“Sobrevivir al margen de todo en Montjuïc: más de 200 sintecho malviven junto a la Barcelona de postal” por ALFONSO L. CONGOSTRINA

Falta de vivienda, adicciones y vulnerabilidad extrema se concentran en una zona de la capital catalana donde la administración no alcanza a dar soluciones.

Ibrahim nació hace 34 años en Senegal. Hace 20, cuando todavía era menor, se embarcó a bordo de un cayuco hacia Canarias, donde comenzó un periplo por centros de acogida hasta llegar a Barcelona. Luego intentó trabajar, robó en comercios, trapicheó con droga y acabó en prisión. De hecho, ha entrado y salido varias veces de la cárcel. En una de esas salidas, protagonizó una pelea en la que perdió el ojo derecho de una cuchillada. “No sé si ha salido el juicio porque no tengo casa para que me avisen”, lamenta. Este inmigrante senegalés lleva varios meses malviviendo en una de tantas tiendas de campaña gris (casi todas lo son) que pueblan la montaña barcelonesa de Montjuïc, no muy lejos de atracciones como el Palau Sant Jordi, el Estadio Olímpico o el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Fuma metanfetamina en una pipa de cristal, en un espacio que una vez fue césped situado en la carretera de Miramar, al lado del parque de bomberos de Montjuic.

No está solo. El Ayuntamiento contabilizó el pasado mes de mayo a más 200 personas malviviendo más o menos ocultas en la montaña. Este lugar se ha convertido en el escondite —aunque cada vez más visible— de aquellos que han quedado situados al margen del margen. Decenas de sin techo, muchos de ellos consumidores de drogas que sobreviven a base de trapicheos, prostitución y en un entorno de miseria generalizada que no encuentra soluciones en la administración. El problema es de tal magnitud y tan alejado de otras casuísticas de sinhogarismo que desborda totalmente a las instituciones. La combinación de personas sin hogar, adicciones, pequeña delincuencia y falta de las más mínimas condiciones de higiene ha convertido este rincón de Barcelona en un sitio donde cuesta ver la mano de las administraciones.

Dentro de otra tienda de campaña, también gris, dos mujeres acumulan objetos y basura en el interior. “Somos catalanas, del Raval”, advierte una. No quieren dar su nombre y son una excepción en estos asentamientos casi exclusivamente masculinos. “Dormimos aquí y por la mañana vamos a la narcosala de Baluard en el Raval”, cuenta la otra. Apenas tienen dientes y no informan sobre su edad. “Aquí el problema es la policía [añade un insulto] que cada mañana revisa las tiendas y, si no hay nadie dentro, te tiran todas tus pertenencias”, denuncia una de ellas.

La pipa con la que fuma Ibrahim se la entregó la entidad Bienestar y Desarrollo ABD. Ester Aranda es la directora de reducción de daños de esta asociación. En los últimos tres años, la entidad ha trabajado en la montaña. “Montjuïc es enorme. A veces, entregamos pipas y otros objetos de reducción de daños para crear un vínculo. Hay mucho sinhogarismo, mucho consumo”, advierte. “Muchos de los que viven allí son miembros del colectivo LGTBI y se han agrupado creando redes de apoyo entre ellos. Algunos son musulmanes y temen ser repudiados por su orientación sexual. Hay una extrema vulnerabilidad con muy pocas entidades que se hagan cargo y apenas hay equipamientos municipales adaptados”, sentencia.

La Guardia Urbana lleva años aplicando el dispositivo Civitas junto a los servicios sociales y las brigadas de limpieza. Una portavoz de la policía municipal asegura que la presencia de los agentes es necesaria para “que los servicios de limpieza puedan actuar con seguridad”. El protocolo es sencillo. Primero identifican a cada uno de los sintecho y les facilitan la derivación a servicios sociales. Después los policías, junto con el personal de la limpieza, distinguen entre las pertenencias ordinarias y retiran lo que consideran basura o residuos de estos asentamientos. Es justo en esta frontera entre lo que alguno cree que es valioso y la autoridad cataloga como basura donde comienzan muchos de los conflictos. El intento del Ayuntamiento es incidir diariamente y evitar que se cronifiquen campamentos estables. No lo consiguen. De hecho, de las 2.171 personas que el pasado mayo dormían al aire libre en la ciudad, 660 lo hacían en el distrito de Sants (el lugar donde más sin techo había). De estos, más de 200 corresponden a los de Montjuic.

Glòria Martínez es psicóloga y coordinadora de géneros y disidencias del centro abierto Assis, una de las entidades que velan por las personas sin hogar. “Tenemos unas pocas decenas de usuarios que duermen en Montjuïc. En zonas de difícil acceso donde a veces es complicado encontrarles. Vienen a nuestro centro a desayunar, ducharse y descansar”, introduce. “Tienen problemas de consumo de droga y de salud mental. El hecho de estar tan aislados les deja abandonados y sin poder acceder a algunos servicios. Además, con los problemas que presentan muchas veces no quieren ir a los recursos disponibles donde hay horarios y el consumo de sustancias no está permitido”, lamenta Martínez.

BCN Checkpoint es un centro comunitario de detección del VIH y otras infecciones de transmisión sexual. La entidad puso en marcha un plan piloto, hace dos años, para abordar la problemática de Montjuïc. El responsable médico de la entidad, el doctor Ángel Rivero, mantiene que se ha llegado a localizar en la zona “entre 200 y 500 personas vulnerables” algunas de las cuales ejercían la prostitución, muchas tenían adiciones, ejercen prácticas sexuales sin protección y chemsex (usos de drogas para practicar relaciones sexuales). “Ahora estamos haciendo formación de grupos de trabajo para abordar estas situaciones, diagnosticar precozmente el VIH, que estas personas tengan acceso a regularización, a sanidad… De momento, están muy desamparados”, denuncia.

Sonia Fuertes, comisionada de acción social del Ayuntamiento de Barcelona, explica que desde los servicios sociales dialogan diariamente con los sintecho para que, por las mañanas, recojan sus pertenencias. “En Montjuïc hay más consumo de sustancias ya que los consumidores evitan la mirada de otros. Es un espacio de más seguridad para ellos. Por eso intervenimos de forma doble, explica. ”Por un lado trabajamos con equipos especiales de sinhogarismo y, por otro, con los equipos de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB) y sus equipos de calle”, detalla Fuertes.

Estos técnicos manejan, entre otras, herramientas de reducción de daños como son las salas de venopunción segura pero, también, medidas sanitarias (jeringuillas, preservativos, productos sanitarios…) que entregan a los sintecho. “Hay gente que viene y nos dan tiendas de campaña, también pipas de cristal, como esta, para fumar”, muestra Ibrahim sin diferenciar entre voluntarios, trabajadores sociales o técnicos de la ASPB. Fuertes admite que ha habido un crecimiento de personas sin hogar en Montjuïc y “en el resto de la ciudad”. Sabe que la de la montaña es una indigencia muy relacionada con la drogadicción que intenta esconderse entre los parterres de la zona.

Percy Fernández es investigador social de la población LGTBI y del consumo de drogas con fines sexuales. Conoce bien el fenómeno de la montaña de Montjuic. “Hay decenas de hombres viviendo en la montaña y las organizaciones no se acercan a ellos, están desamparados. Antes consumían metanfetamina y ahora monkey (la llamada droga caníbal o droga zombi) y la zona es un auténtico fumadero”, advierte Fernández. “Recogen cosas, acumulan basura y chatarra, trapichean, se prostituyen… así sobreviven sin que nadie haga absolutamente nada por intentar sacarles de ahí”, denuncia.

Bea Fernández, directora de la Fundación Arrels, advierte que la situación actual del sinhogarismo en Montjuïc tiene parte que ver con las actuaciones municipales. “Ha habido expulsión de otros lugares y muchos están buscando nuevos lugares, más protegidos de las futuras intervenciones”, advierte. Arrels no trabaja con asentamientos pero si que lo hace con algunos “perfiles” de personas sin hogar que antes dormían en las calles y se han acabado agrupando en la montaña. La entidad se encuentra ahora en un proceso de reflexión de cómo abordar la asistencia a los cada vez más sin techo que viven en la montaña.

https://elpais.com/espana/catalunya/2026-07-20/sobrevivir-al-margen-de-todo-en-montjuic-mas-de-200-sin-techo-malviven-junto-a-la-barcelona-de-postal.html.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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