«¡Pinches olivos antisemitas!” por Amira Hass

Haaretz, 22 de octubre de 2026. Traducido por Tlaxcala.
El lenguaje manipulador del ejército israelí blanquea la violencia de los colonos

Tres formulaciones insidiosas contribuyen a avivar los ataques de colonos contra periodistas usamericanos y diplomáticos europeos, a impedir que los campesinos palestinos accedan a sus tierras y a presentar al ejército y a los civiles israelíes de Cisjordania como quienes corren peligro.

Las bombas de manipulación de la realidad con las que nos bombardea la derecha gobernante en Israel son una obra de arte. No sé si son fruto del talento innato de sus creadores o de una destreza aprendida en un programa de estudios específico.

Benjamin Netanyahu tiene fama de ser un maestro en la materia. El pasado fin de semana, el primer ministro intentó poner en duda la credibilidad de las informaciones sobre los disturbios protagonizados por judíos en el país de Yesha: la Cisjordania controlada por el Consejo Yesha de los asentamientos judíos. Escribió en X que las circunstancias del ataque contra la fotoperiodista Heidi Levine «siguen sin estar claras», y añadió después que la agresión contra diplomáticos europeos podría haber sido en realidad una «campaña coordinada para difamar a Israel».

Parece haber perdido práctica. Olvidó que una periodista usamericana y unos diplomáticos europeos no son palestinos, a quienes los alborotadores judíos suelen destrozar la cabeza y las rodillas a pedradas y golpes de garrote. Quizá quería congraciarse con los colonos, ya que sus palabras reproducían la falsa representación de la realidad que ofrecen los medios de estos.

La más sofisticada de las tres formulaciones es a la vez una señal de alarma y un mensaje tranquilizador: «El ejército se prepara para la temporada de recogida de la aceituna».

Viene a ser algo así: ¡Los olivos antisemitas acaban de aparecer junto a nuestras pacíficas granjas judías! ¡Que nosotros recojamos las aceitunas de sus árboles es una mitzvá de la Torá! ¡Que ellos recojan sus aceitunas es una provocación! ¡Los anarquistas se unen a los árabes que recogen aceitunas para obligar a los santos judíos a perpetrar pogromos contra ellos y alimentar una campaña contra toda la empresa colonizadora!

Las bombas de manipulación más eficaces son las que se disfrazan de opiniones de expertos y se elaboran con su jerga particular. ¿Y quién mejor que alguien del ejército para pasar por un experto imparcial? Esta semana me han llamado especialmente la atención tres de esas bombas. Aquí están.

La más sofisticada de las tres es a la vez una señal de alarma y un mensaje tranquilizador: «El ejército se prepara para la temporada de recogida de la aceituna». Esa combinación de palabras desencadena una conclusión pavloviana: hay un problema y el ejército se ocupa de él.

La formulación es una bomba de racimo de significados invertidos. El ejército no promete que se esté preparando para cumplir la sentencia del Tribunal Supremo de 2006 que lo obliga a permitir que los palestinos cultiven sus tierras. La formulación no reconoce que el problema son los terroristas judíos que destrozan viñedos y sabotean la recogida de la aceituna.

En la formulación del ejército, el problema es la propia cosecha o, en realidad, los olivos. Les cantábamos en el jardín de infancia, pero estos árboles también son un pilar económico para los palestinos, además de un símbolo nacional y cultural. Y, en su pura maldad, se empeñan en dar fruto una vez al año.

La segunda bomba de manipulación, lanzada con fingida inocencia, se condensa en la frase «no hubo coordinación», ofrecida como explicación lógica de por qué unos alborotadores judíos atacaron a diplomáticos en un viñedo cristiano palestino.

Conocimos el término «coordinación» en su sentido manipulador a principios de la década de 2000, cuando se acumulaban las pruebas de violencia planificada de los colonos en las zonas agrícolas de toda Cisjordania. Fiel a su costumbre, el ejército castigó a las víctimas: dictó una orden de zona militar cerrada que se aplicaba a todo el mundo, pero que en la práctica solo afectaba a los propietarios y campesinos palestinos, no a los israelíes que levantaban tranquilamente sus propias granjas y puestos avanzados de colonización en la zona.

Para evitar «fricciones», los palestinos debían coordinar con el ejército la entrada a sus propias tierras y recibir una escolta militar. Para arar. Para sembrar. Para fumigar. Para podar. Para cosechar. Para recoger aceitunas. Cada «coordinación» llevaba días o incluso semanas. La abogada Quamar Mishirqi-Asa’ad tiene todo un tomo que documenta sus gestiones de coordinación para campesinos de distintas zonas de Cisjordania.

Pero el ejército está ocupado y no puede asignar soldados a cada campesino. Así que las hojas se marchitan. La hierba llega hasta las copas de los árboles y arde en verano. Y el ejército se escuda en sus palabras melosas: la «coordinación» sirve para evitar fricciones y solo busca el bien de los palestinos. Pero la «coordinación» normaliza lo anormal: los colonos judíos prohíben a los palestinos vivir su vida.

La más astuta y peligrosa de las tres tácticas de manipulación es la expresión militar «volver los cañones». Es decir: ahora la policía palestina hace su trabajo y apunta sus fusiles contra su propia gente. Pero no se puede confiar en ella. Llegará el día en que vuelva sus cañones contra nosotros.

Al indagar un poco, se descubre que quienes intentan infundir este miedo entre los israelíes son colonos. Entre ellos figuran la organización Regavim, un colono que fue fiscal militar jefe en Cisjordania y la red de medios sionistas religiosos Arutz 7, junto con sus diversas ramificaciones.

Los israelíes son adictos a cualquier droga que les impida reconocer la realidad o les ayude a invertir su significado. El promedio diario de seis o siete ataques de civiles judíos contra palestinos —con daños físicos, psicológicos y materiales— está ausente de la dieta mediática del público. Lo mismo ocurre con las innumerables detenciones sin fundamento que practican nuestros queridos hijos, los soldados, y con sus aterradoras incursiones y marchas por el corazón de las ciudades palestinas.

Hasta hoy, el aparato de seguridad palestino sigue sin proteger a sus ciudadanos. Hay una explicación cínica: la élite gobernante palestina quiere mantener un statu quo que la beneficia en términos de dinero, prestigio y libertad de movimiento por el mundo. Hay otra explicación: sabe que un enfrentamiento armado solo perjudicaría a los palestinos.

Ambas explicaciones son correctas. Pero cada palestino arde por dentro al no poder defender a su madre, a su hermano y a sus amigos cuando salen a recoger aceitunas y otros cultivos, arar los campos, cuidar el ganado o simplemente dar un paseo. La fraseología de los colonos borra su violencia sistemática parapetándose tras una profecía con pretensiones de erudición.

Pero los colonos y el ejército que los repite como un loro no prevén lo inevitable, sino que lo provocan, como lo formuló de manera inolvidable B. Michael, columnista de Haaretz, al comienzo de la segunda Intifada. Su retorcida fraseología nos revela lo que quieren los colonos: una guerra en Cisjordania bajo la consigna de «levántate y mata primero», como vía para ejecutar el «plan decisivo» de su líder, Bezalel Smotrich.

Esta manipulación va dirigida a esos israelíes de teflón en cuyas mentes la realidad no consigue penetrar. Oyen «volver los cañones» y piensan: ¿pero qué demonios tienen los palestinos contra nosotros?

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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