Un comentario de Antonio Navas

Antonio Navas es médico de familia y miembro de Espa Marx

Siguiendo con lo que dicen los amigos al respecto. Ni el cuerpo, ni la mente, ni las colectividades son la suma de sus partes, ni se explican por las propiedades intrínsecas de sus partes, en sumatorio, sino que desarrollan propiedades emergentes resultado de la interacción compleja de todas ellas. Eso explica fenómenos como el de la conciencia, y otras capacidades animales y humanas.

Con la conciencia pasa lo mismo. Las corrientes biologicistas más reduccionistas busca denodadamente encontrar la conciencia, el orgánulo, la conexión definitiva, los circuitos especiales que expliquen el fenómeno estricto de la conciencia; algunos buscan las propiedades, aquilatadas durante decenas de miles de años de evolución, siguiendo por ejemplo a Monod, que habrían ido grabando en los genes la impronta de las experiencias de las colectividades humanas seleccionadas por la evolución; es otra forma de querer fijar en los genes, o en estructuras neurológicas prefijadas que dependen de ellos para su formación, propiedades que expliquen conductas humanas individuales, elementos psíquicos que son determinantes de la conciencia humana, sus valores, conductas o patrones de conducta culturales, de las colectividades humanas, etc.

Sin embargo, los investigadores del cerebro se hartan de decir que es muy difícil asignar de manera fija e inamovible funciones psíquicas superiores a áreas concretas del cerebro (aunque hay algunas muy claras en lo relativo a la motricidad y el sensorio, también a la función del lenguaje; el gran desarrollo del neocórtex) y que lo que se observa es una inmensa red con una conectividad asombrosa y una plasticidad mucho mayor de lo esperable a medida que se dan avances en la investigación; y que se precisa de la integración de muchas zonas del cerebro en constante interacción de esa gran red para la expresión de esas funciones de la conciencia tan asombrosas.

El problema de querer encontrar la conciencia y sus contenidos arcanos ahí dentro, en esa masa de neuronas, estriba en olvidar que el contenido de la conciencia no es más que la cultura que han creado los grupos humanos generando civilización, formas de organizar la vida en sociedad, creándolas libremente, con el libre albedrío (dado que no viene grabado en nuestros genes casi nada de nada respecto a la organización de la vida humana en sociedad) y a través de una herramienta singular que es el lenguaje humano, un sistema de comunicación de una sofisticación incomparable con cualquier otro del mundo animal, que nos dota de la capacidad de dirigir nuestra acción más allá de cualquier límite biológico limitante para el resto de las especies. Desde luego que simplifico, y es precioso explicar un poco más la magia de esas funciones complejas y su sustrato neurológico; hacer mapas del cerebro mediantes sofisticadas técnicas de RMN, para fotografiar el momento en que nace la inspiración para encontrar aquella palabra justa para el poema que estamos componiendo; no explican casi nada de los problemas humanos, de su conciencia, que son los de su cultura y como la vida social nos ha conformado y nos conforma;pero no se saldrá del arroyo hasta que no se dirija la atención en sentido contrario, de dentro hacia fuera.

Abrazos.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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