoral pone de manifiesto hasta qué punto se había extendido la desconfianza hacia la clase política en su conjunto. Esto se asemeja a una crisis de hegemonía: los partidos existentes pierden su capacidad para representar los intereses sociales u obtener el consentimiento.

Kagarlitsky vincula el éxito de la derecha al retroceso de la izquierda y a su pérdida de conexión con su base social, mientras que Ishchenko analiza la crisis de representación que allanó el camino a Zelensky. El espacio político que queda vacante no lo ocupan necesariamente fuerzas que ofrezcan una alternativa socialista. La organización horizontal no garantiza la superioridad en todas las situaciones. En Serbia, sin embargo, contribuyó a mantener una movilización y una participación prolongadas más allá de las divisiones partidistas establecidas.

La victoria plantea una nueva prueba: ¿pueden preservarse la participación y la rendición de cuentas en la toma de decisiones del Gobierno? Aún se desconoce si la Lista Estudiantil se convertirá en un partido, seguirá siendo una coalición o se dividirá. La victoria sobre el gobierno personalista adquirirá un significado más profundo si la nueva organización evita reproducir el mismo modelo.

La victoria abre nuevas posibilidades

No debe exagerarse ni subestimarse la importancia de la victoria de los estudiantes. Un cambio radical de gobierno no garantiza, por sí solo, una profunda transformación socioeconómica —ni siquiera la aplicación del programa moderado de los vencedores—. El movimiento aún tiene que demostrar su capacidad para convertir una mayoría parlamentaria en un cambio duradero.

Persisten los riesgos de fragmentación, concentración de poder y un nuevo dominio por parte de un líder dominante. Antonio Gramsci describió una crisis como una situación en la que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer; en este interregno, surgen fenómenos mórbidos. La destitución del antiguo grupo gobernante no crea, por sí sola, un orden democrático. La disminución de la participación ciudadana y la profundización de los desacuerdos podrían allanar el camino hacia una solución bonapartista: el ascenso de un líder que prometa conciliar intereses divergentes en nombre de la sociedad en su conjunto.

El Gobierno se enfrentará a la resistencia de las redes de influencia establecidas, a restricciones presupuestarias y a presiones externas. La posición periférica de Serbia limita su margen de maniobra, pero no dicta un único rumbo. La cuestión es qué intereses se protegerán en los inevitables compromisos y quién podrá influir en las decisiones. La dirección y la profundidad del cambio futuro siguen sin estar definidas.

Esto hace que lo que ya se ha logrado resulte aún más significativo. Un movimiento de masas derrocó a un Gobierno que contaba con recursos muy superiores, control sobre los medios de comunicación y años de experiencia en hacer frente a la oposición. Además, este avance político resultó posible sin agravar las dificultades económicas: el aumento de los ingresos no sofocó las demandas de justicia, democracia y rendición de cuentas del Gobierno. Para la izquierda, esto significa que la posibilidad de una movilización de masas no puede vincularse exclusivamente a la crisis económica.

Sin embargo, el camino hacia la victoria también fue importante. Las limitadas libertades democráticas de Serbia aún ofrecían oportunidades para la organización, la movilización pública y el desafío electoral. En Estados más profundamente autoritarios, como Rusia, estos canales están en gran medida cerrados, lo que bloquea de hecho un avance electoral pacífico comparable. Por lo tanto, la izquierda tiene un interés directo en defender y ampliar la democracia bajo el capitalismo, desenmascarar los avances autoritarios y construir amplias coaliciones contra ellos.

Dicha cooperación no tiene por qué significar el abandono de un programa socialista independiente. Los derechos democráticos son en sí mismos logros de las luchas de los trabajadores y sus aliados; defenderlos preserva las condiciones en las que esas luchas pueden seguir desarrollándose. La cuestión ahora es cómo se aprovechará esta apertura política: si la participación se extenderá al ámbito laboral, si los trabajadores ganarán influencia sobre la inversión y la distribución, y si las exigencias de rendición de cuentas llegarán al propio poder económico.

Aunque las reformas de Serbia se mantengan dentro de una socialdemocracia moderada, la experiencia de la acción colectiva puede desarrollar capacidades para luchas que vayan más allá. La victoria no garantiza una sociedad más justa y humana, pero abre posibilidades para que la lucha logre alcanzarla.

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4. Hudson conversa con Robinson Erhardt.

Hace días que no os envío nada de Hudson, pero lo compenso con la entrevista de hoy, que es especialmente larga, por lo que trata de numerosos temas de historia y actualidad económica.

https://michael-hudson.com/2026/11/7178/

El coste de la vida es el ingreso de otra persona

Riqueza, deuda y poder económico

Podcast de Robinson, episodio 302
Michael Hudson en conversación con Robinson Erhardt
 

La riqueza heredada y ganarse la vida

Robinson Erhardt: Hoy quería comenzar con una pregunta bastante directa, ya que Elon Musk ha aparecido mucho en las noticias últimamente. Lo mismo ocurre con los multimillonarios del sector tecnológico, y la gente tiene mucho miedo de no poder ganar dinero en un futuro próximo. Así que lo que quería preguntarle para empezar es: ¿estamos llegando a un punto en el que hay que heredar una vida digna?

Michael Hudson: Bueno, así es como se han amasado la mayoría de las fortunas a lo largo de la historia. Y todas ellas se remontan, como dijo Balzac, algún tipo de apropiación indebida del dominio público o algún delito grave cometido en tiempos arcaicos. Así que sí, lo más fácil es heredar dinero. Pero el problema más grave es que casi todas las fortunas que se han amasado, sin duda desde 2009, cuando se produjo el enorme aumento de los precios de las acciones, los bonos y los inmuebles, han procedido de rentas.

Se ha tratado principalmente de rentas de la tierra, intereses, dividendos y plusvalías. No se ha obtenido mediante salarios ganados. Los ingresos por trabajo forman parte del sistema productivo. Y, de hecho, Estados Unidos, al igual que Europa antes que él, ha podido generar entradas de capital tan cuantiosas desde el momento en que Europa comenzó a establecer colonias en la periferia —África y el resto del mundo— y empezó a actuar como nación acreedora, desde Gran Bretaña y Francia hasta América Latina, África, Oriente Medio y Asia; todo este flujo financiero ha facilitado enormemente la obtención de beneficios por medios financieros, mediante la inversión. Así que sí, es fácil para usted ganar dinero por vía financiera. Basta con comprar bonos del Estado que ahora ofrecen un rendimiento superior al 5 %. Y eso duplica su dinero cada 12 años.

El problema es: ¿cómo se gana la vida trabajando realmente para producir bienes y servicios para el mercado? Cada vez hay menos y menos. Y esa es la ironía de todo esto. Incluso hay un debate al respecto en Europa y, especialmente, digamos, en Argentina. Argentina no ha hecho más que crear dinero, esencialmente para la clase multimillonaria que dirige el país.

Y el empleo no ha hecho más que descender, descender y descender. Y Milei, el líder neoliberal, afirmó que el milagro argentino consiste en haber sido capaces de reducir el mercado argentino, con cada vez menos trabajadores. Y añadió que eso es algo positivo. Que fortalece el peso argentino porque, cuanto menos dinero ganan los asalariados, menos dinero tienen para gastar en importaciones y menor es la salida de divisas en la balanza de pagos.

Bueno, se podría decir lo mismo de Estados Unidos. Vivimos en una sociedad en la que el objetivo principal de la élite del poder que posee la mayor parte del dinero —básicamente el sector financiero o el sector FIRE (finanzas, seguros e inmobiliario)— no es, en realidad, crear una economía en la que las personas tengan empleos para producir bienes, servicios y productos.

La mayor parte de lo que se contabiliza hoy en día como PIB, el producto interior bruto, no es un producto en absoluto. Se trata son los intereses, son las tasas de penalización de las tarjetas de crédito bancarias, es el aumento del alquiler equivalente que pagaría un propietario si tuviera que alquilarse su propio piso a sí mismo. ¿Cuánto está aumentando el valor de sus viviendas? Nada de esto implica ganarse la vida en absoluto.

Se trata de cómo va a sacar más dinero de lo que ha heredado de sus padres. Y, por supuesto, eso es lo que ha provocado las divisiones raciales y étnicas que existen en Estados Unidos. Tras la Primera Guerra Mundial, casi todo el mundo, si era blanco, podía obtener una hipoteca, y toda la clase media —definida como propietarios de vivienda— se vio favorecida tras la Primera Guerra Mundial al obtener créditos hipotecarios a largo plazo de 30 años.

Y todo este auge inmobiliario que se desarrolló desde 1945 hasta aproximadamente 2007 se ha concentrado, por así decirlo, étnicamente en una clase que ha transmitido la vivienda de padres a hijos, de hijos a nietos, etcétera. Y eso ha dejado al margen a una gran parte de la población estadounidense que quedó excluida de este proceso.

Los inmigrantes, que probablemente llegaron aquí para intentar ganarse la vida, apenas han podido cumplir los requisitos para acceder a una vivienda. Así pues, en Estados Unidos existe una economía dual y, en muchos aspectos, la economía estadounidense se asemeja mucho a una economía separada y polarizada, tal y como ocurre en lo que solía denominarse el Tercer Mundo, el Sur Global, que se creó como contrapartida a la Revolución Industrial que tuvo lugar en Europa y Estados Unidos.

Así que sí, es difícil ganarse la vida teniendo un trabajo; mucho más fácil es ganarse la vida preguntándose: «¿qué voy a hacer con el dinero que he heredado?».

Financiarización, rescates bancarios y capital riesgo

Robinson Erhardt: Es muy interesante la rapidez con la que ha respondido a esa pregunta. Era casi como si supiera lo que iba a decir antes de que lo dijera, pero, por supuesto, no era así. Así pues, heredar riqueza no es en sí misma el principal problema a la hora de generar riqueza hoy en día. El problema es la financiarización de la economía. Lo que creo que intento plantear con mi pregunta es: ¿por qué cada vez resulta más difícil para la gente ganarse la vida hoy en día? ¿Y cómo se relaciona eso con el aumento de multimillonarios y, ahora, de billonarios?

Michael Hudson: Para un multimillonario, es mucho más fácil ganar dinero por medios financieros, mediante la especulación. Todo el plan de Obama y del Partido Demócrata cuando llegaron a la presidencia en 2009 consistía en resolver la crisis financiera. Dado que la financiarización se había convertido en un esquema Ponzi —subir los precios, ganar dinero con el dinero— en lugar de intentar eliminar toda esta carga de deuda, Obama dijo: «Bueno, tenemos que rescatar a los bancos», a pesar de que estos habían concedido préstamos fraudulentos, hipotecas basura —lo que se denominaba “préstamos de mentirosos”— a personas sin ingresos, sin activos y ni empleo. No hubo ningún intento en absoluto de reconstruir la economía industrial. Ambos partidos, los demócratas y los republicanos, renunciaron a todo ello. De alguna manera, Estados Unidos se ha convertido en una economía planificada tan centralizada como la de China, o casi como lo fue la Unión Soviética.

Pero la planificación ha pasado a manos del sector financiero, en gran medida a través del banco central, la Reserva Federal, cuya función es reflejar los intereses de sus clientes de la banca comercial y, en esencia, mantener a flote los mercados financieros. Y mantener a flote los mercados financieros significa, en esencia, ganar dinero mediante lo que se denomina «arbitraje». Se pide prestado a bajos tipos de interés a los bancos, que están inundados de dinero procedente de la Reserva Federal, la cual proporciona crédito al sistema bancario para que este conceda préstamos a bajo interés a compradores de empresas industriales o de bonos, tanto en el país como en el extranjero, o para adquirir empresas enteras. Y así se ha creado un fenómeno totalmente nuevo en Estados Unidos: el capital privado. Se trata de empresas creadas simplemente para pedir dinero prestado a los bancos y adquirir otras empresas, y se solicita un préstamo a largo plazo a un tipo inferior al 1 %. Ahora el tipo ha subido hasta, quizás, el 3 %. Pero se adquieren empresas que realmente producen bienes y servicios —empresas industriales, que pueden ser hospitales o empresas de servicios— y que reparten dividendos a tipos superiores al 3 %.

De este modo, se obtiene un beneficio fácil al comprarlas, pero entonces surge la pregunta: ¿cómo podemos ganar aún más dinero? Pongamos, por ejemplo, el caso de los hospitales estadounidenses. Se compra un hospital y se decide: «Reduzcámoslo a la mitad. Vendamos los activos inmobiliarios del hospital». Se crea una empresa inmobiliaria independiente, y este hospital que presta asistencia médica, por un lado, será una parte de la empresa.

Sus activos inmobiliarios, los inmuebles, los terrenos y los edificios, constituirán otra. A continuación, el hospital volverá a alquilar esos terrenos a un precio determinado. De este modo, la empresa de capital privado se quedará con esta entidad inmobiliaria —que cuenta con un flujo de ingresos garantizado procedente del hospital en concepto de alquiler para que este último disponga de un lugar donde operar— y se pagará a sí misma un dividendo especial, lo que aumentará el valor de la propia empresa de capital privado.

Se trata de una forma depredadora de generar beneficios, y no aumenta en modo alguno la producción real de productos. Lo que hace es incrementar enormemente el coste operativo del hospital, ya que ahora no solo tiene que pagar al personal y proporcionar todas las materias primas y los medicamentos que necesita, sino que además tiene que pagar un alquiler por lo que antes tenía que pagar en absoluto.

Pues bien, toda esta estrategia saltó a la palestra en las noticias con McDonald’s, cuando la empresa intentó dividirse en dos sociedades. Por un lado, tendremos la empresa de hamburguesas de McDonald’s, pero, por otro, venderemos todos los inmuebles. Y si desea adquirir una franquicia de McDonald’s, de acuerdo, comprará la franquicia y obtendrá beneficios vendiendo hamburguesas y productos similares a las hamburguesas.

Y, por supuesto, también tendrá que pagar un alquiler por el local que ocupe. Se trata de lo mismo. Se ha ido fragmentando toda la economía en pequeñas partes.

Lo que antes era unitario ahora se divide en activos independientes que generan renta.

Todo ello se incluye en el PIB.

Capitalismo industrial, banca y deuda colonial

Michael Hudson: El concepto mismo de lo que es un producto hoy en día, de lo que es la producción, es muy diferente de lo que era en la Revolución Industrial, donde toda la economía política clásica —desde Adam Smith, pasando por John Stuart Mill y hasta Marx—, durante todo el siglo XIX, afirmaba: «Queremos crear un sistema capitalista industrial que genere beneficios y reinvierta dichos beneficios en la producción de bienes y servicios, y este será un proceso en continua expansión».

Y dado que la idea que tiene la mayoría de la gente de la historia es: «Bueno, ¿cómo se desarrolló Occidente?», existe una especie de visión tecnológica de cómo funciona el mundo, y es como si todo funcionara desde el punto de vista tecnológico. Pero en realidad el mundo no funciona así. La dinámica que impulsa las economías hoy en día ya no es la tecnología industrial ni la productividad. Se trata, en esencia, de una economía rentista, y ¿cómo se reparten los privilegios especiales para obtener la renta económica?

Pues bien, eso es precisamente de lo que la economía clásica quería deshacerse, porque decían, ya sabe, ¿cómo puede Gran Bretaña, por ejemplo, convertirse en el taller del mundo si dejamos que los terratenientes, al control de la Cámara de los Lores, elaboren todas las leyes que protegen su agricultura, elevan los precios de los alimentos y, posteriormente, aumentan los precios inmobiliarios?

Y si nuestra población activa tiene que pagar precios elevados por los alimentos para que suban las rentas de la tierra en la agricultura, si tiene que pagar alquileres elevados, no va a tener suficiente dinero para comprar los productos que necesita. Por eso queremos gravar la renta de la tierra. Y esa era la postura del Partido Liberal británico. Toda la política de Gran Bretaña, Francia y otros países consistía en liberalizar sus economías para crear su idea de un mercado libre.

Ya no va a haber ninguna clase terrateniente. Los países van a utilizar su renta de la tierra y la renta de los recursos naturales, su petróleo y minerales, sus bosques y todo lo demás. Y vamos a crear infraestructuras públicas. Vamos a construir transporte público, el Canal Erie en Estados Unidos, una red de carreteras, ferrocarriles y redes telefónicas, electricidad y redes de abastecimiento de agua.

Todo ello se llevaría a cabo con fondos públicos. No con el fin de obtener beneficios, sino para mantener bajos el coste de la vida y los costes empresariales, de modo que los empresarios no tuvieran que pagar a sus trabajadores asalariados lo suficiente como para hacer frente a las elevadas rentas y a los altos costes de la asistencia sanitaria que proporcionaría el Gobierno, así como a los elevados precios de monopolio de todas las necesidades básicas que constituyen monopolios naturales.

Y así fue como se enriquecieron Europa y Estados Unidos. Las leyes antimonopolio en Estados Unidos de la década de 1890, la Ley Sherman contra los Monopolios, y la llegada de Teddy Roosevelt como «rompedor de trusts». Todo ello supuso una trayectoria completamente diferente que cambió radicalmente tras la Primera Guerra Mundial, ya que, aunque Europa y Estados Unidos se estaban modernizando y racionalizando sus economías hacia una producción competitiva y de muy bajo coste, no crearon el mismo tipo de economía en países extranjeros, pues ¿qué decían Ricardo y todos los teóricos británicos?

Pues bien, si queremos reducir nuestros costes empresariales, necesitamos alimentos y materias primas a bajo coste. No vamos a depender de los terratenientes británicos para producir los alimentos, ya que eso supone un coste elevado. Vamos a hacer que otros países produzcan los alimentos. Y a partir de la década de 1820, justo tras el fin de las Guerras Napoleónicas en 1815, se produjo una gran oleada de préstamos de inversión extranjera a los gobiernos. Y, por primera vez, se produjo esta avalancha de préstamos británicos, franceses y de otros países europeos a gobiernos extranjeros que intentaban desarrollarse —es decir, repetir y replicar lo que Gran Bretaña había hecho por sí misma—. Estos gobiernos pidieron dinero prestado. Pero todos estos préstamos empezaron a entrar en mora de inmediato. Y, básicamente, para resumir una larga historia, los banqueros preguntaron a los gobiernos: «Bueno, ¿pueden enviar sus cañoneras y ayudarnos a tomar el control?»

Y, a finales del siglo XIX, los banqueros británicos y franceses habían hecho intervenir a sus ejércitos. Francia envió sus ejércitos a Haití para obligarlo a pagar las deudas que había contraído para comprar su libertad de la esclavitud. Francia envió su ejército a México para intentar cobrar las deudas. Gran Bretaña envió su armada a Egipto y a otros países de Oriente Medio para cobrar su deuda.

Y cuando se hicieron con el control de estos países, lo último que deseaban era crear en ellos el tipo de economías industriales democráticas que existían en Europa. Querían justo lo contrario: una economía de servicios. Querían que estos países se convirtieran en proveedores de materias primas, que les suministraran alimentos, a precios bajos, y materias primas. Y se produjo una enorme salida de capital financiero desde Europa, Alemania, Francia, Austria y Gran Bretaña hacia los ferrocarriles; y en todos y cada uno de los países, los occidentales llegaron y dijeron: «Concedan una concesión para construir un ferrocarril en su país». Y todas estas concesiones se cotizaron en las bolsas de Londres o París y en otras bolsas extranjeras. Y en todos los casos, al igual que en Estados Unidos, dieron lugar a enormes burbujas financieras en las que se amasaron grandes fortunas.

Y se produjo una especie de cambio de fase en toda esta financiarización durante la Guerra Franco-Prusiana de 1871, cuando Prusia derrotó a Francia y exigió enormes reparaciones en forma de oro. Y Francia, sencillamente, pidió el dinero prestado. Francia se convirtió en un deudor público, pidió el dinero prestado, pagó a Alemania, y hubo tal afluencia de capital hacia Alemania y sus economías germánicas aliadas, como Austria, que todo ese dinero se destinó al mercado de acciones y bonos, lo que generó un enorme auge y una crisis ferroviaria que se extendió a Estados Unidos. Todos los mercados financieros del mundo, desde mediados del siglo XIX, se han unificado y son fungibles, el dinero pasa de un mercado financiero a otro, y todos ellos se desplomaron en 1873. Esto obligó a Estados Unidos a, en esencia, deshacerse del patrón plata y a atravesar casi dos décadas de desempleo, sin duda en el sector agrícola, para los agricultores que se habían endeudado profundamente.

Y en la década de 1870, en los años 80 y hasta bien entrados los 90, la economía real de Estados Unidos y Europa —pero especialmente la de Estados Unidos— se vio asfixiada por el hecho de que cada vez se destinaba una mayor parte del dinero al servicio de la deuda. Así pues, pronto quedó claro que, si uno disponía de dinero y era un capitalista industrial, ¿cómo iba a ganar más dinero?

Se podía ganar más dinero mediante operaciones financieras que utilizando los beneficios para invertir en nuevas fábricas, contratar más mano de obra y fomentar la formación de capital. Todo esto se conoció como la financiación británica o, en ocasiones, anglo-holandesa. Los banqueros que financiaban la industria, tanto en Europa como en Estados Unidos, les obligaban, en esencia, a gestionar sus empresas industriales con el fin de generar más riqueza bursátil.

Así pues, los bancos británicos dijeron: «Bueno, queremos que repartan tantos dividendos como sea posible de los beneficios que obtienen, porque eso aumentará el precio de sus acciones». En aquella época, era ilegal que las empresas compraran sus propias acciones. Eso se denominaba manipulación del mercado bursátil.

Pero se repartían como dividendos. La única excepción a todo esto se dio en Alemania. Y los alemanes, en las décadas de 1880 y 1890, se preguntaron: «¿Cómo vamos a alcanzar a Gran Bretaña y convertirnos, en esencia, en un gran rival?». Así pues, el Gobierno alemán colaboró con los bancos y con la industria pesada, la industria siderúrgica, dedicándose principalmente a crear un ejército.

En No se denominaba «economía militar keynesiana» en aquella época, pero el Gobierno alemán afirmó: «Vamos a colaborar con los bancos para proporcionarles fondos que puedan prestar a las empresas industriales, pero no queremos que hagan lo que los banqueros británicos desean que hagan. No queremos que repartan dividendos».

Queremos que sigan ampliando sus operaciones para producir cada vez más acero, cada vez más armas, cada vez más productos manufacturados, y preferimos obtener nuestra rentabilidad en forma de lo que hoy se denomina plusvalías, es decir, en forma de empresas que sean realmente capaces de obtener beneficios gracias a un aumento de la producción. Pues bien, así es como se supone que funciona el capitalismo industrial según los libros de texto.

Pero a finales del siglo XIX, hasta la Primera Guerra Mundial, solo funcionaba en Alemania, Austria y Europa Central. Y por eso, creo que ya lo hemos comentado anteriormente, en 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial, se produjo un debate en la prensa británica. ¿Cómo demonios podemos esperar derrotar a Alemania y a Europa Central si nuestro sistema financiero es, en esencia, depredador y obstaculiza nuestra industrialización?

Pues bien, debemos intentar volver al capitalismo industrial y evitar este cortoplacismo en el que vive el sector financiero. Y ese es, en realidad, el problema del sector financiero. Busca ganancias a corto plazo y se dedica a obtener beneficios mediante maniobras financieras. Obtiene sus ganancias mediante la creciente capitalización de los ingresos, y los ingresos que desea capitalizar proceden cada vez menos de los beneficios industriales derivados de la producción de bienes y servicios, y cada vez más de diversas formas de renta económica: la renta de los recursos naturales, la renta de monopolio procedente de los servicios públicos privatizados, las empresas privadas y las infraestructuras; y, en esencia, eso es lo que se aceleró en la década de los 80. Y cuando empecé en la década de los 70 a realizar previsiones económicas, mucha gente dejó de autodenominarse «economista» en aquella época. Trabajé con Herman Kahn, Alvin Toffler y otros grupos de futurólogos que prestaban servicios de consultoría al Gobierno de los Estados Unidos; todos nos autodenominábamos «futuristas» porque los economistas no hablaban del futuro ni del cambio estructural.

La tecnología de la inversión pública y la clase directiva

Michael Hudson: Los economistas decían: «bueno, queremos hacer previsiones estadísticas». ¿Y cómo se hace una previsión estadística? La hipótesis subyacente a cualquier análisis de tendencias estadísticas es que se supone que el entorno permanece constante. De lo contrario, las correlaciones dejan de funcionar. Pues bien, todos intentábamos plantear: ¿cómo se transformará el mundo en el futuro? ¿Cómo está cambiando la configuración de la economía y la sociedad?

Y realmente no había forma de encajar esto en el plan de estudios de la economía académica ni en ninguna otra disciplina académica. ¿Qué se hace ? Pues bien, para la mayoría de nosotros, el centro de lo que se podría llamar la investigación académica se trasladó fuera de las universidades —al menos fuera del plan de estudios universitario— hacia los centros de estudios y los think tanks dedicados a las políticas públicas.

Disculpe. Bueno, la mayoría de estos think tanks dedicados a las políticas públicas eran centros de defensa de determinadas políticas. Muchos contaban con el respaldo del Gobierno, que tenía políticas concretas que esperaba desarrollar. Y si lee lo que escribían todos estos futuristas en aquella época, ahora resulta curioso, pero se planteaba un debate: ¿están convergiendo las economías de Estados Unidos y la Unión Soviética?

Y la idea era que el Gobierno iba a desempeñar un papel cada vez más importante en la tecnología, y que la propia industria se estaba volviendo en gran medida tecnológica. Pero toda esta nueva tecnología, que no solo generará beneficios industriales, sino que también otorgará poderes monopolísticos a las empresas e industrias de un país que cuenta con ventaja tecnológica sobre el resto, acabará dominando la economía mundial.

Entonces, ¿cómo vamos a beneficiarnos de todo esto en Estados Unidos? Bueno, la idea es que el problema de la nueva tecnología es que requiere investigación y desarrollo, y eso lleva su tiempo. Ahora bien, durante este periodo de investigación y desarrollo, que puede prolongarse durante muchos años, no se obtendrán beneficios. Y las empresas industriales se veían sometidas cada vez más a la presión de entidades como la Universidad de Chicago, que afirmaban que la función de una empresa es generar beneficios para sus accionistas.

Y no se generan beneficios para los accionistas obteniendo ganancias. Tampoco se generan beneficios para los accionistas produciendo más. Eso puede ayudar a la sociedad, pero no ayuda a los accionistas. Los accionistas obtienen sus beneficios al aumentar el precio de las acciones, y eso es lo que deben hacer las empresas. Por eso, oh, queremos legalizar las recompras de acciones en bolsa para que las empresas no tengan que utilizar sus beneficios para aumentar su capacidad productiva.

Van a van a comprar sus propias acciones y van a repartir dividendos, y eso generará riqueza en el mercado de valores. Pues bien, el problema que se observó en la década de 1970 fue que, en realidad, nada de esto va a financiar la investigación y el desarrollo de la nueva tecnología que esperamos que proporcione a Estados Unidos el liderazgo en todo tipo de sectores tecnológicos emergentes.

Y, por supuesto, la llamada de atención fue la conquista del espacio exterior por parte de Rusia. Primero estuvo Yuri Gagarin dando la vuelta a la Tierra, y luego Rusia llevó a cabo un alunizaje del que se enviaron imágenes, y finalmente la gran conmoción fue el Sputnik, el lanzamiento del Sputnik, lo que sentó las bases, realmente en la década de 1970, para toda esta idea de que Estados Unidos tenía que ponerse al día en la carrera espacial con Rusia, porque el espacio exterior iba a ser clave para las nuevas tecnologías. La energía atómica… había todo tipo de tecnologías que eran nuevas, y todo ello requería una segunda clase totalmente distinta, por así decirlo, que se denominó «clase directiva».

Y resulta muy interesante que los teóricos de la clase directiva en Estados Unidos, como James Burnham, fueran antiguos trotskistas. Y lo mismo ocurría en Europa. Los autores europeos hablaban de una clase directiva profesional, la PMC. Todos estos autores tenían un historial de crítica al estalinismo. Y se preguntaban: «Bueno, ¿cómo explicamos lo que ha ocurrido en Rusia? No es una economía capitalista. En realidad, tampoco es en absoluto una economía socialista».

Es una economía burocrática centralizada y ha creado una clase directiva. Lo que afirmaban era que pues bien, Estados Unidos tiene que desarrollar su propia clase directiva, que es una clase profesional, y que se denominaba esencialmente «economía basada en el conocimiento». Y esta economía basada en el conocimiento no va a estar orientada, en la medida en que se trate de organizaciones sin ánimo de lucro y subvencionadas por el Gobierno,

No se trata de obtener beneficios. Se trata de desarrollar una tecnología que luego se cederá a empresas privadas. Estas obtendrán beneficios una vez que la tecnología sea capaz de producir productos reales que puedan venderse a precios de monopolio, con los que se obtengan beneficios y se extraiga una renta. Esa era la forma en la que se esperaba que se desarrollara el capitalismo. Y todo parecía indicar que, bueno, el Estado iba a desempeñar un papel cada vez mayor en la economía, porque eso forma parte del imperativo tecnológico en el que se ha convertido el capitalismo.

Y no se trata de un capitalismo industrial que se expande simplemente gracias a los beneficios. Se expande mediante la inversión pública en tecnología y en infraestructuras, especialmente en ámbitos en los que no cabe esperar obtener beneficios, como los viajes espaciales. Ya sabe, hasta que apareció el señor Musk e intentó obtener beneficios de todo esto, y hasta que se produjo todo ese lanzamiento de sistemas de satélites que generaron beneficios.

Todo ello ha requerido cientos de miles de millones de dólares de inversión pública que ninguna empresa privada, ni ninguna empresa industrial habría intentado desarrollar. Pues bien, todo esto se vio interrumpido bruscamente al final de la administración Carter —aunque, en realidad, ya había comenzado durante la misma—, en la década de 1980, cuando Margaret Thatcher llegó al poder en Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos.

Reagan, Thatcher y la privatización

Michael Hudson: Y la década de los 80 dio un giro completo a toda esta idea sobre el papel del Estado. Thatcher y Reagan comenzaron a privatizarlo todo. Durante un siglo, los detractores del gasto público —en su mayoría opositores al socialismo— habían venido desarrollando una ideología que afirmaba que toda inversión y gasto público es un despilfarro. Hay que deben deshacerse de los gobiernos. Hay que dejar que la empresa privada tome el control.

Esa era la escuela austriaca, muy de extrema derecha y antisocialista, que condujo a disturbios fascistas en Viena. Ese fue el contexto en el que surgió Karl Polanyi para criticar, en cierto modo, la idea de que, de alguna manera, un mercado libre, es decir, un mercado sin regulación gubernamental alguna, sin normas antimonopolio, sin reglas de ningún tipo, un «sálvese quien pueda» en todos los ámbitos, incluido el fraude económico.

Incluida la obtención de rentas por cualquier concepto. Toda esta ideología antisocialista y antigubernamental se había ido gestando y, en cierto modo, había cuajado cuando Friedrich Hayek y otros seguidores de Ludwig von Mises, un austriaco, crearon, ya sabe, su propio grupo de derechas que acabó haciéndose con el control de la Universidad de Chicago y, en esencia, se hizo con el control de los gobiernos antes de hacerse con el de las universidades, afirmando: « hagamos una gran venta masiva».

Y así, Margaret Thatcher dijo: «Ya saben, podemos hacernos ricos, todos ustedes pueden hacerse ricos, deshaciéndonos del Gobierno. Puedo bajarles los impuestos vendiendo nuestro sistema de abastecimiento de agua. Así podrán beber aguas residuales en lugar de agua. Y pagarán menos impuestos». A todo el mundo le pareció una idea estupenda, y eso es lo que tienen ahora.

Ya no se puede nadar en el Támesis. Así pues, Thames Water es el modelo de privatización bajo el mandato de Thatcher. Thatcher dijo: «Fíjense en todo aquello por lo que se conoce a Gran Bretaña tras la Segunda Guerra Mundial». Pues bien, gran parte de la población masculina, los hombres de Gran Bretaña, habían fallecido en la Segunda Guerra Mundial. Había muchas mujeres al frente de la administración del país, y fueron ellas quienes, en cierto modo, tomaron la iniciativa para crear un país socialdemócrata; además, Gran Bretaña era conocida por sus viviendas sociales.

Se decía: «Queremos que nuestra mano de obra disponga de viviendas a bajo precio para que puedan trabajar para nuestros empresarios industriales y podamos intentar recuperar la posición industrial y la capacidad de fabricación que hemos perdido frente a Estados Unidos». Ya sabe, como consecuencia de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, Thatcher dijo: «Miren, ustedes, los propietarios, pueden ganar mucho dinero.

Simplemente les daremos… les prestaremos dinero para que compren sus pisos, y el precio se disparará porque ya no habrá más viviendas públicas». Y añadió: «miren, fíjense en las compañías telefónicas. Ya saben, en este momento puedo ganar una enorme cantidad de dinero vendiendo las compañías telefónicas. Y ustedes también pueden ganar dinero. Vamos a venderlas y voy a fijar el precio de las acciones de British Telecom a un nivel tan bajo que podrán obtener una rápida plusvalía.

Y así, sus clientes tienen derecho a comprar acciones de British Telephone Company. Pues bien, lo hicieron y todos obtuvieron una ganancia rápida. Y ella dijo: «Vea, puede ganar más dinero con la subida del precio de las viviendas sociales, las viviendas públicas que ha comprado; más dinero con la subida de sus acciones del que podría ganar trabajando para ganarse la vida ahorrando el sueldo de los empleos en los que realmente se produce algo».

La forma de ganar dinero es a través de las finanzas. Y así se produjo una enorme expansión inmobiliaria en lo que se denominaba la «City» de Londres. La City de Londres era el sistema bancario, no solo bancos británicos, sino también bancos estadounidenses, sucursales de Chase Manhattan, Citibank, Chemical Bank y otros bancos extranjeros allí presentes. Y la idea general era que Gran Bretaña ganara su dinero a través de las finanzas, el coste de la vida se disparó rápidamente y Gran Bretaña se vio despojada de su industria.

Pues bien, los partidarios de Ronald Reagan afirmaron: «Podemos hacer lo mismo en Estados Unidos. Podemos ganar miles de millones de dólares simplemente sacando al Gobierno del sector». Y en su famoso discurso, ya sabe, las palabras más aterradoras del idioma inglés son: «El Gobierno está aquí para ayudar». Él dijo: «El Gobierno no va a ayudar». Y así nombró a un grupo de personas llamado los «Colorado Crazies», que habían trabajado en Colorado para decir: «Deshagámonos de todas las normativas medioambientales». Estas normativas para proteger los bosques, el medio ambiente y el agua impiden ganar dinero rápidamente talando los bosques y vendiéndolos como madera, es decir, básicamente para obtener beneficios. A costa del Gobierno, a costa del medio ambiente.

Es posible que todos estos costes medioambientales acaben siendo tal y como dicen los agoreros, pero eso será un coste futuro. Y nosotros somos políticos, y cada cuatro años, ese es nuestro horizonte temporal. Y para las empresas que están comprando todos los derechos para, en esencia, «desecologizar» la economía, su horizonte temporal son sus informes anuales o incluso sus informes trimestrales.

Así es como se remuneraba a los directores generales de las empresas estadounidenses. Y así, de repente, en contraste con lo que todo el mundo había esperado —al menos los futuristas oficiales de la década de 1970—, íbamos a tener una clase directiva profesional que adoptara un enfoque a largo plazo sobre cómo ganar dinero invirtiendo y creando una nueva tecnología que pudiera rentabilizarse y comercializarse.

Pues bien, de repente, se impuso el cortoplacismo. ¿Cómo podemos ganar dinero más rápidamente, mediante la financiarización? Y así, lo que se esperaba que fuera una clase directiva profesional que acudiera a las universidades para impulsar una economía basada en el conocimiento, pues bien, cada vez más se decantó por las escuelas de negocios para aprender a ganar dinero de forma financiera, desmantelando activos y obteniendo beneficios tal y como se hace hoy en día, creando así el tipo de economía que hemos creado actualmente. Y todo el carácter de esta clase financiera y directiva se ha vuelto muy cortoplacista y completamente diferente de toda la dirección histórica que se esperaba en la década de los setenta. Así pues, lo que realmente ha cambiado es la idea general de que la historia en su conjunto estaba impulsada por la tecnología y las innovaciones y la supervivencia del más apto. Se había hablado mucho de ello desde el siglo XIX, cuando los analistas, economistas, políticos y sociólogos afirmaban que la economía más apta sería la más eficiente, la que produjera a menor coste, fabricando la mayor cantidad de productos —especialmente industriales— al precio más bajo y competitivo.

Y esa parece ser la historia de Occidente, la historia de la Revolución Industrial en Europa. Y su paralelo en Estados Unidos, donde, por supuesto, el papel del Estado fue mucho mayor que en Europa, ya que se necesitaba proteccionismo para subvencionar la industria —algo que se logró con gran éxito, como demostró el surgimiento de Estados Unidos como país acreedor industrial tras la Primera Guerra Mundial.

Pues bien, toda esta idea de que, de alguna manera, la tecnología y la democratización iban a ser la dirección en la que avanzaba la historia, no tuvo en cuenta que dicha democratización se produjo efectivamente , por ejemplo, en Gran Bretaña y Francia. Si toda la lucha en Gran Bretaña consistía en cómo impedir que la clase terrateniente protegiera sus rentas de la tierra y mantuviera altos los precios de los alimentos y de los inmuebles,

pues había que conceder el voto a los trabajadores. Y se amplió el derecho de voto a los trabajadores mediante una reforma electoral. Y la lucha en Gran Bretaña fue una reforma parlamentaria para acabar con lo que se denominaba los «distritos electorales corruptos». Sí, y las clases industriales dijeron a los trabajadores: «Les conviene tener un bajo coste de vida, reducir el coste de los alimentos.

Así sus salarios les permitirán comprar más. Les conviene que no haya monopolios aquí, que el Gobierno se haga cargo de los monopolios en lugar de privatizarlos». Y los trabajadores votaron a los partidos liberales. Este fue el liberalismo que funcionó en Europa continental y, en cierta medida, en Estados Unidos.

Pues bien, lo que esta visión pasaba por alto, como ya he señalado anteriormente en nuestro debate, era que la contrapartida de todo este despegue industrial de Europa consistía en impedir que otros países emularan la revolución industrial en sus propios territorios. Había países como Grecia, Egipto y otros del norte de África, así como países asiáticos, que pedían préstamos con la esperanza de industrializarse.

Pero invertir en capital industrial lleva tiempo. Y estos países —especialmente Egipto, Irán, Persia y otros— con el dinero que habían pedido prestado, no tuvieron tiempo de poner en marcha el desarrollo industrial que había llevado muchas décadas y medio siglo a Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. Así pues, incurrieron en impago de sus deudas. Y el problema era que, si pagaban el servicio de la deuda —a lo que, por cierto, se veían prácticamente obligados por la forma en que estaba organizado el mundo—, ¿cómo iban a evitar que sus monedas se depreciaran?

Pues bien, comenzaron a vender concesiones. ¿Y qué querían los británicos, los franceses y los europeos? Pues que les vendieran las concesiones de sus ferrocarriles, de su sistema de transporte y de sus monopolios. En Persia, querían el monopolio del tabaco, así como el del ferrocarril.

Todo esto ocurría en la periferia, lo que más tarde se denominó el Tercer Mundo, lo que más tarde se denominó los países en desarrollo. Pues bien, los países en desarrollo no se desarrollaban en absoluto de la misma manera que lo habían hecho las naciones capitalistas industrializadas. Había una asimetría en este sentido. Se convirtieron en países rentistas. Tuvieron que vender los derechos mineros, sus derechos petroleros, sus derechos de explotación minera y sus monopolios de infraestructura pública.

Y así se convirtieron en empresas extractoras de rentas. Y, como he dicho, los ingresos procedentes de estas empresas privatizadas —creadas por los promotores bursátiles europeos en dichos países— dieron lugar a un modelo económico completamente diferente en América Latina, África y Asia (en el mundo no occidental) al que existía en Europa Occidental y Estados Unidos.

Las guerras por el petróleo, la escasez de combustible y los precios de los alimentos

Michael Hudson: Bueno, este es precisamente el problema que, finalmente, está resurgiendo hoy en día, al llegar a su fin todo el modelo de desarrollo occidental que se ha sostenido, en gran medida, a costa de las economías no occidentales. Las economías no occidentales se enfrentan ahora a una crisis de la balanza de pagos, a una crisis de deuda, todo ello provocado por la crisis del petróleo que estamos viviendo a raíz de la guerra del petróleo de Estados Unidos contra Rusia e Irán, que ha bloqueado por completo la exportación y la producción de diesel, combustible para aviones y también fuelóleo.

Justo ayer, 16 empresas de transporte por carretera se declararon en quiebra en Texas. Ese es el titular de los periódicos: no pueden permitirse pagar los precios del diesel y, al mismo tiempo, cumplir los contratos de entrega que habían firmado para el transporte de productos agrícolas, paquetes de empresas y todos los demás productos transportados por carretera y ferrocarril que aquí funcionan con diesel.

En Europa se está produciendo la misma crisis del diesel. En estos momentos se está debatiendo en el Congreso si Donald Trump debería prohibir a las empresas petroleras estadounidenses exportar diesel a Europa. Necesitamos el diesel aquí, en nuestro país. Y, por supuesto, si Estados Unidos deja de producir diesel para Europa, esta se verá sumida en una crisis. Mientras tanto, Trump está ayudando a Ucrania a dirigir los misiles para que se centren en atacar la capacidad de refino de Rusia.

Así, Rusia, que dispone de abundante combustible y petróleo crudo, no puede refinar su petróleo, lo que la deja fuera del mercado. Estados Unidos se ha centrado en bombardear la capacidad de refino de Irán. Por lo tanto, Irán, que tiene abundante petróleo crudo, no puede exportar; no puede refinarlo. E Irán ha respondido afirmando que solo tenemos una forma de protegernos.

Si no podemos exportar nuestro petróleo, entonces el resto del Golfo Pérsico tampoco podrá exportar el suyo, y vamos a impedirlo. Y esa es la única forma que tenemos de movilizar al resto del mundo. Asia, África, el Sur Global: deben defendernos contra los ataques estadounidenses a nuestro petróleo para que sus propias economías puedan seguir funcionando con el petróleo, los fertilizantes y los alimentos a bajo precio que se producen y que son necesarios para sus propias economías.

Por eso Irán ha bombardeado las infraestructuras de refinerías de petróleo y gas en toda la zona del Golfo Pérsico. Ahora se habla de que, bueno, pronto vamos a permitir que se reanude el comercio a través del estrecho de Ormuz y el transporte por el mar Rojo. Pero lo que todo esto pasa por alto es que, incluso si, de acuerdo, permitimos que se reanude el comercio, ¿quién va a reconstruir estas refinerías?

Habrá competencia en este ámbito. Por supuesto, está toda la industria de Occidente: Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania y otros países son muy competentes en la construcción de refinerías, pero esperaban construirlas de forma gradual. Una de las primeras refinerías que Irán voló se encontraba en Catar, la de gas natural licuado.

Catar afirmó que tardará cinco años en reconstruirse, solo para instalar todas las tuberías y la infraestructura necesaria para esta refinería. No habrá gas natural refinado ni helio como subproducto, tal y como lo hemos obtenido aquí a partir de todo esto. Pues bien, este mismo escenario se está viviendo ahora en los Emiratos, en Arabia Saudí y, sin duda, en Irán.

Así pues, toda Asia Occidental está acudiendo ahora al sector mundial de la construcción de refinerías y compitiendo entre sí para preguntar: «¿Nos ayudarán a construir nuestras refinerías aquí?». Como puede imaginar, se ha producido un cuello de botella, y dicho cuello de botella está en la construcción de refinerías. Así pues, a lo que nos enfrentamos ahora, de aquí a finales de este año, no es solo una prolongación de la crisis del diesel y de la crisis del combustible de aviación que se está viviendo actualmente, sino también la crisis de los fertilizantes —elaborados a partir de gas natural— que encarece el coste de la agricultura, al tiempo que el precio del diesel que hace funcionar la maquinaria y los equipos de cosecha es mucho, mucho más elevado. Los agricultores estadounidenses están diciendo ahora que no pueden permitirse plantar las cosechas del año que viene porque no ven cómo pueden obtener beneficios pagando los elevados precios de los fertilizantes que necesitan, el alto coste de funcionamiento de su maquinaria de cosecha y, por supuesto, los aranceles de Trump han incrementado drásticamente el coste de las cosechadoras nuevas que los agricultores pueden comprar, por lo que el precio de las cosechadoras de segunda mano se ha disparado.

Pero si se compra una cosechadora de segunda mano para una explotación, otra explotación ya no podrá utilizarla. Así pues, Trump está asfixiando la economía agrícola estadounidense, al igual que está asfixiando al sector del transporte por carretera y al ferroviario, así como a toda la economía, mediante la guerra del petróleo que está librando tanto contra Irán como contra Rusia. Y la gente está pasando por alto el hecho de que su guerra contra Rusia es tan amplia como la que libra contra Irán, ya que tiene como objetivo impedir que Rusia exporte su petróleo refinado y su fuelóleo.

Robinson Erhardt: Sin duda, eso se pasa por alto porque, en estos momentos, la noticia es solo Irán, Irán, Irán. Y resulta interesante pensar que también existe esta guerra del petróleo —que simplemente no se denomina como tal— que se está librando contra Rusia al mismo tiempo.

Michael Hudson: Sí, y la idea general de la guerra del petróleo fue —creo que volvió a quedar patente tras la administración de Obama— que, en definitiva, nos hemos convertido en una economía financiera, una economía rentista. Todas estas fortunas que se están amasando son de carácter rentista: la economía del sector FIRE, el sector inmobiliario, las acciones y los bonos, y las plusvalías. Así pues, ¿cómo vamos a hacer frente a la situación si nos estamos desindustrializando?

Jubileos de deuda y oligarquías antiguas

Michael Hudson: Bueno, Estados Unidos se encuentra prácticamente en la misma situación en la que se encontraba el Imperio Romano. Lo que ha hecho que la civilización occidental sea tan diferente de todo lo que la precedió es que esta civilización comenzó alrededor del siglo VIII a. C. en Grecia y Roma. Occidente fue la única civilización que permitió el desarrollo de una oligarquía independiente, una oligarquía acreedora y terrateniente.

Todo el despegue de la civilización, desde Sumer y Babilonia, pasando por Egipto y Asia Occidental, hasta llegar a China, se caracterizó por la existencia de una autoridad central —los reyes divinos de Mesopotamia, los faraones de Egipto, los emperadores de China— que afirmaban: «Debemos mantener a la población contenta y evitar que se rebele». Y el problema fundamental es: ¿qué vamos a hacer con la principal fuente de inestabilidad, que es lo que ocurre cuando la cosecha falla?

¿Qué ocurre cuando los agricultores no pueden saldar las deudas que esperaban pagar tras la cosecha? El gran reto para todas las civilizaciones de los últimos 5.000 años de historia documentada ha sido cómo va a abordar la sociedad el problema de la deuda. Pues bien, durante los primeros 3.000 años, desde Mesopotamia hasta Egipto, pasando por China y Japón, todos se dieron cuenta de que, en realidad, la economía no funciona como dicen los economistas modernos.

No existía ninguna teoría del ciclo económico que afirmara que toda economía cuenta con estabilizadores automáticos y que todo vuelve a la normalidad si se produce una perturbación. Todas las economías se daban cuenta de que el mundo se desordenaba cada vez más. Y la verdadera tarea de los reyes, faraones y emperadores consistía en restablecer constantemente el orden, para garantizar que este no se viera alterado.

Y, tal y como usted y yo vamos comentando desde hace ya unos años, en estas conversaciones que hemos mantenido, cada nuevo gobernante cancelaba las deudas, liberaba a los siervos por deuda y redistribuía las tierras que se habían perdido.

Robinson Erhardt: ¿Se denominaban «jubileos»?

Michael Hudson: Sí, «jubileo» era la traducción literal de las proclamaciones de Hammurabi en Babilonia. Pues bien, nada de esto ocurrió en Occidente. Occidente no contaba con ninguna autoridad central. Hubo una breve serie de revoluciones que marcaron el inicio del despegue occidental. En Grecia, se les llamaba tiranos. La palabra «tirano» originalmente solo significaba «autoridad».

Creo que era una palabra persa. Y los tiranos impulsaron el despegue de Corinto, de Esparta y de todas partes. Los miembros de los clanes aristocráticos que, en cierto modo, dirigían estados al estilo de la mafia derrocaron a las oligarquías y afirmaron que querían el apoyo de la población en general —que resultaba ser la infantería— y dijeron: «Cancelaremos sus deudas».

«Acabaremos con la servidumbre por deudas, les les daremos tierras para que sean autosuficientes y crearemos una sociedad autosuficiente». Ese fue el origen de la democracia occidental. Y, al final de este proceso, se encontraba Atenas, que fue una especie de recién llegada, y Solón condonó las deudas de Atenas, pero no redistribuyó la tierra.

Se le criticó por ello. Se tardó todo un siglo, todo el siglo VI, en que Pisístrato y los reformadores posteriores establecieran la democracia ateniense. Pues bien, lo mismo ocurrió en Roma. Los reyes romanos se preguntaron: «¿Cómo vamos a atraer a inmigrantes a esta zona?». «Pues vamos a dar a todo el mundo su tierra. Les daremos tierras gratuitas con las que puedan mantenerse por sí mismos y así podrán abandonar esos otros países gobernados por familias aristocráticas, algo así como Arabia Saudí, en lo que hoy es Oriente Medio».

Y Roma consiguió a los inmigrantes. Pues bien, todas estas economías —a las que podríamos llamar «proto-democráticas»— fueron derrocadas por oligarquías, lo que acabó sucediendo también en Roma. ¿Y qué ocurrió con Roma? Las oligarquías viven pensando a corto plazo. No se planteaban: «¿Cómo desarrollamos un gran avance tecnológico y una economía materialmente productiva que beneficie a todos?».

Sino: «¿Cómo ganamos dinero para nosotros mismos?».

La forma más fácil de ganar dinero era hacer que el resto de la economía dependiera de uno.

Y la forma de hacerlo era endeudar a ellos, actuar como acreedor y, a continuación, utilizar ese poder acreedor para expropiar y tomar el control de sus tierras. Y esto es lo que le sucedió a Roma: seis siglos de guerra civil romana, en la que la población en general se opuso al derrocamiento de los reyes romanos por parte de la oligarquía, que quería cancelar las deudas y redistribuir la tierra; fueron asesinados, fueron derrotados. Los líderes romanos que abogaban por el alivio de la deuda fueron asesinados, lo que culminó con el asesinato de Julio César, que condujo a la caída de la República romana. Así pues, Roma ya no fue capaz de producir en su territorio el excedente que una economía agrícola autosuficiente podía generar una vez que quedó polarizada por el dominio de una oligarquía rentista.

El petróleo del imperio y la dependencia económica

Michael Hudson: Entonces, ¿qué hizo Roma? Buscó en el extranjero el dinero que ya no producía en su propio territorio. Buscó entradas de capital extranjero y lo hizo, en esencia, saqueando a otros países y expandiéndose; y, a medida que se expandía, llevó a la quiebra a todo el imperio. Pues bien, para gran parte del mundo actual que está intentando desdolarizarse, Estados Unidos está repitiendo la misma política romana.

Pues bien, ya no estamos generando un excedente industrial productivo en nuestro propio país. ¿Cómo vamos a preservar la prosperidad para los estadounidenses y, sobre todo, para las élites gobernantes de nuestros países? Pues bien, si no lo hacemos en casa, tendremos que hacerlo en el extranjero. Y eso es lo que primero Biden y ahora Donald Trump han estado haciendo, empezando por sus aranceles, que amenazaban con provocar una crisis, un caos en los países extranjeros. Ya no pueden exportar sus productos al mercado estadounidense. Se produjo una sacudida. Y luego, creando un cuello de botella petrolero y afirmando: «Bueno, si podemos controlar el petróleo, eso se convertirá en un monopolio estadounidense». Y si podemos controlar toda la industria petrolera mundial, podremos fijar los precios que otros países tendrán que pagar para que funcionen sus fábricas, para iluminar sus hogares y para calentarlos.

Pues bien, Trump afirmó que hay tres países que Estados Unidos no puede controlar: Irán, Venezuela y Rusia. Y, por ello, les declaró la guerra a todos ellos. Se hizo con el control de Venezuela con gran rapidez, y todos sus ingresos petroleros se ingresan ahora en una cuenta del Tesoro de EE. UU.

Robinson Erhardt: Y acabo de leer esto el otro día. Me sorprendió mucho descubrir que la CIA tiene ahora una importante participación financiera en los recursos petroleros de Venezuela. Me pareció increíble descubrirlo.

Michael Hudson: Bueno, eso nos libera de tener que depender del presupuesto nacional para su financiación. Se denomina financiación extrapresupuestaria. Muy inteligente. Sí. Y eso es, por supuesto, lo que se ha venido haciendo durante muchos años a través del tráfico de drogas y otras actividades, pero ahora el petróleo es exactamente lo mismo.

Bueno, Estados Unidos ya tenía previsto hacer esto con los alimentos desde los años cincuenta y sesenta en adelante. A través del Banco Mundial, Estados Unidos se opuso a cualquier tipo de reforma agraria por parte de los países que deseaban imitar el modelo agrícola familiar estadounidense. Estados Unidos afirmó que el Banco Mundial no prestaría ningún apoyo a los países para que alcanzaran la autosuficiencia en la producción alimentaria, sino que solo respaldaría la exportación de cultivos de plantación, algodón, tabaco, cultivos tropicales que no pueden cultivarse tan fácilmente en las zonas templadas de Estados Unidos, café, aceite de palma y productos similares, pero no ningún tipo de producto agrícola que pudiera competir con los agricultores estadounidenses. Así pues, Estados Unidos afirmó: «Bueno, lo que hicimos al controlar el precio de los alimentos, los productos alimenticios y los cereales, podemos hacerlo con el petróleo». Y ahora Trump también quiere aplicar eso a la tecnología de la información, y en eso consiste toda la disputa sobre los chips informáticos y la tecnología de la información entre Estados Unidos y China, además de impedir, en cierta medida, que Europa asuma cualquier tipo de papel independiente en todo esto y bloquear la capacidad de Europa para integrar su tecnología de la información con la de China.

Por ejemplo, no permitirá que Holland, la empresa H T M L que fabrica equipos para el grabado ultravioleta de chips informáticos, exporte su maquinaria a China. Así pues, Estados Unidos se dijo: «Bueno, si ya no podemos convertirnos en una economía industrial, podemos convertirnos en una economía rentista que viva de las rentas del petróleo, de las rentas de la exportación de alimentos y, ahora, de las rentas de la tecnología de la información, y simplemente exigir un tributo a otros países para que puedan vender sus productos en el mercado estadounidense» .

Desdolarización y dinero público

Michael Hudson: Bueno, lo que está ocurriendo es que las mayores exigencias se han dirigido a los países a los que Estados Unidos derrotó en la guerra: Japón y Corea. Trump está pidiendo a Japón 650 000 millones en inversiones y a Corea, 350 000 millones. Pues bien, ahora se están dando cuenta de que, con la subida de los precios del petróleo, la crisis y lo que les va a costar producir el combustible necesario para mantener su propia producción industrial —que esperaban exportar a Estados Unidos—.

No pueden permitirse sufragar este coste de vida y de hacer negocios, ni pagar el tributo a Estados Unidos. Así pues, esta es la raíz de la ruptura. Y ha llevado a estos países a hablar de «desdolarización», que es realmente el término que utilizan. Es una especie de neologismo para decir: «Bueno, significa: ¿cómo podemos llegar a ser autosuficientes, tal y como Estados Unidos y Europa querían ser autosuficientes?»

¿Cómo lo hacemos? Pues tendremos que tomar el control. Bueno, no ha habido ningún debate real sobre cómo llevarlo a cabo. De momento, no es más que una palabra. Y bueno, usted y yo hemos hablado de cómo nuestro país va a hacer frente a una crisis de deuda provocada por la crisis del petróleo. El Sur Global, los países del BRICS, no han abordado este tema en absoluto. Cuando los países del BRICS hablan de reforma financiera, se refieren a cómo conseguir más votos en el FMI y el Banco Mundial, y cómo entrar a formar parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Apenas se ha hablado de: bueno, ¿cómo cambiamos toda la filosofía de funcionamiento del FMI? Y lo que realmente necesitan para emular el despegue de Occidente es hacer lo que ha hecho China. Y China, en cierto modo, ha reinventado la rueda que los proteccionistas estadounidenses desarrollaron a finales del siglo XIX.

Ha mantenido las infraestructuras básicas en el ámbito público. Y ha impedido, hasta cierto punto, los monopolios privados. Creo que hay más multimillonarios en China que en Estados Unidos, pero se establece un límite en torno a los mil millones de dólares.

No se puede ser multimillonario con un patrimonio de 10, 20 o 40 mil millones. Pero lo que China ha hecho —y que ningún país occidental ha hecho, y lo que en realidad debería haber sido y casi se definió como la culminación lógica de la Revolución Industrial— fue crear su propia masa monetaria. E irónicamente, el país que más se opuso a ello fue precisamente Estados Unidos, porque Estados Unidos había creado su propio dinero en sus inicios coloniales: las monedas coloniales.

[comienzo confuso] dijo: «No queremos depender de los acreedores británicos. Crearemos nuestro propio dinero». El Congreso Continental financió la Guerra de la Independencia mediante la emisión de monedas continentales. Estados Unidos financió su Guerra Civil mediante los «greenbacks». Y en la Primera Guerra Mundial, todos los países de Europa y Estados Unidos afirmaron: «Bueno, no podemos limitarnos a pedir prestado el dinero al mercado privado».

Tenemos que crear nuestro propio dinero. Y el papel de los bancos centrales en todas las naciones industrializadas consistía en crear su propio dinero. Pero tan pronto como volvió la paz, renunciaron a esta creación de dinero público y a la asignación de crédito. ¿Quién iba a obtener el crédito y para qué lo iba a utilizar? Cedieron esta función al sistema bancario comercial, que concedía crédito mediante préstamos garantizados por activos ya existentes, como inmuebles, activos empresariales o hipotecas sobre plantas y equipos, y todo ello. Por lo tanto, el sector financiero no creaba crédito alguno para financiar el desarrollo industrial. Y si se repasa toda la historia de la civilización occidental, las fortunas de las oligarquías nunca han sido amasadas por los productores reales de alimentos, artesanía y productos industriales.

Todas las fortunas de las clases dominantes de toda la civilización occidental siempre han sido amasadas por la clase terrateniente, la clase financiera y los monopolistas, y no por formar parte del propio proceso industrial. Por lo tanto, cualquier intento de explicar la dinámica de la historia en términos de revolución industrial, de evolución industrial —ya sabe, qué tipo de tecnología va a convertir a la economía en la más apta—.

Ninguna economía occidental ha aspirado jamás a convertirse en la más avanzada tecnológicamente, salvo en aquel breve debate de la década de 1970, cuando se dieron cuenta de que la tecnología requiere una inversión a largo plazo que solo los gobiernos pueden asumir, no el sector privado. Y, desde luego, no las instituciones que pueden obtener financiación bancaria, ya que esta es a corto plazo. ¿Y cuál es la garantía, en el sentido de qué flujo de ingresos podemos esencialmente capitalizar en un bono a largo plazo?

Pues bien, si aún no hay ingresos, ¿cómo se capitaliza esto? Se está capitalizando un sueño. Amazon fue capaz de hacerlo durante muchos años, pero lo mismo ocurrió con toda la burbuja puntocom de 1997, que, en cierto modo, estalló. Es realmente difícil capitalizar un sueño. China ha evitado todo esto afirmando: «No vamos a tener un sector bancario privado del que dependamos para que conceda préstamos con los que financiar todo nuestro desarrollo e innovación. Lo haremos con fondos públicos, con dinero que creamos nosotros mismos». No debemos nada. Es nuestro propio dinero fiduciario.

Bueno, eso podría haber sido la tendencia del futuro del capitalismo industrial occidental. Pero, aunque el capitalismo industrial fue capaz de liberar a sus economías de la clase terrateniente hereditaria y de muchos de los monopolios que se habían legado desde la época feudal, nunca fue capaz de desbancar a la clase bancaria y financiera y llevarla al dominio público.

El valor de la renta económica y el coste de la vida

Robinson Erhardt: Así pues, Michael, como ha mencionado, llevamos ya un par de años manteniendo estas conversaciones. Esta noción de la parasitación de la economía por parte de esta clase oligárquica rentista no es solo un hilo conductor de nuestras conversaciones, sino también de su trabajo. Y algo que quería preguntarle es si considera que las guerras por el petróleo, el conflicto israelí, lo que está ocurriendo en Venezuela, Groenlandia —es decir, tantos de los acontecimientos actuales— como una consecuencia directa de la parasitación de la economía y de la utilización de estos acontecimientos y conflictos de gran envergadura en beneficio del parásito?

Michael Hudson: De eso se trataba precisamente la economía clásica. La definición de parasitismo se consideraba una renta no ganada. Pues bien, ¿qué es una renta no ganada? Todo el debate clásico giraba en torno al valor, el precio y la renta, siendo los precios el exceso del precio de mercado de la renta por encima del coste real de producción.

Pues bien, cuando se habla de en qué consiste la teoría clásica del valor, de qué es la plusvalía, de qué es el valor, del ideal de Adam Smith, Ricardo, John Stuart Mill y Marx, todo el debate de la economía clásica giraba en torno a cómo ajustar los precios al coste real de producción. Así es como se racionalizan los costes. Y eso es lo que hizo que el capitalismo industrial fuera tan revolucionario.

Se pretendía eliminar todos esos costes que no formaban parte de la producción, y el principal coste del que, según todos los economistas clásicos, había que partir era la eliminación de la clase terrateniente feudal —una clase que se remonta mucho más allá del feudalismo, que se remonta a la Antigüedad clásica. Los terratenientes que obtienen una renta de la tierra sin trabajar por ella.

Y Adam Smith afirmó: «Al terrateniente le encanta cosechar donde no siembra». Y luego John Stuart Mill se preguntó: «Bueno, ¿cómo explicamos por qué suben los precios del suelo?». Pues bien, es porque la economía crece, la tierra se vuelve escasa, más codiciada en algunos lugares que en otros, y los precios suben y los terratenientes ganan dinero mientras duermen.

Pues bien, a eso se refería el término «parasitismo». El parasitismo consistía en obtener ingresos sin trabajar. Y estos ingresos se convirtieron en un coste de vida y en un coste de producción. Así pues, la población tenía que vivir en algún sitio. O bien tenían que pagar un alquiler por el terreno o, a medida que avanzaba el siglo XIX, tenían que comprar sus viviendas. ¿Y cómo se compra una vivienda cuando se está empezando en la vida?

Hay que pedir dinero prestado a un banco. Se contrata una hipoteca. Y la hipoteca establece que tendrá que pagar —la regla general era el 25 % de sus ingresos durante el resto de su vida laboral, 30 años, teniendo en cuenta la esperanza de vida que solía tener la gente—. Y al final de su vida laboral, habrá liquidado la deuda de su vivienda, y entonces podrá dejársela a sus hijos para que se peleen entre ellos, como suelen hacer los herederos, o lo que sea.

Y algunos de los hijos tendrán que pedir un préstamo para comprar sus propias viviendas, y esa es precisamente la idea. Pero, de una forma u otra, ya sean los propietarios que alquilan viviendas o locales de oficinas, o los bancos que prestan dinero a las personas para que compren sus propias viviendas y puedan convertirse así en los beneficiarios de su propio alquiler —como dirían los compradores de vivienda—, eso se denominaba parasitismo. Eso no no era una creación de valor. No era un coste necesario de la actividad empresarial, pues el Gobierno podía simplemente gravar todo ese valor del suelo mediante impuestos. Y la idea fundamental del Partido Liberal en Gran Bretaña y de sus homólogos en otros países era la siguiente: de acuerdo, siempre habrá renta económica debido a que algunas ubicaciones son mejores que otras.

Algunas personas querrán vivir cerca del transporte. Ese es el principal factor determinante de la renta económica. ¿A qué distancia se encuentra usted del transporte? Y eso incluía el Canal Erie en Estados Unidos, que redujo enormemente los en el norte del estado de Nueva York, ya que los neoyorquinos podían ahora adquirir sus alimentos en el Medio Oeste, en Ohio —que por entonces formaba parte del Medio Oeste— y sus cosechas, en lugar de depender de los proveedores locales, gracias a la llegada del canal Erie. Pues bien, obviamente, al contar con redes locales de autobuses, metro y ferrocarril, todo ello hacía que algunas rentas de ubicación fueran más valiosas que otras. Estar cerca de los colegios facilitaba llevar a los hijos a clase. Estar cerca de los parques también resultaba útil. Ahora había muchos parques. Esa era una forma de aumentar el valor. Pues bien, Thorstein Veblen fue el gran sociólogo y economista estadounidense que explicó que se podía considerar cada ciudad, desde los pequeños pueblos hasta la propia ciudad de Nueva York, como proyectos de promoción inmobiliaria.

La idea consistía en que los promotores inmobiliarios colaboraran con sus banqueros para impulsar mejoras urbanísticas. Y esas mejoras urbanísticas generarían una especie de optimismo local que llevaría a los inversores a pensar: «Esa propiedad va a revalorizarse. Voy a comprarla, convertirme en propietario y alquilarla, ya sea como edificio de oficinas o como vivienda».

Bueno, eso seguía considerándose parasitismo, pero se reconocía que, en fin, es cierto que se necesita crédito bancario para financiar el edificio, la construcción. Ese es el coste de producción, el coste de construir una vivienda o un edificio de oficinas. Pero la naturaleza proporciona el suelo de forma gratuita. Y John Stuart Mill dijo: «Muy bien, vamos a elaborar un mapa de los precios del suelo y los alquileres, y vamos a gravar el incremento de los precios del suelo para que los propietarios ya no ganen dinero mientras duermen».

Si quieren invertir dinero para construir un edificio, alquilarlo y obtener beneficios gracias al precio del mismo, no hay problema. Eso es obtener ingresos a la manera industrial de generar beneficios. Pero no podrán obtener ingresos simplemente por quedarse de brazos cruzados y disfrutar del aumento del precio del suelo mientras duermen.

Eso no es el valor del suelo. Es el precio del suelo que excede dicho valor. El único valor es el coste de la mano de obra que se ha invertido en la construcción de este edificio y en las mejoras del mismo, las reparaciones, todos los arreglos y demás. Bueno, hubo un largo debate. Al final, Ricardo afirmó que la raíz del valor es lo que hay que pagar por la mano de obra.

Quiero decir que, en última instancia, hay mano de obra implicada en la elaboración de los alimentos, pero esa mano de obra es un coste de los alimentos, no la renta del propietario. La mano de obra puede explotar las minas, pero es la naturaleza la que produce las minas. Eso es todo lo que cuesta la mano de obra. Pues bien, finalmente, en una etapa tardía del desarrollo de la economía política clásica, Marx afirmó: «Sí, supongamos que estamos elaborando una cuenta de la renta y el producto nacionales».

Comenzó escribiendo una historia del pensamiento económico, y sus teorías sobre la plusvalía formaban parte de esa historia del pensamiento económico. Y se preguntó: «Bueno, ¿dónde situamos el papel del capitalista en todo esto, el del capitalista industrial?». Afirmó que el capitalista industrial produce valor y asume un coste. Y se denominaba a ello, por ejemplo, «salarios de supervisión».

Aunque señaló que el capitalista industrial desempeña un papel productivo necesario a la hora de organizar la oferta de mano de obra, de coordinar el suministro de materias primas y de crear una fábrica con maquinaria y equipamiento en la que la mano de obra vaya a trabajar para producir. El coste de todo este equipamiento y la maquinaria, así como el tiempo del propio capitalista: el beneficio que obtiene es su rendimiento de esta inversión.

Todo esto forma parte del valor. Lo que no forma parte del valor es la renta de monopolio, la renta de la tierra y todo lo que Smith, Ricardo y el resto de los economistas habían planteado. Y él dijo: «Pero, ¿cuál es el coste de esta mano de obra? Además del beneficio del capitalista, como parte del valor, ¿cuáles son los costes?

¿Cómo medimos el coste de la mano de obra? ¿Es el coste salarial, o es el precio al que el capitalista vende el producto del trabajo con un margen de beneficio? Obviamente, la razón por la que un industrial va a contratar mano de obra es para obtener beneficios que vende a un precio superior al coste de producción. Y Marx dijo: «Así es como funciona el capitalismo industrial».

Ese es el producto. Pues bien, todo lo demás se consideraba lo que usted ha calificado de parasitismo, y los economistas lo denominaban renta económica. Y si algún economista clásico del siglo XIX elaborara una cuenta de la renta y el producto nacionales, contabilizaría el producto como el coste real del trabajo y el beneficio del capitalista al producir lo que la economía necesitaba. No incluiría lo que usted ha denominado «parasitismo».

No incluiría la renta económica. No incluiría la renta que se pagaba a terceros. Incluiría los impuestos como parte de la renta, pero no incluiría la renta de monopolio, la renta de la tierra ni la renta de los recursos naturales que no formaran parte del producto. Y tampoco incluiría las plusvalías inmobiliarias. No incluiría lo que hoy en día incluye el PIB.

No incluiría el valor para los propietarios de viviendas, como cuando se dice: «Bueno, ahora nuestra casa vale más de lo que pagamos por ella». Y si estuviéramos alquilando, tendríamos que pagar más. Eso no es un producto. Es un coste de la actividad empresarial. Y hubo toda una lucha contra toda esta ideología capitalista industrial, liderada por los terratenientes, los banqueros y los monopolistas a quienes el capitalismo industrial estaba desplazando.

Y decían: «Bueno, eso es socialismo». Pues bien, John Stuart Mill no tenía ningún problema en utilizar la palabra «socialismo». Todo el mundo decía, desde mediados hasta finales del siglo XIX, que todos eran socialistas, lo que significaba un papel cada vez mayor del Estado para hacer lo que antes hacían los rentistas, los que obtenían rentas. A eso se le llamaba «socializar las rentas económicas». No significaba socializar la industria.

Significaba, ante todo, socializar las rentas económicas. Todo este debate no incluir lo que hoy se incluye en el coste nacional bruto. Distinguían entre los ingresos del trabajo —lo que realmente supone el coste de producir los bienes de la economía— y lo que genera renta económica. En la actualidad, se incluyen los intereses como parte de la renta económica. Y hubo toda una reacción antisocialista, anticapitalista —o, mejor dicho, antiindustrialista— contra la economía clásica, que derivó en el neoliberalismo, afirmando: «No, queremos que el Gobierno se mantenga al margen de los negocios».

Tampoco queremos que el Gobierno grave la renta económica. Queremos que todo se privatice. Así podremos obtener rentas como solíamos hacerlo, generar ingresos mientras dormimos, tal y como hacíamos cuando éramos la clase de los propietarios. Queremos obtener algo a cambio de nada. Pues bien, las clases improductivas contraatacaron: las clases financieras y las inmobiliarias.

El neoliberalismo y la economía clásica

Michael Hudson: Y a finales del siglo XIX, en Europa surgió la escuela austriaca. En Estados Unidos, John Bates Clark afirmaba que, en realidad, la renta económica no existe. No hay diferencia entre precio y valor. El terrateniente gana su dinero: decide de quién cobrar la renta y qué propiedad comprar que rinda más renta.

Y el banquero decide: «¿A quién voy a conceder un préstamo para asegurarme de cobrar mis intereses mientras duermo?». Y quién puede dirigir una empresa para que reparta sus beneficios y genere plusvalías en los precios bursátiles, financiando las plusvalías, no la formación de capital industrial. Así pues, existía toda esta idea alternativa sobre en qué consiste realmente la economía.

¿Se trata del producto nacional bruto —es decir, el coste nacional bruto— o se trata del núcleo tecnológico industrial? Y ganaron los neoliberales, y tras la Segunda Guerra Mundial se empezó a enseñar aquí un tipo de economía totalmente diferente a todo lo que defendían los economistas clásicos. Y como el último gran sinteticista de los ingresos del trabajo —en contraposición a los ingresos no derivados del trabajo— y de la industrialización —en contraposición a la búsqueda de rentas— fue Marx, todos dijeron: «Oh, todo eso es marxismo».

Y sabemos a qué condujo el marxismo. Condujo a la Revolución Rusa y eso es el comunismo. Pues bien, la lucha contra el marxismo, el odio hacia Marx es, en esencia, el odio hacia Adam Smith. Es el odio hacia John Stuart Mill. Es un rechazo a todo aquello en lo que consistía la economía clásica: la distinción entre ingresos del trabajo e ingresos no derivados del trabajo.

Y así, el resultado actual del neoliberalismo es que ya no vamos a hablar de la historia del pensamiento económico. Ni siquiera vamos a hablar de la historia económica ni de la larga lucha política para liberar a las economías industriales de la búsqueda de rentas —o lo que usted denominaba «parasitismo»—, para liberar a las economías de la clase terrateniente, de la clase monopolística, de la clase financiera y de la clase dedicada a la extracción de petróleo, minerales y recursos naturales, que obtiene beneficios comprando monopolios, petróleo, minerales y todas esas otras cosas.

Todo eso no es realmente un producto. No podemos incluir la renta económica en los ingresos que obtienen las industrias petrolera, minera y forestal simplemente por apropiarse de lo que la naturaleza ofrece de forma gratuita. Podemos contabilizar los gastos reales en los que incurren al contratar mano de obra y fabricar equipos de perforación petrolera y de transporte para producir el petróleo.

Equipos de minería, todo eso, y el coste de la mano de obra. Pero todo este margen obtenido de los recursos naturales no es un producto. Eso forma parte de la «ganancia sin esfuerzo». Así pues, el problema es que la mayor parte del PIB actual consiste en ingresos por «ganancia sin esfuerzo», es decir, renta económica. No se trata de salarios, ni de beneficios industriales, ni de gasto público ni de inversión en infraestructuras.

Por supuesto, ese es el coste de hacer negocios. Lo que el Gobierno gasta en gestionar los servicios públicos y las infraestructuras que aún no se han privatizado, por supuesto, se consideraría parte del producto nacional bruto. Lo que el Gobierno invierte en crear infraestructuras públicas, transporte, sanidad y escuelas, todo ello se consideraría parte del producto.

Pero no cuando se privatiza y, de repente, los precios suben. Ese aumento de los precios no incrementa el producto. Incrementa el exceso de valor de los precios respecto al valor. Eso son ingresos no ganados. Y si unos ingresos no son ganados, no constituyen un coste necesario de producción. Y si no son un coste necesario de producción, entonces, si queremos que nuestra economía sea más competitiva frente a otras, tendremos que eliminar estos costes de producción innecesarios y ajustar nuestros precios al valor real, a los costes reales que incluirán, por supuesto, el beneficio del empresario, así como el aumento de los niveles salariales, ya que una mano de obra mejor remunerada es una mano de obra más productiva. Está mejor vestida y mejor formada. Por lo tanto, por supuesto que incluiremos el coste de proporcionar la educación en todo esto. Pero, ¿qué coste de la educación vamos a cobrar? Pues bien, la educación pública en casi todos los países se hizo gratuita para que los empresarios no tuvieran que pagar a su mano de obra el coste de la educación privatizada.

La idea general era que los empresarios desean contratar mano de obra con el menor coste de vida posible que refleje su capacidad productiva: el coste de vida necesario, no el innecesario. Y gran parte de lo que se paga a la mano de obra, sin duda en la América actual, es un coste de vida innecesario. No hay necesidad de que los trabajadores se vean obligados a contraer un enorme préstamo estudiantil que deberán pagar a lo largo de toda su vida para sufragar el coste de una educación que sus antepasados solían obtener de forma gratuita, o al menos a un coste muy asequible que sus padres podían sufragar con sus ingresos o que los propios estudiantes podían ganarse trabajando mientras cursaban la carrera. Hoy en día no es posible pagarse los estudios universitarios trabajando mientras se cursan.

Robinson Erhardt: No, no se puede.

Michael Hudson: Todo eso es, por así decirlo, una renta parasitaria e innecesaria. Lo mismo ocurre con la sanidad. La idea misma de la sanidad pública, a la que se tildaba de socialismo, contaba con el apoyo del Partido Conservador, especialmente en Gran Bretaña. Creo que ya lo mencionamos antes: Benjamin Disraeli dijo que «la salud lo es todo». Y añadió que, si mantenemos sana a la población activa, esta no tendrá que tomar tantos días de baja por enfermedad.

Los trabajadores tener que pagar tanto, ya sabe, por una mano de obra sana como lo haría por una enferma. Todo lo que hoy se denomina socialismo se denominaba capitalismo industrial en el siglo XIX. Pero todo ello fue denunciado como «socialismo» por los oponentes del capitalismo industrial, que pretendían acabar con él, lo cual lograron creando el capitalismo financiero, el capitalismo rentista.

Así pues, el capitalismo financiero tal y como lo conocemos es el capitalismo financiero rentista neoliberal. Y eso transformó toda la dinámica de lo que usted denomina «capitalismo» en sí mismo en algo muy diferente de lo que se había previsto en el capitalismo industrial incipiente de Adam Smith, Ricardo, Mill, Marx y los economistas proteccionistas estadounidenses. Todo esto constituye un sistema completamente diferente sin que nadie se haya dado cuenta de ello.

Pues bien, eso es lo que pensó China. Tenemos que romper con esto. De ahí surgió toda la reacción anticolonial que comenzó en la década de 1820: países como Grecia querían pedir dinero prestado para conquistar su independencia y liberarse de su condición de colonia del Imperio Otomano. Túnez quería independizarse. Pidió dinero prestado para independizarse y quería convertirse en un país industrial, al igual que lo eran Gran Bretaña o Francia.

Lo mismo ocurrió en Egipto. Querían industrializarse. Pensaban que el Canal de Suez les ayudaría a financiar su industrialización. Pero siguieron presionando, siguieron vendiendo sus concesiones a extranjeros, y los concesionarios no querían replicar el modelo ni construir fábricas industriales allí para competir con Gran Bretaña, Francia u otros países. Querían, bueno, que los egipcios produjeran tabaco, que utilizaran el Canal de Panamá y, ya sabe, que produjeran algodón; especialmente Sudán era muy conocido por su algodón de fibra larga. Los países capitalistas industrializados, como ya he dicho, no se replicaron en el extranjero. Marx no lo previó. Marx pensaba que el capitalismo industrial iba a extender su propia ética y su propia dinámica por todo el resto del mundo y que todo el mundo querría industrializarse.

Pues bien, todo el mundo quería industrializarse, pero la industria, la clase acreedora, la clase bancaria no querían proporcionarles la financiación necesaria para que se industrializaran. Y a medida que Europa comenzaba a hacerse con colonias y a conquistar regiones por la fuerza, lo último que deseaba era crear competidores para la industria británica o de Europa Occidental. Y cuando los estadounidenses absorbieron los imperios británico, francés y alemán tras la Primera y la Segunda Guerra Mundial,

No quería crear competidores en el extranjero hasta, realmente, a raíz de la década de 1980, toda esa revolución rentista antiindustrial de la «Reaganomics» en Estados Unidos que, en realidad, comenzó con el «carterismo»: «Desindustrialicemos nuestra mano de obra. Busquemos mano de obra barata en el extranjero». De repente, lo que siempre había sido una guerra de clases incipiente entre el capital y el trabajo en el capitalismo industrial, pero que se mantenía a raya porque los capitalistas industriales necesitaban el apoyo de los trabajadores para ejercer un control electoral frente a los intereses rentistas. Pues bien, el capitalismo industrial apoyaba la sindicalización de los trabajadores porque esta hacía que la mano de obra fuera más productiva. Ayudaba a racionalizar la producción. Elevaba el nivel de vida. Funcionaba.

Fondos de pensiones y jubilación

Michael Hudson: Y en la década de 1960 se produjo el inicio de un desvío concreto en lo que se denominó «capitalismo de fondos de pensiones» o «socialismo de fondos de pensiones». Bueno, ¿cómo va a pagar la clase trabajadora su jubilación? Ahora que se vive más tiempo, ya sabe, no va a tener que trabajar toda la vida. Acabará jubilándose a los 65 años más o menos.

Más le vale ahorrar. Ahora bien, ¿cómo va a obtener sus ingresos? Bueno, había dos soluciones. Los alemanes y los europeos dijeron: «Pago por reparto». » Muy bien, cuando se jubile, el Gobierno le pagará una renta de jubilación, y a eso se le denominaba «renta». Los pagos de jubilación se denominaban «rentas», que es el término que se utiliza en alemán y en Europa. Pero Estados Unidos afirmó que, al hacerlo, podíamos financiarizar al Gobierno. Podemos hacer que los propios trabajadores paguen su propia jubilación prestando dinero al sector financiero, a las instituciones financieras, para invertir en el mercado de valores y en el mercado de bonos, y podemos pagar más a los trabajadores, pero lo llamaremos «capitalismo laboral».

Y como si la mano de obra fuera un capitalista en miniatura, los trabajadores dispondrán de un fondo de pensiones. Y estos fondos de pensiones comprarán acciones y bonos tal y como intentaría hacer un capitalista financiero, con el fin de obtener plusvalías y recibir pagos de intereses y dividendos de acciones. Y podemos, en cierto modo, cooptar la mentalidad de la mano de obra para que piense que el capitalismo financiero nos va a hacer ricos.

Y así se produjo este desvío de los pagos salariales a la mano de obra, que no se gastaban en los bienes y servicios que esta producía, ni formaban parte del flujo circular entre la producción y el consumo, sino que se transferían a un sector financiero autónomo que buscaba sus propias ganancias, diciendo: «Bien, ¿cómo podemos aprovechar estas aportaciones a los fondos de pensiones procedentes de los salarios, y las empresas pagarán parte de sus propios beneficios en este sentido?».

Y dicen: «Verán, ustedes, los asalariados, son capitalistas en miniatura. Participan de nuestros beneficios porque les pagamos un dividendo. Y también les pagamos a través de las acciones que compran. Y estamos pagando parte de sus salarios en todo esto para ayudarles a convertirse en capitalistas en miniatura».

Pues bien, por supuesto, los trabajadores asalariados no son realmente capitalistas en miniatura. Son asalariados. Pero esto cambió por completo su identidad. Se consideran a sí mismos rentistas en miniatura o, como usted ha dicho, parásitos en ciernes, por lo que aspiraban a ser. Y entregaron su dinero a empresas financieras que, en la década de los 80, se sumaron al movimiento de la «Reaganomics» y afirmaban: «Muy bien, si entregan su dinero a Drexel Burnham, por ejemplo, podremos obtener rendimientos especialmente elevados gracias al ahorro de mano de obra.

Podemos tomar prestado el dinero de sus fondos de pensiones y prestárselo a entidades financieras para que adquieran otras empresas mediante bonos basura. Podemos emitir bonos con altos tipos de interés que sus fondos de pensiones puedan comprar y que les resulten útiles. A continuación, podemos coordinarnos para conceder préstamos a empresas que vayan a adquirir sectores industriales y a dividirlos entre sí.

Y, al final, ya no les necesitaremos. Ja, podremos deshacernos de todos ustedes. Pero ustedes se harán ricos en el proceso. Ya no tendrán que trabajar. Podrán vivir de todas las pensiones, las acciones y los bonos que hayan comprado. No tendrán que trabajar. Ya nadie tendrá que trabajar. Todos podremos ser parásitos.

Robinson Erhardt: Ojalá.

Michael Hudson: Es la utopía en la Tierra. Y así se lo creyeron. Y, por supuesto, para cuando los demócratas sustituyeron a la administración Reagan-Bush, los Clinton acabaron diciendo que iban a seguir la política de Carter: queremos ampliar la inversión en las maquiladoras que Carter había propuesto, «dejemos que tengamos un acuerdo de inversión comercial con México y permitamos que las empresas estadounidenses desarrollen pequeñas empresas artesanales justo al sur del Río Grande, las llamadas «maquiladoras», para emplear mano de obra mexicana barata en lugar de la mano de obra sindicalizada estadounidense, más cara». Así que Carter dijo: «Tenemos que acabar con los sindicatos para volver a poner en marcha la lucha contra los trabajadores». Y él lo inició todo. Y eso se convirtió en el plan demócrata bajo el mandato de los Clinton. Dijeron: «Muy bien, vamos a firmar el acuerdo comercial norteamericano con Canadá y México para que, en esencia, podamos ampliar el crédito».

La industrialización china y la banca pública

Michael Hudson: Y, en última instancia, podremos hacer lo que hicimos con México —y, en cierta medida, con Canadá— al admitir a China en la Organización Mundial del Comercio. Y ese fue el gran avance de la administración Carter, además de abolir todas las medidas de protección que tanto republicanos como demócratas habían establecido para evitar que el mercado de valores, que las empresas compraran sus propias acciones, lo que, en esencia, permitía que las empresas industriales se convirtieran en empresas financieras.

Clinton afirmó: «Ya no necesitamos empresas industriales. No necesitamos mano de obra. Ya sabe, eliminemos todas las protecciones de la industria contra su financiarización. Dijo: «Las finanzas, ya sabe, así es como vamos a enriquecer a nuestro electorado y a quienes financian nuestra campaña». Así que invitaron a China pensando: «Aquí hay una enorme oferta de mano de obra barata». Y recuerden: me refiero a que, cuando yo crecía en los años 50 y 60, había todas esas imágenes de mendigos en China y de la pobreza.

Uno pensaba: «¿Cómo demonios va a poder desarrollarse China alguna vez?». Ya sabe, esa economía de bajo coste, como la que también había en la India, parecía imposible. Y así, los estadounidenses tenían la esperanza de que, bueno, el secretario del Tesoro de Clinton fuera a China e intentara decirles: «Bueno, ya saben, nuestro banco puede entrar y conceder préstamos a sus empresas industriales para que empleen a su mano de obra de bajo coste y exporten a Estados Unidos, y ustedes obtendrán todos los productos de nuestro trabajo».

Pues bien, lo que decidió China fue: «Bueno, sabemos que no queremos solo lo que ustedes pagan por nuestra mano de obra, que, como saben, intentan mantener lo más barata posible. Queremos obtener nosotros mismos los beneficios. No necesitamos que los bancos estadounidenses creen yuanes chinos para pagar nuestra mano de obra. Podemos imprimir nuestros propios yuanes. No les necesitamos para nada de eso.

Y así se liberaron de permitir que se desarrollara ni una clase bancaria estadounidense ni una británica como el H-B-S-C, ni una clase financiera de propiedad china autóctona. El Gobierno tomó las riendas para llevar a cabo todo esto. Y así, China en su conjunto se hizo próspera y rica al crear su propia industrialización y conservar los frutos de su industrialización para sí misma, en lugar de financiarizarla como ocurrió en Estados Unidos.

Y Estados Unidos dijo: «Bueno, eso es socialismo. Eso es comunismo», y acabó afirmando: «Bueno, China es ahora un rival. Están haciendo exactamente lo mismo que nosotros. No deberían hacer lo que hacemos nosotros. Se deberían generar riqueza tal y como les dijimos que lo hicieran, es decir, haciendo lo contrario de cómo generamos nosotros nuestra propia riqueza. Se supone que deben creerse esta ficción.

Todo nuestro vocabulario económico no es más que esta mitología, esta ficción en la que se supone que debe creer, y usted no la cree. Es usted socialista, es usted comunista, es usted nuestro enemigo, nuestro rival industrial a largo plazo. Pues bien, muy pronto, Estados Unidos afirmó: «bueno, China no es realmente un rival industrial, porque ahora es el centro industrial de Asia. Asia es nuestro rival porque nosotros ya no somos industriales». ¿Con qué compiten realmente?

En realidad, compiten con que les quitemos su riqueza en forma de mejora del nivel de vida, salarios, inversión de capital en infraestructuras y en formación real de capital, en lugar de quedarnos con su riqueza de forma financiera. Nos quedamos con nuestra riqueza; nos hemos convertido en potencias financieras, como usted ha dicho, parásitos del resto del mundo. Pues bien, eso es lo que, en algún momento, los países distintos de China, Irán y Rusia van a comprender: que no se trata de que queramos tener más peso en instituciones financiarizadas y profinancieras como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, sino de que debemos crear una economía totalmente diferente, al estilo chino, es decir, al estilo estadounidense original. Y el estilo chino es, en realidad, el estilo estadounidense original. Ha reinventado su propia rueda sin contar con la orientación estadounidense, simplemente siguiendo su propia lógica, porque lo que hacían los estadounidenses era seguir la lógica del capitalismo industrial que se había expuesto a través de la economía clásica. Así pues, lo que China está haciendo y que se denomina socialismo bien podría llamarse capitalismo industrial.

Se trata de una economía mixta. Y lo que diferenciaba tanto al capitalismo industrial del feudalismo y de todo lo anterior era precisamente que se trataba de una economía mixta, pública y privada. La función del sector público consistía en impedir la búsqueda de rentas privadas , impedir los ingresos no ganados proporcionando, como parte del Estado, monopolios que generan rentas naturales, recursos naturales, servicios o terrenos a precio de coste o incluso a precios subvencionados.

Sanidad gratuita, educación gratuita. Pues bien, ¿cómo podría una economía industrial o una empresa estadounidense competir con China si tiene que pagar a unos trabajadores que, a su vez, deben hacer frente a sus enormes gastos sanitarios, a sus enormes alquileres, a sus enormes precios de monopolio y a su elevado coste de vida, algo innecesario para otros países. Que no existe ningún imperativo tecnológico para que se paguen en absoluto ninguno de estos costes rentistas.

Ese no era el plan del capitalismo industrial en un principio. Así que esa es realmente la lucha. Si la economía definitiva de la supervivencia del más apto es aquella que proporciona ganancias de productividad y prosperidad de la forma más eficiente, entonces ya no serán las economías occidentales.

La historia de la civilización ya no va a ser la de Occidente. Porque Occidente ha rechazado el papel de liderazgo que parecía asumir en el siglo XIX. Y cuando toda la historia parecía ser, bueno, la historia de Occidente tomando la iniciativa en la creación de lo que se convirtió en la Revolución Industrial.

Ahora que Occidente ha abandonado todas las políticas económicas capitalistas industriales clásicas que puso en marcha para la Revolución Industrial. Ahora, esta misma dinámica que solía ser una dinámica occidental va a convertirse en una dinámica asiática. ¿Y cómo puede participar Occidente en ella sin hacer lo que hizo China, liberándose del dominio del sector financiero y de su alianza con el sector inmobiliario y el sector de los monopolios privados?

Eso es lo que hace tan imposible que Donald Trump diga: «tenemos que conseguir que otros países nos apoyen invirtiendo en Estados Unidos para reactivar la competitividad industrial estadounidense». Pues bien, por mucho que Japón, Corea, Taiwán o Europa vayan a invertir en la industria estadounidense, esta no podrá competir con otros países mientras se mantengan los aranceles de Trump, las extorsiones a otros países, el mismo sistema monopolístico y la misma financiarización de la economía que ha convertido a Estados Unidos y a Europa Occidental en una economía postindustrial. La economía postindustrial difícilmente puede ser el camino hacia el futuro. Y, tal y como afirmaban todos los futuristas en la década de 1970, ¿quién va a financiar toda la investigación y el desarrollo tecnológico necesarios para comercializar la tecnología? Eso es exactamente lo que ha estado haciendo China, y por eso ostenta el liderazgo en tantas patentes y en tantos ámbitos científicos y tecnológicos, hasta el punto de que Occidente afirma: «Bueno, no se gana dinero con la ciencia y la tecnología, porque no es algo con lo que el sector privado obtenga beneficios.

Es algo con lo que el Gobierno obtiene beneficios. Pero, como dijo Ronald Reagan, cuando el Gobierno dice «estamos aquí para ayudar», esas son las palabras más aterradoras del idioma inglés. Así pues, este es el tipo de esquizofrenia en términos de lógica económica que está guiando no solo la economía estadounidense, sino también toda la forma en que se imparte el plan de estudios de economía en Estados Unidos y Europa Occidental.

Pues bien, parte del problema para el resto del mundo radica en que muchos países admiraban tanto a Occidente por haber tomado la iniciativa en el capitalismo industrial que incluso China envía a sus estudiantes a estudiar economía a Estados Unidos. Pero lo que no se les enseña son los principios económicos que han permitido a China enriquecerse mucho más que Estados Unidos.

Y cuando fui profesor durante dos años en la Universidad de Pekín, en China, en la Facultad de Estudios Marxistas, sus estudiantes decían: «Bueno, estamos aquí porque queremos ascender en las filas del Partido Comunista, cuyas filas están compuestas principalmente por científicos, ingenieros y tecnólogos, ya que así es como China va a generar riqueza».

Y, sin embargo, en lo que respecta a la economía, los puestos en nuestras universidades se reservan prioritariamente para los estudiantes que han cursado sus estudios en las prestigiosas universidades estadounidenses y británicas. Por eso, el presidente Xi promovió un programa, creo que hace seis o siete años, en el que instaba a los «príncipes» de China a no enviar a sus hijos a Harvard ni a Yale, y supongo que tampoco a Cambridge ni a Oxford en China.

Robinson Erhardt: No se olvide de Stanford.

La burbuja inmobiliaria china y Evergrande

Michael Hudson: Sí. Sí. Pero la propia China no cuenta con un plan de estudios basado en el marxismo occidental. No se aborda la «Historia del pensamiento económico» de Marx, lo que él expuso en los volúmenes 2 y 3. Ni siquiera parece haber en la propia China un reconocimiento del papel de la renta de la tierra y la renta financiera, que han propiciado toda la burbuja inmobiliaria que se ha creado.

Porque China, en cierto modo, adoptó la versión rusa del marxismo, que había simplificado el marxismo hasta convertirlo, bueno, la lucha entre el capital y el trabajo. Y si logramos socializar el empleo industrial, entonces pagaremos a los trabajadores, les proporcionaremos vivienda y ocio, y tendremos ciudades industriales enteras que ofrezcan todo lo que los trabajadores necesitan.

Esa fue, bajo el estalinismo, la forma de la industrialización soviética. Pues bien, no tenían renta de la tierra, no existía la propiedad ausente de la tierra, ni el alquiler de viviendas a los trabajadores, ya que los empresarios industriales proporcionaban la vivienda, la educación y todas las demás necesidades. Pues bien, el maoísmo en China retomó esta idea. Eran, en cierto modo, marxistas del «Tomo I».

Así que cuando yo y otros economistas marxistas —en realidad somos economistas clásicos— hablamos… Aunque la gente pueda llamarnos marxistas, en realidad estamos debatiendo el mismo concepto de valor, precio y renta que constituía el núcleo mismo de la economía marxista, pero que no es el núcleo de la economía marxista tal y como se enseña en China. Así pues, China se planteó: «Bueno, ¿cómo vamos a financiar nuestro desarrollo inmobiliario?

Tendremos que comprar viviendas para todos nuestros empleados a fin de construir todas nuestras ciudades. Vamos a crear ciudades industriales. Tendremos que industrializarnos para dejar de ser una economía agrícola. Pues bien, lo que hicieron fue invitar a Milton Friedman, de la Escuela de Chicago, bajo el mandato de Deng.

Y Friedman dijo algo que no funcionó en Estados Unidos, pero que funcionó muy bien en China. Dijo: «Una cosa que la planificación gubernamental no puede hacer es planificar cómo industrializarse e introducir un nuevo producto. Para eso se necesita innovación». Se necesita, ya sea en el ámbito de los diseñadores de moda, la creación de nuevos bienes de consumo o el desarrollo de tecnología industrial.

Lo que realmente se busca es que la gente pueda obtener beneficios al hacerlo. Y eso se lleva a cabo al margen del Gobierno, porque el Gobierno no tiene como objetivo obtener beneficios. No tiene como objetivo la innovación. Su objetivo es: «Este es el plan para electrificar la economía e introducir tecnología dentro del marco tecnológico actual». No se le da bien la innovación. Por eso, Deng dijo: «¿Qué más da si el gato es blanco o negro, siempre y cuando cace ratones?»

En otras palabras: «Dejemos que florezcan cien flores». Pues bien, China hizo lo mismo, no solo a la hora de facilitar, ya sabe, permitir que los industriales se desarrollaran, sino que afirmó: «Vamos a hacer lo mismo con las ciudades. Vamos a dejar que cada pueblo, localidad y ciudad decida por sí misma cómo desarrollarse de la forma más eficiente». Ahora bien, ya en el siglo XIX, todo el Partido Comunista de China era, en cierto modo, una prolongación de la idea de Sun Yat-sen de que, bueno, vamos a tener que gravar la tierra.

Era seguidor de Henry George en lo que respecta a la idea del impuesto sobre la tierra. Eso fue, en un principio, lo que se denominó «socialismo chino», que se convirtió en «comunismo chino» y que condujo a una escisión en 1921. Pues bien, China dijo: «De acuerdo, todo eso pertenece al pasado. Vamos a permitir que cualquier ciudad, ya sabe, se desarrolle. Y podrá desarrollarse porque, como sabe, tiene el control sobre todo el suelo de su zona».

Y puede arrendar —por supuesto, el Estado es propietario de todo el suelo—, pero puede arrendar este suelo a promotores inmobiliarios. Y los promotores le pagarán por arrendar el suelo para construir viviendas y edificios de oficinas para su ciudad. Y puede utilizar el dinero que le paguen para prestar servicios públicos a su ciudad, pueblo o localidad, con el fin de dotarla de lo necesario para su desarrollo.

Y vamos a observar cómo se desarrollan todas sus localidades y ciudades, y veremos que gane la mejor de todas. Bueno, se esperaba que eso fuera una especie de evolución darwiniana. Pero, ¿qué ocurría con la financiación de todo esto? Pues bien, las ciudades concedían a un promotor el derecho sobre una parcela de terreno.

Los promotores se preguntaban entonces: «Bueno, ¿cómo vamos a conseguir el dinero para construir estos edificios?». Pues bien, pedían un préstamo a un banco. Y el Banco Popular de China creaba el dinero y financiaba su propio —digamos— sistema bancario comercial, local e institucional. Y los bancos decían: «De acuerdo, ¿cuánto va a costar construir este inmueble?

Le prestaremos el dinero». Y así, China financiaba la construcción. Y, según la visión del mundo china, todo era material. Se trataba de una idea muy hipermaterialista del desarrollo económico que afirmaba: pues bien, estos edificios tienen un coste, por lo tanto tienen un valor, el coste de producción. Y estamos proporcionando a los bancos dinero suficiente para construir todos estos edificios por su valor, el coste que supone producirlos. Ahora bien, lo que no tuvieron en cuenta fue que, sí, tienen un valor, pero no tienen un precio. Y, de repente, el precio resulta ser mucho menor que el valor.

No había ningún precio porque todos estos edificios se construyeron sin más. Se ven todas esas imágenes de gigantescos edificios inmobiliarios construidos, aparentemente, en medio de la nada, sin nadie que viva en ellos. Pues bien, eso es lo que ocurrió con Evergrande. Y cualquier promotor inmobiliario estadounidense acudirá a un banco y solicitará un préstamo para construir un edificio por el importe necesario para sufragar la construcción, la mano de obra y los gastos.

Y los bancos se asegurarán de que, al final, se les pague. ¿Y qué hacen? Dicen: «De acuerdo, va a publicar un folleto informativo, ya sea para las cooperativas, los pisos en propiedad o las viviendas de alquiler». Y justo por aquí, en Forest Hills, a una manzana de donde nos encontramos ahora, hay un edificio nuevo, ya sabe, que se construyó con crédito bancario y ahora se alquilan las viviendas o se venden los pisos en propiedad para que el promotor obtenga beneficios.

Pues bien, obviamente, los bancos mantienen a los promotores bajo un estricto control financiero y les dicen: «Tienen que demostrar que existe un mercado para lo que están construyendo». Tienen que conseguir que la gente se inscriba y diga: «Sí, aquí está nuestra entrada de unos cuantos miles de dólares, nuestro compromiso serio, para demostrar que vamos a comprar un piso en el edificio que están construyendo».

Ya sabe, «aquí está su plan. Hemos visto que el edificio se está construyendo de verdad, ya sabe, a nosotros nos parece bien». Quiero decir que lo que hoy en día se denomina «edificio de lujo» es una porquería. Es como cuando Trump construye sus edificios, con las paredes más baratas posibles y materiales de mala calidad, pero se les llama «de lujo» porque tienen un precio como si fueran edificios de lujo.

Pues bien, en China no existía esta restricción entre precio y valor. Y es que a los economistas y planificadores financieros chinos no se les enseñó la diferencia entre precio y valor de la que hemos estado hablando. Cómo ser un buen parásito. Sí. Cómo obtener una plusvalía. Nunca pensaron en la plusvalía, y por eso Evergrande sufrió esta enorme pérdida de capital. Y ahora China se pregunta: «Bueno, ¿quién va a asumir el coste de todos estos edificios que se han construido y muchos de los cuales han quedado a medio terminar? Algunos están construidos y terminados». ¿Qué va a pasar con los bancos que han prestado el dinero para estos edificios que tienen un valor de coste, pero no un precio de mercado?

¿Qué vamos a hacer? Bueno, dicen que probablemente estén dispuestos a dejar que los bancos quiebren, pero ¿qué pasa con los depositantes de los bancos? Tendrán que contar con algo parecido a un seguro de depósitos. ¿Y qué hay de los pequeños inversores, en contraposición a los grandes inversores? Se están creando equipos de resolución de deuda por toda China que se preguntan: «¿Cómo vamos a gestionar esto de una forma que se considere moralmente justa entre los acreedores, los ahorradores que aportan los ahorros a los acreedores y los banqueros que conceden préstamos a estas empresas inmobiliarias que no asumieron la responsabilidad de crear un mercado, ya que eso no se consideraba un problema de ingeniería. Se consideraba un problema económico, pero no no habían recibido formación en Estados Unidos sobre cómo abordar el desarrollo inmobiliario. Ese fue el talón de Aquiles de la economía china. En este momento. Y he dedicado los últimos 10 o 15 años de mis visitas a China y de mis conferencias allí a intentar dejar esto claro.

Y amigos míos como David Harvey han dicho lo mismo. Miren, les preocupa que esto sea una crítica al partido. Bueno, nosotros no estamos diciendo esto para criticar al partido. Lo que decimos es que así es como se supone que el capitalismo industrial debe desarrollar su sector inmobiliario. Se supone que todo el mundo debe obtener una remuneración garantizando que exista un mercado para ello.

Para eso obtiene sus beneficios el capitalista industrial: evaluando el mercado para poder realizar una inversión que lo desarrolle y genere beneficios o, en el sector inmobiliario, un margen de beneficio inmobiliario, una plusvalía, es decir, una revalorización del precio del suelo. Pues bien, esa dimensión no formaba parte de la planificación china, algo que, al menos, sí ha formado parte de la de Estados Unidos.

Pues bien, en Estados Unidos tampoco se gana mucho dinero actualmente con la construcción de nuevos edificios. Pero se enfrentan a unos tipos de interés elevados provocados por la crisis del petróleo y la guerra del petróleo, así como por la descabellada política arancelaria que ha dejado a la industria estadounidense fuera del mercado mundial debido al arancel del 50 % impuesto por Trump a cualquier producto que contenga acero o aluminio —lo que significa prácticamente todo lo que se fabrica, lo que está provocando inflación y, por lo tanto, las tasas de interés están subiendo. Esto ha hecho que resulte casi imposible para los asalariados, los recién licenciados universitarios de entre 20 y 30 años, incluso de más de 30, solicitar una hipoteca para un piso nuevo en el que vivir. Entonces, ¿quién está comprando los inmuebles ya existentes? No son los asalariados ni los recién licenciados, sino estos enormes conglomerados inmobiliarios, como Blackstone, que los están adquiriendo y están convirtiendo a Estados Unidos, de ser una economía basada en propietarios de clase media, de nuevo en una economía de arrendadores, como solía ser en las grandes ciudades, como Nueva York. Y eso va a aumentar enormemente el coste de la vida en Estados Unidos, porque no se puede entrar en la espiral de los precios inmobiliarios al alza, inflados por los bancos que conceden cada vez más crédito para apalancar un auge de los precios inmobiliarios, que es lo que ha creado la riqueza de la clase media estadounidense.

Todo ello ha generado un auge de los precios del suelo para la clase media, no de valor. Todo ello ha formado parte de lo que ha acabado convirtiendo a toda la economía en lo que antes se denominaba un esquema Ponzi y que ahora se conoce como capitalismo financiero estadounidense.

Multimillonarios y concentración de la riqueza

Robinson Erhardt: Michael, siempre me sorprende su dominio, no solo, obviamente, de la teoría económica de lo que está comentando, sino también de la historia, que se remonta hasta Hammurabi. Pero me gustaría dedicar un tiempo a hablar de la actualidad y de las figuras del momento , y me pregunto si cree que hay algún multimillonario actual, o incluso algún «trillonario», alguien así a quien considere emblemático de la clase rentista parasitaria.

Michael Hudson: Bueno, el proceso mismo de convertirse en multimillonario es lo que antes se denominaba parasitismo. Si se analiza la economía de Estados Unidos desde 2008, al final del año en que Obama asumió el cargo, el 40 % de la riqueza estadounidense se sitúa en cero absoluto en la base de la pirámide. El siguiente 40 % ha experimentado un aumento muy leve.

Casi toda la riqueza que se ha creado corresponde al 10 % más rico, la mayor parte de ella en manos del 1 %, y la mayor parte de este, en manos del 0,1 %. Así pues, todo este crecimiento se ha concentrado en un grupo muy reducido. Esto es lo que antes se denominaba una oligarquía. Y las oligarquías son oligarquías rentistas. En ningún momento de la historia —desde Grecia y Roma hasta la Edad Media— han obtenido sus ganancias mediante la producción de bienes.

No son como Andrew Carnegie, que creó principalmente sus empresas siderúrgicas. Se gana dinero en el ámbito financiero e, incluso si se obtiene dinero a través de la propiedad financiera de una industria, se intenta crear un trust siderúrgico no produciendo acero como monopolio, sino para obtener rentas de monopolio por encima de los beneficios de monopolio. Así pues, mientras que Marx afirmaba que, pues bien, el industrial obtiene beneficios desarrollando un mercado, mientras que el capitalista financiero los obtiene comprando todas las empresas industriales, creando un monopolio y añadiendo toda una capa de renta monopolística por encima de los beneficios industriales. Así pues, el gran crecimiento en la creación de toda esta riqueza —que ha aumentado en gran medida mediante el incremento de los préstamos bancarios garantizados por ella—; toda esta riqueza que ha crecido, es una capitalización de los ingresos que se destinará a pagar los intereses para mantener los préstamos. Y estos intereses son renta de la tierra, renta de monopolio, ganancias financieras e intereses de otros préstamos concedidos.

Así pues, lo que respalda toda esta riqueza que se ha creado no es la construcción de nuevas fábricas, industrias, explotaciones agrícolas ni medios de producción. Se trata exclusivamente de ingresos rentistas. Por lo tanto, es la mentalidad de convertirse en multimillonario, y especialmente en un multimillonario de 10 milmillonario, y más aún un 20-milmillonario. Cuantas más decenas de mil millones gane, más ganará financieramente, no por desempeñar un papel en la industria, elevar el nivel de vida o crear un producto real, sino por aumentar lo que la economía tiene que pagarle a cambio de los privilegios que se está labrando para sí mismo.

La influencia política de Trump y la captura regulatoria

Robinson Erhardt: Y Michael, ¿hay algún multimillonario en concreto del que podamos hablar como caso de estudio de alguien que sea un parásito económico?

Michael Hudson: Supongo que hay muchos tipos diferentes de parasitismo. No no estamos hablando de un único tipo de todo esto. Donald Trump amasó su fortuna, sin duda, como rentista, como beneficiario de rentas, pero ni siquiera como financiero o como propietario inmobiliario, sino por ser presidente y por representar a la clase de los propietarios y toda su forma de generar ingresos rentistas.

Ha ganado dinero de diversas maneras gracias a un privilegio monopolístico concreto. Por ejemplo, como presidente, puede conceder indultos por delitos. Así pues, se ha dirigido a importantes traficantes de drogas, estafadores financieros y delincuentes y les ha dicho: «Bueno, ya sabe, ha ganado mucho dinero y, como consecuencia, ha tenido que ir a la cárcel».

Pero han ganado, bueno, miles de millones de dólares. Y seguro que no quieren pasar el resto de su vida en una prisión federal. Den gracias por no estar en una prisión estatal, sino en una federal. Pero, ¿cuánto me pagarán para que les conceda el indulto? Bueno, él no lo dice así.

Tiene agentes que dicen: «Hablen con sus agentes». Oh, no, eso no es un soborno. ¿Cuánto van a aportar? Bueno, aportan y obtienen un indulto. Quiero decir, supongo que Bill Clinton inició todo este asunto al conceder el indulto a la empresa que compró todo el capital fugitivo de los cleptócratas rusos en Letonia. Marc Rich. El indulto a Marc Rich, ya sabe, es un ejemplo típico de ello. Si es usted presidente, puede ganar dinero gracias al privilegio de vender lo que monopoliza: la capacidad de controlar el Departamento de Justicia. Puede acudir a sus donantes de campaña y decirles: «Ya saben, soy como cualquier otro político».

Todos los políticos intentamos ganar dinero gracias a los privilegios que nos permiten redactar las leyes que les harán ricos. Ahora bien, si les representamos, ¿qué quieren que hagamos para elaborar las leyes que les permitan enriquecerse más rápido? ¿Qué tenemos que desregular para evitar que hagan trampa? Lo que antes se llamaba «hacer trampa» ahora se llama, bueno, simplemente se llama «ganar dinero».

Robinson Erhardt: Sí.

Michael Hudson: Hemos privatizado el delito. Así que, si privatizamos lo que antes se llamaba delito, ¿qué nos aportarán ustedes? Y él elaboraría toda una lista. Y entonces dijo: «De acuerdo, invítelos a todos a Mar-a-Lago». Y, si se fijan, sus invitados son los multimillonarios más acaudalados, especialmente del sector de las tecnologías de la información y la inteligencia artificial.

¿Y de qué hablan? Pues, en primer lugar, ¿qué leyes quieren para que no se les regule, para no tener que asumir ninguno de los costes de los daños que están causando, los costes de recuperación para la economía en su conjunto? Pues bien, y eso nos lleva a sus donantes de campaña, no solo para Donald Trump, sino para los políticos que tanto los republicanos como los demócratas han creado como parte de la privatización del proceso de financiación política, la sentencia del Tribunal Supremo que establece que las empresas y los comités de acción política (PAC) son personas; se puede crear todo lo que se quiera. La sentencia Citizens United. Pues bien, los demócratas han superado esencialmente a Trump a la hora de sistematizar este mismo proceso para el Senado y la Cámara de Representantes. Y cuanto más dinero se pueda generar, más se puede decir a sus donantes: si forma parte de la Comisión de Recursos Naturales, acuda a la industria petrolera y dígales: «Bueno, ¿quieren que seamos los líderes de los representantes demócratas en la Comisión del Petróleo o, si se trata de la Comisión Ferroviaria, todas las distintas comisiones que se ocupan de sectores concretos se subastan por parte del Partido Demócrata, y a los senadores y representantes que aportan más dinero al Comité Nacional Demócrata se les concede la presidencia o la vicepresidencia de la dirección demócrata de las comisiones que regulan dichos sectores. A eso se le denomina «captura regulatoria». En esencia, todo este sistema de captura regulatoria consiste en un privilegio de los políticos para obtener rentas, que les permite reescribir las leyes con el fin de que los multimillonarios se apropien de las comisiones reguladoras que se supone que deben supervisarlos, de modo que sean ellos quienes los regulen, y no el Gobierno.

Y, en esencia, se trata de una privatización. Antes se denominaba «criminalización del proceso electoral». Antes se denominaba «soborno». Y Hollywood solía rodar películas en las que se desenmascaraba a un político por aceptar un soborno para construir un ferrocarril, a instancias de un determinado donante de la campaña de un gobernador local de un estado o algo por el estilo.

Pues bien, todo eso se ha normalizado. El delito es, en realidad, este tipo de delito por parte de los políticos, y todo ello se incluye en el PNB. Por lo tanto, resulta un tanto hipócrita no incluir todo el sector delictivo como parte de las cuentas de la renta y el producto nacionales estadounidenses, ya que gran parte de los ingresos se genera a partir de lo que antes se denominaba delito y ahora se redefine como «mercado libre» y «democracia estadounidense» —en gran medida, se denominaba «pagar para jugar»—.

Pues bien, ese pago no es un coste inherente a la producción. Se trata de un privilegio de extracción de renta económica por parte de los políticos, que se financia con los privilegios de monopolio, el precio y los ingresos derivados de los privilegios de extracción de renta monopolística que los políticos otorgan al sector privilegiado de los multimillonarios que se benefician de dicha renta. Es un flujo circular.

Robinson Erhardt: Siguiendo con este debate, en particular tomando a Donald Trump como caso de estudio, me pregunto hasta qué punto considera usted algunos de esos acontecimientos actuales que ya he mencionado —las guerras del petróleo en Irán, en Rusia, lo que estamos haciendo en Venezuela— cómo los considera ejemplos de las formas en que alguien como Donald Trump o las personas a las que representa son capaces de aprovechar su parasitismo de la economía para obtener beneficios personales.

Michael Hudson: El parasitismo de cualquier político consiste en su intento de obtener un beneficio para sí mismo a partir de la privatización, mucho más amplia, de los privilegios monopolísticos de la industria petrolera. Creo que Donald Trump tiene sus propias empresas creadas —bueno, por ejemplo, ha creado su propia criptomoneda mediante la práctica financiera habitual del «pump and dump».

Dijo: «Voy a crear una criptomoneda. Pueden estar seguros de que, con la marca Donald Trump, va a ser igual que las casas que construyo». Bueno, no dijo «igual que la chatarra que construyo en mis casas», tal y como me han descrito sus arquitectos lo que está construyendo. Pero consiguió que los incautos compraran la criptomoneda; aplicó la estrategia de «inflar y vender», el precio se disparó, y luego vendieron todos sus acciones y dejaron a los incautos, a los compradores de MAGA, cargando con las pérdidas.

Pues bien, Trump tenía su propia empresa de criptomonedas y todo eso, y otras empresas le recompensaban regalándole a Melania un contrato para un gran libro o una biografía cinematográfica.

Robinson Erhardt: Creo que Amazon financió un documental sobre Melania, y se consideró una especie de soborno para Donald Trump, aunque se presentara con otro nombre.

Michael Hudson: Esto es lo que los japoneses denominaban «descenso del cielo». En otras palabras, una vez que dedica su carrera política a servir al sector financiero o, en Estados Unidos, al sector militar e industrial. Por ejemplo, en el caso de la Fuerza Aérea y el Ejército de los EE. UU., el «descenso del cielo» se produce cuando es un general que ha estado impulsando todo este elevado gasto en armamento de EE. UU., puede esperar que, al jubilarse, le nombren para un puesto cómodo como director de una de las grandes empresas de armamento.

O si está en el Departamento de Estado, como el secretario de Estado de Bush. Todo esto es el «descenso del cielo». Puede que no reciba una remuneración en ese momento, pero se espera que obtenga la recompensa en un puesto privado de alto nivel en el sector privado, como asesor privado, a cambio de todos los favores que ha hecho, en su caso, a la industria petrolera. En la guerra de Irak, a la industria armamentística, ya sabe, para todos los soldados, hay todo tipo de formas de recompensa. Todas ellas son una recompensa por el privilegio de estar en una posición que permite corromper el proceso democrático estadounidense, vendiendo el poder regulador —que debería pertenecer al sector regulador autónomo del Gobierno— a los candidatos propuestos por las empresas para ocupar los puestos de reguladores de los sectores que se supone que deben ser regulados, ya sea el financiero, el siderúrgico, el inmobiliario o cualquiera de los demás sectores regulados, como el sanitario o cualquier otro.

La propiedad intelectual en materia de IA y los costes sociales

Robinson Erhardt: ¿Cómo se entrecruza el sector tecnológico —y, en particular, la inteligencia artificial— con la clase rentista y la parasitación de la economía? Porque considero que el sector tecnológico es muy activo, tanto a nivel industrial —con la construcción de plantas para, por ejemplo, la fabricación de chips— como en la producción de propiedad intelectual.

Michael Hudson: Pues bien, la propiedad intelectual es una forma de extracción de renta. Significa que le estamos pagando, pagándole por nuestros derechos de propiedad para poder cobrarle lo que queramos sin tener en cuenta la relación entre el coste real de producción y el valor. La propiedad intelectual es la capacidad de obtener un precio de mercado por el acceso a lo que usted controla, por encima del coste de producir el producto en sí.

Así pues, una vez más, el análisis del valor y el precio —siendo la renta económica la disparidad— es la clave para analizar todo esto. Todos estos son eufemismos para diversas formas de extracción de renta. Y cuando se habla del coste, podría tratarse del coste de la producción de petróleo. ¿Y qué hay del coste de contaminar el suministro de agua o de la contaminación medioambiental?

¿Cuáles son los costes que la sociedad va a tener que pagar por el calentamiento global como consecuencia del petróleo, el carbón y el gas, todos ellos combustibles basados en el carbono? Pues bien, la sociedad va a asumir todo ese coste, no las empresas petroleras. Se trata de lo que se denomina «costes externos», que no figuran en el balance de las empresas. Ahora bien, la controversia en el Congreso y el debate público sobre la inteligencia artificial se centran en que esto va a causar muchos problemas a la economía en general. Muchas personas van a perder sus puestos de trabajo, habrá desempleo, pero también se producirán muchos desastres causados por el principio de «basura que entra, basura que sale». La inteligencia artificial solía denominarse «basura que entra, basura que sale».

Se introduce información y le indica a un programa informático de búsqueda exhaustiva que revise todo Internet y le informe de lo que está sucediendo. Y el ordenador respondía: «Bueno, si está en Internet, tiene que ser cierto». Así pues, lo que se obtiene en Internet, se denomina «fantasear». Bueno, ¿cómo fantasea Internet? Pues bien, alguien la programa para que fantasíe.

La máquina no tiene realmente la capacidad de soñar ni de fantasear. Eso es ciencia ficción. Pero alguien ha escrito el programa que le ordena tener precisamente esa misma visión de túnel irreal que tiene: inteligencia automática. Al igual que Internet está muy censurada por las personas que controlan lo que hay en ella, las personas que controlan la CBS, el Canal 2 ahora, por ejemplo; quiero decir que todos los medios de comunicación están siendo censurados.

Ya sabe, se han convertido en algo de lo que se podría decir que todo está siendo escrito por inteligencia automática, pero no es lo que antes se consideraba inteligencia: programación informática que se rige por el principio de «si entra basura, sale basura». Bueno, no existe una supervisión real. Y Trump ha prometido que no vamos a tener supervisión federal. Esto es competencia de la empresa privada. Que florezcan cien flores. Hagan lo que quieran. Provocan el desastre que quieran. No tendrán que pagar por ello. El pueblo lo pagará. Eso es la democracia.

Multimillonarios en China y Rusia

Robinson Erhardt: Hemos hablado mucho, digamos, de los multimillonarios estadounidenses, como Donald Trump, en el pasado. Hay algo que me intriga: en las últimas décadas, China también ha sido testigo del auge de su clase multimillonaria. Asimismo, ha experimentado un auge en su industria tecnológica. Me pregunto cómo ha coincidido el auge de estos dos fenómenos con la resistencia de China a una economía financiarizada, tal y como ha ocurrido en Estados Unidos.

Michael Hudson: Se ha resistido a una economía financiera. Los multimillonarios más ricos se encuentran en Hong Kong. Por eso, hace más de una década, China envió a un supervisor para que intentara resolver qué hacer con todos esos multimillonarios del sector inmobiliario de Hong Kong. Pues bien, un amigo mío, un «princeling» chino, un multimillonario, me contó que fue a Hong Kong y se sintió socialmente avergonzado porque había había ganado mil millones de dólares partiendo casi de la nada en Estados Unidos, en gran parte gracias a préstamos del Chase Manhattan para comprar inmuebles.

Y cuando su préstamo entró en mora, el Chase le condonó la deuda. Le dijeron: «Bueno, ya sabe, le dimos un mal consejo, aquí tiene otro préstamo». Pero cuando fue a Hong Kong, se encontró con toda esa gente que tenía entre 5.000 y 6.000 millones de dólares. Se sintió superado por ellos. Pues bien, China no ha sido capaz de poner freno a los multimillonarios chinos, y el regulador chino que fue enviado allí para intentar controlar el sector inmobiliario dijo: ya sabe, la verdad es que le daba demasiada vergüenza contarme la historia, pero le dijeron simplemente: «No interrumpa». Queremos mantener buenas relaciones con Hong Kong, refiriéndose a los multimillonarios que están al mando de Hong Kong. Pues bien, China ha permitido que personas como Jack Ma ganen mil millones de dólares, junto con otros multimillonarios del sector tecnológico y del inmobiliario. En cierto modo dijeron: «De acuerdo, puede ganar mil millones de dólares, pero en realidad no puede ganar más que eso.

Y si se vuelve demasiado arrogante, ya sabe, somos conscientes de que, si gana demasiado dinero, se volverá arrogante y querrá ejercer influencia sobre la economía y sobre cómo invertimos y gastamos nuestro dinero. Querrá ejercer una influencia que, en nuestra opinión, debería recaer en los miembros del partido. Así que puede haber un multimillonario, pero tendrá que gastar su dinero en los ámbitos que considere acordes con lo que el Partido Comunista le recomienda que haga con él.

Así pues, tratan a sus multimillonarios de forma muy similar a como el presidente Putin está intentando apropiarse del legado de los cleptócratas rusos que surgieron a raíz del neoliberalismo de los años 80 y 90 en Rusia, y dijo: «Muy bien, ya sabe, puede utilizar su dinero. Ahora Occidente se ha quedado con todo su dinero». Así pues, se ve que sacar el dinero de Rusia para invertirlo en Occidente no va a funcionar, porque ya se lo han quedado todo.

Pero si va a mantener su dinero en Rusia, tendrá que invertirlo siguiendo políticas que estén en consonancia con, ya sabe, lo que consideramos nuestro plan para el desarrollo de Rusia. Así pues, se ha producido una cooptación de los multimillonarios en Rusia y China que no ha tenido lugar en Estados Unidos. En Estados Unidos reina el «sálvese quien pueda», porque China ha impedido que los multimillonarios se conviertan en la propia dirección del Partido Comunista.

La dirección está compuesta, en gran medida, como ya he dicho, por científicos e ingenieros que han decidido: «¿Qué necesitamos?». Se parece mucho a la primera medida de Lenin con la revolución comunista en Rusia tras 1917. Dijo: «El comunismo ruso es la electrificación». Y añadió: «Se trata de una cuestión técnica. Nosotros, los comunistas, el Estado, vamos a invertir nuestro dinero en electrificar toda la economía rusa».

Bueno, eso se podía hacer con los monopolios naturales, como la electricidad, las carreteras o el transporte, pero no resultaba muy eficaz para desarrollar la industria con la misma eficiencia que la inversión capitalista privada. Por eso, incluso las economías socialistas funcionan mejor como economías mixtas, y China es consciente de ello. La parte estatal de la economía socialista se dedica a los monopolios naturales, incluida la creación de dinero y la banca, pero permite que se desarrolle una economía industrial próspera, no a través de monopolios que aumentarían los costes.

Los monopolios —según me han dicho— son muy despiadados en China. Ya sabe, se puede intentar desarrollar un monopolio, pero vamos a fomentar la competencia mucho más de lo que lo ha hecho Estados Unidos ahora que, en cierto modo, se ha deshecho de la normativa antimonopolio que mantuvo durante un siglo.

La riqueza petrolera de las monarquías del Golfo y Estados Unidos

Robinson Erhardt: Sé que Oriente Medio no es su área de especialización tanto como lo son Estados Unidos y, últimamente, China o América Latina, para el caso. Pero cuando pienso en zonas del mundo con una alta concentración de multimillonarios, pienso en Estados Unidos, pienso en China, pienso en Rusia, pero también pienso en lugares como Arabia Saudí, Catar o los Emiratos Árabes Unidos. Y me pregunto cómo ve usted el funcionamiento de los multimillonarios en esas sociedades en comparación con los que ya hemos comentado.

Michael Hudson: Se trata de multimillonarios de tipo feudal. No son multimillonarios capitalistas. Pero, como he dicho, los capitalistas industriales de Europa querían hacer fortuna convirtiendo al resto del mundo en productores de alimentos y materias primas. Así pues, Gran Bretaña y Francia se centraron en hacerse con el control de Oriente Medio.

Y para ello seleccionaron a las familias más corruptas y susceptibles de ser compradas, y consideraron que la familia de Arabia Saudí era la más feudal y bárbara: los Saud, vinculados a través de su historia familiar con los wahabíes, la gente del ISIS, los terroristas. Y dijeron: «Bueno, necesitamos oligarquías locales clientelistas o reyes y emires clientelistas.

Así que vamos a permitir que estos gestores clientelistas de Asia Occidental —el nuevo término para lo que antes se denominaba Oriente Medio— tomen el control y nos aseguraremos de que gestionen sus economías de tal forma que los occidentales —y, cada vez más, Estados Unidos— puedan ser los principales beneficiarios del petróleo. Por eso, tanto la familia saudí como los Emiratos Árabes estaban a favor de subir los precios del petróleo en 1975.

Aparentemente, estaban enfadados por el apoyo estadounidense a Israel. Pues bien, las compañías petroleras estadounidenses dijeron: «Esta es nuestra bonanza. En Estados Unidos podemos producir nuestro petróleo y nuestro gas a un bajo coste de producción, y la OPEP va a establecer precios de monopolio para el petróleo. Eso es estupendo. Cuando John D. Rockefeller intentó establecer precios de monopolio para el petróleo, la filosofía antimonopolística de Estados Unidos desmanteló la Standard Oil en todas sus partes componentes.

Pero ahora todas nuestras partes constituyentes, muchas de las cuales se están reorganizando en el antiguo monopolio de Standard Oil. No somos monopolistas, simplemente seguimos los precios mundiales que fija el monopolio de la OPEP. Así que, por supuesto, vamos a dejar que los saudíes y el Emirato de los reyes —en realidad, son señores feudales. Quiero decir, esto es lo que antes se llamaba una sociedad bárbara, pero que ahora se denomina democracia estadounidense.

Arabia Saudí, los Emiratos… son nuestros «bastardos», como solía decir el presidente Johnson. Bueno, el asunto con Arabia Saudí es que, muy bien, ¿qué va a hacer Arabia Saudí con todos esos miles de millones de dólares que la OPEP ganó al subir el precio del petróleo a los niveles que le convenían y al crear las rentas petroleras equivalentes para las empresas estadounidenses de petróleo y gas?

Pues bien, Arabia Saudí invirtió en bancos estadounidenses, en bonos del Tesoro de EE. UU., en bonos estadounidenses y en acciones estadounidenses. Envió su dinero a Estados Unidos y también un poco a Europa. Y luego empezó a gastar todo ese dinero creando ese monstruo tecnológico desmesurado que es el sector inmobiliario, inmuebles de lujo en medio de lo que antes era un desierto. Inmuebles de lujo e industria donde no pintan nada.

Quiero decir que no hay justificación alguna para todo esto. En esencia, malgastó su dinero gastándolo en Occidente. Así pues, en este momento, ¿cuál es la situación de estos multimillonarios petroleros saudíes? Bueno, sí, cuentan con miles de millones de dólares en inversiones, pero, por lo que he leído en las noticias, parece que se les ha ordenado que no vendan sus bonos estadounidenses ni sus participaciones en EE. UU. No están pagando a nadie. Y, sobre todo, el actual MBS, bin Salman, ha interferido en toda la idea saudí de que, vale, los Saud van a ser el clan dominante que dirija Arabia Saudí, pero vamos a compartir nuestra riqueza con el resto de los clanes, la mayoría de los cuales se encuentran más al este, donde están la mayor parte de los yacimientos petrolíferos de Arabia Saudí y que, de hecho, se sitúan en una zona mayoritariamente chií.

Así pues, Arabia Saudí está diciendo: «Bueno, ya saben, no podemos permitirnos pagar al resto de clanes lo que habíamos hecho inicialmente, ya que hemos vinculado nuestro destino al de Estados Unidos y ahora hay una guerra del petróleo, y la guerra de EE. UU. está llevando a que Irán arrase con todas las bases militares estadounidenses aquí.

Así que, de repente, Estados Unidos ya no es Estados Unidos. Los saudíes pensaron: «Bueno, si nos gastamos todo nuestro dinero en Estados Unidos, estamos estamos creando una simbiosis entre nuestra economía y Estados Unidos, y Estados Unidos está obteniendo, por supuesto, cientos de miles de millones, billones de dólares de todo esto, pero nosotros estamos consiguiendo suficientes multimillonarios como para convertirnos en reyes de nuestro reino atrasado. Y Arabia Saudí y los Emiratos son probablemente los reinos más atrasados de todo el mundo en este momento, debido a su podrida barbarie wahabí.

Quizá deberíamos eliminar esto o alguien intentará dispararme. Pero, en cualquier caso, hay toda una lucha. Todo esto está a punto de desmoronarse ahora mismo. Y así, todos esos multimillonarios que tienen… los multimillonarios también pueden arruinarse. Los multimillonarios pueden perder su dinero. Y parece que los saudíes se están arruinando.

Parece que los Emiratos se están arruinando. Y la sensación generalizada en toda Asia Occidental es que toda la zona del Golfo Pérsico está madura para una revolución contra el colonialismo. Todos estos Emiratos, desde Arabia Saudí hasta los Emiratos, pasando por Baréin y Catar, todas ellas eran familias seleccionadas —muchas de las cuales están emparentadas entre sí—, elegidas por Gran Bretaña y Francia tras la Primera Guerra Mundial, cuando se trazaron las nuevas fronteras nacionales, hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando el petróleo empezó a desempeñar un papel cada vez más importante. Todo esto se ha transformado en estos momentos, y el terreno está maduro para una revolución. Y va a producirse la revolución anticolonial definitiva que ya se inició en gran parte del resto del mundo. Supongo que se podría decir que comenzó en Haití a principios del siglo XIX, al comprar su libertad y acabar en la ruina al perder su independencia financiera y su libertad. Brasil, México, luego Grecia y partes del Imperio Otomano, los países asiáticos. Ahora los países africanos están plantando cara al colonialismo francés y a sus reyes y dictaduras títeres. Estamos asistiendo al fin definitivo de la economía dual: las economías industriales «civilizadas» de Occidente y las economías atrasadas que no eran en absoluto economías en desarrollo, sino economías no industriales en la gran mayoría de los países del mundo.

Ese era el plan del capitalismo industrial para obtener beneficios: no solo mediante las ganancias industriales, sino también mediante la extracción de rentas de la periferia, de todo ello. Todo eso está llegando a su fin en estos momentos, poniendo fin a las fortunas de los multimillonarios y al control feudal de los recursos naturales y las rentas de los recursos en Oriente Medio, Asia Occidental y África, tal y como ya había concluido en la propia Europa Occidental.

Democracia, oligarquía y política exterior

Robinson Erhardt: Michael, históricamente, al menos digamos que durante los últimos 50 o 75 años, la historia que se nos ha contado es que lo que impulsa las alianzas y los movimientos políticos a nivel internacional es algo así como la búsqueda de —al menos desde la perspectiva de Estados Unidos— promover la democracia en el extranjero. No nos gusta el comunismo. No no nos gusta el totalitarismo. Queremos promover los buenos valores. Pero lo que me pregunto es: ¿hasta qué punto, no solo cree usted que eso ha sido cierto durante los últimos 50 a 75 años, sino hasta qué punto está cambiando ahora en una dirección aún más diferente, hasta el punto de que, de forma más descarada, simplemente esté impulsado por el dinero y las conexiones personales?

Michael Hudson: Bueno, la característica distintiva de toda la civilización occidental ha sido, y siempre ha sido, una oligarquía. Y se consideraba que la Revolución Industrial promovía la reforma democrática porque la oligarquía dominante era la clase financiera. Junto con la clase industrial en auge, tuvieron que deshacerse de la aristocracia terrateniente que impedía que Inglaterra fuera el taller del mundo. Y la clase financiera —David Ricardo y sus hermanos tenían una empresa financiera—

eran los grandes suscriptores, por ejemplo, de que Grecia se endeudara en el extranjero para contraer una deuda externa denominada en libras esterlinas con el fin de conquistar su independencia frente al Imperio Otomano. La clase financiera respaldó a la clase industrial en su oposición a la clase terrateniente, ya que esta última no constituía en sí misma un mercado para la clase bancaria. Industria y comercio.

Y la clase financiera consideraba la Revolución Industrial no tanto como una forma de producir bienes y servicios industriales, sino como una forma de exportar bienes y servicios industriales desde Europa a cambio de materias primas y alimentos de otros países; además, la clase financiera había encontrado su gran mercado en el comercio internacional y en el comercio de divisas. Así pues, se produjo un enfrentamiento entre la oligarquía financiera y la industrial.

Pero para ganar esta lucha contra la aristocracia terrateniente, tenían que acabar con el control que esta ejercía sobre el Parlamento y sobre la Cámara de los Lores, y para ello era necesario el voto. Así pues, ampliaron el derecho al voto a los trabajadores. Y, en ese sentido, el trabajo y el capital fueron de la mano en la lucha contra la clase terrateniente.

Pero eso fue más o menos todo. Nunca se trató de dar realmente a los trabajadores un interés en promover sus propios intereses. No era ese tipo de democracia. Y por eso la industria luchó tan violentamente en Estados Unidos contra la sindicalización de los trabajadores, disolviendo huelgas y desmantelando sindicatos, para impedir la democracia. Así pues, siempre ha sido una oligarquía. Pero como la mayoría de la gente dice que quiere democracia, los políticos siempre han dicho: «Les daremos lo que quieren», o al menos «les daremos la palabra y la etiqueta que desean, si no la esencia que hay detrás de esa etiqueta».

Así que les daremos lo que llamamos democracia y, por supuesto, tendrán que conformarse con lo que les demos. Pues bien, obviamente, ¿qué ha hecho Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial? Ha creado dictaduras clientelistas, dictaduras militares y oligarquías por toda América Latina. Hizo todo lo posible para impedir cualquier tipo de reforma colonial democrática allí.

Luchó contra la reforma colonial, al igual que los europeos en América lucharon contra cualquier intento de reforma democrática nacional en África, razón por la cual se asesinó a Lumumba, y razón por la cual se asesinó al responsable de las Naciones Unidas que apoyaba esta causa. El asesinato siempre ha sido la herramienta oligárquica contra cualquier reformista democrático de sus propias filas, tal y como he descrito en mi obra *El colapso de la Antigüedad* sobre toda la historia romana del asesinato. Lo mismo ocurre en Estados Unidos. Asesinatos de la verdadera democracia. Lo único a lo que se opuso Estados Unidos justo tras la caída, la disolución de la Unión Soviética en 1971, fue asegurarse de que no hubiera democracia en Rusia. Así que enviaron equipos a Rusia para intentar impulsar a Yeltsin y lograr su reelección tras su asalto al Parlamento —ya sabe, cuando se subió a los tanques que atacaban el Parlamento—.

Lo mismo ocurrió en todos los países postsoviéticos , como Ucrania, donde, tras varias elecciones en las que Ucrania seguía eligiendo a un nacionalista que promovía lo que era, sin duda, una protodemocracia bajo control oligárquico, se celebraron tres elecciones… se siguieron cancelando las elecciones hasta que los ucranianos votaron por un líder democrático, lo que significa que el término «democracia» se redefinió como «proestadounidense». Y todo eso significa simplemente «proestadounidense», y, como creo que dijo Donald Trump en un momento dado cuando alguien le preguntó: «¿Es este un líder democrático al que está promoviendo?», Donald Trump respondió: «Bueno, yo lo nombré, y Estados Unidos es una democracia, así que, por supuesto, es un líder democrático».

Puede que esté parafraseando lo que dijo, pero esa es la esencia de todo el asunto. Lo único que Estados Unidos teme en cualquier país es la democracia. Contra eso va dirigida toda la operación de maniobras sucias de la CIA. Contra eso iba dirigida la Operación Gladio en Italia: impedir que la democracia italiana eligiera a los comunistas.

Eso es lo que supuso todo el asesinato de los comunistas griegos: impedir que los griegos —los partidos comunistas lideraban la resistencia contra los nazis— se convirtieran en una democracia. Y hoy en día tenemos a Estados Unidos respaldando el neonazismo en Ucrania y el neonazismo en Alemania. Bueno, por supuesto que eso no es democracia.

Creo que ya en la época de Andrew Jackson, en las décadas de 1920 y 1930, ya se denominaba «democracia ficticia» en aquella época. Así pues, los estadounidenses están muy familiarizados con el tema y han desarrollado todo un vocabulario para lidiar con las democracias ficticias, al tiempo que se dan cuenta de que «democracia» no es más que una palabra con la que se denomina a cualquiera que apoye sus políticas, por muy oligárquicas que sean; y hoy en día, por muy bárbaras que puedan ser en Arabia Saudí y los Emiratos Árabes —a los que llamamos nuestras democracias—, o en Argentina, que difícilmente puede considerarse una democracia, pero que allí se denomina «nuestra democracia».

Mi amigo, Craig Roberts, que fue subsecretario de Asuntos Internacionales bajo el mandato de Reagan, afirmó que Estados Unidos simplemente compró a los líderes europeos con enormes sobres de dinero en efectivo, lo cual es una especie de metáfora para referirse realmente a la creación de cuentas bancarias en paraísos fiscales y todo tipo de pagos. Dijo, ya sabe, no hace falta una revolución.

No hace falta disparar a la gente. Basta con que utilicemos todo nuestro sistema de organizaciones no gubernamentales; la Fundación para la Democracia, como ya sabe, básicamente actúa como cazatalentos para encontrar a los líderes más corruptos y y más susceptibles de ser sobornados que podamos encontrar. Personas que harán todo lo que les ordenen los financieros que han respaldado su ascenso y promoción a través del proceso político: los Tony Blairs del mundo y sus equivalentes alemanes y europeos en general.

Roberts afirmó que lo único que necesitábamos era dinero para comprarlos. Y eso es todo lo que hace falta. Y añadió que, en cierto modo, ¿qué hay más democrático que el poder del dinero? Cualquiera puede ponerse a la venta. ¿No es eso democrático? ¿Poner en venta a uno mismo, a su país y a sus creencias? Esa es su elección democrática.

Alternativas a la economía rentista

Robinson Erhardt: Bueno, Michael, hemos dedicado gran parte del día de hoy a hablar de la parasitación de la economía y de sus problemas. Y lo que me gustaría saber ahora es: nos hemos encontrado en esta situación. ¿Cómo salimos de ella?

Michael Hudson: En este momento no veo ninguna forma de que ni Estados Unidos ni Europa salgan de ella. Existe un estrangulamiento que ellos mismos han creado al financiarizar, en esencia, el proceso electoral, al financiarizar la industria y al crear intereses creados —término de Thorstein Veblen— en el sector inmobiliario y y de los intereses bancarios. Hicieron falta una revolución en Rusia y otra en China para deshacerse de estos intereses creados.

Y Estados Unidos está obligando a otros países a llevar a cabo una revolución con el fin de deshacerse de los intereses creados clientelistas, las oligarquías clientelistas y las dictaduras clientelistas que Estados Unidos ha creado en el extranjero. Creo que la revolución estará liderada por China y Asia, que generarán un efecto de demostración. El control de todo el sector inmobiliario, el control del crédito, la reducción de la población a la servidumbre por deudas y la servidumbre, así como la extracción de rentas.

La revolución fue liderada por los propios miembros de los clanes aristocráticos, no por los líderes, sino por los parientes lejanos que no podían beneficiarse demasiado de todo ello. Y, por utilizar la expresión de Aristóteles, incorporaron al pueblo, el demos, a su bando. Y el demos era tanto la infantería como el pueblo, ya que se trataba de un ejército popular.

Y fueron los miembros disidentes de los intereses creados dominantes los que provocaron el derrocamiento de las aristocracias más opresivas, como ya he dicho, en Corinto y en Esparta, y reformaron la propia revolución ateniense, que llegó más tarde y que avanzó hacia una de las democracias más extremas, ya que se trataba de uno de los países más polarizados y desiguales de todos.

Así pues, en algún momento serán los propios banqueros occidentales, los aristócratas y los principales grupos de interés los que digan: «Todo este desvío que hemos tomado, se podría decir que toda la civilización occidental y su desvío oligárquico, en realidad no ha funcionado. El socialismo es el camino del futuro, una economía mixta, una economía mixta público-privada. Con el Gobierno a la cabeza a la hora de impulsar el avance tecnológico y proporcionar las infraestructuras básicas; esa será la necesidad.

Vamos a intentar atraer a lo que queda del pueblo estadounidense a nuestro bando llevando a cabo, con suerte, una revolución pacífica aquí, ya que, en última instancia, también fue bastante pacífica en Corinto, Esparta y Atenas. Y, por lo tanto, creo que será cuando los propios grupos de interés digan que esto no funciona, «Hemos explotado al pueblo estadounidense tanto como hemos podido; hemos exprimido a la desdichada población europea, por lo que ya no tienen nada que ofrecer».

«Y ya no podemos seguir exprimiendo a Asia ni a la mayoría mundial, ahora que han adoptado lo que solía ser la estrategia de la Revolución Industrial para una economía socialista mixta». Bueno, supongo que vamos a tener que sumarnos a la revolución que iniciamos e inspiramos en el extranjero, y tendremos que hacerlo. Y así, ellos tomarán la iniciativa para intentar unirse a nosotros.

La mayoría de las revoluciones parten de arriba. Y si se fijan en quiénes son todos los reformadores bíblicos, quiénes son todos esos grandes profetas que dijeron: «Tienen que cambiar el sistema, tienen que condonar las deudas, ¡ay de Israel, que ha sido tan desigual! y [verbo ininteligible] de casa en casa y de parcela en parcela, y no hay sitio en la tierra para la gente.

Todos ellos eran miembros bien formados de la clase acomodada. No fue de abajo hacia arriba. Y, por mucho que lo sepa, lamento decepcionar a los defensores de la revolución proletaria, pero la revolución proletaria fue liderada por los reformadores de la clase media y, especialmente, por los miembros más acaudalados de la clase media. Y parece que así es como se lideran las revoluciones.

Las perspectivas para los próximos años

Robinson Erhardt: Todo suena muy bien, la idea de una revolución pacífica, dejando de lado, por supuesto, el—

Michael Hudson: Con un poco de… hay que acabar con la resistencia.

Robinson Erhardt: Dejando de lado, sin embargo, otras preocupaciones existenciales, como quizá en menor medida la guerra nuclear, pero sin duda en mucha mayor medida el apocalipsis de la IA. ¿Cuál es su pronóstico o expectativa sobre lo que realmente sucederá en los próximos años?

Michael Hudson: Caos. Durante un tiempo, se percibirá como caos. El resto del mundo —creo que realmente se dará el caso de que China, Rusia e Irán— se convertirá en el centro de una alternativa a Estados Unidos. Estados Unidos se quedará atrás. Habrá muchas quiebras y mucho desempleo. Ni los demócratas ni los republicanos harán ningún intento político por resolver los problemas.

Los demócratas se han desplazado hacia la derecha del Partido Republicano y se oponen a cualquier tipo de política socialista democrática. Y si se fijan en los miembros del Comité Nacional Demócrata, están rotundamente en contra —están liderando la lucha contra los socialistas demócratas—. Los demócratas prefirieron perder con Hillary antes que ganar con Bernie Sanders frente a Trump.

Y, de nuevo, prefirieron perder con Biden y su vicepresidente antes que contar con una alternativa de izquierdas, una alternativa socialista auténtica frente a Donald Trump. Así pues, los demócratas han actuado como escuderos de Donald Trump para garantizar que no haya ningún partido que ofrezca nada desde la izquierda. Y el resultado es que, en Estados Unidos, son los republicanos, al igual que la AfD en Alemania y los partidos de derecha de Italia.

Son los partidos de derecha los que son populistas. La CIA y la Fundación Nacional para la Democracia han tergiversado y corrompido lo que se suponía que era el movimiento obrero, el Partido Laborista y el movimiento socialista hasta tal punto que han impedido cualquier tipo de reforma socialista verdaderamente democrática desde la izquierda, como se han podido ver en la lucha dentro del Partido Laborista británico para, en esencia, favorecer a los candidatos estadounidenses en lugar de a primeros ministros que no fueran belicistas ni prorrusos. Y los estadounidenses han redoblado su apuesta en la lucha contra Rusia para asegurarse de que esta no pueda apoyar a China en la guerra definitiva que Estados Unidos sueña con librar contra ella. Siguiendo la misma línea con la que ha intentado luchar contra Irán, Venezuela y Rusia.

Y eso simplemente no va a funcionar. El único tipo de guerra que Estados Unidos y Europa pueden librar es la guerra atómica. Ya no habrá guerras libradas por la infantería. Y tampoco habrá guerras libradas por las armadas, porque son blancos fáciles. Las únicas guerras se librarán con bombas. Así que la elección es entre que Estados Unidos simplemente diga: «Hemos perdido la guerra, rompamos el tablero de ajedrez y bombardeemos todo».

Robinson Erhardt: Y con los cielos sonriéndole, reconociendo que ha encontrado la solución, Michael, hemos tenido mucha suerte. Hemos disfrutado de un día con un tiempo magnífico. Ha Ha sido estupendo verle en persona. Realizamos tantas de nuestras entrevistas de forma virtual. Muchísimas gracias por hacer esto conmigo mientras estoy aquí en la ciudad de Nueva York.

Fotografía de Aziz Acharki en Unsplash

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5. El mapa y la realidad.

El reciente cambio adoptado por las Naciones Unidas de un mapamundi más cercano a la realidad, no supone que los países africanos vayan a cambiar también los desequilibrios económicos, sociales y políticos con los países occidentales.

https://roape.net/2026/11/02/africa-on-the-map-but-still-off-the-table/

África está en el mapa, pero sigue sin tener voz

Representación y poder en la cartografía de África

Por Priyanka Sharma

2 de noviembre de 2026

La resolución de la ONU «Corrigir el mapa» ha venido recientemente a cuestionar la larga sombra que la proyección eurocéntrica de Mercator ha proyectado sobre la forma en que se representa a África. Sin embargo, tal y como sostiene Priyanka Sharma, redibujar el continente resulta mucho más sencillo que modificar los desequilibrios de poder en la economía internacional, y un mapa corregido es importante porque pone de manifiesto esa contradicción.

El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución no vinculante que, en un primer momento, podría parecer que pertenece al ámbito relativamente técnico de la cartografía. La resolución, titulada «Corrija el mapa: reequilibrar la representación cartográfica mundial y promover una representación equitativa de las regiones del mundo, en particular de África», fue presentada por Togo en nombre del Grupo Africano y aprobada por 164 países, con un voto en contra y seis abstenciones.

Al presentar la resolución, el ministro de Asuntos Exteriores de Togo, Robert Dussey, argumentó que los mapas no son meras herramientas técnicas: su uso reiterado en las escuelas, los medios de comunicación y las plataformas digitales determina la forma en que las personas comprenden y visualizan el mundo. El Grupo Africano argumentó que la proyección de Mercator, diseñada para fines específicos —especialmente la navegación marítima—, se había convertido en una imagen general del mundo que minimiza visualmente África y otras regiones cercanas al ecuador.

La delegación enmarcó la iniciativa en torno a la precisión científica y educativa, la justicia cognitiva, la memoria histórica y la igual dignidad de los pueblos. Asimismo, hizo hincapié en lo que la resolución no haría: condenar la proyección de Mercator, imponer un único mapa para todos los usos, alterar fronteras ni pronunciarse sobre reivindicaciones territoriales. En su lugar, fomentaba el uso de proyecciones como «Equal Earth» a la hora de comparar las superficies relativas de los continentes, junto con una mejor enseñanza sobre las ventajas y limitaciones de las diferentes proyecciones.

La resolución fomenta el uso de proyecciones cartográficas de área igual, incluida «Equal Earth», especialmente cuando el tamaño relativo de las regiones es relevante. Asimismo, destaca las implicaciones de las representaciones existentes para la alfabetización geográfica y cartográfica. Sin embargo, es importante señalar que no sustituye a la proyección de Mercator, ni redibuja las fronteras internacionales, ni altera el estatus jurídico de ningún territorio. Entonces, ¿por qué es importante un mapa? ¿Y por qué ahora?

Estas preguntas son más significativas que el debate técnico sobre qué proyección debería utilizarse. La resolución de la ONU plantea una cuestión mucho más amplia sobre quién ha poseído históricamente la autoridad para representar el mundo, qué conocimientos se convierten en conocimiento universal y qué ocurre cuando actores anteriormente marginados comienzan a cuestionar esa autoridad.
Mapa de Mercator frente a «Equal Earth» (Wikicommons)

El mapa no es el territorio, pero determina cómo se concibe dicho territorio

La famosa proyección de Gerardus Mercator se publicó por primera vez en 1569. Se desarrolló principalmente como herramienta para la navegación marítima, ya que su capacidad para conservar los ángulos y mantener constantes los rumbos de la brújula la hacía especialmente útil para los marineros que trazaban rutas a través de los océanos. La proyección nunca tuvo por objeto ofrecer una comparación precisa del tamaño relativo de los continentes. Sin embargo, su distorsión ha tenido un largo impacto posterior.

Dado que la proyección de Mercator amplía cada vez más las masas continentales a medida que se alejan del ecuador, Groenlandia puede parecer de un tamaño comparable al de África, a pesar de que África sea aproximadamente catorce veces más grande. Por lo tanto, hay que establecer una distinción importante. La proyección de Mercator no se inventó con la intención deliberada de hacer que África pareciera más pequeña. Su propósito original era la navegación. La cuestión política surge de lo que ocurrió después: cómo una proyección diseñada para un fin técnico concreto se normalizó como imagen general del mundo.

Una elección cartográfica realizada con fines de navegación se convirtió, a través de la repetición, en una convención educativa y cultural. Los mapas se introdujeron en las aulas, los atlas, los periódicos, los gráficos televisivos, los sitios web y las plataformas digitales. Al hacerlo, hicieron algo más que proporcionar información geográfica. Contribuyeron a crear una determinada imaginación visual del mundo. Es aquí donde la cartografía adquiere un carácter político. ¿Puede un mapa bidimensional ser alguna vez neutral?

De la distorsión geográfica a la jerarquía cognitiva

La importancia de la nueva resolución de la ONU radica, por tanto, no tanto en sustituir un mapa por otro como en reconocer que la representación en sí misma tiene consecuencias. El lenguaje de la resolución es llamativo. Vincula la representación cartográfica con la educación, la percepción y la comprensión colectiva, enmarcando la corrección de las distorsiones históricas como una cuestión de representación equitativa. La Oficina del Asesor Especial para África de la ONU ha presentado la iniciativa como un esfuerzo liderado por África para hacer frente a la minimización simbólica del continente. Pero la tensión persiste.

Si la representación contribuye a la forma en que las sociedades imaginan el mundo, entonces corregir dicha representación puede entenderse como una forma de intervención cognitiva o epistémica. Sin embargo, la corrección cognitiva no es lo mismo que la transformación material. África no adquiere mayor poder político por el mero hecho de aparecer más grande en la pared de un aula. Sus fronteras no cambian. Sus economías no pasan automáticamente a depender menos del capital externo. Sus recursos no dejan de ser lugares de extracción. Los conflictos no se hacen más visibles por el mero hecho de que el continente se represente de forma más proporcional. Es precisamente aquí donde la política del mapa cobra interés. ¿Qué significa corregir la imagen de África dejando intactas muchas de las estructuras que han configurado históricamente la posición de África en el sistema internacional?

¿Por qué África, y por qué ahora?

El momento en que se ha adoptado la resolución es importante. Se produce en medio de un período más amplio en el que los Estados africanos han buscado cada vez más una mayor autoridad sobre la forma en que se representan internacionalmente las historias, las identidades y los intereses políticos africanos. En marzo de 2026, por ejemplo, Ghana lideró una iniciativa independiente de la ONU que reconocía la trata transatlántica de africanos esclavizados y la esclavitud racializada como el «crimen más grave contra la humanidad». Esa resolución fue aprobada por 123 votos a favor, tres en contra y 52 abstenciones.

Estas iniciativas difieren en cuanto al fondo. Una se refiere a la esclavitud histórica; la otra, a la representación cartográfica. Sin embargo, pueden interpretarse conjuntamente como parte de una lucha más amplia sobre quién tiene derecho a definir el conocimiento histórico y los términos del reconocimiento en el seno de las instituciones internacionales. No se trata simplemente de una exigencia de ser representados con mayor precisión. Se trata también de una exigencia de participar en la determinación de lo que se considera precisión. Esa distinción es importante.

Durante siglos, el conocimiento sobre África se generaba con frecuencia a través de instituciones, categorías y marcos intelectuales situados fuera del continente. La cartografía colonial no se limitaba a describir territorios; participaba en su ordenación. Los sistemas de conocimiento coloniales clasificaban a las poblaciones, los territorios y los recursos de manera que resultaran legibles para la administración imperial.

El mapa contemporáneo no es idéntico al mapa colonial. Tampoco debe considerarse la proyección de Mercator en sí misma como una conspiración colonial. Pero la historia de la cartografía nos recuerda que el conocimiento y el poder rara vez han estado totalmente separados. La cuestión hoy, por lo tanto, no es simplemente si África se ha dibujado a una escala errónea. Se trata de si África reclama cada vez más la autoridad para participar en la elaboración del mapa conceptual del mundo.

La paradoja del reconocimiento simbólico

Aquí radica la paradoja más profunda. El sistema internacional puede reconocer que África ha estado visualmente infrarrepresentada, al tiempo que sigue luchando contra las desigualdades estructurales que determinan la posición de África dentro de ese mismo sistema. El mapa puede corregirse con mucha más facilidad que la jerarquía. En un aula se puede sustituir una proyección por otra en una sola tarde. Cambiar la distribución global del poder económico, la representación institucional y el acceso al capital —así como cambiar quién controla los recursos naturales o establece las condiciones de la toma de decisiones a nivel internacional— resulta considerablemente más difícil. Describo esta brecha como «fragmentación moral».

Por «fragmentación moral» me refiero a una situación en la que los actores internacionales pueden ponerse de acuerdo en reconocer una injusticia histórica o representativa concreta, al tiempo que permanecen divididos —o se muestran reacios a actuar colectivamente— respecto a las estructuras más profundas a través de las cuales se reproduce la desigualdad. El mapa ofrece un ejemplo especialmente revelador. La Unión Africana también ha reclamado una representación africana permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta demanda plantea una cuestión relacionada: ¿cómo deberían representarse el peso político y los intereses del continente en el seno de las instituciones globales?

En la actualidad existe un consenso notablemente amplio en que el tamaño relativo de África no debe distorsionarse visualmente, ya que el tamaño es precisamente lo que un mapa pretende comunicar. Sin embargo, no existe un consenso equivalente sobre cómo debería ser un orden político y económico internacional más equitativo. La corrección de la representación plantea, por tanto, una pregunta incómoda: ¿puede un sistema internacional corregir la imagen de la desigualdad sin enfrentarse a las estructuras que la producen?

La política en el aula

El énfasis en la educación que se hace en la resolución merece una atención especial. La iniciativa de la ONU no se limita a crear una imagen diferente para diplomáticos o cartógrafos. Aborda explícitamente la alfabetización educativa y geográfica.

Esto es importante porque los mapas se incorporan a la conciencia política mucho antes de que la mayoría de las personas se enfrenten a las relaciones internacionales como disciplina académica. Los niños aprenden sobre el mundo a través de imágenes. Aprenden qué países parecen grandes, cuáles pequeños, qué regiones dominan la página y cuáles quedan visualmente en un segundo plano. Aprenden jerarquías espaciales antes de disponer necesariamente del vocabulario para cuestionarlas.

Esto no significa que ver África a su escala relativa correcta genere automáticamente una conciencia antirracista o anticolonial. Eso sería otra forma de determinismo. Pero sí significa que las decisiones de representación forman parte del entorno en el que se produce el conocimiento político. Por lo tanto, el aula no es políticamente neutral simplemente porque la asignatura se denomine «geografía». La cuestión no es si un mapa determina lo que piensa un niño, sino si las representaciones repetidas contribuyen a lo que se vuelve familiar, normal e imaginable.

Estados Unidos y la política del desacuerdo

La votación en sí misma añade otra dimensión a la historia. Estados Unidos fue el único país que votó en contra de la resolución, mientras que Estonia, Georgia, Lituania, Moldavia, Serbia y Ucrania se abstuvieron. Sería tentador interpretar el voto estadounidense como una prueba de que Washington rechaza el principio de una representación más equitativa de África. Sin embargo, la votación por sí sola no puede demostrarlo. Estados Unidos sí ofreció una explicación explícita: su representante argumentó que la resolución formaba parte de lo que Washington calificó como un proyecto ideológico más amplio, señalando específicamente las referencias a las reparaciones y a la «justicia cognitiva».

La delegación estadounidense describió las resoluciones de este tipo como distracciones de cuestiones que consideraba más directamente relacionadas con la paz internacional, la prosperidad y las buenas relaciones, y argumentó que socavaban la credibilidad de la ONU. Esto aporta pruebas para interpretar el voto: la objeción no se presentó como un desacuerdo técnico sobre los cálculos matemáticos de las proyecciones cartográficas, sino como una oposición al marco político más amplio de la resolución. Sin embargo, esto no aclara todos los motivos que subyacen al voto ni significa que Estados Unidos se opusiera a todos los esfuerzos por mejorar la precisión cartográfica.

El contraste resulta revelador: Togo presentó la representación precisa como una cuestión de dignidad y equidad educativa, mientras que Estados Unidos consideró los vínculos de la resolución con las reparaciones y la justicia cognitiva como prueba de una extralimitación ideológica. Varias delegaciones que apoyaban la resolución hicieron hincapié en que no debía interpretarse como un cambio de fronteras, soberanía o reivindicaciones territoriales. México, por ejemplo, apoyó la resolución al tiempo que subrayaba que las diferentes proyecciones sirven para fines distintos y que ninguna proyección por sí sola puede representar todas las propiedades de la Tierra sin distorsión.

Este desacuerdo es importante porque evita que el debate se convierta en una oposición simplista entre un Sur supuestamente ilustrado y un Norte obstruccionista. La política es más compleja.

La verdadera cuestión no es si un mapa es universalmente «correcto». Toda proyección implica elecciones y concesiones. La cuestión es quién decide qué concesiones son adecuadas, con qué fines, y qué experiencia histórica sustenta esas decisiones.

De corregir el mapa a cuestionar el mundo que representa

Quizás el aspecto más provocador de la resolución no sea, por tanto, que África vaya a aparecer más grande. Es que una iniciativa liderada por África ha logrado situar una cuestión aparentemente técnica de cartografía en la agenda de la principal institución multilateral del mundo. Durante mucho tiempo, África ha aparecido con frecuencia en el discurso internacional como un objeto de conocimiento: un continente que debe ser cartografiado, medido, desarrollado, protegido, rescatado o del que extraer recursos. La iniciativa «Correct the Map» invierte esa relación, al menos simbólicamente. África no se limita a ser representada; está interviniendo en la política de la representación.

Pero la intervención simbólica tiene límites. Si la corrección se limita a una imagen diferente en la pared del aula, la transformación sigue siendo incompleta. La tarea más difícil consiste en preguntarse qué más hay que corregir: qué conocimiento se considera fidedigno, qué historias reciben reconocimiento institucional, quién controla los recursos, quién establece las condiciones del desarrollo, qué voces dan forma a las instituciones internacionales y quién llega a definir qué constituye la justicia.

El peligro radica en que el sistema internacional se vuelva muy hábil a la hora de reconocer la injusticia de forma simbólica, al tiempo que se muestra considerablemente menos dispuesto a redistribuir el poder de forma material. Esa es la contradicción que subyace en el nuevo mapa. Un África más grande en el mapa no es necesariamente un África más poderosa en el mundo. Precisamente por eso el mapa es importante. El objetivo de corregirlo no debería ser hacer que África parezca más grande, sino visibilizar la cuestión de por qué, con tanta frecuencia, se ha restado importancia a África.

Priyanka Sharma es investigadora y analista especializada en la economía política del Sur Global y en el legado estructural del colonialismo. Su trabajo examina la intersección entre la acumulación histórica de capital, la explotación laboral por motivos de género y las dinámicas de poder cambiantes dentro de las instituciones multilaterales. Actualmente está explorando los marcos sociojurídicos de la violencia sistémica y su impacto en las experiencias vividas por los colectivos marginados en los espacios urbanos.

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6. Manos fuera de Asia.

Doblete de boletines del Tricontinental, pues os paso también el asiático, que sigue con su campaña de «Manos fuera de Asia» por parte de las tropas estadounidenses. De hecho, en las recientes jornadas en Shanghai, presentaron un libro con ese título.

https://thetricontinental.org/es/asia/boletin-manos-fuera-de-asia-prachanda/

Manos Fuera de Asia

El vigésimo primer boletín de Asia

En cuanto el poder económico se desplaza hacia el este y el orden mundial convulsiona, el ex primer ministro nepalí, Prachanda, pregunta quién se beneficiará y por qué la unidad progresista importa más que nunca.

4 de noviembre de 2026

Lanzamiento del libro Manos Fuera de Asia durante el Foro Académico del Sur Global 2026 en Shanghái.

Queridxs amigxs:

Saludos desde la oficina de Tricontinental Asia

El 16 de octubre, en el Foro Académico del Sur Global en Shanghái, presentamos el libro “Bases Fuera de Asia: Un llamado de los pueblos por la soberanía y la solidaridad”, que recopila los discursos pronunciados en la conferencia Bases Fuera de Asia en Colombo, Sri Lanka.

En el volumen se incluye el discurso de apertura pronunciado por Pushpa Kamal Dahal (Prachanda), ex primer ministro de Nepal y alto dirigente del Partido Comunista Nepalí. Prachanda, quien lideró el movimiento comunista nepalí para derrocar a la monarquía, conoce bien los inmensos desafíos de luchar contra el imperialismo y gobernar bajo las limitaciones de una estructura internacional neocolonial. Su discurso se reproduce a continuación.

Ha ocurrido algo especial en Nepal: hay media docena de ex primeros ministros, pero lamentablemente, en la actualidad soy el único que tiene representación en el parlamento, y creo que también soy el único ex primer ministro con la oportunidad de exponer aquí. Eso es tanto una oportunidad como un desafío.

Distinguidos líderes y delegados, camaradas: me siento profundamente honrado de formar parte de esta importante conferencia de intelectuales progresistas en la hermosa ciudad de Colombo, una ciudad que durante mucho tiempo ha estado en la encrucijada de la civilización, la cultura, el comercio y las ideas políticas.

Expreso mi sincero agradecimiento a los organizadores por reunir a líderes políticos, intelectuales, activistas sociales y representantes de movimientos populares de toda Asia para deliberar sobre las cuestiones que influirán profundamente en el futuro de Asia y en el futuro de la humanidad mundial. Agradezco al Instituto Tricontinental de Investigación Social por apoyar este programa tan importante y único.

Nos reunimos en un momento en que el mundo experimenta una gran agitación, trauma y transformación: un momento de extraordinario dinamismo geopolítico internacional, en el que se está produciendo un cambio trascendental. El poder centrado en el Atlántico se está desplazando hacia Asia, nuestra propia región. Parece estar surgiendo un nuevo orden internacional; el epicentro del poder se mueve lenta pero inexorablemente hacia Asia, apuntando al ascenso de China y de otros países asiáticos. Se dice que el siglo XXI será el siglo asiático. El orden mundial también está cambiando de la unipolaridad a la multipolaridad. Esto es motivo de alegría para los países y los pueblos del Sur Global. La unipolaridad era hegemónica; la multipolaridad es más democrática, y el Sur Global tendrá la voz y la fuerza que le corresponden.

A medida que cambia el orden mundial, se están reconfigurando los cimientos geopolíticos, económicos, tecnológicos e ideológicos del sistema global. El monopolio de influencia del que disfrutó un puñado de países durante décadas está dando paso gradualmente a un panorama internacional más plural y disputado. La cuestión central ante nosotros, por lo tanto, no es simplemente si el poder se está desplazando de una región a otra. La pregunta importante es: ¿qué tipo de orden mundial surgirá de esta transición y a qué intereses servirá?

La principal contradicción ideológica del mundo en el presente es, como bien sabemos, la contradicción entre el imperialismo y el socialismo. Para muchas personas, el imperialismo sigue asociándose principalmente con la ocupación colonial, la conquista militar y la dominación política directa. Si bien esta forma no ha desaparecido por completo, los modelos y mecanismos de dominación han cambiado y se han vuelto más sofisticados, adoptando formas multidimensionales profundamente arraigadas en las estructuras de la globalización. En la era de la cuarta revolución industrial, el imperialismo opera a menudo a través de la dependencia económica más que de la ocupación territorial. El tecnoimperialismo es una versión más nueva del imperialismo.

El imperialismo siempre busca concentrar el poder y el dinero en manos de unas pocas élites a expensas de grandes sectores de la población. Tal sistema solo incrementa la pobreza, la desigualdad, la injusticia, el conflicto y la guerra. Nosotros, los pueblos progresistas de Asia, debemos mantenernos unidos para contrarrestar esta embestida imperialista en Asia y decir en voz alta: ¡Bases fuera de Asia!

K. P. Reji, María tenía un corderito [Mary Had a Little Lamb], 2020.

Los países en desarrollo ven sus opciones políticas limitadas por las instituciones financieras externas, las obligaciones de la deuda, los acuerdos comerciales desiguales, los movimientos de capital especulativo y las vulnerabilidades estructurales de las economías dependientes. La soberanía económica puede debilitarse sin que una sola bala cruce la frontera. Del mismo modo, la competencia estratégica entre las principales potencias se manifiesta cada vez más a través de alianzas militares, asociaciones de seguridad, bases militares, transferencias de armas y rivalidad geopolítica.

El control sobre los datos, la infraestructura digital, las redes de comunicación, la inteligencia artificial y el ecosistema de la información se está convirtiendo en otra fuente fundamental de poder geopolítico. Las plataformas digitales moldean la opinión pública, influyen en los procesos electorales y determinan el acceso a la información. La concentración del poder tecnológico en manos de un número limitado de actores plantea interrogantes fundamentales sobre la soberanía digital y la rendición de cuentas democrática. Estas son las áreas que el imperialismo busca controlar para imponer su hegemonía.

Estamos presenciando el auge de la guerra de la información. Las campañas de desinformación, la manipulación algorítmica, las operaciones cibernéticas, la influencia psicológica y el control narrativo se han convertido en herramientas poderosas en la política internacional contemporánea. La desestabilización política ocurre frecuentemente a través de medios indirectos: los actores externos suelen buscar influencia mediante palancas económicas, penetración ideológica, manipulación de los medios de comunicación e ingeniería política, en lugar de recurrir a la intervención abierta. Esto revela que el imperialismo contemporáneo opera como un sistema integrado que abarca la dominación económica, militar, tecnológica, política e ideológica.

La soberanía no puede reducirse meramente a la autoridad del Estado. La soberanía debe entenderse como la capacidad y la expresión colectiva del pueblo para determinar su propio destino político, económico, social y cultural. La independencia nacional significa muy poco donde los recursos de un país están controlados por intereses externos, donde los ciudadanos continúan excluidos de la toma de decisiones y donde el desarrollo beneficia únicamente a un puñado de élites privilegiadas.

Del mismo modo, la democracia no puede limitarse a elecciones periódicas. La democracia debe abarcar una participación significativa en la vida política, económica y social: una vida en la que los trabajadores, campesinos, mujeres, comunidades indígenas, jóvenes, grupos marginados y ciudadanos de a pie tengan una parte equitativa y una participación activa.

La transformación política moderna de Nepal surgió a través de la integración de la insurgencia armada, el movimiento democrático y la aspiración revolucionaria. La Guerra Popular no fue simplemente un conflicto armado; representó una respuesta política a la profunda desigualdad estructural, la exclusión social, la explotación feudal, el poder estatal centralizado y la escasa participación democrática. El movimiento popular generó posteriormente una convergencia histórica de fuerzas democráticas y progresistas. La abolición de la monarquía feudal y el establecimiento de una república democrática federal representan una profunda transformación en la historia política nepalí. Nepal demuestra cómo los conflictos armados pueden resolverse a través de medios pacíficos y un proceso democrático.

Fuimos el primer partido en defender la elección de una Asamblea Constituyente y la promulgación de una nueva constitución a través de ella. La constitución promulgada por la Asamblea Constituyente, elegida democráticamente, institucionalizó los principios del federalismo, la inclusión, la representación proporcional, el laicismo, la justicia social y el republicanismo.

Hit Man Gurung (Nepal), Dios ha abandonado mi lugar II [God Has Left My Place II], 2018.

Pero la transformación política no produce automáticamente una transformación económica. El cambio político debe ir acompañado de reformas institucionales, democratización económica y transformación social. Los movimientos progresistas deben aprender de la experiencia de Nepal en la transformación de la sociedad desde una estructura feudal hacia un nuevo sistema democrático y de orientación socialista.

A lo largo de la historia, las fuerzas progresistas a menudo han logrado notables victorias cuando han estado unidas, y han sufrido graves reveses cuando han estado divididas. Si los pueblos progresistas actuamos en unidad, definitivamente podemos lograr el resultado deseado; Nepal es un claro ejemplo de ello. La unidad requiere la comprensión de principios fundamentales: democracia, soberanía, justicia social, igualdad, paz, sostenibilidad ambiental y dignidad humana. Las organizaciones progresistas deben situar los intereses del pueblo por encima de los estrechos intereses partidistas. El futuro de la política transformadora no depende, por tanto, de la competencia sectaria, sino de la cooperación estratégica.

El surgimiento de los movimientos de la Generación Z —popularmente llamados movimientos Gen Z— en Sri Lanka, Bangladés, Nepal y otros lugares plantea muchos interrogantes serios sobre la transformación social y económica. Los actores políticos tradicionales a menudo malinterpretan estos movimientos. Muchos jóvenes no están rechazando la política en sí; están rechazando la política excluyente, las instituciones insensibles, la corrupción, el desempleo y la concentración del poder. Sus exigencias son legítimas y están profundamente conectadas con la realidad contemporánea. Sin embargo, en este sentido, también debemos tener en cuenta el papel negativo desempeñado por las potencias imperialistas.

Camaradas, delegados: la prueba definitiva de cualquier partido y proyecto político es si mejora la vida de la gente común. Un sistema económico que genera riqueza sin mejorar los medios de subsistencia produce inevitablemente inestabilidad. La concentración extrema de la riqueza socava la democracia, la cohesión social y la sostenibilidad económica. Asia se encuentra entre las regiones más vulnerables al cambio climático, a pesar de contribuir relativamente poco a él. La industrialización sostenible, la transición hacia energías renovables, la protección ecológica y las estrategias de adaptación climática deben convertirse, por lo tanto, en pilares centrales de nuestra posición sobre el desarrollo. El desarrollo debe servir a las necesidades humanas y no a la búsqueda exclusiva del lucro.

El futuro de Asia depende de nuestra capacidad para elegir la cooperación por encima de la confrontación. La creciente competencia estratégica entre las grandes potencias presenta tanto buenas oportunidades como desafíos. Los países asiáticos deben resistir las presiones que buscan dividir la región en campos geopolíticos rivales. Los principios de coexistencia pacífica, igualdad soberana, no alineamiento y respeto mutuo siguen siendo profundamente relevantes; el espíritu de Bandung sigue siendo vital e importante para nosotros. La prosperidad de Asia se fortalecerá no a través de la confrontación, sino de la cooperación. En el plano internacional, la solidaridad sigue siendo la necesidad imperiosa del momento. Reafirmamos nuestro apoyo al derecho del pueblo palestino a tener un Estado. Nos oponemos a la ocupación, a la violencia indiscriminada y a las violaciones del derecho internacional humanitario por parte de cualquier país bajo cualquier pretexto. La cooperación Sur-Sur debe convertirse en una piedra angular del emergente mundo multipolar, y todos los pueblos progresistas deben unirse para contrarrestar cualquier forma de imperialismo e intervención bajo cualquier pretexto. Si nos unimos y actuamos juntos, sin duda tendremos éxito en alcanzar nuestro objetivo.

Los movimientos progresistas deben participar activamente en el trabajo intelectual e ideológico para construir confianza, conciencia crítica y una ciudadanía informada. Por lo tanto, propongo que adoptemos una agenda de desarrollo común para los pueblos asiáticos. Dicha agenda debe unir a las fuerzas progresistas en torno a la paz, la soberanía, la democracia económica, la soberanía alimentaria, la justicia climática, la soberanía digital, la igualdad de género, el empoderamiento juvenil y la solidaridad regional. Los partidos políticos, sindicatos, organizaciones campesinas, movimientos de mujeres, organizaciones juveniles, comunidades indígenas, académicos e intelectuales progresistas deben trabajar juntos a través de estas plataformas de cooperación significativa.

Finalmente, como personas progresistas, debemos apegarnos al espíritu del internacionalismo. El emergente mundo multipolar no debe reproducir las viejas jerarquías bajo ninguna forma, incluidas las llamadas nuevas formas; debe basarse en la igualdad, el respeto mutuo, el aprendizaje compartido y la responsabilidad colectiva. Avancemos juntos con valentía, sabiduría, solidaridad y determinación. Definitivamente tendremos éxito en la creación de un mundo justo y pacífico.

Pushpa Kamal Dahal (Prachanda) hablando durante la Conferencia Manos Fuera de Asia en Colombo, Sri Lanka.

El discurso de Prachanda nos recuerda que los cambios en el orden mundial, por sí mismos, no son un garante necesario del progreso. Mucho depende de la capacidad de los partidos políticos y de los movimientos sociales para articular e implementar una agenda de cambio social. Bases Fuera de Asia, por lo tanto, nos exige involucrarnos más activamente en la organización, el diseño de políticas y la gobernanza si queremos construir un futuro más prometedor para los pueblos de Asia.

Para leer los demás discursos de la conferencia, descargue el libro Bases Fuera de Asia aquí. Además, puede ver las mesas redondas de la conferencia aquí.

Afectuosamente,

Tings Chak y Atul Chandra

Tings y Atul son co-coordinadores de Tricontinental Asia.

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7. Crisis climática y elecciones.

Uno de los temas de más actualidad y más repercusiones sobre nuestro futuro me temo que apenas aparecerá en los debates electorales. Envío al menos, esta reflexión de Luis González Reyes para intentar romper el silencio.

https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/se-habla-crisis-climatica-elecciones-clave-transicion-no-es-tecnologia

Por si se habla de crisis climática en las elecciones: la clave de la transición no es la tecnología

En la transformación energética frente a la crisis ecológica el factor clave es el cambio socioeconómico y cultural.

Luis González Reyes
miembro de Ecologistas en Acción

31 oct 2026

En esta campaña electoral no se habla de cambio climático, como si los incendios de este verano, el calor que no termina nunca o las lluvias torrenciales no indicasen con meridiana claridad que el caos climático ya es una realidad brutal que, en el mejor de los casos, va a ir a peor.

Uno de los ejes de cómo afrontar la emergencia climática, pero ni mucho menos el único, es la transición energética, aunque sería mejor hablar de transformación, pues requerimos un cambio profundo y muy rápido, lo que encaja más con el segundo término que con el primero. Para esa transformación, Bill McKibben defiende en Here comes the sun la tesis de que es posible técnicamente sostener el capitalismo global, urbano e industrial con energías renovables industriales. Es más, que estas nuevas tecnologías nos llevan a un nuevo mundo de exuberancia energética y, a la vez, de sostenibilidad. Sus propuestas son la versión estadounidense de lo que defienden los prologuistas del libro, Emilio Santiago Muiño y Héctor Tejero, a este lado del Atlántico.

Toda la argumentación se basa en convencernos de las posibilidades técnicas de las energías renovables industriales. Sin duda, esta discusión es importante, pero no es la realmente clave. Encarar la crisis ecológica no es un desafío fundamentalmente técnico, sino político, cultural y económico. Sobre estos aspectos voy a conversar en este texto con las tesis que sostiene McKibben.

De este modo, aunque muchas de las afirmaciones sobre las posibilidades técnicas de las renovables industriales son muy discutibles, pues hay estudios científicos que las rebaten y el autor no da una sola cita que las avale, no voy a entrar en ellas. Voy a suponer que todo lo que sostiene McKibben a nivel técnico es real o puede llegar a serlo, incluso cuando dice cosas que son evidentemente incorrectas, como que China es ya “el primer electro-Estado del mundo”. Me voy a centrar en lo que entiendo que es la discusión fundamental que deberíamos articular socialmente: ¿qué modelos económicos, políticos y culturales requerimos cambiar para abrazar la sostenibilidad ambiental?

Cambio económico

La apuesta de McKibben de desarrollar a máximos las renovables industriales no cuestiona el capitalismo industrial, global y urbano en ningún momento. Parece que lo único problemático de nuestro modelo son las fuentes energéticas y, una vez cambiadas estas, todo lo demás estará bien. Esta frase suya condensa esta idea: “Siempre hemos visto la protección ambiental y el desarrollo económico como conceptos opuestos; ahora, de repente, son lo mismo”.

Pero el mayor problema que tenemos no son las fuentes energéticas que utilizamos, sino nuestro sistema socioeconómico (y cultural, aunque sobre eso entraré después). El desarrollo económico, que en el capitalismo se llama crecimiento, sí es incompatible con la protección ambiental y social.

Las mercancías pueden generarse en condiciones más o menos dignas y respetuosas con el entorno, pero si esta producción crece es inevitable que los impactos ambientales lo hagan también, pues no hay actividad económica que no requiera del consumo de materia y energía. Es importante recalcar que el uso de cualquier fuente energética, incluidas las renovables industriales, tiene un impacto ambiental. Es decir, que más renovables no hacen al capitalismo sostenible, sino que, en el mejor de los casos, permiten que la destrucción vaya más lenta.

Esto no lo resuelve un incremento en la eficiencia. McKibben expone que la bomba de calor es 3-5 veces más eficiente que una caldera de gas, los motores eléctricos son más eficientes que los de gasolina o diésel o la placa de inducción lo es más que el quemador de gas. Todo ello es cierto y podría ayudar a un proceso de transición hacia la sostenibilidad en otro sistema, pero no en el capitalismo. Hace mucho tiempo que está demostrado que en nuestro sistema las ganancias en eficiencia no se convierten en ahorro, sino que se invierten en aumentar la producción del propio sector o de otros. Además, en muchas ocasiones esconden una gruesa mochila ecológica de impactos ocultos, como es el caso del coche eléctrico. Es lo que se denomina la Paradoja de Jevons, que es fruto de un sistema adicto al crecimiento.

En su falta de análisis sistémico, McKibben desliga las tecnologías renovables industriales del entorno socioeconómico en el que se generan. Sin embargo, todas las técnicas son expresiones de la cultura, la política y la economía de las sociedades que las crean y las usan. Por poner un ejemplo, la máquina de vapor no es un invento británico del siglo XVIII, sino que hubo diseños previos en distintos lugares del planeta, por ejemplo en la Grecia clásica, pero solo en el capitalismo británico maduro se extendió porque fue donde tuvo sentido social y económico, como explica Andreas Malm en Capital fósil.

Como este desarrollo de las renovables (que no es el único posible) es hijo de nuestro sistema, se diseña para que pueda servirlo. Por eso sigue siendo un modelo mayoritariamente centralizado en la generación energética (articulado alrededor de grandes instalaciones) y en la fabricación de los aparatos (controlados por multinacionales), dirigido por grandes capitales, con la rentabilidad como propósito único y con la intención de convertir las fuentes energéticas solares, que son flujos irregulares, en stock a través del desarrollo de múltiples formas de almacenar la electricidad producida.

Este último aspecto, la conversión en stock, es central para el funcionamiento de nuestro sistema, que necesita hacer crecer de forma constante la producción y eso implica que la energía esté desconectada de cualquier fluctuación. Por eso, McKibben dedica mucho esfuerzo a convencernos de que este aspecto está resuelto mediante baterías de gravedad, hidroeléctricas reversibles, compresión de aire, baterías de óxido de hierro y de sodio… Esta es una necesidad del sistema, no del bienestar humano. Una cierta cantidad de energía en formato stock tiene relación con tener vidas dignas (por ejemplo, para garantizar el flujo energético a un centro médico), pero no en las cantidades ingentes que se están persiguiendo, que tienen como objetivo un suministro energético ilimitado 24/7 para el sostén del sistema productivo. Es fundamental insistir una y otra vez que el grueso del consumo energético actual  y que este esté en formato stock no es requisito para cubrir necesidades reales, sino para permitir el crecimiento de los beneficios.

En conclusión, trascender el capitalismo es un programa de mínimos, no de máximos, para encarar el caos climático y la transformación energética. Mucho más que los cambios técnicos son determinantes los del modelo económico.

Cambio social

El capitalismo no es solo un sistema económico. Es también una forma de organizar la sociedad alrededor del mercado y la propiedad privada. En esta organización social, el poder y el capital se hacen casi indistinguibles: es la acumulación y capacidad de movilización de capital la que otorga el poder, que se expresa de múltiples formas: militar, político, mediático, etc. Esto es central tenerlo en cuenta para pensar en las transiciones dentro del capitalismo, pero el libro no lo considera.

Por ejemplo, cuando McKibben afirma que “la mayor parte del Sur global no cuenta con una infraestructura heredada de combustibles fósiles ni con un poderoso grupo de presión de combustibles fósiles que domine su política; si logra superar el obstáculo del capital, tendrá vía libre para crecer”, creo que no está comprendiendo cómo funciona nuestro sistema. El “obstáculo del capital” no es una piedrita que se pueda retirar del camino, sino el agente que ordena todo el sistema. Un agente que se mueve en base fundamentalmente al criterio de la rentabilidad y que articula el mundo en base a relaciones de poder durísimas que requieren para su sostén del mantenimiento de relaciones políticas coloniales. No hay posibilidad de desarrollo (entendido como desarrollo capitalista) del Sur global dentro del capitalismo global. Lo explica bien José Manuel Naredo en Raíces económicas del deterioro ecológico y social al mostrar que en nuestro sistema las desigualdades son estructurales y necesarias. Solo puede haber una parte pequeña de la población y de los territorios que sean ganadores en la carrera por el máximo beneficio.

Y esto sin entrar en que, en realidad, los territorios de ese Sur global sí que tienen oligarquías petroleras o, en su defecto, ligadas al extractivismo minero, agrícola o ganadero, que están anclados hoy por hoy a los combustibles fósiles.

En el mismo sentido, considero que al autor se le escapan elementos esenciales del funcionamiento de nuestro sistema cuando dice que “es posible que la opción más inteligente sea que el resto del mundo financie el funcionamiento de las fábricas de paneles solares chinas. En lugar de nacionalizar una industria, esta podría globalizarse”. Refuerza la apuesta de un mundo globalizado en manos de multinacionales que lleva décadas (por no decir siglos) mostrando cómo refuerza las desigualdades de clase y territoriales, pues en el plano mundial operan con más facilidad las relaciones competitivas preñadas de violencia del capitalismo. Que China esté desplazando a EEUU en la cúspide del sistema, no lo convierte en más justo, ni evita que las relaciones de poder se impongan con brutalidad. No conviene olvidar que China es una dictadura con relaciones coloniales cada vez más intensas con el resto del mundo.

La discusión clave desde la mirada social de la transformación energética es si permite o no recuperar soberanía energética a la población, que es una puerta ineludible hacia sociedades justas. Es decir, si sirve para desmercantilizar nuestra satisfacción de necesidades permitiendo que recuperemos autonomía económica y política. En este sentido, lo determinante es quién controla dichas técnicas. No es que el tipo de técnicas sea irrelevante, pues las técnicas humildes permiten una mayor autonomía social, pero poner el foco en quién las controla es absolutamente central. Por eso, sí es muy importante si los paneles solares se fabrican en China o en proximidad, o si se encuentran en manos de transnacionales o existe un control comunitario de esa fabricación. Todo esto está ausente en el libro, que lo único que nos ofrece es el argumento de que las renovables se han abaratado mucho y son más rentables que las fuentes fósiles. Incluso aunque esto fuese cierto, el verdadero problema no es el precio (que por otra parte no deja de ser sino una plasmación de las relaciones de poder mercantiles). El precio es un factor central en el capitalismo, pero no es el relevante para la construcción de la justicia social.

Siguiendo en el plano social, las propuestas de McKibben están preñadas de una mirada colonial. El autor explicita que el desarrollo de las renovables industriales tiene impactos en las periferias, sobre todo por la minería. Pero es un coste que no duda que hay que pagar (más bien, que tienen que pagar esos territorios y poblaciones). Es más, llega hasta a plantearlo como una oportunidad para quienes sufren los impactos: “Supongo que, para las comunidades indígenas (…), la llegada de la minería de litio les ofrece la oportunidad de obtener importantes concesiones del Gobierno”. Una frase que, además de cínica, nuevamente omite cómo operan las relaciones de poder en el capitalismo.

En el libro no se contemplan propuestas como “reducción”, “límite” y no digamos ya “decrecimiento”. Esto deja traslucir de manera implícita también quién considera que debe cargar con el grueso de los esfuerzos de la transformación hacia sociedades sostenibles. No sobre los hombres blancos, ricos, que viven en ciudades y se mueven por todo el planeta, como él. Ese modo de vida no se cuestiona, ni siquiera en elementos tan polémicos como el desarrollo de la inteligencia artificial, que defiende. Por ello, no hay Decrecimiento que realizar (una propuesta que focaliza los cambios en las personas más enriquecidas) y para McKibben parece que son las poblaciones más empobrecidas las que, en cambio, sí deben ajustar su vida para que prolifere la extracción minera que sostenga el desarrollo a máximos de las renovables industriales.

Por todo ello, necesitamos centrarnos en conseguir transformaciones en los órdenes políticos que configuren un nuevo formato social. Para conseguirlo, cambiar el sistema energético puede ayudar, pero queda lejos de ser la mutación clave.

Cambio cultural

En Here comes the sun podemos leer: “No nos vamos a quedar sin litio, sin grafito, ni sin ningún otro mineral útil para la transición (…). Puede que tengamos una ligera escasez de teluro, pero predigo que lo encontraremos. Y si no lo encontramos, pronostico que encontraremos la manera de usar otra cosa (…). La energía renovable depende menos de los recursos que del ingenio”. Y también: “Para 2035, aproximadamente, cuando mis paneles más antiguos dejen de funcionar, cada uno contendrá casi con seguridad suficiente material reciclable para crear diez paneles nuevos. Ni siquiera sé cómo llamar a esto: ¿superreciclaje? Es más que circularidad”.

Todo esto, sin una sola fuente que sustente estas afirmaciones que desafían nada menos que a la física. Pero, como decía al principio, lo importante no son las fuentes, sino la ideología que está detrás de sentencias como estas. McKibben comparte el mito del progreso que se ha desarrollado en paralelo al capitalismo. Es decir, la inevitabilidad del progreso tecnológico indefinido. Aún va más lejos, diría que sostiene la omnipotencia humana. Y, creo que más por suerte que por desgracia, el ser humano es falible. La técnica permite potenciar nuestras capacidades, pero dista mucho de ser omnipotente.

Donella Meadows explica en Pensar en sistemas que no comprendemos bien los sistemas complejos, por lo que estamos todavía mucho más lejos de poder controlarlos. Esto es especialmente aplicable a aquellos que tienen que ver con la vida. Se nos escapan elementos clave de la complejidad bacteriana y más aún de nuestro propio organismo (los notables avances en medicina no dejan de ser muchas veces todavía torpes intentos de regular un cuerpo que no comprendemos en múltiples aspectos). Pero esto es todavía mucho más acusado en el plano ecosistémico, una dimensión todavía más compleja.

Si no entendemos algo, lo más sensato no es considerar que vamos a poder controlarlo y, además, reparar los posibles daños que causemos (daños que, por otro lado, no son nada hipotéticos). En lugar del principio de innovación constante, deberíamos funcionar con el de precaución. Máxime cuando en realidad ya sabemos todo lo que necesitamos conocer para vivir dignamente en el planeta Tierra en armonía con el resto de la vida. Más determinante que el cambio técnico en el uso de la energía es el cambio cultural hacia otra relación con la vida desde la modestia, la falibilidad, el respeto y la adoración.

Dicho de otro modo, cuando McKibben afirma que “tal vez deberíamos considerar la energía limpia como un cultivo más” pone al mismo nivel la vida y la tecnología. Plantea que da lo mismo tener circuitos metálicos, que materia orgánica autopoiética. En realidad, llega más lejos al sostener que no solo son compatibles placas y agroganadería, sino que las placas mejoran la eficiencia agropecuaria y la biodiversidad. La realidad está probablemente en las antípodas de esta ideología. Tierra viviente, de Stephan Harding, describe algunas de las bases que conocemos del funcionamiento de la vida en la Tierra. Un funcionamiento que excede en muchos órdenes de magnitud lo que somos capaces de alcanzar los seres humanos con nuestra tecnología. Es más, mientras la tecnología capitalista ha demostrado sobradamente que empeora la habitabilidad de la Tierra, el conjunto de la vida ha hecho exactamente lo contrario.

Una última muestra de adónde llevan el mito del progreso y la consideración de la omnipotencia humana son las sentencias pronucleares que contiene el libro. Una energía inevitablemente dañina para la vida durante miles de años, que se piensa que se va a poder controlar. Esta apuesta pronuclear, que se conjuga sin rubor con las renovables, trasluce una ideología antropocéntrica, en la que el bienestar humano (bueno, en realidad de los sectores sociales privilegiados) está por encima del del resto de seres vivos, soslayando además las implicaciones profundas de nuestra ecodependencia.

En resumen, si hablásemos de cambio climático y energía en esta campaña, lo que resultaría realmente transformador sería tomar por cabecera libros como Una trenza de hierba sagrada, de Robin Wall Kimmerer, que pone el foco en un cambio cultural profundo. Y no lo que nos sugiere McKibben, que, básicamente, no es nada nuevo bajo el sol del capitalismo y la Modernidad que nos está abrasando.

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8. Feminismo soviético y socialización de los cuidados.

Otra sorprendente entrada en Red Threads para lo que estamos acostumbrados a leer sobre el socialismo soviético. En esta ocasión, nos presentan -en una serie denominada «Feminismos rojos», algunos debates que se originaron en la URSS en los años 70.

https://www.redthreads.media/p/reproductive-labor-after-socialization

El trabajo reproductivo tras la socialización

Los sociólogos soviéticos de la década de 1970 se preguntaron: ¿qué pasaría si no se pudiera socializar todo el trabajo doméstico? Esta pregunta les llevó a replantearse teóricamente los roles de las mujeres en el trabajo doméstico y el cuidado.

Sasha Talaver

Nota editorial: Este artículo forma parte de «Feminismos rojos», una serie en curso que tiene como objetivo recuperar, para el debate teórico, el análisis contemporáneo con base histórica y la lucha militante, los legados socialistas progresistas que buscaban reestructurar la relación mutuamente constitutiva e históricamente marcada por el género entre el trabajo productivo y el reproductivo, promoviendo visiones para la liberación conjunta de la opresión de clase, patriarcal y racial.

La década de los setenta. La Década de las Naciones Unidas para la Mujer estaba cambiando el lugar que ocupaban los derechos de las mujeres en la política internacional. La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer estaba en marcha. «El contacto con el movimiento feminista abre la posibilidad de trabajar con la población femenina de los países capitalistas y, lo que es más importante, con la juventud femenina, que se siente claramente atraída por las consignas del feminismo», escribió el Comité de Mujeres Soviéticas al Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, sorprendentemente, en 1973. [1] Esta observación estratégica ponía de manifiesto un cambio: los debates sobre el trabajo no remunerado en el hogar y sobre la (des)igualdad de género traspasaban las fronteras de la Guerra Fría. Las feministas occidentales miraban hacia el proyecto soviético, mientras que los investigadores soviéticos reevaluaban lo que la política socialista había logrado —y lo que no— durante las décadas anteriores.

En 1979, la socióloga británica Maxine Molyneux publicó el artículo «Más allá del debate sobre el trabajo doméstico», que concluía con un llamamiento a replantearse el enfoque socialista respecto al trabajo doméstico y la emancipación de la mujer:

La postura socialista ortodoxa y la de la mayoría de los Estados socialistas actuales —la de instar a las mujeres a participar en el mundo laboral y en la política— resulta, por sí sola, insuficiente precisamente porque se centra únicamente en el frente externo y, por lo general, ignora la necesidad de reestructurar simultáneamente las relaciones dentro del hogar sobre una base de igualdad. Para que se produzca dicha igualación, se necesitan dos tipos de medidas: la igualación de la carga de trabajo doméstico, que en el caso de los hogares sin hijos puede ser suficiente, y, en el caso de los hogares con hijos, una socialización de esta parte del ámbito tradicional del trabajo doméstico. [2]

Un año antes, en 1978, un colectivo de sociólogas soviéticas —Elvira Novikova, Vera Yazykova y Zinaida Yankova— publicó el volumen Mujer. Trabajo. Familia a través de Profizdat, la editorial sindical soviética.[3] Su estudio sobre el empleo, la legislación laboral y la vida cotidiana se preguntaba qué debía hacerse con el trabajo doméstico, que había persistido tras décadas de desarrollo socialista. El libro no fue una excepción, tal y como escribió la historiadora Mary Buckley sobre la URSS: «Un intenso debate que comenzó a mediados de la década de 1960 y continuó a lo largo de los años setenta y hasta bien entrados los ochenta versó sobre la posición de la mujer en la sociedad». [4] Entre las cuestiones que se abordaban figuraban la evolución de los roles de la mujer y la relación entre la caída de la natalidad y el empleo remunerado de las mujeres, junto con su «doble carga». El debate dio lugar a una investigación rica y de amplio alcance que resultaba «de gran interés para los responsables políticos soviéticos, ya que la forma en que las mujeres organizaban sus vidas afectaba gravemente al funcionamiento de la economía, al tamaño de la población, a la oferta de mano de obra, a la estabilidad de la familia y a la naturaleza de la crianza de los hijos».[5]

Sin embargo, Mujer. Trabajo. Familia resulta especialmente interesante por dos razones. En primer lugar, la biografía de una de sus autoras, Elvira Novilova, ofrece un ejemplo de las vías institucionales entre el Zhenotdel y las posteriores organizaciones soviéticas, un tema que sigue sin haberse explorado en profundidad. En segundo lugar, el libro abordaba una cuestión novedosa: ¿qué pasaría si no se pudiera socializar todo el trabajo doméstico?

Del Zhenotdel a los sindicatos

La política bolchevique del byt, o vida cotidiana, ya había abordado la cocina, la colada, el cuidado de los niños y la maternidad como cuestiones de economía política desde la década de 1920. Como muestra Darya Dyakonova en su relato sobre el movimiento comunista internacional de mujeres, las feministas socialistas reclamaban «instituciones sociales modelo» que asumieran las tareas económicas de las mujeres dentro de la familia. Los servicios públicos convertirían las actividades necesarias para la reproducción de la vida cotidiana, pasando de ser obligaciones privadas de las mujeres a formar parte de una economía social general. La descripción que hizo Lenin de las pequeñas tareas domésticas como un trabajo que «aplasta, estrangula, embrutece y degrada» a las mujeres proporcionó un argumento canónico para este proyecto.

La abolición del Zhenotdel en 1930, a la que siguió un giro conservador en la política familiar soviética con la prohibición del aborto y la adopción de un nuevo Código de Familia en 1936, redujo drásticamente ese horizonte. Sin embargo, no se eliminaron todas las vías institucionales a través de las cuales las mujeres podían reivindicar sus derechos en materia de reproducción. Klavdia Nikolaeva, directora del Zhenotdel entre 1924 y 1925, pasó a ser secretaria del Consejo Central de Sindicatos de toda la Unión (AUCCTU) en 1937. Tras la guerra, mujeres vinculadas al Comité de Mujeres Soviéticas, entre ellas Nina Popova, Tatiana Nikolaeva, Aleksandra Biryukova y Galina Sukhoruchenkova, ocuparon en repetidas ocasiones puestos de responsabilidad en el aparato sindical. [6] Los sindicatos soviéticos gestionaban la seguridad social, supervisaban la protección laboral, participaban en los convenios colectivos y se encargaban de parte de la infraestructura de cuidado infantil, asistencia sanitaria y servicios. Carecían de la autonomía negociadora de los sindicatos de las economías capitalistas, pero sus responsabilidades en materia de bienestar situaban la producción económica y la reproducción de la mano de obra bajo el mismo techo institucional. El AUCCTU fue, por lo tanto, una vía a través de la cual algunos elementos de la agenda anterior se incorporaron a la política de la posguerra, aunque en condiciones políticas sustancialmente alteradas.

Con el tiempo, probablemente debido a su implicación en los sindicatos, el trabajo con las mujeres volvió a formalizarse. A raíz de una resolución de 1962, la AUCCTU creó una comisión sobre el trabajo y la vida cotidiana de las mujeres y la protección de madres e hijos. Esta comisión inspeccionaba los lugares de trabajo, supervisaba la legislación, encargaba investigaciones y elaboraba propuestas para planes económicos y convenios colectivos. [7] Su reglamento de 1969 estableció como su «tarea más importante» alcanzar una alta productividad laboral femenina, al tiempo que asignaba a la comisión responsabilidades en materia de cuidado infantil, formación, ocio y servicios.[8] La productividad convirtió la vida cotidiana en una preocupación legítima de los sindicatos. Sin embargo, una vez que las condiciones domésticas entraron en ese ámbito de competencia, las mujeres pudieron plantear reivindicaciones que iban más allá del objetivo de aumentar la producción laboral.

En 1987, la comisión proponía el empleo a tiempo parcial y desde casa, así como traslados a puestos de trabajo con normas de productividad más bajas para las mujeres embarazadas y aquellas que cuidaban de niños o familiares enfermos.[9] Estas medidas no remuneraban las tareas domésticas. Trasladaban parte de los costes de la reproducción a través del tiempo, los servicios, las protecciones laborales y las obligaciones impuestas a las empresas. Sin embargo, el hecho de que estuvieran dirigidas principalmente a las mujeres también podía dejar intacta su doble carga.

Novikova se incorporó a este contexto institucional y político como investigadora. Pero, si bien la historia institucional de la AUCCTU explica los recursos y las limitaciones de su trabajo, lo que ella y sus colegas hicieron con los datos que recopilaron fue articular un argumento distintivo sobre la cuestión del trabajo doméstico.

Elvira Novikova: una feminista soviética

Nacida en 1939 en el seno de una familia de ingenieros ferroviarios, Novikova perdió a su padre durante la Segunda Guerra Mundial y fue criada por su madre y su abuela. Novikova relacionó el énfasis que estas ponían en la educación y la independencia económica con su propia formación como «feminista», tal y como explicó años más tarde en una entrevista con Linda Racioppi y Katherine O’Sullivan. Tras formarse como profesora de historia, se afilió al Partido Comunista en 1963 y trabajó en el Komsomol antes de dedicarse a la investigación.[10]

En 1967, Novikova comenzó a trabajar en el recién creado Instituto del Movimiento Obrero Internacional de Moscú. Su trabajo consistía en elaborar informes sobre la situación de la mujer en Estados Unidos, basándose en la prensa estadounidense, y así fue como conoció el movimiento feminista, tal y como ella misma recordaba: «Después de leer y examinar todos esos artículos, tuve la oportunidad de encargar libros: Betty Friedan, La mística de la feminidad, Kate Millett, Política sexual».[11] En 1970, Novikova defendió su tesis doctoral sobre el movimiento de liberación de la mujer estadounidense. [12]

En 1973, Novikova se hizo cargo de un nuevo sector de investigación de la AUCCTU dedicado a las mujeres en los sindicatos. Los registros que se conservaban y, sobre todo, los informes de las visitas de inspección pusieron de manifiesto la brecha entre las protecciones formales y las condiciones laborales reales de las mujeres. En 1976, por ejemplo, Novikova se unió a un equipo que investigaba la aplicación —o más bien el incumplimiento— de un decreto sobre las condiciones laborales de las mujeres en la Ucrania soviética, lo que puso de manifiesto las deficiencias del sistema soviético. [13] También pasó a formar parte del Comité de Mujeres Soviéticas, la organización oficial de mujeres soviéticas, y más tarde participó en las conferencias de la ONU sobre la mujer celebradas en Copenhague y Nairobi. Sus publicaciones aparecieron a través de Profizdat, de la AUCCTU; de la editorial estatal Mysl; y de la sociedad educativa Znanie.[14]

Su carrera vinculó la investigación y la política, los debates soviéticos y estadounidenses, y los sindicatos con el Comité de Mujeres Soviéticas. Estas conexiones le brindaron diversas vías para examinar la contradicción entre el empleo remunerado de las mujeres y su continua responsabilidad en la vida doméstica.[15]

¿Qué trabajo puede socializar el socialismo?

En Mujer. Trabajo. Familia, Novikova, Yazykova y Yankova se opusieron al juicio generalizado de Lenin sobre las pequeñas tareas domésticas. «Una valoración tan inequívoca de todo el trabajo doméstico carece de justificación», argumentaron. La crianza de los hijos y la «educación mutua de los cónyuges» no podían agruparse simplemente con las tareas repetitivas de mantenimiento del hogar, ya que tenían un significado político en la URSS. Aunque esperaban que el desarrollo socialista pudiera superar el relativo aislamiento económico del trabajo doméstico, no esperaban que la vida productiva y la reproductiva se fusionaran por completo, ni siquiera bajo el comunismo. Esto hacía necesario considerar qué tipos de trabajo permanecerían en el ámbito familiar y cómo podría cambiar su significado.

Las autoras distinguían las tareas mecánicas, como la limpieza y la colada, de las actividades domésticas con «funciones educativas, organizativas, estéticas y otras esencialmente creativas que pueden compararse con los tipos de actividades que [Friedrich] Engels clasificó como “sublimes”». Consideraban que estas últimas eran «socialmente útiles, ya que contribuyen al aumento de la riqueza material y espiritual de la sociedad» y a «la educación y la formación de la persona». Calificar ese trabajo de «socialmente útil» cuestionaba una jerarquía que privilegiaba la producción de objetos frente a la formación de las personas.

Su valoración positiva de ciertas actividades domésticas no equivalía a una defensa de las tareas domésticas existentes. Abogaban firmemente por ir más allá incluso de la automatización de las tareas domésticas mediante diferentes dispositivos, como aspiradoras y lavadoras, y llevar a cabo, en su lugar, la «industrialización del byt». Sin embargo, las autoras también hacían hincapié en los datos sociológicos que mostraban las condiciones insatisfactorias de las lavanderías y comedores en la Unión Soviética, lo que impedía a las mujeres aprovecharlas. El hecho de que las mujeres siguieran realizando a menudo las tareas domésticas se desnaturalizaba, pero también se justificaba por la insuficiente oferta de alternativas.

Novikova, Yazykova y Yankova consideraban que el desarrollo profesional de las mujeres era el factor positivo clave para desarrollar actitudes progresistas tanto hacia las tareas domésticas como hacia la crianza de los hijos. Por ejemplo, demostraron que las mujeres que estaban más satisfechas con sus trabajos remunerados se mostraban más dispuestas a ahorrar tiempo en las tareas domésticas mediante la tecnología y los servicios, lo que consideraban un avance específicamente socialista. Además, a diferencia de las actitudes generalizadas sobre el papel especial de la madre en la familia debido a su vínculo natural con el niño, las autoras sostuvieron que cuanto más emancipada y más comprometida con la vida pública era una mujer, mejor efecto tenía esto en sus hijos:

La naturaleza y el alcance de la participación de una mujer en la vida pública sirven de base para el cumplimiento óptimo de sus funciones organizativas y educativas dentro de la familia. Como señaló acertadamente A. S. Makarenko, «solo una madre que viva ella misma una vida humana y cívica verdaderamente plena puede ser una verdadera madre: aquella que educa, da ejemplo e inspira amor, admiración y el deseo de imitarla» [29, pp. 441-442]. En este caso, las contradicciones entre «el trabajo profesional de la mujer y la familia» y «los roles nuevos y antiguos de la mujer dentro de la familia» pierden su carácter antagónico y se superan gradualmente. Al liberar a las mujeres de una parte de la carga que supone la crianza de los hijos, la sociedad les brinda más oportunidades de crecimiento personal y, con ello, crea mejores condiciones para la crianza de los niños y adolescentes en el seno de la familia.

La distinción entre cuidados significativos y trabajo pesado conllevaba un riesgo. Si la crianza de los hijos o las tareas domésticas se elogiaban como actividades creativas, cabría esperar que las mujeres las realizaran sin ayuda. Sin embargo, Novikova y sus coautores se opusieron directamente a esta posible interpretación conservadora. Calificaron la creencia de que las tareas domésticas correspondían a las mujeres como un «punto de vista antiguo y patriarcal». A partir de datos sociológicos, demostraron que tales actitudes provocaban la insatisfacción de las mujeres con su vida familiar, lo que también enmarcaron como una preocupación demográfica en términos de la crisis de la familia y el aumento de las tasas de divorcio. Solo el 15 % de las mujeres de su investigación consideraba que tales tareas eran intrínsecamente femeninas y, tal y como afirmaron las autoras, se trataba predominantemente de mujeres de edad avanzada «con un bajo nivel de cultura profesional y general». Así pues, las autoras descartaron claramente esas actitudes por considerarlas anticuadas y ajenas al espíritu soviético. En los matrimonios en los que los cónyuges se repartían las tareas domésticas a partes iguales, el 60,8 % de las mujeres describía su matrimonio como feliz y el 5,6 % como infeliz, en comparación con los matrimonios en los que las mujeres realizaban la mayor parte de las tareas domésticas, en los que el 21,6 % de las mujeres describía su matrimonio como feliz y el 40 % como infeliz.

Si Molyneux hubiera leído Mujer. Trabajo. Familia, habría encontrado una perspectiva significativamente más compleja sobre el trabajo doméstico que la que ella misma había elaborado apenas un año antes de la publicación del volumen. Además de abogar tanto por la igualación como por la socialización del trabajo doméstico, Novikova, Yazykova y Yankova añadieron una distinción fundamental a esta reivindicación. En primer lugar, la socialización no podía significar la simple absorción del trabajo doméstico por parte de las instituciones públicas. Algunas actividades realizadas en el seno de la familia —sobre todo la crianza de los hijos, la educación y las formas de cuidado interpersonal que tenían un significado político en la URSS— no eran meros residuos de una economía doméstica ineficiente, sino formas de trabajo socialmente útiles y potencialmente creativas cuyo valor debía reconocer el socialismo. El problema no era, por tanto, solo cómo socializar el trabajo reproductivo, sino cómo distinguir las tareas pesadas que debían industrializarse o transferirse a los servicios públicos de las formas de cuidado que debían preservarse sin seguir siendo responsabilidad obligatoria de las mujeres. En segundo lugar, mientras que Molyneux consideraba el empleo de las mujeres principalmente como insuficiente sin una transformación del hogar, las sociólogas soviéticas insistían en que era la base indispensable de dicha transformación. El trabajo remunerado era importante no solo porque sacaba a las mujeres del hogar o les garantizaba su independencia económica, sino porque la participación en la vida profesional y pública alteraba la posición de las mujeres dentro de la familia: sus expectativas respecto a los maridos, su disposición a rechazar una división de género en las tareas domésticas, su uso de los servicios socializados e incluso, según argumentaban, su capacidad como madres. El objetivo era liberar a las mujeres de la responsabilidad obligatoria del cuidado y, al mismo tiempo, politizar algunos tipos de cuidado, como la crianza de los hijos y la educación mutua de los cónyuges.

¿Puede completarse la emancipación de las mujeres?

Novikova abordó la cuestión de la experiencia de las mujeres de forma más explícita en investigaciones posteriores junto con sus colegas sociólogas O. L. Milova y E. V. Zaliubovskaia. En un análisis de 1988, describieron el agotamiento y la ansiedad que se producían cuando convergían el empleo remunerado, la escasez de recursos, las responsabilidades domésticas y las expectativas de la maternidad. En sus propias palabras: «La vida profesional y familiar exigen un esfuerzo extremo por parte de las mujeres y van acompañadas de graves problemas psicológicos, una mayor ansiedad, etc.»[16] También exploraron el sentimiento de culpa que experimentaban las mujeres al combinar estos dos roles. Argumentaron que los estereotipos de género prevalentes en el entorno inmediato de las mujeres desempeñaban un papel crucial en su autoimagen, y concluyeron que cuanto menos se esperaba que las mujeres se ajustaran a los roles de género tradicionales, más satisfechas se sentían con todo:

Las mujeres encuestadas son autocríticas, inseguras de sí mismas y tienen una vida interior complicada. Muchos de ellos se encuentran crónicamente en un estado de malestar psicológico, como lo demuestra el alto nivel de ansiedad, abatimiento y mal humor. La ansiedad depende directamente de la satisfacción con el matrimonio y de la actitud del marido hacia el trabajo de la esposa. Sin embargo, los hombres que se orientan principalmente hacia su trabajo están menos ansiosos y se adaptan mejor a la combinación de la actividad profesional y la maternidad.[17]

Un cambio en la situación de las mujeres dependía de una emancipación coherente, del cuestionamiento de los estereotipos de género y también de un «esfuerzo psicológico interno por parte de las mujeres».[18] En general, concluyeron que «lo que es “culpable” de esta [situación] no es la emancipación de las mujeres, a la que con frecuencia se atribuyen todos los pecados, sino el hecho de que este proceso está inconcluso, es contradictorio y a menudo se desarrolla de formas desfavorables». [19] Esta declaración, redactada durante la perestroika —la liberalización político-económica del sistema soviético—, se enfrentaba explícitamente a las actitudes más conservadoras respecto a los roles de la mujer que comenzaron a dominar la corriente política dominante y que persisten hasta hoy, culminando en los ataques del actual Gobierno ruso contra el derecho de las mujeres al aborto.

El movimiento feminista comunista de los primeros tiempos pretendía sacar el trabajo reproductivo del ámbito doméstico privado. El giro conservador en la Unión Soviética en la década de 1930 no borró las cuestiones de la socialización de las tareas domésticas y la doble carga de las mujeres, sino que las redirigió hacia los nuevos espacios institucionales: del Zhenotdel a la AUCCTU. La generación de Novikova se enfrentó al trabajo que quedaba pendiente tras décadas de cuidado infantil público, empleo femenino y una socialización incompleta. La nueva cuestión que plantearon fue cómo abolir la feminización obligatoria del cuidado sin concebir la liberación de las mujeres como una liberación del cuidado en sí mismo.

Sasha Talaver es una investigadora y activista feminista. Es doctora en Estudios de Género (CEU) y actualmente es becaria posdoctoral en el IRGAC (Universidad de Potsdam).

[1] «Informacii, Pis’ma, Spravki Otdela, Komiteta Sovetskih Zhenshchin, Posol’stv SSSR Po Voprosam Razvitiya Mezhdunarodnogo Zhenskogo Dvizheniya [Información, cartas y referencias del Departamento, del Comité de Mujeres Soviéticas y de las embajadas de la URSS sobre el desarrollo del movimiento internacional de mujeres]», diciembre de 1973, F.5, Op.66, D.963, RGANI, ll. 69-70.

[2] Maxine Molyneux, «Más allá del debate sobre el trabajo doméstico», New Left Review, n.º 116 (julio-agosto de 1979), p. 27.

[3] E. E. Novikova, V. S. Yazykova y Z. L. Yankova, Zhenshchina. Trud. Semʹia (Sotsiologicheskiĭ Ocherk) [Mujer. Trabajo. Familia: un ensayo sociológico] (Profizdat, 1978), https://a-z.ru/women/texts/nov1r-4.htm.

[4] Novikova, Yazykova y Yankova, Zhenshchina. Trud. Semʹia.

Mary Buckley, Soviet Social Scientists Talking: An Official Debate about Women (Houndmills, Basingstoke, Hampshire: Macmillan, 1986), ix.

[5] Buckley, Soviet Social Scientists Talking, ix.

[6] Alexandra Talaver, «Woman Should Be Given the Right to Decide Herself: The Role of the Soviet Women’s Committee (1945-1992)», tesis doctoral, Universidad de Europa Central, 2025.

[7] E. E. Novikova, T. N. Sidorova y S. Ia. Turchaninova, Sovetskie Zhenschiny i Profsoiuzy [Las mujeres soviéticas y los sindicatos] (Moscú: Profizdat, 1984).

[8] «Polozhenie o Komissii VTSSPS Po Rabote Sredi Zhenshchin» [Reglamento de la Comisión del Consejo Central de Sindicatos de toda la Unión para el Trabajo entre las Mujeres], 10 de octubre de 1969.

[9] GARF, f. P5451, op. 81, d. 68, ll. 2–3.

[10] Linda Racioppi y Katherine O’Sullivan See, Women’s Activism in Contemporary Russia (Filadelfia: Temple University Press, 1997), 34, 38.

[11] Racioppi y O’Sullivan See, 38.

[12] E. E. Novikova, «Polozhenie zhenshchin v SShA i ikh uchastie v borʹbe za mir i sot͡sialʹnyĭ progress (1945–1969 gg.): Resumen de la tesis para la obtención del título de candidata en ciencias históricas», Moscú, 1970.

[13] «Informe de los miembros de la Comisión sobre los resultados de la inspección de la actividad de las comisiones para el trabajo entre las mujeres de Ukrsovprof y Zhytomyrskogo Oblsovprof» [Informe de los miembros de la Comisión sobre los resultados de la inspección de la actividad de las comisiones para el trabajo entre las mujeres de Ukrsovprof y Zhytomyr Oblastsovprof], 1976, F. P5451, Op. 81, D. 11, GARF.

[14] Racioppi y O’Sullivan, Women’s Activism in Contemporary Russia, 39, 41.

[15] La perspectiva de Novikova de combinar la teoría socialista y el feminismo de la segunda ola era poco común, pero no única, en el bloque socialista. Véase Stana Buzatu, «Cuestiones para un diálogo fructífero entre el feminismo y el marxismo», en Textos y contextos de la historia del feminismo y los derechos de la mujer: Europa Central y Oriental, segunda mitad del siglo XX, ed. Zsófia Lóránd et al. (Budapest, Nueva York: CEU Press, 2024), 822–32.

[16] Novikova, Milova y Zaliubovskaia, 104.

[17] Novikova, Milova y Zaliubovskaia, 99.

[18] Novikova, Milova y Zaliubovskaia, 100.

[19] Novikova, Milova y Zaliubovskaia, 101.

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9. Resumen de la guerra en Irán, 5 de noviembre.

El seguimiento en directo de Middle East Eye.

https://www.middleeasteye.net/live/live-israelis-head-polls-netanyahu-fights-political-life

En directo: Según un informe, Irán ha enviado una propuesta nuclear a EE. UU. a través de Catar

Mientras tanto, los ataques israelíes causan al menos ocho muertos en Gaza, entre ellos un niño

Puntos clave

El recurso de apelación de «Palestine Action» entra en fase de vista a puerta cerrada en el Tribunal Supremo del Reino Unido

La coalición saudí afirma haber interceptado un misil lanzado contra Medina

El Parlamento turco ratifica el pacto de defensa de La Meca

Actualizaciones en directo

Trump afirma que quizá tenga que «destruir» el resto de Irán

Hace 5 segundos

El presidente de EE. UU., Donald Trump, declaró este jueves que Irán podría tardar 25 años en reconstruirse tras la guerra entre EE. UU. e Israel.

«Preferiría no destruir el resto del país si fuera posible, pero quizá tenga que hacerlo», declaró Trump a los periodistas. «Lo sabrán muy pronto».

Un ataque aéreo israelí contra un campo de refugiados mata a tres palestinos en Gaza

Hace 9 minutos

Anteriormente informamos de que los ataques y disparos israelíes habían causado la muerte de cinco personas en toda Gaza, entre ellas una mujer y un niño de 12 años.

La agencia de noticias Wafa informa ahora de que tres palestinos han fallecido y varios más han resultado heridos en un ataque aéreo israelí contra el campo de refugiados de al-Shati, al oeste de la ciudad de Gaza, el jueves por la tarde.

Citando fuentes locales, la agencia señaló que los ataques israelíes tuvieron como objetivo a un grupo de palestinos cerca de la Plaza de los Mártires, en el campamento.

La guerra genocida de Israel contra Gaza ha causado la muerte de al menos 74 618 palestinos y ha herido a más de 175 000 desde octubre de 2023, según el Ministerio de Sanidad de Gaza.

Una amplia mayoría de los judíos estadounidenses considera que Israel y el AIPAC fomentan el antisemitismo

Hace 17 minutos

Una amplia mayoría de los judíos estadounidenses considera que las acciones de Israel y del Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC) están aumentando el antisemitismo en EE. UU., según una nueva encuesta.

La encuesta encargada por J Street, un grupo de reflexión proisraelí con sede en EE. UU., pone de manifiesto una profunda brecha entre la forma en que los votantes judíos estadounidenses perciben a organizaciones como el AIPAC y la ocupación israelí de Cisjordania y la Franja de Gaza, en comparación con la forma en que el Estado de Israel y sus aliados en EE. UU. describen el antisemitismo.

La encuesta indica que el 66 % de los votantes judíos de EE. UU. cree que el gasto de AIPAC en campañas contra candidatos que critican a Israel, de hecho, aumenta el antisemitismo en el país.

Además, el 60 % cree que las organizaciones judías que tachan de antisemíticas las críticas duras a Israel están aprovechando la preocupación por el antisemitismo para defender políticas impopulares del Gobierno israelí.

Más información: Una mayoría cualificada de judíos estadounidenses cree que Israel y la AIPAC fomentan el antisemitismo

Las cabinas de votación en un colegio electoral de Manchester, Nuevo Hampshire, están preparadas para recibir a los votantes, el 8 de septiembre de 2026 (CJ Gunther/Getty Images/AFP)

Trump afirma que Irán «no hace nada» en relación con su programa nuclear sin la aprobación de EE. UU.

Hace 48 minutos

El presidente de EE. UU., Donald Trump, afirmó este jueves que Irán no puede hacer nada en relación con su programa nuclear sin la aprobación de EE. UU.

«No hacen nada sin nuestra aprobación», declaró Trump a los periodistas en el Despacho Oval en respuesta a una pregunta sobre una serie de propuestas presentadas a Irán por los mediadores acerca del futuro de su programa nuclear.

El Parlamento turco ratifica el pacto de defensa de La Meca, allanando el camino para el apoyo militar a Arabia Saudí

Hace 1 hora

El Parlamento turco ratificó este jueves el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca, un pacto de defensa entre Pakistán, Arabia Saudí y Turquía, allanando el camino para que Ankara envíe apoyo militar a Riad en medio de los ataques de los huzíes yemeníes, alineados con Irán, contra el reino.

En virtud del acuerdo, firmado por las tres potencias regionales en agosto y remitido al Parlamento para su aprobación el mes pasado, un ataque contra una de las partes constituye un ataque contra todas.

Un diputado del partido en el poder declaró a Reuters el mes pasado que Turquía también presentaría un mandato al Parlamento que permitiera el despliegue de personal militar en Arabia Saudí en virtud del pacto.

El embajador de Israel ante la ONU rechaza la afirmación de Vance de que la guerra contra Irán fue la causa de las derrotas en las elecciones de mitad de legislatura

Hace 1 hora

El embajador de Israel ante las Naciones Unidas ha rechazado el análisis del vicepresidente de EE. UU., JD Vance, según el cual la guerra contra Irán fue la «verdadera razón» por la que los republicanos sufrieron derrotas aplastantes en las elecciones de mitad de legislatura, y que el partido debería «modificar nuestra relación con Israel».

«Es muy fácil culpar siempre a Israel de todo, pero ese no es el caso», declaró Danny Danon al medio israelí i24 News.

«Creo que es lamentable que muchos hayan establecido un vínculo entre el aumento de los precios, principalmente los del petróleo, y la situación aquí en Israel», señaló el embajador israelí.

«La decisión de atacar a Irán fue una decisión de Estados Unidos. No fue nuestra decisión. Apoyamos la iniciativa estadounidense y creemos que fue la decisión correcta».

Más información: El embajador de Israel ante la ONU rechaza la afirmación de Vance de que la guerra contra Irán estuvo detrás de las derrotas en las elecciones de mitad de legislatura

Danny Danon en la ONU el 20 de junio de 2025 (Michael M Santiago/Getty Images vía AFP)

El presidente de Israel afirma que anunciará el domingo quién formará el nuevo Gobierno

Hace 2 horas

El presidente israelí, Isaac Herzog, ha afirmado que anunciará el domingo a quién encargará la tarea de intentar formar un nuevo Gobierno, tras las conversaciones postelectorales mantenidas con todos los líderes de los partidos.

«Tengo la intención de encargar a un miembro del Knesset (Parlamento) la formación del Gobierno el próximo domingo», ha declarado Herzog en un mensaje de vídeo, señalando que 46 diputados recomendaron al primer ministro Benjamin Netanyahu, mientras que 67 respaldaron a su oponente, Gadi Eisenkot. Siete legisladores se abstuvieron.

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán analiza la situación regional con su homólogo de los EAU

Hace 2 horas

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, ha analizado la situación regional con el ministro de Asuntos Exteriores de los EAU, el jeque Abdullah bin Zayed, según el canal de Telegram de Araghchi, así como los esfuerzos diplomáticos para lograr la estabilidad en la región.

Irán ha mantenido conversaciones con mediadores en un intento por poner fin a la guerra con Estados Unidos.

Irán ha enviado una propuesta nuclear a EE. UU. a través de Catar, según un informe

Hace 3 horas

Irán ha enviado a EE. UU. una propuesta nuclear a través de Catar, que solo se debatirá una vez que Washington haya cumplido sus siete exigencias, según declaró el jueves un alto funcionario iraní a Reuters.

El funcionario añadió que Washington está analizando la propuesta nuclear de Teherán.

El AIPAC gastó 55 millones de dólares en candidatos al Congreso que no resultaron elegidos en las elecciones de mitad de legislatura: Informe

Hace 3 horas

El Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC) gastó más de 84 millones de dólares en las elecciones de mitad de legislatura de 2026 en EE. UU., pero casi dos tercios de esos fondos se destinaron a candidatos que no resultaron elegidos, según un nuevo informe de Responsible Statecraft.

El «Super PAC» de la AIPAC y otros grupos destinaron 55 millones de dólares a candidatos que no resultaron elegidos. La mayor parte de esos fondos, unos 32 millones de dólares, se destinó a intentar derrotar al senador electo demócrata Abdul El-Sayed en Míchigan.

Los resultados supusieron uno de los peores resultados de la AIPAC en años, lo que sugiere que la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán, que ha contribuido al aumento vertiginoso del coste de la vida, tuvo un fuerte impacto entre los votantes.

En las elecciones intermedias de 2022, el «Super PAC» de la AIPAC, el United Democracy Project, destinó el 69 % de su gasto a campañas respaldadas por la organización que resultaron ganadoras. Esa cifra fue aún mayor en 2024, tras el genocidio perpetrado por Israel en Gaza, ya que el 87 % de su gasto se destinó a campañas que obtuvieron el triunfo.

Más información: La AIPAC gastó 55 millones de dólares en candidatos al Congreso que perdieron en las elecciones intermedias: Informe

El presidente del Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC), Michael Tuchin, interviene en la Cumbre Política del AIPAC en un hotel de Washington, D.C., el 5 de junio de 2023 (Mandel Ngan/AFP)

Los ataques aéreos israelíes tienen como objetivo los distritos libaneses de Nabatieh y Tiro

Hace 3 horas

Las fuerzas israelíes han atacado la localidad de Kfar Tebnit, en el distrito de Nabatieh, al sur del Líbano, según informó Al Jazeera.

Las fuerzas israelíes habían atacado anteriormente la localidad de al-Mansouri, en el distrito libanés de Tiro, según la Agencia Nacional de Noticias.

El jefe de seguridad de Irán afirma que en su reunión con Putin se abordó la seguridad «posguerra»

Hace 3 horas

El jefe de seguridad de Irán, Mohsen Rezaei, ha declarado que en su reunión en Moscú con el presidente ruso Putin se trataron «importantes cuestiones regionales», según informó la cadena estatal IRIB.

Rezaei señaló que Putin transmitió «saludos cálidos y sinceros» al líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei.

También debatieron «acuerdos de seguridad regionales y para la posguerra», afirmó Rezaei, aunque no dio más detalles al respecto.

Los disparos israelíes causan cinco muertos en Gaza, entre ellos un niño

Hace 4 horas

Los ataques y disparos israelíes del jueves causaron la muerte de cinco personas en distintos puntos de Gaza, entre ellas una mujer y un niño de 12 años, según informó la AFP, citando a los servicios de rescate de la Franja.

Mahmoud Bassal, portavoz de la agencia de defensa civil de Gaza, afirmó que un niño de 12 años murió por disparos israelíes al este del campo de refugiados de Al-Bureij, en el centro de Gaza.

A pocos kilómetros de allí, cerca de la localidad de Al-Zawayda, dos personas perdieron la vida en ataques israelíes independientes, añadió.

El cercano Hospital de los Mártires de Al-Aqsa confirmó a la AFP que las tres personas ya habían fallecido a su llegada.

El recurso contra la prohibición de «Palestine Action» pasa a tramitarse a puerta cerrada en el Tribunal Supremo del Reino Unido

Hace 5 horas

El recurso contra la prohibición de Palestine Action entró el jueves en la fase de vista a puerta cerrada ante el Tribunal Supremo del Reino Unido, después de que el Gobierno y los abogados que representan al cofundador del grupo concluyeran sus alegaciones públicas, allanando el camino para que los jueces examinen las pruebas secretas presentadas por el Gobierno.

Al iniciar la vista, James Eadie KC, en representación del Ministerio del Interior, rebatió las afirmaciones de que Palestine Action «formara parte de la larga tradición de desobediencia civil en Gran Bretaña».

«Sus actividades se planifican y llevan a cabo en secreto para evitar ser descubiertos», afirmó Eadie, añadiendo que causaban «graves daños a la propiedad».

Reiterando que el tribunal debería acatar la decisión del Parlamento de prohibir Palestine Action, Eadie argumentó que el historial de este grupo de acción directa en cuanto a daños a la propiedad relacionados con armas israelíes se ajustaba a la definición legal de terrorismo.

Más información: El recurso contra la prohibición de Palestine Action entra en fase de vista a puerta cerrada ante el Tribunal Supremo del Reino Unido

La policía detuvo a decenas de personas frente al Tribunal Supremo del Reino Unido el primer día del recurso contra la prohibición de Palestine Action (AFP)

Colonos israelíes se instalan en viviendas cerca de una ciudad de Cisjordania

Hace 5 horas

Colonos israelíes se han instalado esta semana en viviendas que, según afirman, han adquirido cerca de la ciudad ocupada de Jericó, en Cisjordania, mientras que las autoridades palestinas sostienen que los documentos de venta son falsos.

Un reportero de la AFP vio a familias con niños mudándose a viviendas en las afueras de la antigua ciudad de Cisjordania.

Los palestinos temen que el nuevo asentamiento pueda acarrear una mayor presencia militar y un aumento de la violencia por parte de los colonos.

Varias comunidades palestinas de la zona metropolitana de Jericó ya han sido expulsadas de sus hogares por el acoso de los colonos durante el último año.

Las familias israelíes se instalaron el miércoles en ocho viviendas situadas justo fuera de los límites de la ciudad de Jericó, según declaró a la AFP Hanan Greenwood, representante de los colonos, cerca del yacimiento arqueológico conocido como los Palacios Hasmoneos.

Hussein Hamayel, gobernador de la región de Jericó, declaró a la AFP que los terrenos en cuestión son propiedad de la Autoridad Palestina y no pueden venderse.

« «Lo que se está promoviendo es una falsificación, no una venta, y lo que se está difundiendo es propaganda de los colonos», afirmó Hamayel.

El jefe de seguridad de Irán entrega un mensaje del líder supremo al presidente ruso

Hace 7 horas

El jefe de seguridad de Irán, Mohsen Rezaei, entregó en Moscú un mensaje del líder supremo del país, Mojtaba Jamenei, al presidente ruso, Vladímir Putin, según informaron este jueves los medios estatales iraníes, sin dar más detalles sobre el contenido del mensaje.

El presidente ruso, Vladímir Putin, se reunió en el Kremlin con el jefe del Consejo de Seguridad iraní, Mohsen Rezaei, según informó este jueves la oficina presidencial.

La coalición saudí afirma haber interceptado un misil lanzado contra Medina

Hace 7 horas

La coalición liderada por Arabia Saudí que combate a los huzíes en Yemen afirmó este jueves haber interceptado un misil balístico lanzado por el grupo contra la región de Medina, donde se encuentra una de las ciudades más sagradas del islam.

El anuncio se produjo apenas unos minutos después de que la agencia de defensa civil del reino advirtiera de un posible peligro en la zona cercana al puerto estratégico de Yanbu.

No estaba claro si ambos sucesos estaban relacionados.

«La defensa aérea interceptó y destruyó un misil balístico lanzado por la milicia huzí hacia la región de Medina», declaró el portavoz de la coalición, Turki al-Malki, en una publicación en X.

Los huzíes rechazaron cualquier insinuación de que tuvieran como objetivo la ciudad, afirmando que tales acusaciones constituían una «falacia flagrante y grave».

«Nuestras operaciones se dirigen únicamente contra sus instalaciones petroleras y bases militares», declaró el grupo en un comunicado.

La Lista Conjunta liderada por los árabes afirma que respaldará a Eisenkot para formar el próximo Gobierno de Israel

Hace 7 horas

La Lista Conjunta, liderada por árabes, ha afirmado que respaldará al líder de la oposición israelí, Gadi Eisenkot, para que forme un nuevo Gobierno, lo que supone un duro golpe para los esfuerzos del primer ministro Benjamin Netanyahu por mantenerse en el poder.

La Lista Conjunta anunció el jueves que «recomendará que se encargue a Gadi Eisenkot la formación del Gobierno», con lo que el número total de diputados que le respaldan asciende a 67 en la Knesset, que cuenta con 120 escaños.

La decisión se produce tras el respaldo otorgado el miércoles por Ra’am, otro partido liderado por árabes, cuyos ocho diputados también apoyaron a Eisenkot.

Ambos partidos obtuvieron conjuntamente un récord de 19 escaños en las elecciones generales de la semana pasada, lo que les confiere un papel potencialmente decisivo a la hora de determinar quién formará el próximo Gobierno de Israel.

Más información: La Lista Conjunta, liderada por árabes, afirma que respaldará a Eisenkot para formar el próximo Gobierno de Israel

Yousef Jabareen (centro), líder de la alianza política israelí Lista Conjunta, liderada por árabes, celebra el anuncio de las primeras encuestas a pie de urna durante las elecciones de la semana pasada en Israel (Ahmad Gharabli/AFP)

El ministro de Asuntos Exteriores iraní habla con sus homólogos saudí y qatarí en llamadas separadas

Hace 10 horas

El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, habló el jueves con sus homólogos saudí y qatarí en llamadas telefónicas separadas, en las que debatieron los «últimos avances» en los esfuerzos diplomáticos para establecer la estabilidad en la región, según informó el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní.

Las conversaciones entre Riad y Teherán han continuado, a pesar de que las fuerzas respaldadas por Arabia Saudí siguen enzarzadas en combates con los huzíes, alineados con Irán, en Yemen. Los huzíes también han atacado objetivos en la propia Arabia Saudí.

Qatar ha estado mediando entre EE. UU. e Irán en un intento por poner fin a la guerra iniciada por Israel y EE. UU. en febrero.

Yemen: Se informan ataques aéreos saudíes en Saná y enfrentamientos en la provincia de Lahij

Hace 10 horas

Los medios afines a los huzíes informan de ataques aéreos dirigidos contra el distrito de Hamdan, en Saná.

El portavoz militar Yahya Saree afirmó que 12 personas, entre ellas seis niños, perdieron la vida en los ataques saudíes en Yemen el miércoles, la mayoría en la provincia de Taiz.

Arabia Saudí llevó a cabo 104 ataques aéreos y con misiles en Saná, Al-Jawf, Al-Bayda, Saada, Amran, Marib, Taiz y Lahij, según ha declarado el portavoz de Ansar Allah.

Mientras tanto, Al Jazeera informa de enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y los huzíes en el frente de al-Maqatra, en la provincia de Lahij.

Según el informe, las fuerzas gubernamentales afirman haber «neutralizado» vehículos militares y personal en las escaramuzas.

Al Jazeera informa también de una crisis humanitaria cada vez más grave en Taiz, donde los civiles están muriendo como consecuencia de los bombardeos y del asedio en curso.

La Armada iraní informa de un petrolero en llamas en el estrecho de Ormuz

Hace 12 horas

La Armada iraní informa de que un «petrolero infractor» que intentaba atravesar una «zona insegura» en el estrecho de Ormuz se ha incendiado tras chocar contra una mina.

En declaraciones recogidas por la agencia de noticias semioficial iraní Tasnim, las autoridades iraníes afirmaron que el buque había interrumpido su travesía tras la colisión, y añadieron que el petrolero había «desactivado sus sistemas de detección y navegación».

El comunicado advertía de que Teherán «anuncia a los armadores, por enésima vez, que el estrecho de Ormuz no es seguro y está cerrado a los buques ilegales que pretendan transitar por él sin coordinación previa».

Israel mata a tres palestinos, entre ellos un niño, en ataques en el centro y el sur de Gaza

Hace 12 horas

Los ataques israelíes en el centro y el sur de Gaza han causado la muerte de al menos tres personas, entre ellas una mujer y un niño, según informa Wafa, citando fuentes médicas.

Según el informe, un niño palestino murió por disparos israelíes en el campo de Bureij, en el centro de Gaza, mientras que una mujer palestina fue abatida a tiros por las fuerzas israelíes en la zona de al-Mawasi, en Jan Yunis, al sur de Gaza.

Otra persona murió en un ataque aéreo al oeste de al-Zawayda, y varias más resultaron heridas en otro ataque dirigido contra un grupo de palestinos en Deir el-Balah.

La coalición liderada por Arabia Saudí afirma haber interceptado un misil lanzado por los huzíes en la región de Medina

Hace 13 horas

La coalición militar liderada por Arabia Saudí declaró este jueves que había interceptado un misil lanzado por los huzíes hacia la región de Medina.

«Interceptación y destrucción de un misil balístico lanzado por la milicia huzí en la región de Medina», afirmó el portavoz de la coalición, el coronel Turki Al-Malki.

Anteriormente, la defensa civil de Arabia Saudí había emitido una alerta para la gobernación de Yanbu, cerca del mar Rojo, en la provincia de Medina.

Actualización matutina

Hace 16 horas

Buenos días, lectores de Middle East Eye,

Estas son las últimas novedades:

  • El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) anunció que dos petroleros y un remolcador se incendiaron en el estrecho de Ormuz. Según el comunicado, los incidentes, que se produjeron por separado, tuvieron lugar después de que las embarcaciones intentaran atravesar una «ruta no autorizada».
  • La unidad surcoreana Cheonghae, dedicada a la lucha contra la piratería, ampliará sus operaciones a las aguas cercanas al estrecho de Ormuz, según un informe de la agencia de noticias Yonhap que cita al Ministerio de Defensa coreano. El Gobierno tiene previsto presentar una moción al Parlamento para prorrogar el periodo de despliegue de la unidad en la región, que se prevé que expire a finales de este año.
  • El presidente israelí, Isaac Herzog, advirtió al primer ministro Benjamin Netanyahu y a otros altos cargos de una «realidad altamente explosiva y peligrosa» en Cisjordania, en un contexto de creciente violencia por parte de los colonos. Herzog afirmó que las elecciones en Israel, Estados Unidos y la Autoridad Palestina —estas últimas ya aplazadas—, junto con la temporada de la cosecha del olivo, están llamadas a «crear una realidad altamente explosiva y peligrosa».
  • Estados Unidos impuso sanciones a dos personas y a otra entidad acusadas de ayudar a Irán a adquirir sistemas portátiles de defensa antiaérea (MANPADS). El comunicado señaló que las sanciones «cierran más canales que Teherán utiliza para intentar reconstruir su arsenal y aumentan el riesgo para los intermediarios y proveedores de terceros países».
  • Un ataque con misiles balísticos que alcanzó Hayfan, en la provincia yemení de Taiz, causó la muerte el miércoles de cuatro yemeníes de la misma familia, entre ellos tres niños. Por su parte, medios afines a los huzíes informaron de que los ataques de la coalición liderada por Arabia Saudí en las últimas 24 horas habrían causado la muerte de unas 20 personas en todo Yemen, incluidas las provincias de al-Jawf, al-Bayda, Saada y Taiz.

Herzog advierte a Netanyahu de una «realidad altamente explosiva y peligrosa» ante el aumento de la violencia de los colonos

Hace 17 horas

El presidente israelí, Isaac Herzog, advirtió al primer ministro Benjamin Netanyahu y a otros altos cargos de una «realidad altamente explosiva y peligrosa» en Cisjordania ante el aumento de la violencia de los colonos.

«Los comandantes de las FDI, los agentes de policía y el personal del Shin Bet presentan un panorama preocupante de recursos limitados y escasez de efectivos», escribió Herzog en la carta enviada a Netanyahu, al ministro de Defensa, Israel Katz, al jefe del Estado Mayor del ejército israelí, Eyal Zamir, y a la fiscal general, Gali Baharav-Miara.

Herzog afirmó que las elecciones en Israel, en Estados Unidos y en la Autoridad Palestina —estas últimas han sido pospuestas desde entonces—, junto con la temporada de la cosecha de aceitunas, están abocadas a «crear una realidad altamente explosiva y peligrosa».

«Un grave recrudecimiento de la violencia sobre el terreno puede acarrear consecuencias graves y de gran alcance, tanto para la seguridad de Israel y su funcionamiento como Estado soberano, como para la reputación internacional de Israel, la diáspora judía, la economía israelí y otros aspectos», advirtió además el presidente israelí.

Añadió que supone una «vergüenza moral y una mancha para nosotros» cuando se hace daño a palestinos inocentes, y subrayó que «no hay lugar para esta anarquía en un Estado soberano».

¿Ha destituido Israel a Netanyahu definitivamente?

Hace 18 horas

Los israelíes votaron en contra de la coalición de Netanyahu por una mayoría decisiva. ¿Aprovechará el bloque de la oposición este momento histórico para formar un gobierno en minoría con los partidos árabes? Y si lo hacen, ¿cómo reaccionará la poderosa extrema derecha israelí?

En este episodio de «The Big Picture», el analista israelí Meron Rapaport explica lo que está en juego para Israel, por qué estas elecciones pueden suponer un punto de inflexión y qué medidas podría tomar aún la derecha israelí para bloquear el resultado.

Elecciones de mitad de mandato de EE. UU. de 2026: Número récord de mujeres con hiyab elegidas para cargos estatales y nacionales

Hace 18 horas

Las elecciones de mitad de mandato del martes fueron testigo de una notable oleada de primicias que quizá habrían sido impensables si el presidente de EE. UU., Donald Trump, no hubiera provocado tal reacción en todo el país.

Ellos son las victorias de cuatro senadoras estatales electas y una congresista de los EE. UU., todas ellas con hiyab: un récord para el país y, sin duda, un resultado sorprendente dada la rabiosa retórica antiislámica y las amenazas que se han afianzado desde que la Administración Trump llegó al poder en enero de 2025.

Se trata de mujeres cuya apariencia ha sido caricaturizada e insultada por los medios de comunicación corporativos, los republicanos y los troles en Internet, lo que las ha convertido en un blanco directo.

La semana pasada, el Consejo de Asuntos Públicos Musulmanes (MPAC) expresó su preocupación por la escalada de provocadores de extrema derecha y antimusulmanes en EE. UU., ya que sus acciones suelen dar lugar a peticiones de una mayor presencia policial y, por lo tanto, podrían haber acabado disuadiendo a los musulmanes estadounidenses de acudir a las urnas.

Sin embargo, aunque aún se están evaluando los datos demográficos de la participación electoral, varias mujeres jóvenes de aspecto visiblemente musulmán han accedido ahora a cargos electos para tomar las riendas de la situación.

Más información: Número récord de mujeres con hiyab elegidas para cargos estatales y nacionales

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) afirma que dos petroleros y un remolcador se incendiaron en el estrecho de Ormuz

Hace 19 horas

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) anunció que dos petroleros y un remolcador se incendiaron en el estrecho de Ormuz.

Según el comunicado, los incidentes, que se produjeron por separado, tuvieron lugar después de que las embarcaciones intentaran atravesar una «ruta no autorizada»,

Un gran petrolero atravesaba lo que el IRGC describió como un «paso meridional ilegal», chocó contra una mina y se incendió.

Otro superpetrolero, que salía de la sección oriental de la vía navegable, quedó envuelto en un incendio de grandes proporciones. Un remolcador que se había desplegado para extinguir el incendio se incendió posteriormente.

«El régimen estadounidense, que impone costes de seguro muy elevados a los contribuyentes estadounidenses y a sus aliados en la región al insistir e incitar a los buques a violar y atravesar pasajes minados, no habría sufrido estas graves pérdidas ni una vergonzosa derrota electoral si hubiera tenido algo de previsión, en lugar de sufragar estos costes mediante la liberación de los créditos congelados de Irán, que no son menos de la mitad de los costes incurridos hasta la fecha», añadía el comunicado, refiriéndose a la victoria arrolladora de los demócratas a nivel nacional durante las elecciones de mitad de legislatura.

«Intentar infringir la ley en el estrecho de Ormuz no traerá más que mayores pérdidas económicas y derrotas políticas aún más contundentes para EE. UU.».

Noticia: La unidad antipiratería de Corea del Sur ampliará sus operaciones más cerca del estrecho de Ormuz

Hace 19 horas

La unidad antipiratería surcoreana Cheonghae ampliará sus operaciones a las aguas cercanas al estrecho de Ormuz, según un informe de la agencia de noticias Yonhap que cita al Ministerio de Defensa coreano.

El Gobierno tiene previsto presentar una moción al Parlamento para prorrogar el período de despliegue de la unidad en la región, que se espera que expire a finales de este año.

Vídeo: Trump admite que la guerra con Irán provocó las derrotas electorales

Hace 20 horas

El presidente de EE. UU., Donald Trump, en declaraciones a los periodistas el miércoles en las obras del salón de baile, afirmó que la guerra con Irán fue la responsable de la contundente derrota de su Partido Republicano en las elecciones de mitad de legislatura.

Cuando se le preguntó si estaba de acuerdo con las declaraciones anteriores del vicepresidente JD Vance de que la guerra con Irán fue «la razón por la que perdimos», Trump respondió a los periodistas frente a las obras del salón de baile de la Casa Blanca que sus comentarios eran «en gran medida ciertos, ya que provocaron un ligero aumento del precio de la gasolina a corto plazo».

EE. UU. impone sanciones por acusaciones de suministrar sistemas de defensa aérea a Irán

Hace 22 horas

EE. UU. ha sancionado a dos personas y a otra entidad acusadas de ayudar a Irán a adquirir sistemas portátiles de defensa aérea (MANPADS).

El comunicado indicaba que las sanciones «cierran más canales que Teherán utiliza para intentar reconstruir su arsenal y aumentan el riesgo para los intermediarios y proveedores de terceros países».

«Estados Unidos seguirá desenmascarando las redes que arman al ejército iraní y al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, y seguirá privando al régimen de los recursos que sustentan sus actividades desestabilizadoras», añadía el comunicado.

Los ataques de la coalición liderada por Arabia Saudí en Yemen habrían causado la muerte de 20 personas en el último día

Hace 22 horas

Según medios afines a los huzíes, los ataques de la coalición liderada por Arabia Saudí en las últimas 24 horas habrían causado la muerte de unas 20 personas en todo Yemen, incluidas las provincias de al-Jawf, al-Bayda, Saada y Taiz.

He aquí por qué los republicanos estadounidenses sufrieron una derrota tan contundente en las elecciones de mitad de legislatura

Hace 22 horas

El Partido Demócrata de EE. UU. ha arrasado en las elecciones de mitad de legislatura, haciéndose con el control tanto del Senado como de la Cámara de Representantes por amplios márgenes.

Superando las expectativas de las encuestas en estados republicanos como Kansas, Carolina del Sur o Misisipi, MEE explica por qué acudieron a votar tantos electores y contra qué votaban.

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