El País, 3/10/2026. Los jóvenes que se están manifestando han puesto en el centro del debate público las condiciones materiales de la clase trabajadora.
En mayo de 2011, José Luis Rodríguez Zapatero acababa de congelar las pensiones, de recortarles el sueldo a los funcionarios, los derechos a los trabajadores y las ayudas a los dependientes y a las familias. Uno de los lemas más repetidos entonces entre los que nos concentramos en la Puerta del Sol, después tachado de reaccionario por quienes se reclamaron los herederos de aquello y acabaron de muleta del PSOE, fue que éramos la primera generación que vivía peor que sus padres. Los jóvenes de Sol de 2026 pueden estar confirmando que ni siquiera ciertos logros materiales elementales de sus abuelos, como irse de casa, poder formar un hogar o acceder a una vivienda con un sueldo, están ya a su alcance.
Tienen más títulos y diplomas, más sellos en el pasaporte, muchos más cachivaches, plataformas para ver series y películas y algunas libertades de las que no gozaron los boomers en su juventud. Pero sólo el 14,5% de ellos está emancipado (el porcentaje más bajo desde que hay registros) y alquilar una vivienda en solitario les cuesta de media el 98,7% de su salario. Comprar es para ellos casi una utopía: según datos del Banco de España, más del 81% de los nacidos entre 1945 y 1965 tenía una casa en propiedad a los 42 años. Entre los del 75 al 85, el porcentaje bajaba al 67%. Muchos de los que nos manifestamos en Sol en 2011 aún no hemos llegado a los 42, así que no podemos incluirnos en esta comparativa, pero es seguro que los propietarios seremos aún menos. En 2011, cerca del 69% de los hogares encabezados por menores de 35 años tenía su vivienda principal en propiedad. Hoy, apenas el 36,7%.
Por eso han vuelto a Sol las tiendas de campaña y los toldos azules, que son idénticos a los de hace quince años. Las asambleas eternas también parecen las mismas, y son muy parecidos los grupos de trabajo e incluso las rencillas y los errores. La rabia y la indignación son idénticas, y es idéntica la reacción de una derecha que acabó ganando las elecciones pero que no entendió nada. Porque pasó por alto que las reclamaciones de los jóvenes de Sol no sólo conectaban con la mayoría de la población, sino también con muchos de sus votantes. Que son, por cierto, favorables a la intervención del mercado de la vivienda.
También son idénticos los cenizos. Esos puristas y disidentes más preocupados en buscarles pegas a los jóvenes que se están manifestando que en reconocer lo legítimo de sus reclamaciones. Más interesados en conjeturar quién y cómo puede capitalizar sus luchas que en apoyarlas. Por lo pronto, ya han hecho más que la mayoría de ellos: poner en el centro del debate público las condiciones materiales de la clase trabajadora, que una anciana vaya a pasar sus últimos años en su casa y que la empresa que la expulsó haya tenido que recoger cable. Que ser rentista empiece a dar vergüenza, al menos ajena, no es moco de pavo.
Pero también han cambiado algunas cosas desde 2011: entonces protestábamos porque no íbamos a tener acceso a viviendas en propiedad y ahora se habla de congelar alquileres que ya son prohibitivos. Entonces protestábamos porque el paro juvenil rondaba el 45% y ahora está a la mitad, pero tener trabajo no es sinónimo de poder construir una vida digna. En 2011 el símbolo de la emergencia habitacional era una familia que perdía su casa hipotecada y hoy lo es un inquilino que pierde una casa que nunca fue suya. 15 años después del 15-M, que tantas cosas hayan ido a peor no desmiente a quienes entonces llenamos las plazas, como quieren hacernos creer algunos: explica que otros hayan tenido que volver a llenarlas ahora.
https://elpais.com/opinion/2026-10-03/vivir-peor-que-sus-abuelos.html.